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Herramientas metodológicas para la articulación 1

Reflexiones inspiradas en procesos de construcción colectiva del sujeto popular

Isabel Rauber 2

Índice

................................................................................................................................................................................1

Herramientas metodológicas para la articulación................................................................................................1 Fragmentación, exclusión, nuevos actores: ¿Cómo articular’, ¿qué hacer?........................................................1 La inter-constitución de poder, sujeto y proyecto................................................................................................16 Bibliografía empleada..........................................................................................................................................19

Fragmentación, exclusión, nuevos actores: ¿Cómo articular’, ¿qué hacer?

Obviamente, no hay recetas y es imposible darlas. Sin embargo, ayuda conocer pasos

metodológicos de experiencias

de

articulación

que

impulsaron

con

fuerza

procesos sociales y políticos en determinados momentos, avanzando hacia la conformación de actores colectivos. A continuación expondré sintéticamente pasos concretos de articulación elaborados a partir de estudios y acompañamientos de diversas experiencias de movimientos sociales de Indo-afro-latinoamérica:

  • 1 Fragmento correspondiente a una parte del Capítulo IV del libro Revoluciones desde abajo, de mi autoría. En Venezuela: Dos pasos adelante, uno atrás. Vadell Editorial, Caracas, 2011.

  • 2 Dra. en Filosofía. Educadora popular. Profesora de la Universidad Nacional de Lanús. Directora de Pasado y Presente XXI. Integrante del Foro Mundial de las Alternativas. Estudiosa de los procesos políticos de los movimientos sociales e indígenas de Indo-afro-latinoamérica. www.isabelrauber.blogspot.com; e-mail: irauber2@gmail.com

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1

o

Descubrir los elementos aglutinantes

o

Identificar los nudos intermedios

o

para construir redes Definir el problema central

o

Disputar el sentido (conjugar el por qué y el para qué)

o

Participar como protagonistas

 

o

Partir

de

la

cotidianidad

de

la

población

 

o

Reconocer la importancia del espacio comunitario

o

Ir “de lo pequeño a lo grande”

 

o

Construir una alternativa

político-

electoral: Hacer de los nexos

articuladores

la

base

para

la

construcción del sujeto colectivo con

una propuesta programática para el cambio.

o

Atender

la

formación

política

y

construir estratégico revolucionario.

un

nuevo

pensamiento

Descubrir los elementos aglutinantes

Para construir una articulación un paso inicial importante es descubrir (identificar) cuáles son los elementos o factores aglutinantes 3 a partir de los cuales otros sectores o actores sociales pueden reconocer la vinculación de su problemática sectorial con la de aquellos, identificar de qué manera están presentes, actúan o inciden para así posibilitar la construcción de articulaciones o coordinaciones. Estos factores aglutinantes son los vasos comunicantes entre las problemáticas de unos y de otros, en cada momento.

Las problemáticas

sectoriales todas

contienen vasos comunicantes con problemáticas de otros sectores, allí hay que

buscar

los

elementos

aglutinantes

que

pueden llegar

a constituir

la

base

de una

articulación entre dos o más actores sociales

  • 3 Elementos que enlazan dos o más sectores sociales en un mismo problema aparentemente sectorial, descubriendo o poniendo al descubierto la dimensión social en lo sectorial o intersectorial.

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en virtud de que su materialización puede

resultar de interés común. Es por eso que un

camino efectivo

para

construir

una

articulación

consiste

en

partir

de

las

propuestas

concretas.

Sin

embargo,

las

modalidades de articulación han sido, son y

serán tan diversas

como

diversos

son

(y

serán)

los

actores

sociales

en

lucha,

sus

problemáticas, sus visiones, y sus

propuestas.

 

Un factor articulador puede conformarse también a partir de acciones solidarias con otros actores sociales en lucha, por ejemplo, brindando apoyo material y moral a un corte de ruta realizado por pobladores socialmente desamparados; participando en la realización de tareas que contribuyan a solucionar problemas concretos de otros: contribuyendo con la construcción colectiva de viviendas, de acueductos, de huertas comunitarias, etc., solidarizándose con otros pueblos en lucha, como Haití, Cuba o Venezuela, o con regiones golpeadas por catástrofes naturales, como huracanes, inundaciones, etcétera.

Metodológicamente es recomendable comenzar por lo vivencial y avanzar desde ahí, interrogarse acerca de cuáles son los elementos que relacionan la problemática de mi sector con la de los demás, y cómo esto incide en la vida cotidiana de todos. A partir de ahí, analizar cuáles son o pueden llegar a ser las propuestas convocantes para concertar la participación, movilización y organización de la mayor cantidad de sectores y actores sociales.

Para trascender la sectorialidad de partida y llegar a diversos sectores sociales potencialmente interesados en buscar y construir soluciones, base de la convocatoria para la solidaridad y acción colectivas, resulta conveniente buscar variados canales orgánicos e inorgánicos, intercambiar puntos de vista, investigar posibilidades diversas y, sobre todo, actuar con una mentalidad que, para hacer lo grande, piense en lo más sencillo que -en la situación dada- sea lo más factible de convertirse en el factor de mayor

2

alcance e impacto sociopolítico en relación con los objetivos previa y colectivamente identificados.

Un ejemplo de ello lo brindan las luchas en defensa de la educación pública realizadas en Argentina en los años 97-98, abanderadas por la Confederación de Trabajadores de la Educación de la República Argentina [CTERA], el sindicato nacional de los docentes. Todo comenzó por una demanda salarial. Como primer paso, dicho sindicato hizo explícito a la opinión pública del país, que su problema reivindicativo sectorial era parte de uno más amplio y profundo: el del abandono de la educación pública por parte del Estado. Pusieron al descubierto que el ataque al nivel de vida de los maestros era parte de uno mayor: a la educación del pueblo. Con sus luchas, marchas y campañas explicativas, fueron poniendo en evidencia que tras la llamada modernización de la educación se escondía un plan de privatización de la enseñanza y destrucción del sistema nacional de educación y de la educación misma como un derecho ciudadano.

Otro

ejemplo

de

articulación

social,

lo

dieron por las mismas fechas, los trabajadores del Sindicato Luz y Fuerza de Mar del Plata. En el marco de las luchas contra la privatización de la empresa de electricidad de la zona, dicho gremio de Luz y Fuerza realizó una fuerte campaña en la comunidad marplatense, buscando instalar en el imaginario colectivo que ello traería como consecuencia despidos de trabajadores, aumentos de tarifas y cortes de

luz por

la falta

de inversión. Para ello,

los

trabajadores

se

hicieron

presentes

en

el

espacio público a través de carpas,

volanteadas, movilizaciones

y

diversas

acciones de protesta. Como un primer paso

surgió, desde el sindicato,

la

Oficina de

Atención al Usuario. Esta Oficina, cumplía el papel que en ese momento abandonó el Estado: apoyar y asesorar a los vecinos sobre sus derechos frente a las empresas. Por esa

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vía lograron disminuir los cortes arbitrarios del servicio, la quita de medidores, etcétera.

Para recuperar la vigencia de las tarifas más económicas que el Estado otorgaba a los sectores carenciados, el sindicato comenzó la “Campaña por la Tarifa Social”. Para ello creó una multisectorial articulada con la Central de Trabajadores Argentinos, los universitarios, las sociedades de fomento, los centros vecinales, las pequeñas y medianas empresas (también perjudicadas por los abusos empresariales), y los movimientos de desocupados.

Movilizaciones y tomas simbólicas de sedes de la empresa fueron prolegómenos del acuerdo tripartito logrado a fines de 1999 entre el sindicato, la empresa y los usuarios perjudicados.

En un primer momento se recuperaron las conexiones de luz cortadas por la empresa, y comenzó a gestionarse un acuerdo con el gobierno provincial para establecer una Tarifa Social para cobrar el servicio brindado a los más humildes y para reducir el costo del servicio eléctrico a todos los usuarios. Esta propuesta supuso, por un lado, que la empresa recorte algo de sus ganancias y, por otro, que el Estado elimine algunos impuestos que -incluidos en la factura de consumo de electricidad- encarecen el pago de los usuarios. Se trató, en resumen, de una propuesta que articuló no solo a los ciudadanos en torno a un conflicto sectorial, sino a estos con el sindicato, la empresa y el Estado, y a cada uno de ellos entre sí.

Sobre la necesidad de construir este tipo de propuestas y espacios de articulación intrasectorial-social, José Rigane, Secretario General del Sindicato Luz y Fuerza Mar del Plata, señaló:

Así como en la década del 70 era posible

que

una

organización

sindical

pudiera

pelear de igual

a igual con una patronal

como

lucha

sectorial

por

sus

reivindicaciones,

hoy

no

tiene

ninguna

posibilidad de poder llevarlas adelante si

3

no se convierten en una necesidad del conjunto de la comunidad. Hablar de la tarifa social, por dar un ejemplo, toma validez cuando excede la reivindicación de los trabajadores de la energía y pasa a ser también el objetivo de las sociedades de fomento, del club del barrio, las instituciones sociales, etc. Es decir, que hay que articular y llevar adelante las reivindicaciones como comunes al conjunto de la sociedad, donde obviamente enfrentamos a un enemigo común. [Rigane, J., 2000]

Identificar

los

nudos intermedios

para

construir redes

 

Este paso se apoya en el anterior: supone, en

primer

lugar,

esclarecer,

poner

sobre

la

mesa,

los

problemas

comunes

a

varios

sectores

o

actores

sociales.

En

segundo

lugar,

establecer

los

nexos

o

vasos

comunicantes

 

entre

ellos

(poner

al

descubierto

la

raíz

social

de

problemas

aparentemente sectoriales).

Como principio metodológico vale decir que la primera articulación se da generalmente en el interior de cada sector, también fragmentado.

Si

se toma

como

ejemplo al movimiento

obrero,

fragmentado

y

desmembrado

en

varios tipos de contrataciones y

subcontrataciones, dividido entre

trabajadores

con

empleo

y

trabajadores

desempleados, resulta claro que el

movimiento

obrero

necesita

primero

re-

articularse en su interior para luego estar en

condiciones de proponer y proponerse una

articulación

mayor,

intersectorial.

Y

lo

mismo ocurre con los sectores campesinos,

con los jóvenes, con las mujeres

...

Es por

ello

que

la

articulación

más

elemental

presupone –y constituye- una red desde sus

cimientos.

Esta

se

asienta sobre un nudo

articulador, por ejemplo,

en

el caso

de

la

clase obrera, el modo concreto de

interrelación

empleo-desempleo,

trabajadores ocupados y desocupados.

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El nudo primario (base) de una articulación posibilita la formación de redes mayores, a partir de identificar (y construir) nudos articuladores intermedios (nodos-medios). Por ejemplo, la articulación de la relación entre empleo-desempleo, la situación de ruina de los pequeños productores agrícolas y la emigración creciente de los campesinos hacia las ciudades. Esta resulta una articulación intersectorial de la problemática del trabajo y de la tierra, que da cuenta de la situación de los trabajadores urbanos y rurales, obreros, campesinos y pobladores urbanos de las periferias de los grandes centros urbanos.

Los

factores

que

posibilitan

las

articulaciones son móviles a pesar de tener

un sustrato permanentes. Su movilidad se relaciona con la situación sociopolítica, con los conflictos sociales y políticos que hacen

que

los

ejes

de

conflicto

se

desplacen

constantemente

entre

distintos

sectores

y

actores

sociales

y

sus

problemáticas.

Es

importante estar atentos a estas dinámicas

sociales popara ir construyendo también en

ellas

las

articulaciones

posibles.

Esto

no

significa que haya que abandonar

las

ya

construidas; llama a no desalentarse ante lo que algunos entienden como “un desinfle” de las coordinaciones o frentes. La

movilidad

de

los

ejes

de los conflictos

es

parte de las dinámicas de las luchas sociales

reales y es en ellas donde hay que ir desarrollando las construcciones. No se trata de correr atrás de los conflictos, metodología bastante experimentada en el siglo XX; la convocatoria es

simultáneamente

con

las

construcciones

sectoriales

e

intersectoriales

de

base,

ir

enlazando a ellas las nuevas articulaciones

que

puedan

lograrse,

fortaleciendo

los

procesos preexistentes y creciendo colectivamente en conciencia, organización y capacidad de elaboración de propuestas.

Resulta por ello central identificar en cada momento, cuáles son los temas-problemas comunes o colindantes y cuáles –sobre esa

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base- podrían ser los ejes articuladores. Se trata de una labor con un perfil y una proyección eminentemente políticos.

Definir el problema central

Para construir articulaciones de alcance social: intra e intersectorial y transversal (social), el camino pasa por localizar, identificar y definir cuál es el problema medular de los ciudadanos y las ciudadanas de un país, el que “atraviesa” (y a la vez articula) el modo de vida de unos y otros, interrelacionando los contrastes sociales, situación que aparentemente ocurre de un modo “natural”. Es conveniente estar atentos siempre a la correlación de fuerzas existente en cada momento, y a los posibles cambios de coyuntura, porque el problema central puede invisibilizarse públicamente en determinado momento, o puede variar el sector social que lo vivencie como problema central, pueden ocurrir ambas cosas, u otras. Vale reiterar que el centro de un conflicto social no se mantiene necesariamente en un mismo sector o ámbito social.

Esto

permite

avanzar

hacia

otra

característica de las dinámicas sociales en la

actualidad:

el

conflicto

central

de

un

momento no necesariamente coincide con el problema central, aunque ambos resultarán seguramente, en todo momento, intervinculados.

El problema central reorganizador del todo social generalmente constituye un problema nacional, pero puede ser también regional o continental. Sobre la base de su caracterización es posible articular a una diversidad mayor de actores sociales. Para ello hay que identificar la relación que guarda (los nexos de) dicho problema con la problemática particular de cada uno de los sectores y actores sociales. Sobre esa base pueden identificarse puntos de enlace de las problemáticas diversas, visibilizando que la solución de dicha problemática es de interés colectivo. Un ejemplo de ello sería la lucha por la tierra que llevan adelante los

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campesinos, y su relación con el problema de la migración hacia las grandes ciudades, la situación del desempleo y la precarización de las condiciones de trabajo de los obreros urbanos y rurales, el mal funcionamiento de los hospitales, el desfinanciamiento de las universidades públicas, etcétera. Veamos:

Ejemplo 1: El trabajo

Al finalizar la década de los 90, la Central de Trabajadores Argentinos (CTA) había identificado al trabajo (la falta de empleos y la precarización de los existentes) como el problema fundamental de los argentinos. Ello supuso el cuestionamiento de la actual relación entre el capital, los trabajadores, y los medios de producción. Cuando la CTA definió al trabajo como la problemática central a enfrentar (problema central), lo colocó como eje articulador de su accionar y de la construcción de sus propuestas político-sindicales. Al hacerlo señaló la necesidad estratégica de transformar las estructuras sociales (la relación estructural capital-trabajo).

El trabajo,

desde el punto

de vista

de

la

situación y condición de quienes lo realizan, abarca la situación de los trabajadores con

empleo y sin empleo, y las interrelaciones entre una y otra condición con el

funcionamiento del capital.

Es

decir,

da

cuenta de un drama social importante: el desempleo, poniendo al descubierto su relación con el funcionamiento actual del capital, con sus modos y ritmos de generación de ganancias. En virtud de ello, rescata socialmente al desocupado como un trabajador, y contribuye a recuperar su identidad, su dignidad.

La afiliación directa de los trabajadores ocupados y desocupados a la CTA, estipulada en sus estatutos, tiene –desde esta perspectiva- un profundo contenido y sentido políticos, además de su alcance democrático, participativo. Además, este reconocimiento apuntala una articulación raizal entre los trabajadores, evitando hacerle

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el juego al chantaje de pobres contra pobres, lógica perversa utilizada por el capital.

El planteo básico

de

la CTA

ha

buscado

diseñar un país donde todos tengan derecho

a

trabajar,

como

primera

condición

para

tener acceso a una vida digna. Precisamente

por

ello,

el

límite

de

la

contradicción

vida-muerte es el trabajo. Y es

porque

–para

expresarlo

multidimensional sintéticamente- el

redimensionamiento

del

trabajo, supone el redimensionamiento de la

relación trabajo-capital. Y la modificación

de esta relación implica,

 

a

la

vez,

la

modificación

del

conjunto

de

relaciones

sociales de una sociedad. Es sobre esta base

que el trabajo, en su carácter

multidimensional,

constituye

un

nudo

articulador social de primer orden.

Ejemplo2: La tierra

La problemática de la tierra es también un problema central, articulador de una problemática común de los campesinos con y sin tierras, de los obreros, de los trabajadores de la ciudad y el campo en general, de los indígenas, de los sectores marginados de la producción y de los pobres en general. La solución del mismo compete a todos; identificar los temas y definir las soluciones posibles constituye la base para una posible articulación intersectorial, es el soporte orgánico sociopolítico para lograr su realización.

…avanzamos también en la construcción de una nueva propuesta de reforma agraria, vinculada a los intereses de toda la población y no solamente de los sin tierras. (…) levantamos la bandera de que La Reforma Agraria es una lucha de todos. (…) Que la reforma agraria es un medio fundamental para resolver la mayoría de los problemas que enfrentan los pobres de la ciudad, como el hambre, el desempleo, la violencia, la marginación, la falta de educación, el transporte y la vivienda. (…) Y que solamente es posible desarrollarla con un nuevo modelo de desarrollo nacional. [Stédile, 1997: 58]

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Que la causa sea justa resulta un presupuesto de partida sine qua non, pero no basta para construir una articulación social ni para transformar la realidad, es necesario, además, que la razón y justicia de la causa sean visualizadas y comprendidas como tales por la amplia mayoría de la población, empezando por el sector o clase social directamente implicado en el problema, cuestión que no necesariamente ocurre. En este tiempo de guerra mediática, resulta imprescindible desarrollar medios de información y comunicación para llegar a las mayorías, informar sobre lo que acontece, sensibilizarlas con el problema y –sobre todo-, poner de manifiesto, evidenciar, el contenido, las raíces y los nexos sociales del problema que es presentado como “algo” aparentemente sectorial e inconexo con la situación de los otros sectores sociales que componen la sociedad. Es vital buscar y construir medios para poner fin a la fragmentación de conciencia que acompaña a la fragmentación social y de las realidades, las problemáticas y los sectores y actores sociales. Sobre esa base, es posible convocar a la participación y movilización social, o – de mínima- neutralizar cualquier posible manipulación de la opinión pública por parte del poder.

El problema central no es sinónimo de “eje central del conflicto” social en un momento dado, ya que este último resulta

generalmente

móvil

y

cambiante.

Puede

radicar un tiempo, por ejemplo, en la lucha

por

la

defensa de la escuela pública

que

libran

los docentes, o en las luchas

de

los

campesinos,

de

los

desocupados,

de

los

inquilinos,

de

los pueblos

indígenas, etc.

Hay momentos de coincidencias,

obviamente, entre el problema central y el

eje

del

conflicto

social,

y

ello

puede

contribuir a la más amplia articulación de

sectores y actores sociales y políticos.

La permanencia o no de tales articulaciones depende de cómo sus actores se organicen para mantener dicho ámbito, alrededor de

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qué

propuestas

y fines, y para qué

(objetivos).

o Un paso importante es hacer de cada articulación una instancia cada vez más política, profundizar la dimensión de las problemáticas reivindicativas y de sus propuestas hasta abarcar la dimensión político-estratégica, es ir construyendo propuestas reivindicativas articuladas o convergentes con la dimensión estratégica alternativa (utopía).

o No basta proponerse articular para lograrlo, es necesario partir de la realidad, de la identificación –en cada momento- de los elementos aglutinantes, de los nodos-base, los nodos-medios y del problema central, para sobre esa base identificar también a los actores sociales que pueden conformar una articulación (o integrarse a ella).

o Identificando los nodos base o los nodos medios, se abren posibilidades concretas de articulación y confluencia entre diversos actores sociales. Por ejemplo, la lucha por el agua, en Cochabamba.

o

Se

puede

construir

atendiendo

y

articulando en torno a la solución de un problema central o de varios. Pero para

ello

hay

que

identificarlo

en

cada

realidad

social

concreta,

en

cada

momento; no se puede establecer priori.

a

Con una práctica política (y una concepción) no vanguardista, es posible crecer en construcción, en articulación, en conciencia y organización. Esto puede parecer quizá la tendencia natural de toda articulación, pero no ocurre de modo espontáneo, hay que construir las articulaciones desde abajo hasta arriba y viceversa, paso a paso, también a veces a saltos, una y otra vez.

Articulación regional o continental: Una problemática que puede constituir el problema central en un momento dado, en México, por ejemplo, no necesariamente

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coincidirá con la que existe en Brasil, o en Ecuador, o en Argentina. Puede también que esté presente en todas las sociedades del continente y que no se manifieste en cada una de ellas con la misma fuerza e intensidad. Esto quiere decir que el esfuerzo principal de la construcción de propuestas concretas y la posibilidad de la articulación de los actores sociales, pasa por atender prioritariamente y acorde con la situación histórico-concreta, las luchas por la paz, por el trabajo, por la tierra, según sea el caso.

Disputar el sentido (conjugar el por qué y el para qué)

Para los colectivos sociales en lucha y movilización resulta importante que el conjunto de su membresía comprenda claramente porqué y para qué emprende determinada acción. El que la lucha por reivindicaciones sectoriales, intersectoriales, o sociales, vaya acompañada por una/s propuesta/s construida/s colectivamente por los protagonistas contribuye, por un lado, a la apropiación de los procesos de lucha por parte de las mayorías, es decir, a fortalecer los procesos de toma de conciencia colectiva, a construir el empoderamiento colectivo político-social necesario, y –por otro- a superar el estado circular reiterativo de oposición, al definir una posición propia sobre la cual crecer, protagonizar, construir, acumular.

En COPADEBA hemos entendido que el principio de la democracia empieza por

la participación, y la participación no sólo implica estar presente en los espacios, sino también tener poder de decisión. Y para nosotros, el poder de decisión, la participación en sí, implica tener un pensamiento y una identidad. Nos consideramos con derecho a plantear la solución de los problemas que vivimos cotidianamente. ¿Qué significa esto? Que cualquier problema que nosotros vivimos en República Dominicana, y específicamente en nuestros barrios, puede

ser analizado en la organización,

en

la

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comunidad, para encontrarle una solución. Pero no planteamos la solución para asumirla nosotros única y exclusivamente, sino para que la asuma el gobierno junto con la comunidad y algún otro sector. (…). Nosotros conocemos lo que vivimos y

sabemos plantear soluciones, ya sea en el plano físico del barrio o en el plano social y político. Por eso yo decía que reflexionamos y planteamos soluciones. Si demandamos participación en el mejoramiento del barrio, esa participación va acompañada de una propuesta que nosotros elaboramos de cómo queremos que quede el barrio y cómo entendemos que debe ser la línea social y política a seguir. Esto lo vamos a defender a como dé lugar. ¿Qué implica esto? Bueno, implica movilización -entendiendo por ello la clásica movilización de las masas-, producción intelectual, reflexión, diálogo, negociación… Es decir, no encasillarnos para defender la propuesta. (…) la negociación no puede entenderse sólo como claudicación o como aceptación de la idea del otro. Ante todo, implica el reconocimiento de los sujetos; si no, no

hay negociación,

hay

integración

o

cualquier otra cosa. Una negociación supone partes que se sientan a discutir, a confrontar, a aceptarse y a no

aceptarse

cosas. El resultado

va

a

depender

de

los

principios

y

de

la

coherencia

de

quienes

negocian.

Cuando COPADEBA va a cualquier

instancia

gubernamental

a

negociar

algo, llega con una propuesta y,

además,

va

con

sus

principios,

y

nosotros no negociamos los principios.

[Guevara. En: Rauber, 1994: 27]

Participar como protagonistas

Lo

que

tipifica

a cada articulación

sociopolítica concreta es la participación de

la población,

tanto

en

lo

que

hace

a

la

definición del método de lucha a emplear como a la definición de los objetivos, de los alcances de la confrontación, de las formas

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de

representación

del

conflicto

y/o

la

negociación. La definición colectiva y conciente de para

qué y por qué hacen lo que hacen, implicará

–incluso

si

no

se

logran

los

objetivos

planteados- un saldo positivo en la

conciencia

de cada

uno

de

los

sectores

o

actores protagonistas de las luchas y

confeccionadores de la propuesta.

La participación

creciente

de

los

actores

socio-políticos como protagonistas durante

todo el proceso de transformación-

construcción,

resulta

un componente

metodológico vital en la construcción de

poder, conciencia, desde abajo.

saber

y

organización

…Hay que hacer la propuesta de cómo participar desde las diferentes instancias de producción, desde el territorio, desde los

barrios

Nosotros no queremos quedarnos

... en redefinir un espacio de participación del Estado que no facilita la participación de la sociedad. La sociedad necesita un esquema organizativo-participativo cotidiano. Y para nosotros, construir eso desde abajo es hacer política. Por esto la insistencia del poder desde abajo. Porque creemos que el poder existe y lo que tenemos que buscar son los mecanismos de hacer efectivo ese poder, donde lo participativo es fundamental en los niveles local y nacional. [Cevallos. En: Rauber, 1994: 41]

Partir de la cotidianidad de la población

A la hora de buscar definiciones acerca de la identificación del “punto” aglutinante, de los nodos-medios, o el problema-centro, es importante partir de la cotidianidad de los sectores sociales o población participante.

Teniendo en cuenta:

  • a) que en la vida cotidiana se producen y reproducen, conjuntamente con los valores individuales y familiares, también los valores sociales de convivencia (éticos, morales, culturales, políticos, etc.);

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b) que el mundo de lo cotidiano resulta el espacio por excelencia para la internalización y reproducción de la ideología de dominación,

puede

entenderse

cotidianidad

se

que

hayan

lo

y tornado ámbitos

cotidiano

la

eminentemente políticos.

Basta tomar

el

caso de

las

relaciones

de

género. ¿En que espacio se produce y

reproduce la básica relación de

discriminación

y

asimetría?,

pues

en

el

ámbito doméstico, en la vida familiar

cotidiana.

Su

democratización

resulta

indispensable

para

una

democratización

mayor

de toda

la sociedad.

Mientras

las

asimetrías y discriminaciones de género se mantengan en el ámbito familiar, el espacio social más pequeño y universal, no serán posibles una verdadera y radical democracia y justicia social.

La potencialidad transformadora en dirección de una sociedad humanamente rica, podríamos decir finalmente ‘humana’, y entonces victoriosa, negación de la sociedad actual caracterizada por la sumisión y la destructividad, radica en el espacio ovulario. [Vianello y Caramazza, 2001: 118]

Es a partir de replantear a la vida y organización de la familia (en la modalidad y con la estructura que fuere) como nueva célula básica política (en tanto concentradora, productora y reproductora de relaciones económicas, sociales, culturales, políticas e ideológicas del poder social), que articula el funcionamiento de lo público y lo privado imprimiéndole una cierta dinámica a lo uno y lo otro, que será posible (re)integrar las -supuestas- dos realidades inconexas.

Es vital en tal sentido, pensar y proyectar a la familia como una pequeña red de base multicéntrica en vez de androcéntrica, donde se articulen en convivencia seres humanos en igualdad de condiciones, sin que uno proponga crecer a costa del sometimiento y subordinación de los demás. Esto,

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articuladamente con el desarrollo de redes informales entre familias, que compartan entre el buscar los niños a la escuela, el tiempo dedicado a paseos, deportes, etc, todo esto, con el apoyo de la tecnología (el que brinda y el que potencialmente puede llegar a brindar orientada con sentido de desarrollo social), y la fundación de un Estado social, entrecruzado responsablemente con las actividades tradicionales de la familia: salud, educación y asistencia y seguridad. [Ver:

Vianello y Caramazza, 2001: 114]

En la construcción de un nuevo modo de vida las dinámicas de la vida cotidiana ocupan un lugar fundamental. No porque de ahí nazca el cambio de toda la sociedad, sino porque sin enraizarse allí, sin articular la utopía del mundo nuevo a la vida de la familia, el mundo nuevo será un imposible. Para eso -en primer lugar y a la vez-, la familia debe modificarse a sí misma, en tanto gestante de ese nuevo ser humano, de esa nueva sociedad y de ese nuevo mundo. Y es indispensable ir haciéndolo posible desde ahora, transformándolo desde nuestra propia vida cotidiana doméstica y comunitaria, integrándola a nuestras prácticas familiares, comunitarias, sociales, políticas, etcétera.

Reconocer

la importancia del espacio

comunitario

El ámbito comunitario cobra cada día más

importancia.

Para

los

pueblos

indígenas

originarios ha sido y es la base de su sobrevivencia la de sus relaciones y cultura milenaria; ellas constituyen sin duda fuente civilizatoria clave, y una muestra palpable de

que existe un

modo de vida

mundo

mercantilizado

por fuera del asalariado

del

individual. Las comunidades generadas por

el

desarrollo

del

mercado

capitalista

postcolonial,

resultan igualmente

importantes, en primer lugar para librar la lucha por la sobrevivencia, en la construcción de redes sociales de subsistencia -en lo económico, educativo, salud, etc.-, como en el desarrollo de sólidas

9

redes interfamiliares que distribuyen la dura carga de las labores domésticas cotidianas y mejoran la posibilidad de integración laboral de las mujeres. A ellas se le abren puertas en el sector informal, generalmente en el servicio doméstico, aunque no reconocido como un trabajo, social ni jurídicamente. Para poder desempañarse en él, las mujeres han de desarrollar redes de apoyo mutuo para el cuidado y alimentación de los niños de unas mientras las otras trabajan, y viceversa.

Un modo de vida diferente, basado en la horizontalidad y democratización solidaria de responsabilidades y tareas se va conformando a través de estas prácticas en la dimensión comunitaria. En ella, a través de la cultura participativa de las mujeres, se van haciendo cada vez más visibles los nexos que se establecen entre la posibilidad de participación en el mundo público y las tareas del mundo privado, articulando tiempo de trabajo y dedicación en uno con el tiempo y la dedicación en el otro. Claro, esto no es suficiente, resulta vital incorporar a los hombres a esta gesta, y al Estado.

La verdadera liberación de la mujer de la familia, que hoy todavía la excluye, la mortifica, la paraliza, se hará luego

que el hombre y la mujer

se

reencuentren

en ella

sobre un pie

de

igualdad.

Evidentemente,

esto

no

significa abandonar

la

creación

de

infraestructuras capaces de aligerar los

trabajos domésticos. Pero es necesario transformar la visión de los hombres acerca del espacio, llevarlos a mirar sobre el interior, de habituarlos a valorar los detalles concretos ligados a lo cotidiano. Es la única forma de realizar una igualdad efectiva, que le inducirá a descubrir lo femenino que existe en él, e igualmente a vencer el miedo que le tiene. [Vianello y Caramazza, 2001: 110]

Mientras que la realidad familiar continúe pesando esencialmente sobre la mujer, no cambiará nada. Pero, a partir del momento donde se genere un movimiento de cara a

184778828.doc

la resocialización de los hombres dentro del sentido indicado antes, se llegará, en consecuencia, a la igualdad de los sexos al interior de los muros domésticos, entonces es presumible que, lentamente, se

produzca una toma de conciencia de que la unidad familiar, que aparentemente debe tenerse en privado, tiene igualmente una consecuencia pública. [Idem: 114]

Ir “de lo pequeño a lo grande”

El desarrollo de amplios movimientos populares –aún con sus deficiencias-, da cuenta de que es posible avanzar, acumular, crecer y consolidar las organizaciones sociales desde la perspectiva expuesta. Para ello podría contemplarse, como brújula teórico-metodológica, lo siguiente:

○Emprender acciones que permitan la

mayor participación de la población. Desde el punto de vista político, “lo pequeño” significa pensar/realizar una acción mínima que posibilite la mayor participación de la población en un determinado momento. Esto supone combinar las demandas sectoriales con la construcción de nuevas formas de participación política. En virtud de ello, ¿qué es lo fundamental?: ¿un hecho de gran impacto realizado por unos pocos, o una profusión de pequeñas actividades donde participe la mayoría de la población (tanta como sea posible en cada momento)?

No pensar en minoría ni como minoría. Asumir la realidad social -su dinámica y transformaciones posibles- desde las mayorías, con las mayorías y para las mayorías, pensando y proyectándose como mayoría.

Un

ejemplo

sencillo:

 

el

“apagón”

antineoliberal realizado en Argentina en épocas del segundo gobierno menemista,

cuando

era

difícil

que

la

población

se

manifestara masiva,

abierta

y

simultáneamente

en

todo

el

país.

La

propuesta de la oposición fue entonces la

 

10

de llamar a la ciudadanía a apagar la luz de las viviendas, de las tiendas, de los bares, etc., durante 15 minutos, en señal de rechazo a la política gubernamental, un día a una determinada hora. Para lograrlo, insistió durante meses repitiendo: “Apague la luz, apague la luz…”. El día señalado, el apagón se efectuó masivamente en todo el país.

El ejemplo mencionado –que no abre juicios acerca de los convocantes-, permite ver como un mínimo hecho (mínimo enfocado individual y aisladamente en cada caso), deja un saldo positivo en la población, una conciencia de participación en el proceso de oposición. Porque todos los que hicieron posible el “apagón” sabían que estaban apagando la luz contra el modelo socioeconómico defendido e implementado por el gobierno de turno. Aquella fue una forma de participación política con un alcance mayor que otras posibles acciones muy llamativas que podrían realizar determinados grupos de personas.

○Ser protagonistas. De lo que se trata es que el pueblo, en sus diversos sectores, sea protagonista. Porque el proceso de lucha – si es un proceso de liberación-, es, a la vez, un proceso de formación de conciencia, de constitución de actores-sujetos, de construcción, acumulación y consolidación de organización, de poder, es decir, de empoderamiento. La acción política revolucionaria tiene por tanto que buscar, crear y construir sistemáticamente caminos y formas que permitan, promuevan y desarrollen este protagonismo colectivo.

Este es un principio metodológico importante para el desarrollo de nuevas articulaciones políticas entre actores sociales y sus propuestas, entendiendo que ellas suponen también el crecimiento de las conciencias, puesto que se asientan en la participación plena de los actores sociales en proceso de constitución en sujetos de su quehacer presente y futuro, hacia la

184778828.doc

conformación del actor

colectivo. La

persistencia en la pretensión de sustitución

del protagonismo social por parte de los partidos políticos -autoconsiderados

“representantes”- resulta a tales

fines,

además de políticamente obsoleta,

contraproducente.

Construir una alternativa político-electoral:

Hacer de los nexos articuladores la base para la construcción del sujeto colectivo con una propuesta programática para el cambio.

Poner al descubierto: ¿Qué tiene que ver mi

problema sectorial

con

el

de

los otros

sectores/actores?, permite

construir

los

vasos comunicantes entre problemas sectoriales y avanzar hacia la

intersectorialidad y hacia la construcción de una nueva totalidad social popular (amplia) que trascienda positivamente la

sectorialidad de las luchas. Esto es clave. Es

la

construcción

política

por

excelencia,

porque es la base para la construcción de una agenda política colectiva basada en

propuestas

concretas

(sectoriales)

intervinculadas.

 

Y esto es lo que permite crecer y acumular:

poder y proyecto propios y avanzar en la (auto)constitución del sujeto popular (plural colectivo). Significa haber construido el camino que posibilite que las articulaciones puntuales se encaminen (y se traduzcan) a la construcción de una propuesta política programática mínima que se constituya en la base para transformarse en la propuesta alternativa de la fuerza político-electoral así constituida.

Esta definición estratégica-coyuntural clara es vital porque define que el movimiento tiene vocación de diputar poder (el sentido de la política) para intervenir en la realidad y cambiarla. Esto es central. Porque un movimiento social que se declara solamente reivindicativo, que reniega de construir las propuestas de superación de lo que denuncia, que reniega de la construcción de poder

11

propio o de darle un sentido político a esa construcción, interviniendo en las elecciones parlamentarias y nacionales para cambiar la realidad en sentido favorable a sus propuestas y búsquedas, por muy articulado que esté, si no tiene se traduce en fuerza socio-política con capacidad para cambiar la realidad sobre la que protesta, termina disolviéndose, fragmentándose, frustrándose y aportando votos a los partidos de siempre. Además, significaría aceptar el tan mencionado y supuesto “techo de lo reivindicativo”.

Ello evidenciaría, en realidad, la presencia del horizonte y peso de la vieja cultura política vanguardista, acuñada en las conciencias mediante prácticas de años, pero nunca un límite real de los modos de existencia y desarrollo de un movimiento

sociopolítico

en

el

presente.

De

ahí

la

importancia

de

recuperar

la

naturaleza

política de los movimientos sociales

reivindicativos o de protesta, rearticulando lo

con político-ofensivo electoral para el cambio.

social-reivindicativo-defensivo

lo

Esto anuncia también, una vez más, que la

lucha

político-cultural

es

un

componente

indispensable

de

las

nuevas

prácticas

sociotransformadoras y su (nuevo)

pensamiento estratégico.

→Una enseñanza reciente: La propuesta del Frente Nacional contra la Pobreza (FRENAPO)

En el período 1998-2002, en Argentina, la Central de los Trabajadores de Argentina (CTA), se desarrollaba como un centro de articulación político-social en crecimiento. El año 2001, pródigo en luchas y movilizaciones populares, abonaría el camino para consolidar una propuesta articuladora por parte de un conjunto de

actores

(y

sectores

sociales,

políticos

e

intelectuales), a partir de la convocatoria (Y posterior realización) de una Consulta Popular (constitucionalmente aprobada aunque no reglamentada), para poner un freno a la pobreza y exclusión, y buscar

184778828.doc

caminos hacia su erradicación. Así nació el Frente Nacional contra la Pobreza (FRENAPO), integrado por un amplio espectro de organizaciones sociales, políticas, religiosas, culturales, de DDHH, sindicales, etc. El FRENAPO se organizó en los puntos más diversos del país y realizó una campaña nacional e internacional con miras a la realización de la Consulta Popular. Esta sería el primer paso para impulsar la creación del Seguro de Empleo y Formación para los desocupados (más del 25% de la población económicamente activa). La consulta se llevó a cabo entre el 14 y el 17 de diciembre de 2001; participaron más de tres millones de argentinos expresándose por el SI, pero al ser una consulta solamente referencial, carecía de la fuerza legal necesaria para efectivizarse, situación agravada porque el propio FRENAPO rechazó -desde su surgimiento-, la posibilidad de madurar y constituirse en una fuerza político-electoral 4 , reafirmando su exclusivo carácter consultivo y propositivo. 5 Renegando de su condición sociopolítica, se propuso elaborar una referencia social como sustrato de una propuesta (Seguro de Empleo y Formación) con la única aspiración de

4

el

Frente Nacional contra la pobreza” a

... construir intenta en términos estrictamente económicos, replantear el rumbo de la Argentina

.

siguiendo tres direcciones: a) Redistribución progresiva de los ingresos. b) Replanteo de la apertura comercial externa. c) Regulación del proceso de concentración económica y centralización de capitales.” Periódico AHORA, No. 4, Agosto de 2001, p. 6.

5

. El FRENAPO, “

propone

un viraje importante en

experiencias institucionales y sociales que ya

tenemos (

).

Por vía de eliminar como eje fundante

de la construcción de este nuevo espacio el debate

acerca de quienes deben ser los próximos representantes, pretendemos fundar un ámbito capaz de movilizar y organizar la presencia de los representados. Modificamos la convocatoria tradicional a elegir “nuevos representantes”, para convocarnos a involucrar a los representados en la tarea de afirmar expresa y orgánicamente un rumbo distinto al actual.” Periódico AHORA, Idem.

12

entregarla

a

los

gobernantes de turno, es

 

común un proyecto y una visión estratégicos,

decir,

rechazando

la

posibilidad

(y

y -precisamente por ello-, es uno de los

oportunidad)

 

de constituirse,

desafíos fundamentales a resolver. 6

simultáneamente con la maduración de la Consulta Popular, en el sujeto sociopolítico capaz de hacerla realidad participando de la

contienda político-electoral.

El FRENAPO fue, después del Frente Grande, la instancia de acción político-social más importante creada en la Argentina en el último período, pero al desentenderse de su cualidad y potencialidad políticas, el FRENAPO vería a corto plazo, luego de los levantamiento insurrecciónales del 2001, las negativas consecuencias políticas de tal definición.

Los hechos del 19 y 20 de diciembre de 2001 sorprendieron a los integrantes del FRENAPO, prácticamente, contando los votos de la Consulta, que resultó ahogada en los levantamientos sociales. Para febrero-marzo del 2002, el FRENAPO pretendía remontarse como un actor social articulador del conjunto, pero al no cambiar su carácter consultivo, perdió sentido político y se fue extinguiendo.

La enseñanza es clara: Carece de sentido

político apostar a la construcción de un gran movimiento socio-político que se plantea a sí mismo el horizonte de ser solo un instrumento concertador y canalizador de

“opiniones sociales”, separándolas

de

la

voluntad de los actores sujetos para concretarlas.

Es fundamental reunir

las propuestas

colectivas con la capacidad ejecutiva de los actores articulados en el movimiento (frente

o

coordinación)

social,

para

elaborar

colectivamente

-a

partir

de

ellas-,

un

programa político de solución y salida a la

crisis integral de la sociedad, constituyéndose los actores participantes en sujeto político colectivo capaz de

enarbolarlo en alternativa popular -clara y

concreta-

en

la

disputa

electoral.

Esto

implica también, poco a poco, ir poniendo en

184778828.doc

Construir un nuevo tipo de representación y organización política: político-social

El proceso de construcción-articulación de

los

actores-sujetos

en

sujeto

popular

(sociopolítico)

se asienta

en una

nueva y

diferente relación

respecto

de

las

tradicionales

concepciones

entre

partido,

clase, pueblo y movimiento: sin

ordenamiento ni subordinaciones jerárquicas

entre los actores, sin vanguardias iluminadas

ni sujetos

de primera,

de segunda,

o

de

tercera

clases.

La

apuesta

es,

en

primer

término,

construir

nodos de convergencia

social

a

partir

de

la

articulación

de

reivindicaciones sectoriales e

intersectoriales,

 

basándose

 

en

la

profundización de la participación, y en el

despliegue

de

relaciones

(cada

vez

más)

horizontales 7 entre los actores participantes

6 . Pero eso no estaba entre los objetivos fundacionales del FRENAPO. En gran medida porque muchas de las organizaciones políticas que lo integraban –el ARI y el PC, por ejemplo-, tenían sus propios proyectos, programas y estrategias partidarias de intervención. En virtud de ello condicionaron su participación en el FRENAPO, a que este movimiento no pusiera en discusión ni en disputa nada de ello. Por otra parte, la Central de los Trabajadores de Argentina (CTA), principal actor social promotor de la propuesta del FRENAPO y la Consulta Popular, tuvo dificultades para replantearse y modificar sobre la marcha, rápidamente, el rumbo y ritmo estratégicos en base al cual venía construyendo. Inventar nuevas vías y modalidades de decisión-acción colectivas, particularmente en situaciones de emergencia, es parte de los desafíos actuales a resolver, evitando caer en su opuesto: el centralismo y el verticalismo autoritarios. 7 . Aquí se entienden las relaciones horizontales como aquellas que se establecen sobre la base de la cooperación entre partes consideradas equivalentes, aunque los roles sociales y políticos sean diferentes. Basarse en ellas implica la superación de las tradicionales relaciones verticalistas implementadas al interior de las organizaciones sociales y políticas, y hacia fuera. Significa no imponer políticas,

13

de las articulaciones (redes, frentes, coordinaciones). A partir de allí, la maduración colectiva de acerca de los nexos raizales de sus problemáticas sectoriales como emergentes de una misma y compartida realidad social, irán abriendo las compuertas del movimiento reivinidicativo- social inicial hacia una –colectivamente- madurada propuesta de construcción de un movimiento político-social articulado desde abajo.

Construir

la

conducción

colectiva

del

proceso

de

resistencia

y

luchas

sociopolíticas

 

La apuesta a un movimiento político-social y cultural, además de responder a la necesidad de contar con un instrumento [socio]político, es la base para enfrentar el desafío de construir la dirección [socio]política del proceso [socio]político de lucha y transformación social, con la participación plena de los actores [socio]políticos que lo protagonizan.

Un nuevo tipo de conducción política de los procesos sociales actuales supone un nuevo modo de dirección: concertada con la participación de todos, construida y definida desde abajo por cada uno de los actores protagonistas, sobre la base de nuevas modalidades plurales (cada vez más) horizontales, en las articulaciones que van conformándose en la convergencia de actores sociopolíticos y sus problemáticas particulares, interdefiniéndolos y proyectándolos mutuamente hacía ámbitos del movimiento político-social, actor colectivo del cambio.

La experiencia

del

FRENAPO,

del

movimiento

socio-político

argentino

de

2000-2003 enseña que, a contrapelo de lo

objetivos, vías, ni modos de implementación de las acciones a las organizaciones sectoriales, barriales, sindicales o sociales, ni suplantar los procesos colectivos de toma de conciencia, tanto al interior de la organización como en las relaciones de ésta con otras organizaciones sociopolíticas.

184778828.doc

que requería el tiempo histórico, al no preparase ni disponerse colectivamente a dar el salto (maduración) político, cada uno de los actores sociopolíticos optó –según la costumbre cultural vigente-, a la defensa de “su quinta” propia, hundiéndose en la sectorialidad y en la defensiva paralizante. Y la historia que siguió a partir de allí, demostró, una vez más, que el peso de los patrones culturales, las identidades, y los prejuicios pueden imponerse sobre los reclamos de la realidad y la voluntad de los actores sujetos. De ahí que sea fundamental articular intrínsecamente al proceso de lucha y construcción, en todo momento, la formación política crítica a partir de las prácticas de los actores sujetos.

Atender la formación política y construir un

pensamiento estratégico revolucionario.

nuevo

Esto hace referencia explícita a la necesidad de actualizar la crítica al capitalismo tal cual existe hoy, lo que supone pensar paralelamente -y a la vez- en su superación radical. Y esto obliga a incluir las reflexiones sobre las experiencias socialistas

que

existieron

y

existen,

con

verdadero

espíritu

autocrítico,

es

decir,

sin

superficialidades ni omisiones acerca de los logros -que los hubo-, ni de los errores -que

también

los

hubo-; es

la mejor

forma de

rescatarlas

como

gigantescos

laboratorios

sociales de la humanidad en su búsqueda y empeño por construir un futuro sin

explotación,

sin

discriminación

y

sin

destrucción de la naturaleza.

 

Esto

supone,

además

del

desarrollo

del

pensamiento

teórico

general,

de

la

revitalización

del

marxismo,

rescatar

el

pensamiento

liberador

nacional

local

y

latinoamericano

 

e

integrarlo

en

la

construcción de lo que será el nuevo

pensamiento propio de liberación nacional y social. 8

8

.

En

este

sentido, quiero

rescatar y subrayar

el

importante papel que desempeñaron los Encuentros

14

Desarrollar una nueva cultura política e ideológica que permita recuperar la riqueza contenida en las experiencias y miradas de los distintos actores sociopolíticos.

Hablar

hoy

de

la

necesidad

de

elaborar

nuevos proyectos populares de

transformación

en

Indo-afrolatinoamérca

implica también asumir la tarea de construir

una nueva cultura política e ideológica en y desde los distintos sectores, grupos, clases y

movimientos

sociales

y

políticos

potencialmente

interesados

en

la

transformación. Esto significa, en política,

buscar canales

para

construir

el

indispensable camino cultural revolucionario anclado en la

interculturalidad

construida

a

partir

del

respeto y reconocimiento en equidad de las

distintas

identidades,

culturas,

cosmovisiones

y

pensamientos

de

los

diversos actores sociopolíticos, comenzando por los pueblos originarios y los pueblos de

ascendencia

africana,

en tanto sujetos

de

pleno derecho y condición.

Supone también la construcción de nuevos modos de posicionamiento en la sociedad y en su transformación, asumiendo a esta como un proceso permanente, desde abajo, colectivo, diverso y plural que reclama para su rearticulación, de la construcción de un nuevo tipo de democracia, participativa y horizontal. Y esto habla también, de buscar nuevos códigos de confianza colectiva e individuales, de reconstruir lazos solidarios en la sociedad, en las organizaciones sociales y políticas, en las comunidades, en el barrio y en la familia, empezando por el replanteamiento y transformación radical de las relaciones socioculturales hombre-mujer (de género), desde la vida doméstica hasta la pública, sin fracturas esquizofrénicas entre ellas. Y todo esto coloca como un elemento constituyente esencial de la transformación

por un Nuevo Pensamiento, que desarrolló el Instituto de Estudios y Formación de la CTA, entre el año 98 y el 2000.

184778828.doc

cultural, al componente ético, a la nueva ética de liberación y liberadora en gestación.

Desarrollar una nueva cultura política e ideológica que permita recuperar la riqueza contenida en las experiencias

15

La inter-constitución de poder, sujeto y proyecto

La constitución del actor colectivo del cambio social no es un fenómeno que ocurrirá necesariamente, no obedece a leyes objetivas ni a regularidades históricas, no ocurrirá tampoco espontáneamente; reclama una labor político-organizativa colectiva, consciente, sistemática y sostenida realizada desde y por los propios actores en todo el proceso, no se resuelve en una sola experiencia de articulación. Es decir, no es un acto de unidad, unificación o coordinación de organizaciones. Es, en primer lugar, un producto del aprendizaje de los actores sociales fragmentados adquirido en el curso de las luchas sociales para obtener conquistas sectoriales o intersectoriales y en las experiencias de coordinación y alianzas de varios actores.

En las resistencias y las luchas sociales concretas se van generando las necesidades de articulación, las posibilidades y los ámbitos de mixtura de propuestas diversas al unísono con la articulación de los actores sociopolíticos que protagonizan el conflicto social en un determinado momento y proceso. Estas articulaciones resultan aproximaciones hacia lo que podrá -o no- llegar a ser el actor colectivo del cambio, como resultado del proceso pedagógico- práctico político de articulaciones sucesivas –no necesariamente fructíferas todas-, llevadas a cabo por los diversos actores sociopolíticos.

Si la conformación del actor colectivo es -en parte- el resultado de un aprendizaje común, significa que no está preestablecida, es decir, puede ocurrir o no. Dado que ningún actor social individualmente puede resumir ni representar los intereses, puntos de vista y propuestas del conjunto de sectores del campo popular, lo que está claro es que hay que trabajar sostenida y concientemente para avanzar hacia la conformación del actor colectivo (pluralidad articulada). Pero

184778828.doc

lograrlo es parte de los desafíos del arte de la política; no está garantizado.

En el proceso de construcción de hegemonía, conciencia política y organización, los actores van generando condiciones para avanzar hacia la convergencia de definiciones estratégicas comunes. Esto es vital para que los procesos de luchas y construcciones sociales no se diluyan, entre varias opciones, en propuestas ajenas a sus intereses, haciéndole el juego -en el mejor de los casos-, a las estériles pretensiones del centrismo clasemediero que pretende estérilmente constituirse en el factor de equilibrio y neutralización del inevitable antagonismo social.

Constituir el actor colectivo (sujeto plural) es mucho más que la reunión cuantitativa de diversos actores, con sus propuestas reivindicativo-sectoriales. Supone, en primer lugar, ampliar los contenidos de tales luchas y, en segundo, ampliar las dimensiones de las mismas, orientando el cuestionamiento social hacia los fundamentos mismos del sistema de dominación del capital, y replantear dicho cuestionamiento de un modo positivo, es decir, conformando un proyecto alternativo integral y raizalmente superador.

Coincido por tanto plenamente con Samir Amín cuando subraya que el proyecto

alternativo

no

es

igual

a

la

sumatoria

ecléctica de los programas reivindicativos sectoriales. La sumatoria de las

reivindicaciones no ha sido, no es, ni será el

proyecto

estratégico

sociotransformador,

pues todas ellas (como cada una) reivindican

sus derechos sectoriales dentro del sistema,

esa es su función y su sentido. Es en el

proceso de luchas y resistencias

que

los

actores

sociales

van

descubriendo

 

los

obstáculos

sistémicos

para

la

satisfacción

plena de muchas de sus demandas,

comprendiendo

que

ellas

resultarán

cíclicamente profundizadas por el sistema.

sus conciencia política –labor crítico-reflexiva

y

su

Con el desarrollo

de

luchas

de

 

16

mediante, entrelazada con las prácticas-, pueden llegar a cuestionar los fundamentos mismos del sistema social.

Es entonces cuando la articulación de las luchas y problemáticas de los diversos actores permite ahondar el cuestionamiento social y va descubriendo la totalidad del problema en la raíz del sistema. Esto pone al descubierto, claramente, la dimensión política de lo reivindicativo-social: posibilita a los actores vincular, descubrir los nexos de las problemáticas que aparecen en la superficie como supuestos “defectos” del sistema social, con los fundamentos sociales (económicos, políticos, culturales) que las originan. Es decir, descubrir la raíz económica-política-social de los problemas reivindicativo-sectoriales en la dinámica del funcionamiento de la sociedad, a la cual responden parcialmente, fragmentariamente (en dimensión y profundidad) las luchas reivindicativo-sectoriales.

Ir más allá de lo reivindicativo significa entonces, contenerlo, pero no suprimiéndolo, sino articulándolo en la dimensión político-integradora que supone el cuestionamiento integral del sistema del capital: construyendo y explicitando las propuestas alternativas al mismo, avanzando hasta donde sea posible en la definición del proyecto estratégico alternativo, que será la base de referencia político-ideológica última para la definición del programa político concreto –convergente con él. Esto es, en definitiva, lo que hará de aquel nodo de articulación un ámbito político transformando a los aislados actores sociales en sujeto colectivo plural.

El proyecto alternativo construido por los actores resulta, a su vez, interconstituyente de ellos mismos en actor colectivo (sujeto popular) de la transformación social. En virtud de ello, tal proyecto -como he expuesto en otras ocasiones- se considera el elemento que cierra (anuda) el proceso de articulación-constitución-autoconstitución de los actores-sujetos individuales en un actor

184778828.doc

colectivo del cambio social, hace de los luchadores sociales sujetos de su historia, que es en realidad una resultante de las interarticulaciones e interdefiniciones entre actores, poder (propio) construido y proyecto alternativo superador.

Formar una nueva subjetividad

La necesidad

de

articulación

de los

actores-sujetos no se refiere

solo

a

la

necesidad

de

superar

su fragmentación

social-sectorial, articulado a ello, comprende también –y en primer lugar- el ámbito de sus subjetividades.

Como señala Dussel: “La subjetividad es más que conciencia, pero dice referencia a

ella. Es el vivenciar lo que acontece (…) en la realidad.” [1999:2] Es decir, la subjetividad contiene la conciencia pero no se reduce a ella. Lo contrario, su identificación forzada, devino reduccionismo

y

–de

hecho- empobreció

las reflexiones

acerca de las interrelaciones

conciencia-subjetividad,

al

no

analizarlas

más allá de la conciencia de clase. Tiene que

ver

con el cuerpo

-y esto

bien

lo sabe

el

poder que, para dominar las mentes castiga

los cuerpos-, tiene

que

ver

con

lo

no-

conciente,

que puede llegar

a

ser

un

día

conciente pero no necesariamente, incluye

también los sueños, etcétera.

Lo que interesa destacar ahora, en este punto concretamente, es la interrelación inseparable entre sujeto y subjetividad, es decir, entre los actores-sujetos concretos y sus subjetividades, la necesidad de tomarlas en cuenta a la hora de pretender construir articulaciones entre diversos actores-sujetos, puesto que estas instancias incluyen sus identidades, intereses y motivaciones subjetivas, más allá de su conciencia político-ideológica, es decir, hay que tomar en cuenta las estrechas interrelaciones y mediaciones que existen entre una y otra. La articulación de subjetividades de actores-sujetos resulta también parte de los procesos de interacción intersubjetivos.

17

En

la época de la ofensiva ideológica del

del positivismo, otras en exégesis de los

capitalismo global, la mercantilización de la

textos de los fundadores, y así en otras

vida y de las relaciones sociales e

variadas corrientes. La conclusión fue:

interpersonales,

el

predominio

 

del

disecación de la propuesta teórico-práctica

pensamiento único y la negación de todo

revolucionaria de Marx, y su reducción a

futuro

diferente

del

presente,

torna

ensayos académicos de interpretaciones de

imprescindible -si de cambiar el mundo se trata-, abocarse(nos) a la formación de una

interpretaciones que poco o nada tenían que ver con las realidades a las que pertenecían,

nueva

subjetividad

humano-revolucionaria

con las luchas sociales de su tiempo ni con

(que reconozca

y

abra

los

espacios

a

las

las problemáticas de los actores sociales

diversas subjetividades del presente y a otras

concretos en busca de su liberación.

que seguramente se conformarán en el futuro).

Y ello es parte de los procesos concientes y colectivos de articulación-constitución intersubjetiva de los actores sociales en sujeto popular, proceso que es –por tanto- de autoconstitución. Esta construcción de actores-sujetos es fundamentalmente autoconstrucción y autoconciencia crítica-intersubjetiva. Pero también ocurre, entre otras mediaciones -en las que destaco en primer lugar la propia práctica transformadora de los actores-sociales-, con el aporte de las ciencias sociales críticas, de los expertos, de los intelectuales orgánicos, de los militantes con mayor experiencia, y se plasma en sus modalidades organizativas y planteo programático-proyectivo, aunque sin reducirse ni equipararse nunca a ellos.

Esto contribuiría al necesario diálogo entre los saberes ancestrales de los pueblos indígenas originarios, del saber comunitario, el saber popular, el científico académico, y las elaboraciones teóricas provenientes de los movimientos sociales, de sus prácticas y las reflexiones sobre ellas, es decir, entre intelectuales orgánicos y académicos (que pueden ser también ambos). Esta necesidad ha sido durante mucho tiempo relegada del quehacer teórico marxista que, como señala Samir Amín, se ha dedicado –sobre todo en Europa- a instalarse en las universidades. Para ello se vio obligado a demostrar que es científicamente “superior” al pensamiento liberal reinante, lo cual lo distorsionó transformándolo unas veces en una variante

184778828.doc

De conjunto, lo expuesto abre una serie de tareas y desafíos en lo político, en lo cultural y en lo organizativo. La búsqueda de respuestas concretas a tales tareas y desafíos caracteriza a los actuales procesos políticos alternativos que tienen lugar en Indo-afro- latinoamérica en confrontación política con los intereses del capital transnacional, ya sea desde la oposición o desde los gobiernos populares. Estos impulsan procesos de acumulación de fuerzas sociales y culturales favorables al cambio, que –en líneas generales- apuestan a la construcción de un tipo de sociedad basada en un poder popular horizontal (empoderamiento colectivo) construido desde abajo.

Una ética fundamentada en equidad, justicia y solidaridad

La atomización permanente

de los

trabajadores y de sectores sociales populares

(incluyendo amplias

capas

de

sectores

medios), va acompañada de una fuerte

inyección

de

individualismo

vinculado

irracionalmente

con

la

sobrevivencia

en

condiciones

límites,

en

la

que

la

lógica

perversa del capital obliga a cada ser

humano a considerar a sus pares un enemigo

potencial,

de

su

puesto

de trabajo,

de

su

barrio, de su pareja, etcétera, a quienes -en

consecuencia,

para

“salvarse”-,

hay

que

destruir y aplastar, expulsándolos del ámbito

laboral, del barrio, de la ciudad

...

La

inmoralidad

del

sistema

radica

en

esto

precisamente: la selección no se produce de modo “natural” ni por la acción de la “mano

18

invisible” del mercado, ocurre a través del

desarrollo

de

estrategias

económicas,

sociales, culturales e ideológicas que -por

diversos medios- convocan

a

salidas

individuales,

e

inoculan

la

lógica

del

“sálvese quien pueda” que hace de cada ser

humano un “enemigo” del ser humano

vecino, obligándolo a competir en las arenas del gran circo global del mercado,

abarrotado

de

batallas

de

pobres

contra

pobres. Es el chantaje

brutal

del

capital

y

su

consecuencia apocalíptica: es el actual genocidio planificado de amplias capas de trabajadores -ahora considerados sobrantes- en virtud de la destrucción y el saqueo de la

naturaleza, de la implementación de las nuevas formas de organización del proceso de producción, y –a la par- de un nuevo mercado global tecnológicamente avanzado y móvil, capaz de generar mucho más rápidamente altísimas ganancias y excedentes. Es la base de la presente etapa de acumulación mundial del capital y la insorteable crisis que lo acompaña.

Una cosmovisión diferente y superadora es vital para replantearse los caminos de supervivencia, una cosmovisión que no antagonice la existencia de un ser humano con la de otro, ni a la humanidad con la naturaleza, sino que los reconozca en su integridad e interdependencia, entendiendo que el mundo es un ámbito integral de producción y conservación de la vida en sus múltiples e interarticuladas dimensiones.

Consecuentemente con ello se abre paso una ética humano-natural fundada en el equilibrio, la equidad, la complementariedad y la solidaridad, conceptos vertebradores de una nueva (inter)subjetividad revoluciona- rio-liberadora. Se trata, en su conjunto, de una bioética, parte de una nueva cultura, de una sociedad diferente y nueva, de un nuevo mundo. Y está claro que esto no se alcanza con declaraciones abstractas, sino anudando lo reflexivo con las nuevas propuestas sociotransformadoras y con las prácticas de

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interrelacionamiento colectivo e individual. En ellas toma cuerpo, se afianza, profundiza y desarrolla.

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