CRISTÓBAL RIESCO

LA VIDA NUEVA DE LÁZARO DE TORMES

© 2012 Bubok Publishing S. 1ª edición ISBN: 978-84-686-2952-0 Impreso por Bubok Impreso en España / Printed in Spain .L.

DEDICATORIA A mis viejos colegas y antiguos alumnos por su mucha paciencia y probado aguante. Espero que les vaya bien en sus tan diversas vidas. .

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151 Descanso V: pág.51 Jornada IV: pág.59 Descanso II: pág.65 Jornada V: pág.29 Descanso I: pág.47 Jornada III: pág.203 Jornada XIV: pág.69 Jornada VI: pág.101 Jornada VIII: pág.223 Descanso VII: pág.ÍNDICE Prólogo: pág.9 Jornada I: pág.113 Descanso IV: pág.167 Jornada XI: pág.13 Jornada II: pág.183 Descanso VI: pág.233 Nota del preparador de esta edición: pág.235 A quien pág.97 Jornada VII: pág.89 Descanso III: pág.201 Jornada XIII: pág.169 Jornada XII: pág.239 lo encontrare: .141 Jornada X: pág.137 Jornada IX: pág.

El hambre es la medida de todas las cosas .

sin embargo. que no sin esfuerzo he recogido.PRÓLOGO "Primum vivere. pero a menudo es conveniente presentar toda la fealdad del pecado para hacerlo aun más aborrecible. pobre pecador. Y puedo certificar que han sido muchas las que hube de sufrir en esta dura carrera y ya desde su origen. me confieso a Dios que todo lo sabe y a vuestra merced que todo lo quiere saber en estas frágiles memorias. para que sirvan de expiación y burla en que muchos alegres se recreen y látigo con el que algunos. avisados. para que sirvan de aviso ante las tentaciones y trampas que la vida continuamente nos tiende. habían de servirles de modelo. escarmienten. Y así con mi mano iré a lo largo de esta obrilla señalando los míos. Bien podría silenciar más de un asunto que con razón va a molestar a alguna venerable persona. humano es también aprender de los errores. que si humano es errar. 9 . ¿Así qué esperar de los que como yo nacen en lo más bajo del arroyo y han de salir a flote con el solo mérito de su mente y la mermada fuerza de sus brazos? Aguzarán el ingenio e imitarán los malos ejemplos de quienes como guías. deinde philosophare” Yo. Siempre hay galgos más ligeros que parten con ventaja. No quiero que nadie vuelva a tropezar en las piedras con que yo me he herido ni caer en las simas donde alguna vez me he hundí.

Poco me consuela saber –como dicen los antiguos –que los dioses destruyen sobre todo a los que aman. de rosas. sino por mi empeño en no dejarme querer de tal manera. precisamente. Algunos mal pensados dicen que también la más adornada.Pero dejémoslo así. Por ello escribo yo estas frágiles memorias justo en el momento. deinde philosophare". pero no es cierto que guste yo de tales vanidades. puesto ya el pie en el estribo y presto a partir. El alimento siempre fue lo principal y más sustantivo y después viene lo demás. estando al final de la jornada. que mucho tienen que haberme preferido por las veces que han intentado aniquilarme. que no son 10 . pues verdad es que la habitación mejor amueblada de mi persona ha sido siempre la cabeza. que no es Lázaro predicador que vaya a convertir el mundo. he tomado el asunto de principio y arrancado con el primer mandamiento del amor a Dios y los siguientes. no habrá sido por la voluntad puesta en ello. que como dice el filósofo: "Primum vivere. Mi camino no ha sido. cuando las aguas de la edad están ya remansadas. Nunca estuvo ése entre sus méritos y numerosos oficios. A mi afán debo sobre todo el seguir vivo. Y si no lo han conseguido. en que el hambre y las otras urgencias de la carne han levantado su cerco. Y como quiera que vuestra merced muestra interés y empeño en conocer la historia desde el punto en que la dejé en la primera parte. y aquietados los ímpetus alocados de la juventud.

que algo quedará de uno mientras alguien en su ocio lo leyere. Pero. como yo le he dado de la mía. hube de proclamar castigos y errores ajenos. sean aborrecidos de todos. y odiando los pecados. aunque por escrito –que aun es subir más alta la voz– pongo en público los míos. Muchas son las pruebas a que el Creador me ha sometido. Repase vuesa merced las muchas miserias que han puesto cerco a mi vivir y verá cómo la necesidad nunca ha roto su asedio. ¿qué puede contar uno que no se 11 .sino el de uno mismo. de pregonero. finalmente. amen al pecador conociendo las circunstancias y presiones a que estuvo sometido. Pues así como en otros tiempos. No niego tampoco que siendo ésta. que no suele dar motivos para el amor. Pronto se echará de ver la deuda que llevo contraída con esos pecadores que un día decidieron seguir el camino de la santidad y. época en que la fama tanto se valora. y me dará algo de su tiempo y vida. aunque sea mal. para acabar. así ahora. con el prójimo. aun menos. y en mi caso. como ejemplo. las futuras generaciones. nos contaron su vida de perdición y el momento en que fueron tocados por la gracia. no es lo de menos figurar en los papeles e impresos y dejar testimonio y huella de mi paso por este valle de lágrimas y sepan y hablen de mí. Así yo también he tomado esos libros de memorias como modelo y sacar mis acciones a la pública vergüenza. para que conocidos de muchos.

y testimonio al fin de mi arrepentimiento. Sea. aunque indigno. con todo. pues. este librillo homenaje a su bondad al escucharme mis muchas necedades y pecados. jamás los buenos de los que nunca yerran. Confío. Sólo nos interesan los malos pasos de los que se extravían. sepa vuestra merced comprenderme y el Todopoderoso perdonarme. 12 .equivoca? Seguramente nada. en que como hijo de Dios que soy. pues ningún peligro puedo añadir ni daño causar . que no soy más que un pobre pecador que está a punto de presentar ante él sus cuentas.

que a veces. el silencio. enclaustrada en casa sagrada. Así que hice oídos sordos a los rumores y seguí creyendo con ciega fe lo que los buenos afirmaban. el arcipreste de San Salvador. Pero quién puede fiarse de las habladurías de vecinos. seguía entendiéndose con su amo y el mío. y menos si era humana. los gemidos. que oyen lo que quieren oír y son ciegos a lo que sucede en sus propias casas. Sólo él con su virtud y su calma conseguía su sosiego que era también el nuestro. y el rechinar de maderas como si le estuvieran descoyuntando los huesos. Era tiempo de cuaresma. Después. las quejas. Ella. el que no debe nada a nadie. Algunos vecinos porfiaban que el bendito cura se la estaba trajinando a su sabor. los gritos. pues sólo el que 13 . ni oler. vecina de la nuestra. seguía un régimen de disciplina y mortificación tan dura.I JORNADA PRIMERA No hay satisfacción mayor que la del que se ha hecho a sí mismo. varón impasible y muy comprensivo. se le oían en el plácido sosiego de la noche. Ocurría que por entonces mi amada esposa. a la pobre. Yo que siempre he sido hombre cumplidor. y también al de ella. el que saliendo del arroyo ha arribado por sus propios medios a buen puerto. que siempre fue mujer brava. ni catar la carne. época de sacrificio durante la cual – según aquel santo varón – no se debía tocar. no vi a mi mujer durante todo aquel tiempo.

inmóviles como ídolos. el delicado vino que yo me encargaba de pregonarle por toda la venturosa ciudad de Toledo – Mira. donde el vino nace y va tomando cuerpo. Llegó la Pascua y el señor Arcipreste. pequeño discípulo. como tantos otros domingos y fiestas convidonos a compartir su mesa. madura y envejece. procuraba seguir su ejemplo. 14 . en la sufrida casa del señor Arcipreste– vino mi mujer a la nuestra. Había un sótano con unas escaleras de piedra labradas sobre la propia roca. Muy pronto empezaron a darle unas náuseas terribles ante algunas viandas y yo pensé en la nueva pureza de mi compañera. Pasados aquellos cuarenta días de penitencia –es decir. Lázaro –me decía– este claustro materno. cuyo estómago hecho a la mortificación se rebelaba contra el alimento y su simple presencia la inducía a rechazarlo.cree se salva y así tenía yo la salvación y nuestra mesa aseguradas. y yo. que siempre gustó de los placeres. Colgaban como ahorcados en la despensa algunos jamones. pero con el rostro salpicado de felicidad. chorizos. que descendían al sancta sanctorum de la bodega. Allí guardaba en unas grandes y ventrudas cubas. Estaba más pálida. morcillas y lomos como un maná que Dios dejaba caer generosamente en los techos y paredes de los que le servían. en esos vientres de madera que ahí ves. Nada faltaba en aquella casa.

Así que miré al clérigo que seguía riendo como yo mismo sin darle importancia al chichón. Era la estrategia que mejores resultados me había dado. E ingenuamente arrimé el oído al primero de aquellos toneles y. puesto de rodillas. y yo al verlo. de maldades que el experto ciego me grabara en las todavía tiernas carnes. cuando el traidor de mi amo se acercó por detrás y dio con mi sentida cabeza contra la madera. a base de golpes. oyendo la música más dulce que uno pueda escuchar sobre la tierra. sujetando aquella vida líquida. aquella sangre densa que pugnaba por salir. el astuto ciego que me enseñara a no confiar en nadie. 15 .Y señalaba las cubas con sus cinturones de hierro protectores girando en torno como firmes anillos. porque la vida es una sola y larguísima cornada. abrí la espita de todos mis sentidos para emborracharme de gozo ante tan divino espectáculo. Vi de nuevo el toro de piedra donde desperté a la sabiduría. Recordé al hidalgo. también. intentaba aplastar en mi cabeza. que como un cuerno. como el tonto que ríe sus desgracias en las gracias ajenas. que me adoctrinó en el arte del fingimiento como modo de lograr sin atraer la cólera de los más fuertes. – Escucha esos latidos. Recordé entonces lejanos episodios de mi viejo. Estaba en la cima del éxtasis. El clérigo reía.

La ignorancia es un acto de la voluntad y yo era sabio. sobre todo cuando eran cosas que tocaban a su interés o a su bolsillo. 16 . porque mi natural había aprendido a desconfiar de toda mano ajena que se acercara demasiado. Es como aquellos perros maltratados que muerden la mano que los acaricia. Mi primera intención fue hurtar la cabeza. que nada cuestan y aprovechan mucho. –Escucha. ni se atreve a salir –añadí yo por si algo caía. –Habrás oído rumores por ahí que intentan arruinar tu honra y nuestro negocio. –…Sí –añadió. así que no tuve dificultad en poner ademán de inocente y hasta hacerlo creíble. mientras paseaba su mano por mi hombro en un alarde de amistad que se me hacía sospechosa. que ya sabía yo que era un poco sordo de aquel oído. Ya sé que tú tienes un gran corazón y desoyes los ladridos de los canes que aúllan a la luna. – ¿Sí?– replicó socarrón. –Escucha. –Y si es de oro. Puse cara de no estar al corriente. hijo – volvió a repetir como si el sordo fuera yo. sino un largo sermón. hijo –respondió como si no hubiera oído mis palabras. Pero no cayó.–Dicen que con una moneda de plata se baja la hinchazón – me atreví a insinuar. Hay que ser gran actor para aparentar la verdad.

cogiendo el hilo del discurso– el hombre. Conocía bien su oficio. El caso es que siguió con su discurso que yo no interrumpía sino con monólogos subterráneos como este. amigo Lázaro. Así nunca le atraerá el pozo donde se anegan los miserables. Me miraba a mí como si fuera poderoso. Igual que los poetas o estas gentes cultas que ladran también de formas raras. La malicia. no te podrán venir más que ganancias. cuando vence su vértigo. que son muchos los que ansían ver caer a los poderosos. A lo mejor era eso. Pero allá ellos. sí. Me agradaba esa simpleza de los perros aullándole a la luna. Yo creí que eran los lobos. –… Sin embargo –prosiguió. incluso cuando te alaban la forma de sangrar. –…Pues bien –prosiguió él– no les hagas caso. es capaz de sobrevolar las miserias. pero no encontraba el poder por ningún lado. Seguramente estaba predicando para el mundo y. Y después de una pausa para coger aliento. –…Si sigues conmigo. con metáforas. sea sólo por el ruido que hacen al romperse. 17 . claro. y la envidia pierden a los hombres. La verdad es que predicaba maravillosamente. que el animal agradecido lame siempre la mano de su dueño.No está bien eso de acariciar la herida después de la cornada. yo formaba parte de él.

Yo bien que iba entendiendo. que nadie mejor que la naturaleza es capaz de resolver. dicha palabra era como un reflejo automático en mí que aceptaba lo que se me ofrecía y no podía negar. –En unos meses todo volverá a su curso y tú con un retoño más. como los nobles que buscan su genealogía entre las ramas. nada grave. aunque no tanto como el de mi señor. Así que no tuve más que decir "Amén”. Habrás notado que ella. eso sí. de un tiempo acá está como huraña con todo el mundo y más que nadie contigo a quien debe amor y respeto. tronco esbelto. Y así es a pesar de su natural afable. cosas de la naturaleza. planta sin raíces. Lázaro. Igual pensaba que me estaba ocurriendo a mí. aunque nunca fui un apasionado de la Botánica.–…Dígote esto. En fin. que " quien a buen árbol se arrima… “Y no es menester muchos discursos a quien como tú tiene aguzado el ingenio y el juicio imparcial para juzgar lo que te es más conveniente. por cierta enfermedad. Bueno. mentiras con que el vulgo malicioso se divierte. Y aquí metió unos latinajos como palabras de un ensalmo o viscosidades de araña en cuyas declinaciones acaban enredando a sus víctimas. 18 . porque habrás oído por ahí cosas maliciosas sobre que tu mujer y yo. y ramas donde algún cuco había puesto sus huevos. que después de tantos años de monaguillo y criado de clérigo.

reía hasta descuajaringarse. sin dejar de reír ni perder la compostura– al salir de la bodega y topar violentamente como carnero con el dintel de la puerta. que buena falta nos haría con una boca más. por donde podía resbalar sin obstáculo toda la corriente del Tajo en época de crecida. y yo riendo como bobo y enseñando los dientes que no tenía. y más con la jarra de vino que me tendió a continuación para brindar por la "nueva alianza". Así que no dejaba de reír ante tales pensamientos y el bendito clérigo. pero bienvenido fuera aquel maná. que aunque yo no era tan alto. aplaudiendo mi decisión.–…Aquí tienes esa longaniza y toma dos morcillas más para que no digas que te falta apoyo en los momentos de prueba. se mordía el labio para no hacer comentarios en voz alta y reía. con un bulto en la frente y otro más que me hice –eso sí. él dándome palmadas en el hombro. me sentía crecido en mis atributos. Todo era acomodarse a la nueva situación y aquellas alhajas de carne que colgaban de mi mano ayudaban mucho a ello. que seguramente pensaba cosas parecidas. mi boca era un sumidero. que gracias a los dientes que me faltaban de cuando el jarrazo del maldito ciego. Primero se despachó él a su sabor y después yo la cogí entre mis manos y me eché los restos al coleto. 19 . Bien pensé que los que necesitaban apoyo eran ellos que se caían con tanta frecuencia. Y así salimos agarrados.

De esta guisa entramos en la estancia. pero mirándome a mí. –Di que sí. los apéndices. luchábamos el capón y yo. primero asombrada como si no entendiera nada. que nunca he sabido qué cosa fuera eso. nos miró. y no por vergüenza. Yo cabizbajo. a pesar de todo. más bien silenciosa. donde nuestra muy querida y fiel esposa disponía la mesa y traía el pan con dos gruesos capones desnudos. por donde yo pude adivinar sus preferencias. El cura me cortaba las alas. confundidos en un cuerpo a cuerpo de besos y mordiscos donde la grasa del enemigo 20 . –Demasiado –pellizcaba mi señora. Concentrado en mi plato. Así fue discurriendo la comida. eso sí. que en la calle siempre he paseado la frente bien alta. y después nos echó una bien dura reprimenda a los dos. – ¡Pobrecillos! – ¿En qué estarás pensando? Al vernos en tan amable francachela. amigo Lázaro? –Mis cosas. que yacían panza arriba sobre una fuente arropados de ensalada. –Cada uno luce lo que tiene. las ideas. Y volvía de nuevo a ellas. – ¿En qué estarás pensando.

perfecta. porque un poco de discreción y buenas maneras atrae el favor de las gentes. hijo. Así era mi señor. –. Juega con la ventaja del que da las cartas o es mano en la partida.. Y después de esta frase redonda.. Deja que el otro venga a ti. que me halaga verte el gusto con que te despachas con esta 21 . que dejó retumbando en el vacío un momento. el hambre es la medida de todas las cosas.me resbalaba por la boca... Si finges haber comido. ensangrentando manteles… hasta chocar contra el pecho del Arcipreste. derribando vasos. Y no es que a mí me importe. Si muestras tu apetito. Mantente siempre digno. regando de triunfo toda mi cara. No vayas nunca a nadie. pletórica. Era profundo en las palabras como quien ha estudiado mucho y ligero en las acciones como quien ha vivido más. y los usos groseros repugnan a los ahítos. prosiguió: —. que sin inmutarse. Que así de enrevesado es el mundo. no te delates en tus pasiones o impulsos. solemne como una bandera. que son los que te pueden favorecer. Un pisotón nada oportuno me hizo soltar la presa que salió rodando por el campo de batalla. cogió lo que del malvado capón quedaba e izándolo en su mano exclamó: –Lázaro. porque la ansiedad del que pide crea la retracción en el que da.Dígote esto. te ofrecerán comida por que no comas. con esa calma que los santos adquieren con la mortificación y el dominio de sí mismos. nadie te invitará a comer.

si se tiene. pues pensé que debía picarme algo en algún sitio y cogí mi copa y de un larguísimo trago me lavé todos aquellos pensamientos densos como la madre del vino que acababa de trasegar a mis depósitos. salíamos ya. que me pareció sabroso aunque no tanto como aquella carne jugosa que había volado de mí igual que una maldición. pues la honra hay que aparentarla. cuando mi señor me retuvo un momento. Le prometí en adelante mejorar mi compostura. que el cielo no quiera volver a repetir. una mano blanca como de paloma mensajera. y el hambre. no hay que aparentarla. – ¿Qué? –Nada. posando de nuevo su bendita mano en mi hombro. –Otra vez. Yo quedé un poco perplejo –forzoso es confesarlo– y durante su sermón. no basta con tenerla. Me rasqué la cabeza. 22 . como había sido mi caso en épocas pretéritas. estuve reflexionando en cuánta razón tenía una vez más mi amo y señor en todo cuanto decía. Y lo difícil que era aquietar el ánimo y la figura cuando el hambre te arponea las tripas.inocente criatura como si te hubiera ofendido en algo o faltado al honor. Acabada la comida. que así anda el mundo confundido entre el tener y aparentar.

debes estar contento con la nueva situación. que bien merecen los que han alcanzado una posición. – Mira... no le basta al hombre saciar el hambre.y yo también. a tu descendencia.. que todos ellos tuvieron su origen en el estiércol.No te hagas cuestión de su sustento. Luego prosiguió: –. Paró un instante para coger aliento. Lázaro. Piensa en que el hilo de la vida se alargue más allá de ti mismo... que ya lo dice La Escritura: Mirad los pajarillos del campo... Hablo de la honra. que es de donde surgen los árboles más altos..Y siguió su ritual. Pues no creas que las grandes prosapias que hoy rigen los destinos de España vivieron siempre en la cumbre. Necesitaba más aire. Y hasta si es posible. Existen otros apetitos que nacen cuando aquélla está saciada.Por eso. aquel tono reposado me arrullaba como un susurro denso y doblegaba mi voluntad. que no sólo a ti pertenece. en que debes prolongar tu linaje y tu honor. Empezó a desgranarme en los oídos toda una letanía de consejos y a mí. que siempre había escuchado gritos. –. sostenerla y alargarla con un heredero que cante un día las excelencias y buenos oficios de los padres. acreciente con sus obras los méritos de sus antepasados. y es deber tuyo acrecentarla con un hijo que pregone con sus virtudes las virtudes de sus padres. sino a tu familia entera. hijo –decía—.que el 23 .

Así estuve luchando con mi conciencia.Padre los alimenta cada día sin que ellos tengan que ocuparse del menú del día siguiente. pero tardaba el sueño. sin embargo. Tenía cuanto deseaba para vivir y atesoraba en mis manos toda la felicidad del sabio que se conforma con solo lo que tiene. Nunca me habían asaltado las graves preocupaciones de los poderosos. o más bien yo. El caso es que vi levemente aleteando la paloma de su mano sobre mi hombro. Los mejores argumentos. y no supe interpretar en aquel momento quién era verdaderamente la paloma: si aquella blanca mano que me daba de comer. Pero seguramente estaba traduciendo. mis recuerdos y malos pensamientos hasta el alba en que llegó mi 24 . Partí para mi casa meditando en las justas palabras con que el sabio del Arcipreste acababa de aleccionarme. la cual en aquel momento recogía la mesa ajena a nuestra conversación. Creía que la Biblia no decía exactamente eso. estaban en mi mano y alcé levemente las morcillas y otros benditos rosarios que colgaban de ella como preciados dones con que la bondad del cielo me había querido favorecer. insinuando ligeras palmaditas. Agradecí mi buena suerte y procuré dormir. cándido y simple que estaba siendo devorado por las garras de un cruel gavilán o tal vez de un buitre picándome las entrañas mías y aun más las de mi mujer.

Él me ofrecía protección y procuraba nuestro sustento y yo le pregonaba y vendía sus caldos por toda la ciudad. mientras mi esposa se ocupaba de ambos y todos del hijo que esperábamos y así nuestra sociedad nos mantenía unidos y prosperaba nuestro negocio. pero viéndome agitado. su parte de la cama. El caso es que lo nuestro funcionaba. Así que guardaba a mi señor la lealtad que le debía. casi toda. preguntó: – ¿Estás dormido. Ignoro en qué estaría pensando. temiendo que en algún momento tornara la desdicha a llamar a la puerta de mi estómago. Verdad es que las carencias de la niñez se fijan para siempre y así me ocurría a mí con aquella hambre que nunca daba saciada. – ¿Duermes.. Recordaba los lazrados años de mi infancia tan lejanos.. Lázaro? –Eso estaba pensando—dije para mí. –La vida es intercambio –confesome un día. –También la guerra –respondile de forma misteriosa. era padre que me alimentaba y favorecía en lo que importaba más: el sustento diario que se ganan cantando los pajarillos y yo pregonándole sus vinos..esposa y tomó posesión de su reino.. Lázaro? 25 . Pero no debió entender. a esas horas. pero yo seguí dando vueltas. Así que giró su cuerpo y se durmió. su manta. pues más que amo.

De pronto sonó un golpe seco. – Ahí está.. como si no pudiera soportar la humillación que le infería el triunfo ajeno. ni lograrían soliviantar mi sosegado ánimo. Y eso procuraba ante aquellos rumores que no se atrevían a soltarme a la cara. 26 . que fui pregonero. haciéndolos correr. contundente.. pero extendían en la sombra. Y así era. Yo. –Olvídate. Aunque quien cabalgaba era él y me ladraban a mí. para sacarme de mí y probar de ese modo que eran ciertos. Así pensaba por lo bajo lo que llaman malos pensamientos. la pedrada en la puerta. –Llaman– interpretó ella desde el sueño. mas no iba a caer en la trampa de enfurecerme con quien sólo insinúa para sonsacar. –No te apures –decía mi señor– ladran. luego cabalgamos.Si no fuera por aquellas lenguas de serpiente que arrastraban nuestro buen nombre por tabernas y lupanares. de quien murmura para confirmar. que intentaba arrojar lejos. No iba a entrar a ese trapo por más cuernos que me pintaran en la puerta de mi casa. Así es que no teníamos trato con nuestros vecinos y apenas nos topábamos con alguno volvía la cara o pasaba a la otra acera. conocía ese ardid por haberlo usado algunas veces.

pues atrapándolo en mis garras. Pero yo dejaba pasar ese toro. silbidos.. siempre intentan arrastrar a los demás. – ¡Ahí va el sobrero!– volvían a bramar de rabia. para qué seguir con estas pequeñas miserias.. Los que naufragan en medio de la miseria. como aquel granuja que me acertó en la cabeza con un sucio guijarro. Pronto empezaron a aparecer pinturas en mi puerta. 27 . que el diablo o tal vez su padre puso en su mano. Hay que descalzarse y arrojarlas lejos y seguir por la senda de la vida sin mirar hacia abajo. bramidos. Mientras no embistieran. le prolongué un palmo las orejas. Son como esas chinas molestas que se meten en los zapatos. que florecía una afición desmesurada a los toros en este país..– ¡Ahí va el sobrero! –bramaban. Juro por ésta que no volverá a hacer cosa semejante. en fin.

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el ademán altivo. paró su historia. así que empecé a pregonar mis vinos alzando la voz por encima de la suya. encareciendo sus virtudes. venteó el aire como un sabueso y se puso a escuchar con atención. notas sueltas trabadas por una voz bien timbrada en la que creí reconocer valles y aristas como de una geografía familiar aunque lejana. Contaba una vieja historia acompañado de un más viejo laúd.II— JORNADA SEGUNDA Estos que creemos dones no son sino duros castigos que los dioses nos ofrecen cuando no aparecen auspiciados por la diosa Fortuna Así iban de maltrechas nuestras relaciones con los vecinos y no ignoraba que en cuanto hubiera oportunidad se unirían para destruirnos hasta donde les permitiera la situación e incluso un poco más allá. El ciego. quieto como una estatua. Llegaban hasta mí algunas sílabas entrecortadas. observé un grupo de gentes a la puerta de la iglesia que hacían corro a un pobre ciego. que oyó aquellos como gritos de guerra por encima de la ciudad. la expresión solemne. pues. 29 . El círculo de gentes se abrió y el juglar dio unos pasos hacia donde yo estaba. cantando sus excelencias. se quedó de piedra. Digo. Era la ocasión de hacer valer mis dones y allí había un público. Altivo. reconcentrado en sí mismo. cuando al llegar a una plazuela. pregonando los vinos de mi amo. que subiendo una mañana tras mi asno por una de las calles de la ciudad: alta la voz.

Eran las voces del pasado que acudían a atormentarle. Le raleaba el cabello y el poco que tenía lucía completamente blanco. hipnotizado por aquellos ojos sin luz que devolvían a los demás el vacío que los llenaba. Lo observé con atención. Había rezado fervorosamente durante los últimos años de su vida para que llegara el día. Tal vez el diablo le había guiado hasta allí para que se cumpliera su última voluntad.el gesto duro. pero renacía el rencor por tantas y tan malas jugadas como me había hecho pasar. los cuales gustaban tanto a las gentes que no necesitaba de más argucias. 30 . Era un sentimiento contradictorio. Parecía haberse especializado en el recitado de romances y canciones. pesando una a una las muy densas toneladas del odio. tan taurina. escuchaba con sumo interés. También yo quedé paralizado como un pobre pajarillo a la vista de una serpiente. oficios o habilidades para vivir. Así que nos quedamos los dos fijos en medio de la plaza. seguramente fruto de aquella terrible embestida que puso fin a una larga relación como la nuestra. Una enorme cicatriz le cruzaba la frente y se le hundía en el cráneo. Llevaba una capa descolorida y sucia y un agrietado laúd con el que se acompañaba. lo cual aflojaba el remordimiento. como dos gallos de pelea o como dos toros midiendo las distancias. Por un lado me alegraba que hubiera sobrevivido a aquella terrible embestida contra el poyo en Escalona. Estaba muy viejo y probablemente enfermo. donde uno burlaba y el otro mugía de dolor.

pasé por la misma plazuela. yo y el asno echamos a andar por la cuesta arriba con los cántaros de vino bien repletos. compartiendo con él comida y pulgas. por los gestos de terror y encogimiento que continuadamente mostraba. El miedo parecía formar en él una segunda naturaleza. y aborreciendo la raza humana. la voz templada y los pies ligeros. pero ya no logré verlo. ya de regreso. con la más potente voz que pude sacar de mis adentros. Yo sentía su mirada vacía en mi rostro como una bofetada y se la devolvía multiplicada hecha trizas como en un espejo. un perro viejo y maltrecho que le servía de guía. Sin embargo.Le acompañaba a todas partes. pues creí verme a mí mismo caso de no haberme liberado a tiempo de sus aceradas garras. recogido en su propia desolación. tampoco parecía tratarlo con excesivo celo. se hacía guiar por aquel animal. vacía la carga. Al fin pude sacudirme la magia y como un gallo triunfador entoné mi pregón. Pocas horas después. Era cruel como sólo pueden serlo un desamparado con otros aún más desamparados. Lo miré con afecto. el ruin. como su propia sombra. Había seguramente escarmentado. Estaría buscando su 31 . Sentí pena por el pobre animal echado en el suelo. cavando en nuestro propio rencor y arrojándonos a la cara todo el desprecio. como un himno de victoria. hecho el trabajo. vendido el vino. Y finalmente. Permanecimos aún un rato en silencio.

vi con enorme sorpresa y no poco temor que allí estaba mi viejo amigo departiendo amigablemente con mi esposa y una amiga de ésta. Me acordé de muchas cosas. como si se me hubiera removido la madre en la cuba de la memoria y un como regusto amargo me llegó hasta la lengua. a lo que veo. rebotándome la serenidad en las fachadas del alma y cerrándome el sosiego las puertas de la preocupación. cuando al traspasar las de mi casa. 32 . ni guiado por el afecto – ¿Como ha dado con mi casa.negocio en otra iglesia. al arrimo de comadres y beatas. tío? Así lo llamaba de antiguo. son muchos. Sabía de la inteligencia del ciego y que no estaba allí para felicitarme. Él también retomó el tratamiento antiguo. con ese tratamiento entre familiar y neutro y me vino sin más a las mientes aquel "tío" que parecía atar de nuevo algún hilo roto en algún sitio. tal vez en otra plaza. a los cuales contaba las circunstancias y modos de nuestra – según él – rancia y acendrada amistad. Así iba yo. No había nadie a quien preguntara que no supiera darme entera noticia de tu vida y milagros. Llegué pues a casa muy cansado. En aquel momento bebía un largo trago de vino de una gran jarra que a modo de homenaje presidía siempre nuestra mesa. eres muy popular en esta ciudad. poniéndose el sol en los tejados y a punto ya de replegarse el día. pero satisfecho del deber cumplido. – Hijo. a lo que veo. que.

Hasta que caí en la cuenta de que te querían tanto como a las pulgas o a la viruela. – Las inevitables envidias –comenté yo a modo de explicación. como si fuera yo el arzobispo en una procesión de Corpus. los infelices. 33 . y con todo el cariño con que los padres riñen a sus hijos. se ofrecieran gustosamente a acompañarme. igual que a una maldición. No saben ellos que soy como tu padre y jamás te haría daño. porque creo que no eres muy amado por tus gentes.– No se crea todo lo que cuentan – añadí yo por restarme importancia. –Verás. cristianos y judíos. Aún creo que andan por las esquinas y tras las puertas esperando. con todo este boato. Y así he llegado hasta aquí. chicos y mayores. justo en la dirección contraria a la que debía seguir. Así que no tuve más que decir que venía a cobrar una deuda y plantear una demanda de justicia – perdóname. Al principio preguntaba por ti en el barrio. hombres y mujeres. el barrio detrás. no era más que una piadosa mentira – para que todo el mundo. solteros y casados. a no ser por razón de escarmiento y entreno para la vida. Entonces me mandaron al otro extremo. presentándome –como es la verdad– tu padre. – Aunque confieso que he tenido algún problema en llegar. pues como eso he venido. –Aún queda gente buena.

–Así sea. En fin, que viene al caso del poco afecto que tus convecinos te muestran, y es extraño, pues siempre te tuve por persona espabilada, pero inocente y de buen corazón en el fondo. Y no quiero creer que la vida te haya cambiado tanto. – Verá, tío. La búsqueda del afecto está bien en los niños que por una sonrisa de sus padres son capaces de hacer las cosas más extraordinarias. A mí me extirparon esa víscera hace tiempo y entonces me creció la ambición , como suele ser en los adultos, de modo que he llegado a adquirir, dentro de mi modestia, una situación envidiable que ciega a unos, humilla a otros y daña, por los visto, a todos. –Está bien, hijo; así será; pero percibo un tono de reproche que me duele en lo más hondo, pues siempre te quise como hijo, como hijo te crié. Y si fui maestro duro algunas veces fue sólo por enseñarte a sobrevivir en las procelosas aguas de la vida. –Eso lo aprendí bien. —Comprendo también, que en un momento todos los hijos sientan la necesidad de liberarse del padre, aunque sea de manera simbólica. Me miraba –si así puede decirse– el malvado ciego, con toda su aviesa intención, mientras me llevaba a su terreno del que precisamente yo quería huir, como había hecho en el pasado, donde había intentado expulsar de

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mi conciencia aquella penosa escena del poyo de piedra, con la que topaba una y otra vez. En ello volvía a hurgar el maldito para mortificarme. Pero no creía que se conformara sólo con tan pobre venganza. El sol se había ocultado y las negras sombras empezaban a llenar la habitación de agitados fantasmas. – Tráenos luz –pedí a mi esposa, que vagaba como un espectro más entre los muy escasos muebles de la estancia. – ¿Se quedará a cenar con nosotros? –le propuse, cumpliendo con el deber de la hospitalidad. Tenía su pizca de intriga volver a compartir, una vez más, con aquel viejo, mesa y mantel. Lo del mantel era un decir, pues siempre había sido el nuestro la dura tierra y nuestros invitados los pequeños bichejos que por ella pululaban. Mas queda bien exhibirlo en casa de los pudientes como capotes del hambre donde se burla al toro de la necesidad. Así quise hacérselo notar, pasándole por las narices mi buena fortuna. –Está bien – respondió, adivinándome pensamiento. Como en los viejos tiempos. –Sea. –Pero, antes, bendigamos la mesa, que es bueno acordarse de Dios cuando no hay pan, y de los que pasan hambre cuando te pones a comer. Facilita la digestión. el

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Trazó unos latinajos y unas cruces como ensalmo, contra ese diablo flaco, para que no volviera a posarse por allí. –Amén. Y empezamos a gusto la tarea. –Sabrás, Lázaro, que mis dientes no me sirven como entonces, pues apenas me queda alguno, que baila en la pista de la boca –a lo que creo, de contento– en cuanto tropiezan con algo de comida; pero en fin, puesto que es preciso vivir para seguir mortificándose, pásame ese queso tan provocador y descarado y entablaremos recia contienda. Veremos quién sale vencedor. – Da’cá – añadió poco después, señalando al jarro de vino que yo le tendía– ese bendito bálsamo que cura todas las heridas de todas las batallas, que yo sabré sanarme no sólo las numerosas ya sufridas, sino las que aún tengan que venir. Y dicho esto, se echó a sus pechos el jarro y durante un buen rato permaneció asomado y pegado como una sanguijuela a aquel profundísimo pozo del que mana la alegría, la savia de la vida. Acabamos pronto de cenar, que aunque los físicos y otras gentes entendidas hablan de masticar despacio y comer pausadamente, no es esta lección que al pobre aproveche, pues ha de salir al paso con lo que tiene, despacharlo sin que lo vean y digerirlo antes de que se lo huelan y si no que se lo preguntaran a aquel diablo de

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ciego, que aun hubo de ir a pescar con el sedal del aroma, la maldita longaniza, donde era lugar de veda como el arca –atrancada, a lo que yo creía– de mi estómago. Así pues, cumplimos prontamente con la cena, que los viejos hábitos es difícil sustituirlos por los nuevos y la costumbre acaba moldeando nuestra naturaleza. La noche se nos había echado encima y apenas una pálida claridad blanquecina entraba por la ventana. Mi mujer trajinaba por la estancia recogiendo y ordenando cosas. A la luz de la vela, volví a repasar el rostro que tenía delante. Una terrible marca, como a Caín, le señalaba la frente, hundida violentamente, como derrumbada hacia atrás, lo que destacaba aún más las órbitas vacías de sus ojos siempre alzados, apuntando con sus aguzadísimos oídos a los sonidos que venían de cualquier parte. Apenas le quedaba pelo, sino en la parte inferior de su cabeza, como si se le hubiera resbalado hacia el cuello. Sonreí, pensando que alguna ventaja tendría con las liendres; aunque siempre podrían tener buen acomodo en aquellas luengas y blancas barbas que, como sucios carámbanos, resbalaban de su rostro. Su boca desdentada hedía como estiércol y en su nariz y manos veía unas como repelentes llagas, cicatrizadas unas, purulentas otras, que le daban un aspecto repulsivo, muy útil, por otro lado, en un mendigo, para tocar la fibra sutil de la compasión; aunque bien creo que él tenía 37

Evité aludir al lamentable suceso que la había provocado. apoyada en la pared. que bastón de ciego.recursos suficientes. descansaba una gruesa y larga vara amenazante. y entonces me di cuenta de que las heridas más graves no estaban en su rostro. le pregunté por su vida desde nuestra separación. Muy cerca de la mesa. Me puse alerta. empecé a trazar mi 38 . imponía aquel rostro inmóvil como una estatua. como de estampa antigua. Debajo de la mesa. Por cortar el silencio. sino más dentro. impresionante en su fuerza. como para no tener que acudir a tales subterfugios. No se me borra nunca de la memoria y aún me viene a la mente algunas veces y me persigue en sueños por las escaleras de los remordimientos. lo traspiraba como un animal y no había olvidado ni un instante aquel desdichado episodio. A la luz de la vela. con todos los sentidos avizor y mientras hablaba de su vida. el perro roía algunos mendrugos de pan y cortezas de queso que su amo le echaba de vez en cuando. tosca y firme. Apenas se oía el chisporroteo de la llama y el mordisqueo incesante del perro. grandioso en su solemnidad. Vi que le temblaba el labio inferior y apretaba los puños en un intento de controlar la rabia que se le subía por las paredes. Le fluía el odio. pastoril y patriarcal. que más perecía báculo de obispo. pero absurda en su solemnidad. Era una hermosa escena.

me levanté y con disimulo intenté apoderarme de la garrota. pero pareció olerme las intenciones y se la acercó aún más. y vino a salir por sitio donde yo ya lo esperaba. precisamente las más desgraciadas con la intención de golpearme donde más podía doler. que estaba casi vacío. las cortinas de la ventana por donde poco antes entraba la noche con sus desvelos. Pasó por alto aquel episodio sin duda negro que se levantaba entre nosotros como un densísimo muro. El viejo ya había trazado la suya y en mí estaba adelantarme a sus propósitos. asiéndola firmemente entre sus manos para no soltarla ya en toda la noche. como queriendo en todo momento controlar aquel punto de luz. Calló unas cosas. Me hice con un pequeño cascabel que pensaba enganchar al collar del perro. También puse a mano unas viejas tablillas de San Lázaro. el muy truhán. Cuando retorné a la estancia. 39 . Con la disculpa de llenar el jarro.estrategia. que a modo de exvoto y ofrenda a mi santo patrón le tenía colgadas en un pequeño altar como protección contra la lepra. que le dejaba en inferioridad de condiciones. El viejo empezó a narrarme la historia de su vida desde nuestra –según él– dolorosísima separación. Había cerrado además. en el momento oportuno. le vi acercarse a la vela. vi desde el umbral que el astuto ciego también parecía hacer sus preparativos. acentuó otras.

que junto a reyes y grandes señores. la nuestra? La piden cada vez y a menudo me hacen repetirla. cargado con un laúd y un montón de romances y cantares que recitaba en las plazas y mercados. un trozo de pan y un pajar caliente donde pasar la noche.Refirió que había acabado de juglar por los caminos. mejor dicho. pero a la fe. me acercaría y haría el más entusiasmado público que imaginar pudiera. Yo mismo la he compuesto y si lo quieres. párate un rato y podrás gozarte de la fama tan encumbrada a que has llegado. el negocio iba bien. con todo. lo mismo que yo. un día de estos. en alguna aldea. Había criado y educado a otros dos mocosuelos como yo o más tiernos. y nunca le había faltado una moneda. finalmente. – ¿Sabes. a las puertas de las iglesias y en cualquier lugar y circunstancia donde hubiera gentes reunidas y ociosas. Me contó que desde aquello –y evitaba. Pensé que sería aquella una historia de nobles y villanos y bien sabía el papel que se me había atribuido. no tan despiertos y. una de las historias que más éxito tiene y más demandan es la tuya. pues a las gentes les gustaba oír las historias de los otros. que un día en que mis muchos e importantes menesteres me dejaran tiempo y ocasión. aborreciendo del género humano que tales 40 . pero le prometí. hartos de las suyas propias. Salvo algún apedreamiento ocasional. dar nombre y aludir al penoso momento de nuestra brutal separación– las cosas no habían sido lo mismo. Lázaro.

Yo mismo me vi. – Se me hace tarde –exclamó al fin. A la vista estaba aquel pobre perro al que arreó sin más una dura patada como para probar sus palabras.dolores de cabeza le producía. Pero otros eran sus proyectos. caso de haber seguido a su vera. Se había vuelto aún más cruel y eso era lo que veía en sus facciones endurecidas por el odio al mundo entero. lanzó un leve gemido y volvió a tumbarse inerme. había optado por arrimarse a los animales. tío? Se os puede hacer un sitio caliente allá mismo en la cuadra –remarqué yo con toda la intención de que no aceptara. de maldad congelada que era aún más patente en los reflejos de la llama al rebotar sobre sus pómulos. alegando que tenía lugar y palabra en una posada. un poco ladrón como todos. ¿qué prisa tenéis. La vejez no le había borrado aquel brillo de inteligencia que se desprendía de su rostro. donde se detenía cada vez que venía a Toledo y cuyo dueño era un muy bien conocido y amigo suyo. sería yo quien no iba a pegar ojo en toda la noche. pues rechazó la oferta sin más. retorcido por el dolor y la impotencia. pero le había quedado como un rictus de fría crueldad. no demasiado lejos de allí. cuya fidelidad proverbial no era puesta en duda. ¿Qué horas son? –Es ya noche cerrada – respondí– mas. El animal apenas se movió. vigilando no cometiera alguna bellaquería. enroscado en sí mismo. pues si lo hiciera. como él. pero 41 .

descargaba su tranca con toda su fuerza hacia el tintineo aquel. si no fuera porque. con un gesto brusco de su mano izquierda. apagó la llama y quedó todo en tiniebla. cuando me ofreció de beber. sin dejar de observarle. Me puse alerta y. abiertos los sentidos. Lázaro. como así era. que me hubiera dejado allí clavado para siempre. le colgué al cuello el cascabel que precavidamente guardaba. también felices sólo porque todavía no han llegado. Allí sujeté al perro y con toda el apremio que el momento exigía. El rencor le seguía detrás como una terrible sombra. trae acá la jarra y brindemos la última vez por los viejos tiempos. tratándole bien. Observé su figura rígida reconcentrada.no demasiado y. me lancé rápidamente bajo la mesa sobre la que descargó toda la tremenda fuerza de su garrote. pues avisado había quedado de que allá pasaría la noche. prevenido como estaba. cegado aún más por la ira. Echó entonces mano a la garrota con la rapidez del rayo y lanzó un terrible golpe. El perro empezó a moverse por la estancia haciendo sonar la esquililla y el diabólico ciego. felices porque ya han pasado. tomé la jarra y la llevé a la boca. – Así pues. no quería darle motivo de preocupación. 42 . pensando en alcanzarme con las bendiciones de tan terrible hisopo. Pasó un largo trago que dejó el jarro casi a oscuras como si intentara lavar con aquel bálsamo la densa amargura que lo ahogaba. y por los nuevos. De repente. los nervios tensos.

como un blanco móvil al que siempre es difícil acertar y más guiándose exclusivamente del oído. cuando tuvo ocasión. el cual me perseguía a mí. 43 . y confirmaba mis palabras. que abrí de par en par. mientras el sorprendido viejo daba frustrados golpes de ciego – nunca mejor dicho– contra una campanilla que se movía de aquí para allá. hacía mover las tablillas. Me dirigí a la puerta de la calle. era aquélla una noche de luna y con ello y el conocimiento que yo tenía del lugar.Aprovechando la confusión. Por suerte para mí. Parecía el juego de la gallina ciega donde el ciego perseguía una campanilla que perseguía al perro. mientras empecé a gritar con todas mis fuerzas en mitad de la calle: – ¡Al leproso! ¡Cuidado! ¡Al leproso! El miserable. que marchaba tras el perro. con el ciego inmediatamente detrás y yo detrás del ciego sobre quien coloqué al pasar aquellas tablillas de San Lázaro. finalmente. sacudiéndolas aún más cada vez que intentaba quitárselas de encima. En seguida empezó a entrar una claridad lechosa que fantasmagorizaba la escena haciéndola irreal como un teatro de marionetas. el desesperado animal vio la puerta de la calle abierta y salió como un rayo. me acerqué de un salto a la ventana y descorrí las cortinas que antes había echado el astuto ciego. disponía de una clara ventaja sobre el furibundo ciego. hasta que.

yacía. maltrecho y humillado.Las gentes. el cráneo hundido y el lomo lleno de 44 . pues a cada momento saltaban las voces de alarma y las pedradas disuasorias ponían en fuga al enemigo. sin ánimo claro de hacer blanco en su figura. cuando el viejo empezó a clamar por su limpieza. en las tabernas. el cadáver de un perro. comido a mordiscos. Dicen que aún intentaron aquella misma noche. guardando celosamente las entradas. empezaron a lanzarle piedras. al principio para alejarlo.al comprender la terrible amenaza que se cernía sobre ellos. solicitando ayuda. saliendo de la ciudad a toda prisa por los sucios arrabales donde el ejército triunfante apostó sus vigías. y a intentar aproximarse a las gentes. que espiaban en las esquinas. el cuello partido y el cuerpo y los miembros deshechos a dentelladas. entrar en la ciudad varias veces. con el rostro deforme. pero después. acudieron al ver el alboroto y . sobre un charco de sangre ya seca. apenas reconocibles. pues – y con eso ya contaba – nadie se pararía a comprobar la verdad de sus palabras frente a las mías. tras las puertas de las casas. nadie le creyó y empezaron a lanzarle pedruscos más gruesos e insultos cada vez más certeros. mas en vano. con señales evidentes de haber sido golpeado salvajemente. de un varón adulto. Días después corrió la voz de que en los basureros de las afueras habían aparecido unos restos humanos. Al lado. él y su malhadado perro. Así hubo de alejarse de allí.

lobos. donde poco después.magulladuras y cortes. Sobre el mismo estiércol cavé un hoyo profundo y metí el cuerpo exangüe del animal. Es el caso que unos días después. tal vez– y en el extremo de su entrega. allí me encontraba yo y mi asno decididos a cumplir con una obra de misericordia tan elemental y antigua como la de enterrar a los muertos. cuando todo fue inútil. Pero dejémoslo así. Era hermosa la historia. El cadáver del ciego lo metí como pude en un viejo costal que para la ocasión llevaba y con él sobre mi asno nos vinimos a la ciudad. Había quien –sosteniendo la fidelidad proverbial de los animales– mantenía que aquel triste había muerto. que no es malo que las flores crezcan sobre el estiércol. 45 . con el concurso de mi señor. bien temprano. pero aún había necios que insistían en otras interpretaciones que muchos defendían con empeño. como sólo suelen serlo las mentiras. cuando apenas la luz empezaba a iluminar tanta ignominia. echándose a morir al lado de su dueño. fuera sólo por liberarse de responsabilidades y disipar sus culpas. aunque inútilmente. Era evidente lo que allí había sucedido. dimos tierra en sagrado a aquel pobre ser con quien tantas cosas había compartido. con ejércitos de moscas haciéndole el cortejo. en defensa de su amo luchando contra quién sabe qué enemigos– ladrones.

incluso las más hondas. y en el momento en que lo veía desaparecer del horizonte de mi vida. sino con larguísimos tragos de un vinillo fuerte con que me enjuagaba el alma. no teniendo yo padre. La soledad es un vacío que ocupa mucho sitio. proyectaba sobre el viejo mis sentimientos de hijo. Y es que.No niego que alguna lágrima furtiva se llegó hasta mis ojos. Creí oír su voz rota y sus palabras. Pero no había nadie. 46 . –El vino cura las heridas. sentía un nudo de tristeza que no logré desatar en los días siguientes. limpiándola de sentimentalismos. ya viejas como un eco que volvía desde atrás. remordimientos y otras adherencias.

Por caridad cristiana me han acogido en su convento estos sabios y benditos monjes. limpiando la suciedad que los ataca y cuidando y preservando este asilo venerable.DESCANSO I Pensé. que me lleva muchas horas. ¡cuán alta a las veces!. Hago mi trabajo. pero creo haberla cogido por derecho y la veo avanzar casi sola. como lo es mi pluma. Algo habrán 47 . los muchos dolores que sufrimos se hacen como seres vivos autónomos. Tampoco parece que yo soy en la mayor parte el autor de los hechos que me han acaecido. que esta labor iba a ser muy superior a mis fuerzas y excedería en mucho mis capacidades. Tiempo no me sobra. copiándolos a veces. hilvanándose los hechos entre sí. y allí se manifiestan cuando les damos ocasión. encuadernando libros. No es mi caso. ordenándolos siempre. sin que parezca yo más que un intermediario. Así también ahora parecen cobrar vida de nuevo para plasmarse en esta hoja sin necesitar apenas mi concurso. sirviéndose de nosotros para expresarse y levantar. Ocurre que lo que pensamos y aun más lo que sentimos y mucho más aún. entre los acontecimientos y el espejo del papel en que quedan reflejados. al iniciarla. pues se vinieron a mí como en montonera. como yo les digo. derramándose en mis hombros y yo sólo tuve que cargar con ellos. la voz de su protesta. ciudadanos libres de sus propias repúblicas y no siervos nuestros. Los artistas conocen esto y lo llaman inspiración.

quiero creerlo. pues. ayudante de encuadernación. Esa es una forma de sabiduría más honda. Uno aprende con el tiempo 48 . profundamente humano y nada presuntuoso. copista a ratos y escritor de mi propia historia en los momentos escasos que me dejan libres las demás ocupaciones. Aquí me encuentro. Es cordial en el trato. Pasa a veces días de retiro y oración o aplicado al estudio. Dicen que es un sabio que enseña en la Universidad no sé qué materias y así debe de ser. mis escasos méritos. Así me gano el pan dignamente. ¡Cómo duelen todavía algunos esquinazos con los que vuelvo a topar y a herirme. yo lo sé. tanteando con mis dedos en todas direcciones. voy deslizándome a oscuras por las rutas intrincadas de la memoria. por más que el tiempo que todo lo disuelve haya pasado por ellos! Parece que el alma tiene aristas que siempre nos desgarran y más cuanto más nos acercamos a sus filos. He hecho amistad con un monje que viene por aquí a menudo a consultar algunos libros. como hago yo ahora en que no quiero dejar pasar de largo tantas cosas como tal vez aconsejaría el buen sentido. mientras acabo de perder la vida. retirado a mis pasillos interiores.contado también. Robo horas al sueño— ¡cuán poco necesitamos a esta edad!— y a los tiempos de asueto y de recreo –que tampoco va bien la frivolidad con los años– y así saco algunos ratos en que recluido en mi estancia.

Seguramente habrá después momentos en que se atranque y tendré que empujar con fuerza el carro de mis 49 . Me ha animado a ponerme por escrito. directo. nos ayudaría a conocer los numerosos engaños y peligros que acechan ahí afuera y una vez sabidos. contándome cosas de gran sentido y peso. pues no dejaría de tener interés para más de una persona: A los del mundo les serviría para ver el proceso de conversión de un pecador. sencillo. Es franco. incluso con respeto. Mas también sabe de humor y entiende en la belleza que sabe apreciar a lo que creo. Parece que no está exento de problemas con sus superiores y hasta con el Santo Oficio. máxime en mi caso que viví mucho tiempo de ellas. por razones de ideas o doctrina. evitarlos. Lázaro. Así veo avanzar con insólita premura esta narración que al menos al principio parece marchar sola. Dicen que ha escrito algunas obras de mérito en latín y en nuestra castellana lengua. Es el caso que hemos conversado algunos ratos. Cuando avance un poco más esta preñez le daré a leer algunas hojas por oír su consejo y seguir adelante en la gestación de este ser o abortarlo en el momento que convenga.a reconocer lo auténtico y a desechar las imposturas. generoso. No le he dicho que ya he empezado a hacerlo. y a los que estamos dentro. Me trata como a igual y por mi edad. Algo de mi vida y mis cuidados (o descuidos) le he contado así como al pasar y me ha escuchado atento. que bien me han aprovechado. apasionado. que ellos sabrán.

Así que.equivocaciones para salir del atolladero y llegar a algún destino. Pero ya veremos—decía mi ciego. 50 . Y yo fui su discípulo. ya veremos.

–Y echas una mano al personal. sabiendo mi inclinación por el vino y por todo cuanto le toca. Los días fueron pasando y avanzando los meses. estando ambos por aquel tiempo ligeros de obligaciones. estoy seguro. pero llega a su posada. y a la vez. si acaso se tercia. llevome a pasar en sus fincas unos días para que observara el milagroso proceso de transformación de la uva. Por aquellos días. que tenía sus viñas en una aldea cercana. descargándome de mis numerosas y pesadas cargas que él tomaría sobre sí con gran placer. que el tiempo es lento como burro viejo. que disciplina muy dura era esa para un cuerpo tan frágil como el de Lázaro habituado a andar tieso por la vida y no encorvado como esos pobres campesinos.III— JORNADA TERCERA El honor es un lujo que aflige a los saciados y la virtud una enfermedad que ataca a los ahítos. ganarás el pan con el sudor de tu frente. 51 . Corría septiembre con las uvas dorándose en el último sol del verano y los viñedos ofrecían sus frutos como una tentación irresistible. mi señor. –Hijo. favoreciendo sus devociones. Pero no se terciaba. mantenerme alejado de la ciudad. humillados y ofendidos por las bofetadas sucesivas de los días.

que eran más. –Si lo sabré yo.–Pero no con el tormento de mis riñones. Pero también mira un poco por ahí. pero una maldición. Y se fue tras sus afanes que eran muchos y yo quedé con los míos. Y más en aquel trabajo donde había que andar a cuatro patas y bajar mucho la cerviz. moza alegre. Dejé pronto bien claro que yo no era uno de ellos. y en estos días mal vistos y peor pagados están los oficios de aquellos que se afanan con las manos en ganarse el mendrugo. que el trabajo es una maldición. Pero Dios proveerá. rolliza y cantarina en quien puse los ojos desde el 52 . que Dios mirará por todos. divina. –Amén–concluyó el clérigo con humor. sino un pájaro libre que podía volar cuando quisiera y cantar cuando tuviera ganas. Cada cual mire por sí. que por peores caminos hemos pisado y en lechos más duros hemos dormido. De aquí que no extrañe ver muchedumbres de gentes que anegan las ciudades con sus bultos de hambre. Tenía el capataz una sobrina de unos diecialgunos años que trabajaba de cortadora en la cuadrilla. pues bastante tiene con ocuparse de su propio negocio. Que mis negocios también son los tuyos. que no es Lázaro hombre que se afane por otros. –Todas las partes del cuerpo son igualmente dignas. que me han aporreado todas ellas. Ahora era yo el que predicaba—. En fin.

No. pero hacía como si nada hasta que de repente cerraba de golpe la puerta y nos daba con ella en las narices. En fin. Veíamos entonces sus finos tobillos. sino de aquellos otros que sólo saben escribir con las gozosas plumas del lecho. que no hay mayor 53 . que se mueren de amor y van dejando regueros por doquier. sus muslos gordezuelos y más cosas aún que la imaginación suple cuando la realidad se desea. no con la locura enamoradiza de los galanes de los libros. con mi varita mágica en forma de sarmiento. Pasaba a menudo a su lado y mientras ella permanecía arrodillada ante cada cepa – que bendito es el vino que se le venera aun antes de salir a la vida– yo. que la deseaba como sólo se puede desear la fruta madura. Tales lujos están bien en los de arriba y no en los pobres para quienes la honra está sobre todo en el pan que comen casi todos los días . procuraba levantar sus sayas. aunque más parecía importarle que adelantara el trabajo y cesaran las distracciones.primer momento. distraídamente. Ella a veces no se percataba y nos dejaba abierta durante un rato la puerta del paraíso. que no que quedara atrás la honra de su sobrina. Su tío pasaba de vez en cuando vigilando como un Argos el honor de su pupila. Otras se daba cuenta. que sin embargo no está del todo al alcance de la mano. Yo no era de esos que hunden sus sentimientos en el tintero de los sueños.

fuimos a caer todos en la misma... Las demás se habían quedado lejos. 54 . Y así fue que no habiendo muchas tentaciones.y todo vale. sede de virtud el campo.afrenta que el hambre. –Vosotros a mí. Pero el amor es peor que la guerra. con frases bien aprendidas. El pecado se esparce por doquier y el diablo lo siembra sin parar por todas partes. por lo que supe que era cierto. cuando alguien comentó que nuestro amo había tenido que dejarnos urgentemente aquella misma mañana por responsabilidades propias de su cargo. en Toledo. dicen los estoicos. Dejadme en paz. Pero no es verdad. ni día más desgraciado que aquel en que no hay nada para llevarse a la boca. –Basta ya. Teresina era la única tentación que nos seguía. –En cuanto a ti –prosiguió. pues habían requerido su presencia en la ciudad adonde sin tardanza ni tiempo para despedida había dirigido sus pasos. Corría la segunda jornada de mi estancia. refiriéndose a mi persona– me encargó te dijera que no tuvieras prisa en regresar. pues él en su ignorancia hubiera sido incapaz de juntar tantas palabras. La ciudad es asiento de maldad. Así habló nuestro capataz.

malolientes. Esa misma tarde tuve ocasión de restaurar mi dignidad algo marchita. otros se rascaban la cabeza. Ofreciles de comer los restos de nuestro almuerzo: algunos garbanzos. con su morro desdentado y un mugido hueco resonando en el fondo. como agudos alfileres de sospecha. habrías a la fuerza de permanecer ocioso. Sucios. descaradas casi todas. cuando vi que se acercaba por el camino una pareja de sucios vagabundos. Volví pues la espalda y con paso digno me alejé del grupo. que la envidia ha sido siempre mala compañera. los llamé a grandes voces que se llegaran hasta mí. repelían incluso a la propia caridad cristiana y ya los habían despedido con la breve limosna de un racimo de uvas. cojo el otro y marcados ambos de llagas. como en efecto hicieron de inmediato. pero quien ríe último… Unos afilaban sus navajas. 55 . recomponiendo mi figura y mi orgullo. y el queso. retenidas unas. un buen trozo de tocino. quién escarbaba con sus pezuñas en el polvo. Y un coro de risas. –Amén – respondí yo a modo de asentimiento. cuando. donde libre de ocupación. el uno ciego. Y el que más se reía era el bruto de Rebolledo. desastrados.que de momento. haciéndome cargo. hampones y mendigos. Pero no hice maldito caso y volví a mis cosas. ligeramente heridos. más necesitaba de tus buenos oficios aquí. que no allí en la ciudad. y un coro de cómplices miradas se clavaron en mí durante un rato.

Les doné ciertas prendas que andaban por allí: un par de sandalias. después de haber satisfecho la mayor necesidad como era el hambre. Se ofrecieron a corresponder con su trabajo. pero rehusaron esto último. La limosna es moneda de caridad y no tiene vuelta. pero no pude aceptar. pues venían rendidos y no les vendría mal hacer una pausa para recuperar algo de moral y fuerzas. En muchos días no habían comido y lo agradecieron como yo bien sé se agradecen estas cosas. –La tentación es mejor ponerla lejos. porque eran – decían– materias peligrosas. por si era menester. una manta. una vez bien hinchados mi vientre y mi bota. Me pidieron si podía dejarles descansar un rato y dormir allí la siesta. Recordé aquel breve momento feliz en que repartí con el sagacísimo ciego el famoso racimo y donde engañándome. un morral de cuero y hasta alguna herramienta o cuchillo de trabajo.todo que quité de la merienda y todo bien mojado con el vino que quedaba. Sonreí para 56 . –Eso digo yo– añadí– convertido a su causa y creyendo fervoroso en su inocencia y buenas intenciones. Miré con atención sus engarañadas figuras y sentí lástima como sólo podía sentirla de mí mismo cuando se me agolpaban en la mente los tristes días de mi infancia. le engañé y supo mi engaño.

Por una vez que dejé de ser Lázaro. Y eso me pasaba seguramente a mí. al comprender lo ocurrido. y cuando por azar dirigí la mirada hacia ellos. Faltaba mi capa y mi bota de vino y habían levantado como sucios roedores todo el alimento que sobraba. Pero todo se vino abajo y sucedió lo que sólo a Lázaro. centrado en ella. los vi alejarse a pasos más que veloces por el camino. Sentí la burla. para algunos sabuesos. salió furiosa tras los pícaros. estoy seguro. –Claro– respondí finalmente con esa generosidad que nada cuesta. me desenterraron vivo y también los tesoros. pues apenas hube abandonado a aquellos malnacidos para incorporarme a la faena. Sospeché la trapacería y acudí al lugar donde habíamos dejado nuestras cosas. pero ambos milagrosamente 57 . gafado por los astros podía suceder. Era como abrir tu corazón a los otros y te quedaras sin él. Pero el dinero huele. cuando está demasiado tiempo tumbado. El cojo corría como alma en pena y el ciego le seguía sin tropezar lo más mínimo ni salirse para nada del camino. Pero la traición duele. me olvidé hasta de mí mismo. ¡Pero se está tan bien a la sombra…! La pandilla entera. Y hasta algunas monedas que dejé bien escondidas. menos mal que eran menguados.mis adentros pensando en las volteretas que suele dar la vida y cómo las cosas pasadas siempre vuelven. uno delante del otro y sin apoyo mutuo. El perro más avispado pierde reflejos.

largos días. –Si os ponéis así.. y así lo hice. –Está bien –tuve que pensarlo. De este modo quedó nuestra relación sellada por el resto de los días. pues en seguida levantaron sus puñales curvos por los arrabales de mi cuello. Aquellos cuchillos curvos. que no pudo tragar nada en varios días.curados.. afilados. yo buscando ocasión a mi venganza y ellos plenamente dispuestos a la suya. cuando el amo repusiera las mías. pero no recuerdo bien por qué juré.. Hube de prometerles que repondría sus cosas. aquellos pocos. al final de las tareas. 58 . –Todavía no he matado a nadie–aposté– y alcé un último gesto de conminación y fuerza que no sirvió de nada. como largas guadañas eran muy convincentes. –Nos ponemos así. se echaron rugiendo sobre mí. Tan poco se fiaban de mí que me hicieron jurar por lo que más quería.. corrían lo mismo que el demonio. Al no poder atraparlos. –Por tus muertos.. –Por lo más sagrado.

no entrarle nunca de cara. y yo pensé que a un enemigo así es preferible evitarlo o. recogí con cierto recato unas hierbas que todos maldijeron por sus misteriosas propiedades y 59 . Con el cuchillo en la mano. Vi que deseaba tanto como yo a aquella moza rolliza y de buen ver que sonreía por todos los costados.Sonreía como las fieras. pero no era yo hombre que se rindiera tan fácil y la maquinaria de mi cerebro tan llena de herrumbre que no consiguiera fabricar algún ardid del que sacar provecho. Porque hay almas de moscatel. Decían que había matado a dos hombres y pasado largos años en galeras. Sólo el dolor es real y de eso algunos somos más ricos.IV JORNADA CUARTA El mundo es pura apariencia. de albillo y las hay en agraz como el alma del malvado Rebolledo. Feo como una mentira. al servicio del rey. como él mismo confirmaba orgulloso. metía un ojo en el otro mirando el mundo siempre torcido como garras curvas que escarbaran en las vísceras de las gentes para sacarles la vida. cuando menos. dejando ver cuatro dientes podridos que eran lo mejor que le quedaba y desprendía un aliento fétido por su boca torcida que hasta se pasmaban los racimos. parecía el dios de la venganza. Al día siguiente. Rebolledo era un alma en agraz.

Aquel mismo día en la comida probé sus efectos en el odiado Rebolledo. más o menos como aquí– confesó. huyendo de 60 . que no se habían olvidado y rezaban por él continuamente. – ¡Menudos abogados! –Diablos de la guardia. parecían inducir alucinaciones tan reales. deseándole toda suerte de males. lanzando maldiciones e insultos. se levantaba lleno de terror. Había visto también a sus dos muertos. El caso es que los días que faltaban los pasé maquinando mi plan y las noches vigilando.que. indagando. Cayó en seguida en un sopor tan hondo que no hubo manera de levantarlo de la siesta y así estuvo toda aquella tarde y noche hasta la madrugada. Allí estaba la gente siempre cabreada y dando voces. el infierno era real. dándose al diablo. pues a veces le daba el ataque de locura y. con los ojos muy abiertos y echaba a correr por el monte dando gritos. Machaqué algunas de aquellas bayas negras que vertí en su escudilla de garbanzos los cuales devoró sin enterarse. En cambio. contó que había recorrido el cielo y hablado con algunos ángeles que al ir a tocarlos se desvanecían en la nada. que las gentes las vivían como hechos verdaderos. Al despertar. lo mismo que los sueños. pero al revés.

cuando advertí una tenue luz. Un búho muy cerca rompió la noche con su grito. Eso al menos me confirmaron todos cuantos la 61 . se pensó festejar la despedida con una cena un poco más señalada.no se sabe qué. Aún pude escuchar antes de caer en el abismo del sueño el grave ulular del búho desgarrando en una estruendosa carcajada las vísceras retorcidas de la noche. Alguien también lo oyó. dibujándose apenas. consiguiendo con todo una pasta que disuelta en el vino hacía el más rico caldo que uno pueda imaginar. donde permanecí un buen rato con los ojos abiertos en medio de la oscuridad. filtrándose de una ventana abierta del primer piso y que debía proceder de la cámara donde yacía Teresina. Mientras aquella se adobaba. Oía voces. como un ligero fantasma en el hueco de la ventana. yo también preparé en secreto mi asquerosa pócima. Pude divisar su silueta. que nadie más oía. y pasos que nadie más sentía. deambulaba a oscuras por los alrededores de mí mismo. Una de aquellas. machacando bayas y hierbas de belladona que pude apañar. Ladraron los perros y regresé al lecho. apretado al fresco de la noche. En seguida se apagó la luz y todo volvió a quedar en la más negra oscuridad. Dos días después acabó la vendimia y antes de partir y dividirse las gentes y de que cada cual regresase a su hogar o a nuevas faenas. espantado el sueño.

probaron horas después. temblores y bebida. ardientes como encendidas hogueras. La pócima maldita obraba sus efectos. oscilantes. Malditos sueños. No había más que ver a aquellos cuerpos sin dueño. Todo el mundo danzaba al ritmo de la tierra que llevaba dentro. la música que le saltaba dentro. vertido que hube todo el mejunje en el común caldero donde se cocía la cena. unos con otros. todos son de la misma familia. al fin. mucha bebida y baile. del diablo. Todo el mundo empezó a danzar. crepitando de luz y de deseo. Carreras por el campo. Temblaba el mundo en una sucesión de escalofríos. encendido como una estrella fugaz. Una hoguera en el centro hacía girar los astros. estrujando sus racimos. Aquella noche todo se agitó como una gran locura. Yo vi alguno correr sobre la noche. El recato y compostura no son más que débiles defensas contra los recios empujones de la vida y sus grandes pasiones. de la serpiente. entrelazados sarmientos. Tal vez me había pasado con la dosis. del veneno. El trepidar de la tierra entre los pies danzantes y una luna muy llena que lo registraba todo. Los cuerpos se enhebraban igual que los deseos. cercados de terror fueron a esconderse en la iglesia donde trancaron las puertas y empezaron a rezar y santiguarse por las almas del purgatorio y hasta del 62 . bebedizos y pócimas. Las gentes de la aldea vecina despertaron y al oír el alboroto.

Me incorporé 63 . Poco después cayó sobre sí mismo en agitado sueño. como trofeo de caza. salí a la noche como fantasma o diablo que acude al conjuro. La llevé a su aposento con inmenso cuidado para que no se tronchara y allí cabalgamos juntos por los caminos del cielo y el mismo cielo hasta las puertas del amanecer que siempre chirrían. pues se habían escapado aquella noche y vagaban libres por el mundo. Me entré en la casa y arranqué una cabeza de ciervo disecada que había visto adornando. puesto sobre la mía. Era domingo. No podía ser. Entre la sorpresa de la aparición y el reflejo de la luna que lo fantasmagorizaba todo. volviendo de nuevo a la vida. que era necesario recuperar.infierno. contemplando el paisaje. El caso es que sólo yo y mi mala conciencia permanecíamos ausentes. abandonando a Teresina que se desmayó en mis brazos. en una de las estancias y. la gente salió huyendo por todas sus puertas. sobre todo la figura rutilante de la hermosa Teresina que brillaba con luz propia. olvidado del mundo y sus tentaciones. A lo lejos sonaban las campanas de la aldea llamando a misa o a rebato. Pero los ataques venían de todas partes. no sé si de miedo o de cansancio. Estaba ya bien entrada la mañana. Rebolledo andaba tan borracho que apenas se tenía en pie y giraba y giraba y volvía a beber. cuando los ruidos empezaron a desenvolver el día y la pequeña tropa a desperezarse el sueño. no sé bien.

Cuando se mienta al diablo acaba apareciendo. que habían sido mis buenas noches. el santo Oficio por medio y unas cuantas brujas aporreadas. quien. ahora que el sol se ha ido y la noche – ¡estas largas noches de invierno!– viene a cerrar casi de golpe la página del día. una vez en Toeledo. que era el que más tenía que callar. Se ve que de vez en cuando hay que hacer una limpieza. – ¿No sabréis vosotros algo?—preguntó mi señor. abstraído. como ocurrió poco tiempo después que se abrió una investigación. salvo yo. 64 . de reuniones sabáticas y ungüentos y orgías con el diablo. acariciaba una prenda de mujer que llevaba a su boca y pasaba una y otra vez por su rostro. Pero todo dejemos para otro rato esa historia. El caso es que ante tales rumores salimos de allí lo antes posible. Estaba tan abstraído que ni me oyó cuando le saludé efusivamente dándole sus buenos días. Aquel mismo día cada uno partió con rumbo diferente hacia su hogar o hacia nuevos lugares de trabajo. nadie recordaba nada. Había empezado a correr por el lugar una historia de brujas y demonios.sobre el lecho y pude ver la cara de felicidad de Rebolledo. Pero nadie sabía nada.

por más que mucho se ocupó — de esos modos se divierten los ociosos — de mis relaciones triangulares. nutrido y cuidado por mi bien amado señor el Arcipreste allá en Toledo. abrigado y protegido. jamás quiso saber de mí en adelante. encuentros. Con todo. las peripecias. sometido a todos los vaivenes del destino. Vivía al arrimo de los buenos. Dejé pues. que yo aspiraba a más en mi ambición y podía bien trepar a nuevas cimas. contagiado de ellos. una historia terminada: mi infancia y primera mocedad. puramente geométricas al fin. nunca se ve uno satisfecho. ¡Cuántos años se han ido desde entonces! ¡Cuántos amos y amigos! ¡Cuánta soledad y escombros hoy tengo acumulados! Pero Aquel vuestra merced en quien buscaba protección y algo de apoyo y quizás un beneficio a su cómodo arrimo. con mi señor y mi bien considerada esposa. asentado y seguro. Nunca había estado en tan alta posición ni medrado tanto mi fortuna. naufragios y nuevos encuentros de este mi hijo. 65 . jamás me contestó. a los designios siempre oscuros de la providencia. es decir. de este mi libro. Con esa intención escribí y mandé aquella breve historia de Lázaro. al oleaje turbulento del vivir y acontecer. de modo que amén de ésta tenía también ganada la otra vida.DESCANSO II Hago aquí otro descanso en este largo cuento de mi vida para referir algunas circunstancias que rodean a la historia de la historia.

Sospecho que a la muerte de mi señor. cuando era joven y más me equivocaba. Ignoro cómo ha salido todo esto a la luz. Y ahora recientemente veo de nuevo aquella historia mía publicada. en las bocas de todos. no ha mucho. o reflexiones que nunca quise hacer. En fin. añadiendo en otros lados cosas que no hice ni puse. algún criado o albacea. entone su peripecia lejos de quien le dio vida hace ya algunos años. empieza a estar más atenta. su secretario. eso sí en muchas partes y miembros. tal vez su propio hijo revolvió legajos y papeles. precisamente ahora. en manos de las gentes y donde apenas ya me reconozco. cuando la Inquisición. que por ahí anda de nuevo mi vivir de entonces. Como ser propio que ya no me pertenece. humillado y vencido. mutilada. alguien próximo. oculto para el mundo y también para mí mismo en este viejo convento donde gozo de la paz y aprecio de sus monjes. su confesor. que han metido la tijera por doquier y se han llevado años y errores por delante. No reniego de ella. del sosiego de sus muros y de la serenidad de ánimo que deposita el tiempo entre las pesadas losas de la edad. sin embargo.Mandele aquella relación que debió quedar durmiendo bajo llave en los arcones viejos de sus palacios. Fue obra de una época. más firme la censura y la opinión más vigilada. error de juventud. Alguien la ha dado a la luz pública. Casi treinta años ha hibernado bajo el hielo de la indiferencia y el absoluto abandono. 66 . corra su propio albur.

que se ha hecho un nombre a base de remar en la miseria. cédulas. mas tampoco me opongo a que la fama. Pero no me importan ya mucho tales vanidades. informes y deudas. aunque ya tarde. Sólo me hacen gracia. 67 . Bendita sea la idea de alegrar y enseñar a otros con mis penas.títulos y herencias. recibirán con gusto a un pobre como yo. Una vez adobado. levante sus trompetas. Ignoro si allá en el viejo Olimpo. No fue mi intención el publicarlo. donde los dioses juegan a darse importancia. cortado y más o menos bien vestido decidió sacarlo a la luz de la imprenta desde el vientre estéril de una hinchada valija o de un viejo baúl. y topó sin esperarlo con aquel mi viejo relato.

68 .

no me apuraba. que la puerta de mi casa quedaba bien guarnecida y más cuando estaba 69 . aunque no soy yo de aquellos que viven en perpetuo desvelo ocupados de su honra. Lázaro –añadía– que bien puedes confiar en una esposa como la tuya que guarde el hogar como el más fiero mastín. volvime de nuevo al hogar en Toledo.V – JORNADA QUINTA Dura es la escuela de la vida. como a burro que apenas si se apura. su estentórea voz y sus bruscos modales. Y la verdad. asustando con pasión a los intrusos. mientras se rompía en pedazos la insolente carcajada de su voz —. Acabada la vendimia. conociendo su mal genio. –También eso es verdad– miraba yo hacia otro lado – mientras me aplaudía la idea. las espaldas. a golpes se recuerda y nos acostumbramos a olvidar también a golpes. Tenía la seguridad. Pero no es tu caso. donde se aprende a golpes. el hombro. el arcipreste. Confiaba en que uno y otra permanecerían intactos tras los breves días de ausencia. –La honra es algo tan pesado que es mejor llevarla entre varios –creía aún escuchar por allí el eco de mi amo. donde había dejado a mi esposa al cuidado de mi honor y de mi hacienda.

Me indicaron que había salido sin saber cuándo habría de regresar. Bien creo que me habían preparado la celada. Empezaba a anochecer y una fina lluvia amarilla resbalaba tristemente empocheciendo las hojas. por el medio de la calle. Mejor era dejar que rodara. tieso y altivo como la torre de la catedral. mientras un coro de recias risotadas ponía música a la escena. rebozados en el barro. reteniendo la rienda de la cabalgadura para que acompasara con la mía su marcha y mantuviera alzada la cabeza. erguido el busto y altiva la mirada. postergando para el día siguiente aquella obligación. Iba. pero digno como un monumento antiguo. lo cual agriaba aun más su ya imposible carácter. 70 . mientras saludaba ostentosamente a las damas. sobre todo en las caídas. Por allí adiviné una cuerda. haciéndome notar entre los vecinos del barrio que se retiraban comentando por lo bajo la prestancia con que me desenvolvía. Es más. cuando tropezamos y fuimos a rodar los dos por el medio de la calle. por los suelos. dolorido. Traía unos encargos para mi señor y pregunté por él.ya con la grosura de la preñez avanzada. como yo mismo. Así que allí me mantuve. Difícil me iba a ser probarlo. como sucios pescados. pero no quise indagar. orgulloso como un príncipe. pero hasta en las caídas hay que mantener el honor. Así que puse rumbo a mi morada. jinete en mi asno. Avanzaba de esta guisa.

pero sucios y malheridos por fuera. uno de los momentos más felices de su mísera vida. por el que la reconocí en seguida y quedé reconfortado. Salió mi señora a recibirnos –no antes de haber aporreado la puerta durante un rato– a medio vestir y con un humor de perros. que la venganza es un placer que se saborea más en grupo y las caídas de los poderosos siempre han producido regocijo en los humildes. De esta manera llegamos a la casa. no la quebraban gracias ni bondades. pues si bien dicen que la mujer es el ser más voluble de la creación. un cimiento firme sobre el que montar 71 .Para alguno aquel fue. siempre fiel a su rictus de cabreo. Fuerte y segura de sí misma. no era éste el caso de la mía. que cambia como cambia el viento. llenos de honra por dentro. inmutable al humor y a los afectos. enfadada y gruñona. como príncipe victorioso que se aleja sucio y roto del campo de batalla. pues no hay mejor cosa para un hombre— como predicaba mi señor— que una buena ancla donde atracar su vida. Así estaba. manteniendo la compostura. recogiendo del suelo toda mi dignidad. viendo que los pocos días de separación no la habían cambiado un ápice. cuando coloqué de nuevo las cosas en la caballería y me retiré despacio. sangrándome el orgullo y oliéndome la dignidad a estiércol e inmundicia. sin duda.

herido y sucio. que para qué quería ella un hombre que no sólo no la defendía. que bien podía ella haberse muerto y tú sin enterarte. me satisfacía que de tal manera se amaran mis cosas. Y a saber qué habrás hecho tú solo durante tantos días. que en un primer momento no me reconoció. que podías haber mandado recado. entre la penumbra de la noche y aquel disfraz de asco que había echado sobre mí. Es cierto. así que con un leve carraspeo hice notar mi presencia. me examinó de arriba abajo para inmediatamente empezar a insultarme y maldecirme con una gracia tal que era digna de ser oída por todos . como así ocurría en efecto de las voces que daba: que mira cómo vienes. y entonces. Es más. pero venía cansado. reclamando su atención. porque además tenía la seguridad de que no 72 . acercándose hasta él empezó a frotarle el cuello y acariciarle la cabeza como si fuera con mucho el miembro más querido de la familia. le abrí los brazos y entonces se fijó en mí. Iba a cerrar la puerta. sino que la dejaba sola cuando más lo necesitaba y no le daba más que trabajos y disgustos. con la cantidad de lagartonas como hay por esos lugares a la caza de hombres incautos como tú.su casa y una mujer inalterable sobre la que edificar una familia. hecho unos zorros. cuando se fijó en el asno que cabeceaba detrás. No pensaba tenérselo en cuenta.

Ni a ella ni a mí le agradaban debilidades y gestos de blandura. Debió de notar mi sonrisa bullendo por debajo y mi cómplice silencio flotando por arriba. Y cuidado con la pobre borrica –restalló como un látigo con toda la intención que pudo—. Conmovíanme aquellas duras palabras. –Sinvergüenza. Que eres un 73 . señalando la cuadra adonde habíamos llegado—. –Así que ya sabes dónde vas a dormir –replicó finalmente. mientras yo me gozaba plenamente en aquel chaparrón de dulzura que me calaba hasta los huesos. sigue. Son como esas frutas dulces que han de protegerse con una corteza de amargura o acidez que aleje a los golosos. – Canalla. que eres un canalla. que era un egoísta que sólo pensaba en mí mismo.le importaba nada. pues arreció de nuevo en sus insultos con un entusiasmo renovado. más que sinvergüenza. egoísta. De ese modo. pero yo bien sé del fingimiento de algunas mujeres que cuando te insultan te están manifiestan su amor y cuando se muestran zalameras seguro es que piensan engañarte. seguía lanzando contra mí aquellos riquísimos frutos que yo saboreaba separando las cáscaras y aprovechando la pulpa jugosa que extraía con supremo deleite. –Sigue.

¿Cómo podía aludir a mis energías sexuales desbordantes? Jamás fue ese mi pecado capital. no cesaban de girar en mi cabeza algunas palabras llenas de sospecha y mala intención. a cambio de un poco de paz en la 74 .sátiro insaciable. en el estómago. para ocuparme de esas cosas. pude caer a gusto en esa celada en que los más listos varones y avisadas mujeres acaban sucumbiendo. así que todo sería dejarlas correr como el agua vertida contra el tejado durante la tormenta. un demonio. cuando la situación material se hizo estable. Sólo en los últimos años. Se equivocaba. que residía seguramente más arriba. que las energías bajas sólo descienden cuando se han llenado las estancias superiores. Pero este será tu castigo por esta noche. pero venía tan cansado que ni ganas tenía de discutir. y yo había tenido que tapar demasiados huecos. esperando que la tempestad de la noche daría lugar a la calma del día siguiente. Y acto seguido entró en la casa por la puerta de la cuadra dando un temible portazo que hizo temblar las bases del edificio y echando finalmente el cerrojo por dentro. No obstante. de modo que me acomodé como pude en un rincón sobre unas envuelzas de paja y me eché a dormir con la conciencia tranquila. pero ambos sabíamos de su inconsistencia. o más alto aún en la cabeza.

pero tardaba en venir el sueño apaciguador que todo lo borra. como de otro sueño. saltando de un lugar a otro como potro desbocado. La noche crecía. un ruido ronco. sentí un fuerte golpe en la pared contigua y una especie de jadeo continuado como de gente que se persiguiera o luchara en reñido cuerpo a cuerpo. el Arcipreste. aún pude oír instantes después un fuerte roncar que llegaba de más allá de la pared. una vez que el ama había salido ya a realizar sus labores en casa de nuestro dueño y señor. Mi mente seguía dando brincos en una especie de duermevela. Seguramente.entrepierna y una continua guerra en los demás frentes. profundo. A la mañana siguiente. extrañando mi presencia. que el ser humano es un animal estúpido. dando espaldas a las preocupaciones y entré suavemente en el sueño. De pronto. pude entrar en casa y tomar posesión de mi hogar como amo que era. hecha ya la luz y la paz entre nosotros. era la borrica inquieta que resoplaba en la penumbra. se dirige alegremente hacia ellas. Bien sabía que mi amada no roncaba –las amadas nunca roncan– por lo que debía ser el maldito asno empeñado en armonizarme la noche con música de sus naturales instrumentos. 75 . pues conociendo las trampas de antemano. así que di media vuelta. jugándose la vida. rítmico.

hasta que encontré. Yo sabía del cura. como raspaduras. Aquel era. quien practicaba tan torpe costumbre y suya era. que evidentemente no era mío.Estaba asentando algunas ropas y otras cosillas en un armario o alacena que en nuestro dormitorio había. aquella cómica prenda. un buen rato frotándome la sien cual lámpara de Aladino por ver de sacar la luz que me alumbrara en tanta confusión. pues odio esas estúpidas prendas cónicas que más parecen fundas para ocultar los cuernos mientras dormimos o encubrir sueños demasiado negros para dejarlos a la luz. que yo había visto en su reverenda cabeza más de una vez. Allí me quedé. que no era muy madrugador. el lugar menos idóneo– empecé a rascarme la cabeza– pero nada significaba de momento. ciertamente. sin yo buscarlo. me recibía en hábitos poco convenientes para su dignidad. y una mancha de grasa muy extendida en la cara inferior. pues. cuando topé de súbito con un librito muy bien encuadernado en piel negra que resultó ser un breviario del señor Arcipreste y que reconocí al instante por unas marcas en el lomo. bajo la almohada del lecho conyugal un ridículo gorro de dormir. desde luego. que no era muy cuidadoso con las cosas y el tal librito aparecía como fantasma donde menos se le esperaba. pero cada vez me picaba 76 . cuando muy de mañana acudía a su domicilio por urgencias de trabajo y él. mi socio.

del burro. Todo era para mi desgracia muy claro. como tonto. Y en efecto. la salida súbita de la vendimia. ellos mismos se unían ante mis ojos. mejor dicho.más azuzándome por dentro como una espesa bandada de mosquitos. no habiendo dormido allí los últimos días. se encontraba seguramente fuera de Toledo. dejándome allí plantado. aunque no iba a gritar ni rasgarme las vestiduras cuando ese había sido el contrato de mi matrimonio. el breviario y gorro de dormir. aquellos ronquidos por la noche. sin que yo siquiera pretenderlo y caí entonces de repente. pues. atendiendo a las obligaciones de su ministerio o a sus muchos y prósperos negocios. de modo que me dirigí a la Iglesia Mayor por comprobar finalmente lo que suponía. Lo conveniente era guardarlo en el secreto y no propalar lo que seguramente todavía algunos ignoraban. el cual estaba acabando de decir la misa Empecé a unir cabos. que ahora no podía romper por tal nonada. allí me dieron razón de su presencia. perjudicaba y en gran 77 . mi misma esposa no dejándome entrar en casa ni dormir como persona. Fui a casa de mi amo donde me comunicaron que el señor no estaba ni sabían cuándo iba a venir. Ningún provecho sacaba con denunciarlo. mas al contrario. No quise hacer más preguntas por no caer bajo sospecha o levantarlas yo mismo con mis dudas.

y le pregunté por el significado de aquel maldito gorro que había encontrado en sitio poco conveniente. Ya veo que tienes el don de encontrar las cosas perdidas– añadió en un tono de sorna. – ¡Ah! Esto –suspiró mientras lo cogía de mis manos y lo arrojaba a un rincón. usando de mí como intermediario. donde se escondía sin más un viejo canastillo de ropa. si alguien lo pusiera en entredicho. –Muéstramelo –me dijo con altiva desconfianza. Y le tendí la odiosa prenda que acababa de rescatar. Esto es un gorro del Arcipreste que estuve cosiendo anteayer y buscando ayer todo el día. Abordela en la cama. Bastaba con negarlo todo para que el problema dejara de existir y en eso debía quedar mi empeño. pero la verdad es que la susodicha cadenilla vínoseme a mí desde el cuello de 78 . Bien estaba. Y me recordó el episodio aquel de una "cadenilla de oro" que encontrara sin que la hubiera perdido nadie. Ella pensó que el cielo la había puesto en sus manos. aclarar con mi mujer algunas minucias que quedaban flotando como cuerdas de desesperados.manera a mi señora y señor que tanto me favorecían. con todo. aunque tuviera que jurar y amenazar por mi honor. que es donde se libran las más duras batallas y se desatan en agua las más recias tormentas. –Ahí lo tienes.

un buen día.una dama. –añadió con ironía. y sólo para hacerme sufrir. que en cuanto veis un tobillo os ponéis a trepar por él. pobres ingenuos. pues me indica que todavía te preocupas por mí. –De modo que no pensarás. no sería bueno arrancarle de mis entrañas y así cargué con ello. Lo que te pasa es que estás celosillo. sin poder ya deshacerme de ella. ni la dama era tan dama. como quien carga con una obligación y se la doné un buen día en que tenía que hacerme perdonar alguna cosilla. enredándose en mis manos. pero hecho a escondidas es peor. que a saber qué habrás hecho. a las veces. como ladrón. Después nos enteramos– ella también– que ni la cadena era de oro. después de una semana fuera de mí. me reconcomo de celos de modo que no puedo sujetarlos. No nos lo perdonaríamos. esposo querido. como perdonándome la vida– que el Reverendo y yo hemos estado haciendo cosas feas en tu ausencia. 79 . cuando te presentaste aquí ya de noche. con la cantidad de peligros que acechan por el mundo y de pecados– hembras que os tientan y engañan a vosotros los hombres. con lo cual consideré que quien tanto y tan fuerte se adhería a mi persona. como ayer. De modo que de ahí la sorna con que mi "contraria" me lanzaba aquella frase que se venía a estrellar como una pedrada en mi amor propio. pensando haber encontrado la escalera del paraíso. ¿no es así? Lo cual me agrada. También yo. lejos de mis ojos que no pueden vigilarte. aunque no sea más que un poquillo. que mal está lo que está mal.

En la cuadra no se duerme nada bien –recordé para mis adentros. esperando a que llegue el hombre de la casa. marido mío. tejiendo y destejiendo carantoñas– puedes romper el corazón de la mujer más dura. Pero me faltó valor. Que a más de una dama la he oído yo suspirar a tu paso y no me digas que te diga. Apoyaba su cara en mi hombro mientras dejaba caer. Hasta yo pensé por momentos de mí mismo que era un horrible monstruo al tratar así a una mujer con tan hondos y puros sentimientos albergaba. sin impedirlo y haciendo aun más ostensibles. si un día me faltases.Por eso. donde hay un hombre. Y yo misma. mientras sonreía misteriosamente y me paseaba su mano áspera por la cara. me paso todo el día en un suspiro. 80 . Dios le ha puesto una mujer para enseñarle a caminar y desenvolverse en la vida. temiendo y pensando las peores cosas. aquella mínima aventura. pues el amor es tan grande que todo lo purifica. que qué iba hacer yo sin ti. protegiéndolo de insidias. no sin ironía y una pizca de maldad. esposo mío. desagradecido. que con ese porte tan gallardo y esa natural elegancia – me decía melosamente. unas fingidas lágrimas que sazonaban con su sal la mentira mejor adobada que había visto en mi vida. Pensé sincerarme del todo contándole aquella nadería. sabiendo de su grandeza de ánimo que alcanzaría su comprensión y perdón. que no voy a echarme piedras contra mi propio tejado. Y más vos.

sufría imaginando lo que habías de pasar: si tendrías frío o si tal vez por desventura te pateara la borrica en un descuido. golpeando el muro por ver si estabas vivo y respondías. –Por cierto – insinué– tampoco yo dejé de escuchar golpes y gemidos.. que más que tú mismo. como a un abismo. en un dormir lleno de revuelos por dentro y por fuera. porque seguro que te imaginas cosas que para nada son ciertas.—Y continuó—: Para qué luego vayas pensando. Espero que durmieras bien. que ni pegué ojo dando vueltas y más vueltas.. que no en mi corazón. a quien nada falta ni en la mesa ni en el lecho y muchos son los matrimonios que nos envidiarían a muerte. Aún quedaba una pequeña resistencia en mi cerebro. Ya podrían tener los hombres una mujer que los cuidara y amara tanto y tan apasionadamente como lo eres tú. si conocieran nuestra rotunda felicidad.. no pude retenerme. plantado delante de la puerta.–Por eso –prosiguió ella– al verte ayer allí. pero tanto se peca por más como por menos. hasta que nada oí del otro lado y caí finalmente en el más agitado sueño. y bien podíamos añadir a la mesa quitando lo 81 . Yo me pasé toda la noche bien agitada. ¿Qué sería? – ¿Qué iba a ser sino yo. como si nada. y si no habría sido contigo demasiado severa? Y con ese remordimiento me levantaba una y otra vez. inclinado siempre a ella. Verdad era lo que decía que nada me faltaba en la mesa y el lecho.

estaba seguro que las gentes no ansiaban tanto nuestra inmensa felicidad como tener nuestros medios y riquezas para conseguirla. acabé finalmente vencido y hasta convencido de la bondad y rectitud de mi amada señora. igual que las 82 . Aún me vino a las mientes un último detalle. Sin embargo. No vayas a decir por ahí. pero que convenía fuera aclarado para que las dudas se disiparan y no volvieran a asaltar con sus morteros ni mi hogar ni mi honra. No entendió la indirecta o tal vez sí. presto ya a ser engullido o encantado por sus ojos y sin ofrecer ninguna resistencia. la cual siguió aún hablando y hablando con tal seguridad y ternura. que parece mágico esto de las letras que se unen unas con las otras. sin importancia desde luego. sería durante muchos meses la risa de toda la ciudad. Le insinué si no estaría el reverendo preocupado por sus libros de rezos que yo había visto por la casa y que seguramente andaría buscando. una pobre mujer ignorante y de baja condición – fíjate –. con tal suavidad y convicción. El caso es que de tanto oír la misma música. que terminó arrullándome.que nos sobraba de la cama. pues en seguida me repuso que no era el señor cura tan amante de oficios y rezos como para echar en falta su breviario. envolviéndome con sus anillos. querido mío – que se ofreció para enseñarme a leer a mí. Y así ya puedo reconocer algunos signos. he de decirte –sorpréndete. que si las gentes se enteraran. Y en cuanto a la envidia.

que sea de cosas serias y con gente importante. Jamás se le ocurriría aquello como disculpa o engaño. Precisamente por eso la creí. tan poco en consonancia con la razón y la lógica de este nuestro tiempo. que no podía ser sino verdad. pero en una época como esta nuestra en que la injusticia ha asumido la categoría de norma social y ley escrita. Y aún parece que se me tuercen adrede con el único objeto de no dejarme entender.personas. Porque el que a una mujer y de la más baja condición se le ofreciera la posibilidad de aprender a leer es algo de estricta razón. por más que los hechos apuntaran en esa 83 . –Pero está todo en latín– me extrañé yo. Pero algún esfuerzo y mucho tiempo me cuestan. para comunicarse cosas. el cual me prestó su libro para que practicara en casa en los escasos ratos libres que me quedan libres y especialmente los domingos y fiestas de guardar. –Por eso. Puestos a hablar. Creo que no es labor para mí y así se lo manifesté al dómine. Era tan increíble la explicación. Prometí de allí en adelante no creer las palabras e insinuaciones que se vertieran en contra de mi señora o de mí mismo. que estas cosas son más propias de clérigos y nobles ociosos que no de mujeres eternamente sojuzgadas y de pobres plebeyos sometidos todo el tiempo al yugo ominoso del trabajo. lo que acababa de oír resultaba imposible.

del que han excluido a las gentes comunes. la cual mostrando su acuerdo y dándome un último y tupido abrazo. De esta manera se lo manifesté a ella. naturalmente.dirección. Debió pensarlo y también en sus intereses. el cual no pudo negarse. aunque con algo de dificultad. Aquellos interpretan los escritos. No era lo menos el provecho que podía sacar y ahora tenía la ocasión. sino de poder. porque a los pocos días estaba recibiendo las primeras lecciones y en apenas unos meses leía con cierta soltura y podía ya escribir. y bien sabemos que en 84 . siempre a su favor. cuando le insinué que estuviera enseñándole a mi esposa y no quisiera hacerlo conmigo. por lo que son tan pocos los que saben de ellas. Aquellos redactan las leyes que deben cumplir éstos. que creía ser algo despierto y con la mejor disposición para ello. y así son elegidos por su inteligencia y discreción para enseñar a la común gente lo que debe saber para los intereses de su alma. Tenía para mí que la lectura y escritura eran asuntos más bien arduos. pues estaba seguro de que tendría para mí la explicación más adecuada. se echó a dormir en los míos con la seguridad de que ni el mismo diablo lograría enredar con su cizaña nuestro segurísimo lecho. Pero no es la cultura signo de inteligencia. Unos días después hablé de ello al Arcipreste.

así como con nuestros castellanos mayores. y hasta Dios se ha resumido en un Libro. quejándose no se sabe bien de qué. Eran pobres cortesanos aburridos que perdían el tiempo con exquisiteces y otras ñoñerías. una pequeña biblioteca de escritos religiosos y otro más nutrido de lecturas profanas que yo paladeaba con fruición. las inclemencias del frío y la tortura de la sarna y el desprecio. afeminados y llorones. devorando cuanto caía en mi poder: algunos libros devotos que había en la iglesia —la mayoría en latín y que apenas entendía— y otros más. que el señor Arcipreste guardaba en su casa. señaladas en la bien pisoteada geografía de mi cuerpo! 85 . ¡Qué pequeños resultaban los gigantes con que se medían los caballeros! ¡Qué pequeñas sus heridas.las repúblicas y estados nada existe si no consta en un papel. como El Cid o La Celestina. cuando las comparaba con las cornadas propias. Disfrutaba con la épica y el teatro de los antiguos griegos y latinos. Bien iba viendo yo estas cosas y mi ingenio se afinaba más con la lectura y estudio. Un poco indigestos y hasta estúpidos me parecían aquellos versos de amor de los poetas o aquellas tonterías de los pastores. No podía menos de producirme enfado cuando las comparaba con las mil historias anónimas de gentes humildes que habían tenido que luchar contra la crudeza del hambre. al que me hice muy aficionado.

Gozaban de mi preferencia. pronto me convertí en sacristán de iglesia y ayuda de mi señor. con todo aquello. que era tanta la confianza que en mí tenía. cambiando el rumbo. esperando sepa comprender lo que de 86 . y siempre procuré no faltar a mi señor. Así que. gobernando la sacristía y disponiendo la marcha de los oficios. y bien creo que nunca tuvo que echarme en cara ningún error de gravedad. especialmente aquellas en nada diferentes a la mía. y también las vidas de santos. gozados todos los goces. a lo que recuerdo. las obras de los antiguos con su hondura y saber. que después de un borrascoso vivir. en cambio. Fue aquella una época feliz. cuando de tal modo a mí se confiaba. y yo hacía y deshacía en todos los asuntos del templo. experimentado todos los desaciertos. en un momento de su vida daban un golpe de timón y. cuando monaguillo o mozo de aquel ciego. los latines nuevos que aprendí y los muchos que aún perduraban en el almacén de mis recuerdos de infancia. entregaban sus esfuerzos a Dios con la misma pasión con que antes lo hacían a sus intereses. cobrando conciencia de su error e iluminados por la gracia. que todo lo fiaba a mi discreción. y nada hay que reseñar. si no es algún episodio gracioso que paso a contarle. mientras estuve bajo su mandato. habiendo saltado todas las normas.

creo que presumía de ellas. empezó a contarme ordenadamente todas sus faltas desde el primero al último mandamiento. a los 87 . a los limpios de corazón. tras las rituales formas del inicio. que Dios amaba más a los pecadores que a los virtuosos. cuando en verdad no había hecho más que arrodillarse ante su conciencia. Y no era de extrañar. no ya sus pecados. Era una simpática viejecita completamente sorda y tan entusiasmada con poder contarle a alguien. que no podía perdonarle. que cumpliendo con las obligaciones de mi cargo. sino sus proezas. se quedaban allí adheridos unos sobre otros formando una costra de suciedad con la que yo luchaba en aquellos momentos. que más que arrepentida. en el interior de un confesonario. pues seguro que mientras pudiera. alguien se acercó y. seguiría estando viva. sin ánimo de ofender a la religión ni a Vuestra Merced. de pronto. más viva. le impuse como penitencia que siguiera pecando. Todo fue inútil. Créame que le previne cuanto pude. que le dije que yo no era el enviado de Dios. y cuanto más. Le di la bendición y. cuando. seguro estaba. limpiando a conciencia el polvo y otros pecados que. Daba igual. pues no se enteró de nada y salió de allí creyendo haber hablado con el sacerdote o con el mismo Dios. como no me oía. Ocurriome un buen día. Creo que Dios tiene un lugar especial en el cielo reservado a los inocentes.gracia tiene.

ingenuos y a las ancianitas que pecan a diario para verse un poco más sucias y lavarse y sentirse que están todavía vivas. mi señor me preguntó si conocía al sacerdote que había confesado aquella tarde de viernes a Doña Mencía. justificándolo finalmente todo. Cuando logré reponerme. así se llamaba. pues su ira caería sobre mí y me aplastaría.M. de manera que debió salir contenta de la lid. no le dije la verdad. que quedaba para mis adentros y ahora para los suyos. No podía identificarme. pues. empezó a largar pecados por aquella boquita. Otro día me pasó algo parecido y en circunstancias semejantes. así que hube de permanecer lo más silencioso que pude. Espero que comprenda V. quitando importancia a lo más. era tarde. que nunca fue mi intención suplantar a nadie y menos a un representante de lo alto. más gruesas otras. la cual. pues había quedado tan conforme que preguntaba de nuevo por él para nueva confesión. que del susto me quedé sentado sin poder moverme del asiento. ni decirle la verdad. Confío en que el Todopoderoso me haya perdonado esa negligencia hecha por miedo más que por beneficio propio o interés. Naturalmente. agazapado y quieto. resaltando lo de menos. estando yo en la jaula y antes de poder escapar. aguantando un grosero chaparrón de iniquidades: pequeñas unas. 88 . pero con una viuda joven y muy conocida. días después. Yo procuraba atemperar en lo posible.

como soldado que con su espada ganara honra y dinero. A mí me había fallado la necesaria autoridad de un padre y la protección insuficiente de una madre.VI JORNADA SEXTA Aquí estoy. Por eso. desocupada de mí y ocupada en lo más inmediato. pues. Así me ha ido por esos mundos vapuleado por los caprichos de todos cuantos me han rodeado. Todas las señales parecían estar a nuestro favor y ¡quién sabe si aquel infante no acabaría como renombrado pastor de la Iglesia que con sus oraciones barriera de pecados nuestras conciencias! O mejor aún. acaba por San Andrés". Llegose finalmente el venturoso día del nacimiento de mi primogénito. 89 . que no justifico. Me alegraba que tan buenos augurios vinieran a caer sobre él." dichoso mes que empezando por los Santos. alabo al cielo que había querido para mi hijo un paisaje digno. y si esto no bastara. lo cual ocurrió allá por noviembre. un ambiente propicio y un mes así bendecido en su entrada y salida hasta por el mismo refranero. con la tutela no sólo de una. hijo de mis propias obras. ya que no podía decir lo mismo de los míos. sino hasta de dos figuras paternas. pero explico como herederas de la necesidad y cómplices de las circunstancias.

Yo pensaba que. por lo que acabé cediendo a ellas 90 . cargando sobre mí todo su afecto. hablamos. debía ser él y bien podría ser el suyo propio. Hablamos luego sobre qué nombre daríamos al recién nacido. inclinado yo a la confianza que infundía su persona. Mas no avancemos calamidades que luego habrían de suceder. cosa que haría con sumo gusto y como prueba atención hacia nosotros. apenas nacido nuestro hijo. Quizás estaba poniendo la primera piedra de una larguísima familia de próceres que aburriría con sus apellidos y hazañas la historia futura. ciertamente de peso. que "uno piensa el bayo y otro quien lo ensilla". Aquí fue donde. que un día. Respondile que siempre le agradeceríamos ofrecimiento tan desinteresado con el que quería honrarnos y que no hubiéramos osado solicitar. Cada día tenga su pena. cada hombre su ración. que el tiempo es sabio y dosifica la desgracia. Me pidió ser él padrino del bautismo. puesto que iba a ser el padrino.tal vez alguna encomienda en el Nuevo Mundo. según una larga costumbre no escrita. pues. poniéndome su mano al hombro. Ocurrió. Pero las cosas no suceden como uno las desea. fue desgranando una a una sus razones. allí donde todo es posible todavía. llegose a casa el Arcipreste y cogiéndome aparte.

y muy abajo en aquella pendiente. pisoteado nuestro honor en las plazas. y así como él fue resucitado de entre los muertos. perseguido nuestro nombre en los mercados y expuestos todos a la vergüenza en iglesias y corrillos. ya habíamos rodado. ajeno al discurrir de mis pensamientos– mejor es y más conveniente que seas tú mismo quien elijas el nombre y no es una vergüenza llamarse Lázaro. y lo de estar en boca del vulgo. en agradecimiento a ello. cuya honra alumbre el presente y cuya fama resplandezca en los siglos venideros. Lo interpretarían mal y acabarían confundiendo las cosas. de manera que vendríamos todos a rodar en las bocas de las gentes. así era y de continuo.Explicome que. Así que –prosiguió él. y cuando menos. Ahora escucho con tristeza en mi memoria aquellas palabras y no puedo menos de sonreír ante lo arrugadas que se quedan las ilusiones humanas cuando el tiempo pasa sobre ellas. siendo él sacerdote y la gente malintencionada. no entenderían que se impusiera su nombre a una criatura tan próxima. que Lázaro era el amigo más cercano al Señor. máxime cuando puede un día ser la cuna de un augusto linaje. también tú fuiste rescatado de las garras de la miseria. deberías entregar a tu descendencia un nombre tan ilustre. Ciertamente. 91 .

Hablaba tan bien que podía convencer incluso al mismo diablo. –Sería mala uva. unos meses después. –Sí. Yo no me trato con esos. hubo de intervenir ante un expediente abierto por el Santo Oficio a un grupo de operarios. Hablaba justamente. una vez cogida. –Se confunde vuesa merced. unos vendimiadores que al acabar la tarea se pusieron a celebrar el aquelarre del Sabbat en unas viñas suyas. que primero se echa un paso y luego el otro y los días no se pasan sino de uno en uno. –Todo se olvidó. hay que macharla. dando a entender que lo sabía todo y sacaba lo justo. experto en parar golpes. desviar envites. –Ellas hablan más. extinguir fuegos. Algunos dineros bien puestos hacen milagros. sobre todo mujeres. 92 . –Los zurraron de veras. –La uva. –Torturaron a unos pocos. pero entre sus palabras. por allí. Aquel hombre era un prodigio. Como cuando. Pero no salió nada.. Un hombre con cintura. y yo solo era un aprendiz. –No andabas tú.. Lázaro. los gestos añadían mucho más.Pero todo sea a su tiempo.

. 93 . – ¿Sabes que por allí salió tu nombre como rodando sin querer? –Yo siempre salgo rodando. Y ya sabe cómo humillan las deudas y se vuelven de odiosos los acreedores. –Hablando de palos. había un tal Rebolledo. pero nunca sin querer – me disculpé. –Lo digo yo– insistí. Tal vez en otra ocasión. Y empezó a contarme cosas que yo tenía olvidadas y a recordarme otras que bien quería olvidar.Los dineros parece que eran suyos. Es bueno tener un burro a mano a quien darle los palos. pero a cuenta de ello. sin querer levantar las sombras que nadaban por debajo de nuestras palabras..Y se tapó el asunto. creo que así lo llamaban. Me debe algún favor. naturalmente . –Estoy seguro – ¿Qué le hiciste? –Nada. que abominaba de ti y embestía con furia a tu memoria siempre que podía. –Tú sabrás. Se encogió de hombros. –No he dicho tanto. los milagros de Dios. Luego mirándome así como en desgana.

Resulta que la joven Teresina y el Rebolledo, se habían casado y habían tenido un precioso hijo para el cual pedían las bendiciones de mi señor y así les había honrado con su presencia el día de su bautismo. En nombre propio –y el tuyo, Lázaro,— había felicitado a la pareja y visto con hondo regocijo el niño fuerte y sano, muy moreno como el mismo Rebolledo o como yo mismo, con una potente voz como demostraba al llorar y una mancha de nacimiento aquí en el cuello. – ¿Pues no tienes tú también una semejante en semejante lugar? –añadió señalándome con el dedo. Y yo, afirmando, le dije que, en efecto, así era y bien podía resultar un aviso del cielo sobre aquel infante para quien el destino tenía reservados grandes hechos. Me recordó entonces la historia de Edipo, el de los pies atados, perseguido por los dioses y abandonado por los hombres, que llevaba en sus pies la señal de sus malos pasos; y en verdad que empecé a temblar, recordando que también yo llevaba una extraña señal en los pies, concretamente en el izquierdo, donde el dedo pequeño montaba sobre el segundo disparatadamente, de modo que se me hacía difícil encajar en él calzado alguno y había sufrido por ello un largo martirio durante toda mi vida. Bien creo que este hecho no era conocido de mi señor, el cual prosiguió hablando sobre el recién nacido, comentando que había observado en él otra marca de

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nacimiento en un pie –no recordaba cuál– como era el apelotonamiento escandaloso de los dos últimos dedos. En seguida, recobrando el ánimo y la compostura, simulé cuanto pude, que si algo he aprendido ha sido el fingimiento, pues de él hice mi vivir. Asumí la evidencia que se me venía encima. Aún pude responder al dómine con palabras que logré reunir dentro de mi confusión, como si se tratara de ovejas dispersadas por la súbita aparición del lobo. –Tal vez esté predestinado para grandes hechos. ¿Quién sabe si no llegará a ser un Alejandro o un César, o dada su humilde condición, un grandísimo santo que el cielo bendecirá con todas sus virtudes? – ¡No sé! ¡No sé! –cortó dubitativo—. El caso es que dicen que la comadrona que, como bien sabes de ellas, suelen ejercer también un poco de brujas, se santiguó tres veces en cuanto vio las marcas, como si hubiese sacado al mundo al mismo diablo. –Habladurías sin duda de un vulgo ignorante –corté yo– que pone por delante de la fe, la superstición, y la desconfianza sobre las buenas obras. – Seguramente –remachó él—. Que buen cristiano es aquel que fía sólo en Dios y sigue el camino de la gracia en libertad, pues no hay destino fijado por completo de antemano. Asentí aunque por dentro no me encontraba tan convencido, viendo a cada hora cómo los hombres no 95

somos iguales y cómo a unos el destino ama especialmente, mientras que a otros los persigue con su furia apenas nacen. No podía dejar de pensar en aquella terrible historia de Edipo en que se resumían los más horrendos pecados que el hombre puede cometer, y sin embargo, sin ser consciente de ello, lo cual era precisamente más tremendo. Desde luego, los dioses que ponen en ese trance a hombre alguno no son superiores a éstos. Con todo, yo no puedo quejarme, pues si bien mi vida ha sido también una larga sucesión de malos pasos, no puedo culpar del todo a las estrellas, sino a mi propia inclinación y a mis actos. Pensaba cómo sería la existencia de mi hijo, que como Edipo o como yo mismo, llevaba los dientes del destino clavados en el pie. Tal vez no fuera tan negro como el mío y lograra una mediada felicidad. Mas, ¿quién sabe cuál es el designio de los dioses? Porque, ¡quién iba a decir que yo iba a cuidar de un niño que no era mío y, el mío propio nada sabría de mí!

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DESCANSO III El libro va avanzando, aunque lento. Los años no me dejan caminar deprisa ni escribir de corrido. La vista se me cansa y me duelen las articulaciones. Reúmas, ¡qué sé yo! Cosas de la edad. Pequeñas cosas que nadan importan ya, cuando está a punto de cumplirse la carrera de la vida y son otras, más hondas, las preocupaciones. ¡Qué molestas son, con todo, estas como piedrecitas menudas que van moliendo nuestra voluntad y la energía, más bien escasa, que acaba por perderse por tan pequeños conductos! Somos, al fin, en la vejez como odres agujereados por donde nos vaciamos poco a poco. Pero dejemos los lamentos y cumplamos estas penitencias por nuestros muchos pecados. Volvamos al camino. He entregado a este monje, amigo mío, algunas partes de mi libro, en el que voy poniendo mi sangre amontonada, todo el dolor que el tiempo ha coagulado. Abierto y comprensivo como es, me lo ha devuelto con algunas anotaciones, que habré de tener en cuenta en adelante y, sobre todo, con una gran sonrisa de complicidad. –Lázaro, es un manuscrito interesante, pero nadie se atreverá a publicarlo. – ¿Tan malo es?

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es mi intención denunciar el pecado y sus miles de formas. Pero queda el recuerdo como una constancia de mi paso por el mundo. Así me pongo en esta estrecha cámara a escribir en los escasos ratos que me deja el trabajo. te metes demasiado con los poderosos y eso en estos tiempos no se perdona. que se me está haciendo más y más cuesta arriba. no me resigno del todo a dejar de amontonar mis huellas y a que la larga trompeta de la fama las derrame por doquiera. –Acaba tu historia y veremos. Y se ha ido dándome un apretón de ánimo que le he agradecido y me ayudará a proseguir esta mi interminable historia. el sol ya puesto. según pasan los días y avanzan los capítulos atropellándose unos a otros como a veces ocurre con los hechos de la vida. hago mi confesión a solas. Con todo. aunque habrá que efectuar seguramente algunos ajustes. quitándole horas al sueño. ahora que éste ya no me acompaña y se hacen tan 98 . inclinado ante el papel. para que algo de mí quede y perviva cuando yo esté ya muerto. Cuenta con todo el apoyo que tenga en mi mano.–Hijo. Creo dejar a salvo y fuera de toda sospecha a los más. como los momentos antes de dormir. Con esa intención me desvivo. –Con algunos. Y ahora que voy a abandonarlo. a la escasa luz de una vela. arrodillado ante mi conciencia y pongo en cerro el barbecho de la página sembrándola de sueños ajados e ilusiones que nunca dieron fruto. no a los que lo cometen.

resumen de una vida ya cumplida y estéril – no me resigno a abandonar este cuerpo tan mal servido y cada amanecer me asomo con ansiedad a la pequeña ilusión de seguir vivo. Incluso yo. Con la conciencia a oscuras. Desde allí me gritan como desesperados. con todas sus fuerzas. a punto ya de ahogarse y con el deseo de ser rescatados. en este momento – saco de miserias y dolores.largas las noches. Porque hay que ver cómo todo se resiste a morir. hago dolorosos ejercicios de memoria y rescato hechos que creía ahogados en el fondo de ese pozo hondo y oscuro. 99 .

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lo cual no es mucho decir. el hijo y el espíritu del Arcipreste que volaba sobre nosotros en forma de paloma protectora. la madre.VII JORNADA SÉPTIMA Pero la Fortuna es mudable y alcanza también a los más poderosos. lo cual también era cierto. vino a convertirse en el centro de todas nuestras preocupaciones y desvelos. Éramos una familia feliz. de modo que nada echábamos de menos. Formábamos una trinidad constituida por el padre. hijo de Lázaro. pero las cosas ofenden cuando se repiten demasiado. otros que era el vivo retrato del señor Cura. De mí había heredado la astucia para burlar a las gentes y sacar provecho. que encizañaban nuestra dicha. nada nos preocupaba salvo aquellos pequeños casos con los maledicentes vecinos. sus aficiones a la iglesia que visitaba asiduamente. Así fue cómo Lázaro. Entonces empezaron a cambiar los vientos que desataron tempestades. Del padrino. sino para 101 . Decían unos que el niño se parecía a su padre. Lo cierto es que el rapaz pronto empezó a dar muestra de sus inclinaciones. y no precisamente para orar. metiendo palos en las ruedas de nuestra fortuna y tirando piedras sobre el tejado seguro de nuestra felicidad.

Allí estaban los otros rapaces acusándole con el dedo. y. Raro era el día en que no llegara a casa con un descalabro. si no se le endereza pronto. no habrá ya manera de que viva derecho y acabará inclinándose en la dirección de sus malos instintos. en llegando a adulto. sobre todos ejercía su rapiña. arrebatándoles cuanto de valor o de brillo cegaba su capricho. santiguándolo a pedradas en cuanto podían. de todos se mofaba. a todos ofendía.limpiar los cepillos y otros objetos. Así pretendía yo servirle de guía y espejo en que mirarse. bien creo. o algún vecino afectado se acercara a quejarse por cierta villanía. que nunca he sido. que aunque me costaba encontrarlos. al fin me servían a mí mismo de rescate. Con todos se peleaba. A diario nos veíamos su madre y yo en recias discusiones por defenderlo. Le contaba mi vida en clave de hombre bondadoso. resaltando los aspectos positivos de mi personalidad. reinventándola de nuevo. A su madre debía la hipocresía y fingimiento con que engañaba a todos. de modo que en algunos momentos llegaba yo mismo a confundir 102 . no les faltaba razón. que la generosidad de los fieles o el descuido de los sacristanes ponía en sus manos. Pensé que como cabeza de familia tenía yo la responsabilidad de mantenerlo derecho a base de autoridad y disciplina. Sabía que cuando un retoño se vence. de manera que era capaz de hacernos creer las más insólitas mentiras y echar por tierra las más sólidas verdades.

salí a la 103 . Aunque pretendía con tales ejemplos servirle de escarmiento y aprendiera la lección. pues no son galas éstas que adornen mi carácter. soltar unos gritos. pues todo lo malo parecía aprenderlo con rapidez. aquello me parecía una representación obscena. Y entonces ella. dicho sea de paso. – ¿Es que encima te pasas al enemigo en contra de tu hijo y quieres rematarlo con tus propias manos? –me decía. A veces le relataba algún episodio menos digno de mi existencia. que a mí. lo cual. Todo fue repartir algunas galletas. me costaba gran esfuerzo. donde yo no era más que un mero testigo y ni siquiera había dado el primer empujón. con lo que terminó de una vez con mi autoridad y mi costoso papel de educador. Intenté ponerme serio. de modo que haciéndome invisible. mucho me temo que no conseguía lo deseado. mostrando toda la rigidez de que era capaz. Y no es que me faltaran ganas. mientras las cosas buenas le resbalaban como lluvia sobre cristales. acostumbrado a una austera expresividad de las emociones. para que en casa empezaran a tenerme en algo. Hasta mi mujer empezó a arrugarse. Así que todo se vino abajo y ya lo veía rodar por la pendiente.lo real con lo inventado. pero prefería callar por evitar nuevas pendencias. empezaba a prodigarle besos y abrazos con tanto fervor. con la más absoluta incongruencia de las madres en tales casos. pero ya era tarde y acabó riéndose de mis representaciones.

104 . candelabros. mas. y las cosas sucedían de mal en peor. y mi esposa. Yo un poco más libre. y finalmente. enseguida saltaban a la vista las ausencias.calle con la más desazonadora impotencia sobre los hombros. pero el muy ladino. espejos. y rellenaba el resto de agua. que no habiendo mucho que cuidar. Pero al fin me consolaba el pensar que me deshacía de una tan pesada carga. sacaba sólo una parte. Pronto empezaron a faltar algunas cosillas en la casa que al principio ni siquiera echamos de menos. alguna hebilla de plata. el crío mucho más. por lo que yo dejaba hacer mientras miraba para otra parte. Me había costado labrarme una honra y ganarme la confianza para perderla de un solo tajo y por culpa ajena. como bien era de prever. la mayor. jarrones. después otros objetos más evidentes como vasijas. para que yo no echara de menos. cuando todo eso no fue suficiente. de modo que todos éramos felices y el mundo seguía dando vueltas. su más sometida esclava. pero sarna con gusto no pica. algunas monedas. al fin. hubimos de reparar en ello. pues los clientes empezaron a llamarme ladrón y otras lindezas que no oía de mí hacía tiempo. echó su uña sobre algunos cántaros de vino que yo dejaba en casa y salía a vender por las mañanas. Pronto caí en la cuenta. Primero fueron velas. Mas la evidencia me tiró del asno.

añadió: – ¿Qué mala puta te está sorbiendo seso? ¿Con qué sucia pécora te estás gastando mis cuartos? Tú. – ¿En qué estaría yo pensando?– fingía teatralmente.Apenas le hube contado a mi señora esposa el asunto. que no miraba sino por sus ojos. por más que negaba con la cabeza. ¿Quién es esa zorra que se mete en corrales ajenos? 105 . que a menudo mintiendo. lo primero que hizo fue señalarme con el dedo y dictar sentencia: – ¿Conque ahora vienes a culpar a tu hijo de tus fechorías? Todos sabemos. quién eres y de dónde vienes. intentando meter la cuchara en la conversación. Y luego con una expresión directa. ¿Para qué necesitas el dinero? ¿Es que no te basta con vaguear todo el día que además te bebes nuestro sustento? ¿Es que te estás jugando a tu familia a las cartas y nos vendes para pagar tus sucias deudas? ¿O es una mujer? Yo no me movía y. enfocándome con las hogueras de sus ojos inflamadas de ira. pensé que decía la verdad hablando del “otro”. donde no dejaba resquicio. que la vida está tan llena de ambigüedades. Y como se refería a mí en tercera persona y evitando mirarme. llegó sin más por autoconvencimiento a la confirmación de sus sospechas. pero lo que no sé es adónde quieres ir. yo que no estaba más que para él. que no acabas lo que tienes en casa y vas a picar en las ajenas. Lázaro. confesamos la verdad.

de modo que parecía éste sumido en arrobo místico. por los suyos. que era su padrino. por lo flaco y husmeador. 106 . por lo que más quería en este mundo. Que no lo entregara a la justicia. fiaba de él y daría en todo momento la corrección y disciplina más conveniente. como nos confesó nada más llegar. por sus propios hijos. por su madre. mientras yo salía de casa a descampado por ver si cesaba la tormenta. pedimos. Que nuestro señor. suplicamos y volvimos a jurar por nuestros muertos. como si viviera en sus carnes la propia crucifixión de Nuestro Señor. tal vez podría enderezarse si se tomaban a tiempo las medidas. como si levitara. pues sería echarlo a perder. y el rostro contorsionado. agarrado de una oreja.Así siguió perorando un buen rato. Dos días después vimos acercarse a toda velocidad a un clérigo con aspecto de galgo. que no volvería a ocurrir nada semejante. Entonces juramos y perjuramos. Era capellán de una iglesia vecina que había pillado in fraganti a aquel arrapiezo robándole el cepillo. y tierno como era. – Está bien –dijo al fin– soltando al muchacho al que tenía sostenido en vilo. pues caminaba tocando apenas el suelo. el Arcipreste. sujetando a Lázaro– liebre por la oreja.

–.Pero –lanzó como un último cable de salvación. el cual se encogía en el círculo de castigo que habíamos cerrado en torno a él. agarrados a las crines de sus silogismos. que es. —…Y tenemos varias soluciones –prosiguió— hablando en alto. dolorida por la tensión.Está bien – repitió— como perdonándonos la vida. pero como si reflexionara para sí. como si le hubiera pinchado con los ojos. hasta casi desaparecer en la nada. seguramente lo que deseaba en aquel instante..Así que –nos conducía.... atemorizados. –.Pensándolo bien – concluyó— lo mejor será que venga conmigo algún tiempo. que todos asimos aliviados – en los problemas humanos no sirven tan drásticas soluciones y no se puede eliminar al pecador para borrar el pecado. –Veamos –arrancó.. que yo le haré pagar las 107 .. –…Eliminar el problema suele ser la solución más adecuada – exclamó. o tal vez por la alegría. por los tortuosos caminos de su cerebro. temiendo caer de bruces al momento siguiente. y estiraba y encogía los dedos en un gesto de tenaza. mientras se frotaba la mano derecha. mientras mirábamos todos muy preocupados al chico. que el chico vigilaba temeroso. Tenemos un problema— y miró con intención al muchacho que hurtó su delicado cuerpo. finalmente—.. –..

pues cuando hay abundancia. según él. Su madre lloraba agradecida por tanto prodigio. cuando el pobre 108 . Además – pensaba yo – también el muchacho. Nos satisfacía que ahora fueran los buenos quienes se “arrimaban” a los nuestros. algo se derrama por los conductos y rezuma hasta mojar a los indigentes que se acurrucan a la intemperie. que de un principio ya sabía adónde quería ir y nos conducía por sus territorios. que tras derramar algunas gruesas lágrimas lo dejó partir con su bendición y la del capellán. incluso de su madre. donde nosotros no hacíamos sino el papel de bobos y el avieso capellán el de burlador de todos. como la mía. había en el cepillo y. como pude conocer semanas después. "arrimarse a los buenos" y así habíamos vivido siempre a sus costados. aunque me pareció excesiva la generosidad de los fieles de aquella parroquia. quien lo puso a su servicio desde aquel momento. Empezamos a besarle las manos de lo agradecidos que quedábamos por su magnanimidad y buen corazón.deudas contraídas y le enseñaré disciplina y trabajo de la que al parecer está tan necesitado. haciéndonos creer que eran los nuestros. Ahora pienso que todo fue una mala comedia con sus decorados. pues siempre fue su voluntad. Entreguele el dinero que. que nunca pensamos que tal arrimo fuera así. lo solté sin decir nada. tan al pie de la letra. sacaría de ello algún beneficio. Así se llevó al chico con la aprobación de todos. Bien es cierto.

Se lo he cortado todo. 109 . –Y algo más... huido. –Es dura la virtud y nunca viene mal algo de ayuda. – Está arrepentido. – ¿Entonces.muchacho. pero es lo mismo. puliendo y abrillantando. – Pero no volverá a hacerlo. –Las tentaciones. que donde hay seso. –También. –Le has quitado la ocasión. –No creo. Me acabó de contar toda la historia a grandes rasgos. Por el día le hacía trabajar en la iglesia y en su casa limpiando y adecentando.? –Y de raíz. Y aquí me contó algunas “cosillas” que no es bueno repetir. Por la noche era aún peor. de modo que aquello relucía como las estancias del propio Febo. vino a mí y me contó algunas muy negras historias que aquel depravado ser le obligaba a realizar. – ¿El qué? – Cometer algunos pecados. Y bien está la limpieza. pero nada es bueno en extremo. y volviendo a lustrar y encerar.

Ni siquiera llegó a despedirse de su madre. Su padrino. como pensando– que me he ido al convento. podía usar de algunas influencias para echar tierra al asunto.calle la lengua.. – ¿Qué le digo a tu madre? –Dile.. Tengo delante todos los caminos.. acabaré convertido en otro monumento frío y rígido. dile. – ¿Adónde? –No sé. –Ahora tengo que huir.. –Y los atolladeros. – Más o menos. 110 . Aún podíamos echarle alguna mano. –También. ya lo llevaba pensando algún tiempo y sólo faltaba la ocasión.. En realidad. que no es bueno comentar en plaza pública lo que la discreción guarda para la intimidad. Tampoco el capellán iba a airear mucho su caso. –No me creerá. el Arcipreste. – Como nosotros. La vida es movimiento. Pero quiso alejarse. – se rascaba la cabeza. Le pedí se quedara con nosotros. Necesitaba volar más alto y el mundo se le había quedado algo pequeño. – Si no salgo de aquí pronto.

tanteando entre las ciegas sombras de la vida esa luz que se nos apagó tan pronto. pero esa sí que será una mentira piadosa. se alejó a toda prisa sin volver la mirada como si temiera convertirse en una estatua de sal. 111 . la vista abierta y los brazos extendidos. por más averiguaciones que hemos hecho entre arrieros. Y así un día.–Seguramente. mendigos y viajeros de toda condición. El río de la vida lo arrastró lejos por qué sé yo qué extrañas torrenteras y nosotros (todos tres) permanecimos durante largo tiempo. –Muy piadosa. dejándonos en la más espantosa de las noches con sus turbados sueños y negras pesadillas. con unos pocos consejos y casi nada más. Nada cierto hemos vuelto a saber de él.

112 .

sólo recogíamos la ausencia del ser que hacía más largos los días y las noches casi eternas. que no tenía yo otras cosas mejores que hacer. llegando a amontonarse el odio en todos los rincones. Y eso la volvía frenética. A golpes de infortunio avanza el hombre por los torcidos vericuetos de su existencia. A partir de aquello. Había que buscar la explicación sencilla y algún culpable cerca. es verdad. – ¡Mal padre! ¡Que has echado a tu hijo de casa como a un perro! 113 .VIII JORNADA OCTAVA Nuestro infierno son los otros. Pensaba que burlaba de ella y lo hacía adrede para que rabiara. nuestras relaciones vinieron a pudrirse. pero más terrible sin ellos. – ¿Dónde está nuestro Lázaro? – Al convento. – ¿Dónde está nuestro Lázaro? Y le volvía a repetir una vez más lo que sabía y ella se empeñaba en no creer. que allí adonde dirigíamos la mirada. A golpes nos hirió a nosotros dejando al descubierto nuestra desnudez.

el Arcipreste. La herida en la cabeza y la hinchazón de su cuerpo indujeron enseguida las sospechas. invitados por su generosidad. Fue todo fulminante. como el rayo. 114 . que habíamos acudido a cenar como otras muchas veces. que él lo tenga en su gloria. Nos odiábamos en silencio. Nosotros. Un buen día. puesto en pie. cayó sobre la silla haciéndola añicos y golpeándose la frente en la caída contra el borde de la mesa. En medio de un brindis. Sangraba en la sien. recurríamos a los gestos. Lo habíamos envenenado primero y luego. y en medio del vacío nos dedicábamos a incubar los estériles huevos del rencor.Y se estaba así ladrando mucho rato tras de mí y hasta mordía algunas veces. con la muerte de nuestro protector. Todo vino a complicarse. Había cenado mucho y bebido mucho más. aún más. El corazón le falló en aquella larguísima noche cuya memoria mejor es no volver a repetir. hubimos de ser testigos y cómplices de su muerte. a gritos. Estaba muerto. Cuando llegó el médico. no había nada que hacer. entregó su alma a Dios. petrificados. Quedó en el suelo inmóvil y nosotros también. sin que mediara enfermedad ni hubiera mostrado síntoma ninguno. impacientes. conociendo todos los idiomas del desprecio.

En fin. fácil demostrarlo y más cuando teníamos en contra la envidia y mala voluntad de muchos. todo se alió para perdernos. por hacernos “ese favor”. pactos diabólicos. Si a esto añadimos el egoísmo interesado de los herederos: sobrinos y otras especies. No digamos de los muy jugosos jamones y chorizos que colgaban en nuestra despensa y que. que acabaron de golpe con nuestra buena fortuna. y así. Caminaba por los estrechos pasillos donde los golpes y 115 . interesado en lavar su imagen rompiendo y ensuciando la nuestra.habíamos acabado por golpearle con la silla en la cabeza. sin duda. ¿Por qué el Alto tribunal en un delito común? Aún no lo entiendo... no sé. como prueba acusatoria. Más de uno se prestaría a jurar en falso. el señor Arcipreste nos había donado. con tal de hacernos daño.. sin más pruebas fuimos expulsados del paraíso y vinimos a caer en las más profundas y negras mazmorras de la Inquisición. copas y bandejas que habían colocado en nuestra casa.. Parecía la antesala del infierno o el infierno mismo. y aun más el propio clero. amañando testimonios. lo habíamos matado para aprovecharnos de sus bienes. No era. generosamente y en pago de tantos servicios. teníamos muchos enemigos. para quienes había llegado la ocasión de ejercitar cobarde e injustamente su venganza. Quizás habían añadido tramas extrañas. como probaban aquellos candelabros de plata. Y la verdad..

los gritos resonaban ampliando el miedo. a cuerpo descompuesto. Aquel era sin duda mi diablo de la guardia. Me arrojaron a una cueva negra y fría de un empellón que me hizo tropezar violentamente contra el muro. pues en un momento me vi sujeto por los brazos y oí una voz en la sombra: – ¡Quieto. delante. al tiempo que me soltaba muy despacio. encargado de hacerme la otra vida imposible. sus harapos. loco! No estaba solo –pensé– a no ser que fuera mi propio espíritu desencarnado. – Basta ya. como los espíritus de aquellos que allí lo habían dejado. Palpé su cuerpo a través de las rejas. Oía a mis espaldas el chirrido de las puertas al cerrarse. los chillidos de ratas que se movían en enjambres. Palpé con mis manos la humedad que bañaba las paredes. Apestaba a hombre demasiado tiempo vivo y sin lavarse. Seguramente había caído en las mazmorras sombrías del infierno. el golpeteo incesante. aspiré su hedor y me eché atrás. un poco más lejos y. como si sudaran de terror. donde pronto empezarían a torturarme por mis muchos pecados. 116 . y empecé a nadar a manotazos pugnando por salir a flote. A alguien debí golpear en el loco forcejeo con mis fantasmas. pero aquello era peor. muy delgado. Me habían enseñado el olor a azufre del infierno. necio –repitió la misma voz.

– Descansa– repuso finalmente con voz acogedora. El suelo está encharcado. – No es eso. ¿Cómo habéis llegado hasta aquí’? No pude verle el rostro. me sujetó los hombros.– ¿Quién sois? –pregunté impresionado ante el aroma de santidad que desprendía. así empecé a llamarlo. Y me ofreció un cuenco de agua que bebí de un solo trago. eclipsado en las tinieblas. Tanta era la sed que habían ocasionado mis desvelos. mas no podía dormir. –Es una larga historia que habrá tiempo de contar. ¿Por qué estás en este sitio? Y empecé a hablar para sacarme el miedo y hablé toda la noche. Cerré los ojos. bueno! —Era una explicación—. – ¡Ah. ¿Me había orinado encima? – Yo no soy valiente –confesé en voz baja. Desprendía un sudor frío. ¿Qué iba a ser de mí? –Me interrogaba a solas– y una densa lluvia de cuchillos me aguzaba el alma y me calaba de terror. Huía el sueño espantado por los miles de preguntas que se alzaban entre largas guadañas. Aquí lo que sobra es tiempo. cuando Alguien. 117 . Me palpé la ropa y vi que estaba húmeda. Alguien me escuchaba en la celda de al lado. Me incorporé en el grito.

– ¿De modo que eres Nadie? –Así vivo. de modo que no existo sino para mí mismo. ni siquiera a V. encerrado en esta lóbrega caverna. En efecto. Llevo cerca de diez años vagando por estos corredores como un alma en pena. olvidado de todos. –Verás– empezó su relato. mareas altas. Le pedí a Alguien que me contara la suya. Mas miraba su rostro y veía pasar por él.interrumpiéndome apenas para aclarar algunos puntos. y aunque un poco reacio. borrascas. oculta mi existencia entre papeles perdidos. Y yo sé lo que cuesta escuchar así durante un rato sin llenarse la boca de bostezos. lluvia fina. Empezaba a amanecer cuando al fin vine a hundirme en brazos de Morfeo. accedió al fin. el mismo infierno – ¿Quién es tu Polifemo? 118 . entre estos muros que guardan mi secreto. aquello parecía la zahúrda de Plutón. huracanes. en estas completas memorias que ahora escribo. carraspeando. A nadie le he contado nunca tantas cosas. el laberinto del diablo. presto a ser engullido a cada instante por el Cíclope. ni a mi confesor. Aquella noche proseguimos las historias. Se trataba de mi propio clima danzando en la breve geografía de su cara. heladas. como si fuera un mapa del tiempo o un espejo. Dormí durante horas.M.

–Tienes muchos enemigos. –Un grave delito. algunos dineros. –Algunos– añadió vagamente sin interés en precisar. el carcelero. Vivía un hermano. tan consistente. creyéndome sin vida. como si fuera una pregunta que sobrara. los otros presos que pueden delatarme. Suficiente. 119 . – ¿Tal vez eras rico? –Una casa.–A veces yo mismo. ya veo. – La familia– repitió solemnemente. los jueces. la misma Inquisición. –Nunca pongas a prueba la amistad –repuso. ¿Quién podía asegurar nada en un lugar como aquel tan firme sí. No le haría ningún favor. precisamente para quebrar la fortaleza interior de los que a él nos arrojaban? – ¿Y la familia?– le eché como si fuera otro cable al que agarrarse. Prefiero que siga ignorante de mí y de mis desvelos. ciertos odios y muchas envidias. mi propio miedo que me anula. descargando al fin su voz en un suspiro. Ahora no sé. el mundo entero. ya veo. – ¿Y yo? Me miró de soslayo. – ¿Mercader? –Y converso.

—Y bajando la voz—. con ingenua malicia. no le dieron importancia –prosiguió– hasta que empezaron a buscar tratos especiales con el demonio. pero le dejé que hablara. – También de esa manera. Todo se quiebra cuando te acuestan en el potro y empiezas a cantar lo que no sabes. – Había algo más. Sonrió apenas. A no ser que los ciegos sean éstos. viles suciedades más propias de mentes enfermas ansiosas por hurgar en su excremento. 120 . – Nadie manda en su corazón –disculpé yo—. una palabra firme. un juramento. en realidad. créeme. una protesta? Nada. Las más recias voluntades se quiebran ante las terribles coces del potro de tortura. Al menos así lo pintaban los poetas. Es ciego. – Como buen cristiano. – ¿Qué importa. Y yo le creía. – Con todo. favores sexuales. Sabía bien cómo. confesar lo que no crees y proclamar lo que no eres.–Mas cumplo con todos mis deberes de cristiano. Amaba a otros hombres. –Y los encontraron.

mas no sé por qué extraños caminos se perdieron mis papeles y. sentía ponérseme la carne de gallina y correrme por la frente un sudor frío. En cuanto empezaran a tensar este mi mimado cuerpo. – ¿Confesaste? –Como manda la Santa Madre Iglesia.Según hablaba. desnudo y medio ciego. No aguantaría.. – ¿Entonces. un breve anzuelo del que tiraba una y otra vez. la terrible medicina? – Me aplicaron. olvidados de mí. – ¿Te aplicaron. pues. aquí sigo viviendo como un topo. En el código de mi clase –si es que pertenecía a alguna– no estaba el arrojo que muestran los soldados y proclaman los nobles como suyo. – ¿La comida? 121 . recorriendo estos larguísimos pasillos como un alma en pena. Yo no era valiente ni tenía que aparentarlo. huyendo de todos y sin ningún sitio adonde ir. Me condenaron a la hoguera. sabía que no podía aguantar.. –Ya te lo dije. temiendo se rompiera el sedal y comprobándolo a cada momento.? – ¿Cómo sigo aquí? ¿Verdad? Repetía aquella palabra como un clavo en que sujetar la conversación y al interlocutor. confesaría lo que quisieran.

apoyadas las manos en el suelo. Primero. Después el cepo. Abunda por aquí esa fauna. ratas. Las celdas vacías –prosiguió– permanecen abiertas y yo vago por ellas. verdad. las piernas descoyuntadas en el potro. nada importa la vida. ¿Verdad? Hay algunos que mueren en sus celdas. igual que el perro que espanta a voces su propio miedo e intenta alejar la soledad un poco más allá. así que fíjate la muerte. y con él. arañas. las piernas semidobladas de manera imposible y la espalda curvada.–No es problema. ¡Cuánta imaginación para quebrar al hombre! 122 . colgando como un jamón balanceándolo y dejándolo caer. Era un ser apenas humano en la figura. Parpadeaba incesantemente como si se tratara de estrellas que titilaran en la noche y sus “verdad” eran como ladridos de afirmación ante tanta inseguridad como le manaba dentro. También recojo las sobras de otros presos. creyéndome fantasma. – ¿Y no se dan cuenta? –Aquí. No sabes los milagros que puede hacer el hambre. Cucarachas. Caminaba extrañamente como un simio. con una cuerda a la espalda. mas siguen poniéndole comida. la espalda rota. recorriendo todos los lugares.. Habían quebrado su figura de hombre. Algunos presos se santiguan al verme. mientras ésta siga desapareciendo.. finalmente. Aprovecho un poco de todas partes.

A mí me pasaba igual. Y así era. viviendo tan al límite? –En cuanto al agua. Volvió a dejar caer aquella incierta mirada. la virtud. debajo de la puerta. a veces aleteante. con unos ojos huidos y unos dejes extraños en la voz. hasta formar un hilito que bajaba hasta el suelo. Ya había notado un aire ido en toda su persona : su semblante caído. Mira la humedad que rezuman las paredes. No sabía cómo interpretar sus brillos. ¿Qué vicios podrían anidar en un lugar así? 123 . verdad –prosiguió. Goteaba como el tiempo. filtrándose en la roca... lentamente. – Después del ascetismo viene eso. no sabía bien dónde. incapaz de fijarse en sitio alguno. Aquí me han quitado todas las pasiones. los labios descolgados. ¿qué podía esperarse de un ser que fue humano tras diez años de terror y soledad. Pero.Me miraba apenas cuando hablaba. el timbre destemplado de su voz. como cambiando de asunto– ya verás que abunda en ese sitio. –En algunos rincones hay pequeños charcos donde saciarse la sed y hasta asearse un poco si es que supiera uno para qué. su mirada perdida a veces. – No temas. por donde corría hasta perderse.

alimentado de miedo y nutriendo el de otros. – ¿Y no has logrado escapar? – No es fácil. El miedo a que me atrapen otra vez. llegaban de muy lejos los lamentos de algún desgraciado. pero más terrible sin ellos. Siguió explicando. –Cuando hablas a la nada y te rebota la voz. podían llevarme de nuevo a su infierno. como en una maquinaria desajustada. Podían delatarme. pero me alegro. me han sorprendido aquí mientras bebía. Para confirmarlo. – Ahí estaban. Lo hicieron conmigo 124 . oculto en nichos y rincones. – Precisamente.Me di cuenta de que no podía controlar los músculos de la cara y las emociones actuaban en él sin control. – Tenías a los otros prisioneros – apunté yo. es cierto. rebotando en las paredes. el miedo al miedo me ha paralizado. acabas inventando otro mundo y cayendo en la locura. hasta levantar hacia lo alto un coro de desventura que agrietaba las paredes y encogía el alma. Y he vagado durante años por estos corredores en las horas vacías de la noche cual terrible fantasma. entrelazándose con los gritos de otros condenados. Nuestro infierno son los otros. igual que del diablo. pues no sabes lo horrible que es la soledad No me atreví a interrumpirle. pero he huido de ellos hasta hoy.

créeme. aún tiemblo por las noches y a veces grito en sueños. Incluso noté alguna lágrima venirse a la mejilla cómo sus convulsiones se apaciguaban contra el muelle de mi pecho. me confesé también humano.. Siento pavor de que vuelvan a aplicarme la tortura. pidiéndole a Dios la muerte y piedad al verdugo. y para sostener sus creencias han de derribar al hombre que las sustenta! Miré a aquel ser menudo. si es que alguno llegó a librarse a tiempo. Yo que siempre había puesto murallas a las emociones. sometidos a humillación. sin testigos. tienen que destruir los cuerpos. Y además. Mis amigos habrán aborrecido de mí seguramente.en varias ocasiones y. ¿adónde iría y qué razones me quedan ya para vivir? Habría gentes dispuestas otra vez a delatarme. Tal vez mi hermano. –Por aquí he visto a seres que antes fueron humanos. en que para darnos la otra vida nos quitan esta. allí. Seguramente se había quedado encogido para siempre por el miedo y lo abracé como a un hermano.. ¡Qué siglo este—pensaba yo— qué edad infame. no pude menos de darle un mordisco en la oreja y retirarlo con cierto desapego. Cuando hubo recobrado algo la calma. 125 . en que para defender las almas. antes de que yo pudiera decir cosas de ellos. Y se quedó colgando de este cabo como una esperanza.

–Así me gustan los hombres. Uno colgaba vertical como una longaniza. que la emociones acaban ablandándote. el traje en que me sentía más a gusto. sin pasarse –me encontraba extraño–. – ¿Y quién te manda escarbar? Dos días después vinieron a por mí. mientras el verdugo 126 . el otro dando gritos de absoluta desesperación. a veces tropezaba… hasta que vine a dar a una amplia sala con dos hachones de luz en las paredes y dos pobres diablos estirados. si es que puede uno estarlo alguna vez para estas cosas. mientras volvía a ponerme el impermeable contra las emociones. El otro. –Nunca te avergüences de tus sentimientos–comentó mientras se recomponía el alma. Me arrearon como a bestia maldita por una serie de tortuosos e interminable pasillos donde resbalaba a veces. se te vienen abajo. tumbado en el potro y estirados los miembros. desmayado el uno. Estaba preparado. Asido por las muñecas. –No. daba gritos terribles.–Oye. y para sobrevivir hay que ser duro. ya perdido el conocimiento. Aunque si escarbas un poco. muerto tal vez. Impresionaba la escena y creo que me oriné encima. si yo sólo me avergüenzo de los tuyos –repliqué con sorna. descansaba. los huesos posiblemente descoyuntados y las carnes agrietadas. duros –replicó él. Así que ya sabes.

semidesnudo y sudoroso empezaba a desatarlo. cuanto más a Nuestra Madre poderosa de quien se declaraba humilde hijo devotísimo? Me ataron al muro. ajeno a mí y al mundo que le rodeaba. Entonces se acercó a salvarme el vestido blanco. no sé si el ambiente. Ya iba viendo yo dónde iba a descansar aquella siesta. Suelen hacerlo para calentar. con hábito de monje y un rollo de papel en la mano que leía atentamente. un ser fúnebre. que no tiene nada de santo. el reo o el verdugo. Tengo que decir que éste se esforzaba en su oficio y se ganaba sobradamente el pan. ¿Por qué el Alto Tribunal? ¿No era demasiado honor para un simple pícaro como Lázaro. Más bien todos tres. tan pequeño. Me estaban preparando la cama cuidadosamente. Era un hombre del Oficio. Llegó como de la nada. Sólo le faltaban los atributos. experto en interrogar a reos y sacar confesiones. vestido de blanco. ¿Pero qué pintaba yo en aquel cuadro? Ni era brujo ni hereje ni converso. así dicen. 127 . Podía confundirse con un embajador del infierno o el mismo Príncipe de las Tinieblas. enjuto. entonces. – Tú eres Lázaro. me descubrieron la espalda y empezaron a darme latigazos. Aún no me habían preguntado nada y ya tenía sangrantes las costillas. que ninguna amenaza podía venirle al mundo por él solo.

Arcipreste. vuestro amo y señor? Así que volvían a cambiar de ruta. y no lo daban fácilmente. pensando.. yo le bebía el vino y le comía el pan. como así era. Así que intenté otra ruta. En realidad era lo único que veían por aquel reino. No era posible y menos mal que no me creyeron. Soy culpable. Pero un puñetazo en el ojo me hizo ver las cosas mucho más claras. Yo le preparé aquella jugada al ciego. Poner en duda su profesionalidad. Se les cortó la risa por un instante. Una bofetada en plena boca me hizo callar. Empecé a soltarles. que había sido la suya muerte natural. yo. – ¿Lo mataron? – pregunté ingenuamente..Les hacía gracia. pues subió una octava más. Un empujón tremendo en mis queridas partes me convenció. y yo estaba ya exhausto. pero volvieron a apretarme y muy fuerte hasta que me desmayé. Sólo sé que desde entonces mi voz se acerca más al coro de los ángeles. Aquello no podían tolerarlo.– Lo confieso –respondí al sentirme descubierto. Se echaron a reír. De allí no se marchaba nadie sin permiso. Fantasmas a ellos. Me tenía bien agarrado y apretaba. – ¿Quién mató al Sr. Así que canté... –He visto un fantasma que vaga por ahí. 128 . –…Un reo que se les ha escapado y anda suelto. señor. No debía ser por allí. para que me soltaran.

afirmas que lo hizo tu mujer. – Entonces. con la complicidad tuya. yo solo – concluí– dispuesto a afirmar cuanto afirmaran. sí.–Tal vez mi mujer –insinué yo. Yo no estaba allí cuando ocurrió. – Así que lo hiciste tú solo. Me cambiarían las palabras a golpes hasta oír lo que quisieran. Otro golpe en la boca acabó de ablandarme la memoria. – Lo confieso. Si al menos supiera lo que querían 129 . pues ellos no variaron un ápice la suya. negar cuanto negaran y con el deseo sincero de complacerles. sin ignorar las consecuencias fatídicas que podían echársele encima. Pero de nada sirvió mi cambio de táctica. que no se esconden a llorar en las faldas de su esposa. lo confieso todo –me arrancaron como una exhalación final que marcaba mi decidida voluntad de acabar con todo ello. Y añadió: –Así me gustan los valientes. para ablandarme – decían— sin saber que estaba a punto de caerme al suelo como breva madura.. Era inútil todo cuanto dijera.. así que callé. – ¿Tú solo? – Sí.. – Yo no he dicho eso.

El tormento era muy convincente en estos casos. Cuando la recuperé. Hijo. que tan generosamente nos había acogido. Allí quedaba patente mi estrecha amistad con el diablo. mientras recogía del suelo una firme barra de hierro. a nuestro amo y protector. los cargos. el orgullo es un gran pecado que hay que mortificar. Lo extraño es que al firmar solamente sentí una gran paz.– Sin presumir. y sólo después se hacían los ajustes que fueran necesarios en el reo y los testigos. Noté que la iba perdiendo poco a poco junto con el conocimiento. yo solo. la confesión. sin presumir. el Arcipreste. que ya no se modificaba. Me di cuenta de que los procesos penales iban en sentido contrario a como yo creía. sí— daba igual— mi propia sentencia de muerte. causándole la muerte. me estaban leyendo mi confesión. que yo creía tener bien escondida. Yo que amé siempre mi vida y mi cuerpo más que a 130 . El zarpazo me había alcanzado el alma. Yo solo. descargó de improviso sobre mí un golpe tan terrible que me dejó hundidas dos o tres costillas.. Por eso firmé lo que me presentaron. que tenían ya redactada desde antes de tomarme la declaración debida. los testigos. ¿Te acuerdas del diablo? – repuso. y empuñándola con fuerza. ¿eh?. convicto de asistir a sucios aquelarres en compañía de otros hechiceros y confeso de haber perjudicado a la religión y echado mal de ojo. para que su declaración coincidiera con lo escrito. sin sospechar siquiera de nuestras malas artes. pues primero el juez escribía la acusación..

sino un inmenso alivio. menos para eso. Débil como estaba. como un perro. recuperado un poco. por pura crueldad o tal vez por saciar algún desajuste escondido. pues me habían arrancado la confesión a tiras. recogida mi voluntad y amontonados mis instintos. más dolido que yo mismo. no sentía pena alguna. a mi amigo Alguien que lamía mis heridas con su propia lengua y regaba mi frente abrasada con un paño húmedo. Estaba ya entregado y sin ganas de luchar. Sólo noté al despertar un desgarro terrible en las articulaciones de brazos y piernas como si estuviesen descoyuntadas.nada. Le dediqué mi mejor sonrisa. debí prontamente perder la conciencia. No le dije que le había delatado. pero creo que en el último instante se me quebró del todo. Sentí a mi lado. Era el mismo verdugo. Me contó que era muy amigo de un amigo de mi 131 . congestionado el rostro tal vez por la bebida y sin expresión alguna. Es el caso que a pesar de todo y cuando no era necesario. como si fuera humano. aún hubieron de amarrarme al potro y someterme a la tortura. sabiendo que iba a perder muy pronto ambos. mientras rezaba a todos los dioses o murmuraba de ellos –no sé muy bien. Pero había un juez distinto que empezó a tratarme con cierta consideración. Venía yo preparado para todo. vinieron de nuevo por mí. con su aspecto de bestia desnaturalizada. así que adopté una lógica postura de defensa. Días después.

a quien yo bien conocía. sabemos que la acusación no tiene peso.. Un golpe al corazón. 132 .. Tanto puede cambiar el destino de un hombre en sólo unos instantes.señor. – Sabemos con certeza que tu señor murió de muerte natural. Y ya sabes con cuánto celo vigila la iglesia para que el diablo no se cuele entre nosotros. Tales fueron sus palabras.? – Queda lo de la brujería. – ¿Entonces. el Canónigo de la Catedral. y bien. ¡Cuántos enemigos tienes! Pero. que después utilizaban para plegar nuestras voluntades. El fuego es purificador y Dios acaba por perdonarlo todo. y aunque no quiso darme nombres. hijo. –Ya ves. En fin. que ha habido calumnia y delación contra vosotros. y. de mí para que “hiciera cuanto fuera posible por ese pobre desgraciado". en efecto. Pedro. Cogió entonces un pliego de papel que estuvo leyendo durante unos instantes y acabó por romperlo y echar sus pedazos en el fuego de una pequeña fragua que allí ardía para doblegar los hierros. Así los médicos lo han certificado. me apreciaba. tapándole todo resquicio.. No podía dar crédito a lo que oía. Servíale el vino cada semana y le trataba bien. pues además le hacía algunos recadillos y favores que ahora estaba dispuesto a considerar y agradecer. intuí que se trataba de D.. Me dijo que le había hablado.

el puyazo firme que detiene la embestida. durante un día. – Tendrás que expiar en público tus culpas. – Si soy inocente. como un muro de contención. Y empezó a leer lo que yo entendí era mi sentencia... – Quien esté libre de pecado. 133 ..? –cogí aquel cabo de esperanza que se me tendía. más benigna que la muerte. usando yo mi calidad de pregonero para propalarlos por las calles de Toledo hasta quedar finalmente expuestos a las iras de las gentes.. Siempre estaba la frase incontestable. l) Quedaba desterrado de Toledo para siempre sin poder volver a poner los pies jamás en la ciudad ni acercarme en menos de dos leguas. más no tan suave como quería hacerme ver. – Tendrás que cumplir unas mínimas condiciones que aquí traigo escritas en este papel. el mediodía del domingo hasta la mañana del lunes.– ¿Pero. 3) Saldrían nuestros delitos a la luz y seríamos expuestos a la vergüenza pública. 2) Recibiría un castigo público de cien azotes y cincuenta mi mujer.

¿Qué otra cosa podía hacer? Mi vida quedaba a salvo y de nuevo a cero. – ¿Estás de acuerdo? –preguntó.4) Teníamos que devolver el dinero sustraído. Miré a los dos y firmé. con el que se declaraba amigo del amigo de mi señor. despojado de todo. Eché las cuentas y vi que se habían ocupado de dejárnoslas a cero. Podría ser él. Con nuestro sudor y nuestras manos lo ganamos. mientras miraba al verdugo así como al descuido. pero ésa había sido siempre la cifra de mi destino.. debía regocijarme por haberme librado de ella en el 134 . Después de haber andado tan cerca de la muerte. Miré de reojo a mi interlocutor y observé en su rostro como una mueca guasona que intentara y no pudiera taponar del todo. Era nuestro. escarnecido y maltratado y encima debía estarles eternamente agradecido por perdonarme la vida y salvarme de mí mismo. Debía de haberme vuelto la fiebre. Así que besé las manos de quien consideraba mi benefactor y le rogué transmitiera mi agradecimiento a cuantos por mí habían intercedido. pues no podían anidar tales pensamientos en una mente sana. ¡Qué peligrosas resultaban estas cadenas de amistad! El caso es que entre todos ellos me habían apresado. Volví a leer el escrito y me pareció una broma cruel de algún espíritu burlón. amén de los chorizos y jamones que eran nuestros por derecho.. sí. así como otros objetos de valor. Aquello no era justo.

mas no era eso lo que sentía. Lázaro! – ¡Ah! ¡Eres tú! Le comuniqué el veredicto y se alegró de que hubiera salvado el pellejo. ¿Qué sería de él? –me iba diciendo– sin tener en cuenta que mi futuro era quizá mucho más negro. Así era. pero. pero según creces. que también el mundo es muy pequeño. pero no es lo mismo cuando eres aún niño. mientras volvía cabizbajo. – ¿Y tú. Podía cantar las mías. Se acercó desde fuera y tocó los barrotes. el mundo se va haciendo más grande y ya no eres capaz de abarcarlo. – ¡Lázaro. Había de sacar a la luz nuestras miserias. Pero a mí no me llegaba la alegría. 135 . aunque debes empezar de nuevo. Poco después. ¿Qué retorcido ser había sido capaz de urdir tan complicada trama sino una mente burlona y ociosa? – No te apenes por tan poco. hermano? –pregunté a mi vez a Alguien que esperaba mi palabra al otro lado. llegó él.último momento. Pensaba en mi viejo amigo Alguien. Tú eres fuerte y saldrás adelante. ¿qué hacía en ello mi esposa? Habíamos ocultado unas verdaderas y ahora nos hacían propalar otras completamente falsas. cuando se hubo extinguido el largo ruido que tras sí dejaba el carcelero.

¿No sospecharía de mi traición reciente? Y añadió: –Y mucho tiempo. me has devuelto las ganas de vivir. Bien podía ser que se hubiera quedado con las mías. 136 . herramientas –respondió con un tono optimista que no le había notado antes. Lázaro. porque a mí me las habían quitado todas. porque tú.– Tengo planes.

–Nada.DESCANSO IV Ha venido de nuevo mi joven fraile. que procedo de un pueblo de esa Salamanca. sobre un pobre Lazarillo. De vez en cuando deja perder su tiempo tan valioso con gentes tan baldías como yo. hermano Lázaro. cambiando de nombre muchas veces. que conocía mi secreto y reconocía mi identidad que yo he tratado a menudo de ocultar. Frutos has dado muchos. Lázaro? –me ha preguntado en confianza y como bajando la voz. ¿no crees? –ha dicho con sorna. sutil. Y sospecho que aún faltan los mejores. que nunca baldío. Y me ha hecho saber de esa manera. Me ha enseñado un librito más bien pequeño que yo ya conocía. Ha callado durante un largo rato y. repitiendo mi nombre. pero jamás estuve en Toledo –mentí – a sabiendas de que no le engañaba. 137 . –Otra cosa se puede decir de ti. – ¿Qué tienes tú que ver con ese Lázaro. como en una provocación: –Un bellaco ese mozo. aunque no sean todos buenos. señor. una coincidencia– negué yo. mirándome a los ojos y esperando mi reacción. En verdad. finalmente.

No es bueno hablar de uno. 138 . alzará sus vicios. – ¿Cómo va ese cuaderno? – Marcha. uno más. lo hará con las virtudes. y si no. empinando cuanto puede su talla y su persona. sosteniendo su mirada y apenas la sonrisa que se nos iba derramando a los dos por toda la cara. Se peca de inmodestia. Cuando uno habla de sí –ha proseguido– tiende a subirse. sin añadir una letra y que probablemente quede inacabado. mientras salía. Y como siempre no está falto de razón. No le he confesado que llevo meses estancado. –Aunque no se podrá creer todo lo que dice. Luego ha cambiado de tema. Si puede. El caso es siempre hacerse grande. –Seguramente las malas compañías –respondile. ¿De qué puede servir tanto trabajo y dolor si nunca jamás verá la luz? Él mismo ha apuntalado mi decisión. Y me ha indicado el librito que llevaba en la mano. –Las cosas que importan hay que hacerlas con cuidado –me ha dicho.examinándome para ver si pasaba la prueba. no sabía cuál. aunque no tan rápido como quisiera.

Sin embargo. lejano. ¡Dichosos baúles! Son como esos ataúdes donde guardamos nuestras pequeñas muertes o derrotas. No creo. No sé si volveré sobre ella un día. guardaré esta historia en un cajón. 139 . muy al fondo. eso sí. no pueda consumar este cáliz de amargura que quedó a medias en el fondo de otro baúl. acaso nuestras vidas. no me atrevo a afirmar que en algún tiempo.Así pues.

140 .

recuperadas las fuerzas y las ganas de vivir. pies descalzos y larga caperuza coronando de oprobio la cabeza. mas al cabo era mi oficio y siempre me ha gustado hacerlo bien.IX JORNADA NOVENA –Uno se mide. la lección aprendida. Parecíamos la Sagrada Familia emigrando hacia Egipto. Yo delante como de más importancia y ella detrás subida en la borrica. pregonando mis pecados y aun más los de ella. Delante abrían paso dos guardias. un verdugo con el rostro cubierto arreándonos trallazos y cerraban el cortejo otros dos corchetes. salimos yo y mi esposa a la pública vergüenza. por el tamaño de sus errores. sólo que a nosotros nos había atrapado la locura y marchábamos expuestos a las chanzas y al mal gusto del vulgo que sólo con vilezas se divierte. una al pecho y otra detrás cruzándonos la espalda. luego un clérigo escupiendo a cada parte agua bendita. Vestíamos para la ocasión trajes de gala – como era el uso en procesiones tan solemnes – largos ropones con dos enormes cruces de San Andrés en amarillo. sobre todo. Unos días después. Iba a pie. acabé a gritos proclamando los cargos 141 . de modo que la timidez perdida. Al principio me comía la vergüenza y apenas lograba sacar la voz de mis adentros. para darle importancia.

Y más que habiendo algunos por los que juzgarnos. Al fin volvíanla a poner sobre la burra y. ya lo creo. 142 . insultándome con todas sus fuerzas.. sentada a la mujeriega sobre el asno? ¿Os imagináis a aquélla venirse al punto abajo por el golpe y estrellarse contra el suelo su trono con tan alta monarquía? Al levantarse. Pues uno también se mide por el tamaño de sus errores. que no necesitaba para arderse otras hogueras.. Por eso. nos habían condenado por otros que de ningún modo habíamos cometido. tan llena de chispas sus dos ojos. me miraba con más odio si cabe. quien roja. la boca amordazada para no oír sus maldiciones. arrojándonos insultos y otras cosas que casi nunca erraban. hubo de llegar de esta guisa tan solemne.imputados y otros más que yo inventaba dándoles color para destacar nuestro rango. ¿Os imagináis unas cáscaras bien lanzadas o un tiro de mierda. me fulminaba con su odio. Era un gran espectáculo. haciendo blanco en la animada estatua de mi señora.. mientras el público se apilaba a nuestros lados y reía de veras. mientras yo le publicaba a los vientos sus mil cargos que aumentaba cuanto podía en número y tamaño. Era mi pequeña venganza que nadie percibió. ¿qué importaba? Puestos a inventar. y yo entiendo algo de estas cosas.. menos de vergüenza que de ira. salvo mi señora. Tres veces cayó como en una pasión y tres veces la alzaron hasta que finalmente atada como un fardo.

todos asentían con entusiasmo cada vez que caían sobre mis sufridas y adoradas espaldas tan 143 . crucificado de aros y de argollas. Quise cederle tal honor a ella. Ya se sabe que algunas damas actúan pretendiendo robar para sí toda la escena. de modo que los golpes caían como muros y tras ellos mis gritos. lo de las damas primero. que en tratándose de golpes. mientras cuello y manos quedaron apresados en un cepo. mas no me hicieron caso. Supongo que hacía mucho que no representaban en Toledo un tan regocijado espectáculo. la gente prefiere cobrar al final. una plazuela presidida por un alto poyo de piedra clavado en el mismo centro. sus redondas carcajadas.Estaba el rollo en las afueras. guardado de sí mismo. que no podía menos de reír. ¿Quién puede regocijarse con los males ajenos? Tal vez sólo buscaba reclamar la atención. Ante aquel símbolo antiguo me venían tantas asociaciones. Unos gritaban. Al lado. Allí nos ataron los tobillos con una larga cadena. mi compañera forcejeaba inútilmente bien atada también al mismo yugo. Nunca vi a nadie poner tanto entusiasmo en su trabajo. otros aplaudían. Bien creo que fuera puro nerviosismo por lo que le esperaba. y tras mis gritos. Más pronto se me pasaron. cuando empezaron a celebrar mi centenario en las costillas. cuando el pobre verdugo está ya cansado.

sentado en mi desgracia. O se producía alguna ejecución. que estaban celebrando a gritos. así como la cuenta y la conciencia. ¡Entonces. Más allí estaba ahora yo mismo. pregonero de otros muchos a quienes como heraldo y vocero había publicado sus méritos. tal vez algún auto. tal vez del infierno. su venganza. todos ellos..terribles regalos. Aquel era un día feliz en sus monótonas vidas. hasta acabar derrumbado. Siempre resultaba divertido ver la cara de miedo de los reos. sin ganas de reír ni de ver siquiera la cara descompuesta de mi ama cuando llegó su turno y empezaron a mimarle las costillas. Había acudido aquella tarde de fiesta a contemplar el espectáculo. Aquella vez fui yo. como de otro mundo. ver sus carnes desgarradas y su honra hecha trizas. 144 . No soy valiente. El caso es que la gente no dejaba de reír. qué cima! Eso solo llenaba por completo la tarde del domingo. Oía sus gritos terribles y horrendas amenazas que llegaban a mí desde muy lejos. hecho ovillo. A veces había suerte y hasta algún hombre importante caía en sus redes. Todo sea por el bien de la humanidad y la salvación del mundo– me decía yo. También vi a mis vecinos.. Empecé contando los primeros– no me fiaba de nadie– mas luego fui perdiendo interés. oír sus gritos. el más famoso en las calles de Toledo. Apenas aguanté los cien.

mierda al fin. Y así debieron comprenderlo. mas nada de eso. en mi pobre cabeza y en otras partes igualmente dignas de mi cuerpo. oyendo a la par a mi comadre insultarme. A veces me lanzaban puñados de boñigas. acabé por agradecerlo. que rebotaban en mí como si nada. amenazarme. Así pasé la noche con esa tortura. que aunque era blanda y sus golpes no dolían. vigilados por todas las estrellas y dos guardias que enseguida se durmieron. que soy persona de ánimo sereno. Por fin llegó la noche y podría descansar o así creía. allí quedábamos nosotros. mas luego al momento despertaba al rozarme inconsciente las heridas. Pronto hicieron mella entre mis dientes bien escasos. Estaba exhausto y vencido por los golpes. A veces me quedaba traspuesto unos instantes. y vuesa merced ya sabe cómo los insultos y torcidas palabras me resbalan. la cual blandía como fiero cuchillo en 145 . Atrapado en el cepo.Mas su dicha no fue completa hasta que empezaron a soltarme obscenidades y palabros. cubríame de asco y mal olor. pues al poco acompañaron sus reniegos de mondas de verdura y cáscaras de frutas con su piedra escondida. guardando las distancias. expuestos a la nada. que cuando las gentes se fueron a sus casas. pues los golpes que ella había recibido parecían haberle atado el cuerpo y soltado la lengua. buscaba una postura que no podía encontrar. pues las gentes se apartaban de mí. mas no llegaba el sueño. mas con todo.

nos dejaron finalmente en las afueras. Por un momento me quedé contemplando la ciudad en que había vivido medianamente feliz y de la que era expulsado para siempre. haciéndonos merecedores de todas sus preferencias. alejándose decidida. se sacudió el polvo en un viejo signo de desprecio. Así pasó la noche lo mismo que un mal sueño y por fin llegaba el día. cogió sus raídas sandalias. a todos maldecía. hasta que al fin. Aún recuerdo aquella tarde. Aquella misma tarde nos soltaron. Empezaba a oscurecer. renegando de todo.todas direcciones A todos conminaba. Allí estaba mi Eva también.. Escoltados por una pareja bien armada. hasta perderse entre los densos arbustos y matojos. Un alma caritativa se acercó con un caldo caliente y un mojo de vino.. Noté al poco que me habían devuelto el cuerpo. el alma. cuando malherido como estaba y solo– la noche nos encuentra siempre solos– 146 . Los dos. cubierta de vergüenza. escupió en dirección a la urbe y se fue echando pestes contra todos. Yo qué sé. medio desnuda. Creí oír de nuevo las viejas profecías del ciego llamándome bienaventurado por el vino como así lo era otra vez. a más parte tocábamos. y estando yo y los guardias tan cercanos.

dejando una larga estela.. como a mí. como estropicios del alma. Es el caso que una buena mañana me desperté con el plácido sonido de esquilas y cencerros. Pensé que venían del más allá. Y así parece ser. Encontré un viejo cobertizo o choza de pastores con alguna vieja prenda y un regato vecino donde me lavé con ansia. Debí luchar contra la fiebre y mis fantasmas durante varios días. sin dejar de mirarla. Como para no creer en el destino. pero no era así. testigo sólo Dios y aquel refugio de pastores. quitándome la mugre y el olor que me vencía. Ahorré la cena y me dormí. que es capaz de reparar tantas averías del cuerpo. la veo caer del cielo.. Bendito olvido. Recobré mis sentidos que habían vagado desperdigados por las regiones de la nada y me incorporé en mí mismo. la de la buena suerte. Bendito sueño. despertándome a trompetazos de la muerte para el juicio final. Lo mismo daba una dirección que otra. 147 . es el caso que habiendo cubierto apenas una legua. Tal vez en adelante. que todo nos lo borra para seguir equivocándonos. y seguí sus pasos. —A otra que han echado. que en adelante los brillos en mi vida fueron aún más fugaces y la oscuridad aún más espesa. busqué cobijo cerca para pasar la noche. Las que había seguido hasta allí. En fin. Lucía ya alto el sol.busqué una estrella. anulado por el asombro.Pero al poco. no habían sido buenas.

Sería cerca de mediodía cuando llegaron hasta mí. Era un hombre ya mayor, casi un anciano, y un zagal muy despierto, pastores que venían con sus rebaños a descansar y hacer la siesta. Comí con ellos cuanto generosamente me ofrecieron y como agradecimiento, a los postres empecé a contarles mi historia; una historia falsa, naturalmente, que no sé si llegaron a creer. Les referí cómo unos terribles bandoleros me habían robado cuanto tenía, atándome a una encina y golpeándome con la mayor saña para dejarme después abandonado y medio muerto. Yo me había soltado, no sabía cómo, y había llegado maltrecho hasta allí. Les enseñé las múltiples heridas de mi espalda, las señales de los recientes latigazos del verdugo y asintieron compadecidos, mientras el más viejo me untaba las cicatrices con hierbas machacadas mezcladas con vino y grasa de cordero y me ofrecía algunas ropas viejas para cubrir mi lacerado cuerpo. – ¿No habrá una mujer entre ellos?– preguntó el zagal y dio unas señas físicas que coincidían punto por punto con mi nunca olvidada Claudina. Se me hacía difícil pensar que en apenas unos días ya empezara a dar que hablar. – Tal vez –disimulé yo– pero no los vi bien. – Es que esta noche –siguió explicando el chico– han atacado por sorpresa y herido a un compañero y dice que fue esta mujer que le acabo de describir con otros dos desalmados. 148

No lograba digerir que aquella mujer se dedicara ahora a asaltar a las pobres gentes y despojarlas con violencia de sus cosas. Pero en los meses y años siguientes hube de oír sobre ella nuevas aún más extrañas contadas por los muchos viajeros que recorrían a diario los caminos. Pasé con ellos aquel día, descansando y reponiendo fuerzas, y a la mañana siguiente, con el alba, partí camino de Madrid en busca de mejor fortuna.

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X JORNADA DÉCIMA
El mal, cuando se poda, cortando sólo algunas ramas, después brota con más fuerza.

Empezaba entonces a crecer la villa, lo cual atraía a muchas gentes golosas de medro y de dinero, que son siempre sin cuento como las arenas de la mar. A la sombra de ellos surgían también miles de pícaros y falsarios que se ganaban la vida con trapacerías y engaños de todos los estilos. Bien creo, que en toda República, tales gentes se hacen necesarias, para que el rico siga vigilante, que no hay ladrón más torpe que el descuido ni suerte peor que la desidia. Así me traían por su propio rumbo los pensamientos, mientras hacía mi camino, pensando en la ventura que me esperaba más allá, después de haber dejado atrás tanta "tierra quemada" sin posibilidad de volver a ella, pero no me iba arredrar por eso, que hombre como yo, sin patria, sin hogar, sin hijos, no había dejado que echaran mis sentimientos raíz en ningún sitio, y mucho menos mis bienes y heredad, que me llevaba conmigo y que eran nada: una camisa remendada, unas viejas sandalias inservibles, unos rotos calzones, y todo el aire y el sol.

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Destrocé como mejor pude aquellas prendas. Así parecía ocurrirme entonces. No me había de faltar el alimento y algo de moneda ligera para echar adelante hasta llegar a Madrid. la risa se me vino hasta la boca. Ejercería la mendicidad por el camino. hacía yo mérito con mis cardenales mucho más católicos y ya casi 152 . De algo serviría también. Aquella noche recalé en la muy ilustre y noble villa de Illescas. entretanto. hice un firme vendaje en el tobillo con lo que aún quedaba de la camisa. No pude espantarme del todo la idea de que la vida es un gran rodeo que damos para llegar de nuevo al punto de partida. donde pasé varios días. pensando en el terrible final con que había rematado sus días. como burro de noria. Todo sin prisa. al que ahora recordaba. Por momentos me vi como él mismo. me tapé un ojo. lo único verdadero que en ese momento quedaba de mí. Podía explotar. mas no quise aceptar que aquello era el final. Aún me quedaba mucha cuerda para seguir dando vueltas. aunque fuera alrededor de la nada. mi experiencia con el ciego. He decir que amén de la generosidad y buen corazón de sus gentes. rebozado en el rencor que de ningún modo quise dejar crecer en mi conciencia. entablillé la pierna. me vendé la cabeza y con una recia tranca que desgajé de un árbol. Al pensarlo. me ensucié cuidadosamente de barro cara y cuerpo. si no lo había olvidado. me dispuse a hacer mi entrada apoteósica de gran derrotado. aquellas llagas de la espalda.

nuevo para mí. porque confiado en mi lamentable situación. dejaba pasar mis lástimas para provocar las del prójimo. pero una vez más vivía bien errado. Andaba yo bien confiado pensando que ya no podía albergar más males el saco de mi existencia. Al parecer existían disposiciones que regulaban y hacían digna tal actividad. 153 . pero que estrujaba y desfiguraba cuanto podía para excitar la caridad de los vecinos. Digo esto.conversos. presidido por el capellán del lugar. Pero ocurrió que. pues no hay nada más frágil ni grande que el corazón humano. al que la piedad engaña tan fácilmente. nada tenía que hacer. Sentado a la puerta de las iglesias. a cuyas puertas me sentaba a pedir cada mañana. Igual hacía con mi pierna fingidamente rota. y no siendo además natural de allí. no se acaba nunca de caer del todo. que las desgracias nunca vienen solas y cuando uno empieza a rodar por la desdicha. evitando que hubiera falsedad o desleal competencia. sin haberme examinado de pobre ante un tribunal. visto el éxito –hasta la miseria es relativa y la envidia anida también entre los miserables– hubieron de denunciarme algunos de éstos al capellán de aquella iglesia. Al parecer yo no tenía derecho a pedir. no pensé que pudieran cercarme nuevos peligros. No sabía yo muy bien de leyes en tal oficio. el cual con suma largueza respondía. Había que tener título de indigente y cédula de oriundo.

ya viejo y medio roto. Pensaba que ya no podía descender más bajo en mi adversa fortuna y que necesariamente llegaría pronto el momento de empezar a subir por la difícil escalera del éxito. Así dejé la villa con tales pensamientos. sobre todo aquella pierna que me costaba asentar. que concerté por poco con un barbero que ya lo tenía desechado por inservible. Como pude arreglé la caja. pues cuando niño.Cuando me enteré de los requisitos. algunas veces reunidos con otros mendigos y juglares. Llevaba mi laúd a la espalda y un río de romances en la boca. pero tampoco me era ajena. desatados mis males. Así que un buen día conté las breves monedas recaudadas y todo lo empleé en un laúd. después de tantos días sujeta. el potro del destino no volvería jamás a derribarme. No era yo un virtuoso de la música. y aquel podría ser el primer paso. preferí suspenderme yo solo y cambiar de profesión. ya que aquella me resultaba tan dura de aprobar. Si una vez volvía a asirme a las crines del triunfo. y salí de allí temiendo adivinaran la verdadera causa de mis males. lo cual no haría sino multiplicarlos. le puse cuerdas nuevas y empecé a recitar. dejábanme aquellos instrumentos. más cuando mis llagas estaban ya curadas. que yo intentaba 154 . perfectamente la pierna y yo en condiciones de ganarme el sustento de otro modo. acompañando al ciego.

¿Quién no ha querido al menos una vez echarse al monte. de recios caballeros muriendo por sus damas. que atendían embobadas creyéndose los otros. Así empecé a ganarme la vida en el camino. a veces tan ruin! ¡Si no fuera por el arte! ¡Cuántos crímenes. de muertes pasionales. 155 . También en ellas veía a la gente conmoverse. Seguramente lograban realizar en la ficción sus ocultos deseos. nuevos otros que a imitación de aquellos yo mismo inventaba. de venganzas. Contaba historias de moros y soldados. y mejor cuanto menos real y más alejado estuviese de sus miserables vidas. liquidando a un enemigo? ¡Pobre corazón humano! ¡Tan noble a veces. ¿qué voy a decir? Demasiado dura es ella para no olvidarse a veces en los sueños. Cantaba en otros casos relatos truculentos. que no era lego del todo y para hacer fondo en la recitación. no era menester mucho más. de amores prohibidos. suicidios. Por eso les gustaba tanto a las gentes humildes. violaciones ha evitado! Debieran caer los príncipes en ello y darles merecida protección en sus repúblicas. de asesinos. Pero. vengar alguna afrenta despachando a un rival. como bien mi amo decía. y de hermosas damas que languidecían asomadas a los ojos de sus caballeros. mientras reponía fuerzas y buscaba algo mejor. viejos unos. En fin. Entraba por los pueblos y cantaba mis romances. La vida no era así.rasgar o a tirarles de los pelos. bandoleros.

mas al fin me compensaba el ser oído. apretando de nuevo el eslabón de la amistad que habíamos forjado. Y tenía razón. Le conté mi triste historia reciente y lo vi alegrarse de que hubiera concluido con un final hasta cierto punto aceptable. sacando de mí aquella recia voz que dejaba prendidos en la historia a mis oyentes. medio apoyando sus cuatro extremidades como un simio. vi a lo lejos venir detrás de mí un ser simiesco que aceleraba el paso con intención de llegar hasta mi altura. Al oír mi nombre. Pero. animado a salir de aquel trance. Y me contó el suyo. Avivé también el mío temiendo que ocurriera un mal encuentro. es verdad. En pocas palabras vino a decirme que. recién nomás salido de una aldea. sin que nadie los viera ni sonaran las alarmas. 156 . –Nada es del todo redondo. ¿verdad? – comentó.En fin. me detuve. ¿quién más humano bajo aquella figura de animal? Nos dimos un inmenso abrazo. se había hecho con copias de las llaves y una noche habían huido todos cuantos en aquella ala de la prisión estaban. apenas con el alba. Una mañana. cuando aquel ser estrambótico empezó a hacer gestos y dar gritos hacia mí. ¿Quién podía ser sino mi buen amigo Alguien? Se acercaba casi corriendo. No ganaba mucho. puestas en camino mis ilusiones. que no me iba mal y aquel oficio me agradaba. teniendo libertad de movimientos.

– También eso puede ser un peligro– le dije. de nuevo pude advertir su inteligencia. Bastaba un poco de intuición para descubrirlo. – Vendrás conmigo –afirmé. al menos de momento. buscando a unos fugados. A partir de aquel día anduvimos vigilantes. una vez más. cuando la verdad es que vienen determinadas casi siempre por nuestra condición. No existía. Sin embargo. pero él no tenía qué temer. Tenía razón. – No es difícil. A menudo pensamos que nuestras elecciones son libres y son tales elecciones. Si alguno era detenido y confesaba. conociéndote como creo conocerte –respondió. Aquella misma tarde vimos acercarse a caballo por el camino real a unos cuadrilleros de la Santa Hermandad con perros y arcabuces.Habían salido de Toledo y se habían repartido por los caminos en todas direcciones. pues matar a Alguien era lo mismo que matar a Nadie. una ciudad y lo suficientemente grande. podían impunemente ejecutarlo en cualquier lugar sin dar cuenta de nada. Pronto irían tras ellos. Le pregunté a Alguien cómo había dado con mis pasos. para perderte en ella. Pensaba que sólo podía ser obra de la casualidad. 157 . sino Madrid. Eres un "homo urbanus" y qué otra dirección podías tomar. verdad.

No podría aguantar en una ciudad llena de gentes sin volverme loco del todo. – ¿Teméis a los cuadrilleros?– corté yo con una razón que me pareció justificada. Pero sobre todo. Mi sitio no está allí. – En parte. Y siguió hablando. cuando la hube soltado.No era siquiera una pregunta. – ¿Serás feliz?–le solté como una pregunta de novela. como está escrito en el libro de las cosas. He vivido demasiado tiempo solo. Daba por hecho que haríamos grandes cosas juntas en aquel nuevo mundo que quedaba por descubrir. pero él sin hacer comentarios. – Lo seré sin exceso. Me iré a la sierra y en ella haré mi hogar. porque mi sitio está en otro lugar. Tal vez algún día. Y me despedí de aquel hombre de quien tanto había aprendido. dijo: – Verás. 158 . Tenía razón de nuevo. sonrió levemente. ofreciendo explicaciones que yo no le pedía. Me di cuenta de lo estúpida que era. Por eso me sorprendió cuando. tras vacilar un momento. He aprendido a sobrevivir en el límite y no me costará adaptarme. ¿Qué libro sería aquel tan importante y del que nunca había oído hablar? Lo dejé marchar sin preguntárselo.

si las cosas se ponían mal. Confieso que ante tales reflexiones y dudas empecé en verdad a preocuparme. Repasé las instrucciones: el nombre de un amigo suyo. ¿Desde cuándo a Lázaro le asaltaban los remordimientos? Así fue como entré en Madrid. Era un día triste. 159 . siempre podía sacar un buen dinero con que sobrevivir un tiempo. y reuniéndolos en manada.Lo vi partir camino de la Sierra. Volví grupas a mis pensamientos que empezaban a desparramarse. –Él la reconocerá. así lo recuerdo. arreé con ellos camino de la ciudad. pero no podía hacerle tal faena a mi viejo amigo. converso como él y vendedor de telas. pensaría que alguna lágrima perdida se vino a mis mejillas. A lo lejos el padre Guadarrama levantaba sus hombros poderosos. dispuesto a comerme el mundo a poco que éste se dejara hincar el diente. si iba de su parte. pero no era eso lo principal si permanecía íntegro todo mi apetito. Pensé que. Si no fuera porque desde hacía años tenía secos los hontanares del llanto. quién sin duda me echaría una mano. pero seguramente era la lluvia que empezaba a caer. por más que mi edad y dentadura no estaban ya tan intactas. un día gris de otoño. Empecé a darle vueltas a aquella sortija que debía entregarle a mi supuesto benefactor.

que no me fue tan fácil de alcanzar como esperaba. que traían de Toledo y hasta de Flandes. Abajo tenían la tienda y almacén de telas. Allí llegaban nobles encumbrados. el primogénito. leguleyos. En el piso primero estaba el domicilio donde vivían el matrimonio y sus dos hijos: un varón. Era un hombre maduro. que siempre buscan pescar en río revuelto y aquél bajaba denso. buscando beneficios y prebendas. Enfilé en la dirección indicada. y una hermosa joven educada y amable. 160 . que me recibieron con suma cortesía en ausencia de su padre. pícaros y comerciantes. con unos rasgos familiares. No parecía ir mal el negocio. ya entrando en los cincuenta. fui a parar a una vieja y solemne casona de piedra de dos pisos con amplios balcones arriba. defendidos por fuertes barrotes y recias puertas de madera que daban seguridad a unos sólidos muros de granito. pícaros. Llegaban a ella todo tipo de gentes.Era entonces Madrid una ciudad en crecimiento. de Vasconia al rincón más escondido de Castilla. Llegó éste poco después. hidalgos muertos de hambre. soldados. de la más diversa clase y condición. silbando adulaciones con su doble lengua. bajaba de todos los recodos de las Españas: de Galicia a Andalucía. Me perdí varias veces hasta que. Buscones de altos vuelos y reptiles que se arrastran por iglesias y palacios. honras y cargos. Sobre todo. Era un enorme aluvión que como en fuerte riada. después de doblar y desdoblar estrechas y torcidas callejuelas.

Tenía el pelo ya blanco y una barba cana. Aquella y la inteligencia de sus ojos oscuros fijaban mi atención. que escuchó de un tirón. Cuando acabó la historia. a cenar. tensó la mandíbula y así estuvo un buen rato. Y me enseñó el suyo. Apretó la sortija en su mano. y con él y su familia. que así se llamaba. sin poder separar de ellos la mirada. retornó a la lucha y jamás volvió a mentarse en casa aquel asunto. que guardamos como una confidencia. leyó la inscripción y la fecha grabada en su interior. Vi alguna que otra lágrima asomar a sus fuentes. como un miembro más de la misma (pues como tal era 161 . Varias veces estuvo a punto de quebrarse. la nariz aguda y curva como de águila. idéntico a aquel. mas al cabo era un hombre recio y conseguía sujetar los muelles de las emociones. Empecé a contarle la historia de Alguien. absorto en sus cavilaciones de las que le costaba regresar. mirando hacia muy lejos. saliendo de su arrobo. Finalmente. De este modo entré a su servicio. donde nos esperaba ya el resto de la familia. vi y escuché todavía a Micer Antonio. Recuerdo aquel gesto de hombre duro que ha pasado por muchas vicisitudes. le entregué el anillo que examinó con emoción. Pasamos al comedor. Durante la cena y aun aquella noche toda. como hombre práctico que era. Al día siguiente. añadió solamente: – Lázaro. Le dio vueltas y más vueltas. – Era mi hermano –añadió solamente a modo de explicación.

en busca de otras aventuras. noté que aún se alzaba en mí aquella vena canalla y antes de derramar mi estupidez sobre tan digna familia. pero había otros asuntos más rentables. Visitaban su casa todo tipo de gentes y de toda condición para encargar sus trajes y tomarse las medidas: comerciantes.tratado) viví y trabajé durante algunos meses. 162 . con un sastre picarón y deslenguado que a veces visitaba la tienda de Micer Antonio a proveerse de telas. al levantarme. decidí yo mismo cortar la amarra y marchar de nuevo camino de la libertad. A veces simulaba no saber. caballeros y hasta nobles de más alto copete. Me contraté. otras disimulaba lo que sabía. pues todo lo cubre y lo oculta casi todo. y no siempre. de modo que nadie. sabía los males de todos y se aprovechaba de los vicios de todos para su propio beneficio. Me sentía con él como en casa propia. lograba descubrir lo que pensaba y el propósito de lo que en cada momento decía. que habría de perder y lo sabía. Creo que no se amaban demasiado. sino yo. Allí lo conocí. Hablaba mal de todos. Éramos ambos de la misma ralea. pues. pero al fin los negocios son los negocios y la cortesía el mejor de los vestidos. allí me habló y con él me fui. Pero un buen día. que hablaban con ligereza de sus preocupaciones y cosas. artesanos. dejando correr rumores de toda índole. Pero el instinto y la libertad podían más que mi cordura.

a las mujeres. Ellas mismas eran también enhebradoras y zurcidoras de los gustos de muchos caballeros. pues vuesa merced no se imagina. personaje entrañable del que oí hablar y mucho en Salamanca.Era aquella casa también lugar de citas. Era la mejor Celestina que V. abría puertas y cerraba tratos. como buen cortesano. vistiendo o desvistiendo. Era un asunto discreto que manteníamos en privado. pero el truco consistía en que el sinvergüenza de mi amo había abierto una puerta de comunicación entre ambas casas. procurando que estuviese todo a punto y a gusto de nuestros clientes a menudo distinguidos. nunca se sabe. Llevaba unos registros en clave con las fechas. Mi trabajo era como de protocolo. tan famoso que ha pasado a las historias.M pueda imaginar. pero de entrada por la otra calle. señas. pues de ello dependían nuestra seguridad y nuestras más que pingües ganancias. y así ejercía yo mi cargo con toda la sabiduría de que era capaz. Parecían ambos negocios limpios e independientes. ¿o tal vez sí?. Allí trabajaba mi ama con un coro nutrido de “modistillas". Presentaba a unos y otros. direcciones y otros datos 163 . nombres de clientes. lo rentable que es el vicio. El resto ya se lo puede imaginar vuesa merced. Yo veía y callaba. adonde que acudían dignos caballeros y no menos dignas damas a satisfacer sus amores a escondidas. Había comprado el truhán de mi amo una casa pared con la suya.

.. Las puntillas y bufandas eran los sobornos a alguaciles y jueces. volantes. a los que se acometía por la noche.. No solíamos aceptar encargos de muerte..) hebillas.. dejándoles marcada la cara o heridos. Nombres como linos. Ni que decir tiene que no eran pocas las damas que nos encargaban tales tareas. los gastos especiales como meriendas. prendedores. Teníamos también puntadas y agujas que eran las señales o santiguadas por encargo a caballeros rivales. refrigerios regalos.. profesión que supuestamente ejercíamos.. camisas. aunque más que otra cosa acabó siendo la tapadera de todos los demás. no eran sino otros tales ejercicios y variedades amorosas con precios diferentes. capas. como eran los botones de nácar. Teníamos también hechuras. arreglos. así como las cantidades entregadas y el concepto... satenes.que no eran sino las comisiones por poner en contacto una pareja. terciopelos. panas. para que no molestaran y que eran ciertamente cuantiosos. sólo que aprovechando el vocabulario amplio y rico de los paños y tejidos.útiles. que era lo más importante. Pagábamos por ello a un rufián sin escrúpulos que ejercía su trabajo con prontitud y discreción.denotaban la calidad social de los clientes. calzones. hilvanes.. despechadas 164 . de manera que utilizábamos códigos y lenguajes extraños como en la germanía. alfileres. maravedíes. No era seguro hacer explícitos dichos apuntes por si caían en manos poco convenientes. de plata (ducados. de marfil.

Primero fue un alguacil. después un juez. alguna vez. en cuanto pude. comprados a los que nos podían vender. Repletas estaban nuestras bolsas. vendidos a los que nos podían condenar. pues todos sabemos que el vicio es muy rentable.. que aunque nos engordó algo la seguridad. empezaba a no agradarme aquella sociedad. justo a tiempo. cuyo número aumentaba cada día. pues pocas semanas después. marchaba la sociedad y todo funcionaba a nuestro gusto y aun más al de nuestros clientes. que cobraban sus muy sabrosas mordidas por mirar hacia otra parte. en las más débiles. Más con todo. Es el caso que el negocio prosperaba. llegó a haber tal número y calidad de gentes implicadas. el vicio atrae con fuerza. nos fueron adelgazando las ganancias. se 165 . pues sabía muy bien por experiencia que los palos acaban siempre por romperse en las mismas costillas. es decir. recogí mis ganancias y salí de ellos. de modo que andábamos todos revueltos. Pero así como la virtud es admirada y no da por imitarla.. condenados a los que nos podían juzgar.contras sus amantes y aún contra sus propios maridos. resbalando abrazados por el fango. Por eso. fomentando las envidias y el insano deseo de practicarlo. Es cierto que teníamos presos a los que nos podían apresar. así surgieron en seguida muchos emuladores deseosos de ordeñar aquella ubre. después.

así como sus beneficios y clientes. y el sastre y su mujer acabaron con sus huesos en la cárcel. Parece que también a mí estuvieron buscándome con fervoroso afán. pues al parecer en seguida surgieron herederos. La razón: un hecho inevitable: un marido que acude a una cita con una dama y encuentra allí a su esposa. ¿qué le vamos a hacer? El mal. naturalmente. 166 . La mala suerte es eso: estar en el sitio inadecuado en el momento menos adecuado. mas ya había volado de Madrid camino de mis desventuras. en otra parte.descubrió el pastel. como me ha pasado a mí tantas veces y entonces le pasó a aquel caballero. dispuestos a repartirse la compañía. Pero. voluntades hasta conseguir acabar con el negocio. el nuestro. que estaban. cierto es. ¿quién puede confesarse cornudo? Pero removió influencias. después brota con más fuerza. que no denunció el hecho. cuando se poda cortando sólo algunas ramas.

me vine abajo. Vamos los dos avanzando jornada tras jornada y paso a paso. desmontado. Y me caí. Por ello pensé que era inútil seguir adelante en una obra que nadie vería nunca. Yo que siempre fui huyendo de mí mismo. Estuve parado muchos meses. procurando no volver a resbalar de nuevo. me encuentro ahora con que la única puerta abierta que me queda es sólo ese pasado que revivo en estas hojas. y más importantes son las personas cuanto más altas se colocan y más grandes las cosas cuando más espacio ocupan y altas se nombran. y a montar de nuevo en este potro fatigado de mi vida. aunque mucho tiempo después. Sin embargo. Eso era importante para mí. convencido de que de esta manera vuelvo a vivir mi juventud y edad madura.DESCANSO V He vuelto a coger las riendas. las cuales van cayendo lentamente igual que esas que veo por la ventana… 167 . Es tan extraño. cuando mi querido monje me reiteró un día —Difícilmente. he vuelto sobre ella. mirando solamente hacia el futuro. como veis. Pregonero al fin. cerrando siempre las puertas a mi espalda para no volver nunca a recorrer tales espacios. que me lleva aún por donde él quiere. Lázaro. pensaba que no existía sino aquello que era conocido. esto saldrá a la luz.

No tengo miedo.. que estoy como cavando mi propia sepultura. y se marchan como todos. los achaques. arreando como rebaños sus propias goteras. torna a resucitar de la mágica mano de su hacedor. Pero no voy a contar los males. Sé que está cercana y la espero con la serenidad del sabio que conoce ya el camino. El único consuelo es que los pocos bien saciados y tocados de fortuna o de poder. Habrá que andar.. Pero de nuevo. tampoco aquí se quedan. mientras escribo. es verdad. mientras escarba la vida. A veces. pero hay luz al fondo de este negro pasillo de esta época oscura en que se está cada vez más convirtiendo nuestro tiempo.He cogido otra vez la pluma y cavado muy hondo al fondo del cajón. Y he vuelto a desenterrar mi vida allí donde quedara. LA imagen se me impone de forma cada vez más obsesiva y la pluma que picotea la página no es más que el azadón que va abriendo mi muerte. y esperar. este corazón se embota y golpea de extrañas maneras. Parece además. 168 . pero he visto una puerta abierta allá a lo lejos. como yo mismo. Es como un tambor ya gastado. Las piernas no siempre responden y la espalda. No han cambiado las cosas. y veo algo más claro. floja la piel y el sonido cada vez más hueco. como Lázaro... Ha dormido muchos meses olvidada en el rincón oscuro.

donde la ganancia superara al riesgo. Lo que se para se muere vivido en Alcalá Salí de Madrid con el ánimo cargado. Terminaba el verano y en breve empezarían a llegar los estudiantes. hábiles sinvergüenzas. Alcalá era una Meca para gente avisada y un paraíso de pícaros y vividores. camuflado en el terreno como hacen los soldados. Así fui conociendo un mundo joven y a la vez viejo. en una ajetreada pensión por donde desfilaban a ritmo de hambre. He movimiento como el mundo. ese río de vida que inunda donde alcanza. Oteaba el campo como águila carnicera. es decir. especialmente estudiantes. Procuré pasar desapercibido.XI JORNADA UNDÉCIMA Jamás eché raíz en ningún sitio. También un refugio donde esconderse por un tiempo. mas no de arrepentimiento. ganapanes de muy pequeña monta y elevado ingenio. pero no acababa de ver allí festín alguno. entre 169 . de pícaros y hambrones. como es principio de mercader o de ladrón. entre gentes que venían de todas partes. Me instalé de vigía. muy deprisa. Con tanta competencia y tan poco dinero. seres de toda condición.

Y aún me quedaban algunos ahorros. 170 .gentes avisadas. maestro en todas las artes del hurto y del engaño. Gustaba de las Matemáticas. Trazaba planes ajustados mi mente nunca ociosa. La paciencia es una virtud. Tenía una risa falsa como de moneda sin valor. También creo que muchos jueces y abogados hacen lo mismo. las materias de leyes o los cánones. de la Astronomía. Siempre el conocer había tirado de mí como una vocación oscura que no pudo cumplirse. Prefería. como más útiles a un hombre que piensa la manera de burlarlos. y en ellas me formaba aunque sin pensar un día ejercitarlas. sesgados de desprecio. Mas. con todo. copiando aquello que se admira. asistía a algunas lecciones en diversas facultades. Conocí en la posada a un pícaro bribón. Seguramente ese afán de imitar a los modelos. el diablo ponía en ella semillas de ideas que iban fermentando poco a poco. seguí durante un tiempo observando en mi atalaya. Para engañar la espera. es verdad. el más tramposo ladrón y sinvergüenza que haya visto jamás. Me pasaba horas encima de los libros o escuchando la sabiduría de otros hombres. y unos labios ligeramente curvos. y en los muchos ratos libres. unos ojos turbios que miraban de soslayo. Algunos le encontraban conmigo cierto parecido. a ratos estudiante. incluso de la Medicina. que él procuraba acrecentar cuanto podía. no era el lugar para hacer las américas. Un perfecto canalla.

Sobre todo en las caídas. Lo pillé un día saltando de mi cámara. Tal vez me conmovió sobre todo al hablar de un Lázaro. y hasta una pizca de envidia. que se practicaban por todo el país con exquisito gusto y sobrado afán. allá en Sevilla. que allá había conocido. y ya no lo solté. Aunque ladrón cogido por ladrón sólo merece desprecio. infortunadas algunas. donde se practicaba con refinado estilo todo tipo de trucos para allegar ganancias y sumar dineros.Había estudiado en la escuela superior del hampa. Y así era. –Pareces conocerle bien– sugerí yo por hacerle hablar. interesantes las más. Y es este oficio tan duro que hasta en la caída hay que tener recursos. no fue así esta vez. –Al fin estamos en pleno Renacimiento –me decía el muy ruin– donde florecen todas las artes y también las malas. Contó historias diversas. bellacas todas. lo convincente de su actuación y sus disculpas. excelsa Universidad del hurto. 171 . que me gustó su forma de negar. Hablaba con admiración de él. naturalmente de oro. más de burlas que de veras. originario de Toledo. en efecto. Salió huyendo – me refirió un día– por no sé qué de justicia y acabó allí. atado a una cadena. la verdad con que mentía. al fin.

Le pedí más detalles que no supo o no quiso ofrecerme. Tal vez fue una delación o muchas. No sé.. Pero no logré que me hablara de él. Tuvo que huir al otro lado. Y la mejor forma de cubrirse es arropado en las historias. –Despierto era y más listo que el diablo– concluyó. – Ganábase bien la vida. por algunas palabras sueltas y testimonios de otros compañeros.. como de suficiencia. pues hasta los hampones tienes su código de honor y ese es uno de sus más sagrados principios. No sé si confesaba o estaba poniéndose medallas. Aquel sentir como yo y hasta admirarme.Hizo un gesto amplio. que he hecho de ello el más perfecto camuflaje. desde luego –volví a lanzar el anzuelo por si lo tomaba. Pensé si no sería él mismo. A lo mejor era el hijo pródigo que tanto había añorado. –¿Tuviste algo que ver? –Le ayudé en lo que pude. como yo quería. muchas anécdotas. pero no muy conveniente de airear. Sólo anécdotas.. No sé. Lázaros hay muchos. ni de las cosas que realmente interesaban. Nada grave que le impidiera dormir a un canalla como él. aquel llamarme a veces “padre” 172 . Había algo en sus ojos. –Tal vez no fuera él. despidiéndose de tal Lázaro... ahora que me miraba con esa fijeza.. Si lo sabré yo. inconcreto. Parecía tener algo que callar. sobre todo si es uno mismo el que las cuenta.

. Le llamábamos “El Músico” y no vea V. especialista en diversas artes.M. lo olvidé todo. dueño de mi propio negocio y la verdad es que se respira mejor desde allá arriba. Algunos dicen que hace frío. Le tendí algunas trampas. claro. No saqué nada en limpio. Seguramente era el corazón que hacía equivocarme. Allí cuajó la idea definitiva. con el riesgo y retraso que ello significa? Estábamos en Alcalá. y burlarse de mí y del parecido que algunos encontraban. ¿Por qué cada uno ha de aprender por sí. y al fin. Eso. como esas serpientes que 173 . No había mejor sitio y allí decidí poner mi Escuela de estudios superiores. Le pregunté de la suya. ¿Por qué no podía hacer yo de maestro y protector de todas esas hermosas actividades tan abandonadas y perseguidas de los más poderosos. me veía en la cumbre. Los movía con una precisión y una rapidez dignas de un virtuoso.para enfadarme. para ver si caía. El caso es que hicimos sociedad. Flaco más bien.. Le conté algunas cosas de su madre. cómo afinaba. Al cabo. tenía unos ojos densos que clavaba en su víctima. Tenía una agilidad envidiable en sus dedos. Actuaba yo de Rector procurando regir con discreción y eficacia. El Renacimiento. pero hay más intemperie en la pobreza de las calles desnudas. Contraté aún a otro “catedrático”. que toda actividad necesita orden y organización todo negocio.

Nadie como los de la misma profesión para apreciar el mérito y él lo tenía. aunque muchos preferían ir por libres. Nuestros alumnos eran muy demandados y no les faltaba trabajo en las distintas bandas del país.hipnotizan a sus presas. y una vez aprendidos. diseño y uso de las herramientas: palancas. camuflaje y evasión. pues. que es este. Y no era tan fácil salir airoso. sólo triunfan los mejores. Era un poeta del oficio. Enseñábamos todos los secretos del negocio como la fabricación. técnicas de guerra al fin. oficio difícil para el que hay que estar preparado. de manera que en poco tiempo conseguimos algún prestigio en toda España. que es ésta una virtud que sólo entre nosotros se aprecia en todo su valor. 174 . Cada uno había de construir sus propios útiles. Éramos. ejercitarse en el manejo. estrategias de aproximación. rapidez operativa. sellos. pues siendo tan ardorosamente perseguido. aplicadas a este otro tipo de conquista más inteligente. llaves falsas. no sé si por ladrón o por la ligereza del cuerpo o la limpieza de sus movimientos. exigentes con los títulos que dábamos. También lo apodaban “el Gato”. alambres. Ayudábamos a elegir el objetivo más adecuado (un blanco o gil). Cada actuación suya nos parecía a todos un concierto sublime. Después habían de examinarse si querían recibir la acreditación correspondiente.

– Estad siempre preparados. Lo ideal es la pareja y medid bien la vuestra.–No vayas nunca en solitario ni en grupo numeroso. –Negad. No improviséis jamás. sin llamar la atención. Más que San Pedro. –Vestid decentemente y sin excesos. y vuestra maleta las sandalias. –No digáis a nadie vuestro nombre. pues atraeréis como el rayo las miradas de todos y no podréis obrar. No vayáis desharrapados. Uno es poco y tres una multitud. lo que haría al mundo miraros con sospecha. Vivid siempre de incógnito. –No hagáis ostentación de honores ni saquéis a la luz vuestras riquezas. Vuestro seguro son las piernas. Y no delatéis nunca a vuestro hermano. Tenedlas siempre a punto. 175 . Fiad más del compañero que del cónyuge. No llaméis la atención sobre vosotros. –Andad de discretos. Vestíos de perpetuo camuflaje. bien sea en el hablar o en el vestir. –Estudiad el golpe antes de llevarlo a cabo. Cuidad la sencillez. bien para actuar o para salir huyendo. –Confesad sólo ante Dios y en caso ya de muerte. sobre todo. –Guardad si podéis la compostura. negad.

–Sabed de simulacros y de afeites. Será a veces necesario usar de ellos. –Practicad con las manos, que estén ágiles; y también con los pies, que lo estén más. Nunca se sabe. A veces la libertad está en la huida y la vida en una carrera. –Estad siempre vigilantes: la mirada bien fina, el oído aguzado. Buscad la multitud para esconderos. Así iba cada día desgranando un sinfín de normas básicas que debían aprovecharles. Formaban toda una filosofía del vivir apurado, que algún día pensé recoger. Sirvan estas pocas, de muestra. Otras tardes les hablaba de nuestras cofradías o sindicatos donde siempre podrían buscar apoyo, justicia o consejo y hasta ayuda en casos de necesidad. Allí mismo organizamos alguno –Sevilla fue un buen modelo– y a su vez nosotros mismos servimos de ejemplo a otros. Estaba ya el reparto de los bienes fijado de antemano, lo cual evitaba muchas suspicacias. Hacíamos cinco partes, de las cuales tomaba una el que esto escribe, como cerebro y jefe de la empresa en que ponía el capital, las herramientas, mano de obra, riesgos y comercialización o venta del producto, lo que me producía no pequeñas preocupaciones y desvelos.

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Otra parte se llevaban a medias cada uno de las personas que formaban trinidad conmigo. Las tres restantes se repartían del siguiente modo: Una para financiar la cofradía de pobres y ladrones que habíamos fundado, y que ayudaban lo suyo: vigilando casas, ojeando haciendas, tanteando bolsas, revisando entradas, encontrando huecos o salidas. Era una información que valía muy bien lo que cobraban, amén de proteger este nuestro gremio tan aporreado y perseguido. Otro quinto también para la Iglesia. Nosotros lo ofrecíamos en misas y oraciones, en novenas y rosarios, en velas y limosnas para los pobres, en ejecuciones y entierros de los nuestros, que hacíamos cuanto nos era posible de solemnes. Y por fin, la última parte nos servía para comprar a jueces y abogados, que no sabe Vuesa Merced lo fácil que es comprarlos y lo caro que resulta pagarles. Yo mismo me encargaba personalmente de todos estos trabajos que eran sin cuento. Hacía los repartos, pero también preparaba los golpes con cuidado: trazaba planos de lugares, proyectos de obras, ensayos de la acción como en teatro. Todas las bellas artes estaban implicadas: El canto que servía de contraseña, la danza minuciosamente ejecutada del que ingresaba en prohibido por la noche, el mimo silencioso de sus gestos, la música total de la estrellas.

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Dos días por semana recibía a mis “ojos y oídos”, mis queridos mendigos, que me tenían informado, y muy bien, de cuanto ocurría en la ciudad y aun más allá. Había alquilado una casa retirada y discreta, lejos del mundo y su fárrago, como predicaban los antiguos. Allí recibía, y no siempre con sosiego, mis múltiples visitas, que no sabe V.M. cómo cuesta al príncipe y el tiempo que ha de gastar en regir su república. Cada día poníame en mi trono y con una vara de justicia en una mano y la pluma en la otra, dictaba sentencia a los que a mí llegaban de nuestra cofradía y aun de fuera, con pleitos o disputas. Había al fondo de aquella noble casa una cámara estrecha y retirada, en una de cuyas esquinas excavé un agujero o pequeña sepultura donde enterrar nuestro tesoro o nuestra vida, que venía a ser lo mismo. En caso de que hubiera algún registro, jamás toparían con él a no ser que supieran la historia de antemano. Allí guardaba el botín que luego repartía o hacía vender lejos. Con todo, una de las disciplinas de las que más me precio es la escuela de falsificación que levantamos. Teníamos de todo: talleres, imprentas, instrumentos y manos hábiles que podían copiar y confundir cualquier cédula, título o escrito. Podéis imaginar lo que fue aquello. Bien sospecháis que muchos de esos médicos que por ahí van matando con permiso del rey, en realidad, lo hacen con el nuestro. Y de jueces que no saben de leyes sino la del más fuerte, la aprendió de

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nosotros; o abogados que no saben leer sino sus honorarios, o clérigos que ignoran los mismos rudimentos del latín. Así sacamos doctores, licenciados, bachilleres, sabios, al fin, en trampas y en engaños. No hablo de otros títulos: campesinos que se hicieron hidalgos en un día; mercaderes que de pronto y por obra de una noche se vieron nobles sin dejar sus cofres de monedas ni negocios; conversos por siglos humillados que compraron su derecho a vivir entre cristianos. Gracias nos deben todos ellos, que un papel a tiempo es lo que importa. Son como las indulgencias esas que nos abren las puertas de los cielos. También hicimos bulas y dispensas en gran número, santos negocios de especulación donde se intenta vender el cielo en mínimas parcelas. Alguien se encargaba de colocar lejos de allí, por otras villas y pueblos, sin peligro. Yo pude enseñarles algún truco que aún tenía presente de aquel perverso amo, allá en mi adolescencia por tierras de Toledo. Nos hicimos también limosnas abundantes y donaciones cuantiosas a nombre de un convento que era nuestro, con tierras y con viñas, con ganados. Hasta incluso tocamos alguna que otra herencia. Nadie se hizo rico, es verdad, pero nadie pasó hambre en aquel tiempo. Vivíamos felices en esa “aurea mediocritas” que tanto proclamaban los antiguos, mas no sin esfuerzo, que nadie como el pícaro sabe cuán llena 179

Las noticias están corriendo a todas partes y llenando de preocupación a las autoridades. y enseñando un oficio que permitía a cada quien ganarse la vida honradamente. Cuando pienso qué podíamos haber hecho en una España hambrienta. como es lo suyo. 180 . y lo dábamos bendecido a los que más necesitaban. acaban prontamente. que no me hacían mérito. Lo más importante. Quise protestar algunos rasgos. mas seguramente era eso lo que ellos veían. Quitábamos un poco de los ricos. además. tan famosa y estimada al parecer como la propia Salamanca. repartiendo el dinero. – Están llegando. Son muchos los pobres y mendigos que cantan excelencias del lugar. con un gobierno tan eficiente como el nuestro. era la labor de justicia que hacíamos. dejándolo rodar. Aún hay gentes allá –estoy seguro– que recuerdan con agrado aquella historia.. Un día vino a mí un juez amigo vino a mí un juez amigo que teníamos sobornado y discretamente me dio aviso: –Me han llegado noticias de Madrid sobre un tal. Y aquí me hizo una descripción precisa de mí mismo.. Así me dijo y yo entendí que era llegada la hora. sin embargo.está su vida de trabajos. Pero como todas las cosas que son buenas. lo que al fin les sobraba. a todas partes nuevas de lo que aquí ocurre y son muchos los que quieren seguir sus estudios en Alcalá.

Reuní a la cofradía. 181 . les expuse mis temores y mi decisión de marchar lejos. Ellos podían hacer lo que quisieran. cogí mis cosas. la sierra por medio. con muchos recuerdos. repartí las de todos y sin decir a nadie mi destino recalé en Segovia. bastantes papeles y algunos dineros en mi bolsa. Y sin pensarlo más.

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de modo que podía encumbrar al más villano en un momento a la nobleza. Mas aunque iba cambiando de paisajes y gentes y aumentando mi conocimiento de los mismos.XII JORNADA XII La vida es una farsa hasta el final. El mundo se me iba haciendo más pequeño y no estaba lejos el día. que nos empeñamos en representar con lágrimas. falsificaba documentos. Copiaba papeles. pues. a alimentar mi optimismo. No era más que un apéndice o prolongación inocente de mi anterior actividad. Me dedicaba al oficio de falsificador. en que no lograría acomodo en ningún sitio. de seguir así. sin embargo. Alcalá y busqué otra tierra y nuevo paraíso para mis tentaciones. 183 . pues la maldad anida por igual en todas partes y todos somos hijos de los mismos pecados y padres de idénticos errores. nada contribuía. llevar a prisión a mi más enconado enemigo o nombrar heredero de lo que no me pertenecía a quien me pagara bien. SEGOVIA Dejé. imitaba cédulas. el cual seguí ejerciendo con suma discreción en esta ciudad adonde la justicia y la bondad divina había encaminado mis pasos.

Tampoco era pequeño el riesgo que corría si la justicia se enteraba. Me inventé cartas a mí dirigidas por muy nobles gentes. como es propio en este oficio. pues los gobiernos pretendían cada vez más registrarlo todo por escrito para tener sometidos a sus ciudadanos. trazos.M. 184 . Yo mismo me hice conde un buen día en que me miré al espejo y me encontré digno de tal título. De momento no podía sostener tal honor con mi fortuna.Ni que decir tiene que era un próspero negocio y lo sería aún más en el futuro. mas por precaución nunca llegué a usarlo y quedó dormido en el fondo de un cajón por si alguna vez…. sellos. Tenía gran habilidad para imitar letras. Ejercía por ello de discreto y solamente trabajaba para mí y algún encargo de confianza que se me ofrecía y cobraba bien. cojea el edificio y acaba por venirse al suelo. pero sabía callar. dos piernas que siempre marchan a la par y si una de ellas falla. Encargaba determinados trabajos finos a un grabador conocido que me cobraba bien. nunca se sabe. escudos y cualquier tipo de imagen o dibujo. Me perseguiría con sus legajos. las cuales enseñaba en los lugares apropiados y me abrían –no sabe V.– cuántas puertas. sabuesos éstos que los jueces lanzan por delante para levantar las piezas antes de disparar sobre ellas los arcabuces de sus leyes y sentencias. como creía merecer por mi trabajo.

me hice caballero que era menos sospechoso. y por las tardes. pero sin excederme. que la mesura era el hábito que debía vestirme ahora. Por las mañanas iba a oír misa en la iglesia mayor. indagando el tamaño de su luto. alquilé un criado y púseme a hacer reverencias a las damas. y aún más de sus posesiones. En ambos lugares buscaba la compañía de otros caballeros y sobre todo de las damas. evitando enseñar una boca desdentada que echaría por tierra la posibilidad de cualquier conquista. y así se acrecentó mi honor con mi fortuna y engordó esta a la vera de aquella. Dejábame ver en público. Compreme un traje digno.Por eso. queriendo acompasarme en las dos bases. inclinaciones a los caballeros y la puñeta a todos los inferiores como había ido aprendiendo con mis orgullosos amos. mas aún me miraban y con buenos ojos algunas de ellas. Con todo. No era ningún mocosuelo. procuraba acercarme a las viudas. a las cuales devolvía una mirada cómplice que no siempre se atrevían a recoger. como era mi deber de ocioso. 185 . que es terreno ya abonado. Por eso. no era yo de la opinión de perder el tiempo en galanteo y otras necedades con que los más jóvenes emplean sus fuerzas con escaso beneficio. Procuraba sonreír apenas. A las pocas semanas era conocido y estimado como el más honrado y cumplido señor de toda Segovia. al paseo.

sino simple ramera que ejercía en un conocido burdel y los “padres putativos” respectivamente. pocos días después me enteré de que aquélla no era precisamente doncella. sus armas. e "inopinadamente" – el muy truhán había preparado hasta los más mínimos detalles – nos topamos con los padres supuestos de la dama que amablemente nos invitaron a su casa haciéndonos ver sus muchas riquezas y títulos. Un día me presentó a una joven dama soltera. sus escudos. acabé por caer en sus embustes. Le recordé que algunas virtudes para seguir siéndolo no deben ser probadas. que para ellos trabajaba. el cual era muy hábil en meterse en casas y corrillos para extraer la información que requería. tan hermosa. con amplias posesiones en la Mancha. se valían de estas y otras más complejas artimañas para ganarse la vida y el pan que tan duro se nos pone a los de abajo. un chulo decadente y otra compañera más vieja del oficio. que es uno perro viejo y con el olfato bien adiestrado para las cosas podridas. de noble cuna y virtudes más que probadas. Una joven. los cuales. ayudados del chiquillo. Todo había sido preparado para hacerme caer en la celada. Y en efecto. Mas algo olía mal. que apenas llegué a la ciudad había tomado a mi servicio.Disponía para ello de la ayuda de un joven criado. Mas el muy bellaco jugaba con dos barajas y fiando de él. tan rica… No podía ser tanta mi fortuna. 186 . es el caso que un día me arrastró tras él. bellísima y muy rica. En fin.

pero la verdad es que finalmente me acordé de mí cuando era niño y alguna vez me equivocaba. a lo que creo. que así me sirvió con lealtad y una pizca de cariño. Me inducía a ello la mirada conspicua de las gentes que observaban. la palabra hecha furia y mi mano levantada. según creo. cuando de repente cayó postrado a mis pies. Tuve que perdonarlo. el más vil y vergonzoso de mi vida. y además. entre nosotros. Bien quisiera al llegar a esta altura de mi narración. En ello estaba. No iba yo a ser yo tan duro de corazón como habían sido conmigo. pero sabía más de lo que era conveniente. que no es de ley que el acusado 187 . mas no dentro. que no sabe bien vuesa merced cómo los huérfanos devolvernos exagerados los pequeños afectos que nos tienden. asido firmemente su cabello.No me ofendí sino con mi criado. Pensé después dejárselo a la justicia. Quise contratar a unos matones profesionales para que le dieran un buen repaso. Así que lo cogí de nuevo a mi servicio y he de decir que no tuve más queja. callar este episodio. así que yo mismo me dispuse a poner en orden mis asuntos. sea por la mera supervivencia de una especie tan amenazada y perseguida como la nuestra. en parte por decoro. y el mejor juez el que no conocemos. Aun en los truhanes hay un código moral que cumplir. Se puede y se debe engañar fuera. la mejor justicia es la del cielo. por probar. el amor que mis amos me tenían.

M. pues no costándome nada. Pues verá. señor de Villanueva y de Negrilla. y en parte también por no ofender a vuesa merced que así me ha protegido. Todo iba bien hasta que un día mandara ella recado hacia tal sitio pidiendo información de mis orígenes. que no tiene que hacer. propúseme al principio no ocultar nada importante ni callar aun las cosas que menos bien me dejan. natural de una comarca cercana a Salamanca donde tenía mi heredad. se empeña siempre en enredar la madeja. todo falso. Ni siquiera sabía que existiese un señor de tal lugar.y ante los blandos requiebros que en la carta se ofrecían. pues. de pensar cómo era posible no haber escarmentado de esa cadena perpetua a que condenan a dos y encima lo celebran. Utilicé estos datos que recordaba vagamente de cuando niño haber oído a mi madre.declare contra sí. Mas con todo. el cual había quedado viudo no hacía mucho . mas con tan negra fortuna que existía un tal Señor de dichas tierras. No dejará V. Rodrigo. con distintos títulos y nombres. corrió 188 . por supuesto. Cambié una vez más el nombre y mis señas. que podía ser la envidia de cualquier soberano. y me ahoga la vergüenza al recordarlo. Híceme cartas y títulos de tierras y otras propiedades. pero el diablo. Me hacía llamar ahora D. naturalmente. Digo. que aun hubo otro intento de medrar en mi fortuna a costa de otra mujer. levantaba haciendas sin esfuerzo.

Después de coger algunas ropas y dineros y quemar muchos documentos. Se mostró familiar y dijo haber trabajado para mí en Alcalá y que estaba dispuesto a cooperar de nuevo si le daba tantos dineros como yo nunca vi juntos. –¿Y si no?– sondeé la firmeza de su decisión. No fue suficiente la burla con que fui burlado que aun al tiempo hubieron de lloverme nuevas amenazas. Un día llegó a mí un extraño individuo con aspecto de sospecha. esperando solamente me olvidaran. La mente ociosa es el barbecho donde más a gusto siembra el diablo. ¡Son tantas las vías y maneras de hacer daño! Y a la mayoría de los hombres les sobra imaginación. Pero poco tardaría en meterme en nuevos líos y perderme en más torcidos andurriales. Es el hecho que me confirmó en la decisión ya estudiada de abandonar el lugar en busca de nuevas aventuras. Me buscaban 189 . pues también él tendría cosas que callar. como buen ciudadano– añadió el bellaco. Pero el mal es muy sociable y se busca siempre amigos. Así es que las desgracias nunca vienen solas. –Avisaré a la Justicia. bien podría utilizar otros medios indirectos. salí de la villa y dirigí mis pasos a la Sierra. con todo.hacia Segovia en busca de la dama que de tan lejos y por sus prendas había quedado herida. No creí que lo hiciera.

Caía ya la noche cuando encontré un pobre refugio entre dos rocas y allí me fui a dormir oyendo a lo lejos el aullido de los lobos. Me sabía hombre de ciudad y comprendía que no era otro mi territorio. aunque ignoraba si podría aguantar allí por mucho tiempo. Y un buen día me fui detrás de Alguien. No sabía orientarme y hasta me fallaba la brújula de la intuición que tanto me ayudaba en los poblados. Tampoco me olvidaban en Toledo. de otras luchas que no sabía luchar.en Madrid. de peligros. La montaña era un buen sitio. viviendo en el desecho que deja la opulencia. Mas nunca he pretendido ser yo mártir ni padecer persecución por culpa de la misma. En fin. Aún tuve que caminar varias horas por infames vericuetos. Me costaría adaptarme al campo tan lleno de amenazas. Escogí la Sierra. como otros se habían adentrado en el desierto. 190 . Ahí cazaba bien entre sus gentes. alcanzando las primeras estribaciones. donde debí perderme muchas veces. Aquella misma tarde me alejé cuanto pude y entré en la montaña. Lo bueno de los pícaros es que siempre llevan la casa en los zapatos. ahora en Segovia. que era yo celebrado en múltiples lugares y creo que la justicia me buscaba para alzarme como ejemplo. la fortuna en el bolsillo y la patria dentro del estómago. en Alcalá. Retireme pues del mundo por un tiempo.

pero mi atuendo. nada bravos y al parecer inexpertos. Para unos era un fantasma o espíritu de algún caminante asesinado que se dedicaba a 191 . que no hay confesor mejor que el tinto ni pecado más ligero. Buscaban un extraño ser. También ellos hablaron.Una tarde me topé sin querer con una extraña partida de cazadores que decían andar a jabalíes. Corrían versiones muy diferentes y hasta contradictorias. mitad animal. que siendo físico. Parecían otra cosa y así lo confesaron al rato. emplastes o bien otros remedios. que tenía aterrorizadas aquellas regiones. pues llevaban sólo dos perrillos pequeños. mitad hombre. cual era aquel líquido rojizo que teñía de buen humor hasta el cansancio. a veces me subía hasta allá arriba en busca de especies que luego maceradas o dispuestas de otras varias maneras. cuando abrieron sus tarteras. que a mí se me sueltan al instante las junturas. Era una mentira peligrosa. el vino. sacaron sus botas de vino y se les soltó la lengua. Me uní en seguida a ellos haciéndome invitado. también todo lo borra. que a la vez que mancha todo. debió de convencerles y. sobre todo. pues no era nada ducho en la Botánica y me hubieran descubierto enseguida si hubieran sospechado. habían de servirme para elaborar pócimas. todavía digno. en cuanto huelo la civilización y sus mayores méritos. que hace pasar más fácilmente algunas bolas. Les comenté que iba recogiendo hierbas por el monte. pero no era creíble.

Así dijo el que parecía ser el jefe. Tenía tres o cuatro esclavos que la servían. bajando la voz. Vivía en la montaña y no bajaba a los poblados sino para abastecerse o por razones de venganza u honor. Algunas se le habían unido y formaban ya una banda muy peligrosa. Otros decían que era un ser monstruoso con cara de mujer. matando a cuanto varón se encontraba en su camino. 192 . como si temiera le fueran a oír los espíritus de la montaña. les arranca el corazón y luego las devora – comentó de nuevo el joven.asustar a todo transeúnte. garras de león y cuerpo de serpiente que dejaba petrificado a quien la miraba. Tal vez venían acosadas por la Santa Hermandad y huían de allá abajo buscando nuevos refugios. recio y chaparro. –Dicen que sacrifica a sus víctimas. al decir de las autoridades. con aspecto decidido y nada propenso a fantasías. Todas las damas burladas de la zona le mandaban recado de su ofensa y ella se encargaba de ejecutar la justicia por su mano. Un mozo robusto de unos veinte años habló de una bruja o trasgo que recorría la sierra más al sur. por tierras ya de Salamanca o Cáceres. sembrando el terror por toda la región. Se dedicaban a robar. un hombre de mediana edad. matar y saltear. –Nunca habían llegado tan al norte ni corrido noticias tan preocupantes.

monstruo 193 . mujer. le arrancó después el corazón y se lo metió en la boca. viendo fluir el agua. animal. si hombre. –Que te quedaste dormido. los ojos perdidos en la distancia. A tu edad se duerme mucho y se sueña demasiado. que puede escuchar perfectamente los días de verano todo aquel que guarda un poco de paz y de silencio en su interior. burlada por el hombre al que amaba y con el que se iba a casar. al arrimo de unos álamos que también me hablaban. De esta guisa lo encontraron al siguiente día. –Yo soy de aquellas tierras y allí escuché durante una larga siesta de julio esa leyenda. quedó con él una noche en una última cita y allí mismo sin mediar palabra. –Dicen que un día. –¿Y es esa la mujer que andáis buscando? –En realidad –concluyó el capataz–no sabemos qué andamos buscando. calló ensimismado. despechada y ofendida. Al llegar. muerto . le quitó la vida.–No hay que creerlo todo – añadió un tercero que seguía el relato como distraído. de modo que no son pocos los galanes que ahora miden sus palabras y sus hechos. –El caso es que desde entonces recorre la sierra y se dedica a hacer justicia a otras mujeres. la cual recita una y otra vez aquella historia . aquí. junto a una acequia.

Algo se alborotaba con todo en mi memoria. caminando a cuatro patas. pensé yo. Me dijeron que le habían visto últimamente no muy lejos de allí a pocas leguas a poniente. Tenía que ser él. caminando a cuatro patas. y a veces se rebelaba airada contra los que en ella se adentraban para profanarla. herido y a punto de morir. sabremos qué hemos matado. cuando lo matemos. Todo muy profesional –pensé para mí. tenía que ser él. Pero había otras historias. – Tal vez mañana mismo topemos con él. Procuré sonsacarles cuanto pude. lo sabremos. Pedí más detalles que no supieron ofreceérme. Pero algo me llamaba la atención de aquella historia: un ser aparentemente humano. sí. Se decía también que acaso fuera el espíritu de la montaña. Cuando lo cacemos. Alguno confirmaba que estando extraviado. Sólo leyendas. que a veces protegía. sin dar salida a mis temores. Pero bien podían ser – notaban otros– señales de la fiebre o del terror. aunque menos acabadas. 194 . Leyendas. le había curado. la vida. alimentado y salvado. todavía más fantásticas. –Vive en una cueva con algo de ganado y es ciego o tiene un solo ojo. al fin. un extraño animal de aspecto horrible.o fantasma.

como un náufrago en el centro del océano. ¿En qué te han convertido. así creía. que sin duda no era el mío. Tardé aún un rato. En la fría mañana de niebla y tiritona oí un seco disparo que venía de mi izquierda. me alejé de allí y dando un rodeo. hiriéndome entre espinos y jarales.. Temblando de inquietud. Otra vez a cuestas con el feo Polifemo. No seguí escuchando. Pretextando la llegada de la noche. salí corriendo. fui a perderme del todo en aquel medio. soltó en chorro su sonrisa y abrió el grifo delicado de su voz: 195 . seguí andando y andando en la misma dirección. sangrándole el pecho. mi buen amigo Alguien. la cara deshecha de cansancio. mas no había estrellas que guiaran mis caritativos pasos. pero allí estaba Él. me desvié hacia el sur. Observé la herida y vi que era mortal. llegué muy tarde.. viejo amigo? –¿Lo matarían? –Y arrancarían su cabeza y la expondrían como trofeo en la plaza pública y venderían su piel y. Llegué tarde. sí. Allí estaba de nuevo la realidad mitificada.¡Oh Dios! No podía ser. anduve hasta las puertas de la noche y cuando éstas se cerraron. Le había tocado el corazón. enfilé enseguida hacia el oeste y anduve. solo. magulladas las piernas. Me miró con una lluvia de ternura en los ojos. Es el caso que habiendo caminado sin parar toda la noche.

Parece que vivir es ir soltando amarras. Sentía una tristeza más grande que yo mismo. querido Lázaro? Tampoco respondí. No lo sé. Lo cogí entre mis brazos como a un niño. al reino de la nada. Y se fue otro rato lejos. Pesaba muy poco. que hacían inapreciables los rasgos de su cara. Y la tierra se hinchará un poquito más. hasta que el corazón al fin navega solo haciendo agua. –Debieron creerme muerto. el más humano de los hombres. a la realidad o a otros sueños. –Pero vi su cara– añadió. El bote arriba a puerto. mientras me dirigía con él hacia su cueva. dándole un aspecto de lo más extravagante. Perdía a ratos el conocimiento para regresar al poco. No era extraño que lo hubieran confundido con una fiera salvaje o monstruo mitológico a él. En efecto se iba y se venía su consciencia. Debí poner cara de pasmo. 196 . Pendía de sus hombros un mantón o amplia capa de pieles de diferentes formas y tonalidades que había ido cosiendo a retazos una a una. Miré su aspecto. De ahí un paso a todas las leyendas. Era un leve pajarillo a punto de volar. como siempre descuidado.–El río llega al mar. pues en seguida añadió: –¿Cómo estás. Llevaba una barba sucia y un larguísimo cabello todo blanco.

. Se entraba por una boca estrecha y alargada. Desde fuera apenas si era apreciable.Lo miré con preocupación. bastante iluminado. aunque yo no oía aquellos perros. a quién debo este favor? Y calló un rato.. Y al frente de ellos… Debí poner cara de estúpido. Allí hacía el fuego. –¿No oyes los ladridos de los perros? Volvía en sí otra vez. Le puse la mano en la frente. Sí. cocinaba. solo una larga grieta en el muro. 197 . La cueva era espaciosa y elevada. Suficiente para dar paso a un cuerpo de perfil. Cambié el vendaje que se hallaba empapado de sangre y esperé. mi amigo. tenía fiebre y estaba perdiendo mucha sangre. No había nada que hacer. Allí le había alcanzado aquel disparo. –¿Sabes. Se delataba por el tizne de las paredes ennegrecidas por el humo. pasaba gran parte de su vida. –Por ahí anda tu señora asaltando caminos y robando hogares y haciendas de pobres campesinos o activos comerciantes que recorren estas rutas peligrosas. Forman una banda de número impreciso que roban. Vendrían seguramente de sus sueños. violan. un amplio salón irregular. Le interrogué con la vista ansiosamente. asesinan.

–Oigo ladrar los perros. Seguramente sus sentidos estaban mucho más afinados o tal vez fueran las alucinaciones de la fiebre. pero parecía que se le hubiese soltado la lengua. Quizás tenía razón. Le empecé a contar mi vida desde el punto aquel en que habíamos separado nuestros pasos. mas yo no había venido de tan lejos para salir ahora huyendo. –Muchos campesinos de aquí cerca me conocen. mi buen amigo. Me traen a veces cosas que preciso y otras muchas que para nada necesito. –¿Qué ha sido de tu vida. Pero aún me interrumpió para prevenirme. Lázaro?– pudo añadir apenas. No le convenía hablar. Además era inocente. 198 . Jamás me han molestado. A ella personalmente debo esta última condecoración. –Deberías irte. Me señalaba burlonamente la grande y redonda medalla roja que adornaba su pecho. ¿Sería la partida que lo andaba buscando y que estaba ya más cerca? Yo no oía nada. Y entonces hablé yo.–Exactamente –prosiguió él– tu adorable señora. sólo por quitarle aquel último esfuerzo. Un golpe de tos le cortó el hilo del discurso y me llenó todo de sangre.

cuántas de ellas he tenido que empujar a los abismos. Reíamos los dos con ganas. que nos empeñamos en representar con lágrimas. 199 . de modo que no le oía quejarse. me decía a mí mismo. parecía pasarlo bien. De aquella situación extraña me sacó el tumulto de gentes que en un momento me rodearon apuntando amenazantes con sus armas. No le hice caso. Debía dolerle aquella grave herida. Así venían éstas a mis ojos. ¿Cómo iba a dejarlo en tal estado? Y allí me quedé escuchando sus últimas palabras.–Tendrás problemas. Y así fue como acabó: con un golpe de tos o de risa. mientras veía los suyos sonriendo con oscura malicia. que la vida es una farsa hasta el final. nada serias. ¿Pues no se estaba riendo. de puro ridícula. que al contarla. también a mí me estaba haciendo gracia? No he visto otra muerte más graciosa y no vea V. mas un vivir tan duro le había templado el ánimo y curtido la recia voluntad. Es más. que se quedó sin aliento.M. ¿Cómo era posible?. el muy truhán. con esta bufa historia de mi vida.

200 .

que había muchas cosas que estrenar y todo lo que hacíamos las gentes de mi generación era reciente. de ir abriendo puertas. Se han llenado las iglesias de gentes que rezan por su alma con entrega. cuando esto escribo. aquella entrada suya triunfal en Toledo. Hasta en este retiro final se siguen nuestras líneas: él en Yuste.. inaugurando a cada paso nuevos paraísos. ni Alemania. viajero y luchador. Acaba de llegar.. Es el rumor más sobrado. yo aquí. que al fin no somos. la conversación más común. 201 . Nos han unido a ambos y nos unen todavía tantas cosas. como yo. también entonces en mi cima. sino vidas paralelas. lo acabábamos nosotros de inventar. glorioso como yo mismo. empezando caminos diferentes. siempre creciente. El caso es que creí a cada vez que empezaba de cero. Sea el batallar continuo contra enemigos en todos los lugares. sino en la más breve geografía de Castilla. que todo tiene su tasa y cada uno su proporción. Plutarco lo diría. no en Flandes.. la noticia de la muerte del emperador y se ha extendido en seguida como pólvora por todos los cristianos.DESCANSO VI He ido por la vida con la sensación. Sea aquel nacer los dos con el siglo. Seguramente es parte de la época en que me ha tocado vivir o engaño común de la propia ignorancia. para hacer cortes.

pues sois un hombre sabio y comprensivo. a arrancarle miembros. cercenando la censura hasta cosas inocentes.en esta Salamanca que me vio nacer y me verá también morir. 202 . No es ahora el momento de fijar detalles. a pesar de vuestros consejos. bien lo sé. pero un día cobrarán sentido. nuestras vidas paralelas. No pasaríamos el examen. Por eso. Sé que lo entenderéis y bien. acaso. nos retiraremos algún tiempo y. Puede que estas palabras suenen mágicas ahora. ¿quién sabe? Tal vez un día la hermosa planta de la libertad germine en nuestro mundo y haya nuevas oportunidades. No quiero que en esta segunda se repita. bien seguro. Se sabrá algún día. la mía no tardará. un nuevo juicio final para los resucitados. y por mí. La quiero entera. decidido su devenir. Para eso me he tomado algunas molestias. con el Santo Oficio alerta. cuyo destino está ya pensado. No quiero que se vuelva a cercenar en partes. hermano. que siendo nuestros destinos gemelos. Tan sólo pido un tiempo para rematar esta pequeña biografía. ni podando casi todo. seres libres alzados de sus tumbas y sean finalmente juzgados con arreglo a la más estricta justicia . Ya veremos. se van finalmente cumpliendo: la suya ya lo hizo. La pretendo completamente mía con todos mis aciertos y todos mis errores. sin los prejuicios y arbitrariedades que ahora triunfan. No es éste el momento. Así se hizo en la primera. Estoy ya preparado. También yo he rezado por él. añadiéndole postizos que la afean.

manchado de sangre y con un cadáver en las manos. ¿Hacían falta más pruebas? ¿El arma? La habría arrojado lejos o entregado a algún compinche. Acabaría confesando de igual modo. – Y si no. pero puestos a acumular circunstancias.. – ¿Te niegas a admitirlo? – ¡Cómo no! Confiteor deo. mi situación se pondría aun peor. 203 .XIII JORNADA DECIMOTERCERA La agitación no es buena al vino viejo. que aún pudo ser peor.. tenemos otros medios.. Y así me cogieron y así me condenaron. Y si encima llegaban noticias de Toledo o de Madrid o de Alcalá o de Segovia. así que pacté con ellos una dura condena a galeras. Tenía ciertas dotes de persuasión y algunos dineros. Me habían atrapado en plena acción. Era sin duda el terrible asesino que buscaban. casi al anochecer y con tanta premura? Había puntos oscuros.. ¿qué razones tenía para salir del grupo la víspera. hacían mucho bulto. pero no estaba dispuesto a pasar de nuevo por aquel trance. ¿Por qué iban a buscarla? Y además. Ya lo creo que los tenían.

A la vista estaba toda aquella chusma. –Pero la resignación es una virtud cristiana –terciaba el avaro clérigo– y tú debes empezar a practicar alguna. Me quedaba la mar. que era más grande y menos exigente. Y es que habían empezado en mi interior a dialogar entre ellos. Pero ya no era un jovencito y con los hábitos cambiados. empujando la pesada nave del estado. podría al fin saciar mis antiguos anhelos viajeros visitando otros países. en casita. pues la tierra se me iba quedando ya pequeña. que no escupe de sí a ninguno de 204 . De toda situación hay que sacar siempre lo mejor. –Aunque a partir de una edad– decía mi señor– donde mejor.Cinco años trabajando al servicio del rey. De los sitios que me iban echando. En mi caso. presta como yo mismo a embarcar en la aventura. los entusiasmos abatidos y las fuerzas flacas. era un trabajo digno de Lázaro. empeñado desde su sabiduría en ayudar a los poderosos. El caso es que era llegado el momento de cambiar de aires. –Tú eres un ejemplo de superviviente. –La agitación no es buena al vino viejo –agregaba mi ciego. no aguantaría tan dura penitencia. a pesar de tantos naufragios. Lázaro. pronto no tendría a donde ir. La mar es una gran madre.

– ¿Te casarás conmigo? _Tal vez cuando vuelvas.. –Basta de cháchara –nos bendecía con su látigo el capitán. incluso los más pródigos o precisamente acoge mejor a los más pródigos. Atravesamos uncidos en una larga cordada buena parte de Castilla y toda Andalucía cargados de joyas que apenas nos dejaban lucir: recias cadenas que como heráldicas trompetas o campanas en vísperas. igual que el polvo. – ¡Ay! Toma en adelanto mis sortijas. iban anunciando nuestra solemnísima presencia. alegrándonos a la par el nuestro.y no entendían la alegría de nuestros cantos que al igual que nosotros. Alguno se quedaba rezagado. Y hacíamos sonar las cadenas en las manos. dejábamos rodar por los caminos. compadecidos menos. despierta. sino espantar a voces nuestros miedos? A más de una mozuela le vi sangrar de pena el corazón. –Lázaro. 205 .. ¿Qué íbamos a hacer. por donde se van perdiendo cosas. insultándonos los más.sus hijos. dejando la vida por ahí flotando. llenas de música. curiosos todos. Las gentes nos miraban: con recelo unos. dejando la unión santificada. mirando hacia atrás. al vernos de tal guisa. Pero un nuevo latigazo nos volvía a la vida.

y no era poco. –No hay mucha diferencia. pero no me recordaba a nadie—. Pero no entendió nada. satisfecho de su ingenio. —Lo miré con atención. –Nunca estuve en Toledo –mentí. Mi pasado podía ser mi enemigo. no confieses a cualquiera tus pecados– dejó resbalar. éstos para castigar sus faltas. el rincón de infierno en el que caes. Y la verdad. –O ladrón. –Yo no tengo pecados– respondí con ira.Sabía mi nombre. mas al fin se resolvió en una estruendosa carcajada y un cumplido latigazo. maldiciendo su risa. la verdad. –Yo te escolté alguna vez por sus calles. 206 . Volví a mirar su rostro canallesco. aquellos para apuntalar sus crímenes. Unos y otros necesitan guardias. –Te conozco. Ese nombre era una trampa. –Como a príncipe. importa poco. De Toledo. Allí eras muy famoso. Callé. Había algo reconocible allá en el fondo. así es. Aunque fuera para insultar. –Di que sí. Se quedó un momento sorprendido. una vez condenado. –Por eso estás aquí –volvió a reír de nuevo. Aunque.

aunque agotados. Él sí que tenía razón. llegamos anhelantes a Sevilla. allí echaría mis redes seguro de sacar un sobrado botín. –Di que sí. fugitivos y fáciles medradores.–Una injusticia. un día. atrapando la ciudad y sacándola a bailar con el Océano. –Un gran estercolero. El mar galante estiraba allí su brazo en un Guadalquivir poblado de veleros. Si tuviera tiempo y mejor ocasión. El mundo es una mierda. 207 . capital de pícaros y corazón de cuantos su ambición o tal vez su desespero había sacado de sus casillas y arrojado a la procelosas aguas de la codicia. –Los más grandes tesoros. tan llenas de peligros. La Torre del Oro vigilaba aquella loca danza de remos y de velas. en tan oscuras aguas. Al fin. si mis manos pudieran bracear. como ya lo hacían mis ojos. muñidor de todas las Españas. Sevilla era la Meca de todos los buscones. Compostela de vagos. Y se marchó rubricando sus palabras con otro golpe de látigo que me dejó escritas las costillas y la boca cargada de maldiciones que no daban tiempo a salir. Como tiburón hambriento –pensé con la nostalgia de lo que no es– habría cobrado allí muy ricas presas. en el fango–predicaba el buldero.

los turcos y hasta con nuestros propios amos. lo cual nos ayudaba a resistir. inseguro el descanso. Los días eran largos. ¡Cuando estuviera libre! ¡Oh esos sueños que el alma construye cuando el cuerpo más aprieta! No hubo tiempo de disfrutar tanto descanso.– ¡Ay!– salió un suspiro hondo cargado de imposibles. También el odio explica casi todo. las olas. la comida corta. Y eso era. recio el trabajo. cuando estuviera bueno. la crueldad con su propia crueldad. en seguida reclamaron nuestro concurso para empujar la nave del estado y ayudar al gobierno de la patria. 208 . ¿Qué hombre puede soportar tales calamidades durante largo tiempo? Había gigantones que se venían abajo en la soledad dura del remo. Aguantaban con odio el odio. que imprescindibles como éramos en el servicio de su Majestad. Y todos al fin nos volvíamos como ellos. Alguien se puso a cantar con voz de queja. Pronto nos vimos luchando con los elementos. Me agradaba el lugar e hice promesa de volver. Eran los más firmes. Canallas con aspecto de canalla a los que el odio alimentaba para seguir resistiendo. Hablábamos siempre de ello como si fuera una enfermedad. El rencor es muy fuerte. enemigos todos del emperador. Yo mismo empezaba a darle nuevo sentido a mi vida llenándola de odio.

los gongos del cómitre al marcar el ritmo. formábamos. varios cañones asomaban sus agudas narices casi siempre resfriadas y estruendosas. al menos lo asustaban y nos llenaban a nosotros de terror. con dos velas latina y dos castillos en los extremos. a proa y a popa. en verdad. los gritos y las voces arriba de los frágiles soldados. corría todo a lo largo. por el centro un estrecho pasillo o crujía que comunicaba los extremos de la nave. Había tantas bajas por accidentes nuestros como por golpes del enemigo. unos larguísimos palillos con que batíamos en perfecta armonía el viejo tambor del mar. que si no acertaban demasiado al enemigo. Por encima de nosotros se alzaba la cubierta. una gran orquesta.Era una hermosa nave de unos treinta metros de eslora y casi seis de manga. Allí se alzaba el cómitre. Veinticuatro remos por banda y cinco hombres por remo. Unidos a las flautas de los arcabuces y los violines de los ballesteros. el rechinar del remo. adornados de feroces cañones y no menos terribles arcabuceros. En la parte inferior. que con sus golpes ponía el ritmo a nuestros instrumentos. pues a menudo estallaban sus armas con estruendo. un corrido entablado que nos separaba de marineros y soldados 209 . Desde entrambos castillos. sembrando de espanto toda la galera. Sonaban las cadenas. bajo cubierta. el silbido del látigo y el azote restallante de las olas contra el casco.

que si no fuera de necesidad. Tan sólo luchábamos por la comida. Nada cobrábamos por ello. padre. húmedo y a menudo irrespirable. nave en que durante varios años hube de recorrer el ancho mundo. también de cárcel. harina. por igual perdonaríamos no haciendo gravoso nuestro sustento a las ya de por sí muy flacas arcas del país. porque nuestro rancho no es mejor. espinas de pescado. –Y el cocinero. ayudando a la Religión y sirviendo a Su Majestad con todas mis fuerzas. sólo Dios entiende. Ignoro de qué podía estar hecha aquella pasta espesa y apestosa: gachas. Una vez le preguntamos al capellán sobre tan arcano asunto y no supo responder.Sirviendo de protección. de los misterios. y el cocinero. –Creo que tampoco. Allí permanecíamos enclaustrados en un mundo oscuro. Se necesitaban serios ministros y fieles servidores que empujaran con decisión la pesada nave del estado. Pero consuélate. –Hijo. Esta fue “La Graciosa”. legumbres. En su magma flotaban cadáveres. ese don inexcusable. Dos veces al día nos llovía un maná asqueroso que digeríamos como si fuera el más sabroso manjar. ¿no humanos? Y otras cosas. Y todo con generosidad y desinteresadamente como ha de hacer la gente bien nacida. 210 . excepto algunos golpes que nos llovían de arriba. No sé. a los cautivos galeotes.

Parece como si los días se hubieran fundido en una densa masa pegajosa. Cuando el viento soplaba a favor. Cegados en la sentina oscura y maloliente. Con todo. sino pútridos olores a pescado. desplegábamos las velas y nos dejábamos llevar entre sus brazos. los barriles de agua o vino. llegó a ser la comida el momento más esperado. sea solo por intentar descubrir sus misterios. Cargábamos los fardos. Algunas vías de agua se taparon con aquella densa masa y de tal modo que no volvieron nunca a abrirse. que era todo un caballero. Entonces limpiábamos la nave. muy pocas. Pensamos en utilizarlo de munición contra el enemigo. soltábamos los remos. Pasábamos también tiempos en tierra. Cuando el viento amainaba o llegaba el peligro en forma de barcos enemigos. –Siempre hay que respetar las leyes de la guerra y no matar más de lo normal ni usar armas secretas. la pólvora.El caso es que olía mal y sabía mucho peor. especialmente en invierno o cuando el temporal revolvía la mar hasta enfadarla. A veces. Recuerdo pocas cosas de esos años. echábamos todas nuestras fuerzas sobre el remo. 211 . las balas. los sacos de harina y otras provisiones. no son imágenes lo que percibo. la lijábamos… dejando todo a punto. Pero no quiso el capitán. lográbamos distraer alguna pieza con que alegrar el diente por un día.

justo al extremo. tú no tienes familia. nos abrimos de más.. El mar siempre era el mismo y aburrido el vientre siempre igual de una galera. –Pero. preparándome al fin a la oscuridad definitiva. el barco quejándose en sus juntas y el golpeo del cómitre poniendo ritmo a las olas.a vómito. Una nave corsaria más ligera que la nuestra apareció de pronto en nuestro flanco y a pesar de los esfuerzos acabó por abordarnos. Lázaro. a sudor…y sonidos. 212 . Iba la nuestra en el ala derecha. Marchábamos un día en formación una pequeña escuadra de naves cristianas. esa ancla que nos sujetaba.. napolitanas algunas. Perdí mucha visión aquellos años y como rata fuime acostumbrando a la penumbra. Pasaron a cuchillo a los soldados y nosotros fuimos obligados a remar ahora para ellos. Echábamos de menos la familia. cuando en un viraje para afrontar la costa siciliana. y perdimos el contacto con el grueso de la formación. españolas las más. –Por eso. También algunos hechos de armas contra las naves turcas que pirateaban el Mediterráneo. también sonidos: el remo batiendo acompasado. la vela que nos hacía volar aun más que el viento. impulsados por un golpe de viento.

De nada valían mis tretas de otros amos a quienes juzgué crueles. aunque el tono siguiera siendo el mismo. Yo he aprendido a insultar de todas las maneras. que seguíamos cautivos sin saber cuándo acabaría la condena. Y renegado o no debería seguir atado al remo. Mas los negocios son los negocios– así me replicaron–. Uno tiene derecho a ser cobarde. Él fue el primero en ser sacrificado.No varió en nada nuestra situación. –Perseverad y no temáis— nos animaba el pater – porque Dios premia a sus fieles con largueza. allí estaban las muescas en el remo– resulta que se te cae el cielo encima con todas sus estrellas. ¡Oh Dios! Cuando estás ya tocando el cielo con las manos– tres meses tan sólo me restaban. que eso. hacía más robustas las creencias. Era una orquesta 213 . No eran aquéllos mejores que los cristianos. En fin. ¡Si hubiera sabido entonces lo que el destino iba a depararme! Les propuse pasarme a su religión si aquello iba a librarme de la odiosa condena. Cambiamos la letra –ahora en turco– pero la canción seguía siendo la misma e igual el ritmo. Solamente habíamos cambiado los dueños y con ellos los insultos que ahora sonaban de una manera ligeramente nueva. Decía un viejo amigo de aquella época que lo bueno de viajar es que se aprenden idiomas. al parecer.

Se puede vivir con casi nada.e interpretábamos todo tipo de sinfonías y movimientos: lentos unos(a ritmo de arribada). largos y pausados otros (en desfile). Había matado con saña a su patrón. pronunciando mantras. Pero era inútil. bajando santos. afirmándonos una y otra vez en la causa universal de todos los males. la pobreza. hasta que finalmente se calmaba o se le acababan los santos. Estaba entre nosotros un joven extremeño. dueño y señor de 214 . Aún escucho a veces por las noches la voz triste y dolorida de un joven piamontés que soltaba a mi lado hermosísimas canciones de su tierra en una lengua extraña que empezamos a amar porque la hicimos nuestro. durante largo rato. moderatos. a la que maldecíamos en italiano. para que no nos lo tuviera en cuenta. allegrettos (más bien pocos). Dejad aquí toda esperanza. que cuando se enfadaba empezaba a rezar letanías al revés. siciliano. cuyo responso le hacíamos nosotros: Porca miseria. Era la última rueda del infierno. pues conoce bien todos los idiomas y países. También vivía entre nosotros un tal Enzo. Y aquélla empezaba a huir espantada por tantos golpes. mas no sin esperanza. A cualquier contrariedad volvía a empezar su rosario de misterios siempre dolorosos. ¿qué otra cosa podía hacer? Y continuaba después la letanía. andantinos.

incluso los humanos. Digo con esto. alejada seguramente de la playa. porfiando cada cual en servírsela en persona. vino a posarse suavemente sobre el hombro de Rómulo. Gentes que habían matado a otras 215 . Bajó hasta nosotros y volando sobre nuestras asombradas cabezas. que así llamábamos al joven. Aquel ojo era siempre un rayo de esperanza que iluminaba un poco nuestra oscura existencia. se quedó a vivir entre nosotros. como si se tratara de una visión que nunca nos acabáramos de creer. una tarde apareció sobre nosotros una hermosa gaviota. Pues bien. que no era un ser precisamente blando. lo cual no es poco decir en estas épocas. la cual pausadamente vino a posarse en el pequeño ventanuco que ventilaba algo la sentina hedionda en que vivíamos hacinados. Aunque era nauseabunda. pero todos hacíamos de padrinos. una más en un negro rosario de desdichas. mas tenía ese don espiritual de comunicarse con todos los seres. sino sus bien fundados conocimientos de la tierra y de sus seres. Los días eran más claros. Un día nos contó su negra historia. Le guardábamos siempre algo de nuestra mísera comida. Rómulo era el padre. Después llegó a hacerse tan habitual esa visita que cada tarde esperábamos anhelantes su llegada. Pero no era eso lo que de verdad nos asombraba. no nos lo tuvo en cuenta y un buen día. Siempre me ha sorprendido que cosas tan pequeñas puedan significar tanto y píldoras diminutas produzcan efectos tan poderosos. las noches más pequeñas.haciendas y personas. Amaba a los animales.

protegido como estaba tras una de las cuadernas. dejó regados por la nave un sinnúmero de heridos y dos muertos: el capitán y Rómulo.gentes sin vacilar. 216 . ante la mirada aterrada y a la vez aterradora de todos los galeotes. Lázaro. el capitán vio la escena y le pareció más propia de débiles y flacas mujercillas –así lo dijo– que de fieros y crueles convictos como debíamos ser nosotros. y la sangre que no dejaba de correr. cogió al pobre animal de un manotazo y sin mediar palabra. Otra historia de bien que acaba mal. Rómulo que agarra al capitán y le retuerce el cuello de la misma manera que habían hecho con su frágil gaviota. Pero al poco un alfanje que sale de algún sitio y le atraviesa el pecho. Todos ayudamos. –Es que yo creo en los milagros. hubieran hecho lo imposible por aquel animal. le torció el cuello. cayendo inerte sobre el banco de condena. Llovían por doquier los golpes de látigos y lanzas. Un mal día. Incluso yo recibí alguno sin querer. Con la necia disculpa de que mermaba la eficiencia distrayéndonos el rumbo. Cuando el cielo escampó. ni un rasguño —certificó mi compañero. Y la vida que sigue. el mejor sitio para ver el espectáculo. Los compañeros comentaban: –Y tú. de brazos extendidos y amenazas. Se levantó al instante un tumulto de remos y cadenas.

un insulto cada palabra. amoratado el cuello. Ahorcaron a tres de entre nosotros. Lázaro –A mí no –corté rápidamente.–Yo también. Y así ocurrió: cada mirada era un crimen. Los meses sucesivos se convirtió el barco en un reino de venganza donde el “verdugo” repasaba nuestras espaldas a diario para que no se nos olvidara nuestra condición de pobres miserables. sin nada que perder. libres. y cada gesto una provocación. lo apostará todo. a pesar de todo. Y me enseñó su cuerpo santiguado: su pecho molido. 217 . – ¿Y tú. Lázaro? –Intentaba comprenderlos. echándonos a suerte y a modo de escarmiento o de espectáculo. Calló un momento como si reflexionara y fue a salir por donde no podía seguirle –Me gustaría ser cómo tú. no sé bien. la cara tumefacta. Y nos dedicamos a cultivar la perla que acababa de nacer en el interior. allí dentro. Pero es un error dejar a un hombre sin apoyo. Era la forma que teníamos de sentirnos libres. lo peor vino después. Y puse de nuevo cara a mi trabajo Con todo. Así descubrimos un día que éramos hombres.

Unos meses después y en uno de los numerosos arrebatos que. azotados con esmero. Era el primero en la bancada. un ejercicio extraño para mí. y colgados cabeza abajo. Eso significaba atacar algunas cabezas para dar el escarmiento necesario. Habían tendido ya la cuerda. naturalmente. vi venir una vela cristiana hacia nosotros. Seríamos atados por los pies. el que estaba más cerca. muy lejos. y acomodándome a los hechos y a los amos. como temblor de fiebre nos sacudía.Toda ocasión era buena para practicar el nuevo espíritu. Era. Una crueldad innecesaria. cuando rezando yo mis oraciones. es decir. Intenté ejercitarme como los demás– la locura es contagiosa– y aún más el “verdugo” siempre generoso. tan hedonista y pegado a la tierra. cuidando los placeres del cuerpo. pero hay que tener en cuenta que en las naves hay muy pocas diversiones. mientras dirigía la mirada hacia al Altísimo. Y salió la mía. Pensé que estaba ya en el más 218 . Algunos se lo tomaban muy en serio. como molde rígido que acababa siempre deformándome. Pronto me di cuenta del beneficio espiritual que acarreaba aquel fervor y procuré cuanto pude desviar la atención hacia mis compañeros. las cosas hay que hacerlas bien. que nunca fueron muchos. dándonos la razón y aplaudiéndonos las espaldas una y otra vez. el capitán de la nave sarracena decidió de una vez poner coto a tanta agitación y cortar de raíz la enfermedad. hecho el nudo. sin embargo.

Era la nuestra una nave pirata dedicada al negocio floreciente de atacar a los cristianos robándoles la carga.allá. a fin de disfrutar con tranquilidad de tan bello espectáculo. Seguramente ya nos habrían visto. para acercarse camuflados a los barcos enemigos y una vez cerca. la nave y haciendo cautivo a todo el que cayera entre sus manos. Empecé a gritar saludando la bendita aparición. como empujada por el Espíritu. por llamar la atención. Tenía que hacer algo y pronto. embistiendo . y con malas artes asaltarlos. mientras preparaban su ataque por sorpresa. Y así debió de ser. Mantenían a menudo sus enseñas o banderas . aplazaron nuestra ejecución para momento más oportuno. con barcos que eran nuestros. Es el caso que avanzaba rauda. Me di cuenta del peligro y la anhelada ocasión que no podíamos dejar escapar. Empecé a agitar los brazos sin propósito. con su largo espolón y sembrando la confusión y el terror en los cristianos. y mis verdugos. Conseguían así fácil botín. y levantando una armada cada vez más numerosa. Allí nos dejaron olvidados al peligro. debilitando su poder. viendo no sé si el cielo o las visiones del profeta. arruinando el comercio de españoles e italianos. Algunos dicen que se piensa mejor cabeza abajo. mas no sabía qué. ¿Cómo hacerles saber? –me preguntaba. Y abrí mis dos manos cuanto 219 . grandes cruces rojas en las velas. atacando de este modo al emperador. como cuerno. el viento a su popa. pero a mí se me habían caído al suelo todas las ideas y se habían hecho añicos.

pude. o tal vez fuera Dimas. Aquel día nuestra dicha fue cumplida. saludos y otros gestos que habíamos visto en la morisma y otros muchos que inventamos para la ocasión.. mil pequeños trucos que también conocían nuestros amos. así que empezaron a golpearlos como se hace cuando el miedo o la desesperación guían el brazo. Mis dos compañeros me iban entendiendo y empezaron a imitar aquella extraña danza. Los otros compañeros de abajo se pusieron a ayudar. También nuestros amos. juramentos y amenazas que nos lanzaban desde abajo. el de mi derecha. en torno a mi cabeza.. el compañero de mi izquierda. pero la misma desesperación guiaba el nuestro. como de media luna. Se esparció la consigna por los bancos y empezaron a flojear en la remada. echándolas hacia atrás. Intenté después con mis brazos formar un semicírculo. Con todo un puñal bien o mal lanzado– depende de quien considere la situación– alcanzó de pleno a Gestas. hundir un poco el palo. Bailamos una y otra vez ese extraño ballet de trazos y figuras hasta que lograron entenderlo. Bastaba romper el ritmo. Repetimos todo el ritual de zalemas. que menos mal que andaban ocupados y sin tiempo para dedicárnoslo.. mas no 220 . por los insultos. Al poco caíamos en manos más amigas y fuimos liberados. pues estábamos boca abajo y en este mundo es todo relativo y depende de cómo se miren las cosas y nosotros lo hacíamos al revés. según creo.

total hasta que vimos encadenados a nuestros enemigos. –No sé. Larga vida les deseo. Éramos libres al fin. Generoso fue el capitán que no quiso preguntarnos por nuestra peripecia. Me había endurecido. aunque creo que bien lo sospechaba. Bueno. También se aprende el mal. Siempre he preferido deber a que me deban. y yo he vivido mucho y lo he visto sin cuento. 221 . Pero no hay proporción con el castigo. que ni siquiera llegué a cometerlos. y yo más. mas habíamos purgado con creces nuestros errores. –Eso que llevas adelantado en la otra vida — me aclaró el nuevo capellán. alguno. Espero que haya sido por mucho tiempo.

222 .

Pero al menos era tierra y nosotros necesitábamos suelo firme en que crecer y cimiento sólido en que detener la caída. hermanos? –Sólo víctimas inocentes. Pero antes de abandonar aquellas playas –la vida es una larga cadena – pudimos ver una partida de torvos. volvía a recibirnos otra vez. – ¿Y vosotros qué sois. –Lo mismo que nosotros. Ella. que como madrastra nos había echado de sí. –Tenéis cara de culpables. ansiosos de ocupar el lugar que nosotros les dejábamos. empezamos a desparramarnos como mala simiente hacia todos los rincones de nuestra ancha y añorada España. 223 . Desembarcamos al fin en la playa de Almuñécar. –Lo tenéis merecido. tramposos. Después de besar y bendecir el suelo innumerables veces. Mira ese. Echamos sobre ellos una lluvia de lástima y después otra de insultos para ahogar la lástima. asesinos.XIV JORNADA DECIMOCUARTA El mundo es una plaza donde lidiamos a solas los terribles toros del destino. ladrones. no sé si con la intención de vomitarnos de nuevo. curtidos galeotes que esperaban embarcar.

Y lanzó un esputo recio que casi me derriba. cabrón. hijo de. haciendo caracoles. abriéndole los brazos. La ensucias con tu lengua. las pobladas cejas. 224 .. la barba prieta. la mirada turbia. –Ella confesó antes de morir–apuntó la misma voz. maldito seas. –Murió de parto. –No mientes la soga en casa del ahorcado. Empecé a rascarme la cabeza. levantó la cabeza y se quedó mirando con fijeza... – ¿Qué fue de tu esposa. la única diversión de esos lugares.. ensortijado.. reptil. se puso en pie de un salto y empezaron a salirle serpientes por los pelos. –Rebolledo– grité. hace tiempo –comentó alguien por allí que conocía la historia. – ¿Y tu hijo? –El tuyo.Aquel pelo negro. Me recordaba… parecía. relámpagos oblicuos de los ojos y sapos monstruosos por la boca. Yo también. Al sentirse aludido.. bujarrón. Él se sacudió toda su pereza. Teresina? –Ni la nombres.Y señalé a uno de aquellos hombres que permanecían en el centro callado y con la vista baja. –Por eso. Voy a rebanarte el cuello. –Te mataré.

Me alegra haberte visto. – ¿Y qué te pasó a ti? –El amor al oficio. –Pero. Recuerda que ya estuve en otro tiempo. el mío. hace ya muchos años que partió. –Robo y asesinato. hijo de Satanás — escupió. será mejor no encontrarlo. –Entonces. Parecía enroscarse en el recuerdo y olvidar los denuestos contra mí. De todas formas. –Con recomendación ya se puede. probados –comentó alguien. ya me ves. seguramente un amigo. Tal vez lo quiso un poco. – ¿Le toca alguna herencia?– preguntó con sorna. suele pasar eso. 225 . Lázaro? – volvía a la carga. – ¿Qué fue de él? – ¿Quién? –Tu hijo. no como tú. –Cuantiosa. yo que sé… –Se fue por los caminos del diablo y andará por ahí lo mismo que nosotros.–Una buena cristiana. –Con tantos padres protegiendo. ¿sabes. –Esos sí que son méritos. La unión de tus pecados y los míos.

Su futuro estaba allí. El mar y las últimas penurias habían agrietado mi salud. pues tanto aire puro no era bueno. Iba a corresponderle como me habían enseñado. Mi venganza está en parte cumplida. y me alejé con un saludo en la mano que no solté del todo.–Yo también. propia de nobles 226 . Volví la vista al mar y vi cómo se le abría en su vida un gran horizonte. Me maltrataban los reúmas de tantas humedades. Llevaba ya unos años desgastando las delgadas paredes de mi cuerpo. La gota era. el asma me amenazaba con sus múltiples ladridos. cuando me di cuenta de que no era necesario. la cual se iba por múltiples costuras. –Me tranquiliza saber que has pagado algo de tus numerosas deudas. al parecer. con todo. –Buen viaje –sólo respondí. En realidad. en esta maldita enfermedad tan dolorosa. ¡Maldito seas! Y se encerró en un mutismo hondo. aquella pierna izquierda de la mala suerte que empezaba a no aguantar y desear no fuera mía. volviendo a su ser impenetrable. sobre todo la pierna. enfermo y casi derrotado. ¡Quién diría que iba yo a heredar las carencias de los pobres y los excesos de los ricos. bajando la cabeza. lo más duro. muy pocos regresan. Allí dejé mis pensamientos y partí hacia Granada. para mis bronquios.

las columnas y recordé cosas hermosas que había visto en Italia. como una plaza de toros o el mundo mismo. como Carlos. Sus abuelos también habían dejado sus restos. con sus cuevas. las cuales a veces abrían sus gargantas para soltar en forma de cante siglos de pena. como engañé yo. Habíamos seguido caminos paralelos y nuestras vidas se volvían ahora a entrecruzar en aquella Granada que visité con respeto y sobre todo la Alhambra y el palacio suyo en medio de ella.y reyes que comieron siempre bien y con ella pagaban sus abusos! Tal vez yo fuera de sangre azul. Pensaba en nuestro siempre querido emperador. derribado por el potro enloquecido del dolor. o a mi padre. y a punto estuve también yo de dejar los míos. Repasé los muros. Recorrí el Generalife con sus fuentes y el Albaicín más allá. humillado por la enfermedad. Mi madre a lo mejor me había engañado. pienso yo. donde lidiamos a solas los terribles toros del destino. hijo de alguno de aquellos grandes que sufrían en sus carnes la venganza de otras carnes sublevadas. 227 . el más poderoso de los hombres. postrado como él. Así acabaría yo algún día. como engañó a otros. como engañamos todos. Por un rato la belleza me salvó del desánimo. atado a aquella silla expresamente diseñada para asentar sus gemidos y su pierna maltrecha. con su ruedo circular. También yo hubiera querido hacerme allí mi casita.

Comenzando el otoño. Pero las miradas se agarraban como anclas a la orilla. cargado en años de humedades y miserias. capital de Nuevo Mundo. aprovechando el oro que corría y la conciencia que corría más deprisa. Una tos malsana y malsonante. Iba en retiro y como cerrando círculos. Por allí se iban los barcos con sus velas blancas como pañuelos de despedida. Era el desagüe de todas las Españas. 228 . A punto estuve de pasar la frontera de la vida. reposé en sus iglesias y jardines y me asomé a su río como quien se asoma al más allá. me acerqué a Sevilla. que venía a agravarse ahora. Y pensé en mi tierra. los abastecedores de todo. los rudos marineros. pues sospecho que los mejores negocios se realizaban en ésta.. un mal del pecho ya antiguo. Estaban los nuevos ricos. donde bien podría cerrarse el círculo de la existencia. que llegaban no todos de aquella orilla. y allí había uno más. Cogí unas fiebres– no sé bien de qué– y hube de pasar todo aquel verano acogido a la caridad de unos monjes que cuidaron bien de mí y de mis males. los finos leguleyos.pues enfermé y de gravedad. Recorrí sus calles y sus plazas.No podía pasar de largo. Allí iban a parar los miles de hidalgos arruinados en busca de fortuna. Por mi edad y mis achaques no iba a tardar en rendir. los bárbaros matones de bolsa floja y rápida estocada. Un lugar seco me vendría bien. Pero antes. a las Indias soñadas que nunca había de ver. que en todo a sí se abastecían. ciudad que amaba bien sin apenas conocerla..

perseguido por la Justicia. pero al que amé a pesar de todo y que un día naufragó para siempre en el río proceloso del vivir. con aspecto de derrota. Exploré aquel mundo subterráneo de reptiles. Allí estaban las gentes excluidas que se ganan la vida en el descuido del resto. y por él me fueron indicando ciertas cosas. 229 . Había pasado el momento. recelaba entrar: mancebías. Algunos recordaban a un tal Lázaro que había pasado por allí. confundiéndose las lenguas. donde el único diccionario era el dinero. que era el mío.Las gentes iban y venían. que nunca fue mi hijo. Había mantenido al parecer su nombre. embarcado hacia las Indias. pero sin echar nunca raíces. como en una babel incomprensible. ríase Vuesa Merced de la Universidad que un día fundamos allá en Alcalá. es decir. Me llegaron noticias poco claras. Parecía una olla podrida donde todos los elementos estaban en ebullición. figones. el cual había tenido que salir por pies. escuelas superiores del hurto y del delito. Por allí me fui rastreando alcantarillas y cloacas. Pregunté por mi hijo Lázaro. de apuestas y peleas. gozándose en sus sobras. cofradías. medrando en los alrededores de la abundancia. donde ni yo acababa por sentirme a gusto. que. los albañales de una sociedad que arrojaba sobre sí tanto lodo. preguntando en ambientes donde hasta yo mismo. pero hacía años. casas de juego.

que era buena disculpa para seguir recorriendo los círculos de aquel infierno. por más que ante mí lo tuviera.y otros miles de vicios. Tal vez habría fundado un nombre. tanto que había llegado su nombre. Nosotros siempre por delante de ella. enseñándole el camino. Salí de allí en unos meses. –Era mi hijo –dije yo con orgullo de padre.. sabiendo lo alto que había colocado el estandarte de su casa. Refrené mis pesquisas. Y aunque así fuera. no podría reconocerlo. –Una buena pieza. en esta orilla. la ira. hasta el rey y sus servidores. la lujuria. No estaba. Pasé por Guadalupe y llegué a Toledo. que yo. una familia. poco antes de que el verano con sus terribles calores se asentara en el caldero del averno sevillano.– Di que sí. Debía de ser ya un hombre. la avaricia. mas no corté del todo. si es que aún vivía. donde a cada paso salían a recibirme de triunfante manera todos los demonios: la gula. otro nuevo círculo que había que cerrar. De nada me servía seguir buscándolo acá. creyéndome un experto ni siquiera conocía. la pereza.. lo cual no es poco decir en este mundo azaroso y de inestable fortuna. una hacienda hasta acabar cumpliendo los sueños de su madre. 230 . igual que el mío.

cientos de ellas. como otros muchos. otro gran círculo cerrado. desde el balcón de la tarde. Pendían de la fachada. Pasé el puente y… allí estaba el toro de piedra que había sobrevivido a todo y burlado mis esperanzas una a una. hacia otras tierras y otros rumbos en busca del final para un viaje que había empezado lejos. sus murallas. Acaso como yo.Hice mi ofrenda en San Juan de los Reyes. Di una vuelta a la ciudad donde no me conoció nadie y a nadie quise conocer y salí de allí con el alma un poco más pequeña. acariciando el lomo con afecto y juntos volvimos a dar aquella última vuelta al 231 . y ese sólo a Dios corresponde. como exvotos sagrados. Le pasé la mano. Aún veo mi entrada en Salamanca por la puente romana. el más amplio y. Ahora queda uno sólo el del tiempo. Digo mía por sentirme de algún sitio. Yo ya estoy preparado. Allí colgué mi cadena de cautivo. Pasé por Ávila. Un viejo sol sin fuerza intentaba iluminar el mundo inútilmente. Así me asomé yo también al río y allá abajo vi correr abrazados las aguas y los años. y llegué a mi tierra. Era el último círculo. finalmente. Era octubre y estaba atardeciendo. se asomaba por última vez a las cosas. Seguía aún sobre la margen izquierda la aldea de Tejares y el viejo molino que molió las ilusiones de mi infancia. pesados herrajes que habían apresado cuerpos y sobre todo libertades. se cerraba también.

¿tendrá posada y trabajo para un viejo enfermo y casi inútil? Y aquí estoy por la caridad de Dios y de estos monjes. repitiendo el querido redondel en que se habían lidiado nuestras vidas. esperando también yo la última llamada.ruedo. –Hermano. 232 . La noche se venía y apresuré el paso.

he logrado cuando menos mantenerme a flote y en muchos casos. Y sin embargo. mayor es en estos casos el mérito de los que nacemos con las estrellas cambiadas y los pasos tan fuera de lugar. Ahora se entenderá mejor el pesimismo de estas páginas. pues parece desde luego. Sería propio de necios sin sustancia hablar de tal manera cuando uno está lleno de achaques y a punto de morir. si se considera en su final. también digo y de forma muy solemne. Eso es lo que he contado. que los vientos de la suerte soplaron siempre en contra. que no siempre perdí. En mi caso también lo fue el inicio. así como el hecho siempre valeroso de que a pesar de todo ello. siempre es adversa. 233 . arribar con bien a puerto. lleno de caídas y dolores. No soy un ganador. y hasta creo que gané algunas batallas. como bien se habrá visto. siempre acaba en derrota. en que he querido recordar mi propia pasión. nuevo testamento de mis malas obras. eso he pretendido demostrar. y así fue. ahora cuando ya la vida estrecha el cerco y la muerte victoriosa rendirá al fin la fortaleza de mi vivir. Mi vida fue una recia contienda. Sin duda. y la fortuna. pues es la muerte quien la cierra. Aquí queda pues este escrito. pues la vida que se cuenta entera.DESCANSO VII Por fin voy dando término a este tan largo viacrucis.

234 . Que así sea. Me entristece un poco que esta historia vaya a nacer muerta y enterrada.Eso es lo que he querido probar con este evangelio de mi vida que ya acaba. Debía ser yo también quien la contara y así la he seguido como mi mejor discípulo hasta darle término. pero es mejor así. Un día. resucitará de entre los muertos y se presentará al fin triunfante y libre ante los ojos de los vivos. no sé cuándo.

235 .. superada ya la cincuentena. como el siglo XVI con personajes tan preclaros como Lutero. Investigaba yo. es decir descubrir las ideas paralelas que fueron entregadas a la oscuridad. Preparaba un libro cuyo título sería algo así como “La otra orilla”. digo esto. donde pensaba hacer otra historia de la Historia. frente a los grandes principios oficiales. Uno empieza a cierta edad a hablar sólo. Sólo Borges encontraría emoción en algo semejante. que tienen tantas cosas que decir. es decir del poder y su fuerza. que soy historiador y nada tengo que ver con la Literatura. fueron perseguidos y encerrados. que en manos de la Inquisición y de los reyes. digo. y menos aún en un lugar tan poco común como una Biblioteca de Universidad y en una ciudad de provincias. algunos hechos y desempolvaba libros vetustos. así que por qué no conversar con esos amigos. porque cuando investigaba precisamente una de las fases más interesantes. en las fosas muchas veces malolientes de la Historia. En fin. espero que no sea para siempre.Nota del preparador de esta edición Se pensará que a una edad como la mía. tampoco contra ella —bien es cierto— investigaba. y por parte de un señor más bien bajito .. pero así son las cosas. comprobando en los originales algunas viejas ideas enterradas en esos panteones siempre fríos de los archivos o bibliotecas antiguas. no caben ya aventuras ni sorpresas. calvo y con algunos kilos de más.

estaba bien entero. Seguramente fue el premio de los dioses a mis méritos — no sé bien cuáles—. Allí hay reproducciones y láminas preciosas de Anatomía. Me encontraba en la Antigua Biblioteca de Letras de la Universidad Salmantina. Pero eso fue. que siempre fue recio y supo aguantar muy bien 236 . Como digo. consultando con ellos. que podéis creerme. en medio de tantos buenos amigos me encontraba aquel día. pero aquel día felizmente pasó. como yo digo. Se encuentran allí monumentos increíbles como incunables. un magnífico premio a mi búsqueda de toda la vida por bibliotecas y desvanes llenos de polvo y de todas las suciedades de la historia. se hubiera roto algo. topeme en un libro de este una mina riquísima que no buscaba. preguntándoles cosas. ¿Os imagináis el escándalo? La bronca del encargado que se acerca y yo que logro apenas pedir disculpas entre tanto azoramiento. me precipito hacia él. son muchas. al suelo. Pues bien. lugar maravilloso para quienes lo conocemos bien y cuyos fondos bibliográficos son siempre un tesoro para investigadores y amantes de los libros en general. No suele pasar. pero al parecer. cuando al hacer un movimiento brusco y sin querer le pegué un codazo a Erasmo que estaba encima de mi mesa y cayó. Curiosidades extrañas y verdaderas obras de arte. nunca me había pasado. Botánica. primeras ediciones del XVI y XVII y de autores muy famosos. Arquitectura.Calvino y sobre todo Erasmo…. el pobre. temiendo de tan anciano.

primera y última) eran más gruesas de lo normal. justo en la esquina inferior izquierda. por donde sangraba mi crimen. Tal vez ya estuviera hecho. Lo observé con atención. Vi entonces que las pastas de la encuadernación (las dos.los golpes. Lo fui hojeando por arriba y vi algunas páginas y frases tachadas en negro . SAL. vi una pequeña grieta en la portada. Me fui al interior y leí la referencia bibliográfica— UNIV. Asomaba algo como una hoja por el borde. Y nunca mejor dicho. Pero cuando iba a cerrar con alivio las páginas de mi remordimiento. Bibl. Erasmi Roterodomani Basilea 1541 Quiliadis Quintae Centuria II 1065 Lo observé una vez más por dejar tranquila mi conciencia al no haber atentado ni de palabra ni de obra. 237 . Eran los “Adagios”. pues rasgué con cuidado un poco más la herida y salió a la luz un manojo de folios manuscritos. Esos le habían golpeado más fuerte y hecho más daño que yo— pensé— .49472 Adagiorum. Chilades Des. salvados “del diluvio de los días”. ni voluntaria ni involuntariamente en la destrucción de la cultura y el saber de la humanidad. y sobresalía hacia adentro un ligero abultamiento o preñez.LA censura. en su cara interior.

la de un hallazgo.R. después de tanta oscuridad como ha sufrido. la conservación era excelente. Hay que tener en cuenta que seguramente el manojo de folios había sido prensado.Eran unas cien hojas escritas por ambas caras y repartida mitad por mitad entre las dos pastas primera y última del libro. lo que importa y nos ocupa más es la de Lázaro contada por él mismo. 238 . Estaban perfectamente conservadas y se leían relativamente bien. levemente. Algunas palabras estaban tachadas o borradas o levantadas el papel. pero en general. En fin esta es mi historia. C. El resto. . que él guardó en esta arca de Noé a salvo del diluvio de los días. Que sus palabras descubran nuestro pasado ya lejano. y trabado con la pasta. aunque se había puesto un exquisito cuidado en no destruirlo. Mi mérito es sólo el sacarla a la luz. iluminen el presente y alienten nuestro porvenir.

resucitándolo muerto. Tratadlo si podéis como recién nacido que vuelve a la luz. No sé si he hecho bien enterrándolo vivo o vos mismo. En fin. han estado escondidos en el arca del tiempo. Amén. y en tiempo que sepa comprenderlo Que el Señor nos acoja a todos en su gloria para siempre.A QUIEN LO ENCONTRARE Sepa la persona o personas que toparen con este escrito. Mándelos publicar. 239 . más bien — cumpliéndose en ello mi voluntad última y secreta. Suyos son. Durante años (vos sabréis cuántos). Sólo espero que haya caído en manos que sepan apreciarlo. si así estimare. deshágase de ellos si gustare o guárdelos de nuevo si quisiere. preservados del diluvio de los días. hágase en todo ello vuestra voluntad. LÁZARO Dado en Salamanca a 21 de septiembre del año del Señor de mil y quinientos sesenta. a salvo de miradas indiscretas. siendo el heredero de estos bienes — o males. que puede en adelante disponer de él como quisiere. dos años después de mi señor el Emperador Carlos y en el mismo día de su descanso.