FOTOS DOMINGO GIRIBALDI

Si no vuelvo, búsquenme en Putis If I don’t come back, look for me in Putis

FOTOS DOMINGO GIRIBALDI

Si no vuelvo, búsquenme en Putis If I don’t come back, look for me in Putis

Proyecto / Project EPAF (Equipo Peruano de Antropología Forense) Concepto / Concept José Pablo Baraybar Fotografía / Photography Domingo Giribaldi del Mar Curador / Artistic Advisor Roberto Huarcaya Diseño Gráfico/ Graphic Design Carlos Abril de Vivero Impresión / Print Remanso Ediciones EIRL Coordinación General / General Coordination Mari Carmen Arata Traducción / Translation Rebeca Blackwell Patrocinadores / Sponsors AECID, Centro Cultural de España en el Perú Comité Internacional de la Cruz Roja Creative Learning The Advocacy Project Foto de carátula / cover photo Putis punqu (Puerta de Putis)/Entrance to Putis Página anterior / Previous page Piscigranja de la muerte / Fish farm of death

Putis es un caserío rural al sur del Perú. Se encuentra localizado en el
Distrito de Santillana, Provincia de Huanta en la Región Ayacucho. “Según un informe preparado por la Comisión de la Verdad y Reconciliación, el grupo subversivo Sendero Luminoso tuvo una activa presencia en la Provincia de Huanta desde que estalló el conflicto armado interno en el Perú en 1980. En 1983, Sendero Luminoso asesinó al teniente gobernador de Putis, Santos Quispe Saavedra, y llevó a cabo actos similares de violencia en las localidades cercanas; como resultado, los pobladores de Putis se vieron forzados a buscar refugio en las montañas. Para evitar esta amenaza, las Fuerzas Armadas establecieron una base militar en Putis en noviembre de 1984 y convocaron a todos los refugiados a volver a la comunidad. A su regreso, en diciembre de 1984, los militares ordenaron cavar un foso a los hombres de la comunidad, luego reunieron a toda la población a su alrededor, ejecutaron a cada uno de ellos con armas de fuego y los enterraron en el hoyo excavado. Se cree que la razón de estas ejecuciones fue el hecho de que se consideraran sospechosos a los habitantes de Putis de simpatizar con Sendero Luminoso así como la intención de apropiarse y vender el ganado de la comunidad. El número total de víctimas es estimado en 123 hombres y mujeres pertenecientes a los poblados de Cayramayo, Vizcatánpata, Orccohuasi y Putis; 19 de ellos eran menores de edad. La Comisión de la Verdad y Reconciliación ha identificado dos fosas comunes en Putis, una a la espalda de la iglesia y la otra dentro de la escuela. Algunos habitantes de Putis sobrevivieron a la masacre permaneciendo en las montañas, en donde se quedaron hasta que algunos de ellos retornaron en 1997; hacia el año 2002 unas diez familias vivían en Putis. En mayo del 2008, un grupo de investigadores forenses empezó tardíamente la exhumación de las fosas comunes de Putis, siguiendo la recomendación que la Comisión de la Verdad y Reconciliación hiciera en el 2003 de investigar todos los lugares donde pudieran haber ocurrido tales masacres. Cerca de 50 familiares de las personas asesinadas se sumaron a los investigadores para presenciar la recuperación de los restos de sus familias.”

http://es.wikipedia.org/wiki/Putis

Putis is a rural hamlet in Southern Peru. It is located in the Santillana
District of the Huanta Province in the Ayacucho Region. “According to a 2003 report by the Peruvian Truth and Reconciliation Commission, the guerrilla group Shining Path was very active in the Huanta Province since the start of the Internal conflict in Peru in 1980.During 1983, Shining Path murdered the lieutenant governor of Putis, Santos Quispe Saavedra and carried out similar acts of violence in nearby towns; as a consequence, the inhabitants of Putis were forced to seek refuge in the nearby mountains. To parry this threat, the Peruvian Army established a military base in Putis in November 1984 and called on all refugees to return to the town. Upon their return, on December 1984, the military ordered the men of the community to dig a pit, then gathered the local population around it, executed all of them with gunfire and buried them in the excavated pit. It is believed that the reasons for these executions were suspicions that the inhabitants of Putis were sympathetic to Shining Path and a desire to steal and sell the cattle of the community. The total number of victims is estimated at 123 men and women from the towns of Cayramayo, Vizcatánpata, Orccohuasi and Putis; 19 of those murdered were minors. The Truth and Reconciliation Commission identified two mass graves in Putis, one behind the church and the other inside the school. Some persons from Putis survived the massacre by staying in the mountains, where they remained until a few of them returned in 1997; as of 2002 some ten families lived in Putis. In May 2008, a group of forensic investigators began the exhumation of the Putis mass graves belatedly following a 2003 recommendation by the Truth and Reconciliation Commission to investigate all such massacre sites. Around 50 relatives of the persons killed joined the investigators to watch the recovery of their family members remains.”

http://es.wikipedia.org/wiki/Putis

Exhibición en Huanta / Exhibit in Huanta

El desaparecido es pero no está.

Los lugares que frecuenta están vacíos, salió y aun no vuelve. Los objetos de su cotidiano, la ropa que lo abriga, el lecho que lo acoge, yacen en el mismo lugar donde los dejó, inmóviles, desposeídos, casi abandonados. Todo espera por su dueño. El tiempo cumple su cometido y avejenta, enmohece las cosas, lo transforma todo, lo vuelve decrépito e inservible. Si algo tuvo vida se vuelve mustio, seco. El tiempo crea un invierno permanente.

Los desaparecidos son pero no están.

Se encuentran bajo tierra o bajo una lluvia inclemente, tienen hambre como nosotros, sienten frío, sienten calor, nos miran pero no los vemos, nos hablan pero no los escuchamos. Se preguntan sobre su futuro, un presente que no acaba nunca. Murmuran ahí, bajo ese árbol de cantuta. Los vivos, los que están, los que no se fueron, los recuerdan y los mantienen en este lado del mundo, el mundo de todos los días. Los piensan, les hablan, les cuentan sus penas; la de la madre angustiada por no saber, la del hermano menor que no tuvo al mayor para defenderlo, la de la hermana a la que nunca pudo cuidar ni celar. Entre ellos se entienden, murmuran cosas jamás escuchadas, códigos desconocidos para nosotros. Acarician sus ropas, las que algún día hicieron, lavaron y plancharon. Sus hilos les susurran cosas al oído, las hebras, la trama, la urdimbre, los puntos y las costuras. Sus colores son siempre intensos, ni el invierno implacable ha podido reducirlos a manchas de tierra. Los vivos, los que están, traen a sus desaparecidos de regreso, a una sala, a un patio de escuela, a una plaza, a un pedazo de puna gélida. “¿Será esta manga la que cubre este hueso?, ¿será este hueso el que forme este brazo? ¿Será este diente el que le falta a esta sonrisa? Tenemos que reconstruir, pegar, componer pero, ¿podremos devolver la vida, la sonrisa, la armonía a esas formas, la agilidad a ese brazo?” No hay más pedazos de mundo o de persona en los Putis de nuestro país, no hay más dolor y silencio que en las profundidades de la tierra. Putis es el Perú. Un país, un espacio, un terruño, un lugar de oportunidades y de ansias, un infierno chico en una pampa grande. Un país de colores que los desaparecidos y los suyos ven en blanco y negro, una bandera en el firmamento pero no “a media asta”. Estamos en un cementerio. Esto no es un rincón, es una tierra de muertos. Aquí, hasta las flores rojas de la cantuta se tornan grises y opacas. El Perú es Putis. Solo nosotros podemos devolverle los colores perdidos. Solo nosotros podemos devolver la calidez a los que se quedaron atrapados en ese invierno helado donde crece un pasto estoico que ni el viento de la tarde puede marchitar. Solo nosotros podemos traerlos de regreso. Para que sigan siendo, para que sigan estando, para que aunque solo huesos, ropa o sonrisa sin diente puedan reencontrarse con los que aún no pierden la esperanza de hallarlos.

The one who disappeared is, but not here.

The places he goes are empty; he left and has not come back. His daily objects, the clothes that keep him warm, the bed that shelters him, all lie in the same place he left them, immobile, dispossessed, almost abandoned. They all wait for their owner. Time fulfils its duty, aging things, spreading mould, transforming all, till it is decrepit and useless. If something had life, it withers, turns dry. Time creates a permanent winter.

Those who disappeared are, but not here.

They are below the ground or under the inclement rain, they are hungry like us, they feel cold, feel heat, they look at us but we don’t see them, they speak but we don’t listen. They asked out their future, a present that never ends. They murmur over there, under that cantuta tree. Those who live, those who are here, those who never left, remember them and keep them on this side of the world, the world of every day. They think of them, speak to them, tell them their sorrows; that of the mother anguished by not knowing, of the younger brother who had no one to defend him, of the sister he never could care for or protect. They understand each other, murmur unheard things, codes unknown to us. They caress their clothes, those they once made, washed and ironed. The threads whisper in their ears, the strands, the weave, the yarn, the stitches and the seams. Their colours are always intense, not even the implacable winter has reduced them to stains of dirt. Those who live, those who are here, bring their disappeared ones back, to a room, a school patio, a town square, to an arid piece of frigid high plateau. “Is this the sleeve that covers this bone? Does this bone form this arm? Is this tooth the one this smile is missing? We have to reconstruct, paste and compose, but can we bring back life, the smile, the harmony of those shapes, the agility of that arm?” There are no more pieces of world or of person in the Putis of our country, there is no more pain and silence than in the depths of the earth. Putis is Perú. A country, a space, a piece of ground, a place of opportunities and anxieties, a small hell in a vast plain. A country of colours that the disappeared ones and their own see in black and white, a flag in the firmament but not at half-mast. We are in a cemetery. This is not a small corner, it is a land of the dead. Here, even the red flowers of the cantuta turn grey and dull. Perú is Putis. Only we can give it back the lost colours. Only we can give back the warmth to those who were trapped in that icy winter where the stoic grass grows, the grass that not even the afternoon wind can wither. Only we can bring them back. So they can continue being, so they can be here, so that though just bones, clothes or toothless smiles, they can meet again with those who have not yet lost the hope of their finding.

José Pablo Baraybar Director Ejecutivo / Executive Director
Equipo Peruano de Antropología Forense

Allí está la bandera peruana. Recuerdo tantos domingos en las comunidades ayacuchanas, cuando nos reuníamos en la pampa para izar la bandera y entonar el Himno Nacional. Al ver esta misma bandera ondeando sobre la exhumación en Putis me enfrento tanto con la denuncia como con la esperanza.
En la entrega del Informe Final de la CVR, el doctor Salomón Lerner planteó una pregunta retórica: “En efecto, los peruanos solíamos decir en nuestra peores previsiones, que la violencia había dejado 35 mil vidas perdidas. ¿Qué cabe decir de nuestra comunidad política, ahora que sabemos que faltan 35 mil más de nuestros hermanos sin que nadie los eche de menos?”. Y digo retórica porque la respuesta yace en el perfil de quienes murieron: eran en su gran mayoría campesinos quechuahablantes, gente que –en el imaginario nacional— pasó desapercibida durante su vida y fue aún más ignorada luego de su muerte. Pero solamente en el imaginario nacional. Sus seres queridos nunca los olvidaron y los siguen recordando ahora al tocar su ropa, sus huesos; al ver un zapato, tan chiquito pero capaz de contener tanto dolor. Sobre los plásticos azules está la evidencia material de los seres queridos fallecidos. Sí, pueden haber estado ausentes en la historia nacional sobre el conflicto pero siempre estarán presentes en los recuerdos de aquellos que los querían. Cuando los forenses exhuman las fosas en Putis, también están exhumando al Estado Peruano. Al recuperar los restos, existe la posibilidad de recuperar al Estado después de tantos años de indiferencia frente a la gente más marginada del país. Esta posibilidad existe en la medida que el Estado finalmente acepte que las Fuerzas Armadas cometieron algo más que “excesos y errores” durante la lucha contrainsurgente: un pequeño zapato los acusa. Al abrir las fosas en el campo ayacuchano, el Estado debería abrir su propia investigación sobre los militares responsables de esos delitos: hacerlo sería un paso importante en el largo proceso de democratizar la democracia peruana. Y también sería una respuesta para los muchos campesinos que todavía están esperando “un poco de justicia”. Durante la Audiencia Pública de la CVR en Huanta, Abraham Fernández, de Chaka, concluyó su testimonio con estas palabras: “Tal vez dentro de una generación nuestros hijos serán peruanos”. Una vez más, recuerdo los domingos y la bandera y quisiera que la espera no sea tan larga.

There flies the Peruvian flag. I remember many Sunday mornings in communities throughout Ayacucho, when we would gather in the field to raise the flag and sing the National Anthem. Seeing this same flag waving above the exhumation in Putis, I am confronted both by an accusation and with hope.

During the presentation of the Peruvian TRC’s Final Report, Dr. Salomón Lerner posed a rhetorical question: “In effect, we Peruvians used to say, in our worst estimates, that the violence had left 35,000 dead. What does it say about our political community now that we know another 35,000 of our brothers and sisters were missing and we never even noticed they were gone?” I say “rhetorical” because the answer lies in the demographics of those who died: they were overwhelmingly Quechua-speaking peasants, people who — in the national imaginary — had counted for little during their lives and went largely unaccounted for in their deaths. But only in the national imaginary. Of course their loved ones never forgot them and continue to remember them now as they touch their clothes, their bones — when they see a child’s shoe, so small yet capable of containing so much sorrow. Laid out on the blue plastic tarps is the material evidence of their dead loved ones. Yes, they may have been absent in the national history of the conflict, but they will always be present in the memories of those who loved them. When the forensic anthropologists exhume the mass graves in Putis, they are also exhuming the Peruvian State. In recovering these remains, there exists the possibility of recovering the Peruvian state following many years of indifference to the most marginalized people in this country. The possibility exists if the state finally accepts that the armed forces committed much more than “excesses and errors”: a tiny shoe accuses them. As the mass graves that lay scattered throughout Ayacucho are opened, the state should open its own investigation into the military officials responsible for these crimes: doing so would be an important step in the long process of democratizing the Peruvian democracy. It would also be a response to the many campesinos who are still waiting for “a bit of justice.” During the TRC’s Public Audience in Huanta, Abraham Fernandez from the community of Chaka finished his testimony with these words: “Perhaps in a generation our children will be Peruvians. Once again I remember those Sunday mornings and the flag, and hope the wait will not be so long.

Kimberly Theidon

Antropóloga médica, Facultad de Antropología, Universidad de Harvard Medical Anthropologist, Department of Anthropology, Harvard University Directora de Praxis: Instituto para la Justicia Social Executive Director, Praxis Institute for Social Justice

Holocausto peruano. En las fotos la masacre continúa. Apela a nuestros sentidos de la justicia y de la compasión. Las fotos aportan el contexto humano del cual la sociedad ha privado a las víctimas: los asesinos no se reconocen en su propia obra, los conciudadanos no tenemos capacidad suficiente de reconocernos en ese espejo cercano que son las víctimas, quienes podrían hacer algo están paralizados por la idea de que no pueden hacer nada. Así, sin abrazo humano que la restañe, la masacre de los muertos no puede sino prolongarse en la masacre de los vivos. Las fotos buscan que el testimonio de lo sucedido no se apague en la voluntad de nuestros corazones, que se detenga en cambio el proceso de indiferencia con que solemos responder a aquello que pensamos inevitable. Peruvian holocaust. In the photos the massacre continues. It appeals to our senses of justice and compassion. The photos offer the human context society has denied the victims. The assassins do not recognize themselves in their own work. We, the fellow citizens, do not have capacity enough to recognize ourselves in the close mirror which is the victims. Those who could do something are paralyzed by the idea that they cannot do anything. In this way, without a human hug to stop the bleeding, the massacre of the dead can only prolong itself in the massacre of the living. The photos seek to ensure that the testimony of what happened is not silenced by the will of our hearts, that what is stopped instead is the process of indifference with which we usually respond to what we consider inevitable.
Mirko Lauer
Columnista del diario La República y co-director de la revista Hueso Húmero, Lima, Perú Columnist at La República, a Peruvian daily and co-editor of Hueso Húmero, an arts and letters journal.

Los que quedamos vivos. Las ropas han salido a la luz pero ¿qué es lo que continúa
oculto? Los pobladores de Putis siguen siendo víctimas del desinterés nacional. Una notable investigación en curso sobre el principal periódico del país revela que la calle Berlín, en Miraflores, mereció casi cuatro meses de seguimiento periodístico (con alrededor de 30 artículos y más de 5 apariciones en portada) mientras que los 123 fusilados en Putis, Ayacucho, solo aparecieron, en el mismo periodo de tiempo, en cuatro notas pequeñitas.

¿Tenemos los peruanos la capacidad de sentirnos interpelados y de cambiar nuestros puntos de vista? ¿Existe en el Perú la voluntad de asumir lo peor de nosotros mismos –lo más degradado de nuestras instituciones- y de reconfigurarnos como comunidad nacional? Cada vez que un nuevo presidente de la república, un nuevo ministro de defensa o cualquier líder político insiste en negar lo sucedido, los muertos del conflicto armado, los fusilados de Putis, vuelven a morir nuevamente.

Las fotos de estas vestimentas expuestas como testimonios del horror dan cuenta de que algo está retornando en el país y ese regreso no necesariamente implica una pura reproducción de la muerte. Esas ropas son, en efecto, como espectros que retornan del pasado para decirnos algo sobre el futuro: nos sitúan, sin duda, ante una nueva oportunidad para construir un sentido diferente de la vida en el Perú. Los principales dirigentes terroristas están presos y están pagando por todo lo que hicieron. Pero, ¿qué paso en Putis? ¿Qué pasó en el cuartel “Los Cabitos”? ¿Por qué había un horno ahí? Cada vez que las autoridades se resisten a explicarnos lo sucedido y a reparar, como deberían hacerlo, los peruanos seguimos matándonos entre nosotros.

We who remain alive. The clothes have been brought to light, but what is it that remains hidden? The inhabitants of Putis continue to be victims of national disinterest. Noteworthy research underway on the country’s leading newspaper reveals that roadrepair works in Miraflores deserved almost four months of journalistic coverage (with about 30 articles and more than 5 front page stories) while over the same period the 123 people shot in Putis, Ayacucho, only appeared in four tiny news items.
Are we Peruvians capable of feeling questioned and of changing our points of view? Do we have in Peru the will to take on the worst of ourselves –the most degraded features of our institutions– and to reconfigure ourselves as a national community? Each time a new president of the republic, a new minister of defense, or any other political leader, insists on denying what happened, the dead from the armed conflict, those shot in Putis die once again. The photos of these clothes exhibited as witness of the horror indicate that something in the country is coming back and that this return doesn’t necessarily imply a simple reproduction of death. Those clothes are, in effect, like ghosts that return from the past to tell us something about the future: they place us, without a doubt, before a new opportunity to build a different meaning for life in Peru. The principal terrorist leaders are in jail and are paying for everything they did. But what happened in Putis? What happened at “Los Cabitos” army base? Why was there an oven there? Each time the authorities refuse to explain to us what happened and to repair it, as they should, we Peruvians continue killing each other.

Víctor Vich

Coordinador de la Maestría en Estudios Culturales en la Pontificia Universidad Católica del Perú e investigador del Instituto de Estudios Peruanos (IEP) Coordinator of Cultural Studies MA at the Pontificia Universidad Católica del Perú and researcher at the Instituto de Estudios Peruanos (IEP)

Si no vuelvo, búsquenme en Putis

Putis es el Perú / Putis is Perú

Putis

If I don’t come back, look for me in Putis

Tendido al tiempo / Clothing hanging in time

Salón Comunal / Communal room

La salida / The exit

El juego de la vida / The game of life

Wasicha (Mi Casita) / My home

Mi Puerta / My door

Fogón / Hearth

Chompita de lazo rojo / Baby sweater with red ribbon

Embalaje I / Packing I

Embalaje II / Packing II

Pili Mili / Hair elastic

Rosa / Rose

El zapato / The shoe

Corazón de Jesús / The heart of Christ

Anillos / Rings

Embalaje III / Packing III

Zapatos / Shoes

Exhibición en Huanta / Exhibit in Huanta

Si no vuelvo búscame en Putis If I don’t come back, look for me in Putis Mana kutimuptiyqa maskaykmuway Putis llaqtapi (Quechua)
Canción. Género: Huayno / Song. Music genre: Huayno

Telésforo Huashuayo Ramos

Me estoy yendo al pueblo de Putis, estoy yendo al pueblo de Putis, para ver a mis hermanitos, para ver a mis hermanos y hemanas. I’m on my way to the town of Putis, I’m on my way to the town of Putis, to see my little brothers, to see my little brothers and sisters. Putis llaqtatam ripukullachkani, Putis llactatam pasakullachkani, hermanuchallaykuna qawaykuq, wawqi panillaykuna qawaykuq Regresaré, cómo será, volveré cómo será, todavía no lo sé, todavía no lo presiento. I will come back how will it be, I will return how will it be. I still don’t know, I still can’t foresee. Kutimusaqchu imaynaya, vueltamusaqchu imaynaya, manallaraqmi yachakunichu, manallaraqmi musiakunichu. Si ya no regreso, si ya no vuelvo, búscame en el pueblo de Putis, búscame debajo de la flor de cantuta, tras del campanario, tras de la iglesia. If I don’t yet return, if I don’t yet come back, look for me in the town of Putis, look for me under the cantuta flower, behind the bell tower, behind the church. Sichu manaña kurtimusaqchu, sichumanaña vueltamusaqchu Putis llacctapim maskaykuwanki qantu waytapa sikichallampi, campanariupa qipachallampi iglesia wasipa qipachallampi. Si ya no me encuentras, si ya no me encuentras, abre el corazón de la tierra, búscame debajo de la tierra. If you can’t yet find me, if you can’t yet find me, open the heart of the earth, look for me under the earth Manaña, manaña tarillawaspaqa allpapa sunqunta aspiykuy, allpapa ukunta maskaykuy. Fuga / Fugue Hermano mío no me vayas a olvidar, hermano y hermana nunca me olviden; en el fondo de tu corazón siempre me vas a guardar, estés donde estés guárdame en tu memoria. My brother don’t you forget me, brother and sister never forget me; deep in your heart, you will always keep me, wherever you may be, hold me in your memory. Hermanullay amama qunqaruwankichu, wawqipanillay ama qunqaruwankichu, sunquyki ukupim uywakullawanki, yuyaynikipin uywakullawanki, maypiña chaypiña kaspapas.

Prendas de niño / Children’s clothes

Prendas de mujer / Women’s clothes

Paisaje final / Final scenery

Prendas de niño / Children’s clothes

Ropa en Mashuacancha / Clothing in Mashuacancha

Prendas I / Clothing I

Prendas II / Clothing II

Dos juegos de prendas / Two sets of clothes

Chompa con diseño / Sweater with design

Ojo: Falta foto

Iglesia, flor de la Cantuta y fosa común / Church, Cantuta flower and the mass grave

Tocador / Dresser

Domingo Giribaldi, fotógrafo profesional con más de dieciocho años de experiencia en el
campo de la fotografía documental y periodística. Su cámara ha registrado los acontecimientos más importantes ocurridos en el país en las últimas dos décadas. Desde el retrato político hasta la marcha callejera, la vida cotidiana de los diversos sectores de la ciudad ha sido capturada por su lente. Sus fotografías han sido expuestas en diversas muestras colectivas y han sido publicadas en casi todos los medios impresos del país. En el año 1993, mientras el Perú atravesaba una de las etapas más violentas de su historia, se desempeñó como reportero gráfico para la Revista Sí integrando el equipo que investigó y descubrió el caso La Cantuta. Convencido de que la labor que realiza el EPAF requiere de toda la cobertura y apoyo posibles, se unió al viaje que el equipo realizó para identificar a las víctimas encontradas en la fosa común descubierta meses atrás. Esa es la experiencia que narran estas fotografías.

Domingo Giribaldi is a professional photographer with more than eighteen years of experience in

the field of documentary photography and journalism. He has photographed many of the main developments in the country during the last two decades; from political portraits to political demonstrations, his lens has captured the daily life of various sectors of the city. His photographs have been exhibited in several group shows and have been published in almost all print media in the country. In 1993, while the country was going through one of the most violent phases of its history, he worked as photographer for the magazine, Si, and headed the team that investigated and discovered the case of La Cantuta. Convinced that the work of EPAF deserves all possible support and coverage, he joined the team when they went to several towns in Ayacucho to identify the clothing and personal belongings of the victims recovered from the mass grave; this pictures narrate the experience.

El Equipo Peruano de Antropología Forense (EPAF), fundado en 1997, es una asociación civil sin fines de lucro con sede en Lima, Perú, que aplica la antropología forense a la búsqueda de víctimas de desaparición forzada durante el periodo de violencia política interna, entre los años 1980-2000. El EPAF es miembro de la Coordinadora Nacional de Derechos Humanos y proporciona su experiencia forense a organizaciones del Estado y la Sociedad Civil. El EPAF tambien se dedica a la defensa del Derecho a Saber de las victimas y a la promocion del uso de las ciencias forenses en la investigacion de violaciones a los Derechos Humanos. En el Peru el número estimado de personas desaparecidas durante el periodo de violencia interna entre 1980-2000 supera los 15,000 y miles de fosas comunes han sido reportadas. A 25 años de la primera desaparición, la mayoria de familiares siguen esperando alguna informacion sobre sus seres queridos. El EPAF trabaja para ayudar a las familias a cerrar su ciclo de duelo. Equipo Peruano de Antropología Forense
(EPAF), begun in 1997, is a non-profit civil society organization based in Lima, Peru, that applies forensic anthropology to the search for forcibly disappeared persons during the period of internal political conflict in Peru from 1980 to 2000. EPAF is a member of Coordinadora Nacional de Derechos Humanos and provides forensic expertise to governmental and non-governmental organizations. The team is also involved in advocating for the Right to Know of the Victims and increasing awareness of the use of forensic investigation in cases of Human Rights violations. In Peru, recent estimates of missing and disappeared persons resulting from the period of internal violence from 1980-2000 are over 15,000 and thousands of grave sites have been reported. Twenty-five years after the first disappearance, the majority of relatives are still waiting for information about their loved ones. It is in an effort to provide closure to the families that EPAF dedicates its expertise.

Esta exposición no sería posible sin el entusiasmo y el apoyo moral, financiero y logístico de muchas personas e instituciones. Agradecemos a Roberto Huarcaya, Mari Carmen Arata y Domingo Natteri por aceptar la propuesta y poner a nuestra disposición el Centro de la Imagen, en Lima. Al Comité Internacional de la Cruz Roja (CICR), por su apoyo decisivo con la impresión de las fotografías para la muestra en Lima. A ellos nuestro profundo agradecimiento. A Ricardo Ramón, director del Centro Cultural de España, que aportó sus ideas en el planteamiento de la muestra y proporcionó el apoyo económico para la impresión del catálogo y los afiches. A Gabriela Ezeta y Rebeca Blackwell, que contribuyeron con su tiempo y energía en la edición y traducción de textos, sin ellas no lo hubiéramos logrado. Queremos agradecer el apoyo de Creative Learning en Washington, D.C. por el financiamiento de las fotos que serán exhibidas en los Estados Unidos; a Ash Kosiewicz, de la Universidad de Georgetown e Iain Guest, director ejecutivo del Advocacy Project, quienes han jugado un papel central en la organización de la muestra en Washington D.C. Un agradecimiento especial merecen las personas que apoyaron con detalles indispensables y en muchos casos impensables: Carmen Rosa Cardoza, Silvia Macciotta, Vanessa Parodi, Mishelle Ramos, Rocío Silva Santisteban. A Ellen Salter-Pedersen, nuestra profunda gratitud. A Ricardo Wiese por sus sabios consejos. A Pepe Corzo por su asesoría en el montaje. A Rodolfo Guija de Sign Design por su desinteresado respaldo con las gigantografías. A Johnny Chávez y Mayra Alpiste por su labor de impresión de las fotografías. Los trabajos del EPAF en Putis fueron realizados gracias al generoso apoyo de la Oficina de Democracia, Derechos Humanos y Trabajo (DRL) del Departamento de Estado de los Estados Unidos de Norteamérica. Nuestro agradecimiento a todos los compañeros del EPAF que lograron con su trabajo desenterrar la verdad en Putis. Finalmente, a los sobrevivientes de esta masacre, a quienes va dedicada esta exposición. This exhibit would not have been possible without the enthusiasm and the moral, financial and logistical support of many people and institutions. We thank Roberto Huarcaya, Mari Carmen Arata and Domingo Natteri for accepting the proposal and making available the Centro de la Imagen, in Lima. We thank the International Committee of the Red Cross (ICRC) for the decisive support they have given us by printing the photographs in Lima and Ricardo Ramon, Director of the Cultural Centre of Spain for providing us with ideas for the exhibition and giving us financial support by printing the brochure and posters. We also wish to express our gratitude to Gabriela Ezeta and Rebeca Blackwell who volunteered their time and energy for editing and translating the texts. We want to thank Creative Learning in Washington, D.C. for their generous contribution of printing the photographs that will be exhibited in the United States. Ash Kosiewicz, from Georgetown University and Iain Guest, executive director of the Advocacy Project played a crucial role in organizing the exhibition in Washington D.C. A special acknowledgement is extended to those whose support, with essential and sometimes unthinkable details, made this possible: Carmen Rosa Cardoza, Silvia Macciotta, Vanessa Parodi, Mishelle Ramos and Rocío Silva Santisteban. To Ellen Salter-Pedersen our deepest gratitude. We thank Ricardo Wiese for his witty and wise advice; Pepe Corzo for his help with the installation of the exhibit; Rodolfo Guija, from Sign Design, for his selfless help with the banners; Johnny Chávez and Mayra Alpiste for their excellence with the prints. The work of EPAF in Putis was carried out thanks to a generous grant from the Bureau of Democracy, Human Rights and Labor (DRL) of the Department of State of the United States of America. Our gratitude to our fellow co-workers at EPAF whose work allowed the truth to be unearthed at Putis. Finally, to all the survivors of this massacre to whom this exhibition is dedicated.

C O MI T E

ER INT N

IO AT
N AL

G

ENEVE

CICR
THE ADVOCACY

PROJECT

Georgetown University Center for Latin American Studies

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