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COLECCION Conjunciones Estructuracion psiquica y subjetivacion del nifio de escolaridad primaria El trabajo de la latencia Rodolfo Urribarri Uribarri, Rodolfo Estructuracién psfouica y subjetivacién del nifio de escolaridad primaria : el trabajo de la latencia - 12 ed. - Buenos Aires : Centro de Publicaciones Educatvas y Materiat Didactico, 2008. ‘296 p. : 23x16 cm. (Conjunciones dirigida por Marcela Pereira) ISBN 978-987-538-213-8 1. Psicologia infantil. 2. Desarrollo Intelectual. |. Titulo cop 155.4 Coleccién Conjunciones Director editorial: Daniel Kaplan Directora de coleccién: Marcela Pereira Correccién de estilo: Susana Pardo Diagramacién: Patricia Leguizamon - Analia Kaplan 1° edici6n, febrero de 2008 © Ediciones Novedades Educativas del Centro de Publicaciones Educativas y Material Didactico S.R.L. Av. Corrientes 4345 (C1195AAC) Buenos Aires - Argentina Tel.: (54 11) 4867-2020 - Fax: (54 11) 4867-0220 E-mail: noveduc@noveduc.com / www.noveduc.com Ediciones Novedades Educativas de México S.A. de CV. Instituto Técnico Industrial # 234 (Circuito Interior) Oficina # 2 - Planta Alta (Ref: Metro Estacion Normal) Colonia Agricultura. Deleg. Miguel Hidalgo México, D. F. - C. P. 11360 - Tel/Fax: 53 96 59 96 / 53 96 60 20 E-mail: novemex@noveduc.com - novemex@infosel.net.mx 1.S.B.N. N° 978-987-538-213-8 Queda hecho el depésito que establece la Ley 11.723 Impreso en Argentina - Printed in Argentina No se permite la reproduccién parcial o total, el almacenamiento, el alquiler, la transmisi6n o la transforma- clon de este libro, en cualquier forma 0 por cualquier medio, sea electronico 0 mecanico, mediante fotoco- pias, digitalzacién u ottos métodos, sin el permiso previo y escrito del editor. Su infraccién est penada por las leyes 11.723 y 25.446. a indice 5 PROLOGO por Madelaine Baranger .... PRESENTACION Cariruto I. Revision histérico-critica de la bibliografia sobre la latencia ..... CarituLo IL Planteando Ia latencia Introducci6n_... Acerca de la teorfa Latencia temprana y tardia .- 100 .- 106 Pasaje a la pubertad Cariruo TIT. De lo observable a lo inferido en lo intrasubjetivo Expresion gréfica 109 lll Actividad motriz y juego + 137, Desarrollo intelectual y del pensamiento 152 Lenguaje... 173 Sentimientos .... .. 176 Agresion ... .. 180 Cariruto IV. Trabajo de la Jatencia .......... Preconsciente Relacién con otros trabajos psiquicos Cariruto V. Explorando lo intersubjetivo 195 197 El camino exogdmico ..... Relaciones intersubjetivas .. Cariruto VI. Sobre psicopatologfa... Algunas consideraciones generales Patologia adolescente y pseudolatencia . CONCLUSIONES _..... BIBLIOGRAFiA .... mus «=|Prologo 9 Me formé como analista de nifios hace muchos aiios; las circunstancias me distanciaron de esta practica, aunque sigo siempre con interés y cu- tiosidad los descubrimientos y desarrollos producidos fuera de mi propia experiencia. Acepté prologar este libro, antes de haberlo lefdo, confiada, por otros trabajos de R. Urribarri, de que me podia traer ideas novedosas y no tan evidentes en lo anteriormente aprendido. Pensé que podia ser una opor- tunidad de actualizar mi pensamiento, nada menos que sobre el tema de la latencia, que, en mi memoria -y entiendo que también para analistas de nifios actuales— era considerado el ejercicio mds tedioso del trabajo con nifios. El titulo mismo, con “el trabajo de la latencia”, permitfa presagiar al- go muy distinto, y no me defraud6. 7| I Estructuracion psiquica y subjetivacién del nifio.... Creo que lo esencial para mf es que no se considere més la latencia co- mo una etapa casi de detenimiento del desarrollo, y que se encuentre en ella, al saber Icerlos, no sélo los efectos tan mentados de Ja represion que apaga las manifestaciones de la sexualidad y del complejo de Edipo, sino modificaciones de lo anteriormente vivido que apuntan, con la adquisi- cion de nuevos mecanismos, a establecer progresivamente un aparato psiquico distinto, con una estructuracién mas compleja del sujeto y de su relacién con el mundo, en los planos intrasubjetivo ¢ intersubjetivo. En verdad, era muy légico suponer que no sc trataba sélo de una eta- pa de pasaje entre la infancia y la pubertad y adolescencia, en la que, lo mismo que en cualquier otra etapa, habia mecanismos especificos que anunciaban y tendian a una reestructuracién mas acorde con el ingreso en las etapas siguientes. Es cierto que el mismo Freud insistié sobre la preponderancia de la re- presién de la sexualidad, que debja resurgir después con més fuerza por motivos bioldgicos; que, en la misma €poca, se intenté relacionar esta su- puesta desaparicién con un periodo de glaciacién del mundo externo, re- petido analdgicamente (Ferenczi). Esta casi desaparicién de la sexualidad manifiesta se consideraba efecto insoslayable de la represién, que s6lo se podria superar mas adelante por el incremento de energfa de “los instin- tos” en la pubertad -en vez de suponer que este periodo que parecia muerto ¢ inactivo albergaba en realidad la preparacién de lo que se ven- dria a establecer después-. Entiendo que la idea del “trabajo de la latencia” corresponde mucho mis a un pensamiento analitico, para el cual el desarrollo recorre un ca- mino “vectorizado”, diria A. Green, con cambios que son transformacio- nes y complejizacién de lo anteriormente dado e instrumentado: no s6- lo modificaciones positivas y negativas de lo anterior, sino aparicién de otros enfoques y capacidades que se crean en gran parte silenciosamente y llegaran a florecer plenamente, si no se presentan mayores obstaculos, en la adolescencia. No tendria sentido resumir los distintos capitulos del libro, prefiero poner el acento sobre los temas que me hicieron repensar mis ideas re- cibidas y prejuicios no tan cuestionados: la definicidn mas “por la nega- tiva” de dicho periodo del desarrollo. 18 Rodolfo Urribarri | Prélogo I No me voy a referir tampoco especfficamente a las contribuciones de Freud, ampliamente citadas y comentadas en el texto. Tampoco lo haré por las citas numerosas y criticamente comentadas de autores subsiguien- tes y contempordneos, todo lo que constituye un valioso texto de refe- rencia. Considero que actué como punto de partida para el pensamien- to del autor, conjuntamente con las preguntas surgidas de la practica cli- nica, y que se ha integrado para formar naturalmente parte de su pensa- miento en la medida de su coherencia. Se puede citar, como ejemplo de inclusién de ideas previas, la diferen- cia entre latencia temprana y latencia tardfa, habitualmente reconocida, y también la idea de que las defensas en este periodo se vuelcan al servi- cio y a la primacfa de la sublimacion. Sf quiero subrayar que todas las afirmaciones estén ampliamente ilus- tradas por ejemplos clinicos u observaciones de Ia vida cotidiana que ayu- dan a representarse y precisar las diferencias principales con otros puntos de vista e interpretaciones. El aporte de los dibujos y del modo de trabajarlos es otro punto im- portante. Muestra cémo los temas y los mismos instrumentos del dibu- jo van cambiando a la par del procesamiento psiquico de la latencia. Otra observaci6n en los dibujos, no tan habitualmente citada, es la dife- rencia entre las modalidades de expresion de nifios y nifias. Se entiende que debe corresponder a diferencias en la estructuracién psiquica, con relacién a la diferenciacién sexual mds afirmada entonces que en la primera infancia; la observacidn esta avalada por un test o encuesta en la cual distintos profesio- 0 © nifia. nales acertaron mayormente a diagnosticar si el dibujante era Se estudid también en las representaciones grdficas el dibujo del cue- llo, que suele aparecer alrededor de los ocho aiios, interpretindolo co- mo representacién del preconsciente, “lugar mediatizador entre lo pul- sional inconsciente representado por el cuerpo y lo consciente represen- tado por la cabeza”. Se nota su ausencia en los dibujos de niiios con marcada impulsividad o de ambientes violentos. El cuello que a veces figura en los dibujos du- rante unos afios puede desaparecer con una irrupcidn puberal brusca. Pe- ro “en el proceso teraptutico, a medida que se elaboran los conflictos y apa- 9] J Estructuracién psiquica y subjetivacién del nif... recen las vias sublimatorias, aparece el cuello en el dibujo de la persona hu- mana oa veces en él de un animal”. Sc concluye que “el dibujo del cuello y sus caracteristicas son un indice diagndstico destacable a tener en cuenta, revelador del establecimicnto del preconsciente en el ‘trabajo de la latencia’, silencioso y arduo trabajo en In estructura psiquica”. La creacion y la or- ganizacién del preconsciente es ya una sublimacién; “esta instancia in- trapsiquica, gestada desde lo subjetivo con influencia de lo transubjetivo, constituird el pivote clave del funcionamiento psiquico ulterior”, como se precisa més en capitulo final sobre adolescencia. La consideracién de los juegos habituales de nifios y nifias muestran también diferencias de modos de expresién que corresponden a la mayor importancia de la diferencia de sexo. Los juegos “parecen representar la funcionalidad de los genitales... y una ejercitacién preparatoria del rol se- xual a desempefiar”. Esto permite pensar que la primacia genital, que se- ré el logro de la adolescencia, se prefigura en el periodo previo, implican- do algo mis que la defensa contra la angustia de castracién, “un aspecto progresivo que promucve la diferenciacin sexual, su exploracion desplaza- da en el juego y la encubierta preparacion para el futuro rol sexual”. Todo esto tiende a desmentir el otro prejuicio que daba por sentada la desaparicién de la sexualidad durante la latencia, dominada por la lucha contra la masturbacién. Si el interés por la sexualidad ya no es tan mani- fiesto, es porque el desarrollo, apoyado y fomentado por la escolaridad y otras instituciones cducativas, desvia cn gran parte este interés hacia lo intelectual y el pensamiento (“Jo escoptofilico conduce a lo epistemofilico”) que proporcionan una descarga sustitutiva. Con la adquisicion del len- guaje, el pasaje del proceso primario al secundario y el acceso al princi- pio de realidad, el verbo puede sustituir la accidn y enmascara el placer pulsional. La posibilidad de ocultar el pensamiento promueve una cre- ciente autonomia, alejamiento o desprendimiento de los objetos prima- rios, que facilitar posteriormente el camino a la exogamia. Los juegos, con la aparicin de los juegos de roles, se despliegan con un creciente interés por la realidad y el afan de adaptarse a ella o poder do- minarla por el desarrollo de recursos yoicos. Son también elemento cen- tral de la relacién entre pares, ademas de la simbolizacién de las relacio- nes edipicas y fraternas | 0 Rodolfo Urribarri § Prélogo I Correlativamente con la represién y las satisfacciones enmascaradas, se desarrolla frecuentemente una actividad fantasmitica (suefios diurnos) que repara parcialmente las frustraciones inevitables de la infancia y las injurias narcisistas. En esta ctapa se empieza a construir la “novela fami- liar”, muchas veces recurrente durante toda la vida, con los suefios diur- nos, en parte transformaciones del acto masturbatorio. Lo hasta aqui resefiado insiste sobre la importancia, explicitamente marcada por el autor, de considerar la latencia no ya como un tiempo cronolégico, sino como una etapa, condicionada més por la cultura que por la fisiologfa, en la cual nacen y se construyen mecanismos cada vez mas complejizados y sofisticados para el desarrollo del ser humano y su destino. No voy a extenderme sobre otros temas esenciales: por ejemplo, el tra- to distinto por el cual se transforman o enmascaran las manifestaciones de las pulsiones libidinales y de la agresién; mds importante todavia, el es- tudio de las identificaciones, al principio con los objetos primarios, des- pués con objetos encontrados en lo social, que modifican y enriquecen los modelos del ideal del Yo, y con objetos grupales que produciran el sentimiento de pertenencia. Mas que todo, el tiltimo capitulo muestra cémo las dificultades de la adolescencia y de toda la vida posterior se pueden entender en funcién de obstaculos o fallas ya detectables en la latencia, muchas veces disimu- lados por una sobreadaptacién que un diagnéstico en su momento po- dria modificar para un futuro mas prometedor. Destaco la formulaci6n de la pseudolatencia. Los distintos materiales clinicos, vifietas o historiales mas extensos, son muy convincentes y no se pueden resumir. La lectura de este libro no solamente es instructiva para el tema del anilisis de nifios y de las concepciones metapsicolégicas en general; creo que también resultara placentera como lo fue para mi. Madeleine Baranger Wy MEE Presentacion 1 i Este libro es producto de diferentes momentos de mi formacién psi- coanalitica, movilizado por los desafios de la clinica, a veces relegado por otros requerimientos profesionales o de la vida personal y familiar y, otras tantas, retomado y avanzado. Comenzé como una inquietud, a comienzos de mi practica, a partir de tener varios nifios “latentes” en tratamiento. Busqué bibliografia, al ser insuficiente lo que encontré para mis interrogantes; siguidé con una preo- cupacién sobre la posible relacién entre la sublimacién freudiana y la re- paracién Kleniana. Fue desplazado por otros intereses y requerimicntos por largo tiempo, quizds en “barbecho”, aunque cada tanto resurg{fa en mis supervisiones. Lo retomé para el dictado de un curso (1977), para una mesa redonda con los dos tinicos colegas argentinos que escribieron sobre el tema (1977); para otro curso (1979) y en una conferencia plenaria (1985). Con- creté el primer escrito tres afios después (1988), ligeramente ampliado y corregido (1993) para ser utilizado como bibliografia en la Facultad de Psi- cologia de la Universidad de Buenos Aires. Lo haba retrabajado a comien- zos de los noventa y nuevamente quedé relegado hasta que lo presenté en 1997 como tesis en la Asociacién Psicoanalitica Argentina y en versién pro- fundizada como tesis doctoral en la Universidad de Buenos Aires en 2005. Mientras preparaba ésta, obtuve el Premio sobre Psicoanilisis de nifios y adolescentes de la Federacién Psicoanalitica de América Latina en 1998 y 13 | I Estructuracién psiquica y subjetivacin del nifio... dos afios después el mismo premio de FEPAL con el trabajo sobre la rela- cidén de latencia y adolescencia, incluido al final de este libro. Después de tantas elucubraciones y retomas, pasé de ser transmisién oral (cursos, con- gresos y supervisiones), para adquirir forma escrita, finalmente, en este li- bro que, como tal, ya pasa a ser patrimonio del lector mds que del autor. Me decidi a publicar este libro ya que sigo pensando que no ha sido su- ficientemente aclarado el funcionamiento psiquico de los nifios “laten- tes”; salvo excepcién, los autores en general se han abocado a aspectos parciales, sin lograr una visién global de la estructuracién psfquica que se produce y que perdurard en lo sucesivo. La bibliografia reseitada podra orientar al lector sobre aspectos especificos y diversos enfoques, asi como mis acuerdos y diferencias. Puede ser leida al principio con una nocién histérica y de corrientes psicoanaliticas, o al final como una complementariedad del texto, notando apoyaturas y disensos. Quisiera expresar diversos agradecimientos, en primer lugar a mis pa- cientes y sus padres que confiaron en m{ y sostuvieron su tratamiento, posibilitando adentrarme en los vericuetos metapsicolégicos transforma- cionales del trabajo de la latencia. También a mis supervisores y profeso- res por sus ensefianzas y sugerencias. No sélo por su aporte profesional, sino también por la relacién personal respetuosa, de apoyo y valoracién que me brindaron a lo largo de distintos perfodos e intercambios, desta- co especialmente a Susana Lustig de Ferrer, Eduardo Salas y Peter Blos, que estimularon y fertilizaron mi pensamiento asi como insistieron en que tenia que escribir y publicar; al igual que Made Baranger, en especial por su prdélogo. También al apoyo afectivo, correcciones y sugerencias de los diversos borradores iniciales y agregados que pacientemente realiz6 quien fuera mi esposa, Alicia Cohan; a mi discfpula y amiga Pilar Yufera de Farifia, y a Alejandro Klein por sus lecturas criticas, asi como a la co- laboracién de mis secretarias, a la apuesta editorial de Daniel Kaplan y a las sugerencias y esfuerzos de su equipo técnico. Reconozco el estimulo de los colegas que discutieron mis presentaciones y alos que, en seminarios y conferencias, con su interés, atencién y pregun- tas contribuyeron al proceso de despliegue de mis ideas, asi como a los ju- rados de los premios antes mencionados por el respaldo otorgado. Rodolfo Urribarri [4 Capitulo | ae ee REVISION HISTORICO-CRITICA DE LA BIBLIOGRAFIA SOBRE LA LATENCIA SIGMUND FREUD E] término, la explicitacién y caracterizacién del perfodo de latencia aparece en la publicacién de los Tres ensayos de teoria sexual, de S. Freud (1905) y es la que basicamente mantiene a lo largo de su obra. Algunos autores sefialan la carta 46 a W. Fliess (30 de mayo de1896) como la aparicién del concepto. En ella se est4 poniendo en marcha la no- cién de que la sexualidad no se despliega de manera continua, lineal, sino por perfodos ligados a la represién, lo que se definiré conceptualmente mis tarde, en relacién con la etiologfa de las neurosis. Sefiala dos momen- tos de operancia de Ja represion y épocas de transicion en las cuales se pro- ducen. Ni las fechas propuestas, ni la nocién se corresponden con la de periodo de latencia, aunque podria presumirse como su antecedente atin difuso, en “nebulosa”, que afios mas tarde clarificara. Concuerdo con Arbisio-Lesourd (1997) cn que entre periodos de transicién (dibergangzeiten) y periodo de latencia hay “una diferencia esencial”, los “pertodos de transicién son concebidos como etapas de madu- racién sexual, mientras que la latencia sera considerada como un tiempo de ausencia relativa, o de represion de la sexualidad?.' Esos dos periodos son considerados como dos tiempos de pasaje o transicién, lo que no se reencontrara luego a lo largo de la obra freudiana. 1. Arbisio-Lesourd, C., L’enfant de la période de latence, pig, 20. En lo sucesivo, las ci tas textuales de autores estarin impresas en itdlicas, los destacados salvo aclaracion— me pertenecen. 7 | I Estructuracién psiquica y subjetivacién del nifio... Un par de afios después aparece una mencién que se acerca mas al pos- terior concepto, “Er verdad, empero, que la organizacién y el desarrollo de la especie humana aspiran a evitar un quebacer sexual mas vasto en In infancia: se diria que las fucrsas pulsionales sexuales deben almacenarse en el ser huma- no para que, liberndas en la época de la pubertad, pucdan servir luego agran- des fines culturales (W. Fliess). A partir de estos nexos acaso se comprenda por qué unas vivencias sexuales de la infancia forzosamente tendran un efecto pa- tégeno. Pero silo en minima medida despliegan su efecto en la época en que se producen; mucho més sustantivo es su efecto retardado (nachtrilich), que sdlo puede sobrevenir en pertodos posteriores de Ia maduracién” (Freud, 1898). Estaria planteando los fundamentos conceptuales y perfilando su relacién con otros conceptos psicoanaliticos en gestacién y el peso de lo cultural. En su articulo “Sobre los recuerdos encubridores” (1899), aborda un primer periodo de la sexualidad no conflictual, que por ende se manifies- ta franca ¢ inocentemente, que luego sera “olvidada”. Al siguiente afio (en el libro sobre los suefios), aparece la nocién de amnesia normal, don- de los recuerdos sexuales tempranos se adscriben al proceso primario y se desarrollan luego los procesos secundarios. Estas lineas conceptuales seiialadas, junto al abandono de la teoria de la seduccion y a la ampliacién de elementos que ligan Ia clinica con la sexua- lidad infantil temprana, su cualidad perverso polimorfa y su incompatibi- lidad con las exigencias morales y culturales, se organizan y despliegan en la presentacién que hace en los Tres Enswyos (1905), donde surge el pe- rfodo de latencia como una necesidad Idgica de la teoria (Arbisio-Le- sourd, 1997) a modo de pivote articulador entre sexualidad infantil, los dos tiempos de la sexualidad, los dos tiempos del trauma, la represidn, la etiologia de las neurosis y la presi6n cultural, a la vez que concordante con la observacién de nifios y la aspiracion social. El periodo de latencia le po- sibilita una ampliacién explicativa y metapsicolégica y se transforma, en el pensamiento freudiano, en un entramado clave que jamas abandonara, aunque no logra profundizarlo en toda su magnitud, tanto en lo atinen- te a los procesos normales de estructuracién del aparato psiquico como en cuanto a sus implicancias psicopatoldgicas. 2. Freud, S., La sexualidad en In etiologin de las neurosis, 1898, pag. 273. ['8 Rodolfo Urribarri | Revision histérico-critica... If No hay, més alla del capitulo especifico en el segundo de los Tres En- sayos (1905), un texto freudiano centrado en el periodo de latencia; s6- lo lo aborda tangencialmente al referirse a otro tema, o al resefiar su teo- rfa; tampoco modifica sustancialmente su inicial postulacién, tan sdlo agrega algun elemento. Lo que si se observa es su continua oscilacién en cuanto a [a explicacién de su génesis en términos biologistas o culturalis- tas, Pasaré a resefiar algunas de sus aportaciones. Inicia el “Ensayo II” sobre sexualidad con una referencia al olvido de lo infantil y luego un acdpite sobre la amnesia infantil para pasar al cap{- tulo I. Ya en el titulo plantea el periodo y sus rupturas caracterizados por una fuerte tendencia a Ja progresiva sofocacién de las mociones pulsio- nales, pero, al mismo tiempo, por la ruptura del acallamiento manifiesto y el surgimiento de lo pulsional, ¢ incluso “Suspendida por peculinridades individuales”, admitiendo la posible persistencia de actividades sexuales manifiestas durante toda la latencia (pag. 160-162). Esta situacién, en la que por una parte postula la existencia del periodo y por la otra sefiala su ruptura y detenciones, afirmando que en realidad es una aspiracién ideal de la cultura forzada por la educacién (pag. 162), se repetird en los su- cesivos articulos, reconociendo que su funcionamiento le resulta en par- te desconocido y misterioso. No obstante, persiste hasta el final de su obra en sefialar su existencia ¢ importancia. Cuando habla de ruptura o detenci6n, esté conservando Ia idea de una pujanza pulsional continua, asi como al plantear su caracter defensivo es- tA implicito que las mociones pulsionales persisten y que el Yo arbitra mecanismos para sofocarlas. “Durante este pertodo de latencia total 0 meramente parcial se edifi- can los poderes antmicos que mds tarde se presentardn como inhibiciones en el camino de la pulsién sexual y angostardn su curso ala manera de unos digques (cl asco, el sentimiento de vergiienza, los reclamos tdenles en lo esté- tico y en lo moral).” Se pregunta luego: ©;Con qué medios se ejecutan es- tas construcciones tan importantes para la cultura personal y la normali- dad posteriores del individuo? Probablemente a expensas de las mociones se- xuales infantiles mismas, cuyo aflujo no ha cesado, pues, ni siquiera en este periodo de latencia, pero cuya energia —en su totalidad o en su ma- yor parte— es desvinda del uso sexual y aplicada a otros fines. Los histo- 19} I Estructuracién psiquica y subjetivacién del nifio... rindores de la cultura parecen contestes en suponer que mediante esa des- viacién de las fucraas pulsionales sexuales de sus metas, y su orientactén ha- cia metas nucvas (un proceso que merece el nombre de sublimacién), se ad- quieren poderosos componentes para todos los logros culturales. Agregaria- mos, entonces, que un proceso igual tiene lugar en el desarrollo del indi duo, y situariamos su comienzo en el pertodo de latencia sexual de la infan- cin” (pig. 161). “Pera la préctica sexual del nitto no se desarrolla al mismo paso que sus otras funciones, sino que, tras un breve pertodo de florecimiento entre los dos y los cinco anos, ingresa en el periodo llamado de latencia. En éste, la pro- duccibn de excitacién sexual en modo alguno se suspende, sino que perdura y ofrece un acopio de energia que en su mayor parte se emplea para otros fi- nes, distintos de los sexuales, a saber: por un lado, para aportar los compo- nentes sexuales de ctertos sentimientos sociales y, por el otro (mediante la re- presion y la formacién reactiva), para edificar las ulteriores barreras se- xuales. Ast, a expensas de la mayorta de las mociones sexuales perversas, y con ayuda de la educacién, se edificartan en la infuncia los poderes destinados a mantener la pulsién sexual dentro de ciertas vias. Otra parte de las mociones sexuales infantiles escapa a estos empleos y puede exteriovizarse como practica sexual” (pag. 212). En este sentido percibe la importancia de una redireccién de la pulsién que favorezca la descarga a través de metas socialmente aceptadas y la posi- bilidad de que importantes montos energéticos se vuelquen al aprendizaje. Son atin, en 1905, confusas las nociones de formacién reactiva y subli- maci6n, que por momentos se superponen o resultan una forma especial de la otra. “Puede, asimismo, arriesgarse una congetura acerca del meca- nismo de tal sublimacién. Las mociones sexuales de estos anios infantiles se- rian, por una parte, inaplicables, pues las funciones de la reproduccién es- tan diferidas, lo cual constituye el cardcter principal del periodo de laten- cin; por otra parte, serian en st perversas, esto es, partirian de zonas erdge- nas y se sustentarian en pulsiones que dada la direccion del desarrollo del individuo solo provocarian sensaciones de displacer. Por eso suscitan fuerzas animicas contrarias (mociones reactivas) que construyen, para la eficaz so- focactin de ese displacer, los mencionados diques psiquicos: asco, vergiienza y moral. [Nota agregada en 1915: En el caso aqui considerado, la subli- | 20 Rodolfo Urribarri | Revision histérico-critica... macion de las fuerzas pulsionales sexuales se realiza por la via de la forma- cion reactiva. Pero, en general, es licito distinguir conceptualmente subli- macion y formacion renctiva como dos procesos diversos. También puede ha- ber sublimaciones por otros caminos, mds simples]? (pig. 162). “El tercer desenlace de una disposicién constitucional anormal es posibi- litado por el proceso de la ‘sublimacién’. En ella, a las excitaciones hiperin- tensas que vienen de las diversas fuentes de la sexualidad se les procura dre- naje y empleo en otros campos, de suerte que el resultado de la disposicién en si peligrosn es un incremento no desdenable de la capacidad de rendimien- to psiquico. Aqut ha de discernirse una de las fuentes de la actividad artis- tica; y segun que esa sublimacién haya sido completa o incompleta, el and- lisis del caracter de personas aliamente dotadas, en particular las de dispo- sicitn artisticn, revelara la mezcla en distintas proporciones de capacidad de rendimiento, perversion y neurosis. Una subvariedad de la sublimacién es tal vez la sofocactén por formacién reactiva que, segiin hemos descubier- to, empieza ya en el periodo de latencia del nino, y en los casos favorables continia toda la vida” (pag. 218). Luego de tres afios, en su texto Cardcter y erotisma anal 1908) reto- ma el tema, resaltando el desvio de las metas sexuales, los diques que se contraponen a las pulsiones y fijando una cronologia al perfodo. “Pues bien, podemos aproximar a nuestro entendimiento al menos lo fundamen- tal de él con aynda de las premisas que se expusieron en 1905 en'Tres en- sayos de teorfa sexual. Abi he procurado mostrar que la pulsién sexual del ser humano es en extremo compuesta, nace por las contribuciones de nume- rosos componentes y pulsiones parciales. Aportes esenciales a la ‘excitacién sexual prestan las excitaciones periféricas de ciertas partes privilegiadas del cuerpo (genitales, boca, ano, uretra), que merccen el nombre de ‘sonas erégenas’. Ahora bien, las magnitudes de excitacién que legan de estos lu- gares no experimentan el mismo destino todas ellas, ni en todas las épocas de In vida. En términos generales, sblo una parte favorece a In vida sexual; otra es desviada de las metas sexuales y vuelta a metas diversas, proceso és- te que merece cl nombre de Sublimacién’. Hacia la épocn de la vida que es icito designar como ‘periodo de latencia sexual’, desde cl quinto ano cum- plido hasta las primeras exteriorizaciones de la pubertad (en torno del un- décimo ano), se crean en la vida animica, a expensas de estas excitaciones at | I Estructuracién psiquica y subjetivacién del nifio... brindadas por las zonas erégenas, unas formaciones reactivas, unos poderes contrarios, como la vergiienza, el asco y la moral, que a modo de unos diques se contraponen al posterior quehacer de las pulsiones sexuales” (pag. 154). Si bien se impone la relacién entre el perfodo y las defensas que le son propias, no queda clara la idea de si las defensas crean el periodo de la- tencia, o si éste genera las defensas; es probable que esta indefinicién sea producto de su oscilacién entre si la latencia esta biolégicamente deter- minada o si es producto de la cultura. En Formulaciones sobre los dos principios del acaecer pstquico, sefiala la importancia y caracteristicas del pensamiento (que luego retomaré) y de una parte que se escindié y permanece ligada al principio del placer, abandonando el apuntalamiento en los objetos reales; cl fantasear, que posibilita la postergacién y cierta satisfaccién per sc, comienza con el jue- go y se sigue con los suefios diurnos, en relacién con el periodo de la- tencia. Esta cualidad defensiva dindmica del fantaseo es resaltada poste- riormente por otros autores, en particular C. Sarnoff, aunque pierden de vista su cualidad estructurante, de complejizacién del aparato y de diver- sificacién de vias de descarga. En Psicologia de las masas y andlisis del Yo (1921), liga la represién del Complejo de Edipo al comienzo del Periodo de la Latencia y resalta cl concepto de pulsién de meta inhibida en las relaciones interpersonales, aun con los objetos primarios (pags. 131-132). En el primero de los Dos articulos de enciclopedia (1923), dice como propio del periodo: “se edifi- can las restricctones éticas como formaciones protectoras contra las mociones de deseo del complejo de Edipo” (pig. 241). Se produce en estos dos arti- culos un cambio respecto de los articulos previos, en cuanto la latencia es definida como subproducto de la represién del Edipo y las restriccio- nes éticas como defensas a éste se resaltaran, en vez del embate pulsional infantil persistente y los diques que intentan controlarlos. También se ve la oscilacién; en el primero se adscribe mas a una etiologia socio-cultural y enel otro a lo biolégico, que luego, en El Yo y el Ello (1923), lo liga- ra a la era de las glaciaciones (pags. 36-37). En El sepultamiento del Complejo de Edipo (1924), indica al relevo del Edipo por el perfodo de latencia como una respuesta defensiva al com- | 22 Rodolfo Urribarri | Revisién histérico-critica... ff plejo de castracién. Seiiala: “las investiduras de objeto son resignadas y sus- tituidas por identificacién. La autoridad del padre, 0 de ambos progenito- res, introyectada en el Yo, forma ahi el niicleo del Superys, que toma pres- tada del padre su severidad, perpetia la probibicién del incesto y, ast, ase- gura al Yo contra el retorno de la investidura libidinosa de objeto. Las as- piraciones libidinosas pertenecientes al complejo de Edipo son en parte dese- xualizadasy sublimadas, lo cual probablemente acontezca con toda traspo- sicién en identificacién, y en parte son inhibidas en su meta y mudadas en mociones tiernas. El proceso en su conjunto salvé una vez a los genitales, ale- $6 de ellos el peligro de la pérdida, y ademds los paralizd, cancelé su funciin. Con ese proceso se inicia cl periodo de latencia, que viene a interrumpir el desarrollo sexual del nivio” (pag. 184). (Si bien pocas paginas antes lo de- finié como fase preordenada del desarrollo). En el Breve informe sobre el Psicoandilisis (1924), lo caracteriza por la inhibicién sexual y lo destaca en cuanto a su conexién con las institucio- nes sociales normativas y éticas, “Ia vida sexual alcanza una primera cul- minacién del tercero al quinto ano de vida, para reinstalarse de nuevo en la pubertad tras un periodo de inhibicién. Pero ast se abria la inteleccion de que un tercer fragmento, en extremo serio, de la actividad espiritual hu- mana, el que ha creado las grandes instituciones de la religion, del derecho, de la ética y todas las formas de organizacion estatal, apunta en el fondo a postbilitar al individuo el dominio de su complejo de Edipo y a apartar su libido de sus ligazones infantiles para dirigirla a las definitivas, las ligazo- nes sociales deseadas” (pag. 220). Lo reafirma en Inhibicin, sintoma y angustia (1926): “el comienzo del periodo de latencia, que se caractcriza por el sepultamicnto del complejo de Edipo, la creacion o consolidacién del Superyéd y la ereccién de las barreras éticas y estéticas en el interior del Yo”. Continta agregando una novedosa relacién al decir: “En la neurosis obsesiva, estos procesos rebasan la medida normal; a la destruccién del complejo de Edipo se agrega la degradaciébn re- gresiva de In libido, el Superyd se vuelve particularmente severo y desamora- do, el Yo desarrolla, en obediencia al Superys, clevadas formaciones rencti- vas de la conciencia moral, la compasion, la limpieza. Con una severidad despindada, y por eso mismo no siempre exitosa, se proscribe la tentacién a continuar con el onanismo de la primera infancia, que ahora se apuntala 23 | aa You have either reached a page that is unavailable for viewing or reached your viewing limit for this book. aa You have either reached a page that is unavailable for viewing or reached your viewing limit for this book. aa You have either reached a page that is unavailable for viewing or reached your viewing limit for this book. aa You have either reached a page that is unavailable for viewing or reached your viewing limit for this book. aa You have either reached a page that is unavailable for viewing or reached your viewing limit for this book. aa You have either reached a page that is unavailable for viewing or reached your viewing limit for this book. aa You have either reached a page that is unavailable for viewing or reached your viewing limit for this book. aa You have either reached a page that is unavailable for viewing or reached your viewing limit for this book. I Estructuraci6n psfquica y subjetivacién del nifo... pares y grupos), asi como que remite en sus explicaciones y ejemplos al erotismo genital en juego, con alusiones a lo anal y oral, ya que los esta- dios tempranos del desarrollo serin enfatizados mas tarde en su obra. En “La personificacién en el juego de los niios” de 1929 (1964a), des- taca como puede observarse en casos de nifios latentes, como Erna y Jor- ge, el juego de roles; reafirma lo sefialado en un articulo previo homolo- gando el significado de los juegos infantiles con las fantasias masturbato- rias, y la ejecucién del juego como un medio para la descarga de dichas fantasfas, asi como también el andlisis del juego como clave en los trata- mientos de nifios con perturbaciones diversas, que despliegan en él no solo sus fantasias, sino cl tipo de relacién intersistémica (Ello-Yo-Super- y6), asi como en la transferencia y con la realidad externa. En otro articulo del mismo afio, se aboca primero a interpretar una Opera, “La palabra magica”, sobre un nifio de seis afios que no quiere realizar sus tareas escolares y que, en cambio, expresa sus deseos de dis- frutar placeres (pasear, comer tortas) y descargar agresién (tirar la cola del gato, arrancar las plumas del loro). Al reprenderlo su madre por no hacer los deberes y castigarlo con “pan seco y nada de azticar para el té”, estalla de rabia, produciendo destrozos y atacando animales. Ante lo cual, para su sorpresa y angustia, las cosas se “animan” y “todo sufre un cambio aterrador”, produciéndole miedo y desolacién. El nifio desfalle- ce y huye al parque donde los animales pelean entre sf para ver quién muerde al nifio. Al curar a una ardilla, murmura la palabra magica “ma- m4” que detiene, para su asombro, la lucha animal, tornéndolo “bueno” y restituyéndolo “al mundo humano de proteccién” (1964a, pag. 202). En su anilisis sefiala el encubrimiento en los ataques de las fantasfas sadi- co-destructivas del interior materno y del pene del padre dentro de ella (de origen basicamente oral y de comienzos de la analidad), resaltando el terror a ser él atacado de igual manera por los objetos externas e¢ internalizados, siendo la angustia de castraci6n una “modificacién en el curso del desarrollo de la situacién de angustia mds temprana, tal como la he descripto(...) el sa- dismo es superado cuando el sujeto avanza al nivel genital. Cuanto més po- derosamente se instaura esta fast, mas capaz se vuelve el nino de amor obje- tal y de vencer su sadismo por medio de compasion y simpatia” (pig. 204). | 32 Rodolfo Urribarri | Revision histérico-critica... ff En Una contribucién a la teoria de la inhibiciin intelectual, de 1931, a partir del andlisis de un nifio de siete afios sefiala los impulsos sddico- uretrales y las tendencias sdico-anales como prefiguradas por cl sadismo oral que enfatiza, y su relacién con temores paranoides, defensas obsesi- vas y la inhibicidn intelectual. En este articulo ya puede verse cémo los aspectos falico-genitales perturbadores estan determinados por el sadis- mo temprano, incrementado en relacién con los ataques fantaseados al interior del cuerpo de la madre y al coito parental (1964a). Al afio siguiente publica El psicoandlisis de nitos (1964b), en cuyo capf- tulo IV, si bien se ocupa de la técnica del anilisis en el periodo de latencia, hace algunas consideraciones sobre el funcionamiento psiquico durante ese lapso. Comienza mostrando que, a diferencia de los prelatentes, su vida imaginativa se ve opacada y limitada por la poderosa tendencia a la repre- sién propia de la edad, su escaso desarrollo yoico y la falta de conciencia de enfermedad, a la que agrega una “actitud de reserva y desconfianza tan tipicas de este periodo de la vida, actitud que en parte es resultado de su in- tensa preocupacion por la lucha contra la masturbacién” (pag. 75). Poco a poco los juegos, m4s que con juguetes, pasan a ser juegos de roles y a ser menos imaginativos y mis ligados a la realidad, no se en- cuentra asi una expresién bastante directa de sus descos y fantasias, sino formas encubiertas, racionalizadas, debidas “no sélo a una mayor intensi- dad de la represion de la imaginacion, sino a un exagerado énfasis obsesi- vo sobre la realidad, que esta ligado a las condiciones especiales de este pe- riodo” (pag. 77). Destaca algunos simbolismos generalizados en el anilisis de juegos y re- salta que las “actividades mondtonas, como dibujo obsesivo, construccién, cos- tura o hacer cosas{...] parecen no ofrecer ningiin medio de acercamiento a la vida de imaginacién. Pero [...] aun actividades y conversaciones tan completamente desprovistas de fantastas como éstas, en realidad abren el ca- mino a lo inconsciente, si no las consideramos como expresiones de resistencia sino como material real”. Propone para la “interpretacién Ia conexién en- tre el simbolismo, el sentimiento de culpa y ln ansiedad, que acompanan esas vepresentaciones”, no descuidando que en estos casos el acceso a lo incons- ciente sdlo puede lograrse abriéndose camino a través del Yo (pag. 89). 33 | I Estructuracion psiquica y subjetivacin del nifio... Encontramos en el capitulo X consideraciones més generales sobre el funcionamiento psiquico en el periodo, por ejemplo, que el trabajo esco- lar toma cl relevo del juego imaginativo (pig. 195); o: “El Yo fortalecido se une al Superyo en In construccion de un estindar comin que incluye sobre to- do el sometimiento del Ello y su adaptacion a las exigencias de los objetos ren- les y del mundo externo. En este pertodo de su desarrollo, el ideal del Yo del nino es el chico ‘bueno’, bien educado que satisface a sus padres y maestros” (pag. 193). “La estabilizactén se produce en el pertodo de latencia fundada sobre una adaptacién a la realidad efectuada por el Yo de acuerdo con el Su- perys. El logro de dicho fin depende de la accién combinada de todas las fuer- zas ocupadas en sujetar y coartar los instintos del Ello” (pag. 197). Esta “es- tabilizacién” del nifo latente comienza por la lucha contra la masturbaci6én. en acto o fantasia, las cuales entran no sdlo en todos sus juegos, ‘sino tam- bién en sus actividades de aprendizage y en todas las futuras sublimaciones” (pag. 197), como vino sefialando en los articulos previos resefiados. Agrega que la gran necesidad de aprobacién de sus objetos, que eviden- cia el nino latente, es “porque necesita disminuir la oposicién de su Superys (que en este periodo ticnde a adaptarse a los objetos) a sus fantasias desexua- lizadas de masturbacién. Asi en este periodo tiene que cumplir con los si- Suientes requerimientos: por una parte renunciar a la masturbactén y repri- muir sus fantasias de masturbacion, y por otra parte, efectuar con éxito y a satisfaccion de los mayores estas mismas fantasias de masturbactén en su for- mea desexualizada de intereses actividades diarias; porque sélo con la ayuda de sublimaciones satisfactorias podra procurar la refutacién comprensiva de sus situaciones de ansiedad que necesita su Yo. Del éxito con que escape de es- te dilema dependerd la estabilizacion en el periodo de latencia” (pig. 197). Destaca la imprecisa frontera entre el nifio neurético y el normal en es- te perfodo, marcando luego que si bien el punto de fijacién de la neuro- sis obsesiva se encuentra en la infancia temprana, ésta no se organiza co- mo tal hasta cl perfodo de latencia; contintia con Ia dependencia de sus objetos y la necesidad de prohibiciones para asentar la represi6n y domi- nar la ansiedad, pero advierte los riesgos de un exceso en esta modalidad, que le restarian libertad interna y dificultarian el desapego de los objetos primarios, la relacién con otras figuras y las consecuencias negativas en la pubertad, insistiendo en “el riesgo de valorar en demasia el factor de adap- [34 aa You have either reached a page that is unavailable for viewing or reached your viewing limit for this book. aa You have either reached a page that is unavailable for viewing or reached your viewing limit for this book. Rodolfo Urribarri | Revision historico-critica. I do tanto mayor cuanto menos intensos sean los instintos” (pag. 60), donde se ve su oscilacién entre una explicacién centrada en lo defensivo y los requerimientos-reprimendas educacionales y un biologismo que actuaria via atenuacién de “la enexgia de las tendencias instintivas infantiles, enti- biase simulténeamente la pasién que hasta entonces habia dominado los vinculos del nino con sus progenitores” (pag. 61). A continuacién remite al cambio en la relacién con sus padres, tanto en lo afectivo cuanto en lo normativo, para pasar a mostrar el reemplazo de la prohibicién externa y autoridad parental por la operancia del Superyé. En 1936, con la aparicién de su libro El Yo y los mecanismos de defensa (1961), varios de los casos ejemplificados corresponden a niiios latentes, particularmente en lo referido a las inhibiciones, la formacion reactiva y la identificacién con el agresor (que pareciera privilegiar en este periodo), pero no hace una mencién explicita a la organizacién defensiva, nia una metapsicologia de la latencia. Es interesante su planteo en torno “a /a di- ferencia entre inhibicién y restricciones del Yo. El neurético inhibido se de- fiende contra la realizacién de un acto instintivo prohibido, desde luego, contra Ia liberacién de un displacer por algtn peligro interno. Aun cuando su angustia y su defensa ~segtin ocurre en la fobia- en apariencia se dirijan contra el mundo externo, teme asimismo sus propios procesos internos. [...] De otra parte, el método de Ia restriccién del Yo evita las impresiones desa- gradables del mundo externo en el presente, que podrian provocar el resur- gimicnto de similares impresiones pasadas. Insistiendo en la comparacién entre vepresion y negacion, diremos que la divergencia entre inhibicion y res- triccién del Yo estriba en que el proceso defensivo de la inhibictén se orienta contra los propios procesos internos y el de la restriccién del Yo contra los es- timutos del mundo externo” (pags. 113-14); resalta que, a pesar de la res- triccién, cl Yo conserva su libertad de accién en los otros ambitos a dife- rencia de lo que ocurre con la inhibicién. Agrega, a fines del capitulo: “Mediante tales expedientes defensivos con- tra el peligro y el displacer objetivos —los que he ilustrado con tres ejemplos—, el Yo infantil afronta, a su propio riesgo, la profilaxis contra la neurosis. Se guarece contra el desarrollo de la angustia y se inflinge modificaciones 0 de- ‘formaciones a fin de precaverse contra el dolor” (pag. 116). 37 | [[Estructuracién psiquica y subjetivacion del nifio... En un articulo de 1947 seftala: “la conducta se ve tan determinada por las acciones del Yo como durante los primeros cinco anos estuvo dominada por los instintos. La veduccién de Ia fuerza de los deseos sexuales ba librado al nino de una de sus peores angustias. En lugar de tener que buscar constantemente satisfaccién o de controlar deseos peligrosos, su Yo se halla en libertad para ex- pandirs: y desarrollarse, para usar su inteligencia y la energia que dispone en otras direcciones” (1976, pag. 90). Enfatiza la importancia del Yo en el con- trol y direccién de la conducta, asi como la subsecuente y evidente am- pliacién de intereses y recursos, de una manera que la acerca al “ideal de ja latencia” del escolar calmo, educable y juicioso, mas que al dificil equi- librio que resaltan otros autores, continuando con su idea de “disminu- cién de la fuerza libidinal”, pese a plantear paralelamente “el instinto se- xual permanece mis 0 menos latente”, incongruencia que no resuelve, no- tandose su proclividad a pensar en un determinante biolégico y conceptua- lizando las “rupruras” (de las que hablara su padre) como producto dei dé- ficit “de la crianza temprana” y de que “no se ha logrado el control de la vi- da instintiva” (pag. 89), mas que como la persistencia de la pujanza pul- sional evidenciada cada tanto, que el “ideal” no se logra plenamente y el nifio latente no esta tan dispuesto a renunciar a la satisfacci6n. Igualmente podria decirse, con respecto al reemplazo del juego por las tareas escolares, que es sdlo parcial, ya que también se observa, si la edu- caci6n no es muy restrictiva, la biisqueda de descarga en diversos juegos y actividades corporales. Marca la importancia de la operancia del Superyé y del relativo distan- ciamiento de la relacién y opinién de los padres, surgiendo !a influencia de otros adultos y camaradas. Es poco lo que agrega en articulos posteriores, pero en uno de sus tl- timos y mas importante libro (1975) podrian inferirse algunas nociones referidas a su propuesta de las lineas de desarrollo (como, por ejemplo, desde la dependencia hasta la autosuficiencia y las relaciones objetales adultas, o hacia el cuidado y la independencia corporal, o de los juguetes y el juego al trabajo, del uso del otro a la cooperacién), donde mis bien describe modalidades observables en una progresién evolutiva sin tropie- zos. Aparecen menciones al decrecimiento del interés y la actividad se- xual, a la rclacién de objeto independiente del sexo del otro (como con | 38 Rodolfo Urribarri | Revisién histérico-critica... ff sus maestros) (pag. 148), la sociabilidad y educabilidad, algunos meca- nismos como formaciones reactivas y represién, o la importancia de la su- blimacién y la pulsién de meta inhibida. Espeeificamente dice: “cl periodo de latencia, es decir, la disminucién postedipica de la urgencia de los impulsos y la transferencia de la libido des- de Ia figura paterna hacia sus compateros, grupos comunitarios, maestros, lideres, ideales impersonales e intereses de objetivo sublimado ¢ inhibido” (pag. 57) y, mas adelante, “este conjunto de sintomas desaparece como por arte de magia tan pronto el nino da los primeros pasos hacia el pertodo de Jatencin, es decir, como una reaccién inmediata a la disminucién de la ac- tividad de los impulsos, determinada biolégicamente. Comparado con el nino de la fase edtpica, el pequeno del pertodo de latencia esta sin lugar a dudas menos importunado por conflictos” (pag. 130). Puede verse como tiene una concepcidn biologista del periodo (pese a que ya en 1965 los conocimientos endocrinolégicos no podian avalar esas hipdtesis), y una concepcién de latencia “ideal” no jaqueada por ansiedades y conflicts. AUTORES ANGLOPARLANTES Augusta Alpert Recién en 1941, y a partir de una larga experiencia con nifios en un con- texto escolar, en un breve articulo sefiala rotundamente (si Ia disciplina es- colar no es rigida y hay permisividad en el trato con los maestros) que los nifios de seis aiios muestran facil y espontaneamente una evidente y acti- va curiosidad sexual, no s6lo intelectual sino con un considerable monto afectivo concomitante, asi como manifestaciones —mas verbales que con- ductuales— de investigacion con sus pares. Particularmente se interesan por el acoplamiento, la gestacién y sus condiciones de posibilidad, acallan- dose con el correr del tiempo la intensidad del interés por efecto de la re- presién; que luego de los ocho afios reaparece el interés sexual en diver- sas formas, mis ligadas a la accién (por ejemplo, voyerismo, exploraciones corporales), al uso de lenguaje obsceno y teorias explicativas; agudas pun- tualizaciones que atin hoy mantienen vigenci 39 I Estructuracion psiquica y subjetivacion del nifio... Si bien no profundiza las consecuencias de sus observaciones (por ejem- plo, apuntando a lo preventivo escolar, a través de los educadores), es qui- zAs la primera en enfatizar la persistencia de los intereses sexuales, lo recu- rrente de la excitacion y busqueda de descarga, sefialando, sin formularlo, diferencias entre comienzos de la latencia y luego de los ocho aiios. Berta Bornstein Diez afios después (1951), aparece el primer trabajo de ésta sutil analis- ta centro-europea. Sin citarlo directamente, retoma de S. Freud la persis- tencia de la sexualidad y la lucha contra la masturbaci6n como nodal de este periodo que no es uniforme, definiendo dos subperiodos. En el pri- mero sciiala que cl Yo, a merced del surgimicnto impulsivo, esta amena- zado por el “nuevo” Supery6. Diferencia defensas contra impulsos geni- tales y contra pregenitales; frente a lo genital marca la recurrencia del Yo a una regresin transitoria a lo pregenital que aparece, sin aclarar por qué, como menos riesgoso. Es la recurrencia a la formacién reactiva como de- fensa ante lo pregenital, que determina los primeros cambios de caracter, siendo observable la permanencia del conflicto entre el Superyd y las pul- siones en la marcada ambivalencia en diversos ambitos; también resalta la tendencia a la identificacin con el agresor y la proyeccién de la culpa. Se- fala la fragilidad del Yo, la emergencia de una nueva oleada de angustia de separacion y algunas manifestaciones sintomaticas como el insomnio. Es diferente la situacién en el segundo subperfodo: “El Yo esté. expues- to a menos severos conflictos en virtud de los hechos, por un lado las deman- das sexuales se tornan menos pujantes y, por el otro, el Superyd se ba vuelto menos rigido” (pag. 281); el Yo puede entonces lanzarse en alto grado a hacer frente a la realidad externa y buscar gratificaciones en ella, lo que lo hace menos perceptivo de sus inquietudes o sufrimientos internos, no teme més que a la ruptura de su equilibrio. Destaca la importancia en la clinica de los ensuefios diurnos. Senala las limitaciones para el anilisis en la latencia, por las dificultades en lograr la asociacion libre, en tanto ésta es vivida por el nifo como una peculiar amenaza a la organizacién yoica. La asociacion libre es en cierto modo un giro regresivo al pensamiento primario, el nifio a comienzo de {40 Rodolfo Urribarri | Revision historico-critica. I la latencia se encuentra en un fragil uso del pensamiento secundario y por ende con riesgo de volver al primario, por lo que se entiende la asocia- cién libre como amenaza. En tanto, el latente lucha contra sus impulsos y necesita mantener sus defensas, se debe ser cuidadoso con respecto a sus resistencias y trabajar (elaborar) sus defensas antes de acceder al material latente. Retoma un par de aiios después estas ideas, centrindose en la tematica de la masturbacién. La prohibicién sobre la practica onanista (producto de su cuiio ed{pico, agregaria yo), que ejerce el Superyé, conduce al latente, aso- ciado a sus movimientos regresivos hacia lo pregenital, a desplazar en equi- valente masturbatorios, por ejemplo, comerse las ufias, rascarse, golpearse la cabeza, signados generalmente como malos habitos 0 manjias; destacando que “oluciones menos exitosas de los conflictos masturbatorios en la latencia re- sultan en un marcado incremento de la ansiedad” (1953, pag. 69). Resalta que los sentimientos de culpabilidad experimentados por los nifos impiden la satisfaccién autoerdética y, por tanto, la insatisfaccién de la descarga libidi- nal ¢s intensa, derivando a menudo la lucha contra ¢l acto masturbatorio en ciertos sintomas, de los cuales el mas frecuente es el insomnio, acompafado de rituales que “alejen las fantastas subyacentes asi como el acto en st”. Sefiala que los latentes no obtienen, en general, descargas orgasticas co- mo el adulto, sino limitadas gratificaciones orgdsticas, aunque refiere los casos de tres nifias con intensas sensaciones orgdsticas con la masturbacién, que tienden a erigir impenetrables defensas en torno a los actos (desmen- tida por ejemplo) y a incrementar las resistencias cn el anilisis. Estas con- sideraciones no s6lo reafirman la pujanza pulsional y las manifestaciones directas o desplazadas de la sexualidad, sino fundamentalmente modifican la idea de que el orgasmo es una adquisicién de la adolescencia, lo que, si bien ella no lo enfatiza, considero destacable. A partir de un ejemplo clinico destaca, en ciertos ninos, una regresién atin mas intensa en tanto aumenta los componentes libidinales narcisisti- cos, marcados por un inyestimento importante del propio cuerpo. Concluye diciendo: 1) “Esto confirma que los equivalentes sexuales vepresentan un sustituto regresivo para la masturbacion genital; al I Estructuracién psiquica y subjetivacién del nifio... 2) que la persona que los realiza no estd consciente de su significado; 3) que esos equivalentes no estiin necesariamente conectados con una fan- tasia sexual espectfica; 4) que la fantasia sexual puede estar completamente separada del acto. Es evidente que la supresion de los actos masturbatorios que resultan en sustitutos regresivos deben tener efectos patolégicos en el desarrollo del cardc- ter”, agregando luego: “El contenido de las fantastas masturbatorias va- ria acorde con los principales puntos de fijacién” (pag. 74). Erik Erikson En su reformulacién de las etapas del desarrollo humano(1966), apo- yandose cn los autores psicoanaliticos, desplicga una versién original que abarca del nacimiento al adulto mayor con un enfoque epigenético, en que toma en cuenta, ademas de la psicosexualidad, los aspectos fisicos del desarrollo corporal y los aspectos psicosociales en que se produce el de- sarrollo del nifio. La cuarta etapa, que denomina “industria vs. inferioridad”, se corres- ponde con el perfodo de latencia en el cual “el nino de desarrollo normal ol- vida, o mas bien sublima, la necesidad de conquistar a las personas median- te cl ataque directo o de convertirse en papa o mama en forma apresurada: ahora aprende a obtener reconocimiento mediante la produccién de cosas. [...] Desarrolla un sentido de la industria, esto es, se adapta a las leyes inor- gtinicas del mundo de las herramientas. [...] Completar wna situacién pro- ductiva constituye una finalidad que gradualmente reemplaza a los capri- chos y los deseos del juego. Los limites de su Yo incluyen sus herramientas y ha- bilidades: el principio del trabajo le ensena el placer de completar el trabajo mediante una atencion sostenida y una diligencia perseverante” (pig. 233). Destaca, en el aprendizaje con los adultos y también con los nifios ma- yores y en nuestras sociedades, la importancia de la escuela que “parece ser una cultura por si sola, con sus propias metas y limites, sus logros y sus desencantos” (pag. 233), que implica un alejamiento de las directivas pa- rentales. Por lo tanto, se puede pensar que: “La escuela no es sélo reempla- 20, trae algo de inédito y, ademés, In posibilidad de un ‘ique? no contra las pulsiones, sino contra los padres” (Klein, A., 2005). | 42 Rodolfo Urribarri | Revision historico-critica... I Concluye que se trata de una etapa decisiva desde el punto de vista so- cial: “puesto que la industria implica hacer cosas junto a los demds y con ellos, en esta época se desarrolla un primer sentido de la division del traba- joy de la oportunidad diferencial” (pag. 234). Edith Jacobson En el capitulo 9 de su libro (1969), se refiere a este periodo, habiendo sefalado previamente cémo, con el desarrollo de metas inhibidas, “las ca- texias nareiststicas sustratdas de las zonas erdgenas del cuerpo se diseminan en las representaciones corporales y mentales del self” (pig. 147). Marca cémo, desde el Superyé y reforzado por la escolaridad, se orga- nizan, desde la diferencia generacional, las naciones de edad, grupo de pares y futuro, asi cémo, desde las diferencias de sexo, la discriminacién entre grupos diversos. Estas diferencias contribuyen al reforzamicnto de su identidad e individualidad tanto como a la aceptacion de las normas y actividades comunes de su grupo, lo que conlleva un “desplazamiento par- cial de las relaciones e identificaciones del nino con sus padres hacia nuevas figuras” (pag. 149), sefialando la limitada autonomia de sus instancias, ya que tiende a reproyectar hacia otros personajes influyentes sus metas yoi- cas y modalidad Superyéica. Marca los posibles conflictos, tanto intra co- mo intersistémicos, como la posible no concordancia identificatoria, pro- cesos de reorganizacién que se intensificaran y tenderdn a compatibilizar- se en la adolescencia. También sefala los posibles conflictos de identidad, ya que desde la temprana infancia pueden internalizarse actitudes y/o normas parentales confusas 0 contrapuestas, lo que se agudiza con el con- traste con los sistemas, pautas y valores escolares y de pares, que por otra parte pueden entrar en colisién con los familiares, lo que es de crucial im- portancia en la conformacién y modificacién del Yo y Superyé, asf como en cl plano identificatorio, que se vincula con los conflictos de vergiien- za, inferioridad y culpa. La vergiienza se origina tempranamente como reaccién a tendencias pre-genitales (oral y especialmente anal) y exhibicionista-falica. Por lo tanto, la vergiienza aparece cuando se exponen, ante otros, la pérdida de control instintivo, los defectos fisicos y los fracasos. 43 | aa You have either reached a page that is unavailable for viewing or reached your viewing limit for this book. aa You have either reached a page that is unavailable for viewing or reached your viewing limit for this book. I Estructuracién psiquica y subjetivacién del nifio.... pérdidas. En la discusién posterior, B. Bornstein ligé este material con los interrogantes de los primeros trabajos, es decir, gcudles son los facto- res comprometidos en la produccién de la latencia atipica?, destacando: 1) seducci6n sexual y otros traumas, 2) objetos tempranos inconstantes, poco confiables, 3) indulgencia excesiva que dificulta experimentar frus- tracién y gratificaci6n. Friend destacé los aspectos depresivos del nifio, Lipman la relaci6n con el padre, Péller la venganza como motivo de los robos, Fries, la significacién de los vémitos de bebé y sus robos como una identificaci6n con madre “ladrona” y su deseo de retornar con su madre bioldgica. Fred S. Friedenberg Plantea sus ideas (1957) basdndose en una reproduccién de la filoge- nia en la ontogenia ¢ intentando sefialar ciertas precondiciones y posibi- lidades en el decurso evolutivo, se basa en el trabajo de Hans Lampl, y liga la modalidad de la latencia con la que supone podria haberle ocurri- do a los hombres durante Ja glaciaci6n (S. Ferenczi). Es destacable su formulacién de: a) posibilidad de una fijacién a la organizacién psiquica de la latencia (pag. 394); b) que los suefios diurnos conserven mas rela- cién con los nocturnos de lo frecuentemente admitido y gue “el ensoia- dor diurno habla en lenguaje actual, el sonante nocturno [...] usa el len- guaje del pasado para expresar sus deseos arcaicos al hombre moderno”, asi como que “ademas, el lenguaje no sirve sélo para expresar pensamientos si- no también para ocultarlos”, y que es mas facil relatar un suefio noctur- no, con la ininteligibilidad de su lenguaje, que hacerlo con los ensuefios diurnos, cuyo sentido es facilmente descubrible (pag. 396). Donald W. Winnicott Su articulo (1958) esta referido especialmente a las particularidades de la técnica psicoanalftica durante el periodo de latencia. Comienza dicien- do: “todavia no se sabe a ciencia cierta qué es el pertodo de Intencia, pero, desde el punto de vista biolégico, deberiamos dar por sentado que durante estos anos se produce el cese del desarrollo instintivo, por lo que de momento Ja vida instintiva del nino queda limitada a la que se ha ido desarrollan- | 46 Rodolfo Urribarri | Revision histérico-critica.... I do durante el periodo anterior. Los cumbios volverin a producirse en la pu- bertad” (1979, pag. 141). Asegura que si hay una cosa cierta es “la existencia de grandes defensas organizadas y mantenidas” en este periodo. En este punto, las dos auto- ras que mas han tratado el tema, M. Klein y A. Freud, se muestran de acuerdo, con relaci6n a esto, comentan que recuerda el anilisis “extrema- damente aburrido” de una nifia durante el perfodo de latencia. También rescata a B. Bornstein; sefiala que lo importante al tratar a nifios de esta edad es que “el paciente ha alcanzado un estado de cordura y ha salido del proceso primario. No debemos truncar la organisacién de su ego”. Mencio- na la referencia al “ideal de la latencia” expresado por S. Freud, es decir, “a Ia contencién afortunada de las exigencias instintivas” (pig. 143). Luego, sefiala su aportacién a este campo: “desarrollar el tema del pe- riodo de Intencia como aquel en que el ego, por decirlo ast, entra en posesion de lo suyo”, agregando: “durante este periodo el nitio normal no se ve obli- Gado a doblegarse ante las exigencias del id, si bien los impulsos del id man- tienen su fucrzn y se manificstan bajo una gran diversidad de formas in- directas” (pag. 144). Finalmente, pasa a enumerar lo que para él cabria decir sobre el tema: 1) 4...) las relaciones entre ninios inmersos en este pertodo pueden ser intimas du- rante largos lapsos de tiempo, sin que se sexualicen de manera manifiesta. El simbolismo sexual contintia. Los elementos sexuales manifiestos de los nifios en- Sermos perturban sus juegos y la relacioén con su ego”, 2) “el nino en periodo de Jatencia est dispuesto para la introyeccién, pero no lo estd para la incorpora- cién (...)”, 3) “durante el periodo de latencia el nino se especializa en poner de manifiesto los fendmenos interiores sin quedar directamente involucrado en la vida plena (...)”, 4) “la cordura es esencial durante la fase de latencia, y el hecho de que el nino durante ésta no sea capaz de mantener Ia cordura demuestra que esth muy enformo desde el punto de vista clinico” (pag, 145). Peter Blos En 1962, enfatiza la importancia del perfodo de latencia para un exito- so desarrollo adolescente en tanto “proporciona al nifio los instrumentos, en términos de desarrollo del yo, que le preparan para enfrentarse wl incre- 47 | I Estructuracién psiquica y subjetivacion del nifo... mento de los impulsos en la pubertad” (1971, pag. 81). Critica, apoyando- se en diversos autores, la idea de que en esos afios estan desprovistos de impulsos sexuales, aunque no aparecen nuevas metas instintivas, si cam- bia “el incremento del control del Yo y del Superyo sobre la vida instintiva” (pag. 84). Sefala el reemplazo progresivo del apoyo paterno para los sen- timientos de valia por un sentido “de la autovaloracién derivado de los lo- gros y del control que ganan Ia aprobacién social y objetiva”. Destaca la im- portancia de la ampliacién de sus capacidades perceptuales, motoras y cognitivas para su desempeiio efector, defensivo y regulador del equilibrio narcisistico, Resalta “el establecimiento de identificaciones estables, hace que el nino sea mas independiente de las relaciones de objeto y de su ondulante intensidad y cualidad; la ambivalencia declina en forma clara, especial- mente durante Ia tiltima parte del periodo de latencia” (pag. 85). Refiere la reduccién del uso expresivo del cuerpo concomitante al creciente pre- dominio de la verbalizacién, marcando las modificaciones del lenguaje y su uso como velo. También distinguc la “separacién de su pensamiento ra- cional y su fantasia, con la separacion de su conducta piblica y privada” (pag. 86). Luego de reseiiar diferencias entre varones y mujeres, concluye: gros del periodo de latencia representan en verdad una precondicion esen- cial para avanzar bacia la adolescencia y pueden resumirse como sigue: la inteligencia debe desarrollarse a través de una franca diferenciacion entre el proceso primario y el proceso secundario del pensamiento y a través del em- pleo del juicio, la generalizacién y la Iégica; la comprension social, la em- patia y los sentimientos de altruismo deben de haber adquivido una estabi- lidad considerable; la estatura fisica debe permitir independencia y control del ambiente; las funciones del Yo deben de haber adgquirido una mayor re- sistencia a la regresion y a la desintegracién bajo cl impacto de situaciones de la vida cotidiana; la capacidad sintética del Yo debe de ser efectiva y compleja; y finalmente el Yo debe de ser capaz de defender su integridad con menos ayuda del mundo externo” (pag. 88). “Las lo- Estas ideas persisten a lo largo de su obra posterior sobre adolescencia, en la que cada tanto realiza alguna mencién, especialmente en lo referi- do a los condicionamientos negativos de una latencia fallida o abortiva. [48 aa You have either reached a page that is unavailable for viewing or reached your viewing limit for this book. I Estructuracién psiquica y subjetivacién del nifio... Robert Furman hace su relato sobre “El nifio descontrolado: un pro- blema técnico en el anilisis de niiios latentes”, presenta el caso de un ni- fo de seis anos —que presentaba enuresis, provocaba y hacia rabiar a sus hermanos y causaba una preocupaci6n sobre cierta feminizacién-, cuya madre habjfa fallecido de cancer; a partir del cual realiza algunas puntua- lizaciones técnicas, que fueron discutidas por los otros panelistas y tam- bién por Perman, Kaplan y Kestemberg. Elizabeth Bremner Kaplan Comienza su articulo (1965): “Cuando pienso en los niftos de la escuela primaria, los veo abalanzindose y tumbandose en el recreo, balancedndose en el pasamanos, trepando, patinando, hamacindose con deleite, cantando sus rimas, chupando chupetines, con revistas de historietas en sus manos, per- siguiéndose unos a otros. Veo rayuelas dibujadas con tiza en Ia vereda; escu- cho el sonido de patines en el pavimento, las ninas saltando la soga al son de los cantos. (...) Niiios con rostros anhelantes parten hacia grandes aventu- ras y exploraciones, con cantimploras colgando de sus cinturones, los més afortunados Mevando orgullosamente una catia de pescar. Entre los sonidos de la risa y de los gritos se olvidan aparentemente de los adultos. Desde luego, estas imdgenes me conducen a consideraciones acerca de la ac- tividad del nino en el periodo de latencia. El tema de la actividad cubre una extensién tan amplia que enfocaré las actividades perceptual-motoras en los ninos durante el pertodo de latencia. Trataré de cjemplificar algunos de los modos que la motilidad afecta la operancia del Yo y del Supery6 y las vicisitu- des de las pulsiones en el ast llamado normal periodo de latencia” (pig. 220). En el desarrollo de su aportacién, buscar4 mostrar que la cualidad tan “motriz” de los latentes no corresponde a una mera necesidad cuantitativa de descarga y busca ligarla a las cualidades psiquicas otorgindole a la activi- dad moviz un rol destacado en los procesamientos especificos de la latencia. Sefiala que el psicoanilisis se ha abocado al estudio de la motricidad s6- lo en la temprana infancia, resume los principales aportes de diversos au- tores sobre la importancia de la sensopsicomotricidad (la imitacién como precursor de la identificacién, la utilizacién de la musculatura para la des- carga pulsional libidinal y/o agresiva, la satisfaccidn autocrética, la expe- | 50 Rodolfo Urribarri | Revision histérico-critica. .. I riencia de control y dominio), en la ejercitacién y la importancia en la re- lacién con los objetos primarios. Destaca que en periodos de transicién suclen darse patrones motrices ritmicos y repetitivos que incluyen un aspecto autoerotico, evidente en el interés que les despierta y en la satisfaccion que les provoca. “Las motivaciones de estos patrones ritmicos motrices son extremadamente varindos. Mi centro de atencion esta en las actividades ritmicas repetitivas que son transitorias, mas que en aquellas patoldgicas que tienen permanen- cia y vigidez. Ejemplos de estas actividades normates son rebotar, ladearse, mecerse con la muisica, un mecerse transitorio y actividades corporales ritmi- cas durante esos estadios transitorios de la maduracion y el desarrollo. Ejem- plos de patologia son los tics estables, la rigides postural -tanto funcional co- mo organica-, inbibicién del movimiento, incoordinaciin motora, primi vas descargas de movimiento, un mecerse y sacudir la cabeza constante. La descarga autoerotica, afectivo-motriz en estas actividades repetitivas, transitorias, normales y ritmicas me parece ser una precursora de la activi- dad genital apropiadas durante la fase falica del desarrollo psicosexual. (...) El Ya, a través del desarrollo del principio de realidad y del proceso secundario, gana un creciente control sobre la motricidad. Su concomitan- te fisioldgico es el proceso de maduracion de la region cérticopiramidal. La motricidad se hace mas dirigida, intencional y voluntaria” (pag. 224). Durante la latencia, la psicomotricidad sera el reflejo del Yo del nifio en los cambios que van a permitir el despliegue de los procesos de aprendi- zaje, de adaptacién escolar y social. “La revisién del rol de la motricidad en el desarrollo libidi jio durante la ctapa pregenital y filica ba tratado este amplio y complejo te- ma muy sistemiticamente. Su principal objetivo ha sido el de enfatizar su sig- nificacién. Asi como Ia fase pregenital es una precursora y una preparactén de Ia fase fitlica, asi la latencia es una precursora y una preparacton de la pu- bertad y la genitalidad” (pag. 225-26). Rotunda afirmacién que no des- pliega claramente; voy a retomarla (particularmente al referirme al juego). inal y yoico del ni- Su afirmacién sobre uno de los criterios acerca del diagndstico de dé- ficit del funcionamiento yoico ~su pobre control integrador sobre la mo- wicidad— reviste gran importancia en la clinica. Sl I Estructuracién psiquica y subjetivacién del nifio... Se asienta en los trabajos de B. Bornstein, marcando su valor no sdlo en el Ambito de la neurosis, también en el desarrollo normal, en particu- lar su divisién en dos subperfodos, ¢ intenta relacionarlos con la actividad motriz. Destaca que la edad de aproximadamente ocho aitos que divide ambos subperfodos coincide con ciertos procesos de maduracién biold- gica. También “la lateralidad y la direccionalidad, estrechamente relacio- nadas con la formacion de la imagen corporal, son establecidas en la laten- cia. El nino de seis anos puede diferenciar la derecha de ln izquierda en su propio cuerpo, pero no en los demas. A los ocho anos, la lateralidad se ha de- sarrollado. El nino puede distinguir derecha de izquierda en los demas asi como en st mismo. La direccionalidad también estd madurando. Con esta orienitacton del cuerpo al movimiento lateral, cl nino de seis anos puede co- menzar a batear una pelota. Por cierto, es torpe, pero a los diez anos tales actividades perceptual motrices, como batear y agarrar, que involucran Ia imagen corporal, han sido perfecctonadas” (pag. 227) Continta diciendo: “A los nifios de seis y stete attos les encanta balan- cearse en los pasamanos, les divierte pararse de cabeza, y jugar alas carre- tillas, tratan de caminar sobre cercos; les gusta el equilibrio involucrado en el andar en bicicleta, ast como la actividad motora torpe con la pierna, les Justa trepar, patinar, hacer piruetas en barras. (...) Las habilidades mus- culares de movimientos mas finos, misculos accesorios de los dedos y los muis- culos de acomodacion de ojo se desarrollan ultimos. Asi es como vemos ni- itos de seis y siete anos luchando con la escritura y la lectura. Es dificil pa- ra un nino de seis anos tomar un ldpiz; no es hasta los ocho que los ninos toman mas suavemente objetos tales como los lipices. Los movimientos ocu- lares del promedio de los ninos de esta edad tampoco estin lo suficientemen- te coordinados como para registrar una pagina de imprenta hasta los ocho anos” (pag. 228). Resalta diferencias por sexo en los modos de efectuar actividades mo- trices, que atribuye a diferencias constitucionales en los aparatos neuro- musculares para nifias y varones, sefialando, como al pasar, una clara di- ferencia registrable tanto en la clinica como en la escuela: “Es bien cono- cido que los varones tienen un mayor ntimero de perturbaciones torpes en Ia motilidad tales como tics, tartamudeo, desordenes en la lectura y la escritu- ra, que éstas prevalecen durante la latencia” (pag. 228). [52 Rodolfo Urribarri | Revision historico-critica... Describe cémo el nijio en Ia latencia temprana tiene un fluctuante con- trol sobre la motricidad, por lo que le cuesta adaptarse a los requerimien- tos escolares. Este primer periodo lo considera como una fase de transi- cién, “tal como en los anos pregenitales, hay una transicién del gatear al pa- rarse, al caminar. Durante Ia latencia, Ia transicion es entre las no repri- midas, mas libres expresiones afectomotrices a las reprimidas, intencionales actividades tales como las acciones sedentarias de leer y escribir, que utilizan fa nueva capacidad de la fina organizacién muscular” (pig. 229). Liga es- ta observacién con el proceso secundario atin no bien establecido y desta- ca la reaparicién de automatismos repetitivos tempranos de descarga, por ejemplo, golpear los pies, mover las piernas en cl aire hacia delante y atras, tamborilear con los dedos, retorcerse el cabello o las orejas, hurgarse la na- riz, asi como otras de indole oral, por ejemplo, chuparse los labios, sacar o chasquear la lengua, hacer muecas con la boca, gorjeos, etcétera. Estas actividades —que pueden ocurrir también mientras se desempefia en otras tareas, como la escolar— son para la autora propias de esta fase de transi- cién, semiautomaticas, como descarga de tensién y de la agresividad. Tienden a desaparecer en el segundo periodo, cuando la diferenciacién Yo-Superyé es mas neta y el nifio no necesita recurrir a maniobras regre- sivas y resalta que no deben ser confundidas con sintomas como los tics, las compulsiones 0 los comportamientos motores inadaptados que se ins- talan con persistencia. Como habia sefialado para perfodos previos, enfatiza que el ritmo y la repceticion son las caracteristicas de los juegos y actividades motrices en- tre los seis y los ocho aos. Estas, como saltar la soga, reborar la pelota, o saltar en un pie, van frecuentemente acompafiadas de canticos 0 verba- lizaciones acompasadas, generalmente compartidas y transmitidas de ge- neracién en generacién; cumplen la funcion de mantenerlos alejados de la masturbacién, posibilitan una descarga y gratificacién agresiva; expan- den las habilidades yoicas, contribuyen a la conformacién de la imagen corporal y del espacio exterior, asi como contribuyen a la relacin ¢ inte- gracién con pares. . Destaca los ritmos kinestésicos como integrados con los ritmos tactiles y auditivos en un patrén ritmico dominante que se expresa en la postu- ra, el andar, el habla y el aprendizaje. “La flexibilidad de los movimientos 53 | I Estructuracion psiquica y subjetivacion del nifo... y la imagen corporal son los factores claves del aprendizaye, especialmente en Ia solucion de problemas en contraste con el aprendizaje memoristico, Pa- trones motrices libres son utilizados por los métodos educacionates por medio de los cuales los jovencitos de los primeros grados son capaces de desarrollar conceptos de la matematica superior. Estos patrones de movisnientos libres y flexibles son la preparacién baisica para una organizacion genital satisfactoria, lo que constituye el gran logro de la préxima fase psicosexual, ln pubertad” (pag. 232). Menciona un estudio sobre compatibilidad matrimonial basado en las respuestas de movimiento en el test de Roscharch, que abonaria su tesis. Comenta la pregnancia del baile (repetitivo y ritmico) durante la latencia tardia y la adolescencia, en particular el rock and roll, cuya intensa prac- tica es transitoria y generalmente decrece notoriamente cuando se alcan- za la “verdadera genitalidad”. Finaliza con un breve relato clinico de pacientes, Jerry de 18 aitos y Ju- lie de 23 afios. Al comenzar sus tratamientos liga sus dificultades sinto- miticas, en particular sexuales y relacionales, con sus trastornos en la la- tencia, con lo que resalta la importancia del perfodo y el nexo entre un logrado desarrollo psicomotriz y la practica genital satisfactoria, asi como cn lo relacional mas amplio. En Bruce, de nueve aftos, marca cémo un intensificado temor a la castracién interferia con su desarrollo motriz y la entrada en la Jatencia. Reafirma el rol que juega en la latencia el comportamiento perceptivo- motriz en la formaci6n del Superyé y del ideal del Yo. Resalta la identi- ficacion con el agresor, proyecta sus propias acciones motoras y se iden- tifica con ellas. Su moralidad se basa en las acciones prohibidas 0 acepta- das por los padres; con la estabilizacion del Supery6, entre los ocho y los diez anos, la verbalizaci6n de la agresi6n toma el lugar de la accion, tam- bién gradualmente los patrones éticos reemplazan las prohibiciones pa- rentales. En cuanto a los ideales admirados, destaca que son encarnados en personajes medio heroicos que hacen cosas, son gente de accidn. Concluye: “Antes de terminar este articulo quisiera enfatizar la impor- tancia de la actividad ritmica repetitiva durante el periodo de la tempra- na latencia. (. vos son la solucién que los ninos han pasado por via de la comunicacion psi- ) A mi parecer, estas actividades y juegos ritmicos repetiti- | 54 Rodolfo Urribarri | Revisi6n historico-critica... If comotora o través de numerosas generaciones de ninos. Mas adelante, en la vida, el movimiento repetitivo y ritmico se expresa de manera psicomotora en una actividad mas regida por el proceso secundario, tal como en el aprender, en todas las formas del arte, en la genitalidad, en el amor y en el vivir creativo” (pag. 236). Si bien sus observaciones son mas que destacables, algunos aspectos tedricos, como las zonas no conflictuales, la neutralizacién y la desexua- lizacién de ciertas funciones del Yo, empafian su presentaci6n y le restan posibilidades explicativas y Ia extraccién de todo su potencial a sus valio- sas y originales propuestas. Al comentar este trabajo, Judith S. Kestenberg (en Becker, T., 1965, pag. 585) agrega que el adolescente puede tomar prestados y construir ritmos de fases tempranas que han sido preservados en la latencia que sean aceptables para el Yo y necesarios para el fincionamiento genital normal. E. B. Kaplan cita el ejemplo clinico de un joven adulto con falta de liber- tad en la actividad sexual y un anhelo de espontaneidad: “Durante la la- tencin fie temeroso de su ineptitud en las actividades motrices. En tanto pro- gresé en su anilisis, aprendio a esquiar y jugar al fitbol y su function sexual se normalizé”. Enfatiza J. $. Kestenberg que, en anilisis, “la restitucion de la motricidad normal y el interés por lo motriz es un prerrequisito para el es- tablecimiento de una organizacion psiquica genital”. E. B. Kaplan sefiala, en respuesta, “la fluides y libertad de movimientos podrin ser adquiridos si hay un adecuado y gradual monto represivo. Re- presién brusca, con sobrecontrol por un Yo inseguro e intensa frustracion del Ello conduce a rigidos y endurecidos patrones de movimientos con tendencia a Ia inhibicion motris. Represion insuficiente contribuye a un pobre control e integracion del Yo que deviene en hiperkinesias y diskinesias”. A lo que Kestenberg agrega: “cuando la actividad motora es considerada como pu- ra expresién del Ello, el nino latente evita los juegos ritmicos y los juegos de habilidad corporal” (pag. 585). Richard V. Yazmajian En la primera parte de su articulo (1967), realiza un rastreo sobre los aspectos biolégicos de la sexualidad infantil en algunos autores psicoana- 55 | I Estructuracién psiquica y subjetivacion del nifio... liticos y de la psicologia evolutiva, con relacién a sus propuestas de sustra- to biologico. Realiza una amplia y documentada exposicion de las carac- teristicas comparativas con mamiferos marsupiales y placentarios y de los errores de traslacién de la ley de recapitulaci6n de Haeckel y posteriores modificaciones 0 ampliaciones de ésta (por ejemplo, Von Baer y de Beer), en relacién con las caracteristicas psicosexuales del desarrollo infantil En el segundo apartado se centra en los fallidos intentos de explicacio- nes bioldgicas del periodo de latencia. Critica acertadamente autores, co- mo H. Hartman y H. Lampl, que se basan en la teoria de Bolk, quien en 1926 (cuando poco se sabja de endocrinologia) postula la evolucién hu- mana (y de otros animales) como resultado de un retardo fisiolégico y supone que ha sido tan intenso que la adultez y la maduracién sexual son logrados en un estado del desarrollo corporal que equivale a una etapa infantil atin fetal en otras especies (por ejemplo, en comparacién con los monos). También especula Bolk que la “fetalizacién” puede haber sido causada por cambios en el balance hormonal del cuerpo. Critica estas es- peculaciones, que los conocimientos posteriores de la biologia desconfir- man, y sefiala que el mayor defecto de las teorizaciones de Bolk -asi co- mo de los psicoanalistas que se apoyaron en ellas- es “que evita el funda- mental problema de la relacién de la fetalizacién adulta al proceso de adaptacién y a los movimientos de la evolucién”, y concluye afirmando “a teoria de Bolk ba sido tan modificada y rechazada por la biologin moderna que su uso por el psicoandiisis es invdlido” (pag. 221). Critica como carente de apoyo cientifico la especulacién de S. Ferenc- zi —que liga el periodo de latencia a una reactualizacién de la era glacial— retomada por H. Lampl, quien realiza especulaciones sobre el hombre en esas primitivas y crfticas circunstancias y especula con una transmisién de caracteres adquiridos en la evolucién de la especie. Esta reactualizacién de las propuestas lamarckianas estd claramente desacreditada por los co- nocimientos biolégicos actuales, adems nada confirma los presupuestos de cémo vivia el hominido antes de la glaciacién, ni de qué manera lo afecté ésta. Si bien realiza una licida, criteriosa y detallada critica a las previas pos- tulaciones con pseudo bases biolégicas, su: propuesta tiene sesgo biolégi- co. Postula, sobre la base de los estudios en animales, que los humanos, | 56 Rodolio Urribarri | Revisién histérico-critica... Ij al igual que otros mamiferos (como por ejemplo los monos), en virtud de su inmadurez al nacer contintan durante parte del periodo postnatal el desarrollo que en otras especies es embrionario, siendo en el humano hasta alrededor de los cuatro a scis aios cuando finaliza el “desarrollo fe- tal extrauterino” (pag. 227). Concluye diciendo que, “desde un punto de vista estrictamente bioldgico, el periodo de latencia humano es no una tinica cualidad del hombre o aun de los primates. El pertodo de latencia del hombre es visto como representando una fase comin y normal de los mamiferos de la prepubertad, mds que como wn periodo misterioso de ‘“inhibicién’ 0 ‘Yetardo’, como ha sido previamente conceptualizado” (pig. 228). Plantea que la expansi6n corporal y de habi- lidades resulta en una distribucién libidinal uniforme del cuerpo y sus eje- cuciones, por lo que declinan las primacias de las diversas zonas erégenas. Herbert J. Goldings Retomando la senda de E. B. Kaplan, él (1963) se focaliza en el estu- dio de los ritmos, rimas y cantos que acompaiian al salto de la soga en las nifias, juego de larga historia, observable en diferentes culturas y en ritos diversos, transmitida por tradicién oral de una gencracién a la otra. Actividad altamente difundida, es practicada con ritualizaciones mas 0 menos complejas y roles jerarquizados, acompaiiada de verbalizaciones ritmadas cuya velocidad 0 cadencia responde a las habilidades mas o me- nos desarrolladas de la nifia y del incremento de la excitacién. “La cadencia, el tempo y la excitacién general aumentan, limitadas sblo por la habilidad de quien salta. Uno se da cuenta de que esta siendo obser- vador de wna experiencia altamente sensual: disfrazada, limitada, ritua- lizada, llevada a cabo en un contexto de pares del mismo sexo, cada parti- cipante alta e intensamente comprometido pero completamente inconscien- te de las raices evolutivas del placer que estiin experimentando” (pig. 436). Destaca que los cantos infantiles ligados al mencionado juego varian con la edad y diferencia algunos temas y caracteristicas predominantes. Algunos, como los que suelen cantar las nifias menores, serian para el autor carentes de significacién, resalta su sonoridad, serfan el ritmo, la ri- ma y la musicalidad en la verbalizacién lo que les otorgaria el sentido. 57 | I Estructuracién psiquica y subjetivacion del nifto... Otros son variaciones de temas preeminentes, como el hermanito in- deseado que es maltratado o lastimado, y a veces muerto, a veces despla- zada la agresidn a los castigos cjercidos por los padres; odio y celos que descargan sobre el “menor”, el “mds pequefio”, referido a la envidia del pene. Esta problemitica estarfa ligada a otras canciones de expreso recha- zo y/o desvalorizacién de los varones; sefala un cambio hacia los diez u once aiios, cuando incluyen a los varones y aluden a besos y encuentros, en un giro a la heterosexualidad, aunque conservando vestigios anales. La tonalidad anal suele expresarse en la modalidad y forma mas alla del sentido, siendo predominante la exaltacién femenina “pura” y el recha- zo al “sucio” varén; también resalta los temas en los que entrevé la con- fusién de zonas anal y genital, asi como los de penetraci6n anal. Otro tema refiere a ansiedades en torno a enfermedades y muertes, que relaciona con la agresién, culpa y temor a un Superyé primitivo. Pocos refieren a la tematica edipica y algunos, menos, estan ligados al futuro matrimonial. Finaliza destacando la inestabilidad en este periodo: “Wama nuestra aten- cidn especialmente en las mds recientes formulaciones que reconocen que el pe- riodo de latencia puede ser una fase evolutiva altamente inestable para las ninias en particular. No oponiéndose a la baja incidencia psicopatoldgica en las ninas (en comparacion con los varones de este rango de edad), éstas estan a menudo en una inestable transicion, proclive a la ficil regresion a temas y modalidades pregenitales. Otros autores han sugerido que es precisamente en tales pertodos de transicién que las actividades psicomotoras ritmicas tienen una especial importancia estabilizadora” (pag. 448). Ted Becker Retoma las ideas principales y la subdivisién propuesta por B. Borns- tein y las amplia, centrandose en Ia latencia temprana en la que, en un corto lapso, se producen intensos cambios en el psiquismo. Parte del reemplazo de los vinculos incestuosos por las identificaciones, lo que mo- difica al Yo, al par que se genera y comienza a operar el Supery6. Se ve expuesto a una nueva forma de suftimiento, la culpabilidad, sentimiento que le resulta tan particularmente doloroso e intolerable que para evitar- | 8 lo tiende a recurrir a dos maniobras defensivas: se identifica con el agre- sor y proyecta la culpabilidad. Es también muy sensible a la critica, al igual que a los auto reproches, que le cuesta tolerar. Rodolfo Urribarri | Revision histérico-critica. A lo largo de su escrito (1974), destaca la idea de la fragilidad psiqui- cay la sensibilidad afectiva aumentada en los comienzos de la latencia, lo que coincidiria con ideas de H. Kohut, quien considera ese momento co- mo el ultimo de los diversos periodos de vulnerabilidad aguda del psi- quismo infantil. Desarrolla ejemplos clinicos de adultos cuyas perturba- ciones se relacionan con enclaves de la temprana latencia, configurando, a mi entender, la posibilidad de un punto de fijaci6n, una novedosa pro- puesta que retomaré luego. Contribuye a socavar la imagen ideal del latente sereno y tranquilo, no sdlo en cuanto resalta la continuidad de los conflictos de la sexualidad, sino particularmente al destacar la por momentos tormentosa afectividad, la fragilidad yoica, la vulnerabilidad narcisistica y las defensas que se des- pliegan. Charles Sarnoff Realiza un estudio intenso sobre la latencia, sostiene una fuerte critica a la concepcién biologista en S. Freud y otros autores y en particular a la nocién de A. Freud de la disminucién de la pujanza pulsional. En apoyo a su concepcién, Charles Sarnoff (1976) se explaya en las muestras de emergencia de lo pulsional, la practica masturbatoria y en la ocasional realizacién del coito y de acceso al orgasmo. Realiza un rastreo a través de diversos autores psicoanaliticos sobre la actividad masturbatoria, concluyendo que en la primera infancia Ja accién motriz masturbatoria y la fantasia masturbatoria se dan, generalmente, de manera simultanea; llegando al perfodo de latencia se separan, “represiin y formacion de simbolos psicoanatiticos estan veforzadas en alto grado. In- conscientemente pares y objetos del entorno pueden ser transmutados a tra- vés de la capacidad para la fantasia en ‘cosas’ a ser usadas para la descar- gt de In energia pulsional. |...] Represién, desplazamiento y stmbolizaciin producen condensacién y distorsiones de las condiciones de la temprana in- fancia para la gratificacién sexual. Como resultado, las energias sexuales, 59 | I Estructuracién psiquica y subjetivacién del nifio... que son descargadas en el juego y la fantasia, son enmascaradas al punto de que su origen sexual no es detectable. La organizacion de defensns que pro- ducen estas distorsiones apunta a preservar la calma de la latencia y es lla- mada estructura de latencia. En los nines en periodo de lntencia, la descar- ga pulsional puede tomar Ia forma de abierta masturbacion o juego-fanta- sta” (pag. 47). Se aboca primero a la actividad para cada sexo, y los dos primeros pun- tos de sus conclusiones son comunes a ambos: 1) regresién oral (por ejemplo, sobrealimentacién, succién del pulgar, ocasionalmente fenémenos transicionales); 2) activacion del estado de latencia, con descarga pulsional desplazada a la actividad motora con todo el cuerpo, para encauzar la regre- sion anal sadomasoquista y las fantasias edipicas convertidas en fan- tasfas altamente simbolizadas, que es lo esperable para los nifios que logran el estado de latencia, son comunes a ambos sexos; 3) remite a la masturbacion de manera encubierta con estimulacién de los genitales realizada de tal forma que el intento original mastur- batorio de la actividad esta oculto para él 0 ella, como desconocien- do lo que hacen, logrando experimentar placer fisico sin experi- mentar culpa o vergiienza por lo que hacen. Las nifias mediante prolongados frotamientos vulvares y/o del ano al servicio de la hi- giene, rapidas aperturas y cierres de las piernas, montando a caba- ilo o en bicicleta; los varones frotandose contra las sdbanas 0 el col- chon, en luchas cuerpo a cuerpo con otros, etcétera. Resalta que el empuje pulsional persiste, si bien por la presi6n Super- yoica disminuye marcadamente la masturbacién. Bajo las inhibiciones que se asientan, las fantasias son reprimidas y ~siguiendo a K. Friedlander— se derivan en fantasias diurnas; el componente motor se deriva en tres vias: 1) en saltos desorganizados, 2) descarga motriz organizada en descargas atléticas y 3) en movimientos corporales organizados en juegos, solos o con pares. (Es llamativo que no mencione ni utilice referencias provenien- tes de lo desarrollado por E. B. Kaplan, que son més amplias y mas asen- tadas teéricamente.) | 60 Rodolfo Urribarri | Revision historico-critica. I En sintesis, sefiala una disociacién entre la fantasia y el acto masturbato- rio y sus vias de descarga encubierta. aunque, como los nifios “durante la edad del periodo de latencia a menudo entran y salen del estado de latencia, dentro del curso de un dia pueden tener la experiencia de la aparicion de fan- tasia y masturbacion como una actividad unificada como la tipica mastur- bacién prelatente en alternancia con la inhibicion de actos y fantasias mas- turbatorias, y su aparicion en juegos y miedos de sus derivados” (pag. 58). Mas que un lapso, al igual que otras fases 0 estadios evolutivos, el pe- riodo de latencia implica tareas a ser completadas y destrezas de perso- nalidad a ser desarrolladas 0 adquiridas, lo que modela estadios poste- riores; el fracaso en el logro deriva en desérdenes psiquicos en el ajuste vital posterior. Caracteriza a la latencia por ser, ademas de una adaptacién defensiva del Yo, una etapa decisiva para la integracién del sujeto a la sociedad. Destaca dos areas donde la dinamica de este proceso tiene influencia fun- damental: 1) en la formaci6n del cardcter y 2) en la socializacién. 1) Su inmadurez anatomofisioldgica, sus inhibiciones y la presién so- cial confluyen en la limitacién de la descarga de sus impulsos, ¢] Yo despliega mecanismos defensivos diversos, cuyo resultado es ese es- tado de calma, docilidad y educabilidad caracteristicos del estado de latencia. Al constituirse como estable, esta dindmica psfquica se registra como caracterologfa del Yo y trasciende al perfodo mismo contribuyendo al caracter en el adulto. 2) Dicha estructura propia de la latencia favorece la simbolizacién, el uso de la fantasfa y la creatividad, posibilitando la participacién en las tradiciones y mitos que identifican con la cultura, con sus per- sonajes y héroes, facilitando la identificacion con personajes de he- chos, cuentos y leyendas caracteristicos de su grupo social, cuyos patrones éticos y estéticos son incorporados al Supery6, jugando un rol primordial la escuela y sus normas. Enfatiza, en especial en su segundo libro (1995), el papel de la fanta- sfa: “.. sirven para disminuir la tensién y ayudar al nino a solucionar con- flictos, de otra forma irresolubles. El término ‘estructura de latencia’ es uti- lizado para denotar una configuracién de defensas en el Yo del latente que 61 | I Estructuracién psiquica y subjetivacién del nifio... propicia Ia descarga estabilizadora, vin fantasia” (pag. 45), hasta sobre- dimensionar su valor, “la fantasta estd ligada a los impulsos como un de- rivativo y un tinico escape” (pag. 46). Es poco claro su status tedrico, si se refiere a lo inconsciente como lo subyacente, por ejemplo, en los jue- gos, O aspectos conscientes, como irrupciones de los deseos en las activi- dades masturbatorias o desplazadas y encubiertas como en los ensuehos diurnos; asimismo oscila entre darle un lugar de drenaje para lo pulsio- nal, o un cardacter defensivo. Otro aspecto en el que insiste, y es discutible, remite a la utilizacién -siguiendo a B. Bornstein- de la regresi6n a lo sadico-anal como deten- sa, pero la jerarquiza hasta el punto de transformarla en una maniobra irrenunciable y central de la latencia. Theodor Shapiro y Richard Perry En su articulo “Latency Revisited” (1976), proponen otra explicacién ligada a las modificaciones bioldgicas alrededor de los siete aiios, que mar- ca una discontinuidad en el desarrollo. Luego de una revi n de algunos conceptos en Freud y otros autores, critican la errénea fundamentacion biologista y evolucionista previa y la traslacion abrupta de conocimientos de un campo a otro sin definir ni comprobar reglas de correspondencia. Pasan luego a resehar correlaciones entre lo cerebral, neuroldgico y conductual con la maduracién. Enfatizan, por ejemplo, que a los siete aiios el cerebro ya adquirié el 90% del peso a tener a los veinte afios, tam- bién cambios en la estructura microscépica y las diferenciaciones zonales en el dbulo frontal, una nueva pujanza en el crecimiento de las células piramidales. Asiniismo, resaltan las complejizaciones perceptivas, éculo- motrices, neuroldgicas, en la orientacién espacio-temporal y cognitivas, revisando los hallazgos de autores diversos, no sélo del campo neurolé- gico, sino también autores como L. Bender y J. Piaget. Haciendo una referencia (algo equivoca) respecto de la cualidad tem- poral preordinada en Freud que descartan, argumentan que “esos procesos dentro del sistema nervioso central y esas estrategias cognitivas derivadas de la maduracién pueden proporcionar a la latencia con su reloj bioldgico[...] La mayor estabilidad e invariancia de los procesos mentales y de la nueva [62 Rodolfo Urribarri | Revision histérico-critica... I estructura cognitiva a los siete permiten la inhtbicién y control de la pulsién y posponer la accion. {...] Estructuras estables han remplazado inestabili- dades tempranas y pueden ahora ser utilizadas al servicio de nuevas habi- lidades cognitivas mientras mantienen los componentes sexuales pulsionales en un mayor aislamicnto” (pig, 96-97). Concluyendo que “esas confluencias en el desarrollo no son fortuitas, si- no parte del diseho caracteristico del organismo humano y este discho carac- teristico permite un nivel mas elevado de organizacion y, por consiguiente, In latencia” (pig.100, resaltado en itdlicas en el original). Este trabajo, si bien mas cauteloso en cuanto a las relaciones con desa- rrollos en otros dominios cientificos y sus correlaciones, busca evidenciar concurrencias y convergencias de diversos campos para apuntalar igual- mente una base neurobioldgico-cognitiva que determina la latencia, des- considerando los mecanismos psicodinémicos en juego (por ejemplo, se- fialan que el nifto de siete es menos dependiente emocionalmente y exal- tan sus capacidades yoicas, pero no aclaran cémo logra esto, salvo por cl basamento madurativo). . Joel S. Kanter En un interesante articulo (1984), se propone desplegar cl proceso in- trapsfquico ¢ interpersonal en la esquizofrenia, en particular lo referido a Ja resocializacion. Sefiala las detenciones del desarrollo temprano en tanto generan el trastorno, dificultando luego las tareas propias de la latencia, pero indica que el tratamiento en hospital de dia posibilita una interaccién con pares con similares dificultades en un encuadre que tiende a parecerse al tipo de intercambio escolar. Esta caracteristica posibilitaria una “renegociacién” 0 “retoma” de las cuestiones de la latencia y sus aspectos sociales; a partir de esto, resalta que el “uso progresivo de fantasia y juego en estos pacientes (...) ilustra el desarrollo saludable de capacidades yoicas para las expresiones sublimadas de los instintos durante In Intencin” (pag. 44); por lo que el trabajo tam- bién apunta a destacar la creciente sofisticacién para derivar expresiones pulsionales en cl medio social que se expande en la “era” de latencia. 63 I Estructuracién psiquica y subjetivacién del nifio... Luego de una revisién bibliografica, dice el logro del nino latente de mas clevados niveles de sublimaciin y su recitn descubierta capacidad de retrabajar preocupaciones edipicas y pre-edipicas en una situacién social ex- trafamiliar ha sido generalmente pasada por alto” (pig. 48). Los pacientes a los que refiere eran esquizofrénicos y algunos fronterizos severos, no en estado sintomatolégico agudo, con afectos acallados (en “sordina”), altos niveles de pasividad, pobres capacidades sociales y de in- tercambio relacional aun con sus familiares. Los temas propios de la “era de latencia”, en cllos, fue “primero notado en su conducta y comunicacién manifiesta. La relacién social, las expresiones verbales y artisticas, de estos pa- cientes adultos, eran bastantes similares a la conducta de ninos normales en el aula y en campamentos” (pig. 49), que luego explaya en los temas de discusién, fantasias, temas libidinales, las novelas familiares de celebrida- des, intereses romantico-musicales, temas narcisisticos, discusién en torno a las figuras de autoridad y comparaciones con el staff del centro. Pasa a ejemplificar con un caso clinico. Sefiala luego el estado de cierta calma, relativa docilidad y adaptacion como diferente en lo profundo con la estructura propia de la latencia normal, en tanto carecen de flexibilidad, resiliencia y mantienen defensas esquizoides, tornandose “observadores” de sf mismos, sus acciones y su mundo, como ocurrié durante el periodo de latencia, lo que condicioné su falta de plasticidad yoica, pasividad, re- plegamiento, dificultades de aprendizaje y de interaccién social. Plantea la necesidad de estos pacientes esquizoides de retomar las ta- reas de latencia como parte del tratamiento, de “descubrir una estructu- ra defensiva mas adaptativa y gratificante, implicando una realzada ca- pacidad sublimatoria, en vez de restricctones yoicas masivas. La estructura de latencia, utilizando tanto la fantasia como el juego para la expresion de impulsos amenazantes y afectos, ofrece una transictén manejable de la po- sicibn esquizoide a niveles de funcionamiento mds maduros, basados en la realidad” (pag. 54). Considera que la actividad del hospital de dia, a la vez reglada y libre, que favorece el intercambio, la relacion jerérquica ¢ institucional, asf como el despliegue de juegos, fantasfas y verbalizacién, se torna el campo propicio para la renegociacion de la latencia y la con- secuente mejoria y la resocializacién de dichos pacientes. | 6 Rodolfo Urribarri | Revisién historico-critica... ff AUTORES FRANCESES Sacha Nacht Del 25 al 27 de enero de 1969 se realiza un seminario de perfecciona- miento en el Instituto de la Sociedad Psicoanalitica de Paris, en cuya bre- ve introduccién recuerda la idea freudiana del periodo como derivado de la declinaci6n de la relacién edipica y también como condicionado por el organismo, y senala que es en cual se lanza la sublimacion, cuyo éxito o fracaso tendra grandes repercusiones en la vida futura. Resefia las ideas de Berta Bornstein sobre los dos perfodos, y las de Edith Buxbaum sobre el reforzamiento de las funciones del Yo y resalta el aspecto cultural del perfodo que no seria inevitable en la evolucién psicosexual, apoyada en los estudios de campo de sociedades primitivas de G. Devereaux. El piensa que esta fase de latencia podra ser més o menos detectable en cier- tas sociedades o en diferentes individuos, que podrd ser mis lenta o rapi- da, pero que forma parte de un proceso de maduracién que no puede ser ignorado. Finaliza recordando que B. Bornstein sefiala que la energia liberada du- rante la latencia se utiliza en el desarrollo del caracter y en la adaptacién al medio, lo que lc daria a esta fase una significacién suplementaria en cl desarrollo del individuo. Christian David Para este autor, la nocién de periodo de latencia es transmitida en la teoria psicoanalitica y es retomada asi, sin cuestionamientos ni profundi- zacion, olvidando la naturaleza hipotética, asi como enigmitica, tanto como el cardcter ideal que suele otorgarle. Sefiala, en 1969, “la expresién misma de periodo de latencia no deja de evocar enseguida aquella de con- tenido latente de los suenos, de los sintomas, etc., 0 a través de la analogia verbal uno toma una referencia comin a proceso de ocultacién y de vir- tualizacién” (pag. 698), para afirmar, poco después de algunas refe- rencias a S. Freud, “aguello que hace que exista un disfraz, una elabora- cin onirica, es también lo que hace que haya una puesta en latencia pul- 65 | I Estructuracién psiquica y subjetivacion del nifo... sional en un cierto momento del desarrollo infantil” (pag. 699), que ava- la con una cita de S. Freud (de gran interés, en su opinién, para enten- der ciertos fenémenos de la latencia): “en los hechos de la represién toda disminucién del investimento actia como un alejamiento de lo incons- ciente 0 coma una deformacién” y “rectprocamente”, agrega él. Consi- derando este principio, estima que los enfoques genético y metapsico- légico confluyen. Destaca como una caracteristica del periodo la formacién y operancia de muy importantes procesos defensivos. En general se concuerda que se produce una marcada disminucién de las actividades sexuales, junto a una relativa desexualizacién de las relaciones objetales y de los afectos. El desco erético (persistente como corriente inconsciente) se muda cn amor tierno, carifioso; destacando al respecto que la latencia se inaugura antes del periodo de latencia propiamente dicho (a su entender acorde con lo sefialado por S. Freud -1916/17- en la conferencia 21, pag. 300, don- de sefiala que comienza a operar la represién ya antes de que la madre devenga objeto de amor); y agrega: “Los inicios de sublimacién y las for- maciones reactivas nuevas que se ven clisicamente aparecer al momento de [a latencia tendrian entonces precoces precursores” (pag. 703). Lucgo de resefiar algunas postulaciones de M. Klein, D. W. Winnicott y B. Bornstein, sefiala que “/a especie de disarmonta evolutiva que se obser- va a esa edad entre el desarrollo de capacidades operacionales y defensivas adel Yo y el refrenamiento acrecentado de las manifestaciones de lo incons- ciente, puede ser considerado como una compensacion del desfase que se ha- bia instaurado, en el curso de las fases precedentes al periodo de latencia, en- tre la evolucién de la sexualidad y aguella del Yo. Sin embargo, no es raro ver persistir In hipertrofia del Yo mds alld de la latencia, basta en In edad adulta, lo que entrana inevitablemente desbrdenes, a menudo poco remar- cados en el funcionamiento psiquico. [...] wna fijacion a la latencia compor- ta inevitablemente una importante erosion de Ia potencialidad evolutiva de una personalidad retrasada, hasta abi poco iniciada” (pig. 705). Retomando la metdfora freudiana del pasaje de crisilida a mariposa, se- flala Sa evoluctén libidinal sigue entonces a los ojos de Freud una suerte de progresiin en espiral y se podria decir que el periodo de Intencia segin esa metéforn es aguel donde Ia libido hila su capullo” (pig. 705). | 66 Rodolfo Urribarri | Revision historico-critica. I Bernard Schmits Luego de las exposiciones de C. David y R. Diatkine (lamentablemen- te no publicada), B. Schmitz (1969) se remite a los aspectos clinicos y psicoterapéuticos, aunque igual destaca algunas ideas interesantes. Sefiala las limitaciones que el sesgo bioldgico en $. Freud determina para el entendimiento del periodo, como también las ligadas a la clinica con nifos en A. Freud. Respecto de M. Klein, marca su acento en la in- hibicién de la vida imaginativa, ligada a la represién de las fantasfas mas- turbatorias, en un nifo que se torna gentil y a menudo demasiado docil, donde es dificil diferenciar lo normal de lo patoldgico, tendiendo, a su entender, a considerarlos como una obsesividad que puede ser fuente de una restriccién de la personalidad. Toma ideas de S. Lebovici, sobre la base de las cuales Ia clinica del la- tente estaria en las denominadas “neurosis comportamentales” y establece una relacion entre las dificultades de claboracién cognitiva y algunas pos- tulaciones de sus colegas psicosomatistas. Retomaa M. Klein en cuanto a que el juego tiende a aparecer bloquea- do, empobrecido con relaci6n a la claridad de lo imaginario en los me- nores, mds centrado en lo relacional, la “realidad objetiva” y el juego de roles. En cuanto a A. Freud, resalta la patologfa en esta edad en relacién con un relativo fracaso de los padres en su funcion educativa para contri- buir a la consolidacion del Superyo. Considera la conveniencia de recordar que S. Freud “coloca el acento so- bre el doble movimiento de toma” de identificaciones que cimientan el nar- cisismo secundario y de desexualizacién, liberando una energia “neutra” que va a alimentar los procesos intelectuales; él evidencia aspectos evolu- tivos que deben tener una importancia particular durante la latencia. Igualmente cuando insiste sobre “los riegyos de desintrincacién pulsional encontrados durante esta desexualizacton y de su retorno por la via regresi- va del narcisismo primario” (pag. 712). En consecuencia, sefiala los problemas evidenciados en los trastornos cognitivos, ligados a una no homogenizacién del Yo, que dificulta la au- tonomizacién de lo intelectual y se evidencia en los fracasos escolares, sea por exceso de libidinizacién de lo intelectual, sea por “dismetabolizacién” 67 | I Estructuracion psiquica y subjetivacin del nifio... de lo agresivo, sea por alguna perturbacién identificatoria que solidifique al Yo. Finaliza destacando la importancia de la consideracién del comple- jo entrelazamiento entre la maduracién instintual y la bioldgica, particu- larmente en sus aspectos perceptivo-motores (sicndo algo extrafio que no incluya lo cognitivo a lo que antes se refirid). Paul Denis En 1979 publica su primer trabajo sobre el tema, minucioso, rico y fun- damentado. Comienza con una breve resefia de S. Freud, para luego sos- tener que las hipdtesis bioldgicas estan siendo dejadas a un lado para cen- trarse en la dindmica y metapsicologia de este perfodo, sobre el desarrollo del Yo y de la influencia del medio educativo. Plantea algunos interrogan- tes y destaca un parrafo de Ch. David resituando la preocupacién por la se- xualidad y el conflicto, y afirma: “Es, efectivamente, a una reorganizacion de los conflictos a lo que uno asiste en el pertodo de latencia, a una reorgani- sacion de los procesos defensivos y de la relacion de objeto” (pag. 283). Sefiala que hay dos vertientes del proceso, una defensiva y otra elaborativa, con importante desgaste energético por la contracatexis represiva. Parafrasean- do a Winnicott (donde se ve un bebé uno encuentra los cuidados mater- nales), dird: “donde hay nitios latentes hay una escuela (...) hay un holding del pertodo de lntencia y de los espacios que les corresponden” (pag. 285). Cuando revisa la bibliografia, en relacion con la masturbacion, destaca: “nitios y niias estin igualmente inquictos, en este pertodo de la vida, de lo que en ellos ocurre en torno a lo sexual y la inquictud en este nivel no es atri- buto silo de la adolescencia” (pag. 288). Resefia el trabajo de B. Bornstein y, destacando cémo la represion acttta sobre el acto al igual que sobre la fantasia, dice “Se observa a menudo que Ia excitacién es el tinico residuo de Ia actividad sexual abandonada, y asi, una excitacién continua puede ser el residuo de fantasias masturbatorias inconscientes. De este modo, un com- portamiento peleador y provocativo puede ser la dramatizacion de fantasias sadomasoquistas que han sido escindidas” (pag. 290). Compara la latencia con una situaci6n similar a la descripta por S. Freud como neurosis actual; también toma aportes de Edith Jacobson sobre cierta posibilidad orgéstica, cuya descarga no permite distinguir claramen- [68 Rodolfo Urribarri | Revisién histérico-critica... [J te la satisfaccién de la excitacion, a diferencia del adulto; asimismo recuer- da los reparos de B. Bornstein en cuanto a la prudencia del abordaje de lo sexual en el proceso terapéutico. Hace una referencia a los autores que encaran la latencia no desde el punto de vista de la circulacién pulsional, sino de procesos bioldgicos de maduracion cerebral a partir de una resefia critica del trabajo de Th. Sha- piro y R. Perry. Luego de sefialar que, en general, los psicoanalistas de adultos consi- deran a este perfodo mds como aquel de los recuerdos encubridores y que en los anilisis no hay reconstruccién de este perfodo, pasa a citar ideas de Heinz Kohut sobre la lucha contra la analidad en los pacientes obsesivos, mas que por una revivencia del estadio original, como un ca- mino regresivo a la analidad propia de los comienzos de la latencia y, dentro de la misma linea de pensamiento, que se ve en las fases termina- les de los tratamientos el surgimiento de actividades creativas ligadas a la sublimacién, no defensivas, que remiten a revivencias correspondientes a la latencia y a la adolescencia. Plantea acertadamente que para el psicoanilisis el problema es com- prender el funcionamiento del Yo en este periodo y que los numerosos trabajos basados mds o menos en la psicologia del Yo, donde las ideas de sublimacién, neutralizacién y Yo aut6nomo introducidas por H. Hart- man “no permiten dar cuenta de los fendmenos evolutivos del funciona- miento mental sino al costo de una reduccion de la importancia estructu- rante del conflicto” (pag. 294). Piensa que las formulaciones tedricas de Evelyn y Jean Kestemberg es- capan a dicho reduccionismo y proponen un modelo teérico basado en la nocién de “placer de funcionamiento del Yo”, definido por ellos: “Si se admite que las diversus partes el cuerpo, la moctricidad y los otros elemen- tos madurativos constituyen otro soporte de investimento en el seno del au- toerotismo primario, se puede suponer que las actividades de dominio y las actividades cognitivas del Yo podrian tener al nivel del narcisismo secunda- rio un cierto grado de valor erdgeno ‘sui generis’. El funcionamiento ente- ro del Yo deviene objeto de investimento y apoyo de satisfacctén libidinal es- pectfico, distinto de Ia evotizacién de las defensas, en la medida que no se 69 | [J Estructuracién psiquica y subjetivacién del nic... trata de un proceso defensivo sino de un hedonismo inherente al ejercicio de ] El placer de funcionamtento testimoniaria un desplazamiento del objeto libidinal, al mismo tiempo que una modificacion relative de la cualidad pulsional que la anima” (pig. 294-95). esas mismas funciones. [. Retoma a H. Kohut en tanto para él, si bien las bases estructurales es- tan a fines del periodo edipico, ocurre una importante consolidaci6n del psiquismo durante la latencia y la pubertad, siendo la latencia un perfo- do de aguda vulnerabilidad del psiquismo. Resefia dos articulos de Ch. Sarnoff previos a la publicacién de su pri- mer libro, el primero sobre el Yo en la latencia, el segundo donde propo- ne una clasificaci6n clinica de los fendmenos proyectivos en relacién con las defensas que los constituyen y también de su contenido, a partir de un caso clinico de un latente. En conexién con este mecanismo, comenta el trabajo de Jack Novick y Kerry Kelly, que discrimina sobre cinco sentidos diferentes en la obra de S. Freud. Sefiala, luego, que es en las relaciones objetales del nifio latente donde debe buscarse la tan difundida utilizacién de la proyeccidn en sus diversas formas. Concluyendo: “La mutltiplicidad de los mecanismos en juego en el periodo de latencia es muy grande y en la mas simple de las actividades del nifio de esta edad uno se encuentra ante una combinacion de placeres directos y derivados, corporates y mentales, de inhibiciones y de descargas, que podemos encontrar, por ejemplo, en los juegos que implican una actividad motriz” (pag. 301). Pasa a resefiar entonces el articulo de E. B. Kaplan, del que destaca la importancia de las actividades ritmicas progresivas en el desarrollo psico- sexual en este periodo, donde el Yo se ve reforzado por las actividades motrices, portadoras de placer, que aparte de contribuir a la economia li- bidinal y la ejercitacion de nuevas aptitudes, favorecen el enriquecimien- to de la imagen de su cuerpo y las relaciones de objeto con sus pares, asi como, en los cdnticos que los acompafian, deSarrollan el placer de cantar, comunicar, enriquecer el lenguaje y sus usos, sumergiéndose en parte en el proceso primario sin desorganizacién del Yo. Al respecto, en oposi- cién a la autora, piensa “gue esas actividades representan una forma de defensa maniaca preestablecida y sobre todo apuntan a estancar el proceso primario y a dominarlo a través de asociaciones de idens arbitrarias, cons- tituyendo una cierta caricatura” (pag. 302). | 70 Rodolfo Urribarri | Revisién historico-critica... ff Continta con el resumen del trabajo sobre los cantos infantiles de Her- bert J. Goldings, donde destaca el frecuente contenido latente de la es- cena primaria, en particular homosexual, bajo relatos de exclusion, y que el contenido de los cantos lo lleva a plantear “un desarrollo diferencial en- tre las ninas y los parones de esta edad” (pag. 306). Luego de una resefia de una aportacién de Serge Lebovici, dice: “La formula segtin la cual el pertodo de latencia sucede a Ia destruccién del complejo de Edipo en tanto que proyecto, corresponde a su asunctén como sistema de referencia simbéli- co. Es ast un pertodo de muy intensas elaboraciones mentales y de enrique- cimientos de fantastas, teniendo su corolario en el enriquecimiento de los sis- temas relacionales” (pag. 308). Retomando la idea de la doble vertiente, defensiva o elaborativa, cita a René Diatkine: “Ia sublimactén juega un rol defensive indirecto en la me- dida en que el placer que procura modifica el equilibrio econémico y permi- te al nino renunciar mas ficilmente a la satisfaccién inmediata de sus de- scos edipicos. Deberia cnsnyarse apreciar en qué medida las tendencias epis- temofilicas evolucionan autonomizdndose respecto de los conflictos, 0 quedan, por el contrario, profundamente tributarias de las pulsiones reprimidas, pu- diendo secundariamente ser inhibidas o devenir fuente de sufrimiento. De hecho, esta separacién se realiza lentamente, como testimonia el tiempo que tal vez hace falta para que un nino pueda leer por su propio placer sin de- manday que uno le lea y el tiempo atin mds largo que hace falta esperar pa- ra que él pueda, sin sus padres, interesarse en las tareas escolares. Estas fases de transicién no significan que el nino no conozca el placer sublimado, mues- tran solamente que los pasajes entre formacton reactiva y sublimacién son siempre pasibles” (pag. 309-10). Destaca que los juegos sexuales y la masturbacién tienen esa doble po- laridad, apoyandose en J. Gammil y M. Klein, de quien retoma el que la supresién radical de la masturbacién puede generar sintomas diversos (tics, fobias, miedo al contacto, etc.) y que “la represién excestva de las faatasias masturbatorias puede trabar el pasage al pertodo de latencia e im- pedir que se constituyan las sublimaciones” (pag. 310). Luego de una larga explicitacion sobre la técnica y la clinica, concluye afir- mando: “El pertodo de latencia aparece entonces como una fase capital del de- sarrollo de la personalidad, lejos de representar una zona de apagada tranqui- nm] aa You have either reached a page that is unavailable for viewing or reached your viewing limit for this book. Rodolfo Urribarri | Revision histérico-critica... I masculino y femenino estiin mal diferenciados, es esta triangulacion la que estard subyacente en el funcionamiento mental ulterior” (pag. 62). La segunda pregunta que se plantea es qué provoca la entrada en el pe- riodo de latencia, donde sefiala que ms allé de la prohibicién paterna es la imposibilidad bioldgica de realizar sus deseos que hace “stallar” al complejo de Edipo. Dentro de esta hipotesis, la “declinacién” del comple- jo, “es decir, la puesta en latencia de éste, seria el resultado de una prucba de realidad, con la concomitante herida narcisista. En otros términos, con la destruccion del complejo de Edipo, es desde el comienzo que una parte del narcisismo del niito es atacado, obligando a un reacomodamiento narciststi- co considerable, que se efectta en el curso del periodo de latencia” (pag. 62). Asi el nifio se ve llevado, a causa de la decepcién, a investir sus posibi- lidades corporales y psiquicas. Los padres de los que ya no espera la sa- tisfaccién pasan a ser investidos como “austliares del funcionamiento mental y como proveedores de satisfucciones narcisisticas” (pag. 62). Retomando cl énfasis de K. Abraham sobre las expresiones de meta in- hibida, que supera en este periodo a las emociones sensuales, afirma “es bajo el manto de la ternura que puede proseguirse el movimiento elaborati- vo de la latencia” (pag. 63). Este corto pero meduloso trabajo recentra la problemitica de la laten- cia bajo la éptica del narcisismo y su importancia, lo que haria mas des- tacable la afirmacion de H. Kohut de la vulnerabilidad en este perfodo asi como la importancia que destaca E. Erikson de las capacidades efectoras y los logros de funcionamiento y concrecién para estos niiios, asi como de su necesidad de ser recompensados y enaltecidos por sus logros y pro- gresos, de parte de los adultos. Francois Sacco Este autor (1987) destaca la importancia del preconsciente en este pe- rfodo, en las transformaciones de los retofios pulsionales mediante la pa- labra, la ampliacién defensiva, la reorganizacién del psiquismo y de las re- laciones de objeto; con un reforzamiento narcisistico a partir de los lo- gros (rctomando lo plantcado, aunque ms centrado cn la represién, en un articulo del afio anterior en la misma revista). 2 | aa You have either reached a page that is unavailable for viewing or reached your viewing limit for this book. aa You have either reached a page that is unavailable for viewing or reached your viewing limit for this book. aa You have either reached a page that is unavailable for viewing or reached your viewing limit for this book. Rodolfo Urribarri | Revision historico-critica. Christine Arbisio-Lesourd En un muy interesante y bien documentado libro (1997), despliega su concepcidn apoyandose en diversos autores y otorgdndole un sesgo laca- niano, en lenguaje claro, preciso y con abundantes ejemplos clinicos. Luego de una larga y minuciosa resefia bibliografica critica, se interna en la segunda parte sobre el perfodo de latencia puesto a prueba desde la cli- nica, donde plantea su enfoque. En su introduccién comienza planteando que las explicaciones, tanto del declinamiento del Edipo como de Ia latencia, han sido, en general, poco satisfactorias para abarcar su sobredeterminacién, entendiendo que podré hacerlo a partir de las categorias de lo real, lo simbélico y lo ima- ginario planteadas por J. Lacan. Destaca la imposibilidad corporal del nifio para ser un partenaire ade- cuado en cl intercambio sexual con su objeto de deseo; “para el nitio, lo veal de su cuerpo se inscribe en la vertiente de esa inmadurez funcio- nal” (pag. 122). Sin embargo, esto no es suficiente para que el nifio re- nuncie a sus deseos, asi como es también insuficiente la necesidad cul- tural impuesta en la educacién que es del orden simbdlico. El tercer elemento pertenece al orden de lo imaginario, la pérdida de la ilusién de ser el falo imaginario de la madre, de ser lo que la completa, ligada al descubrimiento de que es ¢l padre quien detenta la potencia de res- ponder a los deseos de la madre. Asi la salida de lo edipico implica un anudamiento particular entre los registros de lo real, lo simbdlico y lo imaginario. Esta formulaci6n, si bien puede ser compartible, pareciera dejar a un lado o hacer perder importancia a lo planteado en torno a la castracién El declinamiento edipico —dice— representa un momento ldégico, signa- do por una pérdida de diversos planos, especialmente en tanto deja de identificarse como el objeto falico de la madre y por su exclusion de los intercambios sexuales de la vida amorosa de los otros, pérdida que no por ser imaginaria es poco dolorosa, su intenso dolor proviene de la injuria narcisistica concomitante; la autora supone una reelaboracién de la po: cién depresiva, ante la declinacién edipica, porque reactiva las vivencias de anteriores pérdidas (pag. 123). Pid | Estructuracion psiquica y subjetivacién del nifio. .. Este giro Kleiniano es discutible, jse trata de una pérdida o podria mas bien plantearselo como una grave desilusién por el penoso descubrimiento de su imposibilidad bioldgica de realizar el coito?, ya que los intercambios amorosos (caricias, gestos, palabras, actitudes) con la madre no la colman como creja y ella requiere del intercambio con un hombre al que dirige sus deseos genitales que el nifio no le puede brindar. Es cierto que esto abre una profunda y dolorosa herida narcisistica (esto no es parte del bagaje kleinia- no), pero por qué implicaria retrabajar la posicién depresiva? (ligada al des- cubrimiento de que el objeto malo y el bueno son el mismo, con la angus- tia por los ataques destructivos fantaseados que podrfan haber daftado lo bueno, y el concomitante malestar por su agresividad y odio), En otros tra- bajos (1990-91) he discutido la problematica del duelo, el error a mi enten- der de que cada nueva etapa implica un duelo; también gue las problemati- cas narcisisticas parecen seguir otros caminos de procesamiento, no los del duelo (en el sentido freudiano), por lo que no estoy de acuerdo con Ia afir- maci6n de la autora, aunque no me explayaré en la argumentacién. A continuacién destaca la recurrencia a protegerse de esa pérdida y del dolor, “permitiéndose remitir a un mds tarde, cuando sea grande, la veali- zacion de sus deseos” (pag. 123). Esta promesa edipica, imaginaria, favorece la constitucion de un mundo imaginario, sostén y ayuda para el nifio du- rante la latencia, deviniendo un organizador del psiquismo en ese perfodo. Este desarrollo parece mas bien una defensa maniaca que una reelabora- cién de la etapa depresiva. Por otra parte, podria prestarse a equivocos, pues no aclara que esto es viable sélo si el nifio espera que en el futuro po- dr realizar sus descos, pero s6lo con otros objetos, deberé pues renunciar a los objetos primarios, lo que no esta planteado en el texto de la autora. Podria estar implicito en la mencion al sometimiento de la ley simbélica. Siguiendo la terminologfa de R. Spitz en cuanto a que “el estableci- miento de un nuevo organizador se traduce por la aparicién de nuevos es- quemas espectficos de comportamiento, que denomina indicadores” (pag. 123), y busca identificar la latencia: 1) cuanto mis cerca el nifio del pe- riodo edipico, dominan la imaginacion en juegos y fantasias. En la segun- da fase de latencia, las modalidades defensivas, y la consideracion de la realidad van adquiriendo primacfa en el funcionamiento psiquico; 2) la [78 aa You have either reached a page that is unavailable for viewing or reached your viewing limit for this book. I Estructuracién psiquica y subjetivacién del nifio... Annie Anzien En un libro dedicado al dibujo en los nifios (1996), en una parte se re- fiere a este periodo y formula su idea sobre él. Los nifios en tratamiento, dice, nos hacen dudar del perfodo de laten- cia; también por el tratamiento de adultos tiende a pensar que “la laten- cia no es solamente un signo de desarrollo pstquico de la infancia, sino que en realidad seria una dindmica psiquica que puede reaparecer en ciertos momentos y bajo ciertas circunstancias de la vida[...] Es por esta razin que preficro el término de ‘posicidn de latencia’, que da a entender un estado pasajero en una dindmica que precede y abre la vin de una reestructura- cién, a aquel de ‘periodo? que evoca Ia iden de estadio de desarrollo, limita- do y tinico” (pag. 151). La formulacién como posicién est4 bastante impregnada de la teorfa Kleiniana, haciendo una clara relacién con la posicién depresiva (pag. 88) -reitero los cucstionamicntos al respecto- y cn cuanto a que no ¢s un pe- riodo tinico en parte coincidiria con André Green, quien sefiala luego de Ja adolescencia una segunda latencia. Agrega que le parece que, en los Tres Ensayos, S. Freud no estaria lejos de su formulacién de posicién, en tanto muestra el aquietamiento y las rupturas, las posibles manifestaciones de la sexualidad, junto al acalla- miento represivo, y afirma que durante la latencia la sexualidad no es en- teramente sublimada. Por otra parte, la represién de la sexualidad, que entrafia la amnesia in- fantil, tiende a extenderse a toda la primera infancia. “El proceso de recons- truccton y reestructuracion del que participa el dibujo [que antes destacd como caracteristica del latente] durante Ia cura de un nino, sostiene los la- 205 inconscientes con las emociones olyetos de amnesia” (pag. 152). Destaca dos caracteristicas de la posicién de latencia (basadas en una ci- ta de Freud): 1) el desvio de la energia sexual hacia otras metas; 2) gra- cias a la amnesia infantil, la latencia suscita nuevos investimentos. En otro libro posterior (2000), sobre el juego en la psicoterapia, reto- ma su formulacién de posicién de latencia, diciendo: “Latencia significa que alguna cosa esth suspendida. Puede ser el desarvollo sexual o sus reaco- modamientos en el curso de la vida. También puede ser el movimiento de- | 80 Rodolfo Urribarri | Revision histérico-critica. I presivo que desencadena esos reacomodamientos inevitables y los renuncia- mientos que determinan. Es por esto que la nocién kleiniana de posicién me parece conveniente a Ia situacién que Freud ha reparado en los ninos como una Tatencia’ y que se renueva cada vez que In realidad concciona (obliga) al Yo”; sefiala la relacién de su formulacién con la de Paul Denis, en cuan- to al reacomodamiento narcisfstico que inevitablemente provoca el decli- namiento edipico, y agrega: “E/ desinvestimento de los objetos edipicos por el nino lo lleva de nuevo a un narcisismo que se acentia al mismo tiempo que libera los intereses hacia lo exterior” (pag. 94). Dice ms adelante: “El periodo de latencia podria ser caracterizado por una posicién del preconsciente en formacidn, el juego sirviendo de interme- diario entre el inconsciente invadido por acumulaciones traumdticas y la toma de conciencia de Ia identidad del Yo y de sus conflictos” (pag. 99). Sefiala cudn cerca esta el niiio de sus fantasias mientras juega, proximi- dad que decrece con los efectos de la censura y los aprendizajes. En los menores, el cuerpo es el lugar del juego y la motricidad su expresién, por la censura y la creciente simbolizacién van modificindose los juegos. Po- coa poco utiliza elementos intermediarios, como los elementos para mo- delar en los que atin predomina la sensorialidad y la facilidad de modifi- car lo ejecutado acorde con el fluir asociativo y, progresivamente, entran elementos de la realidad. Aparecen los juegos de construccién, de fabri- cacién (maquetas, collages, muiiecos) y se intensifican los comentarios verbales, sea como diilogo entre personajes, alusiones conexas 0 didlogos con el terapeuta. La simbolizacién tiende a hacerse tan abstracta que a menudo se acrecienta por las adquisiciones, las limitaciones y las exigen- cias tanto escolares como sociales. Marca juegos que tienden a realizar los varones y otros las nifas. Bernard Pennot En un interesante libro (2004), dirigido a la subjetivacién con relaci6n a la pulsionalidad y la significaci6n, dedica el capitulo 8 a: "Sublimacién, latencia y subjetivacion". Comienza realizando un pasaje de la nocién freudiana de periodo de latencia por la de “puesta en latencia” (0 “laten- tizacién”) para “designar un estado de renuncia temporaria a satisfacer las 81 | aa You have either reached a page that is unavailable for viewing or reached your viewing limit for this book. aa You have either reached a page that is unavailable for viewing or reached your viewing limit for this book. aa You have either reached a page that is unavailable for viewing or reached your viewing limit for this book. Rodolfo Urribarri | Revision histérico-critica... pica. Existen numerosos representantes del impulso que se mantienen fue- ra del campo de In represion, y ello ocurre sobre todo en aquellos casos en que la represién, siendo exitosa, facilita las posibilidades de simboliza- cién” (pag. 359). Agrega: “Particndo del pasaje del objeto originario del deseo al objeto sus- titutivo por los mecanismos de distribucion, se suceden nuevos pasajes que enriquecen al mundo objetal. Esta es la clave de la simbolizacion que per- mite al nino repetir una y mil veces la fantasia del deseo al mismo tiempo que lo alejay protege de la realizacion incestuosa con el objeto original y sin tener que renunciar a la realizacion simbélica de estos deseos con los objetos sustitutivos|[...] Este conocido proceso de la simbolizacién es precisamente la base de la Hamada represion exitosa o evoluriva en la latencia” (pag. 360). Pasa a destacar al perfodo como clave en el desarrollo de la personali- dad asentandose especialmente en las posibilidades que el desplazamien- to y la simbolizacién le brindan, para luego destacar la operancia de una disociacién entre un mundo espiritual y bondadoso, donde se evita la se- xualidad y la agresién adscripta al otro mundo, concluyendo que lo an- gustioso para el latente es el temor a que se mezclen ambos mundos. Los suefios diurnos los caracteriza como una transaccién entre manda- tos Superydicos e¢ impulsos, que albergan fantasias masturbatorias, fun- cionando como defensa a la par que como proyecto, cuya estereotipia re- viste el cardcter de defensa maniaca. Respecto de la masturbacién cita a $. Freud y la version que de él ha- ce D. Meltzer; a B. Bornstein y A. Freud para extenderse en el enfoque meltzeriano. Planteando que los diversos autores parecieran descuidar “que no siempre la masturbacion tiene el mismo significado” (pag. 364), pasa a mencionar diversas posibles significados (sin asentarlos en vifetas © casos clinicos). Sefala para nuestra cultura cuatro factores que motorizan la entrada en la latencia, a saber 1) ansiedad de castracién (no creo necesario explayar- me, pero sf destacar la importancia del recambio dentario incrementando las angustias castratorias, siguiendo lo postulado por E. Saimovici); 2) in- madurez biolégica: “La equiparacién entre el esqguema corporal del nino y el de los adultos, incluso el de aguel que es el objeto de su deseo (la madre en el 85 | aa You have either reached a page that is unavailable for viewing or reached your viewing limit for this book. aa You have either reached a page that is unavailable for viewing or reached your viewing limit for this book. aa You have either reached a page that is unavailable for viewing or reached your viewing limit for this book. Rodolfo Urribarri | Revision histérico-critica... If ciones reactivas; b-c) estos dos mecanismos trabajan en concordancia con la represién (generando la amnesia infantil) como prevalentes en este pe- rfodo. La angustia antes ligada a objetos y situaciones del mundo exter- no tiende a modificarse y estar ligada a la tensién Yo-Supery6; d) la dis- ponibilidad cnergética debida al desligamiento de las cargas en los obje- tos parentales posibilita la diversidad de relaciones objetales que estable- ce. Estas nuevas relaciones con adultos y pares, por comparacién con los objetos primarios, favorece la desidealizacién y desomnipotentizacion de éstos, e) el cambio de la “angustia objetiva” de la etapa falica por la “an- gustia intrasistémica” (por la tensibn entre el Yo-Superyé y el Yo-Ello), por lo que el niiio pierde gran parte de su miedo al mundo externo, po- sibilitando adentrarse en él y ampliando sus vinculos y actividades. Sefiala que las cargas de los objetos parentales retrovertidas vuelven al Yo, donde se descomponen lo libidinal y lo agresivo, quedando como cargas libres. “La libido neutralizada seria utilizada e invertida en los po- derosos impulsos epistemofilicos que caracterizan esta etapa del desarrollo, en el considerable aumento del sentido de realidad, en la coordinacion de la motilidad, en un gran incremento de la capacidad sensoperceptiva, en la capacidad de formular jutcios evaluando la situacién presente y anticipan- do (funcién predictiva) algunos hechos futuros.” El componente agresivo cn parte es también neutralizado y utilizado en los “mecanismos median- te los cuales el nitio investiga ¢ invade el mundo externo u objetos del mun- do externo, a veces destruyéndolos; en parte es absorbida por el Superyo, im- primiendo al mismo las caracteristicas rigidas peculiares a la primera mi- tad de la latencia. ...] Del remanente agresivo trata el Yo de deshacerse mediante la abundante actividad motora del sujeto en calidad de juegos deportivos, Iuchas cuerpo a cuerpo, competencias socializadas”. Destaca “la angustia intra-sistémica, la angustia de la conciencia moral y el sentimien- to de culpa. En estas circunstancias, la angustia intra-sistémica estimula- rin los mecanismos de defensa contra los instintos del mismo modo que an- tes lo hiciera la angustia objetiva” (pag. 174). Pasa a ocuparse de las hipotesis explicativas, que le permitirian relacio- nar las hipdtesis con predominio observacional y las de con predominio teérico (las transformaciones), buscando establecer reglas de correspon- dencia. 89 aa You have either reached a page that is unavailable for viewing or reached your viewing limit for this book. aa You have either reached a page that is unavailable for viewing or reached your viewing limit for this book. aa You have either reached a page that is unavailable for viewing or reached your viewing limit for this book. Capitulo |] a: as PLANTEANDO LA LATENCIA aa You have either reached a page that is unavailable for viewing or reached your viewing limit for this book. aa You have either reached a page that is unavailable for viewing or reached your viewing limit for this book. aa You have either reached a page that is unavailable for viewing or reached your viewing limit for this book. I Estructuracion psiquica y subjetivacién del nifio. También espero que, en tanto se aclare el funcionamiento del latente, pueda captarse la banalidad y cscaso conocimiento de aquellos que, de- jandose llevar por lo aparente (por ejemplo, alguna expresién de interés sexual de un nifio), afirman que la latencia ya no existe debido a la aper- tura sexual social, sin poder captar que, mas alla de alguna manifiesta ac- tividad sexual o una picara intencionalidad, lo que importa son las pro- fundas modificaciones en el aparato psiquico y en la vida de relaci6n con pares e institucional que se gestan en la latencia. Como hipétesis general me propongo definir un especifico trabajo psiquico de latencia. Trabajo psfquico en el sentido del esfuerzo para la organizacién, diferenciacién, complejizacién y ampliacién del aparato psiquico; y también en cuanto a la exigencia de tramitar la pulsién en un nucvo ordenamicnto dindmico y estructural. Trabajo y no perfodo, cn- fatizando la importancia y el eje central en las modificaciones y neogéne- sis en el aparato y no centrado en lo cronoldgico (si bien esto ocurre ha- bitualmente dentro de cierta edad del sujeto). De lo planteado se deriva que: el trabajo de latencia basicamente se da en dos planos (si bien interconectados): intrasubjetivo ¢ intersubjetivo, insinudndose en el transubjetivo. En el plano intrasubjetivo se compleji- za y amplia el aparato psfquico en sus aspectos tdpico, dinamico y eco- némico (metapsicolégicos). En el plano intersubjetivo se retrabajan la problemitica edfpica y fraterna, y se amplian las relaciones con pares y adultos. El trabajo de Ja latencia tiene diferencias y similitudes con otros trabajos psiquicos. ACERCA DE LA TEORIA S. Freud, al escribir (1925) sobre la acometida en dos tiempos que ca- racteriza la vida sexual humana, dice que, luego del “florecimiento tem- prano de la sexualidad, las aspiraciones hasta entonces vivas cacn bajo la represion y sobreviene el pertodo de latencia, que se extiende hasta la puber- tad” y agrega, en una nota al pie de 1935, “E/ pertodo de Latencia es un fenbmeno fisiolégico. Empero, silo puede provocar una interrupcién comple- 98 aa You have either reached a page that is unavailable for viewing or reached your viewing limit for this book. aa You have either reached a page that is unavailable for viewing or reached your viewing limit for this book. aa You have either reached a page that is unavailable for viewing or reached your viewing limit for this book. I Estructuracién psiquica y subjetivacion del nifio... tas aceptables, no necesita desgastarse en la defensa y el Yo buscaré armo- nizar con los mandatos del Superyé y los requerimientos socioculturales. Poder posponer se transforma en una meta anhelada, ya que s6lo me- diante la renuncia a la acci6n directa que evite la descarga inmediata pue- de armonizar con el Superyé. Esta capacidad se dirige, en principio, al control de la motricidad, el poder “quedarse quieto” (también requerido por padres, maestros, vecinos, instructores, etc.) es el punto de partida pa- ra, a través de la accién conjunta defensiva, acceder (mediante la concen- tracién y la atencién) al aprendizaje por la via sublimatoria. Inicialmente se instala para coartar la tendencia a la accién masturbatoria (consecuen- temente las fantasfas edipicas) y a la descarga desorganizada, también fa- yorece la neutralizacién libidinal y agresiva necesaria para la sublimacién. Implica una parcial vuelta hacia adentro del nifio, que lo torna mis refle- xivo, incrementandose paulatinamente el diilogo interiorizado y el fanta- sear; se nota la creciente ampliacién de lo verbal. Este logro psiquico esta basado en la interiorizacién de una figura aseguradora y permisiva que po- sibilita un acompafiamiento de esa reflexividad y se liga con Ia capacidad para estar a solas de la que nos habla D. W. Winnicott. Veamos esto esquematicamente, a través del anilisis de los factores que operan en el aprendizaje, por ejemplo, de la escritura. Se asienta en las nuevas capacidades intelectuales propias de la edad y en la maduracién neurobioldgica (sea de los miisculos accesorios de los dedos o de los musculos de acomodacién del cristalino, la direccionalidad, la indepen- dencia interhemisférica, etc.). La prohibicién superyoica recae sobre los deseos incestuosos y, consecuentemente, sobre la masturbacién; esto im- plica redirigir el impulso; para evitar la “tentacién” de masturbarse, “ne- cesita ocupar sus manos en otra actividad”. La inhibicién de la meta, la operancia del aislamiento y la desafectivizacién posibilitan la atencion, la concentraci6n y la inserci6n escolar. La escuela, como agente de la socie- dad, refuerza el mandato represivo al tiempo que prescribe ciertas activi- dades y propone algunas vias de descarga alternativas. La formacién reac- tiva lo lleva a tornarse limpio y prolijo frente al deseo regresivo (y defen- sivo) de ensuciar, pero, en accién conjunta con el resto, le posibilita en- suciar de forma controlada, segtin el cédigo que lo inserta en lo sociocul- tural amplio: es decir, la escritura. | 102 aa You have either reached a page that is unavailable for viewing or reached your viewing limit for this book. aa You have either reached a page that is unavailable for viewing or reached your viewing limit for this book. aa You have either reached a page that is unavailable for viewing or reached your viewing limit for this book. I Estructuracion psiquica y subjetivacion del nifio... PasA| E A LA PUBERTAD La estabilizaci6n y afirmacién de una nueva organizacién psiquica y su diferenciacién interna y expansion propias de la latencia tardia, que se ex- presan generalmente en un funcionamiento mas distendido y efectivo del nifio, se veran gradualmente jaqueadas por el embate puberal, produ- ciéndose un progresivo cambio del funcionamiento de la latencia a la transicion hacia la adolescencia. Aclaro que, siguiendo autores post-freudianos como Peter Blos, reser- vo el término pubertad para referir a los cambios corporales, y el de ado- lescencia para aludir al proceso psicolégico que la pubertad promueve. También aclaro que, en el idioma alem4n del 1900, la palabra “adolescen- cia”, si bien existfa, no era utilizada y “pubertad” se utilizaba tanto para lo fisico como para lo psiquico; por lo que S. Freud nominé al tercer en- sayo de teorfa sexual: Metamorfasis de la pubertad. Si bien orientado a los cambios sexuales y psfquicos de la adolescencia, considera en él también aspectos fisicos (como, por ejemplo, en el apartado 2, cuando analiza el papel de las sustancias sexuales) y luego la teoria quimica -en especial la nota al pie 12-, o en el apartado siguiente sobre la libido 0 cuando refie- re, como tope de la latencia, “hasta las primeras exteriorizaciones de la pu- bertad? (1908, pag. 154). Los cambios corporales de la pubertad son graduales, algunas veces lentos, otras mas bruscos o intensos, y el correlato psicolégico también. Las primeras manifestaciones conductuales observables suelen ser la emergencia de inquietud y desasosiego sin causa manifiesta, con incre- mento de la motricidad, descargas bruscas y pérdida de la concentracién. En el aula, se produce una “inversién” de lo observado a comienzo de la escolaridad —como el logro de “quedarse quieto” para dar paso a la aten- cién y luego a la concentracién-, que se ve alterado por el movimiento (sea en el banco o por el aula), la distraccién, las charlas paralelas, los co- mentarios fuera de tema, el incumplimiento, etcétera. Esta etapa de transicién —en la que, aun sin poder observarse cambios corporales manifiestos, si pueden medirse cambios en los dosajes hormo- | 196 aa You have either reached a page that is unavailable for viewing or reached your viewing limit for this book. aa You have either reached a page that is unavailable for viewing or reached your viewing limit for this book. aa You have either reached a page that is unavailable for viewing or reached your viewing limit for this book. EXPRESION GRAFICA Estimo innecesario, por ser ya muy conocida en la psicologia y el psicoa- nilisis, la explicitaci6n del valor del dibujo como representacién de la con- flictiva inconsciente, su utilizacién diagnéstica y en el proceso terapéutico. Sélo me referiré a algunos aspectos que considero de interés desarrollar desde el punto de vista te6rico, que pueden resultar de utilidad clinica. Asi como en el lenguaje y en el juego, la expresi6n a través del dibujo va adquiriendo complejidad, riqueza y organizacién a medida que avan- za el procesamiento psiquico de la latencia, as{ como una clara diferen- ciacién para cada sexo en tematica y forma.' Particularmente se ve c6mo se completa la figura humana y se define la diferenciacin sexual, la que esta estrechamente ligada con la ejercitacion mas 0 menos lograda de la actividad motriz y de juego corporal. También se amplian los recursos utilizados: ldpices, crayones, marcado- res, témperas, etc., a veces por separado, otras utilizando varios elemen- tos, y otras combindndolos con objetos que pegan (papel glacé, plastili- na, hilo, etc.) formando collages. En los comentarios a realizar privilegiaré los aspectos comunes a los la- tentes y no tanto a lo singular de cada nifio como motivacién del dibu- jo. Cuando aluda a algtin contenido ser4 escueto, para no distraer la atencién de lo general. No se trata de una interpretacién mecanicista de simbolos universales, sino derivado de sus asociaciones y/o relacionado con su historia y/o ligado al contenido de sesiones previas. Sé también 1. C. Samoff (1976, pag. 66) sefiala que en el pasaje de primera a segunda latencia tien- den a desaparecer las transparencias en los dibujos, pero no explica por qué. aa You have either reached a page that is unavailable for viewing or reached your viewing limit for this book. aa You have either reached a page that is unavailable for viewing or reached your viewing limit for this book. aa You have either reached a page that is unavailable for viewing or reached your viewing limit for this book. Rodolfo Urribarri | Delo observable... j mente atribuibles a uno u otro sexo. Estos fueron mostrados, en un lap- so entre veinte y treinta minutos y en el mismo orden, a distintos grupos de terapeutas, a saber: a) profesionales en formacidén del Instituto de la Asociacién Psicoanalitica Argentina, sus profesores de seminarios y miem- bros de la misma institucién que cursan el curso de especializacién en ni- iios y adolescentes; b) terapeutas del servicio especializado de una institu- cién de medicina prepaga; c) terapeutas de un servicio de una institucién asistencial privada del conurbano bonaerense; d) terapeutas de nifios la- tentes de un importante hospital publico de nifios. El porcentaje de aciertos fue alto. Al observarse que los encuestados no podian expresar desde fundamentos teéricos las especfficas diferencias del grafismo y sus predicciones, surgié la siguiente pregunta: si la predic- tibilidad no se debe tanto a la formaci6n profesional sino a la asiduidad. de observacién de niiios y sus producciones, entonces seria muy proba- ble observar similar predictibilidad, por ejemplo, en maestros de escue- las primarias, por lo que decidi realizar la misma prueba con ellos. Por razones de ticmpo y posibilidad institucional, la prucba sélo pudo concretarse con dos escuelas privadas. Los resultados obtenidos fueron cercanos a los de los terapeutas. Llamé la atencién que, tanto en el grupo de maestros como en el de psicoterapeutas, algunos de los porcentajes més elevados de aciertos fuue- ron obtenidos por personas con poca experiencia en las actividades, mientras que algunos con mds de veinticinco afios de prictica obtenfan porcentajes por debajo de la media. Esto me llevé a pensar que quizds los aciertos no estaban condicionados por los conocimientos y el contac- to intenso con los niiios latentes, sino mis bien por el procesamiento de las diferencias respecto del sexo que cada uno realizara durante su desa- rrollo individual. Por tal motivo, me decid/ a realizar igual prueba con nifios de 6° y 7° grado de las dos escuelas privadas donde encuesté a los maestros y en otra tercera. Hs | aa You have either reached a page that is unavailable for viewing or reached your viewing limit for this book. aa You have either reached a page that is unavailable for viewing or reached your viewing limit for this book. aa You have either reached a page that is unavailable for viewing or reached your viewing limit for this book. Rodolfo Urribarri | De lo observable... I Es interesante observar su ausencia en nifos con marcada impulsividad y desbordes fisicos, asi como en los nifios de hogares violentos; a veces, si bien esté presente durante algunos afios, desaparece con la irrupcién puberal brusca. También se ve como en el proceso terapéutico, a medi- da que elaboran sus conflictos, estabilizan controles operativos y se ex- panden las vias sublimatorias, aparece el cuello en el dibujo de la figura humana, o a veces en el de un animal o como una nifia que se dibuja sin cuello, pero al dibujar a su terapeuta se lo coloca, lo que marca su no- cién del cuerpo y del cuello, pero simboliza una diferencia entre ambas en la organizacién psiquica. También el de un nifio en que el pequefio cuello dibujado tiene la mezcla de colores de la cara y del cuerpo, como atin no bien diferenciado. Estimo que el dibujo del cuello y sus caracteristicas son un indice diagnéstico destacable a tener en cuenta dada la importancia que el pre- consciente tiene en el trabajo de la latencia y también con respecto a la di- ferenciacion de subperiodos. Asimismo, destaco la utilizacién de los dibujos como indice clinico de evaluaci6n del tratamiento, como puede observarse entre el dibujo del avién (dibujo Q), donde la problematica filica esta atin impregnada de fuertes elementos de sadismo anal y persecutorios, comparado con el di- bujo J del mono (un afio y dos meses después), donde las caracteristicas son completamente diferentes, incluso el arbol “abierto”, que coincidia con una efectiva mejoria de su trastorno asmitico. Para terminar, quiero referirme a lo reiteradamente comentado acerca de los dibujos repetitivos de los nifios de esta edad, que son mis frecuen- tes en perfodos resistenciales, en modalidades defensivas fuertemente ob- sesivas o frente a conflictivas que les son dificiles de abordar mas directa- mente. Hay que tener presente que entre las caracteristicas de la latencia esta el ocultar, el encubrir, pero a la vez algo puja por expresarse en el di- bujo y se manifiesta a través de algtin pequeiio detalle (agregado o fal- tante) al modo de retorno de lo reprimido. Como ejemplo breve, comentaré el caso de una nifa de diez afios, que hacfa dos afios que estaba en tratamiento con una colega, de buen con- tacto y expresividad con ella, pese a su relativa inhibicion y parquedad. 119 | aa You have either reached a page that is unavailable for viewing or reached your viewing limit for this book. aa You have either reached a page that is unavailable for viewing or reached your viewing limit for this book. aa You have either reached a page that is unavailable for viewing or reached your viewing limit for this book. Rodolfo Urribarri | Delo observable... If Dibujo C 123 aa You have either reached a page that is unavailable for viewing or reached your viewing limit for this book. aa You have either reached a page that is unavailable for viewing or reached your viewing limit for this book. aa You have either reached a page that is unavailable for viewing or reached your viewing limit for this book. Rodolfo Urribarri | De lo observable... I 127 | aa You have either reached a page that is unavailable for viewing or reached your viewing limit for this book. aa You have either reached a page that is unavailable for viewing or reached your viewing limit for this book. aa You have either reached a page that is unavailable for viewing or reached your viewing limit for this book. Rodolfo Urribarri | De lo observable... Dibujo L 131 | aa You have either reached a page that is unavailable for viewing or reached your viewing limit for this book. aa You have either reached a page that is unavailable for viewing or reached your viewing limit for this book. aa You have either reached a page that is unavailable for viewing or reached your viewing limit for this book. Rodolfo Urribarri | De lo observable... ff = FF Dibujo P 135 aa You have either reached a page that is unavailable for viewing or reached your viewing limit for this book. aa You have either reached a page that is unavailable for viewing or reached your viewing limit for this book. aa You have either reached a page that is unavailable for viewing or reached your viewing limit for this book. Rodolfo Urribarri | Delo observable... ff Es interesante observar como algunos nifios en tratamiento, en la me- dida en que van resolviendo sus conflictos, o en otros espontaéneamente en tanto consolidan sus capacidades y se equilibra la relacion intersisté- mica, estando consecuentemente en ambos casos menos agotados y do- minados por la defensa y con un incremento de la autoestima, cambian su puesto en el equipo (por ejemplo, sus acciones pierden impulsividad, individualidad y violencia, para ser més precisas y combinadas con sus compafieros, siendo por ende su rendimiento més efectivo y estable; otros pasan de ocupar roles defensivos a posiciones de ataque y posibili- dades de gol). Sin duda, estas actividades corporales de juego son unas de las vias pri- vilegiadas para la descarga energética pulsional “neutralizada” y la evita- cién de la masturbacién, a la vez que favorecen el desarrollo en otros sentidos (integracién de la imagen corporal, ampliacién de los recursos yoicos, interiorizaci6n, intercambio y cooperatividad de roles, rivalidad y competitividad, distanciamiento de los familiares e integracién en grupos de pares, etc.), asi como la obtencién de placer por el movimiento. Las rafces en la vida temprana, tanto de la descarga energética por via de la actividad corporal como la obtencién de placer por el movimiento, posi- bilitan el asentamiento de esta via sublimatoria y la sustitucién del placer masturbatorio por el placer del juego. Convendria recordar, en apoyo de lo antedicho y de lo que seguira lue- go, que S. Freud (1905a) sefiala que desde pequeiios los nifios tienen sensaciones placenteras con los sacudimientos mecinicos del cuerpo de cardcter ritmico. Como ejemplo, el hamacarse, el movimiento de los ca- rruajes, cl interés por el ferrocarril, “y en la edad en que se activa la fan- tasia (poco antes de la pubertad), suelen convertirlo en el niicleo de un sim- bolismo refinadamente sexual”, enlace que para él proviene del caracter placentero de las sensaciones de movimiento (pag. 183); agregando luc- go que una intensa actividad muscular constituye para el nifio una ne- cesidad de cuya satisfaccién extrae un placer extraordinario (pag. 184). En una nota incluida en 1910, dice que los trastornos de la marcha y la agorafobia no plantean dudas sobre las caracterfsticas sexuales del placer del movimiento y que en la educacién se utilice el deporte para apartar a los j6venes de la practica sexual, aunque seria més correcto decir que 139 | aa You have either reached a page that is unavailable for viewing or reached your viewing limit for this book. aa You have either reached a page that is unavailable for viewing or reached your viewing limit for this book. aa You have either reached a page that is unavailable for viewing or reached your viewing limit for this book. Rodolfo Urribarri | De lo observable... I cubrir algo aludido, sugerido, no explicitamente dicho, presente, pero de alguna manera encubierto, disimulado o ligeramente oculto, que remite al deseo de conocer-saber sobre lo sexual (escena primaria, origen de los nifios, etc.) aquello secreto, pero aludido, donde al afan investigative ma- nifiesto le subyace lo latente prohibido, en contenido y forma propias del relativo encubrimiento, simbolizacion y desplazamiento de la operancia del novedoso modo de funcionamiento psiquico. Similarmente podria- mos pensarlo para el juego de “digalo con mimica” que suele aparecer mis cercano a la pubertad. Digamos, para no abundar cn numerosos cjemplos posibles, que se produce un movimiento desde el uso de los juguetes (para el despliegue de la fantasia) hacia la practica de juegos, actividades regladas y compar- tidas, que escenifican el camino exogémico, las alternativas frente a la vi- da, en la sociedad (azar, cooperacién, competencia, etc.), en anudamien- to con la problematica singular del sujeto (traumas, fijaciones, resoluci6n edipica, complejo fraterno, etc.). En este movimiento, el trabajo de la latencia actué proponiendo un uso del cuerpo en el que se eludiera el componente erético manifiesto en su manipulaci6n o en el contacto con owos cuerpos. En la transicién a lo puberal, reaparece la erotizacién del contacto, disimulada en juegos tales como el del “cuarto oscuro”. En alguna medida, podriamos establecer con el juego un paralelismo respecto del suefio. En los nifios pequeiios es directo y escasamente de- formado, mientras que en la latencia actiia la “censura”, que genera un contenido manifiesto encubridor y permite jugarlo sin angustia y, de es- ta manera desplazada, elaborar la situacién. Desde esta perspectiva, la in- clusién del azar es una formacién defensiva destinada a encubrir el con- tenido del juego. PREFERENCIAS PARA CADA SEXO Si bien podemos ver que ambos sexos tienen actividades y juegos com- partidos, una observacién més cuidadosa nos mostrara diferencias en la 143 | aa You have either reached a page that is unavailable for viewing or reached your viewing limit for this book. aa You have either reached a page that is unavailable for viewing or reached your viewing limit for this book. aa You have either reached a page that is unavailable for viewing or reached your viewing limit for this book. Rodolfo Urribarri | De lo observable... I Los latentes, aunque pueden compartir situaciones que les son comu- nes, como las tareas escolares 0 la mtisica, tienden a separarse y desarro- llar actividades propias de cada sexo, lo que generalmente ha sido expli- cado por la angustia de castracién, lo cual estimo parcialmente valido pe- ro insuficiente, por entender que ésta inaugura la necesidad de cada gru- po de conocer y ejercitar sus diferencias, en particular, ligadas a la sexua- lidad. O sea que, frente a la angustia de castracién, se produce un movi- miento defensivo que tiende al apartamiento (y en los casos en que es in- tensa se extrema en el aislamiento y la inhibicidn), pero que en el laten- te también se manifiesta un aspecto progresivo, que promueve la di- ferenciacién sexual, su exploracién desplazada en el juego y la encu- bierta preparacién para el futuro rol genital. Lo antedicho seguirfa la linea sefialada por S. Freud (1924b) sobre “los empciios del niito que quicre hacerse senor de sus propios miembros” (pag. 125), en tanto mostraria cémo el latente, mediante la actividad corporal y de juego, busca ejercitar, conocer y aduefiarse de su propio cuerpo, lo que esté en relacién con el mayor distanciamiento fisico, temporal y afec- tivo de los padres y de las posibilidades que otorga el pensamiento en es- ta etapa, para procesar estas vivencias desde el cuerpo. A. Green (1996), en un articulo sobre la sexualidad (en particular la bisexualidad), sefiala el modelo freudiano previo al Edipo como semejan- te para la nifia y el varon y centrado en el de éste. Disiente afirmando: “en los dos sexos las etapas pregenitales se viven de un modo muy diferente. Tales etapas son recorridas de un modo gue me parece espectficamente mas- culino y femenino en el varén y en Ia nifia” (pig. 76). Marca, por ejem- plo, en la analidad, a la retencién y expulsién como factores comunes, pero resalta vivencias diferenciales con respecto al ano, también lo hace luego respecto de lo falico y la practica masturbatoria. Pasa a referirse a la pubertad y a la edad adulta en Ja direccion de que ambos sexos no vi- vencian las situaciones de manera idéntica. Estimo que mis observacio- nes y postulaciones diferenciales para cada sexo, desarrolladas respecto de la expresién grafica, como del desempefio con el cuerpo y el juego, estén cumplimentando a dicho autor en lo atinente a la latencia que él no desarrolla. 147, | aa You have either reached a page that is unavailable for viewing or reached your viewing limit for this book. aa You have either reached a page that is unavailable for viewing or reached your viewing limit for this book. aa You have either reached a page that is unavailable for viewing or reached your viewing limit for this book. aa You have either reached a page that is unavailable for viewing or reached your viewing limit for this book. aa You have either reached a page that is unavailable for viewing or reached your viewing limit for this book. aa You have either reached a page that is unavailable for viewing or reached your viewing limit for this book. aa You have either reached a page that is unavailable for viewing or 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Rodolfo Urribarri | Sobre psicopatologia f aa You have either reached a page that is unavailable for viewing or reached your viewing limit for this book. aa You have either reached a page that is unavailable for viewing or reached your viewing limit for this book. aa You have either reached a page that is unavailable for viewing or reached your viewing limit for this book. I Estructuracién psiquica y subjetivacién del nifio... del pensamiento. También la aparicién del sentido de la temporalidad y de la muerte, cl camino exogdmico y la creciente importancia de las figu- ras extrafamiliares y la relacién con los hermanos. Destaqué las motivaciones ¢ importancia de lo que denominé camino exogimico, enfatizando su insercién social especialmente en la escuela y cl grupo de pares, otras influencias que difieren de lo familiar, promo- viendo nuevas y diferentes identificaciones, normas ¢ ideales, lo que lo modifica y enriquece a partir del encuentro en lo social con otras mira- das y discursos. Incursioné en la actividad motriz y de juegos, su sentido placentero, su valor social y de afirmacién yoica, la diferente manera de representar, usar y disfrutar del cuerpo para cada sexo, las diferencias en la concep- tualizaci6n del espacio, mostrando diferentes configuraciones liidicas, en las que cada sexo realiza, mediante actividades y juegos aceptados social- mente, una tarea latente de diferenciacién sexual. Realicé aportes sobre la expresién gréfica cn los varones y la represen- tacion del preconsciente; algunas consideraciones sobre sentimientos, en particular sobre la vergiienza, la culpa y la inferioridad, sefialando sus ori- genes ¢ instancias diferentes a las que corresponden. Luego, una breve referencia a la agresién y los padres durante la latencia. He desplegado la profundidad y amplitud del trabajo de Ja latencia y su importancia crucial para las etapas siguientes, as{ como las consecuencias ca- tastr6ficas para el desarrollo si no se establece firmemente sobre las bases s6- lidas de un adecuado desenlace edipico, el descentramiento narcisistico, la concomitante declinacién de la omnipotencia, el afianzamiento del funcio- namiento diferenciado entre lo consciente y lo inconsciente con el desplie- gue mediatizador de un preconsciente, cada vez mas productivo y operan- te, asi como del esquema estructural Ello, Yo y Superyé en relacién con las normas, exigencias y expectativas sociales. Incursioné sobre algunos aspec- tos de la psicopatologia, planteé las consecuencias psicopatolégicas que puc- de generar una fallida latencia, ejemplifiqué y defini la pseudolatencia y su posible incidencia en la vida posterior, en especial en Ia adolescencia. En este trabajo intenso adquiere quizds para mi sentido esa frase algo os- cura de Winnicott (1979), al definir el periodo de Jatencia “como aquel en | 284 aa You have either reached a page that is unavailable for viewing or reached your viewing limit for this book. aa You have either reached a page that is unavailable for viewing or reached your viewing limit for this book. , COLECCION @ Conjunciones “Lo esencial es que no se considere mas la latencia como una etapa casi de detenimiento del desarrollo, y que se encuentre en ella, al saber leerlos, no sdlo los efectos tan mentados de la represién que apaga las manifestacio- nes de la sexualidad y del complejo de Edipo, sino modifi- caciones de lo anteriormente vivido que apuntan, con la adquisicién de nuevos mecanismos, a establecer progresi- vamente un aparato psiquico distinto, con una estructura- cién mas compleja del sujeto y de su relacién con el mundo, enel plano intrasubjetivo y en el intersubjetivo.” Extraido del prélogo de Madelaine Baranger noveduc Www.noveduc.com I ll LS.BN, 978-087-538-213-8