CRISTÓBAL RIESCO

LA VIDA NUEVA DE LÁZARO DE TORMES

© 2012 Bubok Publishing S. 1ª edición ISBN: 978-84-686-2952-0 Impreso por Bubok Impreso en España / Printed in Spain .L.

.DEDICATORIA A mis viejos colegas y antiguos alumnos por su mucha paciencia y probado aguante. Espero que les vaya bien en sus tan diversas vidas.

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169 Jornada XII: pág.167 Jornada XI: pág.13 Jornada II: pág.239 lo encontrare: .235 A quien pág.69 Jornada VI: pág.101 Jornada VIII: pág.47 Jornada III: pág.233 Nota del preparador de esta edición: pág.51 Jornada IV: pág.9 Jornada I: pág.59 Descanso II: pág.137 Jornada IX: pág.223 Descanso VII: pág.29 Descanso I: pág.201 Jornada XIII: pág.183 Descanso VI: pág.113 Descanso IV: pág.97 Jornada VII: pág.89 Descanso III: pág.ÍNDICE Prólogo: pág.141 Jornada X: pág.203 Jornada XIV: pág.65 Jornada V: pág.151 Descanso V: pág.

El hambre es la medida de todas las cosas .

sin embargo. que si humano es errar. Siempre hay galgos más ligeros que parten con ventaja. Y puedo certificar que han sido muchas las que hube de sufrir en esta dura carrera y ya desde su origen. Bien podría silenciar más de un asunto que con razón va a molestar a alguna venerable persona. pobre pecador. avisados. para que sirvan de aviso ante las tentaciones y trampas que la vida continuamente nos tiende. que no sin esfuerzo he recogido. No quiero que nadie vuelva a tropezar en las piedras con que yo me he herido ni caer en las simas donde alguna vez me he hundí. humano es también aprender de los errores.PRÓLOGO "Primum vivere. pero a menudo es conveniente presentar toda la fealdad del pecado para hacerlo aun más aborrecible. ¿Así qué esperar de los que como yo nacen en lo más bajo del arroyo y han de salir a flote con el solo mérito de su mente y la mermada fuerza de sus brazos? Aguzarán el ingenio e imitarán los malos ejemplos de quienes como guías. para que sirvan de expiación y burla en que muchos alegres se recreen y látigo con el que algunos. Y así con mi mano iré a lo largo de esta obrilla señalando los míos. habían de servirles de modelo. escarmienten. 9 . deinde philosophare” Yo. me confieso a Dios que todo lo sabe y a vuestra merced que todo lo quiere saber en estas frágiles memorias.

y aquietados los ímpetus alocados de la juventud. precisamente.Pero dejémoslo así. Y si no lo han conseguido. que no son 10 . Algunos mal pensados dicen que también la más adornada. Mi camino no ha sido. puesto ya el pie en el estribo y presto a partir. Y como quiera que vuestra merced muestra interés y empeño en conocer la historia desde el punto en que la dejé en la primera parte. Poco me consuela saber –como dicen los antiguos –que los dioses destruyen sobre todo a los que aman. cuando las aguas de la edad están ya remansadas. Nunca estuvo ése entre sus méritos y numerosos oficios. que mucho tienen que haberme preferido por las veces que han intentado aniquilarme. pero no es cierto que guste yo de tales vanidades. estando al final de la jornada. he tomado el asunto de principio y arrancado con el primer mandamiento del amor a Dios y los siguientes. deinde philosophare". A mi afán debo sobre todo el seguir vivo. de rosas. sino por mi empeño en no dejarme querer de tal manera. que no es Lázaro predicador que vaya a convertir el mundo. en que el hambre y las otras urgencias de la carne han levantado su cerco. no habrá sido por la voluntad puesta en ello. que como dice el filósofo: "Primum vivere. pues verdad es que la habitación mejor amueblada de mi persona ha sido siempre la cabeza. El alimento siempre fue lo principal y más sustantivo y después viene lo demás. Por ello escribo yo estas frágiles memorias justo en el momento.

y me dará algo de su tiempo y vida. que no suele dar motivos para el amor. ¿qué puede contar uno que no se 11 . aun menos. Pronto se echará de ver la deuda que llevo contraída con esos pecadores que un día decidieron seguir el camino de la santidad y. nos contaron su vida de perdición y el momento en que fueron tocados por la gracia. y odiando los pecados.sino el de uno mismo. Pero. sean aborrecidos de todos. Así yo también he tomado esos libros de memorias como modelo y sacar mis acciones a la pública vergüenza. Pues así como en otros tiempos. aunque por escrito –que aun es subir más alta la voz– pongo en público los míos. para acabar. con el prójimo. las futuras generaciones. amen al pecador conociendo las circunstancias y presiones a que estuvo sometido. así ahora. aunque sea mal. como ejemplo. que algo quedará de uno mientras alguien en su ocio lo leyere. y en mi caso. Repase vuesa merced las muchas miserias que han puesto cerco a mi vivir y verá cómo la necesidad nunca ha roto su asedio. época en que la fama tanto se valora. para que conocidos de muchos. hube de proclamar castigos y errores ajenos. de pregonero. no es lo de menos figurar en los papeles e impresos y dejar testimonio y huella de mi paso por este valle de lágrimas y sepan y hablen de mí. como yo le he dado de la mía. Muchas son las pruebas a que el Creador me ha sometido. finalmente. No niego tampoco que siendo ésta.

pues. este librillo homenaje a su bondad al escucharme mis muchas necedades y pecados. aunque indigno. Confío. que no soy más que un pobre pecador que está a punto de presentar ante él sus cuentas. en que como hijo de Dios que soy. pues ningún peligro puedo añadir ni daño causar . sepa vuestra merced comprenderme y el Todopoderoso perdonarme. 12 . Sólo nos interesan los malos pasos de los que se extravían. con todo. Sea. y testimonio al fin de mi arrepentimiento. jamás los buenos de los que nunca yerran.equivoca? Seguramente nada.

y el rechinar de maderas como si le estuvieran descoyuntando los huesos. vecina de la nuestra. Era tiempo de cuaresma. los gritos. el que no debe nada a nadie. Algunos vecinos porfiaban que el bendito cura se la estaba trajinando a su sabor. se le oían en el plácido sosiego de la noche. época de sacrificio durante la cual – según aquel santo varón – no se debía tocar. el que saliendo del arroyo ha arribado por sus propios medios a buen puerto. no vi a mi mujer durante todo aquel tiempo. seguía entendiéndose con su amo y el mío. el arcipreste de San Salvador. los gemidos.I JORNADA PRIMERA No hay satisfacción mayor que la del que se ha hecho a sí mismo. y también al de ella. las quejas. que oyen lo que quieren oír y son ciegos a lo que sucede en sus propias casas. que siempre fue mujer brava. Ocurría que por entonces mi amada esposa. Después. enclaustrada en casa sagrada. Pero quién puede fiarse de las habladurías de vecinos. ni oler. ni catar la carne. que a veces. pues sólo el que 13 . Yo que siempre he sido hombre cumplidor. seguía un régimen de disciplina y mortificación tan dura. Sólo él con su virtud y su calma conseguía su sosiego que era también el nuestro. y menos si era humana. a la pobre. varón impasible y muy comprensivo. Ella. el silencio. Así que hice oídos sordos a los rumores y seguí creyendo con ciega fe lo que los buenos afirmaban.

cuyo estómago hecho a la mortificación se rebelaba contra el alimento y su simple presencia la inducía a rechazarlo. Había un sótano con unas escaleras de piedra labradas sobre la propia roca. Nada faltaba en aquella casa. Estaba más pálida. como tantos otros domingos y fiestas convidonos a compartir su mesa. Lázaro –me decía– este claustro materno. pero con el rostro salpicado de felicidad. morcillas y lomos como un maná que Dios dejaba caer generosamente en los techos y paredes de los que le servían. inmóviles como ídolos. en esos vientres de madera que ahí ves. 14 . y yo. que descendían al sancta sanctorum de la bodega. Allí guardaba en unas grandes y ventrudas cubas. Colgaban como ahorcados en la despensa algunos jamones. madura y envejece. chorizos. que siempre gustó de los placeres. donde el vino nace y va tomando cuerpo.cree se salva y así tenía yo la salvación y nuestra mesa aseguradas. Llegó la Pascua y el señor Arcipreste. Muy pronto empezaron a darle unas náuseas terribles ante algunas viandas y yo pensé en la nueva pureza de mi compañera. en la sufrida casa del señor Arcipreste– vino mi mujer a la nuestra. procuraba seguir su ejemplo. Pasados aquellos cuarenta días de penitencia –es decir. pequeño discípulo. el delicado vino que yo me encargaba de pregonarle por toda la venturosa ciudad de Toledo – Mira.

15 . Recordé al hidalgo. oyendo la música más dulce que uno pueda escuchar sobre la tierra. cuando el traidor de mi amo se acercó por detrás y dio con mi sentida cabeza contra la madera. de maldades que el experto ciego me grabara en las todavía tiernas carnes. abrí la espita de todos mis sentidos para emborracharme de gozo ante tan divino espectáculo.Y señalaba las cubas con sus cinturones de hierro protectores girando en torno como firmes anillos. intentaba aplastar en mi cabeza. Vi de nuevo el toro de piedra donde desperté a la sabiduría. Así que miré al clérigo que seguía riendo como yo mismo sin darle importancia al chichón. puesto de rodillas. también. a base de golpes. Recordé entonces lejanos episodios de mi viejo. el astuto ciego que me enseñara a no confiar en nadie. sujetando aquella vida líquida. que como un cuerno. que me adoctrinó en el arte del fingimiento como modo de lograr sin atraer la cólera de los más fuertes. aquella sangre densa que pugnaba por salir. Era la estrategia que mejores resultados me había dado. E ingenuamente arrimé el oído al primero de aquellos toneles y. porque la vida es una sola y larguísima cornada. como el tonto que ríe sus desgracias en las gracias ajenas. El clérigo reía. – Escucha esos latidos. y yo al verlo. Estaba en la cima del éxtasis.

así que no tuve dificultad en poner ademán de inocente y hasta hacerlo creíble. que nada cuestan y aprovechan mucho. La ignorancia es un acto de la voluntad y yo era sabio. Ya sé que tú tienes un gran corazón y desoyes los ladridos de los canes que aúllan a la luna. sino un largo sermón. –Escucha. que ya sabía yo que era un poco sordo de aquel oído. porque mi natural había aprendido a desconfiar de toda mano ajena que se acercara demasiado. hijo – volvió a repetir como si el sordo fuera yo. Hay que ser gran actor para aparentar la verdad. Pero no cayó. Es como aquellos perros maltratados que muerden la mano que los acaricia. sobre todo cuando eran cosas que tocaban a su interés o a su bolsillo.–Dicen que con una moneda de plata se baja la hinchazón – me atreví a insinuar. mientras paseaba su mano por mi hombro en un alarde de amistad que se me hacía sospechosa. Puse cara de no estar al corriente. Mi primera intención fue hurtar la cabeza. –Y si es de oro. –…Sí –añadió. – ¿Sí?– replicó socarrón. 16 . –Escucha. hijo –respondió como si no hubiera oído mis palabras. ni se atreve a salir –añadí yo por si algo caía. –Habrás oído rumores por ahí que intentan arruinar tu honra y nuestro negocio.

Yo creí que eran los lobos. sí. pero no encontraba el poder por ningún lado.No está bien eso de acariciar la herida después de la cornada. –… Sin embargo –prosiguió. no te podrán venir más que ganancias. yo formaba parte de él. Y después de una pausa para coger aliento. incluso cuando te alaban la forma de sangrar. Me agradaba esa simpleza de los perros aullándole a la luna. y la envidia pierden a los hombres. Conocía bien su oficio. La verdad es que predicaba maravillosamente. –…Si sigues conmigo. Seguramente estaba predicando para el mundo y. La malicia. amigo Lázaro. cuando vence su vértigo. Me miraba a mí como si fuera poderoso. con metáforas. claro. cogiendo el hilo del discurso– el hombre. sea sólo por el ruido que hacen al romperse. –…Pues bien –prosiguió él– no les hagas caso. 17 . que el animal agradecido lame siempre la mano de su dueño. El caso es que siguió con su discurso que yo no interrumpía sino con monólogos subterráneos como este. Pero allá ellos. es capaz de sobrevolar las miserias. A lo mejor era eso. que son muchos los que ansían ver caer a los poderosos. Así nunca le atraerá el pozo donde se anegan los miserables. Igual que los poetas o estas gentes cultas que ladran también de formas raras.

–…Dígote esto. Lázaro. aunque nunca fui un apasionado de la Botánica. –En unos meses todo volverá a su curso y tú con un retoño más. Y así es a pesar de su natural afable. de un tiempo acá está como huraña con todo el mundo y más que nadie contigo a quien debe amor y respeto. porque habrás oído por ahí cosas maliciosas sobre que tu mujer y yo. por cierta enfermedad. planta sin raíces. aunque no tanto como el de mi señor. que nadie mejor que la naturaleza es capaz de resolver. tronco esbelto. mentiras con que el vulgo malicioso se divierte. nada grave. Habrás notado que ella. En fin. cosas de la naturaleza. Así que no tuve más que decir "Amén”. dicha palabra era como un reflejo automático en mí que aceptaba lo que se me ofrecía y no podía negar. que " quien a buen árbol se arrima… “Y no es menester muchos discursos a quien como tú tiene aguzado el ingenio y el juicio imparcial para juzgar lo que te es más conveniente. 18 . Bueno. que después de tantos años de monaguillo y criado de clérigo. como los nobles que buscan su genealogía entre las ramas. eso sí. Igual pensaba que me estaba ocurriendo a mí. Yo bien que iba entendiendo. y ramas donde algún cuco había puesto sus huevos. Y aquí metió unos latinajos como palabras de un ensalmo o viscosidades de araña en cuyas declinaciones acaban enredando a sus víctimas.

sin dejar de reír ni perder la compostura– al salir de la bodega y topar violentamente como carnero con el dintel de la puerta. mi boca era un sumidero. Primero se despachó él a su sabor y después yo la cogí entre mis manos y me eché los restos al coleto. y yo riendo como bobo y enseñando los dientes que no tenía. por donde podía resbalar sin obstáculo toda la corriente del Tajo en época de crecida. aplaudiendo mi decisión. que aunque yo no era tan alto. Bien pensé que los que necesitaban apoyo eran ellos que se caían con tanta frecuencia. Y así salimos agarrados. Así que no dejaba de reír ante tales pensamientos y el bendito clérigo. Todo era acomodarse a la nueva situación y aquellas alhajas de carne que colgaban de mi mano ayudaban mucho a ello.–…Aquí tienes esa longaniza y toma dos morcillas más para que no digas que te falta apoyo en los momentos de prueba. me sentía crecido en mis atributos. reía hasta descuajaringarse. con un bulto en la frente y otro más que me hice –eso sí. él dándome palmadas en el hombro. pero bienvenido fuera aquel maná. 19 . se mordía el labio para no hacer comentarios en voz alta y reía. y más con la jarra de vino que me tendió a continuación para brindar por la "nueva alianza". que buena falta nos haría con una boca más. que seguramente pensaba cosas parecidas. que gracias a los dientes que me faltaban de cuando el jarrazo del maldito ciego.

los apéndices. – ¿En qué estarás pensando. más bien silenciosa. luchábamos el capón y yo. que yacían panza arriba sobre una fuente arropados de ensalada. Así fue discurriendo la comida. primero asombrada como si no entendiera nada.De esta guisa entramos en la estancia. que nunca he sabido qué cosa fuera eso. por donde yo pude adivinar sus preferencias. que en la calle siempre he paseado la frente bien alta. y después nos echó una bien dura reprimenda a los dos. Y volvía de nuevo a ellas. amigo Lázaro? –Mis cosas. –Demasiado –pellizcaba mi señora. a pesar de todo. –Cada uno luce lo que tiene. nos miró. Concentrado en mi plato. eso sí. pero mirándome a mí. –Di que sí. – ¡Pobrecillos! – ¿En qué estarás pensando? Al vernos en tan amable francachela. El cura me cortaba las alas. y no por vergüenza. donde nuestra muy querida y fiel esposa disponía la mesa y traía el pan con dos gruesos capones desnudos. confundidos en un cuerpo a cuerpo de besos y mordiscos donde la grasa del enemigo 20 . las ideas. Yo cabizbajo.

Era profundo en las palabras como quien ha estudiado mucho y ligero en las acciones como quien ha vivido más. Un pisotón nada oportuno me hizo soltar la presa que salió rodando por el campo de batalla. porque un poco de discreción y buenas maneras atrae el favor de las gentes.. el hambre es la medida de todas las cosas... No vayas nunca a nadie. porque la ansiedad del que pide crea la retracción en el que da. regando de triunfo toda mi cara. cogió lo que del malvado capón quedaba e izándolo en su mano exclamó: –Lázaro. Deja que el otro venga a ti. Y después de esta frase redonda. pletórica. Y no es que a mí me importe. y los usos groseros repugnan a los ahítos. derribando vasos. Si finges haber comido. prosiguió: —. nadie te invitará a comer. Juega con la ventaja del que da las cartas o es mano en la partida. que sin inmutarse. que me halaga verte el gusto con que te despachas con esta 21 . Mantente siempre digno. –. que son los que te pueden favorecer. que dejó retumbando en el vacío un momento. ensangrentando manteles… hasta chocar contra el pecho del Arcipreste. te ofrecerán comida por que no comas. perfecta. Que así de enrevesado es el mundo. no te delates en tus pasiones o impulsos. Si muestras tu apetito.me resbalaba por la boca. hijo. con esa calma que los santos adquieren con la mortificación y el dominio de sí mismos. Así era mi señor.Dígote esto. solemne como una bandera..

Le prometí en adelante mejorar mi compostura. no hay que aparentarla. estuve reflexionando en cuánta razón tenía una vez más mi amo y señor en todo cuanto decía. – ¿Qué? –Nada. –Otra vez. que me pareció sabroso aunque no tanto como aquella carne jugosa que había volado de mí igual que una maldición. pues pensé que debía picarme algo en algún sitio y cogí mi copa y de un larguísimo trago me lavé todos aquellos pensamientos densos como la madre del vino que acababa de trasegar a mis depósitos. como había sido mi caso en épocas pretéritas. salíamos ya. que así anda el mundo confundido entre el tener y aparentar. una mano blanca como de paloma mensajera. Me rasqué la cabeza. y el hambre. Yo quedé un poco perplejo –forzoso es confesarlo– y durante su sermón. cuando mi señor me retuvo un momento. que el cielo no quiera volver a repetir. posando de nuevo su bendita mano en mi hombro.inocente criatura como si te hubiera ofendido en algo o faltado al honor. no basta con tenerla. pues la honra hay que aparentarla. Y lo difícil que era aquietar el ánimo y la figura cuando el hambre te arponea las tripas. 22 . si se tiene. Acabada la comida.

Lázaro. Hablo de la honra. Existen otros apetitos que nacen cuando aquélla está saciada. Paró un instante para coger aliento. que siempre había escuchado gritos. hijo –decía—. que es de donde surgen los árboles más altos. sostenerla y alargarla con un heredero que cante un día las excelencias y buenos oficios de los padres. aquel tono reposado me arrullaba como un susurro denso y doblegaba mi voluntad.y yo también.... que todos ellos tuvieron su origen en el estiércol. – Mira. que bien merecen los que han alcanzado una posición. sino a tu familia entera. en que debes prolongar tu linaje y tu honor. y es deber tuyo acrecentarla con un hijo que pregone con sus virtudes las virtudes de sus padres. no le basta al hombre saciar el hambre. debes estar contento con la nueva situación. que ya lo dice La Escritura: Mirad los pajarillos del campo.. –.. Y hasta si es posible. Luego prosiguió: –...No te hagas cuestión de su sustento.. Empezó a desgranarme en los oídos toda una letanía de consejos y a mí.que el 23 . Necesitaba más aire. Pues no creas que las grandes prosapias que hoy rigen los destinos de España vivieron siempre en la cumbre. acreciente con sus obras los méritos de sus antepasados. Piensa en que el hilo de la vida se alargue más allá de ti mismo. a tu descendencia. que no sólo a ti pertenece.Y siguió su ritual.Por eso.

Pero seguramente estaba traduciendo. y no supe interpretar en aquel momento quién era verdaderamente la paloma: si aquella blanca mano que me daba de comer. Agradecí mi buena suerte y procuré dormir. Partí para mi casa meditando en las justas palabras con que el sabio del Arcipreste acababa de aleccionarme. pero tardaba el sueño. Tenía cuanto deseaba para vivir y atesoraba en mis manos toda la felicidad del sabio que se conforma con solo lo que tiene. Así estuve luchando con mi conciencia. la cual en aquel momento recogía la mesa ajena a nuestra conversación. sin embargo. El caso es que vi levemente aleteando la paloma de su mano sobre mi hombro. Los mejores argumentos. Creía que la Biblia no decía exactamente eso. estaban en mi mano y alcé levemente las morcillas y otros benditos rosarios que colgaban de ella como preciados dones con que la bondad del cielo me había querido favorecer.Padre los alimenta cada día sin que ellos tengan que ocuparse del menú del día siguiente. cándido y simple que estaba siendo devorado por las garras de un cruel gavilán o tal vez de un buitre picándome las entrañas mías y aun más las de mi mujer. insinuando ligeras palmaditas. Nunca me habían asaltado las graves preocupaciones de los poderosos. mis recuerdos y malos pensamientos hasta el alba en que llegó mi 24 . o más bien yo.

–La vida es intercambio –confesome un día. Lázaro? –Eso estaba pensando—dije para mí. – ¿Duermes.. temiendo que en algún momento tornara la desdicha a llamar a la puerta de mi estómago. su manta. casi toda. Lázaro? 25 . pero yo seguí dando vueltas. Recordaba los lazrados años de mi infancia tan lejanos.esposa y tomó posesión de su reino. Verdad es que las carencias de la niñez se fijan para siempre y así me ocurría a mí con aquella hambre que nunca daba saciada. Pero no debió entender. a esas horas. pero viéndome agitado... mientras mi esposa se ocupaba de ambos y todos del hijo que esperábamos y así nuestra sociedad nos mantenía unidos y prosperaba nuestro negocio. pues más que amo. –También la guerra –respondile de forma misteriosa. preguntó: – ¿Estás dormido. Él me ofrecía protección y procuraba nuestro sustento y yo le pregonaba y vendía sus caldos por toda la ciudad. Así que giró su cuerpo y se durmió. Así que guardaba a mi señor la lealtad que le debía. Ignoro en qué estaría pensando.. El caso es que lo nuestro funcionaba. su parte de la cama. era padre que me alimentaba y favorecía en lo que importaba más: el sustento diario que se ganan cantando los pajarillos y yo pregonándole sus vinos.

Yo. Así es que no teníamos trato con nuestros vecinos y apenas nos topábamos con alguno volvía la cara o pasaba a la otra acera.. contundente. –No te apures –decía mi señor– ladran. pero extendían en la sombra. –Olvídate. –Llaman– interpretó ella desde el sueño. Así pensaba por lo bajo lo que llaman malos pensamientos. Y eso procuraba ante aquellos rumores que no se atrevían a soltarme a la cara. De pronto sonó un golpe seco. que intentaba arrojar lejos. como si no pudiera soportar la humillación que le infería el triunfo ajeno. – Ahí está. que fui pregonero. Aunque quien cabalgaba era él y me ladraban a mí. de quien murmura para confirmar. mas no iba a caer en la trampa de enfurecerme con quien sólo insinúa para sonsacar. 26 . Y así era. No iba a entrar a ese trapo por más cuernos que me pintaran en la puerta de mi casa. haciéndolos correr. conocía ese ardid por haberlo usado algunas veces. ni lograrían soliviantar mi sosegado ánimo.Si no fuera por aquellas lenguas de serpiente que arrastraban nuestro buen nombre por tabernas y lupanares. luego cabalgamos.. la pedrada en la puerta. para sacarme de mí y probar de ese modo que eran ciertos.

. bramidos. Son como esas chinas molestas que se meten en los zapatos. que florecía una afición desmesurada a los toros en este país. 27 . Los que naufragan en medio de la miseria. como aquel granuja que me acertó en la cabeza con un sucio guijarro.. Juro por ésta que no volverá a hacer cosa semejante. que el diablo o tal vez su padre puso en su mano. silbidos. le prolongué un palmo las orejas. Pero yo dejaba pasar ese toro. para qué seguir con estas pequeñas miserias.. siempre intentan arrastrar a los demás. Hay que descalzarse y arrojarlas lejos y seguir por la senda de la vida sin mirar hacia abajo.– ¡Ahí va el sobrero! –bramaban. Pronto empezaron a aparecer pinturas en mi puerta. en fin. – ¡Ahí va el sobrero!– volvían a bramar de rabia. Mientras no embistieran. pues atrapándolo en mis garras.

28 .

observé un grupo de gentes a la puerta de la iglesia que hacían corro a un pobre ciego. El círculo de gentes se abrió y el juglar dio unos pasos hacia donde yo estaba. que oyó aquellos como gritos de guerra por encima de la ciudad. se quedó de piedra. así que empecé a pregonar mis vinos alzando la voz por encima de la suya. Contaba una vieja historia acompañado de un más viejo laúd. Era la ocasión de hacer valer mis dones y allí había un público. pregonando los vinos de mi amo. Altivo.II— JORNADA SEGUNDA Estos que creemos dones no son sino duros castigos que los dioses nos ofrecen cuando no aparecen auspiciados por la diosa Fortuna Así iban de maltrechas nuestras relaciones con los vecinos y no ignoraba que en cuanto hubiera oportunidad se unirían para destruirnos hasta donde les permitiera la situación e incluso un poco más allá. cantando sus excelencias. venteó el aire como un sabueso y se puso a escuchar con atención. quieto como una estatua. notas sueltas trabadas por una voz bien timbrada en la que creí reconocer valles y aristas como de una geografía familiar aunque lejana. paró su historia. Llegaban hasta mí algunas sílabas entrecortadas. encareciendo sus virtudes. el ademán altivo. 29 . pues. que subiendo una mañana tras mi asno por una de las calles de la ciudad: alta la voz. El ciego. la expresión solemne. reconcentrado en sí mismo. cuando al llegar a una plazuela. Digo.

donde uno burlaba y el otro mugía de dolor. Por un lado me alegraba que hubiera sobrevivido a aquella terrible embestida contra el poyo en Escalona. 30 . lo cual aflojaba el remordimiento. Era un sentimiento contradictorio. Así que nos quedamos los dos fijos en medio de la plaza. Parecía haberse especializado en el recitado de romances y canciones. Lo observé con atención. escuchaba con sumo interés. Llevaba una capa descolorida y sucia y un agrietado laúd con el que se acompañaba. hipnotizado por aquellos ojos sin luz que devolvían a los demás el vacío que los llenaba. seguramente fruto de aquella terrible embestida que puso fin a una larga relación como la nuestra. los cuales gustaban tanto a las gentes que no necesitaba de más argucias. Tal vez el diablo le había guiado hasta allí para que se cumpliera su última voluntad. Le raleaba el cabello y el poco que tenía lucía completamente blanco. Eran las voces del pasado que acudían a atormentarle. oficios o habilidades para vivir. tan taurina.el gesto duro. Estaba muy viejo y probablemente enfermo. Había rezado fervorosamente durante los últimos años de su vida para que llegara el día. pero renacía el rencor por tantas y tan malas jugadas como me había hecho pasar. Una enorme cicatriz le cruzaba la frente y se le hundía en el cráneo. pesando una a una las muy densas toneladas del odio. como dos gallos de pelea o como dos toros midiendo las distancias. También yo quedé paralizado como un pobre pajarillo a la vista de una serpiente.

por los gestos de terror y encogimiento que continuadamente mostraba. Había seguramente escarmentado. El miedo parecía formar en él una segunda naturaleza. Era cruel como sólo pueden serlo un desamparado con otros aún más desamparados. la voz templada y los pies ligeros. Al fin pude sacudirme la magia y como un gallo triunfador entoné mi pregón. yo y el asno echamos a andar por la cuesta arriba con los cántaros de vino bien repletos. compartiendo con él comida y pulgas. se hacía guiar por aquel animal. pasé por la misma plazuela. Permanecimos aún un rato en silencio. el ruin. Sentí pena por el pobre animal echado en el suelo. tampoco parecía tratarlo con excesivo celo. Pocas horas después. Yo sentía su mirada vacía en mi rostro como una bofetada y se la devolvía multiplicada hecha trizas como en un espejo. pero ya no logré verlo. Lo miré con afecto.Le acompañaba a todas partes. pues creí verme a mí mismo caso de no haberme liberado a tiempo de sus aceradas garras. y aborreciendo la raza humana. vacía la carga. con la más potente voz que pude sacar de mis adentros. un perro viejo y maltrecho que le servía de guía. Estaría buscando su 31 . vendido el vino. ya de regreso. Sin embargo. hecho el trabajo. Y finalmente. como su propia sombra. cavando en nuestro propio rencor y arrojándonos a la cara todo el desprecio. como un himno de victoria. recogido en su propia desolación.

rebotándome la serenidad en las fachadas del alma y cerrándome el sosiego las puertas de la preocupación. como si se me hubiera removido la madre en la cuba de la memoria y un como regusto amargo me llegó hasta la lengua. En aquel momento bebía un largo trago de vino de una gran jarra que a modo de homenaje presidía siempre nuestra mesa. al arrimo de comadres y beatas. tío? Así lo llamaba de antiguo. – Hijo. vi con enorme sorpresa y no poco temor que allí estaba mi viejo amigo departiendo amigablemente con mi esposa y una amiga de ésta. Me acordé de muchas cosas. a lo que veo. son muchos. pero satisfecho del deber cumplido. poniéndose el sol en los tejados y a punto ya de replegarse el día. eres muy popular en esta ciudad. tal vez en otra plaza. Así iba yo. Sabía de la inteligencia del ciego y que no estaba allí para felicitarme. con ese tratamiento entre familiar y neutro y me vino sin más a las mientes aquel "tío" que parecía atar de nuevo algún hilo roto en algún sitio. ni guiado por el afecto – ¿Como ha dado con mi casa. cuando al traspasar las de mi casa. que.negocio en otra iglesia. a los cuales contaba las circunstancias y modos de nuestra – según él – rancia y acendrada amistad. Él también retomó el tratamiento antiguo. No había nadie a quien preguntara que no supiera darme entera noticia de tu vida y milagros. a lo que veo. 32 . Llegué pues a casa muy cansado.

33 . como si fuera yo el arzobispo en una procesión de Corpus. a no ser por razón de escarmiento y entreno para la vida. no era más que una piadosa mentira – para que todo el mundo. –Aún queda gente buena. pues como eso he venido. Hasta que caí en la cuenta de que te querían tanto como a las pulgas o a la viruela. Entonces me mandaron al otro extremo. justo en la dirección contraria a la que debía seguir. el barrio detrás. presentándome –como es la verdad– tu padre. – Aunque confieso que he tenido algún problema en llegar. cristianos y judíos. Aún creo que andan por las esquinas y tras las puertas esperando. chicos y mayores. Y así he llegado hasta aquí. porque creo que no eres muy amado por tus gentes. hombres y mujeres. No saben ellos que soy como tu padre y jamás te haría daño. y con todo el cariño con que los padres riñen a sus hijos. Al principio preguntaba por ti en el barrio. se ofrecieran gustosamente a acompañarme. solteros y casados. Así que no tuve más que decir que venía a cobrar una deuda y plantear una demanda de justicia – perdóname. con todo este boato. –Verás. los infelices. – Las inevitables envidias –comenté yo a modo de explicación. igual que a una maldición.– No se crea todo lo que cuentan – añadí yo por restarme importancia.

–Así sea. En fin, que viene al caso del poco afecto que tus convecinos te muestran, y es extraño, pues siempre te tuve por persona espabilada, pero inocente y de buen corazón en el fondo. Y no quiero creer que la vida te haya cambiado tanto. – Verá, tío. La búsqueda del afecto está bien en los niños que por una sonrisa de sus padres son capaces de hacer las cosas más extraordinarias. A mí me extirparon esa víscera hace tiempo y entonces me creció la ambición , como suele ser en los adultos, de modo que he llegado a adquirir, dentro de mi modestia, una situación envidiable que ciega a unos, humilla a otros y daña, por los visto, a todos. –Está bien, hijo; así será; pero percibo un tono de reproche que me duele en lo más hondo, pues siempre te quise como hijo, como hijo te crié. Y si fui maestro duro algunas veces fue sólo por enseñarte a sobrevivir en las procelosas aguas de la vida. –Eso lo aprendí bien. —Comprendo también, que en un momento todos los hijos sientan la necesidad de liberarse del padre, aunque sea de manera simbólica. Me miraba –si así puede decirse– el malvado ciego, con toda su aviesa intención, mientras me llevaba a su terreno del que precisamente yo quería huir, como había hecho en el pasado, donde había intentado expulsar de

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mi conciencia aquella penosa escena del poyo de piedra, con la que topaba una y otra vez. En ello volvía a hurgar el maldito para mortificarme. Pero no creía que se conformara sólo con tan pobre venganza. El sol se había ocultado y las negras sombras empezaban a llenar la habitación de agitados fantasmas. – Tráenos luz –pedí a mi esposa, que vagaba como un espectro más entre los muy escasos muebles de la estancia. – ¿Se quedará a cenar con nosotros? –le propuse, cumpliendo con el deber de la hospitalidad. Tenía su pizca de intriga volver a compartir, una vez más, con aquel viejo, mesa y mantel. Lo del mantel era un decir, pues siempre había sido el nuestro la dura tierra y nuestros invitados los pequeños bichejos que por ella pululaban. Mas queda bien exhibirlo en casa de los pudientes como capotes del hambre donde se burla al toro de la necesidad. Así quise hacérselo notar, pasándole por las narices mi buena fortuna. –Está bien – respondió, adivinándome pensamiento. Como en los viejos tiempos. –Sea. –Pero, antes, bendigamos la mesa, que es bueno acordarse de Dios cuando no hay pan, y de los que pasan hambre cuando te pones a comer. Facilita la digestión. el

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Trazó unos latinajos y unas cruces como ensalmo, contra ese diablo flaco, para que no volviera a posarse por allí. –Amén. Y empezamos a gusto la tarea. –Sabrás, Lázaro, que mis dientes no me sirven como entonces, pues apenas me queda alguno, que baila en la pista de la boca –a lo que creo, de contento– en cuanto tropiezan con algo de comida; pero en fin, puesto que es preciso vivir para seguir mortificándose, pásame ese queso tan provocador y descarado y entablaremos recia contienda. Veremos quién sale vencedor. – Da’cá – añadió poco después, señalando al jarro de vino que yo le tendía– ese bendito bálsamo que cura todas las heridas de todas las batallas, que yo sabré sanarme no sólo las numerosas ya sufridas, sino las que aún tengan que venir. Y dicho esto, se echó a sus pechos el jarro y durante un buen rato permaneció asomado y pegado como una sanguijuela a aquel profundísimo pozo del que mana la alegría, la savia de la vida. Acabamos pronto de cenar, que aunque los físicos y otras gentes entendidas hablan de masticar despacio y comer pausadamente, no es esta lección que al pobre aproveche, pues ha de salir al paso con lo que tiene, despacharlo sin que lo vean y digerirlo antes de que se lo huelan y si no que se lo preguntaran a aquel diablo de

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ciego, que aun hubo de ir a pescar con el sedal del aroma, la maldita longaniza, donde era lugar de veda como el arca –atrancada, a lo que yo creía– de mi estómago. Así pues, cumplimos prontamente con la cena, que los viejos hábitos es difícil sustituirlos por los nuevos y la costumbre acaba moldeando nuestra naturaleza. La noche se nos había echado encima y apenas una pálida claridad blanquecina entraba por la ventana. Mi mujer trajinaba por la estancia recogiendo y ordenando cosas. A la luz de la vela, volví a repasar el rostro que tenía delante. Una terrible marca, como a Caín, le señalaba la frente, hundida violentamente, como derrumbada hacia atrás, lo que destacaba aún más las órbitas vacías de sus ojos siempre alzados, apuntando con sus aguzadísimos oídos a los sonidos que venían de cualquier parte. Apenas le quedaba pelo, sino en la parte inferior de su cabeza, como si se le hubiera resbalado hacia el cuello. Sonreí, pensando que alguna ventaja tendría con las liendres; aunque siempre podrían tener buen acomodo en aquellas luengas y blancas barbas que, como sucios carámbanos, resbalaban de su rostro. Su boca desdentada hedía como estiércol y en su nariz y manos veía unas como repelentes llagas, cicatrizadas unas, purulentas otras, que le daban un aspecto repulsivo, muy útil, por otro lado, en un mendigo, para tocar la fibra sutil de la compasión; aunque bien creo que él tenía 37

como para no tener que acudir a tales subterfugios. como de estampa antigua. Me puse alerta. Vi que le temblaba el labio inferior y apretaba los puños en un intento de controlar la rabia que se le subía por las paredes. Por cortar el silencio. que bastón de ciego. el perro roía algunos mendrugos de pan y cortezas de queso que su amo le echaba de vez en cuando. descansaba una gruesa y larga vara amenazante. tosca y firme. Muy cerca de la mesa. impresionante en su fuerza.recursos suficientes. con todos los sentidos avizor y mientras hablaba de su vida. grandioso en su solemnidad. sino más dentro. A la luz de la vela. Le fluía el odio. y entonces me di cuenta de que las heridas más graves no estaban en su rostro. Evité aludir al lamentable suceso que la había provocado. imponía aquel rostro inmóvil como una estatua. Debajo de la mesa. Apenas se oía el chisporroteo de la llama y el mordisqueo incesante del perro. empecé a trazar mi 38 . pero absurda en su solemnidad. apoyada en la pared. le pregunté por su vida desde nuestra separación. que más perecía báculo de obispo. pastoril y patriarcal. No se me borra nunca de la memoria y aún me viene a la mente algunas veces y me persigue en sueños por las escaleras de los remordimientos. Era una hermosa escena. lo traspiraba como un animal y no había olvidado ni un instante aquel desdichado episodio.

Con la disculpa de llenar el jarro. Calló unas cosas. me levanté y con disimulo intenté apoderarme de la garrota. El viejo empezó a narrarme la historia de su vida desde nuestra –según él– dolorosísima separación. Pasó por alto aquel episodio sin duda negro que se levantaba entre nosotros como un densísimo muro. en el momento oportuno.estrategia. pero pareció olerme las intenciones y se la acercó aún más. asiéndola firmemente entre sus manos para no soltarla ya en toda la noche. Había cerrado además. le vi acercarse a la vela. 39 . precisamente las más desgraciadas con la intención de golpearme donde más podía doler. que estaba casi vacío. el muy truhán. El viejo ya había trazado la suya y en mí estaba adelantarme a sus propósitos. como queriendo en todo momento controlar aquel punto de luz. También puse a mano unas viejas tablillas de San Lázaro. las cortinas de la ventana por donde poco antes entraba la noche con sus desvelos. acentuó otras. que a modo de exvoto y ofrenda a mi santo patrón le tenía colgadas en un pequeño altar como protección contra la lepra. Cuando retorné a la estancia. vi desde el umbral que el astuto ciego también parecía hacer sus preparativos. Me hice con un pequeño cascabel que pensaba enganchar al collar del perro. que le dejaba en inferioridad de condiciones. y vino a salir por sitio donde yo ya lo esperaba.

Había criado y educado a otros dos mocosuelos como yo o más tiernos. el negocio iba bien. finalmente. y nunca le había faltado una moneda. me acercaría y haría el más entusiasmado público que imaginar pudiera. un día de estos. Me contó que desde aquello –y evitaba. Lázaro. un trozo de pan y un pajar caliente donde pasar la noche. Yo mismo la he compuesto y si lo quieres. en alguna aldea. Pensé que sería aquella una historia de nobles y villanos y bien sabía el papel que se me había atribuido. pero le prometí. hartos de las suyas propias. dar nombre y aludir al penoso momento de nuestra brutal separación– las cosas no habían sido lo mismo. mejor dicho.Refirió que había acabado de juglar por los caminos. a las puertas de las iglesias y en cualquier lugar y circunstancia donde hubiera gentes reunidas y ociosas. Salvo algún apedreamiento ocasional. que junto a reyes y grandes señores. la nuestra? La piden cada vez y a menudo me hacen repetirla. cargado con un laúd y un montón de romances y cantares que recitaba en las plazas y mercados. no tan despiertos y. una de las historias que más éxito tiene y más demandan es la tuya. pues a las gentes les gustaba oír las historias de los otros. pero a la fe. párate un rato y podrás gozarte de la fama tan encumbrada a que has llegado. – ¿Sabes. aborreciendo del género humano que tales 40 . que un día en que mis muchos e importantes menesteres me dejaran tiempo y ocasión. lo mismo que yo. con todo.

pues rechazó la oferta sin más. un poco ladrón como todos. enroscado en sí mismo. lanzó un leve gemido y volvió a tumbarse inerme. tío? Se os puede hacer un sitio caliente allá mismo en la cuadra –remarqué yo con toda la intención de que no aceptara. retorcido por el dolor y la impotencia. como él. El animal apenas se movió. había optado por arrimarse a los animales. alegando que tenía lugar y palabra en una posada. caso de haber seguido a su vera. A la vista estaba aquel pobre perro al que arreó sin más una dura patada como para probar sus palabras. de maldad congelada que era aún más patente en los reflejos de la llama al rebotar sobre sus pómulos. Se había vuelto aún más cruel y eso era lo que veía en sus facciones endurecidas por el odio al mundo entero. – Se me hace tarde –exclamó al fin. pues si lo hiciera.dolores de cabeza le producía. donde se detenía cada vez que venía a Toledo y cuyo dueño era un muy bien conocido y amigo suyo. vigilando no cometiera alguna bellaquería. La vejez no le había borrado aquel brillo de inteligencia que se desprendía de su rostro. Yo mismo me vi. cuya fidelidad proverbial no era puesta en duda. pero le había quedado como un rictus de fría crueldad. sería yo quien no iba a pegar ojo en toda la noche. no demasiado lejos de allí. pero 41 . Pero otros eran sus proyectos. ¿Qué horas son? –Es ya noche cerrada – respondí– mas. ¿qué prisa tenéis.

también felices sólo porque todavía no han llegado. me lancé rápidamente bajo la mesa sobre la que descargó toda la tremenda fuerza de su garrote. abiertos los sentidos. El perro empezó a moverse por la estancia haciendo sonar la esquililla y el diabólico ciego. Me puse alerta y. que me hubiera dejado allí clavado para siempre. si no fuera porque. pensando en alcanzarme con las bendiciones de tan terrible hisopo. 42 . Echó entonces mano a la garrota con la rapidez del rayo y lanzó un terrible golpe. Observé su figura rígida reconcentrada. pues avisado había quedado de que allá pasaría la noche. cegado aún más por la ira. tomé la jarra y la llevé a la boca. apagó la llama y quedó todo en tiniebla. Pasó un largo trago que dejó el jarro casi a oscuras como si intentara lavar con aquel bálsamo la densa amargura que lo ahogaba. sin dejar de observarle. cuando me ofreció de beber. De repente. El rencor le seguía detrás como una terrible sombra. felices porque ya han pasado. Lázaro. tratándole bien. no quería darle motivo de preocupación. prevenido como estaba. y por los nuevos. descargaba su tranca con toda su fuerza hacia el tintineo aquel. con un gesto brusco de su mano izquierda. los nervios tensos. – Así pues. Allí sujeté al perro y con toda el apremio que el momento exigía.no demasiado y. le colgué al cuello el cascabel que precavidamente guardaba. trae acá la jarra y brindemos la última vez por los viejos tiempos. como así era.

y confirmaba mis palabras. En seguida empezó a entrar una claridad lechosa que fantasmagorizaba la escena haciéndola irreal como un teatro de marionetas. sacudiéndolas aún más cada vez que intentaba quitárselas de encima. el desesperado animal vio la puerta de la calle abierta y salió como un rayo. 43 . era aquélla una noche de luna y con ello y el conocimiento que yo tenía del lugar. hasta que. disponía de una clara ventaja sobre el furibundo ciego. finalmente. mientras empecé a gritar con todas mis fuerzas en mitad de la calle: – ¡Al leproso! ¡Cuidado! ¡Al leproso! El miserable. Parecía el juego de la gallina ciega donde el ciego perseguía una campanilla que perseguía al perro. como un blanco móvil al que siempre es difícil acertar y más guiándose exclusivamente del oído. que abrí de par en par. me acerqué de un salto a la ventana y descorrí las cortinas que antes había echado el astuto ciego. Me dirigí a la puerta de la calle. mientras el sorprendido viejo daba frustrados golpes de ciego – nunca mejor dicho– contra una campanilla que se movía de aquí para allá. cuando tuvo ocasión. hacía mover las tablillas. Por suerte para mí.Aprovechando la confusión. el cual me perseguía a mí. con el ciego inmediatamente detrás y yo detrás del ciego sobre quien coloqué al pasar aquellas tablillas de San Lázaro. que marchaba tras el perro.

Al lado. en las tabernas. sobre un charco de sangre ya seca.Las gentes. yacía. Dicen que aún intentaron aquella misma noche. sin ánimo claro de hacer blanco en su figura. al principio para alejarlo. solicitando ayuda. Días después corrió la voz de que en los basureros de las afueras habían aparecido unos restos humanos. el cuello partido y el cuerpo y los miembros deshechos a dentelladas. mas en vano. cuando el viejo empezó a clamar por su limpieza. maltrecho y humillado. con el rostro deforme. con señales evidentes de haber sido golpeado salvajemente. saliendo de la ciudad a toda prisa por los sucios arrabales donde el ejército triunfante apostó sus vigías. guardando celosamente las entradas. tras las puertas de las casas. comido a mordiscos. el cadáver de un perro.al comprender la terrible amenaza que se cernía sobre ellos. él y su malhadado perro. empezaron a lanzarle piedras. pero después. entrar en la ciudad varias veces. pues – y con eso ya contaba – nadie se pararía a comprobar la verdad de sus palabras frente a las mías. nadie le creyó y empezaron a lanzarle pedruscos más gruesos e insultos cada vez más certeros. de un varón adulto. acudieron al ver el alboroto y . y a intentar aproximarse a las gentes. que espiaban en las esquinas. Así hubo de alejarse de allí. apenas reconocibles. el cráneo hundido y el lomo lleno de 44 . pues a cada momento saltaban las voces de alarma y las pedradas disuasorias ponían en fuga al enemigo.

dimos tierra en sagrado a aquel pobre ser con quien tantas cosas había compartido. lobos. allí me encontraba yo y mi asno decididos a cumplir con una obra de misericordia tan elemental y antigua como la de enterrar a los muertos. Sobre el mismo estiércol cavé un hoyo profundo y metí el cuerpo exangüe del animal. Es el caso que unos días después. en defensa de su amo luchando contra quién sabe qué enemigos– ladrones. donde poco después. Era evidente lo que allí había sucedido. El cadáver del ciego lo metí como pude en un viejo costal que para la ocasión llevaba y con él sobre mi asno nos vinimos a la ciudad. cuando apenas la luz empezaba a iluminar tanta ignominia. con ejércitos de moscas haciéndole el cortejo. cuando todo fue inútil. pero aún había necios que insistían en otras interpretaciones que muchos defendían con empeño. fuera sólo por liberarse de responsabilidades y disipar sus culpas. como sólo suelen serlo las mentiras. tal vez– y en el extremo de su entrega. aunque inútilmente. Había quien –sosteniendo la fidelidad proverbial de los animales– mantenía que aquel triste había muerto. bien temprano. 45 .magulladuras y cortes. con el concurso de mi señor. Pero dejémoslo así. Era hermosa la historia. echándose a morir al lado de su dueño. que no es malo que las flores crezcan sobre el estiércol.

proyectaba sobre el viejo mis sentimientos de hijo. sentía un nudo de tristeza que no logré desatar en los días siguientes. incluso las más hondas. sino con larguísimos tragos de un vinillo fuerte con que me enjuagaba el alma. Pero no había nadie. remordimientos y otras adherencias. La soledad es un vacío que ocupa mucho sitio. no teniendo yo padre. y en el momento en que lo veía desaparecer del horizonte de mi vida. ya viejas como un eco que volvía desde atrás. Y es que. Creí oír su voz rota y sus palabras. –El vino cura las heridas. limpiándola de sentimentalismos. 46 .No niego que alguna lágrima furtiva se llegó hasta mis ojos.

Algo habrán 47 . Los artistas conocen esto y lo llaman inspiración. Así también ahora parecen cobrar vida de nuevo para plasmarse en esta hoja sin necesitar apenas mi concurso. Ocurre que lo que pensamos y aun más lo que sentimos y mucho más aún. y allí se manifiestan cuando les damos ocasión. los muchos dolores que sufrimos se hacen como seres vivos autónomos. pues se vinieron a mí como en montonera. pero creo haberla cogido por derecho y la veo avanzar casi sola. encuadernando libros. Tiempo no me sobra. hilvanándose los hechos entre sí. sin que parezca yo más que un intermediario. derramándose en mis hombros y yo sólo tuve que cargar con ellos. Hago mi trabajo. al iniciarla. entre los acontecimientos y el espejo del papel en que quedan reflejados. como yo les digo. como lo es mi pluma.DESCANSO I Pensé. ¡cuán alta a las veces!. ordenándolos siempre. que me lleva muchas horas. la voz de su protesta. ciudadanos libres de sus propias repúblicas y no siervos nuestros. Tampoco parece que yo soy en la mayor parte el autor de los hechos que me han acaecido. limpiando la suciedad que los ataca y cuidando y preservando este asilo venerable. sirviéndose de nosotros para expresarse y levantar. No es mi caso. copiándolos a veces. Por caridad cristiana me han acogido en su convento estos sabios y benditos monjes. que esta labor iba a ser muy superior a mis fuerzas y excedería en mucho mis capacidades.

Esa es una forma de sabiduría más honda. como hago yo ahora en que no quiero dejar pasar de largo tantas cosas como tal vez aconsejaría el buen sentido. Pasa a veces días de retiro y oración o aplicado al estudio. Uno aprende con el tiempo 48 . copista a ratos y escritor de mi propia historia en los momentos escasos que me dejan libres las demás ocupaciones. He hecho amistad con un monje que viene por aquí a menudo a consultar algunos libros. Así me gano el pan dignamente. mientras acabo de perder la vida. yo lo sé. Es cordial en el trato. Aquí me encuentro.contado también. tanteando con mis dedos en todas direcciones. Dicen que es un sabio que enseña en la Universidad no sé qué materias y así debe de ser. ¡Cómo duelen todavía algunos esquinazos con los que vuelvo a topar y a herirme. profundamente humano y nada presuntuoso. ayudante de encuadernación. Robo horas al sueño— ¡cuán poco necesitamos a esta edad!— y a los tiempos de asueto y de recreo –que tampoco va bien la frivolidad con los años– y así saco algunos ratos en que recluido en mi estancia. mis escasos méritos. retirado a mis pasillos interiores. pues. quiero creerlo. voy deslizándome a oscuras por las rutas intrincadas de la memoria. por más que el tiempo que todo lo disuelve haya pasado por ellos! Parece que el alma tiene aristas que siempre nos desgarran y más cuanto más nos acercamos a sus filos.

por razones de ideas o doctrina. apasionado. y a los que estamos dentro. Mas también sabe de humor y entiende en la belleza que sabe apreciar a lo que creo. Lázaro. nos ayudaría a conocer los numerosos engaños y peligros que acechan ahí afuera y una vez sabidos. Me trata como a igual y por mi edad. incluso con respeto. Seguramente habrá después momentos en que se atranque y tendré que empujar con fuerza el carro de mis 49 . Así veo avanzar con insólita premura esta narración que al menos al principio parece marchar sola. Es el caso que hemos conversado algunos ratos. Me ha animado a ponerme por escrito. que ellos sabrán. directo. que bien me han aprovechado. Cuando avance un poco más esta preñez le daré a leer algunas hojas por oír su consejo y seguir adelante en la gestación de este ser o abortarlo en el momento que convenga. No le he dicho que ya he empezado a hacerlo. generoso. evitarlos.a reconocer lo auténtico y a desechar las imposturas. pues no dejaría de tener interés para más de una persona: A los del mundo les serviría para ver el proceso de conversión de un pecador. máxime en mi caso que viví mucho tiempo de ellas. sencillo. Dicen que ha escrito algunas obras de mérito en latín y en nuestra castellana lengua. Es franco. Parece que no está exento de problemas con sus superiores y hasta con el Santo Oficio. contándome cosas de gran sentido y peso. Algo de mi vida y mis cuidados (o descuidos) le he contado así como al pasar y me ha escuchado atento.

equivocaciones para salir del atolladero y llegar a algún destino. ya veremos. 50 . Pero ya veremos—decía mi ciego. Y yo fui su discípulo. Así que.

descargándome de mis numerosas y pesadas cargas que él tomaría sobre sí con gran placer. –Y echas una mano al personal. Los días fueron pasando y avanzando los meses. pero llega a su posada. Por aquellos días. mantenerme alejado de la ciudad. y a la vez. si acaso se tercia. favoreciendo sus devociones. 51 . sabiendo mi inclinación por el vino y por todo cuanto le toca. estoy seguro. que tenía sus viñas en una aldea cercana. que el tiempo es lento como burro viejo. humillados y ofendidos por las bofetadas sucesivas de los días.III— JORNADA TERCERA El honor es un lujo que aflige a los saciados y la virtud una enfermedad que ataca a los ahítos. –Hijo. ganarás el pan con el sudor de tu frente. que disciplina muy dura era esa para un cuerpo tan frágil como el de Lázaro habituado a andar tieso por la vida y no encorvado como esos pobres campesinos. Corría septiembre con las uvas dorándose en el último sol del verano y los viñedos ofrecían sus frutos como una tentación irresistible. llevome a pasar en sus fincas unos días para que observara el milagroso proceso de transformación de la uva. mi señor. estando ambos por aquel tiempo ligeros de obligaciones. Pero no se terciaba.

En fin. que el trabajo es una maldición. Y más en aquel trabajo donde había que andar a cuatro patas y bajar mucho la cerviz. que no es Lázaro hombre que se afane por otros. rolliza y cantarina en quien puse los ojos desde el 52 . Y se fue tras sus afanes que eran muchos y yo quedé con los míos. que eran más.–Pero no con el tormento de mis riñones. –Si lo sabré yo. –Amén–concluyó el clérigo con humor. que me han aporreado todas ellas. y en estos días mal vistos y peor pagados están los oficios de aquellos que se afanan con las manos en ganarse el mendrugo. Pero también mira un poco por ahí. Ahora era yo el que predicaba—. sino un pájaro libre que podía volar cuando quisiera y cantar cuando tuviera ganas. Tenía el capataz una sobrina de unos diecialgunos años que trabajaba de cortadora en la cuadrilla. pero una maldición. que Dios mirará por todos. Pero Dios proveerá. Dejé pronto bien claro que yo no era uno de ellos. que por peores caminos hemos pisado y en lechos más duros hemos dormido. De aquí que no extrañe ver muchedumbres de gentes que anegan las ciudades con sus bultos de hambre. Cada cual mire por sí. moza alegre. pues bastante tiene con ocuparse de su propio negocio. –Todas las partes del cuerpo son igualmente dignas. Que mis negocios también son los tuyos. divina.

Ella a veces no se percataba y nos dejaba abierta durante un rato la puerta del paraíso. Tales lujos están bien en los de arriba y no en los pobres para quienes la honra está sobre todo en el pan que comen casi todos los días . Yo no era de esos que hunden sus sentimientos en el tintero de los sueños. que la deseaba como sólo se puede desear la fruta madura. sus muslos gordezuelos y más cosas aún que la imaginación suple cuando la realidad se desea. con mi varita mágica en forma de sarmiento. procuraba levantar sus sayas. que no hay mayor 53 .primer momento. que se mueren de amor y van dejando regueros por doquier. pero hacía como si nada hasta que de repente cerraba de golpe la puerta y nos daba con ella en las narices. En fin. No. Otras se daba cuenta. que no que quedara atrás la honra de su sobrina. Su tío pasaba de vez en cuando vigilando como un Argos el honor de su pupila. no con la locura enamoradiza de los galanes de los libros. distraídamente. que sin embargo no está del todo al alcance de la mano. aunque más parecía importarle que adelantara el trabajo y cesaran las distracciones. sino de aquellos otros que sólo saben escribir con las gozosas plumas del lecho. Veíamos entonces sus finos tobillos. Pasaba a menudo a su lado y mientras ella permanecía arrodillada ante cada cepa – que bendito es el vino que se le venera aun antes de salir a la vida– yo.

. Corría la segunda jornada de mi estancia. Las demás se habían quedado lejos. Dejadme en paz. Teresina era la única tentación que nos seguía. ni día más desgraciado que aquel en que no hay nada para llevarse a la boca. cuando alguien comentó que nuestro amo había tenido que dejarnos urgentemente aquella misma mañana por responsabilidades propias de su cargo. refiriéndose a mi persona– me encargó te dijera que no tuvieras prisa en regresar. Y así fue que no habiendo muchas tentaciones. –En cuanto a ti –prosiguió. pues habían requerido su presencia en la ciudad adonde sin tardanza ni tiempo para despedida había dirigido sus pasos.y todo vale. con frases bien aprendidas. La ciudad es asiento de maldad. Pero el amor es peor que la guerra. sede de virtud el campo. fuimos a caer todos en la misma. –Basta ya. El pecado se esparce por doquier y el diablo lo siembra sin parar por todas partes.afrenta que el hambre. por lo que supe que era cierto. pues él en su ignorancia hubiera sido incapaz de juntar tantas palabras. –Vosotros a mí. Pero no es verdad. dicen los estoicos. en Toledo. Así habló nuestro capataz.. 54 .

descaradas casi todas. cuando vi que se acercaba por el camino una pareja de sucios vagabundos. hampones y mendigos. 55 . habrías a la fuerza de permanecer ocioso. y un coro de cómplices miradas se clavaron en mí durante un rato. el uno ciego. donde libre de ocupación. pero quien ríe último… Unos afilaban sus navajas. un buen trozo de tocino. quién escarbaba con sus pezuñas en el polvo. cojo el otro y marcados ambos de llagas. los llamé a grandes voces que se llegaran hasta mí. que la envidia ha sido siempre mala compañera. –Amén – respondí yo a modo de asentimiento. con su morro desdentado y un mugido hueco resonando en el fondo. y el queso. recomponiendo mi figura y mi orgullo. que no allí en la ciudad. retenidas unas. desastrados. más necesitaba de tus buenos oficios aquí.que de momento. cuando. Esa misma tarde tuve ocasión de restaurar mi dignidad algo marchita. haciéndome cargo. Y el que más se reía era el bruto de Rebolledo. Volví pues la espalda y con paso digno me alejé del grupo. repelían incluso a la propia caridad cristiana y ya los habían despedido con la breve limosna de un racimo de uvas. Pero no hice maldito caso y volví a mis cosas. como en efecto hicieron de inmediato. Sucios. malolientes. Y un coro de risas. ligeramente heridos. como agudos alfileres de sospecha. otros se rascaban la cabeza. Ofreciles de comer los restos de nuestro almuerzo: algunos garbanzos.

Miré con atención sus engarañadas figuras y sentí lástima como sólo podía sentirla de mí mismo cuando se me agolpaban en la mente los tristes días de mi infancia. –Eso digo yo– añadí– convertido a su causa y creyendo fervoroso en su inocencia y buenas intenciones. –La tentación es mejor ponerla lejos.todo que quité de la merienda y todo bien mojado con el vino que quedaba. Me pidieron si podía dejarles descansar un rato y dormir allí la siesta. pues venían rendidos y no les vendría mal hacer una pausa para recuperar algo de moral y fuerzas. pero rehusaron esto último. después de haber satisfecho la mayor necesidad como era el hambre. Sonreí para 56 . le engañé y supo mi engaño. Recordé aquel breve momento feliz en que repartí con el sagacísimo ciego el famoso racimo y donde engañándome. porque eran – decían– materias peligrosas. una manta. un morral de cuero y hasta alguna herramienta o cuchillo de trabajo. por si era menester. Se ofrecieron a corresponder con su trabajo. pero no pude aceptar. Les doné ciertas prendas que andaban por allí: un par de sandalias. La limosna es moneda de caridad y no tiene vuelta. En muchos días no habían comido y lo agradecieron como yo bien sé se agradecen estas cosas. una vez bien hinchados mi vientre y mi bota.

estoy seguro. Faltaba mi capa y mi bota de vino y habían levantado como sucios roedores todo el alimento que sobraba. –Claro– respondí finalmente con esa generosidad que nada cuesta. me olvidé hasta de mí mismo. Pero todo se vino abajo y sucedió lo que sólo a Lázaro. salió furiosa tras los pícaros. Por una vez que dejé de ser Lázaro. me desenterraron vivo y también los tesoros. El cojo corría como alma en pena y el ciego le seguía sin tropezar lo más mínimo ni salirse para nada del camino. ¡Pero se está tan bien a la sombra…! La pandilla entera. Pero la traición duele. pues apenas hube abandonado a aquellos malnacidos para incorporarme a la faena. cuando está demasiado tiempo tumbado. Sospeché la trapacería y acudí al lugar donde habíamos dejado nuestras cosas.mis adentros pensando en las volteretas que suele dar la vida y cómo las cosas pasadas siempre vuelven. Era como abrir tu corazón a los otros y te quedaras sin él. para algunos sabuesos. Y hasta algunas monedas que dejé bien escondidas. y cuando por azar dirigí la mirada hacia ellos. Sentí la burla. uno delante del otro y sin apoyo mutuo. al comprender lo ocurrido. Y eso me pasaba seguramente a mí. los vi alejarse a pasos más que veloces por el camino. centrado en ella. menos mal que eran menguados. pero ambos milagrosamente 57 . Pero el dinero huele. El perro más avispado pierde reflejos. gafado por los astros podía suceder.

Al no poder atraparlos. De este modo quedó nuestra relación sellada por el resto de los días. Tan poco se fiaban de mí que me hicieron jurar por lo que más quería. cuando el amo repusiera las mías. que no pudo tragar nada en varios días. afilados... Hube de prometerles que repondría sus cosas. largos días. –Si os ponéis así. aquellos pocos. pues en seguida levantaron sus puñales curvos por los arrabales de mi cuello. yo buscando ocasión a mi venganza y ellos plenamente dispuestos a la suya. al final de las tareas. como largas guadañas eran muy convincentes. corrían lo mismo que el demonio. –Nos ponemos así.. –Está bien –tuve que pensarlo. pero no recuerdo bien por qué juré. –Por lo más sagrado. Aquellos cuchillos curvos..curados.. y así lo hice. se echaron rugiendo sobre mí. 58 . –Por tus muertos. –Todavía no he matado a nadie–aposté– y alcé un último gesto de conminación y fuerza que no sirvió de nada.

metía un ojo en el otro mirando el mundo siempre torcido como garras curvas que escarbaran en las vísceras de las gentes para sacarles la vida. y yo pensé que a un enemigo así es preferible evitarlo o. al servicio del rey.IV JORNADA CUARTA El mundo es pura apariencia. Decían que había matado a dos hombres y pasado largos años en galeras. recogí con cierto recato unas hierbas que todos maldijeron por sus misteriosas propiedades y 59 . Sólo el dolor es real y de eso algunos somos más ricos. Rebolledo era un alma en agraz. Porque hay almas de moscatel. como él mismo confirmaba orgulloso. dejando ver cuatro dientes podridos que eran lo mejor que le quedaba y desprendía un aliento fétido por su boca torcida que hasta se pasmaban los racimos. Con el cuchillo en la mano. parecía el dios de la venganza. Al día siguiente. no entrarle nunca de cara. cuando menos.Sonreía como las fieras. de albillo y las hay en agraz como el alma del malvado Rebolledo. Vi que deseaba tanto como yo a aquella moza rolliza y de buen ver que sonreía por todos los costados. pero no era yo hombre que se rindiera tan fácil y la maquinaria de mi cerebro tan llena de herrumbre que no consiguiera fabricar algún ardid del que sacar provecho. Feo como una mentira.

Allí estaba la gente siempre cabreada y dando voces. parecían inducir alucinaciones tan reales. indagando. Había visto también a sus dos muertos. que las gentes las vivían como hechos verdaderos.que. En cambio. Al despertar. con los ojos muy abiertos y echaba a correr por el monte dando gritos. pues a veces le daba el ataque de locura y. Cayó en seguida en un sopor tan hondo que no hubo manera de levantarlo de la siesta y así estuvo toda aquella tarde y noche hasta la madrugada. se levantaba lleno de terror. que no se habían olvidado y rezaban por él continuamente. lo mismo que los sueños. El caso es que los días que faltaban los pasé maquinando mi plan y las noches vigilando. dándose al diablo. contó que había recorrido el cielo y hablado con algunos ángeles que al ir a tocarlos se desvanecían en la nada. huyendo de 60 . más o menos como aquí– confesó. Aquel mismo día en la comida probé sus efectos en el odiado Rebolledo. Machaqué algunas de aquellas bayas negras que vertí en su escudilla de garbanzos los cuales devoró sin enterarse. pero al revés. deseándole toda suerte de males. lanzando maldiciones e insultos. el infierno era real. – ¡Menudos abogados! –Diablos de la guardia.

donde permanecí un buen rato con los ojos abiertos en medio de la oscuridad. Ladraron los perros y regresé al lecho. filtrándose de una ventana abierta del primer piso y que debía proceder de la cámara donde yacía Teresina. Aún pude escuchar antes de caer en el abismo del sueño el grave ulular del búho desgarrando en una estruendosa carcajada las vísceras retorcidas de la noche. Un búho muy cerca rompió la noche con su grito. Alguien también lo oyó. En seguida se apagó la luz y todo volvió a quedar en la más negra oscuridad. Pude divisar su silueta.no se sabe qué. machacando bayas y hierbas de belladona que pude apañar. consiguiendo con todo una pasta que disuelta en el vino hacía el más rico caldo que uno pueda imaginar. dibujándose apenas. Eso al menos me confirmaron todos cuantos la 61 . apretado al fresco de la noche. yo también preparé en secreto mi asquerosa pócima. que nadie más oía. cuando advertí una tenue luz. Oía voces. Dos días después acabó la vendimia y antes de partir y dividirse las gentes y de que cada cual regresase a su hogar o a nuevas faenas. Mientras aquella se adobaba. como un ligero fantasma en el hueco de la ventana. se pensó festejar la despedida con una cena un poco más señalada. y pasos que nadie más sentía. deambulaba a oscuras por los alrededores de mí mismo. espantado el sueño. Una de aquellas.

mucha bebida y baile.probaron horas después. Aquella noche todo se agitó como una gran locura. la música que le saltaba dentro. El trepidar de la tierra entre los pies danzantes y una luna muy llena que lo registraba todo. entrelazados sarmientos. La pócima maldita obraba sus efectos. al fin. Temblaba el mundo en una sucesión de escalofríos. ardientes como encendidas hogueras. Tal vez me había pasado con la dosis. El recato y compostura no son más que débiles defensas contra los recios empujones de la vida y sus grandes pasiones. Las gentes de la aldea vecina despertaron y al oír el alboroto. Todo el mundo danzaba al ritmo de la tierra que llevaba dentro. Todo el mundo empezó a danzar. Malditos sueños. estrujando sus racimos. temblores y bebida. oscilantes. encendido como una estrella fugaz. cercados de terror fueron a esconderse en la iglesia donde trancaron las puertas y empezaron a rezar y santiguarse por las almas del purgatorio y hasta del 62 . Yo vi alguno correr sobre la noche. del veneno. de la serpiente. todos son de la misma familia. Los cuerpos se enhebraban igual que los deseos. del diablo. vertido que hube todo el mejunje en el común caldero donde se cocía la cena. unos con otros. Una hoguera en el centro hacía girar los astros. crepitando de luz y de deseo. No había más que ver a aquellos cuerpos sin dueño. bebedizos y pócimas. Carreras por el campo.

La llevé a su aposento con inmenso cuidado para que no se tronchara y allí cabalgamos juntos por los caminos del cielo y el mismo cielo hasta las puertas del amanecer que siempre chirrían. Me entré en la casa y arranqué una cabeza de ciervo disecada que había visto adornando. Me incorporé 63 . A lo lejos sonaban las campanas de la aldea llamando a misa o a rebato. en una de las estancias y. sobre todo la figura rutilante de la hermosa Teresina que brillaba con luz propia. No podía ser. Entre la sorpresa de la aparición y el reflejo de la luna que lo fantasmagorizaba todo. no sé si de miedo o de cansancio. Estaba ya bien entrada la mañana. Poco después cayó sobre sí mismo en agitado sueño. abandonando a Teresina que se desmayó en mis brazos. que era necesario recuperar. la gente salió huyendo por todas sus puertas. volviendo de nuevo a la vida. olvidado del mundo y sus tentaciones.infierno. El caso es que sólo yo y mi mala conciencia permanecíamos ausentes. pues se habían escapado aquella noche y vagaban libres por el mundo. contemplando el paisaje. Pero los ataques venían de todas partes. Era domingo. Rebolledo andaba tan borracho que apenas se tenía en pie y giraba y giraba y volvía a beber. como trofeo de caza. puesto sobre la mía. cuando los ruidos empezaron a desenvolver el día y la pequeña tropa a desperezarse el sueño. salí a la noche como fantasma o diablo que acude al conjuro. no sé bien.

que habían sido mis buenas noches. ahora que el sol se ha ido y la noche – ¡estas largas noches de invierno!– viene a cerrar casi de golpe la página del día. de reuniones sabáticas y ungüentos y orgías con el diablo. abstraído. Estaba tan abstraído que ni me oyó cuando le saludé efusivamente dándole sus buenos días. el santo Oficio por medio y unas cuantas brujas aporreadas. una vez en Toeledo. 64 . Cuando se mienta al diablo acaba apareciendo. Pero nadie sabía nada. Aquel mismo día cada uno partió con rumbo diferente hacia su hogar o hacia nuevos lugares de trabajo. acariciaba una prenda de mujer que llevaba a su boca y pasaba una y otra vez por su rostro. – ¿No sabréis vosotros algo?—preguntó mi señor. El caso es que ante tales rumores salimos de allí lo antes posible. quien. como ocurrió poco tiempo después que se abrió una investigación.sobre el lecho y pude ver la cara de felicidad de Rebolledo. nadie recordaba nada. salvo yo. Pero todo dejemos para otro rato esa historia. Había empezado a correr por el lugar una historia de brujas y demonios. Se ve que de vez en cuando hay que hacer una limpieza. que era el que más tenía que callar.

con mi señor y mi bien considerada esposa. jamás me contestó. sometido a todos los vaivenes del destino. por más que mucho se ocupó — de esos modos se divierten los ociosos — de mis relaciones triangulares. de este mi libro. Dejé pues. encuentros. puramente geométricas al fin. ¡Cuántos años se han ido desde entonces! ¡Cuántos amos y amigos! ¡Cuánta soledad y escombros hoy tengo acumulados! Pero Aquel vuestra merced en quien buscaba protección y algo de apoyo y quizás un beneficio a su cómodo arrimo. que yo aspiraba a más en mi ambición y podía bien trepar a nuevas cimas. Vivía al arrimo de los buenos. nunca se ve uno satisfecho. asentado y seguro. naufragios y nuevos encuentros de este mi hijo. nutrido y cuidado por mi bien amado señor el Arcipreste allá en Toledo. una historia terminada: mi infancia y primera mocedad. jamás quiso saber de mí en adelante.DESCANSO II Hago aquí otro descanso en este largo cuento de mi vida para referir algunas circunstancias que rodean a la historia de la historia. es decir. a los designios siempre oscuros de la providencia. contagiado de ellos. 65 . Con todo. Con esa intención escribí y mandé aquella breve historia de Lázaro. de modo que amén de ésta tenía también ganada la otra vida. abrigado y protegido. al oleaje turbulento del vivir y acontecer. Nunca había estado en tan alta posición ni medrado tanto mi fortuna. las peripecias.

Alguien la ha dado a la luz pública. en manos de las gentes y donde apenas ya me reconozco. no ha mucho. que por ahí anda de nuevo mi vivir de entonces. cuando la Inquisición. añadiendo en otros lados cosas que no hice ni puse. en las bocas de todos. que han metido la tijera por doquier y se han llevado años y errores por delante. sin embargo. del sosiego de sus muros y de la serenidad de ánimo que deposita el tiempo entre las pesadas losas de la edad. Sospecho que a la muerte de mi señor. entone su peripecia lejos de quien le dio vida hace ya algunos años. 66 . Como ser propio que ya no me pertenece. más firme la censura y la opinión más vigilada. mutilada. Y ahora recientemente veo de nuevo aquella historia mía publicada. o reflexiones que nunca quise hacer. corra su propio albur.Mandele aquella relación que debió quedar durmiendo bajo llave en los arcones viejos de sus palacios. Fue obra de una época. su secretario. Casi treinta años ha hibernado bajo el hielo de la indiferencia y el absoluto abandono. tal vez su propio hijo revolvió legajos y papeles. oculto para el mundo y también para mí mismo en este viejo convento donde gozo de la paz y aprecio de sus monjes. En fin. eso sí en muchas partes y miembros. Ignoro cómo ha salido todo esto a la luz. alguien próximo. cuando era joven y más me equivocaba. humillado y vencido. No reniego de ella. precisamente ahora. empieza a estar más atenta. su confesor. algún criado o albacea. error de juventud.

Pero no me importan ya mucho tales vanidades. cédulas. aunque ya tarde. donde los dioses juegan a darse importancia. 67 .títulos y herencias. No fue mi intención el publicarlo. informes y deudas. Ignoro si allá en el viejo Olimpo. Bendita sea la idea de alegrar y enseñar a otros con mis penas. recibirán con gusto a un pobre como yo. cortado y más o menos bien vestido decidió sacarlo a la luz de la imprenta desde el vientre estéril de una hinchada valija o de un viejo baúl. y topó sin esperarlo con aquel mi viejo relato. que se ha hecho un nombre a base de remar en la miseria. mas tampoco me opongo a que la fama. Una vez adobado. levante sus trompetas. Sólo me hacen gracia.

68 .

donde se aprende a golpes. el hombro. como a burro que apenas si se apura. Acabada la vendimia. no me apuraba. Lázaro –añadía– que bien puedes confiar en una esposa como la tuya que guarde el hogar como el más fiero mastín.V – JORNADA QUINTA Dura es la escuela de la vida. mientras se rompía en pedazos la insolente carcajada de su voz —. las espaldas. Pero no es tu caso. el arcipreste. conociendo su mal genio. Y la verdad. –También eso es verdad– miraba yo hacia otro lado – mientras me aplaudía la idea. Confiaba en que uno y otra permanecerían intactos tras los breves días de ausencia. a golpes se recuerda y nos acostumbramos a olvidar también a golpes. asustando con pasión a los intrusos. Tenía la seguridad. aunque no soy yo de aquellos que viven en perpetuo desvelo ocupados de su honra. volvime de nuevo al hogar en Toledo. donde había dejado a mi esposa al cuidado de mi honor y de mi hacienda. –La honra es algo tan pesado que es mejor llevarla entre varios –creía aún escuchar por allí el eco de mi amo. su estentórea voz y sus bruscos modales. que la puerta de mi casa quedaba bien guarnecida y más cuando estaba 69 .

Es más. Empezaba a anochecer y una fina lluvia amarilla resbalaba tristemente empocheciendo las hojas. 70 . Traía unos encargos para mi señor y pregunté por él.ya con la grosura de la preñez avanzada. postergando para el día siguiente aquella obligación. Así que puse rumbo a mi morada. rebozados en el barro. mientras un coro de recias risotadas ponía música a la escena. Así que allí me mantuve. haciéndome notar entre los vecinos del barrio que se retiraban comentando por lo bajo la prestancia con que me desenvolvía. pero digno como un monumento antiguo. dolorido. lo cual agriaba aun más su ya imposible carácter. orgulloso como un príncipe. reteniendo la rienda de la cabalgadura para que acompasara con la mía su marcha y mantuviera alzada la cabeza. Me indicaron que había salido sin saber cuándo habría de regresar. Difícil me iba a ser probarlo. Avanzaba de esta guisa. sobre todo en las caídas. por los suelos. Iba. cuando tropezamos y fuimos a rodar los dos por el medio de la calle. tieso y altivo como la torre de la catedral. Bien creo que me habían preparado la celada. jinete en mi asno. mientras saludaba ostentosamente a las damas. pero hasta en las caídas hay que mantener el honor. como sucios pescados. Por allí adiviné una cuerda. pero no quise indagar. por el medio de la calle. como yo mismo. erguido el busto y altiva la mirada. Mejor era dejar que rodara.

llenos de honra por dentro.Para alguno aquel fue. inmutable al humor y a los afectos. sin duda. un cimiento firme sobre el que montar 71 . viendo que los pocos días de separación no la habían cambiado un ápice. por el que la reconocí en seguida y quedé reconfortado. siempre fiel a su rictus de cabreo. Así estaba. cuando coloqué de nuevo las cosas en la caballería y me retiré despacio. pero sucios y malheridos por fuera. Fuerte y segura de sí misma. pues si bien dicen que la mujer es el ser más voluble de la creación. que cambia como cambia el viento. uno de los momentos más felices de su mísera vida. no la quebraban gracias ni bondades. sangrándome el orgullo y oliéndome la dignidad a estiércol e inmundicia. manteniendo la compostura. De esta manera llegamos a la casa. Salió mi señora a recibirnos –no antes de haber aporreado la puerta durante un rato– a medio vestir y con un humor de perros. que la venganza es un placer que se saborea más en grupo y las caídas de los poderosos siempre han producido regocijo en los humildes. recogiendo del suelo toda mi dignidad. enfadada y gruñona. pues no hay mejor cosa para un hombre— como predicaba mi señor— que una buena ancla donde atracar su vida. no era éste el caso de la mía. como príncipe victorioso que se aleja sucio y roto del campo de batalla.

que en un primer momento no me reconoció. me examinó de arriba abajo para inmediatamente empezar a insultarme y maldecirme con una gracia tal que era digna de ser oída por todos . con la cantidad de lagartonas como hay por esos lugares a la caza de hombres incautos como tú. pero venía cansado. Iba a cerrar la puerta. reclamando su atención.su casa y una mujer inalterable sobre la que edificar una familia. acercándose hasta él empezó a frotarle el cuello y acariciarle la cabeza como si fuera con mucho el miembro más querido de la familia. Y a saber qué habrás hecho tú solo durante tantos días. que para qué quería ella un hombre que no sólo no la defendía. así que con un leve carraspeo hice notar mi presencia. hecho unos zorros. y entonces. como así ocurría en efecto de las voces que daba: que mira cómo vienes. herido y sucio. sino que la dejaba sola cuando más lo necesitaba y no le daba más que trabajos y disgustos. me satisfacía que de tal manera se amaran mis cosas. No pensaba tenérselo en cuenta. porque además tenía la seguridad de que no 72 . entre la penumbra de la noche y aquel disfraz de asco que había echado sobre mí. que podías haber mandado recado. que bien podía ella haberse muerto y tú sin enterarte. Es más. le abrí los brazos y entonces se fijó en mí. Es cierto. cuando se fijó en el asno que cabeceaba detrás.

Ni a ella ni a mí le agradaban debilidades y gestos de blandura. – Canalla. que era un egoísta que sólo pensaba en mí mismo. pues arreció de nuevo en sus insultos con un entusiasmo renovado. egoísta. señalando la cuadra adonde habíamos llegado—. Conmovíanme aquellas duras palabras. mientras yo me gozaba plenamente en aquel chaparrón de dulzura que me calaba hasta los huesos. Que eres un 73 . Son como esas frutas dulces que han de protegerse con una corteza de amargura o acidez que aleje a los golosos. sigue. Debió de notar mi sonrisa bullendo por debajo y mi cómplice silencio flotando por arriba.le importaba nada. más que sinvergüenza. De ese modo. –Sigue. que eres un canalla. Y cuidado con la pobre borrica –restalló como un látigo con toda la intención que pudo—. pero yo bien sé del fingimiento de algunas mujeres que cuando te insultan te están manifiestan su amor y cuando se muestran zalameras seguro es que piensan engañarte. –Así que ya sabes dónde vas a dormir –replicó finalmente. seguía lanzando contra mí aquellos riquísimos frutos que yo saboreaba separando las cáscaras y aprovechando la pulpa jugosa que extraía con supremo deleite. –Sinvergüenza.

¿Cómo podía aludir a mis energías sexuales desbordantes? Jamás fue ese mi pecado capital. Se equivocaba. que las energías bajas sólo descienden cuando se han llenado las estancias superiores. un demonio. o más alto aún en la cabeza. Pero este será tu castigo por esta noche. en el estómago. no cesaban de girar en mi cabeza algunas palabras llenas de sospecha y mala intención. Y acto seguido entró en la casa por la puerta de la cuadra dando un temible portazo que hizo temblar las bases del edificio y echando finalmente el cerrojo por dentro. pero ambos sabíamos de su inconsistencia. esperando que la tempestad de la noche daría lugar a la calma del día siguiente. que residía seguramente más arriba. pude caer a gusto en esa celada en que los más listos varones y avisadas mujeres acaban sucumbiendo. a cambio de un poco de paz en la 74 . para ocuparme de esas cosas. cuando la situación material se hizo estable. pero venía tan cansado que ni ganas tenía de discutir. No obstante. de modo que me acomodé como pude en un rincón sobre unas envuelzas de paja y me eché a dormir con la conciencia tranquila. y yo había tenido que tapar demasiados huecos. Sólo en los últimos años.sátiro insaciable. así que todo sería dejarlas correr como el agua vertida contra el tejado durante la tormenta.

se dirige alegremente hacia ellas. era la borrica inquieta que resoplaba en la penumbra. A la mañana siguiente. Mi mente seguía dando brincos en una especie de duermevela. extrañando mi presencia. 75 . Bien sabía que mi amada no roncaba –las amadas nunca roncan– por lo que debía ser el maldito asno empeñado en armonizarme la noche con música de sus naturales instrumentos. saltando de un lugar a otro como potro desbocado. un ruido ronco. hecha ya la luz y la paz entre nosotros. como de otro sueño. pude entrar en casa y tomar posesión de mi hogar como amo que era. La noche crecía. De pronto. aún pude oír instantes después un fuerte roncar que llegaba de más allá de la pared. así que di media vuelta. rítmico. pero tardaba en venir el sueño apaciguador que todo lo borra. el Arcipreste. pues conociendo las trampas de antemano. jugándose la vida. que el ser humano es un animal estúpido. profundo. sentí un fuerte golpe en la pared contigua y una especie de jadeo continuado como de gente que se persiguiera o luchara en reñido cuerpo a cuerpo. dando espaldas a las preocupaciones y entré suavemente en el sueño.entrepierna y una continua guerra en los demás frentes. Seguramente. una vez que el ama había salido ya a realizar sus labores en casa de nuestro dueño y señor.

pues odio esas estúpidas prendas cónicas que más parecen fundas para ocultar los cuernos mientras dormimos o encubrir sueños demasiado negros para dejarlos a la luz. sin yo buscarlo. que no era muy madrugador. bajo la almohada del lecho conyugal un ridículo gorro de dormir. pero cada vez me picaba 76 . ciertamente. y una mancha de grasa muy extendida en la cara inferior. que yo había visto en su reverenda cabeza más de una vez. como raspaduras. cuando muy de mañana acudía a su domicilio por urgencias de trabajo y él. quien practicaba tan torpe costumbre y suya era. Yo sabía del cura. aquella cómica prenda.Estaba asentando algunas ropas y otras cosillas en un armario o alacena que en nuestro dormitorio había. cuando topé de súbito con un librito muy bien encuadernado en piel negra que resultó ser un breviario del señor Arcipreste y que reconocí al instante por unas marcas en el lomo. el lugar menos idóneo– empecé a rascarme la cabeza– pero nada significaba de momento. me recibía en hábitos poco convenientes para su dignidad. pues. hasta que encontré. mi socio. un buen rato frotándome la sien cual lámpara de Aladino por ver de sacar la luz que me alumbrara en tanta confusión. que no era muy cuidadoso con las cosas y el tal librito aparecía como fantasma donde menos se le esperaba. Allí me quedé. que evidentemente no era mío. desde luego. Aquel era.

se encontraba seguramente fuera de Toledo. dejándome allí plantado. aquellos ronquidos por la noche. el breviario y gorro de dormir. allí me dieron razón de su presencia. Fui a casa de mi amo donde me comunicaron que el señor no estaba ni sabían cuándo iba a venir. mi misma esposa no dejándome entrar en casa ni dormir como persona. que ahora no podía romper por tal nonada. perjudicaba y en gran 77 . Lo conveniente era guardarlo en el secreto y no propalar lo que seguramente todavía algunos ignoraban. mejor dicho. del burro. aunque no iba a gritar ni rasgarme las vestiduras cuando ese había sido el contrato de mi matrimonio. No quise hacer más preguntas por no caer bajo sospecha o levantarlas yo mismo con mis dudas. como tonto.más azuzándome por dentro como una espesa bandada de mosquitos. pues. Y en efecto. el cual estaba acabando de decir la misa Empecé a unir cabos. no habiendo dormido allí los últimos días. de modo que me dirigí a la Iglesia Mayor por comprobar finalmente lo que suponía. ellos mismos se unían ante mis ojos. sin que yo siquiera pretenderlo y caí entonces de repente. Ningún provecho sacaba con denunciarlo. atendiendo a las obligaciones de su ministerio o a sus muchos y prósperos negocios. mas al contrario. la salida súbita de la vendimia. Todo era para mi desgracia muy claro.

que es donde se libran las más duras batallas y se desatan en agua las más recias tormentas. – ¡Ah! Esto –suspiró mientras lo cogía de mis manos y lo arrojaba a un rincón. usando de mí como intermediario. –Ahí lo tienes. aunque tuviera que jurar y amenazar por mi honor. y le pregunté por el significado de aquel maldito gorro que había encontrado en sitio poco conveniente. Abordela en la cama. Ya veo que tienes el don de encontrar las cosas perdidas– añadió en un tono de sorna. si alguien lo pusiera en entredicho. Ella pensó que el cielo la había puesto en sus manos. donde se escondía sin más un viejo canastillo de ropa. –Muéstramelo –me dijo con altiva desconfianza. pero la verdad es que la susodicha cadenilla vínoseme a mí desde el cuello de 78 .manera a mi señora y señor que tanto me favorecían. con todo. aclarar con mi mujer algunas minucias que quedaban flotando como cuerdas de desesperados. Bien estaba. Y le tendí la odiosa prenda que acababa de rescatar. Esto es un gorro del Arcipreste que estuve cosiendo anteayer y buscando ayer todo el día. Y me recordó el episodio aquel de una "cadenilla de oro" que encontrara sin que la hubiera perdido nadie. Bastaba con negarlo todo para que el problema dejara de existir y en eso debía quedar mi empeño.

que a saber qué habrás hecho. que en cuanto veis un tobillo os ponéis a trepar por él. enredándose en mis manos.una dama. pensando haber encontrado la escalera del paraíso. sin poder ya deshacerme de ella. como ladrón. un buen día. como perdonándome la vida– que el Reverendo y yo hemos estado haciendo cosas feas en tu ausencia. Después nos enteramos– ella también– que ni la cadena era de oro. No nos lo perdonaríamos. a las veces. 79 . Lo que te pasa es que estás celosillo. pobres ingenuos. También yo. aunque no sea más que un poquillo. cuando te presentaste aquí ya de noche. con la cantidad de peligros que acechan por el mundo y de pecados– hembras que os tientan y engañan a vosotros los hombres. ¿no es así? Lo cual me agrada. después de una semana fuera de mí. con lo cual consideré que quien tanto y tan fuerte se adhería a mi persona. ni la dama era tan dama. y sólo para hacerme sufrir. esposo querido. no sería bueno arrancarle de mis entrañas y así cargué con ello. pues me indica que todavía te preocupas por mí. como quien carga con una obligación y se la doné un buen día en que tenía que hacerme perdonar alguna cosilla. me reconcomo de celos de modo que no puedo sujetarlos. pero hecho a escondidas es peor. como ayer. lejos de mis ojos que no pueden vigilarte. que mal está lo que está mal. –añadió con ironía. –De modo que no pensarás. De modo que de ahí la sorna con que mi "contraria" me lanzaba aquella frase que se venía a estrellar como una pedrada en mi amor propio.

Apoyaba su cara en mi hombro mientras dejaba caer. si un día me faltases. Hasta yo pensé por momentos de mí mismo que era un horrible monstruo al tratar así a una mujer con tan hondos y puros sentimientos albergaba. esposo mío. marido mío. Que a más de una dama la he oído yo suspirar a tu paso y no me digas que te diga. temiendo y pensando las peores cosas. protegiéndolo de insidias. que no voy a echarme piedras contra mi propio tejado. Pero me faltó valor. Pensé sincerarme del todo contándole aquella nadería.Por eso. sin impedirlo y haciendo aun más ostensibles. que con ese porte tan gallardo y esa natural elegancia – me decía melosamente. esperando a que llegue el hombre de la casa. aquella mínima aventura. Y más vos. pues el amor es tan grande que todo lo purifica. que qué iba hacer yo sin ti. Dios le ha puesto una mujer para enseñarle a caminar y desenvolverse en la vida. En la cuadra no se duerme nada bien –recordé para mis adentros. donde hay un hombre. desagradecido. sabiendo de su grandeza de ánimo que alcanzaría su comprensión y perdón. mientras sonreía misteriosamente y me paseaba su mano áspera por la cara. no sin ironía y una pizca de maldad. tejiendo y destejiendo carantoñas– puedes romper el corazón de la mujer más dura. me paso todo el día en un suspiro. unas fingidas lágrimas que sazonaban con su sal la mentira mejor adobada que había visto en mi vida. 80 . Y yo misma.

y bien podíamos añadir a la mesa quitando lo 81 . pero tanto se peca por más como por menos.—Y continuó—: Para qué luego vayas pensando. inclinado siempre a ella. Ya podrían tener los hombres una mujer que los cuidara y amara tanto y tan apasionadamente como lo eres tú. a quien nada falta ni en la mesa ni en el lecho y muchos son los matrimonios que nos envidiarían a muerte. Yo me pasé toda la noche bien agitada. plantado delante de la puerta. si conocieran nuestra rotunda felicidad. golpeando el muro por ver si estabas vivo y respondías. no pude retenerme. y si no habría sido contigo demasiado severa? Y con ese remordimiento me levantaba una y otra vez.. que ni pegué ojo dando vueltas y más vueltas.–Por eso –prosiguió ella– al verte ayer allí. Aún quedaba una pequeña resistencia en mi cerebro. hasta que nada oí del otro lado y caí finalmente en el más agitado sueño.. Verdad era lo que decía que nada me faltaba en la mesa y el lecho. como a un abismo. que no en mi corazón. Espero que durmieras bien.. porque seguro que te imaginas cosas que para nada son ciertas. –Por cierto – insinué– tampoco yo dejé de escuchar golpes y gemidos. como si nada. sufría imaginando lo que habías de pasar: si tendrías frío o si tal vez por desventura te pateara la borrica en un descuido. que más que tú mismo. ¿Qué sería? – ¿Qué iba a ser sino yo. en un dormir lleno de revuelos por dentro y por fuera.

estaba seguro que las gentes no ansiaban tanto nuestra inmensa felicidad como tener nuestros medios y riquezas para conseguirla. pues en seguida me repuso que no era el señor cura tan amante de oficios y rezos como para echar en falta su breviario. Sin embargo. que terminó arrullándome. he de decirte –sorpréndete. Y en cuanto a la envidia. sin importancia desde luego. Le insinué si no estaría el reverendo preocupado por sus libros de rezos que yo había visto por la casa y que seguramente andaría buscando. Y así ya puedo reconocer algunos signos. presto ya a ser engullido o encantado por sus ojos y sin ofrecer ninguna resistencia. la cual siguió aún hablando y hablando con tal seguridad y ternura. El caso es que de tanto oír la misma música. Aún me vino a las mientes un último detalle. envolviéndome con sus anillos. querido mío – que se ofreció para enseñarme a leer a mí. que si las gentes se enteraran. con tal suavidad y convicción. pero que convenía fuera aclarado para que las dudas se disiparan y no volvieran a asaltar con sus morteros ni mi hogar ni mi honra. sería durante muchos meses la risa de toda la ciudad. que parece mágico esto de las letras que se unen unas con las otras. No entendió la indirecta o tal vez sí. No vayas a decir por ahí. acabé finalmente vencido y hasta convencido de la bondad y rectitud de mi amada señora. igual que las 82 .que nos sobraba de la cama. una pobre mujer ignorante y de baja condición – fíjate –.

personas. Jamás se le ocurriría aquello como disculpa o engaño. pero en una época como esta nuestra en que la injusticia ha asumido la categoría de norma social y ley escrita. tan poco en consonancia con la razón y la lógica de este nuestro tiempo. Y aún parece que se me tuercen adrede con el único objeto de no dejarme entender. Creo que no es labor para mí y así se lo manifesté al dómine. Puestos a hablar. –Pero está todo en latín– me extrañé yo. –Por eso. Porque el que a una mujer y de la más baja condición se le ofreciera la posibilidad de aprender a leer es algo de estricta razón. que estas cosas son más propias de clérigos y nobles ociosos que no de mujeres eternamente sojuzgadas y de pobres plebeyos sometidos todo el tiempo al yugo ominoso del trabajo. que sea de cosas serias y con gente importante. el cual me prestó su libro para que practicara en casa en los escasos ratos libres que me quedan libres y especialmente los domingos y fiestas de guardar. Era tan increíble la explicación. lo que acababa de oír resultaba imposible. Prometí de allí en adelante no creer las palabras e insinuaciones que se vertieran en contra de mi señora o de mí mismo. Precisamente por eso la creí. para comunicarse cosas. por más que los hechos apuntaran en esa 83 . que no podía ser sino verdad. Pero algún esfuerzo y mucho tiempo me cuestan.

Aquellos interpretan los escritos. porque a los pocos días estaba recibiendo las primeras lecciones y en apenas unos meses leía con cierta soltura y podía ya escribir. Tenía para mí que la lectura y escritura eran asuntos más bien arduos. se echó a dormir en los míos con la seguridad de que ni el mismo diablo lograría enredar con su cizaña nuestro segurísimo lecho. pues estaba seguro de que tendría para mí la explicación más adecuada. siempre a su favor. De esta manera se lo manifesté a ella. Debió pensarlo y también en sus intereses. y así son elegidos por su inteligencia y discreción para enseñar a la común gente lo que debe saber para los intereses de su alma. por lo que son tan pocos los que saben de ellas. el cual no pudo negarse. Pero no es la cultura signo de inteligencia. naturalmente. del que han excluido a las gentes comunes. No era lo menos el provecho que podía sacar y ahora tenía la ocasión. la cual mostrando su acuerdo y dándome un último y tupido abrazo. y bien sabemos que en 84 .dirección. Unos días después hablé de ello al Arcipreste. Aquellos redactan las leyes que deben cumplir éstos. sino de poder. cuando le insinué que estuviera enseñándole a mi esposa y no quisiera hacerlo conmigo. que creía ser algo despierto y con la mejor disposición para ello. aunque con algo de dificultad.

y hasta Dios se ha resumido en un Libro. así como con nuestros castellanos mayores. que el señor Arcipreste guardaba en su casa. al que me hice muy aficionado. Eran pobres cortesanos aburridos que perdían el tiempo con exquisiteces y otras ñoñerías. cuando las comparaba con las cornadas propias. como El Cid o La Celestina. Disfrutaba con la épica y el teatro de los antiguos griegos y latinos. Un poco indigestos y hasta estúpidos me parecían aquellos versos de amor de los poetas o aquellas tonterías de los pastores. quejándose no se sabe bien de qué. Bien iba viendo yo estas cosas y mi ingenio se afinaba más con la lectura y estudio. ¡Qué pequeños resultaban los gigantes con que se medían los caballeros! ¡Qué pequeñas sus heridas. devorando cuanto caía en mi poder: algunos libros devotos que había en la iglesia —la mayoría en latín y que apenas entendía— y otros más. señaladas en la bien pisoteada geografía de mi cuerpo! 85 . afeminados y llorones. una pequeña biblioteca de escritos religiosos y otro más nutrido de lecturas profanas que yo paladeaba con fruición.las repúblicas y estados nada existe si no consta en un papel. No podía menos de producirme enfado cuando las comparaba con las mil historias anónimas de gentes humildes que habían tenido que luchar contra la crudeza del hambre. las inclemencias del frío y la tortura de la sarna y el desprecio.

cobrando conciencia de su error e iluminados por la gracia. especialmente aquellas en nada diferentes a la mía. y bien creo que nunca tuvo que echarme en cara ningún error de gravedad. gozados todos los goces. habiendo saltado todas las normas. cambiando el rumbo. que después de un borrascoso vivir. y siempre procuré no faltar a mi señor. cuando de tal modo a mí se confiaba. las obras de los antiguos con su hondura y saber. en cambio. mientras estuve bajo su mandato. y yo hacía y deshacía en todos los asuntos del templo. pronto me convertí en sacristán de iglesia y ayuda de mi señor. y nada hay que reseñar. que todo lo fiaba a mi discreción. a lo que recuerdo. cuando monaguillo o mozo de aquel ciego. con todo aquello. entregaban sus esfuerzos a Dios con la misma pasión con que antes lo hacían a sus intereses. si no es algún episodio gracioso que paso a contarle. Fue aquella una época feliz. que era tanta la confianza que en mí tenía. en un momento de su vida daban un golpe de timón y. y también las vidas de santos. gobernando la sacristía y disponiendo la marcha de los oficios. experimentado todos los desaciertos. Así que. los latines nuevos que aprendí y los muchos que aún perduraban en el almacén de mis recuerdos de infancia. esperando sepa comprender lo que de 86 .Gozaban de mi preferencia.

le impuse como penitencia que siguiera pecando. Ocurriome un buen día. limpiando a conciencia el polvo y otros pecados que. Y no era de extrañar. que Dios amaba más a los pecadores que a los virtuosos. más viva. seguro estaba. que cumpliendo con las obligaciones de mi cargo. en el interior de un confesonario. sin ánimo de ofender a la religión ni a Vuestra Merced. de pronto. que no podía perdonarle. alguien se acercó y. a los 87 . pues seguro que mientras pudiera. y cuanto más. cuando en verdad no había hecho más que arrodillarse ante su conciencia. seguiría estando viva. Todo fue inútil. Creo que Dios tiene un lugar especial en el cielo reservado a los inocentes. pues no se enteró de nada y salió de allí creyendo haber hablado con el sacerdote o con el mismo Dios. no ya sus pecados. cuando. Le di la bendición y. creo que presumía de ellas. que más que arrepentida. que le dije que yo no era el enviado de Dios. Créame que le previne cuanto pude. Era una simpática viejecita completamente sorda y tan entusiasmada con poder contarle a alguien.gracia tiene. tras las rituales formas del inicio. como no me oía. a los limpios de corazón. sino sus proezas. empezó a contarme ordenadamente todas sus faltas desde el primero al último mandamiento. se quedaban allí adheridos unos sobre otros formando una costra de suciedad con la que yo luchaba en aquellos momentos. Daba igual.

M. la cual. así se llamaba. 88 . mi señor me preguntó si conocía al sacerdote que había confesado aquella tarde de viernes a Doña Mencía. empezó a largar pecados por aquella boquita. resaltando lo de menos. que del susto me quedé sentado sin poder moverme del asiento. era tarde. quitando importancia a lo más. justificándolo finalmente todo. pues. Otro día me pasó algo parecido y en circunstancias semejantes. Confío en que el Todopoderoso me haya perdonado esa negligencia hecha por miedo más que por beneficio propio o interés. días después.ingenuos y a las ancianitas que pecan a diario para verse un poco más sucias y lavarse y sentirse que están todavía vivas. ni decirle la verdad. de manera que debió salir contenta de la lid. Naturalmente. pues había quedado tan conforme que preguntaba de nuevo por él para nueva confesión. así que hube de permanecer lo más silencioso que pude. No podía identificarme. pues su ira caería sobre mí y me aplastaría. Cuando logré reponerme. estando yo en la jaula y antes de poder escapar. pero con una viuda joven y muy conocida. aguantando un grosero chaparrón de iniquidades: pequeñas unas. que nunca fue mi intención suplantar a nadie y menos a un representante de lo alto. Yo procuraba atemperar en lo posible. Espero que comprenda V. agazapado y quieto. más gruesas otras. no le dije la verdad. que quedaba para mis adentros y ahora para los suyos.

Así me ha ido por esos mundos vapuleado por los caprichos de todos cuantos me han rodeado. sino hasta de dos figuras paternas." dichoso mes que empezando por los Santos. un ambiente propicio y un mes así bendecido en su entrada y salida hasta por el mismo refranero. y si esto no bastara. alabo al cielo que había querido para mi hijo un paisaje digno. desocupada de mí y ocupada en lo más inmediato. como soldado que con su espada ganara honra y dinero. ya que no podía decir lo mismo de los míos. 89 . lo cual ocurrió allá por noviembre. Todas las señales parecían estar a nuestro favor y ¡quién sabe si aquel infante no acabaría como renombrado pastor de la Iglesia que con sus oraciones barriera de pecados nuestras conciencias! O mejor aún. Por eso. Me alegraba que tan buenos augurios vinieran a caer sobre él. acaba por San Andrés". con la tutela no sólo de una. pero explico como herederas de la necesidad y cómplices de las circunstancias. pues. que no justifico. A mí me había fallado la necesaria autoridad de un padre y la protección insuficiente de una madre. hijo de mis propias obras. Llegose finalmente el venturoso día del nacimiento de mi primogénito.VI JORNADA SEXTA Aquí estoy.

cosa que haría con sumo gusto y como prueba atención hacia nosotros. debía ser él y bien podría ser el suyo propio. hablamos. Mas no avancemos calamidades que luego habrían de suceder. inclinado yo a la confianza que infundía su persona. Hablamos luego sobre qué nombre daríamos al recién nacido. que "uno piensa el bayo y otro quien lo ensilla". pues. Respondile que siempre le agradeceríamos ofrecimiento tan desinteresado con el que quería honrarnos y que no hubiéramos osado solicitar. puesto que iba a ser el padrino. Cada día tenga su pena. que un día.tal vez alguna encomienda en el Nuevo Mundo. fue desgranando una a una sus razones. poniéndome su mano al hombro. Yo pensaba que. allí donde todo es posible todavía. por lo que acabé cediendo a ellas 90 . apenas nacido nuestro hijo. Aquí fue donde. según una larga costumbre no escrita. llegose a casa el Arcipreste y cogiéndome aparte. Me pidió ser él padrino del bautismo. cada hombre su ración. que el tiempo es sabio y dosifica la desgracia. ciertamente de peso. cargando sobre mí todo su afecto. Ocurrió. Quizás estaba poniendo la primera piedra de una larguísima familia de próceres que aburriría con sus apellidos y hazañas la historia futura. Pero las cosas no suceden como uno las desea.

Lo interpretarían mal y acabarían confundiendo las cosas. siendo él sacerdote y la gente malintencionada.Explicome que. y muy abajo en aquella pendiente. Ahora escucho con tristeza en mi memoria aquellas palabras y no puedo menos de sonreír ante lo arrugadas que se quedan las ilusiones humanas cuando el tiempo pasa sobre ellas. no entenderían que se impusiera su nombre a una criatura tan próxima. Ciertamente. y cuando menos. máxime cuando puede un día ser la cuna de un augusto linaje. ya habíamos rodado. y lo de estar en boca del vulgo. de manera que vendríamos todos a rodar en las bocas de las gentes. Así que –prosiguió él. deberías entregar a tu descendencia un nombre tan ilustre. pisoteado nuestro honor en las plazas. perseguido nuestro nombre en los mercados y expuestos todos a la vergüenza en iglesias y corrillos. así era y de continuo. cuya honra alumbre el presente y cuya fama resplandezca en los siglos venideros. ajeno al discurrir de mis pensamientos– mejor es y más conveniente que seas tú mismo quien elijas el nombre y no es una vergüenza llamarse Lázaro. que Lázaro era el amigo más cercano al Señor. en agradecimiento a ello. y así como él fue resucitado de entre los muertos. también tú fuiste rescatado de las garras de la miseria. 91 .

unos meses después. Aquel hombre era un prodigio. por allí. Algunos dineros bien puestos hacen milagros. pero entre sus palabras.. extinguir fuegos. 92 . –Torturaron a unos pocos. dando a entender que lo sabía todo y sacaba lo justo. hubo de intervenir ante un expediente abierto por el Santo Oficio a un grupo de operarios.. los gestos añadían mucho más. hay que macharla. unos vendimiadores que al acabar la tarea se pusieron a celebrar el aquelarre del Sabbat en unas viñas suyas. –No andabas tú. sobre todo mujeres. Un hombre con cintura. –Sería mala uva. Como cuando. experto en parar golpes. Hablaba tan bien que podía convencer incluso al mismo diablo. Pero no salió nada.Pero todo sea a su tiempo. –Todo se olvidó. –Sí. una vez cogida. y yo solo era un aprendiz. –La uva. –Se confunde vuesa merced. Yo no me trato con esos. –Ellas hablan más. desviar envites. –Los zurraron de veras. Hablaba justamente. que primero se echa un paso y luego el otro y los días no se pasan sino de uno en uno. Lázaro.

. había un tal Rebolledo. – ¿Sabes que por allí salió tu nombre como rodando sin querer? –Yo siempre salgo rodando. Me debe algún favor. 93 . –Tú sabrás. –Hablando de palos. que abominaba de ti y embestía con furia a tu memoria siempre que podía.Los dineros parece que eran suyos. pero nunca sin querer – me disculpé. pero a cuenta de ello. –Lo digo yo– insistí. creo que así lo llamaban. Tal vez en otra ocasión. Y empezó a contarme cosas que yo tenía olvidadas y a recordarme otras que bien quería olvidar.. Y ya sabe cómo humillan las deudas y se vuelven de odiosos los acreedores. los milagros de Dios. Se encogió de hombros. sin querer levantar las sombras que nadaban por debajo de nuestras palabras.Y se tapó el asunto. –Estoy seguro – ¿Qué le hiciste? –Nada. naturalmente . –No he dicho tanto. Luego mirándome así como en desgana. Es bueno tener un burro a mano a quien darle los palos.

Resulta que la joven Teresina y el Rebolledo, se habían casado y habían tenido un precioso hijo para el cual pedían las bendiciones de mi señor y así les había honrado con su presencia el día de su bautismo. En nombre propio –y el tuyo, Lázaro,— había felicitado a la pareja y visto con hondo regocijo el niño fuerte y sano, muy moreno como el mismo Rebolledo o como yo mismo, con una potente voz como demostraba al llorar y una mancha de nacimiento aquí en el cuello. – ¿Pues no tienes tú también una semejante en semejante lugar? –añadió señalándome con el dedo. Y yo, afirmando, le dije que, en efecto, así era y bien podía resultar un aviso del cielo sobre aquel infante para quien el destino tenía reservados grandes hechos. Me recordó entonces la historia de Edipo, el de los pies atados, perseguido por los dioses y abandonado por los hombres, que llevaba en sus pies la señal de sus malos pasos; y en verdad que empecé a temblar, recordando que también yo llevaba una extraña señal en los pies, concretamente en el izquierdo, donde el dedo pequeño montaba sobre el segundo disparatadamente, de modo que se me hacía difícil encajar en él calzado alguno y había sufrido por ello un largo martirio durante toda mi vida. Bien creo que este hecho no era conocido de mi señor, el cual prosiguió hablando sobre el recién nacido, comentando que había observado en él otra marca de

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nacimiento en un pie –no recordaba cuál– como era el apelotonamiento escandaloso de los dos últimos dedos. En seguida, recobrando el ánimo y la compostura, simulé cuanto pude, que si algo he aprendido ha sido el fingimiento, pues de él hice mi vivir. Asumí la evidencia que se me venía encima. Aún pude responder al dómine con palabras que logré reunir dentro de mi confusión, como si se tratara de ovejas dispersadas por la súbita aparición del lobo. –Tal vez esté predestinado para grandes hechos. ¿Quién sabe si no llegará a ser un Alejandro o un César, o dada su humilde condición, un grandísimo santo que el cielo bendecirá con todas sus virtudes? – ¡No sé! ¡No sé! –cortó dubitativo—. El caso es que dicen que la comadrona que, como bien sabes de ellas, suelen ejercer también un poco de brujas, se santiguó tres veces en cuanto vio las marcas, como si hubiese sacado al mundo al mismo diablo. –Habladurías sin duda de un vulgo ignorante –corté yo– que pone por delante de la fe, la superstición, y la desconfianza sobre las buenas obras. – Seguramente –remachó él—. Que buen cristiano es aquel que fía sólo en Dios y sigue el camino de la gracia en libertad, pues no hay destino fijado por completo de antemano. Asentí aunque por dentro no me encontraba tan convencido, viendo a cada hora cómo los hombres no 95

somos iguales y cómo a unos el destino ama especialmente, mientras que a otros los persigue con su furia apenas nacen. No podía dejar de pensar en aquella terrible historia de Edipo en que se resumían los más horrendos pecados que el hombre puede cometer, y sin embargo, sin ser consciente de ello, lo cual era precisamente más tremendo. Desde luego, los dioses que ponen en ese trance a hombre alguno no son superiores a éstos. Con todo, yo no puedo quejarme, pues si bien mi vida ha sido también una larga sucesión de malos pasos, no puedo culpar del todo a las estrellas, sino a mi propia inclinación y a mis actos. Pensaba cómo sería la existencia de mi hijo, que como Edipo o como yo mismo, llevaba los dientes del destino clavados en el pie. Tal vez no fuera tan negro como el mío y lograra una mediada felicidad. Mas, ¿quién sabe cuál es el designio de los dioses? Porque, ¡quién iba a decir que yo iba a cuidar de un niño que no era mío y, el mío propio nada sabría de mí!

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DESCANSO III El libro va avanzando, aunque lento. Los años no me dejan caminar deprisa ni escribir de corrido. La vista se me cansa y me duelen las articulaciones. Reúmas, ¡qué sé yo! Cosas de la edad. Pequeñas cosas que nadan importan ya, cuando está a punto de cumplirse la carrera de la vida y son otras, más hondas, las preocupaciones. ¡Qué molestas son, con todo, estas como piedrecitas menudas que van moliendo nuestra voluntad y la energía, más bien escasa, que acaba por perderse por tan pequeños conductos! Somos, al fin, en la vejez como odres agujereados por donde nos vaciamos poco a poco. Pero dejemos los lamentos y cumplamos estas penitencias por nuestros muchos pecados. Volvamos al camino. He entregado a este monje, amigo mío, algunas partes de mi libro, en el que voy poniendo mi sangre amontonada, todo el dolor que el tiempo ha coagulado. Abierto y comprensivo como es, me lo ha devuelto con algunas anotaciones, que habré de tener en cuenta en adelante y, sobre todo, con una gran sonrisa de complicidad. –Lázaro, es un manuscrito interesante, pero nadie se atreverá a publicarlo. – ¿Tan malo es?

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como los momentos antes de dormir. arrodillado ante mi conciencia y pongo en cerro el barbecho de la página sembrándola de sueños ajados e ilusiones que nunca dieron fruto. inclinado ante el papel. –Acaba tu historia y veremos. Con todo. aunque habrá que efectuar seguramente algunos ajustes. Pero queda el recuerdo como una constancia de mi paso por el mundo. Así me pongo en esta estrecha cámara a escribir en los escasos ratos que me deja el trabajo. –Con algunos. según pasan los días y avanzan los capítulos atropellándose unos a otros como a veces ocurre con los hechos de la vida. no me resigno del todo a dejar de amontonar mis huellas y a que la larga trompeta de la fama las derrame por doquiera. ahora que éste ya no me acompaña y se hacen tan 98 . es mi intención denunciar el pecado y sus miles de formas. Cuenta con todo el apoyo que tenga en mi mano. Creo dejar a salvo y fuera de toda sospecha a los más.–Hijo. no a los que lo cometen. Con esa intención me desvivo. Y ahora que voy a abandonarlo. que se me está haciendo más y más cuesta arriba. para que algo de mí quede y perviva cuando yo esté ya muerto. a la escasa luz de una vela. el sol ya puesto. hago mi confesión a solas. quitándole horas al sueño. te metes demasiado con los poderosos y eso en estos tiempos no se perdona. Y se ha ido dándome un apretón de ánimo que le he agradecido y me ayudará a proseguir esta mi interminable historia.

99 . Con la conciencia a oscuras.largas las noches. Porque hay que ver cómo todo se resiste a morir. Incluso yo. Desde allí me gritan como desesperados. a punto ya de ahogarse y con el deseo de ser rescatados. resumen de una vida ya cumplida y estéril – no me resigno a abandonar este cuerpo tan mal servido y cada amanecer me asomo con ansiedad a la pequeña ilusión de seguir vivo. hago dolorosos ejercicios de memoria y rescato hechos que creía ahogados en el fondo de ese pozo hondo y oscuro. con todas sus fuerzas. en este momento – saco de miserias y dolores.

100 .

VII JORNADA SÉPTIMA Pero la Fortuna es mudable y alcanza también a los más poderosos. y no precisamente para orar. Entonces empezaron a cambiar los vientos que desataron tempestades. hijo de Lázaro. De mí había heredado la astucia para burlar a las gentes y sacar provecho. nada nos preocupaba salvo aquellos pequeños casos con los maledicentes vecinos. sus aficiones a la iglesia que visitaba asiduamente. metiendo palos en las ruedas de nuestra fortuna y tirando piedras sobre el tejado seguro de nuestra felicidad. que encizañaban nuestra dicha. vino a convertirse en el centro de todas nuestras preocupaciones y desvelos. lo cual no es mucho decir. Así fue cómo Lázaro. Éramos una familia feliz. otros que era el vivo retrato del señor Cura. el hijo y el espíritu del Arcipreste que volaba sobre nosotros en forma de paloma protectora. Formábamos una trinidad constituida por el padre. sino para 101 . Del padrino. Lo cierto es que el rapaz pronto empezó a dar muestra de sus inclinaciones. pero las cosas ofenden cuando se repiten demasiado. lo cual también era cierto. Decían unos que el niño se parecía a su padre. de modo que nada echábamos de menos. la madre.

a todos ofendía. Con todos se peleaba. Pensé que como cabeza de familia tenía yo la responsabilidad de mantenerlo derecho a base de autoridad y disciplina. de manera que era capaz de hacernos creer las más insólitas mentiras y echar por tierra las más sólidas verdades. resaltando los aspectos positivos de mi personalidad. Sabía que cuando un retoño se vence. Le contaba mi vida en clave de hombre bondadoso. de modo que en algunos momentos llegaba yo mismo a confundir 102 . al fin me servían a mí mismo de rescate. santiguándolo a pedradas en cuanto podían. que nunca he sido. en llegando a adulto. sobre todos ejercía su rapiña. que aunque me costaba encontrarlos. de todos se mofaba. bien creo. arrebatándoles cuanto de valor o de brillo cegaba su capricho. A su madre debía la hipocresía y fingimiento con que engañaba a todos. si no se le endereza pronto. no habrá ya manera de que viva derecho y acabará inclinándose en la dirección de sus malos instintos. y. o algún vecino afectado se acercara a quejarse por cierta villanía. A diario nos veíamos su madre y yo en recias discusiones por defenderlo.limpiar los cepillos y otros objetos. no les faltaba razón. Raro era el día en que no llegara a casa con un descalabro. reinventándola de nuevo. Allí estaban los otros rapaces acusándole con el dedo. Así pretendía yo servirle de guía y espejo en que mirarse. que la generosidad de los fieles o el descuido de los sacristanes ponía en sus manos.

mucho me temo que no conseguía lo deseado. Y entonces ella. Así que todo se vino abajo y ya lo veía rodar por la pendiente. con lo que terminó de una vez con mi autoridad y mi costoso papel de educador. Y no es que me faltaran ganas. acostumbrado a una austera expresividad de las emociones. mientras las cosas buenas le resbalaban como lluvia sobre cristales. con la más absoluta incongruencia de las madres en tales casos. pues todo lo malo parecía aprenderlo con rapidez. me costaba gran esfuerzo. Todo fue repartir algunas galletas. donde yo no era más que un mero testigo y ni siquiera había dado el primer empujón. soltar unos gritos. para que en casa empezaran a tenerme en algo. dicho sea de paso. salí a la 103 . lo cual. de modo que haciéndome invisible.lo real con lo inventado. Intenté ponerme serio. Hasta mi mujer empezó a arrugarse. aquello me parecía una representación obscena. A veces le relataba algún episodio menos digno de mi existencia. que a mí. pues no son galas éstas que adornen mi carácter. – ¿Es que encima te pasas al enemigo en contra de tu hijo y quieres rematarlo con tus propias manos? –me decía. empezaba a prodigarle besos y abrazos con tanto fervor. Aunque pretendía con tales ejemplos servirle de escarmiento y aprendiera la lección. pero ya era tarde y acabó riéndose de mis representaciones. pero prefería callar por evitar nuevas pendencias. mostrando toda la rigidez de que era capaz.

Mas la evidencia me tiró del asno. y rellenaba el resto de agua. y las cosas sucedían de mal en peor. sacaba sólo una parte. echó su uña sobre algunos cántaros de vino que yo dejaba en casa y salía a vender por las mañanas. para que yo no echara de menos. pero el muy ladino. la mayor. pues los clientes empezaron a llamarme ladrón y otras lindezas que no oía de mí hacía tiempo. como bien era de prever. espejos. Yo un poco más libre. algunas monedas. 104 . alguna hebilla de plata. cuando todo eso no fue suficiente. Me había costado labrarme una honra y ganarme la confianza para perderla de un solo tajo y por culpa ajena. y mi esposa. que no habiendo mucho que cuidar. Pronto caí en la cuenta. Pronto empezaron a faltar algunas cosillas en la casa que al principio ni siquiera echamos de menos. su más sometida esclava. Primero fueron velas. enseguida saltaban a la vista las ausencias. al fin. hubimos de reparar en ello. pero sarna con gusto no pica. Pero al fin me consolaba el pensar que me deshacía de una tan pesada carga. después otros objetos más evidentes como vasijas. de modo que todos éramos felices y el mundo seguía dando vueltas. candelabros.calle con la más desazonadora impotencia sobre los hombros. por lo que yo dejaba hacer mientras miraba para otra parte. jarrones. el crío mucho más. y finalmente. mas.

Y luego con una expresión directa. ¿Para qué necesitas el dinero? ¿Es que no te basta con vaguear todo el día que además te bebes nuestro sustento? ¿Es que te estás jugando a tu familia a las cartas y nos vendes para pagar tus sucias deudas? ¿O es una mujer? Yo no me movía y. – ¿En qué estaría yo pensando?– fingía teatralmente. intentando meter la cuchara en la conversación.Apenas le hube contado a mi señora esposa el asunto. confesamos la verdad. quién eres y de dónde vienes. que no miraba sino por sus ojos. que a menudo mintiendo. pero lo que no sé es adónde quieres ir. Lázaro. donde no dejaba resquicio. añadió: – ¿Qué mala puta te está sorbiendo seso? ¿Con qué sucia pécora te estás gastando mis cuartos? Tú. ¿Quién es esa zorra que se mete en corrales ajenos? 105 . yo que no estaba más que para él. llegó sin más por autoconvencimiento a la confirmación de sus sospechas. que la vida está tan llena de ambigüedades. enfocándome con las hogueras de sus ojos inflamadas de ira. lo primero que hizo fue señalarme con el dedo y dictar sentencia: – ¿Conque ahora vienes a culpar a tu hijo de tus fechorías? Todos sabemos. por más que negaba con la cabeza. que no acabas lo que tienes en casa y vas a picar en las ajenas. Y como se refería a mí en tercera persona y evitando mirarme. pensé que decía la verdad hablando del “otro”.

como nos confesó nada más llegar. fiaba de él y daría en todo momento la corrección y disciplina más conveniente. Que no lo entregara a la justicia. mientras yo salía de casa a descampado por ver si cesaba la tormenta.Así siguió perorando un buen rato. Era capellán de una iglesia vecina que había pillado in fraganti a aquel arrapiezo robándole el cepillo. por su madre. pues sería echarlo a perder. y el rostro contorsionado. que no volvería a ocurrir nada semejante. como si levitara. Dos días después vimos acercarse a toda velocidad a un clérigo con aspecto de galgo. por los suyos. 106 . pues caminaba tocando apenas el suelo. el Arcipreste. Entonces juramos y perjuramos. por lo flaco y husmeador. de modo que parecía éste sumido en arrobo místico. suplicamos y volvimos a jurar por nuestros muertos. por lo que más quería en este mundo. sujetando a Lázaro– liebre por la oreja. como si viviera en sus carnes la propia crucifixión de Nuestro Señor. tal vez podría enderezarse si se tomaban a tiempo las medidas. por sus propios hijos. pedimos. agarrado de una oreja. que era su padrino. Que nuestro señor. y tierno como era. – Está bien –dijo al fin– soltando al muchacho al que tenía sostenido en vilo.

Así que –nos conducía. agarrados a las crines de sus silogismos. por los tortuosos caminos de su cerebro. —…Y tenemos varias soluciones –prosiguió— hablando en alto. pero como si reflexionara para sí. –…Eliminar el problema suele ser la solución más adecuada – exclamó. –Veamos –arrancó. Tenemos un problema— y miró con intención al muchacho que hurtó su delicado cuerpo.. –.. que es. mientras se frotaba la mano derecha. y estiraba y encogía los dedos en un gesto de tenaza. seguramente lo que deseaba en aquel instante. el cual se encogía en el círculo de castigo que habíamos cerrado en torno a él.Pero –lanzó como un último cable de salvación.Pensándolo bien – concluyó— lo mejor será que venga conmigo algún tiempo. atemorizados. –. dolorida por la tensión.. finalmente—. mientras mirábamos todos muy preocupados al chico. que el chico vigilaba temeroso. que yo le haré pagar las 107 .. como si le hubiera pinchado con los ojos... que todos asimos aliviados – en los problemas humanos no sirven tan drásticas soluciones y no se puede eliminar al pecador para borrar el pecado. –.Está bien – repitió— como perdonándonos la vida.. o tal vez por la alegría. hasta casi desaparecer en la nada.. temiendo caer de bruces al momento siguiente.

lo solté sin decir nada. según él. que de un principio ya sabía adónde quería ir y nos conducía por sus territorios. donde nosotros no hacíamos sino el papel de bobos y el avieso capellán el de burlador de todos. sacaría de ello algún beneficio.deudas contraídas y le enseñaré disciplina y trabajo de la que al parecer está tan necesitado. Ahora pienso que todo fue una mala comedia con sus decorados. pues cuando hay abundancia. "arrimarse a los buenos" y así habíamos vivido siempre a sus costados. haciéndonos creer que eran los nuestros. Bien es cierto. Su madre lloraba agradecida por tanto prodigio. Así se llevó al chico con la aprobación de todos. tan al pie de la letra. había en el cepillo y. incluso de su madre. pues siempre fue su voluntad. Nos satisfacía que ahora fueran los buenos quienes se “arrimaban” a los nuestros. Empezamos a besarle las manos de lo agradecidos que quedábamos por su magnanimidad y buen corazón. quien lo puso a su servicio desde aquel momento. como pude conocer semanas después. que tras derramar algunas gruesas lágrimas lo dejó partir con su bendición y la del capellán. cuando el pobre 108 . como la mía. que nunca pensamos que tal arrimo fuera así. Entreguele el dinero que. algo se derrama por los conductos y rezuma hasta mojar a los indigentes que se acurrucan a la intemperie. Además – pensaba yo – también el muchacho. aunque me pareció excesiva la generosidad de los fieles de aquella parroquia.

–No creo. que donde hay seso. vino a mí y me contó algunas muy negras historias que aquel depravado ser le obligaba a realizar. de modo que aquello relucía como las estancias del propio Febo. –Y algo más. –Le has quitado la ocasión. Y aquí me contó algunas “cosillas” que no es bueno repetir.? –Y de raíz. – Pero no volverá a hacerlo. pero nada es bueno en extremo.. – ¿Entonces. Por la noche era aún peor. 109 . pero es lo mismo. huido. y volviendo a lustrar y encerar. –También. Se lo he cortado todo. –Las tentaciones. Por el día le hacía trabajar en la iglesia y en su casa limpiando y adecentando. –Es dura la virtud y nunca viene mal algo de ayuda. Y bien está la limpieza.muchacho.. puliendo y abrillantando. – ¿El qué? – Cometer algunos pecados. Me acabó de contar toda la historia a grandes rasgos. – Está arrepentido.

– se rascaba la cabeza. –También. – ¿Qué le digo a tu madre? –Dile.. En realidad. dile. –No me creerá.. el Arcipreste. – ¿Adónde? –No sé. – Como nosotros.. como pensando– que me he ido al convento. –Ahora tengo que huir. 110 . Tampoco el capellán iba a airear mucho su caso. acabaré convertido en otro monumento frío y rígido. podía usar de algunas influencias para echar tierra al asunto. que no es bueno comentar en plaza pública lo que la discreción guarda para la intimidad. ya lo llevaba pensando algún tiempo y sólo faltaba la ocasión. Le pedí se quedara con nosotros. Pero quiso alejarse. – Más o menos. Tengo delante todos los caminos. –Y los atolladeros.calle la lengua. Aún podíamos echarle alguna mano. – Si no salgo de aquí pronto. Necesitaba volar más alto y el mundo se le había quedado algo pequeño. Su padrino. La vida es movimiento. Ni siquiera llegó a despedirse de su madre...

la vista abierta y los brazos extendidos. tanteando entre las ciegas sombras de la vida esa luz que se nos apagó tan pronto. se alejó a toda prisa sin volver la mirada como si temiera convertirse en una estatua de sal. El río de la vida lo arrastró lejos por qué sé yo qué extrañas torrenteras y nosotros (todos tres) permanecimos durante largo tiempo. con unos pocos consejos y casi nada más. –Muy piadosa. pero esa sí que será una mentira piadosa.–Seguramente. dejándonos en la más espantosa de las noches con sus turbados sueños y negras pesadillas. mendigos y viajeros de toda condición. Y así un día. Nada cierto hemos vuelto a saber de él. 111 . por más averiguaciones que hemos hecho entre arrieros.

112 .

VIII JORNADA OCTAVA Nuestro infierno son los otros. nuestras relaciones vinieron a pudrirse. A partir de aquello. Pensaba que burlaba de ella y lo hacía adrede para que rabiara. que no tenía yo otras cosas mejores que hacer. pero más terrible sin ellos. Había que buscar la explicación sencilla y algún culpable cerca. – ¡Mal padre! ¡Que has echado a tu hijo de casa como a un perro! 113 . sólo recogíamos la ausencia del ser que hacía más largos los días y las noches casi eternas. A golpes nos hirió a nosotros dejando al descubierto nuestra desnudez. llegando a amontonarse el odio en todos los rincones. – ¿Dónde está nuestro Lázaro? – Al convento. es verdad. que allí adonde dirigíamos la mirada. A golpes de infortunio avanza el hombre por los torcidos vericuetos de su existencia. – ¿Dónde está nuestro Lázaro? Y le volvía a repetir una vez más lo que sabía y ella se empeñaba en no creer. Y eso la volvía frenética.

Había cenado mucho y bebido mucho más. Nos odiábamos en silencio. recurríamos a los gestos. el Arcipreste. entregó su alma a Dios. En medio de un brindis. conociendo todos los idiomas del desprecio. sin que mediara enfermedad ni hubiera mostrado síntoma ninguno. La herida en la cabeza y la hinchazón de su cuerpo indujeron enseguida las sospechas. cayó sobre la silla haciéndola añicos y golpeándose la frente en la caída contra el borde de la mesa. que habíamos acudido a cenar como otras muchas veces. 114 . invitados por su generosidad. aún más. como el rayo. petrificados. que él lo tenga en su gloria. Estaba muerto.Y se estaba así ladrando mucho rato tras de mí y hasta mordía algunas veces. puesto en pie. Todo vino a complicarse. con la muerte de nuestro protector. Lo habíamos envenenado primero y luego. Cuando llegó el médico. a gritos. hubimos de ser testigos y cómplices de su muerte. Quedó en el suelo inmóvil y nosotros también. Fue todo fulminante. no había nada que hacer. y en medio del vacío nos dedicábamos a incubar los estériles huevos del rencor. Un buen día. El corazón le falló en aquella larguísima noche cuya memoria mejor es no volver a repetir. impacientes. Sangraba en la sien. Nosotros.

para quienes había llegado la ocasión de ejercitar cobarde e injustamente su venganza. Y la verdad. Si a esto añadimos el egoísmo interesado de los herederos: sobrinos y otras especies. ¿Por qué el Alto tribunal en un delito común? Aún no lo entiendo. como prueba acusatoria. No era. Caminaba por los estrechos pasillos donde los golpes y 115 . amañando testimonios.. no sé.. fácil demostrarlo y más cuando teníamos en contra la envidia y mala voluntad de muchos. sin duda. con tal de hacernos daño. pactos diabólicos. el señor Arcipreste nos había donado.. sin más pruebas fuimos expulsados del paraíso y vinimos a caer en las más profundas y negras mazmorras de la Inquisición. por hacernos “ese favor”. Quizás habían añadido tramas extrañas. interesado en lavar su imagen rompiendo y ensuciando la nuestra. y así. En fin. teníamos muchos enemigos.habíamos acabado por golpearle con la silla en la cabeza. No digamos de los muy jugosos jamones y chorizos que colgaban en nuestra despensa y que. todo se alió para perdernos. Parecía la antesala del infierno o el infierno mismo. como probaban aquellos candelabros de plata. Más de uno se prestaría a jurar en falso. lo habíamos matado para aprovecharnos de sus bienes.. que acabaron de golpe con nuestra buena fortuna. copas y bandejas que habían colocado en nuestra casa.. y aun más el propio clero. generosamente y en pago de tantos servicios.

116 . a cuerpo descompuesto. Seguramente había caído en las mazmorras sombrías del infierno. muy delgado. y empecé a nadar a manotazos pugnando por salir a flote. pues en un momento me vi sujeto por los brazos y oí una voz en la sombra: – ¡Quieto. Palpé con mis manos la humedad que bañaba las paredes. el golpeteo incesante. delante. – Basta ya. sus harapos. pero aquello era peor. Oía a mis espaldas el chirrido de las puertas al cerrarse. Me habían enseñado el olor a azufre del infierno. los chillidos de ratas que se movían en enjambres. al tiempo que me soltaba muy despacio. necio –repitió la misma voz.los gritos resonaban ampliando el miedo. Me arrojaron a una cueva negra y fría de un empellón que me hizo tropezar violentamente contra el muro. encargado de hacerme la otra vida imposible. un poco más lejos y. Aquel era sin duda mi diablo de la guardia. aspiré su hedor y me eché atrás. Palpé su cuerpo a través de las rejas. como si sudaran de terror. Apestaba a hombre demasiado tiempo vivo y sin lavarse. donde pronto empezarían a torturarme por mis muchos pecados. loco! No estaba solo –pensé– a no ser que fuera mi propio espíritu desencarnado. como los espíritus de aquellos que allí lo habían dejado. A alguien debí golpear en el loco forcejeo con mis fantasmas.

El suelo está encharcado. Alguien me escuchaba en la celda de al lado. – ¡Ah.– ¿Quién sois? –pregunté impresionado ante el aroma de santidad que desprendía. Cerré los ojos. Tanta era la sed que habían ocasionado mis desvelos. Aquí lo que sobra es tiempo. Y me ofreció un cuenco de agua que bebí de un solo trago. eclipsado en las tinieblas. ¿Qué iba a ser de mí? –Me interrogaba a solas– y una densa lluvia de cuchillos me aguzaba el alma y me calaba de terror. Me palpé la ropa y vi que estaba húmeda. así empecé a llamarlo. – No es eso. ¿Cómo habéis llegado hasta aquí’? No pude verle el rostro. – Descansa– repuso finalmente con voz acogedora. mas no podía dormir. –Es una larga historia que habrá tiempo de contar. Huía el sueño espantado por los miles de preguntas que se alzaban entre largas guadañas. 117 . bueno! —Era una explicación—. me sujetó los hombros. cuando Alguien. Me incorporé en el grito. ¿Me había orinado encima? – Yo no soy valiente –confesé en voz baja. Desprendía un sudor frío. ¿Por qué estás en este sitio? Y empecé a hablar para sacarme el miedo y hablé toda la noche.

entre estos muros que guardan mi secreto. mareas altas. huracanes. encerrado en esta lóbrega caverna. Se trataba de mi propio clima danzando en la breve geografía de su cara. el laberinto del diablo. A nadie le he contado nunca tantas cosas. olvidado de todos.M. carraspeando. y aunque un poco reacio. aquello parecía la zahúrda de Plutón. Llevo cerca de diez años vagando por estos corredores como un alma en pena. Mas miraba su rostro y veía pasar por él. de modo que no existo sino para mí mismo. – ¿De modo que eres Nadie? –Así vivo. heladas. el mismo infierno – ¿Quién es tu Polifemo? 118 . En efecto. ni siquiera a V. Dormí durante horas. en estas completas memorias que ahora escribo. Aquella noche proseguimos las historias. Empezaba a amanecer cuando al fin vine a hundirme en brazos de Morfeo. Y yo sé lo que cuesta escuchar así durante un rato sin llenarse la boca de bostezos.interrumpiéndome apenas para aclarar algunos puntos. borrascas. Le pedí a Alguien que me contara la suya. lluvia fina. oculta mi existencia entre papeles perdidos. presto a ser engullido a cada instante por el Cíclope. –Verás– empezó su relato. como si fuera un mapa del tiempo o un espejo. accedió al fin. ni a mi confesor.

tan consistente. –Un grave delito. –Algunos– añadió vagamente sin interés en precisar. los jueces. 119 . – ¿Y yo? Me miró de soslayo. el carcelero. la misma Inquisición. – La familia– repitió solemnemente. No le haría ningún favor. el mundo entero. – ¿Tal vez eras rico? –Una casa. descargando al fin su voz en un suspiro. ya veo. ya veo. mi propio miedo que me anula. –Tienes muchos enemigos. –Nunca pongas a prueba la amistad –repuso. Suficiente. creyéndome sin vida. precisamente para quebrar la fortaleza interior de los que a él nos arrojaban? – ¿Y la familia?– le eché como si fuera otro cable al que agarrarse. – ¿Mercader? –Y converso.–A veces yo mismo. Ahora no sé. como si fuera una pregunta que sobrara. ciertos odios y muchas envidias. algunos dineros. los otros presos que pueden delatarme. Vivía un hermano. ¿Quién podía asegurar nada en un lugar como aquel tan firme sí. Prefiero que siga ignorante de mí y de mis desvelos.

–Y los encontraron. —Y bajando la voz—. Todo se quiebra cuando te acuestan en el potro y empiezas a cantar lo que no sabes. Y yo le creía. – ¿Qué importa. 120 . una protesta? Nada. Es ciego. con ingenua malicia. créeme. un juramento. pero le dejé que hablara. no le dieron importancia –prosiguió– hasta que empezaron a buscar tratos especiales con el demonio. viles suciedades más propias de mentes enfermas ansiosas por hurgar en su excremento. Sonrió apenas. confesar lo que no crees y proclamar lo que no eres. Al menos así lo pintaban los poetas. – Nadie manda en su corazón –disculpé yo—. en realidad. una palabra firme. Amaba a otros hombres. favores sexuales. Sabía bien cómo. – Con todo. – Había algo más. – Como buen cristiano. – También de esa manera. A no ser que los ciegos sean éstos. Las más recias voluntades se quiebran ante las terribles coces del potro de tortura.–Mas cumplo con todos mis deberes de cristiano.

– ¿Confesaste? –Como manda la Santa Madre Iglesia. No aguantaría. olvidados de mí. recorriendo estos larguísimos pasillos como un alma en pena. desnudo y medio ciego. –Ya te lo dije.. – ¿Te aplicaron. huyendo de todos y sin ningún sitio adonde ir.. mas no sé por qué extraños caminos se perdieron mis papeles y. aquí sigo viviendo como un topo. – ¿La comida? 121 .? – ¿Cómo sigo aquí? ¿Verdad? Repetía aquella palabra como un clavo en que sujetar la conversación y al interlocutor. un breve anzuelo del que tiraba una y otra vez. Me condenaron a la hoguera. pues. sabía que no podía aguantar. confesaría lo que quisieran. En el código de mi clase –si es que pertenecía a alguna– no estaba el arrojo que muestran los soldados y proclaman los nobles como suyo. sentía ponérseme la carne de gallina y correrme por la frente un sudor frío. – ¿Entonces.Según hablaba. En cuanto empezaran a tensar este mi mimado cuerpo. la terrible medicina? – Me aplicaron. temiendo se rompiera el sedal y comprobándolo a cada momento. Yo no era valiente ni tenía que aparentarlo.

mientras ésta siga desapareciendo. Las celdas vacías –prosiguió– permanecen abiertas y yo vago por ellas. colgando como un jamón balanceándolo y dejándolo caer. igual que el perro que espanta a voces su propio miedo e intenta alejar la soledad un poco más allá. No sabes los milagros que puede hacer el hambre.. las piernas descoyuntadas en el potro. Era un ser apenas humano en la figura. Después el cepo. verdad. mas siguen poniéndole comida.. También recojo las sobras de otros presos. apoyadas las manos en el suelo. Caminaba extrañamente como un simio. ¡Cuánta imaginación para quebrar al hombre! 122 . recorriendo todos los lugares. finalmente. – ¿Y no se dan cuenta? –Aquí.–No es problema. ratas. creyéndome fantasma. Habían quebrado su figura de hombre. Parpadeaba incesantemente como si se tratara de estrellas que titilaran en la noche y sus “verdad” eran como ladridos de afirmación ante tanta inseguridad como le manaba dentro. Abunda por aquí esa fauna. y con él. Cucarachas. la espalda rota. ¿Verdad? Hay algunos que mueren en sus celdas. arañas. Primero. las piernas semidobladas de manera imposible y la espalda curvada. Aprovecho un poco de todas partes. con una cuerda a la espalda. Algunos presos se santiguan al verme. así que fíjate la muerte. nada importa la vida.

. no sabía bien dónde. Aquí me han quitado todas las pasiones. debajo de la puerta. filtrándose en la roca. con unos ojos huidos y unos dejes extraños en la voz. los labios descolgados. Volvió a dejar caer aquella incierta mirada. Ya había notado un aire ido en toda su persona : su semblante caído. lentamente. hasta formar un hilito que bajaba hasta el suelo. No sabía cómo interpretar sus brillos. Pero.Me miraba apenas cuando hablaba. Goteaba como el tiempo. viviendo tan al límite? –En cuanto al agua. A mí me pasaba igual. – Después del ascetismo viene eso. por donde corría hasta perderse. verdad –prosiguió. – No temas. –En algunos rincones hay pequeños charcos donde saciarse la sed y hasta asearse un poco si es que supiera uno para qué. ¿qué podía esperarse de un ser que fue humano tras diez años de terror y soledad. el timbre destemplado de su voz. como cambiando de asunto– ya verás que abunda en ese sitio.. Y así era. Mira la humedad que rezuman las paredes. incapaz de fijarse en sitio alguno. a veces aleteante. la virtud. su mirada perdida a veces. ¿Qué vicios podrían anidar en un lugar así? 123 .

entrelazándose con los gritos de otros condenados. El miedo a que me atrapen otra vez. pero he huido de ellos hasta hoy. Podían delatarme. rebotando en las paredes. pero me alegro.Me di cuenta de que no podía controlar los músculos de la cara y las emociones actuaban en él sin control. – ¿Y no has logrado escapar? – No es fácil. igual que del diablo. oculto en nichos y rincones. – Ahí estaban. Para confirmarlo. Nuestro infierno son los otros. Y he vagado durante años por estos corredores en las horas vacías de la noche cual terrible fantasma. – Precisamente. – Tenías a los otros prisioneros – apunté yo. hasta levantar hacia lo alto un coro de desventura que agrietaba las paredes y encogía el alma. es cierto. Siguió explicando. acabas inventando otro mundo y cayendo en la locura. podían llevarme de nuevo a su infierno. alimentado de miedo y nutriendo el de otros. pero más terrible sin ellos. llegaban de muy lejos los lamentos de algún desgraciado. pues no sabes lo horrible que es la soledad No me atreví a interrumpirle. Lo hicieron conmigo 124 . me han sorprendido aquí mientras bebía. como en una maquinaria desajustada. el miedo al miedo me ha paralizado. –Cuando hablas a la nada y te rebota la voz.

en que para defender las almas. Y se quedó colgando de este cabo como una esperanza.. créeme. Siento pavor de que vuelvan a aplicarme la tortura. antes de que yo pudiera decir cosas de ellos. 125 . tienen que destruir los cuerpos. allí. Seguramente se había quedado encogido para siempre por el miedo y lo abracé como a un hermano. Incluso noté alguna lágrima venirse a la mejilla cómo sus convulsiones se apaciguaban contra el muelle de mi pecho. y para sostener sus creencias han de derribar al hombre que las sustenta! Miré a aquel ser menudo. sin testigos. no pude menos de darle un mordisco en la oreja y retirarlo con cierto desapego. en que para darnos la otra vida nos quitan esta. Cuando hubo recobrado algo la calma. –Por aquí he visto a seres que antes fueron humanos. Y además. Yo que siempre había puesto murallas a las emociones. pidiéndole a Dios la muerte y piedad al verdugo. aún tiemblo por las noches y a veces grito en sueños..en varias ocasiones y. sometidos a humillación. ¡Qué siglo este—pensaba yo— qué edad infame. Mis amigos habrán aborrecido de mí seguramente. ¿adónde iría y qué razones me quedan ya para vivir? Habría gentes dispuestas otra vez a delatarme. me confesé también humano. Tal vez mi hermano. si es que alguno llegó a librarse a tiempo.

Aunque si escarbas un poco. Impresionaba la escena y creo que me oriné encima. Así que ya sabes. duros –replicó él. El otro. daba gritos terribles. Uno colgaba vertical como una longaniza. tumbado en el potro y estirados los miembros. Asido por las muñecas. descansaba. ya perdido el conocimiento. los huesos posiblemente descoyuntados y las carnes agrietadas. mientras volvía a ponerme el impermeable contra las emociones. si es que puede uno estarlo alguna vez para estas cosas. el otro dando gritos de absoluta desesperación. –Nunca te avergüences de tus sentimientos–comentó mientras se recomponía el alma. Estaba preparado. el traje en que me sentía más a gusto. se te vienen abajo. y para sobrevivir hay que ser duro. sin pasarse –me encontraba extraño–. muerto tal vez. a veces tropezaba… hasta que vine a dar a una amplia sala con dos hachones de luz en las paredes y dos pobres diablos estirados. mientras el verdugo 126 . si yo sólo me avergüenzo de los tuyos –repliqué con sorna. Me arrearon como a bestia maldita por una serie de tortuosos e interminable pasillos donde resbalaba a veces. desmayado el uno.–Oye. que la emociones acaban ablandándote. –Así me gustan los hombres. – ¿Y quién te manda escarbar? Dos días después vinieron a por mí. –No.

Más bien todos tres. ¿Pero qué pintaba yo en aquel cuadro? Ni era brujo ni hereje ni converso. Tengo que decir que éste se esforzaba en su oficio y se ganaba sobradamente el pan. ¿Por qué el Alto Tribunal? ¿No era demasiado honor para un simple pícaro como Lázaro. enjuto. Era un hombre del Oficio. Entonces se acercó a salvarme el vestido blanco.semidesnudo y sudoroso empezaba a desatarlo. Suelen hacerlo para calentar. el reo o el verdugo. Sólo le faltaban los atributos. Podía confundirse con un embajador del infierno o el mismo Príncipe de las Tinieblas. ajeno a mí y al mundo que le rodeaba. – Tú eres Lázaro. 127 . entonces. Ya iba viendo yo dónde iba a descansar aquella siesta. Me estaban preparando la cama cuidadosamente. un ser fúnebre. así dicen. cuanto más a Nuestra Madre poderosa de quien se declaraba humilde hijo devotísimo? Me ataron al muro. Llegó como de la nada. me descubrieron la espalda y empezaron a darme latigazos. con hábito de monje y un rollo de papel en la mano que leía atentamente. tan pequeño. que no tiene nada de santo. no sé si el ambiente. vestido de blanco. experto en interrogar a reos y sacar confesiones. que ninguna amenaza podía venirle al mundo por él solo. Aún no me habían preguntado nada y ya tenía sangrantes las costillas.

– ¿Quién mató al Sr. En realidad era lo único que veían por aquel reino. pensando. Así que canté. – ¿Lo mataron? – pregunté ingenuamente. Se echaron a reír. yo. que había sido la suya muerte natural. –He visto un fantasma que vaga por ahí. vuestro amo y señor? Así que volvían a cambiar de ruta. Así que intenté otra ruta. Pero un puñetazo en el ojo me hizo ver las cosas mucho más claras. Soy culpable.– Lo confieso –respondí al sentirme descubierto. 128 . No debía ser por allí. yo le bebía el vino y le comía el pan. Empecé a soltarles. Un empujón tremendo en mis queridas partes me convenció. como así era... De allí no se marchaba nadie sin permiso.. Se les cortó la risa por un instante. para que me soltaran. Poner en duda su profesionalidad. pues subió una octava más. Una bofetada en plena boca me hizo callar. No era posible y menos mal que no me creyeron.Les hacía gracia. Arcipreste. pero volvieron a apretarme y muy fuerte hasta que me desmayé. Yo le preparé aquella jugada al ciego. Me tenía bien agarrado y apretaba. y no lo daban fácilmente. señor. y yo estaba ya exhausto.. Sólo sé que desde entonces mi voz se acerca más al coro de los ángeles. Fantasmas a ellos. –…Un reo que se les ha escapado y anda suelto. Aquello no podían tolerarlo.

Otro golpe en la boca acabó de ablandarme la memoria. para ablandarme – decían— sin saber que estaba a punto de caerme al suelo como breva madura. Era inútil todo cuanto dijera. con la complicidad tuya. pues ellos no variaron un ápice la suya. Y añadió: –Así me gustan los valientes. lo confieso todo –me arrancaron como una exhalación final que marcaba mi decidida voluntad de acabar con todo ello. sí. – Lo confieso. – ¿Tú solo? – Sí.. Si al menos supiera lo que querían 129 . que no se esconden a llorar en las faldas de su esposa. afirmas que lo hizo tu mujer.. – Entonces.. yo solo – concluí– dispuesto a afirmar cuanto afirmaran. sin ignorar las consecuencias fatídicas que podían echársele encima. – Así que lo hiciste tú solo. negar cuanto negaran y con el deseo sincero de complacerles. así que callé. Me cambiarían las palabras a golpes hasta oír lo que quisieran. – Yo no he dicho eso. Yo no estaba allí cuando ocurrió.–Tal vez mi mujer –insinué yo. Pero de nada sirvió mi cambio de táctica.

sin presumir. Cuando la recuperé. Me di cuenta de que los procesos penales iban en sentido contrario a como yo creía. sí— daba igual— mi propia sentencia de muerte.. Hijo. que yo creía tener bien escondida. sin sospechar siquiera de nuestras malas artes. yo solo. a nuestro amo y protector. descargó de improviso sobre mí un golpe tan terrible que me dejó hundidas dos o tres costillas. Yo solo. convicto de asistir a sucios aquelarres en compañía de otros hechiceros y confeso de haber perjudicado a la religión y echado mal de ojo. me estaban leyendo mi confesión. para que su declaración coincidiera con lo escrito. Por eso firmé lo que me presentaron. El tormento era muy convincente en estos casos. mientras recogía del suelo una firme barra de hierro. Allí quedaba patente mi estrecha amistad con el diablo. ¿eh?. que tenían ya redactada desde antes de tomarme la declaración debida.. causándole la muerte.– Sin presumir. el orgullo es un gran pecado que hay que mortificar. pues primero el juez escribía la acusación. El zarpazo me había alcanzado el alma. ¿Te acuerdas del diablo? – repuso. los cargos. y empuñándola con fuerza. Lo extraño es que al firmar solamente sentí una gran paz. Noté que la iba perdiendo poco a poco junto con el conocimiento. Yo que amé siempre mi vida y mi cuerpo más que a 130 . que tan generosamente nos había acogido. la confesión. los testigos. y sólo después se hacían los ajustes que fueran necesarios en el reo y los testigos. que ya no se modificaba. el Arcipreste.

mientras rezaba a todos los dioses o murmuraba de ellos –no sé muy bien. con su aspecto de bestia desnaturalizada. no sentía pena alguna. debí prontamente perder la conciencia. Estaba ya entregado y sin ganas de luchar. recogida mi voluntad y amontonados mis instintos. a mi amigo Alguien que lamía mis heridas con su propia lengua y regaba mi frente abrasada con un paño húmedo. pero creo que en el último instante se me quebró del todo. sabiendo que iba a perder muy pronto ambos. recuperado un poco. así que adopté una lógica postura de defensa. congestionado el rostro tal vez por la bebida y sin expresión alguna. Le dediqué mi mejor sonrisa. menos para eso. sino un inmenso alivio. Era el mismo verdugo. Venía yo preparado para todo. vinieron de nuevo por mí. No le dije que le había delatado. Es el caso que a pesar de todo y cuando no era necesario. Pero había un juez distinto que empezó a tratarme con cierta consideración. por pura crueldad o tal vez por saciar algún desajuste escondido. aún hubieron de amarrarme al potro y someterme a la tortura. Débil como estaba. Sentí a mi lado. más dolido que yo mismo. como si fuera humano. Sólo noté al despertar un desgarro terrible en las articulaciones de brazos y piernas como si estuviesen descoyuntadas.nada. Días después. como un perro. pues me habían arrancado la confesión a tiras. Me contó que era muy amigo de un amigo de mi 131 .

Tales fueron sus palabras. – Sabemos con certeza que tu señor murió de muerte natural.. El fuego es purificador y Dios acaba por perdonarlo todo. – ¿Entonces. que ha habido calumnia y delación contra vosotros. el Canónigo de la Catedral. a quien yo bien conocía. Pedro. hijo. Un golpe al corazón. Así los médicos lo han certificado. –Ya ves. Me dijo que le había hablado. tapándole todo resquicio. de mí para que “hiciera cuanto fuera posible por ese pobre desgraciado".. Servíale el vino cada semana y le trataba bien. Tanto puede cambiar el destino de un hombre en sólo unos instantes. en efecto. sabemos que la acusación no tiene peso.? – Queda lo de la brujería. pues además le hacía algunos recadillos y favores que ahora estaba dispuesto a considerar y agradecer.. me apreciaba.señor. ¡Cuántos enemigos tienes! Pero. y.. Y ya sabes con cuánto celo vigila la iglesia para que el diablo no se cuele entre nosotros. intuí que se trataba de D. 132 . Cogió entonces un pliego de papel que estuvo leyendo durante unos instantes y acabó por romperlo y echar sus pedazos en el fuego de una pequeña fragua que allí ardía para doblegar los hierros. y bien. y aunque no quiso darme nombres. En fin. que después utilizaban para plegar nuestras voluntades. No podía dar crédito a lo que oía.

más benigna que la muerte. usando yo mi calidad de pregonero para propalarlos por las calles de Toledo hasta quedar finalmente expuestos a las iras de las gentes. – Si soy inocente. – Tendrás que cumplir unas mínimas condiciones que aquí traigo escritas en este papel.. 133 ..? –cogí aquel cabo de esperanza que se me tendía. l) Quedaba desterrado de Toledo para siempre sin poder volver a poner los pies jamás en la ciudad ni acercarme en menos de dos leguas. 3) Saldrían nuestros delitos a la luz y seríamos expuestos a la vergüenza pública.. Y empezó a leer lo que yo entendí era mi sentencia. 2) Recibiría un castigo público de cien azotes y cincuenta mi mujer. – Quien esté libre de pecado. Siempre estaba la frase incontestable. el puyazo firme que detiene la embestida. durante un día. el mediodía del domingo hasta la mañana del lunes. más no tan suave como quería hacerme ver. como un muro de contención..– ¿Pero. – Tendrás que expiar en público tus culpas.

Miré a los dos y firmé. – ¿Estás de acuerdo? –preguntó. con el que se declaraba amigo del amigo de mi señor. ¿Qué otra cosa podía hacer? Mi vida quedaba a salvo y de nuevo a cero. Eché las cuentas y vi que se habían ocupado de dejárnoslas a cero. Aquello no era justo. así como otros objetos de valor. Con nuestro sudor y nuestras manos lo ganamos. Volví a leer el escrito y me pareció una broma cruel de algún espíritu burlón. despojado de todo. sí.. Era nuestro. amén de los chorizos y jamones que eran nuestros por derecho. Así que besé las manos de quien consideraba mi benefactor y le rogué transmitiera mi agradecimiento a cuantos por mí habían intercedido. Miré de reojo a mi interlocutor y observé en su rostro como una mueca guasona que intentara y no pudiera taponar del todo. Debía de haberme vuelto la fiebre. debía regocijarme por haberme librado de ella en el 134 . pero ésa había sido siempre la cifra de mi destino. pues no podían anidar tales pensamientos en una mente sana.4) Teníamos que devolver el dinero sustraído.. mientras miraba al verdugo así como al descuido. Podría ser él. ¡Qué peligrosas resultaban estas cadenas de amistad! El caso es que entre todos ellos me habían apresado. escarnecido y maltratado y encima debía estarles eternamente agradecido por perdonarme la vida y salvarme de mí mismo. Después de haber andado tan cerca de la muerte.

Se acercó desde fuera y tocó los barrotes. Había de sacar a la luz nuestras miserias. Pero a mí no me llegaba la alegría.último momento. ¿qué hacía en ello mi esposa? Habíamos ocultado unas verdaderas y ahora nos hacían propalar otras completamente falsas. – ¿Y tú. Así era. Lázaro! – ¡Ah! ¡Eres tú! Le comuniqué el veredicto y se alegró de que hubiera salvado el pellejo. Tú eres fuerte y saldrás adelante. hermano? –pregunté a mi vez a Alguien que esperaba mi palabra al otro lado. Podía cantar las mías. pero no es lo mismo cuando eres aún niño. 135 . el mundo se va haciendo más grande y ya no eres capaz de abarcarlo. Poco después. cuando se hubo extinguido el largo ruido que tras sí dejaba el carcelero. que también el mundo es muy pequeño. mientras volvía cabizbajo. ¿Qué sería de él? –me iba diciendo– sin tener en cuenta que mi futuro era quizá mucho más negro. – ¡Lázaro. llegó él. Pensaba en mi viejo amigo Alguien. ¿Qué retorcido ser había sido capaz de urdir tan complicada trama sino una mente burlona y ociosa? – No te apenes por tan poco. aunque debes empezar de nuevo. mas no era eso lo que sentía. pero. pero según creces.

herramientas –respondió con un tono optimista que no le había notado antes. 136 . Lázaro.– Tengo planes. me has devuelto las ganas de vivir. porque tú. porque a mí me las habían quitado todas. Bien podía ser que se hubiera quedado con las mías. ¿No sospecharía de mi traición reciente? Y añadió: –Y mucho tiempo.

Y me ha hecho saber de esa manera. De vez en cuando deja perder su tiempo tan valioso con gentes tan baldías como yo. finalmente.DESCANSO IV Ha venido de nuevo mi joven fraile. mirándome a los ojos y esperando mi reacción. hermano Lázaro. Ha callado durante un largo rato y. repitiendo mi nombre. que conocía mi secreto y reconocía mi identidad que yo he tratado a menudo de ocultar. pero jamás estuve en Toledo –mentí – a sabiendas de que no le engañaba. Me ha enseñado un librito más bien pequeño que yo ya conocía. sobre un pobre Lazarillo. En verdad. señor. cambiando de nombre muchas veces. Frutos has dado muchos. aunque no sean todos buenos. que nunca baldío. como en una provocación: –Un bellaco ese mozo. –Otra cosa se puede decir de ti. una coincidencia– negué yo. – ¿Qué tienes tú que ver con ese Lázaro. Lázaro? –me ha preguntado en confianza y como bajando la voz. 137 . ¿no crees? –ha dicho con sorna. –Nada. que procedo de un pueblo de esa Salamanca. sutil. Y sospecho que aún faltan los mejores.

Se peca de inmodestia. ¿De qué puede servir tanto trabajo y dolor si nunca jamás verá la luz? Él mismo ha apuntalado mi decisión. sosteniendo su mirada y apenas la sonrisa que se nos iba derramando a los dos por toda la cara. –Aunque no se podrá creer todo lo que dice. aunque no tan rápido como quisiera. –Seguramente las malas compañías –respondile. Y me ha indicado el librito que llevaba en la mano. Luego ha cambiado de tema. El caso es siempre hacerse grande. empinando cuanto puede su talla y su persona. lo hará con las virtudes. 138 . mientras salía. Cuando uno habla de sí –ha proseguido– tiende a subirse. – ¿Cómo va ese cuaderno? – Marcha. sin añadir una letra y que probablemente quede inacabado. Y como siempre no está falto de razón. no sabía cuál. No es bueno hablar de uno. –Las cosas que importan hay que hacerlas con cuidado –me ha dicho. y si no.examinándome para ver si pasaba la prueba. Si puede. No le he confesado que llevo meses estancado. uno más. alzará sus vicios.

Sin embargo. acaso nuestras vidas. guardaré esta historia en un cajón. No creo. eso sí. lejano.Así pues. muy al fondo. ¡Dichosos baúles! Son como esos ataúdes donde guardamos nuestras pequeñas muertes o derrotas. No sé si volveré sobre ella un día. 139 . no pueda consumar este cáliz de amargura que quedó a medias en el fondo de otro baúl. no me atrevo a afirmar que en algún tiempo.

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para darle importancia. pies descalzos y larga caperuza coronando de oprobio la cabeza.IX JORNADA NOVENA –Uno se mide. una al pecho y otra detrás cruzándonos la espalda. luego un clérigo escupiendo a cada parte agua bendita. acabé a gritos proclamando los cargos 141 . sólo que a nosotros nos había atrapado la locura y marchábamos expuestos a las chanzas y al mal gusto del vulgo que sólo con vilezas se divierte. por el tamaño de sus errores. de modo que la timidez perdida. pregonando mis pecados y aun más los de ella. la lección aprendida. Vestíamos para la ocasión trajes de gala – como era el uso en procesiones tan solemnes – largos ropones con dos enormes cruces de San Andrés en amarillo. recuperadas las fuerzas y las ganas de vivir. sobre todo. Unos días después. Iba a pie. Al principio me comía la vergüenza y apenas lograba sacar la voz de mis adentros. Yo delante como de más importancia y ella detrás subida en la borrica. mas al cabo era mi oficio y siempre me ha gustado hacerlo bien. salimos yo y mi esposa a la pública vergüenza. Parecíamos la Sagrada Familia emigrando hacia Egipto. Delante abrían paso dos guardias. un verdugo con el rostro cubierto arreándonos trallazos y cerraban el cortejo otros dos corchetes.

menos de vergüenza que de ira. hubo de llegar de esta guisa tan solemne. me miraba con más odio si cabe. mientras yo le publicaba a los vientos sus mil cargos que aumentaba cuanto podía en número y tamaño. Por eso.. Era mi pequeña venganza que nadie percibió. me fulminaba con su odio. y yo entiendo algo de estas cosas. salvo mi señora. sentada a la mujeriega sobre el asno? ¿Os imagináis a aquélla venirse al punto abajo por el golpe y estrellarse contra el suelo su trono con tan alta monarquía? Al levantarse.. Tres veces cayó como en una pasión y tres veces la alzaron hasta que finalmente atada como un fardo. la boca amordazada para no oír sus maldiciones. Al fin volvíanla a poner sobre la burra y. Y más que habiendo algunos por los que juzgarnos. tan llena de chispas sus dos ojos. ya lo creo.. quien roja. nos habían condenado por otros que de ningún modo habíamos cometido.. Era un gran espectáculo.imputados y otros más que yo inventaba dándoles color para destacar nuestro rango. ¿qué importaba? Puestos a inventar. insultándome con todas sus fuerzas. ¿Os imagináis unas cáscaras bien lanzadas o un tiro de mierda. 142 . haciendo blanco en la animada estatua de mi señora. mientras el público se apilaba a nuestros lados y reía de veras. que no necesitaba para arderse otras hogueras. arrojándonos insultos y otras cosas que casi nunca erraban. Pues uno también se mide por el tamaño de sus errores.

mas no me hicieron caso. Allí nos ataron los tobillos con una larga cadena. de modo que los golpes caían como muros y tras ellos mis gritos. Supongo que hacía mucho que no representaban en Toledo un tan regocijado espectáculo. una plazuela presidida por un alto poyo de piedra clavado en el mismo centro. lo de las damas primero. Ya se sabe que algunas damas actúan pretendiendo robar para sí toda la escena. otros aplaudían. guardado de sí mismo. que no podía menos de reír. sus redondas carcajadas. y tras mis gritos. cuando el pobre verdugo está ya cansado. crucificado de aros y de argollas. cuando empezaron a celebrar mi centenario en las costillas. Nunca vi a nadie poner tanto entusiasmo en su trabajo. la gente prefiere cobrar al final. Más pronto se me pasaron. Ante aquel símbolo antiguo me venían tantas asociaciones.Estaba el rollo en las afueras. Unos gritaban. todos asentían con entusiasmo cada vez que caían sobre mis sufridas y adoradas espaldas tan 143 . mi compañera forcejeaba inútilmente bien atada también al mismo yugo. Bien creo que fuera puro nerviosismo por lo que le esperaba. ¿Quién puede regocijarse con los males ajenos? Tal vez sólo buscaba reclamar la atención. mientras cuello y manos quedaron apresados en un cepo. que en tratándose de golpes. Al lado. Quise cederle tal honor a ella.

oír sus gritos. El caso es que la gente no dejaba de reír.terribles regalos... Empecé contando los primeros– no me fiaba de nadie– mas luego fui perdiendo interés. tal vez del infierno. O se producía alguna ejecución. pregonero de otros muchos a quienes como heraldo y vocero había publicado sus méritos. hecho ovillo. Oía sus gritos terribles y horrendas amenazas que llegaban a mí desde muy lejos. que estaban celebrando a gritos. tal vez algún auto. Siempre resultaba divertido ver la cara de miedo de los reos. También vi a mis vecinos. sentado en mi desgracia. Más allí estaba ahora yo mismo. sin ganas de reír ni de ver siquiera la cara descompuesta de mi ama cuando llegó su turno y empezaron a mimarle las costillas. como de otro mundo. ¡Entonces. Aquel era un día feliz en sus monótonas vidas. hasta acabar derrumbado. 144 . Aquella vez fui yo. así como la cuenta y la conciencia. su venganza. el más famoso en las calles de Toledo. todos ellos. qué cima! Eso solo llenaba por completo la tarde del domingo. A veces había suerte y hasta algún hombre importante caía en sus redes. ver sus carnes desgarradas y su honra hecha trizas. No soy valiente. Había acudido aquella tarde de fiesta a contemplar el espectáculo. Todo sea por el bien de la humanidad y la salvación del mundo– me decía yo. Apenas aguanté los cien.

que aunque era blanda y sus golpes no dolían. acabé por agradecerlo. la cual blandía como fiero cuchillo en 145 . mas nada de eso. mas con todo. mas no llegaba el sueño. Por fin llegó la noche y podría descansar o así creía. pues los golpes que ella había recibido parecían haberle atado el cuerpo y soltado la lengua. vigilados por todas las estrellas y dos guardias que enseguida se durmieron. Así pasé la noche con esa tortura. que cuando las gentes se fueron a sus casas. cubríame de asco y mal olor. y vuesa merced ya sabe cómo los insultos y torcidas palabras me resbalan. pues al poco acompañaron sus reniegos de mondas de verdura y cáscaras de frutas con su piedra escondida. A veces me quedaba traspuesto unos instantes. Y así debieron comprenderlo. que soy persona de ánimo sereno. buscaba una postura que no podía encontrar. allí quedábamos nosotros. A veces me lanzaban puñados de boñigas. pues las gentes se apartaban de mí. expuestos a la nada. Pronto hicieron mella entre mis dientes bien escasos. que rebotaban en mí como si nada. guardando las distancias.Mas su dicha no fue completa hasta que empezaron a soltarme obscenidades y palabros. oyendo a la par a mi comadre insultarme. mierda al fin. mas luego al momento despertaba al rozarme inconsciente las heridas. amenazarme. en mi pobre cabeza y en otras partes igualmente dignas de mi cuerpo. Atrapado en el cepo. Estaba exhausto y vencido por los golpes.

medio desnuda. haciéndonos merecedores de todas sus preferencias. a todos maldecía. Creí oír de nuevo las viejas profecías del ciego llamándome bienaventurado por el vino como así lo era otra vez. Yo qué sé.. Los dos. cuando malherido como estaba y solo– la noche nos encuentra siempre solos– 146 . se sacudió el polvo en un viejo signo de desprecio.todas direcciones A todos conminaba. Aquella misma tarde nos soltaron. renegando de todo. Noté al poco que me habían devuelto el cuerpo. Un alma caritativa se acercó con un caldo caliente y un mojo de vino.. nos dejaron finalmente en las afueras. a más parte tocábamos. Aún recuerdo aquella tarde. Así pasó la noche lo mismo que un mal sueño y por fin llegaba el día. y estando yo y los guardias tan cercanos. escupió en dirección a la urbe y se fue echando pestes contra todos. alejándose decidida. el alma. Allí estaba mi Eva también. Por un momento me quedé contemplando la ciudad en que había vivido medianamente feliz y de la que era expulsado para siempre. Empezaba a oscurecer. hasta perderse entre los densos arbustos y matojos. Escoltados por una pareja bien armada. cogió sus raídas sandalias. hasta que al fin. cubierta de vergüenza.

Tal vez en adelante. que es capaz de reparar tantas averías del cuerpo. testigo sólo Dios y aquel refugio de pastores. como estropicios del alma. la de la buena suerte. Pensé que venían del más allá. Y así parece ser. no habían sido buenas.busqué una estrella. busqué cobijo cerca para pasar la noche. Bendito sueño. es el caso que habiendo cubierto apenas una legua. que en adelante los brillos en mi vida fueron aún más fugaces y la oscuridad aún más espesa. como a mí. Las que había seguido hasta allí. Bendito olvido.Pero al poco. que todo nos lo borra para seguir equivocándonos. Recobré mis sentidos que habían vagado desperdigados por las regiones de la nada y me incorporé en mí mismo. anulado por el asombro. En fin. y seguí sus pasos. despertándome a trompetazos de la muerte para el juicio final.. Como para no creer en el destino. Encontré un viejo cobertizo o choza de pastores con alguna vieja prenda y un regato vecino donde me lavé con ansia. pero no era así. quitándome la mugre y el olor que me vencía. Es el caso que una buena mañana me desperté con el plácido sonido de esquilas y cencerros. Lo mismo daba una dirección que otra. Lucía ya alto el sol. la veo caer del cielo. 147 . Ahorré la cena y me dormí. —A otra que han echado. sin dejar de mirarla. Debí luchar contra la fiebre y mis fantasmas durante varios días. dejando una larga estela..

Sería cerca de mediodía cuando llegaron hasta mí. Era un hombre ya mayor, casi un anciano, y un zagal muy despierto, pastores que venían con sus rebaños a descansar y hacer la siesta. Comí con ellos cuanto generosamente me ofrecieron y como agradecimiento, a los postres empecé a contarles mi historia; una historia falsa, naturalmente, que no sé si llegaron a creer. Les referí cómo unos terribles bandoleros me habían robado cuanto tenía, atándome a una encina y golpeándome con la mayor saña para dejarme después abandonado y medio muerto. Yo me había soltado, no sabía cómo, y había llegado maltrecho hasta allí. Les enseñé las múltiples heridas de mi espalda, las señales de los recientes latigazos del verdugo y asintieron compadecidos, mientras el más viejo me untaba las cicatrices con hierbas machacadas mezcladas con vino y grasa de cordero y me ofrecía algunas ropas viejas para cubrir mi lacerado cuerpo. – ¿No habrá una mujer entre ellos?– preguntó el zagal y dio unas señas físicas que coincidían punto por punto con mi nunca olvidada Claudina. Se me hacía difícil pensar que en apenas unos días ya empezara a dar que hablar. – Tal vez –disimulé yo– pero no los vi bien. – Es que esta noche –siguió explicando el chico– han atacado por sorpresa y herido a un compañero y dice que fue esta mujer que le acabo de describir con otros dos desalmados. 148

No lograba digerir que aquella mujer se dedicara ahora a asaltar a las pobres gentes y despojarlas con violencia de sus cosas. Pero en los meses y años siguientes hube de oír sobre ella nuevas aún más extrañas contadas por los muchos viajeros que recorrían a diario los caminos. Pasé con ellos aquel día, descansando y reponiendo fuerzas, y a la mañana siguiente, con el alba, partí camino de Madrid en busca de mejor fortuna.

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X JORNADA DÉCIMA
El mal, cuando se poda, cortando sólo algunas ramas, después brota con más fuerza.

Empezaba entonces a crecer la villa, lo cual atraía a muchas gentes golosas de medro y de dinero, que son siempre sin cuento como las arenas de la mar. A la sombra de ellos surgían también miles de pícaros y falsarios que se ganaban la vida con trapacerías y engaños de todos los estilos. Bien creo, que en toda República, tales gentes se hacen necesarias, para que el rico siga vigilante, que no hay ladrón más torpe que el descuido ni suerte peor que la desidia. Así me traían por su propio rumbo los pensamientos, mientras hacía mi camino, pensando en la ventura que me esperaba más allá, después de haber dejado atrás tanta "tierra quemada" sin posibilidad de volver a ella, pero no me iba arredrar por eso, que hombre como yo, sin patria, sin hogar, sin hijos, no había dejado que echaran mis sentimientos raíz en ningún sitio, y mucho menos mis bienes y heredad, que me llevaba conmigo y que eran nada: una camisa remendada, unas viejas sandalias inservibles, unos rotos calzones, y todo el aire y el sol.

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No me había de faltar el alimento y algo de moneda ligera para echar adelante hasta llegar a Madrid. Podía explotar. He decir que amén de la generosidad y buen corazón de sus gentes. Al pensarlo. pensando en el terrible final con que había rematado sus días. me ensucié cuidadosamente de barro cara y cuerpo. Ejercería la mendicidad por el camino. al que ahora recordaba. aquellas llagas de la espalda. hice un firme vendaje en el tobillo con lo que aún quedaba de la camisa. mas no quise aceptar que aquello era el final. me tapé un ojo. De algo serviría también. me dispuse a hacer mi entrada apoteósica de gran derrotado. la risa se me vino hasta la boca. No pude espantarme del todo la idea de que la vida es un gran rodeo que damos para llegar de nuevo al punto de partida. Así parecía ocurrirme entonces. me vendé la cabeza y con una recia tranca que desgajé de un árbol. hacía yo mérito con mis cardenales mucho más católicos y ya casi 152 . aunque fuera alrededor de la nada. entablillé la pierna. mi experiencia con el ciego. si no lo había olvidado. como burro de noria. Aquella noche recalé en la muy ilustre y noble villa de Illescas. entretanto. Todo sin prisa. Por momentos me vi como él mismo. Aún me quedaba mucha cuerda para seguir dando vueltas. rebozado en el rencor que de ningún modo quise dejar crecer en mi conciencia.Destrocé como mejor pude aquellas prendas. lo único verdadero que en ese momento quedaba de mí. donde pasé varios días.

presidido por el capellán del lugar. nuevo para mí. Al parecer yo no tenía derecho a pedir. Sentado a la puerta de las iglesias. Andaba yo bien confiado pensando que ya no podía albergar más males el saco de mi existencia. no pensé que pudieran cercarme nuevos peligros. Pero ocurrió que. Al parecer existían disposiciones que regulaban y hacían digna tal actividad. Digo esto. no se acaba nunca de caer del todo. porque confiado en mi lamentable situación. dejaba pasar mis lástimas para provocar las del prójimo. evitando que hubiera falsedad o desleal competencia. pero que estrujaba y desfiguraba cuanto podía para excitar la caridad de los vecinos. pues no hay nada más frágil ni grande que el corazón humano. pero una vez más vivía bien errado. que las desgracias nunca vienen solas y cuando uno empieza a rodar por la desdicha. y no siendo además natural de allí. No sabía yo muy bien de leyes en tal oficio. a cuyas puertas me sentaba a pedir cada mañana. visto el éxito –hasta la miseria es relativa y la envidia anida también entre los miserables– hubieron de denunciarme algunos de éstos al capellán de aquella iglesia.conversos. 153 . nada tenía que hacer. Igual hacía con mi pierna fingidamente rota. el cual con suma largueza respondía. Había que tener título de indigente y cédula de oriundo. al que la piedad engaña tan fácilmente. sin haberme examinado de pobre ante un tribunal.

preferí suspenderme yo solo y cambiar de profesión. Como pude arreglé la caja. y aquel podría ser el primer paso. No era yo un virtuoso de la música. ya que aquella me resultaba tan dura de aprobar. Si una vez volvía a asirme a las crines del triunfo. lo cual no haría sino multiplicarlos. pero tampoco me era ajena. le puse cuerdas nuevas y empecé a recitar. que yo intentaba 154 . más cuando mis llagas estaban ya curadas. ya viejo y medio roto. Así que un buen día conté las breves monedas recaudadas y todo lo empleé en un laúd.Cuando me enteré de los requisitos. que concerté por poco con un barbero que ya lo tenía desechado por inservible. dejábanme aquellos instrumentos. perfectamente la pierna y yo en condiciones de ganarme el sustento de otro modo. Así dejé la villa con tales pensamientos. acompañando al ciego. pues cuando niño. desatados mis males. Pensaba que ya no podía descender más bajo en mi adversa fortuna y que necesariamente llegaría pronto el momento de empezar a subir por la difícil escalera del éxito. algunas veces reunidos con otros mendigos y juglares. después de tantos días sujeta. sobre todo aquella pierna que me costaba asentar. y salí de allí temiendo adivinaran la verdadera causa de mis males. Llevaba mi laúd a la espalda y un río de romances en la boca. el potro del destino no volvería jamás a derribarme.

En fin. 155 . Por eso les gustaba tanto a las gentes humildes. mientras reponía fuerzas y buscaba algo mejor. bandoleros. Contaba historias de moros y soldados. de asesinos. Así empecé a ganarme la vida en el camino. que atendían embobadas creyéndose los otros. y de hermosas damas que languidecían asomadas a los ojos de sus caballeros. suicidios. Entraba por los pueblos y cantaba mis romances. Pero. Seguramente lograban realizar en la ficción sus ocultos deseos. que no era lego del todo y para hacer fondo en la recitación. liquidando a un enemigo? ¡Pobre corazón humano! ¡Tan noble a veces. como bien mi amo decía. a veces tan ruin! ¡Si no fuera por el arte! ¡Cuántos crímenes. ¿Quién no ha querido al menos una vez echarse al monte.rasgar o a tirarles de los pelos. viejos unos. vengar alguna afrenta despachando a un rival. Cantaba en otros casos relatos truculentos. de muertes pasionales. ¿qué voy a decir? Demasiado dura es ella para no olvidarse a veces en los sueños. y mejor cuanto menos real y más alejado estuviese de sus miserables vidas. violaciones ha evitado! Debieran caer los príncipes en ello y darles merecida protección en sus repúblicas. nuevos otros que a imitación de aquellos yo mismo inventaba. de amores prohibidos. La vida no era así. de venganzas. no era menester mucho más. También en ellas veía a la gente conmoverse. de recios caballeros muriendo por sus damas.

recién nomás salido de una aldea. Avivé también el mío temiendo que ocurriera un mal encuentro. es verdad. Pero. vi a lo lejos venir detrás de mí un ser simiesco que aceleraba el paso con intención de llegar hasta mi altura. apenas con el alba. sacando de mí aquella recia voz que dejaba prendidos en la historia a mis oyentes. me detuve. animado a salir de aquel trance. puestas en camino mis ilusiones. teniendo libertad de movimientos. se había hecho con copias de las llaves y una noche habían huido todos cuantos en aquella ala de la prisión estaban. ¿quién más humano bajo aquella figura de animal? Nos dimos un inmenso abrazo. ¿Quién podía ser sino mi buen amigo Alguien? Se acercaba casi corriendo. Al oír mi nombre. sin que nadie los viera ni sonaran las alarmas. medio apoyando sus cuatro extremidades como un simio. En pocas palabras vino a decirme que. –Nada es del todo redondo. mas al fin me compensaba el ser oído. Y me contó el suyo. apretando de nuevo el eslabón de la amistad que habíamos forjado.En fin. cuando aquel ser estrambótico empezó a hacer gestos y dar gritos hacia mí. que no me iba mal y aquel oficio me agradaba. Le conté mi triste historia reciente y lo vi alegrarse de que hubiera concluido con un final hasta cierto punto aceptable. Una mañana. ¿verdad? – comentó. No ganaba mucho. Y tenía razón. 156 .

podían impunemente ejecutarlo en cualquier lugar sin dar cuenta de nada. una ciudad y lo suficientemente grande. – No es difícil. pero él no tenía qué temer. sino Madrid. cuando la verdad es que vienen determinadas casi siempre por nuestra condición. No existía.Habían salido de Toledo y se habían repartido por los caminos en todas direcciones. pues matar a Alguien era lo mismo que matar a Nadie. Si alguno era detenido y confesaba. una vez más. conociéndote como creo conocerte –respondió. Aquella misma tarde vimos acercarse a caballo por el camino real a unos cuadrilleros de la Santa Hermandad con perros y arcabuces. Pronto irían tras ellos. Sin embargo. 157 . de nuevo pude advertir su inteligencia. Bastaba un poco de intuición para descubrirlo. Tenía razón. al menos de momento. para perderte en ella. Le pregunté a Alguien cómo había dado con mis pasos. A menudo pensamos que nuestras elecciones son libres y son tales elecciones. – También eso puede ser un peligro– le dije. A partir de aquel día anduvimos vigilantes. Pensaba que sólo podía ser obra de la casualidad. – Vendrás conmigo –afirmé. buscando a unos fugados. Eres un "homo urbanus" y qué otra dirección podías tomar. verdad.

tras vacilar un momento. Pero sobre todo. – En parte. dijo: – Verás. sonrió levemente. No podría aguantar en una ciudad llena de gentes sin volverme loco del todo. Me di cuenta de lo estúpida que era. Me iré a la sierra y en ella haré mi hogar. – ¿Teméis a los cuadrilleros?– corté yo con una razón que me pareció justificada. Tenía razón de nuevo. como está escrito en el libro de las cosas. Daba por hecho que haríamos grandes cosas juntas en aquel nuevo mundo que quedaba por descubrir. He aprendido a sobrevivir en el límite y no me costará adaptarme. He vivido demasiado tiempo solo. Mi sitio no está allí. – Lo seré sin exceso. porque mi sitio está en otro lugar. – ¿Serás feliz?–le solté como una pregunta de novela. ¿Qué libro sería aquel tan importante y del que nunca había oído hablar? Lo dejé marchar sin preguntárselo. cuando la hube soltado. pero él sin hacer comentarios. Y siguió hablando. ofreciendo explicaciones que yo no le pedía. Por eso me sorprendió cuando.No era siquiera una pregunta. 158 . Y me despedí de aquel hombre de quien tanto había aprendido. Tal vez algún día.

A lo lejos el padre Guadarrama levantaba sus hombros poderosos.Lo vi partir camino de la Sierra. pero no podía hacerle tal faena a mi viejo amigo. ¿Desde cuándo a Lázaro le asaltaban los remordimientos? Así fue como entré en Madrid. Empecé a darle vueltas a aquella sortija que debía entregarle a mi supuesto benefactor. y reuniéndolos en manada. pensaría que alguna lágrima perdida se vino a mis mejillas. Volví grupas a mis pensamientos que empezaban a desparramarse. si las cosas se ponían mal. pero no era eso lo principal si permanecía íntegro todo mi apetito. arreé con ellos camino de la ciudad. converso como él y vendedor de telas. Si no fuera porque desde hacía años tenía secos los hontanares del llanto. Confieso que ante tales reflexiones y dudas empecé en verdad a preocuparme. Era un día triste. dispuesto a comerme el mundo a poco que éste se dejara hincar el diente. siempre podía sacar un buen dinero con que sobrevivir un tiempo. así lo recuerdo. si iba de su parte. por más que mi edad y dentadura no estaban ya tan intactas. Pensé que. 159 . pero seguramente era la lluvia que empezaba a caer. quién sin duda me echaría una mano. –Él la reconocerá. Repasé las instrucciones: el nombre de un amigo suyo. un día gris de otoño.

bajaba de todos los recodos de las Españas: de Galicia a Andalucía. que siempre buscan pescar en río revuelto y aquél bajaba denso. Llegó éste poco después. de Vasconia al rincón más escondido de Castilla. fui a parar a una vieja y solemne casona de piedra de dos pisos con amplios balcones arriba. ya entrando en los cincuenta. de la más diversa clase y condición. Llegaban a ella todo tipo de gentes. que me recibieron con suma cortesía en ausencia de su padre. Abajo tenían la tienda y almacén de telas. Era un hombre maduro. soldados.Era entonces Madrid una ciudad en crecimiento. defendidos por fuertes barrotes y recias puertas de madera que daban seguridad a unos sólidos muros de granito. después de doblar y desdoblar estrechas y torcidas callejuelas. Allí llegaban nobles encumbrados. y una hermosa joven educada y amable. hidalgos muertos de hambre. Sobre todo. con unos rasgos familiares. Enfilé en la dirección indicada. leguleyos. silbando adulaciones con su doble lengua. el primogénito. que traían de Toledo y hasta de Flandes. pícaros y comerciantes. Era un enorme aluvión que como en fuerte riada. Me perdí varias veces hasta que. honras y cargos. No parecía ir mal el negocio. Buscones de altos vuelos y reptiles que se arrastran por iglesias y palacios. En el piso primero estaba el domicilio donde vivían el matrimonio y sus dos hijos: un varón. pícaros. 160 . buscando beneficios y prebendas. que no me fue tan fácil de alcanzar como esperaba.

a cenar. Durante la cena y aun aquella noche toda. Aquella y la inteligencia de sus ojos oscuros fijaban mi atención. Apretó la sortija en su mano. Al día siguiente. Finalmente. absorto en sus cavilaciones de las que le costaba regresar. mas al cabo era un hombre recio y conseguía sujetar los muelles de las emociones. le entregué el anillo que examinó con emoción. saliendo de su arrobo. la nariz aguda y curva como de águila. Pasamos al comedor. Varias veces estuvo a punto de quebrarse.Tenía el pelo ya blanco y una barba cana. Y me enseñó el suyo. que así se llamaba. Vi alguna que otra lágrima asomar a sus fuentes. Empecé a contarle la historia de Alguien. mirando hacia muy lejos. como un miembro más de la misma (pues como tal era 161 . que guardamos como una confidencia. vi y escuché todavía a Micer Antonio. como hombre práctico que era. retornó a la lucha y jamás volvió a mentarse en casa aquel asunto. leyó la inscripción y la fecha grabada en su interior. y con él y su familia. Le dio vueltas y más vueltas. – Era mi hermano –añadió solamente a modo de explicación. añadió solamente: – Lázaro. De este modo entré a su servicio. tensó la mandíbula y así estuvo un buen rato. donde nos esperaba ya el resto de la familia. Recuerdo aquel gesto de hombre duro que ha pasado por muchas vicisitudes. sin poder separar de ellos la mirada. idéntico a aquel. que escuchó de un tirón. Cuando acabó la historia.

Pero el instinto y la libertad podían más que mi cordura. pues todo lo cubre y lo oculta casi todo. Hablaba mal de todos. allí me habló y con él me fui. sabía los males de todos y se aprovechaba de los vicios de todos para su propio beneficio. 162 . otras disimulaba lo que sabía. que hablaban con ligereza de sus preocupaciones y cosas. dejando correr rumores de toda índole. al levantarme.tratado) viví y trabajé durante algunos meses. Creo que no se amaban demasiado. pero al fin los negocios son los negocios y la cortesía el mejor de los vestidos. pero había otros asuntos más rentables. de modo que nadie. Me sentía con él como en casa propia. que habría de perder y lo sabía. noté que aún se alzaba en mí aquella vena canalla y antes de derramar mi estupidez sobre tan digna familia. Me contraté. en busca de otras aventuras. sino yo. pues. artesanos. lograba descubrir lo que pensaba y el propósito de lo que en cada momento decía. Pero un buen día. y no siempre. Visitaban su casa todo tipo de gentes y de toda condición para encargar sus trajes y tomarse las medidas: comerciantes. con un sastre picarón y deslenguado que a veces visitaba la tienda de Micer Antonio a proveerse de telas. caballeros y hasta nobles de más alto copete. A veces simulaba no saber. Allí lo conocí. decidí yo mismo cortar la amarra y marchar de nuevo camino de la libertad. Éramos ambos de la misma ralea.

Presentaba a unos y otros. personaje entrañable del que oí hablar y mucho en Salamanca. nombres de clientes. Mi trabajo era como de protocolo. pero de entrada por la otra calle. pues vuesa merced no se imagina. Llevaba unos registros en clave con las fechas. señas. como buen cortesano. a las mujeres. ¿o tal vez sí?. direcciones y otros datos 163 .Era aquella casa también lugar de citas. adonde que acudían dignos caballeros y no menos dignas damas a satisfacer sus amores a escondidas.M pueda imaginar. pues de ello dependían nuestra seguridad y nuestras más que pingües ganancias. Era la mejor Celestina que V. Parecían ambos negocios limpios e independientes. abría puertas y cerraba tratos. Era un asunto discreto que manteníamos en privado. lo rentable que es el vicio. vistiendo o desvistiendo. Ellas mismas eran también enhebradoras y zurcidoras de los gustos de muchos caballeros. pero el truco consistía en que el sinvergüenza de mi amo había abierto una puerta de comunicación entre ambas casas. Yo veía y callaba. Había comprado el truhán de mi amo una casa pared con la suya. El resto ya se lo puede imaginar vuesa merced. tan famoso que ha pasado a las historias. Allí trabajaba mi ama con un coro nutrido de “modistillas". procurando que estuviese todo a punto y a gusto de nuestros clientes a menudo distinguidos. nunca se sabe. y así ejercía yo mi cargo con toda la sabiduría de que era capaz.

. terciopelos. satenes.que no eran sino las comisiones por poner en contacto una pareja. Las puntillas y bufandas eran los sobornos a alguaciles y jueces... maravedíes. panas. de manera que utilizábamos códigos y lenguajes extraños como en la germanía. Ni que decir tiene que no eran pocas las damas que nos encargaban tales tareas.) hebillas. así como las cantidades entregadas y el concepto. para que no molestaran y que eran ciertamente cuantiosos. los gastos especiales como meriendas..útiles. a los que se acometía por la noche. como eran los botones de nácar. refrigerios regalos. calzones. Teníamos también hechuras. Teníamos también puntadas y agujas que eran las señales o santiguadas por encargo a caballeros rivales... No era seguro hacer explícitos dichos apuntes por si caían en manos poco convenientes. profesión que supuestamente ejercíamos. capas.denotaban la calidad social de los clientes. arreglos. de marfil.. dejándoles marcada la cara o heridos. camisas. Nombres como linos. que era lo más importante. alfileres. hilvanes.. sólo que aprovechando el vocabulario amplio y rico de los paños y tejidos.. No solíamos aceptar encargos de muerte. volantes. despechadas 164 . no eran sino otros tales ejercicios y variedades amorosas con precios diferentes. Pagábamos por ello a un rufián sin escrúpulos que ejercía su trabajo con prontitud y discreción. aunque más que otra cosa acabó siendo la tapadera de todos los demás.. prendedores. de plata (ducados.

Es cierto que teníamos presos a los que nos podían apresar. empezaba a no agradarme aquella sociedad. Es el caso que el negocio prosperaba. Por eso. pues todos sabemos que el vicio es muy rentable. el vicio atrae con fuerza. fomentando las envidias y el insano deseo de practicarlo. resbalando abrazados por el fango.contras sus amantes y aún contra sus propios maridos. condenados a los que nos podían juzgar. pues pocas semanas después. de modo que andábamos todos revueltos. comprados a los que nos podían vender.. justo a tiempo. cuyo número aumentaba cada día. nos fueron adelgazando las ganancias. después un juez. Repletas estaban nuestras bolsas. que aunque nos engordó algo la seguridad. pues sabía muy bien por experiencia que los palos acaban siempre por romperse en las mismas costillas. llegó a haber tal número y calidad de gentes implicadas. vendidos a los que nos podían condenar. en las más débiles. en cuanto pude. recogí mis ganancias y salí de ellos. Más con todo.. marchaba la sociedad y todo funcionaba a nuestro gusto y aun más al de nuestros clientes. Primero fue un alguacil. es decir. Pero así como la virtud es admirada y no da por imitarla. se 165 . que cobraban sus muy sabrosas mordidas por mirar hacia otra parte. alguna vez. después. así surgieron en seguida muchos emuladores deseosos de ordeñar aquella ubre.

La mala suerte es eso: estar en el sitio inadecuado en el momento menos adecuado. que no denunció el hecho. naturalmente. que estaban. cuando se poda cortando sólo algunas ramas. como me ha pasado a mí tantas veces y entonces le pasó a aquel caballero. 166 . La razón: un hecho inevitable: un marido que acude a una cita con una dama y encuentra allí a su esposa. ¿quién puede confesarse cornudo? Pero removió influencias.descubrió el pastel. ¿qué le vamos a hacer? El mal. cierto es. después brota con más fuerza. Pero. en otra parte. dispuestos a repartirse la compañía. y el sastre y su mujer acabaron con sus huesos en la cárcel. pues al parecer en seguida surgieron herederos. voluntades hasta conseguir acabar con el negocio. así como sus beneficios y clientes. Parece que también a mí estuvieron buscándome con fervoroso afán. mas ya había volado de Madrid camino de mis desventuras. el nuestro.

y más importantes son las personas cuanto más altas se colocan y más grandes las cosas cuando más espacio ocupan y altas se nombran. mirando solamente hacia el futuro. cerrando siempre las puertas a mi espalda para no volver nunca a recorrer tales espacios. desmontado. Eso era importante para mí. me vine abajo. cuando mi querido monje me reiteró un día —Difícilmente. me encuentro ahora con que la única puerta abierta que me queda es sólo ese pasado que revivo en estas hojas. y a montar de nuevo en este potro fatigado de mi vida. Lázaro. Es tan extraño. Por ello pensé que era inútil seguir adelante en una obra que nadie vería nunca. Yo que siempre fui huyendo de mí mismo. Vamos los dos avanzando jornada tras jornada y paso a paso. como veis. Sin embargo. he vuelto sobre ella. las cuales van cayendo lentamente igual que esas que veo por la ventana… 167 . Pregonero al fin. convencido de que de esta manera vuelvo a vivir mi juventud y edad madura.DESCANSO V He vuelto a coger las riendas. Estuve parado muchos meses. esto saldrá a la luz. que me lleva aún por donde él quiere. procurando no volver a resbalar de nuevo. Y me caí. aunque mucho tiempo después. pensaba que no existía sino aquello que era conocido.

este corazón se embota y golpea de extrañas maneras. floja la piel y el sonido cada vez más hueco. Pero no voy a contar los males. y esperar. arreando como rebaños sus propias goteras. Habrá que andar. El único consuelo es que los pocos bien saciados y tocados de fortuna o de poder.. Es como un tambor ya gastado. A veces. 168 . Y he vuelto a desenterrar mi vida allí donde quedara. y veo algo más claro.. mientras escarba la vida. Sé que está cercana y la espero con la serenidad del sabio que conoce ya el camino. LA imagen se me impone de forma cada vez más obsesiva y la pluma que picotea la página no es más que el azadón que va abriendo mi muerte. que estoy como cavando mi propia sepultura.. Las piernas no siempre responden y la espalda. Parece además. es verdad. No tengo miedo. Ha dormido muchos meses olvidada en el rincón oscuro. como Lázaro. y se marchan como todos. pero he visto una puerta abierta allá a lo lejos. torna a resucitar de la mágica mano de su hacedor. No han cambiado las cosas. tampoco aquí se quedan.He cogido otra vez la pluma y cavado muy hondo al fondo del cajón. los achaques. mientras escribo. Pero de nuevo.. como yo mismo. pero hay luz al fondo de este negro pasillo de esta época oscura en que se está cada vez más convirtiendo nuestro tiempo.

Con tanta competencia y tan poco dinero. Me instalé de vigía. camuflado en el terreno como hacen los soldados. Alcalá era una Meca para gente avisada y un paraíso de pícaros y vividores. ganapanes de muy pequeña monta y elevado ingenio. Terminaba el verano y en breve empezarían a llegar los estudiantes. También un refugio donde esconderse por un tiempo. de pícaros y hambrones. Lo que se para se muere vivido en Alcalá Salí de Madrid con el ánimo cargado. pero no acababa de ver allí festín alguno. Así fui conociendo un mundo joven y a la vez viejo. entre 169 . especialmente estudiantes. seres de toda condición. Procuré pasar desapercibido. es decir. muy deprisa.XI JORNADA UNDÉCIMA Jamás eché raíz en ningún sitio. entre gentes que venían de todas partes. He movimiento como el mundo. ese río de vida que inunda donde alcanza. donde la ganancia superara al riesgo. hábiles sinvergüenzas. en una ajetreada pensión por donde desfilaban a ritmo de hambre. Oteaba el campo como águila carnicera. como es principio de mercader o de ladrón. mas no de arrepentimiento.

gentes avisadas. Y aún me quedaban algunos ahorros. incluso de la Medicina. Conocí en la posada a un pícaro bribón. Trazaba planes ajustados mi mente nunca ociosa. y en los muchos ratos libres. Un perfecto canalla. el más tramposo ladrón y sinvergüenza que haya visto jamás. También creo que muchos jueces y abogados hacen lo mismo. unos ojos turbios que miraban de soslayo. Mas. de la Astronomía. como más útiles a un hombre que piensa la manera de burlarlos. Siempre el conocer había tirado de mí como una vocación oscura que no pudo cumplirse. que él procuraba acrecentar cuanto podía. seguí durante un tiempo observando en mi atalaya. es verdad. y en ellas me formaba aunque sin pensar un día ejercitarlas. 170 . sesgados de desprecio. y unos labios ligeramente curvos. a ratos estudiante. Me pasaba horas encima de los libros o escuchando la sabiduría de otros hombres. no era el lugar para hacer las américas. Algunos le encontraban conmigo cierto parecido. Gustaba de las Matemáticas. maestro en todas las artes del hurto y del engaño. copiando aquello que se admira. Prefería. las materias de leyes o los cánones. Seguramente ese afán de imitar a los modelos. el diablo ponía en ella semillas de ideas que iban fermentando poco a poco. Para engañar la espera. con todo. La paciencia es una virtud. asistía a algunas lecciones en diversas facultades. Tenía una risa falsa como de moneda sin valor.

Hablaba con admiración de él. interesantes las más. allá en Sevilla. 171 . Lo pillé un día saltando de mi cámara. originario de Toledo. al fin. lo convincente de su actuación y sus disculpas. y ya no lo solté. infortunadas algunas. Contó historias diversas. Aunque ladrón cogido por ladrón sólo merece desprecio. –Al fin estamos en pleno Renacimiento –me decía el muy ruin– donde florecen todas las artes y también las malas. la verdad con que mentía.Había estudiado en la escuela superior del hampa. excelsa Universidad del hurto. Tal vez me conmovió sobre todo al hablar de un Lázaro. donde se practicaba con refinado estilo todo tipo de trucos para allegar ganancias y sumar dineros. Sobre todo en las caídas. en efecto. y hasta una pizca de envidia. que allá había conocido. que me gustó su forma de negar. bellacas todas. Salió huyendo – me refirió un día– por no sé qué de justicia y acabó allí. no fue así esta vez. más de burlas que de veras. Y así era. Y es este oficio tan duro que hasta en la caída hay que tener recursos. naturalmente de oro. –Pareces conocerle bien– sugerí yo por hacerle hablar. atado a una cadena. que se practicaban por todo el país con exquisito gusto y sobrado afán.

ahora que me miraba con esa fijeza. Lázaros hay muchos. A lo mejor era el hijo pródigo que tanto había añorado. – Ganábase bien la vida. inconcreto. como yo quería. Si lo sabré yo. pero no muy conveniente de airear.Hizo un gesto amplio. –Tal vez no fuera él. No sé si confesaba o estaba poniéndose medallas. pues hasta los hampones tienes su código de honor y ese es uno de sus más sagrados principios.... por algunas palabras sueltas y testimonios de otros compañeros. Pero no logré que me hablara de él. –¿Tuviste algo que ver? –Le ayudé en lo que pude. Había algo en sus ojos. Sólo anécdotas. Tal vez fue una delación o muchas. –Despierto era y más listo que el diablo– concluyó.. Nada grave que le impidiera dormir a un canalla como él. desde luego –volví a lanzar el anzuelo por si lo tomaba. Pensé si no sería él mismo. Tuvo que huir al otro lado. que he hecho de ello el más perfecto camuflaje. aquel llamarme a veces “padre” 172 . Aquel sentir como yo y hasta admirarme. muchas anécdotas. No sé. despidiéndose de tal Lázaro.. No sé. Y la mejor forma de cubrirse es arropado en las historias. como de suficiencia. ni de las cosas que realmente interesaban. Le pedí más detalles que no supo o no quiso ofrecerme.. Parecía tener algo que callar. sobre todo si es uno mismo el que las cuenta.

. Seguramente era el corazón que hacía equivocarme. Tenía una agilidad envidiable en sus dedos. y al fin. que toda actividad necesita orden y organización todo negocio. Le llamábamos “El Músico” y no vea V. Le conté algunas cosas de su madre. Eso. ¿Por qué no podía hacer yo de maestro y protector de todas esas hermosas actividades tan abandonadas y perseguidas de los más poderosos. Actuaba yo de Rector procurando regir con discreción y eficacia. me veía en la cumbre. No saqué nada en limpio. cómo afinaba. Allí cuajó la idea definitiva. con el riesgo y retraso que ello significa? Estábamos en Alcalá. como esas serpientes que 173 . claro. Flaco más bien.para enfadarme. Contraté aún a otro “catedrático”. para ver si caía. especialista en diversas artes. Le pregunté de la suya. pero hay más intemperie en la pobreza de las calles desnudas.. Al cabo. y burlarse de mí y del parecido que algunos encontraban.M. El Renacimiento. ¿Por qué cada uno ha de aprender por sí. No había mejor sitio y allí decidí poner mi Escuela de estudios superiores. tenía unos ojos densos que clavaba en su víctima. dueño de mi propio negocio y la verdad es que se respira mejor desde allá arriba. lo olvidé todo. El caso es que hicimos sociedad. Le tendí algunas trampas. Algunos dicen que hace frío. Los movía con una precisión y una rapidez dignas de un virtuoso.

Enseñábamos todos los secretos del negocio como la fabricación. ejercitarse en el manejo. diseño y uso de las herramientas: palancas. pues siendo tan ardorosamente perseguido. Éramos. que es este. llaves falsas. Nuestros alumnos eran muy demandados y no les faltaba trabajo en las distintas bandas del país. estrategias de aproximación. que es ésta una virtud que sólo entre nosotros se aprecia en todo su valor. 174 . Y no era tan fácil salir airoso. sólo triunfan los mejores. de manera que en poco tiempo conseguimos algún prestigio en toda España. camuflaje y evasión. Nadie como los de la misma profesión para apreciar el mérito y él lo tenía. sellos. técnicas de guerra al fin. y una vez aprendidos. oficio difícil para el que hay que estar preparado. pues. no sé si por ladrón o por la ligereza del cuerpo o la limpieza de sus movimientos. También lo apodaban “el Gato”. Cada actuación suya nos parecía a todos un concierto sublime. alambres. exigentes con los títulos que dábamos. aplicadas a este otro tipo de conquista más inteligente.hipnotizan a sus presas. aunque muchos preferían ir por libres. Era un poeta del oficio. Cada uno había de construir sus propios útiles. Ayudábamos a elegir el objetivo más adecuado (un blanco o gil). rapidez operativa. Después habían de examinarse si querían recibir la acreditación correspondiente.

y vuestra maleta las sandalias. sin llamar la atención. –Andad de discretos. bien sea en el hablar o en el vestir. No llaméis la atención sobre vosotros. Vivid siempre de incógnito. –Negad. Tenedlas siempre a punto. –No hagáis ostentación de honores ni saquéis a la luz vuestras riquezas. Más que San Pedro. Uno es poco y tres una multitud. lo que haría al mundo miraros con sospecha. Fiad más del compañero que del cónyuge. pues atraeréis como el rayo las miradas de todos y no podréis obrar. –Estudiad el golpe antes de llevarlo a cabo. No improviséis jamás. Y no delatéis nunca a vuestro hermano. bien para actuar o para salir huyendo. Vuestro seguro son las piernas. –No digáis a nadie vuestro nombre. negad. – Estad siempre preparados.–No vayas nunca en solitario ni en grupo numeroso. –Guardad si podéis la compostura. Lo ideal es la pareja y medid bien la vuestra. 175 . Vestíos de perpetuo camuflaje. –Confesad sólo ante Dios y en caso ya de muerte. sobre todo. –Vestid decentemente y sin excesos. No vayáis desharrapados. Cuidad la sencillez.

–Sabed de simulacros y de afeites. Será a veces necesario usar de ellos. –Practicad con las manos, que estén ágiles; y también con los pies, que lo estén más. Nunca se sabe. A veces la libertad está en la huida y la vida en una carrera. –Estad siempre vigilantes: la mirada bien fina, el oído aguzado. Buscad la multitud para esconderos. Así iba cada día desgranando un sinfín de normas básicas que debían aprovecharles. Formaban toda una filosofía del vivir apurado, que algún día pensé recoger. Sirvan estas pocas, de muestra. Otras tardes les hablaba de nuestras cofradías o sindicatos donde siempre podrían buscar apoyo, justicia o consejo y hasta ayuda en casos de necesidad. Allí mismo organizamos alguno –Sevilla fue un buen modelo– y a su vez nosotros mismos servimos de ejemplo a otros. Estaba ya el reparto de los bienes fijado de antemano, lo cual evitaba muchas suspicacias. Hacíamos cinco partes, de las cuales tomaba una el que esto escribe, como cerebro y jefe de la empresa en que ponía el capital, las herramientas, mano de obra, riesgos y comercialización o venta del producto, lo que me producía no pequeñas preocupaciones y desvelos.

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Otra parte se llevaban a medias cada uno de las personas que formaban trinidad conmigo. Las tres restantes se repartían del siguiente modo: Una para financiar la cofradía de pobres y ladrones que habíamos fundado, y que ayudaban lo suyo: vigilando casas, ojeando haciendas, tanteando bolsas, revisando entradas, encontrando huecos o salidas. Era una información que valía muy bien lo que cobraban, amén de proteger este nuestro gremio tan aporreado y perseguido. Otro quinto también para la Iglesia. Nosotros lo ofrecíamos en misas y oraciones, en novenas y rosarios, en velas y limosnas para los pobres, en ejecuciones y entierros de los nuestros, que hacíamos cuanto nos era posible de solemnes. Y por fin, la última parte nos servía para comprar a jueces y abogados, que no sabe Vuesa Merced lo fácil que es comprarlos y lo caro que resulta pagarles. Yo mismo me encargaba personalmente de todos estos trabajos que eran sin cuento. Hacía los repartos, pero también preparaba los golpes con cuidado: trazaba planos de lugares, proyectos de obras, ensayos de la acción como en teatro. Todas las bellas artes estaban implicadas: El canto que servía de contraseña, la danza minuciosamente ejecutada del que ingresaba en prohibido por la noche, el mimo silencioso de sus gestos, la música total de la estrellas.

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Dos días por semana recibía a mis “ojos y oídos”, mis queridos mendigos, que me tenían informado, y muy bien, de cuanto ocurría en la ciudad y aun más allá. Había alquilado una casa retirada y discreta, lejos del mundo y su fárrago, como predicaban los antiguos. Allí recibía, y no siempre con sosiego, mis múltiples visitas, que no sabe V.M. cómo cuesta al príncipe y el tiempo que ha de gastar en regir su república. Cada día poníame en mi trono y con una vara de justicia en una mano y la pluma en la otra, dictaba sentencia a los que a mí llegaban de nuestra cofradía y aun de fuera, con pleitos o disputas. Había al fondo de aquella noble casa una cámara estrecha y retirada, en una de cuyas esquinas excavé un agujero o pequeña sepultura donde enterrar nuestro tesoro o nuestra vida, que venía a ser lo mismo. En caso de que hubiera algún registro, jamás toparían con él a no ser que supieran la historia de antemano. Allí guardaba el botín que luego repartía o hacía vender lejos. Con todo, una de las disciplinas de las que más me precio es la escuela de falsificación que levantamos. Teníamos de todo: talleres, imprentas, instrumentos y manos hábiles que podían copiar y confundir cualquier cédula, título o escrito. Podéis imaginar lo que fue aquello. Bien sospecháis que muchos de esos médicos que por ahí van matando con permiso del rey, en realidad, lo hacen con el nuestro. Y de jueces que no saben de leyes sino la del más fuerte, la aprendió de

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nosotros; o abogados que no saben leer sino sus honorarios, o clérigos que ignoran los mismos rudimentos del latín. Así sacamos doctores, licenciados, bachilleres, sabios, al fin, en trampas y en engaños. No hablo de otros títulos: campesinos que se hicieron hidalgos en un día; mercaderes que de pronto y por obra de una noche se vieron nobles sin dejar sus cofres de monedas ni negocios; conversos por siglos humillados que compraron su derecho a vivir entre cristianos. Gracias nos deben todos ellos, que un papel a tiempo es lo que importa. Son como las indulgencias esas que nos abren las puertas de los cielos. También hicimos bulas y dispensas en gran número, santos negocios de especulación donde se intenta vender el cielo en mínimas parcelas. Alguien se encargaba de colocar lejos de allí, por otras villas y pueblos, sin peligro. Yo pude enseñarles algún truco que aún tenía presente de aquel perverso amo, allá en mi adolescencia por tierras de Toledo. Nos hicimos también limosnas abundantes y donaciones cuantiosas a nombre de un convento que era nuestro, con tierras y con viñas, con ganados. Hasta incluso tocamos alguna que otra herencia. Nadie se hizo rico, es verdad, pero nadie pasó hambre en aquel tiempo. Vivíamos felices en esa “aurea mediocritas” que tanto proclamaban los antiguos, mas no sin esfuerzo, que nadie como el pícaro sabe cuán llena 179

y lo dábamos bendecido a los que más necesitaban. Aún hay gentes allá –estoy seguro– que recuerdan con agrado aquella historia. 180 . Y aquí me hizo una descripción precisa de mí mismo. Las noticias están corriendo a todas partes y llenando de preocupación a las autoridades. Quitábamos un poco de los ricos. y enseñando un oficio que permitía a cada quien ganarse la vida honradamente. Lo más importante. además. con un gobierno tan eficiente como el nuestro. Así me dijo y yo entendí que era llegada la hora. era la labor de justicia que hacíamos. a todas partes nuevas de lo que aquí ocurre y son muchos los que quieren seguir sus estudios en Alcalá. sin embargo. que no me hacían mérito.. tan famosa y estimada al parecer como la propia Salamanca. lo que al fin les sobraba. como es lo suyo. – Están llegando. mas seguramente era eso lo que ellos veían. repartiendo el dinero. Pero como todas las cosas que son buenas.está su vida de trabajos. Cuando pienso qué podíamos haber hecho en una España hambrienta. dejándolo rodar. Quise protestar algunos rasgos. acaban prontamente.. Un día vino a mí un juez amigo vino a mí un juez amigo que teníamos sobornado y discretamente me dio aviso: –Me han llegado noticias de Madrid sobre un tal. Son muchos los pobres y mendigos que cantan excelencias del lugar.

Reuní a la cofradía. les expuse mis temores y mi decisión de marchar lejos. 181 . Ellos podían hacer lo que quisieran. la sierra por medio. repartí las de todos y sin decir a nadie mi destino recalé en Segovia. Y sin pensarlo más. con muchos recuerdos. bastantes papeles y algunos dineros en mi bolsa. cogí mis cosas.

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a alimentar mi optimismo. Me dedicaba al oficio de falsificador. El mundo se me iba haciendo más pequeño y no estaba lejos el día. imitaba cédulas. falsificaba documentos. llevar a prisión a mi más enconado enemigo o nombrar heredero de lo que no me pertenecía a quien me pagara bien. nada contribuía.XII JORNADA XII La vida es una farsa hasta el final. de seguir así. pues. Mas aunque iba cambiando de paisajes y gentes y aumentando mi conocimiento de los mismos. de modo que podía encumbrar al más villano en un momento a la nobleza. sin embargo. en que no lograría acomodo en ningún sitio. Copiaba papeles. 183 . SEGOVIA Dejé. el cual seguí ejerciendo con suma discreción en esta ciudad adonde la justicia y la bondad divina había encaminado mis pasos. que nos empeñamos en representar con lágrimas. pues la maldad anida por igual en todas partes y todos somos hijos de los mismos pecados y padres de idénticos errores. Alcalá y busqué otra tierra y nuevo paraíso para mis tentaciones. No era más que un apéndice o prolongación inocente de mi anterior actividad.

pues los gobiernos pretendían cada vez más registrarlo todo por escrito para tener sometidos a sus ciudadanos.Ni que decir tiene que era un próspero negocio y lo sería aún más en el futuro. sabuesos éstos que los jueces lanzan por delante para levantar las piezas antes de disparar sobre ellas los arcabuces de sus leyes y sentencias. Yo mismo me hice conde un buen día en que me miré al espejo y me encontré digno de tal título. mas por precaución nunca llegué a usarlo y quedó dormido en el fondo de un cajón por si alguna vez…. dos piernas que siempre marchan a la par y si una de ellas falla. como creía merecer por mi trabajo. Ejercía por ello de discreto y solamente trabajaba para mí y algún encargo de confianza que se me ofrecía y cobraba bien. Me inventé cartas a mí dirigidas por muy nobles gentes. Tampoco era pequeño el riesgo que corría si la justicia se enteraba. pero sabía callar. Encargaba determinados trabajos finos a un grabador conocido que me cobraba bien. sellos. Me perseguiría con sus legajos. cojea el edificio y acaba por venirse al suelo. como es propio en este oficio. escudos y cualquier tipo de imagen o dibujo. nunca se sabe. De momento no podía sostener tal honor con mi fortuna. trazos.– cuántas puertas. 184 . las cuales enseñaba en los lugares apropiados y me abrían –no sabe V. Tenía gran habilidad para imitar letras.M.

Compreme un traje digno. procuraba acercarme a las viudas. me hice caballero que era menos sospechoso. En ambos lugares buscaba la compañía de otros caballeros y sobre todo de las damas. Dejábame ver en público. Con todo. indagando el tamaño de su luto. No era ningún mocosuelo. no era yo de la opinión de perder el tiempo en galanteo y otras necedades con que los más jóvenes emplean sus fuerzas con escaso beneficio. como era mi deber de ocioso. pero sin excederme. al paseo. alquilé un criado y púseme a hacer reverencias a las damas. que la mesura era el hábito que debía vestirme ahora. A las pocas semanas era conocido y estimado como el más honrado y cumplido señor de toda Segovia. queriendo acompasarme en las dos bases.Por eso. Procuraba sonreír apenas. 185 . a las cuales devolvía una mirada cómplice que no siempre se atrevían a recoger. que es terreno ya abonado. y por las tardes. mas aún me miraban y con buenos ojos algunas de ellas. y así se acrecentó mi honor con mi fortuna y engordó esta a la vera de aquella. Por eso. evitando enseñar una boca desdentada que echaría por tierra la posibilidad de cualquier conquista. Por las mañanas iba a oír misa en la iglesia mayor. inclinaciones a los caballeros y la puñeta a todos los inferiores como había ido aprendiendo con mis orgullosos amos. y aún más de sus posesiones.

que para ellos trabajaba. sino simple ramera que ejercía en un conocido burdel y los “padres putativos” respectivamente. los cuales. sus escudos. e "inopinadamente" – el muy truhán había preparado hasta los más mínimos detalles – nos topamos con los padres supuestos de la dama que amablemente nos invitaron a su casa haciéndonos ver sus muchas riquezas y títulos. de noble cuna y virtudes más que probadas. Todo había sido preparado para hacerme caer en la celada. Le recordé que algunas virtudes para seguir siéndolo no deben ser probadas. pocos días después me enteré de que aquélla no era precisamente doncella. Una joven. acabé por caer en sus embustes. ayudados del chiquillo. que es uno perro viejo y con el olfato bien adiestrado para las cosas podridas. tan rica… No podía ser tanta mi fortuna. Mas el muy bellaco jugaba con dos barajas y fiando de él. En fin. que apenas llegué a la ciudad había tomado a mi servicio. bellísima y muy rica. Mas algo olía mal. Y en efecto. el cual era muy hábil en meterse en casas y corrillos para extraer la información que requería.Disponía para ello de la ayuda de un joven criado. se valían de estas y otras más complejas artimañas para ganarse la vida y el pan que tan duro se nos pone a los de abajo. es el caso que un día me arrastró tras él. sus armas. tan hermosa. un chulo decadente y otra compañera más vieja del oficio. 186 . Un día me presentó a una joven dama soltera. con amplias posesiones en la Mancha.

la palabra hecha furia y mi mano levantada. que no sabe bien vuesa merced cómo los huérfanos devolvernos exagerados los pequeños afectos que nos tienden. pero sabía más de lo que era conveniente. callar este episodio. Tuve que perdonarlo. mas no dentro. pero la verdad es que finalmente me acordé de mí cuando era niño y alguna vez me equivocaba. en parte por decoro. No iba yo a ser yo tan duro de corazón como habían sido conmigo. la mejor justicia es la del cielo. sea por la mera supervivencia de una especie tan amenazada y perseguida como la nuestra. así que yo mismo me dispuse a poner en orden mis asuntos. entre nosotros. cuando de repente cayó postrado a mis pies. y el mejor juez el que no conocemos.No me ofendí sino con mi criado. el amor que mis amos me tenían. y además. que así me sirvió con lealtad y una pizca de cariño. según creo. asido firmemente su cabello. Quise contratar a unos matones profesionales para que le dieran un buen repaso. el más vil y vergonzoso de mi vida. por probar. Se puede y se debe engañar fuera. Así que lo cogí de nuevo a mi servicio y he de decir que no tuve más queja. Aun en los truhanes hay un código moral que cumplir. Me inducía a ello la mirada conspicua de las gentes que observaban. Bien quisiera al llegar a esta altura de mi narración. Pensé después dejárselo a la justicia. a lo que creo. que no es de ley que el acusado 187 . En ello estaba.

declare contra sí. pero el diablo. naturalmente. de pensar cómo era posible no haber escarmentado de esa cadena perpetua a que condenan a dos y encima lo celebran. señor de Villanueva y de Negrilla. levantaba haciendas sin esfuerzo. que aun hubo otro intento de medrar en mi fortuna a costa de otra mujer. por supuesto.y ante los blandos requiebros que en la carta se ofrecían. propúseme al principio no ocultar nada importante ni callar aun las cosas que menos bien me dejan. Cambié una vez más el nombre y mis señas. pues. Me hacía llamar ahora D.M. se empeña siempre en enredar la madeja. Mas con todo. Rodrigo. Utilicé estos datos que recordaba vagamente de cuando niño haber oído a mi madre. Pues verá. que podía ser la envidia de cualquier soberano. mas con tan negra fortuna que existía un tal Señor de dichas tierras. y me ahoga la vergüenza al recordarlo. Ni siquiera sabía que existiese un señor de tal lugar. y en parte también por no ofender a vuesa merced que así me ha protegido. No dejará V. con distintos títulos y nombres. que no tiene que hacer. Digo. todo falso. el cual había quedado viudo no hacía mucho . pues no costándome nada. Híceme cartas y títulos de tierras y otras propiedades. corrió 188 . natural de una comarca cercana a Salamanca donde tenía mi heredad. Todo iba bien hasta que un día mandara ella recado hacia tal sitio pidiendo información de mis orígenes.

No fue suficiente la burla con que fui burlado que aun al tiempo hubieron de lloverme nuevas amenazas. Pero poco tardaría en meterme en nuevos líos y perderme en más torcidos andurriales.hacia Segovia en busca de la dama que de tan lejos y por sus prendas había quedado herida. Después de coger algunas ropas y dineros y quemar muchos documentos. Es el hecho que me confirmó en la decisión ya estudiada de abandonar el lugar en busca de nuevas aventuras. Así es que las desgracias nunca vienen solas. salí de la villa y dirigí mis pasos a la Sierra. Se mostró familiar y dijo haber trabajado para mí en Alcalá y que estaba dispuesto a cooperar de nuevo si le daba tantos dineros como yo nunca vi juntos. Me buscaban 189 . –¿Y si no?– sondeé la firmeza de su decisión. con todo. bien podría utilizar otros medios indirectos. Pero el mal es muy sociable y se busca siempre amigos. pues también él tendría cosas que callar. esperando solamente me olvidaran. ¡Son tantas las vías y maneras de hacer daño! Y a la mayoría de los hombres les sobra imaginación. No creí que lo hiciera. La mente ociosa es el barbecho donde más a gusto siembra el diablo. como buen ciudadano– añadió el bellaco. –Avisaré a la Justicia. Un día llegó a mí un extraño individuo con aspecto de sospecha.

la fortuna en el bolsillo y la patria dentro del estómago. Lo bueno de los pícaros es que siempre llevan la casa en los zapatos. Tampoco me olvidaban en Toledo. Ahí cazaba bien entre sus gentes. No sabía orientarme y hasta me fallaba la brújula de la intuición que tanto me ayudaba en los poblados. que era yo celebrado en múltiples lugares y creo que la justicia me buscaba para alzarme como ejemplo. aunque ignoraba si podría aguantar allí por mucho tiempo. La montaña era un buen sitio. ahora en Segovia. Aquella misma tarde me alejé cuanto pude y entré en la montaña. En fin. en Alcalá. Caía ya la noche cuando encontré un pobre refugio entre dos rocas y allí me fui a dormir oyendo a lo lejos el aullido de los lobos. Retireme pues del mundo por un tiempo. alcanzando las primeras estribaciones.en Madrid. de peligros. Me sabía hombre de ciudad y comprendía que no era otro mi territorio. Me costaría adaptarme al campo tan lleno de amenazas. viviendo en el desecho que deja la opulencia. Y un buen día me fui detrás de Alguien. de otras luchas que no sabía luchar. como otros se habían adentrado en el desierto. 190 . Mas nunca he pretendido ser yo mártir ni padecer persecución por culpa de la misma. Aún tuve que caminar varias horas por infames vericuetos. Escogí la Sierra. donde debí perderme muchas veces.

que a la vez que mancha todo. que a mí se me sueltan al instante las junturas. mitad hombre. el vino. Les comenté que iba recogiendo hierbas por el monte. nada bravos y al parecer inexpertos. pues no era nada ducho en la Botánica y me hubieran descubierto enseguida si hubieran sospechado. que hace pasar más fácilmente algunas bolas. sobre todo. debió de convencerles y. También ellos hablaron. sacaron sus botas de vino y se les soltó la lengua. todavía digno. Buscaban un extraño ser. Era una mentira peligrosa.Una tarde me topé sin querer con una extraña partida de cazadores que decían andar a jabalíes. en cuanto huelo la civilización y sus mayores méritos. cuando abrieron sus tarteras. también todo lo borra. que no hay confesor mejor que el tinto ni pecado más ligero. Para unos era un fantasma o espíritu de algún caminante asesinado que se dedicaba a 191 . que tenía aterrorizadas aquellas regiones. Parecían otra cosa y así lo confesaron al rato. Corrían versiones muy diferentes y hasta contradictorias. pero no era creíble. emplastes o bien otros remedios. habían de servirme para elaborar pócimas. pues llevaban sólo dos perrillos pequeños. a veces me subía hasta allá arriba en busca de especies que luego maceradas o dispuestas de otras varias maneras. cual era aquel líquido rojizo que teñía de buen humor hasta el cansancio. pero mi atuendo. que siendo físico. mitad animal. Me uní en seguida a ellos haciéndome invitado.

Tenía tres o cuatro esclavos que la servían. Otros decían que era un ser monstruoso con cara de mujer. les arranca el corazón y luego las devora – comentó de nuevo el joven. Un mozo robusto de unos veinte años habló de una bruja o trasgo que recorría la sierra más al sur. Tal vez venían acosadas por la Santa Hermandad y huían de allá abajo buscando nuevos refugios. –Dicen que sacrifica a sus víctimas. Algunas se le habían unido y formaban ya una banda muy peligrosa. como si temiera le fueran a oír los espíritus de la montaña. por tierras ya de Salamanca o Cáceres. garras de león y cuerpo de serpiente que dejaba petrificado a quien la miraba. con aspecto decidido y nada propenso a fantasías. recio y chaparro. matar y saltear. un hombre de mediana edad. –Nunca habían llegado tan al norte ni corrido noticias tan preocupantes. Se dedicaban a robar. al decir de las autoridades. matando a cuanto varón se encontraba en su camino. bajando la voz.asustar a todo transeúnte. 192 . Vivía en la montaña y no bajaba a los poblados sino para abastecerse o por razones de venganza u honor. sembrando el terror por toda la región. Así dijo el que parecía ser el jefe. Todas las damas burladas de la zona le mandaban recado de su ofensa y ella se encargaba de ejecutar la justicia por su mano.

los ojos perdidos en la distancia. –El caso es que desde entonces recorre la sierra y se dedica a hacer justicia a otras mujeres. monstruo 193 . –Que te quedaste dormido. A tu edad se duerme mucho y se sueña demasiado. animal. mujer. quedó con él una noche en una última cita y allí mismo sin mediar palabra. calló ensimismado. la cual recita una y otra vez aquella historia . Al llegar.–No hay que creerlo todo – añadió un tercero que seguía el relato como distraído. al arrimo de unos álamos que también me hablaban. despechada y ofendida. que puede escuchar perfectamente los días de verano todo aquel que guarda un poco de paz y de silencio en su interior. De esta guisa lo encontraron al siguiente día. muerto . viendo fluir el agua. si hombre. le quitó la vida. –¿Y es esa la mujer que andáis buscando? –En realidad –concluyó el capataz–no sabemos qué andamos buscando. de modo que no son pocos los galanes que ahora miden sus palabras y sus hechos. burlada por el hombre al que amaba y con el que se iba a casar. –Yo soy de aquellas tierras y allí escuché durante una larga siesta de julio esa leyenda. junto a una acequia. le arrancó después el corazón y se lo metió en la boca. –Dicen que un día. aquí.

caminando a cuatro patas. 194 . sabremos qué hemos matado. – Tal vez mañana mismo topemos con él. le había curado. Pedí más detalles que no supieron ofreceérme. cuando lo matemos. y a veces se rebelaba airada contra los que en ella se adentraban para profanarla. aunque menos acabadas. todavía más fantásticas. Se decía también que acaso fuera el espíritu de la montaña. Alguno confirmaba que estando extraviado. sin dar salida a mis temores. alimentado y salvado. lo sabremos. Procuré sonsacarles cuanto pude. la vida. al fin. caminando a cuatro patas. Todo muy profesional –pensé para mí. Leyendas. –Vive en una cueva con algo de ganado y es ciego o tiene un solo ojo. herido y a punto de morir. tenía que ser él. Me dijeron que le habían visto últimamente no muy lejos de allí a pocas leguas a poniente. Tenía que ser él. Pero algo me llamaba la atención de aquella historia: un ser aparentemente humano. Algo se alborotaba con todo en mi memoria. Cuando lo cacemos. pensé yo. que a veces protegía.o fantasma. un extraño animal de aspecto horrible. Sólo leyendas. Pero bien podían ser – notaban otros– señales de la fiebre o del terror. sí. Pero había otras historias.

como un náufrago en el centro del océano. No seguí escuchando. mi buen amigo Alguien. sí. magulladas las piernas. la cara deshecha de cansancio. seguí andando y andando en la misma dirección. salí corriendo. solo. Observé la herida y vi que era mortal. Le había tocado el corazón. En la fría mañana de niebla y tiritona oí un seco disparo que venía de mi izquierda.. mas no había estrellas que guiaran mis caritativos pasos. soltó en chorro su sonrisa y abrió el grifo delicado de su voz: 195 . que sin duda no era el mío. Allí estaba de nuevo la realidad mitificada.¡Oh Dios! No podía ser. fui a perderme del todo en aquel medio. ¿En qué te han convertido. viejo amigo? –¿Lo matarían? –Y arrancarían su cabeza y la expondrían como trofeo en la plaza pública y venderían su piel y. me desvié hacia el sur. pero allí estaba Él. Me miró con una lluvia de ternura en los ojos. enfilé enseguida hacia el oeste y anduve. hiriéndome entre espinos y jarales. Temblando de inquietud.. Otra vez a cuestas con el feo Polifemo. sangrándole el pecho. Es el caso que habiendo caminado sin parar toda la noche. me alejé de allí y dando un rodeo. Llegué tarde. Tardé aún un rato. llegué muy tarde. anduve hasta las puertas de la noche y cuando éstas se cerraron. Pretextando la llegada de la noche. así creía.

En efecto se iba y se venía su consciencia. Y la tierra se hinchará un poquito más. De ahí un paso a todas las leyendas. Pesaba muy poco. Sentía una tristeza más grande que yo mismo. Lo cogí entre mis brazos como a un niño. –Debieron creerme muerto. pues en seguida añadió: –¿Cómo estás. Y se fue otro rato lejos. Parece que vivir es ir soltando amarras. No lo sé. dándole un aspecto de lo más extravagante. Perdía a ratos el conocimiento para regresar al poco. al reino de la nada. a la realidad o a otros sueños. mientras me dirigía con él hacia su cueva.–El río llega al mar. Miré su aspecto. 196 . –Pero vi su cara– añadió. Llevaba una barba sucia y un larguísimo cabello todo blanco. hasta que el corazón al fin navega solo haciendo agua. El bote arriba a puerto. querido Lázaro? Tampoco respondí. Debí poner cara de pasmo. como siempre descuidado. No era extraño que lo hubieran confundido con una fiera salvaje o monstruo mitológico a él. que hacían inapreciables los rasgos de su cara. Era un leve pajarillo a punto de volar. el más humano de los hombres. Pendía de sus hombros un mantón o amplia capa de pieles de diferentes formas y tonalidades que había ido cosiendo a retazos una a una.

–¿Sabes. No había nada que hacer. violan.Lo miré con preocupación. Le puse la mano en la frente. Forman una banda de número impreciso que roban. La cueva era espaciosa y elevada. Vendrían seguramente de sus sueños. Se entraba por una boca estrecha y alargada. Suficiente para dar paso a un cuerpo de perfil. pasaba gran parte de su vida. Allí le había alcanzado aquel disparo. –Por ahí anda tu señora asaltando caminos y robando hogares y haciendas de pobres campesinos o activos comerciantes que recorren estas rutas peligrosas. asesinan. aunque yo no oía aquellos perros. un amplio salón irregular.. Se delataba por el tizne de las paredes ennegrecidas por el humo. Allí hacía el fuego. tenía fiebre y estaba perdiendo mucha sangre. Y al frente de ellos… Debí poner cara de estúpido. Sí. Cambié el vendaje que se hallaba empapado de sangre y esperé.. bastante iluminado. a quién debo este favor? Y calló un rato. Desde fuera apenas si era apreciable. solo una larga grieta en el muro. mi amigo. Le interrogué con la vista ansiosamente. 197 . –¿No oyes los ladridos de los perros? Volvía en sí otra vez. cocinaba.

Jamás me han molestado. mas yo no había venido de tan lejos para salir ahora huyendo. Y entonces hablé yo. Un golpe de tos le cortó el hilo del discurso y me llenó todo de sangre. Quizás tenía razón. No le convenía hablar. –¿Qué ha sido de tu vida. Me traen a veces cosas que preciso y otras muchas que para nada necesito. Lázaro?– pudo añadir apenas. –Muchos campesinos de aquí cerca me conocen. Además era inocente. –Oigo ladrar los perros. –Deberías irte. A ella personalmente debo esta última condecoración. pero parecía que se le hubiese soltado la lengua. Seguramente sus sentidos estaban mucho más afinados o tal vez fueran las alucinaciones de la fiebre. sólo por quitarle aquel último esfuerzo. ¿Sería la partida que lo andaba buscando y que estaba ya más cerca? Yo no oía nada. Le empecé a contar mi vida desde el punto aquel en que habíamos separado nuestros pasos. Pero aún me interrumpió para prevenirme.–Exactamente –prosiguió él– tu adorable señora. Me señalaba burlonamente la grande y redonda medalla roja que adornaba su pecho. mi buen amigo. 198 .

con esta bufa historia de mi vida. Así venían éstas a mis ojos. No le hice caso. ¿Cómo era posible?. mientras veía los suyos sonriendo con oscura malicia. me decía a mí mismo. nada serias. el muy truhán. Debía dolerle aquella grave herida. que al contarla.M. Y así fue como acabó: con un golpe de tos o de risa. que la vida es una farsa hasta el final. De aquella situación extraña me sacó el tumulto de gentes que en un momento me rodearon apuntando amenazantes con sus armas. 199 . también a mí me estaba haciendo gracia? No he visto otra muerte más graciosa y no vea V. mas un vivir tan duro le había templado el ánimo y curtido la recia voluntad. Reíamos los dos con ganas. que se quedó sin aliento.–Tendrás problemas. que nos empeñamos en representar con lágrimas. cuántas de ellas he tenido que empujar a los abismos. parecía pasarlo bien. ¿Cómo iba a dejarlo en tal estado? Y allí me quedé escuchando sus últimas palabras. de modo que no le oía quejarse. ¿Pues no se estaba riendo. de puro ridícula. Es más.

200 .

El caso es que creí a cada vez que empezaba de cero. la noticia de la muerte del emperador y se ha extendido en seguida como pólvora por todos los cristianos. Sea el batallar continuo contra enemigos en todos los lugares.. inaugurando a cada paso nuevos paraísos. lo acabábamos nosotros de inventar. aquella entrada suya triunfal en Toledo. de ir abriendo puertas. Se han llenado las iglesias de gentes que rezan por su alma con entrega. 201 . viajero y luchador. que al fin no somos. glorioso como yo mismo. Sea aquel nacer los dos con el siglo. que todo tiene su tasa y cada uno su proporción. no en Flandes. Hasta en este retiro final se siguen nuestras líneas: él en Yuste. que había muchas cosas que estrenar y todo lo que hacíamos las gentes de mi generación era reciente. para hacer cortes. como yo. sino vidas paralelas. ni Alemania. también entonces en mi cima. Acaba de llegar. empezando caminos diferentes. cuando esto escribo.. Seguramente es parte de la época en que me ha tocado vivir o engaño común de la propia ignorancia. Plutarco lo diría. sino en la más breve geografía de Castilla.DESCANSO VI He ido por la vida con la sensación. Es el rumor más sobrado. siempre creciente.. Nos han unido a ambos y nos unen todavía tantas cosas. yo aquí. la conversación más común.

se van finalmente cumpliendo: la suya ya lo hizo. con el Santo Oficio alerta. 202 . bien lo sé. seres libres alzados de sus tumbas y sean finalmente juzgados con arreglo a la más estricta justicia . ni podando casi todo. nos retiraremos algún tiempo y. un nuevo juicio final para los resucitados. nuestras vidas paralelas. y por mí. La pretendo completamente mía con todos mis aciertos y todos mis errores. No quiero que en esta segunda se repita. Estoy ya preparado. Tan sólo pido un tiempo para rematar esta pequeña biografía. pero un día cobrarán sentido. la mía no tardará. Se sabrá algún día. hermano. cuyo destino está ya pensado. a pesar de vuestros consejos. Ya veremos. También yo he rezado por él. Sé que lo entenderéis y bien. Así se hizo en la primera. añadiéndole postizos que la afean. No quiero que se vuelva a cercenar en partes. sin los prejuicios y arbitrariedades que ahora triunfan. Por eso. a arrancarle miembros. Puede que estas palabras suenen mágicas ahora. bien seguro. decidido su devenir. pues sois un hombre sabio y comprensivo. cercenando la censura hasta cosas inocentes. ¿quién sabe? Tal vez un día la hermosa planta de la libertad germine en nuestro mundo y haya nuevas oportunidades. Para eso me he tomado algunas molestias. No es éste el momento. No pasaríamos el examen.en esta Salamanca que me vio nacer y me verá también morir. No es ahora el momento de fijar detalles. que siendo nuestros destinos gemelos. acaso. La quiero entera.

¿qué razones tenía para salir del grupo la víspera. – Y si no. Tenía ciertas dotes de persuasión y algunos dineros.XIII JORNADA DECIMOTERCERA La agitación no es buena al vino viejo. tenemos otros medios. casi al anochecer y con tanta premura? Había puntos oscuros. Acabaría confesando de igual modo. Y si encima llegaban noticias de Toledo o de Madrid o de Alcalá o de Segovia. ¿Hacían falta más pruebas? ¿El arma? La habría arrojado lejos o entregado a algún compinche... ¿Por qué iban a buscarla? Y además. mi situación se pondría aun peor. 203 .. Y así me cogieron y así me condenaron. así que pacté con ellos una dura condena a galeras.. Me habían atrapado en plena acción. que aún pudo ser peor. hacían mucho bulto. – ¿Te niegas a admitirlo? – ¡Cómo no! Confiteor deo. pero no estaba dispuesto a pasar de nuevo por aquel trance. Era sin duda el terrible asesino que buscaban. Ya lo creo que los tenían. pero puestos a acumular circunstancias. manchado de sangre y con un cadáver en las manos.

empujando la pesada nave del estado.Cinco años trabajando al servicio del rey. en casita. era un trabajo digno de Lázaro. que era más grande y menos exigente. El caso es que era llegado el momento de cambiar de aires. –Tú eres un ejemplo de superviviente. Pero ya no era un jovencito y con los hábitos cambiados. La mar es una gran madre. que no escupe de sí a ninguno de 204 . De los sitios que me iban echando. pues la tierra se me iba quedando ya pequeña. empeñado desde su sabiduría en ayudar a los poderosos. los entusiasmos abatidos y las fuerzas flacas. –Aunque a partir de una edad– decía mi señor– donde mejor. Y es que habían empezado en mi interior a dialogar entre ellos. –Pero la resignación es una virtud cristiana –terciaba el avaro clérigo– y tú debes empezar a practicar alguna. A la vista estaba toda aquella chusma. En mi caso. no aguantaría tan dura penitencia. De toda situación hay que sacar siempre lo mejor. a pesar de tantos naufragios. presta como yo mismo a embarcar en la aventura. podría al fin saciar mis antiguos anhelos viajeros visitando otros países. Me quedaba la mar. –La agitación no es buena al vino viejo –agregaba mi ciego. pronto no tendría a donde ir. Lázaro.

incluso los más pródigos o precisamente acoge mejor a los más pródigos. por donde se van perdiendo cosas. sino espantar a voces nuestros miedos? A más de una mozuela le vi sangrar de pena el corazón. despierta. al vernos de tal guisa. – ¡Ay! Toma en adelanto mis sortijas. Las gentes nos miraban: con recelo unos. Alguno se quedaba rezagado. igual que el polvo.y no entendían la alegría de nuestros cantos que al igual que nosotros. Y hacíamos sonar las cadenas en las manos. Atravesamos uncidos en una larga cordada buena parte de Castilla y toda Andalucía cargados de joyas que apenas nos dejaban lucir: recias cadenas que como heráldicas trompetas o campanas en vísperas. alegrándonos a la par el nuestro.. dejando la vida por ahí flotando. curiosos todos. llenas de música. iban anunciando nuestra solemnísima presencia. ¿Qué íbamos a hacer.. insultándonos los más. 205 . compadecidos menos. –Basta de cháchara –nos bendecía con su látigo el capitán. Pero un nuevo latigazo nos volvía a la vida. – ¿Te casarás conmigo? _Tal vez cuando vuelvas. –Lázaro. dejábamos rodar por los caminos. dejando la unión santificada.sus hijos. mirando hacia atrás.

–Te conozco. Volví a mirar su rostro canallesco. Unos y otros necesitan guardias. –Nunca estuve en Toledo –mentí. Había algo reconocible allá en el fondo. –No hay mucha diferencia.Sabía mi nombre. una vez condenado. Se quedó un momento sorprendido. Aunque. –Yo te escolté alguna vez por sus calles. –Yo no tengo pecados– respondí con ira. aquellos para apuntalar sus crímenes. —Lo miré con atención. importa poco. Aunque fuera para insultar. pero no me recordaba a nadie—. Mi pasado podía ser mi enemigo. no confieses a cualquiera tus pecados– dejó resbalar. así es. Allí eras muy famoso. –O ladrón. el rincón de infierno en el que caes. Callé. Y la verdad. Ese nombre era una trampa. Pero no entendió nada. 206 . y no era poco. –Como a príncipe. mas al fin se resolvió en una estruendosa carcajada y un cumplido latigazo. –Por eso estás aquí –volvió a reír de nuevo. satisfecho de su ingenio. maldiciendo su risa. éstos para castigar sus faltas. De Toledo. la verdad. –Di que sí.

Al fin. Y se marchó rubricando sus palabras con otro golpe de látigo que me dejó escritas las costillas y la boca cargada de maldiciones que no daban tiempo a salir. –Un gran estercolero. llegamos anhelantes a Sevilla. en el fango–predicaba el buldero. un día. El mar galante estiraba allí su brazo en un Guadalquivir poblado de veleros. aunque agotados. –Los más grandes tesoros. en tan oscuras aguas. si mis manos pudieran bracear. fugitivos y fáciles medradores. Si tuviera tiempo y mejor ocasión. Compostela de vagos. allí echaría mis redes seguro de sacar un sobrado botín. muñidor de todas las Españas. Él sí que tenía razón.–Una injusticia. –Di que sí. Sevilla era la Meca de todos los buscones. La Torre del Oro vigilaba aquella loca danza de remos y de velas. tan llenas de peligros. como ya lo hacían mis ojos. 207 . atrapando la ciudad y sacándola a bailar con el Océano. capital de pícaros y corazón de cuantos su ambición o tal vez su desespero había sacado de sus casillas y arrojado a la procelosas aguas de la codicia. Como tiburón hambriento –pensé con la nostalgia de lo que no es– habría cobrado allí muy ricas presas. El mundo es una mierda.

recio el trabajo. ¡Cuando estuviera libre! ¡Oh esos sueños que el alma construye cuando el cuerpo más aprieta! No hubo tiempo de disfrutar tanto descanso. El rencor es muy fuerte. Los días eran largos. Eran los más firmes. que imprescindibles como éramos en el servicio de su Majestad. las olas. Hablábamos siempre de ello como si fuera una enfermedad. en seguida reclamaron nuestro concurso para empujar la nave del estado y ayudar al gobierno de la patria. Canallas con aspecto de canalla a los que el odio alimentaba para seguir resistiendo. Me agradaba el lugar e hice promesa de volver. Aguantaban con odio el odio. cuando estuviera bueno. Alguien se puso a cantar con voz de queja. También el odio explica casi todo. Y eso era. 208 . enemigos todos del emperador. Yo mismo empezaba a darle nuevo sentido a mi vida llenándola de odio. ¿Qué hombre puede soportar tales calamidades durante largo tiempo? Había gigantones que se venían abajo en la soledad dura del remo. la comida corta. inseguro el descanso. lo cual nos ayudaba a resistir. los turcos y hasta con nuestros propios amos. la crueldad con su propia crueldad.– ¡Ay!– salió un suspiro hondo cargado de imposibles. Y todos al fin nos volvíamos como ellos. Pronto nos vimos luchando con los elementos.

En la parte inferior. Unidos a las flautas de los arcabuces y los violines de los ballesteros. al menos lo asustaban y nos llenaban a nosotros de terror. el silbido del látigo y el azote restallante de las olas contra el casco. Veinticuatro remos por banda y cinco hombres por remo. Allí se alzaba el cómitre. por el centro un estrecho pasillo o crujía que comunicaba los extremos de la nave. sembrando de espanto toda la galera. en verdad. varios cañones asomaban sus agudas narices casi siempre resfriadas y estruendosas. una gran orquesta. los gongos del cómitre al marcar el ritmo. corría todo a lo largo. el rechinar del remo.Era una hermosa nave de unos treinta metros de eslora y casi seis de manga. unos larguísimos palillos con que batíamos en perfecta armonía el viejo tambor del mar. un corrido entablado que nos separaba de marineros y soldados 209 . Desde entrambos castillos. que si no acertaban demasiado al enemigo. a proa y a popa. bajo cubierta. adornados de feroces cañones y no menos terribles arcabuceros. Había tantas bajas por accidentes nuestros como por golpes del enemigo. Sonaban las cadenas. Por encima de nosotros se alzaba la cubierta. los gritos y las voces arriba de los frágiles soldados. formábamos. que con sus golpes ponía el ritmo a nuestros instrumentos. con dos velas latina y dos castillos en los extremos. pues a menudo estallaban sus armas con estruendo.

Sirviendo de protección. ese don inexcusable. y el cocinero. Esta fue “La Graciosa”. ¿no humanos? Y otras cosas. Pero consuélate. porque nuestro rancho no es mejor. Nada cobrábamos por ello. 210 . harina. húmedo y a menudo irrespirable. nave en que durante varios años hube de recorrer el ancho mundo. sólo Dios entiende. Ignoro de qué podía estar hecha aquella pasta espesa y apestosa: gachas. legumbres. –Creo que tampoco. –Y el cocinero. Dos veces al día nos llovía un maná asqueroso que digeríamos como si fuera el más sabroso manjar. también de cárcel. No sé. que si no fuera de necesidad. Tan sólo luchábamos por la comida. padre. Se necesitaban serios ministros y fieles servidores que empujaran con decisión la pesada nave del estado. espinas de pescado. por igual perdonaríamos no haciendo gravoso nuestro sustento a las ya de por sí muy flacas arcas del país. Allí permanecíamos enclaustrados en un mundo oscuro. En su magma flotaban cadáveres. a los cautivos galeotes. Una vez le preguntamos al capellán sobre tan arcano asunto y no supo responder. de los misterios. Y todo con generosidad y desinteresadamente como ha de hacer la gente bien nacida. ayudando a la Religión y sirviendo a Su Majestad con todas mis fuerzas. –Hijo. excepto algunos golpes que nos llovían de arriba.

El caso es que olía mal y sabía mucho peor. sea solo por intentar descubrir sus misterios. –Siempre hay que respetar las leyes de la guerra y no matar más de lo normal ni usar armas secretas. especialmente en invierno o cuando el temporal revolvía la mar hasta enfadarla. Con todo. los barriles de agua o vino. la pólvora. Pensamos en utilizarlo de munición contra el enemigo. sino pútridos olores a pescado. Cegados en la sentina oscura y maloliente. Cuando el viento amainaba o llegaba el peligro en forma de barcos enemigos. Pero no quiso el capitán. no son imágenes lo que percibo. echábamos todas nuestras fuerzas sobre el remo. Parece como si los días se hubieran fundido en una densa masa pegajosa. Cargábamos los fardos. lográbamos distraer alguna pieza con que alegrar el diente por un día. 211 . Entonces limpiábamos la nave. Cuando el viento soplaba a favor. que era todo un caballero. Pasábamos también tiempos en tierra. soltábamos los remos. llegó a ser la comida el momento más esperado. desplegábamos las velas y nos dejábamos llevar entre sus brazos. Recuerdo pocas cosas de esos años. muy pocas. la lijábamos… dejando todo a punto. Algunas vías de agua se taparon con aquella densa masa y de tal modo que no volvieron nunca a abrirse. las balas. los sacos de harina y otras provisiones. A veces.

Echábamos de menos la familia. españolas las más. el barco quejándose en sus juntas y el golpeo del cómitre poniendo ritmo a las olas.. a sudor…y sonidos. tú no tienes familia.. justo al extremo. nos abrimos de más. Lázaro. Marchábamos un día en formación una pequeña escuadra de naves cristianas. impulsados por un golpe de viento. la vela que nos hacía volar aun más que el viento. napolitanas algunas. Pasaron a cuchillo a los soldados y nosotros fuimos obligados a remar ahora para ellos. cuando en un viraje para afrontar la costa siciliana. 212 . Una nave corsaria más ligera que la nuestra apareció de pronto en nuestro flanco y a pesar de los esfuerzos acabó por abordarnos. –Pero.a vómito. También algunos hechos de armas contra las naves turcas que pirateaban el Mediterráneo. esa ancla que nos sujetaba. preparándome al fin a la oscuridad definitiva. Iba la nuestra en el ala derecha. –Por eso. Perdí mucha visión aquellos años y como rata fuime acostumbrando a la penumbra. El mar siempre era el mismo y aburrido el vientre siempre igual de una galera. también sonidos: el remo batiendo acompasado. y perdimos el contacto con el grueso de la formación.

que seguíamos cautivos sin saber cuándo acabaría la condena.No varió en nada nuestra situación. al parecer. No eran aquéllos mejores que los cristianos. allí estaban las muescas en el remo– resulta que se te cae el cielo encima con todas sus estrellas. Él fue el primero en ser sacrificado. Mas los negocios son los negocios– así me replicaron–. Era una orquesta 213 . aunque el tono siguiera siendo el mismo. Decía un viejo amigo de aquella época que lo bueno de viajar es que se aprenden idiomas. Solamente habíamos cambiado los dueños y con ellos los insultos que ahora sonaban de una manera ligeramente nueva. ¡Si hubiera sabido entonces lo que el destino iba a depararme! Les propuse pasarme a su religión si aquello iba a librarme de la odiosa condena. hacía más robustas las creencias. Y renegado o no debería seguir atado al remo. Yo he aprendido a insultar de todas las maneras. En fin. Uno tiene derecho a ser cobarde. –Perseverad y no temáis— nos animaba el pater – porque Dios premia a sus fieles con largueza. ¡Oh Dios! Cuando estás ya tocando el cielo con las manos– tres meses tan sólo me restaban. De nada valían mis tretas de otros amos a quienes juzgué crueles. Cambiamos la letra –ahora en turco– pero la canción seguía siendo la misma e igual el ritmo. que eso.

moderatos. andantinos. pronunciando mantras. la pobreza. hasta que finalmente se calmaba o se le acababan los santos. Estaba entre nosotros un joven extremeño. Dejad aquí toda esperanza. a la que maldecíamos en italiano. durante largo rato. Pero era inútil. dueño y señor de 214 . pues conoce bien todos los idiomas y países. afirmándonos una y otra vez en la causa universal de todos los males. A cualquier contrariedad volvía a empezar su rosario de misterios siempre dolorosos. siciliano. allegrettos (más bien pocos). para que no nos lo tuviera en cuenta. También vivía entre nosotros un tal Enzo. largos y pausados otros (en desfile). ¿qué otra cosa podía hacer? Y continuaba después la letanía. que cuando se enfadaba empezaba a rezar letanías al revés. bajando santos. cuyo responso le hacíamos nosotros: Porca miseria. Era la última rueda del infierno. mas no sin esperanza. Se puede vivir con casi nada. Aún escucho a veces por las noches la voz triste y dolorida de un joven piamontés que soltaba a mi lado hermosísimas canciones de su tierra en una lengua extraña que empezamos a amar porque la hicimos nuestro. Y aquélla empezaba a huir espantada por tantos golpes. Había matado con saña a su patrón.e interpretábamos todo tipo de sinfonías y movimientos: lentos unos(a ritmo de arribada).

Digo con esto. la cual pausadamente vino a posarse en el pequeño ventanuco que ventilaba algo la sentina hedionda en que vivíamos hacinados. sino sus bien fundados conocimientos de la tierra y de sus seres. que no era un ser precisamente blando. que así llamábamos al joven. Bajó hasta nosotros y volando sobre nuestras asombradas cabezas. una tarde apareció sobre nosotros una hermosa gaviota. Los días eran más claros. las noches más pequeñas. se quedó a vivir entre nosotros. incluso los humanos. Después llegó a hacerse tan habitual esa visita que cada tarde esperábamos anhelantes su llegada. Aquel ojo era siempre un rayo de esperanza que iluminaba un poco nuestra oscura existencia. Rómulo era el padre. pero todos hacíamos de padrinos. Pero no era eso lo que de verdad nos asombraba. Siempre me ha sorprendido que cosas tan pequeñas puedan significar tanto y píldoras diminutas produzcan efectos tan poderosos. Le guardábamos siempre algo de nuestra mísera comida.haciendas y personas. una más en un negro rosario de desdichas. Gentes que habían matado a otras 215 . vino a posarse suavemente sobre el hombro de Rómulo. Amaba a los animales. lo cual no es poco decir en estas épocas. como si se tratara de una visión que nunca nos acabáramos de creer. Pues bien. mas tenía ese don espiritual de comunicarse con todos los seres. alejada seguramente de la playa. porfiando cada cual en servírsela en persona. Aunque era nauseabunda. Un día nos contó su negra historia. no nos lo tuvo en cuenta y un buen día.

dejó regados por la nave un sinnúmero de heridos y dos muertos: el capitán y Rómulo. de brazos extendidos y amenazas. Se levantó al instante un tumulto de remos y cadenas. ni un rasguño —certificó mi compañero. protegido como estaba tras una de las cuadernas. le torció el cuello. Pero al poco un alfanje que sale de algún sitio y le atraviesa el pecho. Todos ayudamos. Incluso yo recibí alguno sin querer. –Es que yo creo en los milagros. el mejor sitio para ver el espectáculo. y la sangre que no dejaba de correr. Llovían por doquier los golpes de látigos y lanzas. Un mal día. Con la necia disculpa de que mermaba la eficiencia distrayéndonos el rumbo. Y la vida que sigue.gentes sin vacilar. 216 . Cuando el cielo escampó. cayendo inerte sobre el banco de condena. ante la mirada aterrada y a la vez aterradora de todos los galeotes. Los compañeros comentaban: –Y tú. cogió al pobre animal de un manotazo y sin mediar palabra. Lázaro. Otra historia de bien que acaba mal. hubieran hecho lo imposible por aquel animal. Rómulo que agarra al capitán y le retuerce el cuello de la misma manera que habían hecho con su frágil gaviota. el capitán vio la escena y le pareció más propia de débiles y flacas mujercillas –así lo dijo– que de fieros y crueles convictos como debíamos ser nosotros.

– ¿Y tú. la cara tumefacta. Calló un momento como si reflexionara y fue a salir por donde no podía seguirle –Me gustaría ser cómo tú. Lázaro? –Intentaba comprenderlos. Lázaro –A mí no –corté rápidamente. Y nos dedicamos a cultivar la perla que acababa de nacer en el interior. Pero es un error dejar a un hombre sin apoyo. echándonos a suerte y a modo de escarmiento o de espectáculo. Y así ocurrió: cada mirada era un crimen. y cada gesto una provocación. Así descubrimos un día que éramos hombres. Era la forma que teníamos de sentirnos libres. libres. no sé bien. 217 . Ahorcaron a tres de entre nosotros.–Yo también. a pesar de todo. allí dentro. sin nada que perder. Y me enseñó su cuerpo santiguado: su pecho molido. amoratado el cuello. lo apostará todo. Los meses sucesivos se convirtió el barco en un reino de venganza donde el “verdugo” repasaba nuestras espaldas a diario para que no se nos olvidara nuestra condición de pobres miserables. lo peor vino después. Y puse de nuevo cara a mi trabajo Con todo. un insulto cada palabra.

Toda ocasión era buena para practicar el nuevo espíritu. muy lejos. Unos meses después y en uno de los numerosos arrebatos que. tan hedonista y pegado a la tierra. es decir. las cosas hay que hacerlas bien. y colgados cabeza abajo. Habían tendido ya la cuerda. Algunos se lo tomaban muy en serio. un ejercicio extraño para mí. mientras dirigía la mirada hacia al Altísimo. sin embargo. Intenté ejercitarme como los demás– la locura es contagiosa– y aún más el “verdugo” siempre generoso. cuando rezando yo mis oraciones. como temblor de fiebre nos sacudía. como molde rígido que acababa siempre deformándome. dándonos la razón y aplaudiéndonos las espaldas una y otra vez. que nunca fueron muchos. naturalmente. Seríamos atados por los pies. cuidando los placeres del cuerpo. Una crueldad innecesaria. vi venir una vela cristiana hacia nosotros. pero hay que tener en cuenta que en las naves hay muy pocas diversiones. Era. Pensé que estaba ya en el más 218 . y acomodándome a los hechos y a los amos. el que estaba más cerca. Pronto me di cuenta del beneficio espiritual que acarreaba aquel fervor y procuré cuanto pude desviar la atención hacia mis compañeros. hecho el nudo. Y salió la mía. azotados con esmero. el capitán de la nave sarracena decidió de una vez poner coto a tanta agitación y cortar de raíz la enfermedad. Eso significaba atacar algunas cabezas para dar el escarmiento necesario. Era el primero en la bancada.

Y abrí mis dos manos cuanto 219 . con barcos que eran nuestros. aplazaron nuestra ejecución para momento más oportuno. el viento a su popa. Tenía que hacer algo y pronto. Mantenían a menudo sus enseñas o banderas . con su largo espolón y sembrando la confusión y el terror en los cristianos. Empecé a agitar los brazos sin propósito. como empujada por el Espíritu. a fin de disfrutar con tranquilidad de tan bello espectáculo. viendo no sé si el cielo o las visiones del profeta. como cuerno. atacando de este modo al emperador. y levantando una armada cada vez más numerosa. Allí nos dejaron olvidados al peligro. arruinando el comercio de españoles e italianos. Me di cuenta del peligro y la anhelada ocasión que no podíamos dejar escapar. Empecé a gritar saludando la bendita aparición. la nave y haciendo cautivo a todo el que cayera entre sus manos. Algunos dicen que se piensa mejor cabeza abajo. mas no sabía qué.allá. Era la nuestra una nave pirata dedicada al negocio floreciente de atacar a los cristianos robándoles la carga. grandes cruces rojas en las velas. para acercarse camuflados a los barcos enemigos y una vez cerca. Seguramente ya nos habrían visto. Es el caso que avanzaba rauda. ¿Cómo hacerles saber? –me preguntaba. mientras preparaban su ataque por sorpresa. debilitando su poder. Conseguían así fácil botín. y mis verdugos. por llamar la atención. y con malas artes asaltarlos. Y así debió de ser. pero a mí se me habían caído al suelo todas las ideas y se habían hecho añicos. embistiendo .

mas no 220 . juramentos y amenazas que nos lanzaban desde abajo. Con todo un puñal bien o mal lanzado– depende de quien considere la situación– alcanzó de pleno a Gestas. Al poco caíamos en manos más amigas y fuimos liberados. según creo. mil pequeños trucos que también conocían nuestros amos. pues estábamos boca abajo y en este mundo es todo relativo y depende de cómo se miren las cosas y nosotros lo hacíamos al revés. como de media luna. echándolas hacia atrás. así que empezaron a golpearlos como se hace cuando el miedo o la desesperación guían el brazo. pero la misma desesperación guiaba el nuestro. el compañero de mi izquierda. Mis dos compañeros me iban entendiendo y empezaron a imitar aquella extraña danza. También nuestros amos. Bailamos una y otra vez ese extraño ballet de trazos y figuras hasta que lograron entenderlo. Bastaba romper el ritmo. Se esparció la consigna por los bancos y empezaron a flojear en la remada. saludos y otros gestos que habíamos visto en la morisma y otros muchos que inventamos para la ocasión.. o tal vez fuera Dimas. Los otros compañeros de abajo se pusieron a ayudar. Intenté después con mis brazos formar un semicírculo. el de mi derecha.pude. por los insultos. en torno a mi cabeza... Repetimos todo el ritual de zalemas. hundir un poco el palo. que menos mal que andaban ocupados y sin tiempo para dedicárnoslo. Aquel día nuestra dicha fue cumplida.

Éramos libres al fin. También se aprende el mal. Generoso fue el capitán que no quiso preguntarnos por nuestra peripecia. Siempre he preferido deber a que me deban. –Eso que llevas adelantado en la otra vida — me aclaró el nuevo capellán. Pero no hay proporción con el castigo. 221 . que ni siquiera llegué a cometerlos. alguno. –No sé. aunque creo que bien lo sospechaba. y yo más. Espero que haya sido por mucho tiempo.total hasta que vimos encadenados a nuestros enemigos. mas habíamos purgado con creces nuestros errores. y yo he vivido mucho y lo he visto sin cuento. Larga vida les deseo. Me había endurecido. Bueno.

222 .

no sé si con la intención de vomitarnos de nuevo. Pero al menos era tierra y nosotros necesitábamos suelo firme en que crecer y cimiento sólido en que detener la caída. Mira ese. volvía a recibirnos otra vez.XIV JORNADA DECIMOCUARTA El mundo es una plaza donde lidiamos a solas los terribles toros del destino. Después de besar y bendecir el suelo innumerables veces. empezamos a desparramarnos como mala simiente hacia todos los rincones de nuestra ancha y añorada España. curtidos galeotes que esperaban embarcar. ansiosos de ocupar el lugar que nosotros les dejábamos. –Tenéis cara de culpables. Pero antes de abandonar aquellas playas –la vida es una larga cadena – pudimos ver una partida de torvos. tramposos. ladrones. 223 . – ¿Y vosotros qué sois. asesinos. Ella. –Lo mismo que nosotros. que como madrastra nos había echado de sí. –Lo tenéis merecido. Echamos sobre ellos una lluvia de lástima y después otra de insultos para ahogar la lástima. Desembarcamos al fin en la playa de Almuñécar. hermanos? –Sólo víctimas inocentes.

reptil.... maldito seas. – ¿Qué fue de tu esposa. se puso en pie de un salto y empezaron a salirle serpientes por los pelos. hace tiempo –comentó alguien por allí que conocía la historia. –Te mataré. abriéndole los brazos. Y lanzó un esputo recio que casi me derriba. – ¿Y tu hijo? –El tuyo.Y señalé a uno de aquellos hombres que permanecían en el centro callado y con la vista baja...Aquel pelo negro. –Ella confesó antes de morir–apuntó la misma voz. Teresina? –Ni la nombres. hijo de. Me recordaba… parecía. las pobladas cejas. –Por eso. la barba prieta. –Murió de parto. –No mientes la soga en casa del ahorcado. Voy a rebanarte el cuello. la mirada turbia. –Rebolledo– grité. Empecé a rascarme la cabeza. 224 . cabrón. Al sentirse aludido. bujarrón. haciendo caracoles.. ensortijado. Él se sacudió toda su pereza. la única diversión de esos lugares. Yo también. levantó la cabeza y se quedó mirando con fijeza. relámpagos oblicuos de los ojos y sapos monstruosos por la boca. La ensucias con tu lengua.

– ¿Y qué te pasó a ti? –El amor al oficio. suele pasar eso. seguramente un amigo. Recuerda que ya estuve en otro tiempo. ¿sabes. – ¿Le toca alguna herencia?– preguntó con sorna. –Pero. será mejor no encontrarlo. hijo de Satanás — escupió. –Robo y asesinato. –Entonces. Lázaro? – volvía a la carga. hace ya muchos años que partió.–Una buena cristiana. yo que sé… –Se fue por los caminos del diablo y andará por ahí lo mismo que nosotros. –Con recomendación ya se puede. no como tú. –Con tantos padres protegiendo. probados –comentó alguien. ya me ves. el mío. Me alegra haberte visto. –Esos sí que son méritos. Tal vez lo quiso un poco. – ¿Qué fue de él? – ¿Quién? –Tu hijo. Parecía enroscarse en el recuerdo y olvidar los denuestos contra mí. 225 . De todas formas. –Cuantiosa. La unión de tus pecados y los míos.

Llevaba ya unos años desgastando las delgadas paredes de mi cuerpo. al parecer. En realidad. con todo. muy pocos regresan. –Me tranquiliza saber que has pagado algo de tus numerosas deudas. lo más duro. volviendo a su ser impenetrable. Mi venganza está en parte cumplida. para mis bronquios. en esta maldita enfermedad tan dolorosa. sobre todo la pierna. Su futuro estaba allí. Allí dejé mis pensamientos y partí hacia Granada. El mar y las últimas penurias habían agrietado mi salud. La gota era. ¡Maldito seas! Y se encerró en un mutismo hondo. aquella pierna izquierda de la mala suerte que empezaba a no aguantar y desear no fuera mía. y me alejé con un saludo en la mano que no solté del todo. bajando la cabeza. el asma me amenazaba con sus múltiples ladridos. Volví la vista al mar y vi cómo se le abría en su vida un gran horizonte. ¡Quién diría que iba yo a heredar las carencias de los pobres y los excesos de los ricos.–Yo también. cuando me di cuenta de que no era necesario. la cual se iba por múltiples costuras. pues tanto aire puro no era bueno. propia de nobles 226 . enfermo y casi derrotado. –Buen viaje –sólo respondí. Me maltrataban los reúmas de tantas humedades. Iba a corresponderle como me habían enseñado.

las cuales a veces abrían sus gargantas para soltar en forma de cante siglos de pena. Mi madre a lo mejor me había engañado. Así acabaría yo algún día. las columnas y recordé cosas hermosas que había visto en Italia. derribado por el potro enloquecido del dolor.y reyes que comieron siempre bien y con ella pagaban sus abusos! Tal vez yo fuera de sangre azul. pienso yo. Sus abuelos también habían dejado sus restos. Habíamos seguido caminos paralelos y nuestras vidas se volvían ahora a entrecruzar en aquella Granada que visité con respeto y sobre todo la Alhambra y el palacio suyo en medio de ella. como engañé yo. o a mi padre. Por un rato la belleza me salvó del desánimo. como Carlos. donde lidiamos a solas los terribles toros del destino. con su ruedo circular. atado a aquella silla expresamente diseñada para asentar sus gemidos y su pierna maltrecha. Pensaba en nuestro siempre querido emperador. postrado como él. como engañó a otros. el más poderoso de los hombres. como engañamos todos. 227 . También yo hubiera querido hacerme allí mi casita. hijo de alguno de aquellos grandes que sufrían en sus carnes la venganza de otras carnes sublevadas. con sus cuevas. como una plaza de toros o el mundo mismo. Recorrí el Generalife con sus fuentes y el Albaicín más allá. y a punto estuve también yo de dejar los míos. humillado por la enfermedad. Repasé los muros.

capital de Nuevo Mundo. Recorrí sus calles y sus plazas. Por allí se iban los barcos con sus velas blancas como pañuelos de despedida. Por mi edad y mis achaques no iba a tardar en rendir. los finos leguleyos. ciudad que amaba bien sin apenas conocerla. donde bien podría cerrarse el círculo de la existencia. Y pensé en mi tierra. reposé en sus iglesias y jardines y me asomé a su río como quien se asoma al más allá. Allí iban a parar los miles de hidalgos arruinados en busca de fortuna.pues enfermé y de gravedad.. Un lugar seco me vendría bien. Comenzando el otoño. los rudos marineros. que en todo a sí se abastecían. Estaban los nuevos ricos. que venía a agravarse ahora. pues sospecho que los mejores negocios se realizaban en ésta. los abastecedores de todo. un mal del pecho ya antiguo. me acerqué a Sevilla. Pero las miradas se agarraban como anclas a la orilla. aprovechando el oro que corría y la conciencia que corría más deprisa. Iba en retiro y como cerrando círculos. que llegaban no todos de aquella orilla. Era el desagüe de todas las Españas. y allí había uno más. cargado en años de humedades y miserias. a las Indias soñadas que nunca había de ver. los bárbaros matones de bolsa floja y rápida estocada. A punto estuve de pasar la frontera de la vida.. 228 .No podía pasar de largo. Una tos malsana y malsonante. Cogí unas fiebres– no sé bien de qué– y hube de pasar todo aquel verano acogido a la caridad de unos monjes que cuidaron bien de mí y de mis males. Pero antes.

pero sin echar nunca raíces. escuelas superiores del hurto y del delito. recelaba entrar: mancebías. medrando en los alrededores de la abundancia. de apuestas y peleas. pero al que amé a pesar de todo y que un día naufragó para siempre en el río proceloso del vivir. donde ni yo acababa por sentirme a gusto. pero hacía años. 229 . confundiéndose las lenguas. y por él me fueron indicando ciertas cosas. Había pasado el momento. Allí estaban las gentes excluidas que se ganan la vida en el descuido del resto. Algunos recordaban a un tal Lázaro que había pasado por allí. con aspecto de derrota. Por allí me fui rastreando alcantarillas y cloacas. casas de juego. que. Había mantenido al parecer su nombre. gozándose en sus sobras. embarcado hacia las Indias. perseguido por la Justicia. Exploré aquel mundo subterráneo de reptiles. figones. donde el único diccionario era el dinero. Parecía una olla podrida donde todos los elementos estaban en ebullición. el cual había tenido que salir por pies. es decir. ríase Vuesa Merced de la Universidad que un día fundamos allá en Alcalá. los albañales de una sociedad que arrojaba sobre sí tanto lodo. Me llegaron noticias poco claras.Las gentes iban y venían. como en una babel incomprensible. preguntando en ambientes donde hasta yo mismo. que nunca fue mi hijo. cofradías. que era el mío. Pregunté por mi hijo Lázaro.

por más que ante mí lo tuviera. no podría reconocerlo. Pasé por Guadalupe y llegué a Toledo. otro nuevo círculo que había que cerrar. igual que el mío. la lujuria. Nosotros siempre por delante de ella. si es que aún vivía. una hacienda hasta acabar cumpliendo los sueños de su madre. la ira.– Di que sí. –Una buena pieza. creyéndome un experto ni siquiera conocía. enseñándole el camino. que era buena disculpa para seguir recorriendo los círculos de aquel infierno. sabiendo lo alto que había colocado el estandarte de su casa. Refrené mis pesquisas. No estaba. donde a cada paso salían a recibirme de triunfante manera todos los demonios: la gula. que yo. mas no corté del todo. Y aunque así fuera. 230 . en esta orilla. poco antes de que el verano con sus terribles calores se asentara en el caldero del averno sevillano. la avaricia. De nada me servía seguir buscándolo acá.. tanto que había llegado su nombre. Salí de allí en unos meses. hasta el rey y sus servidores. –Era mi hijo –dije yo con orgullo de padre. Debía de ser ya un hombre. Tal vez habría fundado un nombre. lo cual no es poco decir en este mundo azaroso y de inestable fortuna. la pereza.y otros miles de vicios.. una familia.

hacia otras tierras y otros rumbos en busca del final para un viaje que había empezado lejos. Ahora queda uno sólo el del tiempo. Pasé por Ávila. Yo ya estoy preparado. se cerraba también. y llegué a mi tierra. Seguía aún sobre la margen izquierda la aldea de Tejares y el viejo molino que molió las ilusiones de mi infancia. pesados herrajes que habían apresado cuerpos y sobre todo libertades. se asomaba por última vez a las cosas. Allí colgué mi cadena de cautivo. Era el último círculo. Acaso como yo. y ese sólo a Dios corresponde. acariciando el lomo con afecto y juntos volvimos a dar aquella última vuelta al 231 . otro gran círculo cerrado. Pendían de la fachada. Digo mía por sentirme de algún sitio. Un viejo sol sin fuerza intentaba iluminar el mundo inútilmente. Di una vuelta a la ciudad donde no me conoció nadie y a nadie quise conocer y salí de allí con el alma un poco más pequeña. Pasé el puente y… allí estaba el toro de piedra que había sobrevivido a todo y burlado mis esperanzas una a una. Así me asomé yo también al río y allá abajo vi correr abrazados las aguas y los años. Le pasé la mano. Aún veo mi entrada en Salamanca por la puente romana. como otros muchos.Hice mi ofrenda en San Juan de los Reyes. finalmente. sus murallas. el más amplio y. desde el balcón de la tarde. cientos de ellas. Era octubre y estaba atardeciendo. como exvotos sagrados.

¿tendrá posada y trabajo para un viejo enfermo y casi inútil? Y aquí estoy por la caridad de Dios y de estos monjes. repitiendo el querido redondel en que se habían lidiado nuestras vidas. 232 . La noche se venía y apresuré el paso. esperando también yo la última llamada.ruedo. –Hermano.

Sería propio de necios sin sustancia hablar de tal manera cuando uno está lleno de achaques y a punto de morir. 233 . lleno de caídas y dolores. Mi vida fue una recia contienda. eso he pretendido demostrar. Aquí queda pues este escrito. pues es la muerte quien la cierra. siempre es adversa. he logrado cuando menos mantenerme a flote y en muchos casos. mayor es en estos casos el mérito de los que nacemos con las estrellas cambiadas y los pasos tan fuera de lugar. si se considera en su final. pues parece desde luego. pues la vida que se cuenta entera. como bien se habrá visto. arribar con bien a puerto. Eso es lo que he contado. y así fue. nuevo testamento de mis malas obras. No soy un ganador. siempre acaba en derrota.DESCANSO VII Por fin voy dando término a este tan largo viacrucis. Ahora se entenderá mejor el pesimismo de estas páginas. en que he querido recordar mi propia pasión. En mi caso también lo fue el inicio. y hasta creo que gané algunas batallas. así como el hecho siempre valeroso de que a pesar de todo ello. que no siempre perdí. y la fortuna. que los vientos de la suerte soplaron siempre en contra. ahora cuando ya la vida estrecha el cerco y la muerte victoriosa rendirá al fin la fortaleza de mi vivir. Sin duda. Y sin embargo. también digo y de forma muy solemne.

Un día. resucitará de entre los muertos y se presentará al fin triunfante y libre ante los ojos de los vivos.Eso es lo que he querido probar con este evangelio de mi vida que ya acaba. 234 . pero es mejor así. Que así sea. no sé cuándo. Me entristece un poco que esta historia vaya a nacer muerta y enterrada. Debía ser yo también quien la contara y así la he seguido como mi mejor discípulo hasta darle término.

tampoco contra ella —bien es cierto— investigaba. y por parte de un señor más bien bajito .. espero que no sea para siempre. Uno empieza a cierta edad a hablar sólo. pero así son las cosas. que soy historiador y nada tengo que ver con la Literatura. algunos hechos y desempolvaba libros vetustos. y menos aún en un lugar tan poco común como una Biblioteca de Universidad y en una ciudad de provincias. así que por qué no conversar con esos amigos. como el siglo XVI con personajes tan preclaros como Lutero. en las fosas muchas veces malolientes de la Historia. comprobando en los originales algunas viejas ideas enterradas en esos panteones siempre fríos de los archivos o bibliotecas antiguas. frente a los grandes principios oficiales. digo esto. digo. es decir del poder y su fuerza. donde pensaba hacer otra historia de la Historia. Preparaba un libro cuyo título sería algo así como “La otra orilla”. Investigaba yo.. superada ya la cincuentena. que en manos de la Inquisición y de los reyes. calvo y con algunos kilos de más. porque cuando investigaba precisamente una de las fases más interesantes. es decir descubrir las ideas paralelas que fueron entregadas a la oscuridad. En fin. no caben ya aventuras ni sorpresas. fueron perseguidos y encerrados. Sólo Borges encontraría emoción en algo semejante. 235 .Nota del preparador de esta edición Se pensará que a una edad como la mía. que tienen tantas cosas que decir.

cuando al hacer un movimiento brusco y sin querer le pegué un codazo a Erasmo que estaba encima de mi mesa y cayó. el pobre. que podéis creerme. nunca me había pasado. Curiosidades extrañas y verdaderas obras de arte. Como digo. lugar maravilloso para quienes lo conocemos bien y cuyos fondos bibliográficos son siempre un tesoro para investigadores y amantes de los libros en general. estaba bien entero. que siempre fue recio y supo aguantar muy bien 236 . preguntándoles cosas. en medio de tantos buenos amigos me encontraba aquel día. Me encontraba en la Antigua Biblioteca de Letras de la Universidad Salmantina. primeras ediciones del XVI y XVII y de autores muy famosos. consultando con ellos. topeme en un libro de este una mina riquísima que no buscaba. No suele pasar. Allí hay reproducciones y láminas preciosas de Anatomía. pero aquel día felizmente pasó.Calvino y sobre todo Erasmo…. al suelo. me precipito hacia él. pero al parecer. un magnífico premio a mi búsqueda de toda la vida por bibliotecas y desvanes llenos de polvo y de todas las suciedades de la historia. Pero eso fue. como yo digo. temiendo de tan anciano. Se encuentran allí monumentos increíbles como incunables. se hubiera roto algo. ¿Os imagináis el escándalo? La bronca del encargado que se acerca y yo que logro apenas pedir disculpas entre tanto azoramiento. Seguramente fue el premio de los dioses a mis méritos — no sé bien cuáles—. Arquitectura. son muchas. Pues bien. Botánica.

SAL. Y nunca mejor dicho. Tal vez ya estuviera hecho. ni voluntaria ni involuntariamente en la destrucción de la cultura y el saber de la humanidad. Erasmi Roterodomani Basilea 1541 Quiliadis Quintae Centuria II 1065 Lo observé una vez más por dejar tranquila mi conciencia al no haber atentado ni de palabra ni de obra. pues rasgué con cuidado un poco más la herida y salió a la luz un manojo de folios manuscritos. Me fui al interior y leí la referencia bibliográfica— UNIV. Lo observé con atención.los golpes. y sobresalía hacia adentro un ligero abultamiento o preñez. Eran los “Adagios”. vi una pequeña grieta en la portada. 237 . primera y última) eran más gruesas de lo normal.49472 Adagiorum. Pero cuando iba a cerrar con alivio las páginas de mi remordimiento. Asomaba algo como una hoja por el borde. salvados “del diluvio de los días”. por donde sangraba mi crimen.LA censura. en su cara interior. Vi entonces que las pastas de la encuadernación (las dos. Lo fui hojeando por arriba y vi algunas páginas y frases tachadas en negro . Chilades Des. Esos le habían golpeado más fuerte y hecho más daño que yo— pensé— . justo en la esquina inferior izquierda. Bibl.

Que sus palabras descubran nuestro pasado ya lejano. Algunas palabras estaban tachadas o borradas o levantadas el papel. . levemente.Eran unas cien hojas escritas por ambas caras y repartida mitad por mitad entre las dos pastas primera y última del libro. lo que importa y nos ocupa más es la de Lázaro contada por él mismo. El resto. aunque se había puesto un exquisito cuidado en no destruirlo. Estaban perfectamente conservadas y se leían relativamente bien. Hay que tener en cuenta que seguramente el manojo de folios había sido prensado. iluminen el presente y alienten nuestro porvenir. Mi mérito es sólo el sacarla a la luz. la conservación era excelente. después de tanta oscuridad como ha sufrido. pero en general. 238 . C.R. y trabado con la pasta. la de un hallazgo. En fin esta es mi historia. que él guardó en esta arca de Noé a salvo del diluvio de los días.

y en tiempo que sepa comprenderlo Que el Señor nos acoja a todos en su gloria para siempre. No sé si he hecho bien enterrándolo vivo o vos mismo. Tratadlo si podéis como recién nacido que vuelve a la luz. Mándelos publicar. LÁZARO Dado en Salamanca a 21 de septiembre del año del Señor de mil y quinientos sesenta. Durante años (vos sabréis cuántos). resucitándolo muerto. Suyos son. deshágase de ellos si gustare o guárdelos de nuevo si quisiere. a salvo de miradas indiscretas. siendo el heredero de estos bienes — o males. que puede en adelante disponer de él como quisiere. han estado escondidos en el arca del tiempo. En fin. hágase en todo ello vuestra voluntad. preservados del diluvio de los días. más bien — cumpliéndose en ello mi voluntad última y secreta.A QUIEN LO ENCONTRARE Sepa la persona o personas que toparen con este escrito. 239 . si así estimare. dos años después de mi señor el Emperador Carlos y en el mismo día de su descanso. Sólo espero que haya caído en manos que sepan apreciarlo. Amén.

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