Está en la página 1de 18

LA TÉCNICA DESDE LA PERSPECTIVA DE LA RAZÓN VITAL E HISTÓRICA

DESDE LA P ERSPECTIVA DE LA R AZÓN V ITAL E H ISTÓRICA O RTEGUIANA 1

ORTEGUIANA 1

José María Díaz Nafría

La técnica cuya misión es resolver al hombre problemas, se ha convertido de pronto en un nuevo y gigantesco problema

José Ortega y Gasset. Meditación de la técnica

Los logros técnicos parecen seguir un ritmo trepidante, cosechando victoria tras victoria,

mientras las personas no saben cómo adaptar sus vidas a la muy movediza circunstancia

tecnológica. Los beneficios de los nuevos trebejos técnicos son coreados a los cuatro vientos por

las agencias comerciales, hasta el punto de que el silencio que tanto agradó a los oídos de San Juan

de la Cruz es hoy, a tenor de esas voces, inaudible. Y detrás de esos gritos sonrientes la realidad de

las relaciones sociales; de la estructura económica y política; de la comunicación interpersonal y

colectiva sufre modificaciones radicales, cuyas consecuencias apenas son debidamente

contempladas para una valoración realista de lo que tan gratuitamente llamamos “técnica”.

¿A qué debemos llamar con propiedad técnica? ¿Cuáles son las partes en que se articula un

acto técnico? ¿Tiene sentido que la vida gire entorno a las mutaciones técnicas? ¿Es razonable el

devenir técnico? ¿Podemos hacer que la técnica gire entorno a la vida? Estas y muchas cuestiones

pueden abordarse recurriendo al muy aguzado filo del instrumento intelectual que nos legó Ortega

y que, como varios teóricos de la tecnología 2 han insistido repetidas veces, nos ofrece unas

herramientas teóricas de la máxima penetración para el análisis de las cuestiones técnicas.

No hace muchos días Julián Marías nos exhortaba a poner en juego los muy valiosos

rudimentos orteguianos de la razón vital e histórica para, precisamente, poder dar razón de las cosas

de nuestro mundo. Nos encontramos en un momento en el que más que nunca necesitamos poner

en una perspectiva coherente lo que estamos haciendo (en el seno de una Europa sin rumbo más

allá del mercantil, y envueltos por un mundo globalizado en el que se materializan injusticias

1 Este trabajo fue presentado y publicado en el segundo Congreso Internacional de Tecnoética que tuvo lugar en Barcelona, en noviembre de 2002.

2 Véase por ejemplo el monográfico de Anthropos “Filosofía de la tecnología”, número 94/95, 1989; o el monográfico de la de la Revista de Occidente “Ortega y la Sociedad tecnológica”, n°228, mayo de 2000.

1

desorbitantes). Puesto que en todo momento se decide lo que haremos mañana, solo así podremos estar a la altura de las circunstancias, y para acometer semejante empresa el legado de Ortega nos coloca en una posición ventajosa. Este será mi atrevimiento, aunque por la presente solo sea una primera aproximación.

I. Sobre el quehacer técnico

Circunstancia vital: viviendo entre las cosas

Estamos tan acostumbrados a habitar un mundo hipertecnificado que, al igual que el suelo que pisamos, no lo cuestionamos sino que simplemente nos limitamos a caminarlo, a movernos sobre él. En qué consiste en realidad la técnica parece traernos sin cuidado, mientras que una buena parte de los presupuestos estatales, y así el esfuerzo de una buena parte de la humanidad, son

empleados a que ésta prolifere, crezca sin pausa

pero ¿con qué rumbo?. Es evidente que para que

haya rumbo, éste debe situarse fuera de la técnica; de idéntica manera que el norte debe estar más

allá del caminante, y vanos serían los esfuerzos de quien usara la brújula sobre el lugar de la taiga canadiense donde hoy se sitúe el norte magnético. Pero si nos fijamos en los argumentos directores de la proliferación tecnológica, unos atienden a que ésta es menester para el progreso; otros a que

de él depende la economía; finalmente a su relación con el bienestar

y si se rasca sobre la

superficie de estas tres razones, para ver lo que de ellas se entiende, se observa que por detrás transparece una misma cosa: los bienes materiales que ponemos en nuestro derredor, entre los que

cada día los tecnológicos van teniendo más y más peso. En resumen, hacemos tecnología para tener tecnología, lo cual no puede sino llevar a un rumbo circular que es un claro signo de falta de razones. Acaso lo que falta es poner en claro que es eso que tantas veces llamamos técnica.

Así nos acontece hoy en las universidades y en la industria; en los ministerios y en la taberna; en el ocio y en el negocio: la técnica parece ser un bien en si mismo, y apenas se piensa cual es su verdadero lugar en la vida personal y colectiva. Esta reflexión la he intentado entre investigadores comprometidos con la técnica; industriales; alumnos de ingeniería; y personas que nada tienen que ver con la Técnica (en mayúsculas). El resultado es siempre parecido: una mezcla de silencio, militancia dogmática al progreso o un rechazo no menos dogmático (pero mucho menos numeroso) y ambigüedades poco coherentes con el espíritu racionalista que muchos pretenden

ostentar. Si, por ejemplo, un técnico eléctrico nos describiera la electricidad con la misma vaguedad que lo hará sin duda con la técnica quedaría inmediatamente desacreditado; y, sin embargo, repárese en la enorme diferencia entre la técnica y la electricidad: la primera es un hecho cotidiano del que tenemos una experiencia incomparable, mientras que acerca de la electricidad no tenemos sino unas abstractas ideas que a veces los científicos vienen a renovar y que permiten dar explicación a

fenómenos naturales y artificiales

Pero si con algo de paciencia seguimos inquiriendo acerca de lo

que este técnico sabe de la electricidad, nos daremos cuenta que de ella misma apenas sabe gran

2

cosa, mientras que de lo que en realidad tiene noción es lo que con ella puede conseguirse. Con lo cual, sin él saberlo su reputación de técnico ha quedado a salvo, aunque el título de eléctrico haya perdido la arrogancia primera. Podríamos decir que es algo normal: sabemos hacer lo que nos es encomendado, aunque no sepamos dar razón de ello. Pero esto último viene a evidenciar que nos encontramos ante hechos plenamente sociales. Y como todo lo social, su origen ha tenido que estar, en algún momento, en actos personalísimos.

Otro tanto ocurre con el otro gran asunto que ocupa las bocas de los pregoneros y una buena parte de las idas y venidas de la gente: la economía. Tan ensordecidos estamos por su perpetua presencia, que nadie pregunta abiertamente qué es eso que tan decididamente llamamos economía, al igual que nos azora preguntar el nombre de una persona que lleva ya un tiempo a nuestra vera. En

el mejor de los casos, la idea que se tiene de la economía se refiere a la optimización de los recursos

y este concepto estanco, como demostró Karl Polanyi 3 , nos cierra los ojos a una buena parte de los

actos económicos así en el presente como en el pasado. Es más, la eliminación del sentido primario de lo económico, es decir, la provisión de medios para satisfacer las necesidades materiales, hacen sentir ésta como una entidad de naturaleza superior cuya dinámica responde a una inviolable necesidad de difícil comprensión para los peatones, como puede serlo la dinámica de los asteroides, las vibraciones de las manchas solares, o mejor aún los fenómenos metereológicos, ya que éstos como aquella influyen notablemente es sus vidas, son difícilmente predecibles y acaecen por causas ajenas a nuestras manos.

Y el caso es que la situación en la que hoy nos encontramos es especialmente paradójica y especialmente técnica. Es paradójica porque basándose -hoy más que nunca- la técnica en el conocimiento de las leyes que relacionan las cosas de nuestro mundo, quienes mejor las saben, ante todo saben que su saber es aproximado, mientras que los demás confían en que, dejando pasar el tiempo, podrá lograrse cualquier cosa, siendo las perversiones que acontecen meras chapuzas que

podrán limarse con la intervención de la buena ciencia (p.ej. mejorar la seguridad de las centrales nucleares; aguzar el tiro de los proyectiles; remediar esta o aquella enfermedad). Y es especialmente técnica porque ya no solo cree poder gobernar las cosas que se atienen a sus leyes, sino que haciéndonos artífices de las mismas cosas hacemos nosotros sus leyes (p.ej. los organismos genéticamente modificados; un polímero que nos quite el frío; un remedio para el envejecimiento). Claro que la paradoja estalla en los frutos de su mismo empeño y cada día es más claro (incluso para

el peatón que tiene que protegerse de los rayos ultravioleta) que no existe tal control y tal manejo de

3 KARL POLANYI, The economy as instituted process, en K. POLANYI, C. W. ARENSBERG, H. W. PEARSON (eds.), Trade and Market in the Early Empires, New York, 1957, Free Press. (Traducción castellana: Comercio y Mercado en los imperios antiguos. Buenos Aires. Paidós).

3

las leyes, sino que hay un buen número de cosas que se nos escapan largamente de las manos 4 . Es curioso, que encontrándose la ciencia postmoderna en una situación absolutamente distinta con respecto a la de la confianza racionalista desde Descartes hasta principios del siglo XX, la esperanza técnica de hoy pueda acampar ahora en regiones mucho más remotas que las que osara un positivista decimonónico.

Sobre el acto técnico: solución a problemas

Pero exploremos la técnica en sus momentos inaugurales. Para ello observemos a una persona cualquiera y notaremos que lo más elemental que a esta persona le ocurre es que tiene problemas, dificultades para conseguir ciertas cosas que o bien necesita perentoriamente o que por alguna otra razón quiere satisfacer. Y ¿qué es lo que hace al respecto? Busca la manera de darles solución con los recursos que encuentra; ya sean éstos propios –es decir, internos, como lo es el cuerpo o sus

habilidades-; o los que descubre a su alrededor -así en el entorno que le es patente, como en el que agita latente en su recuerdo-. Y esto le sucede continuamente, con independencia de la perentoreidad del caso y aunque simplemente le pase que su circunstancia le aburra sobremanera, y quiera evadirse de ella. Si en verdad esto le importa, significa que le es problema y buscará la manera de solventarlo. Para ello cuenta con su capacidad de dormirse, de pensar en otros asuntos;

podrá buscar una puerta y un camino para llegar hasta ella

la que se haya hecho cargo mientras haya sentido problemático su aburrimiento habrá quedado rápidamente clasificada en virtud de las dificultades y facilidades que ésta le ofrezca para solucionarlo. Como si su circunstancia se tratara de un escenario provisto de focos, quedarán iluminados de un color lo que represente dificultad; de otro, lo que le ofrezca ayuda para dar solución a su hastío. Con ese repertorio de objetos profusamente iluminados, será con los que especialmente cuente: unos para evitarlos, otros para perseguirlos. Pero además habrá en el escenario grandes zonas en penumbra, que pueden verse ligeramente, y otras en radical sombra que apenas pueda distinguirse de los que hayan quedado tras las bambalinas. 5

Y tal es así que toda la circunstancia de

Y a veces nos ocurre, mientras estamos sumidos en algún problema (cosa que estrictamente nos sucede de continuo) que encontramos a nuestro alrededor soluciones acabadas para su satisfacción, como sería una puerta para el aburrido; una fuente para el sediento; un puente para el

4 Mitcham, refiere el sentimiento ante la técnica del romántico debatiéndose entre la admiración y el terror. Ese sentimiento es también, aunque por razones diferentes, el del hombre postmoderno. CARL MITCHAM, “Tres formas de ser-con la tecnología”. en Anthropos, N.° 94-95, 1989

5

Con intención he evocado un caso de necesidad tan tenue. El lector podrá pensar multitud que sean más

(M.

perentorios, pero parafraseando a Don Quijote: “si en seco hacemos esto, ¿qué hiciéramos en mojado? DE CERVANTES, Don Quijote de la Mancha, Parte 1ª, cap.XXV)

4

caminante interrumpido por un río; o el tren que me trajo a Barcelona para hablar de estos asuntos. Pero en muchos otros casos los recursos que encontramos no dan solución acabada a la difícil ecuación de nuestros problemas, sino que en mayor o menor medida debemos buscar la manera de combinarlos para resolverla. Y si hablamos de un hombre real, tendremos que admitir que lo que principalmente hace es encontrarse con soluciones que más o menos resuelven su problema concreto, pero que por hacerlo insuficientemente siempre debe adaptar (en el caso mínimo esta adaptación implica un desplazamiento). Esto me trae a la memoria la primera vez que entré en el Deutsches Museum de Munich: hasta entonces la tecnología me había parecido acrobática, como si los inventores se batieran en la nada a modo de trapecistas. Cuando salí de allí, después de ver cientos y cientos de invenciones, unas junto a otras, comprendí que la tecnología es una historia de la técnica, un caminar de pequeños pasos en comparación con los enormes pasos prometeicos que antes imaginaba, con un rumbo marcado por un horizonte de problemas.

Si llamamos técnica al “dar soluciones a los problemas que nos acaecen” deberíamos admitir que el quehacer del hombre es principalmente técnico, sin embargo, cuando nos agachamos de cualquier manera al arroyo para saciar nuestra sed, a eso no lo llamamos técnica. Sin embargo, si para agacharnos buscamos una postura especialmente ergonómica que nos facilite en cualquier otro caso el beber el agua de los arroyos, a esto ya podemos llamarlo técnica, aunque sea simplísima. Como llamaríamos técnica a la manera de evitar sistemáticamente una o muchas guerras, o como llamamos técnica a la manera en que el forjador puede hacer una o cien espadas; o la industria que hace uno o mil microprocesadores 6 . En definitiva, llamamos técnica a las soluciones que inventamos para resolver toda una clase de problemas, y cuyo recurso podemos repetirlo. Lo cual tiene bastante que ver con el sentido primario de techné, es decir, lo que hacían los zapateros, o los alfareros: repetían una y otra vez la misma solución para desde unos materiales primarios hacer una sandalia o un plato, que a su vez puedan satisfacer los problemas concretos del caminante, o del comensal. Desde luego, que la técnica ha cambiado su perfil y sus modos, pero este esquema elemental ayer y hoy han sido iguales 7 . Hay por lo tanto, en la técnica varios momentos que caben distinguirse: 1° aparece un problema de la suficiente gravedad como para que, al menos una persona, no deje de atenderlo; 2° alguien encuentra una solución a ese problema contando con los recursos que le rodean; 3° el problema se repite con mayor o menor analogía configurando un

6 Para valorar la técnica desde una perspectiva más amplia que la occidental creo que son muy pertinentes las consideraciones que CLAUDE LEVI STRAUSS hace en su ensayo “Raza e historia” en Antropología estructural México: Siglo XXI, 1979. pp. 304-339. (También en “Raza y cultura”. Madrid: Cátedra. Colección Teorema).

7 Es curioso que al igual que el paso del tiempo ha respetado la analogía de la techné antigua con la nueva en técnica, la poiesis ha mantenido su sentido primario de creación radical en poesía; mientras que sus equivalentes latinos han invertido su sentido: así arte representa ahora la creación, mientras que fabricante o productor es el que hace una y mil veces lo mismo.

5

horizonte homogéneo de problemas que se siente relativamente permanente o recurrente; 4° se generaliza la solución primera para resolver conjuntamente todo esa clase de problemas; 5° la solución técnica se va adaptando a los problemas concretos, y en su transcurso la propia técnica puede irse modificando; 6° la técnica deja de ser un instrumento de solución, lo cual puede acontecer por dos razones: que se encuentre otra más apropiada; o que el problema deje de sentirse como tal.

Este esquema mínimo ilustraría la técnica enmarcado entre dos instantes: su nacimiento y su muerte. Podrían, desde luego, matizarse más momentos, pero hay uno que aun quisiera resaltar: el de la generación de unas técnicas por otras. En efecto, muy a menudo la coexistencia de una solución para un problema, es decir, una técnica concreta, con otro problema distinto puede inspirar una técnica nueva para éste, que, por tanto, podemos considerarla como su heredera. ¿Y quienes han sido sus progenitores? Una técnica hecha para un problema y un problema sin técnica.

La convivencia con la técnica

Así como no podemos pensar un hombre aislado, sino que debemos necesariamente considerarlo incardinado en una familia; en una sociedad; con unos antepasados y unos descendientes (aunque de tanto de unos como de otros solo se tenga su patente y crudo vacío); de la misma manera no podemos imaginar el radical problematismo, en que, como decíamos, consistía la vida, sin ver que a su vera hay toda una legión de soluciones hechas que llamamos técnicas. Esta es, de hecho, una buena parte del paisaje en que el hombre habita, y sobre el que hace su vida. Lo cual ocurre tanto a un hombre de lo que podríamos llamar mundo hipertecnologizado, como a un monje budista que no cuente en su aparente haber más que con una túnica, unas sandalias y una escudilla. Como pasa a menudo las apariencias pueden engañar y encontrarnos con que el mundo del segundo es más técnico que el del primero: bien podría pasar que las técnicas espirituales con que cuenta el oriental sean tan refinadas que su recurso satisfagan su horizonte de problemas; mientras que podríamos descubrir al primero no solo con una retahíla de acuciantes problemas, ya no sin satisfacer sino sin tiempo de atender, así como rodeado de un buen montón de cosas, que mecánicamente llamamos técnicas y que no hace sino darle nuevos y trabajosos problemas. Nótese que la comida se define en su virtud de satisfacer el hambre, y en consecuencia si un aluvión de comida nos interrumpiera el paso no la trataríamos como tal sino como simple impedimento que procuraremos apartar. Incluso si por alguna razón la comida perdiera sus capacidades culinarias entonces dejaremos de llamarla así, hasta el punto de que al niño le decimos: “eso es caca”. ¿No hay un momento en el que esa pérdida de la función haga que la técnica deje de serlo? Debiéramos distinguir el vivir en un mundo tecnificado (que siempre lo está en mayor o menor medida) con el vivir en un mundo lleno de productos de la técnica (y siguiendo la analogía culinaria téngase en cuenta que productos de la cocina son: el pastel y la basura).

6

¿Qué duda cabe que la cantidad de técnicas con que cuenta el hombre hoy es tremendamente mayor que aquellas con las que contaba el hombre de hace un siglo? Se han encontrado soluciones

a multitud de problemas, pero ¿cómo se adaptan estas a los problemas concretos del hombre de

hoy?. Habría que poner en claro cuáles son los problemas que se pueden resolver; cuáles de ellos

nos atañen; cuáles no tienen solución, y de entre ellos a cuáles ni tan si quiera se les está buscando. Esto significaría poner la técnica en confrontación clara y dialéctica con sus progenitores: problema

y solución. Lo cual podría acaso llevarla a un refinamiento de incalculables consecuencias.

II. La razón vital en la técnica

Quisiera traer a colación las palabras, bien conocidas, del peculiar ingeniero, pensador,

que fue en sus días Wittgenstein, con las que termina, a modo

profesor de aulas grandes y chicas

de corolario, después de haber pasado revista a las proposiciones y posibilidades de las ciencias:

“Sentimos que aun cuando todas las posibles cuestiones científicas hayan recibido respuesta, nuestros problemas vitales no se han rozado en lo más mínimo. Por supuesto, que entonces ya no queda pregunta alguna; y esto es precisamente la respuesta”. 8

En estas palabras, a medio camino entre las primeras zozobras de Frege “die Aritmetik ist in Schwanken geraten” 9 y el teorema de Gödel, que finiquita el programa logicista, pueden apreciarse ciertos síntomas de la salud del racionalismo en su época. Por una parte se mantiene aun la esperanza –aunque ya no incólume- de que podrá fundarse una matemática radicalmente robusta y sobre ella un edificio científico que podrá irse matizando en pro de su perfección (a pesar de las reservas de Brouwer o Hilbert). Pero a la vez se notan las limitaciones de semejante edificio, cosa que Husserl pretendía remediar, y para todo aquello que se encuentra fuera se reclama silencio (“Wovon man nicht sprechen kann, darüber muβ man schweigen“ 10 ), es decir, irracionalismo. Y lo más paradójico es que eso que debe callarse son, ni más ni menos lo que menos podemos desatender, “nuestros problemas vitales”; sobre los cuales –por cierto- se incardinan todos los demás. Este contrasentido que empieza a sentirse en el siglo XIX condujo –a fuerza de un silencio difícil de soportar- al irracionalismo inspirado por Kirkegaard, pero también a las Geistwissenchaften de Dilthey

8 Proposición 6.52 de LUDWIG WITTGENSTEIN, “Tractatus lógico-philosophicus”. Madrid: Editorial Alianza, 1973, pp.180-183.

9 Que a tenor del programa logicista era tanto como decir el edificio de las ciencias se tambalea, pues lo hace lo que pretendía ser su sólido cimiento. Las palabras pertenecen a una contestación de Frege del 22 de junio de 1902 a una carta de Rusell en la que le comunica el descubrimiento de la paradoja de las clases. Recogida en J. VAN HEIJENOORT, From Frege to Gödel, Harvard University Press, Cambridge, Mass., 1967, p. 127.

10 Proposición 7 de LUDWIG WITTGENSTEIN, op. cit., p.182.

7

y especialmente a los intentos de Ortega por hacer que semejantes problemas no queden fuera del alcance de la razón. Objetivo sobre el que estaba trabajando en los mismos días que Wittgenstein decía aquellas palabras. Sin embargo, como cualquier otro “hijo de vecino”, Wittgenstein no podía dejar de hablar de los problemas más radicales y así, su actitud de años más tarde es considerablemente distinta 11 .

Siguiendo a Ortega, podemos articular la historia del pensamiento occidental hasta el siglo

XX entorno a las bisagras de dos tesis radicales: la primera “pone como realidad radical el mundo o

naturaleza”. Es decir, para ésta “lo que verdaderamente hay es mundo” 12 , y sobre ella se vive hasta

que Descartes inaugura la otra gran tesis “que afirma como realidad radical el pensamiento, la idea, el

idealismo” 13 . Sin embargo, en el siglo XX el pensamiento podría haberse fundado sobre la realidad radical orteguiana, es decir, que lo que verdaderamente hay es la vida de cada cual, y en ella aparecen todas las demás realidades. Sin olvidar que la vida no es como aquel ente absoluto y solitario de la res cogitans, sino “Yo y la circunstancia”, entendido a modo de lo que los matemáticos llamarían una relación biyectiva, sin la cual no puede hablarse de vida 14 .

La vida en el centro

Bajo el supuesto de que la verdad más radical es la de nuestra vida, su quehacer toma un cariz completamente distinto que bajo el supuesto cartesiano de que lo radical sea la conciencia. A tenor de este segundo supuesto, que además subordina la vida a la conciencia (“cogito ergo sum”), lo que más sentido puede tener en nuestras vidas es precisamente la toma de conciencia. Sin embargo, puesto que íntimamente el hombre no puede renunciar a los problemas que le surgen en la vida, tanto si los piensa como si no, el cartesiano procurará que todos sus quehaceres queden bajo las claras coordenadas de su conciencia, con lo que el quehacer del racionalista se convierte esencialmente en proyecto.

¿Qué os admira? ¿Qué os espanta,

si fue mi maestro un sueño,

11 Como puede verse en: LUDWIG WITTGENSTEIN, Philosophische Untersuchungen. Traducción en: Investigaciones filosóficas. Instituto de Investigaciones Filosóficas de la Universidad Nacional Autónoma de México, 1986.

12 J. ORTEGA Y GASSET, Sobre la razón histórica, Alianza editorial 1996, p.42

13 Ibídem., p.45

14 Recuérdese que a la famosa fórmula de “Yo soy yo y mi circunstancia” expresada en su primer libro, en

y si no la salvo a ella, no me salvo yo”. Palabras que, a la vez que reafirman su esencial

correlación, podría abanderar -como bien señala Julián Marías- al movimiento ecologista. J. ORTEGA Y

1914, le seguían: “

GASSET, Meditaciones del Quijote, Madrid: Ed. Cátedra, 1995, p.77.

8

dice Calderón en boca de Segismundo. Pretendiendo, pues, emanar todos los quehaceres de los proyectos, se entiende que el sueño racionalista aspirara a recoger en su seno una copia íntegra del mundo, de modo que sus proyectos no dejaran nada sin contemplar 15 . Sin embargo, si nos cambiamos las lentes y consideramos la vida en el centro entonces no haremos que la vida se embarque en tal o cual proyecto, sino que buscaremos la manera de tomar el gobernalle de éstos. Aunque ahora bien, si para hacer esto buscáramos denodadamente un concepto de vida y a partir de él realizáramos todo lo demás, de nuevo estaríamos cayendo en la trampa cartesiana. Lo cual no significa que debemos desatendernos de la búsqueda de un cada vez más fino y atinado concepto de vida, sino que como tal debamos siempre reconocer la vida concreta de cada cual, aunque sin el presupuesto de que ésta sea lo mas importante, sino sobre la que aparecen y toman semblante todas las demás realidades, con independencia de su importancia y a veces precisamente a riesgo de subestimar esa importancia.

La razón pasa, por tanto, de tener un papel rector a tratarse de una de las muchas realidades que surgen de la raíz común de la vida. Lo cual implica que ésta pueda tanto aparecer como desaparecer, aunque sólo sea de forma transitoria, cosa que nunca puede ocurrir a la vida. Lo propio acontece a un árbol: podemos trasmochar sus ramas y seguir reconociendo como tal. Sin embargo, si mutilamos su tronco dejaremos de reconocer el árbol, y en efecto lo que queda no podemos llamarlo así, aunque éste siga latente en la raíz (en potencia diría Aristóteles) y pueda, de un último esperanzado borbotón de sabia, reprender un nuevo tallo. Si se fijan este símil nos sirve como esquema de las importancias vitales, unas son de categoría secundaria y al prescindir de ellas la vida no queda tocada, sino en ocasiones todo lo contrario (una poda hecha en su debido momento será beneficioso para la salud del árbol). Sin embargo, la pérdida de otras pueden suponer su fin, como ocurriría si elimináramos la razón de la vida humana, que acaso se trate del principal recurso del que disponemos para hacer la vida.

En consecuencia, Ortega propone a lo largo de su obra toda una reforma de la razón, de la inteligencia y del conocimiento (como puede verse por ejemplo en la Las meditaciones del Quijote, El tema de nuestro tiempo, La rebelión de las masas, Ideas y creencias, Origen y epílogo de la filosofía, Sobre la razón histórica 16 )

15 Podrían señalarse muchos ejemplos de cómo esa aspiración se ha mantenido durante el siglo XX, a pesar de el descubrimiento de los límites del conocimiento científico. Por ejemplo, el programa de domesticación de la energía nuclear, o los planes quinquenales en los países comunistas.

16 En Obras completas de José Ortega y Gasset, tomos I, III, IV, V, IX y XII respectivamente. Editorial Alianza.

9

La técnica circunstancial y la impuesta

Como ya se indicó antes, cuando una criatura llega al mundo se encuentra con que una buena parte de los contenidos de su vida le vienen dados, y aun así esos contenidos no son más que una especie de tábula rasa sobre la que deberá escribirse su biografía. Esa circunstancia que en que se inscribe la vida del niño va a fijar de antemano un mar de problemas en los que va a tener que bracear su vida (aunque solo fuera por esto, sería suficiente para admitir la absoluta ligazón entre circunstancia y sujeto). Éste procurará con todo su empeño que ese aire problemático que le circunda deje cabida a su semblante. A los problemas ambiente intentará aplicar las soluciones que a su vez descubra en su particular entorno humano, en otros casos deberá adaptarlas a la fisonomía de su peculiar problema; en otros empezará a ensayar nuevas soluciones, para lo que cuenta nuevamente con su circunstancia, que le pone ciertos recursos a su alcance. Podríamos decir que ese conjunto de recursos y soluciones es la circunstancia tecnológica de cada cual, además existe la “problemática” sobre la que se agita la vida. Nótese que, en consecuencia, estas dos principales categorías en que hemos articulado la circunstancia tienen un preeminente origen social.

Asumiendo que este esquema no esté muy desencaminado, debiéramos admitir que una técnica problemática es un contrasentido, y sin embargo, fijémonos en la que nos rodea: Las fábricas nos aportan utensilios para la comodidad, recursos económicos y ocupación; sin embargo, están amenazando la salubridad de grandes zonas del planeta y en consecuencia ya no solo la economía y la comodidad, sino la vida 17 . Las técnicas automáticas (especialmente desde que pertenecen a los objetivos capitales de los planes de desarrollo tecnológico) hacen que el trabajo sea menos duro, pero grandes masas rurales y urbanas han perdido la manera de ganarse la vida y pululan sin rumbo por el mundo 18 . Las técnicas audiovisuales, han facilitado el disfrute masivo de los productos de entretenimiento audiovisual y ampliado el número de objetos telecomunicables; sin embargo, menos de una decena de compañías internacionales controlan la producción de contenidos y éstos están cada vez más al servicio de la publicidad, que a su vez se ha convertido en una maquinaria eficaz de control de las voluntades y de los deseos 19 . Las técnicas informáticas,

17 Véase A. BONDUELLE. “Una década de negociaciones para salvar el clima”. en Estado del mundo. Anuario económico geopolítico mundial 2002. Coord. S. CORDELLIER, B. DIDIOT. Madrid: Akal, 2001. Existen también numerosos informes que emiten anualmente instituciones internacionales como la Organización Mundial de la Salud: http://www.who.int, o El Banco Mundial: http://www.wordbank.org.

18 Véase JEAN-CLAUDE MICHEA.La escuela del capitalismo total. En Le Monde Diplomatique -edición española-, n° 75, enero 2002, pp.10-11.

19 Véase IGNACIO RAMONET. “La golosina visual”, Barcelona: Debate, 2000; H.I. SCHILLER. “El imperialismo de la comunicación”, en Afinidades, n° 5, Bilbao, junio 1994; SEAN MACBRIDE. “Un solo mundo, voces múliples. Comunicación e información en nuestro tiempo”, México: Fondo de Cultura Económica, 1980.

10

facilitan las tareas de clasificación, de manejo de la información, de control de procesos industriales; pero vuelven locos a los usuarios que se enredan en la multitud de errores informáticos, sin tener, generalmente, el más mínimo recurso para su comprensión 20 . Las técnicas financieras facilitan las transacciones y las operaciones comerciales, mientras que a tenor de éstas pueden modificarse las condiciones de vida para enormes poblaciones (como por ejemplo en el caso de los agricultores andinos de café que hace unos años tuvieron que vender sus cosechas a un precio inferior al que les permitirían la plantación del año siguiente, provocando un éxodo rural de grandes proporciones) 21 .

Aunque por supuesto sería beatífica una visión de la técnica que pretendiera de ésta solamente soluciones, esto no debe dejarnos caer en el relativismo de que “todo depende del uso que le demos”. Es evidente, que las técnicas se fraguan sobre la matriz de un problema y que según el balance entre su capacidad de resolución y las nuevas dificultades que éstas provean valoramos su virtud. Así, como en el conocimiento, se podría proponer para la técnica una suerte de progreso dialéctico cuyo origen debiéramos cifrar en una primera solución a un problema; la segunda aparecería del ejercicio de la primera, plenamente confrontada con el problema de forma que se hicieran patentes sus errores y para los cuales se buscaría una nueva solución. No obstante, debe apreciarse que la identificación de los errores depende así en la técnica, como en el conocimiento, de la reacomodación de los puntos de vista desde los que contemplamos problema y solución. Sin embargo, cuando este engranaje dialéctico se pierde, por ejemplo, por medio de la utilización de un solo punto de vista, entonces la idea o la técnica se convierten en objetos cerrados cuyos entresijos nos son ajenos y que no nos queda sino andar a empellones con ellas 22 . Cuando se vive con estas ideas y técnicas que nos son ajenas, es decir, que no emanan de nuestro efectivo suelo de problemas vitales, podríamos decir que vivimos en ideas o técnicas impuestas. Sin embargo, cuando las ideas o técnicas surgen de nuestros propios problemas entonces podríamos hablar de ideas o técnicas

20 Véase los artículos de I. RAMONET, D. SCHILLER, T. FRANK, M. LAGUNÉ, P. RIVIÈRE recogidos bajo el epígrafe “El pulpo publicitario” en Le Monde Diplomatique, edición española, n° 67, mayo de 2001. pp. 2, 26-29 y 32. Igualmente puede consultarse: IGNACIO RAMONET “Los señores de las redes” Le Monde Diplomatique, edición española, n° 79, mayo de 2002. pp. 22-23.

21 Acerca de las consecuencias de las técnicas financieras puede consultarse: JOAQUÍN ETEFANÍA. “La nueva economía. La globalización.”, Barcelona: Debate, 1996; O los artículos de I. RAMONET, C. DE BRIE, J. DE MAILLARD reunidos bajo el epígrafe “Dans L’Archipiel planétaire de la criminalité financière. en Le Monde Diplomatique, n° 553, avril 2000. pp. 1, 4-8. A cerca del problema del café: SETEM Café amargo. Por un comercio Norte-Sur más justo”. Barcelona: Icaria, 1996.

22 Sobre los peligros de la adopción de un único punto de vista véase J.ORTEGA Y GASSET. “Los aspectos y la cosa entera” en Origen y epílogo de la filosofía. Madrid: Espasa-Calpe, 1980, pp.39-48; y C. LEVY STRAUSS, “La colaboración de las culturas, en op. cit., pp.332-336.

11

circunstanciales cuya anatomía entendemos y cuya función, uso y alteración están íntimamente ligadas. 23

La técnica heredada

No obstante, nuestras vidas aparecen en el marco de un cierto escenario técnico. Ésta es la técnica heredada y a partir de ella configuraremos la nuestra. Lo cual implica que por una parte la

técnica tiene sus antecesores, pero a su vez debe estar en continua adecuación a los problemas presentes. Así, como ocurre en el caso de las grandes herencias, a menudo el mantenimiento de la hacienda pueda superar las necesidades de su saneamiento y los problemas se van esclerotizando hasta el momento en el que la pérdida de flexibilidad es tal que no puede adaptarse a las nuevas situaciones. Desde luego, que una época de proliferación tecnológica como la nuestra podría parecer libre de tal sospecha, a pesar de que la cantidad de su herencia sea incomparable a la de cualquier otra época. Sin embargo, fijémonos en un industria concreta, por ejemplo la del transporte. Su función es ofrecer medios para facilitar los desplazamientos, dirimir pues el problema de la distancia. Desde principios de siglo los medios de transporte han aumentado la movilidad de las personas, sin embargo, hoy podemos ver ciudades en las que el transporte es la principal limitación a los movimientos de las personas; ciertas avenidas son más infranqueables que ríos caudalosos. En la ciudad de México o en Sao Paolo caminar por la ciudad es una difícil experiencia. En Europa ha habido más muertes a causa de los accidentes de tráfico que en la segunda Guerra Mundial. Y mientras que el problema energético y climático nunca ha tenido las dimensiones actuales, cada día el transporte privado consume y contamina más y ¿qué hacemos para resolverlo? Seguir usando automóviles con la utópica esperanza de que se invente uno que ni contamine, ni atropelle. Y ¿no se podría hacer otra cosa? eso depende de la intención que se tenga para hacer que la técnica sea verdadera técnica y se dedique, en consecuencia a solucionar problemas. Podrían configurarse las ciudades para minimizar la necesidad del automóvil; podrían emplearse mucho más

En definitiva, hemos heredado la técnica automovilística y a

todo trance queremos perpetrarla, con independencia de que ésta pueda haber dejado de satisfacer

los problemas que pretendía dar solución 24 .

el transporte pedestre y el público

23 Un claro de ejemplo de técnicas impuestas son las que el Fondo Monetario Internacional pretende imponer por medio de su estrategia de “ajustes estructurales” con absoluto despego de los problemas, intenciones y voluntades de los usuarios. El premio Nobel de economía y ex vicepresidente del Banco Mundial, Stiglitz, hace una buena exposición de la manera en que esta institución aplica sus estrategias en: J. E. STIGLITZ. “Etiopía: cuando el FMI es tu enemigo”. Le Monde Diplomatique, edición española, n°78, abril 2002, pp. 1, 14-15.

24 Véase GERARDO BAZÁN. Transposte y energía. México: Fondo de Cultura Económica, 1988; C. DALLE. “El cambio climático, un desastre anunciado” en Le Monde Diplomatique, edición española, n°72, octubre 2001. Pueden también consultarse los informes publicados en las páginas web de varias organizaciones como:

12

La principal misión, por tanto, de la tecnología, en el sentido de razón de la técnica, será confrontar las técnicas con la satisfacción de los problemas para los que van destinados y poniendo en balance los problemas que acarrean en contraposición con los que satisfacen. Solo así podría llegarse a una técnica que en efecto lo fuera, es decir, que girara en torno a los problemas vitales.

III. La razón histórica en la técnica

Según el esquema que hasta aquí hemos abordado de la técnica, podría esbozarse una biografía de ésta que se desenvolviera sobre sus principales paisajes: el de los problemas de cada época y el del papel de la razón, que a su vez depende de las tesis radicales sobre las que se desenvuelve. Como decíamos antes, en Occidente estas tesis han sido esencialmente dos. Desde Grecia hasta Descartes la creencia de que “lo que verdaderamente hay es mundo”, y a partir de éste la radical certidumbre del pensamiento. Veíamos cómo desde principios del siglo XX se podría haber fraguado una nueva certeza que se afianzara sobre la absoluta seguridad de la vida 25 , mientras que lo que en realidad ha tenido vigencia han sido las dos tesis primeras. Sin embargo, la imposibilidad de abrazarse ciegamente a las creencias anteriores hace que esta época tenga un cariz bien distinto al precedente.

Podría, no obstante, diferenciarse otro momento en la biografía de las tesis radicales que trastorna el universo de problemas y la función completa de la razón. Se trata del cristianismo y la certeza de que lo que esencialmente hay es Dios así como vida de ultratumba. En la versión más radical, esto supone que el conocimiento sólo puede ser revelación, como en San Agustín, y que la vida terrena es mero trasunto de la eterna, en virtud de la cual se organiza la primera. Pero como en última instancia, no es posible la total desatención de las urgencias vitales y además es menester dar razón de la nueva verdad, se terminan abrazando -especialmente en los asuntos cismundanos- los hábitos intelectuales griegos. Como muestra Ortega en “en torno a Galileo” el cristianismo va modificando paulatinamente el papel que otorga a la razón: así mientras en San Agustín la razón no es sino un pasivo espejo de la luz divina, de la revelación, con San Anselmo la aprehensión de ésta es ya una actividad positiva del intelecto, llegando con Santo Tomás a convertirse en un instrumento capaz de comprender por si mismo lo real. Así por un breve periodo de tiempo el mundo toma un semblante lógico, es la plenitud de la escolástica, cuya pretensión parecerá excesiva al escotismo que procura reubicar la posición de la razón a este lado del mundo, hasta el punto de que con Occam los universales dejan de existir fuera de nuestra ficción, siendo esto lo único de lo

Agencia Internacional de la Energía, http://www.iec.org; Red de Acción sobre el Clima, http://www.rac- f.org; World Wild Fundation: http://www.panda.org.

25 Antes hemos hablado de Ortega, pero, por supuesto debiera incluirse dentro del marco de este loable empeño al existencialismo, aunque los planteamientos sean distintos.

13

que podremos ser dueños; y de Dios solo nos resultará comprensible la vida de Cristo. Sobre los cimientos de este mundo dual, el transmundano y el cismundano, se fraguará el renacimiento 26 . ¿Y no es sino sobre estos problemas sobre los que nacerá dos siglos después el racionalismo? ¿No es el hombre moderno el que sólo se siente dueño de sus pensamientos y lucha porque la realidad adopte su perfil? ¿No es este hombre aquel cuya última zozobra reside en la dificultad de comunicación entre la realidad y el pensamiento, que, por cierto, resuelve por medio de la amabilidad divina? 27 .

Si en todos estos momentos nos fijamos en lo que el hombre hace para aderezar su circunstancia, cambiándola para atender las dificultades que experimenta, observaremos una estrecha coherencia con lo que hemos llamado tesis radicales.

La técnica antigua, techné

Para el griego, la técnica es fundamentalmente repetición. La sandalia, la túnica o la lanza se trabajan de esta manera, porque así se hacía ayer. Lo cual no quiere decir que no hubiera un primer momento para cada técnica, sino que la invención queda menguada por la archipresencia de la repetición y aquella ni tan siquiera se toma como techné. Desde la perspectiva de la radical existencia del mundo, el hombre puede entregarse sin más a la contemplación, siendo la bíos theoretikós la vida más excelsa y feliz 28 . Así vemos en Aristóteles como mientras del conocimiento de la naturaleza puede esperarse aletheia –verdad– para la ejecución de la técnica es suficiente la doxa –opinión–, constituyendo la imitación –mímesis– su máxima virtud 29 . En consecuencia para el antiguo existe una notable inferioridad de lo artificial –poiesis- frente a lo natural –physis- que coloca las técnicas de cultivo (las que sólo pretenden asistir el proceso natural manteniendo un continuo respeto hacia los materiales con los que trabaja) en una posición preeminente frente a las de dominación (que pretenden generar cosas que la naturaleza no podría) 30 .

26 Un esquema orteguiano de los estadios del pensamiento cristiano puede encontrarse en: J. ORTEGA Y GASSET. “En torno a Galileo”. Madrid: Espasa Calpe, 1996, pp. 227-245.

27 Recuérdese el famoso problema de la comunicación de las sustancias que ya ocupó a DESCARTES, como puede verse en las meditaciones 3ª y 4ª de sus Meditaciones metafísicas.

28 Por ejemplo, ARISTÓTELES, Ética Nicomaquea, 1177a.

29 Véase Met. libro VI. y VIRGINIA ASPE ARMELLA. “El concepto de técnica, arte y producción en la filosofía de Aristóteles”. México: Fondo de Cultura Económica, 1993.

30 C. MITCHAM. “Tres formas de ser-con la tecnología”. Anthropos, n° 94/95, 1989.

14

Este sentimiento hacia la tecnología por parte del antiguo pone bajo sospecha sus intenciones y la relega a una posición instrumental, supeditada a la religión, la política, el conocimiento y la estética.

La técnica medieval, ars y logos

El hombre medieval, aunque solidario a ciertos hábitos intelectuales helénicos, centra su atención en el trasmundo y en consecuencia acentúa la sospecha sobre cualquier cosa que pueda poner trabas a la comunicación del hombre con Dios o que entorpezca la preparación para la vida de ultratumba. Sin embargo, como señalábamos antes, la superioridad con que aparece la vida

íntima empieza a hacer fraguar una actitud radicalmente nueva. Así, en el mediodía de la escolástica vemos a San Alberto Magno entregado a la realización de objetos absolutamente nuevos o escuchar a Rogerio Bacon con la boca llena de proyectos: “Se podrán hacer navíos que avancen sin remos

Se podrán construir ingenios para caminar sobre el

agua y para sumergirse en ella sin peligro, como ya los hizo construir Alejandro Magno” 31 .

[

]

Podrán construirse artefactos voladores [

]

La técnica moderna, análisis y sueño racionalista

La radical seguridad del hombre moderno se encuentra en la razón, y de esta forma su elemental proyecto es conseguir los medios para hacer que ésta progrese sin error. Progreso que, por cierto, es un camino de dos direcciones: el que desde la realidad va al pensamiento, y el que desde éste puede retornar a la realidad, transformándola. Esta forma de conducir la razón la encontramos en su forma acabada con Descartes, pero ya antes podríamos palparla en Leonardo

Da Vinci, en Fernando el Católico, en Galileo, Francis Bacon

La vida enmarcada en el proscenio

de los proyectos. Se observa, en definitiva un empeño que es bien distinto del antiguo, incluso

opuesto, con una voluntad de dominio sobre la naturaleza, que hace del conocimiento de ésta un mero trasunto para su manipulación, cosa que podemos escuchar en los labios de Francis Bacon:

“La ciencia del hombre es la medida de su potencia, porque ignorar la causa es no poder producir el efecto.” 32

O en los más teóricos de René Descartes:

posible llegar a conocimientos muy útiles para la vida, y en lugar de la filosofía

especulativa, enseñada en las escuelas, es posible encontrar una práctica, por medio de la cual, conociendo la fuerza y las acciones del fuego, del agua, del aire, de los astros, de los cielos y de

todos los demás cuerpos que nos rodean, tan distintamente como conocemos los oficios varios de

es “

31 Rogerio Bacon, “Epistula de secretis operibus artis et naturae”, en Bacon, “Opera quaedam hactenus inedita”¸Ed. J.J. Brewer, Londres, 1859, p. 533

32 Libro 1°, §3. FRANCIS BACON, “Novum Organum”. Traducción de C. Litrán. Ed. Folio, 2000.

15

nuestros artesanos, podríamos aprovecharlas del mismo modo, en todos los usos que sean apropiadas, y de esta suerte hacernos como dueños y poseedores de la naturaleza.” 33

Pero ocurrirá que el proyecto racionalista se irá complicando y mientras las ciencias que se atienen a los objetos externos van perfeccionándose bajo la fina retícula de las matemáticas, cosechando a su vez importantes resultados técnicos, las ciencias que atienden a las cuestiones humanas no rinden los mismos frutos. De modo que aunque el siglo XIX ensayara bajo la rectoría del especialismo positivista acometer todo aquello que antes quedara silenciado o confuso, a lo largo del siglo se va haciendo más patente la insuficiencia del método racionalista para con las cosas humanas. Dificultad que posiblemente tenga una raíz milenaria, y no sea sino la versión moderna del eleatismo, o el radical empeño de que lo que es debe tener consistencia y debe seguir siendo 34 , carácter que es poco proclive a aprehender la continua mudanza de las cosas humanas. No obstante, el sueño racionalista y la máxima aspiración de conseguir un método de conocimiento absolutamente fiable como lo quería Leibnitz mediante el refinamiento de las técnicas matemáticas y lógicas tuvieron sus fieles adeptos hasta el siglo XX y será precisamente en sus manos en las que se diluya semejante aspiración. Se trata del intento de fundamentación lógica de la matemática iniciado por Frege y continuado, entre otros, por Whitehead, Rusell, con cuya paradoja de las clases hizo tambalear (como diría Frege) el edificio lógico. El mismo Rusell resolvería esta y otras paradojas por medio de la lógica de tipos, pero años más tarde el proyecto logicista se vería finalmente acorralado por la escuela formalista de Hilbert en manos del teorema de incompletud de Göedel (1931), que obligará a admitir indemostrable una buena parte de la matemática. Es decir, que una buena porción del pensamiento deberá ser necesariamente ilógica, lo que en un cierto sentido es decir tanto como impensable, y en todo caso podrá llegar a ser intuible (lo cual entraña una sustantiva contradicción). Sin embargo, esta conclusión no debiera invalidar la función del pensamiento, simplemente la acota.

La técnica postmoderna, entre el teorema de Göedel y la síntesis

Y a la vez que estas zozobras se sienten en la lógica, la física experimenta no pocas alteraciones: el relativismo se niega a presuponer, como hace el racionalismo, un espacio y un tiempo absoluto, totalmente descarnados de materia en los que se ordene la realidad (en consecuencia un objeto racional rector de lo extenso), y más bien prefiere ordenar el cosmos en

33 RENE DESCARTES, Discurso del método. Traducción de M. García Morente. Ed. Espasa Calpe, 1986. p.85.

34 Véase la crítica a la insuficiente radicalidad de la tesis cartesiana en J. ORTEGA Y GASSET, “Sobre la razón histórica”. Madrid: Alianza, 1996, pp. 47-71.

16

torno al observador, con todos sus lastres materiales 35 . Después vendrán a decirnos Heisenberg o Schröedinger que la materia no ocupa lugar sino que constituye una cierta onda de probabilidad y junto con Pauli nos será anunciada la imposibilidad de observar sus más elementales caracteres. En definitiva, es ahora patente, demostrado por mediación de las más sutiles herramientas científicas, que la realidad es irreductible a la razón, al pensamiento, a la idea que de ella pueda tenerse. Lo cual implica que el método acorde de conocimiento será el de “forjarnos ideas de las cosas” para orientarnos entre ellas, pero siempre con la clara conciencia de que debemos volver a éstas, desmontando el armazón teórico, para darnos cuenta de “que la realidad es siempre más o menos distintas de como la hemos pensado” 36 .

Si esto ocurre en la fundamentación de las ciencias, lo cual pone claros confines al pensamiento, sería de esperar un radical cambio en la actitud ya no solo de la ciencia sino – siguiendo las palabras de Francis Bacon antes citadas– también en la técnica, ya que “ignorando la causa” la potencia del hombre será bien distinta. Sin embargo, aunque se dieran ciertos cambios en algunos campos del quehacer intelectual, se ha observado, en general, la continuación de los inveterados hábitos del positivismo. Intenten descubrir por parte de un ingeniero nuclear las consecuencias de descubrimientos tan importantes como los que acabo de citar (la incompletud de Göedel, la indeterminación de Heissemberg, o la exclusión de Pauli). Si tienen la suficiente paciencia descubrirán, que en última instancia está instalado en la certeza de que “se conocen” las causas de los fenómenos nucleares, y en consecuencia la manera de domeñarlos. Y si le piden explicación de los errores que se han cometido, observarán cómo toda su argumentación girará entorno a la voluntad de las medidas adoptadas; la insuficiencia de esta o aquella técnica en contraposición con otras “seguras”. Hagan la misma experiencia con un ingeniero genético y observarán un comportamiento semejante, esta vez con la pretensión de estar a punto de desmadejar los misterios de la vida, claro que de una vida que no tendrá mucho que ver con la biográfica; con las dificultades con que ésta habrá de lidiarse mientras se vaya haciendo; con el entorno social en que se desenvuelva; o el azar que venga a adornar sus primaveras.

Y aunque la inmensa mayoría de los hábitos científicos, universitarios o intelectuales apenas hayan tenido en cuenta, para su renovación, estos descubrimientos, así como las sugerencias principalmente formuladas en la primera mitad del siglo XX (y entre las más tempranas y agudas se

35 J. ORTEGA Y GASSET “ El sentido histórico de la teoría de Einstein” en El tema de nuestro tiempo. Madrid:

Espasa Calpe, 1987, pp. 140-156.

36 J. ORTEGA Y GASSET. Sobre la razón histórica. Madrid: Alianza, 1987, pp. 118.

17

encuentran precisamente las orteguianas 37 ), la actitud del hombre postmoderno –es decir, después de la cuestionabilidad de la tesis racionalista– es bien distinta que la del moderno, que se encuentra instalado sobre la seguridad racionalista. Y en este caso el cambio de actitud, como en el siglo XIX, ha sido más bien fruto de las incapacidades y errores científicos o técnicos que de la discusión razonada de sus limitaciones. Cuando el alemán o el centroeuropeo han tenido que proteger su piel de la lluvia ácida; cuando los errores de la industria nuclear han sido catastróficos; cuando vemos como a pesar de las técnicas agroalimentarias cada vez más gente sufre grave desnutrición; cuando observamos considerables trastornos climáticos; o que las técnicas económicas hacen que medio mundo se encuentre sumido en la miseria 38 , entonces la ciencia y la técnica se ponen en cuestión. Pero la cuestión, careciendo de la suficiente radicalidad, no busca un asidero más firme sino que, impelidos por una inercia de difícil freno, reclamamos nuevas certidumbres científicas y remedios técnicos, lo cual no estaría de más si quedaran articulados dentro de un quehacer más razonable. Y así, aunque el hombre pueda sentirse aterrorizado por las consecuencias del abuso o del error técnico, a la vez, se siente fascinado por los logros que cacarea la publicidad tecnófila.

Mientras tanto la certidumbre radical que pudiera cambiar la actitud científica, técnica, social e íntima, y que, en definitiva, se encontraría a la altura de los tiempos sería aquella que antepone la realidad vital a todas las demás (en el sentido que aquí se ha esbozado). Semejante modificación, de abrazarse con sincera convicción supondría una alteración de mucha mayor trascendencia que los vaivenes políticos.

37 Obsérvese que una crítica a la versión más refinada del racionalismo, la fenomelogía, aparece a los pocos años de haber sido expuesta por Husserl en el Prólogo que Ortega escribiera para el libro de poesía de J. Moreno Villa “El pasajero”, en 1914. ORTEGA Y GASSET, “Ensayo a manera de prólogo” en “La deshumanización del arte y otros ensayos de estética”. Madrid: Espasa Calpe, 1987.

38 J.L. SANPEDRO Y C. BERZOSA, Conciencia del subdesarrollo. Veinticinco años después. Barcelona: Taurus, 1996.

18