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L/imensión V_/lásica

T E O R ÍA S O C IA L

Director de la serie: Esteban Vemik
La Serie Teoría Social reúne obras que son muestras del estado latente de la modernidad. Si la historia del pensamiento social y humanístico delineó un conjunto de textos clásicos sobre el legado modernista, a su sombra restan aún por recuperarse contribuciones incisivas que conservan viva la inquietud sobre los fundamentos de nuestro presente. La Biblioteca Dimensión Clásica se inicia con una Serie que se propone ampliar los horizontes del estado de la teoría social — tanto en sus resonancias filosóficas como político-culturales—mediante la publicación de un conjunto de ensayos claves hasta ahora alejados de los currículos universitarios, y que se ofrecen en todos los casos a través de traducciones cuidadas y textos introductorios de alto nivel realizados por los mejores especialistas en la materia, que, por un la­ do, devuelven los textos a su estado original de indicación y presenti­ miento^, por otro, los reintroducen plenamente en la discusión de lo contemporáneo.
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Karl

Lowith
M ax Weber y Karl Marx
Traducción de Cecilia Abdo Ferez Introducción de Esteban Vernik Posfacio de Luis F. Aguilar Villanueva

gedisa
O
editorial

Edición original en alemán: Karl Löwith: Sämtliche Schriften. Band 5: Hegel und die Aufgébung der Philosophie - M ax Weber, pp. 324-447, publicado por JYB. Metzler'sche Verlagsbuchhandlung und Carl Ernst Poeschel Verlag GMBH Stuttgart, Alemania. Copyright „ 1988 Director de la serie: Esteban Vemik Traducción: Cecilia Abdo Ferez Diseño de colección: Sylvia Sans Primera edición: junio de 2007, Barcelona Derechos reservados para todas las ediciones en castellano © Editorial Gedisa, S.A. Paseo Bonanova, 9 l° -la 08022 Barcelona, España Tel. 93 253 09 04 Fax 93 253 09 05 Correo electrónico: gedisa@gedisa.com http://www.gedisa.com ISBN: 978-84-9784-092-7 Depósito legal: B. 29789-2007 Preimpresión: Editor Service, S.L. Diagonal 299, entresuelo Ia Tel. 93 457 50 65 08013 Barcelona Impreso por Romanya Valls Verdaguer, 1 (Capellades, Barcelona) Impreso en España Printed in Spain Queda prohibida la reproducción total o parcial por cualquier medio de impresión, en forma idéntica, extractada o modificada, en castellano o en cualquier otro idioma.

índice

INTRODUCCIÓN: M a x W eber según Karl Lowith

Eéteban V ernik ........................................................................
M a x W eber y K a r l M a r x

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K arl L ow ith ............................................................................. M ax W eber y Karl M arx ( 1 9 3 2 )..................................... I n tr o d u c c ió n ................................................................... A. La interpretación de W eber del mundo capitalista burgués según el hilo conductor de la «racionalización»........................................................ B. La interpretación marxista del mundo capitalista burgués según el hilo conductor de la enajenación de sí humana ............................................................... C. La crítica de W eber de la concepción materialista de la historia ............................................................... N o t a s .................................................................................. M ax W eber y sus seguidores (1939-1940) ................... La posición de M ax W eber frente a la ciencia ( 1 9 6 4 ) ............................................................... N o ta s .................................................................................

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77 109 117 135 149 180

POSFACIO: Entre el recuerdo y el olvido de los maestros: la exigencia de pensar la sociedad L iúj F. Agidlar Villanueva..................................................... 187

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2 . por el diálogo que man­ tiene viva a la sociología en la confrontación permanente que surge entre su ala burguesa y su ala marxista: [.] ni la sociología marxista ni la burguesa vieron que la socio­ logía de Weber es el contrapunto de El capital de Marx. pero que se manifiesta cada vez que expe­ rimenta el ejercicio weberiano de extremar la razón hasta sus límites más humanos. que él pone en práctica en sus trabajos socioló­ gicos. es decir. Este círculo que configuran la razón y la magia sirve para establecer una sociología antropológica de lo humano. Lowith se re­ fiere a W eber en varias ocasiones: El «desencantamiento» del mundo histórico por medio de la ciencia racional. sin duda..1 Lowith siente una atracción intelectual m uy honda p o r W e ­ ber que.Introducción M ax Weber según Karl Lowith i Karl Lowith exhibe fascinación por la relación que existe en­ tre M ax W eber y Karl M arx.. C om o mago. Pero en el proceso de racionalización de W eber aparece de nuevo el puente con M a rx y la historia. estuvo marcada p or la palabra oída en La ciencia como vocación. para regresar de nuevo al irracionalism o del encanto mágico. debe de haber ejercido una especie de magia.

A l mismo tiempo que consideró que el M anifiesto del Partido Comunista era com o «una patética profecía». «com partía la con ­ cepción márxista del Estado y su ideología». son las aristas del triángulo M arx.10 K a r l L o w it h «M ago» también era el apelativo de M artin Heidegger. W eber y H eideg­ ger. la filosofía existericial de H eidegger orienta sil pensamiento. junto a Marianne. II Un breve ro d e o p o r la cuestión W eb er-M a rx muestra algo que muchas corrientes del ala marxista de la sociología'han pasado p o r alto: la riqueza del interés de W eber p or M arx. con el que Lowith exhibe la sociología weberiana del cír­ culo de lo humano. el ma­ go de M eéékirch. se­ ñaló que M a x W eber. Si bien W eber rechazó muchas veces varios de sus postulados metodológicos. La propia Marianne Weber. quien tras la m uerte de M a x W eb er tuvo. un papel destacado en la construcción de su ima­ gen. que se alejó y se acercó a M arx.5 . científicos y políticos — has­ ta el punto de haber sido calificado co m o «un M arx b u r­ gués»— / mantuvo siempre un entusiasta interés p or los escri­ tos de M arx. És­ tas. Podrá decirse que W eber mantuvo una posición bifronte. señaló su valor com o «una aportación científica de prim er rango». cuyo primer libro llevaba por título Eléociaium o de Fichte en relación con la doctrina de M arx. pues. como un descubrimiento científico que influyó de­ cisivamente en su propia perspectiva. ha afirmado qiie: Max Weber admiró la interpretación materialista de la historia de Marx.'' También Karl Jaspers. Mientras Lowith elabora sus tesis sobre M arx y Weber. la cual fue el primer paso en el autoconocimiento del capitalismo. en cierto aspecto. tal cóm o se aprecia en diversos testimonios.

[. aquellas filosofías de la historia que pretendían encontrar las leyes objetivas del curso de la historia o. y sobre todo de un filóso­ fo actual. pero en cam bio no estaba dispuesto a aceptarla com o enunciado ontològico. Marianne W eber nos ofrece su consideración: . quien informa que M ax Weber..] Quién no esté dispuesto á conceder que las partes más importantes de su propio trabajo no hubieran podido ser realiza­ das sin el trabajo de estos autores. En el mejor de los casos. en gran medida. en el ensayo «L a “ objetividad” cognoscitiva de la ciencia social y de la política social»8 afirma que hay que rechazar la concepción materialista de la historia. puede medirse teniendo en cuenta su actitud frente a Nietzsche y Marx. no existe ninguna «ley» objetiva en la realidad social. También en este punto.. W eber consideraba que la construcción de M arx era sumamente im portante co m o con stru cción ideal-típica del p roceso de la historia. se engaña a sí mismo y a los demás.7 Así. En primer lugar.M ax W eber y K arl M arx 11 M ás elocuente resulta todavía el testimonio de Eduard Baumgarten. con la ayuda de tipos ideales es posible construir teorías de los procesos sociales que ten­ gan alguna sem ejanza co n leyes y que puedan servir com o pautas para medir el grado de apartamiento de determinados sectores de la realidad social cón respectó a estos m odelos nom ológicos. ün mundo signado por Marx y Nietzsche. El mundo en el que existimos es. habrá que decir que las diferencias epistemoló­ gicas y m etodológicas entre M a rx y W eber son sustantivas.6 Sin embargo. decía a sus estudiantes: La honestidad de un estudioso actual. al menos. en los últimos años de su vida. Según Weber. un sentido interno del proceso histórico. En este preciso senti­ do. es decir. W eber rechazaba todas las filosofías mate­ rialistas de la historia.

haciendo así del m arxismo una teoría rígida de la historia. si­ no que también se declaró en contra de que los factores materia­ les se volvieran absolutos y se les convirtiera en el común denomi­ nador de las explicaciones causales.1 0 Vayamos.12 K a r l LO w it h Max expresó su gran admiración hacia las brillantes construc­ ciones de Karl Marx. W olfgang M omm sen señala que el elemento activista de la teo­ ría de M arx quedó oscurecido en las posteriores intérpretaciones de Engels y de Kautsky. y vio en la investigación de las causas eco­ nómicas y técnicas de los hechos un principio heurístico fructífe­ ro. pues. materiales e ideales. que dirigía la búsqueda de conocimiento a zonas enteras antes no iluminadas. respecto a la cual en ese m o­ mento W eber no veía con claridad las diferencias entre M arx y sus seguidores ortodoxos. son quienes do­ minan inmediatamente la acción de los hombres. los railes en qué la acción se ve empujada por la dinámica de los intereses. P or lo demás. A diferencia del marxismo. Pero no sólo rechazó la elevación de estas ideas a una Weltarucbauung.Pero las «imá­ genes del mundo» creadas por las «ideas» han determinado con gran frecuencia.9 Cabe no obstante señalar que M a x W eb er interpretaba de manera bastante indiferenciada a M arx y a la teoría marxista. como guardagujas. en W eber se destila una con cep ción pluralista que trata de estimar la dinámica que envuelve a los intereses ideales junto a los intereses mate­ riales. también es notoria la diferencia acerca del papel que desempeñan los intereses económ icos en los proce­ sos sociales. A l respecto es meridiana la célebre expresión de W eber: Los intereses. en realidad específicamente nuevo. a las zonas comunes que se superponen entre las obras de M a rx y Weber. no las ideas. siguiendo de cerca el ensayo de Karl Lowith. . negando explícitamente cualquier concepción que vea a los prim eros com o reflejo de los segundos.

W eber asimiló enormes masas de ma­ terial científico. Tanto M arx com o W eber siguieron los aconte­ cimientos políticos de su tiempo e intervinieron en la vida pú­ blica con la misma pasión. ade­ más.1 1 Partiendo de las dife­ rencias entre ambos autores. aun­ que consideraban la relación entre ciencia y política de manera opuesta. Lowith remarca el com po­ nente existencial-antropológico de M a r x y dé W e b e ry obser­ va que el m otivo básico y original de las investigaciones de ambos concierne al m odo capitalista de ser humano. la interpretación de L o ­ with va más allá de lo señalado hasta el momento. U no y otro fueron grandes filósofos sin querer serlo . p or el contrario. el m étodo utilizado p o r Low ith para su com paración es el de las perspectivas contrapuestas. sea por medio del periodismo o por las intervenciones propias de los hombres políticos. Si para W eber la ciencia y la política debían mante­ nerse separadas. al dar lugar com o tercera arista a la de la propia filosofía existencial de Lowith. esta confrontación tomaba la forma de un triángulo. En ambos casos sus estilos de escritura se apoyaban en gran cantidad de evidencias empíricas y en ex­ tensas notas a pie de página. Lowith trata de llegar a sus si­ militudes enfocando la teoría de M arx desde el prisma de la de W e b e r y la de W eber desde la óptica de M arx. podem os constatar la aparición de elementos novedosos. para M arx. La exposición de Lowith comienza con una serie de puntualizaciones sobre los perfiles de ambos autores que merecen considerarse. A l igual que M arx. En efecto. convergían en unidad. Los dos fueron científicos. Pero.M ax W eber y Karl M arx 1-3 III Si volvem os ahora a Lowith y al examen que realiza de la re­ lación entre W e b e r y M arx. Tributario tanto de la herm enéutica com o de la geom e­ tría. ál destacar que en ambas teorías subyace la situación del hom bre m oder­ no en la totalidad de su existencia.

ambos fueron esencialmente dociólogodfilodóficod. quizás el únicofilódofo verdadero vivo». com o un moderno especialista. W eber — en uno de sus últimos escritos— . cuestionaron la totalidad de la situa­ ción de la vida contemporánea bajo la rúbrica del «capitalis­ mo». la célebre frase de Karl Jaspers: «E n M ax W eber vem os encam ado al filósofo existencial». L a interpretación de W e b e r da cuenta del m undo capitalista burgués en térm inos de «racionalización». L ow ith trae al recuerdo la carta de M oses Hess de 1841 que presenta a M arx com o «el más gran­ de. Si en La ideología alemana M arx se refería al mercado com o aquello que se expande sobre la tierra y «con su mano invisi­ ble» crea y destruye imperios. se detiene «en el poder que determina el destino de la vida moderna: el capitalismo». en su subyacente preocupación por la existencia humana. A qu í Lowith comienza señalando que la así llamada «objetividad» — y anota que W eber nunca habló de objetividad a secas. al considerar la tendencia universal al desarrollo de la cultura occidental. Aunque W eber — com o también ¡sabemos por medio de Jas­ pers—gustaba de reconocerse ante todo com o un investigador. sino porque de hecho. Así. cabe señalar que el ensayo de L owith mues­ tra cóm o ambos — M arx directamente y W eber indirectamen­ te—efectuaron un análisis crítico del hombre m oderno dentro de la sociedad burguesa.1 2 En definitiva. basado en la aceptación de que la econom ía se ha convertido en el destino de la humanidad. volviendo a la caracteriza­ ción de Lowith.14 K a r l L O w it h ni asumirse com o tales. y siempre entre comillas: . sino de la adíllamada. habremos de decir que ni su sociología ni la de M arx pueden confinarse a los límites estrechos de la especialización. esto es. Observem os con m ayor detalle el análisis que Lowith rea­ liza p or separado de las interpretaciones que hacen tanto W e­ ber com o M arx de las estructuras fundamentales del capita­ lism o. y también. no porque fundaran algún tipo concreto de «filosofía so­ cial».

.ción. en un sentido específico. inevitablemente. Low ith dice.M ax W eber y K arl M arx 15 [. sino que la subjetividad de sus pre­ misas fundamentales se presenta con apariencia objetiva. En cambio. irracionalidad. la tendencia a la seculariza. [. en orden a un fin presupuesto. son duíjetivad.1 3 Consecuentemente. Este ejemplo dél dinero.. una noción que procura hacer inteligible precisamente porque el proceso general de racionalización de toda nuestra existencia se convierte en algo específicamente irracional. si tomamos él tema fundamental de sus investigaciones científicas. Por ejemplo. ganar dinero para asegurarse un estándar de vida es racional e inteligible. con unos medios da­ dos. presentan \a. ofrecido p or W eber en una res­ puesta crítica a Brentano1 5y com entado p o r Lowith.] reposa sobre y sólo sobre el hecho de que la realidad dada es ordenada según categorías. de validez universal.]. sino qué se puede consecuentemente. nos re- . que deja tras de sí la posibilidad in­ genua de la disciplina científica. Se trata de una racionalización en la dirección de un m odo de vi­ da irracional. vemos que W eber resume la problemática de esta realidad bajo el concepto de «racionali­ dad».. esto es.. Sin embargo. la objeción de W eber al marxismo — com o antes decíamos—no es que se base en ideales e ideas científi­ camente p o co probables. no indica qué es lo que «se de­ be». Así.1 4 Por lo que su propósito es hacer explícitos los apriori de las ide­ as de valor que guían las acciones específicas.precondicwn del valor de nuestro conocimiento y están ligadas a la precondición del valor de aquella verdad que sólo nos puede dar el saber de Ja experiencia. con W eber: La autorreflexión científica. es decir. A q u í se puede observar que el elemento decisivo y elemental es que cada instancia de racionalización genera. la manera raciona­ lizada de hacer dinero con el único propósito de hacer dinero es algo específicam ente irracional. las cuales.

Pero lo ambiguo — y quizá lo p ro­ ductivamente ambiguo—de su form ulación trágica es que al mismo tiempo esa racionalidad es precisamente la que según W eber se requiere para la libertad. Sabe­ mos p or Marianne W e b e f que uno de los libros que M a x W eber leyó en los m om entos en que salía de su primer colapso nervioso fue precisamente ése tratado. Y en efecto. La racionalización universal de la vida con ­ figura un sistema de múltiples d ep en den cia s. lo cual ocurrió p oco antes de com enzar la redacción de sus ensayos sobre el p ro­ testantismo. en lo legal com o en lo administrativo.K a r l L o w it h mite rauy directamente a los análisis de G eorg Simmel sobre la modernidad y a su célebre Filosofía. lo cual nos lleva al imperativo ético de la responsabilidad de la . Ésta buscará ceñirse para lograr sus objetivos últim os con los m edios disponibles. del dinero. una carcasa férrea de subordinaciones en la que cada individuo está irre­ mediablemente integrado. en la vida social com o en la vida económ ica.se desar rrolló el contexto para la racionalización de nuestros estilos de vida. de 1900. Para él. tanto en las artes com o en las ciencias. Pero L ow ith puntualiza que W eb er y M a rx han interpretado este destino de O ccidente de manera diferente: W e b e r no con cib ió el capitalismo c o ­ m o un p od er hecho de «relaciones» de fuerzas y m edios de p rod u cció n que se han con vertid o en autónom os. en el inicio de La ética protestante W eber elogia a Simmel por «las brillantes imágenes» que se en­ cuentran en el capítulo final («El estilo dé vida») de la Filosofía del dinero. el capitalism o sólo pudo ser el p od er que determina el des­ tino de nuestra vida m oderna porqu e previam ente. Para W e b e r el fenóm eno de la racion alización — que se pod rá estudiar tanto en la expansión del dinero com o en la de las burocracias—representa la principal característica de la form a de vid a de O cciden te. El espíritu general de la «racionalidad» dom ina a la hu­ manidad moderna.

Lowith puntualiza que la crítica de M arx al lugar del hom ­ bre en la sociedad burguesa culmina en una crítica de la so­ ciedad y la econom ía sin perder su fundamental significado antropológico. Esta relación fundamental entre medios y fines y su per­ versión m oderna sirvió a W eber para dar cuenta de los con­ ceptos de racionalidad y libertad. A qu í se observa que M arx trata esta funda­ mental alienación universal del hom bre m oderno en sus es­ tructuras políticas. el uso de m edios cuestionables— transforma la racionalidad de la responsabilidad en un ethod definitivo. y éstos son los mis­ . los medios com o fines se reali­ zan en sí mismos perdiendo su sentido o propósito original. es decir. Estamos y a en el campo de las similitudes con M arx. la interpretación dél mundo capitalista burgués se da. Y qué es­ ta emancipación será el resultado de la liberación del hombre de su (auto)alienación. de tipo antropológico.1 6 Si ahora nos detenemos en M arx. qué de ha adaptado a ellas como una «carcasa inflexible». en cambio. en definitiva «humana». en términos de «aliena­ ción». perdien do así su original racionalidad propositiva orientada hacia el fin último del hom bre y sus necesidades. D e esta manera. se convierte en un fin en sí mismo.M ax W eber y K arl M arx 17 a cción humana. cuyas administraciones. En este punto Low ith muestra que lo que M arx llama «emancipación dél hom bre» no sólo es una emancipación políticay económica. L o que originariamente fue un mero medio (para un fin valorado). pero L o ­ with lee a W eber para señalar que: Esta inversión caracteriza a la completa cultura moderna. L a tensión ética del discernim iento entre m edios y fines — lo que supone que en ciertos casos los bue­ nos p rop ósitos requieran. instituciones y fábricas están tan «racionaliza­ das» que son Uu que involucran y determinan al hombre. sino una emancipación más amplia. existencial. socialés y económicas.

en tanto representante del carácter mercantil de todos los objetos (y aun de las personas) del mundo moderno.1 7 Veamos pues. puesto que esencialmente las cosas es­ tán allí para los seres humanos.ción. apárente cosa-en-sí. A hí es don­ de M a ix muestra por primera vez la reveladora «inversión» fundamental entre medios y fines. Lowith aborda la obra de M arx desde sus escritos tempranos hasta el M arx maduró y muestra que la temática de la aliena­ ción aparece con pocas variantes desde sus priméras inter­ venciones en la Gaceta Renana hasta el tom o 1 de 'Él capital.cerca de las leyes que penalizaban a los ladrones de leña¿ M a rx los consideraba com o aquellos que se ap ro­ pian de la leña para satisfacer necesidades básicas. «tendencia viviente» en aquellos escri­ tos tempranos que dan cuenta del mecanismo de autoaliena­ ción propio del capitalismo. M arx puntualiza que en tanto que algo com o la leña. resulta (bajo cier­ tas coh dición és sociales) el determinante de la existencia y . entre objetos y personas. estos dos casos tal com o Lowith los toma para realizar la afirmación anterior. Lowith muestra que el tema fundamen­ tal permanece. brevemente. Bajo el kilo con du ctor de la autoalienación del hombre. Así. Entre sus análisis del rob o de lefia en la Gaceta Renana de 1842 y el capítulo I de E l capital. de 1876. encuentra una tendencia latente. Low ith recupera: la continuidad del pensamiento del joven M arx con el posterior: contra cualquier interpretación que vea un período anterior burgués que luego se converti­ rá en filosofía marxista.18 K a r l L ó w it h mos órdenes'que W eber situaba com o el destino inevitable de la racionalización moderna. su des-posesión a favor de las «cosas». que supone la alienación del hombre. En su interven­ ción de 1842 a. que debieran ser fines en sí mismos. la extemalización del hombre hacia las cosas. La mercancía. Y ésta es la autoaliena. es la expresión económ ica de la alienación humana del mundo capitalista burgués. En su argumentación.

investi­ d o de inhumanidad. Lowith encuentra en M arx un humanismo radical de cuño rousseauniano. Las relaciones humanas se cosifican al mismo tiempo que las relaciones materiales resultan «humanizadas» con p o­ deres cuasipersonales. En este texto temprano. M a rx se refiére a la fo r ­ ma mercancía. las cosas hablan acerca de los hom ­ bres y bailan entre sí. en el célebre apartado «El fetichismo de la mer­ cancía y su secreto». N uevam ente las cosas se em ancipan de sus productores y los dominan. Para M arx. Esto no se diferencia sustancialmente de lo que aparece. en vez de que el hombre domine a ese proceso. por último.. el proceso de predom inio dé lo cuanti­ tativo sobre lo cualitativo.M ax W eber y K arl M arx 19 ¡ conducta del hombre. caros a los sociólogos de la modernidad. es decir. que con Feuerbach transforma la espirituali­ . a la división del trabajo. en el análisis de la parte primera del tom o 1 de EL capital. la forma co sa y la forma dinero (que es la forma acabada del m undo de las m ercancías).] se trata de una formación social donde el proceso de pro­ ducción domina al hombre. la conciencia humana se convierte en «cosificada»y las cosas en sí mismas resultan la medida de los hombres.. el m ism o p ro ce so que atenderá W eber en su delineam iento de lás consecuencias negativas de la expansión generalizada de la racionalidad calculado­ ra.1 8 En esos pasajes espectrales que siempre recordamos de nues­ tra lectura de EL capital. en tanto hegeliano. ese mundo burgués capitalista se le representa com o una realidad específicamente «irracional» y. es decir. A qu í adjudica. aquella racionalidad que adopta la form a del capitalismo. M a rx vuelve sobre la alienación capitalista en los términos. de una in­ versión: [. M arx y a habla del carácter de «fetiche» que tiene la mercancía. com o mundo humano.

más bien. incluso después de creer haber descubierto la posibilidad del hombre «nuevo» en el proletariado. sintéticamente. es decir. Esta cuestión im plica el discerni­ miento de qué es lo que hace humano al hom bre dentro del m undo burgués capitalista. lo cual tiene un sentido p rofu n da­ mente antropológico. la cual resulta fácticamente dividida por una «humanidad de especialistas». y aquí emerge la propia tesis de Lowith. La crítica de M arx hacia el mundo polí­ ticamente burgués y económicamente capitalista se completa y alcanza su sentido en una crítica del m odo de ser humano en el capitalism o-burgués.. Muestra un cam ino para su reunificación no a través de un com unism o del amor entre «yo y tú» com o en Feuerbach. sino p o r — y aquí aparece. Finalmente. cuya naturaleza problemática se caracteriza por el térm ino «capitalista». en primera y última línea. En definitiva.20 K a r l L o w it h dad de H egel en pensamiento sobre la humanidad del hom ­ bre. en su interpretación de la teoría de M arx. Así. . pero el motivo para su es­ tudio es la cuestión del destino del hom bre en el mundo con­ temporáneo. su program a— «la superación de la sociedad de la división del trabajo en general. sino «humana».1 9 Lowith señala de qué forma M arx tom a en cuenta la particu­ laridad concreta del hombre — su determinación com o hombre privado—en la sociedad capitalista. y de su carácter de clase en particular». el tema expreso de las investigaciones de M arx y de W eber es el capitalismo. O . es el hombre como tai.] lo que concierne a Marx. qué constituye la huma­ nidad del hombre en el mundo contemporáneo.. abreva de una antropología filosófica que interroga sobre la humani­ dad/deshumanidad del hombre en el m odo de ser capitalistaburgués: [. M arx exige una emancipación del hombre no sólo política y econó­ mica.

] La impresión fue estriemecedora.... no impidió que. a quien siempre con sideró «un hombre sobresaliente». hasta lo que no tiene fin [..] la palabra de Webér era como una liberación. Nuevamente se detiene en el destino ineludible del capi­ talismo: la racion alización . Constata que «ese progreso y arrebato de la ciencia se extien­ de.. tras la guerra. su discurso fue taquigrafiado y publicado literalmente. p o co tiempo después . el h ech o de «qu e en prin cip io todas las cosas se pueden con trolar a través del cálcu lo». En oca­ sión de los festejos por el centenario weberiano. IV La profunda impresión que ejerció la figura de W eber sobre el joven Lowith se mantuvo a lo largo de su carrera. Lowith vuel­ ve sobre el tema de la ciencia y su especialización que nunca cesa. Allí quedó hondamente impresionado por la figura del expo­ sitor: Todavía puedo ver a Max Weber delante de mí. vivió su «bautis­ m o» político-estudiantil co m o organ izador de las célebres conferenciéis La ciencia como vocación y La política como vocación. en el plano de la teoría del conocimiento. [..2 0 Vuelve a W eb er y ve que sus clasificaciones son mucho más que una reflexión sobre el método. pálido. la condición de un hombre obligado a investigar».]» . cami­ nando con gesto abatido y movimientos rápidos por la sala repleta. hasta el infinito.2 1 Esa atracción p o r W eber..M ax W eber y K arl M arx 21 qué constituye la deshumanización del hom bre en el mundo burgués capitalista. y a que «refle­ jan. esto es.] Hablaba de un modo totalmente libre y sin interrumpirse. en principio. [. Karl Lowith con oció a M a x W eber cuando al p o co tiempo de volver a su M únich natal.. [.

L ow ith se traslada prim ero a Italia.22 K a r l L o w it h de su participación en la organización de las conferencias de Munich. el primer doctorando que H ei­ degger dirigió. desavenencias qué se mantendrán du­ . Seguiráya. Forzado por tales circunstancias a iniciar un largo exilio. Low ith vió de primera mano la lectura protoexisteñcialista que en los años veinte el mago de Meáókirch hacía de autores com o W eber o Simmel. entre los qué habrá que nombrar a Hans-G eorg Gada­ mer. durante su triste paso al frente del rectorado de la U niversidad de F riburgo y aun tiempo después. en esos años de inicio de la República de Weimar. La situación lo llevará. H erbert M arcuse y Carlos Astrada. entre 1919 y 1923. Lowith se trasladará a Friburgo primero y a M arbur­ go después. ante la dramática coyuntura alemana. LÒwith — com o otros tantos condiscípulos—se verá sorprendido por los posicionamientos de su maestro. para volver a su patria dieciocho años después. Lowith escribirá su tesis de doctorado y bajo su tutela también. G ünther Anders. accederá a obras que le habrán de marcar a lo largo de su carrera: las investigaciones de Husserl. Pero en 1933. Simmel y Bergson. Dilthey. naturalmente.2 2 Siendo el primer discípulo. luego a J a p ón y final­ mente a Estados U nidos. L ow ith com partió el con d iscip u lad o heideggereano en la búsqueda p or acercar la filosofía de la alienación del primer M arx á las teorías de la m odernidad forjadas p or un tipo de doctologia filosófica existencialista. Junto a un grupo de camaradas. tal com o el propio Lowith recordará al fi­ nal de sü vida. quien. a M artin Heidegger. Bajo su supervisión. a soste­ ner desaveniencias profundas con quién había sido su direc­ tor de tesis doctoral. ' Vitalismo y existencialismo serán marcas que acompaña­ rán la trayectoria de L ow ith y que sin duda im pregnan las lecturas dé M a rx y de W eber qué realizó de joven. manifestaría su involucrarmentó en el régi­ men de Hitler.

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rante sus restantes años de vida, si bien nunca dejará de con ­ siderarlo su verdadero maestro. D e la tensa relación qué a partir de entonces mantendrán, p od em os señalar — apenas com o mención—tres momentos de encuentro. U no es el desa­ fortunado encuentro en R om a en . 1936, cuando H eidegger visita a su discípulo y amigo exiliado y no tiene la delicade­ za de sacarse la cruz gam ada de la solapa de su chaqueta. Luego, durante más de tres décadas, no se registran diálogos entre ambos hasta el homenaje a H eidegger en su cum plea­ ños número ochenta, en el que Lowith contribuye al Fedtdchrijft con un artículo crítico.2 3 En el ínterin, en el año 1949, ambos estuvieron a punto de encontrarse en M en doza (Argentina) con ocasión de un gran congreso de filosofía que tenía a H ei­ degger com o invitado principal: éste, en el último momento, no consiguió la autorización para asistir al encuentro, al que sí asiste Low ith, quien lo recordará com o un m om ento ex ­ cepcional.2 4 Pero en 1932, cuando Low ith com pone el texto al que nos hemos referido, aún se encontraba bajo la órbita de H eideg­ ger y el ascenso del nazismo no se había producido. En la his­ toria de las ideas, el texto aparece nueve años después que H istoria y conciencia de cLue de G yorgy Lukács, y tres después de Ideologíay utopía de Karl Mannheim, libros en los que ex­ plícitamente se apoya. D e M arx, a quien lee con la pretensión de acentuar el carácter existencial de sus análisis sobre la alie­ nación, no se conocían aún los Manudcritód económicod y filodóficod de 1844 que se publicaron en Pa.rís el mismo año en que Lowith publica esta monografía.2 5 Sí examina meridianamen­ te, sin embargo, otros textos tan tempranos com o Jos que apa­ recen mientras M a rx es redactor de la Gaceta Renana (18421843), especialmente el debate sobre el robo de leña, y también otras de épocas posteriores com o la Contribución a L a crítica de la filodofía del derecho de HegeL, para finalmente llegar al tom o I de E l capital· ...

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K a r l LO w i t h

Con todo, aún no había pasado m ucho tiempo desdé la pu­ blicación de la obra weberiana. Sólo siete años separan a esta m onografía de la aparición de Economía y sociedad. Pero L o ­ with no se referirá a este tratado en su ensayo, sino especial­ mente a La ética protestante y el espíritu del capitalism o, juntó al texto introductorio a los Ensayos sobre sociología de La religión, al ensayo titulado «L a objetividad», a la disputa con Roscher y Knies,3 6a la defensa que hace W eber del materialismo histó­ rico en su Crítica: a Stammler2 7y, especialmente, a la conferen­ cia que tanto había, impresionado a Lowith, «L a ciencia com o vocación». Resulta significativo que el título del ensayó de Low ith no sea «M a rx y W eber», sino, al revés, «M a x W eber y Karl M a rx », lo cual sugiere dos pü n tu alizacion es: una, qu e la obra de W éb er es la que se analiza con m ayor detenimiento a lo largo del escrito; y, en segundo lugar, que en la propia filiación de estudios académ icos w eberianos es donde apa­ rece el trabajo, qüe fue publicado en la probablem ente más p restig iosa revista a cadém ica d e la A lem an ia del prim er tercio del siglo XX, el Archiv fiir Sozialwissenschaft und Sozialpolitik, aquella que él m ismo W éber había coeditado y en la cual había aparecido la mayoría de sus trabajos más renombra­ dos, éntre otros «L a ética protestante» y «E l espíritu del ca ­ pitalism o». En definitiva, diremos que la tesis de Low ith es weberiana aunque esté marcada por el existencialismo heideggereano y p or el anhelo — proveniente de M arx—de vislumbrar un valor capaz de orientar el futuro de la humanidad. Agreguemos por último que en la aclaración que formula Lowith al inicio de su ensayo acerca de que la com paración que realiza no trata de con d u cir a ningún acuerdo entre M a rx y W eber, y a que mientras la vida terrenal «descanse en sí misma y sea entendi­ da a partir de sí» sólo con oce «lo irreconciliablé de la lucha de las posibles tomas de posición últimas para vivir»,2 8 vemos que

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el estudio de Lowtih no sólo se sitúa próxim o a la corriente de i las filosofías de la vida, sino más particularmente en tom o al

E s t e b a n V e r n ik

Notas
1. Karl Löwith, «La posición de Max Weber frente a la ciencia», p. 153 de la presente edición. 2. Ibidem, p. 152 de la presente edición. 3. Albert Solomon, «Max Weber, Die Gesellschaft», en Interna­ tionale Revuefü r Sozialismus un Politik, año II, n° 2, p. 144 [cit. por Wolfgang Mommsen, Max Weber: Sociedad, política e historia, Buenos Aires, Alfa, 1981, p. 313]. 4. Marianne Weber, Biografía de M ax Weber, México, Fondo de Cultura Económica, 1995, p. 539. 5. Karl Jaspers, Conferencias y ensayod dobre historia de la filosofía, Madrid, Gredos, 1972, p. 332. 6. Eduard Baumgarten, M ax Weber, Werk und Perdón, Tubinga, 1964, p. 554 y ss. nota 1 [cit. por Wolfgang Mommsen, op. cit., p. 172], 7. Wolfgang Mommsen, op. cit., p. 173. 8. Max Weber, Ensayos sobre metodología sociológica, Buenos Aires, Amorrortu, 2001, pp. 39-101. 9. Marianne Weber, op. cit., p. 332. 10. Max Weber, Ensayos sobre sociología de la religion, t. 1, Madrid, Taurus, 1987, p. 247. 11. Como antecedentes de este ejercicio pueden situarse los tra­ bajos de Simmel sobre Kant y Goethe, o sobre Schopenhauer y Nietzsche, que bien pudo conocer Löwith en su período de Marburgo. De esa épocasurgen las bases del que tal vez sea el más céle­ bre de sus libros, De Hegel a Nietzsche... Kierkegaard y M arx, en el que el autor revela brillantemente su utilización del contrapunto.

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12. M ax Weber, Erisayod dobre sociología de la religión, op. cit., p. 14. 13. Karl Lowith, «Max Weber y Karl Marx» y «La posición de Max Weber frente a la ciencia», pp. 43 y 165, respectivamente, de la presente edición. 14. Ibidem, pp. 44-45y 165-166, respectivamente, de la presente edición. 15. Véase Max Weber, La ética protestante y el espíritu del capitalis­ mo. Mexico, Fondo de Cultura Econòmica, 2004. Edición crítica de Francisco Gil Villegas, p. 95, n. 5. 16. Karl Lowith, «Max Weber y Karl Marx», p. 62 de la presen­ te edición. 17. En una carta a Marcuse del 20 de abril de 1932, Lowith es­ cribe: «Todavía no he podido hacer uso del Manuscrito económico-filodófico de Marx [...] pero creo que precisamente este manuscrito con­ firma por entero, esencialmente, la posición central que yo asigno a la autoalienación». Citado por E. Donoso, Una dobria inquietud. Lafi­ losofia deKarlLowith, Buenos Aires, Katz, 2006, p. 100. . 18. Karl Marx, El capital, t. 1. México, Fondo de Cultura Eco­ nómica, 1998, p. 99. 19. Karl Lowith, «Max Weber y Karl Marx», p. 79 de la presen­ te edición. 20. Karl Lowith* «La posición de Max Weber frente a la cien­ cia», p. 157 de la presente edición. 21. Karl Lowith, M i vida en Alemania anteé y después de 1933, Ma­ drid, Visor, 1992, p. 38. 22. Ibidem, p. 170. 23. Una traducción al castellano de dicho artículo aparece con el título de «La cuestión del ser en Heidegger: la naturaleza del ser hu­ mano y el mundo de la naturaleza», en Karl Lowith, El: hombre en el centro de la historia. Balancefilodófico del diglo XX, Barcelona, Herder, 1998. 24. El congreso se abre con una misiva del propio Heidegger, quien no es autorizado por las fuerzas de ocupación estadouniden­ ses para salir del territorio alemán, pese a las gestiones oficiales del gobierno argentino. Sí asisten al evento algunos de sus discípulos y allegados como Hans-Georg Gadamer, Karl Lowith, Carlos Astra-

27. pero creo que precisamente ese ma­ nuscrito confirma por entero. 32 y 197. «Max Weber y Karl Marx». esencialmente. op. M i vida en Ale­ mania ante*)y deépues de 1933. cit. En carta dirigida a Marcuse. de la . del 20 de abril de 1932.]. entre ellos . Karl Lowith. Donaggio.M ax W eber y Karl M arx 27 ¡ da y varias figuras reconocidas de la filosofia mundial. y «La posición de Max Weber frente a la ciencia». p. 28. respectivamente. Critique o f Stammler. por E. y Karl Lowith. 1996. la posición central que yo asigno a la autoalienación » [cit. Herder. 1977. cit. edición a cargo de Guy Oakes. José Gaos y José Vasconcelos. The Free Press.. Mu) añoj de aprendizaje. Nueva York. Algunas impresiones personales so­ bre el congreso se describen en Hans-Georg Gadamer. 98. pp. Barcelona. habría podido esclarecer aún más muchos aspectos relativos a la “autoalienación”. 26. Max Weber. Que en la edición castellana aparece bajo el título. Lowith escribe: «Todavía no he podido hacer uso delManuscrito económico-filodófico de Marx. de La irracionalidad de lad ciencias docialed. 25. op. nada apartado de su temática.

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MAX WEBER Y KARL MARX Karl Lowith .

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Max Weber y Karl Marx

( 1932)

Introducción I. Planteamiento de la cuestión
Imbricada con nuestra sociedad fáctica, la ciencia de esa so­ ciedad es también iio una, sino dos, a saber: doc'wlogía burguesa y m arxismo. Los representantes más significativos de ambas líneas de investigación son M a x W eber y Karl M arx. El área de sus investigaciones es, sin em bargo, una y la misma: la constitución «capitalista» de la econom ía y de la sociedad m o­ dernas. Esta com unidad del problem a aparece en las nuevas investigaciones en sociología1 de form a cada vez más clara. Ese cam po de investigación no se v olv ió un problem a — uno fundamental—porque com prenda una problemática especial de la economía y la dociedad para ser tratada separadamente, sino porque encierra en sí al hombre presente en la totalidad de du dér humano, com o el fundamento portador tanto de la problemáti­ ca social com o de la económ ica. Sólo porque, en última ins­ tancia, es sobre el hom bre como tal donde tiene efectos y se re­ vela la problem ática del orden social y econ óm ico burgués capitalista, el «capitalismo» mismo también puede ser enten­ dido en su significado fundamental y ser objeto de una p re­ gunta sociai-filodófica. Si necesariamente el tipo de humanidad se revela en la form a de las relaciones de vida sociales y eco­ nómicas, entonces un análisis temático más o menos particular,

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tanto de la «econ om ía y la sociedad » capitalista com o del «proceso de p rod u cción » capitalista, contendrá en sí, com o hilo rector explícito o no, una mirada específica de ese hom ­ bre económ ico que es así y no de otro m odo; mientras que, co ­ m o análisis crítico de la econom ía y de la sociedad humanas se orientará, a la vez, por una idea del hombre diferente de lo fa c­ tual. Si las investigaciones «sociológicas» de W eber y M arx deben ser entendidas en su significado principialy radical, en­ tonces serán remontadas a esa idea del hombre en última ins­ tancia. «Ser radical es tom ar la cosa de raíz. L a raíz para el hombre es el hom bre mismo» (M arx, Introducción a la crítica de la filosofía del derecho de H eget). Tanto M arx com o W eber presu­ ponen la así formulada concepción terrenal radical del hom ­ bre. «E l hom bre, que en la realidad fantástica del cielo, en don d e bu scaba un sobrehum ano, sólo halló un reflejo de sí mismo, no estará y a dispuesto a encontrar sólo la apariencia de sí, lo inhumano, cuando lo que debe buscar y busca es su verdadera realidad» (M arx, ibid.). Se tratará de aquí en ade­ lante, por lo tanto, de lo siguiente: de nwdtrar, a travéd de análidid comparativoé del motivo de investigación búdico de Weber y M arx, lo común y la diferencia en du idea del hombre, como fundamento de la economía y la sociedad. Esa com paración no puede llevar a una reconciliación, porque mientras la vida terrenal «descanse en sí misma y sea entendida a partir de sí», só lo con ocerá «lo irreconciliable de la lucha de las podibled tomas de posición úl­ timas para vivir» (W eber, La ciencia como vocación). L o que puede y debería pod er hacer la com paración es hacer cons­ ciente la diferencia en lo común. Una comparación com o ésa presupone tres cuestiones: en la base de la com paración como tal está primero la premisa de que M arx y W eber tanto en su personalidad com o en su obra son «comparables», es decir, pueden medirse. C om o compara­ ción de algo con otro se presupone, en segundo lugar, que lo comparable, desde una perspectiva específica, es lo mL>mo, pe­

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ro a la vez también algo diferente. Y com o comparación com pa­ rativamente de uno y otro, a través de nosotros com o terceros, se presupone, en tercer lugar, que el correlato de ambas investi­ gaciones comparativamente es diferente. Esto es, su idea del hombre no ha sido, ni para uno ni para el otro, el fin conscien­ te y expreso de sus investigaciones, pero sí su m otivo origi­ nario. El tema explícito de las investigaciones científicas de M arx y W eber es el capitalism o. El impulso para su pesquisa es, sin embargo, la pregunta por el destino humano del mundo predente de lod hombreé, para el cual el «capitalismo» es la expresión característica de su problemática. Esa pregunta por nuestro actual mundo de los hombres, y a contenida en la pregunta por el capitalismo, implica por su parte una idea determinada de lo que en ese m undo capitalista hace «hom bre» al hombre, esto es, la pregunta por qué en é l , en el mundo, constituye su hu­ manidad. Revelar el m otivo de investigación de M arx y W e ­ ber desde esta perspectiva no afirma que ese motivo debió ser para ellos la tendencia rectora, sino que lo presenta com o el te­ lón de fondo constantemente efectivo de su búsqueda. Así, por ejemplo, la inclinación visible del M anifiedto comunista es una práctica-política, y la de los estudios religioso-sociológicos de W eber una teorética-histórica. Sin embargo, eso no excluye que el motivo subyacente y originario, tanto de esa «investiga­ ción» histórica com o de aquel «Manifiesto», pueda haber sido la única y fundamental pregunta por nuestra form a actual de ser humanos \Mendchdein\. Y entonces, por ejemplo, a la crítica agitatoria del «burgués» en el manifiesto marxista correspon­ dería el no menos «crítico» análisis del mismo «ciudadano» — juzgado totalmente de otro m odo—en el primer estudio reli­ gioso-sociológico de W eber: ambas críticas incidirían en nodotrod midmod en nuestra determinación histórica. Y presuponiendo que esa perspectiva comparativa no sea arbitraria, sino central para la materia, entonces esa pregunta deberá repetirse tam­ bién dentro de los escritos de M arx y W eber que se alejan de

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este tema: deberán mostrar pruebas de ello, p or ejemplo, tanto las primeras contribuciones de M arx en la Gaceta Renana com o Elcapital\ tanto los tratados «científico-teoréticos» sobre Roscher y Kiíies com o los Ensayo.» dobre sociología de la religión de W eber. Y a que ese m otivo fundam ental an tropológico, sin embargo, no es fácil de reconocer, porque en un caso es ocul­ tado p or la tendencia a la «cientificidad» aválorativa y en el otro por la «praxis» revolucionaria, es necesario, para com pro­ bar lo efectivo de la perspectiva comparativa escogida, desa­ rrollar una interpretación y un destacado — p or ella dirigidade lo que en la prod u cción literaria de M a rx y W eber sería efectivamente comparable.

II. Característica general de Weber y Marx
Nuestra primera tesis en relación con la com paracióíi posible entre W eber y M arx y a exige una fundamentación. N o obs­ tante; la diferencia, en apariencia inmensa, en la forma y en la extensión de su influencia la contradice. Mientras que M arx se volvió, á través de E l capital y del M anifiesto comuniáta, un p od er histórico de significación internacional, y que dé él surgió un marxismo; los trabajos teoréticos de W eber en los cam pos de la sociología, la política social, la historia de la econom ía y la econ om ía nacional, tanto co m o sus tratados políticos actuales, no fueron fructíferos ni en su más propia área — la de la ciencia específica y la política contemporánea— . W eber no hizo «escuela» desde ninguna perspectiva.2 M ien­ tras que los escritos de M arx han dado a una clase entera de la humanidad del presente la conciencia de una tarea histórico-humana, y que a través de Lenin aquéllos se convirtiéron en un efecto histórico mundial, M ax W eber aparece, casi inmediatamente después de su muerté> com o el representante que sobrevive al «liberalismo»3 político y científico, com o el

Justamente de eso es visiblemente de lo que se trata: en cada caso de una «totalidad». resume su valor. Extrema preocupación científica y agresi­ vidad personal se sustentan. una vez más.5A un cuando el «ateísmo» de ambos fue absolutamente diferente. tam­ bién él produjo a partir de enormes masas de materia científica y sigúió con la misma intensidad los sucesos políticos diarios. son los redactores de obras casi ilegibles. sin embargo. mientras que la propia responsabilidad fue también la ra- . com o el hom bre «que siempre regresa. a la vez.4 A pesar de esta falta visible de una vasta influencia. y uno se pregunta cuál es el nervio vital de tal ve­ hemencia: si se trata de un proceso cotidiano o de una ocupa­ ción académica. en ambos casos. de la crítica de un libro o del futuro de Alema­ nia — de la pelea con el órgano censor de la Renania o con el «señor Vogt». siempre también de lo m ism o — en W eber. cuya argumentación a menudo parece no llevar a nada. y M arx fumigó la colmena de la «santa familia». de tan sofocada que está de material e indicaciones. de algo así com o de una «emanci­ pación» del hombre— . de la salvación de una última «dignidad» humana. de la cuestión del proletariado. cuan­ d o un tiempo. C om o M arx. y por eso. sobre pequeñeces en apariencia. o si también se trata de Lasalle y Bakunin y del destino del proletariado— . porque quiere darse un final». el traba­ jo fragmentario de la vida y lá existencia de W eber incluye. a la totalidad de nuestro tiempo. Am bos disponían de la capacidad de efecto y de escritura de­ magógicos y.M ax W eber y K arl M arx 35 representante contradictorio de una época de la burguesía v i­ vida hasta el fin. La pasión de sus comportamientos críti­ cos y el impulso de sus investigaciones científicas fueron a la vez su austeridad \SachLichkeit\. W eber analizó con desenfrenada e incansable precisión las teorías de cual­ quier mediocridad contemporánea. los dos partieron de algún m odo de él: M arx cierra el prefacio de su disertación con una referencia a Prometeo «contra todos los dioses celestes y terre­ nos». aquí com o allá. en M arx.

el asir inme­ diato de «realidades» presentes. aquellas capacidades «pe­ riodísticas». Un tema específico de las investigaciones científicas de W eber fue el sig­ nificado mundano del profetizar. en su trabajo científico. son cadenas que uno no arranca sin . hombres «científicos». y justamen­ te por eso ambos fueron algo diferente y algo más que meros te­ óricos. «jurídicas» y «demagógicas» que W eber designó com o las propiedades características del político de profesión moderno. rechazó e\M ani­ fiesto comunista — que se quiso diferenciar a sí mismo de aquel so­ cialismo «utópico» precisamente en que profetizó a partir de puras premisas «científicas»— . y sin embargo. aunque en ambas representó la posición del «especialista»— . no sólo en Marx. N o obstante. Lo que de sí dijo el joven M arx — «Las ideas que conquista nuestra convicción \Geéinnung\. En ambos se com bi­ naban. de una praxis teorética y de una teoría práctica. sur­ gió de un impulso completamente trascendente con respecto a la ciencia en tanto tal.36 K a r l L o w it h zón del comportamiento crítico de W eber frente a las tenden­ cias religiosas del círculo de St. en la reflexión sobre su división y unidad. que fue llevado del plan de convertirse en profesor a la política. sino también en W eber que. en última instancia. mientras que para W eber «ciencia» y «política» están separadas porque él transgredió básicamente ambad — la una com o disciplina y la otra com o política partidaria. en la orientación según las oportunidades de la intervención política. con el carisma del «profeta». la totalidad del comportamiento teórico y práctico. Lo que para ambos fue determinante. Sin embargo. de la política se volvió hacia la ciencia. al revés. George. a las cuales nuestro entendimiento ha encadenado nuestra conciencia moral. porque para Weber. quien se in­ terpretó a sí mismo6 en el análisis de la profecía antigua judía. en ambos casos. el M anifiesto significaba «un docum ento profetico» y no sólo «un logro científico de primer ra n g o »/ El impulso real de sus investigaciones «históricas» fue. las dos se unifican en M arx en la unidad del «socialismo científico».8 Tanto W eber como M arx abarcan.

en un sentido no común y particular. corresponde a que exigieron de la filosofía académ ica el ser «lógica» y «teoría del con oci­ miento». también un otro contem poráneo lo hacía sobre el jo ­ ven M arx: Ésta es una aparición que produjo en mí una poderosa impre­ sión. en tanto siguió a su demonio. quizá. En su personalidad están presentes la época. en su amplia alma producía efectos el destino de la época [. en ella [en su personalidad] tienen las fuerzas de la época la más decisiva vida.. Pero si él era un filósofo. en resumidas cuentas el ser «filosofía com o especiali­ dad»: A muchos de nosotros Max Weber se nos apareció como filósofo [.. Mientras que otros hombres sólo conocen esencialmente su destino personal. su movimiento.].. son demomos que el hombre sólo puede ven cer en tanto se someta a ellos»— ... hará recaer sobre sí los ojos de Alemania [.. Su presente nos dio la conciencia de que..9 Y de m odo similar a com o aquí un contemporáneo juzgaba a Weber. cuyo entendimiento estaba encadenado a su conciencia moral. entonces lo era. su problemática. ambos podrían ser llamados. Siempre deseé para mí. Com o hom ­ bres científicos.. Para resumir. lo podría haber dicho también W eber de sí. quizás al únicofilósofo verdadero vivo que próximamente.. aunque yo me mueva en el mismo campo. también hoy..]. porque aparecerá en público (tanto en escritos como en la cátedra). puedes contar que conoces al más grande. en un otro sentido a como cualquiera.]. Hemos visto real­ mente en Max Weber a un filósofo existencial. como el único en nuestro tiempo y. con una claridad inusitada. como docente de .M ax W eber y Karl M arx 37 desgarrar su corazón. el espíri­ tu pudo existir en formas excelsas.].]. Q ue ambos fueran filósofos en un sen­ tido especial — sin querer serlo— . por lo demás. Él es representativo de lo que la época es de un modo sustancial [. «filósofos». aun cuando no eran aman­ tes de la «sabiduría». hoy podría ser filósofo [.

pero n o p o r­ que ellos hubiesen fundado una «filosofía social» especial. P or eso querer transformar la universali­ dad originaria de su planteamiento sociológico en un «sociologismo» que traspase las fronteras de la sociología disciplinaria sería tam bién completamente ilógico. Una disciplina científica que se volverá defacto universal. pusieron científicamente en cues­ tión la totalidad de las relaciones de vida presentes bajo el tí­ tulo de «capitalismo».]. cómo antes la gran filosofía. Am bos nos legan — M arx directay W eber ."’ L a sociología de ambos no era una disciplina científica estric­ tamente delimitada. que fue el primer paso en el aütoconocimiento del capitalismo. y la sociología de W eber una disciplina científica: Es.38 K a r l L o w it h filosofía/a un hombre tal. si­ no porque de hecho y de acuerdo con su m otivo originario de investigación. de cara a una problem ática fáctica de nuestro s e r .a h í humano \Dcu)ein\. Y justo ahora siento euán novato soy en la verdadera filosofía. su plan­ teamiento sociológico da expresión a la transformación de la filosofía de Hegel del espíritu objetivo en un análisis de la so­ ciedad humana.. Más específicamente. siempre que. ELcapital no quiso ser otra cosa que una críti­ ca de la «economía política» burguesa. La concepción materia­ lista de la historia de Marx.. una disciplina científica admirable: sin material propio. en el mundo presente [. porque todo su material es trabajado antes por otras ciencias que en realidad sólo son específicas en su área. sin embargo. fueron sociólogos filosóficos. En realidad.1 1 Y así ambos fueron «sociólogos» en un sentido eminente. fue admirado por Max Weber como descubrimiento científico y aprendió decididamente de él. deje trabajar para sí a todas las ciencias y se haga fructífera en todas las ciencias — mientras que tengan algo que ver con el hombre Esa sociología es la forma científica que tiende a abrigar el conocimiento de sí (como uno social).

aunque pasible de ser transform ada de cuajo. p. que n o es más que el intercambio de productos individuales de diferen­ tes individuos y países [. M arx lo hace. I. bajo su poder. Igual que W eber se detiene tras una mirada a grandes rasgos de la tendencia universal del desa­ rrollo de la cultura occidental y dice: « Y así nos encontramos también frente al poder de destino más potente de nuestra vi­ da moderna: el capitalismo» (Ensayos sobre sociología de la reli­ gión. sobre la base de la experiencia de que la «econom ía» sé ha vuelto «destino» hum ano. pende sobre la tierra y con mano invisible [ .. .].. respectivamente. «C óm o llega a suceder que el com ercio. una re­ lación que [.M ax W eber y Karl M arx 39 indirectamente—ün análisis crítico del hombre presenté de la socie­ dad burguesa. Esa racionalización o autoalienación.]■ gobierne el mundo entero.] dirige reinos y los vuelve ruinas.1 3 Dentro de la interpretación de ambos del capitalismo se anuncia esa diferencia en el hecho de que mientras que W eber la analiza bajo el punto de vista de una racionalización universal e inevi­ table. com o el antiguo destino. bajo el punto de vista unívoca­ mente negativo de una autoalienacién universal. «E l progreso científico es una parte. en cambio. También ella es. portadora y exponente de ese destino universal. en el hilo conductor de la economía burguesa-capitalis­ ta.. que caracteriza al capitalismo en su significado principia! abarca también lo prop io \Eigenart\ de la ciencia m oderna. la form a de su com portam iento m utuo» — una «terapia» para la que W eber sólo ha contrapuesto un «diagnóstico»— .. ha­ ce surgir pueblos y los hace desaparecer». al mostrar un camino p or el cual los hombres deben poder «tener dé nuevo.. la más importante.1 2Una pregunta a la que M arx responde allí mismo. de aquel proceso de intelectualización al cual n o­ sotros nos sometemos desde hace siglos y frente al cual h oy se ha tom ado una posición inusitadamente negativa» (W eber. 4). com o empresa de especializaciones científicas.. de igual form a se pregunta M arx en La ideología alemana·. en sí neutral pero de doble significación p or su valora­ ción.

incluso de sus propias explicaciones científicas. Verdaddin repodo dobre dóciled almohadad din rumiar lo masticado. A . X X I y ss.. Verdadcomo la mera aun de lad dignQaded dobre la nuca levantando edforzada cada ladtre de lodfaUod dioded derrihadod y el completo vaciadofirmamento como infierno. P or eso. el impulso crítico del presente de M a r x y W eber sólo puede ser igualmente vali­ dado frente la apariencia científico-especializante. desde los manuales en la realidad.40 K a r l L o w it h D .). L a interpretación de W eber del mundo capitalista burgués según el hilo conductor de la «racionalización» I. 535). sino al revés. pp. aquí se trataría de una compensación dialéctica de conceptos y no de com prenderlas relaciones de la realidad» (Introducción a la crítica de la economía política.. D el mismo m odo responde M arx a los críticos de la econom ía política.. Tanto ahora com o antes. el espí­ ritu dominante de las edpecialídadej científicas — im bricado con una realidad desgarrada—es el que norma nuestros conceptos de verdad. p. libre de mentira a la que la conducen. engañad tú dedde elfundamento a travéd de miled depuertad. objetividad y ciencia. para por nuevas creenciad cambiarla o para deformarla. quienes producen en ella un «desga­ rro barbárico de lo que pertenece junto»: «C om o ese desgarro no penetra desde la realidad en los manuales. guía... El motivo de investigación originario de Max Weber Verdad en tumulto de lad embrujadod que la aprenden. 1930. G u n d o l f .C . F.

]. en lo que le &) propio — la rela­ ción y el dignificado cultural de sus apariciones singulares en su forma actual. el capitalismo1 5 (que sólo es un «extracto en el devenir de los destinos humanos»).] La realidad empírica ed para nosotros «cultura». p. nuestra realidad humana. ese autoconocimiento social-histónco.. Ésta. 175).. es una ciencia de L o reaL. Querem os entender la realidad que nos rodea. «Un caos de “juicios existenciales” sobre incontables percepciones singulares sería lo único que . porque y en tanto nosotros la pon ­ gamos en relación con ideas de valor. por el otro— » (D . 170). entre otras cosas también y pree­ minentemente.C. no puede ser conocida nunca «sin presupuestos». en tanto presupone la relación de las apariciones cultu­ rales con lad idead de valor [W ertideen]. tal com o nos volvimos. [ .1 4 La investigación histórica no debe. p. sino hacer comprensible cóm o es que nodotrod somos hoy así.C . en medio de todas sus disquisiciones m etodológicas e investigaciones variadamente distribuidas—no era ésta o aquella particularidad. entonces. Abarca aquellas partes constitutivas de la realidad que a través de esa relación se vuelven dignificativad para nosotros. en la cual estamos posicionados. Ese campo — de cuyo análisis especializado se trata. «digno de conocer». ni tampoco el fenóm eno del capitalismo «en su significado cultural uni­ versal». de conceptos de leyes [. por un lado.M ax W eber y Karl M arx 41 El campo específico. que nos rodea y nos determina. «El dignificado de la forma de una aparición cultural y el fundamento de ese significado no puede hacerse com prensi­ ble a partir de un sistema. sino: «La ciencia social. en el que se mueven las investigaciones de W eber es básicamente uno. que debemos empujar. aun perfecto... con ocer el sentido de cóm o fue (Ranke) o cóm o debe arribar algo con necesidad histórica (M arx). las razones de su histórico vol­ verse así-y-no-de-otro-modo. El conocim iento de la rea­ lidad. W eber lo distingue estric­ tamente del rastreo de «factores» últimos y de «leyes» univer­ sales. A ésa nuestra histo­ ria del presente pertenece.. en su «significado».. y dolamente édad» (D .

abarca también el hecho [F'aktum ] significativo de la ciencia misma en su devenir-así-y-no-de-otro-m odo. Esa significación es lo que es.C . significado para nosotros. 161). y también de la creencia banal en la cien­ cia de la m ayoría de los marxistas. significativa para nosotros des­ de distintas perspectivas posibles y «digna de con ocerse». por ejemplo. Q fiétiene. p. aun cuando no lo sea necesariamente para nosotros com o individuos aislados. “sin pre­ supuestos”. que desconoce de sí. surge del específico dignificado cultural (de tales «suce­ sos») (D .. o qué tipo de significado tiene. sin embargo.C . p.. Esto mismo. ni siquiera un camino a la . y a lo diferencia fundamentalmente de tod o otro ávido de saber.1 8 Si esa ciencia tiene algún «sentido». sino que su determinación es condición de que haya un objeto de esa investigación» (D . 175-176). el «hecho» del significado «capitalismo». eso no puede ser fundamentado — científica­ mente^ a partir de ella misma.1 7 La ciencia establecida disciplinariamente. puro especialista de disciplina. de la realidad.1 6 El saber sobre la form a propia de nuestra ciencia posibilita a W eber la pregunta por el «sentido» de la ciencia racionalizada y especializada. claro está. Y ese misino resultado sería sólo en apariencia posible» (D .C . no es ni un camino a «D ios». en tanto vuelta «posi­ tiva». La calificación de un suceso. en tanto ella. en tantp es para nodotrod hombres. com o un fenóm eno «socioeconóm ico» no es nada objetivo que lo sujete com o tal. P or ejemplo. concluíble a partir de una investigación “sin presupuestos” de lo dado em­ píricamente.42 K a r l L o w it h podría alcanzar el intento de un conocim iento serio. sino condicionado por la dirección de nuestro interés de conocim iento que.. de que algo se vuelva digno de conocerse y de ser cuestionado. pp. Pero esa realidad humana. p or su parte. 177). «eso no es. el hecho de que W eber involucre su preferencia científica de co ­ nocer con la form a p ro p ia y la problemática histórica de nues­ tra completa vida moderna. pertenece al «espíritu» y a la falta de espíritu del «capi­ talismo». ni al «sentido verdadero».

sino su visibilidad. sino el claro y consciente hacer notar y él tom ar-en-consideración aquello que es científicamente indemostrable. Ella [la libertad] significa com o p oco una vuelta a la pura cientificidad. 2 1 3 ). entre comillas—«reposa sobre y sólo sobre el hecho de que la realidad dada es ordenada según Categorías. el ju icio científico es absolutam ente no separable de un ju icio valorativo.. sino que en nosotros aquella volu n tad de verdad ha ven id o como problem a a la concien cia? ».com o fundamento de una posible toma de dis­ tancia respecto a ellos.C . que justa­ mente los patrones externos a lo cien tífico de la valoración científica sean contemplados.. p. La línea que divide ciencia de creencia es «delgada com o un cabello» (D . L a pregunta « m etod ológ ica » de W eb er p or el valor de la ciencia es básicam ente la misma pregunta frente a la cual Nietzsche ha puesto a \a.M ax W eber y K arl M arx 43 prop ia «felicidad». com o un «socialismo» cien­ tífico.C . p. las cuales en un sentido específico son subjetivas. L o que puede y debe suceder por el fin de la «objetividad» científica no es una ilusoria minimización de la «subjetividad». W eber levanta la demanda de la así llamada libertad válorativa del juicio científico.1 9 L o que W éb er com bate en relación con esto en el marxismo. sino que presente lá subjetividad d e . sólo que am bos deben ser distinguidos uno del otro. m ucho más. Quiere. Partiendo de que «la creencia én el v alor de la verdad científica» es «producto de culturas determinadas». aunque sea científicamenté relevante. presentan la precondición de nuestro conocim iento y están ligadas a la precondición del í'iz/tfrde aquella verdad qué sólo nos püedé dar el sabér de la experiencia» (D . en verdad. 212) y . nó es que ésté sea llevado p or ideas e ideales indemos­ trables científicamente. L o que exige esa doctrina no es la extirpación de las «ideas de valor» e intereses de peso.filosofía cuando pre­ guntó por el sentido y el valor de la «verdad» — porque «¿qué sentido tendría nuestro ser-ahí \l)asein\. La así llamada «objetividad» — y W eber no habla de ella de otro m odo que de una así llamada. esto es.

C .C .] tienen orígenes “subjetivos”. para las cuales. 149). en orden a . La fa lta de actitud moral y de opinión y la “objetividad” científica no tienen la más mínima familiaridad interna» (D . eludirían la discusión cientí­ fica. realmente y en parte. 151). p.. porque en última instancia [.C . Lo último que la reflexión científica puede rendir sobre esto es «traer a la conciencia los patrones últimos que se manifiestan en el juicio de valor concreto».. p... «Contra esa mezcla. W eber caracteriza com o filosofía social a ese desvelam iento de las ideas e ideales en verdad rectores de las investigaciones científicas. que las «ideas». con unos medios dados. sean deducidas com o tales del entendi­ miento. 157). sino que lo es demasiado. a la conciencia de lo «en última línea querido» (D . [. se erigen las anteriores argumen­ taciones. que mezcla ambas. el marxismo no es sólo muy poco creíble científicamente. La autorreflexión científica. Según Weber. no en última instancia. «en parte. y así liberarlos para una clara dis­ cusión y contraposición sobre sí mismos. se discute y pelea». y con ello de que no existe ninguna «receta» para la praxis. que deja tras de sí la positividad ingenua de la disci­ plina científica. Le falta el «desprejuicio cien tífico» en relación con la dignidad del planteamiento de la objetividad científica.. Y así le atañe a Weber. no se sigue de ninguna manera «que los juicios de valor. p. universal.. La pregunta es más bien qué significa y persigue la crítica científica de los ideales y juicios de valor» (D .] La crítica no se detiene frente a los juicios de valor. entonces. supuestamen­ te. con lo cual se halla científicamente «atrapado» en sus propios juicios de valor y prejuicios. no indica qué es lo que se «debe». por medio de la crítica científica (por ejemplo de Rosch e ry Knies) y de la autoconciencia.44 K a r l L o w it h sus precon dicion es fundamentales bajo la apariencia de su validez «objetiva».. D e la afirmación básica de W eber de que las normas y los ideales vinculantes no son científicamente fundamentables. sino qué se puede consecuentemente. y no contra el interve­ nir p or los propios ideales.

y «con ­ cepciones del m undo». 39) — suspiró aliviado. «valores». La presupuesta ¿«validez «objetiva» de nuestros patrones de valor últimos. 154). haber con o­ cido que nosotros «debem os crear. sin em­ bargo. W eber. p.] puede. Mientras que Dilthey intentó. en cada caso. C om o éstos «n o» están «ahí». lo a priori de las ideas de valor norm adoras en la investigación científica singular. tan pronto com o fue demostrada. de acuerdo con su idea de la «libertad» del «hom bre»— . no sólo «renunció» también a eso. en el reconocim iento del mismo estado de c o ­ sas. más bien ese déficit surge de la forma propia de aquella época cultural cuyo desti­ no es haber com ido «del árbol del conocim iento». «en lugar del deber ser».M ax W eber y Karl M arx 45 un fin presupuesto. pero decisivas hasta en lo más particu­ lar).. así com o la falta de normas universales vinculantes. por su parte. el «sentido» del acontecer del mundo. porque el hombre es el presupuesto del especialista. entonces podría haber también «valores» de validez universal. Entonces.] .C . Una investigación así debe parecer al especialista científico ne- . o bien engañarse teóricamente a sí mismo sobre la seriedad de la situación ac­ tual. Si hubiera aún. no pertenece. «ideales». p.. y a citado. W e ­ ber llega a la tarea y a no ¿í>c¿?/í^¿M-disciplinaria sino social-/íLosófica de hacer explícito. sino que se podría decir que «suspiró aliviado. pero sobre todo nos permite saber qué es lo que verdaderamente se «quiere». no obstante. sólo hay una lucha de m uchos «dioses».. de la «anarquía en todos los más profundos convencimien­ tos». grandes comunidades reli­ giosas y «profetas». p or nosotros mismos». una vez más [ . la imposibilidad de sancionar juicios de valor de validez objetiva» (Honigsheim. porque la investiga­ ción científica es llevada a cabo por presuposiciones de tipo humano (inexplicitas.. y en la renuncia a la «filosofía catedrática metafísica».. «Sólo un sincretismo optimista [ . o bien eludir sus consecuencias prácticas» (D . de­ sarrollar valideces universales desde la «conciencia histórica» misma. a la esencia universal de L a ciencia.2 0 con iguales derechos.

P or eso.46 K a r l LO w it h cesariamente estéril. de las ideas de valor rectoras de las investigaciones científicas. de la Ln-creencia en las ideas de valor tradicionales de la investigación científica. específicamente de aquellos que obstaculizan la «liberalidad científica». En verdad digna del hom bre es para él. La creencia de la ciencia en las normas objetivas y en su fundamentabilidad científica es lo que W eber com bate fundamentalmente. L os dos tratados ejem plares sobre R osch er y Knies significan una destrucción m etódica de determinados prejuicios y juicios de valor. sino que esa vuelta al sen­ tido de la objetividad científica surge. sin embargo. en tanto contradicen . el desvelamiento minucioso de lo «en última instancia querido» o. marca en W eber el ethos de la teoría. una nada en dirección al progreso positivo-científico. El signo más universal de esas ideas de valor tradicionales es su demanda de una objetividad in-condicionada. p o r su parte. esto es. de una creencia totalmente determinada. Esa liberalidad científica. «humana». y a favor de la «liberalidad» científi­ ca. aquella conducta que a partir de lo que no «está ahí disponible» extrae sin embargo consecuencias positivas. porque «de ella» -c o m o subraya el mismo W eber— 2 1 no surge «nada». respectivamente. p o r el contrario. sino el sentido m ucho más determinante del «desencanta­ miento» en su contenido. ella demanda un retroceso filosófico al entendimiento del «sentido» posible de la objetividad y del conocim iento. aun también contra los propios pre­ juicios. para dejarse reposar después sobre ellos. no tiene sólo el fin de sindicarlas com o presupuestos dados y ple­ nos de significado. sino que. El motivo origi­ nario de esa reflexión no es la preocupación p or una «m eto­ dología» que camina sobre el vacío. El fin en verdad positivo de sus tra­ tados teórico-científicos es la deconstrucción radical de [las] «ilusiones». Esa liberalidad es «científica» en el mismo sentido en que M arx habla de una conducta «científica» com o de una «críti­ ca». con los medios de la ciencia. en verdad. y de ambas com o de la conducta. esto es.

com o si esas disquisiciones metódicas y conceptuales tomadas para s i tuviran algún significado cual­ quiera. se vuelve inseguro. por su parte. rechaza también el material que es indi­ ferente para la «libertad del nuevo pensam iento» y fun da­ menta.M ax W eber y K arl M arx 47 el hecho histórico-humano de que hoy es «cotidianeidad reli­ giosa» que la ciencia — dicho con N ietzsche—sea Un «ateísmo científico». la orientación supuestamente excluyente según el pathos dé la ética cristiana hubiera cerra­ do los ojos para ello»— . en última instancia. p o r último. Pero en algún mo­ mento cualquiera el color cambia: el significado del punto de vista. Entonces. sin ser consciente de su anclaje en esas ideas de valor en general. sin controlar conti­ nuamente el valor del conocimiento de los hechos singulares se­ gún las ideas de valor últimas. Y está bien así. com o M arx tenía claro. D e la conciencia de esa situación especial — «des­ pués de que. sino en el de nuestra orientación presente en la vida. W eber cierra su tra­ tado program ático sobre la «objetividad del conocim iento científico-social y político-social» con la defensa frente a un posible malentendido. la necesidad de esas disquisiciones. La luz de los grandes problemas culturales se ha explayado más. Éstas parten de la com ­ prensión para. positivam ente. surgen. co n interna consecuencia. a un material espe­ cífico y se haya creado sus propios principios metodológicos—la reformulación de ese material como fin en sí. de una vez. la ciencia se inclina también a . irreflexivamente valorado. en apariencia estériles. en general. del m odo siguiente: Todo trabajo científico-cultural en una época de especialización contemplará — después de que a través del planteamiento especí­ fico de problemas esté enfocado. terminar en el cuestionamiento no sólo de la ciencia y de la cultura modernas. Sin embargo. las disqui­ siciones «m etodológicas» de W eber. el sentido fundamental de su crítica especial a la filoso­ fía del derecho de H e g e ly su «m étodo». durante un siglo. el camino se pierde en el alba. Es­ te m otivo principLil de sus disquisiciones m etodológicas era tan bien con ocido por Weber.

en el presente (D. W eber ha desarrolla­ do hasta en lo más singular la demostración y el desencanta­ miento de los patrones últimos del juicio científico..] como consecuencia de fuertes desplazamientos de los «pun­ tos de vista».. p.C. Esa situación está dada indiscutiblemente. Imbricado con el volverse incierto de las posiciones y puntos de vista tradicionales cambian también los métodos y la conceptualización de la ciencia. aunque sea exactamente ese resto el que produ­ ce en él la articulación del todo. alternativamente.C. histórico-humanas. p.. o también. 218). y desde lo más alto del pensamiento mira la corriente del acontecer (D. Ese fondo que penetra en to­ dos lados es nom brado p or R oscher de diversas formas: ya sea de m odo m oderno y b iológ ico com o «fuerza de vida». y a través de ello surge la insegu­ ridad sobre la «esencia» del propio trabajo. se vuelven inevita­ bles e importantes. específicam ente aquel que R osch er no quiere de ningún m odo aclarar. para la historia. En y para sí. bajo los cuales un material se vuelve objeto de pre­ sentación.48 K a r l L O w it h cambiar su posición y su aparato conceptual. en todo lugar. las puras disquisi­ ciones m etodológicas se muestran inútiles. Las contradicciones curiosas que él señala en los trabajos de R oscher se refieren a una relación oscura entre concepto y realidad-. 214). En los análisis de R oscher del aconte­ cer histórico se conserva. pero en situa­ ciones determinadas. vueltos sin fundamento. En los tratados sobre Roscher y Knies. más específicamente cuando: [. sin capacidad de identificación y solución de problemas objetivoj. aparece la idea de que los nuevos «puntos de vista» también exigen una revisión de las formas lógicas en las cuales la «empresa» heredada se movía.. y eso significa en última instancia: a una relación oscura del hombre cogrwdcentefren te a la realidad de nuestro mundo predente. com o «pensamiento de D io s » y «de­ . un «fon do» inaclarado.

63. una «falta de presupuestos» del trabajo científico (D. Una creencia en L apredicción indeterminada-determinada fundamenta con ello. 41). de acuerdo con las propias pala- . como se nombra hoy de forma ina­ propiada. un «más alto» im­ pulso divino debe limitar el beneficio terrenal propio. Hacemos aquí no­ sotros..C.C .. la observación de que junto con ello avanza. pp. A quí se vuelve totalmente claro que la exigencia de W eber de una «liberalidad científica» (D . la expresión de ideales «claros y materia­ lizados consecuentemente». pero tam poco reduce el conocim iento de la realidad a lo humano y «empíricamente» comprobable. un proceso de sanación. 1 5 5 y 157) no se refiere tan sólo a las contradicciones y oscuridades «lógicas» (com o parece ser a menudo. La metafísica hegeliana y el dominio de la especula­ ción sobre la historia han desaparecido en él. por lo menos. de la que W eber lo extrae. no obstante.2 2 aun cuando él evite prudentemente una apelación directa al orden de D ios en la formulación. Ese m étodo se conserva tan ple­ no de contradicciones com o es en general la reunión de una investigación «liberalizada científicam ente» con una «posi­ ción religiosa». podría casi decirse.2 3 un p rod u cto de acuerdo con su personalidad «moderada. sus brillantes cons­ trucciones metafísicas fueron reemplazadas por una forma casi primitiva de superstición religiosa moderada. mediadora». Roscher constituye menos una contraposición con Hegel que una atrofia. de m odo alguno. en el m étodo de R oscher permanece un producto lleno de contradicciones. el carácter «emanatista» de las argum entaciones lógicas de Roscher. en última instancia. 56. Así.M ax W eber y Karl M arx 49 cretos sobrehumanos». Incluso en la vida científica. N o deduce hegelianamente la realidad de las «ideas». in consecu en te. un progreso en la liberalización o. p. El no es. y ese presupuesto interviene también de m odo decisivo hasta en la estructura lógica de su «econom ía estatal».

138). Junto con ello avanza un p re -co n ce p to determ inado de lo que sería «moral». penetró en todas las áreas de la investigación del trabajo cultural humano (D.. com o el último agente en el acontecer histórico y principio de su inter­ .50 K a r l L o w it h bras de W eber). lo concreto. y ésta es connotada otra vez co­ mo una falta de contradicción. también Knies choca en todo lugar con un «fondo oscu­ ro». Ahí se muestra inmediatamente que [. p. La unidad formal de la personalidad se transforma subrepticiamente en él en una unidad orgánica-naturalística. en Alemania preeminentemente bajo la influen­ cia de la escuela jurídica histórica.C .. Después.C. la cual.] también Knies está en el círculo de aquella doctrina del derecho natural «orgánico». Gomo le sucediera antes a R os­ cher. se muestra com o resultado. 39). pero decisivo para. también en la crítica a Knies W eber deja claro sobre qué bases filosóficas principiales descansa su «concepto de libertad» y qué consecuencias tiene esto para su efectividad en la lógica y en la metódica de la ciencia económica. dada objetivamente. com o el puritanismo. con algo así com o una fuerza de vida unificada. Otra vez algo muy abstracto. esto es. han mostrado un tipo de hombre que encierra exactamente aquella imagen ética «plena de contradicciones».. dado que — en oposición con la interpretación de là historia religiosa dé R oscher— es expresión d e una con cep ción de la vida pura­ mente terrenal. p. aun cuando — com o señala W eber—m uchos poderes culturales. W eber comienza con la pregunta de qué concepto de personalidad se combina con el concepto de libertad de Knies. es lo que caracteriza su méto­ do «em pírico» (D . Análogo a lo analizado en los escritos de Roscher. por ejemplo. orientada a lo «cotidiano».. históricamente utilizada. sino al hecho de que el proceso científico y lógico tiene el «valor» de la claridad y la liberalidad. La liberalidad de lo no atrapado en ideales trascendentales. que Knies presupone la perso­ nalidad com o ima «sustancia» individual.

tampoco un mero «apara­ to conceptual» lógico. con liberalidad científica. Una con la realidad. su punto de vista tradicional. en lo que es «una decoloración de la creencia pietista de R oscher de que las “almas” de los singulares. desviada a lo antropológico-biológico. la relación entre «concepto y realidad». También Knies está todavía bajo la influencia del epígono de la metafísica histórica hegeliana. en consecuencia. 143). «en el espíritu del rom anticism o». Éste. sino el método fundamental y. y tampoco él logra aclarar. se vuelve aprehensible en el carácter «emanatista» de sus conceptos fundamenta­ les. p or su parte. la cual se presenta. Colectivo real y término genérico se desplazan en él el uno en el otro. sino que Knies es oscuro científi­ camente. com o las de los pueblos. se originan directamente en la m ano de D io s» (D . p. así y no de otro m odo.C . sustancm l-m etafüicam ente. con él. vuelta absolutamente terre­ nal y objetivamente sin sentido. se fundan de nuevo en lo que Dilthey ha caracterizado com o un resto de una posición metafísica del hombre respecto a la realidad. mientras que y en tanto él no está todavía orientado te­ rrenalmente de forma decidida. sino que esa «lógica» emanatista misma es la consecuencia de presupuestos universai-metafísicos u ontológicos que. se transforma también la con ­ ceptualización emanatista en una «construcción» típica-ideal. a través de ese m étodo y en cada concepto.2 5 Lo que W eber demuestra tácticamente no es una pura oscuridad científica. Lo que cambia en W eber con el sacrificio radical de la conceptualización emanatista de Rosch e ry Knies no es.2 4 Lo que él no «consigue» no descansa tam poco aquí en un puro error «científico» o en una carencia de agudeza «lógica». el concepto patrón de realidad murria. simultánemente. y desaparecen todas las definiciones «sustanciales» de la «for­ m ación» \Gebilde\ social.. El carácter de constructo y el tinte «nominalista» de los conceptos m etodológicos fundamentales de W eber y su completo m odo de cientificidad no proceden de . Los individuos y pueblos son presupuestos.M ax W eber y K arl M arx 51 pretación.

es un «instituto» racional. el Estado moderno en el que estamos ubicados. esto es. por lo tanto. Estado e In­ dividuo no pueden ser y a vistos e interpretados com o sustan­ cias unificadas con trasfondos profundos — pero no porque esto sería absolutamente no científico. de alguna forma. está urgido a producir el sentido objetivo y la articulación de sentido. com o modelo. a producir prime­ ro la relación con una realidad com o la «suya» y a «crear» el sentido. com o personas singulares pri­ vadas. y que.52 K a r l L o w it h una condición inmediata de la ciencia.2 6 en tanto él mis­ mo. sino porque una concepción tal estaría atrapada en prejuicios e ideales trascendentes. práctico y teorético. ese carácter es refutable de la mano de los «fenóm enos» (por­ que eso presupondría que los fenómenos fueran interpelables a través de un «logos»). Pueblo. una «fábrica» [BetrUh] — dicho con Hegel: el «Estado del entendimiento» de la sociedad burguesa. dich o con M arx: una «universalidad abstracta» sobre los individuos.2 8 . Es un malentendido del especialista científico consigo mismo cuando W eber (en oposición a Spann ) 2 7afirma el signi­ ficado puramente «m etodológico» de su definición «individua­ lista» y «racional» y. en unidad con su referencia valorativa. el cual fue retrotraído hacia sí mismo por un mundo vuelto o b ­ jetivamente sin sentido y sobrio y. defacto. P or lo tanto. p or eso. Tam poco. esto es. agregamos. la definición ejemplar de W eber del Estado a partir de la «posibilidad» de que «determina­ das formas del hacer social (específicam ente de hom bres singulares) se produzcan» es sólo com prensible — com pleta­ mente com prensible—a partir de que subyace a ella. discute su contenido. por ejemplo. La «construcción» típica-ideal tiene com o fundamento un hombre específico «sin ilusiones». una «realidad» estatal muy determinada. sino que él también es una expresión consecuente de una posición completamente determinada del hombre respecto a la realidad. subrayadamen­ te «realista». y el mundo en el que nosotros «estamos ubicados» no legitima y a ta­ les prejuicios— Así.

nota 2.C . y a que a las objetividades de cualquier tipo. esto es. a través del cual él se desencantó y se opacó.). real y con derecho a la existencia. pp. «trascendentes» en un sentido amplio. que solamente el «individuo» es hoy de forma verosímil. la cursiva es nuestra. pertenece tam bién la creen cia — com partida por el marxismo—en el «desarrollo» y el «progreso» objetivos (D . en oposición. Compárese con pp. es decir. no puede otorgárseles ya un significado autónomo.). y no basándonos en las oportunida­ des de su «existencia».. En su «luz» se pone ahora la «realidad». La medida con la cual W eber juzga este hecho histórico de la racionalización es su aparente contraposición. 56. 203 y ss. Según Weber. que cruzan el sobrio día a día de un m undo desencantado.. un “sentido” terrenal y no obdtante objetivo» (D . religiosamente vaciado. 33. sólo es real el hom bre singular puesto sobre sí. Si el Estado fuera. y el hilo conductor para la interpretación de ese m undo vuelto sobrio es el proceso de racionalización.M ax W eber y Karl M arx 53 M ás aún. 61 y ss. La liberalidad científica de W eber se exterioriza también aquí com o un no-estar-atrapado en pre­ juicios trcufcendented. sin embargo. empero. realmente todavía una «res pública» y el hombre co­ mo taL un miembro de la ciudad y del Estado y n o en primera línea una persona privada sólo responsable p or sí. com o consecuencia de su de­ sencantam iento (a través de la racionalización). esta necesidad es una inconsecuencia frente a lo terreno. la liber­ . exactamente lo mismo que W eber demostró en R osch e ry Knies vale también para él: esto es. que las últimas «presuposiciones» de la concepción del mundo abarcan aún la estructura «lógica». La última presuposición de las definicio­ nes «individualistas» de W eber de las así llamadas «form acio­ nes» sociales es. la Liber­ tad del individuo puesto sobre sí y responsable de sí. A esos prejuicios. p. entonces sí tendría sentido interpretar también al Estado midmo sustan­ cial y «universalmente». Ésta se postula com o necesaria «cuando surge la necesidad» de otorgar «al acontecer del destino de la humanidad.C .

la adquisición de dinero específica­ mente racionalizaba.2 9 que funcionan a través de la racionalización. por su parte. la adquisición de dinero con el fin de mantener una vida económicamente segura parece racional y entendible. La ciencia como vocación La forma propia de la realidad que nos rodea. La problemática específica de nuestra realidad. el con cepto contra­ puesto a la interpretación marxista del mismo fenómeno. en aparente contradicción con lo dicho hasta aquí. La «racionalidad» como la expresión problemática del mundo moderno El destino 7)e nuestro tiempo — y con él de su propia ra­ cionalización e intelectualización. del de­ sencantamiento del mundo— es quejustamente los va­ lores últimos y más sublimes se hayan retirado de la escena pública.54 K a r l L o w it h tad del «héroe humano» en relación con el sobre-poder de los «órdenes». «adm inistraciones». sobre todo. en contraposición. es específicamente irracional. Así. Sin embar­ go. fue establecida com o el tema originario y comple­ to de las investigaciones de Weber. bajo el hilo conductor de la alienación de sí. Esta tesis se debe desarrollar más por m edio del análisis del sentido originario y abarcador de la «racionalización» que es. Ese . W eber intentó hacer comprensible el proceso general de la racionali­ zación de nuestra completa vida. «organ izacio­ nes» e «instituciones» de la vida m oderna. a su vez. «em presas». con el fin de la adquisición misma — «pensa­ da así com o puro fin en sí»— . en la cual estamos posicionados. II. es resumida por él bajo el rótulo de «racionalidad». porque la racionalidad que surge de él es algo específicamente irracional e incomprensible. pero. por ejemplo. Com o el motivo último de sus disquisiciones «científicas» se revela la tendencia hacia lo terre­ no.

Se trata— dice ahí— . nota 1).M ax W eber y Karl M arx 55 hecho. se desarrolló ya . El capitalismo pudo volverse. un poder «pleno de destino» de la vida humana sólo porque él. y a citado. tan elemental com o decisivo. otra cosa que una aportación a la misma sociología del racionalism o (Endayod dobre dociolo­ gía de la religión. I. p. de una racionalización «hacia Una manera de conducir la vida irracional». para W eber. en correspondencia con ello. esto es. en su significado tanto universal com o fundamental. I. y n o en última instan­ cia también de sus escritos políticod. 157). Aquélla significa. Sólo por eso — pero no ya en sí misma— la racio­ nalización es un fenómeno específicamente digno de conocerse y de cuestionarse. históricomundial y antropológico.3 0 En explícita diferencia y en su­ puesta oposición al análisis «económ ico» marxista. lo propio del análisis relig ioso-sociológ ico del capitalismo de W eber consiste en que éste no contempla al capitalismo com o un p o ­ der vuelto autónom o de las «relaciones de p rod u cción » so­ ciales. con la necesidad del destino. el carácter fundamental del m odo de conducir la vida o c c i­ dental en general y nuestro «destino» — aun cuando uno pue­ de com portarse de m od o tan diferente frente a ese destino com o W eber y M a rx y. para él. I. sino básicamente de su siste­ ma entero» (Freyer. y no uno entre otros. de los medios y de las fuerzas de producción. fue demostrado por W eber expresamente en la refutación de una crítica de Brentano (Endayod dobre sociología de la religión. p. también puede interpretarlo de m odo diferente. para en­ tenderlo desde allí tod o de form a ideológica. y a sea religiodo-socio­ lógico o social -económ ico. cree irracionalidades. El fenóm eno de la racionalización es «la línea rectora m ayor n o sólo de su sociología de la reli­ gión y su doctrina de la ciencia. p or su parte. 35. 537). p. El intento religioso-sociológico no quiere ser. «en los he­ chos». en última instancia. El hecho de la racionalización fue demostrado por W eber en el «prefacio» a los Ensayos sobre dociología de la religión. que precisamente cada racionalización radical.

com o un ethod occidental. La «racionalidad». pp. «racio­ nalmente». es poco interpelable com o el ori­ gen autónomo de la racionalidad. en resumen. pede a su p roce­ dimiento científico disciplinario (a la manera de una imputa­ ción reversible. sino que ambas se dan forma. sino que. el capitalismo como tal. establecida co m o hilo rector del entendi­ miento. en su significado preeminentemente económico. «ahí ch ocó el desarrollo de una conducción de la vi­ da. com o «patrón». Por el contrario. se erija en un poder dominante de la vida. Los poderes religiosos y las «representaciones éti­ . I. 30-34). con fuertes resistencias internas». La for­ ma de la economía no es ni un fluido inmediato salido de una creencia determinada. no se diluye en ser racionalidad de algo. sobre la base de una racionalidad universal del m odo de conducir la vida.56 K a r l L o w it h en los caminos de un «m odo racional de conducir la vida». racionalidad de un campo específico (el cual. en un sentido económ ico. M ás aún. esa ra­ cionalidad es entendida p o r W e b e r co m o una totalidad originaria. I. 239) se manifiesta tanto en el «espíritu» del capitalismo — bu rg u és. p. causal. ni ésta es un fluido «emanatista» de una econom ía «sustancial». una racionalidad de la conducción de la vida — en su origen. com o la totalidad de una «form a de m ode­ lar económ icam ente» y de «condu cir la vida» condicionada en múltiples maneras pero particular. en su vitalidad reli­ giosa y económica. religiosamente m o­ tivada—es la que ha dejado también que el capitalismo. de «factores» determinados). Ese etbod direccionante (Endayod dobre dociología de la religión. se dan forma. A m ­ bos.com o en el del protestantismo — bu r­ gués— (Endayod dobre dociología de la religión. concreta y retroactivamente. esto es. p o r el contrario. D onde. en la marcha de esa totalidad directora y la impregnan otra vez. religión y econom ía. se extiende sobre los otros cam pos de la vida). la tendencia «hacia maneras deter­ minadas de conducción de la vida práctico-racion ales» estuvo ausente. también económicamente racional.

una «carcasa fuerte com o el acero» de «servidum bre» \Horigkeii\. tanto com o la vida jurídi­ ca. estatal. En el tratado sobre K nies y el problema de la irracionalidad. Y es entonces cuando W eber pregunta p or la articula­ ción interna de la «ética» protestante con el «espíritu» del ca­ pitalismo. para él. Y «no obstante» (con un tal «no obstante» cierra W eber también la conferencia La política como vocación). Lo que produce esa racionalización universal de la vida es un sistema de dependencia total. W eber llega a postular la pregunta por la así llamada libertad de la voluntad en la investigación histórica: Se encuentra ahí siempre de nuevo lo «incalculable» del actuar personal. ancladas en la creencia en ellos. un inevitable estar-inserto de cada uno en la «fábrica» en cada caso específica — de la economía o tam­ bién de la ciencia— . en principio sólo for­ mulada com o tesis. Ambas reposan sobre un «espíritu» general o ethos. pertenecieron en el pasado3 1— en una «medida h oy casi incomprensible para nosotros»—a los elementos formadores de la conducción de la vida. Esa articulación de racionalidad y libertad. esa racionalidad es justamente. Ese espíritu universal de la «racionalidad» dom ina en la misma medida el arte3 2y la ciencia.” una «aparatización» general del hombre. cuyo portador socialmente des­ tacado es la burguesía occidental. como dignidad específica del hombre y por tanto de la historia. órdenes. organizaciones e instituciones racionalizadas de la vida m o­ derna: él combate su demanda de realidad metafísica y la uti­ liza com o medios para el fin. el lugar de la libertad.M ax W eber y K arl M arx 57 cas del deber». social y económ ica del mundo humano moderno. debe ser extraída inmediatamente en sus investigaciones teoréticas del impulso interno de la conducta práctica de W eber hacia todas las administraciones. en tanto el significado «creador» de la . que sería tomado — ya sea directa o veladamente—como consecuencia de la libertad. La «afinidad electiva interna» de ambos es la de la convicción económ ica y la de la creencia.

3 4 L o que quiere mostrar. aunque siempre olvida­ da u oscurecida. esto es. según la subjetividad de la toma de posición frente a un hecho. p.C.L. en las explicaciones si­ guientes (W .C. no obstaculizadas por presión «externa» o por «afee- . y en este sentido la proyección. 64). cada exteriorización que hacemos nosotros en relación con los otros. cada ley punitiva. en cada perspecti­ va y en todo. cuanto más según las «propias» eva­ luaciones. la con du cta humana es tanto más /«calculable. En verdad. de que esa libertad «creadora». 46). W eber ironiza sobre la devoción de Treitschke y M einecke frente au n así llamado «resto» irra­ cional. es tanto más imprevisi­ ble.. no es una característica objetivamen­ te dada y distinguible de él. sino algo que sólo puede ser observado según un «juicio de valor». cuanto menos un hombre tenga en sus manos la libertad para el propio hacer y permitir: Cuanto «más libre». a una «santidad» internay al «acertijo» de la personali­ dad libre. la ley. p. «cuenta» con la en­ trada de determinados efectos en la «psique» de aquellos a los cuales se dirige. La incalculabilidad. sería en sí una marca del actuar humano libre (en contraposición con la calculabilidad de los sucesos en la naturaleza). una valoración deter­ minada. «en él». cuanto menod libre es el hacer.58 K a r l L o w it h personalidad que actúa es situado como lo opuesto de la causali­ dad mecanicista del acontecer natural (D. no es precisamente la no libertad del individuo. y con ella la irracionalidad. por ejemplo. no con una absoluta claridad. sino la «obviedad trivial». la exteriorización concreta quieren servir (D. del clima puede ser más insegura que la capacidad de prever la conducta humana: Cada orden militar. preferente­ mente atribuida al hombre.. en suma. Esto es. En la nota correspondiente. a los cuales la orden. pero sí con una que es suficiente para loé fines. insignificante. 64). p.

]. el cual.M ax W eber y Karl M arx 59 tos» irrefrenables. si es posible. Al revés.. 132-133. precisamente a través de aquellos elementos irracio­ nales de nuestro hacer o bien [. o bien no con-determinados de forma inmanente en nuestro «que­ rer» (D.] «necesitados» [nezejjitiert]. pp. compárese conpp. el cual encuentra su «esencia» en la constancia de su relación interna hacia determinados «valores» y significa­ dos de vida últimos. La contradicción de sentido de este último co­ mienzo ya es asible en la vivencia inmediata: nosotros nos «sentimos».] entonces su análisis racional [. Y tanto más desaparece entonces aquel vuelco romántico-naturalista del pensamiento de la «personalidad»... y el cual ima­ gina. Y aún más claramente aparece este tema en la contraposición con E. se postula la «resolución» del actuante. es claramente reconocible. empero.]. en contrapo­ sición. esto es..C. Porque ese romanticismo es lo que está tras el «acertijo de la personalidad». sino que cuanto «más li­ bre»... indecididamente vegetativo de la vida personal. es el privilegio del loco. esto es.. en aquella «irracionalidad» [. 6 9 y 137). en el sentido en que Treitschke oportunamente y muchos otros hablan a menudo. nosotros acompañamos con el más alto grado de «sen­ timiento de libertad» empírico.. y más perfecto resultaría [. sea idéntica con la «irracio­ nalidad» del hacer [. en contraposición. cuan­ to menod porta «en sí» el carácter del «acontecer natural».. como sea que se la entienda. tanto más entra en validez finalmente también aquel concepto de la «personalidad». precisamente . Meyer: Lo errado. de la suposición de que una «libertad» del querer.. en el sentido de este discurso. es el «actuar». busca la verdadera santidad de lo personal en lo subte­ rráneo oscuro. la «libertad de la voluntad» en aquellas regio­ nes naturales. igual de grande — pero no más grande—que la de aquellas «fuerzas naturales ciegas».. más sin resto se ordena la motivación ceter'u paribuá según las catego­ rías de «fin» y «medio». los cuales se validan en su hacer con arreglo a fines y se materializan así en un actuar teleológico-racional. La «incalculabilidad» específica.] que comparte la «perso­ na» con el animal. Y no sólo eso.

tan­ to más firme está ligado. de acuerdo con la medi­ da de nuestro conocimiento [. El tiene la elección entre la destrucción económica o el seguir . esto es...C. tanto más racional con arreglo al fin actúa y. esto es. según evaluaciones. bajo ausencia de «presión» psíquica o física [. se revela. en el caso de la falta de m edios). actuar en la com pensación racional de los medios dados respecto al fin presupuesto y en tanto lógica \folgerichtig\ o «consecuentem ente». el que actúa empíricamente «libre».. a través de que es una libertad en tanto racionalidad3 5 teleológica·. bajo determinadas circunstancias. persigue un fin privilegiado a partir de valores últimos o «significados» de vida. con ello. tanto más predispuesto está ese ac­ tuar.. 226). en co ­ rrespondencia.. en libre evaluación de los medios ade­ cuados para ello. está ligado teleológicamente a los medios desiguales [. también. acordes al fin (o respectivamente.. actuar de acuerdo con fines..] — según la medida de su situación objetiva—para alcanzar sus fines. esto es. La racionalidad se une entonces con la libertad del actuar. la libertad del hacer. A c ­ tuar com o persona libre significa. o al tasador de bol­ sa. com o una rela­ ción constante del hombre respecto a los valores últimos. Precisamente. una con la racionalidad.60 K a r l L o w it h aquellas acciones que somos conscientes de haber llevado a cabo racionalmente. tanto más comprensiblemente — em pero— . esto es. el hacer libre a la adquisición de m edios totalmente determinados. En la evaluación calculada de las oportunidades y consecuencias del hacer orientado a fines. condicionadas en cada caso por los medios dados. En ese hacer racional con arreglo a fines se impregna concretam ente la «personalidad». a dejar caer el fin.]. en las cuales perseguimos un «fin» claramente consciente a través de sus «medios» más adecuados. p. La creencia en la «libertad de su voluntad» ayuda real­ mente poco al fabricante en la competencia.] (D. Cuanto más libre el hombre evalúa y calcula lo requerido (los medios) para al­ go (un fin).

a los m edios en cada caso dados. A diferencia de la «ética de la convicción». y al fin mismo. em pero. caracteriza ni más ni m enos la responsabilidad del actuar humano. se decide tam­ . en el perseguir sus fines últimos. a la que W eber caracteriza c o ­ mo una ética de la conducta «irracional» por su indiferencia respecto a las «consecuencias» (ésta es orientada. Las «leyes» de la economía nacional teorética. entonces nosotros considerare­ mos eventualmente como explicación [. 133). 442 y ss.. se­ gún lo empírico (D. en com pa­ ración con la conducta racional con arreglo a fines. puesto a sí mismo. La evaluación racional de los medios dados en relación con el fin. Ésta es una ética «relativa». p. en perspectiva con respecto a las oportunidades y consecuencias de su consecución.. la interna «consecuencia y por tanto ( !) la honra­ dez» de nuestra conducta plena de fines — teoréticos o tam­ bién prácticos— . convierte a la racionalidad de la responsabilidad misma en un ethos determinado. constituye la responsabilidad del hacer li­ bre y racional. en cada sentido posible de la palabra. Si no las si­ gue. Ésta posibilita. según los medios dados (Escritos políticos com­ pletos. que el alcance de «buenos» fines puede estar ligado a la utili­ zación de medios dudosos).. La ciencia racional provee. pero no de los fines— (D . mediado p or la evaluación de los medios. pp. porque está relacionada con el co n o ci­ miento de las oportunidades de la consecución de sus fines. Junto con la deci­ sión en favor de la ética de la responsabilidad. La «tensión» ética entre medios y fin (esto es. La libertad de ligarse.). en cada caso. presuponen necesariamente la conservación de la «li­ bertad de la voluntad». para su desventaja obvia. «racional­ mente con arreglo a valores»). pero no «absoluta». con las oportunidades y consecuen­ cias del actuar. y 447 y ss. con ello..M ax W eber y Karl M arx 61 máximas muy específicas de la conducta económica.C .C. 150 y 549). la ética de la responsabilidad «cuenta».] que le faltó la «fuerza de voluntad». pre­ cisamente. pp. el conocimiento de los m edios — y sólo de los medios.

de la afectiva y de la tradicional (Economía y sociedad. su racion alidad con arreglo a fines. en sen­ tido literal. de la racional con arreglo a valores. p. La entiende específicamente a partir de su inver­ sión. y aquí está decidida. se autonomiza lo mediado \Mittelbare\ hacia lo prop io del fin \Zweckhaften\ y pierde. a partir de aquella relación de me­ dios y fin . orientada en el inicio al hombre y a sus necesida­ des.3 7 La razón ver­ dadera y primaria para la preferencia clara de W eber del es­ quema «racional con arreglo a fines» no es que permita una alta medida de entendimiento constructivo del actuar humano. con ello. la identidad en la conceptualización y la di­ . en el ethos de la res­ ponsabilidad.62 K a r l L o w it h bién en favor de la racionalidad\ com o racionalidad de medios a fines.). sino que el m otivo de su privilegio es la responsabilidad espe­ cífica misma del actuar racional con arreglo a fines. la cual se forma en el proceso de la racionalización y que es el verdadero motivo de su investigación. cuyas administraciones. a la idea de «hom bre» de W e­ ber (véase el apartado III). a la vez. W eber expresa que aquí reside el problem a cultu­ ral real de la racionalización hacia lo irracional. Esa inversión caracteriza a la completa cultura moderna. debe. p o r su parte. esto es. fundamental para el concepto de la racionalidad y de la libertad. A través de que aquello que originariamente sólo era un mero medio -e n relación con un fin pleno de valor—se vuelve un fin mismo o un fin en sí. direccionarse y comportarse de acuerdo con lo que nació de sí misma. la paridad teo­ rética en el «sistema» de la conducta racional con arreglo a fi­ nes. En tanto la racionalidad se ancla. II y ss. su «sen tido» o fin originario. de la cual originariamente surgen esas adm inistraciones. Pero W eber entiende la verdadera irracionalidad. instituciones y fábricas están tan «ra­ cionalizadas» que son Las que involucran y determinan al hombre. La conducta humana. sólo en apariencia. que se ha adaptado a ellas com o una «carcasa inflexi­ ble». com o tal. II. remite. de esa manera.3 6 A esto contradice.

Esa inver­ sión produ ce la «irracionalidad» sin sentido de las «relacio­ nes» autónomas y con poder propio que dominan ahora sobre la conducta humana. el producto producido (de cada trabajo) so­ bre el productor. com o la ha llam ado Simmel— 3 8 se muestra naturalmente del m od o más fuerte cuando se da precisam ente en aquella conducta que. p. Esa perversión económ ica sig­ nifica. del m odo más notable. quiere ser una de tipo específicamente ra­ cional: en la conducta económica-racional. Precisamente aquí se muestra. según su objetivo. también para M arx. La fórm ula económ ica-m arxista para esa in­ versión es: M -D -M : D -M -D . 502). la cual es una ad­ mirable conmemoración. empero. Esa inver­ sión pa ra d ójica — esa «tragedia de la cultura». humana­ . con necesidad propia del destino. que consiste en que la «cosa» domina sobre el «hombre». con arreglo a fines pura. el propio poder irracional de la organización. En la conferencia de 1918 sobre «socialismo» (Articulad completos de sociología y política social. para la situación política de enton­ ces. una conducta supuestamente en sí racional. tras la presentación de la así llamada «separación» del trabajador (también del «intelectual») de los medios de trabajo: «Todo lo que el docialidmo concibe com o “dominio de las cosas sobre los hom bres” debe dignificar de los medios sobre el fin (la satisfac­ ción de las necesidades)» (la cursiva es nuestra). y cóm o se invierte. El com pleto tra­ bajo teórico y práctico de M arx trata de la aclaración y de la destrucción de esa situación general. dice. La m inuciosay total organización racio­ nal de las relaciones de vida produce. la form a económ ica de una inversión general. el de W eber pretende sólo su comprendión. que se define a través de su actividad objetiva. Su expresión inmediatamente humana es la cosificación y especialización del hombre mismo: el especialis­ ta.M ax W eber y Karl M arx 63 ferencia en el juicio de esa problemática p or parte de W eber y Marx. a partir de sí misma. se in­ vierte en su propio contrario. resumiendo. del logro del M anifiesto comunista. que en el proceso de su racio­ nalización.

P or ejemplo. la separación entre cosa y persona. en que justo la inclusión ineludible en el carácter de empresa racional de todas las administraciones modernas se vuelve el lugar del posible ser s í mismo. pero las afirmó. de cualquier tipo. la con cepción económ ica del estrato burgués de la sociedad. precisamen­ te la com prensión de la subjetividad de nuestra postulación última del fin y del valor y de nuestras decisiones debía ga­ rantizar la objetividad y austeridad del pensamiento científico y del hacer político. en medio de y contra la creciente de­ pendencia del mundo político y económ ico. para el cual todo lo demás es «medio» para «sus» fines. 35 y ss. sin embargo. 54. ética de la responsabilidad y ética de la convicción. a n o el hombre. Todas las diferen­ cias rigurosas que trazó en la teoría de la ciencia y en la con ­ ducta práctica. en un doble sentido. com o el hom bre típico de la ép oca racionalizada — uno con la empresa especializada. «particular». C om o consecuencia de ello. 62). Por otro lado. tanto para M arx com o para Weber. y la carcasa de «servi­ dum bre» el ú n ico espacio de ju ego de aquella «libertad de movimiento» que buscaba Weber. bá­ sicamente.64 K a r l L o w it h mente parcelizada. la presuposición de que el fin originario y autóno­ mo. El negó a todas las adm inistraciones actuales aquel sustancial valor propio.. com o el medio da­ do para un fin libre de ser elegido. y al cual tam bién W eber con cib e. funcionariado y elite. com o hombre y político. es. conocimiento objetivo y valoración subjetiva. La antinomia de la ciencia política de W eber consiste. en sus orígenes aún religiosa. la posición de W eber se volvió una firme oposición y una defensa única del individuo autónomo. . I. el fin último de todas las administraciones humanas no son ellas. pp. La medida implícita con respecto a la cual es interpretada la irracionalidad de lo racionalizado {Ensayos sobre sociología de la religión. sur­ gen de la una y fundamental oposición entre libertad y racio­ nalización.

de m odo que lo que primero era un medio indi­ recto para fines religiosos ahora sirve a otros fines. sino sólo a partir de que la forma de la economía se autonomiza tanto que ésta — a pesar de toda racionalidad externa—no tiene ya ninguna relación clara con las necesidades de los hombres. la adquisición de dinero ejercida com o puro fin en sí es algo absolutamente irracional frente a la «felicidad» y el «beneficio» del individuo. com o hace Weber. «visto desde la posición de la felicidad per­ sonal». bajo la precondición de que lo «racional» sea la autonomía y el propio poder del hom bre — y a sea que su humanidad sea determinada. es consecuencia in­ directa de que él intenta m ostrar reiteradamente que.3 9 Por otro lado. Entonces el sobre-poder y propio poder de las re­ laciones de vida. com o M arx. ni que lo sería para su propia mirada! El «noso­ tros» diríamos significa aquí un «se» diría. a la vez. con su actividad incansable. profanos. respecto a la individualidad de su autoresponsabilidad. com o tales. la única m otivación ade­ cuada que expresa. p or ejemplo. devenidas en relaciones de cosas autonomizadas. en los hechos. ¡pero en ningún lugar afirma que sería sin sentido también para la «percepción neutral» de esa inversión «sin sentido» de. se hace también evidente que el pro- .M ax W eber y Karl M arx 65 esto es. «irracional»— . Que el punto de vista de W eber para la interpretación de la humanidad del hombre — respecto al cual se mide toda irra­ cionalidad—no sea la «felicidad» terrena. porque es obvio que las propias simpatías de W eber están con aquellos purita­ nos para los cuales el oficio y el «negocio». «com o diríamos nosotros. la situa­ ción natural». y esto — dice W eber—sería. en el horizonte de su existencia social o medida. motivada por necesidades determinadas del hombre. es lo que es — o sea. se ha vuelto «algo inextirpable de la vida». se vuelve «irracional» no a través de que se transforme en una economía profana por medio del vaciamiento de sus conteni­ dos religiosos. lo tan irracional de ese m odo de conducir la vida.

cuando ese exponente de un m undo «ra­ cionalizado» recorre nuestra vida com o un m ero «fantasma» de contenidos antes religiosos y nadie sabe todavía «quién vi­ virá en el futuro en aquella carcasa»/0 debem os preguntarnos cóm o se posiciona el mismo W eber respecto al hecho irracional de la racionalización universal. y se r e c o n o c e /2no obstante. con toda la pasión de su personalidad. análogo al destino?^1 ¿Por qué cuestiona. los resultados espécíficos del m undo moderno y lo com pletam ente cuestionable de esos resultados)? ¿N o afirm a y niega Weber. com o «especialista»y científico? ¿C óm o pudo. de la forma más aguda. posicionarse conscientem ente e n ese m undo y ser el . sociales. sino el de uno absolutamente secularizado. contra esa «autoalienación » universal del hom bre? ¿P o r qué n o caracteriza él al «mismo» fenómeno. la «seguridad» y lá «especialización» de la vida moderna en todas sus instituciones políticas.66 K a r l L o w it h prio ethos de W eber no era y a el de un puritano creyente. cuya expresión humana es la humanidad del oficio y la especialidad. com o M arx. a la vez. en un continuo. com o un «materialismo de­ pravado» de la enajenación dé sí. 204) de la actividad. Cuando el pensamiento del deber del oficio. ni la afirma com o un estadio en el p rogreso de la hum anidad. N os preguntam os entonces: ¿P or qué nó lucha él. desde la pri­ mera oración de los Ensayos sobre sociología de la religión hasta su última conferencia — La ciencia como vocación—com o «hijo de su tiempo». Evidentemente. que está explícitamente también tras la «exigencia del día» de W eber. aunque no el de aquel que podría haberse satisfecho con la renuncia al «sentido» y a la «interpretación» (véase Ensayos sobre sociología de la religión. ese proceso de la racionali­ zación. sino que se conform a con designarlo con el concepto científicamente neutro y doble en su posible valoración de la «racionalidad» (doble porque ex­ presa. aquel «orden» planificado. él no la niega desde la posición de la felicidad com o una «no humánidad». p. a la manera marxista. en suma. econ ó­ micas y científicas. I. com o M arx.

la división a partir de la cual se debe ver la unidad interna de eda conducta dividida respecto a la «realidad que nos rodea». com o la «irracionalidad ética del mundo». ni bueno». a lo que él caracteriza. 203). en la analogía. entonces no habría ningún «pro­ blema» para la política com o vocación. Si pudiera surgir sólo lo bueno de lo bueno. ni sagrado. en otro párrafo. en los hechos. en la cual estamos «ubicados».M ax W eber y Karl M arx 67 portavoz de aquel «diablo» de la racionalización intelectual y de las «flores del mal»? ¿ O es que W eber había revelado. hasta que se haya consum ido el último céntim o de com bustible fósil». Pero ¿qué son enton­ ces las «flores» del mal.4 4 Esa libertad sólo puede estar en acuerdo interno con la racionalidad cuando no es una libertad respecto a ese mundo ra­ cionalizado. sobre la base de la racionalización de nues­ tro m undo? . pre­ cisamente con esa cita de les fLeurd du mal. que no es soportada p or el puro «ético de la convicción». La unidad de esa separación es la relación y a demostrada antes de la racionalidad y la libertad. si ésto es la «racionalidad»? A quí pa­ rece abrirse. p. y entonces él se refiere a pruebas bíblicas — y a N ietzsche— . P ero ¿de qué tipo es esa libertad interna a l mundo.Y sería una «sabiduría cotidiana» «que algo puede ser verdade­ ro. de la racionalidad irracional de nuestro m undo?4 3 «Así lo sabemos hoy de nuevo: que algo puede ser sagrado. con irresistible coerción. el secreto de su p o ­ sición frente a todo y cada cosa. el misterio de la racionalidad irracional de nuestra posición frente a todo y cada cosa y. sino porque y en tanto no es bello». y lo malo se siguiera de lo malo. sino una libertad en medio de aquella «carcasa fuerte com o el acero». aunque y porque no es bello. la cual «determ in ay tal vez determ i­ ne en el futuro. no sólo aunque no sea bello. incluso al que no es inmediatamente trabajador (Endayod dobre dociología de la religión.

com o fuera del Estado. La racionalidad cómo condición de la responsabilidad de sí libre del singular en medio de la servidumbre general Ed completamente correcto. La política como vocación Q ue el sentido positivo de la racionalidad. inmediatamente después de las oraciones proféticas citadas en la nota 39). diño tanibién — en un dentido muy moderado de la palabra—un héroe. en particular del apartado II de Par­ lamento y gobierno4 5y de un debate.» Esa si­ . no surge de las investigaciones puramente históricas — según el objetivo—de los Ensayod dobre dociología de la religión (W eber se detiene aquí. Tanto en el Estado. la verdadera “exigencia del día”. «Esto era la y a conocida de antes. sino de sus escritos políticos. humanas. portada en conjunto p or las universidades.4 6A m bos textos combaten la racionalización en sus formas políticas de la burocratizacióny la estatalización. Ese proceso se extende­ ría también a la form a de vida del ejército y del Estado. y toda la experiencia histórica lo confirma. Pero el que lo puede hacer. com o por sus estudiantes. la de las escuelas técnicas científicas y la de las universidades. esto es. tanto com o a la de la fábrica. que no de hubiera alcanza­ do lo podible cuando no de hubiera edtado atra­ pado constantemente en el mundo por lo impodible. interesadas en la asistencia. es su aparente opuesto. aquél debe der un líder y no dólo edo. W eber explica que la guerra mun­ dial representaría un progreso en el proceso de la racipnalización universal. de la organización racional calcula­ da.68 K a r l L o w it h III. especializada-burocrática de todas las uniones de dominación. Exámenes de disciplina de todo tipo se vuelven cada vez más la precondición de un puesto seguro. que corrían tras el centavo. divisora del trabajo. para el mismo W eber. En ellos.

suponiendo que ocurriera alguna vez. sueñan. impotentes. el último y único valor.. caracterizada p or la «especialización racional disciplinaria y la escolaridad». los hombres serán obligados a incluirse. pura técnicamente. p. Una articulación social «orgánica». y esto es. 150 y ss. en el regazo del futuro? [. Pero. quizá después. 151). entonces. cuandopara ellos sea una buena burocracia. esto es. pp. el cual deba decidirsobre laforma de conducirsud asuntos. ¿Quién querría negar que una forma de organización social como ésta reside como una posibilidad. Porque en esto rinde la burocracia incomparablemente mejor que cualquier otra estructura de dominación» (Escritospolíticos. y cuando ciertamente no sobrevendrá como consecuencia de esa guerra— . una articulación social oriental-egipcia. que no lo conocen. ¿qué significaría prácticamente? ¿Tal vez un quiebre de la carcasa de acero del trabajo de fábrica moderno? ¡No! Más aún. significaría que en­ tonces también el rendimiento de la fábrica estatizada o traspasa­ da al régimen de alguna «economía comunitaria» sería burocrá­ tico (Escritospolíticos. en los resultados. pero que en oposición a ella es tan fuerte­ mente racional como una máquina.] Supongamos que justamenté esa posibilidad fuera un destino inevitable — ¿quién no querría. ésta trabaja para produ­ cir la carcasa de aquella servidumbre del futuro en la cual.M ax W eber y K arl M arx 69 tuación austera de la expecialización burocrática se esconde también tras el «socialismo del futuro». una racional administración defuncionarios. reírse del . sin vida: En cooperación con la máquina muerta.).4 7 Incluso cuando éste persíga lo contrario.. Esa «máquina viviente». se dejaría ver entonces en el horizonte. es igual que un «espí­ ritu coagulado». el socialismo fortalece­ ría el poder de la burocracia que impregna la época actual y el futuro visible: Un abandono progresivo del capitalismo privado sería teórica­ mente pensable — aun cuando esto no sea una insignificancia tal como algunos literatos.

en algún sentido «individualista»? (Es­ critos políticos. esto es. sino qué se «sigue» de él. la pregunta por las formas de organización política del futuro puede ser sólo postu­ lada así: [. en beneficio de un «orden social» y de una «articulación orgánica»? — esto es. también de nuestros estudiantes de h oy». El mundo no co­ noce más que a esos hombres. aun cuando él mismo está convencido de lo «indetenible» del progreso de esa «máquina humana».. p. y desesperados cuando son arrancados de su adaptación excluyente a ese orden de cosas.. que necesitan el «orden» y ninguna otra cosa que or­ den. En ese desarrollo estamos atrapa­ . Casi con las mismas expresiones aquí transcritas W eber se di­ rige. qué fin es conse­ cuentemente perseguible y deseable desde la posición de los valores últimos. algún resto de un movimiento de libertad. Porque «esa pasión. de nuestra producción económica y el «engranaje de partidos» de nuestros Parlamentos sean dejados de lado. todavía. bajo el ala del único poder segura y completamente ineludible·.] ¿cómo seríaposible salvar. que se vuelven nerviosos y cobardes cuando ese orden tiembla un instante. p or la buro­ cratización es «desesperante»: [.. La pregunta que podría ser postulada no sería la de cóm o se podría modificar algo en ese desarrollo (M arx) — porque eso no se puede— .] como si nosotros debiéramos volvemos hombres.70 K a r l L o w it h miedo de nuestros literatos de que en el futuro el desarrollo polí­ tico y social nos traiga demasiado «individualismo» o «democra­ cia».. y a och o años antes (1909). p or lo explicado antes. que sean dejados de lado en favor del pacifismo de la impotencia social. y de la creencia de que la «verdadera libertad» apenas ilu­ minaría cuando Ja «anarquía» actual. 152). con saber y voluntad. contra los apologetas de la racionalización en el cam po de la administración y la política. visto ése sobrepoder de la tendencia hacia la burocratización. ¡el de la burocracia en el Estado y la economía!— . a partir de esos «m edios» dados. Viendo el hecho fundamental del avance indetenible de la burocratización.

C . en verdad. en la cual está puesto el fenóm eno de la racionalización. la «expansión capitalista privada. no es cómo nosotros lo siga­ mos promoviendo y lo aceleremos. altamente moral. 535). El éxito más universal e influyente de la racionalización es el que W eber demostró. casi p o r el gustó de la lucha misma. aun hoy. según W eber. se precisa todavía una mira­ da resumida de la relación de sentido general. p . sino que constantemente ha com batido. a través del regreso consciente a la esfera «privada» y la cultura de la «vieja E u rop a »/8y casi lo há hecho también un estudioso co ­ m o E. de lam an o. Sin embargo. las cursivas son nuestras). vista esta tendencia om nipotente a la racionalización de la completa vida. cómo y para qué. para actuar a él contra él. sino qué tenemos para oponer a esa maquinaria. de ese dominio único por parte de los ideales burocráticos de la vida (Artículos completoj ¿obre sociología y política docial. cóm o sería posible todavía.de la «cien­ cia»: un fundamental dedencantam iento del m undo (D . La pregunta es/ empero.414. ése movimiento de libertad es el que él.4 9Por el contrario. en una «acción dolorosa de renuncia» (Ensayod dobre sociología de la re­ ligión. 203) . para liberar un resto de lo humano As. en algún sentido. entonces. ligada a un funcionariado puramente negociante. El debate se cierra con un desafío ostensivamente inmoral de contenido: és preferible. transfíguradamente autoritaria».M ax W eber y K arl M arx 71 dos. salvar algún resto de un movimiento de libertad individualista. en especial. El hechizo que encerraba la relación del hom bre res­ . y la pregunta central. esa parcelización de las almas. W eber combatió constante­ mente ésa libertad. que una «dirección estatal a través de la burocracia alemana. eri tanto tom ó posición ostentosay preci­ samente en ede m undo. p.. U n hombre com o Jakob Burckhardt la salvó. Para poder responder a esta pregunta. p. Contra lo irrefrenable de la racionalización burocrática se puede preguntar. el cual es fácilmente córrom pible». no ha «salvado». Gothein.

5 1 puesto entre comillas. com o una pura responsabilidad propia del indi­ viduo frente a sí mismo. con la racionalización llevada a cabo por el hombre. de un m odo n ovedoso. y así W eber se interroga. El progreso significa solamente de ahí en adelante un seguir caminando por los ca­ m inos m arcados del. con pasión y resignación. en especial. sino siempre en relación con su puesto frente a cada institución o. por la ciencia. significa para la relación del hombre mismo con el m undo una am plia desiludión : sign ifica «libera liza ción » cien tífica. L a descripción decisiva de W eber de este individualism o. en valores dados objetivar mente> sentido. En comparación con aquella creencia trascendente. y están ahora.destino. la negación de cada tras­ cendencia. sucede a través de la diferencia de dos tipos fundamentalmente distintos de responsabilidad. a la vez. está creencia en el destino del tiempo y en lá pasión del hacer temporal es igual a una fa lta de creencia positiva. en tanto todas las objetividades. a disposición de su subjetivi­ dad» para la determ inación de su sentido. L o positivo de esa fálta de creencia en algo que vaya más allá del destino del tiempo y de la exigencia del día — por ejemplo. de cualquier tipo.72 Ka r l L ó w ií h p ecto al m undo en épocas tempranas era — d ich o racional­ mente—la creencia en el sentido «objetivo». E l fu n cion a rio especialista — co m o to d o hom bre de disciplina racionalizado—no debe responder ante sí como propio individuo. La oportunidad positiva de esa desilusión del hom bre y aquel de­ sencantamiento del mundo a través de la racionalización es la afirm ación «sobria» de lo cotidiano y de su «exigencia». el político que . C on el desencantamiento de ese hechizo surge la necesidad de préguntar nuevamente por el «sentido» de nuestras objeti­ vidades. han perdido su sentido objetivo. respectivamente. Ésta. valideces—es la subjetividad de la responsabili­ dad racional. En contraposición. frente a «sí» en tanto uno de sus miembros. la pregunta por el sentido motivada por el desencantamiento del mundo. también de la del «progreso».5 0 La afirmación de ese día a día es.

fá­ bricas y seguridades. a través de sí mismo. La p osición de W eber es. La fórmula política crasa para el movimiento fu n ­ damental. y su contrin­ cante. p or propia responsabilidad. es ésta: «D e­ m ocracia de líder con "máquina” ». y perse­ guir fines que no son calculados por ese mundo. sino p or su com pletó apartamiento en una sociedad sin oposiciones— . siempre de nuevo administrada. aunque sí en función de él. C on esa afirmación indiferente de la pro­ ductividad de la contradicción. delineado en Contradicción. a las cuales se opon e. instituciones. entonces. 153 y ss. com o un hegeliano que quiere superar \aufheben\ las contradicciones de la sociedad burguesa en sus principios — aun cuando no com o lo imaginara Hegel a través de la conservación de un Estado ab­ solutamente organizado. porque se evade de la máquina. e irres­ ponsablem ente. El sentido positivo de aquel «movimiento de libertad» que concierne a W eber es al­ canzar los propios fines en ese mundo. Por el contrario. pero también contra él liderazgo que no tiene nada que conducir. que allí permaneció. el re­ conocim iento dé un m undo racionalizado. la p recon dición de esa posición es exacta­ mente ese mundo de las «reglamentaciones». un opositor que le pertenece. una fórmula que resume su posición dé estar contra la democracia indirigida. de . no por último. actuarían com o individualidad humana. de Weber. pp. Puesto en ese mundo de servidumbre. pero contra él. de por un lado. y p or el otro. la de una sujeción objetivam ente voluble del individuo responsable de sí. la fuerza movilizadora en la completa conducta de W eber fue la contra­ dicción. en sí misma y esencialmente. y 415).M ax W eber y K arl M arx 73 en verdad «guía» y el empresario que «dirige». La posición básica que W ebér tom a en ese m undo racionalizado y que detemina sü «m etodología» es. W eber se ubica en obvia oposi­ ción a M arx. el individuo pertenece como hombre a sí mismo y depende de sí. ese resto que persiste de la «época heroica del capitalismo». oposición·. Sin em bargo. si quisieran responder com o un em pleado {Escritos políticos.

Y también aquí afir­ ma W eb er básicam ente a lo. junto con la división del trabajo. en cada oportunidad.. porqu e él en verdad no deja m da a esa for­ ma de existencia un deje de «libertad de m ovim iento». W eber no se presentó nunca c o ­ m o totalidad. la libertad hacia la responsabili­ dad de sí del individuo. También aquí la pregunta era para él. no obdtante.. com o miem bro de una esfera determinada — portando ése o aquel rol. p o ­ dría conservar. sino la pregunta de cóm o el hom bre com o tal. de ese m undo especializado y escolarizado. sino siempre sólo. la hum anidad especialista. La unidad de racionalidad y liber­ tad se docum enta de la form a más urgente en la posición es­ pecífica que ha tom ado el hom bre W eber respecto a su p ro­ pia especialización. com o tal y tal— : [. com o hom bre de partido en la tribuna. a veces aquí y otras allá. tener efectos con la fuerza pa­ sional de lo negativo. en medio de su humanidad «parcelada». que pretendía encon­ trar un camino para poder duperar lo humano específico del m undo racion alizado. com o docente académ ico en la cátedra.] «com o científico singular em pírico en sus escritos. com o homo religiodud en el círculo más estrecho».5 2 Pero precisamente en esa distinción de las esferas de la vida — cuya expresión teorética es la «li­ bertad valorativa»— . sino que se la im pone. La expresión inmediatamente humana de esa contradic­ ción fundam ental es la con tradicción interna a lo humano entre hombre y edpecialidta.74 K a r l L o w it h persistir en la contratendencia hacia la libertad de la propia responsabilidad. se revela la individualidad de W eber en la form a propia de su totalidad. Y también aquí corresponde a la unidad y divergen cia de sus intereses disciplinarios la unidad de una contradicción humana. hum ano enajenado de sí. esto es. no com o lo fuera para M arx. En m edio de ese m undo de «especialistas sin espíritu y hom bres de g oce sin corazón». y hacer tem­ blar en cada caso a alguna carcasa de «servidum bre». éste . d ich o co n M a rx . en su totalidad.

5 5 Por la fuerza de ese tipo de individualidad. en un momento dado. ni en el otro un individua­ lista. p or eso.M ax W eber y K arl M arx 75 fue el sentido de la «libertad de m ovim iento». corresponde a la defensa del derecho de una cada individua­ lidad com o tal. pero ese «alma» no es el alma sentimental de la «m ecánica del espíri­ tu » de Rathenau. Y así. puramente humana. de algo grande o p e ­ queño— . sino una en m edio de la falta de corazón del cá lcu lo5 4 hum ano. significa para él también no una totalidad indivisible. Igualm ente.5 3 en el sentido habitual de la palabra). en un m omento determi­ nado — se trate de éste o de aquel rol. por encim a o externa a las form as de existencia fácticas particulares de la humanidad especialista m oderna. dentro de la humanidad especializada y y a arrai­ gada en nosotros. su deli­ mitación al trabajo disciplinario del especialista — «la precon- . Tanto com o W eber presupone en el cam po de la política a los políticos y empresarios que en verdad dirigen — al Individuo—com o ta­ les. que actúan inevitablemente dentro de la burocratización. de la servidumbre sobre todo. que le concierne com o lo humano. totalmente sobre sí— . La renuncia consciente de W eber a una «humanidad com pleja». el in dividu o co m o tal. En tanto él se subordina a ese destino se posiciona contra él. a la defensa del «último héroe hum ano» (y él no es ni en un caso un anarquista. pero esa opodición tiene com o precondición constante la anterior dubordinación. Él quiere salvar el «alma» del sobrepoder del «hom bre del orden». pero sí puede forjarse un camino para su persona. la defensa de W eb er de la así llam ada anarquía en la prod u cción económ ica. W eber puede apoyarse en todo y en nada — posicionarse en cada si­ tuación dada y. n o es capaz de rom per la carcasa de la pertenencia y de la membresía uni­ versal. así también la salvación del individuo humano significa para él una tal. sino que un «h om bre» es el individuo cuando se aboca totalmente a su rol singular. Ese individua­ lismo. y en con sideración a ella. en el cual se resume su idea del hombre.

como hombre. en el m undo actual»— . una dem anda aún más elevada: esto es. 531. no . y su héroe humano le habría pa­ recido a M arx una «invocación a los muertos» de los tiempos heroicos de la burguesía. en m edio de esa «parcelización del alma». permanecer — p or fuerza de la pasión—en el hacer — en sí— singularizado. es una renuncia que instala. Para edo le sirvió en última instancia. y precisam ente ella. en administraciones y conceptos. «Porque nada tiene para el hombre.76 K a r l L o w it h (lición de un hacer pleno de valor. al­ gún valor. de esa humanidad es lo que él ha caracterizado com o una «m odera­ da honradez intelectual». También la «sociología». cuya «realidad austera» es hoy. la cre­ encia en fines valorados objetivamente. C on ese «dem onio» de su pasión. La expresión intelectual. señala Honigsheim. el método sociológico de la destrucción de todas las aspi­ raciones incondicionadas de valor de los representantes de las instituciones. sino tam bién en contraposición externa con aquella «libertad» hacia la cual M arx quiso emancipar «humanamente» al hombre.C . ha combatido W eber en medio de sus esfuerzos por la objetividad científica y política. no obstante. c o ­ mo el fundamento infundamentado de su postulación de fi­ nes — podría llamárselo también el D ios falso de una humani­ dad vaciada de divinidades— . sobre la cual debía reali­ zarse5 6 ahora el héroe humano. a la vez. p. y que era para él la libertad de la comunidad mád alta. «en un sentido m uy m odera­ d o de la palabra». sirvió a esa libertad de movimiento. consistente en que se da un «infor­ me» «sobre el sentido último del propio hacer». las cursivas son nuestras).. Esa idea de M arx era para W eber una utopía. si no lo puede hacer con pasión» (D . W eber creó con ese mé­ todo una plataform a de la negativídad.5 7 La idea de esa libertad humana no está sólo en oposición al individualismo promedio que Hegel y M arx combaten com o la libertad filistea de la preferen cia privada. com o si fuera esta creencia un servicio a los fal­ sos dioses y pura superstición — todo ello para salvar al héroe humano— .

su «esqueleto» y. de las relaciones de vida materiales com o tales para todo otro significado y se solidifica. primero. pasando por Feuerbach El hilo con du ctor específico «marxista» para el análisis del mundo capitalista-burgués no es su «enajenación de sí». plena de responsabilidad. Pero simultáneamente. Ese discurso de la anatomía de la sociedad burguesa expresa. ahí empezaba para el primero la ética de una «convicción». y donde para el último acababa de ponerse en marcha la verdadera historia. claramente «no heroica» y sólo el «espectro» de sus grandes épocas. en un m ovi­ miento. del significado arraigado. Esa dife­ rencia de sus cosmovisiones e ideas del hom bre se interpreta en la variedad de sus puntos de vista patrones para la inter­ pretación del mundo m oderno capitalista-burgués: en W eber la «racionalidad».M ax W eber y K arl M arx 77 obstante. radical. nada más que un desplazamiento del peso desde la «sociedad bur­ guesa». mucho más extensiva y discutible. por último. su «econom ía política» — una expresión que dialécticamente comprende. éste. en la tesis del marxismo vulgar de la así llamada «base real». en M arx la «alienación de sí». sino su «anatomía». B .5 8 L o que para W eber fue un «destino ineludi­ ble» significaba para M arx nada más que la «prehistoria» de la humanidad. al ser económ ico y a la conciencia de sí. y caracteriza a las relaciones de producción ma­ teriales com o la estructura ósea de esa sociedad. hacia el «sistema de necesida­ des» como tal. com o la estructura sobre . en el sentido hegeliano. esa concepción se reúne con la tesis. Su desarrollo histórico desde Hegel a Marx. L a interpretación m arxista del mundo capitalista burgués según el hilo conductor de la enajenación de sí humana I.

una «superestructura» interpretable de m odo puramente ideo­ lógico. con la siguiente breve fórmula: criticó a la religión filosóficamente. sólo el résultado último en el cual «culmina» su revisión crítica de la filosofía del derecho de H egel. según las propias palabras de M arx. y un «resultado» es. la crítica de la economía política se ha colocado en el prim er lugar. com o sobre una plataforma autónoma. . Si se deja de lado la pregunta de cuánto el mismo M arx y en especial Engels han prom ovido esta concepción marxista vulgar. será. Esta delimitación temá­ tica no significa. y. En esa form a no solamente tosca sino desviada. M ás aún don y permanecen fundamen­ tales los escritos del joven M arx también para E l capital'. políticamente. después a la reli­ gión y la filosofía. tras la propia reconci­ liación de M arx con la filosofía. el «cadáver que la ten­ dencia viviente ha dejado tras de sí».5 9 La interpretación específicamente económ ica de to­ dos los m odos de aparición de la vida humana es. y si el primer capítulo de E l capital de 1867 es un resultado. Esa tendencia viviente del resultado. resta todavía el hecho de que. entonces la tendencia viviente de la cual resulta se encuentra y a en un debate de la Gaceta Re.nana. que pueda separarse al joven M arx del posterior. la filosofía y la política y a todas las otras ideologías. sin embargo. con especial consideración hacia el punto de vista rector de W eber de la racionalización. a la religión. y lo com batió com o si fuera un materialismo de la historia dogmáticamente económi­ co. desde esa perspectiva. A sí también lo observó W eber. por último. pará dejar a éste a la filosofía «marxista» y a aquel a la «burguesa». extraída y visibilizada desde los escritos del j o­ ven M arx. «Se puede resumir el desa­ rrollo de M arx. los cuales serán también interpretados de nuevo.78 K a r l LO w it h la cual debe erigirse. económica­ mente». en lo que sigue. de 1842. el mar­ xismo se ha vuelto mayoritariamente objeto de crítica y de de­ fensa. según Hegel. D eben considerarse al respecto preferentemente los escritos de 1841 a 1845. cuyo título es «crítica de la enajenación de sí».

apenas apare­ . un «humanismo real». C om o hombre. Y com o W e b e r creyó necesario com prender al «d iab lo» de la racionalización y tener un panoram a de sus «caminos hasta el fin». Según su «esencia» universal. y com o m undo humano. una inhumanidad. com o la última figura de una filosofía absoluta. en prim era y última línea. En el prefacio de su disertación y en una carta a R uge (1843). ningún papel fundamen­ tal. la tendencia crítica hacia el hom bre como hombre. § 377). incluso después de creer haber descubierto la posibilidad del hombre «nuevo» en el proletariado.M ax W eber y Ka r l M arx 79 El tema fundamental de M arx es. esa ten­ dencia hacia el hom bre como ta l fue el movimiento fundamen­ tal de la transformación de la filosofía especulativa de Feuer­ bach en antropología filosófica. y la fi­ gura originaria de su análisis crítico del procesó dé p rod u c­ ción capitalista es una crítica dél m undo burgués. L o deseado en última línea fue y perduró una «em ancipación humana del hom bre». com o para Weber. La relación histórica de esas tendencias fundamentales con Rousseau6 1 es evidente. así también expresa M arx que sería beneficioso estudiar «a ese amo del m undo». com o hegeliano que es.6 0 L o que debe mostrarse primero es que lo que concier­ ne a M arx. En el distanciamiento respecto a ella se desarrolla. en el hilo con du ctor de la autoenajenación humana. en la cual estamos posicionados. com o una realidad específicam ente «i-rracional». tanto en Feuerbach com o en M arx. es el hom bre como tai. El hom bre com o tal no desempeña en la filosofía de H egel del es­ píritu absoluto. la rea­ lidad que nos rodea. D en tro de la filosofía alemana contem poránea. fue la filosofía de Hegel del espíritu absoluto. objetivo y subjetivo. «para ver sü poder y sus limitaciones». un m undo humanamente invertido. La filosofía que él tuvo frente a los ojos. H egel lo determina com o «espíritu» (Enciclopedia. M arx se describe com o un «idealista» que tiene la «desvergüenza» de «querer hacer hombre al hom ­ bre». Ese m undo bur­ gués-capitalista se le representa a él.

el «burgués».80 K a r l L o w it h ce en la Filosofía del derecho de Hegel. bajo el título de que sería el sujeto de las necesidades terrenales. «hom bre». una figura concreta de la razón). en la Filosofía del derecho·. com o sujeto de las necesidades terrenas. Y ésta — o sea. ni para H egel ni para M arx. H egel dice (§ 209 y nota de § 270) que es cierto que cada hombre es. el hecho concreto de la representacion es lo que se Da­ ma hombre. y com o el sistema de esas necesidades concibe H egel a la sociedad burguesa. En el derecho. el objeto es la persona-. aclara H e­ gel.. sin clases. en la posición moral. des­ de la cual emerge también la «demandada compensación en- . y es precisamente aquí que se muestra su mirada emi­ nentemente realista sobre la «realidad» que le rodea. no es de ningún m odo una cualidad «plana. en la familia. en M arx en relación con lo en verdad universal de la sociedad puramente humana. posición u oficio diferente posea y eso. Hegel no negó en absoluto el concepto de hom bre como tal. de valer Como personas de derecho en la sociedad burguesa». pe­ ro sólo lo recon oció en consideración con el hom bre de derecho burguéé.] recon ocidos» cuando aparece «el sentimiento de sí. Sólo desde aquí y en verdad sólo aquí. el su­ jeto·. se habla de hombre en ese sentido (§ 190). Pero explica el verdadero contenido pleno de esa cua­ lidad universal diciendo que es «a través de los derechos bur­ gueses [ . Hegel diferencia. también y solamente. L o que él llama «hom bre» es ya. el miembro defamilia·. en la sociedad burguesa. abs­ tracta».. sería la «raíz infinita de todas las otras raíces libres». lo verdaderamente universal del hombre. Este es una mera de­ terminación o particularidad: en Hegel en relación con lo en verdad universal del Estado (que es. el ciudadano (como burgués). su mero ser humano. sobre la perspectiva de las necesidades. más allá de qué raza. nacionali­ dad /creencia. Pero ese hombre así determinado no materializa. Aquí. en primer lugar. por su parte. la humanidad con derechos burgueses— .

La determi­ nación general de la esencia del hom bre es y prevalece en la filosofía de H egel no en que él sea. pero no un verdadero «co n ce p to » filosófico) lo nom bra hombre. esto es. estatal. Evidentemente. católico o protestante). se volverá esa conciencia de sí — estó es. la doctrin a de la «enajenación de sí» significa en él algo fundamentalmente di­ ferente a lo que significa en Feuerbach y en M arx. E n correspon d en cia co n ello. sé m otivó des- . esto es. H egel creyó más en la espi­ ritualidad del hombre que en su humanidad. y a través de la crítica de la filosofía divina fundar la crítica. Hegel subordina el que. El completo esfuerzo de Feuerbach fue transformar esa fi­ losofía autónoma del espíritu en una filosofía del hombre. sino de rescatarlo del pantano (“idealista”) en el que fue hundido». como «hom bre» de dere­ cho burgués. del puro hom bre com o hombre. la necesidad de la filosofía del hom bre. sino en que sería «espíritu». «hom ­ bre». es sujeto de necesidades terrenas. H egel se preserva expresa­ mente frente a una absolutización de eéa determinación. aun cuan­ do su estructura formal sea la misma — com o «categoría»— . la conciencia de no ser más que un hom bre—«defectuosa» cuando — «tal vez com o cosmopoli­ tismo»—sefije ahí. porque aun cuando cada uno sea igual al otro en tanto que vale sólo com o «hom bre» (y no com o italiano o alemán. el volver al hom bre cosa de la filosofía. La tarea era «derivar desde la filosofía del ab­ soluto.A esta determ inación on to -lógica específica del hom bre (com o «espíritu»). desde la teología (filosófica). y sólo al hom ­ bre así caracterizado (del cual se puedè tener sólo una «repre­ sentación». la antropología.M ax W eber y K arl M arx 81 tre m odo de pensar y convicción».6 2 La tarea de su «nueva» filosofía del «futuro» él la describió com o sigue: «E n el presente (1843) no se trata aún de presentar al hombre. y se oponga com o algo en sí significativo) au­ tónom o y fundamental a la vida pública. en algún sentido. esto es. de acuerdo con su esencia universal.del hom bre» (prefacio a los Fundamentad de la fib d ofía d elfu tu ro). Esa ten­ dencia.

com enzó en la p o ­ sición antropológica de Feuerbach. junto con los evangelistas. La crítica del hom bre de la sociedad burguesa de M arx. ciudadano estatal. en Alemania. En verdad. un enemigo más peligroso que el esplri­ tualismo o el idealismo especulativo. Por­ que sería constantemente ima propiedad característica del hom­ bre el que pueda ser determinado com o ¿je y com o aquél. Y esto no a través del com unism o del amor del «yo y tú» de Feuerbach. del hombre de la sociedad moderna. su Crítica de la filo ­ sofía del derecho de H egel comienza con el llamamiento ai retor­ . Retom a la. Feuerbach se preserva entonces frente a! concepto particular de hombre de Hegel. Incluso en La ¿agrada fa ­ m iliare identifica con el «humanismo real» de Feuerbach. siem­ pre de acu erdo co n el rol y la disciplina. És­ ta com ienza con la siguiente frase.determ inación particular del hombre de H egel. sin — cóm o M arx—tomar en serio esa particularidad con­ creta y sin mostrar úri camino p or el cual esa humanidad. y de su carácter de clase en particular. que pone en el lugar del hombre realmente individual 1a “conciencia de sí” o el “espíri­ tu”. que el espíritu es lo que vuelve viviente». D el mismo m odo. burgue­ sa-capitalista — su humanidad de especialistas—pudiera ser re unificada de nuevo. co m o hom bre privado. «E l hum anism o real no tiene. sólo que en «Otro sentido». Feuerbach polem iza que también sé trataría de él cuando se habla de la «persona» de derecho y del «sujeto» inorai y de otras formas similares. sino p o r la superación so­ cial de la división del trabajo en general (en su form a hasta hoy existente). fá cticámentedividQa.82 K a r l L o w it h de la tendencia de v olv er a la filosofia cosa de la «humani­ d a d ». citada definición de la Filosofia del derecho y en el lugar donde Hegel dice que sería aquí y sólo aquí (dentro de la sociedad burguesa) que se habla de hom bre en ese sentido. etcétera. y que enseña.6 3 D e acuerdo con su principio an tropológico. se trataría siempre de uno y delmidmo hom bré com pletò. F euer­ bach discutió \a. y con ella la del mundo m oderno en general. empléado.

parcialmente cosa. por así llamarlo. contra la determina­ ción particular del hombre de Hegel.M ax W eber y K arl M arx 83 no. sin em bargo. desde la teología hacia la antropología de Feuerbach. puesto en su form a de valor burguesa — «com o general o ban­ quero». mundanas. el hom bre como ta l y «sim ple­ mente». corresponde una separación. un valor com pletemente diferente y. fijación y autonomización teorética. una «form a va­ lor» y una «form a natural»— . lo que ella sea de acuerdo con su constitución natural es. tanto frente a otros com o frente a sí mismo. el hombre de ese mundo de mercancías. en relación con eda otra. Porque a esa singularización. pero meramente subordinada. M ercan­ cías deseadas pueden tener. un especialista fijado y dividido a través de su activi­ dad objetiva—cumple un gran rol. como «mercancías». a esa «racionalización» del hom bre en cada m odo de existencia peculiar. fi­ jación y autonom ización objetivam ente dominante d e las sólo .6 4 El retorno a Feuerbach6 6corresponde a una polém ica dirigida en el mismo sentido. M arx com para al hom ­ bre de la sociedad burguesa con la mercancía com o producto del trabajo simple^ Porque com o ella. M arx se refiere lacónicamente a ello en su nota al § 190 de la Filosofía del derecho de Hegel. él posee un discutible «doble carácter» — hablando económicamente. en esa división en apa­ riencia puramente teorética del hom bre no se refleja otra co ­ sa que una objetiva falta de «espíritu» o in-humanidad en las relaciones de existencia en verdad vigentes de la humanidad moderna. com o es el sujeto de derecho burgués de las necesidades — entre otras d e ­ terminaciones. cumple uno «muy m odesto». más o menos indiferente. en form a natural. en cam bio. C om o mercancía o com o trabajo corporeizado es tan valiosa com o otra mercancía indetermi­ nada. la misma constitución natural. p or­ que esa crítica sería la pre condición de toda otra crítica de las relaciones de los hom bres terrenas. asimismo parciales— . Esa referencia debe in­ terpretarse del siguiente m odo: cuando Hegel hace al hombre como ta l una cosa tan especial. A sí también.

a un especialista. hombre de oficio en diferencia a su vida de familia. El hom bre «simplemente». por el contrario. de hecho abstractas. sino sólo. por ejem­ plo. Él es hombre. en cada caso. especiales y autonom izadas en su esp ecificación — com o el tal cosa y el tal otra— . pero no com o hom bre sin contradicciones y puro. en tanto con­ creciones del ser humano. hom ­ bre privado en diferencia a su vida pública. que se vuelven las con­ crecione. Él es «hombre». por ejemplo. el hom bre de cíase burgués y proletario. p or un lado. por el otro. que no conciernen al hombre en su totalidady com o tal («simplemente»). siempre solamente de una forma totalmente con dicio­ nada y delimitada.4. según la cual el hombre como tal sólo es una particularidad. p or la existencial pregunta económica. abstraídas del hombre «simplemen­ te» son. pero sí en tanto es ese A lgo fijo. sino la expresión teorética­ mente adecuada para una «inhumanidad» objetiva de las reía- . por las «necesidades» terre­ nas. así tam poco es la definición de H egel del hombre. y el ciudadano de Estado público con su moral pública. en tanto está determinado esencialmente a través de ésa o aquella particularidad. una me­ ra construcción de pensamiento. en tanto así llamado hom­ bre privado.: de la sociedad burguesa en dos m odos de existencia separados y contradictorios: el hombre privado con su moral privada. En todas esas impresiones parciales del ser humano se visibiliza también el hombre com­ pleto com o tal. Y porque esas posiciones y rendimientos sociales son condicionados. en esencia. el hombre del ofi­ cio y la especialidad moderna. en ge­ neral abarcadora. en cada ca­ so. en la sociedad burguesa. de m odo primario y mayóritariamente. no tie­ ne en una sociedad tan diferenciada y separada (racionaliza­ da) ningún rol fundamental. en todas esas impresiones del ser humano. y sobre todo la división. a otra particularidad. Esas concreciones abstractas.84 K a r l L o w it h parciales impresiones del ser humano. según su posición y rendimiento. pues una particularidad es sólo con consideración. el hombre de trabajo intelectual o corporal.

Porque es el hombre. en sentido verdadero. pero no com o la totalidad humana y filosófica fundamental. Él es esencialmente zoonpolitikon. es común. com o y a descubierta. que en la filosofía del espíritu de H egel está tan oculta todavía. y es a él al que se dirige. y a en el inicio. desde el cual parte M arx. burguéscapitalista — un signo de que el hom bre como hombre. en él. com o tal y en su totalidad. y por eso se com pleta la crítica del hombre del m undo burgués de M arx com o crítica de su sociedad y de su economía. interna a loé hombres. La convicción de que la filosofía del espíritu de Hegel con­ tiene al hom bre sólo com o una particularidad.M ax W eber y K arl M arx 85 ciones de existencia vigentes del m undo m oderno. la aparente obvie­ dad que — para el hom bre de la sociedad burguesa—afirma que es el burgués el que. en su problematización humana. M arx exige una «emanci­ pación del· h om b re» no sólo política y econ óm ica. Ésta no se relaciona con el hombre com o «ego y al­ teregó» (Feuerbach). En orden a liberar al hom bre de su particularidad total infrahu­ mana y superar \aufheben\ la enajenación del hombre simple­ mente en una especialidad humana. sino «humana». M arx persigue esa enajenación de sí fundamental y general del hom ­ bre del orden estatal. es «hom bre». del orden social y del orden económ ico m odernos — esto es. en W eber. sino con el «mundo» del hombre. com o el destino ineludible de la racio­ nalización— . su expresión políti- . y no sólo a las particularidades singulares dentro de aquella parti­ cularidad total que presenta al hom bre burgués como tal. A sí es que a él le concierne desvelar aquella particularidad total. está enajenado. le concierne desvelar. del hombre de la so­ ciedad burguesa. sin per­ der6 6 con ello su fundam ental sentido an tropológico. La expresión económ ica de su problemática es el mundo de las mercancías·. del m ismo «orden » que viene a nuestro encuentro. p o ­ lítica e inmediatamente social. por tanto. Esto es. a F euerbachy a M arx. en todos los campos: en su form a económica. porque él mismo es su mundo social.

). 1.] formad deder-ahí. en el sentido de M arx. La m ercancía. en que [■■. el carácter ontològico fundamen­ tal de nuestros ob jetos en su totalidad: su objetualidad.I..86 K arl L o w it h ca. 2 6 6 y ss. . II. su «form a mercancía». El sentido humano y social-critico básico de esos análisis económ icos tiene expre­ sión directa en E l capital solamente en explicaciones transito­ rias y en notas. su expresión inmediatamente humana-dociaL. Éste contiene la primera y ejemplar revelación de aquella in­ versión fundamental de «m edio» y «fin». y. p. la existen­ cia del proletariado.6 7 D e ahí que E l capital co ­ mience con el análisis de la mercancía. significa no una form a de objeto entre otras. en su opinión. determinacioned de la existencia. sino que ¿« ella es­ tá contenido.. de debe diempre indùtir en el desarrollo de lad categorías económicad. en que la economía. o respectivamente. Esa form a m ercancía o estructura de la mercancía caracteriza tanto la enajenación de la individuali­ dad del hombre.] la dociedad burguesa moderna edtá dada y que lad categorías expredan [ . la contradicción entre el Edtado burgués y la sociedad bur­ guesa. donde de habla de ella como tal. p p . com o el carácter verdadero de todod los objetos del m undo m oderno. Para L acrítica de la economía política. por eso. En cambio. también científicamente. a menudo dòlo adpectod dingulared de eda dociedad determinada. com o la de las codas. de ningún modo comienza justo ahí. La expresión económica de la enajenación de sí en la «mercancía» Como en toda ciencia histórico-docial. XLIII La expresión económ ica de la enajenación de sí humana es la «mercancía». es fácil de reconocer en el debate sobre la ley del rob o de leña de 1842 (W .

L o que M arx quiere decir en el debate es.M ax W eber y K arl M arx 87 de «cosa» y «hombre». y el hom bre. mientras que uno se sepa única y solamente. una «potestad objetiva». en principio. no se diferenciarán esas leyes en nada. en la cual la enajenación de sí del hom ­ bre com o axitorrenuncia — precisamente. p or m edio de la presuposición de que esa cosa. fin último. por lo tanto de significado humano. que la roba. más que en el punto geo­ . humana y n o sólo jurídicam ente. com o hom bre que tiene esta conciencia de sí particular y «limitada» y al que. de acuerdo con su más propio sentido. El hombre puede ser determinado por la mera «leña». a esa «exterioridad» cumbre. com o la mercancía. el otro hom bre no le viene en consideración tam poco com o hombre. mientrad que él no es ca­ paz de determinar hum anay socialmente sus relaciones cosificadas y dominárlas.En ambas perspectivas la cosa muerta es. en la «cosa»—está con­ cluida. porque. M arx describe en la disertación com o «materialismo» al comportarse hacia sí mismo com o hacia algo otro y ajeno. lo siguiente: la lefia que pertenece a alguien y que puede ser robada no ed leña solamente. res1 · pectivam ente. sólo com o ladrón de le­ ña. n o puede p o r lo tanto erigirse. algo inhumano — mera leña—que determina al hombre y lo «subsume». porque ella misma — igual qué la mercancía—es ya una expresión objetiva de las relaciones «políticas» — en el sen­ tido de la palabra— . o preferentemente. sino una cosa de significado econ óm ico y social. y se define a sí mismo. de nuevo. no es lo mismo para el poseedor com o propieta­ rio privado que para un no poseedor. sino. en esa forma significativa. Por eso pueden «ven cer los falsos dioses de madera y sacrificarse las víctimas humanas»: Cuando la leña y el poseedor de leña como tales decretan leyes. Una pena correcta. por consiguien­ te. com o p oseedor de leña. com o un «idealista». sea para el hombre. Una enajenación de di es la renuncia en una cosa. C om o leña. com o que quiere cancelar esa enajenación. tiene un ca­ rácter de fetich e.

una medida del hombre. 304). también las cosas mis­ mas se vuelven ahora. a la propiedad privada. que la interpretación meramente nacional-económ ica de una situación de ese tipo. Este sentido radical hu­ m ano de los análisis econ óm icos se m antiene después. se vuelve m edida del ser y dél com portam iento del hom bre se­ gún relaciones sociales determinadas. lá posesión. empero.. presenta una expresión todavía enajenada de la general enajenación de sí humana: Que Proúdhon quiera cancelar el no-tener y la vieja forma de te­ ner se identifica por completo con su querer cancelar la relación prácticamente enajenada del hombre frente a su esencia objeti­ va. se concibe aún la reapropiación misma del mundo objetivo bajo la forma nacional-económica de la posesión.] a la vieja forma del tener. En una función ño es. en Marx. 1. Pero en tanto algo com o la leña. dé m odo aún más expresamente crítico. esto es. el periódico estatal prusiano. Se codifi­ can la¿> relacioned huihanad a travéd de que leu) relacioned codificadas de humanizan en potedtaded cuadiperdonaled dobre el hombre. Ese materialúrrw infame (ese pecado contra el espíritu santo de los pueblos y de la humanidad) es una consecuencia inmediata de aquella doc­ trina que predica el legislador. p.. y el lenguaje en el que son dadas. y que dicta que en una ley sobre leña sólo hay que pensar en leña y en bosque. o el querer cancelar la expresión nacional-económica de la humana enajenación de sí. no resolverla en relación con la completa razón de Estad o y la moralidad estatal (W!I. A la posesión él le atribuye una «función social». En La dagrada fam ilia éste subraya. Ya que su crítica de la economía na­ cional todavía está atrapada en las presuposiciones de la econo­ mía nacional. juntó con la «cosificación» de la conciencia de sí humana. Proúdhon contrapone [. a la vez. lo «interésante» . contra Proúdhon. y no resolver políticamente la tarea singular material. com o está contenida en la demanda de igual podedion.88 K a r l L ó w it h gráfico én el cual. esa aparente «cosa-en-sí». Esa in­ versión es un «materialismo infame».

Proudhon cancela la enajenación nacional-económica (sólo) dentro de la enajenación nacional-eco­ nómica (Obradpódtumad. enajenar y a la vez prevale­ cer com o un poder independiente [ . y 271 y ss. en su raíz. 139-140). de esta manera él no la cancela realmente. II. de m odo que «sus relaciones se autonomizan contra sí mismos». su relación humana hacia otro hombre.) . pp. como ser para el hombre. pp. enajenada de que el objeto. También aquí M arx pregunta de dónde surge la «extrañeza» con la que los hom bres se com portan respecto a sus propios productos.M ax W eber y K arl M arx 89 el «excluir» al otro. aun cu an do n o sea tratada de la misma manera.6 8 Esto es. sino tam bién una cancelación de la contraposición entre ciudad y campo. sino afirmar mis propias fuerzas esenciales y materializarlas.] de él.. ¿C ó m o se llega a que. de tal m odo que éstos no tienen y a bajo su poder «la form a de su comportamiento mutuo». debe ser canceladay transformada en una total «actividad propia». el comportamiento social del hom­ bre hacia otro hombre. que por sí misma sólo es «la más crasa expresión de la subsunción del individuo bajo la división del trabajo» (La ideología alemana. Esa transformación significa no sólo una cancelación de la división del trabajo en intelectual y corporal. dentro de la involuntaria «autonom ización de los intereses personales hacia intereses de clase. sin él·»?6 9 La res­ puesta de M a rx es: a través de la división del trabajo. ese fundamento de la racionalización. como ser objetual del hombre. La misma pregunta postula también La ideología alemana. esto es. La representación de la «igual posesión» es la expresión nacional-económica. La completa forma de tra­ bajar. es a la vez el ser-ahí del hombre para otro hombre. 248 y ss. Proudhoii no logró dar una explicación que esté a la altura de ese pensamiento. el comportamiento perso­ nal del individuo se deba cosificar.. vigente hasta hoy. y «el poder de su propia vida se vuelve sob rep od eroso contra ellos».7 0 Pero la división del trabajo sólo puede ser en verdad cancelada so­ .

como no podía adivinar ningu­ na época pasada de la historia. parece que cada cosa está preñada de su contrario. La humanidad se vuelve señora de la naturaleza. tan inevitable que la diferencia (no comunista) «éntre la vida de cada individuo en tanto es personal y en tanto está bajo cualquier rama del trabajo y las condiciones a ella pertenecientes. Algunos partidos puede lamentarse de eso. dentro de la divi­ sión del trabajo. la «autonom ización» de las relaciones socia­ les hacia relaciones de cosas es inevitable.] El resultado de todos nues­ tros descubrimientos y de nuestro progreso parece ser que las fuerzas materiales están dotadas de vida espiritual.. [. en fuentes de la desposesión. y sin embargo nosotros ve­ mos que conduce al hambre y al sobretrabajo. La victoria del arte pa­ rece alcanzarse con pérdida de carácter. pero el hombre es esclavo del hombre o esclavo de su propia vergüenza. Ese antagonismo entre industria moderna y ciencia aquí. a través de un curioso juego del destino. Por el contrario. En nuestro tiempo.'1 Diez años después de La ideología alemana (1856). uno claro.. Las fuerzas de la riqueza recién liberadas se vuelven. sino al ser humano mismo en todas sus exteriorizaciones. esa oposición entre las fuerzas de producción y las relacio­ nes sociales de nuestra época es un hécho. miseria moderna y decadencia allá. y la existen­ cia humana se rebaja a fuerza material.90 K a r l L o w it h bre la base de un orden comunitario comunista. Por un lado. han despertado a la vida fuerzas industriales y científicas. dominante e indiscutible. M arx resume su con cepción fundamental de ese m undo invertido en una mirada hacia la «así llamada» revolución de 1848. otros pueden desear extirpar las capacidades modernas para así extir­ . La máquina esta dotada con la fuerza maravillosa de acortar el tra­ bajo humano y de volverlo fructífero. el cual vuelva generales no sólo la posesión. de la siguiente manera: Hay un gran hecho que es característico del siglo X IX y que nin­ gún partido puede negar. Por otro lado se hacen notar los signos de una decadencia que ensombrece los muy citados temo­ res de los últimos tiempos del Imperio Romano. es subsumid a ».

el p rod u cto dom ina sobre el hom bre. a la mano del consu­ midor. Consiste en que. com o «socialismo ciéntífico». los llama­ dos a levantar la general enajenación de sí: «Ellos son los tra­ bajadores». de un m ercado ganadero o de uno de libros) y justo por ese atajo llega desde la mano del vendedor. la posibilidad de su realización y superación. Nosotros sabemos que las nuevas fuerzas de la sociedad. La «cé­ lula económ ica» de esa econom ía es la forma mercancía del producto del trabajo. en La ideología alemana. para el que la mercancía sólo tiene un valor de cambio.M ax W eber y K arl M arx 91 par los conflictos modernos. sino que lle­ ga al m ercado de mercancías m oderno com o valor. para dar forma a to­ das esas oposiciones. no es prod u cid o ni intercam biado inmediatamente com o cosa de consum o para la propia necesidad. en el hilo conductor de su economía. M arx fijó ya en la introducción a la Crítica de lafilosofía del dere­ cho de H egel quiénes serían esos «hombres nuevos». el quiebre decisivo con el «humanismo real» de Feuerbach. com o com prador de mercancías. . encontró la «praxis social» a él perte­ neciente. sólo necesitan de nueva) hombres (La revolución de 1848 y elproletariado). la filosofía del «humanismo real». por lo que nos concierne. Y sin embargo. Nosotros. Esa mercancía es (igual que la «leña» en el debate) una expresión económ ica de la enajenación de sí. Con eso. para poder erigir una buena obra. en la sociedad burguesa-capitalista.mercancía autonomizado (ya se trate de productos económ icos o intelec­ tuales. E l capital no significa todavía una mera crí­ tica de la economía política. M arx completa. O pueden imaginarse que un pro­ greso tan reconocible hacia un perfeccionamiento en la econo­ mía necesita de un retroceso igualmente reconocible en la polí­ tica. pleno de energía.'2 Esa autonomización del objeto de consum o hacia la «m ercancía» ejemplifica una vez más la relación general que postula que. sino una crítica del hombre de la sociedad burguesa. lo que en su fin originario está dado para el consumo. no desconocemos al espíritu astuto que avanza.

92 K a r l L o w it h pero no al revés. como propiedades sociales naturales de dichas cosas y. com o corresponde a la «relación natural de las cosas» — dicho con el giro prudente de W eber— . es sólo la relación social determinada existente entre ellos. que cuesta dinero — com o cuesta el trabajo mismo. M a rx realizó el análisis de la «apariencia cosiíicada» de las modernas relacio­ nes sociales de trabajo en el «carácter de fetiche» de las mercancías. De ahí que pa­ ra encontrar una analogía pertinente debamos huir hacia la re­ gión nebulosa del mundo religioso. es sensorial. [.] Lo que aquí adopta. una rela­ ción social oculta. dotadas de vida pro­ pia. para los hombres. sino que se pone de cabeza frente a to ­ das las demás mercancías y de su testa de madera brotan qui­ meras m ucho más caprichosas que si. la mesa común es una cosa «sensible-suprasénsible»/3 L o que en ella. Otro tanto ocurre en él mundo de las mercancías con los ¡productos dé lá mano humana. D e ese m odo. ella «se mantiene no sólo con sus patas en el suelo. en relación unas con otras y con los hombres. En él los productos de la mente humana parecen figuras autónomas. pues.. Mediante este quidpro quo. los productos del traba­ jo se convierten en mercancías. en que también refleja la relación so­ cial que media entre los productoresy el trabajo global como una relación social entre los objetos. L o que ella es com o mercancía. en cosas sensorialmente supra­ sensibles o sociales. ante los hombres él carácter social dé su propio trabajo como caracteres objetivos inherentes a los productos del trabajó. en primera instancia. la forma fantasmagórica de una relación entre cosas. C on la me­ ta de desvelar el p roceso de esa inversión. comenzara a bailar»: Lo misterioso de la forma mercantil consiste sencillamente. A esto lo llamo el fetichismo qué se adhiere a los productos del trabajo tan pronto se producen como mercancías. en que la misma refleja. o el tiempo de trabajo. por ende.. . sino com o cosa de consum o. p o r libre determ ina­ ción. C om o mercancía. respectivamente—es. existente al margen de los productores. sin más. es sólo aquello qüe no es com o «m ercancía» precisamente.

esto es. en esa época. Porque. 6. entran en contacto Humano-social — esto es. Los hom bres no tienen en prin ci­ p io ninguna conciencia de. pp.M arx afirma que esa inversión vale para una form a social y económ ica que no sólo ha Llegado a der así-y-node-otro-m odo. I. sino com o puras relaciones «objetivas» éntre ellos. Puesto que los productores de mercancías. eso — dice M arx—debería ser com prendido inmediatamente cuando se com para a éstas con otras relaciones históricas so­ ciales y económicas. es en verdad Uno totalmente invertido. cosificadamente vela­ da a través de la forma-valor fija y completa de las mercancías en la form a-dinero/5 de tal m odo que parecería que puede sólo cambiarse el precio de las mercancías. Pero al mismo tiem po. en donde el producto del trabajo com o mercancía se vuelve autónomo frente a su productor. de objetos de cuaLfuier tipo en forma o estructura de mercancía. D e m odo inverso. las relaciones sociales de las personas en sus trabajos aparecen7 6 en tod o caso. 38-39). en un mercado regulado p or sí m ism o7 4 . com o quiera que se juzgue. sino que tam bién es históricamente mudable. a los mismos productores las relaciones dociales que están en la base de las mercancías se les aparecen no com o relaciones sociales de trabajo entre hombred. por ejemplo. Esa mutabilidad aparece. puramente «objetivo»—en pri­ mer lugar solamente a trayés del intercambio de sus mercan­ cías como mercancías. com o produc­ tores de mercancías. las relaciones cosificadas entre mercancías reciben e l carácter de relaciones cuashperdonal&tf entre cuerpos de mercancías activos. Que un orden económ ico socialmente condicionado de tal rhodo. esa inversión. en principio. en la misma medida. a la «oscura» Edad M edia y a sus relaciones de de­ pendencia personales. cosificada. com o .M ax W eber y K arl M arx 93 y que es inseparable de la producción mercantil (ELcapital. porque también su autoconciencia está. pero no el carácter de mercancías com o tal de los objetos de consumo.

trabajadores y productos no necesitan tomar una form a fantástica. él expli­ ca (§ 61) que una cosa arriba a su propia determinación pre- . Adem ás. zoon polilikon. con trapon ien do otra v e z la «transparencia» de sus relaciones sociales respecto á los p ro­ pios productos del trabajo con la oscura inversión del m undo1 de m ercancías m odern o — su inhum anidad— . en esa ép oca es característico que aquello que M arx niega com o una «autoenajenación» del m oderno mun­ do de los hombres y que W eber afirma com o un «destino ine­ ludible». en esa delimitación. Esa enajenación personal es igualada expresamente p o r H egel con la relación del hom ­ bre hacia la coda. En consonancia con esa perspectiva histórica. cuya naturaleza hu­ mana consiste. 6. pudo ser legitimado por Hegel positivamente.7 7 sino la necesidad de retornar desde el hom bre parcial. 4 3 y sS. C om o aquí las «relaciones de dependencia personal son las que construyen el fundamento social dado. en que él es. La form a natural del trabaj o. El m undo de mercancías sólo puede ser superado a través de una funda­ mental transformación de las relaciones de vida concretas del hombre. sólo una relación «externa» respecto a la «totali­ dad» y la «universalidad» humanas. A l retrotraer el carácter de mercancía al de consum o no cabe sólo una des-capitalización. I. com o ba­ se de la producción de mercancías. D esde la perspectiva de eda relación. En el § 67 de la Filodofía del derecho. pp. es aquí su form a social in­ mediata» (Elcapital.). fundamentalmente. porque éstas tendrían. diferente de su realidad. su particularidad y no su universalidad. a u n hombre «natural». según M arx. en du totalidad. M arx desarrolla la posibilidad de un fu­ turo orden social com unista. Hegel explica que el hombre p o ­ dría enajenarde de sus particulared posibilidades corporales e in­ telectuales en la actividad de producciones dingulared y en un consum o delimitado en el tiempo. cosificadamente autónomo.94 K a r l LO w it h dudpropiad relaciones personales y no están «disfrazadas de re­ laciones sociales entre cosas».

la totalidad de las exteriorizaciones humanas de la vida y el consum o total de las fuerzas humanas es idéntico con el todo mismo de la vida sustancial. La Sustancia de la cosa es entonces. su consumo. singular. un esclavo. está en realidad más someti­ d o que el esclavo antiguo. en la total extensión de lo que es. pero era. El esclavo ateniense tenía quizá menos obligaciones y trabajo intelectual que el que. Cuando Se ha realizado el completo consumo de la cosa — esto es. y la exterioridad realizada. legalmente «libre». en consonancia con él para qué ella está ahí (con su naturálezá de cosa) — esto es. lo que Hegel extrae de ello: esto es. o alienarse — sin minimizar la «exteriori­ dad» filosófica de una relación com o ésta— . de lo que en apariencia es completamente «externo» a la cosa «misma» o «en sí»— . Asimismo. precisamente. Pero la filosofía de Hegel. Porque no obstante él es jurídica­ mente el propietario de su capacidad de trabajo y estaría en . no obstante. su «exterioridad». tienen nuestros actuales servidores. Y así surge en él el curioso agregado siguiente (al § 67): «La diferencia aquí dis­ cutida es entre un esclavo y el servidor actual. y ésté es el sentido originario de «propiedad». regularmente. para la cual lo «universal» del hom bre era el «espíri­ tu». que e l trabaja­ dor a sueldo. aparece lo que ésta es propiamente en primera instan­ cia. en una pro­ d ucción singular.M ax W éber y Karl M arx 95 cisam entey justo a través de que es utilizada y consumida p or el hombre. Con él consumo de una cosa Se apropia la cosa misma. no podría absorber la totalidad real del hombre completo y determinarlo en su totalidad com o una particularidad. para el consumo— . sólo p orq u e en s í es una relación «delim itada» y «externa» del hom bre respecto a sí mismo. sin embargo. dentro de un tiem po diario limitado. esto es. D e esa identidád de la süstancia'de la vid a personal con la totalidad de sus exte­ riorizaciones no sé sigue. que una actividad particular. porque la exten­ sión total de su actividad era enajenada». no depende de esa realidad irracional. M arx concluye a partir de ello exactamente lo contrario. o el jornalero.

\ - L a expresión específicam ente política de la autoenajenación humana es la contradicción interna entre el Estado moderno. en. pp.I. respectivamente. pa­ ra M arx. y la correspondiente crítica de M arx en Obradpódturnad. en parte. p ero ni com o éste ni com o aquél es un . es lo único que defacto «posee» y debe enajenarla para poder vivir (E l capi­ tal.). en to d o caso. III. el esclavo antiguo estaba fuera de la sociedad «humana» que en­ traba en consideración. p. porque la abdtfacción de la vidaprivada pertenecejustamente a la época moderna. a la vez el problem a universal de la sociedad m oder­ na. I. él se vuelve de ese m odo totalmente una «mer­ cancía». Crítica de lafilosofía delderecho de Hegel. y la sociedad burguesa o. La expresión política de la enajenación de sí humana en la sociedad burguesa La abstracción del Estado como tal pertenecejusta­ mente a la época moderna. la contradicción en di mismo del hom bre de la so cie d a d burguesa y del Estado burgués. solam ente p o r un tiempo limitado. sino «sólo» a su fuerza de trabajo y a ella la ven de tam bién. en oposición a ella. I. Él es. 1 30 y ss.96 K a r l L ó w it h igual condición que el poseedor de los medios de producción. (Com párese al respecto la form a «a corazón abierto». en el derecho natural de H u go § 144. ciudadano pú blico del Estado. El hombre real (de esa época moderna) es el hombre privado de la constitución del Vetado actual. o mejor. productora de mercancías. 2 6 8 y ss. W. pp. 4 57 y 499. hombre privado y. Ese «libre» esclavo asalariado encama. parte. y no se vendería a sí mismo. la form a cínica con la que H egel distingue entre totalidad humana y exterioridad. su fuerza de trabajo vendible. de tal m odo que su destino no tenía un significado general. porque ésta. porque.).

a esa form a determi­ nada de ser humano. de La sagrada fam ilia pueden permanecer aquí desconsideradas). cosificada de ser humano. Él «mistifica» absolutamente lo empírico. hasta en lo más singular. sino que él postula lo que es com o si fuese la esen­ cia del Estado» (W. L o especial en el hom bre burgués. de la mano de la crítica de la filosofía del derecho7 8 de Hegel y en discusión con el tratado sobre la cuestión judía de B.M ax W eber y K arl M arx 97 hombre «com pleto». y no de otro m odo. 476). sobre todo. sino la particularidad humana como tal. relacionadas de m uchas maneras.I. así también la crítica de la sociedad burguesa y del Estado burgués con ­ cierne a la esencia del burgués cóm o tal. con la crítica de Hegel de la sociedad burguesa. un «burgués».7 9 Porque «a Hegel no se le debe reprochar que esquematice la esencia del Estado moder­ no com o es. com o «hom bre». La crítica de esa particularidad del hom bre de la sociedad burguesa se une inmediatamente. Bauer (las referencias. en diferencia y oposición a la universalidad pública del ser-ahí. La crítica de la econ om ía com o crítica de la econom ía «política» y a es indirectamente una crítica de las re­ laciones de vida sociales y estatales de la humanidad que se organiza económicamente así. La particularidad humana que es combatida en esos escritos no es el hom bre com o poseedor de dinero y de mercancías. esto es. esto es. 1. a una forma invertida. Y así com o la crítica de la mercancía concierne ai carácter dé mercancía de todos nuestros objetos. a su estructura ontológica. L a crítica tem ática de las relaciones sociopolíticas fundaméntales del m oderno m undo de los hombres la desa­ rrolla M arx. en ese sentido. a la pri­ vacidad. esto es. A m bos tratados muestran de manera sistemática la autoenajenación humana en su form a político-social. un hombre «sin con­ tradiccion es». privilegiadamente un hombre privado y. lo que lo destaca para sí. de tal m odo que el contenido de sus explicaciones es . en tanto lo separa y lo recorta de la universalidad de la vida pública es que él es. para M arx. pero asistemáticas. a la humanidad privada. p.

[. 494) . ella no afecta al Estado político como tal. él debe salir de su realidad burguesa. 526).. Lb que Hegel presenta en los hechos no es otra cosa -en la interpretación de M arx—que el conflicto universalmente válido entre la sociedad burguesa y el Estado· «L o más profun­ do en H egel reside en que él percibe la separación de la socie­ dad burguesa y la política com o una contradicción. que no afecta ni a él ni a su realidad autónoma— y la social. que a la vez contrapone al hom bre viviente en ellos < . él puede ser un ciudadano estatal. la burocrática — que es una determinación formal externa del Es­ tado trascendental. L o que Hegel y a con oció y M arx vuelve el punto cen­ tral es el QSLrÁct&rJundamentalmente privado del hom bre dé la sociedad burguesa. 1. él se encuentra en una doble organización. Su existencia como ciudadano estatal es una existencia que radica fuera de sus existencias comunitarias. p.98 K a r l L o w it h del «materialismo más craso» (¡) (W I.I. 1. él se pósiciona como hombre privado. La posición de la sociedad burguesa es. en verdad una posición no política'. abstraerse de ella. de la potestad de gobierno. para adquirir significación política y efectividad.] Para comportarse como real ciudadano del Estado. p or ende -com o posición privada— . 492)..8 0 M arx combate esa separación de los intereses particulares y generales. y su existencia en la sociedad burguesa está acabada sin el Estado.1. es puramente in­ dividual» (W .I. la organización de la so­ ciedad burguesa. porque la existencia del Estado como gobierno está acabada sin él. Sólo en contradicción con esas comunida­ des dadas una vez. p. Porque la única existencia que él encuentra para su ciudadanía estatal es su pura individua­ lidad desnuda. Pero lo falso es que se conform a con la apariencia de su disolución» (W.. Coma ciudadano real. retrotraerse desde esa completa or­ ganización hacia su individualidad. Hegel es ma­ terialista en cuanto reconoce lo que existe defacto com o algo internamente necesario y lo postula absolutamente en la filo­ sofía. En ella. fuera del Estado. p. sólo como individuo..

c o ­ m o Estado administrativo burocrático racionalizado. p orqu e ¿óLo «p olítico». en diferencia con la universalidad pública. La hu­ manidad privativamente-privada del hombre de la sociedad . 572 y ss. para encontrar de esta manera el nuevo m undo. extraño. desde el conflicto del hom bre de la sociedad burguesa con sigo mismo. desde «las form as propias de la realidad existente». tanto com o ellos se abstraen de él com o hom bres individuales. tan extraña com o permanece por otro lado su vida privada respecto al Estado. de la vida privada de sus ciudadanos. el fin último. por ende. 538). el principio materializado del individualismo. Su Estado es un Estado «abstracto» porque él se abstrae. la «verdadera realidad y su deber ser com o su fin últim o». La determinación del hom ­ bre de ser miembro del Estado sigue siendo necesariamente una determinación «abstracta». p. ese mismo hom bre sólo es una form a privativa de ser humano. com o ju «res pública». la existencia individual.) su empresa.I. La sociedad burguesa actual es.8 2 así describe M arx en una carta (W. C om o hombre privado. de la vi­ da real. la form ación «positiva» de su idea de una sociedad humana. pp. esto es. 1. en general. en tanto las modernas relaciones de vida reales presuponen una separación de la vida real res­ pecto a la vida estatal (W . c o ­ m o una auto enajenación humana. y con ella del hombrease completa com o superación \Aufhebung\ c r ít ic a y m Iü com o superación de l a — presupues­ ta—contradicción burguesa de lo privado y lo público.M ax W eber y Karl M arx 99 en una existencia preferentemente privada y una pública. personalinente en el Esta­ do. para sí. Y en los hechos. para el cual todo es medio.I. respectiva­ mente. En la com unidad comunista se trata exactamente de lo contrario: en ella parti­ cipan los individuos como ¿«3¿V ¿<?í¿<w . o. hom bre p riv a d onecesariamente algo otro. a partir de la crítica de ese m undo en vejecid o. externo. P orque com o ciudadano estatal el burgués es — en tanto él es. 1.8 1 D esarrollar desde el con flicto de ese Estado fundam en­ talmente no político.

Bauer sobre la cuestión judía. siguiendo el tratado de B. tom ado así para sí. en cambio. emancipados humanamente. 573). autonomizados. son los judíos. 1. El verdadero fun­ damento. p. Weitling y otros) que sigue siendo una «abs­ tra cció n dogm ática» — es decir. universal. una form a de delim itación que ni la A ntigü edad ni la E d a d M e d ia habrían c o n o c id o (W . la universal? ». de la esencia privada» (W . corresponde también el repliegue de cada parti­ cularidad religiosa en el hom bre. Porque la religión nó sería y á el fundam ento. también el «com pleto principio socialista». sería sólo una cara de la total «realidad de la esencia humana verdadera». que de­ berían supuestamente em anciparlos. Porque una emancipación política de los judíos sería irrelevante. en tanto es una «aparición del prin cipio humanista aún contam inada de su contrario. Mientras el Estado sea cristiano y el judío. esto es. tan p o co com o los alemanes.I.100 K a r l L o w it h burguesa debe cancelarse en una com unidad que aprehenda la completa esencia del hombre. •A ésa radical reducción y destrucción de todos los m odos de existencia singularizados y. también su existencia «teoré­ tica».8 3 Es decir. en o p o sició n explícita co n aquel com unism o «real» (de Cabet. p.I. en esa singularización.I. 1. sería la delimitación del ser humano mismo a hombre privado. 581). p. sino sólo el fenóm eno. y que lo vuelvafundamentalmente un hombre comunis­ ta. judío — acuerda M arx con Bauer— . L a en apariencia más concreta pregunta sobre cóm o los judíos podrían ser políticamente emancipados en Alemania es resuelta por M arx inmediatamente con la pri­ mera oración. 1. p o r el contrario. ambos son tan p o co capaces de . según M arx. la destrucción de cada particularidad religiosa del hombre. « ¿ P o r qué les digusta tanto su especial servidumbre. cuando les gusta.8 1 M arx ha hecho realidad. el m o d o de aparición de la limitación humana (W . «selecta»^. Y eso. 437 ). mientras ellos n o sean «hum anam ente» emancipados.

que concierne a la emancipación respecto a cada parti­ cularidad en e l ser humano de modo abdoluto. La contradicción en que se encuentra el hombre religioso con el hombre político es la misma contradicción en que se encuentra el burgués con el ciudadano. en tanto investiga la relación de la emancipación política respecto a la em ancipación humana. entre el hombre viviente y el ciudadano eétatal. sino de la libertad humana respecto á la religión. com o de ser emancipa­ dos. ahí acaba Baüer de ser crítico y entra en juego el mismo M arx. en que la pregunta term ina de ser teológica. entre el jornalero y el ciudadano estatal. Tanto Bauer com o M arx describen esa reducción a rela­ ciones puramente «humanas» com o la única conducta a la vez «crítica» y «científica» ( !) (W . re sp e cto a coda form a de edpecialización humana. sin em bargo. sin embargo. 1. Entonces. deja reposar sobre sí la escisión entre el Estado político y la sociedad burguesa — esa oposición «mun­ dana»—y polem iza sólo contra du expresión religiosa. tanto com o a los cris­ tianos. no se necesita de una libertad religiosa estatal. E n el punto. 578). p. o tam­ bién en protestante y ciudadano del Estado. p o r ende. una com pletam ente universal y funda­ mental. entre el terrateniente y el ciudadanb estatal. com o tal. sin que el hom bre sea un hombre.libre». 585). Esa se­ paración del hom bre en ju dío y ciudadano del Estado. 1. n o sería una . p . L a p re­ gunta es. para emancipar realmente a los judíos. el miembro de la sociedad burgue­ sa con su pielde león política (W.8 5 Báuer.I. com o al hom bre religioso y al hombre privado. La frontera de la m era em anci­ pación política se muestra en que «el Estado puede ser un Es­ tado libre.M ax W eber y Ka r l M arx 101 emancipar (al hom bre com o hom bre). I. en la respectiva diferencia con los intereses sociales geueraled: La diferencia entre el hombre religioso y el ciudadano estatal es la diferencia entre el vendedor y el ciudadano estatal. Esá pregunta concierne tanto al hom bre de oficio m oderno.

aun como judío. históricamente de­ terminado com o citoyen. sólo es una expresión de la universalmen­ te válida contraposición del hom bre m oderno de la sociedad burguesa. I. para finalizar. su autoenajenación (W. La declaración de los derechos del hombre pre­ supuso — defacto—al hom bre com o burgués. I. Ningxuió de los llamados derechos del hombre sobrepasa.102 K a r l L o w it h mentira contra la ciudadanía estatal. esto es. al hombre egoísta. 591). se deriva que la emancipación política no es por sí misma la emancipación humana. la diferencia humanamente interna entre la «vi­ da individual y la vida genérica»: No decimos. estaba diferenciado de sí mismo c o ­ mo bourgueoij. 1. 590). miembro de la socie­ . Esta solo representa el general «alejamiento del hom bre respectó al hom bre». Si ustedes. quieren ser emancipados políticamente. con Bauer a los judíos: ustedes no pueden ser emancipados políticamente. sin emanciparse humanamente. judíos. También aquí se mues­ tra que los droité de l’homme no eran derechos del hombre. M arx comprueba. el mismo carácter imperfec­ to de la emancipación en los límites internos de los derechos del hom bre franceses (y americanos). obra como cristiano respecto a los judíos. sino en la esencia y en la categoría de la emancipación política. pues. sino privilegios burgueses. sin librarse completamentey fuera de toda contra­ dicción del judaismo. al hombre tal como es. Así como el Estado evangeliza cuando. porque ese homme. más bien: ya que pueden ser emancipados políticamente. sino la mera form a políti­ ca de emanciparse de la religión. La particularización de la re­ ligión. p. Si están limi­ tados en esta categoría. reclama derechos cívicos (W . sin emanciparse radicalmente del ju­ daismo. _ la imperfección y la contradicción no está en ustedes. comparten una limitación general. el judío hace política cuando. 1. aun como Estado. al hombre privado corno al honAyra propiamente dicho y verdadero·. Les decimos. p. pues. en sí misma.

I. por eso. en la idea de M arx. según su idea. «dem ocrático». Sólo ese sentimiento. El único vínculo que los une es la necesidad natural. en tanto cada hombre vale para él c ó ­ mo un ser «soberano». esto es. en sus rela­ ciones individuales.. I. separado de la comunidad. p. Y porqu e el hom bre de la poluf griega era. por eso es que M arx puede decir: El sentimiento de sí del hombre. 1. la necesidady el interés privados. a miembro de la sociedad civil. al individuo cerrado en sí mismo. debería despertarse de nuevo en el pecho de esos hombres. que desapareció con los griegos del mundo y con el «cristianismo» y se perdió en la neblina celestial. y porque el cristianismo es también.M ax W eber y Karl M arx 103 dad civil. p. 1. a individuo egoísta independien­ te. hacia la cual. La verdadera emancipación humana. y por el otro a ciudadano delEdtado [. una libertad de la meü alta comunidad — en con traposición con la libertad aparente del «singular atom izado». en su trabajo individual. reducido a su interés privado y a su arbitrio particular. de . sólo cuando el hombre reconoce y organiza como fuerzas Mcialed sus forceó propreé y. 595). la conservación de sus propiedades y de su persona egoísta (VV. por un la­ do. La libertad.. la sociedad. aún se debe realizar: La emancipación política es la reducción del hombre. debe ser emanci­ pado el hombre. Le­ jos de considerarse al hombre como un ser social. y como hombre individual se convierte en <ier genérico en su vida empírica.·]. sólo entonces se cumple la emancipación humana (W. la propia vida social. puede hacer de la sociedad. como una limitación . p or lo tanto. más libré qué el hom bre de la so­ ciedad burguesa. la libertad. es p or ello la libertad en el sentido de la filo­ sofía del Estado de H egel. Justo cuando el hombre real individual recoge en sí al ciu­ dadano abstracto. 599).de su autonomía originaria. desdé esa perspectiva. aparece más bien como un cuadro exterior al individuo. la fuerza social no se separa más en forma de fuerza política.

[ . solamente libre — en especial según su propia representación— . En él radica la posibilidad posi­ tiva de la emancipación humana.. una esfera. II. Mád bien. ya no a título hidtórico.] la cual puede provocar. pero en realidad es absolutamente dependiente y está «subsum ido bajo la p o ­ testad de las cosas». edto no ducede. 1. . que no puede emanciparse sin hacerlo respecto a todas las . a través de un cam bio social en el ser humano y en la misma aütoconciencia humana (que no es efectuable ni de m od o puram ente «interno». Obradpódtumad. de ninguna manera.104 K a k l L o w it h nuevo.] porque bd consideren diodeé. [. nna comunidad dé los hombres para sus más altos fines. sino porque y en tanto es una sociedad fuera de la sociedad. sino en contraposición multilateral con los presupuestos de la estatalidad alemana. finalmen­ te. p. es­ to es.. sino sólo a tí­ tulo humano·. p.8 7 IV.8 6 Justo en esa comunidad. por lo contrario. la que se posiciona no en contraposición unilateral con las consecuencias. será posible la libertad verdáderamente-perdonal. pero no en tanto es una cla­ se especial de la sociedad burguesa. La expresión social de la autoenajenación humana en el proletariado Cuándo bd edcritoreddocialidtad otorgan al proleta­ riado ede rol hidtórico univerdal. un Estado democrático (W. El hombre privado de la sociedad .burguesa es... p o r el contrario. I. 561). ni meramente «extern o»). 133 La introducción a la Fiiodofía del derecho de H egel ya contiene la frase: «L a disolu ción de la sociedad com o un estamento particular es el proletariado». que concierne al hom bre com o tal.

en esa autoenajenación. En cierta manera. una esfera que. su corazón. absolutamente excluidos de to­ da afirmación de sí. pp. en La sagrada fam ilia aparece (Obrad pódtumad. en sus relaciones dé vida. y no de una forma oculta e irttelectualizada para sí mismo. ha encontrado sus armas naturales. p o r el contrario. mientras que la otra. así entendido. en una palabra. pero una clase se sabe reafirmada. el proletariado. pp. el hombre proletario es menod des-humanizado tam­ bién que el burgués. que es cierto que la clase propietaria y el proletariado presentan fundamentalmente una y la misma autoenajenación.» En el mismo sentido. puede ganarse a sí misma (W.na del proletariado será más desarrollada en La ideología ale­ mana en relación con la universalidad de la m oderna circu ­ lación dé la econom ía mundial. sin embargo. pero precisamente a través ello desarrolla una conciencia crítica^ revolucionaria. de nuevo. 1. para la que el hombre com o ser genérico es la más alta esencia. n o puede liberarse a di midrnó. 619-620). Con el proletariado. . la filosofía de M arx. «E/a cabeza de ésa em anci­ pación es la filosofía. una conciencia de clase. son capaces de realizar su completa — y no . porque lo es evidentemente. emancipando a todas esas otras esferas. «resume en sU culmina­ ción inhumana» a todas las relaciones de vida de la completa sociedad actual.M ax W eber y K arl M arx 105 otras esferas restantes de la sociedad y. e inversamente. sus armas intelectuales. I. es «la des-hum anización consciente de su des-hum anización y co n ello superadora de la mism a». 131 y ss. por lo que solo a través de la comple­ ta ganancia del hombre. II. Sólo los proletarios del presente.). él proleta­ riado. es la completa pérdida del hombre. El proletariado es la autoconciencia de la «m ercancía». sin tener una conciencia crítica de ella.8 8Ya que el p ro­ letariado. sin con ello emancipar a l a completasociedad. Esa función univerdal-\mma. porque debe enajenarse a sí m ism o igual que una m ercancía. con ello.

Entonces. y así se convierte necesariamente. La circulación universal moderna no puede ser subsumida. pero ellos mismos permanecieron bajo la división del traba­ jo y subsymidos bajo su propio instrumento de producción. es que tiene un significado fundamental y universal. no porque los proletarios fuesen «dioses». se disuelve.' ICa r l L ó w i t h más estrecha—afirmación de sí. del m odo más apreciable. su posición tiene una función uni­ versal. sino por­ que el proletariado encam a para M arx lo universal-humano. 296). el ser genérico del hom bre en su negación. a la vez que con la humanidad priva­ . sino un m ero ex plotador y v e n d e d o r de su fuerza de trabajo. una m ercancía personificada.'imbricado con ellas.· en la apropiación de los proletarios debe ser subsumida una masa de instrumentos de producción bajo cada individuo y la propiedad bajo todos ellos. En todas las apropiaciones llevadas a cabo hasta aquí. con el significado central del proletariado com o el núcleo de la problemática social moderna. porque no es en absoluto un «hom bre». : p. análogo al carácter de mercancía ¿fe todos los objetos m odernos. en la «anatomía» de la sociedad burguesa. com o un destino humano. En él se muestra la economía. C on la autoliberación del proletariado com o el es­ tamento universal que n o tiene ningún interés particular que representar. una masa de individuos quedó subsumida bajo un único instrumento de pro­ ducción. que consiste en la apropiación de una totalidad de las fuerzas de producción y del desarrollo de una totalidad de capacidades. Todas las an­ teriores apropiaciones revolucionarias fueron limitadas: indivi­ duos cuya afirmación de sí estaba restringida por un instrumen­ to de producción y una circulación limitados se apropiaron de ese instrumento de producción limitado y lo llevaron a una nue­ va limitación. bajo los individuos de otro módó que a través de la subsünción bajo todos ellos (La ideología alemana. en tama­ ño natural». Su instrumento de producción se volvió sil propie­ dad. P orqu e dado que el trabajador asalariado está enajenado completamente p or la «pregunta terrenal. en el extremo de la autoenajenación.

para M arx. El no fue un «empirista abstracto». el proletariado. M arx no investiga. cu yo «hom bre sim ple» es un ser génerico social. relaciones.9 2 Que esa «autoenajenaeión» está «condicionada» p or la forma y el estadio de desarrollo de las relaciones de p rod u cción «materiales». en el hilo con du ctor de la autoenajenaeión humana. contradicción burguesa (com o y a había sido formulada p or H egel) de parti­ cularidad y universalidad. En el lu­ gar de la mera in-dependencia del individuo burgués entra la libertad positiva de la más alta comunidad. meras articulaciones. sino en cada perspectiva des-racionalizada.y K arl M arx 107 da. p o r la división natural del trabajo. ni más ni menos que una superación de \a. ex- . sino que M arx analiza la totalidad unificada del m undo de los hom bres m oderno. a la manera de una sociología empírica especializada.9 1 Pero tam poco era un «materialista» filosófico abstracto. en cuya «cum bre» está. Esta se supera en la humanidad universal de la comunidad. con su propiedad privada y con la economía privada-capitai lista. para él. el carácter fundamental de su privacidad. desde la posibilidad de su superación y esto significa. privacidad y publicidad en una sociedad no sólo sin clases. que habría «dedu cido» to d o de la mera econom ía.M ax W e b e r . entonces. en la que todo es com ún a todos. p orqu e ambas n o son separables cuando el «hom bre» es el «m undo» del hombre. por su parté. con posesión y econom ía cómunes. que no es una c o ­ munidad de los «círculos com unitarios más pequeños» y de las' «relaciones inmediatas del singular coii los otros». p or la suma de las relaciones de vida concretas.®9 sino una comunidad: de la vida pública. qué sumados deberían com poner la totalidad de la realidad. no significa que no sea más que el «produ cto» de una circulación particular. puramente económica. su «vida». La autoenajenaeión es contemplada. c o ­ rrespondencias y «efectos m utuos»9 0entre campos derealidad o «factores» singulares y con igual valor en sí. N o surge ni de una pura «interioridad» ni de una masiva «exterioridad».

sino en su concretización.. hacer realidad a la filosofía a través de que la superó. a diferen­ cia de la ciencia científica9 1 de tantos marxistas. y quiso superarla por medio de la realización. dentro de «lo que es». «conciencia del mun­ do·». y esa conciencia moral permi­ tió al M arx hegeliano no sólo mostrar las «condiciones reales» del ser humano..] cóm o avanzay se detiene [ .9 5Esa form a de su planificado volver realidad a la filosofía está necesariamente condicionado por lo que.m K a r l L ó w it h terwrización de la vida. N o obstante. la problemática social en su tendencia histó­ rica de movimiento. y no sólo «el pensam iento a la realidad». de m odo que su «realidad» «impulsa a ese pensam iento». sino que el hom bre real es su « verdadera realidad». y su «autonciencia». en aquélla [la conciencia]. o también dejar disolver a éste [el ser social]. El progreso de La ideología alemana y en parte y a de L a ja grada fam ilia sobre la Crítica de-lafilosofía del derecho de H egel no consiste.] . . en la con­ vicción de M arx. Su conceptualización se vuelve más concreta no porque se la ligue origina·^ ñámente á un «factor» económ ico abstracto.. com o cualquier otro crítico de la sociedad. cóm o es enajenado [ . [ . su idea del hom bre. un iiicondicionado. porque la «categoría» el hombre se determina concreta e históricamente— ?* V ero el hombre «réal» n o es el hom bre «en su existencia casual. . y ésta es el hom bre en-la idea. mucho más. la «conciencia» en el «ser» social.. se topa con él . en un aban d on o del p rin cip io de la autoenajenación del hom bre. él sí poseyó una conciencia moral filosófica. inversamente.] por la completa orga­ nización de nuestra sociedad esa «apariencia» de sí mismo. otra vez. M arx quiso. La realidad que ella porta es. se lo impidió: hacer de las condiciones mismas. sino que también. Es bien sabido que M arx había «saldado cuentas » en La ideología alemana con su «conciencia moral filosófica» pero. aunque tam poco la encontró y a dada empíricamente. sino porque se la incluye en la relación concreta y diferenciada de las relacione s de vida concretas -e sto es. M arx se representó tan escasamente a esa.

El contenido originario y pleno del análisis crítico de M arx del hom bre de la sociedad económ ica burguesa se pierde con ese marxismo vulgar.M ax W eber y K arl M arx 109 com o lo que es en verdad y también pór lo que dedeo en «última instancia» — algo totalmente diferente de Weber. con su «con cien cia moral filosófica »— . úna crítica del marxis­ mo. colabora una falsa interpretación de los m otivos de investigación originarios y abarcadores de la so­ ciología weberiana p or parte de la sociología burguesa espe­ cializada. A la crítica fallida de W eber a Marx> condiciona­ da p or esa pérdida. A sí com o ella cubrió con una colección d e datos y con disquisiciones m etodológicas el punto de vista rector de las investigaciones sociológicas de Weber> esto es. inversamente — y en com binación con el marxismo vulgar— . pp. en mayor o me­ norm edida. el fenóm e­ n o histórico humano de la racionalización.9 7 es un producto del marxidmo económ ico vulgar. 291 y ss. L a crítica de W eber de la concepción m aterialista de la historia El título bajo el que W eber presentó en público sus investiga­ ciones religioso-sociológicas en 1918 fue Crítica poditiva de la concepción materialidta de la historia?6 D iez años antes y a había form ulado. escondió bajo argumentaciones antimarxistas el punto de vis­ ta rector de M arx. indirectamente también. La «concepción materialista de la historia» que presupone la crítica de Weber. preparado p or Engels y por el M arx tardío.C .. no se detécta ni p or el contenido ni p or las palabras en el midmo M arx. en consideración a su m étodo principia!. A pesar de esto se revela. todavía. también W eber. al fenóm eno histórico humano de la enaje­ nación de sí.. aun en la form a defi- . y en especial en el joven M arx — que no «saldó cuen­ tas ». en su crítica de la «así llamada» superación de la concepción materialista de la histo­ ria de Stammler (D .). C .

que en esa posición frente a Stammler está pre­ sente.C . entrecruzadas de múltiples maneras). el verdadero motivo de su diferencia. en principio para la propia interpreta­ ción científica de W eber y para la correspondiente crítica a M arx.110 K a r l L o w it h cíente de la crítica de W eber a M arx. el «empirista» sociológico. una posición tal frente al mismo M arx. para la vida social en di. del segundo apartado de esa crítica lo siguiente: la tesis espiritualista.. mismo ocurre con la tesis materialista — contraria en el contenido. Ese m otivo propiam ente d ich o debe ser e x ­ traído de la form a deficiente del ataque. tan incom probable com o irrefutable. 299) y el «empirista» sociológico con «sentido com ún» (W e­ ber). p. que afirma que «en última instancia» la historia humana t-incluidos el acontecer político y económico—no refle­ jaría otra cosa que luchas relLjii>da>i. Contra ambas afirma Weber. que enuncia que. La crítica indirecta de Weber a Marx. los agentes dominantes de la historia humana serían las luchas econámicad. pero no en el m étodo— . esa tesis es. para volver a empla­ zar la diferencia entre W eber y M a rx sobre su suelo origi­ nario. «en última instancia».9 8 U n planteamiento de la cuestión dogm ático com o éste p o ­ . sólo quiere tomar en cuenta directamente las referencias y m odificaciones de Stammler de la con cepción materialista de la historia. que ab­ solutamente nada puede estipularse de m odo científico sobre el significado causal de lo religioso en di. desde la experiencia científica de W eber o «empíricamen­ te». se debe extraer. simultáneamente. por lo que debería ser expli­ cada unificada y evidentemente (pero no com puesta a partir de lineas causales. en la discusión con Stammler Si dejamos de lado que el diálogo de parodia entre el supuesto «espiritualista» socip -filodóficooincludo «materialista» (D . Lo.

sino que esa crítica quiere ser «positiva» a través de que. en el m ejor de los casos. p or ende. com o análisis histórico «con­ creto». tal vez. renuncia a cada forma de deducción clara y en su lugar. (E l resultado en verdad positivo de la crítica de W eber a Stammler es. sólo puede estipularse por la investigación histórica. D e otro m odo no se comprende por qué no se debería hacer también el intento de derivar v i­ da social. de las molestias diges­ tivas». en oposición a és­ ta. no consiste1en una extensión dogmática de unos componentes singulares. reglad generar les del acontecer histórico. pero en qué medida él esté legitimado «de hecho». procedería espiritualmente. y con ello deja sin fundamentos . un análisis de los diferentes sentidos de laregulaciónposible. en el caso histórico singular. aquí sólo muy es­ casamente retratados. «de indicios del cráneo. científicam ente posible. básicamente.) La perspectiva total. sino en urí progresar desde la unilateralidad necesaria de cada m odo de ob serv a ción cien tífica b a jo determ inados pu ntos de vista que delimitan su objeto unilateramente hacia la multiplicidad de los m odos de observación. o del efecto de las manchas solares o. M ás allá de eso se podría arribar aún a. evaluable «heurísticamente». corresponde el sentido de la dispersa re­ ferencia a M arx en los Ensayos sobresociología déla r e lig ió n Tam­ p oco ésta quiere ser una crítica positiva de la concepción materialista de la historia en e1sentido de que. La crítica de Weber a Marx en Eiutayotf ¿obre sociología Be la religión A esos argumentos de la crítica de Stammler.M ax W eber y Karl M arx Ul dría ser. en la que sólo los «dogm áticos» estarían obstinados. hace referencia a la condicionalidad mutua de todos los factores de la realidad histórica. de un factor sin­ gular en dirección al tod o de una «fórmula del mundo». en última instancia.

1 0 0Él mismo se vuelve atrás de esa cumbre confu­ sa enseguida. 83) . que el capitalismo com o sistema eco­ nómico sería un producto de la reforma». impregne su concep­ ción básica oportunamente de m odo antimarxista. Que Weber. y después ha­ ble de ese cam po com o de una «estructura ética». «científicamente».1 0 2 A pesar de esa renuncia. asimis­ mo espiritualista y causal. es un expo­ nente destacado. sino según reconocimiento del des­ tino de la racionalización en general. Ambas son igualmente posibles » (Ensa­ yos sobre sociología de la religión. porque «no debe avalarse una tesis tan locamente doctrinaria com o Ja que afirma que el “espíritu capitalista" [. Para W eber sólo hay un espíritu del capitalismo en tanto una tendencia general hacia el m odo de conducción racional de la vida. Y aún más claro dice. esto es. portada por el estamento burgués de la sociedad. la propia investigación de W eber sobre el espí­ . tanto espiritua­ lista com o materialista. ni com o un espíritu de­ pendiente de ellas. el así llamado «es­ píritu del capitalismo» no es entendido por W eber ni de forma manásta vulgar. así fundamentada. que fun­ da la afinidad electiva interna entre economía capitalista por un lado y etbos protestante. 205).. la ciencia de los hechos misma.. no puede confundirnos. de la que la ciencia «empíri­ ca» especializada. p. igualmente ¿wposibles ( ! ) .112 K a r l L o w it h la «unilateraJidad» de la metafísica de la historia. -En relación con esto. por el otro (Ensayos sobre sociología de la religión. en la cumbre crítica de su argumen­ tación sobre el materialismo económ ico. a la m etafísica de la historia. que no habría sido su objetivo «poner en el lugar de una interpretación de la cultura y de la historia materialista unilateral una otra interpretación unilateral. com o un espíritu meramente ideológico de las relaciones de producción capitalistas. p.1 0 1 Pero no son científicamente imposibles según cualquier norma objetivare la ciencia. al final de la investigación. existente por sí y originariamente religioso. correctamente en­ tendido: ambas son.] sólo pudo haber surgido com o afluente de determinadas influen­ cias de la reforma o. incluso.

la realidad de la ciencia. en oposición a la univocidad dogm ática de una fórmula del mundo. sino la solidificación posible de una particularidad hacia un Todo. Él mismo descríbe la diferencia de su m étodo con el del marxism o. esto es. Una pura com probación científica y especializada de datos es a ella la investigación weberiana. en­ tendidas com o crítica a M arx. con la distinción entre un m étodo «em pírico» y uno «dogm ático».. quiso debilitar cada atadura & cualquier cosa dada determinada \Gegebenbeiteñ\. Aun cuando W eber no fuera tan «locamente doctri­ nario» de querer deducir el espíritu del capitalismo de form a pura relig iodo-sociológica. El verdadero sentido de su procedimiento «empírico» radica. ni más ni menos lo que el hom bre W eber era respecto al espe­ cialista. no obstante. Su sen­ tido verdadero reside. L o «positivo» de sus investigaciones. m ucho más. en que W eber. sólo aparentemente en el p ro­ gresar desde una «unilateralidad» necesaria de la observación científica especializada hacia la «multiplicidad». aunque estructurado de m odo diferente.M ax W eber y Karl M arx 113 ritu del capitalism o rio es — en con tra d icción con su autoconciencia científica especializada—una pura com probación «em pírica» de «h ech os» aislados. tam poco estuvo tan a la deriva en su actividad com o para poder conform arse con el acopio de empiria abstracta. radica n o en una inversión dogmática del m étodo marxista vulgar> sino en un método fu n ­ damental.sm o que debe percibirse p or su relación con el T odo de su com ­ portam iento frente a la realidad — incluida. combate una forma determinada de — en aparien­ cia—totalidad. L o que él combate «fácticamente» no es la totalidad de la existencia y la observación. y p or eso representa una «guía dentro del infinito». L a totalidad verdaderam ente posible. y con ello también su extensión hacia un «Todo» ilusorio. La otredad de su m étodo no es extraíble de lo que él dice a l redpecto. con su re­ nuncia a una «hum anidad com pleja» y a una «fórm ula del m undo» abarcadora. que él .

mientras que el «éxito» res­ pon d a p or ellas. la ruptura de cada «carcasa»> de cada institución. p. Y a pesar de esto. de m odo «técni­ co»1 0 4 .. sino a la vez y sobre tod o el c o n ­ trasentido de un sistema abierto de «posibilidades». y que com batió cada método «dogm ático» precisam ente com o la form a científica de una posición del hom bre respécto al m undo atrapada en lo tras­ cendente. lo verdaderamente humano— . Y así surge también la forma propia de su m étodo «empírico»-especializado en que él no estaba atado p or ninguna disciplina de la vida y del saber. p o r lo tanto. 170).114 K a r l L o w it h mismo pone en práctica. no era la reunión de todas las iinilateralidádes posibles hacia una así denominada multiplicidad. W eber no renuncia con ello. de la racionalización. de ninguna ma­ nera --com o parecería ser en sus argum entaciones contra .C .1 0 3 W eber utiliza constantemente las «ventajas de la división del traba­ jo». tam bién en la ciencia. También la inmensa casuística de sus definiciones conceptuales en Econo­ mía y sociedad tiene no sólo el sentido de delinear definitoriamente la realidad y de fijarla. esto es. En realidad. aquel resto de «individualism o» que significaba. de cada orden y seguridad práctica y teórica — para conservar. social o incluso econó­ mico. sino p orq u e W eb er — en el saber de lo inseguro de nuestros ideales y realidades actuales— se com p ortó hacia ésta. Pero no es ciencia de la realidad porque haya concebido de forma puramente científi­ ca a la realidad com o algo siempre igual y fijo de una única manera. pero simultáneamente subraya la «irreali­ dad» de esa unilatéralidad qué escinde teóricam ente la realidad (D . sino la totalidad negativa dé la libertad de movimiento hacia todos lados. para él. puede afirmar que la sociología que él practi­ ca sería una «ciencia de la realidad». com o una fijación dem asiado rápida a supuestas «últimas» instancias de tipo religioso. o m ejor precisa­ mente p or esto. nuestra realidad. tan libre resp ecto a los fines com o sujeto respecto a los m edios y.

aunque sí se medirían arribos autores en aquella lucha de los «dioses». porque consiste en el reconocim iento de una contradic­ ción: de la división del trabajo racional. sino que sé debe discutir sobre los mismos «patrones valorativos reguladores».M ax W eber y Karl M arx 115 Stammler (D . en perspectiva con la relación responsable entre medio y fin. en las posiciones de princi­ pio. en su tratado sobre la «objetividad» del conocim iento científico so­ cial. con su «interés de clase» — si acepta­ mos aquí. esto es. En relación con esto W eber discutió. Y así.C. utilizar este concepto. porque cuajado se trata en vérdad de una lucha entre tomas de posición por los principiod .C . en prim er lugar. dino también entre codmovidioned del . p. a cada m étodo de principiad. por esta vez. Sólo sé trata de que el «principio» apropiado y uni­ ficado de su conducta teórica y práctica es mucho menos fácil dé detectar que el p rin cip io dogm á tico-revolu cion ario'd é M arx.. sigue siendo perfectamente verdad que la cosmovisión del mundo que representa el singular. y aun co n los tnediod de la ciencia. suele tener un decisivo grado de afinidad electiva. p. como nos gusta creer hoy a noso­ tros. Aun así. especializada y de la parcelización del alma. p ero dé tal m odo que para él precisa­ mente esa racionalidad era el lugar problem ático de la liber­ tad. ■ mundo. y lo planteó «racio­ nalmente». en apariencia uní­ voco (D.. 153). sino que también W ebér es irrefiitablé en el cam po de los así denominados «hechos». N o sólo se puede.. esto es. la pregunta de «qué significa y qué objetivo tiene la críti­ ca científica de los ideales y juicios de valor». 1 6 6 y ss. entre «intereses dé clase». en sí mismas consecuentes.] se discute no solamente. si bien no «solucio­ nar». sí dominar sobre su propio suelo. Una lucha así no es superable p or medio de ningún «relacionismo» (M annheim ). a cada dom inio y conceptualización del «T odo» en su «unidad».. entre otras cosas y seguramente en un muy alto grado.)— . y [. Esa contradicción es la que él iriténtó. no sólo M arx.

en di mumo. el To­ do de un principio. real y humano. uno con demanda universal.entre cada «unilateral» perspectiva y aspecto. en consideración-con la realidad que nos determina. en la ponencia de 1918 sobre el sionismo radical. entonces n o « una lucha.\ . la duda sobre la expectativa del marxismo de que el hecho de apartar la econom ía privada pondría fin a la dominación del hombre sobre el hombre. tanto de los junkerd * y de la burguesía satisfe­ cha com o de los trabajadores socialdemócratas. verdadero y. trataba ya el discurso académ ico inaugural de W eber de 1895 sobre el Edtado-nación y la política económica popular. [T V .116 Ka r l L ó w i t h últimos. es principio y final de una m i­ rada fundamental sobre lo que es. sino el resumen de lo significativo en. creyeron saber lo que es. * Nombre que recibieron los terratenientes prusianos a finales del siglo XIX . Y dado que M arx y Wéber. Ese Todo no es la suma de todo aquello que existe. El Todo. es la problemática del m undo m oderno de los hom ­ bres. A su resque­ mor sobre la capacidad de la burguesía para correr el «velo de sus ilusiones» y reconocer que la herencia de Bismarck se ha­ bía vuelto la maldición de su decadencia política le correspon­ de. en realidad. que es «capitalista» desde una perspectiva económ ica y «burgués» desde una perspectiva política. en su significación y han convertido en el objeto de sus investi­ gaciones. en donde dijo a su propia clase incóm odas verdades y tematizó el fracaso político. que ambos han visto igualmente en el origen. su ciencia concier­ ne ya también a un «T odo». delEd. por lo tanto. digno de conocerse. sobre la base del cual se investiga en sin­ gular. agrupados en un partido conservadory nacionalista. en verdad. D e él. de ese mun­ do. sino que cada principio es.

Honigsheim. 64/1 y La moral de la so­ ciología. 404 y 435). Extraído del discurso de conmemoración de K. pp. Política y ciencia en M ax Weber. La interpreta­ ción de esa relación la da Hegel en la Introducción a la Filosofía de la Historia. 11. 504 y ss.. 4. 6. Jaspers para Max Weber. K.C. Lewalter. La posición histórico-espiritual de M ax We­ ber. Lassalle también describe las leyes del mercado como el «frío destino antiguo del mundo burgués». año 29. Mannheim. Sociología corno cien­ cia de la reaüdád. Steding dé 1931. Véase al respecto la disertación de Marburg de Ch.. K. Escritos histérico-políticos. El mismo Weber se refiere reiteradamente a la relación inter­ na entre pasión [Leidenschaftlichkeit] y objetividad [Sachlichkeit] en sus conferencias sobre la ciencia y la política como vocación (D. cuaderno 5. Honigsheim. Lenin y lafilosofía. 1929. . 156. en Cuadernos trimestrales para sociologíade Colonia V 3. sobre todo. por ejemplo. en Nuevo anuario de ciencia [Neue Jahrb. Sozialpol]. ) 7. Hess del año 1841. Véanse Artículos completos sobre sociología y política social [Ges. Véase al respecto J. J. 5. 1/2 pp. p. S. f. Extraído de la poesía que introduce Marianne Weber en la biografía de Max Weber. 1956. £ / círculo de M ax Weber en Heißeiberg. 2. Crítica de la sociología. 8. III. 1931. 10. Freyer. 1929. Extraído de una carta de M. ya citado. 260 y ss. 15. 8 y ss. donde se muestra de forma convincente en especial la propia interpretación histórica de Weber en el análisis dé la profecía judía antigua (véase. I. Landshut. pp. u. 9.]. Luppol. Bi­ blioteca Marxista. 319 y ss. op. pp. H. Ensa­ yos sobre sociología de la religión. com­ párese en oposición con H.M ax W eber y K arl M ar x 117 N otas 1. Gomo lo hiciera Marx. 13/16. Jaspers. Véase P. E. 12. 530y 533. Obrad comple­ tas deM arx y Engeld. Sociología deisaber y marxismo. Véase P. Freyer. Aufsätze z. 3. cit. Véanse. 1930. 1930. pp. u. Soziol. Archivo para sociología científica y política. en Los hospederos delpueblo [Die Volkswirte]. pp. W. Ideología y utopía.

Sombart y M. L ó w it h 13. como excepciones. D. ELconcepto del espíritu capita­ lista en W. Ya la primera investigación de Weber sobre el capitalismo occiden- . sino que. Honigsheim. 60v ss. Véase P. f.1921. esta regla. en lo que sigue. Wiss. K a r i . ya citado... y 551. op.. lo cual está presente en JVIarx. Freyer.]. 35 y ss.. en lo inapro­ piado del aparato conceptual de Weber es porque no nos atañe. Logos XIX. en Archivo económico universal. !. completos sobre socio­ logía y política social.) comprueban.C. Ensayos sobre sociología de la religión. octubre de 1929. Fechner. 527. Weber y las categorías sociológicas básicas Comunidady Sociedad. 17. 102y ss. fue indicado por Landshut en su Críticade la Sociología. 498). Wolf. prefaciop. p. a diferencia de todos los órdenes anteriores de vida co­ munitaria. Lukács (sobre todo p. 15. y 198 ss. 38y ss. con el planteamiento y el origen de la sociología.) e Historia y concienciade clase de G. Sobre el sentido de esta tesis de la libertad valorativa compá­ rese con P. medir «el punto de par­ tida del planteamiento» de Weber con la articulación y la captación de la realidad. Honigsheim.y 213. la presuposición. las cuales contienen una determinación teorética de la «realidad». en Nuevo anuario [Neue Jahrb. u. El significado histérico-espiritual de M ax We­ ber. pp. así expresada. 535 y ss. Véase E. sean esquivas. 20. moderna (desde Hegel a Marx. ya citado. sin conside­ rar la dignidad del planteamiento de la metodología y la conceptualización de Weber.1. E l criticismo ético de M ax Webery et problema de la metafísica. Véase al respecto E. Compárese con Freyer. M ax Weber como sociólogo. 14. H. ¡en especial pp. y Landshut. Cuaderno 6.. 3 y D. 1931. 208 y ss. 3. 18. 16. El hecho de que aquí no se profundice. Marxismo y Filosofía de K.. de la «sociedad» — burguesacapitalista— . 19. Que ya las oraciones que inmediatamente siguen a esto. 115 y ss. p. Jugendbildg. La sociología de Weber comparte. p. Korsch (sobre todo pp. 156y ss. en Cuaderno trimestralpara las Ciencias sociales de Colonia 1.C. cit. p. en su diferencia originaria con el de Marx. queremos mostrar la forma propia autónoma de su punto de vista rector para la interpretación del capitalismo. aparentemente — a diferencia de Landshut— .118 . Véase sobre todo La ciencia como vocación. pasando por Stein). pp. además Socialismo (Art.

El mismo Weber se creó la construcción de «tipos-ideales» para resolver conceptualmente esta relación. como expresión de cada toma de posición responsable. La expresión se origina en Weber presumiblemente de la ca­ racterización de Lask de la lógica hegeliana. 46. y a ello corresponde el carácter más o menos «de constructo» de todad las formaciones con­ ceptuales modernas. que radica en que Lukács — siguiendo a Marx—desvela las aún más abstractas catego­ rías de la filosofía a través de la interpretación socios-histórica en su determinación (véase Marx. Lo que Landshut no ve es que con eso. se enmarcó en la perspectiva de presentar la bolsa co­ mo exponente de una comunidad que se «desvinculó» en «socie­ dad». sobre la base de una errónea «disyunción de hombre y mundo». Pero la. p.. pp. su significado positivo.). no se ha dicho nada todavía sobre la forma antropológica determina­ da de esa unidad ontològica. 22. según nuestra interpretación.M ax W eber y K arl M arx 119 tal. Landshut (ya citado. una «falta de articulación del punto de vista de valor y realidad». para Weber tanto como para Marx. Compárense las delimitaciones de Weber contra Tonnies en Ecorwmía y dociedad. con que el hombre como un «ser-ahí» ontològico es un «ser-en-el-mundo» (Heidegger). Ese «dualis­ mo» motivado soció-históricamente es. Véase más adelante el apartado III. Sobre la crítica de la economía política. . nota 2. 265. en la visión de Lukács. De ahí surge la «disyunción» de hombre y mundo. ca­ racterizada por la «racionalización» y la «autoalienación». 21. pp. nota I y p. 38 y ss. 23. 122 y ss. La boba. cuyo carácter funda­ mental filosófico consiste en que libera tanto como produce la reali­ dad. Aquí ya se observaría qué significado decisivo tiene para Weber la «consecuencia». tam­ bién la base del mundo conceptual dualista de la completa filosofía moderna y sus «antinomias» (véase Lúkács.C. Grab.) visualiza en la artificialidad de esa construcción un abandono de la propia meta de investiga­ ción de W eber de un conocimiento de la realidad en su propio significado. I c I § 9 y también nuestra nota 44 sobre la críti­ ca de Weber de H. lo «técnico» de su procedimiento. 24. ya citado. D.forma propia moderna histórica del «ser-en-el-mundo» está. La crítica que Lewalter (Archivo dedociología chntíficd) hace a la interpretación marxista «logicista» de Lukács malinterpreta.

120 K a r l L ó w it h 1930. p. wiss. debería preguntarse si ese giro no surge ya de una inversión teorética de las relaciones materiales normadoras. p. 28. pp. no afirma que el éxito universal de la racio­ nalización no sería. ya que aun según la propia visión de Freyer. . W. Grab. sociología de M ax Weber. Véanse Weber. en uno «de contenido». 29. introducción [Einl.) y con ello diagrama también la posibilidad de una transformación teorética — imbricada con la revolución del completo modo de existencia humano-social en sus fundamentos— Véase más sobre el concepto del tipo-ideal en el tratado de V. i. pp. 141). 317 y ss. d. contra su volun­ tad. pp. no obstante. Soz. p. El mismo Freyer exige una formación de conceptos que respon­ da tanto a la forma objetiva como á la vitalidad humana de los fenó­ menos sociales. También Grab malinterpreta el sentido socio-filosófico del «individualismo» socio­ lógico de Weber cuando no ve en él otra cosa que una mera «absolutización» de Una determinada esfera de la realidad. 1927. pp.] 26. y no de la «comunidad»). Soz. y Spann. Compárese también con H. la misma sociología está anclada socio-his­ tóricamente.. 177) dice que el «individualis­ mo metodológico» de Weber a menudo se vuelve. la propia diferenciación de Freyer de la reali­ dad social respecto de las formas del «espíritu objetivo» presupone ya una específica ligazón no vinculante del hombre — del hombre mo­ derno^ con el «orden» social (la estructura de la «sociedad». Pero la pregunta es qué «valor» tenía para Weber. 23. 27. Cuando Freyer (ya citado. Que la libertad del singular sólo es el opuesto de la racionali­ zación «aparentemente». Geisteswiss.1922]. y con ello también sociológica. X X X I X y ss. la pérdida de libertad \Unfreiheit\ del hombre singular (véanse Escritos políticos completos. u. ges. 319 y ss. tomó 49. Doc­ trina de la sociedad. 25. Véase la caracterización de Weber de ese Estado en Escritos políticos completos. pp. como si fuese la realidad toda. Defacto. 351y S s . Pero también esa «doble faz» no puede escapar de la pregunta de en dónde reside el acento fáctico de nuestra proble­ mática social.I. El concepto de lo racional en la. 8 y ss. Schelting en el Archivo de sociología científica y sociología política [Archiv f. pol. Dilthey. Economía y sociedad. J. I..

Landshüt yerra desde el comienzo en la construcción del análisis de Weber. Economíay sociedad. Mientras que Marx avanza desde aquí hacia el aná­ lisis del proceso de producción capitalista como la «anatomía» de la sociedad burguesa. pero excluyendo la tendencia práctica hacia una emancipación del hombre a través de la transformación del mundo. Las explicaciones relacionadas de Landshüt son ricas en derivaciones — también para nuestra investigación— y tocan el núcleo del planteamiento sociológi­ co. El mis­ mo Landshüt lo expresa cuando. Landshüt quiere demostrar que la diferencia entre racionál-irracional habría sido trasladada de la conducta económica.. la interpretación religioso-sociológica de Weber del mismo fenómeno se movería en la dirección de una crítica de la connotación marxista. Véanse «Los fundamentos racionales y sociológicos de la música». 6. I. a ella perteneciente. II. 31. Pero a la vez. que incluso el origen no debía buscarse ahí. en tanto práctica­ mente unívoco. El suelo originario de esa dife­ rencia fundamental sería el capitalutnw. mucho más transparente que el anterior. en contraposición. es el de Landshüt (ya citado. en consideración con su presenta­ ción de Weber. dice que era consciente «de que la relación con la teoría económica no estaba de ninguna manera agotada. porque confunde su planteamiento de la cuestión con el de Marx. 54 y ss. y 77 y ss. El único intento realizado hasta atora de aclarar el concepto de Weber de «racionalidad». y con respecto a Marx. en primera instancia». 818y ss. to­ mada como la específicamente racional. 48. . la observación de Marx contra Hastial. y con eso estaría dada también la «identidad» en el tema entre Marx y Weber. p. Y así malentiende el sentido positivo de lafalta preci­ samente de una «estructura» analógica en la sociología de Weber (véase el siguiente apartado III y la parte C). pp. en su articulación de significado origi­ naria. El capital. pp.M ax W eber y K arl M arx 121 30. 32. Landshüt intenta demostrar que We­ ber sí habría tomado de Marx el punto de partida para la pregunta y la articulación de la realidad (por «factores»). En lugar de volver a preguntarse por la razón de esa diferencia en la dirección.). Compárese. Éste sería el «original» en el cual Weber habría ganado originariamente el concepto de racionali­ dad. Nunca se acercan tanto al motivo verdadero y propio de Weber como en la contraposición de Marx con su tendencia rectora.

122 K a r l L ö w it h 33. Véanse Max . en el cual no se siente prisionero. como a un «estuche». la «problemática central» de Max Weber no habría sido la del capitalismo ni la de racionalidad. n. ¿cuál es la naturaleza del tipo de ser humano que está condenado a vivir en las condicio­ nes de una sociedad industrial de la modernidad. palabra que se puede refe­ rir tanto a úna «concha» — otra de las posibles acepciones— . vol. porque Weber habría tenido la inten­ ción de referirse a algo orgánico. con el título de «Zur Lage der bürgerlichen Demokratie in Russland». sino que. que aquí traducimos por «carcasa de servidumbre». «jaula» o «prisión» es al­ go externo y no cambia la naturaleza de quien ha sido puesto ahí y busca «escaparse» de la. utilizada por ML Weber al final del segundo ensayo de esa obra. el cual no es algo externo sino una parte constituyente de su propia naturaleza. más bien. XXII. algo que no obstante imprime tina forma rigurosa al ser vivo que contiene. profesor mexicano Francisco Gil Villegas. en el sentido de participar o no de su estructura orgánica. y que puede o no serle propio. misma. Para Gil Villegas. a saber. quien modeló en 1930 la primera versión en inglés de La ética protedtante y eLedpíritu del capitalidnw. él afirma que la traducción de Gebäude como «caparazón» sería más adecuada que la de «jaula». regida por la ra­ cionalidad instrumental? El diagnóstico-denuncia que aparece al final de La ética protedtante es precisamente el de un tipo de ser hu­ mano que se ha «acomodado» a vivir en ese «caparazón duro como el acero». quien editó en nuestra lengua ese articuló en 1982. habría sido tomada por Karl Löwith de un artículo de Max Weber sobre las condicio­ nes políticas de Rusia a principios del siglo XX. para dar cuenta consu iron coge de la expre­ sión dtallharted Gebäude. AfSS. en nuestra interpretación. No obstante. siguiendo la tradicional acepción de Talcott Parsoiis. 1906. tina «caja». con la palabra «jaula». En co­ rrespondencia con el.° 1. has­ ta puede sentirse «cómodo» dentro de él. Siguiendo la interpretación weberiana de Wilhelm Hennis. la palabra Gebäude no se corres-: ponde. sino más bien una de tipo filósófico-antropológica. Nöta de la traducción: la expresión Gebäude von Hörigkeit. eligió la palabra «jaula» para dar cuenta de la palabra alemana Gebäude. Por nuestra parte elegimos distanciamos de la palabra «jaula» e interpretar Gebäude como una «carcasa». como el hábitat del caparazón de un caracol. José Aricó.

]. José Aricó. pp. con Freyer. M ax Weber: La ética protestante y el espíritu delcapitalismo. México. Él no se pregunta. y no a Weber. ofrecer el desarrollo sistemáticamente articu­ lado de las categorías fundanientáles del círculo de tareas religioso-sociológicas».gesch. cuaderno 2. Voegelin. M ax Weber. 62 y ss. pp. 36. si las investigaciones religioso-sociológicas de Weber sobre lá sociología de la racionali­ zación pueden ser juzgadas respecto al patrón de una disciplina espe­ cial. 37.M ax W eber y Karl M arx 123 Weber. Grab. 38. Fondo de Cultura Económica. establecer. 537. México. Anuario de sociología. con un «círculo de tareas» estrecha­ mente delimitadoy «objetos» especiales. Folios. pp. como una racionalidad de la «consecuencia» teleológica de una conducta teorética o práctica. 1982. Simrnel ha extendido esa inversión histórica para volverla un principio absohrtamente filosófico y ha hecho. Escritos políticos. 46 y ss. Compáresetambién conEnsayossobresociologíadelareligión. Wach.Weber no le haya sido «permitido». Mohr. J. Lit. Gil Villegas. 1987.). sin embargo. una línea descendente des­ de lá racionalidad con arreglo a fines. En realidad corresponde solamente a Wach. 180 y ss. 2003.) 35. Max Webers Fragestellung. 1926. en. Wach lamenta que a. pp. y de A. Compárese. la crítica dé H. ya citado„p. donde la racionalidad es concebida. en relación con esto. 1925. f. de Landshnt.. 146y ss. (comp. I. la «sociología de la religión». inobjetables en todo cay so» (compárese. Se expresa también defacto. estudio introductorioy traducción del alemán de «Mi palabra final a mis críti­ cos» (1910). Que esa posición es «característica» de Weber lo nota también J. u. 1931.). F. a través de una pura délimitacióny determinación frente a planeamientos: «vecinos» de la cues­ tión «formalmente temas religioso-sociológicos. del mismo modo.wiss. Compárese con E. Escritos trimestra­ les alemanes para la ciencia literaria y las ciencias del espíritu históricas [Deutsche Viertelj. p. aun en ese orden teorético subordinado. en la sin medida «importan­ te conferencia histórica. introducción. notas. desde la tragedia de . 33. 79 y ss. en oposición. edición crítica. ya citado. pero queda absolutamente sin aclarar cuán característica es ella. Walther. Studien zur Biographie des Werks. en su presentación de la sociología de la religión (Ensayos so­ bre sociología de la religión. Geist. Wilhelm Hennis. Tubinga. pp. ya citado. 34.schr.

deriva la consecuencia de la vinculación subjetiva de la propia decisión frente a los valores últimos.. pp. la palabra de verdad para los "últimos hombres” de ese desa­ rrollo de la. p.pp.v.· para él menos especialistas!). contestar la pre­ gunta de qué valores constituyen en Weber la racionalidad. cultura podría volverse: "Especialistas sin espíritu. Véase en oposición a Lukács. ya citado. un «vuelco» de la vida hacia la «idea».C. En­ tonces. a partir de la falta de comu­ nidades y de valores en general vinculantes. La problemática del relativismo de valores histórico la ha «superado» Weber «ya. 39.124 K a r l L o w it h nuestra «cultura». Weber también lo de­ ja expresamente a los «especialistas». Esta Nada cree haber ascendido a un estadio de la humanidad nunca antes alcanzado» (Ensayos sobre sociología de la religión.. en relación con el carácter de Max Weber. acerca de la «infeKcidad esencial del hombre científico».. donde no obstante se indica la doble significación de la valoración de Weber del proceso de la racionalización. J.. con grandiosa consecuencia.' «Nadie sabe todavía quién vivirá en el futuro en aquella carcasay. habrá profetas completamen­ te nuevos o un rehacimiento poderoso de viejos pensamientos e ideales o — cuando ninguno de ambos—si se disimulará una solidifi­ cación mecánica con una: esforzada forma de tomarse-en-serib. Compárese con P. . I. 42. A partir. élse topa allí con la libertad del individuo responsable. 1927. pero no se aclara. pp. 40. ^ . Eljuicio de su sociología de la religión. Grab ha intentado. Véase La ciencia como vocación (D. 442 y ss. 43. en una imagen del mundo unificadas A partir de esa filosofía dé la historia comprendemos que la sociología sólo quiere ser ciencia que comprende. 157-158. y no a los filósofos (¡que no eran. El pathos de ese convencimiento apenas nos deja adivinar cómo todo se unifica en Max Weber. 41. ya citado (Die Volksmrte). se podría decir». una inmanente «trascendencia de la vida». 204). 546) y La política como vocación (Escritos políticos completos. hombres gozosos sin corazón”. . 106 y 172. H. sin embargo. . Véase Freyer. porque él. si al final de ése desarrollo. y no dice nada sobre las relaciones objetivas. p. Opor­ tunamente. ya citado. en una investigación sobre el Con­ cepto de lo racional en la sociología deMax Weber. Honigsheim.) 44.

se trata de volver a relacionar con el hombre a las categorías con las cuales hemos. productos absolutizados de la inteligencia «técnica». La idea de la ciencia «racional». o si [. pregun­ tarse aquí» (pp. y ve con ello. los valores de lo «racional» son. sino la de sus críticos.] la sociología sólo puede remitirnos espiritualmente a la idea de un orden social natural. hasta ahora. el cual ha hecho trans­ parente en la voluntad de poder el «nihilismo europeo». 42). y sin una decisión en esa pregunta permanece no la posición.M ax W eber y Karl M arx 125 de aquí comprendemos el hecho de la ciencia libre de valores. para convencerse de que existe un mundo «verdadero».. valores «ba­ jos». sólo la sanción de un «derrumbe dedos valores». una cuestión «histórica» y un «aislamiento del. para el mismo Grab. pero sólo porque e< ta < t categorías no han sido todavía desvalorizadas (Nietzs­ che. razón más. relacionados con la esfera de lo meramente vital y beneficioso. añadido al mundo un sentido objétivo y un valor. En principio se ve el mundo «sin valor». I. y mantener en pie esa idea a través del tiempo. de la interpretación de valores objetiva del ser-ahí. sino también su presentación de Weber. Grab sesujeta a la doctrina de Scheler — diametral­ mente opuesta a la posición de Weber—de un orden jerárquico evi­ dente. 1). Voluntad depoder.mundo» (aun cuando no se identifica con la crítica de Kahler a la «vieja» ciencia de Weber). cap. como la entendía Wer ber. Después de Nietzsche no se tiene ninguna. porque sobre eso reposa no sólo la crítica de Grab. porque. eo ip¿o. objetivo de lod valores. de la separación de realidad y valor (p. en la posición de Weber.. como la consecuencia. eso no debe. de Weber. JVLucho más. Kn Grab esa mirada no con­ duce a una penetración de la sociología de Weber. sino que parte de una «valoración correcta» de los bienes de la civilización. «subalternos». «Si hoy existe la posibilidad de una reposición del orden de los valores en todas nuestras esferas de la vida. precisamente. una inversión del orden de valores «natural». Sobre la base de ese plano de la pro­ . el’ cual no se «sujeta histórica­ mente» al espíritu del tiempo realmente existente. del mero proceso de civilización y la ciencia natural mecánica» a él correspondiente. Exactamente eso es lo que debía haberse preguntado aquí. Él se opone aúna eventual (!) reposi­ ción del ordén de valores verdadero. 45-46). es tan poco anacrónica como dentro de la filosofía lo es el «ate­ ísmo científico» de la filosofía de Nietzsche.

Escritos políticos com pletos. 52. o que directamen­ te. 5. 502 y ss. Compárese én relación con estoy con lo que sigue la descrip­ ción completa de Max Weber dé E. 419 y ss. Landshut. 32. pp. 51. son mentadas en otro sentido. ya por su puro estilo. sino en Scheler. él no logra su cometido: remitir las tesis singulares de Weber a sus «fundamentos filosóficos últimos».126 K a r l L ö w it h blemática de nuestros valores. Quien escribe pa­ labras usuales entre comillas las caracteriza com o así-Uamadas. pp. ■ 45. en el uso indiscriminado de comillas. P. se debe también entender la interpretación de los valores de Weber. . 46.. p. Gothein y Weber. 68 y ss. véase F. cap. Honigsheim y S. Véase la carta de rechazo de Burckhárdt de la historia y la política del presente (1846). como generales y llamadas así por otros. 12). los análisis instructivos de Grab se detienen en algo anteúltimo. Stefan Georgey las hojas para el arte. pp. VI. con relación específica a St. Sujetos a esa orientación hacia Scheler. y lös Escritos políticos completos. Y ahí se reconoce que son así llamadas por mí. George. Wolters. Voegelin. 49. un caso similar. M ax Weber como sociólogo. en relación con Rusia. que es propio. y así... Compárese con los Articulas completos sobre sociología y política soc'ud.^. 50. Cartas a los hermanos Schauenburg. Es muy significativo obsevar qué modos de existencia religio­ sos fueron secularizados por Burckhárdt. según Honigsheim. op. Honigsheim. sólo con distancia y reserva. esto es. cit. «contradicción» y «conflicto» no residen en Weber. Historia espiritual alemana desde 1890. hasta aquí caracterizada por Nietzs­ che. sinoen realidad materiali­ zarlas. P. pp. en verdad. 1930. a cuya ética de valores material remite Grab y con el cual «piensa» el fenómeno «valor» como un «fenóme­ no originario» visible (p. 48. Ese individualismo de Weber es fácil de reconocer. 126 y ss. Sólo en el nominalismo franciscano sé encuentra aún. 47. Artículos completos sobre sociologíay política soc 'uil. La «salida». 412 y ss. ya citada (nota 19). Burckhardt secularizó a los «anacoretas» del tiempo de la inmediata Anti­ güedad. Gothein se conformó con la filosofía néoplatónica de Boethius y Weber se interpreto en los profetas judíos antiguos.

M ax W eber y K arl M arx 127 53. VII. por lo tanto. pp. nota 67.476 y ss.. al sujeto de la producción. I. 54. P.. como también de cada otra cosa que él resuelve. 21 y ss. 1981. 1928. K. Honigsheim. 5-13 (ahora en. Véase K. 1911. . Ruges al §190 de X a . 480.I 1. pp. ... 308y ss. . Obras completas deMarx-EngeLfVV. 60. Honigsheim. cit. todavía en las Teoríad sobre elpkuvalor de 1861-1863 (tomo I.. 55. p. Jaspers (ya citado). editado por Rjazanow. 388y ss. pp. 564. Stuttgart. Véase Ernest Seilliére. Korsch. mo­ difican más o menos todas sus funciones y actividades. M ax Weber como sociólogo. pp. y El individuo en el roldelprójimo. Véase P. Logos. III. 62. \ 56. ■ 57. Compárese aquí el artículo sobre L. . obras postumas li­ terarias de Marx y Engels editadas por Mehring con Obras postu­ rnad).59.Filosofía del derecho de Hegel en Del tiempo pasado. también sus funciones y actividades como creador de las [.-última virtud» de los espíritus «libres». 1928. op. la parte de La ideología alemana publicado en el Archivo Marx-Engels con Ideología alemana y las.). 182. como la «. El 18 Brumario de Luid Bonaparte. El imperialismo democrático. Musil ha dado forma psicológica a esta problemática de la época. A pesar de eso. pp. R. . p. Escritos com­ pletos 1. pp. 359. 41. 105. . (A partir de aquí se designará á ese primer medio tomo del primer libro de la primera división con W. pp¿ 1 y ss. «conscientes» (véase W.) dice: «El hombre mismo es la base de su producción mate­ rial. > 58. Marx. pp.3 (en ese tomo.] mer­ cancías». Marxismo y filosofía 2. cit. Hombre y mundo del hombre. RousdeauProudhon-Marx. que subraya el carácter «frag­ mentario» de la completa actividad de Weber. 61. p. Dentro de la filosofía esa contracción de la verdad científica se corresponde a la «honradez intelectual» con la reducción de Nietzsché de la verdad a la «confiabilidad». Feuerbach y la salidade la filosofía alemana clásica. ELcírculo de M ax Weber en HeUdelberg.. EL hombre din propiedades. op. Todas las cir­ cunstancias que afectan al hombre..).. 271 y ss. En una novela filosófica. IV p. 20-28) . Compárese también con la crítica en el mismo sentido de A. ..

65. Marx se vuelve contra Feuerbach porque éste puso como fundamento de la filosofía a un hombre solamente «abs­ tracto». 252 y 263). Y Herder ya postuló la pregunta de «cómo puede la filosofía ser reconciliada con la humanidad y la política. resumida del modo más agudo en la famosa tesis 11. 1. sin saber que no sólo las rela­ ciones de-vida en apariencia «puramente humanas». A Feuerbach le queda indiscutiblemente el mérito de haber re­ tornado desde el «espíritu» absoluto al hombre desnudo. esto es. refleja el ser-ahí de la persona pri­ vada burguesa. desde el «volverse filoso­ fía del mundo» (en Hegel)> deba producirse un «volverse mundo de la filosofía». que Feuerbach sólo ha «puesto a un costado» a Hegel. 242 y ss. Marx llega a la si­ . a un hombre sin consideración del «mundo». en el mejor de los casos. se puede describir. a través de los sentidos y de la relación con el Tú— . W. como en la praxis el hombre privado burgués» a la relación privada de personas singula­ res. esto mostró.» En una versión distinta se repite este postulado en Marx en la exigencia de que. de tal modo que los sirva». pp. pero no lo «superó críticamente».I.128 K a r l L o w it h 63. Feuerbach ha construido un hombre cuya realidad.. pp. Fue precisamente la filosofía del derecho de Hegel la que había hecho visible ese «mundo» de las relaciones de vida políticas y económi­ cas. aislada filosofía de escuelas). «Hacer de la filosofía cosa dé la humanidad. pp. y 613). sociales y económicas (Ideología alemana. y la respondió con la demanda de la «retirar da» de la filosofía hacia la «antropología». No obs­ tante. de su «realización» a la vez que su «pérdida» (W. 1. 607 y ss. la forma cómo y a travéd de qué determinó él a ese ser humano en concreto — excluyentemente como ser genérico naturalista. 64.I. sobre el punto de vista an­ tropológico de Feuerbach—hizo valer el contenido de la doctrina de Hegel del espíritu objetivo contra la problemática abstracta del YoTú de Feuerbach. en principio. Su teoría del Yo y Tú retomó. ése fue mi pri­ mer esfuerzo. en süpúesto «amor» y «amistad». 131 yss. para Marx. co­ mo que Marx — posicionado. sino también los más primitivos objetos de la «certeza de los sentidos» son especi­ ficados y dados por las relaciones generales. que termina de ser filosofía (esto es. 64. en general. Así. Quien anda ese camino arriba necesariamente a hacer del hombre cosa de la filosofía. La diferencia entre Marx y Feuerbach.

se postula en Marx desde el inicio — es la conditio diñe qua non de su antropología— .Historia y conciencia de clade (pp. 94 y ss. esto es. que cierra con la afirmación de que las «consecuencias» de sus fundamentos de la filosofía del «futuro» no permanecerán. 70. que el mismo revoca en función de su demanda filosófica. Documentos deldocialidnw. 302. pp. II. pp. 312y ss. 67. hombre de la sociedad. aún «político». por primera vez. La ideología alemana. p. 7\ :La ideología alemana:. 253 y ss. para cada singular. pp. XIV. El defiende a Hegel contra Feuerbach. en donde el significadoy la estructuraprincipialed del análi­ sis de Marx de la mercancía es referenciado. Que el hombre sea. 66.). VIII) se ha dedicado a la sociología histórica de la ciudad muestra aquí. en el marco de una comprensión de Marx deudora de Hegel. Que el murrio Feüerbacli haya tenido conciencia de la tranditoriedad de sus tesis lo muestra claramente el prefacio de sus Fundamentos. p. IV. y con la décima tesis contra Feuerbach). la identidad objetiva entre la enajena­ ción de sí y la racionalización. 248 y ss. 239 y 258. p. hombre social. social. Lukács. porque es Hegel el que lia presentado el significado decisivo. Compárese con G. cap.. pp. sino en el poder de la sociedad» ( Obrad pódtumad. de acuerdo con su esencia. 151 y las presenta­ ciones análogas (en la Crítica de lafilosofía del derecho de Hegel). y lo ataca porque absolutiza filosóficamente esas relaciones ge­ nerales y las mistifica. 2M yss.M ax W eber y K arl M arx 129 tuación de hacer valer los análisis concretos de Hegel de la Filosofía delderecho. desarrolla su verdadera naturaleza justo en la sociedady el poder de su naturaleza no se debe medir en el po­ der del individuo singular. sobre la imposibilidad de una cancelación de la enajenación de sí humana dentro de un Estado. II. del acontecer general y so­ cial. Marx realizó esas consecuencias. La precisión especial con la que Weber (Economía y sociedad. y elAnti-Dühring de Engels. una vez más. y SátiMax. Compárense con las Obradpódtumad. «En tanto el hombre es. II. 68. 287. 69. contra Feuerbach. compárese con las pp. de forma monárquica o incluso republicana. por naturaleza. y por otro lado a atacar a Hegel desde el princi­ pio dél punto de vista antropológico de Feuerbach. A la burla de Engels sobre el . comparar con Para la crítica de la economía política.

75. En realidad. en su propia forma ontològica. 74.). II. 76. en el que tanto uno como otro y todos juntos son generalizados socialmente. para el . La división del trabajo es la que ha producido un abismo entre am­ bos». Este análisis de Marx muestra indirectamente los límites so­ ciales del análisis de Heidegger del «mundo de obras» \Werkwelt\ (Ser y tiempo. 6 6 y ss. esa «propia regulación» no es un hecho inmediato. Weber presentó esa división de produc­ ción y consumo. tras la cual se esconde en cada caso la «dominación de las condicio­ nes de producción» sobre los productores. apenas se muestra visi­ ble cuando también el ser-ahí mismo es concebido no sólo como verdadera y publicamente ser con y ser con otro.: En ese doble carácter de la mercancía ya se exterioriza una discusión de la sociedad productora de mercancías en sí misma. desde el cual se pudiera partir (para necesariamen­ te relativizarlo). trabajo abstracto humano-social. . pp. no sólo se reduce el problema de la sociabilidad del ser-ahí a la del «alguien» \Mañ\.130 KARL· LOWITH «empujador de carreta y arquitecto» de Dühring. en la «bolsa» de modo puramente marxista. III. véase ELca­ pital (1929). sin embargo. 1. corresponde la si­ guiente frase de Marx: «Originariamente se diferencia menos un cargador de peso de un filósofo. del Socialismo. 65 y ss. . 339 y ss. vina «máscara de carácter». que un perro de correa de un galgo. Compárese con la carta de Engels a C. Para L acrítica de L a economía política. sino un resultado mediado de la autonomización. sino como un tal ser. Que nuestro material tiene carácter de mercancía y que la mercancía es una sustancia «social». una «universalidad abstracta» que oculta así su propio carácter social (véase Marx. La forma d« que son no obstante «generalizados» se de­ termina en la sociedad burguesa precisamente en que ésta es una so­ ciedad A & singulares atomizados. I. pp. sino que permanece indescubierto el carácter social de nues­ tros objetos de consumo -del «material» [Zeug] a mano— . A través de la orientación de todo ser interno al mundo al «ser-ahí». 9 y ss./t a . como algo propia a cada uno. Sobre el carácter fetichista del capital de interés.). Schmidt del 27 de octubre de 1890. pp. ^ 72. por­ que también la misma mercancía es uná «sustancia social». Que esto es una mera apariencia. se entiende. p. 73.

sus héroes. 82. y sus verdades de pasión. p.«individuo». la consecuencia opuesta que Max Weber ha ex­ traído de aquí. en otros tiempos uno altamente personal. 1842. no sin relevancia para la interpretación. 6. su historia. para el hombre déla época burguesa. Él interpreta esta época de la revolución burguesa como la propia caricatura de la gran revolución burguesa de 1789. aquí resulta evidente lo mucho que Kierkegaard. Lewalter y este archivo (com­ párese la prueba en el apéndice del citado tomo). con su «crítica del pre­ sente». Visto en perspectiva. III. es un contemporáneo de Marx y cómo cumbos completan el . Sobre cimbas relaciones véase en especial el resumen metódi­ co de ELcapital. y. vuelto así perfectamente «sobrio». su desarrollo sería una repeti­ ción constante de los mismos tira y afloja. aquellas que se elevan a la cumbre. su primera ley.III. el concepto verdadero y general de ser«hombre» y de ser. Respecto a la pregunta sobre la fecha. Es una esfera completamente particular dé la vida desde la cual se de­ termina. Así. p. 81. tina historia sin acontecimientos. entre otras cuestiones. por sí mismo (compárese con ELcapital. resistiría sólo por tomar prestado de otros mundos. su inundo. el «estamento» o la pertenencia fa­ miliar puede tener. 326-327). 289. 80. Las pasiones de esta época carecerían de verdad. p. A lavez. Cuán acertada es esta caracterización lo demuestra. véase el reciente Sóbre la sistematicidad de L adoctrina marxista deLEstado y L asociedad. Esa esfera es. en cambio. de E. 77. Compárese con A. la falta de decisión. sus oposiciones. 3. para el individuo del siglo XVIII. Marx brinda una concentrada presentación histórica de ese mundo envéjecido diez años después — 1852— . Lafilosofía deLderechode HegeLy L apo­ lítica de nuestro tiempo. 396). la privada. Ruge. sólo para saciarse y cáer.M ax W eber y K arl M arx 131 Marx deElcapital. en Anuario alemán para Laciencia y el arte. I. en EL 18 Brumario de Luis Bonaparte. 2. 160 y la carta de Marx a Engels del 22 de ju­ nio de 1867 (W. pp. en su forma propia. 79. carentes de actos heroi­ cos. 78. un significado casual. Marx hace referenciaa que la diferericiaentre individuo «personal» y relativamente «ca­ sual» tiene un sentido completamente diferente en distintas épocas y en sociedades diferentes. La ideología alemana.

252. en donde Ruge eita como. como la condición específica del ser humano — aun cuando ella quería. dio forma a la condición privada. La verdadera «democracia». donde el comunismo es concebido como el «realmente» existente — aun cuando su «realidad». sea descrita como un «movimien­ to». 437). en amos y esclavos nin­ gún hombre». pero el hombre no libre. en el pensador ningún hombre. 91. Compárese con K.). 89. pp. nota 56. pp. pp. como tal. 554 y La política como vocación. Por la misma razón. p. El verdadero hombre privado de la Antigüedad era el enclavo. la consecuencia de que los valores «últi­ mos» hayan claudicado de la «escena pública». convertir a cada hombre en ciudadano del Estado» (WJ. la Ideología alemana. Compárese con la carta de Ruge a Marx de 1843 (W. en el sentido de Aristóteles».C. 592 y ss. 88. p.ya citado. pp. 286y ss. . 240 (la expresión dé Marx tiene su origen en Hegel). p. entonces. en direcciones opuestas. 188y ss. II. El hom­ bre es el verdadero principio del Estado. Compárese.I. Esto es. para Marx significa originariamente una «sociedad sin clases». 222 y ss. 90. Véase Economía y dociedad. La ideología alemana. p. compárese con Obradpó¿tu­ rnad. 1. 86. «lema de su ánimo» el conocido lla­ mamiento de Hölderlin del Hyperlón'.. y la respuesta aprobadora de Marx a eso. p. pp. en sentido pleno. 1. p. D. Edcritod políticod comple­ tad. : 85. 1. véase Lewalter.. en tanto él no participaba de la red publica. Véase al respecto el análisis de Lukács.: 84. 87 . precisamente. en el sentido de una «polid convertida en coémópolut». un «hombre» (W. Precisamente por eso no era. una «comunidad de los libres». «En el artesano no ves ningún hombre. 558). en general. etcétera. 83. con ello. 449 y ss.132 K a r l L ö w it h quiebre decisivo con la Filosofía del espíritu de Hegel. «En la Edad Media la vida popular y la vida estatal son idénticas. en la Edad Media cada esfera de la vida privada significaba esencialmente lo mismo que una esfera pública de la vida. en oposición. I. 98.» La Revolución francesa emancipó políticamente al hombre como burguéd y.La ideología alemana. Korsch> ya citado. para Weber.

en particular las pp. p. 139. sino como una racionalidad en un estadio más alto. Ser genérico.. lo que tendría sentido únicamente si también el Todo fuera representado como una suma de campos parciales — religión y sociedad— . p. Al respecto. pp. 235. 268y 297. y La ideología alemana. M ax Weber. mientras que ella. del Socialismo IV p· 320. 95. Lukács de la «realidad» de las . La ideología alemana. 110. 250 y ss. la idéa de la «l ibertad» se reduce también en El capital a una sobria constatación de que. 613. contra la mera «categoría» de la división del tra­ bajo. 1. p. LVII. II. la propia investigación de Weber conoce un Todo frente al cual la pregunta por la atribución del hacer se vuelve no válida: precisa­ mente el Todo inderivable de los campos parciales y también inatribuible de la tendencia histórico-humana a la racionalización.M ax W eber y K arl M arx 133 92. pp. Esa analogía con la crítica de Marx de la «crítica crítica» tie­ ne su origen en el marxista K. III. 241. 98. 93. 315-316. pp. 215 y ss. como la re­ gulación verdaderamente «racional» de las completas relaciones de producción bajo «control comunitario». pp. dentro del trabajo determinado por la precariedad externa y la necesidad. los productores asocia­ dos. incluso tras esa comunitarización. Sin embargo. Weber presupone aquí que la pregunta por el «Todo» sólo es postulable científicamente también de modo caudal. sino en el sentido de Hegel de una unidad de los especia­ les intereses. p. pero no en el sentido naturalista-moralista de Feuerbach. Para la crítica de la economía política.universales y privados (véase especialmente San Max. 2. 'véase San Max. 617. sobre la base del estadio de desarrollo alcanzado en el proceso de producción. Korsch. Com­ párese con las Obras pójturnas. Marx. 97. Véase Marianne Weber. las cursivas son nuestras). 252. del Socialismo IV. Se entiende por sí mismo que esa des-racionalización dé Marx nó fue pensada como un retomo utópico á un «comunismo primiti­ vo». W. I. 94. regulan racionalmente su intercambio con la naturaleza» (El capi­ tal.). el «reino de la libertad» empezaría justo «más allá de la producción material propiamente dicha». y más tarde en Miseria de la filosofía. Doc. Com­ párese al respecto la diferencia de G. Coincidente con esto. sólo podría consistir en «que el hombre comunitarizado. 96. Doc.

cit. Compárese con J. 102.C.C. 100. I. 375. 87. 83. de la reí. 101. Kraus. pp.. 348. 103.K arl L o w it h tendencias de desarrollo generales de la historia respecto a los «he­ chos» singulares de lo empírico. y 259. compárese con Walther. de la reí. Véase D. op.. 5. op. pp.. Véase Soc. Escolástica.. y 243 y ss. nota 3 de la p. Compárese al respecto Soc. cit. cit. pp. 37.C. B. pp. .. I. y 198 y ss. 115 y ss. y en es­ pecial la nota 1 de la p. y D. pp. p. Cuán inapropiada es la crítica de Kraus a Weber surge de las expresiones de este último descritas en la nota 100. y 170. etcétera. 238 y ss. 192. 1930. puritanismo y capita­ lismo. 60. pp. Lukács. 238y ss. 45 y ss.. 166 y ss. 200 y nota 3 de la p.. 104.. 205. 234 y ss. 198 y ss. 344.. 184y 206. 205. Ver G. 99. pp. pp. 53. Véase D. op.

Pe­ ro simultáneamente él reconoció también la incapacidad de la clase burguesa para dirigir la nación. es una econom ía al servicio de la política de poder nacional. pero desde que la es­ tructura social de la nación se m odificó completamente. «Yo soy un miembro de la clase burguesa. hacia abajo. una vez. no estoy en condiciones de responder boy a ello con una afirmación. a los ju n k eré. son las siguientes: En prim er lugar. su ta- . y cada vez menos el interés político general de la nación. com o la entendió W eber. y no por último a su propia clase. y también hacia la propia clase— . a la socialdemocracia. Y cuando me pregunto si la burguesía de Alemania está hoy madura pa­ ra ser la clase políticamente rectora de la nación.» Las verdades incóm odas que W eber había dich o hacia arriba. únicamente. Precisamente el oficio de nuestra ciencia es. un significado destacado pa­ ra la construcción del Estado prusiano.M a x W eber y sus seguidores ( 1939-1940) El discurso académ ico inaugural de W eber de 1895 sobre el Eétado-nacuin y la política económ ica popular tiene com o tema la problemática posición de la burguesía alemana al final del si­ glo X IX . hacia abajo. decir lo que no es oído con gusto — hacia arri­ ba. me siento com o tal y fui criado en sus con­ cepciones e ideales. La econom ía popular. la dinastía prusiana se apoyó hasta el fin del siglo X IX en la aristocracia terrateniente de la PruJia oriental. Ese estamento representó cada vez más sus propios intereses. Este estamento había tenido.

Pero la tragedia de esa fundación del reino fue que a ella no le siguió ninguna unidad interna de la nación y de sus clases sociales.136 K a r l L o w it h rea està sin em bargo agotada. para resumir. El gran hombre de Estado. a quienes les había quedado «la capacidad del odio con­ . E n el interior no atrajo ni a los intelectos autónomos ni a las personalidades destaca­ das. lo que se d ecid ió sobre ella. los miem­ bros de su partido fracasaron completamente. Cuando Bismárck fue neutralizado p o r jóvenes emperadores. en su cumbre. Justo al final del siglo com enzaron algunos (p o­ cos). En ese punto residió. ninguna madurez política interna. ha ganado para el pueblo alemán. y a veinte años antes. p or el contrario. no dejó en absoluto una tradición política. Bism arck. Es más. a través de la guerra con Francia. acostumbrada a que el gran hom bre de Estado. «Él deja una nación ¿in nin­ guna educación politica. dejó com o herencia una nación acostum brada fatalmente a dejar promulgar. Y aún más. satisfecha p o r los éxitos nacionales de 1870-1871. y a se ocupó. p orq u e su desconfianza y su m enosprecio hacia los hom bres no habían dejado aflorar en su entorno a ninguna personalidad sincera y autónoma. m uy por debajo del nivel que había al­ canzado. Y sobre todo una nación din ninguna voluntad política. La culpa la había tenido el mismo Bis­ marck. el último y el más grande entre los junker*).» En éegundo Lugar: un espíritu «ahistóriep y apolítico » se apo­ deró de la burguesía. el da­ ño más difícil. El Parlamento se había vuelto un mero «aparato de aprobaciones» de la bu­ rocracia dominante. ni siquiera las soportó. p or ella. sin crítica a la cu alificación política de aquellos que ocuparon el asiento dejado libre p o r Bismarck y que con sorprendente lasitud tomaron en sus manos las rien­ das del gobierno. de la política. en ese aspecto. la unidad externa. cpm o consecuencia de esa utiliza­ ción perversa del sentimiento m onárquico com o escudo de propios intereses de poder en la lucha política partidaria. en gran manera. bajo la firma del "gobierno m onárquico”.

no se deja recuperar en una década. si el m undo que nos hereda reconoce en nodotrod a . El trabajo de crianza política de siglos. la pregunta más seria sobre el futuro políti­ co de la burguesía alemana sería ahora (1895) si la clase de los trabajadores podría convertirse en la portadora del futuro político. pudiera ser portada sobre esos más anchos hom bros — aunque hasta entonces queda todavíá un largo ca­ mino por recorrer— Y así cierra W eber su discurso con la si­ guiente con fesión resignada: « N o es nuestra generación la que está destinada a ver si la lucha que llevamos a cabo tra­ erá frutos. ni la burguesía y la clase trabajadora. Y así se hizo visible que una parte de la gran burguesía. ex­ trañaba un nuevo César. sería esperable que la carga de la responsabilidad. Pero tam poco ella está en condiciones para tomar la dirección política. de m odo que ni el esta­ m ento de los junkerd. pero tam poco un aire de la pasión nacional dominante que sopla en los cuartos del convento. poder de una clase llamada a la conducción política». El proletariado alemán tiene el carácter de una «pequeña burguesía política». En tercer lugar. por m iedo a las masas populares rebeldes. y la dominación de un hombre singular extraorduiario no es siempre un medio para la form ación política.M ax W eber y K arl M arx 137 tra lo pequeño». raquíticos maestros políti­ cos — les falta el gran instinto d e. mientras que las amplias capas de la pequeña burguesía ni siquiera se habían despegado de su estrecha mira de nuevo rico \SpLefibiirgertiinri\. Sólo cuando de los trabajadores surgiera una élite. a correr el velo de las ilusiones burguesas y a reconocer que la herencia de Bismarck se había convertido en la maldición de su decadencia política. son idóneos com o portadores d é la conducción. para la cual la burguesía se de­ muestra m uy débil. El motivo para ese fra­ caso de la burguesía es su pasado apolítico. del que disfrutó la burguesía ingle­ sa. Sus portavoces son mucho más inofensivos de lo que ellos mismos piensan: «N o hay en ellos ni una chis­ pa de aquella energía catilinaria del hacer. Ellos son pequeños.

«C om o el así denominado progreso hacia el capitalis- . a m enos que estémos listos para volvernos otra cosa: antecesores de uno más grande». en referencia a la Revolución rusa.138 K a r l L ó w it h duj antecesores. que tendría un interés prioritario en la seguridad y en el orden. sino a una tendencia p ro­ pia de la com pleta burguesía occidental hacia la racionálización. precisamente la guerra habría fortalecido la tendencia hacia una total funcionarizáción de la vida pública. P or el contrario. fuertemen­ te. y la recién sur­ gida clase de los «em pleados» se acercaría m u ch o más. A l escribir W eber durante la guerra su tratado crítico sobre lá reforma dél parlamentarismo. postuló la tesis de que la última consecuencia del desarrollo democráti­ co no sería la dictadura dé los trabajadores. com o consecuencia de las crisis socia­ les y económicas que trajo la guerra consigo. sino también de la econom ía y de los partidos políti­ cos— .1 funcionariado propiamente dicho. amplió el fundamento de la mirada de su discurso de inauguración. no podría afirmarse dé ninguna manera que el húméro y poder de los dirécta e indirectamente interesados en el orden bur­ gués habría mermado. sino el poder transgresor de la burocratización creciente — no del m ero aparato estatal. W ebér entendía bajo el térm ino «bu rocracia» no sólo a . Por eso. en el funcionamiento del aparato estatal y de la maquinaria económica. El verdadero problem a parecé ser para él y a no la inmadurez de ambas clases de la sociedad burguesa. En 1917. de acuerdo con sus intereses. a la burguesía media que al prole­ tariado. para discutir sobré las posibili­ dades existentes de una selección de líderes políticos. N o lograremos escapar de la maldición bajo la cual estamos sujetos: ser los que nacieron después de un gran tiem po político. que p or su lado y a se aburguesó también. en los sindicatos. sino la de los fun­ cionarios y empleados. Con ella se extendería y se consolida­ ría nuevamente la sociedad burguesa.

sueldo. en contraposición al caballero. y también cuando el Estado no es un pequeño can­ tón sino un gran Estado de masas. desde la E dad M edia.» La «burocracia» se extiende desde la fábrica hasta el Esta­ do y la armada y es tan «ineludible» com o los otrbs portado­ res históricos del orden m oderno de la vida. así el progreso hacia unfuncionariado burocrático. en benefi­ cio de los em pleados fijos. los oficiales. a introducirse. E m pleados con ju risdicción deciden sobre todas nuestras necesidades cotidianas y recla­ maciones del día. del funcionariado admi­ nistrativo burgués. es el patrón unívoco de la m oder­ nización de la economía. La dem ocracia deja sin efecto. asimismo. esto es. el patrón u nívoco de la m o­ dernización del Estado.tanto com o lo hace el Estado absolutista.-. «cualquier resto de libertad de movimiento> en algún sentido. ya sea de h on or o heredados. También el ejército m oderno de masas es burocrático·. competencias fijas. Frente a esa tendencia sólo quedaba una pregunta en pie para W eber: ¿cóm o se puede rescatar todavía. acuerdo con actas. escolarización especializada y división del trabajo.el cacique o el hé­ roe homérico. dentro de esta omnipotente «aparatización». patri­ cios u otros cargos.M ax W eber y K arl M arx 139 mo. D el m onárquico tanto com o del de­ mocrático. patrimoniales. orden jerárquico para abajo y para arriba es. El se volvería entonces una «máquina de hom bres» que lo abarcaría todo. Y completamente ineludible sería si el mismo Estado fuera el que tomara la di­ rección de todas las empresas y las controlara. En el punto aquí decisivo no se distingue la cúpula militar. el condottiere. el oficial es una categoría especial del funcionario. “individualista” »? Sobre la ba­ . La fuerza de choque de la armada descansa so­ bre la disciplina del servicio. la admi­ nistración a través de notables feudales. ascenso.. impotentes. que descansa sobre puesto. pensión. en la cual luego los hom ­ bres serían obligados.: una máquina que en com binación con la técnica podría p ro ­ ducir una «carcasa de servidumbre».

él. G om o consecuencia de esa separa­ ción entre subjetividad y objetividad y el carácter no vincu­ . e inversamente.K a r l L ó w it h se de esa perspectiva. p o r el otrp. El líder político debe actuar. El empleado y funcionario debe llevar a cabo lo que le fue ordenado p or una instancia supérior. pero las afirmó: con un N o Obstante com o el m edio dado para un fin elegible de form a libre. dentro de su marcó. incluso pa­ ra aquella «libertad de movimiento» que atañía a W eber com o hombre y com o individuo. Por un lado él quitó a todas las ins­ tituciones objetivas cada sustancial v alor p rop io. tanto del pensam iento científico com o del hacer político. entre encasillados hom ­ bres gen éricos e individuos autónom os.~ idóneo y responsable. contraponerse a su jefe — sea éste un m onarca o incluso el demoJ— . to­ davía. igual que el empresario autónomo. Su fórmula drástica para ello fue: demo­ cracia de Liderazgo con máquina. en la posibilidad de un liderazgo dictatorial en un « Es­ tado de un solo partido». comenzar cada momento con su persona y. bajo ciertas circunstancias. la com ­ prensión de la subjetividad de nuestras últimas puestas de va­ lor y decisiones es precisamente la que debería resguardar la objetividad y especialidad. un espa­ ció en función de un liderazgo autoritario de carácter político. su pregunta política fue cóm o se deja ganar. a partir de su propia res­ ponsabilidad. en su última ponéncia sobre i z políticacom o vocación. En tanto W e b e r con sideró la máquina de hom bres humana com o ineludible. aunque no pensaba con esto. el único cam po de juego. ' L a antinomia de la ciencia política de W eber consiste en que justamente la incliuián ineludible en la «m áquina» [B etrieb\ se vuelve el lugar del jer jl mimw posible. sino en un Estado con múltiples partidos y con Parlamento. y la carcasa de la «servidumbre» futura. sin considera­ ción de su convicción personal. L os diferencia a través de la medida de sus diferentes tipos de responsabilidad y de honor. hizo la diferenciación de principios entre em­ pleados estatales y líderes de partido.

que es en esté mundo. en su diferenciación del burgués m oderno en el aspecto de un homme que se obedece á sí misino y un citoyen. en que Rousseau exige. cuyo ori­ gen histórico reside en la crítica cultural de Rousseau. entre ética de la responsabilidad y ética: de la convicción. reside en su naturaleza. por elcon trario. la separación entre cosa y persona. con la intervención de su entera persona. En eso consiste su heroísmo humano y su honradez intelectual. libertad singular. La gran diferencia entre la crítica de Rousseau y la de W eber de la civilización existente reside. La diferenciación rigurosa que llevó a cabo W eb er en el interior de la teoría de la ciencia y de la conducta práctica: es decir.M ax W eber y K arl M a rx 141 lante que se sigue de ahí para todas las circunstancias objeti­ vas del m undo existente — hacia las cuales. en m edio y con­ tra la servidumbre creciente en el m undo político y económ i­ co. -una total enajenación del individuo en relación con la comunidad. entre funcionariado y lideraz­ go. una. su propia posición se volvió necesariamente una oposición perdurable y una única apolo­ gía de la libertad del individuo que protesta. que renuncia al éxito entre las masas. para querer afirmar en él. afirma decididamente com o nuestro «destino» el mundo desencantado dé la civilización moderna. com o la que tom ó W eber fren­ te a las posibilidades del presente. pero no de este mundo. mientras que Weber. entre conocim iento objetivo y valoración subjetiva. que pertenece a la sociedad. para superar la contraposición entre el hom ­ bre y el ciudadano estatal. Así pu­ do posicionarse en cada situación dada y depender completa^ mente de sí mismo. Tras la muerte de W eber (1920). lo haga im popular y per­ manezca inefectiva. se com portó de manera pasional— . entre esfera pública y privacidad. con la pasión del hacer aislado. para poner en cuestión la carcasa. todas ellas surgen de la una y fundamental antinomia entre libertad y coerción. el de­ sarrollo alemán dejó de lado. sin em bargo. Q ue una tan crítica actitud. que le distinguen de todos los demás. empero. lo que ha­ . en rápida progresión.

de esa tesis totalm ente individualista hay sólo un paso hasta lá com pleta inclusión en una máquina de convicciones total. bajo la voluntad de un líder con aptitud de oratoria que diga a las masas lo que éstas deben creer y hacer. D e su tesis de que sólo un «profeta» puede decirnos a nosotros lo que debem os hacer objetivamente. se convierte en una persona que está conten^ ta d e haber pod id o transferir la carga. y negativamente. que preparó a los otros.debid o también recorrer ese camino. y que. la «sujeción» en obediencia. W eber se volvió un anticipador del futuro político de Alemania. es sin em bargo prácticamente una confirm ación d e la previsión de W eb er de una «dem ocracia de liderazgo».142 K a r l L o w it h bía sido querido p o r él. positivam ente a través de que representó el liderazgo irracional «carism àtico» y la «dem ocracia de liderazgo con máquina». El individuo liberado. Con esa ab­ dicación de la elección Ubre entre posibilidades diferentes en favor del una vez elegido Führer. a través de la pérdida de contenido querido. se transforma la «decisión» propia en la obediencia decidida a un dictado. lo que no incluye que él mismo hay a. de la autodeterminación. cuya última instancia sólo era la elec­ ción decidida de una postulación de unos valores entre otros. a una organización del Estado y de la. ca­ da uno debiera decidir por sí mismo lo que piensa hacer en es­ te tiempo de falta de autoridad de una decadente esfera públi­ ca. por ultimo. difícil de sobrellevar. para arribar co n la R ev olu ción de 1933. que sólo era responsa­ ble: de sí mismo. totalmente funcionarizada. dado que éste no estaría disponible. el «em pleado» en alguien que dispone de su puesto \Ámtdwalter\ y la «maquina de hom bres» en un frente total de trabajo. a través de lo for­ mal de su ethod político. L o que y a era válido para la guerra se ha repetido con fuerza después de la catástrofe: los muchos . al m argen de cuáles sean éstos.sociedad burguesa que> si bien es cierto que ideológicám ente es una aparente refutación. Él ha preparado el camino a un Estado de liderazgo autoritario y dictatorial.

el punto culminante de ese movimiento de decadencia y. Rathenau y Sche- . una potestad y un sen­ timiento con uno. Los fundamentos histórico-filosóficos de su concepto de lo político fueron aclarados con precisión p or Schmitt en una ponencia de 1929 titulada Sobre la era de Lu) neutralizadoned y las de<fpolitizaciones. Su devenir desde un normativismo pensado de m odo jurídico extremo y de tinte católico. p or último. M . que nos confundieron largamente y nos extenuaron. Schmitt. puramente cul­ turales. obediencia y activa disposición. especialmente después de los tiempos muy dispuestos hacia múltiples voluntades. al com ienzo del siglo XX. siguiendo a Comte. un desarro­ llo gradual de la caída que iría desde la época teológica del si­ glo XVI.Max W eber y Karl M arx m «planes irresueltos» del hom bre singular fueron confiscados por un «decidido destino general». Él ofrece. combattere. en una total politización aun de los campos en apariencia «neutrales». C om o expon en te de ese m ovim iento de reversión. que demandaba primero creencia y en­ seguida. pasando por el decisionis­ mo dictatorial. Schmitt se diferencia expresamente de la generación anterior a él. el punto en que debe revertirse en su contrario. hacia un «pensamiento del orden concretó».» Sólo de esa form a debe enten­ derse también la fuerza de atracción del lema fascista de crede­ re. Rilke en 1914 a su joven amigo en el frente—que esto es una alegría imborrable. y llegando. desde la democracia parlamentaria del Estado de partidos nacional-liberal hacia la dem ocracia autoritaria y dictatorial del Estado total. El teórico del tránsito. hacia la épo­ ca humanitaria-moral del XVIII. una gen eración más jov en que los y a ci­ tados. «M e puedo imaginar — es­ cribió R. de la cual Troeltsch. a la técnica-económ ica del XIX. pasando por la metafìsica del siglo XVII. ser así. obbedire. después. con ello. Sombart. es el teórico del Es­ tado C. describe tres fases del desarrollo alemán. Weber. C on la transformación de la de­ m ocracia burguesa en la democracia de masas industrial se al­ canzó. esto es.

D e sus principios y perspectivas. «L os rusos tomaron la palabra al siglo XIX europeo.144 K a r l L o w it h ler le aparecen com o característicos.» La pregunta de Schmitt es. La decisión so­ bre la libertad y la esclavitud n o reside en la técnica com o técnica. la censura. los descubrimientos técnicos son medios para una dom i­ nación inmensa de las masas: a la radio le pertenece el m ono­ polio de la radiodifusión. ni una respuesta política. p or eso. La técnica debería volverse el medio de la dominación política de las masas. al filme. Todos ellos vivían toda­ vía en la atmósfera del nihilismo europeo y de un abismo que era previsible. Esta puede ser revolucionaria y reaccionaria. servir a la libertad y a la dominación. en la misma m edida en que ellas han sido neutralizadas p or la econom íay la técnica. a la centralización y a la descen­ tralización. «Los descubrimien­ tos de los siglos XV y XVI tuvieron un efecto liberador. en la mano de un Estado decididamente «político». originariamente en Rusia. en el que tod o lo que antes aparecía sólo bajo una perspectiva económ ica y cultural se vuelve político (y no en menor medi­ da. lo con o­ . indivi­ dualista y rebelde. y a cuya existencia pertene­ ce un «enemigo total». no surge ni un planteamiento político. Pero la economía y la técnica pueden servir com o medios. porque ésta surge sólo de la «duda respecto a la propia fuerza» de servirse del instrumentarlo grandioso de la técnica moderna. meramente téc­ nicos. precisamente porque son en sí neutrales a muy diferente fines. esto es (para Schmitt) de un Esta­ do total que cuente con la guerra. qué política es lo suficientemente fuerte com o para servirse de la técnica co ­ mo un m edio y otorgarle un «sentido inobjetable». Su res­ puesta es: sólo una que politice todas las esferas de la vida. com o un medio respecto al fin. Hoy. también. la ciencia del Estado). El descubrim iento del arte de la im pre­ sión de libros con d u jo p or ejem plo a la libertad de prensa. Su preocupación y a no es compartida por Sch­ mitt. Schmitt contem pló la posibilidad real de un Estado así.

ciertamente. en exclusiva. L o que sucede en Rusia com ­ pleta y supera ideas específicamente europeas y muestra. porque — cuando ella existe—cada asunto es. que le obliga a uno a llevar. y que aquí surge un Estado que es más e intensivamente estatal que lo que fue alguna vez el Estado de los príncipes absolutistas Felipe II. hasta el fi­ nal. sino que ésta haya centralizado y totalizado a Rusia. aunque pensada de forma marxista. Schmitt no comparte y a la voluntad de W eber de ca­ pacitar al Parlamento a través de la selección de una casta de líderes políticos. en esencia. H a hecho a Rusia. com o S o­ rel. Se vive siempre bajo la m irada del hermano radicalizado. según su posibilidad. y porque ella capta al hombre en su entera existencia. com o si­ tuación.M ax W eber y K arl M arx 145 cieron en su núcleo y extrajeron de sus premisas culturales las últimas consecuencias. La «unidad política» formal. Q ue todo. una cosa: que sobre el suelo ruso fue tom ado en serio eso de la antirreligión de la técnica. el núcleo de la historia m oderna de Europa. él renuncia simplemente a cada ti­ po de institución liberal. se pue­ de decir. com pone también. sobre to- . «Total» llama él a la unidad política. uno político. porque y a en 1923 estaba convenci­ do de que el principio parlamentario de la publicidad y la dis­ cusión no tenía más sustento bajo sus pies. en una enorm e elevación. se debe entender solamente a partir del desarrollo europeo de los últimos siglos. La revolución ha echa­ do a un lado la discrepancia entre la Intelligentdia europea y el pueblo ruso por medio de la destrucción de la burguesía. la sustancia del concepto de lo político de Sch­ mitt. D e form a absolutamente indepen­ diente de los pronósticos políticos externos e internos. determinada de m odo polémi­ co com o negación del «pluralismo» en el Estado de partidos liberal. rusa. de nuevo. Esa unidad es. y ha producido en Rusia una unidad nacional real. com o tal. Luis X IV o Federico el Grande. la conclusión práctica. la fuerza revolucionaria de los trabajadores.» Schmitt no admira en la Revolución rusa. M ás aún.

. sino sólo el desnudo Que imperativo \Daß] de la existencia estatal com o tal. L a dictadura no está. la religiosa. Puede ser expresada. sin em bargo. L o que a él le concierne originariamente no es si un Estado está constituido y ordenado así o de otro m odo. E sa indiferencia contra cada contenido político de la decisión pura form al caracteriza el concepto básico de Schmitt de guerra. entre pueblo y Estado. P orqu e a su esencia pertenece sólo el consenso de la volante genérale con la volonte de toud.m K a r l L ö w it h do en el caso decisivo de la guerra. la económica. La voluntad del pueblo no necesita ser contabilizada en números en una elección secreta. Porque esa unidad total y soberana que Schmitt denom ina simplemente «lo político» no posee ningún cam po específico. es para Schmitt indiferente. de funcionarios o de soldados. porque no determina ningún Q ué flPíw ] y ningún Cóm o. com o el punto culmi­ nante de la política grande. porque ella decide sobre la guerra y la paz y porque es absolutamente determinante. entre voluntad popular y ley. en tanto que rom pe definitivamente con la indecisión del Estado de partidos liberal y no se apoya en nin­ gún acuerdo y en ninguna discusión. sino que puede ligarse a ella. en el Estado de partidos liberal ninguna de las mu­ chas uniones o «asociaciones» en las que vive el hombre sin­ gular (la nacional. entre masa y liderazgo. de com erciantes. a través de qué fuerzas y contenidos el Estado tenga su determinada for­ ma propia. un Estado de curas. incluso de m odo mu­ . la identidad entre dominados y dominantes. en necesaria oposición a la dem ocracia. «Soberana» es la unidad política. sino siempre sólo una cosa: que es una unidad política determinante que decide soberanamente sobre la vid a de los hom bres. la social. La producción de esa unidad política a través de una deci­ sión es dictatorial. E n oposición a esta unidad política. si es un Estado nacional capitalista o un Estado de los trabaja­ dores com unista. en principio. la fami­ liar) es una determ inante en un sentido incondicional.

p o r m edio de la R ev olu ción de 1933. sin p o r eso dejar de ser. siempre solamente a «los iguales». Ellas son ántiliberales. una democracia. y co n ello han cread o el fundamento para una volante genérale. él se v io en la necesidad de dar también un basamento a la unidad política. com o por ejemplo se diferenció en la A n­ tigüedad ló griego de lo barbárico. en apariencia. En el ario camarada del pueblo y del partido desapare­ cen. y el nacido libre del es­ clavo. una «hom ogeneidad» o igualdad de especie. La igualdad política se refiere. y los m éto­ dos dictatoriales pueden ser exteriorizaciones inmediatas de una sustancia dem ocrática. La R evolución rusa y la fascista poseen una hom oge­ neidad dem ocrática de este tipo. La sustancia del Estado total se vuelve ahora el «semejante» camarada del pueblo. progre­ sista o reaccionaria. U na democracia* dice Schmitt. no se vio urgido a responder a la pregunta sobre dón­ de radicaría la sustancia hom ogénea de la dem ocracia dictato­ rial. que debe garantizar la igualdad de especie entre con ­ ductor y conducido. Tiene com o correlato una no igualdad posible. esto es. La igualdad biológica de la raza reempla­ za a la igualdad teológica ante D ios y a la igualdad moral ante la ley. todos los problem as del último siglo: la . a diferencia de la idea de igualdad humanitaria. en su principio. absolutista o liberal. en correspondencia con la doctrina antisemita de las razas. pero no antidemocráticas. de la que se había mantenido inicialmente distante. La igualdad no consiste en la igualdad apolíti­ ca de todos los hombres de la humanidad sümida én el indivi­ dualismo. Mientras que Schmitt siguió siendo sólo un mero decisionista y se conform aba con la demanda de la unidad política formal. puede ser militarista o pacifista. Apenas después de que fue tomada fácticamente la deci­ sión.M ax W eber y Ka r l M arx 147 cho más originario y creíble* en una aclamación. sino que debe tener una sustancia concreta. Esto sucede desde la tercera edición de E l concepto de lo político. de reconocer la igualdad política de los ciudadanos.

Se vuelve también irrelevante el pro­ blema de la libertad dentro de la carcasa de servidumbre que es el Estado total. de nuevo. esto es. Quien ha tenido la oportunidad de ver a W eber y a Sch­ mitt en la presentación pública de sus pensamientos no puede dudar un instante sobre cuál de los dos era el «ciudadano»: no Weber. de hom m ey citoyen. la problemática del reino de Bismarck se resuelve de una form a m uy simple: el segundo reino fue un com prom iso del Estado constitucional burgués con el Estado militar de Prusia. del Estado de derecho con el Estado del Führer. Por el contrario. D e la misma mane­ ra. que osciló de un campamento a otro y no desaprovechó la oportunidad de hacerse miembro del ambiente justo. que se confesó leal a su clase. sino Schmitt. A l final venció. que en ese Estado no tiene lugar. Es propio de la tragedia de la vida política alemana que un hom bre sabio com o fue W eber nunca haya podido llegar a actuar durante la crisis de la estructura de Bis­ marck. en el actuar por oportunidad. . y a que la libertad es un invento del lib e­ ralismo.148 K a r l L ö w it h oposición entre Estado y sociedad. el «soldado» sobre el «ciudadano». un arribista talentoso com o Schmitt ganó una influencia sobre el pensamiento político y la legisla­ ción del Tercer Reich que sería difícil de exagerar. El «relativismo» histórico de W e­ ber era portado p o r un ethod decisivo. en Adam Müller. mientras que el decisionism o dictatorial de Schmitt encuentra su explicación en lo que él mismo develó. com o «ocasionalismo». de clase burguesa y prole­ taria. que no deja negociar con sigo mismo. algo a lo que el carácter de W eber había renunciado.

El tránsito desde el campo del derecho al de la econom ía na­ cional y lá sociología estuvo mediado por el estudio de la his­ toria agraria romana. decir lo que no es oído con gusto — ha­ cia arriba. «Yo soy un miembro de la clase burguesa. desde la primera hasta la última oración. después de un año. Su ponencia inaugural en la universi­ dad sobre EL Estado-nación y La política económ ica popular despertó indeseados comentarios. porque también esa ponencia dice. porque animó a decirle a la burguesía alemana incóm odas verdades. son afirm aciones con una exigencia fuera de la acostumbrada. no estoy en condiciones de responder hoy a ello con una afirma­ ción. Precisam ente el oficio de nuestra ciencia es. de ingreso en la universi­ dad de un treintañero. hacia abajo. y tam bién hacia la prop ia clase— . El tono de su ponencia La ciencia co­ mo vocación. resuena y a ahí. ver­ dades que son oídas a disgusto. Ya un año después recibió la posibilidad de ejercer com o p rofesor extraordinario en Berlín y. le ofrecieron trabajar com o profesor ordinario de econom ía nacional. que W eber sostuvo veinticinco años después. un año antes de su muerte. únicamente.Y cuando me pregunto si la burguesía de Alemania está h oy ma­ dura para ser la clase políticamente rectora de la nación. en Friburgo. me siento com o tal y fui criado en sus con cep cion es e ideales.» Para un discurso académico. otra vez.L a posición de M a x W eber frente a la ciencia ( 1964) M a x W eber estudió D erecho y se habilitó en 1892 en D ere­ cho comercial y D erecho romano. W eber veía com o una ventaja .

mientras que en realidad se trata de juicios y prejuicios subjetivos muy condicionados. son las siguientes: a la catástrofe de la fundación del reino alemán se debió que a ella no le siguiera ninguna madurez política interna. En verdad. en general. de los cuales en su mayoría. sin embargo. no de trata de ideales espe­ ciales y ganados p o r sí mismo. sino de los viejod tipodgenerales de idealed humanad que nosotros transportamos también en el ma­ terial de nuestra ciencia. y n o p or último a su propia clase. se aprendía a reconocer también y precisamente hechos incó­ m odos — sin consideración a los prejuicios heredados y dom i­ nantes en general. su principio “econ óm ico” específico de valoración.. sociales y polí­ ticas. . a la socialdem ocracia. sobre todo. « N o es la regla. Falta el control de sí consciente [ . a los junkerd prusianos. a través de ella. acostum brada a que el gran hom bre de Estado en su . una nación «din ninguna educación polí­ tica». sino que también el pensa­ miento fundamental de La ciencia como vocación resuena y a en la lecció n de ingreso en la universidad. a las propias estrecheces religiosas y morales. que se denom inan co n gusto «tradición » y «con v en ­ cim iento».] sobre los ideales a partir de los cuales avanza hacia el juicio de los procesos observados. que el que ju zga p on ga claridad frente a otros y frente a di mismo sobre el núcleo subjetivo último de sus juicios. sino casi la excepción. É l dejó tras de sí. recae en va­ gas indeterminaciones. [ . cóm o herencia.» Las verdades incóm odas que W eber tenía para decir hacia arriba. El des­ precio de los hom bres de Bismarck no dejó florecer en su cer­ canía ninguna personalidad autónom ay honrada. hacia abajo. W e b e r com bate el «engaño óptico» que procede com o si los parámetrod del juicio y la valoración de los acontecimientos económ icos y políticos se dejaran extraer de esos acontecimientos mismos. sin consideración también. Pero no sólo el tono. .150 K a r l L o w it h primordial de la form ación científica el que. el mismo que juzga n o tendría conciencia.. ] y donde él busca formular.

en relación con ellas. En 1897. ahora (1895). Jaffe y W. a la pregunta p or la construcción m etódica de conceptos. comenzada de forma tan brillante: una severa en­ fermedad psíquica le impidió durante diez años ejercer su ofi­ cio. incluyó un corto prefacio que contiene aquella oración in­ troductoria tan característica de él: «N o el consenso. La inmensa obra inconclusa de Economía y sociedad. Sombart. se tra­ taba de una pequeña burguesía. y los tres tomos de los Ensayos sobre sociología de la re­ . que se consagró a investigaciones sociológicas. la principal obra sistemática aparecida tras su muerte.M ax W eber y K arl M arx 151 cumbre ya se había ocupado.' pero tam poco un airé dé la pasión na­ cional dom inante. èri tod o caso algo temerosa de las masas populares que se rebelaban. y porque no vive en ella «ninguna chispa de aquella énergía catilinaria del hacer». Justo con la fundación del «Archivo para la ciencia social y la política social» dé Heildelberg. que dirigía conjuntamente con E. me llevaron a publicarlas». com enzó para él uria nueva activi­ dad. Los dos tratados posteriores — Sobre alguna*) categorías de la Sociología comprensiva (1913) y E l sentido de la «Libertad valorativa» de las ciencias sociaiy económica (1917)—son él resultado de esa reflexión crítica sobré el propio quehacer científico. La pregunta. Cuando W ebér publicó su discurso de ingresó en la universi­ dad. La bur­ guesía estaba satisfecha tras la victoria nacional de 18701871. que sopla en los cuartos del con vento. Péro tam poco élla estaría en condiciones de tomar la conduc­ ción política> porque lé falta para éso el gran instinto dé poder. sirio la contradicción que las explicaciones que siguen encontraron en muchos de sus oyentes. sin ninguna voluntad política: y «sin la capacidad del odio contra lo pequ eñ o». W eb er fue llam ado a H eildelberg. orientadas histórico-universalmente y. A qu í llega pronto a Una interrupción inesperada y misteriosa de la activi­ dad docente. p or ella. si la clase trabajadora p o ­ dría volverse la portadora del futuro político de Alemania. de la política. p or el futuro p o ­ lítico siería p or eso. en pocas palabras.

que desde 1903 no pudo desarrollar nin­ guna actividad docente pública. Admirable es empero. la sociedad y la religión. M ax W eber escribió en 1887 en una carta sobre su hermano.152 K a r l L o w it h ligión fundamentan la fama científica de Weber· Es sorprenden­ te qué en menos de dos décadas fuera posible no sólo apropiar­ se de esos conocimientos generales y particulares de los cam­ pos del D erecho. por entonces de 20 años: «E n lo qué a Al­ fred concierne. todos los que antes y después se habían expresado sobre el tema de otro m odo empalidecían com o no originales y esquemáticos. sino dominarlos y penetrarlos metódicamente.] mis obtusas consecuencias..en sus trabajos sociológicos... Y en aquellos que estaban más o menos cerca del círculo de Stefan George (Kahler.. debe de haber ejercido una especie de magia.. Él gravitaba también sobre su hermano más joven. al que tanto tienen que agradecerle la Univérsidad de Heildelb e r g y la sociología. pero no sentimental. colegas y jóvenes: especialistas en su casa — E m st B loch y Georg Lukács pertenecían a ese círculo— . sus filosofem as presentes me son familiares desde antes. la econom ía.. [ .. Cuando W eber ha­ blaba en una discusión. El «desencantamiento» del mundo histórico p or medio de Ja ciencia racional. la fascinación perso­ nal que ese hombre. la agudeza sin com prom isos de su argu­ mentación y el poder elegante de una persona sensible. Salin. con un punto de vis­ ta propio.] Él tiene el — desde una perspectiva afortunado—don de aclarar de m odo artístico y poético sus más diferentes doctrinas [ .]. [ . con detestable austeridad»·2 . bajo lo cual padece la claridad del pensamiento — mientras que y o ex­ traje. sino que sólo recibía a amigos. produjo en sus contemporá­ neos. W olters) el respeto es­ taba ligado con una apasionada resistencia. y él podía desarrollar libremente sus puntos de vista durante horas en estrecha continuidad. en el mismo estadio. que él pone en práctica. W e­ ber producía una impresión de pesadez sobre algunos por lo excelso de su saber. Alfred Weber. p o r mis con ocidos más íntimos. también.

ni la sociología marxista ni la burguesa vieron que la sociolo­ gía de W eber es el contrapunto de E l capital de Marx. él analizaba la doctrina del M anifiedto com unista. sin em­ bargo. en un corto tiempo. esto es. una dis­ cusión con M arx y el materialismo histórico. com o si ésta pudiera tener una «corrección sin espíritu». com o seguidor de Brentano. un llam am iento de M ú n ich . C om o político no llegó a desa­ rrollarse: estaba en la lista de candidatos a la asamblea na- . a los tempranos 56 años. El tema de su lección fue: «Crítica positiva de la concepción materialista de la historia». El tratado sobre las razones sociales de la caída de la cultura antigua re­ posa sobre una utilización libre del m étodo del materialismo histórico. en que W eber. lo reco­ noce com o el destino inclau dicable de la racionalización. L a R ev olu ción rusa estaba en p roceso desde hacía un año y W eber y a había aprendido ruso con m o­ tivo de la Revolución de 1905. Su más grande éxito lo debe a su tratado. aunque no siempre simpáticas» (las aún más exten­ sas no eran visibles todavía. para poder seguir las noticias políticas. En Viena sostiene también. La diferencia esencial consiste. y «consecuencias fruc­ tíferas» también para la ciencia de la economía. la ponen­ cia sobre docialism o. aparecido y a en 1904. que estaba pensada «para una orientación general». Tras un semestre en Viena W eber aceptó. Curiosamente. A llí murió. L o h on ra — nota bene frente a oficiales del K áisery casi al final de la monarquía de los H absburgo—co ­ m o un «logro científico de prim er rango» y com o un «docu ­ mento profético» que tuvo políticamente «consecuencias muy extensas. En la ponencia. en tanto tom a com o hijo con du ctor de la explica­ ción la contradicción entre las relaciones de producción y las fuerzas productivas. frente a oficiales austríacos. en 1918). a eso que M arx interpreta y com bate com o «autoenajenación» p or medio de la cosificación. en junio de 1920. sobre La ética protes­ tante y el espíritu del capitalismo.M ax W eber y K arl M arx 153 En 1918 W eber lo intenta de nuevo con una cátedra de so­ ciología en Viena.

También en . había investigado y pensado sobre la cuestión de la racionalidad del espíritu europeo. W eber sostuvo la p o ­ nencia. Eso era todo. lúa decadencia de Occidente. P oco después de la abdicación de la monarquía de Bayem y del intermezzo de la República de los consejos. era amigo de Percy Gothein.154 K a r l L o w it h ciorial de W eimar y participó en el diseño de la nueva Consti­ tución. después de lá primera guerra se había estado bajo la influen­ cia del libro de Spengler. en el cual W eber era el único competènte que sabía decir más y. de los asesina­ tos de Kurt E isnery Gustav Landauer. pero su propio partido le rehusaba. sobre todo. La ciencia como vocación y . un hijo del historiador de Heildelberg. sino el salón de ponencias de la librería de Suabia Steiriicke. sin v ol­ carlos a la escritura! En sus disquisiciones sobre la pregunta «¿Para qué la ciencia? » resumió W eber todo lo que ya. L a ponencia fue transcrita en el m om ento y publicada de m odo tan literal com o había sido sostenida. Y o había vu elto de la guerra y había com enzado con mis estudios en M únich. en la sala. la segunda so­ bre La: política como vocación. L a Organizadora del evento èra una agrupación de militancia estudiantil líbre qué se preocu­ paba seriamente p or orientarse éñ la confusión de la época. En ése mi primer semestre en M únich. algo después. En la mano tenía ima ficha pequeña. y fuim os juntos a la p o ­ nencia de W eber. En general. El salón podía albergar com ò a ciento cincuenta asistentes. que había aparecido en 1918. y en un círculo pequeño había una discu­ sión sobre las tesis histórico-filosóficas de Spengler. y después sostuvo su discurso completamente suelto. con mayor precisión que el mismo Spengler. enérgico. La sala no era un auditorio. ¡Envidiable quien tiene su saber y su pensamiento tan presentes. con un par de anotaciones. W eber llegó con retrasó de Una asamblea política del Partido Dem ocrático y entró con paso rápido. desde su introducción al tratado sobre la ética protestante y el espí­ ritu del capitalism o. en la que se daba cita la vanguardia estudiantil.

que se form ó sobre todo en el protestan­ tismo. la pericia y la veracidad mismas. y toda «exigencia» de ima «síntesis» vive de esa partición positiva. de la cual él hablaba com o hom bre de pen­ samiento científico. sino la evidente transparencia del mundo. la teoría del conocim iento y la m etodología era tam­ bién para W eber ima ciencia especializada — com o lo es h oy la reducción de la filosofía al análisis lógico del uso del lengua­ je— . casualidad o perspecti­ vas económ icas. Pero tam­ bién el m oderado ethod de la profesión m oderna se retrotrae a un origen religioso. que com o la lógica. La ciencia corno vocación no trata de la filosofia.M ax W eber y Karl M arx 155 esa ponencia dijo verdades incóm odas porque era. en su origen fundam entado religiosamente. aún transita «com o un espectro de contenido antes religioso» por nuestra vida. com o se habla del oficio del dentista o del m ozo. y a la veracidad. Se puede decidir por ésta o por aquella profesión. N osotros casi no podem os imaginamos en qué medida las convicciones religiosas han determinado también el m odo co ­ tidiano de conducir la vida. W eber utiliza aquí la palabra «profe­ sión» \Beruf\ en su sentido banal. U na elección tal de actividad no tiene nada que ver con el impulso interno llamado vocacional. no es el desvelamiento de un ser pleno de secretos. porque el pensamiento del «deber del oficio». según inclinación. La «verdad». ni a sí mismo ni a lo s de­ más. A esa pericia pertenece lo que W eber poseía en el más alto grado: la libertad respecto a cada conform ism o y a la vanidad. del m odo en que él la entendía pertenece la libertad respecto a las ilu­ siones: que no se escenografíe nada. en especial en el puritanism o inglés de cuño calvinis­ ta. cotidiano. El hecho fáctico de la especialización siempre en progre­ so no puede excluirse y a del m undo. desencanta­ dopor medio delprogreso de la ciencia. en perso­ na. La ponencia trata de la vocación de la ciencia y del mismo incierto oficio de ésta. Quien quiera lo ­ grar algo en el cam po científico debe ser especialista y tener .

eso es en todos los casos una gracia. Quien por primera vez. al técnico y al artista. Ella no se deja coercionar. L a fantasía comercial. una intuición.156 K a r l L ó w it h precisos y determinados conocimientos. se pregunta por el valor de los valores que prevalecen hasta h oy ó . de que ella no puede producir na­ da duradero y verdadero eternamente. Galileo y N ewton. cuando no se le anticipara el esfuerzo del entendimiento. U na obra de arte. por la de Kepler. sin embargo. Pero la ciencia celeste de Aristóteles fue superada. la fantasía artística. ése pregunta en principio por lo que existe. La pregunta por el sentido de la ciencia surge y a para W e­ ber respecto a que todo trabajo e investigación científicos es­ tán subsumidos al progreso. Y sólo el entendi­ miento puede evaluar el significado de una ocurrencia y si es posible materializarla. com o Nietzsche. al com er­ ciante. en los hechos. la fantasía matemática. de la ocurrencia casual. que la ciencia se haya convertid do en una operación aritmética y en una actividad de m ero entendimiento. Esa espécialización uni­ versal no afirma. aun cuando esos de­ talles sean insignificantes y estériles. Eso la diferencia del crear del gran artista. La ciencia productiva precisa también. aun cuando de acuerdo con su especialidad no haga ninguna de­ manda a la filosofía. no es en principio diferente de lo que com pone al gran em presario. Junto con el trabajo y la ocurrencia ne­ cesita todavía de una tercera cosa: del cueétionamiento apasio­ nado. y p o r lo tanto pregunta filosóficam ente. p or el valor y el sentido de la ciencia — ¿para qué la ciencia?— . H om ero no fue superado p or Dante y éste tam poco por Shakespeare. a la que debe­ m os tod os los grandes descubrim ientos. más allá dél trabajo sistemático. que es completada de m odo artístico. no puede ser superada nunca. pero no aparecería tam poco. tanto com o N ew ton fue supe­ . porque el m odo dél planteamiento del problem a deter­ mina también por anticipado el m étodo y el resultado. más allá del estado de las ciencias. com o W eber. La ocurrencia científica.

p o r el puro saber mismo y que. traba­ jar de m odo no científico. El progreso científico caracteriza. a lo sd ie z o cien afíos> quedará obsoleto. una em presa tan sin fin? Es cierto: para fines prácticos delimitados (vivir mejor. esto es. has­ ta lo que no tiene fin. Con ello surge y a la pregunta p o r el sentido de la ciencia com o v o ­ cación.es en sí misma plena de sentido y de valor.M ax W eber y K are M arx 157 rado p or Einstein. Ese progreso y arrebató de la ciencia se extiende. ma­ y o r bienestar.vida. esto es. Podemos. y frente al que tantos intelectuales toman posición «de m odo inusitadamente negativo». no eri pos de un b e­ neficio práctico. hasta lo que es nunca completable. u n bosquim ano de África? D e ningún m odo. W eber parte en primer lugar del progreso científico. sí a la fracción más importante de un proceso de racionalización bajo el cual estamos sometidos desde hace si­ glos. sin esperar que otros en el futuro irán más lejos que nosotros. alimen­ tarse mejor. alcanzar una más larga duración dé la. Quien ha logrado algo en una ciencia sabe que su trabajo. allí en­ contraría su más alto sentido. que quiere ser superado en el andar y en el progreso del saber. sino. en principio. Porque ¿por qué debería ejercerse algo y abocarse a una empresa que no tiene ninguna perspectiva de ser com ple­ tada? ¿Para qué. co n qué fin. de aquello que precisamente hace a su sentido cuestionar ble. p o r ejem plo. ¿Q ué significa esa racionali­ zación de la completa vida pública a través de la ciencia y la técnica científica? ¿Sabem os de las condiciones bajo las cua­ les h oy existim os más que. si bien no a la totalidad de la ciencia. Para dar una respuesta a la pregunta de «para qué la cien­ cia». D esde Aristóteles se nos ha asegurado siempre que el verdadero querer saber debe ser cuidado. pero el que tom a la ciencia com o v o ­ cación piensa-que ésta. Ese es precisamente el «sentido» del trabajo científico: que cada res­ puesta crea nuevas preguntas. dice W eber. El primitivo conoce sus instrumen­ tos y su m edio ambiente incomparablemente más que n oso­ . hasta el infinito. etcétera).

El lema de la ciencia de la temprana m odernidad es la frase de B acon: saber es poder. Para el hombre de una civilización. el desencanta­ miento del mundo. pero no satisfecho. y p or una razón m uy atinada. algún sentido que trascienda al técn ico-p ráctico? Él hace alusión al viejo Tólstoi. de acuerdo con el progreso sin fin. al final de sus días. p or el contrario. que avanzó en nuestra cultura occi­ dental durante siglos. El progreso. porque él existe continuamente en la mira de un futuro todavía no pleno. Para el hom bre de una civilización en insaciable progreso. sino el saber o la creencia de que si sólo se quisiera se podría saber en cualquier m om ento. Puede estar extenuado de la vida. que en general no tenemos ni idea de cóm o se construye un avión y se pone en movimiento. cóm o hacer una llamada telefónica a N u eva Y ork y pod er escuchar un concierto de Londres. M ás aún. la muerte es una inte­ rrupción anticipada y una circunstancia contraria a la lógica. que moviliza a-la ciencia. porqu e en principio no hay poderes secretos e incalculables que pudieran entrome­ terse. Él se preguntó si dentro de una civilización que fu n cion a así la muerte sería una aparición plena de sentido. L a racionalización no significa en­ tonces un creciente-conocimiento general de las condiciones de vida. no debería te­ ner. ningún fin. no lo es. L a racionalización científica. Cualquier campesino de la vieja época m oría viejo y satisfecho de la vi­ da. en sus principios amante y creyente en el progreso. empero.158 Ka r l L o w i t h tros. significa que en principio todas las cosas de pueden controlar a travéd del cálculo. estampa a la muerte . porque su vida lo había provisto. W eber continúa preguntando: ¿tiene ese proceso de la ra­ cionalización creciente. siempre avanzado. porque la vida. en verdad. con lo que podía ofrecerle. significa. que d ijo «no»3 a esa civilización completamente m o­ derna. científico-técnica. más precisamente el actuar ra­ cional de acuerdo con fines. o cóm o fabricar un billete de cien marcos para p o ­ der com prar algo con él.

¡Pero no lo hacen! Ellos deben consolarse. tiene un sentido más allá de lo técnico que justifique a la ciencia com o v oca ­ ción. Y el ser verdadero es. a la real constitución justa de la vida com ún en una comunidad pública. en el dominio de la naturaleza y en la organización de la sociedad humana. que se de­ . tras sus espaldas. sobre todo también a la verdadera política. el camino al verda­ dero éer. con que será m ejor y con que los niños resolverán los problem as de los padres. para los griegos. falta de sentido. entonces. el ser bueno y bello. porque la representación de lo que es sabér verdadero y para qué puede servir ha cam biado radi­ calmente. Ciencia verdadera es. la verdad inocultable del ser. W eb er dio al respecto las siguientes referencias: Platón cuenta en el libro séptimo de la Politeia cóm o los hom ­ bres están sentados. encadenados en una caverna. p or­ que no puede haber un ser bueno y un ser bello sin una com ­ prensión verdadera de lo que hace a algo ser bueno y bello. N os vem os retrotraídos. a la pregunta de si el progreso científico y social. otra vez. con dud niños.M ax W eber y K arl M arx 159 definitiva con la. esto es. caverna es el sabio verdadero. L a salida más simple para este dilema es que se proyecte la vida incompleta en la próxi­ ma generación y se consuele con esto. y sólo ven las sombras de las figuras que. Ve la luz del sol. en la cual las cosas aparecen así. una escenificación artificial que proyecta inventivamente a la naturaleza com o una obra de arte según determinadas expectativas. que ha ascendido desde la mirada de meras figuras de sombras a su figura origi­ nal. El liberado de las cade­ nas y de la. son refleja­ das p or una luz escondida en la pared de enfrente. a la vez. Él ve p or primera vez la fuente originaria de toda otra luz. En el Renacimiento la ciencia recorrió otro camino nuevo para saber lo que es: el experimento racional. Hasta qué uno de los encadenados logra liberarse y salir de la caverna. Inmensa es la diferencia entre entonces y ahora en la res­ puesta a esa pregunta. com o en verdad son.

más qué eso. Galileo. que la nueva concepción mecánica del mundo p o ­ dría volversé una «ciencia del m undo pagana» y sus portavo­ ces. El b ió lo g o Sw am m erdam explicó triunfante: «Y o les traigo aquí la prueba de la providencia de D ios en la anatomía de un piojo». dice M a x Weber. que la astronom íay la biología o la química nos iluminan sobre el sentido del m undo? La ciencia no sólo no enseña nada sobre el sentido del mundo. p or­ que también la naturaleza hace manifiestos sus secretos sólo a través del arte técnico. N ewton. que a me­ nudo son científicos naturales. L o que y a Kant ha­ bía temido. eso hace tiempo que se volvió un hecho reconocido. la física y la fi­ siología de la modernidad. «Ciencia» significaba para ellos el cami­ no a l arte verdadero y con ello a la vez a la naturaleza verdadera. es decir que ella. de tan ob vio que era. hace temblar la creencia de que algo así existe. C opém ico. Los adelantados fueron los grandes experimenta­ dores en el cam po del arte: L eonardo sobre todo.160 K a r l L o w it h ben probar. ¿Quién cree todavía h oy que la. excepto algunos «niños grandes». Kepler. sino también. a través de experimentos preparados con plena artificialidad. todos ellos estaban con ven cidos de que D io s había con ceb id o el m undo de form a matemática y que conocían a D ios cuando leían en el «libró» de la naturaleza. el camino hacia D ioj. que la ciencia de la naturaleza era un camino hacia Dios. ciencia es un camino al verda­ dero ser o a D ios. con la que se creía podér justificar el progreso de la ciencia com o pleno de sentido. sobre eso no du­ daría nadie hoy. la ciencia natural no sólo era el ca­ mino hacia la verdadera naturaleza. luego los teóricos de la música del siglo XVI y los experimentadores de las ciencias naturales. a la vez. apologetas del ateísmo. Pero para los fundadores de la astronomía. cuando y a no . Q ue la ciencia com o ciencia no tiene D ios y es un poder ajeno a Dios. com o se dijo en analogía con el lib ro de la Biblia. aun hasta la crítica de Kant de la prueba de D ios físico-teleológica. Pero tam bién la última res­ puesta.

pero no dan una respuesta a la pregunta de si son dignas de existir. El mide las posibilida­ des de una conducción de la vida «interna al m undo» cón las . es p or lo menos cuestionable. fracasó. al arte y la naturaleza verdaderos. En tanto la ciencia de la cultura m oderna presuporie que debe haber «cultura».M ax W ebér y K arl M arx 161 un camino a Dios. Cuando todos esos seritidos anteriores de la ciencia. no es deducible defacto de la física. lo dejan sin decidir o lo presupo­ nen a sus fines— L o mismo vale para las así llamadas ciencias del espíritu históricas: énseñan a entender determinadas p ro­ ducciones políticas y sociales. las leyes del movimiento de los cuerpos celestes son dig­ nas de ser conocidas. y si eso tiene en última instancia un sentido. por éjémplo. en el sentido de digno de ser conocido? ¿C óm o debería poder decidir la empresa fáctica de la ciencia si tal saber es digno de ser con ocid o? Si. Todas las cien­ cias naturales sólo nos dan respuesta a lá pregunta de qué debémos hacer nosotros cuando queremos dominar técnicamente la vida — però si debernos y querem os hacerlo. á D ios y por último a la felicidad social son ilusiones pasadas. su presuposición. p or­ qué esa creencia puede ser dejada completamente de lado des­ pués de la crítica destructora d e "N ietzsch e a aquellos «últimos hombres». com ò camino al verdadero ser. no da pruebas de que esa. W eber no profundiza más eri ello. que «inventaron la felicidad». y la presuposición obvia de la ciencia m édica respectó á que se debe conservar la vida humana: lo más posible bajo todas las circunstancias. está sobreentendida. Las religiones del rechazo del mundo. entonces se debe preguntar «en qué sentido la ciencia no da ninguna respuesta y si no podría servirle de algo a aquel que postula correctamente la pregunta»: ¿Cuán importante es lo que surge del trabajo científico. artísticas y literarias. ampliamente difundidas. sí sèria el camino a la felicidad de la sociedad humana. discuten una presuposición com o é sa y W eber ha dedicado a lá sociología del rechazo del mun­ do religioso un significativo apartadó.

no válidas para otros — tesis sin com prom isos y formulada con apasionada insistencia en tratados sobre el sentido de la «libertad valorativa» en las cien­ cias sociales— . sí se puede discutir científicamente con un marxista que postula la tesis de que determinadas relaciones sociales y económicas condi­ cionan también el surgimiento de religiones. no se podría discutir con él científicamente. Si debe haber ésta o aquella disciplina científica. contra la creencia en los milagros y en la revelación. en tanto esté a favor o en contra de ella. religiosas. social. un cristiano creyente pensará sobre el surgimiento del cristianismo de otra manera que un historiador libre de prejuicios dogmáticos. sino sólo el hombre. Pero cuando se decide hoy en día por una ciencui com o profesión y con ello se cree en la profe­ sión \Beruf\ de la ciencia. La tesis de W eber de la diferencia radical entre ciencia ob ­ jetiva y valoración subjetiva.162 K a r l L o w it h trascendentes. un especialista científico. entonces y a se ha decidido también contra la magia y la mitología. además. había sido y a fuertemente combatida durante su . Empero. inver­ samente. si debe haber ciencia sin más. decidir si debe ha­ ber religión e Iglesia. entre conocimiento de hechos vá­ lido universalmente y tomas de posición personales (de tipo político. Por supuesto. moral y religioso). sobre eso no puede decidir naturalmente la ciencia. p or una intervención de D ios en la historia de la humanidad. así como. Sí puede ser creyente y. Si quisiera ex ­ plicar el origen del cristianismo de m odo sobrenatural. W eber ha mostrado que determinadas convicciones y expectativas religiosas pueden contribuir a determinar la forma de ordenar la economía. También el historiador científico del arte se contradiría a sí mismo si no se esforzara por hacer entendible el origen de la Iglesia cristiana de form a em pírica-histónca. Ninguna historia de la religión y de la Iglesia puede. sin embargo. pe­ ro él no puede ser historiador como fieL cristiano. aun cuando analiza sociológicamen­ te sus efectos sobre la vida cotidiana. com o una institución entre otras.

un poder que destroza la autoridad de la tradición. a lo humano europeo. esto es: la compren­ sión de que nodotrod vivimos b oy en un mundo que está cosificado a través de la técnica científica y que. y decidir racionalmente. válidas universal­ mente. com o y a en el «prefacio» a los Endayod dobre doc 'wlogía de la religión aclaró. por otro lado. lacónico. o la hermenéutica. por ejemplo.4 Tanto los opositores com o los partidarios de la bifurca­ ción entre conocimiento y valoración malentienden el motivo central que porta en W eber la diferencia. para bien o para mal. ¿C óm o debería. Nuestras valo­ raciones últimas no pueden. de acuerdo con el D erecho natural. sino en que W eber llega a la comprensión filosófica . cuestión de la decisión personal. La contro­ versia no está de ningún m odo resuelta. de tal m odo que la europeización también de todos los demás hombres «anuncia el gobierno de un sentido absoluto». Se continúa. por ejemplo. la ra­ cionalidad objetivada de la ciencia nos ha liberado de la sujeción a normas de tipo moral y religioso. según el caso. o si ese ethod de la razón es solamente un tipo antropológico en­ tre otras posibilidades culturales. mientras que los opositores a esta dis­ tinción opinan que sería fácil dejar de lado las dos clases de factd y valué. son. ni apoyarse sobre la tra­ dición ni fundamentarse científicamente. La ciencia es. por eso. o la dialéctica marxista. porque incide en un punto sensible en nuestra relación con la ciencia y con el mundo determinado por ella. bajo el título: factd and valué o factd and decidion·. que no conocen por sí una ciencia europea? W eber re­ nuncia a com parar el valor de culturas diferentes de m odo comparativo-distintivo. El motivo para esa reserva no reside em pero en el relativismo de la conciencia histórica. decidirse científicamente si — com o afirma Husserl—el ethod de la fundamentación de todo y de cada cosa por la razón científica. por la fuerza de su progreso continuo. porta en sí una «idea ab­ soluta». a continuación.M ax W eber y Karl M arx 163 vida. especial­ mente en Inglaterra y Estados Unidos. que apareció entre los griegos y que caracteriza. de China y de India.

humana. Eso vale también para el destino de la racionalización del mundo pór la ciencia. O tro ejemplo. las exigencias del sermón de la montaña o. La demanda de libertad valorativa del juicio científico no signi­ fica un retroceso á la pura cientificidad.5 El ethod cristiano originario. que sirven al dominio del mundo. en lugar de esconderse bajo el pa­ raguas del conocim iento científico. que exige lo contrario. de form a universalmente válida.164 K a r l L ò w it h de que. de la infundamentabilidad científica de tomas de posición últimas es la pregunta: ¿cóm o debería p o d e r dem ostrarse co m o verdaderas y c o ­ rrectas. los patrones externod a la cien­ cia del ju icio cien tífico. al que W eber ni afirma ciegamente. ni niega co ­ mo alienación. que vive en la espera del fin de este mundo. también refutar­ las? D en tro del O ccid en te con vertido en cristiano se debe elegir también entre p or un lado el ethod de la dignidad y la consideración de sí interna al mundo. «com o se hace también al mirar el mar y la montaña». ese ethod determina también sus conocim ientos. precisamente. sino que quiere to­ m a ren cuenta. que nos dice que uno debe sobreponerse al mal. frente al «andar de los destinos hum anos». L o que W e b e r exige no es una extirpación de las «ideas de valor» normadoras. Ésta debía volverse libre para una valoración consciente. decidida y consecuente de sí misma. Q ue a pesar de esa em ancipación de la ciencia. y por el otro. interno a Europa. trascendente. es inconciliable con la ciencia y la técnica emancipa­ das de toda religión. sino su co n ­ creción. el ethod com ­ pletamente diferente. p or el contrario. com o precondición de una toma de distancia posible . se haría bien en guardar para sí sus «pequeños comentarios persona­ les». ella misma y los otros. porque D ios es el amor y el único juez sobre los hombres. y que incluso fundamentales v a ­ loraciones de tipo moral o cuasirreligioso están en la base c o ­ m o presuposiciones. precisamente eso quiso mostrar la exi­ gencia de M a x W eb er de una ciencia libre de valores.

Lá así llamada objetividad — y W eber no habla de ella de otro m odo que dé una así llamada> entre comillas—«reposa sobre y sólo sobre el hecho de que la realidad dada és ordenada según categorías. sobre todo a tra­ vés de la crítica científica y la autorreflexión. Una línea delgada como un cabello separa a la ciencia de la creencia. aunque sea científicamente relevante.. que deja tras de sí la positi­ . . Pero acerca dé que las normas e ideales vinculantes no son fúndamentables en m o­ do absoluto científicam ente y que con ello no hay ninguna «receta» para la praxis. . ¿qué significa y qué persigue la crítica científica de los ideales y juicios de valor? ». La pregunta es. de esta afirmación básica de W eber no se sigue de ninguna manera «que los juicios de valor eludi­ rían lá discusión científica. se pelea y se com ba­ te». W eber caracteriza ese desvelamiento de las ideas de va­ lor y de los ideales rectores de las investigaciones científicas. a ese desvelamiento de lo «en última instancia querido».] tienen orígenes “ su bjetivos” . presentan la precondieión de nuestro conocimiento y están liga­ das á la precondición del valor de aquella verdad que sólo nos puede dar el saber de la experiencia». en un sentido esp ecífico. p or las cuales. el deducir del entendimiento á las «ideas» como tal¿d. son subjetiva*). y así libe­ rarlos para una clara discusión y contraposición sobre sí mis­ mos. porqu e en última instancia [ . esto es. L o que puede y debe suceder con el fin de la « o b ­ jetividad» científica es el claro y con scien teh acer notar y el tomar-eH-cuenta de aquello que es científicamente indem os­ trable. L o último que la reflexión científica sobre eso puede rendir es «traer a lá conciencia los últimos patronea que se manifiestan en el juicio de válor concretó». y en realidad el juicio científico no es separable del juicio valorativó..M ax W eber y K arl M arx 165 respecto a ellas. ] La crítica n o se detiene frente a los juicios de valor. co~ m o filosofía social. La autorreflexión científica. las cuales. más bien. «en par­ te en verdad y en parte supuestamente. Y así concierne a W eber. [ . sino que ambos sólo se deben diferenciar.

Los dos tratados ejemplares so­ bre Roscher y Knies significan una destrucción metódica de determ inados prejuicios y juicios de valor. 154). sin em bargo.] puede o bien engañarse teóricamente a sí mismo sobre la seriedad de la situación actual..6 Por tanto. El fin real y positivo de sus tratados científico-teoréticos es la radicaL deconélrucción de Lad «iLudioned». mucho más determina­ do.. sino el sentido. «en lugar del deber ser». o eludir sus consecuencias prácticas» (D . haber sabido que nodotrod «debem os cre­ ar.166 K a r l L o w it h vidad ingenua de la disciplina científica. «Sólo un sincretismo optimista [. La subjetividad presupuesta por W eber de nuestros patrones de valor últimos y de la falta de «normas» universales vinculan­ tes no pertenece. p. Pero c o ­ mo nosotros y a no vivim os com o miembros de una com uni­ dad religiosa. para después permitir­ se reposar sobre ellas. el «sentido» del acontecer del mun­ do.. por nosotros mismos». de su «desencantam iento» por m edio de la burla. Su desvelamiento minucioso de lo «en última instancia querido». entonces p o ­ dría haber también «valores» de validez universal. sino que ese déficit surge de la form a propia de aque­ lla época cultural. no indica qué es lo que se «debe». con unos medios dados y en orden a un fin presupuesto. de las ideas de valor normadoras de la investigación científica tiene no sólo el objetivo de com probar su efectiva presuposición. a la esencia universal de L a ciencia. específicamente de aquellos que obstaculizan la «liberalidad científica». sino qué se puede consecuentemente. cuyo destino es haber com ido «del árbol del conocim iento». y nos permite sobre todo daber qué es lo que verdaderamente se quiere. sólo hay una lucha entre las muchas posiciones y puntos de vista posibles.C . Si no obstante hubiera todavía «grandes comunidaded» religiosas y «profetas». en tanto contradicen el hecho histórico-humano de que «hoy» es . la creencia en normas objetivas y en su fundamentabilidad científica es lo que W eber combate con los me­ dios de la reflexión científica.

hasta en lo más singular. y a sin fundamento. durante un siglo. la ciencia se dispone también a poner a prueba su posición y su aparato conceptual. «Todo trabajo científico-cultu­ ral. sino en el de nuestra orientación presente en la vida en general. Estas parten de la comprensión para. Pero en al­ gún momento cualquiera el color cambia: el significado del punto de vista valorado irreflexivamente se vuelve inseguro. «después de que. sin controlar continua­ mente el valor del conocim iento de los hechos singulares se­ gún las ideas de valor últimas. de una vez. D e la conciencia de esa si­ tuación especial. en última instancia: a una re­ lación oscura del hombre cognoscentefrente a la realidad de nuedtro mundo presente. contemplará — después de que a través del planteamiento específico de problemas es­ té enfocado. W eber ha llevado a cabo. la orien­ tación supuestamente excluyente según el pathod de la ética cristiana hubiera cerrado los ojos para ello». a un material específico y se haya creado sus propios principios m etodológicos—la reformula­ ción de ese material com o fin en sí. la demostración y el desencan­ tamiento de los patrones últimos del juicio científico. sin ser consciente de su anclaje en esas ideas de valor en general.» Entonces. en todo lugar. en una época de especialización. En los tratados sobre Roscher y Knies. en últi­ ma instancia. terminar en el cuestionamiento no sólo de la ciencia y de la cultura modernas.M ax W eber y K arl M arx 167 «religiosa cotidianeidad» que la ciencia — dicho con N ietzs­ che—sea un «ateísmo científico». Y está bien así. La luz de los grandes proble­ mas culturales se ha explayado más. Son todo lo contrario de una marcha en el vacío de reflexiones metodológicas. En los análisis de Roscher sobre el acontecer histórico se conserva. el camino se pierde en el alba. Las contradicciones curiosas que él señala en los trabajos de R oscher se refieren a una relación oscura entre concepto y realidad) y eso significa. un «fondo» inaclarado. y . con interna consecuen­ cia. surgen. las disquisiciones «m etodológicas» de W eber.

Ese fondo que penetra en todos la­ dos es n om brado p o r Roscher. que sería el último agente en el acontecer histórico. Una indeterminada creen­ cia en la predicción fundamenta con ello. Roscher establece menos un contrapunto de Hegel que un retrocedo a una interpretación cuasirreligiosa de la historia. en él. pero tam p oco redu ce el conocim iento de la realidad a lo humano y «empíricamente» comprobable. Los individuos y los pueblos son presupuestos de m odo sustanc ial -nielafu ico. en el método de Roscher se mantiene una estructura inconsecuente. en la form ulación. y a sea de m odo m oderno y b io ló g ico com o «fuerza de vida». de form a simi­ lar al análisis crítico de Roscher. la articulación del todo.168 K a r l L o w it h específicamente uno que Roscher no quiere de ningún m odo aclarar. Tam poco él es capaz de aclarar con liberalidad científi­ . con un «fondo oscuro». con algo así com o una fuerza de vida unifi­ cada. Knies está todavía también bajo la influencia del epígono de la metafísi­ ca histórica hegeliana. Su m étodo está plagado de contradicciones. también Knies choca. en todo lugar. También en la vida científica un impulso divino «más alto» debe limitar el propio beneficio terrenal y ese pre­ supuesto interviene de m odo decisivo hasta en la estructura lógica de su «econom ía estatal». aunque sea exactamente ese resto el que produce. o com o «pensam iento de D ios» y «decretos sobrehumanos». Roscher no deduce hegelianamente la realidad de las «ideas». Com o Roscher. el carácter «emanatista» de sus argum entaciones lógicas. «en el espíritu del rom anticism o». una apela­ ción directa al orden de Dios. sobre qué bases filosóficas principiales reposa su concepto de libertad y qué consecuen­ cias tiene esto para su m etodología de la ciencia económica. Así. com o lo es siempre la unidad de una investigación «científicamente liberada» con un «punto de vista religioso». desviada hacia lo antropológico-biológico. También en el caso de Knies W eber aclara. aun cuando prudentemente evita. en última instancia.

sino escenificaciones del hom bre creador de cultura sin un «sentido» propio. sino en un conservado resto de una toma de posi­ ción m etafísica frente a la realidad. y desaparecen to­ das las definiciones «sustanciales» de la «form ación» social. que para él las form as de Estado serían técnicas. Lo que él no «con ­ sigue». a la que él de­ be entender. Una con la reaLidad. metafísico. pero que no se diluye en nuestros conceptos. y a es una abstracción y construcción re­ al. la conceptualización «emanatista» se trans­ forma también en una construcción típica-ideaL. vuelta completamente terrenal y objetiva­ mente sin sentido. y que por ello él podría estar con­ tra el Parlamento y a favor del m onarca (si éste no fuera un «vanidoso diletante» com o Guillermo II. El abandono radical de W eber de la conceptualización aún en parte metafísica y teológica de R oscher y Knies no significa una mera transformación del «aparato conceptual» lógico. llega a presentarse así y no de otro modo. Sólo por eso pudo decir W eber. que la construcción típica-ideal reposa sobre la hipótesis de que la realidad misma. . pensándolo hasta al final. aquí tam poco se apoya en una falta de agu­ deza lógica. su fracaso. sobre la com prensión de que todas las así llamadas «form aciones» de la historia de la cultura no son espíritu objetivo. porque no se expresa a sí misma. p rod u cid a a través de la ciencia técnica. sino un político id ó­ neo). D ebería decirse. sino una transformación del método y del concepto pa­ trón de la reaLidad misma. mientras y en tanto que él no piensa de m od o d ecid id o desde este Lado deL mundo. tanto com o cualquier otra maquinaria. L o que W eb er quiere demostrar es que Knies es científicamente oscuro. la cual. a través de ese m étodo y en aquellos conceptos.M ax W eber y K arl M arx 169 ca la relación entre «concepto y realidad». Esa con stru cción reposa sobre el conocim iento del estado de las cosas histórico. en una carta de 1917. objetivo.7 La construcción típica-ideal sirve a la delimitación del con ­ cepto científico respecto a la realidad histórica.

por el contrario. Y lo que le interesa a Weber. La «cultura». y a «crear» el senti­ do. en cada caso seno. dentro de la infinitud sin sentido del acontecer del m undo». la relación con la realidad. elevada por prime­ ra vez p or V ico a principio de las ciencias históricas. a producir antes que nada. «de que dólv p o r m edio de la puesta a prueba de las su­ puestamente “últimas” tomas de posición propias en relación con problemas muy concreta) y agudizados al máximo». Por el con­ trario. se v ol­ vería claro. c o ­ mo lo «suyo». «sin ilusiones». Ambas oraciones im­ plican: cosm os y phydid son sin logoé. toda cultura es algo hecho por hombres para hombres. su propio querer real. prácticay teoréticamente. del mero hablar sobre las opiniones últimas no surgiría nada más que «tonterías». que se posiciona en un mundo vuelto objetivamen­ te sin sentido y austero. aunque estaba convencido. com o también se le ha llamado.8 N os topamos justamente con la mis­ ma tom a de posición en Dilthey. define Weber. esto es. mientras que. es que . p or una larga experien­ cia.170 K a r l L o w it h El carácter técnico-constructivo o. La «construcción» típica-ideal está fundada en la toma de posición de un hom bre específico. Bajo esa presuposición de la convertibilidad del verum y el factum. el carácter «nominalista» de los conceptos m etodoló­ gicos fundamentales de W eber y su completa form a de cientificidad es una expresión consecuente de una posición com ple­ tamente determinada del hombre respecto a la realidad. cuando dice: «N osotros no transportamos ningún sentido desde el mundo a la vida. es la «toma de p o ­ sición». pensado con sentido y significado des­ de el lugar del hombre. Esta­ mos abiertos a la posibilidad de que sentido y significado sur­ jan justo en el hom bre y en su historia». y por ello un artificio que es pleno de significado solamente para nosotros. un hombre que ha sido retrotraído a sí mismo y que está urgido a producir el sentido objetivo y la articulación de sentido. «es un apartado definido. para el singular. porque el m undo de la naturaleza no es un prod u cto del hom bre dotado de razón.

y no según las posibilidades de su «exis­ tencia». tras que a las «objetividades» de cualquier tipo. las Iglesias. un miembro de la ciu­ dad y del Estado. y no en primera instancia una persona pri­ vada que es responsable p o r sí misma. los partidos. las unio­ nes y las sectas com o sustancias. como tai'.M ax W eber y Karl M arx 171 entonces y a no pueden ser más vistos e interpretados. es comprensible solamente — com ­ pletamente com prensible—a partir de que a ella subyace de facto. el Estado todavía fuera realmente una comunidad y el hombre. por el contrario. Si. el Estado moderno en el que estamos ubicados en tanto él mismo. a causa de su desencantam iento p o r m edio de la racionali­ zación. una «fá­ brica» \Betrieb\ — d ich o con H egel: el «E stado del entendi­ miento» de la sociedad burguesa. con los más profundos trasfondos — pero no porque eso sería no científico. com o m odelo. en un sentido am­ plio. sino porque una concepción así estaría atrapada en prejuicios trascendenta­ les y el mundo en el que nosotros estamos «puestos» y a no legi­ tima tales prejuicios— . A quí también se exterioriza la liberalidad científica de W eber. es ciertamente real y con derecho a la existencia. por ejemplo. sustan­ cial. que cruzan el sobrio día a día de un mundo desencanta­ do. de alguna forma. los Estados. entonces sí tendría sentido interpretar tam bién al Estado mismo sustancial y «universalmente». A esos prejuicios «trascendentes». una «realidad» estatal muy determinada. es un «instituto» racional. dicho con M arx: una «uni­ versalidad abstracta» sobre los individuos. esto es. fijado sobre sí mismo. conse­ cuentemente. com o un no-estar-atrapado en prejuicios trascen­ dentes. pertenece también la creencia en el «desarrollo» y en el . la definición ejemplar de W eber del Estado a partir de la posibilidad de que «deter­ minadas formas del hacer social (específicamente de hombres singulares) se produzcan». Así. La presuposición última de las definiciones de W eber so­ bre las formaciones sociales es que sólo el hom bre singular. no se les atribuye y a un significado autónomo.

mientras que simultáneamente admitía que a menudo es cierto — «para la dignidad humana demasiado a m enudo»— . Siempre [ . sin embargo. En una carta a Vossler discutió también que la necesidad enseñase a rezar. Pero para poder contemplar ése «destino de la época» en su perfil más serio se debe recon ocer la «cotidianeidad reli­ giosa». en la que se prohíbe la creencia en D ios y en la providencia divina en la naturaleza y la historia. según W eber. un “ sentido” terrenal y no obstante objetivo». y a despojado. socialista. En su «luz» se pone ahora la «realidad». M u ch o más relevante para nuestra comprensión de su actitud ante el ateo presente es una declaración con m o­ tivo del suicidio de un familiar: «Nosotros estamos profunda­ mente conm ovidos por el fin de esta vida. Traducido al lenguaje de Nietzsche: W eber pien­ sa sobre la base de la ciencia com o «ateísmo científico» y so­ bre la base del ateísmo com o la única forma de pensar que es hoy honrada. nüestra «última virtud». Esta necésidád es. Esa creencia se postula com o necesaria «cuando surge la necesidad» de otorgar «al acontecer del des­ tino de la humanidad. es el proceso de ra­ cionalización a través del cual él se desencantó y se opacó. A ello c o ­ rresponde la demanda de W eber de Una rectitud intelectual incondicionada. una inconsecuencia frente a lo terreno.. en una carta de 1918. El se describe a sí mismo com o «absolutamente desafinado para la religión» y recono­ ce. que él no compartía esa creen­ cia y que también en ese sentido podía vivir «incrédulamen­ te». es absurdo..172 KARL LOWITH «progreso» objetivos. vaciado religiosamente. el hecho de que nuestro m undo cotidiano es no religioso.] que . Nietzsche llamaba a esa honradez. en relación con la creencia política en un futuro mejor. Querer connotar de sü presentación simpatetica de los profetas paganos del Viejo Testamento y de la ética pu­ ritana que él tenía una «credulidad escondida» o que habría sido un Homo religiosus. esto es. aunque él no participe en una lucha contra el cristianismo. y el hilo conductor para la interpretación de ese mundo.

y que algo puede ser bello no só­ lo a pesar de que no es bueno.] puede usted en­ contrar las pruebas de ello— . ¿Q uién quiere hablar entonces de obliga­ cion es?». aunque y en tanto no es bello. la impresión sería otra». de nuevo. no a causa de su responsabilidad.9 Una sabiduría cotidiana es que algo puede ser verdadero. en el mismo sentido: «Su actuar se me aparece siem pre. Contra lo cual afirma W eber: «Sabemos hoy. en oposición al m ucho más libre y grandioso m odo. sino de la nuestra.. ni bueno». Y bello. ni tam poco cuando su progresión pierde tod o sentido espiritual». L o temíamod. . y antes de él lo encuentra usted prefigurado en las fleurs du ma1. puede ser sagrado no sólo a pesar de que no es bello. Siempre consideré un error de nuestra moral Cotidia­ na. quiera estampar a la vida terrena com o un bien al cual el hom ­ bre nunca está autorizado a renunciar. tiene com o presuposición el discernimiento de que nosotros no esta­ mos en la verdad cuando la verdad implica algo así com o ver­ dades de fe> en sentido cristiano o incluso griego — porqu e también para Platón lo verdadero era idéntico con lo bueno y éste con lo bello— . el que ella. co m o el único c o t í derecho.de percepción de la Antigüedad. com o los chinos y japoneses. de en lugar de redactar recordatorios de guerra extraer las consecuencias qué obtiene un hom bre auténtico/ cuando la vida lo ha conde­ nado a perder un juego importante. Y agregó: «S i nuestros oficiales hubieran tenido tanta dignidad. del m od o más seguro.. Aun para Kant lo bello era un símbolo de lo moralmente bueno. com o llamó Baudelaire a su tom o de poesía. sino en tanto no es bueno. sino porque y en tanto no es be­ llo — en el capítulo 53 del libro de Isaías [ . que algo. escribió. no aparecía un largo tiempo. temíamos no volverlo a ver.M ax W eber y K arl M arx 173 O . Cualquier cosa. de incondicionada veracidad. ni sagra­ do. La voluntad de W eber. ignorante de la vida. Y cuando pocas se­ manas antes de su propia muerte una hermana de W eber se quitó la vida. Ló sabemos desde Nietzsche de nuevo.

Primero. la posición última. Éste no es el caso cuando se trata de las preguntas ultimad. y si algo puede ser verdadero. sin re­ ferencia a la «trascendencia». y prop o­ nerse los últimos fines. ni bello. trae escolarización en el pensamiento m etódico y. p or­ . N o se puede simplemente despreocuparse de la ciencia. no es ni un camino a la verdad del ser. Pero el «fundamental estado de las cosas» — el que también está en la base de esa limitada tarea de la ciencia de otorgarnos claridad sobre las presuposiciones últimas. junto con ella. y así W eber llega a hablar del rendimiento último de la ciencia y de sus límites. ni bueno. Todas ellas son preguntas con las cuales se topa también cualquier técnico. Esto es. debe elegir y decidir entre las concepciones de vida posibles — por ejemplo. se debe utilizar de acuerdo con la experiencia. ella [la ciencia] nos puede aclarar que <)i se quiere tomar. está claro que conocimientos nece­ sarios para la adm inistración y dom inio racional del medio ambiente y del mundo compartido. mientras sea entendida «por sí misma». com o es ejercida h oy y com o debe ser practicada para mantener la vida y el avance de la civilización técnica que se apoya en ella. Más allá. p o r último — y esto es lo más importante— . ni a la felicidad terrenal siquiera. otra vez junto con ella [la ciencia]. con ello. justamente cuando los medios para él no sean moralmente legitimables. es que la vida hu­ mana. salvo que se crea que un fin más grande santifica a los medios aun más condenables. sólo que para él el fin está fijo de antemano. a favor o en con ­ tra de la ciencia y. aporta claridad en el sentido de una conse­ cuencia clara. aunque no sea ni sagrado. esto es. ni un camino al arte y la naturaleza verdaderos. Bajo ciertas circunstan­ cias se estará obligado a abandonar el fin. contra o a favor de la religión— . claro que a ella y a los medios para alcanzar esos fines. los medios más adecuados y las consecuencias proba­ bles de determinados fines presupuestos— . en­ tonces se debe preguntar qué trae la ciencia de positivo para la vida personal.174 K a r l L o w it h Pero si la ciencia. ni a D ios.

. porque sólo él ha tomado en su seno el pensamiento griego y lo ha reelaborado hacia fines dogmáticos. Claro que hay también teólogos y dogmas más allá del cristianismo. Cuán p oco se puede despreocupar uno del mundo m oder­ no. rechaza radicalm ente tod o lo actual. W eber dice: «Yo creo que una lírica. lo muestra Weber. com o por ejemplo la de Stefan George. que no­ sotros vivimos en una época «ajena a Dios». de cada obra poética (M ilton. com o tal. con una medida tal de reflexión sobre las últimas for­ talezas del contenido de la forma puramente artística. La teología cristiana es una racionali­ zación intelectual de certezas de fe religiosas y.. impregnado p or la ciencia.. y su «estado de las cosas más decisivo» es. pero no todas las religiones han desarrollado una teología tan sistemática com o el cristianismo occidental. Pero tam poco se puede correr tras el progreso de la ciencia.] sin que el lírico haya permitido ser penetrado completamente por las impresiones de la gran ciu­ dad moderna. Esa comprobación cierra la pregunta weberiana de La teología como ciencia. [ . para Weber. Esa com prensión sociológica. p or ejem­ plo. que no existe ni pue­ de existir. no podría haber escrito ELparaíso perdido en el L on ­ dres del siglo X I X ) . sin embargo. que [ .. de las condiciones so­ ciales de una obra poética. En una discusión de 1910. si quiere conservar aún algún resto de un planteam iento de principios de la cuestión. en la obra poética de Stefan George que. externa e interna.]. inapro­ piables para el vértigo de la técnica [ .] confunden y parcelan su alma». referida a una ponencia sobre técnica y cultura. com o objetivo. dice más que el ataque impotente que la ponencia de W eber recibió del círculo de George... Que la ciencia es hoy una profesión ejercida según especia­ lidades es un hecho ineludible de nuestra situación histórica. no podría ser alcan­ zada. una . y que se re­ ducía a postular una ciencia «orgánica». en sí banal. por ejemplo.M ax W eber y Ka r l M arx 175 que impregna nuestra completa vida.

y de oponerse a estudiantes reaccionarios. du­ rante la República de los Consejos de M únich. ante todo. Q ue algunos intelec­ tuales modernos tengan la necesidad de erigir una «capilla en casa» y que se creen para ello un sustituto para sus almas va­ cías. cuando los jóvenes interpretan religiosamente su de­ manda de una nueva vida comunitaria. Estaba convencido de que el mundo estaba progresivamente desencantado p o r m edio de la racionalización científica y la burocratización y que aquel algo que en otras épocas. todavía existe en las sectas religiosas. h oy sólo late — si late—en los círculos más pequeños. pero sí tal vez un m alentendido de sí mismos. para poder creer. Sólo el más joven aporta generalmente tal sacrificio al profeta y a los creyentes de la Iglesia. W eber pensaba aquí en el movimiento de la juventud alemana. La capacidad para ese «sacrificio del intelecto» — W eber lo llama un «logro de la virtud» religiosa— es «el signo decisivo del hom bre religioso positivo». que sociológicamente son el tipo origi­ nario de la asociación.1 0 N o es un truco. En una discusión sobre una ponencia . conquistaba com o un fuego devorador las grandes comunidades. trascendental. Él tenía una decidida com prensión — más allá de la amarga crítica de lo que consideraba falseadode las necesidades de la joven generación después de la Pri­ mera Guerra Mundial y estaba dispuesto constantemente. Esa presuposición fundamental reside también para la teología misma más allá de ella com o ciencia.176 K a r l L o w it h ciencia con la presuposición específicamente no científica de que cabe creer en una revelación determinada. a responder a estudiantes de la izquierda radical. W eber lo describe simplemente com o «farsa y autoengañ o ». no burguesa. sin tener en sí mismo la más mínima simpatía p or la revolución literaria de 1918-1919. com o un suceso decisivo para la salvación. sobre todo en el tiempo de los profetas judíos. En cada teología «positiva» el creyente llega al punto de quiebre del credo non quod sed quia absurdum est. que exigía una «viven cia». com o E m st Toller. El debe hacer un salto.

y sólo p or eso no se exclu­ ye.. « Y la pertenencia a esas comunidades religiosas cuesta. sino innumerables sectas. p o r su parte.» Esto W eber lo dijo en 1910. toda vez que la técnica científica produce progresivamente una propia form a de admiración y encantó. defacto. N o es com o en el cristianismo de nom bre de Alemania.. W eber culmina su ponencia con la frase: «A quien no pue­ da soportar con hom bría este destino del tiempo. y com o tal ofrece a sus fieles interior y exteriormente muy precisos privilegios. increí­ blemente m ucho más que entre nosotros [. en Estados Unidos. que es antes com o ahora. en donde una parte dé los adinerados paga todos los impuestos eclesiásticos — para que «se conserve al pueblo la religión»—y está contenta. Precisamente porque allí el tipo religioso es. p o r lo demás.sino m o­ . para lo que sucede. al menos hasta el com ienzo de nuestro siglo.. entre tanto. allí la pertenencia efectiva a comunidades religiosas es el lugar del universalismo. es decir. pod ría ser que. sin la reiterada queja pública. no tiene que vér con la cosa. porque tendría consecuencias incómodas para la prom oción social y para todas las demás oportunidades socia­ les posibles. era el país más religioso. L a situación en la República Federal alemana no es hoy esencialmente otra. se le débe decir: vuelva callado. la secta. el punto de vista patrón para lo que él quiere ver. y hoy más que nunca. p orqu e no había ninguna Iglesia recon ocid a p or el Estado.] . y por­ que ese tipo de secta [ . la religión es algo popular.]· Busque usted un trabajador alemán que pague tanto p o r una com unidad eclesiástica cualquiera [ .] es exclusivo. cuando ella.M ax W eber y K arl M arx 177 de Troeltsch. la generación más joven en éste nuestro tiem po se haya adap­ tado tanto que no conciba más lo que alguna vez tuvo que ser de otro m odo y fue desencantado... W eber desarrolló la tesis de que Estados U ni­ dos. N o obstante.·. Y es eso lo qüe W eber concibe com o el «destino de nuestra época» y del que se sigue to d o lo demás: el desencantam iento del mundo por medio de la técnica científica.

a las que él creía to­ davía poder excluir. Si le quieres preguntar a ella. .178 K a r l L o w it h desta y simplemente. Ellas le solucionarán las cosas». com o se expresa con la clari­ dad1 1 que le es propia — de efecto cuasidem agógico— . en el tiempo del exilio. ¡vuelve otra v e z !». para aquellos que esperan co n paciencia nuevos profetas. y sería mejor cumplir con la «exigencia del día». según la última palabra de W eber. después de cuarenta y cinco años. de las públicas y de las más íntimas. El sereno dice: «La mañana vendrá. que tal vez ninguno de nosotros esté dota­ do de un tal mal espíritu. pero aún es de noche. significativos. Porque no se hace nada con desear y esperar. surge de la pretensión ilu­ . «porqu e cada uno encuentra y ob ed ece al dem onio que sostiene el hilo dedu vida». en los anchos y a cogedores brazos abiertos de las viejas Iglesiás. privadas. no pasó inadverti­ da entre sus contemporáneos. P or el contrario. bajo el oráculo de Jesaías (21) sonaba así: «Sereno. Ésta sería modesta y simple. pero levantó críticas irritadas y furibundas. A un­ que tam poco es precisa una perseverancia de esta índole has­ ta que rom pa la nueva mañana. Su p osición fundamental. ¿cuán larga es todavía la noch e?». ni de G undolf. que en W eber era tan perceptible y que sólo distingue a los hombres excelsos. en espe­ cial en la ponencia La ciencia como vocación. las objeciones que se levantaron contra ella — en cuanto son de principios—se revelan com o reacciones im po­ tentes a lo que W eber con oció y recon oció — con un «no obs­ tante»— co m o el «destino de nuestra é p o ca »: la racionali­ zación progresiva de todas las relaciones de vida. Pienso que se entiende p o r sí mismo que «cada uno» de nosotros no es más. Cuando h oy se recuerdan. La oposición que experimentó p or parte del círculo de Stefan G eorge — no de G eorge mismo. Él soportó sin ilusiones esa situación his­ tórica. una moderada honradez intelectual impone com probar que hoy la situación es la misma que la de aquella canción del sereno que. a los que W eber admiraba al máximo— .

1 2pero precisamente uno qüe debía ser com batido. «sin reservas. L o único que M a x W eber concedió a ese espíritu sectario esotérico era que lo admitía com o un representante de los «poderes de época». com o W eber. en un artículo de 1922. con todas las características de la esencia y la falta de esencia de las sectas. mientras que W eber. p or el contrario. com parable con las que se formaban alrededor de R u dolf Steiner y de otros profetas de ese tiem­ po. . confundieron con el Tercer Reich. más pequeños que él. y más allá. de un «Estado» y se mentaba con ello una «Alemania secreta». En las cartas de los jóvenes de G eorge se hablaba. p or su parte. co m o el documento más conmocionante de una entera época. pero opinó que se podría limitar el progreso de la ciencia a través de un «conocim iento de la salvación». la «brutalidad entrenada de la mirada».1 4p ero la encontraban también «algo atem orizante» y veían la p o sició n política de W eb er com o una «solu ción desesperada». hizo filosóficamente confusa su falta de ilusiones. M ein eck e testim onió que. mientras que Jaspers. que es la que permite penetrar en la realidad de la vida moderna. M ax W eber fue el único al que podría llamarse. cuyo dom inador sin corona era Stefan George. p ero también él se horrorizó del «viento helado» que fluye de su objetividad. defendieron la pon en cia de W eb er de ataques inentendibles. que sería «penosamente. dentro de los intelectuales de la generación más joven. c o ­ m o Ernst Troeltsch. para con­ vertirla en un «verdadero fracaso».M ax W eber y Karl M arx 179 soria. F. entre ellos. ni la capacidad de estar a su altura. Incluso un observador tan in­ dependiente com o M a x Scheler. N inguno de ellos tuvo. vio claro que ese Estado secreto era una secta. de que el «poeta» sería capaz de rever­ tir los poderes de la ép oca y su necesidad hacia un «nuevo reino» que después no p o co s de los admiradores de George. com o un marginado.1 3 O tros contemporáneos. la nuestra». ge­ nial». alrededor de 1933. ala­ b ó la ponencia de W eber com o un document humain significati­ vo.

410: «Habría conducido con gusto arriba. La pregunta de cómo es que se llegó sólo en Occidente a una racionalidad específicamente occidental. la fisonomía pequeñoburguesa: ni una palabra de entusiasmo revolucionario.]. la discusión de Weber.). en el Derecho y el Estado. Actuar y pensar «consecuente­ mente» es idéntico para Weber respecto a la conducción racional de la vida y la «honradez intelectual». en referencia con esto. el perfil de cómodo propietario de fonda. sobre todo. a la tribuna. Cartcu) dejuventud.. las consecuencias ineludibles de su fundamental presuposición. y me gustaría mostrarles cómo se desarrolla­ ba la asamblea abajo. p. y tener en cuenta. Stuttgart. desde allí arriba». Es­ to es. sujetarse a él y ser consciente de las presuposiciones y consecuencias de su elección y decisión. 2. a la que estaban acostumbrados por sus asambleas.. que ellos tienen por “revolucionario” [. a nuestros príncipes alemanes en el plenario del partido de Mannheim.]. en todas las esferas — en la economía y la sociedad.. que no dice nada. 1953 (ahora en Obras completas. se llevarían las manos a la cabeza al mirar a ese partido. 3. en aquellos príncipes. y enton­ ces. consecuente. Yo creo que aquello que habría hecho esconder de miedo a ese partido [. 1983. al seguir. dominante. 3.. cuando se ha postulado un fin determinado. Tuve la impresión de que los socialistas rusos. Articulad completad sobre sociología y política social. que se sentaron allí como espectadores. pp. se debe saber. La palabra «consecuencias» tiene en Weber un peso específico y un tono particular: se reúne con la ra­ cionalidad del hacery pensar «orientado racionalmente a fines». Véase al respecto mi libro Historia del mundo y salvación. diez años después. en la Unión para la política social en. Compárese. 227. se convirtió después en el hilo conductor de su investigación sociológica. sino un mutila­ do debatir y razonar inconformista y quejoso. que endiosaron como el más poderoso fenómeno cultural de Alemania y como el portador de un futuro inmensamente revolucio­ nario en el mundo entero.180 K a r l L o w it h Notas 1. se les hubiera esfumado radicalmente. . En ese partido sólo resalta. p. qué se quiere en realidad. en el arte y la ciencia— y que porta el cálculo en todos los campos. 7 y ss. en lugar de aquella energía catilinaria de la creencia.

y llama a ese entendimiento a-religioso evídently legitímate. da igual cuáles sean éstas preferencias. por medio de agu­ dos argumentos. El único imperativo ético que surgiría de la consecuencia «nihilista» del rela­ tivismo histórico y existencial de Weber sería: thou sbalt have preferences. Un apéndice a la controversia entre Popper y Adorno. por su parte. y con ello a nuestra completa orientación moderna en la vi­ da. Teoría analítica de la cien­ cia y dialéctica. en realidad. Pero para eso Strauss debería presentar una investigación sistemática . sin embargo. es decir. de modo más principista. o no se contradicen. en tanto corresponde a la naturaleza humana. 1963. Strauss elude la respuesta a esa pregunta al delimitarse como social scientist a un entendimiento interno al mundo de la convivencia humana. Pero ¿ha demostra­ do Weber. del hombre moderno de nuestra época. por su lado. o sólo una de am­ bas es «verdadera». lo que quería demostrar. para. vuelve concepto científico that wealth of meaning que tiene en vista el entendimiento natural y el commonsense. en Natural Right and History. en Teoría y praxis. la distinción de Weber entre valoración personal y conocimiento objetivo. hoy ejercida. y no reconoce ese «destino de la época». esto es: que nuestras posibles tomas de posición últimas se asientan en una con­ traposición insolucionable y que no puede decidirse. entonces debería comprobarse la factibilidad de tal excepción en una ciencia que no pretende una transformación del mundo históri­ co en conceptos constructivos. y que. Dogmatismo. en tanto él pone en cuestión no sólo a su ciencia especial. Precisamente no lo es para Weber. cuando hablan del «mundo social».M ax W eber y Karl M arx 181 4. que por ejemplo la ética cristiana y la política. sino a toda ciencia. porque no podría fundamentarse racionalmente. Leo Strauss ha llevado ad absurdum del modo más enfático. defender en nuestra con­ ducta natural y cotidiana una valoración adecuada de los aconteci­ mientos políticos y sociales. razón y deci­ sión. en Es­ critos de bormnaje para Theodor Adorno. y se excluye a sí mismo de ello. Porque sería absurdo querer afirmar que cada elección y decisión por ése o aquel valor último sería indi­ ferente. 1963. según el caso. Pero cuando Strauss restringe la comprensión de Weber a la ciencia. por medio de la razón humana? La prueba para la crítica de Strauss sería que él nos debería mostrar. Véase al respecto Jürgen Habermas. que en ese aspecto piensa de mo­ do más filosófico que Strauss.

con Baudelaire. llevaría a un bellum omnium contra omnes. esto es. 6. en comparación con el cual el temible estado de naturaleza de la filoso­ fía del Estado de Thomas Hobbes sería un idilio.» Si alguien fue absolutamente libre de vanidad personal. y no limitarse a la interpreta­ ción histórica de textos sustantivos de la historia de la filosofía polí­ tica. lo que Weber llama. porque se excluyen. «Siempre son los valores los que avivan la lucha y mantienen viva la enemistad. Le savant et le poLitigue. con plena conciencia. En referencia a una afirmación de Heidegger sobre el discu­ rrir acerca de «valores». porque su convencimiento com­ pletamente no europeo de la falta de valor de toda vida delineada racionalmente reposa sobre la seguridad cristiana primitiva de que sólo el amor sin mesura al prójimo — esto es. Su relativismo era portado por un etbos decidido. desesperantemente tercos. Esta es la pesadilla que la descripción de Max Weber deja tras de sí. Cari Schmitt ha concluido recientemente de la tesis de Weber de la decisión propia a cada uno por ése o aquel valor último que esa «tiranía» de valores que se combaten entre sí.182 K a r l L o w it h comparable a la sociología weberiana. de autoconformismo y de la consecuente «terquedad». como actuar según la oportunidad. ésta es otorgada por el hombre. pp. 5. como Weber presupone. hace cruel la lucha y. 31 y ss. sobre la crítica de Strauss a Weber. En un debate. que pudo ser justo con cualquiera que pensara diferente si estaba convencido de que también su contrincante tomaba sobre sí. por el contrario. Max Weber. . la prostitución sagrada del alma—abre la puerta a lo verda­ deramente humano y divino. que no permitía negociar con él. la responsabilidad por las consecuencias de sus decisiones. 1959. Weber habla de la dificultad de encontrar un acceso a Dostoievskiy a Tólstoi. a los combatientes. en distinta perspectiva. en lo que él desveló en Adam Müller como «ocasionalismo». El decisionismo dictatorial de Schmitt encuentra su explicación. Raymond Aron. Que los viejos dioses se hayan desencantado y se hayan convertido en meros valores válidos. ése fue Weber. Y justo ahí podría mostrarse también si la «riqueza en signifi­ cado» reposa sobre una Lntriruic articulation de la estructura social o. respec­ tivamente. Compárese.

son «horrorosos» medios de destrucción y procesos de exterminio. Eso lo sabían los hombres incluso en los tiempos del dominio de la Iglesia. para salvar la forma propia del ser-ahí popular. antes de pro­ pagar un decisionismo igualmente extremo. Si se intenta hacer concreta su polémica. por otro lado. que en un escrito de 1917 sobre el «va­ lor» del Estado representó un normativismo extremo. según sabemos. entonces se debería verificar. En La política como vocación.. y de la industria y la técnica que se sirven de ella.. sobre los que Schmitt. en una tensión interna que puede desatarse a cada momento en uii conflicto sin mediación posible. con el punto de vista de la postulación de valores o cristiana o política. El [. de vista y de ataque determinado. para su justificación. Una y otra vez recayó el in­ terdicto [.] sobre Florencia. Sería interesante saber cómo se posiciona él respecto al posible con­ flicto entre la ética política y cristiana sin.] a aquellos ciudadanos.M ax W eber y K arl M arx 183 Sorprende que Schmitt.. que tiene muchas otras tareas: aquellas que son resolubles sólo con violencia.] demonio de la política vive con el Dios del amor.. Schmitt descarta la filosofía valorativa que postula valores como una «filosofía concreta». co­ mo consejero de Estado del Tercer Reich. por ejemplo.. también con el Dios cristiano en su expresión de Iglesia. para los cuales la grandeza de su ciudad estaba más alta que la salvación de . Weber dice: «Quien busca la salvación de su alma y el rescate de otras almas. que estaba dispuesto de alguna forma a la salvación de su alma. no lo busca en el camino de la polí­ tica. tomar una posición y un punto de vista propios del juicio y la valoración. pero los ciudadanos luchaban contra el Estado eclesiático. Mientras que. Y en relación con tales situaciones. no se irri­ tó. porque sólo se trataba de imponerse por medio de una teoría de los valores racista y de estar decidido frente al «enemigo total». esto es. los productos de la ciencia «libre de valores». no tuvo nada más que decir sobre la posición política de Weber que estaría atrapada en la filosofía valorativa y que pertenecería a aquella postulación de valo­ res generales ün querer-imponerse en sus opiniones. Esa suposición es in­ cluso más plausible si pensamos que Schmitt estaba originariamen­ te más cercano al movimiento neocatólico y que tras el final del Ter­ cer Reich publicó. como Weber. «Ex captivitate salús». fijada en un punto de posición. Maquiávelo honró en un bello párrafo [..

completamente diferente. que acechan en cada violen­ cia. tanto más irresponsable puesto que como convicción ya.. Estudios sobre antropología y sociología. pp. Véase al respectó Arnold Gehlen.w K a r l LO w i t h su alma». que no estarían a la altura del mun­ do y de su propio hacer. El supuso que se volverían unos insatisfechos. tanto en su aspecto positivo como negativo (presupuesto de ideas de valor normadorasy exigencia de ciencia libre de valores). 8. en el sentido propio de la palabra. hubiera visto en él una política de la convicción políticamente irresponsable. Si el debate sobre la metodología de Weber no se hubiera fija­ do sobré las categorías dé valor. sino la dictadura real del nacionalsocialismo legitimado por Schmitt (la nueva edición de El concepto de lo político de 1963 no trae el texto de 1933. era detestable.» "j Si Weber hubiera vivido aún la «tiranía».. sino el de 1932). Lo que Weber. «Quien quiera ejer­ cer la política [. 7.. los juicios y valoraciones que están en la ba­ se de todas las ciencias de la cultura.. y no hubiera tardado un instante en arriesgarlo todo en la lucha contra ese «enemigo to­ tal». y que él desea­ ría ver en qué se «convertirían». con su reflexión sobre las «ideas de valor palxones». no de los pensados va­ lores de una filosofía valorativa pasada.] con los poderes diabólicos. esto es. quiso poner en claro. lo había dichoya enérgicamente en su tratado sobre La objcti- ..] y la política enteramente como profesión. debe ser consciente de aquellas paradojas éticas y de su responsabilidad y de lo que pueda llegar a ser de sí mismo bajo su presión. puede estar de pie frente a pa­ radojas éticas que no tienen solución racional. aquellos que hoy (1919) se embriagan de ilusiones. según el patrón de lo que signi­ fica algo para nosotros. sino que hubiera Considerado sus presuposiciones. 1lOy ss. mientras siga teniendo una conciencia moral. . Weber tenía claro que la ética de la convicción cristiana y la ética de la responsabilidad propia de la política de poder no son absolutos contrarios y que precisamente el actor político. piara los hombres. El se rela­ ciona [. . sincronizado con esa época. entonces la tesis de We­ ber habría aparecido bajo otra luz. La ponencia de 1919 sobre La política como vocación Weber la cierra con la predicción de que en los próximos diez años sobreven­ dría el tiempo de la reacción a la catástrofe de 1918.

en Archivo para lafilosofía del derecho y la filosofía social. pp. en cultu­ ras diferentes y en épocas diferentes y para hombres diferentes. (1904). según el punto de vista patrón del juicio y la valoración. La libertad de la teoría. Véase al respecto H. Para comprender la polémica de Weber contra el reemplazo de la religión. pp. no nos lo desvela ninguna ley. y descrita por él expresamente como adecuación al «uso del lenguaje de los lógicos modernos». Un conocimiento científico de acontecimientos culturales sólo es imagi­ nable «sobre la base del significado» que ellos tienen para nosotros. 10. Compárese también con La política como vocación. debe recordarse que tras la Primera Guerra Mundial se volvió una moda la disposición hacia la religión. no puede ser extraído de la cosa misma. también. exactamente en la medida en que nosotros tomamos una posición frente a ellas. los hombres. provistos de puntos de vista e ideas de valor determinadas. Nosotros nos medimos con la cosa mayoritariamente de modo inconsciente. y cada uno de esos fenómenos culturales pueden significar. en una relación determinada. a Dostoievskiy a Kierkegaard. . y solamente sobre él reposa. aun cuando esas «ideas de valor» traten de fenómenos cul­ turales tan dispares como religión. Rilke. Se leía a Meister Eckarty las vidas de santos.M ax W eber y K arl M arx 185 vidad del conocimiento científico socialy político social. porque eso se decide se­ gún las Seas de valor bajo las cuales nosotros observamos la “cultu­ ra”. respectivamente. Max Weber sobre La ciencia como vocación. El punto de vista del juicio. Aufs. determinante para su sig­ nificado. La formu­ lación teorética valorativa es aquí subordinada. Wissenschaítslehre]. 1962. «En qué sentido y en qué relaciones es éste el caso. en tanto las juz­ gamos y las valoramos (Artículos completos sobre la doctrina de la ciencia [Ges. Todas ellas significan algo específicamente para nosotros. ó también denegár­ selo. objetivamente.. 63 y 443.). en Escritos po­ líticos. z. dinero y prostitución. 9. las Historias del Dios amado As. 11. Lübbe. al­ go completamente dispar. Ellas nos conciernen algo. 180y ss.» Porque la cultura es creada por el hombre y éste tiene la capacidad y la voluntad de tomar conscientemente una posición frente a su mundo y otorgarle un sentido. las apariciones culturales tienen para nosotros un signifu:ddo positivo o negativo. su interés científico.

IV. 6 7 2 y ss. 1930. El poeta y lodpodered de època. pp. . Stefan George.*. Edcritod completo.186 K a r l L o w it h 12. Yò. 160yss. pp.y III..Eócritojdejoriologiay teoriade lacodmovL)ióndeL mundo. pp. 1923. Véase Friedrich Wolters. I. 430y ss. 14.

nos cuestiona o nos inquieta por sus desarro­ llos nu evos y acaso sus viejos desenlaces. sobre to­ do a M arx y Weber. se vuelve oscura. cuan­ do la sociedad en su conjunto o en algunas de sus dimensiones fundamentales se yergu e ante nosotros com o problem a.Posfacio Entre el recuerdo y el olvido de los maestros: la exigencia de pensar la sociedad Volver a los pensadores clásicos de la modernidad nos resulta lógico y productivo cuando tratamos de entender y explicar la form ación. esos pensadores inolvidables de la modernidad son una brújula en nuestra deso­ rientación y hasta tablas salvavidas para nuestro agotamiento o naufragio intelectual. estructura. pues sus con cep­ tos y explicaciones representan una valiosa guía heurística y un poderoso recurso argumentativo de validación. a pesar de nuestra erudición teóricay nuestras destrezas de investigación. ha sido también algo natural para los que nos formamos en el tiempo de la modernización latinoameri­ . Pero el re­ greso a nuestros grandes maestros se vuelve obligado cuando encaram os situaciones de sociedad que plantean preguntas que rebasan nuestras capacidades de respuesta y aun de problematización. desequilibrios. En esa circunstancia crítica. El regreso a los clásicos de la modernidad social. o cuando tratamos de sustentar los resultados de las investigaciones que realizamos sobre procesos sociales de nuestro tiempo. desplazamientos y agenda de la sociedad contemporánea.

entre ciencia y política. así com o . ex­ ploraciones. Hayan sido o no los abanderados de la batalla teórica e ideo­ lógica. «form aciones socia­ les». dudas. educaba.. y en el otro polo la llamada «sociología burguesa».. Fueron agudos e ilustradores los de­ bates que se protagonizaron entre «materialismo histórico» y «desencantamiento del m undo». inconform ida­ des sobre el m od o en que el continente se industrializaba. «tipos de dom in ación ». afirmaciones. cuyo arquetipo era la sociología estructurai-funcionalista norteamericana y /o las tesis de M ax Weber. un tiem po intelectual intenso. necesaria para estar en aptitud de resolverlos. su­ puestamente de propósito conservador o justificador del dtatú quo. el marxis­ m o en todas sus versiones. vivim os la batalla intelectual (y política) de la Guerra Fría que estremeció a nuestros países y cuyos protagonistas teóri­ cos o ideológicos de esos años fueron. p or un lado. «clases sociales» y «racionalidad».188 K a r l L o w it h cana. estructura y destino de la sociedad m o­ derna entendida com o capitalismo destinado a su disolución por su contradicción estructural o com o asociación de racio­ nalidad econ óm ica y política estructurante. «he­ chos y valores». a pesar de los problemas sociales y. lleno de esperanzas. en suma. discusiones todas sobre la form ación. Son asi­ mismo referencia obligada para los que. «m odos de producción». preguntas. «tipos de acción so­ cial». urbanizaba. se organizaba. por ello. por muchos motivos. Karl M arx y M a x W eber nos ofrecieron panoramas fundamentales para explicam os la dirección y el itinerario del cambio m odem izador de nuestras sociedades — el desarrollo— . el sismo social que provocaba abandonar y transformar nuestra antigua econ om ía y régim en político tradicional. comerciaba. quien era enton­ ces pensado en ese molde sistémico o en la versión crítica del marxismo frankfurtiano. que trataba de explicar y justificar la necesidad o la valía de una organización socialista de la so­ ciedad para superar la contrahechura de la modernización en curso.

aunque diferían en la explicación de su formación histórica y aún más en la conside­ ración de su configuración futura. costes.M ax W eber y Karl M arx 189 también enfoques integrados para entender las distorsiones del proyecto m odernizador o el empeoramiento de la exclu­ sión y división social que generaba la industrialización. pero también intelectualmente apre­ . N inguno de los dos enfoques explicativos. el debate fue perspicaz y riguroso en algunos m edios intelectuales com prom etidos honestamente con n o­ bles ideales de sociedad. la urbanización e indi­ vidualización de la vida con fractura de vínculos sociales. más bien). capturados com o estábamos p or otros autores y otras problematizaciones. o un intelectual (entre historiador de la filosofía m oderna y filósofo político) que apenas era conocido por un restringido círculo de acadé­ micos. que m uy probablem ente no consideraban relevantes sus problemas cognoscitivos para nuestras condiciones socia­ les y culturales o que valoraban sus interpretaciones del tiem­ po m oderno com o académicamente eruditas y refinadas pero lejanas e inarticuladas con el debate dominante de esos años sobre la estructura y destino de nuestra sociedad en proceso de modernización/industrialización. que adquiría una gran autonomía decisoria respecto al conjunto social y se imponía con facilidad a las in­ conform idades ciudadanas. era complaciente con la construcción de la modernidad y señalaban sus traumas... En el debate so cio ló g ico latinoam ericano de esos años Karl Lowith fue un desconocido. sea el causal dialéctico de M arx o el causal tipo­ lógico de Weber. un debate que por lo de­ más fue más práctico que cognoscitivo.. restricciones y males. preocupado p or obte­ ner resultados sociales más que por probar hipótesis explica­ tivas. la in­ corporación de la ciencia y la tecnología com o las referencias básicas de conocimiento y producción.. En efecto. N os señalaron tam bién las con dicion es y razones del gran poderío que en el tiempo m oderno alcanzaba el Estado (el g o­ bierno. sus probabilidades de desarrollo.

Stimer. dado que en su opi­ nión los discípulos hegelianos han conseguido que la filosofía se haya vuelto «espíritu del tiem po» y haya adquirido fuerza revolucionaria. el libro tiene com o eje de organización y ex­ ploración esta pregunta crucial: « ¿Son el ser y el sentido de la historia determinados p or la historia misma o. M arx o N ietzs­ che. en tanto nuestros dos maestros estaban capturados p or esa pregunta acerca de la historia a la que dieron respuesta aun­ que de m odo no filosófico. en el tiempo de su exilio japonés y que fue mi primer contacto con su pensamiento com o estu­ diante de filosofía en los años sesenta. lleno de atajos. formulada con un lenguaje de elegante y densa abstracción.190 Ka r l L o w it h surado. Era una pregunta pertinente y desafiante. pero es una pregunta que concierne también al pensamiento social de M arx y Weber. entonces por qué cosa ?». Ruge. p or la historia humana sin asideros. Kierkegaard. que él estudia directamente). providencias y destinos trascen­ dentes. El universo cognoscitivo de ambos estaba constituido p o r la inm anencia de la sociedad. su criatura. Feuerbach. simplón con frecuencia y dedicado a buscar afirm aciones contundentes acerca del m undo social que debía existir y la acción social que se debía emprender. cóm o me marcó Lowith con su in­ terpretación de la modernidad cuando leí su inolvidable libro Von HegeLzil Nietzsche (en su segunda edición de 1949). a la que dedica­ ron sus vidas los gigantes intelectuales del siglo X I X (Goethe. que terminó de escribir en 1939. sin embargo. Recuerdo. El libro trata de re­ construir la historia filosófica del siglo X IX con el fin de enten­ der el siglo X X — «que ha logrado hacer claro y comprensible lo que realmente sucedió en el siglo X I X » —y. si esto no es verdad. N ada menos. Bauer. D esde la historia brotaron las cuestiones de su interés . sin mucha disposición a prestar oídos a interpretaciones rigu­ rosas de finos profesores sobre las cuestiones y respuestas cuyos enredos y desenredos dieron forma al pensamiento moderno y a la sociedad moderna.

configuración posible y acaso sentido. Era sobre todo la cuestión que podrían haberse planteado deliberadamente aquellos intelectuales que no estaban dema­ siado interesados en la toma inmediata de palacio y que tam­ p oco compartían la fe casi religiosa en la salvación social me­ diante el poder (revolucionario o no). hasta que alguien decidid pen­ sar tanto el marxismo com o la sociología comprensiva en mol­ de de estructura con el efecto de encontrar p o r un tiem po discípulos de sobra. centro y perife­ ria. imperialismo y form ación na­ cional. fue el m eollo de la cuestión. tiem po. sin ubicarla en ese nivel de abstracción. disponía a su favor de la causalidad de la historia y. aunque no hayan encontrado respuestas para sus problem atizaciones forzadas. saber cuál era el tipo de causalidad histórica. sentido y desenlace de la historia social o si. Es también la pregunta profunda que. más cosas que las que logró construir después con el rompimiento del edificio inte­ lectual de nuestros maestros. en cambio. revolución y democracia. menos . capitalismo y socialism o. La llamada «ruptura epistem ológica» rom pió. en conexión. Identificar y validar cuál de esos dos ordenamientos.M ax W eber y K arl M arx 191 y dentro de ella buscaron las respuestas acerca de su recorrido. definía el ser. Estado y mercado. se hicieron muchos intelectuales no sólo latinoamericanos de los años sesenta y setenta. y se preguntaban fría o fogosamente cuál podría ser el camino e instrumental para estar en posibilidad de producir la real sociedad deseada* la socialista o la liberal-democrática. porque todo intento y plan de cam bio social obligaba a preguntarse y responderse si la historia social misma. A m bos pensaron la so­ ciedad en formato de Historia. mediante su autoproducción/autodestrucción (materialista dialéctica). en realidad. el socialista o el liberal-democrático. cuestión que fue el fondo del debate intelectual de la Guerra Fría en nuestros países. cuando deba­ tían en pares (dialectizables o n o) sobre desarrollo y atraso.

me ubicó en mi exploración intelec­ tual. Es una empresa intelectual de gran aliento.192 K a r l L ó w it h econom icísticam ente.a Estudios sobre la historia del mundo burgués-cristiano. a la vez que hizo más difícil mi vida de estudiante. si evoluciones o revoluciones y. Asimismo era una cuestión que implicaba plantearse si el m ovim iento de la historia humana significaba progreso. cuando lo leí por primera vez. estructuras o acciones. que requiere una extraordinaria erudición y creativi­ dad. central para entender la constitución del tiempo moderno. abierta en sus fines aunque no en sus medios si se quería ser eficaz. «La . avance hacia la redención social y hacia la reconciliación de la razón con la realidad o si era más bien una navegación in­ definida. E l aleccionador libro de Low ith sobre la historia intelec­ tual que va de H egel a Nietzsche está integrado por dos par­ tes imponentes y solemnes: 1. Las prácticas políticas y académicas se reorganizaban en diversos m odos según las respuestas intelectuales a esas cuestiones cardinales. si condicionam ientos o proyectos. Los dos estudios son reflexiones sobre el pensamiento de grandes autores europeos y sobre las consecuencias prácticas que sus ideas y las críticas de esas ideas tuvieron en la confi­ guración de la sociedad moderna. m enos politizada y conflictivam ente (artificialmente). que se distinguen por su claridad aunque pudieran no ser obvios para los que han crecido in­ telectualmente dentro de otros m odos de preguntarse y res­ ponderse. menos determinísticamente. Las reflexiones de Lowith suelen concluir en párrafos que recapitulan el curso de las afirmaciones y los debates. La cuestión conducía al inter­ minable debate de si había leyes de la historia o no. 2. si se podía hablar con sentido de un fin de la historia o no. si la g o ­ bernaban causas o fines. me sacudió. el andar de la historia estaba gobernado por otras realidades y cuáles eran éstas. contingente. M e permito citar un párrafo que.a Estudios sobre la historia del espíritu alemán del siglo X I X . en el fondo.

M e tem o que algunos seguimos obstinadamente tratando de lograr la reconciliación entre razón y realidad cuando ra­ zonamos o luchamos con argumentos por una sociedad buena e incluyente.M ax W eber y Karl M arx 193 crítica de M arx y Kierkegaard separa lo que H egel había tra­ tado justamente de unificar. la des­ com posición de todo el sistema del m undo burgués-cristiano. La crítica se dirige sustantiva­ mente a la frase del prefacio de la Filosofía deiDerecho: «L o que es racional es real y lo que es real es racional». una política realmente pú­ blica. Es una sobria y correcta recapitulación de la crítica poshegeliana. pues am bos revierten la con ci­ liación hegeliana de la razón con la realidad. de algún m od o un pensador m odern o posm oderno. en la gramática posmoderna. hayamos . La crítica de M arx apunta a la filosofía política de Hegel. achi­ cando su denotación. atrapado en la particularidad. al mismo tiempo. y Kierkegaard a su cristianismo filosófico. no Verstand) el espíritu ilustra­ do mundano y antropológico del tiem po m oderno. N o sólo se produce una disolución del sistema de H egel sino también. que puede ser un trauma o un alivio. haciéndola menos demandante y más manipulable con el uso de ciencias y tecnologías sociales. una econom ía justa. un Estado universal y una sociedad que pueda pasar la prueba de las preguntas y exigencias de la razón. Temo tam­ bién que otros hemos abandonado la búsqueda de esa recon­ ciliación o nos hemos facilitado el camino y la buena conciencia reelaborando el concepto de racionalidad y de realidad. Temo asimismo que algunos. a pesar de la proclamación heroica de la «nada». según el grado de involucramiento que uno haya tenido en el esfuerzo intelectual y espiritual de H egel. la contingencia. la inmanencia o la autorreferencia sin salida. por haber intentado exitosa o fallidamente superar con el m o­ vimiento de la razón ( Vernunft. El fundamento filosófico de la crítica radical de ambos es la discusión del concepto hegeliano de realidad en cuando «uni­ dad de esencia y existencia».

pero nos habríamos aho­ rrado desencuentros y enconos provenientes de prejuicios y ramplonerías. Si en los años del debate hubiéramos conocido este par de textos. de to­ dos aquellos epígonos catequistas. que apare­ ció en el legendario A rchivo para la Ciencia y la Política Social (1932). librándonos de aquella rigidez doctrinaria. Habríamos asimismo depurado al weberianismo de las torpes interpretaciones que lo consagraron com o el teórico de las causalidades idealistas o espirituales de la historia o com o el parsonsiano antes de tiempo que entronizaba al siste­ ma cultural sobre los otros sistemas sociales y el de personali­ dad. además de haber simplificado deliberadamente sus consideraciones para hacerlo objeto de fá­ cil crítica. o el pensador que el pensamiento crítico frankfurtiano ha­ bía construido com o el emblema del m odo burgués de pensar la sociedad y la historia moderna. que ahora aquí se publican. fuera de la filosofía. El mérito de Low ith consiste en haber abordado a nues­ tros dos maestros con un enfoque filosófico. además de peligro­ samente autodestructivo si se toma en serio: una herencia in­ telectual y política de la que hay que olvidarse y desembara­ zarse lo más pronto y generalizadamente posible. cuando me dediqué a tiempo completo durante años al estudio de M ax Weber. cono­ cí el artículo de Lowith «M ax W eber y Karl M arx».194 K a r l L ó w it h decidido que eso de la conciliación entre razón y realidad y la conciliación misma de la realidad social es un terrible falso problema. en tanto irresoluble e ilusorio. con una mirada de antropologíafilodófica. en el entendido de que con frecuencia una lectura no económ ica de los economistas. empezando por las de Horkheimer y Marcuse. n o histórica de los historiadores suscita otras miradas y hace ver otros aspectos que la interpretación . S ólo después. y más tarde leí el de «La posición de M ax W eber frente a la ciencia» (1964). el debate no hubiera perdido su polarización. no sociológica de los sociólogos. algunos impresentables por su obstinación o vulgaridad con que el leninismo había investi­ do el marxismo.

lleno de tonterías y malentendidos. p or ende.M ax W eber y Karl M arx 195 disciplinaria o los mismos autores no destacaron o aprecia­ ron. la propuesta del socialismo puede presentarse com o una op ción humana justificada de organización de la sociedad y no sólo com o el efecto de una cadena causal incon­ tenible de hechos. que hace del socialismo o comunismo una realidad fatal más que un objeto de elección humana. Sus consideraciones anticiparon críticas que luego se hicieron al marxismo y vindicó m odos de repensar a M arx fuera de sus usos políticos inmediatos y de sus artificiosas reestructuracio­ nes para dotarlo de dignidad «científica» y extirpar sus resi­ duos filosóficos juveniles. poniendo orden y claridad en un debate que se había vuelto confuso. de m odo que los componentes mora­ les y políticos también son hilos causales de la historia huma­ na y. nos muestre que ahora sus interpretaciones pioneras se han vuelto normales y relativamente generalizadas. particularmente los referidos a W eber. Ese fue el caso de Lowith. la sig­ n ifica ción y el fu tu ro de la socied a d m oderna. Su interpretación nos recuerda también algo que mantiene tod o su valor com o im perativo cognoscitivo y social. política y humano-social. quedando en el aire poder p ro­ bar que su interpretación tuvo influencia directa en los estu­ diosos de Weber. Su mirada sobre éste (me refiero particular­ m ente a la de 1932) presta principalm ente atención a las relaciones entre ciencia y política (historia). la idea humanista emancipatoria de la historia social. Se trata de un pronunciamiento que p o r lo menos advierte acerca de la precariedad del trabajo analítico que llevan a cabo los que siguen pensando que la sociedad sin clases llegará por encima . así com o al estudio de la centralidad que la «racionalidad» ocupa en el funcionamiento. La m irada sobre Karl M a rx se distingue p or resaltar la aportación de Feuerbach a sus teoremas básicos y por colocar en el centro el tema/problema de la «enajenación» del hom bre m oderno en su triple dimensión económica. a saber. aunque la lectura de sus tex­ tos.

los hemos olvidado y los hemos enviado al desván de las cosas que de pronto con­ sideramos obsoletas y fuera de tono con lo que h óy se discute y es intelectual o políticamente atractivo. se nos han vuelto distantes. sino qüe re­ construye el razonamiento de nuestros dos maestros y ofrece sugerentes dimensiones de análisis sobre sus problemas. así com o su m odo de problematizar y argumentar. a lo largo de una argumentación rigurosa. que causa un ultérior debilitamiento de las ganancias y. que termina simplemente por glosar a los autores. pro­ pósitos. perspectivas. entre otros motivos porque su m odo de establecer los temas. supuestos y elecciones cognosci­ tivas que son claras y precisas. que causa el aumento de la explotación proletaria. así com o las posiciones desde donde se mueve para llegar a su meta intelectual. complicados. que causa la in conform idad y conflicto social. En cada uno de sus artículos sa­ bem os con claridad lo que Low ith quiere alcanzar y probar. que no toma el fácil atajo de la erudición. sino global.con propósitos. y lo hace con enunciados poderosos y sobrios .196 K a r l L ò w it h de la voluntad explícita de los actores sociales com o efecto del colapso del capitalismo (mientras que h oy la sociedad es algo más que eso). que causa el derrumbe y a no del capi­ talismo nacional. y se dedican. cada vez más agobiados. N o deseo glosar el desarrollo ni los resultados de la inter­ pretación de Lowith en sus artículos sobre W e b e r y M arx. supuestos y operaciones intelectuales fundamentales. la cual arranca . por lo que desde el com ienzo podem os tener afinidad con su problem a y razonamiento o bien distanciar­ nos de él. origi­ nal en varios tramos. si no con facilidad. a los cál­ culos cada vez más com plejos (globales) del progresivo des­ censo de la tasa de ganancia del capital. La exposición de Lowith fluye también con claridad. a la postre. aunque las discusio­ nes nuevas no resuelvan los problemas que nuestros maestros se plantearon sin terminar de responder ni muestren cuidado ante sus advertencias.

y abordaré alusivamente dos de sus temas conducto­ res: la relación entre ciencia y política. lo común y la diferen­ cia en sus ideas del hom bre com o fundamento de la economía y la sociedad. aún hoy."tensiones que en el medio aca­ dém ico alemán tom aron tam bién la form a (ni la única ni la más potente) de contrastar el pensamiento de M arx con el de W eber a fin de marcar diferencias y enviar agua a los molinos de las propias posiciones políticas que pretendían sacar de su. En especial. econom ía (civilización) y cultura.M ax W eber y K arl M arx 197 que. al leer los textos. na­ cionalismo y humanismo. E n mi com entario sólo destacaré el p rop ósito general de los artículos de L ow ith sobre M a rx y Weber. colectivismos e individualidad. Esa com paración no puede llevar a una reconci­ liación. me enriquecen i y me suscitan remordimiento (no sólo a mí. porque mientras la vida terrenal “descanse en sí mism a y sea entendida a partir de sí”. crisis moral a una Alemania de entreguerras confundida y aún desesperada p or la m agnitud de su derrota. me sorprenden.. a través de análisis comparativos del m otivo de investigación básico de W eber y M arx. su recorrido sobre W eber se sustenta en textos epistemológicos y m etodológicos que en aquel entonces no es­ taban traducidos al español y que p or ello n o pudieron ayu­ darnos a ver ciertas cosas y enfocar mejor algunos de nuestros problem as y polém icas. que en la academia y en la opinión pública de entonces se inclinaba a dramatizar las tensiones entre socialismo (comunismo) y liberalismo. y la con cepción con ­ trastante de la racionalidad y la enajenación com o claves interLa interpretación de Low ith es algo que se mueve a con ­ tracorriente del pensamiento de su tiempo. El propósito de Lowith busca superar ese m odo bastante com ún de pensar la historia y la situación alemana a partir de dilemas y se prop o­ ne «mostrar. conoce sólo “lo irreconcilia­ ble de la lucha de las posibles tomas de posición últimas para . espero) p or haber olvidado esas visiones estructuradas de la sociedad moderna.

pero tam poco reeditar al infi­ nito una interpretación que los considere com o un par de sis­ temas intelectuales diferentes y totalmente adversos. digno de ser resuelto no porque com prenda problem as especiales económ icos y sociales. sino porque la constitución moderna representa un problem a radical y total. Está màis claro que el agua. Se busca «hacer consciente la diferencia en lo común». su mirada sobre su obra. «porque encierra en sí al hombre. por cuanto no es sociologizante ni econom icista ni politizada. sus restricciones y sus posibilidades de trascenderse y de cambiar su circunstancia en algo menos natural y más p ro ­ ducto de deliberación. Sólo porque. en tanto fundam ento portador tanto de la p ro ­ blemática social com o de la económica. en tanto se relaciona directamente con la existencia humana. una pregunta de antropología filo­ . y ésta se ha vuelto un problem a de conocim iento. tiene efectos y se revela la problemática del orden social y económ ico burgués capita­ lista. no se persigue un propósito de fal­ sa fraternidad y reconciliación. presente en la totalidad de su ser humano. la pregunta «social-filosòfica» de Lowith so­ bre ellos. es distinta. Lo com ún de la investigación de M arx y W e­ ber es su pregunta acerca de la existencia humana. Lo que puede y debe­ ría hacer la com paración es destacar la diferencia en lo c o ­ mún. La ciencia como vocación). en últi­ ma instancia. a la manera de desigualdades y exclusiones sociales o de caídas en la produc­ tividad y la com petitividad (diríam os h oy ). que pueden ser graves. otra hermenéutica. Es otra p re­ gunta. sobre el hombre como tal. Para Lowith el cam po de investigación de ambos es el mis­ mo: la constitución «capitalista» de la economía y la dociedad moder­ nas. que no se tocan en un solo punto.198 K a r l L o w it h vivir”» (Weber. su m odo de ser. puede ser también entendido el “capitalismo” mismo en su significado fundamental y ser objeto de una pregunta social-filosófica». Distorsión o no de los propósitos originales de la obra de M arx y W eber.

La diferencia de nuestros dos maestros reside fundamen­ talmente en su interpretación del capitalismo: «Se anuncia esa . L ow ith n o se siente o rto d o x o en su propósito. compartimos su posición de que «tanto W eber com o M arx abarcan. en la medida en que nuestros impulsos de investigación proceden no sólo de los problemas no planteados o mal planteados o no respondidos por nuestras tradiciones y comunidades científicas en las que estamos incorporados. de compromisos por abatir el sufrimiento humano. no es fácil de reconocer. de proyec­ tos políticos de sociedad buena. pues su supuesto de conocim iento es que «lo que fue para ambos determinante. Las cosas no han cam biado m ucho hasta ahora. Contundente y correcto análisis. y justamente p or eso ambos fueron algo diferente y algo más que meros teóricos. y que por esta característica de su mirada interpretativa contri­ bu yó a sacar de su atasco a las interpretaciones ideologizadas y polémicas de su época. en su tra­ bajo científico. sin embargo. en última instancia. Lowith lo sabe: «Ese motivo funda­ mental antropológico. en la re­ flexión sobre su división y unidad. pues demasiado conocim iento de la histo­ ria social ha sido sacrificado en el altar de la ciencia pura y la praxis revolucionaria. que involucra a los discípu­ los patriotas de am bos genios. social e histórica. sino también de valoraciones morales.. Una afirmación que suscribirían ambos. hombres “científicos” ». y sin embargo. pero sin olvidar que el enfoque de la reflexión es la pregunta sobre la existencia del hombre.M ax W eber y Karl M arx 199 sófica que tomará en sus artículos un formato epistemológico y social. M arx y W eber. surgió de un impulso completamente trascen­ dente a la ciencia».. Purezas doctrinarias y prisas políticas se han vuelto los puntos ciegos de nuestra producción intelec­ tual. D e todos m odos. En suma. la totalidad del com porta­ miento teórico y práctico. porque en un caso es ocultado por la tendencia a la “cientificidad” avalorativay en el otro p or la “praxis revolucionaria” ». y aun nosotros mismos.

sus potencialida­ des de liberación y encajonamiento de la vida. pero éste no sólo es definido por la fuerza . bajo el punto de vista unívocamente negativo de una autoaLienación universal.200 K a r l L o w it h diferencia en que. pues mientras para M arx. el sentido que pudiera llegar a tener la historia es obra humana. También ella es [ . la racionalidad puede enunciar sólo y apenas las condiciones de realización eficiente del futuro de­ seado que interpela. es una fuerza dialéctica de transfor­ m ación y superación. por obra de la providen­ cia dialéctica.. M arx lo hace. M ás aún. afir­ mación y dom inio de la racionalidad científico-tecnológica y gerencial. justamente por la contradicción que la autoalienación implica. mientras W eber lo analiza bajo el punto de vista de una rac¡onalízac¡ón universal e inevitable. es diferente también. aunque pasible de ser transfor­ mada de cuajo.. N in gu n o de los dos perm anece en el presente y ninguno lo celebra ingenuamente y con él se con ­ tenta. por ende. respec­ tivamente. La lectura recapituladora de Lowith sobre las dos lecturas que M arx y W eber hicieron de la existencia humana en el m undo m oderno burgués y capitalista es claray precisa. para W eber se trata de un futuro abierto dado que el «desencantam iento del m u n do» significa la ausencia de un sentido objetivo que se revela progresivamente en la historia y. «Racionalidad universal» y «alienación universal» son elementos constituyentes del presente social y factores de su futuro cuya configuración. es posible que la historia supere las contradic­ ciones de la sociedad humana y cierre en reconciliación uni­ versal. Esa racionalización o autoalienación. para el otro es una existencia humana alienada en dimensiones fundamenta­ les de la existencia y que.] portadora y exponente de ese destino universal». M ientras para uno se trata de la construcción. en cambio. esperada o deseada. con sus debilidades y fortalezas. que caracteriza al capitalism o en su significado principal abarca tam bién lo p rop io \Eigenart] de la ciencia moderna. en sí neutral pero de doble significación por su valoración.

que han tenido causalidad real en la historia real. que por definición no pod ía recon ocer y abrir espacio a la creativi­ dad de las libertades y a la aportación del ethod social y de la mismas pasiones.. en consecuencia. . sobre los pocos alcances causa­ les que la razón podía acreditar en la historia. él terrorismo. A estas irracionalidades y desenajenaciones artificiales ocurri­ das. sino que se refería al debate no aplacado sobre el futuro y el sentido de la sociedad y. la tozudez de la discriminación. aludía también Lowith cuando enunciaba que el siglo X X representa en gran manera la verdad del siglo X IX . juicios de valor y juicios de hechos. de nuevo. o bien a la decisión de otros de impedir que cultura y moralidad («nacional». En el artículo referido a «L a posición de M a x W eber fren­ te a la ciencia» (1964). tonterías e ignorancia. tan lejanas de la teoría de la razón pura o de la ciencia. debido al afán que muchos teñían por dar origen a una ciencia t o d o terreno. sino p or otras fuerzas poderosas. Y algunas de esas ver­ dades de lairracionallidady pobre universalización de la vida humana han sido el horror. sobre la relación que debía o podía existir entre razón y existencia social en la m odernidad y. ro­ mántica o historicísticamente. la re­ gresión. que tie­ nen igual presencia e influencia en el tiempo m oderno y cuyos «dioses y dem onios» no pueden ser llamados sin más antimo­ dernos. Lowith contribuye a aclarar y depurar la discusión entre valores y hechos. E l enredado debate n o era.. a pesar de que la Ilustración y la ciencia positiva se hayan autocelébrado co m o los principales h acedores de lo m oderno y hayan querido dominarlas y se lo hayan creído. muy proba­ blem ente) aceleraran su decadencia al capitular frente a la ciencia. fundamentalmente.M ax W eber y K arl M arx 201 de la razón. la persistencia de la perversidad y la estupidez. vitales. epistem ológico o m etodológico. el H olocausto. que se había vuelto una maraña de malentendidos. que estructurara de pies a cabeza la sociedad moderna. empírica de cuño naturalista y determinista.

con oce y prevé. implícita o explícitamente. Esta pregunta. que nos planteamos aquí y ahora. de la ética. por ende. entre lo social real y lo social ideal (¿lo racional?. o p or la m archa im parable de los hechos. si son los hechos o son los valores las cau­ sas que originan y sustentan el despliegue de la historia (o bien una interdependencia de hechos y valores). en m odo de ciencia. con o sin Weber. de la política o del deseo.202 K a r l L ó w it h La discusión acerca de la ciencia se centra en saber cuál es la relación que puede existir entre los resultados de su ejer­ cicio explicativo (o comprensivo-explicativo) de referencia em­ pírica y la validación de los valores de la existencia humana en que uno cree y para los que vive. destruye y recrea a sí misma. congruentemente se vuelve perentoria la pregunta acerca de si la brecha podrá ser cerrada y cóm o: si por el ímpetu valorativo de la razón práctica. ¿lo universal?). saber si la . con o sin los libros de M a rx y W eb er bajo el brazo. ¿Q ué puede realmente hacer la ciencia en lo que respecta a los proyectos valorativos de una sociedad buena? D ich o de otro modo. ha­ ciéndonos la pregunta de Lowith acerca de L a caudaLidaB de L a hiátoria — «¿están el ser y el sentido de la historia determinados por la historia misma? . pues enmarca y determina el m odo y los alcances de la ciencia en política (el m odo de la ciencia de hacer política o de ser p o ­ lítica) y expresa la tensión que siempre nos acompañará entre la sociedad que somos y la sociedad que queremos ser. entre la ciencia que es el emblema del tiempo moder no y los valores en que la moderni­ dad se asienta y procura. nos remite a la cuestión de saber si la historia es el «reino de las causas» o el «reino de los fines». con el añadido de la complicada pre­ gunta sobre cuáles son los p rocesos causales m ediante los cuales la historia se crea. Se trata de una discusión cardinal. ¿lo desenajenado?. intelectuales y po­ líticos terminaremos siempre. de m odo que surge el esfuerzo intelectual ex­ plicativo y prospectivo de querer cerrar la brecha y. con o sin Marx. cu yo itinerario y destino la razón teórica.

en el fondo. cuya validez cultural hay que construir socialmente p or medios educativos y políticos o cuyo imperativo moral o deseabilidad hay que abrir. la factibilidad — no la validez—de las . por leyes científicas del curso de la historia o por p ro­ y ectos m orales y. si p o r cálculos o por motivos. en diversos m odos y medidas. entre explicaciones y valoraciones y. un proyecto y no sólo un desenlace. no un efecto o sólo un efecto. eldocialúmo ed un fin . y el marxismo político de la hegemonía (Gramsci) o el del hilo rojo de la utopía (B loch) o el del socialismo austríaco. funda­ mentar racionalmente y sostener con el ímpetu negativo que brota de la irrealización del m undo dado y de la esperanza contra toda esperanza. El desarrollo de Lowith es correcto en su exposición e in­ terpretación de la idea de W eber de la ciencia com o «ciencia libre de/ante los valores». que osciló entre las leyes de la historia que señalan al docialiómo como efecto. y por ello seamos prescindibles. com o el desenlace fáctico del previsto colapso del capitalismo. por expectativas o aspiraciones. la cual descansa en la distinción no­ toria que existe entre juicios de valor y juicios de hecho.M ax W eber y Karl M arx 203 historia social se mueve p or fines («acción racional con arre­ glo a fines») o por valores («acción racional con arreglo a va­ lores»). a no ser que uno sea un pragmático de corta mirada o un atolondrado inconsecuente. pero una cuestión a la que nadie puede escapar. es una cuestión que no se ha resuelto aunque sí disuelto en nuestros días. En la perspectiva weberiana. de la que se desprende y justifica la visionaria definición weberiana acer­ ca de los alcances y límites de la ciencia en lo que concierne a la tarea ineludible de la valoración social y toma de partido ante el mal del mundo o por una idea de sociedad buena. Es también una cuestión a la que tam poco pudo escapar el marxismo del siglo XX. com o expectativa o esce­ nario científicamente esperado. forza n d o las cosas. para los cuales. en la diferencia «entre ciencia objetiva y valoración subjetiva».

haber con oci­ do que nodotrod “debem os crear por nosotros mismos” el “sen­ tido” del acontecer del mundo. la ciencia histórica y social causal sólo pueden determinar. en lugar del deber ser». dicho con la bella y poderosa expresión de Lowith.] surge de la forma propia de aquella época cultural cuyo destino es haber com ido “del árbol del conocim iento”. asegurar racio­ nalmente su validez y. sino sólo cuáles son las acciones e instrumentos que cabe poner en movimiento para realizar de m odo eficaz y efi­ ciente los valores decididos. pero de ningún m odo puede fundar la validez de los valores. Por ende. tam poco puede decidir acerca de cuáles son los valores que la política debe seguir y realizar. Y se puede añadir con él: «La presupuesta ¿«validez “objetiva” de nuestros patrones de va­ lor últimos y la falta de normas universales vinculantes [.. debido al m odo filosófico que pauta su razonamiento. ofrece explicaciones. cuya decisión puede inspirarse en otros referentes no científicos y hasta no racionales. si los fines de la historia pueden ser efectos de la historia. «la infundamentalidad científica de las posiciones últi­ mas» es lo socialmente propio y esencial. en el sen­ tido de que sólo puede decir si los objetivos de la acción pue­ den ser efectos de la acción. aunque en la interpretación de L o ­ with parece exagerado extenderse a la razón tal cual. es decir. la factibilidad (y costes asociados) de la realización de los valores en que se cree y para los que se vive.204 K a r l L o w it h posiciones valorativas sobre el hombre y su sociedad es lo que puede ofrecer genuinamente una ciencia histórico-social. El punto ciego que tiene la razón respecto a los valores p o ­ líticos y morales en W eber se relaciona directamente con los alcances y lim itaciones que son propios del ejercicio de la ciencia histórica y social. La ciencia sólo puede ser técnica o te­ ner una aportación técnica en relación con los fines. no valoraciones de las causas o de los efectos. En re­ sumen. que es fundam en­ talmente causal. Toda ciencia.. A manera de . en el mejor de los ca­ sos. en corolario. c o ­ m o cualquier otra ciencia.

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resumen, aprecio mucho la consideración de Lowith, según la i cual «todas las ciencias naturales sólo nos dan respuesta a la pregunta de qué debem os hacer nosotros cuando queremos dominar técnicamente la vida — pero si debemos y queremos ha­ cerlo, y si eso tiene en última instancia un sentido, lo dejan sin decidir o lo presuponen a sus fines— L o mismo vale para las así llamadas ciencias del espíritu históricas: enseñan a enten­ der determinadas producciones políticas y sociales, artísticas y literarias, pero que no dan una respuesta a la pregunta de si son dignas de existir». Es una glosa impecable de W eber. La ciencia social no es la pieza clave de la valía social. Posee sólo el valor instrumental de la realización, la efectuación, la rela­ ción coste-eficacia, coste-eficiencia, pero su sentido de direc­ ción le es predado y se le escapa cuando se refiere a fines últi­ mos y no a intermedios de la acción humana. D e la idea de ciencia weberiana se desprende también que el proyecto de organización socialista de la sociedad, la valía imputada a la sociedad socialista, es algo que no puede soste­ nerse sólo basándose en la cien ciay con referencia a los efec­ tos probables en que desembocará el desarrollo crítico del ca­ pitalismo científicamente conocido, en caso de que se hubiera logrado tal empresa. La constitución socialista de la sociedad com o futuro deseable u obligado requiere más m otores que las simples causas económicas o políticas del desarrollo social y de sus efectos previstos com o probables o fatales, tal com o han demostrado con sus acciones y vidas activistas, creyen­ tes convencidos y revolucionarios. En el mundo desencanta­ do de W eber ha desaparecido el sentido objetivo de la histo­ ria, la existencia de una providencia inmanente (una mano invisible, paradójicamente), que es empero algo que poshegelianamente sobrevive en el materialismo histórico y en sus es­ peranzas de transformación social. La configuración de la so­ ciedad futura es obra del hombre, que navega no sólo con el timón de la ciencia, y es una obra que puede ser razonable­

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mente aceptada o repudiada con toda el alma y no sólo con el juicio racional elegante que sólo está en condiciones de cali­ ficar al horror social com o error. «N osotros debem os crear, por nosotros mismos, el “sentido” del acontecer del mundo», el cual y a se ha quedado sin sentido inmanente y p or ende ha dejado de ser el m undo de algún «deber ser» trascendente e irrefutable, al que debem os someternos por el esplendor de su valía incondicional. D e acuerdo, la posición weberiana es gallarda, responsa­ ble y lógica. Pero de ello no se sigue, tom ando distancia de Weber, que los fines de la historia, en tanto ésta es reino de fi­ nes y no sólo de causas (com pren sión -explicación com o el m étodo de la cien cia social), o que «el destino de nuestro tiem po», hayan de ser determ inados p or algo que él llama, ahorrándose problemas y eludiéndolos, «dioses y demonios», p or el politeísmo/relativismo de los valores sobre la vida del hom bre en sociedad, tolerando u olvidando que los valores que suelen afirmarse y volverse hechos sociales por la fuerza de sus seguidores, cuyas convicciones pueden brotar de mu­ chos elementos oscuros y arbitrarios, son cercanos a la sinra­ zón o manifestaciones de ella. La radicalidad del desencanto weberiano puede ser abordada con hombría, com o él nos re­ comienda, sin ir en busca de «los anchos y acogedores brazos abiertos de las viejas Iglesias» ni esperando profetas que nos re­ suelvan la vida al decirnos hacia dónde y p o r dónde y nos desresponsabilicen de nuestras vidas. Pero los costes y ries­ gos de horrores no tienen por qué ser aceptados ni aclamados com o la consecuencia de asumir con gallardía la posición hu­ mana o ciudadana del desencanto, el politeísmo social y la to­ tal contingencia histórica. Una cosa es que W eber haya puesto inteligentemente lími­ tes a la ciencia en lo que concierne a la validez de los valores que inspiran la política y la moral de la existencia humana y haya, asimismo, refutado tanto la im pertinencia e inconsis­

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tencia del determinismo del materialismo histórico com o la insensatez de los vitalistas y nacionalistas de la restauración del ethod nacional, la piedad religiosa y la nostalgia por un lí­ der plebiscitario que repon ga el orden, y otra cosa es que abandonemos el destino de nuestro tiempo a un decisionismo de selectos y poderosos o a una razón técnica que, respecto a los fines sociales que le son predados, no puede decir nada en absoluto acerca de ellos sino que son factibles y pueden ser realizados de m odo «costoeficiente». Ese desencantamiento radical, que deja a la ciencia (no a la razón) sin habla sobre la validez de los fines de la existencia humana asociada y que parece dejar la afirm ación de los fines sin asidero racional, terminaría p or dar entrada a dos opciones inaceptables: el de­ cisionismo de líderes de masas con enormes promesas encan­ tadoras de vida social sin conciencia de costos y con pisoteos a las libertades individuales de los que se resistan y opongan a su evangelio, o bien el encantamiento de la ciencia en el cien­ tificismo y /o tecnologismo, que erigiría lo socialmente proba­ ble com o lo socialmente deseable. W eber considera que el de­ senlace tecnoburocrático es m uy probable, mientras que el otro escenario terminal, el plebiscitario dictatorial, le ha sido imputado por algunos intérpretes que han considerado que la opción del liderazgo de masas atropellador de libertades se incubaba en su relativismo respecto a los valores políticos y en sus últimas posiciones polarizadas entre ciencia y política. Obviamente se trata de un escenario no deliberado y opuesto a las intenciones de W eber, p ero en el cual su probabilidad parecería implicar o implica sus posiciones. Lowith aborda este espinoso debate en «M ax W eber y sus seguidores» (1939-1940), y lo hace con mesura, pero se mues­ tra ambivalente en sus razones, aunque se decide de manera académicamente correcta p or W eber, a cuyo «heroísm o hu­ mano y [...] honradez intelectual» rinde homenaje. El supues­ to de la cuestión y respuesta de Lowith es la burocratización

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especializada de la empresa y dél E sta d o/q u e es una dé-las consecuencias de la racionalidad. Frente a esa tendencia lógi­ ca (típico-ideal) de la modernidad, las libertades intelectuales, morales y políticas que abandera W eber éstán en riesgo, por lo que para éste «sólo quedaba en pie [...] una pregunta: ¿cóm o se puede rescatar todavía, dentro dé esta omiiipoterite “aparatización ”, cualquier resto de libertad de movimiento, en algún sentido, “individualista” ?». D esde esta;perspectiva, en su últi­ ma ponencia sobre La política como vocación., W eber hizo la di­ ferenciación'de principios entre empleados estatales y líderes de partido, entre encasillados hombres genéricos e individuos autónom os... El empléado y el funcionario deben llevar a ca­ b o lo qué les füe Ordenado p or úna instancia superior, sin to­ mar en cuenta su convicción personal. El líder político debe actuar, igual que el empresario autónomo, a partir de su p ro­ pia responsabilidad, com énzar en cada m om ento desde su persona y, bajó ciertas circunstanciás, contraponerse a su jefe — sea éste un m onarca o incluso el demod— . En tanto W eber consideró que la máquina de hombres humana era ineludible, su pregunta política fue cóm o se deja ganar, dentro de su marco, un espacio en función dé ün liderazgo autoritario de carácter político, idóneo y responsable. Su fórm ula drástica pára ello fue democracia de liderazgo con máquina, aunque con esto no pensaba, todavía, en la posibilidad de un liderazgo dictatorial en un « “ Estado dé un solo partido”, sino en un Estado coii múltiples partidos y con Parlameñto». La interpretación es correcta, honesta y justa> aunque L owith, frente al desarrollo político alemán hiperiiacionalistá que él padeció y le llevó al menosprécio, a la discriminación y al exilio, tuvo que desplazarse hacia el otro pólo crítico y ano­ tar que la previsión de W eber de una «dem ocracia de lideraz­ g o cori máquina», de una dem ocracia plebiscitaria totalmente funcionarizada, le convierte en un añticipador del futuro p o ­ lítico de Alemania, sin que esto signifique én ningún m odo

bajo la volun­ tad de un líder con aptitud de oratoria que diga a las masas lo que éstas deben creer y hacen C on esa. a través de lo formal de su ethod político. la “su jeción ” en ob ed ién cia [.M ax W éber y K arl M arx 209 que él hubiera estado dispuesto a recorrer y aceptar ese cami­ no.' D e su tesis de qué sólo un “profeta” puede decirnos lo que debemos hacer objetivamente. de esa tesis to­ talmente individualista hay sólo un paso hasta la completa in­ clusión en una máquina de convicciones total.. positivam ente a través de que representó el liderazgo irracional “carism àtico” y la “dem ocracia de liderazgo con máquina” y. prepara­ do el camino a un Estado de liderazgo autoritario y dictato­ rial. que sólo era responsable de sí mismo. de su tesis de que entonces cada uno debería deci­ dir p o r sí mismo lo que piensa hacer. guerrero y exterminador de la diferencia. negativamente. Sabe m uy bien que W eber tendría Una total indisposición intelectual* política y moral hacia el desenlace dictatorial. difícil de sobrellevar. algo que no dejará de irritar a los weberianos y ponerlos en son dé guerra. que em pero abrió a otros seres funestos. en este tiempo de falta de autoridad de una decadente esfera pública. abdicación dé la elec­ ción libre éntre posibilidades diferentes en favor del una vez elegido Führer la “decisión” propia se transforma én là obe­ diencia d ecidida a un dictado. al m argen de cuáles sean éstos. suave pero adolorida. Lowith nos quiere decir que él nacionalsocialism o alemán no fue un proy ecto querido p or . pero en los enunciados y argumentos de sü obra cree ver el anuncio o la previsión de ese desenlace. «E l ha. a través dé la pérdida de conteni­ do querido. cuya úl­ tima instancia sólo era la elección decidida de Una postula­ ción de unos valores entre otros. y dado que éste nó éstaría disponible. se convierte en una persona que está contenta de ha­ ber podido transferir la carga.i ] El in dividu o liberado. » La posición de Lowith sobre M a x W ebér se desliza p or él filo de la navaja. de la au­ todeterminación. D e manera diplo­ mática.

El ar­ tículo se centra en lo que para Low ith son los ejes centrales que estructuran el pensamiento de nuestros maestros sobre la m odernidad capitalista-burguesa: La racionalidad y la enajena­ ción. siguen siendo un manantial de ideas que nos ayudan a entender m ejor el en­ foque del program a de investigación de M a x W eber. Recons­ truir el curso de la racionalización moderna. pero sus dos apartados.210 Ka r l LO w i t h Weber. cóm o apareció y . Su extraordinario artículo «M a x W eb er y Karl M a rx » (1932) es un recorrido m arcado p or la densidad intelectual. sistémicos. pero sí un resultado indeseado. deseado y respaldado por él. pero lleno de sorpresas en sus observaciones y aleccionador. neoinstitucionalistas. Sobre l a racionalidad w eberianay sus supuestos teóricos y m etodológicos hemos leído y escrito m uchos y m ucho. sus al­ cances y limitaciones. Es una manera de recordam os que las acciones y las ideas no sólo tienen fines motivadores sino consecuencias reales. así com o las preocupaciones de rigidez glacial que él mismo reconoció frente al desarrollo previsible (típico-ideal) de la racionalidad del mundo m oderno. por lo que no son una simple glosa erudita de los es­ critos de M arx y W eber con corolarios didácticos. que son abordados desde el mirador de la antropología fi­ losófica. que nos plantea a los contem poráneos preguntas que con o sin nostalgia de nuestros maestros clásicos hemos estado proce­ sando en los últimos tiempos desde otros m odos de problematización y enfoques de respuesta. que se podía vislum brar com o una probabilidad a partir de su obra y que otros protagonizaron perversamente. aun si no son queridas ni previstas. «L a “racionalidad" com o la ex­ presión problem ática del m undo m oderno» y «L a racionali­ dad com o co n d ición de la responsabilidad de sí libre del singular en m edio de la servidumbre general». H ay obras que emparejan o rebasan las consideraciones de L o with. por no citar las pequeñas «teorías» a las que dedicamos tiem p oy que ni siquiera llegan a ser de «alcance m edio».

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se asentó socialmente, cóm o rom pió la certidumbre de nues­ tras creencias y expectativas (religiosas o morales) en un or­ den objetivo que definía el sentido y . el deber de nuestras vi­ das, cóm o llegó a volverse el obligado m odo de conducir la vida en sociedad y cóm o terminó por cristalizarse com o «des­ tino» que nos ha dejado sin otras opciones de organización de la vida social, constituye el problem a del tiem po m oderno, nuestro problem a humano y, en con exión , es un problem a fundamental de la historia y sociedad digno de ser conocido, de convertirse en algo cu y o surgim iento y funcionam iento sostenido en:el tiem po ha de ser explicado, así com o han de ser explicados sus efectos en la organización social y su im­ pacto en el rum bo futuro de la sociedad. En su opinión, concebir lo m oderno com o tiempo, proceso y estructura de racionalidad es algo qu e cognoscitivam ente contiene y abraza a las tesis marxistas: «L o propio del análisis relig ioso-sociológ ico del capitalism o de W eb er consiste en que él no contempla al capitalismo com o el poder hecho autó­ nom o de las “relaciones de prod u cción ” sociales, de lo s m e: dios y de las fuerzas de producción, para entenderlo desde allí todo de form a ideológica. El capitalismo pudo volverse, para W eber, un pod er “pleno de destino” de la vida humana sólo porque él [...] se desarrolló y a en los caminos de un "m odo ra­ cional de conducir la vida” ». En la miradá weberiana la inter­ pretación m arxista del capitalism o es subsum ida com o un lenguaje particular contenido en la gramática mayor de la ra­ cionalidad de la vida moderna. Según Lowith, «el capitalismo como tai, en su significado preeminentemente económico, es p o ­ co interpelable com o el origen autónom o de la racionalidad. M ás aún, la racionalidad de la con du cción de la vida — en su origen religiosamente motivada—es la que ha dejado también que el capitalismo, en un sentido económ ico, se erija en un poder dominante de la vida». M uchos Compartimos la obser­ vación de Lowith acerca de la racionalidad weberiana com o

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el universo de sentido de la m odernidad, que contiene una realidad específica a la racionalidad financiera, productiva y com ercial del capitalism o (otras m anifestaciones serían el D erecho, las organizaciones jerárquico-burocráticas, la tec­ n o lo g ía ...), aun si la racionalidad capitalista hubiese sido dialécticam ente reelaborada en M a rx com o irracionalidad sustantiva de la sociedad por la división social que genera. Una aportación original de Lowith es recordam os la para­ doja de las raíces no racionales de la racionalidad y las irracio­ nalidades incomprensibles que la racionalidad moderna origi­ na. Por un lado, los poderes religiosos y las «representaciones éticas del deber», que se derivan de la religión, en el pasado fueron los elementos forinadores de la conducción racional de la vida, hasta tal punto que W eber pudo preguntarse p or la articulación intrínseca de la «ética protestante» con el «espíri­ tu» del capitalismo, así com o establecer sus relaciones. «La "afinidad electiva interna” de ambos es la dé la convicción eco­ nómica y la de la creencia. Ambas reposan sobre un “espíritu” general o etho¿, cu yo portador socialm ente destacado es la burguesía occidental;» Por otro lado, com o advertencia omi­ nosa frente al desarrollo incontenible de la racionalidad en la sociedad moderna, ese «espíritu universal de la "racionalidad” domina el arte y la ciencia, tanto com o la vida jurídica, estatal, social y económ ica del mundo humano m oderno. L o que p ro­ duce esa racionalización universal de la vida es un sistema de dependencia total, una “carcasa fuerte com o el acero” de ser­ vidum bre [...], úna “aparatización” general del hom bre, un inevitable estar-inserto de cada uno en la "fábrica”, en cada caso específica — de la econom ía o también de la ciencia— .Y “no obstante” (con un tal «no obstante» cierra W eber también la conferencia La política como vocación), esa racionalidad es jus­ tamente, para él, el lugar de la libertad». Puedo aceptar esta in­ terpretación porque la racionalidad, al liberar al hombre del mito o encanto de un orden trascendente que regula y condu­

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ce la vida en un solo sentido o por un solo camino, ha sido la condición necesaria para la aparición y aseguramiento de la li­ bertad com o independencia, y porque las decisiones de la liber­ tad com o autonomía y responsabilidad pueden surgir y ser eficaces sólo a condición de que sé establezca una corrección causal idónea entre los m edios/causas de la acción y sus fi­ nes/efectos, relación que la racionalidad ayuda a identificar y establecer. En el primer apartado de su interpretación de W eber, L owith nos habla de la form ación de la racionalidad moderna, de su aire de em ancipación y de creación de p od er social, mientras que en el segundo apartado asoma su cabeza oscura la amenaza de la servidumbre general que la racionalidad del poder y el control termina p or producir y que se materializa oscuramente en «las formas políticas de la burocratización y la estatalización», en la «máquina viviente» en que la sociedad llega o puede convertirse p or «la especialización racional dis­ ciplinaria y la escolaridad» hasta terminar en su contrario, en la extinción de su espíritu originario, en un «espíritu coagula­ do», sin vida, y en la identidad que se crea entre hombre y es­ pecialista con todas las negras consecuencias que despliega esa identidad contradictoria y parcial, com o está a la vista en nuestra sociedad contemporánea. A quí no tiene m ucho sentido reconstruir y resumir el reco­ rrido que Low ith hace de las tesis de W eber; baste recordar que el principio de racionalidad es estructural en la teoría w eberiana. En su vertiente histórica la racionalidad es la criatura de Occidente y el atributo distintivo de su historia social con­ temporánea. En su vertiente sociológica, centrada en la ejecu­ ción y los efectos de la acción social, «la acción racional referi­ da a fines» y «la acción racional referida a valores» son las piezasfundamentales sobre las cuales se construye y estructu­ ra el edificio teórico del orden social. Y en su vertiente meto­ dológica la construcción de los conceptos com o acciones ra-

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cionales estrictas o puras es lo que permite definiciones preci­ sas y consistentes, lo que posibilita clasificaciones y explica­ ciones de las acciones; reales a partir de su disconform idad respecto al concepto (tipo-ideal) — «desviación del desarrolla esperado: de la acción racional»— , así com o explicar y com ­ prender las acciones sociales y sus: resultados. C om o algo sa­ bido, W eber vincula racionalidad con calculabiUdad y controla.-: bilidad del mundo, pues sin estas dos condiciones las acciones no podrían construir su sentido y tener capacidad de efectuarlo. Por consiguiente, la racionalidad implica la posibilidad de es­ timar los efectos o resultados que se siguen d e ciertas accio­ nes, así com o la existencia de sujetos dispuestos, socializados u obligados a conducirse en sus vidas estim ando las conse­ cuencias de sus acciones. Por ello, el programa de la racionali­ dad del m undo supone que la producción y la com unicación social (la realidad social, podríam os decir) sean susceptibles de ser pensadas y organizadas con form e a unidades de un mismo valor unívoco y homogéneo. Esto se produce mediante la ciencia/tecnología, el D erecho y la moneda: elementos na­ turales, derechos subjetivos y moneda. Cuantificación, jundificación y monetarización son, así, las condiciones objetivas del cálculo y del control de las expectativas. Y estas tres racio­ nalizaciones del mundo son la creación de Occidente, el m odo de vida peculiar de O ccidente, el m odo hodierno o m oderno de O ccidente y su destino previsible. Las condiciones subjeti­ vas o el sujeto del cálculo y control son, lógicamente y en su opinión, el empresario capitalista, el dirigente político y el tec­ nòlogo. Si algo se le puede discutir al concepto weberiano de racionalidad, a partir de nuestras actuales preocupaciones, es que su noción de racionalidad fue elaborada en formato de es­ casez (al modo; económ ico), que es algo consustancial a la so­ ciedad, pero que dejó sin reflexión la racionalidad en condi­ ciones de adversidad y de incertidumbre, condiciones que en el tiempo actual de la modernidad son permanentes.

que en parte representa la reivindi­ cación del joven M arx.M ax W éber y Karl M arx 215 El segundo apartado de Lowith se refiere a la concepción de M a rx de la sociedad moderna. Para muchos este proyecto humanista. «la crítica del hom bre de la sociedad burguesa de M arx. y com o m undo humano. más que con Ricardo y Smith. de m odo que. pero sobre todo re­ presentada observación sorprendente de que «la interpreta­ ción específicamente económ ica de tódós los m odos de apari­ ción de la vida humana es. según las propias palabras dé Marx. una inhumanidad. Para él. cuyo esfuerzo inolvidable fue «trans­ formar la filosofía autónom a del espíritu en una filosofía del hom bre». plataforma electoral o sistéma político.lidad específicam ente “i-rracional”. Ese gi­ ro hacia el hom bre com o tal. en opinión acertada de Low ith. El m undo bur­ gués-capitalista. reelaborado con lá interpretación antropológica de Lowith. com o solíamos decir en el pasado bajo la presión del cientiíismo éstructuralista. y que no se reduzca a otra ideología social. «se le representa a él. «fue la transformación de la filosofía especulativa de Feuerbach en antropología filosófica». es lo que sigue haciendo que el marxismo sea una visión intelectual y moralmente interpola­ dora. sino “humana” ». y con ella la del mundo m oderno en general. . com o una rea. un n odo dél hilo rojo y vivo de la izquierda que engarza las ideas y luchas p or la emancipación.. antes que com o proletario. un mühdo humanamente invertido». que és el objeto dél análisis crítico de M arx. el hilo conductor marxista es La enajenación. com enzó en la posición antropológica de Feuerbach». universalización y re­ conciliación del hombre. com o hegéliano que es. que sé res­ palda en él giro de Feuerbach. con la consecuencia total y radical de que «M arx exige una “emancipación del hom bre” no sólo política y económica. sólo el resultado último en el cual “culmina” su revisión crítica de la filosofía dél derecho de H egel». o peor aún ree­ dite las historias dé horror y aniquilación social de los socialis­ mos de poder intolerante y de doctrina dé pensamiento único.

Son incontables los artículos dedicados a la . y su expresión inmediatamente hum anare¿z/. rem ovible. del mismo “orden” que viene á nuestro en­ cuentro. em­ pero. D esde el supuesto antropológico de que la sociedad m o­ derna constituye un m undo autocontenido en el que el hom ­ bre es pensado y actúa de manera enajenada. aunque pudieran ser discutidas p or especia­ listas de filosofía o p or aquellos marxistas que no aceptaron la fiebre cientifistay estructuraiista en la que decayó el mar­ xism o o que de ella y a sanaron y mantienen viva en su mente la empresa de materialización histórica que de la lógica y la fenom enología del espíritu llevó a cabo M arx. la contradicción entre el Estado burgués y la sociedad burguesa.216 K a r l L o w it h Las consideraciones sobre la filosofía hegelian ay el vuel­ co feuerbachiano son sugerentes y decisivas en la interpreta­ ción de Lowith. pero que p or «la produ ctividad de la con tradicción ».]: en su form a económ ica. debo reconocer que un párrafo de Lowith que puso orden recapitulador en mi cabeza desde su primera lectura y que me gusta recordar fue el siguiente: «M arx persigue esa enajenación de sí fundamen­ tal y general» que experimenta el hombre en todos los campos «del orden estatal. Lowith dedica la segunda parte final de su escrito. que se d e­ nuncia a sí misma y se muestra insostenible.. poniéndola de cabeza y convirtiéndola en m ovim iento humano que es. La expresión económica de su problemática es el mundo de loé m erca n cía su expresión política. Al análisis e interpretación de las tres expresiones existenciales de la enajenación humana. com o el destino ineludible de la racionali­ zación— [. política e inmediata­ mente social. es un movimiento capaz de superar las contradicciones y avan­ zar hacia nuevas identidades sociales más sustanciales y uni­ versales. la existencia del proletariado».. del orden social y del orden econ óm ico modernos — esto es. en Weber. bloqu eado p or múltiples y dolorosas contradicciones en las dimensiones cognoscitivas y prácticas de su vida.

contradictoriamente. conform e alas tesis marxistas. ser. han alcanzado exterioridad. «abstracción». mitiga y justifica la irrealización del hom bre en la sociedad capitalista burguesa. L ow ith repasa entonces la cosificación de la mercancía que aparentemente expresa la subjetivad del productor pero la destruye. sentido y posibilidades de la existencia humana. nubla. polí­ tica. En ellas. a pesar de que los hom bres las han producido. bloqueando su universalización. así com o la universalidad establecida del Estado burgués que. a pesar de que. expone las contradiccio­ nes enajenantes que implica el desdoblamiento producido en la sociedad moderna entre m undo privado y público. pero el mérito de Lowith es haberlas conectado y hecho interdependientes hasta convertirlas en los elementos constituyentes de la totalidad de una existencia humana invertida. co n agudeza. p on ien d o sus consideraciones en b o ca de M arx. falsa> contradictoria y autodestructiva. el mercado. expresa y garantiza supuesta­ mente la libertad individual y la particularidad del interés pri­ vado. trascendencia. autolegitimen y hasta autocelebren com o realidades sustentadoras y potenciadoras de la libertad humana que hacen posible que ésta sea la condi­ ción universal del conjunto social. autonomía y soberanía. Son particularmente notables las consideraciones que ha­ ce Lowith sobre el estado m oderno de los derechos del hom ­ bre y del ciudadano. religión y cultura se presenten. el pensamiento filosófico o en la cultura burguesa. Se trata de la falsa concien­ cia que acompaña.M ax W eber y Karl M akx 217 explicación y manifestaciones de la alienación del hombre en la religión. inacabada. entre el . «fetichización». pero que en los hechos los contradice. Lowith nos muestra progresivamente las manifestaciones y las trampas del hecho de realizarse del hom bre en el mundo moderno y del creerse realizado en o mediante realidades que. el Estado. median­ te el concepto de ciudadanía. p or lo que son opues­ tas al concepto. «cosificación». economía.

esto es. que rehacemos. rupturas. Porque com o ciudadano estatal el burgués es — en tanto él es. «M arx combate esa separación de los intereses particulares y generales. p or ende. com o Estado admi­ nistrativo burocrático racionalizado. hom bre privado—necesariamente algo otro.218 K a r l LO w i t h burgués y el ciudadano. para sí. no es sino otra forma de realidad quimérica que reproduce la reconciliación ilusoria del hom bre con su sociedad p e ro que. potencialidades y contradicciones de la m odernidad en las que nos encontramos. p o r su enajenación acrítica. La lectura de Lowith puede representar. com o una autoenajénación humana. características. que tratamos de m ode­ lar y que también nos disgustan y frustran. externo. Su Estado es un Estado “ abstracto” porque él se abstrae. des­ doblam iento que lia con d u cid o a contradicciones de difícil conciliación intelectual e institucional o a ilusiones de eman­ cipación y autonomía. para el cual todo es m edio. tan extraña com o permanece por otro lado su vida privada respecto al Estado. entre sociedad civil y Estado. de la vida real. Será una inmer­ sión que Seguramente les hará descubrir nuevas realidades o . el fin último.» D ich o de otro m odo. de la vida privada de sus ciudadanos. la oportu­ nidad de sumergirse en el mar del poderoso pensamiento de M arx y Weber. el hom bre considera que y a es una realidad o algo pronto a ocurrir. en general. para una nueva generación de jóvenes intelectuales y ciudadanos. que a la vez contrapone al hom bre viviente en ellos en una exis­ tencia preferentemente privada y una pública. La sociedad burgue­ sa actual es. la existencia individual. extraño. la universalidad que el Estado m oderno pretende representar organizando y superando la fragmentación de los intereses privados y de los individuos libres. tanto com o ellos se abs­ traen de él com o hom bres individuales. el principio materializado del individualismo. a menos que se exploten sus potencia­ lidades de unidad m ayor de aquí en adelante. quienes reflexionaron con honestidad y rigor ejemplar acerca de las dimensiones.

c o ­ mo fue practicada por M arx y Weber. S obre todo. a pesar de sus rudas afirmaciones sobre el desencanto o la enajenación del tiempo moderno. a pesar de parecer polvorientas. L u is E A g u il a r V il l a n u e v a . podrán apreciar y acaso emular la nobleza del pensamiento y la acción que exige una racionalidad cabal. n oticia y p u b licid a d de n u estro tiem po. en muchos puntos. Karl Lowith. respuestas y explora­ ciones que siguen siendo pertinentes para entender nuestro tiempo. sólidas y benéficas. para nosotros. también débiles de nuestros grandes maestros.M ax W eber y K arl M arx 219 niveles de realidad social y también nuevos problem as que subsisten en hechos e instituciones sociales. in form a ción . todas segura­ mente honestas. Tal vez ésta sea la oca­ sión para reconocer ante nosotros mismos que las respuestas que hemos dado a las cuestiones que nos ha planteado y plan­ tea la vida en sociedad y nuestra misma vida. pueden tener grietas y oscuridades que m e­ recen ser remediadas o ilustradas con las ideas de las viejas reflexiones inacabadas y. En cambio. a pesar de que se las considere terminadas. que dedicamos muchos años de nuestra juventud a estudiar a este par de inolvidades maes­ tros. Y ese soplo. la lectura o la relectura de Lowith podrá ser ocasión pa­ ra no perder la memoria de problemas. por supuesto. A lo mejor sien­ ten el soplo de humanismo crítico y emancipador de las ideas de M arx y Weber. entre los cuales se encuentra. puede hacerles aprender una gramática más estructurada e integrada para hablar de la vida en sociedad sin la superfi­ cialidad optimista o pesimista que caracteriza a mucha políti­ ca. y que pueden ilumi­ nar o enderezar nuestras búsquedas. que no tiene por qué considerarse hostil a sus m odos de vida tecnológizados y de mayor independencia personal y asocia­ da.