Está en la página 1de 241

CRISTÓBAL RIESCO

LA VIDA NUEVA DE LÁZARO DE TORMES

1ª edición ISBN: 978-84-686-2952-0 Impreso por Bubok Impreso en España / Printed in Spain .© 2012 Bubok Publishing S.L.

Espero que les vaya bien en sus tan diversas vidas.DEDICATORIA A mis viejos colegas y antiguos alumnos por su mucha paciencia y probado aguante. .

.

137 Jornada IX: pág.113 Descanso IV: pág.59 Descanso II: pág.101 Jornada VIII: pág.203 Jornada XIV: pág.65 Jornada V: pág.223 Descanso VII: pág.239 lo encontrare: .233 Nota del preparador de esta edición: pág.169 Jornada XII: pág.51 Jornada IV: pág.47 Jornada III: pág.97 Jornada VII: pág.141 Jornada X: pág.151 Descanso V: pág.201 Jornada XIII: pág.29 Descanso I: pág.13 Jornada II: pág.89 Descanso III: pág.235 A quien pág.167 Jornada XI: pág.ÍNDICE Prólogo: pág.69 Jornada VI: pág.9 Jornada I: pág.183 Descanso VI: pág.

El hambre es la medida de todas las cosas .

Y así con mi mano iré a lo largo de esta obrilla señalando los míos. ¿Así qué esperar de los que como yo nacen en lo más bajo del arroyo y han de salir a flote con el solo mérito de su mente y la mermada fuerza de sus brazos? Aguzarán el ingenio e imitarán los malos ejemplos de quienes como guías. Bien podría silenciar más de un asunto que con razón va a molestar a alguna venerable persona. Siempre hay galgos más ligeros que parten con ventaja. humano es también aprender de los errores. para que sirvan de aviso ante las tentaciones y trampas que la vida continuamente nos tiende. 9 . deinde philosophare” Yo. escarmienten. sin embargo. Y puedo certificar que han sido muchas las que hube de sufrir en esta dura carrera y ya desde su origen. pobre pecador. habían de servirles de modelo. me confieso a Dios que todo lo sabe y a vuestra merced que todo lo quiere saber en estas frágiles memorias. No quiero que nadie vuelva a tropezar en las piedras con que yo me he herido ni caer en las simas donde alguna vez me he hundí. para que sirvan de expiación y burla en que muchos alegres se recreen y látigo con el que algunos. pero a menudo es conveniente presentar toda la fealdad del pecado para hacerlo aun más aborrecible. que no sin esfuerzo he recogido.PRÓLOGO "Primum vivere. avisados. que si humano es errar.

en que el hambre y las otras urgencias de la carne han levantado su cerco. estando al final de la jornada. Por ello escribo yo estas frágiles memorias justo en el momento. Poco me consuela saber –como dicen los antiguos –que los dioses destruyen sobre todo a los que aman. pues verdad es que la habitación mejor amueblada de mi persona ha sido siempre la cabeza. El alimento siempre fue lo principal y más sustantivo y después viene lo demás. Y si no lo han conseguido. de rosas. que como dice el filósofo: "Primum vivere. cuando las aguas de la edad están ya remansadas. precisamente. Mi camino no ha sido. pero no es cierto que guste yo de tales vanidades. deinde philosophare". Algunos mal pensados dicen que también la más adornada. que no son 10 . y aquietados los ímpetus alocados de la juventud. puesto ya el pie en el estribo y presto a partir. Y como quiera que vuestra merced muestra interés y empeño en conocer la historia desde el punto en que la dejé en la primera parte. que no es Lázaro predicador que vaya a convertir el mundo. no habrá sido por la voluntad puesta en ello. que mucho tienen que haberme preferido por las veces que han intentado aniquilarme. sino por mi empeño en no dejarme querer de tal manera.Pero dejémoslo así. he tomado el asunto de principio y arrancado con el primer mandamiento del amor a Dios y los siguientes. A mi afán debo sobre todo el seguir vivo. Nunca estuvo ése entre sus méritos y numerosos oficios.

época en que la fama tanto se valora. sean aborrecidos de todos. Así yo también he tomado esos libros de memorias como modelo y sacar mis acciones a la pública vergüenza. que algo quedará de uno mientras alguien en su ocio lo leyere. finalmente. hube de proclamar castigos y errores ajenos. Pero. como yo le he dado de la mía. Pues así como en otros tiempos. para acabar. No niego tampoco que siendo ésta. aunque sea mal. así ahora. las futuras generaciones. amen al pecador conociendo las circunstancias y presiones a que estuvo sometido. que no suele dar motivos para el amor. Muchas son las pruebas a que el Creador me ha sometido. aunque por escrito –que aun es subir más alta la voz– pongo en público los míos. nos contaron su vida de perdición y el momento en que fueron tocados por la gracia. y en mi caso.sino el de uno mismo. para que conocidos de muchos. Pronto se echará de ver la deuda que llevo contraída con esos pecadores que un día decidieron seguir el camino de la santidad y. ¿qué puede contar uno que no se 11 . de pregonero. como ejemplo. no es lo de menos figurar en los papeles e impresos y dejar testimonio y huella de mi paso por este valle de lágrimas y sepan y hablen de mí. aun menos. y me dará algo de su tiempo y vida. con el prójimo. y odiando los pecados. Repase vuesa merced las muchas miserias que han puesto cerco a mi vivir y verá cómo la necesidad nunca ha roto su asedio.

este librillo homenaje a su bondad al escucharme mis muchas necedades y pecados. Sólo nos interesan los malos pasos de los que se extravían. jamás los buenos de los que nunca yerran. 12 . con todo. y testimonio al fin de mi arrepentimiento. Confío. sepa vuestra merced comprenderme y el Todopoderoso perdonarme. pues. Sea. pues ningún peligro puedo añadir ni daño causar . que no soy más que un pobre pecador que está a punto de presentar ante él sus cuentas.equivoca? Seguramente nada. aunque indigno. en que como hijo de Dios que soy.

no vi a mi mujer durante todo aquel tiempo. Después. el arcipreste de San Salvador. y también al de ella. los gemidos.I JORNADA PRIMERA No hay satisfacción mayor que la del que se ha hecho a sí mismo. Así que hice oídos sordos a los rumores y seguí creyendo con ciega fe lo que los buenos afirmaban. el que saliendo del arroyo ha arribado por sus propios medios a buen puerto. ni oler. las quejas. que oyen lo que quieren oír y son ciegos a lo que sucede en sus propias casas. Era tiempo de cuaresma. que a veces. Pero quién puede fiarse de las habladurías de vecinos. vecina de la nuestra. enclaustrada en casa sagrada. a la pobre. seguía entendiéndose con su amo y el mío. y el rechinar de maderas como si le estuvieran descoyuntando los huesos. pues sólo el que 13 . y menos si era humana. Sólo él con su virtud y su calma conseguía su sosiego que era también el nuestro. Yo que siempre he sido hombre cumplidor. se le oían en el plácido sosiego de la noche. que siempre fue mujer brava. ni catar la carne. Ocurría que por entonces mi amada esposa. varón impasible y muy comprensivo. el que no debe nada a nadie. Ella. Algunos vecinos porfiaban que el bendito cura se la estaba trajinando a su sabor. el silencio. época de sacrificio durante la cual – según aquel santo varón – no se debía tocar. seguía un régimen de disciplina y mortificación tan dura. los gritos.

chorizos. que siempre gustó de los placeres. Lázaro –me decía– este claustro materno. que descendían al sancta sanctorum de la bodega. en esos vientres de madera que ahí ves. Pasados aquellos cuarenta días de penitencia –es decir.cree se salva y así tenía yo la salvación y nuestra mesa aseguradas. Allí guardaba en unas grandes y ventrudas cubas. en la sufrida casa del señor Arcipreste– vino mi mujer a la nuestra. y yo. 14 . morcillas y lomos como un maná que Dios dejaba caer generosamente en los techos y paredes de los que le servían. como tantos otros domingos y fiestas convidonos a compartir su mesa. Estaba más pálida. Muy pronto empezaron a darle unas náuseas terribles ante algunas viandas y yo pensé en la nueva pureza de mi compañera. pero con el rostro salpicado de felicidad. Llegó la Pascua y el señor Arcipreste. pequeño discípulo. Colgaban como ahorcados en la despensa algunos jamones. Nada faltaba en aquella casa. inmóviles como ídolos. cuyo estómago hecho a la mortificación se rebelaba contra el alimento y su simple presencia la inducía a rechazarlo. Había un sótano con unas escaleras de piedra labradas sobre la propia roca. madura y envejece. el delicado vino que yo me encargaba de pregonarle por toda la venturosa ciudad de Toledo – Mira. procuraba seguir su ejemplo. donde el vino nace y va tomando cuerpo.

y yo al verlo. Recordé al hidalgo. Recordé entonces lejanos episodios de mi viejo. el astuto ciego que me enseñara a no confiar en nadie.Y señalaba las cubas con sus cinturones de hierro protectores girando en torno como firmes anillos. aquella sangre densa que pugnaba por salir. que me adoctrinó en el arte del fingimiento como modo de lograr sin atraer la cólera de los más fuertes. porque la vida es una sola y larguísima cornada. a base de golpes. puesto de rodillas. E ingenuamente arrimé el oído al primero de aquellos toneles y. como el tonto que ríe sus desgracias en las gracias ajenas. abrí la espita de todos mis sentidos para emborracharme de gozo ante tan divino espectáculo. de maldades que el experto ciego me grabara en las todavía tiernas carnes. Estaba en la cima del éxtasis. Era la estrategia que mejores resultados me había dado. intentaba aplastar en mi cabeza. Así que miré al clérigo que seguía riendo como yo mismo sin darle importancia al chichón. El clérigo reía. sujetando aquella vida líquida. que como un cuerno. 15 . también. Vi de nuevo el toro de piedra donde desperté a la sabiduría. cuando el traidor de mi amo se acercó por detrás y dio con mi sentida cabeza contra la madera. oyendo la música más dulce que uno pueda escuchar sobre la tierra. – Escucha esos latidos.

Pero no cayó. Puse cara de no estar al corriente. ni se atreve a salir –añadí yo por si algo caía. Hay que ser gran actor para aparentar la verdad. mientras paseaba su mano por mi hombro en un alarde de amistad que se me hacía sospechosa. –Escucha. hijo – volvió a repetir como si el sordo fuera yo. Mi primera intención fue hurtar la cabeza. que nada cuestan y aprovechan mucho. hijo –respondió como si no hubiera oído mis palabras.–Dicen que con una moneda de plata se baja la hinchazón – me atreví a insinuar. que ya sabía yo que era un poco sordo de aquel oído. La ignorancia es un acto de la voluntad y yo era sabio. Es como aquellos perros maltratados que muerden la mano que los acaricia. –Escucha. sino un largo sermón. –…Sí –añadió. porque mi natural había aprendido a desconfiar de toda mano ajena que se acercara demasiado. Ya sé que tú tienes un gran corazón y desoyes los ladridos de los canes que aúllan a la luna. –Habrás oído rumores por ahí que intentan arruinar tu honra y nuestro negocio. – ¿Sí?– replicó socarrón. 16 . así que no tuve dificultad en poner ademán de inocente y hasta hacerlo creíble. –Y si es de oro. sobre todo cuando eran cosas que tocaban a su interés o a su bolsillo.

incluso cuando te alaban la forma de sangrar. Pero allá ellos. con metáforas. claro. Seguramente estaba predicando para el mundo y. es capaz de sobrevolar las miserias. Igual que los poetas o estas gentes cultas que ladran también de formas raras. amigo Lázaro. A lo mejor era eso. Y después de una pausa para coger aliento. La malicia. cogiendo el hilo del discurso– el hombre. Me miraba a mí como si fuera poderoso. Conocía bien su oficio. Me agradaba esa simpleza de los perros aullándole a la luna. que el animal agradecido lame siempre la mano de su dueño. sea sólo por el ruido que hacen al romperse. cuando vence su vértigo. –…Pues bien –prosiguió él– no les hagas caso. yo formaba parte de él. Así nunca le atraerá el pozo donde se anegan los miserables. y la envidia pierden a los hombres. Yo creí que eran los lobos. El caso es que siguió con su discurso que yo no interrumpía sino con monólogos subterráneos como este. no te podrán venir más que ganancias.No está bien eso de acariciar la herida después de la cornada. La verdad es que predicaba maravillosamente. que son muchos los que ansían ver caer a los poderosos. –… Sin embargo –prosiguió. sí. pero no encontraba el poder por ningún lado. –…Si sigues conmigo. 17 .

Bueno. que nadie mejor que la naturaleza es capaz de resolver. dicha palabra era como un reflejo automático en mí que aceptaba lo que se me ofrecía y no podía negar. que después de tantos años de monaguillo y criado de clérigo. Yo bien que iba entendiendo. Y así es a pesar de su natural afable. –En unos meses todo volverá a su curso y tú con un retoño más. como los nobles que buscan su genealogía entre las ramas. planta sin raíces. Así que no tuve más que decir "Amén”. Y aquí metió unos latinajos como palabras de un ensalmo o viscosidades de araña en cuyas declinaciones acaban enredando a sus víctimas. Habrás notado que ella.–…Dígote esto. Igual pensaba que me estaba ocurriendo a mí. aunque no tanto como el de mi señor. 18 . y ramas donde algún cuco había puesto sus huevos. nada grave. Lázaro. de un tiempo acá está como huraña con todo el mundo y más que nadie contigo a quien debe amor y respeto. aunque nunca fui un apasionado de la Botánica. eso sí. por cierta enfermedad. cosas de la naturaleza. que " quien a buen árbol se arrima… “Y no es menester muchos discursos a quien como tú tiene aguzado el ingenio y el juicio imparcial para juzgar lo que te es más conveniente. mentiras con que el vulgo malicioso se divierte. porque habrás oído por ahí cosas maliciosas sobre que tu mujer y yo. tronco esbelto. En fin.

pero bienvenido fuera aquel maná. mi boca era un sumidero. sin dejar de reír ni perder la compostura– al salir de la bodega y topar violentamente como carnero con el dintel de la puerta.–…Aquí tienes esa longaniza y toma dos morcillas más para que no digas que te falta apoyo en los momentos de prueba. que buena falta nos haría con una boca más. se mordía el labio para no hacer comentarios en voz alta y reía. por donde podía resbalar sin obstáculo toda la corriente del Tajo en época de crecida. me sentía crecido en mis atributos. con un bulto en la frente y otro más que me hice –eso sí. aplaudiendo mi decisión. Primero se despachó él a su sabor y después yo la cogí entre mis manos y me eché los restos al coleto. y más con la jarra de vino que me tendió a continuación para brindar por la "nueva alianza". que gracias a los dientes que me faltaban de cuando el jarrazo del maldito ciego. que aunque yo no era tan alto. que seguramente pensaba cosas parecidas. 19 . él dándome palmadas en el hombro. Y así salimos agarrados. Todo era acomodarse a la nueva situación y aquellas alhajas de carne que colgaban de mi mano ayudaban mucho a ello. Bien pensé que los que necesitaban apoyo eran ellos que se caían con tanta frecuencia. reía hasta descuajaringarse. y yo riendo como bobo y enseñando los dientes que no tenía. Así que no dejaba de reír ante tales pensamientos y el bendito clérigo.

y después nos echó una bien dura reprimenda a los dos. los apéndices. –Demasiado –pellizcaba mi señora. a pesar de todo. por donde yo pude adivinar sus preferencias.De esta guisa entramos en la estancia. luchábamos el capón y yo. amigo Lázaro? –Mis cosas. Concentrado en mi plato. pero mirándome a mí. que en la calle siempre he paseado la frente bien alta. donde nuestra muy querida y fiel esposa disponía la mesa y traía el pan con dos gruesos capones desnudos. El cura me cortaba las alas. Y volvía de nuevo a ellas. confundidos en un cuerpo a cuerpo de besos y mordiscos donde la grasa del enemigo 20 . y no por vergüenza. –Di que sí. eso sí. las ideas. Yo cabizbajo. nos miró. – ¿En qué estarás pensando. Así fue discurriendo la comida. más bien silenciosa. primero asombrada como si no entendiera nada. que nunca he sabido qué cosa fuera eso. –Cada uno luce lo que tiene. – ¡Pobrecillos! – ¿En qué estarás pensando? Al vernos en tan amable francachela. que yacían panza arriba sobre una fuente arropados de ensalada.

te ofrecerán comida por que no comas.. no te delates en tus pasiones o impulsos.Dígote esto. solemne como una bandera. Mantente siempre digno.. –. pletórica. que son los que te pueden favorecer. regando de triunfo toda mi cara. porque la ansiedad del que pide crea la retracción en el que da. ensangrentando manteles… hasta chocar contra el pecho del Arcipreste. Si finges haber comido. Era profundo en las palabras como quien ha estudiado mucho y ligero en las acciones como quien ha vivido más.. derribando vasos. que dejó retumbando en el vacío un momento. Si muestras tu apetito. Un pisotón nada oportuno me hizo soltar la presa que salió rodando por el campo de batalla. No vayas nunca a nadie.. con esa calma que los santos adquieren con la mortificación y el dominio de sí mismos. prosiguió: —. el hambre es la medida de todas las cosas. que sin inmutarse. y los usos groseros repugnan a los ahítos. que me halaga verte el gusto con que te despachas con esta 21 . cogió lo que del malvado capón quedaba e izándolo en su mano exclamó: –Lázaro. nadie te invitará a comer. Y no es que a mí me importe. Y después de esta frase redonda.me resbalaba por la boca. perfecta. Juega con la ventaja del que da las cartas o es mano en la partida. porque un poco de discreción y buenas maneras atrae el favor de las gentes. Que así de enrevesado es el mundo. Deja que el otro venga a ti. Así era mi señor. hijo.

Y lo difícil que era aquietar el ánimo y la figura cuando el hambre te arponea las tripas. 22 . – ¿Qué? –Nada. estuve reflexionando en cuánta razón tenía una vez más mi amo y señor en todo cuanto decía. posando de nuevo su bendita mano en mi hombro. si se tiene. cuando mi señor me retuvo un momento.inocente criatura como si te hubiera ofendido en algo o faltado al honor. Yo quedé un poco perplejo –forzoso es confesarlo– y durante su sermón. pues la honra hay que aparentarla. que así anda el mundo confundido entre el tener y aparentar. pues pensé que debía picarme algo en algún sitio y cogí mi copa y de un larguísimo trago me lavé todos aquellos pensamientos densos como la madre del vino que acababa de trasegar a mis depósitos. como había sido mi caso en épocas pretéritas. salíamos ya. –Otra vez. Le prometí en adelante mejorar mi compostura. que me pareció sabroso aunque no tanto como aquella carne jugosa que había volado de mí igual que una maldición. que el cielo no quiera volver a repetir. Me rasqué la cabeza. y el hambre. no hay que aparentarla. no basta con tenerla. Acabada la comida. una mano blanca como de paloma mensajera.

que siempre había escuchado gritos. que todos ellos tuvieron su origen en el estiércol.. y es deber tuyo acrecentarla con un hijo que pregone con sus virtudes las virtudes de sus padres. no le basta al hombre saciar el hambre.. Hablo de la honra. a tu descendencia. Pues no creas que las grandes prosapias que hoy rigen los destinos de España vivieron siempre en la cumbre.y yo también. Existen otros apetitos que nacen cuando aquélla está saciada.. que bien merecen los que han alcanzado una posición. aquel tono reposado me arrullaba como un susurro denso y doblegaba mi voluntad. Lázaro.. que no sólo a ti pertenece. hijo –decía—. Empezó a desgranarme en los oídos toda una letanía de consejos y a mí. en que debes prolongar tu linaje y tu honor. que es de donde surgen los árboles más altos.Y siguió su ritual. sostenerla y alargarla con un heredero que cante un día las excelencias y buenos oficios de los padres..No te hagas cuestión de su sustento. Luego prosiguió: –. Piensa en que el hilo de la vida se alargue más allá de ti mismo..que el 23 .Por eso.. – Mira. que ya lo dice La Escritura: Mirad los pajarillos del campo. –. Y hasta si es posible.. sino a tu familia entera. Paró un instante para coger aliento. acreciente con sus obras los méritos de sus antepasados. debes estar contento con la nueva situación. Necesitaba más aire.

pero tardaba el sueño. El caso es que vi levemente aleteando la paloma de su mano sobre mi hombro. la cual en aquel momento recogía la mesa ajena a nuestra conversación. cándido y simple que estaba siendo devorado por las garras de un cruel gavilán o tal vez de un buitre picándome las entrañas mías y aun más las de mi mujer. Partí para mi casa meditando en las justas palabras con que el sabio del Arcipreste acababa de aleccionarme. Tenía cuanto deseaba para vivir y atesoraba en mis manos toda la felicidad del sabio que se conforma con solo lo que tiene. o más bien yo. sin embargo. Los mejores argumentos. Así estuve luchando con mi conciencia. estaban en mi mano y alcé levemente las morcillas y otros benditos rosarios que colgaban de ella como preciados dones con que la bondad del cielo me había querido favorecer. Pero seguramente estaba traduciendo. Agradecí mi buena suerte y procuré dormir. Nunca me habían asaltado las graves preocupaciones de los poderosos.Padre los alimenta cada día sin que ellos tengan que ocuparse del menú del día siguiente. insinuando ligeras palmaditas. mis recuerdos y malos pensamientos hasta el alba en que llegó mi 24 . Creía que la Biblia no decía exactamente eso. y no supe interpretar en aquel momento quién era verdaderamente la paloma: si aquella blanca mano que me daba de comer.

El caso es que lo nuestro funcionaba. preguntó: – ¿Estás dormido. pero viéndome agitado. –También la guerra –respondile de forma misteriosa. –La vida es intercambio –confesome un día. Así que giró su cuerpo y se durmió. pues más que amo. pero yo seguí dando vueltas. Así que guardaba a mi señor la lealtad que le debía.esposa y tomó posesión de su reino. era padre que me alimentaba y favorecía en lo que importaba más: el sustento diario que se ganan cantando los pajarillos y yo pregonándole sus vinos. su parte de la cama. Él me ofrecía protección y procuraba nuestro sustento y yo le pregonaba y vendía sus caldos por toda la ciudad. Ignoro en qué estaría pensando.. Recordaba los lazrados años de mi infancia tan lejanos. a esas horas.. temiendo que en algún momento tornara la desdicha a llamar a la puerta de mi estómago. su manta. casi toda. Verdad es que las carencias de la niñez se fijan para siempre y así me ocurría a mí con aquella hambre que nunca daba saciada.. Lázaro? –Eso estaba pensando—dije para mí.. mientras mi esposa se ocupaba de ambos y todos del hijo que esperábamos y así nuestra sociedad nos mantenía unidos y prosperaba nuestro negocio. – ¿Duermes. Lázaro? 25 . Pero no debió entender.

–Llaman– interpretó ella desde el sueño. – Ahí está. de quien murmura para confirmar. para sacarme de mí y probar de ese modo que eran ciertos. como si no pudiera soportar la humillación que le infería el triunfo ajeno. Aunque quien cabalgaba era él y me ladraban a mí. –No te apures –decía mi señor– ladran. Y eso procuraba ante aquellos rumores que no se atrevían a soltarme a la cara. que intentaba arrojar lejos. mas no iba a caer en la trampa de enfurecerme con quien sólo insinúa para sonsacar. Así es que no teníamos trato con nuestros vecinos y apenas nos topábamos con alguno volvía la cara o pasaba a la otra acera.. conocía ese ardid por haberlo usado algunas veces. –Olvídate.. ni lograrían soliviantar mi sosegado ánimo.Si no fuera por aquellas lenguas de serpiente que arrastraban nuestro buen nombre por tabernas y lupanares. De pronto sonó un golpe seco. luego cabalgamos. Y así era. haciéndolos correr. Así pensaba por lo bajo lo que llaman malos pensamientos. que fui pregonero. contundente. No iba a entrar a ese trapo por más cuernos que me pintaran en la puerta de mi casa. Yo. la pedrada en la puerta. 26 . pero extendían en la sombra.

Son como esas chinas molestas que se meten en los zapatos. que florecía una afición desmesurada a los toros en este país. pues atrapándolo en mis garras. – ¡Ahí va el sobrero!– volvían a bramar de rabia. silbidos. Juro por ésta que no volverá a hacer cosa semejante. Pero yo dejaba pasar ese toro.. Mientras no embistieran. en fin. bramidos. que el diablo o tal vez su padre puso en su mano.. siempre intentan arrastrar a los demás. 27 . como aquel granuja que me acertó en la cabeza con un sucio guijarro. Pronto empezaron a aparecer pinturas en mi puerta. le prolongué un palmo las orejas..– ¡Ahí va el sobrero! –bramaban. Hay que descalzarse y arrojarlas lejos y seguir por la senda de la vida sin mirar hacia abajo. para qué seguir con estas pequeñas miserias. Los que naufragan en medio de la miseria.

28 .

pues. 29 . el ademán altivo. Digo. que subiendo una mañana tras mi asno por una de las calles de la ciudad: alta la voz. encareciendo sus virtudes. la expresión solemne. venteó el aire como un sabueso y se puso a escuchar con atención. pregonando los vinos de mi amo. cuando al llegar a una plazuela. El ciego. Llegaban hasta mí algunas sílabas entrecortadas. cantando sus excelencias. paró su historia. El círculo de gentes se abrió y el juglar dio unos pasos hacia donde yo estaba. así que empecé a pregonar mis vinos alzando la voz por encima de la suya. reconcentrado en sí mismo. Altivo.II— JORNADA SEGUNDA Estos que creemos dones no son sino duros castigos que los dioses nos ofrecen cuando no aparecen auspiciados por la diosa Fortuna Así iban de maltrechas nuestras relaciones con los vecinos y no ignoraba que en cuanto hubiera oportunidad se unirían para destruirnos hasta donde les permitiera la situación e incluso un poco más allá. se quedó de piedra. Contaba una vieja historia acompañado de un más viejo laúd. quieto como una estatua. Era la ocasión de hacer valer mis dones y allí había un público. observé un grupo de gentes a la puerta de la iglesia que hacían corro a un pobre ciego. notas sueltas trabadas por una voz bien timbrada en la que creí reconocer valles y aristas como de una geografía familiar aunque lejana. que oyó aquellos como gritos de guerra por encima de la ciudad.

Tal vez el diablo le había guiado hasta allí para que se cumpliera su última voluntad. Lo observé con atención. como dos gallos de pelea o como dos toros midiendo las distancias. Había rezado fervorosamente durante los últimos años de su vida para que llegara el día. tan taurina. Eran las voces del pasado que acudían a atormentarle. Por un lado me alegraba que hubiera sobrevivido a aquella terrible embestida contra el poyo en Escalona. 30 . oficios o habilidades para vivir. pero renacía el rencor por tantas y tan malas jugadas como me había hecho pasar.el gesto duro. Estaba muy viejo y probablemente enfermo. Una enorme cicatriz le cruzaba la frente y se le hundía en el cráneo. También yo quedé paralizado como un pobre pajarillo a la vista de una serpiente. donde uno burlaba y el otro mugía de dolor. pesando una a una las muy densas toneladas del odio. hipnotizado por aquellos ojos sin luz que devolvían a los demás el vacío que los llenaba. Llevaba una capa descolorida y sucia y un agrietado laúd con el que se acompañaba. seguramente fruto de aquella terrible embestida que puso fin a una larga relación como la nuestra. Así que nos quedamos los dos fijos en medio de la plaza. los cuales gustaban tanto a las gentes que no necesitaba de más argucias. Le raleaba el cabello y el poco que tenía lucía completamente blanco. escuchaba con sumo interés. Parecía haberse especializado en el recitado de romances y canciones. lo cual aflojaba el remordimiento. Era un sentimiento contradictorio.

ya de regreso. pues creí verme a mí mismo caso de no haberme liberado a tiempo de sus aceradas garras. como su propia sombra. vacía la carga. con la más potente voz que pude sacar de mis adentros. Había seguramente escarmentado. y aborreciendo la raza humana. vendido el vino. Pocas horas después. como un himno de victoria. Al fin pude sacudirme la magia y como un gallo triunfador entoné mi pregón. pero ya no logré verlo. Yo sentía su mirada vacía en mi rostro como una bofetada y se la devolvía multiplicada hecha trizas como en un espejo. Sin embargo. Sentí pena por el pobre animal echado en el suelo. recogido en su propia desolación. hecho el trabajo. por los gestos de terror y encogimiento que continuadamente mostraba. yo y el asno echamos a andar por la cuesta arriba con los cántaros de vino bien repletos. tampoco parecía tratarlo con excesivo celo. El miedo parecía formar en él una segunda naturaleza.Le acompañaba a todas partes. pasé por la misma plazuela. Y finalmente. Permanecimos aún un rato en silencio. Era cruel como sólo pueden serlo un desamparado con otros aún más desamparados. se hacía guiar por aquel animal. Estaría buscando su 31 . cavando en nuestro propio rencor y arrojándonos a la cara todo el desprecio. Lo miré con afecto. compartiendo con él comida y pulgas. el ruin. la voz templada y los pies ligeros. un perro viejo y maltrecho que le servía de guía.

No había nadie a quien preguntara que no supiera darme entera noticia de tu vida y milagros. cuando al traspasar las de mi casa. 32 . eres muy popular en esta ciudad. a lo que veo. Él también retomó el tratamiento antiguo. a los cuales contaba las circunstancias y modos de nuestra – según él – rancia y acendrada amistad. que. Así iba yo. rebotándome la serenidad en las fachadas del alma y cerrándome el sosiego las puertas de la preocupación. ni guiado por el afecto – ¿Como ha dado con mi casa. con ese tratamiento entre familiar y neutro y me vino sin más a las mientes aquel "tío" que parecía atar de nuevo algún hilo roto en algún sitio. son muchos. Llegué pues a casa muy cansado. a lo que veo. Me acordé de muchas cosas. tal vez en otra plaza. En aquel momento bebía un largo trago de vino de una gran jarra que a modo de homenaje presidía siempre nuestra mesa.negocio en otra iglesia. tío? Así lo llamaba de antiguo. poniéndose el sol en los tejados y a punto ya de replegarse el día. como si se me hubiera removido la madre en la cuba de la memoria y un como regusto amargo me llegó hasta la lengua. Sabía de la inteligencia del ciego y que no estaba allí para felicitarme. vi con enorme sorpresa y no poco temor que allí estaba mi viejo amigo departiendo amigablemente con mi esposa y una amiga de ésta. pero satisfecho del deber cumplido. al arrimo de comadres y beatas. – Hijo.

cristianos y judíos. los infelices. solteros y casados. Hasta que caí en la cuenta de que te querían tanto como a las pulgas o a la viruela.– No se crea todo lo que cuentan – añadí yo por restarme importancia. No saben ellos que soy como tu padre y jamás te haría daño. – Las inevitables envidias –comenté yo a modo de explicación. se ofrecieran gustosamente a acompañarme. el barrio detrás. igual que a una maldición. pues como eso he venido. 33 . como si fuera yo el arzobispo en una procesión de Corpus. no era más que una piadosa mentira – para que todo el mundo. – Aunque confieso que he tenido algún problema en llegar. justo en la dirección contraria a la que debía seguir. –Aún queda gente buena. con todo este boato. Entonces me mandaron al otro extremo. Y así he llegado hasta aquí. Aún creo que andan por las esquinas y tras las puertas esperando. hombres y mujeres. Así que no tuve más que decir que venía a cobrar una deuda y plantear una demanda de justicia – perdóname. a no ser por razón de escarmiento y entreno para la vida. chicos y mayores. porque creo que no eres muy amado por tus gentes. Al principio preguntaba por ti en el barrio. y con todo el cariño con que los padres riñen a sus hijos. –Verás. presentándome –como es la verdad– tu padre.

–Así sea. En fin, que viene al caso del poco afecto que tus convecinos te muestran, y es extraño, pues siempre te tuve por persona espabilada, pero inocente y de buen corazón en el fondo. Y no quiero creer que la vida te haya cambiado tanto. – Verá, tío. La búsqueda del afecto está bien en los niños que por una sonrisa de sus padres son capaces de hacer las cosas más extraordinarias. A mí me extirparon esa víscera hace tiempo y entonces me creció la ambición , como suele ser en los adultos, de modo que he llegado a adquirir, dentro de mi modestia, una situación envidiable que ciega a unos, humilla a otros y daña, por los visto, a todos. –Está bien, hijo; así será; pero percibo un tono de reproche que me duele en lo más hondo, pues siempre te quise como hijo, como hijo te crié. Y si fui maestro duro algunas veces fue sólo por enseñarte a sobrevivir en las procelosas aguas de la vida. –Eso lo aprendí bien. —Comprendo también, que en un momento todos los hijos sientan la necesidad de liberarse del padre, aunque sea de manera simbólica. Me miraba –si así puede decirse– el malvado ciego, con toda su aviesa intención, mientras me llevaba a su terreno del que precisamente yo quería huir, como había hecho en el pasado, donde había intentado expulsar de

34

mi conciencia aquella penosa escena del poyo de piedra, con la que topaba una y otra vez. En ello volvía a hurgar el maldito para mortificarme. Pero no creía que se conformara sólo con tan pobre venganza. El sol se había ocultado y las negras sombras empezaban a llenar la habitación de agitados fantasmas. – Tráenos luz –pedí a mi esposa, que vagaba como un espectro más entre los muy escasos muebles de la estancia. – ¿Se quedará a cenar con nosotros? –le propuse, cumpliendo con el deber de la hospitalidad. Tenía su pizca de intriga volver a compartir, una vez más, con aquel viejo, mesa y mantel. Lo del mantel era un decir, pues siempre había sido el nuestro la dura tierra y nuestros invitados los pequeños bichejos que por ella pululaban. Mas queda bien exhibirlo en casa de los pudientes como capotes del hambre donde se burla al toro de la necesidad. Así quise hacérselo notar, pasándole por las narices mi buena fortuna. –Está bien – respondió, adivinándome pensamiento. Como en los viejos tiempos. –Sea. –Pero, antes, bendigamos la mesa, que es bueno acordarse de Dios cuando no hay pan, y de los que pasan hambre cuando te pones a comer. Facilita la digestión. el

35

Trazó unos latinajos y unas cruces como ensalmo, contra ese diablo flaco, para que no volviera a posarse por allí. –Amén. Y empezamos a gusto la tarea. –Sabrás, Lázaro, que mis dientes no me sirven como entonces, pues apenas me queda alguno, que baila en la pista de la boca –a lo que creo, de contento– en cuanto tropiezan con algo de comida; pero en fin, puesto que es preciso vivir para seguir mortificándose, pásame ese queso tan provocador y descarado y entablaremos recia contienda. Veremos quién sale vencedor. – Da’cá – añadió poco después, señalando al jarro de vino que yo le tendía– ese bendito bálsamo que cura todas las heridas de todas las batallas, que yo sabré sanarme no sólo las numerosas ya sufridas, sino las que aún tengan que venir. Y dicho esto, se echó a sus pechos el jarro y durante un buen rato permaneció asomado y pegado como una sanguijuela a aquel profundísimo pozo del que mana la alegría, la savia de la vida. Acabamos pronto de cenar, que aunque los físicos y otras gentes entendidas hablan de masticar despacio y comer pausadamente, no es esta lección que al pobre aproveche, pues ha de salir al paso con lo que tiene, despacharlo sin que lo vean y digerirlo antes de que se lo huelan y si no que se lo preguntaran a aquel diablo de

36

ciego, que aun hubo de ir a pescar con el sedal del aroma, la maldita longaniza, donde era lugar de veda como el arca –atrancada, a lo que yo creía– de mi estómago. Así pues, cumplimos prontamente con la cena, que los viejos hábitos es difícil sustituirlos por los nuevos y la costumbre acaba moldeando nuestra naturaleza. La noche se nos había echado encima y apenas una pálida claridad blanquecina entraba por la ventana. Mi mujer trajinaba por la estancia recogiendo y ordenando cosas. A la luz de la vela, volví a repasar el rostro que tenía delante. Una terrible marca, como a Caín, le señalaba la frente, hundida violentamente, como derrumbada hacia atrás, lo que destacaba aún más las órbitas vacías de sus ojos siempre alzados, apuntando con sus aguzadísimos oídos a los sonidos que venían de cualquier parte. Apenas le quedaba pelo, sino en la parte inferior de su cabeza, como si se le hubiera resbalado hacia el cuello. Sonreí, pensando que alguna ventaja tendría con las liendres; aunque siempre podrían tener buen acomodo en aquellas luengas y blancas barbas que, como sucios carámbanos, resbalaban de su rostro. Su boca desdentada hedía como estiércol y en su nariz y manos veía unas como repelentes llagas, cicatrizadas unas, purulentas otras, que le daban un aspecto repulsivo, muy útil, por otro lado, en un mendigo, para tocar la fibra sutil de la compasión; aunque bien creo que él tenía 37

tosca y firme. como de estampa antigua. empecé a trazar mi 38 . apoyada en la pared. que bastón de ciego. pero absurda en su solemnidad. lo traspiraba como un animal y no había olvidado ni un instante aquel desdichado episodio.recursos suficientes. Muy cerca de la mesa. Le fluía el odio. impresionante en su fuerza. A la luz de la vela. Vi que le temblaba el labio inferior y apretaba los puños en un intento de controlar la rabia que se le subía por las paredes. Debajo de la mesa. grandioso en su solemnidad. como para no tener que acudir a tales subterfugios. con todos los sentidos avizor y mientras hablaba de su vida. Evité aludir al lamentable suceso que la había provocado. imponía aquel rostro inmóvil como una estatua. Me puse alerta. el perro roía algunos mendrugos de pan y cortezas de queso que su amo le echaba de vez en cuando. descansaba una gruesa y larga vara amenazante. Era una hermosa escena. le pregunté por su vida desde nuestra separación. que más perecía báculo de obispo. sino más dentro. No se me borra nunca de la memoria y aún me viene a la mente algunas veces y me persigue en sueños por las escaleras de los remordimientos. Apenas se oía el chisporroteo de la llama y el mordisqueo incesante del perro. Por cortar el silencio. y entonces me di cuenta de que las heridas más graves no estaban en su rostro. pastoril y patriarcal.

Me hice con un pequeño cascabel que pensaba enganchar al collar del perro. que estaba casi vacío. Había cerrado además. También puse a mano unas viejas tablillas de San Lázaro. El viejo empezó a narrarme la historia de su vida desde nuestra –según él– dolorosísima separación. asiéndola firmemente entre sus manos para no soltarla ya en toda la noche. las cortinas de la ventana por donde poco antes entraba la noche con sus desvelos. Cuando retorné a la estancia. precisamente las más desgraciadas con la intención de golpearme donde más podía doler. Calló unas cosas. Pasó por alto aquel episodio sin duda negro que se levantaba entre nosotros como un densísimo muro. el muy truhán.estrategia. como queriendo en todo momento controlar aquel punto de luz. acentuó otras. y vino a salir por sitio donde yo ya lo esperaba. que a modo de exvoto y ofrenda a mi santo patrón le tenía colgadas en un pequeño altar como protección contra la lepra. en el momento oportuno. que le dejaba en inferioridad de condiciones. Con la disculpa de llenar el jarro. 39 . El viejo ya había trazado la suya y en mí estaba adelantarme a sus propósitos. me levanté y con disimulo intenté apoderarme de la garrota. le vi acercarse a la vela. vi desde el umbral que el astuto ciego también parecía hacer sus preparativos. pero pareció olerme las intenciones y se la acercó aún más.

no tan despiertos y. párate un rato y podrás gozarte de la fama tan encumbrada a que has llegado. pero le prometí. que un día en que mis muchos e importantes menesteres me dejaran tiempo y ocasión. con todo. el negocio iba bien. Pensé que sería aquella una historia de nobles y villanos y bien sabía el papel que se me había atribuido. finalmente. – ¿Sabes. y nunca le había faltado una moneda. lo mismo que yo. la nuestra? La piden cada vez y a menudo me hacen repetirla. dar nombre y aludir al penoso momento de nuestra brutal separación– las cosas no habían sido lo mismo. pero a la fe. hartos de las suyas propias. que junto a reyes y grandes señores.Refirió que había acabado de juglar por los caminos. Lázaro. Salvo algún apedreamiento ocasional. un día de estos. Yo mismo la he compuesto y si lo quieres. un trozo de pan y un pajar caliente donde pasar la noche. Me contó que desde aquello –y evitaba. aborreciendo del género humano que tales 40 . en alguna aldea. me acercaría y haría el más entusiasmado público que imaginar pudiera. una de las historias que más éxito tiene y más demandan es la tuya. Había criado y educado a otros dos mocosuelos como yo o más tiernos. mejor dicho. a las puertas de las iglesias y en cualquier lugar y circunstancia donde hubiera gentes reunidas y ociosas. pues a las gentes les gustaba oír las historias de los otros. cargado con un laúd y un montón de romances y cantares que recitaba en las plazas y mercados.

tío? Se os puede hacer un sitio caliente allá mismo en la cuadra –remarqué yo con toda la intención de que no aceptara. retorcido por el dolor y la impotencia. cuya fidelidad proverbial no era puesta en duda. La vejez no le había borrado aquel brillo de inteligencia que se desprendía de su rostro. lanzó un leve gemido y volvió a tumbarse inerme. A la vista estaba aquel pobre perro al que arreó sin más una dura patada como para probar sus palabras. Yo mismo me vi. donde se detenía cada vez que venía a Toledo y cuyo dueño era un muy bien conocido y amigo suyo. Se había vuelto aún más cruel y eso era lo que veía en sus facciones endurecidas por el odio al mundo entero. no demasiado lejos de allí. había optado por arrimarse a los animales. caso de haber seguido a su vera. sería yo quien no iba a pegar ojo en toda la noche. – Se me hace tarde –exclamó al fin. El animal apenas se movió. alegando que tenía lugar y palabra en una posada. de maldad congelada que era aún más patente en los reflejos de la llama al rebotar sobre sus pómulos. pues si lo hiciera. pero 41 . un poco ladrón como todos. enroscado en sí mismo. pues rechazó la oferta sin más. vigilando no cometiera alguna bellaquería. ¿Qué horas son? –Es ya noche cerrada – respondí– mas.dolores de cabeza le producía. pero le había quedado como un rictus de fría crueldad. Pero otros eran sus proyectos. ¿qué prisa tenéis. como él.

Allí sujeté al perro y con toda el apremio que el momento exigía. pues avisado había quedado de que allá pasaría la noche. también felices sólo porque todavía no han llegado. pensando en alcanzarme con las bendiciones de tan terrible hisopo. sin dejar de observarle. cuando me ofreció de beber. le colgué al cuello el cascabel que precavidamente guardaba. cegado aún más por la ira. El rencor le seguía detrás como una terrible sombra. El perro empezó a moverse por la estancia haciendo sonar la esquililla y el diabólico ciego. Echó entonces mano a la garrota con la rapidez del rayo y lanzó un terrible golpe. los nervios tensos. que me hubiera dejado allí clavado para siempre. De repente. Observé su figura rígida reconcentrada.no demasiado y. y por los nuevos. Me puse alerta y. trae acá la jarra y brindemos la última vez por los viejos tiempos. no quería darle motivo de preocupación. como así era. descargaba su tranca con toda su fuerza hacia el tintineo aquel. 42 . tratándole bien. con un gesto brusco de su mano izquierda. apagó la llama y quedó todo en tiniebla. tomé la jarra y la llevé a la boca. si no fuera porque. me lancé rápidamente bajo la mesa sobre la que descargó toda la tremenda fuerza de su garrote. felices porque ya han pasado. prevenido como estaba. Lázaro. Pasó un largo trago que dejó el jarro casi a oscuras como si intentara lavar con aquel bálsamo la densa amargura que lo ahogaba. abiertos los sentidos. – Así pues.

que marchaba tras el perro. sacudiéndolas aún más cada vez que intentaba quitárselas de encima. Por suerte para mí. mientras empecé a gritar con todas mis fuerzas en mitad de la calle: – ¡Al leproso! ¡Cuidado! ¡Al leproso! El miserable. mientras el sorprendido viejo daba frustrados golpes de ciego – nunca mejor dicho– contra una campanilla que se movía de aquí para allá. cuando tuvo ocasión. 43 . el desesperado animal vio la puerta de la calle abierta y salió como un rayo. En seguida empezó a entrar una claridad lechosa que fantasmagorizaba la escena haciéndola irreal como un teatro de marionetas. Parecía el juego de la gallina ciega donde el ciego perseguía una campanilla que perseguía al perro. me acerqué de un salto a la ventana y descorrí las cortinas que antes había echado el astuto ciego. Me dirigí a la puerta de la calle. disponía de una clara ventaja sobre el furibundo ciego. hacía mover las tablillas. con el ciego inmediatamente detrás y yo detrás del ciego sobre quien coloqué al pasar aquellas tablillas de San Lázaro. hasta que. era aquélla una noche de luna y con ello y el conocimiento que yo tenía del lugar.Aprovechando la confusión. el cual me perseguía a mí. que abrí de par en par. finalmente. como un blanco móvil al que siempre es difícil acertar y más guiándose exclusivamente del oído. y confirmaba mis palabras.

nadie le creyó y empezaron a lanzarle pedruscos más gruesos e insultos cada vez más certeros. cuando el viejo empezó a clamar por su limpieza. yacía. maltrecho y humillado. apenas reconocibles. comido a mordiscos. el cráneo hundido y el lomo lleno de 44 . Al lado. Así hubo de alejarse de allí.Las gentes. de un varón adulto. sobre un charco de sangre ya seca. pues – y con eso ya contaba – nadie se pararía a comprobar la verdad de sus palabras frente a las mías. él y su malhadado perro.al comprender la terrible amenaza que se cernía sobre ellos. mas en vano. tras las puertas de las casas. al principio para alejarlo. Días después corrió la voz de que en los basureros de las afueras habían aparecido unos restos humanos. sin ánimo claro de hacer blanco en su figura. pero después. que espiaban en las esquinas. saliendo de la ciudad a toda prisa por los sucios arrabales donde el ejército triunfante apostó sus vigías. solicitando ayuda. y a intentar aproximarse a las gentes. guardando celosamente las entradas. entrar en la ciudad varias veces. en las tabernas. el cuello partido y el cuerpo y los miembros deshechos a dentelladas. con señales evidentes de haber sido golpeado salvajemente. empezaron a lanzarle piedras. pues a cada momento saltaban las voces de alarma y las pedradas disuasorias ponían en fuga al enemigo. acudieron al ver el alboroto y . el cadáver de un perro. Dicen que aún intentaron aquella misma noche. con el rostro deforme.

pero aún había necios que insistían en otras interpretaciones que muchos defendían con empeño. Era hermosa la historia. echándose a morir al lado de su dueño. con ejércitos de moscas haciéndole el cortejo. que no es malo que las flores crezcan sobre el estiércol. Había quien –sosteniendo la fidelidad proverbial de los animales– mantenía que aquel triste había muerto. El cadáver del ciego lo metí como pude en un viejo costal que para la ocasión llevaba y con él sobre mi asno nos vinimos a la ciudad. aunque inútilmente. cuando todo fue inútil. lobos. Sobre el mismo estiércol cavé un hoyo profundo y metí el cuerpo exangüe del animal. como sólo suelen serlo las mentiras. cuando apenas la luz empezaba a iluminar tanta ignominia. allí me encontraba yo y mi asno decididos a cumplir con una obra de misericordia tan elemental y antigua como la de enterrar a los muertos. 45 .magulladuras y cortes. Es el caso que unos días después. Pero dejémoslo así. Era evidente lo que allí había sucedido. en defensa de su amo luchando contra quién sabe qué enemigos– ladrones. con el concurso de mi señor. bien temprano. dimos tierra en sagrado a aquel pobre ser con quien tantas cosas había compartido. tal vez– y en el extremo de su entrega. donde poco después. fuera sólo por liberarse de responsabilidades y disipar sus culpas.

La soledad es un vacío que ocupa mucho sitio. sino con larguísimos tragos de un vinillo fuerte con que me enjuagaba el alma. Pero no había nadie. remordimientos y otras adherencias. –El vino cura las heridas. limpiándola de sentimentalismos. ya viejas como un eco que volvía desde atrás. no teniendo yo padre. 46 . Creí oír su voz rota y sus palabras. sentía un nudo de tristeza que no logré desatar en los días siguientes. proyectaba sobre el viejo mis sentimientos de hijo. Y es que.No niego que alguna lágrima furtiva se llegó hasta mis ojos. y en el momento en que lo veía desaparecer del horizonte de mi vida. incluso las más hondas.

DESCANSO I Pensé. como yo les digo. pues se vinieron a mí como en montonera. No es mi caso. limpiando la suciedad que los ataca y cuidando y preservando este asilo venerable. pero creo haberla cogido por derecho y la veo avanzar casi sola. al iniciarla. los muchos dolores que sufrimos se hacen como seres vivos autónomos. encuadernando libros. Por caridad cristiana me han acogido en su convento estos sabios y benditos monjes. Hago mi trabajo. Tampoco parece que yo soy en la mayor parte el autor de los hechos que me han acaecido. hilvanándose los hechos entre sí. la voz de su protesta. y allí se manifiestan cuando les damos ocasión. sin que parezca yo más que un intermediario. Algo habrán 47 . que me lleva muchas horas. Tiempo no me sobra. ¡cuán alta a las veces!. entre los acontecimientos y el espejo del papel en que quedan reflejados. Ocurre que lo que pensamos y aun más lo que sentimos y mucho más aún. que esta labor iba a ser muy superior a mis fuerzas y excedería en mucho mis capacidades. como lo es mi pluma. sirviéndose de nosotros para expresarse y levantar. copiándolos a veces. derramándose en mis hombros y yo sólo tuve que cargar con ellos. Así también ahora parecen cobrar vida de nuevo para plasmarse en esta hoja sin necesitar apenas mi concurso. ordenándolos siempre. ciudadanos libres de sus propias repúblicas y no siervos nuestros. Los artistas conocen esto y lo llaman inspiración.

copista a ratos y escritor de mi propia historia en los momentos escasos que me dejan libres las demás ocupaciones. He hecho amistad con un monje que viene por aquí a menudo a consultar algunos libros. como hago yo ahora en que no quiero dejar pasar de largo tantas cosas como tal vez aconsejaría el buen sentido. Pasa a veces días de retiro y oración o aplicado al estudio. voy deslizándome a oscuras por las rutas intrincadas de la memoria. quiero creerlo. Robo horas al sueño— ¡cuán poco necesitamos a esta edad!— y a los tiempos de asueto y de recreo –que tampoco va bien la frivolidad con los años– y así saco algunos ratos en que recluido en mi estancia. ¡Cómo duelen todavía algunos esquinazos con los que vuelvo a topar y a herirme. retirado a mis pasillos interiores. Aquí me encuentro. mis escasos méritos.contado también. Uno aprende con el tiempo 48 . por más que el tiempo que todo lo disuelve haya pasado por ellos! Parece que el alma tiene aristas que siempre nos desgarran y más cuanto más nos acercamos a sus filos. Así me gano el pan dignamente. pues. tanteando con mis dedos en todas direcciones. mientras acabo de perder la vida. Esa es una forma de sabiduría más honda. Es cordial en el trato. profundamente humano y nada presuntuoso. yo lo sé. ayudante de encuadernación. Dicen que es un sabio que enseña en la Universidad no sé qué materias y así debe de ser.

generoso. Me ha animado a ponerme por escrito. Lázaro. Dicen que ha escrito algunas obras de mérito en latín y en nuestra castellana lengua.a reconocer lo auténtico y a desechar las imposturas. Mas también sabe de humor y entiende en la belleza que sabe apreciar a lo que creo. Seguramente habrá después momentos en que se atranque y tendré que empujar con fuerza el carro de mis 49 . Parece que no está exento de problemas con sus superiores y hasta con el Santo Oficio. Cuando avance un poco más esta preñez le daré a leer algunas hojas por oír su consejo y seguir adelante en la gestación de este ser o abortarlo en el momento que convenga. Me trata como a igual y por mi edad. pues no dejaría de tener interés para más de una persona: A los del mundo les serviría para ver el proceso de conversión de un pecador. Algo de mi vida y mis cuidados (o descuidos) le he contado así como al pasar y me ha escuchado atento. evitarlos. que bien me han aprovechado. que ellos sabrán. sencillo. y a los que estamos dentro. directo. contándome cosas de gran sentido y peso. nos ayudaría a conocer los numerosos engaños y peligros que acechan ahí afuera y una vez sabidos. No le he dicho que ya he empezado a hacerlo. apasionado. por razones de ideas o doctrina. Es franco. Así veo avanzar con insólita premura esta narración que al menos al principio parece marchar sola. Es el caso que hemos conversado algunos ratos. máxime en mi caso que viví mucho tiempo de ellas. incluso con respeto.

50 . Y yo fui su discípulo.equivocaciones para salir del atolladero y llegar a algún destino. ya veremos. Pero ya veremos—decía mi ciego. Así que.

llevome a pasar en sus fincas unos días para que observara el milagroso proceso de transformación de la uva. Corría septiembre con las uvas dorándose en el último sol del verano y los viñedos ofrecían sus frutos como una tentación irresistible. que tenía sus viñas en una aldea cercana. –Y echas una mano al personal. que el tiempo es lento como burro viejo. humillados y ofendidos por las bofetadas sucesivas de los días. que disciplina muy dura era esa para un cuerpo tan frágil como el de Lázaro habituado a andar tieso por la vida y no encorvado como esos pobres campesinos. sabiendo mi inclinación por el vino y por todo cuanto le toca. estoy seguro. Pero no se terciaba. 51 . si acaso se tercia. mi señor. descargándome de mis numerosas y pesadas cargas que él tomaría sobre sí con gran placer. estando ambos por aquel tiempo ligeros de obligaciones. pero llega a su posada. Por aquellos días. –Hijo. y a la vez. favoreciendo sus devociones. mantenerme alejado de la ciudad.III— JORNADA TERCERA El honor es un lujo que aflige a los saciados y la virtud una enfermedad que ataca a los ahítos. Los días fueron pasando y avanzando los meses. ganarás el pan con el sudor de tu frente.

Pero también mira un poco por ahí. pues bastante tiene con ocuparse de su propio negocio. pero una maldición. Y más en aquel trabajo donde había que andar a cuatro patas y bajar mucho la cerviz. que me han aporreado todas ellas. Cada cual mire por sí. Y se fue tras sus afanes que eran muchos y yo quedé con los míos. –Amén–concluyó el clérigo con humor. divina. De aquí que no extrañe ver muchedumbres de gentes que anegan las ciudades con sus bultos de hambre. rolliza y cantarina en quien puse los ojos desde el 52 . que Dios mirará por todos. Tenía el capataz una sobrina de unos diecialgunos años que trabajaba de cortadora en la cuadrilla. –Todas las partes del cuerpo son igualmente dignas. Ahora era yo el que predicaba—. que eran más. y en estos días mal vistos y peor pagados están los oficios de aquellos que se afanan con las manos en ganarse el mendrugo. Que mis negocios también son los tuyos. sino un pájaro libre que podía volar cuando quisiera y cantar cuando tuviera ganas. –Si lo sabré yo. que por peores caminos hemos pisado y en lechos más duros hemos dormido. En fin. Dejé pronto bien claro que yo no era uno de ellos. moza alegre. Pero Dios proveerá.–Pero no con el tormento de mis riñones. que el trabajo es una maldición. que no es Lázaro hombre que se afane por otros.

Yo no era de esos que hunden sus sentimientos en el tintero de los sueños.primer momento. procuraba levantar sus sayas. Veíamos entonces sus finos tobillos. pero hacía como si nada hasta que de repente cerraba de golpe la puerta y nos daba con ella en las narices. no con la locura enamoradiza de los galanes de los libros. Tales lujos están bien en los de arriba y no en los pobres para quienes la honra está sobre todo en el pan que comen casi todos los días . distraídamente. que sin embargo no está del todo al alcance de la mano. sino de aquellos otros que sólo saben escribir con las gozosas plumas del lecho. No. que no hay mayor 53 . con mi varita mágica en forma de sarmiento. que se mueren de amor y van dejando regueros por doquier. aunque más parecía importarle que adelantara el trabajo y cesaran las distracciones. que la deseaba como sólo se puede desear la fruta madura. Su tío pasaba de vez en cuando vigilando como un Argos el honor de su pupila. Otras se daba cuenta. sus muslos gordezuelos y más cosas aún que la imaginación suple cuando la realidad se desea. Pasaba a menudo a su lado y mientras ella permanecía arrodillada ante cada cepa – que bendito es el vino que se le venera aun antes de salir a la vida– yo. En fin. Ella a veces no se percataba y nos dejaba abierta durante un rato la puerta del paraíso. que no que quedara atrás la honra de su sobrina.

El pecado se esparce por doquier y el diablo lo siembra sin parar por todas partes. Y así fue que no habiendo muchas tentaciones. Teresina era la única tentación que nos seguía.. –En cuanto a ti –prosiguió. dicen los estoicos. Las demás se habían quedado lejos. pues habían requerido su presencia en la ciudad adonde sin tardanza ni tiempo para despedida había dirigido sus pasos. en Toledo. Corría la segunda jornada de mi estancia. cuando alguien comentó que nuestro amo había tenido que dejarnos urgentemente aquella misma mañana por responsabilidades propias de su cargo. sede de virtud el campo. –Vosotros a mí. Así habló nuestro capataz. pues él en su ignorancia hubiera sido incapaz de juntar tantas palabras. 54 . fuimos a caer todos en la misma. La ciudad es asiento de maldad. Pero no es verdad. refiriéndose a mi persona– me encargó te dijera que no tuvieras prisa en regresar. ni día más desgraciado que aquel en que no hay nada para llevarse a la boca. Pero el amor es peor que la guerra.y todo vale. por lo que supe que era cierto. –Basta ya. con frases bien aprendidas.afrenta que el hambre.. Dejadme en paz.

que la envidia ha sido siempre mala compañera.que de momento. más necesitaba de tus buenos oficios aquí. 55 . donde libre de ocupación. los llamé a grandes voces que se llegaran hasta mí. hampones y mendigos. pero quien ríe último… Unos afilaban sus navajas. y un coro de cómplices miradas se clavaron en mí durante un rato. cojo el otro y marcados ambos de llagas. como agudos alfileres de sospecha. con su morro desdentado y un mugido hueco resonando en el fondo. Pero no hice maldito caso y volví a mis cosas. el uno ciego. cuando vi que se acercaba por el camino una pareja de sucios vagabundos. y el queso. Volví pues la espalda y con paso digno me alejé del grupo. que no allí en la ciudad. malolientes. cuando. Sucios. descaradas casi todas. retenidas unas. Esa misma tarde tuve ocasión de restaurar mi dignidad algo marchita. como en efecto hicieron de inmediato. un buen trozo de tocino. quién escarbaba con sus pezuñas en el polvo. repelían incluso a la propia caridad cristiana y ya los habían despedido con la breve limosna de un racimo de uvas. recomponiendo mi figura y mi orgullo. Ofreciles de comer los restos de nuestro almuerzo: algunos garbanzos. haciéndome cargo. desastrados. Y un coro de risas. Y el que más se reía era el bruto de Rebolledo. habrías a la fuerza de permanecer ocioso. otros se rascaban la cabeza. –Amén – respondí yo a modo de asentimiento. ligeramente heridos.

Me pidieron si podía dejarles descansar un rato y dormir allí la siesta. Miré con atención sus engarañadas figuras y sentí lástima como sólo podía sentirla de mí mismo cuando se me agolpaban en la mente los tristes días de mi infancia. una vez bien hinchados mi vientre y mi bota. una manta. La limosna es moneda de caridad y no tiene vuelta. pero rehusaron esto último. después de haber satisfecho la mayor necesidad como era el hambre. Se ofrecieron a corresponder con su trabajo. por si era menester. Recordé aquel breve momento feliz en que repartí con el sagacísimo ciego el famoso racimo y donde engañándome. un morral de cuero y hasta alguna herramienta o cuchillo de trabajo. Sonreí para 56 . le engañé y supo mi engaño. En muchos días no habían comido y lo agradecieron como yo bien sé se agradecen estas cosas. porque eran – decían– materias peligrosas.todo que quité de la merienda y todo bien mojado con el vino que quedaba. pues venían rendidos y no les vendría mal hacer una pausa para recuperar algo de moral y fuerzas. –Eso digo yo– añadí– convertido a su causa y creyendo fervoroso en su inocencia y buenas intenciones. Les doné ciertas prendas que andaban por allí: un par de sandalias. pero no pude aceptar. –La tentación es mejor ponerla lejos.

El cojo corría como alma en pena y el ciego le seguía sin tropezar lo más mínimo ni salirse para nada del camino. los vi alejarse a pasos más que veloces por el camino. Pero la traición duele. menos mal que eran menguados. y cuando por azar dirigí la mirada hacia ellos. ¡Pero se está tan bien a la sombra…! La pandilla entera. Faltaba mi capa y mi bota de vino y habían levantado como sucios roedores todo el alimento que sobraba. –Claro– respondí finalmente con esa generosidad que nada cuesta. me olvidé hasta de mí mismo. me desenterraron vivo y también los tesoros. Y hasta algunas monedas que dejé bien escondidas. Por una vez que dejé de ser Lázaro. Y eso me pasaba seguramente a mí. Era como abrir tu corazón a los otros y te quedaras sin él. pues apenas hube abandonado a aquellos malnacidos para incorporarme a la faena. uno delante del otro y sin apoyo mutuo. cuando está demasiado tiempo tumbado.mis adentros pensando en las volteretas que suele dar la vida y cómo las cosas pasadas siempre vuelven. centrado en ella. estoy seguro. gafado por los astros podía suceder. Sospeché la trapacería y acudí al lugar donde habíamos dejado nuestras cosas. Pero todo se vino abajo y sucedió lo que sólo a Lázaro. para algunos sabuesos. El perro más avispado pierde reflejos. Pero el dinero huele. pero ambos milagrosamente 57 . al comprender lo ocurrido. Sentí la burla. salió furiosa tras los pícaros.

De este modo quedó nuestra relación sellada por el resto de los días. afilados. –Por tus muertos. –Si os ponéis así. –Nos ponemos así.. se echaron rugiendo sobre mí. al final de las tareas.curados. pues en seguida levantaron sus puñales curvos por los arrabales de mi cuello. corrían lo mismo que el demonio. largos días. y así lo hice... que no pudo tragar nada en varios días. –Por lo más sagrado. pero no recuerdo bien por qué juré. Hube de prometerles que repondría sus cosas. cuando el amo repusiera las mías. aquellos pocos. como largas guadañas eran muy convincentes. Tan poco se fiaban de mí que me hicieron jurar por lo que más quería. Al no poder atraparlos.. –Está bien –tuve que pensarlo.. yo buscando ocasión a mi venganza y ellos plenamente dispuestos a la suya. 58 . –Todavía no he matado a nadie–aposté– y alcé un último gesto de conminación y fuerza que no sirvió de nada. Aquellos cuchillos curvos.

cuando menos.Sonreía como las fieras. Decían que había matado a dos hombres y pasado largos años en galeras. como él mismo confirmaba orgulloso. y yo pensé que a un enemigo así es preferible evitarlo o. al servicio del rey. Feo como una mentira. Porque hay almas de moscatel. de albillo y las hay en agraz como el alma del malvado Rebolledo. parecía el dios de la venganza. Al día siguiente. Rebolledo era un alma en agraz. Vi que deseaba tanto como yo a aquella moza rolliza y de buen ver que sonreía por todos los costados. recogí con cierto recato unas hierbas que todos maldijeron por sus misteriosas propiedades y 59 . pero no era yo hombre que se rindiera tan fácil y la maquinaria de mi cerebro tan llena de herrumbre que no consiguiera fabricar algún ardid del que sacar provecho.IV JORNADA CUARTA El mundo es pura apariencia. Sólo el dolor es real y de eso algunos somos más ricos. dejando ver cuatro dientes podridos que eran lo mejor que le quedaba y desprendía un aliento fétido por su boca torcida que hasta se pasmaban los racimos. metía un ojo en el otro mirando el mundo siempre torcido como garras curvas que escarbaran en las vísceras de las gentes para sacarles la vida. Con el cuchillo en la mano. no entrarle nunca de cara.

contó que había recorrido el cielo y hablado con algunos ángeles que al ir a tocarlos se desvanecían en la nada. lo mismo que los sueños. con los ojos muy abiertos y echaba a correr por el monte dando gritos. parecían inducir alucinaciones tan reales. En cambio. que no se habían olvidado y rezaban por él continuamente. se levantaba lleno de terror. indagando. huyendo de 60 . deseándole toda suerte de males. Cayó en seguida en un sopor tan hondo que no hubo manera de levantarlo de la siesta y así estuvo toda aquella tarde y noche hasta la madrugada. El caso es que los días que faltaban los pasé maquinando mi plan y las noches vigilando. Al despertar. Aquel mismo día en la comida probé sus efectos en el odiado Rebolledo. Había visto también a sus dos muertos. pues a veces le daba el ataque de locura y. pero al revés. más o menos como aquí– confesó. – ¡Menudos abogados! –Diablos de la guardia. el infierno era real. Allí estaba la gente siempre cabreada y dando voces. lanzando maldiciones e insultos.que. que las gentes las vivían como hechos verdaderos. dándose al diablo. Machaqué algunas de aquellas bayas negras que vertí en su escudilla de garbanzos los cuales devoró sin enterarse.

donde permanecí un buen rato con los ojos abiertos en medio de la oscuridad. Eso al menos me confirmaron todos cuantos la 61 . Una de aquellas. consiguiendo con todo una pasta que disuelta en el vino hacía el más rico caldo que uno pueda imaginar. cuando advertí una tenue luz. como un ligero fantasma en el hueco de la ventana. Un búho muy cerca rompió la noche con su grito. filtrándose de una ventana abierta del primer piso y que debía proceder de la cámara donde yacía Teresina. se pensó festejar la despedida con una cena un poco más señalada. Aún pude escuchar antes de caer en el abismo del sueño el grave ulular del búho desgarrando en una estruendosa carcajada las vísceras retorcidas de la noche.no se sabe qué. Pude divisar su silueta. dibujándose apenas. Oía voces. Dos días después acabó la vendimia y antes de partir y dividirse las gentes y de que cada cual regresase a su hogar o a nuevas faenas. Mientras aquella se adobaba. apretado al fresco de la noche. En seguida se apagó la luz y todo volvió a quedar en la más negra oscuridad. Alguien también lo oyó. que nadie más oía. deambulaba a oscuras por los alrededores de mí mismo. yo también preparé en secreto mi asquerosa pócima. y pasos que nadie más sentía. machacando bayas y hierbas de belladona que pude apañar. espantado el sueño. Ladraron los perros y regresé al lecho.

ardientes como encendidas hogueras. cercados de terror fueron a esconderse en la iglesia donde trancaron las puertas y empezaron a rezar y santiguarse por las almas del purgatorio y hasta del 62 . Todo el mundo danzaba al ritmo de la tierra que llevaba dentro. Temblaba el mundo en una sucesión de escalofríos. Malditos sueños. Carreras por el campo. mucha bebida y baile.probaron horas después. de la serpiente. El trepidar de la tierra entre los pies danzantes y una luna muy llena que lo registraba todo. del veneno. temblores y bebida. todos son de la misma familia. crepitando de luz y de deseo. del diablo. Aquella noche todo se agitó como una gran locura. estrujando sus racimos. Todo el mundo empezó a danzar. La pócima maldita obraba sus efectos. El recato y compostura no son más que débiles defensas contra los recios empujones de la vida y sus grandes pasiones. Yo vi alguno correr sobre la noche. entrelazados sarmientos. Las gentes de la aldea vecina despertaron y al oír el alboroto. bebedizos y pócimas. vertido que hube todo el mejunje en el común caldero donde se cocía la cena. oscilantes. al fin. la música que le saltaba dentro. Los cuerpos se enhebraban igual que los deseos. unos con otros. encendido como una estrella fugaz. Una hoguera en el centro hacía girar los astros. Tal vez me había pasado con la dosis. No había más que ver a aquellos cuerpos sin dueño.

Entre la sorpresa de la aparición y el reflejo de la luna que lo fantasmagorizaba todo. Rebolledo andaba tan borracho que apenas se tenía en pie y giraba y giraba y volvía a beber. olvidado del mundo y sus tentaciones. contemplando el paisaje. No podía ser. sobre todo la figura rutilante de la hermosa Teresina que brillaba con luz propia. no sé si de miedo o de cansancio. A lo lejos sonaban las campanas de la aldea llamando a misa o a rebato. abandonando a Teresina que se desmayó en mis brazos. que era necesario recuperar. Me incorporé 63 . puesto sobre la mía. Poco después cayó sobre sí mismo en agitado sueño. cuando los ruidos empezaron a desenvolver el día y la pequeña tropa a desperezarse el sueño. La llevé a su aposento con inmenso cuidado para que no se tronchara y allí cabalgamos juntos por los caminos del cielo y el mismo cielo hasta las puertas del amanecer que siempre chirrían. volviendo de nuevo a la vida. no sé bien.infierno. Estaba ya bien entrada la mañana. en una de las estancias y. Me entré en la casa y arranqué una cabeza de ciervo disecada que había visto adornando. la gente salió huyendo por todas sus puertas. Era domingo. salí a la noche como fantasma o diablo que acude al conjuro. como trofeo de caza. pues se habían escapado aquella noche y vagaban libres por el mundo. Pero los ataques venían de todas partes. El caso es que sólo yo y mi mala conciencia permanecíamos ausentes.

salvo yo. Había empezado a correr por el lugar una historia de brujas y demonios. el santo Oficio por medio y unas cuantas brujas aporreadas. acariciaba una prenda de mujer que llevaba a su boca y pasaba una y otra vez por su rostro. de reuniones sabáticas y ungüentos y orgías con el diablo. Aquel mismo día cada uno partió con rumbo diferente hacia su hogar o hacia nuevos lugares de trabajo. 64 . Estaba tan abstraído que ni me oyó cuando le saludé efusivamente dándole sus buenos días. como ocurrió poco tiempo después que se abrió una investigación. que habían sido mis buenas noches. ahora que el sol se ha ido y la noche – ¡estas largas noches de invierno!– viene a cerrar casi de golpe la página del día. Cuando se mienta al diablo acaba apareciendo. Pero nadie sabía nada. nadie recordaba nada.sobre el lecho y pude ver la cara de felicidad de Rebolledo. Pero todo dejemos para otro rato esa historia. una vez en Toeledo. – ¿No sabréis vosotros algo?—preguntó mi señor. abstraído. quien. El caso es que ante tales rumores salimos de allí lo antes posible. Se ve que de vez en cuando hay que hacer una limpieza. que era el que más tenía que callar.

¡Cuántos años se han ido desde entonces! ¡Cuántos amos y amigos! ¡Cuánta soledad y escombros hoy tengo acumulados! Pero Aquel vuestra merced en quien buscaba protección y algo de apoyo y quizás un beneficio a su cómodo arrimo. encuentros. las peripecias. nutrido y cuidado por mi bien amado señor el Arcipreste allá en Toledo. abrigado y protegido. puramente geométricas al fin. al oleaje turbulento del vivir y acontecer. con mi señor y mi bien considerada esposa. jamás me contestó. a los designios siempre oscuros de la providencia. que yo aspiraba a más en mi ambición y podía bien trepar a nuevas cimas. una historia terminada: mi infancia y primera mocedad. de modo que amén de ésta tenía también ganada la otra vida. Nunca había estado en tan alta posición ni medrado tanto mi fortuna. sometido a todos los vaivenes del destino. por más que mucho se ocupó — de esos modos se divierten los ociosos — de mis relaciones triangulares. jamás quiso saber de mí en adelante. Con todo. nunca se ve uno satisfecho.DESCANSO II Hago aquí otro descanso en este largo cuento de mi vida para referir algunas circunstancias que rodean a la historia de la historia. Dejé pues. de este mi libro. Vivía al arrimo de los buenos. asentado y seguro. 65 . naufragios y nuevos encuentros de este mi hijo. contagiado de ellos. es decir. Con esa intención escribí y mandé aquella breve historia de Lázaro.

Mandele aquella relación que debió quedar durmiendo bajo llave en los arcones viejos de sus palacios. sin embargo. Sospecho que a la muerte de mi señor. mutilada. su secretario. error de juventud. algún criado o albacea. humillado y vencido. que han metido la tijera por doquier y se han llevado años y errores por delante. en manos de las gentes y donde apenas ya me reconozco. No reniego de ella. empieza a estar más atenta. añadiendo en otros lados cosas que no hice ni puse. Ignoro cómo ha salido todo esto a la luz. no ha mucho. cuando era joven y más me equivocaba. Fue obra de una época. eso sí en muchas partes y miembros. En fin. Casi treinta años ha hibernado bajo el hielo de la indiferencia y el absoluto abandono. en las bocas de todos. corra su propio albur. que por ahí anda de nuevo mi vivir de entonces. Alguien la ha dado a la luz pública. oculto para el mundo y también para mí mismo en este viejo convento donde gozo de la paz y aprecio de sus monjes. Como ser propio que ya no me pertenece. precisamente ahora. entone su peripecia lejos de quien le dio vida hace ya algunos años. más firme la censura y la opinión más vigilada. o reflexiones que nunca quise hacer. del sosiego de sus muros y de la serenidad de ánimo que deposita el tiempo entre las pesadas losas de la edad. Y ahora recientemente veo de nuevo aquella historia mía publicada. tal vez su propio hijo revolvió legajos y papeles. su confesor. cuando la Inquisición. 66 . alguien próximo.

Bendita sea la idea de alegrar y enseñar a otros con mis penas. informes y deudas. donde los dioses juegan a darse importancia. No fue mi intención el publicarlo. Ignoro si allá en el viejo Olimpo.títulos y herencias. y topó sin esperarlo con aquel mi viejo relato. Pero no me importan ya mucho tales vanidades. levante sus trompetas. aunque ya tarde. que se ha hecho un nombre a base de remar en la miseria. mas tampoco me opongo a que la fama. 67 . Sólo me hacen gracia. cortado y más o menos bien vestido decidió sacarlo a la luz de la imprenta desde el vientre estéril de una hinchada valija o de un viejo baúl. recibirán con gusto a un pobre como yo. cédulas. Una vez adobado.

68 .

el hombro. las espaldas.V – JORNADA QUINTA Dura es la escuela de la vida. asustando con pasión a los intrusos. Lázaro –añadía– que bien puedes confiar en una esposa como la tuya que guarde el hogar como el más fiero mastín. su estentórea voz y sus bruscos modales. Confiaba en que uno y otra permanecerían intactos tras los breves días de ausencia. –También eso es verdad– miraba yo hacia otro lado – mientras me aplaudía la idea. Acabada la vendimia. Tenía la seguridad. conociendo su mal genio. donde había dejado a mi esposa al cuidado de mi honor y de mi hacienda. aunque no soy yo de aquellos que viven en perpetuo desvelo ocupados de su honra. que la puerta de mi casa quedaba bien guarnecida y más cuando estaba 69 . Y la verdad. el arcipreste. donde se aprende a golpes. como a burro que apenas si se apura. no me apuraba. mientras se rompía en pedazos la insolente carcajada de su voz —. Pero no es tu caso. –La honra es algo tan pesado que es mejor llevarla entre varios –creía aún escuchar por allí el eco de mi amo. a golpes se recuerda y nos acostumbramos a olvidar también a golpes. volvime de nuevo al hogar en Toledo.

Así que puse rumbo a mi morada. pero hasta en las caídas hay que mantener el honor. Bien creo que me habían preparado la celada. pero no quise indagar. jinete en mi asno. mientras un coro de recias risotadas ponía música a la escena.ya con la grosura de la preñez avanzada. como sucios pescados. Empezaba a anochecer y una fina lluvia amarilla resbalaba tristemente empocheciendo las hojas. por los suelos. erguido el busto y altiva la mirada. mientras saludaba ostentosamente a las damas. dolorido. sobre todo en las caídas. reteniendo la rienda de la cabalgadura para que acompasara con la mía su marcha y mantuviera alzada la cabeza. cuando tropezamos y fuimos a rodar los dos por el medio de la calle. Traía unos encargos para mi señor y pregunté por él. Me indicaron que había salido sin saber cuándo habría de regresar. como yo mismo. pero digno como un monumento antiguo. orgulloso como un príncipe. tieso y altivo como la torre de la catedral. rebozados en el barro. haciéndome notar entre los vecinos del barrio que se retiraban comentando por lo bajo la prestancia con que me desenvolvía. Así que allí me mantuve. Es más. 70 . Difícil me iba a ser probarlo. lo cual agriaba aun más su ya imposible carácter. Iba. por el medio de la calle. Mejor era dejar que rodara. Avanzaba de esta guisa. Por allí adiviné una cuerda. postergando para el día siguiente aquella obligación.

De esta manera llegamos a la casa. pues no hay mejor cosa para un hombre— como predicaba mi señor— que una buena ancla donde atracar su vida. enfadada y gruñona. viendo que los pocos días de separación no la habían cambiado un ápice. por el que la reconocí en seguida y quedé reconfortado. Salió mi señora a recibirnos –no antes de haber aporreado la puerta durante un rato– a medio vestir y con un humor de perros. siempre fiel a su rictus de cabreo. llenos de honra por dentro. que cambia como cambia el viento. pero sucios y malheridos por fuera. uno de los momentos más felices de su mísera vida. inmutable al humor y a los afectos.Para alguno aquel fue. como príncipe victorioso que se aleja sucio y roto del campo de batalla. un cimiento firme sobre el que montar 71 . que la venganza es un placer que se saborea más en grupo y las caídas de los poderosos siempre han producido regocijo en los humildes. Así estaba. recogiendo del suelo toda mi dignidad. no la quebraban gracias ni bondades. cuando coloqué de nuevo las cosas en la caballería y me retiré despacio. sangrándome el orgullo y oliéndome la dignidad a estiércol e inmundicia. no era éste el caso de la mía. manteniendo la compostura. pues si bien dicen que la mujer es el ser más voluble de la creación. sin duda. Fuerte y segura de sí misma.

que para qué quería ella un hombre que no sólo no la defendía. Es cierto. me satisfacía que de tal manera se amaran mis cosas. le abrí los brazos y entonces se fijó en mí. acercándose hasta él empezó a frotarle el cuello y acariciarle la cabeza como si fuera con mucho el miembro más querido de la familia. Es más. cuando se fijó en el asno que cabeceaba detrás. Y a saber qué habrás hecho tú solo durante tantos días. reclamando su atención. como así ocurría en efecto de las voces que daba: que mira cómo vienes. pero venía cansado.su casa y una mujer inalterable sobre la que edificar una familia. que podías haber mandado recado. sino que la dejaba sola cuando más lo necesitaba y no le daba más que trabajos y disgustos. hecho unos zorros. que en un primer momento no me reconoció. me examinó de arriba abajo para inmediatamente empezar a insultarme y maldecirme con una gracia tal que era digna de ser oída por todos . entre la penumbra de la noche y aquel disfraz de asco que había echado sobre mí. porque además tenía la seguridad de que no 72 . No pensaba tenérselo en cuenta. herido y sucio. así que con un leve carraspeo hice notar mi presencia. Iba a cerrar la puerta. y entonces. que bien podía ella haberse muerto y tú sin enterarte. con la cantidad de lagartonas como hay por esos lugares a la caza de hombres incautos como tú.

le importaba nada. mientras yo me gozaba plenamente en aquel chaparrón de dulzura que me calaba hasta los huesos. Ni a ella ni a mí le agradaban debilidades y gestos de blandura. Que eres un 73 . que era un egoísta que sólo pensaba en mí mismo. que eres un canalla. egoísta. –Sigue. más que sinvergüenza. De ese modo. Debió de notar mi sonrisa bullendo por debajo y mi cómplice silencio flotando por arriba. Conmovíanme aquellas duras palabras. Son como esas frutas dulces que han de protegerse con una corteza de amargura o acidez que aleje a los golosos. pero yo bien sé del fingimiento de algunas mujeres que cuando te insultan te están manifiestan su amor y cuando se muestran zalameras seguro es que piensan engañarte. – Canalla. –Sinvergüenza. Y cuidado con la pobre borrica –restalló como un látigo con toda la intención que pudo—. pues arreció de nuevo en sus insultos con un entusiasmo renovado. –Así que ya sabes dónde vas a dormir –replicó finalmente. sigue. seguía lanzando contra mí aquellos riquísimos frutos que yo saboreaba separando las cáscaras y aprovechando la pulpa jugosa que extraía con supremo deleite. señalando la cuadra adonde habíamos llegado—.

para ocuparme de esas cosas. Pero este será tu castigo por esta noche. Sólo en los últimos años. o más alto aún en la cabeza. pero venía tan cansado que ni ganas tenía de discutir.sátiro insaciable. No obstante. así que todo sería dejarlas correr como el agua vertida contra el tejado durante la tormenta. esperando que la tempestad de la noche daría lugar a la calma del día siguiente. a cambio de un poco de paz en la 74 . y yo había tenido que tapar demasiados huecos. que las energías bajas sólo descienden cuando se han llenado las estancias superiores. un demonio. cuando la situación material se hizo estable. que residía seguramente más arriba. ¿Cómo podía aludir a mis energías sexuales desbordantes? Jamás fue ese mi pecado capital. pude caer a gusto en esa celada en que los más listos varones y avisadas mujeres acaban sucumbiendo. Se equivocaba. de modo que me acomodé como pude en un rincón sobre unas envuelzas de paja y me eché a dormir con la conciencia tranquila. no cesaban de girar en mi cabeza algunas palabras llenas de sospecha y mala intención. pero ambos sabíamos de su inconsistencia. Y acto seguido entró en la casa por la puerta de la cuadra dando un temible portazo que hizo temblar las bases del edificio y echando finalmente el cerrojo por dentro. en el estómago.

se dirige alegremente hacia ellas. pude entrar en casa y tomar posesión de mi hogar como amo que era. Bien sabía que mi amada no roncaba –las amadas nunca roncan– por lo que debía ser el maldito asno empeñado en armonizarme la noche con música de sus naturales instrumentos. el Arcipreste. hecha ya la luz y la paz entre nosotros. De pronto. A la mañana siguiente. una vez que el ama había salido ya a realizar sus labores en casa de nuestro dueño y señor. sentí un fuerte golpe en la pared contigua y una especie de jadeo continuado como de gente que se persiguiera o luchara en reñido cuerpo a cuerpo.entrepierna y una continua guerra en los demás frentes. La noche crecía. Seguramente. rítmico. un ruido ronco. saltando de un lugar a otro como potro desbocado. 75 . Mi mente seguía dando brincos en una especie de duermevela. que el ser humano es un animal estúpido. era la borrica inquieta que resoplaba en la penumbra. dando espaldas a las preocupaciones y entré suavemente en el sueño. extrañando mi presencia. como de otro sueño. profundo. así que di media vuelta. aún pude oír instantes después un fuerte roncar que llegaba de más allá de la pared. pero tardaba en venir el sueño apaciguador que todo lo borra. jugándose la vida. pues conociendo las trampas de antemano.

y una mancha de grasa muy extendida en la cara inferior. cuando topé de súbito con un librito muy bien encuadernado en piel negra que resultó ser un breviario del señor Arcipreste y que reconocí al instante por unas marcas en el lomo. ciertamente. cuando muy de mañana acudía a su domicilio por urgencias de trabajo y él. que no era muy cuidadoso con las cosas y el tal librito aparecía como fantasma donde menos se le esperaba.Estaba asentando algunas ropas y otras cosillas en un armario o alacena que en nuestro dormitorio había. me recibía en hábitos poco convenientes para su dignidad. mi socio. pues odio esas estúpidas prendas cónicas que más parecen fundas para ocultar los cuernos mientras dormimos o encubrir sueños demasiado negros para dejarlos a la luz. hasta que encontré. el lugar menos idóneo– empecé a rascarme la cabeza– pero nada significaba de momento. que no era muy madrugador. pero cada vez me picaba 76 . un buen rato frotándome la sien cual lámpara de Aladino por ver de sacar la luz que me alumbrara en tanta confusión. que evidentemente no era mío. sin yo buscarlo. desde luego. como raspaduras. Aquel era. aquella cómica prenda. quien practicaba tan torpe costumbre y suya era. Allí me quedé. bajo la almohada del lecho conyugal un ridículo gorro de dormir. que yo había visto en su reverenda cabeza más de una vez. pues. Yo sabía del cura.

ellos mismos se unían ante mis ojos. como tonto. el breviario y gorro de dormir. dejándome allí plantado. perjudicaba y en gran 77 . atendiendo a las obligaciones de su ministerio o a sus muchos y prósperos negocios.más azuzándome por dentro como una espesa bandada de mosquitos. que ahora no podía romper por tal nonada. mejor dicho. Ningún provecho sacaba con denunciarlo. sin que yo siquiera pretenderlo y caí entonces de repente. la salida súbita de la vendimia. No quise hacer más preguntas por no caer bajo sospecha o levantarlas yo mismo con mis dudas. el cual estaba acabando de decir la misa Empecé a unir cabos. allí me dieron razón de su presencia. se encontraba seguramente fuera de Toledo. Y en efecto. Fui a casa de mi amo donde me comunicaron que el señor no estaba ni sabían cuándo iba a venir. de modo que me dirigí a la Iglesia Mayor por comprobar finalmente lo que suponía. aquellos ronquidos por la noche. Todo era para mi desgracia muy claro. no habiendo dormido allí los últimos días. mi misma esposa no dejándome entrar en casa ni dormir como persona. del burro. aunque no iba a gritar ni rasgarme las vestiduras cuando ese había sido el contrato de mi matrimonio. Lo conveniente era guardarlo en el secreto y no propalar lo que seguramente todavía algunos ignoraban. pues. mas al contrario.

–Muéstramelo –me dijo con altiva desconfianza. y le pregunté por el significado de aquel maldito gorro que había encontrado en sitio poco conveniente. aunque tuviera que jurar y amenazar por mi honor. donde se escondía sin más un viejo canastillo de ropa. aclarar con mi mujer algunas minucias que quedaban flotando como cuerdas de desesperados. pero la verdad es que la susodicha cadenilla vínoseme a mí desde el cuello de 78 . Abordela en la cama. con todo. Ya veo que tienes el don de encontrar las cosas perdidas– añadió en un tono de sorna. usando de mí como intermediario. Bastaba con negarlo todo para que el problema dejara de existir y en eso debía quedar mi empeño. Ella pensó que el cielo la había puesto en sus manos. si alguien lo pusiera en entredicho. Bien estaba. –Ahí lo tienes. – ¡Ah! Esto –suspiró mientras lo cogía de mis manos y lo arrojaba a un rincón. que es donde se libran las más duras batallas y se desatan en agua las más recias tormentas. Y me recordó el episodio aquel de una "cadenilla de oro" que encontrara sin que la hubiera perdido nadie.manera a mi señora y señor que tanto me favorecían. Y le tendí la odiosa prenda que acababa de rescatar. Esto es un gorro del Arcipreste que estuve cosiendo anteayer y buscando ayer todo el día.

–De modo que no pensarás. y sólo para hacerme sufrir. No nos lo perdonaríamos. aunque no sea más que un poquillo. pero hecho a escondidas es peor. –añadió con ironía. como perdonándome la vida– que el Reverendo y yo hemos estado haciendo cosas feas en tu ausencia. 79 . enredándose en mis manos. pues me indica que todavía te preocupas por mí. sin poder ya deshacerme de ella. que a saber qué habrás hecho. ni la dama era tan dama. De modo que de ahí la sorna con que mi "contraria" me lanzaba aquella frase que se venía a estrellar como una pedrada en mi amor propio. como ayer. Lo que te pasa es que estás celosillo.una dama. También yo. lejos de mis ojos que no pueden vigilarte. que mal está lo que está mal. como ladrón. pobres ingenuos. esposo querido. a las veces. después de una semana fuera de mí. que en cuanto veis un tobillo os ponéis a trepar por él. como quien carga con una obligación y se la doné un buen día en que tenía que hacerme perdonar alguna cosilla. cuando te presentaste aquí ya de noche. ¿no es así? Lo cual me agrada. pensando haber encontrado la escalera del paraíso. me reconcomo de celos de modo que no puedo sujetarlos. un buen día. con la cantidad de peligros que acechan por el mundo y de pecados– hembras que os tientan y engañan a vosotros los hombres. no sería bueno arrancarle de mis entrañas y así cargué con ello. Después nos enteramos– ella también– que ni la cadena era de oro. con lo cual consideré que quien tanto y tan fuerte se adhería a mi persona.

Y yo misma. no sin ironía y una pizca de maldad. Apoyaba su cara en mi hombro mientras dejaba caer. Y más vos. que qué iba hacer yo sin ti. me paso todo el día en un suspiro. unas fingidas lágrimas que sazonaban con su sal la mentira mejor adobada que había visto en mi vida. protegiéndolo de insidias. marido mío. aquella mínima aventura. Dios le ha puesto una mujer para enseñarle a caminar y desenvolverse en la vida. Pero me faltó valor. temiendo y pensando las peores cosas. tejiendo y destejiendo carantoñas– puedes romper el corazón de la mujer más dura. 80 . mientras sonreía misteriosamente y me paseaba su mano áspera por la cara. sin impedirlo y haciendo aun más ostensibles. Pensé sincerarme del todo contándole aquella nadería. Hasta yo pensé por momentos de mí mismo que era un horrible monstruo al tratar así a una mujer con tan hondos y puros sentimientos albergaba. si un día me faltases. En la cuadra no se duerme nada bien –recordé para mis adentros. sabiendo de su grandeza de ánimo que alcanzaría su comprensión y perdón. esposo mío. esperando a que llegue el hombre de la casa. desagradecido. que no voy a echarme piedras contra mi propio tejado. que con ese porte tan gallardo y esa natural elegancia – me decía melosamente.Por eso. Que a más de una dama la he oído yo suspirar a tu paso y no me digas que te diga. pues el amor es tan grande que todo lo purifica. donde hay un hombre.

no pude retenerme.–Por eso –prosiguió ella– al verte ayer allí. –Por cierto – insinué– tampoco yo dejé de escuchar golpes y gemidos. en un dormir lleno de revuelos por dentro y por fuera. y bien podíamos añadir a la mesa quitando lo 81 . que ni pegué ojo dando vueltas y más vueltas. Yo me pasé toda la noche bien agitada.. y si no habría sido contigo demasiado severa? Y con ese remordimiento me levantaba una y otra vez. si conocieran nuestra rotunda felicidad. inclinado siempre a ella. plantado delante de la puerta. porque seguro que te imaginas cosas que para nada son ciertas. pero tanto se peca por más como por menos.. como si nada. Verdad era lo que decía que nada me faltaba en la mesa y el lecho. golpeando el muro por ver si estabas vivo y respondías. que más que tú mismo. a quien nada falta ni en la mesa ni en el lecho y muchos son los matrimonios que nos envidiarían a muerte. ¿Qué sería? – ¿Qué iba a ser sino yo. Aún quedaba una pequeña resistencia en mi cerebro.. que no en mi corazón. Espero que durmieras bien. hasta que nada oí del otro lado y caí finalmente en el más agitado sueño. sufría imaginando lo que habías de pasar: si tendrías frío o si tal vez por desventura te pateara la borrica en un descuido.—Y continuó—: Para qué luego vayas pensando. como a un abismo. Ya podrían tener los hombres una mujer que los cuidara y amara tanto y tan apasionadamente como lo eres tú.

he de decirte –sorpréndete.que nos sobraba de la cama. la cual siguió aún hablando y hablando con tal seguridad y ternura. igual que las 82 . querido mío – que se ofreció para enseñarme a leer a mí. acabé finalmente vencido y hasta convencido de la bondad y rectitud de mi amada señora. una pobre mujer ignorante y de baja condición – fíjate –. Sin embargo. No vayas a decir por ahí. Le insinué si no estaría el reverendo preocupado por sus libros de rezos que yo había visto por la casa y que seguramente andaría buscando. con tal suavidad y convicción. Aún me vino a las mientes un último detalle. Y así ya puedo reconocer algunos signos. sin importancia desde luego. que parece mágico esto de las letras que se unen unas con las otras. que terminó arrullándome. presto ya a ser engullido o encantado por sus ojos y sin ofrecer ninguna resistencia. Y en cuanto a la envidia. pero que convenía fuera aclarado para que las dudas se disiparan y no volvieran a asaltar con sus morteros ni mi hogar ni mi honra. pues en seguida me repuso que no era el señor cura tan amante de oficios y rezos como para echar en falta su breviario. No entendió la indirecta o tal vez sí. que si las gentes se enteraran. El caso es que de tanto oír la misma música. envolviéndome con sus anillos. sería durante muchos meses la risa de toda la ciudad. estaba seguro que las gentes no ansiaban tanto nuestra inmensa felicidad como tener nuestros medios y riquezas para conseguirla.

lo que acababa de oír resultaba imposible. –Por eso. tan poco en consonancia con la razón y la lógica de este nuestro tiempo. pero en una época como esta nuestra en que la injusticia ha asumido la categoría de norma social y ley escrita. Puestos a hablar. Creo que no es labor para mí y así se lo manifesté al dómine. Pero algún esfuerzo y mucho tiempo me cuestan. Prometí de allí en adelante no creer las palabras e insinuaciones que se vertieran en contra de mi señora o de mí mismo. que no podía ser sino verdad. por más que los hechos apuntaran en esa 83 . Y aún parece que se me tuercen adrede con el único objeto de no dejarme entender. Porque el que a una mujer y de la más baja condición se le ofreciera la posibilidad de aprender a leer es algo de estricta razón. Jamás se le ocurriría aquello como disculpa o engaño. Precisamente por eso la creí. Era tan increíble la explicación. que sea de cosas serias y con gente importante. para comunicarse cosas. que estas cosas son más propias de clérigos y nobles ociosos que no de mujeres eternamente sojuzgadas y de pobres plebeyos sometidos todo el tiempo al yugo ominoso del trabajo.personas. el cual me prestó su libro para que practicara en casa en los escasos ratos libres que me quedan libres y especialmente los domingos y fiestas de guardar. –Pero está todo en latín– me extrañé yo.

naturalmente. aunque con algo de dificultad. pues estaba seguro de que tendría para mí la explicación más adecuada. sino de poder. Tenía para mí que la lectura y escritura eran asuntos más bien arduos. Aquellos redactan las leyes que deben cumplir éstos. por lo que son tan pocos los que saben de ellas. el cual no pudo negarse. la cual mostrando su acuerdo y dándome un último y tupido abrazo. y bien sabemos que en 84 . De esta manera se lo manifesté a ella. y así son elegidos por su inteligencia y discreción para enseñar a la común gente lo que debe saber para los intereses de su alma. que creía ser algo despierto y con la mejor disposición para ello. Debió pensarlo y también en sus intereses. Unos días después hablé de ello al Arcipreste. siempre a su favor. porque a los pocos días estaba recibiendo las primeras lecciones y en apenas unos meses leía con cierta soltura y podía ya escribir. Pero no es la cultura signo de inteligencia. del que han excluido a las gentes comunes. cuando le insinué que estuviera enseñándole a mi esposa y no quisiera hacerlo conmigo. se echó a dormir en los míos con la seguridad de que ni el mismo diablo lograría enredar con su cizaña nuestro segurísimo lecho.dirección. Aquellos interpretan los escritos. No era lo menos el provecho que podía sacar y ahora tenía la ocasión.

como El Cid o La Celestina. que el señor Arcipreste guardaba en su casa. Bien iba viendo yo estas cosas y mi ingenio se afinaba más con la lectura y estudio. Disfrutaba con la épica y el teatro de los antiguos griegos y latinos. Un poco indigestos y hasta estúpidos me parecían aquellos versos de amor de los poetas o aquellas tonterías de los pastores.las repúblicas y estados nada existe si no consta en un papel. al que me hice muy aficionado. afeminados y llorones. quejándose no se sabe bien de qué. las inclemencias del frío y la tortura de la sarna y el desprecio. devorando cuanto caía en mi poder: algunos libros devotos que había en la iglesia —la mayoría en latín y que apenas entendía— y otros más. así como con nuestros castellanos mayores. una pequeña biblioteca de escritos religiosos y otro más nutrido de lecturas profanas que yo paladeaba con fruición. ¡Qué pequeños resultaban los gigantes con que se medían los caballeros! ¡Qué pequeñas sus heridas. señaladas en la bien pisoteada geografía de mi cuerpo! 85 . Eran pobres cortesanos aburridos que perdían el tiempo con exquisiteces y otras ñoñerías. cuando las comparaba con las cornadas propias. y hasta Dios se ha resumido en un Libro. No podía menos de producirme enfado cuando las comparaba con las mil historias anónimas de gentes humildes que habían tenido que luchar contra la crudeza del hambre.

a lo que recuerdo. y bien creo que nunca tuvo que echarme en cara ningún error de gravedad. que todo lo fiaba a mi discreción. cuando monaguillo o mozo de aquel ciego. en un momento de su vida daban un golpe de timón y. mientras estuve bajo su mandato. los latines nuevos que aprendí y los muchos que aún perduraban en el almacén de mis recuerdos de infancia. con todo aquello. cambiando el rumbo. y también las vidas de santos. pronto me convertí en sacristán de iglesia y ayuda de mi señor. Así que. las obras de los antiguos con su hondura y saber. Fue aquella una época feliz. y nada hay que reseñar. que era tanta la confianza que en mí tenía. entregaban sus esfuerzos a Dios con la misma pasión con que antes lo hacían a sus intereses.Gozaban de mi preferencia. experimentado todos los desaciertos. especialmente aquellas en nada diferentes a la mía. habiendo saltado todas las normas. y siempre procuré no faltar a mi señor. cobrando conciencia de su error e iluminados por la gracia. cuando de tal modo a mí se confiaba. en cambio. que después de un borrascoso vivir. si no es algún episodio gracioso que paso a contarle. gobernando la sacristía y disponiendo la marcha de los oficios. gozados todos los goces. y yo hacía y deshacía en todos los asuntos del templo. esperando sepa comprender lo que de 86 .

sin ánimo de ofender a la religión ni a Vuestra Merced. Todo fue inútil. a los limpios de corazón. pues seguro que mientras pudiera. Creo que Dios tiene un lugar especial en el cielo reservado a los inocentes. Era una simpática viejecita completamente sorda y tan entusiasmada con poder contarle a alguien. de pronto. se quedaban allí adheridos unos sobre otros formando una costra de suciedad con la que yo luchaba en aquellos momentos. empezó a contarme ordenadamente todas sus faltas desde el primero al último mandamiento. Y no era de extrañar. seguro estaba. le impuse como penitencia que siguiera pecando. que Dios amaba más a los pecadores que a los virtuosos. que cumpliendo con las obligaciones de mi cargo. no ya sus pecados. cuando. como no me oía. alguien se acercó y. Créame que le previne cuanto pude. que no podía perdonarle. a los 87 . creo que presumía de ellas. en el interior de un confesonario. que más que arrepentida. limpiando a conciencia el polvo y otros pecados que. cuando en verdad no había hecho más que arrodillarse ante su conciencia. y cuanto más. tras las rituales formas del inicio. pues no se enteró de nada y salió de allí creyendo haber hablado con el sacerdote o con el mismo Dios.gracia tiene. sino sus proezas. seguiría estando viva. más viva. Ocurriome un buen día. que le dije que yo no era el enviado de Dios. Daba igual. Le di la bendición y.

era tarde. la cual. justificándolo finalmente todo. Espero que comprenda V. 88 . que nunca fue mi intención suplantar a nadie y menos a un representante de lo alto.M. Confío en que el Todopoderoso me haya perdonado esa negligencia hecha por miedo más que por beneficio propio o interés. días después. agazapado y quieto. Cuando logré reponerme. mi señor me preguntó si conocía al sacerdote que había confesado aquella tarde de viernes a Doña Mencía. empezó a largar pecados por aquella boquita.ingenuos y a las ancianitas que pecan a diario para verse un poco más sucias y lavarse y sentirse que están todavía vivas. más gruesas otras. así se llamaba. Naturalmente. no le dije la verdad. pues había quedado tan conforme que preguntaba de nuevo por él para nueva confesión. que del susto me quedé sentado sin poder moverme del asiento. pero con una viuda joven y muy conocida. ni decirle la verdad. pues. de manera que debió salir contenta de la lid. pues su ira caería sobre mí y me aplastaría. quitando importancia a lo más. estando yo en la jaula y antes de poder escapar. No podía identificarme. que quedaba para mis adentros y ahora para los suyos. aguantando un grosero chaparrón de iniquidades: pequeñas unas. así que hube de permanecer lo más silencioso que pude. Otro día me pasó algo parecido y en circunstancias semejantes. resaltando lo de menos. Yo procuraba atemperar en lo posible.

pues. hijo de mis propias obras. pero explico como herederas de la necesidad y cómplices de las circunstancias. acaba por San Andrés". Por eso.VI JORNADA SEXTA Aquí estoy. Llegose finalmente el venturoso día del nacimiento de mi primogénito. un ambiente propicio y un mes así bendecido en su entrada y salida hasta por el mismo refranero." dichoso mes que empezando por los Santos. que no justifico. Todas las señales parecían estar a nuestro favor y ¡quién sabe si aquel infante no acabaría como renombrado pastor de la Iglesia que con sus oraciones barriera de pecados nuestras conciencias! O mejor aún. 89 . A mí me había fallado la necesaria autoridad de un padre y la protección insuficiente de una madre. lo cual ocurrió allá por noviembre. sino hasta de dos figuras paternas. ya que no podía decir lo mismo de los míos. desocupada de mí y ocupada en lo más inmediato. y si esto no bastara. como soldado que con su espada ganara honra y dinero. con la tutela no sólo de una. alabo al cielo que había querido para mi hijo un paisaje digno. Así me ha ido por esos mundos vapuleado por los caprichos de todos cuantos me han rodeado. Me alegraba que tan buenos augurios vinieran a caer sobre él.

Me pidió ser él padrino del bautismo. llegose a casa el Arcipreste y cogiéndome aparte. que "uno piensa el bayo y otro quien lo ensilla". Ocurrió. según una larga costumbre no escrita. Hablamos luego sobre qué nombre daríamos al recién nacido. Aquí fue donde. cada hombre su ración. allí donde todo es posible todavía. fue desgranando una a una sus razones. debía ser él y bien podría ser el suyo propio. que el tiempo es sabio y dosifica la desgracia. puesto que iba a ser el padrino. Respondile que siempre le agradeceríamos ofrecimiento tan desinteresado con el que quería honrarnos y que no hubiéramos osado solicitar. Cada día tenga su pena. hablamos. cargando sobre mí todo su afecto.tal vez alguna encomienda en el Nuevo Mundo. por lo que acabé cediendo a ellas 90 . Quizás estaba poniendo la primera piedra de una larguísima familia de próceres que aburriría con sus apellidos y hazañas la historia futura. ciertamente de peso. pues. que un día. poniéndome su mano al hombro. Pero las cosas no suceden como uno las desea. Yo pensaba que. cosa que haría con sumo gusto y como prueba atención hacia nosotros. inclinado yo a la confianza que infundía su persona. Mas no avancemos calamidades que luego habrían de suceder. apenas nacido nuestro hijo.

cuya honra alumbre el presente y cuya fama resplandezca en los siglos venideros. Ahora escucho con tristeza en mi memoria aquellas palabras y no puedo menos de sonreír ante lo arrugadas que se quedan las ilusiones humanas cuando el tiempo pasa sobre ellas. Así que –prosiguió él. siendo él sacerdote y la gente malintencionada. y lo de estar en boca del vulgo. máxime cuando puede un día ser la cuna de un augusto linaje. y muy abajo en aquella pendiente. así era y de continuo. Lo interpretarían mal y acabarían confundiendo las cosas. 91 . perseguido nuestro nombre en los mercados y expuestos todos a la vergüenza en iglesias y corrillos.Explicome que. pisoteado nuestro honor en las plazas. Ciertamente. no entenderían que se impusiera su nombre a una criatura tan próxima. ya habíamos rodado. y así como él fue resucitado de entre los muertos. y cuando menos. de manera que vendríamos todos a rodar en las bocas de las gentes. en agradecimiento a ello. deberías entregar a tu descendencia un nombre tan ilustre. ajeno al discurrir de mis pensamientos– mejor es y más conveniente que seas tú mismo quien elijas el nombre y no es una vergüenza llamarse Lázaro. también tú fuiste rescatado de las garras de la miseria. que Lázaro era el amigo más cercano al Señor.

Aquel hombre era un prodigio. –Todo se olvidó.. Hablaba justamente. hay que macharla. Como cuando. –No andabas tú. –Sí. unos vendimiadores que al acabar la tarea se pusieron a celebrar el aquelarre del Sabbat en unas viñas suyas. desviar envites. Hablaba tan bien que podía convencer incluso al mismo diablo. los gestos añadían mucho más.. Yo no me trato con esos.Pero todo sea a su tiempo. que primero se echa un paso y luego el otro y los días no se pasan sino de uno en uno. –Ellas hablan más. una vez cogida. pero entre sus palabras. –Sería mala uva. –Torturaron a unos pocos. Pero no salió nada. hubo de intervenir ante un expediente abierto por el Santo Oficio a un grupo de operarios. dando a entender que lo sabía todo y sacaba lo justo. –La uva. sobre todo mujeres. –Se confunde vuesa merced. por allí. unos meses después. experto en parar golpes. extinguir fuegos. 92 . Algunos dineros bien puestos hacen milagros. y yo solo era un aprendiz. –Los zurraron de veras. Un hombre con cintura. Lázaro.

– ¿Sabes que por allí salió tu nombre como rodando sin querer? –Yo siempre salgo rodando. los milagros de Dios. Me debe algún favor. –Estoy seguro – ¿Qué le hiciste? –Nada. 93 . Luego mirándome así como en desgana. Y empezó a contarme cosas que yo tenía olvidadas y a recordarme otras que bien quería olvidar. había un tal Rebolledo. pero a cuenta de ello. que abominaba de ti y embestía con furia a tu memoria siempre que podía..Y se tapó el asunto. Tal vez en otra ocasión. –No he dicho tanto.. creo que así lo llamaban. sin querer levantar las sombras que nadaban por debajo de nuestras palabras. Y ya sabe cómo humillan las deudas y se vuelven de odiosos los acreedores. –Lo digo yo– insistí.Los dineros parece que eran suyos. –Tú sabrás. Se encogió de hombros. –Hablando de palos. Es bueno tener un burro a mano a quien darle los palos. naturalmente . pero nunca sin querer – me disculpé.

Resulta que la joven Teresina y el Rebolledo, se habían casado y habían tenido un precioso hijo para el cual pedían las bendiciones de mi señor y así les había honrado con su presencia el día de su bautismo. En nombre propio –y el tuyo, Lázaro,— había felicitado a la pareja y visto con hondo regocijo el niño fuerte y sano, muy moreno como el mismo Rebolledo o como yo mismo, con una potente voz como demostraba al llorar y una mancha de nacimiento aquí en el cuello. – ¿Pues no tienes tú también una semejante en semejante lugar? –añadió señalándome con el dedo. Y yo, afirmando, le dije que, en efecto, así era y bien podía resultar un aviso del cielo sobre aquel infante para quien el destino tenía reservados grandes hechos. Me recordó entonces la historia de Edipo, el de los pies atados, perseguido por los dioses y abandonado por los hombres, que llevaba en sus pies la señal de sus malos pasos; y en verdad que empecé a temblar, recordando que también yo llevaba una extraña señal en los pies, concretamente en el izquierdo, donde el dedo pequeño montaba sobre el segundo disparatadamente, de modo que se me hacía difícil encajar en él calzado alguno y había sufrido por ello un largo martirio durante toda mi vida. Bien creo que este hecho no era conocido de mi señor, el cual prosiguió hablando sobre el recién nacido, comentando que había observado en él otra marca de

94

nacimiento en un pie –no recordaba cuál– como era el apelotonamiento escandaloso de los dos últimos dedos. En seguida, recobrando el ánimo y la compostura, simulé cuanto pude, que si algo he aprendido ha sido el fingimiento, pues de él hice mi vivir. Asumí la evidencia que se me venía encima. Aún pude responder al dómine con palabras que logré reunir dentro de mi confusión, como si se tratara de ovejas dispersadas por la súbita aparición del lobo. –Tal vez esté predestinado para grandes hechos. ¿Quién sabe si no llegará a ser un Alejandro o un César, o dada su humilde condición, un grandísimo santo que el cielo bendecirá con todas sus virtudes? – ¡No sé! ¡No sé! –cortó dubitativo—. El caso es que dicen que la comadrona que, como bien sabes de ellas, suelen ejercer también un poco de brujas, se santiguó tres veces en cuanto vio las marcas, como si hubiese sacado al mundo al mismo diablo. –Habladurías sin duda de un vulgo ignorante –corté yo– que pone por delante de la fe, la superstición, y la desconfianza sobre las buenas obras. – Seguramente –remachó él—. Que buen cristiano es aquel que fía sólo en Dios y sigue el camino de la gracia en libertad, pues no hay destino fijado por completo de antemano. Asentí aunque por dentro no me encontraba tan convencido, viendo a cada hora cómo los hombres no 95

somos iguales y cómo a unos el destino ama especialmente, mientras que a otros los persigue con su furia apenas nacen. No podía dejar de pensar en aquella terrible historia de Edipo en que se resumían los más horrendos pecados que el hombre puede cometer, y sin embargo, sin ser consciente de ello, lo cual era precisamente más tremendo. Desde luego, los dioses que ponen en ese trance a hombre alguno no son superiores a éstos. Con todo, yo no puedo quejarme, pues si bien mi vida ha sido también una larga sucesión de malos pasos, no puedo culpar del todo a las estrellas, sino a mi propia inclinación y a mis actos. Pensaba cómo sería la existencia de mi hijo, que como Edipo o como yo mismo, llevaba los dientes del destino clavados en el pie. Tal vez no fuera tan negro como el mío y lograra una mediada felicidad. Mas, ¿quién sabe cuál es el designio de los dioses? Porque, ¡quién iba a decir que yo iba a cuidar de un niño que no era mío y, el mío propio nada sabría de mí!

96

DESCANSO III El libro va avanzando, aunque lento. Los años no me dejan caminar deprisa ni escribir de corrido. La vista se me cansa y me duelen las articulaciones. Reúmas, ¡qué sé yo! Cosas de la edad. Pequeñas cosas que nadan importan ya, cuando está a punto de cumplirse la carrera de la vida y son otras, más hondas, las preocupaciones. ¡Qué molestas son, con todo, estas como piedrecitas menudas que van moliendo nuestra voluntad y la energía, más bien escasa, que acaba por perderse por tan pequeños conductos! Somos, al fin, en la vejez como odres agujereados por donde nos vaciamos poco a poco. Pero dejemos los lamentos y cumplamos estas penitencias por nuestros muchos pecados. Volvamos al camino. He entregado a este monje, amigo mío, algunas partes de mi libro, en el que voy poniendo mi sangre amontonada, todo el dolor que el tiempo ha coagulado. Abierto y comprensivo como es, me lo ha devuelto con algunas anotaciones, que habré de tener en cuenta en adelante y, sobre todo, con una gran sonrisa de complicidad. –Lázaro, es un manuscrito interesante, pero nadie se atreverá a publicarlo. – ¿Tan malo es?

97

como los momentos antes de dormir. el sol ya puesto. según pasan los días y avanzan los capítulos atropellándose unos a otros como a veces ocurre con los hechos de la vida. Con todo. arrodillado ante mi conciencia y pongo en cerro el barbecho de la página sembrándola de sueños ajados e ilusiones que nunca dieron fruto. no a los que lo cometen. para que algo de mí quede y perviva cuando yo esté ya muerto. es mi intención denunciar el pecado y sus miles de formas. no me resigno del todo a dejar de amontonar mis huellas y a que la larga trompeta de la fama las derrame por doquiera. Creo dejar a salvo y fuera de toda sospecha a los más. Pero queda el recuerdo como una constancia de mi paso por el mundo. hago mi confesión a solas.–Hijo. te metes demasiado con los poderosos y eso en estos tiempos no se perdona. Con esa intención me desvivo. –Acaba tu historia y veremos. Y se ha ido dándome un apretón de ánimo que le he agradecido y me ayudará a proseguir esta mi interminable historia. quitándole horas al sueño. Cuenta con todo el apoyo que tenga en mi mano. Así me pongo en esta estrecha cámara a escribir en los escasos ratos que me deja el trabajo. a la escasa luz de una vela. aunque habrá que efectuar seguramente algunos ajustes. –Con algunos. ahora que éste ya no me acompaña y se hacen tan 98 . inclinado ante el papel. que se me está haciendo más y más cuesta arriba. Y ahora que voy a abandonarlo.

Porque hay que ver cómo todo se resiste a morir. en este momento – saco de miserias y dolores.largas las noches. Desde allí me gritan como desesperados. con todas sus fuerzas. hago dolorosos ejercicios de memoria y rescato hechos que creía ahogados en el fondo de ese pozo hondo y oscuro. Incluso yo. resumen de una vida ya cumplida y estéril – no me resigno a abandonar este cuerpo tan mal servido y cada amanecer me asomo con ansiedad a la pequeña ilusión de seguir vivo. Con la conciencia a oscuras. 99 . a punto ya de ahogarse y con el deseo de ser rescatados.

100 .

metiendo palos en las ruedas de nuestra fortuna y tirando piedras sobre el tejado seguro de nuestra felicidad. de modo que nada echábamos de menos. Así fue cómo Lázaro. nada nos preocupaba salvo aquellos pequeños casos con los maledicentes vecinos. Lo cierto es que el rapaz pronto empezó a dar muestra de sus inclinaciones. el hijo y el espíritu del Arcipreste que volaba sobre nosotros en forma de paloma protectora. otros que era el vivo retrato del señor Cura. la madre. que encizañaban nuestra dicha. sino para 101 . lo cual no es mucho decir. Decían unos que el niño se parecía a su padre. Formábamos una trinidad constituida por el padre. De mí había heredado la astucia para burlar a las gentes y sacar provecho.VII JORNADA SÉPTIMA Pero la Fortuna es mudable y alcanza también a los más poderosos. Entonces empezaron a cambiar los vientos que desataron tempestades. hijo de Lázaro. lo cual también era cierto. vino a convertirse en el centro de todas nuestras preocupaciones y desvelos. pero las cosas ofenden cuando se repiten demasiado. y no precisamente para orar. Éramos una familia feliz. sus aficiones a la iglesia que visitaba asiduamente. Del padrino.

de manera que era capaz de hacernos creer las más insólitas mentiras y echar por tierra las más sólidas verdades. resaltando los aspectos positivos de mi personalidad.limpiar los cepillos y otros objetos. Allí estaban los otros rapaces acusándole con el dedo. de todos se mofaba. no habrá ya manera de que viva derecho y acabará inclinándose en la dirección de sus malos instintos. no les faltaba razón. al fin me servían a mí mismo de rescate. A su madre debía la hipocresía y fingimiento con que engañaba a todos. a todos ofendía. Le contaba mi vida en clave de hombre bondadoso. santiguándolo a pedradas en cuanto podían. Con todos se peleaba. Sabía que cuando un retoño se vence. de modo que en algunos momentos llegaba yo mismo a confundir 102 . bien creo. si no se le endereza pronto. Pensé que como cabeza de familia tenía yo la responsabilidad de mantenerlo derecho a base de autoridad y disciplina. arrebatándoles cuanto de valor o de brillo cegaba su capricho. y. A diario nos veíamos su madre y yo en recias discusiones por defenderlo. Raro era el día en que no llegara a casa con un descalabro. que nunca he sido. que la generosidad de los fieles o el descuido de los sacristanes ponía en sus manos. que aunque me costaba encontrarlos. o algún vecino afectado se acercara a quejarse por cierta villanía. sobre todos ejercía su rapiña. reinventándola de nuevo. Así pretendía yo servirle de guía y espejo en que mirarse. en llegando a adulto.

salí a la 103 . mucho me temo que no conseguía lo deseado. Aunque pretendía con tales ejemplos servirle de escarmiento y aprendiera la lección. de modo que haciéndome invisible.lo real con lo inventado. para que en casa empezaran a tenerme en algo. con la más absoluta incongruencia de las madres en tales casos. Y no es que me faltaran ganas. donde yo no era más que un mero testigo y ni siquiera había dado el primer empujón. pues todo lo malo parecía aprenderlo con rapidez. con lo que terminó de una vez con mi autoridad y mi costoso papel de educador. que a mí. Y entonces ella. soltar unos gritos. – ¿Es que encima te pasas al enemigo en contra de tu hijo y quieres rematarlo con tus propias manos? –me decía. lo cual. mientras las cosas buenas le resbalaban como lluvia sobre cristales. acostumbrado a una austera expresividad de las emociones. empezaba a prodigarle besos y abrazos con tanto fervor. Todo fue repartir algunas galletas. Intenté ponerme serio. dicho sea de paso. mostrando toda la rigidez de que era capaz. pero prefería callar por evitar nuevas pendencias. A veces le relataba algún episodio menos digno de mi existencia. pero ya era tarde y acabó riéndose de mis representaciones. Hasta mi mujer empezó a arrugarse. pues no son galas éstas que adornen mi carácter. me costaba gran esfuerzo. Así que todo se vino abajo y ya lo veía rodar por la pendiente. aquello me parecía una representación obscena.

Pronto caí en la cuenta. algunas monedas. y mi esposa. Primero fueron velas. y finalmente. mas. al fin. Yo un poco más libre. cuando todo eso no fue suficiente. Me había costado labrarme una honra y ganarme la confianza para perderla de un solo tajo y por culpa ajena. hubimos de reparar en ello. pero sarna con gusto no pica. el crío mucho más. su más sometida esclava. que no habiendo mucho que cuidar. candelabros. como bien era de prever. sacaba sólo una parte. enseguida saltaban a la vista las ausencias. pero el muy ladino. por lo que yo dejaba hacer mientras miraba para otra parte. y rellenaba el resto de agua. Mas la evidencia me tiró del asno. 104 . de modo que todos éramos felices y el mundo seguía dando vueltas. Pronto empezaron a faltar algunas cosillas en la casa que al principio ni siquiera echamos de menos. después otros objetos más evidentes como vasijas. la mayor. echó su uña sobre algunos cántaros de vino que yo dejaba en casa y salía a vender por las mañanas. pues los clientes empezaron a llamarme ladrón y otras lindezas que no oía de mí hacía tiempo. espejos. alguna hebilla de plata. y las cosas sucedían de mal en peor. jarrones. para que yo no echara de menos.calle con la más desazonadora impotencia sobre los hombros. Pero al fin me consolaba el pensar que me deshacía de una tan pesada carga.

Lázaro. enfocándome con las hogueras de sus ojos inflamadas de ira. intentando meter la cuchara en la conversación.Apenas le hube contado a mi señora esposa el asunto. llegó sin más por autoconvencimiento a la confirmación de sus sospechas. pensé que decía la verdad hablando del “otro”. que no acabas lo que tienes en casa y vas a picar en las ajenas. Y luego con una expresión directa. por más que negaba con la cabeza. ¿Quién es esa zorra que se mete en corrales ajenos? 105 . pero lo que no sé es adónde quieres ir. quién eres y de dónde vienes. que la vida está tan llena de ambigüedades. confesamos la verdad. yo que no estaba más que para él. añadió: – ¿Qué mala puta te está sorbiendo seso? ¿Con qué sucia pécora te estás gastando mis cuartos? Tú. que a menudo mintiendo. Y como se refería a mí en tercera persona y evitando mirarme. ¿Para qué necesitas el dinero? ¿Es que no te basta con vaguear todo el día que además te bebes nuestro sustento? ¿Es que te estás jugando a tu familia a las cartas y nos vendes para pagar tus sucias deudas? ¿O es una mujer? Yo no me movía y. lo primero que hizo fue señalarme con el dedo y dictar sentencia: – ¿Conque ahora vienes a culpar a tu hijo de tus fechorías? Todos sabemos. donde no dejaba resquicio. que no miraba sino por sus ojos. – ¿En qué estaría yo pensando?– fingía teatralmente.

fiaba de él y daría en todo momento la corrección y disciplina más conveniente. y el rostro contorsionado. pedimos. sujetando a Lázaro– liebre por la oreja. por sus propios hijos. Dos días después vimos acercarse a toda velocidad a un clérigo con aspecto de galgo. por lo que más quería en este mundo. Que nuestro señor.Así siguió perorando un buen rato. que era su padrino. por los suyos. como si levitara. mientras yo salía de casa a descampado por ver si cesaba la tormenta. como si viviera en sus carnes la propia crucifixión de Nuestro Señor. que no volvería a ocurrir nada semejante. suplicamos y volvimos a jurar por nuestros muertos. y tierno como era. por lo flaco y husmeador. por su madre. tal vez podría enderezarse si se tomaban a tiempo las medidas. pues caminaba tocando apenas el suelo. Que no lo entregara a la justicia. Era capellán de una iglesia vecina que había pillado in fraganti a aquel arrapiezo robándole el cepillo. el Arcipreste. agarrado de una oreja. Entonces juramos y perjuramos. de modo que parecía éste sumido en arrobo místico. como nos confesó nada más llegar. 106 . pues sería echarlo a perder. – Está bien –dijo al fin– soltando al muchacho al que tenía sostenido en vilo.

que todos asimos aliviados – en los problemas humanos no sirven tan drásticas soluciones y no se puede eliminar al pecador para borrar el pecado. Tenemos un problema— y miró con intención al muchacho que hurtó su delicado cuerpo. –Veamos –arrancó. o tal vez por la alegría.. –.. por los tortuosos caminos de su cerebro.. –. que el chico vigilaba temeroso. seguramente lo que deseaba en aquel instante. atemorizados.. agarrados a las crines de sus silogismos.Pensándolo bien – concluyó— lo mejor será que venga conmigo algún tiempo. –…Eliminar el problema suele ser la solución más adecuada – exclamó.Está bien – repitió— como perdonándonos la vida. finalmente—.Pero –lanzó como un último cable de salvación. dolorida por la tensión. pero como si reflexionara para sí. mientras se frotaba la mano derecha. el cual se encogía en el círculo de castigo que habíamos cerrado en torno a él. –.. temiendo caer de bruces al momento siguiente.. que es..Así que –nos conducía. que yo le haré pagar las 107 . hasta casi desaparecer en la nada. y estiraba y encogía los dedos en un gesto de tenaza. mientras mirábamos todos muy preocupados al chico. —…Y tenemos varias soluciones –prosiguió— hablando en alto.. como si le hubiera pinchado con los ojos.

pues cuando hay abundancia. Nos satisfacía que ahora fueran los buenos quienes se “arrimaban” a los nuestros. como pude conocer semanas después. Empezamos a besarle las manos de lo agradecidos que quedábamos por su magnanimidad y buen corazón. haciéndonos creer que eran los nuestros. incluso de su madre. que nunca pensamos que tal arrimo fuera así. Ahora pienso que todo fue una mala comedia con sus decorados.deudas contraídas y le enseñaré disciplina y trabajo de la que al parecer está tan necesitado. aunque me pareció excesiva la generosidad de los fieles de aquella parroquia. "arrimarse a los buenos" y así habíamos vivido siempre a sus costados. que tras derramar algunas gruesas lágrimas lo dejó partir con su bendición y la del capellán. Así se llevó al chico con la aprobación de todos. sacaría de ello algún beneficio. Entreguele el dinero que. algo se derrama por los conductos y rezuma hasta mojar a los indigentes que se acurrucan a la intemperie. había en el cepillo y. según él. Bien es cierto. lo solté sin decir nada. pues siempre fue su voluntad. que de un principio ya sabía adónde quería ir y nos conducía por sus territorios. tan al pie de la letra. como la mía. cuando el pobre 108 . donde nosotros no hacíamos sino el papel de bobos y el avieso capellán el de burlador de todos. Su madre lloraba agradecida por tanto prodigio. Además – pensaba yo – también el muchacho. quien lo puso a su servicio desde aquel momento.

y volviendo a lustrar y encerar.muchacho. –Las tentaciones. – ¿El qué? – Cometer algunos pecados. puliendo y abrillantando. – Está arrepentido. pero es lo mismo. –Y algo más.. – ¿Entonces. Por el día le hacía trabajar en la iglesia y en su casa limpiando y adecentando.. Me acabó de contar toda la historia a grandes rasgos. Por la noche era aún peor. 109 . –También. de modo que aquello relucía como las estancias del propio Febo. –Es dura la virtud y nunca viene mal algo de ayuda. –No creo. Y bien está la limpieza. pero nada es bueno en extremo.? –Y de raíz. – Pero no volverá a hacerlo. Se lo he cortado todo. –Le has quitado la ocasión. Y aquí me contó algunas “cosillas” que no es bueno repetir. vino a mí y me contó algunas muy negras historias que aquel depravado ser le obligaba a realizar. que donde hay seso. huido.

. –También. Su padrino. Pero quiso alejarse. –No me creerá. como pensando– que me he ido al convento... Tengo delante todos los caminos.. – se rascaba la cabeza.calle la lengua. La vida es movimiento. 110 . Aún podíamos echarle alguna mano. – Más o menos. acabaré convertido en otro monumento frío y rígido. – Si no salgo de aquí pronto.. Necesitaba volar más alto y el mundo se le había quedado algo pequeño. – ¿Adónde? –No sé. – ¿Qué le digo a tu madre? –Dile. podía usar de algunas influencias para echar tierra al asunto. ya lo llevaba pensando algún tiempo y sólo faltaba la ocasión. Le pedí se quedara con nosotros. –Ahora tengo que huir. En realidad. – Como nosotros. el Arcipreste. Ni siquiera llegó a despedirse de su madre. dile. –Y los atolladeros. Tampoco el capellán iba a airear mucho su caso. que no es bueno comentar en plaza pública lo que la discreción guarda para la intimidad.

–Muy piadosa. la vista abierta y los brazos extendidos.–Seguramente. dejándonos en la más espantosa de las noches con sus turbados sueños y negras pesadillas. 111 . pero esa sí que será una mentira piadosa. por más averiguaciones que hemos hecho entre arrieros. con unos pocos consejos y casi nada más. El río de la vida lo arrastró lejos por qué sé yo qué extrañas torrenteras y nosotros (todos tres) permanecimos durante largo tiempo. Nada cierto hemos vuelto a saber de él. se alejó a toda prisa sin volver la mirada como si temiera convertirse en una estatua de sal. mendigos y viajeros de toda condición. Y así un día. tanteando entre las ciegas sombras de la vida esa luz que se nos apagó tan pronto.

112 .

Había que buscar la explicación sencilla y algún culpable cerca. que allí adonde dirigíamos la mirada. Y eso la volvía frenética. A partir de aquello. – ¡Mal padre! ¡Que has echado a tu hijo de casa como a un perro! 113 . A golpes nos hirió a nosotros dejando al descubierto nuestra desnudez. que no tenía yo otras cosas mejores que hacer. – ¿Dónde está nuestro Lázaro? – Al convento. A golpes de infortunio avanza el hombre por los torcidos vericuetos de su existencia. – ¿Dónde está nuestro Lázaro? Y le volvía a repetir una vez más lo que sabía y ella se empeñaba en no creer. nuestras relaciones vinieron a pudrirse. llegando a amontonarse el odio en todos los rincones.VIII JORNADA OCTAVA Nuestro infierno son los otros. Pensaba que burlaba de ella y lo hacía adrede para que rabiara. sólo recogíamos la ausencia del ser que hacía más largos los días y las noches casi eternas. es verdad. pero más terrible sin ellos.

impacientes. conociendo todos los idiomas del desprecio. Lo habíamos envenenado primero y luego. Nosotros. aún más. Había cenado mucho y bebido mucho más.Y se estaba así ladrando mucho rato tras de mí y hasta mordía algunas veces. el Arcipreste. con la muerte de nuestro protector. recurríamos a los gestos. Cuando llegó el médico. Un buen día. no había nada que hacer. Nos odiábamos en silencio. y en medio del vacío nos dedicábamos a incubar los estériles huevos del rencor. que habíamos acudido a cenar como otras muchas veces. como el rayo. petrificados. puesto en pie. entregó su alma a Dios. sin que mediara enfermedad ni hubiera mostrado síntoma ninguno. El corazón le falló en aquella larguísima noche cuya memoria mejor es no volver a repetir. Quedó en el suelo inmóvil y nosotros también. 114 . cayó sobre la silla haciéndola añicos y golpeándose la frente en la caída contra el borde de la mesa. hubimos de ser testigos y cómplices de su muerte. que él lo tenga en su gloria. Todo vino a complicarse. Sangraba en la sien. a gritos. Fue todo fulminante. La herida en la cabeza y la hinchazón de su cuerpo indujeron enseguida las sospechas. En medio de un brindis. Estaba muerto. invitados por su generosidad.

que acabaron de golpe con nuestra buena fortuna. teníamos muchos enemigos. el señor Arcipreste nos había donado. sin duda. y así.habíamos acabado por golpearle con la silla en la cabeza.. todo se alió para perdernos. Más de uno se prestaría a jurar en falso. Quizás habían añadido tramas extrañas. pactos diabólicos.. generosamente y en pago de tantos servicios. para quienes había llegado la ocasión de ejercitar cobarde e injustamente su venganza. y aun más el propio clero... Caminaba por los estrechos pasillos donde los golpes y 115 . por hacernos “ese favor”. copas y bandejas que habían colocado en nuestra casa. como prueba acusatoria.. ¿Por qué el Alto tribunal en un delito común? Aún no lo entiendo. lo habíamos matado para aprovecharnos de sus bienes. En fin. amañando testimonios. no sé. sin más pruebas fuimos expulsados del paraíso y vinimos a caer en las más profundas y negras mazmorras de la Inquisición. fácil demostrarlo y más cuando teníamos en contra la envidia y mala voluntad de muchos. como probaban aquellos candelabros de plata. interesado en lavar su imagen rompiendo y ensuciando la nuestra. Parecía la antesala del infierno o el infierno mismo. Si a esto añadimos el egoísmo interesado de los herederos: sobrinos y otras especies. No digamos de los muy jugosos jamones y chorizos que colgaban en nuestra despensa y que. con tal de hacernos daño. Y la verdad. No era.

delante. loco! No estaba solo –pensé– a no ser que fuera mi propio espíritu desencarnado. pero aquello era peor. pues en un momento me vi sujeto por los brazos y oí una voz en la sombra: – ¡Quieto. y empecé a nadar a manotazos pugnando por salir a flote. – Basta ya. sus harapos. 116 . a cuerpo descompuesto. el golpeteo incesante. al tiempo que me soltaba muy despacio. encargado de hacerme la otra vida imposible.los gritos resonaban ampliando el miedo. Me habían enseñado el olor a azufre del infierno. muy delgado. necio –repitió la misma voz. Me arrojaron a una cueva negra y fría de un empellón que me hizo tropezar violentamente contra el muro. Oía a mis espaldas el chirrido de las puertas al cerrarse. A alguien debí golpear en el loco forcejeo con mis fantasmas. Apestaba a hombre demasiado tiempo vivo y sin lavarse. Palpé con mis manos la humedad que bañaba las paredes. donde pronto empezarían a torturarme por mis muchos pecados. como si sudaran de terror. los chillidos de ratas que se movían en enjambres. aspiré su hedor y me eché atrás. un poco más lejos y. Aquel era sin duda mi diablo de la guardia. Palpé su cuerpo a través de las rejas. como los espíritus de aquellos que allí lo habían dejado. Seguramente había caído en las mazmorras sombrías del infierno.

Me incorporé en el grito. Aquí lo que sobra es tiempo. ¿Cómo habéis llegado hasta aquí’? No pude verle el rostro. ¿Por qué estás en este sitio? Y empecé a hablar para sacarme el miedo y hablé toda la noche.– ¿Quién sois? –pregunté impresionado ante el aroma de santidad que desprendía. Alguien me escuchaba en la celda de al lado. así empecé a llamarlo. mas no podía dormir. – No es eso. Huía el sueño espantado por los miles de preguntas que se alzaban entre largas guadañas. me sujetó los hombros. bueno! —Era una explicación—. Me palpé la ropa y vi que estaba húmeda. ¿Qué iba a ser de mí? –Me interrogaba a solas– y una densa lluvia de cuchillos me aguzaba el alma y me calaba de terror. Y me ofreció un cuenco de agua que bebí de un solo trago. – ¡Ah. Cerré los ojos. – Descansa– repuso finalmente con voz acogedora. Desprendía un sudor frío. El suelo está encharcado. cuando Alguien. eclipsado en las tinieblas. –Es una larga historia que habrá tiempo de contar. ¿Me había orinado encima? – Yo no soy valiente –confesé en voz baja. Tanta era la sed que habían ocasionado mis desvelos. 117 .

Empezaba a amanecer cuando al fin vine a hundirme en brazos de Morfeo. – ¿De modo que eres Nadie? –Así vivo. presto a ser engullido a cada instante por el Cíclope. Se trataba de mi propio clima danzando en la breve geografía de su cara. –Verás– empezó su relato. huracanes. Mas miraba su rostro y veía pasar por él. encerrado en esta lóbrega caverna. En efecto. Le pedí a Alguien que me contara la suya. el laberinto del diablo.interrumpiéndome apenas para aclarar algunos puntos. de modo que no existo sino para mí mismo. Llevo cerca de diez años vagando por estos corredores como un alma en pena. mareas altas. carraspeando. olvidado de todos. entre estos muros que guardan mi secreto. lluvia fina. Y yo sé lo que cuesta escuchar así durante un rato sin llenarse la boca de bostezos.M. el mismo infierno – ¿Quién es tu Polifemo? 118 . ni siquiera a V. como si fuera un mapa del tiempo o un espejo. heladas. Dormí durante horas. accedió al fin. en estas completas memorias que ahora escribo. oculta mi existencia entre papeles perdidos. y aunque un poco reacio. ni a mi confesor. A nadie le he contado nunca tantas cosas. borrascas. Aquella noche proseguimos las historias. aquello parecía la zahúrda de Plutón.

–Algunos– añadió vagamente sin interés en precisar. ¿Quién podía asegurar nada en un lugar como aquel tan firme sí. los otros presos que pueden delatarme. – ¿Y yo? Me miró de soslayo. –Tienes muchos enemigos. precisamente para quebrar la fortaleza interior de los que a él nos arrojaban? – ¿Y la familia?– le eché como si fuera otro cable al que agarrarse. los jueces. –Nunca pongas a prueba la amistad –repuso. – ¿Mercader? –Y converso. – La familia– repitió solemnemente. ciertos odios y muchas envidias. 119 . Prefiero que siga ignorante de mí y de mis desvelos. el carcelero. algunos dineros.–A veces yo mismo. mi propio miedo que me anula. el mundo entero. Ahora no sé. Suficiente. – ¿Tal vez eras rico? –Una casa. como si fuera una pregunta que sobrara. –Un grave delito. No le haría ningún favor. tan consistente. ya veo. Vivía un hermano. descargando al fin su voz en un suspiro. la misma Inquisición. ya veo. creyéndome sin vida.

créeme. – ¿Qué importa. un juramento. Es ciego. A no ser que los ciegos sean éstos. – Con todo. Al menos así lo pintaban los poetas. – Había algo más. – Nadie manda en su corazón –disculpé yo—. Y yo le creía. – Como buen cristiano. 120 . favores sexuales. Todo se quiebra cuando te acuestan en el potro y empiezas a cantar lo que no sabes. no le dieron importancia –prosiguió– hasta que empezaron a buscar tratos especiales con el demonio. viles suciedades más propias de mentes enfermas ansiosas por hurgar en su excremento. –Y los encontraron. con ingenua malicia. confesar lo que no crees y proclamar lo que no eres. Las más recias voluntades se quiebran ante las terribles coces del potro de tortura. —Y bajando la voz—. una protesta? Nada. – También de esa manera. una palabra firme.–Mas cumplo con todos mis deberes de cristiano. en realidad. Sabía bien cómo. Sonrió apenas. pero le dejé que hablara. Amaba a otros hombres.

huyendo de todos y sin ningún sitio adonde ir. En el código de mi clase –si es que pertenecía a alguna– no estaba el arrojo que muestran los soldados y proclaman los nobles como suyo. temiendo se rompiera el sedal y comprobándolo a cada momento. –Ya te lo dije. desnudo y medio ciego. mas no sé por qué extraños caminos se perdieron mis papeles y. – ¿Te aplicaron. En cuanto empezaran a tensar este mi mimado cuerpo. – ¿Confesaste? –Como manda la Santa Madre Iglesia. confesaría lo que quisieran. aquí sigo viviendo como un topo. – ¿Entonces.? – ¿Cómo sigo aquí? ¿Verdad? Repetía aquella palabra como un clavo en que sujetar la conversación y al interlocutor. Yo no era valiente ni tenía que aparentarlo. recorriendo estos larguísimos pasillos como un alma en pena.. sentía ponérseme la carne de gallina y correrme por la frente un sudor frío.. – ¿La comida? 121 . pues. sabía que no podía aguantar. No aguantaría.Según hablaba. olvidados de mí. Me condenaron a la hoguera. un breve anzuelo del que tiraba una y otra vez. la terrible medicina? – Me aplicaron.

mas siguen poniéndole comida. arañas.–No es problema. – ¿Y no se dan cuenta? –Aquí. Después el cepo. ¡Cuánta imaginación para quebrar al hombre! 122 . recorriendo todos los lugares. igual que el perro que espanta a voces su propio miedo e intenta alejar la soledad un poco más allá. También recojo las sobras de otros presos. Primero. las piernas descoyuntadas en el potro. Las celdas vacías –prosiguió– permanecen abiertas y yo vago por ellas. y con él. mientras ésta siga desapareciendo. No sabes los milagros que puede hacer el hambre. Era un ser apenas humano en la figura. ratas. ¿Verdad? Hay algunos que mueren en sus celdas.. las piernas semidobladas de manera imposible y la espalda curvada. Caminaba extrañamente como un simio.. así que fíjate la muerte. con una cuerda a la espalda. Parpadeaba incesantemente como si se tratara de estrellas que titilaran en la noche y sus “verdad” eran como ladridos de afirmación ante tanta inseguridad como le manaba dentro. creyéndome fantasma. verdad. Habían quebrado su figura de hombre. finalmente. Algunos presos se santiguan al verme. apoyadas las manos en el suelo. Cucarachas. Aprovecho un poco de todas partes. colgando como un jamón balanceándolo y dejándolo caer. nada importa la vida. la espalda rota. Abunda por aquí esa fauna.

Ya había notado un aire ido en toda su persona : su semblante caído.. lentamente. filtrándose en la roca. por donde corría hasta perderse. a veces aleteante.Me miraba apenas cuando hablaba. Volvió a dejar caer aquella incierta mirada. Mira la humedad que rezuman las paredes.. no sabía bien dónde. como cambiando de asunto– ya verás que abunda en ese sitio. No sabía cómo interpretar sus brillos. con unos ojos huidos y unos dejes extraños en la voz. A mí me pasaba igual. ¿qué podía esperarse de un ser que fue humano tras diez años de terror y soledad. su mirada perdida a veces. debajo de la puerta. – Después del ascetismo viene eso. Pero. – No temas. el timbre destemplado de su voz. la virtud. ¿Qué vicios podrían anidar en un lugar así? 123 . viviendo tan al límite? –En cuanto al agua. Aquí me han quitado todas las pasiones. hasta formar un hilito que bajaba hasta el suelo. incapaz de fijarse en sitio alguno. Y así era. los labios descolgados. Goteaba como el tiempo. verdad –prosiguió. –En algunos rincones hay pequeños charcos donde saciarse la sed y hasta asearse un poco si es que supiera uno para qué.

– Tenías a los otros prisioneros – apunté yo. –Cuando hablas a la nada y te rebota la voz. pues no sabes lo horrible que es la soledad No me atreví a interrumpirle. – Precisamente. – ¿Y no has logrado escapar? – No es fácil. llegaban de muy lejos los lamentos de algún desgraciado. oculto en nichos y rincones.Me di cuenta de que no podía controlar los músculos de la cara y las emociones actuaban en él sin control. alimentado de miedo y nutriendo el de otros. pero me alegro. es cierto. Para confirmarlo. Lo hicieron conmigo 124 . El miedo a que me atrapen otra vez. igual que del diablo. – Ahí estaban. Nuestro infierno son los otros. hasta levantar hacia lo alto un coro de desventura que agrietaba las paredes y encogía el alma. Podían delatarme. pero he huido de ellos hasta hoy. el miedo al miedo me ha paralizado. como en una maquinaria desajustada. rebotando en las paredes. pero más terrible sin ellos. me han sorprendido aquí mientras bebía. podían llevarme de nuevo a su infierno. Siguió explicando. entrelazándose con los gritos de otros condenados. Y he vagado durante años por estos corredores en las horas vacías de la noche cual terrible fantasma. acabas inventando otro mundo y cayendo en la locura.

sin testigos. Tal vez mi hermano. Seguramente se había quedado encogido para siempre por el miedo y lo abracé como a un hermano. –Por aquí he visto a seres que antes fueron humanos. ¿adónde iría y qué razones me quedan ya para vivir? Habría gentes dispuestas otra vez a delatarme. créeme. Yo que siempre había puesto murallas a las emociones. Mis amigos habrán aborrecido de mí seguramente. me confesé también humano. 125 . en que para darnos la otra vida nos quitan esta. Siento pavor de que vuelvan a aplicarme la tortura. Y además. Y se quedó colgando de este cabo como una esperanza. en que para defender las almas. no pude menos de darle un mordisco en la oreja y retirarlo con cierto desapego. Incluso noté alguna lágrima venirse a la mejilla cómo sus convulsiones se apaciguaban contra el muelle de mi pecho. y para sostener sus creencias han de derribar al hombre que las sustenta! Miré a aquel ser menudo. allí. ¡Qué siglo este—pensaba yo— qué edad infame. pidiéndole a Dios la muerte y piedad al verdugo. Cuando hubo recobrado algo la calma. aún tiemblo por las noches y a veces grito en sueños. sometidos a humillación.en varias ocasiones y.. si es que alguno llegó a librarse a tiempo. antes de que yo pudiera decir cosas de ellos.. tienen que destruir los cuerpos.

El otro. Así que ya sabes. Me arrearon como a bestia maldita por una serie de tortuosos e interminable pasillos donde resbalaba a veces. Asido por las muñecas. –Así me gustan los hombres. muerto tal vez. que la emociones acaban ablandándote. –No. ya perdido el conocimiento. a veces tropezaba… hasta que vine a dar a una amplia sala con dos hachones de luz en las paredes y dos pobres diablos estirados. el traje en que me sentía más a gusto. descansaba. si es que puede uno estarlo alguna vez para estas cosas. Estaba preparado. Aunque si escarbas un poco. sin pasarse –me encontraba extraño–. duros –replicó él. –Nunca te avergüences de tus sentimientos–comentó mientras se recomponía el alma. los huesos posiblemente descoyuntados y las carnes agrietadas. mientras el verdugo 126 . Impresionaba la escena y creo que me oriné encima. desmayado el uno. se te vienen abajo. el otro dando gritos de absoluta desesperación. tumbado en el potro y estirados los miembros. mientras volvía a ponerme el impermeable contra las emociones. si yo sólo me avergüenzo de los tuyos –repliqué con sorna. Uno colgaba vertical como una longaniza. daba gritos terribles. – ¿Y quién te manda escarbar? Dos días después vinieron a por mí.–Oye. y para sobrevivir hay que ser duro.

Tengo que decir que éste se esforzaba en su oficio y se ganaba sobradamente el pan. Era un hombre del Oficio. Entonces se acercó a salvarme el vestido blanco. Ya iba viendo yo dónde iba a descansar aquella siesta. ajeno a mí y al mundo que le rodeaba. me descubrieron la espalda y empezaron a darme latigazos. el reo o el verdugo. un ser fúnebre. entonces. Suelen hacerlo para calentar. 127 . vestido de blanco. Aún no me habían preguntado nada y ya tenía sangrantes las costillas. así dicen. Más bien todos tres. Sólo le faltaban los atributos. cuanto más a Nuestra Madre poderosa de quien se declaraba humilde hijo devotísimo? Me ataron al muro. Me estaban preparando la cama cuidadosamente. con hábito de monje y un rollo de papel en la mano que leía atentamente.semidesnudo y sudoroso empezaba a desatarlo. experto en interrogar a reos y sacar confesiones. que no tiene nada de santo. enjuto. tan pequeño. – Tú eres Lázaro. que ninguna amenaza podía venirle al mundo por él solo. Llegó como de la nada. no sé si el ambiente. ¿Pero qué pintaba yo en aquel cuadro? Ni era brujo ni hereje ni converso. ¿Por qué el Alto Tribunal? ¿No era demasiado honor para un simple pícaro como Lázaro. Podía confundirse con un embajador del infierno o el mismo Príncipe de las Tinieblas.

Un empujón tremendo en mis queridas partes me convenció. como así era. Se les cortó la risa por un instante. Poner en duda su profesionalidad.– Lo confieso –respondí al sentirme descubierto. Empecé a soltarles.. Yo le preparé aquella jugada al ciego. Sólo sé que desde entonces mi voz se acerca más al coro de los ángeles. – ¿Quién mató al Sr.. yo. 128 . Se echaron a reír. pensando.Les hacía gracia. pues subió una octava más.. –He visto un fantasma que vaga por ahí. Así que canté. pero volvieron a apretarme y muy fuerte hasta que me desmayé. Soy culpable. –…Un reo que se les ha escapado y anda suelto. No era posible y menos mal que no me creyeron. Fantasmas a ellos. Aquello no podían tolerarlo. yo le bebía el vino y le comía el pan.. – ¿Lo mataron? – pregunté ingenuamente. vuestro amo y señor? Así que volvían a cambiar de ruta. Así que intenté otra ruta. para que me soltaran. señor. Arcipreste. Una bofetada en plena boca me hizo callar. y no lo daban fácilmente. De allí no se marchaba nadie sin permiso. y yo estaba ya exhausto. Me tenía bien agarrado y apretaba. Pero un puñetazo en el ojo me hizo ver las cosas mucho más claras. No debía ser por allí. En realidad era lo único que veían por aquel reino. que había sido la suya muerte natural.

yo solo – concluí– dispuesto a afirmar cuanto afirmaran. – Entonces. así que callé. Yo no estaba allí cuando ocurrió. Otro golpe en la boca acabó de ablandarme la memoria. – Lo confieso.. Era inútil todo cuanto dijera.–Tal vez mi mujer –insinué yo. pues ellos no variaron un ápice la suya. – Así que lo hiciste tú solo. sin ignorar las consecuencias fatídicas que podían echársele encima. – ¿Tú solo? – Sí. que no se esconden a llorar en las faldas de su esposa. sí. negar cuanto negaran y con el deseo sincero de complacerles. para ablandarme – decían— sin saber que estaba a punto de caerme al suelo como breva madura. con la complicidad tuya. Pero de nada sirvió mi cambio de táctica.. afirmas que lo hizo tu mujer. Me cambiarían las palabras a golpes hasta oír lo que quisieran.. Y añadió: –Así me gustan los valientes. lo confieso todo –me arrancaron como una exhalación final que marcaba mi decidida voluntad de acabar con todo ello. Si al menos supiera lo que querían 129 . – Yo no he dicho eso.

que tenían ya redactada desde antes de tomarme la declaración debida. y empuñándola con fuerza. sin sospechar siquiera de nuestras malas artes. los testigos. convicto de asistir a sucios aquelarres en compañía de otros hechiceros y confeso de haber perjudicado a la religión y echado mal de ojo. el Arcipreste. Por eso firmé lo que me presentaron.. pues primero el juez escribía la acusación. el orgullo es un gran pecado que hay que mortificar. para que su declaración coincidiera con lo escrito. que tan generosamente nos había acogido. causándole la muerte. mientras recogía del suelo una firme barra de hierro. sin presumir. que ya no se modificaba. yo solo. Allí quedaba patente mi estrecha amistad con el diablo. El zarpazo me había alcanzado el alma. me estaban leyendo mi confesión. Lo extraño es que al firmar solamente sentí una gran paz. a nuestro amo y protector. y sólo después se hacían los ajustes que fueran necesarios en el reo y los testigos. Hijo.– Sin presumir. Noté que la iba perdiendo poco a poco junto con el conocimiento. la confesión. El tormento era muy convincente en estos casos. los cargos. sí— daba igual— mi propia sentencia de muerte.. Cuando la recuperé. Yo solo. descargó de improviso sobre mí un golpe tan terrible que me dejó hundidas dos o tres costillas. que yo creía tener bien escondida. ¿Te acuerdas del diablo? – repuso. ¿eh?. Yo que amé siempre mi vida y mi cuerpo más que a 130 . Me di cuenta de que los procesos penales iban en sentido contrario a como yo creía.

aún hubieron de amarrarme al potro y someterme a la tortura. como un perro. por pura crueldad o tal vez por saciar algún desajuste escondido. pero creo que en el último instante se me quebró del todo. Pero había un juez distinto que empezó a tratarme con cierta consideración. Días después. recuperado un poco. no sentía pena alguna. congestionado el rostro tal vez por la bebida y sin expresión alguna. como si fuera humano. vinieron de nuevo por mí. Era el mismo verdugo. así que adopté una lógica postura de defensa. con su aspecto de bestia desnaturalizada. Me contó que era muy amigo de un amigo de mi 131 . Le dediqué mi mejor sonrisa. más dolido que yo mismo. debí prontamente perder la conciencia. No le dije que le había delatado. Sólo noté al despertar un desgarro terrible en las articulaciones de brazos y piernas como si estuviesen descoyuntadas. sabiendo que iba a perder muy pronto ambos. Estaba ya entregado y sin ganas de luchar. Débil como estaba. mientras rezaba a todos los dioses o murmuraba de ellos –no sé muy bien. a mi amigo Alguien que lamía mis heridas con su propia lengua y regaba mi frente abrasada con un paño húmedo.nada. menos para eso. Venía yo preparado para todo. Sentí a mi lado. sino un inmenso alivio. Es el caso que a pesar de todo y cuando no era necesario. recogida mi voluntad y amontonados mis instintos. pues me habían arrancado la confesión a tiras.

. Pedro.? – Queda lo de la brujería. de mí para que “hiciera cuanto fuera posible por ese pobre desgraciado". El fuego es purificador y Dios acaba por perdonarlo todo. ¡Cuántos enemigos tienes! Pero. – ¿Entonces. Y ya sabes con cuánto celo vigila la iglesia para que el diablo no se cuele entre nosotros. Servíale el vino cada semana y le trataba bien. y aunque no quiso darme nombres. tapándole todo resquicio.. Tales fueron sus palabras. Así los médicos lo han certificado. –Ya ves. sabemos que la acusación no tiene peso. 132 . que ha habido calumnia y delación contra vosotros.señor. intuí que se trataba de D. el Canónigo de la Catedral. pues además le hacía algunos recadillos y favores que ahora estaba dispuesto a considerar y agradecer. hijo. Cogió entonces un pliego de papel que estuvo leyendo durante unos instantes y acabó por romperlo y echar sus pedazos en el fuego de una pequeña fragua que allí ardía para doblegar los hierros. en efecto. y bien. Me dijo que le había hablado. que después utilizaban para plegar nuestras voluntades. Tanto puede cambiar el destino de un hombre en sólo unos instantes. a quien yo bien conocía. – Sabemos con certeza que tu señor murió de muerte natural. me apreciaba... Un golpe al corazón. En fin. y. No podía dar crédito a lo que oía.

– ¿Pero. – Quien esté libre de pecado. 2) Recibiría un castigo público de cien azotes y cincuenta mi mujer. Y empezó a leer lo que yo entendí era mi sentencia. durante un día. – Tendrás que cumplir unas mínimas condiciones que aquí traigo escritas en este papel. como un muro de contención. 3) Saldrían nuestros delitos a la luz y seríamos expuestos a la vergüenza pública. – Si soy inocente. más no tan suave como quería hacerme ver. el mediodía del domingo hasta la mañana del lunes... usando yo mi calidad de pregonero para propalarlos por las calles de Toledo hasta quedar finalmente expuestos a las iras de las gentes.. el puyazo firme que detiene la embestida. 133 . más benigna que la muerte. Siempre estaba la frase incontestable.? –cogí aquel cabo de esperanza que se me tendía.. – Tendrás que expiar en público tus culpas. l) Quedaba desterrado de Toledo para siempre sin poder volver a poner los pies jamás en la ciudad ni acercarme en menos de dos leguas.

Con nuestro sudor y nuestras manos lo ganamos. Podría ser él.. ¡Qué peligrosas resultaban estas cadenas de amistad! El caso es que entre todos ellos me habían apresado. pues no podían anidar tales pensamientos en una mente sana. debía regocijarme por haberme librado de ella en el 134 . Después de haber andado tan cerca de la muerte. pero ésa había sido siempre la cifra de mi destino. amén de los chorizos y jamones que eran nuestros por derecho. Eché las cuentas y vi que se habían ocupado de dejárnoslas a cero. Miré a los dos y firmé. con el que se declaraba amigo del amigo de mi señor. ¿Qué otra cosa podía hacer? Mi vida quedaba a salvo y de nuevo a cero. mientras miraba al verdugo así como al descuido. Aquello no era justo. – ¿Estás de acuerdo? –preguntó. sí. Volví a leer el escrito y me pareció una broma cruel de algún espíritu burlón. Debía de haberme vuelto la fiebre. despojado de todo. Era nuestro. Miré de reojo a mi interlocutor y observé en su rostro como una mueca guasona que intentara y no pudiera taponar del todo.4) Teníamos que devolver el dinero sustraído. escarnecido y maltratado y encima debía estarles eternamente agradecido por perdonarme la vida y salvarme de mí mismo. así como otros objetos de valor.. Así que besé las manos de quien consideraba mi benefactor y le rogué transmitiera mi agradecimiento a cuantos por mí habían intercedido.

aunque debes empezar de nuevo. Poco después. pero no es lo mismo cuando eres aún niño.último momento. pero según creces. mientras volvía cabizbajo. cuando se hubo extinguido el largo ruido que tras sí dejaba el carcelero. Pensaba en mi viejo amigo Alguien. el mundo se va haciendo más grande y ya no eres capaz de abarcarlo. ¿qué hacía en ello mi esposa? Habíamos ocultado unas verdaderas y ahora nos hacían propalar otras completamente falsas. ¿Qué retorcido ser había sido capaz de urdir tan complicada trama sino una mente burlona y ociosa? – No te apenes por tan poco. llegó él. Podía cantar las mías. que también el mundo es muy pequeño. Había de sacar a la luz nuestras miserias. – ¿Y tú. hermano? –pregunté a mi vez a Alguien que esperaba mi palabra al otro lado. 135 . ¿Qué sería de él? –me iba diciendo– sin tener en cuenta que mi futuro era quizá mucho más negro. Así era. – ¡Lázaro. Tú eres fuerte y saldrás adelante. Lázaro! – ¡Ah! ¡Eres tú! Le comuniqué el veredicto y se alegró de que hubiera salvado el pellejo. Pero a mí no me llegaba la alegría. pero. mas no era eso lo que sentía. Se acercó desde fuera y tocó los barrotes.

Lázaro. Bien podía ser que se hubiera quedado con las mías. me has devuelto las ganas de vivir. herramientas –respondió con un tono optimista que no le había notado antes. porque tú.– Tengo planes. ¿No sospecharía de mi traición reciente? Y añadió: –Y mucho tiempo. porque a mí me las habían quitado todas. 136 .

pero jamás estuve en Toledo –mentí – a sabiendas de que no le engañaba. Frutos has dado muchos. ¿no crees? –ha dicho con sorna. señor. una coincidencia– negué yo. De vez en cuando deja perder su tiempo tan valioso con gentes tan baldías como yo. Y sospecho que aún faltan los mejores. Ha callado durante un largo rato y. Lázaro? –me ha preguntado en confianza y como bajando la voz. Y me ha hecho saber de esa manera. –Otra cosa se puede decir de ti. sobre un pobre Lazarillo. En verdad. –Nada. que nunca baldío. 137 . como en una provocación: –Un bellaco ese mozo. repitiendo mi nombre. aunque no sean todos buenos. Me ha enseñado un librito más bien pequeño que yo ya conocía. mirándome a los ojos y esperando mi reacción. hermano Lázaro. sutil. cambiando de nombre muchas veces. finalmente.DESCANSO IV Ha venido de nuevo mi joven fraile. que procedo de un pueblo de esa Salamanca. que conocía mi secreto y reconocía mi identidad que yo he tratado a menudo de ocultar. – ¿Qué tienes tú que ver con ese Lázaro.

¿De qué puede servir tanto trabajo y dolor si nunca jamás verá la luz? Él mismo ha apuntalado mi decisión. – ¿Cómo va ese cuaderno? – Marcha. aunque no tan rápido como quisiera. Se peca de inmodestia. Cuando uno habla de sí –ha proseguido– tiende a subirse. lo hará con las virtudes. no sabía cuál. sosteniendo su mirada y apenas la sonrisa que se nos iba derramando a los dos por toda la cara. Y como siempre no está falto de razón. –Las cosas que importan hay que hacerlas con cuidado –me ha dicho. No le he confesado que llevo meses estancado. alzará sus vicios. Y me ha indicado el librito que llevaba en la mano. –Seguramente las malas compañías –respondile. sin añadir una letra y que probablemente quede inacabado. 138 . No es bueno hablar de uno. Si puede. –Aunque no se podrá creer todo lo que dice. empinando cuanto puede su talla y su persona. Luego ha cambiado de tema. El caso es siempre hacerse grande. uno más.examinándome para ver si pasaba la prueba. mientras salía. y si no.

no me atrevo a afirmar que en algún tiempo. ¡Dichosos baúles! Son como esos ataúdes donde guardamos nuestras pequeñas muertes o derrotas.Así pues. guardaré esta historia en un cajón. acaso nuestras vidas. eso sí. lejano. No sé si volveré sobre ella un día. no pueda consumar este cáliz de amargura que quedó a medias en el fondo de otro baúl. muy al fondo. 139 . Sin embargo. No creo.

140 .

un verdugo con el rostro cubierto arreándonos trallazos y cerraban el cortejo otros dos corchetes. Parecíamos la Sagrada Familia emigrando hacia Egipto. luego un clérigo escupiendo a cada parte agua bendita. salimos yo y mi esposa a la pública vergüenza. Iba a pie. sólo que a nosotros nos había atrapado la locura y marchábamos expuestos a las chanzas y al mal gusto del vulgo que sólo con vilezas se divierte. sobre todo. una al pecho y otra detrás cruzándonos la espalda. recuperadas las fuerzas y las ganas de vivir. Vestíamos para la ocasión trajes de gala – como era el uso en procesiones tan solemnes – largos ropones con dos enormes cruces de San Andrés en amarillo. de modo que la timidez perdida. Delante abrían paso dos guardias. pregonando mis pecados y aun más los de ella. Al principio me comía la vergüenza y apenas lograba sacar la voz de mis adentros. para darle importancia. Unos días después. acabé a gritos proclamando los cargos 141 . por el tamaño de sus errores. mas al cabo era mi oficio y siempre me ha gustado hacerlo bien. la lección aprendida. pies descalzos y larga caperuza coronando de oprobio la cabeza. Yo delante como de más importancia y ella detrás subida en la borrica.IX JORNADA NOVENA –Uno se mide.

menos de vergüenza que de ira.. quien roja. que no necesitaba para arderse otras hogueras. mientras yo le publicaba a los vientos sus mil cargos que aumentaba cuanto podía en número y tamaño. haciendo blanco en la animada estatua de mi señora. me miraba con más odio si cabe. Era mi pequeña venganza que nadie percibió. me fulminaba con su odio. y yo entiendo algo de estas cosas.. la boca amordazada para no oír sus maldiciones. Pues uno también se mide por el tamaño de sus errores. ¿Os imagináis unas cáscaras bien lanzadas o un tiro de mierda. ¿qué importaba? Puestos a inventar. Al fin volvíanla a poner sobre la burra y.imputados y otros más que yo inventaba dándoles color para destacar nuestro rango. salvo mi señora.. tan llena de chispas sus dos ojos. insultándome con todas sus fuerzas. sentada a la mujeriega sobre el asno? ¿Os imagináis a aquélla venirse al punto abajo por el golpe y estrellarse contra el suelo su trono con tan alta monarquía? Al levantarse. arrojándonos insultos y otras cosas que casi nunca erraban. nos habían condenado por otros que de ningún modo habíamos cometido. hubo de llegar de esta guisa tan solemne. Y más que habiendo algunos por los que juzgarnos. mientras el público se apilaba a nuestros lados y reía de veras. ya lo creo. Era un gran espectáculo. Tres veces cayó como en una pasión y tres veces la alzaron hasta que finalmente atada como un fardo.. 142 . Por eso.

Estaba el rollo en las afueras. lo de las damas primero. que en tratándose de golpes. cuando empezaron a celebrar mi centenario en las costillas. Unos gritaban. de modo que los golpes caían como muros y tras ellos mis gritos. otros aplaudían. mientras cuello y manos quedaron apresados en un cepo. sus redondas carcajadas. Bien creo que fuera puro nerviosismo por lo que le esperaba. una plazuela presidida por un alto poyo de piedra clavado en el mismo centro. Más pronto se me pasaron. que no podía menos de reír. Quise cederle tal honor a ella. Al lado. Supongo que hacía mucho que no representaban en Toledo un tan regocijado espectáculo. Allí nos ataron los tobillos con una larga cadena. guardado de sí mismo. cuando el pobre verdugo está ya cansado. Nunca vi a nadie poner tanto entusiasmo en su trabajo. Ya se sabe que algunas damas actúan pretendiendo robar para sí toda la escena. crucificado de aros y de argollas. la gente prefiere cobrar al final. mi compañera forcejeaba inútilmente bien atada también al mismo yugo. Ante aquel símbolo antiguo me venían tantas asociaciones. todos asentían con entusiasmo cada vez que caían sobre mis sufridas y adoradas espaldas tan 143 . ¿Quién puede regocijarse con los males ajenos? Tal vez sólo buscaba reclamar la atención. y tras mis gritos. mas no me hicieron caso.

sentado en mi desgracia.. 144 . hasta acabar derrumbado.terribles regalos. Oía sus gritos terribles y horrendas amenazas que llegaban a mí desde muy lejos. pregonero de otros muchos a quienes como heraldo y vocero había publicado sus méritos. También vi a mis vecinos. Empecé contando los primeros– no me fiaba de nadie– mas luego fui perdiendo interés. ver sus carnes desgarradas y su honra hecha trizas. A veces había suerte y hasta algún hombre importante caía en sus redes. Aquel era un día feliz en sus monótonas vidas. oír sus gritos. que estaban celebrando a gritos. Siempre resultaba divertido ver la cara de miedo de los reos. O se producía alguna ejecución. tal vez algún auto. así como la cuenta y la conciencia. Más allí estaba ahora yo mismo. Había acudido aquella tarde de fiesta a contemplar el espectáculo.. hecho ovillo. tal vez del infierno. sin ganas de reír ni de ver siquiera la cara descompuesta de mi ama cuando llegó su turno y empezaron a mimarle las costillas. El caso es que la gente no dejaba de reír. todos ellos. Apenas aguanté los cien. el más famoso en las calles de Toledo. No soy valiente. Todo sea por el bien de la humanidad y la salvación del mundo– me decía yo. qué cima! Eso solo llenaba por completo la tarde del domingo. Aquella vez fui yo. como de otro mundo. su venganza. ¡Entonces.

pues las gentes se apartaban de mí. buscaba una postura que no podía encontrar. cubríame de asco y mal olor. que aunque era blanda y sus golpes no dolían. acabé por agradecerlo. Por fin llegó la noche y podría descansar o así creía. mas nada de eso. vigilados por todas las estrellas y dos guardias que enseguida se durmieron. A veces me lanzaban puñados de boñigas. amenazarme. mas con todo. pues al poco acompañaron sus reniegos de mondas de verdura y cáscaras de frutas con su piedra escondida. expuestos a la nada. que soy persona de ánimo sereno. Pronto hicieron mella entre mis dientes bien escasos. guardando las distancias. A veces me quedaba traspuesto unos instantes. la cual blandía como fiero cuchillo en 145 . oyendo a la par a mi comadre insultarme. y vuesa merced ya sabe cómo los insultos y torcidas palabras me resbalan. Así pasé la noche con esa tortura. Estaba exhausto y vencido por los golpes. mas no llegaba el sueño. mas luego al momento despertaba al rozarme inconsciente las heridas.Mas su dicha no fue completa hasta que empezaron a soltarme obscenidades y palabros. allí quedábamos nosotros. Y así debieron comprenderlo. mierda al fin. en mi pobre cabeza y en otras partes igualmente dignas de mi cuerpo. Atrapado en el cepo. pues los golpes que ella había recibido parecían haberle atado el cuerpo y soltado la lengua. que cuando las gentes se fueron a sus casas. que rebotaban en mí como si nada.

Los dos. Aún recuerdo aquella tarde. renegando de todo. Allí estaba mi Eva también. hasta perderse entre los densos arbustos y matojos.. medio desnuda. alejándose decidida. hasta que al fin. cogió sus raídas sandalias. el alma. Escoltados por una pareja bien armada. cubierta de vergüenza. Un alma caritativa se acercó con un caldo caliente y un mojo de vino. Yo qué sé.todas direcciones A todos conminaba. y estando yo y los guardias tan cercanos. haciéndonos merecedores de todas sus preferencias. Noté al poco que me habían devuelto el cuerpo.. escupió en dirección a la urbe y se fue echando pestes contra todos. a todos maldecía. Creí oír de nuevo las viejas profecías del ciego llamándome bienaventurado por el vino como así lo era otra vez. Empezaba a oscurecer. cuando malherido como estaba y solo– la noche nos encuentra siempre solos– 146 . se sacudió el polvo en un viejo signo de desprecio. nos dejaron finalmente en las afueras. Aquella misma tarde nos soltaron. Así pasó la noche lo mismo que un mal sueño y por fin llegaba el día. Por un momento me quedé contemplando la ciudad en que había vivido medianamente feliz y de la que era expulsado para siempre. a más parte tocábamos.

. Debí luchar contra la fiebre y mis fantasmas durante varios días. quitándome la mugre y el olor que me vencía. que en adelante los brillos en mi vida fueron aún más fugaces y la oscuridad aún más espesa. que todo nos lo borra para seguir equivocándonos. sin dejar de mirarla. Como para no creer en el destino. —A otra que han echado. Lucía ya alto el sol. Pensé que venían del más allá. que es capaz de reparar tantas averías del cuerpo. testigo sólo Dios y aquel refugio de pastores. Y así parece ser. Bendito sueño. Las que había seguido hasta allí. como a mí. Recobré mis sentidos que habían vagado desperdigados por las regiones de la nada y me incorporé en mí mismo. Bendito olvido. es el caso que habiendo cubierto apenas una legua. la de la buena suerte. Encontré un viejo cobertizo o choza de pastores con alguna vieja prenda y un regato vecino donde me lavé con ansia.Pero al poco.. Tal vez en adelante. busqué cobijo cerca para pasar la noche. 147 .busqué una estrella. como estropicios del alma. despertándome a trompetazos de la muerte para el juicio final. En fin. no habían sido buenas. Lo mismo daba una dirección que otra. dejando una larga estela. Es el caso que una buena mañana me desperté con el plácido sonido de esquilas y cencerros. y seguí sus pasos. Ahorré la cena y me dormí. pero no era así. anulado por el asombro. la veo caer del cielo.

Sería cerca de mediodía cuando llegaron hasta mí. Era un hombre ya mayor, casi un anciano, y un zagal muy despierto, pastores que venían con sus rebaños a descansar y hacer la siesta. Comí con ellos cuanto generosamente me ofrecieron y como agradecimiento, a los postres empecé a contarles mi historia; una historia falsa, naturalmente, que no sé si llegaron a creer. Les referí cómo unos terribles bandoleros me habían robado cuanto tenía, atándome a una encina y golpeándome con la mayor saña para dejarme después abandonado y medio muerto. Yo me había soltado, no sabía cómo, y había llegado maltrecho hasta allí. Les enseñé las múltiples heridas de mi espalda, las señales de los recientes latigazos del verdugo y asintieron compadecidos, mientras el más viejo me untaba las cicatrices con hierbas machacadas mezcladas con vino y grasa de cordero y me ofrecía algunas ropas viejas para cubrir mi lacerado cuerpo. – ¿No habrá una mujer entre ellos?– preguntó el zagal y dio unas señas físicas que coincidían punto por punto con mi nunca olvidada Claudina. Se me hacía difícil pensar que en apenas unos días ya empezara a dar que hablar. – Tal vez –disimulé yo– pero no los vi bien. – Es que esta noche –siguió explicando el chico– han atacado por sorpresa y herido a un compañero y dice que fue esta mujer que le acabo de describir con otros dos desalmados. 148

No lograba digerir que aquella mujer se dedicara ahora a asaltar a las pobres gentes y despojarlas con violencia de sus cosas. Pero en los meses y años siguientes hube de oír sobre ella nuevas aún más extrañas contadas por los muchos viajeros que recorrían a diario los caminos. Pasé con ellos aquel día, descansando y reponiendo fuerzas, y a la mañana siguiente, con el alba, partí camino de Madrid en busca de mejor fortuna.

149

150

X JORNADA DÉCIMA
El mal, cuando se poda, cortando sólo algunas ramas, después brota con más fuerza.

Empezaba entonces a crecer la villa, lo cual atraía a muchas gentes golosas de medro y de dinero, que son siempre sin cuento como las arenas de la mar. A la sombra de ellos surgían también miles de pícaros y falsarios que se ganaban la vida con trapacerías y engaños de todos los estilos. Bien creo, que en toda República, tales gentes se hacen necesarias, para que el rico siga vigilante, que no hay ladrón más torpe que el descuido ni suerte peor que la desidia. Así me traían por su propio rumbo los pensamientos, mientras hacía mi camino, pensando en la ventura que me esperaba más allá, después de haber dejado atrás tanta "tierra quemada" sin posibilidad de volver a ella, pero no me iba arredrar por eso, que hombre como yo, sin patria, sin hogar, sin hijos, no había dejado que echaran mis sentimientos raíz en ningún sitio, y mucho menos mis bienes y heredad, que me llevaba conmigo y que eran nada: una camisa remendada, unas viejas sandalias inservibles, unos rotos calzones, y todo el aire y el sol.

151

como burro de noria. si no lo había olvidado. mi experiencia con el ciego. lo único verdadero que en ese momento quedaba de mí. me ensucié cuidadosamente de barro cara y cuerpo. me vendé la cabeza y con una recia tranca que desgajé de un árbol. No me había de faltar el alimento y algo de moneda ligera para echar adelante hasta llegar a Madrid. Al pensarlo. mas no quise aceptar que aquello era el final. donde pasé varios días. Por momentos me vi como él mismo. Aquella noche recalé en la muy ilustre y noble villa de Illescas. la risa se me vino hasta la boca. me dispuse a hacer mi entrada apoteósica de gran derrotado. Aún me quedaba mucha cuerda para seguir dando vueltas. aquellas llagas de la espalda. He decir que amén de la generosidad y buen corazón de sus gentes. De algo serviría también.Destrocé como mejor pude aquellas prendas. Todo sin prisa. aunque fuera alrededor de la nada. me tapé un ojo. entretanto. Así parecía ocurrirme entonces. al que ahora recordaba. entablillé la pierna. Ejercería la mendicidad por el camino. rebozado en el rencor que de ningún modo quise dejar crecer en mi conciencia. hacía yo mérito con mis cardenales mucho más católicos y ya casi 152 . hice un firme vendaje en el tobillo con lo que aún quedaba de la camisa. pensando en el terrible final con que había rematado sus días. No pude espantarme del todo la idea de que la vida es un gran rodeo que damos para llegar de nuevo al punto de partida. Podía explotar.

a cuyas puertas me sentaba a pedir cada mañana. que las desgracias nunca vienen solas y cuando uno empieza a rodar por la desdicha. No sabía yo muy bien de leyes en tal oficio. presidido por el capellán del lugar. visto el éxito –hasta la miseria es relativa y la envidia anida también entre los miserables– hubieron de denunciarme algunos de éstos al capellán de aquella iglesia. pero que estrujaba y desfiguraba cuanto podía para excitar la caridad de los vecinos. porque confiado en mi lamentable situación. Sentado a la puerta de las iglesias. dejaba pasar mis lástimas para provocar las del prójimo. nuevo para mí. pero una vez más vivía bien errado. Andaba yo bien confiado pensando que ya no podía albergar más males el saco de mi existencia. Igual hacía con mi pierna fingidamente rota. evitando que hubiera falsedad o desleal competencia. Al parecer yo no tenía derecho a pedir. Al parecer existían disposiciones que regulaban y hacían digna tal actividad. Había que tener título de indigente y cédula de oriundo. nada tenía que hacer. Pero ocurrió que.conversos. pues no hay nada más frágil ni grande que el corazón humano. no se acaba nunca de caer del todo. Digo esto. al que la piedad engaña tan fácilmente. el cual con suma largueza respondía. sin haberme examinado de pobre ante un tribunal. no pensé que pudieran cercarme nuevos peligros. y no siendo además natural de allí. 153 .

ya que aquella me resultaba tan dura de aprobar. el potro del destino no volvería jamás a derribarme. lo cual no haría sino multiplicarlos. ya viejo y medio roto. Si una vez volvía a asirme a las crines del triunfo. pues cuando niño. pero tampoco me era ajena. y aquel podría ser el primer paso.Cuando me enteré de los requisitos. algunas veces reunidos con otros mendigos y juglares. perfectamente la pierna y yo en condiciones de ganarme el sustento de otro modo. dejábanme aquellos instrumentos. que concerté por poco con un barbero que ya lo tenía desechado por inservible. Pensaba que ya no podía descender más bajo en mi adversa fortuna y que necesariamente llegaría pronto el momento de empezar a subir por la difícil escalera del éxito. le puse cuerdas nuevas y empecé a recitar. que yo intentaba 154 . sobre todo aquella pierna que me costaba asentar. desatados mis males. después de tantos días sujeta. No era yo un virtuoso de la música. acompañando al ciego. y salí de allí temiendo adivinaran la verdadera causa de mis males. Así que un buen día conté las breves monedas recaudadas y todo lo empleé en un laúd. Llevaba mi laúd a la espalda y un río de romances en la boca. preferí suspenderme yo solo y cambiar de profesión. Como pude arreglé la caja. Así dejé la villa con tales pensamientos. más cuando mis llagas estaban ya curadas.

liquidando a un enemigo? ¡Pobre corazón humano! ¡Tan noble a veces. de muertes pasionales. que no era lego del todo y para hacer fondo en la recitación. También en ellas veía a la gente conmoverse. de asesinos. vengar alguna afrenta despachando a un rival. Cantaba en otros casos relatos truculentos. bandoleros. a veces tan ruin! ¡Si no fuera por el arte! ¡Cuántos crímenes. mientras reponía fuerzas y buscaba algo mejor. y de hermosas damas que languidecían asomadas a los ojos de sus caballeros. Así empecé a ganarme la vida en el camino. Entraba por los pueblos y cantaba mis romances. La vida no era así. de amores prohibidos. violaciones ha evitado! Debieran caer los príncipes en ello y darles merecida protección en sus repúblicas. suicidios. de venganzas. 155 . Por eso les gustaba tanto a las gentes humildes. que atendían embobadas creyéndose los otros. y mejor cuanto menos real y más alejado estuviese de sus miserables vidas. no era menester mucho más. Seguramente lograban realizar en la ficción sus ocultos deseos. ¿qué voy a decir? Demasiado dura es ella para no olvidarse a veces en los sueños. nuevos otros que a imitación de aquellos yo mismo inventaba. viejos unos. Pero. En fin. de recios caballeros muriendo por sus damas. ¿Quién no ha querido al menos una vez echarse al monte. Contaba historias de moros y soldados. como bien mi amo decía.rasgar o a tirarles de los pelos.

¿verdad? – comentó. se había hecho con copias de las llaves y una noche habían huido todos cuantos en aquella ala de la prisión estaban. cuando aquel ser estrambótico empezó a hacer gestos y dar gritos hacia mí. animado a salir de aquel trance. ¿quién más humano bajo aquella figura de animal? Nos dimos un inmenso abrazo. ¿Quién podía ser sino mi buen amigo Alguien? Se acercaba casi corriendo. 156 . –Nada es del todo redondo. Y me contó el suyo. medio apoyando sus cuatro extremidades como un simio. vi a lo lejos venir detrás de mí un ser simiesco que aceleraba el paso con intención de llegar hasta mi altura. No ganaba mucho. apretando de nuevo el eslabón de la amistad que habíamos forjado. que no me iba mal y aquel oficio me agradaba. sacando de mí aquella recia voz que dejaba prendidos en la historia a mis oyentes. recién nomás salido de una aldea. Pero. Le conté mi triste historia reciente y lo vi alegrarse de que hubiera concluido con un final hasta cierto punto aceptable. apenas con el alba. teniendo libertad de movimientos.En fin. es verdad. Y tenía razón. En pocas palabras vino a decirme que. Una mañana. sin que nadie los viera ni sonaran las alarmas. mas al fin me compensaba el ser oído. puestas en camino mis ilusiones. me detuve. Al oír mi nombre. Avivé también el mío temiendo que ocurriera un mal encuentro.

Eres un "homo urbanus" y qué otra dirección podías tomar. A menudo pensamos que nuestras elecciones son libres y son tales elecciones. pero él no tenía qué temer. – No es difícil. verdad. Sin embargo. buscando a unos fugados. Le pregunté a Alguien cómo había dado con mis pasos. Bastaba un poco de intuición para descubrirlo. A partir de aquel día anduvimos vigilantes. No existía. Pensaba que sólo podía ser obra de la casualidad. de nuevo pude advertir su inteligencia. Si alguno era detenido y confesaba. 157 . al menos de momento. cuando la verdad es que vienen determinadas casi siempre por nuestra condición.Habían salido de Toledo y se habían repartido por los caminos en todas direcciones. pues matar a Alguien era lo mismo que matar a Nadie. una vez más. sino Madrid. conociéndote como creo conocerte –respondió. para perderte en ella. una ciudad y lo suficientemente grande. Pronto irían tras ellos. Aquella misma tarde vimos acercarse a caballo por el camino real a unos cuadrilleros de la Santa Hermandad con perros y arcabuces. – Vendrás conmigo –afirmé. podían impunemente ejecutarlo en cualquier lugar sin dar cuenta de nada. Tenía razón. – También eso puede ser un peligro– le dije.

dijo: – Verás. Por eso me sorprendió cuando. Me iré a la sierra y en ella haré mi hogar. No podría aguantar en una ciudad llena de gentes sin volverme loco del todo. Pero sobre todo. – En parte. Y me despedí de aquel hombre de quien tanto había aprendido. Daba por hecho que haríamos grandes cosas juntas en aquel nuevo mundo que quedaba por descubrir. Mi sitio no está allí. He aprendido a sobrevivir en el límite y no me costará adaptarme. cuando la hube soltado. – Lo seré sin exceso. Me di cuenta de lo estúpida que era. Tal vez algún día. 158 . sonrió levemente. pero él sin hacer comentarios. tras vacilar un momento. He vivido demasiado tiempo solo. – ¿Serás feliz?–le solté como una pregunta de novela. – ¿Teméis a los cuadrilleros?– corté yo con una razón que me pareció justificada. como está escrito en el libro de las cosas. Y siguió hablando. ofreciendo explicaciones que yo no le pedía. Tenía razón de nuevo. porque mi sitio está en otro lugar. ¿Qué libro sería aquel tan importante y del que nunca había oído hablar? Lo dejé marchar sin preguntárselo.No era siquiera una pregunta.

pero no podía hacerle tal faena a mi viejo amigo. un día gris de otoño.Lo vi partir camino de la Sierra. arreé con ellos camino de la ciudad. Empecé a darle vueltas a aquella sortija que debía entregarle a mi supuesto benefactor. Volví grupas a mis pensamientos que empezaban a desparramarse. así lo recuerdo. –Él la reconocerá. quién sin duda me echaría una mano. Era un día triste. si las cosas se ponían mal. ¿Desde cuándo a Lázaro le asaltaban los remordimientos? Así fue como entré en Madrid. Pensé que. por más que mi edad y dentadura no estaban ya tan intactas. y reuniéndolos en manada. converso como él y vendedor de telas. pero seguramente era la lluvia que empezaba a caer. Repasé las instrucciones: el nombre de un amigo suyo. Si no fuera porque desde hacía años tenía secos los hontanares del llanto. siempre podía sacar un buen dinero con que sobrevivir un tiempo. A lo lejos el padre Guadarrama levantaba sus hombros poderosos. 159 . si iba de su parte. Confieso que ante tales reflexiones y dudas empecé en verdad a preocuparme. dispuesto a comerme el mundo a poco que éste se dejara hincar el diente. pensaría que alguna lágrima perdida se vino a mis mejillas. pero no era eso lo principal si permanecía íntegro todo mi apetito.

Sobre todo. En el piso primero estaba el domicilio donde vivían el matrimonio y sus dos hijos: un varón. No parecía ir mal el negocio. de la más diversa clase y condición. leguleyos. que siempre buscan pescar en río revuelto y aquél bajaba denso. el primogénito. Era un hombre maduro. que traían de Toledo y hasta de Flandes. Allí llegaban nobles encumbrados. y una hermosa joven educada y amable. Llegaban a ella todo tipo de gentes.Era entonces Madrid una ciudad en crecimiento. Abajo tenían la tienda y almacén de telas. Buscones de altos vuelos y reptiles que se arrastran por iglesias y palacios. silbando adulaciones con su doble lengua. de Vasconia al rincón más escondido de Castilla. honras y cargos. ya entrando en los cincuenta. pícaros. buscando beneficios y prebendas. defendidos por fuertes barrotes y recias puertas de madera que daban seguridad a unos sólidos muros de granito. fui a parar a una vieja y solemne casona de piedra de dos pisos con amplios balcones arriba. 160 . Me perdí varias veces hasta que. bajaba de todos los recodos de las Españas: de Galicia a Andalucía. soldados. Llegó éste poco después. Enfilé en la dirección indicada. Era un enorme aluvión que como en fuerte riada. que no me fue tan fácil de alcanzar como esperaba. pícaros y comerciantes. con unos rasgos familiares. después de doblar y desdoblar estrechas y torcidas callejuelas. que me recibieron con suma cortesía en ausencia de su padre. hidalgos muertos de hambre.

Durante la cena y aun aquella noche toda. que guardamos como una confidencia. Vi alguna que otra lágrima asomar a sus fuentes. que escuchó de un tirón. mirando hacia muy lejos. vi y escuché todavía a Micer Antonio. Recuerdo aquel gesto de hombre duro que ha pasado por muchas vicisitudes.Tenía el pelo ya blanco y una barba cana. leyó la inscripción y la fecha grabada en su interior. – Era mi hermano –añadió solamente a modo de explicación. la nariz aguda y curva como de águila. retornó a la lucha y jamás volvió a mentarse en casa aquel asunto. y con él y su familia. que así se llamaba. Finalmente. como un miembro más de la misma (pues como tal era 161 . Y me enseñó el suyo. sin poder separar de ellos la mirada. a cenar. Empecé a contarle la historia de Alguien. idéntico a aquel. Pasamos al comedor. saliendo de su arrobo. Varias veces estuvo a punto de quebrarse. como hombre práctico que era. Apretó la sortija en su mano. donde nos esperaba ya el resto de la familia. tensó la mandíbula y así estuvo un buen rato. añadió solamente: – Lázaro. absorto en sus cavilaciones de las que le costaba regresar. Le dio vueltas y más vueltas. Al día siguiente. mas al cabo era un hombre recio y conseguía sujetar los muelles de las emociones. Aquella y la inteligencia de sus ojos oscuros fijaban mi atención. le entregué el anillo que examinó con emoción. De este modo entré a su servicio. Cuando acabó la historia.

noté que aún se alzaba en mí aquella vena canalla y antes de derramar mi estupidez sobre tan digna familia.tratado) viví y trabajé durante algunos meses. en busca de otras aventuras. Me sentía con él como en casa propia. al levantarme. que hablaban con ligereza de sus preocupaciones y cosas. otras disimulaba lo que sabía. Allí lo conocí. Visitaban su casa todo tipo de gentes y de toda condición para encargar sus trajes y tomarse las medidas: comerciantes. que habría de perder y lo sabía. Me contraté. allí me habló y con él me fui. pero al fin los negocios son los negocios y la cortesía el mejor de los vestidos. Pero el instinto y la libertad podían más que mi cordura. Hablaba mal de todos. pero había otros asuntos más rentables. de modo que nadie. con un sastre picarón y deslenguado que a veces visitaba la tienda de Micer Antonio a proveerse de telas. Pero un buen día. sino yo. y no siempre. pues. lograba descubrir lo que pensaba y el propósito de lo que en cada momento decía. 162 . sabía los males de todos y se aprovechaba de los vicios de todos para su propio beneficio. Éramos ambos de la misma ralea. Creo que no se amaban demasiado. caballeros y hasta nobles de más alto copete. A veces simulaba no saber. decidí yo mismo cortar la amarra y marchar de nuevo camino de la libertad. dejando correr rumores de toda índole. pues todo lo cubre y lo oculta casi todo. artesanos.

lo rentable que es el vicio. pues de ello dependían nuestra seguridad y nuestras más que pingües ganancias. Llevaba unos registros en clave con las fechas. personaje entrañable del que oí hablar y mucho en Salamanca. Parecían ambos negocios limpios e independientes. vistiendo o desvistiendo. pues vuesa merced no se imagina.M pueda imaginar. Allí trabajaba mi ama con un coro nutrido de “modistillas". Era un asunto discreto que manteníamos en privado. tan famoso que ha pasado a las historias. nunca se sabe. Era la mejor Celestina que V. Mi trabajo era como de protocolo. procurando que estuviese todo a punto y a gusto de nuestros clientes a menudo distinguidos. ¿o tal vez sí?. El resto ya se lo puede imaginar vuesa merced. Presentaba a unos y otros. pero el truco consistía en que el sinvergüenza de mi amo había abierto una puerta de comunicación entre ambas casas. nombres de clientes. a las mujeres. y así ejercía yo mi cargo con toda la sabiduría de que era capaz.Era aquella casa también lugar de citas. Ellas mismas eran también enhebradoras y zurcidoras de los gustos de muchos caballeros. direcciones y otros datos 163 . abría puertas y cerraba tratos. Yo veía y callaba. señas. Había comprado el truhán de mi amo una casa pared con la suya. adonde que acudían dignos caballeros y no menos dignas damas a satisfacer sus amores a escondidas. pero de entrada por la otra calle. como buen cortesano.

panas. Pagábamos por ello a un rufián sin escrúpulos que ejercía su trabajo con prontitud y discreción. camisas.útiles. capas.. de marfil. despechadas 164 . a los que se acometía por la noche. sólo que aprovechando el vocabulario amplio y rico de los paños y tejidos. volantes.) hebillas. refrigerios regalos. No solíamos aceptar encargos de muerte.. dejándoles marcada la cara o heridos. terciopelos. así como las cantidades entregadas y el concepto. alfileres. para que no molestaran y que eran ciertamente cuantiosos.. hilvanes. arreglos.que no eran sino las comisiones por poner en contacto una pareja. maravedíes. No era seguro hacer explícitos dichos apuntes por si caían en manos poco convenientes. Nombres como linos. Teníamos también puntadas y agujas que eran las señales o santiguadas por encargo a caballeros rivales. los gastos especiales como meriendas... profesión que supuestamente ejercíamos. prendedores.denotaban la calidad social de los clientes. Ni que decir tiene que no eran pocas las damas que nos encargaban tales tareas. que era lo más importante. no eran sino otros tales ejercicios y variedades amorosas con precios diferentes. como eran los botones de nácar. Las puntillas y bufandas eran los sobornos a alguaciles y jueces. Teníamos también hechuras... aunque más que otra cosa acabó siendo la tapadera de todos los demás. de manera que utilizábamos códigos y lenguajes extraños como en la germanía. de plata (ducados. satenes... calzones..

empezaba a no agradarme aquella sociedad. Primero fue un alguacil. resbalando abrazados por el fango. después. Es el caso que el negocio prosperaba. pues todos sabemos que el vicio es muy rentable. marchaba la sociedad y todo funcionaba a nuestro gusto y aun más al de nuestros clientes. Más con todo. llegó a haber tal número y calidad de gentes implicadas. es decir. nos fueron adelgazando las ganancias. Es cierto que teníamos presos a los que nos podían apresar. Repletas estaban nuestras bolsas. pues pocas semanas después.. que aunque nos engordó algo la seguridad. después un juez. vendidos a los que nos podían condenar. justo a tiempo. de modo que andábamos todos revueltos. alguna vez. cuyo número aumentaba cada día. condenados a los que nos podían juzgar. se 165 . Pero así como la virtud es admirada y no da por imitarla. que cobraban sus muy sabrosas mordidas por mirar hacia otra parte. así surgieron en seguida muchos emuladores deseosos de ordeñar aquella ubre. Por eso. fomentando las envidias y el insano deseo de practicarlo. en las más débiles. recogí mis ganancias y salí de ellos.. comprados a los que nos podían vender. pues sabía muy bien por experiencia que los palos acaban siempre por romperse en las mismas costillas. el vicio atrae con fuerza. en cuanto pude.contras sus amantes y aún contra sus propios maridos.

el nuestro. y el sastre y su mujer acabaron con sus huesos en la cárcel. que estaban. dispuestos a repartirse la compañía. como me ha pasado a mí tantas veces y entonces le pasó a aquel caballero. en otra parte. 166 . Pero. Parece que también a mí estuvieron buscándome con fervoroso afán. después brota con más fuerza. así como sus beneficios y clientes. cierto es. ¿quién puede confesarse cornudo? Pero removió influencias. naturalmente.descubrió el pastel. La mala suerte es eso: estar en el sitio inadecuado en el momento menos adecuado. La razón: un hecho inevitable: un marido que acude a una cita con una dama y encuentra allí a su esposa. mas ya había volado de Madrid camino de mis desventuras. que no denunció el hecho. voluntades hasta conseguir acabar con el negocio. pues al parecer en seguida surgieron herederos. cuando se poda cortando sólo algunas ramas. ¿qué le vamos a hacer? El mal.

pensaba que no existía sino aquello que era conocido. Estuve parado muchos meses. convencido de que de esta manera vuelvo a vivir mi juventud y edad madura. Sin embargo. como veis. Lázaro. Eso era importante para mí.DESCANSO V He vuelto a coger las riendas. esto saldrá a la luz. he vuelto sobre ella. me encuentro ahora con que la única puerta abierta que me queda es sólo ese pasado que revivo en estas hojas. Vamos los dos avanzando jornada tras jornada y paso a paso. desmontado. Pregonero al fin. mirando solamente hacia el futuro. Es tan extraño. aunque mucho tiempo después. las cuales van cayendo lentamente igual que esas que veo por la ventana… 167 . que me lleva aún por donde él quiere. Por ello pensé que era inútil seguir adelante en una obra que nadie vería nunca. cerrando siempre las puertas a mi espalda para no volver nunca a recorrer tales espacios. me vine abajo. procurando no volver a resbalar de nuevo. y más importantes son las personas cuanto más altas se colocan y más grandes las cosas cuando más espacio ocupan y altas se nombran. y a montar de nuevo en este potro fatigado de mi vida. Yo que siempre fui huyendo de mí mismo. cuando mi querido monje me reiteró un día —Difícilmente. Y me caí.

El único consuelo es que los pocos bien saciados y tocados de fortuna o de poder. Y he vuelto a desenterrar mi vida allí donde quedara.He cogido otra vez la pluma y cavado muy hondo al fondo del cajón. Pero no voy a contar los males.. y veo algo más claro.. mientras escarba la vida. mientras escribo. Parece además. arreando como rebaños sus propias goteras. y se marchan como todos.. este corazón se embota y golpea de extrañas maneras. torna a resucitar de la mágica mano de su hacedor. Las piernas no siempre responden y la espalda. tampoco aquí se quedan. como yo mismo. Sé que está cercana y la espero con la serenidad del sabio que conoce ya el camino. Ha dormido muchos meses olvidada en el rincón oscuro. 168 . Es como un tambor ya gastado. LA imagen se me impone de forma cada vez más obsesiva y la pluma que picotea la página no es más que el azadón que va abriendo mi muerte. es verdad. los achaques. que estoy como cavando mi propia sepultura. Pero de nuevo. No tengo miedo. pero hay luz al fondo de este negro pasillo de esta época oscura en que se está cada vez más convirtiendo nuestro tiempo. pero he visto una puerta abierta allá a lo lejos. Habrá que andar. como Lázaro.. A veces. No han cambiado las cosas. floja la piel y el sonido cada vez más hueco. y esperar.

Con tanta competencia y tan poco dinero. Alcalá era una Meca para gente avisada y un paraíso de pícaros y vividores. hábiles sinvergüenzas. ganapanes de muy pequeña monta y elevado ingenio. He movimiento como el mundo. pero no acababa de ver allí festín alguno. entre gentes que venían de todas partes. de pícaros y hambrones. También un refugio donde esconderse por un tiempo. especialmente estudiantes. camuflado en el terreno como hacen los soldados. Oteaba el campo como águila carnicera. Me instalé de vigía. ese río de vida que inunda donde alcanza. Así fui conociendo un mundo joven y a la vez viejo. Procuré pasar desapercibido. mas no de arrepentimiento. como es principio de mercader o de ladrón. es decir. Lo que se para se muere vivido en Alcalá Salí de Madrid con el ánimo cargado. entre 169 . seres de toda condición. en una ajetreada pensión por donde desfilaban a ritmo de hambre. donde la ganancia superara al riesgo.XI JORNADA UNDÉCIMA Jamás eché raíz en ningún sitio. Terminaba el verano y en breve empezarían a llegar los estudiantes. muy deprisa.

y en ellas me formaba aunque sin pensar un día ejercitarlas. Trazaba planes ajustados mi mente nunca ociosa. Conocí en la posada a un pícaro bribón. Algunos le encontraban conmigo cierto parecido. Me pasaba horas encima de los libros o escuchando la sabiduría de otros hombres. Gustaba de las Matemáticas. Mas. las materias de leyes o los cánones. es verdad. seguí durante un tiempo observando en mi atalaya. Para engañar la espera. asistía a algunas lecciones en diversas facultades. copiando aquello que se admira. Siempre el conocer había tirado de mí como una vocación oscura que no pudo cumplirse. incluso de la Medicina. Seguramente ese afán de imitar a los modelos. sesgados de desprecio. Prefería. 170 . el diablo ponía en ella semillas de ideas que iban fermentando poco a poco. y unos labios ligeramente curvos. con todo. a ratos estudiante. También creo que muchos jueces y abogados hacen lo mismo. maestro en todas las artes del hurto y del engaño. Un perfecto canalla. La paciencia es una virtud. que él procuraba acrecentar cuanto podía. y en los muchos ratos libres. Y aún me quedaban algunos ahorros. de la Astronomía. como más útiles a un hombre que piensa la manera de burlarlos. Tenía una risa falsa como de moneda sin valor.gentes avisadas. unos ojos turbios que miraban de soslayo. el más tramposo ladrón y sinvergüenza que haya visto jamás. no era el lugar para hacer las américas.

que se practicaban por todo el país con exquisito gusto y sobrado afán. que me gustó su forma de negar.Había estudiado en la escuela superior del hampa. –Pareces conocerle bien– sugerí yo por hacerle hablar. en efecto. que allá había conocido. Aunque ladrón cogido por ladrón sólo merece desprecio. la verdad con que mentía. originario de Toledo. donde se practicaba con refinado estilo todo tipo de trucos para allegar ganancias y sumar dineros. más de burlas que de veras. atado a una cadena. lo convincente de su actuación y sus disculpas. Tal vez me conmovió sobre todo al hablar de un Lázaro. interesantes las más. Y así era. no fue así esta vez. y ya no lo solté. y hasta una pizca de envidia. Hablaba con admiración de él. 171 . Sobre todo en las caídas. bellacas todas. al fin. Lo pillé un día saltando de mi cámara. allá en Sevilla. excelsa Universidad del hurto. Salió huyendo – me refirió un día– por no sé qué de justicia y acabó allí. naturalmente de oro. Y es este oficio tan duro que hasta en la caída hay que tener recursos. –Al fin estamos en pleno Renacimiento –me decía el muy ruin– donde florecen todas las artes y también las malas. infortunadas algunas. Contó historias diversas.

ni de las cosas que realmente interesaban. que he hecho de ello el más perfecto camuflaje. desde luego –volví a lanzar el anzuelo por si lo tomaba. Si lo sabré yo. Tal vez fue una delación o muchas.. Nada grave que le impidiera dormir a un canalla como él. sobre todo si es uno mismo el que las cuenta. inconcreto. como de suficiencia. Y la mejor forma de cubrirse es arropado en las historias. Había algo en sus ojos. Tuvo que huir al otro lado. muchas anécdotas. despidiéndose de tal Lázaro. pues hasta los hampones tienes su código de honor y ese es uno de sus más sagrados principios. Lázaros hay muchos.Hizo un gesto amplio. pero no muy conveniente de airear. –Despierto era y más listo que el diablo– concluyó.. No sé. Pero no logré que me hablara de él. aquel llamarme a veces “padre” 172 . Le pedí más detalles que no supo o no quiso ofrecerme. – Ganábase bien la vida. No sé.. –Tal vez no fuera él. Parecía tener algo que callar. A lo mejor era el hijo pródigo que tanto había añorado.. Aquel sentir como yo y hasta admirarme.. No sé si confesaba o estaba poniéndose medallas. Sólo anécdotas. por algunas palabras sueltas y testimonios de otros compañeros. Pensé si no sería él mismo. como yo quería. –¿Tuviste algo que ver? –Le ayudé en lo que pude. ahora que me miraba con esa fijeza..

. dueño de mi propio negocio y la verdad es que se respira mejor desde allá arriba. Flaco más bien. Le tendí algunas trampas. Los movía con una precisión y una rapidez dignas de un virtuoso. Le llamábamos “El Músico” y no vea V. para ver si caía. Al cabo. No saqué nada en limpio. tenía unos ojos densos que clavaba en su víctima.para enfadarme. cómo afinaba. claro. ¿Por qué no podía hacer yo de maestro y protector de todas esas hermosas actividades tan abandonadas y perseguidas de los más poderosos. Actuaba yo de Rector procurando regir con discreción y eficacia. con el riesgo y retraso que ello significa? Estábamos en Alcalá. como esas serpientes que 173 . El caso es que hicimos sociedad. Seguramente era el corazón que hacía equivocarme.M. lo olvidé todo. me veía en la cumbre. que toda actividad necesita orden y organización todo negocio. Algunos dicen que hace frío. Le conté algunas cosas de su madre. pero hay más intemperie en la pobreza de las calles desnudas. No había mejor sitio y allí decidí poner mi Escuela de estudios superiores. Le pregunté de la suya. y al fin. especialista en diversas artes. Eso. Allí cuajó la idea definitiva. y burlarse de mí y del parecido que algunos encontraban. El Renacimiento.. ¿Por qué cada uno ha de aprender por sí. Tenía una agilidad envidiable en sus dedos. Contraté aún a otro “catedrático”.

rapidez operativa. no sé si por ladrón o por la ligereza del cuerpo o la limpieza de sus movimientos. que es ésta una virtud que sólo entre nosotros se aprecia en todo su valor. estrategias de aproximación. Cada actuación suya nos parecía a todos un concierto sublime. que es este. Nuestros alumnos eran muy demandados y no les faltaba trabajo en las distintas bandas del país. camuflaje y evasión. aunque muchos preferían ir por libres. llaves falsas. aplicadas a este otro tipo de conquista más inteligente.hipnotizan a sus presas. alambres. Ayudábamos a elegir el objetivo más adecuado (un blanco o gil). sellos. También lo apodaban “el Gato”. Después habían de examinarse si querían recibir la acreditación correspondiente. pues. Cada uno había de construir sus propios útiles. oficio difícil para el que hay que estar preparado. Y no era tan fácil salir airoso. y una vez aprendidos. técnicas de guerra al fin. pues siendo tan ardorosamente perseguido. Era un poeta del oficio. diseño y uso de las herramientas: palancas. sólo triunfan los mejores. ejercitarse en el manejo. Nadie como los de la misma profesión para apreciar el mérito y él lo tenía. exigentes con los títulos que dábamos. Éramos. 174 . Enseñábamos todos los secretos del negocio como la fabricación. de manera que en poco tiempo conseguimos algún prestigio en toda España.

–Estudiad el golpe antes de llevarlo a cabo. Uno es poco y tres una multitud. Fiad más del compañero que del cónyuge. bien para actuar o para salir huyendo. sobre todo. Y no delatéis nunca a vuestro hermano. –Vestid decentemente y sin excesos. Lo ideal es la pareja y medid bien la vuestra. No llaméis la atención sobre vosotros. –Negad. No vayáis desharrapados. –Guardad si podéis la compostura. Vestíos de perpetuo camuflaje. –Confesad sólo ante Dios y en caso ya de muerte. –No digáis a nadie vuestro nombre. Vivid siempre de incógnito. lo que haría al mundo miraros con sospecha. Cuidad la sencillez. y vuestra maleta las sandalias. pues atraeréis como el rayo las miradas de todos y no podréis obrar. sin llamar la atención. No improviséis jamás. negad. Más que San Pedro. –Andad de discretos. Vuestro seguro son las piernas. Tenedlas siempre a punto. bien sea en el hablar o en el vestir. 175 . –No hagáis ostentación de honores ni saquéis a la luz vuestras riquezas. – Estad siempre preparados.–No vayas nunca en solitario ni en grupo numeroso.

–Sabed de simulacros y de afeites. Será a veces necesario usar de ellos. –Practicad con las manos, que estén ágiles; y también con los pies, que lo estén más. Nunca se sabe. A veces la libertad está en la huida y la vida en una carrera. –Estad siempre vigilantes: la mirada bien fina, el oído aguzado. Buscad la multitud para esconderos. Así iba cada día desgranando un sinfín de normas básicas que debían aprovecharles. Formaban toda una filosofía del vivir apurado, que algún día pensé recoger. Sirvan estas pocas, de muestra. Otras tardes les hablaba de nuestras cofradías o sindicatos donde siempre podrían buscar apoyo, justicia o consejo y hasta ayuda en casos de necesidad. Allí mismo organizamos alguno –Sevilla fue un buen modelo– y a su vez nosotros mismos servimos de ejemplo a otros. Estaba ya el reparto de los bienes fijado de antemano, lo cual evitaba muchas suspicacias. Hacíamos cinco partes, de las cuales tomaba una el que esto escribe, como cerebro y jefe de la empresa en que ponía el capital, las herramientas, mano de obra, riesgos y comercialización o venta del producto, lo que me producía no pequeñas preocupaciones y desvelos.

176

Otra parte se llevaban a medias cada uno de las personas que formaban trinidad conmigo. Las tres restantes se repartían del siguiente modo: Una para financiar la cofradía de pobres y ladrones que habíamos fundado, y que ayudaban lo suyo: vigilando casas, ojeando haciendas, tanteando bolsas, revisando entradas, encontrando huecos o salidas. Era una información que valía muy bien lo que cobraban, amén de proteger este nuestro gremio tan aporreado y perseguido. Otro quinto también para la Iglesia. Nosotros lo ofrecíamos en misas y oraciones, en novenas y rosarios, en velas y limosnas para los pobres, en ejecuciones y entierros de los nuestros, que hacíamos cuanto nos era posible de solemnes. Y por fin, la última parte nos servía para comprar a jueces y abogados, que no sabe Vuesa Merced lo fácil que es comprarlos y lo caro que resulta pagarles. Yo mismo me encargaba personalmente de todos estos trabajos que eran sin cuento. Hacía los repartos, pero también preparaba los golpes con cuidado: trazaba planos de lugares, proyectos de obras, ensayos de la acción como en teatro. Todas las bellas artes estaban implicadas: El canto que servía de contraseña, la danza minuciosamente ejecutada del que ingresaba en prohibido por la noche, el mimo silencioso de sus gestos, la música total de la estrellas.

177

Dos días por semana recibía a mis “ojos y oídos”, mis queridos mendigos, que me tenían informado, y muy bien, de cuanto ocurría en la ciudad y aun más allá. Había alquilado una casa retirada y discreta, lejos del mundo y su fárrago, como predicaban los antiguos. Allí recibía, y no siempre con sosiego, mis múltiples visitas, que no sabe V.M. cómo cuesta al príncipe y el tiempo que ha de gastar en regir su república. Cada día poníame en mi trono y con una vara de justicia en una mano y la pluma en la otra, dictaba sentencia a los que a mí llegaban de nuestra cofradía y aun de fuera, con pleitos o disputas. Había al fondo de aquella noble casa una cámara estrecha y retirada, en una de cuyas esquinas excavé un agujero o pequeña sepultura donde enterrar nuestro tesoro o nuestra vida, que venía a ser lo mismo. En caso de que hubiera algún registro, jamás toparían con él a no ser que supieran la historia de antemano. Allí guardaba el botín que luego repartía o hacía vender lejos. Con todo, una de las disciplinas de las que más me precio es la escuela de falsificación que levantamos. Teníamos de todo: talleres, imprentas, instrumentos y manos hábiles que podían copiar y confundir cualquier cédula, título o escrito. Podéis imaginar lo que fue aquello. Bien sospecháis que muchos de esos médicos que por ahí van matando con permiso del rey, en realidad, lo hacen con el nuestro. Y de jueces que no saben de leyes sino la del más fuerte, la aprendió de

178

nosotros; o abogados que no saben leer sino sus honorarios, o clérigos que ignoran los mismos rudimentos del latín. Así sacamos doctores, licenciados, bachilleres, sabios, al fin, en trampas y en engaños. No hablo de otros títulos: campesinos que se hicieron hidalgos en un día; mercaderes que de pronto y por obra de una noche se vieron nobles sin dejar sus cofres de monedas ni negocios; conversos por siglos humillados que compraron su derecho a vivir entre cristianos. Gracias nos deben todos ellos, que un papel a tiempo es lo que importa. Son como las indulgencias esas que nos abren las puertas de los cielos. También hicimos bulas y dispensas en gran número, santos negocios de especulación donde se intenta vender el cielo en mínimas parcelas. Alguien se encargaba de colocar lejos de allí, por otras villas y pueblos, sin peligro. Yo pude enseñarles algún truco que aún tenía presente de aquel perverso amo, allá en mi adolescencia por tierras de Toledo. Nos hicimos también limosnas abundantes y donaciones cuantiosas a nombre de un convento que era nuestro, con tierras y con viñas, con ganados. Hasta incluso tocamos alguna que otra herencia. Nadie se hizo rico, es verdad, pero nadie pasó hambre en aquel tiempo. Vivíamos felices en esa “aurea mediocritas” que tanto proclamaban los antiguos, mas no sin esfuerzo, que nadie como el pícaro sabe cuán llena 179

Quise protestar algunos rasgos. con un gobierno tan eficiente como el nuestro. que no me hacían mérito. Y aquí me hizo una descripción precisa de mí mismo. Así me dijo y yo entendí que era llegada la hora.. sin embargo. Cuando pienso qué podíamos haber hecho en una España hambrienta. – Están llegando. además. a todas partes nuevas de lo que aquí ocurre y son muchos los que quieren seguir sus estudios en Alcalá.está su vida de trabajos. repartiendo el dinero. Aún hay gentes allá –estoy seguro– que recuerdan con agrado aquella historia. era la labor de justicia que hacíamos. lo que al fin les sobraba. Quitábamos un poco de los ricos. Lo más importante. tan famosa y estimada al parecer como la propia Salamanca. Un día vino a mí un juez amigo vino a mí un juez amigo que teníamos sobornado y discretamente me dio aviso: –Me han llegado noticias de Madrid sobre un tal. Pero como todas las cosas que son buenas. Las noticias están corriendo a todas partes y llenando de preocupación a las autoridades. como es lo suyo.. acaban prontamente. y enseñando un oficio que permitía a cada quien ganarse la vida honradamente. y lo dábamos bendecido a los que más necesitaban. 180 . Son muchos los pobres y mendigos que cantan excelencias del lugar. mas seguramente era eso lo que ellos veían. dejándolo rodar.

bastantes papeles y algunos dineros en mi bolsa. Ellos podían hacer lo que quisieran. 181 .Reuní a la cofradía. la sierra por medio. repartí las de todos y sin decir a nadie mi destino recalé en Segovia. con muchos recuerdos. les expuse mis temores y mi decisión de marchar lejos. cogí mis cosas. Y sin pensarlo más.

182 .

pues la maldad anida por igual en todas partes y todos somos hijos de los mismos pecados y padres de idénticos errores. el cual seguí ejerciendo con suma discreción en esta ciudad adonde la justicia y la bondad divina había encaminado mis pasos. Alcalá y busqué otra tierra y nuevo paraíso para mis tentaciones. que nos empeñamos en representar con lágrimas. El mundo se me iba haciendo más pequeño y no estaba lejos el día.XII JORNADA XII La vida es una farsa hasta el final. llevar a prisión a mi más enconado enemigo o nombrar heredero de lo que no me pertenecía a quien me pagara bien. Mas aunque iba cambiando de paisajes y gentes y aumentando mi conocimiento de los mismos. nada contribuía. No era más que un apéndice o prolongación inocente de mi anterior actividad. 183 . SEGOVIA Dejé. de modo que podía encumbrar al más villano en un momento a la nobleza. Copiaba papeles. falsificaba documentos. a alimentar mi optimismo. en que no lograría acomodo en ningún sitio. imitaba cédulas. pues. Me dedicaba al oficio de falsificador. sin embargo. de seguir así.

Ni que decir tiene que era un próspero negocio y lo sería aún más en el futuro. sellos. 184 . sabuesos éstos que los jueces lanzan por delante para levantar las piezas antes de disparar sobre ellas los arcabuces de sus leyes y sentencias.M. como creía merecer por mi trabajo. como es propio en este oficio. Tenía gran habilidad para imitar letras.– cuántas puertas. escudos y cualquier tipo de imagen o dibujo. cojea el edificio y acaba por venirse al suelo. Tampoco era pequeño el riesgo que corría si la justicia se enteraba. Me perseguiría con sus legajos. pero sabía callar. Encargaba determinados trabajos finos a un grabador conocido que me cobraba bien. Yo mismo me hice conde un buen día en que me miré al espejo y me encontré digno de tal título. dos piernas que siempre marchan a la par y si una de ellas falla. pues los gobiernos pretendían cada vez más registrarlo todo por escrito para tener sometidos a sus ciudadanos. Me inventé cartas a mí dirigidas por muy nobles gentes. De momento no podía sostener tal honor con mi fortuna. nunca se sabe. trazos. Ejercía por ello de discreto y solamente trabajaba para mí y algún encargo de confianza que se me ofrecía y cobraba bien. mas por precaución nunca llegué a usarlo y quedó dormido en el fondo de un cajón por si alguna vez…. las cuales enseñaba en los lugares apropiados y me abrían –no sabe V.

que es terreno ya abonado. Por eso. mas aún me miraban y con buenos ojos algunas de ellas. 185 . Por las mañanas iba a oír misa en la iglesia mayor. y aún más de sus posesiones. me hice caballero que era menos sospechoso. pero sin excederme. queriendo acompasarme en las dos bases. Compreme un traje digno. y por las tardes. a las cuales devolvía una mirada cómplice que no siempre se atrevían a recoger. no era yo de la opinión de perder el tiempo en galanteo y otras necedades con que los más jóvenes emplean sus fuerzas con escaso beneficio. Dejábame ver en público. Procuraba sonreír apenas. al paseo. inclinaciones a los caballeros y la puñeta a todos los inferiores como había ido aprendiendo con mis orgullosos amos. En ambos lugares buscaba la compañía de otros caballeros y sobre todo de las damas. evitando enseñar una boca desdentada que echaría por tierra la posibilidad de cualquier conquista. procuraba acercarme a las viudas. indagando el tamaño de su luto. y así se acrecentó mi honor con mi fortuna y engordó esta a la vera de aquella. alquilé un criado y púseme a hacer reverencias a las damas. como era mi deber de ocioso. No era ningún mocosuelo. que la mesura era el hábito que debía vestirme ahora. Con todo. A las pocas semanas era conocido y estimado como el más honrado y cumplido señor de toda Segovia.Por eso.

En fin. sus escudos. es el caso que un día me arrastró tras él.Disponía para ello de la ayuda de un joven criado. que apenas llegué a la ciudad había tomado a mi servicio. un chulo decadente y otra compañera más vieja del oficio. que para ellos trabajaba. Un día me presentó a una joven dama soltera. el cual era muy hábil en meterse en casas y corrillos para extraer la información que requería. e "inopinadamente" – el muy truhán había preparado hasta los más mínimos detalles – nos topamos con los padres supuestos de la dama que amablemente nos invitaron a su casa haciéndonos ver sus muchas riquezas y títulos. con amplias posesiones en la Mancha. tan hermosa. sino simple ramera que ejercía en un conocido burdel y los “padres putativos” respectivamente. se valían de estas y otras más complejas artimañas para ganarse la vida y el pan que tan duro se nos pone a los de abajo. 186 . Mas el muy bellaco jugaba con dos barajas y fiando de él. los cuales. bellísima y muy rica. de noble cuna y virtudes más que probadas. Todo había sido preparado para hacerme caer en la celada. sus armas. pocos días después me enteré de que aquélla no era precisamente doncella. acabé por caer en sus embustes. Una joven. que es uno perro viejo y con el olfato bien adiestrado para las cosas podridas. ayudados del chiquillo. Y en efecto. tan rica… No podía ser tanta mi fortuna. Mas algo olía mal. Le recordé que algunas virtudes para seguir siéndolo no deben ser probadas.

Se puede y se debe engañar fuera. que no es de ley que el acusado 187 . Aun en los truhanes hay un código moral que cumplir. callar este episodio. que así me sirvió con lealtad y una pizca de cariño. cuando de repente cayó postrado a mis pies. la palabra hecha furia y mi mano levantada. pero sabía más de lo que era conveniente. mas no dentro. entre nosotros. por probar. el más vil y vergonzoso de mi vida. la mejor justicia es la del cielo. Quise contratar a unos matones profesionales para que le dieran un buen repaso. según creo. Me inducía a ello la mirada conspicua de las gentes que observaban. Pensé después dejárselo a la justicia. Tuve que perdonarlo. pero la verdad es que finalmente me acordé de mí cuando era niño y alguna vez me equivocaba. sea por la mera supervivencia de una especie tan amenazada y perseguida como la nuestra. que no sabe bien vuesa merced cómo los huérfanos devolvernos exagerados los pequeños afectos que nos tienden. Así que lo cogí de nuevo a mi servicio y he de decir que no tuve más queja. a lo que creo. asido firmemente su cabello. y el mejor juez el que no conocemos. y además. el amor que mis amos me tenían. Bien quisiera al llegar a esta altura de mi narración. así que yo mismo me dispuse a poner en orden mis asuntos. en parte por decoro. No iba yo a ser yo tan duro de corazón como habían sido conmigo.No me ofendí sino con mi criado. En ello estaba.

que podía ser la envidia de cualquier soberano. de pensar cómo era posible no haber escarmentado de esa cadena perpetua a que condenan a dos y encima lo celebran. pues no costándome nada. pues. pero el diablo.declare contra sí. con distintos títulos y nombres. natural de una comarca cercana a Salamanca donde tenía mi heredad. naturalmente. mas con tan negra fortuna que existía un tal Señor de dichas tierras. y en parte también por no ofender a vuesa merced que así me ha protegido. Me hacía llamar ahora D. Cambié una vez más el nombre y mis señas. Rodrigo. se empeña siempre en enredar la madeja. y me ahoga la vergüenza al recordarlo. levantaba haciendas sin esfuerzo. todo falso. Mas con todo. el cual había quedado viudo no hacía mucho . No dejará V. Pues verá. por supuesto. Híceme cartas y títulos de tierras y otras propiedades. Digo.y ante los blandos requiebros que en la carta se ofrecían.M. propúseme al principio no ocultar nada importante ni callar aun las cosas que menos bien me dejan. corrió 188 . que no tiene que hacer. Todo iba bien hasta que un día mandara ella recado hacia tal sitio pidiendo información de mis orígenes. que aun hubo otro intento de medrar en mi fortuna a costa de otra mujer. Utilicé estos datos que recordaba vagamente de cuando niño haber oído a mi madre. Ni siquiera sabía que existiese un señor de tal lugar. señor de Villanueva y de Negrilla.

¡Son tantas las vías y maneras de hacer daño! Y a la mayoría de los hombres les sobra imaginación. Se mostró familiar y dijo haber trabajado para mí en Alcalá y que estaba dispuesto a cooperar de nuevo si le daba tantos dineros como yo nunca vi juntos. Me buscaban 189 . Es el hecho que me confirmó en la decisión ya estudiada de abandonar el lugar en busca de nuevas aventuras. bien podría utilizar otros medios indirectos. como buen ciudadano– añadió el bellaco. Así es que las desgracias nunca vienen solas. salí de la villa y dirigí mis pasos a la Sierra. No fue suficiente la burla con que fui burlado que aun al tiempo hubieron de lloverme nuevas amenazas. –Avisaré a la Justicia. Pero el mal es muy sociable y se busca siempre amigos. Pero poco tardaría en meterme en nuevos líos y perderme en más torcidos andurriales. La mente ociosa es el barbecho donde más a gusto siembra el diablo. pues también él tendría cosas que callar. Un día llegó a mí un extraño individuo con aspecto de sospecha. No creí que lo hiciera. esperando solamente me olvidaran.hacia Segovia en busca de la dama que de tan lejos y por sus prendas había quedado herida. –¿Y si no?– sondeé la firmeza de su decisión. con todo. Después de coger algunas ropas y dineros y quemar muchos documentos.

alcanzando las primeras estribaciones.en Madrid. ahora en Segovia. como otros se habían adentrado en el desierto. Me costaría adaptarme al campo tan lleno de amenazas. 190 . Tampoco me olvidaban en Toledo. de peligros. Ahí cazaba bien entre sus gentes. La montaña era un buen sitio. Caía ya la noche cuando encontré un pobre refugio entre dos rocas y allí me fui a dormir oyendo a lo lejos el aullido de los lobos. Mas nunca he pretendido ser yo mártir ni padecer persecución por culpa de la misma. viviendo en el desecho que deja la opulencia. Retireme pues del mundo por un tiempo. Lo bueno de los pícaros es que siempre llevan la casa en los zapatos. en Alcalá. Escogí la Sierra. de otras luchas que no sabía luchar. Aquella misma tarde me alejé cuanto pude y entré en la montaña. Aún tuve que caminar varias horas por infames vericuetos. aunque ignoraba si podría aguantar allí por mucho tiempo. En fin. que era yo celebrado en múltiples lugares y creo que la justicia me buscaba para alzarme como ejemplo. Y un buen día me fui detrás de Alguien. No sabía orientarme y hasta me fallaba la brújula de la intuición que tanto me ayudaba en los poblados. donde debí perderme muchas veces. Me sabía hombre de ciudad y comprendía que no era otro mi territorio. la fortuna en el bolsillo y la patria dentro del estómago.

cual era aquel líquido rojizo que teñía de buen humor hasta el cansancio. el vino. Era una mentira peligrosa. Les comenté que iba recogiendo hierbas por el monte. en cuanto huelo la civilización y sus mayores méritos. que siendo físico. a veces me subía hasta allá arriba en busca de especies que luego maceradas o dispuestas de otras varias maneras. pero no era creíble. sacaron sus botas de vino y se les soltó la lengua. que a la vez que mancha todo. que no hay confesor mejor que el tinto ni pecado más ligero. pues no era nada ducho en la Botánica y me hubieran descubierto enseguida si hubieran sospechado. pues llevaban sólo dos perrillos pequeños. Para unos era un fantasma o espíritu de algún caminante asesinado que se dedicaba a 191 . emplastes o bien otros remedios. mitad animal. que hace pasar más fácilmente algunas bolas. Me uní en seguida a ellos haciéndome invitado. nada bravos y al parecer inexpertos.Una tarde me topé sin querer con una extraña partida de cazadores que decían andar a jabalíes. cuando abrieron sus tarteras. también todo lo borra. sobre todo. Corrían versiones muy diferentes y hasta contradictorias. que tenía aterrorizadas aquellas regiones. Buscaban un extraño ser. habían de servirme para elaborar pócimas. Parecían otra cosa y así lo confesaron al rato. También ellos hablaron. todavía digno. pero mi atuendo. que a mí se me sueltan al instante las junturas. debió de convencerles y. mitad hombre.

Algunas se le habían unido y formaban ya una banda muy peligrosa.asustar a todo transeúnte. Otros decían que era un ser monstruoso con cara de mujer. 192 . –Nunca habían llegado tan al norte ni corrido noticias tan preocupantes. un hombre de mediana edad. sembrando el terror por toda la región. Se dedicaban a robar. matar y saltear. –Dicen que sacrifica a sus víctimas. por tierras ya de Salamanca o Cáceres. Todas las damas burladas de la zona le mandaban recado de su ofensa y ella se encargaba de ejecutar la justicia por su mano. con aspecto decidido y nada propenso a fantasías. garras de león y cuerpo de serpiente que dejaba petrificado a quien la miraba. como si temiera le fueran a oír los espíritus de la montaña. Vivía en la montaña y no bajaba a los poblados sino para abastecerse o por razones de venganza u honor. Tal vez venían acosadas por la Santa Hermandad y huían de allá abajo buscando nuevos refugios. Así dijo el que parecía ser el jefe. les arranca el corazón y luego las devora – comentó de nuevo el joven. matando a cuanto varón se encontraba en su camino. recio y chaparro. Tenía tres o cuatro esclavos que la servían. Un mozo robusto de unos veinte años habló de una bruja o trasgo que recorría la sierra más al sur. bajando la voz. al decir de las autoridades.

De esta guisa lo encontraron al siguiente día. muerto . –El caso es que desde entonces recorre la sierra y se dedica a hacer justicia a otras mujeres. le arrancó después el corazón y se lo metió en la boca. Al llegar. si hombre. animal. A tu edad se duerme mucho y se sueña demasiado. –¿Y es esa la mujer que andáis buscando? –En realidad –concluyó el capataz–no sabemos qué andamos buscando. aquí. monstruo 193 . calló ensimismado. quedó con él una noche en una última cita y allí mismo sin mediar palabra. viendo fluir el agua. le quitó la vida. la cual recita una y otra vez aquella historia . despechada y ofendida.–No hay que creerlo todo – añadió un tercero que seguía el relato como distraído. de modo que no son pocos los galanes que ahora miden sus palabras y sus hechos. burlada por el hombre al que amaba y con el que se iba a casar. los ojos perdidos en la distancia. junto a una acequia. que puede escuchar perfectamente los días de verano todo aquel que guarda un poco de paz y de silencio en su interior. –Dicen que un día. –Yo soy de aquellas tierras y allí escuché durante una larga siesta de julio esa leyenda. –Que te quedaste dormido. al arrimo de unos álamos que también me hablaban. mujer.

cuando lo matemos. Pedí más detalles que no supieron ofreceérme. y a veces se rebelaba airada contra los que en ella se adentraban para profanarla. lo sabremos. Me dijeron que le habían visto últimamente no muy lejos de allí a pocas leguas a poniente. Se decía también que acaso fuera el espíritu de la montaña. aunque menos acabadas. herido y a punto de morir. Algo se alborotaba con todo en mi memoria. sí. la vida. Sólo leyendas. tenía que ser él. Todo muy profesional –pensé para mí. Cuando lo cacemos. caminando a cuatro patas. Procuré sonsacarles cuanto pude. alimentado y salvado. –Vive en una cueva con algo de ganado y es ciego o tiene un solo ojo. Leyendas. pensé yo. sin dar salida a mis temores. caminando a cuatro patas. 194 . Pero bien podían ser – notaban otros– señales de la fiebre o del terror. Pero algo me llamaba la atención de aquella historia: un ser aparentemente humano. Tenía que ser él. que a veces protegía. al fin. todavía más fantásticas. – Tal vez mañana mismo topemos con él.o fantasma. un extraño animal de aspecto horrible. sabremos qué hemos matado. Alguno confirmaba que estando extraviado. Pero había otras historias. le había curado.

así creía. Es el caso que habiendo caminado sin parar toda la noche. mi buen amigo Alguien.. enfilé enseguida hacia el oeste y anduve. viejo amigo? –¿Lo matarían? –Y arrancarían su cabeza y la expondrían como trofeo en la plaza pública y venderían su piel y. seguí andando y andando en la misma dirección. Me miró con una lluvia de ternura en los ojos. como un náufrago en el centro del océano. solo. Le había tocado el corazón. Llegué tarde. magulladas las piernas. me desvié hacia el sur. soltó en chorro su sonrisa y abrió el grifo delicado de su voz: 195 .¡Oh Dios! No podía ser. que sin duda no era el mío. Allí estaba de nuevo la realidad mitificada. anduve hasta las puertas de la noche y cuando éstas se cerraron. Otra vez a cuestas con el feo Polifemo. sangrándole el pecho. fui a perderme del todo en aquel medio. No seguí escuchando. salí corriendo. mas no había estrellas que guiaran mis caritativos pasos. En la fría mañana de niebla y tiritona oí un seco disparo que venía de mi izquierda. ¿En qué te han convertido. Temblando de inquietud. Observé la herida y vi que era mortal. llegué muy tarde. pero allí estaba Él. sí. hiriéndome entre espinos y jarales. me alejé de allí y dando un rodeo. la cara deshecha de cansancio. Tardé aún un rato.. Pretextando la llegada de la noche.

Debí poner cara de pasmo. Y la tierra se hinchará un poquito más. que hacían inapreciables los rasgos de su cara. Lo cogí entre mis brazos como a un niño.–El río llega al mar. Pendía de sus hombros un mantón o amplia capa de pieles de diferentes formas y tonalidades que había ido cosiendo a retazos una a una. dándole un aspecto de lo más extravagante. No era extraño que lo hubieran confundido con una fiera salvaje o monstruo mitológico a él. En efecto se iba y se venía su consciencia. Parece que vivir es ir soltando amarras. –Pero vi su cara– añadió. al reino de la nada. Perdía a ratos el conocimiento para regresar al poco. Era un leve pajarillo a punto de volar. hasta que el corazón al fin navega solo haciendo agua. como siempre descuidado. 196 . a la realidad o a otros sueños. Miré su aspecto. mientras me dirigía con él hacia su cueva. De ahí un paso a todas las leyendas. Sentía una tristeza más grande que yo mismo. –Debieron creerme muerto. No lo sé. Y se fue otro rato lejos. El bote arriba a puerto. Llevaba una barba sucia y un larguísimo cabello todo blanco. Pesaba muy poco. pues en seguida añadió: –¿Cómo estás. querido Lázaro? Tampoco respondí. el más humano de los hombres.

asesinan. un amplio salón irregular. aunque yo no oía aquellos perros. Vendrían seguramente de sus sueños. Se delataba por el tizne de las paredes ennegrecidas por el humo. Le interrogué con la vista ansiosamente. violan.Lo miré con preocupación. No había nada que hacer. Se entraba por una boca estrecha y alargada. pasaba gran parte de su vida. tenía fiebre y estaba perdiendo mucha sangre. Y al frente de ellos… Debí poner cara de estúpido. –¿No oyes los ladridos de los perros? Volvía en sí otra vez. La cueva era espaciosa y elevada. bastante iluminado. Sí.. a quién debo este favor? Y calló un rato. cocinaba. Le puse la mano en la frente. Suficiente para dar paso a un cuerpo de perfil. Allí hacía el fuego. Cambié el vendaje que se hallaba empapado de sangre y esperé. Forman una banda de número impreciso que roban. solo una larga grieta en el muro. Allí le había alcanzado aquel disparo.. –Por ahí anda tu señora asaltando caminos y robando hogares y haciendas de pobres campesinos o activos comerciantes que recorren estas rutas peligrosas. Desde fuera apenas si era apreciable. mi amigo. 197 . –¿Sabes.

Jamás me han molestado. ¿Sería la partida que lo andaba buscando y que estaba ya más cerca? Yo no oía nada. Un golpe de tos le cortó el hilo del discurso y me llenó todo de sangre. Seguramente sus sentidos estaban mucho más afinados o tal vez fueran las alucinaciones de la fiebre. sólo por quitarle aquel último esfuerzo. Además era inocente. 198 . –¿Qué ha sido de tu vida. Lázaro?– pudo añadir apenas. mi buen amigo. –Muchos campesinos de aquí cerca me conocen. Me traen a veces cosas que preciso y otras muchas que para nada necesito. mas yo no había venido de tan lejos para salir ahora huyendo. A ella personalmente debo esta última condecoración. –Deberías irte.–Exactamente –prosiguió él– tu adorable señora. –Oigo ladrar los perros. Me señalaba burlonamente la grande y redonda medalla roja que adornaba su pecho. Y entonces hablé yo. Quizás tenía razón. pero parecía que se le hubiese soltado la lengua. Pero aún me interrumpió para prevenirme. No le convenía hablar. Le empecé a contar mi vida desde el punto aquel en que habíamos separado nuestros pasos.

también a mí me estaba haciendo gracia? No he visto otra muerte más graciosa y no vea V. nada serias. con esta bufa historia de mi vida. No le hice caso. mas un vivir tan duro le había templado el ánimo y curtido la recia voluntad. Reíamos los dos con ganas. 199 . parecía pasarlo bien.–Tendrás problemas. Así venían éstas a mis ojos. Y así fue como acabó: con un golpe de tos o de risa. ¿Cómo era posible?.M. de puro ridícula. de modo que no le oía quejarse. cuántas de ellas he tenido que empujar a los abismos. que la vida es una farsa hasta el final. que al contarla. mientras veía los suyos sonriendo con oscura malicia. el muy truhán. Debía dolerle aquella grave herida. que se quedó sin aliento. De aquella situación extraña me sacó el tumulto de gentes que en un momento me rodearon apuntando amenazantes con sus armas. me decía a mí mismo. ¿Pues no se estaba riendo. Es más. que nos empeñamos en representar con lágrimas. ¿Cómo iba a dejarlo en tal estado? Y allí me quedé escuchando sus últimas palabras.

200 .

ni Alemania. glorioso como yo mismo. como yo. sino vidas paralelas. Sea el batallar continuo contra enemigos en todos los lugares. Se han llenado las iglesias de gentes que rezan por su alma con entrega. empezando caminos diferentes. El caso es que creí a cada vez que empezaba de cero.. Nos han unido a ambos y nos unen todavía tantas cosas. Seguramente es parte de la época en que me ha tocado vivir o engaño común de la propia ignorancia. de ir abriendo puertas. 201 . no en Flandes. yo aquí. que al fin no somos.DESCANSO VI He ido por la vida con la sensación. Plutarco lo diría. la noticia de la muerte del emperador y se ha extendido en seguida como pólvora por todos los cristianos. lo acabábamos nosotros de inventar. Acaba de llegar. que había muchas cosas que estrenar y todo lo que hacíamos las gentes de mi generación era reciente. que todo tiene su tasa y cada uno su proporción. Sea aquel nacer los dos con el siglo. sino en la más breve geografía de Castilla. Es el rumor más sobrado. cuando esto escribo. la conversación más común.. siempre creciente. viajero y luchador. también entonces en mi cima.. aquella entrada suya triunfal en Toledo. Hasta en este retiro final se siguen nuestras líneas: él en Yuste. inaugurando a cada paso nuevos paraísos. para hacer cortes.

nuestras vidas paralelas. Estoy ya preparado. bien lo sé. No es éste el momento. No es ahora el momento de fijar detalles. No pasaríamos el examen. que siendo nuestros destinos gemelos. añadiéndole postizos que la afean. nos retiraremos algún tiempo y. Para eso me he tomado algunas molestias. También yo he rezado por él. hermano. Así se hizo en la primera. 202 .en esta Salamanca que me vio nacer y me verá también morir. un nuevo juicio final para los resucitados. La quiero entera. a pesar de vuestros consejos. pero un día cobrarán sentido. ¿quién sabe? Tal vez un día la hermosa planta de la libertad germine en nuestro mundo y haya nuevas oportunidades. y por mí. No quiero que se vuelva a cercenar en partes. acaso. se van finalmente cumpliendo: la suya ya lo hizo. Puede que estas palabras suenen mágicas ahora. la mía no tardará. cuyo destino está ya pensado. No quiero que en esta segunda se repita. sin los prejuicios y arbitrariedades que ahora triunfan. Sé que lo entenderéis y bien. ni podando casi todo. Ya veremos. Tan sólo pido un tiempo para rematar esta pequeña biografía. decidido su devenir. a arrancarle miembros. pues sois un hombre sabio y comprensivo. bien seguro. cercenando la censura hasta cosas inocentes. con el Santo Oficio alerta. Por eso. seres libres alzados de sus tumbas y sean finalmente juzgados con arreglo a la más estricta justicia . La pretendo completamente mía con todos mis aciertos y todos mis errores. Se sabrá algún día.

. Tenía ciertas dotes de persuasión y algunos dineros. hacían mucho bulto. Me habían atrapado en plena acción. casi al anochecer y con tanta premura? Había puntos oscuros. que aún pudo ser peor.. Era sin duda el terrible asesino que buscaban. pero no estaba dispuesto a pasar de nuevo por aquel trance. Ya lo creo que los tenían. manchado de sangre y con un cadáver en las manos.. Y así me cogieron y así me condenaron..XIII JORNADA DECIMOTERCERA La agitación no es buena al vino viejo. tenemos otros medios. así que pacté con ellos una dura condena a galeras. ¿Por qué iban a buscarla? Y además. Acabaría confesando de igual modo. Y si encima llegaban noticias de Toledo o de Madrid o de Alcalá o de Segovia. ¿Hacían falta más pruebas? ¿El arma? La habría arrojado lejos o entregado a algún compinche. pero puestos a acumular circunstancias. 203 . – Y si no. mi situación se pondría aun peor. – ¿Te niegas a admitirlo? – ¡Cómo no! Confiteor deo. ¿qué razones tenía para salir del grupo la víspera.

El caso es que era llegado el momento de cambiar de aires. empujando la pesada nave del estado. Me quedaba la mar. los entusiasmos abatidos y las fuerzas flacas. –La agitación no es buena al vino viejo –agregaba mi ciego. presta como yo mismo a embarcar en la aventura. –Pero la resignación es una virtud cristiana –terciaba el avaro clérigo– y tú debes empezar a practicar alguna. a pesar de tantos naufragios. –Aunque a partir de una edad– decía mi señor– donde mejor. pues la tierra se me iba quedando ya pequeña. en casita.Cinco años trabajando al servicio del rey. De los sitios que me iban echando. pronto no tendría a donde ir. que no escupe de sí a ninguno de 204 . que era más grande y menos exigente. –Tú eres un ejemplo de superviviente. De toda situación hay que sacar siempre lo mejor. era un trabajo digno de Lázaro. empeñado desde su sabiduría en ayudar a los poderosos. no aguantaría tan dura penitencia. podría al fin saciar mis antiguos anhelos viajeros visitando otros países. Y es que habían empezado en mi interior a dialogar entre ellos. La mar es una gran madre. Pero ya no era un jovencito y con los hábitos cambiados. En mi caso. A la vista estaba toda aquella chusma. Lázaro.

dejando la unión santificada. insultándonos los más. – ¿Te casarás conmigo? _Tal vez cuando vuelvas. Las gentes nos miraban: con recelo unos. –Basta de cháchara –nos bendecía con su látigo el capitán.y no entendían la alegría de nuestros cantos que al igual que nosotros.. Atravesamos uncidos en una larga cordada buena parte de Castilla y toda Andalucía cargados de joyas que apenas nos dejaban lucir: recias cadenas que como heráldicas trompetas o campanas en vísperas. dejábamos rodar por los caminos. – ¡Ay! Toma en adelanto mis sortijas. alegrándonos a la par el nuestro. –Lázaro. despierta. Alguno se quedaba rezagado. mirando hacia atrás. por donde se van perdiendo cosas. llenas de música. ¿Qué íbamos a hacer. Y hacíamos sonar las cadenas en las manos. igual que el polvo. Pero un nuevo latigazo nos volvía a la vida. compadecidos menos. sino espantar a voces nuestros miedos? A más de una mozuela le vi sangrar de pena el corazón.sus hijos. 205 . curiosos todos. incluso los más pródigos o precisamente acoge mejor a los más pródigos. iban anunciando nuestra solemnísima presencia. al vernos de tal guisa.. dejando la vida por ahí flotando.

–Yo no tengo pecados– respondí con ira. importa poco. Callé. maldiciendo su risa. –Te conozco. y no era poco. la verdad. –O ladrón. satisfecho de su ingenio. –No hay mucha diferencia. De Toledo. —Lo miré con atención. el rincón de infierno en el que caes. una vez condenado. no confieses a cualquiera tus pecados– dejó resbalar. –Nunca estuve en Toledo –mentí. mas al fin se resolvió en una estruendosa carcajada y un cumplido latigazo. Ese nombre era una trampa. –Yo te escolté alguna vez por sus calles. Había algo reconocible allá en el fondo. pero no me recordaba a nadie—. aquellos para apuntalar sus crímenes. Aunque fuera para insultar. Se quedó un momento sorprendido. Allí eras muy famoso. Volví a mirar su rostro canallesco. Aunque. Pero no entendió nada. éstos para castigar sus faltas. Y la verdad. –Por eso estás aquí –volvió a reír de nuevo. Unos y otros necesitan guardias. Mi pasado podía ser mi enemigo. 206 .Sabía mi nombre. –Como a príncipe. –Di que sí. así es.

en tan oscuras aguas. El mar galante estiraba allí su brazo en un Guadalquivir poblado de veleros. muñidor de todas las Españas. atrapando la ciudad y sacándola a bailar con el Océano.–Una injusticia. Sevilla era la Meca de todos los buscones. tan llenas de peligros. Él sí que tenía razón. un día. Y se marchó rubricando sus palabras con otro golpe de látigo que me dejó escritas las costillas y la boca cargada de maldiciones que no daban tiempo a salir. si mis manos pudieran bracear. –Los más grandes tesoros. Al fin. 207 . capital de pícaros y corazón de cuantos su ambición o tal vez su desespero había sacado de sus casillas y arrojado a la procelosas aguas de la codicia. llegamos anhelantes a Sevilla. –Di que sí. Si tuviera tiempo y mejor ocasión. allí echaría mis redes seguro de sacar un sobrado botín. en el fango–predicaba el buldero. Como tiburón hambriento –pensé con la nostalgia de lo que no es– habría cobrado allí muy ricas presas. aunque agotados. fugitivos y fáciles medradores. La Torre del Oro vigilaba aquella loca danza de remos y de velas. –Un gran estercolero. como ya lo hacían mis ojos. Compostela de vagos. El mundo es una mierda.

recio el trabajo. Pronto nos vimos luchando con los elementos.– ¡Ay!– salió un suspiro hondo cargado de imposibles. las olas. Y todos al fin nos volvíamos como ellos. El rencor es muy fuerte. en seguida reclamaron nuestro concurso para empujar la nave del estado y ayudar al gobierno de la patria. la crueldad con su propia crueldad. la comida corta. Yo mismo empezaba a darle nuevo sentido a mi vida llenándola de odio. Canallas con aspecto de canalla a los que el odio alimentaba para seguir resistiendo. ¡Cuando estuviera libre! ¡Oh esos sueños que el alma construye cuando el cuerpo más aprieta! No hubo tiempo de disfrutar tanto descanso. Los días eran largos. lo cual nos ayudaba a resistir. Aguantaban con odio el odio. 208 . cuando estuviera bueno. los turcos y hasta con nuestros propios amos. Hablábamos siempre de ello como si fuera una enfermedad. ¿Qué hombre puede soportar tales calamidades durante largo tiempo? Había gigantones que se venían abajo en la soledad dura del remo. También el odio explica casi todo. Eran los más firmes. Me agradaba el lugar e hice promesa de volver. Alguien se puso a cantar con voz de queja. que imprescindibles como éramos en el servicio de su Majestad. inseguro el descanso. enemigos todos del emperador. Y eso era.

a proa y a popa. formábamos. en verdad. Había tantas bajas por accidentes nuestros como por golpes del enemigo. los gritos y las voces arriba de los frágiles soldados. con dos velas latina y dos castillos en los extremos. un corrido entablado que nos separaba de marineros y soldados 209 . al menos lo asustaban y nos llenaban a nosotros de terror. adornados de feroces cañones y no menos terribles arcabuceros. unos larguísimos palillos con que batíamos en perfecta armonía el viejo tambor del mar. En la parte inferior. los gongos del cómitre al marcar el ritmo. una gran orquesta. corría todo a lo largo. Unidos a las flautas de los arcabuces y los violines de los ballesteros. el silbido del látigo y el azote restallante de las olas contra el casco. bajo cubierta. varios cañones asomaban sus agudas narices casi siempre resfriadas y estruendosas. Desde entrambos castillos. que con sus golpes ponía el ritmo a nuestros instrumentos. pues a menudo estallaban sus armas con estruendo. Veinticuatro remos por banda y cinco hombres por remo. Por encima de nosotros se alzaba la cubierta. el rechinar del remo. Sonaban las cadenas. por el centro un estrecho pasillo o crujía que comunicaba los extremos de la nave.Era una hermosa nave de unos treinta metros de eslora y casi seis de manga. Allí se alzaba el cómitre. sembrando de espanto toda la galera. que si no acertaban demasiado al enemigo.

Tan sólo luchábamos por la comida. Dos veces al día nos llovía un maná asqueroso que digeríamos como si fuera el más sabroso manjar. Pero consuélate. Esta fue “La Graciosa”. que si no fuera de necesidad. también de cárcel. En su magma flotaban cadáveres. a los cautivos galeotes. Allí permanecíamos enclaustrados en un mundo oscuro. por igual perdonaríamos no haciendo gravoso nuestro sustento a las ya de por sí muy flacas arcas del país. legumbres. 210 . No sé. Una vez le preguntamos al capellán sobre tan arcano asunto y no supo responder. –Creo que tampoco. harina. –Y el cocinero. espinas de pescado. excepto algunos golpes que nos llovían de arriba.Sirviendo de protección. sólo Dios entiende. porque nuestro rancho no es mejor. ese don inexcusable. ayudando a la Religión y sirviendo a Su Majestad con todas mis fuerzas. –Hijo. Y todo con generosidad y desinteresadamente como ha de hacer la gente bien nacida. nave en que durante varios años hube de recorrer el ancho mundo. y el cocinero. Se necesitaban serios ministros y fieles servidores que empujaran con decisión la pesada nave del estado. padre. de los misterios. Nada cobrábamos por ello. húmedo y a menudo irrespirable. ¿no humanos? Y otras cosas. Ignoro de qué podía estar hecha aquella pasta espesa y apestosa: gachas.

Algunas vías de agua se taparon con aquella densa masa y de tal modo que no volvieron nunca a abrirse. no son imágenes lo que percibo. soltábamos los remos. echábamos todas nuestras fuerzas sobre el remo. Pero no quiso el capitán. Con todo.El caso es que olía mal y sabía mucho peor. la pólvora. Pasábamos también tiempos en tierra. lográbamos distraer alguna pieza con que alegrar el diente por un día. las balas. especialmente en invierno o cuando el temporal revolvía la mar hasta enfadarla. muy pocas. Cargábamos los fardos. llegó a ser la comida el momento más esperado. Recuerdo pocas cosas de esos años. que era todo un caballero. –Siempre hay que respetar las leyes de la guerra y no matar más de lo normal ni usar armas secretas. 211 . los sacos de harina y otras provisiones. desplegábamos las velas y nos dejábamos llevar entre sus brazos. sino pútridos olores a pescado. Entonces limpiábamos la nave. los barriles de agua o vino. Cuando el viento amainaba o llegaba el peligro en forma de barcos enemigos. A veces. la lijábamos… dejando todo a punto. Cegados en la sentina oscura y maloliente. Parece como si los días se hubieran fundido en una densa masa pegajosa. Pensamos en utilizarlo de munición contra el enemigo. sea solo por intentar descubrir sus misterios. Cuando el viento soplaba a favor.

también sonidos: el remo batiendo acompasado. También algunos hechos de armas contra las naves turcas que pirateaban el Mediterráneo.. Lázaro. Iba la nuestra en el ala derecha. esa ancla que nos sujetaba. justo al extremo. la vela que nos hacía volar aun más que el viento. a sudor…y sonidos. nos abrimos de más. cuando en un viraje para afrontar la costa siciliana. –Pero.a vómito. impulsados por un golpe de viento. tú no tienes familia. Echábamos de menos la familia. Perdí mucha visión aquellos años y como rata fuime acostumbrando a la penumbra. preparándome al fin a la oscuridad definitiva. y perdimos el contacto con el grueso de la formación. napolitanas algunas. españolas las más. 212 . Marchábamos un día en formación una pequeña escuadra de naves cristianas. Pasaron a cuchillo a los soldados y nosotros fuimos obligados a remar ahora para ellos.. el barco quejándose en sus juntas y el golpeo del cómitre poniendo ritmo a las olas. El mar siempre era el mismo y aburrido el vientre siempre igual de una galera. –Por eso. Una nave corsaria más ligera que la nuestra apareció de pronto en nuestro flanco y a pesar de los esfuerzos acabó por abordarnos.

¡Oh Dios! Cuando estás ya tocando el cielo con las manos– tres meses tan sólo me restaban. Yo he aprendido a insultar de todas las maneras.No varió en nada nuestra situación. Uno tiene derecho a ser cobarde. Solamente habíamos cambiado los dueños y con ellos los insultos que ahora sonaban de una manera ligeramente nueva. Era una orquesta 213 . No eran aquéllos mejores que los cristianos. –Perseverad y no temáis— nos animaba el pater – porque Dios premia a sus fieles con largueza. allí estaban las muescas en el remo– resulta que se te cae el cielo encima con todas sus estrellas. ¡Si hubiera sabido entonces lo que el destino iba a depararme! Les propuse pasarme a su religión si aquello iba a librarme de la odiosa condena. Mas los negocios son los negocios– así me replicaron–. De nada valían mis tretas de otros amos a quienes juzgué crueles. aunque el tono siguiera siendo el mismo. que eso. Cambiamos la letra –ahora en turco– pero la canción seguía siendo la misma e igual el ritmo. que seguíamos cautivos sin saber cuándo acabaría la condena. Él fue el primero en ser sacrificado. En fin. al parecer. hacía más robustas las creencias. Decía un viejo amigo de aquella época que lo bueno de viajar es que se aprenden idiomas. Y renegado o no debería seguir atado al remo.

moderatos. Pero era inútil. afirmándonos una y otra vez en la causa universal de todos los males. andantinos. a la que maldecíamos en italiano. Estaba entre nosotros un joven extremeño. durante largo rato. que cuando se enfadaba empezaba a rezar letanías al revés. la pobreza. A cualquier contrariedad volvía a empezar su rosario de misterios siempre dolorosos. También vivía entre nosotros un tal Enzo. dueño y señor de 214 . Y aquélla empezaba a huir espantada por tantos golpes. siciliano. hasta que finalmente se calmaba o se le acababan los santos. allegrettos (más bien pocos). mas no sin esperanza. cuyo responso le hacíamos nosotros: Porca miseria. Había matado con saña a su patrón. pues conoce bien todos los idiomas y países.e interpretábamos todo tipo de sinfonías y movimientos: lentos unos(a ritmo de arribada). Aún escucho a veces por las noches la voz triste y dolorida de un joven piamontés que soltaba a mi lado hermosísimas canciones de su tierra en una lengua extraña que empezamos a amar porque la hicimos nuestro. para que no nos lo tuviera en cuenta. pronunciando mantras. Era la última rueda del infierno. Se puede vivir con casi nada. bajando santos. ¿qué otra cosa podía hacer? Y continuaba después la letanía. largos y pausados otros (en desfile). Dejad aquí toda esperanza.

que así llamábamos al joven. porfiando cada cual en servírsela en persona. Pero no era eso lo que de verdad nos asombraba. Gentes que habían matado a otras 215 . Siempre me ha sorprendido que cosas tan pequeñas puedan significar tanto y píldoras diminutas produzcan efectos tan poderosos. alejada seguramente de la playa. Digo con esto. sino sus bien fundados conocimientos de la tierra y de sus seres. Bajó hasta nosotros y volando sobre nuestras asombradas cabezas. mas tenía ese don espiritual de comunicarse con todos los seres. no nos lo tuvo en cuenta y un buen día. Un día nos contó su negra historia. una tarde apareció sobre nosotros una hermosa gaviota. Después llegó a hacerse tan habitual esa visita que cada tarde esperábamos anhelantes su llegada. la cual pausadamente vino a posarse en el pequeño ventanuco que ventilaba algo la sentina hedionda en que vivíamos hacinados.haciendas y personas. Aquel ojo era siempre un rayo de esperanza que iluminaba un poco nuestra oscura existencia. Rómulo era el padre. que no era un ser precisamente blando. Los días eran más claros. Aunque era nauseabunda. Amaba a los animales. pero todos hacíamos de padrinos. lo cual no es poco decir en estas épocas. como si se tratara de una visión que nunca nos acabáramos de creer. incluso los humanos. Pues bien. vino a posarse suavemente sobre el hombro de Rómulo. Le guardábamos siempre algo de nuestra mísera comida. las noches más pequeñas. se quedó a vivir entre nosotros. una más en un negro rosario de desdichas.

Rómulo que agarra al capitán y le retuerce el cuello de la misma manera que habían hecho con su frágil gaviota. Cuando el cielo escampó. Lázaro. cogió al pobre animal de un manotazo y sin mediar palabra. –Es que yo creo en los milagros. el capitán vio la escena y le pareció más propia de débiles y flacas mujercillas –así lo dijo– que de fieros y crueles convictos como debíamos ser nosotros. Pero al poco un alfanje que sale de algún sitio y le atraviesa el pecho. hubieran hecho lo imposible por aquel animal. le torció el cuello. dejó regados por la nave un sinnúmero de heridos y dos muertos: el capitán y Rómulo. Un mal día. Con la necia disculpa de que mermaba la eficiencia distrayéndonos el rumbo. de brazos extendidos y amenazas. Los compañeros comentaban: –Y tú. Llovían por doquier los golpes de látigos y lanzas. y la sangre que no dejaba de correr. 216 . Incluso yo recibí alguno sin querer. cayendo inerte sobre el banco de condena.gentes sin vacilar. Y la vida que sigue. Todos ayudamos. el mejor sitio para ver el espectáculo. ni un rasguño —certificó mi compañero. Otra historia de bien que acaba mal. protegido como estaba tras una de las cuadernas. Se levantó al instante un tumulto de remos y cadenas. ante la mirada aterrada y a la vez aterradora de todos los galeotes.

Pero es un error dejar a un hombre sin apoyo. lo apostará todo. Calló un momento como si reflexionara y fue a salir por donde no podía seguirle –Me gustaría ser cómo tú. echándonos a suerte y a modo de escarmiento o de espectáculo. la cara tumefacta. Así descubrimos un día que éramos hombres. 217 .–Yo también. Y puse de nuevo cara a mi trabajo Con todo. Lázaro? –Intentaba comprenderlos. Lázaro –A mí no –corté rápidamente. Los meses sucesivos se convirtió el barco en un reino de venganza donde el “verdugo” repasaba nuestras espaldas a diario para que no se nos olvidara nuestra condición de pobres miserables. – ¿Y tú. un insulto cada palabra. Y así ocurrió: cada mirada era un crimen. Era la forma que teníamos de sentirnos libres. a pesar de todo. libres. lo peor vino después. sin nada que perder. Ahorcaron a tres de entre nosotros. Y nos dedicamos a cultivar la perla que acababa de nacer en el interior. y cada gesto una provocación. amoratado el cuello. Y me enseñó su cuerpo santiguado: su pecho molido. allí dentro. no sé bien.

Seríamos atados por los pies. sin embargo. Intenté ejercitarme como los demás– la locura es contagiosa– y aún más el “verdugo” siempre generoso.Toda ocasión era buena para practicar el nuevo espíritu. y acomodándome a los hechos y a los amos. es decir. pero hay que tener en cuenta que en las naves hay muy pocas diversiones. el capitán de la nave sarracena decidió de una vez poner coto a tanta agitación y cortar de raíz la enfermedad. Unos meses después y en uno de los numerosos arrebatos que. vi venir una vela cristiana hacia nosotros. las cosas hay que hacerlas bien. Algunos se lo tomaban muy en serio. dándonos la razón y aplaudiéndonos las espaldas una y otra vez. Pronto me di cuenta del beneficio espiritual que acarreaba aquel fervor y procuré cuanto pude desviar la atención hacia mis compañeros. Pensé que estaba ya en el más 218 . Y salió la mía. que nunca fueron muchos. Una crueldad innecesaria. como molde rígido que acababa siempre deformándome. Era el primero en la bancada. Habían tendido ya la cuerda. Eso significaba atacar algunas cabezas para dar el escarmiento necesario. tan hedonista y pegado a la tierra. el que estaba más cerca. y colgados cabeza abajo. cuidando los placeres del cuerpo. un ejercicio extraño para mí. muy lejos. cuando rezando yo mis oraciones. azotados con esmero. como temblor de fiebre nos sacudía. mientras dirigía la mirada hacia al Altísimo. Era. hecho el nudo. naturalmente.

Mantenían a menudo sus enseñas o banderas . aplazaron nuestra ejecución para momento más oportuno. Empecé a gritar saludando la bendita aparición. Seguramente ya nos habrían visto. pero a mí se me habían caído al suelo todas las ideas y se habían hecho añicos. viendo no sé si el cielo o las visiones del profeta. como cuerno. Algunos dicen que se piensa mejor cabeza abajo. por llamar la atención. ¿Cómo hacerles saber? –me preguntaba. el viento a su popa. mientras preparaban su ataque por sorpresa. Es el caso que avanzaba rauda. a fin de disfrutar con tranquilidad de tan bello espectáculo. con su largo espolón y sembrando la confusión y el terror en los cristianos. embistiendo . Y abrí mis dos manos cuanto 219 . Tenía que hacer algo y pronto. la nave y haciendo cautivo a todo el que cayera entre sus manos. para acercarse camuflados a los barcos enemigos y una vez cerca. y levantando una armada cada vez más numerosa. debilitando su poder. Empecé a agitar los brazos sin propósito. y mis verdugos. Conseguían así fácil botín. arruinando el comercio de españoles e italianos. como empujada por el Espíritu. Me di cuenta del peligro y la anhelada ocasión que no podíamos dejar escapar. con barcos que eran nuestros. grandes cruces rojas en las velas. Era la nuestra una nave pirata dedicada al negocio floreciente de atacar a los cristianos robándoles la carga. Y así debió de ser. y con malas artes asaltarlos. Allí nos dejaron olvidados al peligro.allá. atacando de este modo al emperador. mas no sabía qué.

pues estábamos boca abajo y en este mundo es todo relativo y depende de cómo se miren las cosas y nosotros lo hacíamos al revés. Los otros compañeros de abajo se pusieron a ayudar. Mis dos compañeros me iban entendiendo y empezaron a imitar aquella extraña danza. el compañero de mi izquierda. saludos y otros gestos que habíamos visto en la morisma y otros muchos que inventamos para la ocasión. Bailamos una y otra vez ese extraño ballet de trazos y figuras hasta que lograron entenderlo. echándolas hacia atrás. juramentos y amenazas que nos lanzaban desde abajo. o tal vez fuera Dimas.. También nuestros amos. hundir un poco el palo. según creo. Intenté después con mis brazos formar un semicírculo. que menos mal que andaban ocupados y sin tiempo para dedicárnoslo. el de mi derecha. Bastaba romper el ritmo. mil pequeños trucos que también conocían nuestros amos. Con todo un puñal bien o mal lanzado– depende de quien considere la situación– alcanzó de pleno a Gestas. por los insultos. pero la misma desesperación guiaba el nuestro.pude. Al poco caíamos en manos más amigas y fuimos liberados. en torno a mi cabeza.. como de media luna. así que empezaron a golpearlos como se hace cuando el miedo o la desesperación guían el brazo.. Se esparció la consigna por los bancos y empezaron a flojear en la remada. Aquel día nuestra dicha fue cumplida. mas no 220 . Repetimos todo el ritual de zalemas.

Bueno. alguno. También se aprende el mal. Espero que haya sido por mucho tiempo. –No sé. 221 . mas habíamos purgado con creces nuestros errores. Larga vida les deseo. Me había endurecido. Pero no hay proporción con el castigo. Siempre he preferido deber a que me deban. Éramos libres al fin. y yo he vivido mucho y lo he visto sin cuento. –Eso que llevas adelantado en la otra vida — me aclaró el nuevo capellán. y yo más. que ni siquiera llegué a cometerlos. aunque creo que bien lo sospechaba.total hasta que vimos encadenados a nuestros enemigos. Generoso fue el capitán que no quiso preguntarnos por nuestra peripecia.

222 .

Desembarcamos al fin en la playa de Almuñécar. –Tenéis cara de culpables. empezamos a desparramarnos como mala simiente hacia todos los rincones de nuestra ancha y añorada España. Pero antes de abandonar aquellas playas –la vida es una larga cadena – pudimos ver una partida de torvos. –Lo mismo que nosotros. que como madrastra nos había echado de sí. curtidos galeotes que esperaban embarcar. ansiosos de ocupar el lugar que nosotros les dejábamos. – ¿Y vosotros qué sois.XIV JORNADA DECIMOCUARTA El mundo es una plaza donde lidiamos a solas los terribles toros del destino. 223 . volvía a recibirnos otra vez. –Lo tenéis merecido. Después de besar y bendecir el suelo innumerables veces. Mira ese. asesinos. Pero al menos era tierra y nosotros necesitábamos suelo firme en que crecer y cimiento sólido en que detener la caída. Echamos sobre ellos una lluvia de lástima y después otra de insultos para ahogar la lástima. no sé si con la intención de vomitarnos de nuevo. tramposos. Ella. ladrones. hermanos? –Sólo víctimas inocentes.

hijo de.Aquel pelo negro. Y lanzó un esputo recio que casi me derriba. –Rebolledo– grité. Yo también. –Ella confesó antes de morir–apuntó la misma voz. la barba prieta.Y señalé a uno de aquellos hombres que permanecían en el centro callado y con la vista baja. levantó la cabeza y se quedó mirando con fijeza. las pobladas cejas. 224 .. – ¿Y tu hijo? –El tuyo. ensortijado. abriéndole los brazos.. Al sentirse aludido. –Te mataré. Voy a rebanarte el cuello. se puso en pie de un salto y empezaron a salirle serpientes por los pelos. –Murió de parto. –No mientes la soga en casa del ahorcado. relámpagos oblicuos de los ojos y sapos monstruosos por la boca. la mirada turbia... Él se sacudió toda su pereza. – ¿Qué fue de tu esposa. bujarrón. la única diversión de esos lugares. reptil. Empecé a rascarme la cabeza. haciendo caracoles. hace tiempo –comentó alguien por allí que conocía la historia.. Me recordaba… parecía. cabrón. La ensucias con tu lengua. maldito seas. –Por eso. Teresina? –Ni la nombres..

– ¿Qué fue de él? – ¿Quién? –Tu hijo. seguramente un amigo. Recuerda que ya estuve en otro tiempo. –Esos sí que son méritos. suele pasar eso. 225 . será mejor no encontrarlo. ¿sabes. Me alegra haberte visto. el mío. –Cuantiosa. –Entonces. no como tú. De todas formas. ya me ves. –Con recomendación ya se puede. –Con tantos padres protegiendo. La unión de tus pecados y los míos. – ¿Le toca alguna herencia?– preguntó con sorna. –Robo y asesinato. –Pero. – ¿Y qué te pasó a ti? –El amor al oficio. Lázaro? – volvía a la carga. Tal vez lo quiso un poco. probados –comentó alguien. Parecía enroscarse en el recuerdo y olvidar los denuestos contra mí. hace ya muchos años que partió. hijo de Satanás — escupió. yo que sé… –Se fue por los caminos del diablo y andará por ahí lo mismo que nosotros.–Una buena cristiana.

Llevaba ya unos años desgastando las delgadas paredes de mi cuerpo. en esta maldita enfermedad tan dolorosa. sobre todo la pierna. cuando me di cuenta de que no era necesario. ¡Maldito seas! Y se encerró en un mutismo hondo. Iba a corresponderle como me habían enseñado. propia de nobles 226 . En realidad. El mar y las últimas penurias habían agrietado mi salud. y me alejé con un saludo en la mano que no solté del todo. con todo. La gota era. enfermo y casi derrotado. el asma me amenazaba con sus múltiples ladridos. bajando la cabeza. lo más duro. Me maltrataban los reúmas de tantas humedades. muy pocos regresan. –Me tranquiliza saber que has pagado algo de tus numerosas deudas. Mi venganza está en parte cumplida. Volví la vista al mar y vi cómo se le abría en su vida un gran horizonte. pues tanto aire puro no era bueno. aquella pierna izquierda de la mala suerte que empezaba a no aguantar y desear no fuera mía. volviendo a su ser impenetrable.–Yo también. –Buen viaje –sólo respondí. ¡Quién diría que iba yo a heredar las carencias de los pobres y los excesos de los ricos. Su futuro estaba allí. para mis bronquios. Allí dejé mis pensamientos y partí hacia Granada. al parecer. la cual se iba por múltiples costuras.

postrado como él. o a mi padre. las cuales a veces abrían sus gargantas para soltar en forma de cante siglos de pena. Habíamos seguido caminos paralelos y nuestras vidas se volvían ahora a entrecruzar en aquella Granada que visité con respeto y sobre todo la Alhambra y el palacio suyo en medio de ella. pienso yo. el más poderoso de los hombres. humillado por la enfermedad. como engañó a otros. como Carlos.y reyes que comieron siempre bien y con ella pagaban sus abusos! Tal vez yo fuera de sangre azul. y a punto estuve también yo de dejar los míos. con sus cuevas. Mi madre a lo mejor me había engañado. También yo hubiera querido hacerme allí mi casita. hijo de alguno de aquellos grandes que sufrían en sus carnes la venganza de otras carnes sublevadas. donde lidiamos a solas los terribles toros del destino. 227 . atado a aquella silla expresamente diseñada para asentar sus gemidos y su pierna maltrecha. como engañé yo. Sus abuelos también habían dejado sus restos. Repasé los muros. Por un rato la belleza me salvó del desánimo. derribado por el potro enloquecido del dolor. como engañamos todos. Recorrí el Generalife con sus fuentes y el Albaicín más allá. como una plaza de toros o el mundo mismo. Así acabaría yo algún día. Pensaba en nuestro siempre querido emperador. con su ruedo circular. las columnas y recordé cosas hermosas que había visto en Italia.

los abastecedores de todo. aprovechando el oro que corría y la conciencia que corría más deprisa. Pero antes. reposé en sus iglesias y jardines y me asomé a su río como quien se asoma al más allá. Era el desagüe de todas las Españas. me acerqué a Sevilla. a las Indias soñadas que nunca había de ver. Una tos malsana y malsonante. que llegaban no todos de aquella orilla. los bárbaros matones de bolsa floja y rápida estocada. 228 . los rudos marineros. un mal del pecho ya antiguo. Por mi edad y mis achaques no iba a tardar en rendir. y allí había uno más. cargado en años de humedades y miserias. Cogí unas fiebres– no sé bien de qué– y hube de pasar todo aquel verano acogido a la caridad de unos monjes que cuidaron bien de mí y de mis males. que venía a agravarse ahora. que en todo a sí se abastecían. A punto estuve de pasar la frontera de la vida. Comenzando el otoño. los finos leguleyos. Iba en retiro y como cerrando círculos. ciudad que amaba bien sin apenas conocerla. pues sospecho que los mejores negocios se realizaban en ésta.No podía pasar de largo. Un lugar seco me vendría bien. Por allí se iban los barcos con sus velas blancas como pañuelos de despedida. donde bien podría cerrarse el círculo de la existencia. Recorrí sus calles y sus plazas.. Pero las miradas se agarraban como anclas a la orilla.pues enfermé y de gravedad. capital de Nuevo Mundo. Allí iban a parar los miles de hidalgos arruinados en busca de fortuna.. Estaban los nuevos ricos. Y pensé en mi tierra.

perseguido por la Justicia.Las gentes iban y venían. Algunos recordaban a un tal Lázaro que había pasado por allí. los albañales de una sociedad que arrojaba sobre sí tanto lodo. 229 . el cual había tenido que salir por pies. Por allí me fui rastreando alcantarillas y cloacas. que. medrando en los alrededores de la abundancia. pero sin echar nunca raíces. como en una babel incomprensible. Pregunté por mi hijo Lázaro. con aspecto de derrota. que nunca fue mi hijo. Había pasado el momento. es decir. embarcado hacia las Indias. donde ni yo acababa por sentirme a gusto. Me llegaron noticias poco claras. confundiéndose las lenguas. cofradías. de apuestas y peleas. escuelas superiores del hurto y del delito. donde el único diccionario era el dinero. figones. y por él me fueron indicando ciertas cosas. que era el mío. ríase Vuesa Merced de la Universidad que un día fundamos allá en Alcalá. Había mantenido al parecer su nombre. gozándose en sus sobras. Exploré aquel mundo subterráneo de reptiles. preguntando en ambientes donde hasta yo mismo. casas de juego. Allí estaban las gentes excluidas que se ganan la vida en el descuido del resto. pero hacía años. Parecía una olla podrida donde todos los elementos estaban en ebullición. pero al que amé a pesar de todo y que un día naufragó para siempre en el río proceloso del vivir. recelaba entrar: mancebías.

No estaba. que yo. Pasé por Guadalupe y llegué a Toledo. donde a cada paso salían a recibirme de triunfante manera todos los demonios: la gula. Nosotros siempre por delante de ella. en esta orilla.– Di que sí. Y aunque así fuera. la ira. no podría reconocerlo. hasta el rey y sus servidores.. creyéndome un experto ni siquiera conocía..y otros miles de vicios. una familia. otro nuevo círculo que había que cerrar. Debía de ser ya un hombre. lo cual no es poco decir en este mundo azaroso y de inestable fortuna. Tal vez habría fundado un nombre. igual que el mío. poco antes de que el verano con sus terribles calores se asentara en el caldero del averno sevillano. –Una buena pieza. De nada me servía seguir buscándolo acá. una hacienda hasta acabar cumpliendo los sueños de su madre. Salí de allí en unos meses. tanto que había llegado su nombre. sabiendo lo alto que había colocado el estandarte de su casa. la avaricia. 230 . mas no corté del todo. Refrené mis pesquisas. enseñándole el camino. que era buena disculpa para seguir recorriendo los círculos de aquel infierno. la lujuria. –Era mi hijo –dije yo con orgullo de padre. si es que aún vivía. la pereza. por más que ante mí lo tuviera.

Era octubre y estaba atardeciendo.Hice mi ofrenda en San Juan de los Reyes. Acaso como yo. se cerraba también. se asomaba por última vez a las cosas. pesados herrajes que habían apresado cuerpos y sobre todo libertades. acariciando el lomo con afecto y juntos volvimos a dar aquella última vuelta al 231 . Ahora queda uno sólo el del tiempo. como exvotos sagrados. Pendían de la fachada. desde el balcón de la tarde. y ese sólo a Dios corresponde. Di una vuelta a la ciudad donde no me conoció nadie y a nadie quise conocer y salí de allí con el alma un poco más pequeña. Así me asomé yo también al río y allá abajo vi correr abrazados las aguas y los años. el más amplio y. Digo mía por sentirme de algún sitio. Un viejo sol sin fuerza intentaba iluminar el mundo inútilmente. otro gran círculo cerrado. finalmente. Allí colgué mi cadena de cautivo. Seguía aún sobre la margen izquierda la aldea de Tejares y el viejo molino que molió las ilusiones de mi infancia. como otros muchos. Pasé por Ávila. y llegué a mi tierra. Yo ya estoy preparado. hacia otras tierras y otros rumbos en busca del final para un viaje que había empezado lejos. cientos de ellas. sus murallas. Pasé el puente y… allí estaba el toro de piedra que había sobrevivido a todo y burlado mis esperanzas una a una. Aún veo mi entrada en Salamanca por la puente romana. Era el último círculo. Le pasé la mano.

232 . repitiendo el querido redondel en que se habían lidiado nuestras vidas.ruedo. La noche se venía y apresuré el paso. –Hermano. esperando también yo la última llamada. ¿tendrá posada y trabajo para un viejo enfermo y casi inútil? Y aquí estoy por la caridad de Dios y de estos monjes.

como bien se habrá visto. ahora cuando ya la vida estrecha el cerco y la muerte victoriosa rendirá al fin la fortaleza de mi vivir. pues es la muerte quien la cierra. si se considera en su final. Sería propio de necios sin sustancia hablar de tal manera cuando uno está lleno de achaques y a punto de morir. mayor es en estos casos el mérito de los que nacemos con las estrellas cambiadas y los pasos tan fuera de lugar. que no siempre perdí. siempre acaba en derrota. arribar con bien a puerto. he logrado cuando menos mantenerme a flote y en muchos casos. que los vientos de la suerte soplaron siempre en contra. En mi caso también lo fue el inicio. y hasta creo que gané algunas batallas. y así fue. Sin duda. siempre es adversa. eso he pretendido demostrar. Aquí queda pues este escrito. y la fortuna. Ahora se entenderá mejor el pesimismo de estas páginas. Mi vida fue una recia contienda. Y sin embargo. pues parece desde luego. lleno de caídas y dolores. así como el hecho siempre valeroso de que a pesar de todo ello. en que he querido recordar mi propia pasión. No soy un ganador. pues la vida que se cuenta entera. nuevo testamento de mis malas obras. también digo y de forma muy solemne. Eso es lo que he contado.DESCANSO VII Por fin voy dando término a este tan largo viacrucis. 233 .

Debía ser yo también quien la contara y así la he seguido como mi mejor discípulo hasta darle término. Me entristece un poco que esta historia vaya a nacer muerta y enterrada. 234 . pero es mejor así. Un día. no sé cuándo.Eso es lo que he querido probar con este evangelio de mi vida que ya acaba. resucitará de entre los muertos y se presentará al fin triunfante y libre ante los ojos de los vivos. Que así sea.

pero así son las cosas. digo esto. superada ya la cincuentena. es decir del poder y su fuerza. no caben ya aventuras ni sorpresas. que soy historiador y nada tengo que ver con la Literatura. Investigaba yo. que tienen tantas cosas que decir. donde pensaba hacer otra historia de la Historia. comprobando en los originales algunas viejas ideas enterradas en esos panteones siempre fríos de los archivos o bibliotecas antiguas. tampoco contra ella —bien es cierto— investigaba. En fin.Nota del preparador de esta edición Se pensará que a una edad como la mía. es decir descubrir las ideas paralelas que fueron entregadas a la oscuridad.. digo. como el siglo XVI con personajes tan preclaros como Lutero. Sólo Borges encontraría emoción en algo semejante. y menos aún en un lugar tan poco común como una Biblioteca de Universidad y en una ciudad de provincias. 235 . frente a los grandes principios oficiales. calvo y con algunos kilos de más. Uno empieza a cierta edad a hablar sólo.. que en manos de la Inquisición y de los reyes. y por parte de un señor más bien bajito . algunos hechos y desempolvaba libros vetustos. espero que no sea para siempre. Preparaba un libro cuyo título sería algo así como “La otra orilla”. fueron perseguidos y encerrados. así que por qué no conversar con esos amigos. porque cuando investigaba precisamente una de las fases más interesantes. en las fosas muchas veces malolientes de la Historia.

me precipito hacia él. estaba bien entero. un magnífico premio a mi búsqueda de toda la vida por bibliotecas y desvanes llenos de polvo y de todas las suciedades de la historia. pero al parecer. Pues bien. Allí hay reproducciones y láminas preciosas de Anatomía. se hubiera roto algo. Como digo. lugar maravilloso para quienes lo conocemos bien y cuyos fondos bibliográficos son siempre un tesoro para investigadores y amantes de los libros en general. preguntándoles cosas. nunca me había pasado. primeras ediciones del XVI y XVII y de autores muy famosos. que siempre fue recio y supo aguantar muy bien 236 . como yo digo. No suele pasar. pero aquel día felizmente pasó. Se encuentran allí monumentos increíbles como incunables. Botánica. ¿Os imagináis el escándalo? La bronca del encargado que se acerca y yo que logro apenas pedir disculpas entre tanto azoramiento. topeme en un libro de este una mina riquísima que no buscaba.Calvino y sobre todo Erasmo…. al suelo. Pero eso fue. consultando con ellos. Me encontraba en la Antigua Biblioteca de Letras de la Universidad Salmantina. cuando al hacer un movimiento brusco y sin querer le pegué un codazo a Erasmo que estaba encima de mi mesa y cayó. en medio de tantos buenos amigos me encontraba aquel día. que podéis creerme. Curiosidades extrañas y verdaderas obras de arte. temiendo de tan anciano. el pobre. Seguramente fue el premio de los dioses a mis méritos — no sé bien cuáles—. son muchas. Arquitectura.

Esos le habían golpeado más fuerte y hecho más daño que yo— pensé— . ni voluntaria ni involuntariamente en la destrucción de la cultura y el saber de la humanidad. Eran los “Adagios”. Me fui al interior y leí la referencia bibliográfica— UNIV. Y nunca mejor dicho.los golpes. Tal vez ya estuviera hecho. Chilades Des.LA censura. Vi entonces que las pastas de la encuadernación (las dos. justo en la esquina inferior izquierda. salvados “del diluvio de los días”. Erasmi Roterodomani Basilea 1541 Quiliadis Quintae Centuria II 1065 Lo observé una vez más por dejar tranquila mi conciencia al no haber atentado ni de palabra ni de obra. por donde sangraba mi crimen. Lo fui hojeando por arriba y vi algunas páginas y frases tachadas en negro . Asomaba algo como una hoja por el borde. Lo observé con atención. 237 .49472 Adagiorum. Bibl. y sobresalía hacia adentro un ligero abultamiento o preñez. en su cara interior. vi una pequeña grieta en la portada. primera y última) eran más gruesas de lo normal. SAL. pues rasgué con cuidado un poco más la herida y salió a la luz un manojo de folios manuscritos. Pero cuando iba a cerrar con alivio las páginas de mi remordimiento.

la conservación era excelente. iluminen el presente y alienten nuestro porvenir. y trabado con la pasta. levemente. En fin esta es mi historia. Que sus palabras descubran nuestro pasado ya lejano. Estaban perfectamente conservadas y se leían relativamente bien. pero en general. 238 . después de tanta oscuridad como ha sufrido. Hay que tener en cuenta que seguramente el manojo de folios había sido prensado. . aunque se había puesto un exquisito cuidado en no destruirlo.Eran unas cien hojas escritas por ambas caras y repartida mitad por mitad entre las dos pastas primera y última del libro. El resto. Mi mérito es sólo el sacarla a la luz. lo que importa y nos ocupa más es la de Lázaro contada por él mismo. que él guardó en esta arca de Noé a salvo del diluvio de los días. C.R. Algunas palabras estaban tachadas o borradas o levantadas el papel. la de un hallazgo.

Sólo espero que haya caído en manos que sepan apreciarlo. preservados del diluvio de los días. No sé si he hecho bien enterrándolo vivo o vos mismo. Amén. han estado escondidos en el arca del tiempo. más bien — cumpliéndose en ello mi voluntad última y secreta. dos años después de mi señor el Emperador Carlos y en el mismo día de su descanso. LÁZARO Dado en Salamanca a 21 de septiembre del año del Señor de mil y quinientos sesenta.A QUIEN LO ENCONTRARE Sepa la persona o personas que toparen con este escrito. deshágase de ellos si gustare o guárdelos de nuevo si quisiere. si así estimare. a salvo de miradas indiscretas. En fin. Suyos son. y en tiempo que sepa comprenderlo Que el Señor nos acoja a todos en su gloria para siempre. Tratadlo si podéis como recién nacido que vuelve a la luz. Durante años (vos sabréis cuántos). que puede en adelante disponer de él como quisiere. siendo el heredero de estos bienes — o males. 239 . Mándelos publicar. hágase en todo ello vuestra voluntad. resucitándolo muerto.