Está en la página 1de 14

El contexto de la representación política: Espacios para la discusión

Petra Armenta Ramírez 1

Sumario: Introducción 1. Democracia y partidos 2. Ética y política: debate


actual 3. Innovar la representación política como núcleo del ejercicio
democrático. Bibliografía.

Introducción

Para nadie es un secreto que en los tiempos actuales se experimentan procesos de


transiciones, durante muchos años encontramos un panorama con presencia excesiva y
deformada de los partidos políticos, siendo la gran paradoja el hecho de que los partidos
políticos fueron los grandes artífices de cambio y democratización y los principales
canales de canalización de demandas y representación de los diversos intereses, hoy se
presentan en algunos casos casi como obstáculos del desarrollo de la democracia.

Los partidos políticos y la clase política, ciertamente hoy acusan y atraviesan una fase
de agotamiento, desgaste y dentro de las aristas de la crisis de los partidos, destaca la
crisis de representatividad; dichas organizaciones han dejado de ser los principales
actores de producción de representatividad, y al margen de éstos, estamos observando
el surgimiento de nuevos actores, tanto colectivos (nuevos partidos, movimientos
emergentes. ONGs, etc.) como individuales, que intentan competir y presentarse como
instrumentos de representación frente a las organizaciones tradicionales. El mejor
ejemplo lo constituye el actual escenario político no solamente nacional sino también en
los ámbitos locales.

1
Doctora en Derecho. Profesora en El Colegio de Veracruz. Miembro del Sistema Nacional de Investigadores.

1
El problema no radica simplemente en que al margen de los partidos surjan otras
formas de representación, sino hasta qué punto estas últimas logren verdaderamente
canalizar las demandas y expectativas de la sociedad.

La realidad de hoy, caracterizada por la crisis de la política y principalmente de los


partidos políticos y la clase como máximas expresiones de la representación, junto a la
crisis del Estado como protagonista de las grandes reformas sociales e institucionales,
ciertamente exige por un lado una reforma global de la política la forma de concebirla y
practicarla, y en segundo lugar una labor de reingeniería política que presupone
repensar y rediseñar nuestras instituciones políticas.

Las demandas y retos que imponen e implican la crisis de la forma partido, la crisis de
representación junto a la crisis de gobernabilidad (legitimidad más eficacia) y los
modelos de gestión tradicionales en la esfera actual nos colocan en una incertidumbre y
nos preguntamos más aún hasta que punto podrá ser resuelto sin una reforma más
global de pensar y hacer la política.

De allí que cuando el ciudadano común no percibe una fiabilidad, certidumbre y


representación de sus principales instituciones; partidos principalmente, opten por la
búsqueda de nuevos actores políticos. Finalmente en un sentido cualitativo, la necesaria
reinvención de las instituciones, apunta claramente a la introducción complementaria a
la reforma de las instituciones de la democracia representativa y participativa existentes,
y no en ruptura con ellas de mecanismos de conexión entre los nuevos espacios de
deliberación en la sociedad civil, y el Estado. Por lo que hoy se reclama un proceso de
reinvención de sus instituciones.

El presente apartado pretende abordar el estudio desde una óptica multidisciplinaria -


ciencias políticas, derecho, historia y construcción de la representación política en el
presente. Se parte de analizar, desde la teoría política la relación entre sociedad civil,
partidos políticos y participación en el espacio público, buscando establecer las formas
de articulación de estos tres elementos conceptuales dinamizadores de "lo político",

2
para desembocar en las formas de estructuración en el proceso histórico, su
caracterización y principales tramas representativas, estableciéndose escenarios
enunciativos que nos permitan entender la dinámica conflictiva que identifica a la
democracia no solo en México sino también en otros países con idiosincrasias similares
en los actuales momentos.

1. Democracia y partidos

La reflexión en torno a los problemas de la democracia 2 , es uno de los puntos centrales


en la discusión académica en el campo de las ciencias políticas y sociales, y es así,
motivado por el hecho que la democracia constituye en sí misma un sistema de valores,
actitudes y representaciones sobre las cuales se desenvuelve el devenir histórico del
mundo en la actualidad.

Debatiendo acerca de las ventajas, tipos y problemas teóricos y prácticos de la


democracia, el debate ha versado acerca de los procesos de consolidación y renovación
democrática experimentados en el transcurso del siglo XX, sobre todo en las dinámicas
que adquiere la democracia como sistema político en un contexto social heterogéneo y
contradictorio. En cualquiera de los casos, las dinámicas históricas desarrolladas en las
décadas de los 80 y 90, cuando se inicio una serie de transformaciones en los sistemas
autoritarios y/o dictatoriales en América Latina y cuando se produjo una crisis de los
valores representativos de las democracias, han generado una cada vez mayor
preocupación por el tema.

La discusión, está centrada, en las dinámicas que adquiere la representación de la 'idea'


de democracia en nuestros espacios históricos. El problema en torno a la democracia, va
mucho más allá de una definición, para pasar a estar constituida sobre los mecanismos

2
Mouffe Chantal, “Derechos, teoría política y democracia” En demócratas, liberales y republicanos. El Colegio de
México. (comp) Jean-Francois Prud´Homme; p. 38. De Cabo de la vega, Antonio, El derecho electoral en el marco
teórico y jurídico de la representación, IIJ/UNAM, México, 1994, p. 15.

3
que adquiere como sistema de representación de "lo político" y "la política" en el
contexto espacial nuestro. En tal sentido, las formas que adquirieron las democracias en
el siglo XX, pero sobre todo las modificaciones suscitadas por los procesos de
democratización experimentados por diversos países del Cono Sur en los años finales de
la década de los 80 y principios de los 90, permiten expresar que la discusión en
relación con el problema de las democracias 3 gira en torno a ciertos aspectos muy
puntuales, en los actuales momentos:

• La consideración de la sociedad civil como el espacio público por excelencia,


el lugar donde los ciudadanos, en condiciones mínimas de igualdad y libertad,
cuestionan y enfrentan cualquier norma o decisión que no haya tenido su
origen o rectificación en ellos mismos;

• La colocación en consecuencia de la esfera pública política como el factor


determinante de retroalimentación del proceso democrático y como la esencia
de la política democrática, y que se opone a cualquier concepción que
reduzca la política al estrecho ámbito de las instituciones o el Estado;

• En conexión con lo anterior, concibe al poder político como un espacio


"vacío", materialmente de nadie y potencialmente de todos, y que sólo la
sociedad civil puede ocupar simbólicamente desde sus propios imaginarios
colectivos y a condición de su plena secularización; y

• Sostiene, finalmente, que la sociedad civil es por definición autónoma y


fuertemente diferenciada, por lo que la democracia se inventa
permanentemente desde el conflicto y el debate público.

La democracia, es objeto de una constante debatir, sobre todo si se consideran los


valores y percepciones del ciudadano común, con respecto a su representación
concreta. El problema de la representación de la democracia, está indisolublemente
asociada a la noción de eficacia, que se refiere "a la capacidad de un régimen para

3
Córdova Vianello, Lorenzo, “Repensar las gobernabilidad de las democracias” en Gobernabilidad y
constitucionalismo en América Latina. Diego Valadés (Editor) UNAM/IIJ, México, 2005.

4
encontrar soluciones a problemas básicos con los que se enfrenta todo sistema político
que es percibido más como satisfactorias que como insatisfactorias por los ciudadanos
conscientes", y en ese sentido, las construcciones simbólicas elaboradas por el
ciudadano común guardan relación directamente proporcional con la consecución de los
gobiernos -y del sistema político- de un accionar eficaz en la generación de respuestas
sociales.

En tal sentido, se asiste a una creciente pérdida de confianza en los valores y


significados de la democracia, que se expresan en preferencias hacia gobiernos
autoritarios en determinadas condiciones históricas, producto de la incapacidad
manifiesta de los sistemas políticos y de los partidos que hacen vida pública, de
responder a los requerimientos y ampliación de las exigencias sociales de los
ciudadanos.

La preocupación por el desarrollo económico y los procesos democráticos conducen a


una discusión centrada en elementos conceptuales claves, tales como sociedad civil,
deliberación pública, opinión pública, ciudadanía, gobernabilidad, entre otros y la forma
como estos se articulan entre sí en nuestras realidades, resultando de todo ello el
análisis de escenarios conflictivos, determinados por el accionar que en las democracias
latinoamericanas tienen los ciudadanos, los partidos políticos, el Estado, los medios, la
opinión pública y los procesos de modernización derivados de las condiciones
cambiantes en el mundo.

Por ello, la clave, está en entender que las dinámicas de cambio en el funcionamiento
de las democracias están relacionadas con las formas que adquiere el hecho político a
partir de las transformaciones de las actitudes, comportamientos y desarrollo de los
sistemas democráticos, es decir progresivamente se van generando modificaciones
sustanciales en "el pensar democrático", que conducen a un replanteamiento de los
supuestos teóricos que han caracterizado el pensamiento moderno, a través del cual la
democracia es objeto de una perenne discusión signada por el conflicto -y las formas
que adquiere- entre los ciudadanos que coexisten en el espacio público.

5
En vista de los datos anteriormente desglosados y los planteamientos expresados
podemos concluir preliminarmente cómo Norberto Bobbio 4 afirma que "uno de los
modos más frecuentes de definir los partidos políticos es el de mostrar la función de
articulación, de agregación y transmisión de las demandas que provienen de la sociedad
civil y están destinadas a resultar objeto de decisión política". Este sendero de definir
una institución u organización por las funciones cumple es eficiente, y deja al
descubierto una similitud con los esfuerzos de la llamada sociedad civil.

El propósito en estas líneas fue en dar a conocer las debilidades más acuciantes del
sistema, que pueden contribuir a explicar la grave crisis de representatividad y
credibilidad que está atravesando la institucionalidad partidista. Para ello mi interés en
la valoración de ampliar y reformar en el ámbito constitucional el sistema
representativo, que permita innovar el sistema de partidos. Como una primera
aproximación conclusiva es reconocer que la representación política tiene una
naturaleza muy compleja, que trasciende la arena electoral y requiere de un tratamiento
más integral que la pura ingeniería electoral.

2. Ética y política: debate actual

Desde la existencia del ser humano, éste ha tenido que socializar, siendo la interacción
con el resto de los hombres uno de los más importantes elementos para su
supervivencia. La política no es solo el gobierno de los Estados, es, precisamente, el
juego de dominación y poder que ha signado al hombre desde el comienzo de su
existencia como ser sociable 5 .

"La dominación de unos por otros y la legitimación de ese dominio es inherente a toda
forma de política humana. "El hombre tiene política gracias a él mismo, la política es

4
Bobbio, Norberto, El futuro de la democracia, Plaza y Janes, Barcelona, 1985, p.48.
5
Sánchez, Azcona, Jorge, Ética y poder, Porrúa, México, 1998, p.26.

6
una condición innata que le permite una organización y una jerarquización de la
sociedad, sin importar el grado de desarrollo de la misma.

A comienzos del siglo XXI la política 6 , como dimensión humana del poder, se rechaza la
forma de hacer política, y muchos ciudadanos consideran que no mejora la vida y está
anegada de falsía y corrupción. En las personas prima la ilusión de mejorar su vida
cotidiana, pero fuera de la esfera pública de la política. Uno de los grandes desafíos de
la era actual consiste en superar este encierro en lo privado y revalorar la política como
acción creadora y liberadora para forjar sociedades con solidaridad, justicia y libertad.

La apatía política que se manifiesta en el fenómeno de la abstención, es inherente al


surgimiento, expansión y consolidación de la democracia, en cuanto proceso de
construcción del consenso socio-político, sin que represente un auténtico riesgo para la
vigencia y trascendencia de esta propuesta de organización política del sistema social.
En la dinámica común de la práctica política, el abstencionismo carece de verdadero
interés social tanto en los procesos de legitimación del poder político, como en las
estrategias de consulta popular; más allá de la estridente declaración de los índices de
abstención en los dispositivos electorales, o como parámetro para valorar la importancia
de los resultados de la opinión pública, al fenómeno en sí mismo no se le atribuye
ningún peso político.

El propósito fundamental de nuestras acciones será poner en práctica una nueva forma
de hacer política y con ello, generar una dinámica de gobernabilidad democrática y de
respeto en el Estado de Derecho. En la percepción colectiva, la política se ha alejado de
las demandas de la gente y no le ha retribuido beneficios concretos.

Elevar la calidad de la política7 , de las actividades partidistas y del debate político es


una tarea que requiere altura de miras para promover los intereses generales sobre los

6
Cariacedo, José Rubio et al, Retos pendientes en ética y política, Trotta, Madrid, 2002, p.82.
7
Zigmunt, Bauman, En busca de la política, FCE, México, 1997, p.41.

7
particulares y por lo tanto, es una tarea que se debe asumir con responsabilidad.
Reivindicar la política implica diálogo, debate, discernimiento, pluralismo, en la
búsqueda del camino del consenso y la legitimidad de las definiciones que reflejan el
verdadero mandato popular.

La política, en su sentido, original es el arte de gobernar por la vía del diálogo y la


negociación y permite acercar posiciones, sumar voluntades y construir consensos entre
las distintas fuerzas políticas sociales entorno a los grandes temas estatales y
nacionales. Es tiempo de pensar de los avances democráticos en el terreno electoral y
de representatividad, al terreno de la democracia participativa y eficiente; este proceso,
laboral de la política juega un papel determinante.

Construir estos consensos sociales demandará estructurar una dinámica de estabilidad y


gobernabilidad democrática que tenga, como punto de partida y de llegada, el respeto a
la ley y poner al servicio de la gente las fuerzas de las instituciones. La condición
primera de la labor de gobierno es la observancia plena de la ley y el respeto al Estado
de Derecho. Sin democracia y sin Estado de Derecho se cancelan las vías de solución a
los disensos; también, las diferencias se ahondan y las coincidencias se diluyen en la
desunión. En una situación así, la racionalidad y la argumentación se ven desplazadas
por la imposición, se descalifica y niega el derecho del contrario y la violencia domina
sobre la política.

De ahí la exigencia de construir un estado de leyes, con un marco jurídico y un sistema


judicial que considere la nueva realidad en la cual nuestro país se conduce y participa de
manera activa. La nueva forma de hacer política es el que haga posible la construcción
de un sistema transparente, funcional y eficaz y donde impere el pleno respeto a los
derechos de todo tipo de los individuos. De ahí la necesidad de preservar y fortalecerlas
instituciones como la expresión más acabada de la acción colectiva. Las instituciones
que nos hemos dado imperen el pleno respeto de las mismas, permiten la generación
de acuerdos sociales y duraderos.

8
Un estado sin instituciones fuertes o sin credibilidad es un estado a la deriva.
Recordemos que la existencia de instituciones sólida es la prueba cotidiana por la que
atraviesa y juega el desempeño de cualquier gobierno, sin importar las siglas partidistas
de la cual provenga.

El desarrollo político debe de garantizar el paso de una democracia electoral


representativa a una democracia participativa y eficiente. Acaso el mayor compromiso
en este terreno es concentrar el paso de una política concebida y basada en el conflicto,
a otra sustentada en un manejo adecuado y equilibrado de los contrapesos, la
colaboración y la cooperación. Las nuevas realidades nos presentarán en los próximos
años la necesidad de elaborar consensos antes de tomar decisiones; los problemas a
resolver no tienen solución con la imposición, sólo con el convencimiento y la
participación de todos.

3. Innovar la representación política como núcleo del ejercicio


democrático

Atendiendo a su propia naturaleza, la democracia es una opción ética porque descansa


sobre el valor de la persona humana y su dignidad. Los valores éticos son los que
exigen que una sociedad humana se organice en un orden democrático, el único que
posibilita el pleno ejercicio de la libertad humanizadora. A la vez, la ética impone
algunas exigencias a la democracia, la cuestiona permanentemente y la obliga a
moverse dentro de ciertos parámetros a fin de lograr determinados resultados.

Así la democracia ha de ser un orden social que cree las condiciones que hacen
efectivas la libertad, la igualdad y la solidaridad, para posibilitar que las personas
puedan desarrollar su autonomía individual y realizarse como seres comunitarios. La
ética exige del propio Estado democrático, de sus instituciones y procedimientos, la
promoción eficaz del "bien común" y la liberación de las diferentes formas de

9
servidumbre económica y social, es decir, la mejora de las condiciones de la vida
humana. En este sentido la democracia es el régimen más exigente que existe y, por
tanto, la pobreza y la marginación -tan corrientes en las sociedades desarrolladas- son
la negación radical del orden democrático.

Pero la democracia exige también un comportamiento y una actitud ética por parte de
los ciudadanos. Si los valores éticos no son cultivados por la ciudadanía, la democracia
está en peligro.

De entrada la democracia se presenta como un conjunto de normas de procedimiento y


reglas de juego que sirven para resolver, por la vía de la mayoría y con el respeto a las
minorías, los conflictos de intereses que inevitablemente se producen en toda sociedad.

Pero a la vez la democracia pide convicciones para sostenerla y orientar las prioridades
entre valores concurrentes. Por tanto, a los procedimientos hay que añadir el
contrapeso de los valores que dan contenido a las propias acciones. Esto hace que no
sea suficiente la existencia de procedimientos correctos, sino que, al calificar un régimen
de democrático, tengamos que valorar también los resultados conseguidos, que han de
posibilitar el desarrollo personal y grupal.

En este sentido podemos hablar de la democracia como meta a alcanzar, vinculada a


una progresión real de la justicia en las relaciones sociales, con vocación integradora de
todos los ciudadanos. La realidad social se ha de contemplar y configurar desde el
reconocimiento de todos ellos para "llenar de contenido las afirmaciones formales de
ciudadanía y crear las condiciones materiales de los derechos civiles", haciendo posible
así una convivencia verdaderamente humana.

Los partidos políticos, cada vez más centralizados y burocratizados, se han convertido
en instrumentos destinados a crear consenso alrededor del programa de una élite, y se
ha perdido buena parte de su función de socialización política. Su pérdida de radicalidad
y coherencia ideológica con el fin de ajustarse al mercado político hace que no tengan
proyectos movilizadores y lleva a una excesiva uniformidad de la "clase" política, en

10
contraste con el pluralismo social existente. Como consecuencia, la vida política no es
un reflejo de los conflictos sociales, sino de los conflictos entre las élites dirigentes de
los propios partidos, que van distanciándose progresivamente de las bases y de las
necesidades reales de la población.

A menudo también se produce una discordancia entre la voluntad popular expresada en


las elecciones y las decisiones de gobierno, de modo que los partidos filtran la voluntad
ciudadana y contribuyen a ciertas formas de alienación política: las élites piensan por el
pueblo.

Por otro lado, la concentración de la política básicamente en cuestiones relativas a la


dirección de los asuntos económicos ha llegado a ser una de las notas características de
la política actual, juntamente con el predominio de un pragmatismo tecnocratizador de
la actividad pública, que se deja en manos de los expertos, y con la profesionalización
de los políticos, exigida por la complejidad de los retos actuales.

En definitiva, de partidos de afiliados y militantes se ha pasado a "partidos de políticos"


que dominan de forma elitista no sólo a las bases sino también, una vez elegidas, a los
electores.

Por todas estas razones, es preciso tomar medidas para vitalizar la democracia 8 , para
que ésta entre también en las estructuras de poder y se puedan fomentar políticas
verdaderamente integradoras. En este sentido, es preciso abrir el Estado a la sociedad,
haciendo entrar la soberanía popular en todas las instituciones como principio supremo
de legitimidad, y proceder a la reforma de las estructuras jurídicas que dificultan la
participación ciudadana y favorecen el distanciamiento de los órganos de poder y su
utilización en beneficio de una minoría.

8
Vargas Machuca-Ortega, Ramón, “Ideas de democracia y prácticas de partido: El futuro incierto de la
representación política” en Revista Internacional de Filosofía Política, Universidad Nacional de Educación a
Distancia y Universidad Autónoma Metropolitana, Junio, 1997. 25.

11
El sistema de partidos 9 , característico de la política moderna, muestra cada vez más sus
contradicciones, y esa crisis se proyecta sobre el propio sistema de democracia
representativa. Pero no por ello se ha de caer en la descalificación fácil o en su
infravaloración, porque tal modo de proceder no contribuye a fortalecer la democracia
sino a preparar el terreno al autoritarismo. Por tanto, nuestra crítica ha de orientarse
hacia una transformación de la estructura de los partidos y de su política.

Es evidente que los partidos políticos son imprescindibles en una democracia


representativa, pero al mismo tiempo resultan inadecuados a las necesidades de la vida
actual, al no poder dar respuesta a muchas demandas hoy existentes. Por ello es
preciso que se reformen con profundidad y que su actuación se complemente con la de
grupos, asociaciones y movimientos sociales, a los cuales los partidos han de abrirse a
fin de que nuevos valores de la sociedad civil puedan incidir en las estructuras estatales
y conseguir que las verdaderas aspiraciones y preocupaciones de los ciudadanos, así
como los valores solidarios lleguen de modo eficaz a los órganos de poder.

Robert Dahl 10 considera que la crisis actual de la democracia representativa es en


realidad la crisis del gobierno de unas élites sobre el pueblo. Por esto es preciso la
democratización interna de los partidos, para romper la lógica de organizaciones
instrumentales dirigidas sólo a la captación de votos y para limitar las tendencias
oligárquicas y burocratizadoras que les amenazan de autoritarismo y que pueden
impregnar incluso el propio Estado.

Ello no obstante, es preciso buscar un cierto equilibrio y un mínimo de cohesión para


poder canalizar la disensión interna sin fragmentar el partido ni ponerlo en peligro,
porque entonces la democratización llegaría a ser disfuncional para el propio sistema.

Sobre la base de todo lo anterior se pueden señalar algunas medidas tendentes a


introducir la democracia dentro de los partidos políticos, así como otras referidas al

9
García Cotarelo, Ramón, Los partidos políticos, Madrid, Sistema, 1985.
10
R. Dahl, La democracia y sus críticos, Paidós, Barcelona, 1992, p.83.

12
control de su financiación -para hacer frente a la corrupción política-, y a la promoción
de una política más "vocacional" con el fin de devolver la credibilidad a las instituciones
y a sus representantes.

En resumen, lo que proponemos es una profundización en la democracia mediante una


reflexión sobre su futuro, a partir de sus deficiencias actuales. Se trata de construir un
sistema de convivencia no excluyente que posibilite el reconocimiento y la realización de
la persona desde su libertad en la solidaridad. El camino para conseguirlo pasa por la
democratización desde dos ámbitos: el institucional y el social.

Por lo que respecta al ámbito social es preciso arraigar la democracia en la vida y


estructurar un nuevo orden social, basado en la justicia y la solidaridad, a partir de las
potencialidades de la sociedad civil, en el que los ciudadanos tengan el protagonismo.
La relación dialéctica entre los ciudadanos y el Estado abrirá así vías para que un
sistema humanizante de democracia con contenidos sustantivos sea una posibilidad real
y esperanzada, haciéndonos a la vez descubrir la fuerza de futuro que las modestas
realizaciones actuales contienen.

13
Bibliografía

Mouffe Chantal, “Derechos, teoría política y democracia” En demócratas, liberales y


republicanos. El Colegio de México. (comp) Jean-Francois Prud´Homme.

De Cabo de la vega, Antonio, El derecho electoral en el marco teórico y jurídico de la


representación, IIJ/UNAM, México, 1994.

Córdova Vianello, Lorenzo, “Repensar las gobernabilidad de las democracias” en


Gobernabilidad y constitucionalismo en América Latina. Diego Valadés (Editor)
UNAM/IIJ, México, 2005.

Bobbio, Norberto, El futuro de la democracia, Plaza y Janes, Barcelona, 1985.

Sánchez, Azcona, Jorge, Ética y poder, Porrúa, México, 1998.

Cariacedo, José Rubio et al, Retos pendientes en ética y política, Trotta, Madrid, 2002.

Zigmunt, Bauman, En busca de la política, FCE, México, 1997.

Vargas Machuca-Ortega, Ramón, “Ideas de democracia y prácticas de partido: El futuro


incierto de la representación política” en Revista Internacional de Filosofía Política,
Universidad Nacional de Educación a Distancia y Universidad Autónoma Metropolitana,
Junio, 1997.

García Cotarelo, Ramón, Los partidos políticos, Madrid, Sistema, 1985.

R. Dahl, La democracia y sus críticos, Paidós, Barcelona, 1992.

14