Está en la página 1de 9

Santiago, diez de noviembre de dos mil nueve. VISTOS:

En estos autos Rol N° 5244-07.- del Primer Juzgado Civil de El Loa- Calama sobre juicio sumario de comodato precario, caratulados ?Aravena Vega, Ignacio Segundo con Vicencio Jofré, Digna María?, compareció el primero de los nombrado y dedujo demanda contra la segunda, fundado en que desde 1999 y en virtud de un contrato ?verbal?, la demandada ocupa una pieza interior ubicada en un inmueble de su propiedad. Entre las partes, expuso el actor, existió una relación sentimental que finalizó, quedando Digna María Vicencio Jofré en mala situación económica y, en razón de ello, le en tregó la habitación, reservándose el derecho a solicitar la restitución de la misma en cualquier época. Atendido que actualmente se encuentra en necesidad de recuperar la tenencia de la pieza, ejerce la acción de comodato precario del artículo 2194 del Código Civil. Al contestar, la demandada solicitó el rechazo de la demanda y argumentó que junto al actor mantuvo una convivencia familiar por más de veinticinco años, de la cual nacieron dos hijas de actuales 23 y 24 años de edad y que en el inmueble donde se encuentra la pieza cuya restitución se demanda se desarrolló la vida familiar. De lo anterior la demandada desprende que el título que ampara el uso y goce suyo y de sus hijas es la existencia de una especie de usufructo

de hecho, constituido día a día por más de veinticinco años, y que las diferencias que terminaron con la relación de pareja no transforman la situación mencionada en el precario que se reclama. Por sentencia de seis de mayo de dos mil siete, escrita a fojas 69, la señora Juez Titular del referido tribunal rechazó en todas sus partes la demanda. Apelado este fallo por el actor, una de las Salas de la Corte de Apelaciones de Antofagasta, en sentencia de dieciséis de septiembre de dos mil ocho, que se lee a fojas 82, lo confirmó sin modificaciones. En contra de esta última decisión la parte demandante ha deducido recurso de casación en el fondo. Se ordenó traer los autos en relación. CONSIDERANDO:

PRIMERO: Que en el recurso de casación en el fondo se denuncian infringidos los artículos 580, 588, 686, 1700, 2195 y 2304 del Código Civil y 342 del Código de Procedimiento Civil. Expone el recurrente que la sentencia incurre en error de derecho puesto que el concubinato con que se justifica la decisión adoptada no es suficiente argumento para declarar la existencia de una comunidad entre las partes de este juicio, ni menos que ella afecte el inmueble sub lite. La comunidad, se sostiene en el recurso, se genera por el aporte de bienes, trabajo o alguna actividad conjunta, que devienen en la adquisición de bienes determinados o que, en su origen, forman una universalidad jurídica. Ahora bien, razona el recurrente, el inmueble que se considera como parte de esta comunidad de hecho que declara la sentencia, fue adquirido por el actor con fecha anterior al inicio de la convivencia, en otras palabras, no fue producto del trabajo conjunto de los convivientes y, por ende, es de su exclusivo dominio. Quien pretende la declaración de una comunidad de hecho, afirma, debe demandar judicialmente su establecimiento, cuestión que no ha sucedido en la especie y así lo ha resuelto la jurisprudencia tanto de la Corte de Apelaciones de Valparaíso para un caso idéntico al planteado en este proceso, como de la Corte Suprema, al decidir que concubinato no es sinónimo de

comunidad. Por consiguiente, concluye el recurrente, la comunidad de hecho que reconoce el fallo impugnado no es tal. Por otra parte, termina el recurso, el tribunal desconoce el dominio exclusivo y excluyente del actor sobre la parte del inmueble cuya

restitución se solicita, toda vez que se encuentra inscrito a su nombre por más de treinta y cuatro años y con ello contraviene la norma que señala el valor probatorio de los instrumentos públicos. SEGUNDO: Que el fallo objeto del recurso establece que las partes han reconocido haber mantenido una convivencia por más de veinticinco años, de la cual nacieron al menos dos hijas, las que junto

a sus padres han habitado en el inmueble cuya restitución se pretende,

por lo tanto, esta convivencia constituye, al menos, un título a favor de la demandada que justifica la tenencia del bien raíz, en la parte que se le pide devolver a su dueño. En consecuencia, continúan los magistrados, no se dan en la especie los requisitos de la acción que se ha deducido, cuales son que se detente la cosa cuya restitución se pide por mera tolerancia de su dueño, sino que se la detenta en virtud de una comunidad de hecho que nació precisamente de la convivencia reconocida por las partes. Entonces, concluyen, existiría un cuasicontrato entre ellas, de acuerdo

a lo preceptuado en el artículo 2302 del Código Civil y, por ello, la

acción debe ser rechazada. TERCERO: Que según aparece del claro tenor de la demanda que dio origen al litigio, la acción ejercida por el actor fue la de comodato precario. Así se lee en la suma del libelo, en su parte petitoria y se desprende de la cita legal del artículo 2194 del Código Civil. De acuerdo a este último precepto, el comodato toma el título de precario si el comodante se reserva la facultad de pedir la restitución de la cosa en cualquier tiempo. Para entender tanto esta norma, como la del inciso 1° del artículo 2195 del mismo Código que la complementa, es necesario previamente detenerse en la definición legal de comodato, contenida en el artículo 2174 del citado cuerpo legal. Señala este artículo, en su inciso 1°, que el comodato o préstamo de

uso es un contrato en que una de las partes entrega a la otra gratuitamente una especie, mueble o raíz, para que haga uso de ella, y con cargo de restituir la misma especie después de terminado el uso. Agrega el inciso 2° que este contrato no se perfecciona sino por la tradición de la cosa. Ahora bien, es evidente que esa tradición a que se refiere esta última regla ha sido empleada por el legislador como sinónimo de simple entrega material y no translaticia de dominio, y constituye la forma como se perfecciona el contrato, de manera tal que, con arreglo a la primera parte del artículo 1444 del Código Civil, debe clasificarse al comodato dentro de la categoría de los contratos reales. La afirmación anterior, asimismo,conduce a concluir que la única obligación que nace de esta convención es, en principio, la del comodatario, esto es, la de quien recibe la cosa, consistente en restituirla, sea terminado el uso o, si se pactó, vencido que sea el plazo. Sin perjuicio de todo lo dicho y según se indicó más arriba, la acción ejercida en este proceso fue la del denominado comodato precario, que es aquel caso en que el comodante se reserva la facultad de pedir la restitución de la cosa en cualquier tiempo o cuando no se la presta para un servicio particular ni se fija tiempo para su restitución. Ahora bien, cualquiera que sea la situación de las anteriormente indicadas de que se trate, lo relevante es que en todas ellas se está siempre ante un vínculo de naturaleza contractual entre comodante y comodatario, de modo que sobre este último siempre recae la obligación de restituir la cosa una vez que le es requerida por el comodante. Es esta característica la que marca la diferencia esencial entre el comodato precario y el simple precario del inciso 2° del artículo 2195 del Código Civil, pues en esta específica situación no hay vínculo jurídico alguno entre el dueño de la cosa que es detentada por otro y el que ostenta esa tenencia. CUARTO: Que en el caso de autos la defensa de la demandada discurrió tanto sobre la base que el actor le atribuía la tenencia de la cosa a título de un simple precario que no era tal, como en negar la existencia de un vínculo jurídico emanado de un contrato de comodato.

Específicamente, la demandada sostuvo que, en razón de la convivencia mantenida con el actor por más de veinticinco años, ?el título que ampara el uso y goce (?) respecto de la propiedad de autos es la existencia de una especie de usufructo de hecho?. No obstante lo anterior, la sentencia objeto del recurso pretendió justificar esa ocupación en virtud de un título distinto, cual es una ?comunidad de hecho? originada en la convivencia entre actor y demandada y citó al efecto el artículo 2302 del Código Civil. Si bien esta última norma no guarda relación en un caso como el propuesto, pues forma parte de la regulación del cuasicontrato del pago de lo no debido, es evidente que los sentenciadores han querido referirse al cuasicontrato de comunidad y, concretamente, al artículo 2304 del mismo Código. Ahora bien, la comunidad, en tanto cuasicontrato, supone que conjuntamente dos o más personas son dueñas o propietarias de una cosa singular o universal, es decir, que tienen sobre ella el derecho real de dominio que les permite usar, gozar y disponer de ella a su arbitrio, no siendo contra la ley ni contra derecho ajeno. Consecuencia necesaria de la conclusión anterior es que quien se dice comunero debe justificar la existencia de un título del que ese dominio derive y los sentenciadores han sostenido existir ese título en virtud de la convivencia mantenida por largo tiempo por las partes. QUINTO: Que si bien esta Corte Suprema ha afirmado la existencia de comunidades nacidas de la convivencia entre dos personas, de manera tal de estimar que los bienes adquiridos por uno u otro durante ella son de dominio común de ambos al tener su origen en el trabajo conjunto, lo cierto es que ha también precisado que el concubinato no constituye una presunción de existencia de comunidad entre concubinos, esto es, que no crea el concubinato, por sí solo, comunidad alguna. La comunidad se formará únicamente si hay aportes, consistentes en bienes, trabajo, industria o cualquier otra actividad conj unta que haya sido la causa de la existencia de la masa de bienes que forman la comunidad que se pretende establecer. En otras palabras, no basta haber convivido para que puedan reclamarse

derechos sobre los bienes adquiridos durante la vida en común; la comunidad de bienes entre los concubinos no emana del concubinato, sino del hecho de haberse acreditado que los bienes fueron adquiridos con el producto del trabajo realizado conjuntamente o que uno de ellos procuró las condiciones necesarias para que el otro pudiera desarrollar la actividad económica que generó los recursos, pero siempre sobre tales bienes obtenidos. Como puede apreciarse, los razonamientos anteriores se refieren únicamente a los bienes adquiridos durante la convivencia o concubinato y es un hecho de la causa que el actor es titular del derecho de dominio del inmueble de que forma parte la pieza cuya restitución se pretende desde 1974, esto es, mucho antes de iniciada la convivencia con la demandada. En razón de lo anterior, mal pudo haberse adquirido el bien con el producto del trabajo conjunto y resulta manifiesto, entonces, que la situación de hecho existente y que los magistrados han calificado jurídicamente como constitutiva de una comunidad, generadora de un título para la ocupación, no es tal respecto del bien habitado por la demandada y que sólo cabe explicar dicha ocupación en virtud del préstamo que el actor hizo de la habitación a la demandada para su uso y respecto del cual no fijó época para su restitución. Esta ocupación, reconocida por la demandada, tampoco se ha justificado en otro título, debiendo concluirse que, en definitiva, carece de éste. SEXTO: Que lo razonado anteriormente permite afirmar que los jueces de la instancia han incurrido efectivamente en los errores de derecho que se denuncian en el recurso, por contravención formal al artículo 2195 del Código Civil, al haber desestimado la acción en virtud de la cual el comodante exige al comodatario la restitución del bien dado en comodato, prestación que, como se dijo más arriba, constituye la obligación que este último asume al celebrar la aludida convención en tales circunstancias. En estas condiciones, el recurso de casación en el fondo debe ser acogido. Por estas consideraciones y visto, además, lo dispuesto en las

normas lega les citadas y en los artículos 764, 765, 767 y 805 del Código de Procedimiento Civil, se acoge el recurso de casación en el fondo deducido por la parte demandante en lo principal de la presentación de fojas 84, contra la sentencia de dieciséis de septiembre de dos mil ocho, escrita a fojas 82, la que se invalida y se reemplaza por la que se dicta acto continuo, sin nueva vista, pero separadamente. Acordada contra el voto de la Ministra señora Herreros y de la abogada integrante señora Gómez de la Torre, quienes fueron de opinión de rechazar el recurso interpuesto, teniendo para ello presente las siguientes consideraciones:

1°.- Que en tanto el demandante sustentó su acción en la existencia de un contrato de comodato -en los términos expuestos en el fundamento tercero de este fallo-, al haber desconocido la demandada la celebración de este pacto, la carga de probar que esta última prestó su consentimiento con tal fin correspondía evidentemente al actor, de conformidad con la regla que al efecto prescribe el inciso 1° del artículo 1698 del Código Civil. 2°.- Que los jueces de la instancia no han fijado como hecho de la causa alguno que diga relación con este asunto, de modo tal que para afirmar la existencia del comodato y justificar las infracciones de ley que se denuncian era menester que el recurrente atribuyera a los magistrados la vulneración de las normas que gobiernan la valoración de la prueba, de manera que resultara lícito modificar aquellos que efectivamente se tuvo por probados y, en definitiva, dar por establecida la existencia del comodato. Como lo anterior no aconteció, los hechos fijados resultan inamovibles para la Corte de Casación imponiéndose en consecuencia, en concepto de las disidentes, el rechazo del recurso. Regístrese. Redacción a cargo del Ministro señor Muñoz. N° 6365-08.-. Pronunciado por la Primera Sala de la Corte Suprema, por los Ministros Sres. Milton Juica A., Sergio Muñoz G., Sra. Margarita

Herreros M. y Sr. Juan Araya E. y Abogada Integrante Sra. Maricruz Gómez de la Torre V. No firma la Abogada Integrante Sra. Gómez de la Torre, no obstante

haber concurrido a la vista del recurso y acuerdo del fallo, por estar ausente.

60

Autorizado por la Secretaria Sra. Rosa María Pinto Egusquiza.

En Santiago, a diez de noviembre de dos mil nueve, notifiqué en Secretaría por el Estado Diario la resolución precedente.

1