Aypate

Una desconocida ciudad de los incas
La existencia de este sitio arqueológico, a unos 50 km de la ciudad de Ayabaca, era conocida desde hacía mucho tiempo por los lugareños. Sin embargo, todo lo referente al mismo, estaba envuelto en la transmisión de leyendas y supersticiones hasta que, en los años 70, los arqueólogos se acercaron a tan misterioso lugar.
texto » Alex Guerra Terra Fotos » Andrés Carrión Cueva

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n la provincia de Ayabaca, en el centro de un triángulo formado por las localidades de Cujaca, Olleros y las ruinas de Ayabaca la Vieja, en el Perú, se encuentra el cerro de Aypate, un frondoso entorno regado de caudalosos ríos y quebradas, que escondía hasta hace poco tiempo los restos de una misteriosa y majestuosa ciudad de piedra construida por los incas. Fue Mario Polía, arqueólogo italiano y ex-catedrático de la Universidad de Piura, el primero en realizar un estudio científico sobre el conjunto arqueológico. Cuando llegó por primera vez, los rebaños de los pequeños ganaderos pastaban en las faldas del cerro, pero éstos no se atrevían a escalarlo, sobre todo cuando llovía y la tempestad arreciaba sobre su cumbre en un concierto de rayos, truenos y relámpagos, ya que temían lo que contaban las leyendas sobre hechos sobrenaturales que tenían lugar allí. La mente más científica de Polía le permitió, sin embargo, aventurarse a su descubrimiento y estudio, dejando interesantes informaciones sobre el sitio que no fueron totalmente aceptadas por sus colegas del mundo académico, por lo que con el correr de los años, el sitio fue nuevamente olvidado, y cubierto por la vegetación exuberante del bosque de neblina típico de la zona.

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Comenzando el recorrido

En diversos lugares de la provincia se encuentran importantes testimonios de la antigua cultura local, ya sea bajo la forma de petroglifos (El Toldo, Samanga), altares megalíticos (Chocán, Montero), o restos del antiguo camino inca, también conocido como Qhapaq Ñan, que podemos aprovechar para recorrer en nuestro viaje. Declarada Zona Arqueológica Intangible en 1989 y Capital Arqueológica de Piura en 1996, la Zona Arqueológica de Aypate resulta un muy interesante para recorrerla en unas tres o cuatro horas. Descubriremos un conjunto de imponentes construcciones pétreas que se encuentran a lo largo del cerro del mismo nombre, frontera con Ecuador (que puede divisarse desde el punto más alto). Es un exponente típico de la arquitectura inca pero mucho menos conocido y visitado, lo que sin duda es de agradecer, considerando la cantidad de turismo que acude a los sitios arqueológicos peruanos donde a veces hay que esperar meses para poder acceder a ellos. Temores locales aparte, debemos despojarnos de toda inclinación a las supersticiones y, como hiciera Polía hace ya casi cuarenta años, aventurarnos al descubrimiento de este poco explorado sitio que, por lo mismo, aún conserva la esencia de su palpable magia. Es un lugar impresionante, del que hasta hace poco no se había tomado verdadera conciencia de su importancia. Comenzamos el recorrido por el ancho Camino de Acceso a la fortaleza, el cual tiene 5 metros de ancho pavimentados de grandes losas planas de piedra en algunos tramos, y llegamos a la Portada Principal, que se halla flanqueada por dos imponentes muros. Por uno de sus lados, se accede a la Gran Plaza o

Plaza Central, desde la que se puede llegar a las diversas secciones del complejo. La abertura, ahora llamada Portada Principal, en su origen posiblemente se trataba de una puerta y que está realizada con grandes bloques pétreos. Observándolos, constato que son de inconfundible factura inca, muy parecidos a los que se hallan por otros sitios arqueológicos bien conocidos por todos. Sus grandes bloques de granito rosado, cuidadosamente labrados y colocados con absoluta precisión, son inconfundibles.

Muro izquierdo de la Portada Principal de la Zona Arqueológica de Aypate (sobre estas líneas)

El cerro de Aypate escondía hasta hace poco tiempo los restos de una misteriosa y majestuosa ciudad de piedra construida por los incas
y centros de acopio o almacenamiento, asociados directamente a las terrazas de cultivo, además de edificios de control y accesos principales que conducen directamente a la concentración principal, al sudeste. Al este, a 100 metros del conjunto principal, en el mismo extremo de la terraza, se ubica un importante centro ceremonial, de forma tronco piramidal, conocida actualmente como Ushnu o Templo de la Luna, también llamada pirámide, un importante centro ceremonial de base rectangular irregular (tronco piramidal) y tres plataformas, que alcanza en su parte más alta los 6.70 metros. Aquí es donde se realizaban todas las actividades rituales.

Un vistazo general

edificio alargado sin subdivisiones, (página siguiente) situado a un lado de la plaza, donde se alojaban los peregrinos, guerreros y colonos (mitimaes)

Kallanca , gran

Atravesamos esta Portada Principal y, al fondo de la Plaza Central, de unos 500 x 300 metros, podemos divisar un promontorio formado por una pequeña estructura piramidal que visitaremos más tarde. Ubicados en tres plazas emplazadas armónicamente, se hallan también la Kallanca (gran edificio alargado sin subdivisiones donde se alojaban los peregrinos, guerreros y colonos o mitimaes), el Acllahuasi (conjunto de viviendas de las aclla o mujeres preferidas del Inka), el Pozo de Ofrendas (de 0.60 m de profundidad, realizado con grandes bloques de granito rosado bien tallados), el Cuarto Principal del Inka, el Mirador, el Ushnu o Templo de la Luna y el Baño del Inka, que están perfectamente integrados en el entorno, algo muy característico de la arquitectura inca. Es un conjunto de edificaciones distribuidas dispersamente, en un área de un radio de aproximado de dos kilómetros de una diversidad constructiva y arquitectónica inigualables, y distribuidos en una concentración de edificaciones principales, que ocupan de forma evidente una posición hegemónica en el conjunto monumental y otras áreas periféricas. En esta última, se ubican las construcciones domésticas

El Baño del Inka

Uno de los últimos descubrimientos realizados gracias a las nuevas excavaciones, fue el Baño del Inka, detrás y a la izquierda del Templo de la Luna o Ushnu, desde el cual debemos bajar unos cinco minutos por una inclinada zona montañosa. Es la única parte del cerro donde hay agua, y constituye una bellísima estructura de aproximadamente 16 metros cuadrados y una altura de 2 metros, donde se realizaban baños rituales y donde se observan, aquí también, formas muy parecidas a las de algunas estructuras de Machu Picchu. Cuando fue descubierta por Polía, se encontraba tal y como la dejaron sus antiguos constructores, con algunos deterioros menores ocasionados recientemente por el vandalismo. Se nota aquí la gran sabiduría en

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la piedra del chivo

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no estamos muy cansados, es recomendable caminar 6 km desde la Zona Arqueológica de Aypate, hasta el cerro del Granadillo, que cuenta con varias ruinas, tanto en sus faldas como en la cumbre. En el camino iremos acompañados de infinidad de mariposas y colibríes multicolores, increíblemente abundantes. Llegando a la cima, varias habitaciones construidas con piedras toscas, dispuestas en largos y anchos andenes, y un enorme monolito de cuarenta metros de alto, al cual los habitantes del lugar llaman “piedra del chivo“ por sus formas, son los principales atractivos. Se considera que también se usó esta piedra como mirador, e incluso tal vez como huaca o estructura sepulcral, ya que en su base se han descubierto pequeñas cavernas naturales con huesos humanos, cuya antigüedad no se ha llegado a establecer, pero que se presume pre-incaica. Actualmente, algunas de estas cuevas albergan en las noches a pumas y gatos salvajes de la región.

Todo el conjunto se encuentra rodeado por una muralla que se caracteriza por el descuidado labrado y la poca altura
El impresionante muro

La Zona Arqueológica de Aypate es una construcción mandada a construir por los incas dentro de un territorio ocupado por el pueblo ayahuaca
que buscara a uno de los habitantes de la comarca y se casara, para así poder dejar esta tierra con la tranquilidad de asegurar su descendencia.

del cuarto principal del inka (sobre estas líneas).

inscripciones modernas (en la página siguiente, arriba).
Una piedra de moler pre-

Molino antiguo con

la gestión del recurso hídrico que poseían los incas y además allí, en la soledad de esos hermosos parajes, no pude evitar imaginar que esos baños del Inka, quizá con sus doncellas favoritas, las aclla, en medio de esa vegetación frondosa, debían ser lo más cercano al Paraíso.

inca (en el recuadro).

Los antiguos ayawaqas

Todo el conjunto se encuentra rodeado por una muralla que se caracteriza por el descuidado labrado y la poca altura, lo que a podría significar que la esta parte de la construcción no estuvo directamente hecha por la mano inca, sino por subordinados del pueblo ayawaka o ayahuaca, que se hallaba asentado en el lugar antes de la llegada de los incas. Esta muralla alcanza una altura máxima (por zonas) de tres metros y tiene un espesor de metro y medio. Respecto al patio, éste se encuentra paralelo a construcciones destinadas a ser andenes; ambos espacios se encuentran separados por la presencia de una Escalinata Monumental que tiene un promedio de 33 metros de longitud y un ancho de cuatro metros como mínimo. La Zona Arqueológica de Aypate es una construcción de origen inca, o más bien mandada a construir por los incas, dentro de un territorio que ya era ocupado por el pueblo ayahuaca o como también se le conoce, guayacundo o wayakuntu. Se trata de un centro político-religioso, fortaleza y centro ceremonial a la vez, posiblemente mandando a edificar, como ya he dicho, para garantizar el control incaico en el área y evitar invasiones enemigas. Los ayahuacas fueron desarrollándose

y evolucionando en forma tal que cuando el Inka inició su reducción y conquista, ya habían logrado un alto grado de evolución cultural, igual, o quizá superior al que por la misma fecha tenían los tallanes. Al igual que los tallanes, los pobladores de la sierra en la época de las conquistas incaicas, constituían por sus rasgos culturales y lingüísticos, por su común origen y por sus usos y costumbres, una nación, solo que no habían formado un estado unificado bajo una sola autoridad o mando, sino que estaban formados por diversos señoríos, que formaban una confederación: la Confederación de los Guayacundos.

Sabías que...

Pacha Sonqo y el venado

La leyenda de Aypa Atiq

Los guayacundos ayahuacas tenían por apu (algo sagrado, un ser vivo) al cerro de Aypate, en memoria a su fundador, Aypa Atiq, "el que alcanza lo más alto", o “Señor de las Montañas”. Cuenta una leyenda que en los inicios del poblamiento de estas tierras, eran sólo animales y hombres salvajes los que la habitaban, que se enfrentaban entre sí en las montañas, en una lucha encarnizada por la supervivencia. Los pleitos aumentaban en épocas de sequía, cuando los ríos dejaban de ofrecer el líquido vital, cuarteando las tierras y matando a los niños. En las partes más altas, entre los pajonales y las lagunas, había un pueblo que vivía sembrando la tierra y criando su ganado, gobernado por un sabio anciano, que viéndose de avanzada edad, quiso dejar su mando a alguien más joven. El gobernante tenía una hija muy hermosa e inteligente llamada Pacha Sonqo (“corazón del mundo”) a quien pidió

Ella comprendió la preocupación de su padre, pero al ver que los hombres que poblaban esas tierras eran fieros guerreros que se mataban entre ellos llenando de sangre la tierra, comunicó que se casaría con el hombre que fuera capaz de atrapar un venado sin hacerle daño. El gobernante comunicó lo acordado con su hija y no demoraron en llegar los aspirantes con sus enormes venados atados con toscas sogas. Pero que al ser revisados, todos los animales presentaban alguna herida. Cuando todo parecía perdido, a lo lejos de la plaza, se divisó a un joven vestido de blanco acompañado por un gran venado que caminaba tranquilamente a su lado llevando una carga de cuerdas y lazos sobre el lomo. De los cuernos del venado, como del rostro del joven, irradiaba una brillante luz como el sol. El único lazo que sujetaba al venado era un cordón muy delgado. El joven transitaba de casualidad por esos lugares, pero el gobernante lo llamó y lo consideró como el ganador, a lo que los competidores se opusieron, diciendo que él no estaba en la competencia y que seguro había criado al venado desde pequeño.

Aypa Atiq

Pacha Sonqo y Aypa Atiq

Pacha Sonqo se acercó al joven, y le preguntó si deseaba tomarla como esposa y ser el gobernante de su pueblo, a lo que el joven respondió que

o “Señor de las Montañas”, literalmente “el que alcanza lo más alto”, era el jefe de la comunidad pre-inca instalada en Aypate, y su nombre se relaciona con la necesidad del hombre de comprender y controlar la naturaleza sin destruirla. Así, la nominación del sitio es en honor a su nombre y sabiduría. Su reinado legendario, hasta hoy representa un modelo vigente de respeto a los cerros

apus considerados seres vivos, de paz, justicia y prosperidad. En el complejo se han excavado algunos enterramientos, en los que se observa que colocaban pesadas piedras sobre la cabeza, pecho y piernas del fallecido, probablemente para evitar que éste saliera por las noches de su sepulcro a molestar a los vivos. Este tipo de historias, ha hecho que el lugar haya siempre estado envuelto en un halo de misterio y miedo.

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©Foto cortesía Rodrigo Hidalgo

fue transformando en toda la región en el culto al Señor Cautivo de Ayabaca, al cual hoy en día peregrinan miles de personas. Según la leyenda, el año 1751, el sacerdote español García Guerrero quiso dar a su pueblo una imagen del Señor, para lo cual decidió utilizar un tronco de cedro del que había brotado sangre luego que un labrador le diera un hachazo. Tres talladores vestidos con impecables ponchos blancos de lana, montados en tres briosos caballos albinos, llegaron al pueblo de Ayabaca, y se comprometieron a esculpir la imagen del Señor Cautivo del tronco a condición de que el pueblo guardara absoluta reserva sobre su presencia. Nadie, además, debía interrumpirlos durante sus labores y los alimentos les serían servidos solamente al amanecer. Pasó el tiempo y la curiosidad de los ayabaquinos pudo más que su paciencia, así que se acercaron a la casa, llamaron insistentemente y, al no obtener respuesta, creyeron que se habían burlado de ellos. Entonces forzaron la puerta y en el interior la comida estaba intacta, no había persona alguna. Levantaron la vista y ante ellos se alzaba, imponente y majestuosa, la escultura de un Nazareno con las manos serenamente cruzadas. Sólo entonces se dieron cuenta de que los autores eran ángeles vestidos de chalanes que al concluir la escultura alzaron vuelo y se perdieron en su mundo.

Según información manejada hasta 2012, Aypate había sido un lugar estratégico de paso del Inka, para evitar las invasiones del enemigo
y dos antropólogos han iniciado nuevas investigaciones sistemáticas en las que se identificaron nuevas áreas (de las que ya hablamos y actualmente pueden visitarse) que responden a una completa ciudad inca en excelente estado de conservación. Han elaborado además, un completo plan para su adecuado uso turístico de forma sostenible. A través del Proyecto Qhapaq Ñan (Camino del Inka), que ejecuta desde el año 2012 el Proyecto Integral Aypate, los especialistas trabajaron a principios de 2013 en la investigación y diagnóstico en su contexto territorial y paisajístico, para conseguir también la mejora de la calidad de vida de la población de la zona, a través de un adecuado uso del patrimonio cultural asociado al Camino Inca. Una de las prioridades del proyecto es la revalorización de Aypate como medio del desarrollo ambiental, educativo y económico de las poblaciones aledañas, y su declaración como Patrimonio Cultural de la Humanidad, por formar parte de un tramo nominado para este reconocimiento internacional. El sitio está asociado al Qhapaq Ñan que conecta Ecuador y Perú, en la ruta rumbo a Cusco. n
Los arqueólogos trabajan

bajo la dirección de César Astuhuamán en la zona de excavación. (página anterior).

La Portada principal de

la Zona Arqueológica de Aypate (debajo).

El Ushnu o Templo de la Luna, compuesto de tres plataformas escalonadas, situadas a un lado de la plaza, donde se realizaban actividades rituales (bajo estas líneas).

El Qhapaq Ñan

Sólo ha sido explorado un 20% del conjunto. Desde este año, cinco arqueólogos y dos antropólogos comenzaron nuevas investigaciones
aunque se sentía muy agradecido, él no era un guerrero ni estaba acostumbrado a gobernarse ni a sí mismo. En ese momento, el sabio gobernante tomó la palabra y con voz quebrada dijo: “el dominio de uno mismo es el más difícil de todos los gobiernos", frase con la cual expresó su aprobación al matrimonio. Los feroces guerreros y cazadores vestidos con pieles de puma y osos, cinturones de serpientes, plumas de cóndor y cabezas trofeo, protestaron enérgicamente y tras unos gritos de inconformidad, soltaron a sus venados para dejarlos ir, pero el joven, al ver que los venados se iban heridos emitió un alto sonido como un canto, e hizo que los venados se detuvieran, que mirándole, respondieron con un suave balido, acercándose e inclinándose a su lado. El joven los entregó a sus dueños y los feroces guerreros se despojaron de sus armas arrodillándose ante él. En ese momento hasta la naturaleza se alegró brindando un beso de lluvia a la tierra. Los jóvenes se casaron y organizaron un gobierno sabio y justo, dejando muchas enseñanzas. Así fue como comenzó una larga época de paz y felicidad en la tierra de los guayacundos ayahuacas, con su fundador, conocido como Aypa Atiq o Aypate, que con gran sabiduría se gobernó a sí mismo y dominó la naturaleza en perfecta armonía con el hombre. Hacia Aypate solían peregrinar los pobladores de las regiones vecinas, pero a partir de la llegada de los incas, se implantó el culto estatal Inca, controlado por una gran autoridad que se asentó en el centro. Con los años, ese culto prehispánico se

Según información manejada hasta 2012, Aypate había sido un lugar estratégico de paso del Inka, para evitar las invasiones del enemigo. Pero sólo había sido explorado un 20% del conjunto. Ha sido este año, cuando un grupo de cinco arqueólogos

visitar Aypate
Cómo llegar Desde Piura a Ayabaca podemos viajar en bus interprovincial, con salidas en la mañana y la tarde. Desde Ayabaca hasta Aypate (unos 50 km) se alquila un bus particular y, desde el pueblo, hay un tramo de unos 2 km hasta el complejo arqueológico. A unos 11 km está Samanga, un importante conjunto rupestre que se puede aprovechar a visitar. Horarios y precios No hay horarios fijos (recomendamos de 9:00 a 17:00h.) Aunque puede ser visitado por libre hay guías locales que por un módico precio nos ayudarán a realizar un recorrido más completo. Para evitar las lluvias viajar de enero a marzo. Más información Provincia de Ayabaca www.muniayabaca.gob.pe/tour2.php

El Señor Cautivo de Ayabaca

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