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La ciudad se inciviliza

¿Qué es lo que hoy tiene lugar en la ciudad?
Las invasiones ya no son las de algunos huyendo de la miseria e instalándose en los grandes arenales, sino las de otros, más poderosos, que se apropian de lo que es público y que lo privatizan sin piedad. Más allá de que los acantilados, las calles y las playas sean algunos de los signos que den cuenta de este deterioro social, lo cierto es que hoy lo público tiene muy poca importancia en el desarrollo urbano y pocas autoridades hacen algo por defenderlo. Podría decirse, inclusive, que lo público no solo incómoda en el Perú actual, sino que existe una ley “no escrita” que quiere evitarlo a toda costa. Si toda ciudad implica una apuesta por la vida en común y por una necesidad de generar mayores encuentros entre las personas, hoy Lima continúa trasgrediendo sus propios principios y opta por lo mínimo y por lo privado. Al decir de Jean-Luc Nancy, la ciudad se inciviliza. El arte, sin embargo, es un buen lugar para expresar un desacuerdo con este tipo de ideologías que ya son dispositivos hábilmente instalados en la organización de la sociedad. Para filósofos como Ranciere, el arte es el desacuerdo mismo, es decir, la interrupción ante aquellos poderes que hoy se han vuelto parte del

Víctor Vich

sentido común. Si hoy Lima sigue siendo una ciudad donde hay pocos parques, donde las veredas son lo que menos importa y donde algunos han comenzado a apropiarse de casi todo, las intervenciones del colectivo Emergentes apuntan, por el contrario, a restaurar la idea de comunidad, vale decir, a hacer más visible lo que es colectivo y es de todos. Estas acciones callejeras son una práctica artística en tanto construyen una simbología que siempre alegoriza algo que las excede y en tanto señalan un conjunto de antagonismos que esa misma simbología intenta resolver (o deconstruir) en el propio acto de mostrar. Son intervenciones políticas, en tanto se han propuesto abrirle un hueco a la hegemonía y en tanto aspiran a promover un cambio social que siempre es urgente y posible. Pero, más aún, son intervenciones ciudadanas (o éticas, si se quiere) en tanto las guía la necesidad de justicia social (hoy frase olvidada) y ponen el acento en aquello que excluye y que hoy ha dejado de ser visto. Una cinta amarrilla que funciona como una muralla y una frontera, un pedazo de pasto que simula la reducción de los parques, un grupo de gente que camina en la misma dirección, son imágenes que interrumpen la inercia cotidiana y que tienen como objetivo observar la manera en la que hoy, en

la ciudad de Lima, nos vinculamos con los otros o, más bien, la manera en la que hemos dejado de vincularnos con los demás. Frente a la estetización mercantil de la vida actual, frente a la corrosiva frivolidad imperante, frente a una violencia -legal e ilegal- que hoy se va apropiando de todo lo que es público, estas tres intervenciones hacen emerger un nuevo posicionamiento (político, estético) que ha decidido caminar diferente y que quiere, de todas formas, desamarrarse de la ideología. Se trata de imágenes que se han propuesto interrogar al presente, visibilizar mejor lo que está sucediendo y retomar, sin complejos, una lógica del deber. En muchos sentidos, estos artistas no siguen el ritmo: intentan reconfigurar la percepción oficial de la realidad y para lograrlo proponen un conjunto de signos que pueden ser efímeros para algunos, pero muy urgentes para otros. Quizá clandestinos, secretos o inútiles para la mayoría, pero ciertamente exactos -y muy intensospara aquellos que no dejan de dudar del individualismo violento que hoy se nos impone día a día.

ME TROS VER DES
Lima es una de las ciudades que presenta menor área verde por habitante: 2,9 m2 en promedio; distritos como San Juan Lurigancho y Breña presentan cantidades menores a 1 m2. Aún así estas áreas corren el riesgo de ser privatizadas, según la lógica de progreso y mercado. Unos metros verdes es una intervención que juega con esa posibilidad de privatización del espacio común como son las áreas verdes. La intervención se realizó en el distrito de Breña.

El deber de insolencia

El espacio público es un campo de batalla, en constante negociación entre fuerzas naturalmente antagonistas, nos enseña el antropólogo barcelonés Manuel Delgado. En Lima, la pugna se evita escrupulosamente mediante la multitud de vigilantes y rejas y muros que impiden cualquier intento de diálogo tanto entre desconocidos –potenciales agresores– como entre vecinos o amigos. El poco espacio libre salvado entre las murallas es entendido como residual y siempre amenazado de privatización. La acción 1000 metros públicos se realizó en pocas horas un domingo tranquilo en Chorrillos, mientras se distribuía a sus observadores anónimos una nota explicando la importancia de mantener el uso público del borde costero de Lima. El marcaje del territorio con cinta amarilla aparenta la obra a la dinámica formal y espiritual del Land Art: delimita para separar, divide para volver tangible la desunión del hombre con su entorno. Y esta frontera efímera del mar resulta tan absurda como las leyes peruanas que dan derecho de propiedad “hasta la quinta ola”, como en un caso famoso cercano en Barranco. La situación cruel de disponer un simulacro de jardín en medio de un descampado triste bordado de carros, en un barrio popular de Lima, suscita un efecto bastante cómico, más para nosotros que miramos el registro video,

Patricia Ciriani Espejo
Historiadora del arte y de la arquitectura, curadora

que no para los testigos directos de la acción. La expresión de indiferencia o desengaño de los habitantes a estos Metros Verdes regalados demuestra la incredulidad de uno cuando una autoridad le cambia su entorno sin hacerle participar del proceso. Nosotros percibimos lo surrealista que constituye el espejismo del video representando un parque verde, así como este césped transportable. Sin embargo, para los habitantes, parece tener tan poca incidencia como si les regalaran un parque el municipio para luego impedirles de pisar el césped. Otra realidad absurda pero cuanto recurrente en la ciudad de Lima. Visualmente, Privatizados recuerda la intervención Se Vende o Alquila Este Local (dirigida por Lalo Quiroz en Lima, el 2006), por el uniformo amarillo y negro pero sobre todo por estas estaciones registradas delante del Palacio de Justicia, la Catedral –todos monumentos de los poderes institucionales peruano. Liados el uno al otro por el polo, los artistas y curadores del colectivo ejecutan la performance de forma relativamente ambigua: mientras el video denota cierta solemnidad y estatismo en fase con la intención de mostrar al ciudadano como un borrego de la sociedad del espectáculo, ciertas fotos parecen desdramatizar el acto y reducirlo a un encuentro divertido entre unos amigos.

Emana de estas tres intervenciones una vitalidad que excita nuestra curiosidad: queremos saber cuál será el próximo blanco de la denuncia político-social de ¿Emergentes?, y si harán del público un participante más de sus futuras acciones. Para hacer de la insolencia autorreferencial un acto compartido, y del artista un ciudadano más en lucha por su derecho a la ciudad.

1000 ME TROS PÚ BLI COS
La privatización que se ha dado y que continua actualmente en el acantilado, playas y mar de la costa verde; demuestran una falta de democratización de estos espacios. Bajo este contexto, la intervención consistió en delimitar por unas horas parte del acantilado, mercado de pescadores, muelle y mar en el distrito de Chorrillos.

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El espacio público en el Perú contemporáneo parece definir hoy día un territorio de conflicto y negociación simbólica, y esa característica relativamente reciente del proceso nacional y su imaginario ligado al espacio, no ha pasado en absoluto desapercibida por la producción artística independiente. Históricamente el espacio público instituido desde los inicios de la república no supo ni abrir ni representar el espacio democrático de una ciudadanía real, sino tan sólo las acaso bien intencionadas alegorías de su monumentalidad. No obstante, ante el paulatino abandono del estado actual en beneficio del mundo de los negocios, esas alegoría del liberalismo decimonónico no sólo siguen siendo reemplazadas por las imágenes del culto mariano o el chauvinismo regional arbitrario, sino que además el espacio mismo ha sido recortado de su uso mayoritario y público. Si desde hace tiempo la privatización de lo público viene siendo parte de un escenario mundial de reconcentración de recursos y territorios en muchos países, inevitablemente el señalamiento de esa condición por encima de los derechos de los demás y su denuncia es también desde el principio parte de la reflexión contemporánea acerca del bien común, su sensibilidad y sus imágenes. Este fue un debate y conflicto que entre nosotros se inicia sin duda en el

Rodrigo Quijano

cierre y persecución de lo público bajo la dictadura fujimorista y su agresiva política de privatizaciones al servicio del mundo de los negocios, -una política que ha continuado sin excepción por cada gobierno postfujimorista-. Pero de este modo, la recuperación de las calles y espacios públicos por parte de las colectividades antidictatoriales produjo también en su momento una expansión y difusión nada desdeñable de la idea del colectivismo artístico, un activismo cuyo eje reflexivo estuvo y está ligado de varias maneras al debate e inserción de lo público y sus usos en el Perú de hoy. Emergentes, siendo uno de los pocos grupos de artistas que subsisten solitariamente hoy en día en la escena local, ha hecho suyo el tema de la reflexión sobre el espacio público desde hace ya tiempo y lo retoma ahora desde de la intervención pública como parte de su trabajo y debate comunitario. Las acciones e intervenciones de esta exhibición buscan poner en evidencia el área de la subjetividad en conflicto en el proceso del espacio público local. Qué sucede con el individuo, o si se prefiere cómo se condiciona el uso del espacio a la ciudadanía misma -en esa conciencia espacializada, como llama David Harvey a la subjetividad que es producto de un proceso urbano determinado-, una vez que no sólo se concretado el despojo del derecho al uso, sino que en su lugar se le ha dado el espacio marginal

y unívoco de uso exclusivamente a través del consumo o incluso la mera contemplación de algo ajeno. Con áreas verdes públicas cada vez más retaceadas y dispuestas a la inversión de la construcción y el lucro privado, o con el litoral, playas y acantilados apropiados de manera arbitraria al filo de la ley, la incursión de Emergentes organiza un atento repaso a los puntos álgidos del tema de la apropiación de lo público en la Lima del siglo XXI y su conversión en privado de élitoe. Recorre simbólicamenete los metros de las áreas del litoral a la búsqueda de una demarcación delatora, o accede a la mirada perimetral de cómo las áreas verdes van perdiendo lugar frente a la realidad depredadora de la construcción (una realidad oscura que incluye la venta subrepticia de algunos parques de la ciudad a ciertas mega constructoras) o cómo la ciudadanía ha empezado desde hace mucho a reivindicarse como parte actuante de un conflicto que no es sólo urbano sino además territorial. Una saga en plena rebeldía, en la que ciudadanía, personas sencillas de a pie, versus autoridades y poder corporativo, han empezado a definir los términos de su imaginario y su representación (también política, también estética) ahí en donde estado y gobiernos varios parecen haber sido obliterados de un paisaje en el que el espacio y recursos son la última frontera del derecho a la ciudad.

PRI VA TI ZA DOS
El modelo implantado en la actualidad por un sistema social y económico busca uniformizar a los individuos que conforman una sociedad. Se dictan patrones de vida, educación, entretenimiento, etc. Cada individuo es un territorio en disputa. En ese sentido, la acción intenta mostrar situaciones cotidianas en las que las personas han sido absorbidas por este sistema.

Metro Privado

En1972 Marshall Berman en “Todo lo sólido se desvanece en el aire” plantea el restablecer el sentido de la modernidad a partir de reconocer a la urbe moderna como el principal escenario de la experiencia vital. Esta experiencia vital es la manera como abordamos el espacio público. Ahora bien, ¿De quien es este espacio público? ¿de todos o de nadie? La libertad de ejercer ciudadanía es constantemente reprimida al no existir espacios de encuentro donde los ciudadanos pueden relacionarse y transitar de manera libre. En una sociedad que acaba de salir de un conflicto interno, el espacio público es por momentos un lugar en litigio. La ciudad creció, y crece, sin un plan integral de desarrollo urbanístico. Tal es así, que el objetivo de las autoridades siempre fue, el de aprovechar la cementación de la ciudad antes de pensar en algún aporte para el espacio público. Se beneficia una construcción de edificios, sea de vivienda o comercial, antes de la construcción de un parque como área común y de esparcimiento. Existe una tendencia por privatizar los pocos espacios comunes que tenemos. Los parques que antes eran de tránsito libre ahora están enrejados, sin contar los miles de casos en los que las calles

Gabriela Flores, Isabel Guerrero , Carla Higa, José Carlos Juarez, Gianine Tabja

son privatizadas por los propios vecinos enrejándolas o quitando áreas verdes gracias a las constructoras que negocian con los municipios violando la ley. Estas áreas al igual que los acantilados, el mar y áreas intangibles arqueológicas etc. se encuentran en el medio de la pugna entre lo público y lo privado. A partir de estas reflexiones el colectivo ¿Emergentes? propone una serie de intervenciones artísticas que buscan la interacción con los ciudadanos y se proyectan bajo 3 ámbitos: Las áreas de esparcimiento y el uso que les damos, haciendo hincapié en la falta de áreas verdes en la ciudad; la vía pública como espacio común y colectivo, tomando como ejemplo el acantilado de la Costa Verde en el cual se privatiza el patrimonio cultural y natural; y el accionar rutinario de los ciudadanos como parte de un sistema establecido.

CUL TU RA PRI VATI ZADA

En la ciudad de Lima, son pocos los espacios culturales que ofrecen actividades gratuitas dirigidas a un público de pie y que, a su vez, están ubicados en distritos céntricos con el fin de generar un intercambio cultural. Dentro de un contexto local en el cual los espacios culturales que ofrecen actividades de libre acceso son la mayoría privados nos hace reflexionar en que no existen políticas culturales generadas desde el estado. Por lo tanto, ¿Qué pasaría si estos espacios privados empiezan a cobrar por las actividades que ofrecen? Partiendo de esta reflexión, proponemos esta intervención que consistió en bordear el perímetro del CCE mediante una cinta plástica con la palabra PRIVADO impresa.

AGRADECIMIENTOS Lucia Monge, David Flores-Hora, Koening Johnson, Rómulo Franco, Stefania Polo, Alejandro Anaya, Carlo Rodríguez, Víctor Alvarado, Angelo Alvarado, Víctor Condezo, Julio Acevedo, Daniel Auca, Aldo Alcócer, Andrea Lértora, Elisa Mogollón, Pluvia Astete, Víctor Duran, Samanta Encinas, Camilo Monge, Paloma Ponce, Valter Arica, Christians Luna, Diego Villarán, Daniela Moscoso, Patricia Ciriani, Rodrigo Quijano, Víctor Vich y a los pescadores del mercado artesanal de Chorrillos.

COLECTIVO

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