L/imensión V_/lásica

T E O R ÍA S O C IA L

Director de la serie: Esteban Vemik
La Serie Teoría Social reúne obras que son muestras del estado latente de la modernidad. Si la historia del pensamiento social y humanístico delineó un conjunto de textos clásicos sobre el legado modernista, a su sombra restan aún por recuperarse contribuciones incisivas que conservan viva la inquietud sobre los fundamentos de nuestro presente. La Biblioteca Dimensión Clásica se inicia con una Serie que se propone ampliar los horizontes del estado de la teoría social — tanto en sus resonancias filosóficas como político-culturales—mediante la publicación de un conjunto de ensayos claves hasta ahora alejados de los currículos universitarios, y que se ofrecen en todos los casos a través de traducciones cuidadas y textos introductorios de alto nivel realizados por los mejores especialistas en la materia, que, por un la­ do, devuelven los textos a su estado original de indicación y presenti­ miento^, por otro, los reintroducen plenamente en la discusión de lo contemporáneo.
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Karl

Lowith
M ax Weber y Karl Marx
Traducción de Cecilia Abdo Ferez Introducción de Esteban Vernik Posfacio de Luis F. Aguilar Villanueva

gedisa
O
editorial

Edición original en alemán: Karl Löwith: Sämtliche Schriften. Band 5: Hegel und die Aufgébung der Philosophie - M ax Weber, pp. 324-447, publicado por JYB. Metzler'sche Verlagsbuchhandlung und Carl Ernst Poeschel Verlag GMBH Stuttgart, Alemania. Copyright „ 1988 Director de la serie: Esteban Vemik Traducción: Cecilia Abdo Ferez Diseño de colección: Sylvia Sans Primera edición: junio de 2007, Barcelona Derechos reservados para todas las ediciones en castellano © Editorial Gedisa, S.A. Paseo Bonanova, 9 l° -la 08022 Barcelona, España Tel. 93 253 09 04 Fax 93 253 09 05 Correo electrónico: gedisa@gedisa.com http://www.gedisa.com ISBN: 978-84-9784-092-7 Depósito legal: B. 29789-2007 Preimpresión: Editor Service, S.L. Diagonal 299, entresuelo Ia Tel. 93 457 50 65 08013 Barcelona Impreso por Romanya Valls Verdaguer, 1 (Capellades, Barcelona) Impreso en España Printed in Spain Queda prohibida la reproducción total o parcial por cualquier medio de impresión, en forma idéntica, extractada o modificada, en castellano o en cualquier otro idioma.

índice

INTRODUCCIÓN: M a x W eber según Karl Lowith

Eéteban V ernik ........................................................................
M a x W eber y K a r l M a r x

9

K arl L ow ith ............................................................................. M ax W eber y Karl M arx ( 1 9 3 2 )..................................... I n tr o d u c c ió n ................................................................... A. La interpretación de W eber del mundo capitalista burgués según el hilo conductor de la «racionalización»........................................................ B. La interpretación marxista del mundo capitalista burgués según el hilo conductor de la enajenación de sí humana ............................................................... C. La crítica de W eber de la concepción materialista de la historia ............................................................... N o t a s .................................................................................. M ax W eber y sus seguidores (1939-1940) ................... La posición de M ax W eber frente a la ciencia ( 1 9 6 4 ) ............................................................... N o ta s .................................................................................

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77 109 117 135 149 180

POSFACIO: Entre el recuerdo y el olvido de los maestros: la exigencia de pensar la sociedad L iúj F. Agidlar Villanueva..................................................... 187

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] ni la sociología marxista ni la burguesa vieron que la socio­ logía de Weber es el contrapunto de El capital de Marx. Lowith se re­ fiere a W eber en varias ocasiones: El «desencantamiento» del mundo histórico por medio de la ciencia racional. que él pone en práctica en sus trabajos socioló­ gicos.2 . sin duda.. estuvo marcada p or la palabra oída en La ciencia como vocación. Este círculo que configuran la razón y la magia sirve para establecer una sociología antropológica de lo humano. es decir. Pero en el proceso de racionalización de W eber aparece de nuevo el puente con M a rx y la historia.. pero que se manifiesta cada vez que expe­ rimenta el ejercicio weberiano de extremar la razón hasta sus límites más humanos.1 Lowith siente una atracción intelectual m uy honda p o r W e ­ ber que. por el diálogo que man­ tiene viva a la sociología en la confrontación permanente que surge entre su ala burguesa y su ala marxista: [. C om o mago. para regresar de nuevo al irracionalism o del encanto mágico. debe de haber ejercido una especie de magia.Introducción M ax Weber según Karl Lowith i Karl Lowith exhibe fascinación por la relación que existe en­ tre M ax W eber y Karl M arx.

'' También Karl Jaspers. W eber y H eideg­ ger. se­ ñaló que M a x W eber. son las aristas del triángulo M arx. Mientras Lowith elabora sus tesis sobre M arx y Weber. un papel destacado en la construcción de su ima­ gen. el ma­ go de M eéékirch. Podrá decirse que W eber mantuvo una posición bifronte. cuyo primer libro llevaba por título Eléociaium o de Fichte en relación con la doctrina de M arx. tal cóm o se aprecia en diversos testimonios. Si bien W eber rechazó muchas veces varios de sus postulados metodológicos. como un descubrimiento científico que influyó de­ cisivamente en su propia perspectiva. A l mismo tiempo que consideró que el M anifiesto del Partido Comunista era com o «una patética profecía». científicos y políticos — has­ ta el punto de haber sido calificado co m o «un M arx b u r­ gués»— / mantuvo siempre un entusiasta interés p or los escri­ tos de M arx.5 . ha afirmado qiie: Max Weber admiró la interpretación materialista de la historia de Marx. en cierto aspecto. la filosofía existericial de H eidegger orienta sil pensamiento. II Un breve ro d e o p o r la cuestión W eb er-M a rx muestra algo que muchas corrientes del ala marxista de la sociología'han pasado p o r alto: la riqueza del interés de W eber p or M arx.10 K a r l L o w it h «M ago» también era el apelativo de M artin Heidegger. quien tras la m uerte de M a x W eb er tuvo. con el que Lowith exhibe la sociología weberiana del cír­ culo de lo humano. És­ tas. pues. «com partía la con ­ cepción márxista del Estado y su ideología». junto a Marianne. la cual fue el primer paso en el autoconocimiento del capitalismo. La propia Marianne Weber. señaló su valor com o «una aportación científica de prim er rango». que se alejó y se acercó a M arx.

en el ensayo «L a “ objetividad” cognoscitiva de la ciencia social y de la política social»8 afirma que hay que rechazar la concepción materialista de la historia. ün mundo signado por Marx y Nietzsche. con la ayuda de tipos ideales es posible construir teorías de los procesos sociales que ten­ gan alguna sem ejanza co n leyes y que puedan servir com o pautas para medir el grado de apartamiento de determinados sectores de la realidad social cón respectó a estos m odelos nom ológicos. puede medirse teniendo en cuenta su actitud frente a Nietzsche y Marx.M ax W eber y K arl M arx 11 M ás elocuente resulta todavía el testimonio de Eduard Baumgarten. aquellas filosofías de la historia que pretendían encontrar las leyes objetivas del curso de la historia o. El mundo en el que existimos es. se engaña a sí mismo y a los demás. no existe ninguna «ley» objetiva en la realidad social. es decir. W eber rechazaba todas las filosofías mate­ rialistas de la historia. En primer lugar. [. al menos.7 Así. quien informa que M ax Weber.. en gran medida. En este preciso senti­ do. habrá que decir que las diferencias epistemoló­ gicas y m etodológicas entre M a rx y W eber son sustantivas. Marianne W eber nos ofrece su consideración: .] Quién no esté dispuesto á conceder que las partes más importantes de su propio trabajo no hubieran podido ser realiza­ das sin el trabajo de estos autores. decía a sus estudiantes: La honestidad de un estudioso actual. Según Weber. W eber consideraba que la construcción de M arx era sumamente im portante co m o con stru cción ideal-típica del p roceso de la historia. un sentido interno del proceso histórico. en los últimos años de su vida. pero en cam bio no estaba dispuesto a aceptarla com o enunciado ontològico.6 Sin embargo. También en este punto. y sobre todo de un filóso­ fo actual. En el mejor de los casos..

a las zonas comunes que se superponen entre las obras de M a rx y Weber. respecto a la cual en ese m o­ mento W eber no veía con claridad las diferencias entre M arx y sus seguidores ortodoxos.9 Cabe no obstante señalar que M a x W eb er interpretaba de manera bastante indiferenciada a M arx y a la teoría marxista. . también es notoria la diferencia acerca del papel que desempeñan los intereses económ icos en los proce­ sos sociales. siguiendo de cerca el ensayo de Karl Lowith.Pero las «imá­ genes del mundo» creadas por las «ideas» han determinado con gran frecuencia. P or lo demás. en realidad específicamente nuevo. si­ no que también se declaró en contra de que los factores materia­ les se volvieran absolutos y se les convirtiera en el común denomi­ nador de las explicaciones causales.12 K a r l LO w it h Max expresó su gran admiración hacia las brillantes construc­ ciones de Karl Marx. que dirigía la búsqueda de conocimiento a zonas enteras antes no iluminadas. pues. materiales e ideales. haciendo así del m arxismo una teoría rígida de la historia. A diferencia del marxismo. y vio en la investigación de las causas eco­ nómicas y técnicas de los hechos un principio heurístico fructífe­ ro.1 0 Vayamos. W olfgang M omm sen señala que el elemento activista de la teo­ ría de M arx quedó oscurecido en las posteriores intérpretaciones de Engels y de Kautsky. los railes en qué la acción se ve empujada por la dinámica de los intereses. son quienes do­ minan inmediatamente la acción de los hombres. en W eber se destila una con cep ción pluralista que trata de estimar la dinámica que envuelve a los intereses ideales junto a los intereses mate­ riales. negando explícitamente cualquier concepción que vea a los prim eros com o reflejo de los segundos. como guardagujas. Pero no sólo rechazó la elevación de estas ideas a una Weltarucbauung. no las ideas. A l respecto es meridiana la célebre expresión de W eber: Los intereses.

Lowith trata de llegar a sus si­ militudes enfocando la teoría de M arx desde el prisma de la de W e b e r y la de W eber desde la óptica de M arx. Tributario tanto de la herm enéutica com o de la geom e­ tría. Si para W eber la ciencia y la política debían mante­ nerse separadas. ál destacar que en ambas teorías subyace la situación del hom bre m oder­ no en la totalidad de su existencia. Tanto M arx com o W eber siguieron los aconte­ cimientos políticos de su tiempo e intervinieron en la vida pú­ blica con la misma pasión. En ambos casos sus estilos de escritura se apoyaban en gran cantidad de evidencias empíricas y en ex­ tensas notas a pie de página. Lowith remarca el com po­ nente existencial-antropológico de M a r x y dé W e b e ry obser­ va que el m otivo básico y original de las investigaciones de ambos concierne al m odo capitalista de ser humano. sea por medio del periodismo o por las intervenciones propias de los hombres políticos. A l igual que M arx. esta confrontación tomaba la forma de un triángulo. podem os constatar la aparición de elementos novedosos. al dar lugar com o tercera arista a la de la propia filosofía existencial de Lowith.1 1 Partiendo de las dife­ rencias entre ambos autores. convergían en unidad. la interpretación de L o ­ with va más allá de lo señalado hasta el momento. W eber asimiló enormes masas de ma­ terial científico. para M arx. La exposición de Lowith comienza con una serie de puntualizaciones sobre los perfiles de ambos autores que merecen considerarse. U no y otro fueron grandes filósofos sin querer serlo . Los dos fueron científicos.M ax W eber y Karl M arx 1-3 III Si volvem os ahora a Lowith y al examen que realiza de la re­ lación entre W e b e r y M arx. p or el contrario. el m étodo utilizado p o r Low ith para su com paración es el de las perspectivas contrapuestas. Pero. aun­ que consideraban la relación entre ciencia y política de manera opuesta. ade­ más. En efecto.

y también. L ow ith trae al recuerdo la carta de M oses Hess de 1841 que presenta a M arx com o «el más gran­ de. L a interpretación de W e b e r da cuenta del m undo capitalista burgués en térm inos de «racionalización». cuestionaron la totalidad de la situa­ ción de la vida contemporánea bajo la rúbrica del «capitalis­ mo». ambos fueron esencialmente dociólogodfilodóficod. Observem os con m ayor detalle el análisis que Lowith rea­ liza p or separado de las interpretaciones que hacen tanto W e­ ber com o M arx de las estructuras fundamentales del capita­ lism o. al considerar la tendencia universal al desarrollo de la cultura occidental. en su subyacente preocupación por la existencia humana. volviendo a la caracteriza­ ción de Lowith.14 K a r l L O w it h ni asumirse com o tales.1 2 En definitiva. sino porque de hecho. basado en la aceptación de que la econom ía se ha convertido en el destino de la humanidad. sino de la adíllamada. se detiene «en el poder que determina el destino de la vida moderna: el capitalismo». Si en La ideología alemana M arx se refería al mercado com o aquello que se expande sobre la tierra y «con su mano invisi­ ble» crea y destruye imperios. Así. no porque fundaran algún tipo concreto de «filosofía so­ cial». y siempre entre comillas: . Aunque W eber — com o también ¡sabemos por medio de Jas­ pers—gustaba de reconocerse ante todo com o un investigador. com o un moderno especialista. cabe señalar que el ensayo de L owith mues­ tra cóm o ambos — M arx directamente y W eber indirectamen­ te—efectuaron un análisis crítico del hombre m oderno dentro de la sociedad burguesa. la célebre frase de Karl Jaspers: «E n M ax W eber vem os encam ado al filósofo existencial». habremos de decir que ni su sociología ni la de M arx pueden confinarse a los límites estrechos de la especialización. W eber — en uno de sus últimos escritos— . quizás el únicofilódofo verdadero vivo». esto es. A qu í Lowith comienza señalando que la así llamada «objetividad» — y anota que W eber nunca habló de objetividad a secas.

en un sentido específico. nos re- .M ax W eber y K arl M arx 15 [.].] reposa sobre y sólo sobre el hecho de que la realidad dada es ordenada según categorías. son duíjetivad. ofrecido p or W eber en una res­ puesta crítica a Brentano1 5y com entado p o r Lowith.. A q u í se puede observar que el elemento decisivo y elemental es que cada instancia de racionalización genera.precondicwn del valor de nuestro conocimiento y están ligadas a la precondición del valor de aquella verdad que sólo nos puede dar el saber de Ja experiencia. inevitablemente. una noción que procura hacer inteligible precisamente porque el proceso general de racionalización de toda nuestra existencia se convierte en algo específicamente irracional. Así. [. la objeción de W eber al marxismo — com o antes decíamos—no es que se base en ideales e ideas científi­ camente p o co probables. En cambio. en orden a un fin presupuesto. la tendencia a la seculariza. Low ith dice. que deja tras de sí la posibilidad in­ genua de la disciplina científica. las cuales.. si tomamos él tema fundamental de sus investigaciones científicas. Sin embargo. ganar dinero para asegurarse un estándar de vida es racional e inteligible.. presentan \a. con W eber: La autorreflexión científica. de validez universal..1 4 Por lo que su propósito es hacer explícitos los apriori de las ide­ as de valor que guían las acciones específicas. irracionalidad. sino que la subjetividad de sus pre­ misas fundamentales se presenta con apariencia objetiva.1 3 Consecuentemente. es decir.ción. vemos que W eber resume la problemática de esta realidad bajo el concepto de «racionali­ dad». con unos medios da­ dos. no indica qué es lo que «se de­ be». Por ejemplo. Se trata de una racionalización en la dirección de un m odo de vi­ da irracional. la manera raciona­ lizada de hacer dinero con el único propósito de hacer dinero es algo específicam ente irracional. Este ejemplo dél dinero. sino qué se puede consecuentemente. esto es.

Y en efecto. Pero lo ambiguo — y quizá lo p ro­ ductivamente ambiguo—de su form ulación trágica es que al mismo tiempo esa racionalidad es precisamente la que según W eber se requiere para la libertad. del dinero. el capitalism o sólo pudo ser el p od er que determina el des­ tino de nuestra vida m oderna porqu e previam ente. lo cual ocurrió p oco antes de com enzar la redacción de sus ensayos sobre el p ro­ testantismo. Pero L ow ith puntualiza que W eb er y M a rx han interpretado este destino de O ccidente de manera diferente: W e b e r no con cib ió el capitalismo c o ­ m o un p od er hecho de «relaciones» de fuerzas y m edios de p rod u cció n que se han con vertid o en autónom os. Para W e b e r el fenóm eno de la racion alización — que se pod rá estudiar tanto en la expansión del dinero com o en la de las burocracias—representa la principal característica de la form a de vid a de O cciden te. una carcasa férrea de subordinaciones en la que cada individuo está irre­ mediablemente integrado.K a r l L o w it h mite rauy directamente a los análisis de G eorg Simmel sobre la modernidad y a su célebre Filosofía. en lo legal com o en lo administrativo. en el inicio de La ética protestante W eber elogia a Simmel por «las brillantes imágenes» que se en­ cuentran en el capítulo final («El estilo dé vida») de la Filosofía del dinero. Ésta buscará ceñirse para lograr sus objetivos últim os con los m edios disponibles. La racionalización universal de la vida con ­ figura un sistema de múltiples d ep en den cia s. Para él. de 1900. en la vida social com o en la vida económ ica. El espíritu general de la «racionalidad» dom ina a la hu­ manidad moderna. tanto en las artes com o en las ciencias.se desar rrolló el contexto para la racionalización de nuestros estilos de vida. lo cual nos lleva al imperativo ético de la responsabilidad de la . Sabe­ mos p or Marianne W e b e f que uno de los libros que M a x W eber leyó en los m om entos en que salía de su primer colapso nervioso fue precisamente ése tratado.

Lowith puntualiza que la crítica de M arx al lugar del hom ­ bre en la sociedad burguesa culmina en una crítica de la so­ ciedad y la econom ía sin perder su fundamental significado antropológico. Y qué es­ ta emancipación será el resultado de la liberación del hombre de su (auto)alienación. socialés y económicas. cuyas administraciones. en definitiva «humana». en términos de «aliena­ ción». la interpretación dél mundo capitalista burgués se da. En este punto Low ith muestra que lo que M arx llama «emancipación dél hom bre» no sólo es una emancipación políticay económica. y éstos son los mis­ . es decir. pero L o ­ with lee a W eber para señalar que: Esta inversión caracteriza a la completa cultura moderna. D e esta manera.1 6 Si ahora nos detenemos en M arx. se convierte en un fin en sí mismo. los medios com o fines se reali­ zan en sí mismos perdiendo su sentido o propósito original. perdien do así su original racionalidad propositiva orientada hacia el fin último del hom bre y sus necesidades. L a tensión ética del discernim iento entre m edios y fines — lo que supone que en ciertos casos los bue­ nos p rop ósitos requieran. sino una emancipación más amplia. Esta relación fundamental entre medios y fines y su per­ versión m oderna sirvió a W eber para dar cuenta de los con­ ceptos de racionalidad y libertad. Estamos y a en el campo de las similitudes con M arx. el uso de m edios cuestionables— transforma la racionalidad de la responsabilidad en un ethod definitivo. qué de ha adaptado a ellas como una «carcasa inflexible». L o que originariamente fue un mero medio (para un fin valorado). en cambio. instituciones y fábricas están tan «racionaliza­ das» que son Uu que involucran y determinan al hombre. existencial.M ax W eber y K arl M arx 17 a cción humana. A qu í se observa que M arx trata esta funda­ mental alienación universal del hom bre m oderno en sus es­ tructuras políticas. de tipo antropológico.

Y ésta es la autoaliena. resulta (bajo cier­ tas coh dición és sociales) el determinante de la existencia y .18 K a r l L ó w it h mos órdenes'que W eber situaba com o el destino inevitable de la racionalización moderna. que supone la alienación del hombre. M arx puntualiza que en tanto que algo com o la leña. Así. Lowith aborda la obra de M arx desde sus escritos tempranos hasta el M arx maduró y muestra que la temática de la aliena­ ción aparece con pocas variantes desde sus priméras inter­ venciones en la Gaceta Renana hasta el tom o 1 de 'Él capital. estos dos casos tal com o Lowith los toma para realizar la afirmación anterior. apárente cosa-en-sí. la extemalización del hombre hacia las cosas. En su argumentación. que debieran ser fines en sí mismos. «tendencia viviente» en aquellos escri­ tos tempranos que dan cuenta del mecanismo de autoaliena­ ción propio del capitalismo.cerca de las leyes que penalizaban a los ladrones de leña¿ M a rx los consideraba com o aquellos que se ap ro­ pian de la leña para satisfacer necesidades básicas. es la expresión económ ica de la alienación humana del mundo capitalista burgués. encuentra una tendencia latente.ción. en tanto representante del carácter mercantil de todos los objetos (y aun de las personas) del mundo moderno. En su interven­ ción de 1842 a.1 7 Veamos pues. Low ith recupera: la continuidad del pensamiento del joven M arx con el posterior: contra cualquier interpretación que vea un período anterior burgués que luego se converti­ rá en filosofía marxista. Bajo el kilo con du ctor de la autoalienación del hombre. entre objetos y personas. de 1876. Lowith muestra que el tema fundamen­ tal permanece. brevemente. Entre sus análisis del rob o de lefia en la Gaceta Renana de 1842 y el capítulo I de E l capital. A hí es don­ de M a ix muestra por primera vez la reveladora «inversión» fundamental entre medios y fines. puesto que esencialmente las cosas es­ tán allí para los seres humanos. su des-posesión a favor de las «cosas». La mercancía.

las cosas hablan acerca de los hom ­ bres y bailan entre sí. investi­ d o de inhumanidad. por último. M arx y a habla del carácter de «fetiche» que tiene la mercancía.1 8 En esos pasajes espectrales que siempre recordamos de nues­ tra lectura de EL capital. en vez de que el hombre domine a ese proceso.M ax W eber y K arl M arx 19 ¡ conducta del hombre. es decir. es decir. En este texto temprano. com o mundo humano. en el análisis de la parte primera del tom o 1 de EL capital. en el célebre apartado «El fetichismo de la mer­ cancía y su secreto». M a rx vuelve sobre la alienación capitalista en los términos. el proceso de predom inio dé lo cuanti­ tativo sobre lo cualitativo. aquella racionalidad que adopta la form a del capitalismo. Esto no se diferencia sustancialmente de lo que aparece.] se trata de una formación social donde el proceso de pro­ ducción domina al hombre. N uevam ente las cosas se em ancipan de sus productores y los dominan. que con Feuerbach transforma la espirituali­ . caros a los sociólogos de la modernidad. Lowith encuentra en M arx un humanismo radical de cuño rousseauniano. M a rx se refiére a la fo r ­ ma mercancía. en tanto hegeliano. A qu í adjudica. ese mundo burgués capitalista se le representa com o una realidad específicamente «irracional» y. Para M arx. el m ism o p ro ce so que atenderá W eber en su delineam iento de lás consecuencias negativas de la expansión generalizada de la racionalidad calculado­ ra. la forma co sa y la forma dinero (que es la forma acabada del m undo de las m ercancías). de una in­ versión: [. la conciencia humana se convierte en «cosificada»y las cosas en sí mismas resultan la medida de los hombres. Las relaciones humanas se cosifican al mismo tiempo que las relaciones materiales resultan «humanizadas» con p o­ deres cuasipersonales. a la división del trabajo...

Esta cuestión im plica el discerni­ miento de qué es lo que hace humano al hom bre dentro del m undo burgués capitalista. cuya naturaleza problemática se caracteriza por el térm ino «capitalista». lo cual tiene un sentido p rofu n da­ mente antropológico. el tema expreso de las investigaciones de M arx y de W eber es el capitalismo.] lo que concierne a Marx. Así. O . su program a— «la superación de la sociedad de la división del trabajo en general. qué constituye la huma­ nidad del hombre en el mundo contemporáneo. sino p o r — y aquí aparece.. pero el motivo para su es­ tudio es la cuestión del destino del hom bre en el mundo con­ temporáneo.1 9 Lowith señala de qué forma M arx tom a en cuenta la particu­ laridad concreta del hombre — su determinación com o hombre privado—en la sociedad capitalista. en primera y última línea. la cual resulta fácticamente dividida por una «humanidad de especialistas». y de su carácter de clase en particular». . más bien. En definitiva. y aquí emerge la propia tesis de Lowith. sintéticamente. La crítica de M arx hacia el mundo polí­ ticamente burgués y económicamente capitalista se completa y alcanza su sentido en una crítica del m odo de ser humano en el capitalism o-burgués. Finalmente. en su interpretación de la teoría de M arx. M arx exige una emancipación del hombre no sólo política y econó­ mica. abreva de una antropología filosófica que interroga sobre la humani­ dad/deshumanidad del hombre en el m odo de ser capitalistaburgués: [.20 K a r l L o w it h dad de H egel en pensamiento sobre la humanidad del hom ­ bre. es el hombre como tai. incluso después de creer haber descubierto la posibilidad del hombre «nuevo» en el proletariado. es decir.. sino «humana». Muestra un cam ino para su reunificación no a través de un com unism o del amor entre «yo y tú» com o en Feuerbach.

esto es. Karl Lowith con oció a M a x W eber cuando al p o co tiempo de volver a su M únich natal. pálido... la condición de un hombre obligado a investigar».] Hablaba de un modo totalmente libre y sin interrumpirse.. p o co tiempo después . tras la guerra. y a que «refle­ jan.. Lowith vuel­ ve sobre el tema de la ciencia y su especialización que nunca cesa.M ax W eber y K arl M arx 21 qué constituye la deshumanización del hom bre en el mundo burgués capitalista. hasta lo que no tiene fin [.. Nuevamente se detiene en el destino ineludible del capi­ talismo: la racion alización . en el plano de la teoría del conocimiento.. IV La profunda impresión que ejerció la figura de W eber sobre el joven Lowith se mantuvo a lo largo de su carrera.2 0 Vuelve a W eb er y ve que sus clasificaciones son mucho más que una reflexión sobre el método. [. Allí quedó hondamente impresionado por la figura del expo­ sitor: Todavía puedo ver a Max Weber delante de mí. su discurso fue taquigrafiado y publicado literalmente. En oca­ sión de los festejos por el centenario weberiano.] la palabra de Webér era como una liberación.] La impresión fue estriemecedora.. [. [. vivió su «bautis­ m o» político-estudiantil co m o organ izador de las célebres conferenciéis La ciencia como vocación y La política como vocación. hasta el infinito.. a quien siempre con sideró «un hombre sobresaliente». Constata que «ese progreso y arrebato de la ciencia se extien­ de. cami­ nando con gesto abatido y movimientos rápidos por la sala repleta. en principio.]» . el h ech o de «qu e en prin cip io todas las cosas se pueden con trolar a través del cálcu lo». no impidió que.2 1 Esa atracción p o r W eber.

durante su triste paso al frente del rectorado de la U niversidad de F riburgo y aun tiempo después. ante la dramática coyuntura alemana. H erbert M arcuse y Carlos Astrada. Junto a un grupo de camaradas. a soste­ ner desaveniencias profundas con quién había sido su direc­ tor de tesis doctoral. Bajo su supervisión. ' Vitalismo y existencialismo serán marcas que acompaña­ rán la trayectoria de L ow ith y que sin duda im pregnan las lecturas dé M a rx y de W eber qué realizó de joven. desavenencias qué se mantendrán du­ . L ow ith se traslada prim ero a Italia. L ow ith com partió el con d iscip u lad o heideggereano en la búsqueda p or acercar la filosofía de la alienación del primer M arx á las teorías de la m odernidad forjadas p or un tipo de doctologia filosófica existencialista. Pero en 1933. Low ith vió de primera mano la lectura protoexisteñcialista que en los años veinte el mago de Meáókirch hacía de autores com o W eber o Simmel. Seguiráya. para volver a su patria dieciocho años después. a M artin Heidegger.2 2 Siendo el primer discípulo. Forzado por tales circunstancias a iniciar un largo exilio. en esos años de inicio de la República de Weimar. quien. Dilthey. Simmel y Bergson. G ünther Anders. Lowith escribirá su tesis de doctorado y bajo su tutela también.22 K a r l L o w it h de su participación en la organización de las conferencias de Munich. manifestaría su involucrarmentó en el régi­ men de Hitler. Lowith se trasladará a Friburgo primero y a M arbur­ go después. entre 1919 y 1923. luego a J a p ón y final­ mente a Estados U nidos. naturalmente. tal com o el propio Lowith recordará al fi­ nal de sü vida. accederá a obras que le habrán de marcar a lo largo de su carrera: las investigaciones de Husserl. el primer doctorando que H ei­ degger dirigió. La situación lo llevará. entre los qué habrá que nombrar a Hans-G eorg Gada­ mer. LÒwith — com o otros tantos condiscípulos—se verá sorprendido por los posicionamientos de su maestro.

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rante sus restantes años de vida, si bien nunca dejará de con ­ siderarlo su verdadero maestro. D e la tensa relación qué a partir de entonces mantendrán, p od em os señalar — apenas com o mención—tres momentos de encuentro. U no es el desa­ fortunado encuentro en R om a en . 1936, cuando H eidegger visita a su discípulo y amigo exiliado y no tiene la delicade­ za de sacarse la cruz gam ada de la solapa de su chaqueta. Luego, durante más de tres décadas, no se registran diálogos entre ambos hasta el homenaje a H eidegger en su cum plea­ ños número ochenta, en el que Lowith contribuye al Fedtdchrijft con un artículo crítico.2 3 En el ínterin, en el año 1949, ambos estuvieron a punto de encontrarse en M en doza (Argentina) con ocasión de un gran congreso de filosofía que tenía a H ei­ degger com o invitado principal: éste, en el último momento, no consiguió la autorización para asistir al encuentro, al que sí asiste Low ith, quien lo recordará com o un m om ento ex ­ cepcional.2 4 Pero en 1932, cuando Low ith com pone el texto al que nos hemos referido, aún se encontraba bajo la órbita de H eideg­ ger y el ascenso del nazismo no se había producido. En la his­ toria de las ideas, el texto aparece nueve años después que H istoria y conciencia de cLue de G yorgy Lukács, y tres después de Ideologíay utopía de Karl Mannheim, libros en los que ex­ plícitamente se apoya. D e M arx, a quien lee con la pretensión de acentuar el carácter existencial de sus análisis sobre la alie­ nación, no se conocían aún los Manudcritód económicod y filodóficod de 1844 que se publicaron en Pa.rís el mismo año en que Lowith publica esta monografía.2 5 Sí examina meridianamen­ te, sin embargo, otros textos tan tempranos com o Jos que apa­ recen mientras M a rx es redactor de la Gaceta Renana (18421843), especialmente el debate sobre el robo de leña, y también otras de épocas posteriores com o la Contribución a L a crítica de la filodofía del derecho de HegeL, para finalmente llegar al tom o I de E l capital· ...

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K a r l LO w i t h

Con todo, aún no había pasado m ucho tiempo desdé la pu­ blicación de la obra weberiana. Sólo siete años separan a esta m onografía de la aparición de Economía y sociedad. Pero L o ­ with no se referirá a este tratado en su ensayo, sino especial­ mente a La ética protestante y el espíritu del capitalism o, juntó al texto introductorio a los Ensayos sobre sociología de La religión, al ensayo titulado «L a objetividad», a la disputa con Roscher y Knies,3 6a la defensa que hace W eber del materialismo histó­ rico en su Crítica: a Stammler2 7y, especialmente, a la conferen­ cia que tanto había, impresionado a Lowith, «L a ciencia com o vocación». Resulta significativo que el título del ensayó de Low ith no sea «M a rx y W eber», sino, al revés, «M a x W eber y Karl M a rx », lo cual sugiere dos pü n tu alizacion es: una, qu e la obra de W éb er es la que se analiza con m ayor detenimiento a lo largo del escrito; y, en segundo lugar, que en la propia filiación de estudios académ icos w eberianos es donde apa­ rece el trabajo, qüe fue publicado en la probablem ente más p restig iosa revista a cadém ica d e la A lem an ia del prim er tercio del siglo XX, el Archiv fiir Sozialwissenschaft und Sozialpolitik, aquella que él m ismo W éber había coeditado y en la cual había aparecido la mayoría de sus trabajos más renombra­ dos, éntre otros «L a ética protestante» y «E l espíritu del ca ­ pitalism o». En definitiva, diremos que la tesis de Low ith es weberiana aunque esté marcada por el existencialismo heideggereano y p or el anhelo — proveniente de M arx—de vislumbrar un valor capaz de orientar el futuro de la humanidad. Agreguemos por último que en la aclaración que formula Lowith al inicio de su ensayo acerca de que la com paración que realiza no trata de con d u cir a ningún acuerdo entre M a rx y W eber, y a que mientras la vida terrenal «descanse en sí misma y sea entendi­ da a partir de sí» sólo con oce «lo irreconciliablé de la lucha de las posibles tomas de posición últimas para vivir»,2 8 vemos que

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el estudio de Lowtih no sólo se sitúa próxim o a la corriente de i las filosofías de la vida, sino más particularmente en tom o al

E s t e b a n V e r n ik

Notas
1. Karl Löwith, «La posición de Max Weber frente a la ciencia», p. 153 de la presente edición. 2. Ibidem, p. 152 de la presente edición. 3. Albert Solomon, «Max Weber, Die Gesellschaft», en Interna­ tionale Revuefü r Sozialismus un Politik, año II, n° 2, p. 144 [cit. por Wolfgang Mommsen, Max Weber: Sociedad, política e historia, Buenos Aires, Alfa, 1981, p. 313]. 4. Marianne Weber, Biografía de M ax Weber, México, Fondo de Cultura Económica, 1995, p. 539. 5. Karl Jaspers, Conferencias y ensayod dobre historia de la filosofía, Madrid, Gredos, 1972, p. 332. 6. Eduard Baumgarten, M ax Weber, Werk und Perdón, Tubinga, 1964, p. 554 y ss. nota 1 [cit. por Wolfgang Mommsen, op. cit., p. 172], 7. Wolfgang Mommsen, op. cit., p. 173. 8. Max Weber, Ensayos sobre metodología sociológica, Buenos Aires, Amorrortu, 2001, pp. 39-101. 9. Marianne Weber, op. cit., p. 332. 10. Max Weber, Ensayos sobre sociología de la religion, t. 1, Madrid, Taurus, 1987, p. 247. 11. Como antecedentes de este ejercicio pueden situarse los tra­ bajos de Simmel sobre Kant y Goethe, o sobre Schopenhauer y Nietzsche, que bien pudo conocer Löwith en su período de Marburgo. De esa épocasurgen las bases del que tal vez sea el más céle­ bre de sus libros, De Hegel a Nietzsche... Kierkegaard y M arx, en el que el autor revela brillantemente su utilización del contrapunto.

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12. M ax Weber, Erisayod dobre sociología de la religión, op. cit., p. 14. 13. Karl Lowith, «Max Weber y Karl Marx» y «La posición de Max Weber frente a la ciencia», pp. 43 y 165, respectivamente, de la presente edición. 14. Ibidem, pp. 44-45y 165-166, respectivamente, de la presente edición. 15. Véase Max Weber, La ética protestante y el espíritu del capitalis­ mo. Mexico, Fondo de Cultura Econòmica, 2004. Edición crítica de Francisco Gil Villegas, p. 95, n. 5. 16. Karl Lowith, «Max Weber y Karl Marx», p. 62 de la presen­ te edición. 17. En una carta a Marcuse del 20 de abril de 1932, Lowith es­ cribe: «Todavía no he podido hacer uso del Manuscrito económico-filodófico de Marx [...] pero creo que precisamente este manuscrito con­ firma por entero, esencialmente, la posición central que yo asigno a la autoalienación». Citado por E. Donoso, Una dobria inquietud. Lafi­ losofia deKarlLowith, Buenos Aires, Katz, 2006, p. 100. . 18. Karl Marx, El capital, t. 1. México, Fondo de Cultura Eco­ nómica, 1998, p. 99. 19. Karl Lowith, «Max Weber y Karl Marx», p. 79 de la presen­ te edición. 20. Karl Lowith* «La posición de Max Weber frente a la cien­ cia», p. 157 de la presente edición. 21. Karl Lowith, M i vida en Alemania anteé y después de 1933, Ma­ drid, Visor, 1992, p. 38. 22. Ibidem, p. 170. 23. Una traducción al castellano de dicho artículo aparece con el título de «La cuestión del ser en Heidegger: la naturaleza del ser hu­ mano y el mundo de la naturaleza», en Karl Lowith, El: hombre en el centro de la historia. Balancefilodófico del diglo XX, Barcelona, Herder, 1998. 24. El congreso se abre con una misiva del propio Heidegger, quien no es autorizado por las fuerzas de ocupación estadouniden­ ses para salir del territorio alemán, pese a las gestiones oficiales del gobierno argentino. Sí asisten al evento algunos de sus discípulos y allegados como Hans-Georg Gadamer, Karl Lowith, Carlos Astra-

M i vida en Ale­ mania ante*)y deépues de 1933. respectivamente. The Free Press. Nueva York. del 20 de abril de 1932. op. Critique o f Stammler. Max Weber. edición a cargo de Guy Oakes. 32 y 197. 98. pp. 1996. p. Karl Lowith. «Max Weber y Karl Marx». 28.M ax W eber y Karl M arx 27 ¡ da y varias figuras reconocidas de la filosofia mundial. entre ellos . 1977.. Que en la edición castellana aparece bajo el título. nada apartado de su temática. En carta dirigida a Marcuse. op. y Karl Lowith. Barcelona. y «La posición de Max Weber frente a la ciencia». 26. pero creo que precisamente ese ma­ nuscrito confirma por entero. 25. por E. habría podido esclarecer aún más muchos aspectos relativos a la “autoalienación”. de La irracionalidad de lad ciencias docialed. de la . cit. José Gaos y José Vasconcelos.]. cit. Herder. la posición central que yo asigno a la autoalienación » [cit. esencialmente. Algunas impresiones personales so­ bre el congreso se describen en Hans-Georg Gadamer. Lowith escribe: «Todavía no he podido hacer uso delManuscrito económico-filodófico de Marx. 27. Donaggio. Mu) añoj de aprendizaje.

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MAX WEBER Y KARL MARX Karl Lowith .

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Max Weber y Karl Marx

( 1932)

Introducción I. Planteamiento de la cuestión
Imbricada con nuestra sociedad fáctica, la ciencia de esa so­ ciedad es también iio una, sino dos, a saber: doc'wlogía burguesa y m arxismo. Los representantes más significativos de ambas líneas de investigación son M a x W eber y Karl M arx. El área de sus investigaciones es, sin em bargo, una y la misma: la constitución «capitalista» de la econom ía y de la sociedad m o­ dernas. Esta com unidad del problem a aparece en las nuevas investigaciones en sociología1 de form a cada vez más clara. Ese cam po de investigación no se v olv ió un problem a — uno fundamental—porque com prenda una problemática especial de la economía y la dociedad para ser tratada separadamente, sino porque encierra en sí al hombre presente en la totalidad de du dér humano, com o el fundamento portador tanto de la problemáti­ ca social com o de la económ ica. Sólo porque, en última ins­ tancia, es sobre el hom bre como tal donde tiene efectos y se re­ vela la problem ática del orden social y econ óm ico burgués capitalista, el «capitalismo» mismo también puede ser enten­ dido en su significado fundamental y ser objeto de una p re­ gunta sociai-filodófica. Si necesariamente el tipo de humanidad se revela en la form a de las relaciones de vida sociales y eco­ nómicas, entonces un análisis temático más o menos particular,

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tanto de la «econ om ía y la sociedad » capitalista com o del «proceso de p rod u cción » capitalista, contendrá en sí, com o hilo rector explícito o no, una mirada específica de ese hom ­ bre económ ico que es así y no de otro m odo; mientras que, co ­ m o análisis crítico de la econom ía y de la sociedad humanas se orientará, a la vez, por una idea del hombre diferente de lo fa c­ tual. Si las investigaciones «sociológicas» de W eber y M arx deben ser entendidas en su significado principialy radical, en­ tonces serán remontadas a esa idea del hombre en última ins­ tancia. «Ser radical es tom ar la cosa de raíz. L a raíz para el hombre es el hom bre mismo» (M arx, Introducción a la crítica de la filosofía del derecho de H eget). Tanto M arx com o W eber presu­ ponen la así formulada concepción terrenal radical del hom ­ bre. «E l hom bre, que en la realidad fantástica del cielo, en don d e bu scaba un sobrehum ano, sólo halló un reflejo de sí mismo, no estará y a dispuesto a encontrar sólo la apariencia de sí, lo inhumano, cuando lo que debe buscar y busca es su verdadera realidad» (M arx, ibid.). Se tratará de aquí en ade­ lante, por lo tanto, de lo siguiente: de nwdtrar, a travéd de análidid comparativoé del motivo de investigación búdico de Weber y M arx, lo común y la diferencia en du idea del hombre, como fundamento de la economía y la sociedad. Esa com paración no puede llevar a una reconciliación, porque mientras la vida terrenal «descanse en sí misma y sea entendida a partir de sí», só lo con ocerá «lo irreconciliable de la lucha de las podibled tomas de posición úl­ timas para vivir» (W eber, La ciencia como vocación). L o que puede y debería pod er hacer la com paración es hacer cons­ ciente la diferencia en lo común. Una comparación com o ésa presupone tres cuestiones: en la base de la com paración como tal está primero la premisa de que M arx y W eber tanto en su personalidad com o en su obra son «comparables», es decir, pueden medirse. C om o compara­ ción de algo con otro se presupone, en segundo lugar, que lo comparable, desde una perspectiva específica, es lo mL>mo, pe­

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ro a la vez también algo diferente. Y com o comparación com pa­ rativamente de uno y otro, a través de nosotros com o terceros, se presupone, en tercer lugar, que el correlato de ambas investi­ gaciones comparativamente es diferente. Esto es, su idea del hombre no ha sido, ni para uno ni para el otro, el fin conscien­ te y expreso de sus investigaciones, pero sí su m otivo origi­ nario. El tema explícito de las investigaciones científicas de M arx y W eber es el capitalism o. El impulso para su pesquisa es, sin embargo, la pregunta por el destino humano del mundo predente de lod hombreé, para el cual el «capitalismo» es la expresión característica de su problemática. Esa pregunta por nuestro actual mundo de los hombres, y a contenida en la pregunta por el capitalismo, implica por su parte una idea determinada de lo que en ese m undo capitalista hace «hom bre» al hombre, esto es, la pregunta por qué en é l , en el mundo, constituye su hu­ manidad. Revelar el m otivo de investigación de M arx y W e ­ ber desde esta perspectiva no afirma que ese motivo debió ser para ellos la tendencia rectora, sino que lo presenta com o el te­ lón de fondo constantemente efectivo de su búsqueda. Así, por ejemplo, la inclinación visible del M anifiedto comunista es una práctica-política, y la de los estudios religioso-sociológicos de W eber una teorética-histórica. Sin embargo, eso no excluye que el motivo subyacente y originario, tanto de esa «investiga­ ción» histórica com o de aquel «Manifiesto», pueda haber sido la única y fundamental pregunta por nuestra form a actual de ser humanos \Mendchdein\. Y entonces, por ejemplo, a la crítica agitatoria del «burgués» en el manifiesto marxista correspon­ dería el no menos «crítico» análisis del mismo «ciudadano» — juzgado totalmente de otro m odo—en el primer estudio reli­ gioso-sociológico de W eber: ambas críticas incidirían en nodotrod midmod en nuestra determinación histórica. Y presuponiendo que esa perspectiva comparativa no sea arbitraria, sino central para la materia, entonces esa pregunta deberá repetirse tam­ bién dentro de los escritos de M arx y W eber que se alejan de

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este tema: deberán mostrar pruebas de ello, p or ejemplo, tanto las primeras contribuciones de M arx en la Gaceta Renana com o Elcapital\ tanto los tratados «científico-teoréticos» sobre Roscher y Kiíies com o los Ensayo.» dobre sociología de la religión de W eber. Y a que ese m otivo fundam ental an tropológico, sin embargo, no es fácil de reconocer, porque en un caso es ocul­ tado p or la tendencia a la «cientificidad» aválorativa y en el otro por la «praxis» revolucionaria, es necesario, para com pro­ bar lo efectivo de la perspectiva comparativa escogida, desa­ rrollar una interpretación y un destacado — p or ella dirigidade lo que en la prod u cción literaria de M a rx y W eber sería efectivamente comparable.

II. Característica general de Weber y Marx
Nuestra primera tesis en relación con la com paracióíi posible entre W eber y M arx y a exige una fundamentación. N o obs­ tante; la diferencia, en apariencia inmensa, en la forma y en la extensión de su influencia la contradice. Mientras que M arx se volvió, á través de E l capital y del M anifiesto comuniáta, un p od er histórico de significación internacional, y que dé él surgió un marxismo; los trabajos teoréticos de W eber en los cam pos de la sociología, la política social, la historia de la econom ía y la econ om ía nacional, tanto co m o sus tratados políticos actuales, no fueron fructíferos ni en su más propia área — la de la ciencia específica y la política contemporánea— . W eber no hizo «escuela» desde ninguna perspectiva.2 M ien­ tras que los escritos de M arx han dado a una clase entera de la humanidad del presente la conciencia de una tarea histórico-humana, y que a través de Lenin aquéllos se convirtiéron en un efecto histórico mundial, M ax W eber aparece, casi inmediatamente después de su muerté> com o el representante que sobrevive al «liberalismo»3 político y científico, com o el

de la cuestión del proletariado. los dos partieron de algún m odo de él: M arx cierra el prefacio de su disertación con una referencia a Prometeo «contra todos los dioses celestes y terre­ nos». de tan sofocada que está de material e indicaciones. sin embargo. porque quiere darse un final». Extrema preocupación científica y agresi­ vidad personal se sustentan. siempre también de lo m ism o — en W eber. cuan­ d o un tiempo. tam­ bién él produjo a partir de enormes masas de materia científica y sigúió con la misma intensidad los sucesos políticos diarios. Justamente de eso es visiblemente de lo que se trata: en cada caso de una «totalidad». a la vez.4 A pesar de esta falta visible de una vasta influencia. en M arx.5A un cuando el «ateísmo» de ambos fue absolutamente diferente. y M arx fumigó la colmena de la «santa familia». W eber analizó con desenfrenada e incansable precisión las teorías de cual­ quier mediocridad contemporánea. La pasión de sus comportamientos críti­ cos y el impulso de sus investigaciones científicas fueron a la vez su austeridad \SachLichkeit\. el traba­ jo fragmentario de la vida y lá existencia de W eber incluye.M ax W eber y K arl M arx 35 representante contradictorio de una época de la burguesía v i­ vida hasta el fin. sobre pequeñeces en apariencia. y uno se pregunta cuál es el nervio vital de tal ve­ hemencia: si se trata de un proceso cotidiano o de una ocupa­ ción académica. una vez más. a la totalidad de nuestro tiempo. de algo así com o de una «emanci­ pación» del hombre— . aquí com o allá. y por eso. son los redactores de obras casi ilegibles. o si también se trata de Lasalle y Bakunin y del destino del proletariado— . mientras que la propia responsabilidad fue también la ra- . de la salvación de una última «dignidad» humana. de la crítica de un libro o del futuro de Alema­ nia — de la pelea con el órgano censor de la Renania o con el «señor Vogt». com o el hom bre «que siempre regresa. resume su valor. en ambos casos. C om o M arx. Am bos disponían de la capacidad de efecto y de escritura de­ magógicos y. cuya argumentación a menudo parece no llevar a nada.

en ambos casos. hombres «científicos». con el carisma del «profeta». el M anifiesto significaba «un docum ento profetico» y no sólo «un logro científico de primer ra n g o »/ El impulso real de sus investigaciones «históricas» fue. aunque en ambas representó la posición del «especialista»— . aquellas capacidades «pe­ riodísticas». Sin embargo. Lo que para ambos fue determinante. no sólo en Marx. son cadenas que uno no arranca sin . «jurídicas» y «demagógicas» que W eber designó com o las propiedades características del político de profesión moderno. de la política se volvió hacia la ciencia. mientras que para W eber «ciencia» y «política» están separadas porque él transgredió básicamente ambad — la una com o disciplina y la otra com o política partidaria.8 Tanto W eber como M arx abarcan. la totalidad del comportamiento teórico y práctico. N o obstante. de una praxis teorética y de una teoría práctica. las dos se unifican en M arx en la unidad del «socialismo científico». a las cuales nuestro entendimiento ha encadenado nuestra conciencia moral. George. en la orientación según las oportunidades de la intervención política. Un tema específico de las investigaciones científicas de W eber fue el sig­ nificado mundano del profetizar. al revés. en última instancia. que fue llevado del plan de convertirse en profesor a la política. el asir inme­ diato de «realidades» presentes. sur­ gió de un impulso completamente trascendente con respecto a la ciencia en tanto tal. rechazó e\M ani­ fiesto comunista — que se quiso diferenciar a sí mismo de aquel so­ cialismo «utópico» precisamente en que profetizó a partir de puras premisas «científicas»— . y sin embargo. sino también en W eber que.36 K a r l L o w it h zón del comportamiento crítico de W eber frente a las tenden­ cias religiosas del círculo de St. porque para Weber. quien se in­ terpretó a sí mismo6 en el análisis de la profecía antigua judía. en su trabajo científico. Lo que de sí dijo el joven M arx — «Las ideas que conquista nuestra convicción \Geéinnung\. En ambos se com bi­ naban. en la reflexión sobre su división y unidad. y justamen­ te por eso ambos fueron algo diferente y algo más que meros te­ óricos.

Siempre deseé para mí. el espíri­ tu pudo existir en formas excelsas. como docente de .. «filósofos». con una claridad inusitada. hoy podría ser filósofo [. también un otro contem poráneo lo hacía sobre el jo ­ ven M arx: Ésta es una aparición que produjo en mí una poderosa impre­ sión...]. Q ue ambos fueran filósofos en un sen­ tido especial — sin querer serlo— . Su presente nos dio la conciencia de que. Com o hom ­ bres científicos. corresponde a que exigieron de la filosofía académ ica el ser «lógica» y «teoría del con oci­ miento». en su amplia alma producía efectos el destino de la época [.9 Y de m odo similar a com o aquí un contemporáneo juzgaba a Weber.. puedes contar que conoces al más grande.. Para resumir.]. en resumidas cuentas el ser «filosofía com o especiali­ dad»: A muchos de nosotros Max Weber se nos apareció como filósofo [...].].. cuyo entendimiento estaba encadenado a su conciencia moral. aunque yo me mueva en el mismo campo. en un otro sentido a como cualquiera. quizás al únicofilósofo verdadero vivo que próximamente.. entonces lo era. por lo demás. en un sentido no común y particular.M ax W eber y Karl M arx 37 desgarrar su corazón. aun cuando no eran aman­ tes de la «sabiduría». hará recaer sobre sí los ojos de Alemania [. Hemos visto real­ mente en Max Weber a un filósofo existencial.]. Mientras que otros hombres sólo conocen esencialmente su destino personal. su problemática. también hoy. ambos podrían ser llamados. en tanto siguió a su demonio. En su personalidad están presentes la época. su movimiento. quizá. son demomos que el hombre sólo puede ven cer en tanto se someta a ellos»— . Él es representativo de lo que la época es de un modo sustancial [.. lo podría haber dicho también W eber de sí. como el único en nuestro tiempo y. Pero si él era un filósofo. en ella [en su personalidad] tienen las fuerzas de la época la más decisiva vida. porque aparecerá en público (tanto en escritos como en la cátedra).

Y justo ahora siento euán novato soy en la verdadera filosofía. pero n o p o r­ que ellos hubiesen fundado una «filosofía social» especial. Una disciplina científica que se volverá defacto universal. una disciplina científica admirable: sin material propio. cómo antes la gran filosofía. su plan­ teamiento sociológico da expresión a la transformación de la filosofía de Hegel del espíritu objetivo en un análisis de la so­ ciedad humana. deje trabajar para sí a todas las ciencias y se haga fructífera en todas las ciencias — mientras que tengan algo que ver con el hombre Esa sociología es la forma científica que tiende a abrigar el conocimiento de sí (como uno social)...].a h í humano \Dcu)ein\.38 K a r l L o w it h filosofía/a un hombre tal. En realidad. ELcapital no quiso ser otra cosa que una críti­ ca de la «economía política» burguesa. porque todo su material es trabajado antes por otras ciencias que en realidad sólo son específicas en su área. Más específicamente. que fue el primer paso en el aütoconocimiento del capitalismo. fueron sociólogos filosóficos. pusieron científicamente en cues­ tión la totalidad de las relaciones de vida presentes bajo el tí­ tulo de «capitalismo». en el mundo presente [.1 1 Y así ambos fueron «sociólogos» en un sentido eminente. sin embargo."’ L a sociología de ambos no era una disciplina científica estric­ tamente delimitada. y la sociología de W eber una disciplina científica: Es. si­ no porque de hecho y de acuerdo con su m otivo originario de investigación. de cara a una problem ática fáctica de nuestro s e r . fue admirado por Max Weber como descubrimiento científico y aprendió decididamente de él. Am bos nos legan — M arx directay W eber . La concepción materia­ lista de la historia de Marx. P or eso querer transformar la universali­ dad originaria de su planteamiento sociológico en un «sociologismo» que traspase las fronteras de la sociología disciplinaria sería tam bién completamente ilógico. siempre que.

También ella es. en el hilo conductor de la economía burguesa-capitalis­ ta. Igual que W eber se detiene tras una mirada a grandes rasgos de la tendencia universal del desa­ rrollo de la cultura occidental y dice: « Y así nos encontramos también frente al poder de destino más potente de nuestra vi­ da moderna: el capitalismo» (Ensayos sobre sociología de la reli­ gión. la form a de su com portam iento m utuo» — una «terapia» para la que W eber sólo ha contrapuesto un «diagnóstico»— .M ax W eber y Karl M arx 39 indirectamente—ün análisis crítico del hombre presenté de la socie­ dad burguesa. com o empresa de especializaciones científicas. de igual form a se pregunta M arx en La ideología alemana·. respectivamente. «E l progreso científico es una parte. que n o es más que el intercambio de productos individuales de diferen­ tes individuos y países [. portadora y exponente de ese destino universal. de aquel proceso de intelectualización al cual n o­ sotros nos sometemos desde hace siglos y frente al cual h oy se ha tom ado una posición inusitadamente negativa» (W eber.]■ gobierne el mundo entero. M arx lo hace.1 2Una pregunta a la que M arx responde allí mismo. pende sobre la tierra y con mano invisible [ . I. al mostrar un camino p or el cual los hombres deben poder «tener dé nuevo.. sobre la base de la experiencia de que la «econom ía» sé ha vuelto «destino» hum ano.].. bajo el punto de vista unívoca­ mente negativo de una autoalienacién universal.. «C óm o llega a suceder que el com ercio. una re­ lación que [..] dirige reinos y los vuelve ruinas. en sí neutral pero de doble significación p or su valora­ ción. aunque pasible de ser transform ada de cuajo.1 3 Dentro de la interpretación de ambos del capitalismo se anuncia esa diferencia en el hecho de que mientras que W eber la analiza bajo el punto de vista de una racionalización universal e inevi­ table. la más importante.. p.. en cambio. ha­ ce surgir pueblos y los hace desaparecer». Esa racionalización o autoalienación. bajo su poder. . com o el antiguo destino. que caracteriza al capitalismo en su significado principia! abarca también lo prop io \Eigenart\ de la ciencia m oderna. 4).

). libre de mentira a la que la conducen.. X X I y ss. 1930.. sino al revés. P or eso. objetividad y ciencia. Verdaddin repodo dobre dóciled almohadad din rumiar lo masticado.. incluso de sus propias explicaciones científicas.. Verdadcomo la mera aun de lad dignQaded dobre la nuca levantando edforzada cada ladtre de lodfaUod dioded derrihadod y el completo vaciadofirmamento como infierno. guía. D el mismo m odo responde M arx a los críticos de la econom ía política. quienes producen en ella un «desga­ rro barbárico de lo que pertenece junto»: «C om o ese desgarro no penetra desde la realidad en los manuales. F. el impulso crítico del presente de M a r x y W eber sólo puede ser igualmente vali­ dado frente la apariencia científico-especializante. G u n d o l f . L a interpretación de W eber del mundo capitalista burgués según el hilo conductor de la «racionalización» I. aquí se trataría de una compensación dialéctica de conceptos y no de com prenderlas relaciones de la realidad» (Introducción a la crítica de la economía política. desde los manuales en la realidad.C . pp. Tanto ahora com o antes. p. engañad tú dedde elfundamento a travéd de miled depuertad.. para por nuevas creenciad cambiarla o para deformarla. 535). el espí­ ritu dominante de las edpecialídadej científicas — im bricado con una realidad desgarrada—es el que norma nuestros conceptos de verdad.40 K a r l L o w it h D . El motivo de investigación originario de Max Weber Verdad en tumulto de lad embrujadod que la aprenden. A .

y dolamente édad» (D . «El dignificado de la forma de una aparición cultural y el fundamento de ese significado no puede hacerse com prensi­ ble a partir de un sistema. en el que se mueven las investigaciones de W eber es básicamente uno. es una ciencia de L o reaL. por un lado. ni tampoco el fenóm eno del capitalismo «en su significado cultural uni­ versal». Ésta. p. porque y en tanto nosotros la pon ­ gamos en relación con ideas de valor. en la cual estamos posicionados. A ésa nuestra histo­ ria del presente pertenece. en lo que le &) propio — la rela­ ción y el dignificado cultural de sus apariciones singulares en su forma actual. sino: «La ciencia social.. nuestra realidad humana. en medio de todas sus disquisiciones m etodológicas e investigaciones variadamente distribuidas—no era ésta o aquella particularidad.M ax W eber y Karl M arx 41 El campo específico. ese autoconocimiento social-histónco. no puede ser conocida nunca «sin presupuestos». 170). tal com o nos volvimos. aun perfecto. «digno de conocer». en su «significado». las razones de su histórico vol­ verse así-y-no-de-otro-modo. El conocim iento de la rea­ lidad. Ese campo — de cuyo análisis especializado se trata.1 4 La investigación histórica no debe. [ . Abarca aquellas partes constitutivas de la realidad que a través de esa relación se vuelven dignificativad para nosotros. de conceptos de leyes [.C . por el otro— » (D . en tanto presupone la relación de las apariciones cultu­ rales con lad idead de valor [W ertideen]. el capitalismo1 5 (que sólo es un «extracto en el devenir de los destinos humanos»).. entre otras cosas también y pree­ minentemente.. W eber lo distingue estric­ tamente del rastreo de «factores» últimos y de «leyes» univer­ sales.. que nos rodea y nos determina..C. 175). entonces. que debemos empujar. p.] La realidad empírica ed para nosotros «cultura»..]. «Un caos de “juicios existenciales” sobre incontables percepciones singulares sería lo único que . con ocer el sentido de cóm o fue (Ranke) o cóm o debe arribar algo con necesidad histórica (M arx). Querem os entender la realidad que nos rodea. sino hacer comprensible cóm o es que nodotrod somos hoy así.

Q fiétiene. p. Esto mismo. Y ese misino resultado sería sólo en apariencia posible» (D . en tanto vuelta «posi­ tiva». 177). ni al «sentido verdadero».. concluíble a partir de una investigación “sin presupuestos” de lo dado em­ píricamente. abarca también el hecho [F'aktum ] significativo de la ciencia misma en su devenir-así-y-no-de-otro-m odo.1 8 Si esa ciencia tiene algún «sentido».1 6 El saber sobre la form a propia de nuestra ciencia posibilita a W eber la pregunta por el «sentido» de la ciencia racionalizada y especializada. eso no puede ser fundamentado — científica­ mente^ a partir de ella misma. puro especialista de disciplina. sino que su determinación es condición de que haya un objeto de esa investigación» (D . P or ejemplo. el «hecho» del significado «capitalismo». Esa significación es lo que es. “sin pre­ supuestos”.42 K a r l L o w it h podría alcanzar el intento de un conocim iento serio.C . 175-176). Pero esa realidad humana. de la realidad.C . sin embargo. y también de la creencia banal en la cien­ cia de la m ayoría de los marxistas. de que algo se vuelva digno de conocerse y de ser cuestionado.1 7 La ciencia establecida disciplinariamente. por ejemplo. 161). no es ni un camino a «D ios». en tantp es para nodotrod hombres. significado para nosotros. que desconoce de sí. pp. p.. sino condicionado por la dirección de nuestro interés de conocim iento que. en tanto ella. pertenece al «espíritu» y a la falta de espíritu del «capi­ talismo». y a lo diferencia fundamentalmente de tod o otro ávido de saber. ni siquiera un camino a la .. com o un fenóm eno «socioeconóm ico» no es nada objetivo que lo sujete com o tal. el hecho de que W eber involucre su preferencia científica de co ­ nocer con la form a p ro p ia y la problemática histórica de nues­ tra completa vida moderna.C . surge del específico dignificado cultural (de tales «suce­ sos») (D . p or su parte. «eso no es. claro está. o qué tipo de significado tiene. significativa para nosotros des­ de distintas perspectivas posibles y «digna de con ocerse». aun cuando no lo sea necesariamente para nosotros com o individuos aislados. La calificación de un suceso.

el ju icio científico es absolutam ente no separable de un ju icio valorativo. La línea que divide ciencia de creencia es «delgada com o un cabello» (D . sólo que am bos deben ser distinguidos uno del otro.1 9 L o que W éb er com bate en relación con esto en el marxismo.. en verdad. W eber levanta la demanda de la así llamada libertad válorativa del juicio científico. 212) y .C . aunque sea científicamenté relevante. presentan la precondición de nuestro conocim iento y están ligadas a la precondición del í'iz/tfrde aquella verdad qué sólo nos püedé dar el sabér de la experiencia» (D . p. L a pregunta « m etod ológ ica » de W eb er p or el valor de la ciencia es básicam ente la misma pregunta frente a la cual Nietzsche ha puesto a \a.com o fundamento de una posible toma de dis­ tancia respecto a ellos. com o un «socialismo» cien­ tífico. que justa­ mente los patrones externos a lo cien tífico de la valoración científica sean contemplados. Quiere. sino que en nosotros aquella volu n tad de verdad ha ven id o como problem a a la concien cia? ». L o que puede y debe suceder por el fin de la «objetividad» científica no es una ilusoria minimización de la «subjetividad». 2 1 3 ). L o que exige esa doctrina no es la extirpación de las «ideas de valor» e intereses de peso. sino el claro y consciente hacer notar y él tom ar-en-consideración aquello que es científicamente indemostrable. sino que presente lá subjetividad d e . las cuales en un sentido específico son subjetivas. esto es. p. entre comillas—«reposa sobre y sólo sobre el hecho de que la realidad dada es ordenada según Categorías.C . sino su visibilidad.filosofía cuando pre­ guntó por el sentido y el valor de la «verdad» — porque «¿qué sentido tendría nuestro ser-ahí \l)asein\. m ucho más. nó es que ésté sea llevado p or ideas e ideales indemos­ trables científicamente.M ax W eber y K arl M arx 43 prop ia «felicidad».. Ella [la libertad] significa com o p oco una vuelta a la pura cientificidad. Partiendo de que «la creencia én el v alor de la verdad científica» es «producto de culturas determinadas». La así llamada «objetividad» — y W eber no habla de ella de otro m odo que de una así llamada.

para las cuales.44 K a r l L o w it h sus precon dicion es fundamentales bajo la apariencia de su validez «objetiva».. La pregunta es más bien qué significa y persigue la crítica científica de los ideales y juicios de valor» (D .. p. p. sean deducidas com o tales del entendi­ miento. que mezcla ambas. a la conciencia de lo «en última línea querido» (D . y así liberarlos para una clara dis­ cusión y contraposición sobre sí mismos. por medio de la crítica científica (por ejemplo de Rosch e ry Knies) y de la autoconciencia.. realmente y en parte. y no contra el interve­ nir p or los propios ideales.C . sino qué se puede consecuentemente. «en parte. Le falta el «desprejuicio cien tífico» en relación con la dignidad del planteamiento de la objetividad científica. 149). «Contra esa mezcla. se discute y pelea». y con ello de que no existe ninguna «receta» para la praxis. La fa lta de actitud moral y de opinión y la “objetividad” científica no tienen la más mínima familiaridad interna» (D . D e la afirmación básica de W eber de que las normas y los ideales vinculantes no son científicamente fundamentables. en orden a . se erigen las anteriores argumen­ taciones. porque en última instancia [. eludirían la discusión cientí­ fica. que deja tras de sí la positividad ingenua de la disci­ plina científica. p... no se sigue de ninguna manera «que los juicios de valor. universal.. que las «ideas». W eber caracteriza com o filosofía social a ese desvelam iento de las ideas e ideales en verdad rectores de las investigaciones científicas. 151). Y así le atañe a Weber.. sino que lo es demasiado. no en última instancia. Lo último que la reflexión científica puede rendir sobre esto es «traer a la conciencia los patrones últimos que se manifiestan en el juicio de valor concreto».C .] La crítica no se detiene frente a los juicios de valor. Según Weber. con unos medios dados. supuestamen­ te. entonces. con lo cual se halla científicamente «atrapado» en sus propios juicios de valor y prejuicios. 157). el marxismo no es sólo muy poco creíble científicamente.C . no indica qué es lo que se «debe». [. La autorreflexión científica.] tienen orígenes “subjetivos”.

Una investigación así debe parecer al especialista científico ne- . p or nosotros mismos». C om o éstos «n o» están «ahí».C . y a citado. entonces podría haber también «valores» de validez universal. porque la investiga­ ción científica es llevada a cabo por presuposiciones de tipo humano (inexplicitas. de­ sarrollar valideces universales desde la «conciencia histórica» misma.] . W eber. Si hubiera aún. Entonces. o bien eludir sus consecuencias prácticas» (D .M ax W eber y Karl M arx 45 un fin presupuesto. Mientras que Dilthey intentó. pero sobre todo nos permite saber qué es lo que verdaderamente se «quiere». más bien ese déficit surge de la forma propia de aquella época cultural cuyo desti­ no es haber com ido «del árbol del conocim iento». p. «ideales». «en lugar del deber ser». no pertenece. el «sentido» del acontecer del mundo. en el reconocim iento del mismo estado de c o ­ sas. y en la renuncia a la «filosofía catedrática metafísica».. y «con ­ cepciones del m undo». por su parte. La presupuesta ¿«validez «objetiva» de nuestros patrones de valor últimos. la imposibilidad de sancionar juicios de valor de validez objetiva» (Honigsheim. «valores». tan pronto com o fue demostrada. a la esencia universal de L a ciencia. grandes comunidades reli­ giosas y «profetas». así com o la falta de normas universales vinculantes..] puede. W e ­ ber llega a la tarea y a no ¿í>c¿?/í^¿M-disciplinaria sino social-/íLosófica de hacer explícito. lo a priori de las ideas de valor norm adoras en la investigación científica singular. en cada caso.. sólo hay una lucha de m uchos «dioses». o bien engañarse teóricamente a sí mismo sobre la seriedad de la situación ac­ tual. no sólo «renunció» también a eso.2 0 con iguales derechos. 39) — suspiró aliviado. de acuerdo con su idea de la «libertad» del «hom bre»— . sin em­ bargo. no obstante. haber con o­ cido que nosotros «debem os crear. 154). «Sólo un sincretismo optimista [ . una vez más [ . pero decisivas hasta en lo más particu­ lar). sino que se podría decir que «suspiró aliviado.. de la «anarquía en todos los más profundos convencimien­ tos».. p. porque el hombre es el presupuesto del especialista.

sino que esa vuelta al sen­ tido de la objetividad científica surge. una nada en dirección al progreso positivo-científico. La creencia de la ciencia en las normas objetivas y en su fundamentabilidad científica es lo que W eber com bate fundamentalmente. de las ideas de valor rectoras de las investigaciones científicas. y de ambas com o de la conducta. Esa liberalidad es «científica» en el mismo sentido en que M arx habla de una conducta «científica» com o de una «críti­ ca». marca en W eber el ethos de la teoría. esto es. El signo más universal de esas ideas de valor tradicionales es su demanda de una objetividad in-condicionada.46 K a r l LO w it h cesariamente estéril. ella demanda un retroceso filosófico al entendimiento del «sentido» posible de la objetividad y del conocim iento. porque «de ella» -c o m o subraya el mismo W eber— 2 1 no surge «nada». con los medios de la ciencia. respectivamente. P or eso. de la Ln-creencia en las ideas de valor tradicionales de la investigación científica. de una creencia totalmente determinada. El motivo origi­ nario de esa reflexión no es la preocupación p or una «m eto­ dología» que camina sobre el vacío. en verdad. El fin en verdad positivo de sus tra­ tados teórico-científicos es la deconstrucción radical de [las] «ilusiones». «humana». esto es. y a favor de la «liberalidad» científi­ ca. L os dos tratados ejem plares sobre R osch er y Knies significan una destrucción m etódica de determinados prejuicios y juicios de valor. en tanto contradicen . p o r su parte. sino el sentido m ucho más determinante del «desencanta­ miento» en su contenido. no tiene sólo el fin de sindicarlas com o presupuestos dados y ple­ nos de significado. para dejarse reposar después sobre ellos. p o r el contrario. el desvelamiento minucioso de lo «en última instancia querido» o. aun también contra los propios pre­ juicios. aquella conducta que a partir de lo que no «está ahí disponible» extrae sin embargo consecuencias positivas. sin embargo. sino que. En verdad digna del hom bre es para él. específicamente de aquellos que obstaculizan la «liberalidad científica». Esa liberalidad científica.

Y está bien así. en general. sin ser consciente de su anclaje en esas ideas de valor en general. la necesidad de esas disquisiciones. rechaza también el material que es indi­ ferente para la «libertad del nuevo pensam iento» y fun da­ menta. del m odo siguiente: Todo trabajo científico-cultural en una época de especialización contemplará — después de que a través del planteamiento especí­ fico de problemas esté enfocado. Éstas parten de la com ­ prensión para. Sin embargo. de una vez. en apariencia estériles. irreflexivamente valorado. La luz de los grandes problemas culturales se ha explayado más. por su parte. sino en el de nuestra orientación presente en la vida. Es­ te m otivo principLil de sus disquisiciones m etodológicas era tan bien con ocido por Weber. co n interna consecuencia. el sentido fundamental de su crítica especial a la filoso­ fía del derecho de H e g e ly su «m étodo». terminar en el cuestionamiento no sólo de la ciencia y de la cultura modernas. com o M arx tenía claro. W eber cierra su tra­ tado program ático sobre la «objetividad del conocim iento científico-social y político-social» con la defensa frente a un posible malentendido. a un material espe­ cífico y se haya creado sus propios principios metodológicos—la reformulación de ese material como fin en sí. positivam ente. la ciencia se inclina también a . sin controlar conti­ nuamente el valor del conocimiento de los hechos singulares se­ gún las ideas de valor últimas. se vuelve inseguro. el camino se pierde en el alba. com o si esas disquisiciones metódicas y conceptuales tomadas para s i tuviran algún significado cual­ quiera. en última instancia. Pero en algún mo­ mento cualquiera el color cambia: el significado del punto de vista. surgen. la orientación supuestamente excluyente según el pathos dé la ética cristiana hubiera cerra­ do los ojos para ello»— . Entonces. las disqui­ siciones «m etodológicas» de W eber. D e la conciencia de esa situación especial — «des­ pués de que. p o r último.M ax W eber y K arl M arx 47 el hecho histórico-humano de que hoy es «cotidianeidad reli­ giosa» que la ciencia — dicho con N ietzsche—sea Un «ateísmo científico». durante un siglo.

pero en situa­ ciones determinadas. histórico-humanas. o también. en todo lugar. se vuelven inevita­ bles e importantes. bajo los cuales un material se vuelve objeto de pre­ sentación. aparece la idea de que los nuevos «puntos de vista» también exigen una revisión de las formas lógicas en las cuales la «empresa» heredada se movía.. En los tratados sobre Roscher y Knies. y desde lo más alto del pensamiento mira la corriente del acontecer (D. un «fon do» inaclarado. las puras disquisi­ ciones m etodológicas se muestran inútiles. En los análisis de R oscher del aconte­ cer histórico se conserva. y eso significa en última instancia: a una relación oscura del hombre cogrwdcentefren te a la realidad de nuestro mundo predente. más específicamente cuando: [. 218).C. 214). Imbricado con el volverse incierto de las posiciones y puntos de vista tradicionales cambian también los métodos y la conceptualización de la ciencia. En y para sí.] como consecuencia de fuertes desplazamientos de los «pun­ tos de vista». com o «pensamiento de D io s » y «de­ . alternativamente.. aunque sea exactamente ese resto el que produ­ ce en él la articulación del todo. Esa situación está dada indiscutiblemente. Las contradicciones curiosas que él señala en los trabajos de R oscher se refieren a una relación oscura entre concepto y realidad-.. en el presente (D. para la historia. W eber ha desarrolla­ do hasta en lo más singular la demostración y el desencanta­ miento de los patrones últimos del juicio científico. p. sin capacidad de identificación y solución de problemas objetivoj. específicam ente aquel que R osch er no quiere de ningún m odo aclarar. y a través de ello surge la insegu­ ridad sobre la «esencia» del propio trabajo. vueltos sin fundamento.. p. Ese fondo que penetra en to­ dos lados es nom brado p or R oscher de diversas formas: ya sea de m odo m oderno y b iológ ico com o «fuerza de vida».48 K a r l L O w it h cambiar su posición y su aparato conceptual.C.

in consecu en te. un proceso de sanación. podría casi decirse. por lo menos.2 3 un p rod u cto de acuerdo con su personalidad «moderada. Hacemos aquí no­ sotros. 63. la expresión de ideales «claros y materia­ lizados consecuentemente».C. 41). sus brillantes cons­ trucciones metafísicas fueron reemplazadas por una forma casi primitiva de superstición religiosa moderada. de acuerdo con las propias pala- . pp. mediadora». de la que W eber lo extrae.2 2 aun cuando él evite prudentemente una apelación directa al orden de D ios en la formulación. en última instancia. en el m étodo de R oscher permanece un producto lleno de contradicciones.. La metafísica hegeliana y el dominio de la especula­ ción sobre la historia han desaparecido en él. Así. p. no obstante. Ese m étodo se conserva tan ple­ no de contradicciones com o es en general la reunión de una investigación «liberalizada científicam ente» con una «posi­ ción religiosa».. y ese presupuesto interviene también de m odo decisivo hasta en la estructura lógica de su «econom ía estatal». N o deduce hegelianamente la realidad de las «ideas». el carácter «emanatista» de las argum entaciones lógicas de Roscher. Una creencia en L apredicción indeterminada-determinada fundamenta con ello. Incluso en la vida científica.M ax W eber y Karl M arx 49 cretos sobrehumanos». El no es. una «falta de presupuestos» del trabajo científico (D. Roscher constituye menos una contraposición con Hegel que una atrofia. 56. de m odo alguno. pero tam poco reduce el conocim iento de la realidad a lo humano y «empíricamente» comprobable. como se nombra hoy de forma ina­ propiada. la observación de que junto con ello avanza.C . A quí se vuelve totalmente claro que la exigencia de W eber de una «liberalidad científica» (D . un «más alto» im­ pulso divino debe limitar el beneficio terrenal propio. 1 5 5 y 157) no se refiere tan sólo a las contradicciones y oscuridades «lógicas» (com o parece ser a menudo. un progreso en la liberalización o.

La unidad formal de la personalidad se transforma subrepticiamente en él en una unidad orgánica-naturalística. se muestra com o resultado. la cual. penetró en todas las áreas de la investigación del trabajo cultural humano (D. Otra vez algo muy abstracto. 39). dado que — en oposición con la interpretación de là historia religiosa dé R oscher— es expresión d e una con cep ción de la vida pura­ mente terrenal.C . es lo que caracteriza su méto­ do «em pírico» (D . aun cuando — com o señala W eber—m uchos poderes culturales. orientada a lo «cotidiano». pero decisivo para..50 K a r l L o w it h bras de W eber). W eber comienza con la pregunta de qué concepto de personalidad se combina con el concepto de libertad de Knies. y ésta es connotada otra vez co­ mo una falta de contradicción. La liberalidad de lo no atrapado en ideales trascendentales. p. históricamente utilizada. con algo así com o una fuerza de vida unificada. han mostrado un tipo de hombre que encierra exactamente aquella imagen ética «plena de contradicciones». también Knies choca en todo lugar con un «fondo oscu­ ro». también en la crítica a Knies W eber deja claro sobre qué bases filosóficas principiales descansa su «concepto de libertad» y qué consecuencias tiene esto para su efectividad en la lógica y en la metódica de la ciencia económica.. dada objetivamente. Junto con ello avanza un p re -co n ce p to determ inado de lo que sería «moral».. Gomo le sucediera antes a R os­ cher. com o el último agente en el acontecer histórico y principio de su inter­ . Ahí se muestra inmediatamente que [.. 138). sino al hecho de que el proceso científico y lógico tiene el «valor» de la claridad y la liberalidad. Análogo a lo analizado en los escritos de Roscher.C. esto es. Después.] también Knies está en el círculo de aquella doctrina del derecho natural «orgánico». com o el puritanismo. lo concreto. p. que Knies presupone la perso­ nalidad com o ima «sustancia» individual. en Alemania preeminentemente bajo la influen­ cia de la escuela jurídica histórica. por ejemplo.

se fundan de nuevo en lo que Dilthey ha caracterizado com o un resto de una posición metafísica del hombre respecto a la realidad. sustancm l-m etafüicam ente. com o las de los pueblos. así y no de otro m odo. se transforma también la con ­ ceptualización emanatista en una «construcción» típica-ideal. Lo que cambia en W eber con el sacrificio radical de la conceptualización emanatista de Rosch e ry Knies no es. Los individuos y pueblos son presupuestos. simultánemente.M ax W eber y K arl M arx 51 pretación. se originan directamente en la m ano de D io s» (D . p or su parte. El carácter de constructo y el tinte «nominalista» de los conceptos m etodológicos fundamentales de W eber y su completo m odo de cientificidad no proceden de . sino el método fundamental y. a través de ese m étodo y en cada concepto. con liberalidad científica.2 4 Lo que él no «consigue» no descansa tam poco aquí en un puro error «científico» o en una carencia de agudeza «lógica». y tampoco él logra aclarar. Éste. su punto de vista tradicional. y desaparecen todas las definiciones «sustanciales» de la «for­ m ación» \Gebilde\ social. con él. mientras que y en tanto él no está todavía orientado te­ rrenalmente de forma decidida. tampoco un mero «apara­ to conceptual» lógico.. en lo que es «una decoloración de la creencia pietista de R oscher de que las “almas” de los singulares. sino que esa «lógica» emanatista misma es la consecuencia de presupuestos universai-metafísicos u ontológicos que. en consecuencia.2 5 Lo que W eber demuestra tácticamente no es una pura oscuridad científica. Colectivo real y término genérico se desplazan en él el uno en el otro. el concepto patrón de realidad murria. Una con la realidad. la cual se presenta. se vuelve aprehensible en el carácter «emanatista» de sus conceptos fundamenta­ les. También Knies está todavía bajo la influencia del epígono de la metafísica histórica hegeliana. p. 143). sino que Knies es oscuro científi­ camente. vuelta absolutamente terre­ nal y objetivamente sin sentido.C . desviada a lo antropológico-biológico. «en el espíritu del rom anticism o». la relación entre «concepto y realidad».

2 8 . Tam poco. una «fábrica» [BetrUh] — dicho con Hegel: el «Estado del entendimiento» de la sociedad burguesa. ese carácter es refutable de la mano de los «fenóm enos» (por­ que eso presupondría que los fenómenos fueran interpelables a través de un «logos»). la definición ejemplar de W eber del Estado a partir de la «posibilidad» de que «determina­ das formas del hacer social (específicam ente de hom bres singulares) se produzcan» es sólo com prensible — com pleta­ mente com prensible—a partir de que subyace a ella. P or lo tanto. por ejemplo. y el mundo en el que nosotros «estamos ubicados» no legitima y a ta­ les prejuicios— Así. subrayadamen­ te «realista». discute su contenido. defacto. y que. por lo tanto. esto es.52 K a r l L o w it h una condición inmediata de la ciencia. Estado e In­ dividuo no pueden ser y a vistos e interpretados com o sustan­ cias unificadas con trasfondos profundos — pero no porque esto sería absolutamente no científico. p or eso. Pueblo. sino porque una concepción tal estaría atrapada en prejuicios e ideales trascendentes. es un «instituto» racional. el cual fue retrotraído hacia sí mismo por un mundo vuelto o b ­ jetivamente sin sentido y sobrio y. sino que él también es una expresión consecuente de una posición completamente determinada del hombre respecto a la realidad. Es un malentendido del especialista científico consigo mismo cuando W eber (en oposición a Spann ) 2 7afirma el signi­ ficado puramente «m etodológico» de su definición «individua­ lista» y «racional» y. en unidad con su referencia valorativa. de alguna forma.2 6 en tanto él mis­ mo. esto es. dich o con M arx: una «universalidad abstracta» sobre los individuos. práctico y teorético. La «construcción» típica-ideal tiene com o fundamento un hombre específico «sin ilusiones». el Estado moderno en el que estamos ubicados. una «realidad» estatal muy determinada. com o personas singulares pri­ vadas. está urgido a producir el sentido objetivo y la articulación de sentido. a producir prime­ ro la relación con una realidad com o la «suya» y a «crear» el sentido. agregamos. com o modelo.

que las últimas «presuposiciones» de la concepción del mundo abarcan aún la estructura «lógica». La medida con la cual W eber juzga este hecho histórico de la racionalización es su aparente contraposición. La última presuposición de las definicio­ nes «individualistas» de W eber de las así llamadas «form acio­ nes» sociales es. Según Weber. la Liber­ tad del individuo puesto sobre sí y responsable de sí. pp. A esos prejuicios.M ax W eber y Karl M arx 53 M ás aún.). En su «luz» se pone ahora la «realidad». un “sentido” terrenal y no obdtante objetivo» (D . y no basándonos en las oportunida­ des de su «existencia». esta necesidad es una inconsecuencia frente a lo terreno. realmente todavía una «res pública» y el hombre co­ mo taL un miembro de la ciudad y del Estado y n o en primera línea una persona privada sólo responsable p or sí. religiosamente vaciado. que cruzan el sobrio día a día de un m undo desencantado. real y con derecho a la existencia.. no puede otorgárseles ya un significado autónomo. empero. com o consecuencia de su de­ sencantam iento (a través de la racionalización). a través del cual él se desencantó y se opacó. 61 y ss. entonces sí tendría sentido interpretar también al Estado midmo sustan­ cial y «universalmente». Si el Estado fuera. y el hilo conductor para la interpretación de ese m undo vuelto sobrio es el proceso de racionalización. La liberalidad científica de W eber se exterioriza también aquí com o un no-estar-atrapado en pre­ juicios trcufcendented.C . p. 56. es decir. sólo es real el hom bre singular puesto sobre sí. nota 2. sin embargo. exactamente lo mismo que W eber demostró en R osch e ry Knies vale también para él: esto es. «trascendentes» en un sentido amplio. y a que a las objetividades de cualquier tipo. en oposición. la liber­ . esto es. la cursiva es nuestra. 33. pertenece tam bién la creen cia — com partida por el marxismo—en el «desarrollo» y el «progreso» objetivos (D . 203 y ss. Ésta se postula com o necesaria «cuando surge la necesidad» de otorgar «al acontecer del destino de la humanidad. Compárese con pp.. que solamente el «individuo» es hoy de forma verosímil.).C .

«adm inistraciones». a su vez.2 9 que funcionan a través de la racionalización. W eber intentó hacer comprensible el proceso general de la racionali­ zación de nuestra completa vida. Com o el motivo último de sus disquisiciones «científicas» se revela la tendencia hacia lo terre­ no. bajo el hilo conductor de la alienación de sí. La «racionalidad» como la expresión problemática del mundo moderno El destino 7)e nuestro tiempo — y con él de su propia ra­ cionalización e intelectualización. por su parte. en contraposición. II. en aparente contradicción con lo dicho hasta aquí. el con cepto contra­ puesto a la interpretación marxista del mismo fenómeno. con el fin de la adquisición misma — «pensa­ da así com o puro fin en sí»— . es específicamente irracional. la adquisición de dinero específica­ mente racionalizaba. Así. en la cual estamos posicionados. Sin embar­ go. Ese . «em presas». fue establecida com o el tema originario y comple­ to de las investigaciones de Weber. La problemática específica de nuestra realidad.54 K a r l L o w it h tad del «héroe humano» en relación con el sobre-poder de los «órdenes». es resumida por él bajo el rótulo de «racionalidad». porque la racionalidad que surge de él es algo específicamente irracional e incomprensible. pero. «organ izacio­ nes» e «instituciones» de la vida m oderna. por ejemplo. sobre todo. Esta tesis se debe desarrollar más por m edio del análisis del sentido originario y abarcador de la «racionalización» que es. la adquisición de dinero con el fin de mantener una vida económicamente segura parece racional y entendible. La ciencia como vocación La forma propia de la realidad que nos rodea. del de­ sencantamiento del mundo— es quejustamente los va­ lores últimos y más sublimes se hayan retirado de la escena pública.

El capitalismo pudo volverse.3 0 En explícita diferencia y en su­ puesta oposición al análisis «económ ico» marxista. con la necesidad del destino. esto es. «en los he­ chos». Sólo por eso — pero no ya en sí misma— la racio­ nalización es un fenómeno específicamente digno de conocerse y de cuestionarse. y n o en última instan­ cia también de sus escritos políticod. en correspondencia con ello. p. cree irracionalidades. y no uno entre otros. Se trata— dice ahí— . nota 1). El hecho de la racionalización fue demostrado por W eber en el «prefacio» a los Ensayos sobre dociología de la religión. lo propio del análisis relig ioso-sociológ ico del capitalismo de W eber consiste en que éste no contempla al capitalismo com o un p o ­ der vuelto autónom o de las «relaciones de p rod u cción » so­ ciales. I. en última instancia. fue demostrado por W eber expresamente en la refutación de una crítica de Brentano (Endayod dobre sociología de la religión. y a sea religiodo-socio­ lógico o social -económ ico. I. I. también puede interpretarlo de m odo diferente. un poder «pleno de destino» de la vida humana sólo porque él. el carácter fundamental del m odo de conducir la vida o c c i­ dental en general y nuestro «destino» — aun cuando uno pue­ de com portarse de m od o tan diferente frente a ese destino com o W eber y M a rx y. 537). p. en su significado tanto universal com o fundamental. sino básicamente de su siste­ ma entero» (Freyer. para él. tan elemental com o decisivo. p or su parte. de los medios y de las fuerzas de producción. 157). y a citado. que precisamente cada racionalización radical. 35.M ax W eber y Karl M arx 55 hecho. El fenóm eno de la racionalización es «la línea rectora m ayor n o sólo de su sociología de la reli­ gión y su doctrina de la ciencia. se desarrolló ya . otra cosa que una aportación a la misma sociología del racionalism o (Endayod dobre dociolo­ gía de la religión. para en­ tenderlo desde allí tod o de form a ideológica. históricomundial y antropológico. p. para W eber. de una racionalización «hacia Una manera de conducir la vida irracional». Aquélla significa. El intento religioso-sociológico no quiere ser.

A m ­ bos. una racionalidad de la conducción de la vida — en su origen. concreta y retroactivamente. con fuertes resistencias internas».com o en el del protestantismo — bu r­ gués— (Endayod dobre dociología de la religión. causal. sobre la base de una racionalidad universal del m odo de conducir la vida. Ese etbod direccionante (Endayod dobre dociología de la religión. establecida co m o hilo rector del entendi­ miento. Los poderes religiosos y las «representaciones éti­ .56 K a r l L o w it h en los caminos de un «m odo racional de conducir la vida». también económicamente racional. se erija en un poder dominante de la vida. 30-34). I. La «racionalidad». es poco interpelable com o el ori­ gen autónomo de la racionalidad. de «factores» determinados). en resumen. La for­ ma de la economía no es ni un fluido inmediato salido de una creencia determinada. «ahí ch ocó el desarrollo de una conducción de la vi­ da. se dan forma. en la marcha de esa totalidad directora y la impregnan otra vez. «racio­ nalmente». com o un ethod occidental. 239) se manifiesta tanto en el «espíritu» del capitalismo — bu rg u és. com o la totalidad de una «form a de m ode­ lar económ icam ente» y de «condu cir la vida» condicionada en múltiples maneras pero particular. pp. esa ra­ cionalidad es entendida p o r W e b e r co m o una totalidad originaria. D onde. sino que. en su vitalidad reli­ giosa y económica. racionalidad de un campo específico (el cual. el capitalismo como tal. religiosamente m o­ tivada—es la que ha dejado también que el capitalismo. p o r el contrario. religión y econom ía. no se diluye en ser racionalidad de algo. sino que ambas se dan forma. la tendencia «hacia maneras deter­ minadas de conducción de la vida práctico-racion ales» estuvo ausente. p. M ás aún. com o «patrón». se extiende sobre los otros cam pos de la vida). pede a su p roce­ dimiento científico disciplinario (a la manera de una imputa­ ción reversible. en su significado preeminentemente económico. esto es. I. Por el contrario. ni ésta es un fluido «emanatista» de una econom ía «sustancial». en un sentido económ ico.

en tanto el significado «creador» de la . en principio sólo for­ mulada com o tesis. Esa articulación de racionalidad y libertad. el lugar de la libertad. estatal. un inevitable estar-inserto de cada uno en la «fábrica» en cada caso específica — de la economía o tam­ bién de la ciencia— . que sería tomado — ya sea directa o veladamente—como consecuencia de la libertad. para él. La «afinidad electiva interna» de ambos es la de la convicción económ ica y la de la creencia. esa racionalidad es justamente. organizaciones e instituciones racionalizadas de la vida m o­ derna: él combate su demanda de realidad metafísica y la uti­ liza com o medios para el fin. social y económ ica del mundo humano moderno. Y «no obstante» (con un tal «no obstante» cierra W eber también la conferencia La política como vocación). cuyo portador socialmente des­ tacado es la burguesía occidental. Ese espíritu universal de la «racionalidad» dom ina en la misma medida el arte3 2y la ciencia.” una «aparatización» general del hombre. una «carcasa fuerte com o el acero» de «servidum bre» \Horigkeii\. debe ser extraída inmediatamente en sus investigaciones teoréticas del impulso interno de la conducta práctica de W eber hacia todas las administraciones. W eber llega a postular la pregunta por la así llamada libertad de la voluntad en la investigación histórica: Se encuentra ahí siempre de nuevo lo «incalculable» del actuar personal. Ambas reposan sobre un «espíritu» general o ethos. Lo que produce esa racionalización universal de la vida es un sistema de dependencia total. tanto com o la vida jurídi­ ca. pertenecieron en el pasado3 1— en una «medida h oy casi incomprensible para nosotros»—a los elementos formadores de la conducción de la vida. ancladas en la creencia en ellos. Y es entonces cuando W eber pregunta p or la articula­ ción interna de la «ética» protestante con el «espíritu» del ca­ pitalismo. órdenes. como dignidad específica del hombre y por tanto de la historia. En el tratado sobre K nies y el problema de la irracionalidad.M ax W eber y K arl M arx 57 cas del deber».

cada exteriorización que hacemos nosotros en relación con los otros.. p.3 4 L o que quiere mostrar. a una «santidad» internay al «acertijo» de la personali­ dad libre. 46). cada ley punitiva.. la exteriorización concreta quieren servir (D. no es precisamente la no libertad del individuo. 64). W eber ironiza sobre la devoción de Treitschke y M einecke frente au n así llamado «resto» irra­ cional. aunque siempre olvida­ da u oscurecida. una valoración deter­ minada. no obstaculizadas por presión «externa» o por «afee- . la con du cta humana es tanto más /«calculable.58 K a r l L o w it h personalidad que actúa es situado como lo opuesto de la causali­ dad mecanicista del acontecer natural (D. cuanto menod libre es el hacer. en cada perspecti­ va y en todo. y con ella la irracionalidad. «en él». esto es. cuanto más según las «propias» eva­ luaciones. es tanto más imprevisi­ ble. pero sí con una que es suficiente para loé fines.L.C. sería en sí una marca del actuar humano libre (en contraposición con la calculabilidad de los sucesos en la naturaleza). La incalculabilidad. preferente­ mente atribuida al hombre. a los cuales la orden. en suma. de que esa libertad «creadora». Esto es. sino algo que sólo puede ser observado según un «juicio de valor». según la subjetividad de la toma de posición frente a un hecho. p. En la nota correspondiente. p. por ejemplo. no con una absoluta claridad. no es una característica objetivamen­ te dada y distinguible de él. y en este sentido la proyección.C. En verdad. insignificante. la ley. «cuenta» con la en­ trada de determinados efectos en la «psique» de aquellos a los cuales se dirige. 64). del clima puede ser más insegura que la capacidad de prever la conducta humana: Cada orden militar. en las explicaciones si­ guientes (W . sino la «obviedad trivial». cuanto menos un hombre tenga en sus manos la libertad para el propio hacer y permitir: Cuanto «más libre».

precisamente . cuan­ to menod porta «en sí» el carácter del «acontecer natural»... Meyer: Lo errado. precisamente a través de aquellos elementos irracio­ nales de nuestro hacer o bien [. en contraposición. esto es. busca la verdadera santidad de lo personal en lo subte­ rráneo oscuro. Y tanto más desaparece entonces aquel vuelco romántico-naturalista del pensamiento de la «personalidad». es claramente reconocible.. se postula la «resolución» del actuante. 6 9 y 137).. sino que cuanto «más li­ bre». en aquella «irracionalidad» [. pp. la «libertad de la voluntad» en aquellas regio­ nes naturales.. en el sentido de este discurso. es el «actuar». como sea que se la entienda. Y aún más claramente aparece este tema en la contraposición con E. si es posible. y el cual ima­ gina. el cual. sea idéntica con la «irracio­ nalidad» del hacer [.] que comparte la «perso­ na» con el animal. indecididamente vegetativo de la vida personal.. La «incalculabilidad» específica. es el privilegio del loco.. esto es.]. Al revés..] entonces su análisis racional [. 132-133. nosotros acompañamos con el más alto grado de «sen­ timiento de libertad» empírico. en el sentido en que Treitschke oportunamente y muchos otros hablan a menudo.. más sin resto se ordena la motivación ceter'u paribuá según las catego­ rías de «fin» y «medio».. los cuales se validan en su hacer con arreglo a fines y se materializan así en un actuar teleológico-racional. La contradicción de sentido de este último co­ mienzo ya es asible en la vivencia inmediata: nosotros nos «sentimos».. en contrapo­ sición. el cual encuentra su «esencia» en la constancia de su relación interna hacia determinados «valores» y significa­ dos de vida últimos.].M ax W eber y Karl M arx 59 tos» irrefrenables. tanto más entra en validez finalmente también aquel concepto de la «personalidad». empero.] «necesitados» [nezejjitiert]. o bien no con-determinados de forma inmanente en nuestro «que­ rer» (D. igual de grande — pero no más grande—que la de aquellas «fuerzas naturales ciegas». compárese conpp. Porque ese romanticismo es lo que está tras el «acertijo de la personalidad». de la suposición de que una «libertad» del querer.C. Y no sólo eso. y más perfecto resultaría [.

a dejar caer el fin. tanto más racional con arreglo al fin actúa y. el hacer libre a la adquisición de m edios totalmente determinados. El tiene la elección entre la destrucción económica o el seguir . acordes al fin (o respectivamente.60 K a r l L o w it h aquellas acciones que somos conscientes de haber llevado a cabo racionalmente. La creencia en la «libertad de su voluntad» ayuda real­ mente poco al fabricante en la competencia.. también... a través de que es una libertad en tanto racionalidad3 5 teleológica·. com o una rela­ ción constante del hombre respecto a los valores últimos. Precisamente. actuar de acuerdo con fines. en las cuales perseguimos un «fin» claramente consciente a través de sus «medios» más adecuados. 226). persigue un fin privilegiado a partir de valores últimos o «significados» de vida. Cuanto más libre el hombre evalúa y calcula lo requerido (los medios) para al­ go (un fin).. tan­ to más firme está ligado. La racionalidad se une entonces con la libertad del actuar.. bajo determinadas circunstancias. actuar en la com pensación racional de los medios dados respecto al fin presupuesto y en tanto lógica \folgerichtig\ o «consecuentem ente». en el caso de la falta de m edios). se revela.. esto es. está ligado teleológicamente a los medios desiguales [. esto es.]. el que actúa empíricamente «libre». esto es. A c ­ tuar com o persona libre significa. o al tasador de bol­ sa. una con la racionalidad. de acuerdo con la medi­ da de nuestro conocimiento [. En la evaluación calculada de las oportunidades y consecuencias del hacer orientado a fines. bajo ausencia de «presión» psíquica o física [.. condicionadas en cada caso por los medios dados. tanto más predispuesto está ese ac­ tuar.] — según la medida de su situación objetiva—para alcanzar sus fines. en co ­ rrespondencia. p. esto es. En ese hacer racional con arreglo a fines se impregna concretam ente la «personalidad». según evaluaciones. tanto más comprensiblemente — em pero— . con ello.] (D.C. la libertad del hacer. en libre evaluación de los medios ade­ cuados para ello.

Las «leyes» de la economía nacional teorética. que el alcance de «buenos» fines puede estar ligado a la utili­ zación de medios dudosos).. convierte a la racionalidad de la responsabilidad misma en un ethos determinado. mediado p or la evaluación de los medios.. p. según los medios dados (Escritos políticos com­ pletos. Junto con la deci­ sión en favor de la ética de la responsabilidad. Si no las si­ gue. a los m edios en cada caso dados. pp. la interna «consecuencia y por tanto ( !) la honra­ dez» de nuestra conducta plena de fines — teoréticos o tam­ bién prácticos— . Ésta posibilita. 442 y ss. porque está relacionada con el co n o ci­ miento de las oportunidades de la consecución de sus fines. pero no de los fines— (D . pero no «absoluta». y 447 y ss. caracteriza ni más ni m enos la responsabilidad del actuar humano. Ésta es una ética «relativa». «racional­ mente con arreglo a valores»). presuponen necesariamente la conservación de la «li­ bertad de la voluntad». en cada caso. en el perseguir sus fines últimos. en com pa­ ración con la conducta racional con arreglo a fines. 150 y 549). La libertad de ligarse. entonces nosotros considerare­ mos eventualmente como explicación [. con las oportunidades y consecuen­ cias del actuar. A diferencia de la «ética de la convicción». pre­ cisamente. 133). pp. La «tensión» ética entre medios y fin (esto es.). en perspectiva con respecto a las oportunidades y consecuencias de su consecución. con ello. a la que W eber caracteriza c o ­ mo una ética de la conducta «irracional» por su indiferencia respecto a las «consecuencias» (ésta es orientada.C .. se­ gún lo empírico (D. y al fin mismo.M ax W eber y Karl M arx 61 máximas muy específicas de la conducta económica.. constituye la responsabilidad del hacer li­ bre y racional. se decide tam­ . para su desventaja obvia. en cada sentido posible de la palabra. em pero.] que le faltó la «fuerza de voluntad». la ética de la responsabilidad «cuenta».C. puesto a sí mismo. La ciencia racional provee. el conocimiento de los m edios — y sólo de los medios. La evaluación racional de los medios dados en relación con el fin.

p o r su parte. de la afectiva y de la tradicional (Economía y sociedad. cuyas administraciones. La conducta humana. su racion alidad con arreglo a fines. II y ss. La entiende específicamente a partir de su inver­ sión. de la cual originariamente surgen esas adm inistraciones. con ello. instituciones y fábricas están tan «ra­ cionalizadas» que son Las que involucran y determinan al hombre. su «sen tido» o fin originario. en el ethos de la res­ ponsabilidad. direccionarse y comportarse de acuerdo con lo que nació de sí misma. sólo en apariencia. la paridad teo­ rética en el «sistema» de la conducta racional con arreglo a fi­ nes. fundamental para el concepto de la racionalidad y de la libertad. W eber expresa que aquí reside el problem a cultu­ ral real de la racionalización hacia lo irracional. de esa manera. A través de que aquello que originariamente sólo era un mero medio -e n relación con un fin pleno de valor—se vuelve un fin mismo o un fin en sí.). sino que el m otivo de su privilegio es la responsabilidad espe­ cífica misma del actuar racional con arreglo a fines.3 7 La razón ver­ dadera y primaria para la preferencia clara de W eber del es­ quema «racional con arreglo a fines» no es que permita una alta medida de entendimiento constructivo del actuar humano. Esa inversión caracteriza a la completa cultura moderna. la identidad en la conceptualización y la di­ . la cual se forma en el proceso de la racionalización y que es el verdadero motivo de su investigación. p. y aquí está decidida. esto es. debe. II. remite.62 K a r l L o w it h bién en favor de la racionalidad\ com o racionalidad de medios a fines. orientada en el inicio al hombre y a sus necesida­ des. a la vez. En tanto la racionalidad se ancla. a partir de aquella relación de me­ dios y fin . de la racional con arreglo a valores. Pero W eber entiende la verdadera irracionalidad. se autonomiza lo mediado \Mittelbare\ hacia lo prop io del fin \Zweckhaften\ y pierde. que se ha adaptado a ellas com o una «carcasa inflexi­ ble». a la idea de «hom bre» de W e­ ber (véase el apartado III). en sen­ tido literal. com o tal.3 6 A esto contradice.

que se define a través de su actividad objetiva. El com pleto tra­ bajo teórico y práctico de M arx trata de la aclaración y de la destrucción de esa situación general. com o la ha llam ado Simmel— 3 8 se muestra naturalmente del m od o más fuerte cuando se da precisam ente en aquella conducta que. a partir de sí misma. La fórm ula económ ica-m arxista para esa in­ versión es: M -D -M : D -M -D . resumiendo. 502). Su expresión inmediatamente humana es la cosificación y especialización del hombre mismo: el especialis­ ta. En la conferencia de 1918 sobre «socialismo» (Articulad completos de sociología y política social. Esa inver­ sión pa ra d ójica — esa «tragedia de la cultura». con arreglo a fines pura. Esa perversión económ ica sig­ nifica. quiere ser una de tipo específicamente ra­ cional: en la conducta económica-racional. también para M arx. La m inuciosay total organización racio­ nal de las relaciones de vida produce. que en el proceso de su racio­ nalización. tras la presentación de la así llamada «separación» del trabajador (también del «intelectual») de los medios de trabajo: «Todo lo que el docialidmo concibe com o “dominio de las cosas sobre los hom bres” debe dignificar de los medios sobre el fin (la satisfac­ ción de las necesidades)» (la cursiva es nuestra). con necesidad propia del destino. el propio poder irracional de la organización. una conducta supuestamente en sí racional.M ax W eber y Karl M arx 63 ferencia en el juicio de esa problemática p or parte de W eber y Marx. Esa inver­ sión produ ce la «irracionalidad» sin sentido de las «relacio­ nes» autónomas y con poder propio que dominan ahora sobre la conducta humana. la form a económ ica de una inversión general. se in­ vierte en su propio contrario. dice. empero. que consiste en que la «cosa» domina sobre el «hombre». Precisamente aquí se muestra. según su objetivo. humana­ . p. del m odo más notable. para la situación política de enton­ ces. el producto producido (de cada trabajo) so­ bre el productor. del logro del M anifiesto comunista. el de W eber pretende sólo su comprendión. la cual es una ad­ mirable conmemoración. y cóm o se invierte.

P or ejemplo. el fin último de todas las administraciones humanas no son ellas. La medida implícita con respecto a la cual es interpretada la irracionalidad de lo racionalizado {Ensayos sobre sociología de la religión. com o el medio da­ do para un fin libre de ser elegido.. y al cual tam bién W eber con cib e.64 K a r l L o w it h mente parcelizada. pp. bá­ sicamente. Por otro lado. Todas las diferen­ cias rigurosas que trazó en la teoría de la ciencia y en la con ­ ducta práctica. en un doble sentido. funcionariado y elite. 62). 35 y ss. en medio de y contra la creciente de­ pendencia del mundo político y económ ico. pero las afirmó. la presuposición de que el fin originario y autóno­ mo. de cualquier tipo. conocimiento objetivo y valoración subjetiva. com o el hom bre típico de la ép oca racionalizada — uno con la empresa especializada. a n o el hombre. en que justo la inclusión ineludible en el carácter de empresa racional de todas las administraciones modernas se vuelve el lugar del posible ser s í mismo. sur­ gen de la una y fundamental oposición entre libertad y racio­ nalización. I. la separación entre cosa y persona. La antinomia de la ciencia política de W eber consiste. com o hombre y político. sin embargo. para el cual todo lo demás es «medio» para «sus» fines. y la carcasa de «servi­ dum bre» el ú n ico espacio de ju ego de aquella «libertad de movimiento» que buscaba Weber. en sus orígenes aún religiosa. «particular». tanto para M arx com o para Weber. El negó a todas las adm inistraciones actuales aquel sustancial valor propio. es. ética de la responsabilidad y ética de la convicción. la con cepción económ ica del estrato burgués de la sociedad. la posición de W eber se volvió una firme oposición y una defensa única del individuo autónomo. 54. . precisamen­ te la com prensión de la subjetividad de nuestra postulación última del fin y del valor y de nuestras decisiones debía ga­ rantizar la objetividad y austeridad del pensamiento científico y del hacer político. C om o consecuencia de ello.

la situa­ ción natural». «com o diríamos nosotros.M ax W eber y Karl M arx 65 esto es. motivada por necesidades determinadas del hombre. a la vez. com o hace Weber. p or ejemplo. com o M arx. porque es obvio que las propias simpatías de W eber están con aquellos purita­ nos para los cuales el oficio y el «negocio». con su actividad incansable. en el horizonte de su existencia social o medida. en los hechos. bajo la precondición de que lo «racional» sea la autonomía y el propio poder del hom bre — y a sea que su humanidad sea determinada. y esto — dice W eber—sería. se hace también evidente que el pro- . Entonces el sobre-poder y propio poder de las re­ laciones de vida. se vuelve «irracional» no a través de que se transforme en una economía profana por medio del vaciamiento de sus conteni­ dos religiosos. lo tan irracional de ese m odo de conducir la vida. se ha vuelto «algo inextirpable de la vida». Que el punto de vista de W eber para la interpretación de la humanidad del hombre — respecto al cual se mide toda irra­ cionalidad—no sea la «felicidad» terrena. de m odo que lo que primero era un medio indi­ recto para fines religiosos ahora sirve a otros fines. la única m otivación ade­ cuada que expresa. sino sólo a partir de que la forma de la economía se autonomiza tanto que ésta — a pesar de toda racionalidad externa—no tiene ya ninguna relación clara con las necesidades de los hombres. «visto desde la posición de la felicidad per­ sonal». devenidas en relaciones de cosas autonomizadas. ni que lo sería para su propia mirada! El «noso­ tros» diríamos significa aquí un «se» diría.3 9 Por otro lado. la adquisición de dinero ejercida com o puro fin en sí es algo absolutamente irracional frente a la «felicidad» y el «beneficio» del individuo. es consecuencia in­ directa de que él intenta m ostrar reiteradamente que. ¡pero en ningún lugar afirma que sería sin sentido también para la «percepción neutral» de esa inversión «sin sentido» de. es lo que es — o sea. «irracional»— . profanos. com o tales. respecto a la individualidad de su autoresponsabilidad.

de la forma más aguda. Cuando el pensamiento del deber del oficio. p. sociales. posicionarse conscientem ente e n ese m undo y ser el . contra esa «autoalienación » universal del hom bre? ¿P o r qué n o caracteriza él al «mismo» fenómeno. com o «especialista»y científico? ¿C óm o pudo. aunque no el de aquel que podría haberse satisfecho con la renuncia al «sentido» y a la «interpretación» (véase Ensayos sobre sociología de la religión. en suma. ni la afirma com o un estadio en el p rogreso de la hum anidad. que está explícitamente también tras la «exigencia del día» de W eber. él no la niega desde la posición de la felicidad com o una «no humánidad». con toda la pasión de su personalidad. ese proceso de la racionali­ zación. en un continuo. com o M arx. Evidentemente. a la manera marxista. análogo al destino?^1 ¿Por qué cuestiona. desde la pri­ mera oración de los Ensayos sobre sociología de la religión hasta su última conferencia — La ciencia como vocación—com o «hijo de su tiempo». cuando ese exponente de un m undo «ra­ cionalizado» recorre nuestra vida com o un m ero «fantasma» de contenidos antes religiosos y nadie sabe todavía «quién vi­ virá en el futuro en aquella carcasa»/0 debem os preguntarnos cóm o se posiciona el mismo W eber respecto al hecho irracional de la racionalización universal. la «seguridad» y lá «especialización» de la vida moderna en todas sus instituciones políticas. a la vez. com o M arx. aquel «orden» planificado. sino que se conform a con designarlo con el concepto científicamente neutro y doble en su posible valoración de la «racionalidad» (doble porque ex­ presa. com o un «materialismo de­ pravado» de la enajenación dé sí. sino el de uno absolutamente secularizado. y se r e c o n o c e /2no obstante.66 K a r l L o w it h prio ethos de W eber no era y a el de un puritano creyente. los resultados espécíficos del m undo moderno y lo com pletam ente cuestionable de esos resultados)? ¿N o afirm a y niega Weber. N os preguntam os entonces: ¿P or qué nó lucha él. I. 204) de la actividad. cuya expresión humana es la humanidad del oficio y la especialidad. econ ó­ micas y científicas.

pre­ cisamente con esa cita de les fLeurd du mal. no sólo aunque no sea bello. entonces no habría ningún «pro­ blema» para la política com o vocación. p.M ax W eber y Karl M arx 67 portavoz de aquel «diablo» de la racionalización intelectual y de las «flores del mal»? ¿ O es que W eber había revelado. en otro párrafo. en la analogía. com o la «irracionalidad ética del mundo». 203). incluso al que no es inmediatamente trabajador (Endayod dobre dociología de la religión. sino una libertad en medio de aquella «carcasa fuerte com o el acero». P ero ¿de qué tipo es esa libertad interna a l mundo. sobre la base de la racionalización de nues­ tro m undo? . a lo que él caracteriza. y entonces él se refiere a pruebas bíblicas — y a N ietzsche— . sino porque y en tanto no es bello». el secreto de su p o ­ sición frente a todo y cada cosa. Pero ¿qué son enton­ ces las «flores» del mal. en los hechos. La unidad de esa separación es la relación y a demostrada antes de la racionalidad y la libertad.4 4 Esa libertad sólo puede estar en acuerdo interno con la racionalidad cuando no es una libertad respecto a ese mundo ra­ cionalizado. Si pudiera surgir sólo lo bueno de lo bueno. la división a partir de la cual se debe ver la unidad interna de eda conducta dividida respecto a la «realidad que nos rodea». hasta que se haya consum ido el último céntim o de com bustible fósil». de la racionalidad irracional de nuestro m undo?4 3 «Así lo sabemos hoy de nuevo: que algo puede ser sagrado. que no es soportada p or el puro «ético de la convicción». el misterio de la racionalidad irracional de nuestra posición frente a todo y cada cosa y. con irresistible coerción. y lo malo se siguiera de lo malo. ni sagrado. aunque y porque no es bello. la cual «determ in ay tal vez determ i­ ne en el futuro. en la cual estamos «ubicados». si ésto es la «racionalidad»? A quí pa­ rece abrirse. ni bueno».Y sería una «sabiduría cotidiana» «que algo puede ser verdade­ ro.

la de las escuelas técnicas científicas y la de las universidades. portada en conjunto p or las universidades. aquél debe der un líder y no dólo edo. de la organización racional calcula­ da. la verdadera “exigencia del día”. y toda la experiencia histórica lo confirma. sino de sus escritos políticos. no surge de las investigaciones puramente históricas — según el objetivo—de los Ensayod dobre dociología de la religión (W eber se detiene aquí. com o fuera del Estado. Exámenes de disciplina de todo tipo se vuelven cada vez más la precondición de un puesto seguro. para el mismo W eber. diño tanibién — en un dentido muy moderado de la palabra—un héroe. que corrían tras el centavo. es su aparente opuesto. Pero el que lo puede hacer. inmediatamente después de las oraciones proféticas citadas en la nota 39). especializada-burocrática de todas las uniones de dominación. Tanto en el Estado. que no de hubiera alcanza­ do lo podible cuando no de hubiera edtado atra­ pado constantemente en el mundo por lo impodible. tanto com o a la de la fábrica. esto es. interesadas en la asistencia. La política como vocación Q ue el sentido positivo de la racionalidad. La racionalidad cómo condición de la responsabilidad de sí libre del singular en medio de la servidumbre general Ed completamente correcto. Ese proceso se extende­ ría también a la form a de vida del ejército y del Estado. en particular del apartado II de Par­ lamento y gobierno4 5y de un debate. divisora del trabajo.4 6A m bos textos combaten la racionalización en sus formas políticas de la burocratizacióny la estatalización. humanas.» Esa si­ . com o por sus estudiantes.68 K a r l L o w it h III. «Esto era la y a conocida de antes. W eber explica que la guerra mun­ dial representaría un progreso en el proceso de la racipnalización universal. En ellos.

. una racional administración defuncionarios. los hombres serán obligados a incluirse. Porque en esto rinde la burocracia incomparablemente mejor que cualquier otra estructura de dominación» (Escritospolíticos. en los resultados.. Una articulación social «orgánica».] Supongamos que justamenté esa posibilidad fuera un destino inevitable — ¿quién no querría. esto es. suponiendo que ocurriera alguna vez. ¿qué significaría prácticamente? ¿Tal vez un quiebre de la carcasa de acero del trabajo de fábrica moderno? ¡No! Más aún. que no lo conocen. sueñan. impotentes. entonces. caracterizada p or la «especialización racional disciplinaria y la escolaridad».M ax W eber y K arl M arx 69 tuación austera de la expecialización burocrática se esconde también tras el «socialismo del futuro». en el regazo del futuro? [. Esa «máquina viviente». significaría que en­ tonces también el rendimiento de la fábrica estatizada o traspasa­ da al régimen de alguna «economía comunitaria» sería burocrá­ tico (Escritospolíticos. es igual que un «espí­ ritu coagulado». Pero. el último y único valor. cuandopara ellos sea una buena burocracia. el cual deba decidirsobre laforma de conducirsud asuntos. 150 y ss. ¿Quién querría negar que una forma de organización social como ésta reside como una posibilidad. una articulación social oriental-egipcia. sin vida: En cooperación con la máquina muerta. ésta trabaja para produ­ cir la carcasa de aquella servidumbre del futuro en la cual. el socialismo fortalece­ ría el poder de la burocracia que impregna la época actual y el futuro visible: Un abandono progresivo del capitalismo privado sería teórica­ mente pensable — aun cuando esto no sea una insignificancia tal como algunos literatos. pp. p. se dejaría ver entonces en el horizonte.). quizá después. pero que en oposición a ella es tan fuerte­ mente racional como una máquina. reírse del . y cuando ciertamente no sobrevendrá como consecuencia de esa guerra— .4 7 Incluso cuando éste persíga lo contrario. 151). y esto es. pura técnicamente.

algún resto de un movimiento de libertad. Viendo el hecho fundamental del avance indetenible de la burocratización. que se vuelven nerviosos y cobardes cuando ese orden tiembla un instante.. también de nuestros estudiantes de h oy». Casi con las mismas expresiones aquí transcritas W eber se di­ rige. y desesperados cuando son arrancados de su adaptación excluyente a ese orden de cosas.. p or lo explicado antes. y a och o años antes (1909).70 K a r l L o w it h miedo de nuestros literatos de que en el futuro el desarrollo polí­ tico y social nos traiga demasiado «individualismo» o «democra­ cia». a partir de esos «m edios» dados. la pregunta por las formas de organización política del futuro puede ser sólo postu­ lada así: [. ¡el de la burocracia en el Estado y la economía!— . Porque «esa pasión. que necesitan el «orden» y ninguna otra cosa que or­ den. 152). visto ése sobrepoder de la tendencia hacia la burocratización. y de la creencia de que la «verdadera libertad» apenas ilu­ minaría cuando Ja «anarquía» actual. En ese desarrollo estamos atrapa­ . aun cuando él mismo está convencido de lo «indetenible» del progreso de esa «máquina humana».] como si nosotros debiéramos volvemos hombres.. sino qué se «sigue» de él. que sean dejados de lado en favor del pacifismo de la impotencia social. en beneficio de un «orden social» y de una «articulación orgánica»? — esto es. esto es. qué fin es conse­ cuentemente perseguible y deseable desde la posición de los valores últimos. todavía. El mundo no co­ noce más que a esos hombres.] ¿cómo seríaposible salvar. p. p or la buro­ cratización es «desesperante»: [. bajo el ala del único poder segura y completamente ineludible·.. La pregunta que podría ser postulada no sería la de cóm o se podría modificar algo en ese desarrollo (M arx) — porque eso no se puede— . en algún sentido «individualista»? (Es­ critos políticos. de nuestra producción económica y el «engranaje de partidos» de nuestros Parlamentos sean dejados de lado. contra los apologetas de la racionalización en el cam po de la administración y la política. con saber y voluntad.

U n hombre com o Jakob Burckhardt la salvó. ligada a un funcionariado puramente negociante.. transfíguradamente autoritaria». 535). en especial. El debate se cierra con un desafío ostensivamente inmoral de contenido: és preferible. casi p o r el gustó de la lucha misma. sino que constantemente ha com batido. eri tanto tom ó posición ostentosay preci­ samente en ede m undo. no ha «salvado». en la cual está puesto el fenóm eno de la racionalización. la «expansión capitalista privada.4 9Por el contrario. a través del regreso consciente a la esfera «privada» y la cultura de la «vieja E u rop a »/8y casi lo há hecho también un estudioso co ­ m o E. vista esta tendencia om nipotente a la racionalización de la completa vida. altamente moral. el cual es fácilmente córrom pible». esa parcelización de las almas. p . W eber combatió constante­ mente ésa libertad. El éxito más universal e influyente de la racionalización es el que W eber demostró. cóm o sería posible todavía. cómo y para qué. se precisa todavía una mira­ da resumida de la relación de sentido general. en verdad. Gothein. El hechizo que encerraba la relación del hom bre res­ . sino qué tenemos para oponer a esa maquinaria. p. Sin embargo. en algún sentido. según W eber. ése movimiento de libertad es el que él. entonces. Para poder responder a esta pregunta. p. salvar algún resto de un movimiento de libertad individualista. para actuar a él contra él. de ese dominio único por parte de los ideales burocráticos de la vida (Artículos completoj ¿obre sociología y política docial. en una «acción dolorosa de renuncia» (Ensayod dobre sociología de la re­ ligión.de la «cien­ cia»: un fundamental dedencantam iento del m undo (D . que una «dirección estatal a través de la burocracia alemana. para liberar un resto de lo humano As.C . las cursivas son nuestras). Contra lo irrefrenable de la racionalización burocrática se puede preguntar. La pregunta es/ empero. no es cómo nosotros lo siga­ mos promoviendo y lo aceleremos.M ax W eber y K arl M arx 71 dos. y la pregunta central. aun hoy.414. 203) . de lam an o.

En comparación con aquella creencia trascendente. en valores dados objetivar mente> sentido. está creencia en el destino del tiempo y en lá pasión del hacer temporal es igual a una fa lta de creencia positiva. de un m odo n ovedoso.72 Ka r l L ó w ií h p ecto al m undo en épocas tempranas era — d ich o racional­ mente—la creencia en el sentido «objetivo». respectivamente. y así W eber se interroga. com o una pura responsabilidad propia del indi­ viduo frente a sí mismo.destino. a disposición de su subjetivi­ dad» para la determ inación de su sentido. han perdido su sentido objetivo. E l fu n cion a rio especialista — co m o to d o hom bre de disciplina racionalizado—no debe responder ante sí como propio individuo. con pasión y resignación. el político que . frente a «sí» en tanto uno de sus miembros. también de la del «progreso». y están ahora. de cualquier tipo. Ésta.5 1 puesto entre comillas. El progreso significa solamente de ahí en adelante un seguir caminando por los ca­ m inos m arcados del. valideces—es la subjetividad de la responsabili­ dad racional. la negación de cada tras­ cendencia. con la racionalización llevada a cabo por el hombre. por la ciencia. sino siempre en relación con su puesto frente a cada institución o. a la vez. la pregunta por el sentido motivada por el desencantamiento del mundo.5 0 La afirmación de ese día a día es. La oportunidad positiva de esa desilusión del hom bre y aquel de­ sencantamiento del mundo a través de la racionalización es la afirm ación «sobria» de lo cotidiano y de su «exigencia». C on el desencantamiento de ese hechizo surge la necesidad de préguntar nuevamente por el «sentido» de nuestras objeti­ vidades. significa para la relación del hombre mismo con el m undo una am plia desiludión : sign ifica «libera liza ción » cien tífica. En contraposición. sucede a través de la diferencia de dos tipos fundamentalmente distintos de responsabilidad. en especial. L a descripción decisiva de W eber de este individualism o. L o positivo de esa fálta de creencia en algo que vaya más allá del destino del tiempo y de la exigencia del día — por ejemplo. en tanto todas las objetividades.

com o un hegeliano que quiere superar \aufheben\ las contradicciones de la sociedad burguesa en sus principios — aun cuando no com o lo imaginara Hegel a través de la conservación de un Estado ab­ solutamente organizado. es ésta: «D e­ m ocracia de líder con "máquina” ». no por último. pp. a las cuales se opon e. ese resto que persiste de la «época heroica del capitalismo». y su contrin­ cante. Sin em bargo. la fuerza movilizadora en la completa conducta de W eber fue la contra­ dicción. aunque sí en función de él. pero contra él. oposición·. Puesto en ese mundo de servidumbre. Por el contrario. el individuo pertenece como hombre a sí mismo y depende de sí. una fórmula que resume su posición dé estar contra la democracia indirigida. el re­ conocim iento dé un m undo racionalizado. a través de sí mismo. sino p or su com pletó apartamiento en una sociedad sin oposiciones— . si quisieran responder com o un em pleado {Escritos políticos. p or propia responsabilidad. instituciones. y p or el otro. La p osición de W eber es. la p recon dición de esa posición es exacta­ mente ese mundo de las «reglamentaciones». y perse­ guir fines que no son calculados por ese mundo. en sí misma y esencialmente. pero también contra él liderazgo que no tiene nada que conducir. entonces. un opositor que le pertenece.M ax W eber y K arl M arx 73 en verdad «guía» y el empresario que «dirige». porque se evade de la máquina. siempre de nuevo administrada. 153 y ss. e irres­ ponsablem ente. C on esa afirmación indiferente de la pro­ ductividad de la contradicción. W eber se ubica en obvia oposi­ ción a M arx. La posición básica que W ebér tom a en ese m undo racionalizado y que detemina sü «m etodología» es. que allí permaneció. La fórmula política crasa para el movimiento fu n ­ damental. fá­ bricas y seguridades. El sentido positivo de aquel «movimiento de libertad» que concierne a W eber es al­ canzar los propios fines en ese mundo. de por un lado. de Weber. y 415). la de una sujeción objetivam ente voluble del individuo responsable de sí. delineado en Contradicción. de . actuarían com o individualidad humana.

y hacer tem­ blar en cada caso a alguna carcasa de «servidum bre». hum ano enajenado de sí.] «com o científico singular em pírico en sus escritos. que pretendía encon­ trar un camino para poder duperar lo humano específico del m undo racion alizado. sino siempre sólo. com o tal y tal— : [. en medio de su humanidad «parcelada». En m edio de ese m undo de «especialistas sin espíritu y hom bres de g oce sin corazón». tener efectos con la fuerza pa­ sional de lo negativo. en cada oportunidad. com o hom bre de partido en la tribuna. sino la pregunta de cóm o el hom bre com o tal. se revela la individualidad de W eber en la form a propia de su totalidad. com o docente académ ico en la cátedra. También aquí la pregunta era para él. éste . com o homo religiodud en el círculo más estrecho».5 2 Pero precisamente en esa distinción de las esferas de la vida — cuya expresión teorética es la «li­ bertad valorativa»— . en su totalidad. Y también aquí afir­ ma W eb er básicam ente a lo. porqu e él en verdad no deja m da a esa for­ ma de existencia un deje de «libertad de m ovim iento». no obdtante. junto con la división del trabajo. La unidad de racionalidad y liber­ tad se docum enta de la form a más urgente en la posición es­ pecífica que ha tom ado el hom bre W eber respecto a su p ro­ pia especialización. La expresión inmediatamente humana de esa contradic­ ción fundam ental es la con tradicción interna a lo humano entre hombre y edpecialidta. com o miem bro de una esfera determinada — portando ése o aquel rol. sino que se la im pone.. esto es. Y también aquí corresponde a la unidad y divergen cia de sus intereses disciplinarios la unidad de una contradicción humana.74 K a r l L o w it h persistir en la contratendencia hacia la libertad de la propia responsabilidad. W eber no se presentó nunca c o ­ m o totalidad.. la hum anidad especialista. a veces aquí y otras allá. no com o lo fuera para M arx. de ese m undo especializado y escolarizado. la libertad hacia la responsabili­ dad de sí del individuo. p o ­ dría conservar. d ich o co n M a rx .

n o es capaz de rom per la carcasa de la pertenencia y de la membresía uni­ versal. pero sí puede forjarse un camino para su persona. puramente humana. y en con sideración a ella. La renuncia consciente de W eber a una «humanidad com pleja». significa para él también no una totalidad indivisible. dentro de la humanidad especializada y y a arrai­ gada en nosotros. sino una en m edio de la falta de corazón del cá lcu lo5 4 hum ano. pero esa opodición tiene com o precondición constante la anterior dubordinación. corresponde a la defensa del derecho de una cada individua­ lidad com o tal. Y así. de algo grande o p e ­ queño— . en un m omento determi­ nado — se trate de éste o de aquel rol. ni en el otro un individua­ lista. su deli­ mitación al trabajo disciplinario del especialista — «la precon- . la defensa de W eb er de la así llam ada anarquía en la prod u cción económ ica. p or eso. el in dividu o co m o tal. así también la salvación del individuo humano significa para él una tal.5 5 Por la fuerza de ese tipo de individualidad. en un momento dado. sino que un «h om bre» es el individuo cuando se aboca totalmente a su rol singular. Tanto com o W eber presupone en el cam po de la política a los políticos y empresarios que en verdad dirigen — al Individuo—com o ta­ les. que le concierne com o lo humano. Él quiere salvar el «alma» del sobrepoder del «hom bre del orden». de la servidumbre sobre todo. pero ese «alma» no es el alma sentimental de la «m ecánica del espíri­ tu » de Rathenau. a la defensa del «último héroe hum ano» (y él no es ni en un caso un anarquista. Igualm ente. W eber puede apoyarse en todo y en nada — posicionarse en cada si­ tuación dada y.5 3 en el sentido habitual de la palabra). En tanto él se subordina a ese destino se posiciona contra él. totalmente sobre sí— .M ax W eber y K arl M arx 75 fue el sentido de la «libertad de m ovim iento». en el cual se resume su idea del hombre. por encim a o externa a las form as de existencia fácticas particulares de la humanidad especialista m oderna. Ese individua­ lismo. que actúan inevitablemente dentro de la burocratización.

al­ gún valor.5 7 La idea de esa libertad humana no está sólo en oposición al individualismo promedio que Hegel y M arx combaten com o la libertad filistea de la preferen cia privada. no obstante. señala Honigsheim. cuya «realidad austera» es hoy. c o ­ mo el fundamento infundamentado de su postulación de fi­ nes — podría llamárselo también el D ios falso de una humani­ dad vaciada de divinidades— . p. como hombre. y que era para él la libertad de la comunidad mád alta. La expresión intelectual. ha combatido W eber en medio de sus esfuerzos por la objetividad científica y política. sirvió a esa libertad de movimiento. en m edio de esa «parcelización del alma». las cursivas son nuestras). es una renuncia que instala. consistente en que se da un «infor­ me» «sobre el sentido último del propio hacer». También la «sociología». a la vez. el método sociológico de la destrucción de todas las aspi­ raciones incondicionadas de valor de los representantes de las instituciones. y su héroe humano le habría pa­ recido a M arx una «invocación a los muertos» de los tiempos heroicos de la burguesía. y precisam ente ella. sobre la cual debía reali­ zarse5 6 ahora el héroe humano. la cre­ encia en fines valorados objetivamente. «en un sentido m uy m odera­ d o de la palabra». Para edo le sirvió en última instancia. W eber creó con ese mé­ todo una plataform a de la negativídad.C . 531. en administraciones y conceptos. si no lo puede hacer con pasión» (D . «Porque nada tiene para el hombre. Esa idea de M arx era para W eber una utopía. permanecer — p or fuerza de la pasión—en el hacer — en sí— singularizado. com o si fuera esta creencia un servicio a los fal­ sos dioses y pura superstición — todo ello para salvar al héroe humano— . en el m undo actual»— .. C on ese «dem onio» de su pasión. de esa humanidad es lo que él ha caracterizado com o una «m odera­ da honradez intelectual». sino tam bién en contraposición externa con aquella «libertad» hacia la cual M arx quiso emancipar «humanamente» al hombre.76 K a r l L o w it h (lición de un hacer pleno de valor. no . una dem anda aún más elevada: esto es.

Esa dife­ rencia de sus cosmovisiones e ideas del hom bre se interpreta en la variedad de sus puntos de vista patrones para la inter­ pretación del mundo m oderno capitalista-burgués: en W eber la «racionalidad». plena de responsabilidad. en M arx la «alienación de sí». del significado arraigado. en la tesis del marxismo vulgar de la así llamada «base real». Ese discurso de la anatomía de la sociedad burguesa expresa. esa concepción se reúne con la tesis. en el sentido hegeliano.M ax W eber y K arl M arx 77 obstante. com o la estructura sobre . por último. primero. hacia el «sistema de necesida­ des» como tal. de las relaciones de vida materiales com o tales para todo otro significado y se solidifica. sino su «anatomía». radical. al ser económ ico y a la conciencia de sí. y caracteriza a las relaciones de producción ma­ teriales com o la estructura ósea de esa sociedad. nada más que un desplazamiento del peso desde la «sociedad bur­ guesa». ahí empezaba para el primero la ética de una «convicción». y donde para el último acababa de ponerse en marcha la verdadera historia. Pero simultáneamente. éste. su «esqueleto» y. claramente «no heroica» y sólo el «espectro» de sus grandes épocas. en un m ovi­ miento. pasando por Feuerbach El hilo con du ctor específico «marxista» para el análisis del mundo capitalista-burgués no es su «enajenación de sí». Su desarrollo histórico desde Hegel a Marx.5 8 L o que para W eber fue un «destino ineludi­ ble» significaba para M arx nada más que la «prehistoria» de la humanidad. mucho más extensiva y discutible. su «econom ía política» — una expresión que dialécticamente comprende. B . L a interpretación m arxista del mundo capitalista burgués según el hilo conductor de la enajenación de sí humana I.

tras la propia reconci­ liación de M arx con la filosofía. la crítica de la economía política se ha colocado en el prim er lugar. D eben considerarse al respecto preferentemente los escritos de 1841 a 1845. M ás aún don y permanecen fundamen­ tales los escritos del joven M arx también para E l capital'. En esa form a no solamente tosca sino desviada. a la religión. una «superestructura» interpretable de m odo puramente ideo­ lógico. económica­ mente». resta todavía el hecho de que. Esta delimitación temá­ tica no significa. A sí también lo observó W eber. desde esa perspectiva. «Se puede resumir el desa­ rrollo de M arx. de 1842. políticamente. com o sobre una plataforma autónoma. entonces la tendencia viviente de la cual resulta se encuentra y a en un debate de la Gaceta Re. la filosofía y la política y a todas las otras ideologías. y lo com batió com o si fuera un materialismo de la historia dogmáticamente económi­ co. con especial consideración hacia el punto de vista rector de W eber de la racionalización. . los cuales serán también interpretados de nuevo. que pueda separarse al joven M arx del posterior. sólo el résultado último en el cual «culmina» su revisión crítica de la filosofía del derecho de H egel.nana. y un «resultado» es. Si se deja de lado la pregunta de cuánto el mismo M arx y en especial Engels han prom ovido esta concepción marxista vulgar.78 K a r l LO w it h la cual debe erigirse. después a la reli­ gión y la filosofía. el mar­ xismo se ha vuelto mayoritariamente objeto de crítica y de de­ fensa. será. cuyo título es «crítica de la enajenación de sí». en lo que sigue. y si el primer capítulo de E l capital de 1867 es un resultado. según Hegel. Esa tendencia viviente del resultado. el «cadáver que la ten­ dencia viviente ha dejado tras de sí». extraída y visibilizada desde los escritos del j o­ ven M arx. sin embargo.5 9 La interpretación específicamente económ ica de to­ dos los m odos de aparición de la vida humana es. según las propias palabras de M arx. por último. pará dejar a éste a la filosofía «marxista» y a aquel a la «burguesa». y. con la siguiente breve fórmula: criticó a la religión filosóficamente.

com o la última figura de una filosofía absoluta. C om o hombre. Ese m undo bur­ gués-capitalista se le representa a él. En el prefacio de su disertación y en una carta a R uge (1843). esa ten­ dencia hacia el hom bre como ta l fue el movimiento fundamen­ tal de la transformación de la filosofía especulativa de Feuer­ bach en antropología filosófica. § 377). H egel lo determina com o «espíritu» (Enciclopedia. La filosofía que él tuvo frente a los ojos. fue la filosofía de Hegel del espíritu absoluto. Y com o W e b e r creyó necesario com prender al «d iab lo» de la racionalización y tener un panoram a de sus «caminos hasta el fin». En el distanciamiento respecto a ella se desarrolla. en la cual estamos posicionados. y la fi­ gura originaria de su análisis crítico del procesó dé p rod u c­ ción capitalista es una crítica dél m undo burgués. apenas apare­ . L o deseado en última línea fue y perduró una «em ancipación humana del hom bre». D en tro de la filosofía alemana contem poránea. incluso después de creer haber descubierto la posibilidad del hombre «nuevo» en el proletariado. ningún papel fundamen­ tal. en prim era y última línea. com o hegeliano que es. M arx se describe com o un «idealista» que tiene la «desvergüenza» de «querer hacer hombre al hom ­ bre». así también expresa M arx que sería beneficioso estudiar «a ese amo del m undo». un m undo humanamente invertido. com o para Weber. La relación histórica de esas tendencias fundamentales con Rousseau6 1 es evidente. com o una realidad específicam ente «i-rracional».M ax W eber y Ka r l M arx 79 El tema fundamental de M arx es. una inhumanidad. la rea­ lidad que nos rodea. la tendencia crítica hacia el hom bre como hombre. Según su «esencia» universal. es el hom bre como tai. El hom bre com o tal no desempeña en la filosofía de H egel del es­ píritu absoluto.6 0 L o que debe mostrarse primero es que lo que concier­ ne a M arx. objetivo y subjetivo. y com o m undo humano. un «humanismo real». tanto en Feuerbach com o en M arx. en el hilo con du ctor de la autoenajenación humana. «para ver sü poder y sus limitaciones».

el su­ jeto·. abs­ tracta». se habla de hombre en ese sentido (§ 190). «hom bre». Pero ese hombre así determinado no materializa. sin clases. una figura concreta de la razón). des­ de la cual emerge también la «demandada compensación en- . su mero ser humano.. Sólo desde aquí y en verdad sólo aquí. en la familia. Y ésta — o sea. H egel dice (§ 209 y nota de § 270) que es cierto que cada hombre es. Hegel no negó en absoluto el concepto de hom bre como tal. el hecho concreto de la representacion es lo que se Da­ ma hombre. de valer Como personas de derecho en la sociedad burguesa». en primer lugar. el «burgués». en la Filosofía del derecho·. Pero explica el verdadero contenido pleno de esa cua­ lidad universal diciendo que es «a través de los derechos bur­ gueses [ .] recon ocidos» cuando aparece «el sentimiento de sí. L o que él llama «hom bre» es ya. ni para H egel ni para M arx. y com o el sistema de esas necesidades concibe H egel a la sociedad burguesa. Este es una mera de­ terminación o particularidad: en Hegel en relación con lo en verdad universal del Estado (que es. no es de ningún m odo una cualidad «plana. y es precisamente aquí que se muestra su mirada emi­ nentemente realista sobre la «realidad» que le rodea. lo verdaderamente universal del hombre. más allá de qué raza. sería la «raíz infinita de todas las otras raíces libres». en M arx en relación con lo en verdad universal de la sociedad puramente humana. el objeto es la persona-..80 K a r l L o w it h ce en la Filosofía del derecho de Hegel. Hegel diferencia. el miembro defamilia·. la humanidad con derechos burgueses— . nacionali­ dad /creencia. com o sujeto de las necesidades terrenas. posición u oficio diferente posea y eso. también y solamente. Aquí. bajo el título de que sería el sujeto de las necesidades terrenales. En el derecho. el ciudadano (como burgués). en la sociedad burguesa. sobre la perspectiva de las necesidades. por su parte. aclara H e­ gel. pe­ ro sólo lo recon oció en consideración con el hom bre de derecho burguéé. en la posición moral.

E n correspon d en cia co n ello. esto es. «hom ­ bre». El completo esfuerzo de Feuerbach fue transformar esa fi­ losofía autónoma del espíritu en una filosofía del hombre. católico o protestante). esto es. H egel creyó más en la espi­ ritualidad del hombre que en su humanidad. La tarea era «derivar desde la filosofía del ab­ soluto.M ax W eber y K arl M arx 81 tre m odo de pensar y convicción».A esta determ inación on to -lógica específica del hom bre (com o «espíritu»).del hom bre» (prefacio a los Fundamentad de la fib d ofía d elfu tu ro). de acuerdo con su esencia universal. la necesidad de la filosofía del hom bre. la conciencia de no ser más que un hom bre—«defectuosa» cuando — «tal vez com o cosmopoli­ tismo»—sefije ahí. del puro hom bre com o hombre. el volver al hom bre cosa de la filosofía. sé m otivó des- . es sujeto de necesidades terrenas.6 2 La tarea de su «nueva» filosofía del «futuro» él la describió com o sigue: «E n el presente (1843) no se trata aún de presentar al hombre. y sólo al hom ­ bre así caracterizado (del cual se puedè tener sólo una «repre­ sentación». pero no un verdadero «co n ce p to » filosófico) lo nom bra hombre. H egel se preserva expresa­ mente frente a una absolutización de eéa determinación. Esa ten­ dencia. la antropología. La determi­ nación general de la esencia del hom bre es y prevalece en la filosofía de H egel no en que él sea. como «hom bre» de dere­ cho burgués. en algún sentido. esto es. y a través de la crítica de la filosofía divina fundar la crítica. la doctrin a de la «enajenación de sí» significa en él algo fundamentalmente di­ ferente a lo que significa en Feuerbach y en M arx. sino de rescatarlo del pantano (“idealista”) en el que fue hundido». se volverá esa conciencia de sí — estó es. estatal. Evidentemente. aun cuan­ do su estructura formal sea la misma — com o «categoría»— . porque aun cuando cada uno sea igual al otro en tanto que vale sólo com o «hom bre» (y no com o italiano o alemán. sino en que sería «espíritu». y se oponga com o algo en sí significativo) au­ tónom o y fundamental a la vida pública. desde la teología (filosófica). Hegel subordina el que.

Feuerbach polem iza que también sé trataría de él cuando se habla de la «persona» de derecho y del «sujeto» inorai y de otras formas similares. ciudadano estatal. sólo que en «Otro sentido». del hombre de la sociedad moderna. su Crítica de la filo ­ sofía del derecho de H egel comienza con el llamamiento ai retor­ . Retom a la. «E l hum anism o real no tiene. co m o hom bre privado. siem­ pre de acu erdo co n el rol y la disciplina. Y esto no a través del com unism o del amor del «yo y tú» de Feuerbach. un enemigo más peligroso que el esplri­ tualismo o el idealismo especulativo. És­ ta com ienza con la siguiente frase. D el mismo m odo. burgue­ sa-capitalista — su humanidad de especialistas—pudiera ser re unificada de nuevo. y que enseña. empléado. En verdad. que el espíritu es lo que vuelve viviente». etcétera. y de su carácter de clase en particular.determ inación particular del hombre de H egel. Incluso en La ¿agrada fa ­ m iliare identifica con el «humanismo real» de Feuerbach.82 K a r l L o w it h de la tendencia de v olv er a la filosofia cosa de la «humani­ d a d ». que pone en el lugar del hombre realmente individual 1a “conciencia de sí” o el “espíri­ tu”. Por­ que sería constantemente ima propiedad característica del hom­ bre el que pueda ser determinado com o ¿je y com o aquél. citada definición de la Filosofia del derecho y en el lugar donde Hegel dice que sería aquí y sólo aquí (dentro de la sociedad burguesa) que se habla de hom bre en ese sentido.6 3 D e acuerdo con su principio an tropológico. junto con los evangelistas. sino p o r la superación so­ cial de la división del trabajo en general (en su form a hasta hoy existente). La crítica del hom bre de la sociedad burguesa de M arx. en Alemania. F euer­ bach discutió \a. y con ella la del mundo m oderno en general. Feuerbach se preserva entonces frente a! concepto particular de hombre de Hegel. com enzó en la p o ­ sición antropológica de Feuerbach. fá cticámentedividQa. se trataría siempre de uno y delmidmo hom bré com pletò. sin — cóm o M arx—tomar en serio esa particularidad con­ creta y sin mostrar úri camino p or el cual esa humanidad.

lo que ella sea de acuerdo con su constitución natural es. mundanas. en cam bio. en esa división en apa­ riencia puramente teorética del hom bre no se refleja otra co ­ sa que una objetiva falta de «espíritu» o in-humanidad en las relaciones de existencia en verdad vigentes de la humanidad moderna. en relación con eda otra. la misma constitución natural. C om o mercancía o com o trabajo corporeizado es tan valiosa com o otra mercancía indetermi­ nada. una «form a va­ lor» y una «form a natural»— . más o menos indiferente. el hombre de ese mundo de mercancías. com o es el sujeto de derecho burgués de las necesidades — entre otras d e ­ terminaciones. a esa «racionalización» del hom bre en cada m odo de existencia peculiar. Porque a esa singularización. como «mercancías». M arx se refiere lacónicamente a ello en su nota al § 190 de la Filosofía del derecho de Hegel. puesto en su form a de valor burguesa — «com o general o ban­ quero». el hom bre como ta l y «sim ple­ mente». contra la determina­ ción particular del hombre de Hegel. un especialista fijado y dividido a través de su activi­ dad objetiva—cumple un gran rol.M ax W eber y K arl M arx 83 no. A sí también.6 4 El retorno a Feuerbach6 6corresponde a una polém ica dirigida en el mismo sentido. fi­ jación y autonom ización objetivam ente dominante d e las sólo . parcialmente cosa. sin em bargo. pero meramente subordinada. corresponde una separación. M arx com para al hom ­ bre de la sociedad burguesa con la mercancía com o producto del trabajo simple^ Porque com o ella. asimismo parciales— . él posee un discutible «doble carácter» — hablando económicamente. desde la teología hacia la antropología de Feuerbach. tanto frente a otros com o frente a sí mismo. M ercan­ cías deseadas pueden tener. cumple uno «muy m odesto». fijación y autonomización teorética. Esa referencia debe in­ terpretarse del siguiente m odo: cuando Hegel hace al hombre como ta l una cosa tan especial. un valor com pletemente diferente y. en form a natural. por así llamarlo. p or­ que esa crítica sería la pre condición de toda otra crítica de las relaciones de los hom bres terrenas.

Esas concreciones abstractas.84 K a r l L o w it h parciales impresiones del ser humano. pues una particularidad es sólo con consideración. no tie­ ne en una sociedad tan diferenciada y separada (racionaliza­ da) ningún rol fundamental. de hecho abstractas. por las «necesidades» terre­ nas. en cada caso. pero no com o hom bre sin contradicciones y puro. sino sólo. en tanto con­ creciones del ser humano. pero sí en tanto es ese A lgo fijo. según su posición y rendimiento. el hombre del ofi­ cio y la especialidad moderna. el hombre de trabajo intelectual o corporal. p or un lado. Él es hombre. en tanto así llamado hom­ bre privado. por el contrario. en la sociedad burguesa. el hom bre de cíase burgués y proletario. hom ­ bre privado en diferencia a su vida pública. a otra particularidad. sino la expresión teorética­ mente adecuada para una «inhumanidad» objetiva de las reía- . siempre solamente de una forma totalmente con dicio­ nada y delimitada. en tanto está determinado esencialmente a través de ésa o aquella particularidad. por el otro. hombre de oficio en diferencia a su vida de familia. por ejemplo. de m odo primario y mayóritariamente. por ejem­ plo. en ge­ neral abarcadora. En todas esas impresiones parciales del ser humano se visibiliza también el hombre com­ pleto com o tal. abstraídas del hombre «simplemen­ te» son. p or la existencial pregunta económica. en todas esas impresiones del ser humano. especiales y autonom izadas en su esp ecificación — com o el tal cosa y el tal otra— . y el ciudadano de Estado público con su moral pública. que se vuelven las con­ crecione.: de la sociedad burguesa en dos m odos de existencia separados y contradictorios: el hombre privado con su moral privada. que no conciernen al hombre en su totalidady com o tal («simplemente»). El hom bre «simplemente». así tam poco es la definición de H egel del hombre. en esencia. Él es «hombre». a un especialista. y sobre todo la división. en cada ca­ so.4. según la cual el hombre como tal sólo es una particularidad. una me­ ra construcción de pensamiento. Y porque esas posiciones y rendimientos sociales son condicionados.

en sentido verdadero. Él es esencialmente zoonpolitikon. En orden a liberar al hom bre de su particularidad total infrahu­ mana y superar \aufheben\ la enajenación del hombre simple­ mente en una especialidad humana. Porque es el hombre. y no sólo a las particularidades singulares dentro de aquella parti­ cularidad total que presenta al hom bre burgués como tal. es «hom bre». es común. com o y a descubierta. en todos los campos: en su form a económica. sino con el «mundo» del hombre. en su problematización humana. Esto es. La convicción de que la filosofía del espíritu de Hegel con­ tiene al hom bre sólo com o una particularidad. le concierne desvelar. a F euerbachy a M arx. está enajenado. interna a loé hombres. que en la filosofía del espíritu de H egel está tan oculta todavía. y por eso se com pleta la crítica del hombre del m undo burgués de M arx com o crítica de su sociedad y de su economía. Ésta no se relaciona con el hombre com o «ego y al­ teregó» (Feuerbach). com o tal y en su totalidad. del orden social y del orden económ ico m odernos — esto es. burguéscapitalista — un signo de que el hom bre como hombre. M arx exige una «emanci­ pación del· h om b re» no sólo política y econ óm ica. y a en el inicio. porque él mismo es su mundo social. pero no com o la totalidad humana y filosófica fundamental. la aparente obvie­ dad que — para el hom bre de la sociedad burguesa—afirma que es el burgués el que. p o ­ lítica e inmediatamente social. La expresión económ ica de su problemática es el mundo de las mercancías·. del m ismo «orden » que viene a nuestro encuentro. sin per­ der6 6 con ello su fundam ental sentido an tropológico. sino «humana». desde el cual parte M arx. M arx persigue esa enajenación de sí fundamental y general del hom ­ bre del orden estatal. en W eber. en él. com o el destino ineludible de la racio­ nalización— . del hombre de la so­ ciedad burguesa.M ax W eber y K arl M arx 85 ciones de existencia vigentes del m undo m oderno. por tanto. su expresión políti- . A sí es que a él le concierne desvelar aquella particularidad total. y es a él al que se dirige.

por eso. en que [■■. también científicamente. su «form a mercancía»..I. 2 6 6 y ss. de ningún modo comienza justo ahí. es fácil de reconocer en el debate sobre la ley del rob o de leña de 1842 (W .6 7 D e ahí que E l capital co ­ mience con el análisis de la mercancía. sino que ¿« ella es­ tá contenido.86 K arl L o w it h ca. en su opinión. p. XLIII La expresión económ ica de la enajenación de sí humana es la «mercancía». Esa form a m ercancía o estructura de la mercancía caracteriza tanto la enajenación de la individuali­ dad del hombre. La expresión económica de la enajenación de sí en la «mercancía» Como en toda ciencia histórico-docial. El sentido humano y social-critico básico de esos análisis económ icos tiene expre­ sión directa en E l capital solamente en explicaciones transito­ rias y en notas. La m ercancía. p p . o respectivamente. En cambio. com o la de las codas. en el sentido de M arx. donde de habla de ella como tal. su expresión inmediatamente humana-dociaL. .] formad deder-ahí. en que la economía. y. Para L acrítica de la economía política.). de debe diempre indùtir en el desarrollo de lad categorías económicad. la existen­ cia del proletariado. 1.] la dociedad burguesa moderna edtá dada y que lad categorías expredan [ . la contradicción entre el Edtado burgués y la sociedad bur­ guesa.. com o el carácter verdadero de todod los objetos del m undo m oderno. determinacioned de la existencia. a menudo dòlo adpectod dingulared de eda dociedad determinada. el carácter ontològico fundamen­ tal de nuestros ob jetos en su totalidad: su objetualidad. Éste contiene la primera y ejemplar revelación de aquella in­ versión fundamental de «m edio» y «fin». significa no una form a de objeto entre otras. II.

com o que quiere cancelar esa enajenación. com o hom bre que tiene esta conciencia de sí particular y «limitada» y al que. en esa forma significativa.En ambas perspectivas la cosa muerta es. com o p oseedor de leña. sea para el hombre. de acuerdo con su más propio sentido. porque ella misma — igual qué la mercancía—es ya una expresión objetiva de las relaciones «políticas» — en el sen­ tido de la palabra— . sólo com o ladrón de le­ ña. y se define a sí mismo. L o que M arx quiere decir en el debate es. por consiguien­ te. o preferentemente. mientrad que él no es ca­ paz de determinar hum anay socialmente sus relaciones cosificadas y dominárlas. fin último. tiene un ca­ rácter de fetich e. n o puede p o r lo tanto erigirse. Una pena correcta. res1 · pectivam ente. sino. de nuevo. que la roba. p or m edio de la presuposición de que esa cosa. sino una cosa de significado econ óm ico y social. y el hom bre.M ax W eber y K arl M arx 87 de «cosa» y «hombre». no se diferenciarán esas leyes en nada. por lo tanto de significado humano. en la «cosa»—está con­ cluida. humana y n o sólo jurídicam ente. com o un «idealista». algo inhumano — mera leña—que determina al hombre y lo «subsume». en principio. com o la mercancía. el otro hom bre no le viene en consideración tam poco com o hombre. a esa «exterioridad» cumbre. una «potestad objetiva». El hombre puede ser determinado por la mera «leña». mientras que uno se sepa única y solamente. Una enajenación de di es la renuncia en una cosa. porque. M arx describe en la disertación com o «materialismo» al comportarse hacia sí mismo com o hacia algo otro y ajeno. C om o leña. lo siguiente: la lefia que pertenece a alguien y que puede ser robada no ed leña solamente. no es lo mismo para el poseedor com o propieta­ rio privado que para un no poseedor. Por eso pueden «ven cer los falsos dioses de madera y sacrificarse las víctimas humanas»: Cuando la leña y el poseedor de leña como tales decretan leyes. más que en el punto geo­ . en la cual la enajenación de sí del hom ­ bre com o axitorrenuncia — precisamente.

lo «interésante» . el periódico estatal prusiano. a la vez. no resolverla en relación con la completa razón de Estad o y la moralidad estatal (W!I.. también las cosas mis­ mas se vuelven ahora. Pero en tanto algo com o la leña. o el querer cancelar la expresión nacional-económica de la humana enajenación de sí.] a la vieja forma del tener. Este sentido radical hu­ m ano de los análisis econ óm icos se m antiene después. 1. a la propiedad privada. y que dicta que en una ley sobre leña sólo hay que pensar en leña y en bosque. com o está contenida en la demanda de igual podedion. esa aparente «cosa-en-sí». En una función ño es. Proúdhon contrapone [. que la interpretación meramente nacional-económ ica de una situación de ese tipo.. p. Esa in­ versión es un «materialismo infame». se concibe aún la reapropiación misma del mundo objetivo bajo la forma nacional-económica de la posesión. juntó con la «cosificación» de la conciencia de sí humana. contra Proúdhon. Ya que su crítica de la economía na­ cional todavía está atrapada en las presuposiciones de la econo­ mía nacional. dé m odo aún más expresamente crítico. se vuelve m edida del ser y dél com portam iento del hom bre se­ gún relaciones sociales determinadas. A la posesión él le atribuye una «función social». lá posesión. presenta una expresión todavía enajenada de la general enajenación de sí humana: Que Proúdhon quiera cancelar el no-tener y la vieja forma de te­ ner se identifica por completo con su querer cancelar la relación prácticamente enajenada del hombre frente a su esencia objeti­ va. Se codifi­ can la¿> relacioned huihanad a travéd de que leu) relacioned codificadas de humanizan en potedtaded cuadiperdonaled dobre el hombre. En La dagrada fam ilia éste subraya. y el lenguaje en el que son dadas. 304). una medida del hombre. esto es. Ese materialúrrw infame (ese pecado contra el espíritu santo de los pueblos y de la humanidad) es una consecuencia inmediata de aquella doc­ trina que predica el legislador.88 K a r l L ó w it h gráfico én el cual. empero. en Marx. y no resolver políticamente la tarea singular material.

pp. sino tam bién una cancelación de la contraposición entre ciudad y campo. enajenar y a la vez prevale­ cer com o un poder independiente [ .7 0 Pero la división del trabajo sólo puede ser en verdad cancelada so­ . de m odo que «sus relaciones se autonomizan contra sí mismos». como ser objetual del hombre. en su raíz. También aquí M arx pregunta de dónde surge la «extrañeza» con la que los hom bres se com portan respecto a sus propios productos. dentro de la involuntaria «autonom ización de los intereses personales hacia intereses de clase. vigente hasta hoy. debe ser canceladay transformada en una total «actividad propia». Esa transformación significa no sólo una cancelación de la división del trabajo en intelectual y corporal. es a la vez el ser-ahí del hombre para otro hombre.) . como ser para el hombre.. 248 y ss. de tal m odo que éstos no tienen y a bajo su poder «la form a de su comportamiento mutuo». 139-140). La misma pregunta postula también La ideología alemana. ¿C ó m o se llega a que. el comportamiento social del hom­ bre hacia otro hombre. enajenada de que el objeto. II. Proudhoii no logró dar una explicación que esté a la altura de ese pensamiento. de esta manera él no la cancela realmente. ese fundamento de la racionalización. que por sí misma sólo es «la más crasa expresión de la subsunción del individuo bajo la división del trabajo» (La ideología alemana. su relación humana hacia otro hombre.M ax W eber y K arl M arx 89 el «excluir» al otro. el comportamiento perso­ nal del individuo se deba cosificar. sin él·»?6 9 La res­ puesta de M a rx es: a través de la división del trabajo.6 8 Esto es. aun cu an do n o sea tratada de la misma manera. sino afirmar mis propias fuerzas esenciales y materializarlas. y «el poder de su propia vida se vuelve sob rep od eroso contra ellos». y 271 y ss. La completa forma de tra­ bajar. Proudhon cancela la enajenación nacional-económica (sólo) dentro de la enajenación nacional-eco­ nómica (Obradpódtumad. La representación de la «igual posesión» es la expresión nacional-económica..] de él. pp. esto es.

pero el hombre es esclavo del hombre o esclavo de su propia vergüenza. tan inevitable que la diferencia (no comunista) «éntre la vida de cada individuo en tanto es personal y en tanto está bajo cualquier rama del trabajo y las condiciones a ella pertenecientes. sino al ser humano mismo en todas sus exteriorizaciones. Por el contrario.90 K a r l L o w it h bre la base de un orden comunitario comunista. Ese antagonismo entre industria moderna y ciencia aquí. el cual vuelva generales no sólo la posesión. [. es subsumid a ». parece que cada cosa está preñada de su contrario. otros pueden desear extirpar las capacidades modernas para así extir­ .] El resultado de todos nues­ tros descubrimientos y de nuestro progreso parece ser que las fuerzas materiales están dotadas de vida espiritual. La victoria del arte pa­ rece alcanzarse con pérdida de carácter. En nuestro tiempo. Por otro lado se hacen notar los signos de una decadencia que ensombrece los muy citados temo­ res de los últimos tiempos del Imperio Romano. Algunos partidos puede lamentarse de eso. y sin embargo nosotros ve­ mos que conduce al hambre y al sobretrabajo. La humanidad se vuelve señora de la naturaleza.'1 Diez años después de La ideología alemana (1856). la «autonom ización» de las relaciones socia­ les hacia relaciones de cosas es inevitable. en fuentes de la desposesión. La máquina esta dotada con la fuerza maravillosa de acortar el tra­ bajo humano y de volverlo fructífero. y la existen­ cia humana se rebaja a fuerza material. esa oposición entre las fuerzas de producción y las relacio­ nes sociales de nuestra época es un hécho.. han despertado a la vida fuerzas industriales y científicas. uno claro. Las fuerzas de la riqueza recién liberadas se vuelven. de la siguiente manera: Hay un gran hecho que es característico del siglo X IX y que nin­ gún partido puede negar.. M arx resume su con cepción fundamental de ese m undo invertido en una mirada hacia la «así llamada» revolución de 1848. dentro de la divi­ sión del trabajo. como no podía adivinar ningu­ na época pasada de la historia. Por un lado. a través de un curioso juego del destino. dominante e indiscutible. miseria moderna y decadencia allá.

M arx fijó ya en la introducción a la Crítica de lafilosofía del dere­ cho de H egel quiénes serían esos «hombres nuevos». en la sociedad burguesa-capitalista. para poder erigir una buena obra. el quiebre decisivo con el «humanismo real» de Feuerbach. en La ideología alemana. Con eso. la filosofía del «humanismo real». M arx completa. com o «socialismo ciéntífico». sólo necesitan de nueva) hombres (La revolución de 1848 y elproletariado). sino que lle­ ga al m ercado de mercancías m oderno com o valor. . Y sin embargo. La «cé­ lula económ ica» de esa econom ía es la forma mercancía del producto del trabajo. com o com prador de mercancías. sino una crítica del hombre de la sociedad burguesa. encontró la «praxis social» a él perte­ neciente. los llama­ dos a levantar la general enajenación de sí: «Ellos son los tra­ bajadores». a la mano del consu­ midor. para dar forma a to­ das esas oposiciones. la posibilidad de su realización y superación.M ax W eber y K arl M arx 91 par los conflictos modernos.mercancía autonomizado (ya se trate de productos económ icos o intelec­ tuales. O pueden imaginarse que un pro­ greso tan reconocible hacia un perfeccionamiento en la econo­ mía necesita de un retroceso igualmente reconocible en la polí­ tica. Nosotros sabemos que las nuevas fuerzas de la sociedad. para el que la mercancía sólo tiene un valor de cambio. en el hilo conductor de su economía. no desconocemos al espíritu astuto que avanza. Consiste en que.'2 Esa autonomización del objeto de consum o hacia la «m ercancía» ejemplifica una vez más la relación general que postula que. pleno de energía. el p rod u cto dom ina sobre el hom bre. Nosotros. lo que en su fin originario está dado para el consumo. de un m ercado ganadero o de uno de libros) y justo por ese atajo llega desde la mano del vendedor. no es prod u cid o ni intercam biado inmediatamente com o cosa de consum o para la propia necesidad. Esa mercancía es (igual que la «leña» en el debate) una expresión económ ica de la enajenación de sí. por lo que nos concierne. E l capital no significa todavía una mera crí­ tica de la economía política.

existente al margen de los productores. D e ese m odo. ella «se mantiene no sólo con sus patas en el suelo. que cuesta dinero — com o cuesta el trabajo mismo. es sólo la relación social determinada existente entre ellos. En él los productos de la mente humana parecen figuras autónomas. la mesa común es una cosa «sensible-suprasénsible»/3 L o que en ella. C om o mercancía. [.] Lo que aquí adopta. sino que se pone de cabeza frente a to ­ das las demás mercancías y de su testa de madera brotan qui­ meras m ucho más caprichosas que si. en cosas sensorialmente supra­ sensibles o sociales. o el tiempo de trabajo. Otro tanto ocurre en él mundo de las mercancías con los ¡productos dé lá mano humana. sino com o cosa de consum o. para los hombres. la forma fantasmagórica de una relación entre cosas. como propiedades sociales naturales de dichas cosas y. . pues. Mediante este quidpro quo. una rela­ ción social oculta. p o r libre determ ina­ ción. respectivamente—es.. De ahí que pa­ ra encontrar una analogía pertinente debamos huir hacia la re­ gión nebulosa del mundo religioso. M a rx realizó el análisis de la «apariencia cosiíicada» de las modernas relacio­ nes sociales de trabajo en el «carácter de fetiche» de las mercancías. ante los hombres él carácter social dé su propio trabajo como caracteres objetivos inherentes a los productos del trabajó.92 K a r l L o w it h pero no al revés. sin más. en que también refleja la relación so­ cial que media entre los productoresy el trabajo global como una relación social entre los objetos. es sensorial.. en primera instancia. com o corresponde a la «relación natural de las cosas» — dicho con el giro prudente de W eber— . comenzara a bailar»: Lo misterioso de la forma mercantil consiste sencillamente. en que la misma refleja. por ende. en relación unas con otras y con los hombres. A esto lo llamo el fetichismo qué se adhiere a los productos del trabajo tan pronto se producen como mercancías. L o que ella es com o mercancía. es sólo aquello qüe no es com o «m ercancía» precisamente. los productos del traba­ jo se convierten en mercancías. dotadas de vida pro­ pia. C on la me­ ta de desvelar el p roceso de esa inversión.

Puesto que los productores de mercancías. sino que tam bién es históricamente mudable. Que un orden económ ico socialmente condicionado de tal rhodo. com o quiera que se juzgue. a la «oscura» Edad M edia y a sus relaciones de de­ pendencia personales. com o produc­ tores de mercancías.M arx afirma que esa inversión vale para una form a social y económ ica que no sólo ha Llegado a der así-y-node-otro-m odo. sino com o puras relaciones «objetivas» éntre ellos. puramente «objetivo»—en pri­ mer lugar solamente a trayés del intercambio de sus mercan­ cías como mercancías. Pero al mismo tiem po. com o . 38-39). 6. en principio. a los mismos productores las relaciones dociales que están en la base de las mercancías se les aparecen no com o relaciones sociales de trabajo entre hombred. Esa mutabilidad aparece. Porque. porque también su autoconciencia está. en un mercado regulado p or sí m ism o7 4 . pero no el carácter de mercancías com o tal de los objetos de consumo.M ax W eber y K arl M arx 93 y que es inseparable de la producción mercantil (ELcapital. Los hom bres no tienen en prin ci­ p io ninguna conciencia de. entran en contacto Humano-social — esto es. por ejemplo. en la misma medida. en esa época. en donde el producto del trabajo com o mercancía se vuelve autónomo frente a su productor. esto es. las relaciones sociales de las personas en sus trabajos aparecen7 6 en tod o caso. de objetos de cuaLfuier tipo en forma o estructura de mercancía. esa inversión. eso — dice M arx—debería ser com prendido inmediatamente cuando se com para a éstas con otras relaciones históricas so­ ciales y económicas. es en verdad Uno totalmente invertido. cosificada. pp. I. las relaciones cosificadas entre mercancías reciben e l carácter de relaciones cuashperdonal&tf entre cuerpos de mercancías activos. D e m odo inverso. cosificadamente vela­ da a través de la forma-valor fija y completa de las mercancías en la form a-dinero/5 de tal m odo que parecería que puede sólo cambiarse el precio de las mercancías.

él expli­ ca (§ 61) que una cosa arriba a su propia determinación pre- . La form a natural del trabaj o. C om o aquí las «relaciones de dependencia personal son las que construyen el fundamento social dado. En el § 67 de la Filodofía del derecho. Adem ás. fundamentalmente. en du totalidad.). Esa enajenación personal es igualada expresamente p o r H egel con la relación del hom ­ bre hacia la coda. Hegel explica que el hombre p o ­ dría enajenarde de sus particulared posibilidades corporales e in­ telectuales en la actividad de producciones dingulared y en un consum o delimitado en el tiempo. 6. M arx desarrolla la posibilidad de un fu­ turo orden social com unista. sólo una relación «externa» respecto a la «totali­ dad» y la «universalidad» humanas. trabajadores y productos no necesitan tomar una form a fantástica. su particularidad y no su universalidad. cuya naturaleza hu­ mana consiste. a u n hombre «natural». diferente de su realidad. según M arx. con trapon ien do otra v e z la «transparencia» de sus relaciones sociales respecto á los p ro­ pios productos del trabajo con la oscura inversión del m undo1 de m ercancías m odern o — su inhum anidad— . en que él es. A l retrotraer el carácter de mercancía al de consum o no cabe sólo una des-capitalización. pudo ser legitimado por Hegel positivamente. com o ba­ se de la producción de mercancías.94 K a r l LO w it h dudpropiad relaciones personales y no están «disfrazadas de re­ laciones sociales entre cosas». en esa delimitación. 4 3 y sS. porque éstas tendrían.7 7 sino la necesidad de retornar desde el hom bre parcial. En consonancia con esa perspectiva histórica. es aquí su form a social in­ mediata» (Elcapital. I. cosificadamente autónomo. D esde la perspectiva de eda relación. zoon polilikon. El m undo de mercancías sólo puede ser superado a través de una funda­ mental transformación de las relaciones de vida concretas del hombre. pp. en esa ép oca es característico que aquello que M arx niega com o una «autoenajenación» del m oderno mun­ do de los hombres y que W eber afirma com o un «destino ine­ ludible».

sólo p orq u e en s í es una relación «delim itada» y «externa» del hom bre respecto a sí mismo. sin embargo. legalmente «libre». para la cual lo «universal» del hom bre era el «espíri­ tu». Y así surge en él el curioso agregado siguiente (al § 67): «La diferencia aquí dis­ cutida es entre un esclavo y el servidor actual. o alienarse — sin minimizar la «exteriori­ dad» filosófica de una relación com o ésta— . lo que Hegel extrae de ello: esto es. dentro de un tiem po diario limitado. porque la exten­ sión total de su actividad era enajenada». esto es. que e l trabaja­ dor a sueldo. Asimismo. aparece lo que ésta es propiamente en primera instan­ cia. de lo que en apariencia es completamente «externo» a la cosa «misma» o «en sí»— . y ésté es el sentido originario de «propiedad». que una actividad particular. la totalidad de las exteriorizaciones humanas de la vida y el consum o total de las fuerzas humanas es idéntico con el todo mismo de la vida sustancial. su «exterioridad». Con él consumo de una cosa Se apropia la cosa misma. para el consumo— . M arx concluye a partir de ello exactamente lo contrario. en una pro­ d ucción singular. no podría absorber la totalidad real del hombre completo y determinarlo en su totalidad com o una particularidad. no depende de esa realidad irracional. está en realidad más someti­ d o que el esclavo antiguo. D e esa identidád de la süstancia'de la vid a personal con la totalidad de sus exte­ riorizaciones no sé sigue. Cuando Se ha realizado el completo consumo de la cosa — esto es. o el jornalero. un esclavo.M ax W éber y Karl M arx 95 cisam entey justo a través de que es utilizada y consumida p or el hombre. en consonancia con él para qué ella está ahí (con su naturálezá de cosa) — esto es. singular. en la total extensión de lo que es. su consumo. y la exterioridad realizada. El esclavo ateniense tenía quizá menos obligaciones y trabajo intelectual que el que. precisamente. tienen nuestros actuales servidores. Porque no obstante él es jurídica­ mente el propietario de su capacidad de trabajo y estaría en . pero era. La Sustancia de la cosa es entonces. regularmente. no obstante. Pero la filosofía de Hegel.

parte.).96 K a r l L ó w it h igual condición que el poseedor de los medios de producción. de tal m odo que su destino no tenía un significado general. I. su fuerza de trabajo vendible. 1 30 y ss. Él es. él se vuelve de ese m odo totalmente una «mer­ cancía». 4 57 y 499. en el derecho natural de H u go § 144. El hombre real (de esa época moderna) es el hombre privado de la constitución del Vetado actual. solam ente p o r un tiempo limitado. la form a cínica con la que H egel distingue entre totalidad humana y exterioridad. y no se vendería a sí mismo. hombre privado y. p. productora de mercancías. el esclavo antiguo estaba fuera de la sociedad «humana» que en­ traba en consideración.). W. III. 2 6 8 y ss. y la correspondiente crítica de M arx en Obradpódturnad. en to d o caso. Ese «libre» esclavo asalariado encama. (Com párese al respecto la form a «a corazón abierto». sino «sólo» a su fuerza de trabajo y a ella la ven de tam bién. ciudadano pú blico del Estado. en. y la sociedad burguesa o. \ - L a expresión específicam ente política de la autoenajenación humana es la contradicción interna entre el Estado moderno. pp. porque la abdtfacción de la vidaprivada pertenecejustamente a la época moderna. pp. en oposición a ella. I. Crítica de lafilosofía delderecho de Hegel. la contradicción en di mismo del hom bre de la so cie d a d burguesa y del Estado burgués. a la vez el problem a universal de la sociedad m oder­ na. es lo único que defacto «posee» y debe enajenarla para poder vivir (E l capi­ tal. en parte. o mejor. porque.I. pa­ ra M arx. p ero ni com o éste ni com o aquél es un . porque ésta. La expresión política de la enajenación de sí humana en la sociedad burguesa La abstracción del Estado como tal pertenecejusta­ mente a la época moderna. respectivamente.

para M arx. cosificada de ser humano. así también la crítica de la sociedad burguesa y del Estado burgués con ­ cierne a la esencia del burgués cóm o tal. La crítica de la econ om ía com o crítica de la econom ía «política» y a es indirectamente una crítica de las re­ laciones de vida sociales y estatales de la humanidad que se organiza económicamente así.7 9 Porque «a Hegel no se le debe reprochar que esquematice la esencia del Estado moder­ no com o es. Y así com o la crítica de la mercancía concierne ai carácter dé mercancía de todos nuestros objetos. y no de otro m odo. en tanto lo separa y lo recorta de la universalidad de la vida pública es que él es. 476). p. sino que él postula lo que es com o si fuese la esen­ cia del Estado» (W. Él «mistifica» absolutamente lo empírico. lo que lo destaca para sí. de la mano de la crítica de la filosofía del derecho7 8 de Hegel y en discusión con el tratado sobre la cuestión judía de B. pero asistemáticas. sobre todo. sino la particularidad humana como tal. a la pri­ vacidad. relacionadas de m uchas maneras.M ax W eber y K arl M arx 97 hombre «com pleto».I. de tal m odo que el contenido de sus explicaciones es . un hombre «sin con­ tradiccion es». en ese sentido. a una forma invertida. esto es. hasta en lo más singular. a esa form a determi­ nada de ser humano. La crítica de esa particularidad del hom bre de la sociedad burguesa se une inmediatamente. de La sagrada fam ilia pueden permanecer aquí desconsideradas). en diferencia y oposición a la universalidad pública del ser-ahí. L a crítica tem ática de las relaciones sociopolíticas fundaméntales del m oderno m undo de los hombres la desa­ rrolla M arx. un «burgués». esto es. esto es. privilegiadamente un hombre privado y. Bauer (las referencias. a la humanidad privada. A m bos tratados muestran de manera sistemática la autoenajenación humana en su form a político-social. 1. com o «hom bre». La particularidad humana que es combatida en esos escritos no es el hom bre com o poseedor de dinero y de mercancías. a su estructura ontológica. L o especial en el hom bre burgués. con la crítica de Hegel de la sociedad burguesa.

. 494) . y su existencia en la sociedad burguesa está acabada sin el Estado. abstraerse de ella. Pero lo falso es que se conform a con la apariencia de su disolución» (W. Sólo en contradicción con esas comunida­ des dadas una vez. 1. fuera del Estado. p or ende -com o posición privada— . ella no afecta al Estado político como tal. Hegel es ma­ terialista en cuanto reconoce lo que existe defacto com o algo internamente necesario y lo postula absolutamente en la filo­ sofía.I. En ella. 526). la organización de la so­ ciedad burguesa. él debe salir de su realidad burguesa. él se encuentra en una doble organización. que a la vez contrapone al hom bre viviente en ellos < . p. 1. es puramente in­ dividual» (W . retrotraerse desde esa completa or­ ganización hacia su individualidad. 492). sólo como individuo. para adquirir significación política y efectividad.. Porque la única existencia que él encuentra para su ciudadanía estatal es su pura individua­ lidad desnuda.1.I. [. Lb que Hegel presenta en los hechos no es otra cosa -en la interpretación de M arx—que el conflicto universalmente válido entre la sociedad burguesa y el Estado· «L o más profun­ do en H egel reside en que él percibe la separación de la socie­ dad burguesa y la política com o una contradicción.98 K a r l L o w it h del «materialismo más craso» (¡) (W I.8 0 M arx combate esa separación de los intereses particulares y generales. Coma ciudadano real. p.] Para comportarse como real ciudadano del Estado. en verdad una posición no política'. que no afecta ni a él ni a su realidad autónoma— y la social. porque la existencia del Estado como gobierno está acabada sin él. L o que Hegel y a con oció y M arx vuelve el punto cen­ tral es el QSLrÁct&rJundamentalmente privado del hom bre dé la sociedad burguesa... la burocrática — que es una determinación formal externa del Es­ tado trascendental. Su existencia como ciudadano estatal es una existencia que radica fuera de sus existencias comunitarias. de la potestad de gobierno. La posición de la sociedad burguesa es. p. él se pósiciona como hombre privado. él puede ser un ciudadano estatal.

la «verdadera realidad y su deber ser com o su fin últim o». desde «las form as propias de la realidad existente». de la vida privada de sus ciudadanos. para encontrar de esta manera el nuevo m undo. tan extraña com o permanece por otro lado su vida privada respecto al Estado. La hu­ manidad privativamente-privada del hombre de la sociedad . com o ju «res pública». ese mismo hom bre sólo es una form a privativa de ser humano. en general. el fin último. la existencia individual. En la com unidad comunista se trata exactamente de lo contrario: en ella parti­ cipan los individuos como ¿«3¿V ¿<?í¿<w . el principio materializado del individualismo.I. 538). hom bre p riv a d onecesariamente algo otro. o. c o ­ m o una auto enajenación humana. C om o hombre privado. Y en los hechos. para el cual todo es medio. Su Estado es un Estado «abstracto» porque él se abstrae. esto es. en diferencia con la universalidad pública. tanto com o ellos se abstraen de él com o hom bres individuales. p orqu e ¿óLo «p olítico». en tanto las modernas relaciones de vida reales presuponen una separación de la vida real res­ pecto a la vida estatal (W . desde el conflicto del hom bre de la sociedad burguesa con sigo mismo.M ax W eber y Karl M arx 99 en una existencia preferentemente privada y una pública. p. de la vi­ da real. La determinación del hom ­ bre de ser miembro del Estado sigue siendo necesariamente una determinación «abstracta».I. extraño.) su empresa.8 2 así describe M arx en una carta (W. para sí. y con ella del hombrease completa com o superación \Aufhebung\ c r ít ic a y m Iü com o superación de l a — presupues­ ta—contradicción burguesa de lo privado y lo público. 1. pp. 1. a partir de la crítica de ese m undo en vejecid o. La sociedad burguesa actual es. externo.8 1 D esarrollar desde el con flicto de ese Estado fundam en­ talmente no político. personalinente en el Esta­ do. la form ación «positiva» de su idea de una sociedad humana. 572 y ss. respectiva­ mente. por ende. P orque com o ciudadano estatal el burgués es — en tanto él es. c o ­ m o Estado administrativo burocrático racionalizado.

emancipados humanamente. una form a de delim itación que ni la A ntigü edad ni la E d a d M e d ia habrían c o n o c id o (W . « ¿ P o r qué les digusta tanto su especial servidumbre. universal. 437 ). sería la delimitación del ser humano mismo a hombre privado. 573). Bauer sobre la cuestión judía.I. 1. judío — acuerda M arx con Bauer— . ambos son tan p o co capaces de . Y eso. sino sólo el fenóm eno. esto es. tan p o co com o los alemanes. •A ésa radical reducción y destrucción de todos los m odos de existencia singularizados y.100 K a r l L o w it h burguesa debe cancelarse en una com unidad que aprehenda la completa esencia del hombre. Mientras el Estado sea cristiano y el judío. en cambio. Weitling y otros) que sigue siendo una «abs­ tra cció n dogm ática» — es decir. Porque la religión nó sería y á el fundam ento. la universal? ». cuando les gusta. siguiendo el tratado de B. 1. p o r el contrario. también su existencia «teoré­ tica». 1. El verdadero fun­ damento. L a en apariencia más concreta pregunta sobre cóm o los judíos podrían ser políticamente emancipados en Alemania es resuelta por M arx inmediatamente con la pri­ mera oración.I. según M arx. p. que de­ berían supuestamente em anciparlos. «selecta»^. en esa singularización. corresponde también el repliegue de cada parti­ cularidad religiosa en el hom bre. mientras ellos n o sean «hum anam ente» emancipados. el m o d o de aparición de la limitación humana (W . también el «com pleto principio socialista». la destrucción de cada particularidad religiosa del hombre. en o p o sició n explícita co n aquel com unism o «real» (de Cabet. tom ado así para sí.8 1 M arx ha hecho realidad. de la esencia privada» (W . autonomizados. 581). Porque una emancipación política de los judíos sería irrelevante.I. son los judíos. y que lo vuelvafundamentalmente un hombre comunis­ ta. sería sólo una cara de la total «realidad de la esencia humana verdadera». p. p. en tanto es una «aparición del prin cipio humanista aún contam inada de su contrario.8 3 Es decir.

p . Esa se­ paración del hom bre en ju dío y ciudadano del Estado. La frontera de la m era em anci­ pación política se muestra en que «el Estado puede ser un Es­ tado libre. o tam­ bién en protestante y ciudadano del Estado. sin que el hom bre sea un hombre. tanto com o a los cris­ tianos. no se necesita de una libertad religiosa estatal. entre el hombre viviente y el ciudadano eétatal. I. sin embargo. Esá pregunta concierne tanto al hom bre de oficio m oderno.8 5 Báuer. p. ahí acaba Baüer de ser crítico y entra en juego el mismo M arx. en tanto investiga la relación de la emancipación política respecto a la em ancipación humana. Tanto Bauer com o M arx describen esa reducción a rela­ ciones puramente «humanas» com o la única conducta a la vez «crítica» y «científica» ( !) (W . entre el terrateniente y el ciudadanb estatal. en que la pregunta term ina de ser teológica. entre el jornalero y el ciudadano estatal. p o r ende. n o sería una . una com pletam ente universal y funda­ mental. L a p re­ gunta es. La contradicción en que se encuentra el hombre religioso con el hombre político es la misma contradicción en que se encuentra el burgués con el ciudadano. que concierne a la emancipación respecto a cada parti­ cularidad en e l ser humano de modo abdoluto.libre».M ax W eber y Ka r l M arx 101 emancipar (al hom bre com o hom bre). E n el punto. sin em bargo. 578). Entonces. 1. deja reposar sobre sí la escisión entre el Estado político y la sociedad burguesa — esa oposición «mun­ dana»—y polem iza sólo contra du expresión religiosa. en la respectiva diferencia con los intereses sociales geueraled: La diferencia entre el hombre religioso y el ciudadano estatal es la diferencia entre el vendedor y el ciudadano estatal. com o al hom bre religioso y al hombre privado.I. 585). el miembro de la sociedad burgue­ sa con su pielde león política (W. com o de ser emancipa­ dos. sino de la libertad humana respecto á la religión. re sp e cto a coda form a de edpecialización humana. 1. com o tal. para emancipar realmente a los judíos.

al hombre egoísta. pues. _ la imperfección y la contradicción no está en ustedes. Ningxuió de los llamados derechos del hombre sobrepasa. sino privilegios burgueses. aun como judío. al hombre privado corno al honAyra propiamente dicho y verdadero·. Esta solo representa el general «alejamiento del hom bre respectó al hom bre». reclama derechos cívicos (W . más bien: ya que pueden ser emancipados políticamente. en sí misma. porque ese homme. M arx comprueba. Si están limi­ tados en esta categoría. La particularización de la re­ ligión. 591). históricamente de­ terminado com o citoyen. Les decimos. sin librarse completamentey fuera de toda contra­ dicción del judaismo. sino la mera form a políti­ ca de emanciparse de la religión. sino en la esencia y en la categoría de la emancipación política. la diferencia humanamente interna entre la «vi­ da individual y la vida genérica»: No decimos. al hombre tal como es. 1. Si ustedes. esto es. con Bauer a los judíos: ustedes no pueden ser emancipados políticamente. pues. p. el judío hace política cuando. estaba diferenciado de sí mismo c o ­ mo bourgueoij. para finalizar. judíos. Así como el Estado evangeliza cuando. comparten una limitación general. sin emanciparse humanamente. su autoenajenación (W. quieren ser emancipados políticamente. sólo es una expresión de la universalmen­ te válida contraposición del hom bre m oderno de la sociedad burguesa. 590). sin emanciparse radicalmente del ju­ daismo. 1. La declaración de los derechos del hombre pre­ supuso — defacto—al hom bre com o burgués. p.102 K a r l L o w it h mentira contra la ciudadanía estatal. se deriva que la emancipación política no es por sí misma la emancipación humana. aun como Estado. miembro de la socie­ . obra como cristiano respecto a los judíos. el mismo carácter imperfec­ to de la emancipación en los límites internos de los derechos del hom bre franceses (y americanos). I. I. También aquí se mues­ tra que los droité de l’homme no eran derechos del hombre.

p. «dem ocrático». 595). al individuo cerrado en sí mismo. en sus rela­ ciones individuales. más libré qué el hom bre de la so­ ciedad burguesa. la sociedad. desdé esa perspectiva. a miembro de la sociedad civil. por eso. 599). El único vínculo que los une es la necesidad natural. p. puede hacer de la sociedad. según su idea. la fuerza social no se separa más en forma de fuerza política. Y porqu e el hom bre de la poluf griega era. como una limitación . I. a individuo egoísta independien­ te. en tanto cada hombre vale para él c ó ­ mo un ser «soberano». que desapareció con los griegos del mundo y con el «cristianismo» y se perdió en la neblina celestial. la propia vida social. La verdadera emancipación humana. y porque el cristianismo es también.·]. hacia la cual.. la necesidady el interés privados. y como hombre individual se convierte en <ier genérico en su vida empírica. en la idea de M arx. es p or ello la libertad en el sentido de la filo­ sofía del Estado de H egel. aparece más bien como un cuadro exterior al individuo. p or lo tanto. sólo entonces se cumple la emancipación humana (W. de . 1. Le­ jos de considerarse al hombre como un ser social. la libertad. Sólo ese sentimiento. por eso es que M arx puede decir: El sentimiento de sí del hombre. reducido a su interés privado y a su arbitrio particular. sólo cuando el hombre reconoce y organiza como fuerzas Mcialed sus forceó propreé y. en su trabajo individual. aún se debe realizar: La emancipación política es la reducción del hombre. separado de la comunidad. la conservación de sus propiedades y de su persona egoísta (VV. debería despertarse de nuevo en el pecho de esos hombres.. una libertad de la meü alta comunidad — en con traposición con la libertad aparente del «singular atom izado». por un la­ do. I. debe ser emanci­ pado el hombre. 1. Justo cuando el hombre real individual recoge en sí al ciu­ dadano abstracto. La libertad.de su autonomía originaria.M ax W eber y Karl M arx 103 dad civil. esto es. y por el otro a ciudadano delEdtado [.

es­ to es. p.8 7 IV. [. será posible la libertad verdáderamente-perdonal. sino sólo a tí­ tulo humano·. Obradpódtumad. que concierne al hom bre com o tal. por lo contrario. Mád bien. un Estado democrático (W. El hombre privado de la sociedad . sino en contraposición multilateral con los presupuestos de la estatalidad alemana. p. p o r el contrario.burguesa es. ya no a título hidtórico. [ . 1. a través de un cam bio social en el ser humano y en la misma aütoconciencia humana (que no es efectuable ni de m od o puram ente «interno».8 6 Justo en esa comunidad.. la que se posiciona no en contraposición unilateral con las consecuencias. una esfera. La expresión social de la autoenajenación humana en el proletariado Cuándo bd edcritoreddocialidtad otorgan al proleta­ riado ede rol hidtórico univerdal. pero no en tanto es una cla­ se especial de la sociedad burguesa. II. finalmen­ te. I. de ninguna manera.. sino porque y en tanto es una sociedad fuera de la sociedad. En él radica la posibilidad posi­ tiva de la emancipación humana. solamente libre — en especial según su propia representación— . 561). ni meramente «extern o»). 133 La introducción a la Fiiodofía del derecho de H egel ya contiene la frase: «L a disolu ción de la sociedad com o un estamento particular es el proletariado».104 K a k l L o w it h nuevo.] la cual puede provocar. que no puede emanciparse sin hacerlo respecto a todas las . pero en realidad es absolutamente dependiente y está «subsum ido bajo la p o ­ testad de las cosas». nna comunidad dé los hombres para sus más altos fines.] porque bd consideren diodeé. edto no ducede. ...

sin embargo. e inversamente.M ax W eber y K arl M arx 105 otras esferas restantes de la sociedad y.). para la que el hombre com o ser genérico es la más alta esencia. una esfera que. de nuevo. 131 y ss.8 8Ya que el p ro­ letariado. una conciencia de clase. Esa función univerdal-\mma. n o puede liberarse a di midrnó. «resume en sU culmina­ ción inhumana» a todas las relaciones de vida de la completa sociedad actual. pero una clase se sabe reafirmada. emancipando a todas esas otras esferas. pero precisamente a través ello desarrolla una conciencia crítica^ revolucionaria. Sólo los proletarios del presente. 1.» En el mismo sentido. . porque debe enajenarse a sí m ism o igual que una m ercancía. en La sagrada fam ilia aparece (Obrad pódtumad. En cierta manera. la filosofía de M arx. sin con ello emancipar a l a completasociedad. mientras que la otra. sus armas intelectuales. con ello. II. en esa autoenajenación. el proletariado. por lo que solo a través de la comple­ ta ganancia del hombre. su corazón. que es cierto que la clase propietaria y el proletariado presentan fundamentalmente una y la misma autoenajenación. p o r el contrario. I. en una palabra.na del proletariado será más desarrollada en La ideología ale­ mana en relación con la universalidad de la m oderna circu ­ lación dé la econom ía mundial. es «la des-hum anización consciente de su des-hum anización y co n ello superadora de la mism a». en sus relaciones dé vida. y no de una forma oculta e irttelectualizada para sí mismo. Con el proletariado. él proleta­ riado. «E/a cabeza de ésa em anci­ pación es la filosofía. es la completa pérdida del hombre. absolutamente excluidos de to­ da afirmación de sí. el hombre proletario es menod des-humanizado tam­ bién que el burgués. sin tener una conciencia crítica de ella. puede ganarse a sí misma (W. ha encontrado sus armas naturales. porque lo es evidentemente. pp. El proletariado es la autoconciencia de la «m ercancía». así entendido. 619-620). son capaces de realizar su completa — y no . pp.

análogo al carácter de mercancía ¿fe todos los objetos m odernos. una m ercancía personificada. una masa de individuos quedó subsumida bajo un único instrumento de pro­ ducción.' ICa r l L ó w i t h más estrecha—afirmación de sí. Entonces. C on la autoliberación del proletariado com o el es­ tamento universal que n o tiene ningún interés particular que representar. se disuelve. del m odo más apreciable. P orqu e dado que el trabajador asalariado está enajenado completamente p or la «pregunta terrenal. bajo los individuos de otro módó que a través de la subsünción bajo todos ellos (La ideología alemana. Todas las an­ teriores apropiaciones revolucionarias fueron limitadas: indivi­ duos cuya afirmación de sí estaba restringida por un instrumen­ to de producción y una circulación limitados se apropiaron de ese instrumento de producción limitado y lo llevaron a una nue­ va limitación. en tama­ ño natural». porque no es en absoluto un «hom bre». que consiste en la apropiación de una totalidad de las fuerzas de producción y del desarrollo de una totalidad de capacidades. En él se muestra la economía. a la vez que con la humanidad priva­ . y así se convierte necesariamente. 296). La circulación universal moderna no puede ser subsumida. En todas las apropiaciones llevadas a cabo hasta aquí. no porque los proletarios fuesen «dioses».'imbricado con ellas. Su instrumento de producción se volvió sil propie­ dad. el ser genérico del hom bre en su negación. com o un destino humano. es que tiene un significado fundamental y universal. pero ellos mismos permanecieron bajo la división del traba­ jo y subsymidos bajo su propio instrumento de producción. : p. sino por­ que el proletariado encam a para M arx lo universal-humano. en la «anatomía» de la sociedad burguesa.· en la apropiación de los proletarios debe ser subsumida una masa de instrumentos de producción bajo cada individuo y la propiedad bajo todos ellos. en el extremo de la autoenajenación. su posición tiene una función uni­ versal. sino un m ero ex plotador y v e n d e d o r de su fuerza de trabajo. con el significado central del proletariado com o el núcleo de la problemática social moderna.

M arx no investiga. con su propiedad privada y con la economía privada-capitai lista.9 2 Que esa «autoenajenaeión» está «condicionada» p or la forma y el estadio de desarrollo de las relaciones de p rod u cción «materiales». desde la posibilidad de su superación y esto significa. sino que M arx analiza la totalidad unificada del m undo de los hom bres m oderno. El no fue un «empirista abstracto». p or la suma de las relaciones de vida concretas. en la que todo es com ún a todos. qué sumados deberían com poner la totalidad de la realidad. ni más ni menos que una superación de \a. Esta se supera en la humanidad universal de la comunidad. contradicción burguesa (com o y a había sido formulada p or H egel) de parti­ cularidad y universalidad. en cuya «cum bre» está. p orqu e ambas n o son separables cuando el «hom bre» es el «m undo» del hombre. sino en cada perspectiva des-racionalizada. cu yo «hom bre sim ple» es un ser génerico social. su «vida». relaciones. La autoenajenaeión es contemplada. que habría «dedu cido» to d o de la mera econom ía. ex- . entonces.y K arl M arx 107 da. por su parté. privacidad y publicidad en una sociedad no sólo sin clases. p o r la división natural del trabajo. que no es una c o ­ munidad de los «círculos com unitarios más pequeños» y de las' «relaciones inmediatas del singular coii los otros». no significa que no sea más que el «produ cto» de una circulación particular. N o surge ni de una pura «interioridad» ni de una masiva «exterioridad». a la manera de una sociología empírica especializada. para él.9 1 Pero tam poco era un «materialista» filosófico abstracto. puramente económica. para M arx. el carácter fundamental de su privacidad. con posesión y econom ía cómunes. En el lu­ gar de la mera in-dependencia del individuo burgués entra la libertad positiva de la más alta comunidad. meras articulaciones.M ax W e b e r . c o ­ rrespondencias y «efectos m utuos»9 0entre campos derealidad o «factores» singulares y con igual valor en sí. el proletariado. en el hilo con du ctor de la autoenajenaeión humana.®9 sino una comunidad: de la vida pública.

] por la completa orga­ nización de nuestra sociedad esa «apariencia» de sí mismo. a diferen­ cia de la ciencia científica9 1 de tantos marxistas.9 5Esa form a de su planificado volver realidad a la filosofía está necesariamente condicionado por lo que.. M arx se representó tan escasamente a esa. sino en su concretización. la «conciencia» en el «ser» social. otra vez. y esa conciencia moral permi­ tió al M arx hegeliano no sólo mostrar las «condiciones reales» del ser humano. M arx quiso. com o cualquier otro crítico de la sociedad.] cóm o avanzay se detiene [ . la problemática social en su tendencia histó­ rica de movimiento. N o obstante. se topa con él . de m odo que su «realidad» «impulsa a ese pensam iento». se lo impidió: hacer de las condiciones mismas. . .] . o también dejar disolver a éste [el ser social]. y quiso superarla por medio de la realización. en un aban d on o del p rin cip io de la autoenajenación del hom bre. sino porque se la incluye en la relación concreta y diferenciada de las relacione s de vida concretas -e sto es.. Su conceptualización se vuelve más concreta no porque se la ligue origina·^ ñámente á un «factor» económ ico abstracto. un iiicondicionado. [ .m K a r l L ó w it h terwrización de la vida. en aquélla [la conciencia]. sino que también. su idea del hom bre. sino que el hom bre real es su « verdadera realidad». «conciencia del mun­ do·». Es bien sabido que M arx había «saldado cuentas » en La ideología alemana con su «conciencia moral filosófica» pero. La realidad que ella porta es. cóm o es enajenado [ . hacer realidad a la filosofía a través de que la superó. y no sólo «el pensam iento a la realidad». porque la «categoría» el hombre se determina concreta e históricamente— ?* V ero el hombre «réal» n o es el hom bre «en su existencia casual. él sí poseyó una conciencia moral filosófica. y su «autonciencia». inversamente. en la con­ vicción de M arx.. El progreso de La ideología alemana y en parte y a de L a ja grada fam ilia sobre la Crítica de-lafilosofía del derecho de H egel no consiste. mucho más.. dentro de «lo que es». y ésta es el hom bre en-la idea. aunque tam poco la encontró y a dada empíricamente.

pp. 291 y ss. A pesar de esto se revela. también W eber. el fenóm e­ n o histórico humano de la racionalización. todavía. inversamente — y en com binación con el marxismo vulgar— . colabora una falsa interpretación de los m otivos de investigación originarios y abarcadores de la so­ ciología weberiana p or parte de la sociología burguesa espe­ cializada. A sí com o ella cubrió con una colección d e datos y con disquisiciones m etodológicas el punto de vista rector de las investigaciones sociológicas de Weber> esto es.9 7 es un producto del marxidmo económ ico vulgar. La «concepción materialista de la historia» que presupone la crítica de Weber. con su «con cien cia moral filosófica »— . preparado p or Engels y por el M arx tardío. en mayor o me­ norm edida. indirectamente también.). y en especial en el joven M arx — que no «saldó cuen­ tas ». escondió bajo argumentaciones antimarxistas el punto de vis­ ta rector de M arx.C . C . úna crítica del marxis­ mo. El contenido originario y pleno del análisis crítico de M arx del hom bre de la sociedad económ ica burguesa se pierde con ese marxismo vulgar.. L a crítica de W eber de la concepción m aterialista de la historia El título bajo el que W eber presentó en público sus investiga­ ciones religioso-sociológicas en 1918 fue Crítica poditiva de la concepción materialidta de la historia?6 D iez años antes y a había form ulado. A la crítica fallida de W eber a Marx> condiciona­ da p or esa pérdida.. en consideración a su m étodo principia!. aun en la form a defi- . no se detécta ni p or el contenido ni p or las palabras en el midmo M arx. al fenóm eno histórico humano de la enaje­ nación de sí.M ax W eber y K arl M arx 109 com o lo que es en verdad y también pór lo que dedeo en «última instancia» — algo totalmente diferente de Weber. en su crítica de la «así llamada» superación de la concepción materialista de la histo­ ria de Stammler (D .

el «empirista» sociológico. entrecruzadas de múltiples maneras). una posición tal frente al mismo M arx. que en esa posición frente a Stammler está pre­ sente. que enuncia que. tan incom probable com o irrefutable. para volver a empla­ zar la diferencia entre W eber y M a rx sobre su suelo origi­ nario. Contra ambas afirma Weber. el verdadero motivo de su diferencia. Ese m otivo propiam ente d ich o debe ser e x ­ traído de la form a deficiente del ataque. para la vida social en di. «en última instancia». 299) y el «empirista» sociológico con «sentido com ún» (W e­ ber). p. simultáneamente. que ab­ solutamente nada puede estipularse de m odo científico sobre el significado causal de lo religioso en di. sólo quiere tomar en cuenta directamente las referencias y m odificaciones de Stammler de la con cepción materialista de la historia. se debe extraer. esa tesis es. desde la experiencia científica de W eber o «empíricamen­ te». que afirma que «en última instancia» la historia humana t-incluidos el acontecer político y económico—no refle­ jaría otra cosa que luchas relLjii>da>i. mismo ocurre con la tesis materialista — contraria en el contenido.C . pero no en el m étodo— .9 8 U n planteamiento de la cuestión dogm ático com o éste p o ­ . Lo. del segundo apartado de esa crítica lo siguiente: la tesis espiritualista. por lo que debería ser expli­ cada unificada y evidentemente (pero no com puesta a partir de lineas causales. los agentes dominantes de la historia humana serían las luchas econámicad..110 K a r l L o w it h cíente de la crítica de W eber a M arx. en principio para la propia interpreta­ ción científica de W eber y para la correspondiente crítica a M arx. en la discusión con Stammler Si dejamos de lado que el diálogo de parodia entre el supuesto «espiritualista» socip -filodóficooincludo «materialista» (D . La crítica indirecta de Weber a Marx.

un análisis de los diferentes sentidos de laregulaciónposible. en la que sólo los «dogm áticos» estarían obstinados.M ax W eber y Karl M arx Ul dría ser. reglad generar les del acontecer histórico. de un factor sin­ gular en dirección al tod o de una «fórmula del mundo». no consiste1en una extensión dogmática de unos componentes singulares. de las molestias diges­ tivas». procedería espiritualmente. renuncia a cada forma de deducción clara y en su lugar. científicam ente posible. hace referencia a la condicionalidad mutua de todos los factores de la realidad histórica. D e otro m odo no se comprende por qué no se debería hacer también el intento de derivar v i­ da social.) La perspectiva total. sólo puede estipularse por la investigación histórica. M ás allá de eso se podría arribar aún a. en oposición a és­ ta. en el m ejor de los casos. evaluable «heurísticamente». sino que esa crítica quiere ser «positiva» a través de que. aquí sólo muy es­ casamente retratados. y con ello deja sin fundamentos . sino en urí progresar desde la unilateralidad necesaria de cada m odo de ob serv a ción cien tífica b a jo determ inados pu ntos de vista que delimitan su objeto unilateramente hacia la multiplicidad de los m odos de observación. com o análisis histórico «con­ creto». pero en qué medida él esté legitimado «de hecho». «de indicios del cráneo. o del efecto de las manchas solares o. en última instancia. tal vez. La crítica de Weber a Marx en Eiutayotf ¿obre sociología Be la religión A esos argumentos de la crítica de Stammler. en el caso histórico singular. corresponde el sentido de la dispersa re­ ferencia a M arx en los Ensayos sobresociología déla r e lig ió n Tam­ p oco ésta quiere ser una crítica positiva de la concepción materialista de la historia en e1sentido de que. (E l resultado en verdad positivo de la crítica de W eber a Stammler es. básicamente. p or ende.

que el capitalismo com o sistema eco­ nómico sería un producto de la reforma». incluso. en la cumbre crítica de su argumen­ tación sobre el materialismo económ ico. esto es.] sólo pudo haber surgido com o afluente de determinadas influen­ cias de la reforma o. por el otro (Ensayos sobre sociología de la religión. Que Weber.. así fundamentada. el así llamado «es­ píritu del capitalismo» no es entendido por W eber ni de forma manásta vulgar. la propia investigación de W eber sobre el espí­ . impregne su concep­ ción básica oportunamente de m odo antimarxista. Para W eber sólo hay un espíritu del capitalismo en tanto una tendencia general hacia el m odo de conducción racional de la vida. correctamente en­ tendido: ambas son. ni com o un espíritu de­ pendiente de ellas. 83) . porque «no debe avalarse una tesis tan locamente doctrinaria com o Ja que afirma que el “espíritu capitalista" [. de la que la ciencia «empíri­ ca» especializada. sino según reconocimiento del des­ tino de la racionalización en general. 205). p. com o un espíritu meramente ideológico de las relaciones de producción capitalistas. p. al final de la investigación.112 K a r l L o w it h la «unilateraJidad» de la metafísica de la historia. portada por el estamento burgués de la sociedad.1 0 0Él mismo se vuelve atrás de esa cumbre confu­ sa enseguida. es un expo­ nente destacado. asimis­ mo espiritualista y causal. igualmente ¿wposibles ( ! ) . a la m etafísica de la historia. que fun­ da la afinidad electiva interna entre economía capitalista por un lado y etbos protestante. que no habría sido su objetivo «poner en el lugar de una interpretación de la cultura y de la historia materialista unilateral una otra interpretación unilateral. no puede confundirnos. y después ha­ ble de ese cam po com o de una «estructura ética». -En relación con esto. existente por sí y originariamente religioso.1 0 1 Pero no son científicamente imposibles según cualquier norma objetivare la ciencia. la ciencia de los hechos misma. tanto espiritua­ lista com o materialista.1 0 2 A pesar de esa renuncia. «científicamente».. Y aún más claro dice. Ambas son igualmente posibles » (Ensa­ yos sobre sociología de la religión.

con su re­ nuncia a una «hum anidad com pleja» y a una «fórm ula del m undo» abarcadora.. y p or eso representa una «guía dentro del infinito». L o que él combate «fácticamente» no es la totalidad de la existencia y la observación. quiso debilitar cada atadura & cualquier cosa dada determinada \Gegebenbeiteñ\. radica n o en una inversión dogmática del m étodo marxista vulgar> sino en un método fu n ­ damental. combate una forma determinada de — en aparien­ cia—totalidad. Una pura com probación científica y especializada de datos es a ella la investigación weberiana.sm o que debe percibirse p or su relación con el T odo de su com ­ portam iento frente a la realidad — incluida. L o «positivo» de sus investigaciones. en oposición a la univocidad dogm ática de una fórmula del mundo. sino la solidificación posible de una particularidad hacia un Todo. no obstante. en­ tendidas com o crítica a M arx. que él . y con ello también su extensión hacia un «Todo» ilusorio. tam poco estuvo tan a la deriva en su actividad com o para poder conform arse con el acopio de empiria abstracta. con la distinción entre un m étodo «em pírico» y uno «dogm ático». la realidad de la ciencia. m ucho más. sólo aparentemente en el p ro­ gresar desde una «unilateralidad» necesaria de la observación científica especializada hacia la «multiplicidad».M ax W eber y Karl M arx 113 ritu del capitalism o rio es — en con tra d icción con su autoconciencia científica especializada—una pura com probación «em pírica» de «h ech os» aislados. aunque estructurado de m odo diferente. Él mismo descríbe la diferencia de su m étodo con el del marxism o. Su sen­ tido verdadero reside. La otredad de su m étodo no es extraíble de lo que él dice a l redpecto. esto es. El verdadero sentido de su procedimiento «empírico» radica. Aun cuando W eber no fuera tan «locamente doctri­ nario» de querer deducir el espíritu del capitalismo de form a pura relig iodo-sociológica. L a totalidad verdaderam ente posible. en que W eber. ni más ni menos lo que el hom bre W eber era respecto al espe­ cialista.

Y así surge también la forma propia de su m étodo «empírico»-especializado en que él no estaba atado p or ninguna disciplina de la vida y del saber.1 0 3 W eber utiliza constantemente las «ventajas de la división del traba­ jo». de ninguna ma­ nera --com o parecería ser en sus argum entaciones contra .. aquel resto de «individualism o» que significaba. 170). tan libre resp ecto a los fines com o sujeto respecto a los m edios y. lo verdaderamente humano— . mientras que el «éxito» res­ pon d a p or ellas. Y a pesar de esto.C . sino p orq u e W eb er — en el saber de lo inseguro de nuestros ideales y realidades actuales— se com p ortó hacia ésta. de la racionalización. nuestra realidad. Pero no es ciencia de la realidad porque haya concebido de forma puramente científi­ ca a la realidad com o algo siempre igual y fijo de una única manera. p o r lo tanto. pero simultáneamente subraya la «irreali­ dad» de esa unilatéralidad qué escinde teóricam ente la realidad (D . la ruptura de cada «carcasa»> de cada institución. para él. También la inmensa casuística de sus definiciones conceptuales en Econo­ mía y sociedad tiene no sólo el sentido de delinear definitoriamente la realidad y de fijarla. sino a la vez y sobre tod o el c o n ­ trasentido de un sistema abierto de «posibilidades». puede afirmar que la sociología que él practi­ ca sería una «ciencia de la realidad». tam bién en la ciencia. de m odo «técni­ co»1 0 4 . p. o m ejor precisa­ mente p or esto. En realidad. esto es. de cada orden y seguridad práctica y teórica — para conservar.114 K a r l L o w it h mismo pone en práctica. W eber no renuncia con ello. y que com batió cada método «dogm ático» precisam ente com o la form a científica de una posición del hom bre respécto al m undo atrapada en lo tras­ cendente. social o incluso econó­ mico. com o una fijación dem asiado rápida a supuestas «últimas» instancias de tipo religioso. no era la reunión de todas las iinilateralidádes posibles hacia una así denominada multiplicidad. sino la totalidad negativa dé la libertad de movimiento hacia todos lados.

entre «intereses dé clase». N o sólo se puede.. porque consiste en el reconocim iento de una contradic­ ción: de la división del trabajo racional. Una lucha así no es superable p or medio de ningún «relacionismo» (M annheim ). y [. Sólo sé trata de que el «principio» apropiado y uni­ ficado de su conducta teórica y práctica es mucho menos fácil dé detectar que el p rin cip io dogm á tico-revolu cion ario'd é M arx.)— .. sino que sé debe discutir sobre los mismos «patrones valorativos reguladores». a cada dom inio y conceptualización del «T odo» en su «unidad». Esa contradicción es la que él iriténtó. entre otras cosas y seguramente en un muy alto grado. porque cuajado se trata en vérdad de una lucha entre tomas de posición por los principiod . sigue siendo perfectamente verdad que la cosmovisión del mundo que representa el singular. no sólo M arx. en prim er lugar. en sí mismas consecuentes. como nos gusta creer hoy a noso­ tros. si bien no «solucio­ nar». utilizar este concepto. suele tener un decisivo grado de afinidad electiva. p. a cada m étodo de principiad. especializada y de la parcelización del alma. y aun co n los tnediod de la ciencia. en apariencia uní­ voco (D. dino también entre codmovidioned del . ■ mundo. p. esto es. por esta vez.. con su «interés de clase» — si acepta­ mos aquí..C. 1 6 6 y ss. sí dominar sobre su propio suelo.C . sino que también W ebér es irrefiitablé en el cam po de los así denominados «hechos». aunque sí se medirían arribos autores en aquella lucha de los «dioses». en las posiciones de princi­ pio. en perspectiva con la relación responsable entre medio y fin. esto es. 153). En relación con esto W eber discutió. Aun así. la pregunta de «qué significa y qué objetivo tiene la críti­ ca científica de los ideales y juicios de valor». en su tratado sobre la «objetividad» del conocim iento científico so­ cial. y lo planteó «racio­ nalmente».M ax W eber y Karl M arx 115 Stammler (D . Y así. p ero dé tal m odo que para él precisa­ mente esa racionalidad era el lugar problem ático de la liber­ tad.] se discute no solamente.

entonces n o « una lucha. sobre la base del cual se investiga en sin­ gular. real y humano.116 Ka r l L ó w i t h últimos. en donde dijo a su propia clase incóm odas verdades y tematizó el fracaso político. sino el resumen de lo significativo en. en consideración-con la realidad que nos determina. creyeron saber lo que es. delEd. trataba ya el discurso académ ico inaugural de W eber de 1895 sobre el Edtado-nación y la política económica popular. su ciencia concier­ ne ya también a un «T odo».\ . el To­ do de un principio. de ese mun­ do. en la ponencia de 1918 sobre el sionismo radical. El Todo. digno de conocerse. * Nombre que recibieron los terratenientes prusianos a finales del siglo XIX . A su resque­ mor sobre la capacidad de la burguesía para correr el «velo de sus ilusiones» y reconocer que la herencia de Bismarck se ha­ bía vuelto la maldición de su decadencia política le correspon­ de. es principio y final de una m i­ rada fundamental sobre lo que es. uno con demanda universal. la duda sobre la expectativa del marxismo de que el hecho de apartar la econom ía privada pondría fin a la dominación del hombre sobre el hombre. tanto de los junkerd * y de la burguesía satisfe­ cha com o de los trabajadores socialdemócratas. D e él. verdadero y. agrupados en un partido conservadory nacionalista. en su significación y han convertido en el objeto de sus investi­ gaciones. por lo tanto. en realidad. en verdad. Ese Todo no es la suma de todo aquello que existe. es la problemática del m undo m oderno de los hom ­ bres.entre cada «unilateral» perspectiva y aspecto. sino que cada principio es. [T V . Y dado que M arx y Wéber. que ambos han visto igualmente en el origen. que es «capitalista» desde una perspectiva económ ica y «burgués» desde una perspectiva política. en di mumo.

Lewalter. f. 5. 9. K. sobre todo. 260 y ss. Lassalle también describe las leyes del mercado como el «frío destino antiguo del mundo burgués». 1/2 pp. pp. Crítica de la sociología. 156. 1956. III. Aufsätze z. Sociología corno cien­ cia de la reaüdád. J. Véase P. ) 7.M ax W eber y K arl M ar x 117 N otas 1. 11. Archivo para sociología científica y política. £ / círculo de M ax Weber en Heißeiberg.C. Freyer. cuaderno 5. Ensa­ yos sobre sociología de la religión. Extraído de la poesía que introduce Marianne Weber en la biografía de Max Weber. Gomo lo hiciera Marx. Steding dé 1931. p. H. 12. donde se muestra de forma convincente en especial la propia interpretación histórica de Weber en el análisis dé la profecía judía antigua (véase.]. 6. 15. La posición histórico-espiritual de M ax We­ ber. op. 404 y 435). W. I. Extraído de una carta de M. por ejemplo. pp. Ideología y utopía. Extraído del discurso de conmemoración de K. pp. La interpreta­ ción de esa relación la da Hegel en la Introducción a la Filosofía de la Historia. 1931. 64/1 y La moral de la so­ ciología. Mannheim. año 29. pp. Jaspers... K. 2. El mismo Weber se refiere reiteradamente a la relación inter­ na entre pasión [Leidenschaftlichkeit] y objetividad [Sachlichkeit] en sus conferencias sobre la ciencia y la política como vocación (D. Honigsheim. 319 y ss. S. Landshut. Soziol. Honigsheim. 504 y ss. Jaspers para Max Weber. Véase al respecto la disertación de Marburg de Ch. Freyer. 8. u. ya citado. com­ párese en oposición con H. Obrad comple­ tas deM arx y Engeld. Sozialpol]. 530y 533. . Lenin y lafilosofía. 3. en Cuadernos trimestrales para sociologíade Colonia V 3. Luppol. Sociología deisaber y marxismo. en Nuevo anuario de ciencia [Neue Jahrb. Véanse. 13/16. 1930. 1929. 8 y ss. 10. Véanse Artículos completos sobre sociología y política social [Ges. 4. Véase al respecto J. Véase P. u. Bi­ blioteca Marxista. Política y ciencia en M ax Weber. cit. pp. 1929. 1930. Escritos histérico-políticos. en Los hospederos delpueblo [Die Volkswirte]. E. Hess del año 1841.

19. 16.1921.C. prefaciop. completos sobre socio­ logía y política social. 115 y ss.C. H.) comprueban. Marxismo y Filosofía de K. sean esquivas. Weber y las categorías sociológicas básicas Comunidady Sociedad.. esta regla. en lo inapro­ piado del aparato conceptual de Weber es porque no nos atañe. las cuales contienen una determinación teorética de la «realidad». Honigsheim. 156y ss. pasando por Stein). en su diferencia originaria con el de Marx. D. con el planteamiento y el origen de la sociología. además Socialismo (Art. Lukács (sobre todo p. 498). aparentemente — a diferencia de Landshut— . E l criticismo ético de M ax Webery et problema de la metafísica. 14. pp. p. Ya la primera investigación de Weber sobre el capitalismo occiden- . Ensayos sobre sociología de la religión. sin conside­ rar la dignidad del planteamiento de la metodología y la conceptualización de Weber. la presuposición. Compárese con Freyer. f. 20. en Nuevo anuario [Neue Jahrb.. Sombart y M. como excepciones. Honigsheim. ELconcepto del espíritu capita­ lista en W. sino que. K a r i . y Landshut. Que ya las oraciones que inmediatamente siguen a esto. El significado histérico-espiritual de M ax We­ ber. a diferencia de todos los órdenes anteriores de vida co­ munitaria. 18. El hecho de que aquí no se profundice. 15. ya citado. 102y ss. 527. La sociología de Weber comparte.) e Historia y concienciade clase de G. op. así expresada. Wolf. moderna (desde Hegel a Marx. L ó w it h 13.]. pp. Korsch (sobre todo pp. ¡en especial pp. Fechner. ya citado. Wiss. Jugendbildg. en Cuaderno trimestralpara las Ciencias sociales de Colonia 1. 60v ss. en lo que sigue. 35 y ss. queremos mostrar la forma propia autónoma de su punto de vista rector para la interpretación del capitalismo.. Véase P. 1931.y 213. 3 y D. 38y ss... Véase al respecto E. Cuaderno 6. y 551. en Archivo económico universal. y 198 ss.. 535 y ss. lo cual está presente en JVIarx.118 . !. p. 208 y ss. 3. octubre de 1929. Véase E. M ax Weber como sociólogo. Véase sobre todo La ciencia como vocación. 17. p. p. cit. u. fue indicado por Landshut en su Críticade la Sociología. Sobre el sentido de esta tesis de la libertad valorativa compá­ rese con P. Freyer. de la «sociedad» — burguesacapitalista— . medir «el punto de par­ tida del planteamiento» de Weber con la articulación y la captación de la realidad. Logos XIX.1.

Landshut (ya citado. p.) visualiza en la artificialidad de esa construcción un abandono de la propia meta de investiga­ ción de W eber de un conocimiento de la realidad en su propio significado. se enmarcó en la perspectiva de presentar la bolsa co­ mo exponente de una comunidad que se «desvinculó» en «socie­ dad». una «falta de articulación del punto de vista de valor y realidad». ya citado. 38 y ss. tam­ bién la base del mundo conceptual dualista de la completa filosofía moderna y sus «antinomias» (véase Lúkács. . Sobre la crítica de la economía política. pp. 21. 23. Ese «dualis­ mo» motivado soció-históricamente es. su significado positivo. 22. Aquí ya se observaría qué significado decisivo tiene para Weber la «consecuencia». con que el hombre como un «ser-ahí» ontològico es un «ser-en-el-mundo» (Heidegger). lo «técnico» de su procedimiento. El mismo Weber se creó la construcción de «tipos-ideales» para resolver conceptualmente esta relación.C. ca­ racterizada por la «racionalización» y la «autoalienación». 46. y a ello corresponde el carácter más o menos «de constructo» de todad las formaciones con­ ceptuales modernas. cuyo carácter funda­ mental filosófico consiste en que libera tanto como produce la reali­ dad. que radica en que Lukács — siguiendo a Marx—desvela las aún más abstractas catego­ rías de la filosofía a través de la interpretación socios-histórica en su determinación (véase Marx. en la visión de Lukács. 265. no se ha dicho nada todavía sobre la forma antropológica determina­ da de esa unidad ontològica.).M ax W eber y K arl M arx 119 tal. I c I § 9 y también nuestra nota 44 sobre la críti­ ca de Weber de H. pp. Pero la. sobre la base de una errónea «disyunción de hombre y mundo». para Weber tanto como para Marx. nota I y p. La expresión se origina en Weber presumiblemente de la ca­ racterización de Lask de la lógica hegeliana.forma propia moderna histórica del «ser-en-el-mundo» está. D. según nuestra interpretación.. La crítica que Lewalter (Archivo dedociología chntíficd) hace a la interpretación marxista «logicista» de Lukács malinterpreta. La boba. 24. Véase más adelante el apartado III. nota 2. De ahí surge la «disyunción» de hombre y mundo. como expresión de cada toma de posición responsable. Lo que Landshut no ve es que con eso. 122 y ss. Grab. Compárense las delimitaciones de Weber contra Tonnies en Ecorwmía y dociedad.

1927. no obstante. 351y S s . contra su volun­ tad. Soz. wiss. X X X I X y ss. pp. 177) dice que el «individualis­ mo metodológico» de Weber a menudo se vuelve. Véase la caracterización de Weber de ese Estado en Escritos políticos completos. Doc­ trina de la sociedad. u. no afirma que el éxito universal de la racio­ nalización no sería. p. Economía y sociedad. y con ello también sociológica.120 K a r l L ó w it h 1930. Grab. Véanse Weber.I. El mismo Freyer exige una formación de conceptos que respon­ da tanto a la forma objetiva como á la vitalidad humana de los fenó­ menos sociales. También Grab malinterpreta el sentido socio-filosófico del «individualismo» socio­ lógico de Weber cuando no ve en él otra cosa que una mera «absolutización» de Una determinada esfera de la realidad. 141). pp. en uno «de contenido». y no de la «comunidad»). pp. 25. Cuando Freyer (ya citado. 29. y Spann. 27. El concepto de lo racional en la. Defacto. Pero la pregunta es qué «valor» tenía para Weber. 8 y ss. W... como si fuese la realidad toda. J. debería preguntarse si ese giro no surge ya de una inversión teorética de las relaciones materiales normadoras. la pérdida de libertad \Unfreiheit\ del hombre singular (véanse Escritos políticos completos. sociología de M ax Weber. p. introducción [Einl. I. ya que aun según la propia visión de Freyer. 319 y ss. 317 y ss. Dilthey. Soz. Schelting en el Archivo de sociología científica y sociología política [Archiv f. 28. i. 23.1922]. la misma sociología está anclada socio-his­ tóricamente.] 26. d.) y con ello diagrama también la posibilidad de una transformación teorética — imbricada con la revolución del completo modo de existencia humano-social en sus fundamentos— Véase más sobre el concepto del tipo-ideal en el tratado de V. . Geisteswiss. pol. Compárese también con H. ges. pp. pp. la propia diferenciación de Freyer de la reali­ dad social respecto de las formas del «espíritu objetivo» presupone ya una específica ligazón no vinculante del hombre — del hombre mo­ derno^ con el «orden» social (la estructura de la «sociedad». tomó 49. Pero también esa «doble faz» no puede escapar de la pregunta de en dónde reside el acento fáctico de nuestra proble­ mática social. Que la libertad del singular sólo es el opuesto de la racionali­ zación «aparentemente». p.

Nunca se acercan tanto al motivo verdadero y propio de Weber como en la contraposición de Marx con su tendencia rectora. 54 y ss. que incluso el origen no debía buscarse ahí.). En lugar de volver a preguntarse por la razón de esa diferencia en la dirección. Pero a la vez. dice que era consciente «de que la relación con la teoría económica no estaba de ninguna manera agotada. . El único intento realizado hasta atora de aclarar el concepto de Weber de «racionalidad». y 77 y ss. y con eso estaría dada también la «identidad» en el tema entre Marx y Weber. mucho más transparente que el anterior. Compárese. 32. es el de Landshüt (ya citado. 6. en su articulación de significado origi­ naria. El suelo originario de esa dife­ rencia fundamental sería el capitalutnw. Landshüt yerra desde el comienzo en la construcción del análisis de Weber. to­ mada como la específicamente racional. pp. 48. 818y ss. Véanse «Los fundamentos racionales y sociológicos de la música». la observación de Marx contra Hastial. en primera instancia». la interpretación religioso-sociológica de Weber del mismo fenómeno se movería en la dirección de una crítica de la connotación marxista. a ella perteneciente. El capital. Las explicaciones relacionadas de Landshüt son ricas en derivaciones — también para nuestra investigación— y tocan el núcleo del planteamiento sociológi­ co. p. I. 31. pero excluyendo la tendencia práctica hacia una emancipación del hombre a través de la transformación del mundo. Landshüt intenta demostrar que We­ ber sí habría tomado de Marx el punto de partida para la pregunta y la articulación de la realidad (por «factores»). Éste sería el «original» en el cual Weber habría ganado originariamente el concepto de racionali­ dad.. en consideración con su presenta­ ción de Weber. II.M ax W eber y K arl M arx 121 30. en tanto práctica­ mente unívoco. Landshüt quiere demostrar que la diferencia entre racionál-irracional habría sido trasladada de la conducta económica. pp. Economíay sociedad. El mis­ mo Landshüt lo expresa cuando. y con respecto a Marx. Mientras que Marx avanza desde aquí hacia el aná­ lisis del proceso de producción capitalista como la «anatomía» de la sociedad burguesa. Y así malentiende el sentido positivo de lafalta preci­ samente de una «estructura» analógica en la sociología de Weber (véase el siguiente apartado III y la parte C). porque confunde su planteamiento de la cuestión con el de Marx. en contraposición.

«jaula» o «prisión» es al­ go externo y no cambia la naturaleza de quien ha sido puesto ahí y busca «escaparse» de la. él afirma que la traducción de Gebäude como «caparazón» sería más adecuada que la de «jaula». la palabra Gebäude no se corres-: ponde. y que puede o no serle propio. como el hábitat del caparazón de un caracol. eligió la palabra «jaula» para dar cuenta de la palabra alemana Gebäude. con la palabra «jaula». que aquí traducimos por «carcasa de servidumbre». para dar cuenta consu iron coge de la expre­ sión dtallharted Gebäude. En co­ rrespondencia con el. la «problemática central» de Max Weber no habría sido la del capitalismo ni la de racionalidad. ¿cuál es la naturaleza del tipo de ser humano que está condenado a vivir en las condicio­ nes de una sociedad industrial de la modernidad. José Aricó. a saber. en nuestra interpretación. más bien. tina «caja». has­ ta puede sentirse «cómodo» dentro de él. Siguiendo la interpretación weberiana de Wilhelm Hennis. sino que. profesor mexicano Francisco Gil Villegas. Nöta de la traducción: la expresión Gebäude von Hörigkeit. habría sido tomada por Karl Löwith de un artículo de Max Weber sobre las condicio­ nes políticas de Rusia a principios del siglo XX. como a un «estuche». sino más bien una de tipo filósófico-antropológica. utilizada por ML Weber al final del segundo ensayo de esa obra.° 1. algo que no obstante imprime tina forma rigurosa al ser vivo que contiene. Véanse Max . regida por la ra­ cionalidad instrumental? El diagnóstico-denuncia que aparece al final de La ética protedtante es precisamente el de un tipo de ser hu­ mano que se ha «acomodado» a vivir en ese «caparazón duro como el acero». misma. vol. con el título de «Zur Lage der bürgerlichen Demokratie in Russland». 1906. Por nuestra parte elegimos distanciamos de la palabra «jaula» e interpretar Gebäude como una «carcasa». No obstante. n. XXII. palabra que se puede refe­ rir tanto a úna «concha» — otra de las posibles acepciones— . quien modeló en 1930 la primera versión en inglés de La ética protedtante y eLedpíritu del capitalidnw. Para Gil Villegas. siguiendo la tradicional acepción de Talcott Parsoiis. AfSS. en el cual no se siente prisionero. porque Weber habría tenido la inten­ ción de referirse a algo orgánico. quien editó en nuestra lengua ese articuló en 1982. el cual no es algo externo sino una parte constituyente de su propia naturaleza. en el sentido de participar o no de su estructura orgánica.122 K a r l L ö w it h 33.

Folios.]. aun en ese orden teorético subordinado. notas. M ax Weber. Wach lamenta que a. Compáresetambién conEnsayossobresociologíadelareligión.Weber no le haya sido «permitido». una línea descendente des­ de lá racionalidad con arreglo a fines. en su presentación de la sociología de la religión (Ensayos so­ bre sociología de la religión. estudio introductorioy traducción del alemán de «Mi palabra final a mis críti­ cos» (1910). 1925. Simrnel ha extendido esa inversión histórica para volverla un principio absohrtamente filosófico y ha hecho. Walther. pp. Que esa posición es «característica» de Weber lo nota también J. desde la tragedia de . 1926. Él no se pregunta. 34. Compárese. pp. José Aricó.). la crítica dé H. 537. 46 y ss. edición crítica. pero queda absolutamente sin aclarar cuán característica es ella. Gil Villegas.). (comp. Max Webers Fragestellung. En realidad corresponde solamente a Wach. en la sin medida «importan­ te conferencia histórica. Se expresa también defacto. cuaderno 2. donde la racionalidad es concebida. Grab. la «sociología de la religión». inobjetables en todo cay so» (compárese.) 35. con un «círculo de tareas» estrecha­ mente delimitadoy «objetos» especiales. Compárese con E. Tubinga. y no a Weber. u. ya citado„p. Studien zur Biographie des Werks. en oposición. Mohr.schr. Lit. 1931. Geist. p. Wach. ya citado. introducción. ofrecer el desarrollo sistemáticamente articu­ lado de las categorías fundanientáles del círculo de tareas religioso-sociológicas». M ax Weber: La ética protestante y el espíritu delcapitalismo. a través de una pura délimitacióny determinación frente a planeamientos: «vecinos» de la cues­ tión «formalmente temas religioso-sociológicos. 2003.M ax W eber y Karl M arx 123 Weber. pp. Anuario de sociología. J. 146y ss. 38. ya citado. y de A. en. establecer. I. 180 y ss. 36. pp. si las investigaciones religioso-sociológicas de Weber sobre lá sociología de la racionali­ zación pueden ser juzgadas respecto al patrón de una disciplina espe­ cial.wiss. 79 y ss. F. México. como una racionalidad de la «consecuencia» teleológica de una conducta teorética o práctica. pp. 37. Voegelin. Escritos trimestra­ les alemanes para la ciencia literaria y las ciencias del espíritu históricas [Deutsche Viertelj. 62 y ss. en relación con esto. México. Fondo de Cultura Económica. Escritos políticos. sin embargo. de Landshnt. 33. 1987.. 1982.gesch. del mismo modo. f. Wilhelm Hennis. con Freyer.

p. ya citado. En­ tonces. 204)..) 44. sin embargo. 442 y ss. pp. p.' «Nadie sabe todavía quién vivirá en el futuro en aquella carcasay. porque él. acerca de la «infeKcidad esencial del hombre científico».v. una inmanente «trascendencia de la vida».C. 157-158. 40. 41. . ^ . élse topa allí con la libertad del individuo responsable. cultura podría volverse: "Especialistas sin espíritu. pp. en una investigación sobre el Con­ cepto de lo racional en la sociología deMax Weber. un «vuelco» de la vida hacia la «idea». ya citado (Die Volksmrte). pero no se aclara. contestar la pre­ gunta de qué valores constituyen en Weber la racionalidad. Compárese con P. A partir. 546) y La política como vocación (Escritos políticos completos. El pathos de ese convencimiento apenas nos deja adivinar cómo todo se unifica en Max Weber.124 K a r l L o w it h nuestra «cultura». con grandiosa consecuencia. Opor­ tunamente. H. 106 y 172. . 1927. Véase La ciencia como vocación (D. Véase Freyer. en una imagen del mundo unificadas A partir de esa filosofía dé la historia comprendemos que la sociología sólo quiere ser ciencia que comprende. se podría decir». hombres gozosos sin corazón”. Honigsheim. Esta Nada cree haber ascendido a un estadio de la humanidad nunca antes alcanzado» (Ensayos sobre sociología de la religión. deriva la consecuencia de la vinculación subjetiva de la propia decisión frente a los valores últimos. habrá profetas completamen­ te nuevos o un rehacimiento poderoso de viejos pensamientos e ideales o — cuando ninguno de ambos—si se disimulará una solidifi­ cación mecánica con una: esforzada forma de tomarse-en-serib. I. en relación con el carácter de Max Weber. 42. Grab ha intentado. ya citado.. la palabra de verdad para los "últimos hombres” de ese desa­ rrollo de la. y no a los filósofos (¡que no eran.. . Véase en oposición a Lukács. 39. Weber también lo de­ ja expresamente a los «especialistas».· para él menos especialistas!). 43.pp. donde no obstante se indica la doble significación de la valoración de Weber del proceso de la racionalización. J.. La problemática del relativismo de valores histórico la ha «superado» Weber «ya. si al final de ése desarrollo. y no dice nada sobre las relaciones objetivas. a partir de la falta de comu­ nidades y de valores en general vinculantes. Eljuicio de su sociología de la religión.

razón más. porque.. y sin una decisión en esa pregunta permanece no la posición.] la sociología sólo puede remitirnos espiritualmente a la idea de un orden social natural. Exactamente eso es lo que debía haberse preguntado aquí. «subalternos». y ve con ello. como la entendía Wer ber. en la posición de Weber. de la separación de realidad y valor (p. precisamente. La idea de la ciencia «racional». o si [. los valores de lo «racional» son. sino la de sus críticos. se trata de volver a relacionar con el hombre a las categorías con las cuales hemos. para convencerse de que existe un mundo «verdadero». sino que parte de una «valoración correcta» de los bienes de la civilización. 45-46). «Si hoy existe la posibilidad de una reposición del orden de los valores en todas nuestras esferas de la vida. relacionados con la esfera de lo meramente vital y beneficioso. En principio se ve el mundo «sin valor». sólo la sanción de un «derrumbe dedos valores». objetivo de lod valores. cap. una cuestión «histórica» y un «aislamiento del. añadido al mundo un sentido objétivo y un valor. 1). Voluntad depoder. eso no debe. valores «ba­ jos». productos absolutizados de la inteligencia «técnica». hasta ahora. Después de Nietzsche no se tiene ninguna. como la consecuencia. Él se opone aúna eventual (!) reposi­ ción del ordén de valores verdadero.mundo» (aun cuando no se identifica con la crítica de Kahler a la «vieja» ciencia de Weber). del mero proceso de civilización y la ciencia natural mecánica» a él correspondiente. de Weber. I. una inversión del orden de valores «natural».. para el mismo Grab. el cual ha hecho trans­ parente en la voluntad de poder el «nihilismo europeo». sino también su presentación de Weber. el’ cual no se «sujeta histórica­ mente» al espíritu del tiempo realmente existente. JVLucho más.M ax W eber y Karl M arx 125 de aquí comprendemos el hecho de la ciencia libre de valores. de la interpretación de valores objetiva del ser-ahí. pero sólo porque e< ta < t categorías no han sido todavía desvalorizadas (Nietzs­ che. y mantener en pie esa idea a través del tiempo. es tan poco anacrónica como dentro de la filosofía lo es el «ate­ ísmo científico» de la filosofía de Nietzsche. pregun­ tarse aquí» (pp. Sobre la base de ese plano de la pro­ . Kn Grab esa mirada no con­ duce a una penetración de la sociología de Weber. eo ip¿o. Grab sesujeta a la doctrina de Scheler — diametral­ mente opuesta a la posición de Weber—de un orden jerárquico evi­ dente. porque sobre eso reposa no sólo la crítica de Grab. 42).

Historia espiritual alemana desde 1890. 419 y ss. Honigsheim..126 K a r l L ö w it h blemática de nuestros valores. M ax Weber como sociólogo. pp. en verdad. pp. Ese individualismo de Weber es fácil de reconocer. P. Voegelin. Honigsheim y S. un caso similar. con relación específica a St. 52. P. a cuya ética de valores material remite Grab y con el cual «piensa» el fenómeno «valor» como un «fenóme­ no originario» visible (p. «contradicción» y «conflicto» no residen en Weber. pp. los análisis instructivos de Grab se detienen en algo anteúltimo. él no logra su cometido: remitir las tesis singulares de Weber a sus «fundamentos filosóficos últimos». 68 y ss. o que directamen­ te. se debe también entender la interpretación de los valores de Weber. véase F. Véase la carta de rechazo de Burckhárdt de la historia y la política del presente (1846). 32. p. Stefan Georgey las hojas para el arte. op. cit. Landshut. sólo con distancia y reserva. ya citada (nota 19). en el uso indiscriminado de comillas. 1930. en relación con Rusia. y lös Escritos políticos completos. Gothein se conformó con la filosofía néoplatónica de Boethius y Weber se interpreto en los profetas judíos antiguos. Gothein y Weber. ya por su puro estilo. Compárese con los Articulas completos sobre sociología y política soc'ud. y así. Y ahí se reconoce que son así llamadas por mí. 50. Sólo en el nominalismo franciscano sé encuentra aún. hasta aquí caracterizada por Nietzs­ che. cap. VI. según Honigsheim. sino en Scheler. 48. Wolters. Sujetos a esa orientación hacia Scheler. La «salida». son mentadas en otro sentido.. Es muy significativo obsevar qué modos de existencia religio­ sos fueron secularizados por Burckhárdt. sinoen realidad materiali­ zarlas. esto es. Compárese én relación con estoy con lo que sigue la descrip­ ción completa de Max Weber dé E.^. 502 y ss. Escritos políticos com pletos. George. pp. 51. ■ 45. 47. 126 y ss. 49. Quien escribe pa­ labras usuales entre comillas las caracteriza com o así-Uamadas. como generales y llamadas así por otros. Artículos completos sobre sociologíay política soc 'uil. 46. 12). . Burckhardt secularizó a los «anacoretas» del tiempo de la inmediata Anti­ güedad.. Cartas a los hermanos Schauenburg. que es propio. 412 y ss. 5.

3 (en ese tomo. Stuttgart. P.. Ruges al §190 de X a . 308y ss. pp. 55. . pp. p. cit. A pesar de eso. .. pp. K. 1981. . 5-13 (ahora en.-última virtud» de los espíritus «libres». RousdeauProudhon-Marx. Dentro de la filosofía esa contracción de la verdad científica se corresponde a la «honradez intelectual» con la reducción de Nietzsché de la verdad a la «confiabilidad». p. Honigsheim. 480. al sujeto de la producción. Obras completas deMarx-EngeLfVV. «conscientes» (véase W. pp. . . pp. pp. Korsch. cit. 1928. que subraya el carácter «frag­ mentario» de la completa actividad de Weber.). En una novela filosófica. ■ 57. IV p. 41. Escritos com­ pletos 1. 20-28) .) dice: «El hombre mismo es la base de su producción mate­ rial... 21 y ss. Hombre y mundo del hombre. III. Compárese aquí el artículo sobre L. pp. I.Filosofía del derecho de Hegel en Del tiempo pasado. Véase P.. 1928. Marx. Jaspers (ya citado).M ax W eber y K arl M arx 127 53. Compárese también con la crítica en el mismo sentido de A. obras postumas li­ terarias de Marx y Engels editadas por Mehring con Obras postu­ rnad). la parte de La ideología alemana publicado en el Archivo Marx-Engels con Ideología alemana y las. como la «. Musil ha dado forma psicológica a esta problemática de la época. p. 60. nota 67. como también de cada otra cosa que él resuelve. Logos. 61. El 18 Brumario de Luid Bonaparte.59.] mer­ cancías». \ 56. 182. (A partir de aquí se designará á ese primer medio tomo del primer libro de la primera división con W. ELcírculo de M ax Weber en HeUdelberg. 62. Feuerbach y la salidade la filosofía alemana clásica. El imperialismo democrático. . Todas las cir­ cunstancias que afectan al hombre. > 58. 388y ss.). mo­ difican más o menos todas sus funciones y actividades.. VII. 1911. Honigsheim.I 1. todavía en las Teoríad sobre elpkuvalor de 1861-1863 (tomo I. EL hombre din propiedades. . 271 y ss. Véase Ernest Seilliére. op. 105. Véase K.476 y ss. y El individuo en el roldelprójimo. por lo tanto.. editado por Rjazanow. R. op. también sus funciones y actividades como creador de las [.. 359. M ax Weber como sociólogo. 54. Marxismo y filosofía 2. pp¿ 1 y ss. 564..

sociales y económicas (Ideología alemana. sobre el punto de vista an­ tropológico de Feuerbach—hizo valer el contenido de la doctrina de Hegel del espíritu objetivo contra la problemática abstracta del YoTú de Feuerbach. Marx llega a la si­ . Fue precisamente la filosofía del derecho de Hegel la que había hecho visible ese «mundo» de las relaciones de vida políticas y económi­ cas.128 K a r l L o w it h 63. Así. La diferencia entre Marx y Feuerbach.I. la forma cómo y a travéd de qué determinó él a ese ser humano en concreto — excluyentemente como ser genérico naturalista. de su «realización» a la vez que su «pérdida» (W. A Feuerbach le queda indiscutiblemente el mérito de haber re­ tornado desde el «espíritu» absoluto al hombre desnudo.» En una versión distinta se repite este postulado en Marx en la exigencia de que. se puede describir. 64. pp. 242 y ss. para Marx. W. y 613). que termina de ser filosofía (esto es. pp. pero no lo «superó críticamente». 607 y ss. Y Herder ya postuló la pregunta de «cómo puede la filosofía ser reconciliada con la humanidad y la política. co­ mo que Marx — posicionado. 1. ése fue mi pri­ mer esfuerzo. 131 yss. sino también los más primitivos objetos de la «certeza de los sentidos» son especi­ ficados y dados por las relaciones generales. desde el «volverse filoso­ fía del mundo» (en Hegel)> deba producirse un «volverse mundo de la filosofía». Quien anda ese camino arriba necesariamente a hacer del hombre cosa de la filosofía. como en la praxis el hombre privado burgués» a la relación privada de personas singula­ res. 1. Su teoría del Yo y Tú retomó. aislada filosofía de escuelas).. en general. en süpúesto «amor» y «amistad». y la respondió con la demanda de la «retirar da» de la filosofía hacia la «antropología». a un hombre sin consideración del «mundo». «Hacer de la filosofía cosa dé la humanidad. en el mejor de los casos. a través de los sentidos y de la relación con el Tú— . de tal modo que los sirva». 65. que Feuerbach sólo ha «puesto a un costado» a Hegel. sin saber que no sólo las rela­ ciones de-vida en apariencia «puramente humanas». 64. Marx se vuelve contra Feuerbach porque éste puso como fundamento de la filosofía a un hombre solamente «abs­ tracto». esto es. No obs­ tante.I. resumida del modo más agudo en la famosa tesis 11. pp. Feuerbach ha construido un hombre cuya realidad. en principio. refleja el ser-ahí de la persona pri­ vada burguesa. esto mostró. 252 y 263).

de acuerdo con su esencia. por primera vez. 67. p. por naturaleza.). 302. Compárese con G. p. pp. Compárense con las Obradpódtumad. en el marco de una comprensión de Marx deudora de Hegel. de forma monárquica o incluso republicana. 248 y ss. y SátiMax. se postula en Marx desde el inicio — es la conditio diñe qua non de su antropología— . Que el hombre sea. porque es Hegel el que lia presentado el significado decisivo. Marx realizó esas consecuencias. esto es. 253 y ss. pp. pp.M ax W eber y K arl M arx 129 tuación de hacer valer los análisis concretos de Hegel de la Filosofía delderecho. p. aún «político». IV. pp. 70. 94 y ss. 69. hombre social. y elAnti-Dühring de Engels. A la burla de Engels sobre el . para cada singular. cap. y con la décima tesis contra Feuerbach). y lo ataca porque absolutiza filosóficamente esas relaciones ge­ nerales y las mistifica.. una vez más. VIII) se ha dedicado a la sociología histórica de la ciudad muestra aquí. 151 y las presenta­ ciones análogas (en la Crítica de lafilosofía del derecho de Hegel). que cierra con la afirmación de que las «consecuencias» de sus fundamentos de la filosofía del «futuro» no permanecerán. hombre de la sociedad. La precisión especial con la que Weber (Economía y sociedad. Lukács. compárese con las pp. XIV.Historia y conciencia de clade (pp. «En tanto el hombre es. sobre la imposibilidad de una cancelación de la enajenación de sí humana dentro de un Estado. El defiende a Hegel contra Feuerbach. contra Feuerbach. II. desarrolla su verdadera naturaleza justo en la sociedady el poder de su naturaleza no se debe medir en el po­ der del individuo singular. y por otro lado a atacar a Hegel desde el princi­ pio dél punto de vista antropológico de Feuerbach. 66. II. II. Que el murrio Feüerbacli haya tenido conciencia de la tranditoriedad de sus tesis lo muestra claramente el prefacio de sus Fundamentos. comparar con Para la crítica de la economía política. social. sino en el poder de la sociedad» ( Obrad pódtumad. del acontecer general y so­ cial. 7\ :La ideología alemana:. Documentos deldocialidnw. 68. 239 y 258. 312y ss. 2M yss. la identidad objetiva entre la enajena­ ción de sí y la racionalización. La ideología alemana. 287. en donde el significadoy la estructuraprincipialed del análi­ sis de Marx de la mercancía es referenciado. que el mismo revoca en función de su demanda filosófica.

339 y ss. 9 y ss. . 65 y ss. esa «propia regulación» no es un hecho inmediato. En realidad. Este análisis de Marx muestra indirectamente los límites so­ ciales del análisis de Heidegger del «mundo de obras» \Werkwelt\ (Ser y tiempo. Que esto es una mera apariencia. que un perro de correa de un galgo. Para L acrítica de L a economía política. véase ELca­ pital (1929). desde el cual se pudiera partir (para necesariamen­ te relativizarlo). como algo propia a cada uno. se entiende. 74. II. I. vina «máscara de carácter». Sobre el carácter fetichista del capital de interés. por­ que también la misma mercancía es uná «sustancia social». Que nuestro material tiene carácter de mercancía y que la mercancía es una sustancia «social». una «universalidad abstracta» que oculta así su propio carácter social (véase Marx. en su propia forma ontològica. sino como un tal ser. p.).130 KARL· LOWITH «empujador de carreta y arquitecto» de Dühring. sin embargo. tras la cual se esconde en cada caso la «dominación de las condicio­ nes de producción» sobre los productores. 1. trabajo abstracto humano-social.: En ese doble carácter de la mercancía ya se exterioriza una discusión de la sociedad productora de mercancías en sí misma. 73. III. 76. no sólo se reduce el problema de la sociabilidad del ser-ahí a la del «alguien» \Mañ\. ^ 72. pp. pp. A través de la orientación de todo ser interno al mundo al «ser-ahí». del Socialismo. para el . en la «bolsa» de modo puramente marxista. sino que permanece indescubierto el carácter social de nues­ tros objetos de consumo -del «material» [Zeug] a mano— . apenas se muestra visi­ ble cuando también el ser-ahí mismo es concebido no sólo como verdadera y publicamente ser con y ser con otro. 75. Weber presentó esa división de produc­ ción y consumo. pp. Schmidt del 27 de octubre de 1890. . sino un resultado mediado de la autonomización. corresponde la si­ guiente frase de Marx: «Originariamente se diferencia menos un cargador de peso de un filósofo. en el que tanto uno como otro y todos juntos son generalizados socialmente./t a . La división del trabajo es la que ha producido un abismo entre am­ bos». Compárese con la carta de Engels a C. 6 6 y ss. La forma d« que son no obstante «generalizados» se de­ termina en la sociedad burguesa precisamente en que ésta es una so­ ciedad A & singulares atomizados.).

p. en otros tiempos uno altamente personal. Esa esfera es. entre otras cuestiones. por sí mismo (compárese con ELcapital. pp. 2. y sus verdades de pasión. III. 82. Lafilosofía deLderechode HegeLy L apo­ lítica de nuestro tiempo. Cuán acertada es esta caracterización lo demuestra. es un contemporáneo de Marx y cómo cumbos completan el . su historia. aquellas que se elevan a la cumbre. 1842. 160 y la carta de Marx a Engels del 22 de ju­ nio de 1867 (W. sólo para saciarse y cáer. I. en Anuario alemán para Laciencia y el arte. tina historia sin acontecimientos. su desarrollo sería una repeti­ ción constante de los mismos tira y afloja. 396). Marx hace referenciaa que la diferericiaentre individuo «personal» y relativamente «ca­ sual» tiene un sentido completamente diferente en distintas épocas y en sociedades diferentes. Respecto a la pregunta sobre la fecha. p. 3. La ideología alemana. Él interpreta esta época de la revolución burguesa como la propia caricatura de la gran revolución burguesa de 1789. para el individuo del siglo XVIII.M ax W eber y K arl M arx 131 Marx deElcapital. Ruge. p. carentes de actos heroi­ cos. 289. para el hombre déla época burguesa. 81. la consecuencia opuesta que Max Weber ha ex­ traído de aquí. Marx brinda una concentrada presentación histórica de ese mundo envéjecido diez años después — 1852— . Visto en perspectiva. en EL 18 Brumario de Luis Bonaparte. véase el reciente Sóbre la sistematicidad de L adoctrina marxista deLEstado y L asociedad. resistiría sólo por tomar prestado de otros mundos. sus oposiciones. Compárese con A. Es una esfera completamente particular dé la vida desde la cual se de­ termina. Sobre cimbas relaciones véase en especial el resumen metódi­ co de ELcapital. no sin relevancia para la interpretación. la falta de decisión. un significado casual. A lavez. y. 80. aquí resulta evidente lo mucho que Kierkegaard. con su «crítica del pre­ sente». 79. su inundo. vuelto así perfectamente «sobrio». Las pasiones de esta época carecerían de verdad. su primera ley. en cambio. Así. sus héroes. la privada. 78.III. el «estamento» o la pertenencia fa­ miliar puede tener. en su forma propia. de E. 6.«individuo». 77. Lewalter y este archivo (com­ párese la prueba en el apéndice del citado tomo). el concepto verdadero y general de ser«hombre» y de ser. 326-327).

252. pp. Korsch> ya citado. un «hombre» (W. El verdadero hombre privado de la Antigüedad era el enclavo. la consecuencia de que los valores «últi­ mos» hayan claudicado de la «escena pública». 91. en direcciones opuestas. como tal.). en general. pero el hombre no libre. pp. p. pp.La ideología alemana. 83. p. 88. «lema de su ánimo» el conocido lla­ mamiento de Hölderlin del Hyperlón'.C. Véase al respecto el análisis de Lukács. Edcritod políticod comple­ tad. 286y ss. Precisamente por eso no era. véase Lewalter. p. El hom­ bre es el verdadero principio del Estado. «En la Edad Media la vida popular y la vida estatal son idénticas. precisamente. 592 y ss. 188y ss. etcétera. en el pensador ningún hombre. donde el comunismo es concebido como el «realmente» existente — aun cuando su «realidad». p.I. 449 y ss. I. La ideología alemana. sea descrita como un «movimien­ to». 98. con ello. pp. La verdadera «democracia». 1. en el sentido de Aristóteles». 87 . compárese con Obradpó¿tu­ rnad. 89. para Marx significa originariamente una «sociedad sin clases». 554 y La política como vocación. 90. entonces. II. : 85. «En el artesano no ves ningún hombre. en donde Ruge eita como. 558). una «comunidad de los libres». en oposición. convertir a cada hombre en ciudadano del Estado» (WJ.ya citado. y la respuesta aprobadora de Marx a eso. dio forma a la condición privada. Compárese. en la Edad Media cada esfera de la vida privada significaba esencialmente lo mismo que una esfera pública de la vida. la Ideología alemana. Véase Economía y dociedad. nota 56. como la condición específica del ser humano — aun cuando ella quería. Compárese con K. pp.. Compárese con la carta de Ruge a Marx de 1843 (W. ..: 84. 437). 86. p. 222 y ss. para Weber. 240 (la expresión dé Marx tiene su origen en Hegel). en sentido pleno. Esto es.132 K a r l L ö w it h quiebre decisivo con la Filosofía del espíritu de Hegel. 1. en amos y esclavos nin­ gún hombre».» La Revolución francesa emancipó políticamente al hombre como burguéd y. D. en tanto él no participaba de la red publica. en el sentido de una «polid convertida en coémópolut». p. 1. Por la misma razón.

pero no en el sentido naturalista-moralista de Feuerbach. Se entiende por sí mismo que esa des-racionalización dé Marx nó fue pensada como un retomo utópico á un «comunismo primiti­ vo». M ax Weber. contra la mera «categoría» de la división del tra­ bajo. sólo podría consistir en «que el hombre comunitarizado. III. los productores asocia­ dos. y La ideología alemana. 241. 2. incluso tras esa comunitarización. 95. I. Weber presupone aquí que la pregunta por el «Todo» sólo es postulable científicamente también de modo caudal. en particular las pp. pp. Al respecto. Korsch. Com­ párese al respecto la diferencia de G. regulan racionalmente su intercambio con la naturaleza» (El capi­ tal. 215 y ss. 315-316. 268y 297. Coincidente con esto. 1. 96. Doc. Marx. lo que tendría sentido únicamente si también el Todo fuera representado como una suma de campos parciales — religión y sociedad— . Sin embargo. 252. sobre la base del estadio de desarrollo alcanzado en el proceso de producción. p. W. del Socialismo IV p· 320. Esa analogía con la crítica de Marx de la «crítica crítica» tie­ ne su origen en el marxista K. p. 110. Doc. p. dentro del trabajo determinado por la precariedad externa y la necesidad. LVII. 97. Com­ párese con las Obras pójturnas. pp. Lukács de la «realidad» de las . el «reino de la libertad» empezaría justo «más allá de la producción material propiamente dicha». 235. y más tarde en Miseria de la filosofía. sino en el sentido de Hegel de una unidad de los especia­ les intereses. 98. La ideología alemana. 250 y ss. 617. Véase Marianne Weber. p. la idéa de la «l ibertad» se reduce también en El capital a una sobria constatación de que.). 94.M ax W eber y K arl M arx 133 92. II. pp. sino como una racionalidad en un estadio más alto. 93. mientras que ella. 'véase San Max. 139. Ser genérico. pp. 613.universales y privados (véase especialmente San Max.. la propia investigación de Weber conoce un Todo frente al cual la pregunta por la atribución del hacer se vuelve no válida: precisa­ mente el Todo inderivable de los campos parciales y también inatribuible de la tendencia histórico-humana a la racionalización. como la re­ gulación verdaderamente «racional» de las completas relaciones de producción bajo «control comunitario». Para la crítica de la economía política. del Socialismo IV. las cursivas son nuestras).

. y 243 y ss. Véase Soc.K arl L o w it h tendencias de desarrollo generales de la historia respecto a los «he­ chos» singulares de lo empírico.. 45 y ss. op. B.C. puritanismo y capita­ lismo. I. pp. 344.. y 259.. pp. 103. cit. 375. p.. 238y ss. 83. 101. compárese con Walther. pp. Lukács. de la reí. 100. Compárese al respecto Soc. y 198 y ss. Ver G. 53. y 170. I. 198 y ss. pp.. . de la reí. 102. 184y 206. 348. cit. 238 y ss. 99.C. 205. 5. 166 y ss.. 205.. y en es­ pecial la nota 1 de la p. op. cit. pp. 1930. etcétera. Véase D. y D. 60. 192. 37. Cuán inapropiada es la crítica de Kraus a Weber surge de las expresiones de este último descritas en la nota 100.. 87. Escolástica. 104. pp. pp. Véase D. 200 y nota 3 de la p. op. 115 y ss.C. nota 3 de la p. 234 y ss. Compárese con J. Kraus. pp.

Ese estamento representó cada vez más sus propios intereses. com o la entendió W eber. Precisamente el oficio de nuestra ciencia es. hacia abajo. Pe­ ro simultáneamente él reconoció también la incapacidad de la clase burguesa para dirigir la nación. no estoy en condiciones de responder boy a ello con una afirmación. «Yo soy un miembro de la clase burguesa. es una econom ía al servicio de la política de poder nacional. una vez. me siento com o tal y fui criado en sus con­ cepciones e ideales. su ta- . Y cuando me pregunto si la burguesía de Alemania está hoy madura pa­ ra ser la clase políticamente rectora de la nación.» Las verdades incóm odas que W eber había dich o hacia arriba. y también hacia la propia clase— . un significado destacado pa­ ra la construcción del Estado prusiano.M a x W eber y sus seguidores ( 1939-1940) El discurso académ ico inaugural de W eber de 1895 sobre el Eétado-nacuin y la política económ ica popular tiene com o tema la problemática posición de la burguesía alemana al final del si­ glo X IX . a los ju n k eré. son las siguientes: En prim er lugar. La econom ía popular. y no por último a su propia clase. únicamente. y cada vez menos el interés político general de la nación. decir lo que no es oído con gusto — hacia arri­ ba. a la socialdemocracia. pero desde que la es­ tructura social de la nación se m odificó completamente. Este estamento había tenido. hacia abajo. la dinastía prusiana se apoyó hasta el fin del siglo X IX en la aristocracia terrateniente de la PruJia oriental.

Y aún más. de la política. dejó com o herencia una nación acostum brada fatalmente a dejar promulgar. ninguna madurez política interna. el da­ ño más difícil. Pero la tragedia de esa fundación del reino fue que a ella no le siguió ninguna unidad interna de la nación y de sus clases sociales. p or ella. el último y el más grande entre los junker*). ha ganado para el pueblo alemán. Justo al final del siglo com enzaron algunos (p o­ cos). satisfecha p o r los éxitos nacionales de 1870-1871. E n el interior no atrajo ni a los intelectos autónomos ni a las personalidades destaca­ das. los miem­ bros de su partido fracasaron completamente. y a se ocupó. Bism arck. ni siquiera las soportó. La culpa la había tenido el mismo Bis­ marck. bajo la firma del "gobierno m onárquico”. a través de la guerra con Francia. en gran manera. la unidad externa.136 K a r l L o w it h rea està sin em bargo agotada. para resumir. en su cumbre. m uy por debajo del nivel que había al­ canzado. «Él deja una nación ¿in nin­ guna educación politica. y a veinte años antes. cpm o consecuencia de esa utiliza­ ción perversa del sentimiento m onárquico com o escudo de propios intereses de poder en la lucha política partidaria. a quienes les había quedado «la capacidad del odio con­ . no dejó en absoluto una tradición política. Es más. sin crítica a la cu alificación política de aquellos que ocuparon el asiento dejado libre p o r Bismarck y que con sorprendente lasitud tomaron en sus manos las rien­ das del gobierno. Y sobre todo una nación din ninguna voluntad política. acostumbrada a que el gran hom bre de Estado. En ese punto residió. El Parlamento se había vuelto un mero «aparato de aprobaciones» de la bu­ rocracia dominante. Cuando Bismárck fue neutralizado p o r jóvenes emperadores. en ese aspecto. p orq u e su desconfianza y su m enosprecio hacia los hom bres no habían dejado aflorar en su entorno a ninguna personalidad sincera y autónoma. lo que se d ecid ió sobre ella. p or el contrario.» En éegundo Lugar: un espíritu «ahistóriep y apolítico » se apo­ deró de la burguesía. El gran hombre de Estado.

M ax W eber y K arl M arx 137 tra lo pequeño». pero tam poco un aire de la pasión nacional dominante que sopla en los cuartos del convento. Y así se hizo visible que una parte de la gran burguesía. de m odo que ni el esta­ m ento de los junkerd. Pero tam poco ella está en condiciones para tomar la dirección política. sería esperable que la carga de la responsabilidad. Ellos son pequeños. ex­ trañaba un nuevo César. ni la burguesía y la clase trabajadora. si el m undo que nos hereda reconoce en nodotrod a . El proletariado alemán tiene el carácter de una «pequeña burguesía política». El motivo para ese fra­ caso de la burguesía es su pasado apolítico. la pregunta más seria sobre el futuro políti­ co de la burguesía alemana sería ahora (1895) si la clase de los trabajadores podría convertirse en la portadora del futuro político. por m iedo a las masas populares rebeldes. pudiera ser portada sobre esos más anchos hom bros — aunque hasta entonces queda todavíá un largo ca­ mino por recorrer— Y así cierra W eber su discurso con la si­ guiente con fesión resignada: « N o es nuestra generación la que está destinada a ver si la lucha que llevamos a cabo tra­ erá frutos. poder de una clase llamada a la conducción política». son idóneos com o portadores d é la conducción. no se deja recuperar en una década. Sólo cuando de los trabajadores surgiera una élite. El trabajo de crianza política de siglos. En tercer lugar. para la cual la burguesía se de­ muestra m uy débil. a correr el velo de las ilusiones burguesas y a reconocer que la herencia de Bismarck se había convertido en la maldición de su decadencia política. Sus portavoces son mucho más inofensivos de lo que ellos mismos piensan: «N o hay en ellos ni una chis­ pa de aquella energía catilinaria del hacer. mientras que las amplias capas de la pequeña burguesía ni siquiera se habían despegado de su estrecha mira de nuevo rico \SpLefibiirgertiinri\. del que disfrutó la burguesía ingle­ sa. y la dominación de un hombre singular extraorduiario no es siempre un medio para la form ación política. raquíticos maestros políti­ cos — les falta el gran instinto d e.

Por eso. Con ella se extendería y se consolida­ ría nuevamente la sociedad burguesa. sino a una tendencia p ro­ pia de la com pleta burguesía occidental hacia la racionálización.1 funcionariado propiamente dicho. amplió el fundamento de la mirada de su discurso de inauguración. que p or su lado y a se aburguesó también. «C om o el así denominado progreso hacia el capitalis- . sino el poder transgresor de la burocratización creciente — no del m ero aparato estatal. que tendría un interés prioritario en la seguridad y en el orden. com o consecuencia de las crisis socia­ les y económicas que trajo la guerra consigo. sino también de la econom ía y de los partidos políti­ cos— . precisamente la guerra habría fortalecido la tendencia hacia una total funcionarizáción de la vida pública. y la recién sur­ gida clase de los «em pleados» se acercaría m u ch o más. En 1917. a la burguesía media que al prole­ tariado. en referencia a la Revolución rusa. N o lograremos escapar de la maldición bajo la cual estamos sujetos: ser los que nacieron después de un gran tiem po político. no podría afirmarse dé ninguna manera que el húméro y poder de los dirécta e indirectamente interesados en el orden bur­ gués habría mermado. postuló la tesis de que la última consecuencia del desarrollo democráti­ co no sería la dictadura dé los trabajadores. W ebér entendía bajo el térm ino «bu rocracia» no sólo a . El verdadero problem a parecé ser para él y a no la inmadurez de ambas clases de la sociedad burguesa. fuertemen­ te. P or el contrario. en los sindicatos. a m enos que estémos listos para volvernos otra cosa: antecesores de uno más grande». A l escribir W eber durante la guerra su tratado crítico sobre lá reforma dél parlamentarismo.138 K a r l L ó w it h duj antecesores. para discutir sobré las posibili­ dades existentes de una selección de líderes políticos. sino la de los fun­ cionarios y empleados. en el funcionamiento del aparato estatal y de la maquinaria económica. de acuerdo con sus intereses.

en benefi­ cio de los em pleados fijos.tanto com o lo hace el Estado absolutista. y también cuando el Estado no es un pequeño can­ tón sino un gran Estado de masas. esto es. patrimoniales. así el progreso hacia unfuncionariado burocrático. en la cual luego los hom ­ bres serían obligados. la admi­ nistración a través de notables feudales. Y completamente ineludible sería si el mismo Estado fuera el que tomara la di­ rección de todas las empresas y las controlara.. E m pleados con ju risdicción deciden sobre todas nuestras necesidades cotidianas y recla­ maciones del día. impotentes. en contraposición al caballero. el condottiere. los oficiales. pensión. sueldo.el cacique o el hé­ roe homérico. desde la E dad M edia. el patrón u nívoco de la m o­ dernización del Estado.: una máquina que en com binación con la técnica podría p ro ­ ducir una «carcasa de servidumbre». El se volvería entonces una «máquina de hom bres» que lo abarcaría todo. «cualquier resto de libertad de movimiento> en algún sentido. del funcionariado admi­ nistrativo burgués.» La «burocracia» se extiende desde la fábrica hasta el Esta­ do y la armada y es tan «ineludible» com o los otrbs portado­ res históricos del orden m oderno de la vida. dentro de esta omnipotente «aparatización». La fuerza de choque de la armada descansa so­ bre la disciplina del servicio. En el punto aquí decisivo no se distingue la cúpula militar. es el patrón unívoco de la m oder­ nización de la economía. el oficial es una categoría especial del funcionario. También el ejército m oderno de masas es burocrático·. La dem ocracia deja sin efecto. ya sea de h on or o heredados. D el m onárquico tanto com o del de­ mocrático. competencias fijas. escolarización especializada y división del trabajo.M ax W eber y K arl M arx 139 mo. a introducirse. patri­ cios u otros cargos. orden jerárquico para abajo y para arriba es. acuerdo con actas. que descansa sobre puesto. Frente a esa tendencia sólo quedaba una pregunta en pie para W eber: ¿cóm o se puede rescatar todavía. ascenso. “individualista” »? Sobre la ba­ .-. asimismo.

bajo ciertas circunstancias. su pregunta política fue cóm o se deja ganar. tanto del pensam iento científico com o del hacer político. contraponerse a su jefe — sea éste un m onarca o incluso el demoJ— . incluso pa­ ra aquella «libertad de movimiento» que atañía a W eber com o hombre y com o individuo. aunque no pensaba con esto. Su fórmula drástica para ello fue: demo­ cracia de Liderazgo con máquina. la com ­ prensión de la subjetividad de nuestras últimas puestas de va­ lor y decisiones es precisamente la que debería resguardar la objetividad y especialidad. hizo la diferenciación de principios entre em­ pleados estatales y líderes de partido. a partir de su propia res­ ponsabilidad. G om o consecuencia de esa separa­ ción entre subjetividad y objetividad y el carácter no vincu­ . sin considera­ ción de su convicción personal. sino en un Estado con múltiples partidos y con Parlamento. y la carcasa de la «servidumbre» futura. igual que el empresario autónomo. L os diferencia a través de la medida de sus diferentes tipos de responsabilidad y de honor. en la posibilidad de un liderazgo dictatorial en un « Es­ tado de un solo partido».K a r l L ó w it h se de esa perspectiva. un espa­ ció en función de un liderazgo autoritario de carácter político. dentro de su marcó. El líder político debe actuar.~ idóneo y responsable. p o r el otrp. Por un lado él quitó a todas las ins­ tituciones objetivas cada sustancial v alor p rop io. entre encasillados hom ­ bres gen éricos e individuos autónom os. e inversamente. en su última ponéncia sobre i z políticacom o vocación. ' L a antinomia de la ciencia política de W eber consiste en que justamente la incliuián ineludible en la «m áquina» [B etrieb\ se vuelve el lugar del jer jl mimw posible. to­ davía. pero las afirmó: con un N o Obstante com o el m edio dado para un fin elegible de form a libre. El empleado y funcionario debe llevar a cabo lo que le fue ordenado p or una instancia supérior. él. En tanto W e b e r con sideró la máquina de hom bres humana com o ineludible. comenzar cada momento con su persona y. el único cam po de juego.

pero no de este mundo. que es en esté mundo. en rápida progresión. con la intervención de su entera persona. que le distinguen de todos los demás. se com portó de manera pasional— . En eso consiste su heroísmo humano y su honradez intelectual. afirma decididamente com o nuestro «destino» el mundo desencantado dé la civilización moderna. la separación entre cosa y persona. en su diferenciación del burgués m oderno en el aspecto de un homme que se obedece á sí misino y un citoyen. que pertenece a la sociedad. entre ética de la responsabilidad y ética: de la convicción. con la pasión del hacer aislado. empero. mientras que Weber. para querer afirmar en él. -una total enajenación del individuo en relación con la comunidad. en m edio y con­ tra la servidumbre creciente en el m undo político y económ i­ co. entre funcionariado y lideraz­ go. por elcon trario. en que Rousseau exige. Tras la muerte de W eber (1920). lo que ha­ . entre conocim iento objetivo y valoración subjetiva. su propia posición se volvió necesariamente una oposición perdurable y una única apolo­ gía de la libertad del individuo que protesta. para superar la contraposición entre el hom ­ bre y el ciudadano estatal. La diferenciación rigurosa que llevó a cabo W eb er en el interior de la teoría de la ciencia y de la conducta práctica: es decir. el de­ sarrollo alemán dejó de lado. libertad singular. que renuncia al éxito entre las masas. reside en su naturaleza. La gran diferencia entre la crítica de Rousseau y la de W eber de la civilización existente reside. cuyo ori­ gen histórico reside en la crítica cultural de Rousseau. com o la que tom ó W eber fren­ te a las posibilidades del presente. sin em bargo. una. entre esfera pública y privacidad. todas ellas surgen de la una y fundamental antinomia entre libertad y coerción. Así pu­ do posicionarse en cada situación dada y depender completa^ mente de sí mismo. Q ue una tan crítica actitud.M ax W eber y K arl M a rx 141 lante que se sigue de ahí para todas las circunstancias objeti­ vas del m undo existente — hacia las cuales. lo haga im popular y per­ manezca inefectiva. para poner en cuestión la carcasa.

difícil de sobrellevar. W eber se volvió un anticipador del futuro político de Alemania. de esa tesis totalm ente individualista hay sólo un paso hasta lá com pleta inclusión en una máquina de convicciones total. que sólo era responsa­ ble: de sí mismo. de la autodeterminación. cuya última instancia sólo era la elec­ ción decidida de una postulación de unos valores entre otros. a través de lo for­ mal de su ethod político. dado que éste no estaría disponible. y negativamente. lo que no incluye que él mismo hay a. y que. L o que y a era válido para la guerra se ha repetido con fuerza después de la catástrofe: los muchos . totalmente funcionarizada. Con esa ab­ dicación de la elección Ubre entre posibilidades diferentes en favor del una vez elegido Führer.debid o también recorrer ese camino. se transforma la «decisión» propia en la obediencia decidida a un dictado. Él ha preparado el camino a un Estado de liderazgo autoritario y dictatorial. a una organización del Estado y de la. D e su tesis de que sólo un «profeta» puede decirnos a nosotros lo que debem os hacer objetivamente. al m argen de cuáles sean éstos. la «sujeción» en obediencia. que preparó a los otros. se convierte en una persona que está conten^ ta d e haber pod id o transferir la carga.sociedad burguesa que> si bien es cierto que ideológicám ente es una aparente refutación. bajo la voluntad de un líder con aptitud de oratoria que diga a las masas lo que éstas deben creer y hacer. positivam ente a través de que representó el liderazgo irracional «carism àtico» y la «dem ocracia de liderazgo con máquina». el «em pleado» en alguien que dispone de su puesto \Ámtdwalter\ y la «maquina de hom bres» en un frente total de trabajo. por ultimo. es sin em bargo prácticamente una confirm ación d e la previsión de W eb er de una «dem ocracia de liderazgo».142 K a r l L o w it h bía sido querido p o r él. para arribar co n la R ev olu ción de 1933. ca­ da uno debiera decidir por sí mismo lo que piensa hacer en es­ te tiempo de falta de autoridad de una decadente esfera públi­ ca. El individuo liberado. a través de la pérdida de contenido querido.

El teórico del tránsito. C om o expon en te de ese m ovim iento de reversión. una gen eración más jov en que los y a ci­ tados. Rathenau y Sche- . Él ofrece. Rilke en 1914 a su joven amigo en el frente—que esto es una alegría imborrable. el punto en que debe revertirse en su contrario. Schmitt se diferencia expresamente de la generación anterior a él. combattere. Los fundamentos histórico-filosóficos de su concepto de lo político fueron aclarados con precisión p or Schmitt en una ponencia de 1929 titulada Sobre la era de Lu) neutralizadoned y las de<fpolitizaciones.Max W eber y Karl M arx m «planes irresueltos» del hom bre singular fueron confiscados por un «decidido destino general». especialmente después de los tiempos muy dispuestos hacia múltiples voluntades. un desarro­ llo gradual de la caída que iría desde la época teológica del si­ glo XVI. Weber. pasando por el decisionis­ mo dictatorial. obediencia y activa disposición. con ello. después. puramente cul­ turales. C on la transformación de la de­ m ocracia burguesa en la democracia de masas industrial se al­ canzó. p or último. que nos confundieron largamente y nos extenuaron. describe tres fases del desarrollo alemán. siguiendo a Comte. ser así. M . hacia la épo­ ca humanitaria-moral del XVIII. Sombart. que demandaba primero creencia y en­ seguida. al com ienzo del siglo XX. es el teórico del Es­ tado C. esto es. desde la democracia parlamentaria del Estado de partidos nacional-liberal hacia la dem ocracia autoritaria y dictatorial del Estado total. el punto culminante de ese movimiento de decadencia y. en una total politización aun de los campos en apariencia «neutrales». a la técnica-económ ica del XIX. y llegando. Schmitt. de la cual Troeltsch. «M e puedo imaginar — es­ cribió R.» Sólo de esa form a debe enten­ derse también la fuerza de atracción del lema fascista de crede­ re. hacia un «pensamiento del orden concretó». Su devenir desde un normativismo pensado de m odo jurídico extremo y de tinte católico. pasando por la metafìsica del siglo XVII. una potestad y un sen­ timiento con uno. obbedire.

meramente téc­ nicos. Todos ellos vivían toda­ vía en la atmósfera del nihilismo europeo y de un abismo que era previsible. «Los descubrimien­ tos de los siglos XV y XVI tuvieron un efecto liberador. p or eso. «L os rusos tomaron la palabra al siglo XIX europeo. Schmitt contem pló la posibilidad real de un Estado así. lo con o­ . precisamente porque son en sí neutrales a muy diferente fines. los descubrimientos técnicos son medios para una dom i­ nación inmensa de las masas: a la radio le pertenece el m ono­ polio de la radiodifusión. Hoy. Esta puede ser revolucionaria y reaccionaria. servir a la libertad y a la dominación. Su res­ puesta es: sólo una que politice todas las esferas de la vida. en la mano de un Estado decididamente «político». no surge ni un planteamiento político. la ciencia del Estado). Pero la economía y la técnica pueden servir com o medios. com o un medio respecto al fin.» La pregunta de Schmitt es. porque ésta surge sólo de la «duda respecto a la propia fuerza» de servirse del instrumentarlo grandioso de la técnica moderna. La decisión so­ bre la libertad y la esclavitud n o reside en la técnica com o técnica. D e sus principios y perspectivas. a la centralización y a la descen­ tralización.144 K a r l L o w it h ler le aparecen com o característicos. originariamente en Rusia. indivi­ dualista y rebelde. esto es (para Schmitt) de un Esta­ do total que cuente con la guerra. la censura. y a cuya existencia pertene­ ce un «enemigo total». al filme. en la misma m edida en que ellas han sido neutralizadas p or la econom íay la técnica. Su preocupación y a no es compartida por Sch­ mitt. El descubrim iento del arte de la im pre­ sión de libros con d u jo p or ejem plo a la libertad de prensa. también. La técnica debería volverse el medio de la dominación política de las masas. qué política es lo suficientemente fuerte com o para servirse de la técnica co ­ mo un m edio y otorgarle un «sentido inobjetable». ni una respuesta política. en el que tod o lo que antes aparecía sólo bajo una perspectiva económ ica y cultural se vuelve político (y no en menor medi­ da.

sino que ésta haya centralizado y totalizado a Rusia. de nuevo. hasta el fi­ nal. la conclusión práctica. L o que sucede en Rusia com ­ pleta y supera ideas específicamente europeas y muestra. «Total» llama él a la unidad política. porque y a en 1923 estaba convenci­ do de que el principio parlamentario de la publicidad y la dis­ cusión no tenía más sustento bajo sus pies. él renuncia simplemente a cada ti­ po de institución liberal. determinada de m odo polémi­ co com o negación del «pluralismo» en el Estado de partidos liberal. y porque ella capta al hombre en su entera existencia. que le obliga a uno a llevar. com pone también. Schmitt no comparte y a la voluntad de W eber de ca­ pacitar al Parlamento a través de la selección de una casta de líderes políticos. ciertamente. M ás aún. La «unidad política» formal. D e form a absolutamente indepen­ diente de los pronósticos políticos externos e internos. Esa unidad es. Q ue todo.» Schmitt no admira en la Revolución rusa. el núcleo de la historia m oderna de Europa. com o si­ tuación. Se vive siempre bajo la m irada del hermano radicalizado. y ha producido en Rusia una unidad nacional real. y que aquí surge un Estado que es más e intensivamente estatal que lo que fue alguna vez el Estado de los príncipes absolutistas Felipe II. en exclusiva. según su posibilidad. en esencia. sobre to- .M ax W eber y K arl M arx 145 cieron en su núcleo y extrajeron de sus premisas culturales las últimas consecuencias. la sustancia del concepto de lo político de Sch­ mitt. La revolución ha echa­ do a un lado la discrepancia entre la Intelligentdia europea y el pueblo ruso por medio de la destrucción de la burguesía. se pue­ de decir. Luis X IV o Federico el Grande. una cosa: que sobre el suelo ruso fue tom ado en serio eso de la antirreligión de la técnica. uno político. se debe entender solamente a partir del desarrollo europeo de los últimos siglos. H a hecho a Rusia. com o tal. rusa. la fuerza revolucionaria de los trabajadores. en una enorm e elevación. porque — cuando ella existe—cada asunto es. com o S o­ rel. aunque pensada de forma marxista.

sino que puede ligarse a ella. porque no determina ningún Q ué flPíw ] y ningún Cóm o. L o que a él le concierne originariamente no es si un Estado está constituido y ordenado así o de otro m odo. sino sólo el desnudo Que imperativo \Daß] de la existencia estatal com o tal. de com erciantes.. entre voluntad popular y ley. E n oposición a esta unidad política. si es un Estado nacional capitalista o un Estado de los trabaja­ dores com unista. sino siempre sólo una cosa: que es una unidad política determinante que decide soberanamente sobre la vid a de los hom bres. es para Schmitt indiferente. Puede ser expresada. E sa indiferencia contra cada contenido político de la decisión pura form al caracteriza el concepto básico de Schmitt de guerra. la social. en tanto que rom pe definitivamente con la indecisión del Estado de partidos liberal y no se apoya en nin­ gún acuerdo y en ninguna discusión. La producción de esa unidad política a través de una deci­ sión es dictatorial. com o el punto culmi­ nante de la política grande. porque ella decide sobre la guerra y la paz y porque es absolutamente determinante. «Soberana» es la unidad política. Porque esa unidad total y soberana que Schmitt denom ina simplemente «lo político» no posee ningún cam po específico.m K a r l L ö w it h do en el caso decisivo de la guerra. de funcionarios o de soldados. la religiosa. entre pueblo y Estado. P orqu e a su esencia pertenece sólo el consenso de la volante genérale con la volonte de toud. La voluntad del pueblo no necesita ser contabilizada en números en una elección secreta. entre masa y liderazgo. L a dictadura no está. la fami­ liar) es una determ inante en un sentido incondicional. en principio. la identidad entre dominados y dominantes. en el Estado de partidos liberal ninguna de las mu­ chas uniones o «asociaciones» en las que vive el hombre sin­ gular (la nacional. la económica. a través de qué fuerzas y contenidos el Estado tenga su determinada for­ ma propia. incluso de m odo mu­ . sin em bargo. en necesaria oposición a la dem ocracia. un Estado de curas.

todos los problem as del último siglo: la . y co n ello han cread o el fundamento para una volante genérale. de la que se había mantenido inicialmente distante. pero no antidemocráticas. La R evolución rusa y la fascista poseen una hom oge­ neidad dem ocrática de este tipo. Apenas después de que fue tomada fácticamente la deci­ sión. y los m éto­ dos dictatoriales pueden ser exteriorizaciones inmediatas de una sustancia dem ocrática. en apariencia. siempre solamente a «los iguales». en su principio. Mientras que Schmitt siguió siendo sólo un mero decisionista y se conform aba con la demanda de la unidad política formal. p o r m edio de la R ev olu ción de 1933. En el ario camarada del pueblo y del partido desapare­ cen. puede ser militarista o pacifista. U na democracia* dice Schmitt. Esto sucede desde la tercera edición de E l concepto de lo político. una «hom ogeneidad» o igualdad de especie. La sustancia del Estado total se vuelve ahora el «semejante» camarada del pueblo. Tiene com o correlato una no igualdad posible. no se vio urgido a responder a la pregunta sobre dón­ de radicaría la sustancia hom ogénea de la dem ocracia dictato­ rial. esto es. La igualdad no consiste en la igualdad apolíti­ ca de todos los hombres de la humanidad sümida én el indivi­ dualismo. él se v io en la necesidad de dar también un basamento a la unidad política. en correspondencia con la doctrina antisemita de las razas. La igualdad biológica de la raza reempla­ za a la igualdad teológica ante D ios y a la igualdad moral ante la ley. La igualdad política se refiere. que debe garantizar la igualdad de especie entre con ­ ductor y conducido. absolutista o liberal. com o por ejemplo se diferenció en la A n­ tigüedad ló griego de lo barbárico. de reconocer la igualdad política de los ciudadanos. sino que debe tener una sustancia concreta. Ellas son ántiliberales. y el nacido libre del es­ clavo. progre­ sista o reaccionaria. una democracia.M ax W eber y Ka r l M arx 147 cho más originario y creíble* en una aclamación. sin p o r eso dejar de ser. a diferencia de la idea de igualdad humanitaria.

com o «ocasionalismo». en Adam Müller. mientras que el decisionism o dictatorial de Schmitt encuentra su explicación en lo que él mismo develó. Se vuelve también irrelevante el pro­ blema de la libertad dentro de la carcasa de servidumbre que es el Estado total. y a que la libertad es un invento del lib e­ ralismo.148 K a r l L ö w it h oposición entre Estado y sociedad. que se confesó leal a su clase. de nuevo. esto es. de hom m ey citoyen. en el actuar por oportunidad. del Estado de derecho con el Estado del Führer. la problemática del reino de Bismarck se resuelve de una form a m uy simple: el segundo reino fue un com prom iso del Estado constitucional burgués con el Estado militar de Prusia. algo a lo que el carácter de W eber había renunciado. el «soldado» sobre el «ciudadano». A l final venció. . Por el contrario. de clase burguesa y prole­ taria. un arribista talentoso com o Schmitt ganó una influencia sobre el pensamiento político y la legisla­ ción del Tercer Reich que sería difícil de exagerar. Es propio de la tragedia de la vida política alemana que un hom bre sabio com o fue W eber nunca haya podido llegar a actuar durante la crisis de la estructura de Bis­ marck. El «relativismo» histórico de W e­ ber era portado p o r un ethod decisivo. Quien ha tenido la oportunidad de ver a W eber y a Sch­ mitt en la presentación pública de sus pensamientos no puede dudar un instante sobre cuál de los dos era el «ciudadano»: no Weber. que no deja negociar con sigo mismo. sino Schmitt. D e la misma mane­ ra. que en ese Estado no tiene lugar. que osciló de un campamento a otro y no desaprovechó la oportunidad de hacerse miembro del ambiente justo.

resuena y a ahí. de ingreso en la universi­ dad de un treintañero. Su ponencia inaugural en la universi­ dad sobre EL Estado-nación y La política económ ica popular despertó indeseados comentarios. después de un año. un año antes de su muerte. en Friburgo. W eber veía com o una ventaja . decir lo que no es oído con gusto — ha­ cia arriba. porque también esa ponencia dice. otra vez. que W eber sostuvo veinticinco años después. Ya un año después recibió la posibilidad de ejercer com o p rofesor extraordinario en Berlín y.Y cuando me pregunto si la burguesía de Alemania está h oy ma­ dura para ser la clase políticamente rectora de la nación. desde la primera hasta la última oración. y tam bién hacia la prop ia clase— . me siento com o tal y fui criado en sus con cep cion es e ideales. no estoy en condiciones de responder hoy a ello con una afirma­ ción. porque animó a decirle a la burguesía alemana incóm odas verdades. hacia abajo. le ofrecieron trabajar com o profesor ordinario de econom ía nacional. «Yo soy un miembro de la clase burguesa.L a posición de M a x W eber frente a la ciencia ( 1964) M a x W eber estudió D erecho y se habilitó en 1892 en D ere­ cho comercial y D erecho romano. El tránsito desde el campo del derecho al de la econom ía na­ cional y lá sociología estuvo mediado por el estudio de la his­ toria agraria romana. son afirm aciones con una exigencia fuera de la acostumbrada. únicamente. Precisam ente el oficio de nuestra ciencia es. ver­ dades que son oídas a disgusto. El tono de su ponencia La ciencia co­ mo vocación.» Para un discurso académico.

una nación «din ninguna educación polí­ tica». de los cuales en su mayoría. sino casi la excepción. a la socialdem ocracia. . a las propias estrecheces religiosas y morales. se aprendía a reconocer también y precisamente hechos incó­ m odos — sin consideración a los prejuicios heredados y dom i­ nantes en general. sociales y polí­ ticas.. sobre todo. y n o p or último a su propia clase. recae en va­ gas indeterminaciones. En verdad. el mismo que juzga n o tendría conciencia. mientras que en realidad se trata de juicios y prejuicios subjetivos muy condicionados.» Las verdades incóm odas que W eber tenía para decir hacia arriba. sino que también el pensa­ miento fundamental de La ciencia como vocación resuena y a en la lecció n de ingreso en la universidad. cóm o herencia. sino de los viejod tipodgenerales de idealed humanad que nosotros transportamos también en el ma­ terial de nuestra ciencia. [ .150 K a r l L o w it h primordial de la form ación científica el que. . a través de ella. a los junkerd prusianos.. Falta el control de sí consciente [ . sin consideración también. que se denom inan co n gusto «tradición » y «con v en ­ cim iento». no de trata de ideales espe­ ciales y ganados p o r sí mismo. hacia abajo. que el que ju zga p on ga claridad frente a otros y frente a di mismo sobre el núcleo subjetivo último de sus juicios. « N o es la regla. sin embargo. Pero no sólo el tono. ] y donde él busca formular. É l dejó tras de sí.] sobre los ideales a partir de los cuales avanza hacia el juicio de los procesos observados. El des­ precio de los hom bres de Bismarck no dejó florecer en su cer­ canía ninguna personalidad autónom ay honrada. acostum brada a que el gran hom bre de Estado en su . son las siguientes: a la catástrofe de la fundación del reino alemán se debió que a ella no le siguiera ninguna madurez política interna. en general. su principio “econ óm ico” específico de valoración. W e b e r com bate el «engaño óptico» que procede com o si los parámetrod del juicio y la valoración de los acontecimientos económ icos y políticos se dejaran extraer de esos acontecimientos mismos.

A qu í llega pronto a Una interrupción inesperada y misteriosa de la activi­ dad docente. Cuando W ebér publicó su discurso de ingresó en la universi­ dad. sin ninguna voluntad política: y «sin la capacidad del odio contra lo pequ eñ o». com enzó para él uria nueva activi­ dad. comenzada de forma tan brillante: una severa en­ fermedad psíquica le impidió durante diez años ejercer su ofi­ cio. orientadas histórico-universalmente y.M ax W eber y K arl M arx 151 cumbre ya se había ocupado. a la pregunta p or la construcción m etódica de conceptos. se tra­ taba de una pequeña burguesía. en relación con ellas. y los tres tomos de los Ensayos sobre sociología de la re­ . En 1897. que sopla en los cuartos del con vento. Jaffe y W. incluyó un corto prefacio que contiene aquella oración in­ troductoria tan característica de él: «N o el consenso. Justo con la fundación del «Archivo para la ciencia social y la política social» dé Heildelberg. si la clase trabajadora p o ­ dría volverse la portadora del futuro político de Alemania. que se consagró a investigaciones sociológicas. La pregunta. en pocas palabras. p or el futuro p o ­ lítico siería p or eso. W eb er fue llam ado a H eildelberg. que dirigía conjuntamente con E. sirio la contradicción que las explicaciones que siguen encontraron en muchos de sus oyentes. La inmensa obra inconclusa de Economía y sociedad. y porque no vive en ella «ninguna chispa de aquella énergía catilinaria del hacer». èri tod o caso algo temerosa de las masas populares que se rebelaban. la principal obra sistemática aparecida tras su muerte. me llevaron a publicarlas».' pero tam poco un airé dé la pasión na­ cional dom inante. Péro tam poco élla estaría en condiciones de tomar la conduc­ ción política> porque lé falta para éso el gran instinto dé poder. Sombart. La bur­ guesía estaba satisfecha tras la victoria nacional de 18701871. ahora (1895). de la política. p or ella. Los dos tratados posteriores — Sobre alguna*) categorías de la Sociología comprensiva (1913) y E l sentido de la «Libertad valorativa» de las ciencias sociaiy económica (1917)—son él resultado de esa reflexión crítica sobré el propio quehacer científico.

El «desencantamiento» del mundo histórico p or medio de Ja ciencia racional. bajo lo cual padece la claridad del pensamiento — mientras que y o ex­ traje. y él podía desarrollar libremente sus puntos de vista durante horas en estrecha continuidad. [ .] Él tiene el — desde una perspectiva afortunado—don de aclarar de m odo artístico y poético sus más diferentes doctrinas [ .. con detestable austeridad»·2 . Salin. la sociedad y la religión. la fascinación perso­ nal que ese hombre. que él pone en práctica. pero no sentimental. colegas y jóvenes: especialistas en su casa — E m st B loch y Georg Lukács pertenecían a ese círculo— . sus filosofem as presentes me son familiares desde antes. con un punto de vis­ ta propio. Y en aquellos que estaban más o menos cerca del círculo de Stefan George (Kahler.. p o r mis con ocidos más íntimos.].152 K a r l L o w it h ligión fundamentan la fama científica de Weber· Es sorprenden­ te qué en menos de dos décadas fuera posible no sólo apropiar­ se de esos conocimientos generales y particulares de los cam­ pos del D erecho. que desde 1903 no pudo desarrollar nin­ guna actividad docente pública. debe de haber ejercido una especie de magia.en sus trabajos sociológicos. en el mismo estadio. [ . produjo en sus contemporá­ neos.. la agudeza sin com prom isos de su argu­ mentación y el poder elegante de una persona sensible.. Alfred Weber. sino dominarlos y penetrarlos metódicamente. W olters) el respeto es­ taba ligado con una apasionada resistencia. al que tanto tienen que agradecerle la Univérsidad de Heildelb e r g y la sociología. M ax W eber escribió en 1887 en una carta sobre su hermano.. también.. la econom ía. sino que sólo recibía a amigos. todos los que antes y después se habían expresado sobre el tema de otro m odo empalidecían com o no originales y esquemáticos. W e­ ber producía una impresión de pesadez sobre algunos por lo excelso de su saber.. Cuando W eber ha­ blaba en una discusión. Él gravitaba también sobre su hermano más joven.] mis obtusas consecuencias. por entonces de 20 años: «E n lo qué a Al­ fred concierne. Admirable es empero.

Curiosamente. la ponen­ cia sobre docialism o. en 1918). y «consecuencias fruc­ tíferas» también para la ciencia de la economía. frente a oficiales austríacos. él analizaba la doctrina del M anifiedto com unista. en tanto tom a com o hijo con du ctor de la explica­ ción la contradicción entre las relaciones de producción y las fuerzas productivas. a eso que M arx interpreta y com bate com o «autoenajenación» p or medio de la cosificación. Tras un semestre en Viena W eber aceptó. En Viena sostiene también.M ax W eber y K arl M arx 153 En 1918 W eber lo intenta de nuevo con una cátedra de so­ ciología en Viena. en junio de 1920. A llí murió. sin em­ bargo. El tema de su lección fue: «Crítica positiva de la concepción materialista de la historia». un llam am iento de M ú n ich . en un corto tiempo. sobre La ética protes­ tante y el espíritu del capitalismo. esto es. En la ponencia. ni la sociología marxista ni la burguesa vieron que la sociolo­ gía de W eber es el contrapunto de E l capital de Marx. para poder seguir las noticias políticas. com o seguidor de Brentano. C om o político no llegó a desa­ rrollarse: estaba en la lista de candidatos a la asamblea na- . a los tempranos 56 años. lo reco­ noce com o el destino inclau dicable de la racionalización. en que W eber. El tratado sobre las razones sociales de la caída de la cultura antigua re­ posa sobre una utilización libre del m étodo del materialismo histórico. La diferencia esencial consiste. L o h on ra — nota bene frente a oficiales del K áisery casi al final de la monarquía de los H absburgo—co ­ m o un «logro científico de prim er rango» y com o un «docu ­ mento profético» que tuvo políticamente «consecuencias muy extensas. aparecido y a en 1904. que estaba pensada «para una orientación general». com o si ésta pudiera tener una «corrección sin espíritu». Su más grande éxito lo debe a su tratado. aunque no siempre simpáticas» (las aún más exten­ sas no eran visibles todavía. L a R ev olu ción rusa estaba en p roceso desde hacía un año y W eber y a había aprendido ruso con m o­ tivo de la Revolución de 1905. una dis­ cusión con M arx y el materialismo histórico.

que había aparecido en 1918. W eber llegó con retrasó de Una asamblea política del Partido Dem ocrático y entró con paso rápido. con mayor precisión que el mismo Spengler. y fuim os juntos a la p o ­ nencia de W eber. sin v ol­ carlos a la escritura! En sus disquisiciones sobre la pregunta «¿Para qué la ciencia? » resumió W eber todo lo que ya. con un par de anotaciones. W eber sostuvo la p o ­ nencia. sobre todo. ¡Envidiable quien tiene su saber y su pensamiento tan presentes. en la que se daba cita la vanguardia estudiantil.154 K a r l L o w it h ciorial de W eimar y participó en el diseño de la nueva Consti­ tución. Y o había vu elto de la guerra y había com enzado con mis estudios en M únich. desde su introducción al tratado sobre la ética protestante y el espí­ ritu del capitalism o. En la mano tenía ima ficha pequeña. L a ponencia fue transcrita en el m om ento y publicada de m odo tan literal com o había sido sostenida. en la sala. P oco después de la abdicación de la monarquía de Bayem y del intermezzo de la República de los consejos. un hijo del historiador de Heildelberg. En ése mi primer semestre en M únich. la segunda so­ bre La: política como vocación. En general. y después sostuvo su discurso completamente suelto. y en un círculo pequeño había una discu­ sión sobre las tesis histórico-filosóficas de Spengler. La sala no era un auditorio. También en . El salón podía albergar com ò a ciento cincuenta asistentes. La ciencia como vocación y . sino el salón de ponencias de la librería de Suabia Steiriicke. algo después. pero su propio partido le rehusaba. L a Organizadora del evento èra una agrupación de militancia estudiantil líbre qué se preocu­ paba seriamente p or orientarse éñ la confusión de la época. lúa decadencia de Occidente. de los asesina­ tos de Kurt E isnery Gustav Landauer. enérgico. en el cual W eber era el único competènte que sabía decir más y. era amigo de Percy Gothein. había investigado y pensado sobre la cuestión de la racionalidad del espíritu europeo. Eso era todo. después de lá primera guerra se había estado bajo la influen­ cia del libro de Spengler.

U na elección tal de actividad no tiene nada que ver con el impulso interno llamado vocacional. sino la evidente transparencia del mundo. en perso­ na. que com o la lógica. la pericia y la veracidad mismas. La ciencia corno vocación no trata de la filosofia. Pero tam­ bién el m oderado ethod de la profesión m oderna se retrotrae a un origen religioso. Se puede decidir por ésta o por aquella profesión. ni a sí mismo ni a lo s de­ más. porque el pensamiento del «deber del oficio». del m odo en que él la entendía pertenece la libertad respecto a las ilu­ siones: que no se escenografíe nada. aún transita «com o un espectro de contenido antes religioso» por nuestra vida. de la cual él hablaba com o hom bre de pen­ samiento científico. en especial en el puritanism o inglés de cuño calvinis­ ta. y a la veracidad. en su origen fundam entado religiosamente. La ponencia trata de la vocación de la ciencia y del mismo incierto oficio de ésta. y toda «exigencia» de ima «síntesis» vive de esa partición positiva. casualidad o perspecti­ vas económ icas.M ax W eber y Karl M arx 155 esa ponencia dijo verdades incóm odas porque era. desencanta­ dopor medio delprogreso de la ciencia. N osotros casi no podem os imaginamos en qué medida las convicciones religiosas han determinado también el m odo co ­ tidiano de conducir la vida. no es el desvelamiento de un ser pleno de secretos. La «verdad». que se form ó sobre todo en el protestan­ tismo. según inclinación. cotidiano. com o se habla del oficio del dentista o del m ozo. la teoría del conocim iento y la m etodología era tam­ bién para W eber ima ciencia especializada — com o lo es h oy la reducción de la filosofía al análisis lógico del uso del lengua­ je— . W eber utiliza aquí la palabra «profe­ sión» \Beruf\ en su sentido banal. A esa pericia pertenece lo que W eber poseía en el más alto grado: la libertad respecto a cada conform ism o y a la vanidad. Quien quiera lo ­ grar algo en el cam po científico debe ser especialista y tener . El hecho fáctico de la especialización siempre en progre­ so no puede excluirse y a del m undo.

cuando no se le anticipara el esfuerzo del entendimiento. aun cuando de acuerdo con su especialidad no haga ninguna de­ manda a la filosofía. ése pregunta en principio por lo que existe. com o Nietzsche. al técnico y al artista. La ciencia productiva precisa también. y p o r lo tanto pregunta filosóficam ente. Eso la diferencia del crear del gran artista. Junto con el trabajo y la ocurrencia ne­ cesita todavía de una tercera cosa: del cueétionamiento apasio­ nado.156 K a r l L ó w it h precisos y determinados conocimientos. com o W eber. por la de Kepler. L a fantasía comercial. pero no aparecería tam poco. H om ero no fue superado p or Dante y éste tam poco por Shakespeare. la fantasía matemática. que la ciencia se haya convertid do en una operación aritmética y en una actividad de m ero entendimiento. Y sólo el entendi­ miento puede evaluar el significado de una ocurrencia y si es posible materializarla. al com er­ ciante. aun cuando esos de­ talles sean insignificantes y estériles. p or el valor y el sentido de la ciencia — ¿para qué la ciencia?— . no puede ser superada nunca. eso es en todos los casos una gracia. Esa espécialización uni­ versal no afirma. se pregunta por el valor de los valores que prevalecen hasta h oy ó . Galileo y N ewton. La ocurrencia científica. Quien por primera vez. más allá del estado de las ciencias. U na obra de arte. en los hechos. de la ocurrencia casual. que es completada de m odo artístico. sin embargo. Ella no se deja coercionar. una intuición. la fantasía artística. no es en principio diferente de lo que com pone al gran em presario. La pregunta por el sentido de la ciencia surge y a para W e­ ber respecto a que todo trabajo e investigación científicos es­ tán subsumidos al progreso. a la que debe­ m os tod os los grandes descubrim ientos. tanto com o N ew ton fue supe­ . más allá dél trabajo sistemático. de que ella no puede producir na­ da duradero y verdadero eternamente. Pero la ciencia celeste de Aristóteles fue superada. porque el m odo dél planteamiento del problem a deter­ mina también por anticipado el m étodo y el resultado.

dice W eber. sin esperar que otros en el futuro irán más lejos que nosotros. ¿Q ué significa esa racionali­ zación de la completa vida pública a través de la ciencia y la técnica científica? ¿Sabem os de las condiciones bajo las cua­ les h oy existim os más que.M ax W eber y K are M arx 157 rado p or Einstein. esto es. etcétera). hasta el infinito. Con ello surge y a la pregunta p o r el sentido de la ciencia com o v o ­ cación. Ese es precisamente el «sentido» del trabajo científico: que cada res­ puesta crea nuevas preguntas. ma­ y o r bienestar. que quiere ser superado en el andar y en el progreso del saber. hasta lo que es nunca completable. W eber parte en primer lugar del progreso científico. allí en­ contraría su más alto sentido. Para dar una respuesta a la pregunta de «para qué la cien­ cia». p o r el puro saber mismo y que. Quien ha logrado algo en una ciencia sabe que su trabajo. en principio. El progreso científico caracteriza. El primitivo conoce sus instrumen­ tos y su m edio ambiente incomparablemente más que n oso­ . una em presa tan sin fin? Es cierto: para fines prácticos delimitados (vivir mejor. has­ ta lo que no tiene fin. Ese progreso y arrebató de la ciencia se extiende. p o r ejem plo. co n qué fin.es en sí misma plena de sentido y de valor. no eri pos de un b e­ neficio práctico. esto es. pero el que tom a la ciencia com o v o ­ cación piensa-que ésta. Porque ¿por qué debería ejercerse algo y abocarse a una empresa que no tiene ninguna perspectiva de ser com ple­ tada? ¿Para qué. D esde Aristóteles se nos ha asegurado siempre que el verdadero querer saber debe ser cuidado. alcanzar una más larga duración dé la. sino. u n bosquim ano de África? D e ningún m odo. sí a la fracción más importante de un proceso de racionalización bajo el cual estamos sometidos desde hace si­ glos. alimen­ tarse mejor. de aquello que precisamente hace a su sentido cuestionar ble.vida. Podemos. traba­ jar de m odo no científico. a lo sd ie z o cien afíos> quedará obsoleto. si bien no a la totalidad de la ciencia. y frente al que tantos intelectuales toman posición «de m odo inusitadamente negativo».

W eber continúa preguntando: ¿tiene ese proceso de la ra­ cionalización creciente. porque su vida lo había provisto. la muerte es una inte­ rrupción anticipada y una circunstancia contraria a la lógica. significa. El progreso. M ás aún. porque la vida. L a racionalización no significa en­ tonces un creciente-conocimiento general de las condiciones de vida. Para el hombre de una civilización. algún sentido que trascienda al técn ico-p ráctico? Él hace alusión al viejo Tólstoi. que en general no tenemos ni idea de cóm o se construye un avión y se pone en movimiento. pero no satisfecho. que moviliza a-la ciencia. estampa a la muerte . Cualquier campesino de la vieja época m oría viejo y satisfecho de la vi­ da. científico-técnica. más precisamente el actuar ra­ cional de acuerdo con fines. o cóm o fabricar un billete de cien marcos para p o ­ der com prar algo con él. Él se preguntó si dentro de una civilización que fu n cion a así la muerte sería una aparición plena de sentido. no lo es. L a racionalización científica. que avanzó en nuestra cultura occi­ dental durante siglos. que d ijo «no»3 a esa civilización completamente m o­ derna. con lo que podía ofrecerle. al final de sus días. sino el saber o la creencia de que si sólo se quisiera se podría saber en cualquier m om ento. p or el contrario.158 Ka r l L o w i t h tros. en verdad. Puede estar extenuado de la vida. ningún fin. porqu e en principio no hay poderes secretos e incalculables que pudieran entrome­ terse. empero. no debería te­ ner. Para el hom bre de una civilización en insaciable progreso. siempre avanzado. significa que en principio todas las cosas de pueden controlar a travéd del cálculo. El lema de la ciencia de la temprana m odernidad es la frase de B acon: saber es poder. cóm o hacer una llamada telefónica a N u eva Y ork y pod er escuchar un concierto de Londres. porque él existe continuamente en la mira de un futuro todavía no pleno. de acuerdo con el progreso sin fin. en sus principios amante y creyente en el progreso. y p or una razón m uy atinada. el desencanta­ miento del mundo.

caverna es el sabio verdadero. que se de­ . en la cual las cosas aparecen así. Él ve p or primera vez la fuente originaria de toda otra luz. entonces. Y el ser verdadero es. ¡Pero no lo hacen! Ellos deben consolarse. una escenificación artificial que proyecta inventivamente a la naturaleza com o una obra de arte según determinadas expectativas. Ve la luz del sol. a la vez. El liberado de las cade­ nas y de la. y sólo ven las sombras de las figuras que.M ax W eber y K arl M arx 159 definitiva con la. a la real constitución justa de la vida com ún en una comunidad pública. sobre todo también a la verdadera política. son refleja­ das p or una luz escondida en la pared de enfrente. con que será m ejor y con que los niños resolverán los problem as de los padres. N os vem os retrotraídos. tras sus espaldas. el ser bueno y bello. la verdad inocultable del ser. porque la representación de lo que es sabér verdadero y para qué puede servir ha cam biado radi­ calmente. L a salida más simple para este dilema es que se proyecte la vida incompleta en la próxi­ ma generación y se consuele con esto. Hasta qué uno de los encadenados logra liberarse y salir de la caverna. el camino al verda­ dero éer. Ciencia verdadera es. en el dominio de la naturaleza y en la organización de la sociedad humana. con dud niños. que ha ascendido desde la mirada de meras figuras de sombras a su figura origi­ nal. otra vez. W eb er dio al respecto las siguientes referencias: Platón cuenta en el libro séptimo de la Politeia cóm o los hom ­ bres están sentados. falta de sentido. p or­ que no puede haber un ser bueno y un ser bello sin una com ­ prensión verdadera de lo que hace a algo ser bueno y bello. En el Renacimiento la ciencia recorrió otro camino nuevo para saber lo que es: el experimento racional. para los griegos. tiene un sentido más allá de lo técnico que justifique a la ciencia com o v oca ­ ción. encadenados en una caverna. esto es. Inmensa es la diferencia entre entonces y ahora en la res­ puesta a esa pregunta. a la pregunta de si el progreso científico y social. com o en verdad son.

L o que y a Kant ha­ bía temido. Q ue la ciencia com o ciencia no tiene D ios y es un poder ajeno a Dios. Kepler. «Ciencia» significaba para ellos el cami­ no a l arte verdadero y con ello a la vez a la naturaleza verdadera. la física y la fi­ siología de la modernidad. Pero tam bién la última res­ puesta. a la vez. El b ió lo g o Sw am m erdam explicó triunfante: «Y o les traigo aquí la prueba de la providencia de D ios en la anatomía de un piojo». la ciencia natural no sólo era el ca­ mino hacia la verdadera naturaleza. que a me­ nudo son científicos naturales. Galileo. excepto algunos «niños grandes». más qué eso. com o se dijo en analogía con el lib ro de la Biblia. a través de experimentos preparados con plena artificialidad. C opém ico. N ewton. es decir que ella. dice M a x Weber. cuando y a no . Los adelantados fueron los grandes experimenta­ dores en el cam po del arte: L eonardo sobre todo. p or­ que también la naturaleza hace manifiestos sus secretos sólo a través del arte técnico. ¿Quién cree todavía h oy que la. apologetas del ateísmo. que la nueva concepción mecánica del mundo p o ­ dría volversé una «ciencia del m undo pagana» y sus portavo­ ces. sino también. de tan ob vio que era. hace temblar la creencia de que algo así existe. todos ellos estaban con ven cidos de que D io s había con ceb id o el m undo de form a matemática y que conocían a D ios cuando leían en el «libró» de la naturaleza.160 K a r l L o w it h ben probar. aun hasta la crítica de Kant de la prueba de D ios físico-teleológica. el camino hacia D ioj. ciencia es un camino al verda­ dero ser o a D ios. Pero para los fundadores de la astronomía. que la astronom íay la biología o la química nos iluminan sobre el sentido del m undo? La ciencia no sólo no enseña nada sobre el sentido del mundo. eso hace tiempo que se volvió un hecho reconocido. sobre eso no du­ daría nadie hoy. con la que se creía podér justificar el progreso de la ciencia com o pleno de sentido. que la ciencia de la naturaleza era un camino hacia Dios. luego los teóricos de la música del siglo XVI y los experimentadores de las ciencias naturales.

p or­ qué esa creencia puede ser dejada completamente de lado des­ pués de la crítica destructora d e "N ietzsch e a aquellos «últimos hombres». no es deducible defacto de la física. fracasó. lo dejan sin decidir o lo presupo­ nen a sus fines— L o mismo vale para las así llamadas ciencias del espíritu históricas: énseñan a entender determinadas p ro­ ducciones políticas y sociales. en el sentido de digno de ser conocido? ¿C óm o debería poder decidir la empresa fáctica de la ciencia si tal saber es digno de ser con ocid o? Si. com ò camino al verdadero ser. al arte y la naturaleza verdaderos. Cuando todos esos seritidos anteriores de la ciencia. no da pruebas de que esa. El mide las posibilida­ des de una conducción de la vida «interna al m undo» cón las . sí sèria el camino a la felicidad de la sociedad humana. á D ios y por último a la felicidad social son ilusiones pasadas. su presuposición. que «inventaron la felicidad». Las religiones del rechazo del mundo. es p or lo menos cuestionable. las leyes del movimiento de los cuerpos celestes son dig­ nas de ser conocidas. pero no dan una respuesta a la pregunta de si son dignas de existir. Todas las cien­ cias naturales sólo nos dan respuesta a lá pregunta de qué debémos hacer nosotros cuando queremos dominar técnicamente la vida — però si debernos y querem os hacerlo. está sobreentendida. W eber no profundiza más eri ello. artísticas y literarias. ampliamente difundidas. entonces se debe preguntar «en qué sentido la ciencia no da ninguna respuesta y si no podría servirle de algo a aquel que postula correctamente la pregunta»: ¿Cuán importante es lo que surge del trabajo científico. y la presuposición obvia de la ciencia m édica respectó á que se debe conservar la vida humana: lo más posible bajo todas las circunstancias. por éjémplo. En tanto la ciencia de la cultura m oderna presuporie que debe haber «cultura».M ax W ebér y K arl M arx 161 un camino a Dios. discuten una presuposición com o é sa y W eber ha dedicado a lá sociología del rechazo del mun­ do religioso un significativo apartadó. y si eso tiene en última instancia un sentido.

También el historiador científico del arte se contradiría a sí mismo si no se esforzara por hacer entendible el origen de la Iglesia cristiana de form a em pírica-histónca. no válidas para otros — tesis sin com prom isos y formulada con apasionada insistencia en tratados sobre el sentido de la «libertad valorativa» en las cien­ cias sociales— . sin embargo. había sido y a fuertemente combatida durante su . La tesis de W eber de la diferencia radical entre ciencia ob ­ jetiva y valoración subjetiva. sino sólo el hombre. en tanto esté a favor o en contra de ella. pe­ ro él no puede ser historiador como fieL cristiano. Empero. si debe haber ciencia sin más. com o una institución entre otras. moral y religioso). aun cuando analiza sociológicamen­ te sus efectos sobre la vida cotidiana. Por supuesto. no se podría discutir con él científicamente. un cristiano creyente pensará sobre el surgimiento del cristianismo de otra manera que un historiador libre de prejuicios dogmáticos. así como. entonces y a se ha decidido también contra la magia y la mitología. un especialista científico. contra la creencia en los milagros y en la revelación. sí se puede discutir científicamente con un marxista que postula la tesis de que determinadas relaciones sociales y económicas condi­ cionan también el surgimiento de religiones. religiosas. p or una intervención de D ios en la historia de la humanidad. inver­ samente. social. además. sobre eso no puede decidir naturalmente la ciencia. W eber ha mostrado que determinadas convicciones y expectativas religiosas pueden contribuir a determinar la forma de ordenar la economía.162 K a r l L o w it h trascendentes. entre conocimiento de hechos vá­ lido universalmente y tomas de posición personales (de tipo político. Sí puede ser creyente y. Ninguna historia de la religión y de la Iglesia puede. Si debe haber ésta o aquella disciplina científica. Si quisiera ex ­ plicar el origen del cristianismo de m odo sobrenatural. Pero cuando se decide hoy en día por una ciencui com o profesión y con ello se cree en la profe­ sión \Beruf\ de la ciencia. decidir si debe ha­ ber religión e Iglesia.

según el caso. La ciencia es. ni apoyarse sobre la tra­ dición ni fundamentarse científicamente. porta en sí una «idea ab­ soluta». y decidir racionalmente. por la fuerza de su progreso continuo. El motivo para esa reserva no reside em pero en el relativismo de la conciencia histórica. por ejemplo. de acuerdo con el D erecho natural. por eso. por ejemplo. o la dialéctica marxista. porque incide en un punto sensible en nuestra relación con la ciencia y con el mundo determinado por ella. La contro­ versia no está de ningún m odo resuelta. que no conocen por sí una ciencia europea? W eber re­ nuncia a com parar el valor de culturas diferentes de m odo comparativo-distintivo. bajo el título: factd and valué o factd and decidion·. Se continúa. a continuación. de tal m odo que la europeización también de todos los demás hombres «anuncia el gobierno de un sentido absoluto».4 Tanto los opositores com o los partidarios de la bifurca­ ción entre conocimiento y valoración malentienden el motivo central que porta en W eber la diferencia. cuestión de la decisión personal. son. sino en que W eber llega a la comprensión filosófica . para bien o para mal. o si ese ethod de la razón es solamente un tipo antropológico en­ tre otras posibilidades culturales. que apareció entre los griegos y que caracteriza. por otro lado. de China y de India. Nuestras valo­ raciones últimas no pueden. ¿C óm o debería. lacónico. la ra­ cionalidad objetivada de la ciencia nos ha liberado de la sujeción a normas de tipo moral y religioso. especial­ mente en Inglaterra y Estados Unidos. un poder que destroza la autoridad de la tradición. mientras que los opositores a esta dis­ tinción opinan que sería fácil dejar de lado las dos clases de factd y valué. decidirse científicamente si — com o afirma Husserl—el ethod de la fundamentación de todo y de cada cosa por la razón científica. com o y a en el «prefacio» a los Endayod dobre doc 'wlogía de la religión aclaró. esto es: la compren­ sión de que nodotrod vivimos b oy en un mundo que está cosificado a través de la técnica científica y que. a lo humano europeo. válidas universal­ mente.M ax W eber y Karl M arx 163 vida. o la hermenéutica.

el ethod com ­ pletamente diferente. humana. Q ue a pesar de esa em ancipación de la ciencia. precisamente. que sirven al dominio del mundo. «com o se hace también al mirar el mar y la montaña». O tro ejemplo. y que incluso fundamentales v a ­ loraciones de tipo moral o cuasirreligioso están en la base c o ­ m o presuposiciones. L o que W e b e r exige no es una extirpación de las «ideas de valor» normadoras.164 K a r l L ò w it h de que. las exigencias del sermón de la montaña o. Eso vale también para el destino de la racionalización del mundo pór la ciencia. decidida y consecuente de sí misma. precisamente eso quiso mostrar la exi­ gencia de M a x W eb er de una ciencia libre de valores. sino que quiere to­ m a ren cuenta. se haría bien en guardar para sí sus «pequeños comentarios persona­ les».5 El ethod cristiano originario. que exige lo contrario. porque D ios es el amor y el único juez sobre los hombres. en lugar de esconderse bajo el pa­ raguas del conocim iento científico. Ésta debía volverse libre para una valoración consciente. al que W eber ni afirma ciegamente. que nos dice que uno debe sobreponerse al mal. ni niega co ­ mo alienación. frente al «andar de los destinos hum anos». es inconciliable con la ciencia y la técnica emancipa­ das de toda religión. ese ethod determina también sus conocim ientos. ella misma y los otros. que vive en la espera del fin de este mundo. también refutar­ las? D en tro del O ccid en te con vertido en cristiano se debe elegir también entre p or un lado el ethod de la dignidad y la consideración de sí interna al mundo. trascendente. p or el contrario. y por el otro. sino su co n ­ creción. com o precondición de una toma de distancia posible . La demanda de libertad valorativa del juicio científico no signi­ fica un retroceso á la pura cientificidad. de la infundamentabilidad científica de tomas de posición últimas es la pregunta: ¿cóm o debería p o d e r dem ostrarse co m o verdaderas y c o ­ rrectas. los patrones externod a la cien­ cia del ju icio cien tífico. de form a universalmente válida. interno a Europa.

aunque sea científicamente relevante. W eber caracteriza ese desvelamiento de las ideas de va­ lor y de los ideales rectores de las investigaciones científicas. p or las cuales. co~ m o filosofía social.M ax W eber y K arl M arx 165 respecto a ellas. La autorreflexión científica. L o que puede y debe suceder con el fin de la « o b ­ jetividad» científica es el claro y con scien teh acer notar y el tomar-eH-cuenta de aquello que es científicamente indem os­ trable. a ese desvelamiento de lo «en última instancia querido». de esta afirmación básica de W eber no se sigue de ninguna manera «que los juicios de valor eludi­ rían lá discusión científica. Una línea delgada como un cabello separa a la ciencia de la creencia. sobre todo a tra­ vés de la crítica científica y la autorreflexión. y en realidad el juicio científico no es separable del juicio valorativó. . L o último que la reflexión científica sobre eso puede rendir es «traer a lá conciencia los últimos patronea que se manifiestan en el juicio de válor concretó». Y así concierne a W eber. . ] La crítica n o se detiene frente a los juicios de valor. el deducir del entendimiento á las «ideas» como tal¿d. esto es.. son subjetiva*). «en par­ te en verdad y en parte supuestamente. y así libe­ rarlos para una clara discusión y contraposición sobre sí mis­ mos. se pelea y se com ba­ te».] tienen orígenes “ su bjetivos” . La pregunta es. las cuales. que deja tras de sí la positi­ .. presentan la precondieión de nuestro conocimiento y están liga­ das á la precondición del valor de aquella verdad que sólo nos puede dar el saber de la experiencia». porqu e en última instancia [ . ¿qué significa y qué persigue la crítica científica de los ideales y juicios de valor? ». [ . sino que ambos sólo se deben diferenciar. Pero acerca dé que las normas e ideales vinculantes no son fúndamentables en m o­ do absoluto científicam ente y que con ello no hay ninguna «receta» para la praxis. más bien. Lá así llamada objetividad — y W eber no habla de ella de otro m odo que dé una así llamada> entre comillas—«reposa sobre y sólo sobre el hecho de que la realidad dada és ordenada según categorías. en un sentido esp ecífico.

6 Por tanto. entonces p o ­ dría haber también «valores» de validez universal. sino el sentido.. Su desvelamiento minucioso de lo «en última instancia querido». El fin real y positivo de sus tratados científico-teoréticos es la radicaL deconélrucción de Lad «iLudioned». sino que ese déficit surge de la form a propia de aque­ lla época cultural. por nosotros mismos». «en lugar del deber ser». de las ideas de valor normadoras de la investigación científica tiene no sólo el objetivo de com probar su efectiva presuposición. Pero c o ­ mo nosotros y a no vivim os com o miembros de una com uni­ dad religiosa. Los dos tratados ejemplares so­ bre Roscher y Knies significan una destrucción metódica de determ inados prejuicios y juicios de valor. específicamente de aquellos que obstaculizan la «liberalidad científica». La subjetividad presupuesta por W eber de nuestros patrones de valor últimos y de la falta de «normas» universales vinculan­ tes no pertenece. con unos medios dados y en orden a un fin presupuesto. «Sólo un sincretismo optimista [. la creencia en normas objetivas y en su fundamentabilidad científica es lo que W eber combate con los me­ dios de la reflexión científica. o eludir sus consecuencias prácticas» (D . y nos permite sobre todo daber qué es lo que verdaderamente se quiere. mucho más determina­ do. el «sentido» del acontecer del mun­ do. p. a la esencia universal de L a ciencia. 154). cuyo destino es haber com ido «del árbol del conocim iento». sino qué se puede consecuentemente.. de su «desencantam iento» por m edio de la burla.] puede o bien engañarse teóricamente a sí mismo sobre la seriedad de la situación actual. no indica qué es lo que se «debe». sin em bargo. sólo hay una lucha entre las muchas posiciones y puntos de vista posibles. para después permitir­ se reposar sobre ellas. haber sabido que nodotrod «debem os cre­ ar.166 K a r l L o w it h vidad ingenua de la disciplina científica. Si no obstante hubiera todavía «grandes comunidaded» religiosas y «profetas».C .. en tanto contradicen el hecho histórico-humano de que «hoy» es .

en últi­ ma instancia. En los análisis de Roscher sobre el acontecer histórico se conserva. en última instancia: a una re­ lación oscura del hombre cognoscentefrente a la realidad de nuedtro mundo presente. Pero en al­ gún momento cualquiera el color cambia: el significado del punto de vista valorado irreflexivamente se vuelve inseguro. de una vez.M ax W eber y K arl M arx 167 «religiosa cotidianeidad» que la ciencia — dicho con N ietzs­ che—sea un «ateísmo científico». con interna consecuen­ cia. Y está bien así. «Todo trabajo científico-cultu­ ral. terminar en el cuestionamiento no sólo de la ciencia y de la cultura modernas. Las contradicciones curiosas que él señala en los trabajos de R oscher se refieren a una relación oscura entre concepto y realidad) y eso significa. En los tratados sobre Roscher y Knies. sino en el de nuestra orientación presente en la vida en general. W eber ha llevado a cabo. y . La luz de los grandes proble­ mas culturales se ha explayado más. sin controlar continua­ mente el valor del conocim iento de los hechos singulares se­ gún las ideas de valor últimas. sin ser consciente de su anclaje en esas ideas de valor en general. la orien­ tación supuestamente excluyente según el pathod de la ética cristiana hubiera cerrado los ojos para ello». a un material específico y se haya creado sus propios principios m etodológicos—la reformula­ ción de ese material com o fin en sí. contemplará — después de que a través del planteamiento específico de problemas es­ té enfocado. Estas parten de la comprensión para. las disquisiciones «m etodológicas» de W eber. un «fondo» inaclarado. hasta en lo más singular. surgen. Son todo lo contrario de una marcha en el vacío de reflexiones metodológicas. «después de que. en una época de especialización. D e la conciencia de esa si­ tuación especial. la ciencia se dispone también a poner a prueba su posición y su aparato conceptual. el camino se pierde en el alba.» Entonces. y a sin fundamento. en todo lugar. la demostración y el desencan­ tamiento de los patrones últimos del juicio científico. durante un siglo.

que sería el último agente en el acontecer histórico. aunque sea exactamente ese resto el que produce. Los individuos y los pueblos son presupuestos de m odo sustanc ial -nielafu ico. una apela­ ción directa al orden de Dios. Roscher establece menos un contrapunto de Hegel que un retrocedo a una interpretación cuasirreligiosa de la historia. pero tam p oco redu ce el conocim iento de la realidad a lo humano y «empíricamente» comprobable. en última instancia. en la form ulación. en todo lugar. Una indeterminada creen­ cia en la predicción fundamenta con ello. y a sea de m odo m oderno y b io ló g ico com o «fuerza de vida». Su m étodo está plagado de contradicciones. Ese fondo que penetra en todos la­ dos es n om brado p o r Roscher. en el método de Roscher se mantiene una estructura inconsecuente. con un «fondo oscuro». Así. Com o Roscher. «en el espíritu del rom anticism o». o com o «pensam iento de D ios» y «decretos sobrehumanos». También en la vida científica un impulso divino «más alto» debe limitar el propio beneficio terrenal y ese pre­ supuesto interviene de m odo decisivo hasta en la estructura lógica de su «econom ía estatal». Roscher no deduce hegelianamente la realidad de las «ideas». desviada hacia lo antropológico-biológico. la articulación del todo. com o lo es siempre la unidad de una investigación «científicamente liberada» con un «punto de vista religioso». en él. con algo así com o una fuerza de vida unifi­ cada. el carácter «emanatista» de sus argum entaciones lógicas. Knies está todavía también bajo la influencia del epígono de la metafísi­ ca histórica hegeliana. aun cuando prudentemente evita. Tam poco él es capaz de aclarar con liberalidad científi­ . También en el caso de Knies W eber aclara.168 K a r l L o w it h específicamente uno que Roscher no quiere de ningún m odo aclarar. sobre qué bases filosóficas principiales reposa su concepto de libertad y qué consecuen­ cias tiene esto para su m etodología de la ciencia económica. también Knies choca. de form a simi­ lar al análisis crítico de Roscher.

7 La construcción típica-ideal sirve a la delimitación del con ­ cepto científico respecto a la realidad histórica. llega a presentarse así y no de otro modo. . aquí tam poco se apoya en una falta de agu­ deza lógica. la conceptualización «emanatista» se trans­ forma también en una construcción típica-ideaL. metafísico. y a es una abstracción y construcción re­ al.M ax W eber y K arl M arx 169 ca la relación entre «concepto y realidad». sino un político id ó­ neo). en una carta de 1917. sino en un conservado resto de una toma de posi­ ción m etafísica frente a la realidad. porque no se expresa a sí misma. p rod u cid a a través de la ciencia técnica. objetivo. D ebería decirse. que la construcción típica-ideal reposa sobre la hipótesis de que la realidad misma. sino una transformación del método y del concepto pa­ trón de la reaLidad misma. pero que no se diluye en nuestros conceptos. su fracaso. Una con la reaLidad. Lo que él no «con ­ sigue». que para él las form as de Estado serían técnicas. vuelta completamente terrenal y objetiva­ mente sin sentido. pensándolo hasta al final. y desaparecen to­ das las definiciones «sustanciales» de la «form ación» social. Esa con stru cción reposa sobre el conocim iento del estado de las cosas histórico. la cual. Sólo por eso pudo decir W eber. mientras y en tanto que él no piensa de m od o d ecid id o desde este Lado deL mundo. El abandono radical de W eber de la conceptualización aún en parte metafísica y teológica de R oscher y Knies no significa una mera transformación del «aparato conceptual» lógico. tanto com o cualquier otra maquinaria. sobre la com prensión de que todas las así llamadas «form aciones» de la historia de la cultura no son espíritu objetivo. L o que W eb er quiere demostrar es que Knies es científicamente oscuro. sino escenificaciones del hom bre creador de cultura sin un «sentido» propio. a través de ese m étodo y en aquellos conceptos. a la que él de­ be entender. y que por ello él podría estar con­ tra el Parlamento y a favor del m onarca (si éste no fuera un «vanidoso diletante» com o Guillermo II.

un hombre que ha sido retrotraído a sí mismo y que está urgido a producir el sentido objetivo y la articulación de sentido. La «construcción» típica-ideal está fundada en la toma de posición de un hom bre específico. toda cultura es algo hecho por hombres para hombres.170 K a r l L o w it h El carácter técnico-constructivo o. «sin ilusiones». Esta­ mos abiertos a la posibilidad de que sentido y significado sur­ jan justo en el hom bre y en su historia». es la «toma de p o ­ sición». com o también se le ha llamado. «es un apartado definido. la relación con la realidad. el carácter «nominalista» de los conceptos m etodoló­ gicos fundamentales de W eber y su completa form a de cientificidad es una expresión consecuente de una posición com ple­ tamente determinada del hombre respecto a la realidad. aunque estaba convencido. elevada por prime­ ra vez p or V ico a principio de las ciencias históricas. La «cultura». mientras que. p or una larga experien­ cia. es que . por el contrario. se v ol­ vería claro. a producir antes que nada. del mero hablar sobre las opiniones últimas no surgiría nada más que «tonterías». «de que dólv p o r m edio de la puesta a prueba de las su­ puestamente “últimas” tomas de posición propias en relación con problemas muy concreta) y agudizados al máximo». porque el m undo de la naturaleza no es un prod u cto del hom bre dotado de razón. y a «crear» el senti­ do. c o ­ mo lo «suyo». pensado con sentido y significado des­ de el lugar del hombre. para el singular. Por el con­ trario. que se posiciona en un mundo vuelto objetivamen­ te sin sentido y austero. Y lo que le interesa a Weber.8 N os topamos justamente con la mis­ ma tom a de posición en Dilthey. prácticay teoréticamente. Ambas oraciones im­ plican: cosm os y phydid son sin logoé. Bajo esa presuposición de la convertibilidad del verum y el factum. y por ello un artificio que es pleno de significado solamente para nosotros. su propio querer real. define Weber. dentro de la infinitud sin sentido del acontecer del m undo». en cada caso seno. cuando dice: «N osotros no transportamos ningún sentido desde el mundo a la vida. esto es.

pertenece también la creencia en el «desarrollo» y en el . sino porque una concepción así estaría atrapada en prejuicios trascendenta­ les y el mundo en el que nosotros estamos «puestos» y a no legi­ tima tales prejuicios— .M ax W eber y Karl M arx 171 entonces y a no pueden ser más vistos e interpretados. y no en primera instancia una persona pri­ vada que es responsable p o r sí misma. esto es. por ejemplo. Así. los partidos. el Estado todavía fuera realmente una comunidad y el hombre. con los más profundos trasfondos — pero no porque eso sería no científico. com o m odelo. por el contrario. no se les atribuye y a un significado autónomo. las unio­ nes y las sectas com o sustancias. una «realidad» estatal muy determinada. es un «instituto» racional. las Iglesias. un miembro de la ciu­ dad y del Estado. com o un no-estar-atrapado en prejuicios trascen­ dentes. sustan­ cial. los Estados. el Estado moderno en el que estamos ubicados en tanto él mismo. conse­ cuentemente. La presuposición última de las definiciones de W eber so­ bre las formaciones sociales es que sólo el hom bre singular. es ciertamente real y con derecho a la existencia. entonces sí tendría sentido interpretar tam bién al Estado mismo sustancial y «universalmente». la definición ejemplar de W eber del Estado a partir de la posibilidad de que «deter­ minadas formas del hacer social (específicamente de hombres singulares) se produzcan». una «fá­ brica» \Betrieb\ — d ich o con H egel: el «E stado del entendi­ miento» de la sociedad burguesa. que cruzan el sobrio día a día de un mundo desencanta­ do. A esos prejuicios «trascendentes». A quí también se exterioriza la liberalidad científica de W eber. Si. y no según las posibilidades de su «exis­ tencia». dicho con M arx: una «uni­ versalidad abstracta» sobre los individuos. en un sentido am­ plio. tras que a las «objetividades» de cualquier tipo. fijado sobre sí mismo. a causa de su desencantam iento p o r m edio de la racionali­ zación. de alguna forma. es comprensible solamente — com ­ pletamente com prensible—a partir de que a ella subyace de facto. como tai'.

En su «luz» se pone ahora la «realidad». A ello c o ­ rresponde la demanda de W eber de Una rectitud intelectual incondicionada. El se describe a sí mismo com o «absolutamente desafinado para la religión» y recono­ ce. Esta necésidád es. el hecho de que nuestro m undo cotidiano es no religioso. un “ sentido” terrenal y no obstante objetivo». Nietzsche llamaba a esa honradez. nüestra «última virtud». Querer connotar de sü presentación simpatetica de los profetas paganos del Viejo Testamento y de la ética pu­ ritana que él tenía una «credulidad escondida» o que habría sido un Homo religiosus. una inconsecuencia frente a lo terreno. M u ch o más relevante para nuestra comprensión de su actitud ante el ateo presente es una declaración con m o­ tivo del suicidio de un familiar: «Nosotros estamos profunda­ mente conm ovidos por el fin de esta vida.. que él no compartía esa creen­ cia y que también en ese sentido podía vivir «incrédulamen­ te». sin embargo. vaciado religiosamente. y el hilo conductor para la interpretación de ese mundo. aunque él no participe en una lucha contra el cristianismo..] que . Siempre [ . según W eber. en relación con la creencia política en un futuro mejor. en la que se prohíbe la creencia en D ios y en la providencia divina en la naturaleza y la historia. socialista. en una carta de 1918. mientras que simultáneamente admitía que a menudo es cierto — «para la dignidad humana demasiado a m enudo»— . En una carta a Vossler discutió también que la necesidad enseñase a rezar. Pero para poder contemplar ése «destino de la época» en su perfil más serio se debe recon ocer la «cotidianeidad reli­ giosa».172 KARL LOWITH «progreso» objetivos. esto es. Traducido al lenguaje de Nietzsche: W eber pien­ sa sobre la base de la ciencia com o «ateísmo científico» y so­ bre la base del ateísmo com o la única forma de pensar que es hoy honrada. es absurdo. es el proceso de ra­ cionalización a través del cual él se desencantó y se opacó. y a despojado. Esa creencia se postula com o necesaria «cuando surge la necesidad» de otorgar «al acontecer del des­ tino de la humanidad.

ni sagra­ do. ignorante de la vida. Y cuando pocas se­ manas antes de su propia muerte una hermana de W eber se quitó la vida. ni bueno». en oposición al m ucho más libre y grandioso m odo.9 Una sabiduría cotidiana es que algo puede ser verdadero. y que algo puede ser bello no só­ lo a pesar de que no es bueno. de en lugar de redactar recordatorios de guerra extraer las consecuencias qué obtiene un hom bre auténtico/ cuando la vida lo ha conde­ nado a perder un juego importante. com o los chinos y japoneses. ni tam poco cuando su progresión pierde tod o sentido espiritual». que algo. com o llamó Baudelaire a su tom o de poesía. ¿Q uién quiere hablar entonces de obliga­ cion es?». escribió. tiene com o presuposición el discernimiento de que nosotros no esta­ mos en la verdad cuando la verdad implica algo así com o ver­ dades de fe> en sentido cristiano o incluso griego — porqu e también para Platón lo verdadero era idéntico con lo bueno y éste con lo bello— . y antes de él lo encuentra usted prefigurado en las fleurs du ma1. el que ella. la impresión sería otra». Ló sabemos desde Nietzsche de nuevo.de percepción de la Antigüedad. no a causa de su responsabilidad.M ax W eber y K arl M arx 173 O . en el mismo sentido: «Su actuar se me aparece siem pre. sino de la nuestra. L o temíamod. del m od o más seguro. no aparecía un largo tiempo.. sino porque y en tanto no es be­ llo — en el capítulo 53 del libro de Isaías [ . Siempre consideré un error de nuestra moral Cotidia­ na. de incondicionada veracidad. Contra lo cual afirma W eber: «Sabemos hoy. Cualquier cosa. de nuevo. Aun para Kant lo bello era un símbolo de lo moralmente bueno.] puede usted en­ contrar las pruebas de ello— . . sino en tanto no es bueno. La voluntad de W eber. puede ser sagrado no sólo a pesar de que no es bello. aunque y en tanto no es bello. Y bello. temíamos no volverlo a ver.. Y agregó: «S i nuestros oficiales hubieran tenido tanta dignidad. quiera estampar a la vida terrena com o un bien al cual el hom ­ bre nunca está autorizado a renunciar. co m o el único c o t í derecho.

a favor o en con ­ tra de la ciencia y. Primero. Esto es. otra vez junto con ella [la ciencia]. Más allá. contra o a favor de la religión— . com o es ejercida h oy y com o debe ser practicada para mantener la vida y el avance de la civilización técnica que se apoya en ella. aporta claridad en el sentido de una conse­ cuencia clara. está claro que conocimientos nece­ sarios para la adm inistración y dom inio racional del medio ambiente y del mundo compartido. en­ tonces se debe preguntar qué trae la ciencia de positivo para la vida personal.174 K a r l L o w it h Pero si la ciencia. claro que a ella y a los medios para alcanzar esos fines. Éste no es el caso cuando se trata de las preguntas ultimad. y así W eber llega a hablar del rendimiento último de la ciencia y de sus límites. Todas ellas son preguntas con las cuales se topa también cualquier técnico. N o se puede simplemente despreocuparse de la ciencia. debe elegir y decidir entre las concepciones de vida posibles — por ejemplo. trae escolarización en el pensamiento m etódico y. mientras sea entendida «por sí misma». sin re­ ferencia a la «trascendencia». ella [la ciencia] nos puede aclarar que <)i se quiere tomar. no es ni un camino a la verdad del ser. sólo que para él el fin está fijo de antemano. se debe utilizar de acuerdo con la experiencia. salvo que se crea que un fin más grande santifica a los medios aun más condenables. ni bueno. justamente cuando los medios para él no sean moralmente legitimables. los medios más adecuados y las consecuencias proba­ bles de determinados fines presupuestos— . con ello. y prop o­ nerse los últimos fines. junto con ella. aunque no sea ni sagrado. Pero el «fundamental estado de las cosas» — el que también está en la base de esa limitada tarea de la ciencia de otorgarnos claridad sobre las presuposiciones últimas. Bajo ciertas circunstan­ cias se estará obligado a abandonar el fin. ni un camino al arte y la naturaleza verdaderos. y si algo puede ser verdadero. ni bello. ni a la felicidad terrenal siquiera. esto es. p o r último — y esto es lo más importante— . ni a D ios. p or­ . la posición última. es que la vida hu­ mana.

.. sin embargo.] confunden y parcelan su alma». de las condiciones so­ ciales de una obra poética. Que la ciencia es hoy una profesión ejercida según especia­ lidades es un hecho ineludible de nuestra situación histórica. si quiere conservar aún algún resto de un planteam iento de principios de la cuestión. [ ... Esa com prensión sociológica. una . y que se re­ ducía a postular una ciencia «orgánica». y su «estado de las cosas más decisivo» es.. por ejemplo. que [ .]. Esa comprobación cierra la pregunta weberiana de La teología como ciencia. pero no todas las religiones han desarrollado una teología tan sistemática com o el cristianismo occidental. porque sólo él ha tomado en su seno el pensamiento griego y lo ha reelaborado hacia fines dogmáticos. com o objetivo.. con una medida tal de reflexión sobre las últimas for­ talezas del contenido de la forma puramente artística. no podría ser alcan­ zada. en la obra poética de Stefan George que. Pero tam poco se puede correr tras el progreso de la ciencia. que no­ sotros vivimos en una época «ajena a Dios». p or ejem­ plo. que no existe ni pue­ de existir. La teología cristiana es una racionali­ zación intelectual de certezas de fe religiosas y. rechaza radicalm ente tod o lo actual. Cuán p oco se puede despreocupar uno del mundo m oder­ no. Claro que hay también teólogos y dogmas más allá del cristianismo. dice más que el ataque impotente que la ponencia de W eber recibió del círculo de George. para Weber. en sí banal. de cada obra poética (M ilton. com o tal. inapro­ piables para el vértigo de la técnica [ .M ax W eber y Ka r l M arx 175 que impregna nuestra completa vida. externa e interna. impregnado p or la ciencia. com o por ejemplo la de Stefan George. referida a una ponencia sobre técnica y cultura.] sin que el lírico haya permitido ser penetrado completamente por las impresiones de la gran ciu­ dad moderna. lo muestra Weber. no podría haber escrito ELparaíso perdido en el L on ­ dres del siglo X I X ) . En una discusión de 1910. W eber dice: «Yo creo que una lírica.

En cada teología «positiva» el creyente llega al punto de quiebre del credo non quod sed quia absurdum est. conquistaba com o un fuego devorador las grandes comunidades. El debe hacer un salto. Estaba convencido de que el mundo estaba progresivamente desencantado p o r m edio de la racionalización científica y la burocratización y que aquel algo que en otras épocas. sin tener en sí mismo la más mínima simpatía p or la revolución literaria de 1918-1919. com o un suceso decisivo para la salvación. no burguesa. para poder creer. ante todo. todavía existe en las sectas religiosas. Esa presuposición fundamental reside también para la teología misma más allá de ella com o ciencia. W eber lo describe simplemente com o «farsa y autoengañ o ». cuando los jóvenes interpretan religiosamente su de­ manda de una nueva vida comunitaria. sobre todo en el tiempo de los profetas judíos.176 K a r l L o w it h ciencia con la presuposición específicamente no científica de que cabe creer en una revelación determinada. La capacidad para ese «sacrificio del intelecto» — W eber lo llama un «logro de la virtud» religiosa— es «el signo decisivo del hom bre religioso positivo». que sociológicamente son el tipo origi­ nario de la asociación. trascendental.1 0 N o es un truco. que exigía una «viven cia». com o E m st Toller. En una discusión sobre una ponencia . du­ rante la República de los Consejos de M únich. h oy sólo late — si late—en los círculos más pequeños. Sólo el más joven aporta generalmente tal sacrificio al profeta y a los creyentes de la Iglesia. a responder a estudiantes de la izquierda radical. Él tenía una decidida com prensión — más allá de la amarga crítica de lo que consideraba falseadode las necesidades de la joven generación después de la Pri­ mera Guerra Mundial y estaba dispuesto constantemente. W eber pensaba aquí en el movimiento de la juventud alemana. y de oponerse a estudiantes reaccionarios. pero sí tal vez un m alentendido de sí mismos. Q ue algunos intelec­ tuales modernos tengan la necesidad de erigir una «capilla en casa» y que se creen para ello un sustituto para sus almas va­ cías.

Precisamente porque allí el tipo religioso es. p orqu e no había ninguna Iglesia recon ocid a p or el Estado.·. W eber desarrolló la tesis de que Estados U ni­ dos. porque tendría consecuencias incómodas para la prom oción social y para todas las demás oportunidades socia­ les posibles. toda vez que la técnica científica produce progresivamente una propia form a de admiración y encantó. sino innumerables sectas.. p o r lo demás. N o obstante. que es antes com o ahora. p o r su parte. la religión es algo popular. cuando ella. y com o tal ofrece a sus fieles interior y exteriormente muy precisos privilegios. entre tanto. al menos hasta el com ienzo de nuestro siglo. defacto.. sin la reiterada queja pública.]· Busque usted un trabajador alemán que pague tanto p o r una com unidad eclesiástica cualquiera [ . Y es eso lo qüe W eber concibe com o el «destino de nuestra época» y del que se sigue to d o lo demás: el desencantam iento del mundo por medio de la técnica científica. L a situación en la República Federal alemana no es hoy esencialmente otra. el punto de vista patrón para lo que él quiere ver.. y sólo p or eso no se exclu­ ye. allí la pertenencia efectiva a comunidades religiosas es el lugar del universalismo. no tiene que vér con la cosa.» Esto W eber lo dijo en 1910. y por­ que ese tipo de secta [ . era el país más religioso.M ax W eber y K arl M arx 177 de Troeltsch. para lo que sucede..] . increí­ blemente m ucho más que entre nosotros [.sino m o­ . « Y la pertenencia a esas comunidades religiosas cuesta. en donde una parte dé los adinerados paga todos los impuestos eclesiásticos — para que «se conserve al pueblo la religión»—y está contenta. la secta.] es exclusivo. pod ría ser que. W eber culmina su ponencia con la frase: «A quien no pue­ da soportar con hom bría este destino del tiempo.. N o es com o en el cristianismo de nom bre de Alemania. en Estados Unidos. se le débe decir: vuelva callado. y hoy más que nunca. la generación más joven en éste nuestro tiem po se haya adap­ tado tanto que no conciba más lo que alguna vez tuvo que ser de otro m odo y fue desencantado. es decir.

a los que W eber admiraba al máximo— . y sería mejor cumplir con la «exigencia del día». Ellas le solucionarán las cosas». Su p osición fundamental. después de cuarenta y cinco años. A un­ que tam poco es precisa una perseverancia de esta índole has­ ta que rom pa la nueva mañana. . una moderada honradez intelectual impone com probar que hoy la situación es la misma que la de aquella canción del sereno que. para aquellos que esperan co n paciencia nuevos profetas. en los anchos y a cogedores brazos abiertos de las viejas Iglesiás. La oposición que experimentó p or parte del círculo de Stefan G eorge — no de G eorge mismo. ni de G undolf. El sereno dice: «La mañana vendrá. las objeciones que se levantaron contra ella — en cuanto son de principios—se revelan com o reacciones im po­ tentes a lo que W eber con oció y recon oció — con un «no obs­ tante»— co m o el «destino de nuestra é p o ca »: la racionali­ zación progresiva de todas las relaciones de vida. en el tiempo del exilio. de las públicas y de las más íntimas. ¡vuelve otra v e z !». com o se expresa con la clari­ dad1 1 que le es propia — de efecto cuasidem agógico— . Él soportó sin ilusiones esa situación his­ tórica. significativos. según la última palabra de W eber. ¿cuán larga es todavía la noch e?». Porque no se hace nada con desear y esperar. Cuando h oy se recuerdan. privadas. en espe­ cial en la ponencia La ciencia como vocación. Si le quieres preguntar a ella. que en W eber era tan perceptible y que sólo distingue a los hombres excelsos. Pienso que se entiende p o r sí mismo que «cada uno» de nosotros no es más. surge de la pretensión ilu­ . «porqu e cada uno encuentra y ob ed ece al dem onio que sostiene el hilo dedu vida». Ésta sería modesta y simple.178 K a r l L o w it h desta y simplemente. pero aún es de noche. que tal vez ninguno de nosotros esté dota­ do de un tal mal espíritu. pero levantó críticas irritadas y furibundas. a las que él creía to­ davía poder excluir. P or el contrario. no pasó inadverti­ da entre sus contemporáneos. bajo el oráculo de Jesaías (21) sonaba así: «Sereno.

co m o el documento más conmocionante de una entera época. com o un marginado. p ero también él se horrorizó del «viento helado» que fluye de su objetividad. la «brutalidad entrenada de la mirada». N inguno de ellos tuvo. . de que el «poeta» sería capaz de rever­ tir los poderes de la ép oca y su necesidad hacia un «nuevo reino» que después no p o co s de los admiradores de George. más pequeños que él. ni la capacidad de estar a su altura. defendieron la pon en cia de W eb er de ataques inentendibles.1 2pero precisamente uno qüe debía ser com batido. y más allá. con todas las características de la esencia y la falta de esencia de las sectas. L o único que M a x W eber concedió a ese espíritu sectario esotérico era que lo admitía com o un representante de los «poderes de época». c o ­ m o Ernst Troeltsch. En las cartas de los jóvenes de G eorge se hablaba. vio claro que ese Estado secreto era una secta. com o W eber. cuyo dom inador sin corona era Stefan George. p or su parte.1 4p ero la encontraban también «algo atem orizante» y veían la p o sició n política de W eb er com o una «solu ción desesperada». Incluso un observador tan in­ dependiente com o M a x Scheler.M ax W eber y Karl M arx 179 soria.1 3 O tros contemporáneos. pero opinó que se podría limitar el progreso de la ciencia a través de un «conocim iento de la salvación». en un artículo de 1922. ge­ nial». p or el contrario. M ax W eber fue el único al que podría llamarse. hizo filosóficamente confusa su falta de ilusiones. ala­ b ó la ponencia de W eber com o un document humain significati­ vo. mientras que Jaspers. para con­ vertirla en un «verdadero fracaso». la nuestra». alrededor de 1933. que sería «penosamente. mientras que W eber. «sin reservas. que es la que permite penetrar en la realidad de la vida moderna. M ein eck e testim onió que. confundieron con el Tercer Reich. F. dentro de los intelectuales de la generación más joven. com parable con las que se formaban alrededor de R u dolf Steiner y de otros profetas de ese tiem­ po. de un «Estado» y se mentaba con ello una «Alemania secreta». entre ellos.

p. Es­ to es. en el Derecho y el Estado. en todas las esferas — en la economía y la sociedad. Véase al respecto mi libro Historia del mundo y salvación. que endiosaron como el más poderoso fenómeno cultural de Alemania y como el portador de un futuro inmensamente revolucio­ nario en el mundo entero. 3. que ellos tienen por “revolucionario” [. en referencia con esto. y enton­ ces. se debe saber. Yo creo que aquello que habría hecho esconder de miedo a ese partido [. 7 y ss. 3. Tuve la impresión de que los socialistas rusos. a la tribuna. se convirtió después en el hilo conductor de su investigación sociológica. En ese partido sólo resalta. cuando se ha postulado un fin determinado. Compárese. Stuttgart. qué se quiere en realidad.. 2. se llevarían las manos a la cabeza al mirar a ese partido. sino un mutila­ do debatir y razonar inconformista y quejoso. dominante. consecuente. Cartcu) dejuventud.]. la discusión de Weber. 410: «Habría conducido con gusto arriba. a nuestros príncipes alemanes en el plenario del partido de Mannheim. en la Unión para la política social en. a la que estaban acostumbrados por sus asambleas.). al seguir. en aquellos príncipes.. La palabra «consecuencias» tiene en Weber un peso específico y un tono particular: se reúne con la ra­ cionalidad del hacery pensar «orientado racionalmente a fines». p. en el arte y la ciencia— y que porta el cálculo en todos los campos. desde allí arriba». La pregunta de cómo es que se llegó sólo en Occidente a una racionalidad específicamente occidental. la fisonomía pequeñoburguesa: ni una palabra de entusiasmo revolucionario. pp. Actuar y pensar «consecuente­ mente» es idéntico para Weber respecto a la conducción racional de la vida y la «honradez intelectual». sobre todo. 1953 (ahora en Obras completas.180 K a r l L o w it h Notas 1. diez años después.. se les hubiera esfumado radicalmente.. 1983. que no dice nada. 227. las consecuencias ineludibles de su fundamental presuposición. . que se sentaron allí como espectadores. y me gustaría mostrarles cómo se desarrolla­ ba la asamblea abajo. en lugar de aquella energía catilinaria de la creencia. sujetarse a él y ser consciente de las presuposiciones y consecuencias de su elección y decisión. Articulad completad sobre sociología y política social. el perfil de cómodo propietario de fonda.]. y tener en cuenta.

esto es: que nuestras posibles tomas de posición últimas se asientan en una con­ traposición insolucionable y que no puede decidirse. lo que quería demostrar. por su parte. Pero cuando Strauss restringe la comprensión de Weber a la ciencia. Strauss elude la respuesta a esa pregunta al delimitarse como social scientist a un entendimiento interno al mundo de la convivencia humana. vuelve concepto científico that wealth of meaning que tiene en vista el entendimiento natural y el commonsense. en tanto él pone en cuestión no sólo a su ciencia especial. Teoría analítica de la cien­ cia y dialéctica. que por ejemplo la ética cristiana y la política. que en ese aspecto piensa de mo­ do más filosófico que Strauss. en Teoría y praxis. y que. Porque sería absurdo querer afirmar que cada elección y decisión por ése o aquel valor último sería indi­ ferente. da igual cuáles sean éstas preferencias. entonces debería comprobarse la factibilidad de tal excepción en una ciencia que no pretende una transformación del mundo históri­ co en conceptos constructivos. según el caso. sino a toda ciencia. de modo más principista. Precisamente no lo es para Weber. cuando hablan del «mundo social». razón y deci­ sión. y no reconoce ese «destino de la época». sin embargo. para. por medio de agu­ dos argumentos. y llama a ese entendimiento a-religioso evídently legitímate. defender en nuestra con­ ducta natural y cotidiana una valoración adecuada de los aconteci­ mientos políticos y sociales. 1963. es decir. hoy ejercida. Un apéndice a la controversia entre Popper y Adorno. en Natural Right and History. en tanto corresponde a la naturaleza humana. 1963. El único imperativo ético que surgiría de la consecuencia «nihilista» del rela­ tivismo histórico y existencial de Weber sería: thou sbalt have preferences. o no se contradicen. por su lado. y con ello a nuestra completa orientación moderna en la vi­ da. en Es­ critos de bormnaje para Theodor Adorno. y se excluye a sí mismo de ello. Leo Strauss ha llevado ad absurdum del modo más enfático. Dogmatismo.M ax W eber y Karl M arx 181 4. la distinción de Weber entre valoración personal y conocimiento objetivo. Pero ¿ha demostra­ do Weber. por medio de la razón humana? La prueba para la crítica de Strauss sería que él nos debería mostrar. en realidad. o sólo una de am­ bas es «verdadera». Véase al respecto Jürgen Habermas. porque no podría fundamentarse racionalmente. Pero para eso Strauss debería presentar una investigación sistemática . del hombre moderno de nuestra época.

porque se excluyen. como Weber presupone. en lo que él desveló en Adam Müller como «ocasionalismo». Su relativismo era portado por un etbos decidido. en distinta perspectiva. esto es. 6. a los combatientes. Cari Schmitt ha concluido recientemente de la tesis de Weber de la decisión propia a cada uno por ése o aquel valor último que esa «tiranía» de valores que se combaten entre sí. 1959. Esta es la pesadilla que la descripción de Max Weber deja tras de sí. En un debate. «Siempre son los valores los que avivan la lucha y mantienen viva la enemistad. Raymond Aron. Max Weber. que no permitía negociar con él. . ésta es otorgada por el hombre. ése fue Weber. porque su convencimiento com­ pletamente no europeo de la falta de valor de toda vida delineada racionalmente reposa sobre la seguridad cristiana primitiva de que sólo el amor sin mesura al prójimo — esto es. Y justo ahí podría mostrarse también si la «riqueza en signifi­ cado» reposa sobre una Lntriruic articulation de la estructura social o. que pudo ser justo con cualquiera que pensara diferente si estaba convencido de que también su contrincante tomaba sobre sí. respec­ tivamente. por el contrario. pp. de autoconformismo y de la consecuente «terquedad». y no limitarse a la interpreta­ ción histórica de textos sustantivos de la historia de la filosofía polí­ tica. con Baudelaire. Compárese. la prostitución sagrada del alma—abre la puerta a lo verda­ deramente humano y divino. la responsabilidad por las consecuencias de sus decisiones. en comparación con el cual el temible estado de naturaleza de la filoso­ fía del Estado de Thomas Hobbes sería un idilio. sobre la crítica de Strauss a Weber. como actuar según la oportunidad.» Si alguien fue absolutamente libre de vanidad personal. Weber habla de la dificultad de encontrar un acceso a Dostoievskiy a Tólstoi. Le savant et le poLitigue. lo que Weber llama.182 K a r l L o w it h comparable a la sociología weberiana. desesperantemente tercos. hace cruel la lucha y. 5. 31 y ss. Que los viejos dioses se hayan desencantado y se hayan convertido en meros valores válidos. llevaría a un bellum omnium contra omnes. El decisionismo dictatorial de Schmitt encuentra su explicación. con plena conciencia. En referencia a una afirmación de Heidegger sobre el discu­ rrir acerca de «valores».

no tuvo nada más que decir sobre la posición política de Weber que estaría atrapada en la filosofía valorativa y que pertenecería a aquella postulación de valo­ res generales ün querer-imponerse en sus opiniones. que tiene muchas otras tareas: aquellas que son resolubles sólo con violencia. antes de pro­ pagar un decisionismo igualmente extremo. Si se intenta hacer concreta su polémica. Maquiávelo honró en un bello párrafo [. Sería interesante saber cómo se posiciona él respecto al posible con­ flicto entre la ética política y cristiana sin. El [. Una y otra vez recayó el in­ terdicto [. Y en relación con tales situaciones. «Ex captivitate salús».] a aquellos ciudadanos. Mientras que. que estaba dispuesto de alguna forma a la salvación de su alma. Schmitt descarta la filosofía valorativa que postula valores como una «filosofía concreta». fijada en un punto de posición. sobre los que Schmitt. tomar una posición y un punto de vista propios del juicio y la valoración. en una tensión interna que puede desatarse a cada momento en uii conflicto sin mediación posible. Esa suposición es in­ cluso más plausible si pensamos que Schmitt estaba originariamen­ te más cercano al movimiento neocatólico y que tras el final del Ter­ cer Reich publicó. y de la industria y la técnica que se sirven de ella.M ax W eber y K arl M arx 183 Sorprende que Schmitt... para salvar la forma propia del ser-ahí popular. de vista y de ataque determinado.] demonio de la política vive con el Dios del amor. En La política como vocación.. porque sólo se trataba de imponerse por medio de una teoría de los valores racista y de estar decidido frente al «enemigo total». entonces se debería verificar. también con el Dios cristiano en su expresión de Iglesia.. con el punto de vista de la postulación de valores o cristiana o política. los productos de la ciencia «libre de valores».. Eso lo sabían los hombres incluso en los tiempos del dominio de la Iglesia.] sobre Florencia. para su justificación.. pero los ciudadanos luchaban contra el Estado eclesiático. no lo busca en el camino de la polí­ tica. según sabemos. por otro lado. co­ mo consejero de Estado del Tercer Reich. por ejemplo. son «horrorosos» medios de destrucción y procesos de exterminio. que en un escrito de 1917 sobre el «va­ lor» del Estado representó un normativismo extremo. como Weber. Weber dice: «Quien busca la salvación de su alma y el rescate de otras almas. esto es. para los cuales la grandeza de su ciudad estaba más alta que la salvación de . no se irri­ tó.

que no estarían a la altura del mun­ do y de su propio hacer. según el patrón de lo que signi­ fica algo para nosotros. sino el de 1932). con su reflexión sobre las «ideas de valor palxones». 1lOy ss. Estudios sobre antropología y sociología. El se rela­ ciona [. 8.] con los poderes diabólicos.. piara los hombres. era detestable.w K a r l LO w i t h su alma». tanto más irresponsable puesto que como convicción ya.. . no de los pensados va­ lores de una filosofía valorativa pasada. esto es. Lo que Weber. 7. Weber tenía claro que la ética de la convicción cristiana y la ética de la responsabilidad propia de la política de poder no son absolutos contrarios y que precisamente el actor político. aquellos que hoy (1919) se embriagan de ilusiones.» "j Si Weber hubiera vivido aún la «tiranía». mientras siga teniendo una conciencia moral. en el sentido propio de la palabra. sincronizado con esa época. que acechan en cada violen­ cia. Si el debate sobre la metodología de Weber no se hubiera fija­ do sobré las categorías dé valor. quiso poner en claro. pp.. sino la dictadura real del nacionalsocialismo legitimado por Schmitt (la nueva edición de El concepto de lo político de 1963 no trae el texto de 1933.] y la política enteramente como profesión. . debe ser consciente de aquellas paradojas éticas y de su responsabilidad y de lo que pueda llegar a ser de sí mismo bajo su presión... puede estar de pie frente a pa­ radojas éticas que no tienen solución racional. La ponencia de 1919 sobre La política como vocación Weber la cierra con la predicción de que en los próximos diez años sobreven­ dría el tiempo de la reacción a la catástrofe de 1918. hubiera visto en él una política de la convicción políticamente irresponsable. y que él desea­ ría ver en qué se «convertirían». entonces la tesis de We­ ber habría aparecido bajo otra luz. los juicios y valoraciones que están en la ba­ se de todas las ciencias de la cultura. El supuso que se volverían unos insatisfechos. y no hubiera tardado un instante en arriesgarlo todo en la lucha contra ese «enemigo to­ tal». «Quien quiera ejer­ cer la política [. Véase al respectó Arnold Gehlen. sino que hubiera Considerado sus presuposiciones. completamente diferente. tanto en su aspecto positivo como negativo (presupuesto de ideas de valor normadorasy exigencia de ciencia libre de valores). lo había dichoya enérgicamente en su tratado sobre La objcti- .

(1904). los hombres. en tanto las juz­ gamos y las valoramos (Artículos completos sobre la doctrina de la ciencia [Ges. su interés científico. Max Weber sobre La ciencia como vocación. no nos lo desvela ninguna ley.» Porque la cultura es creada por el hombre y éste tiene la capacidad y la voluntad de tomar conscientemente una posición frente a su mundo y otorgarle un sentido. Todas ellas significan algo específicamente para nosotros. 10. y cada uno de esos fenómenos culturales pueden significar.M ax W eber y K arl M arx 185 vidad del conocimiento científico socialy político social. Se leía a Meister Eckarty las vidas de santos. según el punto de vista patrón del juicio y la valoración. objetivamente. Wissenschaítslehre]. Nosotros nos medimos con la cosa mayoritariamente de modo inconsciente. y descrita por él expresamente como adecuación al «uso del lenguaje de los lógicos modernos». Para comprender la polémica de Weber contra el reemplazo de la religión. Aufs. 63 y 443. La libertad de la teoría. . Compárese también con La política como vocación. 1962. debe recordarse que tras la Primera Guerra Mundial se volvió una moda la disposición hacia la religión. porque eso se decide se­ gún las Seas de valor bajo las cuales nosotros observamos la “cultu­ ra”. también. Véase al respecto H. en cultu­ ras diferentes y en épocas diferentes y para hombres diferentes. al­ go completamente dispar. en una relación determinada. determinante para su sig­ nificado. ó también denegár­ selo. dinero y prostitución. 11. 9. exactamente en la medida en que nosotros tomamos una posición frente a ellas. en Escritos po­ líticos. en Archivo para lafilosofía del derecho y la filosofía social. «En qué sentido y en qué relaciones es éste el caso. aun cuando esas «ideas de valor» traten de fenómenos cul­ turales tan dispares como religión. las Historias del Dios amado As. pp. no puede ser extraído de la cosa misma. Un conocimiento científico de acontecimientos culturales sólo es imagi­ nable «sobre la base del significado» que ellos tienen para nosotros. Rilke.). y solamente sobre él reposa. provistos de puntos de vista e ideas de valor determinadas. a Dostoievskiy a Kierkegaard. respectivamente.. 180y ss. z. La formu­ lación teorética valorativa es aquí subordinada. pp. Lübbe. las apariciones culturales tienen para nosotros un signifu:ddo positivo o negativo. El punto de vista del juicio. Ellas nos conciernen algo.

Eócritojdejoriologiay teoriade lacodmovL)ióndeL mundo. pp. 430y ss. IV.*.. Edcritod completo. I. 1923. pp. Véase Friedrich Wolters.186 K a r l L o w it h 12.y III. Stefan George. . 1930. pp. 14. El poeta y lodpodered de època. 160yss. 6 7 2 y ss. Yò.

a pesar de nuestra erudición teóricay nuestras destrezas de investigación. esos pensadores inolvidables de la modernidad son una brújula en nuestra deso­ rientación y hasta tablas salvavidas para nuestro agotamiento o naufragio intelectual. En esa circunstancia crítica. pues sus con cep­ tos y explicaciones representan una valiosa guía heurística y un poderoso recurso argumentativo de validación. desequilibrios. nos cuestiona o nos inquieta por sus desarro­ llos nu evos y acaso sus viejos desenlaces. se vuelve oscura. estructura. desplazamientos y agenda de la sociedad contemporánea.Posfacio Entre el recuerdo y el olvido de los maestros: la exigencia de pensar la sociedad Volver a los pensadores clásicos de la modernidad nos resulta lógico y productivo cuando tratamos de entender y explicar la form ación. sobre to­ do a M arx y Weber. Pero el re­ greso a nuestros grandes maestros se vuelve obligado cuando encaram os situaciones de sociedad que plantean preguntas que rebasan nuestras capacidades de respuesta y aun de problematización. El regreso a los clásicos de la modernidad social. o cuando tratamos de sustentar los resultados de las investigaciones que realizamos sobre procesos sociales de nuestro tiempo. ha sido también algo natural para los que nos formamos en el tiempo de la modernización latinoameri­ . cuan­ do la sociedad en su conjunto o en algunas de sus dimensiones fundamentales se yergu e ante nosotros com o problem a.

«form aciones socia­ les». su­ puestamente de propósito conservador o justificador del dtatú quo. entre ciencia y política. educaba. Hayan sido o no los abanderados de la batalla teórica e ideo­ lógica. «he­ chos y valores». y en el otro polo la llamada «sociología burguesa».188 K a r l L o w it h cana. así com o . necesaria para estar en aptitud de resolverlos. que trataba de explicar y justificar la necesidad o la valía de una organización socialista de la so­ ciedad para superar la contrahechura de la modernización en curso.. el sismo social que provocaba abandonar y transformar nuestra antigua econ om ía y régim en político tradicional. preguntas. Fueron agudos e ilustradores los de­ bates que se protagonizaron entre «materialismo histórico» y «desencantamiento del m undo». vivim os la batalla intelectual (y política) de la Guerra Fría que estremeció a nuestros países y cuyos protagonistas teóri­ cos o ideológicos de esos años fueron. ex­ ploraciones. un tiem po intelectual intenso. por ello. Karl M arx y M a x W eber nos ofrecieron panoramas fundamentales para explicam os la dirección y el itinerario del cambio m odem izador de nuestras sociedades — el desarrollo— . urbanizaba. discusiones todas sobre la form ación. comerciaba. quien era enton­ ces pensado en ese molde sistémico o en la versión crítica del marxismo frankfurtiano.. se organizaba. dudas. el marxis­ m o en todas sus versiones. p or un lado. «tipos de acción so­ cial». «tipos de dom in ación ». cuyo arquetipo era la sociología estructurai-funcionalista norteamericana y /o las tesis de M ax Weber. a pesar de los problemas sociales y. estructura y destino de la sociedad m o­ derna entendida com o capitalismo destinado a su disolución por su contradicción estructural o com o asociación de racio­ nalidad econ óm ica y política estructurante. inconform ida­ des sobre el m od o en que el continente se industrializaba. «m odos de producción». Son asi­ mismo referencia obligada para los que. afirmaciones. en suma. lleno de esperanzas. por muchos motivos. «clases sociales» y «racionalidad».

que adquiría una gran autonomía decisoria respecto al conjunto social y se imponía con facilidad a las in­ conform idades ciudadanas. más bien). sus probabilidades de desarrollo. que m uy probablem ente no consideraban relevantes sus problemas cognoscitivos para nuestras condiciones socia­ les y culturales o que valoraban sus interpretaciones del tiem­ po m oderno com o académicamente eruditas y refinadas pero lejanas e inarticuladas con el debate dominante de esos años sobre la estructura y destino de nuestra sociedad en proceso de modernización/industrialización. N inguno de los dos enfoques explicativos. capturados com o estábamos p or otros autores y otras problematizaciones. era complaciente con la construcción de la modernidad y señalaban sus traumas. sea el causal dialéctico de M arx o el causal tipo­ lógico de Weber. En el debate so cio ló g ico latinoam ericano de esos años Karl Lowith fue un desconocido.. restricciones y males. costes. pero también intelectualmente apre­ .M ax W eber y Karl M arx 189 también enfoques integrados para entender las distorsiones del proyecto m odernizador o el empeoramiento de la exclu­ sión y división social que generaba la industrialización. la in­ corporación de la ciencia y la tecnología com o las referencias básicas de conocimiento y producción. preocupado p or obte­ ner resultados sociales más que por probar hipótesis explica­ tivas.. un debate que por lo de­ más fue más práctico que cognoscitivo.. En efecto. N os señalaron tam bién las con dicion es y razones del gran poderío que en el tiempo m oderno alcanzaba el Estado (el g o­ bierno. la urbanización e indi­ vidualización de la vida con fractura de vínculos sociales.. aunque diferían en la explicación de su formación histórica y aún más en la conside­ ración de su configuración futura. el debate fue perspicaz y riguroso en algunos m edios intelectuales com prom etidos honestamente con n o­ bles ideales de sociedad. o un intelectual (entre historiador de la filosofía m oderna y filósofo político) que apenas era conocido por un restringido círculo de acadé­ micos.

Ruge. en el tiempo de su exilio japonés y que fue mi primer contacto con su pensamiento com o estu­ diante de filosofía en los años sesenta. Feuerbach. simplón con frecuencia y dedicado a buscar afirm aciones contundentes acerca del m undo social que debía existir y la acción social que se debía emprender. El libro trata de re­ construir la historia filosófica del siglo X IX con el fin de enten­ der el siglo X X — «que ha logrado hacer claro y comprensible lo que realmente sucedió en el siglo X I X » —y. formulada con un lenguaje de elegante y densa abstracción. Kierkegaard. si esto no es verdad. Recuerdo. entonces por qué cosa ?». sin mucha disposición a prestar oídos a interpretaciones rigu­ rosas de finos profesores sobre las cuestiones y respuestas cuyos enredos y desenredos dieron forma al pensamiento moderno y a la sociedad moderna. lleno de atajos.190 Ka r l L o w it h surado. M arx o N ietzs­ che. su criatura. que él estudia directamente). providencias y destinos trascen­ dentes. Stimer. El universo cognoscitivo de ambos estaba constituido p o r la inm anencia de la sociedad. pero es una pregunta que concierne también al pensamiento social de M arx y Weber. a la que dedica­ ron sus vidas los gigantes intelectuales del siglo X I X (Goethe. sin embargo. p or la historia humana sin asideros. que terminó de escribir en 1939. D esde la historia brotaron las cuestiones de su interés . cóm o me marcó Lowith con su in­ terpretación de la modernidad cuando leí su inolvidable libro Von HegeLzil Nietzsche (en su segunda edición de 1949). Bauer. en tanto nuestros dos maestros estaban capturados p or esa pregunta acerca de la historia a la que dieron respuesta aun­ que de m odo no filosófico. N ada menos. el libro tiene com o eje de organización y ex­ ploración esta pregunta crucial: « ¿Son el ser y el sentido de la historia determinados p or la historia misma o. Era una pregunta pertinente y desafiante. dado que en su opi­ nión los discípulos hegelianos han conseguido que la filosofía se haya vuelto «espíritu del tiem po» y haya adquirido fuerza revolucionaria.

sin ubicarla en ese nivel de abstracción. Estado y mercado. definía el ser. centro y perife­ ria. sentido y desenlace de la historia social o si. Era sobre todo la cuestión que podrían haberse planteado deliberadamente aquellos intelectuales que no estaban dema­ siado interesados en la toma inmediata de palacio y que tam­ p oco compartían la fe casi religiosa en la salvación social me­ diante el poder (revolucionario o no). en realidad. porque todo intento y plan de cam bio social obligaba a preguntarse y responderse si la historia social misma. se hicieron muchos intelectuales no sólo latinoamericanos de los años sesenta y setenta. capitalismo y socialism o. hasta que alguien decidid pen­ sar tanto el marxismo com o la sociología comprensiva en mol­ de de estructura con el efecto de encontrar p o r un tiem po discípulos de sobra. menos . Identificar y validar cuál de esos dos ordenamientos. mediante su autoproducción/autodestrucción (materialista dialéctica). saber cuál era el tipo de causalidad histórica. imperialismo y form ación na­ cional. en cambio. tiem po. Es también la pregunta profunda que. configuración posible y acaso sentido. más cosas que las que logró construir después con el rompimiento del edificio inte­ lectual de nuestros maestros. revolución y democracia. La llamada «ruptura epistem ológica» rom pió. A m bos pensaron la so­ ciedad en formato de Historia. y se preguntaban fría o fogosamente cuál podría ser el camino e instrumental para estar en posibilidad de producir la real sociedad deseada* la socialista o la liberal-democrática. cuando deba­ tían en pares (dialectizables o n o) sobre desarrollo y atraso. aunque no hayan encontrado respuestas para sus problem atizaciones forzadas. cuestión que fue el fondo del debate intelectual de la Guerra Fría en nuestros países. disponía a su favor de la causalidad de la historia y. el socialista o el liberal-democrático. fue el m eollo de la cuestión. en conexión.M ax W eber y K arl M arx 191 y dentro de ella buscaron las respuestas acerca de su recorrido.

La cuestión conducía al inter­ minable debate de si había leyes de la historia o no. m enos politizada y conflictivam ente (artificialmente). me ubicó en mi exploración intelec­ tual. si la g o ­ bernaban causas o fines. Asimismo era una cuestión que implicaba plantearse si el m ovim iento de la historia humana significaba progreso. E l aleccionador libro de Low ith sobre la historia intelec­ tual que va de H egel a Nietzsche está integrado por dos par­ tes imponentes y solemnes: 1. a la vez que hizo más difícil mi vida de estudiante.192 K a r l L ó w it h econom icísticam ente. en el fondo. Las reflexiones de Lowith suelen concluir en párrafos que recapitulan el curso de las afirmaciones y los debates. contingente. Los dos estudios son reflexiones sobre el pensamiento de grandes autores europeos y sobre las consecuencias prácticas que sus ideas y las críticas de esas ideas tuvieron en la confi­ guración de la sociedad moderna. si se podía hablar con sentido de un fin de la historia o no. que se distinguen por su claridad aunque pudieran no ser obvios para los que han crecido in­ telectualmente dentro de otros m odos de preguntarse y res­ ponderse. me sacudió. menos determinísticamente. si condicionam ientos o proyectos. que requiere una extraordinaria erudición y creativi­ dad. abierta en sus fines aunque no en sus medios si se quería ser eficaz. estructuras o acciones. «La . Las prácticas políticas y académicas se reorganizaban en diversos m odos según las respuestas intelectuales a esas cuestiones cardinales.a Estudios sobre la historia del espíritu alemán del siglo X I X .a Estudios sobre la historia del mundo burgués-cristiano. M e permito citar un párrafo que. cuando lo leí por primera vez. central para entender la constitución del tiempo moderno. el andar de la historia estaba gobernado por otras realidades y cuáles eran éstas. si evoluciones o revoluciones y. Es una empresa intelectual de gran aliento. avance hacia la redención social y hacia la reconciliación de la razón con la realidad o si era más bien una navegación in­ definida. 2.

hayamos . El fundamento filosófico de la crítica radical de ambos es la discusión del concepto hegeliano de realidad en cuando «uni­ dad de esencia y existencia». la contingencia. una econom ía justa. de algún m od o un pensador m odern o posm oderno. según el grado de involucramiento que uno haya tenido en el esfuerzo intelectual y espiritual de H egel. Temo tam­ bién que otros hemos abandonado la búsqueda de esa recon­ ciliación o nos hemos facilitado el camino y la buena conciencia reelaborando el concepto de racionalidad y de realidad. La crítica de M arx apunta a la filosofía política de Hegel. la des­ com posición de todo el sistema del m undo burgués-cristiano. la inmanencia o la autorreferencia sin salida. que puede ser un trauma o un alivio. en la gramática posmoderna. a pesar de la proclamación heroica de la «nada». y Kierkegaard a su cristianismo filosófico. un Estado universal y una sociedad que pueda pasar la prueba de las preguntas y exigencias de la razón. atrapado en la particularidad. Es una sobria y correcta recapitulación de la crítica poshegeliana. haciéndola menos demandante y más manipulable con el uso de ciencias y tecnologías sociales. no Verstand) el espíritu ilustra­ do mundano y antropológico del tiem po m oderno. por haber intentado exitosa o fallidamente superar con el m o­ vimiento de la razón ( Vernunft. M e tem o que algunos seguimos obstinadamente tratando de lograr la reconciliación entre razón y realidad cuando ra­ zonamos o luchamos con argumentos por una sociedad buena e incluyente. al mismo tiempo. Temo asimismo que algunos. achi­ cando su denotación. N o sólo se produce una disolución del sistema de H egel sino también.M ax W eber y Karl M arx 193 crítica de M arx y Kierkegaard separa lo que H egel había tra­ tado justamente de unificar. La crítica se dirige sustantiva­ mente a la frase del prefacio de la Filosofía deiDerecho: «L o que es racional es real y lo que es real es racional». una política realmente pú­ blica. pues am bos revierten la con ci­ liación hegeliana de la razón con la realidad.

algunos impresentables por su obstinación o vulgaridad con que el leninismo había investi­ do el marxismo. que apare­ ció en el legendario A rchivo para la Ciencia y la Política Social (1932). en el entendido de que con frecuencia una lectura no económ ica de los economistas. fuera de la filosofía. empezando por las de Horkheimer y Marcuse. S ólo después. no sociológica de los sociólogos. cono­ cí el artículo de Lowith «M ax W eber y Karl M arx». y más tarde leí el de «La posición de M ax W eber frente a la ciencia» (1964). con una mirada de antropologíafilodófica. o el pensador que el pensamiento crítico frankfurtiano ha­ bía construido com o el emblema del m odo burgués de pensar la sociedad y la historia moderna.194 K a r l L ó w it h decidido que eso de la conciliación entre razón y realidad y la conciliación misma de la realidad social es un terrible falso problema. El mérito de Low ith consiste en haber abordado a nues­ tros dos maestros con un enfoque filosófico. además de haber simplificado deliberadamente sus consideraciones para hacerlo objeto de fá­ cil crítica. n o histórica de los historiadores suscita otras miradas y hace ver otros aspectos que la interpretación . pero nos habríamos aho­ rrado desencuentros y enconos provenientes de prejuicios y ramplonerías. Habríamos asimismo depurado al weberianismo de las torpes interpretaciones que lo consagraron com o el teórico de las causalidades idealistas o espirituales de la historia o com o el parsonsiano antes de tiempo que entronizaba al siste­ ma cultural sobre los otros sistemas sociales y el de personali­ dad. cuando me dediqué a tiempo completo durante años al estudio de M ax Weber. que ahora aquí se publican. además de peligro­ samente autodestructivo si se toma en serio: una herencia in­ telectual y política de la que hay que olvidarse y desembara­ zarse lo más pronto y generalizadamente posible. en tanto irresoluble e ilusorio. librándonos de aquella rigidez doctrinaria. el debate no hubiera perdido su polarización. Si en los años del debate hubiéramos conocido este par de textos. de to­ dos aquellos epígonos catequistas.

así com o al estudio de la centralidad que la «racionalidad» ocupa en el funcionamiento. la sig­ n ifica ción y el fu tu ro de la socied a d m oderna. política y humano-social. aunque la lectura de sus tex­ tos. nos muestre que ahora sus interpretaciones pioneras se han vuelto normales y relativamente generalizadas. Su interpretación nos recuerda también algo que mantiene tod o su valor com o im perativo cognoscitivo y social. Su mirada sobre éste (me refiero particular­ m ente a la de 1932) presta principalm ente atención a las relaciones entre ciencia y política (historia). a saber. Ese fue el caso de Lowith. que hace del socialismo o comunismo una realidad fatal más que un objeto de elección humana. la propuesta del socialismo puede presentarse com o una op ción humana justificada de organización de la sociedad y no sólo com o el efecto de una cadena causal incon­ tenible de hechos. particularmente los referidos a W eber. la idea humanista emancipatoria de la historia social. quedando en el aire poder p ro­ bar que su interpretación tuvo influencia directa en los estu­ diosos de Weber. Sus consideraciones anticiparon críticas que luego se hicieron al marxismo y vindicó m odos de repensar a M arx fuera de sus usos políticos inmediatos y de sus artificiosas reestructuracio­ nes para dotarlo de dignidad «científica» y extirpar sus resi­ duos filosóficos juveniles. poniendo orden y claridad en un debate que se había vuelto confuso. Se trata de un pronunciamiento que p o r lo menos advierte acerca de la precariedad del trabajo analítico que llevan a cabo los que siguen pensando que la sociedad sin clases llegará por encima . lleno de tonterías y malentendidos. p or ende. de m odo que los componentes mora­ les y políticos también son hilos causales de la historia huma­ na y. La m irada sobre Karl M a rx se distingue p or resaltar la aportación de Feuerbach a sus teoremas básicos y por colocar en el centro el tema/problema de la «enajenación» del hom bre m oderno en su triple dimensión económica.M ax W eber y Karl M arx 195 disciplinaria o los mismos autores no destacaron o aprecia­ ron.

N o deseo glosar el desarrollo ni los resultados de la inter­ pretación de Lowith en sus artículos sobre W e b e r y M arx. que causa el derrumbe y a no del capi­ talismo nacional. cada vez más agobiados. supuestos y elecciones cognosci­ tivas que son claras y precisas. complicados. La exposición de Lowith fluye también con claridad. aunque las discusio­ nes nuevas no resuelvan los problemas que nuestros maestros se plantearon sin terminar de responder ni muestren cuidado ante sus advertencias. supuestos y operaciones intelectuales fundamentales. entre otros motivos porque su m odo de establecer los temas. que causa un ultérior debilitamiento de las ganancias y. sino global. los hemos olvidado y los hemos enviado al desván de las cosas que de pronto con­ sideramos obsoletas y fuera de tono con lo que h óy se discute y es intelectual o políticamente atractivo. pro­ pósitos. que causa el aumento de la explotación proletaria. y se dedican. perspectivas. así com o su m odo de problematizar y argumentar. y lo hace con enunciados poderosos y sobrios . la cual arranca . se nos han vuelto distantes. En cada uno de sus artículos sa­ bem os con claridad lo que Low ith quiere alcanzar y probar. sino qüe re­ construye el razonamiento de nuestros dos maestros y ofrece sugerentes dimensiones de análisis sobre sus problemas. por lo que desde el com ienzo podem os tener afinidad con su problem a y razonamiento o bien distanciar­ nos de él. que no toma el fácil atajo de la erudición. así com o las posiciones desde donde se mueve para llegar a su meta intelectual.con propósitos. a la postre. origi­ nal en varios tramos. que causa la in conform idad y conflicto social. que termina simplemente por glosar a los autores. si no con facilidad. a lo largo de una argumentación rigurosa.196 K a r l L ò w it h de la voluntad explícita de los actores sociales com o efecto del colapso del capitalismo (mientras que h oy la sociedad es algo más que eso). a los cál­ culos cada vez más com plejos (globales) del progresivo des­ censo de la tasa de ganancia del capital.

En especial. su recorrido sobre W eber se sustenta en textos epistemológicos y m etodológicos que en aquel entonces no es­ taban traducidos al español y que p or ello n o pudieron ayu­ darnos a ver ciertas cosas y enfocar mejor algunos de nuestros problem as y polém icas. econom ía (civilización) y cultura. a través de análisis comparativos del m otivo de investigación básico de W eber y M arx. espero) p or haber olvidado esas visiones estructuradas de la sociedad moderna. al leer los textos."tensiones que en el medio aca­ dém ico alemán tom aron tam bién la form a (ni la única ni la más potente) de contrastar el pensamiento de M arx con el de W eber a fin de marcar diferencias y enviar agua a los molinos de las propias posiciones políticas que pretendían sacar de su. aún hoy.M ax W eber y K arl M arx 197 que. y la con cepción con ­ trastante de la racionalidad y la enajenación com o claves interLa interpretación de Low ith es algo que se mueve a con ­ tracorriente del pensamiento de su tiempo. na­ cionalismo y humanismo. colectivismos e individualidad. El propósito de Lowith busca superar ese m odo bastante com ún de pensar la historia y la situación alemana a partir de dilemas y se prop o­ ne «mostrar. E n mi com entario sólo destacaré el p rop ósito general de los artículos de L ow ith sobre M a rx y Weber. lo común y la diferen­ cia en sus ideas del hom bre com o fundamento de la economía y la sociedad. conoce sólo “lo irreconcilia­ ble de la lucha de las posibles tomas de posición últimas para . crisis moral a una Alemania de entreguerras confundida y aún desesperada p or la m agnitud de su derrota. porque mientras la vida terrenal “descanse en sí mism a y sea entendida a partir de sí”.. me enriquecen i y me suscitan remordimiento (no sólo a mí. Esa com paración no puede llevar a una reconci­ liación. me sorprenden. y abordaré alusivamente dos de sus temas conducto­ res: la relación entre ciencia y política. que en la academia y en la opinión pública de entonces se inclinaba a dramatizar las tensiones entre socialismo (comunismo) y liberalismo.

la pregunta «social-filosòfica» de Lowith so­ bre ellos. que no se tocan en un solo punto. sino porque la constitución moderna representa un problem a radical y total. La ciencia como vocación).198 K a r l L o w it h vivir”» (Weber. Se busca «hacer consciente la diferencia en lo común». una pregunta de antropología filo­ . Está màis claro que el agua. Distorsión o no de los propósitos originales de la obra de M arx y W eber. no se persigue un propósito de fal­ sa fraternidad y reconciliación. Lo que puede y debe­ ría hacer la com paración es destacar la diferencia en lo c o ­ mún. en últi­ ma instancia. Lo com ún de la investigación de M arx y W e­ ber es su pregunta acerca de la existencia humana. su m odo de ser. Sólo porque. tiene efectos y se revela la problemática del orden social y económ ico burgués capita­ lista. que pueden ser graves. a la manera de desigualdades y exclusiones sociales o de caídas en la produc­ tividad y la com petitividad (diríam os h oy ). sus restricciones y sus posibilidades de trascenderse y de cambiar su circunstancia en algo menos natural y más p ro ­ ducto de deliberación. y ésta se ha vuelto un problem a de conocim iento. sobre el hombre como tal. digno de ser resuelto no porque com prenda problem as especiales económ icos y sociales. en tanto se relaciona directamente con la existencia humana. presente en la totalidad de su ser humano. otra hermenéutica. es distinta. su mirada sobre su obra. Para Lowith el cam po de investigación de ambos es el mis­ mo: la constitución «capitalista» de la economía y la dociedad moder­ nas. en tanto fundam ento portador tanto de la p ro ­ blemática social com o de la económica. Es otra p re­ gunta. pero tam poco reeditar al infi­ nito una interpretación que los considere com o un par de sis­ temas intelectuales diferentes y totalmente adversos. puede ser también entendido el “capitalismo” mismo en su significado fundamental y ser objeto de una pregunta social-filosófica». «porque encierra en sí al hombre. por cuanto no es sociologizante ni econom icista ni politizada.

Lowith lo sabe: «Ese motivo funda­ mental antropológico. surgió de un impulso completamente trascen­ dente a la ciencia». En suma. L ow ith n o se siente o rto d o x o en su propósito. La diferencia de nuestros dos maestros reside fundamen­ talmente en su interpretación del capitalismo: «Se anuncia esa . en su tra­ bajo científico. pues demasiado conocim iento de la histo­ ria social ha sido sacrificado en el altar de la ciencia pura y la praxis revolucionaria. sino también de valoraciones morales. D e todos m odos. Una afirmación que suscribirían ambos. Contundente y correcto análisis. en la re­ flexión sobre su división y unidad. y aun nosotros mismos.M ax W eber y Karl M arx 199 sófica que tomará en sus artículos un formato epistemológico y social. y sin embargo. no es fácil de reconocer. y que por esta característica de su mirada interpretativa contri­ bu yó a sacar de su atasco a las interpretaciones ideologizadas y polémicas de su época. de proyec­ tos políticos de sociedad buena. compartimos su posición de que «tanto W eber com o M arx abarcan. Purezas doctrinarias y prisas políticas se han vuelto los puntos ciegos de nuestra producción intelec­ tual. hombres “científicos” ». porque en un caso es ocultado por la tendencia a la “cientificidad” avalorativay en el otro p or la “praxis revolucionaria” ». sin embargo.. social e histórica. pero sin olvidar que el enfoque de la reflexión es la pregunta sobre la existencia del hombre. la totalidad del com porta­ miento teórico y práctico. M arx y W eber. en última instancia. Las cosas no han cam biado m ucho hasta ahora.. que involucra a los discípu­ los patriotas de am bos genios. pues su supuesto de conocim iento es que «lo que fue para ambos determinante. de compromisos por abatir el sufrimiento humano. en la medida en que nuestros impulsos de investigación proceden no sólo de los problemas no planteados o mal planteados o no respondidos por nuestras tradiciones y comunidades científicas en las que estamos incorporados. y justamente p or eso ambos fueron algo diferente y algo más que meros teóricos.

M ás aún. También ella es [ . para W eber se trata de un futuro abierto dado que el «desencantam iento del m u n do» significa la ausencia de un sentido objetivo que se revela progresivamente en la historia y. pues mientras para M arx. el sentido que pudiera llegar a tener la historia es obra humana. que caracteriza al capitalism o en su significado principal abarca tam bién lo p rop io \Eigenart] de la ciencia moderna. Esa racionalización o autoalienación. por obra de la providen­ cia dialéctica.] portadora y exponente de ese destino universal». mientras W eber lo analiza bajo el punto de vista de una rac¡onalízac¡ón universal e inevitable. en sí neutral pero de doble significación por su valoración. es posible que la historia supere las contradic­ ciones de la sociedad humana y cierre en reconciliación uni­ versal. es una fuerza dialéctica de transfor­ m ación y superación. en cambio. para el otro es una existencia humana alienada en dimensiones fundamenta­ les de la existencia y que. justamente por la contradicción que la autoalienación implica. La lectura recapituladora de Lowith sobre las dos lecturas que M arx y W eber hicieron de la existencia humana en el m undo m oderno burgués y capitalista es claray precisa. sus potencialida­ des de liberación y encajonamiento de la vida. N in gu n o de los dos perm anece en el presente y ninguno lo celebra ingenuamente y con él se con ­ tenta.200 K a r l L o w it h diferencia en que. M ientras para uno se trata de la construcción. «Racionalidad universal» y «alienación universal» son elementos constituyentes del presente social y factores de su futuro cuya configuración. bajo el punto de vista unívocamente negativo de una autoaLienación universal. M arx lo hace. esperada o deseada. con sus debilidades y fortalezas. la racionalidad puede enunciar sólo y apenas las condiciones de realización eficiente del futuro de­ seado que interpela. aunque pasible de ser transfor­ mada de cuajo. respec­ tivamente.. afir­ mación y dom inio de la racionalidad científico-tecnológica y gerencial. por ende.. es diferente también. pero éste no sólo es definido por la fuerza .

sobre los pocos alcances causa­ les que la razón podía acreditar en la historia. . de nuevo. juicios de valor y juicios de hechos. A estas irracionalidades y desenajenaciones artificiales ocurri­ das. a pesar de que la Ilustración y la ciencia positiva se hayan autocelébrado co m o los principales h acedores de lo m oderno y hayan querido dominarlas y se lo hayan creído. que tie­ nen igual presencia e influencia en el tiempo m oderno y cuyos «dioses y dem onios» no pueden ser llamados sin más antimo­ dernos.. que por definición no pod ía recon ocer y abrir espacio a la creativi­ dad de las libertades y a la aportación del ethod social y de la mismas pasiones. vitales. sino que se refería al debate no aplacado sobre el futuro y el sentido de la sociedad y. la persistencia de la perversidad y la estupidez.. fundamentalmente. que se había vuelto una maraña de malentendidos. que estructurara de pies a cabeza la sociedad moderna.M ax W eber y K arl M arx 201 de la razón. empírica de cuño naturalista y determinista. o bien a la decisión de otros de impedir que cultura y moralidad («nacional». en consecuencia. que han tenido causalidad real en la historia real. Y algunas de esas ver­ dades de lairracionallidady pobre universalización de la vida humana han sido el horror. E l enredado debate n o era. En el artículo referido a «L a posición de M a x W eber fren­ te a la ciencia» (1964). tonterías e ignorancia. epistem ológico o m etodológico. él terrorismo. Lowith contribuye a aclarar y depurar la discusión entre valores y hechos. sobre la relación que debía o podía existir entre razón y existencia social en la m odernidad y. la tozudez de la discriminación. sino p or otras fuerzas poderosas. debido al afán que muchos teñían por dar origen a una ciencia t o d o terreno. tan lejanas de la teoría de la razón pura o de la ciencia. ro­ mántica o historicísticamente. la re­ gresión. muy proba­ blem ente) aceleraran su decadencia al capitular frente a la ciencia. aludía también Lowith cuando enunciaba que el siglo X X representa en gran manera la verdad del siglo X IX . el H olocausto.

o p or la m archa im parable de los hechos. con o sin los libros de M a rx y W eb er bajo el brazo. ha­ ciéndonos la pregunta de Lowith acerca de L a caudaLidaB de L a hiátoria — «¿están el ser y el sentido de la historia determinados por la historia misma? . de la ética. con oce y prevé. entre lo social real y lo social ideal (¿lo racional?. ¿lo universal?). con o sin Weber. pues enmarca y determina el m odo y los alcances de la ciencia en política (el m odo de la ciencia de hacer política o de ser p o ­ lítica) y expresa la tensión que siempre nos acompañará entre la sociedad que somos y la sociedad que queremos ser. nos remite a la cuestión de saber si la historia es el «reino de las causas» o el «reino de los fines». entre la ciencia que es el emblema del tiempo moder no y los valores en que la moderni­ dad se asienta y procura. por ende. con o sin Marx.202 K a r l L ó w it h La discusión acerca de la ciencia se centra en saber cuál es la relación que puede existir entre los resultados de su ejer­ cicio explicativo (o comprensivo-explicativo) de referencia em­ pírica y la validación de los valores de la existencia humana en que uno cree y para los que vive. cu yo itinerario y destino la razón teórica. de m odo que surge el esfuerzo intelectual ex­ plicativo y prospectivo de querer cerrar la brecha y. si son los hechos o son los valores las cau­ sas que originan y sustentan el despliegue de la historia (o bien una interdependencia de hechos y valores). que nos planteamos aquí y ahora. en m odo de ciencia. ¿Q ué puede realmente hacer la ciencia en lo que respecta a los proyectos valorativos de una sociedad buena? D ich o de otro modo. ¿lo desenajenado?. Se trata de una discusión cardinal. congruentemente se vuelve perentoria la pregunta acerca de si la brecha podrá ser cerrada y cóm o: si por el ímpetu valorativo de la razón práctica. con el añadido de la complicada pre­ gunta sobre cuáles son los p rocesos causales m ediante los cuales la historia se crea. de la política o del deseo. saber si la . destruye y recrea a sí misma. implícita o explícitamente. Esta pregunta. intelectuales y po­ líticos terminaremos siempre.

pero una cuestión a la que nadie puede escapar. cuya validez cultural hay que construir socialmente p or medios educativos y políticos o cuyo imperativo moral o deseabilidad hay que abrir. y el marxismo político de la hegemonía (Gramsci) o el del hilo rojo de la utopía (B loch) o el del socialismo austríaco. funda­ mentar racionalmente y sostener con el ímpetu negativo que brota de la irrealización del m undo dado y de la esperanza contra toda esperanza. para los cuales. y por ello seamos prescindibles. a no ser que uno sea un pragmático de corta mirada o un atolondrado inconsecuente. por expectativas o aspiraciones. la cual descansa en la distinción no­ toria que existe entre juicios de valor y juicios de hecho. un proyecto y no sólo un desenlace. Es también una cuestión a la que tam poco pudo escapar el marxismo del siglo XX. es una cuestión que no se ha resuelto aunque sí disuelto en nuestros días. eldocialúmo ed un fin . si p o r cálculos o por motivos. En la perspectiva weberiana. com o expectativa o esce­ nario científicamente esperado. en el fondo. no un efecto o sólo un efecto. en la diferencia «entre ciencia objetiva y valoración subjetiva». la factibilidad — no la validez—de las . forza n d o las cosas. com o el desenlace fáctico del previsto colapso del capitalismo.M ax W eber y Karl M arx 203 historia social se mueve p or fines («acción racional con arre­ glo a fines») o por valores («acción racional con arreglo a va­ lores»). en diversos m odos y medidas. de la que se desprende y justifica la visionaria definición weberiana acer­ ca de los alcances y límites de la ciencia en lo que concierne a la tarea ineludible de la valoración social y toma de partido ante el mal del mundo o por una idea de sociedad buena. entre explicaciones y valoraciones y. por leyes científicas del curso de la historia o por p ro­ y ectos m orales y. que osciló entre las leyes de la historia que señalan al docialiómo como efecto. El desarrollo de Lowith es correcto en su exposición e in­ terpretación de la idea de W eber de la ciencia com o «ciencia libre de/ante los valores».

En re­ sumen. sino sólo cuáles son las acciones e instrumentos que cabe poner en movimiento para realizar de m odo eficaz y efi­ ciente los valores decididos. tam poco puede decidir acerca de cuáles son los valores que la política debe seguir y realizar. asegurar racio­ nalmente su validez y. en lugar del deber ser». Y se puede añadir con él: «La presupuesta ¿«validez “objetiva” de nuestros patrones de va­ lor últimos y la falta de normas universales vinculantes [. pero de ningún m odo puede fundar la validez de los valores. en el sen­ tido de que sólo puede decir si los objetivos de la acción pue­ den ser efectos de la acción. «la infundamentalidad científica de las posiciones últi­ mas» es lo socialmente propio y esencial. Toda ciencia. dicho con la bella y poderosa expresión de Lowith.204 K a r l L o w it h posiciones valorativas sobre el hombre y su sociedad es lo que puede ofrecer genuinamente una ciencia histórico-social. c o ­ m o cualquier otra ciencia.] surge de la forma propia de aquella época cultural cuyo destino es haber com ido “del árbol del conocim iento”. no valoraciones de las causas o de los efectos. aunque en la interpretación de L o ­ with parece exagerado extenderse a la razón tal cual. La ciencia sólo puede ser técnica o te­ ner una aportación técnica en relación con los fines. que es fundam en­ talmente causal.. si los fines de la historia pueden ser efectos de la historia.. en corolario. haber con oci­ do que nodotrod “debem os crear por nosotros mismos” el “sen­ tido” del acontecer del mundo. la ciencia histórica y social causal sólo pueden determinar. debido al m odo filosófico que pauta su razonamiento. ofrece explicaciones. en el mejor de los ca­ sos. Por ende. es decir. la factibilidad (y costes asociados) de la realización de los valores en que se cree y para los que se vive. El punto ciego que tiene la razón respecto a los valores p o ­ líticos y morales en W eber se relaciona directamente con los alcances y lim itaciones que son propios del ejercicio de la ciencia histórica y social. cuya decisión puede inspirarse en otros referentes no científicos y hasta no racionales. A manera de .

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resumen, aprecio mucho la consideración de Lowith, según la i cual «todas las ciencias naturales sólo nos dan respuesta a la pregunta de qué debem os hacer nosotros cuando queremos dominar técnicamente la vida — pero si debemos y queremos ha­ cerlo, y si eso tiene en última instancia un sentido, lo dejan sin decidir o lo presuponen a sus fines— L o mismo vale para las así llamadas ciencias del espíritu históricas: enseñan a enten­ der determinadas producciones políticas y sociales, artísticas y literarias, pero que no dan una respuesta a la pregunta de si son dignas de existir». Es una glosa impecable de W eber. La ciencia social no es la pieza clave de la valía social. Posee sólo el valor instrumental de la realización, la efectuación, la rela­ ción coste-eficacia, coste-eficiencia, pero su sentido de direc­ ción le es predado y se le escapa cuando se refiere a fines últi­ mos y no a intermedios de la acción humana. D e la idea de ciencia weberiana se desprende también que el proyecto de organización socialista de la sociedad, la valía imputada a la sociedad socialista, es algo que no puede soste­ nerse sólo basándose en la cien ciay con referencia a los efec­ tos probables en que desembocará el desarrollo crítico del ca­ pitalismo científicamente conocido, en caso de que se hubiera logrado tal empresa. La constitución socialista de la sociedad com o futuro deseable u obligado requiere más m otores que las simples causas económicas o políticas del desarrollo social y de sus efectos previstos com o probables o fatales, tal com o han demostrado con sus acciones y vidas activistas, creyen­ tes convencidos y revolucionarios. En el mundo desencanta­ do de W eber ha desaparecido el sentido objetivo de la histo­ ria, la existencia de una providencia inmanente (una mano invisible, paradójicamente), que es empero algo que poshegelianamente sobrevive en el materialismo histórico y en sus es­ peranzas de transformación social. La configuración de la so­ ciedad futura es obra del hombre, que navega no sólo con el timón de la ciencia, y es una obra que puede ser razonable­

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mente aceptada o repudiada con toda el alma y no sólo con el juicio racional elegante que sólo está en condiciones de cali­ ficar al horror social com o error. «N osotros debem os crear, por nosotros mismos, el “sentido” del acontecer del mundo», el cual y a se ha quedado sin sentido inmanente y p or ende ha dejado de ser el m undo de algún «deber ser» trascendente e irrefutable, al que debem os someternos por el esplendor de su valía incondicional. D e acuerdo, la posición weberiana es gallarda, responsa­ ble y lógica. Pero de ello no se sigue, tom ando distancia de Weber, que los fines de la historia, en tanto ésta es reino de fi­ nes y no sólo de causas (com pren sión -explicación com o el m étodo de la cien cia social), o que «el destino de nuestro tiem po», hayan de ser determ inados p or algo que él llama, ahorrándose problemas y eludiéndolos, «dioses y demonios», p or el politeísmo/relativismo de los valores sobre la vida del hom bre en sociedad, tolerando u olvidando que los valores que suelen afirmarse y volverse hechos sociales por la fuerza de sus seguidores, cuyas convicciones pueden brotar de mu­ chos elementos oscuros y arbitrarios, son cercanos a la sinra­ zón o manifestaciones de ella. La radicalidad del desencanto weberiano puede ser abordada con hombría, com o él nos re­ comienda, sin ir en busca de «los anchos y acogedores brazos abiertos de las viejas Iglesias» ni esperando profetas que nos re­ suelvan la vida al decirnos hacia dónde y p o r dónde y nos desresponsabilicen de nuestras vidas. Pero los costes y ries­ gos de horrores no tienen por qué ser aceptados ni aclamados com o la consecuencia de asumir con gallardía la posición hu­ mana o ciudadana del desencanto, el politeísmo social y la to­ tal contingencia histórica. Una cosa es que W eber haya puesto inteligentemente lími­ tes a la ciencia en lo que concierne a la validez de los valores que inspiran la política y la moral de la existencia humana y haya, asimismo, refutado tanto la im pertinencia e inconsis­

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tencia del determinismo del materialismo histórico com o la insensatez de los vitalistas y nacionalistas de la restauración del ethod nacional, la piedad religiosa y la nostalgia por un lí­ der plebiscitario que repon ga el orden, y otra cosa es que abandonemos el destino de nuestro tiempo a un decisionismo de selectos y poderosos o a una razón técnica que, respecto a los fines sociales que le son predados, no puede decir nada en absoluto acerca de ellos sino que son factibles y pueden ser realizados de m odo «costoeficiente». Ese desencantamiento radical, que deja a la ciencia (no a la razón) sin habla sobre la validez de los fines de la existencia humana asociada y que parece dejar la afirm ación de los fines sin asidero racional, terminaría p or dar entrada a dos opciones inaceptables: el de­ cisionismo de líderes de masas con enormes promesas encan­ tadoras de vida social sin conciencia de costos y con pisoteos a las libertades individuales de los que se resistan y opongan a su evangelio, o bien el encantamiento de la ciencia en el cien­ tificismo y /o tecnologismo, que erigiría lo socialmente proba­ ble com o lo socialmente deseable. W eber considera que el de­ senlace tecnoburocrático es m uy probable, mientras que el otro escenario terminal, el plebiscitario dictatorial, le ha sido imputado por algunos intérpretes que han considerado que la opción del liderazgo de masas atropellador de libertades se incubaba en su relativismo respecto a los valores políticos y en sus últimas posiciones polarizadas entre ciencia y política. Obviamente se trata de un escenario no deliberado y opuesto a las intenciones de W eber, p ero en el cual su probabilidad parecería implicar o implica sus posiciones. Lowith aborda este espinoso debate en «M ax W eber y sus seguidores» (1939-1940), y lo hace con mesura, pero se mues­ tra ambivalente en sus razones, aunque se decide de manera académicamente correcta p or W eber, a cuyo «heroísm o hu­ mano y [...] honradez intelectual» rinde homenaje. El supues­ to de la cuestión y respuesta de Lowith es la burocratización

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especializada de la empresa y dél E sta d o/q u e es una dé-las consecuencias de la racionalidad. Frente a esa tendencia lógi­ ca (típico-ideal) de la modernidad, las libertades intelectuales, morales y políticas que abandera W eber éstán en riesgo, por lo que para éste «sólo quedaba en pie [...] una pregunta: ¿cóm o se puede rescatar todavía, dentro dé esta omiiipoterite “aparatización ”, cualquier resto de libertad de movimiento, en algún sentido, “individualista” ?». D esde esta;perspectiva, en su últi­ ma ponencia sobre La política como vocación., W eber hizo la di­ ferenciación'de principios entre empleados estatales y líderes de partido, entre encasillados hombres genéricos e individuos autónom os... El empléado y el funcionario deben llevar a ca­ b o lo qué les füe Ordenado p or úna instancia superior, sin to­ mar en cuenta su convicción personal. El líder político debe actuar, igual que el empresario autónomo, a partir de su p ro­ pia responsabilidad, com énzar en cada m om ento desde su persona y, bajó ciertas circunstanciás, contraponerse a su jefe — sea éste un m onarca o incluso el demod— . En tanto W eber consideró que la máquina de hombres humana era ineludible, su pregunta política fue cóm o se deja ganar, dentro de su marco, un espacio en función dé ün liderazgo autoritario de carácter político, idóneo y responsable. Su fórm ula drástica pára ello fue democracia de liderazgo con máquina, aunque con esto no pensaba, todavía, en la posibilidad de un liderazgo dictatorial en un « “ Estado dé un solo partido”, sino en un Estado coii múltiples partidos y con Parlameñto». La interpretación es correcta, honesta y justa> aunque L owith, frente al desarrollo político alemán hiperiiacionalistá que él padeció y le llevó al menosprécio, a la discriminación y al exilio, tuvo que desplazarse hacia el otro pólo crítico y ano­ tar que la previsión de W eber de una «dem ocracia de lideraz­ g o cori máquina», de una dem ocracia plebiscitaria totalmente funcionarizada, le convierte en un añticipador del futuro p o ­ lítico de Alemania, sin que esto signifique én ningún m odo

negativamente. guerrero y exterminador de la diferencia. » La posición de Lowith sobre M a x W ebér se desliza p or él filo de la navaja. suave pero adolorida. abdicación dé la elec­ ción libre éntre posibilidades diferentes en favor del una vez elegido Führer la “decisión” propia se transforma én là obe­ diencia d ecidida a un dictado. se convierte en una persona que está contenta de ha­ ber podido transferir la carga. y dado que éste nó éstaría disponible. de su tesis de que entonces cada uno debería deci­ dir p o r sí mismo lo que piensa hacer. de esa tesis to­ talmente individualista hay sólo un paso hasta la completa in­ clusión en una máquina de convicciones total. bajo la volun­ tad de un líder con aptitud de oratoria que diga a las masas lo que éstas deben creer y hacen C on esa. «E l ha. que sólo era responsable de sí mismo.i ] El in dividu o liberado.. algo que no dejará de irritar a los weberianos y ponerlos en son dé guerra. Lowith nos quiere decir que él nacionalsocialism o alemán no fue un proy ecto querido p or . Sabe m uy bien que W eber tendría Una total indisposición intelectual* política y moral hacia el desenlace dictatorial. D e manera diplo­ mática. prepara­ do el camino a un Estado de liderazgo autoritario y dictato­ rial. cuya úl­ tima instancia sólo era la elección decidida de Una postula­ ción de unos valores entre otros. positivam ente a través de que representó el liderazgo irracional “carism àtico” y la “dem ocracia de liderazgo con máquina” y. difícil de sobrellevar. que em pero abrió a otros seres funestos. de la au­ todeterminación. a través de lo formal de su ethod político.' D e su tesis de qué sólo un “profeta” puede decirnos lo que debemos hacer objetivamente. en este tiempo de falta de autoridad de una decadente esfera pública. a través dé la pérdida de conteni­ do querido. la “su jeción ” en ob ed ién cia [.M ax W éber y K arl M arx 209 que él hubiera estado dispuesto a recorrer y aceptar ese cami­ no. al m argen de cuáles sean éstos. pero en los enunciados y argumentos de sü obra cree ver el anuncio o la previsión de ese desenlace.

sus al­ cances y limitaciones. «L a “racionalidad" com o la ex­ presión problem ática del m undo m oderno» y «L a racionali­ dad com o co n d ición de la responsabilidad de sí libre del singular en m edio de la servidumbre general». siguen siendo un manantial de ideas que nos ayudan a entender m ejor el en­ foque del program a de investigación de M a x W eber. deseado y respaldado por él. cóm o apareció y . neoinstitucionalistas. Recons­ truir el curso de la racionalización moderna. que nos plantea a los contem poráneos preguntas que con o sin nostalgia de nuestros maestros clásicos hemos estado proce­ sando en los últimos tiempos desde otros m odos de problematización y enfoques de respuesta. Es una manera de recordam os que las acciones y las ideas no sólo tienen fines motivadores sino consecuencias reales.210 Ka r l LO w i t h Weber. Sobre l a racionalidad w eberianay sus supuestos teóricos y m etodológicos hemos leído y escrito m uchos y m ucho. pero sus dos apartados. que se podía vislum brar com o una probabilidad a partir de su obra y que otros protagonizaron perversamente. Su extraordinario artículo «M a x W eb er y Karl M a rx » (1932) es un recorrido m arcado p or la densidad intelectual. por no citar las pequeñas «teorías» a las que dedicamos tiem p oy que ni siquiera llegan a ser de «alcance m edio». que son abordados desde el mirador de la antropología fi­ losófica. H ay obras que emparejan o rebasan las consideraciones de L o with. sistémicos. por lo que no son una simple glosa erudita de los es­ critos de M arx y W eber con corolarios didácticos. El ar­ tículo se centra en lo que para Low ith son los ejes centrales que estructuran el pensamiento de nuestros maestros sobre la m odernidad capitalista-burguesa: La racionalidad y la enajena­ ción. así com o las preocupaciones de rigidez glacial que él mismo reconoció frente al desarrollo previsible (típico-ideal) de la racionalidad del mundo m oderno. pero lleno de sorpresas en sus observaciones y aleccionador. aun si no son queridas ni previstas. pero sí un resultado indeseado.

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se asentó socialmente, cóm o rom pió la certidumbre de nues­ tras creencias y expectativas (religiosas o morales) en un or­ den objetivo que definía el sentido y . el deber de nuestras vi­ das, cóm o llegó a volverse el obligado m odo de conducir la vida en sociedad y cóm o terminó por cristalizarse com o «des­ tino» que nos ha dejado sin otras opciones de organización de la vida social, constituye el problem a del tiem po m oderno, nuestro problem a humano y, en con exión , es un problem a fundamental de la historia y sociedad digno de ser conocido, de convertirse en algo cu y o surgim iento y funcionam iento sostenido en:el tiem po ha de ser explicado, así com o han de ser explicados sus efectos en la organización social y su im­ pacto en el rum bo futuro de la sociedad. En su opinión, concebir lo m oderno com o tiempo, proceso y estructura de racionalidad es algo qu e cognoscitivam ente contiene y abraza a las tesis marxistas: «L o propio del análisis relig ioso-sociológ ico del capitalism o de W eb er consiste en que él no contempla al capitalismo com o el poder hecho autó­ nom o de las “relaciones de prod u cción ” sociales, de lo s m e: dios y de las fuerzas de producción, para entenderlo desde allí todo de form a ideológica. El capitalismo pudo volverse, para W eber, un pod er “pleno de destino” de la vida humana sólo porque él [...] se desarrolló y a en los caminos de un "m odo ra­ cional de conducir la vida” ». En la miradá weberiana la inter­ pretación m arxista del capitalism o es subsum ida com o un lenguaje particular contenido en la gramática mayor de la ra­ cionalidad de la vida moderna. Según Lowith, «el capitalismo como tai, en su significado preeminentemente económico, es p o ­ co interpelable com o el origen autónom o de la racionalidad. M ás aún, la racionalidad de la con du cción de la vida — en su origen religiosamente motivada—es la que ha dejado también que el capitalismo, en un sentido económ ico, se erija en un poder dominante de la vida». M uchos Compartimos la obser­ vación de Lowith acerca de la racionalidad weberiana com o

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el universo de sentido de la m odernidad, que contiene una realidad específica a la racionalidad financiera, productiva y com ercial del capitalism o (otras m anifestaciones serían el D erecho, las organizaciones jerárquico-burocráticas, la tec­ n o lo g ía ...), aun si la racionalidad capitalista hubiese sido dialécticam ente reelaborada en M a rx com o irracionalidad sustantiva de la sociedad por la división social que genera. Una aportación original de Lowith es recordam os la para­ doja de las raíces no racionales de la racionalidad y las irracio­ nalidades incomprensibles que la racionalidad moderna origi­ na. Por un lado, los poderes religiosos y las «representaciones éticas del deber», que se derivan de la religión, en el pasado fueron los elementos forinadores de la conducción racional de la vida, hasta tal punto que W eber pudo preguntarse p or la articulación intrínseca de la «ética protestante» con el «espíri­ tu» del capitalismo, así com o establecer sus relaciones. «La "afinidad electiva interna” de ambos es la dé la convicción eco­ nómica y la de la creencia. Ambas reposan sobre un “espíritu” general o etho¿, cu yo portador socialm ente destacado es la burguesía occidental;» Por otro lado, com o advertencia omi­ nosa frente al desarrollo incontenible de la racionalidad en la sociedad moderna, ese «espíritu universal de la "racionalidad” domina el arte y la ciencia, tanto com o la vida jurídica, estatal, social y económ ica del mundo humano m oderno. L o que p ro­ duce esa racionalización universal de la vida es un sistema de dependencia total, una “carcasa fuerte com o el acero” de ser­ vidum bre [...], úna “aparatización” general del hom bre, un inevitable estar-inserto de cada uno en la "fábrica”, en cada caso específica — de la econom ía o también de la ciencia— .Y “no obstante” (con un tal «no obstante» cierra W eber también la conferencia La política como vocación), esa racionalidad es jus­ tamente, para él, el lugar de la libertad». Puedo aceptar esta in­ terpretación porque la racionalidad, al liberar al hombre del mito o encanto de un orden trascendente que regula y condu­

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ce la vida en un solo sentido o por un solo camino, ha sido la condición necesaria para la aparición y aseguramiento de la li­ bertad com o independencia, y porque las decisiones de la liber­ tad com o autonomía y responsabilidad pueden surgir y ser eficaces sólo a condición de que sé establezca una corrección causal idónea entre los m edios/causas de la acción y sus fi­ nes/efectos, relación que la racionalidad ayuda a identificar y establecer. En el primer apartado de su interpretación de W eber, L owith nos habla de la form ación de la racionalidad moderna, de su aire de em ancipación y de creación de p od er social, mientras que en el segundo apartado asoma su cabeza oscura la amenaza de la servidumbre general que la racionalidad del poder y el control termina p or producir y que se materializa oscuramente en «las formas políticas de la burocratización y la estatalización», en la «máquina viviente» en que la sociedad llega o puede convertirse p or «la especialización racional dis­ ciplinaria y la escolaridad» hasta terminar en su contrario, en la extinción de su espíritu originario, en un «espíritu coagula­ do», sin vida, y en la identidad que se crea entre hombre y es­ pecialista con todas las negras consecuencias que despliega esa identidad contradictoria y parcial, com o está a la vista en nuestra sociedad contemporánea. A quí no tiene m ucho sentido reconstruir y resumir el reco­ rrido que Low ith hace de las tesis de W eber; baste recordar que el principio de racionalidad es estructural en la teoría w eberiana. En su vertiente histórica la racionalidad es la criatura de Occidente y el atributo distintivo de su historia social con­ temporánea. En su vertiente sociológica, centrada en la ejecu­ ción y los efectos de la acción social, «la acción racional referi­ da a fines» y «la acción racional referida a valores» son las piezasfundamentales sobre las cuales se construye y estructu­ ra el edificio teórico del orden social. Y en su vertiente meto­ dológica la construcción de los conceptos com o acciones ra-

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cionales estrictas o puras es lo que permite definiciones preci­ sas y consistentes, lo que posibilita clasificaciones y explica­ ciones de las acciones; reales a partir de su disconform idad respecto al concepto (tipo-ideal) — «desviación del desarrolla esperado: de la acción racional»— , así com o explicar y com ­ prender las acciones sociales y sus: resultados. C om o algo sa­ bido, W eber vincula racionalidad con calculabiUdad y controla.-: bilidad del mundo, pues sin estas dos condiciones las acciones no podrían construir su sentido y tener capacidad de efectuarlo. Por consiguiente, la racionalidad implica la posibilidad de es­ timar los efectos o resultados que se siguen d e ciertas accio­ nes, así com o la existencia de sujetos dispuestos, socializados u obligados a conducirse en sus vidas estim ando las conse­ cuencias de sus acciones. Por ello, el programa de la racionali­ dad del m undo supone que la producción y la com unicación social (la realidad social, podríam os decir) sean susceptibles de ser pensadas y organizadas con form e a unidades de un mismo valor unívoco y homogéneo. Esto se produce mediante la ciencia/tecnología, el D erecho y la moneda: elementos na­ turales, derechos subjetivos y moneda. Cuantificación, jundificación y monetarización son, así, las condiciones objetivas del cálculo y del control de las expectativas. Y estas tres racio­ nalizaciones del mundo son la creación de Occidente, el m odo de vida peculiar de O ccidente, el m odo hodierno o m oderno de O ccidente y su destino previsible. Las condiciones subjeti­ vas o el sujeto del cálculo y control son, lógicamente y en su opinión, el empresario capitalista, el dirigente político y el tec­ nòlogo. Si algo se le puede discutir al concepto weberiano de racionalidad, a partir de nuestras actuales preocupaciones, es que su noción de racionalidad fue elaborada en formato de es­ casez (al modo; económ ico), que es algo consustancial a la so­ ciedad, pero que dejó sin reflexión la racionalidad en condi­ ciones de adversidad y de incertidumbre, condiciones que en el tiempo actual de la modernidad son permanentes.

y que no se reduzca a otra ideología social. reelaborado con lá interpretación antropológica de Lowith. sino “humana” ». y com o m undo humano. más que con Ricardo y Smith. con la consecuencia total y radical de que «M arx exige una “emancipación del hom bre” no sólo política y económica.M ax W éber y Karl M arx 215 El segundo apartado de Lowith se refiere a la concepción de M a rx de la sociedad moderna. que és el objeto dél análisis crítico de M arx. «se le representa a él. el hilo conductor marxista es La enajenación. universalización y re­ conciliación del hombre. es lo que sigue haciendo que el marxismo sea una visión intelectual y moralmente interpola­ dora. una inhumanidad. que en parte representa la reivindi­ cación del joven M arx. en opinión acertada de Low ith. «fue la transformación de la filosofía especulativa de Feuerbach en antropología filosófica». un n odo dél hilo rojo y vivo de la izquierda que engarza las ideas y luchas p or la emancipación. que sé res­ palda en él giro de Feuerbach. Para él. com enzó en la posición antropológica de Feuerbach». Ese gi­ ro hacia el hom bre com o tal. Para muchos este proyecto humanista. «la crítica del hom bre de la sociedad burguesa de M arx. com o hegéliano que es. plataforma electoral o sistéma político. cuyo esfuerzo inolvidable fue «trans­ formar la filosofía autónom a del espíritu en una filosofía del hom bre». un mühdo humanamente invertido». El m undo bur­ gués-capitalista. y con ella la del mundo m oderno en general. . según las propias palabras dé Marx. o peor aún ree­ dite las historias dé horror y aniquilación social de los socialis­ mos de poder intolerante y de doctrina dé pensamiento único.lidad específicam ente “i-rracional”. com o solíamos decir en el pasado bajo la presión del cientiíismo éstructuralista.. sólo el resultado último en el cual “culmina” su revisión crítica de la filosofía dél derecho de H egel». com o una rea. antes que com o proletario. de m odo que. pero sobre todo re­ presentada observación sorprendente de que «la interpreta­ ción específicamente económ ica de tódós los m odos de apari­ ción de la vida humana es.

es un movimiento capaz de superar las contradicciones y avan­ zar hacia nuevas identidades sociales más sustanciales y uni­ versales. pero que p or «la produ ctividad de la con tradicción ». en Weber. rem ovible. La expresión económica de su problemática es el mundo de loé m erca n cía su expresión política. com o el destino ineludible de la racionali­ zación— [. bloqu eado p or múltiples y dolorosas contradicciones en las dimensiones cognoscitivas y prácticas de su vida. del mismo “orden” que viene á nuestro en­ cuentro.. del orden social y del orden econ óm ico modernos — esto es. la contradicción entre el Estado burgués y la sociedad burguesa.]: en su form a económ ica. Son incontables los artículos dedicados a la .. que se d e­ nuncia a sí misma y se muestra insostenible. em­ pero. debo reconocer que un párrafo de Lowith que puso orden recapitulador en mi cabeza desde su primera lectura y que me gusta recordar fue el siguiente: «M arx persigue esa enajenación de sí fundamen­ tal y general» que experimenta el hombre en todos los campos «del orden estatal. la existencia del proletariado». D esde el supuesto antropológico de que la sociedad m o­ derna constituye un m undo autocontenido en el que el hom ­ bre es pensado y actúa de manera enajenada. Al análisis e interpretación de las tres expresiones existenciales de la enajenación humana.216 K a r l L o w it h Las consideraciones sobre la filosofía hegelian ay el vuel­ co feuerbachiano son sugerentes y decisivas en la interpreta­ ción de Lowith. aunque pudieran ser discutidas p or especia­ listas de filosofía o p or aquellos marxistas que no aceptaron la fiebre cientifistay estructuraiista en la que decayó el mar­ xism o o que de ella y a sanaron y mantienen viva en su mente la empresa de materialización histórica que de la lógica y la fenom enología del espíritu llevó a cabo M arx. política e inmediata­ mente social. y su expresión inmediatamente hum anare¿z/. Lowith dedica la segunda parte final de su escrito. poniéndola de cabeza y convirtiéndola en m ovim iento humano que es.

autolegitimen y hasta autocelebren com o realidades sustentadoras y potenciadoras de la libertad humana que hacen posible que ésta sea la condi­ ción universal del conjunto social. median­ te el concepto de ciudadanía.M ax W eber y Karl M akx 217 explicación y manifestaciones de la alienación del hombre en la religión. así com o la universalidad establecida del Estado burgués que. el Estado. pero el mérito de Lowith es haberlas conectado y hecho interdependientes hasta convertirlas en los elementos constituyentes de la totalidad de una existencia humana invertida. bloqueando su universalización. p or lo que son opues­ tas al concepto. L ow ith repasa entonces la cosificación de la mercancía que aparentemente expresa la subjetivad del productor pero la destruye. a pesar de que. entre el . expresa y garantiza supuesta­ mente la libertad individual y la particularidad del interés pri­ vado. ser. conform e alas tesis marxistas. En ellas. trascendencia. religión y cultura se presenten. a pesar de que los hom bres las han producido. contradictoriamente. el mercado. co n agudeza. Se trata de la falsa concien­ cia que acompaña. «abstracción». mitiga y justifica la irrealización del hom bre en la sociedad capitalista burguesa. autonomía y soberanía. polí­ tica. falsa> contradictoria y autodestructiva. han alcanzado exterioridad. p on ien d o sus consideraciones en b o ca de M arx. «cosificación». «fetichización». sentido y posibilidades de la existencia humana. expone las contradiccio­ nes enajenantes que implica el desdoblamiento producido en la sociedad moderna entre m undo privado y público. inacabada. el pensamiento filosófico o en la cultura burguesa. Son particularmente notables las consideraciones que ha­ ce Lowith sobre el estado m oderno de los derechos del hom ­ bre y del ciudadano. nubla. Lowith nos muestra progresivamente las manifestaciones y las trampas del hecho de realizarse del hom bre en el mundo moderno y del creerse realizado en o mediante realidades que. economía. pero que en los hechos los contradice.

en general. Será una inmer­ sión que Seguramente les hará descubrir nuevas realidades o . para una nueva generación de jóvenes intelectuales y ciudadanos. la oportu­ nidad de sumergirse en el mar del poderoso pensamiento de M arx y Weber. quienes reflexionaron con honestidad y rigor ejemplar acerca de las dimensiones. com o Estado admi­ nistrativo burocrático racionalizado. com o una autoenajénación humana. que rehacemos. la existencia individual. p o r su enajenación acrítica. hom bre privado—necesariamente algo otro. rupturas. tan extraña com o permanece por otro lado su vida privada respecto al Estado. Porque com o ciudadano estatal el burgués es — en tanto él es. p or ende. características. el principio materializado del individualismo. para sí.218 K a r l LO w i t h burgués y el ciudadano. La sociedad burgue­ sa actual es. el hom bre considera que y a es una realidad o algo pronto a ocurrir. para el cual todo es m edio. tanto com o ellos se abs­ traen de él com o hom bres individuales. potencialidades y contradicciones de la m odernidad en las que nos encontramos. Su Estado es un Estado “ abstracto” porque él se abstrae. La lectura de Lowith puede representar. de la vida real. extraño. esto es. que tratamos de m ode­ lar y que también nos disgustan y frustran. la universalidad que el Estado m oderno pretende representar organizando y superando la fragmentación de los intereses privados y de los individuos libres. externo. no es sino otra forma de realidad quimérica que reproduce la reconciliación ilusoria del hom bre con su sociedad p e ro que. que a la vez contrapone al hom bre viviente en ellos en una exis­ tencia preferentemente privada y una pública. de la vida privada de sus ciudadanos. a menos que se exploten sus potencia­ lidades de unidad m ayor de aquí en adelante.» D ich o de otro m odo. des­ doblam iento que lia con d u cid o a contradicciones de difícil conciliación intelectual e institucional o a ilusiones de eman­ cipación y autonomía. entre sociedad civil y Estado. «M arx combate esa separación de los intereses particulares y generales. el fin último.

que no tiene por qué considerarse hostil a sus m odos de vida tecnológizados y de mayor independencia personal y asocia­ da. en muchos puntos. a pesar de parecer polvorientas. la lectura o la relectura de Lowith podrá ser ocasión pa­ ra no perder la memoria de problemas. pueden tener grietas y oscuridades que m e­ recen ser remediadas o ilustradas con las ideas de las viejas reflexiones inacabadas y. in form a ción . por supuesto. a pesar de que se las considere terminadas. c o ­ mo fue practicada por M arx y Weber. Y ese soplo. entre los cuales se encuentra. para nosotros. puede hacerles aprender una gramática más estructurada e integrada para hablar de la vida en sociedad sin la superfi­ cialidad optimista o pesimista que caracteriza a mucha políti­ ca. podrán apreciar y acaso emular la nobleza del pensamiento y la acción que exige una racionalidad cabal. también débiles de nuestros grandes maestros. sólidas y benéficas. L u is E A g u il a r V il l a n u e v a . Karl Lowith. A lo mejor sien­ ten el soplo de humanismo crítico y emancipador de las ideas de M arx y Weber. n oticia y p u b licid a d de n u estro tiem po. En cambio. a pesar de sus rudas afirmaciones sobre el desencanto o la enajenación del tiempo moderno.M ax W eber y K arl M arx 219 niveles de realidad social y también nuevos problem as que subsisten en hechos e instituciones sociales. respuestas y explora­ ciones que siguen siendo pertinentes para entender nuestro tiempo. todas segura­ mente honestas. S obre todo. Tal vez ésta sea la oca­ sión para reconocer ante nosotros mismos que las respuestas que hemos dado a las cuestiones que nos ha planteado y plan­ tea la vida en sociedad y nuestra misma vida. que dedicamos muchos años de nuestra juventud a estudiar a este par de inolvidades maes­ tros. y que pueden ilumi­ nar o enderezar nuestras búsquedas.