L/imensión V_/lásica

T E O R ÍA S O C IA L

Director de la serie: Esteban Vemik
La Serie Teoría Social reúne obras que son muestras del estado latente de la modernidad. Si la historia del pensamiento social y humanístico delineó un conjunto de textos clásicos sobre el legado modernista, a su sombra restan aún por recuperarse contribuciones incisivas que conservan viva la inquietud sobre los fundamentos de nuestro presente. La Biblioteca Dimensión Clásica se inicia con una Serie que se propone ampliar los horizontes del estado de la teoría social — tanto en sus resonancias filosóficas como político-culturales—mediante la publicación de un conjunto de ensayos claves hasta ahora alejados de los currículos universitarios, y que se ofrecen en todos los casos a través de traducciones cuidadas y textos introductorios de alto nivel realizados por los mejores especialistas en la materia, que, por un la­ do, devuelven los textos a su estado original de indicación y presenti­ miento^, por otro, los reintroducen plenamente en la discusión de lo contemporáneo.
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Karl

Lowith
M ax Weber y Karl Marx
Traducción de Cecilia Abdo Ferez Introducción de Esteban Vernik Posfacio de Luis F. Aguilar Villanueva

gedisa
O
editorial

Edición original en alemán: Karl Löwith: Sämtliche Schriften. Band 5: Hegel und die Aufgébung der Philosophie - M ax Weber, pp. 324-447, publicado por JYB. Metzler'sche Verlagsbuchhandlung und Carl Ernst Poeschel Verlag GMBH Stuttgart, Alemania. Copyright „ 1988 Director de la serie: Esteban Vemik Traducción: Cecilia Abdo Ferez Diseño de colección: Sylvia Sans Primera edición: junio de 2007, Barcelona Derechos reservados para todas las ediciones en castellano © Editorial Gedisa, S.A. Paseo Bonanova, 9 l° -la 08022 Barcelona, España Tel. 93 253 09 04 Fax 93 253 09 05 Correo electrónico: gedisa@gedisa.com http://www.gedisa.com ISBN: 978-84-9784-092-7 Depósito legal: B. 29789-2007 Preimpresión: Editor Service, S.L. Diagonal 299, entresuelo Ia Tel. 93 457 50 65 08013 Barcelona Impreso por Romanya Valls Verdaguer, 1 (Capellades, Barcelona) Impreso en España Printed in Spain Queda prohibida la reproducción total o parcial por cualquier medio de impresión, en forma idéntica, extractada o modificada, en castellano o en cualquier otro idioma.

índice

INTRODUCCIÓN: M a x W eber según Karl Lowith

Eéteban V ernik ........................................................................
M a x W eber y K a r l M a r x

9

K arl L ow ith ............................................................................. M ax W eber y Karl M arx ( 1 9 3 2 )..................................... I n tr o d u c c ió n ................................................................... A. La interpretación de W eber del mundo capitalista burgués según el hilo conductor de la «racionalización»........................................................ B. La interpretación marxista del mundo capitalista burgués según el hilo conductor de la enajenación de sí humana ............................................................... C. La crítica de W eber de la concepción materialista de la historia ............................................................... N o t a s .................................................................................. M ax W eber y sus seguidores (1939-1940) ................... La posición de M ax W eber frente a la ciencia ( 1 9 6 4 ) ............................................................... N o ta s .................................................................................

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77 109 117 135 149 180

POSFACIO: Entre el recuerdo y el olvido de los maestros: la exigencia de pensar la sociedad L iúj F. Agidlar Villanueva..................................................... 187

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1 Lowith siente una atracción intelectual m uy honda p o r W e ­ ber que... para regresar de nuevo al irracionalism o del encanto mágico. que él pone en práctica en sus trabajos socioló­ gicos.2 . estuvo marcada p or la palabra oída en La ciencia como vocación. Pero en el proceso de racionalización de W eber aparece de nuevo el puente con M a rx y la historia. Lowith se re­ fiere a W eber en varias ocasiones: El «desencantamiento» del mundo histórico por medio de la ciencia racional. pero que se manifiesta cada vez que expe­ rimenta el ejercicio weberiano de extremar la razón hasta sus límites más humanos.] ni la sociología marxista ni la burguesa vieron que la socio­ logía de Weber es el contrapunto de El capital de Marx. sin duda. por el diálogo que man­ tiene viva a la sociología en la confrontación permanente que surge entre su ala burguesa y su ala marxista: [.Introducción M ax Weber según Karl Lowith i Karl Lowith exhibe fascinación por la relación que existe en­ tre M ax W eber y Karl M arx. Este círculo que configuran la razón y la magia sirve para establecer una sociología antropológica de lo humano. es decir. C om o mago. debe de haber ejercido una especie de magia.

la cual fue el primer paso en el autoconocimiento del capitalismo.'' También Karl Jaspers. «com partía la con ­ cepción márxista del Estado y su ideología». un papel destacado en la construcción de su ima­ gen. Mientras Lowith elabora sus tesis sobre M arx y Weber. Si bien W eber rechazó muchas veces varios de sus postulados metodológicos. tal cóm o se aprecia en diversos testimonios. la filosofía existericial de H eidegger orienta sil pensamiento. se­ ñaló que M a x W eber. Podrá decirse que W eber mantuvo una posición bifronte.10 K a r l L o w it h «M ago» también era el apelativo de M artin Heidegger. A l mismo tiempo que consideró que el M anifiesto del Partido Comunista era com o «una patética profecía». que se alejó y se acercó a M arx. cuyo primer libro llevaba por título Eléociaium o de Fichte en relación con la doctrina de M arx. en cierto aspecto. La propia Marianne Weber. És­ tas. con el que Lowith exhibe la sociología weberiana del cír­ culo de lo humano. el ma­ go de M eéékirch. científicos y políticos — has­ ta el punto de haber sido calificado co m o «un M arx b u r­ gués»— / mantuvo siempre un entusiasta interés p or los escri­ tos de M arx. son las aristas del triángulo M arx. II Un breve ro d e o p o r la cuestión W eb er-M a rx muestra algo que muchas corrientes del ala marxista de la sociología'han pasado p o r alto: la riqueza del interés de W eber p or M arx. ha afirmado qiie: Max Weber admiró la interpretación materialista de la historia de Marx. como un descubrimiento científico que influyó de­ cisivamente en su propia perspectiva. quien tras la m uerte de M a x W eb er tuvo. pues.5 . W eber y H eideg­ ger. junto a Marianne. señaló su valor com o «una aportación científica de prim er rango».

quien informa que M ax Weber. W eber rechazaba todas las filosofías mate­ rialistas de la historia. habrá que decir que las diferencias epistemoló­ gicas y m etodológicas entre M a rx y W eber son sustantivas. En el mejor de los casos. en el ensayo «L a “ objetividad” cognoscitiva de la ciencia social y de la política social»8 afirma que hay que rechazar la concepción materialista de la historia. En este preciso senti­ do. un sentido interno del proceso histórico. ün mundo signado por Marx y Nietzsche. [. W eber consideraba que la construcción de M arx era sumamente im portante co m o con stru cción ideal-típica del p roceso de la historia. es decir.6 Sin embargo.. con la ayuda de tipos ideales es posible construir teorías de los procesos sociales que ten­ gan alguna sem ejanza co n leyes y que puedan servir com o pautas para medir el grado de apartamiento de determinados sectores de la realidad social cón respectó a estos m odelos nom ológicos. puede medirse teniendo en cuenta su actitud frente a Nietzsche y Marx. También en este punto. se engaña a sí mismo y a los demás. En primer lugar. en gran medida. El mundo en el que existimos es.] Quién no esté dispuesto á conceder que las partes más importantes de su propio trabajo no hubieran podido ser realiza­ das sin el trabajo de estos autores. y sobre todo de un filóso­ fo actual. Marianne W eber nos ofrece su consideración: . Según Weber. al menos. decía a sus estudiantes: La honestidad de un estudioso actual. en los últimos años de su vida.7 Así. pero en cam bio no estaba dispuesto a aceptarla com o enunciado ontològico.. no existe ninguna «ley» objetiva en la realidad social.M ax W eber y K arl M arx 11 M ás elocuente resulta todavía el testimonio de Eduard Baumgarten. aquellas filosofías de la historia que pretendían encontrar las leyes objetivas del curso de la historia o.

que dirigía la búsqueda de conocimiento a zonas enteras antes no iluminadas. Pero no sólo rechazó la elevación de estas ideas a una Weltarucbauung. negando explícitamente cualquier concepción que vea a los prim eros com o reflejo de los segundos. en realidad específicamente nuevo. A diferencia del marxismo. los railes en qué la acción se ve empujada por la dinámica de los intereses. no las ideas. como guardagujas. haciendo así del m arxismo una teoría rígida de la historia. en W eber se destila una con cep ción pluralista que trata de estimar la dinámica que envuelve a los intereses ideales junto a los intereses mate­ riales.9 Cabe no obstante señalar que M a x W eb er interpretaba de manera bastante indiferenciada a M arx y a la teoría marxista.Pero las «imá­ genes del mundo» creadas por las «ideas» han determinado con gran frecuencia. respecto a la cual en ese m o­ mento W eber no veía con claridad las diferencias entre M arx y sus seguidores ortodoxos. A l respecto es meridiana la célebre expresión de W eber: Los intereses. pues. . también es notoria la diferencia acerca del papel que desempeñan los intereses económ icos en los proce­ sos sociales. siguiendo de cerca el ensayo de Karl Lowith. si­ no que también se declaró en contra de que los factores materia­ les se volvieran absolutos y se les convirtiera en el común denomi­ nador de las explicaciones causales. materiales e ideales. son quienes do­ minan inmediatamente la acción de los hombres. a las zonas comunes que se superponen entre las obras de M a rx y Weber. W olfgang M omm sen señala que el elemento activista de la teo­ ría de M arx quedó oscurecido en las posteriores intérpretaciones de Engels y de Kautsky.12 K a r l LO w it h Max expresó su gran admiración hacia las brillantes construc­ ciones de Karl Marx. y vio en la investigación de las causas eco­ nómicas y técnicas de los hechos un principio heurístico fructífe­ ro.1 0 Vayamos. P or lo demás.

Pero. ál destacar que en ambas teorías subyace la situación del hom bre m oder­ no en la totalidad de su existencia. Tributario tanto de la herm enéutica com o de la geom e­ tría. En efecto. La exposición de Lowith comienza con una serie de puntualizaciones sobre los perfiles de ambos autores que merecen considerarse. Lowith remarca el com po­ nente existencial-antropológico de M a r x y dé W e b e ry obser­ va que el m otivo básico y original de las investigaciones de ambos concierne al m odo capitalista de ser humano. Tanto M arx com o W eber siguieron los aconte­ cimientos políticos de su tiempo e intervinieron en la vida pú­ blica con la misma pasión. convergían en unidad. A l igual que M arx. esta confrontación tomaba la forma de un triángulo. la interpretación de L o ­ with va más allá de lo señalado hasta el momento. p or el contrario. Los dos fueron científicos. En ambos casos sus estilos de escritura se apoyaban en gran cantidad de evidencias empíricas y en ex­ tensas notas a pie de página. podem os constatar la aparición de elementos novedosos. ade­ más. sea por medio del periodismo o por las intervenciones propias de los hombres políticos. W eber asimiló enormes masas de ma­ terial científico. Si para W eber la ciencia y la política debían mante­ nerse separadas. U no y otro fueron grandes filósofos sin querer serlo .1 1 Partiendo de las dife­ rencias entre ambos autores. al dar lugar com o tercera arista a la de la propia filosofía existencial de Lowith. para M arx. el m étodo utilizado p o r Low ith para su com paración es el de las perspectivas contrapuestas. aun­ que consideraban la relación entre ciencia y política de manera opuesta.M ax W eber y Karl M arx 1-3 III Si volvem os ahora a Lowith y al examen que realiza de la re­ lación entre W e b e r y M arx. Lowith trata de llegar a sus si­ militudes enfocando la teoría de M arx desde el prisma de la de W e b e r y la de W eber desde la óptica de M arx.

14 K a r l L O w it h ni asumirse com o tales. Observem os con m ayor detalle el análisis que Lowith rea­ liza p or separado de las interpretaciones que hacen tanto W e­ ber com o M arx de las estructuras fundamentales del capita­ lism o. L a interpretación de W e b e r da cuenta del m undo capitalista burgués en térm inos de «racionalización». ambos fueron esencialmente dociólogodfilodóficod. al considerar la tendencia universal al desarrollo de la cultura occidental. Si en La ideología alemana M arx se refería al mercado com o aquello que se expande sobre la tierra y «con su mano invisi­ ble» crea y destruye imperios. A qu í Lowith comienza señalando que la así llamada «objetividad» — y anota que W eber nunca habló de objetividad a secas. sino de la adíllamada. y siempre entre comillas: . L ow ith trae al recuerdo la carta de M oses Hess de 1841 que presenta a M arx com o «el más gran­ de. Así. no porque fundaran algún tipo concreto de «filosofía so­ cial». en su subyacente preocupación por la existencia humana. W eber — en uno de sus últimos escritos— . se detiene «en el poder que determina el destino de la vida moderna: el capitalismo». volviendo a la caracteriza­ ción de Lowith. Aunque W eber — com o también ¡sabemos por medio de Jas­ pers—gustaba de reconocerse ante todo com o un investigador. habremos de decir que ni su sociología ni la de M arx pueden confinarse a los límites estrechos de la especialización. cabe señalar que el ensayo de L owith mues­ tra cóm o ambos — M arx directamente y W eber indirectamen­ te—efectuaron un análisis crítico del hombre m oderno dentro de la sociedad burguesa. sino porque de hecho.1 2 En definitiva. esto es. com o un moderno especialista. y también. la célebre frase de Karl Jaspers: «E n M ax W eber vem os encam ado al filósofo existencial». cuestionaron la totalidad de la situa­ ción de la vida contemporánea bajo la rúbrica del «capitalis­ mo». quizás el únicofilódofo verdadero vivo». basado en la aceptación de que la econom ía se ha convertido en el destino de la humanidad.

en orden a un fin presupuesto. Se trata de una racionalización en la dirección de un m odo de vi­ da irracional.1 3 Consecuentemente.M ax W eber y K arl M arx 15 [.. inevitablemente. de validez universal. en un sentido específico. la objeción de W eber al marxismo — com o antes decíamos—no es que se base en ideales e ideas científi­ camente p o co probables. sino que la subjetividad de sus pre­ misas fundamentales se presenta con apariencia objetiva.] reposa sobre y sólo sobre el hecho de que la realidad dada es ordenada según categorías. Low ith dice. Así.ción. una noción que procura hacer inteligible precisamente porque el proceso general de racionalización de toda nuestra existencia se convierte en algo específicamente irracional.].. presentan \a. no indica qué es lo que «se de­ be».1 4 Por lo que su propósito es hacer explícitos los apriori de las ide­ as de valor que guían las acciones específicas. son duíjetivad. [. las cuales. la manera raciona­ lizada de hacer dinero con el único propósito de hacer dinero es algo específicam ente irracional.. irracionalidad. Sin embargo. nos re- . sino qué se puede consecuentemente. Por ejemplo. es decir. vemos que W eber resume la problemática de esta realidad bajo el concepto de «racionali­ dad». Este ejemplo dél dinero. con W eber: La autorreflexión científica.precondicwn del valor de nuestro conocimiento y están ligadas a la precondición del valor de aquella verdad que sólo nos puede dar el saber de Ja experiencia. esto es. si tomamos él tema fundamental de sus investigaciones científicas. ganar dinero para asegurarse un estándar de vida es racional e inteligible. la tendencia a la seculariza. ofrecido p or W eber en una res­ puesta crítica a Brentano1 5y com entado p o r Lowith. A q u í se puede observar que el elemento decisivo y elemental es que cada instancia de racionalización genera. que deja tras de sí la posibilidad in­ genua de la disciplina científica. En cambio.. con unos medios da­ dos.

en el inicio de La ética protestante W eber elogia a Simmel por «las brillantes imágenes» que se en­ cuentran en el capítulo final («El estilo dé vida») de la Filosofía del dinero. Y en efecto. el capitalism o sólo pudo ser el p od er que determina el des­ tino de nuestra vida m oderna porqu e previam ente. Ésta buscará ceñirse para lograr sus objetivos últim os con los m edios disponibles. en la vida social com o en la vida económ ica. Sabe­ mos p or Marianne W e b e f que uno de los libros que M a x W eber leyó en los m om entos en que salía de su primer colapso nervioso fue precisamente ése tratado. del dinero. de 1900. Pero lo ambiguo — y quizá lo p ro­ ductivamente ambiguo—de su form ulación trágica es que al mismo tiempo esa racionalidad es precisamente la que según W eber se requiere para la libertad. Pero L ow ith puntualiza que W eb er y M a rx han interpretado este destino de O ccidente de manera diferente: W e b e r no con cib ió el capitalismo c o ­ m o un p od er hecho de «relaciones» de fuerzas y m edios de p rod u cció n que se han con vertid o en autónom os. una carcasa férrea de subordinaciones en la que cada individuo está irre­ mediablemente integrado. tanto en las artes com o en las ciencias. lo cual nos lleva al imperativo ético de la responsabilidad de la .se desar rrolló el contexto para la racionalización de nuestros estilos de vida. Para él.K a r l L o w it h mite rauy directamente a los análisis de G eorg Simmel sobre la modernidad y a su célebre Filosofía. El espíritu general de la «racionalidad» dom ina a la hu­ manidad moderna. Para W e b e r el fenóm eno de la racion alización — que se pod rá estudiar tanto en la expansión del dinero com o en la de las burocracias—representa la principal característica de la form a de vid a de O cciden te. La racionalización universal de la vida con ­ figura un sistema de múltiples d ep en den cia s. lo cual ocurrió p oco antes de com enzar la redacción de sus ensayos sobre el p ro­ testantismo. en lo legal com o en lo administrativo.

A qu í se observa que M arx trata esta funda­ mental alienación universal del hom bre m oderno en sus es­ tructuras políticas. sino una emancipación más amplia. en términos de «aliena­ ción». L o que originariamente fue un mero medio (para un fin valorado). L a tensión ética del discernim iento entre m edios y fines — lo que supone que en ciertos casos los bue­ nos p rop ósitos requieran. qué de ha adaptado a ellas como una «carcasa inflexible». se convierte en un fin en sí mismo. y éstos son los mis­ . Esta relación fundamental entre medios y fines y su per­ versión m oderna sirvió a W eber para dar cuenta de los con­ ceptos de racionalidad y libertad.1 6 Si ahora nos detenemos en M arx. de tipo antropológico. cuyas administraciones. es decir. Y qué es­ ta emancipación será el resultado de la liberación del hombre de su (auto)alienación. en cambio. la interpretación dél mundo capitalista burgués se da. D e esta manera. perdien do así su original racionalidad propositiva orientada hacia el fin último del hom bre y sus necesidades. Lowith puntualiza que la crítica de M arx al lugar del hom ­ bre en la sociedad burguesa culmina en una crítica de la so­ ciedad y la econom ía sin perder su fundamental significado antropológico. el uso de m edios cuestionables— transforma la racionalidad de la responsabilidad en un ethod definitivo.M ax W eber y K arl M arx 17 a cción humana. en definitiva «humana». pero L o ­ with lee a W eber para señalar que: Esta inversión caracteriza a la completa cultura moderna. Estamos y a en el campo de las similitudes con M arx. instituciones y fábricas están tan «racionaliza­ das» que son Uu que involucran y determinan al hombre. socialés y económicas. existencial. los medios com o fines se reali­ zan en sí mismos perdiendo su sentido o propósito original. En este punto Low ith muestra que lo que M arx llama «emancipación dél hom bre» no sólo es una emancipación políticay económica.

Así. Lowith aborda la obra de M arx desde sus escritos tempranos hasta el M arx maduró y muestra que la temática de la aliena­ ción aparece con pocas variantes desde sus priméras inter­ venciones en la Gaceta Renana hasta el tom o 1 de 'Él capital. En su argumentación. Y ésta es la autoaliena. puesto que esencialmente las cosas es­ tán allí para los seres humanos. de 1876.1 7 Veamos pues. encuentra una tendencia latente. que debieran ser fines en sí mismos. Bajo el kilo con du ctor de la autoalienación del hombre. su des-posesión a favor de las «cosas».18 K a r l L ó w it h mos órdenes'que W eber situaba com o el destino inevitable de la racionalización moderna. «tendencia viviente» en aquellos escri­ tos tempranos que dan cuenta del mecanismo de autoaliena­ ción propio del capitalismo. En su interven­ ción de 1842 a. estos dos casos tal com o Lowith los toma para realizar la afirmación anterior. la extemalización del hombre hacia las cosas. que supone la alienación del hombre. A hí es don­ de M a ix muestra por primera vez la reveladora «inversión» fundamental entre medios y fines. M arx puntualiza que en tanto que algo com o la leña.ción. Low ith recupera: la continuidad del pensamiento del joven M arx con el posterior: contra cualquier interpretación que vea un período anterior burgués que luego se converti­ rá en filosofía marxista. brevemente. resulta (bajo cier­ tas coh dición és sociales) el determinante de la existencia y . Lowith muestra que el tema fundamen­ tal permanece.cerca de las leyes que penalizaban a los ladrones de leña¿ M a rx los consideraba com o aquellos que se ap ro­ pian de la leña para satisfacer necesidades básicas. apárente cosa-en-sí. es la expresión económ ica de la alienación humana del mundo capitalista burgués. entre objetos y personas. en tanto representante del carácter mercantil de todos los objetos (y aun de las personas) del mundo moderno. Entre sus análisis del rob o de lefia en la Gaceta Renana de 1842 y el capítulo I de E l capital. La mercancía.

M a rx se refiére a la fo r ­ ma mercancía. la conciencia humana se convierte en «cosificada»y las cosas en sí mismas resultan la medida de los hombres. la forma co sa y la forma dinero (que es la forma acabada del m undo de las m ercancías). en vez de que el hombre domine a ese proceso. el m ism o p ro ce so que atenderá W eber en su delineam iento de lás consecuencias negativas de la expansión generalizada de la racionalidad calculado­ ra. N uevam ente las cosas se em ancipan de sus productores y los dominan.M ax W eber y K arl M arx 19 ¡ conducta del hombre.. A qu í adjudica.. a la división del trabajo. com o mundo humano. es decir. caros a los sociólogos de la modernidad. aquella racionalidad que adopta la form a del capitalismo. Para M arx.1 8 En esos pasajes espectrales que siempre recordamos de nues­ tra lectura de EL capital. investi­ d o de inhumanidad. en tanto hegeliano. es decir. Las relaciones humanas se cosifican al mismo tiempo que las relaciones materiales resultan «humanizadas» con p o­ deres cuasipersonales. por último. M arx y a habla del carácter de «fetiche» que tiene la mercancía. que con Feuerbach transforma la espirituali­ . el proceso de predom inio dé lo cuanti­ tativo sobre lo cualitativo. las cosas hablan acerca de los hom ­ bres y bailan entre sí. en el análisis de la parte primera del tom o 1 de EL capital. Esto no se diferencia sustancialmente de lo que aparece. en el célebre apartado «El fetichismo de la mer­ cancía y su secreto».] se trata de una formación social donde el proceso de pro­ ducción domina al hombre. ese mundo burgués capitalista se le representa com o una realidad específicamente «irracional» y. M a rx vuelve sobre la alienación capitalista en los términos. de una in­ versión: [. En este texto temprano. Lowith encuentra en M arx un humanismo radical de cuño rousseauniano.

es el hombre como tai. el tema expreso de las investigaciones de M arx y de W eber es el capitalismo. sino p o r — y aquí aparece..1 9 Lowith señala de qué forma M arx tom a en cuenta la particu­ laridad concreta del hombre — su determinación com o hombre privado—en la sociedad capitalista. Finalmente. qué constituye la huma­ nidad del hombre en el mundo contemporáneo. la cual resulta fácticamente dividida por una «humanidad de especialistas». M arx exige una emancipación del hombre no sólo política y econó­ mica. . Esta cuestión im plica el discerni­ miento de qué es lo que hace humano al hom bre dentro del m undo burgués capitalista. O . en su interpretación de la teoría de M arx. su program a— «la superación de la sociedad de la división del trabajo en general. es decir. pero el motivo para su es­ tudio es la cuestión del destino del hom bre en el mundo con­ temporáneo.] lo que concierne a Marx. en primera y última línea. lo cual tiene un sentido p rofu n da­ mente antropológico. abreva de una antropología filosófica que interroga sobre la humani­ dad/deshumanidad del hombre en el m odo de ser capitalistaburgués: [. y aquí emerge la propia tesis de Lowith. Así. cuya naturaleza problemática se caracteriza por el térm ino «capitalista».20 K a r l L o w it h dad de H egel en pensamiento sobre la humanidad del hom ­ bre. sintéticamente. Muestra un cam ino para su reunificación no a través de un com unism o del amor entre «yo y tú» com o en Feuerbach. sino «humana». En definitiva. incluso después de creer haber descubierto la posibilidad del hombre «nuevo» en el proletariado. La crítica de M arx hacia el mundo polí­ ticamente burgués y económicamente capitalista se completa y alcanza su sentido en una crítica del m odo de ser humano en el capitalism o-burgués.. y de su carácter de clase en particular». más bien.

tras la guerra. p o co tiempo después . y a que «refle­ jan.. hasta lo que no tiene fin [. cami­ nando con gesto abatido y movimientos rápidos por la sala repleta.] la palabra de Webér era como una liberación. Nuevamente se detiene en el destino ineludible del capi­ talismo: la racion alización . el h ech o de «qu e en prin cip io todas las cosas se pueden con trolar a través del cálcu lo». la condición de un hombre obligado a investigar».]» . en principio. Allí quedó hondamente impresionado por la figura del expo­ sitor: Todavía puedo ver a Max Weber delante de mí. Lowith vuel­ ve sobre el tema de la ciencia y su especialización que nunca cesa. no impidió que. esto es. Constata que «ese progreso y arrebato de la ciencia se extien­ de.. [. pálido. su discurso fue taquigrafiado y publicado literalmente. IV La profunda impresión que ejerció la figura de W eber sobre el joven Lowith se mantuvo a lo largo de su carrera. hasta el infinito.] Hablaba de un modo totalmente libre y sin interrumpirse.M ax W eber y K arl M arx 21 qué constituye la deshumanización del hom bre en el mundo burgués capitalista. Karl Lowith con oció a M a x W eber cuando al p o co tiempo de volver a su M únich natal.2 1 Esa atracción p o r W eber. [.. [. a quien siempre con sideró «un hombre sobresaliente»..... vivió su «bautis­ m o» político-estudiantil co m o organ izador de las célebres conferenciéis La ciencia como vocación y La política como vocación. en el plano de la teoría del conocimiento.] La impresión fue estriemecedora. En oca­ sión de los festejos por el centenario weberiano.2 0 Vuelve a W eb er y ve que sus clasificaciones son mucho más que una reflexión sobre el método..

22 K a r l L o w it h de su participación en la organización de las conferencias de Munich. para volver a su patria dieciocho años después. L ow ith se traslada prim ero a Italia. el primer doctorando que H ei­ degger dirigió. luego a J a p ón y final­ mente a Estados U nidos. Simmel y Bergson. tal com o el propio Lowith recordará al fi­ nal de sü vida. desavenencias qué se mantendrán du­ . G ünther Anders. ' Vitalismo y existencialismo serán marcas que acompaña­ rán la trayectoria de L ow ith y que sin duda im pregnan las lecturas dé M a rx y de W eber qué realizó de joven. naturalmente. Junto a un grupo de camaradas. Pero en 1933. La situación lo llevará. quien. accederá a obras que le habrán de marcar a lo largo de su carrera: las investigaciones de Husserl. entre 1919 y 1923. LÒwith — com o otros tantos condiscípulos—se verá sorprendido por los posicionamientos de su maestro. Low ith vió de primera mano la lectura protoexisteñcialista que en los años veinte el mago de Meáókirch hacía de autores com o W eber o Simmel.2 2 Siendo el primer discípulo. durante su triste paso al frente del rectorado de la U niversidad de F riburgo y aun tiempo después. entre los qué habrá que nombrar a Hans-G eorg Gada­ mer. Lowith escribirá su tesis de doctorado y bajo su tutela también. H erbert M arcuse y Carlos Astrada. Lowith se trasladará a Friburgo primero y a M arbur­ go después. manifestaría su involucrarmentó en el régi­ men de Hitler. Dilthey. Bajo su supervisión. Seguiráya. en esos años de inicio de la República de Weimar. L ow ith com partió el con d iscip u lad o heideggereano en la búsqueda p or acercar la filosofía de la alienación del primer M arx á las teorías de la m odernidad forjadas p or un tipo de doctologia filosófica existencialista. Forzado por tales circunstancias a iniciar un largo exilio. a M artin Heidegger. ante la dramática coyuntura alemana. a soste­ ner desaveniencias profundas con quién había sido su direc­ tor de tesis doctoral.

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rante sus restantes años de vida, si bien nunca dejará de con ­ siderarlo su verdadero maestro. D e la tensa relación qué a partir de entonces mantendrán, p od em os señalar — apenas com o mención—tres momentos de encuentro. U no es el desa­ fortunado encuentro en R om a en . 1936, cuando H eidegger visita a su discípulo y amigo exiliado y no tiene la delicade­ za de sacarse la cruz gam ada de la solapa de su chaqueta. Luego, durante más de tres décadas, no se registran diálogos entre ambos hasta el homenaje a H eidegger en su cum plea­ ños número ochenta, en el que Lowith contribuye al Fedtdchrijft con un artículo crítico.2 3 En el ínterin, en el año 1949, ambos estuvieron a punto de encontrarse en M en doza (Argentina) con ocasión de un gran congreso de filosofía que tenía a H ei­ degger com o invitado principal: éste, en el último momento, no consiguió la autorización para asistir al encuentro, al que sí asiste Low ith, quien lo recordará com o un m om ento ex ­ cepcional.2 4 Pero en 1932, cuando Low ith com pone el texto al que nos hemos referido, aún se encontraba bajo la órbita de H eideg­ ger y el ascenso del nazismo no se había producido. En la his­ toria de las ideas, el texto aparece nueve años después que H istoria y conciencia de cLue de G yorgy Lukács, y tres después de Ideologíay utopía de Karl Mannheim, libros en los que ex­ plícitamente se apoya. D e M arx, a quien lee con la pretensión de acentuar el carácter existencial de sus análisis sobre la alie­ nación, no se conocían aún los Manudcritód económicod y filodóficod de 1844 que se publicaron en Pa.rís el mismo año en que Lowith publica esta monografía.2 5 Sí examina meridianamen­ te, sin embargo, otros textos tan tempranos com o Jos que apa­ recen mientras M a rx es redactor de la Gaceta Renana (18421843), especialmente el debate sobre el robo de leña, y también otras de épocas posteriores com o la Contribución a L a crítica de la filodofía del derecho de HegeL, para finalmente llegar al tom o I de E l capital· ...

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K a r l LO w i t h

Con todo, aún no había pasado m ucho tiempo desdé la pu­ blicación de la obra weberiana. Sólo siete años separan a esta m onografía de la aparición de Economía y sociedad. Pero L o ­ with no se referirá a este tratado en su ensayo, sino especial­ mente a La ética protestante y el espíritu del capitalism o, juntó al texto introductorio a los Ensayos sobre sociología de La religión, al ensayo titulado «L a objetividad», a la disputa con Roscher y Knies,3 6a la defensa que hace W eber del materialismo histó­ rico en su Crítica: a Stammler2 7y, especialmente, a la conferen­ cia que tanto había, impresionado a Lowith, «L a ciencia com o vocación». Resulta significativo que el título del ensayó de Low ith no sea «M a rx y W eber», sino, al revés, «M a x W eber y Karl M a rx », lo cual sugiere dos pü n tu alizacion es: una, qu e la obra de W éb er es la que se analiza con m ayor detenimiento a lo largo del escrito; y, en segundo lugar, que en la propia filiación de estudios académ icos w eberianos es donde apa­ rece el trabajo, qüe fue publicado en la probablem ente más p restig iosa revista a cadém ica d e la A lem an ia del prim er tercio del siglo XX, el Archiv fiir Sozialwissenschaft und Sozialpolitik, aquella que él m ismo W éber había coeditado y en la cual había aparecido la mayoría de sus trabajos más renombra­ dos, éntre otros «L a ética protestante» y «E l espíritu del ca ­ pitalism o». En definitiva, diremos que la tesis de Low ith es weberiana aunque esté marcada por el existencialismo heideggereano y p or el anhelo — proveniente de M arx—de vislumbrar un valor capaz de orientar el futuro de la humanidad. Agreguemos por último que en la aclaración que formula Lowith al inicio de su ensayo acerca de que la com paración que realiza no trata de con d u cir a ningún acuerdo entre M a rx y W eber, y a que mientras la vida terrenal «descanse en sí misma y sea entendi­ da a partir de sí» sólo con oce «lo irreconciliablé de la lucha de las posibles tomas de posición últimas para vivir»,2 8 vemos que

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el estudio de Lowtih no sólo se sitúa próxim o a la corriente de i las filosofías de la vida, sino más particularmente en tom o al

E s t e b a n V e r n ik

Notas
1. Karl Löwith, «La posición de Max Weber frente a la ciencia», p. 153 de la presente edición. 2. Ibidem, p. 152 de la presente edición. 3. Albert Solomon, «Max Weber, Die Gesellschaft», en Interna­ tionale Revuefü r Sozialismus un Politik, año II, n° 2, p. 144 [cit. por Wolfgang Mommsen, Max Weber: Sociedad, política e historia, Buenos Aires, Alfa, 1981, p. 313]. 4. Marianne Weber, Biografía de M ax Weber, México, Fondo de Cultura Económica, 1995, p. 539. 5. Karl Jaspers, Conferencias y ensayod dobre historia de la filosofía, Madrid, Gredos, 1972, p. 332. 6. Eduard Baumgarten, M ax Weber, Werk und Perdón, Tubinga, 1964, p. 554 y ss. nota 1 [cit. por Wolfgang Mommsen, op. cit., p. 172], 7. Wolfgang Mommsen, op. cit., p. 173. 8. Max Weber, Ensayos sobre metodología sociológica, Buenos Aires, Amorrortu, 2001, pp. 39-101. 9. Marianne Weber, op. cit., p. 332. 10. Max Weber, Ensayos sobre sociología de la religion, t. 1, Madrid, Taurus, 1987, p. 247. 11. Como antecedentes de este ejercicio pueden situarse los tra­ bajos de Simmel sobre Kant y Goethe, o sobre Schopenhauer y Nietzsche, que bien pudo conocer Löwith en su período de Marburgo. De esa épocasurgen las bases del que tal vez sea el más céle­ bre de sus libros, De Hegel a Nietzsche... Kierkegaard y M arx, en el que el autor revela brillantemente su utilización del contrapunto.

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12. M ax Weber, Erisayod dobre sociología de la religión, op. cit., p. 14. 13. Karl Lowith, «Max Weber y Karl Marx» y «La posición de Max Weber frente a la ciencia», pp. 43 y 165, respectivamente, de la presente edición. 14. Ibidem, pp. 44-45y 165-166, respectivamente, de la presente edición. 15. Véase Max Weber, La ética protestante y el espíritu del capitalis­ mo. Mexico, Fondo de Cultura Econòmica, 2004. Edición crítica de Francisco Gil Villegas, p. 95, n. 5. 16. Karl Lowith, «Max Weber y Karl Marx», p. 62 de la presen­ te edición. 17. En una carta a Marcuse del 20 de abril de 1932, Lowith es­ cribe: «Todavía no he podido hacer uso del Manuscrito económico-filodófico de Marx [...] pero creo que precisamente este manuscrito con­ firma por entero, esencialmente, la posición central que yo asigno a la autoalienación». Citado por E. Donoso, Una dobria inquietud. Lafi­ losofia deKarlLowith, Buenos Aires, Katz, 2006, p. 100. . 18. Karl Marx, El capital, t. 1. México, Fondo de Cultura Eco­ nómica, 1998, p. 99. 19. Karl Lowith, «Max Weber y Karl Marx», p. 79 de la presen­ te edición. 20. Karl Lowith* «La posición de Max Weber frente a la cien­ cia», p. 157 de la presente edición. 21. Karl Lowith, M i vida en Alemania anteé y después de 1933, Ma­ drid, Visor, 1992, p. 38. 22. Ibidem, p. 170. 23. Una traducción al castellano de dicho artículo aparece con el título de «La cuestión del ser en Heidegger: la naturaleza del ser hu­ mano y el mundo de la naturaleza», en Karl Lowith, El: hombre en el centro de la historia. Balancefilodófico del diglo XX, Barcelona, Herder, 1998. 24. El congreso se abre con una misiva del propio Heidegger, quien no es autorizado por las fuerzas de ocupación estadouniden­ ses para salir del territorio alemán, pese a las gestiones oficiales del gobierno argentino. Sí asisten al evento algunos de sus discípulos y allegados como Hans-Georg Gadamer, Karl Lowith, Carlos Astra-

Herder. la posición central que yo asigno a la autoalienación » [cit. Barcelona.. Algunas impresiones personales so­ bre el congreso se describen en Hans-Georg Gadamer. cit. «Max Weber y Karl Marx». 27. Critique o f Stammler. de la .]. por E. 1977. Karl Lowith. y Karl Lowith. cit. del 20 de abril de 1932. Lowith escribe: «Todavía no he podido hacer uso delManuscrito económico-filodófico de Marx. Que en la edición castellana aparece bajo el título. M i vida en Ale­ mania ante*)y deépues de 1933. Max Weber. The Free Press. 32 y 197. p. esencialmente. 28. entre ellos . pero creo que precisamente ese ma­ nuscrito confirma por entero. edición a cargo de Guy Oakes. 98. pp. op. En carta dirigida a Marcuse. 25. Nueva York. op. Mu) añoj de aprendizaje. de La irracionalidad de lad ciencias docialed. 1996. respectivamente.M ax W eber y Karl M arx 27 ¡ da y varias figuras reconocidas de la filosofia mundial. Donaggio. habría podido esclarecer aún más muchos aspectos relativos a la “autoalienación”. José Gaos y José Vasconcelos. nada apartado de su temática. 26. y «La posición de Max Weber frente a la ciencia».

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MAX WEBER Y KARL MARX Karl Lowith .

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Max Weber y Karl Marx

( 1932)

Introducción I. Planteamiento de la cuestión
Imbricada con nuestra sociedad fáctica, la ciencia de esa so­ ciedad es también iio una, sino dos, a saber: doc'wlogía burguesa y m arxismo. Los representantes más significativos de ambas líneas de investigación son M a x W eber y Karl M arx. El área de sus investigaciones es, sin em bargo, una y la misma: la constitución «capitalista» de la econom ía y de la sociedad m o­ dernas. Esta com unidad del problem a aparece en las nuevas investigaciones en sociología1 de form a cada vez más clara. Ese cam po de investigación no se v olv ió un problem a — uno fundamental—porque com prenda una problemática especial de la economía y la dociedad para ser tratada separadamente, sino porque encierra en sí al hombre presente en la totalidad de du dér humano, com o el fundamento portador tanto de la problemáti­ ca social com o de la económ ica. Sólo porque, en última ins­ tancia, es sobre el hom bre como tal donde tiene efectos y se re­ vela la problem ática del orden social y econ óm ico burgués capitalista, el «capitalismo» mismo también puede ser enten­ dido en su significado fundamental y ser objeto de una p re­ gunta sociai-filodófica. Si necesariamente el tipo de humanidad se revela en la form a de las relaciones de vida sociales y eco­ nómicas, entonces un análisis temático más o menos particular,

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tanto de la «econ om ía y la sociedad » capitalista com o del «proceso de p rod u cción » capitalista, contendrá en sí, com o hilo rector explícito o no, una mirada específica de ese hom ­ bre económ ico que es así y no de otro m odo; mientras que, co ­ m o análisis crítico de la econom ía y de la sociedad humanas se orientará, a la vez, por una idea del hombre diferente de lo fa c­ tual. Si las investigaciones «sociológicas» de W eber y M arx deben ser entendidas en su significado principialy radical, en­ tonces serán remontadas a esa idea del hombre en última ins­ tancia. «Ser radical es tom ar la cosa de raíz. L a raíz para el hombre es el hom bre mismo» (M arx, Introducción a la crítica de la filosofía del derecho de H eget). Tanto M arx com o W eber presu­ ponen la así formulada concepción terrenal radical del hom ­ bre. «E l hom bre, que en la realidad fantástica del cielo, en don d e bu scaba un sobrehum ano, sólo halló un reflejo de sí mismo, no estará y a dispuesto a encontrar sólo la apariencia de sí, lo inhumano, cuando lo que debe buscar y busca es su verdadera realidad» (M arx, ibid.). Se tratará de aquí en ade­ lante, por lo tanto, de lo siguiente: de nwdtrar, a travéd de análidid comparativoé del motivo de investigación búdico de Weber y M arx, lo común y la diferencia en du idea del hombre, como fundamento de la economía y la sociedad. Esa com paración no puede llevar a una reconciliación, porque mientras la vida terrenal «descanse en sí misma y sea entendida a partir de sí», só lo con ocerá «lo irreconciliable de la lucha de las podibled tomas de posición úl­ timas para vivir» (W eber, La ciencia como vocación). L o que puede y debería pod er hacer la com paración es hacer cons­ ciente la diferencia en lo común. Una comparación com o ésa presupone tres cuestiones: en la base de la com paración como tal está primero la premisa de que M arx y W eber tanto en su personalidad com o en su obra son «comparables», es decir, pueden medirse. C om o compara­ ción de algo con otro se presupone, en segundo lugar, que lo comparable, desde una perspectiva específica, es lo mL>mo, pe­

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ro a la vez también algo diferente. Y com o comparación com pa­ rativamente de uno y otro, a través de nosotros com o terceros, se presupone, en tercer lugar, que el correlato de ambas investi­ gaciones comparativamente es diferente. Esto es, su idea del hombre no ha sido, ni para uno ni para el otro, el fin conscien­ te y expreso de sus investigaciones, pero sí su m otivo origi­ nario. El tema explícito de las investigaciones científicas de M arx y W eber es el capitalism o. El impulso para su pesquisa es, sin embargo, la pregunta por el destino humano del mundo predente de lod hombreé, para el cual el «capitalismo» es la expresión característica de su problemática. Esa pregunta por nuestro actual mundo de los hombres, y a contenida en la pregunta por el capitalismo, implica por su parte una idea determinada de lo que en ese m undo capitalista hace «hom bre» al hombre, esto es, la pregunta por qué en é l , en el mundo, constituye su hu­ manidad. Revelar el m otivo de investigación de M arx y W e ­ ber desde esta perspectiva no afirma que ese motivo debió ser para ellos la tendencia rectora, sino que lo presenta com o el te­ lón de fondo constantemente efectivo de su búsqueda. Así, por ejemplo, la inclinación visible del M anifiedto comunista es una práctica-política, y la de los estudios religioso-sociológicos de W eber una teorética-histórica. Sin embargo, eso no excluye que el motivo subyacente y originario, tanto de esa «investiga­ ción» histórica com o de aquel «Manifiesto», pueda haber sido la única y fundamental pregunta por nuestra form a actual de ser humanos \Mendchdein\. Y entonces, por ejemplo, a la crítica agitatoria del «burgués» en el manifiesto marxista correspon­ dería el no menos «crítico» análisis del mismo «ciudadano» — juzgado totalmente de otro m odo—en el primer estudio reli­ gioso-sociológico de W eber: ambas críticas incidirían en nodotrod midmod en nuestra determinación histórica. Y presuponiendo que esa perspectiva comparativa no sea arbitraria, sino central para la materia, entonces esa pregunta deberá repetirse tam­ bién dentro de los escritos de M arx y W eber que se alejan de

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este tema: deberán mostrar pruebas de ello, p or ejemplo, tanto las primeras contribuciones de M arx en la Gaceta Renana com o Elcapital\ tanto los tratados «científico-teoréticos» sobre Roscher y Kiíies com o los Ensayo.» dobre sociología de la religión de W eber. Y a que ese m otivo fundam ental an tropológico, sin embargo, no es fácil de reconocer, porque en un caso es ocul­ tado p or la tendencia a la «cientificidad» aválorativa y en el otro por la «praxis» revolucionaria, es necesario, para com pro­ bar lo efectivo de la perspectiva comparativa escogida, desa­ rrollar una interpretación y un destacado — p or ella dirigidade lo que en la prod u cción literaria de M a rx y W eber sería efectivamente comparable.

II. Característica general de Weber y Marx
Nuestra primera tesis en relación con la com paracióíi posible entre W eber y M arx y a exige una fundamentación. N o obs­ tante; la diferencia, en apariencia inmensa, en la forma y en la extensión de su influencia la contradice. Mientras que M arx se volvió, á través de E l capital y del M anifiesto comuniáta, un p od er histórico de significación internacional, y que dé él surgió un marxismo; los trabajos teoréticos de W eber en los cam pos de la sociología, la política social, la historia de la econom ía y la econ om ía nacional, tanto co m o sus tratados políticos actuales, no fueron fructíferos ni en su más propia área — la de la ciencia específica y la política contemporánea— . W eber no hizo «escuela» desde ninguna perspectiva.2 M ien­ tras que los escritos de M arx han dado a una clase entera de la humanidad del presente la conciencia de una tarea histórico-humana, y que a través de Lenin aquéllos se convirtiéron en un efecto histórico mundial, M ax W eber aparece, casi inmediatamente después de su muerté> com o el representante que sobrevive al «liberalismo»3 político y científico, com o el

5A un cuando el «ateísmo» de ambos fue absolutamente diferente. tam­ bién él produjo a partir de enormes masas de materia científica y sigúió con la misma intensidad los sucesos políticos diarios. cuya argumentación a menudo parece no llevar a nada. el traba­ jo fragmentario de la vida y lá existencia de W eber incluye. de la salvación de una última «dignidad» humana. sin embargo. com o el hom bre «que siempre regresa. cuan­ d o un tiempo. Justamente de eso es visiblemente de lo que se trata: en cada caso de una «totalidad». en ambos casos. Extrema preocupación científica y agresi­ vidad personal se sustentan. Am bos disponían de la capacidad de efecto y de escritura de­ magógicos y. La pasión de sus comportamientos críti­ cos y el impulso de sus investigaciones científicas fueron a la vez su austeridad \SachLichkeit\. una vez más. a la totalidad de nuestro tiempo. de la cuestión del proletariado. y uno se pregunta cuál es el nervio vital de tal ve­ hemencia: si se trata de un proceso cotidiano o de una ocupa­ ción académica. y por eso. son los redactores de obras casi ilegibles. o si también se trata de Lasalle y Bakunin y del destino del proletariado— . porque quiere darse un final». a la vez. mientras que la propia responsabilidad fue también la ra- . resume su valor. siempre también de lo m ism o — en W eber. C om o M arx. de algo así com o de una «emanci­ pación» del hombre— . de tan sofocada que está de material e indicaciones. W eber analizó con desenfrenada e incansable precisión las teorías de cual­ quier mediocridad contemporánea.M ax W eber y K arl M arx 35 representante contradictorio de una época de la burguesía v i­ vida hasta el fin. y M arx fumigó la colmena de la «santa familia». sobre pequeñeces en apariencia.4 A pesar de esta falta visible de una vasta influencia. de la crítica de un libro o del futuro de Alema­ nia — de la pelea con el órgano censor de la Renania o con el «señor Vogt». los dos partieron de algún m odo de él: M arx cierra el prefacio de su disertación con una referencia a Prometeo «contra todos los dioses celestes y terre­ nos». aquí com o allá. en M arx.

aunque en ambas representó la posición del «especialista»— . «jurídicas» y «demagógicas» que W eber designó com o las propiedades características del político de profesión moderno. la totalidad del comportamiento teórico y práctico. En ambos se com bi­ naban. sur­ gió de un impulso completamente trascendente con respecto a la ciencia en tanto tal. las dos se unifican en M arx en la unidad del «socialismo científico».36 K a r l L o w it h zón del comportamiento crítico de W eber frente a las tenden­ cias religiosas del círculo de St. en última instancia. en ambos casos. con el carisma del «profeta». a las cuales nuestro entendimiento ha encadenado nuestra conciencia moral. el asir inme­ diato de «realidades» presentes. en la orientación según las oportunidades de la intervención política. en su trabajo científico. son cadenas que uno no arranca sin . porque para Weber. aquellas capacidades «pe­ riodísticas». y justamen­ te por eso ambos fueron algo diferente y algo más que meros te­ óricos. N o obstante. sino también en W eber que. George. rechazó e\M ani­ fiesto comunista — que se quiso diferenciar a sí mismo de aquel so­ cialismo «utópico» precisamente en que profetizó a partir de puras premisas «científicas»— . Sin embargo. mientras que para W eber «ciencia» y «política» están separadas porque él transgredió básicamente ambad — la una com o disciplina y la otra com o política partidaria. no sólo en Marx. hombres «científicos». que fue llevado del plan de convertirse en profesor a la política. al revés. Un tema específico de las investigaciones científicas de W eber fue el sig­ nificado mundano del profetizar. quien se in­ terpretó a sí mismo6 en el análisis de la profecía antigua judía. de la política se volvió hacia la ciencia. Lo que para ambos fue determinante.8 Tanto W eber como M arx abarcan. Lo que de sí dijo el joven M arx — «Las ideas que conquista nuestra convicción \Geéinnung\. de una praxis teorética y de una teoría práctica. en la reflexión sobre su división y unidad. y sin embargo. el M anifiesto significaba «un docum ento profetico» y no sólo «un logro científico de primer ra n g o »/ El impulso real de sus investigaciones «históricas» fue.

en tanto siguió a su demonio. quizá.]. Su presente nos dio la conciencia de que. lo podría haber dicho también W eber de sí.]. son demomos que el hombre sólo puede ven cer en tanto se someta a ellos»— . Él es representativo de lo que la época es de un modo sustancial [. Hemos visto real­ mente en Max Weber a un filósofo existencial. en su amplia alma producía efectos el destino de la época [. Siempre deseé para mí.9 Y de m odo similar a com o aquí un contemporáneo juzgaba a Weber. «filósofos». también un otro contem poráneo lo hacía sobre el jo ­ ven M arx: Ésta es una aparición que produjo en mí una poderosa impre­ sión.. hoy podría ser filósofo [.].... ambos podrían ser llamados. aun cuando no eran aman­ tes de la «sabiduría». su movimiento. en ella [en su personalidad] tienen las fuerzas de la época la más decisiva vida. también hoy. aunque yo me mueva en el mismo campo. con una claridad inusitada.M ax W eber y Karl M arx 37 desgarrar su corazón. Q ue ambos fueran filósofos en un sen­ tido especial — sin querer serlo— . Com o hom ­ bres científicos.. como docente de . porque aparecerá en público (tanto en escritos como en la cátedra).. quizás al únicofilósofo verdadero vivo que próximamente. como el único en nuestro tiempo y. en un sentido no común y particular. en resumidas cuentas el ser «filosofía com o especiali­ dad»: A muchos de nosotros Max Weber se nos apareció como filósofo [. hará recaer sobre sí los ojos de Alemania [.. Pero si él era un filósofo. En su personalidad están presentes la época.]. su problemática... puedes contar que conoces al más grande. el espíri­ tu pudo existir en formas excelsas.. Para resumir. en un otro sentido a como cualquiera. corresponde a que exigieron de la filosofía académ ica el ser «lógica» y «teoría del con oci­ miento». por lo demás. Mientras que otros hombres sólo conocen esencialmente su destino personal.]. cuyo entendimiento estaba encadenado a su conciencia moral. entonces lo era.

Una disciplina científica que se volverá defacto universal.1 1 Y así ambos fueron «sociólogos» en un sentido eminente. En realidad."’ L a sociología de ambos no era una disciplina científica estric­ tamente delimitada. pero n o p o r­ que ellos hubiesen fundado una «filosofía social» especial. en el mundo presente [. P or eso querer transformar la universali­ dad originaria de su planteamiento sociológico en un «sociologismo» que traspase las fronteras de la sociología disciplinaria sería tam bién completamente ilógico. si­ no porque de hecho y de acuerdo con su m otivo originario de investigación. una disciplina científica admirable: sin material propio. deje trabajar para sí a todas las ciencias y se haga fructífera en todas las ciencias — mientras que tengan algo que ver con el hombre Esa sociología es la forma científica que tiende a abrigar el conocimiento de sí (como uno social). pusieron científicamente en cues­ tión la totalidad de las relaciones de vida presentes bajo el tí­ tulo de «capitalismo». Am bos nos legan — M arx directay W eber .a h í humano \Dcu)ein\. ELcapital no quiso ser otra cosa que una críti­ ca de la «economía política» burguesa. Más específicamente. porque todo su material es trabajado antes por otras ciencias que en realidad sólo son específicas en su área. de cara a una problem ática fáctica de nuestro s e r . cómo antes la gran filosofía. y la sociología de W eber una disciplina científica: Es. fueron sociólogos filosóficos. siempre que. Y justo ahora siento euán novato soy en la verdadera filosofía. La concepción materia­ lista de la historia de Marx.. su plan­ teamiento sociológico da expresión a la transformación de la filosofía de Hegel del espíritu objetivo en un análisis de la so­ ciedad humana. que fue el primer paso en el aütoconocimiento del capitalismo.38 K a r l L o w it h filosofía/a un hombre tal..]. sin embargo. fue admirado por Max Weber como descubrimiento científico y aprendió decididamente de él.

M arx lo hace.1 2Una pregunta a la que M arx responde allí mismo. Igual que W eber se detiene tras una mirada a grandes rasgos de la tendencia universal del desa­ rrollo de la cultura occidental y dice: « Y así nos encontramos también frente al poder de destino más potente de nuestra vi­ da moderna: el capitalismo» (Ensayos sobre sociología de la reli­ gión. «E l progreso científico es una parte.]. p. sobre la base de la experiencia de que la «econom ía» sé ha vuelto «destino» hum ano. aunque pasible de ser transform ada de cuajo.. de igual form a se pregunta M arx en La ideología alemana·.M ax W eber y Karl M arx 39 indirectamente—ün análisis crítico del hombre presenté de la socie­ dad burguesa. com o el antiguo destino. en cambio. una re­ lación que [. respectivamente.. ha­ ce surgir pueblos y los hace desaparecer». la form a de su com portam iento m utuo» — una «terapia» para la que W eber sólo ha contrapuesto un «diagnóstico»— . portadora y exponente de ese destino universal. . que n o es más que el intercambio de productos individuales de diferen­ tes individuos y países [.]■ gobierne el mundo entero... com o empresa de especializaciones científicas. bajo su poder.1 3 Dentro de la interpretación de ambos del capitalismo se anuncia esa diferencia en el hecho de que mientras que W eber la analiza bajo el punto de vista de una racionalización universal e inevi­ table.] dirige reinos y los vuelve ruinas. pende sobre la tierra y con mano invisible [ . I. También ella es. en el hilo conductor de la economía burguesa-capitalis­ ta. Esa racionalización o autoalienación. «C óm o llega a suceder que el com ercio. de aquel proceso de intelectualización al cual n o­ sotros nos sometemos desde hace siglos y frente al cual h oy se ha tom ado una posición inusitadamente negativa» (W eber.. que caracteriza al capitalismo en su significado principia! abarca también lo prop io \Eigenart\ de la ciencia m oderna. bajo el punto de vista unívoca­ mente negativo de una autoalienacién universal. en sí neutral pero de doble significación p or su valora­ ción. 4).. al mostrar un camino p or el cual los hombres deben poder «tener dé nuevo. la más importante.

para por nuevas creenciad cambiarla o para deformarla. pp. aquí se trataría de una compensación dialéctica de conceptos y no de com prenderlas relaciones de la realidad» (Introducción a la crítica de la economía política. 1930. Tanto ahora com o antes. libre de mentira a la que la conducen. incluso de sus propias explicaciones científicas. p. P or eso. L a interpretación de W eber del mundo capitalista burgués según el hilo conductor de la «racionalización» I.. el espí­ ritu dominante de las edpecialídadej científicas — im bricado con una realidad desgarrada—es el que norma nuestros conceptos de verdad.. G u n d o l f . El motivo de investigación originario de Max Weber Verdad en tumulto de lad embrujadod que la aprenden. engañad tú dedde elfundamento a travéd de miled depuertad. guía. Verdaddin repodo dobre dóciled almohadad din rumiar lo masticado. F. el impulso crítico del presente de M a r x y W eber sólo puede ser igualmente vali­ dado frente la apariencia científico-especializante. D el mismo m odo responde M arx a los críticos de la econom ía política. quienes producen en ella un «desga­ rro barbárico de lo que pertenece junto»: «C om o ese desgarro no penetra desde la realidad en los manuales.).C . 535). X X I y ss. A .40 K a r l L o w it h D . Verdadcomo la mera aun de lad dignQaded dobre la nuca levantando edforzada cada ladtre de lodfaUod dioded derrihadod y el completo vaciadofirmamento como infierno.. desde los manuales en la realidad.. objetividad y ciencia.. sino al revés.

. es una ciencia de L o reaL. por el otro— » (D . porque y en tanto nosotros la pon ­ gamos en relación con ideas de valor.. 175). Querem os entender la realidad que nos rodea. nuestra realidad humana.C. Abarca aquellas partes constitutivas de la realidad que a través de esa relación se vuelven dignificativad para nosotros. Ésta.. ni tampoco el fenóm eno del capitalismo «en su significado cultural uni­ versal». sino hacer comprensible cóm o es que nodotrod somos hoy así. en tanto presupone la relación de las apariciones cultu­ rales con lad idead de valor [W ertideen]. [ . 170). ese autoconocimiento social-histónco. en medio de todas sus disquisiciones m etodológicas e investigaciones variadamente distribuidas—no era ésta o aquella particularidad. Ese campo — de cuyo análisis especializado se trata. p. que debemos empujar. las razones de su histórico vol­ verse así-y-no-de-otro-modo.].. y dolamente édad» (D .C . entre otras cosas también y pree­ minentemente. A ésa nuestra histo­ ria del presente pertenece. por un lado. el capitalismo1 5 (que sólo es un «extracto en el devenir de los destinos humanos»). en su «significado». entonces. El conocim iento de la rea­ lidad. no puede ser conocida nunca «sin presupuestos».. «El dignificado de la forma de una aparición cultural y el fundamento de ese significado no puede hacerse com prensi­ ble a partir de un sistema. «Un caos de “juicios existenciales” sobre incontables percepciones singulares sería lo único que . W eber lo distingue estric­ tamente del rastreo de «factores» últimos y de «leyes» univer­ sales.1 4 La investigación histórica no debe. en la cual estamos posicionados. tal com o nos volvimos. en lo que le &) propio — la rela­ ción y el dignificado cultural de sus apariciones singulares en su forma actual. p.. «digno de conocer».] La realidad empírica ed para nosotros «cultura». de conceptos de leyes [. sino: «La ciencia social. que nos rodea y nos determina. en el que se mueven las investigaciones de W eber es básicamente uno. aun perfecto. con ocer el sentido de cóm o fue (Ranke) o cóm o debe arribar algo con necesidad histórica (M arx).M ax W eber y Karl M arx 41 El campo específico.

C . p. por ejemplo. sin embargo. P or ejemplo. sino condicionado por la dirección de nuestro interés de conocim iento que. p. p or su parte. 177). no es ni un camino a «D ios». Pero esa realidad humana. significativa para nosotros des­ de distintas perspectivas posibles y «digna de con ocerse».1 6 El saber sobre la form a propia de nuestra ciencia posibilita a W eber la pregunta por el «sentido» de la ciencia racionalizada y especializada. en tanto ella.C . eso no puede ser fundamentado — científica­ mente^ a partir de ella misma.. de que algo se vuelva digno de conocerse y de ser cuestionado.42 K a r l L o w it h podría alcanzar el intento de un conocim iento serio. ni al «sentido verdadero». claro está. abarca también el hecho [F'aktum ] significativo de la ciencia misma en su devenir-así-y-no-de-otro-m odo.C . sino que su determinación es condición de que haya un objeto de esa investigación» (D . Esa significación es lo que es. surge del específico dignificado cultural (de tales «suce­ sos») (D . que desconoce de sí. 175-176). en tantp es para nodotrod hombres. o qué tipo de significado tiene. Q fiétiene. en tanto vuelta «posi­ tiva». «eso no es. aun cuando no lo sea necesariamente para nosotros com o individuos aislados. de la realidad. “sin pre­ supuestos”. significado para nosotros.. concluíble a partir de una investigación “sin presupuestos” de lo dado em­ píricamente.1 8 Si esa ciencia tiene algún «sentido». com o un fenóm eno «socioeconóm ico» no es nada objetivo que lo sujete com o tal. pertenece al «espíritu» y a la falta de espíritu del «capi­ talismo». y también de la creencia banal en la cien­ cia de la m ayoría de los marxistas. el «hecho» del significado «capitalismo». Esto mismo.. La calificación de un suceso. y a lo diferencia fundamentalmente de tod o otro ávido de saber. pp.1 7 La ciencia establecida disciplinariamente. el hecho de que W eber involucre su preferencia científica de co ­ nocer con la form a p ro p ia y la problemática histórica de nues­ tra completa vida moderna. Y ese misino resultado sería sólo en apariencia posible» (D . 161). puro especialista de disciplina. ni siquiera un camino a la .

C . aunque sea científicamenté relevante. 212) y . L o que puede y debe suceder por el fin de la «objetividad» científica no es una ilusoria minimización de la «subjetividad». L o que exige esa doctrina no es la extirpación de las «ideas de valor» e intereses de peso. p.C . en verdad. com o un «socialismo» cien­ tífico. sino su visibilidad. L a pregunta « m etod ológ ica » de W eb er p or el valor de la ciencia es básicam ente la misma pregunta frente a la cual Nietzsche ha puesto a \a. nó es que ésté sea llevado p or ideas e ideales indemos­ trables científicamente. Quiere.1 9 L o que W éb er com bate en relación con esto en el marxismo. sino que en nosotros aquella volu n tad de verdad ha ven id o como problem a a la concien cia? ». La línea que divide ciencia de creencia es «delgada com o un cabello» (D .filosofía cuando pre­ guntó por el sentido y el valor de la «verdad» — porque «¿qué sentido tendría nuestro ser-ahí \l)asein\. 2 1 3 ). La así llamada «objetividad» — y W eber no habla de ella de otro m odo que de una así llamada. sino el claro y consciente hacer notar y él tom ar-en-consideración aquello que es científicamente indemostrable. que justa­ mente los patrones externos a lo cien tífico de la valoración científica sean contemplados. p. W eber levanta la demanda de la así llamada libertad válorativa del juicio científico. el ju icio científico es absolutam ente no separable de un ju icio valorativo. sino que presente lá subjetividad d e .. sólo que am bos deben ser distinguidos uno del otro. Partiendo de que «la creencia én el v alor de la verdad científica» es «producto de culturas determinadas».. las cuales en un sentido específico son subjetivas. esto es.M ax W eber y K arl M arx 43 prop ia «felicidad». m ucho más.com o fundamento de una posible toma de dis­ tancia respecto a ellos. presentan la precondición de nuestro conocim iento y están ligadas a la precondición del í'iz/tfrde aquella verdad qué sólo nos püedé dar el sabér de la experiencia» (D . entre comillas—«reposa sobre y sólo sobre el hecho de que la realidad dada es ordenada según Categorías. Ella [la libertad] significa com o p oco una vuelta a la pura cientificidad.

universal. se discute y pelea». 151). y así liberarlos para una clara dis­ cusión y contraposición sobre sí mismos.. eludirían la discusión cientí­ fica.. «Contra esa mezcla. por medio de la crítica científica (por ejemplo de Rosch e ry Knies) y de la autoconciencia. no se sigue de ninguna manera «que los juicios de valor. «en parte. D e la afirmación básica de W eber de que las normas y los ideales vinculantes no son científicamente fundamentables. que deja tras de sí la positividad ingenua de la disci­ plina científica. no en última instancia. se erigen las anteriores argumen­ taciones. a la conciencia de lo «en última línea querido» (D . el marxismo no es sólo muy poco creíble científicamente. y no contra el interve­ nir p or los propios ideales.C . sino que lo es demasiado. p. sean deducidas com o tales del entendi­ miento. 149). realmente y en parte. y con ello de que no existe ninguna «receta» para la praxis. W eber caracteriza com o filosofía social a ese desvelam iento de las ideas e ideales en verdad rectores de las investigaciones científicas.44 K a r l L o w it h sus precon dicion es fundamentales bajo la apariencia de su validez «objetiva». que las «ideas». porque en última instancia [. sino qué se puede consecuentemente. 157). Y así le atañe a Weber. La autorreflexión científica.C .. p. en orden a .. Lo último que la reflexión científica puede rendir sobre esto es «traer a la conciencia los patrones últimos que se manifiestan en el juicio de valor concreto». entonces. con unos medios dados. no indica qué es lo que se «debe». p.] tienen orígenes “subjetivos”. [. Según Weber.C .. La fa lta de actitud moral y de opinión y la “objetividad” científica no tienen la más mínima familiaridad interna» (D . La pregunta es más bien qué significa y persigue la crítica científica de los ideales y juicios de valor» (D .] La crítica no se detiene frente a los juicios de valor. que mezcla ambas.. para las cuales. con lo cual se halla científicamente «atrapado» en sus propios juicios de valor y prejuicios. supuestamen­ te. Le falta el «desprejuicio cien tífico» en relación con la dignidad del planteamiento de la objetividad científica..

Una investigación así debe parecer al especialista científico ne- . el «sentido» del acontecer del mundo. sino que se podría decir que «suspiró aliviado. p. Si hubiera aún. sin em­ bargo. o bien engañarse teóricamente a sí mismo sobre la seriedad de la situación ac­ tual. 39) — suspiró aliviado. entonces podría haber también «valores» de validez universal. Mientras que Dilthey intentó. no obstante. sólo hay una lucha de m uchos «dioses». una vez más [ .] puede. «en lugar del deber ser». grandes comunidades reli­ giosas y «profetas».. p or nosotros mismos». «Sólo un sincretismo optimista [ . y a citado.M ax W eber y Karl M arx 45 un fin presupuesto. o bien eludir sus consecuencias prácticas» (D . pero decisivas hasta en lo más particu­ lar). porque la investiga­ ción científica es llevada a cabo por presuposiciones de tipo humano (inexplicitas. pero sobre todo nos permite saber qué es lo que verdaderamente se «quiere». y en la renuncia a la «filosofía catedrática metafísica». p. en el reconocim iento del mismo estado de c o ­ sas.] . y «con ­ cepciones del m undo». haber con o­ cido que nosotros «debem os crear. La presupuesta ¿«validez «objetiva» de nuestros patrones de valor últimos. no sólo «renunció» también a eso.C . por su parte. así com o la falta de normas universales vinculantes.2 0 con iguales derechos. más bien ese déficit surge de la forma propia de aquella época cultural cuyo desti­ no es haber com ido «del árbol del conocim iento».. en cada caso... 154). de acuerdo con su idea de la «libertad» del «hom bre»— . no pertenece.. tan pronto com o fue demostrada. W e ­ ber llega a la tarea y a no ¿í>c¿?/í^¿M-disciplinaria sino social-/íLosófica de hacer explícito. «valores». de­ sarrollar valideces universales desde la «conciencia histórica» misma. la imposibilidad de sancionar juicios de valor de validez objetiva» (Honigsheim. porque el hombre es el presupuesto del especialista. a la esencia universal de L a ciencia. «ideales». lo a priori de las ideas de valor norm adoras en la investigación científica singular. C om o éstos «n o» están «ahí». de la «anarquía en todos los más profundos convencimien­ tos». Entonces. W eber.

ella demanda un retroceso filosófico al entendimiento del «sentido» posible de la objetividad y del conocim iento. marca en W eber el ethos de la teoría. con los medios de la ciencia. esto es. no tiene sólo el fin de sindicarlas com o presupuestos dados y ple­ nos de significado. de la Ln-creencia en las ideas de valor tradicionales de la investigación científica. de una creencia totalmente determinada. El signo más universal de esas ideas de valor tradicionales es su demanda de una objetividad in-condicionada. aquella conducta que a partir de lo que no «está ahí disponible» extrae sin embargo consecuencias positivas. en verdad. y de ambas com o de la conducta. sino que. La creencia de la ciencia en las normas objetivas y en su fundamentabilidad científica es lo que W eber com bate fundamentalmente. Esa liberalidad es «científica» en el mismo sentido en que M arx habla de una conducta «científica» com o de una «críti­ ca». p o r su parte. porque «de ella» -c o m o subraya el mismo W eber— 2 1 no surge «nada». sino que esa vuelta al sen­ tido de la objetividad científica surge. p o r el contrario. P or eso. sino el sentido m ucho más determinante del «desencanta­ miento» en su contenido. una nada en dirección al progreso positivo-científico. Esa liberalidad científica. respectivamente. sin embargo. L os dos tratados ejem plares sobre R osch er y Knies significan una destrucción m etódica de determinados prejuicios y juicios de valor. en tanto contradicen . esto es. de las ideas de valor rectoras de las investigaciones científicas. el desvelamiento minucioso de lo «en última instancia querido» o. El motivo origi­ nario de esa reflexión no es la preocupación p or una «m eto­ dología» que camina sobre el vacío.46 K a r l LO w it h cesariamente estéril. En verdad digna del hom bre es para él. El fin en verdad positivo de sus tra­ tados teórico-científicos es la deconstrucción radical de [las] «ilusiones». específicamente de aquellos que obstaculizan la «liberalidad científica». «humana». aun también contra los propios pre­ juicios. para dejarse reposar después sobre ellos. y a favor de la «liberalidad» científi­ ca.

por su parte. Sin embargo.M ax W eber y K arl M arx 47 el hecho histórico-humano de que hoy es «cotidianeidad reli­ giosa» que la ciencia — dicho con N ietzsche—sea Un «ateísmo científico». la ciencia se inclina también a . Entonces. se vuelve inseguro. sin controlar conti­ nuamente el valor del conocimiento de los hechos singulares se­ gún las ideas de valor últimas. Y está bien así. rechaza también el material que es indi­ ferente para la «libertad del nuevo pensam iento» y fun da­ menta. la orientación supuestamente excluyente según el pathos dé la ética cristiana hubiera cerra­ do los ojos para ello»— . sin ser consciente de su anclaje en esas ideas de valor en general. en general. durante un siglo. com o si esas disquisiciones metódicas y conceptuales tomadas para s i tuviran algún significado cual­ quiera. de una vez. la necesidad de esas disquisiciones. terminar en el cuestionamiento no sólo de la ciencia y de la cultura modernas. a un material espe­ cífico y se haya creado sus propios principios metodológicos—la reformulación de ese material como fin en sí. co n interna consecuencia. p o r último. W eber cierra su tra­ tado program ático sobre la «objetividad del conocim iento científico-social y político-social» con la defensa frente a un posible malentendido. el camino se pierde en el alba. el sentido fundamental de su crítica especial a la filoso­ fía del derecho de H e g e ly su «m étodo». Es­ te m otivo principLil de sus disquisiciones m etodológicas era tan bien con ocido por Weber. La luz de los grandes problemas culturales se ha explayado más. en última instancia. com o M arx tenía claro. las disqui­ siciones «m etodológicas» de W eber. sino en el de nuestra orientación presente en la vida. del m odo siguiente: Todo trabajo científico-cultural en una época de especialización contemplará — después de que a través del planteamiento especí­ fico de problemas esté enfocado. positivam ente. Éstas parten de la com ­ prensión para. irreflexivamente valorado. D e la conciencia de esa situación especial — «des­ pués de que. en apariencia estériles. Pero en algún mo­ mento cualquiera el color cambia: el significado del punto de vista. surgen.

y a través de ello surge la insegu­ ridad sobre la «esencia» del propio trabajo. en todo lugar. Esa situación está dada indiscutiblemente. aunque sea exactamente ese resto el que produ­ ce en él la articulación del todo.C. En los análisis de R oscher del aconte­ cer histórico se conserva. específicam ente aquel que R osch er no quiere de ningún m odo aclarar. en el presente (D. y eso significa en última instancia: a una relación oscura del hombre cogrwdcentefren te a la realidad de nuestro mundo predente. pero en situa­ ciones determinadas. aparece la idea de que los nuevos «puntos de vista» también exigen una revisión de las formas lógicas en las cuales la «empresa» heredada se movía. histórico-humanas. sin capacidad de identificación y solución de problemas objetivoj. más específicamente cuando: [. o también.] como consecuencia de fuertes desplazamientos de los «pun­ tos de vista». vueltos sin fundamento. com o «pensamiento de D io s » y «de­ . Las contradicciones curiosas que él señala en los trabajos de R oscher se refieren a una relación oscura entre concepto y realidad-. En los tratados sobre Roscher y Knies. y desde lo más alto del pensamiento mira la corriente del acontecer (D. 214).48 K a r l L O w it h cambiar su posición y su aparato conceptual. p. W eber ha desarrolla­ do hasta en lo más singular la demostración y el desencanta­ miento de los patrones últimos del juicio científico. 218). En y para sí. para la historia... Imbricado con el volverse incierto de las posiciones y puntos de vista tradicionales cambian también los métodos y la conceptualización de la ciencia. p. bajo los cuales un material se vuelve objeto de pre­ sentación.. se vuelven inevita­ bles e importantes. Ese fondo que penetra en to­ dos lados es nom brado p or R oscher de diversas formas: ya sea de m odo m oderno y b iológ ico com o «fuerza de vida».C. las puras disquisi­ ciones m etodológicas se muestran inútiles. un «fon do» inaclarado. alternativamente..

la expresión de ideales «claros y materia­ lizados consecuentemente».C.M ax W eber y Karl M arx 49 cretos sobrehumanos». 1 5 5 y 157) no se refiere tan sólo a las contradicciones y oscuridades «lógicas» (com o parece ser a menudo. de la que W eber lo extrae. un progreso en la liberalización o. 63. El no es. Roscher constituye menos una contraposición con Hegel que una atrofia. in consecu en te. La metafísica hegeliana y el dominio de la especula­ ción sobre la historia han desaparecido en él. sus brillantes cons­ trucciones metafísicas fueron reemplazadas por una forma casi primitiva de superstición religiosa moderada. Así. Incluso en la vida científica. pp. 56. podría casi decirse. A quí se vuelve totalmente claro que la exigencia de W eber de una «liberalidad científica» (D . de acuerdo con las propias pala- . el carácter «emanatista» de las argum entaciones lógicas de Roscher.2 2 aun cuando él evite prudentemente una apelación directa al orden de D ios en la formulación. una «falta de presupuestos» del trabajo científico (D. pero tam poco reduce el conocim iento de la realidad a lo humano y «empíricamente» comprobable. no obstante. Ese m étodo se conserva tan ple­ no de contradicciones com o es en general la reunión de una investigación «liberalizada científicam ente» con una «posi­ ción religiosa». Una creencia en L apredicción indeterminada-determinada fundamenta con ello.. un «más alto» im­ pulso divino debe limitar el beneficio terrenal propio. por lo menos. 41). como se nombra hoy de forma ina­ propiada. en última instancia. de m odo alguno. en el m étodo de R oscher permanece un producto lleno de contradicciones. p. y ese presupuesto interviene también de m odo decisivo hasta en la estructura lógica de su «econom ía estatal».2 3 un p rod u cto de acuerdo con su personalidad «moderada. Hacemos aquí no­ sotros. mediadora». la observación de que junto con ello avanza. un proceso de sanación..C . N o deduce hegelianamente la realidad de las «ideas».

con algo así com o una fuerza de vida unificada. Después. por ejemplo. p. Gomo le sucediera antes a R os­ cher. en Alemania preeminentemente bajo la influen­ cia de la escuela jurídica histórica. se muestra com o resultado.. también Knies choca en todo lugar con un «fondo oscu­ ro». esto es. lo concreto. sino al hecho de que el proceso científico y lógico tiene el «valor» de la claridad y la liberalidad.. aun cuando — com o señala W eber—m uchos poderes culturales. han mostrado un tipo de hombre que encierra exactamente aquella imagen ética «plena de contradicciones». es lo que caracteriza su méto­ do «em pírico» (D .50 K a r l L o w it h bras de W eber). Análogo a lo analizado en los escritos de Roscher.. com o el puritanismo.. también en la crítica a Knies W eber deja claro sobre qué bases filosóficas principiales descansa su «concepto de libertad» y qué consecuencias tiene esto para su efectividad en la lógica y en la metódica de la ciencia económica. com o el último agente en el acontecer histórico y principio de su inter­ . orientada a lo «cotidiano». La liberalidad de lo no atrapado en ideales trascendentales. Ahí se muestra inmediatamente que [. pero decisivo para. dada objetivamente. p. 39). dado que — en oposición con la interpretación de là historia religiosa dé R oscher— es expresión d e una con cep ción de la vida pura­ mente terrenal. 138). la cual. Otra vez algo muy abstracto. y ésta es connotada otra vez co­ mo una falta de contradicción.] también Knies está en el círculo de aquella doctrina del derecho natural «orgánico». Junto con ello avanza un p re -co n ce p to determ inado de lo que sería «moral».C. penetró en todas las áreas de la investigación del trabajo cultural humano (D. que Knies presupone la perso­ nalidad com o ima «sustancia» individual. La unidad formal de la personalidad se transforma subrepticiamente en él en una unidad orgánica-naturalística. W eber comienza con la pregunta de qué concepto de personalidad se combina con el concepto de libertad de Knies.C . históricamente utilizada.

con él. en lo que es «una decoloración de la creencia pietista de R oscher de que las “almas” de los singulares. su punto de vista tradicional. sino que esa «lógica» emanatista misma es la consecuencia de presupuestos universai-metafísicos u ontológicos que.2 4 Lo que él no «consigue» no descansa tam poco aquí en un puro error «científico» o en una carencia de agudeza «lógica». a través de ese m étodo y en cada concepto. Éste. sino el método fundamental y. simultánemente. Una con la realidad. p or su parte. vuelta absolutamente terre­ nal y objetivamente sin sentido. se vuelve aprehensible en el carácter «emanatista» de sus conceptos fundamenta­ les. sustancm l-m etafüicam ente. en consecuencia. se fundan de nuevo en lo que Dilthey ha caracterizado com o un resto de una posición metafísica del hombre respecto a la realidad. tampoco un mero «apara­ to conceptual» lógico. 143). la relación entre «concepto y realidad». se originan directamente en la m ano de D io s» (D . También Knies está todavía bajo la influencia del epígono de la metafísica histórica hegeliana. mientras que y en tanto él no está todavía orientado te­ rrenalmente de forma decidida.C . la cual se presenta. desviada a lo antropológico-biológico. El carácter de constructo y el tinte «nominalista» de los conceptos m etodológicos fundamentales de W eber y su completo m odo de cientificidad no proceden de . sino que Knies es oscuro científi­ camente. Los individuos y pueblos son presupuestos..M ax W eber y K arl M arx 51 pretación. «en el espíritu del rom anticism o». p.2 5 Lo que W eber demuestra tácticamente no es una pura oscuridad científica. y desaparecen todas las definiciones «sustanciales» de la «for­ m ación» \Gebilde\ social. y tampoco él logra aclarar. Lo que cambia en W eber con el sacrificio radical de la conceptualización emanatista de Rosch e ry Knies no es. com o las de los pueblos. se transforma también la con ­ ceptualización emanatista en una «construcción» típica-ideal. Colectivo real y término genérico se desplazan en él el uno en el otro. así y no de otro m odo. con liberalidad científica. el concepto patrón de realidad murria.

2 6 en tanto él mis­ mo. la definición ejemplar de W eber del Estado a partir de la «posibilidad» de que «determina­ das formas del hacer social (específicam ente de hom bres singulares) se produzcan» es sólo com prensible — com pleta­ mente com prensible—a partir de que subyace a ella. com o personas singulares pri­ vadas. a producir prime­ ro la relación con una realidad com o la «suya» y a «crear» el sentido. subrayadamen­ te «realista». esto es. el cual fue retrotraído hacia sí mismo por un mundo vuelto o b ­ jetivamente sin sentido y sobrio y. por lo tanto. dich o con M arx: una «universalidad abstracta» sobre los individuos. Pueblo. esto es. es un «instituto» racional. sino porque una concepción tal estaría atrapada en prejuicios e ideales trascendentes. com o modelo. práctico y teorético. por ejemplo. p or eso. La «construcción» típica-ideal tiene com o fundamento un hombre específico «sin ilusiones». agregamos. y el mundo en el que nosotros «estamos ubicados» no legitima y a ta­ les prejuicios— Así. de alguna forma.52 K a r l L o w it h una condición inmediata de la ciencia.2 8 . el Estado moderno en el que estamos ubicados. ese carácter es refutable de la mano de los «fenóm enos» (por­ que eso presupondría que los fenómenos fueran interpelables a través de un «logos»). Es un malentendido del especialista científico consigo mismo cuando W eber (en oposición a Spann ) 2 7afirma el signi­ ficado puramente «m etodológico» de su definición «individua­ lista» y «racional» y. y que. está urgido a producir el sentido objetivo y la articulación de sentido. Tam poco. sino que él también es una expresión consecuente de una posición completamente determinada del hombre respecto a la realidad. en unidad con su referencia valorativa. Estado e In­ dividuo no pueden ser y a vistos e interpretados com o sustan­ cias unificadas con trasfondos profundos — pero no porque esto sería absolutamente no científico. una «realidad» estatal muy determinada. discute su contenido. P or lo tanto. una «fábrica» [BetrUh] — dicho con Hegel: el «Estado del entendimiento» de la sociedad burguesa. defacto.

religiosamente vaciado. 203 y ss. Compárese con pp. la Liber­ tad del individuo puesto sobre sí y responsable de sí. y el hilo conductor para la interpretación de ese m undo vuelto sobrio es el proceso de racionalización.. 56. y a que a las objetividades de cualquier tipo. 61 y ss.C . es decir. exactamente lo mismo que W eber demostró en R osch e ry Knies vale también para él: esto es.). realmente todavía una «res pública» y el hombre co­ mo taL un miembro de la ciudad y del Estado y n o en primera línea una persona privada sólo responsable p or sí. pertenece tam bién la creen cia — com partida por el marxismo—en el «desarrollo» y el «progreso» objetivos (D .M ax W eber y Karl M arx 53 M ás aún. esta necesidad es una inconsecuencia frente a lo terreno. la liber­ . La última presuposición de las definicio­ nes «individualistas» de W eber de las así llamadas «form acio­ nes» sociales es. En su «luz» se pone ahora la «realidad». A esos prejuicios. Si el Estado fuera. p. que solamente el «individuo» es hoy de forma verosímil. La medida con la cual W eber juzga este hecho histórico de la racionalización es su aparente contraposición. nota 2. un “sentido” terrenal y no obdtante objetivo» (D . pp..). La liberalidad científica de W eber se exterioriza también aquí com o un no-estar-atrapado en pre­ juicios trcufcendented. «trascendentes» en un sentido amplio. en oposición. entonces sí tendría sentido interpretar también al Estado midmo sustan­ cial y «universalmente». que cruzan el sobrio día a día de un m undo desencantado. real y con derecho a la existencia. esto es. com o consecuencia de su de­ sencantam iento (a través de la racionalización). no puede otorgárseles ya un significado autónomo. Ésta se postula com o necesaria «cuando surge la necesidad» de otorgar «al acontecer del destino de la humanidad.C . sin embargo. 33. empero. y no basándonos en las oportunida­ des de su «existencia». sólo es real el hom bre singular puesto sobre sí. que las últimas «presuposiciones» de la concepción del mundo abarcan aún la estructura «lógica». a través del cual él se desencantó y se opacó. la cursiva es nuestra. Según Weber.

fue establecida com o el tema originario y comple­ to de las investigaciones de Weber. en contraposición. W eber intentó hacer comprensible el proceso general de la racionali­ zación de nuestra completa vida. la adquisición de dinero con el fin de mantener una vida económicamente segura parece racional y entendible. «em presas». La ciencia como vocación La forma propia de la realidad que nos rodea. es resumida por él bajo el rótulo de «racionalidad». II. Ese . la adquisición de dinero específica­ mente racionalizaba. Com o el motivo último de sus disquisiciones «científicas» se revela la tendencia hacia lo terre­ no. pero. por su parte. del de­ sencantamiento del mundo— es quejustamente los va­ lores últimos y más sublimes se hayan retirado de la escena pública. Sin embar­ go.2 9 que funcionan a través de la racionalización. «adm inistraciones». bajo el hilo conductor de la alienación de sí. el con cepto contra­ puesto a la interpretación marxista del mismo fenómeno. Esta tesis se debe desarrollar más por m edio del análisis del sentido originario y abarcador de la «racionalización» que es. en la cual estamos posicionados.54 K a r l L o w it h tad del «héroe humano» en relación con el sobre-poder de los «órdenes». en aparente contradicción con lo dicho hasta aquí. por ejemplo. «organ izacio­ nes» e «instituciones» de la vida m oderna. sobre todo. La «racionalidad» como la expresión problemática del mundo moderno El destino 7)e nuestro tiempo — y con él de su propia ra­ cionalización e intelectualización. a su vez. La problemática específica de nuestra realidad. es específicamente irracional. porque la racionalidad que surge de él es algo específicamente irracional e incomprensible. Así. con el fin de la adquisición misma — «pensa­ da así com o puro fin en sí»— .

I. El fenóm eno de la racionalización es «la línea rectora m ayor n o sólo de su sociología de la reli­ gión y su doctrina de la ciencia. y no uno entre otros. lo propio del análisis relig ioso-sociológ ico del capitalismo de W eber consiste en que éste no contempla al capitalismo com o un p o ­ der vuelto autónom o de las «relaciones de p rod u cción » so­ ciales. tan elemental com o decisivo. I. para W eber. se desarrolló ya . de una racionalización «hacia Una manera de conducir la vida irracional». 157).3 0 En explícita diferencia y en su­ puesta oposición al análisis «económ ico» marxista. en su significado tanto universal com o fundamental. p. p. en última instancia. también puede interpretarlo de m odo diferente. Se trata— dice ahí— . 35. y a sea religiodo-socio­ lógico o social -económ ico. con la necesidad del destino. y a citado. para en­ tenderlo desde allí tod o de form a ideológica. El intento religioso-sociológico no quiere ser. Aquélla significa. cree irracionalidades. El hecho de la racionalización fue demostrado por W eber en el «prefacio» a los Ensayos sobre dociología de la religión. p.M ax W eber y Karl M arx 55 hecho. «en los he­ chos». históricomundial y antropológico. esto es. para él. otra cosa que una aportación a la misma sociología del racionalism o (Endayod dobre dociolo­ gía de la religión. de los medios y de las fuerzas de producción. el carácter fundamental del m odo de conducir la vida o c c i­ dental en general y nuestro «destino» — aun cuando uno pue­ de com portarse de m od o tan diferente frente a ese destino com o W eber y M a rx y. sino básicamente de su siste­ ma entero» (Freyer. nota 1). p or su parte. en correspondencia con ello. El capitalismo pudo volverse. Sólo por eso — pero no ya en sí misma— la racio­ nalización es un fenómeno específicamente digno de conocerse y de cuestionarse. fue demostrado por W eber expresamente en la refutación de una crítica de Brentano (Endayod dobre sociología de la religión. 537). y n o en última instan­ cia también de sus escritos políticod. I. un poder «pleno de destino» de la vida humana sólo porque él. que precisamente cada racionalización radical.

La «racionalidad». se dan forma. p o r el contrario. el capitalismo como tal. com o la totalidad de una «form a de m ode­ lar económ icam ente» y de «condu cir la vida» condicionada en múltiples maneras pero particular. I. La for­ ma de la economía no es ni un fluido inmediato salido de una creencia determinada. p. se extiende sobre los otros cam pos de la vida).56 K a r l L o w it h en los caminos de un «m odo racional de conducir la vida». sobre la base de una racionalidad universal del m odo de conducir la vida. M ás aún. en su significado preeminentemente económico. con fuertes resistencias internas». sino que ambas se dan forma. sino que. es poco interpelable com o el ori­ gen autónomo de la racionalidad. com o un ethod occidental. religiosamente m o­ tivada—es la que ha dejado también que el capitalismo. Por el contrario. no se diluye en ser racionalidad de algo. 239) se manifiesta tanto en el «espíritu» del capitalismo — bu rg u és. de «factores» determinados). concreta y retroactivamente. también económicamente racional. D onde. ni ésta es un fluido «emanatista» de una econom ía «sustancial». en resumen. establecida co m o hilo rector del entendi­ miento. A m ­ bos. en su vitalidad reli­ giosa y económica. esa ra­ cionalidad es entendida p o r W e b e r co m o una totalidad originaria. «racio­ nalmente». pp. com o «patrón». racionalidad de un campo específico (el cual. Ese etbod direccionante (Endayod dobre dociología de la religión. 30-34). causal. en un sentido económ ico. Los poderes religiosos y las «representaciones éti­ . I. se erija en un poder dominante de la vida. una racionalidad de la conducción de la vida — en su origen. «ahí ch ocó el desarrollo de una conducción de la vi­ da. esto es. pede a su p roce­ dimiento científico disciplinario (a la manera de una imputa­ ción reversible.com o en el del protestantismo — bu r­ gués— (Endayod dobre dociología de la religión. en la marcha de esa totalidad directora y la impregnan otra vez. religión y econom ía. la tendencia «hacia maneras deter­ minadas de conducción de la vida práctico-racion ales» estuvo ausente.

Ese espíritu universal de la «racionalidad» dom ina en la misma medida el arte3 2y la ciencia. en tanto el significado «creador» de la . ancladas en la creencia en ellos. Ambas reposan sobre un «espíritu» general o ethos. pertenecieron en el pasado3 1— en una «medida h oy casi incomprensible para nosotros»—a los elementos formadores de la conducción de la vida. social y económ ica del mundo humano moderno. Lo que produce esa racionalización universal de la vida es un sistema de dependencia total. organizaciones e instituciones racionalizadas de la vida m o­ derna: él combate su demanda de realidad metafísica y la uti­ liza com o medios para el fin. W eber llega a postular la pregunta por la así llamada libertad de la voluntad en la investigación histórica: Se encuentra ahí siempre de nuevo lo «incalculable» del actuar personal. Y es entonces cuando W eber pregunta p or la articula­ ción interna de la «ética» protestante con el «espíritu» del ca­ pitalismo.M ax W eber y K arl M arx 57 cas del deber». como dignidad específica del hombre y por tanto de la historia. debe ser extraída inmediatamente en sus investigaciones teoréticas del impulso interno de la conducta práctica de W eber hacia todas las administraciones. el lugar de la libertad. esa racionalidad es justamente. una «carcasa fuerte com o el acero» de «servidum bre» \Horigkeii\. Esa articulación de racionalidad y libertad. en principio sólo for­ mulada com o tesis. tanto com o la vida jurídi­ ca. un inevitable estar-inserto de cada uno en la «fábrica» en cada caso específica — de la economía o tam­ bién de la ciencia— .” una «aparatización» general del hombre. para él. órdenes. que sería tomado — ya sea directa o veladamente—como consecuencia de la libertad. cuyo portador socialmente des­ tacado es la burguesía occidental. En el tratado sobre K nies y el problema de la irracionalidad. La «afinidad electiva interna» de ambos es la de la convicción económ ica y la de la creencia. Y «no obstante» (con un tal «no obstante» cierra W eber también la conferencia La política como vocación). estatal.

. La incalculabilidad. la exteriorización concreta quieren servir (D.L. p. preferente­ mente atribuida al hombre. cada exteriorización que hacemos nosotros en relación con los otros.. 64). sería en sí una marca del actuar humano libre (en contraposición con la calculabilidad de los sucesos en la naturaleza). una valoración deter­ minada. según la subjetividad de la toma de posición frente a un hecho.C. aunque siempre olvida­ da u oscurecida. en cada perspecti­ va y en todo. sino la «obviedad trivial». es tanto más imprevisi­ ble. cada ley punitiva. cuanto menos un hombre tenga en sus manos la libertad para el propio hacer y permitir: Cuanto «más libre». En verdad. a una «santidad» internay al «acertijo» de la personali­ dad libre. 46). la ley. cuanto menod libre es el hacer. no es precisamente la no libertad del individuo.58 K a r l L o w it h personalidad que actúa es situado como lo opuesto de la causali­ dad mecanicista del acontecer natural (D. en las explicaciones si­ guientes (W . sino algo que sólo puede ser observado según un «juicio de valor». Esto es. en suma.3 4 L o que quiere mostrar. 64). y en este sentido la proyección. En la nota correspondiente. y con ella la irracionalidad. esto es. a los cuales la orden. no obstaculizadas por presión «externa» o por «afee- . W eber ironiza sobre la devoción de Treitschke y M einecke frente au n así llamado «resto» irra­ cional. la con du cta humana es tanto más /«calculable. «cuenta» con la en­ trada de determinados efectos en la «psique» de aquellos a los cuales se dirige. de que esa libertad «creadora». no es una característica objetivamen­ te dada y distinguible de él.C. «en él». insignificante. del clima puede ser más insegura que la capacidad de prever la conducta humana: Cada orden militar. p. pero sí con una que es suficiente para loé fines. p. cuanto más según las «propias» eva­ luaciones. por ejemplo. no con una absoluta claridad.

Y aún más claramente aparece este tema en la contraposición con E.].M ax W eber y Karl M arx 59 tos» irrefrenables.] entonces su análisis racional [. como sea que se la entienda. en el sentido de este discurso. Y tanto más desaparece entonces aquel vuelco romántico-naturalista del pensamiento de la «personalidad».. precisamente . La contradicción de sentido de este último co­ mienzo ya es asible en la vivencia inmediata: nosotros nos «sentimos». Y no sólo eso. sino que cuanto «más li­ bre». la «libertad de la voluntad» en aquellas regio­ nes naturales.. tanto más entra en validez finalmente también aquel concepto de la «personalidad».] «necesitados» [nezejjitiert]. igual de grande — pero no más grande—que la de aquellas «fuerzas naturales ciegas». empero. es el privilegio del loco. Meyer: Lo errado. se postula la «resolución» del actuante. en contraposición. y más perfecto resultaría [... busca la verdadera santidad de lo personal en lo subte­ rráneo oscuro. sea idéntica con la «irracio­ nalidad» del hacer [. en contrapo­ sición.. Porque ese romanticismo es lo que está tras el «acertijo de la personalidad». en aquella «irracionalidad» [. el cual encuentra su «esencia» en la constancia de su relación interna hacia determinados «valores» y significa­ dos de vida últimos. precisamente a través de aquellos elementos irracio­ nales de nuestro hacer o bien [. La «incalculabilidad» específica. de la suposición de que una «libertad» del querer.. Al revés. y el cual ima­ gina.C. es claramente reconocible. cuan­ to menod porta «en sí» el carácter del «acontecer natural».. o bien no con-determinados de forma inmanente en nuestro «que­ rer» (D. es el «actuar». los cuales se validan en su hacer con arreglo a fines y se materializan así en un actuar teleológico-racional. indecididamente vegetativo de la vida personal. esto es. 6 9 y 137). si es posible. pp. en el sentido en que Treitschke oportunamente y muchos otros hablan a menudo. nosotros acompañamos con el más alto grado de «sen­ timiento de libertad» empírico.] que comparte la «perso­ na» con el animal.]. el cual.. más sin resto se ordena la motivación ceter'u paribuá según las catego­ rías de «fin» y «medio». 132-133.. esto es. compárese conpp...

esto es. se revela. a dejar caer el fin. en el caso de la falta de m edios). bajo ausencia de «presión» psíquica o física [. Precisamente. actuar de acuerdo con fines. A c ­ tuar com o persona libre significa.. 226). de acuerdo con la medi­ da de nuestro conocimiento [. tan­ to más firme está ligado. esto es. tanto más racional con arreglo al fin actúa y. en co ­ rrespondencia. o al tasador de bol­ sa. En ese hacer racional con arreglo a fines se impregna concretam ente la «personalidad». el hacer libre a la adquisición de m edios totalmente determinados. en libre evaluación de los medios ade­ cuados para ello.. actuar en la com pensación racional de los medios dados respecto al fin presupuesto y en tanto lógica \folgerichtig\ o «consecuentem ente».. una con la racionalidad. la libertad del hacer. En la evaluación calculada de las oportunidades y consecuencias del hacer orientado a fines. con ello. persigue un fin privilegiado a partir de valores últimos o «significados» de vida. La creencia en la «libertad de su voluntad» ayuda real­ mente poco al fabricante en la competencia.] — según la medida de su situación objetiva—para alcanzar sus fines. com o una rela­ ción constante del hombre respecto a los valores últimos. tanto más comprensiblemente — em pero— . esto es.] (D. bajo determinadas circunstancias. acordes al fin (o respectivamente.]. en las cuales perseguimos un «fin» claramente consciente a través de sus «medios» más adecuados. condicionadas en cada caso por los medios dados.C.. esto es. a través de que es una libertad en tanto racionalidad3 5 teleológica·. La racionalidad se une entonces con la libertad del actuar. p.. El tiene la elección entre la destrucción económica o el seguir . tanto más predispuesto está ese ac­ tuar..60 K a r l L o w it h aquellas acciones que somos conscientes de haber llevado a cabo racionalmente. Cuanto más libre el hombre evalúa y calcula lo requerido (los medios) para al­ go (un fin). el que actúa empíricamente «libre». según evaluaciones.. también. está ligado teleológicamente a los medios desiguales [.

en com pa­ ración con la conducta racional con arreglo a fines. que el alcance de «buenos» fines puede estar ligado a la utili­ zación de medios dudosos). la interna «consecuencia y por tanto ( !) la honra­ dez» de nuestra conducta plena de fines — teoréticos o tam­ bién prácticos— . La libertad de ligarse. en el perseguir sus fines últimos.. mediado p or la evaluación de los medios. Ésta posibilita. pero no «absoluta». entonces nosotros considerare­ mos eventualmente como explicación [. caracteriza ni más ni m enos la responsabilidad del actuar humano. y 447 y ss. La evaluación racional de los medios dados en relación con el fin. se­ gún lo empírico (D. pp.. 442 y ss.. según los medios dados (Escritos políticos com­ pletos. se decide tam­ . presuponen necesariamente la conservación de la «li­ bertad de la voluntad». Junto con la deci­ sión en favor de la ética de la responsabilidad.. La «tensión» ética entre medios y fin (esto es. «racional­ mente con arreglo a valores»). porque está relacionada con el co n o ci­ miento de las oportunidades de la consecución de sus fines. en cada caso. y al fin mismo. pre­ cisamente. Las «leyes» de la economía nacional teorética.C. 133).C . la ética de la responsabilidad «cuenta».] que le faltó la «fuerza de voluntad». pero no de los fines— (D . p. con las oportunidades y consecuen­ cias del actuar. a los m edios en cada caso dados. con ello. Ésta es una ética «relativa». convierte a la racionalidad de la responsabilidad misma en un ethos determinado.M ax W eber y Karl M arx 61 máximas muy específicas de la conducta económica. A diferencia de la «ética de la convicción». en perspectiva con respecto a las oportunidades y consecuencias de su consecución. para su desventaja obvia. el conocimiento de los m edios — y sólo de los medios. puesto a sí mismo. constituye la responsabilidad del hacer li­ bre y racional. a la que W eber caracteriza c o ­ mo una ética de la conducta «irracional» por su indiferencia respecto a las «consecuencias» (ésta es orientada. pp. 150 y 549). en cada sentido posible de la palabra. La ciencia racional provee. em pero. Si no las si­ gue.).

3 7 La razón ver­ dadera y primaria para la preferencia clara de W eber del es­ quema «racional con arreglo a fines» no es que permita una alta medida de entendimiento constructivo del actuar humano. remite. a la idea de «hom bre» de W e­ ber (véase el apartado III). la cual se forma en el proceso de la racionalización y que es el verdadero motivo de su investigación. instituciones y fábricas están tan «ra­ cionalizadas» que son Las que involucran y determinan al hombre. fundamental para el concepto de la racionalidad y de la libertad. y aquí está decidida. en el ethos de la res­ ponsabilidad. W eber expresa que aquí reside el problem a cultu­ ral real de la racionalización hacia lo irracional. debe. La conducta humana. II. com o tal. II y ss. la paridad teo­ rética en el «sistema» de la conducta racional con arreglo a fi­ nes. en sen­ tido literal. direccionarse y comportarse de acuerdo con lo que nació de sí misma. se autonomiza lo mediado \Mittelbare\ hacia lo prop io del fin \Zweckhaften\ y pierde. Esa inversión caracteriza a la completa cultura moderna. que se ha adaptado a ellas com o una «carcasa inflexi­ ble». p. Pero W eber entiende la verdadera irracionalidad. la identidad en la conceptualización y la di­ . sino que el m otivo de su privilegio es la responsabilidad espe­ cífica misma del actuar racional con arreglo a fines. A través de que aquello que originariamente sólo era un mero medio -e n relación con un fin pleno de valor—se vuelve un fin mismo o un fin en sí. a partir de aquella relación de me­ dios y fin . a la vez. sólo en apariencia. con ello. orientada en el inicio al hombre y a sus necesida­ des. esto es. su racion alidad con arreglo a fines.). de la cual originariamente surgen esas adm inistraciones. En tanto la racionalidad se ancla. de la afectiva y de la tradicional (Economía y sociedad. cuyas administraciones.3 6 A esto contradice. p o r su parte. su «sen tido» o fin originario. de esa manera. de la racional con arreglo a valores. La entiende específicamente a partir de su inver­ sión.62 K a r l L o w it h bién en favor de la racionalidad\ com o racionalidad de medios a fines.

también para M arx. Esa inver­ sión produ ce la «irracionalidad» sin sentido de las «relacio­ nes» autónomas y con poder propio que dominan ahora sobre la conducta humana. resumiendo. La m inuciosay total organización racio­ nal de las relaciones de vida produce. que se define a través de su actividad objetiva. La fórm ula económ ica-m arxista para esa in­ versión es: M -D -M : D -M -D . y cóm o se invierte. p. la form a económ ica de una inversión general. que consiste en que la «cosa» domina sobre el «hombre». Esa inver­ sión pa ra d ójica — esa «tragedia de la cultura». una conducta supuestamente en sí racional. El com pleto tra­ bajo teórico y práctico de M arx trata de la aclaración y de la destrucción de esa situación general. Precisamente aquí se muestra. con necesidad propia del destino. que en el proceso de su racio­ nalización. tras la presentación de la así llamada «separación» del trabajador (también del «intelectual») de los medios de trabajo: «Todo lo que el docialidmo concibe com o “dominio de las cosas sobre los hom bres” debe dignificar de los medios sobre el fin (la satisfac­ ción de las necesidades)» (la cursiva es nuestra). según su objetivo. del logro del M anifiesto comunista. del m odo más notable. humana­ . quiere ser una de tipo específicamente ra­ cional: en la conducta económica-racional. Esa perversión económ ica sig­ nifica. 502). el producto producido (de cada trabajo) so­ bre el productor. a partir de sí misma. Su expresión inmediatamente humana es la cosificación y especialización del hombre mismo: el especialis­ ta. empero. con arreglo a fines pura.M ax W eber y Karl M arx 63 ferencia en el juicio de esa problemática p or parte de W eber y Marx. el de W eber pretende sólo su comprendión. com o la ha llam ado Simmel— 3 8 se muestra naturalmente del m od o más fuerte cuando se da precisam ente en aquella conducta que. se in­ vierte en su propio contrario. la cual es una ad­ mirable conmemoración. En la conferencia de 1918 sobre «socialismo» (Articulad completos de sociología y política social. dice. el propio poder irracional de la organización. para la situación política de enton­ ces.

«particular». funcionariado y elite. com o el hom bre típico de la ép oca racionalizada — uno con la empresa especializada. La antinomia de la ciencia política de W eber consiste. la presuposición de que el fin originario y autóno­ mo. com o el medio da­ do para un fin libre de ser elegido. bá­ sicamente. P or ejemplo. conocimiento objetivo y valoración subjetiva.64 K a r l L o w it h mente parcelizada. y la carcasa de «servi­ dum bre» el ú n ico espacio de ju ego de aquella «libertad de movimiento» que buscaba Weber. com o hombre y político. pero las afirmó. el fin último de todas las administraciones humanas no son ellas. y al cual tam bién W eber con cib e. de cualquier tipo. Todas las diferen­ cias rigurosas que trazó en la teoría de la ciencia y en la con ­ ducta práctica. ética de la responsabilidad y ética de la convicción. tanto para M arx com o para Weber. sin embargo. . la separación entre cosa y persona. la con cepción económ ica del estrato burgués de la sociedad. en sus orígenes aún religiosa. precisamen­ te la com prensión de la subjetividad de nuestra postulación última del fin y del valor y de nuestras decisiones debía ga­ rantizar la objetividad y austeridad del pensamiento científico y del hacer político. La medida implícita con respecto a la cual es interpretada la irracionalidad de lo racionalizado {Ensayos sobre sociología de la religión. 35 y ss. en un doble sentido. C om o consecuencia de ello. I. 54. para el cual todo lo demás es «medio» para «sus» fines. a n o el hombre. El negó a todas las adm inistraciones actuales aquel sustancial valor propio.. Por otro lado. en medio de y contra la creciente de­ pendencia del mundo político y económ ico. en que justo la inclusión ineludible en el carácter de empresa racional de todas las administraciones modernas se vuelve el lugar del posible ser s í mismo. es. 62). pp. la posición de W eber se volvió una firme oposición y una defensa única del individuo autónomo. sur­ gen de la una y fundamental oposición entre libertad y racio­ nalización.

lo tan irracional de ese m odo de conducir la vida. porque es obvio que las propias simpatías de W eber están con aquellos purita­ nos para los cuales el oficio y el «negocio». con su actividad incansable. se hace también evidente que el pro- . p or ejemplo. respecto a la individualidad de su autoresponsabilidad. motivada por necesidades determinadas del hombre. «irracional»— . en los hechos. y esto — dice W eber—sería. se vuelve «irracional» no a través de que se transforme en una economía profana por medio del vaciamiento de sus conteni­ dos religiosos. la situa­ ción natural». ¡pero en ningún lugar afirma que sería sin sentido también para la «percepción neutral» de esa inversión «sin sentido» de. bajo la precondición de que lo «racional» sea la autonomía y el propio poder del hom bre — y a sea que su humanidad sea determinada. Entonces el sobre-poder y propio poder de las re­ laciones de vida. «visto desde la posición de la felicidad per­ sonal». es consecuencia in­ directa de que él intenta m ostrar reiteradamente que. la adquisición de dinero ejercida com o puro fin en sí es algo absolutamente irracional frente a la «felicidad» y el «beneficio» del individuo. Que el punto de vista de W eber para la interpretación de la humanidad del hombre — respecto al cual se mide toda irra­ cionalidad—no sea la «felicidad» terrena. a la vez. «com o diríamos nosotros. sino sólo a partir de que la forma de la economía se autonomiza tanto que ésta — a pesar de toda racionalidad externa—no tiene ya ninguna relación clara con las necesidades de los hombres.M ax W eber y Karl M arx 65 esto es. en el horizonte de su existencia social o medida. ni que lo sería para su propia mirada! El «noso­ tros» diríamos significa aquí un «se» diría.3 9 Por otro lado. profanos. devenidas en relaciones de cosas autonomizadas. com o M arx. se ha vuelto «algo inextirpable de la vida». de m odo que lo que primero era un medio indi­ recto para fines religiosos ahora sirve a otros fines. com o tales. com o hace Weber. la única m otivación ade­ cuada que expresa. es lo que es — o sea.

N os preguntam os entonces: ¿P or qué nó lucha él. cuando ese exponente de un m undo «ra­ cionalizado» recorre nuestra vida com o un m ero «fantasma» de contenidos antes religiosos y nadie sabe todavía «quién vi­ virá en el futuro en aquella carcasa»/0 debem os preguntarnos cóm o se posiciona el mismo W eber respecto al hecho irracional de la racionalización universal. en un continuo. que está explícitamente también tras la «exigencia del día» de W eber. com o «especialista»y científico? ¿C óm o pudo. posicionarse conscientem ente e n ese m undo y ser el . econ ó­ micas y científicas. ese proceso de la racionali­ zación. cuya expresión humana es la humanidad del oficio y la especialidad. con toda la pasión de su personalidad. com o M arx. sino el de uno absolutamente secularizado. en suma. sociales. p. la «seguridad» y lá «especialización» de la vida moderna en todas sus instituciones políticas. y se r e c o n o c e /2no obstante. contra esa «autoalienación » universal del hom bre? ¿P o r qué n o caracteriza él al «mismo» fenómeno. Evidentemente. aunque no el de aquel que podría haberse satisfecho con la renuncia al «sentido» y a la «interpretación» (véase Ensayos sobre sociología de la religión. los resultados espécíficos del m undo moderno y lo com pletam ente cuestionable de esos resultados)? ¿N o afirm a y niega Weber. a la manera marxista. aquel «orden» planificado. com o M arx. a la vez. él no la niega desde la posición de la felicidad com o una «no humánidad». análogo al destino?^1 ¿Por qué cuestiona.66 K a r l L o w it h prio ethos de W eber no era y a el de un puritano creyente. I. desde la pri­ mera oración de los Ensayos sobre sociología de la religión hasta su última conferencia — La ciencia como vocación—com o «hijo de su tiempo». Cuando el pensamiento del deber del oficio. com o un «materialismo de­ pravado» de la enajenación dé sí. 204) de la actividad. de la forma más aguda. sino que se conform a con designarlo con el concepto científicamente neutro y doble en su posible valoración de la «racionalidad» (doble porque ex­ presa. ni la afirma com o un estadio en el p rogreso de la hum anidad.

203). ni sagrado. pre­ cisamente con esa cita de les fLeurd du mal. en la cual estamos «ubicados». con irresistible coerción. la división a partir de la cual se debe ver la unidad interna de eda conducta dividida respecto a la «realidad que nos rodea». en los hechos. y lo malo se siguiera de lo malo. la cual «determ in ay tal vez determ i­ ne en el futuro.M ax W eber y Karl M arx 67 portavoz de aquel «diablo» de la racionalización intelectual y de las «flores del mal»? ¿ O es que W eber había revelado. que no es soportada p or el puro «ético de la convicción». en la analogía. aunque y porque no es bello. sino porque y en tanto no es bello». no sólo aunque no sea bello. y entonces él se refiere a pruebas bíblicas — y a N ietzsche— . com o la «irracionalidad ética del mundo». en otro párrafo. incluso al que no es inmediatamente trabajador (Endayod dobre dociología de la religión. Pero ¿qué son enton­ ces las «flores» del mal. p.4 4 Esa libertad sólo puede estar en acuerdo interno con la racionalidad cuando no es una libertad respecto a ese mundo ra­ cionalizado. el secreto de su p o ­ sición frente a todo y cada cosa. hasta que se haya consum ido el último céntim o de com bustible fósil». P ero ¿de qué tipo es esa libertad interna a l mundo. sino una libertad en medio de aquella «carcasa fuerte com o el acero». La unidad de esa separación es la relación y a demostrada antes de la racionalidad y la libertad. Si pudiera surgir sólo lo bueno de lo bueno. entonces no habría ningún «pro­ blema» para la política com o vocación. ni bueno». si ésto es la «racionalidad»? A quí pa­ rece abrirse. a lo que él caracteriza. de la racionalidad irracional de nuestro m undo?4 3 «Así lo sabemos hoy de nuevo: que algo puede ser sagrado. el misterio de la racionalidad irracional de nuestra posición frente a todo y cada cosa y.Y sería una «sabiduría cotidiana» «que algo puede ser verdade­ ro. sobre la base de la racionalización de nues­ tro m undo? .

la de las escuelas técnicas científicas y la de las universidades. que corrían tras el centavo. sino de sus escritos políticos. Exámenes de disciplina de todo tipo se vuelven cada vez más la precondición de un puesto seguro.» Esa si­ . tanto com o a la de la fábrica. Ese proceso se extende­ ría también a la form a de vida del ejército y del Estado. en particular del apartado II de Par­ lamento y gobierno4 5y de un debate. Pero el que lo puede hacer. y toda la experiencia histórica lo confirma. aquél debe der un líder y no dólo edo.4 6A m bos textos combaten la racionalización en sus formas políticas de la burocratizacióny la estatalización. para el mismo W eber. En ellos. esto es. La racionalidad cómo condición de la responsabilidad de sí libre del singular en medio de la servidumbre general Ed completamente correcto.68 K a r l L o w it h III. que no de hubiera alcanza­ do lo podible cuando no de hubiera edtado atra­ pado constantemente en el mundo por lo impodible. la verdadera “exigencia del día”. com o por sus estudiantes. W eber explica que la guerra mun­ dial representaría un progreso en el proceso de la racipnalización universal. humanas. divisora del trabajo. diño tanibién — en un dentido muy moderado de la palabra—un héroe. portada en conjunto p or las universidades. es su aparente opuesto. com o fuera del Estado. interesadas en la asistencia. Tanto en el Estado. especializada-burocrática de todas las uniones de dominación. La política como vocación Q ue el sentido positivo de la racionalidad. inmediatamente después de las oraciones proféticas citadas en la nota 39). de la organización racional calcula­ da. no surge de las investigaciones puramente históricas — según el objetivo—de los Ensayod dobre dociología de la religión (W eber se detiene aquí. «Esto era la y a conocida de antes.

una articulación social oriental-egipcia. que no lo conocen. Porque en esto rinde la burocracia incomparablemente mejor que cualquier otra estructura de dominación» (Escritospolíticos. los hombres serán obligados a incluirse. el socialismo fortalece­ ría el poder de la burocracia que impregna la época actual y el futuro visible: Un abandono progresivo del capitalismo privado sería teórica­ mente pensable — aun cuando esto no sea una insignificancia tal como algunos literatos. y cuando ciertamente no sobrevendrá como consecuencia de esa guerra— . reírse del . y esto es. quizá después. es igual que un «espí­ ritu coagulado».] Supongamos que justamenté esa posibilidad fuera un destino inevitable — ¿quién no querría. sueñan. Esa «máquina viviente». pura técnicamente. impotentes. significaría que en­ tonces también el rendimiento de la fábrica estatizada o traspasa­ da al régimen de alguna «economía comunitaria» sería burocrá­ tico (Escritospolíticos. sin vida: En cooperación con la máquina muerta. en el regazo del futuro? [. ¿qué significaría prácticamente? ¿Tal vez un quiebre de la carcasa de acero del trabajo de fábrica moderno? ¡No! Más aún. pp. Pero. una racional administración defuncionarios. cuandopara ellos sea una buena burocracia. 150 y ss. esto es.. se dejaría ver entonces en el horizonte. el último y único valor. el cual deba decidirsobre laforma de conducirsud asuntos. caracterizada p or la «especialización racional disciplinaria y la escolaridad».). p. suponiendo que ocurriera alguna vez.M ax W eber y K arl M arx 69 tuación austera de la expecialización burocrática se esconde también tras el «socialismo del futuro». en los resultados. Una articulación social «orgánica». entonces. 151). ésta trabaja para produ­ cir la carcasa de aquella servidumbre del futuro en la cual. pero que en oposición a ella es tan fuerte­ mente racional como una máquina.4 7 Incluso cuando éste persíga lo contrario.. ¿Quién querría negar que una forma de organización social como ésta reside como una posibilidad.

70 K a r l L o w it h miedo de nuestros literatos de que en el futuro el desarrollo polí­ tico y social nos traiga demasiado «individualismo» o «democra­ cia». de nuestra producción económica y el «engranaje de partidos» de nuestros Parlamentos sean dejados de lado. contra los apologetas de la racionalización en el cam po de la administración y la política. que sean dejados de lado en favor del pacifismo de la impotencia social. que se vuelven nerviosos y cobardes cuando ese orden tiembla un instante.. la pregunta por las formas de organización política del futuro puede ser sólo postu­ lada así: [. a partir de esos «m edios» dados. sino qué se «sigue» de él. El mundo no co­ noce más que a esos hombres. La pregunta que podría ser postulada no sería la de cóm o se podría modificar algo en ese desarrollo (M arx) — porque eso no se puede— . esto es. p or la buro­ cratización es «desesperante»: [. qué fin es conse­ cuentemente perseguible y deseable desde la posición de los valores últimos. aun cuando él mismo está convencido de lo «indetenible» del progreso de esa «máquina humana». ¡el de la burocracia en el Estado y la economía!— . que necesitan el «orden» y ninguna otra cosa que or­ den. p. algún resto de un movimiento de libertad. todavía. En ese desarrollo estamos atrapa­ . bajo el ala del único poder segura y completamente ineludible·. y de la creencia de que la «verdadera libertad» apenas ilu­ minaría cuando Ja «anarquía» actual.. y desesperados cuando son arrancados de su adaptación excluyente a ese orden de cosas. en beneficio de un «orden social» y de una «articulación orgánica»? — esto es.] ¿cómo seríaposible salvar. y a och o años antes (1909). Viendo el hecho fundamental del avance indetenible de la burocratización. visto ése sobrepoder de la tendencia hacia la burocratización. p or lo explicado antes. 152). Casi con las mismas expresiones aquí transcritas W eber se di­ rige. también de nuestros estudiantes de h oy». Porque «esa pasión..] como si nosotros debiéramos volvemos hombres. en algún sentido «individualista»? (Es­ critos políticos.. con saber y voluntad.

se precisa todavía una mira­ da resumida de la relación de sentido general. El éxito más universal e influyente de la racionalización es el que W eber demostró. no ha «salvado». aun hoy. no es cómo nosotros lo siga­ mos promoviendo y lo aceleremos. El debate se cierra con un desafío ostensivamente inmoral de contenido: és preferible. en especial. sino qué tenemos para oponer a esa maquinaria. según W eber. ligada a un funcionariado puramente negociante. de lam an o. de ese dominio único por parte de los ideales burocráticos de la vida (Artículos completoj ¿obre sociología y política docial. para actuar a él contra él.C . que una «dirección estatal a través de la burocracia alemana. eri tanto tom ó posición ostentosay preci­ samente en ede m undo. 535). W eber combatió constante­ mente ésa libertad.M ax W eber y K arl M arx 71 dos. U n hombre com o Jakob Burckhardt la salvó. esa parcelización de las almas. a través del regreso consciente a la esfera «privada» y la cultura de la «vieja E u rop a »/8y casi lo há hecho también un estudioso co ­ m o E. ése movimiento de libertad es el que él. sino que constantemente ha com batido. el cual es fácilmente córrom pible». en verdad. las cursivas son nuestras).de la «cien­ cia»: un fundamental dedencantam iento del m undo (D . en la cual está puesto el fenóm eno de la racionalización. vista esta tendencia om nipotente a la racionalización de la completa vida. altamente moral. El hechizo que encerraba la relación del hom bre res­ . Para poder responder a esta pregunta. p.. transfíguradamente autoritaria».4 9Por el contrario. y la pregunta central. casi p o r el gustó de la lucha misma. Gothein. salvar algún resto de un movimiento de libertad individualista. la «expansión capitalista privada. para liberar un resto de lo humano As. cómo y para qué. p . 203) . en una «acción dolorosa de renuncia» (Ensayod dobre sociología de la re­ ligión. cóm o sería posible todavía. entonces.414. p. Sin embargo. en algún sentido. Contra lo irrefrenable de la racionalización burocrática se puede preguntar. La pregunta es/ empero.

El progreso significa solamente de ahí en adelante un seguir caminando por los ca­ m inos m arcados del. En contraposición. con pasión y resignación.destino. con la racionalización llevada a cabo por el hombre. está creencia en el destino del tiempo y en lá pasión del hacer temporal es igual a una fa lta de creencia positiva. y así W eber se interroga. La oportunidad positiva de esa desilusión del hom bre y aquel de­ sencantamiento del mundo a través de la racionalización es la afirm ación «sobria» de lo cotidiano y de su «exigencia». y están ahora. valideces—es la subjetividad de la responsabili­ dad racional. a la vez. de un m odo n ovedoso. sino siempre en relación con su puesto frente a cada institución o. en tanto todas las objetividades. significa para la relación del hombre mismo con el m undo una am plia desiludión : sign ifica «libera liza ción » cien tífica. L a descripción decisiva de W eber de este individualism o. respectivamente.5 0 La afirmación de ese día a día es. com o una pura responsabilidad propia del indi­ viduo frente a sí mismo. frente a «sí» en tanto uno de sus miembros. la pregunta por el sentido motivada por el desencantamiento del mundo. la negación de cada tras­ cendencia. Ésta. han perdido su sentido objetivo. En comparación con aquella creencia trascendente. también de la del «progreso».5 1 puesto entre comillas. L o positivo de esa fálta de creencia en algo que vaya más allá del destino del tiempo y de la exigencia del día — por ejemplo. E l fu n cion a rio especialista — co m o to d o hom bre de disciplina racionalizado—no debe responder ante sí como propio individuo.72 Ka r l L ó w ií h p ecto al m undo en épocas tempranas era — d ich o racional­ mente—la creencia en el sentido «objetivo». sucede a través de la diferencia de dos tipos fundamentalmente distintos de responsabilidad. en valores dados objetivar mente> sentido. por la ciencia. en especial. C on el desencantamiento de ese hechizo surge la necesidad de préguntar nuevamente por el «sentido» de nuestras objeti­ vidades. de cualquier tipo. el político que . a disposición de su subjetivi­ dad» para la determ inación de su sentido.

pero también contra él liderazgo que no tiene nada que conducir. sino p or su com pletó apartamiento en una sociedad sin oposiciones— . la p recon dición de esa posición es exacta­ mente ese mundo de las «reglamentaciones». e irres­ ponsablem ente. y p or el otro. entonces. de . pero contra él. la fuerza movilizadora en la completa conducta de W eber fue la contra­ dicción. ese resto que persiste de la «época heroica del capitalismo». porque se evade de la máquina. Puesto en ese mundo de servidumbre. y su contrin­ cante. el re­ conocim iento dé un m undo racionalizado. 153 y ss. oposición·. y 415). aunque sí en función de él. La fórmula política crasa para el movimiento fu n ­ damental. C on esa afirmación indiferente de la pro­ ductividad de la contradicción. de Weber. Sin em bargo. W eber se ubica en obvia oposi­ ción a M arx. siempre de nuevo administrada. no por último. instituciones. com o un hegeliano que quiere superar \aufheben\ las contradicciones de la sociedad burguesa en sus principios — aun cuando no com o lo imaginara Hegel a través de la conservación de un Estado ab­ solutamente organizado. Por el contrario. si quisieran responder com o un em pleado {Escritos políticos. delineado en Contradicción. un opositor que le pertenece. la de una sujeción objetivam ente voluble del individuo responsable de sí. actuarían com o individualidad humana. El sentido positivo de aquel «movimiento de libertad» que concierne a W eber es al­ canzar los propios fines en ese mundo. que allí permaneció. p or propia responsabilidad. es ésta: «D e­ m ocracia de líder con "máquina” ». a través de sí mismo. una fórmula que resume su posición dé estar contra la democracia indirigida. a las cuales se opon e. La p osición de W eber es. el individuo pertenece como hombre a sí mismo y depende de sí. pp. La posición básica que W ebér tom a en ese m undo racionalizado y que detemina sü «m etodología» es. y perse­ guir fines que no son calculados por ese mundo. de por un lado. fá­ bricas y seguridades. en sí misma y esencialmente.M ax W eber y K arl M arx 73 en verdad «guía» y el empresario que «dirige».

com o docente académ ico en la cátedra. sino siempre sólo. tener efectos con la fuerza pa­ sional de lo negativo. la libertad hacia la responsabili­ dad de sí del individuo. se revela la individualidad de W eber en la form a propia de su totalidad. de ese m undo especializado y escolarizado. La expresión inmediatamente humana de esa contradic­ ción fundam ental es la con tradicción interna a lo humano entre hombre y edpecialidta. esto es. que pretendía encon­ trar un camino para poder duperar lo humano específico del m undo racion alizado. la hum anidad especialista. a veces aquí y otras allá.] «com o científico singular em pírico en sus escritos. hum ano enajenado de sí. sino la pregunta de cóm o el hom bre com o tal. no obdtante. p o ­ dría conservar. com o hom bre de partido en la tribuna.. sino que se la im pone. en cada oportunidad. no com o lo fuera para M arx. y hacer tem­ blar en cada caso a alguna carcasa de «servidum bre». com o homo religiodud en el círculo más estrecho». com o miem bro de una esfera determinada — portando ése o aquel rol. en medio de su humanidad «parcelada».. éste . Y también aquí corresponde a la unidad y divergen cia de sus intereses disciplinarios la unidad de una contradicción humana. También aquí la pregunta era para él.74 K a r l L o w it h persistir en la contratendencia hacia la libertad de la propia responsabilidad. Y también aquí afir­ ma W eb er básicam ente a lo. en su totalidad. d ich o co n M a rx . La unidad de racionalidad y liber­ tad se docum enta de la form a más urgente en la posición es­ pecífica que ha tom ado el hom bre W eber respecto a su p ro­ pia especialización. junto con la división del trabajo. En m edio de ese m undo de «especialistas sin espíritu y hom bres de g oce sin corazón».5 2 Pero precisamente en esa distinción de las esferas de la vida — cuya expresión teorética es la «li­ bertad valorativa»— . com o tal y tal— : [. porqu e él en verdad no deja m da a esa for­ ma de existencia un deje de «libertad de m ovim iento». W eber no se presentó nunca c o ­ m o totalidad.

ni en el otro un individua­ lista. p or eso. que le concierne com o lo humano. que actúan inevitablemente dentro de la burocratización. en un m omento determi­ nado — se trate de éste o de aquel rol. puramente humana. En tanto él se subordina a ese destino se posiciona contra él. por encim a o externa a las form as de existencia fácticas particulares de la humanidad especialista m oderna.5 5 Por la fuerza de ese tipo de individualidad. y en con sideración a ella. Igualm ente. así también la salvación del individuo humano significa para él una tal. Y así. Tanto com o W eber presupone en el cam po de la política a los políticos y empresarios que en verdad dirigen — al Individuo—com o ta­ les. en un momento dado. pero esa opodición tiene com o precondición constante la anterior dubordinación. de la servidumbre sobre todo. La renuncia consciente de W eber a una «humanidad com pleja». significa para él también no una totalidad indivisible.M ax W eber y K arl M arx 75 fue el sentido de la «libertad de m ovim iento». Ese individua­ lismo. totalmente sobre sí— . en el cual se resume su idea del hombre. a la defensa del «último héroe hum ano» (y él no es ni en un caso un anarquista. W eber puede apoyarse en todo y en nada — posicionarse en cada si­ tuación dada y. sino que un «h om bre» es el individuo cuando se aboca totalmente a su rol singular. su deli­ mitación al trabajo disciplinario del especialista — «la precon- . n o es capaz de rom per la carcasa de la pertenencia y de la membresía uni­ versal. dentro de la humanidad especializada y y a arrai­ gada en nosotros. Él quiere salvar el «alma» del sobrepoder del «hom bre del orden». de algo grande o p e ­ queño— . el in dividu o co m o tal. corresponde a la defensa del derecho de una cada individua­ lidad com o tal. sino una en m edio de la falta de corazón del cá lcu lo5 4 hum ano. pero sí puede forjarse un camino para su persona. pero ese «alma» no es el alma sentimental de la «m ecánica del espíri­ tu » de Rathenau.5 3 en el sentido habitual de la palabra). la defensa de W eb er de la así llam ada anarquía en la prod u cción económ ica.

5 7 La idea de esa libertad humana no está sólo en oposición al individualismo promedio que Hegel y M arx combaten com o la libertad filistea de la preferen cia privada. com o si fuera esta creencia un servicio a los fal­ sos dioses y pura superstición — todo ello para salvar al héroe humano— . una dem anda aún más elevada: esto es. «Porque nada tiene para el hombre. y que era para él la libertad de la comunidad mád alta.. cuya «realidad austera» es hoy. y precisam ente ella. y su héroe humano le habría pa­ recido a M arx una «invocación a los muertos» de los tiempos heroicos de la burguesía. el método sociológico de la destrucción de todas las aspi­ raciones incondicionadas de valor de los representantes de las instituciones. si no lo puede hacer con pasión» (D . 531. es una renuncia que instala. como hombre. permanecer — p or fuerza de la pasión—en el hacer — en sí— singularizado. en el m undo actual»— . en administraciones y conceptos. C on ese «dem onio» de su pasión. no obstante. p. W eber creó con ese mé­ todo una plataform a de la negativídad. las cursivas son nuestras). a la vez. en m edio de esa «parcelización del alma». La expresión intelectual.C .76 K a r l L o w it h (lición de un hacer pleno de valor. «en un sentido m uy m odera­ d o de la palabra». Para edo le sirvió en última instancia. sirvió a esa libertad de movimiento. al­ gún valor. ha combatido W eber en medio de sus esfuerzos por la objetividad científica y política. la cre­ encia en fines valorados objetivamente. consistente en que se da un «infor­ me» «sobre el sentido último del propio hacer». También la «sociología». señala Honigsheim. sino tam bién en contraposición externa con aquella «libertad» hacia la cual M arx quiso emancipar «humanamente» al hombre. no . c o ­ mo el fundamento infundamentado de su postulación de fi­ nes — podría llamárselo también el D ios falso de una humani­ dad vaciada de divinidades— . de esa humanidad es lo que él ha caracterizado com o una «m odera­ da honradez intelectual». Esa idea de M arx era para W eber una utopía. sobre la cual debía reali­ zarse5 6 ahora el héroe humano.

esa concepción se reúne con la tesis. en un m ovi­ miento.5 8 L o que para W eber fue un «destino ineludi­ ble» significaba para M arx nada más que la «prehistoria» de la humanidad. pasando por Feuerbach El hilo con du ctor específico «marxista» para el análisis del mundo capitalista-burgués no es su «enajenación de sí». y caracteriza a las relaciones de producción ma­ teriales com o la estructura ósea de esa sociedad. su «esqueleto» y. por último. Esa dife­ rencia de sus cosmovisiones e ideas del hom bre se interpreta en la variedad de sus puntos de vista patrones para la inter­ pretación del mundo m oderno capitalista-burgués: en W eber la «racionalidad». primero.M ax W eber y K arl M arx 77 obstante. L a interpretación m arxista del mundo capitalista burgués según el hilo conductor de la enajenación de sí humana I. Ese discurso de la anatomía de la sociedad burguesa expresa. hacia el «sistema de necesida­ des» como tal. al ser económ ico y a la conciencia de sí. Pero simultáneamente. en el sentido hegeliano. nada más que un desplazamiento del peso desde la «sociedad bur­ guesa». plena de responsabilidad. claramente «no heroica» y sólo el «espectro» de sus grandes épocas. de las relaciones de vida materiales com o tales para todo otro significado y se solidifica. su «econom ía política» — una expresión que dialécticamente comprende. del significado arraigado. com o la estructura sobre . Su desarrollo histórico desde Hegel a Marx. B . y donde para el último acababa de ponerse en marcha la verdadera historia. sino su «anatomía». en M arx la «alienación de sí». ahí empezaba para el primero la ética de una «convicción». radical. mucho más extensiva y discutible. en la tesis del marxismo vulgar de la así llamada «base real». éste.

los cuales serán también interpretados de nuevo. pará dejar a éste a la filosofía «marxista» y a aquel a la «burguesa». después a la reli­ gión y la filosofía. de 1842. con especial consideración hacia el punto de vista rector de W eber de la racionalización.5 9 La interpretación específicamente económ ica de to­ dos los m odos de aparición de la vida humana es. entonces la tendencia viviente de la cual resulta se encuentra y a en un debate de la Gaceta Re. Esta delimitación temá­ tica no significa. con la siguiente breve fórmula: criticó a la religión filosóficamente. desde esa perspectiva. com o sobre una plataforma autónoma. sin embargo. según las propias palabras de M arx. a la religión. será. políticamente. . y lo com batió com o si fuera un materialismo de la historia dogmáticamente económi­ co. En esa form a no solamente tosca sino desviada. el mar­ xismo se ha vuelto mayoritariamente objeto de crítica y de de­ fensa. la filosofía y la política y a todas las otras ideologías. A sí también lo observó W eber. resta todavía el hecho de que. una «superestructura» interpretable de m odo puramente ideo­ lógico. extraída y visibilizada desde los escritos del j o­ ven M arx. económica­ mente». y. que pueda separarse al joven M arx del posterior. por último. tras la propia reconci­ liación de M arx con la filosofía. sólo el résultado último en el cual «culmina» su revisión crítica de la filosofía del derecho de H egel. Si se deja de lado la pregunta de cuánto el mismo M arx y en especial Engels han prom ovido esta concepción marxista vulgar. en lo que sigue.78 K a r l LO w it h la cual debe erigirse. cuyo título es «crítica de la enajenación de sí».nana. Esa tendencia viviente del resultado. D eben considerarse al respecto preferentemente los escritos de 1841 a 1845. según Hegel. «Se puede resumir el desa­ rrollo de M arx. M ás aún don y permanecen fundamen­ tales los escritos del joven M arx también para E l capital'. y si el primer capítulo de E l capital de 1867 es un resultado. y un «resultado» es. el «cadáver que la ten­ dencia viviente ha dejado tras de sí». la crítica de la economía política se ha colocado en el prim er lugar.

en el hilo con du ctor de la autoenajenación humana. La relación histórica de esas tendencias fundamentales con Rousseau6 1 es evidente. com o una realidad específicam ente «i-rracional». D en tro de la filosofía alemana contem poránea. Ese m undo bur­ gués-capitalista se le representa a él. La filosofía que él tuvo frente a los ojos. fue la filosofía de Hegel del espíritu absoluto. M arx se describe com o un «idealista» que tiene la «desvergüenza» de «querer hacer hombre al hom ­ bre». § 377). En el distanciamiento respecto a ella se desarrolla. ningún papel fundamen­ tal. en la cual estamos posicionados. la tendencia crítica hacia el hom bre como hombre.M ax W eber y Ka r l M arx 79 El tema fundamental de M arx es. apenas apare­ . tanto en Feuerbach com o en M arx. es el hom bre como tai. En el prefacio de su disertación y en una carta a R uge (1843). Según su «esencia» universal. objetivo y subjetivo. un «humanismo real». C om o hombre. El hom bre com o tal no desempeña en la filosofía de H egel del es­ píritu absoluto. y la fi­ gura originaria de su análisis crítico del procesó dé p rod u c­ ción capitalista es una crítica dél m undo burgués. H egel lo determina com o «espíritu» (Enciclopedia. y com o m undo humano. L o deseado en última línea fue y perduró una «em ancipación humana del hom bre». una inhumanidad.6 0 L o que debe mostrarse primero es que lo que concier­ ne a M arx. la rea­ lidad que nos rodea. Y com o W e b e r creyó necesario com prender al «d iab lo» de la racionalización y tener un panoram a de sus «caminos hasta el fin». «para ver sü poder y sus limitaciones». com o para Weber. com o la última figura de una filosofía absoluta. así también expresa M arx que sería beneficioso estudiar «a ese amo del m undo». com o hegeliano que es. esa ten­ dencia hacia el hom bre como ta l fue el movimiento fundamen­ tal de la transformación de la filosofía especulativa de Feuer­ bach en antropología filosófica. en prim era y última línea. un m undo humanamente invertido. incluso después de creer haber descubierto la posibilidad del hombre «nuevo» en el proletariado.

se habla de hombre en ese sentido (§ 190). la humanidad con derechos burgueses— . el miembro defamilia·. lo verdaderamente universal del hombre. En el derecho. el hecho concreto de la representacion es lo que se Da­ ma hombre. el ciudadano (como burgués).] recon ocidos» cuando aparece «el sentimiento de sí. su mero ser humano. en M arx en relación con lo en verdad universal de la sociedad puramente humana. aclara H e­ gel. no es de ningún m odo una cualidad «plana. el «burgués». Este es una mera de­ terminación o particularidad: en Hegel en relación con lo en verdad universal del Estado (que es. L o que él llama «hom bre» es ya. en la sociedad burguesa. bajo el título de que sería el sujeto de las necesidades terrenales. más allá de qué raza. abs­ tracta». H egel dice (§ 209 y nota de § 270) que es cierto que cada hombre es. pe­ ro sólo lo recon oció en consideración con el hom bre de derecho burguéé. «hom bre». sin clases... en la Filosofía del derecho·. una figura concreta de la razón). ni para H egel ni para M arx. y es precisamente aquí que se muestra su mirada emi­ nentemente realista sobre la «realidad» que le rodea. el objeto es la persona-. Hegel diferencia. Y ésta — o sea. también y solamente. Aquí. Hegel no negó en absoluto el concepto de hom bre como tal. Pero ese hombre así determinado no materializa. sobre la perspectiva de las necesidades. posición u oficio diferente posea y eso. Sólo desde aquí y en verdad sólo aquí. en la posición moral. sería la «raíz infinita de todas las otras raíces libres». y com o el sistema de esas necesidades concibe H egel a la sociedad burguesa.80 K a r l L o w it h ce en la Filosofía del derecho de Hegel. por su parte. nacionali­ dad /creencia. en primer lugar. com o sujeto de las necesidades terrenas. el su­ jeto·. de valer Como personas de derecho en la sociedad burguesa». des­ de la cual emerge también la «demandada compensación en- . en la familia. Pero explica el verdadero contenido pleno de esa cua­ lidad universal diciendo que es «a través de los derechos bur­ gueses [ .

la necesidad de la filosofía del hom bre. en algún sentido. esto es. y a través de la crítica de la filosofía divina fundar la crítica. como «hom bre» de dere­ cho burgués. la doctrin a de la «enajenación de sí» significa en él algo fundamentalmente di­ ferente a lo que significa en Feuerbach y en M arx. La determi­ nación general de la esencia del hom bre es y prevalece en la filosofía de H egel no en que él sea. se volverá esa conciencia de sí — estó es.6 2 La tarea de su «nueva» filosofía del «futuro» él la describió com o sigue: «E n el presente (1843) no se trata aún de presentar al hombre. el volver al hom bre cosa de la filosofía. la antropología. estatal. sino de rescatarlo del pantano (“idealista”) en el que fue hundido». pero no un verdadero «co n ce p to » filosófico) lo nom bra hombre. sé m otivó des- . desde la teología (filosófica). El completo esfuerzo de Feuerbach fue transformar esa fi­ losofía autónoma del espíritu en una filosofía del hombre.M ax W eber y K arl M arx 81 tre m odo de pensar y convicción». Evidentemente. porque aun cuando cada uno sea igual al otro en tanto que vale sólo com o «hom bre» (y no com o italiano o alemán. y sólo al hom ­ bre así caracterizado (del cual se puedè tener sólo una «repre­ sentación». H egel se preserva expresa­ mente frente a una absolutización de eéa determinación. sino en que sería «espíritu». es sujeto de necesidades terrenas. Hegel subordina el que. E n correspon d en cia co n ello. del puro hom bre com o hombre. esto es. H egel creyó más en la espi­ ritualidad del hombre que en su humanidad.A esta determ inación on to -lógica específica del hom bre (com o «espíritu»). católico o protestante). y se oponga com o algo en sí significativo) au­ tónom o y fundamental a la vida pública. La tarea era «derivar desde la filosofía del ab­ soluto.del hom bre» (prefacio a los Fundamentad de la fib d ofía d elfu tu ro). la conciencia de no ser más que un hom bre—«defectuosa» cuando — «tal vez com o cosmopoli­ tismo»—sefije ahí. esto es. aun cuan­ do su estructura formal sea la misma — com o «categoría»— . de acuerdo con su esencia universal. «hom ­ bre». Esa ten­ dencia.

del hombre de la sociedad moderna. etcétera. junto con los evangelistas. burgue­ sa-capitalista — su humanidad de especialistas—pudiera ser re unificada de nuevo. Feuerbach se preserva entonces frente a! concepto particular de hombre de Hegel. su Crítica de la filo ­ sofía del derecho de H egel comienza con el llamamiento ai retor­ . en Alemania. Por­ que sería constantemente ima propiedad característica del hom­ bre el que pueda ser determinado com o ¿je y com o aquél. fá cticámentedividQa. Incluso en La ¿agrada fa ­ m iliare identifica con el «humanismo real» de Feuerbach. D el mismo m odo.82 K a r l L o w it h de la tendencia de v olv er a la filosofia cosa de la «humani­ d a d ». y con ella la del mundo m oderno en general. y de su carácter de clase en particular. co m o hom bre privado. siem­ pre de acu erdo co n el rol y la disciplina. sin — cóm o M arx—tomar en serio esa particularidad con­ creta y sin mostrar úri camino p or el cual esa humanidad. En verdad. empléado. ciudadano estatal. y que enseña. sino p o r la superación so­ cial de la división del trabajo en general (en su form a hasta hoy existente). «E l hum anism o real no tiene. com enzó en la p o ­ sición antropológica de Feuerbach. És­ ta com ienza con la siguiente frase. F euer­ bach discutió \a. que el espíritu es lo que vuelve viviente». se trataría siempre de uno y delmidmo hom bré com pletò. citada definición de la Filosofia del derecho y en el lugar donde Hegel dice que sería aquí y sólo aquí (dentro de la sociedad burguesa) que se habla de hom bre en ese sentido. Retom a la. un enemigo más peligroso que el esplri­ tualismo o el idealismo especulativo.6 3 D e acuerdo con su principio an tropológico. Feuerbach polem iza que también sé trataría de él cuando se habla de la «persona» de derecho y del «sujeto» inorai y de otras formas similares. Y esto no a través del com unism o del amor del «yo y tú» de Feuerbach.determ inación particular del hombre de H egel. La crítica del hom bre de la sociedad burguesa de M arx. que pone en el lugar del hombre realmente individual 1a “conciencia de sí” o el “espíri­ tu”. sólo que en «Otro sentido».

en cam bio.M ax W eber y K arl M arx 83 no. M arx com para al hom ­ bre de la sociedad burguesa con la mercancía com o producto del trabajo simple^ Porque com o ella. por así llamarlo. corresponde una separación. tanto frente a otros com o frente a sí mismo. com o es el sujeto de derecho burgués de las necesidades — entre otras d e ­ terminaciones. como «mercancías». en esa división en apa­ riencia puramente teorética del hom bre no se refleja otra co ­ sa que una objetiva falta de «espíritu» o in-humanidad en las relaciones de existencia en verdad vigentes de la humanidad moderna. el hom bre como ta l y «sim ple­ mente». asimismo parciales— . fijación y autonomización teorética. lo que ella sea de acuerdo con su constitución natural es. C om o mercancía o com o trabajo corporeizado es tan valiosa com o otra mercancía indetermi­ nada. A sí también. cumple uno «muy m odesto». una «form a va­ lor» y una «form a natural»— . a esa «racionalización» del hom bre en cada m odo de existencia peculiar. desde la teología hacia la antropología de Feuerbach. en relación con eda otra. el hombre de ese mundo de mercancías. él posee un discutible «doble carácter» — hablando económicamente. un valor com pletemente diferente y. la misma constitución natural. M arx se refiere lacónicamente a ello en su nota al § 190 de la Filosofía del derecho de Hegel. un especialista fijado y dividido a través de su activi­ dad objetiva—cumple un gran rol. sin em bargo. Porque a esa singularización. fi­ jación y autonom ización objetivam ente dominante d e las sólo . parcialmente cosa. en form a natural.6 4 El retorno a Feuerbach6 6corresponde a una polém ica dirigida en el mismo sentido. contra la determina­ ción particular del hombre de Hegel. más o menos indiferente. M ercan­ cías deseadas pueden tener. puesto en su form a de valor burguesa — «com o general o ban­ quero». pero meramente subordinada. p or­ que esa crítica sería la pre condición de toda otra crítica de las relaciones de los hom bres terrenas. mundanas. Esa referencia debe in­ terpretarse del siguiente m odo: cuando Hegel hace al hombre como ta l una cosa tan especial.

en todas esas impresiones del ser humano. en tanto así llamado hom­ bre privado. por ejemplo. en esencia. por el otro. una me­ ra construcción de pensamiento. no tie­ ne en una sociedad tan diferenciada y separada (racionaliza­ da) ningún rol fundamental. y sobre todo la división. el hombre del ofi­ cio y la especialidad moderna. sino la expresión teorética­ mente adecuada para una «inhumanidad» objetiva de las reía- . de m odo primario y mayóritariamente. pero no com o hom bre sin contradicciones y puro. que se vuelven las con­ crecione. según su posición y rendimiento. Él es «hombre». y el ciudadano de Estado público con su moral pública. pues una particularidad es sólo con consideración. abstraídas del hombre «simplemen­ te» son.: de la sociedad burguesa en dos m odos de existencia separados y contradictorios: el hombre privado con su moral privada. en tanto está determinado esencialmente a través de ésa o aquella particularidad. en la sociedad burguesa. según la cual el hombre como tal sólo es una particularidad. En todas esas impresiones parciales del ser humano se visibiliza también el hombre com­ pleto com o tal. Él es hombre. a otra particularidad. Y porque esas posiciones y rendimientos sociales son condicionados. que no conciernen al hombre en su totalidady com o tal («simplemente»). en cada caso. en tanto con­ creciones del ser humano. en ge­ neral abarcadora. especiales y autonom izadas en su esp ecificación — com o el tal cosa y el tal otra— . a un especialista. por las «necesidades» terre­ nas. el hom bre de cíase burgués y proletario. p or la existencial pregunta económica.4. en cada ca­ so. por el contrario. Esas concreciones abstractas. p or un lado. el hombre de trabajo intelectual o corporal. hom ­ bre privado en diferencia a su vida pública. por ejem­ plo. pero sí en tanto es ese A lgo fijo. siempre solamente de una forma totalmente con dicio­ nada y delimitada. así tam poco es la definición de H egel del hombre. hombre de oficio en diferencia a su vida de familia.84 K a r l L o w it h parciales impresiones del ser humano. sino sólo. de hecho abstractas. El hom bre «simplemente».

la aparente obvie­ dad que — para el hom bre de la sociedad burguesa—afirma que es el burgués el que. está enajenado. sino «humana». com o y a descubierta. com o el destino ineludible de la racio­ nalización— . sin per­ der6 6 con ello su fundam ental sentido an tropológico. La convicción de que la filosofía del espíritu de Hegel con­ tiene al hom bre sólo com o una particularidad. M arx persigue esa enajenación de sí fundamental y general del hom ­ bre del orden estatal. por tanto. y es a él al que se dirige. del hombre de la so­ ciedad burguesa. y a en el inicio. que en la filosofía del espíritu de H egel está tan oculta todavía. del orden social y del orden económ ico m odernos — esto es. La expresión económ ica de su problemática es el mundo de las mercancías·. su expresión políti- . le concierne desvelar. a F euerbachy a M arx. Esto es. desde el cual parte M arx. En orden a liberar al hom bre de su particularidad total infrahu­ mana y superar \aufheben\ la enajenación del hombre simple­ mente en una especialidad humana.M ax W eber y K arl M arx 85 ciones de existencia vigentes del m undo m oderno. Ésta no se relaciona con el hombre com o «ego y al­ teregó» (Feuerbach). en él. en W eber. en todos los campos: en su form a económica. del m ismo «orden » que viene a nuestro encuentro. porque él mismo es su mundo social. A sí es que a él le concierne desvelar aquella particularidad total. en sentido verdadero. com o tal y en su totalidad. p o ­ lítica e inmediatamente social. M arx exige una «emanci­ pación del· h om b re» no sólo política y econ óm ica. interna a loé hombres. es común. y por eso se com pleta la crítica del hombre del m undo burgués de M arx com o crítica de su sociedad y de su economía. y no sólo a las particularidades singulares dentro de aquella parti­ cularidad total que presenta al hom bre burgués como tal. burguéscapitalista — un signo de que el hom bre como hombre. Él es esencialmente zoonpolitikon. en su problematización humana. pero no com o la totalidad humana y filosófica fundamental. sino con el «mundo» del hombre. Porque es el hombre. es «hom bre».

sino que ¿« ella es­ tá contenido.] formad deder-ahí. la existen­ cia del proletariado. el carácter ontològico fundamen­ tal de nuestros ob jetos en su totalidad: su objetualidad. Esa form a m ercancía o estructura de la mercancía caracteriza tanto la enajenación de la individuali­ dad del hombre. 2 6 6 y ss. de ningún modo comienza justo ahí. La expresión económica de la enajenación de sí en la «mercancía» Como en toda ciencia histórico-docial. 1. XLIII La expresión económ ica de la enajenación de sí humana es la «mercancía». com o la de las codas. II. y. p p . de debe diempre indùtir en el desarrollo de lad categorías económicad. El sentido humano y social-critico básico de esos análisis económ icos tiene expre­ sión directa en E l capital solamente en explicaciones transito­ rias y en notas. su expresión inmediatamente humana-dociaL.). determinacioned de la existencia. su «form a mercancía». La m ercancía.I..] la dociedad burguesa moderna edtá dada y que lad categorías expredan [ . en que [■■. es fácil de reconocer en el debate sobre la ley del rob o de leña de 1842 (W .86 K arl L o w it h ca. En cambio. por eso. com o el carácter verdadero de todod los objetos del m undo m oderno. Para L acrítica de la economía política. también científicamente.. a menudo dòlo adpectod dingulared de eda dociedad determinada. . en que la economía. p. significa no una form a de objeto entre otras. en el sentido de M arx. donde de habla de ella como tal. Éste contiene la primera y ejemplar revelación de aquella in­ versión fundamental de «m edio» y «fin». en su opinión. la contradicción entre el Edtado burgués y la sociedad bur­ guesa. o respectivamente.6 7 D e ahí que E l capital co ­ mience con el análisis de la mercancía.

a esa «exterioridad» cumbre. fin último. en la «cosa»—está con­ cluida. com o p oseedor de leña. por consiguien­ te. L o que M arx quiere decir en el debate es. de nuevo. en esa forma significativa. sino una cosa de significado econ óm ico y social. en la cual la enajenación de sí del hom ­ bre com o axitorrenuncia — precisamente. y el hom bre. de acuerdo con su más propio sentido. M arx describe en la disertación com o «materialismo» al comportarse hacia sí mismo com o hacia algo otro y ajeno. El hombre puede ser determinado por la mera «leña». no se diferenciarán esas leyes en nada. com o hom bre que tiene esta conciencia de sí particular y «limitada» y al que. sólo com o ladrón de le­ ña. tiene un ca­ rácter de fetich e. en principio. no es lo mismo para el poseedor com o propieta­ rio privado que para un no poseedor. algo inhumano — mera leña—que determina al hombre y lo «subsume». una «potestad objetiva». más que en el punto geo­ .M ax W eber y K arl M arx 87 de «cosa» y «hombre». humana y n o sólo jurídicam ente. sea para el hombre. el otro hom bre no le viene en consideración tam poco com o hombre. porque. Por eso pueden «ven cer los falsos dioses de madera y sacrificarse las víctimas humanas»: Cuando la leña y el poseedor de leña como tales decretan leyes. com o un «idealista».En ambas perspectivas la cosa muerta es. com o que quiere cancelar esa enajenación. res1 · pectivam ente. y se define a sí mismo. mientras que uno se sepa única y solamente. porque ella misma — igual qué la mercancía—es ya una expresión objetiva de las relaciones «políticas» — en el sen­ tido de la palabra— . com o la mercancía. n o puede p o r lo tanto erigirse. sino. mientrad que él no es ca­ paz de determinar hum anay socialmente sus relaciones cosificadas y dominárlas. o preferentemente. lo siguiente: la lefia que pertenece a alguien y que puede ser robada no ed leña solamente. p or m edio de la presuposición de que esa cosa. Una enajenación de di es la renuncia en una cosa. Una pena correcta. por lo tanto de significado humano. que la roba. C om o leña.

Este sentido radical hu­ m ano de los análisis econ óm icos se m antiene después. Esa in­ versión es un «materialismo infame». y el lenguaje en el que son dadas. una medida del hombre. contra Proúdhon. En La dagrada fam ilia éste subraya.] a la vieja forma del tener. presenta una expresión todavía enajenada de la general enajenación de sí humana: Que Proúdhon quiera cancelar el no-tener y la vieja forma de te­ ner se identifica por completo con su querer cancelar la relación prácticamente enajenada del hombre frente a su esencia objeti­ va. a la vez. juntó con la «cosificación» de la conciencia de sí humana.. Se codifi­ can la¿> relacioned huihanad a travéd de que leu) relacioned codificadas de humanizan en potedtaded cuadiperdonaled dobre el hombre. o el querer cancelar la expresión nacional-económica de la humana enajenación de sí. esto es. empero. en Marx. no resolverla en relación con la completa razón de Estad o y la moralidad estatal (W!I. Ese materialúrrw infame (ese pecado contra el espíritu santo de los pueblos y de la humanidad) es una consecuencia inmediata de aquella doc­ trina que predica el legislador. 1. p. esa aparente «cosa-en-sí».. también las cosas mis­ mas se vuelven ahora. Pero en tanto algo com o la leña. se vuelve m edida del ser y dél com portam iento del hom bre se­ gún relaciones sociales determinadas. Ya que su crítica de la economía na­ cional todavía está atrapada en las presuposiciones de la econo­ mía nacional. 304). lá posesión. dé m odo aún más expresamente crítico. y no resolver políticamente la tarea singular material.88 K a r l L ó w it h gráfico én el cual. a la propiedad privada. que la interpretación meramente nacional-económ ica de una situación de ese tipo. Proúdhon contrapone [. y que dicta que en una ley sobre leña sólo hay que pensar en leña y en bosque. el periódico estatal prusiano. A la posesión él le atribuye una «función social». com o está contenida en la demanda de igual podedion. lo «interésante» . se concibe aún la reapropiación misma del mundo objetivo bajo la forma nacional-económica de la posesión. En una función ño es.

de tal m odo que éstos no tienen y a bajo su poder «la form a de su comportamiento mutuo». II. de esta manera él no la cancela realmente. sin él·»?6 9 La res­ puesta de M a rx es: a través de la división del trabajo. enajenar y a la vez prevale­ cer com o un poder independiente [ . La misma pregunta postula también La ideología alemana. Proudhoii no logró dar una explicación que esté a la altura de ese pensamiento. de m odo que «sus relaciones se autonomizan contra sí mismos». que por sí misma sólo es «la más crasa expresión de la subsunción del individuo bajo la división del trabajo» (La ideología alemana. como ser objetual del hombre. También aquí M arx pregunta de dónde surge la «extrañeza» con la que los hom bres se com portan respecto a sus propios productos. esto es. 248 y ss. La completa forma de tra­ bajar.M ax W eber y K arl M arx 89 el «excluir» al otro. en su raíz. es a la vez el ser-ahí del hombre para otro hombre. aun cu an do n o sea tratada de la misma manera. Proudhon cancela la enajenación nacional-económica (sólo) dentro de la enajenación nacional-eco­ nómica (Obradpódtumad. sino afirmar mis propias fuerzas esenciales y materializarlas.7 0 Pero la división del trabajo sólo puede ser en verdad cancelada so­ . vigente hasta hoy. pp. dentro de la involuntaria «autonom ización de los intereses personales hacia intereses de clase. y «el poder de su propia vida se vuelve sob rep od eroso contra ellos». pp. el comportamiento perso­ nal del individuo se deba cosificar.] de él. como ser para el hombre. 139-140). La representación de la «igual posesión» es la expresión nacional-económica. y 271 y ss. sino tam bién una cancelación de la contraposición entre ciudad y campo.) . el comportamiento social del hom­ bre hacia otro hombre. ese fundamento de la racionalización. Esa transformación significa no sólo una cancelación de la división del trabajo en intelectual y corporal.. su relación humana hacia otro hombre. debe ser canceladay transformada en una total «actividad propia».6 8 Esto es. ¿C ó m o se llega a que.. enajenada de que el objeto.

Por el contrario. tan inevitable que la diferencia (no comunista) «éntre la vida de cada individuo en tanto es personal y en tanto está bajo cualquier rama del trabajo y las condiciones a ella pertenecientes. uno claro. Por un lado. Ese antagonismo entre industria moderna y ciencia aquí. [..90 K a r l L o w it h bre la base de un orden comunitario comunista. pero el hombre es esclavo del hombre o esclavo de su propia vergüenza. han despertado a la vida fuerzas industriales y científicas.'1 Diez años después de La ideología alemana (1856). La humanidad se vuelve señora de la naturaleza. la «autonom ización» de las relaciones socia­ les hacia relaciones de cosas es inevitable. y la existen­ cia humana se rebaja a fuerza material. M arx resume su con cepción fundamental de ese m undo invertido en una mirada hacia la «así llamada» revolución de 1848. parece que cada cosa está preñada de su contrario. La máquina esta dotada con la fuerza maravillosa de acortar el tra­ bajo humano y de volverlo fructífero. es subsumid a ». Algunos partidos puede lamentarse de eso. Las fuerzas de la riqueza recién liberadas se vuelven.] El resultado de todos nues­ tros descubrimientos y de nuestro progreso parece ser que las fuerzas materiales están dotadas de vida espiritual. Por otro lado se hacen notar los signos de una decadencia que ensombrece los muy citados temo­ res de los últimos tiempos del Imperio Romano. a través de un curioso juego del destino. miseria moderna y decadencia allá. de la siguiente manera: Hay un gran hecho que es característico del siglo X IX y que nin­ gún partido puede negar. sino al ser humano mismo en todas sus exteriorizaciones. esa oposición entre las fuerzas de producción y las relacio­ nes sociales de nuestra época es un hécho. En nuestro tiempo. La victoria del arte pa­ rece alcanzarse con pérdida de carácter. otros pueden desear extirpar las capacidades modernas para así extir­ . y sin embargo nosotros ve­ mos que conduce al hambre y al sobretrabajo. dentro de la divi­ sión del trabajo. como no podía adivinar ningu­ na época pasada de la historia. dominante e indiscutible. en fuentes de la desposesión.. el cual vuelva generales no sólo la posesión.

lo que en su fin originario está dado para el consumo. Esa mercancía es (igual que la «leña» en el debate) una expresión económ ica de la enajenación de sí. no es prod u cid o ni intercam biado inmediatamente com o cosa de consum o para la propia necesidad. pleno de energía. sólo necesitan de nueva) hombres (La revolución de 1848 y elproletariado). com o «socialismo ciéntífico». . O pueden imaginarse que un pro­ greso tan reconocible hacia un perfeccionamiento en la econo­ mía necesita de un retroceso igualmente reconocible en la polí­ tica. La «cé­ lula económ ica» de esa econom ía es la forma mercancía del producto del trabajo. M arx completa. sino una crítica del hombre de la sociedad burguesa. en La ideología alemana. Nosotros. no desconocemos al espíritu astuto que avanza. en el hilo conductor de su economía. para el que la mercancía sólo tiene un valor de cambio. en la sociedad burguesa-capitalista. Consiste en que.M ax W eber y K arl M arx 91 par los conflictos modernos. sino que lle­ ga al m ercado de mercancías m oderno com o valor.mercancía autonomizado (ya se trate de productos económ icos o intelec­ tuales. el p rod u cto dom ina sobre el hom bre. M arx fijó ya en la introducción a la Crítica de lafilosofía del dere­ cho de H egel quiénes serían esos «hombres nuevos». el quiebre decisivo con el «humanismo real» de Feuerbach. E l capital no significa todavía una mera crí­ tica de la economía política. para poder erigir una buena obra. para dar forma a to­ das esas oposiciones. com o com prador de mercancías.'2 Esa autonomización del objeto de consum o hacia la «m ercancía» ejemplifica una vez más la relación general que postula que. Nosotros sabemos que las nuevas fuerzas de la sociedad. Y sin embargo. encontró la «praxis social» a él perte­ neciente. la filosofía del «humanismo real». a la mano del consu­ midor. Con eso. de un m ercado ganadero o de uno de libros) y justo por ese atajo llega desde la mano del vendedor. los llama­ dos a levantar la general enajenación de sí: «Ellos son los tra­ bajadores». la posibilidad de su realización y superación. por lo que nos concierne.

existente al margen de los productores. sino com o cosa de consum o. en primera instancia. A esto lo llamo el fetichismo qué se adhiere a los productos del trabajo tan pronto se producen como mercancías. C om o mercancía.] Lo que aquí adopta. com o corresponde a la «relación natural de las cosas» — dicho con el giro prudente de W eber— . en cosas sensorialmente supra­ sensibles o sociales. sino que se pone de cabeza frente a to ­ das las demás mercancías y de su testa de madera brotan qui­ meras m ucho más caprichosas que si.92 K a r l L o w it h pero no al revés. en que también refleja la relación so­ cial que media entre los productoresy el trabajo global como una relación social entre los objetos. la mesa común es una cosa «sensible-suprasénsible»/3 L o que en ella. D e ese m odo. en que la misma refleja. De ahí que pa­ ra encontrar una analogía pertinente debamos huir hacia la re­ gión nebulosa del mundo religioso. comenzara a bailar»: Lo misterioso de la forma mercantil consiste sencillamente. p o r libre determ ina­ ción. por ende.. es sensorial. sin más. en relación unas con otras y con los hombres. pues. es sólo la relación social determinada existente entre ellos. como propiedades sociales naturales de dichas cosas y. para los hombres. respectivamente—es. es sólo aquello qüe no es com o «m ercancía» precisamente. la forma fantasmagórica de una relación entre cosas. los productos del traba­ jo se convierten en mercancías. que cuesta dinero — com o cuesta el trabajo mismo. C on la me­ ta de desvelar el p roceso de esa inversión. una rela­ ción social oculta. L o que ella es com o mercancía. Otro tanto ocurre en él mundo de las mercancías con los ¡productos dé lá mano humana. M a rx realizó el análisis de la «apariencia cosiíicada» de las modernas relacio­ nes sociales de trabajo en el «carácter de fetiche» de las mercancías. o el tiempo de trabajo. Mediante este quidpro quo. .. dotadas de vida pro­ pia. En él los productos de la mente humana parecen figuras autónomas. [. ante los hombres él carácter social dé su propio trabajo como caracteres objetivos inherentes a los productos del trabajó. ella «se mantiene no sólo con sus patas en el suelo.

Esa mutabilidad aparece.M ax W eber y K arl M arx 93 y que es inseparable de la producción mercantil (ELcapital.M arx afirma que esa inversión vale para una form a social y económ ica que no sólo ha Llegado a der así-y-node-otro-m odo. Pero al mismo tiem po. com o produc­ tores de mercancías. porque también su autoconciencia está. en un mercado regulado p or sí m ism o7 4 . puramente «objetivo»—en pri­ mer lugar solamente a trayés del intercambio de sus mercan­ cías como mercancías. es en verdad Uno totalmente invertido. pero no el carácter de mercancías com o tal de los objetos de consumo. entran en contacto Humano-social — esto es. sino com o puras relaciones «objetivas» éntre ellos. por ejemplo. en principio. esto es. de objetos de cuaLfuier tipo en forma o estructura de mercancía. en donde el producto del trabajo com o mercancía se vuelve autónomo frente a su productor. en esa época. pp. las relaciones sociales de las personas en sus trabajos aparecen7 6 en tod o caso. Porque. sino que tam bién es históricamente mudable. las relaciones cosificadas entre mercancías reciben e l carácter de relaciones cuashperdonal&tf entre cuerpos de mercancías activos. 6. 38-39). eso — dice M arx—debería ser com prendido inmediatamente cuando se com para a éstas con otras relaciones históricas so­ ciales y económicas. com o . I. com o quiera que se juzgue. Que un orden económ ico socialmente condicionado de tal rhodo. cosificada. a los mismos productores las relaciones dociales que están en la base de las mercancías se les aparecen no com o relaciones sociales de trabajo entre hombred. a la «oscura» Edad M edia y a sus relaciones de de­ pendencia personales. Puesto que los productores de mercancías. en la misma medida. D e m odo inverso. Los hom bres no tienen en prin ci­ p io ninguna conciencia de. cosificadamente vela­ da a través de la forma-valor fija y completa de las mercancías en la form a-dinero/5 de tal m odo que parecería que puede sólo cambiarse el precio de las mercancías. esa inversión.

porque éstas tendrían.7 7 sino la necesidad de retornar desde el hom bre parcial.94 K a r l LO w it h dudpropiad relaciones personales y no están «disfrazadas de re­ laciones sociales entre cosas». I. según M arx. en esa ép oca es característico que aquello que M arx niega com o una «autoenajenación» del m oderno mun­ do de los hombres y que W eber afirma com o un «destino ine­ ludible». cuya naturaleza hu­ mana consiste. con trapon ien do otra v e z la «transparencia» de sus relaciones sociales respecto á los p ro­ pios productos del trabajo con la oscura inversión del m undo1 de m ercancías m odern o — su inhum anidad— . a u n hombre «natural». pp. es aquí su form a social in­ mediata» (Elcapital. trabajadores y productos no necesitan tomar una form a fantástica. En consonancia con esa perspectiva histórica. A l retrotraer el carácter de mercancía al de consum o no cabe sólo una des-capitalización. En el § 67 de la Filodofía del derecho. sólo una relación «externa» respecto a la «totali­ dad» y la «universalidad» humanas. com o ba­ se de la producción de mercancías. zoon polilikon. C om o aquí las «relaciones de dependencia personal son las que construyen el fundamento social dado. cosificadamente autónomo. Esa enajenación personal es igualada expresamente p o r H egel con la relación del hom ­ bre hacia la coda. en esa delimitación. La form a natural del trabaj o. M arx desarrolla la posibilidad de un fu­ turo orden social com unista. Adem ás. Hegel explica que el hombre p o ­ dría enajenarde de sus particulared posibilidades corporales e in­ telectuales en la actividad de producciones dingulared y en un consum o delimitado en el tiempo. pudo ser legitimado por Hegel positivamente. en que él es. él expli­ ca (§ 61) que una cosa arriba a su propia determinación pre- . El m undo de mercancías sólo puede ser superado a través de una funda­ mental transformación de las relaciones de vida concretas del hombre. fundamentalmente. 6. 4 3 y sS.). en du totalidad. su particularidad y no su universalidad. diferente de su realidad. D esde la perspectiva de eda relación.

pero era. su consumo. porque la exten­ sión total de su actividad era enajenada». tienen nuestros actuales servidores. La Sustancia de la cosa es entonces. está en realidad más someti­ d o que el esclavo antiguo. legalmente «libre». lo que Hegel extrae de ello: esto es. Asimismo. para el consumo— . para la cual lo «universal» del hom bre era el «espíri­ tu». precisamente. de lo que en apariencia es completamente «externo» a la cosa «misma» o «en sí»— . y la exterioridad realizada. Con él consumo de una cosa Se apropia la cosa misma. y ésté es el sentido originario de «propiedad». en la total extensión de lo que es. M arx concluye a partir de ello exactamente lo contrario. que e l trabaja­ dor a sueldo. sin embargo. en una pro­ d ucción singular. la totalidad de las exteriorizaciones humanas de la vida y el consum o total de las fuerzas humanas es idéntico con el todo mismo de la vida sustancial. aparece lo que ésta es propiamente en primera instan­ cia. no depende de esa realidad irracional. su «exterioridad». D e esa identidád de la süstancia'de la vid a personal con la totalidad de sus exte­ riorizaciones no sé sigue. no obstante. en consonancia con él para qué ella está ahí (con su naturálezá de cosa) — esto es. Cuando Se ha realizado el completo consumo de la cosa — esto es. o el jornalero. o alienarse — sin minimizar la «exteriori­ dad» filosófica de una relación com o ésta— . Pero la filosofía de Hegel. singular. sólo p orq u e en s í es una relación «delim itada» y «externa» del hom bre respecto a sí mismo. esto es. que una actividad particular. regularmente. El esclavo ateniense tenía quizá menos obligaciones y trabajo intelectual que el que. Y así surge en él el curioso agregado siguiente (al § 67): «La diferencia aquí dis­ cutida es entre un esclavo y el servidor actual. dentro de un tiem po diario limitado. no podría absorber la totalidad real del hombre completo y determinarlo en su totalidad com o una particularidad. un esclavo. Porque no obstante él es jurídica­ mente el propietario de su capacidad de trabajo y estaría en .M ax W éber y Karl M arx 95 cisam entey justo a través de que es utilizada y consumida p or el hombre.

pp. pp. es lo único que defacto «posee» y debe enajenarla para poder vivir (E l capi­ tal. ciudadano pú blico del Estado. parte. hombre privado y. porque ésta. 1 30 y ss. en el derecho natural de H u go § 144. y la sociedad burguesa o. \ - L a expresión específicam ente política de la autoenajenación humana es la contradicción interna entre el Estado moderno. en. en oposición a ella.96 K a r l L ó w it h igual condición que el poseedor de los medios de producción. en to d o caso. p ero ni com o éste ni com o aquél es un . o mejor. III. La expresión política de la enajenación de sí humana en la sociedad burguesa La abstracción del Estado como tal pertenecejusta­ mente a la época moderna. Crítica de lafilosofía delderecho de Hegel. I. 2 6 8 y ss. I. a la vez el problem a universal de la sociedad m oder­ na. y la correspondiente crítica de M arx en Obradpódturnad. Él es. y no se vendería a sí mismo. la form a cínica con la que H egel distingue entre totalidad humana y exterioridad. en parte.). El hombre real (de esa época moderna) es el hombre privado de la constitución del Vetado actual. productora de mercancías. solam ente p o r un tiempo limitado. respectivamente.). 4 57 y 499. sino «sólo» a su fuerza de trabajo y a ella la ven de tam bién. la contradicción en di mismo del hom bre de la so cie d a d burguesa y del Estado burgués. (Com párese al respecto la form a «a corazón abierto». el esclavo antiguo estaba fuera de la sociedad «humana» que en­ traba en consideración. su fuerza de trabajo vendible.I. de tal m odo que su destino no tenía un significado general. él se vuelve de ese m odo totalmente una «mer­ cancía». W. pa­ ra M arx. porque. Ese «libre» esclavo asalariado encama. p. porque la abdtfacción de la vidaprivada pertenecejustamente a la época moderna.

1. de La sagrada fam ilia pueden permanecer aquí desconsideradas). a una forma invertida. a la humanidad privada. esto es. esto es. pero asistemáticas. a su estructura ontológica. L o especial en el hom bre burgués.M ax W eber y K arl M arx 97 hombre «com pleto». con la crítica de Hegel de la sociedad burguesa. esto es. en ese sentido. a esa form a determi­ nada de ser humano. L a crítica tem ática de las relaciones sociopolíticas fundaméntales del m oderno m undo de los hombres la desa­ rrolla M arx. sino la particularidad humana como tal. a la pri­ vacidad. A m bos tratados muestran de manera sistemática la autoenajenación humana en su form a político-social. de la mano de la crítica de la filosofía del derecho7 8 de Hegel y en discusión con el tratado sobre la cuestión judía de B. 476). privilegiadamente un hombre privado y. en diferencia y oposición a la universalidad pública del ser-ahí. para M arx. lo que lo destaca para sí. cosificada de ser humano. La particularidad humana que es combatida en esos escritos no es el hom bre com o poseedor de dinero y de mercancías. p. un hombre «sin con­ tradiccion es». en tanto lo separa y lo recorta de la universalidad de la vida pública es que él es. com o «hom bre». hasta en lo más singular. La crítica de esa particularidad del hom bre de la sociedad burguesa se une inmediatamente. y no de otro m odo. sino que él postula lo que es com o si fuese la esen­ cia del Estado» (W. La crítica de la econ om ía com o crítica de la econom ía «política» y a es indirectamente una crítica de las re­ laciones de vida sociales y estatales de la humanidad que se organiza económicamente así. así también la crítica de la sociedad burguesa y del Estado burgués con ­ cierne a la esencia del burgués cóm o tal.I. Él «mistifica» absolutamente lo empírico. Bauer (las referencias. sobre todo. de tal m odo que el contenido de sus explicaciones es . relacionadas de m uchas maneras. Y así com o la crítica de la mercancía concierne ai carácter dé mercancía de todos nuestros objetos. un «burgués».7 9 Porque «a Hegel no se le debe reprochar que esquematice la esencia del Estado moder­ no com o es.

Pero lo falso es que se conform a con la apariencia de su disolución» (W. porque la existencia del Estado como gobierno está acabada sin él.1.I. Su existencia como ciudadano estatal es una existencia que radica fuera de sus existencias comunitarias. abstraerse de ella. p. Coma ciudadano real.. Hegel es ma­ terialista en cuanto reconoce lo que existe defacto com o algo internamente necesario y lo postula absolutamente en la filo­ sofía. él debe salir de su realidad burguesa. p. es puramente in­ dividual» (W . 526).98 K a r l L o w it h del «materialismo más craso» (¡) (W I. Lb que Hegel presenta en los hechos no es otra cosa -en la interpretación de M arx—que el conflicto universalmente válido entre la sociedad burguesa y el Estado· «L o más profun­ do en H egel reside en que él percibe la separación de la socie­ dad burguesa y la política com o una contradicción. ella no afecta al Estado político como tal. de la potestad de gobierno. p. que a la vez contrapone al hom bre viviente en ellos < . la burocrática — que es una determinación formal externa del Es­ tado trascendental. la organización de la so­ ciedad burguesa.I.8 0 M arx combate esa separación de los intereses particulares y generales. 494) . y su existencia en la sociedad burguesa está acabada sin el Estado. En ella. para adquirir significación política y efectividad. La posición de la sociedad burguesa es. p or ende -com o posición privada— . retrotraerse desde esa completa or­ ganización hacia su individualidad.. él puede ser un ciudadano estatal. 1. 492). Porque la única existencia que él encuentra para su ciudadanía estatal es su pura individua­ lidad desnuda. [. él se encuentra en una doble organización. Sólo en contradicción con esas comunida­ des dadas una vez. sólo como individuo. L o que Hegel y a con oció y M arx vuelve el punto cen­ tral es el QSLrÁct&rJundamentalmente privado del hom bre dé la sociedad burguesa.. 1.. él se pósiciona como hombre privado. que no afecta ni a él ni a su realidad autónoma— y la social. en verdad una posición no política'.] Para comportarse como real ciudadano del Estado. fuera del Estado.

por ende. c o ­ m o una auto enajenación humana. para encontrar de esta manera el nuevo m undo. p orqu e ¿óLo «p olítico». hom bre p riv a d onecesariamente algo otro. 1.I. desde el conflicto del hom bre de la sociedad burguesa con sigo mismo. c o ­ m o Estado administrativo burocrático racionalizado. la existencia individual.M ax W eber y Karl M arx 99 en una existencia preferentemente privada y una pública. para sí. tanto com o ellos se abstraen de él com o hom bres individuales. el principio materializado del individualismo. En la com unidad comunista se trata exactamente de lo contrario: en ella parti­ cipan los individuos como ¿«3¿V ¿<?í¿<w . esto es. desde «las form as propias de la realidad existente». a partir de la crítica de ese m undo en vejecid o. respectiva­ mente. Y en los hechos. com o ju «res pública». ese mismo hom bre sólo es una form a privativa de ser humano. y con ella del hombrease completa com o superación \Aufhebung\ c r ít ic a y m Iü com o superación de l a — presupues­ ta—contradicción burguesa de lo privado y lo público. la «verdadera realidad y su deber ser com o su fin últim o». C om o hombre privado. La hu­ manidad privativamente-privada del hombre de la sociedad . tan extraña com o permanece por otro lado su vida privada respecto al Estado. extraño. o. de la vi­ da real. en diferencia con la universalidad pública.8 2 así describe M arx en una carta (W.8 1 D esarrollar desde el con flicto de ese Estado fundam en­ talmente no político. 1. p. el fin último. en general. en tanto las modernas relaciones de vida reales presuponen una separación de la vida real res­ pecto a la vida estatal (W . pp. personalinente en el Esta­ do. 538). 572 y ss. externo. La sociedad burguesa actual es.) su empresa. La determinación del hom ­ bre de ser miembro del Estado sigue siendo necesariamente una determinación «abstracta». Su Estado es un Estado «abstracto» porque él se abstrae. P orque com o ciudadano estatal el burgués es — en tanto él es. la form ación «positiva» de su idea de una sociedad humana. para el cual todo es medio. de la vida privada de sus ciudadanos.I.

sería la delimitación del ser humano mismo a hombre privado. 1. Mientras el Estado sea cristiano y el judío. sería sólo una cara de la total «realidad de la esencia humana verdadera». esto es. Y eso. tom ado así para sí. en cambio. de la esencia privada» (W . Porque una emancipación política de los judíos sería irrelevante.I. Weitling y otros) que sigue siendo una «abs­ tra cció n dogm ática» — es decir.I. sino sólo el fenóm eno. la destrucción de cada particularidad religiosa del hombre. L a en apariencia más concreta pregunta sobre cóm o los judíos podrían ser políticamente emancipados en Alemania es resuelta por M arx inmediatamente con la pri­ mera oración. «selecta»^. siguiendo el tratado de B. •A ésa radical reducción y destrucción de todos los m odos de existencia singularizados y.I. 581). tan p o co com o los alemanes. la universal? ». universal. Porque la religión nó sería y á el fundam ento. en esa singularización. 437 ). en o p o sició n explícita co n aquel com unism o «real» (de Cabet. 573). 1.8 1 M arx ha hecho realidad. según M arx. judío — acuerda M arx con Bauer— . que de­ berían supuestamente em anciparlos. también su existencia «teoré­ tica». p o r el contrario. mientras ellos n o sean «hum anam ente» emancipados. p. 1. una form a de delim itación que ni la A ntigü edad ni la E d a d M e d ia habrían c o n o c id o (W . cuando les gusta. p. autonomizados. corresponde también el repliegue de cada parti­ cularidad religiosa en el hom bre. Bauer sobre la cuestión judía. son los judíos. p. emancipados humanamente. ambos son tan p o co capaces de . « ¿ P o r qué les digusta tanto su especial servidumbre. El verdadero fun­ damento. el m o d o de aparición de la limitación humana (W .100 K a r l L o w it h burguesa debe cancelarse en una com unidad que aprehenda la completa esencia del hombre. y que lo vuelvafundamentalmente un hombre comunis­ ta. también el «com pleto principio socialista».8 3 Es decir. en tanto es una «aparición del prin cipio humanista aún contam inada de su contrario.

1. n o sería una . La frontera de la m era em anci­ pación política se muestra en que «el Estado puede ser un Es­ tado libre. entre el hombre viviente y el ciudadano eétatal.I. p . 1.M ax W eber y Ka r l M arx 101 emancipar (al hom bre com o hom bre). Tanto Bauer com o M arx describen esa reducción a rela­ ciones puramente «humanas» com o la única conducta a la vez «crítica» y «científica» ( !) (W . entre el jornalero y el ciudadano estatal.libre». deja reposar sobre sí la escisión entre el Estado político y la sociedad burguesa — esa oposición «mun­ dana»—y polem iza sólo contra du expresión religiosa. sino de la libertad humana respecto á la religión. que concierne a la emancipación respecto a cada parti­ cularidad en e l ser humano de modo abdoluto. sin em bargo. Esá pregunta concierne tanto al hom bre de oficio m oderno. La contradicción en que se encuentra el hombre religioso con el hombre político es la misma contradicción en que se encuentra el burgués con el ciudadano. sin embargo. com o tal. com o de ser emancipa­ dos. ahí acaba Baüer de ser crítico y entra en juego el mismo M arx. 578). L a p re­ gunta es. E n el punto. Esa se­ paración del hom bre en ju dío y ciudadano del Estado. no se necesita de una libertad religiosa estatal. entre el terrateniente y el ciudadanb estatal. I. o tam­ bién en protestante y ciudadano del Estado. Entonces. en tanto investiga la relación de la emancipación política respecto a la em ancipación humana. una com pletam ente universal y funda­ mental. 585). tanto com o a los cris­ tianos. el miembro de la sociedad burgue­ sa con su pielde león política (W. para emancipar realmente a los judíos. sin que el hom bre sea un hombre. en que la pregunta term ina de ser teológica.8 5 Báuer. p o r ende. com o al hom bre religioso y al hombre privado. re sp e cto a coda form a de edpecialización humana. en la respectiva diferencia con los intereses sociales geueraled: La diferencia entre el hombre religioso y el ciudadano estatal es la diferencia entre el vendedor y el ciudadano estatal. p.

591). p. 590). al hombre egoísta. históricamente de­ terminado com o citoyen. Les decimos. aun como Estado. 1. su autoenajenación (W. esto es. sino en la esencia y en la categoría de la emancipación política. sino la mera form a políti­ ca de emanciparse de la religión. el judío hace política cuando. I. También aquí se mues­ tra que los droité de l’homme no eran derechos del hombre. al hombre tal como es. estaba diferenciado de sí mismo c o ­ mo bourgueoij. la diferencia humanamente interna entre la «vi­ da individual y la vida genérica»: No decimos. I. M arx comprueba.102 K a r l L o w it h mentira contra la ciudadanía estatal. al hombre privado corno al honAyra propiamente dicho y verdadero·. quieren ser emancipados políticamente. sin emanciparse radicalmente del ju­ daismo. pues. Ningxuió de los llamados derechos del hombre sobrepasa. se deriva que la emancipación política no es por sí misma la emancipación humana. sólo es una expresión de la universalmen­ te válida contraposición del hom bre m oderno de la sociedad burguesa. pues. aun como judío. sino privilegios burgueses. sin emanciparse humanamente. La particularización de la re­ ligión. reclama derechos cívicos (W . más bien: ya que pueden ser emancipados políticamente. sin librarse completamentey fuera de toda contra­ dicción del judaismo. comparten una limitación general. Si están limi­ tados en esta categoría. con Bauer a los judíos: ustedes no pueden ser emancipados políticamente. La declaración de los derechos del hombre pre­ supuso — defacto—al hom bre com o burgués. obra como cristiano respecto a los judíos. Así como el Estado evangeliza cuando. judíos. miembro de la socie­ . _ la imperfección y la contradicción no está en ustedes. para finalizar. 1. el mismo carácter imperfec­ to de la emancipación en los límites internos de los derechos del hom bre franceses (y americanos). en sí misma. Si ustedes. Esta solo representa el general «alejamiento del hom bre respectó al hom bre». porque ese homme. p.

la sociedad. como una limitación . esto es. según su idea. sólo cuando el hombre reconoce y organiza como fuerzas Mcialed sus forceó propreé y. debería despertarse de nuevo en el pecho de esos hombres.. desdé esa perspectiva. p. que desapareció con los griegos del mundo y con el «cristianismo» y se perdió en la neblina celestial. p. y por el otro a ciudadano delEdtado [. Le­ jos de considerarse al hombre como un ser social. en sus rela­ ciones individuales. debe ser emanci­ pado el hombre.de su autonomía originaria. 595). I. en la idea de M arx. separado de la comunidad. «dem ocrático». El único vínculo que los une es la necesidad natural. en tanto cada hombre vale para él c ó ­ mo un ser «soberano». a individuo egoísta independien­ te. hacia la cual. y porque el cristianismo es también. aún se debe realizar: La emancipación política es la reducción del hombre. La verdadera emancipación humana. a miembro de la sociedad civil. en su trabajo individual. 1. I. de . la necesidady el interés privados. Sólo ese sentimiento.M ax W eber y Karl M arx 103 dad civil. una libertad de la meü alta comunidad — en con traposición con la libertad aparente del «singular atom izado». la conservación de sus propiedades y de su persona egoísta (VV.. la fuerza social no se separa más en forma de fuerza política. por eso. aparece más bien como un cuadro exterior al individuo. p or lo tanto.·]. Y porqu e el hom bre de la poluf griega era. 599). por un la­ do. más libré qué el hom bre de la so­ ciedad burguesa. la propia vida social. y como hombre individual se convierte en <ier genérico en su vida empírica. La libertad. al individuo cerrado en sí mismo. puede hacer de la sociedad. la libertad. 1. sólo entonces se cumple la emancipación humana (W. es p or ello la libertad en el sentido de la filo­ sofía del Estado de H egel. Justo cuando el hombre real individual recoge en sí al ciu­ dadano abstracto. reducido a su interés privado y a su arbitrio particular. por eso es que M arx puede decir: El sentimiento de sí del hombre.

. pero en realidad es absolutamente dependiente y está «subsum ido bajo la p o ­ testad de las cosas». sino en contraposición multilateral con los presupuestos de la estatalidad alemana. 133 La introducción a la Fiiodofía del derecho de H egel ya contiene la frase: «L a disolu ción de la sociedad com o un estamento particular es el proletariado». pero no en tanto es una cla­ se especial de la sociedad burguesa. de ninguna manera.8 6 Justo en esa comunidad. Obradpódtumad... En él radica la posibilidad posi­ tiva de la emancipación humana. p. por lo contrario. nna comunidad dé los hombres para sus más altos fines. una esfera. que no puede emanciparse sin hacerlo respecto a todas las . II. La expresión social de la autoenajenación humana en el proletariado Cuándo bd edcritoreddocialidtad otorgan al proleta­ riado ede rol hidtórico univerdal. p o r el contrario. es­ to es. ni meramente «extern o»).. [. Mád bien.burguesa es. edto no ducede. El hombre privado de la sociedad . . ya no a título hidtórico. sino sólo a tí­ tulo humano·. p. un Estado democrático (W.8 7 IV. sino porque y en tanto es una sociedad fuera de la sociedad. a través de un cam bio social en el ser humano y en la misma aütoconciencia humana (que no es efectuable ni de m od o puram ente «interno». [ . solamente libre — en especial según su propia representación— . que concierne al hom bre com o tal. I. la que se posiciona no en contraposición unilateral con las consecuencias.] porque bd consideren diodeé.] la cual puede provocar. finalmen­ te. será posible la libertad verdáderamente-perdonal.104 K a k l L o w it h nuevo. 1. 561).

p o r el contrario. sin con ello emancipar a l a completasociedad. el proletariado. sin tener una conciencia crítica de ella. la filosofía de M arx.). una esfera que. «E/a cabeza de ésa em anci­ pación es la filosofía. en una palabra. pp. por lo que solo a través de la comple­ ta ganancia del hombre. pp. . 619-620). él proleta­ riado. y no de una forma oculta e irttelectualizada para sí mismo. que es cierto que la clase propietaria y el proletariado presentan fundamentalmente una y la misma autoenajenación. Sólo los proletarios del presente. puede ganarse a sí misma (W. su corazón. En cierta manera. porque debe enajenarse a sí m ism o igual que una m ercancía. con ello. en esa autoenajenación. sin embargo.» En el mismo sentido. para la que el hombre com o ser genérico es la más alta esencia. n o puede liberarse a di midrnó.na del proletariado será más desarrollada en La ideología ale­ mana en relación con la universalidad de la m oderna circu ­ lación dé la econom ía mundial. una conciencia de clase. pero una clase se sabe reafirmada. mientras que la otra. el hombre proletario es menod des-humanizado tam­ bién que el burgués. sus armas intelectuales. I. porque lo es evidentemente. es la completa pérdida del hombre. es «la des-hum anización consciente de su des-hum anización y co n ello superadora de la mism a». Con el proletariado. II.M ax W eber y K arl M arx 105 otras esferas restantes de la sociedad y. emancipando a todas esas otras esferas. 131 y ss. de nuevo. así entendido. e inversamente. absolutamente excluidos de to­ da afirmación de sí. pero precisamente a través ello desarrolla una conciencia crítica^ revolucionaria. Esa función univerdal-\mma. «resume en sU culmina­ ción inhumana» a todas las relaciones de vida de la completa sociedad actual. son capaces de realizar su completa — y no . El proletariado es la autoconciencia de la «m ercancía». 1. ha encontrado sus armas naturales. en La sagrada fam ilia aparece (Obrad pódtumad. en sus relaciones dé vida.8 8Ya que el p ro­ letariado.

es que tiene un significado fundamental y universal. análogo al carácter de mercancía ¿fe todos los objetos m odernos. se disuelve. sino un m ero ex plotador y v e n d e d o r de su fuerza de trabajo. P orqu e dado que el trabajador asalariado está enajenado completamente p or la «pregunta terrenal. en tama­ ño natural».' ICa r l L ó w i t h más estrecha—afirmación de sí. Todas las an­ teriores apropiaciones revolucionarias fueron limitadas: indivi­ duos cuya afirmación de sí estaba restringida por un instrumen­ to de producción y una circulación limitados se apropiaron de ese instrumento de producción limitado y lo llevaron a una nue­ va limitación. en el extremo de la autoenajenación. el ser genérico del hom bre en su negación. pero ellos mismos permanecieron bajo la división del traba­ jo y subsymidos bajo su propio instrumento de producción. Entonces. : p. com o un destino humano. del m odo más apreciable. sino por­ que el proletariado encam a para M arx lo universal-humano. no porque los proletarios fuesen «dioses». porque no es en absoluto un «hom bre». una m ercancía personificada. su posición tiene una función uni­ versal. en la «anatomía» de la sociedad burguesa. La circulación universal moderna no puede ser subsumida. a la vez que con la humanidad priva­ . 296). y así se convierte necesariamente. una masa de individuos quedó subsumida bajo un único instrumento de pro­ ducción. que consiste en la apropiación de una totalidad de las fuerzas de producción y del desarrollo de una totalidad de capacidades. C on la autoliberación del proletariado com o el es­ tamento universal que n o tiene ningún interés particular que representar. con el significado central del proletariado com o el núcleo de la problemática social moderna. En todas las apropiaciones llevadas a cabo hasta aquí.'imbricado con ellas. bajo los individuos de otro módó que a través de la subsünción bajo todos ellos (La ideología alemana.· en la apropiación de los proletarios debe ser subsumida una masa de instrumentos de producción bajo cada individuo y la propiedad bajo todos ellos. Su instrumento de producción se volvió sil propie­ dad. En él se muestra la economía.

desde la posibilidad de su superación y esto significa. en cuya «cum bre» está. ex- . sino que M arx analiza la totalidad unificada del m undo de los hom bres m oderno. La autoenajenaeión es contemplada. p o r la división natural del trabajo. sino en cada perspectiva des-racionalizada. con su propiedad privada y con la economía privada-capitai lista. que habría «dedu cido» to d o de la mera econom ía. En el lu­ gar de la mera in-dependencia del individuo burgués entra la libertad positiva de la más alta comunidad. M arx no investiga. c o ­ rrespondencias y «efectos m utuos»9 0entre campos derealidad o «factores» singulares y con igual valor en sí. para él.M ax W e b e r . Esta se supera en la humanidad universal de la comunidad. privacidad y publicidad en una sociedad no sólo sin clases. en el hilo con du ctor de la autoenajenaeión humana. no significa que no sea más que el «produ cto» de una circulación particular. para M arx. ni más ni menos que una superación de \a. el carácter fundamental de su privacidad.9 2 Que esa «autoenajenaeión» está «condicionada» p or la forma y el estadio de desarrollo de las relaciones de p rod u cción «materiales». qué sumados deberían com poner la totalidad de la realidad. su «vida». con posesión y econom ía cómunes. por su parté. meras articulaciones. cu yo «hom bre sim ple» es un ser génerico social.y K arl M arx 107 da. a la manera de una sociología empírica especializada. en la que todo es com ún a todos. p orqu e ambas n o son separables cuando el «hom bre» es el «m undo» del hombre.9 1 Pero tam poco era un «materialista» filosófico abstracto. El no fue un «empirista abstracto». puramente económica. el proletariado. N o surge ni de una pura «interioridad» ni de una masiva «exterioridad». p or la suma de las relaciones de vida concretas. contradicción burguesa (com o y a había sido formulada p or H egel) de parti­ cularidad y universalidad. que no es una c o ­ munidad de los «círculos com unitarios más pequeños» y de las' «relaciones inmediatas del singular coii los otros».®9 sino una comunidad: de la vida pública. relaciones. entonces.

N o obstante. de m odo que su «realidad» «impulsa a ese pensam iento».. sino porque se la incluye en la relación concreta y diferenciada de las relacione s de vida concretas -e sto es. y quiso superarla por medio de la realización. . com o cualquier otro crítico de la sociedad. M arx quiso. El progreso de La ideología alemana y en parte y a de L a ja grada fam ilia sobre la Crítica de-lafilosofía del derecho de H egel no consiste. y no sólo «el pensam iento a la realidad». su idea del hom bre. se topa con él . sino que el hom bre real es su « verdadera realidad». él sí poseyó una conciencia moral filosófica. en la con­ vicción de M arx.. La realidad que ella porta es. y su «autonciencia».. M arx se representó tan escasamente a esa. porque la «categoría» el hombre se determina concreta e históricamente— ?* V ero el hombre «réal» n o es el hom bre «en su existencia casual. otra vez.] cóm o avanzay se detiene [ .m K a r l L ó w it h terwrización de la vida. inversamente. sino en su concretización. un iiicondicionado. aunque tam poco la encontró y a dada empíricamente. . o también dejar disolver a éste [el ser social].9 5Esa form a de su planificado volver realidad a la filosofía está necesariamente condicionado por lo que. [ .] . dentro de «lo que es». hacer realidad a la filosofía a través de que la superó. Es bien sabido que M arx había «saldado cuentas » en La ideología alemana con su «conciencia moral filosófica» pero. y ésta es el hom bre en-la idea. mucho más. «conciencia del mun­ do·». la «conciencia» en el «ser» social. la problemática social en su tendencia histó­ rica de movimiento. en un aban d on o del p rin cip io de la autoenajenación del hom bre. sino que también.] por la completa orga­ nización de nuestra sociedad esa «apariencia» de sí mismo.. en aquélla [la conciencia]. a diferen­ cia de la ciencia científica9 1 de tantos marxistas. cóm o es enajenado [ . y esa conciencia moral permi­ tió al M arx hegeliano no sólo mostrar las «condiciones reales» del ser humano. se lo impidió: hacer de las condiciones mismas. Su conceptualización se vuelve más concreta no porque se la ligue origina·^ ñámente á un «factor» económ ico abstracto.

y en especial en el joven M arx — que no «saldó cuen­ tas ».. úna crítica del marxis­ mo. también W eber. A la crítica fallida de W eber a Marx> condiciona­ da p or esa pérdida. todavía. pp.M ax W eber y K arl M arx 109 com o lo que es en verdad y también pór lo que dedeo en «última instancia» — algo totalmente diferente de Weber. al fenóm eno histórico humano de la enaje­ nación de sí. El contenido originario y pleno del análisis crítico de M arx del hom bre de la sociedad económ ica burguesa se pierde con ese marxismo vulgar. A sí com o ella cubrió con una colección d e datos y con disquisiciones m etodológicas el punto de vista rector de las investigaciones sociológicas de Weber> esto es. aun en la form a defi- ..). no se detécta ni p or el contenido ni p or las palabras en el midmo M arx. A pesar de esto se revela. C . colabora una falsa interpretación de los m otivos de investigación originarios y abarcadores de la so­ ciología weberiana p or parte de la sociología burguesa espe­ cializada. indirectamente también. 291 y ss. preparado p or Engels y por el M arx tardío. en consideración a su m étodo principia!. La «concepción materialista de la historia» que presupone la crítica de Weber. inversamente — y en com binación con el marxismo vulgar— . con su «con cien cia moral filosófica »— . L a crítica de W eber de la concepción m aterialista de la historia El título bajo el que W eber presentó en público sus investiga­ ciones religioso-sociológicas en 1918 fue Crítica poditiva de la concepción materialidta de la historia?6 D iez años antes y a había form ulado. en su crítica de la «así llamada» superación de la concepción materialista de la histo­ ria de Stammler (D . escondió bajo argumentaciones antimarxistas el punto de vis­ ta rector de M arx.9 7 es un producto del marxidmo económ ico vulgar. el fenóm e­ n o histórico humano de la racionalización. en mayor o me­ norm edida.C .

los agentes dominantes de la historia humana serían las luchas econámicad. que ab­ solutamente nada puede estipularse de m odo científico sobre el significado causal de lo religioso en di. desde la experiencia científica de W eber o «empíricamen­ te». La crítica indirecta de Weber a Marx. en principio para la propia interpreta­ ción científica de W eber y para la correspondiente crítica a M arx. del segundo apartado de esa crítica lo siguiente: la tesis espiritualista.. entrecruzadas de múltiples maneras). tan incom probable com o irrefutable. el verdadero motivo de su diferencia. mismo ocurre con la tesis materialista — contraria en el contenido. una posición tal frente al mismo M arx. p. sólo quiere tomar en cuenta directamente las referencias y m odificaciones de Stammler de la con cepción materialista de la historia. «en última instancia». que afirma que «en última instancia» la historia humana t-incluidos el acontecer político y económico—no refle­ jaría otra cosa que luchas relLjii>da>i. esa tesis es.9 8 U n planteamiento de la cuestión dogm ático com o éste p o ­ . simultáneamente. que enuncia que. se debe extraer. que en esa posición frente a Stammler está pre­ sente. Lo. en la discusión con Stammler Si dejamos de lado que el diálogo de parodia entre el supuesto «espiritualista» socip -filodóficooincludo «materialista» (D . pero no en el m étodo— . el «empirista» sociológico.110 K a r l L o w it h cíente de la crítica de W eber a M arx. por lo que debería ser expli­ cada unificada y evidentemente (pero no com puesta a partir de lineas causales. para la vida social en di.C . Ese m otivo propiam ente d ich o debe ser e x ­ traído de la form a deficiente del ataque. 299) y el «empirista» sociológico con «sentido com ún» (W e­ ber). para volver a empla­ zar la diferencia entre W eber y M a rx sobre su suelo origi­ nario. Contra ambas afirma Weber.

en última instancia. sino en urí progresar desde la unilateralidad necesaria de cada m odo de ob serv a ción cien tífica b a jo determ inados pu ntos de vista que delimitan su objeto unilateramente hacia la multiplicidad de los m odos de observación. científicam ente posible. en el caso histórico singular. «de indicios del cráneo. p or ende. M ás allá de eso se podría arribar aún a. hace referencia a la condicionalidad mutua de todos los factores de la realidad histórica. un análisis de los diferentes sentidos de laregulaciónposible. y con ello deja sin fundamentos .M ax W eber y Karl M arx Ul dría ser. en el m ejor de los casos. La crítica de Weber a Marx en Eiutayotf ¿obre sociología Be la religión A esos argumentos de la crítica de Stammler. tal vez. de un factor sin­ gular en dirección al tod o de una «fórmula del mundo». aquí sólo muy es­ casamente retratados. de las molestias diges­ tivas». com o análisis histórico «con­ creto». evaluable «heurísticamente». pero en qué medida él esté legitimado «de hecho». reglad generar les del acontecer histórico.) La perspectiva total. procedería espiritualmente. o del efecto de las manchas solares o. en oposición a és­ ta. renuncia a cada forma de deducción clara y en su lugar. corresponde el sentido de la dispersa re­ ferencia a M arx en los Ensayos sobresociología déla r e lig ió n Tam­ p oco ésta quiere ser una crítica positiva de la concepción materialista de la historia en e1sentido de que. no consiste1en una extensión dogmática de unos componentes singulares. sino que esa crítica quiere ser «positiva» a través de que. básicamente. D e otro m odo no se comprende por qué no se debería hacer también el intento de derivar v i­ da social. en la que sólo los «dogm áticos» estarían obstinados. sólo puede estipularse por la investigación histórica. (E l resultado en verdad positivo de la crítica de W eber a Stammler es.

-En relación con esto. existente por sí y originariamente religioso. Que Weber.. impregne su concep­ ción básica oportunamente de m odo antimarxista. de la que la ciencia «empíri­ ca» especializada. com o un espíritu meramente ideológico de las relaciones de producción capitalistas. el así llamado «es­ píritu del capitalismo» no es entendido por W eber ni de forma manásta vulgar.. p. 83) . portada por el estamento burgués de la sociedad.1 0 1 Pero no son científicamente imposibles según cualquier norma objetivare la ciencia. no puede confundirnos. que el capitalismo com o sistema eco­ nómico sería un producto de la reforma». Ambas son igualmente posibles » (Ensa­ yos sobre sociología de la religión. ni com o un espíritu de­ pendiente de ellas. así fundamentada.112 K a r l L o w it h la «unilateraJidad» de la metafísica de la historia. «científicamente». porque «no debe avalarse una tesis tan locamente doctrinaria com o Ja que afirma que el “espíritu capitalista" [. que no habría sido su objetivo «poner en el lugar de una interpretación de la cultura y de la historia materialista unilateral una otra interpretación unilateral.1 0 0Él mismo se vuelve atrás de esa cumbre confu­ sa enseguida. 205). por el otro (Ensayos sobre sociología de la religión. p. que fun­ da la afinidad electiva interna entre economía capitalista por un lado y etbos protestante. tanto espiritua­ lista com o materialista.1 0 2 A pesar de esa renuncia. la ciencia de los hechos misma. Y aún más claro dice. correctamente en­ tendido: ambas son. igualmente ¿wposibles ( ! ) . la propia investigación de W eber sobre el espí­ . incluso. es un expo­ nente destacado. y después ha­ ble de ese cam po com o de una «estructura ética». sino según reconocimiento del des­ tino de la racionalización en general. a la m etafísica de la historia. asimis­ mo espiritualista y causal. Para W eber sólo hay un espíritu del capitalismo en tanto una tendencia general hacia el m odo de conducción racional de la vida. esto es.] sólo pudo haber surgido com o afluente de determinadas influen­ cias de la reforma o. al final de la investigación. en la cumbre crítica de su argumen­ tación sobre el materialismo económ ico.

esto es. tam poco estuvo tan a la deriva en su actividad com o para poder conform arse con el acopio de empiria abstracta. ni más ni menos lo que el hom bre W eber era respecto al espe­ cialista. aunque estructurado de m odo diferente.sm o que debe percibirse p or su relación con el T odo de su com ­ portam iento frente a la realidad — incluida. y con ello también su extensión hacia un «Todo» ilusorio. sino la solidificación posible de una particularidad hacia un Todo. Su sen­ tido verdadero reside. radica n o en una inversión dogmática del m étodo marxista vulgar> sino en un método fu n ­ damental. en que W eber. con la distinción entre un m étodo «em pírico» y uno «dogm ático». L a totalidad verdaderam ente posible. Él mismo descríbe la diferencia de su m étodo con el del marxism o. que él . no obstante. quiso debilitar cada atadura & cualquier cosa dada determinada \Gegebenbeiteñ\. Aun cuando W eber no fuera tan «locamente doctri­ nario» de querer deducir el espíritu del capitalismo de form a pura relig iodo-sociológica.. L o «positivo» de sus investigaciones. la realidad de la ciencia. El verdadero sentido de su procedimiento «empírico» radica. en oposición a la univocidad dogm ática de una fórmula del mundo. sólo aparentemente en el p ro­ gresar desde una «unilateralidad» necesaria de la observación científica especializada hacia la «multiplicidad». en­ tendidas com o crítica a M arx. con su re­ nuncia a una «hum anidad com pleja» y a una «fórm ula del m undo» abarcadora. La otredad de su m étodo no es extraíble de lo que él dice a l redpecto. Una pura com probación científica y especializada de datos es a ella la investigación weberiana.M ax W eber y Karl M arx 113 ritu del capitalism o rio es — en con tra d icción con su autoconciencia científica especializada—una pura com probación «em pírica» de «h ech os» aislados. m ucho más. L o que él combate «fácticamente» no es la totalidad de la existencia y la observación. y p or eso representa una «guía dentro del infinito». combate una forma determinada de — en aparien­ cia—totalidad.

nuestra realidad. esto es. y que com batió cada método «dogm ático» precisam ente com o la form a científica de una posición del hom bre respécto al m undo atrapada en lo tras­ cendente. Pero no es ciencia de la realidad porque haya concebido de forma puramente científi­ ca a la realidad com o algo siempre igual y fijo de una única manera. puede afirmar que la sociología que él practi­ ca sería una «ciencia de la realidad». no era la reunión de todas las iinilateralidádes posibles hacia una así denominada multiplicidad. sino la totalidad negativa dé la libertad de movimiento hacia todos lados. En realidad. mientras que el «éxito» res­ pon d a p or ellas.1 0 3 W eber utiliza constantemente las «ventajas de la división del traba­ jo». tan libre resp ecto a los fines com o sujeto respecto a los m edios y.C . Y así surge también la forma propia de su m étodo «empírico»-especializado en que él no estaba atado p or ninguna disciplina de la vida y del saber. o m ejor precisa­ mente p or esto.114 K a r l L o w it h mismo pone en práctica. Y a pesar de esto. tam bién en la ciencia. lo verdaderamente humano— . social o incluso econó­ mico. para él. 170). de m odo «técni­ co»1 0 4 .. pero simultáneamente subraya la «irreali­ dad» de esa unilatéralidad qué escinde teóricam ente la realidad (D . p. sino a la vez y sobre tod o el c o n ­ trasentido de un sistema abierto de «posibilidades». También la inmensa casuística de sus definiciones conceptuales en Econo­ mía y sociedad tiene no sólo el sentido de delinear definitoriamente la realidad y de fijarla. sino p orq u e W eb er — en el saber de lo inseguro de nuestros ideales y realidades actuales— se com p ortó hacia ésta. de la racionalización. W eber no renuncia con ello. de cada orden y seguridad práctica y teórica — para conservar. de ninguna ma­ nera --com o parecería ser en sus argum entaciones contra . aquel resto de «individualism o» que significaba. p o r lo tanto. com o una fijación dem asiado rápida a supuestas «últimas» instancias de tipo religioso. la ruptura de cada «carcasa»> de cada institución.

utilizar este concepto. Aun así. Una lucha así no es superable p or medio de ningún «relacionismo» (M annheim ). no sólo M arx. sino que también W ebér es irrefiitablé en el cam po de los así denominados «hechos». por esta vez. N o sólo se puede. y aun co n los tnediod de la ciencia. sigue siendo perfectamente verdad que la cosmovisión del mundo que representa el singular. Y así. en su tratado sobre la «objetividad» del conocim iento científico so­ cial.C .. p ero dé tal m odo que para él precisa­ mente esa racionalidad era el lugar problem ático de la liber­ tad. p. en las posiciones de princi­ pio. con su «interés de clase» — si acepta­ mos aquí. entre «intereses dé clase». y lo planteó «racio­ nalmente». como nos gusta creer hoy a noso­ tros. esto es. sino que sé debe discutir sobre los mismos «patrones valorativos reguladores». entre otras cosas y seguramente en un muy alto grado. ■ mundo. en apariencia uní­ voco (D. 153). aunque sí se medirían arribos autores en aquella lucha de los «dioses». 1 6 6 y ss. y [. en prim er lugar. p. En relación con esto W eber discutió. en sí mismas consecuentes. dino también entre codmovidioned del . si bien no «solucio­ nar». esto es. Sólo sé trata de que el «principio» apropiado y uni­ ficado de su conducta teórica y práctica es mucho menos fácil dé detectar que el p rin cip io dogm á tico-revolu cion ario'd é M arx.. a cada dom inio y conceptualización del «T odo» en su «unidad». especializada y de la parcelización del alma. la pregunta de «qué significa y qué objetivo tiene la críti­ ca científica de los ideales y juicios de valor». suele tener un decisivo grado de afinidad electiva. en perspectiva con la relación responsable entre medio y fin. a cada m étodo de principiad. porque consiste en el reconocim iento de una contradic­ ción: de la división del trabajo racional.C. Esa contradicción es la que él iriténtó.)— .M ax W eber y Karl M arx 115 Stammler (D .] se discute no solamente.. sí dominar sobre su propio suelo.. porque cuajado se trata en vérdad de una lucha entre tomas de posición por los principiod .

la duda sobre la expectativa del marxismo de que el hecho de apartar la econom ía privada pondría fin a la dominación del hombre sobre el hombre. [T V . el To­ do de un principio. que ambos han visto igualmente en el origen. que es «capitalista» desde una perspectiva económ ica y «burgués» desde una perspectiva política. Y dado que M arx y Wéber. en consideración-con la realidad que nos determina. entonces n o « una lucha. de ese mun­ do. en donde dijo a su propia clase incóm odas verdades y tematizó el fracaso político. por lo tanto. tanto de los junkerd * y de la burguesía satisfe­ cha com o de los trabajadores socialdemócratas.116 Ka r l L ó w i t h últimos. uno con demanda universal. es la problemática del m undo m oderno de los hom ­ bres. Ese Todo no es la suma de todo aquello que existe. verdadero y. sobre la base del cual se investiga en sin­ gular. en la ponencia de 1918 sobre el sionismo radical. en di mumo. trataba ya el discurso académ ico inaugural de W eber de 1895 sobre el Edtado-nación y la política económica popular. en verdad. delEd. D e él. real y humano. * Nombre que recibieron los terratenientes prusianos a finales del siglo XIX .\ . es principio y final de una m i­ rada fundamental sobre lo que es. su ciencia concier­ ne ya también a un «T odo». sino que cada principio es.entre cada «unilateral» perspectiva y aspecto. digno de conocerse. en su significación y han convertido en el objeto de sus investi­ gaciones. agrupados en un partido conservadory nacionalista. El Todo. creyeron saber lo que es. en realidad. sino el resumen de lo significativo en. A su resque­ mor sobre la capacidad de la burguesía para correr el «velo de sus ilusiones» y reconocer que la herencia de Bismarck se ha­ bía vuelto la maldición de su decadencia política le correspon­ de.

I. Honigsheim. Archivo para sociología científica y política. Luppol. 1930. año 29. .M ax W eber y K arl M ar x 117 N otas 1. 404 y 435). 319 y ss. Véanse. Véanse Artículos completos sobre sociología y política social [Ges. Landshut. 8. Freyer. f. Véase al respecto la disertación de Marburg de Ch. ) 7. Véase P. 1956. 6. Política y ciencia en M ax Weber. 1/2 pp. sobre todo.]. K. 12. pp. en Los hospederos delpueblo [Die Volkswirte]. 156.. p. 504 y ss. El mismo Weber se refiere reiteradamente a la relación inter­ na entre pasión [Leidenschaftlichkeit] y objetividad [Sachlichkeit] en sus conferencias sobre la ciencia y la política como vocación (D. Ideología y utopía. 9. 64/1 y La moral de la so­ ciología. pp. 13/16. pp. 10. com­ párese en oposición con H. 1930. 3. 260 y ss. Extraído de una carta de M. 5. Bi­ blioteca Marxista. J. pp. III. 8 y ss. La posición histórico-espiritual de M ax We­ ber. 11. en Nuevo anuario de ciencia [Neue Jahrb. La interpreta­ ción de esa relación la da Hegel en la Introducción a la Filosofía de la Historia. 1929. Jaspers para Max Weber. 15. S. 530y 533. Hess del año 1841. Jaspers. Sociología deisaber y marxismo. Honigsheim. Véase P. K.C. Lassalle también describe las leyes del mercado como el «frío destino antiguo del mundo burgués». Lewalter. por ejemplo. ya citado. 1931. Crítica de la sociología. Véase al respecto J. Sozialpol]. Extraído del discurso de conmemoración de K. 4. E. Escritos histérico-políticos. cuaderno 5. Steding dé 1931. donde se muestra de forma convincente en especial la propia interpretación histórica de Weber en el análisis dé la profecía judía antigua (véase. op. £ / círculo de M ax Weber en Heißeiberg. u. Gomo lo hiciera Marx. H. Lenin y lafilosofía. Obrad comple­ tas deM arx y Engeld. Mannheim. Extraído de la poesía que introduce Marianne Weber en la biografía de Max Weber. cit. 2. Sociología corno cien­ cia de la reaüdád. u. en Cuadernos trimestrales para sociologíade Colonia V 3. 1929.. W. Soziol. Ensa­ yos sobre sociología de la religión. Freyer. pp. Aufsätze z.

Wolf. Freyer. con el planteamiento y el origen de la sociología. en Archivo económico universal. además Socialismo (Art. 17. !. 102y ss. en Nuevo anuario [Neue Jahrb. en Cuaderno trimestralpara las Ciencias sociales de Colonia 1. Weber y las categorías sociológicas básicas Comunidady Sociedad. Compárese con Freyer. 18. Sombart y M. 20. Ya la primera investigación de Weber sobre el capitalismo occiden- . 498). ya citado.118 . 535 y ss. así expresada. la presuposición.. op. Sobre el sentido de esta tesis de la libertad valorativa compá­ rese con P. Honigsheim. aparentemente — a diferencia de Landshut— . 1931. El hecho de que aquí no se profundice. u. 16.C. las cuales contienen una determinación teorética de la «realidad». sean esquivas. fue indicado por Landshut en su Críticade la Sociología. y 198 ss. como excepciones. sino que. Véase P. 208 y ss. Ensayos sobre sociología de la religión. 14. Cuaderno 6. queremos mostrar la forma propia autónoma de su punto de vista rector para la interpretación del capitalismo. Korsch (sobre todo pp. pp. 115 y ss. f. p. de la «sociedad» — burguesacapitalista— . L ó w it h 13... 19. H. 3 y D. lo cual está presente en JVIarx. p. D.]. Que ya las oraciones que inmediatamente siguen a esto. Logos XIX... Fechner. y Landshut. 156y ss. Wiss. 60v ss. 527. octubre de 1929. medir «el punto de par­ tida del planteamiento» de Weber con la articulación y la captación de la realidad. El significado histérico-espiritual de M ax We­ ber. p.. Honigsheim.) e Historia y concienciade clase de G.) comprueban. Marxismo y Filosofía de K.1. M ax Weber como sociólogo. ¡en especial pp. Véase al respecto E. La sociología de Weber comparte. completos sobre socio­ logía y política social. E l criticismo ético de M ax Webery et problema de la metafísica. esta regla. 3.1921. moderna (desde Hegel a Marx.y 213.C. K a r i . prefaciop. pasando por Stein). Jugendbildg. Véase E. Véase sobre todo La ciencia como vocación. 15. ELconcepto del espíritu capita­ lista en W. sin conside­ rar la dignidad del planteamiento de la metodología y la conceptualización de Weber. pp. a diferencia de todos los órdenes anteriores de vida co­ munitaria. cit. en su diferencia originaria con el de Marx. 38y ss. 35 y ss. en lo inapro­ piado del aparato conceptual de Weber es porque no nos atañe. ya citado. y 551. p. Lukács (sobre todo p. en lo que sigue.

El mismo Weber se creó la construcción de «tipos-ideales» para resolver conceptualmente esta relación. se enmarcó en la perspectiva de presentar la bolsa co­ mo exponente de una comunidad que se «desvinculó» en «socie­ dad». cuyo carácter funda­ mental filosófico consiste en que libera tanto como produce la reali­ dad.). nota 2. 46.M ax W eber y K arl M arx 119 tal. sobre la base de una errónea «disyunción de hombre y mundo». no se ha dicho nada todavía sobre la forma antropológica determina­ da de esa unidad ontològica. D. una «falta de articulación del punto de vista de valor y realidad». Ese «dualis­ mo» motivado soció-históricamente es. que radica en que Lukács — siguiendo a Marx—desvela las aún más abstractas catego­ rías de la filosofía a través de la interpretación socios-histórica en su determinación (véase Marx.forma propia moderna histórica del «ser-en-el-mundo» está. p. 122 y ss. 265. 22. lo «técnico» de su procedimiento. Véase más adelante el apartado III. nota I y p. De ahí surge la «disyunción» de hombre y mundo. y a ello corresponde el carácter más o menos «de constructo» de todad las formaciones con­ ceptuales modernas. pp. su significado positivo. La boba. como expresión de cada toma de posición responsable.) visualiza en la artificialidad de esa construcción un abandono de la propia meta de investiga­ ción de W eber de un conocimiento de la realidad en su propio significado. Aquí ya se observaría qué significado decisivo tiene para Weber la «consecuencia». Landshut (ya citado. La expresión se origina en Weber presumiblemente de la ca­ racterización de Lask de la lógica hegeliana. ca­ racterizada por la «racionalización» y la «autoalienación». Sobre la crítica de la economía política. pp.. en la visión de Lukács. 23. La crítica que Lewalter (Archivo dedociología chntíficd) hace a la interpretación marxista «logicista» de Lukács malinterpreta. 38 y ss. 24. con que el hombre como un «ser-ahí» ontològico es un «ser-en-el-mundo» (Heidegger). . Grab.C. 21. ya citado. Pero la. según nuestra interpretación. tam­ bién la base del mundo conceptual dualista de la completa filosofía moderna y sus «antinomias» (véase Lúkács. para Weber tanto como para Marx. Compárense las delimitaciones de Weber contra Tonnies en Ecorwmía y dociedad. I c I § 9 y también nuestra nota 44 sobre la críti­ ca de Weber de H. Lo que Landshut no ve es que con eso.

no obstante. Pero también esa «doble faz» no puede escapar de la pregunta de en dónde reside el acento fáctico de nuestra proble­ mática social. Defacto. pol. Soz. como si fuese la realidad toda.. I. no afirma que el éxito universal de la racio­ nalización no sería. X X X I X y ss. Economía y sociedad. Véanse Weber. debería preguntarse si ese giro no surge ya de una inversión teorética de las relaciones materiales normadoras. También Grab malinterpreta el sentido socio-filosófico del «individualismo» socio­ lógico de Weber cuando no ve en él otra cosa que una mera «absolutización» de Una determinada esfera de la realidad.. Schelting en el Archivo de sociología científica y sociología política [Archiv f. 23. 177) dice que el «individualis­ mo metodológico» de Weber a menudo se vuelve. 29. ya que aun según la propia visión de Freyer. tomó 49. pp. Véase la caracterización de Weber de ese Estado en Escritos políticos completos. Que la libertad del singular sólo es el opuesto de la racionali­ zación «aparentemente». p. Dilthey. W.) y con ello diagrama también la posibilidad de una transformación teorética — imbricada con la revolución del completo modo de existencia humano-social en sus fundamentos— Véase más sobre el concepto del tipo-ideal en el tratado de V. pp. introducción [Einl. 141). y no de la «comunidad»). 351y S s . 1927. Geisteswiss. wiss. en uno «de contenido». contra su volun­ tad. Soz. 25. Cuando Freyer (ya citado. la propia diferenciación de Freyer de la reali­ dad social respecto de las formas del «espíritu objetivo» presupone ya una específica ligazón no vinculante del hombre — del hombre mo­ derno^ con el «orden» social (la estructura de la «sociedad». Grab. i. y con ello también sociológica. u. Compárese también con H.] 26. Doc­ trina de la sociedad. pp. p.I. 27. . sociología de M ax Weber. d. 317 y ss. 319 y ss. ges. pp. la pérdida de libertad \Unfreiheit\ del hombre singular (véanse Escritos políticos completos.1922]. y Spann. J. la misma sociología está anclada socio-his­ tóricamente.120 K a r l L ó w it h 1930. El mismo Freyer exige una formación de conceptos que respon­ da tanto a la forma objetiva como á la vitalidad humana de los fenó­ menos sociales. El concepto de lo racional en la. p. 8 y ss. pp. 28. Pero la pregunta es qué «valor» tenía para Weber.

I. Las explicaciones relacionadas de Landshüt son ricas en derivaciones — también para nuestra investigación— y tocan el núcleo del planteamiento sociológi­ co. en consideración con su presenta­ ción de Weber.M ax W eber y K arl M arx 121 30. Pero a la vez. Compárese. 32. to­ mada como la específicamente racional. Landshüt intenta demostrar que We­ ber sí habría tomado de Marx el punto de partida para la pregunta y la articulación de la realidad (por «factores»). Nunca se acercan tanto al motivo verdadero y propio de Weber como en la contraposición de Marx con su tendencia rectora. 31. 48. Y así malentiende el sentido positivo de lafalta preci­ samente de una «estructura» analógica en la sociología de Weber (véase el siguiente apartado III y la parte C). en contraposición. mucho más transparente que el anterior. pero excluyendo la tendencia práctica hacia una emancipación del hombre a través de la transformación del mundo. dice que era consciente «de que la relación con la teoría económica no estaba de ninguna manera agotada. El capital. Mientras que Marx avanza desde aquí hacia el aná­ lisis del proceso de producción capitalista como la «anatomía» de la sociedad burguesa. pp. El mis­ mo Landshüt lo expresa cuando. y 77 y ss. . 54 y ss. En lugar de volver a preguntarse por la razón de esa diferencia en la dirección. 818y ss. la interpretación religioso-sociológica de Weber del mismo fenómeno se movería en la dirección de una crítica de la connotación marxista. porque confunde su planteamiento de la cuestión con el de Marx. p. en primera instancia».). es el de Landshüt (ya citado. El suelo originario de esa dife­ rencia fundamental sería el capitalutnw. que incluso el origen no debía buscarse ahí.. Éste sería el «original» en el cual Weber habría ganado originariamente el concepto de racionali­ dad. y con eso estaría dada también la «identidad» en el tema entre Marx y Weber. y con respecto a Marx. Landshüt yerra desde el comienzo en la construcción del análisis de Weber. en su articulación de significado origi­ naria. pp. 6. Véanse «Los fundamentos racionales y sociológicos de la música». Economíay sociedad. Landshüt quiere demostrar que la diferencia entre racionál-irracional habría sido trasladada de la conducta económica. la observación de Marx contra Hastial. El único intento realizado hasta atora de aclarar el concepto de Weber de «racionalidad». en tanto práctica­ mente unívoco. a ella perteneciente. II.

él afirma que la traducción de Gebäude como «caparazón» sería más adecuada que la de «jaula». sino que. la «problemática central» de Max Weber no habría sido la del capitalismo ni la de racionalidad. Por nuestra parte elegimos distanciamos de la palabra «jaula» e interpretar Gebäude como una «carcasa». en nuestra interpretación. habría sido tomada por Karl Löwith de un artículo de Max Weber sobre las condicio­ nes políticas de Rusia a principios del siglo XX. más bien. como el hábitat del caparazón de un caracol. quien editó en nuestra lengua ese articuló en 1982. profesor mexicano Francisco Gil Villegas. quien modeló en 1930 la primera versión en inglés de La ética protedtante y eLedpíritu del capitalidnw. en el cual no se siente prisionero. como a un «estuche». a saber. la palabra Gebäude no se corres-: ponde. AfSS. para dar cuenta consu iron coge de la expre­ sión dtallharted Gebäude. en el sentido de participar o no de su estructura orgánica. Para Gil Villegas. vol. José Aricó. regida por la ra­ cionalidad instrumental? El diagnóstico-denuncia que aparece al final de La ética protedtante es precisamente el de un tipo de ser hu­ mano que se ha «acomodado» a vivir en ese «caparazón duro como el acero». algo que no obstante imprime tina forma rigurosa al ser vivo que contiene. Véanse Max . has­ ta puede sentirse «cómodo» dentro de él. Siguiendo la interpretación weberiana de Wilhelm Hennis. 1906. con el título de «Zur Lage der bürgerlichen Demokratie in Russland». siguiendo la tradicional acepción de Talcott Parsoiis. XXII.° 1. tina «caja». n. ¿cuál es la naturaleza del tipo de ser humano que está condenado a vivir en las condicio­ nes de una sociedad industrial de la modernidad. porque Weber habría tenido la inten­ ción de referirse a algo orgánico. Nöta de la traducción: la expresión Gebäude von Hörigkeit. En co­ rrespondencia con el. No obstante. utilizada por ML Weber al final del segundo ensayo de esa obra. el cual no es algo externo sino una parte constituyente de su propia naturaleza. sino más bien una de tipo filósófico-antropológica. palabra que se puede refe­ rir tanto a úna «concha» — otra de las posibles acepciones— . misma. «jaula» o «prisión» es al­ go externo y no cambia la naturaleza de quien ha sido puesto ahí y busca «escaparse» de la. y que puede o no serle propio. con la palabra «jaula». que aquí traducimos por «carcasa de servidumbre». eligió la palabra «jaula» para dar cuenta de la palabra alemana Gebäude.122 K a r l L ö w it h 33.

establecer. Voegelin. J. 2003.]. 1925.wiss. a través de una pura délimitacióny determinación frente a planeamientos: «vecinos» de la cues­ tión «formalmente temas religioso-sociológicos. Mohr. cuaderno 2. 33. como una racionalidad de la «consecuencia» teleológica de una conducta teorética o práctica. 46 y ss. México. desde la tragedia de . Fondo de Cultura Económica.Weber no le haya sido «permitido». Gil Villegas. pero queda absolutamente sin aclarar cuán característica es ella. estudio introductorioy traducción del alemán de «Mi palabra final a mis críti­ cos» (1910). 37. pp. en oposición. Tubinga. introducción. pp. Wach. Simrnel ha extendido esa inversión histórica para volverla un principio absohrtamente filosófico y ha hecho. Wach lamenta que a. Max Webers Fragestellung. 62 y ss. M ax Weber. la «sociología de la religión». Escritos trimestra­ les alemanes para la ciencia literaria y las ciencias del espíritu históricas [Deutsche Viertelj. u. aun en ese orden teorético subordinado. edición crítica.. 1926. donde la racionalidad es concebida. la crítica dé H. 1987. Grab. ya citado. 38. Lit. 34. en. Se expresa también defacto. Él no se pregunta. ya citado„p. México. (comp. en la sin medida «importan­ te conferencia histórica. inobjetables en todo cay so» (compárese.). 36. notas. y de A. Compárese. 79 y ss. 1931.schr. Compáresetambién conEnsayossobresociologíadelareligión. Que esa posición es «característica» de Weber lo nota también J. Geist. de Landshnt. Compárese con E. una línea descendente des­ de lá racionalidad con arreglo a fines. M ax Weber: La ética protestante y el espíritu delcapitalismo. Folios.gesch. Escritos políticos. pp.). en relación con esto. F. 1982. José Aricó. sin embargo. 146y ss. en su presentación de la sociología de la religión (Ensayos so­ bre sociología de la religión. p. ya citado.M ax W eber y Karl M arx 123 Weber. f. pp. I. si las investigaciones religioso-sociológicas de Weber sobre lá sociología de la racionali­ zación pueden ser juzgadas respecto al patrón de una disciplina espe­ cial. del mismo modo.) 35. Walther. Studien zur Biographie des Werks. con un «círculo de tareas» estrecha­ mente delimitadoy «objetos» especiales. pp. ofrecer el desarrollo sistemáticamente articu­ lado de las categorías fundanientáles del círculo de tareas religioso-sociológicas». 180 y ss. Anuario de sociología. 537. En realidad corresponde solamente a Wach. Wilhelm Hennis. con Freyer. y no a Weber.

pp. . pp. donde no obstante se indica la doble significación de la valoración de Weber del proceso de la racionalización.. . ya citado. un «vuelco» de la vida hacia la «idea». Weber también lo de­ ja expresamente a los «especialistas». I. deriva la consecuencia de la vinculación subjetiva de la propia decisión frente a los valores últimos.. élse topa allí con la libertad del individuo responsable. pero no se aclara. 43. acerca de la «infeKcidad esencial del hombre científico». a partir de la falta de comu­ nidades y de valores en general vinculantes. cultura podría volverse: "Especialistas sin espíritu. El pathos de ese convencimiento apenas nos deja adivinar cómo todo se unifica en Max Weber. Véase en oposición a Lukács. y no a los filósofos (¡que no eran. La problemática del relativismo de valores histórico la ha «superado» Weber «ya. Véase Freyer. con grandiosa consecuencia. H. Esta Nada cree haber ascendido a un estadio de la humanidad nunca antes alcanzado» (Ensayos sobre sociología de la religión.. sin embargo. si al final de ése desarrollo. ya citado (Die Volksmrte). 546) y La política como vocación (Escritos políticos completos. J. . Honigsheim. ^ . en una imagen del mundo unificadas A partir de esa filosofía dé la historia comprendemos que la sociología sólo quiere ser ciencia que comprende.. Véase La ciencia como vocación (D. p. Compárese con P. p. y no dice nada sobre las relaciones objetivas. 41.C. porque él.' «Nadie sabe todavía quién vivirá en el futuro en aquella carcasay. 39. pp. 442 y ss. contestar la pre­ gunta de qué valores constituyen en Weber la racionalidad. 40. en relación con el carácter de Max Weber. 204). A partir. En­ tonces. se podría decir». hombres gozosos sin corazón”. 106 y 172. la palabra de verdad para los "últimos hombres” de ese desa­ rrollo de la.) 44. Opor­ tunamente. ya citado.· para él menos especialistas!). 1927. Grab ha intentado. habrá profetas completamen­ te nuevos o un rehacimiento poderoso de viejos pensamientos e ideales o — cuando ninguno de ambos—si se disimulará una solidifi­ cación mecánica con una: esforzada forma de tomarse-en-serib. Eljuicio de su sociología de la religión.124 K a r l L o w it h nuestra «cultura». en una investigación sobre el Con­ cepto de lo racional en la sociología deMax Weber. 42. 157-158. una inmanente «trascendencia de la vida».v.

Voluntad depoder. como la consecuencia. Sobre la base de ese plano de la pro­ . Exactamente eso es lo que debía haberse preguntado aquí. del mero proceso de civilización y la ciencia natural mecánica» a él correspondiente. y sin una decisión en esa pregunta permanece no la posición. para convencerse de que existe un mundo «verdadero». una inversión del orden de valores «natural». Él se opone aúna eventual (!) reposi­ ción del ordén de valores verdadero. I. Kn Grab esa mirada no con­ duce a una penetración de la sociología de Weber.. 45-46). el’ cual no se «sujeta histórica­ mente» al espíritu del tiempo realmente existente. y mantener en pie esa idea a través del tiempo. valores «ba­ jos». se trata de volver a relacionar con el hombre a las categorías con las cuales hemos. de la separación de realidad y valor (p.] la sociología sólo puede remitirnos espiritualmente a la idea de un orden social natural. cap. el cual ha hecho trans­ parente en la voluntad de poder el «nihilismo europeo». sino que parte de una «valoración correcta» de los bienes de la civilización. precisamente. hasta ahora. pero sólo porque e< ta < t categorías no han sido todavía desvalorizadas (Nietzs­ che. sino la de sus críticos. como la entendía Wer ber. o si [. en la posición de Weber. razón más. sino también su presentación de Weber. 1). relacionados con la esfera de lo meramente vital y beneficioso. los valores de lo «racional» son. añadido al mundo un sentido objétivo y un valor. porque sobre eso reposa no sólo la crítica de Grab. eso no debe.mundo» (aun cuando no se identifica con la crítica de Kahler a la «vieja» ciencia de Weber). una cuestión «histórica» y un «aislamiento del. «Si hoy existe la posibilidad de una reposición del orden de los valores en todas nuestras esferas de la vida. de la interpretación de valores objetiva del ser-ahí. Grab sesujeta a la doctrina de Scheler — diametral­ mente opuesta a la posición de Weber—de un orden jerárquico evi­ dente. «subalternos». objetivo de lod valores. de Weber. para el mismo Grab. eo ip¿o. es tan poco anacrónica como dentro de la filosofía lo es el «ate­ ísmo científico» de la filosofía de Nietzsche. y ve con ello.M ax W eber y Karl M arx 125 de aquí comprendemos el hecho de la ciencia libre de valores. productos absolutizados de la inteligencia «técnica». sólo la sanción de un «derrumbe dedos valores». pregun­ tarse aquí» (pp. La idea de la ciencia «racional». porque. En principio se ve el mundo «sin valor». 42).. Después de Nietzsche no se tiene ninguna. JVLucho más.

412 y ss. Honigsheim. Artículos completos sobre sociologíay política soc 'uil. Burckhardt secularizó a los «anacoretas» del tiempo de la inmediata Anti­ güedad. a cuya ética de valores material remite Grab y con el cual «piensa» el fenómeno «valor» como un «fenóme­ no originario» visible (p. M ax Weber como sociólogo. Gothein se conformó con la filosofía néoplatónica de Boethius y Weber se interpreto en los profetas judíos antiguos. pp. 126 y ss. sólo con distancia y reserva. 49. Stefan Georgey las hojas para el arte.. 1930. los análisis instructivos de Grab se detienen en algo anteúltimo. 51. en verdad. 5. o que directamen­ te. Compárese con los Articulas completos sobre sociología y política soc'ud. Wolters. VI. «contradicción» y «conflicto» no residen en Weber. 50. ya citada (nota 19).126 K a r l L ö w it h blemática de nuestros valores. P. y lös Escritos políticos completos. pp. según Honigsheim. Gothein y Weber. y así. Honigsheim y S. pp. en relación con Rusia. Véase la carta de rechazo de Burckhárdt de la historia y la política del presente (1846). 48. que es propio. ya por su puro estilo. Ese individualismo de Weber es fácil de reconocer. Cartas a los hermanos Schauenburg. . sinoen realidad materiali­ zarlas. son mentadas en otro sentido. 32. 68 y ss. op. Escritos políticos com pletos. esto es. 52. George. Voegelin. 47. pp.. Y ahí se reconoce que son así llamadas por mí. 419 y ss. ■ 45.^. véase F. La «salida». sino en Scheler. Sólo en el nominalismo franciscano sé encuentra aún. cit. hasta aquí caracterizada por Nietzs­ che. Landshut. cap. Historia espiritual alemana desde 1890. 12). Quien escribe pa­ labras usuales entre comillas las caracteriza com o así-Uamadas. él no logra su cometido: remitir las tesis singulares de Weber a sus «fundamentos filosóficos últimos». como generales y llamadas así por otros.. Es muy significativo obsevar qué modos de existencia religio­ sos fueron secularizados por Burckhárdt. un caso similar. en el uso indiscriminado de comillas. 502 y ss. se debe también entender la interpretación de los valores de Weber. Sujetos a esa orientación hacia Scheler. con relación específica a St. P. 46. p. Compárese én relación con estoy con lo que sigue la descrip­ ción completa de Max Weber dé E.

pp. pp. Véase P. . 1928. pp. también sus funciones y actividades como creador de las [. VII. nota 67. 564. IV p. ■ 57. editado por Rjazanow.3 (en ese tomo. \ 56. p. P. . Hombre y mundo del hombre. RousdeauProudhon-Marx. M ax Weber como sociólogo.).. pp. El imperialismo democrático. 5-13 (ahora en. Feuerbach y la salidade la filosofía alemana clásica.476 y ss. 388y ss. Véase Ernest Seilliére. al sujeto de la producción. Jaspers (ya citado). El 18 Brumario de Luid Bonaparte.-última virtud» de los espíritus «libres».I 1. Musil ha dado forma psicológica a esta problemática de la época. 60. . 359. . Marxismo y filosofía 2. 1928. 480. que subraya el carácter «frag­ mentario» de la completa actividad de Weber. mo­ difican más o menos todas sus funciones y actividades. 182. Escritos com­ pletos 1. y El individuo en el roldelprójimo. Todas las cir­ cunstancias que afectan al hombre. 308y ss. ELcírculo de M ax Weber en HeUdelberg... pp. op. Compárese aquí el artículo sobre L. Marx. por lo tanto. I. > 58. .). todavía en las Teoríad sobre elpkuvalor de 1861-1863 (tomo I. R. como la «. pp. 41. Véase K. op. A pesar de eso. .59.Filosofía del derecho de Hegel en Del tiempo pasado. 1911. cit.. Stuttgart. 62. Logos. obras postumas li­ terarias de Marx y Engels editadas por Mehring con Obras postu­ rnad). III.. EL hombre din propiedades. 54. la parte de La ideología alemana publicado en el Archivo Marx-Engels con Ideología alemana y las..M ax W eber y K arl M arx 127 53.. Korsch. como también de cada otra cosa que él resuelve. «conscientes» (véase W. Dentro de la filosofía esa contracción de la verdad científica se corresponde a la «honradez intelectual» con la reducción de Nietzsché de la verdad a la «confiabilidad». Ruges al §190 de X a . En una novela filosófica.) dice: «El hombre mismo es la base de su producción mate­ rial. Honigsheim. 1981.] mer­ cancías». Obras completas deMarx-EngeLfVV. 61.. Compárese también con la crítica en el mismo sentido de A. (A partir de aquí se designará á ese primer medio tomo del primer libro de la primera división con W. . pp. K. 105. 271 y ss. 55. 21 y ss. pp¿ 1 y ss. p.. Honigsheim. 20-28) . p. cit.

A Feuerbach le queda indiscutiblemente el mérito de haber re­ tornado desde el «espíritu» absoluto al hombre desnudo.» En una versión distinta se repite este postulado en Marx en la exigencia de que. se puede describir. ése fue mi pri­ mer esfuerzo. y la respondió con la demanda de la «retirar da» de la filosofía hacia la «antropología». que termina de ser filosofía (esto es. en süpúesto «amor» y «amistad».I. Fue precisamente la filosofía del derecho de Hegel la que había hecho visible ese «mundo» de las relaciones de vida políticas y económi­ cas.128 K a r l L o w it h 63. Marx llega a la si­ . pp. como en la praxis el hombre privado burgués» a la relación privada de personas singula­ res. 242 y ss. 1. «Hacer de la filosofía cosa dé la humanidad. esto es. pp. 252 y 263). co­ mo que Marx — posicionado. 131 yss. 64. desde el «volverse filoso­ fía del mundo» (en Hegel)> deba producirse un «volverse mundo de la filosofía». a través de los sentidos y de la relación con el Tú— . aislada filosofía de escuelas).I. 65. para Marx. resumida del modo más agudo en la famosa tesis 11. No obs­ tante. refleja el ser-ahí de la persona pri­ vada burguesa. sobre el punto de vista an­ tropológico de Feuerbach—hizo valer el contenido de la doctrina de Hegel del espíritu objetivo contra la problemática abstracta del YoTú de Feuerbach. La diferencia entre Marx y Feuerbach. pero no lo «superó críticamente». sin saber que no sólo las rela­ ciones de-vida en apariencia «puramente humanas».. en principio. Así. sino también los más primitivos objetos de la «certeza de los sentidos» son especi­ ficados y dados por las relaciones generales. pp. de su «realización» a la vez que su «pérdida» (W. sociales y económicas (Ideología alemana. en el mejor de los casos. Su teoría del Yo y Tú retomó. Marx se vuelve contra Feuerbach porque éste puso como fundamento de la filosofía a un hombre solamente «abs­ tracto». 64. esto mostró. que Feuerbach sólo ha «puesto a un costado» a Hegel. en general. a un hombre sin consideración del «mundo». Feuerbach ha construido un hombre cuya realidad. Quien anda ese camino arriba necesariamente a hacer del hombre cosa de la filosofía. la forma cómo y a travéd de qué determinó él a ese ser humano en concreto — excluyentemente como ser genérico naturalista. W. Y Herder ya postuló la pregunta de «cómo puede la filosofía ser reconciliada con la humanidad y la política. 1. 607 y ss. y 613). de tal modo que los sirva».

68. 7\ :La ideología alemana:. y lo ataca porque absolutiza filosóficamente esas relaciones ge­ nerales y las mistifica.. en donde el significadoy la estructuraprincipialed del análi­ sis de Marx de la mercancía es referenciado. 2M yss. y elAnti-Dühring de Engels. pp. para cada singular. 151 y las presenta­ ciones análogas (en la Crítica de lafilosofía del derecho de Hegel). se postula en Marx desde el inicio — es la conditio diñe qua non de su antropología— . El defiende a Hegel contra Feuerbach. p. la identidad objetiva entre la enajena­ ción de sí y la racionalización. p. pp. que el mismo revoca en función de su demanda filosófica. desarrolla su verdadera naturaleza justo en la sociedady el poder de su naturaleza no se debe medir en el po­ der del individuo singular. Que el hombre sea. y por otro lado a atacar a Hegel desde el princi­ pio dél punto de vista antropológico de Feuerbach. VIII) se ha dedicado a la sociología histórica de la ciudad muestra aquí. IV. sino en el poder de la sociedad» ( Obrad pódtumad. 67. «En tanto el hombre es. y con la décima tesis contra Feuerbach). contra Feuerbach. La precisión especial con la que Weber (Economía y sociedad. que cierra con la afirmación de que las «consecuencias» de sus fundamentos de la filosofía del «futuro» no permanecerán. A la burla de Engels sobre el . cap. hombre de la sociedad. y SátiMax. de acuerdo con su esencia. social. 312y ss. Lukács. aún «político». una vez más. 248 y ss. 66. II. 253 y ss. Documentos deldocialidnw. del acontecer general y so­ cial. comparar con Para la crítica de la economía política. hombre social. 70. pp. 69. de forma monárquica o incluso republicana. esto es. XIV. compárese con las pp. Compárese con G.M ax W eber y K arl M arx 129 tuación de hacer valer los análisis concretos de Hegel de la Filosofía delderecho.Historia y conciencia de clade (pp. 94 y ss. II. La ideología alemana. II. porque es Hegel el que lia presentado el significado decisivo. en el marco de una comprensión de Marx deudora de Hegel. 239 y 258. pp.). Compárense con las Obradpódtumad. 287. por primera vez. 302. p. Marx realizó esas consecuencias. Que el murrio Feüerbacli haya tenido conciencia de la tranditoriedad de sus tesis lo muestra claramente el prefacio de sus Fundamentos. sobre la imposibilidad de una cancelación de la enajenación de sí humana dentro de un Estado. por naturaleza.

una «universalidad abstracta» que oculta así su propio carácter social (véase Marx. Weber presentó esa división de produc­ ción y consumo.). 1. 74. pp. 73. sin embargo. En realidad.). no sólo se reduce el problema de la sociabilidad del ser-ahí a la del «alguien» \Mañ\. Que nuestro material tiene carácter de mercancía y que la mercancía es una sustancia «social»./t a . apenas se muestra visi­ ble cuando también el ser-ahí mismo es concebido no sólo como verdadera y publicamente ser con y ser con otro. sino como un tal ser. 9 y ss. como algo propia a cada uno. 75. que un perro de correa de un galgo. ^ 72. . I. en la «bolsa» de modo puramente marxista. Este análisis de Marx muestra indirectamente los límites so­ ciales del análisis de Heidegger del «mundo de obras» \Werkwelt\ (Ser y tiempo. en su propia forma ontològica. La forma d« que son no obstante «generalizados» se de­ termina en la sociedad burguesa precisamente en que ésta es una so­ ciedad A & singulares atomizados. Para L acrítica de L a economía política. vina «máscara de carácter». se entiende. en el que tanto uno como otro y todos juntos son generalizados socialmente. esa «propia regulación» no es un hecho inmediato. desde el cual se pudiera partir (para necesariamen­ te relativizarlo). véase ELca­ pital (1929). sino que permanece indescubierto el carácter social de nues­ tros objetos de consumo -del «material» [Zeug] a mano— . 6 6 y ss. II. trabajo abstracto humano-social. La división del trabajo es la que ha producido un abismo entre am­ bos». pp.130 KARL· LOWITH «empujador de carreta y arquitecto» de Dühring. para el . sino un resultado mediado de la autonomización. pp. . A través de la orientación de todo ser interno al mundo al «ser-ahí». Sobre el carácter fetichista del capital de interés. tras la cual se esconde en cada caso la «dominación de las condicio­ nes de producción» sobre los productores. III.: En ese doble carácter de la mercancía ya se exterioriza una discusión de la sociedad productora de mercancías en sí misma. 76. 339 y ss. del Socialismo. p. por­ que también la misma mercancía es uná «sustancia social». Schmidt del 27 de octubre de 1890. 65 y ss. corresponde la si­ guiente frase de Marx: «Originariamente se diferencia menos un cargador de peso de un filósofo. Compárese con la carta de Engels a C. Que esto es una mera apariencia.

entre otras cuestiones. su primera ley. III. la falta de decisión. vuelto así perfectamente «sobrio». de E. en Anuario alemán para Laciencia y el arte. tina historia sin acontecimientos. 289.«individuo». 81.III. Es una esfera completamente particular dé la vida desde la cual se de­ termina. no sin relevancia para la interpretación. 396). por sí mismo (compárese con ELcapital. Las pasiones de esta época carecerían de verdad. un significado casual. sus oposiciones. para el individuo del siglo XVIII. p. Ruge. la privada. Cuán acertada es esta caracterización lo demuestra. véase el reciente Sóbre la sistematicidad de L adoctrina marxista deLEstado y L asociedad. Sobre cimbas relaciones véase en especial el resumen metódi­ co de ELcapital. 1842. resistiría sólo por tomar prestado de otros mundos. y. Marx hace referenciaa que la diferericiaentre individuo «personal» y relativamente «ca­ sual» tiene un sentido completamente diferente en distintas épocas y en sociedades diferentes. A lavez. aquí resulta evidente lo mucho que Kierkegaard. Él interpreta esta época de la revolución burguesa como la propia caricatura de la gran revolución burguesa de 1789. 326-327). carentes de actos heroi­ cos. 78. 3. pp.M ax W eber y K arl M arx 131 Marx deElcapital. su historia. Lafilosofía deLderechode HegeLy L apo­ lítica de nuestro tiempo. Esa esfera es. en EL 18 Brumario de Luis Bonaparte. el «estamento» o la pertenencia fa­ miliar puede tener. el concepto verdadero y general de ser«hombre» y de ser. p. Lewalter y este archivo (com­ párese la prueba en el apéndice del citado tomo). 160 y la carta de Marx a Engels del 22 de ju­ nio de 1867 (W. p. Compárese con A. aquellas que se elevan a la cumbre. La ideología alemana. en otros tiempos uno altamente personal. su inundo. en cambio. es un contemporáneo de Marx y cómo cumbos completan el . Respecto a la pregunta sobre la fecha. 77. Visto en perspectiva. en su forma propia. la consecuencia opuesta que Max Weber ha ex­ traído de aquí. y sus verdades de pasión. 82. 80. sus héroes. con su «crítica del pre­ sente». Así. 79. Marx brinda una concentrada presentación histórica de ese mundo envéjecido diez años después — 1852— . 6. 2. para el hombre déla época burguesa. I. su desarrollo sería una repeti­ ción constante de los mismos tira y afloja. sólo para saciarse y cáer.

Compárese con K. Por la misma razón. La ideología alemana. . El hom­ bre es el verdadero principio del Estado. II. pp. en amos y esclavos nin­ gún hombre». y la respuesta aprobadora de Marx a eso. en el pensador ningún hombre. 222 y ss. en donde Ruge eita como. Esto es. 1. compárese con Obradpó¿tu­ rnad. Véase al respecto el análisis de Lukács. en direcciones opuestas. «En la Edad Media la vida popular y la vida estatal son idénticas. la Ideología alemana.I. 1. una «comunidad de los libres». en sentido pleno. pp. 89. véase Lewalter. p. Véase Economía y dociedad. con ello. en oposición.C. p. Precisamente por eso no era.). 554 y La política como vocación. 437). en la Edad Media cada esfera de la vida privada significaba esencialmente lo mismo que una esfera pública de la vida. «En el artesano no ves ningún hombre. pp. p. pp. 91. 449 y ss. nota 56.» La Revolución francesa emancipó políticamente al hombre como burguéd y. sea descrita como un «movimien­ to». Compárese. 98. 592 y ss. 286y ss. Korsch> ya citado. 1. 188y ss. para Weber.: 84. 88..132 K a r l L ö w it h quiebre decisivo con la Filosofía del espíritu de Hegel. pero el hombre no libre. como la condición específica del ser humano — aun cuando ella quería. p. entonces. El verdadero hombre privado de la Antigüedad era el enclavo. etcétera.. un «hombre» (W. 86.La ideología alemana. en el sentido de una «polid convertida en coémópolut». Compárese con la carta de Ruge a Marx de 1843 (W. 87 . 240 (la expresión dé Marx tiene su origen en Hegel). en el sentido de Aristóteles». donde el comunismo es concebido como el «realmente» existente — aun cuando su «realidad». D. I. 252. para Marx significa originariamente una «sociedad sin clases». 83. : 85. precisamente.ya citado. convertir a cada hombre en ciudadano del Estado» (WJ. dio forma a la condición privada. p. «lema de su ánimo» el conocido lla­ mamiento de Hölderlin del Hyperlón'. en general. como tal. 558). la consecuencia de que los valores «últi­ mos» hayan claudicado de la «escena pública». pp. Edcritod políticod comple­ tad. 90. p. La verdadera «democracia». en tanto él no participaba de la red publica.

Esa analogía con la crítica de Marx de la «crítica crítica» tie­ ne su origen en el marxista K. los productores asocia­ dos. p. 613. 250 y ss. Marx. p. 'véase San Max. pero no en el sentido naturalista-moralista de Feuerbach.. Doc. Al respecto. Sin embargo. 110. sólo podría consistir en «que el hombre comunitarizado. dentro del trabajo determinado por la precariedad externa y la necesidad. pp. lo que tendría sentido únicamente si también el Todo fuera representado como una suma de campos parciales — religión y sociedad— . regulan racionalmente su intercambio con la naturaleza» (El capi­ tal. Para la crítica de la economía política. M ax Weber. 94. el «reino de la libertad» empezaría justo «más allá de la producción material propiamente dicha». las cursivas son nuestras). y La ideología alemana. LVII. 241. Doc. pp. Com­ párese con las Obras pójturnas. mientras que ella. 139. 93. p. II. 2. 315-316. Ser genérico. pp. sobre la base del estadio de desarrollo alcanzado en el proceso de producción. Véase Marianne Weber. 1. 96. contra la mera «categoría» de la división del tra­ bajo. del Socialismo IV p· 320. W. p.). 98. Weber presupone aquí que la pregunta por el «Todo» sólo es postulable científicamente también de modo caudal. Korsch. 252. del Socialismo IV. 95. la idéa de la «l ibertad» se reduce también en El capital a una sobria constatación de que. Lukács de la «realidad» de las . pp. Se entiende por sí mismo que esa des-racionalización dé Marx nó fue pensada como un retomo utópico á un «comunismo primiti­ vo». en particular las pp. sino en el sentido de Hegel de una unidad de los especia­ les intereses. Coincidente con esto. 97. la propia investigación de Weber conoce un Todo frente al cual la pregunta por la atribución del hacer se vuelve no válida: precisa­ mente el Todo inderivable de los campos parciales y también inatribuible de la tendencia histórico-humana a la racionalización. La ideología alemana. y más tarde en Miseria de la filosofía. 235. 268y 297. I. 215 y ss. incluso tras esa comunitarización. 617. III. sino como una racionalidad en un estadio más alto. como la re­ gulación verdaderamente «racional» de las completas relaciones de producción bajo «control comunitario».universales y privados (véase especialmente San Max. Com­ párese al respecto la diferencia de G.M ax W eber y K arl M arx 133 92.

344. 45 y ss. 205. 53. 104. 101. cit.. Véase D. 166 y ss. pp... de la reí. pp. 375. Kraus. cit. pp. op.. cit. 192. 1930.. y 243 y ss. pp. 184y 206. y 198 y ss. op. Compárese al respecto Soc. pp.C. 200 y nota 3 de la p.. 205. y D. y 259. 238 y ss. 115 y ss. Ver G. 87. Lukács.. pp. 198 y ss.K arl L o w it h tendencias de desarrollo generales de la historia respecto a los «he­ chos» singulares de lo empírico. Cuán inapropiada es la crítica de Kraus a Weber surge de las expresiones de este último descritas en la nota 100. 102. 348. p. 5.C. etcétera. 99. 238y ss. 103. y 170. 100. Escolástica. 234 y ss. y en es­ pecial la nota 1 de la p. pp. de la reí. nota 3 de la p. compárese con Walther. puritanismo y capita­ lismo. I. I. 37.. Véase D. Compárese con J. Véase Soc. B. 60. op. .. pp.C. 83.

y también hacia la propia clase— . La econom ía popular. un significado destacado pa­ ra la construcción del Estado prusiano. no estoy en condiciones de responder boy a ello con una afirmación. pero desde que la es­ tructura social de la nación se m odificó completamente. son las siguientes: En prim er lugar. Precisamente el oficio de nuestra ciencia es. «Yo soy un miembro de la clase burguesa. hacia abajo. Este estamento había tenido. Pe­ ro simultáneamente él reconoció también la incapacidad de la clase burguesa para dirigir la nación. a la socialdemocracia.M a x W eber y sus seguidores ( 1939-1940) El discurso académ ico inaugural de W eber de 1895 sobre el Eétado-nacuin y la política económ ica popular tiene com o tema la problemática posición de la burguesía alemana al final del si­ glo X IX . me siento com o tal y fui criado en sus con­ cepciones e ideales. a los ju n k eré. y cada vez menos el interés político general de la nación. y no por último a su propia clase. Y cuando me pregunto si la burguesía de Alemania está hoy madura pa­ ra ser la clase políticamente rectora de la nación. decir lo que no es oído con gusto — hacia arri­ ba. Ese estamento representó cada vez más sus propios intereses. la dinastía prusiana se apoyó hasta el fin del siglo X IX en la aristocracia terrateniente de la PruJia oriental. hacia abajo. únicamente. com o la entendió W eber. es una econom ía al servicio de la política de poder nacional.» Las verdades incóm odas que W eber había dich o hacia arriba. su ta- . una vez.

m uy por debajo del nivel que había al­ canzado. p or ella. los miem­ bros de su partido fracasaron completamente. en gran manera. p or el contrario. Y sobre todo una nación din ninguna voluntad política. sin crítica a la cu alificación política de aquellos que ocuparon el asiento dejado libre p o r Bismarck y que con sorprendente lasitud tomaron en sus manos las rien­ das del gobierno. Pero la tragedia de esa fundación del reino fue que a ella no le siguió ninguna unidad interna de la nación y de sus clases sociales. ninguna madurez política interna. lo que se d ecid ió sobre ella. y a se ocupó. bajo la firma del "gobierno m onárquico”. y a veinte años antes. en ese aspecto. dejó com o herencia una nación acostum brada fatalmente a dejar promulgar. acostumbrada a que el gran hom bre de Estado. satisfecha p o r los éxitos nacionales de 1870-1871. Bism arck. ni siquiera las soportó. a quienes les había quedado «la capacidad del odio con­ . en su cumbre. de la política. E n el interior no atrajo ni a los intelectos autónomos ni a las personalidades destaca­ das. Cuando Bismárck fue neutralizado p o r jóvenes emperadores. Y aún más. El gran hombre de Estado.136 K a r l L o w it h rea està sin em bargo agotada. p orq u e su desconfianza y su m enosprecio hacia los hom bres no habían dejado aflorar en su entorno a ninguna personalidad sincera y autónoma. ha ganado para el pueblo alemán. El Parlamento se había vuelto un mero «aparato de aprobaciones» de la bu­ rocracia dominante. «Él deja una nación ¿in nin­ guna educación politica. La culpa la había tenido el mismo Bis­ marck. a través de la guerra con Francia.» En éegundo Lugar: un espíritu «ahistóriep y apolítico » se apo­ deró de la burguesía. para resumir. el último y el más grande entre los junker*). el da­ ño más difícil. Justo al final del siglo com enzaron algunos (p o­ cos). no dejó en absoluto una tradición política. Es más. cpm o consecuencia de esa utiliza­ ción perversa del sentimiento m onárquico com o escudo de propios intereses de poder en la lucha política partidaria. En ese punto residió. la unidad externa.

del que disfrutó la burguesía ingle­ sa. Sólo cuando de los trabajadores surgiera una élite. si el m undo que nos hereda reconoce en nodotrod a . ni la burguesía y la clase trabajadora. y la dominación de un hombre singular extraorduiario no es siempre un medio para la form ación política. El trabajo de crianza política de siglos. Ellos son pequeños. de m odo que ni el esta­ m ento de los junkerd. a correr el velo de las ilusiones burguesas y a reconocer que la herencia de Bismarck se había convertido en la maldición de su decadencia política. la pregunta más seria sobre el futuro políti­ co de la burguesía alemana sería ahora (1895) si la clase de los trabajadores podría convertirse en la portadora del futuro político. son idóneos com o portadores d é la conducción. mientras que las amplias capas de la pequeña burguesía ni siquiera se habían despegado de su estrecha mira de nuevo rico \SpLefibiirgertiinri\. pero tam poco un aire de la pasión nacional dominante que sopla en los cuartos del convento. Sus portavoces son mucho más inofensivos de lo que ellos mismos piensan: «N o hay en ellos ni una chis­ pa de aquella energía catilinaria del hacer. En tercer lugar. para la cual la burguesía se de­ muestra m uy débil. sería esperable que la carga de la responsabilidad. ex­ trañaba un nuevo César. pudiera ser portada sobre esos más anchos hom bros — aunque hasta entonces queda todavíá un largo ca­ mino por recorrer— Y así cierra W eber su discurso con la si­ guiente con fesión resignada: « N o es nuestra generación la que está destinada a ver si la lucha que llevamos a cabo tra­ erá frutos. por m iedo a las masas populares rebeldes. Y así se hizo visible que una parte de la gran burguesía. no se deja recuperar en una década. El motivo para ese fra­ caso de la burguesía es su pasado apolítico.M ax W eber y K arl M arx 137 tra lo pequeño». raquíticos maestros políti­ cos — les falta el gran instinto d e. El proletariado alemán tiene el carácter de una «pequeña burguesía política». Pero tam poco ella está en condiciones para tomar la dirección política. poder de una clase llamada a la conducción política».

en referencia a la Revolución rusa.138 K a r l L ó w it h duj antecesores. a m enos que estémos listos para volvernos otra cosa: antecesores de uno más grande». sino a una tendencia p ro­ pia de la com pleta burguesía occidental hacia la racionálización. El verdadero problem a parecé ser para él y a no la inmadurez de ambas clases de la sociedad burguesa. y la recién sur­ gida clase de los «em pleados» se acercaría m u ch o más. precisamente la guerra habría fortalecido la tendencia hacia una total funcionarizáción de la vida pública. amplió el fundamento de la mirada de su discurso de inauguración. a la burguesía media que al prole­ tariado. «C om o el así denominado progreso hacia el capitalis- . Con ella se extendería y se consolida­ ría nuevamente la sociedad burguesa. com o consecuencia de las crisis socia­ les y económicas que trajo la guerra consigo. en el funcionamiento del aparato estatal y de la maquinaria económica. En 1917. N o lograremos escapar de la maldición bajo la cual estamos sujetos: ser los que nacieron después de un gran tiem po político. A l escribir W eber durante la guerra su tratado crítico sobre lá reforma dél parlamentarismo. en los sindicatos. no podría afirmarse dé ninguna manera que el húméro y poder de los dirécta e indirectamente interesados en el orden bur­ gués habría mermado. fuertemen­ te. para discutir sobré las posibili­ dades existentes de una selección de líderes políticos.1 funcionariado propiamente dicho. sino también de la econom ía y de los partidos políti­ cos— . Por eso. postuló la tesis de que la última consecuencia del desarrollo democráti­ co no sería la dictadura dé los trabajadores. P or el contrario. de acuerdo con sus intereses. sino el poder transgresor de la burocratización creciente — no del m ero aparato estatal. que p or su lado y a se aburguesó también. que tendría un interés prioritario en la seguridad y en el orden. sino la de los fun­ cionarios y empleados. W ebér entendía bajo el térm ino «bu rocracia» no sólo a .

La dem ocracia deja sin efecto.el cacique o el hé­ roe homérico. a introducirse. esto es.» La «burocracia» se extiende desde la fábrica hasta el Esta­ do y la armada y es tan «ineludible» com o los otrbs portado­ res históricos del orden m oderno de la vida. escolarización especializada y división del trabajo. acuerdo con actas.tanto com o lo hace el Estado absolutista. patri­ cios u otros cargos. el patrón u nívoco de la m o­ dernización del Estado. También el ejército m oderno de masas es burocrático·. patrimoniales. es el patrón unívoco de la m oder­ nización de la economía. Frente a esa tendencia sólo quedaba una pregunta en pie para W eber: ¿cóm o se puede rescatar todavía. los oficiales. El se volvería entonces una «máquina de hom bres» que lo abarcaría todo. competencias fijas. ascenso. “individualista” »? Sobre la ba­ .. el condottiere. la admi­ nistración a través de notables feudales. sueldo.-. el oficial es una categoría especial del funcionario. E m pleados con ju risdicción deciden sobre todas nuestras necesidades cotidianas y recla­ maciones del día. en la cual luego los hom ­ bres serían obligados. ya sea de h on or o heredados. impotentes. En el punto aquí decisivo no se distingue la cúpula militar. orden jerárquico para abajo y para arriba es. del funcionariado admi­ nistrativo burgués. desde la E dad M edia. La fuerza de choque de la armada descansa so­ bre la disciplina del servicio. dentro de esta omnipotente «aparatización». que descansa sobre puesto. Y completamente ineludible sería si el mismo Estado fuera el que tomara la di­ rección de todas las empresas y las controlara. y también cuando el Estado no es un pequeño can­ tón sino un gran Estado de masas. «cualquier resto de libertad de movimiento> en algún sentido. D el m onárquico tanto com o del de­ mocrático. en benefi­ cio de los em pleados fijos. así el progreso hacia unfuncionariado burocrático. pensión. en contraposición al caballero.M ax W eber y K arl M arx 139 mo. asimismo.: una máquina que en com binación con la técnica podría p ro ­ ducir una «carcasa de servidumbre».

contraponerse a su jefe — sea éste un m onarca o incluso el demoJ— . to­ davía. Por un lado él quitó a todas las ins­ tituciones objetivas cada sustancial v alor p rop io. en la posibilidad de un liderazgo dictatorial en un « Es­ tado de un solo partido». sino en un Estado con múltiples partidos y con Parlamento. un espa­ ció en función de un liderazgo autoritario de carácter político. el único cam po de juego. Su fórmula drástica para ello fue: demo­ cracia de Liderazgo con máquina. su pregunta política fue cóm o se deja ganar. dentro de su marcó. L os diferencia a través de la medida de sus diferentes tipos de responsabilidad y de honor.K a r l L ó w it h se de esa perspectiva. a partir de su propia res­ ponsabilidad. aunque no pensaba con esto. G om o consecuencia de esa separa­ ción entre subjetividad y objetividad y el carácter no vincu­ . comenzar cada momento con su persona y. hizo la diferenciación de principios entre em­ pleados estatales y líderes de partido. e inversamente. igual que el empresario autónomo. entre encasillados hom ­ bres gen éricos e individuos autónom os. él. ' L a antinomia de la ciencia política de W eber consiste en que justamente la incliuián ineludible en la «m áquina» [B etrieb\ se vuelve el lugar del jer jl mimw posible. En tanto W e b e r con sideró la máquina de hom bres humana com o ineludible. y la carcasa de la «servidumbre» futura. pero las afirmó: con un N o Obstante com o el m edio dado para un fin elegible de form a libre. la com ­ prensión de la subjetividad de nuestras últimas puestas de va­ lor y decisiones es precisamente la que debería resguardar la objetividad y especialidad. tanto del pensam iento científico com o del hacer político.~ idóneo y responsable. El empleado y funcionario debe llevar a cabo lo que le fue ordenado p or una instancia supérior. sin considera­ ción de su convicción personal. incluso pa­ ra aquella «libertad de movimiento» que atañía a W eber com o hombre y com o individuo. p o r el otrp. bajo ciertas circunstancias. El líder político debe actuar. en su última ponéncia sobre i z políticacom o vocación.

todas ellas surgen de la una y fundamental antinomia entre libertad y coerción. por elcon trario. en que Rousseau exige. para superar la contraposición entre el hom ­ bre y el ciudadano estatal. Tras la muerte de W eber (1920). en su diferenciación del burgués m oderno en el aspecto de un homme que se obedece á sí misino y un citoyen. La diferenciación rigurosa que llevó a cabo W eb er en el interior de la teoría de la ciencia y de la conducta práctica: es decir. reside en su naturaleza. lo haga im popular y per­ manezca inefectiva. mientras que Weber. que es en esté mundo. empero. que le distinguen de todos los demás. entre funcionariado y lideraz­ go. -una total enajenación del individuo en relación con la comunidad. La gran diferencia entre la crítica de Rousseau y la de W eber de la civilización existente reside. Q ue una tan crítica actitud. libertad singular. con la pasión del hacer aislado. sin em bargo. para poner en cuestión la carcasa. entre conocim iento objetivo y valoración subjetiva. entre ética de la responsabilidad y ética: de la convicción. En eso consiste su heroísmo humano y su honradez intelectual. en m edio y con­ tra la servidumbre creciente en el m undo político y económ i­ co. una. afirma decididamente com o nuestro «destino» el mundo desencantado dé la civilización moderna. su propia posición se volvió necesariamente una oposición perdurable y una única apolo­ gía de la libertad del individuo que protesta. Así pu­ do posicionarse en cada situación dada y depender completa^ mente de sí mismo. pero no de este mundo.M ax W eber y K arl M a rx 141 lante que se sigue de ahí para todas las circunstancias objeti­ vas del m undo existente — hacia las cuales. que renuncia al éxito entre las masas. el de­ sarrollo alemán dejó de lado. que pertenece a la sociedad. cuyo ori­ gen histórico reside en la crítica cultural de Rousseau. lo que ha­ . se com portó de manera pasional— . para querer afirmar en él. entre esfera pública y privacidad. con la intervención de su entera persona. la separación entre cosa y persona. en rápida progresión. com o la que tom ó W eber fren­ te a las posibilidades del presente.

al m argen de cuáles sean éstos. a una organización del Estado y de la.debid o también recorrer ese camino. es sin em bargo prácticamente una confirm ación d e la previsión de W eb er de una «dem ocracia de liderazgo». a través de lo for­ mal de su ethod político. W eber se volvió un anticipador del futuro político de Alemania. y negativamente. a través de la pérdida de contenido querido. Con esa ab­ dicación de la elección Ubre entre posibilidades diferentes en favor del una vez elegido Führer. se convierte en una persona que está conten^ ta d e haber pod id o transferir la carga. ca­ da uno debiera decidir por sí mismo lo que piensa hacer en es­ te tiempo de falta de autoridad de una decadente esfera públi­ ca. la «sujeción» en obediencia.142 K a r l L o w it h bía sido querido p o r él. L o que y a era válido para la guerra se ha repetido con fuerza después de la catástrofe: los muchos . difícil de sobrellevar. que preparó a los otros. bajo la voluntad de un líder con aptitud de oratoria que diga a las masas lo que éstas deben creer y hacer.sociedad burguesa que> si bien es cierto que ideológicám ente es una aparente refutación. de la autodeterminación. positivam ente a través de que representó el liderazgo irracional «carism àtico» y la «dem ocracia de liderazgo con máquina». cuya última instancia sólo era la elec­ ción decidida de una postulación de unos valores entre otros. de esa tesis totalm ente individualista hay sólo un paso hasta lá com pleta inclusión en una máquina de convicciones total. totalmente funcionarizada. El individuo liberado. que sólo era responsa­ ble: de sí mismo. el «em pleado» en alguien que dispone de su puesto \Ámtdwalter\ y la «maquina de hom bres» en un frente total de trabajo. por ultimo. dado que éste no estaría disponible. Él ha preparado el camino a un Estado de liderazgo autoritario y dictatorial. D e su tesis de que sólo un «profeta» puede decirnos a nosotros lo que debem os hacer objetivamente. para arribar co n la R ev olu ción de 1933. lo que no incluye que él mismo hay a. y que. se transforma la «decisión» propia en la obediencia decidida a un dictado.

que demandaba primero creencia y en­ seguida. puramente cul­ turales. p or último. siguiendo a Comte. al com ienzo del siglo XX.» Sólo de esa form a debe enten­ derse también la fuerza de atracción del lema fascista de crede­ re. C om o expon en te de ese m ovim iento de reversión.Max W eber y Karl M arx m «planes irresueltos» del hom bre singular fueron confiscados por un «decidido destino general». especialmente después de los tiempos muy dispuestos hacia múltiples voluntades. Schmitt se diferencia expresamente de la generación anterior a él. describe tres fases del desarrollo alemán. a la técnica-económ ica del XIX. Weber. C on la transformación de la de­ m ocracia burguesa en la democracia de masas industrial se al­ canzó. en una total politización aun de los campos en apariencia «neutrales». hacia la épo­ ca humanitaria-moral del XVIII. El teórico del tránsito. después. obbedire. pasando por la metafìsica del siglo XVII. y llegando. que nos confundieron largamente y nos extenuaron. el punto en que debe revertirse en su contrario. combattere. desde la democracia parlamentaria del Estado de partidos nacional-liberal hacia la dem ocracia autoritaria y dictatorial del Estado total. esto es. pasando por el decisionis­ mo dictatorial. M . Rilke en 1914 a su joven amigo en el frente—que esto es una alegría imborrable. es el teórico del Es­ tado C. un desarro­ llo gradual de la caída que iría desde la época teológica del si­ glo XVI. el punto culminante de ese movimiento de decadencia y. Él ofrece. «M e puedo imaginar — es­ cribió R. hacia un «pensamiento del orden concretó». de la cual Troeltsch. una potestad y un sen­ timiento con uno. Schmitt. Sombart. una gen eración más jov en que los y a ci­ tados. ser así. con ello. obediencia y activa disposición. Los fundamentos histórico-filosóficos de su concepto de lo político fueron aclarados con precisión p or Schmitt en una ponencia de 1929 titulada Sobre la era de Lu) neutralizadoned y las de<fpolitizaciones. Su devenir desde un normativismo pensado de m odo jurídico extremo y de tinte católico. Rathenau y Sche- .

meramente téc­ nicos. precisamente porque son en sí neutrales a muy diferente fines. Hoy. La técnica debería volverse el medio de la dominación política de las masas. esto es (para Schmitt) de un Esta­ do total que cuente con la guerra. en el que tod o lo que antes aparecía sólo bajo una perspectiva económ ica y cultural se vuelve político (y no en menor medi­ da. en la misma m edida en que ellas han sido neutralizadas p or la econom íay la técnica. no surge ni un planteamiento político.144 K a r l L o w it h ler le aparecen com o característicos. Esta puede ser revolucionaria y reaccionaria. originariamente en Rusia. a la centralización y a la descen­ tralización. Schmitt contem pló la posibilidad real de un Estado así. ni una respuesta política. qué política es lo suficientemente fuerte com o para servirse de la técnica co ­ mo un m edio y otorgarle un «sentido inobjetable».» La pregunta de Schmitt es. servir a la libertad y a la dominación. en la mano de un Estado decididamente «político». al filme. p or eso. y a cuya existencia pertene­ ce un «enemigo total». la ciencia del Estado). «L os rusos tomaron la palabra al siglo XIX europeo. com o un medio respecto al fin. los descubrimientos técnicos son medios para una dom i­ nación inmensa de las masas: a la radio le pertenece el m ono­ polio de la radiodifusión. El descubrim iento del arte de la im pre­ sión de libros con d u jo p or ejem plo a la libertad de prensa. «Los descubrimien­ tos de los siglos XV y XVI tuvieron un efecto liberador. Pero la economía y la técnica pueden servir com o medios. Todos ellos vivían toda­ vía en la atmósfera del nihilismo europeo y de un abismo que era previsible. Su res­ puesta es: sólo una que politice todas las esferas de la vida. D e sus principios y perspectivas. indivi­ dualista y rebelde. la censura. La decisión so­ bre la libertad y la esclavitud n o reside en la técnica com o técnica. lo con o­ . Su preocupación y a no es compartida por Sch­ mitt. porque ésta surge sólo de la «duda respecto a la propia fuerza» de servirse del instrumentarlo grandioso de la técnica moderna. también.

M ax W eber y K arl M arx 145 cieron en su núcleo y extrajeron de sus premisas culturales las últimas consecuencias. la fuerza revolucionaria de los trabajadores. él renuncia simplemente a cada ti­ po de institución liberal. rusa. com o tal. y ha producido en Rusia una unidad nacional real. H a hecho a Rusia. en exclusiva. determinada de m odo polémi­ co com o negación del «pluralismo» en el Estado de partidos liberal. D e form a absolutamente indepen­ diente de los pronósticos políticos externos e internos. que le obliga a uno a llevar. com pone también. sobre to- . porque — cuando ella existe—cada asunto es. una cosa: que sobre el suelo ruso fue tom ado en serio eso de la antirreligión de la técnica. se debe entender solamente a partir del desarrollo europeo de los últimos siglos. Q ue todo. «Total» llama él a la unidad política. el núcleo de la historia m oderna de Europa. M ás aún. Esa unidad es. com o si­ tuación. se pue­ de decir. com o S o­ rel. Schmitt no comparte y a la voluntad de W eber de ca­ pacitar al Parlamento a través de la selección de una casta de líderes políticos. según su posibilidad. y porque ella capta al hombre en su entera existencia.» Schmitt no admira en la Revolución rusa. sino que ésta haya centralizado y totalizado a Rusia. La revolución ha echa­ do a un lado la discrepancia entre la Intelligentdia europea y el pueblo ruso por medio de la destrucción de la burguesía. aunque pensada de forma marxista. de nuevo. ciertamente. porque y a en 1923 estaba convenci­ do de que el principio parlamentario de la publicidad y la dis­ cusión no tenía más sustento bajo sus pies. uno político. La «unidad política» formal. la conclusión práctica. en una enorm e elevación. en esencia. hasta el fi­ nal. Luis X IV o Federico el Grande. y que aquí surge un Estado que es más e intensivamente estatal que lo que fue alguna vez el Estado de los príncipes absolutistas Felipe II. L o que sucede en Rusia com ­ pleta y supera ideas específicamente europeas y muestra. la sustancia del concepto de lo político de Sch­ mitt. Se vive siempre bajo la m irada del hermano radicalizado.

porque no determina ningún Q ué flPíw ] y ningún Cóm o. Puede ser expresada. P orqu e a su esencia pertenece sólo el consenso de la volante genérale con la volonte de toud. E n oposición a esta unidad política. com o el punto culmi­ nante de la política grande. sino siempre sólo una cosa: que es una unidad política determinante que decide soberanamente sobre la vid a de los hom bres. en el Estado de partidos liberal ninguna de las mu­ chas uniones o «asociaciones» en las que vive el hombre sin­ gular (la nacional. es para Schmitt indiferente. de com erciantes. la identidad entre dominados y dominantes. L o que a él le concierne originariamente no es si un Estado está constituido y ordenado así o de otro m odo. en tanto que rom pe definitivamente con la indecisión del Estado de partidos liberal y no se apoya en nin­ gún acuerdo y en ninguna discusión. en necesaria oposición a la dem ocracia.m K a r l L ö w it h do en el caso decisivo de la guerra. la religiosa. entre pueblo y Estado. L a dictadura no está. sino que puede ligarse a ella. la económica. Porque esa unidad total y soberana que Schmitt denom ina simplemente «lo político» no posee ningún cam po específico. sin em bargo. «Soberana» es la unidad política. si es un Estado nacional capitalista o un Estado de los trabaja­ dores com unista. entre masa y liderazgo. sino sólo el desnudo Que imperativo \Daß] de la existencia estatal com o tal. entre voluntad popular y ley. incluso de m odo mu­ . la social. La producción de esa unidad política a través de una deci­ sión es dictatorial. de funcionarios o de soldados.. un Estado de curas. La voluntad del pueblo no necesita ser contabilizada en números en una elección secreta. en principio. la fami­ liar) es una determ inante en un sentido incondicional. a través de qué fuerzas y contenidos el Estado tenga su determinada for­ ma propia. E sa indiferencia contra cada contenido político de la decisión pura form al caracteriza el concepto básico de Schmitt de guerra. porque ella decide sobre la guerra y la paz y porque es absolutamente determinante.

M ax W eber y Ka r l M arx 147 cho más originario y creíble* en una aclamación. una democracia. En el ario camarada del pueblo y del partido desapare­ cen. La sustancia del Estado total se vuelve ahora el «semejante» camarada del pueblo. y co n ello han cread o el fundamento para una volante genérale. absolutista o liberal. de reconocer la igualdad política de los ciudadanos. esto es. La R evolución rusa y la fascista poseen una hom oge­ neidad dem ocrática de este tipo. La igualdad biológica de la raza reempla­ za a la igualdad teológica ante D ios y a la igualdad moral ante la ley. La igualdad no consiste en la igualdad apolíti­ ca de todos los hombres de la humanidad sümida én el indivi­ dualismo. todos los problem as del último siglo: la . puede ser militarista o pacifista. y el nacido libre del es­ clavo. en su principio. a diferencia de la idea de igualdad humanitaria. no se vio urgido a responder a la pregunta sobre dón­ de radicaría la sustancia hom ogénea de la dem ocracia dictato­ rial. de la que se había mantenido inicialmente distante. Tiene com o correlato una no igualdad posible. en apariencia. Mientras que Schmitt siguió siendo sólo un mero decisionista y se conform aba con la demanda de la unidad política formal. siempre solamente a «los iguales». p o r m edio de la R ev olu ción de 1933. sino que debe tener una sustancia concreta. com o por ejemplo se diferenció en la A n­ tigüedad ló griego de lo barbárico. U na democracia* dice Schmitt. Apenas después de que fue tomada fácticamente la deci­ sión. Esto sucede desde la tercera edición de E l concepto de lo político. sin p o r eso dejar de ser. La igualdad política se refiere. una «hom ogeneidad» o igualdad de especie. que debe garantizar la igualdad de especie entre con ­ ductor y conducido. él se v io en la necesidad de dar también un basamento a la unidad política. en correspondencia con la doctrina antisemita de las razas. progre­ sista o reaccionaria. Ellas son ántiliberales. y los m éto­ dos dictatoriales pueden ser exteriorizaciones inmediatas de una sustancia dem ocrática. pero no antidemocráticas.

el «soldado» sobre el «ciudadano». Quien ha tenido la oportunidad de ver a W eber y a Sch­ mitt en la presentación pública de sus pensamientos no puede dudar un instante sobre cuál de los dos era el «ciudadano»: no Weber. El «relativismo» histórico de W e­ ber era portado p o r un ethod decisivo. Es propio de la tragedia de la vida política alemana que un hom bre sabio com o fue W eber nunca haya podido llegar a actuar durante la crisis de la estructura de Bis­ marck. algo a lo que el carácter de W eber había renunciado. que osciló de un campamento a otro y no desaprovechó la oportunidad de hacerse miembro del ambiente justo. que en ese Estado no tiene lugar. sino Schmitt. A l final venció. que se confesó leal a su clase. D e la misma mane­ ra. Por el contrario. de nuevo. mientras que el decisionism o dictatorial de Schmitt encuentra su explicación en lo que él mismo develó. del Estado de derecho con el Estado del Führer. . la problemática del reino de Bismarck se resuelve de una form a m uy simple: el segundo reino fue un com prom iso del Estado constitucional burgués con el Estado militar de Prusia. un arribista talentoso com o Schmitt ganó una influencia sobre el pensamiento político y la legisla­ ción del Tercer Reich que sería difícil de exagerar. y a que la libertad es un invento del lib e­ ralismo. que no deja negociar con sigo mismo. en el actuar por oportunidad. de hom m ey citoyen. esto es. com o «ocasionalismo». en Adam Müller. de clase burguesa y prole­ taria. Se vuelve también irrelevante el pro­ blema de la libertad dentro de la carcasa de servidumbre que es el Estado total.148 K a r l L ö w it h oposición entre Estado y sociedad.

son afirm aciones con una exigencia fuera de la acostumbrada. W eber veía com o una ventaja .L a posición de M a x W eber frente a la ciencia ( 1964) M a x W eber estudió D erecho y se habilitó en 1892 en D ere­ cho comercial y D erecho romano. después de un año. un año antes de su muerte. ver­ dades que son oídas a disgusto.» Para un discurso académico.Y cuando me pregunto si la burguesía de Alemania está h oy ma­ dura para ser la clase políticamente rectora de la nación. de ingreso en la universi­ dad de un treintañero. únicamente. y tam bién hacia la prop ia clase— . decir lo que no es oído con gusto — ha­ cia arriba. resuena y a ahí. Ya un año después recibió la posibilidad de ejercer com o p rofesor extraordinario en Berlín y. Su ponencia inaugural en la universi­ dad sobre EL Estado-nación y La política económ ica popular despertó indeseados comentarios. El tono de su ponencia La ciencia co­ mo vocación. no estoy en condiciones de responder hoy a ello con una afirma­ ción. me siento com o tal y fui criado en sus con cep cion es e ideales. porque también esa ponencia dice. desde la primera hasta la última oración. hacia abajo. otra vez. le ofrecieron trabajar com o profesor ordinario de econom ía nacional. en Friburgo. El tránsito desde el campo del derecho al de la econom ía na­ cional y lá sociología estuvo mediado por el estudio de la his­ toria agraria romana. Precisam ente el oficio de nuestra ciencia es. porque animó a decirle a la burguesía alemana incóm odas verdades. que W eber sostuvo veinticinco años después. «Yo soy un miembro de la clase burguesa.

[ . que el que ju zga p on ga claridad frente a otros y frente a di mismo sobre el núcleo subjetivo último de sus juicios. .. cóm o herencia. Falta el control de sí consciente [ . recae en va­ gas indeterminaciones. É l dejó tras de sí.. se aprendía a reconocer también y precisamente hechos incó­ m odos — sin consideración a los prejuicios heredados y dom i­ nantes en general. de los cuales en su mayoría.» Las verdades incóm odas que W eber tenía para decir hacia arriba. a las propias estrecheces religiosas y morales. sino casi la excepción. sino que también el pensa­ miento fundamental de La ciencia como vocación resuena y a en la lecció n de ingreso en la universidad. su principio “econ óm ico” específico de valoración. no de trata de ideales espe­ ciales y ganados p o r sí mismo. que se denom inan co n gusto «tradición » y «con v en ­ cim iento». Pero no sólo el tono. El des­ precio de los hom bres de Bismarck no dejó florecer en su cer­ canía ninguna personalidad autónom ay honrada. y n o p or último a su propia clase. W e b e r com bate el «engaño óptico» que procede com o si los parámetrod del juicio y la valoración de los acontecimientos económ icos y políticos se dejaran extraer de esos acontecimientos mismos. en general. sociales y polí­ ticas. son las siguientes: a la catástrofe de la fundación del reino alemán se debió que a ella no le siguiera ninguna madurez política interna. sin embargo. a la socialdem ocracia. a través de ella. hacia abajo. una nación «din ninguna educación polí­ tica». .150 K a r l L o w it h primordial de la form ación científica el que. sin consideración también. mientras que en realidad se trata de juicios y prejuicios subjetivos muy condicionados.] sobre los ideales a partir de los cuales avanza hacia el juicio de los procesos observados. sobre todo. el mismo que juzga n o tendría conciencia. sino de los viejod tipodgenerales de idealed humanad que nosotros transportamos también en el ma­ terial de nuestra ciencia. a los junkerd prusianos. ] y donde él busca formular. acostum brada a que el gran hom bre de Estado en su . « N o es la regla. En verdad.

W eb er fue llam ado a H eildelberg. que dirigía conjuntamente con E. A qu í llega pronto a Una interrupción inesperada y misteriosa de la activi­ dad docente. p or ella. Justo con la fundación del «Archivo para la ciencia social y la política social» dé Heildelberg. La inmensa obra inconclusa de Economía y sociedad. Cuando W ebér publicó su discurso de ingresó en la universi­ dad. ahora (1895). la principal obra sistemática aparecida tras su muerte. si la clase trabajadora p o ­ dría volverse la portadora del futuro político de Alemania. en pocas palabras. se tra­ taba de una pequeña burguesía. Péro tam poco élla estaría en condiciones de tomar la conduc­ ción política> porque lé falta para éso el gran instinto dé poder. La bur­ guesía estaba satisfecha tras la victoria nacional de 18701871. comenzada de forma tan brillante: una severa en­ fermedad psíquica le impidió durante diez años ejercer su ofi­ cio. me llevaron a publicarlas». de la política. incluyó un corto prefacio que contiene aquella oración in­ troductoria tan característica de él: «N o el consenso. p or el futuro p o ­ lítico siería p or eso. y porque no vive en ella «ninguna chispa de aquella énergía catilinaria del hacer». Los dos tratados posteriores — Sobre alguna*) categorías de la Sociología comprensiva (1913) y E l sentido de la «Libertad valorativa» de las ciencias sociaiy económica (1917)—son él resultado de esa reflexión crítica sobré el propio quehacer científico.' pero tam poco un airé dé la pasión na­ cional dom inante. que se consagró a investigaciones sociológicas. a la pregunta p or la construcción m etódica de conceptos. Sombart. com enzó para él uria nueva activi­ dad. en relación con ellas. Jaffe y W. En 1897. sin ninguna voluntad política: y «sin la capacidad del odio contra lo pequ eñ o». orientadas histórico-universalmente y. que sopla en los cuartos del con vento.M ax W eber y K arl M arx 151 cumbre ya se había ocupado. sirio la contradicción que las explicaciones que siguen encontraron en muchos de sus oyentes. èri tod o caso algo temerosa de las masas populares que se rebelaban. La pregunta. y los tres tomos de los Ensayos sobre sociología de la re­ .

. Admirable es empero. Salin. con un punto de vis­ ta propio. W olters) el respeto es­ taba ligado con una apasionada resistencia.] Él tiene el — desde una perspectiva afortunado—don de aclarar de m odo artístico y poético sus más diferentes doctrinas [ .. y él podía desarrollar libremente sus puntos de vista durante horas en estrecha continuidad.152 K a r l L o w it h ligión fundamentan la fama científica de Weber· Es sorprenden­ te qué en menos de dos décadas fuera posible no sólo apropiar­ se de esos conocimientos generales y particulares de los cam­ pos del D erecho.. sino que sólo recibía a amigos. con detestable austeridad»·2 . produjo en sus contemporá­ neos... bajo lo cual padece la claridad del pensamiento — mientras que y o ex­ traje. Cuando W eber ha­ blaba en una discusión. la sociedad y la religión. la econom ía. El «desencantamiento» del mundo histórico p or medio de Ja ciencia racional. todos los que antes y después se habían expresado sobre el tema de otro m odo empalidecían com o no originales y esquemáticos. en el mismo estadio. [ . [ . la agudeza sin com prom isos de su argu­ mentación y el poder elegante de una persona sensible. sus filosofem as presentes me son familiares desde antes. Alfred Weber. sino dominarlos y penetrarlos metódicamente. también.]. al que tanto tienen que agradecerle la Univérsidad de Heildelb e r g y la sociología. la fascinación perso­ nal que ese hombre.. W e­ ber producía una impresión de pesadez sobre algunos por lo excelso de su saber. Él gravitaba también sobre su hermano más joven. Y en aquellos que estaban más o menos cerca del círculo de Stefan George (Kahler. M ax W eber escribió en 1887 en una carta sobre su hermano.] mis obtusas consecuencias. que desde 1903 no pudo desarrollar nin­ guna actividad docente pública.en sus trabajos sociológicos. colegas y jóvenes: especialistas en su casa — E m st B loch y Georg Lukács pertenecían a ese círculo— . pero no sentimental. que él pone en práctica. por entonces de 20 años: «E n lo qué a Al­ fred concierne. p o r mis con ocidos más íntimos.. debe de haber ejercido una especie de magia.

El tema de su lección fue: «Crítica positiva de la concepción materialista de la historia». aparecido y a en 1904. Su más grande éxito lo debe a su tratado. Curiosamente. La diferencia esencial consiste. C om o político no llegó a desa­ rrollarse: estaba en la lista de candidatos a la asamblea na- . A llí murió. en un corto tiempo. para poder seguir las noticias políticas. en tanto tom a com o hijo con du ctor de la explica­ ción la contradicción entre las relaciones de producción y las fuerzas productivas. En Viena sostiene también. El tratado sobre las razones sociales de la caída de la cultura antigua re­ posa sobre una utilización libre del m étodo del materialismo histórico. L o h on ra — nota bene frente a oficiales del K áisery casi al final de la monarquía de los H absburgo—co ­ m o un «logro científico de prim er rango» y com o un «docu ­ mento profético» que tuvo políticamente «consecuencias muy extensas. en que W eber. com o seguidor de Brentano. sobre La ética protes­ tante y el espíritu del capitalismo. com o si ésta pudiera tener una «corrección sin espíritu».M ax W eber y K arl M arx 153 En 1918 W eber lo intenta de nuevo con una cátedra de so­ ciología en Viena. frente a oficiales austríacos. él analizaba la doctrina del M anifiedto com unista. una dis­ cusión con M arx y el materialismo histórico. ni la sociología marxista ni la burguesa vieron que la sociolo­ gía de W eber es el contrapunto de E l capital de Marx. En la ponencia. a eso que M arx interpreta y com bate com o «autoenajenación» p or medio de la cosificación. aunque no siempre simpáticas» (las aún más exten­ sas no eran visibles todavía. en junio de 1920. sin em­ bargo. esto es. que estaba pensada «para una orientación general». L a R ev olu ción rusa estaba en p roceso desde hacía un año y W eber y a había aprendido ruso con m o­ tivo de la Revolución de 1905. lo reco­ noce com o el destino inclau dicable de la racionalización. un llam am iento de M ú n ich . y «consecuencias fruc­ tíferas» también para la ciencia de la economía. la ponen­ cia sobre docialism o. a los tempranos 56 años. en 1918). Tras un semestre en Viena W eber aceptó.

En ése mi primer semestre en M únich. y fuim os juntos a la p o ­ nencia de W eber. de los asesina­ tos de Kurt E isnery Gustav Landauer. W eber llegó con retrasó de Una asamblea política del Partido Dem ocrático y entró con paso rápido. sin v ol­ carlos a la escritura! En sus disquisiciones sobre la pregunta «¿Para qué la ciencia? » resumió W eber todo lo que ya. y después sostuvo su discurso completamente suelto. También en . en el cual W eber era el único competènte que sabía decir más y. L a Organizadora del evento èra una agrupación de militancia estudiantil líbre qué se preocu­ paba seriamente p or orientarse éñ la confusión de la época. pero su propio partido le rehusaba. un hijo del historiador de Heildelberg. enérgico. lúa decadencia de Occidente. con un par de anotaciones. W eber sostuvo la p o ­ nencia. sobre todo. la segunda so­ bre La: política como vocación. en la que se daba cita la vanguardia estudiantil. después de lá primera guerra se había estado bajo la influen­ cia del libro de Spengler. algo después. en la sala. ¡Envidiable quien tiene su saber y su pensamiento tan presentes. que había aparecido en 1918. L a ponencia fue transcrita en el m om ento y publicada de m odo tan literal com o había sido sostenida. En general. El salón podía albergar com ò a ciento cincuenta asistentes. Y o había vu elto de la guerra y había com enzado con mis estudios en M únich. La ciencia como vocación y . En la mano tenía ima ficha pequeña. era amigo de Percy Gothein.154 K a r l L o w it h ciorial de W eimar y participó en el diseño de la nueva Consti­ tución. P oco después de la abdicación de la monarquía de Bayem y del intermezzo de la República de los consejos. había investigado y pensado sobre la cuestión de la racionalidad del espíritu europeo. desde su introducción al tratado sobre la ética protestante y el espí­ ritu del capitalism o. y en un círculo pequeño había una discu­ sión sobre las tesis histórico-filosóficas de Spengler. con mayor precisión que el mismo Spengler. sino el salón de ponencias de la librería de Suabia Steiriicke. La sala no era un auditorio. Eso era todo.

casualidad o perspecti­ vas económ icas. del m odo en que él la entendía pertenece la libertad respecto a las ilu­ siones: que no se escenografíe nada. desencanta­ dopor medio delprogreso de la ciencia. en especial en el puritanism o inglés de cuño calvinis­ ta. U na elección tal de actividad no tiene nada que ver con el impulso interno llamado vocacional. La ponencia trata de la vocación de la ciencia y del mismo incierto oficio de ésta. Quien quiera lo ­ grar algo en el cam po científico debe ser especialista y tener . y a la veracidad. que com o la lógica. en perso­ na. aún transita «com o un espectro de contenido antes religioso» por nuestra vida. N osotros casi no podem os imaginamos en qué medida las convicciones religiosas han determinado también el m odo co ­ tidiano de conducir la vida. en su origen fundam entado religiosamente. según inclinación. El hecho fáctico de la especialización siempre en progre­ so no puede excluirse y a del m undo. cotidiano. que se form ó sobre todo en el protestan­ tismo. W eber utiliza aquí la palabra «profe­ sión» \Beruf\ en su sentido banal. com o se habla del oficio del dentista o del m ozo. sino la evidente transparencia del mundo. la teoría del conocim iento y la m etodología era tam­ bién para W eber ima ciencia especializada — com o lo es h oy la reducción de la filosofía al análisis lógico del uso del lengua­ je— . la pericia y la veracidad mismas. La «verdad». porque el pensamiento del «deber del oficio». y toda «exigencia» de ima «síntesis» vive de esa partición positiva. Pero tam­ bién el m oderado ethod de la profesión m oderna se retrotrae a un origen religioso. La ciencia corno vocación no trata de la filosofia. Se puede decidir por ésta o por aquella profesión.M ax W eber y Karl M arx 155 esa ponencia dijo verdades incóm odas porque era. de la cual él hablaba com o hom bre de pen­ samiento científico. no es el desvelamiento de un ser pleno de secretos. A esa pericia pertenece lo que W eber poseía en el más alto grado: la libertad respecto a cada conform ism o y a la vanidad. ni a sí mismo ni a lo s de­ más.

a la que debe­ m os tod os los grandes descubrim ientos. al técnico y al artista. Junto con el trabajo y la ocurrencia ne­ cesita todavía de una tercera cosa: del cueétionamiento apasio­ nado. Ella no se deja coercionar. aun cuando esos de­ talles sean insignificantes y estériles. al com er­ ciante. La pregunta por el sentido de la ciencia surge y a para W e­ ber respecto a que todo trabajo e investigación científicos es­ tán subsumidos al progreso. sin embargo. Quien por primera vez.156 K a r l L ó w it h precisos y determinados conocimientos. no puede ser superada nunca. La ciencia productiva precisa también. L a fantasía comercial. más allá del estado de las ciencias. La ocurrencia científica. no es en principio diferente de lo que com pone al gran em presario. H om ero no fue superado p or Dante y éste tam poco por Shakespeare. tanto com o N ew ton fue supe­ . ése pregunta en principio por lo que existe. Esa espécialización uni­ versal no afirma. com o W eber. más allá dél trabajo sistemático. por la de Kepler. y p o r lo tanto pregunta filosóficam ente. Galileo y N ewton. que es completada de m odo artístico. Pero la ciencia celeste de Aristóteles fue superada. se pregunta por el valor de los valores que prevalecen hasta h oy ó . Eso la diferencia del crear del gran artista. com o Nietzsche. Y sólo el entendi­ miento puede evaluar el significado de una ocurrencia y si es posible materializarla. eso es en todos los casos una gracia. que la ciencia se haya convertid do en una operación aritmética y en una actividad de m ero entendimiento. de la ocurrencia casual. pero no aparecería tam poco. una intuición. porque el m odo dél planteamiento del problem a deter­ mina también por anticipado el m étodo y el resultado. aun cuando de acuerdo con su especialidad no haga ninguna de­ manda a la filosofía. la fantasía artística. la fantasía matemática. de que ella no puede producir na­ da duradero y verdadero eternamente. U na obra de arte. cuando no se le anticipara el esfuerzo del entendimiento. en los hechos. p or el valor y el sentido de la ciencia — ¿para qué la ciencia?— .

El progreso científico caracteriza. de aquello que precisamente hace a su sentido cuestionar ble. alcanzar una más larga duración dé la. etcétera). u n bosquim ano de África? D e ningún m odo. dice W eber. Podemos. alimen­ tarse mejor. esto es. sin esperar que otros en el futuro irán más lejos que nosotros.vida. Con ello surge y a la pregunta p o r el sentido de la ciencia com o v o ­ cación. ¿Q ué significa esa racionali­ zación de la completa vida pública a través de la ciencia y la técnica científica? ¿Sabem os de las condiciones bajo las cua­ les h oy existim os más que.es en sí misma plena de sentido y de valor. y frente al que tantos intelectuales toman posición «de m odo inusitadamente negativo». Porque ¿por qué debería ejercerse algo y abocarse a una empresa que no tiene ninguna perspectiva de ser com ple­ tada? ¿Para qué. traba­ jar de m odo no científico. a lo sd ie z o cien afíos> quedará obsoleto. p o r ejem plo. ma­ y o r bienestar. p o r el puro saber mismo y que. no eri pos de un b e­ neficio práctico. que quiere ser superado en el andar y en el progreso del saber.M ax W eber y K are M arx 157 rado p or Einstein. has­ ta lo que no tiene fin. El primitivo conoce sus instrumen­ tos y su m edio ambiente incomparablemente más que n oso­ . si bien no a la totalidad de la ciencia. sino. hasta el infinito. allí en­ contraría su más alto sentido. co n qué fin. sí a la fracción más importante de un proceso de racionalización bajo el cual estamos sometidos desde hace si­ glos. Ese es precisamente el «sentido» del trabajo científico: que cada res­ puesta crea nuevas preguntas. Quien ha logrado algo en una ciencia sabe que su trabajo. en principio. hasta lo que es nunca completable. pero el que tom a la ciencia com o v o ­ cación piensa-que ésta. una em presa tan sin fin? Es cierto: para fines prácticos delimitados (vivir mejor. Ese progreso y arrebató de la ciencia se extiende. W eber parte en primer lugar del progreso científico. D esde Aristóteles se nos ha asegurado siempre que el verdadero querer saber debe ser cuidado. Para dar una respuesta a la pregunta de «para qué la cien­ cia». esto es.

estampa a la muerte . porque su vida lo había provisto. empero.158 Ka r l L o w i t h tros. en verdad. Puede estar extenuado de la vida. pero no satisfecho. Para el hom bre de una civilización en insaciable progreso. Para el hombre de una civilización. porque él existe continuamente en la mira de un futuro todavía no pleno. que moviliza a-la ciencia. porqu e en principio no hay poderes secretos e incalculables que pudieran entrome­ terse. significa. Cualquier campesino de la vieja época m oría viejo y satisfecho de la vi­ da. El progreso. que d ijo «no»3 a esa civilización completamente m o­ derna. cóm o hacer una llamada telefónica a N u eva Y ork y pod er escuchar un concierto de Londres. y p or una razón m uy atinada. algún sentido que trascienda al técn ico-p ráctico? Él hace alusión al viejo Tólstoi. M ás aún. que en general no tenemos ni idea de cóm o se construye un avión y se pone en movimiento. al final de sus días. que avanzó en nuestra cultura occi­ dental durante siglos. de acuerdo con el progreso sin fin. científico-técnica. más precisamente el actuar ra­ cional de acuerdo con fines. con lo que podía ofrecerle. porque la vida. en sus principios amante y creyente en el progreso. Él se preguntó si dentro de una civilización que fu n cion a así la muerte sería una aparición plena de sentido. sino el saber o la creencia de que si sólo se quisiera se podría saber en cualquier m om ento. L a racionalización científica. el desencanta­ miento del mundo. o cóm o fabricar un billete de cien marcos para p o ­ der com prar algo con él. no debería te­ ner. W eber continúa preguntando: ¿tiene ese proceso de la ra­ cionalización creciente. siempre avanzado. L a racionalización no significa en­ tonces un creciente-conocimiento general de las condiciones de vida. p or el contrario. no lo es. El lema de la ciencia de la temprana m odernidad es la frase de B acon: saber es poder. la muerte es una inte­ rrupción anticipada y una circunstancia contraria a la lógica. significa que en principio todas las cosas de pueden controlar a travéd del cálculo. ningún fin.

a la real constitución justa de la vida com ún en una comunidad pública. son refleja­ das p or una luz escondida en la pared de enfrente. com o en verdad son. con que será m ejor y con que los niños resolverán los problem as de los padres. Inmensa es la diferencia entre entonces y ahora en la res­ puesta a esa pregunta. para los griegos. Él ve p or primera vez la fuente originaria de toda otra luz. el ser bueno y bello. porque la representación de lo que es sabér verdadero y para qué puede servir ha cam biado radi­ calmente. tras sus espaldas. p or­ que no puede haber un ser bueno y un ser bello sin una com ­ prensión verdadera de lo que hace a algo ser bueno y bello. sobre todo también a la verdadera política. El liberado de las cade­ nas y de la. la verdad inocultable del ser. W eb er dio al respecto las siguientes referencias: Platón cuenta en el libro séptimo de la Politeia cóm o los hom ­ bres están sentados. el camino al verda­ dero éer. N os vem os retrotraídos. ¡Pero no lo hacen! Ellos deben consolarse. En el Renacimiento la ciencia recorrió otro camino nuevo para saber lo que es: el experimento racional. caverna es el sabio verdadero. Ve la luz del sol. una escenificación artificial que proyecta inventivamente a la naturaleza com o una obra de arte según determinadas expectativas. en el dominio de la naturaleza y en la organización de la sociedad humana. Y el ser verdadero es. a la vez. L a salida más simple para este dilema es que se proyecte la vida incompleta en la próxi­ ma generación y se consuele con esto. tiene un sentido más allá de lo técnico que justifique a la ciencia com o v oca ­ ción. falta de sentido. otra vez. Ciencia verdadera es. que ha ascendido desde la mirada de meras figuras de sombras a su figura origi­ nal. con dud niños. y sólo ven las sombras de las figuras que. esto es. que se de­ . en la cual las cosas aparecen así. entonces. a la pregunta de si el progreso científico y social.M ax W eber y K arl M arx 159 definitiva con la. Hasta qué uno de los encadenados logra liberarse y salir de la caverna. encadenados en una caverna.

que la nueva concepción mecánica del mundo p o ­ dría volversé una «ciencia del m undo pagana» y sus portavo­ ces. Kepler.160 K a r l L o w it h ben probar. hace temblar la creencia de que algo así existe. a través de experimentos preparados con plena artificialidad. la ciencia natural no sólo era el ca­ mino hacia la verdadera naturaleza. ¿Quién cree todavía h oy que la. con la que se creía podér justificar el progreso de la ciencia com o pleno de sentido. luego los teóricos de la música del siglo XVI y los experimentadores de las ciencias naturales. cuando y a no . N ewton. sobre eso no du­ daría nadie hoy. com o se dijo en analogía con el lib ro de la Biblia. la física y la fi­ siología de la modernidad. Q ue la ciencia com o ciencia no tiene D ios y es un poder ajeno a Dios. todos ellos estaban con ven cidos de que D io s había con ceb id o el m undo de form a matemática y que conocían a D ios cuando leían en el «libró» de la naturaleza. excepto algunos «niños grandes». de tan ob vio que era. más qué eso. que a me­ nudo son científicos naturales. que la astronom íay la biología o la química nos iluminan sobre el sentido del m undo? La ciencia no sólo no enseña nada sobre el sentido del mundo. a la vez. apologetas del ateísmo. es decir que ella. Los adelantados fueron los grandes experimenta­ dores en el cam po del arte: L eonardo sobre todo. aun hasta la crítica de Kant de la prueba de D ios físico-teleológica. eso hace tiempo que se volvió un hecho reconocido. ciencia es un camino al verda­ dero ser o a D ios. Galileo. que la ciencia de la naturaleza era un camino hacia Dios. Pero tam bién la última res­ puesta. Pero para los fundadores de la astronomía. el camino hacia D ioj. «Ciencia» significaba para ellos el cami­ no a l arte verdadero y con ello a la vez a la naturaleza verdadera. sino también. L o que y a Kant ha­ bía temido. dice M a x Weber. C opém ico. El b ió lo g o Sw am m erdam explicó triunfante: «Y o les traigo aquí la prueba de la providencia de D ios en la anatomía de un piojo». p or­ que también la naturaleza hace manifiestos sus secretos sólo a través del arte técnico.

p or­ qué esa creencia puede ser dejada completamente de lado des­ pués de la crítica destructora d e "N ietzsch e a aquellos «últimos hombres». á D ios y por último a la felicidad social son ilusiones pasadas. fracasó. W eber no profundiza más eri ello. su presuposición. las leyes del movimiento de los cuerpos celestes son dig­ nas de ser conocidas. y si eso tiene en última instancia un sentido. por éjémplo. Todas las cien­ cias naturales sólo nos dan respuesta a lá pregunta de qué debémos hacer nosotros cuando queremos dominar técnicamente la vida — però si debernos y querem os hacerlo. en el sentido de digno de ser conocido? ¿C óm o debería poder decidir la empresa fáctica de la ciencia si tal saber es digno de ser con ocid o? Si. al arte y la naturaleza verdaderos. y la presuposición obvia de la ciencia m édica respectó á que se debe conservar la vida humana: lo más posible bajo todas las circunstancias. está sobreentendida. discuten una presuposición com o é sa y W eber ha dedicado a lá sociología del rechazo del mun­ do religioso un significativo apartadó. lo dejan sin decidir o lo presupo­ nen a sus fines— L o mismo vale para las así llamadas ciencias del espíritu históricas: énseñan a entender determinadas p ro­ ducciones políticas y sociales. com ò camino al verdadero ser. En tanto la ciencia de la cultura m oderna presuporie que debe haber «cultura». sí sèria el camino a la felicidad de la sociedad humana. El mide las posibilida­ des de una conducción de la vida «interna al m undo» cón las . que «inventaron la felicidad». no da pruebas de que esa. es p or lo menos cuestionable. Cuando todos esos seritidos anteriores de la ciencia. pero no dan una respuesta a la pregunta de si son dignas de existir. entonces se debe preguntar «en qué sentido la ciencia no da ninguna respuesta y si no podría servirle de algo a aquel que postula correctamente la pregunta»: ¿Cuán importante es lo que surge del trabajo científico. no es deducible defacto de la física. Las religiones del rechazo del mundo.M ax W ebér y K arl M arx 161 un camino a Dios. artísticas y literarias. ampliamente difundidas.

contra la creencia en los milagros y en la revelación. Sí puede ser creyente y. Si debe haber ésta o aquella disciplina científica. entonces y a se ha decidido también contra la magia y la mitología. sobre eso no puede decidir naturalmente la ciencia. sí se puede discutir científicamente con un marxista que postula la tesis de que determinadas relaciones sociales y económicas condi­ cionan también el surgimiento de religiones. inver­ samente. aun cuando analiza sociológicamen­ te sus efectos sobre la vida cotidiana. La tesis de W eber de la diferencia radical entre ciencia ob ­ jetiva y valoración subjetiva. si debe haber ciencia sin más. sin embargo. Pero cuando se decide hoy en día por una ciencui com o profesión y con ello se cree en la profe­ sión \Beruf\ de la ciencia. com o una institución entre otras. un cristiano creyente pensará sobre el surgimiento del cristianismo de otra manera que un historiador libre de prejuicios dogmáticos. Por supuesto. así como. También el historiador científico del arte se contradiría a sí mismo si no se esforzara por hacer entendible el origen de la Iglesia cristiana de form a em pírica-histónca. había sido y a fuertemente combatida durante su . decidir si debe ha­ ber religión e Iglesia. entre conocimiento de hechos vá­ lido universalmente y tomas de posición personales (de tipo político. Empero. en tanto esté a favor o en contra de ella. no se podría discutir con él científicamente. moral y religioso).162 K a r l L o w it h trascendentes. Ninguna historia de la religión y de la Iglesia puede. no válidas para otros — tesis sin com prom isos y formulada con apasionada insistencia en tratados sobre el sentido de la «libertad valorativa» en las cien­ cias sociales— . sino sólo el hombre. W eber ha mostrado que determinadas convicciones y expectativas religiosas pueden contribuir a determinar la forma de ordenar la economía. un especialista científico. pe­ ro él no puede ser historiador como fieL cristiano. social. p or una intervención de D ios en la historia de la humanidad. Si quisiera ex ­ plicar el origen del cristianismo de m odo sobrenatural. además. religiosas.

por ejemplo. Se continúa. ni apoyarse sobre la tra­ dición ni fundamentarse científicamente. porque incide en un punto sensible en nuestra relación con la ciencia y con el mundo determinado por ella. son.M ax W eber y Karl M arx 163 vida. para bien o para mal. com o y a en el «prefacio» a los Endayod dobre doc 'wlogía de la religión aclaró. por otro lado. bajo el título: factd and valué o factd and decidion·. ¿C óm o debería. La contro­ versia no está de ningún m odo resuelta. válidas universal­ mente. esto es: la compren­ sión de que nodotrod vivimos b oy en un mundo que está cosificado a través de la técnica científica y que. porta en sí una «idea ab­ soluta». decidirse científicamente si — com o afirma Husserl—el ethod de la fundamentación de todo y de cada cosa por la razón científica. un poder que destroza la autoridad de la tradición. de tal m odo que la europeización también de todos los demás hombres «anuncia el gobierno de un sentido absoluto». o si ese ethod de la razón es solamente un tipo antropológico en­ tre otras posibilidades culturales. o la dialéctica marxista. especial­ mente en Inglaterra y Estados Unidos. mientras que los opositores a esta dis­ tinción opinan que sería fácil dejar de lado las dos clases de factd y valué. por la fuerza de su progreso continuo. la ra­ cionalidad objetivada de la ciencia nos ha liberado de la sujeción a normas de tipo moral y religioso. o la hermenéutica. por ejemplo. Nuestras valo­ raciones últimas no pueden. El motivo para esa reserva no reside em pero en el relativismo de la conciencia histórica. cuestión de la decisión personal. La ciencia es. según el caso. a continuación. por eso. lacónico. a lo humano europeo. que apareció entre los griegos y que caracteriza. de acuerdo con el D erecho natural. sino en que W eber llega a la comprensión filosófica . de China y de India. que no conocen por sí una ciencia europea? W eber re­ nuncia a com parar el valor de culturas diferentes de m odo comparativo-distintivo. y decidir racionalmente.4 Tanto los opositores com o los partidarios de la bifurca­ ción entre conocimiento y valoración malentienden el motivo central que porta en W eber la diferencia.

precisamente eso quiso mostrar la exi­ gencia de M a x W eb er de una ciencia libre de valores. p or el contrario. de form a universalmente válida. Q ue a pesar de esa em ancipación de la ciencia. que exige lo contrario. ese ethod determina también sus conocim ientos. sino que quiere to­ m a ren cuenta. Ésta debía volverse libre para una valoración consciente. se haría bien en guardar para sí sus «pequeños comentarios persona­ les». y por el otro. y que incluso fundamentales v a ­ loraciones de tipo moral o cuasirreligioso están en la base c o ­ m o presuposiciones. es inconciliable con la ciencia y la técnica emancipa­ das de toda religión. las exigencias del sermón de la montaña o. de la infundamentabilidad científica de tomas de posición últimas es la pregunta: ¿cóm o debería p o d e r dem ostrarse co m o verdaderas y c o ­ rrectas. precisamente. que nos dice que uno debe sobreponerse al mal. en lugar de esconderse bajo el pa­ raguas del conocim iento científico. humana. La demanda de libertad valorativa del juicio científico no signi­ fica un retroceso á la pura cientificidad.164 K a r l L ò w it h de que.5 El ethod cristiano originario. también refutar­ las? D en tro del O ccid en te con vertido en cristiano se debe elegir también entre p or un lado el ethod de la dignidad y la consideración de sí interna al mundo. com o precondición de una toma de distancia posible . ni niega co ­ mo alienación. sino su co n ­ creción. el ethod com ­ pletamente diferente. que sirven al dominio del mundo. al que W eber ni afirma ciegamente. O tro ejemplo. L o que W e b e r exige no es una extirpación de las «ideas de valor» normadoras. decidida y consecuente de sí misma. porque D ios es el amor y el único juez sobre los hombres. que vive en la espera del fin de este mundo. los patrones externod a la cien­ cia del ju icio cien tífico. Eso vale también para el destino de la racionalización del mundo pór la ciencia. frente al «andar de los destinos hum anos». interno a Europa. ella misma y los otros. «com o se hace también al mirar el mar y la montaña». trascendente.

W eber caracteriza ese desvelamiento de las ideas de va­ lor y de los ideales rectores de las investigaciones científicas. ] La crítica n o se detiene frente a los juicios de valor. presentan la precondieión de nuestro conocimiento y están liga­ das á la precondición del valor de aquella verdad que sólo nos puede dar el saber de la experiencia». y así libe­ rarlos para una clara discusión y contraposición sobre sí mis­ mos. L o que puede y debe suceder con el fin de la « o b ­ jetividad» científica es el claro y con scien teh acer notar y el tomar-eH-cuenta de aquello que es científicamente indem os­ trable. de esta afirmación básica de W eber no se sigue de ninguna manera «que los juicios de valor eludi­ rían lá discusión científica. porqu e en última instancia [ . La pregunta es.] tienen orígenes “ su bjetivos” . La autorreflexión científica... . esto es. Pero acerca dé que las normas e ideales vinculantes no son fúndamentables en m o­ do absoluto científicam ente y que con ello no hay ninguna «receta» para la praxis. se pelea y se com ba­ te». y en realidad el juicio científico no es separable del juicio valorativó. más bien. que deja tras de sí la positi­ . sino que ambos sólo se deben diferenciar. «en par­ te en verdad y en parte supuestamente. Lá así llamada objetividad — y W eber no habla de ella de otro m odo que dé una así llamada> entre comillas—«reposa sobre y sólo sobre el hecho de que la realidad dada és ordenada según categorías. el deducir del entendimiento á las «ideas» como tal¿d. Una línea delgada como un cabello separa a la ciencia de la creencia. . p or las cuales. ¿qué significa y qué persigue la crítica científica de los ideales y juicios de valor? ». son subjetiva*). a ese desvelamiento de lo «en última instancia querido». las cuales.M ax W eber y K arl M arx 165 respecto a ellas. en un sentido esp ecífico. [ . aunque sea científicamente relevante. L o último que la reflexión científica sobre eso puede rendir es «traer a lá conciencia los últimos patronea que se manifiestan en el juicio de válor concretó». co~ m o filosofía social. sobre todo a tra­ vés de la crítica científica y la autorreflexión. Y así concierne a W eber.

sino que ese déficit surge de la form a propia de aque­ lla época cultural. a la esencia universal de L a ciencia. «en lugar del deber ser». de las ideas de valor normadoras de la investigación científica tiene no sólo el objetivo de com probar su efectiva presuposición. sólo hay una lucha entre las muchas posiciones y puntos de vista posibles. entonces p o ­ dría haber también «valores» de validez universal. con unos medios dados y en orden a un fin presupuesto. por nosotros mismos». y nos permite sobre todo daber qué es lo que verdaderamente se quiere. El fin real y positivo de sus tratados científico-teoréticos es la radicaL deconélrucción de Lad «iLudioned»..] puede o bien engañarse teóricamente a sí mismo sobre la seriedad de la situación actual. cuyo destino es haber com ido «del árbol del conocim iento»..166 K a r l L o w it h vidad ingenua de la disciplina científica. 154). Su desvelamiento minucioso de lo «en última instancia querido». sino qué se puede consecuentemente. Los dos tratados ejemplares so­ bre Roscher y Knies significan una destrucción metódica de determ inados prejuicios y juicios de valor. no indica qué es lo que se «debe». sino el sentido. Si no obstante hubiera todavía «grandes comunidaded» religiosas y «profetas». sin em bargo. en tanto contradicen el hecho histórico-humano de que «hoy» es . Pero c o ­ mo nosotros y a no vivim os com o miembros de una com uni­ dad religiosa. o eludir sus consecuencias prácticas» (D . haber sabido que nodotrod «debem os cre­ ar.C .. p.6 Por tanto. mucho más determina­ do. el «sentido» del acontecer del mun­ do. La subjetividad presupuesta por W eber de nuestros patrones de valor últimos y de la falta de «normas» universales vinculan­ tes no pertenece. específicamente de aquellos que obstaculizan la «liberalidad científica». de su «desencantam iento» por m edio de la burla. la creencia en normas objetivas y en su fundamentabilidad científica es lo que W eber combate con los me­ dios de la reflexión científica. para después permitir­ se reposar sobre ellas. «Sólo un sincretismo optimista [.

el camino se pierde en el alba. «Todo trabajo científico-cultu­ ral. En los análisis de Roscher sobre el acontecer histórico se conserva. Pero en al­ gún momento cualquiera el color cambia: el significado del punto de vista valorado irreflexivamente se vuelve inseguro. y . a un material específico y se haya creado sus propios principios m etodológicos—la reformula­ ción de ese material com o fin en sí. con interna consecuen­ cia. la orien­ tación supuestamente excluyente según el pathod de la ética cristiana hubiera cerrado los ojos para ello». en una época de especialización. terminar en el cuestionamiento no sólo de la ciencia y de la cultura modernas. las disquisiciones «m etodológicas» de W eber. Estas parten de la comprensión para. sino en el de nuestra orientación presente en la vida en general. de una vez. La luz de los grandes proble­ mas culturales se ha explayado más. En los tratados sobre Roscher y Knies. en todo lugar. la demostración y el desencan­ tamiento de los patrones últimos del juicio científico. durante un siglo.» Entonces. Y está bien así. Las contradicciones curiosas que él señala en los trabajos de R oscher se refieren a una relación oscura entre concepto y realidad) y eso significa. W eber ha llevado a cabo. «después de que.M ax W eber y K arl M arx 167 «religiosa cotidianeidad» que la ciencia — dicho con N ietzs­ che—sea un «ateísmo científico». hasta en lo más singular. sin ser consciente de su anclaje en esas ideas de valor en general. D e la conciencia de esa si­ tuación especial. Son todo lo contrario de una marcha en el vacío de reflexiones metodológicas. contemplará — después de que a través del planteamiento específico de problemas es­ té enfocado. en última instancia: a una re­ lación oscura del hombre cognoscentefrente a la realidad de nuedtro mundo presente. surgen. sin controlar continua­ mente el valor del conocim iento de los hechos singulares se­ gún las ideas de valor últimas. la ciencia se dispone también a poner a prueba su posición y su aparato conceptual. en últi­ ma instancia. un «fondo» inaclarado. y a sin fundamento.

También en la vida científica un impulso divino «más alto» debe limitar el propio beneficio terrenal y ese pre­ supuesto interviene de m odo decisivo hasta en la estructura lógica de su «econom ía estatal». en el método de Roscher se mantiene una estructura inconsecuente. Una indeterminada creen­ cia en la predicción fundamenta con ello. de form a simi­ lar al análisis crítico de Roscher. pero tam p oco redu ce el conocim iento de la realidad a lo humano y «empíricamente» comprobable. Así.168 K a r l L o w it h específicamente uno que Roscher no quiere de ningún m odo aclarar. el carácter «emanatista» de sus argum entaciones lógicas. aun cuando prudentemente evita. aunque sea exactamente ese resto el que produce. Ese fondo que penetra en todos la­ dos es n om brado p o r Roscher. Knies está todavía también bajo la influencia del epígono de la metafísi­ ca histórica hegeliana. También en el caso de Knies W eber aclara. en él. Roscher no deduce hegelianamente la realidad de las «ideas». la articulación del todo. Los individuos y los pueblos son presupuestos de m odo sustanc ial -nielafu ico. Su m étodo está plagado de contradicciones. en la form ulación. com o lo es siempre la unidad de una investigación «científicamente liberada» con un «punto de vista religioso». con algo así com o una fuerza de vida unifi­ cada. que sería el último agente en el acontecer histórico. desviada hacia lo antropológico-biológico. en última instancia. o com o «pensam iento de D ios» y «decretos sobrehumanos». y a sea de m odo m oderno y b io ló g ico com o «fuerza de vida». sobre qué bases filosóficas principiales reposa su concepto de libertad y qué consecuen­ cias tiene esto para su m etodología de la ciencia económica. Com o Roscher. Tam poco él es capaz de aclarar con liberalidad científi­ . en todo lugar. una apela­ ción directa al orden de Dios. Roscher establece menos un contrapunto de Hegel que un retrocedo a una interpretación cuasirreligiosa de la historia. también Knies choca. «en el espíritu del rom anticism o». con un «fondo oscuro».

la conceptualización «emanatista» se trans­ forma también en una construcción típica-ideaL. Una con la reaLidad. pensándolo hasta al final. y a es una abstracción y construcción re­ al. sino una transformación del método y del concepto pa­ trón de la reaLidad misma. que para él las form as de Estado serían técnicas. y que por ello él podría estar con­ tra el Parlamento y a favor del m onarca (si éste no fuera un «vanidoso diletante» com o Guillermo II.M ax W eber y K arl M arx 169 ca la relación entre «concepto y realidad». Esa con stru cción reposa sobre el conocim iento del estado de las cosas histórico. mientras y en tanto que él no piensa de m od o d ecid id o desde este Lado deL mundo. El abandono radical de W eber de la conceptualización aún en parte metafísica y teológica de R oscher y Knies no significa una mera transformación del «aparato conceptual» lógico. sino en un conservado resto de una toma de posi­ ción m etafísica frente a la realidad. en una carta de 1917. que la construcción típica-ideal reposa sobre la hipótesis de que la realidad misma. tanto com o cualquier otra maquinaria. Lo que él no «con ­ sigue». aquí tam poco se apoya en una falta de agu­ deza lógica. llega a presentarse así y no de otro modo. objetivo. Sólo por eso pudo decir W eber. sino escenificaciones del hom bre creador de cultura sin un «sentido» propio. y desaparecen to­ das las definiciones «sustanciales» de la «form ación» social. metafísico. pero que no se diluye en nuestros conceptos. porque no se expresa a sí misma. la cual. sobre la com prensión de que todas las así llamadas «form aciones» de la historia de la cultura no son espíritu objetivo. .7 La construcción típica-ideal sirve a la delimitación del con ­ cepto científico respecto a la realidad histórica. su fracaso. D ebería decirse. L o que W eb er quiere demostrar es que Knies es científicamente oscuro. vuelta completamente terrenal y objetiva­ mente sin sentido. a la que él de­ be entender. a través de ese m étodo y en aquellos conceptos. sino un político id ó­ neo). p rod u cid a a través de la ciencia técnica.

mientras que. y por ello un artificio que es pleno de significado solamente para nosotros. que se posiciona en un mundo vuelto objetivamen­ te sin sentido y austero. «de que dólv p o r m edio de la puesta a prueba de las su­ puestamente “últimas” tomas de posición propias en relación con problemas muy concreta) y agudizados al máximo». es la «toma de p o ­ sición». del mero hablar sobre las opiniones últimas no surgiría nada más que «tonterías». p or una larga experien­ cia. La «construcción» típica-ideal está fundada en la toma de posición de un hom bre específico. La «cultura». «sin ilusiones». para el singular. esto es. dentro de la infinitud sin sentido del acontecer del m undo». Ambas oraciones im­ plican: cosm os y phydid son sin logoé. porque el m undo de la naturaleza no es un prod u cto del hom bre dotado de razón. en cada caso seno. y a «crear» el senti­ do. la relación con la realidad. se v ol­ vería claro. aunque estaba convencido. define Weber.8 N os topamos justamente con la mis­ ma tom a de posición en Dilthey. un hombre que ha sido retrotraído a sí mismo y que está urgido a producir el sentido objetivo y la articulación de sentido. toda cultura es algo hecho por hombres para hombres. Y lo que le interesa a Weber.170 K a r l L o w it h El carácter técnico-constructivo o. prácticay teoréticamente. a producir antes que nada. Esta­ mos abiertos a la posibilidad de que sentido y significado sur­ jan justo en el hom bre y en su historia». por el contrario. Por el con­ trario. Bajo esa presuposición de la convertibilidad del verum y el factum. el carácter «nominalista» de los conceptos m etodoló­ gicos fundamentales de W eber y su completa form a de cientificidad es una expresión consecuente de una posición com ple­ tamente determinada del hombre respecto a la realidad. elevada por prime­ ra vez p or V ico a principio de las ciencias históricas. su propio querer real. com o también se le ha llamado. c o ­ mo lo «suyo». «es un apartado definido. cuando dice: «N osotros no transportamos ningún sentido desde el mundo a la vida. es que . pensado con sentido y significado des­ de el lugar del hombre.

no se les atribuye y a un significado autónomo. una «fá­ brica» \Betrieb\ — d ich o con H egel: el «E stado del entendi­ miento» de la sociedad burguesa. es comprensible solamente — com ­ pletamente com prensible—a partir de que a ella subyace de facto. esto es. el Estado moderno en el que estamos ubicados en tanto él mismo. en un sentido am­ plio. Así. y no según las posibilidades de su «exis­ tencia». es un «instituto» racional. tras que a las «objetividades» de cualquier tipo. la definición ejemplar de W eber del Estado a partir de la posibilidad de que «deter­ minadas formas del hacer social (específicamente de hombres singulares) se produzcan». a causa de su desencantam iento p o r m edio de la racionali­ zación. pertenece también la creencia en el «desarrollo» y en el . sino porque una concepción así estaría atrapada en prejuicios trascendenta­ les y el mundo en el que nosotros estamos «puestos» y a no legi­ tima tales prejuicios— . las Iglesias. A quí también se exterioriza la liberalidad científica de W eber.M ax W eber y Karl M arx 171 entonces y a no pueden ser más vistos e interpretados. A esos prejuicios «trascendentes». las unio­ nes y las sectas com o sustancias. como tai'. por ejemplo. que cruzan el sobrio día a día de un mundo desencanta­ do. sustan­ cial. La presuposición última de las definiciones de W eber so­ bre las formaciones sociales es que sólo el hom bre singular. los partidos. un miembro de la ciu­ dad y del Estado. y no en primera instancia una persona pri­ vada que es responsable p o r sí misma. conse­ cuentemente. com o un no-estar-atrapado en prejuicios trascen­ dentes. fijado sobre sí mismo. por el contrario. es ciertamente real y con derecho a la existencia. com o m odelo. de alguna forma. dicho con M arx: una «uni­ versalidad abstracta» sobre los individuos. Si. con los más profundos trasfondos — pero no porque eso sería no científico. el Estado todavía fuera realmente una comunidad y el hombre. una «realidad» estatal muy determinada. entonces sí tendría sentido interpretar tam bién al Estado mismo sustancial y «universalmente». los Estados.

Siempre [ . mientras que simultáneamente admitía que a menudo es cierto — «para la dignidad humana demasiado a m enudo»— . M u ch o más relevante para nuestra comprensión de su actitud ante el ateo presente es una declaración con m o­ tivo del suicidio de un familiar: «Nosotros estamos profunda­ mente conm ovidos por el fin de esta vida. Pero para poder contemplar ése «destino de la época» en su perfil más serio se debe recon ocer la «cotidianeidad reli­ giosa». sin embargo. A ello c o ­ rresponde la demanda de W eber de Una rectitud intelectual incondicionada. socialista.172 KARL LOWITH «progreso» objetivos. En su «luz» se pone ahora la «realidad».. Esta necésidád es. un “ sentido” terrenal y no obstante objetivo». una inconsecuencia frente a lo terreno. Querer connotar de sü presentación simpatetica de los profetas paganos del Viejo Testamento y de la ética pu­ ritana que él tenía una «credulidad escondida» o que habría sido un Homo religiosus. esto es. Nietzsche llamaba a esa honradez. según W eber. en la que se prohíbe la creencia en D ios y en la providencia divina en la naturaleza y la historia. en relación con la creencia política en un futuro mejor. nüestra «última virtud». aunque él no participe en una lucha contra el cristianismo. y a despojado.. Traducido al lenguaje de Nietzsche: W eber pien­ sa sobre la base de la ciencia com o «ateísmo científico» y so­ bre la base del ateísmo com o la única forma de pensar que es hoy honrada. En una carta a Vossler discutió también que la necesidad enseñase a rezar.] que . El se describe a sí mismo com o «absolutamente desafinado para la religión» y recono­ ce. y el hilo conductor para la interpretación de ese mundo. en una carta de 1918. vaciado religiosamente. Esa creencia se postula com o necesaria «cuando surge la necesidad» de otorgar «al acontecer del des­ tino de la humanidad. es absurdo. el hecho de que nuestro m undo cotidiano es no religioso. es el proceso de ra­ cionalización a través del cual él se desencantó y se opacó. que él no compartía esa creen­ cia y que también en ese sentido podía vivir «incrédulamen­ te».

escribió. com o los chinos y japoneses. sino porque y en tanto no es be­ llo — en el capítulo 53 del libro de Isaías [ . de en lugar de redactar recordatorios de guerra extraer las consecuencias qué obtiene un hom bre auténtico/ cuando la vida lo ha conde­ nado a perder un juego importante. ¿Q uién quiere hablar entonces de obliga­ cion es?». y antes de él lo encuentra usted prefigurado en las fleurs du ma1. ni bueno». temíamos no volverlo a ver. sino en tanto no es bueno. no a causa de su responsabilidad. co m o el único c o t í derecho. aunque y en tanto no es bello. tiene com o presuposición el discernimiento de que nosotros no esta­ mos en la verdad cuando la verdad implica algo así com o ver­ dades de fe> en sentido cristiano o incluso griego — porqu e también para Platón lo verdadero era idéntico con lo bueno y éste con lo bello— . en el mismo sentido: «Su actuar se me aparece siem pre. Y cuando pocas se­ manas antes de su propia muerte una hermana de W eber se quitó la vida. de incondicionada veracidad. que algo.M ax W eber y K arl M arx 173 O .de percepción de la Antigüedad. L o temíamod. Y agregó: «S i nuestros oficiales hubieran tenido tanta dignidad.] puede usted en­ contrar las pruebas de ello— . la impresión sería otra». y que algo puede ser bello no só­ lo a pesar de que no es bueno. el que ella. ignorante de la vida.9 Una sabiduría cotidiana es que algo puede ser verdadero. Siempre consideré un error de nuestra moral Cotidia­ na. Ló sabemos desde Nietzsche de nuevo. Contra lo cual afirma W eber: «Sabemos hoy. quiera estampar a la vida terrena com o un bien al cual el hom ­ bre nunca está autorizado a renunciar.. com o llamó Baudelaire a su tom o de poesía. no aparecía un largo tiempo. ni sagra­ do. en oposición al m ucho más libre y grandioso m odo. La voluntad de W eber.. . sino de la nuestra. Cualquier cosa. del m od o más seguro. de nuevo. puede ser sagrado no sólo a pesar de que no es bello. ni tam poco cuando su progresión pierde tod o sentido espiritual». Y bello. Aun para Kant lo bello era un símbolo de lo moralmente bueno.

otra vez junto con ella [la ciencia]. Más allá. com o es ejercida h oy y com o debe ser practicada para mantener la vida y el avance de la civilización técnica que se apoya en ella. junto con ella. ni bello. y si algo puede ser verdadero. Primero. y así W eber llega a hablar del rendimiento último de la ciencia y de sus límites. sólo que para él el fin está fijo de antemano. ni bueno. Todas ellas son preguntas con las cuales se topa también cualquier técnico. mientras sea entendida «por sí misma». en­ tonces se debe preguntar qué trae la ciencia de positivo para la vida personal. la posición última. trae escolarización en el pensamiento m etódico y. no es ni un camino a la verdad del ser. N o se puede simplemente despreocuparse de la ciencia. claro que a ella y a los medios para alcanzar esos fines. con ello. y prop o­ nerse los últimos fines. sin re­ ferencia a la «trascendencia». es que la vida hu­ mana. p or­ . Éste no es el caso cuando se trata de las preguntas ultimad. aunque no sea ni sagrado. justamente cuando los medios para él no sean moralmente legitimables. ella [la ciencia] nos puede aclarar que <)i se quiere tomar. Pero el «fundamental estado de las cosas» — el que también está en la base de esa limitada tarea de la ciencia de otorgarnos claridad sobre las presuposiciones últimas. p o r último — y esto es lo más importante— . aporta claridad en el sentido de una conse­ cuencia clara. está claro que conocimientos nece­ sarios para la adm inistración y dom inio racional del medio ambiente y del mundo compartido. los medios más adecuados y las consecuencias proba­ bles de determinados fines presupuestos— . ni a D ios. se debe utilizar de acuerdo con la experiencia. Esto es. a favor o en con ­ tra de la ciencia y. Bajo ciertas circunstan­ cias se estará obligado a abandonar el fin. debe elegir y decidir entre las concepciones de vida posibles — por ejemplo. ni un camino al arte y la naturaleza verdaderos.174 K a r l L o w it h Pero si la ciencia. esto es. contra o a favor de la religión— . ni a la felicidad terrenal siquiera. salvo que se crea que un fin más grande santifica a los medios aun más condenables.

pero no todas las religiones han desarrollado una teología tan sistemática com o el cristianismo occidental. de las condiciones so­ ciales de una obra poética. en sí banal. lo muestra Weber. una . sin embargo. que no­ sotros vivimos en una época «ajena a Dios». referida a una ponencia sobre técnica y cultura.. y su «estado de las cosas más decisivo» es. W eber dice: «Yo creo que una lírica. rechaza radicalm ente tod o lo actual. [ . no podría haber escrito ELparaíso perdido en el L on ­ dres del siglo X I X ) . para Weber.]. con una medida tal de reflexión sobre las últimas for­ talezas del contenido de la forma puramente artística. com o objetivo. Que la ciencia es hoy una profesión ejercida según especia­ lidades es un hecho ineludible de nuestra situación histórica..M ax W eber y Ka r l M arx 175 que impregna nuestra completa vida. Pero tam poco se puede correr tras el progreso de la ciencia. por ejemplo. com o tal. que no existe ni pue­ de existir. Cuán p oco se puede despreocupar uno del mundo m oder­ no.] confunden y parcelan su alma». y que se re­ ducía a postular una ciencia «orgánica». La teología cristiana es una racionali­ zación intelectual de certezas de fe religiosas y. en la obra poética de Stefan George que. no podría ser alcan­ zada.. inapro­ piables para el vértigo de la técnica [ . Esa com prensión sociológica. de cada obra poética (M ilton. que [ . impregnado p or la ciencia. porque sólo él ha tomado en su seno el pensamiento griego y lo ha reelaborado hacia fines dogmáticos. externa e interna. Esa comprobación cierra la pregunta weberiana de La teología como ciencia.] sin que el lírico haya permitido ser penetrado completamente por las impresiones de la gran ciu­ dad moderna. com o por ejemplo la de Stefan George.. si quiere conservar aún algún resto de un planteam iento de principios de la cuestión.. p or ejem­ plo. Claro que hay también teólogos y dogmas más allá del cristianismo.. dice más que el ataque impotente que la ponencia de W eber recibió del círculo de George. En una discusión de 1910.

todavía existe en las sectas religiosas. Q ue algunos intelec­ tuales modernos tengan la necesidad de erigir una «capilla en casa» y que se creen para ello un sustituto para sus almas va­ cías. h oy sólo late — si late—en los círculos más pequeños. W eber pensaba aquí en el movimiento de la juventud alemana. com o E m st Toller. conquistaba com o un fuego devorador las grandes comunidades. no burguesa. que sociológicamente son el tipo origi­ nario de la asociación. trascendental. sobre todo en el tiempo de los profetas judíos. En cada teología «positiva» el creyente llega al punto de quiebre del credo non quod sed quia absurdum est. Sólo el más joven aporta generalmente tal sacrificio al profeta y a los creyentes de la Iglesia.1 0 N o es un truco. pero sí tal vez un m alentendido de sí mismos. ante todo.176 K a r l L o w it h ciencia con la presuposición específicamente no científica de que cabe creer en una revelación determinada. W eber lo describe simplemente com o «farsa y autoengañ o ». du­ rante la República de los Consejos de M únich. que exigía una «viven cia». com o un suceso decisivo para la salvación. Estaba convencido de que el mundo estaba progresivamente desencantado p o r m edio de la racionalización científica y la burocratización y que aquel algo que en otras épocas. En una discusión sobre una ponencia . sin tener en sí mismo la más mínima simpatía p or la revolución literaria de 1918-1919. Él tenía una decidida com prensión — más allá de la amarga crítica de lo que consideraba falseadode las necesidades de la joven generación después de la Pri­ mera Guerra Mundial y estaba dispuesto constantemente. a responder a estudiantes de la izquierda radical. La capacidad para ese «sacrificio del intelecto» — W eber lo llama un «logro de la virtud» religiosa— es «el signo decisivo del hom bre religioso positivo». para poder creer. Esa presuposición fundamental reside también para la teología misma más allá de ella com o ciencia. y de oponerse a estudiantes reaccionarios. cuando los jóvenes interpretan religiosamente su de­ manda de una nueva vida comunitaria. El debe hacer un salto.

N o es com o en el cristianismo de nom bre de Alemania. se le débe decir: vuelva callado. la generación más joven en éste nuestro tiem po se haya adap­ tado tanto que no conciba más lo que alguna vez tuvo que ser de otro m odo y fue desencantado. toda vez que la técnica científica produce progresivamente una propia form a de admiración y encantó. pod ría ser que. y com o tal ofrece a sus fieles interior y exteriormente muy precisos privilegios. cuando ella. defacto. Y es eso lo qüe W eber concibe com o el «destino de nuestra época» y del que se sigue to d o lo demás: el desencantam iento del mundo por medio de la técnica científica. p o r lo demás. y hoy más que nunca. allí la pertenencia efectiva a comunidades religiosas es el lugar del universalismo.. la religión es algo popular.·.. y por­ que ese tipo de secta [ .]· Busque usted un trabajador alemán que pague tanto p o r una com unidad eclesiástica cualquiera [ . era el país más religioso. increí­ blemente m ucho más que entre nosotros [.M ax W eber y K arl M arx 177 de Troeltsch.] es exclusivo. el punto de vista patrón para lo que él quiere ver.. sin la reiterada queja pública. entre tanto. N o obstante.sino m o­ .] . W eber desarrolló la tesis de que Estados U ni­ dos. al menos hasta el com ienzo de nuestro siglo. y sólo p or eso no se exclu­ ye. p o r su parte. « Y la pertenencia a esas comunidades religiosas cuesta.. L a situación en la República Federal alemana no es hoy esencialmente otra.» Esto W eber lo dijo en 1910. en donde una parte dé los adinerados paga todos los impuestos eclesiásticos — para que «se conserve al pueblo la religión»—y está contenta. la secta. que es antes com o ahora.. porque tendría consecuencias incómodas para la prom oción social y para todas las demás oportunidades socia­ les posibles. Precisamente porque allí el tipo religioso es. para lo que sucede. W eber culmina su ponencia con la frase: «A quien no pue­ da soportar con hom bría este destino del tiempo. no tiene que vér con la cosa. p orqu e no había ninguna Iglesia recon ocid a p or el Estado. es decir. en Estados Unidos. sino innumerables sectas.

significativos. . no pasó inadverti­ da entre sus contemporáneos. Ésta sería modesta y simple.178 K a r l L o w it h desta y simplemente. que en W eber era tan perceptible y que sólo distingue a los hombres excelsos. a los que W eber admiraba al máximo— . A un­ que tam poco es precisa una perseverancia de esta índole has­ ta que rom pa la nueva mañana. en espe­ cial en la ponencia La ciencia como vocación. com o se expresa con la clari­ dad1 1 que le es propia — de efecto cuasidem agógico— . en el tiempo del exilio. Porque no se hace nada con desear y esperar. pero levantó críticas irritadas y furibundas. ¿cuán larga es todavía la noch e?». que tal vez ninguno de nosotros esté dota­ do de un tal mal espíritu. ¡vuelve otra v e z !». P or el contrario. Si le quieres preguntar a ella. de las públicas y de las más íntimas. ni de G undolf. las objeciones que se levantaron contra ella — en cuanto son de principios—se revelan com o reacciones im po­ tentes a lo que W eber con oció y recon oció — con un «no obs­ tante»— co m o el «destino de nuestra é p o ca »: la racionali­ zación progresiva de todas las relaciones de vida. La oposición que experimentó p or parte del círculo de Stefan G eorge — no de G eorge mismo. privadas. Pienso que se entiende p o r sí mismo que «cada uno» de nosotros no es más. para aquellos que esperan co n paciencia nuevos profetas. surge de la pretensión ilu­ . según la última palabra de W eber. después de cuarenta y cinco años. Cuando h oy se recuerdan. Él soportó sin ilusiones esa situación his­ tórica. Su p osición fundamental. «porqu e cada uno encuentra y ob ed ece al dem onio que sostiene el hilo dedu vida». en los anchos y a cogedores brazos abiertos de las viejas Iglesiás. Ellas le solucionarán las cosas». bajo el oráculo de Jesaías (21) sonaba así: «Sereno. a las que él creía to­ davía poder excluir. El sereno dice: «La mañana vendrá. pero aún es de noche. y sería mejor cumplir con la «exigencia del día». una moderada honradez intelectual impone com probar que hoy la situación es la misma que la de aquella canción del sereno que.

com parable con las que se formaban alrededor de R u dolf Steiner y de otros profetas de ese tiem­ po.1 4p ero la encontraban también «algo atem orizante» y veían la p o sició n política de W eb er com o una «solu ción desesperada». confundieron con el Tercer Reich. N inguno de ellos tuvo. p or su parte. vio claro que ese Estado secreto era una secta.1 3 O tros contemporáneos. mientras que Jaspers. pero opinó que se podría limitar el progreso de la ciencia a través de un «conocim iento de la salvación». M ax W eber fue el único al que podría llamarse. que es la que permite penetrar en la realidad de la vida moderna. En las cartas de los jóvenes de G eorge se hablaba. de un «Estado» y se mentaba con ello una «Alemania secreta». co m o el documento más conmocionante de una entera época. «sin reservas. en un artículo de 1922. alrededor de 1933. que sería «penosamente. cuyo dom inador sin corona era Stefan George. mientras que W eber. de que el «poeta» sería capaz de rever­ tir los poderes de la ép oca y su necesidad hacia un «nuevo reino» que después no p o co s de los admiradores de George. M ein eck e testim onió que.M ax W eber y Karl M arx 179 soria. más pequeños que él. la nuestra». ge­ nial». c o ­ m o Ernst Troeltsch.1 2pero precisamente uno qüe debía ser com batido. Incluso un observador tan in­ dependiente com o M a x Scheler. la «brutalidad entrenada de la mirada». defendieron la pon en cia de W eb er de ataques inentendibles. p ero también él se horrorizó del «viento helado» que fluye de su objetividad. entre ellos. . para con­ vertirla en un «verdadero fracaso». ala­ b ó la ponencia de W eber com o un document humain significati­ vo. con todas las características de la esencia y la falta de esencia de las sectas. com o W eber. y más allá. L o único que M a x W eber concedió a ese espíritu sectario esotérico era que lo admitía com o un representante de los «poderes de época». ni la capacidad de estar a su altura. dentro de los intelectuales de la generación más joven. com o un marginado. p or el contrario. hizo filosóficamente confusa su falta de ilusiones. F.

en aquellos príncipes. las consecuencias ineludibles de su fundamental presuposición. Stuttgart. 1953 (ahora en Obras completas.]. en referencia con esto. Yo creo que aquello que habría hecho esconder de miedo a ese partido [. en el arte y la ciencia— y que porta el cálculo en todos los campos. Cartcu) dejuventud. se les hubiera esfumado radicalmente. y me gustaría mostrarles cómo se desarrolla­ ba la asamblea abajo. 227. se debe saber. en todas las esferas — en la economía y la sociedad. cuando se ha postulado un fin determinado. diez años después. a nuestros príncipes alemanes en el plenario del partido de Mannheim.. La pregunta de cómo es que se llegó sólo en Occidente a una racionalidad específicamente occidental. el perfil de cómodo propietario de fonda. 1983. sino un mutila­ do debatir y razonar inconformista y quejoso.. 410: «Habría conducido con gusto arriba. 3.]. 2. desde allí arriba». y tener en cuenta. Actuar y pensar «consecuente­ mente» es idéntico para Weber respecto a la conducción racional de la vida y la «honradez intelectual». en el Derecho y el Estado. p. que se sentaron allí como espectadores. Es­ to es. y enton­ ces. La palabra «consecuencias» tiene en Weber un peso específico y un tono particular: se reúne con la ra­ cionalidad del hacery pensar «orientado racionalmente a fines». en lugar de aquella energía catilinaria de la creencia. a la tribuna.180 K a r l L o w it h Notas 1. 3. 7 y ss. Véase al respecto mi libro Historia del mundo y salvación.. al seguir. Articulad completad sobre sociología y política social. que endiosaron como el más poderoso fenómeno cultural de Alemania y como el portador de un futuro inmensamente revolucio­ nario en el mundo entero.). se llevarían las manos a la cabeza al mirar a ese partido. . se convirtió después en el hilo conductor de su investigación sociológica. que no dice nada. p. que ellos tienen por “revolucionario” [. consecuente.. sujetarse a él y ser consciente de las presuposiciones y consecuencias de su elección y decisión. dominante. qué se quiere en realidad. Compárese. sobre todo. a la que estaban acostumbrados por sus asambleas. la fisonomía pequeñoburguesa: ni una palabra de entusiasmo revolucionario. en la Unión para la política social en. En ese partido sólo resalta. la discusión de Weber. Tuve la impresión de que los socialistas rusos. pp.

en tanto corresponde a la naturaleza humana. por medio de agu­ dos argumentos. Pero para eso Strauss debería presentar una investigación sistemática . Teoría analítica de la cien­ cia y dialéctica. entonces debería comprobarse la factibilidad de tal excepción en una ciencia que no pretende una transformación del mundo históri­ co en conceptos constructivos. y llama a ese entendimiento a-religioso evídently legitímate. por su lado. porque no podría fundamentarse racionalmente. Un apéndice a la controversia entre Popper y Adorno. por medio de la razón humana? La prueba para la crítica de Strauss sería que él nos debería mostrar. Véase al respecto Jürgen Habermas. lo que quería demostrar. Dogmatismo. Strauss elude la respuesta a esa pregunta al delimitarse como social scientist a un entendimiento interno al mundo de la convivencia humana. esto es: que nuestras posibles tomas de posición últimas se asientan en una con­ traposición insolucionable y que no puede decidirse. para. de modo más principista. en Teoría y praxis. y con ello a nuestra completa orientación moderna en la vi­ da. da igual cuáles sean éstas preferencias. sin embargo. vuelve concepto científico that wealth of meaning que tiene en vista el entendimiento natural y el commonsense. en realidad. 1963. en Natural Right and History. 1963. Pero ¿ha demostra­ do Weber. Precisamente no lo es para Weber. y que. Porque sería absurdo querer afirmar que cada elección y decisión por ése o aquel valor último sería indi­ ferente. en tanto él pone en cuestión no sólo a su ciencia especial. Pero cuando Strauss restringe la comprensión de Weber a la ciencia. del hombre moderno de nuestra época. defender en nuestra con­ ducta natural y cotidiana una valoración adecuada de los aconteci­ mientos políticos y sociales. razón y deci­ sión. que por ejemplo la ética cristiana y la política. que en ese aspecto piensa de mo­ do más filosófico que Strauss. o sólo una de am­ bas es «verdadera». es decir. por su parte. Leo Strauss ha llevado ad absurdum del modo más enfático. o no se contradicen. y se excluye a sí mismo de ello. en Es­ critos de bormnaje para Theodor Adorno. hoy ejercida. según el caso. la distinción de Weber entre valoración personal y conocimiento objetivo. El único imperativo ético que surgiría de la consecuencia «nihilista» del rela­ tivismo histórico y existencial de Weber sería: thou sbalt have preferences. y no reconoce ese «destino de la época».M ax W eber y Karl M arx 181 4. cuando hablan del «mundo social». sino a toda ciencia.

como Weber presupone. como actuar según la oportunidad. que pudo ser justo con cualquiera que pensara diferente si estaba convencido de que también su contrincante tomaba sobre sí. porque se excluyen. 31 y ss. Weber habla de la dificultad de encontrar un acceso a Dostoievskiy a Tólstoi. Compárese. porque su convencimiento com­ pletamente no europeo de la falta de valor de toda vida delineada racionalmente reposa sobre la seguridad cristiana primitiva de que sólo el amor sin mesura al prójimo — esto es.182 K a r l L o w it h comparable a la sociología weberiana. con plena conciencia. ése fue Weber. 6. de autoconformismo y de la consecuente «terquedad». por el contrario. 5. Su relativismo era portado por un etbos decidido. que no permitía negociar con él. 1959. en distinta perspectiva. El decisionismo dictatorial de Schmitt encuentra su explicación. En referencia a una afirmación de Heidegger sobre el discu­ rrir acerca de «valores». pp. En un debate. llevaría a un bellum omnium contra omnes. Max Weber. . «Siempre son los valores los que avivan la lucha y mantienen viva la enemistad. lo que Weber llama. con Baudelaire. y no limitarse a la interpreta­ ción histórica de textos sustantivos de la historia de la filosofía polí­ tica. en comparación con el cual el temible estado de naturaleza de la filoso­ fía del Estado de Thomas Hobbes sería un idilio. respec­ tivamente. esto es. en lo que él desveló en Adam Müller como «ocasionalismo». sobre la crítica de Strauss a Weber. Que los viejos dioses se hayan desencantado y se hayan convertido en meros valores válidos. Cari Schmitt ha concluido recientemente de la tesis de Weber de la decisión propia a cada uno por ése o aquel valor último que esa «tiranía» de valores que se combaten entre sí. desesperantemente tercos. Esta es la pesadilla que la descripción de Max Weber deja tras de sí. ésta es otorgada por el hombre. Y justo ahí podría mostrarse también si la «riqueza en signifi­ cado» reposa sobre una Lntriruic articulation de la estructura social o. hace cruel la lucha y. Le savant et le poLitigue. la responsabilidad por las consecuencias de sus decisiones. la prostitución sagrada del alma—abre la puerta a lo verda­ deramente humano y divino. Raymond Aron. a los combatientes.» Si alguien fue absolutamente libre de vanidad personal.

con el punto de vista de la postulación de valores o cristiana o política. Maquiávelo honró en un bello párrafo [.. esto es. co­ mo consejero de Estado del Tercer Reich. Mientras que. En La política como vocación.] sobre Florencia. los productos de la ciencia «libre de valores».M ax W eber y K arl M arx 183 Sorprende que Schmitt. según sabemos. Esa suposición es in­ cluso más plausible si pensamos que Schmitt estaba originariamen­ te más cercano al movimiento neocatólico y que tras el final del Ter­ cer Reich publicó. no se irri­ tó. no tuvo nada más que decir sobre la posición política de Weber que estaría atrapada en la filosofía valorativa y que pertenecería a aquella postulación de valo­ res generales ün querer-imponerse en sus opiniones..] a aquellos ciudadanos. Si se intenta hacer concreta su polémica. para los cuales la grandeza de su ciudad estaba más alta que la salvación de . de vista y de ataque determinado. El [. son «horrorosos» medios de destrucción y procesos de exterminio. que estaba dispuesto de alguna forma a la salvación de su alma. por ejemplo. Una y otra vez recayó el in­ terdicto [. que tiene muchas otras tareas: aquellas que son resolubles sólo con violencia. pero los ciudadanos luchaban contra el Estado eclesiático. y de la industria y la técnica que se sirven de ella. Weber dice: «Quien busca la salvación de su alma y el rescate de otras almas.. Y en relación con tales situaciones. sobre los que Schmitt.] demonio de la política vive con el Dios del amor.. no lo busca en el camino de la polí­ tica. también con el Dios cristiano en su expresión de Iglesia. para salvar la forma propia del ser-ahí popular. fijada en un punto de posición. porque sólo se trataba de imponerse por medio de una teoría de los valores racista y de estar decidido frente al «enemigo total». en una tensión interna que puede desatarse a cada momento en uii conflicto sin mediación posible... como Weber. por otro lado. que en un escrito de 1917 sobre el «va­ lor» del Estado representó un normativismo extremo. para su justificación. antes de pro­ pagar un decisionismo igualmente extremo. entonces se debería verificar. Eso lo sabían los hombres incluso en los tiempos del dominio de la Iglesia. Sería interesante saber cómo se posiciona él respecto al posible con­ flicto entre la ética política y cristiana sin. tomar una posición y un punto de vista propios del juicio y la valoración. «Ex captivitate salús». Schmitt descarta la filosofía valorativa que postula valores como una «filosofía concreta».

y no hubiera tardado un instante en arriesgarlo todo en la lucha contra ese «enemigo to­ tal».» "j Si Weber hubiera vivido aún la «tiranía». Estudios sobre antropología y sociología. . Weber tenía claro que la ética de la convicción cristiana y la ética de la responsabilidad propia de la política de poder no son absolutos contrarios y que precisamente el actor político. «Quien quiera ejer­ cer la política [. . según el patrón de lo que signi­ fica algo para nosotros.w K a r l LO w i t h su alma». pp. 7. Lo que Weber. los juicios y valoraciones que están en la ba­ se de todas las ciencias de la cultura.. Véase al respectó Arnold Gehlen. El supuso que se volverían unos insatisfechos.. quiso poner en claro. y que él desea­ ría ver en qué se «convertirían».. lo había dichoya enérgicamente en su tratado sobre La objcti- . sincronizado con esa época. sino que hubiera Considerado sus presuposiciones. El se rela­ ciona [. entonces la tesis de We­ ber habría aparecido bajo otra luz.. piara los hombres. con su reflexión sobre las «ideas de valor palxones». hubiera visto en él una política de la convicción políticamente irresponsable. era detestable. aquellos que hoy (1919) se embriagan de ilusiones.] con los poderes diabólicos. puede estar de pie frente a pa­ radojas éticas que no tienen solución racional. sino la dictadura real del nacionalsocialismo legitimado por Schmitt (la nueva edición de El concepto de lo político de 1963 no trae el texto de 1933. que no estarían a la altura del mun­ do y de su propio hacer. debe ser consciente de aquellas paradojas éticas y de su responsabilidad y de lo que pueda llegar a ser de sí mismo bajo su presión. esto es.] y la política enteramente como profesión. La ponencia de 1919 sobre La política como vocación Weber la cierra con la predicción de que en los próximos diez años sobreven­ dría el tiempo de la reacción a la catástrofe de 1918. mientras siga teniendo una conciencia moral.. 1lOy ss. sino el de 1932). tanto más irresponsable puesto que como convicción ya. completamente diferente. tanto en su aspecto positivo como negativo (presupuesto de ideas de valor normadorasy exigencia de ciencia libre de valores). que acechan en cada violen­ cia. no de los pensados va­ lores de una filosofía valorativa pasada. en el sentido propio de la palabra. Si el debate sobre la metodología de Weber no se hubiera fija­ do sobré las categorías dé valor. 8.

provistos de puntos de vista e ideas de valor determinadas. 63 y 443. pp. y solamente sobre él reposa. Para comprender la polémica de Weber contra el reemplazo de la religión. al­ go completamente dispar. los hombres. (1904). y descrita por él expresamente como adecuación al «uso del lenguaje de los lógicos modernos». no puede ser extraído de la cosa misma..» Porque la cultura es creada por el hombre y éste tiene la capacidad y la voluntad de tomar conscientemente una posición frente a su mundo y otorgarle un sentido. Max Weber sobre La ciencia como vocación. en tanto las juz­ gamos y las valoramos (Artículos completos sobre la doctrina de la ciencia [Ges. Todas ellas significan algo específicamente para nosotros. 10. La libertad de la teoría. Aufs. aun cuando esas «ideas de valor» traten de fenómenos cul­ turales tan dispares como religión. objetivamente. ó también denegár­ selo.). 9. . pp. su interés científico. en cultu­ ras diferentes y en épocas diferentes y para hombres diferentes. debe recordarse que tras la Primera Guerra Mundial se volvió una moda la disposición hacia la religión. porque eso se decide se­ gún las Seas de valor bajo las cuales nosotros observamos la “cultu­ ra”. z. Nosotros nos medimos con la cosa mayoritariamente de modo inconsciente. Ellas nos conciernen algo. Compárese también con La política como vocación. respectivamente. y cada uno de esos fenómenos culturales pueden significar. Rilke. 180y ss. también. «En qué sentido y en qué relaciones es éste el caso. dinero y prostitución. Se leía a Meister Eckarty las vidas de santos. las Historias del Dios amado As. en una relación determinada. Lübbe. La formu­ lación teorética valorativa es aquí subordinada. según el punto de vista patrón del juicio y la valoración. exactamente en la medida en que nosotros tomamos una posición frente a ellas. las apariciones culturales tienen para nosotros un signifu:ddo positivo o negativo. 11. no nos lo desvela ninguna ley. Wissenschaítslehre].M ax W eber y K arl M arx 185 vidad del conocimiento científico socialy político social. en Escritos po­ líticos. a Dostoievskiy a Kierkegaard. El punto de vista del juicio. en Archivo para lafilosofía del derecho y la filosofía social. 1962. Un conocimiento científico de acontecimientos culturales sólo es imagi­ nable «sobre la base del significado» que ellos tienen para nosotros. determinante para su sig­ nificado. Véase al respecto H.

pp. pp. 430y ss. 6 7 2 y ss.. 1923. pp. I.Eócritojdejoriologiay teoriade lacodmovL)ióndeL mundo. 1930. Stefan George.*. El poeta y lodpodered de època. Yò.186 K a r l L o w it h 12. 14. Edcritod completo. 160yss.y III. . IV. Véase Friedrich Wolters.

Pero el re­ greso a nuestros grandes maestros se vuelve obligado cuando encaram os situaciones de sociedad que plantean preguntas que rebasan nuestras capacidades de respuesta y aun de problematización. cuan­ do la sociedad en su conjunto o en algunas de sus dimensiones fundamentales se yergu e ante nosotros com o problem a. sobre to­ do a M arx y Weber. En esa circunstancia crítica. desplazamientos y agenda de la sociedad contemporánea. a pesar de nuestra erudición teóricay nuestras destrezas de investigación.Posfacio Entre el recuerdo y el olvido de los maestros: la exigencia de pensar la sociedad Volver a los pensadores clásicos de la modernidad nos resulta lógico y productivo cuando tratamos de entender y explicar la form ación. ha sido también algo natural para los que nos formamos en el tiempo de la modernización latinoameri­ . El regreso a los clásicos de la modernidad social. o cuando tratamos de sustentar los resultados de las investigaciones que realizamos sobre procesos sociales de nuestro tiempo. se vuelve oscura. nos cuestiona o nos inquieta por sus desarro­ llos nu evos y acaso sus viejos desenlaces. desequilibrios. esos pensadores inolvidables de la modernidad son una brújula en nuestra deso­ rientación y hasta tablas salvavidas para nuestro agotamiento o naufragio intelectual. pues sus con cep­ tos y explicaciones representan una valiosa guía heurística y un poderoso recurso argumentativo de validación. estructura.

entre ciencia y política. «tipos de dom in ación ». preguntas. p or un lado. cuyo arquetipo era la sociología estructurai-funcionalista norteamericana y /o las tesis de M ax Weber. se organizaba. Hayan sido o no los abanderados de la batalla teórica e ideo­ lógica.188 K a r l L o w it h cana. «m odos de producción». por ello. urbanizaba. dudas. «clases sociales» y «racionalidad».. a pesar de los problemas sociales y. el sismo social que provocaba abandonar y transformar nuestra antigua econ om ía y régim en político tradicional. así com o . «tipos de acción so­ cial». educaba. «he­ chos y valores». Fueron agudos e ilustradores los de­ bates que se protagonizaron entre «materialismo histórico» y «desencantamiento del m undo». y en el otro polo la llamada «sociología burguesa». necesaria para estar en aptitud de resolverlos. por muchos motivos. quien era enton­ ces pensado en ese molde sistémico o en la versión crítica del marxismo frankfurtiano. estructura y destino de la sociedad m o­ derna entendida com o capitalismo destinado a su disolución por su contradicción estructural o com o asociación de racio­ nalidad econ óm ica y política estructurante. en suma. discusiones todas sobre la form ación. comerciaba. afirmaciones. Son asi­ mismo referencia obligada para los que. que trataba de explicar y justificar la necesidad o la valía de una organización socialista de la so­ ciedad para superar la contrahechura de la modernización en curso. un tiem po intelectual intenso. el marxis­ m o en todas sus versiones. inconform ida­ des sobre el m od o en que el continente se industrializaba. «form aciones socia­ les». su­ puestamente de propósito conservador o justificador del dtatú quo.. vivim os la batalla intelectual (y política) de la Guerra Fría que estremeció a nuestros países y cuyos protagonistas teóri­ cos o ideológicos de esos años fueron. lleno de esperanzas. ex­ ploraciones. Karl M arx y M a x W eber nos ofrecieron panoramas fundamentales para explicam os la dirección y el itinerario del cambio m odem izador de nuestras sociedades — el desarrollo— .

era complaciente con la construcción de la modernidad y señalaban sus traumas. En efecto. sus probabilidades de desarrollo. la in­ corporación de la ciencia y la tecnología com o las referencias básicas de conocimiento y producción. pero también intelectualmente apre­ . más bien).. que m uy probablem ente no consideraban relevantes sus problemas cognoscitivos para nuestras condiciones socia­ les y culturales o que valoraban sus interpretaciones del tiem­ po m oderno com o académicamente eruditas y refinadas pero lejanas e inarticuladas con el debate dominante de esos años sobre la estructura y destino de nuestra sociedad en proceso de modernización/industrialización. sea el causal dialéctico de M arx o el causal tipo­ lógico de Weber.M ax W eber y Karl M arx 189 también enfoques integrados para entender las distorsiones del proyecto m odernizador o el empeoramiento de la exclu­ sión y división social que generaba la industrialización. el debate fue perspicaz y riguroso en algunos m edios intelectuales com prom etidos honestamente con n o­ bles ideales de sociedad.. N os señalaron tam bién las con dicion es y razones del gran poderío que en el tiempo m oderno alcanzaba el Estado (el g o­ bierno. preocupado p or obte­ ner resultados sociales más que por probar hipótesis explica­ tivas.. aunque diferían en la explicación de su formación histórica y aún más en la conside­ ración de su configuración futura. la urbanización e indi­ vidualización de la vida con fractura de vínculos sociales. costes. que adquiría una gran autonomía decisoria respecto al conjunto social y se imponía con facilidad a las in­ conform idades ciudadanas. N inguno de los dos enfoques explicativos. En el debate so cio ló g ico latinoam ericano de esos años Karl Lowith fue un desconocido. capturados com o estábamos p or otros autores y otras problematizaciones. o un intelectual (entre historiador de la filosofía m oderna y filósofo político) que apenas era conocido por un restringido círculo de acadé­ micos. un debate que por lo de­ más fue más práctico que cognoscitivo. restricciones y males..

p or la historia humana sin asideros. Ruge. Feuerbach. N ada menos. que terminó de escribir en 1939. providencias y destinos trascen­ dentes.190 Ka r l L o w it h surado. Recuerdo. Bauer. cóm o me marcó Lowith con su in­ terpretación de la modernidad cuando leí su inolvidable libro Von HegeLzil Nietzsche (en su segunda edición de 1949). Kierkegaard. sin embargo. dado que en su opi­ nión los discípulos hegelianos han conseguido que la filosofía se haya vuelto «espíritu del tiem po» y haya adquirido fuerza revolucionaria. pero es una pregunta que concierne también al pensamiento social de M arx y Weber. El universo cognoscitivo de ambos estaba constituido p o r la inm anencia de la sociedad. su criatura. M arx o N ietzs­ che. a la que dedica­ ron sus vidas los gigantes intelectuales del siglo X I X (Goethe. que él estudia directamente). entonces por qué cosa ?». en tanto nuestros dos maestros estaban capturados p or esa pregunta acerca de la historia a la que dieron respuesta aun­ que de m odo no filosófico. el libro tiene com o eje de organización y ex­ ploración esta pregunta crucial: « ¿Son el ser y el sentido de la historia determinados p or la historia misma o. Stimer. simplón con frecuencia y dedicado a buscar afirm aciones contundentes acerca del m undo social que debía existir y la acción social que se debía emprender. si esto no es verdad. en el tiempo de su exilio japonés y que fue mi primer contacto con su pensamiento com o estu­ diante de filosofía en los años sesenta. formulada con un lenguaje de elegante y densa abstracción. sin mucha disposición a prestar oídos a interpretaciones rigu­ rosas de finos profesores sobre las cuestiones y respuestas cuyos enredos y desenredos dieron forma al pensamiento moderno y a la sociedad moderna. lleno de atajos. El libro trata de re­ construir la historia filosófica del siglo X IX con el fin de enten­ der el siglo X X — «que ha logrado hacer claro y comprensible lo que realmente sucedió en el siglo X I X » —y. Era una pregunta pertinente y desafiante. D esde la historia brotaron las cuestiones de su interés .

hasta que alguien decidid pen­ sar tanto el marxismo com o la sociología comprensiva en mol­ de de estructura con el efecto de encontrar p o r un tiem po discípulos de sobra. se hicieron muchos intelectuales no sólo latinoamericanos de los años sesenta y setenta. en realidad. y se preguntaban fría o fogosamente cuál podría ser el camino e instrumental para estar en posibilidad de producir la real sociedad deseada* la socialista o la liberal-democrática. disponía a su favor de la causalidad de la historia y. revolución y democracia. cuando deba­ tían en pares (dialectizables o n o) sobre desarrollo y atraso. capitalismo y socialism o. mediante su autoproducción/autodestrucción (materialista dialéctica). aunque no hayan encontrado respuestas para sus problem atizaciones forzadas. Es también la pregunta profunda que. Estado y mercado. centro y perife­ ria. en conexión. A m bos pensaron la so­ ciedad en formato de Historia. sentido y desenlace de la historia social o si. imperialismo y form ación na­ cional. porque todo intento y plan de cam bio social obligaba a preguntarse y responderse si la historia social misma. sin ubicarla en ese nivel de abstracción. La llamada «ruptura epistem ológica» rom pió.M ax W eber y K arl M arx 191 y dentro de ella buscaron las respuestas acerca de su recorrido. Identificar y validar cuál de esos dos ordenamientos. más cosas que las que logró construir después con el rompimiento del edificio inte­ lectual de nuestros maestros. menos . saber cuál era el tipo de causalidad histórica. en cambio. configuración posible y acaso sentido. cuestión que fue el fondo del debate intelectual de la Guerra Fría en nuestros países. el socialista o el liberal-democrático. definía el ser. tiem po. fue el m eollo de la cuestión. Era sobre todo la cuestión que podrían haberse planteado deliberadamente aquellos intelectuales que no estaban dema­ siado interesados en la toma inmediata de palacio y que tam­ p oco compartían la fe casi religiosa en la salvación social me­ diante el poder (revolucionario o no).

a la vez que hizo más difícil mi vida de estudiante. que requiere una extraordinaria erudición y creativi­ dad. «La . contingente.192 K a r l L ó w it h econom icísticam ente. Las prácticas políticas y académicas se reorganizaban en diversos m odos según las respuestas intelectuales a esas cuestiones cardinales. cuando lo leí por primera vez. que se distinguen por su claridad aunque pudieran no ser obvios para los que han crecido in­ telectualmente dentro de otros m odos de preguntarse y res­ ponderse. abierta en sus fines aunque no en sus medios si se quería ser eficaz. central para entender la constitución del tiempo moderno. si se podía hablar con sentido de un fin de la historia o no. Las reflexiones de Lowith suelen concluir en párrafos que recapitulan el curso de las afirmaciones y los debates. Es una empresa intelectual de gran aliento. M e permito citar un párrafo que. si la g o ­ bernaban causas o fines.a Estudios sobre la historia del mundo burgués-cristiano. Los dos estudios son reflexiones sobre el pensamiento de grandes autores europeos y sobre las consecuencias prácticas que sus ideas y las críticas de esas ideas tuvieron en la confi­ guración de la sociedad moderna. me sacudió. menos determinísticamente. me ubicó en mi exploración intelec­ tual. en el fondo. 2. estructuras o acciones. Asimismo era una cuestión que implicaba plantearse si el m ovim iento de la historia humana significaba progreso. m enos politizada y conflictivam ente (artificialmente). si condicionam ientos o proyectos.a Estudios sobre la historia del espíritu alemán del siglo X I X . si evoluciones o revoluciones y. E l aleccionador libro de Low ith sobre la historia intelec­ tual que va de H egel a Nietzsche está integrado por dos par­ tes imponentes y solemnes: 1. avance hacia la redención social y hacia la reconciliación de la razón con la realidad o si era más bien una navegación in­ definida. el andar de la historia estaba gobernado por otras realidades y cuáles eran éstas. La cuestión conducía al inter­ minable debate de si había leyes de la historia o no.

al mismo tiempo. que puede ser un trauma o un alivio. y Kierkegaard a su cristianismo filosófico. la des­ com posición de todo el sistema del m undo burgués-cristiano. un Estado universal y una sociedad que pueda pasar la prueba de las preguntas y exigencias de la razón. según el grado de involucramiento que uno haya tenido en el esfuerzo intelectual y espiritual de H egel. La crítica se dirige sustantiva­ mente a la frase del prefacio de la Filosofía deiDerecho: «L o que es racional es real y lo que es real es racional». Es una sobria y correcta recapitulación de la crítica poshegeliana. El fundamento filosófico de la crítica radical de ambos es la discusión del concepto hegeliano de realidad en cuando «uni­ dad de esencia y existencia». no Verstand) el espíritu ilustra­ do mundano y antropológico del tiem po m oderno. por haber intentado exitosa o fallidamente superar con el m o­ vimiento de la razón ( Vernunft. en la gramática posmoderna. una política realmente pú­ blica. hayamos . M e tem o que algunos seguimos obstinadamente tratando de lograr la reconciliación entre razón y realidad cuando ra­ zonamos o luchamos con argumentos por una sociedad buena e incluyente. Temo tam­ bién que otros hemos abandonado la búsqueda de esa recon­ ciliación o nos hemos facilitado el camino y la buena conciencia reelaborando el concepto de racionalidad y de realidad. pues am bos revierten la con ci­ liación hegeliana de la razón con la realidad. la inmanencia o la autorreferencia sin salida. atrapado en la particularidad. la contingencia. La crítica de M arx apunta a la filosofía política de Hegel. de algún m od o un pensador m odern o posm oderno. Temo asimismo que algunos. a pesar de la proclamación heroica de la «nada». una econom ía justa. N o sólo se produce una disolución del sistema de H egel sino también. achi­ cando su denotación. haciéndola menos demandante y más manipulable con el uso de ciencias y tecnologías sociales.M ax W eber y Karl M arx 193 crítica de M arx y Kierkegaard separa lo que H egel había tra­ tado justamente de unificar.

cuando me dediqué a tiempo completo durante años al estudio de M ax Weber. y más tarde leí el de «La posición de M ax W eber frente a la ciencia» (1964). El mérito de Low ith consiste en haber abordado a nues­ tros dos maestros con un enfoque filosófico. además de peligro­ samente autodestructivo si se toma en serio: una herencia in­ telectual y política de la que hay que olvidarse y desembara­ zarse lo más pronto y generalizadamente posible.194 K a r l L ó w it h decidido que eso de la conciliación entre razón y realidad y la conciliación misma de la realidad social es un terrible falso problema. fuera de la filosofía. S ólo después. no sociológica de los sociólogos. n o histórica de los historiadores suscita otras miradas y hace ver otros aspectos que la interpretación . Habríamos asimismo depurado al weberianismo de las torpes interpretaciones que lo consagraron com o el teórico de las causalidades idealistas o espirituales de la historia o com o el parsonsiano antes de tiempo que entronizaba al siste­ ma cultural sobre los otros sistemas sociales y el de personali­ dad. en el entendido de que con frecuencia una lectura no económ ica de los economistas. algunos impresentables por su obstinación o vulgaridad con que el leninismo había investi­ do el marxismo. cono­ cí el artículo de Lowith «M ax W eber y Karl M arx». Si en los años del debate hubiéramos conocido este par de textos. con una mirada de antropologíafilodófica. librándonos de aquella rigidez doctrinaria. o el pensador que el pensamiento crítico frankfurtiano ha­ bía construido com o el emblema del m odo burgués de pensar la sociedad y la historia moderna. de to­ dos aquellos epígonos catequistas. además de haber simplificado deliberadamente sus consideraciones para hacerlo objeto de fá­ cil crítica. empezando por las de Horkheimer y Marcuse. que apare­ ció en el legendario A rchivo para la Ciencia y la Política Social (1932). que ahora aquí se publican. en tanto irresoluble e ilusorio. el debate no hubiera perdido su polarización. pero nos habríamos aho­ rrado desencuentros y enconos provenientes de prejuicios y ramplonerías.

Se trata de un pronunciamiento que p o r lo menos advierte acerca de la precariedad del trabajo analítico que llevan a cabo los que siguen pensando que la sociedad sin clases llegará por encima . Su interpretación nos recuerda también algo que mantiene tod o su valor com o im perativo cognoscitivo y social. particularmente los referidos a W eber. Ese fue el caso de Lowith. la sig­ n ifica ción y el fu tu ro de la socied a d m oderna. a saber.M ax W eber y Karl M arx 195 disciplinaria o los mismos autores no destacaron o aprecia­ ron. la idea humanista emancipatoria de la historia social. Sus consideraciones anticiparon críticas que luego se hicieron al marxismo y vindicó m odos de repensar a M arx fuera de sus usos políticos inmediatos y de sus artificiosas reestructuracio­ nes para dotarlo de dignidad «científica» y extirpar sus resi­ duos filosóficos juveniles. poniendo orden y claridad en un debate que se había vuelto confuso. aunque la lectura de sus tex­ tos. p or ende. lleno de tonterías y malentendidos. política y humano-social. nos muestre que ahora sus interpretaciones pioneras se han vuelto normales y relativamente generalizadas. la propuesta del socialismo puede presentarse com o una op ción humana justificada de organización de la sociedad y no sólo com o el efecto de una cadena causal incon­ tenible de hechos. La m irada sobre Karl M a rx se distingue p or resaltar la aportación de Feuerbach a sus teoremas básicos y por colocar en el centro el tema/problema de la «enajenación» del hom bre m oderno en su triple dimensión económica. quedando en el aire poder p ro­ bar que su interpretación tuvo influencia directa en los estu­ diosos de Weber. así com o al estudio de la centralidad que la «racionalidad» ocupa en el funcionamiento. que hace del socialismo o comunismo una realidad fatal más que un objeto de elección humana. Su mirada sobre éste (me refiero particular­ m ente a la de 1932) presta principalm ente atención a las relaciones entre ciencia y política (historia). de m odo que los componentes mora­ les y políticos también son hilos causales de la historia huma­ na y.

y se dedican. que termina simplemente por glosar a los autores. que causa el aumento de la explotación proletaria. a la postre. complicados. entre otros motivos porque su m odo de establecer los temas. por lo que desde el com ienzo podem os tener afinidad con su problem a y razonamiento o bien distanciar­ nos de él. que causa la in conform idad y conflicto social. cada vez más agobiados. se nos han vuelto distantes. así com o las posiciones desde donde se mueve para llegar a su meta intelectual. aunque las discusio­ nes nuevas no resuelvan los problemas que nuestros maestros se plantearon sin terminar de responder ni muestren cuidado ante sus advertencias. N o deseo glosar el desarrollo ni los resultados de la inter­ pretación de Lowith en sus artículos sobre W e b e r y M arx. pro­ pósitos. los hemos olvidado y los hemos enviado al desván de las cosas que de pronto con­ sideramos obsoletas y fuera de tono con lo que h óy se discute y es intelectual o políticamente atractivo. si no con facilidad. sino qüe re­ construye el razonamiento de nuestros dos maestros y ofrece sugerentes dimensiones de análisis sobre sus problemas. la cual arranca .196 K a r l L ò w it h de la voluntad explícita de los actores sociales com o efecto del colapso del capitalismo (mientras que h oy la sociedad es algo más que eso). así com o su m odo de problematizar y argumentar. y lo hace con enunciados poderosos y sobrios . supuestos y operaciones intelectuales fundamentales. que no toma el fácil atajo de la erudición. sino global. que causa el derrumbe y a no del capi­ talismo nacional. a los cál­ culos cada vez más com plejos (globales) del progresivo des­ censo de la tasa de ganancia del capital. perspectivas. a lo largo de una argumentación rigurosa. origi­ nal en varios tramos. supuestos y elecciones cognosci­ tivas que son claras y precisas. En cada uno de sus artículos sa­ bem os con claridad lo que Low ith quiere alcanzar y probar. La exposición de Lowith fluye también con claridad. que causa un ultérior debilitamiento de las ganancias y.con propósitos.

na­ cionalismo y humanismo. a través de análisis comparativos del m otivo de investigación básico de W eber y M arx. su recorrido sobre W eber se sustenta en textos epistemológicos y m etodológicos que en aquel entonces no es­ taban traducidos al español y que p or ello n o pudieron ayu­ darnos a ver ciertas cosas y enfocar mejor algunos de nuestros problem as y polém icas. y la con cepción con ­ trastante de la racionalidad y la enajenación com o claves interLa interpretación de Low ith es algo que se mueve a con ­ tracorriente del pensamiento de su tiempo. lo común y la diferen­ cia en sus ideas del hom bre com o fundamento de la economía y la sociedad. conoce sólo “lo irreconcilia­ ble de la lucha de las posibles tomas de posición últimas para . crisis moral a una Alemania de entreguerras confundida y aún desesperada p or la m agnitud de su derrota. me enriquecen i y me suscitan remordimiento (no sólo a mí. me sorprenden. econom ía (civilización) y cultura. y abordaré alusivamente dos de sus temas conducto­ res: la relación entre ciencia y política.M ax W eber y K arl M arx 197 que. E n mi com entario sólo destacaré el p rop ósito general de los artículos de L ow ith sobre M a rx y Weber. colectivismos e individualidad."tensiones que en el medio aca­ dém ico alemán tom aron tam bién la form a (ni la única ni la más potente) de contrastar el pensamiento de M arx con el de W eber a fin de marcar diferencias y enviar agua a los molinos de las propias posiciones políticas que pretendían sacar de su. al leer los textos. Esa com paración no puede llevar a una reconci­ liación. aún hoy. El propósito de Lowith busca superar ese m odo bastante com ún de pensar la historia y la situación alemana a partir de dilemas y se prop o­ ne «mostrar. porque mientras la vida terrenal “descanse en sí mism a y sea entendida a partir de sí”.. que en la academia y en la opinión pública de entonces se inclinaba a dramatizar las tensiones entre socialismo (comunismo) y liberalismo. En especial. espero) p or haber olvidado esas visiones estructuradas de la sociedad moderna.

a la manera de desigualdades y exclusiones sociales o de caídas en la produc­ tividad y la com petitividad (diríam os h oy ). Lo que puede y debe­ ría hacer la com paración es destacar la diferencia en lo c o ­ mún. Se busca «hacer consciente la diferencia en lo común». sobre el hombre como tal. una pregunta de antropología filo­ . «porque encierra en sí al hombre. Para Lowith el cam po de investigación de ambos es el mis­ mo: la constitución «capitalista» de la economía y la dociedad moder­ nas. en tanto fundam ento portador tanto de la p ro ­ blemática social com o de la económica. tiene efectos y se revela la problemática del orden social y económ ico burgués capita­ lista. la pregunta «social-filosòfica» de Lowith so­ bre ellos. puede ser también entendido el “capitalismo” mismo en su significado fundamental y ser objeto de una pregunta social-filosófica». sino porque la constitución moderna representa un problem a radical y total. sus restricciones y sus posibilidades de trascenderse y de cambiar su circunstancia en algo menos natural y más p ro ­ ducto de deliberación. por cuanto no es sociologizante ni econom icista ni politizada. digno de ser resuelto no porque com prenda problem as especiales económ icos y sociales. Está màis claro que el agua. Es otra p re­ gunta. no se persigue un propósito de fal­ sa fraternidad y reconciliación. La ciencia como vocación). en últi­ ma instancia. es distinta. su mirada sobre su obra. pero tam poco reeditar al infi­ nito una interpretación que los considere com o un par de sis­ temas intelectuales diferentes y totalmente adversos. y ésta se ha vuelto un problem a de conocim iento.198 K a r l L o w it h vivir”» (Weber. otra hermenéutica. que no se tocan en un solo punto. Lo com ún de la investigación de M arx y W e­ ber es su pregunta acerca de la existencia humana. su m odo de ser. Distorsión o no de los propósitos originales de la obra de M arx y W eber. que pueden ser graves. presente en la totalidad de su ser humano. Sólo porque. en tanto se relaciona directamente con la existencia humana.

sin embargo. D e todos m odos.. de compromisos por abatir el sufrimiento humano. sino también de valoraciones morales. L ow ith n o se siente o rto d o x o en su propósito. M arx y W eber. En suma. y sin embargo. compartimos su posición de que «tanto W eber com o M arx abarcan. porque en un caso es ocultado por la tendencia a la “cientificidad” avalorativay en el otro p or la “praxis revolucionaria” ». y que por esta característica de su mirada interpretativa contri­ bu yó a sacar de su atasco a las interpretaciones ideologizadas y polémicas de su época. pero sin olvidar que el enfoque de la reflexión es la pregunta sobre la existencia del hombre. Lowith lo sabe: «Ese motivo funda­ mental antropológico. Purezas doctrinarias y prisas políticas se han vuelto los puntos ciegos de nuestra producción intelec­ tual. hombres “científicos” ». en la medida en que nuestros impulsos de investigación proceden no sólo de los problemas no planteados o mal planteados o no respondidos por nuestras tradiciones y comunidades científicas en las que estamos incorporados. Las cosas no han cam biado m ucho hasta ahora. no es fácil de reconocer. de proyec­ tos políticos de sociedad buena. en última instancia. y aun nosotros mismos. y justamente p or eso ambos fueron algo diferente y algo más que meros teóricos. Contundente y correcto análisis. que involucra a los discípu­ los patriotas de am bos genios. la totalidad del com porta­ miento teórico y práctico..M ax W eber y Karl M arx 199 sófica que tomará en sus artículos un formato epistemológico y social. surgió de un impulso completamente trascen­ dente a la ciencia». La diferencia de nuestros dos maestros reside fundamen­ talmente en su interpretación del capitalismo: «Se anuncia esa . pues demasiado conocim iento de la histo­ ria social ha sido sacrificado en el altar de la ciencia pura y la praxis revolucionaria. pues su supuesto de conocim iento es que «lo que fue para ambos determinante. en la re­ flexión sobre su división y unidad. en su tra­ bajo científico. social e histórica. Una afirmación que suscribirían ambos.

que caracteriza al capitalism o en su significado principal abarca tam bién lo p rop io \Eigenart] de la ciencia moderna. el sentido que pudiera llegar a tener la historia es obra humana. por obra de la providen­ cia dialéctica. es una fuerza dialéctica de transfor­ m ación y superación. respec­ tivamente. es posible que la historia supere las contradic­ ciones de la sociedad humana y cierre en reconciliación uni­ versal. M ientras para uno se trata de la construcción. N in gu n o de los dos perm anece en el presente y ninguno lo celebra ingenuamente y con él se con ­ tenta. con sus debilidades y fortalezas. para el otro es una existencia humana alienada en dimensiones fundamenta­ les de la existencia y que. mientras W eber lo analiza bajo el punto de vista de una rac¡onalízac¡ón universal e inevitable. La lectura recapituladora de Lowith sobre las dos lecturas que M arx y W eber hicieron de la existencia humana en el m undo m oderno burgués y capitalista es claray precisa. sus potencialida­ des de liberación y encajonamiento de la vida.. la racionalidad puede enunciar sólo y apenas las condiciones de realización eficiente del futuro de­ seado que interpela. M arx lo hace. en cambio. afir­ mación y dom inio de la racionalidad científico-tecnológica y gerencial.200 K a r l L o w it h diferencia en que. justamente por la contradicción que la autoalienación implica.. aunque pasible de ser transfor­ mada de cuajo. en sí neutral pero de doble significación por su valoración. También ella es [ . bajo el punto de vista unívocamente negativo de una autoaLienación universal. para W eber se trata de un futuro abierto dado que el «desencantam iento del m u n do» significa la ausencia de un sentido objetivo que se revela progresivamente en la historia y. M ás aún. «Racionalidad universal» y «alienación universal» son elementos constituyentes del presente social y factores de su futuro cuya configuración. pues mientras para M arx.] portadora y exponente de ese destino universal». pero éste no sólo es definido por la fuerza . es diferente también. Esa racionalización o autoalienación. esperada o deseada. por ende.

que tie­ nen igual presencia e influencia en el tiempo m oderno y cuyos «dioses y dem onios» no pueden ser llamados sin más antimo­ dernos. de nuevo. que se había vuelto una maraña de malentendidos. E l enredado debate n o era. empírica de cuño naturalista y determinista. sino p or otras fuerzas poderosas.. fundamentalmente. la tozudez de la discriminación. él terrorismo. En el artículo referido a «L a posición de M a x W eber fren­ te a la ciencia» (1964). sobre la relación que debía o podía existir entre razón y existencia social en la m odernidad y. aludía también Lowith cuando enunciaba que el siglo X X representa en gran manera la verdad del siglo X IX . vitales. que han tenido causalidad real en la historia real. sobre los pocos alcances causa­ les que la razón podía acreditar en la historia. que estructurara de pies a cabeza la sociedad moderna. la re­ gresión. o bien a la decisión de otros de impedir que cultura y moralidad («nacional». muy proba­ blem ente) aceleraran su decadencia al capitular frente a la ciencia. juicios de valor y juicios de hechos. el H olocausto. sino que se refería al debate no aplacado sobre el futuro y el sentido de la sociedad y. Lowith contribuye a aclarar y depurar la discusión entre valores y hechos. tan lejanas de la teoría de la razón pura o de la ciencia. epistem ológico o m etodológico. a pesar de que la Ilustración y la ciencia positiva se hayan autocelébrado co m o los principales h acedores de lo m oderno y hayan querido dominarlas y se lo hayan creído. Y algunas de esas ver­ dades de lairracionallidady pobre universalización de la vida humana han sido el horror. ro­ mántica o historicísticamente. . que por definición no pod ía recon ocer y abrir espacio a la creativi­ dad de las libertades y a la aportación del ethod social y de la mismas pasiones.. tonterías e ignorancia. la persistencia de la perversidad y la estupidez. A estas irracionalidades y desenajenaciones artificiales ocurri­ das. debido al afán que muchos teñían por dar origen a una ciencia t o d o terreno.M ax W eber y K arl M arx 201 de la razón. en consecuencia.

con o sin Marx. ha­ ciéndonos la pregunta de Lowith acerca de L a caudaLidaB de L a hiátoria — «¿están el ser y el sentido de la historia determinados por la historia misma? . con el añadido de la complicada pre­ gunta sobre cuáles son los p rocesos causales m ediante los cuales la historia se crea. de m odo que surge el esfuerzo intelectual ex­ plicativo y prospectivo de querer cerrar la brecha y. entre la ciencia que es el emblema del tiempo moder no y los valores en que la moderni­ dad se asienta y procura. en m odo de ciencia. destruye y recrea a sí misma. saber si la . implícita o explícitamente. ¿Q ué puede realmente hacer la ciencia en lo que respecta a los proyectos valorativos de una sociedad buena? D ich o de otro modo. Esta pregunta. si son los hechos o son los valores las cau­ sas que originan y sustentan el despliegue de la historia (o bien una interdependencia de hechos y valores). ¿lo universal?). cu yo itinerario y destino la razón teórica. entre lo social real y lo social ideal (¿lo racional?. que nos planteamos aquí y ahora. con o sin los libros de M a rx y W eb er bajo el brazo. de la política o del deseo. nos remite a la cuestión de saber si la historia es el «reino de las causas» o el «reino de los fines». congruentemente se vuelve perentoria la pregunta acerca de si la brecha podrá ser cerrada y cóm o: si por el ímpetu valorativo de la razón práctica. ¿lo desenajenado?. con o sin Weber. con oce y prevé. o p or la m archa im parable de los hechos. de la ética. por ende. pues enmarca y determina el m odo y los alcances de la ciencia en política (el m odo de la ciencia de hacer política o de ser p o ­ lítica) y expresa la tensión que siempre nos acompañará entre la sociedad que somos y la sociedad que queremos ser.202 K a r l L ó w it h La discusión acerca de la ciencia se centra en saber cuál es la relación que puede existir entre los resultados de su ejer­ cicio explicativo (o comprensivo-explicativo) de referencia em­ pírica y la validación de los valores de la existencia humana en que uno cree y para los que vive. intelectuales y po­ líticos terminaremos siempre. Se trata de una discusión cardinal.

que osciló entre las leyes de la historia que señalan al docialiómo como efecto. eldocialúmo ed un fin . y el marxismo político de la hegemonía (Gramsci) o el del hilo rojo de la utopía (B loch) o el del socialismo austríaco. la factibilidad — no la validez—de las . en el fondo. entre explicaciones y valoraciones y. en la diferencia «entre ciencia objetiva y valoración subjetiva». la cual descansa en la distinción no­ toria que existe entre juicios de valor y juicios de hecho. por expectativas o aspiraciones. si p o r cálculos o por motivos. un proyecto y no sólo un desenlace. no un efecto o sólo un efecto. pero una cuestión a la que nadie puede escapar. cuya validez cultural hay que construir socialmente p or medios educativos y políticos o cuyo imperativo moral o deseabilidad hay que abrir. forza n d o las cosas. En la perspectiva weberiana. para los cuales. funda­ mentar racionalmente y sostener con el ímpetu negativo que brota de la irrealización del m undo dado y de la esperanza contra toda esperanza. es una cuestión que no se ha resuelto aunque sí disuelto en nuestros días. com o expectativa o esce­ nario científicamente esperado. y por ello seamos prescindibles. en diversos m odos y medidas.M ax W eber y Karl M arx 203 historia social se mueve p or fines («acción racional con arre­ glo a fines») o por valores («acción racional con arreglo a va­ lores»). Es también una cuestión a la que tam poco pudo escapar el marxismo del siglo XX. a no ser que uno sea un pragmático de corta mirada o un atolondrado inconsecuente. El desarrollo de Lowith es correcto en su exposición e in­ terpretación de la idea de W eber de la ciencia com o «ciencia libre de/ante los valores». de la que se desprende y justifica la visionaria definición weberiana acer­ ca de los alcances y límites de la ciencia en lo que concierne a la tarea ineludible de la valoración social y toma de partido ante el mal del mundo o por una idea de sociedad buena. por leyes científicas del curso de la historia o por p ro­ y ectos m orales y. com o el desenlace fáctico del previsto colapso del capitalismo.

la ciencia histórica y social causal sólo pueden determinar..204 K a r l L o w it h posiciones valorativas sobre el hombre y su sociedad es lo que puede ofrecer genuinamente una ciencia histórico-social. la factibilidad (y costes asociados) de la realización de los valores en que se cree y para los que se vive. aunque en la interpretación de L o ­ with parece exagerado extenderse a la razón tal cual. en el sen­ tido de que sólo puede decir si los objetivos de la acción pue­ den ser efectos de la acción. El punto ciego que tiene la razón respecto a los valores p o ­ líticos y morales en W eber se relaciona directamente con los alcances y lim itaciones que son propios del ejercicio de la ciencia histórica y social. no valoraciones de las causas o de los efectos. en el mejor de los ca­ sos. Por ende. en corolario. en lugar del deber ser». A manera de . tam poco puede decidir acerca de cuáles son los valores que la política debe seguir y realizar. si los fines de la historia pueden ser efectos de la historia. c o ­ m o cualquier otra ciencia. En re­ sumen. ofrece explicaciones. pero de ningún m odo puede fundar la validez de los valores. asegurar racio­ nalmente su validez y. que es fundam en­ talmente causal. haber con oci­ do que nodotrod “debem os crear por nosotros mismos” el “sen­ tido” del acontecer del mundo. dicho con la bella y poderosa expresión de Lowith. debido al m odo filosófico que pauta su razonamiento. Toda ciencia. cuya decisión puede inspirarse en otros referentes no científicos y hasta no racionales. es decir.. La ciencia sólo puede ser técnica o te­ ner una aportación técnica en relación con los fines. Y se puede añadir con él: «La presupuesta ¿«validez “objetiva” de nuestros patrones de va­ lor últimos y la falta de normas universales vinculantes [. sino sólo cuáles son las acciones e instrumentos que cabe poner en movimiento para realizar de m odo eficaz y efi­ ciente los valores decididos. «la infundamentalidad científica de las posiciones últi­ mas» es lo socialmente propio y esencial.] surge de la forma propia de aquella época cultural cuyo destino es haber com ido “del árbol del conocim iento”.

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resumen, aprecio mucho la consideración de Lowith, según la i cual «todas las ciencias naturales sólo nos dan respuesta a la pregunta de qué debem os hacer nosotros cuando queremos dominar técnicamente la vida — pero si debemos y queremos ha­ cerlo, y si eso tiene en última instancia un sentido, lo dejan sin decidir o lo presuponen a sus fines— L o mismo vale para las así llamadas ciencias del espíritu históricas: enseñan a enten­ der determinadas producciones políticas y sociales, artísticas y literarias, pero que no dan una respuesta a la pregunta de si son dignas de existir». Es una glosa impecable de W eber. La ciencia social no es la pieza clave de la valía social. Posee sólo el valor instrumental de la realización, la efectuación, la rela­ ción coste-eficacia, coste-eficiencia, pero su sentido de direc­ ción le es predado y se le escapa cuando se refiere a fines últi­ mos y no a intermedios de la acción humana. D e la idea de ciencia weberiana se desprende también que el proyecto de organización socialista de la sociedad, la valía imputada a la sociedad socialista, es algo que no puede soste­ nerse sólo basándose en la cien ciay con referencia a los efec­ tos probables en que desembocará el desarrollo crítico del ca­ pitalismo científicamente conocido, en caso de que se hubiera logrado tal empresa. La constitución socialista de la sociedad com o futuro deseable u obligado requiere más m otores que las simples causas económicas o políticas del desarrollo social y de sus efectos previstos com o probables o fatales, tal com o han demostrado con sus acciones y vidas activistas, creyen­ tes convencidos y revolucionarios. En el mundo desencanta­ do de W eber ha desaparecido el sentido objetivo de la histo­ ria, la existencia de una providencia inmanente (una mano invisible, paradójicamente), que es empero algo que poshegelianamente sobrevive en el materialismo histórico y en sus es­ peranzas de transformación social. La configuración de la so­ ciedad futura es obra del hombre, que navega no sólo con el timón de la ciencia, y es una obra que puede ser razonable­

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mente aceptada o repudiada con toda el alma y no sólo con el juicio racional elegante que sólo está en condiciones de cali­ ficar al horror social com o error. «N osotros debem os crear, por nosotros mismos, el “sentido” del acontecer del mundo», el cual y a se ha quedado sin sentido inmanente y p or ende ha dejado de ser el m undo de algún «deber ser» trascendente e irrefutable, al que debem os someternos por el esplendor de su valía incondicional. D e acuerdo, la posición weberiana es gallarda, responsa­ ble y lógica. Pero de ello no se sigue, tom ando distancia de Weber, que los fines de la historia, en tanto ésta es reino de fi­ nes y no sólo de causas (com pren sión -explicación com o el m étodo de la cien cia social), o que «el destino de nuestro tiem po», hayan de ser determ inados p or algo que él llama, ahorrándose problemas y eludiéndolos, «dioses y demonios», p or el politeísmo/relativismo de los valores sobre la vida del hom bre en sociedad, tolerando u olvidando que los valores que suelen afirmarse y volverse hechos sociales por la fuerza de sus seguidores, cuyas convicciones pueden brotar de mu­ chos elementos oscuros y arbitrarios, son cercanos a la sinra­ zón o manifestaciones de ella. La radicalidad del desencanto weberiano puede ser abordada con hombría, com o él nos re­ comienda, sin ir en busca de «los anchos y acogedores brazos abiertos de las viejas Iglesias» ni esperando profetas que nos re­ suelvan la vida al decirnos hacia dónde y p o r dónde y nos desresponsabilicen de nuestras vidas. Pero los costes y ries­ gos de horrores no tienen por qué ser aceptados ni aclamados com o la consecuencia de asumir con gallardía la posición hu­ mana o ciudadana del desencanto, el politeísmo social y la to­ tal contingencia histórica. Una cosa es que W eber haya puesto inteligentemente lími­ tes a la ciencia en lo que concierne a la validez de los valores que inspiran la política y la moral de la existencia humana y haya, asimismo, refutado tanto la im pertinencia e inconsis­

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tencia del determinismo del materialismo histórico com o la insensatez de los vitalistas y nacionalistas de la restauración del ethod nacional, la piedad religiosa y la nostalgia por un lí­ der plebiscitario que repon ga el orden, y otra cosa es que abandonemos el destino de nuestro tiempo a un decisionismo de selectos y poderosos o a una razón técnica que, respecto a los fines sociales que le son predados, no puede decir nada en absoluto acerca de ellos sino que son factibles y pueden ser realizados de m odo «costoeficiente». Ese desencantamiento radical, que deja a la ciencia (no a la razón) sin habla sobre la validez de los fines de la existencia humana asociada y que parece dejar la afirm ación de los fines sin asidero racional, terminaría p or dar entrada a dos opciones inaceptables: el de­ cisionismo de líderes de masas con enormes promesas encan­ tadoras de vida social sin conciencia de costos y con pisoteos a las libertades individuales de los que se resistan y opongan a su evangelio, o bien el encantamiento de la ciencia en el cien­ tificismo y /o tecnologismo, que erigiría lo socialmente proba­ ble com o lo socialmente deseable. W eber considera que el de­ senlace tecnoburocrático es m uy probable, mientras que el otro escenario terminal, el plebiscitario dictatorial, le ha sido imputado por algunos intérpretes que han considerado que la opción del liderazgo de masas atropellador de libertades se incubaba en su relativismo respecto a los valores políticos y en sus últimas posiciones polarizadas entre ciencia y política. Obviamente se trata de un escenario no deliberado y opuesto a las intenciones de W eber, p ero en el cual su probabilidad parecería implicar o implica sus posiciones. Lowith aborda este espinoso debate en «M ax W eber y sus seguidores» (1939-1940), y lo hace con mesura, pero se mues­ tra ambivalente en sus razones, aunque se decide de manera académicamente correcta p or W eber, a cuyo «heroísm o hu­ mano y [...] honradez intelectual» rinde homenaje. El supues­ to de la cuestión y respuesta de Lowith es la burocratización

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especializada de la empresa y dél E sta d o/q u e es una dé-las consecuencias de la racionalidad. Frente a esa tendencia lógi­ ca (típico-ideal) de la modernidad, las libertades intelectuales, morales y políticas que abandera W eber éstán en riesgo, por lo que para éste «sólo quedaba en pie [...] una pregunta: ¿cóm o se puede rescatar todavía, dentro dé esta omiiipoterite “aparatización ”, cualquier resto de libertad de movimiento, en algún sentido, “individualista” ?». D esde esta;perspectiva, en su últi­ ma ponencia sobre La política como vocación., W eber hizo la di­ ferenciación'de principios entre empleados estatales y líderes de partido, entre encasillados hombres genéricos e individuos autónom os... El empléado y el funcionario deben llevar a ca­ b o lo qué les füe Ordenado p or úna instancia superior, sin to­ mar en cuenta su convicción personal. El líder político debe actuar, igual que el empresario autónomo, a partir de su p ro­ pia responsabilidad, com énzar en cada m om ento desde su persona y, bajó ciertas circunstanciás, contraponerse a su jefe — sea éste un m onarca o incluso el demod— . En tanto W eber consideró que la máquina de hombres humana era ineludible, su pregunta política fue cóm o se deja ganar, dentro de su marco, un espacio en función dé ün liderazgo autoritario de carácter político, idóneo y responsable. Su fórm ula drástica pára ello fue democracia de liderazgo con máquina, aunque con esto no pensaba, todavía, en la posibilidad de un liderazgo dictatorial en un « “ Estado dé un solo partido”, sino en un Estado coii múltiples partidos y con Parlameñto». La interpretación es correcta, honesta y justa> aunque L owith, frente al desarrollo político alemán hiperiiacionalistá que él padeció y le llevó al menosprécio, a la discriminación y al exilio, tuvo que desplazarse hacia el otro pólo crítico y ano­ tar que la previsión de W eber de una «dem ocracia de lideraz­ g o cori máquina», de una dem ocracia plebiscitaria totalmente funcionarizada, le convierte en un añticipador del futuro p o ­ lítico de Alemania, sin que esto signifique én ningún m odo

Lowith nos quiere decir que él nacionalsocialism o alemán no fue un proy ecto querido p or . de esa tesis to­ talmente individualista hay sólo un paso hasta la completa in­ clusión en una máquina de convicciones total. negativamente.. guerrero y exterminador de la diferencia. que sólo era responsable de sí mismo. de la au­ todeterminación. Sabe m uy bien que W eber tendría Una total indisposición intelectual* política y moral hacia el desenlace dictatorial. cuya úl­ tima instancia sólo era la elección decidida de Una postula­ ción de unos valores entre otros. y dado que éste nó éstaría disponible. bajo la volun­ tad de un líder con aptitud de oratoria que diga a las masas lo que éstas deben creer y hacen C on esa. » La posición de Lowith sobre M a x W ebér se desliza p or él filo de la navaja. la “su jeción ” en ob ed ién cia [. suave pero adolorida.M ax W éber y K arl M arx 209 que él hubiera estado dispuesto a recorrer y aceptar ese cami­ no. prepara­ do el camino a un Estado de liderazgo autoritario y dictato­ rial. al m argen de cuáles sean éstos. algo que no dejará de irritar a los weberianos y ponerlos en son dé guerra.' D e su tesis de qué sólo un “profeta” puede decirnos lo que debemos hacer objetivamente. a través de lo formal de su ethod político. D e manera diplo­ mática. en este tiempo de falta de autoridad de una decadente esfera pública. que em pero abrió a otros seres funestos. de su tesis de que entonces cada uno debería deci­ dir p o r sí mismo lo que piensa hacer. «E l ha. se convierte en una persona que está contenta de ha­ ber podido transferir la carga. abdicación dé la elec­ ción libre éntre posibilidades diferentes en favor del una vez elegido Führer la “decisión” propia se transforma én là obe­ diencia d ecidida a un dictado. positivam ente a través de que representó el liderazgo irracional “carism àtico” y la “dem ocracia de liderazgo con máquina” y. difícil de sobrellevar.i ] El in dividu o liberado. pero en los enunciados y argumentos de sü obra cree ver el anuncio o la previsión de ese desenlace. a través dé la pérdida de conteni­ do querido.

que se podía vislum brar com o una probabilidad a partir de su obra y que otros protagonizaron perversamente. Sobre l a racionalidad w eberianay sus supuestos teóricos y m etodológicos hemos leído y escrito m uchos y m ucho. que son abordados desde el mirador de la antropología fi­ losófica. aun si no son queridas ni previstas. por no citar las pequeñas «teorías» a las que dedicamos tiem p oy que ni siquiera llegan a ser de «alcance m edio». Es una manera de recordam os que las acciones y las ideas no sólo tienen fines motivadores sino consecuencias reales. deseado y respaldado por él. neoinstitucionalistas.210 Ka r l LO w i t h Weber. que nos plantea a los contem poráneos preguntas que con o sin nostalgia de nuestros maestros clásicos hemos estado proce­ sando en los últimos tiempos desde otros m odos de problematización y enfoques de respuesta. Recons­ truir el curso de la racionalización moderna. cóm o apareció y . por lo que no son una simple glosa erudita de los es­ critos de M arx y W eber con corolarios didácticos. así com o las preocupaciones de rigidez glacial que él mismo reconoció frente al desarrollo previsible (típico-ideal) de la racionalidad del mundo m oderno. pero sí un resultado indeseado. pero sus dos apartados. sistémicos. pero lleno de sorpresas en sus observaciones y aleccionador. siguen siendo un manantial de ideas que nos ayudan a entender m ejor el en­ foque del program a de investigación de M a x W eber. H ay obras que emparejan o rebasan las consideraciones de L o with. «L a “racionalidad" com o la ex­ presión problem ática del m undo m oderno» y «L a racionali­ dad com o co n d ición de la responsabilidad de sí libre del singular en m edio de la servidumbre general». El ar­ tículo se centra en lo que para Low ith son los ejes centrales que estructuran el pensamiento de nuestros maestros sobre la m odernidad capitalista-burguesa: La racionalidad y la enajena­ ción. sus al­ cances y limitaciones. Su extraordinario artículo «M a x W eb er y Karl M a rx » (1932) es un recorrido m arcado p or la densidad intelectual.

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se asentó socialmente, cóm o rom pió la certidumbre de nues­ tras creencias y expectativas (religiosas o morales) en un or­ den objetivo que definía el sentido y . el deber de nuestras vi­ das, cóm o llegó a volverse el obligado m odo de conducir la vida en sociedad y cóm o terminó por cristalizarse com o «des­ tino» que nos ha dejado sin otras opciones de organización de la vida social, constituye el problem a del tiem po m oderno, nuestro problem a humano y, en con exión , es un problem a fundamental de la historia y sociedad digno de ser conocido, de convertirse en algo cu y o surgim iento y funcionam iento sostenido en:el tiem po ha de ser explicado, así com o han de ser explicados sus efectos en la organización social y su im­ pacto en el rum bo futuro de la sociedad. En su opinión, concebir lo m oderno com o tiempo, proceso y estructura de racionalidad es algo qu e cognoscitivam ente contiene y abraza a las tesis marxistas: «L o propio del análisis relig ioso-sociológ ico del capitalism o de W eb er consiste en que él no contempla al capitalismo com o el poder hecho autó­ nom o de las “relaciones de prod u cción ” sociales, de lo s m e: dios y de las fuerzas de producción, para entenderlo desde allí todo de form a ideológica. El capitalismo pudo volverse, para W eber, un pod er “pleno de destino” de la vida humana sólo porque él [...] se desarrolló y a en los caminos de un "m odo ra­ cional de conducir la vida” ». En la miradá weberiana la inter­ pretación m arxista del capitalism o es subsum ida com o un lenguaje particular contenido en la gramática mayor de la ra­ cionalidad de la vida moderna. Según Lowith, «el capitalismo como tai, en su significado preeminentemente económico, es p o ­ co interpelable com o el origen autónom o de la racionalidad. M ás aún, la racionalidad de la con du cción de la vida — en su origen religiosamente motivada—es la que ha dejado también que el capitalismo, en un sentido económ ico, se erija en un poder dominante de la vida». M uchos Compartimos la obser­ vación de Lowith acerca de la racionalidad weberiana com o

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el universo de sentido de la m odernidad, que contiene una realidad específica a la racionalidad financiera, productiva y com ercial del capitalism o (otras m anifestaciones serían el D erecho, las organizaciones jerárquico-burocráticas, la tec­ n o lo g ía ...), aun si la racionalidad capitalista hubiese sido dialécticam ente reelaborada en M a rx com o irracionalidad sustantiva de la sociedad por la división social que genera. Una aportación original de Lowith es recordam os la para­ doja de las raíces no racionales de la racionalidad y las irracio­ nalidades incomprensibles que la racionalidad moderna origi­ na. Por un lado, los poderes religiosos y las «representaciones éticas del deber», que se derivan de la religión, en el pasado fueron los elementos forinadores de la conducción racional de la vida, hasta tal punto que W eber pudo preguntarse p or la articulación intrínseca de la «ética protestante» con el «espíri­ tu» del capitalismo, así com o establecer sus relaciones. «La "afinidad electiva interna” de ambos es la dé la convicción eco­ nómica y la de la creencia. Ambas reposan sobre un “espíritu” general o etho¿, cu yo portador socialm ente destacado es la burguesía occidental;» Por otro lado, com o advertencia omi­ nosa frente al desarrollo incontenible de la racionalidad en la sociedad moderna, ese «espíritu universal de la "racionalidad” domina el arte y la ciencia, tanto com o la vida jurídica, estatal, social y económ ica del mundo humano m oderno. L o que p ro­ duce esa racionalización universal de la vida es un sistema de dependencia total, una “carcasa fuerte com o el acero” de ser­ vidum bre [...], úna “aparatización” general del hom bre, un inevitable estar-inserto de cada uno en la "fábrica”, en cada caso específica — de la econom ía o también de la ciencia— .Y “no obstante” (con un tal «no obstante» cierra W eber también la conferencia La política como vocación), esa racionalidad es jus­ tamente, para él, el lugar de la libertad». Puedo aceptar esta in­ terpretación porque la racionalidad, al liberar al hombre del mito o encanto de un orden trascendente que regula y condu­

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ce la vida en un solo sentido o por un solo camino, ha sido la condición necesaria para la aparición y aseguramiento de la li­ bertad com o independencia, y porque las decisiones de la liber­ tad com o autonomía y responsabilidad pueden surgir y ser eficaces sólo a condición de que sé establezca una corrección causal idónea entre los m edios/causas de la acción y sus fi­ nes/efectos, relación que la racionalidad ayuda a identificar y establecer. En el primer apartado de su interpretación de W eber, L owith nos habla de la form ación de la racionalidad moderna, de su aire de em ancipación y de creación de p od er social, mientras que en el segundo apartado asoma su cabeza oscura la amenaza de la servidumbre general que la racionalidad del poder y el control termina p or producir y que se materializa oscuramente en «las formas políticas de la burocratización y la estatalización», en la «máquina viviente» en que la sociedad llega o puede convertirse p or «la especialización racional dis­ ciplinaria y la escolaridad» hasta terminar en su contrario, en la extinción de su espíritu originario, en un «espíritu coagula­ do», sin vida, y en la identidad que se crea entre hombre y es­ pecialista con todas las negras consecuencias que despliega esa identidad contradictoria y parcial, com o está a la vista en nuestra sociedad contemporánea. A quí no tiene m ucho sentido reconstruir y resumir el reco­ rrido que Low ith hace de las tesis de W eber; baste recordar que el principio de racionalidad es estructural en la teoría w eberiana. En su vertiente histórica la racionalidad es la criatura de Occidente y el atributo distintivo de su historia social con­ temporánea. En su vertiente sociológica, centrada en la ejecu­ ción y los efectos de la acción social, «la acción racional referi­ da a fines» y «la acción racional referida a valores» son las piezasfundamentales sobre las cuales se construye y estructu­ ra el edificio teórico del orden social. Y en su vertiente meto­ dológica la construcción de los conceptos com o acciones ra-

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cionales estrictas o puras es lo que permite definiciones preci­ sas y consistentes, lo que posibilita clasificaciones y explica­ ciones de las acciones; reales a partir de su disconform idad respecto al concepto (tipo-ideal) — «desviación del desarrolla esperado: de la acción racional»— , así com o explicar y com ­ prender las acciones sociales y sus: resultados. C om o algo sa­ bido, W eber vincula racionalidad con calculabiUdad y controla.-: bilidad del mundo, pues sin estas dos condiciones las acciones no podrían construir su sentido y tener capacidad de efectuarlo. Por consiguiente, la racionalidad implica la posibilidad de es­ timar los efectos o resultados que se siguen d e ciertas accio­ nes, así com o la existencia de sujetos dispuestos, socializados u obligados a conducirse en sus vidas estim ando las conse­ cuencias de sus acciones. Por ello, el programa de la racionali­ dad del m undo supone que la producción y la com unicación social (la realidad social, podríam os decir) sean susceptibles de ser pensadas y organizadas con form e a unidades de un mismo valor unívoco y homogéneo. Esto se produce mediante la ciencia/tecnología, el D erecho y la moneda: elementos na­ turales, derechos subjetivos y moneda. Cuantificación, jundificación y monetarización son, así, las condiciones objetivas del cálculo y del control de las expectativas. Y estas tres racio­ nalizaciones del mundo son la creación de Occidente, el m odo de vida peculiar de O ccidente, el m odo hodierno o m oderno de O ccidente y su destino previsible. Las condiciones subjeti­ vas o el sujeto del cálculo y control son, lógicamente y en su opinión, el empresario capitalista, el dirigente político y el tec­ nòlogo. Si algo se le puede discutir al concepto weberiano de racionalidad, a partir de nuestras actuales preocupaciones, es que su noción de racionalidad fue elaborada en formato de es­ casez (al modo; económ ico), que es algo consustancial a la so­ ciedad, pero que dejó sin reflexión la racionalidad en condi­ ciones de adversidad y de incertidumbre, condiciones que en el tiempo actual de la modernidad son permanentes.

cuyo esfuerzo inolvidable fue «trans­ formar la filosofía autónom a del espíritu en una filosofía del hom bre». que sé res­ palda en él giro de Feuerbach. y que no se reduzca a otra ideología social. un n odo dél hilo rojo y vivo de la izquierda que engarza las ideas y luchas p or la emancipación. el hilo conductor marxista es La enajenación. de m odo que. Para muchos este proyecto humanista. que és el objeto dél análisis crítico de M arx. Ese gi­ ro hacia el hom bre com o tal. com enzó en la posición antropológica de Feuerbach». plataforma electoral o sistéma político. com o hegéliano que es. y com o m undo humano. com o solíamos decir en el pasado bajo la presión del cientiíismo éstructuralista. un mühdo humanamente invertido». universalización y re­ conciliación del hombre. o peor aún ree­ dite las historias dé horror y aniquilación social de los socialis­ mos de poder intolerante y de doctrina dé pensamiento único. que en parte representa la reivindi­ cación del joven M arx. El m undo bur­ gués-capitalista. pero sobre todo re­ presentada observación sorprendente de que «la interpreta­ ción específicamente económ ica de tódós los m odos de apari­ ción de la vida humana es. con la consecuencia total y radical de que «M arx exige una “emancipación del hom bre” no sólo política y económica. reelaborado con lá interpretación antropológica de Lowith.lidad específicam ente “i-rracional”.. com o una rea. una inhumanidad. en opinión acertada de Low ith. más que con Ricardo y Smith. es lo que sigue haciendo que el marxismo sea una visión intelectual y moralmente interpola­ dora. según las propias palabras dé Marx. Para él. sólo el resultado último en el cual “culmina” su revisión crítica de la filosofía dél derecho de H egel». antes que com o proletario. sino “humana” ». y con ella la del mundo m oderno en general. «la crítica del hom bre de la sociedad burguesa de M arx. «fue la transformación de la filosofía especulativa de Feuerbach en antropología filosófica».M ax W éber y Karl M arx 215 El segundo apartado de Lowith se refiere a la concepción de M a rx de la sociedad moderna. . «se le representa a él.

Al análisis e interpretación de las tres expresiones existenciales de la enajenación humana.]: en su form a económ ica. política e inmediata­ mente social. Lowith dedica la segunda parte final de su escrito. en Weber. del orden social y del orden econ óm ico modernos — esto es. poniéndola de cabeza y convirtiéndola en m ovim iento humano que es. D esde el supuesto antropológico de que la sociedad m o­ derna constituye un m undo autocontenido en el que el hom ­ bre es pensado y actúa de manera enajenada. aunque pudieran ser discutidas p or especia­ listas de filosofía o p or aquellos marxistas que no aceptaron la fiebre cientifistay estructuraiista en la que decayó el mar­ xism o o que de ella y a sanaron y mantienen viva en su mente la empresa de materialización histórica que de la lógica y la fenom enología del espíritu llevó a cabo M arx. la existencia del proletariado». la contradicción entre el Estado burgués y la sociedad burguesa. Son incontables los artículos dedicados a la . debo reconocer que un párrafo de Lowith que puso orden recapitulador en mi cabeza desde su primera lectura y que me gusta recordar fue el siguiente: «M arx persigue esa enajenación de sí fundamen­ tal y general» que experimenta el hombre en todos los campos «del orden estatal.. com o el destino ineludible de la racionali­ zación— [. La expresión económica de su problemática es el mundo de loé m erca n cía su expresión política. bloqu eado p or múltiples y dolorosas contradicciones en las dimensiones cognoscitivas y prácticas de su vida. em­ pero.216 K a r l L o w it h Las consideraciones sobre la filosofía hegelian ay el vuel­ co feuerbachiano son sugerentes y decisivas en la interpreta­ ción de Lowith. es un movimiento capaz de superar las contradicciones y avan­ zar hacia nuevas identidades sociales más sustanciales y uni­ versales. pero que p or «la produ ctividad de la con tradicción ». que se d e­ nuncia a sí misma y se muestra insostenible. y su expresión inmediatamente hum anare¿z/. rem ovible. del mismo “orden” que viene á nuestro en­ cuentro..

el pensamiento filosófico o en la cultura burguesa. el Estado. p or lo que son opues­ tas al concepto. polí­ tica. «cosificación». nubla. pero que en los hechos los contradice. contradictoriamente. autonomía y soberanía. a pesar de que los hom bres las han producido.M ax W eber y Karl M akx 217 explicación y manifestaciones de la alienación del hombre en la religión. L ow ith repasa entonces la cosificación de la mercancía que aparentemente expresa la subjetivad del productor pero la destruye. han alcanzado exterioridad. inacabada. expresa y garantiza supuesta­ mente la libertad individual y la particularidad del interés pri­ vado. falsa> contradictoria y autodestructiva. Se trata de la falsa concien­ cia que acompaña. el mercado. Son particularmente notables las consideraciones que ha­ ce Lowith sobre el estado m oderno de los derechos del hom ­ bre y del ciudadano. pero el mérito de Lowith es haberlas conectado y hecho interdependientes hasta convertirlas en los elementos constituyentes de la totalidad de una existencia humana invertida. «abstracción». entre el . trascendencia. religión y cultura se presenten. mitiga y justifica la irrealización del hom bre en la sociedad capitalista burguesa. expone las contradiccio­ nes enajenantes que implica el desdoblamiento producido en la sociedad moderna entre m undo privado y público. economía. p on ien d o sus consideraciones en b o ca de M arx. ser. a pesar de que. En ellas. «fetichización». así com o la universalidad establecida del Estado burgués que. co n agudeza. Lowith nos muestra progresivamente las manifestaciones y las trampas del hecho de realizarse del hom bre en el mundo moderno y del creerse realizado en o mediante realidades que. sentido y posibilidades de la existencia humana. conform e alas tesis marxistas. bloqueando su universalización. autolegitimen y hasta autocelebren com o realidades sustentadoras y potenciadoras de la libertad humana que hacen posible que ésta sea la condi­ ción universal del conjunto social. median­ te el concepto de ciudadanía.

tanto com o ellos se abs­ traen de él com o hom bres individuales. que rehacemos. des­ doblam iento que lia con d u cid o a contradicciones de difícil conciliación intelectual e institucional o a ilusiones de eman­ cipación y autonomía. «M arx combate esa separación de los intereses particulares y generales. el fin último. el hom bre considera que y a es una realidad o algo pronto a ocurrir. hom bre privado—necesariamente algo otro. rupturas. p o r su enajenación acrítica. que a la vez contrapone al hom bre viviente en ellos en una exis­ tencia preferentemente privada y una pública. para una nueva generación de jóvenes intelectuales y ciudadanos. externo.218 K a r l LO w i t h burgués y el ciudadano. el principio materializado del individualismo. La sociedad burgue­ sa actual es. en general. com o una autoenajénación humana.» D ich o de otro m odo. esto es. no es sino otra forma de realidad quimérica que reproduce la reconciliación ilusoria del hom bre con su sociedad p e ro que. características. para sí. la oportu­ nidad de sumergirse en el mar del poderoso pensamiento de M arx y Weber. extraño. tan extraña com o permanece por otro lado su vida privada respecto al Estado. entre sociedad civil y Estado. de la vida privada de sus ciudadanos. la universalidad que el Estado m oderno pretende representar organizando y superando la fragmentación de los intereses privados y de los individuos libres. la existencia individual. a menos que se exploten sus potencia­ lidades de unidad m ayor de aquí en adelante. quienes reflexionaron con honestidad y rigor ejemplar acerca de las dimensiones. potencialidades y contradicciones de la m odernidad en las que nos encontramos. La lectura de Lowith puede representar. para el cual todo es m edio. que tratamos de m ode­ lar y que también nos disgustan y frustran. Porque com o ciudadano estatal el burgués es — en tanto él es. de la vida real. Será una inmer­ sión que Seguramente les hará descubrir nuevas realidades o . p or ende. Su Estado es un Estado “ abstracto” porque él se abstrae. com o Estado admi­ nistrativo burocrático racionalizado.

que dedicamos muchos años de nuestra juventud a estudiar a este par de inolvidades maes­ tros.M ax W eber y K arl M arx 219 niveles de realidad social y también nuevos problem as que subsisten en hechos e instituciones sociales. también débiles de nuestros grandes maestros. S obre todo. in form a ción . Y ese soplo. todas segura­ mente honestas. A lo mejor sien­ ten el soplo de humanismo crítico y emancipador de las ideas de M arx y Weber. y que pueden ilumi­ nar o enderezar nuestras búsquedas. la lectura o la relectura de Lowith podrá ser ocasión pa­ ra no perder la memoria de problemas. n oticia y p u b licid a d de n u estro tiem po. puede hacerles aprender una gramática más estructurada e integrada para hablar de la vida en sociedad sin la superfi­ cialidad optimista o pesimista que caracteriza a mucha políti­ ca. Karl Lowith. Tal vez ésta sea la oca­ sión para reconocer ante nosotros mismos que las respuestas que hemos dado a las cuestiones que nos ha planteado y plan­ tea la vida en sociedad y nuestra misma vida. en muchos puntos. sólidas y benéficas. para nosotros. a pesar de que se las considere terminadas. entre los cuales se encuentra. pueden tener grietas y oscuridades que m e­ recen ser remediadas o ilustradas con las ideas de las viejas reflexiones inacabadas y. a pesar de parecer polvorientas. podrán apreciar y acaso emular la nobleza del pensamiento y la acción que exige una racionalidad cabal. c o ­ mo fue practicada por M arx y Weber. respuestas y explora­ ciones que siguen siendo pertinentes para entender nuestro tiempo. que no tiene por qué considerarse hostil a sus m odos de vida tecnológizados y de mayor independencia personal y asocia­ da. a pesar de sus rudas afirmaciones sobre el desencanto o la enajenación del tiempo moderno. En cambio. por supuesto. L u is E A g u il a r V il l a n u e v a .

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