LOS ORÍGENES DE ROMA ENEAS Mientras apacentaba su rebaño en el monte Ida, el troyano Anquises recibió la visita de Venus.

De su unión nació Eneas, quien por voluntad de los dioses habría de salvarse de la destrucción de Troya y reinar sobre los troyanos. Y así sucede: el héroe, tras perder a su esposa Creúsa, huye de la ciudad con su hijo Ascanio, llevando a cuestas a su anciano padre, Anquises. A continuación permanece un tiempo en el monte Ida, desde donde parte hacia Occidente con todos los supervivientes. La larga travesía de dos años lleva al grupo de troyanos hasta las costas del Lacio (Latium), en la Italia central. Allí se le aparece el dios río Tíber, quien le anuncia que tierra adentro se encontrarán con una cerda blanca amamantando a treinta lechones, y que en ese lugar Ascanio habrá de fundar treinta años más tarde una ciudad.

En el país Eneas establece una alianza con Latino, rey de los aborígenes, para combatir contra los rútulos, otro pueblo indígena. Después de dar muerte a su rey Turno, Eneas se casa con Lavinia, hija de Latino, y da su nombre a la ciudad que funda en el Lacio, Lavinio. De este segundo matrimonio nació Silvio. Tras la desaparición de Eneas en medio de una tempestad, Silvio queda al mando de Lavinio y no lejos de allí, en las proximidades de los Montes Albanos, su hermanastro Ascanio funda Alba Longa, donde reina durante treinta y ocho años. Al morir sin descendencia, Silvio abandonó Lavinio y ocupó el trono de Alba. RÓMULO Y REMO Después de Silvio gobernaron sucesivamente once reyes, el último de los cuales, Procas, tuvo dos hijos, Númitor y Amulio. El primogénito se quedó con el reino y Amulio con los tesoros, gracias a los cuales pudo derrocar a su hermano. Para asegurarse de que nadie le reclamara el trono, convirtió a Rea Silvia, hija de Númitor, en vestal, sacerdotisa de la diosa Vesta obligada a conservar la virginidad. Sin embargo, mientras buscaba en el bosque agua para los sacrificios, Rea fue seducida por Marte. De esa unión nacieron Rómulo y Remo, que por orden de Amulio fueron abandonados en el Tíber. Una crecida del río llevó la canasta aguas arriba, dejándola varada en la orilla, junto a una colina llamada Palatino. Allí fueron amamantados por una loba hasta que un pastor, Fáustulo, los encontró. 1

Los dos gemelos son criados por el pastor y su mujer, y durante su juventud se dedican al pastoreo y el bandolerismo. Un día Remo se enfrenta con unos pastores albanos que apacientan su ganado en la colina de Aventino, y es conducido como prisionero a Alba Longa. Entonces Fáustulo pone a Rómulo al tanto de sus orígenes y le pide que vaya en busca de su hermano. Rómulo no sólo libera a Remo, sino que además da muerte a Amulio y restituye en el trono a su abuelo Númitor. A continuación, los hermanos deciden fundar una ciudad en la zona en que fueron salvados por la loba, pero dado que no se ponen de acuerdo sobre el punto exacto, siguen el consejo de Fáustulo, quien les propone atender a los presagios. Rómulo se instala en el Palatino, y Remo en el Aventino. Éste ve seis buitres y aquél doce, de modo que a Rómulo le corresponde fundar la ciudad. Mientras traza con un arado tirado por dos bueyes el recinto de la ciudad (pomerium), Remo, disgustado por el resultado del presagio, en un gesto de irreverencia salta sobre ese límite sagrado y encuentra la muerte a manos de su hermano. Una vez fundada la ciudad con el nombre de Roma, Rómulo la pobló del siguiente modo: creó en el monte Capitolio un asilo para hombres desterrados, delincuentes, deudores insolventes e incluso esclavos fugitivos, y con ellos organizó unas grandes carreras de caballos para atraer a los pueblos vecinos. A esta competición acudieron los sabinos, un pueblo vecino del Lacio, lo que fue aprovechado por los primeros romanos para raptar a las mujeres sabinas que no estaban casadas. Poco después los sabinos, conducidos por su rey Tito Tacio, atacaron Roma, pero en mitad de la batalla las mujeres se interpusieron entre ambos bandos para no perder a sus esposos, por un lado, y a sus padres y hermanos, por otro. La acción acabó con un acuerdo que condujo a la fusión de ambos pueblos y a una diarquía o gobierno de dos reyes: Rómulo y Tito Tacio. Una vez muerto Tacio, Rómulo quedó solo al frente de Roma, y la monarquía continuó como forma de gobierno durante más de dos siglos.

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