Caperucita 2.

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Juanjo

@juanjomunoz

Había una vez una niña muy bonita. Le habían dado un ordenador portátil y la muchachita lo llevaba tan a menudo que todo el mundo la llamaba Caperucita 2.0. Un día, su madre le pidió que llevase una memoria USB a su abuela, que vivía al otro lado del bosque, recomendándole que no se entretuviese por el camino, ni se distrajera tuiteando, pues cruzar el bosque sin ver Google maps era muy peligroso, ya que siempre andaba acechando por allí el lobo, que tenía el bosque lleno de editoriales y ordenadores con Windows Vista. Caperucita Roja recogió la mochila digital con la memoria USB y se puso en camino. La niña tenía que atravesar el bosque para llegar a casa de la abuelita, pero no le daba miedo porque allí siempre se encontraba con muchos amigos: las wikis, los blogs, Ubuntu, Moodle… De repente vio al lobo, que era enorme, delante de ella. —¿A dónde vas, niña? —le preguntó el lobo con su voz ronca y sus derechos de autor. —A casa de mi abuelita —le dijo Caperucita. —No está lejos —pensó el lobo para sí, dándose media vuelta. Caperucita puso su mochila en la hierba y se entretuvo con su teléfono móvil: «El lobo se ha ido -escribió en su Twitter-, no tengo nada que temer. La abuela se pondrá muy contenta cuando le lleve una webcam además de la memoria USB». Mientras tanto, el lobo se fue a casa de la abuelita, llamó suavemente a la puerta y la anciana le abrió pensando que era Caperucita. Un bloguero que pasaba por allí había observado la llegada del lobo. El lobo obligó a la abuelita a comprar una enciclopedia multimedia, y la a leerla encerrada en un pequeño cuarto, en el que, además, tenía que instalar todas las actualizaciones de Windows. Después, se puso una camiseta con el logotipo de Flickr, se metió en la cama y cerró los ojos. No tuvo que esperar mucho, pues Caperucita 2.0
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llegó enseguida, toda contenta. La niña se acercó a la cama y vio que su abuela estaba muy cambiada. —Abuelita, abuelita, ¡qué Google Reader más grande tienes! —Son para leerte mejor —dijo el lobo tratando de imitar la voz de la abuela. —Abuelita, abuelita, ¡qué Skype más grande tienes! —Son para oírte mejor —siguió diciendo el lobo. —Abuelita, abuelita, ¡qué copyright más grande tienes! —Es para…¡comerte mejoooor! —y diciendo esto, el lobo malvado se abalanzó sobre la niñita y la hizo pagar un canon digital, lo mismo que había hecho con la abuelita, y también la encerró. Mientras tanto, el bloguero, que se había quedado preocupado y creyendo adivinar las malas intenciones del lobo, decidió echar un vistazo a ver si todo iba bien en la casa de la abuelita. Pidió ayuda a un tuitero y los dos juntos llegaron al lugar. Vieron la puerta de la casa abierta y al lobo tumbado en Moodle, dormido de tan harto que estaba. El bloguero sacó su post y criticó la editorial del lobo. Abrió el pequeño cuartucho y la abuelita y Caperucita 2.0 estaban allí, ¡vivas!, aunque agotadas por las actualizaciones de Windows. Para castigar al lobo malo, el bloguero le llenó la cabeza de comentarios y le abrió una cuenta en del.icio.us. Cuando el lobo despertó de su pesado sueño, sintió muchísimas ganas de cobrar otro canon y se dirigió a un estanque próximo para beber agua de un trasvase. Confundido, quiso beber en un vídeo de Youtube. Como los comentarios pesaban mucho, terminó sacándose una cuenta en Facebook y se ahogó. En cuanto a Caperucita y su abuela, no sufrieron más que un gran susto, pero Caperucita 2.0 había aprendido la lección. Prometió a su abuelita no añadir a sus contactos de Messsenger a ningún desconocido que se encontrara en el camino. De ahora en adelante, seguiría las juiciosas recomendaciones de su abuelita y de su mamá, que compartían en un Google Doc. Y colorín colorado, este cuento ya ha empezado. (Versión propia del texto del cuento que está en la Wikipedia. La foto es del Flickr de guatman, bajo licencia Creative Commons)

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