CRISTÓBAL RIESCO

LA VIDA NUEVA DE LÁZARO DE TORMES

1ª edición ISBN: 978-84-686-2952-0 Impreso por Bubok Impreso en España / Printed in Spain .L.© 2012 Bubok Publishing S.

Espero que les vaya bien en sus tan diversas vidas. .DEDICATORIA A mis viejos colegas y antiguos alumnos por su mucha paciencia y probado aguante.

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223 Descanso VII: pág.201 Jornada XIII: pág.65 Jornada V: pág.51 Jornada IV: pág.101 Jornada VIII: pág.13 Jornada II: pág.239 lo encontrare: .141 Jornada X: pág.59 Descanso II: pág.169 Jornada XII: pág.235 A quien pág.29 Descanso I: pág.203 Jornada XIV: pág.113 Descanso IV: pág.183 Descanso VI: pág.151 Descanso V: pág.69 Jornada VI: pág.137 Jornada IX: pág.89 Descanso III: pág.233 Nota del preparador de esta edición: pág.9 Jornada I: pág.167 Jornada XI: pág.ÍNDICE Prólogo: pág.97 Jornada VII: pág.47 Jornada III: pág.

El hambre es la medida de todas las cosas .

deinde philosophare” Yo. 9 . No quiero que nadie vuelva a tropezar en las piedras con que yo me he herido ni caer en las simas donde alguna vez me he hundí. habían de servirles de modelo. para que sirvan de aviso ante las tentaciones y trampas que la vida continuamente nos tiende. humano es también aprender de los errores. avisados. ¿Así qué esperar de los que como yo nacen en lo más bajo del arroyo y han de salir a flote con el solo mérito de su mente y la mermada fuerza de sus brazos? Aguzarán el ingenio e imitarán los malos ejemplos de quienes como guías. me confieso a Dios que todo lo sabe y a vuestra merced que todo lo quiere saber en estas frágiles memorias. Y así con mi mano iré a lo largo de esta obrilla señalando los míos. pobre pecador. que no sin esfuerzo he recogido. escarmienten. Bien podría silenciar más de un asunto que con razón va a molestar a alguna venerable persona. sin embargo. que si humano es errar. Siempre hay galgos más ligeros que parten con ventaja.PRÓLOGO "Primum vivere. pero a menudo es conveniente presentar toda la fealdad del pecado para hacerlo aun más aborrecible. para que sirvan de expiación y burla en que muchos alegres se recreen y látigo con el que algunos. Y puedo certificar que han sido muchas las que hube de sufrir en esta dura carrera y ya desde su origen.

Nunca estuvo ése entre sus méritos y numerosos oficios. que no son 10 . sino por mi empeño en no dejarme querer de tal manera. Poco me consuela saber –como dicen los antiguos –que los dioses destruyen sobre todo a los que aman. de rosas. precisamente. Mi camino no ha sido. puesto ya el pie en el estribo y presto a partir. A mi afán debo sobre todo el seguir vivo. he tomado el asunto de principio y arrancado con el primer mandamiento del amor a Dios y los siguientes. Algunos mal pensados dicen que también la más adornada. pero no es cierto que guste yo de tales vanidades.Pero dejémoslo así. que no es Lázaro predicador que vaya a convertir el mundo. deinde philosophare". que como dice el filósofo: "Primum vivere. pues verdad es que la habitación mejor amueblada de mi persona ha sido siempre la cabeza. estando al final de la jornada. Y como quiera que vuestra merced muestra interés y empeño en conocer la historia desde el punto en que la dejé en la primera parte. que mucho tienen que haberme preferido por las veces que han intentado aniquilarme. cuando las aguas de la edad están ya remansadas. y aquietados los ímpetus alocados de la juventud. Y si no lo han conseguido. Por ello escribo yo estas frágiles memorias justo en el momento. El alimento siempre fue lo principal y más sustantivo y después viene lo demás. no habrá sido por la voluntad puesta en ello. en que el hambre y las otras urgencias de la carne han levantado su cerco.

aunque sea mal. que no suele dar motivos para el amor. época en que la fama tanto se valora. Pues así como en otros tiempos. para acabar. como ejemplo. Muchas son las pruebas a que el Creador me ha sometido. aunque por escrito –que aun es subir más alta la voz– pongo en público los míos. Pero. de pregonero. nos contaron su vida de perdición y el momento en que fueron tocados por la gracia.sino el de uno mismo. sean aborrecidos de todos. como yo le he dado de la mía. amen al pecador conociendo las circunstancias y presiones a que estuvo sometido. y me dará algo de su tiempo y vida. aun menos. Pronto se echará de ver la deuda que llevo contraída con esos pecadores que un día decidieron seguir el camino de la santidad y. las futuras generaciones. y en mi caso. para que conocidos de muchos. así ahora. no es lo de menos figurar en los papeles e impresos y dejar testimonio y huella de mi paso por este valle de lágrimas y sepan y hablen de mí. que algo quedará de uno mientras alguien en su ocio lo leyere. Así yo también he tomado esos libros de memorias como modelo y sacar mis acciones a la pública vergüenza. ¿qué puede contar uno que no se 11 . finalmente. No niego tampoco que siendo ésta. Repase vuesa merced las muchas miserias que han puesto cerco a mi vivir y verá cómo la necesidad nunca ha roto su asedio. y odiando los pecados. hube de proclamar castigos y errores ajenos. con el prójimo.

este librillo homenaje a su bondad al escucharme mis muchas necedades y pecados. sepa vuestra merced comprenderme y el Todopoderoso perdonarme. 12 . con todo. en que como hijo de Dios que soy.equivoca? Seguramente nada. Confío. aunque indigno. Sólo nos interesan los malos pasos de los que se extravían. pues. pues ningún peligro puedo añadir ni daño causar . Sea. que no soy más que un pobre pecador que está a punto de presentar ante él sus cuentas. y testimonio al fin de mi arrepentimiento. jamás los buenos de los que nunca yerran.

Era tiempo de cuaresma. el que saliendo del arroyo ha arribado por sus propios medios a buen puerto. no vi a mi mujer durante todo aquel tiempo. seguía entendiéndose con su amo y el mío. pues sólo el que 13 . el arcipreste de San Salvador. ni catar la carne. Ella. que oyen lo que quieren oír y son ciegos a lo que sucede en sus propias casas. a la pobre. y el rechinar de maderas como si le estuvieran descoyuntando los huesos. Después. vecina de la nuestra. Sólo él con su virtud y su calma conseguía su sosiego que era también el nuestro. el que no debe nada a nadie.I JORNADA PRIMERA No hay satisfacción mayor que la del que se ha hecho a sí mismo. Pero quién puede fiarse de las habladurías de vecinos. y también al de ella. los gemidos. los gritos. y menos si era humana. Ocurría que por entonces mi amada esposa. las quejas. varón impasible y muy comprensivo. época de sacrificio durante la cual – según aquel santo varón – no se debía tocar. seguía un régimen de disciplina y mortificación tan dura. el silencio. enclaustrada en casa sagrada. Así que hice oídos sordos a los rumores y seguí creyendo con ciega fe lo que los buenos afirmaban. Algunos vecinos porfiaban que el bendito cura se la estaba trajinando a su sabor. se le oían en el plácido sosiego de la noche. Yo que siempre he sido hombre cumplidor. ni oler. que siempre fue mujer brava. que a veces.

como tantos otros domingos y fiestas convidonos a compartir su mesa. procuraba seguir su ejemplo. Había un sótano con unas escaleras de piedra labradas sobre la propia roca. Nada faltaba en aquella casa. en la sufrida casa del señor Arcipreste– vino mi mujer a la nuestra. el delicado vino que yo me encargaba de pregonarle por toda la venturosa ciudad de Toledo – Mira. Pasados aquellos cuarenta días de penitencia –es decir. 14 . chorizos. madura y envejece. morcillas y lomos como un maná que Dios dejaba caer generosamente en los techos y paredes de los que le servían. Lázaro –me decía– este claustro materno. Estaba más pálida. Llegó la Pascua y el señor Arcipreste. cuyo estómago hecho a la mortificación se rebelaba contra el alimento y su simple presencia la inducía a rechazarlo. y yo. Colgaban como ahorcados en la despensa algunos jamones. en esos vientres de madera que ahí ves. Muy pronto empezaron a darle unas náuseas terribles ante algunas viandas y yo pensé en la nueva pureza de mi compañera. que siempre gustó de los placeres. inmóviles como ídolos. pequeño discípulo. pero con el rostro salpicado de felicidad. que descendían al sancta sanctorum de la bodega. Allí guardaba en unas grandes y ventrudas cubas.cree se salva y así tenía yo la salvación y nuestra mesa aseguradas. donde el vino nace y va tomando cuerpo.

puesto de rodillas. El clérigo reía. también. porque la vida es una sola y larguísima cornada.Y señalaba las cubas con sus cinturones de hierro protectores girando en torno como firmes anillos. E ingenuamente arrimé el oído al primero de aquellos toneles y. abrí la espita de todos mis sentidos para emborracharme de gozo ante tan divino espectáculo. el astuto ciego que me enseñara a no confiar en nadie. Así que miré al clérigo que seguía riendo como yo mismo sin darle importancia al chichón. a base de golpes. aquella sangre densa que pugnaba por salir. – Escucha esos latidos. como el tonto que ríe sus desgracias en las gracias ajenas. 15 . sujetando aquella vida líquida. Era la estrategia que mejores resultados me había dado. que como un cuerno. de maldades que el experto ciego me grabara en las todavía tiernas carnes. y yo al verlo. Recordé al hidalgo. que me adoctrinó en el arte del fingimiento como modo de lograr sin atraer la cólera de los más fuertes. Estaba en la cima del éxtasis. Recordé entonces lejanos episodios de mi viejo. oyendo la música más dulce que uno pueda escuchar sobre la tierra. intentaba aplastar en mi cabeza. Vi de nuevo el toro de piedra donde desperté a la sabiduría. cuando el traidor de mi amo se acercó por detrás y dio con mi sentida cabeza contra la madera.

Es como aquellos perros maltratados que muerden la mano que los acaricia. hijo –respondió como si no hubiera oído mis palabras. La ignorancia es un acto de la voluntad y yo era sabio. así que no tuve dificultad en poner ademán de inocente y hasta hacerlo creíble. porque mi natural había aprendido a desconfiar de toda mano ajena que se acercara demasiado. –Habrás oído rumores por ahí que intentan arruinar tu honra y nuestro negocio. –Escucha. –Escucha. mientras paseaba su mano por mi hombro en un alarde de amistad que se me hacía sospechosa. –Y si es de oro. que ya sabía yo que era un poco sordo de aquel oído. hijo – volvió a repetir como si el sordo fuera yo. sino un largo sermón. Puse cara de no estar al corriente.–Dicen que con una moneda de plata se baja la hinchazón – me atreví a insinuar. Mi primera intención fue hurtar la cabeza. – ¿Sí?– replicó socarrón. –…Sí –añadió. ni se atreve a salir –añadí yo por si algo caía. que nada cuestan y aprovechan mucho. 16 . Pero no cayó. sobre todo cuando eran cosas que tocaban a su interés o a su bolsillo. Hay que ser gran actor para aparentar la verdad. Ya sé que tú tienes un gran corazón y desoyes los ladridos de los canes que aúllan a la luna.

–…Pues bien –prosiguió él– no les hagas caso. con metáforas. –…Si sigues conmigo. es capaz de sobrevolar las miserias. Seguramente estaba predicando para el mundo y. que el animal agradecido lame siempre la mano de su dueño. A lo mejor era eso. La verdad es que predicaba maravillosamente. El caso es que siguió con su discurso que yo no interrumpía sino con monólogos subterráneos como este. cogiendo el hilo del discurso– el hombre. Conocía bien su oficio. La malicia. Pero allá ellos. Yo creí que eran los lobos. cuando vence su vértigo. Así nunca le atraerá el pozo donde se anegan los miserables. que son muchos los que ansían ver caer a los poderosos.No está bien eso de acariciar la herida después de la cornada. sí. amigo Lázaro. claro. no te podrán venir más que ganancias. incluso cuando te alaban la forma de sangrar. y la envidia pierden a los hombres. sea sólo por el ruido que hacen al romperse. 17 . Igual que los poetas o estas gentes cultas que ladran también de formas raras. Me agradaba esa simpleza de los perros aullándole a la luna. –… Sin embargo –prosiguió. yo formaba parte de él. pero no encontraba el poder por ningún lado. Me miraba a mí como si fuera poderoso. Y después de una pausa para coger aliento.

Bueno. dicha palabra era como un reflejo automático en mí que aceptaba lo que se me ofrecía y no podía negar. En fin. que después de tantos años de monaguillo y criado de clérigo. eso sí. Y así es a pesar de su natural afable. –En unos meses todo volverá a su curso y tú con un retoño más. por cierta enfermedad. que " quien a buen árbol se arrima… “Y no es menester muchos discursos a quien como tú tiene aguzado el ingenio y el juicio imparcial para juzgar lo que te es más conveniente. que nadie mejor que la naturaleza es capaz de resolver. Igual pensaba que me estaba ocurriendo a mí.–…Dígote esto. y ramas donde algún cuco había puesto sus huevos. Y aquí metió unos latinajos como palabras de un ensalmo o viscosidades de araña en cuyas declinaciones acaban enredando a sus víctimas. aunque no tanto como el de mi señor. Yo bien que iba entendiendo. porque habrás oído por ahí cosas maliciosas sobre que tu mujer y yo. nada grave. aunque nunca fui un apasionado de la Botánica. como los nobles que buscan su genealogía entre las ramas. 18 . Así que no tuve más que decir "Amén”. planta sin raíces. cosas de la naturaleza. Habrás notado que ella. Lázaro. mentiras con que el vulgo malicioso se divierte. tronco esbelto. de un tiempo acá está como huraña con todo el mundo y más que nadie contigo a quien debe amor y respeto.

se mordía el labio para no hacer comentarios en voz alta y reía. que gracias a los dientes que me faltaban de cuando el jarrazo del maldito ciego. que seguramente pensaba cosas parecidas. sin dejar de reír ni perder la compostura– al salir de la bodega y topar violentamente como carnero con el dintel de la puerta. reía hasta descuajaringarse. y yo riendo como bobo y enseñando los dientes que no tenía. Bien pensé que los que necesitaban apoyo eran ellos que se caían con tanta frecuencia. él dándome palmadas en el hombro. que buena falta nos haría con una boca más. 19 .–…Aquí tienes esa longaniza y toma dos morcillas más para que no digas que te falta apoyo en los momentos de prueba. aplaudiendo mi decisión. Así que no dejaba de reír ante tales pensamientos y el bendito clérigo. Todo era acomodarse a la nueva situación y aquellas alhajas de carne que colgaban de mi mano ayudaban mucho a ello. Y así salimos agarrados. y más con la jarra de vino que me tendió a continuación para brindar por la "nueva alianza". pero bienvenido fuera aquel maná. Primero se despachó él a su sabor y después yo la cogí entre mis manos y me eché los restos al coleto. por donde podía resbalar sin obstáculo toda la corriente del Tajo en época de crecida. con un bulto en la frente y otro más que me hice –eso sí. me sentía crecido en mis atributos. que aunque yo no era tan alto. mi boca era un sumidero.

y no por vergüenza. donde nuestra muy querida y fiel esposa disponía la mesa y traía el pan con dos gruesos capones desnudos. luchábamos el capón y yo. pero mirándome a mí. primero asombrada como si no entendiera nada. El cura me cortaba las alas. por donde yo pude adivinar sus preferencias. – ¿En qué estarás pensando. y después nos echó una bien dura reprimenda a los dos. amigo Lázaro? –Mis cosas. –Demasiado –pellizcaba mi señora. que en la calle siempre he paseado la frente bien alta. confundidos en un cuerpo a cuerpo de besos y mordiscos donde la grasa del enemigo 20 . a pesar de todo. – ¡Pobrecillos! – ¿En qué estarás pensando? Al vernos en tan amable francachela. que yacían panza arriba sobre una fuente arropados de ensalada. Así fue discurriendo la comida. nos miró. los apéndices.De esta guisa entramos en la estancia. eso sí. Concentrado en mi plato. las ideas. Yo cabizbajo. que nunca he sabido qué cosa fuera eso. –Di que sí. Y volvía de nuevo a ellas. –Cada uno luce lo que tiene. más bien silenciosa.

Deja que el otro venga a ti. cogió lo que del malvado capón quedaba e izándolo en su mano exclamó: –Lázaro. que me halaga verte el gusto con que te despachas con esta 21 . –. que son los que te pueden favorecer. porque la ansiedad del que pide crea la retracción en el que da. Si finges haber comido. prosiguió: —. Era profundo en las palabras como quien ha estudiado mucho y ligero en las acciones como quien ha vivido más. ensangrentando manteles… hasta chocar contra el pecho del Arcipreste. que sin inmutarse. Y después de esta frase redonda. Que así de enrevesado es el mundo. no te delates en tus pasiones o impulsos. pletórica. y los usos groseros repugnan a los ahítos. nadie te invitará a comer.Dígote esto. te ofrecerán comida por que no comas.. Así era mi señor. derribando vasos. Juega con la ventaja del que da las cartas o es mano en la partida. regando de triunfo toda mi cara. Si muestras tu apetito. solemne como una bandera.. No vayas nunca a nadie. que dejó retumbando en el vacío un momento. porque un poco de discreción y buenas maneras atrae el favor de las gentes. con esa calma que los santos adquieren con la mortificación y el dominio de sí mismos.. el hambre es la medida de todas las cosas.. hijo. Y no es que a mí me importe. Mantente siempre digno. Un pisotón nada oportuno me hizo soltar la presa que salió rodando por el campo de batalla. perfecta.me resbalaba por la boca.

– ¿Qué? –Nada. Le prometí en adelante mejorar mi compostura. 22 . –Otra vez. que el cielo no quiera volver a repetir. pues la honra hay que aparentarla. no basta con tenerla. cuando mi señor me retuvo un momento. que me pareció sabroso aunque no tanto como aquella carne jugosa que había volado de mí igual que una maldición.inocente criatura como si te hubiera ofendido en algo o faltado al honor. Yo quedé un poco perplejo –forzoso es confesarlo– y durante su sermón. pues pensé que debía picarme algo en algún sitio y cogí mi copa y de un larguísimo trago me lavé todos aquellos pensamientos densos como la madre del vino que acababa de trasegar a mis depósitos. salíamos ya. Y lo difícil que era aquietar el ánimo y la figura cuando el hambre te arponea las tripas. Acabada la comida. Me rasqué la cabeza. como había sido mi caso en épocas pretéritas. si se tiene. y el hambre. que así anda el mundo confundido entre el tener y aparentar. posando de nuevo su bendita mano en mi hombro. una mano blanca como de paloma mensajera. estuve reflexionando en cuánta razón tenía una vez más mi amo y señor en todo cuanto decía. no hay que aparentarla.

no le basta al hombre saciar el hambre. Paró un instante para coger aliento. sostenerla y alargarla con un heredero que cante un día las excelencias y buenos oficios de los padres.. Luego prosiguió: –. Piensa en que el hilo de la vida se alargue más allá de ti mismo. Y hasta si es posible... Pues no creas que las grandes prosapias que hoy rigen los destinos de España vivieron siempre en la cumbre. y es deber tuyo acrecentarla con un hijo que pregone con sus virtudes las virtudes de sus padres.No te hagas cuestión de su sustento. que siempre había escuchado gritos. a tu descendencia. sino a tu familia entera.. Empezó a desgranarme en los oídos toda una letanía de consejos y a mí. Lázaro... que ya lo dice La Escritura: Mirad los pajarillos del campo. Existen otros apetitos que nacen cuando aquélla está saciada. acreciente con sus obras los méritos de sus antepasados. –. en que debes prolongar tu linaje y tu honor.. Necesitaba más aire. hijo –decía—. debes estar contento con la nueva situación. que bien merecen los que han alcanzado una posición.Por eso.que el 23 .Y siguió su ritual. que todos ellos tuvieron su origen en el estiércol. Hablo de la honra. aquel tono reposado me arrullaba como un susurro denso y doblegaba mi voluntad. que es de donde surgen los árboles más altos. que no sólo a ti pertenece.. – Mira.y yo también.

mis recuerdos y malos pensamientos hasta el alba en que llegó mi 24 . Pero seguramente estaba traduciendo. sin embargo. la cual en aquel momento recogía la mesa ajena a nuestra conversación. cándido y simple que estaba siendo devorado por las garras de un cruel gavilán o tal vez de un buitre picándome las entrañas mías y aun más las de mi mujer. El caso es que vi levemente aleteando la paloma de su mano sobre mi hombro. Creía que la Biblia no decía exactamente eso. pero tardaba el sueño. insinuando ligeras palmaditas. Los mejores argumentos. Tenía cuanto deseaba para vivir y atesoraba en mis manos toda la felicidad del sabio que se conforma con solo lo que tiene. Nunca me habían asaltado las graves preocupaciones de los poderosos. Así estuve luchando con mi conciencia.Padre los alimenta cada día sin que ellos tengan que ocuparse del menú del día siguiente. o más bien yo. y no supe interpretar en aquel momento quién era verdaderamente la paloma: si aquella blanca mano que me daba de comer. estaban en mi mano y alcé levemente las morcillas y otros benditos rosarios que colgaban de ella como preciados dones con que la bondad del cielo me había querido favorecer. Partí para mi casa meditando en las justas palabras con que el sabio del Arcipreste acababa de aleccionarme. Agradecí mi buena suerte y procuré dormir.

a esas horas. Verdad es que las carencias de la niñez se fijan para siempre y así me ocurría a mí con aquella hambre que nunca daba saciada. pero yo seguí dando vueltas. Lázaro? 25 . Recordaba los lazrados años de mi infancia tan lejanos. –La vida es intercambio –confesome un día. Así que giró su cuerpo y se durmió. temiendo que en algún momento tornara la desdicha a llamar a la puerta de mi estómago.. su manta. Él me ofrecía protección y procuraba nuestro sustento y yo le pregonaba y vendía sus caldos por toda la ciudad. El caso es que lo nuestro funcionaba. Pero no debió entender. – ¿Duermes. preguntó: – ¿Estás dormido.. Ignoro en qué estaría pensando. –También la guerra –respondile de forma misteriosa. era padre que me alimentaba y favorecía en lo que importaba más: el sustento diario que se ganan cantando los pajarillos y yo pregonándole sus vinos. pues más que amo. su parte de la cama.. mientras mi esposa se ocupaba de ambos y todos del hijo que esperábamos y así nuestra sociedad nos mantenía unidos y prosperaba nuestro negocio. Así que guardaba a mi señor la lealtad que le debía.. Lázaro? –Eso estaba pensando—dije para mí. casi toda. pero viéndome agitado.esposa y tomó posesión de su reino.

la pedrada en la puerta. –Olvídate. que fui pregonero.Si no fuera por aquellas lenguas de serpiente que arrastraban nuestro buen nombre por tabernas y lupanares. haciéndolos correr. conocía ese ardid por haberlo usado algunas veces. que intentaba arrojar lejos. Yo. mas no iba a caer en la trampa de enfurecerme con quien sólo insinúa para sonsacar. luego cabalgamos. ni lograrían soliviantar mi sosegado ánimo. Aunque quien cabalgaba era él y me ladraban a mí. – Ahí está. De pronto sonó un golpe seco. de quien murmura para confirmar. contundente. Y eso procuraba ante aquellos rumores que no se atrevían a soltarme a la cara. como si no pudiera soportar la humillación que le infería el triunfo ajeno.. para sacarme de mí y probar de ese modo que eran ciertos.. –No te apures –decía mi señor– ladran. Y así era. 26 . Así pensaba por lo bajo lo que llaman malos pensamientos. pero extendían en la sombra. –Llaman– interpretó ella desde el sueño. No iba a entrar a ese trapo por más cuernos que me pintaran en la puerta de mi casa. Así es que no teníamos trato con nuestros vecinos y apenas nos topábamos con alguno volvía la cara o pasaba a la otra acera.

27 . Hay que descalzarse y arrojarlas lejos y seguir por la senda de la vida sin mirar hacia abajo. siempre intentan arrastrar a los demás. que florecía una afición desmesurada a los toros en este país.. Son como esas chinas molestas que se meten en los zapatos. para qué seguir con estas pequeñas miserias. Pero yo dejaba pasar ese toro. Juro por ésta que no volverá a hacer cosa semejante. pues atrapándolo en mis garras. Pronto empezaron a aparecer pinturas en mi puerta.. – ¡Ahí va el sobrero!– volvían a bramar de rabia. en fin. silbidos. Los que naufragan en medio de la miseria. como aquel granuja que me acertó en la cabeza con un sucio guijarro.. le prolongué un palmo las orejas. que el diablo o tal vez su padre puso en su mano.– ¡Ahí va el sobrero! –bramaban. bramidos. Mientras no embistieran.

28 .

venteó el aire como un sabueso y se puso a escuchar con atención. pregonando los vinos de mi amo. pues. se quedó de piedra. Era la ocasión de hacer valer mis dones y allí había un público. así que empecé a pregonar mis vinos alzando la voz por encima de la suya. encareciendo sus virtudes. Contaba una vieja historia acompañado de un más viejo laúd. cuando al llegar a una plazuela. el ademán altivo. cantando sus excelencias. la expresión solemne. que oyó aquellos como gritos de guerra por encima de la ciudad. Digo. El ciego. Altivo. Llegaban hasta mí algunas sílabas entrecortadas. notas sueltas trabadas por una voz bien timbrada en la que creí reconocer valles y aristas como de una geografía familiar aunque lejana. El círculo de gentes se abrió y el juglar dio unos pasos hacia donde yo estaba. quieto como una estatua. reconcentrado en sí mismo. 29 . observé un grupo de gentes a la puerta de la iglesia que hacían corro a un pobre ciego. paró su historia.II— JORNADA SEGUNDA Estos que creemos dones no son sino duros castigos que los dioses nos ofrecen cuando no aparecen auspiciados por la diosa Fortuna Así iban de maltrechas nuestras relaciones con los vecinos y no ignoraba que en cuanto hubiera oportunidad se unirían para destruirnos hasta donde les permitiera la situación e incluso un poco más allá. que subiendo una mañana tras mi asno por una de las calles de la ciudad: alta la voz.

Era un sentimiento contradictorio. donde uno burlaba y el otro mugía de dolor. como dos gallos de pelea o como dos toros midiendo las distancias. También yo quedé paralizado como un pobre pajarillo a la vista de una serpiente. Una enorme cicatriz le cruzaba la frente y se le hundía en el cráneo.el gesto duro. seguramente fruto de aquella terrible embestida que puso fin a una larga relación como la nuestra. 30 . Llevaba una capa descolorida y sucia y un agrietado laúd con el que se acompañaba. los cuales gustaban tanto a las gentes que no necesitaba de más argucias. escuchaba con sumo interés. Tal vez el diablo le había guiado hasta allí para que se cumpliera su última voluntad. pero renacía el rencor por tantas y tan malas jugadas como me había hecho pasar. hipnotizado por aquellos ojos sin luz que devolvían a los demás el vacío que los llenaba. Así que nos quedamos los dos fijos en medio de la plaza. Lo observé con atención. pesando una a una las muy densas toneladas del odio. Le raleaba el cabello y el poco que tenía lucía completamente blanco. Eran las voces del pasado que acudían a atormentarle. tan taurina. oficios o habilidades para vivir. lo cual aflojaba el remordimiento. Estaba muy viejo y probablemente enfermo. Por un lado me alegraba que hubiera sobrevivido a aquella terrible embestida contra el poyo en Escalona. Había rezado fervorosamente durante los últimos años de su vida para que llegara el día. Parecía haberse especializado en el recitado de romances y canciones.

Era cruel como sólo pueden serlo un desamparado con otros aún más desamparados. un perro viejo y maltrecho que le servía de guía. yo y el asno echamos a andar por la cuesta arriba con los cántaros de vino bien repletos. pues creí verme a mí mismo caso de no haberme liberado a tiempo de sus aceradas garras. Sentí pena por el pobre animal echado en el suelo. Y finalmente. Sin embargo. compartiendo con él comida y pulgas. pasé por la misma plazuela. Estaría buscando su 31 . la voz templada y los pies ligeros. Yo sentía su mirada vacía en mi rostro como una bofetada y se la devolvía multiplicada hecha trizas como en un espejo. El miedo parecía formar en él una segunda naturaleza. hecho el trabajo. con la más potente voz que pude sacar de mis adentros. Había seguramente escarmentado. ya de regreso. recogido en su propia desolación. cavando en nuestro propio rencor y arrojándonos a la cara todo el desprecio. como su propia sombra. el ruin. vacía la carga. se hacía guiar por aquel animal. Pocas horas después.Le acompañaba a todas partes. vendido el vino. Al fin pude sacudirme la magia y como un gallo triunfador entoné mi pregón. por los gestos de terror y encogimiento que continuadamente mostraba. tampoco parecía tratarlo con excesivo celo. y aborreciendo la raza humana. como un himno de victoria. Lo miré con afecto. pero ya no logré verlo. Permanecimos aún un rato en silencio.

que. – Hijo. como si se me hubiera removido la madre en la cuba de la memoria y un como regusto amargo me llegó hasta la lengua. Llegué pues a casa muy cansado. poniéndose el sol en los tejados y a punto ya de replegarse el día. con ese tratamiento entre familiar y neutro y me vino sin más a las mientes aquel "tío" que parecía atar de nuevo algún hilo roto en algún sitio. vi con enorme sorpresa y no poco temor que allí estaba mi viejo amigo departiendo amigablemente con mi esposa y una amiga de ésta. a los cuales contaba las circunstancias y modos de nuestra – según él – rancia y acendrada amistad. Él también retomó el tratamiento antiguo. eres muy popular en esta ciudad. rebotándome la serenidad en las fachadas del alma y cerrándome el sosiego las puertas de la preocupación. Me acordé de muchas cosas. tío? Así lo llamaba de antiguo. Así iba yo. tal vez en otra plaza. pero satisfecho del deber cumplido. al arrimo de comadres y beatas. son muchos. Sabía de la inteligencia del ciego y que no estaba allí para felicitarme. a lo que veo. 32 . En aquel momento bebía un largo trago de vino de una gran jarra que a modo de homenaje presidía siempre nuestra mesa.negocio en otra iglesia. ni guiado por el afecto – ¿Como ha dado con mi casa. cuando al traspasar las de mi casa. No había nadie a quien preguntara que no supiera darme entera noticia de tu vida y milagros. a lo que veo.

Aún creo que andan por las esquinas y tras las puertas esperando. –Aún queda gente buena. como si fuera yo el arzobispo en una procesión de Corpus. Hasta que caí en la cuenta de que te querían tanto como a las pulgas o a la viruela. hombres y mujeres. no era más que una piadosa mentira – para que todo el mundo. pues como eso he venido. justo en la dirección contraria a la que debía seguir. –Verás. – Aunque confieso que he tenido algún problema en llegar. el barrio detrás. 33 . con todo este boato. presentándome –como es la verdad– tu padre. No saben ellos que soy como tu padre y jamás te haría daño. Y así he llegado hasta aquí. porque creo que no eres muy amado por tus gentes.– No se crea todo lo que cuentan – añadí yo por restarme importancia. se ofrecieran gustosamente a acompañarme. los infelices. Así que no tuve más que decir que venía a cobrar una deuda y plantear una demanda de justicia – perdóname. a no ser por razón de escarmiento y entreno para la vida. cristianos y judíos. chicos y mayores. Entonces me mandaron al otro extremo. igual que a una maldición. y con todo el cariño con que los padres riñen a sus hijos. Al principio preguntaba por ti en el barrio. solteros y casados. – Las inevitables envidias –comenté yo a modo de explicación.

–Así sea. En fin, que viene al caso del poco afecto que tus convecinos te muestran, y es extraño, pues siempre te tuve por persona espabilada, pero inocente y de buen corazón en el fondo. Y no quiero creer que la vida te haya cambiado tanto. – Verá, tío. La búsqueda del afecto está bien en los niños que por una sonrisa de sus padres son capaces de hacer las cosas más extraordinarias. A mí me extirparon esa víscera hace tiempo y entonces me creció la ambición , como suele ser en los adultos, de modo que he llegado a adquirir, dentro de mi modestia, una situación envidiable que ciega a unos, humilla a otros y daña, por los visto, a todos. –Está bien, hijo; así será; pero percibo un tono de reproche que me duele en lo más hondo, pues siempre te quise como hijo, como hijo te crié. Y si fui maestro duro algunas veces fue sólo por enseñarte a sobrevivir en las procelosas aguas de la vida. –Eso lo aprendí bien. —Comprendo también, que en un momento todos los hijos sientan la necesidad de liberarse del padre, aunque sea de manera simbólica. Me miraba –si así puede decirse– el malvado ciego, con toda su aviesa intención, mientras me llevaba a su terreno del que precisamente yo quería huir, como había hecho en el pasado, donde había intentado expulsar de

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mi conciencia aquella penosa escena del poyo de piedra, con la que topaba una y otra vez. En ello volvía a hurgar el maldito para mortificarme. Pero no creía que se conformara sólo con tan pobre venganza. El sol se había ocultado y las negras sombras empezaban a llenar la habitación de agitados fantasmas. – Tráenos luz –pedí a mi esposa, que vagaba como un espectro más entre los muy escasos muebles de la estancia. – ¿Se quedará a cenar con nosotros? –le propuse, cumpliendo con el deber de la hospitalidad. Tenía su pizca de intriga volver a compartir, una vez más, con aquel viejo, mesa y mantel. Lo del mantel era un decir, pues siempre había sido el nuestro la dura tierra y nuestros invitados los pequeños bichejos que por ella pululaban. Mas queda bien exhibirlo en casa de los pudientes como capotes del hambre donde se burla al toro de la necesidad. Así quise hacérselo notar, pasándole por las narices mi buena fortuna. –Está bien – respondió, adivinándome pensamiento. Como en los viejos tiempos. –Sea. –Pero, antes, bendigamos la mesa, que es bueno acordarse de Dios cuando no hay pan, y de los que pasan hambre cuando te pones a comer. Facilita la digestión. el

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Trazó unos latinajos y unas cruces como ensalmo, contra ese diablo flaco, para que no volviera a posarse por allí. –Amén. Y empezamos a gusto la tarea. –Sabrás, Lázaro, que mis dientes no me sirven como entonces, pues apenas me queda alguno, que baila en la pista de la boca –a lo que creo, de contento– en cuanto tropiezan con algo de comida; pero en fin, puesto que es preciso vivir para seguir mortificándose, pásame ese queso tan provocador y descarado y entablaremos recia contienda. Veremos quién sale vencedor. – Da’cá – añadió poco después, señalando al jarro de vino que yo le tendía– ese bendito bálsamo que cura todas las heridas de todas las batallas, que yo sabré sanarme no sólo las numerosas ya sufridas, sino las que aún tengan que venir. Y dicho esto, se echó a sus pechos el jarro y durante un buen rato permaneció asomado y pegado como una sanguijuela a aquel profundísimo pozo del que mana la alegría, la savia de la vida. Acabamos pronto de cenar, que aunque los físicos y otras gentes entendidas hablan de masticar despacio y comer pausadamente, no es esta lección que al pobre aproveche, pues ha de salir al paso con lo que tiene, despacharlo sin que lo vean y digerirlo antes de que se lo huelan y si no que se lo preguntaran a aquel diablo de

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ciego, que aun hubo de ir a pescar con el sedal del aroma, la maldita longaniza, donde era lugar de veda como el arca –atrancada, a lo que yo creía– de mi estómago. Así pues, cumplimos prontamente con la cena, que los viejos hábitos es difícil sustituirlos por los nuevos y la costumbre acaba moldeando nuestra naturaleza. La noche se nos había echado encima y apenas una pálida claridad blanquecina entraba por la ventana. Mi mujer trajinaba por la estancia recogiendo y ordenando cosas. A la luz de la vela, volví a repasar el rostro que tenía delante. Una terrible marca, como a Caín, le señalaba la frente, hundida violentamente, como derrumbada hacia atrás, lo que destacaba aún más las órbitas vacías de sus ojos siempre alzados, apuntando con sus aguzadísimos oídos a los sonidos que venían de cualquier parte. Apenas le quedaba pelo, sino en la parte inferior de su cabeza, como si se le hubiera resbalado hacia el cuello. Sonreí, pensando que alguna ventaja tendría con las liendres; aunque siempre podrían tener buen acomodo en aquellas luengas y blancas barbas que, como sucios carámbanos, resbalaban de su rostro. Su boca desdentada hedía como estiércol y en su nariz y manos veía unas como repelentes llagas, cicatrizadas unas, purulentas otras, que le daban un aspecto repulsivo, muy útil, por otro lado, en un mendigo, para tocar la fibra sutil de la compasión; aunque bien creo que él tenía 37

apoyada en la pared. Me puse alerta. como para no tener que acudir a tales subterfugios. imponía aquel rostro inmóvil como una estatua. No se me borra nunca de la memoria y aún me viene a la mente algunas veces y me persigue en sueños por las escaleras de los remordimientos. pero absurda en su solemnidad. Le fluía el odio.recursos suficientes. como de estampa antigua. lo traspiraba como un animal y no había olvidado ni un instante aquel desdichado episodio. Muy cerca de la mesa. que más perecía báculo de obispo. el perro roía algunos mendrugos de pan y cortezas de queso que su amo le echaba de vez en cuando. Por cortar el silencio. que bastón de ciego. le pregunté por su vida desde nuestra separación. Vi que le temblaba el labio inferior y apretaba los puños en un intento de controlar la rabia que se le subía por las paredes. Debajo de la mesa. Evité aludir al lamentable suceso que la había provocado. descansaba una gruesa y larga vara amenazante. empecé a trazar mi 38 . pastoril y patriarcal. impresionante en su fuerza. con todos los sentidos avizor y mientras hablaba de su vida. A la luz de la vela. sino más dentro. Apenas se oía el chisporroteo de la llama y el mordisqueo incesante del perro. tosca y firme. y entonces me di cuenta de que las heridas más graves no estaban en su rostro. grandioso en su solemnidad. Era una hermosa escena.

Me hice con un pequeño cascabel que pensaba enganchar al collar del perro. Pasó por alto aquel episodio sin duda negro que se levantaba entre nosotros como un densísimo muro. El viejo ya había trazado la suya y en mí estaba adelantarme a sus propósitos. que estaba casi vacío. las cortinas de la ventana por donde poco antes entraba la noche con sus desvelos. Cuando retorné a la estancia. Con la disculpa de llenar el jarro. También puse a mano unas viejas tablillas de San Lázaro. precisamente las más desgraciadas con la intención de golpearme donde más podía doler. me levanté y con disimulo intenté apoderarme de la garrota. 39 . y vino a salir por sitio donde yo ya lo esperaba. vi desde el umbral que el astuto ciego también parecía hacer sus preparativos. que a modo de exvoto y ofrenda a mi santo patrón le tenía colgadas en un pequeño altar como protección contra la lepra. Calló unas cosas. Había cerrado además. que le dejaba en inferioridad de condiciones. asiéndola firmemente entre sus manos para no soltarla ya en toda la noche. el muy truhán. pero pareció olerme las intenciones y se la acercó aún más. El viejo empezó a narrarme la historia de su vida desde nuestra –según él– dolorosísima separación. acentuó otras. como queriendo en todo momento controlar aquel punto de luz.estrategia. le vi acercarse a la vela. en el momento oportuno.

me acercaría y haría el más entusiasmado público que imaginar pudiera. la nuestra? La piden cada vez y a menudo me hacen repetirla. un día de estos. finalmente. un trozo de pan y un pajar caliente donde pasar la noche. el negocio iba bien. Pensé que sería aquella una historia de nobles y villanos y bien sabía el papel que se me había atribuido. pero a la fe. Había criado y educado a otros dos mocosuelos como yo o más tiernos. Lázaro. párate un rato y podrás gozarte de la fama tan encumbrada a que has llegado. que junto a reyes y grandes señores. Me contó que desde aquello –y evitaba.Refirió que había acabado de juglar por los caminos. – ¿Sabes. dar nombre y aludir al penoso momento de nuestra brutal separación– las cosas no habían sido lo mismo. no tan despiertos y. pero le prometí. en alguna aldea. cargado con un laúd y un montón de romances y cantares que recitaba en las plazas y mercados. con todo. Salvo algún apedreamiento ocasional. pues a las gentes les gustaba oír las historias de los otros. Yo mismo la he compuesto y si lo quieres. y nunca le había faltado una moneda. una de las historias que más éxito tiene y más demandan es la tuya. mejor dicho. que un día en que mis muchos e importantes menesteres me dejaran tiempo y ocasión. a las puertas de las iglesias y en cualquier lugar y circunstancia donde hubiera gentes reunidas y ociosas. aborreciendo del género humano que tales 40 . lo mismo que yo. hartos de las suyas propias.

Yo mismo me vi. pero 41 . había optado por arrimarse a los animales. como él. – Se me hace tarde –exclamó al fin.dolores de cabeza le producía. no demasiado lejos de allí. pero le había quedado como un rictus de fría crueldad. ¿qué prisa tenéis. sería yo quien no iba a pegar ojo en toda la noche. tío? Se os puede hacer un sitio caliente allá mismo en la cuadra –remarqué yo con toda la intención de que no aceptara. Se había vuelto aún más cruel y eso era lo que veía en sus facciones endurecidas por el odio al mundo entero. enroscado en sí mismo. alegando que tenía lugar y palabra en una posada. El animal apenas se movió. lanzó un leve gemido y volvió a tumbarse inerme. ¿Qué horas son? –Es ya noche cerrada – respondí– mas. cuya fidelidad proverbial no era puesta en duda. pues si lo hiciera. caso de haber seguido a su vera. Pero otros eran sus proyectos. donde se detenía cada vez que venía a Toledo y cuyo dueño era un muy bien conocido y amigo suyo. un poco ladrón como todos. pues rechazó la oferta sin más. retorcido por el dolor y la impotencia. de maldad congelada que era aún más patente en los reflejos de la llama al rebotar sobre sus pómulos. La vejez no le había borrado aquel brillo de inteligencia que se desprendía de su rostro. vigilando no cometiera alguna bellaquería. A la vista estaba aquel pobre perro al que arreó sin más una dura patada como para probar sus palabras.

descargaba su tranca con toda su fuerza hacia el tintineo aquel. sin dejar de observarle. Allí sujeté al perro y con toda el apremio que el momento exigía. tratándole bien. pues avisado había quedado de que allá pasaría la noche. – Así pues. El rencor le seguía detrás como una terrible sombra. y por los nuevos. abiertos los sentidos. trae acá la jarra y brindemos la última vez por los viejos tiempos. si no fuera porque. Lázaro. me lancé rápidamente bajo la mesa sobre la que descargó toda la tremenda fuerza de su garrote. no quería darle motivo de preocupación. 42 . De repente. los nervios tensos. cegado aún más por la ira. Pasó un largo trago que dejó el jarro casi a oscuras como si intentara lavar con aquel bálsamo la densa amargura que lo ahogaba. Me puse alerta y. Echó entonces mano a la garrota con la rapidez del rayo y lanzó un terrible golpe.no demasiado y. tomé la jarra y la llevé a la boca. prevenido como estaba. cuando me ofreció de beber. que me hubiera dejado allí clavado para siempre. felices porque ya han pasado. apagó la llama y quedó todo en tiniebla. también felices sólo porque todavía no han llegado. con un gesto brusco de su mano izquierda. El perro empezó a moverse por la estancia haciendo sonar la esquililla y el diabólico ciego. pensando en alcanzarme con las bendiciones de tan terrible hisopo. Observé su figura rígida reconcentrada. le colgué al cuello el cascabel que precavidamente guardaba. como así era.

cuando tuvo ocasión. con el ciego inmediatamente detrás y yo detrás del ciego sobre quien coloqué al pasar aquellas tablillas de San Lázaro. Parecía el juego de la gallina ciega donde el ciego perseguía una campanilla que perseguía al perro. y confirmaba mis palabras. el cual me perseguía a mí. finalmente. como un blanco móvil al que siempre es difícil acertar y más guiándose exclusivamente del oído. Por suerte para mí. hacía mover las tablillas. En seguida empezó a entrar una claridad lechosa que fantasmagorizaba la escena haciéndola irreal como un teatro de marionetas.Aprovechando la confusión. mientras empecé a gritar con todas mis fuerzas en mitad de la calle: – ¡Al leproso! ¡Cuidado! ¡Al leproso! El miserable. disponía de una clara ventaja sobre el furibundo ciego. mientras el sorprendido viejo daba frustrados golpes de ciego – nunca mejor dicho– contra una campanilla que se movía de aquí para allá. que marchaba tras el perro. 43 . era aquélla una noche de luna y con ello y el conocimiento que yo tenía del lugar. el desesperado animal vio la puerta de la calle abierta y salió como un rayo. Me dirigí a la puerta de la calle. hasta que. que abrí de par en par. sacudiéndolas aún más cada vez que intentaba quitárselas de encima. me acerqué de un salto a la ventana y descorrí las cortinas que antes había echado el astuto ciego.

que espiaban en las esquinas.Las gentes. de un varón adulto. nadie le creyó y empezaron a lanzarle pedruscos más gruesos e insultos cada vez más certeros. sobre un charco de sangre ya seca. Dicen que aún intentaron aquella misma noche. con señales evidentes de haber sido golpeado salvajemente. pues – y con eso ya contaba – nadie se pararía a comprobar la verdad de sus palabras frente a las mías. guardando celosamente las entradas.al comprender la terrible amenaza que se cernía sobre ellos. sin ánimo claro de hacer blanco en su figura. al principio para alejarlo. pues a cada momento saltaban las voces de alarma y las pedradas disuasorias ponían en fuga al enemigo. él y su malhadado perro. acudieron al ver el alboroto y . con el rostro deforme. yacía. el cuello partido y el cuerpo y los miembros deshechos a dentelladas. el cadáver de un perro. maltrecho y humillado. empezaron a lanzarle piedras. comido a mordiscos. tras las puertas de las casas. Días después corrió la voz de que en los basureros de las afueras habían aparecido unos restos humanos. y a intentar aproximarse a las gentes. solicitando ayuda. mas en vano. Al lado. en las tabernas. pero después. Así hubo de alejarse de allí. apenas reconocibles. entrar en la ciudad varias veces. el cráneo hundido y el lomo lleno de 44 . saliendo de la ciudad a toda prisa por los sucios arrabales donde el ejército triunfante apostó sus vigías. cuando el viejo empezó a clamar por su limpieza.

en defensa de su amo luchando contra quién sabe qué enemigos– ladrones. tal vez– y en el extremo de su entrega. lobos. Era evidente lo que allí había sucedido. aunque inútilmente. donde poco después. Era hermosa la historia.magulladuras y cortes. Sobre el mismo estiércol cavé un hoyo profundo y metí el cuerpo exangüe del animal. echándose a morir al lado de su dueño. bien temprano. con ejércitos de moscas haciéndole el cortejo. El cadáver del ciego lo metí como pude en un viejo costal que para la ocasión llevaba y con él sobre mi asno nos vinimos a la ciudad. Pero dejémoslo así. cuando apenas la luz empezaba a iluminar tanta ignominia. que no es malo que las flores crezcan sobre el estiércol. cuando todo fue inútil. fuera sólo por liberarse de responsabilidades y disipar sus culpas. Había quien –sosteniendo la fidelidad proverbial de los animales– mantenía que aquel triste había muerto. dimos tierra en sagrado a aquel pobre ser con quien tantas cosas había compartido. Es el caso que unos días después. con el concurso de mi señor. como sólo suelen serlo las mentiras. 45 . pero aún había necios que insistían en otras interpretaciones que muchos defendían con empeño. allí me encontraba yo y mi asno decididos a cumplir con una obra de misericordia tan elemental y antigua como la de enterrar a los muertos.

y en el momento en que lo veía desaparecer del horizonte de mi vida. –El vino cura las heridas. proyectaba sobre el viejo mis sentimientos de hijo. 46 . Y es que. limpiándola de sentimentalismos. sentía un nudo de tristeza que no logré desatar en los días siguientes. Creí oír su voz rota y sus palabras. no teniendo yo padre. Pero no había nadie. sino con larguísimos tragos de un vinillo fuerte con que me enjuagaba el alma. La soledad es un vacío que ocupa mucho sitio.No niego que alguna lágrima furtiva se llegó hasta mis ojos. ya viejas como un eco que volvía desde atrás. remordimientos y otras adherencias. incluso las más hondas.

Hago mi trabajo.DESCANSO I Pensé. No es mi caso. pues se vinieron a mí como en montonera. Por caridad cristiana me han acogido en su convento estos sabios y benditos monjes. hilvanándose los hechos entre sí. la voz de su protesta. al iniciarla. Ocurre que lo que pensamos y aun más lo que sentimos y mucho más aún. ciudadanos libres de sus propias repúblicas y no siervos nuestros. entre los acontecimientos y el espejo del papel en que quedan reflejados. sirviéndose de nosotros para expresarse y levantar. pero creo haberla cogido por derecho y la veo avanzar casi sola. Algo habrán 47 . los muchos dolores que sufrimos se hacen como seres vivos autónomos. derramándose en mis hombros y yo sólo tuve que cargar con ellos. que esta labor iba a ser muy superior a mis fuerzas y excedería en mucho mis capacidades. limpiando la suciedad que los ataca y cuidando y preservando este asilo venerable. Tampoco parece que yo soy en la mayor parte el autor de los hechos que me han acaecido. y allí se manifiestan cuando les damos ocasión. ¡cuán alta a las veces!. como yo les digo. Tiempo no me sobra. como lo es mi pluma. sin que parezca yo más que un intermediario. ordenándolos siempre. que me lleva muchas horas. Así también ahora parecen cobrar vida de nuevo para plasmarse en esta hoja sin necesitar apenas mi concurso. copiándolos a veces. Los artistas conocen esto y lo llaman inspiración. encuadernando libros.

He hecho amistad con un monje que viene por aquí a menudo a consultar algunos libros. voy deslizándome a oscuras por las rutas intrincadas de la memoria. tanteando con mis dedos en todas direcciones. como hago yo ahora en que no quiero dejar pasar de largo tantas cosas como tal vez aconsejaría el buen sentido. Es cordial en el trato. Uno aprende con el tiempo 48 . mientras acabo de perder la vida. ayudante de encuadernación. pues. quiero creerlo. Así me gano el pan dignamente. retirado a mis pasillos interiores. por más que el tiempo que todo lo disuelve haya pasado por ellos! Parece que el alma tiene aristas que siempre nos desgarran y más cuanto más nos acercamos a sus filos. copista a ratos y escritor de mi propia historia en los momentos escasos que me dejan libres las demás ocupaciones. mis escasos méritos. ¡Cómo duelen todavía algunos esquinazos con los que vuelvo a topar y a herirme. Robo horas al sueño— ¡cuán poco necesitamos a esta edad!— y a los tiempos de asueto y de recreo –que tampoco va bien la frivolidad con los años– y así saco algunos ratos en que recluido en mi estancia. Esa es una forma de sabiduría más honda.contado también. yo lo sé. Pasa a veces días de retiro y oración o aplicado al estudio. Dicen que es un sabio que enseña en la Universidad no sé qué materias y así debe de ser. profundamente humano y nada presuntuoso. Aquí me encuentro.

por razones de ideas o doctrina. Lázaro. No le he dicho que ya he empezado a hacerlo.a reconocer lo auténtico y a desechar las imposturas. Seguramente habrá después momentos en que se atranque y tendré que empujar con fuerza el carro de mis 49 . Así veo avanzar con insólita premura esta narración que al menos al principio parece marchar sola. y a los que estamos dentro. Me trata como a igual y por mi edad. Dicen que ha escrito algunas obras de mérito en latín y en nuestra castellana lengua. que ellos sabrán. contándome cosas de gran sentido y peso. pues no dejaría de tener interés para más de una persona: A los del mundo les serviría para ver el proceso de conversión de un pecador. generoso. Es el caso que hemos conversado algunos ratos. máxime en mi caso que viví mucho tiempo de ellas. sencillo. Me ha animado a ponerme por escrito. Algo de mi vida y mis cuidados (o descuidos) le he contado así como al pasar y me ha escuchado atento. directo. que bien me han aprovechado. Cuando avance un poco más esta preñez le daré a leer algunas hojas por oír su consejo y seguir adelante en la gestación de este ser o abortarlo en el momento que convenga. incluso con respeto. evitarlos. apasionado. Parece que no está exento de problemas con sus superiores y hasta con el Santo Oficio. nos ayudaría a conocer los numerosos engaños y peligros que acechan ahí afuera y una vez sabidos. Mas también sabe de humor y entiende en la belleza que sabe apreciar a lo que creo. Es franco.

Y yo fui su discípulo.equivocaciones para salir del atolladero y llegar a algún destino. 50 . ya veremos. Así que. Pero ya veremos—decía mi ciego.

mi señor. Los días fueron pasando y avanzando los meses. y a la vez. 51 . sabiendo mi inclinación por el vino y por todo cuanto le toca. estoy seguro. –Hijo. Por aquellos días. mantenerme alejado de la ciudad. descargándome de mis numerosas y pesadas cargas que él tomaría sobre sí con gran placer. que tenía sus viñas en una aldea cercana. Pero no se terciaba. estando ambos por aquel tiempo ligeros de obligaciones. humillados y ofendidos por las bofetadas sucesivas de los días. si acaso se tercia. que el tiempo es lento como burro viejo. –Y echas una mano al personal. llevome a pasar en sus fincas unos días para que observara el milagroso proceso de transformación de la uva.III— JORNADA TERCERA El honor es un lujo que aflige a los saciados y la virtud una enfermedad que ataca a los ahítos. que disciplina muy dura era esa para un cuerpo tan frágil como el de Lázaro habituado a andar tieso por la vida y no encorvado como esos pobres campesinos. ganarás el pan con el sudor de tu frente. favoreciendo sus devociones. pero llega a su posada. Corría septiembre con las uvas dorándose en el último sol del verano y los viñedos ofrecían sus frutos como una tentación irresistible.

divina. –Todas las partes del cuerpo son igualmente dignas. que eran más. pues bastante tiene con ocuparse de su propio negocio.–Pero no con el tormento de mis riñones. Y se fue tras sus afanes que eran muchos y yo quedé con los míos. que el trabajo es una maldición. Ahora era yo el que predicaba—. –Amén–concluyó el clérigo con humor. Y más en aquel trabajo donde había que andar a cuatro patas y bajar mucho la cerviz. moza alegre. Que mis negocios también son los tuyos. Cada cual mire por sí. Pero Dios proveerá. que Dios mirará por todos. Pero también mira un poco por ahí. En fin. –Si lo sabré yo. rolliza y cantarina en quien puse los ojos desde el 52 . sino un pájaro libre que podía volar cuando quisiera y cantar cuando tuviera ganas. y en estos días mal vistos y peor pagados están los oficios de aquellos que se afanan con las manos en ganarse el mendrugo. que me han aporreado todas ellas. pero una maldición. que por peores caminos hemos pisado y en lechos más duros hemos dormido. Tenía el capataz una sobrina de unos diecialgunos años que trabajaba de cortadora en la cuadrilla. De aquí que no extrañe ver muchedumbres de gentes que anegan las ciudades con sus bultos de hambre. Dejé pronto bien claro que yo no era uno de ellos. que no es Lázaro hombre que se afane por otros.

que no hay mayor 53 . sino de aquellos otros que sólo saben escribir con las gozosas plumas del lecho. En fin. que la deseaba como sólo se puede desear la fruta madura. distraídamente. que se mueren de amor y van dejando regueros por doquier. aunque más parecía importarle que adelantara el trabajo y cesaran las distracciones. No. pero hacía como si nada hasta que de repente cerraba de golpe la puerta y nos daba con ella en las narices. Otras se daba cuenta. Yo no era de esos que hunden sus sentimientos en el tintero de los sueños. Tales lujos están bien en los de arriba y no en los pobres para quienes la honra está sobre todo en el pan que comen casi todos los días . Ella a veces no se percataba y nos dejaba abierta durante un rato la puerta del paraíso. que no que quedara atrás la honra de su sobrina. no con la locura enamoradiza de los galanes de los libros. Veíamos entonces sus finos tobillos. que sin embargo no está del todo al alcance de la mano. Pasaba a menudo a su lado y mientras ella permanecía arrodillada ante cada cepa – que bendito es el vino que se le venera aun antes de salir a la vida– yo. con mi varita mágica en forma de sarmiento. procuraba levantar sus sayas. Su tío pasaba de vez en cuando vigilando como un Argos el honor de su pupila.primer momento. sus muslos gordezuelos y más cosas aún que la imaginación suple cuando la realidad se desea.

. Pero el amor es peor que la guerra. refiriéndose a mi persona– me encargó te dijera que no tuvieras prisa en regresar. pues habían requerido su presencia en la ciudad adonde sin tardanza ni tiempo para despedida había dirigido sus pasos. –Vosotros a mí.y todo vale. Teresina era la única tentación que nos seguía.afrenta que el hambre. –En cuanto a ti –prosiguió. La ciudad es asiento de maldad. Y así fue que no habiendo muchas tentaciones. con frases bien aprendidas. dicen los estoicos. pues él en su ignorancia hubiera sido incapaz de juntar tantas palabras. sede de virtud el campo. Las demás se habían quedado lejos. Así habló nuestro capataz. –Basta ya. Dejadme en paz. por lo que supe que era cierto. Pero no es verdad. El pecado se esparce por doquier y el diablo lo siembra sin parar por todas partes.. cuando alguien comentó que nuestro amo había tenido que dejarnos urgentemente aquella misma mañana por responsabilidades propias de su cargo. Corría la segunda jornada de mi estancia. en Toledo. fuimos a caer todos en la misma. 54 . ni día más desgraciado que aquel en que no hay nada para llevarse a la boca.

ligeramente heridos. que la envidia ha sido siempre mala compañera. hampones y mendigos. retenidas unas. Pero no hice maldito caso y volví a mis cosas. Y el que más se reía era el bruto de Rebolledo. cojo el otro y marcados ambos de llagas. como agudos alfileres de sospecha. el uno ciego. Sucios. pero quien ríe último… Unos afilaban sus navajas. 55 . descaradas casi todas. desastrados. un buen trozo de tocino. Volví pues la espalda y con paso digno me alejé del grupo.que de momento. que no allí en la ciudad. los llamé a grandes voces que se llegaran hasta mí. haciéndome cargo. y un coro de cómplices miradas se clavaron en mí durante un rato. Esa misma tarde tuve ocasión de restaurar mi dignidad algo marchita. Y un coro de risas. como en efecto hicieron de inmediato. recomponiendo mi figura y mi orgullo. más necesitaba de tus buenos oficios aquí. donde libre de ocupación. –Amén – respondí yo a modo de asentimiento. cuando vi que se acercaba por el camino una pareja de sucios vagabundos. cuando. malolientes. quién escarbaba con sus pezuñas en el polvo. otros se rascaban la cabeza. habrías a la fuerza de permanecer ocioso. repelían incluso a la propia caridad cristiana y ya los habían despedido con la breve limosna de un racimo de uvas. y el queso. con su morro desdentado y un mugido hueco resonando en el fondo. Ofreciles de comer los restos de nuestro almuerzo: algunos garbanzos.

todo que quité de la merienda y todo bien mojado con el vino que quedaba. Se ofrecieron a corresponder con su trabajo. Les doné ciertas prendas que andaban por allí: un par de sandalias. Recordé aquel breve momento feliz en que repartí con el sagacísimo ciego el famoso racimo y donde engañándome. un morral de cuero y hasta alguna herramienta o cuchillo de trabajo. después de haber satisfecho la mayor necesidad como era el hambre. En muchos días no habían comido y lo agradecieron como yo bien sé se agradecen estas cosas. le engañé y supo mi engaño. –Eso digo yo– añadí– convertido a su causa y creyendo fervoroso en su inocencia y buenas intenciones. –La tentación es mejor ponerla lejos. una manta. Miré con atención sus engarañadas figuras y sentí lástima como sólo podía sentirla de mí mismo cuando se me agolpaban en la mente los tristes días de mi infancia. porque eran – decían– materias peligrosas. una vez bien hinchados mi vientre y mi bota. pues venían rendidos y no les vendría mal hacer una pausa para recuperar algo de moral y fuerzas. pero no pude aceptar. La limosna es moneda de caridad y no tiene vuelta. Sonreí para 56 . Me pidieron si podía dejarles descansar un rato y dormir allí la siesta. por si era menester. pero rehusaron esto último.

El perro más avispado pierde reflejos. ¡Pero se está tan bien a la sombra…! La pandilla entera. para algunos sabuesos. Y eso me pasaba seguramente a mí. Sentí la burla. me desenterraron vivo y también los tesoros. Sospeché la trapacería y acudí al lugar donde habíamos dejado nuestras cosas.mis adentros pensando en las volteretas que suele dar la vida y cómo las cosas pasadas siempre vuelven. pues apenas hube abandonado a aquellos malnacidos para incorporarme a la faena. Y hasta algunas monedas que dejé bien escondidas. centrado en ella. pero ambos milagrosamente 57 . los vi alejarse a pasos más que veloces por el camino. El cojo corría como alma en pena y el ciego le seguía sin tropezar lo más mínimo ni salirse para nada del camino. al comprender lo ocurrido. uno delante del otro y sin apoyo mutuo. cuando está demasiado tiempo tumbado. Pero todo se vino abajo y sucedió lo que sólo a Lázaro. Pero el dinero huele. salió furiosa tras los pícaros. me olvidé hasta de mí mismo. gafado por los astros podía suceder. Pero la traición duele. –Claro– respondí finalmente con esa generosidad que nada cuesta. menos mal que eran menguados. Faltaba mi capa y mi bota de vino y habían levantado como sucios roedores todo el alimento que sobraba. Era como abrir tu corazón a los otros y te quedaras sin él. Por una vez que dejé de ser Lázaro. y cuando por azar dirigí la mirada hacia ellos. estoy seguro.

.. 58 . cuando el amo repusiera las mías. Al no poder atraparlos. –Todavía no he matado a nadie–aposté– y alcé un último gesto de conminación y fuerza que no sirvió de nada. Aquellos cuchillos curvos.curados. pero no recuerdo bien por qué juré. yo buscando ocasión a mi venganza y ellos plenamente dispuestos a la suya. como largas guadañas eran muy convincentes. –Está bien –tuve que pensarlo. que no pudo tragar nada en varios días. y así lo hice.. –Por lo más sagrado. –Por tus muertos. corrían lo mismo que el demonio. se echaron rugiendo sobre mí. Tan poco se fiaban de mí que me hicieron jurar por lo que más quería. –Si os ponéis así. De este modo quedó nuestra relación sellada por el resto de los días. largos días. al final de las tareas. pues en seguida levantaron sus puñales curvos por los arrabales de mi cuello. aquellos pocos.. Hube de prometerles que repondría sus cosas. afilados. –Nos ponemos así..

como él mismo confirmaba orgulloso.Sonreía como las fieras. no entrarle nunca de cara. Feo como una mentira.IV JORNADA CUARTA El mundo es pura apariencia. Rebolledo era un alma en agraz. dejando ver cuatro dientes podridos que eran lo mejor que le quedaba y desprendía un aliento fétido por su boca torcida que hasta se pasmaban los racimos. Decían que había matado a dos hombres y pasado largos años en galeras. Porque hay almas de moscatel. Sólo el dolor es real y de eso algunos somos más ricos. metía un ojo en el otro mirando el mundo siempre torcido como garras curvas que escarbaran en las vísceras de las gentes para sacarles la vida. al servicio del rey. cuando menos. Al día siguiente. pero no era yo hombre que se rindiera tan fácil y la maquinaria de mi cerebro tan llena de herrumbre que no consiguiera fabricar algún ardid del que sacar provecho. Vi que deseaba tanto como yo a aquella moza rolliza y de buen ver que sonreía por todos los costados. parecía el dios de la venganza. recogí con cierto recato unas hierbas que todos maldijeron por sus misteriosas propiedades y 59 . y yo pensé que a un enemigo así es preferible evitarlo o. Con el cuchillo en la mano. de albillo y las hay en agraz como el alma del malvado Rebolledo.

En cambio. con los ojos muy abiertos y echaba a correr por el monte dando gritos. más o menos como aquí– confesó. deseándole toda suerte de males. lanzando maldiciones e insultos. Al despertar. Aquel mismo día en la comida probé sus efectos en el odiado Rebolledo. que las gentes las vivían como hechos verdaderos. pero al revés. Allí estaba la gente siempre cabreada y dando voces. – ¡Menudos abogados! –Diablos de la guardia. Machaqué algunas de aquellas bayas negras que vertí en su escudilla de garbanzos los cuales devoró sin enterarse. El caso es que los días que faltaban los pasé maquinando mi plan y las noches vigilando. parecían inducir alucinaciones tan reales. se levantaba lleno de terror. dándose al diablo. lo mismo que los sueños. huyendo de 60 . el infierno era real. Cayó en seguida en un sopor tan hondo que no hubo manera de levantarlo de la siesta y así estuvo toda aquella tarde y noche hasta la madrugada.que. que no se habían olvidado y rezaban por él continuamente. indagando. Había visto también a sus dos muertos. pues a veces le daba el ataque de locura y. contó que había recorrido el cielo y hablado con algunos ángeles que al ir a tocarlos se desvanecían en la nada.

Ladraron los perros y regresé al lecho. apretado al fresco de la noche. machacando bayas y hierbas de belladona que pude apañar. yo también preparé en secreto mi asquerosa pócima.no se sabe qué. Una de aquellas. deambulaba a oscuras por los alrededores de mí mismo. Oía voces. como un ligero fantasma en el hueco de la ventana. donde permanecí un buen rato con los ojos abiertos en medio de la oscuridad. que nadie más oía. Un búho muy cerca rompió la noche con su grito. filtrándose de una ventana abierta del primer piso y que debía proceder de la cámara donde yacía Teresina. espantado el sueño. cuando advertí una tenue luz. En seguida se apagó la luz y todo volvió a quedar en la más negra oscuridad. consiguiendo con todo una pasta que disuelta en el vino hacía el más rico caldo que uno pueda imaginar. dibujándose apenas. y pasos que nadie más sentía. Aún pude escuchar antes de caer en el abismo del sueño el grave ulular del búho desgarrando en una estruendosa carcajada las vísceras retorcidas de la noche. Alguien también lo oyó. Pude divisar su silueta. Mientras aquella se adobaba. se pensó festejar la despedida con una cena un poco más señalada. Dos días después acabó la vendimia y antes de partir y dividirse las gentes y de que cada cual regresase a su hogar o a nuevas faenas. Eso al menos me confirmaron todos cuantos la 61 .

oscilantes. de la serpiente. ardientes como encendidas hogueras. El recato y compostura no son más que débiles defensas contra los recios empujones de la vida y sus grandes pasiones. Los cuerpos se enhebraban igual que los deseos. vertido que hube todo el mejunje en el común caldero donde se cocía la cena. crepitando de luz y de deseo. Yo vi alguno correr sobre la noche. mucha bebida y baile.probaron horas después. estrujando sus racimos. temblores y bebida. Malditos sueños. del veneno. entrelazados sarmientos. todos son de la misma familia. Las gentes de la aldea vecina despertaron y al oír el alboroto. Todo el mundo empezó a danzar. Temblaba el mundo en una sucesión de escalofríos. Carreras por el campo. Aquella noche todo se agitó como una gran locura. El trepidar de la tierra entre los pies danzantes y una luna muy llena que lo registraba todo. La pócima maldita obraba sus efectos. encendido como una estrella fugaz. al fin. bebedizos y pócimas. la música que le saltaba dentro. No había más que ver a aquellos cuerpos sin dueño. Una hoguera en el centro hacía girar los astros. Todo el mundo danzaba al ritmo de la tierra que llevaba dentro. cercados de terror fueron a esconderse en la iglesia donde trancaron las puertas y empezaron a rezar y santiguarse por las almas del purgatorio y hasta del 62 . unos con otros. del diablo. Tal vez me había pasado con la dosis.

Entre la sorpresa de la aparición y el reflejo de la luna que lo fantasmagorizaba todo. salí a la noche como fantasma o diablo que acude al conjuro. El caso es que sólo yo y mi mala conciencia permanecíamos ausentes. volviendo de nuevo a la vida. A lo lejos sonaban las campanas de la aldea llamando a misa o a rebato. cuando los ruidos empezaron a desenvolver el día y la pequeña tropa a desperezarse el sueño. olvidado del mundo y sus tentaciones. Poco después cayó sobre sí mismo en agitado sueño. Estaba ya bien entrada la mañana. Me incorporé 63 . puesto sobre la mía.infierno. no sé si de miedo o de cansancio. la gente salió huyendo por todas sus puertas. Era domingo. pues se habían escapado aquella noche y vagaban libres por el mundo. La llevé a su aposento con inmenso cuidado para que no se tronchara y allí cabalgamos juntos por los caminos del cielo y el mismo cielo hasta las puertas del amanecer que siempre chirrían. contemplando el paisaje. sobre todo la figura rutilante de la hermosa Teresina que brillaba con luz propia. abandonando a Teresina que se desmayó en mis brazos. No podía ser. no sé bien. como trofeo de caza. Rebolledo andaba tan borracho que apenas se tenía en pie y giraba y giraba y volvía a beber. Pero los ataques venían de todas partes. en una de las estancias y. Me entré en la casa y arranqué una cabeza de ciervo disecada que había visto adornando. que era necesario recuperar.

nadie recordaba nada. acariciaba una prenda de mujer que llevaba a su boca y pasaba una y otra vez por su rostro. abstraído. El caso es que ante tales rumores salimos de allí lo antes posible. el santo Oficio por medio y unas cuantas brujas aporreadas. como ocurrió poco tiempo después que se abrió una investigación. que era el que más tenía que callar. Cuando se mienta al diablo acaba apareciendo. 64 . Se ve que de vez en cuando hay que hacer una limpieza. Pero todo dejemos para otro rato esa historia. Pero nadie sabía nada. Había empezado a correr por el lugar una historia de brujas y demonios.sobre el lecho y pude ver la cara de felicidad de Rebolledo. Aquel mismo día cada uno partió con rumbo diferente hacia su hogar o hacia nuevos lugares de trabajo. Estaba tan abstraído que ni me oyó cuando le saludé efusivamente dándole sus buenos días. una vez en Toeledo. que habían sido mis buenas noches. quien. ahora que el sol se ha ido y la noche – ¡estas largas noches de invierno!– viene a cerrar casi de golpe la página del día. de reuniones sabáticas y ungüentos y orgías con el diablo. – ¿No sabréis vosotros algo?—preguntó mi señor. salvo yo.

encuentros. asentado y seguro. Dejé pues. a los designios siempre oscuros de la providencia. contagiado de ellos. una historia terminada: mi infancia y primera mocedad. nutrido y cuidado por mi bien amado señor el Arcipreste allá en Toledo. Con todo. Con esa intención escribí y mandé aquella breve historia de Lázaro. al oleaje turbulento del vivir y acontecer. por más que mucho se ocupó — de esos modos se divierten los ociosos — de mis relaciones triangulares. las peripecias. nunca se ve uno satisfecho. Vivía al arrimo de los buenos. naufragios y nuevos encuentros de este mi hijo. puramente geométricas al fin. sometido a todos los vaivenes del destino. de este mi libro. que yo aspiraba a más en mi ambición y podía bien trepar a nuevas cimas. jamás me contestó. de modo que amén de ésta tenía también ganada la otra vida. jamás quiso saber de mí en adelante. es decir. con mi señor y mi bien considerada esposa.DESCANSO II Hago aquí otro descanso en este largo cuento de mi vida para referir algunas circunstancias que rodean a la historia de la historia. ¡Cuántos años se han ido desde entonces! ¡Cuántos amos y amigos! ¡Cuánta soledad y escombros hoy tengo acumulados! Pero Aquel vuestra merced en quien buscaba protección y algo de apoyo y quizás un beneficio a su cómodo arrimo. abrigado y protegido. Nunca había estado en tan alta posición ni medrado tanto mi fortuna. 65 .

mutilada. Y ahora recientemente veo de nuevo aquella historia mía publicada. humillado y vencido. Casi treinta años ha hibernado bajo el hielo de la indiferencia y el absoluto abandono. sin embargo. añadiendo en otros lados cosas que no hice ni puse. algún criado o albacea. No reniego de ella. o reflexiones que nunca quise hacer. entone su peripecia lejos de quien le dio vida hace ya algunos años. que por ahí anda de nuevo mi vivir de entonces.Mandele aquella relación que debió quedar durmiendo bajo llave en los arcones viejos de sus palacios. en las bocas de todos. Ignoro cómo ha salido todo esto a la luz. alguien próximo. que han metido la tijera por doquier y se han llevado años y errores por delante. en manos de las gentes y donde apenas ya me reconozco. más firme la censura y la opinión más vigilada. cuando era joven y más me equivocaba. Como ser propio que ya no me pertenece. precisamente ahora. cuando la Inquisición. Alguien la ha dado a la luz pública. Fue obra de una época. tal vez su propio hijo revolvió legajos y papeles. empieza a estar más atenta. oculto para el mundo y también para mí mismo en este viejo convento donde gozo de la paz y aprecio de sus monjes. su secretario. del sosiego de sus muros y de la serenidad de ánimo que deposita el tiempo entre las pesadas losas de la edad. corra su propio albur. error de juventud. no ha mucho. su confesor. 66 . Sospecho que a la muerte de mi señor. eso sí en muchas partes y miembros. En fin.

mas tampoco me opongo a que la fama. cédulas.títulos y herencias. Bendita sea la idea de alegrar y enseñar a otros con mis penas. que se ha hecho un nombre a base de remar en la miseria. aunque ya tarde. Ignoro si allá en el viejo Olimpo. levante sus trompetas. Una vez adobado. recibirán con gusto a un pobre como yo. Sólo me hacen gracia. informes y deudas. cortado y más o menos bien vestido decidió sacarlo a la luz de la imprenta desde el vientre estéril de una hinchada valija o de un viejo baúl. y topó sin esperarlo con aquel mi viejo relato. donde los dioses juegan a darse importancia. No fue mi intención el publicarlo. Pero no me importan ya mucho tales vanidades. 67 .

68 .

a golpes se recuerda y nos acostumbramos a olvidar también a golpes. el arcipreste. volvime de nuevo al hogar en Toledo. donde se aprende a golpes. donde había dejado a mi esposa al cuidado de mi honor y de mi hacienda. Confiaba en que uno y otra permanecerían intactos tras los breves días de ausencia. Y la verdad. Pero no es tu caso.V – JORNADA QUINTA Dura es la escuela de la vida. Acabada la vendimia. como a burro que apenas si se apura. –También eso es verdad– miraba yo hacia otro lado – mientras me aplaudía la idea. Tenía la seguridad. –La honra es algo tan pesado que es mejor llevarla entre varios –creía aún escuchar por allí el eco de mi amo. conociendo su mal genio. las espaldas. aunque no soy yo de aquellos que viven en perpetuo desvelo ocupados de su honra. el hombro. que la puerta de mi casa quedaba bien guarnecida y más cuando estaba 69 . no me apuraba. su estentórea voz y sus bruscos modales. asustando con pasión a los intrusos. mientras se rompía en pedazos la insolente carcajada de su voz —. Lázaro –añadía– que bien puedes confiar en una esposa como la tuya que guarde el hogar como el más fiero mastín.

como yo mismo. Mejor era dejar que rodara. erguido el busto y altiva la mirada. como sucios pescados. por los suelos. Bien creo que me habían preparado la celada. Por allí adiviné una cuerda. Empezaba a anochecer y una fina lluvia amarilla resbalaba tristemente empocheciendo las hojas. Traía unos encargos para mi señor y pregunté por él. rebozados en el barro. tieso y altivo como la torre de la catedral. pero hasta en las caídas hay que mantener el honor. lo cual agriaba aun más su ya imposible carácter. dolorido. pero digno como un monumento antiguo. Así que puse rumbo a mi morada. mientras un coro de recias risotadas ponía música a la escena. Me indicaron que había salido sin saber cuándo habría de regresar. Así que allí me mantuve. cuando tropezamos y fuimos a rodar los dos por el medio de la calle. orgulloso como un príncipe. jinete en mi asno. mientras saludaba ostentosamente a las damas. Iba. por el medio de la calle.ya con la grosura de la preñez avanzada. sobre todo en las caídas. Difícil me iba a ser probarlo. reteniendo la rienda de la cabalgadura para que acompasara con la mía su marcha y mantuviera alzada la cabeza. pero no quise indagar. postergando para el día siguiente aquella obligación. Es más. Avanzaba de esta guisa. 70 . haciéndome notar entre los vecinos del barrio que se retiraban comentando por lo bajo la prestancia con que me desenvolvía.

pues no hay mejor cosa para un hombre— como predicaba mi señor— que una buena ancla donde atracar su vida. Fuerte y segura de sí misma. no era éste el caso de la mía. De esta manera llegamos a la casa. siempre fiel a su rictus de cabreo. uno de los momentos más felices de su mísera vida. inmutable al humor y a los afectos. cuando coloqué de nuevo las cosas en la caballería y me retiré despacio. como príncipe victorioso que se aleja sucio y roto del campo de batalla. Así estaba. recogiendo del suelo toda mi dignidad. por el que la reconocí en seguida y quedé reconfortado. enfadada y gruñona. llenos de honra por dentro. viendo que los pocos días de separación no la habían cambiado un ápice.Para alguno aquel fue. un cimiento firme sobre el que montar 71 . no la quebraban gracias ni bondades. que cambia como cambia el viento. pues si bien dicen que la mujer es el ser más voluble de la creación. Salió mi señora a recibirnos –no antes de haber aporreado la puerta durante un rato– a medio vestir y con un humor de perros. sin duda. sangrándome el orgullo y oliéndome la dignidad a estiércol e inmundicia. manteniendo la compostura. pero sucios y malheridos por fuera. que la venganza es un placer que se saborea más en grupo y las caídas de los poderosos siempre han producido regocijo en los humildes.

le abrí los brazos y entonces se fijó en mí. porque además tenía la seguridad de que no 72 . cuando se fijó en el asno que cabeceaba detrás. me satisfacía que de tal manera se amaran mis cosas. acercándose hasta él empezó a frotarle el cuello y acariciarle la cabeza como si fuera con mucho el miembro más querido de la familia.su casa y una mujer inalterable sobre la que edificar una familia. pero venía cansado. Es más. como así ocurría en efecto de las voces que daba: que mira cómo vienes. entre la penumbra de la noche y aquel disfraz de asco que había echado sobre mí. así que con un leve carraspeo hice notar mi presencia. que en un primer momento no me reconoció. que podías haber mandado recado. hecho unos zorros. Es cierto. Iba a cerrar la puerta. que para qué quería ella un hombre que no sólo no la defendía. reclamando su atención. No pensaba tenérselo en cuenta. con la cantidad de lagartonas como hay por esos lugares a la caza de hombres incautos como tú. me examinó de arriba abajo para inmediatamente empezar a insultarme y maldecirme con una gracia tal que era digna de ser oída por todos . Y a saber qué habrás hecho tú solo durante tantos días. que bien podía ella haberse muerto y tú sin enterarte. herido y sucio. y entonces. sino que la dejaba sola cuando más lo necesitaba y no le daba más que trabajos y disgustos.

señalando la cuadra adonde habíamos llegado—. –Sinvergüenza. Son como esas frutas dulces que han de protegerse con una corteza de amargura o acidez que aleje a los golosos. pues arreció de nuevo en sus insultos con un entusiasmo renovado. Ni a ella ni a mí le agradaban debilidades y gestos de blandura. De ese modo. que eres un canalla. –Así que ya sabes dónde vas a dormir –replicó finalmente. mientras yo me gozaba plenamente en aquel chaparrón de dulzura que me calaba hasta los huesos. Y cuidado con la pobre borrica –restalló como un látigo con toda la intención que pudo—. Debió de notar mi sonrisa bullendo por debajo y mi cómplice silencio flotando por arriba. egoísta. Conmovíanme aquellas duras palabras. – Canalla. más que sinvergüenza.le importaba nada. que era un egoísta que sólo pensaba en mí mismo. sigue. seguía lanzando contra mí aquellos riquísimos frutos que yo saboreaba separando las cáscaras y aprovechando la pulpa jugosa que extraía con supremo deleite. pero yo bien sé del fingimiento de algunas mujeres que cuando te insultan te están manifiestan su amor y cuando se muestran zalameras seguro es que piensan engañarte. Que eres un 73 . –Sigue.

así que todo sería dejarlas correr como el agua vertida contra el tejado durante la tormenta. en el estómago. Sólo en los últimos años. pude caer a gusto en esa celada en que los más listos varones y avisadas mujeres acaban sucumbiendo. pero ambos sabíamos de su inconsistencia. ¿Cómo podía aludir a mis energías sexuales desbordantes? Jamás fue ese mi pecado capital. que las energías bajas sólo descienden cuando se han llenado las estancias superiores. un demonio. y yo había tenido que tapar demasiados huecos. para ocuparme de esas cosas. Pero este será tu castigo por esta noche. de modo que me acomodé como pude en un rincón sobre unas envuelzas de paja y me eché a dormir con la conciencia tranquila. No obstante.sátiro insaciable. a cambio de un poco de paz en la 74 . cuando la situación material se hizo estable. Y acto seguido entró en la casa por la puerta de la cuadra dando un temible portazo que hizo temblar las bases del edificio y echando finalmente el cerrojo por dentro. o más alto aún en la cabeza. esperando que la tempestad de la noche daría lugar a la calma del día siguiente. no cesaban de girar en mi cabeza algunas palabras llenas de sospecha y mala intención. Se equivocaba. que residía seguramente más arriba. pero venía tan cansado que ni ganas tenía de discutir.

dando espaldas a las preocupaciones y entré suavemente en el sueño. pero tardaba en venir el sueño apaciguador que todo lo borra. sentí un fuerte golpe en la pared contigua y una especie de jadeo continuado como de gente que se persiguiera o luchara en reñido cuerpo a cuerpo. profundo. que el ser humano es un animal estúpido. pude entrar en casa y tomar posesión de mi hogar como amo que era.entrepierna y una continua guerra en los demás frentes. pues conociendo las trampas de antemano. De pronto. se dirige alegremente hacia ellas. hecha ya la luz y la paz entre nosotros. saltando de un lugar a otro como potro desbocado. extrañando mi presencia. el Arcipreste. Mi mente seguía dando brincos en una especie de duermevela. jugándose la vida. Seguramente. un ruido ronco. como de otro sueño. era la borrica inquieta que resoplaba en la penumbra. rítmico. 75 . una vez que el ama había salido ya a realizar sus labores en casa de nuestro dueño y señor. aún pude oír instantes después un fuerte roncar que llegaba de más allá de la pared. así que di media vuelta. A la mañana siguiente. La noche crecía. Bien sabía que mi amada no roncaba –las amadas nunca roncan– por lo que debía ser el maldito asno empeñado en armonizarme la noche con música de sus naturales instrumentos.

quien practicaba tan torpe costumbre y suya era. mi socio. pero cada vez me picaba 76 . que no era muy cuidadoso con las cosas y el tal librito aparecía como fantasma donde menos se le esperaba. un buen rato frotándome la sien cual lámpara de Aladino por ver de sacar la luz que me alumbrara en tanta confusión. cuando topé de súbito con un librito muy bien encuadernado en piel negra que resultó ser un breviario del señor Arcipreste y que reconocí al instante por unas marcas en el lomo. como raspaduras. pues odio esas estúpidas prendas cónicas que más parecen fundas para ocultar los cuernos mientras dormimos o encubrir sueños demasiado negros para dejarlos a la luz.Estaba asentando algunas ropas y otras cosillas en un armario o alacena que en nuestro dormitorio había. Allí me quedé. que yo había visto en su reverenda cabeza más de una vez. desde luego. y una mancha de grasa muy extendida en la cara inferior. el lugar menos idóneo– empecé a rascarme la cabeza– pero nada significaba de momento. me recibía en hábitos poco convenientes para su dignidad. que no era muy madrugador. Yo sabía del cura. que evidentemente no era mío. aquella cómica prenda. hasta que encontré. Aquel era. ciertamente. bajo la almohada del lecho conyugal un ridículo gorro de dormir. cuando muy de mañana acudía a su domicilio por urgencias de trabajo y él. pues. sin yo buscarlo.

dejándome allí plantado. mi misma esposa no dejándome entrar en casa ni dormir como persona. el cual estaba acabando de decir la misa Empecé a unir cabos. No quise hacer más preguntas por no caer bajo sospecha o levantarlas yo mismo con mis dudas. se encontraba seguramente fuera de Toledo. Ningún provecho sacaba con denunciarlo. allí me dieron razón de su presencia. no habiendo dormido allí los últimos días. del burro.más azuzándome por dentro como una espesa bandada de mosquitos. pues. que ahora no podía romper por tal nonada. Fui a casa de mi amo donde me comunicaron que el señor no estaba ni sabían cuándo iba a venir. Y en efecto. Todo era para mi desgracia muy claro. aquellos ronquidos por la noche. atendiendo a las obligaciones de su ministerio o a sus muchos y prósperos negocios. sin que yo siquiera pretenderlo y caí entonces de repente. la salida súbita de la vendimia. ellos mismos se unían ante mis ojos. perjudicaba y en gran 77 . Lo conveniente era guardarlo en el secreto y no propalar lo que seguramente todavía algunos ignoraban. el breviario y gorro de dormir. de modo que me dirigí a la Iglesia Mayor por comprobar finalmente lo que suponía. aunque no iba a gritar ni rasgarme las vestiduras cuando ese había sido el contrato de mi matrimonio. mas al contrario. como tonto. mejor dicho.

y le pregunté por el significado de aquel maldito gorro que había encontrado en sitio poco conveniente. aclarar con mi mujer algunas minucias que quedaban flotando como cuerdas de desesperados. aunque tuviera que jurar y amenazar por mi honor. Esto es un gorro del Arcipreste que estuve cosiendo anteayer y buscando ayer todo el día. Ya veo que tienes el don de encontrar las cosas perdidas– añadió en un tono de sorna. con todo. Y le tendí la odiosa prenda que acababa de rescatar. usando de mí como intermediario. si alguien lo pusiera en entredicho. Abordela en la cama.manera a mi señora y señor que tanto me favorecían. donde se escondía sin más un viejo canastillo de ropa. – ¡Ah! Esto –suspiró mientras lo cogía de mis manos y lo arrojaba a un rincón. Y me recordó el episodio aquel de una "cadenilla de oro" que encontrara sin que la hubiera perdido nadie. que es donde se libran las más duras batallas y se desatan en agua las más recias tormentas. –Muéstramelo –me dijo con altiva desconfianza. –Ahí lo tienes. Bastaba con negarlo todo para que el problema dejara de existir y en eso debía quedar mi empeño. Ella pensó que el cielo la había puesto en sus manos. pero la verdad es que la susodicha cadenilla vínoseme a mí desde el cuello de 78 . Bien estaba.

sin poder ya deshacerme de ella. ¿no es así? Lo cual me agrada. como ladrón. No nos lo perdonaríamos. como quien carga con una obligación y se la doné un buen día en que tenía que hacerme perdonar alguna cosilla. que en cuanto veis un tobillo os ponéis a trepar por él. De modo que de ahí la sorna con que mi "contraria" me lanzaba aquella frase que se venía a estrellar como una pedrada en mi amor propio. que mal está lo que está mal. Después nos enteramos– ella también– que ni la cadena era de oro. me reconcomo de celos de modo que no puedo sujetarlos. También yo. no sería bueno arrancarle de mis entrañas y así cargué con ello. –De modo que no pensarás. pero hecho a escondidas es peor. pensando haber encontrado la escalera del paraíso. 79 . como ayer. después de una semana fuera de mí. con lo cual consideré que quien tanto y tan fuerte se adhería a mi persona. aunque no sea más que un poquillo. esposo querido. y sólo para hacerme sufrir. a las veces. con la cantidad de peligros que acechan por el mundo y de pecados– hembras que os tientan y engañan a vosotros los hombres. que a saber qué habrás hecho. como perdonándome la vida– que el Reverendo y yo hemos estado haciendo cosas feas en tu ausencia. lejos de mis ojos que no pueden vigilarte. –añadió con ironía. ni la dama era tan dama. pues me indica que todavía te preocupas por mí.una dama. Lo que te pasa es que estás celosillo. cuando te presentaste aquí ya de noche. un buen día. pobres ingenuos. enredándose en mis manos.

80 . Apoyaba su cara en mi hombro mientras dejaba caer. Dios le ha puesto una mujer para enseñarle a caminar y desenvolverse en la vida. mientras sonreía misteriosamente y me paseaba su mano áspera por la cara. Hasta yo pensé por momentos de mí mismo que era un horrible monstruo al tratar así a una mujer con tan hondos y puros sentimientos albergaba. unas fingidas lágrimas que sazonaban con su sal la mentira mejor adobada que había visto en mi vida. si un día me faltases. aquella mínima aventura. Y yo misma. donde hay un hombre. pues el amor es tan grande que todo lo purifica. Que a más de una dama la he oído yo suspirar a tu paso y no me digas que te diga. Pero me faltó valor. no sin ironía y una pizca de maldad. protegiéndolo de insidias. sabiendo de su grandeza de ánimo que alcanzaría su comprensión y perdón. Pensé sincerarme del todo contándole aquella nadería. Y más vos.Por eso. esperando a que llegue el hombre de la casa. esposo mío. tejiendo y destejiendo carantoñas– puedes romper el corazón de la mujer más dura. que qué iba hacer yo sin ti. me paso todo el día en un suspiro. desagradecido. que con ese porte tan gallardo y esa natural elegancia – me decía melosamente. sin impedirlo y haciendo aun más ostensibles. En la cuadra no se duerme nada bien –recordé para mis adentros. temiendo y pensando las peores cosas. que no voy a echarme piedras contra mi propio tejado. marido mío.

que más que tú mismo.. como a un abismo. como si nada... que no en mi corazón.–Por eso –prosiguió ella– al verte ayer allí. pero tanto se peca por más como por menos. y bien podíamos añadir a la mesa quitando lo 81 .—Y continuó—: Para qué luego vayas pensando. –Por cierto – insinué– tampoco yo dejé de escuchar golpes y gemidos. porque seguro que te imaginas cosas que para nada son ciertas. sufría imaginando lo que habías de pasar: si tendrías frío o si tal vez por desventura te pateara la borrica en un descuido. Aún quedaba una pequeña resistencia en mi cerebro. hasta que nada oí del otro lado y caí finalmente en el más agitado sueño. Yo me pasé toda la noche bien agitada. ¿Qué sería? – ¿Qué iba a ser sino yo. a quien nada falta ni en la mesa ni en el lecho y muchos son los matrimonios que nos envidiarían a muerte. Verdad era lo que decía que nada me faltaba en la mesa y el lecho. golpeando el muro por ver si estabas vivo y respondías. inclinado siempre a ella. Ya podrían tener los hombres una mujer que los cuidara y amara tanto y tan apasionadamente como lo eres tú. si conocieran nuestra rotunda felicidad. que ni pegué ojo dando vueltas y más vueltas. plantado delante de la puerta. y si no habría sido contigo demasiado severa? Y con ese remordimiento me levantaba una y otra vez. no pude retenerme. Espero que durmieras bien. en un dormir lleno de revuelos por dentro y por fuera.

El caso es que de tanto oír la misma música. Le insinué si no estaría el reverendo preocupado por sus libros de rezos que yo había visto por la casa y que seguramente andaría buscando. pues en seguida me repuso que no era el señor cura tan amante de oficios y rezos como para echar en falta su breviario. con tal suavidad y convicción. sería durante muchos meses la risa de toda la ciudad. que terminó arrullándome. No vayas a decir por ahí. igual que las 82 . que si las gentes se enteraran. querido mío – que se ofreció para enseñarme a leer a mí. estaba seguro que las gentes no ansiaban tanto nuestra inmensa felicidad como tener nuestros medios y riquezas para conseguirla. sin importancia desde luego. la cual siguió aún hablando y hablando con tal seguridad y ternura. Y en cuanto a la envidia. Aún me vino a las mientes un último detalle. he de decirte –sorpréndete. No entendió la indirecta o tal vez sí. presto ya a ser engullido o encantado por sus ojos y sin ofrecer ninguna resistencia. acabé finalmente vencido y hasta convencido de la bondad y rectitud de mi amada señora. Y así ya puedo reconocer algunos signos. envolviéndome con sus anillos. una pobre mujer ignorante y de baja condición – fíjate –.que nos sobraba de la cama. pero que convenía fuera aclarado para que las dudas se disiparan y no volvieran a asaltar con sus morteros ni mi hogar ni mi honra. Sin embargo. que parece mágico esto de las letras que se unen unas con las otras.

Porque el que a una mujer y de la más baja condición se le ofreciera la posibilidad de aprender a leer es algo de estricta razón. Y aún parece que se me tuercen adrede con el único objeto de no dejarme entender. Era tan increíble la explicación. –Por eso. para comunicarse cosas. el cual me prestó su libro para que practicara en casa en los escasos ratos libres que me quedan libres y especialmente los domingos y fiestas de guardar. pero en una época como esta nuestra en que la injusticia ha asumido la categoría de norma social y ley escrita. Pero algún esfuerzo y mucho tiempo me cuestan. tan poco en consonancia con la razón y la lógica de este nuestro tiempo. que estas cosas son más propias de clérigos y nobles ociosos que no de mujeres eternamente sojuzgadas y de pobres plebeyos sometidos todo el tiempo al yugo ominoso del trabajo. que no podía ser sino verdad.personas. lo que acababa de oír resultaba imposible. –Pero está todo en latín– me extrañé yo. Creo que no es labor para mí y así se lo manifesté al dómine. Puestos a hablar. Jamás se le ocurriría aquello como disculpa o engaño. Prometí de allí en adelante no creer las palabras e insinuaciones que se vertieran en contra de mi señora o de mí mismo. Precisamente por eso la creí. por más que los hechos apuntaran en esa 83 . que sea de cosas serias y con gente importante.

porque a los pocos días estaba recibiendo las primeras lecciones y en apenas unos meses leía con cierta soltura y podía ya escribir. del que han excluido a las gentes comunes. aunque con algo de dificultad. siempre a su favor. pues estaba seguro de que tendría para mí la explicación más adecuada. De esta manera se lo manifesté a ella. Aquellos redactan las leyes que deben cumplir éstos. que creía ser algo despierto y con la mejor disposición para ello. se echó a dormir en los míos con la seguridad de que ni el mismo diablo lograría enredar con su cizaña nuestro segurísimo lecho. la cual mostrando su acuerdo y dándome un último y tupido abrazo. Unos días después hablé de ello al Arcipreste. cuando le insinué que estuviera enseñándole a mi esposa y no quisiera hacerlo conmigo.dirección. Tenía para mí que la lectura y escritura eran asuntos más bien arduos. Debió pensarlo y también en sus intereses. No era lo menos el provecho que podía sacar y ahora tenía la ocasión. Aquellos interpretan los escritos. por lo que son tan pocos los que saben de ellas. y así son elegidos por su inteligencia y discreción para enseñar a la común gente lo que debe saber para los intereses de su alma. y bien sabemos que en 84 . el cual no pudo negarse. Pero no es la cultura signo de inteligencia. naturalmente. sino de poder.

quejándose no se sabe bien de qué. que el señor Arcipreste guardaba en su casa. señaladas en la bien pisoteada geografía de mi cuerpo! 85 . cuando las comparaba con las cornadas propias. como El Cid o La Celestina. ¡Qué pequeños resultaban los gigantes con que se medían los caballeros! ¡Qué pequeñas sus heridas. devorando cuanto caía en mi poder: algunos libros devotos que había en la iglesia —la mayoría en latín y que apenas entendía— y otros más. Un poco indigestos y hasta estúpidos me parecían aquellos versos de amor de los poetas o aquellas tonterías de los pastores. Eran pobres cortesanos aburridos que perdían el tiempo con exquisiteces y otras ñoñerías.las repúblicas y estados nada existe si no consta en un papel. Bien iba viendo yo estas cosas y mi ingenio se afinaba más con la lectura y estudio. así como con nuestros castellanos mayores. y hasta Dios se ha resumido en un Libro. Disfrutaba con la épica y el teatro de los antiguos griegos y latinos. afeminados y llorones. las inclemencias del frío y la tortura de la sarna y el desprecio. al que me hice muy aficionado. una pequeña biblioteca de escritos religiosos y otro más nutrido de lecturas profanas que yo paladeaba con fruición. No podía menos de producirme enfado cuando las comparaba con las mil historias anónimas de gentes humildes que habían tenido que luchar contra la crudeza del hambre.

Gozaban de mi preferencia. cuando monaguillo o mozo de aquel ciego. y bien creo que nunca tuvo que echarme en cara ningún error de gravedad. Fue aquella una época feliz. a lo que recuerdo. habiendo saltado todas las normas. pronto me convertí en sacristán de iglesia y ayuda de mi señor. los latines nuevos que aprendí y los muchos que aún perduraban en el almacén de mis recuerdos de infancia. con todo aquello. y yo hacía y deshacía en todos los asuntos del templo. las obras de los antiguos con su hondura y saber. y también las vidas de santos. en cambio. que era tanta la confianza que en mí tenía. cuando de tal modo a mí se confiaba. en un momento de su vida daban un golpe de timón y. gobernando la sacristía y disponiendo la marcha de los oficios. cobrando conciencia de su error e iluminados por la gracia. cambiando el rumbo. que después de un borrascoso vivir. y siempre procuré no faltar a mi señor. si no es algún episodio gracioso que paso a contarle. mientras estuve bajo su mandato. esperando sepa comprender lo que de 86 . gozados todos los goces. experimentado todos los desaciertos. entregaban sus esfuerzos a Dios con la misma pasión con que antes lo hacían a sus intereses. especialmente aquellas en nada diferentes a la mía. que todo lo fiaba a mi discreción. y nada hay que reseñar. Así que.

que no podía perdonarle. en el interior de un confesonario. seguro estaba. cuando. Todo fue inútil. que le dije que yo no era el enviado de Dios. limpiando a conciencia el polvo y otros pecados que. Le di la bendición y.gracia tiene. Créame que le previne cuanto pude. Era una simpática viejecita completamente sorda y tan entusiasmada con poder contarle a alguien. de pronto. pues no se enteró de nada y salió de allí creyendo haber hablado con el sacerdote o con el mismo Dios. que cumpliendo con las obligaciones de mi cargo. como no me oía. no ya sus pecados. más viva. Ocurriome un buen día. Daba igual. que más que arrepentida. pues seguro que mientras pudiera. creo que presumía de ellas. empezó a contarme ordenadamente todas sus faltas desde el primero al último mandamiento. alguien se acercó y. a los limpios de corazón. sino sus proezas. seguiría estando viva. y cuanto más. sin ánimo de ofender a la religión ni a Vuestra Merced. cuando en verdad no había hecho más que arrodillarse ante su conciencia. se quedaban allí adheridos unos sobre otros formando una costra de suciedad con la que yo luchaba en aquellos momentos. Y no era de extrañar. que Dios amaba más a los pecadores que a los virtuosos. tras las rituales formas del inicio. a los 87 . Creo que Dios tiene un lugar especial en el cielo reservado a los inocentes. le impuse como penitencia que siguiera pecando.

M. pero con una viuda joven y muy conocida. así que hube de permanecer lo más silencioso que pude. aguantando un grosero chaparrón de iniquidades: pequeñas unas. ni decirle la verdad. así se llamaba. Yo procuraba atemperar en lo posible. estando yo en la jaula y antes de poder escapar. Otro día me pasó algo parecido y en circunstancias semejantes. que nunca fue mi intención suplantar a nadie y menos a un representante de lo alto. pues su ira caería sobre mí y me aplastaría. empezó a largar pecados por aquella boquita. de manera que debió salir contenta de la lid. la cual. quitando importancia a lo más. No podía identificarme. más gruesas otras. no le dije la verdad. Confío en que el Todopoderoso me haya perdonado esa negligencia hecha por miedo más que por beneficio propio o interés. Naturalmente. días después. era tarde. pues. Cuando logré reponerme. que quedaba para mis adentros y ahora para los suyos. pues había quedado tan conforme que preguntaba de nuevo por él para nueva confesión. Espero que comprenda V. mi señor me preguntó si conocía al sacerdote que había confesado aquella tarde de viernes a Doña Mencía. agazapado y quieto. 88 . que del susto me quedé sentado sin poder moverme del asiento. resaltando lo de menos. justificándolo finalmente todo.ingenuos y a las ancianitas que pecan a diario para verse un poco más sucias y lavarse y sentirse que están todavía vivas.

con la tutela no sólo de una. Así me ha ido por esos mundos vapuleado por los caprichos de todos cuantos me han rodeado. que no justifico. pero explico como herederas de la necesidad y cómplices de las circunstancias. alabo al cielo que había querido para mi hijo un paisaje digno. Me alegraba que tan buenos augurios vinieran a caer sobre él. hijo de mis propias obras. Por eso. como soldado que con su espada ganara honra y dinero. desocupada de mí y ocupada en lo más inmediato. pues. sino hasta de dos figuras paternas. un ambiente propicio y un mes así bendecido en su entrada y salida hasta por el mismo refranero. acaba por San Andrés". Llegose finalmente el venturoso día del nacimiento de mi primogénito." dichoso mes que empezando por los Santos. y si esto no bastara. 89 . ya que no podía decir lo mismo de los míos. Todas las señales parecían estar a nuestro favor y ¡quién sabe si aquel infante no acabaría como renombrado pastor de la Iglesia que con sus oraciones barriera de pecados nuestras conciencias! O mejor aún. A mí me había fallado la necesaria autoridad de un padre y la protección insuficiente de una madre.VI JORNADA SEXTA Aquí estoy. lo cual ocurrió allá por noviembre.

poniéndome su mano al hombro. hablamos. fue desgranando una a una sus razones. Respondile que siempre le agradeceríamos ofrecimiento tan desinteresado con el que quería honrarnos y que no hubiéramos osado solicitar. Me pidió ser él padrino del bautismo. ciertamente de peso. pues. Ocurrió. cargando sobre mí todo su afecto. Quizás estaba poniendo la primera piedra de una larguísima familia de próceres que aburriría con sus apellidos y hazañas la historia futura. Cada día tenga su pena. llegose a casa el Arcipreste y cogiéndome aparte. que el tiempo es sabio y dosifica la desgracia. según una larga costumbre no escrita. por lo que acabé cediendo a ellas 90 . puesto que iba a ser el padrino. cosa que haría con sumo gusto y como prueba atención hacia nosotros. Mas no avancemos calamidades que luego habrían de suceder. Pero las cosas no suceden como uno las desea. que "uno piensa el bayo y otro quien lo ensilla". apenas nacido nuestro hijo. cada hombre su ración.tal vez alguna encomienda en el Nuevo Mundo. Yo pensaba que. que un día. debía ser él y bien podría ser el suyo propio. inclinado yo a la confianza que infundía su persona. Aquí fue donde. Hablamos luego sobre qué nombre daríamos al recién nacido. allí donde todo es posible todavía.

Ciertamente. pisoteado nuestro honor en las plazas. también tú fuiste rescatado de las garras de la miseria. y muy abajo en aquella pendiente. y así como él fue resucitado de entre los muertos. que Lázaro era el amigo más cercano al Señor. Lo interpretarían mal y acabarían confundiendo las cosas. en agradecimiento a ello.Explicome que. no entenderían que se impusiera su nombre a una criatura tan próxima. perseguido nuestro nombre en los mercados y expuestos todos a la vergüenza en iglesias y corrillos. ajeno al discurrir de mis pensamientos– mejor es y más conveniente que seas tú mismo quien elijas el nombre y no es una vergüenza llamarse Lázaro. ya habíamos rodado. 91 . y lo de estar en boca del vulgo. siendo él sacerdote y la gente malintencionada. de manera que vendríamos todos a rodar en las bocas de las gentes. Así que –prosiguió él. cuya honra alumbre el presente y cuya fama resplandezca en los siglos venideros. máxime cuando puede un día ser la cuna de un augusto linaje. deberías entregar a tu descendencia un nombre tan ilustre. y cuando menos. Ahora escucho con tristeza en mi memoria aquellas palabras y no puedo menos de sonreír ante lo arrugadas que se quedan las ilusiones humanas cuando el tiempo pasa sobre ellas. así era y de continuo.

sobre todo mujeres. hubo de intervenir ante un expediente abierto por el Santo Oficio a un grupo de operarios. 92 . –Se confunde vuesa merced. una vez cogida. por allí. experto en parar golpes. –Sería mala uva. extinguir fuegos. –Todo se olvidó. Yo no me trato con esos. unos meses después. dando a entender que lo sabía todo y sacaba lo justo. Un hombre con cintura. Pero no salió nada.Pero todo sea a su tiempo. –Los zurraron de veras. Hablaba tan bien que podía convencer incluso al mismo diablo. Lázaro. Hablaba justamente. hay que macharla. –Ellas hablan más.. –No andabas tú.. –Sí. –La uva. pero entre sus palabras. unos vendimiadores que al acabar la tarea se pusieron a celebrar el aquelarre del Sabbat en unas viñas suyas. y yo solo era un aprendiz. Algunos dineros bien puestos hacen milagros. Aquel hombre era un prodigio. Como cuando. desviar envites. –Torturaron a unos pocos. que primero se echa un paso y luego el otro y los días no se pasan sino de uno en uno. los gestos añadían mucho más.

–Hablando de palos. Luego mirándome así como en desgana. naturalmente . Y ya sabe cómo humillan las deudas y se vuelven de odiosos los acreedores. los milagros de Dios. creo que así lo llamaban. Es bueno tener un burro a mano a quien darle los palos.. –No he dicho tanto. 93 . Y empezó a contarme cosas que yo tenía olvidadas y a recordarme otras que bien quería olvidar.Y se tapó el asunto. – ¿Sabes que por allí salió tu nombre como rodando sin querer? –Yo siempre salgo rodando. pero a cuenta de ello. había un tal Rebolledo. –Estoy seguro – ¿Qué le hiciste? –Nada. sin querer levantar las sombras que nadaban por debajo de nuestras palabras. Se encogió de hombros. Me debe algún favor.Los dineros parece que eran suyos. Tal vez en otra ocasión. que abominaba de ti y embestía con furia a tu memoria siempre que podía. pero nunca sin querer – me disculpé.. –Lo digo yo– insistí. –Tú sabrás.

Resulta que la joven Teresina y el Rebolledo, se habían casado y habían tenido un precioso hijo para el cual pedían las bendiciones de mi señor y así les había honrado con su presencia el día de su bautismo. En nombre propio –y el tuyo, Lázaro,— había felicitado a la pareja y visto con hondo regocijo el niño fuerte y sano, muy moreno como el mismo Rebolledo o como yo mismo, con una potente voz como demostraba al llorar y una mancha de nacimiento aquí en el cuello. – ¿Pues no tienes tú también una semejante en semejante lugar? –añadió señalándome con el dedo. Y yo, afirmando, le dije que, en efecto, así era y bien podía resultar un aviso del cielo sobre aquel infante para quien el destino tenía reservados grandes hechos. Me recordó entonces la historia de Edipo, el de los pies atados, perseguido por los dioses y abandonado por los hombres, que llevaba en sus pies la señal de sus malos pasos; y en verdad que empecé a temblar, recordando que también yo llevaba una extraña señal en los pies, concretamente en el izquierdo, donde el dedo pequeño montaba sobre el segundo disparatadamente, de modo que se me hacía difícil encajar en él calzado alguno y había sufrido por ello un largo martirio durante toda mi vida. Bien creo que este hecho no era conocido de mi señor, el cual prosiguió hablando sobre el recién nacido, comentando que había observado en él otra marca de

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nacimiento en un pie –no recordaba cuál– como era el apelotonamiento escandaloso de los dos últimos dedos. En seguida, recobrando el ánimo y la compostura, simulé cuanto pude, que si algo he aprendido ha sido el fingimiento, pues de él hice mi vivir. Asumí la evidencia que se me venía encima. Aún pude responder al dómine con palabras que logré reunir dentro de mi confusión, como si se tratara de ovejas dispersadas por la súbita aparición del lobo. –Tal vez esté predestinado para grandes hechos. ¿Quién sabe si no llegará a ser un Alejandro o un César, o dada su humilde condición, un grandísimo santo que el cielo bendecirá con todas sus virtudes? – ¡No sé! ¡No sé! –cortó dubitativo—. El caso es que dicen que la comadrona que, como bien sabes de ellas, suelen ejercer también un poco de brujas, se santiguó tres veces en cuanto vio las marcas, como si hubiese sacado al mundo al mismo diablo. –Habladurías sin duda de un vulgo ignorante –corté yo– que pone por delante de la fe, la superstición, y la desconfianza sobre las buenas obras. – Seguramente –remachó él—. Que buen cristiano es aquel que fía sólo en Dios y sigue el camino de la gracia en libertad, pues no hay destino fijado por completo de antemano. Asentí aunque por dentro no me encontraba tan convencido, viendo a cada hora cómo los hombres no 95

somos iguales y cómo a unos el destino ama especialmente, mientras que a otros los persigue con su furia apenas nacen. No podía dejar de pensar en aquella terrible historia de Edipo en que se resumían los más horrendos pecados que el hombre puede cometer, y sin embargo, sin ser consciente de ello, lo cual era precisamente más tremendo. Desde luego, los dioses que ponen en ese trance a hombre alguno no son superiores a éstos. Con todo, yo no puedo quejarme, pues si bien mi vida ha sido también una larga sucesión de malos pasos, no puedo culpar del todo a las estrellas, sino a mi propia inclinación y a mis actos. Pensaba cómo sería la existencia de mi hijo, que como Edipo o como yo mismo, llevaba los dientes del destino clavados en el pie. Tal vez no fuera tan negro como el mío y lograra una mediada felicidad. Mas, ¿quién sabe cuál es el designio de los dioses? Porque, ¡quién iba a decir que yo iba a cuidar de un niño que no era mío y, el mío propio nada sabría de mí!

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DESCANSO III El libro va avanzando, aunque lento. Los años no me dejan caminar deprisa ni escribir de corrido. La vista se me cansa y me duelen las articulaciones. Reúmas, ¡qué sé yo! Cosas de la edad. Pequeñas cosas que nadan importan ya, cuando está a punto de cumplirse la carrera de la vida y son otras, más hondas, las preocupaciones. ¡Qué molestas son, con todo, estas como piedrecitas menudas que van moliendo nuestra voluntad y la energía, más bien escasa, que acaba por perderse por tan pequeños conductos! Somos, al fin, en la vejez como odres agujereados por donde nos vaciamos poco a poco. Pero dejemos los lamentos y cumplamos estas penitencias por nuestros muchos pecados. Volvamos al camino. He entregado a este monje, amigo mío, algunas partes de mi libro, en el que voy poniendo mi sangre amontonada, todo el dolor que el tiempo ha coagulado. Abierto y comprensivo como es, me lo ha devuelto con algunas anotaciones, que habré de tener en cuenta en adelante y, sobre todo, con una gran sonrisa de complicidad. –Lázaro, es un manuscrito interesante, pero nadie se atreverá a publicarlo. – ¿Tan malo es?

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Y se ha ido dándome un apretón de ánimo que le he agradecido y me ayudará a proseguir esta mi interminable historia. que se me está haciendo más y más cuesta arriba. no a los que lo cometen. como los momentos antes de dormir. a la escasa luz de una vela. Pero queda el recuerdo como una constancia de mi paso por el mundo. Creo dejar a salvo y fuera de toda sospecha a los más. Con todo. Cuenta con todo el apoyo que tenga en mi mano. quitándole horas al sueño. según pasan los días y avanzan los capítulos atropellándose unos a otros como a veces ocurre con los hechos de la vida. Así me pongo en esta estrecha cámara a escribir en los escasos ratos que me deja el trabajo. es mi intención denunciar el pecado y sus miles de formas. –Acaba tu historia y veremos. –Con algunos.–Hijo. Con esa intención me desvivo. arrodillado ante mi conciencia y pongo en cerro el barbecho de la página sembrándola de sueños ajados e ilusiones que nunca dieron fruto. hago mi confesión a solas. ahora que éste ya no me acompaña y se hacen tan 98 . para que algo de mí quede y perviva cuando yo esté ya muerto. inclinado ante el papel. el sol ya puesto. no me resigno del todo a dejar de amontonar mis huellas y a que la larga trompeta de la fama las derrame por doquiera. te metes demasiado con los poderosos y eso en estos tiempos no se perdona. aunque habrá que efectuar seguramente algunos ajustes. Y ahora que voy a abandonarlo.

99 . Con la conciencia a oscuras. hago dolorosos ejercicios de memoria y rescato hechos que creía ahogados en el fondo de ese pozo hondo y oscuro. Porque hay que ver cómo todo se resiste a morir. Desde allí me gritan como desesperados. en este momento – saco de miserias y dolores. a punto ya de ahogarse y con el deseo de ser rescatados. Incluso yo. resumen de una vida ya cumplida y estéril – no me resigno a abandonar este cuerpo tan mal servido y cada amanecer me asomo con ansiedad a la pequeña ilusión de seguir vivo.largas las noches. con todas sus fuerzas.

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Así fue cómo Lázaro. lo cual también era cierto. la madre. y no precisamente para orar. Decían unos que el niño se parecía a su padre. metiendo palos en las ruedas de nuestra fortuna y tirando piedras sobre el tejado seguro de nuestra felicidad. otros que era el vivo retrato del señor Cura. vino a convertirse en el centro de todas nuestras preocupaciones y desvelos. nada nos preocupaba salvo aquellos pequeños casos con los maledicentes vecinos. De mí había heredado la astucia para burlar a las gentes y sacar provecho. Entonces empezaron a cambiar los vientos que desataron tempestades. Formábamos una trinidad constituida por el padre. sino para 101 . el hijo y el espíritu del Arcipreste que volaba sobre nosotros en forma de paloma protectora. lo cual no es mucho decir. hijo de Lázaro. Del padrino. de modo que nada echábamos de menos. Éramos una familia feliz. Lo cierto es que el rapaz pronto empezó a dar muestra de sus inclinaciones.VII JORNADA SÉPTIMA Pero la Fortuna es mudable y alcanza también a los más poderosos. sus aficiones a la iglesia que visitaba asiduamente. pero las cosas ofenden cuando se repiten demasiado. que encizañaban nuestra dicha.

no habrá ya manera de que viva derecho y acabará inclinándose en la dirección de sus malos instintos. en llegando a adulto. resaltando los aspectos positivos de mi personalidad. Le contaba mi vida en clave de hombre bondadoso. bien creo. santiguándolo a pedradas en cuanto podían.limpiar los cepillos y otros objetos. de todos se mofaba. Raro era el día en que no llegara a casa con un descalabro. a todos ofendía. no les faltaba razón. sobre todos ejercía su rapiña. A su madre debía la hipocresía y fingimiento con que engañaba a todos. de manera que era capaz de hacernos creer las más insólitas mentiras y echar por tierra las más sólidas verdades. y. o algún vecino afectado se acercara a quejarse por cierta villanía. si no se le endereza pronto. Pensé que como cabeza de familia tenía yo la responsabilidad de mantenerlo derecho a base de autoridad y disciplina. arrebatándoles cuanto de valor o de brillo cegaba su capricho. que la generosidad de los fieles o el descuido de los sacristanes ponía en sus manos. Así pretendía yo servirle de guía y espejo en que mirarse. Sabía que cuando un retoño se vence. que nunca he sido. que aunque me costaba encontrarlos. de modo que en algunos momentos llegaba yo mismo a confundir 102 . A diario nos veíamos su madre y yo en recias discusiones por defenderlo. Allí estaban los otros rapaces acusándole con el dedo. al fin me servían a mí mismo de rescate. Con todos se peleaba. reinventándola de nuevo.

dicho sea de paso. de modo que haciéndome invisible. soltar unos gritos. Hasta mi mujer empezó a arrugarse. pues todo lo malo parecía aprenderlo con rapidez. acostumbrado a una austera expresividad de las emociones. pero prefería callar por evitar nuevas pendencias. lo cual. donde yo no era más que un mero testigo y ni siquiera había dado el primer empujón. mucho me temo que no conseguía lo deseado. que a mí. pero ya era tarde y acabó riéndose de mis representaciones. con lo que terminó de una vez con mi autoridad y mi costoso papel de educador. Y no es que me faltaran ganas. mostrando toda la rigidez de que era capaz. con la más absoluta incongruencia de las madres en tales casos. pues no son galas éstas que adornen mi carácter. Intenté ponerme serio. para que en casa empezaran a tenerme en algo. salí a la 103 . mientras las cosas buenas le resbalaban como lluvia sobre cristales. Y entonces ella.lo real con lo inventado. empezaba a prodigarle besos y abrazos con tanto fervor. me costaba gran esfuerzo. Todo fue repartir algunas galletas. Así que todo se vino abajo y ya lo veía rodar por la pendiente. Aunque pretendía con tales ejemplos servirle de escarmiento y aprendiera la lección. – ¿Es que encima te pasas al enemigo en contra de tu hijo y quieres rematarlo con tus propias manos? –me decía. A veces le relataba algún episodio menos digno de mi existencia. aquello me parecía una representación obscena.

de modo que todos éramos felices y el mundo seguía dando vueltas. el crío mucho más. echó su uña sobre algunos cántaros de vino que yo dejaba en casa y salía a vender por las mañanas. Me había costado labrarme una honra y ganarme la confianza para perderla de un solo tajo y por culpa ajena. su más sometida esclava. y rellenaba el resto de agua. para que yo no echara de menos. después otros objetos más evidentes como vasijas. mas. la mayor. Primero fueron velas. alguna hebilla de plata. que no habiendo mucho que cuidar. y las cosas sucedían de mal en peor. por lo que yo dejaba hacer mientras miraba para otra parte. Yo un poco más libre. enseguida saltaban a la vista las ausencias. y mi esposa. candelabros. como bien era de prever. sacaba sólo una parte. y finalmente. cuando todo eso no fue suficiente. al fin. pero sarna con gusto no pica. Pero al fin me consolaba el pensar que me deshacía de una tan pesada carga. Mas la evidencia me tiró del asno. espejos. Pronto empezaron a faltar algunas cosillas en la casa que al principio ni siquiera echamos de menos. algunas monedas. jarrones. 104 . pero el muy ladino. hubimos de reparar en ello. pues los clientes empezaron a llamarme ladrón y otras lindezas que no oía de mí hacía tiempo. Pronto caí en la cuenta.calle con la más desazonadora impotencia sobre los hombros.

que no miraba sino por sus ojos. que la vida está tan llena de ambigüedades.Apenas le hube contado a mi señora esposa el asunto. lo primero que hizo fue señalarme con el dedo y dictar sentencia: – ¿Conque ahora vienes a culpar a tu hijo de tus fechorías? Todos sabemos. pensé que decía la verdad hablando del “otro”. Lázaro. que a menudo mintiendo. que no acabas lo que tienes en casa y vas a picar en las ajenas. intentando meter la cuchara en la conversación. yo que no estaba más que para él. pero lo que no sé es adónde quieres ir. confesamos la verdad. añadió: – ¿Qué mala puta te está sorbiendo seso? ¿Con qué sucia pécora te estás gastando mis cuartos? Tú. quién eres y de dónde vienes. enfocándome con las hogueras de sus ojos inflamadas de ira. donde no dejaba resquicio. – ¿En qué estaría yo pensando?– fingía teatralmente. llegó sin más por autoconvencimiento a la confirmación de sus sospechas. ¿Para qué necesitas el dinero? ¿Es que no te basta con vaguear todo el día que además te bebes nuestro sustento? ¿Es que te estás jugando a tu familia a las cartas y nos vendes para pagar tus sucias deudas? ¿O es una mujer? Yo no me movía y. Y luego con una expresión directa. Y como se refería a mí en tercera persona y evitando mirarme. por más que negaba con la cabeza. ¿Quién es esa zorra que se mete en corrales ajenos? 105 .

como nos confesó nada más llegar. como si viviera en sus carnes la propia crucifixión de Nuestro Señor. Que no lo entregara a la justicia. pedimos. por su madre. suplicamos y volvimos a jurar por nuestros muertos. como si levitara. y tierno como era. Era capellán de una iglesia vecina que había pillado in fraganti a aquel arrapiezo robándole el cepillo. tal vez podría enderezarse si se tomaban a tiempo las medidas. por los suyos. y el rostro contorsionado. Que nuestro señor. agarrado de una oreja. – Está bien –dijo al fin– soltando al muchacho al que tenía sostenido en vilo. mientras yo salía de casa a descampado por ver si cesaba la tormenta. que no volvería a ocurrir nada semejante. por lo que más quería en este mundo. que era su padrino. el Arcipreste. pues caminaba tocando apenas el suelo. 106 . por sus propios hijos.Así siguió perorando un buen rato. de modo que parecía éste sumido en arrobo místico. por lo flaco y husmeador. Entonces juramos y perjuramos. fiaba de él y daría en todo momento la corrección y disciplina más conveniente. sujetando a Lázaro– liebre por la oreja. Dos días después vimos acercarse a toda velocidad a un clérigo con aspecto de galgo. pues sería echarlo a perder.

mientras mirábamos todos muy preocupados al chico.Pensándolo bien – concluyó— lo mejor será que venga conmigo algún tiempo. finalmente—. –Veamos –arrancó. –…Eliminar el problema suele ser la solución más adecuada – exclamó. dolorida por la tensión. que el chico vigilaba temeroso... o tal vez por la alegría. atemorizados. –. por los tortuosos caminos de su cerebro. que yo le haré pagar las 107 . agarrados a las crines de sus silogismos. –. pero como si reflexionara para sí. Tenemos un problema— y miró con intención al muchacho que hurtó su delicado cuerpo.. temiendo caer de bruces al momento siguiente. el cual se encogía en el círculo de castigo que habíamos cerrado en torno a él.Pero –lanzó como un último cable de salvación. —…Y tenemos varias soluciones –prosiguió— hablando en alto.Así que –nos conducía. seguramente lo que deseaba en aquel instante. –. que es. como si le hubiera pinchado con los ojos. mientras se frotaba la mano derecha...Está bien – repitió— como perdonándonos la vida.. y estiraba y encogía los dedos en un gesto de tenaza. que todos asimos aliviados – en los problemas humanos no sirven tan drásticas soluciones y no se puede eliminar al pecador para borrar el pecado. hasta casi desaparecer en la nada...

como la mía. incluso de su madre. sacaría de ello algún beneficio. donde nosotros no hacíamos sino el papel de bobos y el avieso capellán el de burlador de todos. según él. Además – pensaba yo – también el muchacho. Ahora pienso que todo fue una mala comedia con sus decorados. cuando el pobre 108 . tan al pie de la letra. Empezamos a besarle las manos de lo agradecidos que quedábamos por su magnanimidad y buen corazón. Nos satisfacía que ahora fueran los buenos quienes se “arrimaban” a los nuestros.deudas contraídas y le enseñaré disciplina y trabajo de la que al parecer está tan necesitado. que nunca pensamos que tal arrimo fuera así. quien lo puso a su servicio desde aquel momento. Así se llevó al chico con la aprobación de todos. haciéndonos creer que eran los nuestros. Bien es cierto. como pude conocer semanas después. pues cuando hay abundancia. había en el cepillo y. que tras derramar algunas gruesas lágrimas lo dejó partir con su bendición y la del capellán. Su madre lloraba agradecida por tanto prodigio. Entreguele el dinero que. lo solté sin decir nada. algo se derrama por los conductos y rezuma hasta mojar a los indigentes que se acurrucan a la intemperie. que de un principio ya sabía adónde quería ir y nos conducía por sus territorios. aunque me pareció excesiva la generosidad de los fieles de aquella parroquia. "arrimarse a los buenos" y así habíamos vivido siempre a sus costados. pues siempre fue su voluntad.

– ¿Entonces. – Está arrepentido. pero es lo mismo. – Pero no volverá a hacerlo. Me acabó de contar toda la historia a grandes rasgos. que donde hay seso. – ¿El qué? – Cometer algunos pecados. 109 . Se lo he cortado todo. puliendo y abrillantando. Por el día le hacía trabajar en la iglesia y en su casa limpiando y adecentando. Por la noche era aún peor.. y volviendo a lustrar y encerar. –Es dura la virtud y nunca viene mal algo de ayuda. –No creo. –Le has quitado la ocasión. pero nada es bueno en extremo. Y aquí me contó algunas “cosillas” que no es bueno repetir. –Las tentaciones. vino a mí y me contó algunas muy negras historias que aquel depravado ser le obligaba a realizar.muchacho. –Y algo más. Y bien está la limpieza. –También.. huido. de modo que aquello relucía como las estancias del propio Febo.? –Y de raíz.

. dile. En realidad.. Ni siquiera llegó a despedirse de su madre. – Si no salgo de aquí pronto. Le pedí se quedara con nosotros. Necesitaba volar más alto y el mundo se le había quedado algo pequeño. acabaré convertido en otro monumento frío y rígido. – se rascaba la cabeza. Tampoco el capellán iba a airear mucho su caso. Tengo delante todos los caminos.calle la lengua. – Más o menos. –También. –Y los atolladeros. –Ahora tengo que huir.. – ¿Qué le digo a tu madre? –Dile.. – ¿Adónde? –No sé. Aún podíamos echarle alguna mano.. Su padrino. que no es bueno comentar en plaza pública lo que la discreción guarda para la intimidad. Pero quiso alejarse. ya lo llevaba pensando algún tiempo y sólo faltaba la ocasión. podía usar de algunas influencias para echar tierra al asunto. 110 . –No me creerá. La vida es movimiento. como pensando– que me he ido al convento. el Arcipreste. – Como nosotros.

111 . tanteando entre las ciegas sombras de la vida esa luz que se nos apagó tan pronto. Y así un día. –Muy piadosa. pero esa sí que será una mentira piadosa.–Seguramente. mendigos y viajeros de toda condición. Nada cierto hemos vuelto a saber de él. la vista abierta y los brazos extendidos. por más averiguaciones que hemos hecho entre arrieros. El río de la vida lo arrastró lejos por qué sé yo qué extrañas torrenteras y nosotros (todos tres) permanecimos durante largo tiempo. con unos pocos consejos y casi nada más. se alejó a toda prisa sin volver la mirada como si temiera convertirse en una estatua de sal. dejándonos en la más espantosa de las noches con sus turbados sueños y negras pesadillas.

112 .

sólo recogíamos la ausencia del ser que hacía más largos los días y las noches casi eternas. Y eso la volvía frenética. llegando a amontonarse el odio en todos los rincones. que no tenía yo otras cosas mejores que hacer. A golpes nos hirió a nosotros dejando al descubierto nuestra desnudez. – ¡Mal padre! ¡Que has echado a tu hijo de casa como a un perro! 113 . – ¿Dónde está nuestro Lázaro? – Al convento. pero más terrible sin ellos. Había que buscar la explicación sencilla y algún culpable cerca. A golpes de infortunio avanza el hombre por los torcidos vericuetos de su existencia. nuestras relaciones vinieron a pudrirse.VIII JORNADA OCTAVA Nuestro infierno son los otros. A partir de aquello. es verdad. Pensaba que burlaba de ella y lo hacía adrede para que rabiara. que allí adonde dirigíamos la mirada. – ¿Dónde está nuestro Lázaro? Y le volvía a repetir una vez más lo que sabía y ella se empeñaba en no creer.

Nos odiábamos en silencio. Había cenado mucho y bebido mucho más. y en medio del vacío nos dedicábamos a incubar los estériles huevos del rencor. 114 . entregó su alma a Dios. recurríamos a los gestos. hubimos de ser testigos y cómplices de su muerte. conociendo todos los idiomas del desprecio. que él lo tenga en su gloria. con la muerte de nuestro protector. Sangraba en la sien. Cuando llegó el médico. Quedó en el suelo inmóvil y nosotros también. La herida en la cabeza y la hinchazón de su cuerpo indujeron enseguida las sospechas. que habíamos acudido a cenar como otras muchas veces. como el rayo. Fue todo fulminante. cayó sobre la silla haciéndola añicos y golpeándose la frente en la caída contra el borde de la mesa. impacientes. En medio de un brindis. Lo habíamos envenenado primero y luego. el Arcipreste. sin que mediara enfermedad ni hubiera mostrado síntoma ninguno. Nosotros. El corazón le falló en aquella larguísima noche cuya memoria mejor es no volver a repetir. Estaba muerto. puesto en pie. invitados por su generosidad. Todo vino a complicarse. a gritos. aún más. petrificados.Y se estaba así ladrando mucho rato tras de mí y hasta mordía algunas veces. no había nada que hacer. Un buen día.

como probaban aquellos candelabros de plata.. Parecía la antesala del infierno o el infierno mismo.habíamos acabado por golpearle con la silla en la cabeza. pactos diabólicos. sin más pruebas fuimos expulsados del paraíso y vinimos a caer en las más profundas y negras mazmorras de la Inquisición. con tal de hacernos daño. el señor Arcipreste nos había donado. y aun más el propio clero. No era.. En fin. Caminaba por los estrechos pasillos donde los golpes y 115 . generosamente y en pago de tantos servicios. lo habíamos matado para aprovecharnos de sus bienes. todo se alió para perdernos. fácil demostrarlo y más cuando teníamos en contra la envidia y mala voluntad de muchos. no sé. interesado en lavar su imagen rompiendo y ensuciando la nuestra. No digamos de los muy jugosos jamones y chorizos que colgaban en nuestra despensa y que. Quizás habían añadido tramas extrañas.. y así. como prueba acusatoria. copas y bandejas que habían colocado en nuestra casa.. Más de uno se prestaría a jurar en falso. sin duda. amañando testimonios. para quienes había llegado la ocasión de ejercitar cobarde e injustamente su venganza. ¿Por qué el Alto tribunal en un delito común? Aún no lo entiendo. Si a esto añadimos el egoísmo interesado de los herederos: sobrinos y otras especies. por hacernos “ese favor”. teníamos muchos enemigos. que acabaron de golpe con nuestra buena fortuna. Y la verdad..

– Basta ya.los gritos resonaban ampliando el miedo. pues en un momento me vi sujeto por los brazos y oí una voz en la sombra: – ¡Quieto. los chillidos de ratas que se movían en enjambres. 116 . Palpé su cuerpo a través de las rejas. delante. un poco más lejos y. Oía a mis espaldas el chirrido de las puertas al cerrarse. el golpeteo incesante. Me arrojaron a una cueva negra y fría de un empellón que me hizo tropezar violentamente contra el muro. donde pronto empezarían a torturarme por mis muchos pecados. loco! No estaba solo –pensé– a no ser que fuera mi propio espíritu desencarnado. y empecé a nadar a manotazos pugnando por salir a flote. muy delgado. necio –repitió la misma voz. como los espíritus de aquellos que allí lo habían dejado. a cuerpo descompuesto. encargado de hacerme la otra vida imposible. Apestaba a hombre demasiado tiempo vivo y sin lavarse. como si sudaran de terror. Palpé con mis manos la humedad que bañaba las paredes. aspiré su hedor y me eché atrás. al tiempo que me soltaba muy despacio. Me habían enseñado el olor a azufre del infierno. pero aquello era peor. A alguien debí golpear en el loco forcejeo con mis fantasmas. Aquel era sin duda mi diablo de la guardia. Seguramente había caído en las mazmorras sombrías del infierno. sus harapos.

así empecé a llamarlo. me sujetó los hombros. –Es una larga historia que habrá tiempo de contar. ¿Cómo habéis llegado hasta aquí’? No pude verle el rostro. Me palpé la ropa y vi que estaba húmeda. 117 . Y me ofreció un cuenco de agua que bebí de un solo trago. – No es eso. Desprendía un sudor frío. ¿Me había orinado encima? – Yo no soy valiente –confesé en voz baja.– ¿Quién sois? –pregunté impresionado ante el aroma de santidad que desprendía. ¿Por qué estás en este sitio? Y empecé a hablar para sacarme el miedo y hablé toda la noche. Aquí lo que sobra es tiempo. Tanta era la sed que habían ocasionado mis desvelos. – Descansa– repuso finalmente con voz acogedora. Alguien me escuchaba en la celda de al lado. Huía el sueño espantado por los miles de preguntas que se alzaban entre largas guadañas. Me incorporé en el grito. bueno! —Era una explicación—. ¿Qué iba a ser de mí? –Me interrogaba a solas– y una densa lluvia de cuchillos me aguzaba el alma y me calaba de terror. Cerré los ojos. cuando Alguien. mas no podía dormir. eclipsado en las tinieblas. El suelo está encharcado. – ¡Ah.

Se trataba de mi propio clima danzando en la breve geografía de su cara. ni a mi confesor. En efecto. –Verás– empezó su relato. entre estos muros que guardan mi secreto. Dormí durante horas. olvidado de todos. borrascas. heladas. carraspeando. mareas altas. huracanes. Aquella noche proseguimos las historias. A nadie le he contado nunca tantas cosas. el mismo infierno – ¿Quién es tu Polifemo? 118 . Y yo sé lo que cuesta escuchar así durante un rato sin llenarse la boca de bostezos. presto a ser engullido a cada instante por el Cíclope. como si fuera un mapa del tiempo o un espejo. Llevo cerca de diez años vagando por estos corredores como un alma en pena. y aunque un poco reacio. accedió al fin. Empezaba a amanecer cuando al fin vine a hundirme en brazos de Morfeo. aquello parecía la zahúrda de Plutón. Le pedí a Alguien que me contara la suya. encerrado en esta lóbrega caverna. el laberinto del diablo. lluvia fina. ni siquiera a V. en estas completas memorias que ahora escribo.M. de modo que no existo sino para mí mismo. Mas miraba su rostro y veía pasar por él.interrumpiéndome apenas para aclarar algunos puntos. oculta mi existencia entre papeles perdidos. – ¿De modo que eres Nadie? –Así vivo.

Prefiero que siga ignorante de mí y de mis desvelos. ya veo. –Nunca pongas a prueba la amistad –repuso. como si fuera una pregunta que sobrara. Suficiente. –Algunos– añadió vagamente sin interés en precisar. descargando al fin su voz en un suspiro. ¿Quién podía asegurar nada en un lugar como aquel tan firme sí. la misma Inquisición. No le haría ningún favor. el carcelero. 119 . –Un grave delito. mi propio miedo que me anula. ciertos odios y muchas envidias. Ahora no sé. precisamente para quebrar la fortaleza interior de los que a él nos arrojaban? – ¿Y la familia?– le eché como si fuera otro cable al que agarrarse. – ¿Mercader? –Y converso. el mundo entero. los otros presos que pueden delatarme. tan consistente. – La familia– repitió solemnemente. – ¿Tal vez eras rico? –Una casa. –Tienes muchos enemigos. – ¿Y yo? Me miró de soslayo. creyéndome sin vida. algunos dineros.–A veces yo mismo. los jueces. Vivía un hermano. ya veo.

un juramento. – Como buen cristiano. –Y los encontraron. confesar lo que no crees y proclamar lo que no eres. una protesta? Nada. no le dieron importancia –prosiguió– hasta que empezaron a buscar tratos especiales con el demonio. – Nadie manda en su corazón –disculpé yo—. Todo se quiebra cuando te acuestan en el potro y empiezas a cantar lo que no sabes. Sabía bien cómo. – Con todo. Las más recias voluntades se quiebran ante las terribles coces del potro de tortura. – ¿Qué importa. Sonrió apenas. favores sexuales. en realidad. Es ciego. una palabra firme. Al menos así lo pintaban los poetas.–Mas cumplo con todos mis deberes de cristiano. A no ser que los ciegos sean éstos. Y yo le creía. créeme. —Y bajando la voz—. viles suciedades más propias de mentes enfermas ansiosas por hurgar en su excremento. – Había algo más. – También de esa manera. 120 . Amaba a otros hombres. pero le dejé que hablara. con ingenua malicia.

recorriendo estos larguísimos pasillos como un alma en pena. Yo no era valiente ni tenía que aparentarlo. desnudo y medio ciego. – ¿La comida? 121 . huyendo de todos y sin ningún sitio adonde ir. pues. sentía ponérseme la carne de gallina y correrme por la frente un sudor frío. En el código de mi clase –si es que pertenecía a alguna– no estaba el arrojo que muestran los soldados y proclaman los nobles como suyo. confesaría lo que quisieran.. temiendo se rompiera el sedal y comprobándolo a cada momento. un breve anzuelo del que tiraba una y otra vez. sabía que no podía aguantar. olvidados de mí. No aguantaría. – ¿Entonces. mas no sé por qué extraños caminos se perdieron mis papeles y. – ¿Te aplicaron. Me condenaron a la hoguera.Según hablaba. –Ya te lo dije. aquí sigo viviendo como un topo. – ¿Confesaste? –Como manda la Santa Madre Iglesia. la terrible medicina? – Me aplicaron. En cuanto empezaran a tensar este mi mimado cuerpo.? – ¿Cómo sigo aquí? ¿Verdad? Repetía aquella palabra como un clavo en que sujetar la conversación y al interlocutor..

¿Verdad? Hay algunos que mueren en sus celdas. con una cuerda a la espalda. Era un ser apenas humano en la figura. así que fíjate la muerte. Algunos presos se santiguan al verme. Primero. arañas.–No es problema. colgando como un jamón balanceándolo y dejándolo caer. ¡Cuánta imaginación para quebrar al hombre! 122 . Abunda por aquí esa fauna.. recorriendo todos los lugares. Cucarachas. las piernas descoyuntadas en el potro. finalmente.. Parpadeaba incesantemente como si se tratara de estrellas que titilaran en la noche y sus “verdad” eran como ladridos de afirmación ante tanta inseguridad como le manaba dentro. creyéndome fantasma. verdad. las piernas semidobladas de manera imposible y la espalda curvada. mientras ésta siga desapareciendo. nada importa la vida. igual que el perro que espanta a voces su propio miedo e intenta alejar la soledad un poco más allá. Después el cepo. – ¿Y no se dan cuenta? –Aquí. mas siguen poniéndole comida. apoyadas las manos en el suelo. Las celdas vacías –prosiguió– permanecen abiertas y yo vago por ellas. También recojo las sobras de otros presos. la espalda rota. Aprovecho un poco de todas partes. ratas. Habían quebrado su figura de hombre. Caminaba extrañamente como un simio. No sabes los milagros que puede hacer el hambre. y con él.

¿Qué vicios podrían anidar en un lugar así? 123 . a veces aleteante. Mira la humedad que rezuman las paredes. filtrándose en la roca. –En algunos rincones hay pequeños charcos donde saciarse la sed y hasta asearse un poco si es que supiera uno para qué. con unos ojos huidos y unos dejes extraños en la voz. Volvió a dejar caer aquella incierta mirada. por donde corría hasta perderse. los labios descolgados. Y así era. su mirada perdida a veces. – No temas. ¿qué podía esperarse de un ser que fue humano tras diez años de terror y soledad. incapaz de fijarse en sitio alguno. hasta formar un hilito que bajaba hasta el suelo.. viviendo tan al límite? –En cuanto al agua. A mí me pasaba igual. debajo de la puerta. – Después del ascetismo viene eso.Me miraba apenas cuando hablaba. como cambiando de asunto– ya verás que abunda en ese sitio. No sabía cómo interpretar sus brillos. el timbre destemplado de su voz. Goteaba como el tiempo. Pero. lentamente. Aquí me han quitado todas las pasiones. Ya había notado un aire ido en toda su persona : su semblante caído.. no sabía bien dónde. la virtud. verdad –prosiguió.

Me di cuenta de que no podía controlar los músculos de la cara y las emociones actuaban en él sin control. es cierto. entrelazándose con los gritos de otros condenados. igual que del diablo. Podían delatarme. podían llevarme de nuevo a su infierno. pero me alegro. como en una maquinaria desajustada. hasta levantar hacia lo alto un coro de desventura que agrietaba las paredes y encogía el alma. me han sorprendido aquí mientras bebía. oculto en nichos y rincones. – Precisamente. Y he vagado durante años por estos corredores en las horas vacías de la noche cual terrible fantasma. Nuestro infierno son los otros. – Ahí estaban. El miedo a que me atrapen otra vez. pues no sabes lo horrible que es la soledad No me atreví a interrumpirle. llegaban de muy lejos los lamentos de algún desgraciado. – Tenías a los otros prisioneros – apunté yo. Siguió explicando. Lo hicieron conmigo 124 . Para confirmarlo. – ¿Y no has logrado escapar? – No es fácil. –Cuando hablas a la nada y te rebota la voz. el miedo al miedo me ha paralizado. pero más terrible sin ellos. alimentado de miedo y nutriendo el de otros. rebotando en las paredes. pero he huido de ellos hasta hoy. acabas inventando otro mundo y cayendo en la locura.

en que para darnos la otra vida nos quitan esta. pidiéndole a Dios la muerte y piedad al verdugo. y para sostener sus creencias han de derribar al hombre que las sustenta! Miré a aquel ser menudo. 125 . ¿adónde iría y qué razones me quedan ya para vivir? Habría gentes dispuestas otra vez a delatarme. Seguramente se había quedado encogido para siempre por el miedo y lo abracé como a un hermano. Incluso noté alguna lágrima venirse a la mejilla cómo sus convulsiones se apaciguaban contra el muelle de mi pecho. Tal vez mi hermano. sometidos a humillación.. sin testigos. allí. tienen que destruir los cuerpos. aún tiemblo por las noches y a veces grito en sueños. me confesé también humano. Y se quedó colgando de este cabo como una esperanza. Y además. Mis amigos habrán aborrecido de mí seguramente.en varias ocasiones y. ¡Qué siglo este—pensaba yo— qué edad infame. no pude menos de darle un mordisco en la oreja y retirarlo con cierto desapego. –Por aquí he visto a seres que antes fueron humanos. Yo que siempre había puesto murallas a las emociones. créeme. si es que alguno llegó a librarse a tiempo.. antes de que yo pudiera decir cosas de ellos. Cuando hubo recobrado algo la calma. Siento pavor de que vuelvan a aplicarme la tortura. en que para defender las almas.

mientras el verdugo 126 . si yo sólo me avergüenzo de los tuyos –repliqué con sorna. Aunque si escarbas un poco. El otro. duros –replicó él. los huesos posiblemente descoyuntados y las carnes agrietadas. muerto tal vez. el otro dando gritos de absoluta desesperación. Impresionaba la escena y creo que me oriné encima. sin pasarse –me encontraba extraño–. – ¿Y quién te manda escarbar? Dos días después vinieron a por mí. –No. tumbado en el potro y estirados los miembros. a veces tropezaba… hasta que vine a dar a una amplia sala con dos hachones de luz en las paredes y dos pobres diablos estirados. el traje en que me sentía más a gusto. y para sobrevivir hay que ser duro. que la emociones acaban ablandándote. Estaba preparado. se te vienen abajo.–Oye. desmayado el uno. mientras volvía a ponerme el impermeable contra las emociones. –Así me gustan los hombres. Así que ya sabes. Uno colgaba vertical como una longaniza. Me arrearon como a bestia maldita por una serie de tortuosos e interminable pasillos donde resbalaba a veces. si es que puede uno estarlo alguna vez para estas cosas. Asido por las muñecas. –Nunca te avergüences de tus sentimientos–comentó mientras se recomponía el alma. ya perdido el conocimiento. daba gritos terribles. descansaba.

que ninguna amenaza podía venirle al mundo por él solo. enjuto. tan pequeño. Más bien todos tres. – Tú eres Lázaro. Sólo le faltaban los atributos. cuanto más a Nuestra Madre poderosa de quien se declaraba humilde hijo devotísimo? Me ataron al muro. Llegó como de la nada.semidesnudo y sudoroso empezaba a desatarlo. Era un hombre del Oficio. ajeno a mí y al mundo que le rodeaba. me descubrieron la espalda y empezaron a darme latigazos. Podía confundirse con un embajador del infierno o el mismo Príncipe de las Tinieblas. Ya iba viendo yo dónde iba a descansar aquella siesta. 127 . un ser fúnebre. Me estaban preparando la cama cuidadosamente. ¿Por qué el Alto Tribunal? ¿No era demasiado honor para un simple pícaro como Lázaro. así dicen. experto en interrogar a reos y sacar confesiones. con hábito de monje y un rollo de papel en la mano que leía atentamente. Aún no me habían preguntado nada y ya tenía sangrantes las costillas. no sé si el ambiente. ¿Pero qué pintaba yo en aquel cuadro? Ni era brujo ni hereje ni converso. Tengo que decir que éste se esforzaba en su oficio y se ganaba sobradamente el pan. el reo o el verdugo. Entonces se acercó a salvarme el vestido blanco. entonces. vestido de blanco. Suelen hacerlo para calentar. que no tiene nada de santo.

vuestro amo y señor? Así que volvían a cambiar de ruta. Así que intenté otra ruta. como así era. pero volvieron a apretarme y muy fuerte hasta que me desmayé. Aquello no podían tolerarlo. Una bofetada en plena boca me hizo callar. yo. En realidad era lo único que veían por aquel reino.. que había sido la suya muerte natural. – ¿Quién mató al Sr. Sólo sé que desde entonces mi voz se acerca más al coro de los ángeles. Arcipreste. Soy culpable. pensando. –He visto un fantasma que vaga por ahí. Se echaron a reír. Se les cortó la risa por un instante.Les hacía gracia. Me tenía bien agarrado y apretaba.. y no lo daban fácilmente.– Lo confieso –respondí al sentirme descubierto.. Un empujón tremendo en mis queridas partes me convenció. No debía ser por allí. Yo le preparé aquella jugada al ciego.. Poner en duda su profesionalidad. Fantasmas a ellos. – ¿Lo mataron? – pregunté ingenuamente. Pero un puñetazo en el ojo me hizo ver las cosas mucho más claras. No era posible y menos mal que no me creyeron. –…Un reo que se les ha escapado y anda suelto. Así que canté. pues subió una octava más. para que me soltaran. señor. yo le bebía el vino y le comía el pan. y yo estaba ya exhausto. De allí no se marchaba nadie sin permiso. 128 . Empecé a soltarles.

lo confieso todo –me arrancaron como una exhalación final que marcaba mi decidida voluntad de acabar con todo ello. Si al menos supiera lo que querían 129 . negar cuanto negaran y con el deseo sincero de complacerles. Era inútil todo cuanto dijera. con la complicidad tuya.–Tal vez mi mujer –insinué yo. pues ellos no variaron un ápice la suya. sin ignorar las consecuencias fatídicas que podían echársele encima. sí. Otro golpe en la boca acabó de ablandarme la memoria. – Entonces. – Así que lo hiciste tú solo. Me cambiarían las palabras a golpes hasta oír lo que quisieran. – ¿Tú solo? – Sí. afirmas que lo hizo tu mujer.. así que callé. que no se esconden a llorar en las faldas de su esposa. – Lo confieso. – Yo no he dicho eso.. yo solo – concluí– dispuesto a afirmar cuanto afirmaran. Yo no estaba allí cuando ocurrió. para ablandarme – decían— sin saber que estaba a punto de caerme al suelo como breva madura. Y añadió: –Así me gustan los valientes. Pero de nada sirvió mi cambio de táctica..

yo solo. ¿eh?. ¿Te acuerdas del diablo? – repuso. los cargos. Yo solo. me estaban leyendo mi confesión. Yo que amé siempre mi vida y mi cuerpo más que a 130 . la confesión. Cuando la recuperé. y sólo después se hacían los ajustes que fueran necesarios en el reo y los testigos. los testigos. Por eso firmé lo que me presentaron.– Sin presumir. Allí quedaba patente mi estrecha amistad con el diablo. mientras recogía del suelo una firme barra de hierro. Me di cuenta de que los procesos penales iban en sentido contrario a como yo creía. que ya no se modificaba. descargó de improviso sobre mí un golpe tan terrible que me dejó hundidas dos o tres costillas. y empuñándola con fuerza. el Arcipreste. causándole la muerte. que yo creía tener bien escondida. sin presumir. para que su declaración coincidiera con lo escrito. sí— daba igual— mi propia sentencia de muerte. convicto de asistir a sucios aquelarres en compañía de otros hechiceros y confeso de haber perjudicado a la religión y echado mal de ojo. a nuestro amo y protector. El zarpazo me había alcanzado el alma. sin sospechar siquiera de nuestras malas artes. Hijo. Lo extraño es que al firmar solamente sentí una gran paz. que tenían ya redactada desde antes de tomarme la declaración debida.. que tan generosamente nos había acogido. pues primero el juez escribía la acusación. Noté que la iba perdiendo poco a poco junto con el conocimiento. el orgullo es un gran pecado que hay que mortificar. El tormento era muy convincente en estos casos..

sabiendo que iba a perder muy pronto ambos. pues me habían arrancado la confesión a tiras. congestionado el rostro tal vez por la bebida y sin expresión alguna. No le dije que le había delatado. Pero había un juez distinto que empezó a tratarme con cierta consideración. a mi amigo Alguien que lamía mis heridas con su propia lengua y regaba mi frente abrasada con un paño húmedo. debí prontamente perder la conciencia. Le dediqué mi mejor sonrisa. recogida mi voluntad y amontonados mis instintos. aún hubieron de amarrarme al potro y someterme a la tortura. como si fuera humano. mientras rezaba a todos los dioses o murmuraba de ellos –no sé muy bien.nada. con su aspecto de bestia desnaturalizada. recuperado un poco. Débil como estaba. menos para eso. Me contó que era muy amigo de un amigo de mi 131 . Sólo noté al despertar un desgarro terrible en las articulaciones de brazos y piernas como si estuviesen descoyuntadas. Estaba ya entregado y sin ganas de luchar. pero creo que en el último instante se me quebró del todo. vinieron de nuevo por mí. Es el caso que a pesar de todo y cuando no era necesario. más dolido que yo mismo. Días después. sino un inmenso alivio. Sentí a mi lado. no sentía pena alguna. como un perro. Venía yo preparado para todo. así que adopté una lógica postura de defensa. por pura crueldad o tal vez por saciar algún desajuste escondido. Era el mismo verdugo.

y aunque no quiso darme nombres. – Sabemos con certeza que tu señor murió de muerte natural. intuí que se trataba de D.? – Queda lo de la brujería. hijo. Un golpe al corazón... – ¿Entonces. Me dijo que le había hablado. En fin. sabemos que la acusación no tiene peso. Tales fueron sus palabras. en efecto. pues además le hacía algunos recadillos y favores que ahora estaba dispuesto a considerar y agradecer. –Ya ves. el Canónigo de la Catedral. Así los médicos lo han certificado. me apreciaba. Cogió entonces un pliego de papel que estuvo leyendo durante unos instantes y acabó por romperlo y echar sus pedazos en el fuego de una pequeña fragua que allí ardía para doblegar los hierros. 132 . No podía dar crédito a lo que oía. que ha habido calumnia y delación contra vosotros.. a quien yo bien conocía. Tanto puede cambiar el destino de un hombre en sólo unos instantes. El fuego es purificador y Dios acaba por perdonarlo todo. Servíale el vino cada semana y le trataba bien. ¡Cuántos enemigos tienes! Pero.señor. que después utilizaban para plegar nuestras voluntades. tapándole todo resquicio.. y bien. de mí para que “hiciera cuanto fuera posible por ese pobre desgraciado". y. Pedro. Y ya sabes con cuánto celo vigila la iglesia para que el diablo no se cuele entre nosotros.

. 3) Saldrían nuestros delitos a la luz y seríamos expuestos a la vergüenza pública. Y empezó a leer lo que yo entendí era mi sentencia..? –cogí aquel cabo de esperanza que se me tendía.. l) Quedaba desterrado de Toledo para siempre sin poder volver a poner los pies jamás en la ciudad ni acercarme en menos de dos leguas. como un muro de contención. más benigna que la muerte. – Si soy inocente. el mediodía del domingo hasta la mañana del lunes. – Quien esté libre de pecado. el puyazo firme que detiene la embestida. más no tan suave como quería hacerme ver. 2) Recibiría un castigo público de cien azotes y cincuenta mi mujer. 133 . usando yo mi calidad de pregonero para propalarlos por las calles de Toledo hasta quedar finalmente expuestos a las iras de las gentes. – Tendrás que expiar en público tus culpas. Siempre estaba la frase incontestable. durante un día.– ¿Pero.. – Tendrás que cumplir unas mínimas condiciones que aquí traigo escritas en este papel.

Aquello no era justo. debía regocijarme por haberme librado de ella en el 134 . despojado de todo. sí. Eché las cuentas y vi que se habían ocupado de dejárnoslas a cero. Miré de reojo a mi interlocutor y observé en su rostro como una mueca guasona que intentara y no pudiera taponar del todo.4) Teníamos que devolver el dinero sustraído. Con nuestro sudor y nuestras manos lo ganamos. Era nuestro. Debía de haberme vuelto la fiebre. Volví a leer el escrito y me pareció una broma cruel de algún espíritu burlón. pues no podían anidar tales pensamientos en una mente sana. Miré a los dos y firmé. ¿Qué otra cosa podía hacer? Mi vida quedaba a salvo y de nuevo a cero. así como otros objetos de valor. Así que besé las manos de quien consideraba mi benefactor y le rogué transmitiera mi agradecimiento a cuantos por mí habían intercedido. ¡Qué peligrosas resultaban estas cadenas de amistad! El caso es que entre todos ellos me habían apresado. pero ésa había sido siempre la cifra de mi destino.. Después de haber andado tan cerca de la muerte. mientras miraba al verdugo así como al descuido.. – ¿Estás de acuerdo? –preguntó. con el que se declaraba amigo del amigo de mi señor. escarnecido y maltratado y encima debía estarles eternamente agradecido por perdonarme la vida y salvarme de mí mismo. amén de los chorizos y jamones que eran nuestros por derecho. Podría ser él.

mientras volvía cabizbajo. Había de sacar a la luz nuestras miserias. Así era. ¿Qué sería de él? –me iba diciendo– sin tener en cuenta que mi futuro era quizá mucho más negro. el mundo se va haciendo más grande y ya no eres capaz de abarcarlo. Poco después. Pero a mí no me llegaba la alegría. aunque debes empezar de nuevo. llegó él. Lázaro! – ¡Ah! ¡Eres tú! Le comuniqué el veredicto y se alegró de que hubiera salvado el pellejo. mas no era eso lo que sentía. pero. Podía cantar las mías. hermano? –pregunté a mi vez a Alguien que esperaba mi palabra al otro lado. – ¡Lázaro. 135 . Tú eres fuerte y saldrás adelante. que también el mundo es muy pequeño. cuando se hubo extinguido el largo ruido que tras sí dejaba el carcelero. Se acercó desde fuera y tocó los barrotes. ¿qué hacía en ello mi esposa? Habíamos ocultado unas verdaderas y ahora nos hacían propalar otras completamente falsas.último momento. – ¿Y tú. Pensaba en mi viejo amigo Alguien. pero no es lo mismo cuando eres aún niño. pero según creces. ¿Qué retorcido ser había sido capaz de urdir tan complicada trama sino una mente burlona y ociosa? – No te apenes por tan poco.

porque tú. ¿No sospecharía de mi traición reciente? Y añadió: –Y mucho tiempo. Lázaro.– Tengo planes. porque a mí me las habían quitado todas. me has devuelto las ganas de vivir. Bien podía ser que se hubiera quedado con las mías. 136 . herramientas –respondió con un tono optimista que no le había notado antes.

hermano Lázaro. una coincidencia– negué yo. En verdad. 137 . finalmente. sobre un pobre Lazarillo. – ¿Qué tienes tú que ver con ese Lázaro. Ha callado durante un largo rato y. repitiendo mi nombre. Y sospecho que aún faltan los mejores. señor. Lázaro? –me ha preguntado en confianza y como bajando la voz. Me ha enseñado un librito más bien pequeño que yo ya conocía. pero jamás estuve en Toledo –mentí – a sabiendas de que no le engañaba.DESCANSO IV Ha venido de nuevo mi joven fraile. como en una provocación: –Un bellaco ese mozo. aunque no sean todos buenos. Frutos has dado muchos. mirándome a los ojos y esperando mi reacción. –Otra cosa se puede decir de ti. que conocía mi secreto y reconocía mi identidad que yo he tratado a menudo de ocultar. que procedo de un pueblo de esa Salamanca. cambiando de nombre muchas veces. que nunca baldío. –Nada. ¿no crees? –ha dicho con sorna. De vez en cuando deja perder su tiempo tan valioso con gentes tan baldías como yo. Y me ha hecho saber de esa manera. sutil.

Luego ha cambiado de tema. Y como siempre no está falto de razón.examinándome para ver si pasaba la prueba. aunque no tan rápido como quisiera. empinando cuanto puede su talla y su persona. 138 . – ¿Cómo va ese cuaderno? – Marcha. –Aunque no se podrá creer todo lo que dice. Cuando uno habla de sí –ha proseguido– tiende a subirse. –Seguramente las malas compañías –respondile. No es bueno hablar de uno. El caso es siempre hacerse grande. y si no. sosteniendo su mirada y apenas la sonrisa que se nos iba derramando a los dos por toda la cara. –Las cosas que importan hay que hacerlas con cuidado –me ha dicho. Se peca de inmodestia. lo hará con las virtudes. mientras salía. No le he confesado que llevo meses estancado. uno más. Y me ha indicado el librito que llevaba en la mano. no sabía cuál. alzará sus vicios. Si puede. ¿De qué puede servir tanto trabajo y dolor si nunca jamás verá la luz? Él mismo ha apuntalado mi decisión. sin añadir una letra y que probablemente quede inacabado.

no pueda consumar este cáliz de amargura que quedó a medias en el fondo de otro baúl. eso sí. guardaré esta historia en un cajón. No creo. muy al fondo.Así pues. no me atrevo a afirmar que en algún tiempo. ¡Dichosos baúles! Son como esos ataúdes donde guardamos nuestras pequeñas muertes o derrotas. No sé si volveré sobre ella un día. 139 . acaso nuestras vidas. lejano. Sin embargo.

140 .

Iba a pie. de modo que la timidez perdida. mas al cabo era mi oficio y siempre me ha gustado hacerlo bien. acabé a gritos proclamando los cargos 141 . Vestíamos para la ocasión trajes de gala – como era el uso en procesiones tan solemnes – largos ropones con dos enormes cruces de San Andrés en amarillo. Delante abrían paso dos guardias. un verdugo con el rostro cubierto arreándonos trallazos y cerraban el cortejo otros dos corchetes. luego un clérigo escupiendo a cada parte agua bendita. Yo delante como de más importancia y ella detrás subida en la borrica. para darle importancia.IX JORNADA NOVENA –Uno se mide. pregonando mis pecados y aun más los de ella. sólo que a nosotros nos había atrapado la locura y marchábamos expuestos a las chanzas y al mal gusto del vulgo que sólo con vilezas se divierte. Al principio me comía la vergüenza y apenas lograba sacar la voz de mis adentros. Parecíamos la Sagrada Familia emigrando hacia Egipto. una al pecho y otra detrás cruzándonos la espalda. pies descalzos y larga caperuza coronando de oprobio la cabeza. la lección aprendida. sobre todo. recuperadas las fuerzas y las ganas de vivir. Unos días después. por el tamaño de sus errores. salimos yo y mi esposa a la pública vergüenza.

imputados y otros más que yo inventaba dándoles color para destacar nuestro rango. haciendo blanco en la animada estatua de mi señora. la boca amordazada para no oír sus maldiciones.. hubo de llegar de esta guisa tan solemne. nos habían condenado por otros que de ningún modo habíamos cometido. mientras yo le publicaba a los vientos sus mil cargos que aumentaba cuanto podía en número y tamaño. mientras el público se apilaba a nuestros lados y reía de veras.. insultándome con todas sus fuerzas.. sentada a la mujeriega sobre el asno? ¿Os imagináis a aquélla venirse al punto abajo por el golpe y estrellarse contra el suelo su trono con tan alta monarquía? Al levantarse. me fulminaba con su odio. salvo mi señora. me miraba con más odio si cabe. arrojándonos insultos y otras cosas que casi nunca erraban. menos de vergüenza que de ira. quien roja. tan llena de chispas sus dos ojos. Era mi pequeña venganza que nadie percibió. Por eso. que no necesitaba para arderse otras hogueras. ¿Os imagináis unas cáscaras bien lanzadas o un tiro de mierda.. y yo entiendo algo de estas cosas. Era un gran espectáculo. Pues uno también se mide por el tamaño de sus errores. Al fin volvíanla a poner sobre la burra y. 142 . Y más que habiendo algunos por los que juzgarnos. ya lo creo. Tres veces cayó como en una pasión y tres veces la alzaron hasta que finalmente atada como un fardo. ¿qué importaba? Puestos a inventar.

Ya se sabe que algunas damas actúan pretendiendo robar para sí toda la escena. Allí nos ataron los tobillos con una larga cadena. cuando empezaron a celebrar mi centenario en las costillas. mi compañera forcejeaba inútilmente bien atada también al mismo yugo. guardado de sí mismo. una plazuela presidida por un alto poyo de piedra clavado en el mismo centro. mientras cuello y manos quedaron apresados en un cepo. y tras mis gritos. Bien creo que fuera puro nerviosismo por lo que le esperaba. Ante aquel símbolo antiguo me venían tantas asociaciones. todos asentían con entusiasmo cada vez que caían sobre mis sufridas y adoradas espaldas tan 143 . Nunca vi a nadie poner tanto entusiasmo en su trabajo. ¿Quién puede regocijarse con los males ajenos? Tal vez sólo buscaba reclamar la atención. Al lado. cuando el pobre verdugo está ya cansado. sus redondas carcajadas. Más pronto se me pasaron. lo de las damas primero. que no podía menos de reír. Unos gritaban. de modo que los golpes caían como muros y tras ellos mis gritos.Estaba el rollo en las afueras. la gente prefiere cobrar al final. otros aplaudían. mas no me hicieron caso. que en tratándose de golpes. Quise cederle tal honor a ella. crucificado de aros y de argollas. Supongo que hacía mucho que no representaban en Toledo un tan regocijado espectáculo.

También vi a mis vecinos. Había acudido aquella tarde de fiesta a contemplar el espectáculo. Apenas aguanté los cien. Aquella vez fui yo. tal vez del infierno. sentado en mi desgracia. 144 . todos ellos. oír sus gritos. que estaban celebrando a gritos. Aquel era un día feliz en sus monótonas vidas.. qué cima! Eso solo llenaba por completo la tarde del domingo. Todo sea por el bien de la humanidad y la salvación del mundo– me decía yo. como de otro mundo. sin ganas de reír ni de ver siquiera la cara descompuesta de mi ama cuando llegó su turno y empezaron a mimarle las costillas. El caso es que la gente no dejaba de reír. A veces había suerte y hasta algún hombre importante caía en sus redes. pregonero de otros muchos a quienes como heraldo y vocero había publicado sus méritos. el más famoso en las calles de Toledo. su venganza. No soy valiente.. así como la cuenta y la conciencia. hecho ovillo.terribles regalos. ver sus carnes desgarradas y su honra hecha trizas. ¡Entonces. hasta acabar derrumbado. Siempre resultaba divertido ver la cara de miedo de los reos. Más allí estaba ahora yo mismo. O se producía alguna ejecución. Oía sus gritos terribles y horrendas amenazas que llegaban a mí desde muy lejos. tal vez algún auto. Empecé contando los primeros– no me fiaba de nadie– mas luego fui perdiendo interés.

Estaba exhausto y vencido por los golpes. A veces me quedaba traspuesto unos instantes. acabé por agradecerlo. buscaba una postura que no podía encontrar. cubríame de asco y mal olor. oyendo a la par a mi comadre insultarme. pues los golpes que ella había recibido parecían haberle atado el cuerpo y soltado la lengua.Mas su dicha no fue completa hasta que empezaron a soltarme obscenidades y palabros. que aunque era blanda y sus golpes no dolían. que cuando las gentes se fueron a sus casas. mas nada de eso. que rebotaban en mí como si nada. A veces me lanzaban puñados de boñigas. Pronto hicieron mella entre mis dientes bien escasos. en mi pobre cabeza y en otras partes igualmente dignas de mi cuerpo. Por fin llegó la noche y podría descansar o así creía. que soy persona de ánimo sereno. guardando las distancias. mas luego al momento despertaba al rozarme inconsciente las heridas. amenazarme. mas con todo. y vuesa merced ya sabe cómo los insultos y torcidas palabras me resbalan. Y así debieron comprenderlo. vigilados por todas las estrellas y dos guardias que enseguida se durmieron. expuestos a la nada. mas no llegaba el sueño. la cual blandía como fiero cuchillo en 145 . Atrapado en el cepo. mierda al fin. allí quedábamos nosotros. Así pasé la noche con esa tortura. pues al poco acompañaron sus reniegos de mondas de verdura y cáscaras de frutas con su piedra escondida. pues las gentes se apartaban de mí.

nos dejaron finalmente en las afueras.. Empezaba a oscurecer. hasta que al fin. el alma. se sacudió el polvo en un viejo signo de desprecio. Noté al poco que me habían devuelto el cuerpo. Escoltados por una pareja bien armada.todas direcciones A todos conminaba. renegando de todo. hasta perderse entre los densos arbustos y matojos. Un alma caritativa se acercó con un caldo caliente y un mojo de vino. cogió sus raídas sandalias. a todos maldecía. Creí oír de nuevo las viejas profecías del ciego llamándome bienaventurado por el vino como así lo era otra vez. Así pasó la noche lo mismo que un mal sueño y por fin llegaba el día. haciéndonos merecedores de todas sus preferencias. cubierta de vergüenza. Allí estaba mi Eva también. Aún recuerdo aquella tarde. Aquella misma tarde nos soltaron. y estando yo y los guardias tan cercanos. medio desnuda. cuando malherido como estaba y solo– la noche nos encuentra siempre solos– 146 . Por un momento me quedé contemplando la ciudad en que había vivido medianamente feliz y de la que era expulsado para siempre. Yo qué sé. Los dos.. a más parte tocábamos. escupió en dirección a la urbe y se fue echando pestes contra todos. alejándose decidida.

pero no era así. Recobré mis sentidos que habían vagado desperdigados por las regiones de la nada y me incorporé en mí mismo. Y así parece ser. busqué cobijo cerca para pasar la noche. es el caso que habiendo cubierto apenas una legua. que en adelante los brillos en mi vida fueron aún más fugaces y la oscuridad aún más espesa.busqué una estrella. Encontré un viejo cobertizo o choza de pastores con alguna vieja prenda y un regato vecino donde me lavé con ansia. y seguí sus pasos.. Ahorré la cena y me dormí. quitándome la mugre y el olor que me vencía. testigo sólo Dios y aquel refugio de pastores. dejando una larga estela. Las que había seguido hasta allí. Lucía ya alto el sol. Bendito olvido. Debí luchar contra la fiebre y mis fantasmas durante varios días. En fin. Es el caso que una buena mañana me desperté con el plácido sonido de esquilas y cencerros.. Como para no creer en el destino. no habían sido buenas. Lo mismo daba una dirección que otra. la de la buena suerte. Tal vez en adelante. 147 . que todo nos lo borra para seguir equivocándonos. sin dejar de mirarla. —A otra que han echado.Pero al poco. que es capaz de reparar tantas averías del cuerpo. Pensé que venían del más allá. como a mí. anulado por el asombro. despertándome a trompetazos de la muerte para el juicio final. Bendito sueño. como estropicios del alma. la veo caer del cielo.

Sería cerca de mediodía cuando llegaron hasta mí. Era un hombre ya mayor, casi un anciano, y un zagal muy despierto, pastores que venían con sus rebaños a descansar y hacer la siesta. Comí con ellos cuanto generosamente me ofrecieron y como agradecimiento, a los postres empecé a contarles mi historia; una historia falsa, naturalmente, que no sé si llegaron a creer. Les referí cómo unos terribles bandoleros me habían robado cuanto tenía, atándome a una encina y golpeándome con la mayor saña para dejarme después abandonado y medio muerto. Yo me había soltado, no sabía cómo, y había llegado maltrecho hasta allí. Les enseñé las múltiples heridas de mi espalda, las señales de los recientes latigazos del verdugo y asintieron compadecidos, mientras el más viejo me untaba las cicatrices con hierbas machacadas mezcladas con vino y grasa de cordero y me ofrecía algunas ropas viejas para cubrir mi lacerado cuerpo. – ¿No habrá una mujer entre ellos?– preguntó el zagal y dio unas señas físicas que coincidían punto por punto con mi nunca olvidada Claudina. Se me hacía difícil pensar que en apenas unos días ya empezara a dar que hablar. – Tal vez –disimulé yo– pero no los vi bien. – Es que esta noche –siguió explicando el chico– han atacado por sorpresa y herido a un compañero y dice que fue esta mujer que le acabo de describir con otros dos desalmados. 148

No lograba digerir que aquella mujer se dedicara ahora a asaltar a las pobres gentes y despojarlas con violencia de sus cosas. Pero en los meses y años siguientes hube de oír sobre ella nuevas aún más extrañas contadas por los muchos viajeros que recorrían a diario los caminos. Pasé con ellos aquel día, descansando y reponiendo fuerzas, y a la mañana siguiente, con el alba, partí camino de Madrid en busca de mejor fortuna.

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X JORNADA DÉCIMA
El mal, cuando se poda, cortando sólo algunas ramas, después brota con más fuerza.

Empezaba entonces a crecer la villa, lo cual atraía a muchas gentes golosas de medro y de dinero, que son siempre sin cuento como las arenas de la mar. A la sombra de ellos surgían también miles de pícaros y falsarios que se ganaban la vida con trapacerías y engaños de todos los estilos. Bien creo, que en toda República, tales gentes se hacen necesarias, para que el rico siga vigilante, que no hay ladrón más torpe que el descuido ni suerte peor que la desidia. Así me traían por su propio rumbo los pensamientos, mientras hacía mi camino, pensando en la ventura que me esperaba más allá, después de haber dejado atrás tanta "tierra quemada" sin posibilidad de volver a ella, pero no me iba arredrar por eso, que hombre como yo, sin patria, sin hogar, sin hijos, no había dejado que echaran mis sentimientos raíz en ningún sitio, y mucho menos mis bienes y heredad, que me llevaba conmigo y que eran nada: una camisa remendada, unas viejas sandalias inservibles, unos rotos calzones, y todo el aire y el sol.

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como burro de noria. Ejercería la mendicidad por el camino. me vendé la cabeza y con una recia tranca que desgajé de un árbol. rebozado en el rencor que de ningún modo quise dejar crecer en mi conciencia. No me había de faltar el alimento y algo de moneda ligera para echar adelante hasta llegar a Madrid. lo único verdadero que en ese momento quedaba de mí. Todo sin prisa. la risa se me vino hasta la boca. entretanto. me tapé un ojo. He decir que amén de la generosidad y buen corazón de sus gentes. mas no quise aceptar que aquello era el final. si no lo había olvidado.Destrocé como mejor pude aquellas prendas. Podía explotar. Por momentos me vi como él mismo. al que ahora recordaba. No pude espantarme del todo la idea de que la vida es un gran rodeo que damos para llegar de nuevo al punto de partida. entablillé la pierna. Aún me quedaba mucha cuerda para seguir dando vueltas. De algo serviría también. Aquella noche recalé en la muy ilustre y noble villa de Illescas. hice un firme vendaje en el tobillo con lo que aún quedaba de la camisa. donde pasé varios días. aunque fuera alrededor de la nada. aquellas llagas de la espalda. Al pensarlo. me ensucié cuidadosamente de barro cara y cuerpo. mi experiencia con el ciego. pensando en el terrible final con que había rematado sus días. hacía yo mérito con mis cardenales mucho más católicos y ya casi 152 . Así parecía ocurrirme entonces. me dispuse a hacer mi entrada apoteósica de gran derrotado.

Sentado a la puerta de las iglesias. Al parecer existían disposiciones que regulaban y hacían digna tal actividad. nuevo para mí. pero que estrujaba y desfiguraba cuanto podía para excitar la caridad de los vecinos. Al parecer yo no tenía derecho a pedir. Igual hacía con mi pierna fingidamente rota. Andaba yo bien confiado pensando que ya no podía albergar más males el saco de mi existencia. No sabía yo muy bien de leyes en tal oficio. nada tenía que hacer. Pero ocurrió que. que las desgracias nunca vienen solas y cuando uno empieza a rodar por la desdicha. presidido por el capellán del lugar. y no siendo además natural de allí. no se acaba nunca de caer del todo. 153 . al que la piedad engaña tan fácilmente. Digo esto.conversos. porque confiado en mi lamentable situación. pero una vez más vivía bien errado. evitando que hubiera falsedad o desleal competencia. a cuyas puertas me sentaba a pedir cada mañana. dejaba pasar mis lástimas para provocar las del prójimo. pues no hay nada más frágil ni grande que el corazón humano. sin haberme examinado de pobre ante un tribunal. no pensé que pudieran cercarme nuevos peligros. el cual con suma largueza respondía. visto el éxito –hasta la miseria es relativa y la envidia anida también entre los miserables– hubieron de denunciarme algunos de éstos al capellán de aquella iglesia. Había que tener título de indigente y cédula de oriundo.

pues cuando niño. Pensaba que ya no podía descender más bajo en mi adversa fortuna y que necesariamente llegaría pronto el momento de empezar a subir por la difícil escalera del éxito. sobre todo aquella pierna que me costaba asentar. ya viejo y medio roto. pero tampoco me era ajena. acompañando al ciego. Si una vez volvía a asirme a las crines del triunfo. que concerté por poco con un barbero que ya lo tenía desechado por inservible. No era yo un virtuoso de la música. ya que aquella me resultaba tan dura de aprobar. después de tantos días sujeta. lo cual no haría sino multiplicarlos. que yo intentaba 154 . preferí suspenderme yo solo y cambiar de profesión. Así que un buen día conté las breves monedas recaudadas y todo lo empleé en un laúd. Así dejé la villa con tales pensamientos. desatados mis males. el potro del destino no volvería jamás a derribarme. perfectamente la pierna y yo en condiciones de ganarme el sustento de otro modo.Cuando me enteré de los requisitos. Como pude arreglé la caja. algunas veces reunidos con otros mendigos y juglares. más cuando mis llagas estaban ya curadas. dejábanme aquellos instrumentos. Llevaba mi laúd a la espalda y un río de romances en la boca. le puse cuerdas nuevas y empecé a recitar. y salí de allí temiendo adivinaran la verdadera causa de mis males. y aquel podría ser el primer paso.

que no era lego del todo y para hacer fondo en la recitación. a veces tan ruin! ¡Si no fuera por el arte! ¡Cuántos crímenes. viejos unos. de venganzas. Entraba por los pueblos y cantaba mis romances. mientras reponía fuerzas y buscaba algo mejor. También en ellas veía a la gente conmoverse. que atendían embobadas creyéndose los otros. Por eso les gustaba tanto a las gentes humildes. ¿qué voy a decir? Demasiado dura es ella para no olvidarse a veces en los sueños. y de hermosas damas que languidecían asomadas a los ojos de sus caballeros. y mejor cuanto menos real y más alejado estuviese de sus miserables vidas. suicidios. no era menester mucho más. violaciones ha evitado! Debieran caer los príncipes en ello y darles merecida protección en sus repúblicas. de amores prohibidos. Seguramente lograban realizar en la ficción sus ocultos deseos. como bien mi amo decía. vengar alguna afrenta despachando a un rival. de asesinos. bandoleros. En fin. Así empecé a ganarme la vida en el camino. La vida no era así.rasgar o a tirarles de los pelos. de recios caballeros muriendo por sus damas. ¿Quién no ha querido al menos una vez echarse al monte. Cantaba en otros casos relatos truculentos. 155 . liquidando a un enemigo? ¡Pobre corazón humano! ¡Tan noble a veces. Pero. nuevos otros que a imitación de aquellos yo mismo inventaba. de muertes pasionales. Contaba historias de moros y soldados.

Al oír mi nombre. Y me contó el suyo. ¿verdad? – comentó. me detuve. Avivé también el mío temiendo que ocurriera un mal encuentro. No ganaba mucho. sacando de mí aquella recia voz que dejaba prendidos en la historia a mis oyentes. En pocas palabras vino a decirme que. medio apoyando sus cuatro extremidades como un simio. apenas con el alba. Le conté mi triste historia reciente y lo vi alegrarse de que hubiera concluido con un final hasta cierto punto aceptable. ¿quién más humano bajo aquella figura de animal? Nos dimos un inmenso abrazo. sin que nadie los viera ni sonaran las alarmas. mas al fin me compensaba el ser oído. animado a salir de aquel trance. Pero. 156 . que no me iba mal y aquel oficio me agradaba. vi a lo lejos venir detrás de mí un ser simiesco que aceleraba el paso con intención de llegar hasta mi altura. puestas en camino mis ilusiones. ¿Quién podía ser sino mi buen amigo Alguien? Se acercaba casi corriendo. es verdad. cuando aquel ser estrambótico empezó a hacer gestos y dar gritos hacia mí. Una mañana. Y tenía razón. teniendo libertad de movimientos. apretando de nuevo el eslabón de la amistad que habíamos forjado. –Nada es del todo redondo. recién nomás salido de una aldea.En fin. se había hecho con copias de las llaves y una noche habían huido todos cuantos en aquella ala de la prisión estaban.

una ciudad y lo suficientemente grande. Bastaba un poco de intuición para descubrirlo. – También eso puede ser un peligro– le dije. de nuevo pude advertir su inteligencia. Pronto irían tras ellos. Pensaba que sólo podía ser obra de la casualidad. Sin embargo. pues matar a Alguien era lo mismo que matar a Nadie. para perderte en ella. conociéndote como creo conocerte –respondió. Le pregunté a Alguien cómo había dado con mis pasos. sino Madrid. – Vendrás conmigo –afirmé. Eres un "homo urbanus" y qué otra dirección podías tomar. A partir de aquel día anduvimos vigilantes. al menos de momento. Si alguno era detenido y confesaba. A menudo pensamos que nuestras elecciones son libres y son tales elecciones. pero él no tenía qué temer.Habían salido de Toledo y se habían repartido por los caminos en todas direcciones. No existía. – No es difícil. Aquella misma tarde vimos acercarse a caballo por el camino real a unos cuadrilleros de la Santa Hermandad con perros y arcabuces. buscando a unos fugados. verdad. Tenía razón. cuando la verdad es que vienen determinadas casi siempre por nuestra condición. podían impunemente ejecutarlo en cualquier lugar sin dar cuenta de nada. una vez más. 157 .

pero él sin hacer comentarios. Mi sitio no está allí. Y me despedí de aquel hombre de quien tanto había aprendido. tras vacilar un momento. Daba por hecho que haríamos grandes cosas juntas en aquel nuevo mundo que quedaba por descubrir. Pero sobre todo. cuando la hube soltado. porque mi sitio está en otro lugar. Por eso me sorprendió cuando. Tal vez algún día. – ¿Teméis a los cuadrilleros?– corté yo con una razón que me pareció justificada. Me iré a la sierra y en ella haré mi hogar. sonrió levemente. No podría aguantar en una ciudad llena de gentes sin volverme loco del todo. ofreciendo explicaciones que yo no le pedía. He vivido demasiado tiempo solo. – Lo seré sin exceso. 158 . – En parte. Me di cuenta de lo estúpida que era. He aprendido a sobrevivir en el límite y no me costará adaptarme. como está escrito en el libro de las cosas. Tenía razón de nuevo. dijo: – Verás. Y siguió hablando.No era siquiera una pregunta. – ¿Serás feliz?–le solté como una pregunta de novela. ¿Qué libro sería aquel tan importante y del que nunca había oído hablar? Lo dejé marchar sin preguntárselo.

¿Desde cuándo a Lázaro le asaltaban los remordimientos? Así fue como entré en Madrid. pero no podía hacerle tal faena a mi viejo amigo. pero no era eso lo principal si permanecía íntegro todo mi apetito. Empecé a darle vueltas a aquella sortija que debía entregarle a mi supuesto benefactor. Confieso que ante tales reflexiones y dudas empecé en verdad a preocuparme. por más que mi edad y dentadura no estaban ya tan intactas. dispuesto a comerme el mundo a poco que éste se dejara hincar el diente. y reuniéndolos en manada. siempre podía sacar un buen dinero con que sobrevivir un tiempo. Repasé las instrucciones: el nombre de un amigo suyo. si las cosas se ponían mal. pero seguramente era la lluvia que empezaba a caer. Pensé que. Era un día triste. Volví grupas a mis pensamientos que empezaban a desparramarse. 159 . un día gris de otoño. arreé con ellos camino de la ciudad. A lo lejos el padre Guadarrama levantaba sus hombros poderosos. así lo recuerdo.Lo vi partir camino de la Sierra. converso como él y vendedor de telas. si iba de su parte. quién sin duda me echaría una mano. –Él la reconocerá. pensaría que alguna lágrima perdida se vino a mis mejillas. Si no fuera porque desde hacía años tenía secos los hontanares del llanto.

Era un enorme aluvión que como en fuerte riada. buscando beneficios y prebendas. después de doblar y desdoblar estrechas y torcidas callejuelas. Era un hombre maduro. con unos rasgos familiares.Era entonces Madrid una ciudad en crecimiento. No parecía ir mal el negocio. honras y cargos. soldados. Enfilé en la dirección indicada. leguleyos. bajaba de todos los recodos de las Españas: de Galicia a Andalucía. pícaros y comerciantes. Allí llegaban nobles encumbrados. 160 . que no me fue tan fácil de alcanzar como esperaba. de la más diversa clase y condición. Me perdí varias veces hasta que. y una hermosa joven educada y amable. silbando adulaciones con su doble lengua. Llegó éste poco después. ya entrando en los cincuenta. de Vasconia al rincón más escondido de Castilla. que siempre buscan pescar en río revuelto y aquél bajaba denso. el primogénito. pícaros. que me recibieron con suma cortesía en ausencia de su padre. Sobre todo. Llegaban a ella todo tipo de gentes. fui a parar a una vieja y solemne casona de piedra de dos pisos con amplios balcones arriba. Abajo tenían la tienda y almacén de telas. Buscones de altos vuelos y reptiles que se arrastran por iglesias y palacios. En el piso primero estaba el domicilio donde vivían el matrimonio y sus dos hijos: un varón. hidalgos muertos de hambre. defendidos por fuertes barrotes y recias puertas de madera que daban seguridad a unos sólidos muros de granito. que traían de Toledo y hasta de Flandes.

retornó a la lucha y jamás volvió a mentarse en casa aquel asunto. Y me enseñó el suyo. vi y escuché todavía a Micer Antonio. tensó la mandíbula y así estuvo un buen rato. Pasamos al comedor. que así se llamaba. que escuchó de un tirón. sin poder separar de ellos la mirada. absorto en sus cavilaciones de las que le costaba regresar. Aquella y la inteligencia de sus ojos oscuros fijaban mi atención. mirando hacia muy lejos. le entregué el anillo que examinó con emoción. Varias veces estuvo a punto de quebrarse. la nariz aguda y curva como de águila. saliendo de su arrobo. Recuerdo aquel gesto de hombre duro que ha pasado por muchas vicisitudes. Le dio vueltas y más vueltas. Al día siguiente. De este modo entré a su servicio. – Era mi hermano –añadió solamente a modo de explicación. mas al cabo era un hombre recio y conseguía sujetar los muelles de las emociones. Durante la cena y aun aquella noche toda. como hombre práctico que era. leyó la inscripción y la fecha grabada en su interior. como un miembro más de la misma (pues como tal era 161 . Cuando acabó la historia. a cenar. Empecé a contarle la historia de Alguien. Apretó la sortija en su mano. donde nos esperaba ya el resto de la familia. Vi alguna que otra lágrima asomar a sus fuentes. que guardamos como una confidencia. añadió solamente: – Lázaro. idéntico a aquel.Tenía el pelo ya blanco y una barba cana. y con él y su familia. Finalmente.

sino yo. de modo que nadie. Me sentía con él como en casa propia. Creo que no se amaban demasiado.tratado) viví y trabajé durante algunos meses. Pero un buen día. pues. artesanos. que habría de perder y lo sabía. Pero el instinto y la libertad podían más que mi cordura. al levantarme. pero al fin los negocios son los negocios y la cortesía el mejor de los vestidos. A veces simulaba no saber. decidí yo mismo cortar la amarra y marchar de nuevo camino de la libertad. caballeros y hasta nobles de más alto copete. dejando correr rumores de toda índole. Hablaba mal de todos. con un sastre picarón y deslenguado que a veces visitaba la tienda de Micer Antonio a proveerse de telas. allí me habló y con él me fui. Me contraté. Éramos ambos de la misma ralea. Visitaban su casa todo tipo de gentes y de toda condición para encargar sus trajes y tomarse las medidas: comerciantes. noté que aún se alzaba en mí aquella vena canalla y antes de derramar mi estupidez sobre tan digna familia. Allí lo conocí. 162 . sabía los males de todos y se aprovechaba de los vicios de todos para su propio beneficio. que hablaban con ligereza de sus preocupaciones y cosas. pero había otros asuntos más rentables. en busca de otras aventuras. lograba descubrir lo que pensaba y el propósito de lo que en cada momento decía. otras disimulaba lo que sabía. y no siempre. pues todo lo cubre y lo oculta casi todo.

pues vuesa merced no se imagina. procurando que estuviese todo a punto y a gusto de nuestros clientes a menudo distinguidos. Yo veía y callaba. Parecían ambos negocios limpios e independientes. Era la mejor Celestina que V. y así ejercía yo mi cargo con toda la sabiduría de que era capaz. Presentaba a unos y otros. como buen cortesano. El resto ya se lo puede imaginar vuesa merced. Mi trabajo era como de protocolo. señas. Allí trabajaba mi ama con un coro nutrido de “modistillas". abría puertas y cerraba tratos. Llevaba unos registros en clave con las fechas. Había comprado el truhán de mi amo una casa pared con la suya. lo rentable que es el vicio. Era un asunto discreto que manteníamos en privado. vistiendo o desvistiendo. direcciones y otros datos 163 . nunca se sabe. Ellas mismas eran también enhebradoras y zurcidoras de los gustos de muchos caballeros. a las mujeres.Era aquella casa también lugar de citas. adonde que acudían dignos caballeros y no menos dignas damas a satisfacer sus amores a escondidas. nombres de clientes. personaje entrañable del que oí hablar y mucho en Salamanca. ¿o tal vez sí?. tan famoso que ha pasado a las historias.M pueda imaginar. pero de entrada por la otra calle. pues de ello dependían nuestra seguridad y nuestras más que pingües ganancias. pero el truco consistía en que el sinvergüenza de mi amo había abierto una puerta de comunicación entre ambas casas.

aunque más que otra cosa acabó siendo la tapadera de todos los demás. terciopelos. camisas. refrigerios regalos. calzones.útiles. profesión que supuestamente ejercíamos. así como las cantidades entregadas y el concepto. satenes. Ni que decir tiene que no eran pocas las damas que nos encargaban tales tareas. arreglos. despechadas 164 . maravedíes. hilvanes. Nombres como linos.. Pagábamos por ello a un rufián sin escrúpulos que ejercía su trabajo con prontitud y discreción. No solíamos aceptar encargos de muerte. panas.. dejándoles marcada la cara o heridos. Teníamos también puntadas y agujas que eran las señales o santiguadas por encargo a caballeros rivales. Teníamos también hechuras.que no eran sino las comisiones por poner en contacto una pareja. volantes. No era seguro hacer explícitos dichos apuntes por si caían en manos poco convenientes. alfileres.. como eran los botones de nácar... sólo que aprovechando el vocabulario amplio y rico de los paños y tejidos. de plata (ducados. de manera que utilizábamos códigos y lenguajes extraños como en la germanía... de marfil.denotaban la calidad social de los clientes. capas. no eran sino otros tales ejercicios y variedades amorosas con precios diferentes.. a los que se acometía por la noche. los gastos especiales como meriendas. para que no molestaran y que eran ciertamente cuantiosos. que era lo más importante. prendedores.) hebillas. Las puntillas y bufandas eran los sobornos a alguaciles y jueces...

recogí mis ganancias y salí de ellos. el vicio atrae con fuerza. pues todos sabemos que el vicio es muy rentable. Repletas estaban nuestras bolsas. resbalando abrazados por el fango. es decir. pues pocas semanas después. Pero así como la virtud es admirada y no da por imitarla. en las más débiles. condenados a los que nos podían juzgar. que cobraban sus muy sabrosas mordidas por mirar hacia otra parte. alguna vez. llegó a haber tal número y calidad de gentes implicadas. que aunque nos engordó algo la seguridad. marchaba la sociedad y todo funcionaba a nuestro gusto y aun más al de nuestros clientes. fomentando las envidias y el insano deseo de practicarlo. en cuanto pude. cuyo número aumentaba cada día. comprados a los que nos podían vender. justo a tiempo. de modo que andábamos todos revueltos. Es el caso que el negocio prosperaba. Primero fue un alguacil. Es cierto que teníamos presos a los que nos podían apresar. después. pues sabía muy bien por experiencia que los palos acaban siempre por romperse en las mismas costillas. nos fueron adelgazando las ganancias. Por eso. se 165 . después un juez. vendidos a los que nos podían condenar. así surgieron en seguida muchos emuladores deseosos de ordeñar aquella ubre.. Más con todo. empezaba a no agradarme aquella sociedad.contras sus amantes y aún contra sus propios maridos..

voluntades hasta conseguir acabar con el negocio. ¿quién puede confesarse cornudo? Pero removió influencias. cuando se poda cortando sólo algunas ramas. que estaban. que no denunció el hecho. Pero. cierto es.descubrió el pastel. La razón: un hecho inevitable: un marido que acude a una cita con una dama y encuentra allí a su esposa. naturalmente. el nuestro. así como sus beneficios y clientes. pues al parecer en seguida surgieron herederos. y el sastre y su mujer acabaron con sus huesos en la cárcel. Parece que también a mí estuvieron buscándome con fervoroso afán. ¿qué le vamos a hacer? El mal. en otra parte. La mala suerte es eso: estar en el sitio inadecuado en el momento menos adecuado. como me ha pasado a mí tantas veces y entonces le pasó a aquel caballero. mas ya había volado de Madrid camino de mis desventuras. 166 . después brota con más fuerza. dispuestos a repartirse la compañía.

he vuelto sobre ella. Sin embargo. Estuve parado muchos meses. convencido de que de esta manera vuelvo a vivir mi juventud y edad madura. me encuentro ahora con que la única puerta abierta que me queda es sólo ese pasado que revivo en estas hojas. Eso era importante para mí. cuando mi querido monje me reiteró un día —Difícilmente. que me lleva aún por donde él quiere. cerrando siempre las puertas a mi espalda para no volver nunca a recorrer tales espacios. desmontado. aunque mucho tiempo después.DESCANSO V He vuelto a coger las riendas. y más importantes son las personas cuanto más altas se colocan y más grandes las cosas cuando más espacio ocupan y altas se nombran. las cuales van cayendo lentamente igual que esas que veo por la ventana… 167 . como veis. y a montar de nuevo en este potro fatigado de mi vida. esto saldrá a la luz. mirando solamente hacia el futuro. Es tan extraño. Y me caí. Lázaro. me vine abajo. procurando no volver a resbalar de nuevo. pensaba que no existía sino aquello que era conocido. Vamos los dos avanzando jornada tras jornada y paso a paso. Yo que siempre fui huyendo de mí mismo. Por ello pensé que era inútil seguir adelante en una obra que nadie vería nunca. Pregonero al fin.

El único consuelo es que los pocos bien saciados y tocados de fortuna o de poder. Y he vuelto a desenterrar mi vida allí donde quedara. floja la piel y el sonido cada vez más hueco. y veo algo más claro. Parece además. Ha dormido muchos meses olvidada en el rincón oscuro.He cogido otra vez la pluma y cavado muy hondo al fondo del cajón. arreando como rebaños sus propias goteras.. tampoco aquí se quedan. Es como un tambor ya gastado. Las piernas no siempre responden y la espalda. Sé que está cercana y la espero con la serenidad del sabio que conoce ya el camino. y se marchan como todos. No tengo miedo. que estoy como cavando mi propia sepultura. pero he visto una puerta abierta allá a lo lejos. mientras escribo. LA imagen se me impone de forma cada vez más obsesiva y la pluma que picotea la página no es más que el azadón que va abriendo mi muerte. pero hay luz al fondo de este negro pasillo de esta época oscura en que se está cada vez más convirtiendo nuestro tiempo. este corazón se embota y golpea de extrañas maneras. Pero de nuevo. 168 . torna a resucitar de la mágica mano de su hacedor. y esperar.. como yo mismo. Habrá que andar.. como Lázaro. mientras escarba la vida. los achaques. es verdad. Pero no voy a contar los males.. A veces. No han cambiado las cosas.

Terminaba el verano y en breve empezarían a llegar los estudiantes. Oteaba el campo como águila carnicera. especialmente estudiantes. He movimiento como el mundo. pero no acababa de ver allí festín alguno. Con tanta competencia y tan poco dinero. Alcalá era una Meca para gente avisada y un paraíso de pícaros y vividores. entre gentes que venían de todas partes. de pícaros y hambrones. hábiles sinvergüenzas.XI JORNADA UNDÉCIMA Jamás eché raíz en ningún sitio. Lo que se para se muere vivido en Alcalá Salí de Madrid con el ánimo cargado. entre 169 . en una ajetreada pensión por donde desfilaban a ritmo de hambre. seres de toda condición. ese río de vida que inunda donde alcanza. es decir. ganapanes de muy pequeña monta y elevado ingenio. muy deprisa. como es principio de mercader o de ladrón. Me instalé de vigía. mas no de arrepentimiento. donde la ganancia superara al riesgo. También un refugio donde esconderse por un tiempo. camuflado en el terreno como hacen los soldados. Así fui conociendo un mundo joven y a la vez viejo. Procuré pasar desapercibido.

y en los muchos ratos libres. Seguramente ese afán de imitar a los modelos. Mas. con todo. Un perfecto canalla. asistía a algunas lecciones en diversas facultades. También creo que muchos jueces y abogados hacen lo mismo. es verdad. Para engañar la espera. el más tramposo ladrón y sinvergüenza que haya visto jamás. y unos labios ligeramente curvos. incluso de la Medicina. seguí durante un tiempo observando en mi atalaya. las materias de leyes o los cánones. Y aún me quedaban algunos ahorros. Tenía una risa falsa como de moneda sin valor. a ratos estudiante.gentes avisadas. el diablo ponía en ella semillas de ideas que iban fermentando poco a poco. Algunos le encontraban conmigo cierto parecido. Trazaba planes ajustados mi mente nunca ociosa. Prefería. no era el lugar para hacer las américas. copiando aquello que se admira. Me pasaba horas encima de los libros o escuchando la sabiduría de otros hombres. Siempre el conocer había tirado de mí como una vocación oscura que no pudo cumplirse. 170 . unos ojos turbios que miraban de soslayo. como más útiles a un hombre que piensa la manera de burlarlos. Conocí en la posada a un pícaro bribón. sesgados de desprecio. Gustaba de las Matemáticas. que él procuraba acrecentar cuanto podía. de la Astronomía. y en ellas me formaba aunque sin pensar un día ejercitarlas. maestro en todas las artes del hurto y del engaño. La paciencia es una virtud.

originario de Toledo. Sobre todo en las caídas. que se practicaban por todo el país con exquisito gusto y sobrado afán. la verdad con que mentía. allá en Sevilla.Había estudiado en la escuela superior del hampa. Y así era. no fue así esta vez. y hasta una pizca de envidia. 171 . excelsa Universidad del hurto. que allá había conocido. y ya no lo solté. interesantes las más. Contó historias diversas. más de burlas que de veras. lo convincente de su actuación y sus disculpas. atado a una cadena. Tal vez me conmovió sobre todo al hablar de un Lázaro. Salió huyendo – me refirió un día– por no sé qué de justicia y acabó allí. donde se practicaba con refinado estilo todo tipo de trucos para allegar ganancias y sumar dineros. Aunque ladrón cogido por ladrón sólo merece desprecio. en efecto. Lo pillé un día saltando de mi cámara. naturalmente de oro. bellacas todas. Y es este oficio tan duro que hasta en la caída hay que tener recursos. al fin. infortunadas algunas. que me gustó su forma de negar. –Pareces conocerle bien– sugerí yo por hacerle hablar. Hablaba con admiración de él. –Al fin estamos en pleno Renacimiento –me decía el muy ruin– donde florecen todas las artes y también las malas.

desde luego –volví a lanzar el anzuelo por si lo tomaba. Parecía tener algo que callar.. Pero no logré que me hablara de él. Sólo anécdotas..Hizo un gesto amplio. Nada grave que le impidiera dormir a un canalla como él. como de suficiencia. A lo mejor era el hijo pródigo que tanto había añorado. por algunas palabras sueltas y testimonios de otros compañeros.. Tuvo que huir al otro lado. como yo quería. Había algo en sus ojos. muchas anécdotas. Aquel sentir como yo y hasta admirarme. Le pedí más detalles que no supo o no quiso ofrecerme... ni de las cosas que realmente interesaban. pero no muy conveniente de airear.. No sé. –Tal vez no fuera él. No sé. que he hecho de ello el más perfecto camuflaje. No sé si confesaba o estaba poniéndose medallas. inconcreto. despidiéndose de tal Lázaro. Lázaros hay muchos. ahora que me miraba con esa fijeza. –Despierto era y más listo que el diablo– concluyó. Si lo sabré yo. Tal vez fue una delación o muchas. –¿Tuviste algo que ver? –Le ayudé en lo que pude. sobre todo si es uno mismo el que las cuenta. Pensé si no sería él mismo. Y la mejor forma de cubrirse es arropado en las historias. pues hasta los hampones tienes su código de honor y ese es uno de sus más sagrados principios. aquel llamarme a veces “padre” 172 . – Ganábase bien la vida.

No saqué nada en limpio. No había mejor sitio y allí decidí poner mi Escuela de estudios superiores. Actuaba yo de Rector procurando regir con discreción y eficacia. Tenía una agilidad envidiable en sus dedos. Le llamábamos “El Músico” y no vea V. y burlarse de mí y del parecido que algunos encontraban. y al fin. tenía unos ojos densos que clavaba en su víctima. Al cabo. ¿Por qué cada uno ha de aprender por sí. pero hay más intemperie en la pobreza de las calles desnudas. Eso. para ver si caía. ¿Por qué no podía hacer yo de maestro y protector de todas esas hermosas actividades tan abandonadas y perseguidas de los más poderosos. Contraté aún a otro “catedrático”. El Renacimiento. Allí cuajó la idea definitiva. El caso es que hicimos sociedad. me veía en la cumbre. Le conté algunas cosas de su madre. dueño de mi propio negocio y la verdad es que se respira mejor desde allá arriba. especialista en diversas artes. con el riesgo y retraso que ello significa? Estábamos en Alcalá. Le tendí algunas trampas. cómo afinaba.para enfadarme. que toda actividad necesita orden y organización todo negocio.M.. lo olvidé todo. Flaco más bien. Seguramente era el corazón que hacía equivocarme.. Algunos dicen que hace frío. Los movía con una precisión y una rapidez dignas de un virtuoso. como esas serpientes que 173 . Le pregunté de la suya. claro.

estrategias de aproximación. rapidez operativa. exigentes con los títulos que dábamos. llaves falsas. y una vez aprendidos. pues siendo tan ardorosamente perseguido. técnicas de guerra al fin. Era un poeta del oficio. Cada uno había de construir sus propios útiles. Nadie como los de la misma profesión para apreciar el mérito y él lo tenía. alambres. que es este. oficio difícil para el que hay que estar preparado. También lo apodaban “el Gato”. Y no era tan fácil salir airoso. que es ésta una virtud que sólo entre nosotros se aprecia en todo su valor. de manera que en poco tiempo conseguimos algún prestigio en toda España. Enseñábamos todos los secretos del negocio como la fabricación. no sé si por ladrón o por la ligereza del cuerpo o la limpieza de sus movimientos. Cada actuación suya nos parecía a todos un concierto sublime. camuflaje y evasión. aunque muchos preferían ir por libres. ejercitarse en el manejo. Después habían de examinarse si querían recibir la acreditación correspondiente. sólo triunfan los mejores. 174 . Ayudábamos a elegir el objetivo más adecuado (un blanco o gil). diseño y uso de las herramientas: palancas. aplicadas a este otro tipo de conquista más inteligente.hipnotizan a sus presas. Éramos. Nuestros alumnos eran muy demandados y no les faltaba trabajo en las distintas bandas del país. sellos. pues.

–Confesad sólo ante Dios y en caso ya de muerte. – Estad siempre preparados. –Negad. No improviséis jamás. Vestíos de perpetuo camuflaje. –Guardad si podéis la compostura. Uno es poco y tres una multitud. –Vestid decentemente y sin excesos. –No hagáis ostentación de honores ni saquéis a la luz vuestras riquezas. No vayáis desharrapados. –Andad de discretos. –No digáis a nadie vuestro nombre. bien sea en el hablar o en el vestir. bien para actuar o para salir huyendo. lo que haría al mundo miraros con sospecha. Tenedlas siempre a punto. –Estudiad el golpe antes de llevarlo a cabo. Fiad más del compañero que del cónyuge. sobre todo. Y no delatéis nunca a vuestro hermano. Vivid siempre de incógnito. Vuestro seguro son las piernas. pues atraeréis como el rayo las miradas de todos y no podréis obrar. Cuidad la sencillez. negad. y vuestra maleta las sandalias. sin llamar la atención. 175 .–No vayas nunca en solitario ni en grupo numeroso. Más que San Pedro. Lo ideal es la pareja y medid bien la vuestra. No llaméis la atención sobre vosotros.

–Sabed de simulacros y de afeites. Será a veces necesario usar de ellos. –Practicad con las manos, que estén ágiles; y también con los pies, que lo estén más. Nunca se sabe. A veces la libertad está en la huida y la vida en una carrera. –Estad siempre vigilantes: la mirada bien fina, el oído aguzado. Buscad la multitud para esconderos. Así iba cada día desgranando un sinfín de normas básicas que debían aprovecharles. Formaban toda una filosofía del vivir apurado, que algún día pensé recoger. Sirvan estas pocas, de muestra. Otras tardes les hablaba de nuestras cofradías o sindicatos donde siempre podrían buscar apoyo, justicia o consejo y hasta ayuda en casos de necesidad. Allí mismo organizamos alguno –Sevilla fue un buen modelo– y a su vez nosotros mismos servimos de ejemplo a otros. Estaba ya el reparto de los bienes fijado de antemano, lo cual evitaba muchas suspicacias. Hacíamos cinco partes, de las cuales tomaba una el que esto escribe, como cerebro y jefe de la empresa en que ponía el capital, las herramientas, mano de obra, riesgos y comercialización o venta del producto, lo que me producía no pequeñas preocupaciones y desvelos.

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Otra parte se llevaban a medias cada uno de las personas que formaban trinidad conmigo. Las tres restantes se repartían del siguiente modo: Una para financiar la cofradía de pobres y ladrones que habíamos fundado, y que ayudaban lo suyo: vigilando casas, ojeando haciendas, tanteando bolsas, revisando entradas, encontrando huecos o salidas. Era una información que valía muy bien lo que cobraban, amén de proteger este nuestro gremio tan aporreado y perseguido. Otro quinto también para la Iglesia. Nosotros lo ofrecíamos en misas y oraciones, en novenas y rosarios, en velas y limosnas para los pobres, en ejecuciones y entierros de los nuestros, que hacíamos cuanto nos era posible de solemnes. Y por fin, la última parte nos servía para comprar a jueces y abogados, que no sabe Vuesa Merced lo fácil que es comprarlos y lo caro que resulta pagarles. Yo mismo me encargaba personalmente de todos estos trabajos que eran sin cuento. Hacía los repartos, pero también preparaba los golpes con cuidado: trazaba planos de lugares, proyectos de obras, ensayos de la acción como en teatro. Todas las bellas artes estaban implicadas: El canto que servía de contraseña, la danza minuciosamente ejecutada del que ingresaba en prohibido por la noche, el mimo silencioso de sus gestos, la música total de la estrellas.

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Dos días por semana recibía a mis “ojos y oídos”, mis queridos mendigos, que me tenían informado, y muy bien, de cuanto ocurría en la ciudad y aun más allá. Había alquilado una casa retirada y discreta, lejos del mundo y su fárrago, como predicaban los antiguos. Allí recibía, y no siempre con sosiego, mis múltiples visitas, que no sabe V.M. cómo cuesta al príncipe y el tiempo que ha de gastar en regir su república. Cada día poníame en mi trono y con una vara de justicia en una mano y la pluma en la otra, dictaba sentencia a los que a mí llegaban de nuestra cofradía y aun de fuera, con pleitos o disputas. Había al fondo de aquella noble casa una cámara estrecha y retirada, en una de cuyas esquinas excavé un agujero o pequeña sepultura donde enterrar nuestro tesoro o nuestra vida, que venía a ser lo mismo. En caso de que hubiera algún registro, jamás toparían con él a no ser que supieran la historia de antemano. Allí guardaba el botín que luego repartía o hacía vender lejos. Con todo, una de las disciplinas de las que más me precio es la escuela de falsificación que levantamos. Teníamos de todo: talleres, imprentas, instrumentos y manos hábiles que podían copiar y confundir cualquier cédula, título o escrito. Podéis imaginar lo que fue aquello. Bien sospecháis que muchos de esos médicos que por ahí van matando con permiso del rey, en realidad, lo hacen con el nuestro. Y de jueces que no saben de leyes sino la del más fuerte, la aprendió de

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nosotros; o abogados que no saben leer sino sus honorarios, o clérigos que ignoran los mismos rudimentos del latín. Así sacamos doctores, licenciados, bachilleres, sabios, al fin, en trampas y en engaños. No hablo de otros títulos: campesinos que se hicieron hidalgos en un día; mercaderes que de pronto y por obra de una noche se vieron nobles sin dejar sus cofres de monedas ni negocios; conversos por siglos humillados que compraron su derecho a vivir entre cristianos. Gracias nos deben todos ellos, que un papel a tiempo es lo que importa. Son como las indulgencias esas que nos abren las puertas de los cielos. También hicimos bulas y dispensas en gran número, santos negocios de especulación donde se intenta vender el cielo en mínimas parcelas. Alguien se encargaba de colocar lejos de allí, por otras villas y pueblos, sin peligro. Yo pude enseñarles algún truco que aún tenía presente de aquel perverso amo, allá en mi adolescencia por tierras de Toledo. Nos hicimos también limosnas abundantes y donaciones cuantiosas a nombre de un convento que era nuestro, con tierras y con viñas, con ganados. Hasta incluso tocamos alguna que otra herencia. Nadie se hizo rico, es verdad, pero nadie pasó hambre en aquel tiempo. Vivíamos felices en esa “aurea mediocritas” que tanto proclamaban los antiguos, mas no sin esfuerzo, que nadie como el pícaro sabe cuán llena 179

Y aquí me hizo una descripción precisa de mí mismo. además. mas seguramente era eso lo que ellos veían. Un día vino a mí un juez amigo vino a mí un juez amigo que teníamos sobornado y discretamente me dio aviso: –Me han llegado noticias de Madrid sobre un tal. 180 . Cuando pienso qué podíamos haber hecho en una España hambrienta. con un gobierno tan eficiente como el nuestro. Las noticias están corriendo a todas partes y llenando de preocupación a las autoridades. Quise protestar algunos rasgos. dejándolo rodar. Así me dijo y yo entendí que era llegada la hora..está su vida de trabajos. Quitábamos un poco de los ricos. acaban prontamente. repartiendo el dinero. – Están llegando. y lo dábamos bendecido a los que más necesitaban. Son muchos los pobres y mendigos que cantan excelencias del lugar. lo que al fin les sobraba. que no me hacían mérito. a todas partes nuevas de lo que aquí ocurre y son muchos los que quieren seguir sus estudios en Alcalá. sin embargo. Aún hay gentes allá –estoy seguro– que recuerdan con agrado aquella historia. Lo más importante. era la labor de justicia que hacíamos. tan famosa y estimada al parecer como la propia Salamanca. como es lo suyo. y enseñando un oficio que permitía a cada quien ganarse la vida honradamente. Pero como todas las cosas que son buenas..

cogí mis cosas. repartí las de todos y sin decir a nadie mi destino recalé en Segovia. bastantes papeles y algunos dineros en mi bolsa. Ellos podían hacer lo que quisieran. la sierra por medio. 181 .Reuní a la cofradía. Y sin pensarlo más. les expuse mis temores y mi decisión de marchar lejos. con muchos recuerdos.

182 .

XII JORNADA XII La vida es una farsa hasta el final. pues. Copiaba papeles. SEGOVIA Dejé. sin embargo. nada contribuía. Me dedicaba al oficio de falsificador. en que no lograría acomodo en ningún sitio. que nos empeñamos en representar con lágrimas. de seguir así. imitaba cédulas. Alcalá y busqué otra tierra y nuevo paraíso para mis tentaciones. 183 . No era más que un apéndice o prolongación inocente de mi anterior actividad. llevar a prisión a mi más enconado enemigo o nombrar heredero de lo que no me pertenecía a quien me pagara bien. El mundo se me iba haciendo más pequeño y no estaba lejos el día. de modo que podía encumbrar al más villano en un momento a la nobleza. el cual seguí ejerciendo con suma discreción en esta ciudad adonde la justicia y la bondad divina había encaminado mis pasos. a alimentar mi optimismo. pues la maldad anida por igual en todas partes y todos somos hijos de los mismos pecados y padres de idénticos errores. Mas aunque iba cambiando de paisajes y gentes y aumentando mi conocimiento de los mismos. falsificaba documentos.

Ni que decir tiene que era un próspero negocio y lo sería aún más en el futuro. escudos y cualquier tipo de imagen o dibujo. Tampoco era pequeño el riesgo que corría si la justicia se enteraba.M. Yo mismo me hice conde un buen día en que me miré al espejo y me encontré digno de tal título. pues los gobiernos pretendían cada vez más registrarlo todo por escrito para tener sometidos a sus ciudadanos. Ejercía por ello de discreto y solamente trabajaba para mí y algún encargo de confianza que se me ofrecía y cobraba bien. sabuesos éstos que los jueces lanzan por delante para levantar las piezas antes de disparar sobre ellas los arcabuces de sus leyes y sentencias. dos piernas que siempre marchan a la par y si una de ellas falla.– cuántas puertas. cojea el edificio y acaba por venirse al suelo. pero sabía callar. Me perseguiría con sus legajos. Tenía gran habilidad para imitar letras. como es propio en este oficio. sellos. Me inventé cartas a mí dirigidas por muy nobles gentes. mas por precaución nunca llegué a usarlo y quedó dormido en el fondo de un cajón por si alguna vez…. las cuales enseñaba en los lugares apropiados y me abrían –no sabe V. trazos. De momento no podía sostener tal honor con mi fortuna. Encargaba determinados trabajos finos a un grabador conocido que me cobraba bien. nunca se sabe. como creía merecer por mi trabajo. 184 .

pero sin excederme. procuraba acercarme a las viudas.Por eso. evitando enseñar una boca desdentada que echaría por tierra la posibilidad de cualquier conquista. me hice caballero que era menos sospechoso. y así se acrecentó mi honor con mi fortuna y engordó esta a la vera de aquella. que es terreno ya abonado. Por eso. y por las tardes. Compreme un traje digno. y aún más de sus posesiones. No era ningún mocosuelo. al paseo. mas aún me miraban y con buenos ojos algunas de ellas. Por las mañanas iba a oír misa en la iglesia mayor. a las cuales devolvía una mirada cómplice que no siempre se atrevían a recoger. alquilé un criado y púseme a hacer reverencias a las damas. queriendo acompasarme en las dos bases. inclinaciones a los caballeros y la puñeta a todos los inferiores como había ido aprendiendo con mis orgullosos amos. Dejábame ver en público. A las pocas semanas era conocido y estimado como el más honrado y cumplido señor de toda Segovia. indagando el tamaño de su luto. no era yo de la opinión de perder el tiempo en galanteo y otras necedades con que los más jóvenes emplean sus fuerzas con escaso beneficio. como era mi deber de ocioso. 185 . Procuraba sonreír apenas. Con todo. que la mesura era el hábito que debía vestirme ahora. En ambos lugares buscaba la compañía de otros caballeros y sobre todo de las damas.

Todo había sido preparado para hacerme caer en la celada. que es uno perro viejo y con el olfato bien adiestrado para las cosas podridas. sus escudos. Y en efecto. ayudados del chiquillo. En fin. un chulo decadente y otra compañera más vieja del oficio. de noble cuna y virtudes más que probadas. Un día me presentó a una joven dama soltera. e "inopinadamente" – el muy truhán había preparado hasta los más mínimos detalles – nos topamos con los padres supuestos de la dama que amablemente nos invitaron a su casa haciéndonos ver sus muchas riquezas y títulos. tan hermosa. sino simple ramera que ejercía en un conocido burdel y los “padres putativos” respectivamente. con amplias posesiones en la Mancha. Mas el muy bellaco jugaba con dos barajas y fiando de él. se valían de estas y otras más complejas artimañas para ganarse la vida y el pan que tan duro se nos pone a los de abajo. sus armas. 186 . acabé por caer en sus embustes. los cuales. pocos días después me enteré de que aquélla no era precisamente doncella. que apenas llegué a la ciudad había tomado a mi servicio. Mas algo olía mal. es el caso que un día me arrastró tras él. Le recordé que algunas virtudes para seguir siéndolo no deben ser probadas. el cual era muy hábil en meterse en casas y corrillos para extraer la información que requería. Una joven. tan rica… No podía ser tanta mi fortuna. que para ellos trabajaba. bellísima y muy rica.Disponía para ello de la ayuda de un joven criado.

pero la verdad es que finalmente me acordé de mí cuando era niño y alguna vez me equivocaba. que no es de ley que el acusado 187 . Tuve que perdonarlo. la mejor justicia es la del cielo. que así me sirvió con lealtad y una pizca de cariño. Quise contratar a unos matones profesionales para que le dieran un buen repaso. según creo. y además. entre nosotros. sea por la mera supervivencia de una especie tan amenazada y perseguida como la nuestra. mas no dentro. por probar. Pensé después dejárselo a la justicia. asido firmemente su cabello. Me inducía a ello la mirada conspicua de las gentes que observaban. así que yo mismo me dispuse a poner en orden mis asuntos. Así que lo cogí de nuevo a mi servicio y he de decir que no tuve más queja.No me ofendí sino con mi criado. que no sabe bien vuesa merced cómo los huérfanos devolvernos exagerados los pequeños afectos que nos tienden. en parte por decoro. callar este episodio. Aun en los truhanes hay un código moral que cumplir. Se puede y se debe engañar fuera. el más vil y vergonzoso de mi vida. En ello estaba. la palabra hecha furia y mi mano levantada. el amor que mis amos me tenían. a lo que creo. pero sabía más de lo que era conveniente. y el mejor juez el que no conocemos. cuando de repente cayó postrado a mis pies. No iba yo a ser yo tan duro de corazón como habían sido conmigo. Bien quisiera al llegar a esta altura de mi narración.

pero el diablo. Digo. Pues verá. señor de Villanueva y de Negrilla. que no tiene que hacer. que podía ser la envidia de cualquier soberano. Rodrigo. mas con tan negra fortuna que existía un tal Señor de dichas tierras. Mas con todo. pues no costándome nada. levantaba haciendas sin esfuerzo. pues. Todo iba bien hasta que un día mandara ella recado hacia tal sitio pidiendo información de mis orígenes. se empeña siempre en enredar la madeja. naturalmente. por supuesto. Híceme cartas y títulos de tierras y otras propiedades. el cual había quedado viudo no hacía mucho . Ni siquiera sabía que existiese un señor de tal lugar. Me hacía llamar ahora D. con distintos títulos y nombres. propúseme al principio no ocultar nada importante ni callar aun las cosas que menos bien me dejan. que aun hubo otro intento de medrar en mi fortuna a costa de otra mujer. Cambié una vez más el nombre y mis señas. Utilicé estos datos que recordaba vagamente de cuando niño haber oído a mi madre. todo falso. de pensar cómo era posible no haber escarmentado de esa cadena perpetua a que condenan a dos y encima lo celebran.y ante los blandos requiebros que en la carta se ofrecían. natural de una comarca cercana a Salamanca donde tenía mi heredad. y me ahoga la vergüenza al recordarlo. corrió 188 . y en parte también por no ofender a vuesa merced que así me ha protegido. No dejará V.declare contra sí.M.

Me buscaban 189 . Un día llegó a mí un extraño individuo con aspecto de sospecha. Es el hecho que me confirmó en la decisión ya estudiada de abandonar el lugar en busca de nuevas aventuras. No creí que lo hiciera. Pero poco tardaría en meterme en nuevos líos y perderme en más torcidos andurriales. pues también él tendría cosas que callar. La mente ociosa es el barbecho donde más a gusto siembra el diablo. Así es que las desgracias nunca vienen solas. Después de coger algunas ropas y dineros y quemar muchos documentos. esperando solamente me olvidaran. con todo. como buen ciudadano– añadió el bellaco. Se mostró familiar y dijo haber trabajado para mí en Alcalá y que estaba dispuesto a cooperar de nuevo si le daba tantos dineros como yo nunca vi juntos. bien podría utilizar otros medios indirectos. ¡Son tantas las vías y maneras de hacer daño! Y a la mayoría de los hombres les sobra imaginación. No fue suficiente la burla con que fui burlado que aun al tiempo hubieron de lloverme nuevas amenazas. –Avisaré a la Justicia.hacia Segovia en busca de la dama que de tan lejos y por sus prendas había quedado herida. Pero el mal es muy sociable y se busca siempre amigos. salí de la villa y dirigí mis pasos a la Sierra. –¿Y si no?– sondeé la firmeza de su decisión.

Aquella misma tarde me alejé cuanto pude y entré en la montaña. ahora en Segovia. Me sabía hombre de ciudad y comprendía que no era otro mi territorio. No sabía orientarme y hasta me fallaba la brújula de la intuición que tanto me ayudaba en los poblados. Y un buen día me fui detrás de Alguien. de otras luchas que no sabía luchar. de peligros. en Alcalá. Caía ya la noche cuando encontré un pobre refugio entre dos rocas y allí me fui a dormir oyendo a lo lejos el aullido de los lobos. Retireme pues del mundo por un tiempo. Mas nunca he pretendido ser yo mártir ni padecer persecución por culpa de la misma. Me costaría adaptarme al campo tan lleno de amenazas.en Madrid. la fortuna en el bolsillo y la patria dentro del estómago. Tampoco me olvidaban en Toledo. donde debí perderme muchas veces. Ahí cazaba bien entre sus gentes. En fin. aunque ignoraba si podría aguantar allí por mucho tiempo. que era yo celebrado en múltiples lugares y creo que la justicia me buscaba para alzarme como ejemplo. Aún tuve que caminar varias horas por infames vericuetos. 190 . viviendo en el desecho que deja la opulencia. La montaña era un buen sitio. Lo bueno de los pícaros es que siempre llevan la casa en los zapatos. como otros se habían adentrado en el desierto. alcanzando las primeras estribaciones. Escogí la Sierra.

mitad animal. pues no era nada ducho en la Botánica y me hubieran descubierto enseguida si hubieran sospechado. que tenía aterrorizadas aquellas regiones. pero mi atuendo. que no hay confesor mejor que el tinto ni pecado más ligero. Corrían versiones muy diferentes y hasta contradictorias. que hace pasar más fácilmente algunas bolas. cuando abrieron sus tarteras. debió de convencerles y. Les comenté que iba recogiendo hierbas por el monte. habían de servirme para elaborar pócimas. Era una mentira peligrosa. nada bravos y al parecer inexpertos. que a mí se me sueltan al instante las junturas. todavía digno. pero no era creíble. sacaron sus botas de vino y se les soltó la lengua. que siendo físico. mitad hombre. también todo lo borra. Buscaban un extraño ser. Me uní en seguida a ellos haciéndome invitado. También ellos hablaron. pues llevaban sólo dos perrillos pequeños. en cuanto huelo la civilización y sus mayores méritos. sobre todo. el vino. emplastes o bien otros remedios. a veces me subía hasta allá arriba en busca de especies que luego maceradas o dispuestas de otras varias maneras. Parecían otra cosa y así lo confesaron al rato. Para unos era un fantasma o espíritu de algún caminante asesinado que se dedicaba a 191 .Una tarde me topé sin querer con una extraña partida de cazadores que decían andar a jabalíes. cual era aquel líquido rojizo que teñía de buen humor hasta el cansancio. que a la vez que mancha todo.

matando a cuanto varón se encontraba en su camino. por tierras ya de Salamanca o Cáceres. como si temiera le fueran a oír los espíritus de la montaña.asustar a todo transeúnte. Todas las damas burladas de la zona le mandaban recado de su ofensa y ella se encargaba de ejecutar la justicia por su mano. un hombre de mediana edad. Tal vez venían acosadas por la Santa Hermandad y huían de allá abajo buscando nuevos refugios. 192 . Un mozo robusto de unos veinte años habló de una bruja o trasgo que recorría la sierra más al sur. sembrando el terror por toda la región. Otros decían que era un ser monstruoso con cara de mujer. Algunas se le habían unido y formaban ya una banda muy peligrosa. matar y saltear. les arranca el corazón y luego las devora – comentó de nuevo el joven. Se dedicaban a robar. al decir de las autoridades. Así dijo el que parecía ser el jefe. con aspecto decidido y nada propenso a fantasías. garras de león y cuerpo de serpiente que dejaba petrificado a quien la miraba. –Nunca habían llegado tan al norte ni corrido noticias tan preocupantes. Tenía tres o cuatro esclavos que la servían. bajando la voz. recio y chaparro. Vivía en la montaña y no bajaba a los poblados sino para abastecerse o por razones de venganza u honor. –Dicen que sacrifica a sus víctimas.

viendo fluir el agua. le quitó la vida. si hombre. que puede escuchar perfectamente los días de verano todo aquel que guarda un poco de paz y de silencio en su interior. A tu edad se duerme mucho y se sueña demasiado. –¿Y es esa la mujer que andáis buscando? –En realidad –concluyó el capataz–no sabemos qué andamos buscando. monstruo 193 . mujer. aquí. los ojos perdidos en la distancia. Al llegar. animal. –Que te quedaste dormido. –Yo soy de aquellas tierras y allí escuché durante una larga siesta de julio esa leyenda. calló ensimismado. –El caso es que desde entonces recorre la sierra y se dedica a hacer justicia a otras mujeres.–No hay que creerlo todo – añadió un tercero que seguía el relato como distraído. le arrancó después el corazón y se lo metió en la boca. –Dicen que un día. al arrimo de unos álamos que también me hablaban. muerto . la cual recita una y otra vez aquella historia . quedó con él una noche en una última cita y allí mismo sin mediar palabra. de modo que no son pocos los galanes que ahora miden sus palabras y sus hechos. De esta guisa lo encontraron al siguiente día. burlada por el hombre al que amaba y con el que se iba a casar. junto a una acequia. despechada y ofendida.

alimentado y salvado. pensé yo. Pero había otras historias. Me dijeron que le habían visto últimamente no muy lejos de allí a pocas leguas a poniente. todavía más fantásticas. Algo se alborotaba con todo en mi memoria. Cuando lo cacemos.o fantasma. Pero algo me llamaba la atención de aquella historia: un ser aparentemente humano. 194 . Tenía que ser él. un extraño animal de aspecto horrible. lo sabremos. al fin. y a veces se rebelaba airada contra los que en ella se adentraban para profanarla. sabremos qué hemos matado. Procuré sonsacarles cuanto pude. caminando a cuatro patas. le había curado. Leyendas. cuando lo matemos. que a veces protegía. Pero bien podían ser – notaban otros– señales de la fiebre o del terror. sí. sin dar salida a mis temores. aunque menos acabadas. tenía que ser él. caminando a cuatro patas. – Tal vez mañana mismo topemos con él. Sólo leyendas. –Vive en una cueva con algo de ganado y es ciego o tiene un solo ojo. Pedí más detalles que no supieron ofreceérme. Alguno confirmaba que estando extraviado. Todo muy profesional –pensé para mí. Se decía también que acaso fuera el espíritu de la montaña. la vida. herido y a punto de morir.

. mas no había estrellas que guiaran mis caritativos pasos. magulladas las piernas. así creía. Allí estaba de nuevo la realidad mitificada. En la fría mañana de niebla y tiritona oí un seco disparo que venía de mi izquierda.¡Oh Dios! No podía ser. como un náufrago en el centro del océano. ¿En qué te han convertido. Tardé aún un rato. salí corriendo. Es el caso que habiendo caminado sin parar toda la noche. solo. Observé la herida y vi que era mortal. Pretextando la llegada de la noche. sangrándole el pecho. me desvié hacia el sur. hiriéndome entre espinos y jarales. llegué muy tarde. Otra vez a cuestas con el feo Polifemo. Temblando de inquietud. sí. Me miró con una lluvia de ternura en los ojos. Le había tocado el corazón. Llegué tarde. me alejé de allí y dando un rodeo. soltó en chorro su sonrisa y abrió el grifo delicado de su voz: 195 . enfilé enseguida hacia el oeste y anduve. anduve hasta las puertas de la noche y cuando éstas se cerraron. fui a perderme del todo en aquel medio. mi buen amigo Alguien. pero allí estaba Él. viejo amigo? –¿Lo matarían? –Y arrancarían su cabeza y la expondrían como trofeo en la plaza pública y venderían su piel y.. que sin duda no era el mío. No seguí escuchando. seguí andando y andando en la misma dirección. la cara deshecha de cansancio.

No lo sé. En efecto se iba y se venía su consciencia. hasta que el corazón al fin navega solo haciendo agua. Sentía una tristeza más grande que yo mismo. Miré su aspecto. 196 . –Pero vi su cara– añadió. Y la tierra se hinchará un poquito más. dándole un aspecto de lo más extravagante. Y se fue otro rato lejos. a la realidad o a otros sueños. Debí poner cara de pasmo. Era un leve pajarillo a punto de volar. al reino de la nada. El bote arriba a puerto. Perdía a ratos el conocimiento para regresar al poco. Lo cogí entre mis brazos como a un niño. como siempre descuidado. No era extraño que lo hubieran confundido con una fiera salvaje o monstruo mitológico a él. Llevaba una barba sucia y un larguísimo cabello todo blanco. querido Lázaro? Tampoco respondí. Pesaba muy poco. mientras me dirigía con él hacia su cueva. Pendía de sus hombros un mantón o amplia capa de pieles de diferentes formas y tonalidades que había ido cosiendo a retazos una a una. que hacían inapreciables los rasgos de su cara.–El río llega al mar. –Debieron creerme muerto. el más humano de los hombres. Parece que vivir es ir soltando amarras. De ahí un paso a todas las leyendas. pues en seguida añadió: –¿Cómo estás.

Se delataba por el tizne de las paredes ennegrecidas por el humo.. asesinan. violan. cocinaba. solo una larga grieta en el muro. Y al frente de ellos… Debí poner cara de estúpido. Allí hacía el fuego.Lo miré con preocupación. un amplio salón irregular. Desde fuera apenas si era apreciable. –¿No oyes los ladridos de los perros? Volvía en sí otra vez. pasaba gran parte de su vida.. Forman una banda de número impreciso que roban. a quién debo este favor? Y calló un rato. 197 . tenía fiebre y estaba perdiendo mucha sangre. Vendrían seguramente de sus sueños. No había nada que hacer. Le puse la mano en la frente. bastante iluminado. –¿Sabes. aunque yo no oía aquellos perros. Se entraba por una boca estrecha y alargada. Cambié el vendaje que se hallaba empapado de sangre y esperé. mi amigo. Suficiente para dar paso a un cuerpo de perfil. Allí le había alcanzado aquel disparo. Sí. Le interrogué con la vista ansiosamente. –Por ahí anda tu señora asaltando caminos y robando hogares y haciendas de pobres campesinos o activos comerciantes que recorren estas rutas peligrosas. La cueva era espaciosa y elevada.

¿Sería la partida que lo andaba buscando y que estaba ya más cerca? Yo no oía nada. 198 . Seguramente sus sentidos estaban mucho más afinados o tal vez fueran las alucinaciones de la fiebre. Le empecé a contar mi vida desde el punto aquel en que habíamos separado nuestros pasos.–Exactamente –prosiguió él– tu adorable señora. Y entonces hablé yo. sólo por quitarle aquel último esfuerzo. Me señalaba burlonamente la grande y redonda medalla roja que adornaba su pecho. Un golpe de tos le cortó el hilo del discurso y me llenó todo de sangre. Jamás me han molestado. No le convenía hablar. –Deberías irte. –Oigo ladrar los perros. mi buen amigo. Pero aún me interrumpió para prevenirme. Quizás tenía razón. Además era inocente. mas yo no había venido de tan lejos para salir ahora huyendo. Me traen a veces cosas que preciso y otras muchas que para nada necesito. –Muchos campesinos de aquí cerca me conocen. –¿Qué ha sido de tu vida. pero parecía que se le hubiese soltado la lengua. A ella personalmente debo esta última condecoración. Lázaro?– pudo añadir apenas.

199 . Y así fue como acabó: con un golpe de tos o de risa. cuántas de ellas he tenido que empujar a los abismos.M. que la vida es una farsa hasta el final. Es más. con esta bufa historia de mi vida. que nos empeñamos en representar con lágrimas. de puro ridícula. ¿Cómo iba a dejarlo en tal estado? Y allí me quedé escuchando sus últimas palabras. ¿Pues no se estaba riendo. Así venían éstas a mis ojos. De aquella situación extraña me sacó el tumulto de gentes que en un momento me rodearon apuntando amenazantes con sus armas. No le hice caso. ¿Cómo era posible?. el muy truhán. que al contarla. también a mí me estaba haciendo gracia? No he visto otra muerte más graciosa y no vea V. Debía dolerle aquella grave herida. me decía a mí mismo. parecía pasarlo bien. Reíamos los dos con ganas. nada serias. mientras veía los suyos sonriendo con oscura malicia. mas un vivir tan duro le había templado el ánimo y curtido la recia voluntad.–Tendrás problemas. de modo que no le oía quejarse. que se quedó sin aliento.

200 .

la conversación más común. Nos han unido a ambos y nos unen todavía tantas cosas. que al fin no somos. inaugurando a cada paso nuevos paraísos. lo acabábamos nosotros de inventar. que todo tiene su tasa y cada uno su proporción. Acaba de llegar.. sino vidas paralelas. también entonces en mi cima. Hasta en este retiro final se siguen nuestras líneas: él en Yuste. Seguramente es parte de la época en que me ha tocado vivir o engaño común de la propia ignorancia. Plutarco lo diría. glorioso como yo mismo. 201 . sino en la más breve geografía de Castilla. El caso es que creí a cada vez que empezaba de cero. la noticia de la muerte del emperador y se ha extendido en seguida como pólvora por todos los cristianos. para hacer cortes. no en Flandes. ni Alemania. que había muchas cosas que estrenar y todo lo que hacíamos las gentes de mi generación era reciente. como yo. Es el rumor más sobrado. siempre creciente. Sea el batallar continuo contra enemigos en todos los lugares. de ir abriendo puertas. Sea aquel nacer los dos con el siglo. Se han llenado las iglesias de gentes que rezan por su alma con entrega.DESCANSO VI He ido por la vida con la sensación.. empezando caminos diferentes.. viajero y luchador. cuando esto escribo. aquella entrada suya triunfal en Toledo. yo aquí.

pero un día cobrarán sentido. acaso. No quiero que se vuelva a cercenar en partes. cercenando la censura hasta cosas inocentes. No es ahora el momento de fijar detalles. se van finalmente cumpliendo: la suya ya lo hizo. a arrancarle miembros. decidido su devenir. añadiéndole postizos que la afean. Por eso. ni podando casi todo. nos retiraremos algún tiempo y. No pasaríamos el examen. Puede que estas palabras suenen mágicas ahora. bien seguro. Así se hizo en la primera. nuestras vidas paralelas. seres libres alzados de sus tumbas y sean finalmente juzgados con arreglo a la más estricta justicia . hermano. También yo he rezado por él. Se sabrá algún día. Para eso me he tomado algunas molestias. ¿quién sabe? Tal vez un día la hermosa planta de la libertad germine en nuestro mundo y haya nuevas oportunidades. No es éste el momento. sin los prejuicios y arbitrariedades que ahora triunfan. cuyo destino está ya pensado. Ya veremos. a pesar de vuestros consejos. y por mí. Sé que lo entenderéis y bien. bien lo sé.en esta Salamanca que me vio nacer y me verá también morir. con el Santo Oficio alerta. La quiero entera. 202 . la mía no tardará. que siendo nuestros destinos gemelos. un nuevo juicio final para los resucitados. La pretendo completamente mía con todos mis aciertos y todos mis errores. No quiero que en esta segunda se repita. pues sois un hombre sabio y comprensivo. Estoy ya preparado. Tan sólo pido un tiempo para rematar esta pequeña biografía.

¿qué razones tenía para salir del grupo la víspera. Y si encima llegaban noticias de Toledo o de Madrid o de Alcalá o de Segovia. mi situación se pondría aun peor. Era sin duda el terrible asesino que buscaban. hacían mucho bulto. Acabaría confesando de igual modo. – ¿Te niegas a admitirlo? – ¡Cómo no! Confiteor deo. manchado de sangre y con un cadáver en las manos. Y así me cogieron y así me condenaron. ¿Por qué iban a buscarla? Y además.XIII JORNADA DECIMOTERCERA La agitación no es buena al vino viejo. casi al anochecer y con tanta premura? Había puntos oscuros. así que pacté con ellos una dura condena a galeras.. que aún pudo ser peor.. 203 . – Y si no. Me habían atrapado en plena acción. pero puestos a acumular circunstancias. Ya lo creo que los tenían. tenemos otros medios. Tenía ciertas dotes de persuasión y algunos dineros. pero no estaba dispuesto a pasar de nuevo por aquel trance. ¿Hacían falta más pruebas? ¿El arma? La habría arrojado lejos o entregado a algún compinche...

A la vista estaba toda aquella chusma. De los sitios que me iban echando. a pesar de tantos naufragios. –Aunque a partir de una edad– decía mi señor– donde mejor. pronto no tendría a donde ir. –Tú eres un ejemplo de superviviente. Pero ya no era un jovencito y con los hábitos cambiados. Lázaro. era un trabajo digno de Lázaro. En mi caso. que era más grande y menos exigente. los entusiasmos abatidos y las fuerzas flacas. De toda situación hay que sacar siempre lo mejor. La mar es una gran madre. Me quedaba la mar. podría al fin saciar mis antiguos anhelos viajeros visitando otros países. Y es que habían empezado en mi interior a dialogar entre ellos. en casita. –Pero la resignación es una virtud cristiana –terciaba el avaro clérigo– y tú debes empezar a practicar alguna. El caso es que era llegado el momento de cambiar de aires. no aguantaría tan dura penitencia. empeñado desde su sabiduría en ayudar a los poderosos.Cinco años trabajando al servicio del rey. presta como yo mismo a embarcar en la aventura. empujando la pesada nave del estado. que no escupe de sí a ninguno de 204 . –La agitación no es buena al vino viejo –agregaba mi ciego. pues la tierra se me iba quedando ya pequeña.

curiosos todos. –Lázaro. incluso los más pródigos o precisamente acoge mejor a los más pródigos.. – ¡Ay! Toma en adelanto mis sortijas. igual que el polvo.. ¿Qué íbamos a hacer. por donde se van perdiendo cosas. –Basta de cháchara –nos bendecía con su látigo el capitán. sino espantar a voces nuestros miedos? A más de una mozuela le vi sangrar de pena el corazón. Atravesamos uncidos en una larga cordada buena parte de Castilla y toda Andalucía cargados de joyas que apenas nos dejaban lucir: recias cadenas que como heráldicas trompetas o campanas en vísperas. dejando la vida por ahí flotando.y no entendían la alegría de nuestros cantos que al igual que nosotros. compadecidos menos. mirando hacia atrás. insultándonos los más. despierta. alegrándonos a la par el nuestro.sus hijos. Y hacíamos sonar las cadenas en las manos. iban anunciando nuestra solemnísima presencia. Alguno se quedaba rezagado. dejábamos rodar por los caminos. al vernos de tal guisa. – ¿Te casarás conmigo? _Tal vez cuando vuelvas. 205 . Las gentes nos miraban: con recelo unos. llenas de música. dejando la unión santificada. Pero un nuevo latigazo nos volvía a la vida.

–Yo no tengo pecados– respondí con ira. Había algo reconocible allá en el fondo. y no era poco. Se quedó un momento sorprendido. –Te conozco. –O ladrón. satisfecho de su ingenio. Callé. Allí eras muy famoso. el rincón de infierno en el que caes. Ese nombre era una trampa. –No hay mucha diferencia. De Toledo. así es. –Yo te escolté alguna vez por sus calles. aquellos para apuntalar sus crímenes. no confieses a cualquiera tus pecados– dejó resbalar. éstos para castigar sus faltas. Aunque fuera para insultar.Sabía mi nombre. Volví a mirar su rostro canallesco. pero no me recordaba a nadie—. importa poco. –Di que sí. –Nunca estuve en Toledo –mentí. Aunque. –Como a príncipe. Mi pasado podía ser mi enemigo. maldiciendo su risa. Y la verdad. Unos y otros necesitan guardias. –Por eso estás aquí –volvió a reír de nuevo. la verdad. una vez condenado. 206 . —Lo miré con atención. mas al fin se resolvió en una estruendosa carcajada y un cumplido latigazo. Pero no entendió nada.

como ya lo hacían mis ojos. El mundo es una mierda. fugitivos y fáciles medradores.–Una injusticia. Y se marchó rubricando sus palabras con otro golpe de látigo que me dejó escritas las costillas y la boca cargada de maldiciones que no daban tiempo a salir. muñidor de todas las Españas. Si tuviera tiempo y mejor ocasión. si mis manos pudieran bracear. capital de pícaros y corazón de cuantos su ambición o tal vez su desespero había sacado de sus casillas y arrojado a la procelosas aguas de la codicia. en el fango–predicaba el buldero. atrapando la ciudad y sacándola a bailar con el Océano. allí echaría mis redes seguro de sacar un sobrado botín. Al fin. –Los más grandes tesoros. aunque agotados. 207 . tan llenas de peligros. Sevilla era la Meca de todos los buscones. en tan oscuras aguas. –Di que sí. El mar galante estiraba allí su brazo en un Guadalquivir poblado de veleros. Compostela de vagos. llegamos anhelantes a Sevilla. La Torre del Oro vigilaba aquella loca danza de remos y de velas. un día. Él sí que tenía razón. Como tiburón hambriento –pensé con la nostalgia de lo que no es– habría cobrado allí muy ricas presas. –Un gran estercolero.

que imprescindibles como éramos en el servicio de su Majestad. lo cual nos ayudaba a resistir. También el odio explica casi todo. Pronto nos vimos luchando con los elementos.– ¡Ay!– salió un suspiro hondo cargado de imposibles. Eran los más firmes. Alguien se puso a cantar con voz de queja. ¡Cuando estuviera libre! ¡Oh esos sueños que el alma construye cuando el cuerpo más aprieta! No hubo tiempo de disfrutar tanto descanso. recio el trabajo. las olas. Yo mismo empezaba a darle nuevo sentido a mi vida llenándola de odio. cuando estuviera bueno. la comida corta. Canallas con aspecto de canalla a los que el odio alimentaba para seguir resistiendo. inseguro el descanso. 208 . en seguida reclamaron nuestro concurso para empujar la nave del estado y ayudar al gobierno de la patria. Y eso era. los turcos y hasta con nuestros propios amos. enemigos todos del emperador. Aguantaban con odio el odio. Los días eran largos. Y todos al fin nos volvíamos como ellos. El rencor es muy fuerte. ¿Qué hombre puede soportar tales calamidades durante largo tiempo? Había gigantones que se venían abajo en la soledad dura del remo. la crueldad con su propia crueldad. Me agradaba el lugar e hice promesa de volver. Hablábamos siempre de ello como si fuera una enfermedad.

en verdad. sembrando de espanto toda la galera. con dos velas latina y dos castillos en los extremos. bajo cubierta. Sonaban las cadenas. que con sus golpes ponía el ritmo a nuestros instrumentos. varios cañones asomaban sus agudas narices casi siempre resfriadas y estruendosas. el rechinar del remo. adornados de feroces cañones y no menos terribles arcabuceros. Había tantas bajas por accidentes nuestros como por golpes del enemigo. corría todo a lo largo. un corrido entablado que nos separaba de marineros y soldados 209 . el silbido del látigo y el azote restallante de las olas contra el casco. Por encima de nosotros se alzaba la cubierta. unos larguísimos palillos con que batíamos en perfecta armonía el viejo tambor del mar. los gritos y las voces arriba de los frágiles soldados.Era una hermosa nave de unos treinta metros de eslora y casi seis de manga. Veinticuatro remos por banda y cinco hombres por remo. que si no acertaban demasiado al enemigo. formábamos. Allí se alzaba el cómitre. por el centro un estrecho pasillo o crujía que comunicaba los extremos de la nave. En la parte inferior. pues a menudo estallaban sus armas con estruendo. los gongos del cómitre al marcar el ritmo. al menos lo asustaban y nos llenaban a nosotros de terror. una gran orquesta. Desde entrambos castillos. a proa y a popa. Unidos a las flautas de los arcabuces y los violines de los ballesteros.

No sé. Una vez le preguntamos al capellán sobre tan arcano asunto y no supo responder. Ignoro de qué podía estar hecha aquella pasta espesa y apestosa: gachas. –Hijo. Y todo con generosidad y desinteresadamente como ha de hacer la gente bien nacida. porque nuestro rancho no es mejor. por igual perdonaríamos no haciendo gravoso nuestro sustento a las ya de por sí muy flacas arcas del país. ayudando a la Religión y sirviendo a Su Majestad con todas mis fuerzas. ¿no humanos? Y otras cosas. harina. de los misterios. espinas de pescado. legumbres. excepto algunos golpes que nos llovían de arriba. Esta fue “La Graciosa”. –Creo que tampoco. húmedo y a menudo irrespirable. Tan sólo luchábamos por la comida. Dos veces al día nos llovía un maná asqueroso que digeríamos como si fuera el más sabroso manjar. En su magma flotaban cadáveres. sólo Dios entiende. Se necesitaban serios ministros y fieles servidores que empujaran con decisión la pesada nave del estado.Sirviendo de protección. padre. ese don inexcusable. Allí permanecíamos enclaustrados en un mundo oscuro. Pero consuélate. Nada cobrábamos por ello. y el cocinero. nave en que durante varios años hube de recorrer el ancho mundo. también de cárcel. que si no fuera de necesidad. –Y el cocinero. 210 . a los cautivos galeotes.

especialmente en invierno o cuando el temporal revolvía la mar hasta enfadarla. la pólvora. llegó a ser la comida el momento más esperado. Cuando el viento amainaba o llegaba el peligro en forma de barcos enemigos. no son imágenes lo que percibo. los barriles de agua o vino. Cargábamos los fardos. –Siempre hay que respetar las leyes de la guerra y no matar más de lo normal ni usar armas secretas. Pensamos en utilizarlo de munición contra el enemigo. Con todo. echábamos todas nuestras fuerzas sobre el remo. Recuerdo pocas cosas de esos años. sea solo por intentar descubrir sus misterios. Entonces limpiábamos la nave.El caso es que olía mal y sabía mucho peor. Parece como si los días se hubieran fundido en una densa masa pegajosa. los sacos de harina y otras provisiones. que era todo un caballero. desplegábamos las velas y nos dejábamos llevar entre sus brazos. A veces. sino pútridos olores a pescado. las balas. 211 . soltábamos los remos. lográbamos distraer alguna pieza con que alegrar el diente por un día. Algunas vías de agua se taparon con aquella densa masa y de tal modo que no volvieron nunca a abrirse. Cegados en la sentina oscura y maloliente. la lijábamos… dejando todo a punto. Cuando el viento soplaba a favor. Pasábamos también tiempos en tierra. muy pocas. Pero no quiso el capitán.

También algunos hechos de armas contra las naves turcas que pirateaban el Mediterráneo. impulsados por un golpe de viento. Marchábamos un día en formación una pequeña escuadra de naves cristianas. y perdimos el contacto con el grueso de la formación. Iba la nuestra en el ala derecha. Echábamos de menos la familia. el barco quejándose en sus juntas y el golpeo del cómitre poniendo ritmo a las olas. tú no tienes familia. también sonidos: el remo batiendo acompasado. nos abrimos de más.. a sudor…y sonidos. –Por eso. El mar siempre era el mismo y aburrido el vientre siempre igual de una galera. –Pero.. 212 . Una nave corsaria más ligera que la nuestra apareció de pronto en nuestro flanco y a pesar de los esfuerzos acabó por abordarnos. españolas las más. justo al extremo. napolitanas algunas. Perdí mucha visión aquellos años y como rata fuime acostumbrando a la penumbra. Lázaro. cuando en un viraje para afrontar la costa siciliana.a vómito. esa ancla que nos sujetaba. la vela que nos hacía volar aun más que el viento. Pasaron a cuchillo a los soldados y nosotros fuimos obligados a remar ahora para ellos. preparándome al fin a la oscuridad definitiva.

No eran aquéllos mejores que los cristianos. En fin. –Perseverad y no temáis— nos animaba el pater – porque Dios premia a sus fieles con largueza. ¡Si hubiera sabido entonces lo que el destino iba a depararme! Les propuse pasarme a su religión si aquello iba a librarme de la odiosa condena.No varió en nada nuestra situación. Decía un viejo amigo de aquella época que lo bueno de viajar es que se aprenden idiomas. Era una orquesta 213 . Solamente habíamos cambiado los dueños y con ellos los insultos que ahora sonaban de una manera ligeramente nueva. hacía más robustas las creencias. ¡Oh Dios! Cuando estás ya tocando el cielo con las manos– tres meses tan sólo me restaban. Yo he aprendido a insultar de todas las maneras. que eso. aunque el tono siguiera siendo el mismo. allí estaban las muescas en el remo– resulta que se te cae el cielo encima con todas sus estrellas. Cambiamos la letra –ahora en turco– pero la canción seguía siendo la misma e igual el ritmo. que seguíamos cautivos sin saber cuándo acabaría la condena. Y renegado o no debería seguir atado al remo. De nada valían mis tretas de otros amos a quienes juzgué crueles. Él fue el primero en ser sacrificado. Mas los negocios son los negocios– así me replicaron–. al parecer. Uno tiene derecho a ser cobarde.

a la que maldecíamos en italiano. para que no nos lo tuviera en cuenta. Se puede vivir con casi nada. moderatos. Estaba entre nosotros un joven extremeño. siciliano. Había matado con saña a su patrón. Dejad aquí toda esperanza. allegrettos (más bien pocos). que cuando se enfadaba empezaba a rezar letanías al revés. cuyo responso le hacíamos nosotros: Porca miseria. bajando santos. durante largo rato. largos y pausados otros (en desfile). hasta que finalmente se calmaba o se le acababan los santos. Y aquélla empezaba a huir espantada por tantos golpes.e interpretábamos todo tipo de sinfonías y movimientos: lentos unos(a ritmo de arribada). pronunciando mantras. Pero era inútil. A cualquier contrariedad volvía a empezar su rosario de misterios siempre dolorosos. También vivía entre nosotros un tal Enzo. andantinos. la pobreza. Aún escucho a veces por las noches la voz triste y dolorida de un joven piamontés que soltaba a mi lado hermosísimas canciones de su tierra en una lengua extraña que empezamos a amar porque la hicimos nuestro. Era la última rueda del infierno. ¿qué otra cosa podía hacer? Y continuaba después la letanía. pues conoce bien todos los idiomas y países. dueño y señor de 214 . mas no sin esperanza. afirmándonos una y otra vez en la causa universal de todos los males.

se quedó a vivir entre nosotros. lo cual no es poco decir en estas épocas. las noches más pequeñas. sino sus bien fundados conocimientos de la tierra y de sus seres. como si se tratara de una visión que nunca nos acabáramos de creer. la cual pausadamente vino a posarse en el pequeño ventanuco que ventilaba algo la sentina hedionda en que vivíamos hacinados. mas tenía ese don espiritual de comunicarse con todos los seres. alejada seguramente de la playa. Aunque era nauseabunda. que no era un ser precisamente blando. pero todos hacíamos de padrinos.haciendas y personas. Le guardábamos siempre algo de nuestra mísera comida. Aquel ojo era siempre un rayo de esperanza que iluminaba un poco nuestra oscura existencia. Rómulo era el padre. que así llamábamos al joven. una tarde apareció sobre nosotros una hermosa gaviota. incluso los humanos. una más en un negro rosario de desdichas. Digo con esto. Los días eran más claros. porfiando cada cual en servírsela en persona. Gentes que habían matado a otras 215 . Un día nos contó su negra historia. no nos lo tuvo en cuenta y un buen día. Siempre me ha sorprendido que cosas tan pequeñas puedan significar tanto y píldoras diminutas produzcan efectos tan poderosos. Después llegó a hacerse tan habitual esa visita que cada tarde esperábamos anhelantes su llegada. Pero no era eso lo que de verdad nos asombraba. Bajó hasta nosotros y volando sobre nuestras asombradas cabezas. vino a posarse suavemente sobre el hombro de Rómulo. Amaba a los animales. Pues bien.

Rómulo que agarra al capitán y le retuerce el cuello de la misma manera que habían hecho con su frágil gaviota. 216 . el mejor sitio para ver el espectáculo. Otra historia de bien que acaba mal. dejó regados por la nave un sinnúmero de heridos y dos muertos: el capitán y Rómulo. cayendo inerte sobre el banco de condena. le torció el cuello. cogió al pobre animal de un manotazo y sin mediar palabra. Un mal día. Todos ayudamos. hubieran hecho lo imposible por aquel animal. Cuando el cielo escampó. protegido como estaba tras una de las cuadernas. Y la vida que sigue. –Es que yo creo en los milagros. ni un rasguño —certificó mi compañero. Se levantó al instante un tumulto de remos y cadenas. y la sangre que no dejaba de correr. Lázaro. de brazos extendidos y amenazas. Con la necia disculpa de que mermaba la eficiencia distrayéndonos el rumbo. el capitán vio la escena y le pareció más propia de débiles y flacas mujercillas –así lo dijo– que de fieros y crueles convictos como debíamos ser nosotros.gentes sin vacilar. Pero al poco un alfanje que sale de algún sitio y le atraviesa el pecho. Incluso yo recibí alguno sin querer. ante la mirada aterrada y a la vez aterradora de todos los galeotes. Los compañeros comentaban: –Y tú. Llovían por doquier los golpes de látigos y lanzas.

Calló un momento como si reflexionara y fue a salir por donde no podía seguirle –Me gustaría ser cómo tú. sin nada que perder. Los meses sucesivos se convirtió el barco en un reino de venganza donde el “verdugo” repasaba nuestras espaldas a diario para que no se nos olvidara nuestra condición de pobres miserables. Y me enseñó su cuerpo santiguado: su pecho molido. un insulto cada palabra. libres. – ¿Y tú. la cara tumefacta. Lázaro –A mí no –corté rápidamente. lo peor vino después. allí dentro. Y nos dedicamos a cultivar la perla que acababa de nacer en el interior. Ahorcaron a tres de entre nosotros. echándonos a suerte y a modo de escarmiento o de espectáculo. 217 . y cada gesto una provocación. lo apostará todo. Era la forma que teníamos de sentirnos libres. Lázaro? –Intentaba comprenderlos. Pero es un error dejar a un hombre sin apoyo. a pesar de todo. Y así ocurrió: cada mirada era un crimen. amoratado el cuello. no sé bien.–Yo también. Y puse de nuevo cara a mi trabajo Con todo. Así descubrimos un día que éramos hombres.

Pensé que estaba ya en el más 218 . las cosas hay que hacerlas bien. un ejercicio extraño para mí. cuidando los placeres del cuerpo. hecho el nudo. cuando rezando yo mis oraciones.Toda ocasión era buena para practicar el nuevo espíritu. azotados con esmero. Era. que nunca fueron muchos. sin embargo. pero hay que tener en cuenta que en las naves hay muy pocas diversiones. Seríamos atados por los pies. Era el primero en la bancada. como molde rígido que acababa siempre deformándome. mientras dirigía la mirada hacia al Altísimo. Una crueldad innecesaria. Intenté ejercitarme como los demás– la locura es contagiosa– y aún más el “verdugo” siempre generoso. es decir. vi venir una vela cristiana hacia nosotros. tan hedonista y pegado a la tierra. dándonos la razón y aplaudiéndonos las espaldas una y otra vez. Habían tendido ya la cuerda. muy lejos. Algunos se lo tomaban muy en serio. como temblor de fiebre nos sacudía. Pronto me di cuenta del beneficio espiritual que acarreaba aquel fervor y procuré cuanto pude desviar la atención hacia mis compañeros. el capitán de la nave sarracena decidió de una vez poner coto a tanta agitación y cortar de raíz la enfermedad. y colgados cabeza abajo. y acomodándome a los hechos y a los amos. Unos meses después y en uno de los numerosos arrebatos que. Eso significaba atacar algunas cabezas para dar el escarmiento necesario. Y salió la mía. el que estaba más cerca. naturalmente.

Empecé a gritar saludando la bendita aparición. y mis verdugos. Tenía que hacer algo y pronto. ¿Cómo hacerles saber? –me preguntaba. por llamar la atención. la nave y haciendo cautivo a todo el que cayera entre sus manos. Algunos dicen que se piensa mejor cabeza abajo. con su largo espolón y sembrando la confusión y el terror en los cristianos. como cuerno. a fin de disfrutar con tranquilidad de tan bello espectáculo. Allí nos dejaron olvidados al peligro. atacando de este modo al emperador. Conseguían así fácil botín. arruinando el comercio de españoles e italianos. pero a mí se me habían caído al suelo todas las ideas y se habían hecho añicos. para acercarse camuflados a los barcos enemigos y una vez cerca. Es el caso que avanzaba rauda. mientras preparaban su ataque por sorpresa. Y así debió de ser. embistiendo .allá. y levantando una armada cada vez más numerosa. mas no sabía qué. grandes cruces rojas en las velas. Empecé a agitar los brazos sin propósito. Era la nuestra una nave pirata dedicada al negocio floreciente de atacar a los cristianos robándoles la carga. Y abrí mis dos manos cuanto 219 . y con malas artes asaltarlos. aplazaron nuestra ejecución para momento más oportuno. Me di cuenta del peligro y la anhelada ocasión que no podíamos dejar escapar. con barcos que eran nuestros. viendo no sé si el cielo o las visiones del profeta. Mantenían a menudo sus enseñas o banderas . el viento a su popa. Seguramente ya nos habrían visto. como empujada por el Espíritu. debilitando su poder.

según creo.pude. Con todo un puñal bien o mal lanzado– depende de quien considere la situación– alcanzó de pleno a Gestas. También nuestros amos. mil pequeños trucos que también conocían nuestros amos. mas no 220 . o tal vez fuera Dimas.. el de mi derecha. en torno a mi cabeza. Al poco caíamos en manos más amigas y fuimos liberados. Se esparció la consigna por los bancos y empezaron a flojear en la remada.. Bailamos una y otra vez ese extraño ballet de trazos y figuras hasta que lograron entenderlo. Los otros compañeros de abajo se pusieron a ayudar. hundir un poco el palo. echándolas hacia atrás. que menos mal que andaban ocupados y sin tiempo para dedicárnoslo. así que empezaron a golpearlos como se hace cuando el miedo o la desesperación guían el brazo. Repetimos todo el ritual de zalemas. el compañero de mi izquierda. Intenté después con mis brazos formar un semicírculo. Mis dos compañeros me iban entendiendo y empezaron a imitar aquella extraña danza.. por los insultos. saludos y otros gestos que habíamos visto en la morisma y otros muchos que inventamos para la ocasión. juramentos y amenazas que nos lanzaban desde abajo. pues estábamos boca abajo y en este mundo es todo relativo y depende de cómo se miren las cosas y nosotros lo hacíamos al revés. Aquel día nuestra dicha fue cumplida. Bastaba romper el ritmo. pero la misma desesperación guiaba el nuestro. como de media luna.

Pero no hay proporción con el castigo. También se aprende el mal. Me había endurecido. Bueno. Generoso fue el capitán que no quiso preguntarnos por nuestra peripecia.total hasta que vimos encadenados a nuestros enemigos. y yo he vivido mucho y lo he visto sin cuento. mas habíamos purgado con creces nuestros errores. alguno. Éramos libres al fin. –No sé. 221 . Larga vida les deseo. que ni siquiera llegué a cometerlos. –Eso que llevas adelantado en la otra vida — me aclaró el nuevo capellán. y yo más. Espero que haya sido por mucho tiempo. Siempre he preferido deber a que me deban. aunque creo que bien lo sospechaba.

222 .

empezamos a desparramarnos como mala simiente hacia todos los rincones de nuestra ancha y añorada España. hermanos? –Sólo víctimas inocentes. Después de besar y bendecir el suelo innumerables veces. volvía a recibirnos otra vez. 223 . curtidos galeotes que esperaban embarcar. Ella. –Lo tenéis merecido. asesinos.XIV JORNADA DECIMOCUARTA El mundo es una plaza donde lidiamos a solas los terribles toros del destino. tramposos. ladrones. Pero al menos era tierra y nosotros necesitábamos suelo firme en que crecer y cimiento sólido en que detener la caída. no sé si con la intención de vomitarnos de nuevo. Desembarcamos al fin en la playa de Almuñécar. –Lo mismo que nosotros. – ¿Y vosotros qué sois. –Tenéis cara de culpables. Mira ese. Pero antes de abandonar aquellas playas –la vida es una larga cadena – pudimos ver una partida de torvos. ansiosos de ocupar el lugar que nosotros les dejábamos. que como madrastra nos había echado de sí. Echamos sobre ellos una lluvia de lástima y después otra de insultos para ahogar la lástima.

se puso en pie de un salto y empezaron a salirle serpientes por los pelos. –Te mataré. Teresina? –Ni la nombres. 224 . – ¿Qué fue de tu esposa. La ensucias con tu lengua. las pobladas cejas. maldito seas. levantó la cabeza y se quedó mirando con fijeza.Aquel pelo negro....Y señalé a uno de aquellos hombres que permanecían en el centro callado y con la vista baja.. –Por eso. Él se sacudió toda su pereza. –Murió de parto. haciendo caracoles. Al sentirse aludido. la barba prieta. –No mientes la soga en casa del ahorcado. la mirada turbia. reptil. bujarrón. relámpagos oblicuos de los ojos y sapos monstruosos por la boca. cabrón. Voy a rebanarte el cuello... hijo de. abriéndole los brazos. ensortijado. la única diversión de esos lugares. Y lanzó un esputo recio que casi me derriba. –Ella confesó antes de morir–apuntó la misma voz. hace tiempo –comentó alguien por allí que conocía la historia. Me recordaba… parecía. Empecé a rascarme la cabeza. Yo también. –Rebolledo– grité. – ¿Y tu hijo? –El tuyo.

hace ya muchos años que partió. Parecía enroscarse en el recuerdo y olvidar los denuestos contra mí.–Una buena cristiana. el mío. 225 . –Con tantos padres protegiendo. hijo de Satanás — escupió. –Esos sí que son méritos. ¿sabes. será mejor no encontrarlo. seguramente un amigo. Me alegra haberte visto. –Cuantiosa. –Pero. no como tú. –Robo y asesinato. ya me ves. yo que sé… –Se fue por los caminos del diablo y andará por ahí lo mismo que nosotros. De todas formas. suele pasar eso. –Entonces. Recuerda que ya estuve en otro tiempo. La unión de tus pecados y los míos. probados –comentó alguien. – ¿Y qué te pasó a ti? –El amor al oficio. Lázaro? – volvía a la carga. – ¿Qué fue de él? – ¿Quién? –Tu hijo. Tal vez lo quiso un poco. – ¿Le toca alguna herencia?– preguntó con sorna. –Con recomendación ya se puede.

en esta maldita enfermedad tan dolorosa. muy pocos regresan. el asma me amenazaba con sus múltiples ladridos. y me alejé con un saludo en la mano que no solté del todo. propia de nobles 226 . con todo. cuando me di cuenta de que no era necesario. Allí dejé mis pensamientos y partí hacia Granada. ¡Maldito seas! Y se encerró en un mutismo hondo. En realidad. aquella pierna izquierda de la mala suerte que empezaba a no aguantar y desear no fuera mía. al parecer. Llevaba ya unos años desgastando las delgadas paredes de mi cuerpo. pues tanto aire puro no era bueno. volviendo a su ser impenetrable. bajando la cabeza. Mi venganza está en parte cumplida. Su futuro estaba allí. ¡Quién diría que iba yo a heredar las carencias de los pobres y los excesos de los ricos. –Me tranquiliza saber que has pagado algo de tus numerosas deudas. –Buen viaje –sólo respondí. La gota era. enfermo y casi derrotado. El mar y las últimas penurias habían agrietado mi salud.–Yo también. lo más duro. sobre todo la pierna. Me maltrataban los reúmas de tantas humedades. Iba a corresponderle como me habían enseñado. la cual se iba por múltiples costuras. Volví la vista al mar y vi cómo se le abría en su vida un gran horizonte. para mis bronquios.

hijo de alguno de aquellos grandes que sufrían en sus carnes la venganza de otras carnes sublevadas. humillado por la enfermedad. y a punto estuve también yo de dejar los míos. pienso yo. las columnas y recordé cosas hermosas que había visto en Italia. o a mi padre. con sus cuevas. con su ruedo circular. como engañamos todos. Mi madre a lo mejor me había engañado. Por un rato la belleza me salvó del desánimo. Pensaba en nuestro siempre querido emperador. Sus abuelos también habían dejado sus restos. Recorrí el Generalife con sus fuentes y el Albaicín más allá. Repasé los muros. Así acabaría yo algún día. el más poderoso de los hombres. 227 . postrado como él. donde lidiamos a solas los terribles toros del destino. También yo hubiera querido hacerme allí mi casita. atado a aquella silla expresamente diseñada para asentar sus gemidos y su pierna maltrecha. las cuales a veces abrían sus gargantas para soltar en forma de cante siglos de pena.y reyes que comieron siempre bien y con ella pagaban sus abusos! Tal vez yo fuera de sangre azul. como Carlos. Habíamos seguido caminos paralelos y nuestras vidas se volvían ahora a entrecruzar en aquella Granada que visité con respeto y sobre todo la Alhambra y el palacio suyo en medio de ella. derribado por el potro enloquecido del dolor. como engañó a otros. como una plaza de toros o el mundo mismo. como engañé yo.

que venía a agravarse ahora.No podía pasar de largo. Un lugar seco me vendría bien. y allí había uno más. reposé en sus iglesias y jardines y me asomé a su río como quien se asoma al más allá. cargado en años de humedades y miserias. Comenzando el otoño. pues sospecho que los mejores negocios se realizaban en ésta. Cogí unas fiebres– no sé bien de qué– y hube de pasar todo aquel verano acogido a la caridad de unos monjes que cuidaron bien de mí y de mis males. ciudad que amaba bien sin apenas conocerla. los abastecedores de todo. Pero las miradas se agarraban como anclas a la orilla. los bárbaros matones de bolsa floja y rápida estocada. Pero antes. un mal del pecho ya antiguo. Una tos malsana y malsonante.. Iba en retiro y como cerrando círculos. Estaban los nuevos ricos. A punto estuve de pasar la frontera de la vida. aprovechando el oro que corría y la conciencia que corría más deprisa. que en todo a sí se abastecían. que llegaban no todos de aquella orilla. Por allí se iban los barcos con sus velas blancas como pañuelos de despedida. Era el desagüe de todas las Españas.. los finos leguleyos. Y pensé en mi tierra. a las Indias soñadas que nunca había de ver. los rudos marineros. Allí iban a parar los miles de hidalgos arruinados en busca de fortuna. Por mi edad y mis achaques no iba a tardar en rendir. capital de Nuevo Mundo. me acerqué a Sevilla. 228 .pues enfermé y de gravedad. Recorrí sus calles y sus plazas. donde bien podría cerrarse el círculo de la existencia.

Me llegaron noticias poco claras. 229 . casas de juego. y por él me fueron indicando ciertas cosas.Las gentes iban y venían. donde el único diccionario era el dinero. pero sin echar nunca raíces. escuelas superiores del hurto y del delito. gozándose en sus sobras. el cual había tenido que salir por pies. cofradías. Por allí me fui rastreando alcantarillas y cloacas. ríase Vuesa Merced de la Universidad que un día fundamos allá en Alcalá. figones. Allí estaban las gentes excluidas que se ganan la vida en el descuido del resto. que nunca fue mi hijo. que. como en una babel incomprensible. embarcado hacia las Indias. pero al que amé a pesar de todo y que un día naufragó para siempre en el río proceloso del vivir. Algunos recordaban a un tal Lázaro que había pasado por allí. Había pasado el momento. confundiéndose las lenguas. pero hacía años. Pregunté por mi hijo Lázaro. Exploré aquel mundo subterráneo de reptiles. con aspecto de derrota. preguntando en ambientes donde hasta yo mismo. Parecía una olla podrida donde todos los elementos estaban en ebullición. que era el mío. medrando en los alrededores de la abundancia. perseguido por la Justicia. los albañales de una sociedad que arrojaba sobre sí tanto lodo. recelaba entrar: mancebías. Había mantenido al parecer su nombre. donde ni yo acababa por sentirme a gusto. es decir. de apuestas y peleas.

Refrené mis pesquisas. que era buena disculpa para seguir recorriendo los círculos de aquel infierno. donde a cada paso salían a recibirme de triunfante manera todos los demonios: la gula. igual que el mío. Tal vez habría fundado un nombre. la avaricia. no podría reconocerlo. De nada me servía seguir buscándolo acá. otro nuevo círculo que había que cerrar. 230 . mas no corté del todo. lo cual no es poco decir en este mundo azaroso y de inestable fortuna. una familia. por más que ante mí lo tuviera.– Di que sí. Nosotros siempre por delante de ella. Pasé por Guadalupe y llegué a Toledo. enseñándole el camino. que yo. la lujuria. Salí de allí en unos meses. sabiendo lo alto que había colocado el estandarte de su casa. Debía de ser ya un hombre. si es que aún vivía.. una hacienda hasta acabar cumpliendo los sueños de su madre. –Era mi hijo –dije yo con orgullo de padre..y otros miles de vicios. la ira. tanto que había llegado su nombre. la pereza. poco antes de que el verano con sus terribles calores se asentara en el caldero del averno sevillano. No estaba. creyéndome un experto ni siquiera conocía. hasta el rey y sus servidores. –Una buena pieza. Y aunque así fuera. en esta orilla.

Aún veo mi entrada en Salamanca por la puente romana. y llegué a mi tierra. Allí colgué mi cadena de cautivo. Así me asomé yo también al río y allá abajo vi correr abrazados las aguas y los años. pesados herrajes que habían apresado cuerpos y sobre todo libertades. sus murallas. desde el balcón de la tarde. otro gran círculo cerrado. Un viejo sol sin fuerza intentaba iluminar el mundo inútilmente. se cerraba también. Seguía aún sobre la margen izquierda la aldea de Tejares y el viejo molino que molió las ilusiones de mi infancia. Era octubre y estaba atardeciendo. el más amplio y. Ahora queda uno sólo el del tiempo. Yo ya estoy preparado. hacia otras tierras y otros rumbos en busca del final para un viaje que había empezado lejos. Era el último círculo. y ese sólo a Dios corresponde. como otros muchos. Pasé por Ávila. Pasé el puente y… allí estaba el toro de piedra que había sobrevivido a todo y burlado mis esperanzas una a una. Di una vuelta a la ciudad donde no me conoció nadie y a nadie quise conocer y salí de allí con el alma un poco más pequeña. se asomaba por última vez a las cosas. como exvotos sagrados. Pendían de la fachada.Hice mi ofrenda en San Juan de los Reyes. acariciando el lomo con afecto y juntos volvimos a dar aquella última vuelta al 231 . Le pasé la mano. cientos de ellas. Digo mía por sentirme de algún sitio. Acaso como yo. finalmente.

La noche se venía y apresuré el paso. repitiendo el querido redondel en que se habían lidiado nuestras vidas.ruedo. ¿tendrá posada y trabajo para un viejo enfermo y casi inútil? Y aquí estoy por la caridad de Dios y de estos monjes. –Hermano. esperando también yo la última llamada. 232 .

también digo y de forma muy solemne. en que he querido recordar mi propia pasión. que no siempre perdí. he logrado cuando menos mantenerme a flote y en muchos casos. pues la vida que se cuenta entera. Eso es lo que he contado. así como el hecho siempre valeroso de que a pesar de todo ello. pues es la muerte quien la cierra. Y sin embargo. Sería propio de necios sin sustancia hablar de tal manera cuando uno está lleno de achaques y a punto de morir.DESCANSO VII Por fin voy dando término a este tan largo viacrucis. siempre acaba en derrota. Sin duda. Mi vida fue una recia contienda. y así fue. lleno de caídas y dolores. que los vientos de la suerte soplaron siempre en contra. ahora cuando ya la vida estrecha el cerco y la muerte victoriosa rendirá al fin la fortaleza de mi vivir. y hasta creo que gané algunas batallas. si se considera en su final. eso he pretendido demostrar. 233 . Ahora se entenderá mejor el pesimismo de estas páginas. como bien se habrá visto. nuevo testamento de mis malas obras. Aquí queda pues este escrito. pues parece desde luego. mayor es en estos casos el mérito de los que nacemos con las estrellas cambiadas y los pasos tan fuera de lugar. En mi caso también lo fue el inicio. y la fortuna. No soy un ganador. arribar con bien a puerto. siempre es adversa.

234 . Un día.Eso es lo que he querido probar con este evangelio de mi vida que ya acaba. Me entristece un poco que esta historia vaya a nacer muerta y enterrada. pero es mejor así. Que así sea. no sé cuándo. Debía ser yo también quien la contara y así la he seguido como mi mejor discípulo hasta darle término. resucitará de entre los muertos y se presentará al fin triunfante y libre ante los ojos de los vivos.

comprobando en los originales algunas viejas ideas enterradas en esos panteones siempre fríos de los archivos o bibliotecas antiguas. frente a los grandes principios oficiales. 235 . Investigaba yo. calvo y con algunos kilos de más. que tienen tantas cosas que decir.. es decir descubrir las ideas paralelas que fueron entregadas a la oscuridad. espero que no sea para siempre. tampoco contra ella —bien es cierto— investigaba. como el siglo XVI con personajes tan preclaros como Lutero. pero así son las cosas. no caben ya aventuras ni sorpresas. que soy historiador y nada tengo que ver con la Literatura. digo esto. algunos hechos y desempolvaba libros vetustos. Sólo Borges encontraría emoción en algo semejante. superada ya la cincuentena.Nota del preparador de esta edición Se pensará que a una edad como la mía. En fin.. y por parte de un señor más bien bajito . Uno empieza a cierta edad a hablar sólo. digo. es decir del poder y su fuerza. porque cuando investigaba precisamente una de las fases más interesantes. y menos aún en un lugar tan poco común como una Biblioteca de Universidad y en una ciudad de provincias. así que por qué no conversar con esos amigos. fueron perseguidos y encerrados. Preparaba un libro cuyo título sería algo así como “La otra orilla”. que en manos de la Inquisición y de los reyes. en las fosas muchas veces malolientes de la Historia. donde pensaba hacer otra historia de la Historia.

cuando al hacer un movimiento brusco y sin querer le pegué un codazo a Erasmo que estaba encima de mi mesa y cayó. lugar maravilloso para quienes lo conocemos bien y cuyos fondos bibliográficos son siempre un tesoro para investigadores y amantes de los libros en general. ¿Os imagináis el escándalo? La bronca del encargado que se acerca y yo que logro apenas pedir disculpas entre tanto azoramiento. Botánica. Pues bien. Allí hay reproducciones y láminas preciosas de Anatomía. como yo digo. el pobre. al suelo. nunca me había pasado. Me encontraba en la Antigua Biblioteca de Letras de la Universidad Salmantina. topeme en un libro de este una mina riquísima que no buscaba.Calvino y sobre todo Erasmo…. estaba bien entero. pero al parecer. pero aquel día felizmente pasó. que siempre fue recio y supo aguantar muy bien 236 . que podéis creerme. Se encuentran allí monumentos increíbles como incunables. consultando con ellos. en medio de tantos buenos amigos me encontraba aquel día. un magnífico premio a mi búsqueda de toda la vida por bibliotecas y desvanes llenos de polvo y de todas las suciedades de la historia. me precipito hacia él. Curiosidades extrañas y verdaderas obras de arte. Como digo. se hubiera roto algo. temiendo de tan anciano. Pero eso fue. Seguramente fue el premio de los dioses a mis méritos — no sé bien cuáles—. son muchas. No suele pasar. preguntándoles cosas. Arquitectura. primeras ediciones del XVI y XVII y de autores muy famosos.

vi una pequeña grieta en la portada.49472 Adagiorum. Me fui al interior y leí la referencia bibliográfica— UNIV. y sobresalía hacia adentro un ligero abultamiento o preñez. primera y última) eran más gruesas de lo normal. por donde sangraba mi crimen. pues rasgué con cuidado un poco más la herida y salió a la luz un manojo de folios manuscritos. Chilades Des. justo en la esquina inferior izquierda.los golpes. Esos le habían golpeado más fuerte y hecho más daño que yo— pensé— . salvados “del diluvio de los días”. ni voluntaria ni involuntariamente en la destrucción de la cultura y el saber de la humanidad. Lo observé con atención. Y nunca mejor dicho. Eran los “Adagios”. 237 . Tal vez ya estuviera hecho. Pero cuando iba a cerrar con alivio las páginas de mi remordimiento. Asomaba algo como una hoja por el borde. Bibl.LA censura. SAL. Vi entonces que las pastas de la encuadernación (las dos. Lo fui hojeando por arriba y vi algunas páginas y frases tachadas en negro . Erasmi Roterodomani Basilea 1541 Quiliadis Quintae Centuria II 1065 Lo observé una vez más por dejar tranquila mi conciencia al no haber atentado ni de palabra ni de obra. en su cara interior.

levemente. Mi mérito es sólo el sacarla a la luz. después de tanta oscuridad como ha sufrido. Estaban perfectamente conservadas y se leían relativamente bien. la de un hallazgo. En fin esta es mi historia. El resto. 238 .R. pero en general. la conservación era excelente. Que sus palabras descubran nuestro pasado ya lejano. y trabado con la pasta. Algunas palabras estaban tachadas o borradas o levantadas el papel. aunque se había puesto un exquisito cuidado en no destruirlo. lo que importa y nos ocupa más es la de Lázaro contada por él mismo. que él guardó en esta arca de Noé a salvo del diluvio de los días. .Eran unas cien hojas escritas por ambas caras y repartida mitad por mitad entre las dos pastas primera y última del libro. C. iluminen el presente y alienten nuestro porvenir. Hay que tener en cuenta que seguramente el manojo de folios había sido prensado.

239 . Durante años (vos sabréis cuántos). si así estimare. preservados del diluvio de los días. más bien — cumpliéndose en ello mi voluntad última y secreta. siendo el heredero de estos bienes — o males. que puede en adelante disponer de él como quisiere. Sólo espero que haya caído en manos que sepan apreciarlo. No sé si he hecho bien enterrándolo vivo o vos mismo. a salvo de miradas indiscretas. hágase en todo ello vuestra voluntad. En fin. Tratadlo si podéis como recién nacido que vuelve a la luz. LÁZARO Dado en Salamanca a 21 de septiembre del año del Señor de mil y quinientos sesenta. resucitándolo muerto. Mándelos publicar.A QUIEN LO ENCONTRARE Sepa la persona o personas que toparen con este escrito. Amén. han estado escondidos en el arca del tiempo. Suyos son. y en tiempo que sepa comprenderlo Que el Señor nos acoja a todos en su gloria para siempre. deshágase de ellos si gustare o guárdelos de nuevo si quisiere. dos años después de mi señor el Emperador Carlos y en el mismo día de su descanso.

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