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HISTORIA, MEMORIA,
ESTATUAS y
PALOMAS
Documentos y diálogos
A propósito de las celebraciones de los
473 años de Santiago de Cali
y de su fundación por Sebastián de Belalcázar el 25 de Julio
de 1536,
a los cuatro años de los sucesos de Cajamarca, Perú,
el 16 de Noviembre de 1932.

COMPILADOR

NTC … Nos Topamos Con … http://ntcblog.blogspot.com/


ntcgra@gmail.com . Cali, Colombia.
Primera edición virtual: Agosto 7, 2009
.
Publica:
"NTC ... Ediciones virtuales" , http://ntc-ediciones-
virtuales.blogspot.com/

NTC … y NTC ... Ediciones virtuales agradece a los autores y a los participantes
en el diálogo.

Historia, Memoria, Estatuas y Palomas. Compilación


2

http://www.scribd.com/doc/18236483/Historia-Memoria-Estatuas-y-Palomas-
Compilacion

“CAPÍTULO” PRIMERO.
Tomado de:
Sebastián de Belalcázar y Cali (Julio 25, 1532-2009)
http://ntc-documentos.blogspot.com/2009_07_25_archive.html
25 de julio de 2009
Sebastián de Belalcázar y Cali (Julio 25, 1532-2009)
.

Portal-blog complementario a NTC ... Nos Topamos Con ... . http://ntcblog.blogspot.com/


, ntcgra@gmail.com Cali, Colombia. Y a los relacionados en: Ver todo mi perfil.
-

Agradecemos al poeta y ensayista Rodrigo Escobar Holguín

por su ensayo que nos motivó a estas búsquedas y por habernos

suministrado una buena parte de las fuentes y enlaces que aquí


publicamos.

Pronto publicaremos su texto completo y otras informaciones.

Mientras tanto, esta cita:

"... . Ese mismo hombre había sido uno de los españoles que
masacraron a cerca de siete mil indígenas en la plaza de Cajamarca,
Perú. ¿Es imaginable un monumento a Belalcázar en Cajamarca?

Para quien conozca esa historia completa,

¿es posible contemplar el monumento caleño sin sentir el aleteo de la


injusticia?... "

Rodrigo Escobar Holguín (Ensayo, Junio 4, 2009) Texto completo en


HISTORIA, MEMORIA, ESTATUAS y PALOMAS. Capítulo 5. , http://ntc-
documentos.blogspot.com/2009_08_09_archive.html

+++++

Sebastián de Belalcázar y Cali

(Julio 25, 1532-2009)


3

25 Julio, Cali, 473 años!.


CALI, 473 años! 25 de Julio, 1536-2009. Celebraciones y
programación. A las 4:00 p.m. de hoy, 25 de julio, 2009, se realizará un
homenaje a Sebastián de Belalcázar*, fundador de la ciudad, en el
monumento levantado en su honor. Con ofrendas florales, las
autoridades de la ciudad rendirán un tributo al hombre que un 25 de
julio de 1536 fundó Santiago de Cali. … El Teatro Municipal Enrique
Buenaventura será la sede de ‘Caleñidad, cuestión de corazón’, un acto
que iniciará a las 7:30 p.m. y en el que se reconocerá a aquellas
personas y entidades que día a día aportan su grano de arena al
desarrollo de la región. El evento culminará con una muestra artística.
Toda la programación de Cali, 473 años en
http://www.cali.gov.co/corporativo.php?id=3576 à Archivo y en:
http://www.elpais.com.co/paisonline/calionline/notas/Julio252009/cali4.ht
ml

.
(* “Curiosidades históricas”: Don Sebastían venía de Cajamarca
(Perú) donde participó activamente en el célebre acontecimiento del 16
de noviembre de 1532! ¿Con la sangre y el oro de los Incas se financió la
fundación de Cali? VER: Sebastián de Belalcázar y Cali (Julio 25, 1532-
2009) http://ntc-documentos.blogspot.com/2009_07_25_archive.html )
++++

Unas muy pertinentes introducciones.


1.- Memorias de un burro
II- Vida y muerte de los Conquistadores
(Donde se mencionan las altas virtudes, apacible carácter,
mansedumbre cristiana y amor al prójimo que los señores
Conquistadores dejaron olvidados en alguna parte, porque a América
llegaron más o menos desnudos de tales atributos)
http://hem.bredband.net/rivvid/pantxo/PANTXO2.HTM y
III- Luces y sombras de los señores indígenas
(Donde se describen las características específicamente humanas de los
señores indígenas, sus amadas esposas y sus encantadores hijitos, para
mayor satisfacción y autocomplacencia de los señores burros)
http://hem.bredband.net/rivvid/pantxo/PANTXO3.HTM
.......
4

SOBRE Sebastián de Belalcázar y Cali (Julio 25, 1532-2009) y


“Monumentos, reconocimientos e Historia.” Por Carlos Vidales,
carlos@bredband.net Estocolmo, 27 de julio de 2009. Publicado en :
http://ntc-documentos.blogspot.com/2009_07_28_archive.html
.
2.- DE CÓMO FUE SECUESTRADO EL INCA ATAHUALPA POR LA
BANDA DE FRANCISCO PIZARRO, CON LA RELACIÓN DE ALGUNAS
CIRCUNSTANCIAS DE SU CAUTIVERIO, EL PAGO DEL INMENSO RESCATE Y
LA EJECUCIÓN FINAL DE LA VÍCTIMA. Por William Ospina . Revista
Número # 20, 1998. Publicado también en: William Ospina, La herida en
la piel de la diosa , Aguilar, Bogotá, 2003. Pags 27 a 45. De allí lo
escaneó NTC … (Julio 27, 2009) VER:
"DE CÓMO FUE SECUESTRADO EL INCA ATAHUALPA ...". Por William
Ospina (1998)
http://ntc-documentos.blogspot.com/2009_07_28_archive.html
.....
OPINIONES:
Al respecto, la autora, nos envió (julio 30, 2009) el siguiente texto, que
agradecemos.
El Rencor histórico Por Leonor Fernández Riva (6 de Julio de 2009). El
texto lo publicamos en el mismo blog anterior: http://ntc-
documentos.blogspot.com/2009_07_28_archive.html
++++
Estatuas de valientes asesinos : ¿Rencor histórico?
Por Yves Moñino ( 1 )
Paris, 2 de agosto de 2009 . Especial para NTC … Nos Topamos Con …
http://ntcblog.blogspot.com/, por lo publicado en (2 y 3). Este texto del
Profesor Moñino, que agradecemos, se publica en 2 , http://ntc-
documentos.blogspot.com/2009_07_28_archive.html.

++++
.
SOBRE SEBASTIÁN DE BELALCÁZAR:
http://es.wikipedia.org/wiki/Sebasti%C3%A1n_de_Belalc%C3%A1zar
Sebastián de Belalcázar o Benalcázar (Belalcázar, 1480 -
Cartagena de Indias, 1551), conquistador español. Su nombre
original era Sebastián Moyano, y cambió su apellido debido a que era
oriundo de la población de Belalcázar (o Benalcázar), situada en
Córdoba. De acuerdo con varias fuentes, pudo haber viajado al Nuevo
Mundo con Cristóbal Colón en una fecha tan reciente como 1498, en el
5

tercer viaje colombino a América, si bien José de Castellanos escribió


que, habiendo matado un mulo en el año 1507, huyó de España hacia
las Indias Occidentales por miedo al consiguiente castigo, y para poder
escapar además de la pobreza en que vivía.

Viajó con Pedrarias Dávila a Darién en 1514, siendo nombrado capitán.


Su ruta en América (
http://upload.wikimedia.org/wikipedia/commons/8/87/Ruta_Belalcazar_20
0.png

La "batalla" de Cajamarca.
http://es.wikipedia.org/wiki/Captura_de_Atahualpa
Este documento no menciona a Sebastián de Belalcázar pero describe la
"batalla".
++++
DE:
http://www.canalsocial.net/GER/ficha_GER.asp?id=262&cat=biografiasue
lta
….
Las noticias proporcionadas por el vasco Pascual de Andagoya sobre el
Perú y confirmadas por Francisco Pizarro después del hallazgo de la
ciudad incaica de Túmbez (1528), mueven a Belalcázar a fletar un
navío con sus propios medios y hacerse a la mar, uniéndose en Puerto
Viejo a la expedición de Francisco Pizarro, con quien funda San Miguel de
Piura (1532), la primera ciudad española del Pacífico Sur, de la que es
nombrado B. teniente de gobernador. Por su participación en la
lucha contra los indios de Puná y Cajamarca (1533), es
recompensado con parte del oro obtenido de Atahualpa en
Cajamarca, lo cual le permite comenzar por su cuenta la
conquista del valle de Quito (1534). En la llanura de Riobamba,
funda con Diego de Almagro Santiago de Quito, llamado luego San
Francisco de Quito en honor de Francisco Pizarro. Se une a O. de Almagro
contra Pedro de Alvarado, gobernador de Guatemala, que pretendía
conquistar las tierras del actual Ecuador. Cuando al fin llegan a un
acuerdo, B. continúa su conquista y funda Popayán y Cali (1536) en la
actual Colombia.
+++
DE:
http://www.andalucia.cc/abenhumeya/modules.php?op=modload&name
=News&file=article&sid=78
6

La conquista del Perú se encontraba en su primera fase, y son las


noticias que llegan a cerca de las enormes riquezas de estas nuevas
tierras las que atraen de nuevo a Sebastián de Belalcázar junto a
otros aventureros. El mismo Belalcázar nos refiere cómo durante su
estancia en León, Hernando de Soto y Ponce de León le incita a que vaya
hacia el sur. Pizarro, su antiguo amigo, también le convoca por la
necesidad de refuerzos que tiene. Sus campañas en Nicaragua
debieron proporcionar a Sebastián de Belalcázar algunos bienes,
y propiedades, que tras venderlas las aporta a la empresa
incaica, acudiendo con dos navíos totalmente abastecidos con
caballos y una importante tripulación.

Es en Puerto Viejo donde se incorpora a la hueste de Pizarro, marchando


hacia el sur. En Cajamarca, la intervención de Sebastián de
Belalcázar es ya muy destacada. El marqués le encomienda el
mando de uno de los tres escuadrones en que se organizó la
caballería, y los otros fueron mandados por Hernando Pizarro y
Hernando de Soto. A la hora del famoso rescate, obtuvo la
recompensa de cuatrocientos siete marcos, dos castellanos de
plata y nueve mil novecientos nueve pesos de oro.
++++
DE:
http://www.cervantesvirtual.com/servlet/SirveObras/0036739864466129
5510046/029728.pdf
Parece por las corónicas, que por mandado de su Magestad imprimió
Antonio Herrera el año de 1615 (i), principales del ejército que tuvo D.
Francisco Pizarro quando entró en la conquista del Pirú, y en la orden
que dio para la vatalla del Inga en Caxamorca le nombró Capitán de
Cavallos, y mandó acometiese al ejército contrario, en que se mostró
aventajado, y resultó desta batalla la prisión del Inga: y assí en la
repartición de los despojos entró con su gente detrás de los hermanos
del Capitán general.
++++
DE: William Ospina, “De cómo fue secuestrado el inca Atahualpa
por la banda de Francisco Pizarro, con la relación de algunas
circunstancias de su cautiverio, el pago del inmenso rescate y la
ejecución final de la víctima”, en La Herida en la Piel de la Diosa, Aguilar,
Bogotá, 2003.
Páginas 32 y 33
".... . Pero aún no estaba claro para ellos que lo que se proponían era un
7

secuestro; éste se les fue apareciendo como el camino más eficaz para
cumplir su cometido, y sólo cuando Pizarro ya tenía a Atahualpa cautivo
en su edificio de Cajamarca, concibió con claridad el monto del rescate
que pediría por él.
La prisión del inca era una habitación de siete metros de largo por cinco
de ancho. Pizarra exigió a Atahualpa que ordenara a sus súbditos llenar
de oro esa habitación hasta una altura de dos metros, y trazó una raya
en la pared para indicar con claridad el nivel al que debían llegar los
tributos. Ello equivalía a setenta metros cúbicos de oro, que en última
instancia y en los niveles extremos podría completarse con plata en caso
de que el oro aportado para la liberación del secuestrado no fuera
suficiente. Empezaron entonces los súbditos de Atahualpa a acarrear por
la red de caminos del imperio inca, que eran mejores que los caminos
europeos de aquel tiempo, literas cargadas con objetos de oro,
intentando llenar la habitación en los dos meses que los secuestradores
habían concedido como plazo. En realidad tardaron más de siete en
llenarla, y mientras tanto los captores establecieron cierta relación de
familiaridad con el prisionero, hasta el punto de que uno de ellos, acaso
Hernando de Soto, distraía los meses de su cautiverio enseñándole a
jugar ajedrez.

En julio de 1533 se terminó de pagar el inmenso rescate, que ascendió


entonc es a la cifra de 1.326.539 pesos de oro más 51.610 marcos de
plata. Al precio de 1995, el oro recogido ascendía a 88, 5 millones de
dólares y la plata a 2,5 millones de dólares, de modo que el precio total
del rescate pagado sería al precio de 2003 de 254.800 millones de
pesos colombianos. Dejo en manos de los juristas, de los
investigadores y de la fiscalía, la indagación de cómo fue
distribuido ese caudal entre los partícipes del secuestro, que
eran un jefe mayor, Francisco Pizarro, dos socios por contrato, Diego de
Almagro y Hernando de Luque, tres colaboradores especiales, los
hermanos de Pizarro, Hernando, Gonzalo y Juan, dos jefes destacados en
la campaña, Hernando de Soto, futuro conquistador de Florida, y
Sebastián de Belalcázar, cuya estatua ejemplar preside el cerro
de los Cristales en Cali, en la extrema frontera norte del imperio de
Atahualpa, y 168 guerreros eficientes que asesinaron a cañón, a
mosquete y a golpes de espada la tarde del secuestro a un promedio de
cuarenta hombres desarmados cada uno.
8

Finalmente pueden calcular también la parte que le correspondió a una


suerte de cómplice ciego, o gancho ciego como se decía aquí en las
cárceles, el emperador Carlos V, quien había encomendado a Pizarro la
misión de apoderarse del Perú --en caso de que el Perú existiera- y quien
para tener en paz su conciencia ante el dios que le dio tan ancho
imperio había nombrado a estos hombres protectores universales de los
indios, pero no rechazó su parte de la recompensa por el hecho
deleznable de que unos cuantos peruanos, entre ellos siete mil
en un solo día, hubieran perdido la vida. Podría decirse que el
emperador, que tenía por entonces la misma edad de Hernando de Soto
y de Atahualpa, unos 34 años, ignoraba el modo como se habían dado
Ios hechos, y podía seguir siendo el jefe del mayor imperio católico del
mundo sin muchos remordimientos, pues sin duda sus súbditos, los
secuestradores de esta historia, le ocultarían algunos detalles del hecho.
..."

++++

DE: NTC ...

Lo de la participación activa de Belalcázar en las gestas de


Francisco Pizarro en el Perú y específicamente en la "Masacre de
Cajamarca" (16 de Noviembre de 1532) y las derivaciones ésta,
incluyendo, "el secuestro" de Atahualpa y lo del pago rescate y la
repartición de éste, está bastante bien documentado en los textos de
muchos cronistas (muchos publicados en internet).*
En cuanto a lo de la repartición, encontramos esta joya: Testimonio del
acta de repartición del rescate de Atahualpa ,
http://books.google.es/books?id=GbIGAAAAQAAJ&printsec=titlepage&so
urce=gbs_summary_r&cad=0#PRA3-PA407,M1 en cuya página 409
aparece Don Sebastián . (Matriz:
http://es.wikipedia.org/wiki/Francisco_de_Jerez )

Nuestra inquietud está orientada a indagar y reflexionar sobre "los


homenajes, reconocimientos, ofrendas florales y monumentos" a estos
amigos "conquistadores" y "fundadores" de ciudades , en especial a
Sebastián de Belacázar por lo de "Cali 473 años". (Estuvimos en el
evento en el monumento el sábado 25 de Julio de 2009) . ¿Será que es
propio y prudente desconocer y callar los hechos criminales de esos
personajes? Por estos días no se escuchan sino elogios para nuestro
9

Fundador y monumentado, cuyo cuadro ( 1 ) , además, preside el salón


del Concejo de Cali. Se muestra algo triste pensar que la sangre, el oro y
la plata incas financiaron la fundación de nuestra amada Cali ....

++++

UN DOCUMENTO

1534. Francisco de Xerez (Jerez). Verdadera relación de la conquista del


Perú
Pages: 1 2 3 4 5 6 7 8 9 10 11 12 13 14 15 16 17 18 19 20 21 22 23 24
25 26

....

P 10
Y creyendo el Gobernador que todo lo que este indio había dicho era de
parte de Atabaliba, por poner temor a los christianos y dar a entender
supoderío y destreza, dijo al mensajero: Bien creo que lo que has dicho
es así, porque Atabaliba es gran señor, y tengo nuevas que esbuen
guerrero; más hágote saber que mi señor el Emperador, que es rey de
las Españas y de todas las Indias y Tierra-Firme, y señor detodo el
mundo, tiene muchos criados mayores que Atabaliba, ycapitanes suyos
han vencido y prendido a muy mayores señores queAtabaliba y su
hermano y su padre. Y el Emperador me envió a estas tierras a traer a
los moradores dellas en conoscimiento de Dios y ensu obediencia, y con
estos pocos christianos que conmigo vienen heyo desbaratado mayores
señores que Atabaliba. Si él quisiere miamistad y recibirme de paz, como
otros señores han hecho, yo le serébuen amigo y le ayudaré en su
conquista, y se quedará en su estado; porque yo voy por estas tierras de
largo hasta descubrir la otramar. Y si quisiere guerra, yo se la haré como
la he hecho al cacique de la isla de Santiago y al de Túmbez, y a todos
los demás que conmigo la han querido; que yo a ninguno hago guerra ni
enojo si élno lo busca».
…..
P 12
Luego el Gobernador mandó secretamente a todos los españoles que se
armasen en sus posadas y tuviesen los caballos ensillados y enfrenados,
repartidos en tres capitanías sin que ninguno saliese de su posada a la
plaza; y mandó al capitán de la artillería que tuviese los tiros asentados
hacia el campo de los enemigos, y cuando fuese tiempo les pusiese
fuego. En las calles por do entran a la plaza puso gente en celada;y
10

tomó consigo veinte hombres de pie, y con ellos estuvo en su aposento,


porque con él tuviesen cargo de prender la persona de Atabaliba si
cautelosamente viniese, como parecía que venía, contanto número de
gente como con él venía. Y mandó que fuese tomado avida; y a todos los
demás mandó que ninguno saliese de su posada, aunque viesen entrar a
los contrarios en la plaza, hasta que oyesen soltar el artillería. Y que él
ternía atalayas, y viendo que venía de ruin arte, avisaría cuando
hobiesen de salir; y saldrían todos de sus aposentos, y los de caballo en
sus caballos, cuando oyes en decir: «Santiago».
….
Entre éstos venía Atabaliba en una litera aforrada de pluma de
papagayos de muchas colores, guarnecida de chapas de oro y plata.
P 13
En llegando Atabaliba en medio de la plaza, hizo que todos estuviesen
quedos, y la litera en que él venía y las otras en alto: no cesaba de
entrar gente en la plaza. De la delantera salió un capitán, y subió en la
fuerza de la plaza, donde estaba el artillería, y alzó dos veces una lanza
amanera de seña. El Gobernador, que esto vio, dijo al padre fray Vicente
que si quería ir a hablar a Atabaliba con un faraute; él dijo que sí, y fue
con una cruz en la mano y con la Biblia en la otra, y entró por entre la
gente hasta donde Atabaliba estaba, y le dijo por el faraute:
….
P 14
La batalla duró poco más de media hora, porque ya erapuesto el sol
cuando se comenzó. Y si la noche no la atajara de más de treinta mil
hombres que vinieron quedaran pocos. Es opinión de algunos que han
visto gente en campo que había más de cuarenta milen la plaza y en el
campo, quedaron muertos dos mil sin los heridos. ....

++++
11

“CAPÍTULO” SEGUNDO
martes 28 de julio de 2009
"DE CÓMO FUE SECUESTRADO EL INCA ATAHUALPA ...". Por William
Ospina (1998)
.
Tomado de:
"DE CÓMO FUE SECUESTRADO EL INCA ATAHUALPA ...". Por William Ospina (1998)
http://ntc-documentos.blogspot.com/2009_07_28_archive.html

Portal-blog complementario a NTC ... Nos Topamos Con ... .

http://ntcblog.blogspot.com/ , ntcgra@gmail.com Cali, Colombia.

Y a los relacionados en: Ver todo mi perfil


.

Como complemento a

Sebastián de Belalcázar y Cali (Julio 25, 1532-2009)

http://ntc-documentos.blogspot.com/2009_07_25_archive.html ,

NTC … publica este ensayo

con caracter educativo y cultural.

Las imagenes y enlaces son de NTC ...


.

DE CÓMO FUE SECUESTRADO EL INCA


ATAHUALPA POR LA BANDA DE FRANCISCO
PIZARRO, CON LA RELACIÓN DE ALGUNAS
CIRCUNSTANCIAS DE SU CAUTIVERIO, EL
PAGO DEL INMENSO RESCATE Y LA
12

EJECUCIÓN FINAL DE LA VÍCTIMA


Por William Ospina

Arriba: Atahualpa y sus


acompañantes entrando a la Plaza de Cajamarca. Abajo: Francisco Pizarro y Sebastián de
Belalcazar, dos de los de la banda.

DE CÓMO FUE SECUESTRADO EL INCA ATAHUALPA POR LA BANDA DE FRANCISCO PIZARRO, CON LA
RELACIÓN DE ALGUNAS CIRCUNSTANCIAS DE SU CAUTIVERIO, EL PAGO DEL INMENSO RESCATE Y LA
EJECUCIÓN FINAL DE LA VÍCTIMA
Por William Ospina
Revista Número # 20, 1998. http://www.revistanumero.com/20inca.htm (Allí sólo parte inicial
del texto. Páginas 29 a 32 –fragmento - del libro*)
*Publicado también en: William Ospina, La herida en la piel de la diosa , Aguilar, Bogotá, 2003.
(Carátula más adelante). Pags 27 a 45. De allí lo escaneó NTC … (Julio 27, 2009)
.

El 16 de noviembre de 1532 tuvo lugar el primer caso


documentado de secuestro en el territorio suramericano. Un
grupo de españoles dirigido por Francisco Pizarro se apoderó
por la fuerza del inca Atahualpa, quien había aceptado una a
cenar y había llegado al campamento en el alto valle de
Cajamarca, en las montañas del Perú, con un lujoso cortejo
ceremonial de incas desarmados.
13

Las tropas de los aventureros españoles se habían atrincherado


en los edificios vecinos, esperando la orden de su jefe para
abrir fuego contra los visitantes, pero antes de ello un
sacerdote católico, el padre dominico Vicente de Valverde,
salió al encuentro de la víctima (Imagen más adelante), le habló
del misterio de la Santísima Trinidad, le habló de la creación
del mundo y del pecado original, y finalmente le informó que
el papa de Roma había entregado esas tierras al emperador
Carlos V y que Pizarro venía a tomar posesión de ellas. Al oír la
traducción que le hacía el intérprete, el inca sorprendido le
respondió que el reino del Perú le correspondía por herencia
de su padre Huayna Cápac, y que ambos descendían del Sol,
del dios de los incas. Entonces el sacerdote le mostró un
objeto hecho de numerosos planos superpuestos exornados de
inscripciones, y poniéndolo en manos de Atahualpa le dijo que
allí estaba toda la sabiduría. El inca examinó aquel objeto,
tratando de escuchar todo el saber que había en él, pero al no
oír nada se sintió engañado y lo arrojó por tierra con
indignación; era la señal que se requería. El dominico corrió
hacia donde se encontraba Pizarro, le dijo que aquel perro
arrogante había arrojado por tierra la sagrada escritura, y le
dio la absolución previa por todo lo que quisiera hacer contra
él y contra sus gentes.
14

La "batalla" de Cajamarca (Perú) en 1532. Autor: Theodor de Bry. Fecha:1580 .


http://www.bridgemanartondemand.com/art/114332/The_Battle_of_Cajamarca_1532 para ampliarla

Los conquistadores, que disponían de cañones y de mosquetes para espantar y


también para aniquilar a las tropas de flecheros del imperio incaico, abrieron
fuego en todas direcciones, cayeron además con sus espadas sobre los
acompañantes inermes de Atahualpa, que no acertaban a huir abandonando a su
rey, y dieron muerte en una tarde a más de siete mil personas. El hecho era
trágico de una manera extrema: Atahualpa asistió a la cena con toda su corte,
como prueba de confianza en los visitantes. Nada más alejado de las
expectativas de su cultura y de los códigos de honor seculares de su pueblo que
la posibilidad de que un ejército abriera fuego contra ellos sin haber declarado
previamente la guerra. Ante la superioridad técnica de los atacantes, ante ese
fuego inesperado y traicionero, ante esa ferocidad de los guerreros españoles del
Renacimiento que le ha hecho decir a Jacob Burckhardt que en ellos parecía
haberse desencadenado el lado diabólico de la naturaleza humana, fue tal el
desconcierto de los incas que ninguno reaccionó, y la irrupción de los caballos
acorazados de los españoles, bestias bicéfalas desconocidas vestidas de hierro y
capaces de hablar, acabó de paralizar al cortejo. Ni siquiera las tropas que
acampaban en el valle vecino se atrevieron a asomarse al lugar donde resonaban
los truenos. Quienes allí caían aniquilados eran, nos dice David Ewing Duncan,

«la élite del gobierno de Atahualpa, sus nobles, sus gobernadores, sus generales,
sus sacerdotes y sus adivinos, los mayores responsables del funcionamiento del
gobierno imperial, cuya súbita muerte en masa significaba un golpe devastador
para un imperio que había perdido a millares de miembros de su clase dirigente
en la reciente guerra civil».

Pero aquella fiesta de sangre no fue más que el comienzo. Con la mano
ensangrentada, el propio Francisco Pizarro tomó por los cabellos a Atahualpa y lo
llevó a rastras, entre el caos y la masacre, hasta la habitación donde después lo
15

tuvieron cautivo durante nueve meses.

La captura de Atahualpa. http://www.scielo.cl/fbpe/img/rci/v20n1/23-1.jpg


http://www.scielo.cl/scielo.php?pid=S0716-10182003000100003&script=sci_arttext

su llegada a América, a los 40 años de


Los móviles de aquel secuestro están claros: desde
su edad, Francisco Pizarro se había hecho el propósito de obtener poder y
fortuna, y andaba buscando la región de los incas, siguiendo la leyenda de su
riqueza extrema. Pascual de Andagoya, viajando desde Panamá, había oído a
unos indios que navegaban en piraguas por las costas del Pacífico hablar de una
tierra llamada Pirú, donde un poderoso rey era dueño de tesoros fabulosos.
Desde entonces Pizarro se había obsesionado con esa aventura, había conseguido
cómplices que lo secundaran, y estaba tan seguro de las riquezas que iba a
obtener que hasta celebró un contrato con sus aliados, distribuyéndose de
antemano el oro y las tierras que pensaban apropiarse. Eran tenaces, y antes de
llegar al Perú afrontaron grandes penalidades, como los meses de delirio en la
isla Gorgona, donde chapotearon en el fango entre el asedio de los mosquitos,
alimentándose de lagartos y de huevos de tortuga, enfundados en sus armaduras
bajo el sol del Pacífico por temor a las bestias venenosas. Pero aún no estaba
claro para ellos que lo que se proponían era un secuestro; éste se les fue
apareciendo como el camino más eficaz para cumplir su cometido, y sólo cuando
Pizarro ya tenía a Atahualpa cautivo en su edificio de Cajamarca, concibió con
claridad el monto del rescate que pediría por él. (Hasta aquí en:
http://www.revistanumero.com/20inca.htm )
16

La prisión del inca era una habitación de siete metros de largo por cinco de
ancho. Pizarra exigió a Atahualpa que ordenara a sus súbditos llenar de oro esa
habitación hasta una altura de dos metros, y trazó una raya en la pared para
indicar con claridad el nivel al que debían llegar los tributos. Ello equivalía a
setenta metros cúbicos de oro, que en última instancia y en los niveles extremos
podría completarse con plata en caso de que el oro aportado para la liberación
del secuestrado no fuera suficiente. Empezaron entonces los súbditos de
Atahualpa a acarrear por la red de caminos del imperio inca, que eran mejores
que los caminos europeos de aquel tiempo, literas cargadas con objetos de oro,
intentando llenar la habitación en los dos meses que los secuestradores habían
concedido como plazo. En realidad tardaron más de siete en llenarla, y mientras
tanto los captores establecieron cierta relación de familiaridad con el prisionero,
hasta el punto de que uno de ellos, acaso Hernando de Soto, distraía los meses
de su cautiverio enseñándole a jugar ajedrez.
17

En julio de 1533 se terminó de pagar el inmenso rescate, que ascendió entonces a la


cifra de 1.326.539 pesos de oro más 51.610 marcos de plata. Al precio de 1995, el oro
recogido ascendía a 88, 5 millones de dólares y la plata a 2,5 millones de dólares, de
modo que el precio total del rescate pagado sería al precio de 2003 de 254.800
millones de pesos colombianos. Dejo en manos de los juristas, de los investigadores y
de la fiscalía, la indagación de cómo fue distribuido ese caudal entre los partícipes del
secuestro, que eran un jefe mayor, Francisco Pizarro, dos socios por contrato, Diego de
Almagro y Hernando de Luque, tres colaboradores especiales, los hermanos de Pizarro,
Hernando, Gonzalo y Juan, dos jefes destacados en la campaña, Hernando de Soto,
futuro conquistador de Florida, y Sebastián de Belalcázar*, cuya estatua ejemplar
preside el cerro de los Cristales en Cali (Imágen más adelante), en la extrema frontera
norte del imperio de Atahualpa, y 168 guerreros eficientes que asesinaron a cañón, a
mosquete y a golpes de espada la tarde del secuestro a un promedio de cuarenta
hombres desarmados cada uno. (*
http://es.wikipedia.org/wiki/Sebasti%C3%A1n_de_Belalc%C3%A1zar )

Finalmente pueden calcular también la parte que le correspondió a una suerte de


cómplice ciego, o gancho ciego como se decía aquí en las cárceles, el emperador Carlos
V, quien había encomendado a Pizarro la misión de apoderarse del Perú --en caso de que
el Perú existiera- y quien para tener en paz su conciencia ante el dios que le dio tan
ancho imperio había nombrado a estos hombres protectores universales de los indios,
18

pero no rechazó su parte de la recompensa por el hecho deleznable de que unos cuantos
peruanos, entre ellos siete mil en un solo día, hubieran perdido la vida.

<-- Atahualpa y sus acompañantes van hacia a Cajamarca. "Fotografía", Nov. 15, 1532)

.
Podría decirse que el emperador, que tenía por entonces la misma edad de Hernando de
Soto y de Atahualpa, unos 34 años, ignoraba el modo como se habían dado Ios hechos, y
podía seguir siendo el jefe del mayor imperio católico del mundo sin muchos
remordimientos, pues sin duda sus súbditos, los secuestradores de esta historia, le
ocultarían algunos detalles menudos del hecho.

Pero la verdad es que en el año de 1534, justo cuando el piadoso emperador recibió a
Hernando Pizarra, quien llegaba a entregarle su parte del botín, de eso que en el
virtuoso lenguaje de hoy se llamaría el dinero sucio, se publicó en Sevilla el relato
detallado de aquel episodio, aunque no se lo llamó Noticia de un secuestro porque en
esos tiempos no se solía llamar a las cosas por su nombre, sino "La Conquista del Perú
llamado la Nueva Castilla. La cual tierra fue conquistada por el capitán Francisco
Pizarro y su hermano Fernando Pizarro",
19

384 [386], http://www.kb.dk/permalink/2006/poma/386/en/text/?open=id2975196


ATAGVALPA INGA ESTÁ EN LA CIVDAD DE CAXAMARCA EN SV TRONO, VSNO 1
/ Almagro / Pizarro / Fray Uisente / Felipe, yndio lengua / usno, aciento del Ynga / ciudad de
Caxamarca / Se acienta Ataguálpa Ynga en su trono. / Guaman Poma, Nueva corónica y buen gobierno
(1615). (Click sobre las imágenes para ampliarlas. Click en "Atrás" en la barra para regresar al aquí)

que había sido escrito por uno de los miembros de la expedición y publicado de manera
anónima, aunque ahora ya sabemos que se trata del soldado Cristóbal de Mena ,
partícipe del hecho, atento observador y finalmente mal pagado. Pero la verdad es que
Pizarro, ávido de poder y de reconocimiento, destinó para el emperador la mayor parte
de ese tesoro, no los quintos reales que eran entonces la obligación de los aventureros, y
como Carlos V debía a los banqueros alemanes el dinero con el cual compró la corona de
Alemania, y sólo podía pagarla con el oro de América, Pizarro no sólo obtuvo el título de
marqués y la gobernación de las montañas del inca, sino también una leyenda de paladín
y de patriota que dura hasta hoy, y que se enardece en efigies de bronce y resuena en
ditirambos en los volúmenes de la historia oficial de nuestros continentes.
20

(<-- Estatua de Sebastián de Belalcázar en Cali)

Cualquiera diría que con tan descomunal rescate los secuestradores habrán despedido a
su víctima con abrazos y besos, e incluso con lágrimas en los ojos, como lo hacen a veces
sus discípulos contemporáneos, pero la verdad es que Pizarro y sus socios estaban
inventando un género y lo inventaron plenamente. Como ocurre a menudo en los
secuestros modernos, después de recibido el rescate, en lugar de liberar a la víctima
empezaron a pensar qué más podían sacarle, y finalmente decidieron matar al inca
Atahualpa, de quien se habían hecho tan buenos amigos, a quien le enseñaban a jugar
ajedrez y a quien le conversaban de la civilización europea durante las veladas de nueve
meses en la mesa de Cajamarca.

Claro que antes de matado decidieron darle un matiz de legitimidad al hecho cruel y
atroz, y montaron un juicio amañado y cínico en el cual un indio llamado Felipillo, que
servía de intérprete, que al parecer estaba enamorado de la favorita del inca, y al que
le habrán dado también al estilo de nuestra época algún estímulo jurídico e incluso
económico, testificó en su contra. Los testimonios de este súbdito resultaron harto
convincentes para el jurado, y vinieron adicionalmente acusaciones de poligamia e
idolatría: Atahualpa había ofrecido sacrificios a dioses falsos. Allí debió ser utilísimo el
testimonio del padre dominico Vicente de Valverde, a quien ya conocemos, y quien se
escandalizó de que no besara con veneración la Biblia alguien que nunca había visto un
libro; de modo que en vez de dejar en libertad al secuestrado, un improvisado tribunal
pulió unos argumentos para asesinado fríamente, dejándonos un ejemplo completo de lo
que vendría a ser con el tiempo una de las prácticas más crueles y abominables en
21

nuestras sociedades.

(<-- Retrato de Sebastián de Belácazar que preside el hemiciclo del Concejo de Cali. Fuente, click
: aquí )

Como conclusión de su secuestro, el emperador de los incas, jefe del segundo imperio
más grande del mundo después del Imperio otomano, fue condenado en agosto de 1533 a
ser quemado vivo. Todavía podían hacerle una última violencia, y se la hicieron: le
prometieron cambiarle la pena atroz del fuego por otra si aceptaba la religión de sus
asesinos. Aceptó entonces bautizarse y por ello obtuvo el favor de morir estrangulado. El
29 de agosto de 1533, ya con el nombre cristiano de Juan de Atahualpa, en homenaje a
Juan el Bautista, a quien también alguien le había cortado la cabeza, fue amarrado a un
poste y ahorcado en el clásico estilo español: mediante un torniquete que se va
apretando lentamente y que tiene el nombre de garrote vil.

Hay quien dice que los españoles que lo secuestraron estaban obligados a ello, porque se
habían internado de un modo temerario en una tierra donde Atahualpa contaba con un
ejército de 80 mil hombres, de modo que si no obraban de esa manera brutal, no
habrían podido escapar de aquel encierro.
22

(<--- Sebastián de Belalcázar en Cajamarca -en Los Baños - habla co Atahulapa un día antes del
secuestro http://www.kb.dk/permalink/2006/poma/384/en/text/?open=id2975196 . Guaman Poma, Nueva
corónica y buen gobierno (1615)) (Click sobre las imágenes para ampliarlas. Click en "Atrás" en la
barra para regresar al aquí)

Ello supone una curiosa legitimación: vale más la vida de 168 cristianos que se han
adentrado violentamente en un país ajeno, que la vida de los siete mil hombres a los
que masacraron en una sola tarde, para hablar solamente de esas víctimas. Por
supuesto que todo esto es historia, y en esa medida no vale mucho la pena exaltarse,
apasionarse, ni intentar insensatamente modificar el pasado. Pero la verdad es que no
estamos hablando del pasado. Me he propuesto contar esta historia interpretando el
cautiverio de Atahualpa como lo que fue, como un secuestro abusivo y criminal, porque
esa historia tremenda nos ha sido contada casi siempre como una hazaña heroica,
donde los bandidos están cubiertos por una aureola luminosa de grandes estadistas,
de paladines y de portaestandartes de la civilización. Además es preciso señalar que el
hecho no resulta criminal sólo desde la perspectiva de los incas vencidos. Casi siempre,
en la historia de las guerras, los crímenes terminan siendo justificados y juzgados a la
luz de la moral de los triunfadores. Pero los hechos de Cajamarca resultan criminales a
la luz de los principios de la propia civilización cristiana en cuyo nombre fueron
cometidos, y causaron alarma en las conciencias civilizadas de la península, y honra a
España la certeza de que sus humanistas de entonces reaccionaron con horror ante la
noticia de estas acciones. El padre Francisco de Vitoria, en carta dirigida al P. Miguel de
Arcos, escribió estas palabras históricas, justo al enterarse de los hechos que acababan
23

de ocurrir en Cajamarca:

"Se me hiela la sangre en el cuerpo. No disputo si el emperador puede conquistar las


Indias: presupongo que lo puede hacer estrictísimameme. Pero a lo que yo he entendido
de los mismos que estuvieron en la batalla de Atahualpa, nunca ni Atahualpa ni los
suyos habían hecho ningún agravio a los cristianos, ni cosa por donde debiese hacérseles
la guerra ... Responden los defensores de los peruleros que los soldados no eran
obligados a examinar eso, sino a seguir lo que mandaban los capitanes. Accipio
responsum para los que no sabían que no había ninguna causa más de guerra, mas ¿para
robarlos, que eran todos o los más? Y creo que más ruines han sido las otras conquistas
después ... Pero no quiero parar aquí. Yo doy todas las batallas y conquistas por buenas
y santas. Pero háse de considerar que esta guerra ex confessione de los peruleros, no es
contra extraños, sino contra verdaderos vasallos del Emperador, como si fuesen
naturales de Sevilla ..."
.
24

(<-- EL INCA, "el segundo imperio más grande del mundo después del Imperio otomano ...")(Click
sobre las imágenes para ampliarlas. Click en "Atrás" en la barra para regresar al aquí)

Sorprende que se haya mirado como un hecho civilizador algo que repugnaba a la
condición humana desde el propio bando de los ejecutores, y sorprende más aún que
casi cinco siglos después todavía se siga jugando a la justificación de esos hechos
atroces.

Antes de la llegada del euro, España conmemoró el V centenario del Descubrimiento


con un billete de mil pesetas en el que se representaba a los dos «paladines»:
Hernán Cortés y Francisco Pizarro. (Imágen más adelante)

Una de las razones por las cuales en nuestro país, e incluso en el continente, no
logramos salir del abismo del desorden y de la confusión de una historia llena de
injusticias y de abusos, es porque no llamamos a las cosas por su nombre. Cualquier
secuestrador puede terminar creyendo que si tiene éxito ya está legitimado ante la
historia, no importa cuáles atrocidades cometa. Francisco Pizarro preside, acorazado
de pies a cabeza, y sobre un caballo de aspecto infernal tan acorazado como él, la
plaza central de la ciudad de Trujillo, en España. (Imágenes más adelante). Es un paladín
que les llevó considerables riquezas a su rey y a su patria. Como figura legendaria es un
25

ejemplo para las generaciones. Pero su principal hazaña fue un secuestro, y la


destrucción de uno de los más admirables imperios de la historia.

En el libro de Jean Descola, Los conquistadores del imperio español que junto con el
libro Hernando de Soto: A Savage Quest in the Americas, me han guiado en la
narración de este episodio, aparece un texto que vale la pena citar aquí como
comentario de lo contado. Es un extracto del testamento del padre Mancio Sierra
Lejesema, otorgado el 15 de septiembre de 1589 ante Jerónimo Sánchez de Quesada,
escribano público, en la ciudad de Cuzco, y dice lo siguiente:

"Primeramente antes de empezar dicho mi testamento, declaro que ha muchos años que
yo he deseado tener orden de advertir a la Católica Majestad del Rey don Felipe,
nuestro Señor, viendo cuán católico y cristianísimo es, y cuan celoso del servicio de Dios
nuestro Señor, por lo que toca al descargo de mi ánima, a causa de haber sido yo mucha
parte en el descubrimiento, conquista y población de estos reinos, cuando los quitamos
a los que eran Señores Incas, y los poseían y regían como suyos propios, y los pusimos
debajo de la real corona, que entienda Su Majestad Católica que los dichos Incas los
tenían gobernados de tal manera que en todos ellos no había un ladrón, ni hombre
vicioso, ni hombre holgazán, ni una mujer adúltera ni mala ... , y que los montes y
minas, pastos, caza y madera, y todo género de aprovechamientos estaba gobernado y
repartido de suerte que cada uno conocía y tenía hacienda sin que otro ninguno se la
ocupase o tomase ... , y que las cosas de guerra, aunque eran muchas, no impedían a
las del comercio ... , y que en todo, desde lo mayor hasta lo más menudo, tenía su
orden y concierto con mucho acierto ... , y que entienda Su Majestad que el intento que
me mueve a hacer esta relación es por descargo de mi conciencia ... , pues habemos
destruido con nuestro mal ejemplo gente de tanto gobierno como eran estos naturales

..."
26

(--> http://historiaperuana.blogspot.com/2009/03/dibujo-llevando-el-rescate-de-atahualpa.html
Incas llevando piezas de oro para el rescate de Atahualpa. Théodore de Bry )(Click sobre las
imágenes para ampliarlas. Click en "Atrás" en la barra para regresar al aquí)

.
Esto nos ayuda a percibir mejor la complejidad de eso que llamamos la Conquista de
América, una época que persiste en el fondo de nuestras pesadillas y de nuestros
delirios. He advertido que a los americanos recordar estas cosas nos duele, a pesar de
que hayan pasado los siglos, y aunque sabemos bien que no estaríamos aquí ni
hablaríamos esta lengua que amamos si no se hubiera dado ese proceso desmesurado y
brutal. Ser hijos de la fusión de las razas no nos autoriza a arrojar una bendición
indiscriminada sobre todo lo que ocurrió entonces. Nos exige mirado con
detenimiento, con serenidad, con inmensa curiosidad, y nos exige también que seamos
capaces de exaltarnos con su belleza y de estremecemos con su crueldad. Nos exige
todavía arrebatar aquellas cosas a su abismo de silencio y de olvido, al orbe de lo
inexpresado, y darles vuelo en el lenguaje, en la interpretación, pues tal vez Freud tenía
razón cuando dijo que «lo que así permanece sin explicación retorna siempre, una y
otra vez, como un alma en pena, hasta encontrar explicación y redención».

(--> La pieza que se llenó de oro para el rescate)

Por supuesto que Europa no sólo trajo a América destrucción y barbarie, que también
hubo una voluntad de aportar a nuestro continente elementos de cultura y de
civilización. Aun en el seno de la Iglesia católica, que estaba obligada por sus propios
dogmas a rechazar y combatir los cultos y las mitologías de los pueblos nativos,
numerosos prelados se esforzaron por comprender el mundo al que llegaban, se
esforzaron por proteger a los pueblos nativos de los excesos de la codicia y del
salvajismo de los guerreros. Pero los hechos inhumanos fueron muchos, y lo que
principalmente podemos advertir en el episodio del secuestro del inca, es el poder
27

destructivo que subyace en la idea de la superioridad de una cultura sobre otra, de


una raza sobre otra, de una religión sobre otra. Esa idea de superioridad no murió con
la Conquista, y ni siquiera murió con la Independencia. Colombia ha vivido más
arduamente que otros países esos cuadros de intolerancia nacida de la idea de que hay
unos sectores de la sociedad más dignos que otros de los bienes del mundo, monstruosos
esquemas de clasismo y de desprecio por los humildes con los cuales es imposible ac-

ceder a una democracia verdadera.


"Antes de la llegada del euro, España conmemoró el V centenario del Descubrimiento con un billete de
mil pesetas en el que se representaba a los dos «paladines»: Hernán Cortés y Francisco Pizarro."

Abundan en la historia las batallas que produjeron miles de muertos. Lo que no


abunda es el ejemplo de matanzas de tal magnitud por fuera de las batallas, el
asesinato de seres inermes, y cuando se las encuentra es casi siempre fruto del
sectarismo de las religiones y de las razas. En el ejemplo de Cajamarca lo más
duro es pensar que aquellos siete mil incas desarmados fueron asesinados en
una tarde por sólo 168 guerreros. Ello habla muy elocuentemente de la extraña
contextura moral de los conquistadores, hombres recios y resistentes hasta el
límite de lo increíble, hombres invulnerables a la piedad y a la compasión. Pero
jamás habrían podido los soldados cometer una matanza como aquélla, si no se
hubieran sentido estimulados por la idea de la superioridad de su propia cultura,
autorizados por los enviados de su religión, y tácitamente sostenidos por el
emperador que de tal manera se benefició con los resultados del hecho.
28

(<-- "Francisco Pizarro preside, acorazado de pies a cabeza, y sobre un caballo de aspecto infernal tan
acorazado como él, la plaza central de la ciudad de Trujillo, en España." ) (Click sobre las imágenes
para ampliarlas. Click en "Atrás" en la barra para regresar al aquí)

.
Los tiempos cambian. El Vaticano ya no bendice ejércitos, como lo hizo a lo largo
de toda la Edad Media y del Renacimiento, y creo que en ninguna parte se ven ya
sacerdotes católicos bendiciendo armas o tanques de guerra. Pero es muy
sorprendente leer que antes del episodio en que fue capturado Atahualpa y
aniquilada su gente, todos los miembros de la expedición se confesaron y
recibieron la comunión, para que la jornada fuera exitosa.

Una vez más nos decimos que son cosas del pasado. Pero ¿es esto totalmente
cierto? ¿No se oye cada vez con mayor frecuencia hablar entre nosotros de la
piedad de los bandidos, de la devoción de los asesinos? No hace mucho nuestro
escritor Fernando Vallejo publicó una novela de nombre aparentemente
blasfemo: La Virgen de los Sicarios. Mediante un relato de ficción él aludía allí
a un hecho real, la devoción de los sicarios adolescentes por las potestades del
santoral cristiano, el modo como piden en sus oraciones que el cielo les ayude
para el cumplimiento de las violentas tareas que acometen.
29

(<-- "Francisco Pizarro preside, acorazado de pies a cabeza, y sobre un caballo de aspecto infernal tan
acorazado como él, la plaza central de la ciudad de Trujillo, en España.") (Click sobre las imágenes
para ampliarlas. Click en "Atrás" en la barra para regresar al aquí)

¿Qué les hace pensar que la crueldad de sus acciones es compatible con la
piedad, con la devoción y casi con la plegaria? ¿Qué les hace sentir a esas gentes
humildes que aceptan a menudo la tarea de guardianes de personas
secuestradas, que lo que están haciendo no destruye su bondad y su propia
humanidad? A mí me asombra descubrir en un hecho de hace casi cinco siglos
perfectamente delineada una práctica que entre nosotros se ha ido fortaleciendo
con el paso del tiempo, y que sobre todo en los últimos 15 años se ha
desencadenado como una verdadera fiebre.

No sé qué secreto vínculo une aquellos hechos antiguos con los de hoy, y sé en
cambio que las analogías mecánicas son toscas, siendo muy distintas nuestras
circunstancias de las que caracterizaban a esta tierra en tiempos de la
Conquista. Sería incluso una arbitrariedad pretender establecer una simple ley de
consecuencia entre el episodio que he narrado y lo que ocurre hoy entre
nosotros. Pero me gustaría que este ejemplo no fuera desdeñado simplemente
por su distancia en el tiempo, que fuera entendido siquiera como eso, como un
ejemplo, como un precedente significativo en la medida en que, además de sus
elementos políticos y pecuniarios, reúne de un modo casi prototípico algunas de
las conductas propias del secuestro moderno: la toma violenta de una víctima
inerme, el largo cautiverio, el rescate desmesurado, el pago de dicho rescate y
el posterior sacrificio de la víctima.
30

Habrá además quien sostenga que no es posible llamar secuestro a ese hecho, ya
que hay que considerar allí los altos asuntos políticos propios del choque de las
culturas y del proceso de civilización y evangelización que España se proponía,
aunque a veces degenerara en hechos de barbarie. Pero hay que recordar que no
fue sólo en América, también en Europa la conducta de este tipo de soldados era
observada con perplejidad, y éstas por ejemplo son las palabras que Jacob
Burckhardt escribió a propósito de los soldados de Carlos V:

"A quien conozca sus atrocidades en Prato, Roma, etc., le costará trabajo
después interesarse, en un alto sentido, por Fernando el Católico y Carlos V.
Ellos conocían a sus hordas y las dejaron, no obstante, obrar libremente. La
profusión de documentos de sus Gabinetes, que va saliendo poco a poco a la luz,
podrá resultar una fuente de datos importantísimos ... pero nadie buscará ya en
los escritos de tales príncipes el estímulo de un pensamiento político fecundo."

Hay épocas, como el siglo XVI español, tan embelesadas con la guerra, que ésta
pierde su carácter de hecho excepcional y termina convertida en la manera
natural de vivir. Yo a veces me pregunto si no está ocurriendo eso en la sociedad
colombiana, donde la guerra civil fue la constante del siglo XIX, donde hemos
vivido en el siglo XX: no una paz rota por guerras frecuentes sino una larga guerra
a veces asordinada por asomos de paz. Y no es que no nos demos cuenta de que
esa guerra existe: es que de tal manera vemos el mundo como una guerra
perpetua que cada quien trata de acomodarse de la mejor manera a esa inercia
fatídica, y como bien lo dice un personaje de García Márquez, «cada quien se
tiende a morirse por donde le duela menos». Esa pasividad, esa resignación, se
prueban en el hecho de que nadie ignora la guerra, todo el mundo se queja, todo
el mundo está alarmado, pero casi nadie concibe cómo podría ser nuestro país en
paz, con seguridad, con prosperidad. La consigna de la paz no está llena de
proyectos concretos, de reclamos nítidos, de claras tareas ciudadanas, se va
convirtiendo por ello en una suerte de fórmula abstracta en la que no
alcanzamos a percibir promesas verdaderas, y muchos terminan pensándola como
una entelequia.

Ni siquiera podemos, como el inca Atahualpa, sentir la perplejidad de que unos


hechos brutales vienen a romper el equilibrio de una vida ordenada y armoniosa:
no hemos visto jamás el rostro verdadero de la libertad que tantos pregonan, no
hemos visto jamás la plenitud del ejercicio de los derechos humanos, no hemos
visto jamás el rostro de una paz duradera, próspera y fraterna, sino sólo el
eternizarse y el ahondarse de una situación de precariedad y de zozobra.

Pero sí hay algo en lo que estamos próximos a él: sentimos gravitar a nuestro
alrededor un tipo de inhumanidad no desconocida pero sí creciente. Un tipo de
relación con los misterios de la vida y de la muerte que no se funda en valores
sino exclusivamente en intereses, en cálculos de beneficio. La riqueza, el poder,
la ventaja, parecen autorizar toda suerte de horrores, y hasta las más altas
31

potestades, los reyes y los dioses de aquel tiempo, los poderosos y los virtuosos
del nuestro, parecen aliados secretos de esos bandos implacables, y no hacen
nada por impedir que se sientan autorizados a sacrificarlo todo, incluso a sí
mismos, en los altares de una fiesta atroz. Sólo porque permitimos que nuestra
sociedad repose sobre los supuestos del odio y de la exclusión, porque nuestro
orden injusto es una escuela de resentimiento, porque olvidamos construir el
puente, el lenguaje y el espejo que nos permitan ver a los que no se nos parecen
como complementos provechosos de nuestro ser, como miembros de una misma,
frágil y trágica especie, de una misma humanidad.
++++

++++

VIDEOS RELACIONADOS: Pizarro Y Los Incas, discovery


channel
http://www.youtube.com/watch?v=cbwGOs1t3Jg 1
http://www.youtube.com/watch?v=9TcxWFA3sEk 2
http://www.youtube.com/watch?v=EFJfaN0s4fA 3
http://www.youtube.com/watch?v=vCZmKuFQttI 4
http://www.youtube.com/watch?v=voj0DAgs5bM 5
----
La conquista del Perú - Bloque 1
http://www.youtube.com/watch?v=uBCSso_FXYw
http://www.youtube.com/watch?v=fuAgkDyCLaA 2 no menciona a sb
http://www.youtube.com/watch?v=FECSPh9a4Ws 3
http://www.youtube.com/watch?v=FdzE7Rr3els 4

++++

SOBRE Sebastián de Belalcázar y Cali (Julio 25, 1532-2009) y “Monumentos,


reconocimientos e Historia.”

Por Carlos Vidales, carlos@bredband.net


Estocolmo, 27 de julio de 2009.

Por ahora solamente digo que la conquista de América fue un crimen monstruoso,
pero también digo que muchos de nosotros somos descendientes directos de los
criminales y de las víctimas, en diversos grados. Es un gravísimo error discutir
esas monstruosidades como si hubieran sido cometidas por “otros”, por “los
otros”, por “ellos”. No. Todos estamos metidos hasta más arriba de las orejas en
ese fango.

En mis “Memorias de un Burro” (http://hem.bredband.net/rivvid/pantxo/PANTXO2.HTM )


conté yo, hace unos quince años, lo del secuestro de Atahualpa. O mejor dicho,
lo contó el burro Pantxo. Es más: el burro sugirió la exacta correspondencia entre
los conquistadores de antes y los de ahora. Porque los secuestradores y
32

torturadores de hoy, llámense como se llamen y sean de “derecha” o de


“izquierda”, hacen exactamente lo mismo que los conquistadores (nuestros
abuelos), su plan es de conquista y de despojo de tierras y riquezas (y por eso es
de desplazamiento). No es que “parezcan” conquistadores. SON conquistadores.
Y lo que hoy ocurre en Colombia ES UNA CONQUISTA y una guerra cruel ENTRE
CONQUISTADORES.

Por eso es natural, normal, comprensible, que se le hagan enormes homenajes a


los conquistadores de hace 500 años. El poder, el verdadero poder, sigue en
manos de sus compinches, es decir, de la parte de nuestra familia que sigue
cometiendo crímenes horrendos. Sería absurdo que no rindieran homenajes a sus
abuelos, mentores y maestros.

Lo que es verdaderamente monstruoso, es que ahora aparezca tanta gente


“inocente” que condena a los genocidas de ayer y al mismo tiempo participa en
los ceremoniales celebratorios de cualquier índole organizados por los genocidas
de hoy. Y es que siempre hemos dicho que “podemos estar juntos pero no
revueltos”, aunque, por nuestra natural inconsecuencia acabamos estando
siempre más revueltos que juntos. Todo queda en familia.

Finalmente: la única diferencia importante entre los conquistadores de ayer


(Pizarro, Cortés, Quesada, Belalcázar) y los conquistadores de hoy (don Berna,
don Álvaro, don Jojoy, don Pablo), consiste en que hace quinientos años se
consideraba legítimo, permitido, autorizado, matar, masacrar y despojar, si se
hacía por la fe de Cristo, por la Corona y por la civilización; y en cambio, hoy, se
considera ilegal, criminal, punible, prohibido, hacer todas esas cosas,
independientemente de los móviles, motivos y fines. Ese pequeño detalle hay
que tenerlo en cuenta a la hora de juzgar a los criminales de hace medio
milenio, y a los de hoy.

Carlos Vidales. Estocolmo, 27 de julio de 2009.

++++

Al respecto, la autora, nos envió (julio 30, 2009) el siguiente texto, que
agradecemos.

El Rencor histórico
No se puede cambiar el curso de la historia a base de cambiar retratos colgados en la pared.
Jwaharlal Nehru

Leonor Fernández Riva *


6 de Julio de 2009

Probablemente la sangre que corrió en América antes y después de su


33

descubrimiento y conquista, ha sido ya superada con creces por la tinta


empleada para relatar, documentar… y denunciar tan formidable gesta. Ese
rencor histórico que domina la memoria de algunos historiadores ha puesto de
moda en la actualidad un nuevo y lenitivo ingrediente: derrocar estatuas. Como
si derribando estatuas pudiese ser borrada o cambiada la historia.

Qué terquedad tan paralizante la de querer aferrarse a los errores del pasado
para justificar un estéril presente. No se trata, claro está, de olvidar el pasado,
pero hay que comprenderlo y analizarlo a la luz de la evolución histórica. De
ninguna manera se pueden juzgar los acontecimientos del siglo XV bajo el
baremo humanista y moderno del siglo XXI.

Hay hechos en la historia que son inevitables. El descubrimiento y la conquista de


América en el siglo XV fueron dos de ellos. Navegantes de varios países de Europa
pujaban en ese instante de la historia por encontrar el atajo que les permitiera
llegar exitosamente hasta la India y su fructífero comercio de condimentos y
sabores. Era solo cuestión de tiempo que alguno lograra su objetivo. El genovés
Cristóbal Colón, con audacia, cálculo, inteligencia, valor… y una buena dosis de
buena suerte, les ganó de mano a todos los demás. Y si bien no encontró la ruta
hacia la India descubrió para el mundo un nuevo y prodigioso continente.

Para juzgar esta hazaña hay que colocarse en el instante histórico en que
sucedieron los acontecimientos. ¡Hace más de 500 años! Las guerras, las
invasiones, las conquistas siempre han sido crueles, pero en aquella época eran
salvajes, sin piedad, sin cuartel. Se arrasaba a los pueblos conquistados y los
vencidos -hombres, mujeres, ancianos y niños- eran pasados por las armas o
sometidos a la más abyecta sumisión. En el siglo XV ese era el espíritu de los
ejércitos de todas las naciones. Y ese fue también el espíritu de los aventureros
que conquistaron América. Con un agravante nefasto: en su mayoría se trataba
de mercenarios acostumbrados solo a guerrear y que al concluir España su larga
lucha contra los moros debieron escoger entre retornar a una vida labriega y
monacal en sus pequeñas aldeas o vivir nuevas y emocionantes aventuras en las
Indias con la promesa añadida de incrementar sustancialmente su ducado y sus
ducados.

Ciertamente, los conquistadores españoles no fueron ni mucho menos seres


llenos de bondad, almas de Dios. Nada de eso. Pero nadie puede negar que
fueron valientes y sobre todo, seres de su tiempo. A pesar de todos sus crímenes,
muchos historiadores concuerdan en que el exterminio y atropello de los
aborígenes suramericanos hubiera sido mucho más sangriento y radical si los
hombres llegados allende los mares hubieran tenido otra nacionalidad.

Y entretanto, ¿qué pasaba en América antes de la llegada de los españoles? No


nos llamemos a engaño. La vida de los pueblos indígenas de América, antes de la
llegada de los conquistadores no era ni mucho menos medianamente idílica. Los
Incas, por ejemplo, no eran lo que se puede decir peras en dulce. Eran
34

conquistadores y ¡ay de quien se les opusiera! Como una pequeña muestra de su


violento proceder transcribo al final de estas reflexiones el relato de la
sangrienta venganza llevada a cabo por el inca Huayna-Cápac en la laguna de
Yaguarcocha en Ecuador, donde según la leyenda murieron más de veinte mil
caranquis pasados a cuchillo.

Este hecho ocurrido en el año 1487- más de cincuenta años antes de la llegada de
los españoles a estas latitudes- y otros similares, les granjearon a los
conquistadores incas innúmeros enemigos entre los pueblos indígenas sometidos,
a tal punto que muchos de ellos prefirieron colaborar con los conquistares
peninsulares. Hay algo muy sospechoso en los indígenas que sobrevivieron a la
conquista, porque está demostrado que la dominación española no hubiera
podido darse sin la colaboración de muchos nativos. Solo Dios sabe si sobre
muchos de sus ancestros pesa la ignominia sin nombre de la traición a su raza.

Es difícil comprenderlo y mucho más aceptarlo, pero está demostrado que la


rueda de la historia se mueve con sangre. La guerra, la conquista, la dominación
se albergan en el espíritu mismo del hombre. Así ha sido y así lamentablemente
seguirá aconteciendo. Conocidos los perfiles guerreros de los actores del
conflicto en América es difícil imaginar entre ellos un encuentro y una
convivencia pacíficas. La fatalidad había dispuesto que a partir del siglo XV
Europa y América tuviesen ese encuentro con su destino. Y no había alternativa:
o eras español o eras indio.

Pero lo que no podemos olvidar cegados por el rencor histórico es que de ese
choque de culturas y de pueblos nació una nueva raza. Porque al final, como
sucede en todas las guerras, fueron más los nacimientos que las muertes. No
somos ni indios ni españoles; somos americanos. Las dos sangres circulan vívida y
atropelladamente por nuestras venas. Nuestros ancestros españoles e indígenas
están presentes en la esencia misma de nuestro ser. La audacia, el valor, la
alegría, la pasión, el afán de conquista y de guerra del español corren por
nuestras venas, pero también el estoicismo, el valor para enfrentar el destino,
esa paciencia infinita de la raza indígena para aguardar mejores días. Y ¿por qué
no? También su fiereza y su odio ancestrales. Colombia se distingue como tal vez
ningún otro pueblo americano por esa confluencia de características anímicas
que han contribuido a su desarrollo, a su progreso, a su crecimiento imparable,
pero también al choque constante entre hermanos y al odio salvaje que ha
alimentado las luchas intestinas que nos han dividido y desangrado desde el
principio mismo de nuestra historia.

¿Vamos a cambiar el pasado destruyendo una estatua? ¿Una estatua que ya es el


referente de una ciudad? ¿Y cuál pondríamos para reemplazarla? ¿Otro personaje
pintoresco? ¿Sembraríamos un árbol? ¿ Nativo?

Aprendamos de España, que sufrió en carne propia durante más de ocho siglos la
dominación de los moros y que al expulsarlos no destruyó la Giralda, ni la
35

Alhambra, ni muchas otras mezquitas construidas durante su dominación porque


entendió que esos preciosos monumentos eran el testimonio mudo de su historia.
Porque ese episodio forjó a su pueblo y le dio características únicas. Porque
como la epopeya del mundo, la suya fue también una gesta de lucha, de
conquista, de dolor, de dominación… y de victoria.

Miremos el pasado como un referente de la gran gesta que nos precedió; del
sufrimiento inmenso del que somos originarios; de lo que somos capaces de
resistir y sobre todo, de lo que somos capaces de hacer para descubrir y
conquistar mejores días para nuestro pueblo. Porque al final después de tanto
dolor, de tanta injusticia, no fue la fuerza de la espada la que forjó nuestra
historia sino la fuerza del amor, la unión de dos razas. Por nuestras venas circulan
unidas la fiereza, la sabiduría, la audacia, el valor… y la alegría de quienes nos
antecedieron. Esa mezcla nos hace diferentes, soberbios, únicos.

Indios y mestizos tenemos hoy el deber y la oportunidad única de crecer y luchar


unidos para hacer grande a nuestro país, para contribuir al bienestar de toda la
comunidad. Parquearnos en el rencor histórico de acontecimientos pasados
mantiene abierta la herida de acontecimientos que no pueden dar marcha atrás,
que nos impiden ver con claridad las posibilidades del presente. Pero por sobre
todo, añadimos otro motivo de odio y de resentimiento entre hermanos y un
pretexto más para multiplicar los conflictos que desangran a nuestra martirizada
patria.
....

Laguna de Yaguarcocha

“Por 1487, esta región -habitada entonces por los Caranquis- fue dominada por el Inca Huayna-
Cápac. Para evitar enfrentamientos, los Caranquis fingieron someterse, pero una noche, mientras
el Inca y sus orejones descansaban plácidamente entregados al ocio y al festín, fueron asaltados
impetuosamente por los Caranquis quienes ocasionaron una terrible mortandad, poniendo en
peligro inclusive la vida del mismo Inca.

“La reacción de Huayna-Cápac fue terrible, iniciándose entonces terrible y sangrienta batalla que
culminó con el triunfo de inca conquistador.
“Una vez declarada la victoria en su favor, Huayna-Cápac no puso término a su venganza, e hizo
pasar a cuchillo a todos los varones capaces de tomar las armas... El lago apareció entonces a la
vista de los indios como un mar de sangre, y aterrados le apellidaron Yaguar-Cocha, nombre con
el cual se conoce hasta ahora» (F. González Suárez.- Historia General de la República del Ecuador,
tomo I, p. 76).
Yaguarcocha, el nombre indígena de esta laguna, que se ha conservado hasta la actualidad
significa «Lago de Sangre»- se deriva de las raíces quichuas Yaguar=sangre y Cocha=lago.

Y aquí otro pequeño apunte en referencia a las “idílicas” tribus de indígenas que poblaron el
Valle del Cauca:

“…La tribu o tribus más numerosas de la parte occidental de la llanura eran las que tenían de
jefe principal a pete o petecuy, que habitaba en terreno elevado y tenía en su vivienda más de
cuatrocientos cueros de indios colgados, llenos de ceniza, cuya carne había sido manjar en la
corte del cacique. En otras casas ostentaban tales trofeos en menor número ; eran de los
36

enemigos vecinos y tenía mayor mérito el indio que más gente hubiera matado. Las mujeres
participaban de esas luchas y de esos festines, y si eran de los vencidos, su carne servía de
manjar…”
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· * http://leonorfr.blogspot.com/2008/01/blog-post.html
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Estatuas de valientes asesinos : ¿Rencor histórico?


Por Yves Moñino ( 1 )

Paris, 2 de agosto de 2009 . Especial para NTC … Nos Topamos Con …


http://ntcblog.blogspot.com/, por lo publicado en (2 y 3). Este texto del Profesor Moñino, que
agradecemos, se publica en 2 y se enlaza en 3 .

La estatua de Sebastián de Belalcazar, el bárbaro godo paralizado en el bronce


desde 1937 hasta el final de los tiempos, o al menos hasta la corrupción del
noble metal, me encanta. Lo dice todo. Victorio Macho, su escultor, era también
godo pero republicano y se exilió un tiempo después de la victoria de Franco,
otro godo bárbaro que dejó España llena de muertos y de estatuas a su propia
gloria, en pie y a caballo. No aguantó Victorio el exilio, volvió a su país
echándose arrepentido a los pies del dictador. Había pedido que al morir lo
enterraran a los pies de una atroz estatua de Cristo, que parece representar al
profeta cuando dijo « ¿Pensáis que soy venido a poner paz en la tierra? Os digo
que no, sino división » (Lucas 12:51) o « No vine a meter paz, sino espada ».
(Mateo 10:34) La « férrea espada » de Belalcazar, – según la expresión infeliz de
la página web de la alcaldía de Cali, pues la de la estatua es de bronce y no de
hierro –, su elegante coraza, su pesado guante que te mata a siete indios de una
sola cachetada, su expresión de pensador mirando con arrogancia el mundo que
acaba de poner a sus pies a la punta de Tizona, que así se llama su espada, ahí
está toda el alma de Sebastián el Tizón, esa plaga que no deja ni una papa, como
ocurría con la hierba después de pasar Atila. Por eso me encanta la estatua. Y no
importa que Belalcazar fuera analfabeta, que Macho le trasladara algo de sus
estatuas de Pérez Galdós y Unamuno, pobres, no las necesitaban. Sólo necesitan
estatuas los tiranos, los asesinos y los generales. Para que queden claros los
valores que en el fondo rigen nuestro mundo actual, sugiero que en vez de fingir
demonizarlos, se les irga dos estatuas a Jorge 40 y al Mono Jojoy en la plaza
Bolívar de Bogotá. Nadie puede negar que son dos valientes, dos seres de su
tiempo, como dice Leonor Fernández Riva hablando de los conquistadores de
antaño (2 y 3).

Apreciada Leonor, no soy partidario de derrocar estatuas. A favor del furor del
pueblo en una revolución, lo acepto : los franceses que rompieron estatuas en
1789, o los españoles en 1936, tienen toda mi simpatía porque se desahogaban
con un júbilo feroz de siglos de opresión. Y sí cambiaron la historia. Pero
derrocar estatuas por decreto, en ningún caso lo avalo : sería una hipocresía y
sería inútil, pues como dice usted, no cambiaría la historia. Prefiero la solución
37

que adoptaron los alemanes después de la guerra : no derribaron la muchas


estatuas y monumentos nazis que quedaban en su país, sino que les agregaron
letreros explicativos, muchos de los cuales dicen : « esto fue elevado por
criminales ». Así se integra el pasado, porque permite superarlo sin seguir
eternamente enlodado en él. Eso sugiero, esta vez seriamente, para la estatua
del bandido que domina la bella Cali : que le pongan una placa « fundador de
Cali con el oro que robó a los indios, trás asesinar a miles de ellos ». Y no me
venga con el argumento de que los indios también eran crueles. El burro Pantxo
de Don Carlos Vidales (3), cuya divina prosa le aconsejo leer, ya lo ha dicho todo
al respecto. Sólo agregaré que no hay en Colombia estatuas del asesino Huayna-
Cápac, y que no lo lamento.

Y tampoco me venga con el cuento de que juzgamos a nuestros antepasados de


hace 500 años con criterios de ahora. Los juzgamos con criterios humanos de
siempre. Con la violencia para acaparar y la injusticia resultante nacieron los
anhelos de paz y de justicia. Hace 500 años, hace 1000 años, hace 10 000 años
(antes no, porque no había guerras entre los cazadores-recolectores), hubo
mucha gente que denunció los horrores de la guerra y los asesinos, tiranos y
generales que viven « valientemente » de ella, porque les daba el mismo asco e
indignación que a nosotros. Sólo le mencionaré tres famosos « seres de su tiempo
», valientes de verdad porque no temían el furor de los violentos y poderosos en
su contra : los humanistas Las Casas, Rabelais y Montaigne, contemporáneos del
bárbaro Sebastián de Belalcazar, el Tizón de la Tizona.

Yves Moñino, franchute colombianizado.


De Yves MONINO , ymonino@orange.fr
para NTC <ntcgra@gmail.com>
fecha Paris , 2 de agosto de 2009 17:58
asunto re: Cali, 473 años! y Sebastián de Belalcazar
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Responde Pantxo * a Estatuas de valientes asesinos : ¿Rencor


histórico? Por Yves Moñino .
Estocolmo Agosto 3, 2009
· * http://hem.bredband.net/rivvid/pantxo/BURRO01.HTM Y **

Híjole, se emberriondó mi excelente amigo franchute don Yves Moñino! Ojalá


tuviéramos más franchutes como él en Colombia, no solamente porque escribe
muy bien sino porque es buen ejemplo para vuestras colombianas mercedes: él
dice francamente su opinión sin insultar a nadie y eso da mucho gusto.

Me ha emocionado enormemente que el Señor Hermano Yves diga que yo,


humilde burro, tengo una “divina prosa”. Se lo agradezco de corazón y le
prometo que trataré de merecer tan alto elogio cuando la inspiración y el caletre
me estimulen a escribir alguna de mis reflexiones. No será fácil, porque don
38

Carlos Vidales me tiene ahora muy ocupado con una cantidad de menesteres tan
abrumadora, que he llegado a sentir nostalgia de aquellos días terribles de la
conquista, cuando el tunante de Benalcázar (o Belalcázar, alias “El Fierroso”) me
obligaba a cargar baúles repletos de biblias e instrumentos de tortura. “Estamos
civilizando”, decía ese bandido, y yo pensaba: “Su merced no está civilizando,
está desplazando y masacrando, y me está obligando a cargarle su arsenal de
ignominias”. Pero solamente lo pensaba y no lo decía, porque cuando un burro
rebuzna todos se hacen los que no entienden.

Sea como fuere, diré que me siento muy agradablemente sorprendido al


constatar que el Señor Hermano Yves sí se acuerda de mi excelentísimo amigo el
hermano Fray Bartolomé de las Casas. Estoy segurísimo de que también se
acuerda del hermano Montesinos, porque su terrible sermón “Ego vox clamantis
in deserto”, apostrofando en sus cochinas y peludas caras a los conquistadores,
en Santo Domingo, el primer día de Adviento de 1511, fue reproducido por el
hermano las Casas y lo contó de este modo:

Llegado el domingo y la hora de predicar, subió al púlpito el susodicho padre fray


Antón Montesino, y tomó por tema y fundamento de su sermón, que ya llevaba
escrito y firmado por los demás: Ego vox clamantis in deserto. Hecha su
introducción y dicho algo de lo que tocaba a la materia del tiempo del Adviento,
comenzó a encarecer la esterilidad del desierto de las conciencias de los
españoles de esta isla y la ceguera en que vivían; con cuánto peligro andaban de
su condenación, no advirtiendo los pecados gravísimos en que con tanta
insensibilidad estaban continuamente zambullidos y en ellos morían. Luego torna
sobre su tema, diciendo así: "Para dároslos a conocer me he subido aquí, yo que
soy voz de Cristo en el desierto de esta isla, y por tanto, conviene que con
atención, no cualquiera, sino con todo vuestro corazón y con todos vuestros
sentidos, la oigáis; la cual voz os será la más nueva que nunca oísteis, la más
áspera y dura y más espantable y peligrosa que jamás pensasteis oír".

Esta voz encareció por buen rato con palabras muy punitivas y terribles, que les
hacía estremecer las carnes y que les parecía que ya estaban en el divino juicio.
La voz, pues, en gran manera, en universal encarecida, les declaró cuál era o qué
contenía en sí aquella voz:

"Esta voz, dijo él, que todos estáis en pecado mortal y en él vivís y morís, por la
crueldad y tiranía que usáis con estas inocentes gentes. Decid, ¿con qué derecho
y con qué justicia tenéis en tan cruel y horrible servidumbre a estos indios? ¿Con
qué autoridad habéis hecho tan detestables guerras a estas gentes que estaban
en sus tierras mansas y pacíficas, donde tan infinitas de ellas, con muertes y
estragos nunca oídos, habéis consumido? ¿Cómo los tenéis tan opresos y
fatigados, sin darles de comer ni curarlos en sus enfermedades, que de los
excesivos trabajos que les dais incurren y se os mueren, y por mejor decir, los
matáis, por sacar y adquirir oro cada día? ¿Y qué cuidado tenéis de quien los
doctrine, y conozcan a su Dios y creador, sean bautizados, oigan misa, guarden
39

las fiestas y domingos? ¿Estos, no son hombres? ¿No tienen almas racionales? ¿No
estáis obligados a amarlos como a vosotros mismos? ¿Esto no entendéis? ¿Esto no
sentís? ¿Cómo estáis en tanta profundidad de sueño tan letárgico dormidos? Tened
por cierto, que en el estado [en] que estáis no os podéis más salvar que los moros
o turcos que carecen y no quieren la fe de Jesucristo".

Finalmente de tal manera se explicó la voz que antes tanto había encarecido,
que los dejó atónitos, a muchos como fuera de sentido, a otros más
empedernidos y algunos algo compungidos, pero a ninguno, por lo que yo después
entendí, convertido. Concluido su sermón, bájase del púlpito con la cabeza no
muy baja, porque no era hombre que quisiese mostrar temor, así como no lo
tenía, si se daba mucho por desagradar los oyentes, haciendo y diciendo lo que,
según Dios, le parecía convenir; con su compañero se va a su casa pajiza, donde,
por ventura, no tenían qué comer, sino caldo de berzas sin aceite, como algunas
veces les acaecía. Salido él, queda la iglesia llena de murmullo, que, según yo
creo, apenas dejaron acabar la misa.

Yo recuerdo muy bien ese sermón, porque en aquel tiempo estaba al servicio de
un conquistador de cuarta categoría, que me daba palo por el lomo y palo por el
culo (dicho sea con respeto de las señoras y señoritas) y aquel día me había
parqueado frente al atrio de la iglesia. El clamor justiciero, valiente, heroico,
del hermano Montesinos, resonaba en el aire caluroso y húmedo, se abría camino
por entre los olores y los hedores de la canalla conquistadora, llenaba como una
lluvia de truenos al ámbito de la plaza y me entraba por las orejotas y
erizándome la pelambrera. Sentí una emoción incontenible y no me avergüenza
confesar que ese día lloré lágrimas de burro pensando en mis hermanos oprimidos
del Nuevo Mundo.

Otras veces he sentido emociones parecidas: cuando tuve mi primer encuentro


con el hermanito Francisco de Asís, hace ya más de ocho siglos; cuando don José
Martí me dio el encargo de llevar unos papeles de su Partido Revolucionario para
una asociación obrera y me explicó su contenido, haciéndome entender la
importancia humanista y universal de la misión que me encomendaba; y para no
ir más lejos, cuando el hermano rabietas Agustín de Hipona (al que vuestras
mercedes llaman “San Agustín”) me leyó uno de sus sermones en el que decía:
“la propiedad privada es un robo y un crimen contra la naturaleza”. Y esto fue un
domingo de hace mil seiscientos años, a eso de las ocho de la mañana.

Por eso, cuando se dice que a la gente hay que juzgarla según los parámetros de
su tiempo, a mí se me arrugan un poquito las orejas y pienso que todo,
absolutamente todo es relativo, como decía el hermano Einstein. En la física, el
tiempo-espacio y el espacio-tiempo son relativos entre sí y recíprocamente.
Vuestras mercedes entienden, y si no entienden dicen de todas maneras que
entienden por aquello del qué dirán. Del mismo modo ocurre con los valores
morales y las funciones de la inteligencia: ¿Juzgaré a los rufianes del tiempo del
hermano Francisco con los valores del tiempo de los rufianes, o con los del
40

tiempo del hermanito de Asís? ¿Trataré a los señores hermanos burros con amor,
según los valores de mi amigo el carpintero José de Nazaret, o los trataré según
los valores de Caifás? ¿Cuáles son los valores de “su tiempo”? ¿No están el tiempo
y sus valores divididos en clases, según el teorema del hermano Marx, de modo
que en todo tiempo hay valores de explotadores y valores de explotados, de
opresores y de oprimidos, de desplazadores y de desplazados, de conquistadores
y de personas decentes?

No lo sé, explíquenmelo vuestras mercedes que todo lo saben. Yo me quedo con


el argumento de mi excelente amigo el Señor Hermano Yves. Siempre que han
aparecido infamias en la historia, han aparecido consecuentemente los
luchadores contra las infamias. Y eso que estamos hablando solamente de seres
humanos, que si yo les contara la cantidad de individuos maravillosos, generosos,
justos y ecuánimes que en el mundo han sido en el resto de los seres vivientes,
se caerían vuestras mercedes de culo, siempre con respeto de las señoras y
señoritas.

Y ya basta, porque este sermón está muy largo y don Carlos Vidales me llama
desde sus aposentos para que le alcance el “Elogio de la Bragueta” del hermano
Rabelais, y me va a tomar media hora encontrarlo en el caos de su biblioteca.

Sean vuestras mercedes buenas gentes, amen a sus prójimos y alimenten a las
palomas para que se caguen en las estatuas.

Estocolmo, 2009-08-03.
Pantxo el Orejón
----

** De Carlos Vidales carlos@bredband.net


Para NTC
Fecha 3 de agosto de 2009 00:50
asunto RE: Estatuas de valientes asesinos : ¿Rencor histórico? Por Yves Moñino -
Responde Pantxo
Carlos Vidales
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De Carlos Vidales
para gaboruizar@hotmail.com
cc Yves Monino ,
NTC
Fecha 3 de agosto de 2009 09:35
asunto Historias de valientes ladrones - el caso del Odyssey
Tres mil millones de euros vale el tesoro robado de América que se hundió con el
41

barquito “Nuestra Señora de las Mercedes”. Ahora se pelean por ese tesoro los
valientes españoles que se lo habían robado, y los valientes piratas gringos que lo
sacaron del fondo del mar. Y los argumentos de España:

Noticia La epopeya del 'Odyssey'


En algunos casos, el dinero es lo de menos. Frente a la audacia, el arrojo, la
honra y eso para tantos anecdótico pero que es ni más ni menos que la historia;
el oro, la plata, el vil metal, es lo de menos. Aunque hablemos del mayor tesoro
hundido y cuantificable del mundo, aunque se trate de más de 3.000 millones de
euros de hoy perdidos hace dos siglos frente a las costas...
ver contenido en ELPAÍS.com
http://www.elpais.com/articulo/revista/agosto/epopeya/Odyssey/elpepirdv/20090803elpepirdv
_1/Tes

Saludos, Carlos Vidales


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Actualizó: NTC … / gra . Julio 28, 2009. 12:33 PM,/ Julio 30, 2009, 9:43 AM. /
Agosto 2, 2009. 10:45 PM / Agosto 3, 2009. 2:18 PM.
42

“CAPÍTULO” TERCERO
From: Almanaque Leonor [mailto:almaleonor@gmail.com]
Sent: den 5 augusti 2009 02:48
To: carlos@bredband.net
Subject: Leonor Fernández Riva en referencia a su comentario

Señor:

Carlos Vidal:

Quiero referirme al amable comentario que a través del magnífico


Blog NTC que dirige mi buen amigo Gabriel Ruiz se ha dignado usted
realizar acerca de mi artículo: “El rencor histórico”. Me siento,
créame, muy honrada por sus generosas palabras.

Y en cuanto a los reparos a mi manera de describir a los


conquistadores como “valientes”, reconozco que es quizá una forma
un tanto pueril de cualificar el denuedo de los peninsulares durante
esa gesta porque es indudable que tanto ellos como los nativos
americanos no tenían otra alternativa de comportamiento en el fatal
instante de su encuentro.

También a mi me puso a pensar su interesante acotación a


“ignominia sin nombre”. Soy sumamente receptiva a estos conceptos
porque amo la pureza y la forma del idioma. Aunque la acepción
“perder el buen nombre” no figura entre las definiciones de “ignominia”
reconozco que su raíz latina tiene ese significado y que por lo tanto sí
incurrí, aunque de forma sutil, en el abominable pleonasmo. Sustituiré
pues, este vocablo por “estigma” o “baldón” para calificar la traición
ignominiosa de que hablo en mi texto.

Cordialmente.,

Leonor Fernández Riva

¡Ah! Y mucha suerte con el aprendizaje del quechua.

+++++

From: Carlos Vidales <carlos@bredband.net>


Date: 04/08/2009 23:32
Subject: RE: Leonor Fernández Riva en referencia a su comentario
43

To: Almanaque Leonor <almaleonor@gmail.com>

Buenos días, Leonor.

Mil gracias por su amable mensaje. Después de leer lo que yo mismo


había escrito, caí en cuenta de que me faltó agregar algunos matices
que ya tenía pensados. En primer lugar, debí decir que no es
incorrecto decir “la ignominia sin nombre”, aunque suene a
redundancia, porque “ignominia” se refiere etimológicamente a la
pérdida del nombre (del buen nombre) a que eran condenados los
reos de delitos graves; pero lo que usted estaba calificando era el
delito mismo y ese delito, efectivamente, puede y debe ser causa de
ignominia para sus autores, aunque no exista un nombre ajustado
para definirlo (es más que genocidio, robo a mano armada, exterminio
étnico y cultural, todo junto). Lo que en esencia dijo usted, y lo dijo
bien, es: “el crimen sin nombre de quienes, al cometerlo, perdieron su
buen nombre”.

También me faltó matizar, o precisar mi comentario sobre la “valentía”


de los conquistadores. Como usted muy bien dice, los actores y las
víctimas de la conquista no tenían muchas alternativas a su
disposición. En el caso de los conquistadores, hay que decir que no
llegaron al Nuevo Mundo todos lo que querían llegar, sino los que eran
seleccionados por los capitanes de hueste y empresarios de
“descubrimiento”, muchas veces oyendo el parecer de los financistas y
prestamistas comprometidos en el negocio. Por eso, es natural que
fueran “valientes” en el sentido que los organizadores de la empresa le
querían dar a esa palabra: audaces, atrevidos, osados, sin escrúpulos,
diestros en el arte de asaltar y matar, capaces de enfrentarse a
cualquiera que pudiera constituir obstáculo para la empresa (lo que
incluía al predicador, al notario, al oidor y a todos los demás
representantes de la ley humana y divina). En consecuencia, creo que
hablar de que los conquistadores eran valientes, constituye la
verdadera redundancia de su excelente artículo. Es como si dijéramos
que “los prestamistas tenían dinero para prestar” o que “los sacerdotes
católicos que acompañaban a los conquistadores creían en la
Santísima Trinidad”. Porque, de hecho, para poder ejercer su oficio,
tanto los conquistadores como los prestamistas y los sacerdotes de la
conquista debían tener –y tenían– los atributos que ahora les
daríamos pecando, como digo, de redundantes.
44

El argumento del valor o valentía de los conquistadores tiene más


bemoles y arandelas: no ha sido usado por historiadores que quieren
averiguar lo que sucedió, sino por historiadores y seudohistoriadores
que usan la escritura de la historia como un ejercicio apologético, con
frecuencia a favor de su parroquia, su vecindario, su apellido o sus
antepasados reales o ficticios. Con frecuencia se extiende esta
retórica a la calificación de toda una nación y todo un pueblo: “el
heroísmo español”, la “intrepidez ibérica”. Y una vez que se ha hecho
esto, se acaba la historia como ejercicio de la verdad y triunfa la
mentira oficial. Del otro lado de la barricada, hay algunos (muchos, por
desgracia) que rinden culto al “valor” de la Gaitana, de Caupolicán, del
cacique Hatuey, de mi tatarabuelo el cacique Calarcá, como si la
valentía pudiera constituir elemento de criterio para definir la justicia o
injusticia de alguna causa. Los taínos eran pacíficos, tan pacíficos, que
se dejaron exterminar sin tocar a sus verdugos ni con el pétalo de una
flor. Sin embargo, la justicia estaba de su parte. También en esa
actitud mansa hay heroísmo, como lo demostró Gandhi de manera
incontestable.

Le agradezco sus buenos deseos con respecto a mi aprendizaje de


quechua. Lo primero que debo hacer es recordar lo que aprendí
cuando viví en el Perú, compartiendo trabajos y esperanzas con las
gentes de una comunidad andina (ayllu) en la región del Cuzco, hace
ya cuarenta años.

Cordialmente,

Carlos Vidales

++++

Message du 05/08/09 03:00


De : "Almanaque Leonor"
A : ymonino@orange.fr
Copie à : NTC …
Objet : Leonor Fernández Riva en referencia a su comentario

Señor.
Ives Moñino :

Quiero hacerle llegar unos apuntes a su comentario acerca de mi


artículo « El rencor histórico », difundido en el blog NTC de mi muy
45

apreciado amigo Gabriel Ruiz, y desde luego, también mi


agradecimiento por tomarse su tiempo para comentarlo.

De ninguna manera fue mi deseo hacer una apología de la conquista y


de los crímenes cometidos por los conquistadores. Soy consciente desde
luego, de que aquella fue una gesta injusta y opresiva en muchos
aspectos. Pero pienso que resulta por demás reiterativo que en cada
aniversario del descubrimiento volvamos a sangrar por la herida y revivir
el rencor que nos produce aquel hecho histórico. No es mi intención
tampoco iniciar una polémica sobre esta posición porque creo
sinceramente que cada uno es libre de escribir sobre lo que siente o
piensa.

Me afirmo eso sí en que no podemos juzgar los hechos del siglo XVI
con el baremo del siglo XXI porque muy otro era el sentir « general » por
aquellos lejanos días. Ni siquiera se soñaba en ese entonces con los
derechos humanos y las revolucionarias Liberté, égalité, fraternité eran
todavía expresiones de ciencia ficción.

Montaigne fue desde luego un espíritu selecto y un sincero humanista


que abominó la injusticia y los abusos cometidos en América, pero ese
no era precisamente el pensamiento que caracterizaba a los ejércitos ni
a los gobiernos de ese entonces. Paradógicamente una frase de este
gran ensayista en la que acepta tácitamente la fatalidad : « Nunca se
logra ningún beneficio sin perjudicar a otro ».

El ejemplo de Rabelais no me parece tan claro aunque quizá hubo en América


muchos Gargantúas y Pantagrueles representados por aquellos hombres bastos,
ignorantes y tan hambrientos de oro y fortuna.

Bartolomé de las Casas es otra cosa: un hombre de iglesia, sensible y


humanista adelantado a su tiempo que propugnaba la igualdad genérica
del ser humano al margen de cualquier posición política… y hasta
religiosa. Pero me reafirmo en que su pensamiento no era el
pensamiento de la época. Ni siquiera de la Iglesia lo cual quedó
demostrado en la Junta de Valladolid cuando debió defender sus
conceptos humanitarios ante otro religioso: Juan Gines de Sepúlveda
que afirmaba en cambio que las conquistas eran necesarias para el
progreso cultural de España y que la civilización equivalía a derecho del
dominador sobre el dominado para evangelizarlo y elevarlo a su misma
altura.
46

Ginés de Sepúlveda es uno de los más claros ejemplos de cómo al


europeo del siglo XVI le era difícil comprender la existencia de culturas
diferentes a "la cristiandad", y de cómo fácilmente las consideraban
inferiores. Hacerles la guerra a los nativos americanos e imponerles el
dominio español era considerado un asunto de "Ley Natural", incluso un
beneficio para las víctimas. En la Junta de Valladolid, Bartolomé de las
Casas defendió con ardor su punto de vista humanista y evangélico sin
encontrar en la audiencia el apoyo que hoy hubiera sido rotundo. Solo
hago una acotación que estimo necesaria para demostrar lo difícil que
resulta, aun para un hombre superior alcanzar una aceptación unánime:
a pesar de la grandeza de su espíritu y de su humanitaria labor en
América, Fray Bartolomé de las Casas no es precisamente un
personaje a quien los afro descendientes levantarían una estatua.

Y a propósito de estatuas, lo de la Plaza de Bogotá lo dudo, pero en


cambio hago votos porque ya esté cercano el día en que al beatífico
Mono Jojoy le levanten -al igual que al memorable Tiro Fijo- una estatua
en algún parque de nuestra pintoresca república hermana. No me parece
nada mal la idea de la placa aclaratoria, para todos los homenajeados,
incluyendo claro está al “ bárbaro Sebastián de Belalcazar, el Tizón de la
Tizona ». Pero… ¿será que alguien se toma el tiempo de leerlas?

Cordialmente.,
Leonor Fernández Riva
almaleonor@gmail.com
.
++++
From: Yves MONINO <ymonino@orange.fr>
Date: 05/08/2009 18:31
Subject: re: Leonor Fernández Riva en referencia a su comentario
To: Almanaque Leonor <almaleonor@gmail.com>
Estimada Leonor, Le mando mis comentarios a su amable carta en documento adjunto,
porque este espacio no me permite poner las tildes.
Muy cordialmente, Yves Moñino

Estimada Leonor,
También le agradezco mucho que se haya tomado el tiempo para escribirme y contestar
con calma y cortesía a mis impertinencias. Me alegra que le guste la idea de la placa
aclatoria para las estatuas de nuestros héroes, que desde luego no es suficiente de por si
misma : los alemanes también enseñan los crímenes de sus antepasados en las
escuelas, no por el placer sadomasochista de hacer sangrar las heridas sino para que no
se reproduzcan en su país. Los alemanes, como los colombianos, tienen suficientes
motivos de orgullo para sustentar su autoestima, entre Heine y García Marquez,
47

Beethoven y Andrés Landeros (el Beethoven de la cumbia), Karl Liebknecht y Jorge


Eliecer Gaitán a pesar de su populismo : nadie es perfecto, ni siquiera Las Casas o
Montaigne, pero todos son voces que no aceptan las ideas « generales » de su tiempo,
así sean musicales, y que cambian las mentalidades.

Le aclaro lo de Rabelais. No aludía al apetito desmesurado de Gargantua, que es


un buen gigante, sino al odio a la guerra y a las injusticias que emana de la
narración de las guerras picrojolinas, donde Gargantua ayuda el pueblo a derrotar
al detestado rey Picrojolo, « El Furioso » (del griego picros « agrio, cruel » y jolè
« bilis » ; los médicos, y Fray François Rabelais fue también un buen médico de su
tiempo, pensaban que la ira provenía del recalentamiento de la bilis). El
humanismo de Rabelais se manifestó a través de una enorme carcajada
escatologicosexual antisorbónica, pues la escolástica Sorbona nuestra estaba
compuesta de Juanes Gineses de Sepúlveda que negaban el cuerpo, sus deseos
y sus funciones y prohibían las disecciones humanas que Fray François ya
practicaba. La carcajada, es sabido, es el mejor modo de no asfixiarse de la
indignación, libera al desatragantarlas las vias respiratorias y mantiene al sujeto en
buena salud y en estado de seguir denunciando las infamias sin aburrir a nadie.
Vuelva a leer esos capítulos de las guerras picrojolinas, donde se realizan como
nunca la fusión de la observación realista de las costumbres « de su tiempo », del
arte de contar y de ideas serias sobre la guerra (rechaza rotundamente la guerra
de conquista, sólo acepta la guerra defensiva e indica commo conducirla, qué
lastima que Tirofijo no hubiera leido a Rabelais).

Pasemos a sus serios argumentos para defender la idea que los hechos de tan lejanos
dias no pueden ser evaluados con el barema del siglo XXI. Le pido disculpas por haber
calificado su opinión al repecto de « cuento ». Se me fue el teclado. Son serios los
argumentos, pero no me convencen y se los voy a discutir. Sin entrar en polémica, sino
para seguir este debate. En una polémica, se trata de vencer y no de convencer, como
dice mi gran hermano Carlos Vidales en alguna parte del mejor blog literario de Colombia
y quizás del mundo, el de nuestro muy apreciado amigo común Gabriel Ruiz. Y resulta
que hasta Carlos Vidales, que no es tierno con las actitudes fatalistas, parece darle razón
a usted cuando escribe :

« Finalmente: la única diferencia importante entre los conquistadores de ayer (Pizarro,


Cortés, Quesada, Belalcázar) y los conquistadores de hoy (don Berna, don Álvaro, don
Jojoy, don Pablo), consiste en que hace quinientos años se consideraba legítimo,
permitido, autorizado, matar, masacrar y despojar, si se hacía por la fe de Cristo, por la
Corona y por la civilización; y en cambio, hoy, se considera ilegal, criminal, punible,
prohibido, hacer todas esas cosas, independientemente de los móviles, motivos y fines.
Ese pequeño detalle hay que tenerlo en cuenta a la hora de juzgar a los criminales de
hace medio milenio, y a los de hoy. » (http://ntc-
documentos.blogspot.com/2009_07_28_archive.html, antes de su artículo)
48

Bueno, pues. Pero no me parece cierto que la infamia de hace quinientos años se
consideraba legítima si se hacía por la fé, por la Corona y por la civilización. Ya
existían el « no matarás » y las predicaciones de Cristo que cuando no hablaba de
espadas y de división, pregonaba el amor al prójimo y ofrecía la mejilla izquierda a
los agresores. Si bien es cierto que la Corona no puso en tela de juicio la
conquista ni la esclavitud, mandaba frecuentemente órdenes para que sus sujetos
tratasen cristianamente a los indios y a los esclavos. Hasta hubo, muy contadas
veces es verdad, bandidos condenados por sus atrocidades en aquel entonces. Lo
mismo que hoy, Leonor, ¡lo mismo que hoy!

Hoy las infamias ya no se cometen por la fé ni por la Corona, se cometen en


nombre de la libertad, de la igualdad, de la fraternidad o de la democracia. La
conquista de África por la República francesa se hizo dizque para traerles estos
valores a los salvajes, a punta de masacres y de hambrunas provocadas por la
quema organizada de sus cultivos. En 1900, trás treinta años de « pacificación »,
la población de Argelia había disminuido de un tercio, la del Congo francés de la
mitad. Como en América, Leonor, ¡como en América! ¿Quién fue inquietado? Unas
muy contadas veces, algunos bárbaros que se habían pasado de límites, como
ese Voulet, oficial del ejército de la libertad-igualdad-fraternidad : se hizo un
imperio entre Sudán y Nigeria masacrando a miles de campesinos, al igual que
Napoleón, otro conquistador nacido de la revolución, cuyo sarcófago es un
atractivo turístico muy concurrido y que no lleva placa « aquí yace una canalla que
dejó Europa y Francia desangradas ». Voulet fue ajusticiado por su general, no
tanto por las atrocidades cometidas, sino para evitar un incidente diplomatico con
Inglaterra, pues parte de su imperio usurpaba unas tierras aun no ocupadas por
nadie pero atribuidas a este país por un acuerdo entre los bandidos oficiales que
se estaban compartiendo democráticamente la tierra de los africanos. Y Napoleón
sigue en su sarcófago, adulado aún por muchos « republicanos », por algunos
historiadores que celebran su genio militar, su audacia y su exportación de la
libertad a la punta de las bayonetas : el último libro dedicado a la gloria de
Napoleón es de nuestro ex primer ministro Dominique de Villepin, el mismo que se
opuso con tanta elocuencia en la tribuna de la ONU a la guerra de los gringos para
traer la democracia a los irakíes.

En 1956, fue el gobierno, socialista para más, de la república francesa que


accedió oficialmente al pedido de sus generales de torturar a los sospechosos del
Frente de liberación argelino que luchaba por la independencia de su pueblo. En el
2006, el general Aussaresses, un poco menos hipócrita que sus comensales, se
vanaglorió en la televisión de haber torturado personalmente, justificándolo
« porque sonsacarles información a los terroristas era el único modo de acabar
con la insurgencia ». Sin deternos en el hecho de que lejos de acabar con la
insurgencia perdieron la guerra, ¿qué pasó con Aussaresses? Un gran escándalo
mediático con declaraciones ofuscadas de nuestros gobernantes de turno y nada,
pero nada más. Sigue libre (hay prescripción de sus crímenes) y los políticos que
le permitieron cometerlos también, rodeados de respeto « general ». Es más. El
49

estado francés exportó también sus técnicos especialistas en torturas sofisticadas,


adquiridas en la guerra contra Argelia, asesorando entre otros a los militares
chilenos y argentinos de la época de la dictadura. Los nazis eran brutos que no
sabían mantener en vida a un torturado más de tres dias, ¡qué desperdicio en la
colecta de información! Los asesores militares franceses de Pinochet y de Videla,
con asistencia de médicos (sí, se hallan galenos para esas infamias) podían
hacerles aguantar ¡un mes de torturas! No se detiene el progreso. Y le hablo de
Francia, porque supongo que ya está mamada de los falsos positivos. ¿Quién
responderá por esos 900 crímenes de estado? Dos o tres cabos o sargentos,
autores directos de un crimen o dos, quizás, y con condenas leves. ¿Y los
generales que imaginaron retribuir a los soldados por cada guerrillero muerto? (ya
Bugeaud, el primer general que « pacificó » Argelia, daba sobresueldos a sus
soldados por cada cabeza cortada). ¿Y los políticos que avalaron esta incitación al
asesinato? No pasó hace 500 años, Leonor.

¿Rotundo sería hoy el apoyo a Fray Bartolomé ante una Junta cualquiera de hoy?
¿De donde saca eso? Hay hoy más Las Casas (con o sin los límites suyos que
apunta justamente en cuanto a los negros) y sobre todo asociaciones de defensa
de los oprimidos que denuncian por ejemplo las infamias cometidas contra los
trabajadores inmigrados en Italia y en Francia, pero quién los escucha y los
ayuda? Ninguna Junta, salvo unos contados municipios de izquierda, contados
porque la izquierda oficial en Francia nos sirve también el cuento de que « no
podemos albergar a todos los pobres del mundo ». Ya no se atreven a decir que
son seres inferiores, pero los tratan como inferiores, y hasta como esclavos de
antaño en el caso de los inmigrados sin papeles. Los hacen venir
clandestinamente los dueños de empresas que necesitan mano de obra barata,
sometida por el temor a ser expulsados ; el poder cierra los ojos, los tolera y
cuando hay crisis económica como ahora, los expulsan. La cuota definida por el
Ministerio de Inmigración (sí, sí, Sarkozy nos resucitó en 2008 el tristemente
célebre Ministerio de Asuntos Judíos del gobierno del Mariscal Pétain, el que
organizó por cuenta de los nazis la deportación de los judios de Francia a los
campos de exterminación) es de 25 000 expulsados clandestinos al año. Hasta la
fecha sólo han podido echar a 8 000, porque una ley de la época de Mitterrand,
que se les ha olvidado suprimir hasta ahora, estipula que no se pueden expulsar a
los padres sin sus hijos : entonces nació un movimiento de fondo, miles de padres
de alumnos franceses, los Fray Bartolomé de barrio de hoy en dia, que creen cada
vez menos en las Juntas y más en las acciones concretas, acogen y esconden a
los niños negros y árabes en su casa y cuando viene la policía a recoger a los
padres, no pueden meterlos en un avión rumbo a Marrecos, Mali o Chechenia
porque sus hijos desaparecieron. ¡Y quieren hacernos creer que esta política es la
de la Vox populi, que no aguanta más extranjeros el pueblo francés!

Y es que el « sentir general » de nuestra época, que yo llamo ideología dominante,


es una defensa y justificación de la injusticia institucional que constituye un
sistema social basado en el capitalismo, donde gran parte de lo que producen los
trabajadores es legalmente acaparado por una minoría de ladrones. Cambiaron la
palabra « Corona » por la palabra « República », « Conquista » por
50

« pacificación » y luego por « Defensa de la Democracia » y « Sumisión a Dios y al


Rey » por « Libertad, Igualdad, Fraternidad ». Los dueños del mundo y del « sentir
general » ya no son unos pocos aristócratas y esclavistas, sino otros pocos
banqueros, especuladores, carteles industriales y de servicios, que acumulan e
incrementan fortunas cada vez más inmensas a costa de los pueblos. Y con sus
bellas palabras, logran dar la impresión a muchos, y a muchos oprimidos, que no
hay otro sistema social posible. Pero creo que a nuestros descendientes de 2500
les parecerá tan inconcebible el « sentir general » de nuestras sociedades, como
nos parece inconcebible hoy una defensa del derecho de conquista o de la
esclavitud. Bueno, como usted es un tanto fatalista, pensará que la humanidad del
2500 seguirá en las mismas de siempre, pero yo, que soy un incurable optimista,
no me resigno a ello y pienso que la lucha y la unión de los oprimidos y humillados
del mundo acabará produciendo otra cosa que la república burguesa o la
caricatura de socialismo que nos regalaron Lenin, Stalin y otros Tirofijo al querer
instaurar sociedades más justas de manera autoritaria. La Comuna de París de
1871, la revolución anarquista en Barcelona en 1936, los consejos obreros de
Budapest en 1956, las huelgas mundiales de 1968 son premisas de la verdadera
democracia social que necesita la humanidad.

Ya es muy larga esta carta, estoy abusando de su tiempo. Como me la mandó


personalmente, le contesto personalmente. Pero me parecería deseable mandar
las dos cartas a nuestro amigo Gabriel, para su blog. A Gabriel le encantan los
debates, y creo que nuestro ameno intercambio no disgustaría a la comunidad de
sus lectores. Le dejo la decisión de hacerlo, o de no hacerlo, y respetaré su
decisión.

Muy cordialmente,
Yves Moñino
51

“CAPÍTULO” CUATRO.
COMPLEMENTACIONES Y ANEXOS

lunes 3 de agosto de 2009


William Ospina recibió el "Rómulo Gallegos". "Elogio de las causas", su
discurso.
Tomado de: http://ntc-narrativa.blogspot.com/2009_08_03_archive.html

Portal-blog complementario a NTC ...

Nos Topamos Con ... .http://ntcblog.blogspot.com/ ,

ntcgra@gmail.com Cali, Colombia.

Y a los relacionados en: Ver todo mi perfil

.
52

Textos tomados del portal de la


Fundación de Estudios Latinoamericanos "Rómulo Gallegos" (Celarg)
http://www.celarg.org.ve/Espanol/index.htm :

Elogio de las causas discurso del ganador del Premio Rómulo Gallegos William
Ospina
La tragedia americana discurso de Roberto Hernández Montoya

William Ospina recibe el Premio Rómulo Gallegos

-
Elogio de las causas
William Ospina

Caracas, Agosto 2, 2009


Elogio de las causas discurso del ganador del Premio Rómulo Gallegos William Ospina
http://www.celarg.org.ve/Espanol/(AGOSTO%202009)%20Elogio%20de%20las%20causas.htm

Es para mí un honor y un compromiso llegar a esta tribuna del Premio Rómulo Gallegos,
que, como bien lo dijo aquí mismo Fernando Vallejo, es una de las más altas de América.

Entre los muchos hechos que me han traído hasta aquí, quisiera mencionar dos hechos
que ocurrieron hace unos veinte años.

Empezaba la conmemoración del quinto centenario del llamado Encuentro de los


Mundos, y esa circunstancia me hizo concebir el proyecto de un libro de poemas en el
que se oyeran las voces milenarias del continente. Me parecía que en un mundo tan
antiguo nosotros no podíamos tener quinientos años; era una desventaja tener apenas
quinientos años; y con ese libro de poemas, “El país del viento”, intenté despertar en mí
la conciencia de un pasado más hondo y más complejo.

También entonces me pidieron escribir la parte inicial de una “Historia de la poesía


53

colombiana”. Yo intenté brindar allí una muestra de la vasta y dispersa poesía de los
pueblos indígenas de Colombia, y después me interné por los meandros de la más
ambiciosa de las crónicas de la Conquista, las “Elegías de varones ilustres de Indias”, de
Juan de Castellanos.

No sabía yo que aquel poema iba a ocupar veinte años de mi vida. Comprendí que
nuestra literatura continental había comenzado no con un cuento sino con un canto, con
una crónica en verso casi infinita. Juan de Castellanos, un poeta bastante descuidado
por nuestra tradición, calumniado por una crítica doctrinaria, es el fundador de la poesía
escrita en español en República Dominicana, Puerto Rico, Jamaica, Trinidad, Venezuela,
Colombia, Panamá, Ecuador y el mundo amazónico. Leyendo ese libro convulsivo e
iluminado, ese objeto apasionante de observación y de erudición, yo viví mi personal
descubrimiento de América.

Algunos censuraron que yo intentara rescatar del olvido, o del desdén, esa crónica
abrumadora escrita en octavas reales a la algunos sabios españoles le habían negado
todo vuelo poético. Pero yo hallaba poesía en cada página, pasaba tardes enteras
conmovido por las batallas, sorprendido por el vuelo de los pájaros, entretenido por las
astucias de los guerreros, deslumbrado por el espectáculo de los pueblos nativos,
sobrecogido por la irrupción de los jaguares y de los caimanes, asombrado por la
minuciosa descripción de los atavíos de los jefes de Cumaná o por la artesanía de las
flechas, hechas con varas tostadas de palma y mortalmente terminadas con puntas de
diente de tiburón y puyas de raya. Alguien ha dicho que hay libros que tienen “todo el
abigarramiento de la selva y toda la erudición del Renacimiento”: yo reclamaría ese
honor para las “Elegías de varones ilustres de Indias”, de Juan de Castellanos, bajo cuyo
influjo he trabajado durante tanto tiempo, y de las que espero todavía aprender muchas
cosas.

Mientras me adentraba por la obra de ese hombre humilde de Alanís que tuvo la suerte y
la valentía de descubrir y de nombrar un mundo, me sorprendió que en 1992, cuando se
conmemoraba aquel choque, España hubiera impreso los rostros de Hernán Cortés y de
Francisco Pizarro en los billetes de mil pesetas (*), los que más circulaban en la
península. Sentí que España seguía envanecida de sus triunfos guerreros, celebrando el
costado épico de la Conquista , que es el que a nosotros más nos aflige, persistiendo en
la leyenda insostenible de que esos guerreros fueron paladines de la civilización, y
olvidando al mismo tiempo la labor de quienes intentaron verdaderamente establecer la
alianza de los mundos, de quienes denunciaban el horror de la Conquista como
Bartolomé de las Casas, de quienes interrogaban el mundo americano, como Gonzalo
Fernández de Oviedo, de quienes buscaban desesperadamente nombres para todas las
cosas, de quienes, más allá de la ambición y la codicia llegaron a amar el territorio,
procuraron comprender las culturas indígenas, e iniciaron el mestizaje de la lengua,
como Juan de Castellanos.

España había hecho obra de verdadera civilización, pero no lo sabía o no quería saberlo.
54

Prefería envanecerse de haber fundado el imperio más grande del mundo, repetirse que
bajo la corona de Carlos V no se ocultaba el sol, porque cuando oscurecía en las sierras
de oro de California ya estaba amaneciendo sobre los arrozales de Manila. Y yo lamenté
que, fiel a una suerte de envanecimiento bélico, sólo quisiera rendirles culto a sus
guerreros, y se olvidara de sus sabios y de sus poetas.

En 1998 fui invitado a participar en los Cursos de Verano del Escorial, y tuve la
oportunidad de corregir el libro que escribía entonces sobre Juan de Castellanos, “Las
auroras de sangre”, en un hotel en la parte alta de los bosques desde donde se ven las
torres del palacio de Felipe II. Y recuerdo que una tarde caminé a solas alrededor de
aquella fortaleza impresionante, diciéndome que la España del Renacimiento había sido
capaz de labrar esa geometría de rigor y de piedra, pero que en nuestra tierra un solo
hombre, al que la experiencia y el amor habían hecho americano, había construido con
palabras un monumento aún más perdurable.

No sé si será lícito comparar obras tan disímiles, pero ambas son fruto del talento
humano y de su vocación de eternidad, y es de siempre esa emulación entre las palabras
y las piedras. Borges nos ha contado que el primer emperador chino, que ordenó
construir la muralla, fue el mismo que ordenó en vano quemar los libros; y Nietzsche
dijo poderosamente que es más fácil romper una piedra que una palabra.

Fue en un par de pequeños libros editados por Monte Ávila donde conocí la obra de Juan
de Castellanos. Eran dos selecciones antológicas del poema, y una de ellas se llamaba
“Elogio de las islas occidentales”. Parecían dos pequeños volúmenes, pero cuando los
abrí eran mares y selvas, ríos y serpientes, tempestades y muertes; estaban hechos de
observación, de paciencia, de esplendor y de sangre, y me produjeron la sensación
ineluctable de estar conociendo mi origen. Contaban a menudo hechos muy dolorosos,
pero yo sentí, a quinientos años de distancia, que bien podían ser ciertas para nosotros
aquellas palabras de Homero: “Los dioses labran desdichas, para que a las generaciones
humanas no les falte qué cantar”.

Una de las cosas más conmovedoras de aquel descubrimiento poético es que nos hacen
sentir que estas patrias nuestras son una sola. Para Castellanos hablar de Cubagua y de
Manaure, de Pamplona y de Coro, del Chocó y de Maracaibo, de Mocoa y de El Tocuyo,
de Cumaná y de Vélez, de Cartagena y de Margarita, es hablar del mismo territorio y de
la misma aventura.

Yo he notado que estas novelas que he escrito, “Ursúa” y “El país de la canela”, y que
son mi interrogación de quién soy como colombiano, siempre comienzan en Panamá,
siempre pasan por Quito y por Cuzco, siempre cruzan por Manaos, y siempre terminan en
Margarita y en Santo Domingo. Me gustaría decir de mi patria lo que dijo Carlos
Mastronardi de su querida provincia:

Un fresco abrazo de agua la nombra para siempre.


55

Ese abrazo de sierras, de aguas y de islas define a la Colombia de mis sueños: menos un
mapa que una pregunta, menos unas instituciones que una memoria, menos una certeza
que un asombro inconcluso.

El poema me condujo al ensayo y el ensayo me llevó a la novela: por ello entre esos
géneros yo no puedo escoger. Como estados de la materia, como personas de la
divinidad, como facultades de la conciencia, como contiguos laboratorios del lenguaje,
los géneros se influyen y se aproximan, se apartan y se reencuentran, del mismo modo
que en la vida pasamos sin pausa del deslumbramiento a la reflexión, de la reflexión al
relato.

Emily Dickinson lo ha dicho de un modo más fino:

Después de un gran dolor un solemne sentido nos llega,

los nervios reposan severos, como tumbas,

el afligido corazón se pregunta si era él quien sufría,

y si fue ayer, o siglos antes .

La Conquista fue nuestra gran tragedia continental: el gran dolor que guarda para
nosotros un solemne sentido. Yo siempre me digo que si bien hubo en su curso muchos
crímenes y atrocidades, los hijos de la América Latina no podemos considerar aquella
historia como un crimen. Estanislao Zuleta solía recordar que Hegel definió la tragedia
como esa situación en la que dos posiciones que tienen cada una su validez se enfrentan
y no pueden encontrar una síntesis. Durante mucho tiempo la Conquista fue ese
enfrentamiento de posiciones que se validaban cada una a sí misma pero no podían
encontrar una síntesis. Aquellos mundos asombrosos: el mundo de los aztecas, de los
mayas, de los incas, el esplendor de sus arquitecturas, la finura de sus diseños, la rica
narrativa de su orfebrería, la complejidad de sus mitos, el milagro de sus civilizaciones,
se validaban totalmente a sí mismos; y aquellos invasores ferozmente cristianos,
increíblemente arrojados, despiadadamente ambiciosos, parecían venir llenos sólo de
arbitrariedad, de brutalidad, utilizando sin restricción esas armas mortales, los caballos,
los perros, la pólvora y el hierro forjado.

Yo he dedicado buena parte de mi vida a tratar de descubrir si esos varones arrogantes y


monstruosos, los Cortés y los Pizarro, los Alfinger y los Belalcázar, los Alvarado y los
Ursúa, agotan el sentido de la Conquista. Me conmovió más que detrás de ellos hayan
venido algunos hombres llenos de sensibilidad y de respeto, en los que había mucho más
56

que ambición y mucho más que crueldad: porque esos hombres nos ayudaron a encontrar
esa síntesis que la primera conquista no permitía.

Nunca podremos renunciar al juicio severo de la historia; no podemos dejar de señalar


los crímenes y de reivindicar a las víctimas; no podemos demorar por más tiempo la
recuperación y la revaloración del vasto y rico mundo negado y profanado por la
Conquista. Pero tampoco podemos renunciar al reconocimiento del asombro y de la
curiosidad, a reconocer los diálogos donde los hubo, a admirar los encuentros y los
descubrimientos.

Después de cinco siglos de diálogos, de influencias y de mestizajes, no quedan en


nuestra América muchos habitantes nativos del territorio, pero también podemos afirmar
que quedan muy pocos europeos, que aquí ya casi todos somos mestizos por la sangre o
por la cultura. A mí me basta visitar una comunidad nativa para entender que no soy
indígena, pero me basta ir a Europa para descubrir que no soy europeo. Y sé que si yo no
lo descubro, ellos se encargarán enseguida de recordármelo.

A nosotros nos ha tocado el curioso destino de deplorar la conquista de América en la


lengua que nos dejó esa conquista, pero también de avanzar en la demostración de que
la lengua que trajeron los conquistadores no es ya la lengua que hablamos. Cinco siglos
de sueños y de desmesuras, de asombros y de interrogaciones, de sufrimientos y de
deslumbramientos, de aventuras y de maravillas, no sólo han transformado esta lengua
sino que la han convertido en una lengua americana, de tal modo, que es evidente que
España no es ya la dueña de la lengua sino sólo una de sus provincias.

La parte más compleja del idioma, la más agitada, hoy, y la más perpleja, palpita de
este costado del mar, y ello no significa que España no cree y no sueñe. Significa que de
este lado del mar están hace ya mucho tiempo las tierras sedientas donde se sueñan los
Quijotes, las fronteras culturales que engendran los culteranismos, las tierras de nadie
donde se descubren los ríos profundos y las selvas del alma.

Hace diecisiete años, cuando se conmemoraba el quinto centenario, había personas


sensibles y conmovidas que querían salir a las costas de República Dominicana a decirle a
Colón que no desembarcara. Era un ilustre sueño, como para Bradbury, para escritores
de ciencia ficción. Pero todos sabemos que es tarde para decirle a Colón que no
desembarque. No sólo vibra y resuena por todas partes en América esta lengua que es
hija rebelde de esa conquista, sino que aquí ha vivido algunas de sus más altas
aventuras, y ha forjado algunas de sus más bellas músicas.

Nadie puede negar, ni siquiera en España, que nunca sonó tan bella y tan dulce la lengua
castellana como en los labios de ese indio nicaragüense que se llamaba Rubén Darío.

España vivió su terrible aventura americana, pero es preciso recordar que pagó por ella.
Muchos americanos solemos olvidar que hace ya dos siglos le cobramos a España su
57

deuda, y que esa hazaña de arrebatarle al viejo imperio las tierras y los sueños, esa
hazaña de tomar posesión del mundo americano y de aplicarnos a interrogarlo,
redescubrirlo y engrandecerlo, es lo que nos dio derecho a ser distintos, a dialogar con
Europa en condiciones de igualdad. Sería triste que tuviéramos hoy mucho que cobrarle
a España y a Europa: eso significaría que no creemos en la grandeza y en la
contundencia de las hazañas y los sacrificios que enfrentaron aquellas generaciones
heroicas que construyeron con infinitas penalidades estas patrias nuestras. Y lo que
ahora tenemos qué responder es qué hemos hecho y qué hemos dejado de hacer con
nuestra América, en estos dos siglos de vida independiente.

Cuando yo estudio la vida del libertador Simón Bolívar, casi no puedo creer lo que estoy
leyendo. Esa aventura parecía irrealizable. Aquel hombre estaba poseído por una energía
casi sobrenatural. Parece imposible sobreponerse a tantas adversidades, renacer de ese
modo de las derrotas, una vez y otra vez. Ver la Primera República Venezolana derrotada
por las fuerzas de Monteverde; ver al padre de estas patrias caminando solitario y
vencido por las playas de Curacao, sin esperanza verosímil; y verlo entrar
increíblemente victorioso un año después en Caracas, a la cabeza de una tropa de
soldados de Mompox y de Mérida, de Cúcuta y de Barquisimeto. Ver la Segunda República
Venezolana humeando entre las ruinas, a los propios llaneros dando muerte al sueño de
la libertad, y ver a Bolívar otra vez derrotado y expulsado, caminando pobre y solo por
las playas de Jamaica, después de haber presenciado las mayores desgracias. Y ver cómo
ese hombre inexplicable, ante una catástrofe que habría desalentado y anulado a
cualquier otro, se alza de nuevo de su derrota, ya no pensando en liberar a Venezuela y
a la Nueva Granada sino convencido de que va a liberar al continente entero, es algo
que conmueve y abruma. Nos da una idea distinta de nuestro propio temple, de la fibra
del hombre americano.

Es notable ver cómo Bolívar se enfrentó a los que creían que la Independencia era un
asunto de razas, que había que entronizar a los indios o a los negros, y expulsar a los
blancos de América. Ver cómo Bolívar comprendió que, después de tres siglos de
horrores y de amores, ya no se podía hablar de un continente indígena o de un
continente africano, sino sólo de un continente americano. Para resucitar la Arcadia
indígena Bolívar mismo habría tenido que irse; para hacer nacer la Arcadia negra y
mulata de Piar, Bolívar habría tenido que ser hijo sólo de su amada nodriza Hipólita, la
tierna madre que le dio el destino.

Creo que es necesario afirmarnos en nuestra memoria indígena milenaria, en la sabiduría


de esas lenguas que dialogaron aquí durante miles de años con el territorio, con el
clima, con la vegetación, con el cielo. Pero creo que es también necesario afirmarnos en
nuestra particular condición de europeos, enriquecida para siempre por todos los
aportes de la historia. Y si bien es tarde para decirle a Colón que no desembarque, no es
tarde para arrojar una mirada crítica sobre el modo como nuestras sociedades rindieron
honores excesivos a su componente europeo, negándose a aceptar el legado de las
civilizaciones indígenas y negándose a valorar el complejo, delicado y definitivamente
58

salvador aporte de los hijos de África.

Yo diría que a un latinoamericano se lo reconoce porque su inteligencia europea esté


llena de inesperados atajos indígenas, de los caminos oblicuos del pensamiento mágico.
En eso tenemos un parentesco con lo más inspirado de la tradición norteamericana. En
su relación con la naturaleza habría que decir que Whitman ofició en su espíritu como el
último indio de Norteamérica. Que Emily Dickinson, contrariando la lógica de la línea
recta y de las verdades que se chocan, nos dejó aquellas sabias palabras:

Dí toda la verdad mas dila al sesgo,

el arte está en decirla oblicuamente.

Y también tenemos un parentesco con lo más rebelde de la tradición europea. También


Novalis, como si fuera un indígena precristiano, fue capaz de decir que

La poesía cura las heridas que la razón inflige.

Es aquí donde a alguien se le ha ocurrido definir al día con esta imagen:

Un relámpago con hocico de tigre.

Y hay allí una persistencia del mundo mítico indígena que no cabe del todo en el
universo mental de Occidente.

A comienzos del siglo XX, Europa, hastiada de guerras y de verdades racionales


excluyentes, buscaba en el lenguaje el bálsamo de otras lógicas, de otros caminos para
la vida, y trató de encontrar esos recursos nuevos en la libre asociación, en la ilógica de
los sueños, en la escritura automática, y engendró el dadaísmo y el surrealismo. Algunos
de nuestros poetas comprendieron que nosotros teníamos en el mundo indígena y en el
mundo africano esas otras lógicas que la civilización necesitaba. Y es tal vez por eso que
Gallegos y Rivera, que César Vallejo y López Velarde, que Barba Jacob y Gabriela
Mistral, que Borges y Neruda, que Rulfo y Aurelio Arturo, que Carpentier y García
Márquez han conmovido al mundo. Han hecho nacer una literatura que ya no se debe
exclusivamente a la tradición occidental, que oye los ríos profundos, que quiere
capturar en las palabras el misterio de la llanura y de la selva, el barro de los huesos
andinos y “el relámpago verde de los loros”. Nuestra literatura no dice: “A Dios lo que es
de Dios y al César lo que es del César”, sino que dice, humilde y misteriosamente:

Apoya tu fatiga en mi fatiga,

que yo mi pena apoyaré en tu pena.

Sería vanidad pretender que somos radicalmente distintos de otros pueblos, que nuestra
59

literatura sueña cosas que otros jamás soñaron. Pero sí es posible decir que algunas
cosas que ha dicho nuestra literatura suenan nuevas en el cántaro de la tradición, y que
cosas que antes dijeron otros las hemos hecho salir no de nuestra memoria sino de
nuestra experiencia. Aquellos versos tan nobles de Lope de Vega:

¿Qué tengo yo que mi amistad procuras,

qué interés se te sigue, Jesús mío,

que a mi puerta, cubierto de rocío,

pasas las noches del invierno oscuras?

comparten el mismo azorado asombro, el mismo peso de contrición humana que estos de
César Vallejo:

Hoy no ha venido nadie a preguntar;

ni me han pedido en esta tarde nada.

No he visto ni una flor de cementerio

en tan alegre procesión de luces.

Perdóname, Señor: qué poco he muerto!

En esta tarde todos, todos pasan,

sin preguntarme ni pedirme nada…

Y no sé qué se olvidan y se queda

mal en mis manos, como cosa ajena.

He salido a la puerta,

Y me dan ganas de gritar a todos:

Si echan de menos algo, aquí se queda!

Porque en todas las tardes de esta vida,


60

yo no sé con qué puertas dan a un rostro,

y algo ajeno se toma el alma mía.

Hoy no ha venido nadie,

y hoy he muerto qué poco en esta tarde!

Ese desorden de los sentidos que buscaba Rimbaud, como gran instrumento de poesía
moderna, y que los surrealistas creyeron encontrar en la libre asociación, en la lógica de
los sueños y en un esfuerzo de arbitrariedad, nosotros lo encontramos más fácil y más
naturalmente en la encrucijada de nuestras sangres y en el hondo y aún indescifrado
camino de nuestras anudadas mitologías.

Pero quisiera señalar también que el cruce de las culturas europeas con las culturas
indígenas pudo haberse resuelto entre nosotros para siempre en odio y en amargura, si
no hubiera llegado al mismo tiempo esa fiesta del color y del ritmo, esa ternura y esa
energía que son el hondo aporte de los hijos de África. Nadie como ellos nos ha
enseñado a perdonar, nadie como ellos ha sabido desprenderse de los dogmas de la
memoria, aceptando que la memoria está en el ritmo y en el cuerpo; nadie como ellos
nos ha enseñado a entrar en el futuro sin resentimientos. El aporte de África es el más
musical de nuestros componentes, y la música sabe enlazar la soberbia con la amargura,
la tristeza con la fiesta, el odio con el perdón.

Creo que Juan de Castellanos lo intuyó cuando se propuso hacer de la historia de la


conquista no un cuento sino un canto; pero tenían que pasar los siglos y los duelos, los
amores y las guerras, los besos y las mitologías, para que nuestra lengua, reinventada en
América, fuera capaz de Gallegos y de Rivera, de Othon y de Mastronardi, de Arguedas y
de Cesar Vallejo, de Palés Matos y de Aurelio Arturo. Para que nuestra lengua fuera
capaz de Pérez Bonalde y de López Velarde, de Neruda y de García Márquez.

Cuando ya se tiene una tradición como esa, una de las tradiciones literarias más ricas
del planeta, ya no necesitamos arrepentirnos de la complejidad de nuestros orígenes. Ya
podemos mirar la historia universal, y la historia de España, y la historia de América, y
decirnos, con amor, como el poeta:

Se precisaron todas esas cosas,

para que nuestras manos se encontraran.

Muchas gracias.

++++
61

El 20 de julio
Germán Patiño , Al margen
EL PAIS, Cali, Julio 20 de 2009
http://www.elpais.com.co/historico/jul202009/OPN/op1.html

Reprodujo, publica y difunde: NTC … Nos Topamos Con … http://ntcblog.blogspot.com/ ,


ntcgra@gmail.com . Cali, Colombia, Julio 20, 2009

Conocí, gracias a Lily Mosquera de Jensen, una carta de Tomás Cipriano


de Mosquera escrita al Prefecto Municipal de Popayán en 1878. En ella,
declina la invitación que el Prefecto le ha hecho para que participe en
una junta destinada a preparar la celebración del 20 de julio de 1879. La
razón, según lo escribe Mosquera, es que jamás ha reconocido al 20 de
julio de 1810 como Día de la Independencia Nacional.

Tomás Cipriano, que sabe de lo que escribe, ya que él mismo es uno de


los héroes de esa gesta Patria, aduce dos tipos de razonamientos para
desconocer la fecha que hoy celebramos. Primero, recuerda que el 20 de
julio de 1810 no fue el primer evento de su tipo en lo que actualmente
es territorio colombiano, como tampoco en lo que a comienzos del Siglo
XIX era territorio neogranadino. Llama la atención sobre el hecho de que
Cartagena antecedió a Santafé, lo mismo que Quito, Caracas y El
Socorro –se le olvidó mencionar a Cali, Funes y Tumaco. Y que no existía
entonces unidad nacional que permitiera considerar al suceso de
Santafé como el más significativo de todo el territorio.

En segundo lugar, Mosquera coloca el ejemplo de Mompox, cuyo cabildo


declaró la independencia de España el 6 de agosto de 1810, para poner
en evidencia que el 20 de julio en Bogotá no se declaró ninguna
independencia. De hecho, en Santafé, al igual que en Quito, Cartagena y
Caracas, lo mismo que en Funes, Cali, El Socorro y Tumaco, se siguió
jurando fidelidad a la corona española y a su rey Fernando VII (“nuestro
bienamado Fernando”), y su lucha se circunscribió al reclamo por la
autonomía provincial.

Para Mosquera, la única ciudad de la Nueva Granada que levantó su voz


para oponerse al dominio español en 1810 fue Mompox, y su sacrificio y
valor merece la eterna gratitud de los colombianos. De hecho, Mompox
pagó caro su audacia. Cartagena, que también luchaba por la
autonomía, como lo hicieron Cali y Santafé, entre otras ciudades, le
declaró la guerra a los momposinos en una actitud vergonzosa de su
aristocracia criolla. En 1814, el gobierno de Cartagena se vio obligado a
pedirle perdón a Mompox por aquella postura traicionera de los patricios
cartageneros.
62

Este hecho triste de nuestra historia demuestra cómo los autonomistas


de 1810 no eran patriotas, pues su lucha no era contra España y su
monarquía, hasta el punto de que los dirigentes de una ciudad
autonomista eran capaces de entrar en guerra con cualquiera que osara
plantear el tema de la independencia de España. Y no sólo en
Cartagena.

En Cali también. Joaquín de Cayzedo, el principal autonomista caleño,


según lo demostró el historiador Gustavo Arboleda, se comprometió
personalmente en la guerra de los españoles contra Quito, cuando esa
ciudad ecuatoriana, en 1809, inició los levantamientos autonomistas.
Cayzedo recogió recursos para comprar armas y se refirió a los
autonomistas ecuatorianos tratándolos de “traidores quiteños”. Sólo
que, a diferencia de los cartageneros, Cayzedo nunca pidió perdón a los
quiteños cuando los hechos políticos lo obligaron a recorrer también el
camino de la autonomía. Sobra recordar que los autonomistas de Quito
fueron cruelmente masacrados.

No sé los demás, pero para mí Tomás Cipriano de Mosquera


tenía razón: nuestro Día de la Independencia es el 6 de agosto
de 1810, que recuerda a la valerosa Mompox, y no el 20 de julio,
cuando ni siquiera se proclamó la independencia de España.

++++

El Bolívar de Paz Otero


Jorge Restrepo Potes , Zona franca
EL PAIS, Cali, Julio 09 de 2009
http://www.elpais.com.co/historico/jul092009/OPN/op4.html

Reprodujo, publica y difunde: NTC … Nos Topamos Con … http://ntcblog.blogspot.com/ ,


ntcgra@gmail.com . Cali, Colombia, Julio 9, 2009

Ignorante que es uno. No sabía de la existencia de Víctor Paz Otero*,


quien es ahora uno de mis escritores preferidos.

Alguna vez le escuché decir al presidente Alberto Lleras que el más


grande colombiano de todos los tiempos es el general Tomás Cipriano de
Mosquera, a quien yo conocía como ‘Mascachochas’ y por haber sido
presidente por allá a mediados del Siglo XIX. Recordando el juicio de
Lleras, me animé a entrar a la Librería Nacional a preguntar por una obra
sobre el payanés ilustre. El vendedor, solícito porque soy cliente
habitual, fue a uno de los anaqueles y se vino con un libro gordo con el
título de ‘El demente exquisito’, que ahí mismo empecé a leer hasta
63

terminarlo, pues Paz no sólo es conocedor profundo de la historia sino


que maneja un castellano diáfano y fluido, que es una dicha leerlo.

Convertido en admirador de Paz Otero, cierto día el periódico anunció


que había publicado un nuevo libro, ‘El Edipo de sangre’, sobre el
general José María Obando, igual de voluminoso al del otro ‘patojo’, y
batí la marca de los 100 metros que me separan de la Nacional para
adquirirlo. Otra joya y otra trasnochada, pues no pude apartar los ojos
de las hojas para echar una frasecita al estilo de Cabrera Infante.
Soberbia esta biografía y por sus páginas pude entender lo que pasó en
Berruecos, donde cayó asesinado este auténtico prócer.

Vinieron luego dos obras preciosas, ‘La agonía erótica’ y ‘La otra agonía’,
sobre los amores intensos, pero delicuescentes, de Simón Bolívar y
Manuelita Sáenz, que bien hubiesen servido de tema a los grandes
novelistas del Siglo XIX -Flaubert, Dumas y el mismo Tolstoi- de haber
sido contemporáneos. Nuestro genial García Márquez, en ‘El general en
su laberinto’, se aproximó bastante a este aspecto del alma romántica
de Bolívar.

Hace poco apareció con la autoría de Paz Otero el libro majestuoso


‘Bolívar, delirio y epopeya’ **, sobre el Libertador, que no he podido
encasillar, pues participa de los caracteres de biografía y de novela con
algo especial y es que la vida tormentosa de Bolívar está narrada en
primera persona, pues es el caraqueño inmortal el que, como si
estuviera grabando de haber tenido los equipos de ahora, cuenta los 47
años que vivió en el mundo, desde el 24 de julio de 1783 hasta el 17 de
diciembre de 1830, cuando solo y abandonado por todos muere entre
ráfagas de tos y atormentado por los recuerdos, en una casa ajena en
Santa Marta.

He leído mucho sobre Bolívar, pues de veras me parece un ser


excepcional. No tanto por su participación en la gesta libertadora sino
por su periplo como hombre, con todas sus virtudes y defectos, éstos
últimos que Paz Otero no tiene inconveniente en registrar con detalles,
como fue su dudosa conducta con don Francisco de Miranda y cuando no
le tembló el pulso al firmar el decreto de ‘guerra a muerte’, con el que
autorizó el fusilamiento de numerosos ‘españoles y canarios’.

Y está, desde luego, el varón con todas las potencias que no podía vivir
sin una mujer a su lado y que, aun enamorado de ‘mi amable loca’, no
resistía a la tentación de jugársela con su tocaya Manuela Madroño y con
las que iba encontrando en su camino, que eran legión, pues el poder –y
en su caso la gloria– son mejores cómplices de Eros que el milagroso
viagra.
64

Si usted quiere saber de todos los recovecos de la vida de


Bolívar, saque del bolsillo unos pocos pesos y compre el libro de
Paz Otero. Agradecerá el consejo, pues aprenderá muchas cosas
desconocidas de la vida del héroe.
.
• *Próximamente Paz O. publicará libro sobre Santander, ver:
VIOLENCIA E HISTORIA. Por Víctor Paz Otero , http://ntc-
documentos.blogspot.com/2009_03_25_archive.html y allí enlace
a Víctor Paz Otero en Norma, allí todos los libros.
** Finalista en el Rómulo Gallegos 2009.

++++
" Un sentido natural de justicia lleva a los seres humanos a repudiar el crimen, hayan
pasado los años que fueren. Es el mismo rechazo que sentimos por la acción de Caín. O
por el magnicidio de Lincoln. O por el asesinato de Jaurés. Y es precisamente por él que
mantenemos la recóndita aspiración de que se sancione, así sea moralmente, al
criminal. ...." ... No podemos "enjugar la culpabilidad manifiesta, o hacer que se
piense en el facilismo de que ya fue suficiente castigo. No. El juicio de la historia no
debe festinarse ni ablandarse, ..."
---
Tomado de:
"El Magnicidio de Sucre". Armando Barona Mesa Impresora Feriva, 2006
http://ntc-narrativa.blogspot.com/2009/05/el-magnicidio-de-sucre-armando-barona.html

CAPÍTULO QUINTO
Agosto 9, 2009
----
Carta a Pantxo - Carlos Vidales
De: Carlos Vidales carlos@bredband.net
Estocolmo, sábado, 08 de agosto de 2009.
Enviado:
07:52:29 p.m.
Para: NTC
, ntcgra@gmail.com

Querido Pantxo:

Te he visto muy activo en las páginas de NTC … , discutiendo a lo burro (o


sea, sabia y prudentemente) con mis estimados amigos Yves y Leonor. No está
mal. Pero debo pedirte que seas más discreto cuando comentas los encargos
que te hago, porque en este mundo hay mucha gente que no entiende bien e
interpreta las cosas a la medida de sus prejuicios.
65

Me refiero a esta frase que pones en uno de tus


escritos: “Y ya basta, porque este sermón está
muy largo y don Carlos Vidales me llama desde
sus aposentos para que le alcance el “Elogio de
la Bragueta” del hermano Rabelais…”

Como bien sabes, porque eso lo hemos discutido,


yo considero ese texto como uno de los pasajes
más sublimes del humanismo: Rabelais sostiene
en él que la bragueta es la prenda más importante
del soldado cuando va a la guerra, más que sus
armas, sus espuelas, su casco y sus botas. Y dice
que la bragueta está hecha para proteger a la
especie, no solamente al individuo, del mismo modo que las vainas, las
cáscaras, los envoltorios, los caparazones y las cubiertas están hechas en el
mundo vegetal para proteger las semillas, que son la parte de la planta que
garantiza la perpetuación de su especie. El texto es de una espléndida riqueza
idiomática y el contenido es un elogio a la vida, sabiamente metido de
contrabando en un diálogo sobre el nefasto oficio de la muerte, que es la
guerra.

Sin embargo, mencionar a Rabelais tiene sus riesgos. Muchas gentes asocian
su nombre a la “vulgaridad”, al “desenfreno”, a la “glotonería”, a la
“desmesura”, al “exhibicionismo de las pasiones carnales” y a la “prosa
desvergonzada y rufianesca”. No ven lo que hay detrás de toda esa copiosa
picaresca, sencillamente porque nadie les ha enseñado a descubrir los
mensajes ocultos bajo ese inmenso manto de chistes y de burlas. Rabelais fue
compañero de estudios de Nostradamus y muy buen amigo del erudito Etienne
Dôle, quien fue quemado en la hoguera por orden de la Sorbona, por el terrible
delito de sostener que probablemente Aristóteles no había definido bien la
lógica. Los dos amigos sobrevivientes, Nostradamus y Rabelais,
comprendieron muy bien que era necesario disfrazar las opiniones. Ambos
vieron los horrores de la gran masacre de San Bartolomé. Nostradamus era
judío y consideró que las circunstancias le exigían ser extremadamente
prudente: disfrazó sus denuncias (que son terribles) bajo la máscara de
“profecías” vagas y ambiguas, cuando en realidad estaba describiendo las
infamias y los crímenes de su época. Rabelais hizo propaganda de la sociedad
justa que él deseaba: tolerante, sin dogmas, fraternal, amistosa, pacífica, sin
discriminaciones, sin odios, con amor por la vida y no por la guerra. Pero a
66

todo eso le puso la máscara de los festines y las borracheras. Recurso genial,
porque ya desde antiguo se sabía que “in vino veritas”: lo borrachos siempre
dicen la verdad.

Te digo todo esto, querido Pantxo, porque cuando tú dices que yo te he pedido
que me alcances el “Elogio de la Bragueta” de Rabelais, seguramente tus
lectores pensarán: “Este tal Carlos Vidales solamente lee porquerías inmorales
y degeneradas”. A mí papá le hizo lo mismo una presunta “historiadora”
colombiana cuando denunció, muy suelta de cuerpo, que Luis Vidales era
defensor de “las ideas maquiavélicas”. Porque para los tontos, querido Pantxo,
Maquiavelo es a la “moral” lo que Rabelais es a la “decencia”.

Te ruego, pues, que proclames que yo leo la Biblia. No mentirás, porque es


verdad. Pero no cuentes a nadie que también leo a Rabelais, a Maquiavelo, a
Darwin, a Marx, a Malatesta, a Bakunin, a Giordano Bruno y a todos los
herejes que en el mundo han sido. Guárdame el secreto, te lo suplico.

Dicho esto, voy a mis comentarios sobre el asunto de los conquistadores. Me


ha gustado lo que has escrito, aunque hubiera deseado que opinaras sobre el
discurso de William Ospina al recibir el premio “Rómulo Gallegos”. Te diré
que a mí me pareció un excelente discurso, si bien no comparto todo lo que
afirma, y eso que lo afirma muy bien. El principal reparo que le hago es que
está fundamentado sobre la base invisible, o subconsciente, de la dicotomía
“ellos y nosotros”. Ellos, los conquistadores. Nosotros, los conquistados. Es
curioso, porque a pesar de que dice que “todos somos mestizos”, habla de los
conquistadores como se habla de gente ajena, lejana, exterior a nuestra
intimidad existencial. Entiendo que la convicción profunda de que esos
señores son nuestros abuelos carnales puede producir traumas sicológicos a
más de uno. Pero no podemos seguir aplicando la política del avestruz que
esconde la cabeza en la arena para no ver la realidad cuando la realidad es
desagradable (esto de la avestruz es un mito, pero como metáfora me sirve por
el momento. Que me perdone la hermana avestruz).

Lástima también que William Ospina diga una cosa más bien boba cuando
dice: “A nosotros nos ha tocado el curioso destino de deplorar la conquista de
América en la lengua que nos dejó esa conquista”. ¿No se ha dado cuenta de
que los conquistadores y sus descendientes americanos, lo mismo que sus
primos ibéricos, hablaban y hablamos en la “lengua que nos dejó la conquista”
de Hispania por los romanos? Porque lo que hablamos es una variante viva del
latín, como lo hacen los italianos, los gallegos, los rumanos, los franceses, los
67

catalanes, los portugueses, etc. Es verdad que las variantes vivientes del latín
han transformado la lengua “original” porque le han inventado los artículos y
otras partículas de la oración, además de cambiar el orden de los elementos y
su posición en la frase. Es verdad también que cada una de esas variantes
vivas del latín ha creado su propia gramática y se ha enriquecido a su manera
con los aportes de su historia social. Pero la verdad más esencial es que los
imperios, cuando son verdaderamente imperios de la cultura, no solamente
dejan un rastro de destrucción, opresión, saqueo y tragedias, sino también
imponen su idioma de manera tan determinante que hoy, después de haber
desaparecido de la tierra los crueles romanos, seguimos hablando la lengua
que nos impusieron hace 1.800 años en Hispania.

Lo verdaderamente importante para nosotros, latinoamericanos, es que


nuestros padres conquistadores eliminaron de la historia familiar a nuestras
madres indígenas, prohibieron sus idiomas o los declararon “indeseables”
incluso en la intimidad de la familia y, al hacerlo, declararon a nuestras
madres indígenas “no-personas” y nos convencieron de que fuéramos a las
notarías, audiencias y juzgados a exigir certificados de que éramos “blancos
por los cuatro costados” para poder reclamar “legítimamente” una porción
suculenta del botín de la conquista. Durante tres siglos hemos jugado ese
juego infame. Hemos borrado de nuestra memoria y de nuestra sensibilidad a
nuestras madres indígenas. Somos conquistadores de nuestra propia historia,
de nuestra propia identidad. No hablemos, por eso, de los horrores de la
conquista si no estamos dispuestos a renunciar a TODOS los valores y a
TODAS las prerrogativas de superioridad que nos dio la conquista. Después
de esa catarsis, poco importará qué idioma hablemos: hablaremos el idioma
que surja de ese proceso de renacimiento, así como los pueblos de lengua
latina hablan los idiomas que han ido construyendo sobre las ruinas del
imperio romano. Que no son solamente ruinas, sino también parte de los
cimientos de nuestra cultura.

En suma: no hagamos retórica de la historia. Los métodos de la historia son


diferentes de los métodos literarios y la caja de herramientas del historiador
exige instrumentos distintos a los que podemos encontrar en el arsenal del
novelista o del poeta. El análisis histórico no puede ser remplazado con
figuras literarias. Y cuando estudiamos la propia historia, no debemos olvidar
que estamos trabajando en la construcción incesante, permanente, de nuestra
identidad, trabajo que no acaba nunca y que no debe acabar nunca. Oigamos la
voz de nuestros traumas existenciales, el clamor de nuestros más profundos
68

complejos y rencores atávicos, aprendamos a mirarlos de frente, a


comprenderlos y a resolverlos.

Tú has escrito, querido Pantxo, buenas páginas de historia con este espíritu y
en esta dirección. Jamás has inclinado tus orejas ante las exigencias de la
“historia oficial”, que es una vieja meretriz, celestina y alcahueta. Eso te
honra, no solamente ante los ojos de los burros, honestos trabajadores
proletarios, sino también ante los ojos de algunos seres humanos que respetan
la dignidad y se cagan en los dignatarios.

Dijo Maquiavelo: “Ningún bien es más precioso, ninguna riqueza es más


grande que la independencia y la libertad”. Dijo Marx: “Todo, absolutamente
todo, debe ser sometido a crítica”. Y cuando Rabelais fundó su imaginaria
utopía, la dulce y armoniosa Thélème, puso en su puerta una larga inscripción
de la que quiero recordar estos fragmentos:

Aquí jamás entréis, los hipócritas, necios,


viejos fariseos, fingidos míseros, farsantes, papanatas más que los godos
y ostrogodos, precursores de los magotos,
petates, santurrones, camanduleros con pantuflas,
indigentes arropados con pieles,
frailes licenciosos y gorrones,
befados, engreídos, camorristas;
idos a otra parte a vender vuestros abusos.

[…]

Aquí no entréis, escribanos zampatortas de heno,


clérigos, pasantes, falsos amantes del pueblo,
provisores, escribas y fariseos,
jueces antiguos que a los buenos clientes
atáis como si fueran perros;
vuestro salario está en el patíbulo.

Y eso resume, querido amigo Pantxo, lo que es el objeto, el fin y el significado


de nuestro oficio como historiadores: defender la independencia y la libertad
frente a todos los poderes, ser incansable y honradamente críticos de todo lo
habido y por haber, y ayudar a encontrar el camino hacia una sociedad justa,
tolerante, pacífica y trabajadora.
69

Y claro, de vez en cuando, beber mucho vino porque “in vino veritas”.

Tu amigo y colega,

Carlos Vidales
Estocolmo, 2009-08-09

Carlos Vidales
http://hem.bredband.net/rivvid/
http://luisvidales.blogspot.com/
http://losimportunos.wordpress.com/
++++
++++
El secuestro, historias y apuntes
De johnjairo palomino. Revista Memoria Cultural ,
revistamemoriacultural@yahoo.com
Para NTC ntcgra@gmail.com
Fecha Miami, USA, 8 de agosto de 2009 13:43 .
Asunto agradecimiento
Amigos de NTC …
Gracias por la invitación al diálogo sobre Belalcázar, ese nefasto
personaje español. A propósito el año pasado el periódico Calicultural
me publico un articulo donde casualmente hablo del precusor de la
industria del secuestro en tierras americanas ya que este fue el que le
recomendó a Pizarro secuestrar al Inca y cuestiono en mi artículo la
ignorancia histórica de los caleños que aun le llevan la ofrenda floral
cada 25 de julio al la estatua. Me encantaría que me dieran la
oportunidad de compartir el artículo en mención con sus importantes
lectores.
! Un abrazo! Atentamente
JJPalomino
….

El secuestro, historias y apuntes


Publicación e Ilustración: Revista Memoria Cultural.
Número 7, 19 de julio de 2008
De John Jairo Palomino revistamemoriacultural@yahoo.com
Para ntc ntcgra@gmail.com
Fecha 9 de agosto de 2009, 13:14
Asunto: Colaboración
70

http://jjpalomino.blogspot.com/2008/07/el-secuestro-historias-y-
apuntes.html

"Es preferible morir que


perder la libertad".
Alvaro Gómez Hurtado,
Político colombiano

El secuestro data de
tiempos
inmemoriales. Hay
leyendas, obras
literarias y
testimonios que
ilustran esta
abominable práctica
criminal a lo largo de
la historia.

La leyenda del Rapto de las Sabinas, por ejemplo, cuenta que


Rómulo, uno de los fundadores de Roma y primer rey logró,
mediante engaños, secuestrar a las mujeres de la vecina
ciudad de los sabinos para aparearlas con los patricios
(primeros padres de la patria romana). Este secuestro es uno
de los pocos que tuvieron final feliz, pues mediante él se logró
la fusión de esos dos míticos pueblos.

En La Biblia se relata el caso de José, hijo del patriarca Jacob,


secuestrado por sus hermanos y vendido por ellos como
esclavo a los egipcios, a causa de su resentimiento al ver que
José era el preferido de su padre y su futuro sucesor.

En la literatura, La Ilíada relata el secuestro de Helena por


Paris, príncipe troyano. En venganza Menelao, su esposo,
apoyado por un ejército griego que encabezaron sus más
importantes guerreros, sitió por doce años a la inexpugnable
Troya y rescata a Helena, destruyendo de paso la
esplendorosa ciudad fortaleza.
71

La historia documenta los secuestros extorsivos realizados por


los conquistadores españoles en tierras americanas. El de
Hernán Cortés a Cuauhtemoc, último emperador Azteca, en
México, y el de Gonzalo Jiménez de Quesada al Zaque,
soberano de los Chibchas, para despojarlo de los tesoros de El
Dorado, en Colombia.

Sin embargo, el más sonado de todos ellos es el del Inca


Atahualpa, quien pese a haber pagado su rescate (una
habitación llena de oro) fue asesinado junto con sus
seguidores en la ciudad de Cajamarca (Perú).
Incomprensiblemente sus secuestradores y asesinos, los
conquistadores Francisco Pizarro y Sebastián de Belalcázar
tienen monumentos de héroes en Perú y Colombia
respectivamente.

Uno de los casos más desconcertantes de ignorancia histórica


sucede en Cali, la ciudad que registra el primer secuestro
extorsivo en Colombia (1) y una de las más azotadas por este
flagelo, pues se recordará que en uno de sus barrios fueron
secuestrados más de un centenar de feligreses cuando salían
de la iglesia La María, al sur de la ciudad, y que recientemente
fueron asesinados 11 diputados vallecaucanos que la guerrilla
de las FARC tenía secuestrados desde hacía algunos años.

El conquistador español Sebastián de Belalcázar


(precursor del secuestro en tierras americanas y quien
fuera juzgado por las autoridades españolas de la
época y encontrado culpable de maltratar y masacrar a
indígenas), es objeto de un extraño culto que se
remonta a más de 70 años: Su monumental estatua,
emblema turístico de la ciudad de Cali, recibe una
ofrenda floral cada 25 de julio por parte de las
autoridades locales.
…..
(1) En 1933, Elisa Eder, niña de 3 años, hija del industrial
Harold Eder, fue víctima del primer secuestro extorsivo de que
se tenga noticia en Colombia. Su padre pagó 50 mil pesos por
72

su libertad. El propio Harold Eder, 32 años después, fue


asesinado en un intento por plagiarlo.
----
Publicación e Ilustración: Revista Memoria Cultural. Número 7,
19 de julio de 2008
+++++
+++++
EL INSIGNE SEBASTIAN MOYANO
Por Jaime Lozano Rivera, Abogado de la Universidad
Santiago de Cali.
Periódico Cali Cultural Agosto 2009. No. 140. 14 años Pág. 5
(Más adelante imágenes de la página)

Por el año 1490 (aunque otros lo


sitúan 10 años antes), en Belalcázar
o Benalcázar, una aldea de
Extremadura España, de parto triple,
junto con Anastasia y Fabián, nació
Sebastián Moyano. Su infancia y
adolescencia transcurrieron cuidando
cabras y marranos. Se cuenta que un
día de lluvia guiaba un burro cargado
de leña, de pronto el mulo se atascó
y vanos fueron los esfuerzos de
Sebastián para sacarlo del atolladero.
Después de aliviarlo de carga,
emplear sogas, tirarlo de la cola sin
éxito, le asestó tal golpe en la cabeza
que mató al jumento. Temiendo la recriminación, huyó de villa
en villa, oyendo que lejos se habían descubierto nuevas y
ricas tierras y que hacia allá se dirigían todos: mercaderes,
soldados, licenciados, aventureros, por lo que decidió viajar a
Sevilla donde se organizaban las expediciones. En 1507 le fue
otorgado el pasaporte para viajar a las Indias occidentales. A
partir de ese momento dejó de ser Sebastián Moyano y se
llamó Sebastián de Belalcázar, como la aldea que lo vio nacer.
Se embarcó en la nao de Juan de la Cosa y después de 40 días
de travesía, llegó a La Española (Haití). Allí hizo su escuela de
guerrero y presenció el proceso de transculturización que se
73

operaba. El idioma
español se enriquecía e
incorporaba palabras
como: canoa, caney,
mangle, hicotea, etc. En
1513 pudo enterarse de
que Ponce de León
conquistó la isla de
Borinquén (San Juan de
Puerto Rico) y que Vasco
Núñez de Balboa
descubría el océano
Pacífico. Hace migas con
Diego de Almagro y
Francisco Pizarra, hasta
tal punto que al nacerle
a aquél un hijo mestizo,
éste y Belalcázar fueron
los padrinos de bautismo. En esa piñata de expediciones, se
disputaban el oro, la encomienda de indios, el honor de
conquistar y el señorío de posesión del paso entre dos mares.
Estuvo al lado de Pizarro cuando éste ajustició a Atahualpa, a
pesar de que cumplió la promesa de llenar con oro y piedras
preciosas un aposento hasta donde alcanzara su brazo
levantado. Tras una cruenta batalla en que los españoles
masacraron a cientos de aborígenes, el 6 de diciembre de
1534 fundó a San Francisco de Quito (Ecuador) en honor a los
misioneros franciscanos. Teniendo como centro a Quito,
expandió la acción conquistadora. Miles de indianos murieron
ante caballos, espadas, arcabuces, mosquetones y ballestas.
Entretanto, Belalcázar escuchó a un indio que se refería sobre
la existencia de una tierra rica en oro y esmeraldas donde su
rey desnudo, embadurnado en oro molido entraba a hacer
oblaciones en un lago. Le llamaron El Dorado, nombre que en
la imaginación de los conquistadores se hizo fábula de
riquezas que bien podía ser el país de las esmeraldas o la
tierra de la canela. Sobre esta última, los españoles
intentaban buscar inmensas extensiones de canela, que en
aquella época era utilizada como aromatizante, para
74

mantener en buen estado las carnes, acompañante de


bebidas calientes y alcohólicas, ingrediente de diversos platos
y hasta como afrodisíaco. Belalcázar vio allí un destino, por lo
que se aprovisionó de gentes, caballos y pertrechos, gastando
toda su empresa. A comienzos de 1536, don Sebastián de
Belalcázar, procedente del norte de Quito se encontró frente a
un extenso y fértil valle. Era el Valle del Cauca densamente
poblado por tribus guerreras dedicadas al cultivo de maíz, la
caza y la pesca. Los habitantes de las tierras planas ribereñas
eran súbditos de dos importantes caciques, Calambás y
Jamundí, mientras que quienes ocupaban las montañas
obedecían al cacique Petecui. Los tres caciques defendieron
con garra y valor los dominios de la turba invasora dirigida por
Pedro de Añasco y Juan de Ampudia. En la batalla contra el
cacique Petecuy, la mesnada de Belalcázar hizo correr ríos de
sangre indígena, lanzas traspasaron ijares, espadas
cercenaron cabezas, centenares murieron, sin que hubiera
baja alguna entre los hispanos. Sin amenazas de tribus
guerreras, el capitán Belalcázar se dedicó a explorar los
alrededores de Villa Ampudia en busca de su anhelado
objetivo. El 25 de julio de 1536 fundó a Santiago de Cali,
inicialmente establecida al norte de la posición actual, cerca
de Vijes y Riofrío. Bajo órdenes de Belalcázar, el capitán
Miguel Muñoz reubicó la ciudad al lugar actual, donde el
capellán Fray Santos de Añasco ofició, una misa en el lugar
hoy ocupado por la Iglesia de La Merced. La ciudad tiene un
nombre compuesto a la usanza de casi todas las fundaciones
españolas en América. Santiago, uno de los nombres más
difundidos en el continente, gracias a las. devociones de
Santiago de Compostela en España, hace honor al apóstol
Santiago. El nombre de Cali, en cambio, tiene varias lecturas:
puede provenir del idioma paez caly (tejido sin agujas), o
posiblemente hace alusión a uno de los pueblos
rndoamericanos o al nombre que daba a la región y a un río al
sur de la ciudad, Lili (en paez húmedo). También se ha
pensado que fueron indígenas mejicanos al servicio de los
conquistadores quienes dieron el nombre a Cali, del azteca
Calli (casa), o posiblemente sea una palabra de origen
quechua introducida por los indios yanaconas que fueron
75

traídos por el fundador Sebastián de Belalcázar desde


Ecuador, interpretación respaldada por la existencia de una
población indígena de nombre Cali Cali en las proximidades de
Quito. Santiago de Cali es una de las ciudades más antiguas
en Colombia y en el continente americano. Su fundación data
a solo 3 años de la fundación de Cartagena de Indias (1533), 2
años antes de la fundación de Santafé de Bogotá (1538) yY a
26 años de la fundación de la primera población hispánica en
el continente: Santa María la Antigua del Darién (1510),
desaparecida. Seguidamente, Belalcázar se dirige a la
ondulada extensión de los Pubenses, hecho del que puede
derivarse el nombre de la Asunción de Popayán, cuya
fundación fue el 13 de enero de 1537. En una humilde capilla
pajiza, que se levantó, se celebró tiempo después misa
solemne el 15 de agosto, fiesta de la asunción, de donde pudo
surgir la tradición de que la fundación de Popayán sólo vino a
protocolizarse en ese día. A continuación, cruzó el valle del río
Magdalena junto a Gonzalo Jiménez de Quezada y el alemán
Nicolás de Federmann atravesando las alturas centrales de
Colombia y entrando en Santafé de Bogotá. En 1546 ordenó la
ejecución de Jorge Robledo - un gobernador providencial
vecino - en una disputa territorial, algo muy habitual en los
primeros años de la conquista. Fue enjuiciado in absentia,
hallado culpable y condenado a muerte por este crimen, por
los malos tratos contra los indígenas y por participar en luchas
contra los conquistadores. Víctima de su propia ambición,
murió antes de emprender el viaje de vuelta a España, para
apelar la decisión del Tribunal. Belalcázar el arriero,
aventurero, capitán, encomendero, adelantado, mariscal,
gobernador, alguacil y fundador cometió los excesos y
desafueros del conquistador español, bañó de sangre y
saqueó el territorio americano. Junto con Hernán Cortés,
Francisco Pizarro y Gonzalo Jiménez de Quesada
constituyen el grupo más sanguinario y desalmado de
los conquistadores de América- Hispana. La causa de su
deceso es un misterio por falta de documentación adecuada
que permita dar claridad a este episodio. Cansado y fatigado,
la parca lo sorprendió en Cartagena de Indias el 30 de abril de
1551.
76

++++
+++++
Continuará …. (« El fin de la Historia » como que está lejos …) Agosto 9, 2009
-
Continuación, Agosto 10, 2009

Pantxo responde a don Carlos Vidales


De: Carlos Vidales <carlos@bredband.net>
Fecha: 10 de agosto de 2009, 08:40
Asunto: Pantxo responde a don Carlos Vidales
Para: NTC <ntcgra@gmail.com>

Don Carlos:

Mucho agradezco el honor que me hace sumercé escribiéndome cosas


tan bonitas y recomendaciones tan discretas. Tendré en cuenta las unas
y las otras y nunca más diré que sumercé lee a todos esos herejes que
nombra, además del insaciable don Arcipreste de Hita, el travieso don
Arturito Rimbaud, el desenfadado don Francisco de Quevedo y el
malandrín don François Villon, para nombrar solamente algunos de los
autores de su copiosa biblioteca.

Pasaré por alto su interesante comentario sobre el buen hermano


Rabelais, porque estoy de acuerdo con todo lo que dice sumercé. Quiero
más bien concentrar mi asnal atención en lo que me dice sobre el
discurso de don William Ospina y otros detallitos sobre don Sebastián de
Belalcázar, o Benalcázar.

Comparto su opinión sobre el discurso de don William. Pero me inclino a


ser paciente con estas cosas que sumercé critica, porque mi experiencia
de burro me dice que vuestras mercedes, los seres humanos, suelen
demorarse miles de años, más o menos, para entender ciertas cositas
sencillas. Así que dejaré las cosas de ese tamaño. Sí diré, en cambio,
que el discurso me pareció bastante bueno, aunque me produjo una leve
sonrisa de burro eso de que “A mí me basta visitar una comunidad
nativa para entender que no soy indígena, pero me basta ir a Europa
para descubrir que no soy europeo. Y sé que si yo no lo descubro, ellos
se encargarán enseguida de recordármelo”. Porque a mí me basta
colocarme en cualquier lugar de la galaxia o del cosmos infinito para
saber que soy burro, hermano de todos los burros que han existido y
77

existirán por los siglos de los siglos. Y es que los burros no tenemos
clases sociales, somos todos trabajadores proletarios, explotados y
sufridos, hermanos en el trabajo, en el sufrimiento y en la reflexión
filosófica. Vuestras mercedes, en cambio, son ricos o pobres, negos o
blancos o amarillos o indios, superiores o inferiores, nobles o plebeyos,
europeos o miserables cabezas negras, y siempre piensan en esas cosas
de la jerarquía, la importancia social, el lugar que les corresponde o no
les corresponde en la escalera del “orden social”, etcétera. Yo veo todos
los días algunos ejemplares de vuestras mercedes, muy
latinoamericanos, que en su país han sido racistas y despreciado a los
indios y a los negros, ponerse muy furiosos porque los blancos racistas
de Europa los tratan mal, precisamente como ellos, en Latinoamérica,
han tratado a sus compatriotas de otro color. Este es un hecho conocido,
sabido, rumiado y masticado. Pero vuestras mercedes han construido su
inmenso y complejo edificio social poniendo esas estupideces en los
cimientos y tratar de erradicarlas equivale a destruir el edificio social.
¿No es entonces más sensato dedicarse a la tarea de la demolición
revolucionaria o, cuando menos, a la crítica revolucionaria de su
espantosa sociedad?

Pasemos a otra cosa. Lo que sí me ha sorprendido del texto de don


William Ospina sobre el secuestro de don Atahualpa, o Atabálipa, es la
debilidad de la investigación histórica. No es que a mí me importe
mucho, porque yo, como burro, soy más filósofo que historiador y en mi
caja de herramientas, como sumercé dice con tanta gracia, solamente
cabe la sensatez y el sentido común. Eso de andar revolviendo archivos
y descubriendo documentos y “pruebas” le corresponde a sumercé, don
Carlos, y a su fiel secretario el ratón Heráclito. Pero la sola sensatez y el
sentido común exigen que uno aplique, como dice nuestro camarada
Carlos Marx, un insobornable método crítico. Hay que dudar de todo.

¿Por qué presentar a don Atahualpa y sus gentes como “los buenos”
frente a los españoles “malos”? Si don Atahualpa hubiera hecho cosas
horribles –que las hizo–, ¿se justificaría el crimen que los conquistadores
cometieron contra él y su pueblo? ¿Es que tienen razón acaso don
Maniqueo, el babilónico don Hamurabi y el petrolero don Jorge Bush
cuando dicen que todo se reduce a la lucha de “los buenos” contra “los
malos”? Yo no lo creo. Doce años antes de la masacre de Cajamarca, las
tropas del rey don Carlos Quinto, tratando de sofocar la enorme rebelión
comunera de las ciudades y villas castellanas, incendiaron Medina del
Campo y masacraron de esta manera horrible a cuatro mil seres
humanos, la mayoría mujeres y niños. Y no cuento a los burros, los
78

caballos y las gallinas, porque a vuestras mercedes eso no les importa.


Las masacres de represalia cometidas por orden de don Carlos Quinto
contra las poblaciones comuneras fueron horrendas. Una década más
tarde llegaron a tierras de América, en calidad de conquistadores,
muchos de los soldados que se habían ejercitado en esas matanzas y
algunos de los antiguos rebeldes comuneros que se habían ganado el
indulto a condición de participar en la conquista. ¿En qué quedamos
entonces? La historia de las sociedades de vuestras mercedes es la
historia de las luchas de clases. Y las luchas de clases conducen a
sangrientas y pavorosas luchas por el poder.

Observe sumercé que no estoy tratando de justificar el horrendo


asesinato en masa de Cajamarca, que los conquistadores llamaron a
posteriori “batalla”, sino que solamente estoy tratando de argumentar
razonablemente para que vuestras humanas mercedes entiendan que, si
persisten en conservar y defender su sociedad de clases, que han
construido con tan fenomenal codicia y torpeza, será su destino
ineluctable continuar sufriendo y cometiendo esas monstruosidades.

El texto de don William Ospina me parece un buen alegato contra la


crueldad y la injusticia, contra la felonía y la traición. Pero, francamente,
es débil como texto histórico. Nada nos dice de los antecedentes de los
secuestradores ni del secuestrado. Tampoco somete a crítica sus
fuentes: la cifra de siete mil indios “desarmados” es inverosímil, sobre
todo porque los incas se hallaban en plena guerra civil (y en ella
cometían masacres con decenas de miles de víctimas) y porque don
Atahualpa venía de tomar sus baños de primavera, protegido por sus
tropas de corte. Pero también es inverosímil, porque está probado y
documentado que en la plaza de Cajamarca no cabían entonces siete mil
personas. Precisamente, Francisco Pizarro apostó a sus hombres en
torno a la plaza y citó a don Atahualpa allí, como lo relata don Nelson
González apoyado en documentos históricos:

Pizarro reunió a los frailes, al tesorero y a los principales


capitanes en consejo. Y expuso su plan: cuando haya llegado
al centro de la gran plaza triangular, atacarlo
sorpresivamente en medio de sus indios (que no podían
entrar todos en la plaza para defenderlo, por la estrechez de
la única entrada) y hacerlo prisionero.
79

Y como don William no ha hecho crítica de sus fuentes, no nos dice que
existen por lo menos siete versiones diferentes del crimen, si contamos
solamente las que han llegado hasta nuestros días. El examen riguroso
de esas versiones permite comprender los diferentes intereses y
conflictos en juego, tanto dentro del campo de los incas como dentro de
la hueste conquistadora, además de ayudarnos a definir exactamente la
enormidad del crimen. Varias de esas versiones podrían aportar pruebas
–previa investigación seria y concienzuda– para establecer verdaderas
responsabilidades históricas: por ejemplo, si a la luz de los hechos fue
violada la ley española, como lo afirma rotundamente el padre don
Francisco de Vitoria o como se desprende de la carta enviada por don
Francisco de Chaves al rey Carlos Quinto, en 1533, o como se deduce de
la versión de don Blas Valera. No entro en las citas y referencias precisas
de archivo, cosa que corresponde como, ya dije, a sumercé y al ratón
Heráclito. Digo tan solo que los documentos existen, que han sido
estudiados e investigados concienzudamente por la historiadora italiana
doña Laura Laurencich-Minelli, de la Universidad de Bologna, y que
cuando uno quiere describir hechos históricos debe emplear la
metodología de los historiadores.

Un estudio concienzudo, por ejemplo, podría explicar cómo fue posible


que 168 soldados (la cifra varía según las versiones) hayan podido
masacrar al cortejo de un soberano inca que se hallaba en plena guerra
civil. ¿Es que se realizó verdaderamente la cena, el convite, y en su
transcurso fueron envenenados todos los altos dignatarios incas, como
lo afirman Blas Valera y Francisco de Chaves? Si así fuera, el acto
constituiría felonía en la legislación española de la época (no estoy
hablando de actitudes y mentalidades, estoy hablando de leyes) y en tal
caso sería un crimen punible. La versión de los Pizarro, en su
correspondencia con el rey, incluye la acusación de que el inca
preparaba una emboscada. ¿Podrá ser esto verdad, y en tal caso, cómo
se explica que 168 soldados pudieran masacrar a miles de soldados en
preparativos de emboscada? ¿No parece esto más bien un intento de
“blanquear” el crimen? La versión de Juan de Betanzos contiene un
detalle a considerar: según Betanzos, don Atahualpa venía
completamente borracho de sus festividades en los baños termales. Esto
es muy verosímil, porque concuerda con la tradición de beber chicha
copiosamente en tales ocasiones. ¿Explicaría esto la falta de vigilancia
del inca y de su cortejo? ¿Fundamentaría esto la acusación de felonía,
siempre según la ley vigente, contra Pizarro?
80

En fin, estos son algunos de los ejemplos que yo tengo para sostener
que la investigación histórica hecha por don William es débil. Pero lo
más sorprendente, a mi juicio de burro, es la falta de sensatez que pone
de manifiesto cuando repite la boba monserga de los caballos de los
conquistadores, diciendo que los pobres indios estaban estupefactos y
paralizados frente a esas “bestias bicéfalas desconocidas vestidas de
hierro y capaces de hablar”. Vamos, don William, ningún indio es tan
bruto que crea que jinete y caballo son un solo animal, esos son inventos
de gentes ocupadas en presentar a los indios como imbéciles.
Pongámonos serios, hágame el favor.

También me parece falta de sensatez citar al ilustre don David Edwin


Duncan cuando dice que don Atahualpa acudió a la cita con la totalidad
de su aparato de poder (al mismo tiempo que se afirma que todos
estaban desarmados):

«la élite del gobierno de Atahualpa, sus nobles, sus


gobernadores, sus generales, sus sacerdotes y sus adivinos,
los mayores responsables del funcionamiento del gobierno
imperial, cuya súbita muerte en masa significaba un golpe
devastador…”

Estaban en su séquito los nobles de su corte, los jefes militares de su


guardia personal, los sacerdotes de la corte y los funcionarios más
importantes del poder central. No estaban allí los gobernadores de las
provincias, ni los altos generales del ejército, que estaban combatiendo
en la guerra civil contra Huáscar, y que siguieron combatiendo incluso
después del secuestro de don Atahualpa. El Tawantinsuyo no se
desmoronó de la noche a la mañana, como quieren hacernos creer los
propagandistas de la inferioridad indígena. No. Se necesitaron décadas
de horror, de masacres y de graves errores políticos y militares de
ambos bandos, para consumar la más horrible tragedia que jamás hayan
sufrido los pueblos del Perú.

Que lo diga don Sebastián de Belalcázar, o Benalcázar, que siendo mozo


de quince años asesinó a un burro en su pueblo natal (sí, asesinó a mi
primo Manolito Cascos, de manera vil e infame) y para eludir el castigo
se enroló como conquistador porque oyó decir que en América sí se
81

podía asesinar impunemente. Participó en la criminal felonía contra don


Atahualpa (uso el término legal que configuraba este delito). Hasta
donde yo sé, no formó parte del jurado que condenó a muerte a don
Atahualpa y quiero aquí decir, de paso, que un poco menos de la mitad
de ese jurado votó por la absolución del inca, para que vuestras
mercedes entiendan que en la hueste conquistadora había criterios
distintos e intereses diferentes. Se fue el tal Sebastián, sin permiso de su
jefe, a buscar más oro al norte del Perú y fue dejando un reguero de
muertos y cometiendo masacres espantosas. Aniquiló a toda lo
población de El Quinche, hombres, mujeres, ancianos y niños, porque no
tenían todo el oro que él les exigía. Fundó la ciudad de Quito (diciembre
6, 1534) y ordenó la destrucción de todas las viviendas de los indígenas
del lugar para asegurar el asentamiento de los soldados y colonos
españoles, anticipándose en casi cinco siglos a los métodos de los
sionistas en Palestina. Entretanto, el general inca Rumiñahui, el más alto
jefe militar de don Atahualpa, que seguía combatiendo después de la
muerte de su soberano, también cometía horrendas masacres de gente
indígena indefensa, a la que acusaba de colaborar con los
conquistadores: en el valle de Pomasqui, por ejemplo, asesinó a más de
4.000 seres humanos.

Y el resto ya lo saben vuestras mercedes: entró a tierras de la Nueva


Granada, continuó cometiendo atrocidades, fundó la ciudad de Cali y
hoy tiene una estatua de héroe y se le rinde culto y veneración, vaya
uno a saber por qué maldito motivo.

Habrá que recordar, finalmente, que después de la felonía cometida


contra don Atahualpa, los criminales comenzaron a arrepentirse. El
cronista Oviedo, que estuvo al servicio de los felones y aplaudió en su
hora el crimen, escribía:

“La experiencia ha mostrado cuán mal acordado y peor


hecho fue todo lo que contra Atahualpa se hizo… en de
quitar la vida; con lo cual, además de deservirse de Dios,
quitaron a nuestro Señor Emperador y a los mismos
españoles innumerables tesoros que aquel príncipe les diera;
y ninguno de sus vasallos se moviera ni alterara, como se
movieron y alteraron en faltando su persona. Notorio es que
el Gobernador [Pizarro] le aseguró la vida… Todo aquello fue
rodeado por malos y por la inadvertencia y mal consejo del
82

Gobernador; y comenzaron a le hacer proceso mal


compuesto y peor escrito, siendo uno de los adalides un
inquieto, desasosegado y descompuesto clérigo, y un
escribano falto de conciencia y de mala habilidad.”

Todo esto era otra felonía. Pizarro, el fraile Valverde y el tesorero real,
Riquelme, habían comenzado a echarse la culpa de la felonía los unos a
los otros, concientes de la enormidad de su crimen, y Oviedo escribía
por encargo de Pizarro.

Esto es, don Carlos, lo que yo no había querido manifestar porque


considero que sumercé y el ratón Heráclito son los encargados de citar
papeles y roer archivos. Pero ya que está sumercé tan entusiasmado con
aquello de “in vino veritas”, lo he tenido que hacer yo mientras sumercé
se divierte con la botella.

Reciba sumercé mi rebuzno más distinguido.

Pantxo el Orejón

Estocolmo, 2009-08-10

Carlos Vidales

http://hem.bredband.net/rivvid/

http://luisvidales.blogspot.com/

http://losimportunos.wordpress.com/
++++

Continuará …. (« El fin de la Historia » como que está lejos …) Agosto 10, 2009
.....
83

COMPILADOR

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ntcgra@gmail.com . Cali, Colombia.
Primera edición virtual: Agosto 7, 2009. Actualizada: Agosto 9, 2009
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virtuales.blogspot.com/

NTC … y NTC ... Ediciones virtuales agradece a los autores y a los participantes
en el diálogo.