CRISTÓBAL RIESCO

LA VIDA NUEVA DE LÁZARO DE TORMES

L. 1ª edición ISBN: 978-84-686-2952-0 Impreso por Bubok Impreso en España / Printed in Spain .© 2012 Bubok Publishing S.

DEDICATORIA A mis viejos colegas y antiguos alumnos por su mucha paciencia y probado aguante. . Espero que les vaya bien en sus tan diversas vidas.

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233 Nota del preparador de esta edición: pág.47 Jornada III: pág.113 Descanso IV: pág.59 Descanso II: pág.167 Jornada XI: pág.101 Jornada VIII: pág.ÍNDICE Prólogo: pág.65 Jornada V: pág.169 Jornada XII: pág.51 Jornada IV: pág.151 Descanso V: pág.235 A quien pág.89 Descanso III: pág.9 Jornada I: pág.141 Jornada X: pág.29 Descanso I: pág.137 Jornada IX: pág.183 Descanso VI: pág.201 Jornada XIII: pág.13 Jornada II: pág.97 Jornada VII: pág.239 lo encontrare: .223 Descanso VII: pág.203 Jornada XIV: pág.69 Jornada VI: pág.

El hambre es la medida de todas las cosas .

para que sirvan de expiación y burla en que muchos alegres se recreen y látigo con el que algunos. para que sirvan de aviso ante las tentaciones y trampas que la vida continuamente nos tiende. Bien podría silenciar más de un asunto que con razón va a molestar a alguna venerable persona. me confieso a Dios que todo lo sabe y a vuestra merced que todo lo quiere saber en estas frágiles memorias. pobre pecador. avisados. ¿Así qué esperar de los que como yo nacen en lo más bajo del arroyo y han de salir a flote con el solo mérito de su mente y la mermada fuerza de sus brazos? Aguzarán el ingenio e imitarán los malos ejemplos de quienes como guías. habían de servirles de modelo. sin embargo. Y puedo certificar que han sido muchas las que hube de sufrir en esta dura carrera y ya desde su origen. que no sin esfuerzo he recogido. 9 .PRÓLOGO "Primum vivere. Siempre hay galgos más ligeros que parten con ventaja. escarmienten. que si humano es errar. pero a menudo es conveniente presentar toda la fealdad del pecado para hacerlo aun más aborrecible. No quiero que nadie vuelva a tropezar en las piedras con que yo me he herido ni caer en las simas donde alguna vez me he hundí. deinde philosophare” Yo. humano es también aprender de los errores. Y así con mi mano iré a lo largo de esta obrilla señalando los míos.

Y como quiera que vuestra merced muestra interés y empeño en conocer la historia desde el punto en que la dejé en la primera parte. estando al final de la jornada. que no son 10 . Y si no lo han conseguido. Mi camino no ha sido. Poco me consuela saber –como dicen los antiguos –que los dioses destruyen sobre todo a los que aman. A mi afán debo sobre todo el seguir vivo. de rosas.Pero dejémoslo así. que mucho tienen que haberme preferido por las veces que han intentado aniquilarme. puesto ya el pie en el estribo y presto a partir. Algunos mal pensados dicen que también la más adornada. Por ello escribo yo estas frágiles memorias justo en el momento. deinde philosophare". Nunca estuvo ése entre sus méritos y numerosos oficios. sino por mi empeño en no dejarme querer de tal manera. que no es Lázaro predicador que vaya a convertir el mundo. y aquietados los ímpetus alocados de la juventud. en que el hambre y las otras urgencias de la carne han levantado su cerco. precisamente. que como dice el filósofo: "Primum vivere. cuando las aguas de la edad están ya remansadas. he tomado el asunto de principio y arrancado con el primer mandamiento del amor a Dios y los siguientes. pero no es cierto que guste yo de tales vanidades. pues verdad es que la habitación mejor amueblada de mi persona ha sido siempre la cabeza. no habrá sido por la voluntad puesta en ello. El alimento siempre fue lo principal y más sustantivo y después viene lo demás.

Repase vuesa merced las muchas miserias que han puesto cerco a mi vivir y verá cómo la necesidad nunca ha roto su asedio. Pero. las futuras generaciones. como ejemplo. aun menos. nos contaron su vida de perdición y el momento en que fueron tocados por la gracia. de pregonero. y en mi caso. No niego tampoco que siendo ésta. aunque sea mal. Muchas son las pruebas a que el Creador me ha sometido.sino el de uno mismo. Así yo también he tomado esos libros de memorias como modelo y sacar mis acciones a la pública vergüenza. que algo quedará de uno mientras alguien en su ocio lo leyere. época en que la fama tanto se valora. ¿qué puede contar uno que no se 11 . para acabar. para que conocidos de muchos. no es lo de menos figurar en los papeles e impresos y dejar testimonio y huella de mi paso por este valle de lágrimas y sepan y hablen de mí. finalmente. que no suele dar motivos para el amor. sean aborrecidos de todos. Pues así como en otros tiempos. aunque por escrito –que aun es subir más alta la voz– pongo en público los míos. y odiando los pecados. como yo le he dado de la mía. y me dará algo de su tiempo y vida. amen al pecador conociendo las circunstancias y presiones a que estuvo sometido. así ahora. con el prójimo. Pronto se echará de ver la deuda que llevo contraída con esos pecadores que un día decidieron seguir el camino de la santidad y. hube de proclamar castigos y errores ajenos.

Sea. este librillo homenaje a su bondad al escucharme mis muchas necedades y pecados. pues ningún peligro puedo añadir ni daño causar .equivoca? Seguramente nada. y testimonio al fin de mi arrepentimiento. jamás los buenos de los que nunca yerran. sepa vuestra merced comprenderme y el Todopoderoso perdonarme. Sólo nos interesan los malos pasos de los que se extravían. 12 . que no soy más que un pobre pecador que está a punto de presentar ante él sus cuentas. con todo. aunque indigno. pues. en que como hijo de Dios que soy. Confío.

enclaustrada en casa sagrada. Ella. pues sólo el que 13 . Ocurría que por entonces mi amada esposa. no vi a mi mujer durante todo aquel tiempo. Pero quién puede fiarse de las habladurías de vecinos. Era tiempo de cuaresma. Sólo él con su virtud y su calma conseguía su sosiego que era también el nuestro. se le oían en el plácido sosiego de la noche. Algunos vecinos porfiaban que el bendito cura se la estaba trajinando a su sabor. época de sacrificio durante la cual – según aquel santo varón – no se debía tocar. ni oler. los gemidos. que siempre fue mujer brava.I JORNADA PRIMERA No hay satisfacción mayor que la del que se ha hecho a sí mismo. el silencio. vecina de la nuestra. Después. las quejas. ni catar la carne. seguía entendiéndose con su amo y el mío. el arcipreste de San Salvador. que a veces. Así que hice oídos sordos a los rumores y seguí creyendo con ciega fe lo que los buenos afirmaban. que oyen lo que quieren oír y son ciegos a lo que sucede en sus propias casas. el que saliendo del arroyo ha arribado por sus propios medios a buen puerto. el que no debe nada a nadie. a la pobre. Yo que siempre he sido hombre cumplidor. los gritos. y menos si era humana. varón impasible y muy comprensivo. y el rechinar de maderas como si le estuvieran descoyuntando los huesos. seguía un régimen de disciplina y mortificación tan dura. y también al de ella.

el delicado vino que yo me encargaba de pregonarle por toda la venturosa ciudad de Toledo – Mira. procuraba seguir su ejemplo. Pasados aquellos cuarenta días de penitencia –es decir. en esos vientres de madera que ahí ves. cuyo estómago hecho a la mortificación se rebelaba contra el alimento y su simple presencia la inducía a rechazarlo. donde el vino nace y va tomando cuerpo. que siempre gustó de los placeres. Había un sótano con unas escaleras de piedra labradas sobre la propia roca. Lázaro –me decía– este claustro materno. chorizos. morcillas y lomos como un maná que Dios dejaba caer generosamente en los techos y paredes de los que le servían. y yo. como tantos otros domingos y fiestas convidonos a compartir su mesa. en la sufrida casa del señor Arcipreste– vino mi mujer a la nuestra. Allí guardaba en unas grandes y ventrudas cubas. que descendían al sancta sanctorum de la bodega. Llegó la Pascua y el señor Arcipreste. Estaba más pálida. inmóviles como ídolos. pequeño discípulo. Muy pronto empezaron a darle unas náuseas terribles ante algunas viandas y yo pensé en la nueva pureza de mi compañera. 14 .cree se salva y así tenía yo la salvación y nuestra mesa aseguradas. Colgaban como ahorcados en la despensa algunos jamones. madura y envejece. pero con el rostro salpicado de felicidad. Nada faltaba en aquella casa.

cuando el traidor de mi amo se acercó por detrás y dio con mi sentida cabeza contra la madera. que me adoctrinó en el arte del fingimiento como modo de lograr sin atraer la cólera de los más fuertes. El clérigo reía. a base de golpes. que como un cuerno. de maldades que el experto ciego me grabara en las todavía tiernas carnes. abrí la espita de todos mis sentidos para emborracharme de gozo ante tan divino espectáculo. 15 . aquella sangre densa que pugnaba por salir. Así que miré al clérigo que seguía riendo como yo mismo sin darle importancia al chichón. Vi de nuevo el toro de piedra donde desperté a la sabiduría.Y señalaba las cubas con sus cinturones de hierro protectores girando en torno como firmes anillos. Recordé al hidalgo. porque la vida es una sola y larguísima cornada. puesto de rodillas. como el tonto que ríe sus desgracias en las gracias ajenas. también. el astuto ciego que me enseñara a no confiar en nadie. Estaba en la cima del éxtasis. E ingenuamente arrimé el oído al primero de aquellos toneles y. oyendo la música más dulce que uno pueda escuchar sobre la tierra. – Escucha esos latidos. sujetando aquella vida líquida. intentaba aplastar en mi cabeza. y yo al verlo. Recordé entonces lejanos episodios de mi viejo. Era la estrategia que mejores resultados me había dado.

La ignorancia es un acto de la voluntad y yo era sabio. sobre todo cuando eran cosas que tocaban a su interés o a su bolsillo. porque mi natural había aprendido a desconfiar de toda mano ajena que se acercara demasiado. Pero no cayó. –…Sí –añadió. –Y si es de oro. ni se atreve a salir –añadí yo por si algo caía. hijo – volvió a repetir como si el sordo fuera yo. 16 . Es como aquellos perros maltratados que muerden la mano que los acaricia. Ya sé que tú tienes un gran corazón y desoyes los ladridos de los canes que aúllan a la luna.–Dicen que con una moneda de plata se baja la hinchazón – me atreví a insinuar. que ya sabía yo que era un poco sordo de aquel oído. que nada cuestan y aprovechan mucho. mientras paseaba su mano por mi hombro en un alarde de amistad que se me hacía sospechosa. Hay que ser gran actor para aparentar la verdad. así que no tuve dificultad en poner ademán de inocente y hasta hacerlo creíble. Puse cara de no estar al corriente. –Habrás oído rumores por ahí que intentan arruinar tu honra y nuestro negocio. –Escucha. –Escucha. – ¿Sí?– replicó socarrón. Mi primera intención fue hurtar la cabeza. sino un largo sermón. hijo –respondió como si no hubiera oído mis palabras.

Seguramente estaba predicando para el mundo y. –…Pues bien –prosiguió él– no les hagas caso. sea sólo por el ruido que hacen al romperse. –…Si sigues conmigo. incluso cuando te alaban la forma de sangrar. que el animal agradecido lame siempre la mano de su dueño. no te podrán venir más que ganancias. sí. A lo mejor era eso. El caso es que siguió con su discurso que yo no interrumpía sino con monólogos subterráneos como este. Me miraba a mí como si fuera poderoso. con metáforas. La malicia. Pero allá ellos. La verdad es que predicaba maravillosamente. pero no encontraba el poder por ningún lado. Me agradaba esa simpleza de los perros aullándole a la luna. Y después de una pausa para coger aliento. claro. Así nunca le atraerá el pozo donde se anegan los miserables. es capaz de sobrevolar las miserias. que son muchos los que ansían ver caer a los poderosos. cuando vence su vértigo. –… Sin embargo –prosiguió. Conocía bien su oficio. yo formaba parte de él. y la envidia pierden a los hombres. amigo Lázaro. 17 .No está bien eso de acariciar la herida después de la cornada. Igual que los poetas o estas gentes cultas que ladran también de formas raras. cogiendo el hilo del discurso– el hombre. Yo creí que eran los lobos.

Y aquí metió unos latinajos como palabras de un ensalmo o viscosidades de araña en cuyas declinaciones acaban enredando a sus víctimas. porque habrás oído por ahí cosas maliciosas sobre que tu mujer y yo. Lázaro. que nadie mejor que la naturaleza es capaz de resolver. y ramas donde algún cuco había puesto sus huevos. de un tiempo acá está como huraña con todo el mundo y más que nadie contigo a quien debe amor y respeto. mentiras con que el vulgo malicioso se divierte. aunque no tanto como el de mi señor. En fin. Bueno. –En unos meses todo volverá a su curso y tú con un retoño más. eso sí. Igual pensaba que me estaba ocurriendo a mí. cosas de la naturaleza. nada grave. 18 .–…Dígote esto. Habrás notado que ella. aunque nunca fui un apasionado de la Botánica. que " quien a buen árbol se arrima… “Y no es menester muchos discursos a quien como tú tiene aguzado el ingenio y el juicio imparcial para juzgar lo que te es más conveniente. como los nobles que buscan su genealogía entre las ramas. dicha palabra era como un reflejo automático en mí que aceptaba lo que se me ofrecía y no podía negar. Así que no tuve más que decir "Amén”. Y así es a pesar de su natural afable. que después de tantos años de monaguillo y criado de clérigo. planta sin raíces. tronco esbelto. Yo bien que iba entendiendo. por cierta enfermedad.

Y así salimos agarrados. aplaudiendo mi decisión. me sentía crecido en mis atributos. que seguramente pensaba cosas parecidas. que gracias a los dientes que me faltaban de cuando el jarrazo del maldito ciego. pero bienvenido fuera aquel maná. y más con la jarra de vino que me tendió a continuación para brindar por la "nueva alianza". Todo era acomodarse a la nueva situación y aquellas alhajas de carne que colgaban de mi mano ayudaban mucho a ello. sin dejar de reír ni perder la compostura– al salir de la bodega y topar violentamente como carnero con el dintel de la puerta. por donde podía resbalar sin obstáculo toda la corriente del Tajo en época de crecida. y yo riendo como bobo y enseñando los dientes que no tenía. se mordía el labio para no hacer comentarios en voz alta y reía. 19 . Así que no dejaba de reír ante tales pensamientos y el bendito clérigo. mi boca era un sumidero.–…Aquí tienes esa longaniza y toma dos morcillas más para que no digas que te falta apoyo en los momentos de prueba. Bien pensé que los que necesitaban apoyo eran ellos que se caían con tanta frecuencia. Primero se despachó él a su sabor y después yo la cogí entre mis manos y me eché los restos al coleto. que buena falta nos haría con una boca más. él dándome palmadas en el hombro. reía hasta descuajaringarse. que aunque yo no era tan alto. con un bulto en la frente y otro más que me hice –eso sí.

El cura me cortaba las alas. y después nos echó una bien dura reprimenda a los dos. –Demasiado –pellizcaba mi señora. que en la calle siempre he paseado la frente bien alta. pero mirándome a mí. que nunca he sabido qué cosa fuera eso. – ¡Pobrecillos! – ¿En qué estarás pensando? Al vernos en tan amable francachela. los apéndices. eso sí. nos miró. y no por vergüenza. primero asombrada como si no entendiera nada. a pesar de todo. que yacían panza arriba sobre una fuente arropados de ensalada. las ideas. donde nuestra muy querida y fiel esposa disponía la mesa y traía el pan con dos gruesos capones desnudos. Yo cabizbajo.De esta guisa entramos en la estancia. –Cada uno luce lo que tiene. Así fue discurriendo la comida. más bien silenciosa. luchábamos el capón y yo. Concentrado en mi plato. –Di que sí. por donde yo pude adivinar sus preferencias. Y volvía de nuevo a ellas. amigo Lázaro? –Mis cosas. – ¿En qué estarás pensando. confundidos en un cuerpo a cuerpo de besos y mordiscos donde la grasa del enemigo 20 .

.me resbalaba por la boca. no te delates en tus pasiones o impulsos. y los usos groseros repugnan a los ahítos. porque la ansiedad del que pide crea la retracción en el que da. que me halaga verte el gusto con que te despachas con esta 21 .. derribando vasos. prosiguió: —. Mantente siempre digno. pletórica. perfecta.Dígote esto.. el hambre es la medida de todas las cosas.. Juega con la ventaja del que da las cartas o es mano en la partida. Y después de esta frase redonda. con esa calma que los santos adquieren con la mortificación y el dominio de sí mismos. Así era mi señor. que son los que te pueden favorecer. Y no es que a mí me importe. porque un poco de discreción y buenas maneras atrae el favor de las gentes. No vayas nunca a nadie. cogió lo que del malvado capón quedaba e izándolo en su mano exclamó: –Lázaro. te ofrecerán comida por que no comas. Era profundo en las palabras como quien ha estudiado mucho y ligero en las acciones como quien ha vivido más. Si muestras tu apetito. que dejó retumbando en el vacío un momento. que sin inmutarse. Un pisotón nada oportuno me hizo soltar la presa que salió rodando por el campo de batalla. Si finges haber comido. Que así de enrevesado es el mundo. solemne como una bandera. Deja que el otro venga a ti. hijo. nadie te invitará a comer. regando de triunfo toda mi cara. ensangrentando manteles… hasta chocar contra el pecho del Arcipreste. –.

no hay que aparentarla. y el hambre. posando de nuevo su bendita mano en mi hombro. una mano blanca como de paloma mensajera. Le prometí en adelante mejorar mi compostura. cuando mi señor me retuvo un momento. salíamos ya. Y lo difícil que era aquietar el ánimo y la figura cuando el hambre te arponea las tripas. –Otra vez. que así anda el mundo confundido entre el tener y aparentar. que me pareció sabroso aunque no tanto como aquella carne jugosa que había volado de mí igual que una maldición. – ¿Qué? –Nada. 22 . Yo quedé un poco perplejo –forzoso es confesarlo– y durante su sermón. no basta con tenerla. como había sido mi caso en épocas pretéritas.inocente criatura como si te hubiera ofendido en algo o faltado al honor. Acabada la comida. que el cielo no quiera volver a repetir. si se tiene. Me rasqué la cabeza. pues la honra hay que aparentarla. pues pensé que debía picarme algo en algún sitio y cogí mi copa y de un larguísimo trago me lavé todos aquellos pensamientos densos como la madre del vino que acababa de trasegar a mis depósitos. estuve reflexionando en cuánta razón tenía una vez más mi amo y señor en todo cuanto decía.

aquel tono reposado me arrullaba como un susurro denso y doblegaba mi voluntad. que todos ellos tuvieron su origen en el estiércol. Y hasta si es posible. debes estar contento con la nueva situación. acreciente con sus obras los méritos de sus antepasados.. que bien merecen los que han alcanzado una posición. que ya lo dice La Escritura: Mirad los pajarillos del campo.. Luego prosiguió: –. que siempre había escuchado gritos.Y siguió su ritual.. a tu descendencia... Pues no creas que las grandes prosapias que hoy rigen los destinos de España vivieron siempre en la cumbre.. Lázaro.y yo también. no le basta al hombre saciar el hambre. que es de donde surgen los árboles más altos.que el 23 . – Mira. y es deber tuyo acrecentarla con un hijo que pregone con sus virtudes las virtudes de sus padres. Piensa en que el hilo de la vida se alargue más allá de ti mismo. sostenerla y alargarla con un heredero que cante un día las excelencias y buenos oficios de los padres. –. Existen otros apetitos que nacen cuando aquélla está saciada..No te hagas cuestión de su sustento. Empezó a desgranarme en los oídos toda una letanía de consejos y a mí. hijo –decía—. en que debes prolongar tu linaje y tu honor. que no sólo a ti pertenece. Hablo de la honra. sino a tu familia entera.Por eso.. Paró un instante para coger aliento. Necesitaba más aire.

Partí para mi casa meditando en las justas palabras con que el sabio del Arcipreste acababa de aleccionarme. Así estuve luchando con mi conciencia. sin embargo. cándido y simple que estaba siendo devorado por las garras de un cruel gavilán o tal vez de un buitre picándome las entrañas mías y aun más las de mi mujer. y no supe interpretar en aquel momento quién era verdaderamente la paloma: si aquella blanca mano que me daba de comer.Padre los alimenta cada día sin que ellos tengan que ocuparse del menú del día siguiente. o más bien yo. pero tardaba el sueño. Los mejores argumentos. Tenía cuanto deseaba para vivir y atesoraba en mis manos toda la felicidad del sabio que se conforma con solo lo que tiene. mis recuerdos y malos pensamientos hasta el alba en que llegó mi 24 . Pero seguramente estaba traduciendo. Agradecí mi buena suerte y procuré dormir. Nunca me habían asaltado las graves preocupaciones de los poderosos. insinuando ligeras palmaditas. Creía que la Biblia no decía exactamente eso. El caso es que vi levemente aleteando la paloma de su mano sobre mi hombro. la cual en aquel momento recogía la mesa ajena a nuestra conversación. estaban en mi mano y alcé levemente las morcillas y otros benditos rosarios que colgaban de ella como preciados dones con que la bondad del cielo me había querido favorecer.

Lázaro? –Eso estaba pensando—dije para mí. pero viéndome agitado. El caso es que lo nuestro funcionaba. Ignoro en qué estaría pensando.. Lázaro? 25 . Recordaba los lazrados años de mi infancia tan lejanos. – ¿Duermes. Así que giró su cuerpo y se durmió. Así que guardaba a mi señor la lealtad que le debía.. su manta. –También la guerra –respondile de forma misteriosa.. pues más que amo. a esas horas. pero yo seguí dando vueltas. era padre que me alimentaba y favorecía en lo que importaba más: el sustento diario que se ganan cantando los pajarillos y yo pregonándole sus vinos. preguntó: – ¿Estás dormido. su parte de la cama. temiendo que en algún momento tornara la desdicha a llamar a la puerta de mi estómago.esposa y tomó posesión de su reino. casi toda. –La vida es intercambio –confesome un día. Pero no debió entender. mientras mi esposa se ocupaba de ambos y todos del hijo que esperábamos y así nuestra sociedad nos mantenía unidos y prosperaba nuestro negocio. Él me ofrecía protección y procuraba nuestro sustento y yo le pregonaba y vendía sus caldos por toda la ciudad.. Verdad es que las carencias de la niñez se fijan para siempre y así me ocurría a mí con aquella hambre que nunca daba saciada.

– Ahí está. que fui pregonero. Y así era. haciéndolos correr. luego cabalgamos. contundente. Aunque quien cabalgaba era él y me ladraban a mí. –Llaman– interpretó ella desde el sueño. como si no pudiera soportar la humillación que le infería el triunfo ajeno. –No te apures –decía mi señor– ladran.. que intentaba arrojar lejos. –Olvídate. 26 . Yo. pero extendían en la sombra. ni lograrían soliviantar mi sosegado ánimo. para sacarme de mí y probar de ese modo que eran ciertos. Así es que no teníamos trato con nuestros vecinos y apenas nos topábamos con alguno volvía la cara o pasaba a la otra acera. conocía ese ardid por haberlo usado algunas veces. Así pensaba por lo bajo lo que llaman malos pensamientos.. de quien murmura para confirmar. mas no iba a caer en la trampa de enfurecerme con quien sólo insinúa para sonsacar. Y eso procuraba ante aquellos rumores que no se atrevían a soltarme a la cara. la pedrada en la puerta.Si no fuera por aquellas lenguas de serpiente que arrastraban nuestro buen nombre por tabernas y lupanares. De pronto sonó un golpe seco. No iba a entrar a ese trapo por más cuernos que me pintaran en la puerta de mi casa.

que el diablo o tal vez su padre puso en su mano. le prolongué un palmo las orejas.. como aquel granuja que me acertó en la cabeza con un sucio guijarro. silbidos. Hay que descalzarse y arrojarlas lejos y seguir por la senda de la vida sin mirar hacia abajo. Los que naufragan en medio de la miseria. Son como esas chinas molestas que se meten en los zapatos. para qué seguir con estas pequeñas miserias. en fin. que florecía una afición desmesurada a los toros en este país.– ¡Ahí va el sobrero! –bramaban. – ¡Ahí va el sobrero!– volvían a bramar de rabia.. Pronto empezaron a aparecer pinturas en mi puerta.. siempre intentan arrastrar a los demás. 27 . Mientras no embistieran. bramidos. Juro por ésta que no volverá a hacer cosa semejante. pues atrapándolo en mis garras. Pero yo dejaba pasar ese toro.

28 .

El ciego. Contaba una vieja historia acompañado de un más viejo laúd. reconcentrado en sí mismo. así que empecé a pregonar mis vinos alzando la voz por encima de la suya. quieto como una estatua. paró su historia. la expresión solemne. cantando sus excelencias. Llegaban hasta mí algunas sílabas entrecortadas. se quedó de piedra. Era la ocasión de hacer valer mis dones y allí había un público. 29 . pregonando los vinos de mi amo. encareciendo sus virtudes. venteó el aire como un sabueso y se puso a escuchar con atención. pues. que oyó aquellos como gritos de guerra por encima de la ciudad. que subiendo una mañana tras mi asno por una de las calles de la ciudad: alta la voz. notas sueltas trabadas por una voz bien timbrada en la que creí reconocer valles y aristas como de una geografía familiar aunque lejana.II— JORNADA SEGUNDA Estos que creemos dones no son sino duros castigos que los dioses nos ofrecen cuando no aparecen auspiciados por la diosa Fortuna Así iban de maltrechas nuestras relaciones con los vecinos y no ignoraba que en cuanto hubiera oportunidad se unirían para destruirnos hasta donde les permitiera la situación e incluso un poco más allá. el ademán altivo. cuando al llegar a una plazuela. observé un grupo de gentes a la puerta de la iglesia que hacían corro a un pobre ciego. Altivo. Digo. El círculo de gentes se abrió y el juglar dio unos pasos hacia donde yo estaba.

Estaba muy viejo y probablemente enfermo. También yo quedé paralizado como un pobre pajarillo a la vista de una serpiente. Tal vez el diablo le había guiado hasta allí para que se cumpliera su última voluntad. Así que nos quedamos los dos fijos en medio de la plaza. oficios o habilidades para vivir. 30 . Había rezado fervorosamente durante los últimos años de su vida para que llegara el día. Eran las voces del pasado que acudían a atormentarle. Llevaba una capa descolorida y sucia y un agrietado laúd con el que se acompañaba. Parecía haberse especializado en el recitado de romances y canciones. hipnotizado por aquellos ojos sin luz que devolvían a los demás el vacío que los llenaba. como dos gallos de pelea o como dos toros midiendo las distancias. Era un sentimiento contradictorio.el gesto duro. seguramente fruto de aquella terrible embestida que puso fin a una larga relación como la nuestra. pesando una a una las muy densas toneladas del odio. escuchaba con sumo interés. lo cual aflojaba el remordimiento. los cuales gustaban tanto a las gentes que no necesitaba de más argucias. tan taurina. Le raleaba el cabello y el poco que tenía lucía completamente blanco. Por un lado me alegraba que hubiera sobrevivido a aquella terrible embestida contra el poyo en Escalona. Lo observé con atención. Una enorme cicatriz le cruzaba la frente y se le hundía en el cráneo. donde uno burlaba y el otro mugía de dolor. pero renacía el rencor por tantas y tan malas jugadas como me había hecho pasar.

El miedo parecía formar en él una segunda naturaleza. ya de regreso. pero ya no logré verlo. se hacía guiar por aquel animal. recogido en su propia desolación. el ruin. vendido el vino. Sin embargo. como su propia sombra. un perro viejo y maltrecho que le servía de guía. por los gestos de terror y encogimiento que continuadamente mostraba. como un himno de victoria. Sentí pena por el pobre animal echado en el suelo. hecho el trabajo. pasé por la misma plazuela. pues creí verme a mí mismo caso de no haberme liberado a tiempo de sus aceradas garras. Era cruel como sólo pueden serlo un desamparado con otros aún más desamparados. cavando en nuestro propio rencor y arrojándonos a la cara todo el desprecio. vacía la carga. Pocas horas después.Le acompañaba a todas partes. yo y el asno echamos a andar por la cuesta arriba con los cántaros de vino bien repletos. compartiendo con él comida y pulgas. Al fin pude sacudirme la magia y como un gallo triunfador entoné mi pregón. con la más potente voz que pude sacar de mis adentros. la voz templada y los pies ligeros. tampoco parecía tratarlo con excesivo celo. Lo miré con afecto. Y finalmente. y aborreciendo la raza humana. Había seguramente escarmentado. Estaría buscando su 31 . Yo sentía su mirada vacía en mi rostro como una bofetada y se la devolvía multiplicada hecha trizas como en un espejo. Permanecimos aún un rato en silencio.

No había nadie a quien preguntara que no supiera darme entera noticia de tu vida y milagros. Él también retomó el tratamiento antiguo. poniéndose el sol en los tejados y a punto ya de replegarse el día. rebotándome la serenidad en las fachadas del alma y cerrándome el sosiego las puertas de la preocupación. como si se me hubiera removido la madre en la cuba de la memoria y un como regusto amargo me llegó hasta la lengua. En aquel momento bebía un largo trago de vino de una gran jarra que a modo de homenaje presidía siempre nuestra mesa. a lo que veo. que. – Hijo. Sabía de la inteligencia del ciego y que no estaba allí para felicitarme. al arrimo de comadres y beatas. son muchos. 32 . pero satisfecho del deber cumplido. Así iba yo. Llegué pues a casa muy cansado. tío? Así lo llamaba de antiguo. tal vez en otra plaza. ni guiado por el afecto – ¿Como ha dado con mi casa. eres muy popular en esta ciudad. cuando al traspasar las de mi casa. con ese tratamiento entre familiar y neutro y me vino sin más a las mientes aquel "tío" que parecía atar de nuevo algún hilo roto en algún sitio. a los cuales contaba las circunstancias y modos de nuestra – según él – rancia y acendrada amistad. a lo que veo.negocio en otra iglesia. vi con enorme sorpresa y no poco temor que allí estaba mi viejo amigo departiendo amigablemente con mi esposa y una amiga de ésta. Me acordé de muchas cosas.

–Aún queda gente buena. justo en la dirección contraria a la que debía seguir. solteros y casados. No saben ellos que soy como tu padre y jamás te haría daño. Hasta que caí en la cuenta de que te querían tanto como a las pulgas o a la viruela. no era más que una piadosa mentira – para que todo el mundo. pues como eso he venido. como si fuera yo el arzobispo en una procesión de Corpus. se ofrecieran gustosamente a acompañarme. con todo este boato. cristianos y judíos. el barrio detrás. los infelices. a no ser por razón de escarmiento y entreno para la vida.– No se crea todo lo que cuentan – añadí yo por restarme importancia. Aún creo que andan por las esquinas y tras las puertas esperando. –Verás. hombres y mujeres. igual que a una maldición. – Las inevitables envidias –comenté yo a modo de explicación. Entonces me mandaron al otro extremo. Y así he llegado hasta aquí. Así que no tuve más que decir que venía a cobrar una deuda y plantear una demanda de justicia – perdóname. 33 . Al principio preguntaba por ti en el barrio. y con todo el cariño con que los padres riñen a sus hijos. porque creo que no eres muy amado por tus gentes. chicos y mayores. – Aunque confieso que he tenido algún problema en llegar. presentándome –como es la verdad– tu padre.

–Así sea. En fin, que viene al caso del poco afecto que tus convecinos te muestran, y es extraño, pues siempre te tuve por persona espabilada, pero inocente y de buen corazón en el fondo. Y no quiero creer que la vida te haya cambiado tanto. – Verá, tío. La búsqueda del afecto está bien en los niños que por una sonrisa de sus padres son capaces de hacer las cosas más extraordinarias. A mí me extirparon esa víscera hace tiempo y entonces me creció la ambición , como suele ser en los adultos, de modo que he llegado a adquirir, dentro de mi modestia, una situación envidiable que ciega a unos, humilla a otros y daña, por los visto, a todos. –Está bien, hijo; así será; pero percibo un tono de reproche que me duele en lo más hondo, pues siempre te quise como hijo, como hijo te crié. Y si fui maestro duro algunas veces fue sólo por enseñarte a sobrevivir en las procelosas aguas de la vida. –Eso lo aprendí bien. —Comprendo también, que en un momento todos los hijos sientan la necesidad de liberarse del padre, aunque sea de manera simbólica. Me miraba –si así puede decirse– el malvado ciego, con toda su aviesa intención, mientras me llevaba a su terreno del que precisamente yo quería huir, como había hecho en el pasado, donde había intentado expulsar de

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mi conciencia aquella penosa escena del poyo de piedra, con la que topaba una y otra vez. En ello volvía a hurgar el maldito para mortificarme. Pero no creía que se conformara sólo con tan pobre venganza. El sol se había ocultado y las negras sombras empezaban a llenar la habitación de agitados fantasmas. – Tráenos luz –pedí a mi esposa, que vagaba como un espectro más entre los muy escasos muebles de la estancia. – ¿Se quedará a cenar con nosotros? –le propuse, cumpliendo con el deber de la hospitalidad. Tenía su pizca de intriga volver a compartir, una vez más, con aquel viejo, mesa y mantel. Lo del mantel era un decir, pues siempre había sido el nuestro la dura tierra y nuestros invitados los pequeños bichejos que por ella pululaban. Mas queda bien exhibirlo en casa de los pudientes como capotes del hambre donde se burla al toro de la necesidad. Así quise hacérselo notar, pasándole por las narices mi buena fortuna. –Está bien – respondió, adivinándome pensamiento. Como en los viejos tiempos. –Sea. –Pero, antes, bendigamos la mesa, que es bueno acordarse de Dios cuando no hay pan, y de los que pasan hambre cuando te pones a comer. Facilita la digestión. el

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Trazó unos latinajos y unas cruces como ensalmo, contra ese diablo flaco, para que no volviera a posarse por allí. –Amén. Y empezamos a gusto la tarea. –Sabrás, Lázaro, que mis dientes no me sirven como entonces, pues apenas me queda alguno, que baila en la pista de la boca –a lo que creo, de contento– en cuanto tropiezan con algo de comida; pero en fin, puesto que es preciso vivir para seguir mortificándose, pásame ese queso tan provocador y descarado y entablaremos recia contienda. Veremos quién sale vencedor. – Da’cá – añadió poco después, señalando al jarro de vino que yo le tendía– ese bendito bálsamo que cura todas las heridas de todas las batallas, que yo sabré sanarme no sólo las numerosas ya sufridas, sino las que aún tengan que venir. Y dicho esto, se echó a sus pechos el jarro y durante un buen rato permaneció asomado y pegado como una sanguijuela a aquel profundísimo pozo del que mana la alegría, la savia de la vida. Acabamos pronto de cenar, que aunque los físicos y otras gentes entendidas hablan de masticar despacio y comer pausadamente, no es esta lección que al pobre aproveche, pues ha de salir al paso con lo que tiene, despacharlo sin que lo vean y digerirlo antes de que se lo huelan y si no que se lo preguntaran a aquel diablo de

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ciego, que aun hubo de ir a pescar con el sedal del aroma, la maldita longaniza, donde era lugar de veda como el arca –atrancada, a lo que yo creía– de mi estómago. Así pues, cumplimos prontamente con la cena, que los viejos hábitos es difícil sustituirlos por los nuevos y la costumbre acaba moldeando nuestra naturaleza. La noche se nos había echado encima y apenas una pálida claridad blanquecina entraba por la ventana. Mi mujer trajinaba por la estancia recogiendo y ordenando cosas. A la luz de la vela, volví a repasar el rostro que tenía delante. Una terrible marca, como a Caín, le señalaba la frente, hundida violentamente, como derrumbada hacia atrás, lo que destacaba aún más las órbitas vacías de sus ojos siempre alzados, apuntando con sus aguzadísimos oídos a los sonidos que venían de cualquier parte. Apenas le quedaba pelo, sino en la parte inferior de su cabeza, como si se le hubiera resbalado hacia el cuello. Sonreí, pensando que alguna ventaja tendría con las liendres; aunque siempre podrían tener buen acomodo en aquellas luengas y blancas barbas que, como sucios carámbanos, resbalaban de su rostro. Su boca desdentada hedía como estiércol y en su nariz y manos veía unas como repelentes llagas, cicatrizadas unas, purulentas otras, que le daban un aspecto repulsivo, muy útil, por otro lado, en un mendigo, para tocar la fibra sutil de la compasión; aunque bien creo que él tenía 37

recursos suficientes. que bastón de ciego. Muy cerca de la mesa. como para no tener que acudir a tales subterfugios. le pregunté por su vida desde nuestra separación. No se me borra nunca de la memoria y aún me viene a la mente algunas veces y me persigue en sueños por las escaleras de los remordimientos. Le fluía el odio. como de estampa antigua. Era una hermosa escena. imponía aquel rostro inmóvil como una estatua. impresionante en su fuerza. Me puse alerta. y entonces me di cuenta de que las heridas más graves no estaban en su rostro. sino más dentro. pero absurda en su solemnidad. apoyada en la pared. Por cortar el silencio. A la luz de la vela. lo traspiraba como un animal y no había olvidado ni un instante aquel desdichado episodio. con todos los sentidos avizor y mientras hablaba de su vida. grandioso en su solemnidad. Apenas se oía el chisporroteo de la llama y el mordisqueo incesante del perro. Debajo de la mesa. el perro roía algunos mendrugos de pan y cortezas de queso que su amo le echaba de vez en cuando. Evité aludir al lamentable suceso que la había provocado. descansaba una gruesa y larga vara amenazante. Vi que le temblaba el labio inferior y apretaba los puños en un intento de controlar la rabia que se le subía por las paredes. tosca y firme. empecé a trazar mi 38 . pastoril y patriarcal. que más perecía báculo de obispo.

asiéndola firmemente entre sus manos para no soltarla ya en toda la noche. que estaba casi vacío. pero pareció olerme las intenciones y se la acercó aún más. Me hice con un pequeño cascabel que pensaba enganchar al collar del perro. precisamente las más desgraciadas con la intención de golpearme donde más podía doler. Pasó por alto aquel episodio sin duda negro que se levantaba entre nosotros como un densísimo muro. Había cerrado además. Con la disculpa de llenar el jarro. 39 . en el momento oportuno. como queriendo en todo momento controlar aquel punto de luz. que a modo de exvoto y ofrenda a mi santo patrón le tenía colgadas en un pequeño altar como protección contra la lepra. vi desde el umbral que el astuto ciego también parecía hacer sus preparativos. Calló unas cosas. que le dejaba en inferioridad de condiciones. las cortinas de la ventana por donde poco antes entraba la noche con sus desvelos. me levanté y con disimulo intenté apoderarme de la garrota. También puse a mano unas viejas tablillas de San Lázaro. El viejo ya había trazado la suya y en mí estaba adelantarme a sus propósitos. acentuó otras. le vi acercarse a la vela.estrategia. el muy truhán. Cuando retorné a la estancia. El viejo empezó a narrarme la historia de su vida desde nuestra –según él– dolorosísima separación. y vino a salir por sitio donde yo ya lo esperaba.

la nuestra? La piden cada vez y a menudo me hacen repetirla. Había criado y educado a otros dos mocosuelos como yo o más tiernos. una de las historias que más éxito tiene y más demandan es la tuya. un día de estos. Me contó que desde aquello –y evitaba. mejor dicho. en alguna aldea. y nunca le había faltado una moneda. un trozo de pan y un pajar caliente donde pasar la noche. Pensé que sería aquella una historia de nobles y villanos y bien sabía el papel que se me había atribuido. me acercaría y haría el más entusiasmado público que imaginar pudiera. Salvo algún apedreamiento ocasional. Yo mismo la he compuesto y si lo quieres. párate un rato y podrás gozarte de la fama tan encumbrada a que has llegado. – ¿Sabes. el negocio iba bien.Refirió que había acabado de juglar por los caminos. que un día en que mis muchos e importantes menesteres me dejaran tiempo y ocasión. finalmente. pero a la fe. cargado con un laúd y un montón de romances y cantares que recitaba en las plazas y mercados. dar nombre y aludir al penoso momento de nuestra brutal separación– las cosas no habían sido lo mismo. aborreciendo del género humano que tales 40 . no tan despiertos y. pues a las gentes les gustaba oír las historias de los otros. pero le prometí. que junto a reyes y grandes señores. lo mismo que yo. Lázaro. a las puertas de las iglesias y en cualquier lugar y circunstancia donde hubiera gentes reunidas y ociosas. hartos de las suyas propias. con todo.

Se había vuelto aún más cruel y eso era lo que veía en sus facciones endurecidas por el odio al mundo entero. pues si lo hiciera.dolores de cabeza le producía. cuya fidelidad proverbial no era puesta en duda. pues rechazó la oferta sin más. enroscado en sí mismo. no demasiado lejos de allí. lanzó un leve gemido y volvió a tumbarse inerme. El animal apenas se movió. Yo mismo me vi. como él. un poco ladrón como todos. alegando que tenía lugar y palabra en una posada. ¿qué prisa tenéis. vigilando no cometiera alguna bellaquería. ¿Qué horas son? –Es ya noche cerrada – respondí– mas. sería yo quien no iba a pegar ojo en toda la noche. tío? Se os puede hacer un sitio caliente allá mismo en la cuadra –remarqué yo con toda la intención de que no aceptara. de maldad congelada que era aún más patente en los reflejos de la llama al rebotar sobre sus pómulos. retorcido por el dolor y la impotencia. – Se me hace tarde –exclamó al fin. donde se detenía cada vez que venía a Toledo y cuyo dueño era un muy bien conocido y amigo suyo. pero le había quedado como un rictus de fría crueldad. había optado por arrimarse a los animales. La vejez no le había borrado aquel brillo de inteligencia que se desprendía de su rostro. Pero otros eran sus proyectos. pero 41 . A la vista estaba aquel pobre perro al que arreó sin más una dura patada como para probar sus palabras. caso de haber seguido a su vera.

también felices sólo porque todavía no han llegado. como así era. tomé la jarra y la llevé a la boca. felices porque ya han pasado. cegado aún más por la ira. – Así pues. los nervios tensos. descargaba su tranca con toda su fuerza hacia el tintineo aquel. Observé su figura rígida reconcentrada. El perro empezó a moverse por la estancia haciendo sonar la esquililla y el diabólico ciego. apagó la llama y quedó todo en tiniebla. El rencor le seguía detrás como una terrible sombra. Me puse alerta y. Echó entonces mano a la garrota con la rapidez del rayo y lanzó un terrible golpe. sin dejar de observarle.no demasiado y. me lancé rápidamente bajo la mesa sobre la que descargó toda la tremenda fuerza de su garrote. cuando me ofreció de beber. tratándole bien. no quería darle motivo de preocupación. prevenido como estaba. si no fuera porque. De repente. con un gesto brusco de su mano izquierda. y por los nuevos. 42 . trae acá la jarra y brindemos la última vez por los viejos tiempos. Lázaro. Pasó un largo trago que dejó el jarro casi a oscuras como si intentara lavar con aquel bálsamo la densa amargura que lo ahogaba. pensando en alcanzarme con las bendiciones de tan terrible hisopo. pues avisado había quedado de que allá pasaría la noche. le colgué al cuello el cascabel que precavidamente guardaba. que me hubiera dejado allí clavado para siempre. Allí sujeté al perro y con toda el apremio que el momento exigía. abiertos los sentidos.

que abrí de par en par. hasta que. finalmente. mientras empecé a gritar con todas mis fuerzas en mitad de la calle: – ¡Al leproso! ¡Cuidado! ¡Al leproso! El miserable. que marchaba tras el perro. 43 . En seguida empezó a entrar una claridad lechosa que fantasmagorizaba la escena haciéndola irreal como un teatro de marionetas. Parecía el juego de la gallina ciega donde el ciego perseguía una campanilla que perseguía al perro. hacía mover las tablillas. Me dirigí a la puerta de la calle. el cual me perseguía a mí. me acerqué de un salto a la ventana y descorrí las cortinas que antes había echado el astuto ciego. como un blanco móvil al que siempre es difícil acertar y más guiándose exclusivamente del oído.Aprovechando la confusión. disponía de una clara ventaja sobre el furibundo ciego. y confirmaba mis palabras. mientras el sorprendido viejo daba frustrados golpes de ciego – nunca mejor dicho– contra una campanilla que se movía de aquí para allá. cuando tuvo ocasión. con el ciego inmediatamente detrás y yo detrás del ciego sobre quien coloqué al pasar aquellas tablillas de San Lázaro. sacudiéndolas aún más cada vez que intentaba quitárselas de encima. era aquélla una noche de luna y con ello y el conocimiento que yo tenía del lugar. Por suerte para mí. el desesperado animal vio la puerta de la calle abierta y salió como un rayo.

mas en vano. con señales evidentes de haber sido golpeado salvajemente. entrar en la ciudad varias veces. el cuello partido y el cuerpo y los miembros deshechos a dentelladas. guardando celosamente las entradas. Días después corrió la voz de que en los basureros de las afueras habían aparecido unos restos humanos. apenas reconocibles. nadie le creyó y empezaron a lanzarle pedruscos más gruesos e insultos cada vez más certeros. sin ánimo claro de hacer blanco en su figura. saliendo de la ciudad a toda prisa por los sucios arrabales donde el ejército triunfante apostó sus vigías. maltrecho y humillado. tras las puertas de las casas. con el rostro deforme. pues – y con eso ya contaba – nadie se pararía a comprobar la verdad de sus palabras frente a las mías. Así hubo de alejarse de allí. Al lado. el cadáver de un perro. solicitando ayuda.al comprender la terrible amenaza que se cernía sobre ellos. en las tabernas. el cráneo hundido y el lomo lleno de 44 . que espiaban en las esquinas. sobre un charco de sangre ya seca. Dicen que aún intentaron aquella misma noche. cuando el viejo empezó a clamar por su limpieza. comido a mordiscos. y a intentar aproximarse a las gentes. pero después. empezaron a lanzarle piedras. de un varón adulto. acudieron al ver el alboroto y .Las gentes. pues a cada momento saltaban las voces de alarma y las pedradas disuasorias ponían en fuga al enemigo. yacía. él y su malhadado perro. al principio para alejarlo.

en defensa de su amo luchando contra quién sabe qué enemigos– ladrones. fuera sólo por liberarse de responsabilidades y disipar sus culpas. lobos. dimos tierra en sagrado a aquel pobre ser con quien tantas cosas había compartido. Era evidente lo que allí había sucedido. con el concurso de mi señor. aunque inútilmente. pero aún había necios que insistían en otras interpretaciones que muchos defendían con empeño. Era hermosa la historia. con ejércitos de moscas haciéndole el cortejo. Pero dejémoslo así. cuando apenas la luz empezaba a iluminar tanta ignominia. El cadáver del ciego lo metí como pude en un viejo costal que para la ocasión llevaba y con él sobre mi asno nos vinimos a la ciudad. allí me encontraba yo y mi asno decididos a cumplir con una obra de misericordia tan elemental y antigua como la de enterrar a los muertos. echándose a morir al lado de su dueño. Es el caso que unos días después. que no es malo que las flores crezcan sobre el estiércol.magulladuras y cortes. como sólo suelen serlo las mentiras. bien temprano. Sobre el mismo estiércol cavé un hoyo profundo y metí el cuerpo exangüe del animal. donde poco después. Había quien –sosteniendo la fidelidad proverbial de los animales– mantenía que aquel triste había muerto. tal vez– y en el extremo de su entrega. 45 . cuando todo fue inútil.

y en el momento en que lo veía desaparecer del horizonte de mi vida. La soledad es un vacío que ocupa mucho sitio. 46 .No niego que alguna lágrima furtiva se llegó hasta mis ojos. limpiándola de sentimentalismos. sino con larguísimos tragos de un vinillo fuerte con que me enjuagaba el alma. remordimientos y otras adherencias. Creí oír su voz rota y sus palabras. sentía un nudo de tristeza que no logré desatar en los días siguientes. ya viejas como un eco que volvía desde atrás. incluso las más hondas. no teniendo yo padre. –El vino cura las heridas. proyectaba sobre el viejo mis sentimientos de hijo. Y es que. Pero no había nadie.

No es mi caso. que esta labor iba a ser muy superior a mis fuerzas y excedería en mucho mis capacidades. pues se vinieron a mí como en montonera. ordenándolos siempre.DESCANSO I Pensé. Los artistas conocen esto y lo llaman inspiración. Por caridad cristiana me han acogido en su convento estos sabios y benditos monjes. sirviéndose de nosotros para expresarse y levantar. sin que parezca yo más que un intermediario. Hago mi trabajo. como lo es mi pluma. que me lleva muchas horas. Ocurre que lo que pensamos y aun más lo que sentimos y mucho más aún. limpiando la suciedad que los ataca y cuidando y preservando este asilo venerable. Tampoco parece que yo soy en la mayor parte el autor de los hechos que me han acaecido. hilvanándose los hechos entre sí. ¡cuán alta a las veces!. como yo les digo. Tiempo no me sobra. copiándolos a veces. y allí se manifiestan cuando les damos ocasión. la voz de su protesta. ciudadanos libres de sus propias repúblicas y no siervos nuestros. entre los acontecimientos y el espejo del papel en que quedan reflejados. los muchos dolores que sufrimos se hacen como seres vivos autónomos. pero creo haberla cogido por derecho y la veo avanzar casi sola. Algo habrán 47 . encuadernando libros. Así también ahora parecen cobrar vida de nuevo para plasmarse en esta hoja sin necesitar apenas mi concurso. derramándose en mis hombros y yo sólo tuve que cargar con ellos. al iniciarla.

pues.contado también. retirado a mis pasillos interiores. Esa es una forma de sabiduría más honda. como hago yo ahora en que no quiero dejar pasar de largo tantas cosas como tal vez aconsejaría el buen sentido. profundamente humano y nada presuntuoso. Pasa a veces días de retiro y oración o aplicado al estudio. ¡Cómo duelen todavía algunos esquinazos con los que vuelvo a topar y a herirme. Así me gano el pan dignamente. He hecho amistad con un monje que viene por aquí a menudo a consultar algunos libros. Uno aprende con el tiempo 48 . copista a ratos y escritor de mi propia historia en los momentos escasos que me dejan libres las demás ocupaciones. mis escasos méritos. voy deslizándome a oscuras por las rutas intrincadas de la memoria. yo lo sé. Es cordial en el trato. ayudante de encuadernación. Dicen que es un sabio que enseña en la Universidad no sé qué materias y así debe de ser. mientras acabo de perder la vida. Aquí me encuentro. Robo horas al sueño— ¡cuán poco necesitamos a esta edad!— y a los tiempos de asueto y de recreo –que tampoco va bien la frivolidad con los años– y así saco algunos ratos en que recluido en mi estancia. quiero creerlo. por más que el tiempo que todo lo disuelve haya pasado por ellos! Parece que el alma tiene aristas que siempre nos desgarran y más cuanto más nos acercamos a sus filos. tanteando con mis dedos en todas direcciones.

Cuando avance un poco más esta preñez le daré a leer algunas hojas por oír su consejo y seguir adelante en la gestación de este ser o abortarlo en el momento que convenga. Algo de mi vida y mis cuidados (o descuidos) le he contado así como al pasar y me ha escuchado atento. Mas también sabe de humor y entiende en la belleza que sabe apreciar a lo que creo. incluso con respeto. Es el caso que hemos conversado algunos ratos. sencillo. Lázaro. generoso. Parece que no está exento de problemas con sus superiores y hasta con el Santo Oficio. Seguramente habrá después momentos en que se atranque y tendré que empujar con fuerza el carro de mis 49 .a reconocer lo auténtico y a desechar las imposturas. No le he dicho que ya he empezado a hacerlo. por razones de ideas o doctrina. contándome cosas de gran sentido y peso. directo. Es franco. Me ha animado a ponerme por escrito. y a los que estamos dentro. que bien me han aprovechado. nos ayudaría a conocer los numerosos engaños y peligros que acechan ahí afuera y una vez sabidos. Me trata como a igual y por mi edad. máxime en mi caso que viví mucho tiempo de ellas. que ellos sabrán. Dicen que ha escrito algunas obras de mérito en latín y en nuestra castellana lengua. Así veo avanzar con insólita premura esta narración que al menos al principio parece marchar sola. evitarlos. apasionado. pues no dejaría de tener interés para más de una persona: A los del mundo les serviría para ver el proceso de conversión de un pecador.

Y yo fui su discípulo. 50 . Pero ya veremos—decía mi ciego. Así que.equivocaciones para salir del atolladero y llegar a algún destino. ya veremos.

favoreciendo sus devociones. ganarás el pan con el sudor de tu frente. Por aquellos días. llevome a pasar en sus fincas unos días para que observara el milagroso proceso de transformación de la uva. pero llega a su posada. que el tiempo es lento como burro viejo. estando ambos por aquel tiempo ligeros de obligaciones. 51 . sabiendo mi inclinación por el vino y por todo cuanto le toca. Pero no se terciaba. si acaso se tercia. que tenía sus viñas en una aldea cercana. mi señor. estoy seguro. mantenerme alejado de la ciudad. –Y echas una mano al personal. humillados y ofendidos por las bofetadas sucesivas de los días. –Hijo. y a la vez.III— JORNADA TERCERA El honor es un lujo que aflige a los saciados y la virtud una enfermedad que ataca a los ahítos. Los días fueron pasando y avanzando los meses. descargándome de mis numerosas y pesadas cargas que él tomaría sobre sí con gran placer. que disciplina muy dura era esa para un cuerpo tan frágil como el de Lázaro habituado a andar tieso por la vida y no encorvado como esos pobres campesinos. Corría septiembre con las uvas dorándose en el último sol del verano y los viñedos ofrecían sus frutos como una tentación irresistible.

que por peores caminos hemos pisado y en lechos más duros hemos dormido. En fin. De aquí que no extrañe ver muchedumbres de gentes que anegan las ciudades con sus bultos de hambre. Dejé pronto bien claro que yo no era uno de ellos. Pero también mira un poco por ahí. –Si lo sabré yo. rolliza y cantarina en quien puse los ojos desde el 52 . Que mis negocios también son los tuyos. –Amén–concluyó el clérigo con humor. pues bastante tiene con ocuparse de su propio negocio. Cada cual mire por sí. que el trabajo es una maldición. que me han aporreado todas ellas. moza alegre. Y más en aquel trabajo donde había que andar a cuatro patas y bajar mucho la cerviz. Tenía el capataz una sobrina de unos diecialgunos años que trabajaba de cortadora en la cuadrilla. pero una maldición. que Dios mirará por todos. Y se fue tras sus afanes que eran muchos y yo quedé con los míos. que eran más. Ahora era yo el que predicaba—.–Pero no con el tormento de mis riñones. –Todas las partes del cuerpo son igualmente dignas. y en estos días mal vistos y peor pagados están los oficios de aquellos que se afanan con las manos en ganarse el mendrugo. sino un pájaro libre que podía volar cuando quisiera y cantar cuando tuviera ganas. Pero Dios proveerá. que no es Lázaro hombre que se afane por otros. divina.

no con la locura enamoradiza de los galanes de los libros. que no que quedara atrás la honra de su sobrina. Pasaba a menudo a su lado y mientras ella permanecía arrodillada ante cada cepa – que bendito es el vino que se le venera aun antes de salir a la vida– yo. En fin. que la deseaba como sólo se puede desear la fruta madura. Ella a veces no se percataba y nos dejaba abierta durante un rato la puerta del paraíso. Otras se daba cuenta. Su tío pasaba de vez en cuando vigilando como un Argos el honor de su pupila. sus muslos gordezuelos y más cosas aún que la imaginación suple cuando la realidad se desea. con mi varita mágica en forma de sarmiento. procuraba levantar sus sayas. pero hacía como si nada hasta que de repente cerraba de golpe la puerta y nos daba con ella en las narices. distraídamente. Yo no era de esos que hunden sus sentimientos en el tintero de los sueños. No. Tales lujos están bien en los de arriba y no en los pobres para quienes la honra está sobre todo en el pan que comen casi todos los días . que se mueren de amor y van dejando regueros por doquier. aunque más parecía importarle que adelantara el trabajo y cesaran las distracciones.primer momento. que sin embargo no está del todo al alcance de la mano. Veíamos entonces sus finos tobillos. que no hay mayor 53 . sino de aquellos otros que sólo saben escribir con las gozosas plumas del lecho.

cuando alguien comentó que nuestro amo había tenido que dejarnos urgentemente aquella misma mañana por responsabilidades propias de su cargo. 54 . –Vosotros a mí. por lo que supe que era cierto.. Teresina era la única tentación que nos seguía. con frases bien aprendidas. Corría la segunda jornada de mi estancia. ni día más desgraciado que aquel en que no hay nada para llevarse a la boca. Las demás se habían quedado lejos. El pecado se esparce por doquier y el diablo lo siembra sin parar por todas partes. Y así fue que no habiendo muchas tentaciones. sede de virtud el campo. en Toledo. –En cuanto a ti –prosiguió. dicen los estoicos. Dejadme en paz. refiriéndose a mi persona– me encargó te dijera que no tuvieras prisa en regresar. Pero el amor es peor que la guerra. pues habían requerido su presencia en la ciudad adonde sin tardanza ni tiempo para despedida había dirigido sus pasos. La ciudad es asiento de maldad. pues él en su ignorancia hubiera sido incapaz de juntar tantas palabras. Pero no es verdad..y todo vale. –Basta ya.afrenta que el hambre. fuimos a caer todos en la misma. Así habló nuestro capataz.

los llamé a grandes voces que se llegaran hasta mí. 55 .que de momento. –Amén – respondí yo a modo de asentimiento. otros se rascaban la cabeza. Volví pues la espalda y con paso digno me alejé del grupo. Y el que más se reía era el bruto de Rebolledo. con su morro desdentado y un mugido hueco resonando en el fondo. Y un coro de risas. más necesitaba de tus buenos oficios aquí. descaradas casi todas. Ofreciles de comer los restos de nuestro almuerzo: algunos garbanzos. haciéndome cargo. retenidas unas. cuando. habrías a la fuerza de permanecer ocioso. como en efecto hicieron de inmediato. como agudos alfileres de sospecha. quién escarbaba con sus pezuñas en el polvo. un buen trozo de tocino. que no allí en la ciudad. hampones y mendigos. cojo el otro y marcados ambos de llagas. que la envidia ha sido siempre mala compañera. Sucios. donde libre de ocupación. ligeramente heridos. desastrados. malolientes. pero quien ríe último… Unos afilaban sus navajas. recomponiendo mi figura y mi orgullo. cuando vi que se acercaba por el camino una pareja de sucios vagabundos. y un coro de cómplices miradas se clavaron en mí durante un rato. Esa misma tarde tuve ocasión de restaurar mi dignidad algo marchita. el uno ciego. y el queso. Pero no hice maldito caso y volví a mis cosas. repelían incluso a la propia caridad cristiana y ya los habían despedido con la breve limosna de un racimo de uvas.

por si era menester. porque eran – decían– materias peligrosas. La limosna es moneda de caridad y no tiene vuelta. una vez bien hinchados mi vientre y mi bota. pero rehusaron esto último.todo que quité de la merienda y todo bien mojado con el vino que quedaba. un morral de cuero y hasta alguna herramienta o cuchillo de trabajo. Miré con atención sus engarañadas figuras y sentí lástima como sólo podía sentirla de mí mismo cuando se me agolpaban en la mente los tristes días de mi infancia. una manta. le engañé y supo mi engaño. Se ofrecieron a corresponder con su trabajo. Les doné ciertas prendas que andaban por allí: un par de sandalias. –La tentación es mejor ponerla lejos. después de haber satisfecho la mayor necesidad como era el hambre. En muchos días no habían comido y lo agradecieron como yo bien sé se agradecen estas cosas. –Eso digo yo– añadí– convertido a su causa y creyendo fervoroso en su inocencia y buenas intenciones. Me pidieron si podía dejarles descansar un rato y dormir allí la siesta. Sonreí para 56 . Recordé aquel breve momento feliz en que repartí con el sagacísimo ciego el famoso racimo y donde engañándome. pero no pude aceptar. pues venían rendidos y no les vendría mal hacer una pausa para recuperar algo de moral y fuerzas.

Sospeché la trapacería y acudí al lugar donde habíamos dejado nuestras cosas. menos mal que eran menguados. El perro más avispado pierde reflejos. para algunos sabuesos. pero ambos milagrosamente 57 . Pero la traición duele. me desenterraron vivo y también los tesoros. Pero el dinero huele. y cuando por azar dirigí la mirada hacia ellos. centrado en ella.mis adentros pensando en las volteretas que suele dar la vida y cómo las cosas pasadas siempre vuelven. ¡Pero se está tan bien a la sombra…! La pandilla entera. al comprender lo ocurrido. uno delante del otro y sin apoyo mutuo. Y hasta algunas monedas que dejé bien escondidas. Era como abrir tu corazón a los otros y te quedaras sin él. me olvidé hasta de mí mismo. pues apenas hube abandonado a aquellos malnacidos para incorporarme a la faena. Faltaba mi capa y mi bota de vino y habían levantado como sucios roedores todo el alimento que sobraba. El cojo corría como alma en pena y el ciego le seguía sin tropezar lo más mínimo ni salirse para nada del camino. estoy seguro. Pero todo se vino abajo y sucedió lo que sólo a Lázaro. gafado por los astros podía suceder. Por una vez que dejé de ser Lázaro. salió furiosa tras los pícaros. –Claro– respondí finalmente con esa generosidad que nada cuesta. Sentí la burla. los vi alejarse a pasos más que veloces por el camino. cuando está demasiado tiempo tumbado. Y eso me pasaba seguramente a mí.

yo buscando ocasión a mi venganza y ellos plenamente dispuestos a la suya. que no pudo tragar nada en varios días. De este modo quedó nuestra relación sellada por el resto de los días. al final de las tareas. –Está bien –tuve que pensarlo.. 58 .. como largas guadañas eran muy convincentes. afilados.. se echaron rugiendo sobre mí. –Si os ponéis así. corrían lo mismo que el demonio..curados.. largos días. Al no poder atraparlos. y así lo hice. pero no recuerdo bien por qué juré. –Todavía no he matado a nadie–aposté– y alcé un último gesto de conminación y fuerza que no sirvió de nada. –Nos ponemos así. –Por tus muertos. cuando el amo repusiera las mías. Tan poco se fiaban de mí que me hicieron jurar por lo que más quería. Hube de prometerles que repondría sus cosas. pues en seguida levantaron sus puñales curvos por los arrabales de mi cuello. –Por lo más sagrado. aquellos pocos. Aquellos cuchillos curvos.

Con el cuchillo en la mano. Rebolledo era un alma en agraz. pero no era yo hombre que se rindiera tan fácil y la maquinaria de mi cerebro tan llena de herrumbre que no consiguiera fabricar algún ardid del que sacar provecho. parecía el dios de la venganza. Porque hay almas de moscatel.IV JORNADA CUARTA El mundo es pura apariencia. de albillo y las hay en agraz como el alma del malvado Rebolledo. Sólo el dolor es real y de eso algunos somos más ricos. como él mismo confirmaba orgulloso. Decían que había matado a dos hombres y pasado largos años en galeras. al servicio del rey. Feo como una mentira. metía un ojo en el otro mirando el mundo siempre torcido como garras curvas que escarbaran en las vísceras de las gentes para sacarles la vida. no entrarle nunca de cara. recogí con cierto recato unas hierbas que todos maldijeron por sus misteriosas propiedades y 59 . Al día siguiente. Vi que deseaba tanto como yo a aquella moza rolliza y de buen ver que sonreía por todos los costados. y yo pensé que a un enemigo así es preferible evitarlo o.Sonreía como las fieras. dejando ver cuatro dientes podridos que eran lo mejor que le quedaba y desprendía un aliento fétido por su boca torcida que hasta se pasmaban los racimos. cuando menos.

con los ojos muy abiertos y echaba a correr por el monte dando gritos. se levantaba lleno de terror. pues a veces le daba el ataque de locura y. el infierno era real. contó que había recorrido el cielo y hablado con algunos ángeles que al ir a tocarlos se desvanecían en la nada. – ¡Menudos abogados! –Diablos de la guardia. huyendo de 60 . parecían inducir alucinaciones tan reales. que no se habían olvidado y rezaban por él continuamente. indagando. deseándole toda suerte de males. pero al revés. En cambio. más o menos como aquí– confesó. lanzando maldiciones e insultos. Había visto también a sus dos muertos. lo mismo que los sueños. Aquel mismo día en la comida probé sus efectos en el odiado Rebolledo. Cayó en seguida en un sopor tan hondo que no hubo manera de levantarlo de la siesta y así estuvo toda aquella tarde y noche hasta la madrugada. Machaqué algunas de aquellas bayas negras que vertí en su escudilla de garbanzos los cuales devoró sin enterarse. Allí estaba la gente siempre cabreada y dando voces. Al despertar. dándose al diablo.que. que las gentes las vivían como hechos verdaderos. El caso es que los días que faltaban los pasé maquinando mi plan y las noches vigilando.

machacando bayas y hierbas de belladona que pude apañar. y pasos que nadie más sentía. yo también preparé en secreto mi asquerosa pócima. consiguiendo con todo una pasta que disuelta en el vino hacía el más rico caldo que uno pueda imaginar. deambulaba a oscuras por los alrededores de mí mismo. Ladraron los perros y regresé al lecho. Un búho muy cerca rompió la noche con su grito. filtrándose de una ventana abierta del primer piso y que debía proceder de la cámara donde yacía Teresina. donde permanecí un buen rato con los ojos abiertos en medio de la oscuridad. cuando advertí una tenue luz. como un ligero fantasma en el hueco de la ventana.no se sabe qué. Eso al menos me confirmaron todos cuantos la 61 . Oía voces. En seguida se apagó la luz y todo volvió a quedar en la más negra oscuridad. Mientras aquella se adobaba. Una de aquellas. Dos días después acabó la vendimia y antes de partir y dividirse las gentes y de que cada cual regresase a su hogar o a nuevas faenas. espantado el sueño. que nadie más oía. apretado al fresco de la noche. Aún pude escuchar antes de caer en el abismo del sueño el grave ulular del búho desgarrando en una estruendosa carcajada las vísceras retorcidas de la noche. se pensó festejar la despedida con una cena un poco más señalada. Pude divisar su silueta. Alguien también lo oyó. dibujándose apenas.

entrelazados sarmientos. Carreras por el campo. todos son de la misma familia. Tal vez me había pasado con la dosis. encendido como una estrella fugaz. bebedizos y pócimas. cercados de terror fueron a esconderse en la iglesia donde trancaron las puertas y empezaron a rezar y santiguarse por las almas del purgatorio y hasta del 62 . unos con otros. temblores y bebida. Todo el mundo empezó a danzar. estrujando sus racimos. El trepidar de la tierra entre los pies danzantes y una luna muy llena que lo registraba todo. Aquella noche todo se agitó como una gran locura. la música que le saltaba dentro. crepitando de luz y de deseo. Malditos sueños. No había más que ver a aquellos cuerpos sin dueño. Yo vi alguno correr sobre la noche. al fin. Una hoguera en el centro hacía girar los astros.probaron horas después. del veneno. La pócima maldita obraba sus efectos. del diablo. Temblaba el mundo en una sucesión de escalofríos. de la serpiente. oscilantes. Todo el mundo danzaba al ritmo de la tierra que llevaba dentro. vertido que hube todo el mejunje en el común caldero donde se cocía la cena. Las gentes de la aldea vecina despertaron y al oír el alboroto. El recato y compostura no son más que débiles defensas contra los recios empujones de la vida y sus grandes pasiones. ardientes como encendidas hogueras. Los cuerpos se enhebraban igual que los deseos. mucha bebida y baile.

no sé si de miedo o de cansancio. No podía ser. volviendo de nuevo a la vida. que era necesario recuperar. sobre todo la figura rutilante de la hermosa Teresina que brillaba con luz propia. Entre la sorpresa de la aparición y el reflejo de la luna que lo fantasmagorizaba todo. pues se habían escapado aquella noche y vagaban libres por el mundo.infierno. Era domingo. Poco después cayó sobre sí mismo en agitado sueño. La llevé a su aposento con inmenso cuidado para que no se tronchara y allí cabalgamos juntos por los caminos del cielo y el mismo cielo hasta las puertas del amanecer que siempre chirrían. Rebolledo andaba tan borracho que apenas se tenía en pie y giraba y giraba y volvía a beber. como trofeo de caza. en una de las estancias y. El caso es que sólo yo y mi mala conciencia permanecíamos ausentes. olvidado del mundo y sus tentaciones. Me incorporé 63 . la gente salió huyendo por todas sus puertas. Pero los ataques venían de todas partes. abandonando a Teresina que se desmayó en mis brazos. cuando los ruidos empezaron a desenvolver el día y la pequeña tropa a desperezarse el sueño. Me entré en la casa y arranqué una cabeza de ciervo disecada que había visto adornando. A lo lejos sonaban las campanas de la aldea llamando a misa o a rebato. puesto sobre la mía. contemplando el paisaje. salí a la noche como fantasma o diablo que acude al conjuro. Estaba ya bien entrada la mañana. no sé bien.

64 . una vez en Toeledo. El caso es que ante tales rumores salimos de allí lo antes posible.sobre el lecho y pude ver la cara de felicidad de Rebolledo. – ¿No sabréis vosotros algo?—preguntó mi señor. abstraído. como ocurrió poco tiempo después que se abrió una investigación. de reuniones sabáticas y ungüentos y orgías con el diablo. Pero todo dejemos para otro rato esa historia. que era el que más tenía que callar. Se ve que de vez en cuando hay que hacer una limpieza. Estaba tan abstraído que ni me oyó cuando le saludé efusivamente dándole sus buenos días. Había empezado a correr por el lugar una historia de brujas y demonios. Aquel mismo día cada uno partió con rumbo diferente hacia su hogar o hacia nuevos lugares de trabajo. Cuando se mienta al diablo acaba apareciendo. salvo yo. Pero nadie sabía nada. ahora que el sol se ha ido y la noche – ¡estas largas noches de invierno!– viene a cerrar casi de golpe la página del día. el santo Oficio por medio y unas cuantas brujas aporreadas. nadie recordaba nada. acariciaba una prenda de mujer que llevaba a su boca y pasaba una y otra vez por su rostro. que habían sido mis buenas noches. quien.

contagiado de ellos. Vivía al arrimo de los buenos. sometido a todos los vaivenes del destino. con mi señor y mi bien considerada esposa. Con esa intención escribí y mandé aquella breve historia de Lázaro. Dejé pues. nunca se ve uno satisfecho. puramente geométricas al fin. por más que mucho se ocupó — de esos modos se divierten los ociosos — de mis relaciones triangulares. nutrido y cuidado por mi bien amado señor el Arcipreste allá en Toledo. una historia terminada: mi infancia y primera mocedad. al oleaje turbulento del vivir y acontecer. las peripecias. Nunca había estado en tan alta posición ni medrado tanto mi fortuna. encuentros. a los designios siempre oscuros de la providencia. Con todo. de modo que amén de ésta tenía también ganada la otra vida. jamás me contestó. de este mi libro. jamás quiso saber de mí en adelante. naufragios y nuevos encuentros de este mi hijo.DESCANSO II Hago aquí otro descanso en este largo cuento de mi vida para referir algunas circunstancias que rodean a la historia de la historia. abrigado y protegido. es decir. asentado y seguro. ¡Cuántos años se han ido desde entonces! ¡Cuántos amos y amigos! ¡Cuánta soledad y escombros hoy tengo acumulados! Pero Aquel vuestra merced en quien buscaba protección y algo de apoyo y quizás un beneficio a su cómodo arrimo. que yo aspiraba a más en mi ambición y podía bien trepar a nuevas cimas. 65 .

Y ahora recientemente veo de nuevo aquella historia mía publicada. Alguien la ha dado a la luz pública. del sosiego de sus muros y de la serenidad de ánimo que deposita el tiempo entre las pesadas losas de la edad. añadiendo en otros lados cosas que no hice ni puse. precisamente ahora. sin embargo. tal vez su propio hijo revolvió legajos y papeles. mutilada. entone su peripecia lejos de quien le dio vida hace ya algunos años. su secretario. humillado y vencido. o reflexiones que nunca quise hacer. Ignoro cómo ha salido todo esto a la luz. empieza a estar más atenta. cuando era joven y más me equivocaba. en manos de las gentes y donde apenas ya me reconozco. En fin. que por ahí anda de nuevo mi vivir de entonces. más firme la censura y la opinión más vigilada. alguien próximo. Sospecho que a la muerte de mi señor. en las bocas de todos. No reniego de ella. Como ser propio que ya no me pertenece. corra su propio albur. su confesor. eso sí en muchas partes y miembros.Mandele aquella relación que debió quedar durmiendo bajo llave en los arcones viejos de sus palacios. 66 . Fue obra de una época. cuando la Inquisición. Casi treinta años ha hibernado bajo el hielo de la indiferencia y el absoluto abandono. que han metido la tijera por doquier y se han llevado años y errores por delante. algún criado o albacea. error de juventud. no ha mucho. oculto para el mundo y también para mí mismo en este viejo convento donde gozo de la paz y aprecio de sus monjes.

Ignoro si allá en el viejo Olimpo. levante sus trompetas.títulos y herencias. recibirán con gusto a un pobre como yo. informes y deudas. cortado y más o menos bien vestido decidió sacarlo a la luz de la imprenta desde el vientre estéril de una hinchada valija o de un viejo baúl. aunque ya tarde. 67 . No fue mi intención el publicarlo. que se ha hecho un nombre a base de remar en la miseria. cédulas. Pero no me importan ya mucho tales vanidades. donde los dioses juegan a darse importancia. mas tampoco me opongo a que la fama. Sólo me hacen gracia. Una vez adobado. Bendita sea la idea de alegrar y enseñar a otros con mis penas. y topó sin esperarlo con aquel mi viejo relato.

68 .

donde había dejado a mi esposa al cuidado de mi honor y de mi hacienda. Acabada la vendimia. su estentórea voz y sus bruscos modales. a golpes se recuerda y nos acostumbramos a olvidar también a golpes. Y la verdad. –La honra es algo tan pesado que es mejor llevarla entre varios –creía aún escuchar por allí el eco de mi amo. no me apuraba. como a burro que apenas si se apura. volvime de nuevo al hogar en Toledo. que la puerta de mi casa quedaba bien guarnecida y más cuando estaba 69 . asustando con pasión a los intrusos. Lázaro –añadía– que bien puedes confiar en una esposa como la tuya que guarde el hogar como el más fiero mastín. Confiaba en que uno y otra permanecerían intactos tras los breves días de ausencia. mientras se rompía en pedazos la insolente carcajada de su voz —. Tenía la seguridad. las espaldas. donde se aprende a golpes. el arcipreste. –También eso es verdad– miraba yo hacia otro lado – mientras me aplaudía la idea. Pero no es tu caso. aunque no soy yo de aquellos que viven en perpetuo desvelo ocupados de su honra. conociendo su mal genio. el hombro.V – JORNADA QUINTA Dura es la escuela de la vida.

mientras un coro de recias risotadas ponía música a la escena. Traía unos encargos para mi señor y pregunté por él. sobre todo en las caídas. como yo mismo. lo cual agriaba aun más su ya imposible carácter. por los suelos. tieso y altivo como la torre de la catedral. Así que allí me mantuve. orgulloso como un príncipe.ya con la grosura de la preñez avanzada. 70 . pero no quise indagar. postergando para el día siguiente aquella obligación. Mejor era dejar que rodara. Así que puse rumbo a mi morada. Iba. mientras saludaba ostentosamente a las damas. por el medio de la calle. Me indicaron que había salido sin saber cuándo habría de regresar. haciéndome notar entre los vecinos del barrio que se retiraban comentando por lo bajo la prestancia con que me desenvolvía. Bien creo que me habían preparado la celada. rebozados en el barro. jinete en mi asno. Difícil me iba a ser probarlo. pero hasta en las caídas hay que mantener el honor. pero digno como un monumento antiguo. Avanzaba de esta guisa. Empezaba a anochecer y una fina lluvia amarilla resbalaba tristemente empocheciendo las hojas. dolorido. Es más. como sucios pescados. reteniendo la rienda de la cabalgadura para que acompasara con la mía su marcha y mantuviera alzada la cabeza. cuando tropezamos y fuimos a rodar los dos por el medio de la calle. erguido el busto y altiva la mirada. Por allí adiviné una cuerda.

manteniendo la compostura. viendo que los pocos días de separación no la habían cambiado un ápice. pues si bien dicen que la mujer es el ser más voluble de la creación. inmutable al humor y a los afectos. no la quebraban gracias ni bondades. cuando coloqué de nuevo las cosas en la caballería y me retiré despacio. recogiendo del suelo toda mi dignidad. que la venganza es un placer que se saborea más en grupo y las caídas de los poderosos siempre han producido regocijo en los humildes. enfadada y gruñona. como príncipe victorioso que se aleja sucio y roto del campo de batalla. llenos de honra por dentro. pues no hay mejor cosa para un hombre— como predicaba mi señor— que una buena ancla donde atracar su vida. uno de los momentos más felices de su mísera vida. siempre fiel a su rictus de cabreo. pero sucios y malheridos por fuera. no era éste el caso de la mía. Salió mi señora a recibirnos –no antes de haber aporreado la puerta durante un rato– a medio vestir y con un humor de perros. un cimiento firme sobre el que montar 71 . sin duda. Fuerte y segura de sí misma. Así estaba. que cambia como cambia el viento. De esta manera llegamos a la casa.Para alguno aquel fue. por el que la reconocí en seguida y quedé reconfortado. sangrándome el orgullo y oliéndome la dignidad a estiércol e inmundicia.

entre la penumbra de la noche y aquel disfraz de asco que había echado sobre mí. reclamando su atención. que podías haber mandado recado. cuando se fijó en el asno que cabeceaba detrás. Es cierto.su casa y una mujer inalterable sobre la que edificar una familia. le abrí los brazos y entonces se fijó en mí. Iba a cerrar la puerta. me examinó de arriba abajo para inmediatamente empezar a insultarme y maldecirme con una gracia tal que era digna de ser oída por todos . sino que la dejaba sola cuando más lo necesitaba y no le daba más que trabajos y disgustos. con la cantidad de lagartonas como hay por esos lugares a la caza de hombres incautos como tú. que en un primer momento no me reconoció. como así ocurría en efecto de las voces que daba: que mira cómo vienes. pero venía cansado. que para qué quería ella un hombre que no sólo no la defendía. hecho unos zorros. así que con un leve carraspeo hice notar mi presencia. No pensaba tenérselo en cuenta. que bien podía ella haberse muerto y tú sin enterarte. y entonces. me satisfacía que de tal manera se amaran mis cosas. herido y sucio. acercándose hasta él empezó a frotarle el cuello y acariciarle la cabeza como si fuera con mucho el miembro más querido de la familia. Es más. porque además tenía la seguridad de que no 72 . Y a saber qué habrás hecho tú solo durante tantos días.

que era un egoísta que sólo pensaba en mí mismo. egoísta. sigue. seguía lanzando contra mí aquellos riquísimos frutos que yo saboreaba separando las cáscaras y aprovechando la pulpa jugosa que extraía con supremo deleite. –Sinvergüenza. De ese modo.le importaba nada. Son como esas frutas dulces que han de protegerse con una corteza de amargura o acidez que aleje a los golosos. pues arreció de nuevo en sus insultos con un entusiasmo renovado. más que sinvergüenza. –Así que ya sabes dónde vas a dormir –replicó finalmente. mientras yo me gozaba plenamente en aquel chaparrón de dulzura que me calaba hasta los huesos. Que eres un 73 . pero yo bien sé del fingimiento de algunas mujeres que cuando te insultan te están manifiestan su amor y cuando se muestran zalameras seguro es que piensan engañarte. señalando la cuadra adonde habíamos llegado—. Ni a ella ni a mí le agradaban debilidades y gestos de blandura. Conmovíanme aquellas duras palabras. Y cuidado con la pobre borrica –restalló como un látigo con toda la intención que pudo—. que eres un canalla. –Sigue. – Canalla. Debió de notar mi sonrisa bullendo por debajo y mi cómplice silencio flotando por arriba.

así que todo sería dejarlas correr como el agua vertida contra el tejado durante la tormenta. un demonio. cuando la situación material se hizo estable. No obstante. Se equivocaba. esperando que la tempestad de la noche daría lugar a la calma del día siguiente. pero ambos sabíamos de su inconsistencia. que las energías bajas sólo descienden cuando se han llenado las estancias superiores. para ocuparme de esas cosas. Pero este será tu castigo por esta noche. pero venía tan cansado que ni ganas tenía de discutir. a cambio de un poco de paz en la 74 . ¿Cómo podía aludir a mis energías sexuales desbordantes? Jamás fue ese mi pecado capital. en el estómago. o más alto aún en la cabeza. Y acto seguido entró en la casa por la puerta de la cuadra dando un temible portazo que hizo temblar las bases del edificio y echando finalmente el cerrojo por dentro. que residía seguramente más arriba. pude caer a gusto en esa celada en que los más listos varones y avisadas mujeres acaban sucumbiendo.sátiro insaciable. de modo que me acomodé como pude en un rincón sobre unas envuelzas de paja y me eché a dormir con la conciencia tranquila. Sólo en los últimos años. no cesaban de girar en mi cabeza algunas palabras llenas de sospecha y mala intención. y yo había tenido que tapar demasiados huecos.

entrepierna y una continua guerra en los demás frentes. como de otro sueño. pues conociendo las trampas de antemano. rítmico. profundo. La noche crecía. Mi mente seguía dando brincos en una especie de duermevela. un ruido ronco. aún pude oír instantes después un fuerte roncar que llegaba de más allá de la pared. hecha ya la luz y la paz entre nosotros. sentí un fuerte golpe en la pared contigua y una especie de jadeo continuado como de gente que se persiguiera o luchara en reñido cuerpo a cuerpo. pude entrar en casa y tomar posesión de mi hogar como amo que era. pero tardaba en venir el sueño apaciguador que todo lo borra. una vez que el ama había salido ya a realizar sus labores en casa de nuestro dueño y señor. así que di media vuelta. A la mañana siguiente. 75 . extrañando mi presencia. saltando de un lugar a otro como potro desbocado. jugándose la vida. Bien sabía que mi amada no roncaba –las amadas nunca roncan– por lo que debía ser el maldito asno empeñado en armonizarme la noche con música de sus naturales instrumentos. dando espaldas a las preocupaciones y entré suavemente en el sueño. se dirige alegremente hacia ellas. que el ser humano es un animal estúpido. el Arcipreste. De pronto. era la borrica inquieta que resoplaba en la penumbra. Seguramente.

un buen rato frotándome la sien cual lámpara de Aladino por ver de sacar la luz que me alumbrara en tanta confusión. el lugar menos idóneo– empecé a rascarme la cabeza– pero nada significaba de momento. que yo había visto en su reverenda cabeza más de una vez. me recibía en hábitos poco convenientes para su dignidad. pero cada vez me picaba 76 . ciertamente. bajo la almohada del lecho conyugal un ridículo gorro de dormir. desde luego. y una mancha de grasa muy extendida en la cara inferior. pues odio esas estúpidas prendas cónicas que más parecen fundas para ocultar los cuernos mientras dormimos o encubrir sueños demasiado negros para dejarlos a la luz. cuando topé de súbito con un librito muy bien encuadernado en piel negra que resultó ser un breviario del señor Arcipreste y que reconocí al instante por unas marcas en el lomo.Estaba asentando algunas ropas y otras cosillas en un armario o alacena que en nuestro dormitorio había. que no era muy madrugador. hasta que encontré. mi socio. como raspaduras. sin yo buscarlo. quien practicaba tan torpe costumbre y suya era. cuando muy de mañana acudía a su domicilio por urgencias de trabajo y él. aquella cómica prenda. Allí me quedé. Yo sabía del cura. Aquel era. que no era muy cuidadoso con las cosas y el tal librito aparecía como fantasma donde menos se le esperaba. pues. que evidentemente no era mío.

pues. del burro. ellos mismos se unían ante mis ojos. Fui a casa de mi amo donde me comunicaron que el señor no estaba ni sabían cuándo iba a venir. aunque no iba a gritar ni rasgarme las vestiduras cuando ese había sido el contrato de mi matrimonio. Y en efecto. Ningún provecho sacaba con denunciarlo. el cual estaba acabando de decir la misa Empecé a unir cabos. Lo conveniente era guardarlo en el secreto y no propalar lo que seguramente todavía algunos ignoraban. se encontraba seguramente fuera de Toledo. allí me dieron razón de su presencia.más azuzándome por dentro como una espesa bandada de mosquitos. mi misma esposa no dejándome entrar en casa ni dormir como persona. que ahora no podía romper por tal nonada. aquellos ronquidos por la noche. sin que yo siquiera pretenderlo y caí entonces de repente. atendiendo a las obligaciones de su ministerio o a sus muchos y prósperos negocios. no habiendo dormido allí los últimos días. de modo que me dirigí a la Iglesia Mayor por comprobar finalmente lo que suponía. Todo era para mi desgracia muy claro. No quise hacer más preguntas por no caer bajo sospecha o levantarlas yo mismo con mis dudas. mas al contrario. la salida súbita de la vendimia. mejor dicho. el breviario y gorro de dormir. dejándome allí plantado. perjudicaba y en gran 77 . como tonto.

aunque tuviera que jurar y amenazar por mi honor. Ya veo que tienes el don de encontrar las cosas perdidas– añadió en un tono de sorna. –Ahí lo tienes. – ¡Ah! Esto –suspiró mientras lo cogía de mis manos y lo arrojaba a un rincón. aclarar con mi mujer algunas minucias que quedaban flotando como cuerdas de desesperados.manera a mi señora y señor que tanto me favorecían. Bien estaba. y le pregunté por el significado de aquel maldito gorro que había encontrado en sitio poco conveniente. si alguien lo pusiera en entredicho. –Muéstramelo –me dijo con altiva desconfianza. usando de mí como intermediario. Y me recordó el episodio aquel de una "cadenilla de oro" que encontrara sin que la hubiera perdido nadie. Abordela en la cama. con todo. pero la verdad es que la susodicha cadenilla vínoseme a mí desde el cuello de 78 . Ella pensó que el cielo la había puesto en sus manos. Bastaba con negarlo todo para que el problema dejara de existir y en eso debía quedar mi empeño. Y le tendí la odiosa prenda que acababa de rescatar. Esto es un gorro del Arcipreste que estuve cosiendo anteayer y buscando ayer todo el día. donde se escondía sin más un viejo canastillo de ropa. que es donde se libran las más duras batallas y se desatan en agua las más recias tormentas.

enredándose en mis manos. De modo que de ahí la sorna con que mi "contraria" me lanzaba aquella frase que se venía a estrellar como una pedrada en mi amor propio. lejos de mis ojos que no pueden vigilarte. cuando te presentaste aquí ya de noche. un buen día. y sólo para hacerme sufrir. esposo querido. aunque no sea más que un poquillo. que en cuanto veis un tobillo os ponéis a trepar por él. 79 . pero hecho a escondidas es peor. sin poder ya deshacerme de ella. que mal está lo que está mal. como perdonándome la vida– que el Reverendo y yo hemos estado haciendo cosas feas en tu ausencia. pues me indica que todavía te preocupas por mí. –añadió con ironía. Después nos enteramos– ella también– que ni la cadena era de oro. a las veces. no sería bueno arrancarle de mis entrañas y así cargué con ello. pobres ingenuos. con lo cual consideré que quien tanto y tan fuerte se adhería a mi persona. pensando haber encontrado la escalera del paraíso.una dama. ni la dama era tan dama. me reconcomo de celos de modo que no puedo sujetarlos. como ladrón. ¿no es así? Lo cual me agrada. Lo que te pasa es que estás celosillo. También yo. con la cantidad de peligros que acechan por el mundo y de pecados– hembras que os tientan y engañan a vosotros los hombres. que a saber qué habrás hecho. como ayer. No nos lo perdonaríamos. –De modo que no pensarás. después de una semana fuera de mí. como quien carga con una obligación y se la doné un buen día en que tenía que hacerme perdonar alguna cosilla.

que no voy a echarme piedras contra mi propio tejado. desagradecido. tejiendo y destejiendo carantoñas– puedes romper el corazón de la mujer más dura. protegiéndolo de insidias. esposo mío. Dios le ha puesto una mujer para enseñarle a caminar y desenvolverse en la vida. marido mío. Y más vos. temiendo y pensando las peores cosas. En la cuadra no se duerme nada bien –recordé para mis adentros. Pero me faltó valor. aquella mínima aventura. si un día me faltases. me paso todo el día en un suspiro. que con ese porte tan gallardo y esa natural elegancia – me decía melosamente.Por eso. Hasta yo pensé por momentos de mí mismo que era un horrible monstruo al tratar así a una mujer con tan hondos y puros sentimientos albergaba. Pensé sincerarme del todo contándole aquella nadería. sabiendo de su grandeza de ánimo que alcanzaría su comprensión y perdón. no sin ironía y una pizca de maldad. donde hay un hombre. Apoyaba su cara en mi hombro mientras dejaba caer. unas fingidas lágrimas que sazonaban con su sal la mentira mejor adobada que había visto en mi vida. esperando a que llegue el hombre de la casa. 80 . mientras sonreía misteriosamente y me paseaba su mano áspera por la cara. sin impedirlo y haciendo aun más ostensibles. que qué iba hacer yo sin ti. pues el amor es tan grande que todo lo purifica. Que a más de una dama la he oído yo suspirar a tu paso y no me digas que te diga. Y yo misma.

Verdad era lo que decía que nada me faltaba en la mesa y el lecho.–Por eso –prosiguió ella– al verte ayer allí. pero tanto se peca por más como por menos. porque seguro que te imaginas cosas que para nada son ciertas. Aún quedaba una pequeña resistencia en mi cerebro. si conocieran nuestra rotunda felicidad.. plantado delante de la puerta. Ya podrían tener los hombres una mujer que los cuidara y amara tanto y tan apasionadamente como lo eres tú. golpeando el muro por ver si estabas vivo y respondías. y bien podíamos añadir a la mesa quitando lo 81 . que no en mi corazón. –Por cierto – insinué– tampoco yo dejé de escuchar golpes y gemidos. Espero que durmieras bien. que más que tú mismo. sufría imaginando lo que habías de pasar: si tendrías frío o si tal vez por desventura te pateara la borrica en un descuido. a quien nada falta ni en la mesa ni en el lecho y muchos son los matrimonios que nos envidiarían a muerte.. como si nada. Yo me pasé toda la noche bien agitada. no pude retenerme. y si no habría sido contigo demasiado severa? Y con ese remordimiento me levantaba una y otra vez. en un dormir lleno de revuelos por dentro y por fuera. inclinado siempre a ella. hasta que nada oí del otro lado y caí finalmente en el más agitado sueño.. que ni pegué ojo dando vueltas y más vueltas. como a un abismo. ¿Qué sería? – ¿Qué iba a ser sino yo.—Y continuó—: Para qué luego vayas pensando.

envolviéndome con sus anillos. que parece mágico esto de las letras que se unen unas con las otras. acabé finalmente vencido y hasta convencido de la bondad y rectitud de mi amada señora. pues en seguida me repuso que no era el señor cura tan amante de oficios y rezos como para echar en falta su breviario. la cual siguió aún hablando y hablando con tal seguridad y ternura. Sin embargo. Aún me vino a las mientes un último detalle. una pobre mujer ignorante y de baja condición – fíjate –. pero que convenía fuera aclarado para que las dudas se disiparan y no volvieran a asaltar con sus morteros ni mi hogar ni mi honra. que si las gentes se enteraran.que nos sobraba de la cama. que terminó arrullándome. sería durante muchos meses la risa de toda la ciudad. No vayas a decir por ahí. Le insinué si no estaría el reverendo preocupado por sus libros de rezos que yo había visto por la casa y que seguramente andaría buscando. presto ya a ser engullido o encantado por sus ojos y sin ofrecer ninguna resistencia. he de decirte –sorpréndete. Y en cuanto a la envidia. igual que las 82 . con tal suavidad y convicción. No entendió la indirecta o tal vez sí. Y así ya puedo reconocer algunos signos. estaba seguro que las gentes no ansiaban tanto nuestra inmensa felicidad como tener nuestros medios y riquezas para conseguirla. querido mío – que se ofreció para enseñarme a leer a mí. sin importancia desde luego. El caso es que de tanto oír la misma música.

que estas cosas son más propias de clérigos y nobles ociosos que no de mujeres eternamente sojuzgadas y de pobres plebeyos sometidos todo el tiempo al yugo ominoso del trabajo. Era tan increíble la explicación. Jamás se le ocurriría aquello como disculpa o engaño. el cual me prestó su libro para que practicara en casa en los escasos ratos libres que me quedan libres y especialmente los domingos y fiestas de guardar. –Pero está todo en latín– me extrañé yo. Pero algún esfuerzo y mucho tiempo me cuestan. pero en una época como esta nuestra en que la injusticia ha asumido la categoría de norma social y ley escrita. lo que acababa de oír resultaba imposible. para comunicarse cosas. Y aún parece que se me tuercen adrede con el único objeto de no dejarme entender. Porque el que a una mujer y de la más baja condición se le ofreciera la posibilidad de aprender a leer es algo de estricta razón. Precisamente por eso la creí. que sea de cosas serias y con gente importante. tan poco en consonancia con la razón y la lógica de este nuestro tiempo. –Por eso. Puestos a hablar. Prometí de allí en adelante no creer las palabras e insinuaciones que se vertieran en contra de mi señora o de mí mismo. que no podía ser sino verdad. por más que los hechos apuntaran en esa 83 . Creo que no es labor para mí y así se lo manifesté al dómine.personas.

siempre a su favor. porque a los pocos días estaba recibiendo las primeras lecciones y en apenas unos meses leía con cierta soltura y podía ya escribir. Pero no es la cultura signo de inteligencia. naturalmente. aunque con algo de dificultad. No era lo menos el provecho que podía sacar y ahora tenía la ocasión. que creía ser algo despierto y con la mejor disposición para ello. y así son elegidos por su inteligencia y discreción para enseñar a la común gente lo que debe saber para los intereses de su alma. Unos días después hablé de ello al Arcipreste. y bien sabemos que en 84 . se echó a dormir en los míos con la seguridad de que ni el mismo diablo lograría enredar con su cizaña nuestro segurísimo lecho. pues estaba seguro de que tendría para mí la explicación más adecuada.dirección. Tenía para mí que la lectura y escritura eran asuntos más bien arduos. Aquellos redactan las leyes que deben cumplir éstos. sino de poder. por lo que son tan pocos los que saben de ellas. Debió pensarlo y también en sus intereses. cuando le insinué que estuviera enseñándole a mi esposa y no quisiera hacerlo conmigo. Aquellos interpretan los escritos. del que han excluido a las gentes comunes. De esta manera se lo manifesté a ella. el cual no pudo negarse. la cual mostrando su acuerdo y dándome un último y tupido abrazo.

cuando las comparaba con las cornadas propias. las inclemencias del frío y la tortura de la sarna y el desprecio. Disfrutaba con la épica y el teatro de los antiguos griegos y latinos. señaladas en la bien pisoteada geografía de mi cuerpo! 85 . ¡Qué pequeños resultaban los gigantes con que se medían los caballeros! ¡Qué pequeñas sus heridas. como El Cid o La Celestina. Bien iba viendo yo estas cosas y mi ingenio se afinaba más con la lectura y estudio.las repúblicas y estados nada existe si no consta en un papel. así como con nuestros castellanos mayores. una pequeña biblioteca de escritos religiosos y otro más nutrido de lecturas profanas que yo paladeaba con fruición. y hasta Dios se ha resumido en un Libro. quejándose no se sabe bien de qué. al que me hice muy aficionado. devorando cuanto caía en mi poder: algunos libros devotos que había en la iglesia —la mayoría en latín y que apenas entendía— y otros más. afeminados y llorones. Un poco indigestos y hasta estúpidos me parecían aquellos versos de amor de los poetas o aquellas tonterías de los pastores. No podía menos de producirme enfado cuando las comparaba con las mil historias anónimas de gentes humildes que habían tenido que luchar contra la crudeza del hambre. Eran pobres cortesanos aburridos que perdían el tiempo con exquisiteces y otras ñoñerías. que el señor Arcipreste guardaba en su casa.

que después de un borrascoso vivir. y nada hay que reseñar. mientras estuve bajo su mandato. las obras de los antiguos con su hondura y saber. entregaban sus esfuerzos a Dios con la misma pasión con que antes lo hacían a sus intereses. que era tanta la confianza que en mí tenía. con todo aquello. cuando monaguillo o mozo de aquel ciego. cambiando el rumbo. habiendo saltado todas las normas. experimentado todos los desaciertos. Fue aquella una época feliz. y también las vidas de santos. y bien creo que nunca tuvo que echarme en cara ningún error de gravedad. pronto me convertí en sacristán de iglesia y ayuda de mi señor.Gozaban de mi preferencia. gobernando la sacristía y disponiendo la marcha de los oficios. gozados todos los goces. cuando de tal modo a mí se confiaba. en cambio. y yo hacía y deshacía en todos los asuntos del templo. en un momento de su vida daban un golpe de timón y. cobrando conciencia de su error e iluminados por la gracia. Así que. esperando sepa comprender lo que de 86 . si no es algún episodio gracioso que paso a contarle. y siempre procuré no faltar a mi señor. a lo que recuerdo. especialmente aquellas en nada diferentes a la mía. que todo lo fiaba a mi discreción. los latines nuevos que aprendí y los muchos que aún perduraban en el almacén de mis recuerdos de infancia.

no ya sus pecados. que más que arrepentida. y cuanto más. sin ánimo de ofender a la religión ni a Vuestra Merced. se quedaban allí adheridos unos sobre otros formando una costra de suciedad con la que yo luchaba en aquellos momentos. seguiría estando viva. pues seguro que mientras pudiera. le impuse como penitencia que siguiera pecando. Era una simpática viejecita completamente sorda y tan entusiasmada con poder contarle a alguien. alguien se acercó y. que Dios amaba más a los pecadores que a los virtuosos. cuando. creo que presumía de ellas. sino sus proezas. Créame que le previne cuanto pude. que cumpliendo con las obligaciones de mi cargo. que no podía perdonarle. Daba igual. a los limpios de corazón. pues no se enteró de nada y salió de allí creyendo haber hablado con el sacerdote o con el mismo Dios. Ocurriome un buen día. cuando en verdad no había hecho más que arrodillarse ante su conciencia. a los 87 . de pronto. tras las rituales formas del inicio.gracia tiene. más viva. Todo fue inútil. Creo que Dios tiene un lugar especial en el cielo reservado a los inocentes. limpiando a conciencia el polvo y otros pecados que. empezó a contarme ordenadamente todas sus faltas desde el primero al último mandamiento. Le di la bendición y. seguro estaba. en el interior de un confesonario. como no me oía. que le dije que yo no era el enviado de Dios. Y no era de extrañar.

pues. que quedaba para mis adentros y ahora para los suyos. la cual. Otro día me pasó algo parecido y en circunstancias semejantes.ingenuos y a las ancianitas que pecan a diario para verse un poco más sucias y lavarse y sentirse que están todavía vivas. no le dije la verdad.M. así que hube de permanecer lo más silencioso que pude. Cuando logré reponerme. Confío en que el Todopoderoso me haya perdonado esa negligencia hecha por miedo más que por beneficio propio o interés. así se llamaba. ni decirle la verdad. días después. más gruesas otras. pues había quedado tan conforme que preguntaba de nuevo por él para nueva confesión. empezó a largar pecados por aquella boquita. que nunca fue mi intención suplantar a nadie y menos a un representante de lo alto. justificándolo finalmente todo. era tarde. Espero que comprenda V. de manera que debió salir contenta de la lid. que del susto me quedé sentado sin poder moverme del asiento. 88 . quitando importancia a lo más. Yo procuraba atemperar en lo posible. pero con una viuda joven y muy conocida. pues su ira caería sobre mí y me aplastaría. agazapado y quieto. estando yo en la jaula y antes de poder escapar. Naturalmente. aguantando un grosero chaparrón de iniquidades: pequeñas unas. No podía identificarme. mi señor me preguntó si conocía al sacerdote que había confesado aquella tarde de viernes a Doña Mencía. resaltando lo de menos.

89 . Así me ha ido por esos mundos vapuleado por los caprichos de todos cuantos me han rodeado. como soldado que con su espada ganara honra y dinero. que no justifico. acaba por San Andrés". y si esto no bastara. Todas las señales parecían estar a nuestro favor y ¡quién sabe si aquel infante no acabaría como renombrado pastor de la Iglesia que con sus oraciones barriera de pecados nuestras conciencias! O mejor aún. Por eso. Me alegraba que tan buenos augurios vinieran a caer sobre él.VI JORNADA SEXTA Aquí estoy. con la tutela no sólo de una. Llegose finalmente el venturoso día del nacimiento de mi primogénito. desocupada de mí y ocupada en lo más inmediato. pero explico como herederas de la necesidad y cómplices de las circunstancias. ya que no podía decir lo mismo de los míos." dichoso mes que empezando por los Santos. A mí me había fallado la necesaria autoridad de un padre y la protección insuficiente de una madre. hijo de mis propias obras. un ambiente propicio y un mes así bendecido en su entrada y salida hasta por el mismo refranero. pues. lo cual ocurrió allá por noviembre. alabo al cielo que había querido para mi hijo un paisaje digno. sino hasta de dos figuras paternas.

que "uno piensa el bayo y otro quien lo ensilla". cosa que haría con sumo gusto y como prueba atención hacia nosotros. que el tiempo es sabio y dosifica la desgracia. allí donde todo es posible todavía. poniéndome su mano al hombro. Ocurrió. Mas no avancemos calamidades que luego habrían de suceder. que un día. según una larga costumbre no escrita. Respondile que siempre le agradeceríamos ofrecimiento tan desinteresado con el que quería honrarnos y que no hubiéramos osado solicitar. llegose a casa el Arcipreste y cogiéndome aparte. Aquí fue donde. inclinado yo a la confianza que infundía su persona. Hablamos luego sobre qué nombre daríamos al recién nacido. hablamos. Quizás estaba poniendo la primera piedra de una larguísima familia de próceres que aburriría con sus apellidos y hazañas la historia futura. Cada día tenga su pena. por lo que acabé cediendo a ellas 90 . ciertamente de peso. apenas nacido nuestro hijo. Pero las cosas no suceden como uno las desea.tal vez alguna encomienda en el Nuevo Mundo. Me pidió ser él padrino del bautismo. pues. cada hombre su ración. debía ser él y bien podría ser el suyo propio. fue desgranando una a una sus razones. puesto que iba a ser el padrino. cargando sobre mí todo su afecto. Yo pensaba que.

deberías entregar a tu descendencia un nombre tan ilustre. también tú fuiste rescatado de las garras de la miseria. y lo de estar en boca del vulgo. máxime cuando puede un día ser la cuna de un augusto linaje. Así que –prosiguió él. 91 . y así como él fue resucitado de entre los muertos. Ahora escucho con tristeza en mi memoria aquellas palabras y no puedo menos de sonreír ante lo arrugadas que se quedan las ilusiones humanas cuando el tiempo pasa sobre ellas. Lo interpretarían mal y acabarían confundiendo las cosas. de manera que vendríamos todos a rodar en las bocas de las gentes. y muy abajo en aquella pendiente. en agradecimiento a ello. perseguido nuestro nombre en los mercados y expuestos todos a la vergüenza en iglesias y corrillos.Explicome que. Ciertamente. no entenderían que se impusiera su nombre a una criatura tan próxima. cuya honra alumbre el presente y cuya fama resplandezca en los siglos venideros. así era y de continuo. pisoteado nuestro honor en las plazas. y cuando menos. siendo él sacerdote y la gente malintencionada. ajeno al discurrir de mis pensamientos– mejor es y más conveniente que seas tú mismo quien elijas el nombre y no es una vergüenza llamarse Lázaro. que Lázaro era el amigo más cercano al Señor. ya habíamos rodado.

92 . –Sí. –Se confunde vuesa merced. los gestos añadían mucho más. Algunos dineros bien puestos hacen milagros. por allí. Un hombre con cintura. hay que macharla. desviar envites. Como cuando. hubo de intervenir ante un expediente abierto por el Santo Oficio a un grupo de operarios. unos meses después.. –Todo se olvidó. –Torturaron a unos pocos. dando a entender que lo sabía todo y sacaba lo justo.. una vez cogida. –No andabas tú. pero entre sus palabras. –La uva. sobre todo mujeres. –Sería mala uva. Aquel hombre era un prodigio. Pero no salió nada.Pero todo sea a su tiempo. Lázaro. –Ellas hablan más. –Los zurraron de veras. experto en parar golpes. y yo solo era un aprendiz. Hablaba tan bien que podía convencer incluso al mismo diablo. unos vendimiadores que al acabar la tarea se pusieron a celebrar el aquelarre del Sabbat en unas viñas suyas. Hablaba justamente. extinguir fuegos. que primero se echa un paso y luego el otro y los días no se pasan sino de uno en uno. Yo no me trato con esos.

Se encogió de hombros. pero nunca sin querer – me disculpé. sin querer levantar las sombras que nadaban por debajo de nuestras palabras. –No he dicho tanto. Tal vez en otra ocasión.. Luego mirándome así como en desgana. Y empezó a contarme cosas que yo tenía olvidadas y a recordarme otras que bien quería olvidar. naturalmente . –Lo digo yo– insistí. Me debe algún favor. había un tal Rebolledo.Los dineros parece que eran suyos. 93 . –Hablando de palos. los milagros de Dios.Y se tapó el asunto. pero a cuenta de ello. creo que así lo llamaban. – ¿Sabes que por allí salió tu nombre como rodando sin querer? –Yo siempre salgo rodando.. Y ya sabe cómo humillan las deudas y se vuelven de odiosos los acreedores. Es bueno tener un burro a mano a quien darle los palos. que abominaba de ti y embestía con furia a tu memoria siempre que podía. –Estoy seguro – ¿Qué le hiciste? –Nada. –Tú sabrás.

Resulta que la joven Teresina y el Rebolledo, se habían casado y habían tenido un precioso hijo para el cual pedían las bendiciones de mi señor y así les había honrado con su presencia el día de su bautismo. En nombre propio –y el tuyo, Lázaro,— había felicitado a la pareja y visto con hondo regocijo el niño fuerte y sano, muy moreno como el mismo Rebolledo o como yo mismo, con una potente voz como demostraba al llorar y una mancha de nacimiento aquí en el cuello. – ¿Pues no tienes tú también una semejante en semejante lugar? –añadió señalándome con el dedo. Y yo, afirmando, le dije que, en efecto, así era y bien podía resultar un aviso del cielo sobre aquel infante para quien el destino tenía reservados grandes hechos. Me recordó entonces la historia de Edipo, el de los pies atados, perseguido por los dioses y abandonado por los hombres, que llevaba en sus pies la señal de sus malos pasos; y en verdad que empecé a temblar, recordando que también yo llevaba una extraña señal en los pies, concretamente en el izquierdo, donde el dedo pequeño montaba sobre el segundo disparatadamente, de modo que se me hacía difícil encajar en él calzado alguno y había sufrido por ello un largo martirio durante toda mi vida. Bien creo que este hecho no era conocido de mi señor, el cual prosiguió hablando sobre el recién nacido, comentando que había observado en él otra marca de

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nacimiento en un pie –no recordaba cuál– como era el apelotonamiento escandaloso de los dos últimos dedos. En seguida, recobrando el ánimo y la compostura, simulé cuanto pude, que si algo he aprendido ha sido el fingimiento, pues de él hice mi vivir. Asumí la evidencia que se me venía encima. Aún pude responder al dómine con palabras que logré reunir dentro de mi confusión, como si se tratara de ovejas dispersadas por la súbita aparición del lobo. –Tal vez esté predestinado para grandes hechos. ¿Quién sabe si no llegará a ser un Alejandro o un César, o dada su humilde condición, un grandísimo santo que el cielo bendecirá con todas sus virtudes? – ¡No sé! ¡No sé! –cortó dubitativo—. El caso es que dicen que la comadrona que, como bien sabes de ellas, suelen ejercer también un poco de brujas, se santiguó tres veces en cuanto vio las marcas, como si hubiese sacado al mundo al mismo diablo. –Habladurías sin duda de un vulgo ignorante –corté yo– que pone por delante de la fe, la superstición, y la desconfianza sobre las buenas obras. – Seguramente –remachó él—. Que buen cristiano es aquel que fía sólo en Dios y sigue el camino de la gracia en libertad, pues no hay destino fijado por completo de antemano. Asentí aunque por dentro no me encontraba tan convencido, viendo a cada hora cómo los hombres no 95

somos iguales y cómo a unos el destino ama especialmente, mientras que a otros los persigue con su furia apenas nacen. No podía dejar de pensar en aquella terrible historia de Edipo en que se resumían los más horrendos pecados que el hombre puede cometer, y sin embargo, sin ser consciente de ello, lo cual era precisamente más tremendo. Desde luego, los dioses que ponen en ese trance a hombre alguno no son superiores a éstos. Con todo, yo no puedo quejarme, pues si bien mi vida ha sido también una larga sucesión de malos pasos, no puedo culpar del todo a las estrellas, sino a mi propia inclinación y a mis actos. Pensaba cómo sería la existencia de mi hijo, que como Edipo o como yo mismo, llevaba los dientes del destino clavados en el pie. Tal vez no fuera tan negro como el mío y lograra una mediada felicidad. Mas, ¿quién sabe cuál es el designio de los dioses? Porque, ¡quién iba a decir que yo iba a cuidar de un niño que no era mío y, el mío propio nada sabría de mí!

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DESCANSO III El libro va avanzando, aunque lento. Los años no me dejan caminar deprisa ni escribir de corrido. La vista se me cansa y me duelen las articulaciones. Reúmas, ¡qué sé yo! Cosas de la edad. Pequeñas cosas que nadan importan ya, cuando está a punto de cumplirse la carrera de la vida y son otras, más hondas, las preocupaciones. ¡Qué molestas son, con todo, estas como piedrecitas menudas que van moliendo nuestra voluntad y la energía, más bien escasa, que acaba por perderse por tan pequeños conductos! Somos, al fin, en la vejez como odres agujereados por donde nos vaciamos poco a poco. Pero dejemos los lamentos y cumplamos estas penitencias por nuestros muchos pecados. Volvamos al camino. He entregado a este monje, amigo mío, algunas partes de mi libro, en el que voy poniendo mi sangre amontonada, todo el dolor que el tiempo ha coagulado. Abierto y comprensivo como es, me lo ha devuelto con algunas anotaciones, que habré de tener en cuenta en adelante y, sobre todo, con una gran sonrisa de complicidad. –Lázaro, es un manuscrito interesante, pero nadie se atreverá a publicarlo. – ¿Tan malo es?

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Con todo. quitándole horas al sueño. no a los que lo cometen. Cuenta con todo el apoyo que tenga en mi mano. el sol ya puesto. aunque habrá que efectuar seguramente algunos ajustes. Pero queda el recuerdo como una constancia de mi paso por el mundo. te metes demasiado con los poderosos y eso en estos tiempos no se perdona. no me resigno del todo a dejar de amontonar mis huellas y a que la larga trompeta de la fama las derrame por doquiera. Así me pongo en esta estrecha cámara a escribir en los escasos ratos que me deja el trabajo. Con esa intención me desvivo. inclinado ante el papel. ahora que éste ya no me acompaña y se hacen tan 98 . Y ahora que voy a abandonarlo. como los momentos antes de dormir. para que algo de mí quede y perviva cuando yo esté ya muerto. que se me está haciendo más y más cuesta arriba. –Acaba tu historia y veremos. Y se ha ido dándome un apretón de ánimo que le he agradecido y me ayudará a proseguir esta mi interminable historia. Creo dejar a salvo y fuera de toda sospecha a los más. es mi intención denunciar el pecado y sus miles de formas. hago mi confesión a solas. arrodillado ante mi conciencia y pongo en cerro el barbecho de la página sembrándola de sueños ajados e ilusiones que nunca dieron fruto. –Con algunos. a la escasa luz de una vela. según pasan los días y avanzan los capítulos atropellándose unos a otros como a veces ocurre con los hechos de la vida.–Hijo.

con todas sus fuerzas.largas las noches. hago dolorosos ejercicios de memoria y rescato hechos que creía ahogados en el fondo de ese pozo hondo y oscuro. Porque hay que ver cómo todo se resiste a morir. Incluso yo. 99 . Desde allí me gritan como desesperados. a punto ya de ahogarse y con el deseo de ser rescatados. resumen de una vida ya cumplida y estéril – no me resigno a abandonar este cuerpo tan mal servido y cada amanecer me asomo con ansiedad a la pequeña ilusión de seguir vivo. Con la conciencia a oscuras. en este momento – saco de miserias y dolores.

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el hijo y el espíritu del Arcipreste que volaba sobre nosotros en forma de paloma protectora. hijo de Lázaro. Del padrino. sus aficiones a la iglesia que visitaba asiduamente. vino a convertirse en el centro de todas nuestras preocupaciones y desvelos. y no precisamente para orar. pero las cosas ofenden cuando se repiten demasiado. De mí había heredado la astucia para burlar a las gentes y sacar provecho. la madre. lo cual no es mucho decir. nada nos preocupaba salvo aquellos pequeños casos con los maledicentes vecinos. Decían unos que el niño se parecía a su padre. que encizañaban nuestra dicha. de modo que nada echábamos de menos. Formábamos una trinidad constituida por el padre. Así fue cómo Lázaro. Lo cierto es que el rapaz pronto empezó a dar muestra de sus inclinaciones. sino para 101 . otros que era el vivo retrato del señor Cura. Éramos una familia feliz. lo cual también era cierto. metiendo palos en las ruedas de nuestra fortuna y tirando piedras sobre el tejado seguro de nuestra felicidad. Entonces empezaron a cambiar los vientos que desataron tempestades.VII JORNADA SÉPTIMA Pero la Fortuna es mudable y alcanza también a los más poderosos.

en llegando a adulto. a todos ofendía. no les faltaba razón. Sabía que cuando un retoño se vence. A diario nos veíamos su madre y yo en recias discusiones por defenderlo. Allí estaban los otros rapaces acusándole con el dedo. santiguándolo a pedradas en cuanto podían. Le contaba mi vida en clave de hombre bondadoso. al fin me servían a mí mismo de rescate. resaltando los aspectos positivos de mi personalidad. no habrá ya manera de que viva derecho y acabará inclinándose en la dirección de sus malos instintos. Raro era el día en que no llegara a casa con un descalabro.limpiar los cepillos y otros objetos. de todos se mofaba. de manera que era capaz de hacernos creer las más insólitas mentiras y echar por tierra las más sólidas verdades. Así pretendía yo servirle de guía y espejo en que mirarse. Con todos se peleaba. y. si no se le endereza pronto. de modo que en algunos momentos llegaba yo mismo a confundir 102 . sobre todos ejercía su rapiña. que aunque me costaba encontrarlos. que la generosidad de los fieles o el descuido de los sacristanes ponía en sus manos. reinventándola de nuevo. o algún vecino afectado se acercara a quejarse por cierta villanía. arrebatándoles cuanto de valor o de brillo cegaba su capricho. que nunca he sido. Pensé que como cabeza de familia tenía yo la responsabilidad de mantenerlo derecho a base de autoridad y disciplina. bien creo. A su madre debía la hipocresía y fingimiento con que engañaba a todos.

mientras las cosas buenas le resbalaban como lluvia sobre cristales. soltar unos gritos. aquello me parecía una representación obscena. Y entonces ella. pues no son galas éstas que adornen mi carácter. empezaba a prodigarle besos y abrazos con tanto fervor. Todo fue repartir algunas galletas. donde yo no era más que un mero testigo y ni siquiera había dado el primer empujón. me costaba gran esfuerzo. mostrando toda la rigidez de que era capaz. Aunque pretendía con tales ejemplos servirle de escarmiento y aprendiera la lección. con lo que terminó de una vez con mi autoridad y mi costoso papel de educador. para que en casa empezaran a tenerme en algo. pues todo lo malo parecía aprenderlo con rapidez.lo real con lo inventado. A veces le relataba algún episodio menos digno de mi existencia. con la más absoluta incongruencia de las madres en tales casos. Así que todo se vino abajo y ya lo veía rodar por la pendiente. dicho sea de paso. acostumbrado a una austera expresividad de las emociones. pero prefería callar por evitar nuevas pendencias. salí a la 103 . – ¿Es que encima te pasas al enemigo en contra de tu hijo y quieres rematarlo con tus propias manos? –me decía. Hasta mi mujer empezó a arrugarse. de modo que haciéndome invisible. Intenté ponerme serio. mucho me temo que no conseguía lo deseado. lo cual. pero ya era tarde y acabó riéndose de mis representaciones. que a mí. Y no es que me faltaran ganas.

de modo que todos éramos felices y el mundo seguía dando vueltas. pues los clientes empezaron a llamarme ladrón y otras lindezas que no oía de mí hacía tiempo. enseguida saltaban a la vista las ausencias. Me había costado labrarme una honra y ganarme la confianza para perderla de un solo tajo y por culpa ajena. y rellenaba el resto de agua. cuando todo eso no fue suficiente. sacaba sólo una parte. candelabros. y las cosas sucedían de mal en peor.calle con la más desazonadora impotencia sobre los hombros. pero el muy ladino. algunas monedas. después otros objetos más evidentes como vasijas. mas. y mi esposa. Pronto caí en la cuenta. para que yo no echara de menos. Pronto empezaron a faltar algunas cosillas en la casa que al principio ni siquiera echamos de menos. al fin. el crío mucho más. Primero fueron velas. Yo un poco más libre. jarrones. y finalmente. alguna hebilla de plata. como bien era de prever. espejos. Pero al fin me consolaba el pensar que me deshacía de una tan pesada carga. por lo que yo dejaba hacer mientras miraba para otra parte. la mayor. que no habiendo mucho que cuidar. pero sarna con gusto no pica. echó su uña sobre algunos cántaros de vino que yo dejaba en casa y salía a vender por las mañanas. su más sometida esclava. 104 . Mas la evidencia me tiró del asno. hubimos de reparar en ello.

¿Para qué necesitas el dinero? ¿Es que no te basta con vaguear todo el día que además te bebes nuestro sustento? ¿Es que te estás jugando a tu familia a las cartas y nos vendes para pagar tus sucias deudas? ¿O es una mujer? Yo no me movía y. añadió: – ¿Qué mala puta te está sorbiendo seso? ¿Con qué sucia pécora te estás gastando mis cuartos? Tú. llegó sin más por autoconvencimiento a la confirmación de sus sospechas. que no miraba sino por sus ojos. yo que no estaba más que para él. enfocándome con las hogueras de sus ojos inflamadas de ira.Apenas le hube contado a mi señora esposa el asunto. – ¿En qué estaría yo pensando?– fingía teatralmente. que a menudo mintiendo. que no acabas lo que tienes en casa y vas a picar en las ajenas. por más que negaba con la cabeza. Lázaro. que la vida está tan llena de ambigüedades. Y luego con una expresión directa. ¿Quién es esa zorra que se mete en corrales ajenos? 105 . donde no dejaba resquicio. Y como se refería a mí en tercera persona y evitando mirarme. lo primero que hizo fue señalarme con el dedo y dictar sentencia: – ¿Conque ahora vienes a culpar a tu hijo de tus fechorías? Todos sabemos. confesamos la verdad. pensé que decía la verdad hablando del “otro”. intentando meter la cuchara en la conversación. pero lo que no sé es adónde quieres ir. quién eres y de dónde vienes.

Que nuestro señor. Era capellán de una iglesia vecina que había pillado in fraganti a aquel arrapiezo robándole el cepillo. por los suyos. pues sería echarlo a perder. pedimos. por lo que más quería en este mundo. como si levitara. y el rostro contorsionado. de modo que parecía éste sumido en arrobo místico. el Arcipreste. por su madre. que no volvería a ocurrir nada semejante. como si viviera en sus carnes la propia crucifixión de Nuestro Señor. y tierno como era. por sus propios hijos. Dos días después vimos acercarse a toda velocidad a un clérigo con aspecto de galgo. Entonces juramos y perjuramos. pues caminaba tocando apenas el suelo. tal vez podría enderezarse si se tomaban a tiempo las medidas. Que no lo entregara a la justicia. que era su padrino. sujetando a Lázaro– liebre por la oreja.Así siguió perorando un buen rato. fiaba de él y daría en todo momento la corrección y disciplina más conveniente. agarrado de una oreja. – Está bien –dijo al fin– soltando al muchacho al que tenía sostenido en vilo. por lo flaco y husmeador. mientras yo salía de casa a descampado por ver si cesaba la tormenta. suplicamos y volvimos a jurar por nuestros muertos. como nos confesó nada más llegar. 106 .

mientras se frotaba la mano derecha. agarrados a las crines de sus silogismos.. dolorida por la tensión.Así que –nos conducía.. pero como si reflexionara para sí. como si le hubiera pinchado con los ojos. hasta casi desaparecer en la nada. –…Eliminar el problema suele ser la solución más adecuada – exclamó. que yo le haré pagar las 107 ... que el chico vigilaba temeroso. seguramente lo que deseaba en aquel instante.. finalmente—. mientras mirábamos todos muy preocupados al chico.Pero –lanzó como un último cable de salvación. –. o tal vez por la alegría. –Veamos –arrancó. Tenemos un problema— y miró con intención al muchacho que hurtó su delicado cuerpo. el cual se encogía en el círculo de castigo que habíamos cerrado en torno a él. que es..Está bien – repitió— como perdonándonos la vida. por los tortuosos caminos de su cerebro... –. atemorizados. temiendo caer de bruces al momento siguiente. que todos asimos aliviados – en los problemas humanos no sirven tan drásticas soluciones y no se puede eliminar al pecador para borrar el pecado.Pensándolo bien – concluyó— lo mejor será que venga conmigo algún tiempo. y estiraba y encogía los dedos en un gesto de tenaza. –. —…Y tenemos varias soluciones –prosiguió— hablando en alto.

deudas contraídas y le enseñaré disciplina y trabajo de la que al parecer está tan necesitado. sacaría de ello algún beneficio. tan al pie de la letra. cuando el pobre 108 . Además – pensaba yo – también el muchacho. había en el cepillo y. como pude conocer semanas después. Empezamos a besarle las manos de lo agradecidos que quedábamos por su magnanimidad y buen corazón. incluso de su madre. aunque me pareció excesiva la generosidad de los fieles de aquella parroquia. Así se llevó al chico con la aprobación de todos. Entreguele el dinero que. Su madre lloraba agradecida por tanto prodigio. donde nosotros no hacíamos sino el papel de bobos y el avieso capellán el de burlador de todos. como la mía. pues siempre fue su voluntad. que nunca pensamos que tal arrimo fuera así. Bien es cierto. Ahora pienso que todo fue una mala comedia con sus decorados. "arrimarse a los buenos" y así habíamos vivido siempre a sus costados. haciéndonos creer que eran los nuestros. algo se derrama por los conductos y rezuma hasta mojar a los indigentes que se acurrucan a la intemperie. Nos satisfacía que ahora fueran los buenos quienes se “arrimaban” a los nuestros. lo solté sin decir nada. pues cuando hay abundancia. quien lo puso a su servicio desde aquel momento. que tras derramar algunas gruesas lágrimas lo dejó partir con su bendición y la del capellán. que de un principio ya sabía adónde quería ir y nos conducía por sus territorios. según él.

Se lo he cortado todo. pero nada es bueno en extremo. y volviendo a lustrar y encerar. –Y algo más. –Las tentaciones. pero es lo mismo. Por el día le hacía trabajar en la iglesia y en su casa limpiando y adecentando. Y aquí me contó algunas “cosillas” que no es bueno repetir.muchacho. Y bien está la limpieza. de modo que aquello relucía como las estancias del propio Febo.. – Pero no volverá a hacerlo. –No creo. – ¿Entonces. –Es dura la virtud y nunca viene mal algo de ayuda.. vino a mí y me contó algunas muy negras historias que aquel depravado ser le obligaba a realizar. Por la noche era aún peor. – ¿El qué? – Cometer algunos pecados. Me acabó de contar toda la historia a grandes rasgos. –Le has quitado la ocasión. – Está arrepentido. –También. huido. 109 . que donde hay seso. puliendo y abrillantando.? –Y de raíz.

–Ahora tengo que huir. ya lo llevaba pensando algún tiempo y sólo faltaba la ocasión. podía usar de algunas influencias para echar tierra al asunto. – se rascaba la cabeza.. –También. Aún podíamos echarle alguna mano. La vida es movimiento. – Como nosotros.calle la lengua. –No me creerá. – ¿Adónde? –No sé.. 110 . acabaré convertido en otro monumento frío y rígido. Ni siquiera llegó a despedirse de su madre. Necesitaba volar más alto y el mundo se le había quedado algo pequeño. – Si no salgo de aquí pronto. Tengo delante todos los caminos. el Arcipreste. Su padrino.. Tampoco el capellán iba a airear mucho su caso.. Pero quiso alejarse. –Y los atolladeros.. que no es bueno comentar en plaza pública lo que la discreción guarda para la intimidad. dile. – ¿Qué le digo a tu madre? –Dile. Le pedí se quedara con nosotros. – Más o menos. como pensando– que me he ido al convento. En realidad.

mendigos y viajeros de toda condición. –Muy piadosa. Nada cierto hemos vuelto a saber de él. El río de la vida lo arrastró lejos por qué sé yo qué extrañas torrenteras y nosotros (todos tres) permanecimos durante largo tiempo. tanteando entre las ciegas sombras de la vida esa luz que se nos apagó tan pronto. se alejó a toda prisa sin volver la mirada como si temiera convertirse en una estatua de sal. Y así un día.–Seguramente. la vista abierta y los brazos extendidos. 111 . por más averiguaciones que hemos hecho entre arrieros. pero esa sí que será una mentira piadosa. dejándonos en la más espantosa de las noches con sus turbados sueños y negras pesadillas. con unos pocos consejos y casi nada más.

112 .

A golpes nos hirió a nosotros dejando al descubierto nuestra desnudez. – ¿Dónde está nuestro Lázaro? Y le volvía a repetir una vez más lo que sabía y ella se empeñaba en no creer. que no tenía yo otras cosas mejores que hacer. sólo recogíamos la ausencia del ser que hacía más largos los días y las noches casi eternas. – ¡Mal padre! ¡Que has echado a tu hijo de casa como a un perro! 113 . nuestras relaciones vinieron a pudrirse. es verdad.VIII JORNADA OCTAVA Nuestro infierno son los otros. Había que buscar la explicación sencilla y algún culpable cerca. Y eso la volvía frenética. llegando a amontonarse el odio en todos los rincones. que allí adonde dirigíamos la mirada. – ¿Dónde está nuestro Lázaro? – Al convento. Pensaba que burlaba de ella y lo hacía adrede para que rabiara. A partir de aquello. pero más terrible sin ellos. A golpes de infortunio avanza el hombre por los torcidos vericuetos de su existencia.

como el rayo. aún más. a gritos. El corazón le falló en aquella larguísima noche cuya memoria mejor es no volver a repetir.Y se estaba así ladrando mucho rato tras de mí y hasta mordía algunas veces. sin que mediara enfermedad ni hubiera mostrado síntoma ninguno. que él lo tenga en su gloria. Fue todo fulminante. Un buen día. que habíamos acudido a cenar como otras muchas veces. entregó su alma a Dios. Todo vino a complicarse. petrificados. Estaba muerto. y en medio del vacío nos dedicábamos a incubar los estériles huevos del rencor. Sangraba en la sien. no había nada que hacer. impacientes. invitados por su generosidad. cayó sobre la silla haciéndola añicos y golpeándose la frente en la caída contra el borde de la mesa. hubimos de ser testigos y cómplices de su muerte. conociendo todos los idiomas del desprecio. Nos odiábamos en silencio. Lo habíamos envenenado primero y luego. La herida en la cabeza y la hinchazón de su cuerpo indujeron enseguida las sospechas. Había cenado mucho y bebido mucho más. Quedó en el suelo inmóvil y nosotros también. puesto en pie. recurríamos a los gestos. el Arcipreste. con la muerte de nuestro protector. En medio de un brindis. Cuando llegó el médico. Nosotros. 114 .

y aun más el propio clero. no sé. y así. Y la verdad. copas y bandejas que habían colocado en nuestra casa. generosamente y en pago de tantos servicios. pactos diabólicos.habíamos acabado por golpearle con la silla en la cabeza. con tal de hacernos daño. que acabaron de golpe con nuestra buena fortuna. Si a esto añadimos el egoísmo interesado de los herederos: sobrinos y otras especies. No era.. como probaban aquellos candelabros de plata. ¿Por qué el Alto tribunal en un delito común? Aún no lo entiendo. por hacernos “ese favor”. amañando testimonios. fácil demostrarlo y más cuando teníamos en contra la envidia y mala voluntad de muchos. Parecía la antesala del infierno o el infierno mismo. sin duda. Caminaba por los estrechos pasillos donde los golpes y 115 . lo habíamos matado para aprovecharnos de sus bienes. Más de uno se prestaría a jurar en falso. En fin.. como prueba acusatoria. el señor Arcipreste nos había donado. teníamos muchos enemigos. No digamos de los muy jugosos jamones y chorizos que colgaban en nuestra despensa y que.. sin más pruebas fuimos expulsados del paraíso y vinimos a caer en las más profundas y negras mazmorras de la Inquisición. para quienes había llegado la ocasión de ejercitar cobarde e injustamente su venganza. interesado en lavar su imagen rompiendo y ensuciando la nuestra.. todo se alió para perdernos. Quizás habían añadido tramas extrañas..

necio –repitió la misma voz. donde pronto empezarían a torturarme por mis muchos pecados. sus harapos. al tiempo que me soltaba muy despacio. los chillidos de ratas que se movían en enjambres. aspiré su hedor y me eché atrás. encargado de hacerme la otra vida imposible. Seguramente había caído en las mazmorras sombrías del infierno. Oía a mis espaldas el chirrido de las puertas al cerrarse. Me arrojaron a una cueva negra y fría de un empellón que me hizo tropezar violentamente contra el muro. muy delgado. delante. Me habían enseñado el olor a azufre del infierno. A alguien debí golpear en el loco forcejeo con mis fantasmas. un poco más lejos y.los gritos resonaban ampliando el miedo. como los espíritus de aquellos que allí lo habían dejado. Palpé con mis manos la humedad que bañaba las paredes. pero aquello era peor. y empecé a nadar a manotazos pugnando por salir a flote. – Basta ya. loco! No estaba solo –pensé– a no ser que fuera mi propio espíritu desencarnado. a cuerpo descompuesto. el golpeteo incesante. como si sudaran de terror. 116 . Aquel era sin duda mi diablo de la guardia. pues en un momento me vi sujeto por los brazos y oí una voz en la sombra: – ¡Quieto. Apestaba a hombre demasiado tiempo vivo y sin lavarse. Palpé su cuerpo a través de las rejas.

– Descansa– repuso finalmente con voz acogedora.– ¿Quién sois? –pregunté impresionado ante el aroma de santidad que desprendía. – ¡Ah. ¿Me había orinado encima? – Yo no soy valiente –confesé en voz baja. 117 . mas no podía dormir. Tanta era la sed que habían ocasionado mis desvelos. –Es una larga historia que habrá tiempo de contar. me sujetó los hombros. ¿Qué iba a ser de mí? –Me interrogaba a solas– y una densa lluvia de cuchillos me aguzaba el alma y me calaba de terror. El suelo está encharcado. Y me ofreció un cuenco de agua que bebí de un solo trago. Me palpé la ropa y vi que estaba húmeda. Desprendía un sudor frío. Aquí lo que sobra es tiempo. – No es eso. ¿Por qué estás en este sitio? Y empecé a hablar para sacarme el miedo y hablé toda la noche. ¿Cómo habéis llegado hasta aquí’? No pude verle el rostro. eclipsado en las tinieblas. Me incorporé en el grito. Cerré los ojos. Huía el sueño espantado por los miles de preguntas que se alzaban entre largas guadañas. bueno! —Era una explicación—. cuando Alguien. así empecé a llamarlo. Alguien me escuchaba en la celda de al lado.

ni a mi confesor. mareas altas. como si fuera un mapa del tiempo o un espejo. borrascas. –Verás– empezó su relato. Mas miraba su rostro y veía pasar por él. En efecto. presto a ser engullido a cada instante por el Cíclope. A nadie le he contado nunca tantas cosas. Aquella noche proseguimos las historias.interrumpiéndome apenas para aclarar algunos puntos. Y yo sé lo que cuesta escuchar así durante un rato sin llenarse la boca de bostezos. Empezaba a amanecer cuando al fin vine a hundirme en brazos de Morfeo. el mismo infierno – ¿Quién es tu Polifemo? 118 . heladas. accedió al fin. y aunque un poco reacio. – ¿De modo que eres Nadie? –Así vivo. el laberinto del diablo. huracanes. Le pedí a Alguien que me contara la suya. Dormí durante horas. oculta mi existencia entre papeles perdidos.M. en estas completas memorias que ahora escribo. carraspeando. lluvia fina. aquello parecía la zahúrda de Plutón. de modo que no existo sino para mí mismo. ni siquiera a V. Llevo cerca de diez años vagando por estos corredores como un alma en pena. encerrado en esta lóbrega caverna. entre estos muros que guardan mi secreto. olvidado de todos. Se trataba de mi propio clima danzando en la breve geografía de su cara.

Ahora no sé. ¿Quién podía asegurar nada en un lugar como aquel tan firme sí. – ¿Mercader? –Y converso. precisamente para quebrar la fortaleza interior de los que a él nos arrojaban? – ¿Y la familia?– le eché como si fuera otro cable al que agarrarse. mi propio miedo que me anula. Prefiero que siga ignorante de mí y de mis desvelos. algunos dineros. Suficiente. ciertos odios y muchas envidias. el mundo entero. tan consistente. la misma Inquisición. ya veo. –Algunos– añadió vagamente sin interés en precisar. Vivía un hermano. –Un grave delito. descargando al fin su voz en un suspiro. los otros presos que pueden delatarme. los jueces. el carcelero. No le haría ningún favor.–A veces yo mismo. ya veo. creyéndome sin vida. 119 . –Tienes muchos enemigos. como si fuera una pregunta que sobrara. – ¿Tal vez eras rico? –Una casa. – La familia– repitió solemnemente. – ¿Y yo? Me miró de soslayo. –Nunca pongas a prueba la amistad –repuso.

créeme. favores sexuales. Al menos así lo pintaban los poetas. 120 . – Con todo. un juramento. —Y bajando la voz—. en realidad. – Como buen cristiano. Todo se quiebra cuando te acuestan en el potro y empiezas a cantar lo que no sabes. Y yo le creía. pero le dejé que hablara. viles suciedades más propias de mentes enfermas ansiosas por hurgar en su excremento. Sonrió apenas. no le dieron importancia –prosiguió– hasta que empezaron a buscar tratos especiales con el demonio. –Y los encontraron. con ingenua malicia. confesar lo que no crees y proclamar lo que no eres. – Nadie manda en su corazón –disculpé yo—. una palabra firme. – Había algo más. Sabía bien cómo. Las más recias voluntades se quiebran ante las terribles coces del potro de tortura. A no ser que los ciegos sean éstos. – También de esa manera.–Mas cumplo con todos mis deberes de cristiano. Amaba a otros hombres. – ¿Qué importa. Es ciego. una protesta? Nada.

Yo no era valiente ni tenía que aparentarlo. confesaría lo que quisieran. temiendo se rompiera el sedal y comprobándolo a cada momento. huyendo de todos y sin ningún sitio adonde ir. – ¿La comida? 121 . En el código de mi clase –si es que pertenecía a alguna– no estaba el arrojo que muestran los soldados y proclaman los nobles como suyo.. sabía que no podía aguantar. – ¿Entonces. mas no sé por qué extraños caminos se perdieron mis papeles y. – ¿Confesaste? –Como manda la Santa Madre Iglesia. olvidados de mí. sentía ponérseme la carne de gallina y correrme por la frente un sudor frío. Me condenaron a la hoguera. aquí sigo viviendo como un topo. recorriendo estos larguísimos pasillos como un alma en pena. pues. –Ya te lo dije. un breve anzuelo del que tiraba una y otra vez. – ¿Te aplicaron..Según hablaba.? – ¿Cómo sigo aquí? ¿Verdad? Repetía aquella palabra como un clavo en que sujetar la conversación y al interlocutor. la terrible medicina? – Me aplicaron. desnudo y medio ciego. En cuanto empezaran a tensar este mi mimado cuerpo. No aguantaría.

¿Verdad? Hay algunos que mueren en sus celdas. las piernas descoyuntadas en el potro. Las celdas vacías –prosiguió– permanecen abiertas y yo vago por ellas.. creyéndome fantasma. También recojo las sobras de otros presos. igual que el perro que espanta a voces su propio miedo e intenta alejar la soledad un poco más allá. las piernas semidobladas de manera imposible y la espalda curvada. Caminaba extrañamente como un simio. Parpadeaba incesantemente como si se tratara de estrellas que titilaran en la noche y sus “verdad” eran como ladridos de afirmación ante tanta inseguridad como le manaba dentro. recorriendo todos los lugares. así que fíjate la muerte. Abunda por aquí esa fauna.. ratas. y con él. mas siguen poniéndole comida. – ¿Y no se dan cuenta? –Aquí. verdad. mientras ésta siga desapareciendo.–No es problema. apoyadas las manos en el suelo. Aprovecho un poco de todas partes. Era un ser apenas humano en la figura. finalmente. Habían quebrado su figura de hombre. Algunos presos se santiguan al verme. Cucarachas. con una cuerda a la espalda. la espalda rota. colgando como un jamón balanceándolo y dejándolo caer. arañas. ¡Cuánta imaginación para quebrar al hombre! 122 . No sabes los milagros que puede hacer el hambre. Primero. Después el cepo. nada importa la vida.

Aquí me han quitado todas las pasiones. ¿qué podía esperarse de un ser que fue humano tras diez años de terror y soledad. –En algunos rincones hay pequeños charcos donde saciarse la sed y hasta asearse un poco si es que supiera uno para qué. el timbre destemplado de su voz. – Después del ascetismo viene eso. la virtud. A mí me pasaba igual. Goteaba como el tiempo.Me miraba apenas cuando hablaba. Volvió a dejar caer aquella incierta mirada. debajo de la puerta. – No temas.. a veces aleteante. como cambiando de asunto– ya verás que abunda en ese sitio. Mira la humedad que rezuman las paredes. filtrándose en la roca. no sabía bien dónde. lentamente. ¿Qué vicios podrían anidar en un lugar así? 123 . Y así era. por donde corría hasta perderse. los labios descolgados. viviendo tan al límite? –En cuanto al agua. hasta formar un hilito que bajaba hasta el suelo. su mirada perdida a veces. verdad –prosiguió.. Ya había notado un aire ido en toda su persona : su semblante caído. No sabía cómo interpretar sus brillos. Pero. con unos ojos huidos y unos dejes extraños en la voz. incapaz de fijarse en sitio alguno.

es cierto. rebotando en las paredes. el miedo al miedo me ha paralizado. Lo hicieron conmigo 124 . acabas inventando otro mundo y cayendo en la locura. – Ahí estaban. entrelazándose con los gritos de otros condenados. podían llevarme de nuevo a su infierno.Me di cuenta de que no podía controlar los músculos de la cara y las emociones actuaban en él sin control. Podían delatarme. me han sorprendido aquí mientras bebía. oculto en nichos y rincones. pero me alegro. como en una maquinaria desajustada. Nuestro infierno son los otros. – Tenías a los otros prisioneros – apunté yo. Siguió explicando. pues no sabes lo horrible que es la soledad No me atreví a interrumpirle. igual que del diablo. pero he huido de ellos hasta hoy. hasta levantar hacia lo alto un coro de desventura que agrietaba las paredes y encogía el alma. Y he vagado durante años por estos corredores en las horas vacías de la noche cual terrible fantasma. llegaban de muy lejos los lamentos de algún desgraciado. alimentado de miedo y nutriendo el de otros. – ¿Y no has logrado escapar? – No es fácil. Para confirmarlo. –Cuando hablas a la nada y te rebota la voz. pero más terrible sin ellos. El miedo a que me atrapen otra vez. – Precisamente.

. y para sostener sus creencias han de derribar al hombre que las sustenta! Miré a aquel ser menudo. antes de que yo pudiera decir cosas de ellos. allí. ¿adónde iría y qué razones me quedan ya para vivir? Habría gentes dispuestas otra vez a delatarme. Incluso noté alguna lágrima venirse a la mejilla cómo sus convulsiones se apaciguaban contra el muelle de mi pecho. me confesé también humano. Cuando hubo recobrado algo la calma. Siento pavor de que vuelvan a aplicarme la tortura. pidiéndole a Dios la muerte y piedad al verdugo. sometidos a humillación. ¡Qué siglo este—pensaba yo— qué edad infame. créeme.en varias ocasiones y. si es que alguno llegó a librarse a tiempo. en que para darnos la otra vida nos quitan esta. en que para defender las almas. Seguramente se había quedado encogido para siempre por el miedo y lo abracé como a un hermano. tienen que destruir los cuerpos. Yo que siempre había puesto murallas a las emociones. aún tiemblo por las noches y a veces grito en sueños. sin testigos. –Por aquí he visto a seres que antes fueron humanos. Mis amigos habrán aborrecido de mí seguramente. Tal vez mi hermano. Y además. Y se quedó colgando de este cabo como una esperanza.. no pude menos de darle un mordisco en la oreja y retirarlo con cierto desapego. 125 .

si yo sólo me avergüenzo de los tuyos –repliqué con sorna. mientras volvía a ponerme el impermeable contra las emociones. Asido por las muñecas. daba gritos terribles. tumbado en el potro y estirados los miembros. descansaba. Así que ya sabes. –Así me gustan los hombres. muerto tal vez. El otro. los huesos posiblemente descoyuntados y las carnes agrietadas. a veces tropezaba… hasta que vine a dar a una amplia sala con dos hachones de luz en las paredes y dos pobres diablos estirados. –Nunca te avergüences de tus sentimientos–comentó mientras se recomponía el alma. Estaba preparado. que la emociones acaban ablandándote. y para sobrevivir hay que ser duro. Uno colgaba vertical como una longaniza. –No. el traje en que me sentía más a gusto. – ¿Y quién te manda escarbar? Dos días después vinieron a por mí. Aunque si escarbas un poco. se te vienen abajo. Me arrearon como a bestia maldita por una serie de tortuosos e interminable pasillos donde resbalaba a veces.–Oye. el otro dando gritos de absoluta desesperación. Impresionaba la escena y creo que me oriné encima. si es que puede uno estarlo alguna vez para estas cosas. sin pasarse –me encontraba extraño–. duros –replicó él. desmayado el uno. ya perdido el conocimiento. mientras el verdugo 126 .

Suelen hacerlo para calentar. un ser fúnebre. Aún no me habían preguntado nada y ya tenía sangrantes las costillas. que no tiene nada de santo. Entonces se acercó a salvarme el vestido blanco. no sé si el ambiente. Sólo le faltaban los atributos. tan pequeño. entonces. Tengo que decir que éste se esforzaba en su oficio y se ganaba sobradamente el pan. que ninguna amenaza podía venirle al mundo por él solo. Ya iba viendo yo dónde iba a descansar aquella siesta. Podía confundirse con un embajador del infierno o el mismo Príncipe de las Tinieblas. experto en interrogar a reos y sacar confesiones. 127 . el reo o el verdugo. enjuto. Llegó como de la nada. Más bien todos tres. con hábito de monje y un rollo de papel en la mano que leía atentamente.semidesnudo y sudoroso empezaba a desatarlo. ¿Por qué el Alto Tribunal? ¿No era demasiado honor para un simple pícaro como Lázaro. así dicen. ¿Pero qué pintaba yo en aquel cuadro? Ni era brujo ni hereje ni converso. vestido de blanco. me descubrieron la espalda y empezaron a darme latigazos. ajeno a mí y al mundo que le rodeaba. – Tú eres Lázaro. Era un hombre del Oficio. cuanto más a Nuestra Madre poderosa de quien se declaraba humilde hijo devotísimo? Me ataron al muro. Me estaban preparando la cama cuidadosamente.

Fantasmas a ellos. Un empujón tremendo en mis queridas partes me convenció. Se les cortó la risa por un instante. Me tenía bien agarrado y apretaba.Les hacía gracia. Empecé a soltarles. – ¿Lo mataron? – pregunté ingenuamente. En realidad era lo único que veían por aquel reino. y no lo daban fácilmente. –…Un reo que se les ha escapado y anda suelto. No debía ser por allí. vuestro amo y señor? Así que volvían a cambiar de ruta. Aquello no podían tolerarlo. pensando. y yo estaba ya exhausto. –He visto un fantasma que vaga por ahí. Así que intenté otra ruta.. Poner en duda su profesionalidad. – ¿Quién mató al Sr. Arcipreste. Se echaron a reír. pero volvieron a apretarme y muy fuerte hasta que me desmayé. Pero un puñetazo en el ojo me hizo ver las cosas mucho más claras. yo le bebía el vino y le comía el pan. Así que canté. yo. pues subió una octava más. 128 . Una bofetada en plena boca me hizo callar.. que había sido la suya muerte natural. De allí no se marchaba nadie sin permiso.. Yo le preparé aquella jugada al ciego. Soy culpable. como así era..– Lo confieso –respondí al sentirme descubierto. No era posible y menos mal que no me creyeron. Sólo sé que desde entonces mi voz se acerca más al coro de los ángeles. señor. para que me soltaran.

– Entonces. para ablandarme – decían— sin saber que estaba a punto de caerme al suelo como breva madura.. pues ellos no variaron un ápice la suya. negar cuanto negaran y con el deseo sincero de complacerles. con la complicidad tuya. Si al menos supiera lo que querían 129 . que no se esconden a llorar en las faldas de su esposa. lo confieso todo –me arrancaron como una exhalación final que marcaba mi decidida voluntad de acabar con todo ello. afirmas que lo hizo tu mujer. Me cambiarían las palabras a golpes hasta oír lo que quisieran. sin ignorar las consecuencias fatídicas que podían echársele encima. sí.. – Yo no he dicho eso. – Así que lo hiciste tú solo. Pero de nada sirvió mi cambio de táctica.–Tal vez mi mujer –insinué yo. – ¿Tú solo? – Sí. Yo no estaba allí cuando ocurrió. Era inútil todo cuanto dijera.. Otro golpe en la boca acabó de ablandarme la memoria. yo solo – concluí– dispuesto a afirmar cuanto afirmaran. así que callé. Y añadió: –Así me gustan los valientes. – Lo confieso.

mientras recogía del suelo una firme barra de hierro. convicto de asistir a sucios aquelarres en compañía de otros hechiceros y confeso de haber perjudicado a la religión y echado mal de ojo. que tan generosamente nos había acogido. los testigos. y empuñándola con fuerza. Por eso firmé lo que me presentaron. que tenían ya redactada desde antes de tomarme la declaración debida. para que su declaración coincidiera con lo escrito. que yo creía tener bien escondida. Yo solo.. pues primero el juez escribía la acusación. ¿eh?. sin presumir. me estaban leyendo mi confesión. Yo que amé siempre mi vida y mi cuerpo más que a 130 . sí— daba igual— mi propia sentencia de muerte. y sólo después se hacían los ajustes que fueran necesarios en el reo y los testigos. Me di cuenta de que los procesos penales iban en sentido contrario a como yo creía. Hijo. causándole la muerte.. la confesión. Allí quedaba patente mi estrecha amistad con el diablo. el Arcipreste. El tormento era muy convincente en estos casos. Noté que la iba perdiendo poco a poco junto con el conocimiento. yo solo.– Sin presumir. a nuestro amo y protector. el orgullo es un gran pecado que hay que mortificar. descargó de improviso sobre mí un golpe tan terrible que me dejó hundidas dos o tres costillas. El zarpazo me había alcanzado el alma. ¿Te acuerdas del diablo? – repuso. que ya no se modificaba. Cuando la recuperé. sin sospechar siquiera de nuestras malas artes. Lo extraño es que al firmar solamente sentí una gran paz. los cargos.

Sólo noté al despertar un desgarro terrible en las articulaciones de brazos y piernas como si estuviesen descoyuntadas. debí prontamente perder la conciencia. sino un inmenso alivio. Estaba ya entregado y sin ganas de luchar. por pura crueldad o tal vez por saciar algún desajuste escondido. como un perro. Era el mismo verdugo. con su aspecto de bestia desnaturalizada. recogida mi voluntad y amontonados mis instintos. No le dije que le había delatado. Me contó que era muy amigo de un amigo de mi 131 . pues me habían arrancado la confesión a tiras. pero creo que en el último instante se me quebró del todo. Le dediqué mi mejor sonrisa. como si fuera humano.nada. menos para eso. Días después. Sentí a mi lado. recuperado un poco. aún hubieron de amarrarme al potro y someterme a la tortura. Es el caso que a pesar de todo y cuando no era necesario. sabiendo que iba a perder muy pronto ambos. Débil como estaba. así que adopté una lógica postura de defensa. mientras rezaba a todos los dioses o murmuraba de ellos –no sé muy bien. congestionado el rostro tal vez por la bebida y sin expresión alguna. Pero había un juez distinto que empezó a tratarme con cierta consideración. Venía yo preparado para todo. no sentía pena alguna. más dolido que yo mismo. vinieron de nuevo por mí. a mi amigo Alguien que lamía mis heridas con su propia lengua y regaba mi frente abrasada con un paño húmedo.

el Canónigo de la Catedral. En fin. ¡Cuántos enemigos tienes! Pero. Servíale el vino cada semana y le trataba bien. en efecto. – ¿Entonces. me apreciaba. hijo. –Ya ves.. tapándole todo resquicio.. a quien yo bien conocía. y. Cogió entonces un pliego de papel que estuvo leyendo durante unos instantes y acabó por romperlo y echar sus pedazos en el fuego de una pequeña fragua que allí ardía para doblegar los hierros. Pedro. y bien. Y ya sabes con cuánto celo vigila la iglesia para que el diablo no se cuele entre nosotros. y aunque no quiso darme nombres. Así los médicos lo han certificado. sabemos que la acusación no tiene peso. 132 . intuí que se trataba de D.señor. No podía dar crédito a lo que oía. Tales fueron sus palabras. El fuego es purificador y Dios acaba por perdonarlo todo. Un golpe al corazón. – Sabemos con certeza que tu señor murió de muerte natural. de mí para que “hiciera cuanto fuera posible por ese pobre desgraciado". Me dijo que le había hablado. Tanto puede cambiar el destino de un hombre en sólo unos instantes. pues además le hacía algunos recadillos y favores que ahora estaba dispuesto a considerar y agradecer.? – Queda lo de la brujería.. que después utilizaban para plegar nuestras voluntades.. que ha habido calumnia y delación contra vosotros.

. – Quien esté libre de pecado. – Si soy inocente. – Tendrás que cumplir unas mínimas condiciones que aquí traigo escritas en este papel. Y empezó a leer lo que yo entendí era mi sentencia. 2) Recibiría un castigo público de cien azotes y cincuenta mi mujer.. el mediodía del domingo hasta la mañana del lunes.– ¿Pero. 3) Saldrían nuestros delitos a la luz y seríamos expuestos a la vergüenza pública. 133 . l) Quedaba desterrado de Toledo para siempre sin poder volver a poner los pies jamás en la ciudad ni acercarme en menos de dos leguas. más no tan suave como quería hacerme ver. usando yo mi calidad de pregonero para propalarlos por las calles de Toledo hasta quedar finalmente expuestos a las iras de las gentes. durante un día. más benigna que la muerte. – Tendrás que expiar en público tus culpas.. el puyazo firme que detiene la embestida.? –cogí aquel cabo de esperanza que se me tendía.. Siempre estaba la frase incontestable. como un muro de contención.

Después de haber andado tan cerca de la muerte.4) Teníamos que devolver el dinero sustraído. Miré a los dos y firmé.. Aquello no era justo. Con nuestro sudor y nuestras manos lo ganamos. con el que se declaraba amigo del amigo de mi señor. escarnecido y maltratado y encima debía estarles eternamente agradecido por perdonarme la vida y salvarme de mí mismo. Volví a leer el escrito y me pareció una broma cruel de algún espíritu burlón. amén de los chorizos y jamones que eran nuestros por derecho. ¡Qué peligrosas resultaban estas cadenas de amistad! El caso es que entre todos ellos me habían apresado. Era nuestro. debía regocijarme por haberme librado de ella en el 134 . Debía de haberme vuelto la fiebre. ¿Qué otra cosa podía hacer? Mi vida quedaba a salvo y de nuevo a cero. – ¿Estás de acuerdo? –preguntó. Así que besé las manos de quien consideraba mi benefactor y le rogué transmitiera mi agradecimiento a cuantos por mí habían intercedido. despojado de todo. Podría ser él. así como otros objetos de valor. mientras miraba al verdugo así como al descuido.. Eché las cuentas y vi que se habían ocupado de dejárnoslas a cero. sí. pues no podían anidar tales pensamientos en una mente sana. Miré de reojo a mi interlocutor y observé en su rostro como una mueca guasona que intentara y no pudiera taponar del todo. pero ésa había sido siempre la cifra de mi destino.

el mundo se va haciendo más grande y ya no eres capaz de abarcarlo. Pensaba en mi viejo amigo Alguien. mientras volvía cabizbajo. 135 . ¿qué hacía en ello mi esposa? Habíamos ocultado unas verdaderas y ahora nos hacían propalar otras completamente falsas. Podía cantar las mías. – ¿Y tú. pero. pero no es lo mismo cuando eres aún niño. Tú eres fuerte y saldrás adelante. ¿Qué sería de él? –me iba diciendo– sin tener en cuenta que mi futuro era quizá mucho más negro.último momento. Poco después. aunque debes empezar de nuevo. hermano? –pregunté a mi vez a Alguien que esperaba mi palabra al otro lado. Pero a mí no me llegaba la alegría. Lázaro! – ¡Ah! ¡Eres tú! Le comuniqué el veredicto y se alegró de que hubiera salvado el pellejo. Así era. ¿Qué retorcido ser había sido capaz de urdir tan complicada trama sino una mente burlona y ociosa? – No te apenes por tan poco. Había de sacar a la luz nuestras miserias. Se acercó desde fuera y tocó los barrotes. – ¡Lázaro. mas no era eso lo que sentía. cuando se hubo extinguido el largo ruido que tras sí dejaba el carcelero. que también el mundo es muy pequeño. pero según creces. llegó él.

herramientas –respondió con un tono optimista que no le había notado antes. Lázaro. ¿No sospecharía de mi traición reciente? Y añadió: –Y mucho tiempo. porque a mí me las habían quitado todas. 136 .– Tengo planes. Bien podía ser que se hubiera quedado con las mías. porque tú. me has devuelto las ganas de vivir.

como en una provocación: –Un bellaco ese mozo. finalmente.DESCANSO IV Ha venido de nuevo mi joven fraile. aunque no sean todos buenos. sutil. mirándome a los ojos y esperando mi reacción. sobre un pobre Lazarillo. En verdad. una coincidencia– negué yo. – ¿Qué tienes tú que ver con ese Lázaro. cambiando de nombre muchas veces. que nunca baldío. De vez en cuando deja perder su tiempo tan valioso con gentes tan baldías como yo. que procedo de un pueblo de esa Salamanca. repitiendo mi nombre. que conocía mi secreto y reconocía mi identidad que yo he tratado a menudo de ocultar. Y me ha hecho saber de esa manera. 137 . Ha callado durante un largo rato y. –Nada. –Otra cosa se puede decir de ti. Me ha enseñado un librito más bien pequeño que yo ya conocía. pero jamás estuve en Toledo –mentí – a sabiendas de que no le engañaba. Frutos has dado muchos. ¿no crees? –ha dicho con sorna. Y sospecho que aún faltan los mejores. Lázaro? –me ha preguntado en confianza y como bajando la voz. señor. hermano Lázaro.

–Las cosas que importan hay que hacerlas con cuidado –me ha dicho. y si no. –Aunque no se podrá creer todo lo que dice. Y me ha indicado el librito que llevaba en la mano. El caso es siempre hacerse grande. empinando cuanto puede su talla y su persona. alzará sus vicios. –Seguramente las malas compañías –respondile. 138 . Cuando uno habla de sí –ha proseguido– tiende a subirse. – ¿Cómo va ese cuaderno? – Marcha. Si puede.examinándome para ver si pasaba la prueba. aunque no tan rápido como quisiera. ¿De qué puede servir tanto trabajo y dolor si nunca jamás verá la luz? Él mismo ha apuntalado mi decisión. sin añadir una letra y que probablemente quede inacabado. Y como siempre no está falto de razón. no sabía cuál. lo hará con las virtudes. No le he confesado que llevo meses estancado. sosteniendo su mirada y apenas la sonrisa que se nos iba derramando a los dos por toda la cara. No es bueno hablar de uno. Luego ha cambiado de tema. Se peca de inmodestia. uno más. mientras salía.

Así pues. ¡Dichosos baúles! Son como esos ataúdes donde guardamos nuestras pequeñas muertes o derrotas. No creo. guardaré esta historia en un cajón. eso sí. Sin embargo. muy al fondo. No sé si volveré sobre ella un día. lejano. no pueda consumar este cáliz de amargura que quedó a medias en el fondo de otro baúl. no me atrevo a afirmar que en algún tiempo. 139 . acaso nuestras vidas.

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por el tamaño de sus errores. Parecíamos la Sagrada Familia emigrando hacia Egipto. pregonando mis pecados y aun más los de ella. Al principio me comía la vergüenza y apenas lograba sacar la voz de mis adentros. un verdugo con el rostro cubierto arreándonos trallazos y cerraban el cortejo otros dos corchetes. sólo que a nosotros nos había atrapado la locura y marchábamos expuestos a las chanzas y al mal gusto del vulgo que sólo con vilezas se divierte. la lección aprendida. Yo delante como de más importancia y ella detrás subida en la borrica. sobre todo.IX JORNADA NOVENA –Uno se mide. acabé a gritos proclamando los cargos 141 . de modo que la timidez perdida. una al pecho y otra detrás cruzándonos la espalda. para darle importancia. recuperadas las fuerzas y las ganas de vivir. Iba a pie. luego un clérigo escupiendo a cada parte agua bendita. Delante abrían paso dos guardias. pies descalzos y larga caperuza coronando de oprobio la cabeza. Unos días después. Vestíamos para la ocasión trajes de gala – como era el uso en procesiones tan solemnes – largos ropones con dos enormes cruces de San Andrés en amarillo. salimos yo y mi esposa a la pública vergüenza. mas al cabo era mi oficio y siempre me ha gustado hacerlo bien.

. que no necesitaba para arderse otras hogueras. y yo entiendo algo de estas cosas. Tres veces cayó como en una pasión y tres veces la alzaron hasta que finalmente atada como un fardo.. mientras el público se apilaba a nuestros lados y reía de veras. arrojándonos insultos y otras cosas que casi nunca erraban. quien roja. 142 . mientras yo le publicaba a los vientos sus mil cargos que aumentaba cuanto podía en número y tamaño. tan llena de chispas sus dos ojos. ya lo creo. Por eso. insultándome con todas sus fuerzas. Y más que habiendo algunos por los que juzgarnos. hubo de llegar de esta guisa tan solemne. salvo mi señora. me fulminaba con su odio. nos habían condenado por otros que de ningún modo habíamos cometido.. sentada a la mujeriega sobre el asno? ¿Os imagináis a aquélla venirse al punto abajo por el golpe y estrellarse contra el suelo su trono con tan alta monarquía? Al levantarse. Pues uno también se mide por el tamaño de sus errores. la boca amordazada para no oír sus maldiciones. me miraba con más odio si cabe. Era un gran espectáculo. menos de vergüenza que de ira. ¿qué importaba? Puestos a inventar. Al fin volvíanla a poner sobre la burra y.. Era mi pequeña venganza que nadie percibió.imputados y otros más que yo inventaba dándoles color para destacar nuestro rango. ¿Os imagináis unas cáscaras bien lanzadas o un tiro de mierda. haciendo blanco en la animada estatua de mi señora.

Más pronto se me pasaron. Unos gritaban. Bien creo que fuera puro nerviosismo por lo que le esperaba. y tras mis gritos. Nunca vi a nadie poner tanto entusiasmo en su trabajo. que en tratándose de golpes. cuando empezaron a celebrar mi centenario en las costillas. Al lado. Quise cederle tal honor a ella. todos asentían con entusiasmo cada vez que caían sobre mis sufridas y adoradas espaldas tan 143 . lo de las damas primero. Supongo que hacía mucho que no representaban en Toledo un tan regocijado espectáculo. mas no me hicieron caso. crucificado de aros y de argollas. otros aplaudían. guardado de sí mismo. de modo que los golpes caían como muros y tras ellos mis gritos. Ya se sabe que algunas damas actúan pretendiendo robar para sí toda la escena. Ante aquel símbolo antiguo me venían tantas asociaciones. que no podía menos de reír. mientras cuello y manos quedaron apresados en un cepo. mi compañera forcejeaba inútilmente bien atada también al mismo yugo. ¿Quién puede regocijarse con los males ajenos? Tal vez sólo buscaba reclamar la atención.Estaba el rollo en las afueras. Allí nos ataron los tobillos con una larga cadena. una plazuela presidida por un alto poyo de piedra clavado en el mismo centro. cuando el pobre verdugo está ya cansado. sus redondas carcajadas. la gente prefiere cobrar al final.

No soy valiente. todos ellos. tal vez del infierno.. ¡Entonces. hecho ovillo. Siempre resultaba divertido ver la cara de miedo de los reos. 144 . Aquel era un día feliz en sus monótonas vidas. que estaban celebrando a gritos. oír sus gritos. A veces había suerte y hasta algún hombre importante caía en sus redes. O se producía alguna ejecución. qué cima! Eso solo llenaba por completo la tarde del domingo. como de otro mundo. así como la cuenta y la conciencia. Empecé contando los primeros– no me fiaba de nadie– mas luego fui perdiendo interés. el más famoso en las calles de Toledo. Todo sea por el bien de la humanidad y la salvación del mundo– me decía yo. Había acudido aquella tarde de fiesta a contemplar el espectáculo. ver sus carnes desgarradas y su honra hecha trizas. sentado en mi desgracia. tal vez algún auto. hasta acabar derrumbado. Más allí estaba ahora yo mismo.. Oía sus gritos terribles y horrendas amenazas que llegaban a mí desde muy lejos. su venganza. sin ganas de reír ni de ver siquiera la cara descompuesta de mi ama cuando llegó su turno y empezaron a mimarle las costillas.terribles regalos. Apenas aguanté los cien. pregonero de otros muchos a quienes como heraldo y vocero había publicado sus méritos. El caso es que la gente no dejaba de reír. También vi a mis vecinos. Aquella vez fui yo.

A veces me quedaba traspuesto unos instantes. A veces me lanzaban puñados de boñigas. en mi pobre cabeza y en otras partes igualmente dignas de mi cuerpo. Atrapado en el cepo. que soy persona de ánimo sereno. que rebotaban en mí como si nada. mierda al fin. Pronto hicieron mella entre mis dientes bien escasos. mas nada de eso. mas con todo. amenazarme. vigilados por todas las estrellas y dos guardias que enseguida se durmieron. pues las gentes se apartaban de mí. Y así debieron comprenderlo. allí quedábamos nosotros. y vuesa merced ya sabe cómo los insultos y torcidas palabras me resbalan. oyendo a la par a mi comadre insultarme. mas luego al momento despertaba al rozarme inconsciente las heridas. pues los golpes que ella había recibido parecían haberle atado el cuerpo y soltado la lengua. Por fin llegó la noche y podría descansar o así creía. Así pasé la noche con esa tortura. cubríame de asco y mal olor. la cual blandía como fiero cuchillo en 145 . que aunque era blanda y sus golpes no dolían.Mas su dicha no fue completa hasta que empezaron a soltarme obscenidades y palabros. acabé por agradecerlo. pues al poco acompañaron sus reniegos de mondas de verdura y cáscaras de frutas con su piedra escondida. mas no llegaba el sueño. que cuando las gentes se fueron a sus casas. guardando las distancias. buscaba una postura que no podía encontrar. expuestos a la nada. Estaba exhausto y vencido por los golpes.

cubierta de vergüenza. Un alma caritativa se acercó con un caldo caliente y un mojo de vino. se sacudió el polvo en un viejo signo de desprecio. Los dos. Escoltados por una pareja bien armada. a todos maldecía. alejándose decidida.. Aquella misma tarde nos soltaron. cogió sus raídas sandalias. Creí oír de nuevo las viejas profecías del ciego llamándome bienaventurado por el vino como así lo era otra vez. Noté al poco que me habían devuelto el cuerpo. Así pasó la noche lo mismo que un mal sueño y por fin llegaba el día. nos dejaron finalmente en las afueras. Aún recuerdo aquella tarde. escupió en dirección a la urbe y se fue echando pestes contra todos. Allí estaba mi Eva también. medio desnuda. hasta perderse entre los densos arbustos y matojos. Yo qué sé.. renegando de todo. hasta que al fin. a más parte tocábamos. haciéndonos merecedores de todas sus preferencias. Empezaba a oscurecer. Por un momento me quedé contemplando la ciudad en que había vivido medianamente feliz y de la que era expulsado para siempre. cuando malherido como estaba y solo– la noche nos encuentra siempre solos– 146 . el alma. y estando yo y los guardias tan cercanos.todas direcciones A todos conminaba.

quitándome la mugre y el olor que me vencía. Bendito sueño. Encontré un viejo cobertizo o choza de pastores con alguna vieja prenda y un regato vecino donde me lavé con ansia. como a mí.. Ahorré la cena y me dormí. Tal vez en adelante. busqué cobijo cerca para pasar la noche. despertándome a trompetazos de la muerte para el juicio final.busqué una estrella. Las que había seguido hasta allí. testigo sólo Dios y aquel refugio de pastores. 147 . Debí luchar contra la fiebre y mis fantasmas durante varios días. dejando una larga estela. que es capaz de reparar tantas averías del cuerpo. —A otra que han echado. Bendito olvido. que todo nos lo borra para seguir equivocándonos. anulado por el asombro. no habían sido buenas. Pensé que venían del más allá. Y así parece ser. Es el caso que una buena mañana me desperté con el plácido sonido de esquilas y cencerros. Como para no creer en el destino. la de la buena suerte. y seguí sus pasos. En fin. como estropicios del alma. que en adelante los brillos en mi vida fueron aún más fugaces y la oscuridad aún más espesa. es el caso que habiendo cubierto apenas una legua.. pero no era así. Recobré mis sentidos que habían vagado desperdigados por las regiones de la nada y me incorporé en mí mismo. sin dejar de mirarla. Lo mismo daba una dirección que otra. Lucía ya alto el sol.Pero al poco. la veo caer del cielo.

Sería cerca de mediodía cuando llegaron hasta mí. Era un hombre ya mayor, casi un anciano, y un zagal muy despierto, pastores que venían con sus rebaños a descansar y hacer la siesta. Comí con ellos cuanto generosamente me ofrecieron y como agradecimiento, a los postres empecé a contarles mi historia; una historia falsa, naturalmente, que no sé si llegaron a creer. Les referí cómo unos terribles bandoleros me habían robado cuanto tenía, atándome a una encina y golpeándome con la mayor saña para dejarme después abandonado y medio muerto. Yo me había soltado, no sabía cómo, y había llegado maltrecho hasta allí. Les enseñé las múltiples heridas de mi espalda, las señales de los recientes latigazos del verdugo y asintieron compadecidos, mientras el más viejo me untaba las cicatrices con hierbas machacadas mezcladas con vino y grasa de cordero y me ofrecía algunas ropas viejas para cubrir mi lacerado cuerpo. – ¿No habrá una mujer entre ellos?– preguntó el zagal y dio unas señas físicas que coincidían punto por punto con mi nunca olvidada Claudina. Se me hacía difícil pensar que en apenas unos días ya empezara a dar que hablar. – Tal vez –disimulé yo– pero no los vi bien. – Es que esta noche –siguió explicando el chico– han atacado por sorpresa y herido a un compañero y dice que fue esta mujer que le acabo de describir con otros dos desalmados. 148

No lograba digerir que aquella mujer se dedicara ahora a asaltar a las pobres gentes y despojarlas con violencia de sus cosas. Pero en los meses y años siguientes hube de oír sobre ella nuevas aún más extrañas contadas por los muchos viajeros que recorrían a diario los caminos. Pasé con ellos aquel día, descansando y reponiendo fuerzas, y a la mañana siguiente, con el alba, partí camino de Madrid en busca de mejor fortuna.

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X JORNADA DÉCIMA
El mal, cuando se poda, cortando sólo algunas ramas, después brota con más fuerza.

Empezaba entonces a crecer la villa, lo cual atraía a muchas gentes golosas de medro y de dinero, que son siempre sin cuento como las arenas de la mar. A la sombra de ellos surgían también miles de pícaros y falsarios que se ganaban la vida con trapacerías y engaños de todos los estilos. Bien creo, que en toda República, tales gentes se hacen necesarias, para que el rico siga vigilante, que no hay ladrón más torpe que el descuido ni suerte peor que la desidia. Así me traían por su propio rumbo los pensamientos, mientras hacía mi camino, pensando en la ventura que me esperaba más allá, después de haber dejado atrás tanta "tierra quemada" sin posibilidad de volver a ella, pero no me iba arredrar por eso, que hombre como yo, sin patria, sin hogar, sin hijos, no había dejado que echaran mis sentimientos raíz en ningún sitio, y mucho menos mis bienes y heredad, que me llevaba conmigo y que eran nada: una camisa remendada, unas viejas sandalias inservibles, unos rotos calzones, y todo el aire y el sol.

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me ensucié cuidadosamente de barro cara y cuerpo. Podía explotar. hice un firme vendaje en el tobillo con lo que aún quedaba de la camisa. mi experiencia con el ciego. aunque fuera alrededor de la nada. al que ahora recordaba.Destrocé como mejor pude aquellas prendas. De algo serviría también. pensando en el terrible final con que había rematado sus días. donde pasé varios días. No pude espantarme del todo la idea de que la vida es un gran rodeo que damos para llegar de nuevo al punto de partida. me tapé un ojo. Así parecía ocurrirme entonces. me dispuse a hacer mi entrada apoteósica de gran derrotado. Aún me quedaba mucha cuerda para seguir dando vueltas. Ejercería la mendicidad por el camino. entretanto. aquellas llagas de la espalda. He decir que amén de la generosidad y buen corazón de sus gentes. hacía yo mérito con mis cardenales mucho más católicos y ya casi 152 . la risa se me vino hasta la boca. entablillé la pierna. mas no quise aceptar que aquello era el final. como burro de noria. rebozado en el rencor que de ningún modo quise dejar crecer en mi conciencia. me vendé la cabeza y con una recia tranca que desgajé de un árbol. Todo sin prisa. si no lo había olvidado. Al pensarlo. Por momentos me vi como él mismo. No me había de faltar el alimento y algo de moneda ligera para echar adelante hasta llegar a Madrid. lo único verdadero que en ese momento quedaba de mí. Aquella noche recalé en la muy ilustre y noble villa de Illescas.

el cual con suma largueza respondía. al que la piedad engaña tan fácilmente. a cuyas puertas me sentaba a pedir cada mañana. visto el éxito –hasta la miseria es relativa y la envidia anida también entre los miserables– hubieron de denunciarme algunos de éstos al capellán de aquella iglesia. sin haberme examinado de pobre ante un tribunal. y no siendo además natural de allí. Al parecer existían disposiciones que regulaban y hacían digna tal actividad.conversos. Digo esto. no pensé que pudieran cercarme nuevos peligros. pues no hay nada más frágil ni grande que el corazón humano. presidido por el capellán del lugar. evitando que hubiera falsedad o desleal competencia. porque confiado en mi lamentable situación. 153 . dejaba pasar mis lástimas para provocar las del prójimo. pero una vez más vivía bien errado. pero que estrujaba y desfiguraba cuanto podía para excitar la caridad de los vecinos. que las desgracias nunca vienen solas y cuando uno empieza a rodar por la desdicha. Había que tener título de indigente y cédula de oriundo. Pero ocurrió que. Sentado a la puerta de las iglesias. no se acaba nunca de caer del todo. nada tenía que hacer. No sabía yo muy bien de leyes en tal oficio. Al parecer yo no tenía derecho a pedir. Andaba yo bien confiado pensando que ya no podía albergar más males el saco de mi existencia. nuevo para mí. Igual hacía con mi pierna fingidamente rota.

perfectamente la pierna y yo en condiciones de ganarme el sustento de otro modo. acompañando al ciego. Si una vez volvía a asirme a las crines del triunfo. dejábanme aquellos instrumentos. y salí de allí temiendo adivinaran la verdadera causa de mis males. el potro del destino no volvería jamás a derribarme. le puse cuerdas nuevas y empecé a recitar. pues cuando niño. Así dejé la villa con tales pensamientos. y aquel podría ser el primer paso. algunas veces reunidos con otros mendigos y juglares. que yo intentaba 154 . pero tampoco me era ajena. preferí suspenderme yo solo y cambiar de profesión. Pensaba que ya no podía descender más bajo en mi adversa fortuna y que necesariamente llegaría pronto el momento de empezar a subir por la difícil escalera del éxito. Llevaba mi laúd a la espalda y un río de romances en la boca. Así que un buen día conté las breves monedas recaudadas y todo lo empleé en un laúd. desatados mis males. sobre todo aquella pierna que me costaba asentar. más cuando mis llagas estaban ya curadas. Como pude arreglé la caja. ya viejo y medio roto.Cuando me enteré de los requisitos. que concerté por poco con un barbero que ya lo tenía desechado por inservible. lo cual no haría sino multiplicarlos. ya que aquella me resultaba tan dura de aprobar. No era yo un virtuoso de la música. después de tantos días sujeta.

La vida no era así. En fin. que atendían embobadas creyéndose los otros. de muertes pasionales.rasgar o a tirarles de los pelos. Entraba por los pueblos y cantaba mis romances. bandoleros. Así empecé a ganarme la vida en el camino. suicidios. Cantaba en otros casos relatos truculentos. Por eso les gustaba tanto a las gentes humildes. liquidando a un enemigo? ¡Pobre corazón humano! ¡Tan noble a veces. 155 . También en ellas veía a la gente conmoverse. mientras reponía fuerzas y buscaba algo mejor. nuevos otros que a imitación de aquellos yo mismo inventaba. no era menester mucho más. vengar alguna afrenta despachando a un rival. viejos unos. y de hermosas damas que languidecían asomadas a los ojos de sus caballeros. violaciones ha evitado! Debieran caer los príncipes en ello y darles merecida protección en sus repúblicas. Pero. de amores prohibidos. de venganzas. que no era lego del todo y para hacer fondo en la recitación. como bien mi amo decía. de asesinos. Seguramente lograban realizar en la ficción sus ocultos deseos. a veces tan ruin! ¡Si no fuera por el arte! ¡Cuántos crímenes. y mejor cuanto menos real y más alejado estuviese de sus miserables vidas. de recios caballeros muriendo por sus damas. ¿Quién no ha querido al menos una vez echarse al monte. Contaba historias de moros y soldados. ¿qué voy a decir? Demasiado dura es ella para no olvidarse a veces en los sueños.

que no me iba mal y aquel oficio me agradaba. recién nomás salido de una aldea. Avivé también el mío temiendo que ocurriera un mal encuentro. No ganaba mucho. Le conté mi triste historia reciente y lo vi alegrarse de que hubiera concluido con un final hasta cierto punto aceptable. Y tenía razón. Al oír mi nombre. sacando de mí aquella recia voz que dejaba prendidos en la historia a mis oyentes. ¿verdad? – comentó. sin que nadie los viera ni sonaran las alarmas. Pero. apretando de nuevo el eslabón de la amistad que habíamos forjado. cuando aquel ser estrambótico empezó a hacer gestos y dar gritos hacia mí.En fin. ¿Quién podía ser sino mi buen amigo Alguien? Se acercaba casi corriendo. es verdad. ¿quién más humano bajo aquella figura de animal? Nos dimos un inmenso abrazo. vi a lo lejos venir detrás de mí un ser simiesco que aceleraba el paso con intención de llegar hasta mi altura. me detuve. animado a salir de aquel trance. medio apoyando sus cuatro extremidades como un simio. 156 . En pocas palabras vino a decirme que. mas al fin me compensaba el ser oído. Una mañana. apenas con el alba. –Nada es del todo redondo. puestas en camino mis ilusiones. Y me contó el suyo. se había hecho con copias de las llaves y una noche habían huido todos cuantos en aquella ala de la prisión estaban. teniendo libertad de movimientos.

– No es difícil.Habían salido de Toledo y se habían repartido por los caminos en todas direcciones. conociéndote como creo conocerte –respondió. – También eso puede ser un peligro– le dije. una ciudad y lo suficientemente grande. pero él no tenía qué temer. Bastaba un poco de intuición para descubrirlo. Si alguno era detenido y confesaba. Tenía razón. – Vendrás conmigo –afirmé. Sin embargo. para perderte en ella. A partir de aquel día anduvimos vigilantes. A menudo pensamos que nuestras elecciones son libres y son tales elecciones. Eres un "homo urbanus" y qué otra dirección podías tomar. Aquella misma tarde vimos acercarse a caballo por el camino real a unos cuadrilleros de la Santa Hermandad con perros y arcabuces. de nuevo pude advertir su inteligencia. Pensaba que sólo podía ser obra de la casualidad. buscando a unos fugados. al menos de momento. cuando la verdad es que vienen determinadas casi siempre por nuestra condición. Le pregunté a Alguien cómo había dado con mis pasos. sino Madrid. podían impunemente ejecutarlo en cualquier lugar sin dar cuenta de nada. No existía. verdad. pues matar a Alguien era lo mismo que matar a Nadie. 157 . Pronto irían tras ellos. una vez más.

¿Qué libro sería aquel tan importante y del que nunca había oído hablar? Lo dejé marchar sin preguntárselo. Me di cuenta de lo estúpida que era. – En parte. dijo: – Verás. He vivido demasiado tiempo solo. ofreciendo explicaciones que yo no le pedía.No era siquiera una pregunta. Me iré a la sierra y en ella haré mi hogar. He aprendido a sobrevivir en el límite y no me costará adaptarme. – Lo seré sin exceso. porque mi sitio está en otro lugar. tras vacilar un momento. Tenía razón de nuevo. No podría aguantar en una ciudad llena de gentes sin volverme loco del todo. – ¿Teméis a los cuadrilleros?– corté yo con una razón que me pareció justificada. Mi sitio no está allí. – ¿Serás feliz?–le solté como una pregunta de novela. Tal vez algún día. Daba por hecho que haríamos grandes cosas juntas en aquel nuevo mundo que quedaba por descubrir. Por eso me sorprendió cuando. 158 . Y me despedí de aquel hombre de quien tanto había aprendido. Y siguió hablando. como está escrito en el libro de las cosas. sonrió levemente. cuando la hube soltado. pero él sin hacer comentarios. Pero sobre todo.

¿Desde cuándo a Lázaro le asaltaban los remordimientos? Así fue como entré en Madrid. si iba de su parte. así lo recuerdo. Si no fuera porque desde hacía años tenía secos los hontanares del llanto. arreé con ellos camino de la ciudad. A lo lejos el padre Guadarrama levantaba sus hombros poderosos. siempre podía sacar un buen dinero con que sobrevivir un tiempo. si las cosas se ponían mal. pero no podía hacerle tal faena a mi viejo amigo. Pensé que.Lo vi partir camino de la Sierra. Confieso que ante tales reflexiones y dudas empecé en verdad a preocuparme. 159 . Volví grupas a mis pensamientos que empezaban a desparramarse. quién sin duda me echaría una mano. Empecé a darle vueltas a aquella sortija que debía entregarle a mi supuesto benefactor. –Él la reconocerá. por más que mi edad y dentadura no estaban ya tan intactas. Era un día triste. un día gris de otoño. y reuniéndolos en manada. converso como él y vendedor de telas. pero no era eso lo principal si permanecía íntegro todo mi apetito. pero seguramente era la lluvia que empezaba a caer. dispuesto a comerme el mundo a poco que éste se dejara hincar el diente. Repasé las instrucciones: el nombre de un amigo suyo. pensaría que alguna lágrima perdida se vino a mis mejillas.

ya entrando en los cincuenta. pícaros. No parecía ir mal el negocio. Sobre todo. silbando adulaciones con su doble lengua. que no me fue tan fácil de alcanzar como esperaba. después de doblar y desdoblar estrechas y torcidas callejuelas. 160 . defendidos por fuertes barrotes y recias puertas de madera que daban seguridad a unos sólidos muros de granito. buscando beneficios y prebendas. Llegó éste poco después. honras y cargos. que me recibieron con suma cortesía en ausencia de su padre. el primogénito.Era entonces Madrid una ciudad en crecimiento. leguleyos. de la más diversa clase y condición. Buscones de altos vuelos y reptiles que se arrastran por iglesias y palacios. con unos rasgos familiares. soldados. Allí llegaban nobles encumbrados. En el piso primero estaba el domicilio donde vivían el matrimonio y sus dos hijos: un varón. Era un enorme aluvión que como en fuerte riada. Enfilé en la dirección indicada. Me perdí varias veces hasta que. pícaros y comerciantes. bajaba de todos los recodos de las Españas: de Galicia a Andalucía. que traían de Toledo y hasta de Flandes. que siempre buscan pescar en río revuelto y aquél bajaba denso. Era un hombre maduro. y una hermosa joven educada y amable. de Vasconia al rincón más escondido de Castilla. Llegaban a ella todo tipo de gentes. Abajo tenían la tienda y almacén de telas. hidalgos muertos de hambre. fui a parar a una vieja y solemne casona de piedra de dos pisos con amplios balcones arriba.

que guardamos como una confidencia. donde nos esperaba ya el resto de la familia. que así se llamaba. retornó a la lucha y jamás volvió a mentarse en casa aquel asunto. Le dio vueltas y más vueltas. Pasamos al comedor. añadió solamente: – Lázaro. Recuerdo aquel gesto de hombre duro que ha pasado por muchas vicisitudes. De este modo entré a su servicio. mas al cabo era un hombre recio y conseguía sujetar los muelles de las emociones. Varias veces estuvo a punto de quebrarse. Empecé a contarle la historia de Alguien. idéntico a aquel. mirando hacia muy lejos. leyó la inscripción y la fecha grabada en su interior. – Era mi hermano –añadió solamente a modo de explicación. Finalmente. absorto en sus cavilaciones de las que le costaba regresar. Aquella y la inteligencia de sus ojos oscuros fijaban mi atención. Durante la cena y aun aquella noche toda. sin poder separar de ellos la mirada. saliendo de su arrobo. Vi alguna que otra lágrima asomar a sus fuentes. le entregué el anillo que examinó con emoción. que escuchó de un tirón. vi y escuché todavía a Micer Antonio. Apretó la sortija en su mano. la nariz aguda y curva como de águila. como hombre práctico que era. tensó la mandíbula y así estuvo un buen rato. como un miembro más de la misma (pues como tal era 161 . y con él y su familia. Cuando acabó la historia. Y me enseñó el suyo. a cenar. Al día siguiente.Tenía el pelo ya blanco y una barba cana.

Me sentía con él como en casa propia. dejando correr rumores de toda índole. que habría de perder y lo sabía. en busca de otras aventuras. pero al fin los negocios son los negocios y la cortesía el mejor de los vestidos. sino yo. Visitaban su casa todo tipo de gentes y de toda condición para encargar sus trajes y tomarse las medidas: comerciantes. Allí lo conocí. al levantarme. sabía los males de todos y se aprovechaba de los vicios de todos para su propio beneficio. A veces simulaba no saber.tratado) viví y trabajé durante algunos meses. artesanos. decidí yo mismo cortar la amarra y marchar de nuevo camino de la libertad. Creo que no se amaban demasiado. Hablaba mal de todos. que hablaban con ligereza de sus preocupaciones y cosas. Pero un buen día. pues. 162 . pues todo lo cubre y lo oculta casi todo. noté que aún se alzaba en mí aquella vena canalla y antes de derramar mi estupidez sobre tan digna familia. caballeros y hasta nobles de más alto copete. con un sastre picarón y deslenguado que a veces visitaba la tienda de Micer Antonio a proveerse de telas. otras disimulaba lo que sabía. y no siempre. pero había otros asuntos más rentables. Éramos ambos de la misma ralea. allí me habló y con él me fui. Me contraté. lograba descubrir lo que pensaba y el propósito de lo que en cada momento decía. Pero el instinto y la libertad podían más que mi cordura. de modo que nadie.

Era la mejor Celestina que V. Ellas mismas eran también enhebradoras y zurcidoras de los gustos de muchos caballeros. El resto ya se lo puede imaginar vuesa merced. pues vuesa merced no se imagina. nombres de clientes. Yo veía y callaba. lo rentable que es el vicio. como buen cortesano.Era aquella casa también lugar de citas. Mi trabajo era como de protocolo. abría puertas y cerraba tratos. Llevaba unos registros en clave con las fechas. pero el truco consistía en que el sinvergüenza de mi amo había abierto una puerta de comunicación entre ambas casas. tan famoso que ha pasado a las historias. Presentaba a unos y otros. pero de entrada por la otra calle.M pueda imaginar. pues de ello dependían nuestra seguridad y nuestras más que pingües ganancias. Era un asunto discreto que manteníamos en privado. adonde que acudían dignos caballeros y no menos dignas damas a satisfacer sus amores a escondidas. direcciones y otros datos 163 . señas. nunca se sabe. Allí trabajaba mi ama con un coro nutrido de “modistillas". Parecían ambos negocios limpios e independientes. procurando que estuviese todo a punto y a gusto de nuestros clientes a menudo distinguidos. y así ejercía yo mi cargo con toda la sabiduría de que era capaz. personaje entrañable del que oí hablar y mucho en Salamanca. ¿o tal vez sí?. vistiendo o desvistiendo. a las mujeres. Había comprado el truhán de mi amo una casa pared con la suya.

útiles. de manera que utilizábamos códigos y lenguajes extraños como en la germanía.que no eran sino las comisiones por poner en contacto una pareja. los gastos especiales como meriendas. como eran los botones de nácar.. arreglos. de plata (ducados. Ni que decir tiene que no eran pocas las damas que nos encargaban tales tareas. satenes. maravedíes. camisas. Las puntillas y bufandas eran los sobornos a alguaciles y jueces. calzones. No era seguro hacer explícitos dichos apuntes por si caían en manos poco convenientes. así como las cantidades entregadas y el concepto. Nombres como linos. despechadas 164 . Teníamos también puntadas y agujas que eran las señales o santiguadas por encargo a caballeros rivales. capas. Pagábamos por ello a un rufián sin escrúpulos que ejercía su trabajo con prontitud y discreción. no eran sino otros tales ejercicios y variedades amorosas con precios diferentes. volantes.. alfileres. sólo que aprovechando el vocabulario amplio y rico de los paños y tejidos. prendedores.. que era lo más importante. aunque más que otra cosa acabó siendo la tapadera de todos los demás. hilvanes. dejándoles marcada la cara o heridos. Teníamos también hechuras. a los que se acometía por la noche. panas... No solíamos aceptar encargos de muerte.. profesión que supuestamente ejercíamos.) hebillas. refrigerios regalos.. para que no molestaran y que eran ciertamente cuantiosos. de marfil.. terciopelos..denotaban la calidad social de los clientes..

en las más débiles. después un juez. Es el caso que el negocio prosperaba. que cobraban sus muy sabrosas mordidas por mirar hacia otra parte. Repletas estaban nuestras bolsas.. vendidos a los que nos podían condenar. recogí mis ganancias y salí de ellos. de modo que andábamos todos revueltos. nos fueron adelgazando las ganancias. así surgieron en seguida muchos emuladores deseosos de ordeñar aquella ubre. empezaba a no agradarme aquella sociedad. Pero así como la virtud es admirada y no da por imitarla. condenados a los que nos podían juzgar. llegó a haber tal número y calidad de gentes implicadas. pues todos sabemos que el vicio es muy rentable. pues sabía muy bien por experiencia que los palos acaban siempre por romperse en las mismas costillas. Primero fue un alguacil. después. en cuanto pude. marchaba la sociedad y todo funcionaba a nuestro gusto y aun más al de nuestros clientes. comprados a los que nos podían vender. el vicio atrae con fuerza. se 165 . Por eso. justo a tiempo.. es decir. cuyo número aumentaba cada día. Más con todo. alguna vez. fomentando las envidias y el insano deseo de practicarlo. Es cierto que teníamos presos a los que nos podían apresar. pues pocas semanas después. resbalando abrazados por el fango. que aunque nos engordó algo la seguridad.contras sus amantes y aún contra sus propios maridos.

La razón: un hecho inevitable: un marido que acude a una cita con una dama y encuentra allí a su esposa. que no denunció el hecho. así como sus beneficios y clientes. que estaban. Pero. después brota con más fuerza. La mala suerte es eso: estar en el sitio inadecuado en el momento menos adecuado. cierto es. el nuestro. naturalmente. cuando se poda cortando sólo algunas ramas. voluntades hasta conseguir acabar con el negocio.descubrió el pastel. y el sastre y su mujer acabaron con sus huesos en la cárcel. dispuestos a repartirse la compañía. pues al parecer en seguida surgieron herederos. 166 . mas ya había volado de Madrid camino de mis desventuras. como me ha pasado a mí tantas veces y entonces le pasó a aquel caballero. ¿quién puede confesarse cornudo? Pero removió influencias. Parece que también a mí estuvieron buscándome con fervoroso afán. ¿qué le vamos a hacer? El mal. en otra parte.

me vine abajo. aunque mucho tiempo después. Y me caí. Vamos los dos avanzando jornada tras jornada y paso a paso. cuando mi querido monje me reiteró un día —Difícilmente. he vuelto sobre ella. Eso era importante para mí. Yo que siempre fui huyendo de mí mismo. como veis. mirando solamente hacia el futuro. desmontado. convencido de que de esta manera vuelvo a vivir mi juventud y edad madura. Sin embargo. Pregonero al fin. Es tan extraño. Estuve parado muchos meses. me encuentro ahora con que la única puerta abierta que me queda es sólo ese pasado que revivo en estas hojas. y más importantes son las personas cuanto más altas se colocan y más grandes las cosas cuando más espacio ocupan y altas se nombran. que me lleva aún por donde él quiere. y a montar de nuevo en este potro fatigado de mi vida. esto saldrá a la luz.DESCANSO V He vuelto a coger las riendas. las cuales van cayendo lentamente igual que esas que veo por la ventana… 167 . Por ello pensé que era inútil seguir adelante en una obra que nadie vería nunca. pensaba que no existía sino aquello que era conocido. Lázaro. cerrando siempre las puertas a mi espalda para no volver nunca a recorrer tales espacios. procurando no volver a resbalar de nuevo.

mientras escarba la vida. No tengo miedo.He cogido otra vez la pluma y cavado muy hondo al fondo del cajón. Pero de nuevo. es verdad.. pero hay luz al fondo de este negro pasillo de esta época oscura en que se está cada vez más convirtiendo nuestro tiempo. Y he vuelto a desenterrar mi vida allí donde quedara. Es como un tambor ya gastado. y se marchan como todos. y esperar.. Ha dormido muchos meses olvidada en el rincón oscuro. como yo mismo. y veo algo más claro. 168 . este corazón se embota y golpea de extrañas maneras. floja la piel y el sonido cada vez más hueco. Las piernas no siempre responden y la espalda. No han cambiado las cosas. que estoy como cavando mi propia sepultura. los achaques. El único consuelo es que los pocos bien saciados y tocados de fortuna o de poder. mientras escribo. Pero no voy a contar los males. LA imagen se me impone de forma cada vez más obsesiva y la pluma que picotea la página no es más que el azadón que va abriendo mi muerte. pero he visto una puerta abierta allá a lo lejos. arreando como rebaños sus propias goteras. torna a resucitar de la mágica mano de su hacedor. A veces. Sé que está cercana y la espero con la serenidad del sabio que conoce ya el camino.. como Lázaro. tampoco aquí se quedan. Parece además.. Habrá que andar.

Alcalá era una Meca para gente avisada y un paraíso de pícaros y vividores. seres de toda condición. como es principio de mercader o de ladrón. en una ajetreada pensión por donde desfilaban a ritmo de hambre.XI JORNADA UNDÉCIMA Jamás eché raíz en ningún sitio. entre gentes que venían de todas partes. He movimiento como el mundo. Me instalé de vigía. es decir. Oteaba el campo como águila carnicera. ganapanes de muy pequeña monta y elevado ingenio. pero no acababa de ver allí festín alguno. También un refugio donde esconderse por un tiempo. hábiles sinvergüenzas. Lo que se para se muere vivido en Alcalá Salí de Madrid con el ánimo cargado. donde la ganancia superara al riesgo. camuflado en el terreno como hacen los soldados. Así fui conociendo un mundo joven y a la vez viejo. entre 169 . ese río de vida que inunda donde alcanza. especialmente estudiantes. Con tanta competencia y tan poco dinero. de pícaros y hambrones. Terminaba el verano y en breve empezarían a llegar los estudiantes. Procuré pasar desapercibido. mas no de arrepentimiento. muy deprisa.

a ratos estudiante. que él procuraba acrecentar cuanto podía. Tenía una risa falsa como de moneda sin valor. Trazaba planes ajustados mi mente nunca ociosa. el diablo ponía en ella semillas de ideas que iban fermentando poco a poco. 170 . Siempre el conocer había tirado de mí como una vocación oscura que no pudo cumplirse. sesgados de desprecio. incluso de la Medicina.gentes avisadas. También creo que muchos jueces y abogados hacen lo mismo. Seguramente ese afán de imitar a los modelos. seguí durante un tiempo observando en mi atalaya. es verdad. La paciencia es una virtud. Un perfecto canalla. Prefería. con todo. como más útiles a un hombre que piensa la manera de burlarlos. Para engañar la espera. copiando aquello que se admira. Algunos le encontraban conmigo cierto parecido. Mas. maestro en todas las artes del hurto y del engaño. y unos labios ligeramente curvos. las materias de leyes o los cánones. Y aún me quedaban algunos ahorros. asistía a algunas lecciones en diversas facultades. de la Astronomía. y en los muchos ratos libres. y en ellas me formaba aunque sin pensar un día ejercitarlas. no era el lugar para hacer las américas. Conocí en la posada a un pícaro bribón. Gustaba de las Matemáticas. unos ojos turbios que miraban de soslayo. el más tramposo ladrón y sinvergüenza que haya visto jamás. Me pasaba horas encima de los libros o escuchando la sabiduría de otros hombres.

en efecto. y ya no lo solté. excelsa Universidad del hurto. naturalmente de oro. bellacas todas. allá en Sevilla. infortunadas algunas. –Al fin estamos en pleno Renacimiento –me decía el muy ruin– donde florecen todas las artes y también las malas. –Pareces conocerle bien– sugerí yo por hacerle hablar. que se practicaban por todo el país con exquisito gusto y sobrado afán. atado a una cadena. interesantes las más. que allá había conocido. y hasta una pizca de envidia. originario de Toledo.Había estudiado en la escuela superior del hampa. donde se practicaba con refinado estilo todo tipo de trucos para allegar ganancias y sumar dineros. al fin. Hablaba con admiración de él. Aunque ladrón cogido por ladrón sólo merece desprecio. Y es este oficio tan duro que hasta en la caída hay que tener recursos. que me gustó su forma de negar. Salió huyendo – me refirió un día– por no sé qué de justicia y acabó allí. más de burlas que de veras. lo convincente de su actuación y sus disculpas. Tal vez me conmovió sobre todo al hablar de un Lázaro. no fue así esta vez. Lo pillé un día saltando de mi cámara. la verdad con que mentía. Contó historias diversas. Y así era. Sobre todo en las caídas. 171 .

Nada grave que le impidiera dormir a un canalla como él. Tuvo que huir al otro lado. como yo quería. aquel llamarme a veces “padre” 172 ..Hizo un gesto amplio. pues hasta los hampones tienes su código de honor y ese es uno de sus más sagrados principios.. sobre todo si es uno mismo el que las cuenta. –Tal vez no fuera él. Y la mejor forma de cubrirse es arropado en las historias. por algunas palabras sueltas y testimonios de otros compañeros. Pero no logré que me hablara de él. A lo mejor era el hijo pródigo que tanto había añorado.. Tal vez fue una delación o muchas. muchas anécdotas. –¿Tuviste algo que ver? –Le ayudé en lo que pude. que he hecho de ello el más perfecto camuflaje. – Ganábase bien la vida. Aquel sentir como yo y hasta admirarme. desde luego –volví a lanzar el anzuelo por si lo tomaba. Le pedí más detalles que no supo o no quiso ofrecerme. –Despierto era y más listo que el diablo– concluyó. No sé. inconcreto. Pensé si no sería él mismo. Si lo sabré yo. Sólo anécdotas. Había algo en sus ojos. ahora que me miraba con esa fijeza. No sé.. Lázaros hay muchos. Parecía tener algo que callar. pero no muy conveniente de airear. despidiéndose de tal Lázaro.. como de suficiencia.. No sé si confesaba o estaba poniéndose medallas. ni de las cosas que realmente interesaban.

dueño de mi propio negocio y la verdad es que se respira mejor desde allá arriba. cómo afinaba. claro. El caso es que hicimos sociedad. que toda actividad necesita orden y organización todo negocio. Actuaba yo de Rector procurando regir con discreción y eficacia. Le conté algunas cosas de su madre. Tenía una agilidad envidiable en sus dedos. y burlarse de mí y del parecido que algunos encontraban. Al cabo. Seguramente era el corazón que hacía equivocarme. Los movía con una precisión y una rapidez dignas de un virtuoso... especialista en diversas artes. Le llamábamos “El Músico” y no vea V. Flaco más bien. No había mejor sitio y allí decidí poner mi Escuela de estudios superiores. Le tendí algunas trampas. El Renacimiento. Allí cuajó la idea definitiva. como esas serpientes que 173 . con el riesgo y retraso que ello significa? Estábamos en Alcalá. para ver si caía. Contraté aún a otro “catedrático”. tenía unos ojos densos que clavaba en su víctima. ¿Por qué no podía hacer yo de maestro y protector de todas esas hermosas actividades tan abandonadas y perseguidas de los más poderosos. pero hay más intemperie en la pobreza de las calles desnudas. Eso. Algunos dicen que hace frío. ¿Por qué cada uno ha de aprender por sí.para enfadarme. No saqué nada en limpio. lo olvidé todo. me veía en la cumbre.M. y al fin. Le pregunté de la suya.

oficio difícil para el que hay que estar preparado. Ayudábamos a elegir el objetivo más adecuado (un blanco o gil). Cada actuación suya nos parecía a todos un concierto sublime. ejercitarse en el manejo. rapidez operativa. que es este. Éramos. aunque muchos preferían ir por libres. de manera que en poco tiempo conseguimos algún prestigio en toda España. También lo apodaban “el Gato”. sellos. aplicadas a este otro tipo de conquista más inteligente. llaves falsas. técnicas de guerra al fin. pues siendo tan ardorosamente perseguido.hipnotizan a sus presas. exigentes con los títulos que dábamos. Después habían de examinarse si querían recibir la acreditación correspondiente. 174 . pues. Cada uno había de construir sus propios útiles. Nuestros alumnos eran muy demandados y no les faltaba trabajo en las distintas bandas del país. estrategias de aproximación. no sé si por ladrón o por la ligereza del cuerpo o la limpieza de sus movimientos. Enseñábamos todos los secretos del negocio como la fabricación. y una vez aprendidos. diseño y uso de las herramientas: palancas. camuflaje y evasión. alambres. Nadie como los de la misma profesión para apreciar el mérito y él lo tenía. Era un poeta del oficio. Y no era tan fácil salir airoso. que es ésta una virtud que sólo entre nosotros se aprecia en todo su valor. sólo triunfan los mejores.

bien sea en el hablar o en el vestir. y vuestra maleta las sandalias. –Vestid decentemente y sin excesos. –Confesad sólo ante Dios y en caso ya de muerte. Uno es poco y tres una multitud. –Estudiad el golpe antes de llevarlo a cabo. –Guardad si podéis la compostura. Tenedlas siempre a punto. Vestíos de perpetuo camuflaje. –No digáis a nadie vuestro nombre. Lo ideal es la pareja y medid bien la vuestra. No improviséis jamás. pues atraeréis como el rayo las miradas de todos y no podréis obrar. sobre todo. Vuestro seguro son las piernas. bien para actuar o para salir huyendo. Cuidad la sencillez. –No hagáis ostentación de honores ni saquéis a la luz vuestras riquezas. negad. No llaméis la atención sobre vosotros. No vayáis desharrapados. sin llamar la atención. Y no delatéis nunca a vuestro hermano. lo que haría al mundo miraros con sospecha. Vivid siempre de incógnito. –Andad de discretos. – Estad siempre preparados. –Negad. Fiad más del compañero que del cónyuge. 175 . Más que San Pedro.–No vayas nunca en solitario ni en grupo numeroso.

–Sabed de simulacros y de afeites. Será a veces necesario usar de ellos. –Practicad con las manos, que estén ágiles; y también con los pies, que lo estén más. Nunca se sabe. A veces la libertad está en la huida y la vida en una carrera. –Estad siempre vigilantes: la mirada bien fina, el oído aguzado. Buscad la multitud para esconderos. Así iba cada día desgranando un sinfín de normas básicas que debían aprovecharles. Formaban toda una filosofía del vivir apurado, que algún día pensé recoger. Sirvan estas pocas, de muestra. Otras tardes les hablaba de nuestras cofradías o sindicatos donde siempre podrían buscar apoyo, justicia o consejo y hasta ayuda en casos de necesidad. Allí mismo organizamos alguno –Sevilla fue un buen modelo– y a su vez nosotros mismos servimos de ejemplo a otros. Estaba ya el reparto de los bienes fijado de antemano, lo cual evitaba muchas suspicacias. Hacíamos cinco partes, de las cuales tomaba una el que esto escribe, como cerebro y jefe de la empresa en que ponía el capital, las herramientas, mano de obra, riesgos y comercialización o venta del producto, lo que me producía no pequeñas preocupaciones y desvelos.

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Otra parte se llevaban a medias cada uno de las personas que formaban trinidad conmigo. Las tres restantes se repartían del siguiente modo: Una para financiar la cofradía de pobres y ladrones que habíamos fundado, y que ayudaban lo suyo: vigilando casas, ojeando haciendas, tanteando bolsas, revisando entradas, encontrando huecos o salidas. Era una información que valía muy bien lo que cobraban, amén de proteger este nuestro gremio tan aporreado y perseguido. Otro quinto también para la Iglesia. Nosotros lo ofrecíamos en misas y oraciones, en novenas y rosarios, en velas y limosnas para los pobres, en ejecuciones y entierros de los nuestros, que hacíamos cuanto nos era posible de solemnes. Y por fin, la última parte nos servía para comprar a jueces y abogados, que no sabe Vuesa Merced lo fácil que es comprarlos y lo caro que resulta pagarles. Yo mismo me encargaba personalmente de todos estos trabajos que eran sin cuento. Hacía los repartos, pero también preparaba los golpes con cuidado: trazaba planos de lugares, proyectos de obras, ensayos de la acción como en teatro. Todas las bellas artes estaban implicadas: El canto que servía de contraseña, la danza minuciosamente ejecutada del que ingresaba en prohibido por la noche, el mimo silencioso de sus gestos, la música total de la estrellas.

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Dos días por semana recibía a mis “ojos y oídos”, mis queridos mendigos, que me tenían informado, y muy bien, de cuanto ocurría en la ciudad y aun más allá. Había alquilado una casa retirada y discreta, lejos del mundo y su fárrago, como predicaban los antiguos. Allí recibía, y no siempre con sosiego, mis múltiples visitas, que no sabe V.M. cómo cuesta al príncipe y el tiempo que ha de gastar en regir su república. Cada día poníame en mi trono y con una vara de justicia en una mano y la pluma en la otra, dictaba sentencia a los que a mí llegaban de nuestra cofradía y aun de fuera, con pleitos o disputas. Había al fondo de aquella noble casa una cámara estrecha y retirada, en una de cuyas esquinas excavé un agujero o pequeña sepultura donde enterrar nuestro tesoro o nuestra vida, que venía a ser lo mismo. En caso de que hubiera algún registro, jamás toparían con él a no ser que supieran la historia de antemano. Allí guardaba el botín que luego repartía o hacía vender lejos. Con todo, una de las disciplinas de las que más me precio es la escuela de falsificación que levantamos. Teníamos de todo: talleres, imprentas, instrumentos y manos hábiles que podían copiar y confundir cualquier cédula, título o escrito. Podéis imaginar lo que fue aquello. Bien sospecháis que muchos de esos médicos que por ahí van matando con permiso del rey, en realidad, lo hacen con el nuestro. Y de jueces que no saben de leyes sino la del más fuerte, la aprendió de

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nosotros; o abogados que no saben leer sino sus honorarios, o clérigos que ignoran los mismos rudimentos del latín. Así sacamos doctores, licenciados, bachilleres, sabios, al fin, en trampas y en engaños. No hablo de otros títulos: campesinos que se hicieron hidalgos en un día; mercaderes que de pronto y por obra de una noche se vieron nobles sin dejar sus cofres de monedas ni negocios; conversos por siglos humillados que compraron su derecho a vivir entre cristianos. Gracias nos deben todos ellos, que un papel a tiempo es lo que importa. Son como las indulgencias esas que nos abren las puertas de los cielos. También hicimos bulas y dispensas en gran número, santos negocios de especulación donde se intenta vender el cielo en mínimas parcelas. Alguien se encargaba de colocar lejos de allí, por otras villas y pueblos, sin peligro. Yo pude enseñarles algún truco que aún tenía presente de aquel perverso amo, allá en mi adolescencia por tierras de Toledo. Nos hicimos también limosnas abundantes y donaciones cuantiosas a nombre de un convento que era nuestro, con tierras y con viñas, con ganados. Hasta incluso tocamos alguna que otra herencia. Nadie se hizo rico, es verdad, pero nadie pasó hambre en aquel tiempo. Vivíamos felices en esa “aurea mediocritas” que tanto proclamaban los antiguos, mas no sin esfuerzo, que nadie como el pícaro sabe cuán llena 179

Las noticias están corriendo a todas partes y llenando de preocupación a las autoridades. – Están llegando. acaban prontamente. y lo dábamos bendecido a los que más necesitaban. Un día vino a mí un juez amigo vino a mí un juez amigo que teníamos sobornado y discretamente me dio aviso: –Me han llegado noticias de Madrid sobre un tal. Quitábamos un poco de los ricos. Cuando pienso qué podíamos haber hecho en una España hambrienta. con un gobierno tan eficiente como el nuestro.está su vida de trabajos. 180 . dejándolo rodar. mas seguramente era eso lo que ellos veían. Son muchos los pobres y mendigos que cantan excelencias del lugar. repartiendo el dinero. Lo más importante. Quise protestar algunos rasgos.. Aún hay gentes allá –estoy seguro– que recuerdan con agrado aquella historia. Y aquí me hizo una descripción precisa de mí mismo. sin embargo. lo que al fin les sobraba. a todas partes nuevas de lo que aquí ocurre y son muchos los que quieren seguir sus estudios en Alcalá. Así me dijo y yo entendí que era llegada la hora.. era la labor de justicia que hacíamos. como es lo suyo. Pero como todas las cosas que son buenas. tan famosa y estimada al parecer como la propia Salamanca. que no me hacían mérito. además. y enseñando un oficio que permitía a cada quien ganarse la vida honradamente.

bastantes papeles y algunos dineros en mi bolsa.Reuní a la cofradía. con muchos recuerdos. Ellos podían hacer lo que quisieran. repartí las de todos y sin decir a nadie mi destino recalé en Segovia. cogí mis cosas. 181 . les expuse mis temores y mi decisión de marchar lejos. Y sin pensarlo más. la sierra por medio.

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No era más que un apéndice o prolongación inocente de mi anterior actividad.XII JORNADA XII La vida es una farsa hasta el final. el cual seguí ejerciendo con suma discreción en esta ciudad adonde la justicia y la bondad divina había encaminado mis pasos. sin embargo. 183 . de seguir así. Copiaba papeles. nada contribuía. Mas aunque iba cambiando de paisajes y gentes y aumentando mi conocimiento de los mismos. imitaba cédulas. Me dedicaba al oficio de falsificador. a alimentar mi optimismo. Alcalá y busqué otra tierra y nuevo paraíso para mis tentaciones. pues la maldad anida por igual en todas partes y todos somos hijos de los mismos pecados y padres de idénticos errores. El mundo se me iba haciendo más pequeño y no estaba lejos el día. SEGOVIA Dejé. llevar a prisión a mi más enconado enemigo o nombrar heredero de lo que no me pertenecía a quien me pagara bien. en que no lograría acomodo en ningún sitio. pues. falsificaba documentos. que nos empeñamos en representar con lágrimas. de modo que podía encumbrar al más villano en un momento a la nobleza.

184 . Tenía gran habilidad para imitar letras. cojea el edificio y acaba por venirse al suelo.– cuántas puertas. como creía merecer por mi trabajo.Ni que decir tiene que era un próspero negocio y lo sería aún más en el futuro. Encargaba determinados trabajos finos a un grabador conocido que me cobraba bien. sellos. como es propio en este oficio. mas por precaución nunca llegué a usarlo y quedó dormido en el fondo de un cajón por si alguna vez…. las cuales enseñaba en los lugares apropiados y me abrían –no sabe V. dos piernas que siempre marchan a la par y si una de ellas falla. pues los gobiernos pretendían cada vez más registrarlo todo por escrito para tener sometidos a sus ciudadanos. escudos y cualquier tipo de imagen o dibujo. Me inventé cartas a mí dirigidas por muy nobles gentes. trazos. Tampoco era pequeño el riesgo que corría si la justicia se enteraba. pero sabía callar. Me perseguiría con sus legajos. nunca se sabe. sabuesos éstos que los jueces lanzan por delante para levantar las piezas antes de disparar sobre ellas los arcabuces de sus leyes y sentencias.M. De momento no podía sostener tal honor con mi fortuna. Yo mismo me hice conde un buen día en que me miré al espejo y me encontré digno de tal título. Ejercía por ello de discreto y solamente trabajaba para mí y algún encargo de confianza que se me ofrecía y cobraba bien.

que la mesura era el hábito que debía vestirme ahora. no era yo de la opinión de perder el tiempo en galanteo y otras necedades con que los más jóvenes emplean sus fuerzas con escaso beneficio. inclinaciones a los caballeros y la puñeta a todos los inferiores como había ido aprendiendo con mis orgullosos amos. y por las tardes.Por eso. Por eso. pero sin excederme. Con todo. Por las mañanas iba a oír misa en la iglesia mayor. Dejábame ver en público. que es terreno ya abonado. Procuraba sonreír apenas. procuraba acercarme a las viudas. y así se acrecentó mi honor con mi fortuna y engordó esta a la vera de aquella. A las pocas semanas era conocido y estimado como el más honrado y cumplido señor de toda Segovia. Compreme un traje digno. como era mi deber de ocioso. No era ningún mocosuelo. a las cuales devolvía una mirada cómplice que no siempre se atrevían a recoger. mas aún me miraban y con buenos ojos algunas de ellas. alquilé un criado y púseme a hacer reverencias a las damas. queriendo acompasarme en las dos bases. indagando el tamaño de su luto. 185 . me hice caballero que era menos sospechoso. y aún más de sus posesiones. evitando enseñar una boca desdentada que echaría por tierra la posibilidad de cualquier conquista. En ambos lugares buscaba la compañía de otros caballeros y sobre todo de las damas. al paseo.

Todo había sido preparado para hacerme caer en la celada.Disponía para ello de la ayuda de un joven criado. se valían de estas y otras más complejas artimañas para ganarse la vida y el pan que tan duro se nos pone a los de abajo. sus armas. bellísima y muy rica. En fin. sus escudos. ayudados del chiquillo. que para ellos trabajaba. 186 . Una joven. Mas algo olía mal. e "inopinadamente" – el muy truhán había preparado hasta los más mínimos detalles – nos topamos con los padres supuestos de la dama que amablemente nos invitaron a su casa haciéndonos ver sus muchas riquezas y títulos. que apenas llegué a la ciudad había tomado a mi servicio. es el caso que un día me arrastró tras él. tan hermosa. tan rica… No podía ser tanta mi fortuna. los cuales. Mas el muy bellaco jugaba con dos barajas y fiando de él. Y en efecto. un chulo decadente y otra compañera más vieja del oficio. Le recordé que algunas virtudes para seguir siéndolo no deben ser probadas. pocos días después me enteré de que aquélla no era precisamente doncella. que es uno perro viejo y con el olfato bien adiestrado para las cosas podridas. sino simple ramera que ejercía en un conocido burdel y los “padres putativos” respectivamente. con amplias posesiones en la Mancha. Un día me presentó a una joven dama soltera. acabé por caer en sus embustes. el cual era muy hábil en meterse en casas y corrillos para extraer la información que requería. de noble cuna y virtudes más que probadas.

No me ofendí sino con mi criado. Pensé después dejárselo a la justicia. la palabra hecha furia y mi mano levantada. sea por la mera supervivencia de una especie tan amenazada y perseguida como la nuestra. Se puede y se debe engañar fuera. a lo que creo. que así me sirvió con lealtad y una pizca de cariño. la mejor justicia es la del cielo. que no sabe bien vuesa merced cómo los huérfanos devolvernos exagerados los pequeños afectos que nos tienden. pero la verdad es que finalmente me acordé de mí cuando era niño y alguna vez me equivocaba. mas no dentro. y además. Bien quisiera al llegar a esta altura de mi narración. en parte por decoro. Quise contratar a unos matones profesionales para que le dieran un buen repaso. cuando de repente cayó postrado a mis pies. por probar. entre nosotros. que no es de ley que el acusado 187 . el más vil y vergonzoso de mi vida. callar este episodio. pero sabía más de lo que era conveniente. el amor que mis amos me tenían. Me inducía a ello la mirada conspicua de las gentes que observaban. No iba yo a ser yo tan duro de corazón como habían sido conmigo. Aun en los truhanes hay un código moral que cumplir. según creo. asido firmemente su cabello. Así que lo cogí de nuevo a mi servicio y he de decir que no tuve más queja. y el mejor juez el que no conocemos. En ello estaba. así que yo mismo me dispuse a poner en orden mis asuntos. Tuve que perdonarlo.

M. Me hacía llamar ahora D. Todo iba bien hasta que un día mandara ella recado hacia tal sitio pidiendo información de mis orígenes. señor de Villanueva y de Negrilla. pero el diablo. Utilicé estos datos que recordaba vagamente de cuando niño haber oído a mi madre. se empeña siempre en enredar la madeja. que aun hubo otro intento de medrar en mi fortuna a costa de otra mujer. con distintos títulos y nombres. Ni siquiera sabía que existiese un señor de tal lugar. naturalmente. de pensar cómo era posible no haber escarmentado de esa cadena perpetua a que condenan a dos y encima lo celebran. pues. natural de una comarca cercana a Salamanca donde tenía mi heredad. Rodrigo. propúseme al principio no ocultar nada importante ni callar aun las cosas que menos bien me dejan. por supuesto. pues no costándome nada. levantaba haciendas sin esfuerzo. Híceme cartas y títulos de tierras y otras propiedades. corrió 188 . mas con tan negra fortuna que existía un tal Señor de dichas tierras.y ante los blandos requiebros que en la carta se ofrecían. No dejará V. Pues verá.declare contra sí. el cual había quedado viudo no hacía mucho . y en parte también por no ofender a vuesa merced que así me ha protegido. que podía ser la envidia de cualquier soberano. Digo. y me ahoga la vergüenza al recordarlo. que no tiene que hacer. todo falso. Mas con todo. Cambié una vez más el nombre y mis señas.

–¿Y si no?– sondeé la firmeza de su decisión. Pero el mal es muy sociable y se busca siempre amigos. esperando solamente me olvidaran. Es el hecho que me confirmó en la decisión ya estudiada de abandonar el lugar en busca de nuevas aventuras. Así es que las desgracias nunca vienen solas. No creí que lo hiciera. salí de la villa y dirigí mis pasos a la Sierra. –Avisaré a la Justicia.hacia Segovia en busca de la dama que de tan lejos y por sus prendas había quedado herida. La mente ociosa es el barbecho donde más a gusto siembra el diablo. bien podría utilizar otros medios indirectos. con todo. No fue suficiente la burla con que fui burlado que aun al tiempo hubieron de lloverme nuevas amenazas. como buen ciudadano– añadió el bellaco. Un día llegó a mí un extraño individuo con aspecto de sospecha. Después de coger algunas ropas y dineros y quemar muchos documentos. Se mostró familiar y dijo haber trabajado para mí en Alcalá y que estaba dispuesto a cooperar de nuevo si le daba tantos dineros como yo nunca vi juntos. pues también él tendría cosas que callar. Me buscaban 189 . Pero poco tardaría en meterme en nuevos líos y perderme en más torcidos andurriales. ¡Son tantas las vías y maneras de hacer daño! Y a la mayoría de los hombres les sobra imaginación.

ahora en Segovia. 190 . Y un buen día me fui detrás de Alguien. La montaña era un buen sitio. Escogí la Sierra. No sabía orientarme y hasta me fallaba la brújula de la intuición que tanto me ayudaba en los poblados. Me sabía hombre de ciudad y comprendía que no era otro mi territorio. viviendo en el desecho que deja la opulencia. de otras luchas que no sabía luchar.en Madrid. la fortuna en el bolsillo y la patria dentro del estómago. alcanzando las primeras estribaciones. Retireme pues del mundo por un tiempo. Caía ya la noche cuando encontré un pobre refugio entre dos rocas y allí me fui a dormir oyendo a lo lejos el aullido de los lobos. En fin. donde debí perderme muchas veces. Tampoco me olvidaban en Toledo. Aquella misma tarde me alejé cuanto pude y entré en la montaña. Lo bueno de los pícaros es que siempre llevan la casa en los zapatos. como otros se habían adentrado en el desierto. aunque ignoraba si podría aguantar allí por mucho tiempo. de peligros. Me costaría adaptarme al campo tan lleno de amenazas. que era yo celebrado en múltiples lugares y creo que la justicia me buscaba para alzarme como ejemplo. Ahí cazaba bien entre sus gentes. Mas nunca he pretendido ser yo mártir ni padecer persecución por culpa de la misma. en Alcalá. Aún tuve que caminar varias horas por infames vericuetos.

que a mí se me sueltan al instante las junturas.Una tarde me topé sin querer con una extraña partida de cazadores que decían andar a jabalíes. también todo lo borra. pues no era nada ducho en la Botánica y me hubieran descubierto enseguida si hubieran sospechado. Les comenté que iba recogiendo hierbas por el monte. que tenía aterrorizadas aquellas regiones. mitad animal. Parecían otra cosa y así lo confesaron al rato. Corrían versiones muy diferentes y hasta contradictorias. que hace pasar más fácilmente algunas bolas. pues llevaban sólo dos perrillos pequeños. todavía digno. Me uní en seguida a ellos haciéndome invitado. que no hay confesor mejor que el tinto ni pecado más ligero. emplastes o bien otros remedios. sacaron sus botas de vino y se les soltó la lengua. el vino. También ellos hablaron. en cuanto huelo la civilización y sus mayores méritos. sobre todo. Buscaban un extraño ser. nada bravos y al parecer inexpertos. debió de convencerles y. cuando abrieron sus tarteras. Para unos era un fantasma o espíritu de algún caminante asesinado que se dedicaba a 191 . pero mi atuendo. mitad hombre. habían de servirme para elaborar pócimas. pero no era creíble. que siendo físico. a veces me subía hasta allá arriba en busca de especies que luego maceradas o dispuestas de otras varias maneras. cual era aquel líquido rojizo que teñía de buen humor hasta el cansancio. Era una mentira peligrosa. que a la vez que mancha todo.

como si temiera le fueran a oír los espíritus de la montaña. por tierras ya de Salamanca o Cáceres. 192 . matando a cuanto varón se encontraba en su camino. –Dicen que sacrifica a sus víctimas. sembrando el terror por toda la región. Un mozo robusto de unos veinte años habló de una bruja o trasgo que recorría la sierra más al sur. Otros decían que era un ser monstruoso con cara de mujer. Algunas se le habían unido y formaban ya una banda muy peligrosa. Todas las damas burladas de la zona le mandaban recado de su ofensa y ella se encargaba de ejecutar la justicia por su mano. con aspecto decidido y nada propenso a fantasías. Tenía tres o cuatro esclavos que la servían. al decir de las autoridades. Así dijo el que parecía ser el jefe. matar y saltear. Tal vez venían acosadas por la Santa Hermandad y huían de allá abajo buscando nuevos refugios. recio y chaparro. un hombre de mediana edad. les arranca el corazón y luego las devora – comentó de nuevo el joven. Vivía en la montaña y no bajaba a los poblados sino para abastecerse o por razones de venganza u honor. bajando la voz. garras de león y cuerpo de serpiente que dejaba petrificado a quien la miraba. Se dedicaban a robar. –Nunca habían llegado tan al norte ni corrido noticias tan preocupantes.asustar a todo transeúnte.

si hombre. despechada y ofendida. muerto . la cual recita una y otra vez aquella historia . burlada por el hombre al que amaba y con el que se iba a casar. –Dicen que un día. al arrimo de unos álamos que también me hablaban. –Que te quedaste dormido. le quitó la vida. mujer. calló ensimismado. de modo que no son pocos los galanes que ahora miden sus palabras y sus hechos. –¿Y es esa la mujer que andáis buscando? –En realidad –concluyó el capataz–no sabemos qué andamos buscando. los ojos perdidos en la distancia. –Yo soy de aquellas tierras y allí escuché durante una larga siesta de julio esa leyenda. monstruo 193 . Al llegar. De esta guisa lo encontraron al siguiente día. que puede escuchar perfectamente los días de verano todo aquel que guarda un poco de paz y de silencio en su interior.–No hay que creerlo todo – añadió un tercero que seguía el relato como distraído. aquí. A tu edad se duerme mucho y se sueña demasiado. le arrancó después el corazón y se lo metió en la boca. junto a una acequia. animal. viendo fluir el agua. quedó con él una noche en una última cita y allí mismo sin mediar palabra. –El caso es que desde entonces recorre la sierra y se dedica a hacer justicia a otras mujeres.

Todo muy profesional –pensé para mí. sí. –Vive en una cueva con algo de ganado y es ciego o tiene un solo ojo. Alguno confirmaba que estando extraviado.o fantasma. pensé yo. cuando lo matemos. la vida. Procuré sonsacarles cuanto pude. sin dar salida a mis temores. aunque menos acabadas. y a veces se rebelaba airada contra los que en ella se adentraban para profanarla. Pedí más detalles que no supieron ofreceérme. 194 . Pero había otras historias. caminando a cuatro patas. todavía más fantásticas. Tenía que ser él. Pero algo me llamaba la atención de aquella historia: un ser aparentemente humano. sabremos qué hemos matado. herido y a punto de morir. Se decía también que acaso fuera el espíritu de la montaña. Sólo leyendas. lo sabremos. al fin. – Tal vez mañana mismo topemos con él. Cuando lo cacemos. un extraño animal de aspecto horrible. tenía que ser él. alimentado y salvado. caminando a cuatro patas. Leyendas. Algo se alborotaba con todo en mi memoria. que a veces protegía. Pero bien podían ser – notaban otros– señales de la fiebre o del terror. Me dijeron que le habían visto últimamente no muy lejos de allí a pocas leguas a poniente. le había curado.

sí. soltó en chorro su sonrisa y abrió el grifo delicado de su voz: 195 . No seguí escuchando. me desvié hacia el sur. Llegué tarde. hiriéndome entre espinos y jarales. enfilé enseguida hacia el oeste y anduve. Tardé aún un rato. sangrándole el pecho. En la fría mañana de niebla y tiritona oí un seco disparo que venía de mi izquierda. Observé la herida y vi que era mortal. llegué muy tarde. Me miró con una lluvia de ternura en los ojos. Allí estaba de nuevo la realidad mitificada. Temblando de inquietud. Pretextando la llegada de la noche. me alejé de allí y dando un rodeo. que sin duda no era el mío. magulladas las piernas. anduve hasta las puertas de la noche y cuando éstas se cerraron. Es el caso que habiendo caminado sin parar toda la noche. mi buen amigo Alguien. viejo amigo? –¿Lo matarían? –Y arrancarían su cabeza y la expondrían como trofeo en la plaza pública y venderían su piel y.¡Oh Dios! No podía ser. mas no había estrellas que guiaran mis caritativos pasos. Le había tocado el corazón. la cara deshecha de cansancio. fui a perderme del todo en aquel medio. salí corriendo. seguí andando y andando en la misma dirección. pero allí estaba Él. solo. ¿En qué te han convertido... así creía. Otra vez a cuestas con el feo Polifemo. como un náufrago en el centro del océano.

No era extraño que lo hubieran confundido con una fiera salvaje o monstruo mitológico a él. El bote arriba a puerto. –Debieron creerme muerto. Pesaba muy poco.–El río llega al mar. Era un leve pajarillo a punto de volar. Parece que vivir es ir soltando amarras. Y se fue otro rato lejos. Y la tierra se hinchará un poquito más. En efecto se iba y se venía su consciencia. pues en seguida añadió: –¿Cómo estás. que hacían inapreciables los rasgos de su cara. hasta que el corazón al fin navega solo haciendo agua. dándole un aspecto de lo más extravagante. No lo sé. a la realidad o a otros sueños. Pendía de sus hombros un mantón o amplia capa de pieles de diferentes formas y tonalidades que había ido cosiendo a retazos una a una. Perdía a ratos el conocimiento para regresar al poco. Miré su aspecto. querido Lázaro? Tampoco respondí. el más humano de los hombres. De ahí un paso a todas las leyendas. Sentía una tristeza más grande que yo mismo. Debí poner cara de pasmo. 196 . Lo cogí entre mis brazos como a un niño. al reino de la nada. como siempre descuidado. mientras me dirigía con él hacia su cueva. –Pero vi su cara– añadió. Llevaba una barba sucia y un larguísimo cabello todo blanco.

Le puse la mano en la frente. violan. –¿No oyes los ladridos de los perros? Volvía en sí otra vez.Lo miré con preocupación. Y al frente de ellos… Debí poner cara de estúpido. Cambié el vendaje que se hallaba empapado de sangre y esperé. Se delataba por el tizne de las paredes ennegrecidas por el humo. Desde fuera apenas si era apreciable. a quién debo este favor? Y calló un rato. Suficiente para dar paso a un cuerpo de perfil. –Por ahí anda tu señora asaltando caminos y robando hogares y haciendas de pobres campesinos o activos comerciantes que recorren estas rutas peligrosas.. solo una larga grieta en el muro. Allí le había alcanzado aquel disparo. asesinan. –¿Sabes. 197 . cocinaba. Sí. un amplio salón irregular.. La cueva era espaciosa y elevada. Le interrogué con la vista ansiosamente. Vendrían seguramente de sus sueños. pasaba gran parte de su vida. No había nada que hacer. aunque yo no oía aquellos perros. bastante iluminado. Allí hacía el fuego. Forman una banda de número impreciso que roban. tenía fiebre y estaba perdiendo mucha sangre. mi amigo. Se entraba por una boca estrecha y alargada.

Lázaro?– pudo añadir apenas. Además era inocente. Pero aún me interrumpió para prevenirme. Quizás tenía razón. A ella personalmente debo esta última condecoración. –¿Qué ha sido de tu vida. No le convenía hablar. Me señalaba burlonamente la grande y redonda medalla roja que adornaba su pecho.–Exactamente –prosiguió él– tu adorable señora. mi buen amigo. Me traen a veces cosas que preciso y otras muchas que para nada necesito. –Oigo ladrar los perros. Y entonces hablé yo. pero parecía que se le hubiese soltado la lengua. Un golpe de tos le cortó el hilo del discurso y me llenó todo de sangre. Le empecé a contar mi vida desde el punto aquel en que habíamos separado nuestros pasos. ¿Sería la partida que lo andaba buscando y que estaba ya más cerca? Yo no oía nada. Jamás me han molestado. Seguramente sus sentidos estaban mucho más afinados o tal vez fueran las alucinaciones de la fiebre. –Muchos campesinos de aquí cerca me conocen. mas yo no había venido de tan lejos para salir ahora huyendo. –Deberías irte. 198 . sólo por quitarle aquel último esfuerzo.

Reíamos los dos con ganas. ¿Cómo iba a dejarlo en tal estado? Y allí me quedé escuchando sus últimas palabras. que al contarla. cuántas de ellas he tenido que empujar a los abismos. mientras veía los suyos sonriendo con oscura malicia. Debía dolerle aquella grave herida. con esta bufa historia de mi vida. No le hice caso. de modo que no le oía quejarse. ¿Pues no se estaba riendo. el muy truhán.–Tendrás problemas. parecía pasarlo bien. que nos empeñamos en representar con lágrimas. Así venían éstas a mis ojos. ¿Cómo era posible?. que se quedó sin aliento. Y así fue como acabó: con un golpe de tos o de risa. también a mí me estaba haciendo gracia? No he visto otra muerte más graciosa y no vea V. Es más. De aquella situación extraña me sacó el tumulto de gentes que en un momento me rodearon apuntando amenazantes con sus armas.M. nada serias. que la vida es una farsa hasta el final. mas un vivir tan duro le había templado el ánimo y curtido la recia voluntad. 199 . de puro ridícula. me decía a mí mismo.

200 .

aquella entrada suya triunfal en Toledo. Sea el batallar continuo contra enemigos en todos los lugares. viajero y luchador. ni Alemania. la conversación más común. para hacer cortes. glorioso como yo mismo. también entonces en mi cima. 201 . la noticia de la muerte del emperador y se ha extendido en seguida como pólvora por todos los cristianos. Se han llenado las iglesias de gentes que rezan por su alma con entrega. que había muchas cosas que estrenar y todo lo que hacíamos las gentes de mi generación era reciente. El caso es que creí a cada vez que empezaba de cero. Hasta en este retiro final se siguen nuestras líneas: él en Yuste.DESCANSO VI He ido por la vida con la sensación. Nos han unido a ambos y nos unen todavía tantas cosas. como yo.. de ir abriendo puertas. Seguramente es parte de la época en que me ha tocado vivir o engaño común de la propia ignorancia. lo acabábamos nosotros de inventar.. Acaba de llegar. no en Flandes. Plutarco lo diría. que todo tiene su tasa y cada uno su proporción. Es el rumor más sobrado. sino vidas paralelas. empezando caminos diferentes. siempre creciente. sino en la más breve geografía de Castilla. cuando esto escribo. que al fin no somos. Sea aquel nacer los dos con el siglo. yo aquí. inaugurando a cada paso nuevos paraísos..

con el Santo Oficio alerta. hermano. pero un día cobrarán sentido. No quiero que se vuelva a cercenar en partes. acaso. La quiero entera. 202 . nuestras vidas paralelas. nos retiraremos algún tiempo y. ¿quién sabe? Tal vez un día la hermosa planta de la libertad germine en nuestro mundo y haya nuevas oportunidades. Estoy ya preparado. bien lo sé. ni podando casi todo. a arrancarle miembros. cercenando la censura hasta cosas inocentes. Ya veremos. pues sois un hombre sabio y comprensivo. seres libres alzados de sus tumbas y sean finalmente juzgados con arreglo a la más estricta justicia . Así se hizo en la primera. y por mí. Para eso me he tomado algunas molestias. La pretendo completamente mía con todos mis aciertos y todos mis errores. sin los prejuicios y arbitrariedades que ahora triunfan. a pesar de vuestros consejos. cuyo destino está ya pensado. También yo he rezado por él. decidido su devenir. Por eso. Tan sólo pido un tiempo para rematar esta pequeña biografía. Puede que estas palabras suenen mágicas ahora. añadiéndole postizos que la afean. la mía no tardará. se van finalmente cumpliendo: la suya ya lo hizo. No pasaríamos el examen. Se sabrá algún día. un nuevo juicio final para los resucitados.en esta Salamanca que me vio nacer y me verá también morir. No es ahora el momento de fijar detalles. bien seguro. No quiero que en esta segunda se repita. que siendo nuestros destinos gemelos. Sé que lo entenderéis y bien. No es éste el momento.

hacían mucho bulto. casi al anochecer y con tanta premura? Había puntos oscuros... – ¿Te niegas a admitirlo? – ¡Cómo no! Confiteor deo. así que pacté con ellos una dura condena a galeras. manchado de sangre y con un cadáver en las manos. Y si encima llegaban noticias de Toledo o de Madrid o de Alcalá o de Segovia. tenemos otros medios.. ¿Por qué iban a buscarla? Y además. Ya lo creo que los tenían. que aún pudo ser peor. ¿qué razones tenía para salir del grupo la víspera. ¿Hacían falta más pruebas? ¿El arma? La habría arrojado lejos o entregado a algún compinche.. – Y si no. mi situación se pondría aun peor. Y así me cogieron y así me condenaron. pero no estaba dispuesto a pasar de nuevo por aquel trance. Me habían atrapado en plena acción. pero puestos a acumular circunstancias. Era sin duda el terrible asesino que buscaban. Acabaría confesando de igual modo.XIII JORNADA DECIMOTERCERA La agitación no es buena al vino viejo. Tenía ciertas dotes de persuasión y algunos dineros. 203 .

A la vista estaba toda aquella chusma. presta como yo mismo a embarcar en la aventura. que era más grande y menos exigente. –Tú eres un ejemplo de superviviente. no aguantaría tan dura penitencia. –La agitación no es buena al vino viejo –agregaba mi ciego. era un trabajo digno de Lázaro. en casita.Cinco años trabajando al servicio del rey. Y es que habían empezado en mi interior a dialogar entre ellos. pues la tierra se me iba quedando ya pequeña. pronto no tendría a donde ir. los entusiasmos abatidos y las fuerzas flacas. La mar es una gran madre. Lázaro. En mi caso. que no escupe de sí a ninguno de 204 . –Pero la resignación es una virtud cristiana –terciaba el avaro clérigo– y tú debes empezar a practicar alguna. a pesar de tantos naufragios. Me quedaba la mar. empujando la pesada nave del estado. De toda situación hay que sacar siempre lo mejor. El caso es que era llegado el momento de cambiar de aires. –Aunque a partir de una edad– decía mi señor– donde mejor. podría al fin saciar mis antiguos anhelos viajeros visitando otros países. De los sitios que me iban echando. empeñado desde su sabiduría en ayudar a los poderosos. Pero ya no era un jovencito y con los hábitos cambiados.

llenas de música. 205 . dejando la unión santificada. dejando la vida por ahí flotando. Pero un nuevo latigazo nos volvía a la vida. por donde se van perdiendo cosas.. al vernos de tal guisa.. despierta. igual que el polvo. Atravesamos uncidos en una larga cordada buena parte de Castilla y toda Andalucía cargados de joyas que apenas nos dejaban lucir: recias cadenas que como heráldicas trompetas o campanas en vísperas. iban anunciando nuestra solemnísima presencia. mirando hacia atrás. Alguno se quedaba rezagado. curiosos todos. sino espantar a voces nuestros miedos? A más de una mozuela le vi sangrar de pena el corazón. –Basta de cháchara –nos bendecía con su látigo el capitán. Y hacíamos sonar las cadenas en las manos. dejábamos rodar por los caminos. ¿Qué íbamos a hacer.sus hijos. – ¡Ay! Toma en adelanto mis sortijas. alegrándonos a la par el nuestro. – ¿Te casarás conmigo? _Tal vez cuando vuelvas. insultándonos los más. incluso los más pródigos o precisamente acoge mejor a los más pródigos. compadecidos menos. –Lázaro. Las gentes nos miraban: con recelo unos.y no entendían la alegría de nuestros cantos que al igual que nosotros.

–Yo te escolté alguna vez por sus calles. –Di que sí. no confieses a cualquiera tus pecados– dejó resbalar. y no era poco. aquellos para apuntalar sus crímenes. Pero no entendió nada. –Nunca estuve en Toledo –mentí. maldiciendo su risa. importa poco. Allí eras muy famoso. –Por eso estás aquí –volvió a reír de nuevo. Ese nombre era una trampa. una vez condenado. mas al fin se resolvió en una estruendosa carcajada y un cumplido latigazo. Y la verdad. el rincón de infierno en el que caes. –Yo no tengo pecados– respondí con ira.Sabía mi nombre. Unos y otros necesitan guardias. –No hay mucha diferencia. —Lo miré con atención. –Te conozco. –Como a príncipe. Se quedó un momento sorprendido. 206 . Había algo reconocible allá en el fondo. Aunque. la verdad. éstos para castigar sus faltas. Mi pasado podía ser mi enemigo. Aunque fuera para insultar. De Toledo. pero no me recordaba a nadie—. –O ladrón. satisfecho de su ingenio. así es. Callé. Volví a mirar su rostro canallesco.

capital de pícaros y corazón de cuantos su ambición o tal vez su desespero había sacado de sus casillas y arrojado a la procelosas aguas de la codicia. aunque agotados. –Di que sí. fugitivos y fáciles medradores. Al fin. El mar galante estiraba allí su brazo en un Guadalquivir poblado de veleros. en tan oscuras aguas. si mis manos pudieran bracear. Si tuviera tiempo y mejor ocasión. como ya lo hacían mis ojos. Sevilla era la Meca de todos los buscones. atrapando la ciudad y sacándola a bailar con el Océano. llegamos anhelantes a Sevilla.–Una injusticia. 207 . Él sí que tenía razón. Como tiburón hambriento –pensé con la nostalgia de lo que no es– habría cobrado allí muy ricas presas. La Torre del Oro vigilaba aquella loca danza de remos y de velas. Compostela de vagos. El mundo es una mierda. Y se marchó rubricando sus palabras con otro golpe de látigo que me dejó escritas las costillas y la boca cargada de maldiciones que no daban tiempo a salir. –Un gran estercolero. en el fango–predicaba el buldero. muñidor de todas las Españas. tan llenas de peligros. allí echaría mis redes seguro de sacar un sobrado botín. un día. –Los más grandes tesoros.

¿Qué hombre puede soportar tales calamidades durante largo tiempo? Había gigantones que se venían abajo en la soledad dura del remo. Aguantaban con odio el odio. Hablábamos siempre de ello como si fuera una enfermedad. inseguro el descanso.– ¡Ay!– salió un suspiro hondo cargado de imposibles. ¡Cuando estuviera libre! ¡Oh esos sueños que el alma construye cuando el cuerpo más aprieta! No hubo tiempo de disfrutar tanto descanso. Los días eran largos. Canallas con aspecto de canalla a los que el odio alimentaba para seguir resistiendo. 208 . que imprescindibles como éramos en el servicio de su Majestad. Pronto nos vimos luchando con los elementos. Y eso era. Alguien se puso a cantar con voz de queja. Yo mismo empezaba a darle nuevo sentido a mi vida llenándola de odio. las olas. Eran los más firmes. También el odio explica casi todo. recio el trabajo. la crueldad con su propia crueldad. los turcos y hasta con nuestros propios amos. enemigos todos del emperador. Me agradaba el lugar e hice promesa de volver. El rencor es muy fuerte. la comida corta. cuando estuviera bueno. lo cual nos ayudaba a resistir. Y todos al fin nos volvíamos como ellos. en seguida reclamaron nuestro concurso para empujar la nave del estado y ayudar al gobierno de la patria.

con dos velas latina y dos castillos en los extremos. unos larguísimos palillos con que batíamos en perfecta armonía el viejo tambor del mar. formábamos. una gran orquesta. Desde entrambos castillos. Por encima de nosotros se alzaba la cubierta. adornados de feroces cañones y no menos terribles arcabuceros. Veinticuatro remos por banda y cinco hombres por remo. En la parte inferior. el rechinar del remo. Había tantas bajas por accidentes nuestros como por golpes del enemigo. corría todo a lo largo.Era una hermosa nave de unos treinta metros de eslora y casi seis de manga. Unidos a las flautas de los arcabuces y los violines de los ballesteros. Allí se alzaba el cómitre. al menos lo asustaban y nos llenaban a nosotros de terror. pues a menudo estallaban sus armas con estruendo. los gongos del cómitre al marcar el ritmo. que con sus golpes ponía el ritmo a nuestros instrumentos. los gritos y las voces arriba de los frágiles soldados. a proa y a popa. en verdad. sembrando de espanto toda la galera. un corrido entablado que nos separaba de marineros y soldados 209 . Sonaban las cadenas. por el centro un estrecho pasillo o crujía que comunicaba los extremos de la nave. el silbido del látigo y el azote restallante de las olas contra el casco. bajo cubierta. varios cañones asomaban sus agudas narices casi siempre resfriadas y estruendosas. que si no acertaban demasiado al enemigo.

Se necesitaban serios ministros y fieles servidores que empujaran con decisión la pesada nave del estado. ese don inexcusable. –Y el cocinero. porque nuestro rancho no es mejor. húmedo y a menudo irrespirable. por igual perdonaríamos no haciendo gravoso nuestro sustento a las ya de por sí muy flacas arcas del país. Una vez le preguntamos al capellán sobre tan arcano asunto y no supo responder. Tan sólo luchábamos por la comida. –Creo que tampoco. y el cocinero. 210 . Esta fue “La Graciosa”. Y todo con generosidad y desinteresadamente como ha de hacer la gente bien nacida. a los cautivos galeotes. ayudando a la Religión y sirviendo a Su Majestad con todas mis fuerzas. también de cárcel. Ignoro de qué podía estar hecha aquella pasta espesa y apestosa: gachas. de los misterios. ¿no humanos? Y otras cosas. En su magma flotaban cadáveres. Pero consuélate. espinas de pescado. excepto algunos golpes que nos llovían de arriba. que si no fuera de necesidad. padre. Allí permanecíamos enclaustrados en un mundo oscuro. –Hijo.Sirviendo de protección. Nada cobrábamos por ello. harina. No sé. nave en que durante varios años hube de recorrer el ancho mundo. sólo Dios entiende. Dos veces al día nos llovía un maná asqueroso que digeríamos como si fuera el más sabroso manjar. legumbres.

Cegados en la sentina oscura y maloliente. que era todo un caballero. Cuando el viento amainaba o llegaba el peligro en forma de barcos enemigos. 211 . llegó a ser la comida el momento más esperado.El caso es que olía mal y sabía mucho peor. lográbamos distraer alguna pieza con que alegrar el diente por un día. Algunas vías de agua se taparon con aquella densa masa y de tal modo que no volvieron nunca a abrirse. echábamos todas nuestras fuerzas sobre el remo. Pero no quiso el capitán. Con todo. la pólvora. A veces. Cargábamos los fardos. Cuando el viento soplaba a favor. Parece como si los días se hubieran fundido en una densa masa pegajosa. especialmente en invierno o cuando el temporal revolvía la mar hasta enfadarla. sea solo por intentar descubrir sus misterios. sino pútridos olores a pescado. las balas. –Siempre hay que respetar las leyes de la guerra y no matar más de lo normal ni usar armas secretas. no son imágenes lo que percibo. Pasábamos también tiempos en tierra. Recuerdo pocas cosas de esos años. Entonces limpiábamos la nave. los barriles de agua o vino. muy pocas. Pensamos en utilizarlo de munición contra el enemigo. desplegábamos las velas y nos dejábamos llevar entre sus brazos. la lijábamos… dejando todo a punto. los sacos de harina y otras provisiones. soltábamos los remos.

–Por eso. 212 . Iba la nuestra en el ala derecha. tú no tienes familia. justo al extremo. Marchábamos un día en formación una pequeña escuadra de naves cristianas. españolas las más. preparándome al fin a la oscuridad definitiva. el barco quejándose en sus juntas y el golpeo del cómitre poniendo ritmo a las olas. a sudor…y sonidos. esa ancla que nos sujetaba. Echábamos de menos la familia. –Pero. También algunos hechos de armas contra las naves turcas que pirateaban el Mediterráneo. cuando en un viraje para afrontar la costa siciliana. El mar siempre era el mismo y aburrido el vientre siempre igual de una galera. Perdí mucha visión aquellos años y como rata fuime acostumbrando a la penumbra.. Lázaro. nos abrimos de más. Pasaron a cuchillo a los soldados y nosotros fuimos obligados a remar ahora para ellos.a vómito. Una nave corsaria más ligera que la nuestra apareció de pronto en nuestro flanco y a pesar de los esfuerzos acabó por abordarnos. también sonidos: el remo batiendo acompasado. impulsados por un golpe de viento. y perdimos el contacto con el grueso de la formación. la vela que nos hacía volar aun más que el viento.. napolitanas algunas.

¡Oh Dios! Cuando estás ya tocando el cielo con las manos– tres meses tan sólo me restaban. No eran aquéllos mejores que los cristianos. Solamente habíamos cambiado los dueños y con ellos los insultos que ahora sonaban de una manera ligeramente nueva. Era una orquesta 213 . Cambiamos la letra –ahora en turco– pero la canción seguía siendo la misma e igual el ritmo. Yo he aprendido a insultar de todas las maneras. al parecer. Decía un viejo amigo de aquella época que lo bueno de viajar es que se aprenden idiomas. En fin. De nada valían mis tretas de otros amos a quienes juzgué crueles. –Perseverad y no temáis— nos animaba el pater – porque Dios premia a sus fieles con largueza. hacía más robustas las creencias. Y renegado o no debería seguir atado al remo. ¡Si hubiera sabido entonces lo que el destino iba a depararme! Les propuse pasarme a su religión si aquello iba a librarme de la odiosa condena. Mas los negocios son los negocios– así me replicaron–. aunque el tono siguiera siendo el mismo. Él fue el primero en ser sacrificado. que eso.No varió en nada nuestra situación. allí estaban las muescas en el remo– resulta que se te cae el cielo encima con todas sus estrellas. que seguíamos cautivos sin saber cuándo acabaría la condena. Uno tiene derecho a ser cobarde.

durante largo rato. pues conoce bien todos los idiomas y países. la pobreza. Era la última rueda del infierno. A cualquier contrariedad volvía a empezar su rosario de misterios siempre dolorosos. hasta que finalmente se calmaba o se le acababan los santos. cuyo responso le hacíamos nosotros: Porca miseria. También vivía entre nosotros un tal Enzo. Pero era inútil. que cuando se enfadaba empezaba a rezar letanías al revés. para que no nos lo tuviera en cuenta. pronunciando mantras. andantinos. Dejad aquí toda esperanza. Había matado con saña a su patrón. moderatos. siciliano. Y aquélla empezaba a huir espantada por tantos golpes. Estaba entre nosotros un joven extremeño. afirmándonos una y otra vez en la causa universal de todos los males. bajando santos.e interpretábamos todo tipo de sinfonías y movimientos: lentos unos(a ritmo de arribada). dueño y señor de 214 . Aún escucho a veces por las noches la voz triste y dolorida de un joven piamontés que soltaba a mi lado hermosísimas canciones de su tierra en una lengua extraña que empezamos a amar porque la hicimos nuestro. Se puede vivir con casi nada. ¿qué otra cosa podía hacer? Y continuaba después la letanía. a la que maldecíamos en italiano. mas no sin esperanza. allegrettos (más bien pocos). largos y pausados otros (en desfile).

sino sus bien fundados conocimientos de la tierra y de sus seres. lo cual no es poco decir en estas épocas. Pues bien. una tarde apareció sobre nosotros una hermosa gaviota. Un día nos contó su negra historia. pero todos hacíamos de padrinos. que así llamábamos al joven. no nos lo tuvo en cuenta y un buen día. una más en un negro rosario de desdichas. Aunque era nauseabunda. Después llegó a hacerse tan habitual esa visita que cada tarde esperábamos anhelantes su llegada. porfiando cada cual en servírsela en persona. como si se tratara de una visión que nunca nos acabáramos de creer. vino a posarse suavemente sobre el hombro de Rómulo. la cual pausadamente vino a posarse en el pequeño ventanuco que ventilaba algo la sentina hedionda en que vivíamos hacinados. Pero no era eso lo que de verdad nos asombraba. Gentes que habían matado a otras 215 . Siempre me ha sorprendido que cosas tan pequeñas puedan significar tanto y píldoras diminutas produzcan efectos tan poderosos. Digo con esto. las noches más pequeñas.haciendas y personas. alejada seguramente de la playa. Rómulo era el padre. incluso los humanos. que no era un ser precisamente blando. Aquel ojo era siempre un rayo de esperanza que iluminaba un poco nuestra oscura existencia. Amaba a los animales. Bajó hasta nosotros y volando sobre nuestras asombradas cabezas. mas tenía ese don espiritual de comunicarse con todos los seres. Le guardábamos siempre algo de nuestra mísera comida. Los días eran más claros. se quedó a vivir entre nosotros.

ante la mirada aterrada y a la vez aterradora de todos los galeotes. dejó regados por la nave un sinnúmero de heridos y dos muertos: el capitán y Rómulo. Lázaro. 216 . cogió al pobre animal de un manotazo y sin mediar palabra. cayendo inerte sobre el banco de condena. Se levantó al instante un tumulto de remos y cadenas. hubieran hecho lo imposible por aquel animal. de brazos extendidos y amenazas. y la sangre que no dejaba de correr. Incluso yo recibí alguno sin querer. protegido como estaba tras una de las cuadernas. –Es que yo creo en los milagros. Todos ayudamos. Cuando el cielo escampó. el capitán vio la escena y le pareció más propia de débiles y flacas mujercillas –así lo dijo– que de fieros y crueles convictos como debíamos ser nosotros. Y la vida que sigue. Pero al poco un alfanje que sale de algún sitio y le atraviesa el pecho. ni un rasguño —certificó mi compañero. Llovían por doquier los golpes de látigos y lanzas. Otra historia de bien que acaba mal.gentes sin vacilar. Con la necia disculpa de que mermaba la eficiencia distrayéndonos el rumbo. Rómulo que agarra al capitán y le retuerce el cuello de la misma manera que habían hecho con su frágil gaviota. Los compañeros comentaban: –Y tú. el mejor sitio para ver el espectáculo. Un mal día. le torció el cuello.

Ahorcaron a tres de entre nosotros. lo peor vino después. Calló un momento como si reflexionara y fue a salir por donde no podía seguirle –Me gustaría ser cómo tú. 217 . Así descubrimos un día que éramos hombres. amoratado el cuello. un insulto cada palabra. Era la forma que teníamos de sentirnos libres. libres. Los meses sucesivos se convirtió el barco en un reino de venganza donde el “verdugo” repasaba nuestras espaldas a diario para que no se nos olvidara nuestra condición de pobres miserables. la cara tumefacta. Lázaro? –Intentaba comprenderlos. – ¿Y tú. Y me enseñó su cuerpo santiguado: su pecho molido. Y puse de nuevo cara a mi trabajo Con todo. y cada gesto una provocación. a pesar de todo. Y nos dedicamos a cultivar la perla que acababa de nacer en el interior. Y así ocurrió: cada mirada era un crimen.–Yo también. echándonos a suerte y a modo de escarmiento o de espectáculo. no sé bien. allí dentro. Pero es un error dejar a un hombre sin apoyo. Lázaro –A mí no –corté rápidamente. sin nada que perder. lo apostará todo.

las cosas hay que hacerlas bien. Una crueldad innecesaria. que nunca fueron muchos. cuidando los placeres del cuerpo. tan hedonista y pegado a la tierra. y colgados cabeza abajo. Intenté ejercitarme como los demás– la locura es contagiosa– y aún más el “verdugo” siempre generoso. dándonos la razón y aplaudiéndonos las espaldas una y otra vez. el capitán de la nave sarracena decidió de una vez poner coto a tanta agitación y cortar de raíz la enfermedad. Unos meses después y en uno de los numerosos arrebatos que. Eso significaba atacar algunas cabezas para dar el escarmiento necesario. Algunos se lo tomaban muy en serio. cuando rezando yo mis oraciones. como molde rígido que acababa siempre deformándome. muy lejos. como temblor de fiebre nos sacudía. Pensé que estaba ya en el más 218 . Habían tendido ya la cuerda. mientras dirigía la mirada hacia al Altísimo. y acomodándome a los hechos y a los amos.Toda ocasión era buena para practicar el nuevo espíritu. azotados con esmero. Era. Y salió la mía. el que estaba más cerca. Era el primero en la bancada. un ejercicio extraño para mí. es decir. Seríamos atados por los pies. pero hay que tener en cuenta que en las naves hay muy pocas diversiones. sin embargo. naturalmente. Pronto me di cuenta del beneficio espiritual que acarreaba aquel fervor y procuré cuanto pude desviar la atención hacia mis compañeros. hecho el nudo. vi venir una vela cristiana hacia nosotros.

por llamar la atención. Conseguían así fácil botín. aplazaron nuestra ejecución para momento más oportuno. y con malas artes asaltarlos. para acercarse camuflados a los barcos enemigos y una vez cerca. mientras preparaban su ataque por sorpresa. el viento a su popa. y levantando una armada cada vez más numerosa. viendo no sé si el cielo o las visiones del profeta. arruinando el comercio de españoles e italianos. Mantenían a menudo sus enseñas o banderas . a fin de disfrutar con tranquilidad de tan bello espectáculo. ¿Cómo hacerles saber? –me preguntaba. Es el caso que avanzaba rauda. con barcos que eran nuestros. con su largo espolón y sembrando la confusión y el terror en los cristianos. y mis verdugos.allá. Algunos dicen que se piensa mejor cabeza abajo. embistiendo . Empecé a agitar los brazos sin propósito. Allí nos dejaron olvidados al peligro. pero a mí se me habían caído al suelo todas las ideas y se habían hecho añicos. Seguramente ya nos habrían visto. Tenía que hacer algo y pronto. como cuerno. Y así debió de ser. debilitando su poder. mas no sabía qué. la nave y haciendo cautivo a todo el que cayera entre sus manos. como empujada por el Espíritu. Empecé a gritar saludando la bendita aparición. Y abrí mis dos manos cuanto 219 . atacando de este modo al emperador. Me di cuenta del peligro y la anhelada ocasión que no podíamos dejar escapar. grandes cruces rojas en las velas. Era la nuestra una nave pirata dedicada al negocio floreciente de atacar a los cristianos robándoles la carga.

que menos mal que andaban ocupados y sin tiempo para dedicárnoslo. Con todo un puñal bien o mal lanzado– depende de quien considere la situación– alcanzó de pleno a Gestas. echándolas hacia atrás. saludos y otros gestos que habíamos visto en la morisma y otros muchos que inventamos para la ocasión. Los otros compañeros de abajo se pusieron a ayudar. pero la misma desesperación guiaba el nuestro. según creo. mil pequeños trucos que también conocían nuestros amos. Mis dos compañeros me iban entendiendo y empezaron a imitar aquella extraña danza. el compañero de mi izquierda..pude. Aquel día nuestra dicha fue cumplida. o tal vez fuera Dimas. También nuestros amos. hundir un poco el palo. en torno a mi cabeza. Se esparció la consigna por los bancos y empezaron a flojear en la remada. como de media luna. así que empezaron a golpearlos como se hace cuando el miedo o la desesperación guían el brazo. Intenté después con mis brazos formar un semicírculo. Repetimos todo el ritual de zalemas. Al poco caíamos en manos más amigas y fuimos liberados. juramentos y amenazas que nos lanzaban desde abajo. por los insultos. Bastaba romper el ritmo. mas no 220 .. pues estábamos boca abajo y en este mundo es todo relativo y depende de cómo se miren las cosas y nosotros lo hacíamos al revés. el de mi derecha.. Bailamos una y otra vez ese extraño ballet de trazos y figuras hasta que lograron entenderlo.

Pero no hay proporción con el castigo. que ni siquiera llegué a cometerlos. 221 . y yo más. Larga vida les deseo. Generoso fue el capitán que no quiso preguntarnos por nuestra peripecia. Siempre he preferido deber a que me deban. Espero que haya sido por mucho tiempo. –No sé. Éramos libres al fin. Me había endurecido. Bueno. –Eso que llevas adelantado en la otra vida — me aclaró el nuevo capellán. alguno.total hasta que vimos encadenados a nuestros enemigos. y yo he vivido mucho y lo he visto sin cuento. mas habíamos purgado con creces nuestros errores. También se aprende el mal. aunque creo que bien lo sospechaba.

222 .

hermanos? –Sólo víctimas inocentes. Pero al menos era tierra y nosotros necesitábamos suelo firme en que crecer y cimiento sólido en que detener la caída. –Lo tenéis merecido. Echamos sobre ellos una lluvia de lástima y después otra de insultos para ahogar la lástima. empezamos a desparramarnos como mala simiente hacia todos los rincones de nuestra ancha y añorada España. ansiosos de ocupar el lugar que nosotros les dejábamos. que como madrastra nos había echado de sí. tramposos. asesinos. curtidos galeotes que esperaban embarcar. 223 . Después de besar y bendecir el suelo innumerables veces. volvía a recibirnos otra vez.XIV JORNADA DECIMOCUARTA El mundo es una plaza donde lidiamos a solas los terribles toros del destino. –Lo mismo que nosotros. – ¿Y vosotros qué sois. –Tenéis cara de culpables. Mira ese. Ella. Desembarcamos al fin en la playa de Almuñécar. ladrones. Pero antes de abandonar aquellas playas –la vida es una larga cadena – pudimos ver una partida de torvos. no sé si con la intención de vomitarnos de nuevo.

Él se sacudió toda su pereza. relámpagos oblicuos de los ojos y sapos monstruosos por la boca. Voy a rebanarte el cuello. hijo de. maldito seas.Aquel pelo negro. cabrón. levantó la cabeza y se quedó mirando con fijeza. ensortijado. haciendo caracoles.. La ensucias con tu lengua. bujarrón. –Por eso.Y señalé a uno de aquellos hombres que permanecían en el centro callado y con la vista baja. 224 . –Rebolledo– grité. Empecé a rascarme la cabeza. reptil. –Murió de parto. –Ella confesó antes de morir–apuntó la misma voz.. Y lanzó un esputo recio que casi me derriba.. se puso en pie de un salto y empezaron a salirle serpientes por los pelos.. –Te mataré. Me recordaba… parecía. – ¿Y tu hijo? –El tuyo. – ¿Qué fue de tu esposa. Al sentirse aludido. hace tiempo –comentó alguien por allí que conocía la historia. la única diversión de esos lugares. abriéndole los brazos. Teresina? –Ni la nombres. la mirada turbia.. Yo también. las pobladas cejas.. la barba prieta. –No mientes la soga en casa del ahorcado.

–Una buena cristiana. –Con recomendación ya se puede. Parecía enroscarse en el recuerdo y olvidar los denuestos contra mí. –Robo y asesinato. – ¿Y qué te pasó a ti? –El amor al oficio. De todas formas. –Pero. hijo de Satanás — escupió. será mejor no encontrarlo. –Esos sí que son méritos. ¿sabes. –Cuantiosa. suele pasar eso. La unión de tus pecados y los míos. – ¿Qué fue de él? – ¿Quién? –Tu hijo. probados –comentó alguien. seguramente un amigo. hace ya muchos años que partió. el mío. Lázaro? – volvía a la carga. – ¿Le toca alguna herencia?– preguntó con sorna. yo que sé… –Se fue por los caminos del diablo y andará por ahí lo mismo que nosotros. no como tú. –Con tantos padres protegiendo. Tal vez lo quiso un poco. Recuerda que ya estuve en otro tiempo. ya me ves. Me alegra haberte visto. –Entonces. 225 .

–Yo también. propia de nobles 226 . Allí dejé mis pensamientos y partí hacia Granada. Su futuro estaba allí. con todo. En realidad. al parecer. lo más duro. cuando me di cuenta de que no era necesario. la cual se iba por múltiples costuras. Me maltrataban los reúmas de tantas humedades. La gota era. en esta maldita enfermedad tan dolorosa. pues tanto aire puro no era bueno. enfermo y casi derrotado. muy pocos regresan. –Buen viaje –sólo respondí. y me alejé con un saludo en la mano que no solté del todo. ¡Quién diría que iba yo a heredar las carencias de los pobres y los excesos de los ricos. Mi venganza está en parte cumplida. Llevaba ya unos años desgastando las delgadas paredes de mi cuerpo. bajando la cabeza. para mis bronquios. el asma me amenazaba con sus múltiples ladridos. volviendo a su ser impenetrable. –Me tranquiliza saber que has pagado algo de tus numerosas deudas. El mar y las últimas penurias habían agrietado mi salud. ¡Maldito seas! Y se encerró en un mutismo hondo. Volví la vista al mar y vi cómo se le abría en su vida un gran horizonte. aquella pierna izquierda de la mala suerte que empezaba a no aguantar y desear no fuera mía. sobre todo la pierna. Iba a corresponderle como me habían enseñado.

como una plaza de toros o el mundo mismo. 227 . las cuales a veces abrían sus gargantas para soltar en forma de cante siglos de pena. como Carlos. las columnas y recordé cosas hermosas que había visto en Italia. donde lidiamos a solas los terribles toros del destino. atado a aquella silla expresamente diseñada para asentar sus gemidos y su pierna maltrecha. Por un rato la belleza me salvó del desánimo. Habíamos seguido caminos paralelos y nuestras vidas se volvían ahora a entrecruzar en aquella Granada que visité con respeto y sobre todo la Alhambra y el palacio suyo en medio de ella. como engañó a otros. Mi madre a lo mejor me había engañado. el más poderoso de los hombres. y a punto estuve también yo de dejar los míos. con sus cuevas.y reyes que comieron siempre bien y con ella pagaban sus abusos! Tal vez yo fuera de sangre azul. derribado por el potro enloquecido del dolor. humillado por la enfermedad. o a mi padre. con su ruedo circular. como engañamos todos. Pensaba en nuestro siempre querido emperador. pienso yo. Así acabaría yo algún día. Sus abuelos también habían dejado sus restos. postrado como él. como engañé yo. También yo hubiera querido hacerme allí mi casita. Recorrí el Generalife con sus fuentes y el Albaicín más allá. Repasé los muros. hijo de alguno de aquellos grandes que sufrían en sus carnes la venganza de otras carnes sublevadas.

Pero antes.pues enfermé y de gravedad.. Allí iban a parar los miles de hidalgos arruinados en busca de fortuna. que en todo a sí se abastecían. Cogí unas fiebres– no sé bien de qué– y hube de pasar todo aquel verano acogido a la caridad de unos monjes que cuidaron bien de mí y de mis males. Un lugar seco me vendría bien. Comenzando el otoño. A punto estuve de pasar la frontera de la vida. pues sospecho que los mejores negocios se realizaban en ésta. Recorrí sus calles y sus plazas. los rudos marineros. Por mi edad y mis achaques no iba a tardar en rendir. los finos leguleyos. me acerqué a Sevilla.No podía pasar de largo. a las Indias soñadas que nunca había de ver. que venía a agravarse ahora.. 228 . que llegaban no todos de aquella orilla. reposé en sus iglesias y jardines y me asomé a su río como quien se asoma al más allá. Iba en retiro y como cerrando círculos. un mal del pecho ya antiguo. donde bien podría cerrarse el círculo de la existencia. Una tos malsana y malsonante. los bárbaros matones de bolsa floja y rápida estocada. Y pensé en mi tierra. capital de Nuevo Mundo. y allí había uno más. Pero las miradas se agarraban como anclas a la orilla. aprovechando el oro que corría y la conciencia que corría más deprisa. los abastecedores de todo. Estaban los nuevos ricos. Era el desagüe de todas las Españas. ciudad que amaba bien sin apenas conocerla. cargado en años de humedades y miserias. Por allí se iban los barcos con sus velas blancas como pañuelos de despedida.

preguntando en ambientes donde hasta yo mismo. pero hacía años. donde el único diccionario era el dinero. 229 . pero sin echar nunca raíces. Me llegaron noticias poco claras. casas de juego. Había mantenido al parecer su nombre. como en una babel incomprensible. pero al que amé a pesar de todo y que un día naufragó para siempre en el río proceloso del vivir. ríase Vuesa Merced de la Universidad que un día fundamos allá en Alcalá. Allí estaban las gentes excluidas que se ganan la vida en el descuido del resto.Las gentes iban y venían. los albañales de una sociedad que arrojaba sobre sí tanto lodo. de apuestas y peleas. Algunos recordaban a un tal Lázaro que había pasado por allí. el cual había tenido que salir por pies. Por allí me fui rastreando alcantarillas y cloacas. confundiéndose las lenguas. con aspecto de derrota. que era el mío. escuelas superiores del hurto y del delito. perseguido por la Justicia. Pregunté por mi hijo Lázaro. y por él me fueron indicando ciertas cosas. cofradías. figones. Había pasado el momento. donde ni yo acababa por sentirme a gusto. que. embarcado hacia las Indias. medrando en los alrededores de la abundancia. Parecía una olla podrida donde todos los elementos estaban en ebullición. recelaba entrar: mancebías. gozándose en sus sobras. que nunca fue mi hijo. Exploré aquel mundo subterráneo de reptiles. es decir.

no podría reconocerlo.. De nada me servía seguir buscándolo acá.. lo cual no es poco decir en este mundo azaroso y de inestable fortuna. en esta orilla. tanto que había llegado su nombre. que era buena disculpa para seguir recorriendo los círculos de aquel infierno. igual que el mío. una hacienda hasta acabar cumpliendo los sueños de su madre. Refrené mis pesquisas. la lujuria. Nosotros siempre por delante de ella. Salí de allí en unos meses. poco antes de que el verano con sus terribles calores se asentara en el caldero del averno sevillano. la ira. otro nuevo círculo que había que cerrar. –Era mi hijo –dije yo con orgullo de padre. Debía de ser ya un hombre. Y aunque así fuera. Pasé por Guadalupe y llegué a Toledo. –Una buena pieza. creyéndome un experto ni siquiera conocía.– Di que sí. sabiendo lo alto que había colocado el estandarte de su casa. una familia. mas no corté del todo. Tal vez habría fundado un nombre. por más que ante mí lo tuviera. hasta el rey y sus servidores. si es que aún vivía. donde a cada paso salían a recibirme de triunfante manera todos los demonios: la gula. la pereza. enseñándole el camino.y otros miles de vicios. la avaricia. 230 . No estaba. que yo.

Aún veo mi entrada en Salamanca por la puente romana.Hice mi ofrenda en San Juan de los Reyes. se cerraba también. y ese sólo a Dios corresponde. Di una vuelta a la ciudad donde no me conoció nadie y a nadie quise conocer y salí de allí con el alma un poco más pequeña. sus murallas. Allí colgué mi cadena de cautivo. cientos de ellas. Pasé el puente y… allí estaba el toro de piedra que había sobrevivido a todo y burlado mis esperanzas una a una. Acaso como yo. Yo ya estoy preparado. como otros muchos. y llegué a mi tierra. otro gran círculo cerrado. acariciando el lomo con afecto y juntos volvimos a dar aquella última vuelta al 231 . se asomaba por última vez a las cosas. Un viejo sol sin fuerza intentaba iluminar el mundo inútilmente. Seguía aún sobre la margen izquierda la aldea de Tejares y el viejo molino que molió las ilusiones de mi infancia. Así me asomé yo también al río y allá abajo vi correr abrazados las aguas y los años. Era el último círculo. Digo mía por sentirme de algún sitio. Le pasé la mano. finalmente. Era octubre y estaba atardeciendo. Pendían de la fachada. Pasé por Ávila. como exvotos sagrados. el más amplio y. Ahora queda uno sólo el del tiempo. desde el balcón de la tarde. hacia otras tierras y otros rumbos en busca del final para un viaje que había empezado lejos. pesados herrajes que habían apresado cuerpos y sobre todo libertades.

ruedo. ¿tendrá posada y trabajo para un viejo enfermo y casi inútil? Y aquí estoy por la caridad de Dios y de estos monjes. –Hermano. 232 . esperando también yo la última llamada. La noche se venía y apresuré el paso. repitiendo el querido redondel en que se habían lidiado nuestras vidas.

pues es la muerte quien la cierra. En mi caso también lo fue el inicio. y hasta creo que gané algunas batallas.DESCANSO VII Por fin voy dando término a este tan largo viacrucis. que no siempre perdí. Sería propio de necios sin sustancia hablar de tal manera cuando uno está lleno de achaques y a punto de morir. siempre es adversa. Sin duda. si se considera en su final. Aquí queda pues este escrito. Ahora se entenderá mejor el pesimismo de estas páginas. arribar con bien a puerto. lleno de caídas y dolores. Mi vida fue una recia contienda. y así fue. que los vientos de la suerte soplaron siempre en contra. siempre acaba en derrota. he logrado cuando menos mantenerme a flote y en muchos casos. pues la vida que se cuenta entera. también digo y de forma muy solemne. como bien se habrá visto. nuevo testamento de mis malas obras. Y sin embargo. Eso es lo que he contado. mayor es en estos casos el mérito de los que nacemos con las estrellas cambiadas y los pasos tan fuera de lugar. ahora cuando ya la vida estrecha el cerco y la muerte victoriosa rendirá al fin la fortaleza de mi vivir. y la fortuna. eso he pretendido demostrar. así como el hecho siempre valeroso de que a pesar de todo ello. 233 . No soy un ganador. en que he querido recordar mi propia pasión. pues parece desde luego.

Un día. 234 . Me entristece un poco que esta historia vaya a nacer muerta y enterrada. Debía ser yo también quien la contara y así la he seguido como mi mejor discípulo hasta darle término.Eso es lo que he querido probar con este evangelio de mi vida que ya acaba. Que así sea. no sé cuándo. pero es mejor así. resucitará de entre los muertos y se presentará al fin triunfante y libre ante los ojos de los vivos.

. digo. 235 . así que por qué no conversar con esos amigos. En fin. es decir del poder y su fuerza. Investigaba yo. porque cuando investigaba precisamente una de las fases más interesantes. superada ya la cincuentena. donde pensaba hacer otra historia de la Historia. en las fosas muchas veces malolientes de la Historia. que en manos de la Inquisición y de los reyes. no caben ya aventuras ni sorpresas. como el siglo XVI con personajes tan preclaros como Lutero. Preparaba un libro cuyo título sería algo así como “La otra orilla”.Nota del preparador de esta edición Se pensará que a una edad como la mía. digo esto. fueron perseguidos y encerrados. algunos hechos y desempolvaba libros vetustos. comprobando en los originales algunas viejas ideas enterradas en esos panteones siempre fríos de los archivos o bibliotecas antiguas. Uno empieza a cierta edad a hablar sólo. que soy historiador y nada tengo que ver con la Literatura. y menos aún en un lugar tan poco común como una Biblioteca de Universidad y en una ciudad de provincias. tampoco contra ella —bien es cierto— investigaba. frente a los grandes principios oficiales.. calvo y con algunos kilos de más. y por parte de un señor más bien bajito . espero que no sea para siempre. que tienen tantas cosas que decir. pero así son las cosas. es decir descubrir las ideas paralelas que fueron entregadas a la oscuridad. Sólo Borges encontraría emoción en algo semejante.

el pobre. pero aquel día felizmente pasó. se hubiera roto algo. preguntándoles cosas. que siempre fue recio y supo aguantar muy bien 236 . al suelo. temiendo de tan anciano. Allí hay reproducciones y láminas preciosas de Anatomía. No suele pasar.Calvino y sobre todo Erasmo…. primeras ediciones del XVI y XVII y de autores muy famosos. estaba bien entero. cuando al hacer un movimiento brusco y sin querer le pegué un codazo a Erasmo que estaba encima de mi mesa y cayó. Pero eso fue. lugar maravilloso para quienes lo conocemos bien y cuyos fondos bibliográficos son siempre un tesoro para investigadores y amantes de los libros en general. consultando con ellos. me precipito hacia él. Arquitectura. Como digo. nunca me había pasado. en medio de tantos buenos amigos me encontraba aquel día. un magnífico premio a mi búsqueda de toda la vida por bibliotecas y desvanes llenos de polvo y de todas las suciedades de la historia. son muchas. topeme en un libro de este una mina riquísima que no buscaba. Seguramente fue el premio de los dioses a mis méritos — no sé bien cuáles—. Pues bien. Curiosidades extrañas y verdaderas obras de arte. pero al parecer. como yo digo. ¿Os imagináis el escándalo? La bronca del encargado que se acerca y yo que logro apenas pedir disculpas entre tanto azoramiento. Me encontraba en la Antigua Biblioteca de Letras de la Universidad Salmantina. Se encuentran allí monumentos increíbles como incunables. que podéis creerme. Botánica.

Lo fui hojeando por arriba y vi algunas páginas y frases tachadas en negro . Y nunca mejor dicho. justo en la esquina inferior izquierda. salvados “del diluvio de los días”. Esos le habían golpeado más fuerte y hecho más daño que yo— pensé— . Eran los “Adagios”.49472 Adagiorum. SAL. Asomaba algo como una hoja por el borde. vi una pequeña grieta en la portada. ni voluntaria ni involuntariamente en la destrucción de la cultura y el saber de la humanidad. Pero cuando iba a cerrar con alivio las páginas de mi remordimiento.LA censura. por donde sangraba mi crimen.los golpes. pues rasgué con cuidado un poco más la herida y salió a la luz un manojo de folios manuscritos. en su cara interior. Vi entonces que las pastas de la encuadernación (las dos. Bibl. Tal vez ya estuviera hecho. Chilades Des. y sobresalía hacia adentro un ligero abultamiento o preñez. Erasmi Roterodomani Basilea 1541 Quiliadis Quintae Centuria II 1065 Lo observé una vez más por dejar tranquila mi conciencia al no haber atentado ni de palabra ni de obra. Lo observé con atención. 237 . Me fui al interior y leí la referencia bibliográfica— UNIV. primera y última) eran más gruesas de lo normal.

Estaban perfectamente conservadas y se leían relativamente bien.Eran unas cien hojas escritas por ambas caras y repartida mitad por mitad entre las dos pastas primera y última del libro. Algunas palabras estaban tachadas o borradas o levantadas el papel. aunque se había puesto un exquisito cuidado en no destruirlo. Mi mérito es sólo el sacarla a la luz. Hay que tener en cuenta que seguramente el manojo de folios había sido prensado.R. lo que importa y nos ocupa más es la de Lázaro contada por él mismo. levemente. 238 . la de un hallazgo. después de tanta oscuridad como ha sufrido. la conservación era excelente. C. En fin esta es mi historia. que él guardó en esta arca de Noé a salvo del diluvio de los días. Que sus palabras descubran nuestro pasado ya lejano. El resto. . pero en general. iluminen el presente y alienten nuestro porvenir. y trabado con la pasta.

Mándelos publicar. Amén. En fin. preservados del diluvio de los días. No sé si he hecho bien enterrándolo vivo o vos mismo. más bien — cumpliéndose en ello mi voluntad última y secreta. siendo el heredero de estos bienes — o males. Suyos son. resucitándolo muerto. deshágase de ellos si gustare o guárdelos de nuevo si quisiere. han estado escondidos en el arca del tiempo. si así estimare. Tratadlo si podéis como recién nacido que vuelve a la luz.A QUIEN LO ENCONTRARE Sepa la persona o personas que toparen con este escrito. dos años después de mi señor el Emperador Carlos y en el mismo día de su descanso. a salvo de miradas indiscretas. y en tiempo que sepa comprenderlo Que el Señor nos acoja a todos en su gloria para siempre. 239 . LÁZARO Dado en Salamanca a 21 de septiembre del año del Señor de mil y quinientos sesenta. Durante años (vos sabréis cuántos). que puede en adelante disponer de él como quisiere. hágase en todo ello vuestra voluntad. Sólo espero que haya caído en manos que sepan apreciarlo.