Desenterrando

Arqueología en Rapa Nui

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Rano Raraku: desenterrando los moai
Situada en medio del océano Pacífico, Isla de Pascua es uno de los lugares más evocadores y misteriosos del planeta. Sus icónicos moai siguen desafiando a la ciencia que trata de desvelar la respuesta definitiva.
texto » Alex Guerra fotos » Alex Guerra y Jo Anne van Tilburg
sla de Pascua es un sitio arqueológico inigualable pero quizá uno de sus volcanes más importantes, el Rano Raraku, un vértice de tierra indómita de cuyas laderas fueron cincelados y extraídos los moai, y donde se puede observar el proceso de su tallado en cada una de sus etapas, merezca una visita pausada. Es aquí donde yacen aproximadamente 400 de las casi 1.000 estatuas que se esculpieron en el pasado, algunas de las cuales han sorprendido especialmente a miles de investigadores y visitantes. Es en este lugar donde se encuentra, por ejemplo, un monumental moai inacabado, aún permanece adosado a la roca de la ladera exterior del volcán y deja perplejo a todo aquel que con su mirada pueda calcular su tamaño y peso; 20 metros de altura y 80 toneladas. Nadie se explica cómo pensaban moverlo los antiguos rapanui y menos aún levantarlo. Es uno de los enigmas que atrae a un sinfín de amantes del misterio, de la historia y la aventura hasta esta remota isla situada en medio del océano Pacífico. Si seguimos caminando por la ladera exterior hacia la costa, encontraremos también el simpático moai

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ra interna del Rano Raraku, la increíble cantera de los moai. Después de la selección de un área de 10 x 6 metros en la ladera, y de dos moai, basada en un completo mapeo y estudio preliminar de la ladera del volcán, desarrollado por el equipo del proyecto durante cinco años, el área a excavar fue dividida en cuadrículas para cada una de las dos estatuas.

los dos moai a excavar antes del inicio de la campaña en la ladera interior del volcán Rano Raraku (en el centro). Algunos de los toki

Un toki con metal

Alex Guerra Terra es arqueóloga y autora de la novela "Rongorongo".

Tuturi, una pequeña escultura de formas regordetas y en cuclillas que posee un estilo completamente diferente al resto y que se considera uno de los más antiguos de la isla. Pero, además de albergar los moai más singulares, el Rano Raraku es uno de los lugares más místicos de isla de Pascua, un espectáculo sublime para nuestros sentidos, con un hermoso lago dador de vida en su interior y sobre todo, con casi 400 enormes cabezas inclinadas, asomando de las entrañas de la tierra, vigilando los vientos, saludándonos a nuestro paso, sonriéndonos y susurrándonos letanías que se cantaban en ese centro mágico durante extrañas ceremonias en un pasado no tan remoto, algo que las nuevas investigaciones comienzan a demostrar de forma fehaciente.

petroglifo grabado en el torso, que representa un barco de tres mástiles (como lo europeos, que llegaron por primera vez a la isla en siglo XVIII). Por si fuera poco, a principios del siglo XX, en 1914, la arqueóloga británica Katherine Routledge había excavado ya un moai en este mismo sitio, descubriendo el resto de su cuerpo pétreo, que se encontraba, como los otros, enterrado por el paso del tiempo, la lluvia y los tsunamis. El misterio de las cabezas pues, ya estaba desentrañado hacía mucho tiempo.

Desenterrando los moai

Un poco de historia

Moai Tuturi , pequeño, regordete y acuclillado, de un estilo completamente distinto

al resto de los casi 1000 moai de Isla de Pascua y uno de los más antiguos. Al fondo, se distingue el ahu Tongariki, con 15 estatuas monumentales que dan la espalda al mar.

Una de las primeras preguntas que surgen al caminar por sus verdes laderas es por qué todas esas enormes estatuas son sólo cabezas… o mejor dicho, por qué todas se hallan semienterradas. De hecho, hace poco tiempo se convertía en viral la absurda noticia de que los moai ¡tienen cuerpo! Mucha gente pensaba que realmente eran sólo cabezas, y al ver publicada una vieja fotografía de Thor Heyerdahl, millones de personas se percataron que los moai no eran cabezas, sino cuerpos enteros. La foto en cuestión, inmortalizaba el momento en que Heyerdahl y su equipo se tomaban una fotografía, en 1987, junto a un moai que habían excavado el año anterior en la ladera externa del volcán Rano Raraku para el cartel de una exposición en el Museo Kon Tiki (Noruega) inaugurada en 1988. La supuesta noticia, no era tal. Pero es que ya en 1955, este aventurero había excavado otro moai cercano, uno muy curioso por cierto, con un extrañísimo

Más tarde, fue Jo Anne van Tilburg (EISP), junto a Cristián Arévalo Pakarati (co-director del proyecto) quienes, en 2010, comenzaban a excavar dos moai del mismo sitio, pero en la ladera interna del volcán. Un trabajo interesantísimo que arrojó datos reveladores para la reconstrucción de la vida de los artesanos que trabajaban en las canteras de los moai. Una vida, que sorprendentemente, no se reducía, ni mucho menos, a picar piedra volcánica y cincelar pesadas estatuas. El EISP (Easter Island Statue Project) posee una historia que se remonta a veinte años de trabajos arqueológicos en Rapa Nui, con el principal objetivo de crear un completo inventario de los moai de la isla, y compilar todos los registros fotográficos históricos existentes de cada uno de ellos. Sólo uno de los más de 46 que existen en el interior del volcán, había sido expuesto a excavaciones no científicas ni documentadas en el pasado. Con la campaña iniciada en el año 2010, por primera vez se llevaban a cabo excavaciones arqueológicas controladas y científicas en la lade-

Además de albergar los moai más singulares, el Rano Raraku es uno de los lugares más místicos de la isla

Muy pronto comenzaron a salir a la luz artefactos que anticipaban una campaña llena de hallazgos inquietantes. Durante el proceso de limpieza de pastos y vegetación, y de colocación de una valla para impedir el acceso a los caballos que pastan libremente por la zona, se encontraron tres toki (hachas de basalto con las que se esculpían los moai), cuando se excavaban los agujeros para los postes. En pocos días, ya se habían recolectado diez de estos utensilios, y al final de la primera campaña 2010, el número ascendía a varias docenas, uno de ellos desconcertante, con restos de metal, lo que aún no ha podido ser interpretado satisfactoriamente, ya que no existen metales en la isla, y los moai dejaron de esculpirse varios siglos antes de la llegada de los primeros europeos. Si visitas la isla ahora, aún son visibles estos dos moai cercados por las vallas de madera, e incluso dependiendo de la época del año en que viajes, podremos ver trabajar a los arqueólogos. Quienes ya habíamos estado en el sitio antes de 2010, nos sorprendimos al constatar la existencia de un nuevo camino de tránsito fuera del área de excavaciones para evitar que el viajero pase cerca de las mismas y una enorme terrera algo alejada del mismo, a pesar de que la tierra es re-utilizada para rellenar las cuadrículas después de cada campaña de excavación. Pero el gran espectáculo consiste, en realidad, en poder presenciar la superficie de esos dos moai tal como era antiguamente: mucho más lisa, oscura y libre de líquenes y hongos, por haberse mantenido bajo tierra, a salvo de los agentes atmosféricos, durante quién sabe cuántos centenares de años. Y lo más increíble: unos impresionantes petroglifos en sus espalda y brazos, con extraños símbolos que aún no han podido interpretarse completamente.

(hachas de basalto para esculpir los moai) extraídos del área de excavación son inventariados por los investigadores. (sobre estas líneas).

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en portada Rano Raraku El Rano Raraku podría haber sido, además de la cantera de los moai, un importante centro ceremonial
un interesante aporte, son los complejos grabados de ambos moai excavados, que los hace únicos en la isla y tal vez portadores de nuevas informaciones que podrán conocerse cuando los símbolos terminen de ser analizados.

Un centro ceremonial

Excavación de pequeños

fragmentos de huesos humanos en la ladera interior del volcán Rano Raraku.

Enigmáticos petroglifos

En el complejo Tahai

lejos del volcán, se erige el ahu Ko Te Riku (página siguiente), donde un moai pierde su mirada al atardecer.

En la segunda campaña, Jo Anne van Tilburg y Cristián Arévalo Pakarati establecieron un área mayor detrás de uno de los moai grabados con petroglifos para crear un espacio seguro donde trabajar, limpiarlos y documentarlos. Entre los motivos, destacan una representación muy visible de Makemake (antiguo dios rapanui), y otros de sus diseños, son frecuentemente variaciones de una estrecha gama de elementos, conocidos en la iconografía rapanui unos, poco usuales otros, y que están mezclados en interesantísimas y originales composiciones. Muchos se refieren a vaka (canoas), o quizá reimiro (adornos pectorales con forma de una canoa), que han sido cuidadosamente medidos y dibujados por el dibujante rapanui Cristián Arévalo Pakarati. Debajo de los niveles ya excavados anteriormente, los investigadores encontraron algunos elementos de gran interés para la reconstrucción de la funcionalidad, cronología y significado del moai, incluyendo carbón, coral, pigmentos usados para fines rituales y fragmentos de huesos humanos, éstos últimos dejados en su sitio después de su completa documentación in situ, debido al protocolo respecto al patrimonio cultural de Rapa Nui, donde los descendientes aún viven con sus recuerdos. En niveles inferiores, se registró más carbón (lo que siempre es útil para las dataciones), huesos de rata polinésica y una gran cantidad de más herramientas: los toki. En realidad, no hay lugar a dudas sobre la manera en que fueron esculpidas estas enormes moles. Lo que supone

Otro de los elementos inquietantes hallado en las excavaciones fue una masa con la forma y tamaño de un huevo, constituida por un concentrado y puro kie'a, un pigmento rojizo que se usaba en ritos y ceremonias, cuya fuente se encuentra muy alejada del volcán. Esto revelaría algo más acerca de la vida de los artesanos escultores, sugiriendo que el Rano Raraku podría haber sido, además de la cantera de los moai, un importante centro ceremonial, idea apoyada por la presencia de caminos que salen en todas direcciones desde el volcán y que se cree eran los ana o te moai (caminos ceremoniales), a través de los cuales trasladaban los moai. De hecho, las leyendas cuentan algunas historias sobre la importancia sagrada de este sitio y los espíritus que lo rondan. Por supuesto, pregunté a un buen amigo rapanui sobre este hecho, y la respuesta fue contundente: ellos no tienen ninguna duda, los aku aku o varua, están muy presentes en todas sus leyendas y tradiciones orales, y el tema es muy intensamente vivido, en mayor o menor medida, por los habitantes originarios de la isla. Y el volcán que nos ocupa, es ciertamente, un lugar muy especial en este sentido ya que en el pasado se sospechaba -y ahora se confirma-, era un centro mágico-religioso.

La casa del ariki

Pero no sólo de magia vive el hombre. Si observamos con atención el suelo durante nuestro recorrido, encontraremos algunas estructuras de piedra que hablan por sí solas. Al Rano Raraku, no se acudía durante el día para realizar un trabajo y volver al día siguiente sino que era un lugar donde se desarrollaban múltiples actividades, además de las ritualísticas, que se reflejan en una enorme cantidad de estructuras domésticas que se hallan en sus alrededores, como casas (hare paenga), hornos para cocinar (umu pae), gallineros (hare moa) e invernaderos (manavai). Durante las excavaciones dirigidas por van Tilburg, fue excavado un hare paenga (casa-bote) en muy buen estado de conservación, compuesto de 17 grandes paenga (piedras de basalto alargadas, con agujeros donde se encajaban las varas que sostenían el techo vegetal) y un taupea (pavimento-terraza de poro o piedras redondeadas por la erosión). Según una anciana rapanui, esta casa se llama Hare Kai Nga Poki, y en ella moraba probablemente un rey o ariki.

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en portada Rano Raraku Es imposible pasar unas horas en este mágico lugar, rodeados de cientos de pesados moai, sin pensar en el eterno enigma de su traslado desde la cantera hasta la costa
Los moai y las leyendas
Es imposible pasar unas horas en este mágico lugar, rodeados de cientos de pesados moai, tan cerca, tan imponentes al lado de nuestra humilde presencia, sin pensar en el eterno enigma de su traslado desde la cantera hasta la costa, donde eran erigidos encima de sus plataformas o ahu. A pesar de los experimentos realizados, es una problemática que continúa siendo motivo de discusiones entre los investigadores, a veces encarnizadas. Algunas leyendas, no obstante, describen cómo los antiguos realizaban esta ardua tarea: “Para arrastrar un moai a la costa, al ahu Tongariki, colocaban un tronco de un árbol en un hoyo; a este tronco lo llamaban tu’u. Lo amarraban con sogas, haciendo triple amarra para sujetarlo bien. Al estar firme el tu’u, amarraban a media altura el tonga, palo transversal… Levantaban entonces el moai y lo ataban con soga en el tonga”. Esto fue referido por Santiago Pakarati al Padre Sebastián Englert (1888-1969), que lo publicó en “Leyendas de Isla de Pascua”. Sobre la colocación del pukao o moño encima de la cabeza del moai, el sacerdote recogió algunos testimonios que decían recordar las leyendas: “Para colocar el pukao sobre un moai, tuvieron que amontonar piedras; volteaban entonces el pukao sobre éstas hasta llegar arriba, a la cabeza del moai. Usando una angarilla hecha de gruesos palos, lo hacían entrar en la cabeza. Después deshacían el amontonamiento, sacaban las piedras y las dejaban para el ahu”. Este, fue contado por Carlos Teao Tori y publicado también en “Leyendas de Isla de Pascua”.

¿sabías que...
son espíritus? La población actual rapanui está dividida entre los que realmente creen, y los que ven los espíritus como antiguas historias. Muchos están tan occidentalizados como nosotros y no les agrada demasiado que se les mire como creyentes en cosas del más allá (po o mundo de los espíritus), que están más cercanas a su historia lejana, y sobre todo a la historia oral, que a su cotidiano (kainga o tierra o mundo real). Pero una cosa es cierta: el pueblo antiguo rapanui, tanto como la mayoría de antiguas comunidades, integraba a su vida cotidiana ritos mágicos durante los cuales se comunicaban con sus dioses y seres del más allá.

panorámica de los moai semienterrados de la ladera exterior del volcán Rano Raraku. El equipo de especialistas se prepara la excavación de uno de los moai (página siguiente, arriba). La Hare Kai Nga Poki ,

Los Aku-aku

hare paenga (casa) excavada por el equipo de Jo Anne van Tilburg en la ladera interior del volcán Rano Raraku (debajo a la izquierda).

(al fondo) trabaja con su equipo en la criba de tierra removida (Inferior derecha). Captura el Código QR para acceder al contenido adicional: Moai que caminan.

Jo Anne Van Tilburg

Moai que caminan

Desde que Von Däniken asegurara que cosmonautas habían ayudado al antiguo pueblo rapanui en el traslado de los moai, mucho agua ha corrido en torno al tema. En los años '50 y '60, fueron Thor He-

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en portada Rano Raraku Todos los experimentos que intentan recrear las técnicas referidas en la tradición oral han sido realizados con moai de apenas 5 toneladas, mientras que los del ahu Tongariki, pesan más de 20
Se hacía siguiendo una tradición, y por razones muy específicas, según las creencias religiosas. Ahora los cuerpos se apilan en dos pequeños cementerios católicos que distan mucho de la esencia rapanui y su idiosincrasia. ¿Es posible que los moai caminaran? Es posible, con ingenio, sogas, troncos y fuerza humana. Y mana. Ellos así lo ven, y observan como muchos de los enigmas que aún quedan por resolver no son tales pues, la verdad está ahí ante nuestros ojos, bella, interesante, apasionante, más que las fantasías que por décadas hemos tejido desde nuestras mentalidades científicas. ¿Qué es exactamente el mana? Para los rapanui es una energía pura, presente en todos los seres vivos, entre ellos las rocas y sobre todo los moai, y por supuesto el hombre, que tiene mana por naturaleza y puede utilizarlo cuando ha aprendido. Los antiguos rapanui lo sabían. Pero la pérdida del sentido espiritual de la vida no les deja desarrollar ese dote actualmente. Antiguamente, al mantener los huesos de los difuntos sobre la superficie se estaban conectando con la tierra, con toda su energía, que iba constantemente renovándose de nuevos espíritus o varua, por cada generación que debía recargarse, a su vez, de esta energía para subsistir.

 Según ellos, está escrito en los kohau rongorongo: “mantengan sus huesos en los ahu o perderán el contacto con el ancestro para poder guiarlos”. Se dice que el rapanui sólo vive el día a día, que no se proyecta, y es cierto, porque él considera que no es necesario planificar un futuro cuando se vive con el espíritu libre y se está cargado de mana.


El último trabajo de Terry Hunt y Carl Lipo demuestra la relativa facilidad de mover un moai con un simple sistema de cuerdas y fuerza humana
yerdahl y William Mulloy quienes demostraron que era posible trasladar estas estatuas (de 5 toneladas) con la ayuda de sogas y troncos, ya fuera en forma de horquilla o de rieles. Más tarde, en los años '80, Charles Love y Pavel Pavel realizaron experimentos con reproducciones en cemento que demostraban lo mismo. El último trabajo al respecto, desarrollado por Terry Hunt y Carl Lipo, también demuestra claramente la relativa facilidad de mover un moai con un simple sistema de cuerdas y fuerza humana, sin utilizar ni siquiera troncos, sino balanceando el moai de pie, usando su centro de gravedad. No obstante, todos los experimentos que intentan recrear las técnicas referidas en la tradición oral, han sido realizados con moai de apenas 5 toneladas, mientras que algunos de los que están erigidos en sus plataformas, como uno de los del ahu Tongariki, pesan más de 20. La pregunta es evidente: ¿Por qué realizan los experimentos con moai tan pequeños? Una cosa es mover 5 toneladas, y otra cosa es mover 20. Los isleños, hablan de mana.

viajar a rapa nui
Visitar el Rano Raraku Es un cráter volcánico formado de la ceniza consolidada, al este de la isla de Pascua, entre el Poike, el Hotu Iti y el Pu’i. Cómo llegar Rapa Nui (o Isla de Pascua) forma parte de Chile. Desde el aeropuerto de MadridBarajas hay vuelos diarios directos a Santiago de Chile con LAN, y una vez allí, dos veces por semana la misma compañía vuela hasta Rapa Nui, en un trayecto que dura cinco horas. La isla carece de transporte público pero siempre puedes alquilar un coche, motocicleta o furgoneta turística para llegar al volcán desde Hanga Roa. Ojo: Antes no era una visita de pago, pero desde el 2012 las entradas para acceder al Rano Raraku sólo se venden en el aeropuerto y en la CONAF, por lo que debemos adquirirlas al llegar a la isla. horarios y precios Abierto aproximadamente de 9:00 a 19:00 dependiendo de la época del año, y la entrada conjunta para el Rano Raraku y Orongo (dos únicos sitios arqueológicos de la isla para los que se paga una tasa) cuesta 30.000 pesos chilenos (unos 45 euros) para los extranjeros. MÁS INFORMACIÓN www.isladepascua.com www.portalrapanui.cl www.guiadeisladepascua.cl LIBRO RECOMENDADO Desafíos a la Historia, Lorenzo Fernández Bueno Libros Cúpula (2010) .

la laguna del Maunga Eo

Iorana Rano Raraku

El mana sagrado

Los moai no son simples estatuas de piedra, son seres vivos, imágenes de los antepasados o tupuna, imágenes cargadas de espiritualidad, de mana. Los ahu sobre los que se erigen, antes eran lugares sagrados donde se enterraban los cuerpos de los fallecidos de alto rango en pequeños compartimentos, con aire y espacio que dejaba circular el mana.

antiguamente como Maunga Eo, el Rano Raraku contiene, como el volcán Rano Kau, una laguna en su interior, de tres metros de profundidad en su parte más honda, siendo una de las pocas fuentes naturales de agua dulce de la isla. En sus márgenes crece abundante vegetación, principalmente juncos de totora. El sendero que lleva a esta laguna es independiente del que recorre las laderas donde se encuentran los moai, por lo que el visitante debe poner atención en no perderse esta belleza escondida en lo profundo del cráter, y encontrar el camino cierto.

Conocido

Iorana es una expresión rapanui que, como el aloha hawaiano, se utiliza tanto para recibir como para despedir. No es fácil decir adiós a uno de los lugares más místicos del mundo, un lugar que guarda aún tantos enigmas sin resolver, y que emana una fuerza espiritual tan vigorosa. ¿Será esta fuerza el mana de los antepasados que allí se encuentran enterrados? ¿Sabremos algún día cómo, exactamente, se trasladaban los moai más pesados por kilómetros y kilómetros sobre escarpados terrenos? Antes de alejarme echo un último vistazo general al volcán que se ve de lejos como un manto verde salpicado de manchas de ceniza oscura. Suspiro profundamente y pienso que jamás podré quitarme de mi olvidadiza retina aquel paisaje único en el mundo. No, definitivamente hay lugares que no pueden ser olvidados. ¢

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