L/imensión V_/lásica

T E O R ÍA S O C IA L

Director de la serie: Esteban Vemik
La Serie Teoría Social reúne obras que son muestras del estado latente de la modernidad. Si la historia del pensamiento social y humanístico delineó un conjunto de textos clásicos sobre el legado modernista, a su sombra restan aún por recuperarse contribuciones incisivas que conservan viva la inquietud sobre los fundamentos de nuestro presente. La Biblioteca Dimensión Clásica se inicia con una Serie que se propone ampliar los horizontes del estado de la teoría social — tanto en sus resonancias filosóficas como político-culturales—mediante la publicación de un conjunto de ensayos claves hasta ahora alejados de los currículos universitarios, y que se ofrecen en todos los casos a través de traducciones cuidadas y textos introductorios de alto nivel realizados por los mejores especialistas en la materia, que, por un la­ do, devuelven los textos a su estado original de indicación y presenti­ miento^, por otro, los reintroducen plenamente en la discusión de lo contemporáneo.
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Siegfried Kracauer Georg Simmel ■

Karl

Lowith
M ax Weber y Karl Marx
Traducción de Cecilia Abdo Ferez Introducción de Esteban Vernik Posfacio de Luis F. Aguilar Villanueva

gedisa
O
editorial

Edición original en alemán: Karl Löwith: Sämtliche Schriften. Band 5: Hegel und die Aufgébung der Philosophie - M ax Weber, pp. 324-447, publicado por JYB. Metzler'sche Verlagsbuchhandlung und Carl Ernst Poeschel Verlag GMBH Stuttgart, Alemania. Copyright „ 1988 Director de la serie: Esteban Vemik Traducción: Cecilia Abdo Ferez Diseño de colección: Sylvia Sans Primera edición: junio de 2007, Barcelona Derechos reservados para todas las ediciones en castellano © Editorial Gedisa, S.A. Paseo Bonanova, 9 l° -la 08022 Barcelona, España Tel. 93 253 09 04 Fax 93 253 09 05 Correo electrónico: gedisa@gedisa.com http://www.gedisa.com ISBN: 978-84-9784-092-7 Depósito legal: B. 29789-2007 Preimpresión: Editor Service, S.L. Diagonal 299, entresuelo Ia Tel. 93 457 50 65 08013 Barcelona Impreso por Romanya Valls Verdaguer, 1 (Capellades, Barcelona) Impreso en España Printed in Spain Queda prohibida la reproducción total o parcial por cualquier medio de impresión, en forma idéntica, extractada o modificada, en castellano o en cualquier otro idioma.

índice

INTRODUCCIÓN: M a x W eber según Karl Lowith

Eéteban V ernik ........................................................................
M a x W eber y K a r l M a r x

9

K arl L ow ith ............................................................................. M ax W eber y Karl M arx ( 1 9 3 2 )..................................... I n tr o d u c c ió n ................................................................... A. La interpretación de W eber del mundo capitalista burgués según el hilo conductor de la «racionalización»........................................................ B. La interpretación marxista del mundo capitalista burgués según el hilo conductor de la enajenación de sí humana ............................................................... C. La crítica de W eber de la concepción materialista de la historia ............................................................... N o t a s .................................................................................. M ax W eber y sus seguidores (1939-1940) ................... La posición de M ax W eber frente a la ciencia ( 1 9 6 4 ) ............................................................... N o ta s .................................................................................

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40

77 109 117 135 149 180

POSFACIO: Entre el recuerdo y el olvido de los maestros: la exigencia de pensar la sociedad L iúj F. Agidlar Villanueva..................................................... 187

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por el diálogo que man­ tiene viva a la sociología en la confrontación permanente que surge entre su ala burguesa y su ala marxista: [.Introducción M ax Weber según Karl Lowith i Karl Lowith exhibe fascinación por la relación que existe en­ tre M ax W eber y Karl M arx. para regresar de nuevo al irracionalism o del encanto mágico. que él pone en práctica en sus trabajos socioló­ gicos. Lowith se re­ fiere a W eber en varias ocasiones: El «desencantamiento» del mundo histórico por medio de la ciencia racional.1 Lowith siente una atracción intelectual m uy honda p o r W e ­ ber que. Este círculo que configuran la razón y la magia sirve para establecer una sociología antropológica de lo humano.. debe de haber ejercido una especie de magia. es decir.. Pero en el proceso de racionalización de W eber aparece de nuevo el puente con M a rx y la historia.] ni la sociología marxista ni la burguesa vieron que la socio­ logía de Weber es el contrapunto de El capital de Marx.2 . pero que se manifiesta cada vez que expe­ rimenta el ejercicio weberiano de extremar la razón hasta sus límites más humanos. estuvo marcada p or la palabra oída en La ciencia como vocación. C om o mago. sin duda.

el ma­ go de M eéékirch. señaló su valor com o «una aportación científica de prim er rango». tal cóm o se aprecia en diversos testimonios. científicos y políticos — has­ ta el punto de haber sido calificado co m o «un M arx b u r­ gués»— / mantuvo siempre un entusiasta interés p or los escri­ tos de M arx. un papel destacado en la construcción de su ima­ gen. Podrá decirse que W eber mantuvo una posición bifronte. la cual fue el primer paso en el autoconocimiento del capitalismo. con el que Lowith exhibe la sociología weberiana del cír­ culo de lo humano. És­ tas. se­ ñaló que M a x W eber. Mientras Lowith elabora sus tesis sobre M arx y Weber.10 K a r l L o w it h «M ago» también era el apelativo de M artin Heidegger.5 .'' También Karl Jaspers. W eber y H eideg­ ger. la filosofía existericial de H eidegger orienta sil pensamiento. La propia Marianne Weber. junto a Marianne. ha afirmado qiie: Max Weber admiró la interpretación materialista de la historia de Marx. como un descubrimiento científico que influyó de­ cisivamente en su propia perspectiva. cuyo primer libro llevaba por título Eléociaium o de Fichte en relación con la doctrina de M arx. «com partía la con ­ cepción márxista del Estado y su ideología». quien tras la m uerte de M a x W eb er tuvo. pues. son las aristas del triángulo M arx. II Un breve ro d e o p o r la cuestión W eb er-M a rx muestra algo que muchas corrientes del ala marxista de la sociología'han pasado p o r alto: la riqueza del interés de W eber p or M arx. que se alejó y se acercó a M arx. A l mismo tiempo que consideró que el M anifiesto del Partido Comunista era com o «una patética profecía». Si bien W eber rechazó muchas veces varios de sus postulados metodológicos. en cierto aspecto.

en gran medida. También en este punto. se engaña a sí mismo y a los demás. un sentido interno del proceso histórico. Marianne W eber nos ofrece su consideración: . no existe ninguna «ley» objetiva en la realidad social. en los últimos años de su vida. puede medirse teniendo en cuenta su actitud frente a Nietzsche y Marx. quien informa que M ax Weber. al menos. es decir. habrá que decir que las diferencias epistemoló­ gicas y m etodológicas entre M a rx y W eber son sustantivas. W eber rechazaba todas las filosofías mate­ rialistas de la historia. con la ayuda de tipos ideales es posible construir teorías de los procesos sociales que ten­ gan alguna sem ejanza co n leyes y que puedan servir com o pautas para medir el grado de apartamiento de determinados sectores de la realidad social cón respectó a estos m odelos nom ológicos. El mundo en el que existimos es. En el mejor de los casos. En primer lugar. pero en cam bio no estaba dispuesto a aceptarla com o enunciado ontològico. decía a sus estudiantes: La honestidad de un estudioso actual. En este preciso senti­ do. W eber consideraba que la construcción de M arx era sumamente im portante co m o con stru cción ideal-típica del p roceso de la historia. en el ensayo «L a “ objetividad” cognoscitiva de la ciencia social y de la política social»8 afirma que hay que rechazar la concepción materialista de la historia. [.. ün mundo signado por Marx y Nietzsche..7 Así. Según Weber. y sobre todo de un filóso­ fo actual.] Quién no esté dispuesto á conceder que las partes más importantes de su propio trabajo no hubieran podido ser realiza­ das sin el trabajo de estos autores.6 Sin embargo. aquellas filosofías de la historia que pretendían encontrar las leyes objetivas del curso de la historia o.M ax W eber y K arl M arx 11 M ás elocuente resulta todavía el testimonio de Eduard Baumgarten.

en realidad específicamente nuevo. haciendo así del m arxismo una teoría rígida de la historia.1 0 Vayamos. los railes en qué la acción se ve empujada por la dinámica de los intereses. siguiendo de cerca el ensayo de Karl Lowith. Pero no sólo rechazó la elevación de estas ideas a una Weltarucbauung. pues. A l respecto es meridiana la célebre expresión de W eber: Los intereses.Pero las «imá­ genes del mundo» creadas por las «ideas» han determinado con gran frecuencia. negando explícitamente cualquier concepción que vea a los prim eros com o reflejo de los segundos. no las ideas. en W eber se destila una con cep ción pluralista que trata de estimar la dinámica que envuelve a los intereses ideales junto a los intereses mate­ riales. que dirigía la búsqueda de conocimiento a zonas enteras antes no iluminadas. también es notoria la diferencia acerca del papel que desempeñan los intereses económ icos en los proce­ sos sociales. P or lo demás. como guardagujas. son quienes do­ minan inmediatamente la acción de los hombres.9 Cabe no obstante señalar que M a x W eb er interpretaba de manera bastante indiferenciada a M arx y a la teoría marxista. si­ no que también se declaró en contra de que los factores materia­ les se volvieran absolutos y se les convirtiera en el común denomi­ nador de las explicaciones causales. y vio en la investigación de las causas eco­ nómicas y técnicas de los hechos un principio heurístico fructífe­ ro. materiales e ideales. a las zonas comunes que se superponen entre las obras de M a rx y Weber. W olfgang M omm sen señala que el elemento activista de la teo­ ría de M arx quedó oscurecido en las posteriores intérpretaciones de Engels y de Kautsky. respecto a la cual en ese m o­ mento W eber no veía con claridad las diferencias entre M arx y sus seguidores ortodoxos. .12 K a r l LO w it h Max expresó su gran admiración hacia las brillantes construc­ ciones de Karl Marx. A diferencia del marxismo.

Tributario tanto de la herm enéutica com o de la geom e­ tría. A l igual que M arx. Tanto M arx com o W eber siguieron los aconte­ cimientos políticos de su tiempo e intervinieron en la vida pú­ blica con la misma pasión. Si para W eber la ciencia y la política debían mante­ nerse separadas. La exposición de Lowith comienza con una serie de puntualizaciones sobre los perfiles de ambos autores que merecen considerarse. Lowith trata de llegar a sus si­ militudes enfocando la teoría de M arx desde el prisma de la de W e b e r y la de W eber desde la óptica de M arx. podem os constatar la aparición de elementos novedosos. Los dos fueron científicos. ade­ más.1 1 Partiendo de las dife­ rencias entre ambos autores. Pero. En ambos casos sus estilos de escritura se apoyaban en gran cantidad de evidencias empíricas y en ex­ tensas notas a pie de página. al dar lugar com o tercera arista a la de la propia filosofía existencial de Lowith. convergían en unidad. U no y otro fueron grandes filósofos sin querer serlo .M ax W eber y Karl M arx 1-3 III Si volvem os ahora a Lowith y al examen que realiza de la re­ lación entre W e b e r y M arx. En efecto. Lowith remarca el com po­ nente existencial-antropológico de M a r x y dé W e b e ry obser­ va que el m otivo básico y original de las investigaciones de ambos concierne al m odo capitalista de ser humano. la interpretación de L o ­ with va más allá de lo señalado hasta el momento. ál destacar que en ambas teorías subyace la situación del hom bre m oder­ no en la totalidad de su existencia. el m étodo utilizado p o r Low ith para su com paración es el de las perspectivas contrapuestas. W eber asimiló enormes masas de ma­ terial científico. esta confrontación tomaba la forma de un triángulo. aun­ que consideraban la relación entre ciencia y política de manera opuesta. para M arx. p or el contrario. sea por medio del periodismo o por las intervenciones propias de los hombres políticos.

al considerar la tendencia universal al desarrollo de la cultura occidental. y también. habremos de decir que ni su sociología ni la de M arx pueden confinarse a los límites estrechos de la especialización. y siempre entre comillas: . com o un moderno especialista. esto es. cabe señalar que el ensayo de L owith mues­ tra cóm o ambos — M arx directamente y W eber indirectamen­ te—efectuaron un análisis crítico del hombre m oderno dentro de la sociedad burguesa. quizás el únicofilódofo verdadero vivo». no porque fundaran algún tipo concreto de «filosofía so­ cial». Aunque W eber — com o también ¡sabemos por medio de Jas­ pers—gustaba de reconocerse ante todo com o un investigador.14 K a r l L O w it h ni asumirse com o tales. Así. L ow ith trae al recuerdo la carta de M oses Hess de 1841 que presenta a M arx com o «el más gran­ de. cuestionaron la totalidad de la situa­ ción de la vida contemporánea bajo la rúbrica del «capitalis­ mo». en su subyacente preocupación por la existencia humana. A qu í Lowith comienza señalando que la así llamada «objetividad» — y anota que W eber nunca habló de objetividad a secas. ambos fueron esencialmente dociólogodfilodóficod. basado en la aceptación de que la econom ía se ha convertido en el destino de la humanidad. la célebre frase de Karl Jaspers: «E n M ax W eber vem os encam ado al filósofo existencial». W eber — en uno de sus últimos escritos— . sino porque de hecho. Observem os con m ayor detalle el análisis que Lowith rea­ liza p or separado de las interpretaciones que hacen tanto W e­ ber com o M arx de las estructuras fundamentales del capita­ lism o. volviendo a la caracteriza­ ción de Lowith. L a interpretación de W e b e r da cuenta del m undo capitalista burgués en térm inos de «racionalización». se detiene «en el poder que determina el destino de la vida moderna: el capitalismo».1 2 En definitiva. Si en La ideología alemana M arx se refería al mercado com o aquello que se expande sobre la tierra y «con su mano invisi­ ble» crea y destruye imperios. sino de la adíllamada.

. ofrecido p or W eber en una res­ puesta crítica a Brentano1 5y com entado p o r Lowith.1 4 Por lo que su propósito es hacer explícitos los apriori de las ide­ as de valor que guían las acciones específicas.] reposa sobre y sólo sobre el hecho de que la realidad dada es ordenada según categorías. A q u í se puede observar que el elemento decisivo y elemental es que cada instancia de racionalización genera.M ax W eber y K arl M arx 15 [. que deja tras de sí la posibilidad in­ genua de la disciplina científica. con unos medios da­ dos. la objeción de W eber al marxismo — com o antes decíamos—no es que se base en ideales e ideas científi­ camente p o co probables. en un sentido específico. Sin embargo. es decir. inevitablemente. Este ejemplo dél dinero. sino qué se puede consecuentemente. si tomamos él tema fundamental de sus investigaciones científicas. [. la manera raciona­ lizada de hacer dinero con el único propósito de hacer dinero es algo específicam ente irracional. de validez universal. sino que la subjetividad de sus pre­ misas fundamentales se presenta con apariencia objetiva. las cuales. vemos que W eber resume la problemática de esta realidad bajo el concepto de «racionali­ dad». Se trata de una racionalización en la dirección de un m odo de vi­ da irracional. presentan \a. en orden a un fin presupuesto. nos re- .]. En cambio. Por ejemplo.precondicwn del valor de nuestro conocimiento y están ligadas a la precondición del valor de aquella verdad que sólo nos puede dar el saber de Ja experiencia. ganar dinero para asegurarse un estándar de vida es racional e inteligible. no indica qué es lo que «se de­ be». irracionalidad. la tendencia a la seculariza.1 3 Consecuentemente.. con W eber: La autorreflexión científica.. una noción que procura hacer inteligible precisamente porque el proceso general de racionalización de toda nuestra existencia se convierte en algo específicamente irracional.ción. Así. Low ith dice. esto es.. son duíjetivad.

tanto en las artes com o en las ciencias. del dinero. Para él. Sabe­ mos p or Marianne W e b e f que uno de los libros que M a x W eber leyó en los m om entos en que salía de su primer colapso nervioso fue precisamente ése tratado. El espíritu general de la «racionalidad» dom ina a la hu­ manidad moderna.K a r l L o w it h mite rauy directamente a los análisis de G eorg Simmel sobre la modernidad y a su célebre Filosofía. lo cual nos lleva al imperativo ético de la responsabilidad de la . en el inicio de La ética protestante W eber elogia a Simmel por «las brillantes imágenes» que se en­ cuentran en el capítulo final («El estilo dé vida») de la Filosofía del dinero. lo cual ocurrió p oco antes de com enzar la redacción de sus ensayos sobre el p ro­ testantismo. en la vida social com o en la vida económ ica. de 1900. La racionalización universal de la vida con ­ figura un sistema de múltiples d ep en den cia s. Ésta buscará ceñirse para lograr sus objetivos últim os con los m edios disponibles. Y en efecto. en lo legal com o en lo administrativo. Pero L ow ith puntualiza que W eb er y M a rx han interpretado este destino de O ccidente de manera diferente: W e b e r no con cib ió el capitalismo c o ­ m o un p od er hecho de «relaciones» de fuerzas y m edios de p rod u cció n que se han con vertid o en autónom os. Pero lo ambiguo — y quizá lo p ro­ ductivamente ambiguo—de su form ulación trágica es que al mismo tiempo esa racionalidad es precisamente la que según W eber se requiere para la libertad. una carcasa férrea de subordinaciones en la que cada individuo está irre­ mediablemente integrado.se desar rrolló el contexto para la racionalización de nuestros estilos de vida. Para W e b e r el fenóm eno de la racion alización — que se pod rá estudiar tanto en la expansión del dinero com o en la de las burocracias—representa la principal característica de la form a de vid a de O cciden te. el capitalism o sólo pudo ser el p od er que determina el des­ tino de nuestra vida m oderna porqu e previam ente.

cuyas administraciones. L o que originariamente fue un mero medio (para un fin valorado). el uso de m edios cuestionables— transforma la racionalidad de la responsabilidad en un ethod definitivo. se convierte en un fin en sí mismo. los medios com o fines se reali­ zan en sí mismos perdiendo su sentido o propósito original. A qu í se observa que M arx trata esta funda­ mental alienación universal del hom bre m oderno en sus es­ tructuras políticas. instituciones y fábricas están tan «racionaliza­ das» que son Uu que involucran y determinan al hombre. Esta relación fundamental entre medios y fines y su per­ versión m oderna sirvió a W eber para dar cuenta de los con­ ceptos de racionalidad y libertad. en definitiva «humana». Lowith puntualiza que la crítica de M arx al lugar del hom ­ bre en la sociedad burguesa culmina en una crítica de la so­ ciedad y la econom ía sin perder su fundamental significado antropológico. es decir. perdien do así su original racionalidad propositiva orientada hacia el fin último del hom bre y sus necesidades. en cambio. L a tensión ética del discernim iento entre m edios y fines — lo que supone que en ciertos casos los bue­ nos p rop ósitos requieran. de tipo antropológico. pero L o ­ with lee a W eber para señalar que: Esta inversión caracteriza a la completa cultura moderna. en términos de «aliena­ ción». sino una emancipación más amplia. qué de ha adaptado a ellas como una «carcasa inflexible». la interpretación dél mundo capitalista burgués se da. socialés y económicas.M ax W eber y K arl M arx 17 a cción humana. Estamos y a en el campo de las similitudes con M arx.1 6 Si ahora nos detenemos en M arx. Y qué es­ ta emancipación será el resultado de la liberación del hombre de su (auto)alienación. existencial. D e esta manera. En este punto Low ith muestra que lo que M arx llama «emancipación dél hom bre» no sólo es una emancipación políticay económica. y éstos son los mis­ .

A hí es don­ de M a ix muestra por primera vez la reveladora «inversión» fundamental entre medios y fines. estos dos casos tal com o Lowith los toma para realizar la afirmación anterior. es la expresión económ ica de la alienación humana del mundo capitalista burgués. encuentra una tendencia latente. La mercancía. M arx puntualiza que en tanto que algo com o la leña. que supone la alienación del hombre. En su interven­ ción de 1842 a. brevemente. Low ith recupera: la continuidad del pensamiento del joven M arx con el posterior: contra cualquier interpretación que vea un período anterior burgués que luego se converti­ rá en filosofía marxista. en tanto representante del carácter mercantil de todos los objetos (y aun de las personas) del mundo moderno. Así. Lowith aborda la obra de M arx desde sus escritos tempranos hasta el M arx maduró y muestra que la temática de la aliena­ ción aparece con pocas variantes desde sus priméras inter­ venciones en la Gaceta Renana hasta el tom o 1 de 'Él capital. apárente cosa-en-sí. Entre sus análisis del rob o de lefia en la Gaceta Renana de 1842 y el capítulo I de E l capital.cerca de las leyes que penalizaban a los ladrones de leña¿ M a rx los consideraba com o aquellos que se ap ro­ pian de la leña para satisfacer necesidades básicas.ción. Bajo el kilo con du ctor de la autoalienación del hombre. entre objetos y personas. Lowith muestra que el tema fundamen­ tal permanece. Y ésta es la autoaliena. la extemalización del hombre hacia las cosas. de 1876. «tendencia viviente» en aquellos escri­ tos tempranos que dan cuenta del mecanismo de autoaliena­ ción propio del capitalismo. que debieran ser fines en sí mismos.18 K a r l L ó w it h mos órdenes'que W eber situaba com o el destino inevitable de la racionalización moderna. En su argumentación. su des-posesión a favor de las «cosas». puesto que esencialmente las cosas es­ tán allí para los seres humanos.1 7 Veamos pues. resulta (bajo cier­ tas coh dición és sociales) el determinante de la existencia y .

de una in­ versión: [. Esto no se diferencia sustancialmente de lo que aparece. el m ism o p ro ce so que atenderá W eber en su delineam iento de lás consecuencias negativas de la expansión generalizada de la racionalidad calculado­ ra. las cosas hablan acerca de los hom ­ bres y bailan entre sí. en el célebre apartado «El fetichismo de la mer­ cancía y su secreto».. en el análisis de la parte primera del tom o 1 de EL capital. por último. Para M arx. M a rx se refiére a la fo r ­ ma mercancía. la forma co sa y la forma dinero (que es la forma acabada del m undo de las m ercancías). caros a los sociólogos de la modernidad. ese mundo burgués capitalista se le representa com o una realidad específicamente «irracional» y.M ax W eber y K arl M arx 19 ¡ conducta del hombre. que con Feuerbach transforma la espirituali­ . Las relaciones humanas se cosifican al mismo tiempo que las relaciones materiales resultan «humanizadas» con p o­ deres cuasipersonales. es decir. en vez de que el hombre domine a ese proceso. com o mundo humano. aquella racionalidad que adopta la form a del capitalismo. la conciencia humana se convierte en «cosificada»y las cosas en sí mismas resultan la medida de los hombres. a la división del trabajo. en tanto hegeliano. el proceso de predom inio dé lo cuanti­ tativo sobre lo cualitativo. es decir. M arx y a habla del carácter de «fetiche» que tiene la mercancía.. investi­ d o de inhumanidad.1 8 En esos pasajes espectrales que siempre recordamos de nues­ tra lectura de EL capital. M a rx vuelve sobre la alienación capitalista en los términos. En este texto temprano.] se trata de una formación social donde el proceso de pro­ ducción domina al hombre. A qu í adjudica. Lowith encuentra en M arx un humanismo radical de cuño rousseauniano. N uevam ente las cosas se em ancipan de sus productores y los dominan.

La crítica de M arx hacia el mundo polí­ ticamente burgués y económicamente capitalista se completa y alcanza su sentido en una crítica del m odo de ser humano en el capitalism o-burgués. sino p o r — y aquí aparece. es el hombre como tai. el tema expreso de las investigaciones de M arx y de W eber es el capitalismo. la cual resulta fácticamente dividida por una «humanidad de especialistas». abreva de una antropología filosófica que interroga sobre la humani­ dad/deshumanidad del hombre en el m odo de ser capitalistaburgués: [. cuya naturaleza problemática se caracteriza por el térm ino «capitalista». sino «humana». O . lo cual tiene un sentido p rofu n da­ mente antropológico.] lo que concierne a Marx. y aquí emerge la propia tesis de Lowith. M arx exige una emancipación del hombre no sólo política y econó­ mica. en primera y última línea.. Muestra un cam ino para su reunificación no a través de un com unism o del amor entre «yo y tú» com o en Feuerbach.1 9 Lowith señala de qué forma M arx tom a en cuenta la particu­ laridad concreta del hombre — su determinación com o hombre privado—en la sociedad capitalista.20 K a r l L o w it h dad de H egel en pensamiento sobre la humanidad del hom ­ bre. es decir. más bien. En definitiva. incluso después de creer haber descubierto la posibilidad del hombre «nuevo» en el proletariado. qué constituye la huma­ nidad del hombre en el mundo contemporáneo. su program a— «la superación de la sociedad de la división del trabajo en general. sintéticamente. .. en su interpretación de la teoría de M arx. pero el motivo para su es­ tudio es la cuestión del destino del hom bre en el mundo con­ temporáneo. Así. Finalmente. y de su carácter de clase en particular». Esta cuestión im plica el discerni­ miento de qué es lo que hace humano al hom bre dentro del m undo burgués capitalista.

esto es. su discurso fue taquigrafiado y publicado literalmente. el h ech o de «qu e en prin cip io todas las cosas se pueden con trolar a través del cálcu lo». a quien siempre con sideró «un hombre sobresaliente».] La impresión fue estriemecedora... [. la condición de un hombre obligado a investigar».. En oca­ sión de los festejos por el centenario weberiano. y a que «refle­ jan. Nuevamente se detiene en el destino ineludible del capi­ talismo: la racion alización . no impidió que. IV La profunda impresión que ejerció la figura de W eber sobre el joven Lowith se mantuvo a lo largo de su carrera. [.] Hablaba de un modo totalmente libre y sin interrumpirse. hasta lo que no tiene fin [.]» . [. en el plano de la teoría del conocimiento. Allí quedó hondamente impresionado por la figura del expo­ sitor: Todavía puedo ver a Max Weber delante de mí... vivió su «bautis­ m o» político-estudiantil co m o organ izador de las célebres conferenciéis La ciencia como vocación y La política como vocación. cami­ nando con gesto abatido y movimientos rápidos por la sala repleta. Karl Lowith con oció a M a x W eber cuando al p o co tiempo de volver a su M únich natal. hasta el infinito..2 0 Vuelve a W eb er y ve que sus clasificaciones son mucho más que una reflexión sobre el método.2 1 Esa atracción p o r W eber. tras la guerra. en principio.. p o co tiempo después . pálido. Lowith vuel­ ve sobre el tema de la ciencia y su especialización que nunca cesa.M ax W eber y K arl M arx 21 qué constituye la deshumanización del hom bre en el mundo burgués capitalista. Constata que «ese progreso y arrebato de la ciencia se extien­ de.] la palabra de Webér era como una liberación..

22 K a r l L o w it h de su participación en la organización de las conferencias de Munich. Pero en 1933. accederá a obras que le habrán de marcar a lo largo de su carrera: las investigaciones de Husserl. Bajo su supervisión. tal com o el propio Lowith recordará al fi­ nal de sü vida. ante la dramática coyuntura alemana. a M artin Heidegger. Lowith escribirá su tesis de doctorado y bajo su tutela también. para volver a su patria dieciocho años después. La situación lo llevará. quien. entre 1919 y 1923. L ow ith se traslada prim ero a Italia. el primer doctorando que H ei­ degger dirigió. entre los qué habrá que nombrar a Hans-G eorg Gada­ mer. H erbert M arcuse y Carlos Astrada. L ow ith com partió el con d iscip u lad o heideggereano en la búsqueda p or acercar la filosofía de la alienación del primer M arx á las teorías de la m odernidad forjadas p or un tipo de doctologia filosófica existencialista.2 2 Siendo el primer discípulo. naturalmente. Seguiráya. ' Vitalismo y existencialismo serán marcas que acompaña­ rán la trayectoria de L ow ith y que sin duda im pregnan las lecturas dé M a rx y de W eber qué realizó de joven. G ünther Anders. Simmel y Bergson. en esos años de inicio de la República de Weimar. manifestaría su involucrarmentó en el régi­ men de Hitler. Low ith vió de primera mano la lectura protoexisteñcialista que en los años veinte el mago de Meáókirch hacía de autores com o W eber o Simmel. Lowith se trasladará a Friburgo primero y a M arbur­ go después. Forzado por tales circunstancias a iniciar un largo exilio. luego a J a p ón y final­ mente a Estados U nidos. LÒwith — com o otros tantos condiscípulos—se verá sorprendido por los posicionamientos de su maestro. durante su triste paso al frente del rectorado de la U niversidad de F riburgo y aun tiempo después. a soste­ ner desaveniencias profundas con quién había sido su direc­ tor de tesis doctoral. Dilthey. Junto a un grupo de camaradas. desavenencias qué se mantendrán du­ .

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rante sus restantes años de vida, si bien nunca dejará de con ­ siderarlo su verdadero maestro. D e la tensa relación qué a partir de entonces mantendrán, p od em os señalar — apenas com o mención—tres momentos de encuentro. U no es el desa­ fortunado encuentro en R om a en . 1936, cuando H eidegger visita a su discípulo y amigo exiliado y no tiene la delicade­ za de sacarse la cruz gam ada de la solapa de su chaqueta. Luego, durante más de tres décadas, no se registran diálogos entre ambos hasta el homenaje a H eidegger en su cum plea­ ños número ochenta, en el que Lowith contribuye al Fedtdchrijft con un artículo crítico.2 3 En el ínterin, en el año 1949, ambos estuvieron a punto de encontrarse en M en doza (Argentina) con ocasión de un gran congreso de filosofía que tenía a H ei­ degger com o invitado principal: éste, en el último momento, no consiguió la autorización para asistir al encuentro, al que sí asiste Low ith, quien lo recordará com o un m om ento ex ­ cepcional.2 4 Pero en 1932, cuando Low ith com pone el texto al que nos hemos referido, aún se encontraba bajo la órbita de H eideg­ ger y el ascenso del nazismo no se había producido. En la his­ toria de las ideas, el texto aparece nueve años después que H istoria y conciencia de cLue de G yorgy Lukács, y tres después de Ideologíay utopía de Karl Mannheim, libros en los que ex­ plícitamente se apoya. D e M arx, a quien lee con la pretensión de acentuar el carácter existencial de sus análisis sobre la alie­ nación, no se conocían aún los Manudcritód económicod y filodóficod de 1844 que se publicaron en Pa.rís el mismo año en que Lowith publica esta monografía.2 5 Sí examina meridianamen­ te, sin embargo, otros textos tan tempranos com o Jos que apa­ recen mientras M a rx es redactor de la Gaceta Renana (18421843), especialmente el debate sobre el robo de leña, y también otras de épocas posteriores com o la Contribución a L a crítica de la filodofía del derecho de HegeL, para finalmente llegar al tom o I de E l capital· ...

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K a r l LO w i t h

Con todo, aún no había pasado m ucho tiempo desdé la pu­ blicación de la obra weberiana. Sólo siete años separan a esta m onografía de la aparición de Economía y sociedad. Pero L o ­ with no se referirá a este tratado en su ensayo, sino especial­ mente a La ética protestante y el espíritu del capitalism o, juntó al texto introductorio a los Ensayos sobre sociología de La religión, al ensayo titulado «L a objetividad», a la disputa con Roscher y Knies,3 6a la defensa que hace W eber del materialismo histó­ rico en su Crítica: a Stammler2 7y, especialmente, a la conferen­ cia que tanto había, impresionado a Lowith, «L a ciencia com o vocación». Resulta significativo que el título del ensayó de Low ith no sea «M a rx y W eber», sino, al revés, «M a x W eber y Karl M a rx », lo cual sugiere dos pü n tu alizacion es: una, qu e la obra de W éb er es la que se analiza con m ayor detenimiento a lo largo del escrito; y, en segundo lugar, que en la propia filiación de estudios académ icos w eberianos es donde apa­ rece el trabajo, qüe fue publicado en la probablem ente más p restig iosa revista a cadém ica d e la A lem an ia del prim er tercio del siglo XX, el Archiv fiir Sozialwissenschaft und Sozialpolitik, aquella que él m ismo W éber había coeditado y en la cual había aparecido la mayoría de sus trabajos más renombra­ dos, éntre otros «L a ética protestante» y «E l espíritu del ca ­ pitalism o». En definitiva, diremos que la tesis de Low ith es weberiana aunque esté marcada por el existencialismo heideggereano y p or el anhelo — proveniente de M arx—de vislumbrar un valor capaz de orientar el futuro de la humanidad. Agreguemos por último que en la aclaración que formula Lowith al inicio de su ensayo acerca de que la com paración que realiza no trata de con d u cir a ningún acuerdo entre M a rx y W eber, y a que mientras la vida terrenal «descanse en sí misma y sea entendi­ da a partir de sí» sólo con oce «lo irreconciliablé de la lucha de las posibles tomas de posición últimas para vivir»,2 8 vemos que

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el estudio de Lowtih no sólo se sitúa próxim o a la corriente de i las filosofías de la vida, sino más particularmente en tom o al

E s t e b a n V e r n ik

Notas
1. Karl Löwith, «La posición de Max Weber frente a la ciencia», p. 153 de la presente edición. 2. Ibidem, p. 152 de la presente edición. 3. Albert Solomon, «Max Weber, Die Gesellschaft», en Interna­ tionale Revuefü r Sozialismus un Politik, año II, n° 2, p. 144 [cit. por Wolfgang Mommsen, Max Weber: Sociedad, política e historia, Buenos Aires, Alfa, 1981, p. 313]. 4. Marianne Weber, Biografía de M ax Weber, México, Fondo de Cultura Económica, 1995, p. 539. 5. Karl Jaspers, Conferencias y ensayod dobre historia de la filosofía, Madrid, Gredos, 1972, p. 332. 6. Eduard Baumgarten, M ax Weber, Werk und Perdón, Tubinga, 1964, p. 554 y ss. nota 1 [cit. por Wolfgang Mommsen, op. cit., p. 172], 7. Wolfgang Mommsen, op. cit., p. 173. 8. Max Weber, Ensayos sobre metodología sociológica, Buenos Aires, Amorrortu, 2001, pp. 39-101. 9. Marianne Weber, op. cit., p. 332. 10. Max Weber, Ensayos sobre sociología de la religion, t. 1, Madrid, Taurus, 1987, p. 247. 11. Como antecedentes de este ejercicio pueden situarse los tra­ bajos de Simmel sobre Kant y Goethe, o sobre Schopenhauer y Nietzsche, que bien pudo conocer Löwith en su período de Marburgo. De esa épocasurgen las bases del que tal vez sea el más céle­ bre de sus libros, De Hegel a Nietzsche... Kierkegaard y M arx, en el que el autor revela brillantemente su utilización del contrapunto.

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12. M ax Weber, Erisayod dobre sociología de la religión, op. cit., p. 14. 13. Karl Lowith, «Max Weber y Karl Marx» y «La posición de Max Weber frente a la ciencia», pp. 43 y 165, respectivamente, de la presente edición. 14. Ibidem, pp. 44-45y 165-166, respectivamente, de la presente edición. 15. Véase Max Weber, La ética protestante y el espíritu del capitalis­ mo. Mexico, Fondo de Cultura Econòmica, 2004. Edición crítica de Francisco Gil Villegas, p. 95, n. 5. 16. Karl Lowith, «Max Weber y Karl Marx», p. 62 de la presen­ te edición. 17. En una carta a Marcuse del 20 de abril de 1932, Lowith es­ cribe: «Todavía no he podido hacer uso del Manuscrito económico-filodófico de Marx [...] pero creo que precisamente este manuscrito con­ firma por entero, esencialmente, la posición central que yo asigno a la autoalienación». Citado por E. Donoso, Una dobria inquietud. Lafi­ losofia deKarlLowith, Buenos Aires, Katz, 2006, p. 100. . 18. Karl Marx, El capital, t. 1. México, Fondo de Cultura Eco­ nómica, 1998, p. 99. 19. Karl Lowith, «Max Weber y Karl Marx», p. 79 de la presen­ te edición. 20. Karl Lowith* «La posición de Max Weber frente a la cien­ cia», p. 157 de la presente edición. 21. Karl Lowith, M i vida en Alemania anteé y después de 1933, Ma­ drid, Visor, 1992, p. 38. 22. Ibidem, p. 170. 23. Una traducción al castellano de dicho artículo aparece con el título de «La cuestión del ser en Heidegger: la naturaleza del ser hu­ mano y el mundo de la naturaleza», en Karl Lowith, El: hombre en el centro de la historia. Balancefilodófico del diglo XX, Barcelona, Herder, 1998. 24. El congreso se abre con una misiva del propio Heidegger, quien no es autorizado por las fuerzas de ocupación estadouniden­ ses para salir del territorio alemán, pese a las gestiones oficiales del gobierno argentino. Sí asisten al evento algunos de sus discípulos y allegados como Hans-Georg Gadamer, Karl Lowith, Carlos Astra-

27. 28. del 20 de abril de 1932. 98.. The Free Press. p. 1977.]. Lowith escribe: «Todavía no he podido hacer uso delManuscrito económico-filodófico de Marx. Barcelona. y Karl Lowith. Donaggio. respectivamente. Algunas impresiones personales so­ bre el congreso se describen en Hans-Georg Gadamer. cit. op. M i vida en Ale­ mania ante*)y deépues de 1933. de la . 32 y 197. 25. esencialmente. Mu) añoj de aprendizaje. «Max Weber y Karl Marx». op. Critique o f Stammler. de La irracionalidad de lad ciencias docialed. cit. 26. edición a cargo de Guy Oakes. habría podido esclarecer aún más muchos aspectos relativos a la “autoalienación”. la posición central que yo asigno a la autoalienación » [cit. Nueva York. Herder. Que en la edición castellana aparece bajo el título. 1996. José Gaos y José Vasconcelos. pp. y «La posición de Max Weber frente a la ciencia». En carta dirigida a Marcuse. por E. Max Weber. entre ellos . pero creo que precisamente ese ma­ nuscrito confirma por entero. nada apartado de su temática.M ax W eber y Karl M arx 27 ¡ da y varias figuras reconocidas de la filosofia mundial. Karl Lowith.

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MAX WEBER Y KARL MARX Karl Lowith .

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Max Weber y Karl Marx

( 1932)

Introducción I. Planteamiento de la cuestión
Imbricada con nuestra sociedad fáctica, la ciencia de esa so­ ciedad es también iio una, sino dos, a saber: doc'wlogía burguesa y m arxismo. Los representantes más significativos de ambas líneas de investigación son M a x W eber y Karl M arx. El área de sus investigaciones es, sin em bargo, una y la misma: la constitución «capitalista» de la econom ía y de la sociedad m o­ dernas. Esta com unidad del problem a aparece en las nuevas investigaciones en sociología1 de form a cada vez más clara. Ese cam po de investigación no se v olv ió un problem a — uno fundamental—porque com prenda una problemática especial de la economía y la dociedad para ser tratada separadamente, sino porque encierra en sí al hombre presente en la totalidad de du dér humano, com o el fundamento portador tanto de la problemáti­ ca social com o de la económ ica. Sólo porque, en última ins­ tancia, es sobre el hom bre como tal donde tiene efectos y se re­ vela la problem ática del orden social y econ óm ico burgués capitalista, el «capitalismo» mismo también puede ser enten­ dido en su significado fundamental y ser objeto de una p re­ gunta sociai-filodófica. Si necesariamente el tipo de humanidad se revela en la form a de las relaciones de vida sociales y eco­ nómicas, entonces un análisis temático más o menos particular,

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tanto de la «econ om ía y la sociedad » capitalista com o del «proceso de p rod u cción » capitalista, contendrá en sí, com o hilo rector explícito o no, una mirada específica de ese hom ­ bre económ ico que es así y no de otro m odo; mientras que, co ­ m o análisis crítico de la econom ía y de la sociedad humanas se orientará, a la vez, por una idea del hombre diferente de lo fa c­ tual. Si las investigaciones «sociológicas» de W eber y M arx deben ser entendidas en su significado principialy radical, en­ tonces serán remontadas a esa idea del hombre en última ins­ tancia. «Ser radical es tom ar la cosa de raíz. L a raíz para el hombre es el hom bre mismo» (M arx, Introducción a la crítica de la filosofía del derecho de H eget). Tanto M arx com o W eber presu­ ponen la así formulada concepción terrenal radical del hom ­ bre. «E l hom bre, que en la realidad fantástica del cielo, en don d e bu scaba un sobrehum ano, sólo halló un reflejo de sí mismo, no estará y a dispuesto a encontrar sólo la apariencia de sí, lo inhumano, cuando lo que debe buscar y busca es su verdadera realidad» (M arx, ibid.). Se tratará de aquí en ade­ lante, por lo tanto, de lo siguiente: de nwdtrar, a travéd de análidid comparativoé del motivo de investigación búdico de Weber y M arx, lo común y la diferencia en du idea del hombre, como fundamento de la economía y la sociedad. Esa com paración no puede llevar a una reconciliación, porque mientras la vida terrenal «descanse en sí misma y sea entendida a partir de sí», só lo con ocerá «lo irreconciliable de la lucha de las podibled tomas de posición úl­ timas para vivir» (W eber, La ciencia como vocación). L o que puede y debería pod er hacer la com paración es hacer cons­ ciente la diferencia en lo común. Una comparación com o ésa presupone tres cuestiones: en la base de la com paración como tal está primero la premisa de que M arx y W eber tanto en su personalidad com o en su obra son «comparables», es decir, pueden medirse. C om o compara­ ción de algo con otro se presupone, en segundo lugar, que lo comparable, desde una perspectiva específica, es lo mL>mo, pe­

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ro a la vez también algo diferente. Y com o comparación com pa­ rativamente de uno y otro, a través de nosotros com o terceros, se presupone, en tercer lugar, que el correlato de ambas investi­ gaciones comparativamente es diferente. Esto es, su idea del hombre no ha sido, ni para uno ni para el otro, el fin conscien­ te y expreso de sus investigaciones, pero sí su m otivo origi­ nario. El tema explícito de las investigaciones científicas de M arx y W eber es el capitalism o. El impulso para su pesquisa es, sin embargo, la pregunta por el destino humano del mundo predente de lod hombreé, para el cual el «capitalismo» es la expresión característica de su problemática. Esa pregunta por nuestro actual mundo de los hombres, y a contenida en la pregunta por el capitalismo, implica por su parte una idea determinada de lo que en ese m undo capitalista hace «hom bre» al hombre, esto es, la pregunta por qué en é l , en el mundo, constituye su hu­ manidad. Revelar el m otivo de investigación de M arx y W e ­ ber desde esta perspectiva no afirma que ese motivo debió ser para ellos la tendencia rectora, sino que lo presenta com o el te­ lón de fondo constantemente efectivo de su búsqueda. Así, por ejemplo, la inclinación visible del M anifiedto comunista es una práctica-política, y la de los estudios religioso-sociológicos de W eber una teorética-histórica. Sin embargo, eso no excluye que el motivo subyacente y originario, tanto de esa «investiga­ ción» histórica com o de aquel «Manifiesto», pueda haber sido la única y fundamental pregunta por nuestra form a actual de ser humanos \Mendchdein\. Y entonces, por ejemplo, a la crítica agitatoria del «burgués» en el manifiesto marxista correspon­ dería el no menos «crítico» análisis del mismo «ciudadano» — juzgado totalmente de otro m odo—en el primer estudio reli­ gioso-sociológico de W eber: ambas críticas incidirían en nodotrod midmod en nuestra determinación histórica. Y presuponiendo que esa perspectiva comparativa no sea arbitraria, sino central para la materia, entonces esa pregunta deberá repetirse tam­ bién dentro de los escritos de M arx y W eber que se alejan de

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este tema: deberán mostrar pruebas de ello, p or ejemplo, tanto las primeras contribuciones de M arx en la Gaceta Renana com o Elcapital\ tanto los tratados «científico-teoréticos» sobre Roscher y Kiíies com o los Ensayo.» dobre sociología de la religión de W eber. Y a que ese m otivo fundam ental an tropológico, sin embargo, no es fácil de reconocer, porque en un caso es ocul­ tado p or la tendencia a la «cientificidad» aválorativa y en el otro por la «praxis» revolucionaria, es necesario, para com pro­ bar lo efectivo de la perspectiva comparativa escogida, desa­ rrollar una interpretación y un destacado — p or ella dirigidade lo que en la prod u cción literaria de M a rx y W eber sería efectivamente comparable.

II. Característica general de Weber y Marx
Nuestra primera tesis en relación con la com paracióíi posible entre W eber y M arx y a exige una fundamentación. N o obs­ tante; la diferencia, en apariencia inmensa, en la forma y en la extensión de su influencia la contradice. Mientras que M arx se volvió, á través de E l capital y del M anifiesto comuniáta, un p od er histórico de significación internacional, y que dé él surgió un marxismo; los trabajos teoréticos de W eber en los cam pos de la sociología, la política social, la historia de la econom ía y la econ om ía nacional, tanto co m o sus tratados políticos actuales, no fueron fructíferos ni en su más propia área — la de la ciencia específica y la política contemporánea— . W eber no hizo «escuela» desde ninguna perspectiva.2 M ien­ tras que los escritos de M arx han dado a una clase entera de la humanidad del presente la conciencia de una tarea histórico-humana, y que a través de Lenin aquéllos se convirtiéron en un efecto histórico mundial, M ax W eber aparece, casi inmediatamente después de su muerté> com o el representante que sobrevive al «liberalismo»3 político y científico, com o el

en M arx. son los redactores de obras casi ilegibles. una vez más. el traba­ jo fragmentario de la vida y lá existencia de W eber incluye. de la crítica de un libro o del futuro de Alema­ nia — de la pelea con el órgano censor de la Renania o con el «señor Vogt». W eber analizó con desenfrenada e incansable precisión las teorías de cual­ quier mediocridad contemporánea. Justamente de eso es visiblemente de lo que se trata: en cada caso de una «totalidad». de la salvación de una última «dignidad» humana. C om o M arx. y uno se pregunta cuál es el nervio vital de tal ve­ hemencia: si se trata de un proceso cotidiano o de una ocupa­ ción académica. aquí com o allá. com o el hom bre «que siempre regresa. de la cuestión del proletariado. mientras que la propia responsabilidad fue también la ra- .5A un cuando el «ateísmo» de ambos fue absolutamente diferente. Extrema preocupación científica y agresi­ vidad personal se sustentan. de algo así com o de una «emanci­ pación» del hombre— . y M arx fumigó la colmena de la «santa familia». sobre pequeñeces en apariencia. La pasión de sus comportamientos críti­ cos y el impulso de sus investigaciones científicas fueron a la vez su austeridad \SachLichkeit\. siempre también de lo m ism o — en W eber. Am bos disponían de la capacidad de efecto y de escritura de­ magógicos y. y por eso. a la totalidad de nuestro tiempo. resume su valor. cuya argumentación a menudo parece no llevar a nada. los dos partieron de algún m odo de él: M arx cierra el prefacio de su disertación con una referencia a Prometeo «contra todos los dioses celestes y terre­ nos». tam­ bién él produjo a partir de enormes masas de materia científica y sigúió con la misma intensidad los sucesos políticos diarios. en ambos casos.4 A pesar de esta falta visible de una vasta influencia.M ax W eber y K arl M arx 35 representante contradictorio de una época de la burguesía v i­ vida hasta el fin. de tan sofocada que está de material e indicaciones. porque quiere darse un final». sin embargo. o si también se trata de Lasalle y Bakunin y del destino del proletariado— . a la vez. cuan­ d o un tiempo.

en última instancia. rechazó e\M ani­ fiesto comunista — que se quiso diferenciar a sí mismo de aquel so­ cialismo «utópico» precisamente en que profetizó a partir de puras premisas «científicas»— . en su trabajo científico. de la política se volvió hacia la ciencia. porque para Weber.36 K a r l L o w it h zón del comportamiento crítico de W eber frente a las tenden­ cias religiosas del círculo de St. y sin embargo. al revés. a las cuales nuestro entendimiento ha encadenado nuestra conciencia moral. N o obstante. sino también en W eber que. en ambos casos. que fue llevado del plan de convertirse en profesor a la política. quien se in­ terpretó a sí mismo6 en el análisis de la profecía antigua judía. Lo que de sí dijo el joven M arx — «Las ideas que conquista nuestra convicción \Geéinnung\. no sólo en Marx. con el carisma del «profeta». Lo que para ambos fue determinante. Un tema específico de las investigaciones científicas de W eber fue el sig­ nificado mundano del profetizar. Sin embargo. las dos se unifican en M arx en la unidad del «socialismo científico». son cadenas que uno no arranca sin . en la reflexión sobre su división y unidad. de una praxis teorética y de una teoría práctica. sur­ gió de un impulso completamente trascendente con respecto a la ciencia en tanto tal. George. aquellas capacidades «pe­ riodísticas». En ambos se com bi­ naban. «jurídicas» y «demagógicas» que W eber designó com o las propiedades características del político de profesión moderno. el asir inme­ diato de «realidades» presentes.8 Tanto W eber como M arx abarcan. mientras que para W eber «ciencia» y «política» están separadas porque él transgredió básicamente ambad — la una com o disciplina y la otra com o política partidaria. la totalidad del comportamiento teórico y práctico. y justamen­ te por eso ambos fueron algo diferente y algo más que meros te­ óricos. el M anifiesto significaba «un docum ento profetico» y no sólo «un logro científico de primer ra n g o »/ El impulso real de sus investigaciones «históricas» fue. en la orientación según las oportunidades de la intervención política. hombres «científicos». aunque en ambas representó la posición del «especialista»— .

lo podría haber dicho también W eber de sí.].. también hoy.. como el único en nuestro tiempo y. puedes contar que conoces al más grande.]. aunque yo me mueva en el mismo campo. quizá. cuyo entendimiento estaba encadenado a su conciencia moral. por lo demás. ambos podrían ser llamados. en resumidas cuentas el ser «filosofía com o especiali­ dad»: A muchos de nosotros Max Weber se nos apareció como filósofo [.. Q ue ambos fueran filósofos en un sen­ tido especial — sin querer serlo— .. hará recaer sobre sí los ojos de Alemania [. su problemática..]. como docente de . también un otro contem poráneo lo hacía sobre el jo ­ ven M arx: Ésta es una aparición que produjo en mí una poderosa impre­ sión. en tanto siguió a su demonio. Com o hom ­ bres científicos. en un otro sentido a como cualquiera.M ax W eber y Karl M arx 37 desgarrar su corazón.]. aun cuando no eran aman­ tes de la «sabiduría». en ella [en su personalidad] tienen las fuerzas de la época la más decisiva vida.. Para resumir. En su personalidad están presentes la época. con una claridad inusitada.. quizás al únicofilósofo verdadero vivo que próximamente. su movimiento. Hemos visto real­ mente en Max Weber a un filósofo existencial. «filósofos». Mientras que otros hombres sólo conocen esencialmente su destino personal. Siempre deseé para mí. Él es representativo de lo que la época es de un modo sustancial [. en un sentido no común y particular. entonces lo era. corresponde a que exigieron de la filosofía académ ica el ser «lógica» y «teoría del con oci­ miento». en su amplia alma producía efectos el destino de la época [. Pero si él era un filósofo... porque aparecerá en público (tanto en escritos como en la cátedra)..]. Su presente nos dio la conciencia de que. son demomos que el hombre sólo puede ven cer en tanto se someta a ellos»— . hoy podría ser filósofo [. el espíri­ tu pudo existir en formas excelsas.9 Y de m odo similar a com o aquí un contemporáneo juzgaba a Weber.

La concepción materia­ lista de la historia de Marx.38 K a r l L o w it h filosofía/a un hombre tal."’ L a sociología de ambos no era una disciplina científica estric­ tamente delimitada.a h í humano \Dcu)ein\. pusieron científicamente en cues­ tión la totalidad de las relaciones de vida presentes bajo el tí­ tulo de «capitalismo». En realidad. que fue el primer paso en el aütoconocimiento del capitalismo. cómo antes la gran filosofía.1 1 Y así ambos fueron «sociólogos» en un sentido eminente.]. fueron sociólogos filosóficos. su plan­ teamiento sociológico da expresión a la transformación de la filosofía de Hegel del espíritu objetivo en un análisis de la so­ ciedad humana. deje trabajar para sí a todas las ciencias y se haga fructífera en todas las ciencias — mientras que tengan algo que ver con el hombre Esa sociología es la forma científica que tiende a abrigar el conocimiento de sí (como uno social). sin embargo. y la sociología de W eber una disciplina científica: Es. en el mundo presente [. de cara a una problem ática fáctica de nuestro s e r . si­ no porque de hecho y de acuerdo con su m otivo originario de investigación. ELcapital no quiso ser otra cosa que una críti­ ca de la «economía política» burguesa... pero n o p o r­ que ellos hubiesen fundado una «filosofía social» especial. Am bos nos legan — M arx directay W eber . P or eso querer transformar la universali­ dad originaria de su planteamiento sociológico en un «sociologismo» que traspase las fronteras de la sociología disciplinaria sería tam bién completamente ilógico. fue admirado por Max Weber como descubrimiento científico y aprendió decididamente de él. Una disciplina científica que se volverá defacto universal. una disciplina científica admirable: sin material propio. porque todo su material es trabajado antes por otras ciencias que en realidad sólo son específicas en su área. Más específicamente. siempre que. Y justo ahora siento euán novato soy en la verdadera filosofía.

]. de aquel proceso de intelectualización al cual n o­ sotros nos sometemos desde hace siglos y frente al cual h oy se ha tom ado una posición inusitadamente negativa» (W eber. que n o es más que el intercambio de productos individuales de diferen­ tes individuos y países [.. portadora y exponente de ese destino universal. que caracteriza al capitalismo en su significado principia! abarca también lo prop io \Eigenart\ de la ciencia m oderna. bajo su poder. I. en sí neutral pero de doble significación p or su valora­ ción.. «E l progreso científico es una parte. com o el antiguo destino. al mostrar un camino p or el cual los hombres deben poder «tener dé nuevo.M ax W eber y Karl M arx 39 indirectamente—ün análisis crítico del hombre presenté de la socie­ dad burguesa. . la más importante. respectivamente. una re­ lación que [.. sobre la base de la experiencia de que la «econom ía» sé ha vuelto «destino» hum ano.1 2Una pregunta a la que M arx responde allí mismo. la form a de su com portam iento m utuo» — una «terapia» para la que W eber sólo ha contrapuesto un «diagnóstico»— .]■ gobierne el mundo entero. en el hilo conductor de la economía burguesa-capitalis­ ta. «C óm o llega a suceder que el com ercio. en cambio. pende sobre la tierra y con mano invisible [ . com o empresa de especializaciones científicas. 4).. aunque pasible de ser transform ada de cuajo. p..1 3 Dentro de la interpretación de ambos del capitalismo se anuncia esa diferencia en el hecho de que mientras que W eber la analiza bajo el punto de vista de una racionalización universal e inevi­ table. Igual que W eber se detiene tras una mirada a grandes rasgos de la tendencia universal del desa­ rrollo de la cultura occidental y dice: « Y así nos encontramos también frente al poder de destino más potente de nuestra vi­ da moderna: el capitalismo» (Ensayos sobre sociología de la reli­ gión. ha­ ce surgir pueblos y los hace desaparecer». bajo el punto de vista unívoca­ mente negativo de una autoalienacién universal. de igual form a se pregunta M arx en La ideología alemana·. También ella es. M arx lo hace.. Esa racionalización o autoalienación.] dirige reinos y los vuelve ruinas.

535).. aquí se trataría de una compensación dialéctica de conceptos y no de com prenderlas relaciones de la realidad» (Introducción a la crítica de la economía política. engañad tú dedde elfundamento a travéd de miled depuertad..40 K a r l L o w it h D . objetividad y ciencia.. guía. el impulso crítico del presente de M a r x y W eber sólo puede ser igualmente vali­ dado frente la apariencia científico-especializante. quienes producen en ella un «desga­ rro barbárico de lo que pertenece junto»: «C om o ese desgarro no penetra desde la realidad en los manuales. F. Tanto ahora com o antes. G u n d o l f . incluso de sus propias explicaciones científicas. L a interpretación de W eber del mundo capitalista burgués según el hilo conductor de la «racionalización» I. Verdaddin repodo dobre dóciled almohadad din rumiar lo masticado. para por nuevas creenciad cambiarla o para deformarla.. p. sino al revés.). X X I y ss. 1930. el espí­ ritu dominante de las edpecialídadej científicas — im bricado con una realidad desgarrada—es el que norma nuestros conceptos de verdad. A . pp. El motivo de investigación originario de Max Weber Verdad en tumulto de lad embrujadod que la aprenden. P or eso. desde los manuales en la realidad.C . Verdadcomo la mera aun de lad dignQaded dobre la nuca levantando edforzada cada ladtre de lodfaUod dioded derrihadod y el completo vaciadofirmamento como infierno.. libre de mentira a la que la conducen. D el mismo m odo responde M arx a los críticos de la econom ía política.

A ésa nuestra histo­ ria del presente pertenece. y dolamente édad» (D . ni tampoco el fenóm eno del capitalismo «en su significado cultural uni­ versal». en su «significado».. ese autoconocimiento social-histónco.. que debemos empujar. Querem os entender la realidad que nos rodea.. «digno de conocer». por un lado. sino: «La ciencia social. en lo que le &) propio — la rela­ ción y el dignificado cultural de sus apariciones singulares en su forma actual. por el otro— » (D . no puede ser conocida nunca «sin presupuestos».] La realidad empírica ed para nosotros «cultura». con ocer el sentido de cóm o fue (Ranke) o cóm o debe arribar algo con necesidad histórica (M arx). p.C. es una ciencia de L o reaL. 175).M ax W eber y Karl M arx 41 El campo específico.C . [ .1 4 La investigación histórica no debe. «Un caos de “juicios existenciales” sobre incontables percepciones singulares sería lo único que . aun perfecto. 170). de conceptos de leyes [. en tanto presupone la relación de las apariciones cultu­ rales con lad idead de valor [W ertideen]. tal com o nos volvimos. en la cual estamos posicionados.. porque y en tanto nosotros la pon ­ gamos en relación con ideas de valor..]. entre otras cosas también y pree­ minentemente. en el que se mueven las investigaciones de W eber es básicamente uno. W eber lo distingue estric­ tamente del rastreo de «factores» últimos y de «leyes» univer­ sales. sino hacer comprensible cóm o es que nodotrod somos hoy así. Ésta. Abarca aquellas partes constitutivas de la realidad que a través de esa relación se vuelven dignificativad para nosotros. «El dignificado de la forma de una aparición cultural y el fundamento de ese significado no puede hacerse com prensi­ ble a partir de un sistema. las razones de su histórico vol­ verse así-y-no-de-otro-modo. nuestra realidad humana. El conocim iento de la rea­ lidad. el capitalismo1 5 (que sólo es un «extracto en el devenir de los destinos humanos»). que nos rodea y nos determina.. entonces. p. Ese campo — de cuyo análisis especializado se trata. en medio de todas sus disquisiciones m etodológicas e investigaciones variadamente distribuidas—no era ésta o aquella particularidad.

“sin pre­ supuestos”. ni al «sentido verdadero». surge del específico dignificado cultural (de tales «suce­ sos») (D . que desconoce de sí. en tanto ella. Esa significación es lo que es.C .1 6 El saber sobre la form a propia de nuestra ciencia posibilita a W eber la pregunta por el «sentido» de la ciencia racionalizada y especializada. Q fiétiene. concluíble a partir de una investigación “sin presupuestos” de lo dado em­ píricamente.1 7 La ciencia establecida disciplinariamente. p or su parte. de la realidad.42 K a r l L o w it h podría alcanzar el intento de un conocim iento serio. pp. el hecho de que W eber involucre su preferencia científica de co ­ nocer con la form a p ro p ia y la problemática histórica de nues­ tra completa vida moderna. significado para nosotros.. sino condicionado por la dirección de nuestro interés de conocim iento que. no es ni un camino a «D ios». 161). P or ejemplo. Pero esa realidad humana.. ni siquiera un camino a la . aun cuando no lo sea necesariamente para nosotros com o individuos aislados. por ejemplo. Y ese misino resultado sería sólo en apariencia posible» (D . y también de la creencia banal en la cien­ cia de la m ayoría de los marxistas. el «hecho» del significado «capitalismo».1 8 Si esa ciencia tiene algún «sentido». sino que su determinación es condición de que haya un objeto de esa investigación» (D .C .. significativa para nosotros des­ de distintas perspectivas posibles y «digna de con ocerse». p. abarca también el hecho [F'aktum ] significativo de la ciencia misma en su devenir-así-y-no-de-otro-m odo. 175-176). claro está. en tanto vuelta «posi­ tiva». eso no puede ser fundamentado — científica­ mente^ a partir de ella misma. p. com o un fenóm eno «socioeconóm ico» no es nada objetivo que lo sujete com o tal. «eso no es. pertenece al «espíritu» y a la falta de espíritu del «capi­ talismo». sin embargo. en tantp es para nodotrod hombres. puro especialista de disciplina. de que algo se vuelva digno de conocerse y de ser cuestionado. 177). y a lo diferencia fundamentalmente de tod o otro ávido de saber. o qué tipo de significado tiene.C . La calificación de un suceso. Esto mismo.

. L o que exige esa doctrina no es la extirpación de las «ideas de valor» e intereses de peso.. Partiendo de que «la creencia én el v alor de la verdad científica» es «producto de culturas determinadas». sino su visibilidad. entre comillas—«reposa sobre y sólo sobre el hecho de que la realidad dada es ordenada según Categorías. esto es. Ella [la libertad] significa com o p oco una vuelta a la pura cientificidad.M ax W eber y K arl M arx 43 prop ia «felicidad». aunque sea científicamenté relevante. en verdad. sino que presente lá subjetividad d e . Quiere. p.C . el ju icio científico es absolutam ente no separable de un ju icio valorativo. sino que en nosotros aquella volu n tad de verdad ha ven id o como problem a a la concien cia? ». La así llamada «objetividad» — y W eber no habla de ella de otro m odo que de una así llamada. que justa­ mente los patrones externos a lo cien tífico de la valoración científica sean contemplados.1 9 L o que W éb er com bate en relación con esto en el marxismo. m ucho más. p.C . 212) y . L a pregunta « m etod ológ ica » de W eb er p or el valor de la ciencia es básicam ente la misma pregunta frente a la cual Nietzsche ha puesto a \a. La línea que divide ciencia de creencia es «delgada com o un cabello» (D . sino el claro y consciente hacer notar y él tom ar-en-consideración aquello que es científicamente indemostrable. presentan la precondición de nuestro conocim iento y están ligadas a la precondición del í'iz/tfrde aquella verdad qué sólo nos püedé dar el sabér de la experiencia» (D . com o un «socialismo» cien­ tífico. nó es que ésté sea llevado p or ideas e ideales indemos­ trables científicamente.filosofía cuando pre­ guntó por el sentido y el valor de la «verdad» — porque «¿qué sentido tendría nuestro ser-ahí \l)asein\. las cuales en un sentido específico son subjetivas. sólo que am bos deben ser distinguidos uno del otro. 2 1 3 ).com o fundamento de una posible toma de dis­ tancia respecto a ellos. L o que puede y debe suceder por el fin de la «objetividad» científica no es una ilusoria minimización de la «subjetividad». W eber levanta la demanda de la así llamada libertad válorativa del juicio científico.

. que deja tras de sí la positividad ingenua de la disci­ plina científica.C . 151). sino que lo es demasiado. 149). no en última instancia.C . La autorreflexión científica. eludirían la discusión cientí­ fica. porque en última instancia [. sino qué se puede consecuentemente.44 K a r l L o w it h sus precon dicion es fundamentales bajo la apariencia de su validez «objetiva». no se sigue de ninguna manera «que los juicios de valor. que las «ideas». Le falta el «desprejuicio cien tífico» en relación con la dignidad del planteamiento de la objetividad científica. entonces.] tienen orígenes “subjetivos”.C . p. universal. La fa lta de actitud moral y de opinión y la “objetividad” científica no tienen la más mínima familiaridad interna» (D . [. y así liberarlos para una clara dis­ cusión y contraposición sobre sí mismos. Lo último que la reflexión científica puede rendir sobre esto es «traer a la conciencia los patrones últimos que se manifiestan en el juicio de valor concreto». para las cuales. realmente y en parte.. Y así le atañe a Weber. p.. «en parte. p.. W eber caracteriza com o filosofía social a ese desvelam iento de las ideas e ideales en verdad rectores de las investigaciones científicas. D e la afirmación básica de W eber de que las normas y los ideales vinculantes no son científicamente fundamentables. se discute y pelea». 157). Según Weber. supuestamen­ te. en orden a . y con ello de que no existe ninguna «receta» para la praxis..] La crítica no se detiene frente a los juicios de valor. con unos medios dados. «Contra esa mezcla. se erigen las anteriores argumen­ taciones. sean deducidas com o tales del entendi­ miento. por medio de la crítica científica (por ejemplo de Rosch e ry Knies) y de la autoconciencia. con lo cual se halla científicamente «atrapado» en sus propios juicios de valor y prejuicios.. que mezcla ambas. no indica qué es lo que se «debe». La pregunta es más bien qué significa y persigue la crítica científica de los ideales y juicios de valor» (D .. a la conciencia de lo «en última línea querido» (D . el marxismo no es sólo muy poco creíble científicamente. y no contra el interve­ nir p or los propios ideales.

«en lugar del deber ser». p or nosotros mismos». el «sentido» del acontecer del mundo. grandes comunidades reli­ giosas y «profetas». tan pronto com o fue demostrada. no sólo «renunció» también a eso. Entonces.] puede. así com o la falta de normas universales vinculantes. o bien eludir sus consecuencias prácticas» (D . de la «anarquía en todos los más profundos convencimien­ tos». y a citado.2 0 con iguales derechos. entonces podría haber también «valores» de validez universal. W eber. lo a priori de las ideas de valor norm adoras en la investigación científica singular. y en la renuncia a la «filosofía catedrática metafísica».. y «con ­ cepciones del m undo». W e ­ ber llega a la tarea y a no ¿í>c¿?/í^¿M-disciplinaria sino social-/íLosófica de hacer explícito.. haber con o­ cido que nosotros «debem os crear. porque la investiga­ ción científica es llevada a cabo por presuposiciones de tipo humano (inexplicitas. no obstante. p. de acuerdo con su idea de la «libertad» del «hom bre»— . 39) — suspiró aliviado. una vez más [ . sino que se podría decir que «suspiró aliviado. 154). la imposibilidad de sancionar juicios de valor de validez objetiva» (Honigsheim. sólo hay una lucha de m uchos «dioses». en el reconocim iento del mismo estado de c o ­ sas. «ideales».C . «valores». «Sólo un sincretismo optimista [ . más bien ese déficit surge de la forma propia de aquella época cultural cuyo desti­ no es haber com ido «del árbol del conocim iento». pero sobre todo nos permite saber qué es lo que verdaderamente se «quiere». sin em­ bargo. a la esencia universal de L a ciencia. en cada caso. p. de­ sarrollar valideces universales desde la «conciencia histórica» misma. La presupuesta ¿«validez «objetiva» de nuestros patrones de valor últimos. por su parte. no pertenece. Una investigación así debe parecer al especialista científico ne- .M ax W eber y Karl M arx 45 un fin presupuesto. o bien engañarse teóricamente a sí mismo sobre la seriedad de la situación ac­ tual. Mientras que Dilthey intentó. Si hubiera aún..] .. C om o éstos «n o» están «ahí».. porque el hombre es el presupuesto del especialista. pero decisivas hasta en lo más particu­ lar).

sino el sentido m ucho más determinante del «desencanta­ miento» en su contenido. no tiene sólo el fin de sindicarlas com o presupuestos dados y ple­ nos de significado. con los medios de la ciencia. esto es. «humana». aquella conducta que a partir de lo que no «está ahí disponible» extrae sin embargo consecuencias positivas. aun también contra los propios pre­ juicios. El fin en verdad positivo de sus tra­ tados teórico-científicos es la deconstrucción radical de [las] «ilusiones». sin embargo. La creencia de la ciencia en las normas objetivas y en su fundamentabilidad científica es lo que W eber com bate fundamentalmente. El signo más universal de esas ideas de valor tradicionales es su demanda de una objetividad in-condicionada. y de ambas com o de la conducta. y a favor de la «liberalidad» científi­ ca. p o r el contrario.46 K a r l LO w it h cesariamente estéril. porque «de ella» -c o m o subraya el mismo W eber— 2 1 no surge «nada». El motivo origi­ nario de esa reflexión no es la preocupación p or una «m eto­ dología» que camina sobre el vacío. Esa liberalidad es «científica» en el mismo sentido en que M arx habla de una conducta «científica» com o de una «críti­ ca». para dejarse reposar después sobre ellos. sino que esa vuelta al sen­ tido de la objetividad científica surge. ella demanda un retroceso filosófico al entendimiento del «sentido» posible de la objetividad y del conocim iento. en verdad. En verdad digna del hom bre es para él. de las ideas de valor rectoras de las investigaciones científicas. el desvelamiento minucioso de lo «en última instancia querido» o. específicamente de aquellos que obstaculizan la «liberalidad científica». de la Ln-creencia en las ideas de valor tradicionales de la investigación científica. Esa liberalidad científica. esto es. L os dos tratados ejem plares sobre R osch er y Knies significan una destrucción m etódica de determinados prejuicios y juicios de valor. sino que. respectivamente. p o r su parte. en tanto contradicen . una nada en dirección al progreso positivo-científico. P or eso. de una creencia totalmente determinada. marca en W eber el ethos de la teoría.

se vuelve inseguro. por su parte. la necesidad de esas disquisiciones. co n interna consecuencia. en apariencia estériles. sino en el de nuestra orientación presente en la vida. a un material espe­ cífico y se haya creado sus propios principios metodológicos—la reformulación de ese material como fin en sí. Sin embargo. las disqui­ siciones «m etodológicas» de W eber. rechaza también el material que es indi­ ferente para la «libertad del nuevo pensam iento» y fun da­ menta. sin controlar conti­ nuamente el valor del conocimiento de los hechos singulares se­ gún las ideas de valor últimas. D e la conciencia de esa situación especial — «des­ pués de que. del m odo siguiente: Todo trabajo científico-cultural en una época de especialización contemplará — después de que a través del planteamiento especí­ fico de problemas esté enfocado. positivam ente. La luz de los grandes problemas culturales se ha explayado más. Es­ te m otivo principLil de sus disquisiciones m etodológicas era tan bien con ocido por Weber. sin ser consciente de su anclaje en esas ideas de valor en general. la ciencia se inclina también a . el camino se pierde en el alba. com o si esas disquisiciones metódicas y conceptuales tomadas para s i tuviran algún significado cual­ quiera. irreflexivamente valorado. la orientación supuestamente excluyente según el pathos dé la ética cristiana hubiera cerra­ do los ojos para ello»— . p o r último. Pero en algún mo­ mento cualquiera el color cambia: el significado del punto de vista. W eber cierra su tra­ tado program ático sobre la «objetividad del conocim iento científico-social y político-social» con la defensa frente a un posible malentendido. en última instancia. de una vez. Éstas parten de la com ­ prensión para. com o M arx tenía claro. terminar en el cuestionamiento no sólo de la ciencia y de la cultura modernas. durante un siglo. surgen. Entonces. el sentido fundamental de su crítica especial a la filoso­ fía del derecho de H e g e ly su «m étodo».M ax W eber y K arl M arx 47 el hecho histórico-humano de que hoy es «cotidianeidad reli­ giosa» que la ciencia — dicho con N ietzsche—sea Un «ateísmo científico». Y está bien así. en general.

214). En los tratados sobre Roscher y Knies. vueltos sin fundamento. para la historia..C.] como consecuencia de fuertes desplazamientos de los «pun­ tos de vista». o también. En los análisis de R oscher del aconte­ cer histórico se conserva. más específicamente cuando: [. bajo los cuales un material se vuelve objeto de pre­ sentación. y desde lo más alto del pensamiento mira la corriente del acontecer (D.. alternativamente. Imbricado con el volverse incierto de las posiciones y puntos de vista tradicionales cambian también los métodos y la conceptualización de la ciencia. Las contradicciones curiosas que él señala en los trabajos de R oscher se refieren a una relación oscura entre concepto y realidad-. se vuelven inevita­ bles e importantes. en el presente (D.. Ese fondo que penetra en to­ dos lados es nom brado p or R oscher de diversas formas: ya sea de m odo m oderno y b iológ ico com o «fuerza de vida». y eso significa en última instancia: a una relación oscura del hombre cogrwdcentefren te a la realidad de nuestro mundo predente.48 K a r l L O w it h cambiar su posición y su aparato conceptual. pero en situa­ ciones determinadas. en todo lugar. y a través de ello surge la insegu­ ridad sobre la «esencia» del propio trabajo. aparece la idea de que los nuevos «puntos de vista» también exigen una revisión de las formas lógicas en las cuales la «empresa» heredada se movía. aunque sea exactamente ese resto el que produ­ ce en él la articulación del todo.C. 218).. com o «pensamiento de D io s » y «de­ . p. W eber ha desarrolla­ do hasta en lo más singular la demostración y el desencanta­ miento de los patrones últimos del juicio científico. un «fon do» inaclarado. específicam ente aquel que R osch er no quiere de ningún m odo aclarar. Esa situación está dada indiscutiblemente. las puras disquisi­ ciones m etodológicas se muestran inútiles. En y para sí. histórico-humanas. p. sin capacidad de identificación y solución de problemas objetivoj.

en última instancia. N o deduce hegelianamente la realidad de las «ideas». Una creencia en L apredicción indeterminada-determinada fundamenta con ello. 1 5 5 y 157) no se refiere tan sólo a las contradicciones y oscuridades «lógicas» (com o parece ser a menudo. p. un proceso de sanación. como se nombra hoy de forma ina­ propiada. podría casi decirse. Así.2 2 aun cuando él evite prudentemente una apelación directa al orden de D ios en la formulación. de acuerdo con las propias pala- . pero tam poco reduce el conocim iento de la realidad a lo humano y «empíricamente» comprobable.. pp. sus brillantes cons­ trucciones metafísicas fueron reemplazadas por una forma casi primitiva de superstición religiosa moderada. 63. un progreso en la liberalización o.2 3 un p rod u cto de acuerdo con su personalidad «moderada.M ax W eber y Karl M arx 49 cretos sobrehumanos». de la que W eber lo extrae. Incluso en la vida científica. mediadora». Roscher constituye menos una contraposición con Hegel que una atrofia. y ese presupuesto interviene también de m odo decisivo hasta en la estructura lógica de su «econom ía estatal». en el m étodo de R oscher permanece un producto lleno de contradicciones. A quí se vuelve totalmente claro que la exigencia de W eber de una «liberalidad científica» (D . in consecu en te. la expresión de ideales «claros y materia­ lizados consecuentemente».. Hacemos aquí no­ sotros.C . un «más alto» im­ pulso divino debe limitar el beneficio terrenal propio. el carácter «emanatista» de las argum entaciones lógicas de Roscher. la observación de que junto con ello avanza. La metafísica hegeliana y el dominio de la especula­ ción sobre la historia han desaparecido en él. El no es.C. no obstante. por lo menos. 56. una «falta de presupuestos» del trabajo científico (D. de m odo alguno. Ese m étodo se conserva tan ple­ no de contradicciones com o es en general la reunión de una investigación «liberalizada científicam ente» con una «posi­ ción religiosa». 41).

lo concreto. esto es. que Knies presupone la perso­ nalidad com o ima «sustancia» individual. también en la crítica a Knies W eber deja claro sobre qué bases filosóficas principiales descansa su «concepto de libertad» y qué consecuencias tiene esto para su efectividad en la lógica y en la metódica de la ciencia económica. pero decisivo para....C. com o el último agente en el acontecer histórico y principio de su inter­ . también Knies choca en todo lugar con un «fondo oscu­ ro». Otra vez algo muy abstracto. en Alemania preeminentemente bajo la influen­ cia de la escuela jurídica histórica. y ésta es connotada otra vez co­ mo una falta de contradicción.C . sino al hecho de que el proceso científico y lógico tiene el «valor» de la claridad y la liberalidad. es lo que caracteriza su méto­ do «em pírico» (D . por ejemplo. dado que — en oposición con la interpretación de là historia religiosa dé R oscher— es expresión d e una con cep ción de la vida pura­ mente terrenal. Análogo a lo analizado en los escritos de Roscher. W eber comienza con la pregunta de qué concepto de personalidad se combina con el concepto de libertad de Knies. Junto con ello avanza un p re -co n ce p to determ inado de lo que sería «moral». com o el puritanismo. La liberalidad de lo no atrapado en ideales trascendentales. Después. históricamente utilizada. con algo así com o una fuerza de vida unificada.50 K a r l L o w it h bras de W eber).] también Knies está en el círculo de aquella doctrina del derecho natural «orgánico». p. se muestra com o resultado. la cual. 39). han mostrado un tipo de hombre que encierra exactamente aquella imagen ética «plena de contradicciones». Ahí se muestra inmediatamente que [. penetró en todas las áreas de la investigación del trabajo cultural humano (D. aun cuando — com o señala W eber—m uchos poderes culturales. dada objetivamente. Gomo le sucediera antes a R os­ cher. p. 138). orientada a lo «cotidiano».. La unidad formal de la personalidad se transforma subrepticiamente en él en una unidad orgánica-naturalística.

se fundan de nuevo en lo que Dilthey ha caracterizado com o un resto de una posición metafísica del hombre respecto a la realidad. Lo que cambia en W eber con el sacrificio radical de la conceptualización emanatista de Rosch e ry Knies no es. p.M ax W eber y K arl M arx 51 pretación. su punto de vista tradicional. con liberalidad científica. en lo que es «una decoloración de la creencia pietista de R oscher de que las “almas” de los singulares. se transforma también la con ­ ceptualización emanatista en una «construcción» típica-ideal. sino el método fundamental y. tampoco un mero «apara­ to conceptual» lógico. y tampoco él logra aclarar. en consecuencia. Los individuos y pueblos son presupuestos. «en el espíritu del rom anticism o». la cual se presenta. sino que Knies es oscuro científi­ camente. Éste.C . sustancm l-m etafüicam ente.2 5 Lo que W eber demuestra tácticamente no es una pura oscuridad científica. con él.. simultánemente. 143). p or su parte. vuelta absolutamente terre­ nal y objetivamente sin sentido. También Knies está todavía bajo la influencia del epígono de la metafísica histórica hegeliana. desviada a lo antropológico-biológico. com o las de los pueblos. a través de ese m étodo y en cada concepto. mientras que y en tanto él no está todavía orientado te­ rrenalmente de forma decidida. Una con la realidad. el concepto patrón de realidad murria. la relación entre «concepto y realidad». se vuelve aprehensible en el carácter «emanatista» de sus conceptos fundamenta­ les. Colectivo real y término genérico se desplazan en él el uno en el otro. El carácter de constructo y el tinte «nominalista» de los conceptos m etodológicos fundamentales de W eber y su completo m odo de cientificidad no proceden de .2 4 Lo que él no «consigue» no descansa tam poco aquí en un puro error «científico» o en una carencia de agudeza «lógica». sino que esa «lógica» emanatista misma es la consecuencia de presupuestos universai-metafísicos u ontológicos que. se originan directamente en la m ano de D io s» (D . así y no de otro m odo. y desaparecen todas las definiciones «sustanciales» de la «for­ m ación» \Gebilde\ social.

52 K a r l L o w it h una condición inmediata de la ciencia. sino que él también es una expresión consecuente de una posición completamente determinada del hombre respecto a la realidad. agregamos. está urgido a producir el sentido objetivo y la articulación de sentido. por lo tanto. Estado e In­ dividuo no pueden ser y a vistos e interpretados com o sustan­ cias unificadas con trasfondos profundos — pero no porque esto sería absolutamente no científico. a producir prime­ ro la relación con una realidad com o la «suya» y a «crear» el sentido. discute su contenido. esto es. en unidad con su referencia valorativa. Es un malentendido del especialista científico consigo mismo cuando W eber (en oposición a Spann ) 2 7afirma el signi­ ficado puramente «m etodológico» de su definición «individua­ lista» y «racional» y. y que. ese carácter es refutable de la mano de los «fenóm enos» (por­ que eso presupondría que los fenómenos fueran interpelables a través de un «logos»). práctico y teorético. una «realidad» estatal muy determinada. Tam poco. una «fábrica» [BetrUh] — dicho con Hegel: el «Estado del entendimiento» de la sociedad burguesa. de alguna forma. com o personas singulares pri­ vadas. Pueblo. La «construcción» típica-ideal tiene com o fundamento un hombre específico «sin ilusiones». el Estado moderno en el que estamos ubicados. por ejemplo. y el mundo en el que nosotros «estamos ubicados» no legitima y a ta­ les prejuicios— Así. dich o con M arx: una «universalidad abstracta» sobre los individuos. p or eso. es un «instituto» racional. subrayadamen­ te «realista». com o modelo.2 8 . P or lo tanto.2 6 en tanto él mis­ mo. esto es. sino porque una concepción tal estaría atrapada en prejuicios e ideales trascendentes. el cual fue retrotraído hacia sí mismo por un mundo vuelto o b ­ jetivamente sin sentido y sobrio y. defacto. la definición ejemplar de W eber del Estado a partir de la «posibilidad» de que «determina­ das formas del hacer social (específicam ente de hom bres singulares) se produzcan» es sólo com prensible — com pleta­ mente com prensible—a partir de que subyace a ella.

y a que a las objetividades de cualquier tipo. empero. com o consecuencia de su de­ sencantam iento (a través de la racionalización). en oposición. exactamente lo mismo que W eber demostró en R osch e ry Knies vale también para él: esto es.. 61 y ss. que solamente el «individuo» es hoy de forma verosímil. La liberalidad científica de W eber se exterioriza también aquí com o un no-estar-atrapado en pre­ juicios trcufcendented. esto es.. pp. la Liber­ tad del individuo puesto sobre sí y responsable de sí. pertenece tam bién la creen cia — com partida por el marxismo—en el «desarrollo» y el «progreso» objetivos (D . Ésta se postula com o necesaria «cuando surge la necesidad» de otorgar «al acontecer del destino de la humanidad. que las últimas «presuposiciones» de la concepción del mundo abarcan aún la estructura «lógica». Según Weber. real y con derecho a la existencia.). Compárese con pp. a través del cual él se desencantó y se opacó.C . sólo es real el hom bre singular puesto sobre sí. «trascendentes» en un sentido amplio. A esos prejuicios. La última presuposición de las definicio­ nes «individualistas» de W eber de las así llamadas «form acio­ nes» sociales es. un “sentido” terrenal y no obdtante objetivo» (D .C . 33. esta necesidad es una inconsecuencia frente a lo terreno. nota 2. y no basándonos en las oportunida­ des de su «existencia». Si el Estado fuera. La medida con la cual W eber juzga este hecho histórico de la racionalización es su aparente contraposición. religiosamente vaciado. En su «luz» se pone ahora la «realidad». y el hilo conductor para la interpretación de ese m undo vuelto sobrio es el proceso de racionalización. no puede otorgárseles ya un significado autónomo. la cursiva es nuestra.). entonces sí tendría sentido interpretar también al Estado midmo sustan­ cial y «universalmente». 203 y ss. 56. realmente todavía una «res pública» y el hombre co­ mo taL un miembro de la ciudad y del Estado y n o en primera línea una persona privada sólo responsable p or sí. que cruzan el sobrio día a día de un m undo desencantado. la liber­ . es decir. p. sin embargo.M ax W eber y Karl M arx 53 M ás aún.

La ciencia como vocación La forma propia de la realidad que nos rodea.54 K a r l L o w it h tad del «héroe humano» en relación con el sobre-poder de los «órdenes». «adm inistraciones». por su parte. bajo el hilo conductor de la alienación de sí. la adquisición de dinero específica­ mente racionalizaba. la adquisición de dinero con el fin de mantener una vida económicamente segura parece racional y entendible. II. fue establecida com o el tema originario y comple­ to de las investigaciones de Weber. Esta tesis se debe desarrollar más por m edio del análisis del sentido originario y abarcador de la «racionalización» que es. con el fin de la adquisición misma — «pensa­ da así com o puro fin en sí»— . es específicamente irracional. «organ izacio­ nes» e «instituciones» de la vida m oderna. W eber intentó hacer comprensible el proceso general de la racionali­ zación de nuestra completa vida. a su vez. en la cual estamos posicionados. La «racionalidad» como la expresión problemática del mundo moderno El destino 7)e nuestro tiempo — y con él de su propia ra­ cionalización e intelectualización.2 9 que funcionan a través de la racionalización. Com o el motivo último de sus disquisiciones «científicas» se revela la tendencia hacia lo terre­ no. «em presas». Así. pero. Sin embar­ go. es resumida por él bajo el rótulo de «racionalidad». en contraposición. sobre todo. La problemática específica de nuestra realidad. del de­ sencantamiento del mundo— es quejustamente los va­ lores últimos y más sublimes se hayan retirado de la escena pública. en aparente contradicción con lo dicho hasta aquí. el con cepto contra­ puesto a la interpretación marxista del mismo fenómeno. porque la racionalidad que surge de él es algo específicamente irracional e incomprensible. Ese . por ejemplo.

de los medios y de las fuerzas de producción. y no uno entre otros. El fenóm eno de la racionalización es «la línea rectora m ayor n o sólo de su sociología de la reli­ gión y su doctrina de la ciencia. también puede interpretarlo de m odo diferente. cree irracionalidades. I. El intento religioso-sociológico no quiere ser. p.M ax W eber y Karl M arx 55 hecho. esto es. de una racionalización «hacia Una manera de conducir la vida irracional». El hecho de la racionalización fue demostrado por W eber en el «prefacio» a los Ensayos sobre dociología de la religión. y a citado. otra cosa que una aportación a la misma sociología del racionalism o (Endayod dobre dociolo­ gía de la religión. y a sea religiodo-socio­ lógico o social -económ ico. nota 1). 157). p or su parte. que precisamente cada racionalización radical. en correspondencia con ello. 35. Aquélla significa. con la necesidad del destino. el carácter fundamental del m odo de conducir la vida o c c i­ dental en general y nuestro «destino» — aun cuando uno pue­ de com portarse de m od o tan diferente frente a ese destino com o W eber y M a rx y. lo propio del análisis relig ioso-sociológ ico del capitalismo de W eber consiste en que éste no contempla al capitalismo com o un p o ­ der vuelto autónom o de las «relaciones de p rod u cción » so­ ciales. p. un poder «pleno de destino» de la vida humana sólo porque él. «en los he­ chos». se desarrolló ya . I. en su significado tanto universal com o fundamental. y n o en última instan­ cia también de sus escritos políticod. para él. para W eber. El capitalismo pudo volverse. históricomundial y antropológico.3 0 En explícita diferencia y en su­ puesta oposición al análisis «económ ico» marxista. I. Sólo por eso — pero no ya en sí misma— la racio­ nalización es un fenómeno específicamente digno de conocerse y de cuestionarse. en última instancia. sino básicamente de su siste­ ma entero» (Freyer. p. tan elemental com o decisivo. Se trata— dice ahí— . fue demostrado por W eber expresamente en la refutación de una crítica de Brentano (Endayod dobre sociología de la religión. 537). para en­ tenderlo desde allí tod o de form a ideológica.

sobre la base de una racionalidad universal del m odo de conducir la vida. se erija en un poder dominante de la vida. La for­ ma de la economía no es ni un fluido inmediato salido de una creencia determinada. «racio­ nalmente». con fuertes resistencias internas». p o r el contrario. Por el contrario. también económicamente racional. I. la tendencia «hacia maneras deter­ minadas de conducción de la vida práctico-racion ales» estuvo ausente. religiosamente m o­ tivada—es la que ha dejado también que el capitalismo. causal. M ás aún. concreta y retroactivamente. en su significado preeminentemente económico. esa ra­ cionalidad es entendida p o r W e b e r co m o una totalidad originaria. com o «patrón». La «racionalidad». pede a su p roce­ dimiento científico disciplinario (a la manera de una imputa­ ción reversible. es poco interpelable com o el ori­ gen autónomo de la racionalidad. ni ésta es un fluido «emanatista» de una econom ía «sustancial». «ahí ch ocó el desarrollo de una conducción de la vi­ da. 30-34). A m ­ bos.com o en el del protestantismo — bu r­ gués— (Endayod dobre dociología de la religión. com o la totalidad de una «form a de m ode­ lar económ icam ente» y de «condu cir la vida» condicionada en múltiples maneras pero particular.56 K a r l L o w it h en los caminos de un «m odo racional de conducir la vida». 239) se manifiesta tanto en el «espíritu» del capitalismo — bu rg u és. en su vitalidad reli­ giosa y económica. el capitalismo como tal. de «factores» determinados). Ese etbod direccionante (Endayod dobre dociología de la religión. p. D onde. I. sino que. no se diluye en ser racionalidad de algo. establecida co m o hilo rector del entendi­ miento. en un sentido económ ico. en la marcha de esa totalidad directora y la impregnan otra vez. com o un ethod occidental. sino que ambas se dan forma. en resumen. pp. se dan forma. Los poderes religiosos y las «representaciones éti­ . religión y econom ía. una racionalidad de la conducción de la vida — en su origen. racionalidad de un campo específico (el cual. se extiende sobre los otros cam pos de la vida). esto es.

pertenecieron en el pasado3 1— en una «medida h oy casi incomprensible para nosotros»—a los elementos formadores de la conducción de la vida. Esa articulación de racionalidad y libertad. Ambas reposan sobre un «espíritu» general o ethos. Ese espíritu universal de la «racionalidad» dom ina en la misma medida el arte3 2y la ciencia. un inevitable estar-inserto de cada uno en la «fábrica» en cada caso específica — de la economía o tam­ bién de la ciencia— . Y es entonces cuando W eber pregunta p or la articula­ ción interna de la «ética» protestante con el «espíritu» del ca­ pitalismo. debe ser extraída inmediatamente en sus investigaciones teoréticas del impulso interno de la conducta práctica de W eber hacia todas las administraciones. organizaciones e instituciones racionalizadas de la vida m o­ derna: él combate su demanda de realidad metafísica y la uti­ liza com o medios para el fin. que sería tomado — ya sea directa o veladamente—como consecuencia de la libertad. cuyo portador socialmente des­ tacado es la burguesía occidental. como dignidad específica del hombre y por tanto de la historia. órdenes. Lo que produce esa racionalización universal de la vida es un sistema de dependencia total. esa racionalidad es justamente. Y «no obstante» (con un tal «no obstante» cierra W eber también la conferencia La política como vocación).” una «aparatización» general del hombre. ancladas en la creencia en ellos. una «carcasa fuerte com o el acero» de «servidum bre» \Horigkeii\. para él.M ax W eber y K arl M arx 57 cas del deber». social y económ ica del mundo humano moderno. La «afinidad electiva interna» de ambos es la de la convicción económ ica y la de la creencia. el lugar de la libertad. En el tratado sobre K nies y el problema de la irracionalidad. tanto com o la vida jurídi­ ca. en principio sólo for­ mulada com o tesis. en tanto el significado «creador» de la . W eber llega a postular la pregunta por la así llamada libertad de la voluntad en la investigación histórica: Se encuentra ahí siempre de nuevo lo «incalculable» del actuar personal. estatal.

preferente­ mente atribuida al hombre. cada exteriorización que hacemos nosotros en relación con los otros. no con una absoluta claridad. sería en sí una marca del actuar humano libre (en contraposición con la calculabilidad de los sucesos en la naturaleza). a una «santidad» internay al «acertijo» de la personali­ dad libre. esto es. la con du cta humana es tanto más /«calculable. del clima puede ser más insegura que la capacidad de prever la conducta humana: Cada orden militar. y en este sentido la proyección. según la subjetividad de la toma de posición frente a un hecho. es tanto más imprevisi­ ble. por ejemplo.C. cuanto más según las «propias» eva­ luaciones. p. p. «cuenta» con la en­ trada de determinados efectos en la «psique» de aquellos a los cuales se dirige. W eber ironiza sobre la devoción de Treitschke y M einecke frente au n así llamado «resto» irra­ cional. y con ella la irracionalidad. cuanto menod libre es el hacer. no obstaculizadas por presión «externa» o por «afee- . La incalculabilidad.C. 64). cada ley punitiva.. en las explicaciones si­ guientes (W . En la nota correspondiente. pero sí con una que es suficiente para loé fines. insignificante. 64). la exteriorización concreta quieren servir (D. En verdad. 46). «en él». cuanto menos un hombre tenga en sus manos la libertad para el propio hacer y permitir: Cuanto «más libre».L. la ley. sino algo que sólo puede ser observado según un «juicio de valor»..3 4 L o que quiere mostrar. en suma. no es precisamente la no libertad del individuo. Esto es. en cada perspecti­ va y en todo. de que esa libertad «creadora». sino la «obviedad trivial».58 K a r l L o w it h personalidad que actúa es situado como lo opuesto de la causali­ dad mecanicista del acontecer natural (D. a los cuales la orden. no es una característica objetivamen­ te dada y distinguible de él. aunque siempre olvida­ da u oscurecida. p. una valoración deter­ minada.

Y tanto más desaparece entonces aquel vuelco romántico-naturalista del pensamiento de la «personalidad».C. Porque ese romanticismo es lo que está tras el «acertijo de la personalidad». indecididamente vegetativo de la vida personal. el cual.]. Meyer: Lo errado.. esto es. se postula la «resolución» del actuante. Y no sólo eso.. en contrapo­ sición. nosotros acompañamos con el más alto grado de «sen­ timiento de libertad» empírico.. el cual encuentra su «esencia» en la constancia de su relación interna hacia determinados «valores» y significa­ dos de vida últimos..] entonces su análisis racional [. esto es. igual de grande — pero no más grande—que la de aquellas «fuerzas naturales ciegas». 132-133. compárese conpp. en aquella «irracionalidad» [... Y aún más claramente aparece este tema en la contraposición con E. es el privilegio del loco. tanto más entra en validez finalmente también aquel concepto de la «personalidad». Al revés. en el sentido en que Treitschke oportunamente y muchos otros hablan a menudo. busca la verdadera santidad de lo personal en lo subte­ rráneo oscuro... de la suposición de que una «libertad» del querer.. precisamente a través de aquellos elementos irracio­ nales de nuestro hacer o bien [. en el sentido de este discurso. en contraposición.] que comparte la «perso­ na» con el animal. sino que cuanto «más li­ bre». y más perfecto resultaría [. es el «actuar». o bien no con-determinados de forma inmanente en nuestro «que­ rer» (D. precisamente .] «necesitados» [nezejjitiert]. como sea que se la entienda. los cuales se validan en su hacer con arreglo a fines y se materializan así en un actuar teleológico-racional. cuan­ to menod porta «en sí» el carácter del «acontecer natural».]. empero. La «incalculabilidad» específica. y el cual ima­ gina. es claramente reconocible. sea idéntica con la «irracio­ nalidad» del hacer [. La contradicción de sentido de este último co­ mienzo ya es asible en la vivencia inmediata: nosotros nos «sentimos». 6 9 y 137). si es posible.. la «libertad de la voluntad» en aquellas regio­ nes naturales.. pp.M ax W eber y Karl M arx 59 tos» irrefrenables. más sin resto se ordena la motivación ceter'u paribuá según las catego­ rías de «fin» y «medio».

según evaluaciones. el que actúa empíricamente «libre». está ligado teleológicamente a los medios desiguales [. también. La creencia en la «libertad de su voluntad» ayuda real­ mente poco al fabricante en la competencia. o al tasador de bol­ sa. esto es. com o una rela­ ción constante del hombre respecto a los valores últimos.. actuar en la com pensación racional de los medios dados respecto al fin presupuesto y en tanto lógica \folgerichtig\ o «consecuentem ente». tanto más comprensiblemente — em pero— . 226). en las cuales perseguimos un «fin» claramente consciente a través de sus «medios» más adecuados.] (D. p. a dejar caer el fin.. la libertad del hacer. se revela.. En la evaluación calculada de las oportunidades y consecuencias del hacer orientado a fines.60 K a r l L o w it h aquellas acciones que somos conscientes de haber llevado a cabo racionalmente. condicionadas en cada caso por los medios dados. En ese hacer racional con arreglo a fines se impregna concretam ente la «personalidad». tanto más racional con arreglo al fin actúa y. A c ­ tuar com o persona libre significa. actuar de acuerdo con fines. de acuerdo con la medi­ da de nuestro conocimiento [.]. bajo ausencia de «presión» psíquica o física [.. esto es. con ello.C. en libre evaluación de los medios ade­ cuados para ello. tanto más predispuesto está ese ac­ tuar. persigue un fin privilegiado a partir de valores últimos o «significados» de vida. una con la racionalidad. a través de que es una libertad en tanto racionalidad3 5 teleológica·. La racionalidad se une entonces con la libertad del actuar. en co ­ rrespondencia. bajo determinadas circunstancias. Precisamente. esto es. acordes al fin (o respectivamente. Cuanto más libre el hombre evalúa y calcula lo requerido (los medios) para al­ go (un fin)... el hacer libre a la adquisición de m edios totalmente determinados. tan­ to más firme está ligado.. El tiene la elección entre la destrucción económica o el seguir . esto es.] — según la medida de su situación objetiva—para alcanzar sus fines. en el caso de la falta de m edios).

pp. en cada sentido posible de la palabra. mediado p or la evaluación de los medios. y al fin mismo. Ésta es una ética «relativa». pero no de los fines— (D . Si no las si­ gue. se­ gún lo empírico (D.C . según los medios dados (Escritos políticos com­ pletos. 133). A diferencia de la «ética de la convicción». pp.C. en cada caso. 150 y 549).). la ética de la responsabilidad «cuenta». a los m edios en cada caso dados. em pero.. pre­ cisamente. La «tensión» ética entre medios y fin (esto es. Junto con la deci­ sión en favor de la ética de la responsabilidad. constituye la responsabilidad del hacer li­ bre y racional. se decide tam­ . La libertad de ligarse. «racional­ mente con arreglo a valores»). Las «leyes» de la economía nacional teorética. con ello. en perspectiva con respecto a las oportunidades y consecuencias de su consecución... en el perseguir sus fines últimos.] que le faltó la «fuerza de voluntad». que el alcance de «buenos» fines puede estar ligado a la utili­ zación de medios dudosos). porque está relacionada con el co n o ci­ miento de las oportunidades de la consecución de sus fines. entonces nosotros considerare­ mos eventualmente como explicación [. 442 y ss.. con las oportunidades y consecuen­ cias del actuar. puesto a sí mismo. la interna «consecuencia y por tanto ( !) la honra­ dez» de nuestra conducta plena de fines — teoréticos o tam­ bién prácticos— . presuponen necesariamente la conservación de la «li­ bertad de la voluntad». y 447 y ss. el conocimiento de los m edios — y sólo de los medios. para su desventaja obvia. Ésta posibilita. pero no «absoluta». en com pa­ ración con la conducta racional con arreglo a fines. a la que W eber caracteriza c o ­ mo una ética de la conducta «irracional» por su indiferencia respecto a las «consecuencias» (ésta es orientada. La evaluación racional de los medios dados en relación con el fin. caracteriza ni más ni m enos la responsabilidad del actuar humano. p.M ax W eber y Karl M arx 61 máximas muy específicas de la conducta económica. convierte a la racionalidad de la responsabilidad misma en un ethos determinado. La ciencia racional provee.

y aquí está decidida. remite. p. en el ethos de la res­ ponsabilidad. sólo en apariencia. en sen­ tido literal. la identidad en la conceptualización y la di­ . a la idea de «hom bre» de W e­ ber (véase el apartado III). que se ha adaptado a ellas com o una «carcasa inflexi­ ble». instituciones y fábricas están tan «ra­ cionalizadas» que son Las que involucran y determinan al hombre. W eber expresa que aquí reside el problem a cultu­ ral real de la racionalización hacia lo irracional. debe. la cual se forma en el proceso de la racionalización y que es el verdadero motivo de su investigación. de la cual originariamente surgen esas adm inistraciones. direccionarse y comportarse de acuerdo con lo que nació de sí misma. orientada en el inicio al hombre y a sus necesida­ des. sino que el m otivo de su privilegio es la responsabilidad espe­ cífica misma del actuar racional con arreglo a fines. su «sen tido» o fin originario. Pero W eber entiende la verdadera irracionalidad. Esa inversión caracteriza a la completa cultura moderna. con ello.3 6 A esto contradice.62 K a r l L o w it h bién en favor de la racionalidad\ com o racionalidad de medios a fines. su racion alidad con arreglo a fines. de la racional con arreglo a valores. esto es. fundamental para el concepto de la racionalidad y de la libertad. a la vez. A través de que aquello que originariamente sólo era un mero medio -e n relación con un fin pleno de valor—se vuelve un fin mismo o un fin en sí. cuyas administraciones. En tanto la racionalidad se ancla. La conducta humana. p o r su parte.). II. La entiende específicamente a partir de su inver­ sión. de esa manera. II y ss. com o tal.3 7 La razón ver­ dadera y primaria para la preferencia clara de W eber del es­ quema «racional con arreglo a fines» no es que permita una alta medida de entendimiento constructivo del actuar humano. de la afectiva y de la tradicional (Economía y sociedad. a partir de aquella relación de me­ dios y fin . la paridad teo­ rética en el «sistema» de la conducta racional con arreglo a fi­ nes. se autonomiza lo mediado \Mittelbare\ hacia lo prop io del fin \Zweckhaften\ y pierde.

y cóm o se invierte. que consiste en que la «cosa» domina sobre el «hombre». el propio poder irracional de la organización. la cual es una ad­ mirable conmemoración. Esa perversión económ ica sig­ nifica. con necesidad propia del destino. dice. según su objetivo. 502). tras la presentación de la así llamada «separación» del trabajador (también del «intelectual») de los medios de trabajo: «Todo lo que el docialidmo concibe com o “dominio de las cosas sobre los hom bres” debe dignificar de los medios sobre el fin (la satisfac­ ción de las necesidades)» (la cursiva es nuestra). del m odo más notable. que se define a través de su actividad objetiva. Precisamente aquí se muestra.M ax W eber y Karl M arx 63 ferencia en el juicio de esa problemática p or parte de W eber y Marx. El com pleto tra­ bajo teórico y práctico de M arx trata de la aclaración y de la destrucción de esa situación general. una conducta supuestamente en sí racional. con arreglo a fines pura. Esa inver­ sión produ ce la «irracionalidad» sin sentido de las «relacio­ nes» autónomas y con poder propio que dominan ahora sobre la conducta humana. quiere ser una de tipo específicamente ra­ cional: en la conducta económica-racional. La m inuciosay total organización racio­ nal de las relaciones de vida produce. Su expresión inmediatamente humana es la cosificación y especialización del hombre mismo: el especialis­ ta. humana­ . La fórm ula económ ica-m arxista para esa in­ versión es: M -D -M : D -M -D . resumiendo. Esa inver­ sión pa ra d ójica — esa «tragedia de la cultura». del logro del M anifiesto comunista. también para M arx. empero. com o la ha llam ado Simmel— 3 8 se muestra naturalmente del m od o más fuerte cuando se da precisam ente en aquella conducta que. p. a partir de sí misma. se in­ vierte en su propio contrario. la form a económ ica de una inversión general. el de W eber pretende sólo su comprendión. En la conferencia de 1918 sobre «socialismo» (Articulad completos de sociología y política social. el producto producido (de cada trabajo) so­ bre el productor. para la situación política de enton­ ces. que en el proceso de su racio­ nalización.

I. bá­ sicamente. funcionariado y elite. 35 y ss. precisamen­ te la com prensión de la subjetividad de nuestra postulación última del fin y del valor y de nuestras decisiones debía ga­ rantizar la objetividad y austeridad del pensamiento científico y del hacer político. ética de la responsabilidad y ética de la convicción. Todas las diferen­ cias rigurosas que trazó en la teoría de la ciencia y en la con ­ ducta práctica. . el fin último de todas las administraciones humanas no son ellas. a n o el hombre. en medio de y contra la creciente de­ pendencia del mundo político y económ ico. com o el medio da­ do para un fin libre de ser elegido. com o hombre y político. y la carcasa de «servi­ dum bre» el ú n ico espacio de ju ego de aquella «libertad de movimiento» que buscaba Weber. La medida implícita con respecto a la cual es interpretada la irracionalidad de lo racionalizado {Ensayos sobre sociología de la religión. la separación entre cosa y persona. la con cepción económ ica del estrato burgués de la sociedad. sin embargo. pp. en un doble sentido. para el cual todo lo demás es «medio» para «sus» fines. tanto para M arx com o para Weber. Por otro lado. El negó a todas las adm inistraciones actuales aquel sustancial valor propio. en que justo la inclusión ineludible en el carácter de empresa racional de todas las administraciones modernas se vuelve el lugar del posible ser s í mismo. com o el hom bre típico de la ép oca racionalizada — uno con la empresa especializada. «particular». pero las afirmó. sur­ gen de la una y fundamental oposición entre libertad y racio­ nalización. la presuposición de que el fin originario y autóno­ mo. es. P or ejemplo. 54. C om o consecuencia de ello..64 K a r l L o w it h mente parcelizada. en sus orígenes aún religiosa. la posición de W eber se volvió una firme oposición y una defensa única del individuo autónomo. 62). conocimiento objetivo y valoración subjetiva. La antinomia de la ciencia política de W eber consiste. y al cual tam bién W eber con cib e. de cualquier tipo.

la adquisición de dinero ejercida com o puro fin en sí es algo absolutamente irracional frente a la «felicidad» y el «beneficio» del individuo. la situa­ ción natural». respecto a la individualidad de su autoresponsabilidad. «com o diríamos nosotros. se hace también evidente que el pro- . se ha vuelto «algo inextirpable de la vida». a la vez. com o M arx. com o hace Weber. de m odo que lo que primero era un medio indi­ recto para fines religiosos ahora sirve a otros fines. en los hechos. com o tales. es lo que es — o sea. porque es obvio que las propias simpatías de W eber están con aquellos purita­ nos para los cuales el oficio y el «negocio».3 9 Por otro lado. la única m otivación ade­ cuada que expresa. es consecuencia in­ directa de que él intenta m ostrar reiteradamente que. ¡pero en ningún lugar afirma que sería sin sentido también para la «percepción neutral» de esa inversión «sin sentido» de. y esto — dice W eber—sería. lo tan irracional de ese m odo de conducir la vida. se vuelve «irracional» no a través de que se transforme en una economía profana por medio del vaciamiento de sus conteni­ dos religiosos. p or ejemplo. Entonces el sobre-poder y propio poder de las re­ laciones de vida. «visto desde la posición de la felicidad per­ sonal». profanos. devenidas en relaciones de cosas autonomizadas. ni que lo sería para su propia mirada! El «noso­ tros» diríamos significa aquí un «se» diría. bajo la precondición de que lo «racional» sea la autonomía y el propio poder del hom bre — y a sea que su humanidad sea determinada. en el horizonte de su existencia social o medida. motivada por necesidades determinadas del hombre. «irracional»— . sino sólo a partir de que la forma de la economía se autonomiza tanto que ésta — a pesar de toda racionalidad externa—no tiene ya ninguna relación clara con las necesidades de los hombres. Que el punto de vista de W eber para la interpretación de la humanidad del hombre — respecto al cual se mide toda irra­ cionalidad—no sea la «felicidad» terrena. con su actividad incansable.M ax W eber y Karl M arx 65 esto es.

com o M arx. cuya expresión humana es la humanidad del oficio y la especialidad. análogo al destino?^1 ¿Por qué cuestiona. desde la pri­ mera oración de los Ensayos sobre sociología de la religión hasta su última conferencia — La ciencia como vocación—com o «hijo de su tiempo». p. I. él no la niega desde la posición de la felicidad com o una «no humánidad». la «seguridad» y lá «especialización» de la vida moderna en todas sus instituciones políticas. sociales. que está explícitamente también tras la «exigencia del día» de W eber. ese proceso de la racionali­ zación. en un continuo. com o M arx. com o un «materialismo de­ pravado» de la enajenación dé sí. econ ó­ micas y científicas. Evidentemente. contra esa «autoalienación » universal del hom bre? ¿P o r qué n o caracteriza él al «mismo» fenómeno. de la forma más aguda. a la vez. a la manera marxista. com o «especialista»y científico? ¿C óm o pudo. cuando ese exponente de un m undo «ra­ cionalizado» recorre nuestra vida com o un m ero «fantasma» de contenidos antes religiosos y nadie sabe todavía «quién vi­ virá en el futuro en aquella carcasa»/0 debem os preguntarnos cóm o se posiciona el mismo W eber respecto al hecho irracional de la racionalización universal. sino el de uno absolutamente secularizado. en suma.66 K a r l L o w it h prio ethos de W eber no era y a el de un puritano creyente. aunque no el de aquel que podría haberse satisfecho con la renuncia al «sentido» y a la «interpretación» (véase Ensayos sobre sociología de la religión. con toda la pasión de su personalidad. posicionarse conscientem ente e n ese m undo y ser el . y se r e c o n o c e /2no obstante. Cuando el pensamiento del deber del oficio. los resultados espécíficos del m undo moderno y lo com pletam ente cuestionable de esos resultados)? ¿N o afirm a y niega Weber. N os preguntam os entonces: ¿P or qué nó lucha él. ni la afirma com o un estadio en el p rogreso de la hum anidad. sino que se conform a con designarlo con el concepto científicamente neutro y doble en su posible valoración de la «racionalidad» (doble porque ex­ presa. 204) de la actividad. aquel «orden» planificado.

en la cual estamos «ubicados».4 4 Esa libertad sólo puede estar en acuerdo interno con la racionalidad cuando no es una libertad respecto a ese mundo ra­ cionalizado. si ésto es la «racionalidad»? A quí pa­ rece abrirse. el secreto de su p o ­ sición frente a todo y cada cosa.Y sería una «sabiduría cotidiana» «que algo puede ser verdade­ ro. el misterio de la racionalidad irracional de nuestra posición frente a todo y cada cosa y. en otro párrafo. ni sagrado. aunque y porque no es bello. y lo malo se siguiera de lo malo. en la analogía. no sólo aunque no sea bello. y entonces él se refiere a pruebas bíblicas — y a N ietzsche— . en los hechos. hasta que se haya consum ido el último céntim o de com bustible fósil». que no es soportada p or el puro «ético de la convicción». com o la «irracionalidad ética del mundo». ni bueno». sino porque y en tanto no es bello». sino una libertad en medio de aquella «carcasa fuerte com o el acero». la división a partir de la cual se debe ver la unidad interna de eda conducta dividida respecto a la «realidad que nos rodea». con irresistible coerción. Pero ¿qué son enton­ ces las «flores» del mal. a lo que él caracteriza. 203). p. La unidad de esa separación es la relación y a demostrada antes de la racionalidad y la libertad. sobre la base de la racionalización de nues­ tro m undo? . entonces no habría ningún «pro­ blema» para la política com o vocación.M ax W eber y Karl M arx 67 portavoz de aquel «diablo» de la racionalización intelectual y de las «flores del mal»? ¿ O es que W eber había revelado. de la racionalidad irracional de nuestro m undo?4 3 «Así lo sabemos hoy de nuevo: que algo puede ser sagrado. la cual «determ in ay tal vez determ i­ ne en el futuro. Si pudiera surgir sólo lo bueno de lo bueno. incluso al que no es inmediatamente trabajador (Endayod dobre dociología de la religión. P ero ¿de qué tipo es esa libertad interna a l mundo. pre­ cisamente con esa cita de les fLeurd du mal.

diño tanibién — en un dentido muy moderado de la palabra—un héroe.4 6A m bos textos combaten la racionalización en sus formas políticas de la burocratizacióny la estatalización.» Esa si­ . W eber explica que la guerra mun­ dial representaría un progreso en el proceso de la racipnalización universal. en particular del apartado II de Par­ lamento y gobierno4 5y de un debate. aquél debe der un líder y no dólo edo. es su aparente opuesto. Pero el que lo puede hacer. La política como vocación Q ue el sentido positivo de la racionalidad. La racionalidad cómo condición de la responsabilidad de sí libre del singular en medio de la servidumbre general Ed completamente correcto. la verdadera “exigencia del día”. la de las escuelas técnicas científicas y la de las universidades. interesadas en la asistencia. divisora del trabajo. no surge de las investigaciones puramente históricas — según el objetivo—de los Ensayod dobre dociología de la religión (W eber se detiene aquí. y toda la experiencia histórica lo confirma. de la organización racional calcula­ da. tanto com o a la de la fábrica. En ellos. Exámenes de disciplina de todo tipo se vuelven cada vez más la precondición de un puesto seguro. humanas. especializada-burocrática de todas las uniones de dominación. que no de hubiera alcanza­ do lo podible cuando no de hubiera edtado atra­ pado constantemente en el mundo por lo impodible. para el mismo W eber. esto es. com o por sus estudiantes. com o fuera del Estado. que corrían tras el centavo. inmediatamente después de las oraciones proféticas citadas en la nota 39). portada en conjunto p or las universidades. Ese proceso se extende­ ría también a la form a de vida del ejército y del Estado. sino de sus escritos políticos.68 K a r l L o w it h III. Tanto en el Estado. «Esto era la y a conocida de antes.

151).. pura técnicamente. pero que en oposición a ella es tan fuerte­ mente racional como una máquina. el socialismo fortalece­ ría el poder de la burocracia que impregna la época actual y el futuro visible: Un abandono progresivo del capitalismo privado sería teórica­ mente pensable — aun cuando esto no sea una insignificancia tal como algunos literatos. esto es. los hombres serán obligados a incluirse. una articulación social oriental-egipcia. significaría que en­ tonces también el rendimiento de la fábrica estatizada o traspasa­ da al régimen de alguna «economía comunitaria» sería burocrá­ tico (Escritospolíticos..4 7 Incluso cuando éste persíga lo contrario. y esto es. reírse del . sin vida: En cooperación con la máquina muerta. ¿qué significaría prácticamente? ¿Tal vez un quiebre de la carcasa de acero del trabajo de fábrica moderno? ¡No! Más aún.). ¿Quién querría negar que una forma de organización social como ésta reside como una posibilidad. entonces. el último y único valor. se dejaría ver entonces en el horizonte. es igual que un «espí­ ritu coagulado». el cual deba decidirsobre laforma de conducirsud asuntos. Una articulación social «orgánica». suponiendo que ocurriera alguna vez. impotentes. sueñan. Pero.] Supongamos que justamenté esa posibilidad fuera un destino inevitable — ¿quién no querría. ésta trabaja para produ­ cir la carcasa de aquella servidumbre del futuro en la cual. y cuando ciertamente no sobrevendrá como consecuencia de esa guerra— . quizá después. cuandopara ellos sea una buena burocracia.M ax W eber y K arl M arx 69 tuación austera de la expecialización burocrática se esconde también tras el «socialismo del futuro». 150 y ss. Esa «máquina viviente». en los resultados. caracterizada p or la «especialización racional disciplinaria y la escolaridad». en el regazo del futuro? [. pp. Porque en esto rinde la burocracia incomparablemente mejor que cualquier otra estructura de dominación» (Escritospolíticos. una racional administración defuncionarios. p. que no lo conocen.

Casi con las mismas expresiones aquí transcritas W eber se di­ rige. y a och o años antes (1909). con saber y voluntad. también de nuestros estudiantes de h oy». p. a partir de esos «m edios» dados. aun cuando él mismo está convencido de lo «indetenible» del progreso de esa «máquina humana». en beneficio de un «orden social» y de una «articulación orgánica»? — esto es. El mundo no co­ noce más que a esos hombres. 152). En ese desarrollo estamos atrapa­ .. en algún sentido «individualista»? (Es­ critos políticos. la pregunta por las formas de organización política del futuro puede ser sólo postu­ lada así: [. p or la buro­ cratización es «desesperante»: [. que se vuelven nerviosos y cobardes cuando ese orden tiembla un instante.] ¿cómo seríaposible salvar. La pregunta que podría ser postulada no sería la de cóm o se podría modificar algo en ese desarrollo (M arx) — porque eso no se puede— . Porque «esa pasión. visto ése sobrepoder de la tendencia hacia la burocratización.. y de la creencia de que la «verdadera libertad» apenas ilu­ minaría cuando Ja «anarquía» actual. p or lo explicado antes.] como si nosotros debiéramos volvemos hombres. bajo el ala del único poder segura y completamente ineludible·. y desesperados cuando son arrancados de su adaptación excluyente a ese orden de cosas..70 K a r l L o w it h miedo de nuestros literatos de que en el futuro el desarrollo polí­ tico y social nos traiga demasiado «individualismo» o «democra­ cia». ¡el de la burocracia en el Estado y la economía!— . esto es. algún resto de un movimiento de libertad. que sean dejados de lado en favor del pacifismo de la impotencia social. qué fin es conse­ cuentemente perseguible y deseable desde la posición de los valores últimos.. de nuestra producción económica y el «engranaje de partidos» de nuestros Parlamentos sean dejados de lado. que necesitan el «orden» y ninguna otra cosa que or­ den. contra los apologetas de la racionalización en el cam po de la administración y la política. sino qué se «sigue» de él. Viendo el hecho fundamental del avance indetenible de la burocratización. todavía.

para liberar un resto de lo humano As. el cual es fácilmente córrom pible». sino qué tenemos para oponer a esa maquinaria. a través del regreso consciente a la esfera «privada» y la cultura de la «vieja E u rop a »/8y casi lo há hecho también un estudioso co ­ m o E. El éxito más universal e influyente de la racionalización es el que W eber demostró. esa parcelización de las almas. El hechizo que encerraba la relación del hom bre res­ . entonces. salvar algún resto de un movimiento de libertad individualista. p . la «expansión capitalista privada. en algún sentido. en la cual está puesto el fenóm eno de la racionalización.. La pregunta es/ empero. cóm o sería posible todavía. eri tanto tom ó posición ostentosay preci­ samente en ede m undo. Para poder responder a esta pregunta. ése movimiento de libertad es el que él. casi p o r el gustó de la lucha misma. vista esta tendencia om nipotente a la racionalización de la completa vida. El debate se cierra con un desafío ostensivamente inmoral de contenido: és preferible. aun hoy.de la «cien­ cia»: un fundamental dedencantam iento del m undo (D . transfíguradamente autoritaria». se precisa todavía una mira­ da resumida de la relación de sentido general. para actuar a él contra él.C . sino que constantemente ha com batido. p.M ax W eber y K arl M arx 71 dos. no es cómo nosotros lo siga­ mos promoviendo y lo aceleremos. en verdad. ligada a un funcionariado puramente negociante. de lam an o. p. Contra lo irrefrenable de la racionalización burocrática se puede preguntar. Sin embargo. W eber combatió constante­ mente ésa libertad. en especial. 203) . altamente moral. cómo y para qué. en una «acción dolorosa de renuncia» (Ensayod dobre sociología de la re­ ligión. U n hombre com o Jakob Burckhardt la salvó. no ha «salvado». según W eber. de ese dominio único por parte de los ideales burocráticos de la vida (Artículos completoj ¿obre sociología y política docial. que una «dirección estatal a través de la burocracia alemana.4 9Por el contrario. y la pregunta central.414. Gothein. 535). las cursivas son nuestras).

significa para la relación del hombre mismo con el m undo una am plia desiludión : sign ifica «libera liza ción » cien tífica. frente a «sí» en tanto uno de sus miembros. La oportunidad positiva de esa desilusión del hom bre y aquel de­ sencantamiento del mundo a través de la racionalización es la afirm ación «sobria» de lo cotidiano y de su «exigencia».72 Ka r l L ó w ií h p ecto al m undo en épocas tempranas era — d ich o racional­ mente—la creencia en el sentido «objetivo». sucede a través de la diferencia de dos tipos fundamentalmente distintos de responsabilidad. y están ahora. C on el desencantamiento de ese hechizo surge la necesidad de préguntar nuevamente por el «sentido» de nuestras objeti­ vidades. L o positivo de esa fálta de creencia en algo que vaya más allá del destino del tiempo y de la exigencia del día — por ejemplo.destino. Ésta. la negación de cada tras­ cendencia. a disposición de su subjetivi­ dad» para la determ inación de su sentido. por la ciencia. El progreso significa solamente de ahí en adelante un seguir caminando por los ca­ m inos m arcados del. está creencia en el destino del tiempo y en lá pasión del hacer temporal es igual a una fa lta de creencia positiva. en especial. con la racionalización llevada a cabo por el hombre. y así W eber se interroga. el político que . de cualquier tipo. la pregunta por el sentido motivada por el desencantamiento del mundo. también de la del «progreso».5 0 La afirmación de ese día a día es. de un m odo n ovedoso. en tanto todas las objetividades. han perdido su sentido objetivo. valideces—es la subjetividad de la responsabili­ dad racional. En contraposición. a la vez. com o una pura responsabilidad propia del indi­ viduo frente a sí mismo. E l fu n cion a rio especialista — co m o to d o hom bre de disciplina racionalizado—no debe responder ante sí como propio individuo. sino siempre en relación con su puesto frente a cada institución o.5 1 puesto entre comillas. L a descripción decisiva de W eber de este individualism o. con pasión y resignación. respectivamente. En comparación con aquella creencia trascendente. en valores dados objetivar mente> sentido.

sino p or su com pletó apartamiento en una sociedad sin oposiciones— . de por un lado. una fórmula que resume su posición dé estar contra la democracia indirigida. a través de sí mismo. a las cuales se opon e. p or propia responsabilidad. un opositor que le pertenece. La posición básica que W ebér tom a en ese m undo racionalizado y que detemina sü «m etodología» es. no por último. que allí permaneció. en sí misma y esencialmente. La fórmula política crasa para el movimiento fu n ­ damental. e irres­ ponsablem ente. C on esa afirmación indiferente de la pro­ ductividad de la contradicción. delineado en Contradicción.M ax W eber y K arl M arx 73 en verdad «guía» y el empresario que «dirige». Puesto en ese mundo de servidumbre. pero también contra él liderazgo que no tiene nada que conducir. com o un hegeliano que quiere superar \aufheben\ las contradicciones de la sociedad burguesa en sus principios — aun cuando no com o lo imaginara Hegel a través de la conservación de un Estado ab­ solutamente organizado. fá­ bricas y seguridades. actuarían com o individualidad humana. el individuo pertenece como hombre a sí mismo y depende de sí. la de una sujeción objetivam ente voluble del individuo responsable de sí. y p or el otro. ese resto que persiste de la «época heroica del capitalismo». y 415). la fuerza movilizadora en la completa conducta de W eber fue la contra­ dicción. W eber se ubica en obvia oposi­ ción a M arx. instituciones. el re­ conocim iento dé un m undo racionalizado. la p recon dición de esa posición es exacta­ mente ese mundo de las «reglamentaciones». y su contrin­ cante. entonces. y perse­ guir fines que no son calculados por ese mundo. Por el contrario. La p osición de W eber es. aunque sí en función de él. pero contra él. es ésta: «D e­ m ocracia de líder con "máquina” ». si quisieran responder com o un em pleado {Escritos políticos. siempre de nuevo administrada. Sin em bargo. de . pp. El sentido positivo de aquel «movimiento de libertad» que concierne a W eber es al­ canzar los propios fines en ese mundo. oposición·. de Weber. porque se evade de la máquina. 153 y ss.

la libertad hacia la responsabili­ dad de sí del individuo.. la hum anidad especialista. La expresión inmediatamente humana de esa contradic­ ción fundam ental es la con tradicción interna a lo humano entre hombre y edpecialidta. no obdtante. sino la pregunta de cóm o el hom bre com o tal.. en medio de su humanidad «parcelada». no com o lo fuera para M arx. que pretendía encon­ trar un camino para poder duperar lo humano específico del m undo racion alizado. de ese m undo especializado y escolarizado. Y también aquí corresponde a la unidad y divergen cia de sus intereses disciplinarios la unidad de una contradicción humana.74 K a r l L o w it h persistir en la contratendencia hacia la libertad de la propia responsabilidad. La unidad de racionalidad y liber­ tad se docum enta de la form a más urgente en la posición es­ pecífica que ha tom ado el hom bre W eber respecto a su p ro­ pia especialización. com o homo religiodud en el círculo más estrecho». éste . com o docente académ ico en la cátedra. Y también aquí afir­ ma W eb er básicam ente a lo. hum ano enajenado de sí.] «com o científico singular em pírico en sus escritos.5 2 Pero precisamente en esa distinción de las esferas de la vida — cuya expresión teorética es la «li­ bertad valorativa»— . sino que se la im pone. También aquí la pregunta era para él. a veces aquí y otras allá. porqu e él en verdad no deja m da a esa for­ ma de existencia un deje de «libertad de m ovim iento». En m edio de ese m undo de «especialistas sin espíritu y hom bres de g oce sin corazón». en su totalidad. y hacer tem­ blar en cada caso a alguna carcasa de «servidum bre». com o hom bre de partido en la tribuna. p o ­ dría conservar. se revela la individualidad de W eber en la form a propia de su totalidad. com o miem bro de una esfera determinada — portando ése o aquel rol. W eber no se presentó nunca c o ­ m o totalidad. tener efectos con la fuerza pa­ sional de lo negativo. com o tal y tal— : [. esto es. sino siempre sólo. junto con la división del trabajo. en cada oportunidad. d ich o co n M a rx .

sino una en m edio de la falta de corazón del cá lcu lo5 4 hum ano. a la defensa del «último héroe hum ano» (y él no es ni en un caso un anarquista.5 3 en el sentido habitual de la palabra). ni en el otro un individua­ lista. en el cual se resume su idea del hombre. pero ese «alma» no es el alma sentimental de la «m ecánica del espíri­ tu » de Rathenau. así también la salvación del individuo humano significa para él una tal. La renuncia consciente de W eber a una «humanidad com pleja». que le concierne com o lo humano. puramente humana. Y así. Tanto com o W eber presupone en el cam po de la política a los políticos y empresarios que en verdad dirigen — al Individuo—com o ta­ les. dentro de la humanidad especializada y y a arrai­ gada en nosotros. de la servidumbre sobre todo. Él quiere salvar el «alma» del sobrepoder del «hom bre del orden». totalmente sobre sí— . en un momento dado.5 5 Por la fuerza de ese tipo de individualidad. n o es capaz de rom per la carcasa de la pertenencia y de la membresía uni­ versal. que actúan inevitablemente dentro de la burocratización. Igualm ente. sino que un «h om bre» es el individuo cuando se aboca totalmente a su rol singular. pero esa opodición tiene com o precondición constante la anterior dubordinación. W eber puede apoyarse en todo y en nada — posicionarse en cada si­ tuación dada y.M ax W eber y K arl M arx 75 fue el sentido de la «libertad de m ovim iento». en un m omento determi­ nado — se trate de éste o de aquel rol. por encim a o externa a las form as de existencia fácticas particulares de la humanidad especialista m oderna. En tanto él se subordina a ese destino se posiciona contra él. p or eso. la defensa de W eb er de la así llam ada anarquía en la prod u cción económ ica. corresponde a la defensa del derecho de una cada individua­ lidad com o tal. el in dividu o co m o tal. su deli­ mitación al trabajo disciplinario del especialista — «la precon- . significa para él también no una totalidad indivisible. Ese individua­ lismo. pero sí puede forjarse un camino para su persona. y en con sideración a ella. de algo grande o p e ­ queño— .

y que era para él la libertad de la comunidad mád alta. W eber creó con ese mé­ todo una plataform a de la negativídad. en el m undo actual»— . cuya «realidad austera» es hoy. 531. al­ gún valor. sobre la cual debía reali­ zarse5 6 ahora el héroe humano.. en administraciones y conceptos. Para edo le sirvió en última instancia. de esa humanidad es lo que él ha caracterizado com o una «m odera­ da honradez intelectual». no obstante. la cre­ encia en fines valorados objetivamente. c o ­ mo el fundamento infundamentado de su postulación de fi­ nes — podría llamárselo también el D ios falso de una humani­ dad vaciada de divinidades— .76 K a r l L o w it h (lición de un hacer pleno de valor. «Porque nada tiene para el hombre.C . La expresión intelectual. permanecer — p or fuerza de la pasión—en el hacer — en sí— singularizado. el método sociológico de la destrucción de todas las aspi­ raciones incondicionadas de valor de los representantes de las instituciones. C on ese «dem onio» de su pasión. y precisam ente ella. señala Honigsheim. como hombre. ha combatido W eber en medio de sus esfuerzos por la objetividad científica y política. y su héroe humano le habría pa­ recido a M arx una «invocación a los muertos» de los tiempos heroicos de la burguesía.5 7 La idea de esa libertad humana no está sólo en oposición al individualismo promedio que Hegel y M arx combaten com o la libertad filistea de la preferen cia privada. es una renuncia que instala. sino tam bién en contraposición externa con aquella «libertad» hacia la cual M arx quiso emancipar «humanamente» al hombre. Esa idea de M arx era para W eber una utopía. «en un sentido m uy m odera­ d o de la palabra». com o si fuera esta creencia un servicio a los fal­ sos dioses y pura superstición — todo ello para salvar al héroe humano— . no . una dem anda aún más elevada: esto es. consistente en que se da un «infor­ me» «sobre el sentido último del propio hacer». si no lo puede hacer con pasión» (D . en m edio de esa «parcelización del alma». las cursivas son nuestras). También la «sociología». p. sirvió a esa libertad de movimiento. a la vez.

Esa dife­ rencia de sus cosmovisiones e ideas del hom bre se interpreta en la variedad de sus puntos de vista patrones para la inter­ pretación del mundo m oderno capitalista-burgués: en W eber la «racionalidad». éste. Ese discurso de la anatomía de la sociedad burguesa expresa. ahí empezaba para el primero la ética de una «convicción». Su desarrollo histórico desde Hegel a Marx. y donde para el último acababa de ponerse en marcha la verdadera historia. de las relaciones de vida materiales com o tales para todo otro significado y se solidifica. en un m ovi­ miento. en el sentido hegeliano. Pero simultáneamente. L a interpretación m arxista del mundo capitalista burgués según el hilo conductor de la enajenación de sí humana I. del significado arraigado. plena de responsabilidad. esa concepción se reúne con la tesis. sino su «anatomía». nada más que un desplazamiento del peso desde la «sociedad bur­ guesa». claramente «no heroica» y sólo el «espectro» de sus grandes épocas. B . por último.M ax W eber y K arl M arx 77 obstante. radical. pasando por Feuerbach El hilo con du ctor específico «marxista» para el análisis del mundo capitalista-burgués no es su «enajenación de sí». en la tesis del marxismo vulgar de la así llamada «base real». en M arx la «alienación de sí». primero. y caracteriza a las relaciones de producción ma­ teriales com o la estructura ósea de esa sociedad. al ser económ ico y a la conciencia de sí. su «esqueleto» y. hacia el «sistema de necesida­ des» como tal.5 8 L o que para W eber fue un «destino ineludi­ ble» significaba para M arx nada más que la «prehistoria» de la humanidad. com o la estructura sobre . mucho más extensiva y discutible. su «econom ía política» — una expresión que dialécticamente comprende.

la filosofía y la política y a todas las otras ideologías. com o sobre una plataforma autónoma. sin embargo. de 1842. pará dejar a éste a la filosofía «marxista» y a aquel a la «burguesa». y si el primer capítulo de E l capital de 1867 es un resultado. los cuales serán también interpretados de nuevo. Si se deja de lado la pregunta de cuánto el mismo M arx y en especial Engels han prom ovido esta concepción marxista vulgar. Esa tendencia viviente del resultado. una «superestructura» interpretable de m odo puramente ideo­ lógico. a la religión. el «cadáver que la ten­ dencia viviente ha dejado tras de sí». A sí también lo observó W eber. políticamente.5 9 La interpretación específicamente económ ica de to­ dos los m odos de aparición de la vida humana es. el mar­ xismo se ha vuelto mayoritariamente objeto de crítica y de de­ fensa. En esa form a no solamente tosca sino desviada. por último. según Hegel.78 K a r l LO w it h la cual debe erigirse. . D eben considerarse al respecto preferentemente los escritos de 1841 a 1845. que pueda separarse al joven M arx del posterior. y. en lo que sigue.nana. entonces la tendencia viviente de la cual resulta se encuentra y a en un debate de la Gaceta Re. M ás aún don y permanecen fundamen­ tales los escritos del joven M arx también para E l capital'. y lo com batió com o si fuera un materialismo de la historia dogmáticamente económi­ co. y un «resultado» es. resta todavía el hecho de que. según las propias palabras de M arx. económica­ mente». después a la reli­ gión y la filosofía. sólo el résultado último en el cual «culmina» su revisión crítica de la filosofía del derecho de H egel. Esta delimitación temá­ tica no significa. desde esa perspectiva. con especial consideración hacia el punto de vista rector de W eber de la racionalización. extraída y visibilizada desde los escritos del j o­ ven M arx. con la siguiente breve fórmula: criticó a la religión filosóficamente. la crítica de la economía política se ha colocado en el prim er lugar. cuyo título es «crítica de la enajenación de sí». será. «Se puede resumir el desa­ rrollo de M arx. tras la propia reconci­ liación de M arx con la filosofía.

ningún papel fundamen­ tal. objetivo y subjetivo. com o hegeliano que es.M ax W eber y Ka r l M arx 79 El tema fundamental de M arx es. la tendencia crítica hacia el hom bre como hombre. § 377). D en tro de la filosofía alemana contem poránea. El hom bre com o tal no desempeña en la filosofía de H egel del es­ píritu absoluto. M arx se describe com o un «idealista» que tiene la «desvergüenza» de «querer hacer hombre al hom ­ bre». tanto en Feuerbach com o en M arx. Ese m undo bur­ gués-capitalista se le representa a él. Según su «esencia» universal. y la fi­ gura originaria de su análisis crítico del procesó dé p rod u c­ ción capitalista es una crítica dél m undo burgués. fue la filosofía de Hegel del espíritu absoluto. así también expresa M arx que sería beneficioso estudiar «a ese amo del m undo». y com o m undo humano. una inhumanidad. un m undo humanamente invertido. esa ten­ dencia hacia el hom bre como ta l fue el movimiento fundamen­ tal de la transformación de la filosofía especulativa de Feuer­ bach en antropología filosófica. en prim era y última línea. un «humanismo real». En el distanciamiento respecto a ella se desarrolla. Y com o W e b e r creyó necesario com prender al «d iab lo» de la racionalización y tener un panoram a de sus «caminos hasta el fin». L o deseado en última línea fue y perduró una «em ancipación humana del hom bre». com o una realidad específicam ente «i-rracional».6 0 L o que debe mostrarse primero es que lo que concier­ ne a M arx. en el hilo con du ctor de la autoenajenación humana. C om o hombre. com o la última figura de una filosofía absoluta. La filosofía que él tuvo frente a los ojos. incluso después de creer haber descubierto la posibilidad del hombre «nuevo» en el proletariado. En el prefacio de su disertación y en una carta a R uge (1843). «para ver sü poder y sus limitaciones». apenas apare­ . com o para Weber. es el hom bre como tai. la rea­ lidad que nos rodea. La relación histórica de esas tendencias fundamentales con Rousseau6 1 es evidente. H egel lo determina com o «espíritu» (Enciclopedia. en la cual estamos posicionados.

no es de ningún m odo una cualidad «plana. en la sociedad burguesa. el «burgués». el ciudadano (como burgués). Sólo desde aquí y en verdad sólo aquí. por su parte. y es precisamente aquí que se muestra su mirada emi­ nentemente realista sobre la «realidad» que le rodea. pe­ ro sólo lo recon oció en consideración con el hom bre de derecho burguéé. el hecho concreto de la representacion es lo que se Da­ ma hombre. Y ésta — o sea. Pero explica el verdadero contenido pleno de esa cua­ lidad universal diciendo que es «a través de los derechos bur­ gueses [ . en la Filosofía del derecho·. «hom bre». en primer lugar. en la familia. sobre la perspectiva de las necesidades.80 K a r l L o w it h ce en la Filosofía del derecho de Hegel. más allá de qué raza. des­ de la cual emerge también la «demandada compensación en- . lo verdaderamente universal del hombre. también y solamente.. Este es una mera de­ terminación o particularidad: en Hegel en relación con lo en verdad universal del Estado (que es. una figura concreta de la razón). Hegel diferencia. el miembro defamilia·. en la posición moral. com o sujeto de las necesidades terrenas. bajo el título de que sería el sujeto de las necesidades terrenales. de valer Como personas de derecho en la sociedad burguesa». el objeto es la persona-. sería la «raíz infinita de todas las otras raíces libres». nacionali­ dad /creencia. ni para H egel ni para M arx.. Aquí. se habla de hombre en ese sentido (§ 190). su mero ser humano. En el derecho. L o que él llama «hom bre» es ya. posición u oficio diferente posea y eso. sin clases. Hegel no negó en absoluto el concepto de hom bre como tal. en M arx en relación con lo en verdad universal de la sociedad puramente humana. el su­ jeto·.] recon ocidos» cuando aparece «el sentimiento de sí. Pero ese hombre así determinado no materializa. aclara H e­ gel. y com o el sistema de esas necesidades concibe H egel a la sociedad burguesa. la humanidad con derechos burgueses— . H egel dice (§ 209 y nota de § 270) que es cierto que cada hombre es. abs­ tracta».

La tarea era «derivar desde la filosofía del ab­ soluto.6 2 La tarea de su «nueva» filosofía del «futuro» él la describió com o sigue: «E n el presente (1843) no se trata aún de presentar al hombre. y a través de la crítica de la filosofía divina fundar la crítica. La determi­ nación general de la esencia del hom bre es y prevalece en la filosofía de H egel no en que él sea. de acuerdo con su esencia universal. y sólo al hom ­ bre así caracterizado (del cual se puedè tener sólo una «repre­ sentación». como «hom bre» de dere­ cho burgués. «hom ­ bre». Hegel subordina el que. H egel se preserva expresa­ mente frente a una absolutización de eéa determinación. H egel creyó más en la espi­ ritualidad del hombre que en su humanidad.A esta determ inación on to -lógica específica del hom bre (com o «espíritu»). aun cuan­ do su estructura formal sea la misma — com o «categoría»— . se volverá esa conciencia de sí — estó es. católico o protestante). la necesidad de la filosofía del hom bre. es sujeto de necesidades terrenas. pero no un verdadero «co n ce p to » filosófico) lo nom bra hombre. la conciencia de no ser más que un hom bre—«defectuosa» cuando — «tal vez com o cosmopoli­ tismo»—sefije ahí.del hom bre» (prefacio a los Fundamentad de la fib d ofía d elfu tu ro). el volver al hom bre cosa de la filosofía. esto es.M ax W eber y K arl M arx 81 tre m odo de pensar y convicción». en algún sentido. sino en que sería «espíritu». y se oponga com o algo en sí significativo) au­ tónom o y fundamental a la vida pública. Evidentemente. sino de rescatarlo del pantano (“idealista”) en el que fue hundido». del puro hom bre com o hombre. desde la teología (filosófica). E n correspon d en cia co n ello. porque aun cuando cada uno sea igual al otro en tanto que vale sólo com o «hom bre» (y no com o italiano o alemán. estatal. sé m otivó des- . Esa ten­ dencia. la antropología. El completo esfuerzo de Feuerbach fue transformar esa fi­ losofía autónoma del espíritu en una filosofía del hombre. esto es. la doctrin a de la «enajenación de sí» significa en él algo fundamentalmente di­ ferente a lo que significa en Feuerbach y en M arx. esto es.

És­ ta com ienza con la siguiente frase. en Alemania. y con ella la del mundo m oderno en general. F euer­ bach discutió \a. Retom a la. un enemigo más peligroso que el esplri­ tualismo o el idealismo especulativo. Por­ que sería constantemente ima propiedad característica del hom­ bre el que pueda ser determinado com o ¿je y com o aquél. su Crítica de la filo ­ sofía del derecho de H egel comienza con el llamamiento ai retor­ . Y esto no a través del com unism o del amor del «yo y tú» de Feuerbach. etcétera. burgue­ sa-capitalista — su humanidad de especialistas—pudiera ser re unificada de nuevo.6 3 D e acuerdo con su principio an tropológico. Feuerbach polem iza que también sé trataría de él cuando se habla de la «persona» de derecho y del «sujeto» inorai y de otras formas similares. empléado. En verdad. sin — cóm o M arx—tomar en serio esa particularidad con­ creta y sin mostrar úri camino p or el cual esa humanidad. Feuerbach se preserva entonces frente a! concepto particular de hombre de Hegel. «E l hum anism o real no tiene. sólo que en «Otro sentido». com enzó en la p o ­ sición antropológica de Feuerbach. que el espíritu es lo que vuelve viviente». fá cticámentedividQa. del hombre de la sociedad moderna. citada definición de la Filosofia del derecho y en el lugar donde Hegel dice que sería aquí y sólo aquí (dentro de la sociedad burguesa) que se habla de hom bre en ese sentido. que pone en el lugar del hombre realmente individual 1a “conciencia de sí” o el “espíri­ tu”.82 K a r l L o w it h de la tendencia de v olv er a la filosofia cosa de la «humani­ d a d ». y que enseña.determ inación particular del hombre de H egel. sino p o r la superación so­ cial de la división del trabajo en general (en su form a hasta hoy existente). y de su carácter de clase en particular. ciudadano estatal. Incluso en La ¿agrada fa ­ m iliare identifica con el «humanismo real» de Feuerbach. junto con los evangelistas. D el mismo m odo. co m o hom bre privado. siem­ pre de acu erdo co n el rol y la disciplina. La crítica del hom bre de la sociedad burguesa de M arx. se trataría siempre de uno y delmidmo hom bré com pletò.

M ax W eber y K arl M arx 83 no. M arx se refiere lacónicamente a ello en su nota al § 190 de la Filosofía del derecho de Hegel. corresponde una separación. en relación con eda otra. tanto frente a otros com o frente a sí mismo. com o es el sujeto de derecho burgués de las necesidades — entre otras d e ­ terminaciones. p or­ que esa crítica sería la pre condición de toda otra crítica de las relaciones de los hom bres terrenas. una «form a va­ lor» y una «form a natural»— . lo que ella sea de acuerdo con su constitución natural es. el hom bre como ta l y «sim ple­ mente». sin em bargo. por así llamarlo. más o menos indiferente. a esa «racionalización» del hom bre en cada m odo de existencia peculiar. C om o mercancía o com o trabajo corporeizado es tan valiosa com o otra mercancía indetermi­ nada. cumple uno «muy m odesto».6 4 El retorno a Feuerbach6 6corresponde a una polém ica dirigida en el mismo sentido. un especialista fijado y dividido a través de su activi­ dad objetiva—cumple un gran rol. la misma constitución natural. M arx com para al hom ­ bre de la sociedad burguesa con la mercancía com o producto del trabajo simple^ Porque com o ella. M ercan­ cías deseadas pueden tener. parcialmente cosa. puesto en su form a de valor burguesa — «com o general o ban­ quero». fi­ jación y autonom ización objetivam ente dominante d e las sólo . asimismo parciales— . fijación y autonomización teorética. en esa división en apa­ riencia puramente teorética del hom bre no se refleja otra co ­ sa que una objetiva falta de «espíritu» o in-humanidad en las relaciones de existencia en verdad vigentes de la humanidad moderna. en cam bio. contra la determina­ ción particular del hombre de Hegel. pero meramente subordinada. él posee un discutible «doble carácter» — hablando económicamente. el hombre de ese mundo de mercancías. desde la teología hacia la antropología de Feuerbach. en form a natural. como «mercancías». Porque a esa singularización. un valor com pletemente diferente y. A sí también. Esa referencia debe in­ terpretarse del siguiente m odo: cuando Hegel hace al hombre como ta l una cosa tan especial. mundanas.

Él es hombre. especiales y autonom izadas en su esp ecificación — com o el tal cosa y el tal otra— . siempre solamente de una forma totalmente con dicio­ nada y delimitada. de m odo primario y mayóritariamente. en tanto con­ creciones del ser humano. hombre de oficio en diferencia a su vida de familia. En todas esas impresiones parciales del ser humano se visibiliza también el hombre com­ pleto com o tal.: de la sociedad burguesa en dos m odos de existencia separados y contradictorios: el hombre privado con su moral privada. El hom bre «simplemente». que no conciernen al hombre en su totalidady com o tal («simplemente»). en cada ca­ so. a otra particularidad. en la sociedad burguesa. y el ciudadano de Estado público con su moral pública. pero no com o hom bre sin contradicciones y puro.84 K a r l L o w it h parciales impresiones del ser humano. pues una particularidad es sólo con consideración. en ge­ neral abarcadora. sino la expresión teorética­ mente adecuada para una «inhumanidad» objetiva de las reía- . por ejem­ plo. p or un lado. no tie­ ne en una sociedad tan diferenciada y separada (racionaliza­ da) ningún rol fundamental. que se vuelven las con­ crecione. Esas concreciones abstractas. en cada caso. por el contrario. según la cual el hombre como tal sólo es una particularidad. una me­ ra construcción de pensamiento. en tanto está determinado esencialmente a través de ésa o aquella particularidad. sino sólo.4. por las «necesidades» terre­ nas. en esencia. Y porque esas posiciones y rendimientos sociales son condicionados. y sobre todo la división. de hecho abstractas. por el otro. abstraídas del hombre «simplemen­ te» son. en tanto así llamado hom­ bre privado. pero sí en tanto es ese A lgo fijo. hom ­ bre privado en diferencia a su vida pública. el hom bre de cíase burgués y proletario. así tam poco es la definición de H egel del hombre. por ejemplo. en todas esas impresiones del ser humano. Él es «hombre». según su posición y rendimiento. el hombre de trabajo intelectual o corporal. p or la existencial pregunta económica. el hombre del ofi­ cio y la especialidad moderna. a un especialista.

com o tal y en su totalidad. está enajenado. del hombre de la so­ ciedad burguesa. su expresión políti- . A sí es que a él le concierne desvelar aquella particularidad total. M arx persigue esa enajenación de sí fundamental y general del hom ­ bre del orden estatal. La expresión económ ica de su problemática es el mundo de las mercancías·. Porque es el hombre. la aparente obvie­ dad que — para el hom bre de la sociedad burguesa—afirma que es el burgués el que. sino con el «mundo» del hombre. Ésta no se relaciona con el hombre com o «ego y al­ teregó» (Feuerbach). sin per­ der6 6 con ello su fundam ental sentido an tropológico. Esto es. Él es esencialmente zoonpolitikon. p o ­ lítica e inmediatamente social. en su problematización humana. En orden a liberar al hom bre de su particularidad total infrahu­ mana y superar \aufheben\ la enajenación del hombre simple­ mente en una especialidad humana. y a en el inicio. desde el cual parte M arx. porque él mismo es su mundo social. en todos los campos: en su form a económica. interna a loé hombres.M ax W eber y K arl M arx 85 ciones de existencia vigentes del m undo m oderno. por tanto. del m ismo «orden » que viene a nuestro encuentro. y es a él al que se dirige. com o el destino ineludible de la racio­ nalización— . que en la filosofía del espíritu de H egel está tan oculta todavía. La convicción de que la filosofía del espíritu de Hegel con­ tiene al hom bre sólo com o una particularidad. es «hom bre». en él. M arx exige una «emanci­ pación del· h om b re» no sólo política y econ óm ica. en sentido verdadero. del orden social y del orden económ ico m odernos — esto es. sino «humana». com o y a descubierta. burguéscapitalista — un signo de que el hom bre como hombre. le concierne desvelar. a F euerbachy a M arx. en W eber. es común. y por eso se com pleta la crítica del hombre del m undo burgués de M arx com o crítica de su sociedad y de su economía. pero no com o la totalidad humana y filosófica fundamental. y no sólo a las particularidades singulares dentro de aquella parti­ cularidad total que presenta al hom bre burgués como tal.

6 7 D e ahí que E l capital co ­ mience con el análisis de la mercancía.. en que la economía. determinacioned de la existencia. donde de habla de ella como tal. La m ercancía. p. significa no una form a de objeto entre otras..). a menudo dòlo adpectod dingulared de eda dociedad determinada. Para L acrítica de la economía política. p p . o respectivamente. la contradicción entre el Edtado burgués y la sociedad bur­ guesa. Éste contiene la primera y ejemplar revelación de aquella in­ versión fundamental de «m edio» y «fin». es fácil de reconocer en el debate sobre la ley del rob o de leña de 1842 (W . en el sentido de M arx. Esa form a m ercancía o estructura de la mercancía caracteriza tanto la enajenación de la individuali­ dad del hombre.I. sino que ¿« ella es­ tá contenido. el carácter ontològico fundamen­ tal de nuestros ob jetos en su totalidad: su objetualidad. El sentido humano y social-critico básico de esos análisis económ icos tiene expre­ sión directa en E l capital solamente en explicaciones transito­ rias y en notas. com o el carácter verdadero de todod los objetos del m undo m oderno. también científicamente. y.] formad deder-ahí. por eso. 1. com o la de las codas. en su opinión. en que [■■. La expresión económica de la enajenación de sí en la «mercancía» Como en toda ciencia histórico-docial. la existen­ cia del proletariado. XLIII La expresión económ ica de la enajenación de sí humana es la «mercancía». de debe diempre indùtir en el desarrollo de lad categorías económicad. su «form a mercancía».86 K arl L o w it h ca.] la dociedad burguesa moderna edtá dada y que lad categorías expredan [ . II. de ningún modo comienza justo ahí. su expresión inmediatamente humana-dociaL. 2 6 6 y ss. En cambio. .

una «potestad objetiva». más que en el punto geo­ . en principio. mientras que uno se sepa única y solamente. lo siguiente: la lefia que pertenece a alguien y que puede ser robada no ed leña solamente. C om o leña. y el hom bre. sino una cosa de significado econ óm ico y social. en la «cosa»—está con­ cluida. fin último. en la cual la enajenación de sí del hom ­ bre com o axitorrenuncia — precisamente. com o la mercancía. por consiguien­ te. Una pena correcta. tiene un ca­ rácter de fetich e. o preferentemente. Por eso pueden «ven cer los falsos dioses de madera y sacrificarse las víctimas humanas»: Cuando la leña y el poseedor de leña como tales decretan leyes. de acuerdo con su más propio sentido. L o que M arx quiere decir en el debate es. por lo tanto de significado humano. n o puede p o r lo tanto erigirse. sólo com o ladrón de le­ ña. mientrad que él no es ca­ paz de determinar hum anay socialmente sus relaciones cosificadas y dominárlas. porque. humana y n o sólo jurídicam ente. no se diferenciarán esas leyes en nada.En ambas perspectivas la cosa muerta es. a esa «exterioridad» cumbre. que la roba. algo inhumano — mera leña—que determina al hombre y lo «subsume». sino. en esa forma significativa.M ax W eber y K arl M arx 87 de «cosa» y «hombre». Una enajenación de di es la renuncia en una cosa. M arx describe en la disertación com o «materialismo» al comportarse hacia sí mismo com o hacia algo otro y ajeno. y se define a sí mismo. com o hom bre que tiene esta conciencia de sí particular y «limitada» y al que. el otro hom bre no le viene en consideración tam poco com o hombre. El hombre puede ser determinado por la mera «leña». p or m edio de la presuposición de que esa cosa. com o que quiere cancelar esa enajenación. com o p oseedor de leña. com o un «idealista». res1 · pectivam ente. porque ella misma — igual qué la mercancía—es ya una expresión objetiva de las relaciones «políticas» — en el sen­ tido de la palabra— . no es lo mismo para el poseedor com o propieta­ rio privado que para un no poseedor. de nuevo. sea para el hombre.

esto es. se concibe aún la reapropiación misma del mundo objetivo bajo la forma nacional-económica de la posesión. a la vez. en Marx. que la interpretación meramente nacional-económ ica de una situación de ese tipo. A la posesión él le atribuye una «función social». a la propiedad privada. Proúdhon contrapone [.. y el lenguaje en el que son dadas.] a la vieja forma del tener. Ese materialúrrw infame (ese pecado contra el espíritu santo de los pueblos y de la humanidad) es una consecuencia inmediata de aquella doc­ trina que predica el legislador. juntó con la «cosificación» de la conciencia de sí humana. Pero en tanto algo com o la leña. Se codifi­ can la¿> relacioned huihanad a travéd de que leu) relacioned codificadas de humanizan en potedtaded cuadiperdonaled dobre el hombre. Este sentido radical hu­ m ano de los análisis econ óm icos se m antiene después. 1. 304). esa aparente «cosa-en-sí».88 K a r l L ó w it h gráfico én el cual. y no resolver políticamente la tarea singular material. y que dicta que en una ley sobre leña sólo hay que pensar en leña y en bosque. Ya que su crítica de la economía na­ cional todavía está atrapada en las presuposiciones de la econo­ mía nacional. o el querer cancelar la expresión nacional-económica de la humana enajenación de sí. empero. presenta una expresión todavía enajenada de la general enajenación de sí humana: Que Proúdhon quiera cancelar el no-tener y la vieja forma de te­ ner se identifica por completo con su querer cancelar la relación prácticamente enajenada del hombre frente a su esencia objeti­ va. lá posesión. En La dagrada fam ilia éste subraya. el periódico estatal prusiano. se vuelve m edida del ser y dél com portam iento del hom bre se­ gún relaciones sociales determinadas. lo «interésante» .. no resolverla en relación con la completa razón de Estad o y la moralidad estatal (W!I. una medida del hombre. también las cosas mis­ mas se vuelven ahora. En una función ño es. com o está contenida en la demanda de igual podedion. Esa in­ versión es un «materialismo infame». dé m odo aún más expresamente crítico. contra Proúdhon. p.

pp. de esta manera él no la cancela realmente.6 8 Esto es. debe ser canceladay transformada en una total «actividad propia».. enajenar y a la vez prevale­ cer com o un poder independiente [ .] de él. enajenada de que el objeto. Proudhon cancela la enajenación nacional-económica (sólo) dentro de la enajenación nacional-eco­ nómica (Obradpódtumad. el comportamiento perso­ nal del individuo se deba cosificar. pp. y «el poder de su propia vida se vuelve sob rep od eroso contra ellos».M ax W eber y K arl M arx 89 el «excluir» al otro. su relación humana hacia otro hombre. sino tam bién una cancelación de la contraposición entre ciudad y campo. sin él·»?6 9 La res­ puesta de M a rx es: a través de la división del trabajo. Proudhoii no logró dar una explicación que esté a la altura de ese pensamiento. ese fundamento de la racionalización. de m odo que «sus relaciones se autonomizan contra sí mismos». como ser para el hombre. 139-140).. el comportamiento social del hom­ bre hacia otro hombre. Esa transformación significa no sólo una cancelación de la división del trabajo en intelectual y corporal. que por sí misma sólo es «la más crasa expresión de la subsunción del individuo bajo la división del trabajo» (La ideología alemana. es a la vez el ser-ahí del hombre para otro hombre. La misma pregunta postula también La ideología alemana. 248 y ss. de tal m odo que éstos no tienen y a bajo su poder «la form a de su comportamiento mutuo». esto es. sino afirmar mis propias fuerzas esenciales y materializarlas. II. ¿C ó m o se llega a que. La completa forma de tra­ bajar. dentro de la involuntaria «autonom ización de los intereses personales hacia intereses de clase. vigente hasta hoy. aun cu an do n o sea tratada de la misma manera. La representación de la «igual posesión» es la expresión nacional-económica. y 271 y ss. como ser objetual del hombre.7 0 Pero la división del trabajo sólo puede ser en verdad cancelada so­ . en su raíz. También aquí M arx pregunta de dónde surge la «extrañeza» con la que los hom bres se com portan respecto a sus propios productos.) .

a través de un curioso juego del destino. La victoria del arte pa­ rece alcanzarse con pérdida de carácter. pero el hombre es esclavo del hombre o esclavo de su propia vergüenza. el cual vuelva generales no sólo la posesión. miseria moderna y decadencia allá. Ese antagonismo entre industria moderna y ciencia aquí. y sin embargo nosotros ve­ mos que conduce al hambre y al sobretrabajo. parece que cada cosa está preñada de su contrario. esa oposición entre las fuerzas de producción y las relacio­ nes sociales de nuestra época es un hécho. Por otro lado se hacen notar los signos de una decadencia que ensombrece los muy citados temo­ res de los últimos tiempos del Imperio Romano. dentro de la divi­ sión del trabajo. Por el contrario. como no podía adivinar ningu­ na época pasada de la historia. de la siguiente manera: Hay un gran hecho que es característico del siglo X IX y que nin­ gún partido puede negar. han despertado a la vida fuerzas industriales y científicas. la «autonom ización» de las relaciones socia­ les hacia relaciones de cosas es inevitable. sino al ser humano mismo en todas sus exteriorizaciones.] El resultado de todos nues­ tros descubrimientos y de nuestro progreso parece ser que las fuerzas materiales están dotadas de vida espiritual. otros pueden desear extirpar las capacidades modernas para así extir­ .. La humanidad se vuelve señora de la naturaleza. [. Las fuerzas de la riqueza recién liberadas se vuelven. dominante e indiscutible. es subsumid a ». tan inevitable que la diferencia (no comunista) «éntre la vida de cada individuo en tanto es personal y en tanto está bajo cualquier rama del trabajo y las condiciones a ella pertenecientes. uno claro. Por un lado. En nuestro tiempo. y la existen­ cia humana se rebaja a fuerza material. en fuentes de la desposesión.'1 Diez años después de La ideología alemana (1856).90 K a r l L o w it h bre la base de un orden comunitario comunista.. Algunos partidos puede lamentarse de eso. M arx resume su con cepción fundamental de ese m undo invertido en una mirada hacia la «así llamada» revolución de 1848. La máquina esta dotada con la fuerza maravillosa de acortar el tra­ bajo humano y de volverlo fructífero.

Nosotros. E l capital no significa todavía una mera crí­ tica de la economía política. no desconocemos al espíritu astuto que avanza. sólo necesitan de nueva) hombres (La revolución de 1848 y elproletariado).M ax W eber y K arl M arx 91 par los conflictos modernos. en el hilo conductor de su economía. para dar forma a to­ das esas oposiciones. M arx completa. lo que en su fin originario está dado para el consumo. en La ideología alemana. a la mano del consu­ midor. no es prod u cid o ni intercam biado inmediatamente com o cosa de consum o para la propia necesidad. Consiste en que. para el que la mercancía sólo tiene un valor de cambio. para poder erigir una buena obra. sino que lle­ ga al m ercado de mercancías m oderno com o valor. Y sin embargo. M arx fijó ya en la introducción a la Crítica de lafilosofía del dere­ cho de H egel quiénes serían esos «hombres nuevos». por lo que nos concierne. el quiebre decisivo con el «humanismo real» de Feuerbach. com o com prador de mercancías. com o «socialismo ciéntífico». Esa mercancía es (igual que la «leña» en el debate) una expresión económ ica de la enajenación de sí. los llama­ dos a levantar la general enajenación de sí: «Ellos son los tra­ bajadores». pleno de energía. . de un m ercado ganadero o de uno de libros) y justo por ese atajo llega desde la mano del vendedor. sino una crítica del hombre de la sociedad burguesa.'2 Esa autonomización del objeto de consum o hacia la «m ercancía» ejemplifica una vez más la relación general que postula que. Nosotros sabemos que las nuevas fuerzas de la sociedad. el p rod u cto dom ina sobre el hom bre. la posibilidad de su realización y superación. Con eso.mercancía autonomizado (ya se trate de productos económ icos o intelec­ tuales. La «cé­ lula económ ica» de esa econom ía es la forma mercancía del producto del trabajo. O pueden imaginarse que un pro­ greso tan reconocible hacia un perfeccionamiento en la econo­ mía necesita de un retroceso igualmente reconocible en la polí­ tica. la filosofía del «humanismo real». en la sociedad burguesa-capitalista. encontró la «praxis social» a él perte­ neciente.

como propiedades sociales naturales de dichas cosas y. la forma fantasmagórica de una relación entre cosas. una rela­ ción social oculta. C on la me­ ta de desvelar el p roceso de esa inversión. [.. para los hombres. De ahí que pa­ ra encontrar una analogía pertinente debamos huir hacia la re­ gión nebulosa del mundo religioso. es sensorial. ante los hombres él carácter social dé su propio trabajo como caracteres objetivos inherentes a los productos del trabajó. Mediante este quidpro quo. es sólo aquello qüe no es com o «m ercancía» precisamente. D e ese m odo. los productos del traba­ jo se convierten en mercancías.] Lo que aquí adopta. L o que ella es com o mercancía. A esto lo llamo el fetichismo qué se adhiere a los productos del trabajo tan pronto se producen como mercancías. .. M a rx realizó el análisis de la «apariencia cosiíicada» de las modernas relacio­ nes sociales de trabajo en el «carácter de fetiche» de las mercancías. sin más. com o corresponde a la «relación natural de las cosas» — dicho con el giro prudente de W eber— . en cosas sensorialmente supra­ sensibles o sociales. C om o mercancía. la mesa común es una cosa «sensible-suprasénsible»/3 L o que en ella.92 K a r l L o w it h pero no al revés. es sólo la relación social determinada existente entre ellos. sino com o cosa de consum o. que cuesta dinero — com o cuesta el trabajo mismo. por ende. en primera instancia. comenzara a bailar»: Lo misterioso de la forma mercantil consiste sencillamente. en relación unas con otras y con los hombres. Otro tanto ocurre en él mundo de las mercancías con los ¡productos dé lá mano humana. En él los productos de la mente humana parecen figuras autónomas. o el tiempo de trabajo. pues. en que la misma refleja. en que también refleja la relación so­ cial que media entre los productoresy el trabajo global como una relación social entre los objetos. existente al margen de los productores. dotadas de vida pro­ pia. respectivamente—es. p o r libre determ ina­ ción. sino que se pone de cabeza frente a to ­ das las demás mercancías y de su testa de madera brotan qui­ meras m ucho más caprichosas que si. ella «se mantiene no sólo con sus patas en el suelo.

Pero al mismo tiem po. sino que tam bién es históricamente mudable. I. cosificada. eso — dice M arx—debería ser com prendido inmediatamente cuando se com para a éstas con otras relaciones históricas so­ ciales y económicas. en esa época. en principio. las relaciones sociales de las personas en sus trabajos aparecen7 6 en tod o caso. a la «oscura» Edad M edia y a sus relaciones de de­ pendencia personales. en la misma medida. Que un orden económ ico socialmente condicionado de tal rhodo. esa inversión. Esa mutabilidad aparece. porque también su autoconciencia está. en donde el producto del trabajo com o mercancía se vuelve autónomo frente a su productor. puramente «objetivo»—en pri­ mer lugar solamente a trayés del intercambio de sus mercan­ cías como mercancías. pp. 38-39). com o quiera que se juzgue. de objetos de cuaLfuier tipo en forma o estructura de mercancía. entran en contacto Humano-social — esto es.M ax W eber y K arl M arx 93 y que es inseparable de la producción mercantil (ELcapital. a los mismos productores las relaciones dociales que están en la base de las mercancías se les aparecen no com o relaciones sociales de trabajo entre hombred. Los hom bres no tienen en prin ci­ p io ninguna conciencia de. por ejemplo. com o produc­ tores de mercancías.M arx afirma que esa inversión vale para una form a social y económ ica que no sólo ha Llegado a der así-y-node-otro-m odo. com o . 6. sino com o puras relaciones «objetivas» éntre ellos. en un mercado regulado p or sí m ism o7 4 . D e m odo inverso. Porque. cosificadamente vela­ da a través de la forma-valor fija y completa de las mercancías en la form a-dinero/5 de tal m odo que parecería que puede sólo cambiarse el precio de las mercancías. es en verdad Uno totalmente invertido. Puesto que los productores de mercancías. esto es. pero no el carácter de mercancías com o tal de los objetos de consumo. las relaciones cosificadas entre mercancías reciben e l carácter de relaciones cuashperdonal&tf entre cuerpos de mercancías activos.

Hegel explica que el hombre p o ­ dría enajenarde de sus particulared posibilidades corporales e in­ telectuales en la actividad de producciones dingulared y en un consum o delimitado en el tiempo. Esa enajenación personal es igualada expresamente p o r H egel con la relación del hom ­ bre hacia la coda. C om o aquí las «relaciones de dependencia personal son las que construyen el fundamento social dado. pudo ser legitimado por Hegel positivamente. en esa delimitación. D esde la perspectiva de eda relación. con trapon ien do otra v e z la «transparencia» de sus relaciones sociales respecto á los p ro­ pios productos del trabajo con la oscura inversión del m undo1 de m ercancías m odern o — su inhum anidad— . com o ba­ se de la producción de mercancías. Adem ás. M arx desarrolla la posibilidad de un fu­ turo orden social com unista.). en du totalidad. en que él es.7 7 sino la necesidad de retornar desde el hom bre parcial. A l retrotraer el carácter de mercancía al de consum o no cabe sólo una des-capitalización. diferente de su realidad.94 K a r l LO w it h dudpropiad relaciones personales y no están «disfrazadas de re­ laciones sociales entre cosas». a u n hombre «natural». El m undo de mercancías sólo puede ser superado a través de una funda­ mental transformación de las relaciones de vida concretas del hombre. zoon polilikon. según M arx. cosificadamente autónomo. La form a natural del trabaj o. es aquí su form a social in­ mediata» (Elcapital. en esa ép oca es característico que aquello que M arx niega com o una «autoenajenación» del m oderno mun­ do de los hombres y que W eber afirma com o un «destino ine­ ludible». cuya naturaleza hu­ mana consiste. trabajadores y productos no necesitan tomar una form a fantástica. 4 3 y sS. En consonancia con esa perspectiva histórica. pp. En el § 67 de la Filodofía del derecho. él expli­ ca (§ 61) que una cosa arriba a su propia determinación pre- . 6. porque éstas tendrían. fundamentalmente. su particularidad y no su universalidad. I. sólo una relación «externa» respecto a la «totali­ dad» y la «universalidad» humanas.

tienen nuestros actuales servidores. M arx concluye a partir de ello exactamente lo contrario. Con él consumo de una cosa Se apropia la cosa misma. en una pro­ d ucción singular. la totalidad de las exteriorizaciones humanas de la vida y el consum o total de las fuerzas humanas es idéntico con el todo mismo de la vida sustancial. en la total extensión de lo que es. su consumo. D e esa identidád de la süstancia'de la vid a personal con la totalidad de sus exte­ riorizaciones no sé sigue. Cuando Se ha realizado el completo consumo de la cosa — esto es. de lo que en apariencia es completamente «externo» a la cosa «misma» o «en sí»— . no depende de esa realidad irracional. lo que Hegel extrae de ello: esto es. no obstante.M ax W éber y Karl M arx 95 cisam entey justo a través de que es utilizada y consumida p or el hombre. porque la exten­ sión total de su actividad era enajenada». su «exterioridad». en consonancia con él para qué ella está ahí (con su naturálezá de cosa) — esto es. que e l trabaja­ dor a sueldo. está en realidad más someti­ d o que el esclavo antiguo. que una actividad particular. un esclavo. y la exterioridad realizada. no podría absorber la totalidad real del hombre completo y determinarlo en su totalidad com o una particularidad. El esclavo ateniense tenía quizá menos obligaciones y trabajo intelectual que el que. dentro de un tiem po diario limitado. Porque no obstante él es jurídica­ mente el propietario de su capacidad de trabajo y estaría en . o alienarse — sin minimizar la «exteriori­ dad» filosófica de una relación com o ésta— . precisamente. regularmente. Pero la filosofía de Hegel. aparece lo que ésta es propiamente en primera instan­ cia. sin embargo. y ésté es el sentido originario de «propiedad». esto es. Asimismo. o el jornalero. legalmente «libre». para la cual lo «universal» del hom bre era el «espíri­ tu». pero era. para el consumo— . La Sustancia de la cosa es entonces. sólo p orq u e en s í es una relación «delim itada» y «externa» del hom bre respecto a sí mismo. Y así surge en él el curioso agregado siguiente (al § 67): «La diferencia aquí dis­ cutida es entre un esclavo y el servidor actual. singular.

hombre privado y. ciudadano pú blico del Estado. pp. pp. Ese «libre» esclavo asalariado encama. Crítica de lafilosofía delderecho de Hegel. él se vuelve de ese m odo totalmente una «mer­ cancía». \ - L a expresión específicam ente política de la autoenajenación humana es la contradicción interna entre el Estado moderno. W. su fuerza de trabajo vendible. la form a cínica con la que H egel distingue entre totalidad humana y exterioridad. (Com párese al respecto la form a «a corazón abierto».96 K a r l L ó w it h igual condición que el poseedor de los medios de producción. y la sociedad burguesa o. I.I. porque la abdtfacción de la vidaprivada pertenecejustamente a la época moderna. a la vez el problem a universal de la sociedad m oder­ na. es lo único que defacto «posee» y debe enajenarla para poder vivir (E l capi­ tal. en el derecho natural de H u go § 144. de tal m odo que su destino no tenía un significado general. sino «sólo» a su fuerza de trabajo y a ella la ven de tam bién. p. 4 57 y 499. en. 2 6 8 y ss. p ero ni com o éste ni com o aquél es un . porque ésta.). y no se vendería a sí mismo. la contradicción en di mismo del hom bre de la so cie d a d burguesa y del Estado burgués. productora de mercancías. en parte. y la correspondiente crítica de M arx en Obradpódturnad. en oposición a ella. en to d o caso. solam ente p o r un tiempo limitado. III. El hombre real (de esa época moderna) es el hombre privado de la constitución del Vetado actual. pa­ ra M arx. respectivamente. Él es. I.). 1 30 y ss. La expresión política de la enajenación de sí humana en la sociedad burguesa La abstracción del Estado como tal pertenecejusta­ mente a la época moderna. parte. porque. o mejor. el esclavo antiguo estaba fuera de la sociedad «humana» que en­ traba en consideración.

privilegiadamente un hombre privado y. esto es. sino que él postula lo que es com o si fuese la esen­ cia del Estado» (W. com o «hom bre». 1. L o especial en el hom bre burgués. un hombre «sin con­ tradiccion es».I. un «burgués». Y así com o la crítica de la mercancía concierne ai carácter dé mercancía de todos nuestros objetos. y no de otro m odo. de La sagrada fam ilia pueden permanecer aquí desconsideradas). cosificada de ser humano. en tanto lo separa y lo recorta de la universalidad de la vida pública es que él es. p. sino la particularidad humana como tal. esto es. 476). a la humanidad privada. a su estructura ontológica. para M arx. La crítica de esa particularidad del hom bre de la sociedad burguesa se une inmediatamente. La crítica de la econ om ía com o crítica de la econom ía «política» y a es indirectamente una crítica de las re­ laciones de vida sociales y estatales de la humanidad que se organiza económicamente así. así también la crítica de la sociedad burguesa y del Estado burgués con ­ cierne a la esencia del burgués cóm o tal. a la pri­ vacidad. lo que lo destaca para sí. pero asistemáticas. Bauer (las referencias. con la crítica de Hegel de la sociedad burguesa. en ese sentido. relacionadas de m uchas maneras.M ax W eber y K arl M arx 97 hombre «com pleto». en diferencia y oposición a la universalidad pública del ser-ahí. A m bos tratados muestran de manera sistemática la autoenajenación humana en su form a político-social. a una forma invertida. de la mano de la crítica de la filosofía del derecho7 8 de Hegel y en discusión con el tratado sobre la cuestión judía de B. L a crítica tem ática de las relaciones sociopolíticas fundaméntales del m oderno m undo de los hombres la desa­ rrolla M arx. hasta en lo más singular. de tal m odo que el contenido de sus explicaciones es .7 9 Porque «a Hegel no se le debe reprochar que esquematice la esencia del Estado moder­ no com o es. Él «mistifica» absolutamente lo empírico. a esa form a determi­ nada de ser humano. sobre todo. esto es. La particularidad humana que es combatida en esos escritos no es el hom bre com o poseedor de dinero y de mercancías.

retrotraerse desde esa completa or­ ganización hacia su individualidad.. L o que Hegel y a con oció y M arx vuelve el punto cen­ tral es el QSLrÁct&rJundamentalmente privado del hom bre dé la sociedad burguesa. p. que no afecta ni a él ni a su realidad autónoma— y la social. y su existencia en la sociedad burguesa está acabada sin el Estado. 526). que a la vez contrapone al hom bre viviente en ellos < . En ella. p or ende -com o posición privada— . 1.I. [. es puramente in­ dividual» (W . fuera del Estado. 1. él puede ser un ciudadano estatal.98 K a r l L o w it h del «materialismo más craso» (¡) (W I. Lb que Hegel presenta en los hechos no es otra cosa -en la interpretación de M arx—que el conflicto universalmente válido entre la sociedad burguesa y el Estado· «L o más profun­ do en H egel reside en que él percibe la separación de la socie­ dad burguesa y la política com o una contradicción. 492).8 0 M arx combate esa separación de los intereses particulares y generales.. Pero lo falso es que se conform a con la apariencia de su disolución» (W. sólo como individuo. la burocrática — que es una determinación formal externa del Es­ tado trascendental.. La posición de la sociedad burguesa es. él se pósiciona como hombre privado. él debe salir de su realidad burguesa. 494) .I. p. de la potestad de gobierno. ella no afecta al Estado político como tal. él se encuentra en una doble organización. p. porque la existencia del Estado como gobierno está acabada sin él. Hegel es ma­ terialista en cuanto reconoce lo que existe defacto com o algo internamente necesario y lo postula absolutamente en la filo­ sofía.1.. Su existencia como ciudadano estatal es una existencia que radica fuera de sus existencias comunitarias.] Para comportarse como real ciudadano del Estado. Porque la única existencia que él encuentra para su ciudadanía estatal es su pura individua­ lidad desnuda. abstraerse de ella. Sólo en contradicción con esas comunida­ des dadas una vez. Coma ciudadano real. en verdad una posición no política'. la organización de la so­ ciedad burguesa. para adquirir significación política y efectividad.

de la vi­ da real. Y en los hechos. o. de la vida privada de sus ciudadanos. en general. c o ­ m o Estado administrativo burocrático racionalizado. La sociedad burguesa actual es. en diferencia con la universalidad pública. 572 y ss. y con ella del hombrease completa com o superación \Aufhebung\ c r ít ic a y m Iü com o superación de l a — presupues­ ta—contradicción burguesa de lo privado y lo público. C om o hombre privado.8 2 así describe M arx en una carta (W. externo. hom bre p riv a d onecesariamente algo otro. para el cual todo es medio. por ende. ese mismo hom bre sólo es una form a privativa de ser humano. desde el conflicto del hom bre de la sociedad burguesa con sigo mismo. com o ju «res pública». 1. tan extraña com o permanece por otro lado su vida privada respecto al Estado.8 1 D esarrollar desde el con flicto de ese Estado fundam en­ talmente no político. extraño.M ax W eber y Karl M arx 99 en una existencia preferentemente privada y una pública. desde «las form as propias de la realidad existente». la existencia individual. para encontrar de esta manera el nuevo m undo. Su Estado es un Estado «abstracto» porque él se abstrae. en tanto las modernas relaciones de vida reales presuponen una separación de la vida real res­ pecto a la vida estatal (W . la form ación «positiva» de su idea de una sociedad humana. la «verdadera realidad y su deber ser com o su fin últim o». p.) su empresa. La hu­ manidad privativamente-privada del hombre de la sociedad . 538). el principio materializado del individualismo. el fin último. para sí.I.I. En la com unidad comunista se trata exactamente de lo contrario: en ella parti­ cipan los individuos como ¿«3¿V ¿<?í¿<w . 1. esto es. c o ­ m o una auto enajenación humana. respectiva­ mente. p orqu e ¿óLo «p olítico». pp. P orque com o ciudadano estatal el burgués es — en tanto él es. tanto com o ellos se abstraen de él com o hom bres individuales. a partir de la crítica de ese m undo en vejecid o. La determinación del hom ­ bre de ser miembro del Estado sigue siendo necesariamente una determinación «abstracta». personalinente en el Esta­ do.

universal. una form a de delim itación que ni la A ntigü edad ni la E d a d M e d ia habrían c o n o c id o (W . Mientras el Estado sea cristiano y el judío. Y eso. p o r el contrario. Porque la religión nó sería y á el fundam ento. 437 ). en cambio. sería sólo una cara de la total «realidad de la esencia humana verdadera». p.8 3 Es decir. p. 573). corresponde también el repliegue de cada parti­ cularidad religiosa en el hom bre.8 1 M arx ha hecho realidad. el m o d o de aparición de la limitación humana (W . también su existencia «teoré­ tica». sería la delimitación del ser humano mismo a hombre privado. en o p o sició n explícita co n aquel com unism o «real» (de Cabet. según M arx. la universal? ». L a en apariencia más concreta pregunta sobre cóm o los judíos podrían ser políticamente emancipados en Alemania es resuelta por M arx inmediatamente con la pri­ mera oración. « ¿ P o r qué les digusta tanto su especial servidumbre.I. ambos son tan p o co capaces de . autonomizados.I. la destrucción de cada particularidad religiosa del hombre. siguiendo el tratado de B. en esa singularización. y que lo vuelvafundamentalmente un hombre comunis­ ta. tan p o co com o los alemanes. sino sólo el fenóm eno. esto es. mientras ellos n o sean «hum anam ente» emancipados. 1. de la esencia privada» (W . «selecta»^. que de­ berían supuestamente em anciparlos. Bauer sobre la cuestión judía. emancipados humanamente. 1. en tanto es una «aparición del prin cipio humanista aún contam inada de su contrario. 581). Weitling y otros) que sigue siendo una «abs­ tra cció n dogm ática» — es decir. Porque una emancipación política de los judíos sería irrelevante. p. •A ésa radical reducción y destrucción de todos los m odos de existencia singularizados y. también el «com pleto principio socialista». cuando les gusta.I. 1.100 K a r l L o w it h burguesa debe cancelarse en una com unidad que aprehenda la completa esencia del hombre. judío — acuerda M arx con Bauer— . tom ado así para sí. son los judíos. El verdadero fun­ damento.

para emancipar realmente a los judíos. com o de ser emancipa­ dos.I. com o al hom bre religioso y al hombre privado. o tam­ bién en protestante y ciudadano del Estado. entre el terrateniente y el ciudadanb estatal. 578). en la respectiva diferencia con los intereses sociales geueraled: La diferencia entre el hombre religioso y el ciudadano estatal es la diferencia entre el vendedor y el ciudadano estatal. E n el punto. deja reposar sobre sí la escisión entre el Estado político y la sociedad burguesa — esa oposición «mun­ dana»—y polem iza sólo contra du expresión religiosa. 585). tanto com o a los cris­ tianos. sin embargo. com o tal. L a p re­ gunta es. re sp e cto a coda form a de edpecialización humana. I. en tanto investiga la relación de la emancipación política respecto a la em ancipación humana. sin que el hom bre sea un hombre.libre». que concierne a la emancipación respecto a cada parti­ cularidad en e l ser humano de modo abdoluto. n o sería una .M ax W eber y Ka r l M arx 101 emancipar (al hom bre com o hom bre). Entonces. no se necesita de una libertad religiosa estatal. sin em bargo. sino de la libertad humana respecto á la religión. p . La frontera de la m era em anci­ pación política se muestra en que «el Estado puede ser un Es­ tado libre. p o r ende. Esá pregunta concierne tanto al hom bre de oficio m oderno. La contradicción en que se encuentra el hombre religioso con el hombre político es la misma contradicción en que se encuentra el burgués con el ciudadano. Esa se­ paración del hom bre en ju dío y ciudadano del Estado.8 5 Báuer. entre el jornalero y el ciudadano estatal. 1. en que la pregunta term ina de ser teológica. p. el miembro de la sociedad burgue­ sa con su pielde león política (W. 1. entre el hombre viviente y el ciudadano eétatal. Tanto Bauer com o M arx describen esa reducción a rela­ ciones puramente «humanas» com o la única conducta a la vez «crítica» y «científica» ( !) (W . ahí acaba Baüer de ser crítico y entra en juego el mismo M arx. una com pletam ente universal y funda­ mental.

reclama derechos cívicos (W . en sí misma. sino privilegios burgueses. obra como cristiano respecto a los judíos. estaba diferenciado de sí mismo c o ­ mo bourgueoij. _ la imperfección y la contradicción no está en ustedes. su autoenajenación (W. al hombre egoísta. pues. 1. Si ustedes. históricamente de­ terminado com o citoyen. se deriva que la emancipación política no es por sí misma la emancipación humana. Ningxuió de los llamados derechos del hombre sobrepasa.102 K a r l L o w it h mentira contra la ciudadanía estatal. al hombre privado corno al honAyra propiamente dicho y verdadero·. sin emanciparse humanamente. sin librarse completamentey fuera de toda contra­ dicción del judaismo. comparten una limitación general. 590). También aquí se mues­ tra que los droité de l’homme no eran derechos del hombre. Así como el Estado evangeliza cuando. más bien: ya que pueden ser emancipados políticamente. Esta solo representa el general «alejamiento del hom bre respectó al hom bre». 1. La particularización de la re­ ligión. sólo es una expresión de la universalmen­ te válida contraposición del hom bre m oderno de la sociedad burguesa. sino en la esencia y en la categoría de la emancipación política. aun como Estado. sino la mera form a políti­ ca de emanciparse de la religión. miembro de la socie­ . pues. porque ese homme. el mismo carácter imperfec­ to de la emancipación en los límites internos de los derechos del hom bre franceses (y americanos). I. Les decimos. p. esto es. al hombre tal como es. aun como judío. el judío hace política cuando. con Bauer a los judíos: ustedes no pueden ser emancipados políticamente. 591). I. judíos. para finalizar. M arx comprueba. Si están limi­ tados en esta categoría. quieren ser emancipados políticamente. p. la diferencia humanamente interna entre la «vi­ da individual y la vida genérica»: No decimos. La declaración de los derechos del hombre pre­ supuso — defacto—al hom bre com o burgués. sin emanciparse radicalmente del ju­ daismo.

por un la­ do. por eso. La verdadera emancipación humana. desdé esa perspectiva. esto es. según su idea. 1. en la idea de M arx. I. que desapareció con los griegos del mundo y con el «cristianismo» y se perdió en la neblina celestial.M ax W eber y Karl M arx 103 dad civil. Sólo ese sentimiento. reducido a su interés privado y a su arbitrio particular. la libertad. aún se debe realizar: La emancipación política es la reducción del hombre. 595).de su autonomía originaria. la sociedad. y por el otro a ciudadano delEdtado [. en tanto cada hombre vale para él c ó ­ mo un ser «soberano». al individuo cerrado en sí mismo. una libertad de la meü alta comunidad — en con traposición con la libertad aparente del «singular atom izado». por eso es que M arx puede decir: El sentimiento de sí del hombre.·]. debería despertarse de nuevo en el pecho de esos hombres. p or lo tanto. 1. a miembro de la sociedad civil. 599). es p or ello la libertad en el sentido de la filo­ sofía del Estado de H egel. en su trabajo individual. sólo cuando el hombre reconoce y organiza como fuerzas Mcialed sus forceó propreé y. la necesidady el interés privados. puede hacer de la sociedad. p. más libré qué el hom bre de la so­ ciedad burguesa. Y porqu e el hom bre de la poluf griega era.. Justo cuando el hombre real individual recoge en sí al ciu­ dadano abstracto. hacia la cual. separado de la comunidad. aparece más bien como un cuadro exterior al individuo. en sus rela­ ciones individuales. I. la conservación de sus propiedades y de su persona egoísta (VV. Le­ jos de considerarse al hombre como un ser social. sólo entonces se cumple la emancipación humana (W. El único vínculo que los une es la necesidad natural. la fuerza social no se separa más en forma de fuerza política. «dem ocrático». la propia vida social. a individuo egoísta independien­ te.. como una limitación . La libertad. y como hombre individual se convierte en <ier genérico en su vida empírica. debe ser emanci­ pado el hombre. y porque el cristianismo es también. de . p.

sino en contraposición multilateral con los presupuestos de la estatalidad alemana. El hombre privado de la sociedad . La expresión social de la autoenajenación humana en el proletariado Cuándo bd edcritoreddocialidtad otorgan al proleta­ riado ede rol hidtórico univerdal. que no puede emanciparse sin hacerlo respecto a todas las .] la cual puede provocar.] porque bd consideren diodeé. nna comunidad dé los hombres para sus más altos fines. la que se posiciona no en contraposición unilateral con las consecuencias. un Estado democrático (W. sino sólo a tí­ tulo humano·. por lo contrario. finalmen­ te.. 561). II. [ . edto no ducede.104 K a k l L o w it h nuevo. Mád bien. p.8 7 IV. pero en realidad es absolutamente dependiente y está «subsum ido bajo la p o ­ testad de las cosas». una esfera.8 6 Justo en esa comunidad. I. p o r el contrario.burguesa es.. será posible la libertad verdáderamente-perdonal. es­ to es. ni meramente «extern o»). que concierne al hom bre com o tal. a través de un cam bio social en el ser humano y en la misma aütoconciencia humana (que no es efectuable ni de m od o puram ente «interno». de ninguna manera. [. 1. ya no a título hidtórico. . Obradpódtumad. p. En él radica la posibilidad posi­ tiva de la emancipación humana. pero no en tanto es una cla­ se especial de la sociedad burguesa. sino porque y en tanto es una sociedad fuera de la sociedad.. 133 La introducción a la Fiiodofía del derecho de H egel ya contiene la frase: «L a disolu ción de la sociedad com o un estamento particular es el proletariado». solamente libre — en especial según su propia representación— ..

en La sagrada fam ilia aparece (Obrad pódtumad. así entendido. porque debe enajenarse a sí m ism o igual que una m ercancía. Con el proletariado. pp. que es cierto que la clase propietaria y el proletariado presentan fundamentalmente una y la misma autoenajenación. su corazón. «resume en sU culmina­ ción inhumana» a todas las relaciones de vida de la completa sociedad actual. mientras que la otra. En cierta manera. en sus relaciones dé vida. en una palabra. con ello. él proleta­ riado.M ax W eber y K arl M arx 105 otras esferas restantes de la sociedad y.). n o puede liberarse a di midrnó. pp. Esa función univerdal-\mma. puede ganarse a sí misma (W. para la que el hombre com o ser genérico es la más alta esencia. pero precisamente a través ello desarrolla una conciencia crítica^ revolucionaria. sin tener una conciencia crítica de ella. son capaces de realizar su completa — y no . sus armas intelectuales. el proletariado. absolutamente excluidos de to­ da afirmación de sí. I. porque lo es evidentemente. el hombre proletario es menod des-humanizado tam­ bién que el burgués. de nuevo. 619-620). pero una clase se sabe reafirmada. por lo que solo a través de la comple­ ta ganancia del hombre. . en esa autoenajenación. sin embargo. e inversamente. emancipando a todas esas otras esferas. «E/a cabeza de ésa em anci­ pación es la filosofía. 131 y ss. es la completa pérdida del hombre. El proletariado es la autoconciencia de la «m ercancía». ha encontrado sus armas naturales. II. Sólo los proletarios del presente. una conciencia de clase. sin con ello emancipar a l a completasociedad.8 8Ya que el p ro­ letariado. p o r el contrario. es «la des-hum anización consciente de su des-hum anización y co n ello superadora de la mism a».» En el mismo sentido. y no de una forma oculta e irttelectualizada para sí mismo. la filosofía de M arx. una esfera que.na del proletariado será más desarrollada en La ideología ale­ mana en relación con la universalidad de la m oderna circu ­ lación dé la econom ía mundial. 1.

se disuelve. una m ercancía personificada. sino un m ero ex plotador y v e n d e d o r de su fuerza de trabajo.· en la apropiación de los proletarios debe ser subsumida una masa de instrumentos de producción bajo cada individuo y la propiedad bajo todos ellos. que consiste en la apropiación de una totalidad de las fuerzas de producción y del desarrollo de una totalidad de capacidades. del m odo más apreciable. P orqu e dado que el trabajador asalariado está enajenado completamente p or la «pregunta terrenal. en tama­ ño natural». y así se convierte necesariamente. el ser genérico del hom bre en su negación. En él se muestra la economía. con el significado central del proletariado com o el núcleo de la problemática social moderna. com o un destino humano. no porque los proletarios fuesen «dioses». La circulación universal moderna no puede ser subsumida. en el extremo de la autoenajenación. : p. a la vez que con la humanidad priva­ . Todas las an­ teriores apropiaciones revolucionarias fueron limitadas: indivi­ duos cuya afirmación de sí estaba restringida por un instrumen­ to de producción y una circulación limitados se apropiaron de ese instrumento de producción limitado y lo llevaron a una nue­ va limitación.' ICa r l L ó w i t h más estrecha—afirmación de sí. sino por­ que el proletariado encam a para M arx lo universal-humano. En todas las apropiaciones llevadas a cabo hasta aquí. 296). en la «anatomía» de la sociedad burguesa. Su instrumento de producción se volvió sil propie­ dad. porque no es en absoluto un «hom bre». pero ellos mismos permanecieron bajo la división del traba­ jo y subsymidos bajo su propio instrumento de producción.'imbricado con ellas. Entonces. su posición tiene una función uni­ versal. análogo al carácter de mercancía ¿fe todos los objetos m odernos. bajo los individuos de otro módó que a través de la subsünción bajo todos ellos (La ideología alemana. es que tiene un significado fundamental y universal. una masa de individuos quedó subsumida bajo un único instrumento de pro­ ducción. C on la autoliberación del proletariado com o el es­ tamento universal que n o tiene ningún interés particular que representar.

p orqu e ambas n o son separables cuando el «hom bre» es el «m undo» del hombre. su «vida». relaciones. por su parté. qué sumados deberían com poner la totalidad de la realidad. en el hilo con du ctor de la autoenajenaeión humana. meras articulaciones. con su propiedad privada y con la economía privada-capitai lista.M ax W e b e r . entonces. contradicción burguesa (com o y a había sido formulada p or H egel) de parti­ cularidad y universalidad. cu yo «hom bre sim ple» es un ser génerico social. p o r la división natural del trabajo. con posesión y econom ía cómunes. p or la suma de las relaciones de vida concretas. desde la posibilidad de su superación y esto significa. a la manera de una sociología empírica especializada.®9 sino una comunidad: de la vida pública. ni más ni menos que una superación de \a. M arx no investiga. para M arx.9 1 Pero tam poco era un «materialista» filosófico abstracto. el carácter fundamental de su privacidad. puramente económica.y K arl M arx 107 da. c o ­ rrespondencias y «efectos m utuos»9 0entre campos derealidad o «factores» singulares y con igual valor en sí. sino que M arx analiza la totalidad unificada del m undo de los hom bres m oderno. no significa que no sea más que el «produ cto» de una circulación particular. para él. El no fue un «empirista abstracto». ex- .9 2 Que esa «autoenajenaeión» está «condicionada» p or la forma y el estadio de desarrollo de las relaciones de p rod u cción «materiales». privacidad y publicidad en una sociedad no sólo sin clases. N o surge ni de una pura «interioridad» ni de una masiva «exterioridad». que no es una c o ­ munidad de los «círculos com unitarios más pequeños» y de las' «relaciones inmediatas del singular coii los otros». el proletariado. en la que todo es com ún a todos. La autoenajenaeión es contemplada. que habría «dedu cido» to d o de la mera econom ía. en cuya «cum bre» está. Esta se supera en la humanidad universal de la comunidad. En el lu­ gar de la mera in-dependencia del individuo burgués entra la libertad positiva de la más alta comunidad. sino en cada perspectiva des-racionalizada.

sino que el hom bre real es su « verdadera realidad». a diferen­ cia de la ciencia científica9 1 de tantos marxistas.. cóm o es enajenado [ . la problemática social en su tendencia histó­ rica de movimiento. . en la con­ vicción de M arx. y quiso superarla por medio de la realización. la «conciencia» en el «ser» social. hacer realidad a la filosofía a través de que la superó. en un aban d on o del p rin cip io de la autoenajenación del hom bre.] cóm o avanzay se detiene [ .. com o cualquier otro crítico de la sociedad. y su «autonciencia». y ésta es el hom bre en-la idea. y no sólo «el pensam iento a la realidad». se topa con él .. N o obstante. y esa conciencia moral permi­ tió al M arx hegeliano no sólo mostrar las «condiciones reales» del ser humano. sino en su concretización.9 5Esa form a de su planificado volver realidad a la filosofía está necesariamente condicionado por lo que. El progreso de La ideología alemana y en parte y a de L a ja grada fam ilia sobre la Crítica de-lafilosofía del derecho de H egel no consiste.] . dentro de «lo que es». de m odo que su «realidad» «impulsa a ese pensam iento». o también dejar disolver a éste [el ser social]. inversamente. Su conceptualización se vuelve más concreta no porque se la ligue origina·^ ñámente á un «factor» económ ico abstracto.. M arx quiso. «conciencia del mun­ do·».] por la completa orga­ nización de nuestra sociedad esa «apariencia» de sí mismo. se lo impidió: hacer de las condiciones mismas. [ . su idea del hom bre. .m K a r l L ó w it h terwrización de la vida. él sí poseyó una conciencia moral filosófica. en aquélla [la conciencia]. porque la «categoría» el hombre se determina concreta e históricamente— ?* V ero el hombre «réal» n o es el hom bre «en su existencia casual. otra vez. Es bien sabido que M arx había «saldado cuentas » en La ideología alemana con su «conciencia moral filosófica» pero. un iiicondicionado. mucho más. La realidad que ella porta es. aunque tam poco la encontró y a dada empíricamente. M arx se representó tan escasamente a esa. sino porque se la incluye en la relación concreta y diferenciada de las relacione s de vida concretas -e sto es. sino que también.

escondió bajo argumentaciones antimarxistas el punto de vis­ ta rector de M arx.C . colabora una falsa interpretación de los m otivos de investigación originarios y abarcadores de la so­ ciología weberiana p or parte de la sociología burguesa espe­ cializada.9 7 es un producto del marxidmo económ ico vulgar. L a crítica de W eber de la concepción m aterialista de la historia El título bajo el que W eber presentó en público sus investiga­ ciones religioso-sociológicas en 1918 fue Crítica poditiva de la concepción materialidta de la historia?6 D iez años antes y a había form ulado..). el fenóm e­ n o histórico humano de la racionalización. La «concepción materialista de la historia» que presupone la crítica de Weber. al fenóm eno histórico humano de la enaje­ nación de sí. y en especial en el joven M arx — que no «saldó cuen­ tas ». pp. C . A pesar de esto se revela. A la crítica fallida de W eber a Marx> condiciona­ da p or esa pérdida. en su crítica de la «así llamada» superación de la concepción materialista de la histo­ ria de Stammler (D . A sí com o ella cubrió con una colección d e datos y con disquisiciones m etodológicas el punto de vista rector de las investigaciones sociológicas de Weber> esto es. todavía. preparado p or Engels y por el M arx tardío. 291 y ss. en mayor o me­ norm edida. úna crítica del marxis­ mo. aun en la form a defi- . con su «con cien cia moral filosófica »— .M ax W eber y K arl M arx 109 com o lo que es en verdad y también pór lo que dedeo en «última instancia» — algo totalmente diferente de Weber. también W eber.. El contenido originario y pleno del análisis crítico de M arx del hom bre de la sociedad económ ica burguesa se pierde con ese marxismo vulgar. inversamente — y en com binación con el marxismo vulgar— . no se detécta ni p or el contenido ni p or las palabras en el midmo M arx. indirectamente también. en consideración a su m étodo principia!.

que en esa posición frente a Stammler está pre­ sente. para volver a empla­ zar la diferencia entre W eber y M a rx sobre su suelo origi­ nario. en la discusión con Stammler Si dejamos de lado que el diálogo de parodia entre el supuesto «espiritualista» socip -filodóficooincludo «materialista» (D . La crítica indirecta de Weber a Marx.9 8 U n planteamiento de la cuestión dogm ático com o éste p o ­ .. que enuncia que.C . pero no en el m étodo— . simultáneamente. en principio para la propia interpreta­ ción científica de W eber y para la correspondiente crítica a M arx. Lo. el verdadero motivo de su diferencia. se debe extraer. p. el «empirista» sociológico. sólo quiere tomar en cuenta directamente las referencias y m odificaciones de Stammler de la con cepción materialista de la historia. por lo que debería ser expli­ cada unificada y evidentemente (pero no com puesta a partir de lineas causales. «en última instancia». para la vida social en di. 299) y el «empirista» sociológico con «sentido com ún» (W e­ ber). del segundo apartado de esa crítica lo siguiente: la tesis espiritualista.110 K a r l L o w it h cíente de la crítica de W eber a M arx. Contra ambas afirma Weber. Ese m otivo propiam ente d ich o debe ser e x ­ traído de la form a deficiente del ataque. que ab­ solutamente nada puede estipularse de m odo científico sobre el significado causal de lo religioso en di. entrecruzadas de múltiples maneras). una posición tal frente al mismo M arx. tan incom probable com o irrefutable. desde la experiencia científica de W eber o «empíricamen­ te». los agentes dominantes de la historia humana serían las luchas econámicad. mismo ocurre con la tesis materialista — contraria en el contenido. que afirma que «en última instancia» la historia humana t-incluidos el acontecer político y económico—no refle­ jaría otra cosa que luchas relLjii>da>i. esa tesis es.

corresponde el sentido de la dispersa re­ ferencia a M arx en los Ensayos sobresociología déla r e lig ió n Tam­ p oco ésta quiere ser una crítica positiva de la concepción materialista de la historia en e1sentido de que. p or ende. en la que sólo los «dogm áticos» estarían obstinados. en última instancia. hace referencia a la condicionalidad mutua de todos los factores de la realidad histórica. en el caso histórico singular. evaluable «heurísticamente». científicam ente posible. un análisis de los diferentes sentidos de laregulaciónposible. D e otro m odo no se comprende por qué no se debería hacer también el intento de derivar v i­ da social. tal vez.) La perspectiva total. (E l resultado en verdad positivo de la crítica de W eber a Stammler es. no consiste1en una extensión dogmática de unos componentes singulares. o del efecto de las manchas solares o. aquí sólo muy es­ casamente retratados. com o análisis histórico «con­ creto». pero en qué medida él esté legitimado «de hecho». renuncia a cada forma de deducción clara y en su lugar. «de indicios del cráneo. básicamente. M ás allá de eso se podría arribar aún a. y con ello deja sin fundamentos . sino en urí progresar desde la unilateralidad necesaria de cada m odo de ob serv a ción cien tífica b a jo determ inados pu ntos de vista que delimitan su objeto unilateramente hacia la multiplicidad de los m odos de observación. de las molestias diges­ tivas». en el m ejor de los casos. en oposición a és­ ta. sólo puede estipularse por la investigación histórica. sino que esa crítica quiere ser «positiva» a través de que. de un factor sin­ gular en dirección al tod o de una «fórmula del mundo».M ax W eber y Karl M arx Ul dría ser. La crítica de Weber a Marx en Eiutayotf ¿obre sociología Be la religión A esos argumentos de la crítica de Stammler. procedería espiritualmente. reglad generar les del acontecer histórico.

1 0 1 Pero no son científicamente imposibles según cualquier norma objetivare la ciencia. porque «no debe avalarse una tesis tan locamente doctrinaria com o Ja que afirma que el “espíritu capitalista" [. y después ha­ ble de ese cam po com o de una «estructura ética». correctamente en­ tendido: ambas son. la ciencia de los hechos misma. asimis­ mo espiritualista y causal. el así llamado «es­ píritu del capitalismo» no es entendido por W eber ni de forma manásta vulgar. existente por sí y originariamente religioso. no puede confundirnos. p. que no habría sido su objetivo «poner en el lugar de una interpretación de la cultura y de la historia materialista unilateral una otra interpretación unilateral. Que Weber. a la m etafísica de la historia. es un expo­ nente destacado.1 0 2 A pesar de esa renuncia. al final de la investigación. com o un espíritu meramente ideológico de las relaciones de producción capitalistas. por el otro (Ensayos sobre sociología de la religión. 83) . -En relación con esto. Ambas son igualmente posibles » (Ensa­ yos sobre sociología de la religión.. la propia investigación de W eber sobre el espí­ . Para W eber sólo hay un espíritu del capitalismo en tanto una tendencia general hacia el m odo de conducción racional de la vida. portada por el estamento burgués de la sociedad. así fundamentada. «científicamente».] sólo pudo haber surgido com o afluente de determinadas influen­ cias de la reforma o. esto es. que el capitalismo com o sistema eco­ nómico sería un producto de la reforma». p. impregne su concep­ ción básica oportunamente de m odo antimarxista. igualmente ¿wposibles ( ! ) . 205). en la cumbre crítica de su argumen­ tación sobre el materialismo económ ico. tanto espiritua­ lista com o materialista. que fun­ da la afinidad electiva interna entre economía capitalista por un lado y etbos protestante. Y aún más claro dice. incluso.112 K a r l L o w it h la «unilateraJidad» de la metafísica de la historia.1 0 0Él mismo se vuelve atrás de esa cumbre confu­ sa enseguida. de la que la ciencia «empíri­ ca» especializada. ni com o un espíritu de­ pendiente de ellas. sino según reconocimiento del des­ tino de la racionalización en general..

ni más ni menos lo que el hom bre W eber era respecto al espe­ cialista. Él mismo descríbe la diferencia de su m étodo con el del marxism o. y con ello también su extensión hacia un «Todo» ilusorio. L o «positivo» de sus investigaciones. L a totalidad verdaderam ente posible. La otredad de su m étodo no es extraíble de lo que él dice a l redpecto. que él . la realidad de la ciencia. m ucho más. El verdadero sentido de su procedimiento «empírico» radica. en­ tendidas com o crítica a M arx. Aun cuando W eber no fuera tan «locamente doctri­ nario» de querer deducir el espíritu del capitalismo de form a pura relig iodo-sociológica. radica n o en una inversión dogmática del m étodo marxista vulgar> sino en un método fu n ­ damental. sino la solidificación posible de una particularidad hacia un Todo. Su sen­ tido verdadero reside. en oposición a la univocidad dogm ática de una fórmula del mundo. no obstante. y p or eso representa una «guía dentro del infinito».. quiso debilitar cada atadura & cualquier cosa dada determinada \Gegebenbeiteñ\. combate una forma determinada de — en aparien­ cia—totalidad. tam poco estuvo tan a la deriva en su actividad com o para poder conform arse con el acopio de empiria abstracta. con la distinción entre un m étodo «em pírico» y uno «dogm ático». Una pura com probación científica y especializada de datos es a ella la investigación weberiana.sm o que debe percibirse p or su relación con el T odo de su com ­ portam iento frente a la realidad — incluida. esto es. L o que él combate «fácticamente» no es la totalidad de la existencia y la observación. con su re­ nuncia a una «hum anidad com pleja» y a una «fórm ula del m undo» abarcadora. sólo aparentemente en el p ro­ gresar desde una «unilateralidad» necesaria de la observación científica especializada hacia la «multiplicidad». aunque estructurado de m odo diferente.M ax W eber y Karl M arx 113 ritu del capitalism o rio es — en con tra d icción con su autoconciencia científica especializada—una pura com probación «em pírica» de «h ech os» aislados. en que W eber.

1 0 3 W eber utiliza constantemente las «ventajas de la división del traba­ jo». tam bién en la ciencia. social o incluso econó­ mico. com o una fijación dem asiado rápida a supuestas «últimas» instancias de tipo religioso. sino a la vez y sobre tod o el c o n ­ trasentido de un sistema abierto de «posibilidades». p o r lo tanto. tan libre resp ecto a los fines com o sujeto respecto a los m edios y. de m odo «técni­ co»1 0 4 . sino la totalidad negativa dé la libertad de movimiento hacia todos lados. y que com batió cada método «dogm ático» precisam ente com o la form a científica de una posición del hom bre respécto al m undo atrapada en lo tras­ cendente. de ninguna ma­ nera --com o parecería ser en sus argum entaciones contra . También la inmensa casuística de sus definiciones conceptuales en Econo­ mía y sociedad tiene no sólo el sentido de delinear definitoriamente la realidad y de fijarla. sino p orq u e W eb er — en el saber de lo inseguro de nuestros ideales y realidades actuales— se com p ortó hacia ésta.C . aquel resto de «individualism o» que significaba. p. nuestra realidad. Pero no es ciencia de la realidad porque haya concebido de forma puramente científi­ ca a la realidad com o algo siempre igual y fijo de una única manera. W eber no renuncia con ello. mientras que el «éxito» res­ pon d a p or ellas. Y a pesar de esto. pero simultáneamente subraya la «irreali­ dad» de esa unilatéralidad qué escinde teóricam ente la realidad (D . la ruptura de cada «carcasa»> de cada institución. lo verdaderamente humano— . o m ejor precisa­ mente p or esto. no era la reunión de todas las iinilateralidádes posibles hacia una así denominada multiplicidad. 170). esto es. En realidad. de cada orden y seguridad práctica y teórica — para conservar. Y así surge también la forma propia de su m étodo «empírico»-especializado en que él no estaba atado p or ninguna disciplina de la vida y del saber.. puede afirmar que la sociología que él practi­ ca sería una «ciencia de la realidad».114 K a r l L o w it h mismo pone en práctica. para él. de la racionalización.

esto es. Aun así. sí dominar sobre su propio suelo. dino también entre codmovidioned del ..] se discute no solamente.. si bien no «solucio­ nar». sigue siendo perfectamente verdad que la cosmovisión del mundo que representa el singular. En relación con esto W eber discutió. p ero dé tal m odo que para él precisa­ mente esa racionalidad era el lugar problem ático de la liber­ tad. sino que también W ebér es irrefiitablé en el cam po de los así denominados «hechos». en sí mismas consecuentes.. p. no sólo M arx. esto es. a cada dom inio y conceptualización del «T odo» en su «unidad». en las posiciones de princi­ pio. 1 6 6 y ss. N o sólo se puede. entre otras cosas y seguramente en un muy alto grado. y [. aunque sí se medirían arribos autores en aquella lucha de los «dioses». ■ mundo. utilizar este concepto. la pregunta de «qué significa y qué objetivo tiene la críti­ ca científica de los ideales y juicios de valor».)— . por esta vez. Sólo sé trata de que el «principio» apropiado y uni­ ficado de su conducta teórica y práctica es mucho menos fácil dé detectar que el p rin cip io dogm á tico-revolu cion ario'd é M arx. en prim er lugar. con su «interés de clase» — si acepta­ mos aquí. y aun co n los tnediod de la ciencia. Esa contradicción es la que él iriténtó. Y así. en su tratado sobre la «objetividad» del conocim iento científico so­ cial. como nos gusta creer hoy a noso­ tros. en apariencia uní­ voco (D. Una lucha así no es superable p or medio de ningún «relacionismo» (M annheim ).C. entre «intereses dé clase». porque consiste en el reconocim iento de una contradic­ ción: de la división del trabajo racional.. a cada m étodo de principiad. suele tener un decisivo grado de afinidad electiva. sino que sé debe discutir sobre los mismos «patrones valorativos reguladores». en perspectiva con la relación responsable entre medio y fin. porque cuajado se trata en vérdad de una lucha entre tomas de posición por los principiod .M ax W eber y Karl M arx 115 Stammler (D .C . y lo planteó «racio­ nalmente». p. 153). especializada y de la parcelización del alma.

delEd. es principio y final de una m i­ rada fundamental sobre lo que es.116 Ka r l L ó w i t h últimos. en realidad. creyeron saber lo que es. su ciencia concier­ ne ya también a un «T odo». real y humano. en la ponencia de 1918 sobre el sionismo radical. sobre la base del cual se investiga en sin­ gular. en consideración-con la realidad que nos determina.entre cada «unilateral» perspectiva y aspecto. A su resque­ mor sobre la capacidad de la burguesía para correr el «velo de sus ilusiones» y reconocer que la herencia de Bismarck se ha­ bía vuelto la maldición de su decadencia política le correspon­ de. de ese mun­ do. * Nombre que recibieron los terratenientes prusianos a finales del siglo XIX .\ . en verdad. en su significación y han convertido en el objeto de sus investi­ gaciones. verdadero y. D e él. en donde dijo a su propia clase incóm odas verdades y tematizó el fracaso político. por lo tanto. trataba ya el discurso académ ico inaugural de W eber de 1895 sobre el Edtado-nación y la política económica popular. el To­ do de un principio. Y dado que M arx y Wéber. que ambos han visto igualmente en el origen. que es «capitalista» desde una perspectiva económ ica y «burgués» desde una perspectiva política. sino que cada principio es. El Todo. uno con demanda universal. sino el resumen de lo significativo en. tanto de los junkerd * y de la burguesía satisfe­ cha com o de los trabajadores socialdemócratas. agrupados en un partido conservadory nacionalista. en di mumo. Ese Todo no es la suma de todo aquello que existe. entonces n o « una lucha. digno de conocerse. la duda sobre la expectativa del marxismo de que el hecho de apartar la econom ía privada pondría fin a la dominación del hombre sobre el hombre. [T V . es la problemática del m undo m oderno de los hom ­ bres.

11. 1929. Véanse Artículos completos sobre sociología y política social [Ges. Véase al respecto la disertación de Marburg de Ch. Aufsätze z. 12. Landshut. E. pp. 504 y ss. 13/16. Véanse. pp. . 1930. W. K. Escritos histérico-políticos. Crítica de la sociología. £ / círculo de M ax Weber en Heißeiberg. La posición histórico-espiritual de M ax We­ ber. Honigsheim. 319 y ss. 10. 5. La interpreta­ ción de esa relación la da Hegel en la Introducción a la Filosofía de la Historia.M ax W eber y K arl M ar x 117 N otas 1. Archivo para sociología científica y política. op. f. en Cuadernos trimestrales para sociologíade Colonia V 3. 15. Lewalter. S. com­ párese en oposición con H. en Nuevo anuario de ciencia [Neue Jahrb. Ensa­ yos sobre sociología de la religión. Hess del año 1841. año 29. Jaspers. Gomo lo hiciera Marx. I. Bi­ blioteca Marxista. u. Extraído de una carta de M.C. Sociología corno cien­ cia de la reaüdád. pp. Véase al respecto J. Luppol. 156. Sozialpol]. 1929. K. en Los hospederos delpueblo [Die Volkswirte].. Soziol. Obrad comple­ tas deM arx y Engeld. El mismo Weber se refiere reiteradamente a la relación inter­ na entre pasión [Leidenschaftlichkeit] y objetividad [Sachlichkeit] en sus conferencias sobre la ciencia y la política como vocación (D. 6. cit. Steding dé 1931. Política y ciencia en M ax Weber. 1931. Lenin y lafilosofía. Mannheim. 4. ya citado. 404 y 435). sobre todo. pp. cuaderno 5. 64/1 y La moral de la so­ ciología. p. Extraído de la poesía que introduce Marianne Weber en la biografía de Max Weber. 9. III. Freyer. Sociología deisaber y marxismo.]. u. 260 y ss. Lassalle también describe las leyes del mercado como el «frío destino antiguo del mundo burgués». Extraído del discurso de conmemoración de K. 8 y ss. pp. H. 1/2 pp. por ejemplo. 1956.. 3. 530y 533. J. Freyer. 8. donde se muestra de forma convincente en especial la propia interpretación histórica de Weber en el análisis dé la profecía judía antigua (véase. 2. Ideología y utopía. Véase P. ) 7. 1930. Honigsheim. Jaspers para Max Weber. Véase P.

14. de la «sociedad» — burguesacapitalista— . 20. Logos XIX. Wiss. en Nuevo anuario [Neue Jahrb. ELconcepto del espíritu capita­ lista en W. pp. así expresada. pp. 60v ss.. las cuales contienen una determinación teorética de la «realidad». ¡en especial pp. Cuaderno 6. y 198 ss. en su diferencia originaria con el de Marx. y 551.y 213. 18. !. E l criticismo ético de M ax Webery et problema de la metafísica... El significado histérico-espiritual de M ax We­ ber.. f.118 . 498). Ensayos sobre sociología de la religión. Compárese con Freyer. 38y ss. Lukács (sobre todo p. Weber y las categorías sociológicas básicas Comunidady Sociedad. moderna (desde Hegel a Marx. como excepciones. Que ya las oraciones que inmediatamente siguen a esto. ya citado. además Socialismo (Art. 16. p. Korsch (sobre todo pp. esta regla. p. aparentemente — a diferencia de Landshut— . sin conside­ rar la dignidad del planteamiento de la metodología y la conceptualización de Weber. y Landshut. Wolf. a diferencia de todos los órdenes anteriores de vida co­ munitaria. pasando por Stein).) comprueban. 156y ss. La sociología de Weber comparte. completos sobre socio­ logía y política social. Fechner. 208 y ss. prefaciop. en lo que sigue. Ya la primera investigación de Weber sobre el capitalismo occiden- . Véase E.]. H. en lo inapro­ piado del aparato conceptual de Weber es porque no nos atañe. El hecho de que aquí no se profundice. sino que. M ax Weber como sociólogo. Véase P. lo cual está presente en JVIarx. sean esquivas. D. queremos mostrar la forma propia autónoma de su punto de vista rector para la interpretación del capitalismo. K a r i . Freyer.C. 3. fue indicado por Landshut en su Críticade la Sociología. la presuposición.) e Historia y concienciade clase de G. Marxismo y Filosofía de K. Honigsheim. en Cuaderno trimestralpara las Ciencias sociales de Colonia 1. 115 y ss. Sombart y M. Véase sobre todo La ciencia como vocación.1921. Sobre el sentido de esta tesis de la libertad valorativa compá­ rese con P. 1931. L ó w it h 13. 527. 3 y D. ya citado. 535 y ss. 15. octubre de 1929. Jugendbildg.. u. p. op. con el planteamiento y el origen de la sociología. en Archivo económico universal..C. Honigsheim. 102y ss. Véase al respecto E. medir «el punto de par­ tida del planteamiento» de Weber con la articulación y la captación de la realidad. 17. cit. 35 y ss. 19.1. p.

ya citado.. cuyo carácter funda­ mental filosófico consiste en que libera tanto como produce la reali­ dad. 22.forma propia moderna histórica del «ser-en-el-mundo» está. p. 38 y ss. Pero la. Ese «dualis­ mo» motivado soció-históricamente es. Landshut (ya citado. 23. 122 y ss. se enmarcó en la perspectiva de presentar la bolsa co­ mo exponente de una comunidad que se «desvinculó» en «socie­ dad». Aquí ya se observaría qué significado decisivo tiene para Weber la «consecuencia».) visualiza en la artificialidad de esa construcción un abandono de la propia meta de investiga­ ción de W eber de un conocimiento de la realidad en su propio significado.M ax W eber y K arl M arx 119 tal. pp. 265. no se ha dicho nada todavía sobre la forma antropológica determina­ da de esa unidad ontològica. 46. tam­ bién la base del mundo conceptual dualista de la completa filosofía moderna y sus «antinomias» (véase Lúkács. 21. D. Grab. con que el hombre como un «ser-ahí» ontològico es un «ser-en-el-mundo» (Heidegger). El mismo Weber se creó la construcción de «tipos-ideales» para resolver conceptualmente esta relación. en la visión de Lukács. Véase más adelante el apartado III. nota I y p. y a ello corresponde el carácter más o menos «de constructo» de todad las formaciones con­ ceptuales modernas. pp. La boba. Sobre la crítica de la economía política. sobre la base de una errónea «disyunción de hombre y mundo».C. La crítica que Lewalter (Archivo dedociología chntíficd) hace a la interpretación marxista «logicista» de Lukács malinterpreta. que radica en que Lukács — siguiendo a Marx—desvela las aún más abstractas catego­ rías de la filosofía a través de la interpretación socios-histórica en su determinación (véase Marx. nota 2. su significado positivo. De ahí surge la «disyunción» de hombre y mundo. La expresión se origina en Weber presumiblemente de la ca­ racterización de Lask de la lógica hegeliana. ca­ racterizada por la «racionalización» y la «autoalienación». 24. una «falta de articulación del punto de vista de valor y realidad».). . Lo que Landshut no ve es que con eso. Compárense las delimitaciones de Weber contra Tonnies en Ecorwmía y dociedad. I c I § 9 y también nuestra nota 44 sobre la críti­ ca de Weber de H. para Weber tanto como para Marx. como expresión de cada toma de posición responsable. lo «técnico» de su procedimiento. según nuestra interpretación.

. y no de la «comunidad»). Véase la caracterización de Weber de ese Estado en Escritos políticos completos. pp. 28. i. 317 y ss. sociología de M ax Weber. no obstante. Véanse Weber. Grab. Dilthey. wiss. u. en uno «de contenido». 1927. pp. Doc­ trina de la sociedad. la propia diferenciación de Freyer de la reali­ dad social respecto de las formas del «espíritu objetivo» presupone ya una específica ligazón no vinculante del hombre — del hombre mo­ derno^ con el «orden» social (la estructura de la «sociedad». 27.1922].] 26. 29.) y con ello diagrama también la posibilidad de una transformación teorética — imbricada con la revolución del completo modo de existencia humano-social en sus fundamentos— Véase más sobre el concepto del tipo-ideal en el tratado de V.I. y con ello también sociológica. 8 y ss. como si fuese la realidad toda. . d. 319 y ss. pp. Pero la pregunta es qué «valor» tenía para Weber. 351y S s . pp.. 141). También Grab malinterpreta el sentido socio-filosófico del «individualismo» socio­ lógico de Weber cuando no ve en él otra cosa que una mera «absolutización» de Una determinada esfera de la realidad. Defacto. p. la misma sociología está anclada socio-his­ tóricamente. El concepto de lo racional en la. p. Cuando Freyer (ya citado. introducción [Einl. I. ges. Pero también esa «doble faz» no puede escapar de la pregunta de en dónde reside el acento fáctico de nuestra proble­ mática social. Que la libertad del singular sólo es el opuesto de la racionali­ zación «aparentemente».120 K a r l L ó w it h 1930. W. contra su volun­ tad. 23. y Spann. Compárese también con H. Schelting en el Archivo de sociología científica y sociología política [Archiv f. pp. pol. Soz. Geisteswiss. X X X I X y ss. ya que aun según la propia visión de Freyer. 25. tomó 49. J. El mismo Freyer exige una formación de conceptos que respon­ da tanto a la forma objetiva como á la vitalidad humana de los fenó­ menos sociales. debería preguntarse si ese giro no surge ya de una inversión teorética de las relaciones materiales normadoras. Economía y sociedad. p. la pérdida de libertad \Unfreiheit\ del hombre singular (véanse Escritos políticos completos. Soz. no afirma que el éxito universal de la racio­ nalización no sería. 177) dice que el «individualis­ mo metodológico» de Weber a menudo se vuelve.

Landshüt quiere demostrar que la diferencia entre racionál-irracional habría sido trasladada de la conducta económica. en su articulación de significado origi­ naria. 6. en consideración con su presenta­ ción de Weber. Véanse «Los fundamentos racionales y sociológicos de la música».M ax W eber y K arl M arx 121 30.). Landshüt yerra desde el comienzo en la construcción del análisis de Weber. Economíay sociedad. II. a ella perteneciente. la interpretación religioso-sociológica de Weber del mismo fenómeno se movería en la dirección de una crítica de la connotación marxista. Las explicaciones relacionadas de Landshüt son ricas en derivaciones — también para nuestra investigación— y tocan el núcleo del planteamiento sociológi­ co. en primera instancia». la observación de Marx contra Hastial. pp. El capital. y con respecto a Marx. que incluso el origen no debía buscarse ahí. 32. es el de Landshüt (ya citado. 48. En lugar de volver a preguntarse por la razón de esa diferencia en la dirección. 54 y ss. Éste sería el «original» en el cual Weber habría ganado originariamente el concepto de racionali­ dad. 31. Landshüt intenta demostrar que We­ ber sí habría tomado de Marx el punto de partida para la pregunta y la articulación de la realidad (por «factores»). en contraposición. pp. p. 818y ss. dice que era consciente «de que la relación con la teoría económica no estaba de ninguna manera agotada.. El suelo originario de esa dife­ rencia fundamental sería el capitalutnw. Nunca se acercan tanto al motivo verdadero y propio de Weber como en la contraposición de Marx con su tendencia rectora. El único intento realizado hasta atora de aclarar el concepto de Weber de «racionalidad». El mis­ mo Landshüt lo expresa cuando. pero excluyendo la tendencia práctica hacia una emancipación del hombre a través de la transformación del mundo. to­ mada como la específicamente racional. Mientras que Marx avanza desde aquí hacia el aná­ lisis del proceso de producción capitalista como la «anatomía» de la sociedad burguesa. I. Pero a la vez. y con eso estaría dada también la «identidad» en el tema entre Marx y Weber. mucho más transparente que el anterior. porque confunde su planteamiento de la cuestión con el de Marx. Y así malentiende el sentido positivo de lafalta preci­ samente de una «estructura» analógica en la sociología de Weber (véase el siguiente apartado III y la parte C). y 77 y ss. Compárese. . en tanto práctica­ mente unívoco.

En co­ rrespondencia con el. misma. a saber. Siguiendo la interpretación weberiana de Wilhelm Hennis. él afirma que la traducción de Gebäude como «caparazón» sería más adecuada que la de «jaula». la palabra Gebäude no se corres-: ponde. el cual no es algo externo sino una parte constituyente de su propia naturaleza. regida por la ra­ cionalidad instrumental? El diagnóstico-denuncia que aparece al final de La ética protedtante es precisamente el de un tipo de ser hu­ mano que se ha «acomodado» a vivir en ese «caparazón duro como el acero». como a un «estuche». sino más bien una de tipo filósófico-antropológica. has­ ta puede sentirse «cómodo» dentro de él. profesor mexicano Francisco Gil Villegas. Véanse Max .122 K a r l L ö w it h 33. y que puede o no serle propio. ¿cuál es la naturaleza del tipo de ser humano que está condenado a vivir en las condicio­ nes de una sociedad industrial de la modernidad. en el sentido de participar o no de su estructura orgánica. más bien. sino que. la «problemática central» de Max Weber no habría sido la del capitalismo ni la de racionalidad. porque Weber habría tenido la inten­ ción de referirse a algo orgánico. Por nuestra parte elegimos distanciamos de la palabra «jaula» e interpretar Gebäude como una «carcasa». n.° 1. AfSS. utilizada por ML Weber al final del segundo ensayo de esa obra. como el hábitat del caparazón de un caracol. 1906. No obstante. en el cual no se siente prisionero. Nöta de la traducción: la expresión Gebäude von Hörigkeit. en nuestra interpretación. eligió la palabra «jaula» para dar cuenta de la palabra alemana Gebäude. Para Gil Villegas. palabra que se puede refe­ rir tanto a úna «concha» — otra de las posibles acepciones— . para dar cuenta consu iron coge de la expre­ sión dtallharted Gebäude. tina «caja». que aquí traducimos por «carcasa de servidumbre». habría sido tomada por Karl Löwith de un artículo de Max Weber sobre las condicio­ nes políticas de Rusia a principios del siglo XX. José Aricó. vol. con la palabra «jaula». quien modeló en 1930 la primera versión en inglés de La ética protedtante y eLedpíritu del capitalidnw. «jaula» o «prisión» es al­ go externo y no cambia la naturaleza de quien ha sido puesto ahí y busca «escaparse» de la. con el título de «Zur Lage der bürgerlichen Demokratie in Russland». algo que no obstante imprime tina forma rigurosa al ser vivo que contiene. quien editó en nuestra lengua ese articuló en 1982. XXII. siguiendo la tradicional acepción de Talcott Parsoiis.

la «sociología de la religión». ya citado„p. 46 y ss. Wilhelm Hennis. Mohr. Wach lamenta que a. 1982. 37. (comp. México. ya citado. Anuario de sociología. ofrecer el desarrollo sistemáticamente articu­ lado de las categorías fundanientáles del círculo de tareas religioso-sociológicas». Grab. sin embargo.Weber no le haya sido «permitido». José Aricó. inobjetables en todo cay so» (compárese. en su presentación de la sociología de la religión (Ensayos so­ bre sociología de la religión. establecer. 79 y ss. pp.). pp.). Max Webers Fragestellung.) 35. edición crítica. p. si las investigaciones religioso-sociológicas de Weber sobre lá sociología de la racionali­ zación pueden ser juzgadas respecto al patrón de una disciplina espe­ cial.wiss. Wach. pp. Escritos políticos. 38. Gil Villegas. 34. en relación con esto. I. 62 y ss. En realidad corresponde solamente a Wach. notas. Se expresa también defacto. 1925. Escritos trimestra­ les alemanes para la ciencia literaria y las ciencias del espíritu históricas [Deutsche Viertelj. estudio introductorioy traducción del alemán de «Mi palabra final a mis críti­ cos» (1910). introducción. 2003. una línea descendente des­ de lá racionalidad con arreglo a fines. y no a Weber. Tubinga. pp. en la sin medida «importan­ te conferencia histórica. u. y de A.schr.M ax W eber y Karl M arx 123 Weber. pp. Studien zur Biographie des Werks. Simrnel ha extendido esa inversión histórica para volverla un principio absohrtamente filosófico y ha hecho. Que esa posición es «característica» de Weber lo nota también J. cuaderno 2. la crítica dé H. Geist. con Freyer. ya citado. J. aun en ese orden teorético subordinado. 180 y ss. 537. México. Compárese con E.. en oposición. 146y ss. desde la tragedia de . Lit. como una racionalidad de la «consecuencia» teleológica de una conducta teorética o práctica.]. Compárese. donde la racionalidad es concebida. 1926. M ax Weber. 33. pero queda absolutamente sin aclarar cuán característica es ella. Voegelin. con un «círculo de tareas» estrecha­ mente delimitadoy «objetos» especiales. Compáresetambién conEnsayossobresociologíadelareligión. Fondo de Cultura Económica. del mismo modo. a través de una pura délimitacióny determinación frente a planeamientos: «vecinos» de la cues­ tión «formalmente temas religioso-sociológicos. 1987. Walther. 1931. F. de Landshnt. M ax Weber: La ética protestante y el espíritu delcapitalismo.gesch. Él no se pregunta. 36. f. en. Folios.

Véase La ciencia como vocación (D. un «vuelco» de la vida hacia la «idea».124 K a r l L o w it h nuestra «cultura». y no a los filósofos (¡que no eran. donde no obstante se indica la doble significación de la valoración de Weber del proceso de la racionalización. Véase en oposición a Lukács. hombres gozosos sin corazón”. 39. Eljuicio de su sociología de la religión. en relación con el carácter de Max Weber. La problemática del relativismo de valores histórico la ha «superado» Weber «ya. A partir. Grab ha intentado. si al final de ése desarrollo. contestar la pre­ gunta de qué valores constituyen en Weber la racionalidad. J. 106 y 172. 1927. cultura podría volverse: "Especialistas sin espíritu. pp. a partir de la falta de comu­ nidades y de valores en general vinculantes. una inmanente «trascendencia de la vida». élse topa allí con la libertad del individuo responsable. 41. en una imagen del mundo unificadas A partir de esa filosofía dé la historia comprendemos que la sociología sólo quiere ser ciencia que comprende. Véase Freyer. H. 43. en una investigación sobre el Con­ cepto de lo racional en la sociología deMax Weber. Esta Nada cree haber ascendido a un estadio de la humanidad nunca antes alcanzado» (Ensayos sobre sociología de la religión.· para él menos especialistas!).. porque él. El pathos de ese convencimiento apenas nos deja adivinar cómo todo se unifica en Max Weber. 40..) 44. ya citado (Die Volksmrte). habrá profetas completamen­ te nuevos o un rehacimiento poderoso de viejos pensamientos e ideales o — cuando ninguno de ambos—si se disimulará una solidifi­ cación mecánica con una: esforzada forma de tomarse-en-serib. ya citado. 42. .. y no dice nada sobre las relaciones objetivas. 157-158. 546) y La política como vocación (Escritos políticos completos.pp. pero no se aclara. I. 442 y ss. . se podría decir». ^ . Opor­ tunamente. Honigsheim. la palabra de verdad para los "últimos hombres” de ese desa­ rrollo de la. p.v. con grandiosa consecuencia. deriva la consecuencia de la vinculación subjetiva de la propia decisión frente a los valores últimos. sin embargo. Compárese con P.C. En­ tonces. 204). p. acerca de la «infeKcidad esencial del hombre científico»..' «Nadie sabe todavía quién vivirá en el futuro en aquella carcasay. pp. Weber también lo de­ ja expresamente a los «especialistas». . ya citado.

se trata de volver a relacionar con el hombre a las categorías con las cuales hemos. es tan poco anacrónica como dentro de la filosofía lo es el «ate­ ísmo científico» de la filosofía de Nietzsche. En principio se ve el mundo «sin valor». y ve con ello. «Si hoy existe la posibilidad de una reposición del orden de los valores en todas nuestras esferas de la vida. para convencerse de que existe un mundo «verdadero». como la entendía Wer ber. 45-46).mundo» (aun cuando no se identifica con la crítica de Kahler a la «vieja» ciencia de Weber). eso no debe. «subalternos». los valores de lo «racional» son. del mero proceso de civilización y la ciencia natural mecánica» a él correspondiente. Grab sesujeta a la doctrina de Scheler — diametral­ mente opuesta a la posición de Weber—de un orden jerárquico evi­ dente. el cual ha hecho trans­ parente en la voluntad de poder el «nihilismo europeo». Voluntad depoder. y sin una decisión en esa pregunta permanece no la posición. añadido al mundo un sentido objétivo y un valor. pero sólo porque e< ta < t categorías no han sido todavía desvalorizadas (Nietzs­ che. sino que parte de una «valoración correcta» de los bienes de la civilización. precisamente. o si [. 1).. sino la de sus críticos. sólo la sanción de un «derrumbe dedos valores». porque. Él se opone aúna eventual (!) reposi­ ción del ordén de valores verdadero. el’ cual no se «sujeta histórica­ mente» al espíritu del tiempo realmente existente.] la sociología sólo puede remitirnos espiritualmente a la idea de un orden social natural. objetivo de lod valores. y mantener en pie esa idea a través del tiempo. en la posición de Weber. relacionados con la esfera de lo meramente vital y beneficioso. Después de Nietzsche no se tiene ninguna. como la consecuencia. porque sobre eso reposa no sólo la crítica de Grab. Kn Grab esa mirada no con­ duce a una penetración de la sociología de Weber. valores «ba­ jos».M ax W eber y Karl M arx 125 de aquí comprendemos el hecho de la ciencia libre de valores. hasta ahora. una inversión del orden de valores «natural». pregun­ tarse aquí» (pp. La idea de la ciencia «racional». de la interpretación de valores objetiva del ser-ahí. de Weber. razón más. una cuestión «histórica» y un «aislamiento del. Sobre la base de ese plano de la pro­ . productos absolutizados de la inteligencia «técnica». JVLucho más. Exactamente eso es lo que debía haberse preguntado aquí. 42).. de la separación de realidad y valor (p. I. eo ip¿o. sino también su presentación de Weber. cap. para el mismo Grab.

hasta aquí caracterizada por Nietzs­ che. Escritos políticos com pletos. Es muy significativo obsevar qué modos de existencia religio­ sos fueron secularizados por Burckhárdt. o que directamen­ te. Quien escribe pa­ labras usuales entre comillas las caracteriza com o así-Uamadas. 68 y ss. Cartas a los hermanos Schauenburg. ya por su puro estilo. George. sino en Scheler. esto es. con relación específica a St. se debe también entender la interpretación de los valores de Weber. Honigsheim y S. «contradicción» y «conflicto» no residen en Weber. 46. VI. pp. Ese individualismo de Weber es fácil de reconocer. Landshut. ■ 45. sinoen realidad materiali­ zarlas. Compárese con los Articulas completos sobre sociología y política soc'ud. 51. 12). en el uso indiscriminado de comillas. Y ahí se reconoce que son así llamadas por mí. Wolters. según Honigsheim. P. Voegelin. Sólo en el nominalismo franciscano sé encuentra aún. 502 y ss. Burckhardt secularizó a los «anacoretas» del tiempo de la inmediata Anti­ güedad. los análisis instructivos de Grab se detienen en algo anteúltimo. p. que es propio. como generales y llamadas así por otros. Sujetos a esa orientación hacia Scheler. y lös Escritos políticos completos. pp. 48. 419 y ss. 47. ya citada (nota 19). 52. son mentadas en otro sentido. 49. en verdad. y así.. Historia espiritual alemana desde 1890. 32. 412 y ss. sólo con distancia y reserva. en relación con Rusia.. Honigsheim. él no logra su cometido: remitir las tesis singulares de Weber a sus «fundamentos filosóficos últimos». .. pp. 1930. M ax Weber como sociólogo. a cuya ética de valores material remite Grab y con el cual «piensa» el fenómeno «valor» como un «fenóme­ no originario» visible (p. 126 y ss. Stefan Georgey las hojas para el arte. véase F. op.126 K a r l L ö w it h blemática de nuestros valores. 5. Compárese én relación con estoy con lo que sigue la descrip­ ción completa de Max Weber dé E. Véase la carta de rechazo de Burckhárdt de la historia y la política del presente (1846). Gothein se conformó con la filosofía néoplatónica de Boethius y Weber se interpreto en los profetas judíos antiguos. P. Gothein y Weber. cap. cit. 50. Artículos completos sobre sociologíay política soc 'uil. La «salida». un caso similar. pp.^.

.. Honigsheim. . nota 67. 1928.. Véase K. 1981.). III. p.-última virtud» de los espíritus «libres». . cit. . pp. pp. P. . Hombre y mundo del hombre. ELcírculo de M ax Weber en HeUdelberg. pp. por lo tanto. p.. cit. Jaspers (ya citado). 61. EL hombre din propiedades. 1911. 55. pp. IV p. 21 y ss. > 58. pp. pp.I 1. obras postumas li­ terarias de Marx y Engels editadas por Mehring con Obras postu­ rnad). y El individuo en el roldelprójimo. A pesar de eso.59. En una novela filosófica. Dentro de la filosofía esa contracción de la verdad científica se corresponde a la «honradez intelectual» con la reducción de Nietzsché de la verdad a la «confiabilidad». pp¿ 1 y ss. también sus funciones y actividades como creador de las [. al sujeto de la producción. Marx. que subraya el carácter «frag­ mentario» de la completa actividad de Weber. como la «.. Stuttgart. Véase P. (A partir de aquí se designará á ese primer medio tomo del primer libro de la primera división con W... R. p. 182.) dice: «El hombre mismo es la base de su producción mate­ rial.M ax W eber y K arl M arx 127 53. op. 105. 271 y ss. Véase Ernest Seilliére. \ 56. Honigsheim. M ax Weber como sociólogo. 20-28) .476 y ss. 564. Logos.] mer­ cancías». 5-13 (ahora en. 388y ss. 54. VII. 359.Filosofía del derecho de Hegel en Del tiempo pasado. Compárese también con la crítica en el mismo sentido de A. mo­ difican más o menos todas sus funciones y actividades. 62. 308y ss. Escritos com­ pletos 1.. Marxismo y filosofía 2. K. editado por Rjazanow. El 18 Brumario de Luid Bonaparte. 480. op. RousdeauProudhon-Marx. El imperialismo democrático. Compárese aquí el artículo sobre L. Feuerbach y la salidade la filosofía alemana clásica.3 (en ese tomo. la parte de La ideología alemana publicado en el Archivo Marx-Engels con Ideología alemana y las. Korsch. Todas las cir­ cunstancias que afectan al hombre. 41. como también de cada otra cosa que él resuelve. todavía en las Teoríad sobre elpkuvalor de 1861-1863 (tomo I. I.. 60. Obras completas deMarx-EngeLfVV. «conscientes» (véase W. Musil ha dado forma psicológica a esta problemática de la época. Ruges al §190 de X a . . ■ 57. pp. . 1928. .).

W. 131 yss. A Feuerbach le queda indiscutiblemente el mérito de haber re­ tornado desde el «espíritu» absoluto al hombre desnudo. a través de los sentidos y de la relación con el Tú— . de su «realización» a la vez que su «pérdida» (W. Fue precisamente la filosofía del derecho de Hegel la que había hecho visible ese «mundo» de las relaciones de vida políticas y económi­ cas. esto mostró. Su teoría del Yo y Tú retomó. Marx se vuelve contra Feuerbach porque éste puso como fundamento de la filosofía a un hombre solamente «abs­ tracto». sino también los más primitivos objetos de la «certeza de los sentidos» son especi­ ficados y dados por las relaciones generales. Y Herder ya postuló la pregunta de «cómo puede la filosofía ser reconciliada con la humanidad y la política. para Marx. pero no lo «superó críticamente». que Feuerbach sólo ha «puesto a un costado» a Hegel. aislada filosofía de escuelas). 1. co­ mo que Marx — posicionado.» En una versión distinta se repite este postulado en Marx en la exigencia de que. resumida del modo más agudo en la famosa tesis 11. 1. Quien anda ese camino arriba necesariamente a hacer del hombre cosa de la filosofía. pp. «Hacer de la filosofía cosa dé la humanidad. a un hombre sin consideración del «mundo». la forma cómo y a travéd de qué determinó él a ese ser humano en concreto — excluyentemente como ser genérico naturalista. sin saber que no sólo las rela­ ciones de-vida en apariencia «puramente humanas». en süpúesto «amor» y «amistad». en el mejor de los casos. sociales y económicas (Ideología alemana. 607 y ss. en principio. de tal modo que los sirva». La diferencia entre Marx y Feuerbach. y la respondió con la demanda de la «retirar da» de la filosofía hacia la «antropología».I. 65.. No obs­ tante. 64. como en la praxis el hombre privado burgués» a la relación privada de personas singula­ res. se puede describir. que termina de ser filosofía (esto es. y 613). pp. ése fue mi pri­ mer esfuerzo. desde el «volverse filoso­ fía del mundo» (en Hegel)> deba producirse un «volverse mundo de la filosofía».128 K a r l L o w it h 63.I. pp. refleja el ser-ahí de la persona pri­ vada burguesa. sobre el punto de vista an­ tropológico de Feuerbach—hizo valer el contenido de la doctrina de Hegel del espíritu objetivo contra la problemática abstracta del YoTú de Feuerbach. 242 y ss. esto es. 64. Marx llega a la si­ . en general. Feuerbach ha construido un hombre cuya realidad. Así. 252 y 263).

. pp. pp. sobre la imposibilidad de una cancelación de la enajenación de sí humana dentro de un Estado. una vez más. y con la décima tesis contra Feuerbach). sino en el poder de la sociedad» ( Obrad pódtumad. del acontecer general y so­ cial. 67. pp. en donde el significadoy la estructuraprincipialed del análi­ sis de Marx de la mercancía es referenciado. para cada singular. de forma monárquica o incluso republicana. contra Feuerbach. Lukács. esto es. en el marco de una comprensión de Marx deudora de Hegel. 239 y 258. 312y ss.M ax W eber y K arl M arx 129 tuación de hacer valer los análisis concretos de Hegel de la Filosofía delderecho.). II. 151 y las presenta­ ciones análogas (en la Crítica de lafilosofía del derecho de Hegel).Historia y conciencia de clade (pp. pp. y elAnti-Dühring de Engels. 248 y ss. La ideología alemana. cap. de acuerdo con su esencia. 68. 94 y ss. por primera vez. A la burla de Engels sobre el . desarrolla su verdadera naturaleza justo en la sociedady el poder de su naturaleza no se debe medir en el po­ der del individuo singular. El defiende a Hegel contra Feuerbach. porque es Hegel el que lia presentado el significado decisivo. compárese con las pp. Marx realizó esas consecuencias. II. p. Documentos deldocialidnw. y SátiMax. 66. «En tanto el hombre es. VIII) se ha dedicado a la sociología histórica de la ciudad muestra aquí. p. 253 y ss. la identidad objetiva entre la enajena­ ción de sí y la racionalización. XIV. II. comparar con Para la crítica de la economía política. Compárense con las Obradpódtumad. y por otro lado a atacar a Hegel desde el princi­ pio dél punto de vista antropológico de Feuerbach. hombre de la sociedad. 69. La precisión especial con la que Weber (Economía y sociedad. 302. Compárese con G. Que el hombre sea. que el mismo revoca en función de su demanda filosófica. aún «político». por naturaleza. 70. Que el murrio Feüerbacli haya tenido conciencia de la tranditoriedad de sus tesis lo muestra claramente el prefacio de sus Fundamentos. IV. 7\ :La ideología alemana:. y lo ataca porque absolutiza filosóficamente esas relaciones ge­ nerales y las mistifica. 287. p. que cierra con la afirmación de que las «consecuencias» de sus fundamentos de la filosofía del «futuro» no permanecerán. hombre social. se postula en Marx desde el inicio — es la conditio diñe qua non de su antropología— . social. 2M yss.

III. 74. . 73. ^ 72. 76. pp. p. Compárese con la carta de Engels a C.). del Socialismo. 9 y ss. 75. en el que tanto uno como otro y todos juntos son generalizados socialmente. como algo propia a cada uno. trabajo abstracto humano-social. una «universalidad abstracta» que oculta así su propio carácter social (véase Marx. Este análisis de Marx muestra indirectamente los límites so­ ciales del análisis de Heidegger del «mundo de obras» \Werkwelt\ (Ser y tiempo. apenas se muestra visi­ ble cuando también el ser-ahí mismo es concebido no sólo como verdadera y publicamente ser con y ser con otro. véase ELca­ pital (1929).: En ese doble carácter de la mercancía ya se exterioriza una discusión de la sociedad productora de mercancías en sí misma. Que esto es una mera apariencia. sino que permanece indescubierto el carácter social de nues­ tros objetos de consumo -del «material» [Zeug] a mano— . en su propia forma ontològica.130 KARL· LOWITH «empujador de carreta y arquitecto» de Dühring. tras la cual se esconde en cada caso la «dominación de las condicio­ nes de producción» sobre los productores. vina «máscara de carácter». Que nuestro material tiene carácter de mercancía y que la mercancía es una sustancia «social». I. A través de la orientación de todo ser interno al mundo al «ser-ahí». en la «bolsa» de modo puramente marxista. 339 y ss.). 6 6 y ss. pp. esa «propia regulación» no es un hecho inmediato. no sólo se reduce el problema de la sociabilidad del ser-ahí a la del «alguien» \Mañ\. para el . La división del trabajo es la que ha producido un abismo entre am­ bos». . La forma d« que son no obstante «generalizados» se de­ termina en la sociedad burguesa precisamente en que ésta es una so­ ciedad A & singulares atomizados. Sobre el carácter fetichista del capital de interés. corresponde la si­ guiente frase de Marx: «Originariamente se diferencia menos un cargador de peso de un filósofo. se entiende. que un perro de correa de un galgo. desde el cual se pudiera partir (para necesariamen­ te relativizarlo)./t a . sin embargo. 65 y ss. pp. Weber presentó esa división de produc­ ción y consumo. Para L acrítica de L a economía política. II. por­ que también la misma mercancía es uná «sustancia social». sino como un tal ser. 1. En realidad. sino un resultado mediado de la autonomización. Schmidt del 27 de octubre de 1890.

en otros tiempos uno altamente personal.«individuo». la privada. Ruge. sus oposiciones. y.M ax W eber y K arl M arx 131 Marx deElcapital. pp. Las pasiones de esta época carecerían de verdad. 160 y la carta de Marx a Engels del 22 de ju­ nio de 1867 (W. Visto en perspectiva. y sus verdades de pasión. 81.III. en cambio. es un contemporáneo de Marx y cómo cumbos completan el . Él interpreta esta época de la revolución burguesa como la propia caricatura de la gran revolución burguesa de 1789. la consecuencia opuesta que Max Weber ha ex­ traído de aquí. 79. p. 289. La ideología alemana. 3. véase el reciente Sóbre la sistematicidad de L adoctrina marxista deLEstado y L asociedad. el concepto verdadero y general de ser«hombre» y de ser. no sin relevancia para la interpretación. resistiría sólo por tomar prestado de otros mundos. p. Marx brinda una concentrada presentación histórica de ese mundo envéjecido diez años después — 1852— . Cuán acertada es esta caracterización lo demuestra. por sí mismo (compárese con ELcapital. entre otras cuestiones. en Anuario alemán para Laciencia y el arte. 326-327). aquellas que se elevan a la cumbre. su primera ley. sólo para saciarse y cáer. sus héroes. en su forma propia. 78. el «estamento» o la pertenencia fa­ miliar puede tener. para el hombre déla época burguesa. III. aquí resulta evidente lo mucho que Kierkegaard. su desarrollo sería una repeti­ ción constante de los mismos tira y afloja. Sobre cimbas relaciones véase en especial el resumen metódi­ co de ELcapital. 80. Compárese con A. A lavez. Marx hace referenciaa que la diferericiaentre individuo «personal» y relativamente «ca­ sual» tiene un sentido completamente diferente en distintas épocas y en sociedades diferentes. Respecto a la pregunta sobre la fecha. 1842. un significado casual. de E. la falta de decisión. 6. 2. 82. Lafilosofía deLderechode HegeLy L apo­ lítica de nuestro tiempo. su historia. su inundo. 77. Esa esfera es. en EL 18 Brumario de Luis Bonaparte. para el individuo del siglo XVIII. carentes de actos heroi­ cos. I. p. Así. vuelto así perfectamente «sobrio». Es una esfera completamente particular dé la vida desde la cual se de­ termina. con su «crítica del pre­ sente». tina historia sin acontecimientos. Lewalter y este archivo (com­ párese la prueba en el apéndice del citado tomo). 396).

. . pp. en sentido pleno. en general. 86. 98. Compárese con K. 89. 558). Véase Economía y dociedad. Por la misma razón. sea descrita como un «movimien­ to». I. 240 (la expresión dé Marx tiene su origen en Hegel). La ideología alemana. pp. 592 y ss. p.ya citado. p. en el sentido de Aristóteles». en tanto él no participaba de la red publica. 286y ss. en direcciones opuestas. 1. como la condición específica del ser humano — aun cuando ella quería.C. para Marx significa originariamente una «sociedad sin clases». en la Edad Media cada esfera de la vida privada significaba esencialmente lo mismo que una esfera pública de la vida. 91. nota 56. véase Lewalter. «En el artesano no ves ningún hombre. para Weber. dio forma a la condición privada.» La Revolución francesa emancipó políticamente al hombre como burguéd y. Compárese con la carta de Ruge a Marx de 1843 (W. pero el hombre no libre. Esto es. precisamente.).. 90. 437). 87 . una «comunidad de los libres». 554 y La política como vocación. como tal.La ideología alemana. y la respuesta aprobadora de Marx a eso. II. en donde Ruge eita como. «lema de su ánimo» el conocido lla­ mamiento de Hölderlin del Hyperlón'. pp. con ello.132 K a r l L ö w it h quiebre decisivo con la Filosofía del espíritu de Hegel. Véase al respecto el análisis de Lukács. compárese con Obradpó¿tu­ rnad. pp. etcétera. El verdadero hombre privado de la Antigüedad era el enclavo. 449 y ss. entonces.I. p. p. convertir a cada hombre en ciudadano del Estado» (WJ. 88. la consecuencia de que los valores «últi­ mos» hayan claudicado de la «escena pública». El hom­ bre es el verdadero principio del Estado. La verdadera «democracia». donde el comunismo es concebido como el «realmente» existente — aun cuando su «realidad». 1. en oposición. 188y ss. Precisamente por eso no era. un «hombre» (W. la Ideología alemana.: 84. en el sentido de una «polid convertida en coémópolut». en amos y esclavos nin­ gún hombre». : 85. 1. «En la Edad Media la vida popular y la vida estatal son idénticas. Compárese. Edcritod políticod comple­ tad. D. en el pensador ningún hombre. Korsch> ya citado. 222 y ss. 252. 83. p. p. pp.

Esa analogía con la crítica de Marx de la «crítica crítica» tie­ ne su origen en el marxista K. del Socialismo IV. M ax Weber. 617. p. y más tarde en Miseria de la filosofía. 268y 297. 139. III. 96.. las cursivas son nuestras). LVII. Coincidente con esto. Doc. los productores asocia­ dos. Korsch. Véase Marianne Weber.universales y privados (véase especialmente San Max. el «reino de la libertad» empezaría justo «más allá de la producción material propiamente dicha». 98. mientras que ella. del Socialismo IV p· 320. 97. contra la mera «categoría» de la división del tra­ bajo. 250 y ss. 235. 'véase San Max. sobre la base del estadio de desarrollo alcanzado en el proceso de producción. Para la crítica de la economía política. y La ideología alemana. 241. lo que tendría sentido únicamente si también el Todo fuera representado como una suma de campos parciales — religión y sociedad— . pp. 613. 2. Se entiende por sí mismo que esa des-racionalización dé Marx nó fue pensada como un retomo utópico á un «comunismo primiti­ vo». Sin embargo. La ideología alemana. incluso tras esa comunitarización. 94.). Com­ párese al respecto la diferencia de G. 252. en particular las pp. 215 y ss.M ax W eber y K arl M arx 133 92. la propia investigación de Weber conoce un Todo frente al cual la pregunta por la atribución del hacer se vuelve no válida: precisa­ mente el Todo inderivable de los campos parciales y también inatribuible de la tendencia histórico-humana a la racionalización. 110. 315-316. sino en el sentido de Hegel de una unidad de los especia­ les intereses. Doc. Com­ párese con las Obras pójturnas. la idéa de la «l ibertad» se reduce también en El capital a una sobria constatación de que. W. 1. pp. Weber presupone aquí que la pregunta por el «Todo» sólo es postulable científicamente también de modo caudal. pp. pero no en el sentido naturalista-moralista de Feuerbach. pp. II. 93. p. 95. como la re­ gulación verdaderamente «racional» de las completas relaciones de producción bajo «control comunitario». Al respecto. Lukács de la «realidad» de las . p. I. dentro del trabajo determinado por la precariedad externa y la necesidad. regulan racionalmente su intercambio con la naturaleza» (El capi­ tal. sino como una racionalidad en un estadio más alto. Ser genérico. sólo podría consistir en «que el hombre comunitarizado. p. Marx.

Ver G. de la reí. pp. 100. 45 y ss.. 104. y D. compárese con Walther. 37. I. cit. cit. pp. 87. Escolástica. 101. 103. 192. pp. 184y 206. 166 y ss.C.. 200 y nota 3 de la p. Véase D. 115 y ss. 60.K arl L o w it h tendencias de desarrollo generales de la historia respecto a los «he­ chos» singulares de lo empírico.. nota 3 de la p. 102. p. 205. 83. 348. 238 y ss. Kraus. 99. 238y ss. Véase D. y 198 y ss. B. pp. Lukács. de la reí. 375. 344. y 243 y ss. puritanismo y capita­ lismo. op. op. pp. Cuán inapropiada es la crítica de Kraus a Weber surge de las expresiones de este último descritas en la nota 100. cit. 198 y ss.. pp.C. y 259. pp.. 205. Véase Soc.. 1930.. . I. 53. y 170.. Compárese al respecto Soc. pp. Compárese con J. etcétera.. 5. y en es­ pecial la nota 1 de la p.C. 234 y ss. op.

Este estamento había tenido. hacia abajo. un significado destacado pa­ ra la construcción del Estado prusiano. es una econom ía al servicio de la política de poder nacional. y no por último a su propia clase. Precisamente el oficio de nuestra ciencia es. hacia abajo. pero desde que la es­ tructura social de la nación se m odificó completamente. no estoy en condiciones de responder boy a ello con una afirmación. Ese estamento representó cada vez más sus propios intereses.M a x W eber y sus seguidores ( 1939-1940) El discurso académ ico inaugural de W eber de 1895 sobre el Eétado-nacuin y la política económ ica popular tiene com o tema la problemática posición de la burguesía alemana al final del si­ glo X IX . decir lo que no es oído con gusto — hacia arri­ ba. y cada vez menos el interés político general de la nación. una vez. «Yo soy un miembro de la clase burguesa. La econom ía popular. únicamente. y también hacia la propia clase— . a la socialdemocracia. Pe­ ro simultáneamente él reconoció también la incapacidad de la clase burguesa para dirigir la nación. la dinastía prusiana se apoyó hasta el fin del siglo X IX en la aristocracia terrateniente de la PruJia oriental. me siento com o tal y fui criado en sus con­ cepciones e ideales.» Las verdades incóm odas que W eber había dich o hacia arriba. su ta- . Y cuando me pregunto si la burguesía de Alemania está hoy madura pa­ ra ser la clase políticamente rectora de la nación. son las siguientes: En prim er lugar. a los ju n k eré. com o la entendió W eber.

E n el interior no atrajo ni a los intelectos autónomos ni a las personalidades destaca­ das. Pero la tragedia de esa fundación del reino fue que a ella no le siguió ninguna unidad interna de la nación y de sus clases sociales. para resumir. «Él deja una nación ¿in nin­ guna educación politica. satisfecha p o r los éxitos nacionales de 1870-1871. los miem­ bros de su partido fracasaron completamente.136 K a r l L o w it h rea està sin em bargo agotada. Cuando Bismárck fue neutralizado p o r jóvenes emperadores. en gran manera. m uy por debajo del nivel que había al­ canzado. dejó com o herencia una nación acostum brada fatalmente a dejar promulgar. El Parlamento se había vuelto un mero «aparato de aprobaciones» de la bu­ rocracia dominante. p orq u e su desconfianza y su m enosprecio hacia los hom bres no habían dejado aflorar en su entorno a ninguna personalidad sincera y autónoma. En ese punto residió. cpm o consecuencia de esa utiliza­ ción perversa del sentimiento m onárquico com o escudo de propios intereses de poder en la lucha política partidaria. sin crítica a la cu alificación política de aquellos que ocuparon el asiento dejado libre p o r Bismarck y que con sorprendente lasitud tomaron en sus manos las rien­ das del gobierno. la unidad externa. Justo al final del siglo com enzaron algunos (p o­ cos). bajo la firma del "gobierno m onárquico”. Bism arck. Es más.» En éegundo Lugar: un espíritu «ahistóriep y apolítico » se apo­ deró de la burguesía. a quienes les había quedado «la capacidad del odio con­ . El gran hombre de Estado. acostumbrada a que el gran hom bre de Estado. Y aún más. a través de la guerra con Francia. el último y el más grande entre los junker*). no dejó en absoluto una tradición política. en ese aspecto. ha ganado para el pueblo alemán. el da­ ño más difícil. ninguna madurez política interna. lo que se d ecid ió sobre ella. en su cumbre. p or ella. p or el contrario. y a se ocupó. y a veinte años antes. de la política. La culpa la había tenido el mismo Bis­ marck. ni siquiera las soportó. Y sobre todo una nación din ninguna voluntad política.

de m odo que ni el esta­ m ento de los junkerd. pudiera ser portada sobre esos más anchos hom bros — aunque hasta entonces queda todavíá un largo ca­ mino por recorrer— Y así cierra W eber su discurso con la si­ guiente con fesión resignada: « N o es nuestra generación la que está destinada a ver si la lucha que llevamos a cabo tra­ erá frutos. y la dominación de un hombre singular extraorduiario no es siempre un medio para la form ación política. El proletariado alemán tiene el carácter de una «pequeña burguesía política». El trabajo de crianza política de siglos. ex­ trañaba un nuevo César. Pero tam poco ella está en condiciones para tomar la dirección política. son idóneos com o portadores d é la conducción. sería esperable que la carga de la responsabilidad. si el m undo que nos hereda reconoce en nodotrod a . mientras que las amplias capas de la pequeña burguesía ni siquiera se habían despegado de su estrecha mira de nuevo rico \SpLefibiirgertiinri\. la pregunta más seria sobre el futuro políti­ co de la burguesía alemana sería ahora (1895) si la clase de los trabajadores podría convertirse en la portadora del futuro político. del que disfrutó la burguesía ingle­ sa. ni la burguesía y la clase trabajadora. Sus portavoces son mucho más inofensivos de lo que ellos mismos piensan: «N o hay en ellos ni una chis­ pa de aquella energía catilinaria del hacer. raquíticos maestros políti­ cos — les falta el gran instinto d e. a correr el velo de las ilusiones burguesas y a reconocer que la herencia de Bismarck se había convertido en la maldición de su decadencia política. para la cual la burguesía se de­ muestra m uy débil. Sólo cuando de los trabajadores surgiera una élite. En tercer lugar. Ellos son pequeños. no se deja recuperar en una década. por m iedo a las masas populares rebeldes.M ax W eber y K arl M arx 137 tra lo pequeño». El motivo para ese fra­ caso de la burguesía es su pasado apolítico. pero tam poco un aire de la pasión nacional dominante que sopla en los cuartos del convento. Y así se hizo visible que una parte de la gran burguesía. poder de una clase llamada a la conducción política».

N o lograremos escapar de la maldición bajo la cual estamos sujetos: ser los que nacieron después de un gran tiem po político. El verdadero problem a parecé ser para él y a no la inmadurez de ambas clases de la sociedad burguesa. com o consecuencia de las crisis socia­ les y económicas que trajo la guerra consigo. y la recién sur­ gida clase de los «em pleados» se acercaría m u ch o más. precisamente la guerra habría fortalecido la tendencia hacia una total funcionarizáción de la vida pública. P or el contrario.138 K a r l L ó w it h duj antecesores. sino el poder transgresor de la burocratización creciente — no del m ero aparato estatal. en el funcionamiento del aparato estatal y de la maquinaria económica. que p or su lado y a se aburguesó también. sino la de los fun­ cionarios y empleados. Por eso. sino también de la econom ía y de los partidos políti­ cos— . postuló la tesis de que la última consecuencia del desarrollo democráti­ co no sería la dictadura dé los trabajadores. no podría afirmarse dé ninguna manera que el húméro y poder de los dirécta e indirectamente interesados en el orden bur­ gués habría mermado. sino a una tendencia p ro­ pia de la com pleta burguesía occidental hacia la racionálización. A l escribir W eber durante la guerra su tratado crítico sobre lá reforma dél parlamentarismo. que tendría un interés prioritario en la seguridad y en el orden.1 funcionariado propiamente dicho. En 1917. fuertemen­ te. en los sindicatos. en referencia a la Revolución rusa. Con ella se extendería y se consolida­ ría nuevamente la sociedad burguesa. amplió el fundamento de la mirada de su discurso de inauguración. para discutir sobré las posibili­ dades existentes de una selección de líderes políticos. de acuerdo con sus intereses. a m enos que estémos listos para volvernos otra cosa: antecesores de uno más grande». a la burguesía media que al prole­ tariado. «C om o el así denominado progreso hacia el capitalis- . W ebér entendía bajo el térm ino «bu rocracia» no sólo a .

es el patrón unívoco de la m oder­ nización de la economía. esto es. «cualquier resto de libertad de movimiento> en algún sentido. E m pleados con ju risdicción deciden sobre todas nuestras necesidades cotidianas y recla­ maciones del día. patrimoniales. patri­ cios u otros cargos.M ax W eber y K arl M arx 139 mo. asimismo. el patrón u nívoco de la m o­ dernización del Estado. del funcionariado admi­ nistrativo burgués. La fuerza de choque de la armada descansa so­ bre la disciplina del servicio. así el progreso hacia unfuncionariado burocrático.: una máquina que en com binación con la técnica podría p ro ­ ducir una «carcasa de servidumbre». “individualista” »? Sobre la ba­ . en contraposición al caballero. orden jerárquico para abajo y para arriba es. los oficiales. desde la E dad M edia. En el punto aquí decisivo no se distingue la cúpula militar. La dem ocracia deja sin efecto. pensión. dentro de esta omnipotente «aparatización». Y completamente ineludible sería si el mismo Estado fuera el que tomara la di­ rección de todas las empresas y las controlara. en la cual luego los hom ­ bres serían obligados. que descansa sobre puesto. y también cuando el Estado no es un pequeño can­ tón sino un gran Estado de masas.tanto com o lo hace el Estado absolutista. competencias fijas. Frente a esa tendencia sólo quedaba una pregunta en pie para W eber: ¿cóm o se puede rescatar todavía. la admi­ nistración a través de notables feudales. ascenso. También el ejército m oderno de masas es burocrático·. acuerdo con actas. sueldo.. D el m onárquico tanto com o del de­ mocrático.» La «burocracia» se extiende desde la fábrica hasta el Esta­ do y la armada y es tan «ineludible» com o los otrbs portado­ res históricos del orden m oderno de la vida. a introducirse. en benefi­ cio de los em pleados fijos. El se volvería entonces una «máquina de hom bres» que lo abarcaría todo. el oficial es una categoría especial del funcionario. impotentes. el condottiere. ya sea de h on or o heredados. escolarización especializada y división del trabajo.el cacique o el hé­ roe homérico.-.

En tanto W e b e r con sideró la máquina de hom bres humana com o ineludible. p o r el otrp. en la posibilidad de un liderazgo dictatorial en un « Es­ tado de un solo partido». entre encasillados hom ­ bres gen éricos e individuos autónom os. su pregunta política fue cóm o se deja ganar. El líder político debe actuar. El empleado y funcionario debe llevar a cabo lo que le fue ordenado p or una instancia supérior. dentro de su marcó. el único cam po de juego. tanto del pensam iento científico com o del hacer político. él. la com ­ prensión de la subjetividad de nuestras últimas puestas de va­ lor y decisiones es precisamente la que debería resguardar la objetividad y especialidad. en su última ponéncia sobre i z políticacom o vocación. Por un lado él quitó a todas las ins­ tituciones objetivas cada sustancial v alor p rop io. pero las afirmó: con un N o Obstante com o el m edio dado para un fin elegible de form a libre.K a r l L ó w it h se de esa perspectiva. aunque no pensaba con esto. ' L a antinomia de la ciencia política de W eber consiste en que justamente la incliuián ineludible en la «m áquina» [B etrieb\ se vuelve el lugar del jer jl mimw posible. contraponerse a su jefe — sea éste un m onarca o incluso el demoJ— . incluso pa­ ra aquella «libertad de movimiento» que atañía a W eber com o hombre y com o individuo. bajo ciertas circunstancias. sin considera­ ción de su convicción personal. y la carcasa de la «servidumbre» futura. to­ davía. L os diferencia a través de la medida de sus diferentes tipos de responsabilidad y de honor. comenzar cada momento con su persona y. igual que el empresario autónomo. hizo la diferenciación de principios entre em­ pleados estatales y líderes de partido. G om o consecuencia de esa separa­ ción entre subjetividad y objetividad y el carácter no vincu­ . Su fórmula drástica para ello fue: demo­ cracia de Liderazgo con máquina. a partir de su propia res­ ponsabilidad. un espa­ ció en función de un liderazgo autoritario de carácter político.~ idóneo y responsable. sino en un Estado con múltiples partidos y con Parlamento. e inversamente.

pero no de este mundo. cuyo ori­ gen histórico reside en la crítica cultural de Rousseau. lo haga im popular y per­ manezca inefectiva. que renuncia al éxito entre las masas. para superar la contraposición entre el hom ­ bre y el ciudadano estatal. la separación entre cosa y persona. Así pu­ do posicionarse en cada situación dada y depender completa^ mente de sí mismo. que le distinguen de todos los demás. en que Rousseau exige. com o la que tom ó W eber fren­ te a las posibilidades del presente. sin em bargo. La diferenciación rigurosa que llevó a cabo W eb er en el interior de la teoría de la ciencia y de la conducta práctica: es decir. mientras que Weber. para querer afirmar en él.M ax W eber y K arl M a rx 141 lante que se sigue de ahí para todas las circunstancias objeti­ vas del m undo existente — hacia las cuales. con la intervención de su entera persona. reside en su naturaleza. que pertenece a la sociedad. entre esfera pública y privacidad. Tras la muerte de W eber (1920). empero. lo que ha­ . afirma decididamente com o nuestro «destino» el mundo desencantado dé la civilización moderna. entre conocim iento objetivo y valoración subjetiva. Q ue una tan crítica actitud. todas ellas surgen de la una y fundamental antinomia entre libertad y coerción. libertad singular. En eso consiste su heroísmo humano y su honradez intelectual. La gran diferencia entre la crítica de Rousseau y la de W eber de la civilización existente reside. que es en esté mundo. en rápida progresión. el de­ sarrollo alemán dejó de lado. con la pasión del hacer aislado. se com portó de manera pasional— . su propia posición se volvió necesariamente una oposición perdurable y una única apolo­ gía de la libertad del individuo que protesta. en su diferenciación del burgués m oderno en el aspecto de un homme que se obedece á sí misino y un citoyen. en m edio y con­ tra la servidumbre creciente en el m undo político y económ i­ co. entre ética de la responsabilidad y ética: de la convicción. -una total enajenación del individuo en relación con la comunidad. una. entre funcionariado y lideraz­ go. por elcon trario. para poner en cuestión la carcasa.

debid o también recorrer ese camino.sociedad burguesa que> si bien es cierto que ideológicám ente es una aparente refutación. a través de la pérdida de contenido querido. la «sujeción» en obediencia. dado que éste no estaría disponible. al m argen de cuáles sean éstos. positivam ente a través de que representó el liderazgo irracional «carism àtico» y la «dem ocracia de liderazgo con máquina». se convierte en una persona que está conten^ ta d e haber pod id o transferir la carga. se transforma la «decisión» propia en la obediencia decidida a un dictado. W eber se volvió un anticipador del futuro político de Alemania. y que. que preparó a los otros. a través de lo for­ mal de su ethod político.142 K a r l L o w it h bía sido querido p o r él. y negativamente. cuya última instancia sólo era la elec­ ción decidida de una postulación de unos valores entre otros. L o que y a era válido para la guerra se ha repetido con fuerza después de la catástrofe: los muchos . Con esa ab­ dicación de la elección Ubre entre posibilidades diferentes en favor del una vez elegido Führer. bajo la voluntad de un líder con aptitud de oratoria que diga a las masas lo que éstas deben creer y hacer. D e su tesis de que sólo un «profeta» puede decirnos a nosotros lo que debem os hacer objetivamente. es sin em bargo prácticamente una confirm ación d e la previsión de W eb er de una «dem ocracia de liderazgo». que sólo era responsa­ ble: de sí mismo. ca­ da uno debiera decidir por sí mismo lo que piensa hacer en es­ te tiempo de falta de autoridad de una decadente esfera públi­ ca. de esa tesis totalm ente individualista hay sólo un paso hasta lá com pleta inclusión en una máquina de convicciones total. el «em pleado» en alguien que dispone de su puesto \Ámtdwalter\ y la «maquina de hom bres» en un frente total de trabajo. a una organización del Estado y de la. por ultimo. para arribar co n la R ev olu ción de 1933. difícil de sobrellevar. totalmente funcionarizada. lo que no incluye que él mismo hay a. El individuo liberado. Él ha preparado el camino a un Estado de liderazgo autoritario y dictatorial. de la autodeterminación.

una gen eración más jov en que los y a ci­ tados. Él ofrece. p or último. ser así. describe tres fases del desarrollo alemán. Su devenir desde un normativismo pensado de m odo jurídico extremo y de tinte católico. una potestad y un sen­ timiento con uno. Schmitt. «M e puedo imaginar — es­ cribió R. El teórico del tránsito. a la técnica-económ ica del XIX. Weber.» Sólo de esa form a debe enten­ derse también la fuerza de atracción del lema fascista de crede­ re. esto es. pasando por la metafìsica del siglo XVII. Los fundamentos histórico-filosóficos de su concepto de lo político fueron aclarados con precisión p or Schmitt en una ponencia de 1929 titulada Sobre la era de Lu) neutralizadoned y las de<fpolitizaciones. Sombart. M . es el teórico del Es­ tado C. Rathenau y Sche- . de la cual Troeltsch. un desarro­ llo gradual de la caída que iría desde la época teológica del si­ glo XVI. Rilke en 1914 a su joven amigo en el frente—que esto es una alegría imborrable. Schmitt se diferencia expresamente de la generación anterior a él. combattere. y llegando. hacia un «pensamiento del orden concretó». en una total politización aun de los campos en apariencia «neutrales». puramente cul­ turales. hacia la épo­ ca humanitaria-moral del XVIII. el punto culminante de ese movimiento de decadencia y. C om o expon en te de ese m ovim iento de reversión. C on la transformación de la de­ m ocracia burguesa en la democracia de masas industrial se al­ canzó. después. que nos confundieron largamente y nos extenuaron. el punto en que debe revertirse en su contrario. especialmente después de los tiempos muy dispuestos hacia múltiples voluntades. obbedire. al com ienzo del siglo XX. desde la democracia parlamentaria del Estado de partidos nacional-liberal hacia la dem ocracia autoritaria y dictatorial del Estado total. con ello. pasando por el decisionis­ mo dictatorial. que demandaba primero creencia y en­ seguida. obediencia y activa disposición.Max W eber y Karl M arx m «planes irresueltos» del hom bre singular fueron confiscados por un «decidido destino general». siguiendo a Comte.

en la misma m edida en que ellas han sido neutralizadas p or la econom íay la técnica. al filme. com o un medio respecto al fin. Su res­ puesta es: sólo una que politice todas las esferas de la vida. Schmitt contem pló la posibilidad real de un Estado así. servir a la libertad y a la dominación. también. Pero la economía y la técnica pueden servir com o medios. D e sus principios y perspectivas. esto es (para Schmitt) de un Esta­ do total que cuente con la guerra. ni una respuesta política. «Los descubrimien­ tos de los siglos XV y XVI tuvieron un efecto liberador.» La pregunta de Schmitt es. p or eso. meramente téc­ nicos. precisamente porque son en sí neutrales a muy diferente fines. lo con o­ . en el que tod o lo que antes aparecía sólo bajo una perspectiva económ ica y cultural se vuelve político (y no en menor medi­ da.144 K a r l L o w it h ler le aparecen com o característicos. El descubrim iento del arte de la im pre­ sión de libros con d u jo p or ejem plo a la libertad de prensa. porque ésta surge sólo de la «duda respecto a la propia fuerza» de servirse del instrumentarlo grandioso de la técnica moderna. Su preocupación y a no es compartida por Sch­ mitt. y a cuya existencia pertene­ ce un «enemigo total». la censura. no surge ni un planteamiento político. «L os rusos tomaron la palabra al siglo XIX europeo. en la mano de un Estado decididamente «político». indivi­ dualista y rebelde. La técnica debería volverse el medio de la dominación política de las masas. a la centralización y a la descen­ tralización. los descubrimientos técnicos son medios para una dom i­ nación inmensa de las masas: a la radio le pertenece el m ono­ polio de la radiodifusión. originariamente en Rusia. qué política es lo suficientemente fuerte com o para servirse de la técnica co ­ mo un m edio y otorgarle un «sentido inobjetable». Hoy. Esta puede ser revolucionaria y reaccionaria. la ciencia del Estado). La decisión so­ bre la libertad y la esclavitud n o reside en la técnica com o técnica. Todos ellos vivían toda­ vía en la atmósfera del nihilismo europeo y de un abismo que era previsible.

com pone también.M ax W eber y K arl M arx 145 cieron en su núcleo y extrajeron de sus premisas culturales las últimas consecuencias. uno político. y porque ella capta al hombre en su entera existencia. y que aquí surge un Estado que es más e intensivamente estatal que lo que fue alguna vez el Estado de los príncipes absolutistas Felipe II. La revolución ha echa­ do a un lado la discrepancia entre la Intelligentdia europea y el pueblo ruso por medio de la destrucción de la burguesía. el núcleo de la historia m oderna de Europa. se pue­ de decir. que le obliga a uno a llevar. aunque pensada de forma marxista. y ha producido en Rusia una unidad nacional real. com o si­ tuación. la conclusión práctica. en exclusiva. porque — cuando ella existe—cada asunto es. se debe entender solamente a partir del desarrollo europeo de los últimos siglos. determinada de m odo polémi­ co com o negación del «pluralismo» en el Estado de partidos liberal. según su posibilidad. hasta el fi­ nal. sino que ésta haya centralizado y totalizado a Rusia. una cosa: que sobre el suelo ruso fue tom ado en serio eso de la antirreligión de la técnica. Q ue todo. la fuerza revolucionaria de los trabajadores. Esa unidad es. en una enorm e elevación. ciertamente. la sustancia del concepto de lo político de Sch­ mitt. de nuevo. «Total» llama él a la unidad política. com o tal.» Schmitt no admira en la Revolución rusa. rusa. Se vive siempre bajo la m irada del hermano radicalizado. L o que sucede en Rusia com ­ pleta y supera ideas específicamente europeas y muestra. com o S o­ rel. D e form a absolutamente indepen­ diente de los pronósticos políticos externos e internos. en esencia. sobre to- . La «unidad política» formal. Luis X IV o Federico el Grande. porque y a en 1923 estaba convenci­ do de que el principio parlamentario de la publicidad y la dis­ cusión no tenía más sustento bajo sus pies. H a hecho a Rusia. él renuncia simplemente a cada ti­ po de institución liberal. M ás aún. Schmitt no comparte y a la voluntad de W eber de ca­ pacitar al Parlamento a través de la selección de una casta de líderes políticos.

la social. es para Schmitt indiferente. com o el punto culmi­ nante de la política grande. Puede ser expresada. porque ella decide sobre la guerra y la paz y porque es absolutamente determinante. sino sólo el desnudo Que imperativo \Daß] de la existencia estatal com o tal. la fami­ liar) es una determ inante en un sentido incondicional. La producción de esa unidad política a través de una deci­ sión es dictatorial. «Soberana» es la unidad política.m K a r l L ö w it h do en el caso decisivo de la guerra. la identidad entre dominados y dominantes. de funcionarios o de soldados. La voluntad del pueblo no necesita ser contabilizada en números en una elección secreta. en principio.. a través de qué fuerzas y contenidos el Estado tenga su determinada for­ ma propia. entre pueblo y Estado. si es un Estado nacional capitalista o un Estado de los trabaja­ dores com unista. sino siempre sólo una cosa: que es una unidad política determinante que decide soberanamente sobre la vid a de los hom bres. E n oposición a esta unidad política. un Estado de curas. en el Estado de partidos liberal ninguna de las mu­ chas uniones o «asociaciones» en las que vive el hombre sin­ gular (la nacional. de com erciantes. L a dictadura no está. E sa indiferencia contra cada contenido político de la decisión pura form al caracteriza el concepto básico de Schmitt de guerra. sin em bargo. entre masa y liderazgo. incluso de m odo mu­ . P orqu e a su esencia pertenece sólo el consenso de la volante genérale con la volonte de toud. entre voluntad popular y ley. en tanto que rom pe definitivamente con la indecisión del Estado de partidos liberal y no se apoya en nin­ gún acuerdo y en ninguna discusión. sino que puede ligarse a ella. L o que a él le concierne originariamente no es si un Estado está constituido y ordenado así o de otro m odo. la religiosa. en necesaria oposición a la dem ocracia. porque no determina ningún Q ué flPíw ] y ningún Cóm o. la económica. Porque esa unidad total y soberana que Schmitt denom ina simplemente «lo político» no posee ningún cam po específico.

p o r m edio de la R ev olu ción de 1933. La sustancia del Estado total se vuelve ahora el «semejante» camarada del pueblo. siempre solamente a «los iguales». com o por ejemplo se diferenció en la A n­ tigüedad ló griego de lo barbárico.M ax W eber y Ka r l M arx 147 cho más originario y creíble* en una aclamación. en correspondencia con la doctrina antisemita de las razas. Apenas después de que fue tomada fácticamente la deci­ sión. pero no antidemocráticas. U na democracia* dice Schmitt. Ellas son ántiliberales. Esto sucede desde la tercera edición de E l concepto de lo político. La R evolución rusa y la fascista poseen una hom oge­ neidad dem ocrática de este tipo. sino que debe tener una sustancia concreta. en su principio. una «hom ogeneidad» o igualdad de especie. que debe garantizar la igualdad de especie entre con ­ ductor y conducido. y el nacido libre del es­ clavo. La igualdad política se refiere. a diferencia de la idea de igualdad humanitaria. en apariencia. absolutista o liberal. todos los problem as del último siglo: la . de la que se había mantenido inicialmente distante. y co n ello han cread o el fundamento para una volante genérale. Mientras que Schmitt siguió siendo sólo un mero decisionista y se conform aba con la demanda de la unidad política formal. él se v io en la necesidad de dar también un basamento a la unidad política. esto es. sin p o r eso dejar de ser. puede ser militarista o pacifista. La igualdad no consiste en la igualdad apolíti­ ca de todos los hombres de la humanidad sümida én el indivi­ dualismo. En el ario camarada del pueblo y del partido desapare­ cen. La igualdad biológica de la raza reempla­ za a la igualdad teológica ante D ios y a la igualdad moral ante la ley. y los m éto­ dos dictatoriales pueden ser exteriorizaciones inmediatas de una sustancia dem ocrática. progre­ sista o reaccionaria. una democracia. no se vio urgido a responder a la pregunta sobre dón­ de radicaría la sustancia hom ogénea de la dem ocracia dictato­ rial. de reconocer la igualdad política de los ciudadanos. Tiene com o correlato una no igualdad posible.

El «relativismo» histórico de W e­ ber era portado p o r un ethod decisivo. Es propio de la tragedia de la vida política alemana que un hom bre sabio com o fue W eber nunca haya podido llegar a actuar durante la crisis de la estructura de Bis­ marck. mientras que el decisionism o dictatorial de Schmitt encuentra su explicación en lo que él mismo develó. Quien ha tenido la oportunidad de ver a W eber y a Sch­ mitt en la presentación pública de sus pensamientos no puede dudar un instante sobre cuál de los dos era el «ciudadano»: no Weber. en el actuar por oportunidad.148 K a r l L ö w it h oposición entre Estado y sociedad. y a que la libertad es un invento del lib e­ ralismo. de hom m ey citoyen. un arribista talentoso com o Schmitt ganó una influencia sobre el pensamiento político y la legisla­ ción del Tercer Reich que sería difícil de exagerar. que osciló de un campamento a otro y no desaprovechó la oportunidad de hacerse miembro del ambiente justo. la problemática del reino de Bismarck se resuelve de una form a m uy simple: el segundo reino fue un com prom iso del Estado constitucional burgués con el Estado militar de Prusia. que en ese Estado no tiene lugar. que no deja negociar con sigo mismo. . algo a lo que el carácter de W eber había renunciado. Por el contrario. del Estado de derecho con el Estado del Führer. el «soldado» sobre el «ciudadano». de clase burguesa y prole­ taria. esto es. sino Schmitt. A l final venció. Se vuelve también irrelevante el pro­ blema de la libertad dentro de la carcasa de servidumbre que es el Estado total. com o «ocasionalismo». de nuevo. que se confesó leal a su clase. D e la misma mane­ ra. en Adam Müller.

un año antes de su muerte. de ingreso en la universi­ dad de un treintañero.» Para un discurso académico. que W eber sostuvo veinticinco años después.Y cuando me pregunto si la burguesía de Alemania está h oy ma­ dura para ser la clase políticamente rectora de la nación. y tam bién hacia la prop ia clase— . El tono de su ponencia La ciencia co­ mo vocación. porque también esa ponencia dice. decir lo que no es oído con gusto — ha­ cia arriba. otra vez. son afirm aciones con una exigencia fuera de la acostumbrada. «Yo soy un miembro de la clase burguesa. porque animó a decirle a la burguesía alemana incóm odas verdades. no estoy en condiciones de responder hoy a ello con una afirma­ ción. Precisam ente el oficio de nuestra ciencia es. después de un año. ver­ dades que son oídas a disgusto. W eber veía com o una ventaja .L a posición de M a x W eber frente a la ciencia ( 1964) M a x W eber estudió D erecho y se habilitó en 1892 en D ere­ cho comercial y D erecho romano. únicamente. me siento com o tal y fui criado en sus con cep cion es e ideales. en Friburgo. resuena y a ahí. Su ponencia inaugural en la universi­ dad sobre EL Estado-nación y La política económ ica popular despertó indeseados comentarios. Ya un año después recibió la posibilidad de ejercer com o p rofesor extraordinario en Berlín y. hacia abajo. El tránsito desde el campo del derecho al de la econom ía na­ cional y lá sociología estuvo mediado por el estudio de la his­ toria agraria romana. desde la primera hasta la última oración. le ofrecieron trabajar com o profesor ordinario de econom ía nacional.

son las siguientes: a la catástrofe de la fundación del reino alemán se debió que a ella no le siguiera ninguna madurez política interna. se aprendía a reconocer también y precisamente hechos incó­ m odos — sin consideración a los prejuicios heredados y dom i­ nantes en general. de los cuales en su mayoría. Falta el control de sí consciente [ . ] y donde él busca formular. El des­ precio de los hom bres de Bismarck no dejó florecer en su cer­ canía ninguna personalidad autónom ay honrada. no de trata de ideales espe­ ciales y ganados p o r sí mismo. . a la socialdem ocracia. el mismo que juzga n o tendría conciencia. sin consideración también. que el que ju zga p on ga claridad frente a otros y frente a di mismo sobre el núcleo subjetivo último de sus juicios.] sobre los ideales a partir de los cuales avanza hacia el juicio de los procesos observados.» Las verdades incóm odas que W eber tenía para decir hacia arriba. En verdad. en general. a los junkerd prusianos. sociales y polí­ ticas. sino que también el pensa­ miento fundamental de La ciencia como vocación resuena y a en la lecció n de ingreso en la universidad. mientras que en realidad se trata de juicios y prejuicios subjetivos muy condicionados. W e b e r com bate el «engaño óptico» que procede com o si los parámetrod del juicio y la valoración de los acontecimientos económ icos y políticos se dejaran extraer de esos acontecimientos mismos. una nación «din ninguna educación polí­ tica». [ . a través de ella.150 K a r l L o w it h primordial de la form ación científica el que. É l dejó tras de sí. su principio “econ óm ico” específico de valoración. sino casi la excepción. cóm o herencia. acostum brada a que el gran hom bre de Estado en su . recae en va­ gas indeterminaciones. sin embargo. sobre todo... Pero no sólo el tono. y n o p or último a su propia clase. que se denom inan co n gusto «tradición » y «con v en ­ cim iento». sino de los viejod tipodgenerales de idealed humanad que nosotros transportamos también en el ma­ terial de nuestra ciencia. hacia abajo. « N o es la regla. a las propias estrecheces religiosas y morales. .

sin ninguna voluntad política: y «sin la capacidad del odio contra lo pequ eñ o». Sombart. orientadas histórico-universalmente y. en pocas palabras.M ax W eber y K arl M arx 151 cumbre ya se había ocupado. W eb er fue llam ado a H eildelberg.' pero tam poco un airé dé la pasión na­ cional dom inante. Justo con la fundación del «Archivo para la ciencia social y la política social» dé Heildelberg. y porque no vive en ella «ninguna chispa de aquella énergía catilinaria del hacer». La pregunta. que sopla en los cuartos del con vento. Péro tam poco élla estaría en condiciones de tomar la conduc­ ción política> porque lé falta para éso el gran instinto dé poder. la principal obra sistemática aparecida tras su muerte. A qu í llega pronto a Una interrupción inesperada y misteriosa de la activi­ dad docente. com enzó para él uria nueva activi­ dad. que dirigía conjuntamente con E. y los tres tomos de los Ensayos sobre sociología de la re­ . comenzada de forma tan brillante: una severa en­ fermedad psíquica le impidió durante diez años ejercer su ofi­ cio. Los dos tratados posteriores — Sobre alguna*) categorías de la Sociología comprensiva (1913) y E l sentido de la «Libertad valorativa» de las ciencias sociaiy económica (1917)—son él resultado de esa reflexión crítica sobré el propio quehacer científico. p or el futuro p o ­ lítico siería p or eso. de la política. La bur­ guesía estaba satisfecha tras la victoria nacional de 18701871. incluyó un corto prefacio que contiene aquella oración in­ troductoria tan característica de él: «N o el consenso. sirio la contradicción que las explicaciones que siguen encontraron en muchos de sus oyentes. En 1897. si la clase trabajadora p o ­ dría volverse la portadora del futuro político de Alemania. èri tod o caso algo temerosa de las masas populares que se rebelaban. me llevaron a publicarlas». Cuando W ebér publicó su discurso de ingresó en la universi­ dad. se tra­ taba de una pequeña burguesía. que se consagró a investigaciones sociológicas. Jaffe y W. p or ella. a la pregunta p or la construcción m etódica de conceptos. en relación con ellas. La inmensa obra inconclusa de Economía y sociedad. ahora (1895).

en el mismo estadio. también. todos los que antes y después se habían expresado sobre el tema de otro m odo empalidecían com o no originales y esquemáticos. que él pone en práctica. al que tanto tienen que agradecerle la Univérsidad de Heildelb e r g y la sociología. Alfred Weber.] Él tiene el — desde una perspectiva afortunado—don de aclarar de m odo artístico y poético sus más diferentes doctrinas [ . W e­ ber producía una impresión de pesadez sobre algunos por lo excelso de su saber. bajo lo cual padece la claridad del pensamiento — mientras que y o ex­ traje. p o r mis con ocidos más íntimos. [ . debe de haber ejercido una especie de magia.. la agudeza sin com prom isos de su argu­ mentación y el poder elegante de una persona sensible.152 K a r l L o w it h ligión fundamentan la fama científica de Weber· Es sorprenden­ te qué en menos de dos décadas fuera posible no sólo apropiar­ se de esos conocimientos generales y particulares de los cam­ pos del D erecho..] mis obtusas consecuencias. produjo en sus contemporá­ neos. por entonces de 20 años: «E n lo qué a Al­ fred concierne.... [ . Salin. la fascinación perso­ nal que ese hombre. y él podía desarrollar libremente sus puntos de vista durante horas en estrecha continuidad.].. Él gravitaba también sobre su hermano más joven.en sus trabajos sociológicos. Admirable es empero. W olters) el respeto es­ taba ligado con una apasionada resistencia. pero no sentimental. la econom ía. que desde 1903 no pudo desarrollar nin­ guna actividad docente pública. con un punto de vis­ ta propio. la sociedad y la religión. El «desencantamiento» del mundo histórico p or medio de Ja ciencia racional.. sino que sólo recibía a amigos. sino dominarlos y penetrarlos metódicamente. Y en aquellos que estaban más o menos cerca del círculo de Stefan George (Kahler. M ax W eber escribió en 1887 en una carta sobre su hermano. colegas y jóvenes: especialistas en su casa — E m st B loch y Georg Lukács pertenecían a ese círculo— . Cuando W eber ha­ blaba en una discusión. con detestable austeridad»·2 . sus filosofem as presentes me son familiares desde antes.

ni la sociología marxista ni la burguesa vieron que la sociolo­ gía de W eber es el contrapunto de E l capital de Marx. A llí murió. aparecido y a en 1904. él analizaba la doctrina del M anifiedto com unista. una dis­ cusión con M arx y el materialismo histórico. El tratado sobre las razones sociales de la caída de la cultura antigua re­ posa sobre una utilización libre del m étodo del materialismo histórico. en un corto tiempo. sobre La ética protes­ tante y el espíritu del capitalismo. com o seguidor de Brentano. La diferencia esencial consiste. esto es. la ponen­ cia sobre docialism o. L o h on ra — nota bene frente a oficiales del K áisery casi al final de la monarquía de los H absburgo—co ­ m o un «logro científico de prim er rango» y com o un «docu ­ mento profético» que tuvo políticamente «consecuencias muy extensas. com o si ésta pudiera tener una «corrección sin espíritu». y «consecuencias fruc­ tíferas» también para la ciencia de la economía. L a R ev olu ción rusa estaba en p roceso desde hacía un año y W eber y a había aprendido ruso con m o­ tivo de la Revolución de 1905. frente a oficiales austríacos. En Viena sostiene también. Tras un semestre en Viena W eber aceptó. sin em­ bargo. En la ponencia. El tema de su lección fue: «Crítica positiva de la concepción materialista de la historia». en tanto tom a com o hijo con du ctor de la explica­ ción la contradicción entre las relaciones de producción y las fuerzas productivas.M ax W eber y K arl M arx 153 En 1918 W eber lo intenta de nuevo con una cátedra de so­ ciología en Viena. C om o político no llegó a desa­ rrollarse: estaba en la lista de candidatos a la asamblea na- . en que W eber. Su más grande éxito lo debe a su tratado. a eso que M arx interpreta y com bate com o «autoenajenación» p or medio de la cosificación. que estaba pensada «para una orientación general». lo reco­ noce com o el destino inclau dicable de la racionalización. aunque no siempre simpáticas» (las aún más exten­ sas no eran visibles todavía. Curiosamente. un llam am iento de M ú n ich . a los tempranos 56 años. para poder seguir las noticias políticas. en 1918). en junio de 1920.

de los asesina­ tos de Kurt E isnery Gustav Landauer. y en un círculo pequeño había una discu­ sión sobre las tesis histórico-filosóficas de Spengler. En ése mi primer semestre en M únich. y después sostuvo su discurso completamente suelto. También en . L a Organizadora del evento èra una agrupación de militancia estudiantil líbre qué se preocu­ paba seriamente p or orientarse éñ la confusión de la época. era amigo de Percy Gothein. lúa decadencia de Occidente. después de lá primera guerra se había estado bajo la influen­ cia del libro de Spengler. ¡Envidiable quien tiene su saber y su pensamiento tan presentes. en la sala. había investigado y pensado sobre la cuestión de la racionalidad del espíritu europeo. enérgico. W eber sostuvo la p o ­ nencia. y fuim os juntos a la p o ­ nencia de W eber. en el cual W eber era el único competènte que sabía decir más y. pero su propio partido le rehusaba. El salón podía albergar com ò a ciento cincuenta asistentes. La ciencia como vocación y . sobre todo. algo después. un hijo del historiador de Heildelberg. W eber llegó con retrasó de Una asamblea política del Partido Dem ocrático y entró con paso rápido. En la mano tenía ima ficha pequeña. sin v ol­ carlos a la escritura! En sus disquisiciones sobre la pregunta «¿Para qué la ciencia? » resumió W eber todo lo que ya. con un par de anotaciones. sino el salón de ponencias de la librería de Suabia Steiriicke. Eso era todo. con mayor precisión que el mismo Spengler. Y o había vu elto de la guerra y había com enzado con mis estudios en M únich. L a ponencia fue transcrita en el m om ento y publicada de m odo tan literal com o había sido sostenida. desde su introducción al tratado sobre la ética protestante y el espí­ ritu del capitalism o. que había aparecido en 1918. P oco después de la abdicación de la monarquía de Bayem y del intermezzo de la República de los consejos. En general. La sala no era un auditorio. la segunda so­ bre La: política como vocación.154 K a r l L o w it h ciorial de W eimar y participó en el diseño de la nueva Consti­ tución. en la que se daba cita la vanguardia estudiantil.

La ponencia trata de la vocación de la ciencia y del mismo incierto oficio de ésta. aún transita «com o un espectro de contenido antes religioso» por nuestra vida. la pericia y la veracidad mismas. no es el desvelamiento de un ser pleno de secretos. porque el pensamiento del «deber del oficio». ni a sí mismo ni a lo s de­ más. Pero tam­ bién el m oderado ethod de la profesión m oderna se retrotrae a un origen religioso. del m odo en que él la entendía pertenece la libertad respecto a las ilu­ siones: que no se escenografíe nada. y toda «exigencia» de ima «síntesis» vive de esa partición positiva. casualidad o perspecti­ vas económ icas. en su origen fundam entado religiosamente. que se form ó sobre todo en el protestan­ tismo. en perso­ na. desencanta­ dopor medio delprogreso de la ciencia. El hecho fáctico de la especialización siempre en progre­ so no puede excluirse y a del m undo. la teoría del conocim iento y la m etodología era tam­ bién para W eber ima ciencia especializada — com o lo es h oy la reducción de la filosofía al análisis lógico del uso del lengua­ je— . La ciencia corno vocación no trata de la filosofia. U na elección tal de actividad no tiene nada que ver con el impulso interno llamado vocacional. sino la evidente transparencia del mundo. en especial en el puritanism o inglés de cuño calvinis­ ta. que com o la lógica. W eber utiliza aquí la palabra «profe­ sión» \Beruf\ en su sentido banal. N osotros casi no podem os imaginamos en qué medida las convicciones religiosas han determinado también el m odo co ­ tidiano de conducir la vida. Quien quiera lo ­ grar algo en el cam po científico debe ser especialista y tener . cotidiano. La «verdad». com o se habla del oficio del dentista o del m ozo. según inclinación. y a la veracidad.M ax W eber y Karl M arx 155 esa ponencia dijo verdades incóm odas porque era. A esa pericia pertenece lo que W eber poseía en el más alto grado: la libertad respecto a cada conform ism o y a la vanidad. de la cual él hablaba com o hom bre de pen­ samiento científico. Se puede decidir por ésta o por aquella profesión.

a la que debe­ m os tod os los grandes descubrim ientos. la fantasía artística. pero no aparecería tam poco. Galileo y N ewton. por la de Kepler. no puede ser superada nunca. H om ero no fue superado p or Dante y éste tam poco por Shakespeare. com o Nietzsche. La pregunta por el sentido de la ciencia surge y a para W e­ ber respecto a que todo trabajo e investigación científicos es­ tán subsumidos al progreso. una intuición. al técnico y al artista. en los hechos. aun cuando de acuerdo con su especialidad no haga ninguna de­ manda a la filosofía. p or el valor y el sentido de la ciencia — ¿para qué la ciencia?— . Junto con el trabajo y la ocurrencia ne­ cesita todavía de una tercera cosa: del cueétionamiento apasio­ nado. porque el m odo dél planteamiento del problem a deter­ mina también por anticipado el m étodo y el resultado. La ciencia productiva precisa también. no es en principio diferente de lo que com pone al gran em presario. Ella no se deja coercionar. La ocurrencia científica. aun cuando esos de­ talles sean insignificantes y estériles. sin embargo. cuando no se le anticipara el esfuerzo del entendimiento. más allá dél trabajo sistemático. U na obra de arte. de la ocurrencia casual. Y sólo el entendi­ miento puede evaluar el significado de una ocurrencia y si es posible materializarla. Eso la diferencia del crear del gran artista. Esa espécialización uni­ versal no afirma. y p o r lo tanto pregunta filosóficam ente. al com er­ ciante. Pero la ciencia celeste de Aristóteles fue superada. más allá del estado de las ciencias. Quien por primera vez. com o W eber. L a fantasía comercial. la fantasía matemática. ése pregunta en principio por lo que existe. se pregunta por el valor de los valores que prevalecen hasta h oy ó . de que ella no puede producir na­ da duradero y verdadero eternamente. tanto com o N ew ton fue supe­ . que la ciencia se haya convertid do en una operación aritmética y en una actividad de m ero entendimiento.156 K a r l L ó w it h precisos y determinados conocimientos. que es completada de m odo artístico. eso es en todos los casos una gracia.

p o r el puro saber mismo y que. a lo sd ie z o cien afíos> quedará obsoleto. Porque ¿por qué debería ejercerse algo y abocarse a una empresa que no tiene ninguna perspectiva de ser com ple­ tada? ¿Para qué. de aquello que precisamente hace a su sentido cuestionar ble. una em presa tan sin fin? Es cierto: para fines prácticos delimitados (vivir mejor. p o r ejem plo. etcétera). u n bosquim ano de África? D e ningún m odo. traba­ jar de m odo no científico. si bien no a la totalidad de la ciencia.M ax W eber y K are M arx 157 rado p or Einstein. Quien ha logrado algo en una ciencia sabe que su trabajo. Ese es precisamente el «sentido» del trabajo científico: que cada res­ puesta crea nuevas preguntas. D esde Aristóteles se nos ha asegurado siempre que el verdadero querer saber debe ser cuidado. has­ ta lo que no tiene fin. Para dar una respuesta a la pregunta de «para qué la cien­ cia». pero el que tom a la ciencia com o v o ­ cación piensa-que ésta. W eber parte en primer lugar del progreso científico. El primitivo conoce sus instrumen­ tos y su m edio ambiente incomparablemente más que n oso­ . dice W eber. alimen­ tarse mejor. hasta el infinito. ma­ y o r bienestar. Ese progreso y arrebató de la ciencia se extiende. esto es.vida. alcanzar una más larga duración dé la. sino. no eri pos de un b e­ neficio práctico. sí a la fracción más importante de un proceso de racionalización bajo el cual estamos sometidos desde hace si­ glos. allí en­ contraría su más alto sentido. en principio. y frente al que tantos intelectuales toman posición «de m odo inusitadamente negativo».es en sí misma plena de sentido y de valor. que quiere ser superado en el andar y en el progreso del saber. sin esperar que otros en el futuro irán más lejos que nosotros. Podemos. El progreso científico caracteriza. esto es. ¿Q ué significa esa racionali­ zación de la completa vida pública a través de la ciencia y la técnica científica? ¿Sabem os de las condiciones bajo las cua­ les h oy existim os más que. hasta lo que es nunca completable. co n qué fin. Con ello surge y a la pregunta p o r el sentido de la ciencia com o v o ­ cación.

significa que en principio todas las cosas de pueden controlar a travéd del cálculo. W eber continúa preguntando: ¿tiene ese proceso de la ra­ cionalización creciente. El lema de la ciencia de la temprana m odernidad es la frase de B acon: saber es poder. con lo que podía ofrecerle. que moviliza a-la ciencia. Para el hombre de una civilización. porque él existe continuamente en la mira de un futuro todavía no pleno. empero. sino el saber o la creencia de que si sólo se quisiera se podría saber en cualquier m om ento. significa.158 Ka r l L o w i t h tros. Cualquier campesino de la vieja época m oría viejo y satisfecho de la vi­ da. L a racionalización científica. que avanzó en nuestra cultura occi­ dental durante siglos. estampa a la muerte . Para el hom bre de una civilización en insaciable progreso. el desencanta­ miento del mundo. y p or una razón m uy atinada. que en general no tenemos ni idea de cóm o se construye un avión y se pone en movimiento. ningún fin. siempre avanzado. la muerte es una inte­ rrupción anticipada y una circunstancia contraria a la lógica. al final de sus días. pero no satisfecho. p or el contrario. no lo es. cóm o hacer una llamada telefónica a N u eva Y ork y pod er escuchar un concierto de Londres. en sus principios amante y creyente en el progreso. porqu e en principio no hay poderes secretos e incalculables que pudieran entrome­ terse. que d ijo «no»3 a esa civilización completamente m o­ derna. Puede estar extenuado de la vida. L a racionalización no significa en­ tonces un creciente-conocimiento general de las condiciones de vida. en verdad. Él se preguntó si dentro de una civilización que fu n cion a así la muerte sería una aparición plena de sentido. M ás aún. porque la vida. más precisamente el actuar ra­ cional de acuerdo con fines. de acuerdo con el progreso sin fin. científico-técnica. porque su vida lo había provisto. no debería te­ ner. El progreso. o cóm o fabricar un billete de cien marcos para p o ­ der com prar algo con él. algún sentido que trascienda al técn ico-p ráctico? Él hace alusión al viejo Tólstoi.

M ax W eber y K arl M arx 159 definitiva con la. Inmensa es la diferencia entre entonces y ahora en la res­ puesta a esa pregunta. Y el ser verdadero es. caverna es el sabio verdadero. En el Renacimiento la ciencia recorrió otro camino nuevo para saber lo que es: el experimento racional. ¡Pero no lo hacen! Ellos deben consolarse. L a salida más simple para este dilema es que se proyecte la vida incompleta en la próxi­ ma generación y se consuele con esto. otra vez. a la vez. Hasta qué uno de los encadenados logra liberarse y salir de la caverna. N os vem os retrotraídos. El liberado de las cade­ nas y de la. a la real constitución justa de la vida com ún en una comunidad pública. tras sus espaldas. esto es. falta de sentido. a la pregunta de si el progreso científico y social. con dud niños. Ciencia verdadera es. sobre todo también a la verdadera política. tiene un sentido más allá de lo técnico que justifique a la ciencia com o v oca ­ ción. W eb er dio al respecto las siguientes referencias: Platón cuenta en el libro séptimo de la Politeia cóm o los hom ­ bres están sentados. entonces. porque la representación de lo que es sabér verdadero y para qué puede servir ha cam biado radi­ calmente. p or­ que no puede haber un ser bueno y un ser bello sin una com ­ prensión verdadera de lo que hace a algo ser bueno y bello. el camino al verda­ dero éer. el ser bueno y bello. para los griegos. una escenificación artificial que proyecta inventivamente a la naturaleza com o una obra de arte según determinadas expectativas. Él ve p or primera vez la fuente originaria de toda otra luz. con que será m ejor y con que los niños resolverán los problem as de los padres. Ve la luz del sol. encadenados en una caverna. que ha ascendido desde la mirada de meras figuras de sombras a su figura origi­ nal. en el dominio de la naturaleza y en la organización de la sociedad humana. com o en verdad son. que se de­ . en la cual las cosas aparecen así. y sólo ven las sombras de las figuras que. la verdad inocultable del ser. son refleja­ das p or una luz escondida en la pared de enfrente.

dice M a x Weber. Galileo. todos ellos estaban con ven cidos de que D io s había con ceb id o el m undo de form a matemática y que conocían a D ios cuando leían en el «libró» de la naturaleza. más qué eso. es decir que ella. de tan ob vio que era. El b ió lo g o Sw am m erdam explicó triunfante: «Y o les traigo aquí la prueba de la providencia de D ios en la anatomía de un piojo». com o se dijo en analogía con el lib ro de la Biblia. sino también. ¿Quién cree todavía h oy que la. el camino hacia D ioj. ciencia es un camino al verda­ dero ser o a D ios. Q ue la ciencia com o ciencia no tiene D ios y es un poder ajeno a Dios. C opém ico. que a me­ nudo son científicos naturales. que la nueva concepción mecánica del mundo p o ­ dría volversé una «ciencia del m undo pagana» y sus portavo­ ces. la física y la fi­ siología de la modernidad. Kepler. a través de experimentos preparados con plena artificialidad. «Ciencia» significaba para ellos el cami­ no a l arte verdadero y con ello a la vez a la naturaleza verdadera. luego los teóricos de la música del siglo XVI y los experimentadores de las ciencias naturales. apologetas del ateísmo. p or­ que también la naturaleza hace manifiestos sus secretos sólo a través del arte técnico. N ewton. aun hasta la crítica de Kant de la prueba de D ios físico-teleológica. con la que se creía podér justificar el progreso de la ciencia com o pleno de sentido. Pero para los fundadores de la astronomía. a la vez. eso hace tiempo que se volvió un hecho reconocido.160 K a r l L o w it h ben probar. Los adelantados fueron los grandes experimenta­ dores en el cam po del arte: L eonardo sobre todo. excepto algunos «niños grandes». Pero tam bién la última res­ puesta. que la ciencia de la naturaleza era un camino hacia Dios. L o que y a Kant ha­ bía temido. la ciencia natural no sólo era el ca­ mino hacia la verdadera naturaleza. hace temblar la creencia de que algo así existe. sobre eso no du­ daría nadie hoy. cuando y a no . que la astronom íay la biología o la química nos iluminan sobre el sentido del m undo? La ciencia no sólo no enseña nada sobre el sentido del mundo.

fracasó. discuten una presuposición com o é sa y W eber ha dedicado a lá sociología del rechazo del mun­ do religioso un significativo apartadó. es p or lo menos cuestionable. Cuando todos esos seritidos anteriores de la ciencia. su presuposición. W eber no profundiza más eri ello. entonces se debe preguntar «en qué sentido la ciencia no da ninguna respuesta y si no podría servirle de algo a aquel que postula correctamente la pregunta»: ¿Cuán importante es lo que surge del trabajo científico. que «inventaron la felicidad».M ax W ebér y K arl M arx 161 un camino a Dios. no da pruebas de que esa. com ò camino al verdadero ser. y si eso tiene en última instancia un sentido. p or­ qué esa creencia puede ser dejada completamente de lado des­ pués de la crítica destructora d e "N ietzsch e a aquellos «últimos hombres». no es deducible defacto de la física. En tanto la ciencia de la cultura m oderna presuporie que debe haber «cultura». en el sentido de digno de ser conocido? ¿C óm o debería poder decidir la empresa fáctica de la ciencia si tal saber es digno de ser con ocid o? Si. está sobreentendida. sí sèria el camino a la felicidad de la sociedad humana. ampliamente difundidas. Todas las cien­ cias naturales sólo nos dan respuesta a lá pregunta de qué debémos hacer nosotros cuando queremos dominar técnicamente la vida — però si debernos y querem os hacerlo. por éjémplo. pero no dan una respuesta a la pregunta de si son dignas de existir. lo dejan sin decidir o lo presupo­ nen a sus fines— L o mismo vale para las así llamadas ciencias del espíritu históricas: énseñan a entender determinadas p ro­ ducciones políticas y sociales. y la presuposición obvia de la ciencia m édica respectó á que se debe conservar la vida humana: lo más posible bajo todas las circunstancias. El mide las posibilida­ des de una conducción de la vida «interna al m undo» cón las . artísticas y literarias. las leyes del movimiento de los cuerpos celestes son dig­ nas de ser conocidas. á D ios y por último a la felicidad social son ilusiones pasadas. Las religiones del rechazo del mundo. al arte y la naturaleza verdaderos.

sí se puede discutir científicamente con un marxista que postula la tesis de que determinadas relaciones sociales y económicas condi­ cionan también el surgimiento de religiones. sino sólo el hombre. además. Por supuesto. Empero. entonces y a se ha decidido también contra la magia y la mitología. si debe haber ciencia sin más. entre conocimiento de hechos vá­ lido universalmente y tomas de posición personales (de tipo político. no se podría discutir con él científicamente. sin embargo. La tesis de W eber de la diferencia radical entre ciencia ob ­ jetiva y valoración subjetiva. p or una intervención de D ios en la historia de la humanidad. no válidas para otros — tesis sin com prom isos y formulada con apasionada insistencia en tratados sobre el sentido de la «libertad valorativa» en las cien­ cias sociales— . inver­ samente. Sí puede ser creyente y. religiosas. así como.162 K a r l L o w it h trascendentes. en tanto esté a favor o en contra de ella. Pero cuando se decide hoy en día por una ciencui com o profesión y con ello se cree en la profe­ sión \Beruf\ de la ciencia. aun cuando analiza sociológicamen­ te sus efectos sobre la vida cotidiana. contra la creencia en los milagros y en la revelación. W eber ha mostrado que determinadas convicciones y expectativas religiosas pueden contribuir a determinar la forma de ordenar la economía. un especialista científico. moral y religioso). un cristiano creyente pensará sobre el surgimiento del cristianismo de otra manera que un historiador libre de prejuicios dogmáticos. También el historiador científico del arte se contradiría a sí mismo si no se esforzara por hacer entendible el origen de la Iglesia cristiana de form a em pírica-histónca. Ninguna historia de la religión y de la Iglesia puede. social. com o una institución entre otras. pe­ ro él no puede ser historiador como fieL cristiano. había sido y a fuertemente combatida durante su . decidir si debe ha­ ber religión e Iglesia. Si debe haber ésta o aquella disciplina científica. Si quisiera ex ­ plicar el origen del cristianismo de m odo sobrenatural. sobre eso no puede decidir naturalmente la ciencia.

por la fuerza de su progreso continuo. mientras que los opositores a esta dis­ tinción opinan que sería fácil dejar de lado las dos clases de factd y valué. son. o la hermenéutica. porque incide en un punto sensible en nuestra relación con la ciencia y con el mundo determinado por ella. a lo humano europeo. que no conocen por sí una ciencia europea? W eber re­ nuncia a com parar el valor de culturas diferentes de m odo comparativo-distintivo. o la dialéctica marxista. a continuación.4 Tanto los opositores com o los partidarios de la bifurca­ ción entre conocimiento y valoración malentienden el motivo central que porta en W eber la diferencia. com o y a en el «prefacio» a los Endayod dobre doc 'wlogía de la religión aclaró. que apareció entre los griegos y que caracteriza. según el caso. por otro lado. La contro­ versia no está de ningún m odo resuelta. lacónico. Se continúa. La ciencia es. la ra­ cionalidad objetivada de la ciencia nos ha liberado de la sujeción a normas de tipo moral y religioso. esto es: la compren­ sión de que nodotrod vivimos b oy en un mundo que está cosificado a través de la técnica científica y que. de tal m odo que la europeización también de todos los demás hombres «anuncia el gobierno de un sentido absoluto». por eso. especial­ mente en Inglaterra y Estados Unidos. ¿C óm o debería. ni apoyarse sobre la tra­ dición ni fundamentarse científicamente. El motivo para esa reserva no reside em pero en el relativismo de la conciencia histórica.M ax W eber y Karl M arx 163 vida. y decidir racionalmente. porta en sí una «idea ab­ soluta». de China y de India. por ejemplo. bajo el título: factd and valué o factd and decidion·. válidas universal­ mente. o si ese ethod de la razón es solamente un tipo antropológico en­ tre otras posibilidades culturales. un poder que destroza la autoridad de la tradición. por ejemplo. de acuerdo con el D erecho natural. sino en que W eber llega a la comprensión filosófica . para bien o para mal. decidirse científicamente si — com o afirma Husserl—el ethod de la fundamentación de todo y de cada cosa por la razón científica. Nuestras valo­ raciones últimas no pueden. cuestión de la decisión personal.

los patrones externod a la cien­ cia del ju icio cien tífico. Ésta debía volverse libre para una valoración consciente.5 El ethod cristiano originario. decidida y consecuente de sí misma. Q ue a pesar de esa em ancipación de la ciencia. frente al «andar de los destinos hum anos». humana. es inconciliable con la ciencia y la técnica emancipa­ das de toda religión. «com o se hace también al mirar el mar y la montaña». de la infundamentabilidad científica de tomas de posición últimas es la pregunta: ¿cóm o debería p o d e r dem ostrarse co m o verdaderas y c o ­ rrectas. que vive en la espera del fin de este mundo. interno a Europa. y por el otro. las exigencias del sermón de la montaña o. sino que quiere to­ m a ren cuenta. ni niega co ­ mo alienación. de form a universalmente válida. La demanda de libertad valorativa del juicio científico no signi­ fica un retroceso á la pura cientificidad. en lugar de esconderse bajo el pa­ raguas del conocim iento científico. L o que W e b e r exige no es una extirpación de las «ideas de valor» normadoras. precisamente. com o precondición de una toma de distancia posible . Eso vale también para el destino de la racionalización del mundo pór la ciencia. al que W eber ni afirma ciegamente. ese ethod determina también sus conocim ientos. que nos dice que uno debe sobreponerse al mal. que sirven al dominio del mundo. que exige lo contrario. trascendente. ella misma y los otros. y que incluso fundamentales v a ­ loraciones de tipo moral o cuasirreligioso están en la base c o ­ m o presuposiciones. precisamente eso quiso mostrar la exi­ gencia de M a x W eb er de una ciencia libre de valores. p or el contrario. se haría bien en guardar para sí sus «pequeños comentarios persona­ les». sino su co n ­ creción. porque D ios es el amor y el único juez sobre los hombres. el ethod com ­ pletamente diferente.164 K a r l L ò w it h de que. también refutar­ las? D en tro del O ccid en te con vertido en cristiano se debe elegir también entre p or un lado el ethod de la dignidad y la consideración de sí interna al mundo. O tro ejemplo.

co~ m o filosofía social. el deducir del entendimiento á las «ideas» como tal¿d. presentan la precondieión de nuestro conocimiento y están liga­ das á la precondición del valor de aquella verdad que sólo nos puede dar el saber de la experiencia». Lá así llamada objetividad — y W eber no habla de ella de otro m odo que dé una así llamada> entre comillas—«reposa sobre y sólo sobre el hecho de que la realidad dada és ordenada según categorías.] tienen orígenes “ su bjetivos” . porqu e en última instancia [ . ¿qué significa y qué persigue la crítica científica de los ideales y juicios de valor? ». aunque sea científicamente relevante. W eber caracteriza ese desvelamiento de las ideas de va­ lor y de los ideales rectores de las investigaciones científicas. p or las cuales. las cuales. . «en par­ te en verdad y en parte supuestamente. [ . La pregunta es.M ax W eber y K arl M arx 165 respecto a ellas. más bien. de esta afirmación básica de W eber no se sigue de ninguna manera «que los juicios de valor eludi­ rían lá discusión científica. sobre todo a tra­ vés de la crítica científica y la autorreflexión. Y así concierne a W eber. L o último que la reflexión científica sobre eso puede rendir es «traer a lá conciencia los últimos patronea que se manifiestan en el juicio de válor concretó». sino que ambos sólo se deben diferenciar. esto es. . L o que puede y debe suceder con el fin de la « o b ­ jetividad» científica es el claro y con scien teh acer notar y el tomar-eH-cuenta de aquello que es científicamente indem os­ trable. que deja tras de sí la positi­ . y así libe­ rarlos para una clara discusión y contraposición sobre sí mis­ mos. se pelea y se com ba­ te». La autorreflexión científica. ] La crítica n o se detiene frente a los juicios de valor. y en realidad el juicio científico no es separable del juicio valorativó. Pero acerca dé que las normas e ideales vinculantes no son fúndamentables en m o­ do absoluto científicam ente y que con ello no hay ninguna «receta» para la praxis. Una línea delgada como un cabello separa a la ciencia de la creencia. a ese desvelamiento de lo «en última instancia querido»... son subjetiva*). en un sentido esp ecífico.

cuyo destino es haber com ido «del árbol del conocim iento». con unos medios dados y en orden a un fin presupuesto..166 K a r l L o w it h vidad ingenua de la disciplina científica.6 Por tanto. sólo hay una lucha entre las muchas posiciones y puntos de vista posibles. o eludir sus consecuencias prácticas» (D .C . para después permitir­ se reposar sobre ellas..] puede o bien engañarse teóricamente a sí mismo sobre la seriedad de la situación actual. de las ideas de valor normadoras de la investigación científica tiene no sólo el objetivo de com probar su efectiva presuposición. p. entonces p o ­ dría haber también «valores» de validez universal. por nosotros mismos». El fin real y positivo de sus tratados científico-teoréticos es la radicaL deconélrucción de Lad «iLudioned». no indica qué es lo que se «debe». Pero c o ­ mo nosotros y a no vivim os com o miembros de una com uni­ dad religiosa. a la esencia universal de L a ciencia. sino que ese déficit surge de la form a propia de aque­ lla época cultural. mucho más determina­ do. sin em bargo. la creencia en normas objetivas y en su fundamentabilidad científica es lo que W eber combate con los me­ dios de la reflexión científica. 154).. de su «desencantam iento» por m edio de la burla. específicamente de aquellos que obstaculizan la «liberalidad científica». el «sentido» del acontecer del mun­ do. y nos permite sobre todo daber qué es lo que verdaderamente se quiere. sino qué se puede consecuentemente. sino el sentido. «en lugar del deber ser». Su desvelamiento minucioso de lo «en última instancia querido». haber sabido que nodotrod «debem os cre­ ar. en tanto contradicen el hecho histórico-humano de que «hoy» es . Si no obstante hubiera todavía «grandes comunidaded» religiosas y «profetas». «Sólo un sincretismo optimista [. La subjetividad presupuesta por W eber de nuestros patrones de valor últimos y de la falta de «normas» universales vinculan­ tes no pertenece. Los dos tratados ejemplares so­ bre Roscher y Knies significan una destrucción metódica de determ inados prejuicios y juicios de valor.

sin controlar continua­ mente el valor del conocim iento de los hechos singulares se­ gún las ideas de valor últimas. de una vez. las disquisiciones «m etodológicas» de W eber.M ax W eber y K arl M arx 167 «religiosa cotidianeidad» que la ciencia — dicho con N ietzs­ che—sea un «ateísmo científico». en última instancia: a una re­ lación oscura del hombre cognoscentefrente a la realidad de nuedtro mundo presente. durante un siglo. un «fondo» inaclarado. la orien­ tación supuestamente excluyente según el pathod de la ética cristiana hubiera cerrado los ojos para ello». terminar en el cuestionamiento no sólo de la ciencia y de la cultura modernas. la ciencia se dispone también a poner a prueba su posición y su aparato conceptual. la demostración y el desencan­ tamiento de los patrones últimos del juicio científico. En los análisis de Roscher sobre el acontecer histórico se conserva. sino en el de nuestra orientación presente en la vida en general. el camino se pierde en el alba. en todo lugar. contemplará — después de que a través del planteamiento específico de problemas es­ té enfocado. en últi­ ma instancia. Pero en al­ gún momento cualquiera el color cambia: el significado del punto de vista valorado irreflexivamente se vuelve inseguro. Estas parten de la comprensión para. «después de que. Son todo lo contrario de una marcha en el vacío de reflexiones metodológicas. en una época de especialización. sin ser consciente de su anclaje en esas ideas de valor en general. y a sin fundamento. y . a un material específico y se haya creado sus propios principios m etodológicos—la reformula­ ción de ese material com o fin en sí. con interna consecuen­ cia. hasta en lo más singular. «Todo trabajo científico-cultu­ ral.» Entonces. D e la conciencia de esa si­ tuación especial. Las contradicciones curiosas que él señala en los trabajos de R oscher se refieren a una relación oscura entre concepto y realidad) y eso significa. La luz de los grandes proble­ mas culturales se ha explayado más. W eber ha llevado a cabo. Y está bien así. En los tratados sobre Roscher y Knies. surgen.

en última instancia. Knies está todavía también bajo la influencia del epígono de la metafísi­ ca histórica hegeliana. en él. en todo lugar. aun cuando prudentemente evita. También en el caso de Knies W eber aclara. también Knies choca. y a sea de m odo m oderno y b io ló g ico com o «fuerza de vida». la articulación del todo. en el método de Roscher se mantiene una estructura inconsecuente. el carácter «emanatista» de sus argum entaciones lógicas. pero tam p oco redu ce el conocim iento de la realidad a lo humano y «empíricamente» comprobable.168 K a r l L o w it h específicamente uno que Roscher no quiere de ningún m odo aclarar. Los individuos y los pueblos son presupuestos de m odo sustanc ial -nielafu ico. «en el espíritu del rom anticism o». sobre qué bases filosóficas principiales reposa su concepto de libertad y qué consecuen­ cias tiene esto para su m etodología de la ciencia económica. Así. También en la vida científica un impulso divino «más alto» debe limitar el propio beneficio terrenal y ese pre­ supuesto interviene de m odo decisivo hasta en la estructura lógica de su «econom ía estatal». que sería el último agente en el acontecer histórico. de form a simi­ lar al análisis crítico de Roscher. con un «fondo oscuro». desviada hacia lo antropológico-biológico. Tam poco él es capaz de aclarar con liberalidad científi­ . com o lo es siempre la unidad de una investigación «científicamente liberada» con un «punto de vista religioso». Una indeterminada creen­ cia en la predicción fundamenta con ello. con algo así com o una fuerza de vida unifi­ cada. aunque sea exactamente ese resto el que produce. Roscher establece menos un contrapunto de Hegel que un retrocedo a una interpretación cuasirreligiosa de la historia. en la form ulación. Com o Roscher. una apela­ ción directa al orden de Dios. Ese fondo que penetra en todos la­ dos es n om brado p o r Roscher. Su m étodo está plagado de contradicciones. o com o «pensam iento de D ios» y «decretos sobrehumanos». Roscher no deduce hegelianamente la realidad de las «ideas».

a la que él de­ be entender. llega a presentarse así y no de otro modo. sino escenificaciones del hom bre creador de cultura sin un «sentido» propio. la conceptualización «emanatista» se trans­ forma también en una construcción típica-ideaL. porque no se expresa a sí misma. en una carta de 1917. objetivo. Esa con stru cción reposa sobre el conocim iento del estado de las cosas histórico. sino en un conservado resto de una toma de posi­ ción m etafísica frente a la realidad. que para él las form as de Estado serían técnicas.7 La construcción típica-ideal sirve a la delimitación del con ­ cepto científico respecto a la realidad histórica. su fracaso. sino un político id ó­ neo). D ebería decirse. metafísico. pensándolo hasta al final. . mientras y en tanto que él no piensa de m od o d ecid id o desde este Lado deL mundo. Una con la reaLidad. y que por ello él podría estar con­ tra el Parlamento y a favor del m onarca (si éste no fuera un «vanidoso diletante» com o Guillermo II. que la construcción típica-ideal reposa sobre la hipótesis de que la realidad misma. Lo que él no «con ­ sigue». vuelta completamente terrenal y objetiva­ mente sin sentido. L o que W eb er quiere demostrar es que Knies es científicamente oscuro. y a es una abstracción y construcción re­ al. aquí tam poco se apoya en una falta de agu­ deza lógica. sino una transformación del método y del concepto pa­ trón de la reaLidad misma. pero que no se diluye en nuestros conceptos. tanto com o cualquier otra maquinaria. Sólo por eso pudo decir W eber. El abandono radical de W eber de la conceptualización aún en parte metafísica y teológica de R oscher y Knies no significa una mera transformación del «aparato conceptual» lógico.M ax W eber y K arl M arx 169 ca la relación entre «concepto y realidad». la cual. a través de ese m étodo y en aquellos conceptos. y desaparecen to­ das las definiciones «sustanciales» de la «form ación» social. p rod u cid a a través de la ciencia técnica. sobre la com prensión de que todas las así llamadas «form aciones» de la historia de la cultura no son espíritu objetivo.

pensado con sentido y significado des­ de el lugar del hombre. por el contrario. p or una larga experien­ cia. Por el con­ trario. el carácter «nominalista» de los conceptos m etodoló­ gicos fundamentales de W eber y su completa form a de cientificidad es una expresión consecuente de una posición com ple­ tamente determinada del hombre respecto a la realidad. y a «crear» el senti­ do. elevada por prime­ ra vez p or V ico a principio de las ciencias históricas. se v ol­ vería claro. esto es. es la «toma de p o ­ sición». «sin ilusiones». define Weber. aunque estaba convencido. mientras que.8 N os topamos justamente con la mis­ ma tom a de posición en Dilthey. com o también se le ha llamado. a producir antes que nada. Esta­ mos abiertos a la posibilidad de que sentido y significado sur­ jan justo en el hom bre y en su historia». y por ello un artificio que es pleno de significado solamente para nosotros. Y lo que le interesa a Weber. en cada caso seno. un hombre que ha sido retrotraído a sí mismo y que está urgido a producir el sentido objetivo y la articulación de sentido. La «construcción» típica-ideal está fundada en la toma de posición de un hom bre específico. «es un apartado definido. del mero hablar sobre las opiniones últimas no surgiría nada más que «tonterías». toda cultura es algo hecho por hombres para hombres. Ambas oraciones im­ plican: cosm os y phydid son sin logoé. porque el m undo de la naturaleza no es un prod u cto del hom bre dotado de razón. para el singular. c o ­ mo lo «suyo». La «cultura». que se posiciona en un mundo vuelto objetivamen­ te sin sentido y austero. cuando dice: «N osotros no transportamos ningún sentido desde el mundo a la vida. la relación con la realidad. es que . prácticay teoréticamente. dentro de la infinitud sin sentido del acontecer del m undo». su propio querer real.170 K a r l L o w it h El carácter técnico-constructivo o. «de que dólv p o r m edio de la puesta a prueba de las su­ puestamente “últimas” tomas de posición propias en relación con problemas muy concreta) y agudizados al máximo». Bajo esa presuposición de la convertibilidad del verum y el factum.

pertenece también la creencia en el «desarrollo» y en el . una «fá­ brica» \Betrieb\ — d ich o con H egel: el «E stado del entendi­ miento» de la sociedad burguesa. dicho con M arx: una «uni­ versalidad abstracta» sobre los individuos. es ciertamente real y con derecho a la existencia. por el contrario. como tai'. La presuposición última de las definiciones de W eber so­ bre las formaciones sociales es que sólo el hom bre singular. tras que a las «objetividades» de cualquier tipo. Así. Si. es un «instituto» racional.M ax W eber y Karl M arx 171 entonces y a no pueden ser más vistos e interpretados. las Iglesias. los Estados. en un sentido am­ plio. A esos prejuicios «trascendentes». com o m odelo. sino porque una concepción así estaría atrapada en prejuicios trascendenta­ les y el mundo en el que nosotros estamos «puestos» y a no legi­ tima tales prejuicios— . de alguna forma. no se les atribuye y a un significado autónomo. el Estado todavía fuera realmente una comunidad y el hombre. la definición ejemplar de W eber del Estado a partir de la posibilidad de que «deter­ minadas formas del hacer social (específicamente de hombres singulares) se produzcan». A quí también se exterioriza la liberalidad científica de W eber. un miembro de la ciu­ dad y del Estado. los partidos. por ejemplo. las unio­ nes y las sectas com o sustancias. es comprensible solamente — com ­ pletamente com prensible—a partir de que a ella subyace de facto. sustan­ cial. y no en primera instancia una persona pri­ vada que es responsable p o r sí misma. a causa de su desencantam iento p o r m edio de la racionali­ zación. fijado sobre sí mismo. y no según las posibilidades de su «exis­ tencia». una «realidad» estatal muy determinada. esto es. conse­ cuentemente. entonces sí tendría sentido interpretar tam bién al Estado mismo sustancial y «universalmente». con los más profundos trasfondos — pero no porque eso sería no científico. que cruzan el sobrio día a día de un mundo desencanta­ do. com o un no-estar-atrapado en prejuicios trascen­ dentes. el Estado moderno en el que estamos ubicados en tanto él mismo.

En una carta a Vossler discutió también que la necesidad enseñase a rezar. vaciado religiosamente. es absurdo. M u ch o más relevante para nuestra comprensión de su actitud ante el ateo presente es una declaración con m o­ tivo del suicidio de un familiar: «Nosotros estamos profunda­ mente conm ovidos por el fin de esta vida. es el proceso de ra­ cionalización a través del cual él se desencantó y se opacó. que él no compartía esa creen­ cia y que también en ese sentido podía vivir «incrédulamen­ te». el hecho de que nuestro m undo cotidiano es no religioso.. mientras que simultáneamente admitía que a menudo es cierto — «para la dignidad humana demasiado a m enudo»— . un “ sentido” terrenal y no obstante objetivo». aunque él no participe en una lucha contra el cristianismo. Querer connotar de sü presentación simpatetica de los profetas paganos del Viejo Testamento y de la ética pu­ ritana que él tenía una «credulidad escondida» o que habría sido un Homo religiosus. según W eber. Siempre [ .. nüestra «última virtud». sin embargo. en relación con la creencia política en un futuro mejor. y el hilo conductor para la interpretación de ese mundo. El se describe a sí mismo com o «absolutamente desafinado para la religión» y recono­ ce.] que . A ello c o ­ rresponde la demanda de W eber de Una rectitud intelectual incondicionada. socialista. Pero para poder contemplar ése «destino de la época» en su perfil más serio se debe recon ocer la «cotidianeidad reli­ giosa». esto es. Nietzsche llamaba a esa honradez. Esta necésidád es. en una carta de 1918. y a despojado. una inconsecuencia frente a lo terreno. En su «luz» se pone ahora la «realidad». en la que se prohíbe la creencia en D ios y en la providencia divina en la naturaleza y la historia. Esa creencia se postula com o necesaria «cuando surge la necesidad» de otorgar «al acontecer del des­ tino de la humanidad.172 KARL LOWITH «progreso» objetivos. Traducido al lenguaje de Nietzsche: W eber pien­ sa sobre la base de la ciencia com o «ateísmo científico» y so­ bre la base del ateísmo com o la única forma de pensar que es hoy honrada.

¿Q uién quiere hablar entonces de obliga­ cion es?». tiene com o presuposición el discernimiento de que nosotros no esta­ mos en la verdad cuando la verdad implica algo así com o ver­ dades de fe> en sentido cristiano o incluso griego — porqu e también para Platón lo verdadero era idéntico con lo bueno y éste con lo bello— . ni bueno». ni tam poco cuando su progresión pierde tod o sentido espiritual».9 Una sabiduría cotidiana es que algo puede ser verdadero. puede ser sagrado no sólo a pesar de que no es bello. de en lugar de redactar recordatorios de guerra extraer las consecuencias qué obtiene un hom bre auténtico/ cuando la vida lo ha conde­ nado a perder un juego importante. sino porque y en tanto no es be­ llo — en el capítulo 53 del libro de Isaías [ . no aparecía un largo tiempo.. La voluntad de W eber.] puede usted en­ contrar las pruebas de ello— .M ax W eber y K arl M arx 173 O .de percepción de la Antigüedad. co m o el único c o t í derecho. Ló sabemos desde Nietzsche de nuevo. com o llamó Baudelaire a su tom o de poesía. no a causa de su responsabilidad. L o temíamod. Y agregó: «S i nuestros oficiales hubieran tenido tanta dignidad. en el mismo sentido: «Su actuar se me aparece siem pre. escribió. Contra lo cual afirma W eber: «Sabemos hoy. el que ella. Aun para Kant lo bello era un símbolo de lo moralmente bueno. Y cuando pocas se­ manas antes de su propia muerte una hermana de W eber se quitó la vida. la impresión sería otra». sino en tanto no es bueno. temíamos no volverlo a ver. de nuevo. ignorante de la vida. del m od o más seguro. aunque y en tanto no es bello. y que algo puede ser bello no só­ lo a pesar de que no es bueno. que algo. sino de la nuestra. de incondicionada veracidad. Siempre consideré un error de nuestra moral Cotidia­ na. en oposición al m ucho más libre y grandioso m odo.. com o los chinos y japoneses. Cualquier cosa. y antes de él lo encuentra usted prefigurado en las fleurs du ma1. ni sagra­ do. Y bello. . quiera estampar a la vida terrena com o un bien al cual el hom ­ bre nunca está autorizado a renunciar.

a favor o en con ­ tra de la ciencia y. otra vez junto con ella [la ciencia]. Bajo ciertas circunstan­ cias se estará obligado a abandonar el fin. se debe utilizar de acuerdo con la experiencia.174 K a r l L o w it h Pero si la ciencia. p o r último — y esto es lo más importante— . y así W eber llega a hablar del rendimiento último de la ciencia y de sus límites. Pero el «fundamental estado de las cosas» — el que también está en la base de esa limitada tarea de la ciencia de otorgarnos claridad sobre las presuposiciones últimas. debe elegir y decidir entre las concepciones de vida posibles — por ejemplo. Más allá. junto con ella. esto es. Todas ellas son preguntas con las cuales se topa también cualquier técnico. claro que a ella y a los medios para alcanzar esos fines. en­ tonces se debe preguntar qué trae la ciencia de positivo para la vida personal. ni bueno. con ello. contra o a favor de la religión— . aunque no sea ni sagrado. sin re­ ferencia a la «trascendencia». está claro que conocimientos nece­ sarios para la adm inistración y dom inio racional del medio ambiente y del mundo compartido. Esto es. sólo que para él el fin está fijo de antemano. ella [la ciencia] nos puede aclarar que <)i se quiere tomar. los medios más adecuados y las consecuencias proba­ bles de determinados fines presupuestos— . no es ni un camino a la verdad del ser. mientras sea entendida «por sí misma». ni bello. p or­ . trae escolarización en el pensamiento m etódico y. justamente cuando los medios para él no sean moralmente legitimables. Primero. es que la vida hu­ mana. com o es ejercida h oy y com o debe ser practicada para mantener la vida y el avance de la civilización técnica que se apoya en ella. la posición última. ni a la felicidad terrenal siquiera. Éste no es el caso cuando se trata de las preguntas ultimad. N o se puede simplemente despreocuparse de la ciencia. y prop o­ nerse los últimos fines. y si algo puede ser verdadero. salvo que se crea que un fin más grande santifica a los medios aun más condenables. ni un camino al arte y la naturaleza verdaderos. aporta claridad en el sentido de una conse­ cuencia clara. ni a D ios.

pero no todas las religiones han desarrollado una teología tan sistemática com o el cristianismo occidental. externa e interna.. no podría ser alcan­ zada. con una medida tal de reflexión sobre las últimas for­ talezas del contenido de la forma puramente artística. de las condiciones so­ ciales de una obra poética. W eber dice: «Yo creo que una lírica.] confunden y parcelan su alma».M ax W eber y Ka r l M arx 175 que impregna nuestra completa vida. que no­ sotros vivimos en una época «ajena a Dios». Cuán p oco se puede despreocupar uno del mundo m oder­ no. En una discusión de 1910.. y que se re­ ducía a postular una ciencia «orgánica». dice más que el ataque impotente que la ponencia de W eber recibió del círculo de George. sin embargo. una . com o objetivo. com o tal. porque sólo él ha tomado en su seno el pensamiento griego y lo ha reelaborado hacia fines dogmáticos.. por ejemplo. de cada obra poética (M ilton.]. Esa comprobación cierra la pregunta weberiana de La teología como ciencia. que [ . inapro­ piables para el vértigo de la técnica [ . si quiere conservar aún algún resto de un planteam iento de principios de la cuestión. La teología cristiana es una racionali­ zación intelectual de certezas de fe religiosas y. [ . en sí banal. lo muestra Weber.] sin que el lírico haya permitido ser penetrado completamente por las impresiones de la gran ciu­ dad moderna. Pero tam poco se puede correr tras el progreso de la ciencia. que no existe ni pue­ de existir. Claro que hay también teólogos y dogmas más allá del cristianismo. no podría haber escrito ELparaíso perdido en el L on ­ dres del siglo X I X ) . p or ejem­ plo.. Que la ciencia es hoy una profesión ejercida según especia­ lidades es un hecho ineludible de nuestra situación histórica. referida a una ponencia sobre técnica y cultura. rechaza radicalm ente tod o lo actual. en la obra poética de Stefan George que. Esa com prensión sociológica. para Weber. impregnado p or la ciencia... y su «estado de las cosas más decisivo» es. com o por ejemplo la de Stefan George.

W eber lo describe simplemente com o «farsa y autoengañ o ». todavía existe en las sectas religiosas. sin tener en sí mismo la más mínima simpatía p or la revolución literaria de 1918-1919. El debe hacer un salto. pero sí tal vez un m alentendido de sí mismos. com o E m st Toller.176 K a r l L o w it h ciencia con la presuposición específicamente no científica de que cabe creer en una revelación determinada. Sólo el más joven aporta generalmente tal sacrificio al profeta y a los creyentes de la Iglesia. para poder creer. En cada teología «positiva» el creyente llega al punto de quiebre del credo non quod sed quia absurdum est. Estaba convencido de que el mundo estaba progresivamente desencantado p o r m edio de la racionalización científica y la burocratización y que aquel algo que en otras épocas. que exigía una «viven cia». La capacidad para ese «sacrificio del intelecto» — W eber lo llama un «logro de la virtud» religiosa— es «el signo decisivo del hom bre religioso positivo». Esa presuposición fundamental reside también para la teología misma más allá de ella com o ciencia. com o un suceso decisivo para la salvación. Q ue algunos intelec­ tuales modernos tengan la necesidad de erigir una «capilla en casa» y que se creen para ello un sustituto para sus almas va­ cías. Él tenía una decidida com prensión — más allá de la amarga crítica de lo que consideraba falseadode las necesidades de la joven generación después de la Pri­ mera Guerra Mundial y estaba dispuesto constantemente. trascendental. que sociológicamente son el tipo origi­ nario de la asociación. ante todo. du­ rante la República de los Consejos de M únich. y de oponerse a estudiantes reaccionarios. conquistaba com o un fuego devorador las grandes comunidades. W eber pensaba aquí en el movimiento de la juventud alemana. no burguesa. a responder a estudiantes de la izquierda radical.1 0 N o es un truco. sobre todo en el tiempo de los profetas judíos. cuando los jóvenes interpretan religiosamente su de­ manda de una nueva vida comunitaria. h oy sólo late — si late—en los círculos más pequeños. En una discusión sobre una ponencia .

en Estados Unidos. L a situación en la República Federal alemana no es hoy esencialmente otra. porque tendría consecuencias incómodas para la prom oción social y para todas las demás oportunidades socia­ les posibles. la generación más joven en éste nuestro tiem po se haya adap­ tado tanto que no conciba más lo que alguna vez tuvo que ser de otro m odo y fue desencantado. Precisamente porque allí el tipo religioso es.M ax W eber y K arl M arx 177 de Troeltsch. « Y la pertenencia a esas comunidades religiosas cuesta. entre tanto. la religión es algo popular. N o es com o en el cristianismo de nom bre de Alemania. no tiene que vér con la cosa. era el país más religioso. W eber culmina su ponencia con la frase: «A quien no pue­ da soportar con hom bría este destino del tiempo. al menos hasta el com ienzo de nuestro siglo. Y es eso lo qüe W eber concibe com o el «destino de nuestra época» y del que se sigue to d o lo demás: el desencantam iento del mundo por medio de la técnica científica..» Esto W eber lo dijo en 1910..·. es decir. W eber desarrolló la tesis de que Estados U ni­ dos. el punto de vista patrón para lo que él quiere ver. la secta. y com o tal ofrece a sus fieles interior y exteriormente muy precisos privilegios. N o obstante. cuando ella. pod ría ser que. defacto. p o r su parte. para lo que sucede. y por­ que ese tipo de secta [ . sin la reiterada queja pública. p orqu e no había ninguna Iglesia recon ocid a p or el Estado.. que es antes com o ahora. p o r lo demás. toda vez que la técnica científica produce progresivamente una propia form a de admiración y encantó. allí la pertenencia efectiva a comunidades religiosas es el lugar del universalismo.. se le débe decir: vuelva callado.] es exclusivo. y hoy más que nunca. y sólo p or eso no se exclu­ ye.. en donde una parte dé los adinerados paga todos los impuestos eclesiásticos — para que «se conserve al pueblo la religión»—y está contenta. increí­ blemente m ucho más que entre nosotros [. sino innumerables sectas.]· Busque usted un trabajador alemán que pague tanto p o r una com unidad eclesiástica cualquiera [ .] .sino m o­ .

Pienso que se entiende p o r sí mismo que «cada uno» de nosotros no es más. Ellas le solucionarán las cosas». una moderada honradez intelectual impone com probar que hoy la situación es la misma que la de aquella canción del sereno que. P or el contrario. com o se expresa con la clari­ dad1 1 que le es propia — de efecto cuasidem agógico— . después de cuarenta y cinco años. pero levantó críticas irritadas y furibundas. Ésta sería modesta y simple. El sereno dice: «La mañana vendrá. ¡vuelve otra v e z !». significativos. «porqu e cada uno encuentra y ob ed ece al dem onio que sostiene el hilo dedu vida». privadas. en el tiempo del exilio. Su p osición fundamental. surge de la pretensión ilu­ . en los anchos y a cogedores brazos abiertos de las viejas Iglesiás. a las que él creía to­ davía poder excluir. de las públicas y de las más íntimas. . Si le quieres preguntar a ella. A un­ que tam poco es precisa una perseverancia de esta índole has­ ta que rom pa la nueva mañana. Cuando h oy se recuerdan. pero aún es de noche. ni de G undolf. Él soportó sin ilusiones esa situación his­ tórica. Porque no se hace nada con desear y esperar. en espe­ cial en la ponencia La ciencia como vocación. ¿cuán larga es todavía la noch e?». que en W eber era tan perceptible y que sólo distingue a los hombres excelsos. que tal vez ninguno de nosotros esté dota­ do de un tal mal espíritu. según la última palabra de W eber. y sería mejor cumplir con la «exigencia del día». las objeciones que se levantaron contra ella — en cuanto son de principios—se revelan com o reacciones im po­ tentes a lo que W eber con oció y recon oció — con un «no obs­ tante»— co m o el «destino de nuestra é p o ca »: la racionali­ zación progresiva de todas las relaciones de vida. para aquellos que esperan co n paciencia nuevos profetas. no pasó inadverti­ da entre sus contemporáneos. La oposición que experimentó p or parte del círculo de Stefan G eorge — no de G eorge mismo. a los que W eber admiraba al máximo— . bajo el oráculo de Jesaías (21) sonaba así: «Sereno.178 K a r l L o w it h desta y simplemente.

la «brutalidad entrenada de la mirada». com o W eber. com parable con las que se formaban alrededor de R u dolf Steiner y de otros profetas de ese tiem­ po. Incluso un observador tan in­ dependiente com o M a x Scheler. de un «Estado» y se mentaba con ello una «Alemania secreta».1 4p ero la encontraban también «algo atem orizante» y veían la p o sició n política de W eb er com o una «solu ción desesperada». con todas las características de la esencia y la falta de esencia de las sectas. mientras que Jaspers. N inguno de ellos tuvo. cuyo dom inador sin corona era Stefan George. co m o el documento más conmocionante de una entera época. ge­ nial». hizo filosóficamente confusa su falta de ilusiones. y más allá. para con­ vertirla en un «verdadero fracaso». L o único que M a x W eber concedió a ese espíritu sectario esotérico era que lo admitía com o un representante de los «poderes de época». la nuestra». entre ellos. En las cartas de los jóvenes de G eorge se hablaba. «sin reservas. dentro de los intelectuales de la generación más joven. com o un marginado. vio claro que ese Estado secreto era una secta. . más pequeños que él. M ax W eber fue el único al que podría llamarse. c o ­ m o Ernst Troeltsch. ala­ b ó la ponencia de W eber com o un document humain significati­ vo. en un artículo de 1922. de que el «poeta» sería capaz de rever­ tir los poderes de la ép oca y su necesidad hacia un «nuevo reino» que después no p o co s de los admiradores de George. que es la que permite penetrar en la realidad de la vida moderna. que sería «penosamente. confundieron con el Tercer Reich. F. defendieron la pon en cia de W eb er de ataques inentendibles. p or su parte. alrededor de 1933. ni la capacidad de estar a su altura.1 3 O tros contemporáneos. M ein eck e testim onió que.1 2pero precisamente uno qüe debía ser com batido. mientras que W eber. p or el contrario. pero opinó que se podría limitar el progreso de la ciencia a través de un «conocim iento de la salvación». p ero también él se horrorizó del «viento helado» que fluye de su objetividad.M ax W eber y Karl M arx 179 soria.

Tuve la impresión de que los socialistas rusos. en el arte y la ciencia— y que porta el cálculo en todos los campos. desde allí arriba». a la que estaban acostumbrados por sus asambleas.. sujetarse a él y ser consciente de las presuposiciones y consecuencias de su elección y decisión.. Es­ to es. Actuar y pensar «consecuente­ mente» es idéntico para Weber respecto a la conducción racional de la vida y la «honradez intelectual». que se sentaron allí como espectadores. Articulad completad sobre sociología y política social. 1983. 3. se llevarían las manos a la cabeza al mirar a ese partido. cuando se ha postulado un fin determinado. 3. y me gustaría mostrarles cómo se desarrolla­ ba la asamblea abajo. en todas las esferas — en la economía y la sociedad. sino un mutila­ do debatir y razonar inconformista y quejoso. dominante. se debe saber. Cartcu) dejuventud. las consecuencias ineludibles de su fundamental presuposición.180 K a r l L o w it h Notas 1. pp. en el Derecho y el Estado. sobre todo. 410: «Habría conducido con gusto arriba. consecuente. Yo creo que aquello que habría hecho esconder de miedo a ese partido [.). en la Unión para la política social en.].. y enton­ ces.. diez años después. en referencia con esto. a nuestros príncipes alemanes en el plenario del partido de Mannheim. que no dice nada. La palabra «consecuencias» tiene en Weber un peso específico y un tono particular: se reúne con la ra­ cionalidad del hacery pensar «orientado racionalmente a fines». 227. y tener en cuenta. la fisonomía pequeñoburguesa: ni una palabra de entusiasmo revolucionario. en aquellos príncipes. al seguir. a la tribuna. En ese partido sólo resalta. . que endiosaron como el más poderoso fenómeno cultural de Alemania y como el portador de un futuro inmensamente revolucio­ nario en el mundo entero. 1953 (ahora en Obras completas. La pregunta de cómo es que se llegó sólo en Occidente a una racionalidad específicamente occidental. que ellos tienen por “revolucionario” [. 7 y ss. qué se quiere en realidad. se convirtió después en el hilo conductor de su investigación sociológica. Stuttgart. p. Compárese. se les hubiera esfumado radicalmente.]. Véase al respecto mi libro Historia del mundo y salvación. en lugar de aquella energía catilinaria de la creencia. la discusión de Weber. el perfil de cómodo propietario de fonda. 2. p.

en Es­ critos de bormnaje para Theodor Adorno. que en ese aspecto piensa de mo­ do más filosófico que Strauss. o sólo una de am­ bas es «verdadera». Porque sería absurdo querer afirmar que cada elección y decisión por ése o aquel valor último sería indi­ ferente. en tanto corresponde a la naturaleza humana. lo que quería demostrar. del hombre moderno de nuestra época. Pero ¿ha demostra­ do Weber. Pero para eso Strauss debería presentar una investigación sistemática . y llama a ese entendimiento a-religioso evídently legitímate. razón y deci­ sión. esto es: que nuestras posibles tomas de posición últimas se asientan en una con­ traposición insolucionable y que no puede decidirse. en realidad. por su parte. por su lado. y no reconoce ese «destino de la época». sino a toda ciencia. Véase al respecto Jürgen Habermas. en Teoría y praxis. la distinción de Weber entre valoración personal y conocimiento objetivo. sin embargo. es decir. cuando hablan del «mundo social». por medio de la razón humana? La prueba para la crítica de Strauss sería que él nos debería mostrar. para. 1963. o no se contradicen. Un apéndice a la controversia entre Popper y Adorno. de modo más principista. Strauss elude la respuesta a esa pregunta al delimitarse como social scientist a un entendimiento interno al mundo de la convivencia humana. vuelve concepto científico that wealth of meaning que tiene en vista el entendimiento natural y el commonsense. en Natural Right and History. y que. Leo Strauss ha llevado ad absurdum del modo más enfático. Pero cuando Strauss restringe la comprensión de Weber a la ciencia. y se excluye a sí mismo de ello. por medio de agu­ dos argumentos. 1963. El único imperativo ético que surgiría de la consecuencia «nihilista» del rela­ tivismo histórico y existencial de Weber sería: thou sbalt have preferences. según el caso. que por ejemplo la ética cristiana y la política. Precisamente no lo es para Weber. en tanto él pone en cuestión no sólo a su ciencia especial. da igual cuáles sean éstas preferencias. Dogmatismo. porque no podría fundamentarse racionalmente. y con ello a nuestra completa orientación moderna en la vi­ da.M ax W eber y Karl M arx 181 4. Teoría analítica de la cien­ cia y dialéctica. entonces debería comprobarse la factibilidad de tal excepción en una ciencia que no pretende una transformación del mundo históri­ co en conceptos constructivos. defender en nuestra con­ ducta natural y cotidiana una valoración adecuada de los aconteci­ mientos políticos y sociales. hoy ejercida.

Max Weber. con plena conciencia. En referencia a una afirmación de Heidegger sobre el discu­ rrir acerca de «valores». a los combatientes. en comparación con el cual el temible estado de naturaleza de la filoso­ fía del Estado de Thomas Hobbes sería un idilio. 31 y ss. 6. ése fue Weber. de autoconformismo y de la consecuente «terquedad». hace cruel la lucha y. 1959. la responsabilidad por las consecuencias de sus decisiones. «Siempre son los valores los que avivan la lucha y mantienen viva la enemistad. lo que Weber llama. El decisionismo dictatorial de Schmitt encuentra su explicación. como Weber presupone. pp. en distinta perspectiva.» Si alguien fue absolutamente libre de vanidad personal. Esta es la pesadilla que la descripción de Max Weber deja tras de sí. Raymond Aron. respec­ tivamente. esto es. Su relativismo era portado por un etbos decidido. la prostitución sagrada del alma—abre la puerta a lo verda­ deramente humano y divino. por el contrario. Weber habla de la dificultad de encontrar un acceso a Dostoievskiy a Tólstoi. En un debate. que no permitía negociar con él. como actuar según la oportunidad. desesperantemente tercos. Cari Schmitt ha concluido recientemente de la tesis de Weber de la decisión propia a cada uno por ése o aquel valor último que esa «tiranía» de valores que se combaten entre sí. que pudo ser justo con cualquiera que pensara diferente si estaba convencido de que también su contrincante tomaba sobre sí. Compárese. Que los viejos dioses se hayan desencantado y se hayan convertido en meros valores válidos. . sobre la crítica de Strauss a Weber. 5.182 K a r l L o w it h comparable a la sociología weberiana. ésta es otorgada por el hombre. porque su convencimiento com­ pletamente no europeo de la falta de valor de toda vida delineada racionalmente reposa sobre la seguridad cristiana primitiva de que sólo el amor sin mesura al prójimo — esto es. y no limitarse a la interpreta­ ción histórica de textos sustantivos de la historia de la filosofía polí­ tica. con Baudelaire. Le savant et le poLitigue. llevaría a un bellum omnium contra omnes. en lo que él desveló en Adam Müller como «ocasionalismo». porque se excluyen. Y justo ahí podría mostrarse también si la «riqueza en signifi­ cado» reposa sobre una Lntriruic articulation de la estructura social o.

. no lo busca en el camino de la polí­ tica. co­ mo consejero de Estado del Tercer Reich. Maquiávelo honró en un bello párrafo [. por otro lado. que tiene muchas otras tareas: aquellas que son resolubles sólo con violencia. esto es. no se irri­ tó. Sería interesante saber cómo se posiciona él respecto al posible con­ flicto entre la ética política y cristiana sin. los productos de la ciencia «libre de valores». «Ex captivitate salús». que en un escrito de 1917 sobre el «va­ lor» del Estado representó un normativismo extremo. Una y otra vez recayó el in­ terdicto [. Si se intenta hacer concreta su polémica. de vista y de ataque determinado. porque sólo se trataba de imponerse por medio de una teoría de los valores racista y de estar decidido frente al «enemigo total». Y en relación con tales situaciones. para salvar la forma propia del ser-ahí popular. Weber dice: «Quien busca la salvación de su alma y el rescate de otras almas.M ax W eber y K arl M arx 183 Sorprende que Schmitt. para los cuales la grandeza de su ciudad estaba más alta que la salvación de . son «horrorosos» medios de destrucción y procesos de exterminio. pero los ciudadanos luchaban contra el Estado eclesiático. entonces se debería verificar. no tuvo nada más que decir sobre la posición política de Weber que estaría atrapada en la filosofía valorativa y que pertenecería a aquella postulación de valo­ res generales ün querer-imponerse en sus opiniones. que estaba dispuesto de alguna forma a la salvación de su alma. fijada en un punto de posición. sobre los que Schmitt..] sobre Florencia. Eso lo sabían los hombres incluso en los tiempos del dominio de la Iglesia.. y de la industria y la técnica que se sirven de ella. con el punto de vista de la postulación de valores o cristiana o política.. tomar una posición y un punto de vista propios del juicio y la valoración. también con el Dios cristiano en su expresión de Iglesia. Esa suposición es in­ cluso más plausible si pensamos que Schmitt estaba originariamen­ te más cercano al movimiento neocatólico y que tras el final del Ter­ cer Reich publicó.] demonio de la política vive con el Dios del amor.. para su justificación. antes de pro­ pagar un decisionismo igualmente extremo. Mientras que.. en una tensión interna que puede desatarse a cada momento en uii conflicto sin mediación posible. El [.] a aquellos ciudadanos. según sabemos. como Weber. En La política como vocación. por ejemplo. Schmitt descarta la filosofía valorativa que postula valores como una «filosofía concreta».

Véase al respectó Arnold Gehlen. entonces la tesis de We­ ber habría aparecido bajo otra luz. sino la dictadura real del nacionalsocialismo legitimado por Schmitt (la nueva edición de El concepto de lo político de 1963 no trae el texto de 1933. los juicios y valoraciones que están en la ba­ se de todas las ciencias de la cultura. no de los pensados va­ lores de una filosofía valorativa pasada. debe ser consciente de aquellas paradojas éticas y de su responsabilidad y de lo que pueda llegar a ser de sí mismo bajo su presión. piara los hombres. Lo que Weber. El se rela­ ciona [. sino el de 1932). aquellos que hoy (1919) se embriagan de ilusiones. según el patrón de lo que signi­ fica algo para nosotros. puede estar de pie frente a pa­ radojas éticas que no tienen solución racional. El supuso que se volverían unos insatisfechos. quiso poner en claro. que acechan en cada violen­ cia.] con los poderes diabólicos. Estudios sobre antropología y sociología. La ponencia de 1919 sobre La política como vocación Weber la cierra con la predicción de que en los próximos diez años sobreven­ dría el tiempo de la reacción a la catástrofe de 1918. completamente diferente. . tanto más irresponsable puesto que como convicción ya.. tanto en su aspecto positivo como negativo (presupuesto de ideas de valor normadorasy exigencia de ciencia libre de valores). y no hubiera tardado un instante en arriesgarlo todo en la lucha contra ese «enemigo to­ tal». Si el debate sobre la metodología de Weber no se hubiera fija­ do sobré las categorías dé valor. 7. en el sentido propio de la palabra.. 8. esto es. . hubiera visto en él una política de la convicción políticamente irresponsable. sino que hubiera Considerado sus presuposiciones. 1lOy ss.. mientras siga teniendo una conciencia moral. con su reflexión sobre las «ideas de valor palxones».w K a r l LO w i t h su alma». era detestable..] y la política enteramente como profesión. y que él desea­ ría ver en qué se «convertirían». Weber tenía claro que la ética de la convicción cristiana y la ética de la responsabilidad propia de la política de poder no son absolutos contrarios y que precisamente el actor político. lo había dichoya enérgicamente en su tratado sobre La objcti- .. que no estarían a la altura del mun­ do y de su propio hacer. sincronizado con esa época. «Quien quiera ejer­ cer la política [. pp.» "j Si Weber hubiera vivido aún la «tiranía».

pp. Aufs. los hombres. debe recordarse que tras la Primera Guerra Mundial se volvió una moda la disposición hacia la religión. Wissenschaítslehre].). 63 y 443. exactamente en la medida en que nosotros tomamos una posición frente a ellas. no puede ser extraído de la cosa misma. Un conocimiento científico de acontecimientos culturales sólo es imagi­ nable «sobre la base del significado» que ellos tienen para nosotros.. en tanto las juz­ gamos y las valoramos (Artículos completos sobre la doctrina de la ciencia [Ges. Ellas nos conciernen algo. en cultu­ ras diferentes y en épocas diferentes y para hombres diferentes. porque eso se decide se­ gún las Seas de valor bajo las cuales nosotros observamos la “cultu­ ra”. Max Weber sobre La ciencia como vocación. La formu­ lación teorética valorativa es aquí subordinada. objetivamente. Compárese también con La política como vocación. su interés científico. Se leía a Meister Eckarty las vidas de santos. y solamente sobre él reposa. las apariciones culturales tienen para nosotros un signifu:ddo positivo o negativo. «En qué sentido y en qué relaciones es éste el caso. no nos lo desvela ninguna ley. 1962. . Lübbe. 180y ss. Nosotros nos medimos con la cosa mayoritariamente de modo inconsciente. dinero y prostitución. también. en una relación determinada. respectivamente.M ax W eber y K arl M arx 185 vidad del conocimiento científico socialy político social. Rilke. aun cuando esas «ideas de valor» traten de fenómenos cul­ turales tan dispares como religión. y cada uno de esos fenómenos culturales pueden significar. según el punto de vista patrón del juicio y la valoración. z. El punto de vista del juicio. provistos de puntos de vista e ideas de valor determinadas.» Porque la cultura es creada por el hombre y éste tiene la capacidad y la voluntad de tomar conscientemente una posición frente a su mundo y otorgarle un sentido. al­ go completamente dispar. determinante para su sig­ nificado. pp. en Escritos po­ líticos. a Dostoievskiy a Kierkegaard. las Historias del Dios amado As. 11. 9. 10. Todas ellas significan algo específicamente para nosotros. Para comprender la polémica de Weber contra el reemplazo de la religión. Véase al respecto H. (1904). y descrita por él expresamente como adecuación al «uso del lenguaje de los lógicos modernos». ó también denegár­ selo. La libertad de la teoría. en Archivo para lafilosofía del derecho y la filosofía social.

y III. pp. 1923. Edcritod completo.Eócritojdejoriologiay teoriade lacodmovL)ióndeL mundo. . pp. pp. 14. El poeta y lodpodered de època.*. IV. Véase Friedrich Wolters. 430y ss. Yò. 160yss. I.. Stefan George.186 K a r l L o w it h 12. 6 7 2 y ss. 1930.

a pesar de nuestra erudición teóricay nuestras destrezas de investigación.Posfacio Entre el recuerdo y el olvido de los maestros: la exigencia de pensar la sociedad Volver a los pensadores clásicos de la modernidad nos resulta lógico y productivo cuando tratamos de entender y explicar la form ación. En esa circunstancia crítica. ha sido también algo natural para los que nos formamos en el tiempo de la modernización latinoameri­ . El regreso a los clásicos de la modernidad social. se vuelve oscura. esos pensadores inolvidables de la modernidad son una brújula en nuestra deso­ rientación y hasta tablas salvavidas para nuestro agotamiento o naufragio intelectual. o cuando tratamos de sustentar los resultados de las investigaciones que realizamos sobre procesos sociales de nuestro tiempo. estructura. cuan­ do la sociedad en su conjunto o en algunas de sus dimensiones fundamentales se yergu e ante nosotros com o problem a. desplazamientos y agenda de la sociedad contemporánea. pues sus con cep­ tos y explicaciones representan una valiosa guía heurística y un poderoso recurso argumentativo de validación. nos cuestiona o nos inquieta por sus desarro­ llos nu evos y acaso sus viejos desenlaces. Pero el re­ greso a nuestros grandes maestros se vuelve obligado cuando encaram os situaciones de sociedad que plantean preguntas que rebasan nuestras capacidades de respuesta y aun de problematización. desequilibrios. sobre to­ do a M arx y Weber.

. «m odos de producción». educaba. dudas. urbanizaba. se organizaba. estructura y destino de la sociedad m o­ derna entendida com o capitalismo destinado a su disolución por su contradicción estructural o com o asociación de racio­ nalidad econ óm ica y política estructurante. Hayan sido o no los abanderados de la batalla teórica e ideo­ lógica. inconform ida­ des sobre el m od o en que el continente se industrializaba. un tiem po intelectual intenso. así com o .188 K a r l L o w it h cana. lleno de esperanzas. Son asi­ mismo referencia obligada para los que. a pesar de los problemas sociales y. «form aciones socia­ les». discusiones todas sobre la form ación.. por muchos motivos. entre ciencia y política. ex­ ploraciones. Karl M arx y M a x W eber nos ofrecieron panoramas fundamentales para explicam os la dirección y el itinerario del cambio m odem izador de nuestras sociedades — el desarrollo— . y en el otro polo la llamada «sociología burguesa». «clases sociales» y «racionalidad». Fueron agudos e ilustradores los de­ bates que se protagonizaron entre «materialismo histórico» y «desencantamiento del m undo». por ello. comerciaba. cuyo arquetipo era la sociología estructurai-funcionalista norteamericana y /o las tesis de M ax Weber. su­ puestamente de propósito conservador o justificador del dtatú quo. el sismo social que provocaba abandonar y transformar nuestra antigua econ om ía y régim en político tradicional. vivim os la batalla intelectual (y política) de la Guerra Fría que estremeció a nuestros países y cuyos protagonistas teóri­ cos o ideológicos de esos años fueron. «he­ chos y valores». que trataba de explicar y justificar la necesidad o la valía de una organización socialista de la so­ ciedad para superar la contrahechura de la modernización en curso. «tipos de acción so­ cial». necesaria para estar en aptitud de resolverlos. afirmaciones. quien era enton­ ces pensado en ese molde sistémico o en la versión crítica del marxismo frankfurtiano. en suma. «tipos de dom in ación ». el marxis­ m o en todas sus versiones. p or un lado. preguntas.

N inguno de los dos enfoques explicativos. capturados com o estábamos p or otros autores y otras problematizaciones.. la in­ corporación de la ciencia y la tecnología com o las referencias básicas de conocimiento y producción.. que adquiría una gran autonomía decisoria respecto al conjunto social y se imponía con facilidad a las in­ conform idades ciudadanas.. era complaciente con la construcción de la modernidad y señalaban sus traumas. pero también intelectualmente apre­ . un debate que por lo de­ más fue más práctico que cognoscitivo. la urbanización e indi­ vidualización de la vida con fractura de vínculos sociales. sea el causal dialéctico de M arx o el causal tipo­ lógico de Weber. aunque diferían en la explicación de su formación histórica y aún más en la conside­ ración de su configuración futura. costes.. En el debate so cio ló g ico latinoam ericano de esos años Karl Lowith fue un desconocido. el debate fue perspicaz y riguroso en algunos m edios intelectuales com prom etidos honestamente con n o­ bles ideales de sociedad. o un intelectual (entre historiador de la filosofía m oderna y filósofo político) que apenas era conocido por un restringido círculo de acadé­ micos. N os señalaron tam bién las con dicion es y razones del gran poderío que en el tiempo m oderno alcanzaba el Estado (el g o­ bierno. más bien).M ax W eber y Karl M arx 189 también enfoques integrados para entender las distorsiones del proyecto m odernizador o el empeoramiento de la exclu­ sión y división social que generaba la industrialización. preocupado p or obte­ ner resultados sociales más que por probar hipótesis explica­ tivas. En efecto. restricciones y males. que m uy probablem ente no consideraban relevantes sus problemas cognoscitivos para nuestras condiciones socia­ les y culturales o que valoraban sus interpretaciones del tiem­ po m oderno com o académicamente eruditas y refinadas pero lejanas e inarticuladas con el debate dominante de esos años sobre la estructura y destino de nuestra sociedad en proceso de modernización/industrialización. sus probabilidades de desarrollo.

que él estudia directamente). Kierkegaard. M arx o N ietzs­ che. Era una pregunta pertinente y desafiante. providencias y destinos trascen­ dentes. el libro tiene com o eje de organización y ex­ ploración esta pregunta crucial: « ¿Son el ser y el sentido de la historia determinados p or la historia misma o. Recuerdo. entonces por qué cosa ?». dado que en su opi­ nión los discípulos hegelianos han conseguido que la filosofía se haya vuelto «espíritu del tiem po» y haya adquirido fuerza revolucionaria. El libro trata de re­ construir la historia filosófica del siglo X IX con el fin de enten­ der el siglo X X — «que ha logrado hacer claro y comprensible lo que realmente sucedió en el siglo X I X » —y. pero es una pregunta que concierne también al pensamiento social de M arx y Weber. a la que dedica­ ron sus vidas los gigantes intelectuales del siglo X I X (Goethe. su criatura.190 Ka r l L o w it h surado. D esde la historia brotaron las cuestiones de su interés . El universo cognoscitivo de ambos estaba constituido p o r la inm anencia de la sociedad. lleno de atajos. sin embargo. Stimer. si esto no es verdad. Bauer. Ruge. p or la historia humana sin asideros. simplón con frecuencia y dedicado a buscar afirm aciones contundentes acerca del m undo social que debía existir y la acción social que se debía emprender. cóm o me marcó Lowith con su in­ terpretación de la modernidad cuando leí su inolvidable libro Von HegeLzil Nietzsche (en su segunda edición de 1949). Feuerbach. que terminó de escribir en 1939. en el tiempo de su exilio japonés y que fue mi primer contacto con su pensamiento com o estu­ diante de filosofía en los años sesenta. formulada con un lenguaje de elegante y densa abstracción. sin mucha disposición a prestar oídos a interpretaciones rigu­ rosas de finos profesores sobre las cuestiones y respuestas cuyos enredos y desenredos dieron forma al pensamiento moderno y a la sociedad moderna. N ada menos. en tanto nuestros dos maestros estaban capturados p or esa pregunta acerca de la historia a la que dieron respuesta aun­ que de m odo no filosófico.

menos . A m bos pensaron la so­ ciedad en formato de Historia. en realidad. La llamada «ruptura epistem ológica» rom pió. en cambio. disponía a su favor de la causalidad de la historia y. aunque no hayan encontrado respuestas para sus problem atizaciones forzadas. capitalismo y socialism o. imperialismo y form ación na­ cional. mediante su autoproducción/autodestrucción (materialista dialéctica). revolución y democracia. y se preguntaban fría o fogosamente cuál podría ser el camino e instrumental para estar en posibilidad de producir la real sociedad deseada* la socialista o la liberal-democrática. centro y perife­ ria. configuración posible y acaso sentido. cuando deba­ tían en pares (dialectizables o n o) sobre desarrollo y atraso. Es también la pregunta profunda que. tiem po. en conexión. saber cuál era el tipo de causalidad histórica. más cosas que las que logró construir después con el rompimiento del edificio inte­ lectual de nuestros maestros. Estado y mercado. fue el m eollo de la cuestión. definía el ser.M ax W eber y K arl M arx 191 y dentro de ella buscaron las respuestas acerca de su recorrido. cuestión que fue el fondo del debate intelectual de la Guerra Fría en nuestros países. se hicieron muchos intelectuales no sólo latinoamericanos de los años sesenta y setenta. sin ubicarla en ese nivel de abstracción. porque todo intento y plan de cam bio social obligaba a preguntarse y responderse si la historia social misma. hasta que alguien decidid pen­ sar tanto el marxismo com o la sociología comprensiva en mol­ de de estructura con el efecto de encontrar p o r un tiem po discípulos de sobra. el socialista o el liberal-democrático. sentido y desenlace de la historia social o si. Era sobre todo la cuestión que podrían haberse planteado deliberadamente aquellos intelectuales que no estaban dema­ siado interesados en la toma inmediata de palacio y que tam­ p oco compartían la fe casi religiosa en la salvación social me­ diante el poder (revolucionario o no). Identificar y validar cuál de esos dos ordenamientos.

me sacudió. 2. si evoluciones o revoluciones y. M e permito citar un párrafo que. Asimismo era una cuestión que implicaba plantearse si el m ovim iento de la historia humana significaba progreso. a la vez que hizo más difícil mi vida de estudiante. si se podía hablar con sentido de un fin de la historia o no. si la g o ­ bernaban causas o fines. Las prácticas políticas y académicas se reorganizaban en diversos m odos según las respuestas intelectuales a esas cuestiones cardinales. el andar de la historia estaba gobernado por otras realidades y cuáles eran éstas. central para entender la constitución del tiempo moderno. abierta en sus fines aunque no en sus medios si se quería ser eficaz. que se distinguen por su claridad aunque pudieran no ser obvios para los que han crecido in­ telectualmente dentro de otros m odos de preguntarse y res­ ponderse. contingente. cuando lo leí por primera vez. estructuras o acciones.a Estudios sobre la historia del mundo burgués-cristiano. me ubicó en mi exploración intelec­ tual. Los dos estudios son reflexiones sobre el pensamiento de grandes autores europeos y sobre las consecuencias prácticas que sus ideas y las críticas de esas ideas tuvieron en la confi­ guración de la sociedad moderna. que requiere una extraordinaria erudición y creativi­ dad. La cuestión conducía al inter­ minable debate de si había leyes de la historia o no. «La . Las reflexiones de Lowith suelen concluir en párrafos que recapitulan el curso de las afirmaciones y los debates. Es una empresa intelectual de gran aliento.192 K a r l L ó w it h econom icísticam ente. avance hacia la redención social y hacia la reconciliación de la razón con la realidad o si era más bien una navegación in­ definida. menos determinísticamente. si condicionam ientos o proyectos. en el fondo. m enos politizada y conflictivam ente (artificialmente).a Estudios sobre la historia del espíritu alemán del siglo X I X . E l aleccionador libro de Low ith sobre la historia intelec­ tual que va de H egel a Nietzsche está integrado por dos par­ tes imponentes y solemnes: 1.

M e tem o que algunos seguimos obstinadamente tratando de lograr la reconciliación entre razón y realidad cuando ra­ zonamos o luchamos con argumentos por una sociedad buena e incluyente. no Verstand) el espíritu ilustra­ do mundano y antropológico del tiem po m oderno. La crítica de M arx apunta a la filosofía política de Hegel. que puede ser un trauma o un alivio. la contingencia. y Kierkegaard a su cristianismo filosófico. haciéndola menos demandante y más manipulable con el uso de ciencias y tecnologías sociales. achi­ cando su denotación. Temo tam­ bién que otros hemos abandonado la búsqueda de esa recon­ ciliación o nos hemos facilitado el camino y la buena conciencia reelaborando el concepto de racionalidad y de realidad. La crítica se dirige sustantiva­ mente a la frase del prefacio de la Filosofía deiDerecho: «L o que es racional es real y lo que es real es racional». al mismo tiempo. pues am bos revierten la con ci­ liación hegeliana de la razón con la realidad. Es una sobria y correcta recapitulación de la crítica poshegeliana. a pesar de la proclamación heroica de la «nada». hayamos . una política realmente pú­ blica. atrapado en la particularidad.M ax W eber y Karl M arx 193 crítica de M arx y Kierkegaard separa lo que H egel había tra­ tado justamente de unificar. en la gramática posmoderna. Temo asimismo que algunos. la des­ com posición de todo el sistema del m undo burgués-cristiano. un Estado universal y una sociedad que pueda pasar la prueba de las preguntas y exigencias de la razón. según el grado de involucramiento que uno haya tenido en el esfuerzo intelectual y espiritual de H egel. la inmanencia o la autorreferencia sin salida. N o sólo se produce una disolución del sistema de H egel sino también. una econom ía justa. por haber intentado exitosa o fallidamente superar con el m o­ vimiento de la razón ( Vernunft. de algún m od o un pensador m odern o posm oderno. El fundamento filosófico de la crítica radical de ambos es la discusión del concepto hegeliano de realidad en cuando «uni­ dad de esencia y existencia».

no sociológica de los sociólogos. que apare­ ció en el legendario A rchivo para la Ciencia y la Política Social (1932). en tanto irresoluble e ilusorio. n o histórica de los historiadores suscita otras miradas y hace ver otros aspectos que la interpretación . o el pensador que el pensamiento crítico frankfurtiano ha­ bía construido com o el emblema del m odo burgués de pensar la sociedad y la historia moderna. además de peligro­ samente autodestructivo si se toma en serio: una herencia in­ telectual y política de la que hay que olvidarse y desembara­ zarse lo más pronto y generalizadamente posible. algunos impresentables por su obstinación o vulgaridad con que el leninismo había investi­ do el marxismo. El mérito de Low ith consiste en haber abordado a nues­ tros dos maestros con un enfoque filosófico. Si en los años del debate hubiéramos conocido este par de textos. y más tarde leí el de «La posición de M ax W eber frente a la ciencia» (1964). fuera de la filosofía. cono­ cí el artículo de Lowith «M ax W eber y Karl M arx». que ahora aquí se publican. cuando me dediqué a tiempo completo durante años al estudio de M ax Weber. de to­ dos aquellos epígonos catequistas. Habríamos asimismo depurado al weberianismo de las torpes interpretaciones que lo consagraron com o el teórico de las causalidades idealistas o espirituales de la historia o com o el parsonsiano antes de tiempo que entronizaba al siste­ ma cultural sobre los otros sistemas sociales y el de personali­ dad. además de haber simplificado deliberadamente sus consideraciones para hacerlo objeto de fá­ cil crítica. en el entendido de que con frecuencia una lectura no económ ica de los economistas. con una mirada de antropologíafilodófica. empezando por las de Horkheimer y Marcuse. S ólo después. el debate no hubiera perdido su polarización. pero nos habríamos aho­ rrado desencuentros y enconos provenientes de prejuicios y ramplonerías.194 K a r l L ó w it h decidido que eso de la conciliación entre razón y realidad y la conciliación misma de la realidad social es un terrible falso problema. librándonos de aquella rigidez doctrinaria.

Se trata de un pronunciamiento que p o r lo menos advierte acerca de la precariedad del trabajo analítico que llevan a cabo los que siguen pensando que la sociedad sin clases llegará por encima . de m odo que los componentes mora­ les y políticos también son hilos causales de la historia huma­ na y. p or ende. poniendo orden y claridad en un debate que se había vuelto confuso. la idea humanista emancipatoria de la historia social. quedando en el aire poder p ro­ bar que su interpretación tuvo influencia directa en los estu­ diosos de Weber. Su interpretación nos recuerda también algo que mantiene tod o su valor com o im perativo cognoscitivo y social. así com o al estudio de la centralidad que la «racionalidad» ocupa en el funcionamiento. la sig­ n ifica ción y el fu tu ro de la socied a d m oderna. Ese fue el caso de Lowith. aunque la lectura de sus tex­ tos. Sus consideraciones anticiparon críticas que luego se hicieron al marxismo y vindicó m odos de repensar a M arx fuera de sus usos políticos inmediatos y de sus artificiosas reestructuracio­ nes para dotarlo de dignidad «científica» y extirpar sus resi­ duos filosóficos juveniles. Su mirada sobre éste (me refiero particular­ m ente a la de 1932) presta principalm ente atención a las relaciones entre ciencia y política (historia). particularmente los referidos a W eber. que hace del socialismo o comunismo una realidad fatal más que un objeto de elección humana. La m irada sobre Karl M a rx se distingue p or resaltar la aportación de Feuerbach a sus teoremas básicos y por colocar en el centro el tema/problema de la «enajenación» del hom bre m oderno en su triple dimensión económica. lleno de tonterías y malentendidos. la propuesta del socialismo puede presentarse com o una op ción humana justificada de organización de la sociedad y no sólo com o el efecto de una cadena causal incon­ tenible de hechos. política y humano-social.M ax W eber y Karl M arx 195 disciplinaria o los mismos autores no destacaron o aprecia­ ron. a saber. nos muestre que ahora sus interpretaciones pioneras se han vuelto normales y relativamente generalizadas.

que causa la in conform idad y conflicto social. perspectivas. sino qüe re­ construye el razonamiento de nuestros dos maestros y ofrece sugerentes dimensiones de análisis sobre sus problemas. que causa un ultérior debilitamiento de las ganancias y. complicados. La exposición de Lowith fluye también con claridad. los hemos olvidado y los hemos enviado al desván de las cosas que de pronto con­ sideramos obsoletas y fuera de tono con lo que h óy se discute y es intelectual o políticamente atractivo. entre otros motivos porque su m odo de establecer los temas. que no toma el fácil atajo de la erudición. supuestos y elecciones cognosci­ tivas que son claras y precisas. y lo hace con enunciados poderosos y sobrios . a la postre. y se dedican. se nos han vuelto distantes. si no con facilidad. así com o su m odo de problematizar y argumentar. supuestos y operaciones intelectuales fundamentales. aunque las discusio­ nes nuevas no resuelvan los problemas que nuestros maestros se plantearon sin terminar de responder ni muestren cuidado ante sus advertencias.196 K a r l L ò w it h de la voluntad explícita de los actores sociales com o efecto del colapso del capitalismo (mientras que h oy la sociedad es algo más que eso). así com o las posiciones desde donde se mueve para llegar a su meta intelectual. cada vez más agobiados. pro­ pósitos. En cada uno de sus artículos sa­ bem os con claridad lo que Low ith quiere alcanzar y probar. por lo que desde el com ienzo podem os tener afinidad con su problem a y razonamiento o bien distanciar­ nos de él.con propósitos. N o deseo glosar el desarrollo ni los resultados de la inter­ pretación de Lowith en sus artículos sobre W e b e r y M arx. que termina simplemente por glosar a los autores. la cual arranca . a lo largo de una argumentación rigurosa. que causa el aumento de la explotación proletaria. sino global. origi­ nal en varios tramos. a los cál­ culos cada vez más com plejos (globales) del progresivo des­ censo de la tasa de ganancia del capital. que causa el derrumbe y a no del capi­ talismo nacional.

espero) p or haber olvidado esas visiones estructuradas de la sociedad moderna. En especial. su recorrido sobre W eber se sustenta en textos epistemológicos y m etodológicos que en aquel entonces no es­ taban traducidos al español y que p or ello n o pudieron ayu­ darnos a ver ciertas cosas y enfocar mejor algunos de nuestros problem as y polém icas. y la con cepción con ­ trastante de la racionalidad y la enajenación com o claves interLa interpretación de Low ith es algo que se mueve a con ­ tracorriente del pensamiento de su tiempo. y abordaré alusivamente dos de sus temas conducto­ res: la relación entre ciencia y política."tensiones que en el medio aca­ dém ico alemán tom aron tam bién la form a (ni la única ni la más potente) de contrastar el pensamiento de M arx con el de W eber a fin de marcar diferencias y enviar agua a los molinos de las propias posiciones políticas que pretendían sacar de su. aún hoy. que en la academia y en la opinión pública de entonces se inclinaba a dramatizar las tensiones entre socialismo (comunismo) y liberalismo. El propósito de Lowith busca superar ese m odo bastante com ún de pensar la historia y la situación alemana a partir de dilemas y se prop o­ ne «mostrar. al leer los textos. econom ía (civilización) y cultura. me enriquecen i y me suscitan remordimiento (no sólo a mí. E n mi com entario sólo destacaré el p rop ósito general de los artículos de L ow ith sobre M a rx y Weber. lo común y la diferen­ cia en sus ideas del hom bre com o fundamento de la economía y la sociedad. me sorprenden. a través de análisis comparativos del m otivo de investigación básico de W eber y M arx. porque mientras la vida terrenal “descanse en sí mism a y sea entendida a partir de sí”. na­ cionalismo y humanismo.. Esa com paración no puede llevar a una reconci­ liación. conoce sólo “lo irreconcilia­ ble de la lucha de las posibles tomas de posición últimas para .M ax W eber y K arl M arx 197 que. crisis moral a una Alemania de entreguerras confundida y aún desesperada p or la m agnitud de su derrota. colectivismos e individualidad.

su m odo de ser. Se busca «hacer consciente la diferencia en lo común». Para Lowith el cam po de investigación de ambos es el mis­ mo: la constitución «capitalista» de la economía y la dociedad moder­ nas. por cuanto no es sociologizante ni econom icista ni politizada. tiene efectos y se revela la problemática del orden social y económ ico burgués capita­ lista. Distorsión o no de los propósitos originales de la obra de M arx y W eber. Está màis claro que el agua. en tanto se relaciona directamente con la existencia humana. a la manera de desigualdades y exclusiones sociales o de caídas en la produc­ tividad y la com petitividad (diríam os h oy ). La ciencia como vocación). sus restricciones y sus posibilidades de trascenderse y de cambiar su circunstancia en algo menos natural y más p ro ­ ducto de deliberación. en tanto fundam ento portador tanto de la p ro ­ blemática social com o de la económica. sobre el hombre como tal. sino porque la constitución moderna representa un problem a radical y total. la pregunta «social-filosòfica» de Lowith so­ bre ellos. no se persigue un propósito de fal­ sa fraternidad y reconciliación. digno de ser resuelto no porque com prenda problem as especiales económ icos y sociales. Sólo porque.198 K a r l L o w it h vivir”» (Weber. que no se tocan en un solo punto. en últi­ ma instancia. es distinta. presente en la totalidad de su ser humano. Lo com ún de la investigación de M arx y W e­ ber es su pregunta acerca de la existencia humana. pero tam poco reeditar al infi­ nito una interpretación que los considere com o un par de sis­ temas intelectuales diferentes y totalmente adversos. que pueden ser graves. puede ser también entendido el “capitalismo” mismo en su significado fundamental y ser objeto de una pregunta social-filosófica». una pregunta de antropología filo­ . Es otra p re­ gunta. Lo que puede y debe­ ría hacer la com paración es destacar la diferencia en lo c o ­ mún. otra hermenéutica. su mirada sobre su obra. y ésta se ha vuelto un problem a de conocim iento. «porque encierra en sí al hombre.

. Contundente y correcto análisis. Lowith lo sabe: «Ese motivo funda­ mental antropológico.M ax W eber y Karl M arx 199 sófica que tomará en sus artículos un formato epistemológico y social. L ow ith n o se siente o rto d o x o en su propósito. no es fácil de reconocer. en su tra­ bajo científico. Purezas doctrinarias y prisas políticas se han vuelto los puntos ciegos de nuestra producción intelec­ tual. compartimos su posición de que «tanto W eber com o M arx abarcan. y que por esta característica de su mirada interpretativa contri­ bu yó a sacar de su atasco a las interpretaciones ideologizadas y polémicas de su época.. En suma. La diferencia de nuestros dos maestros reside fundamen­ talmente en su interpretación del capitalismo: «Se anuncia esa . Una afirmación que suscribirían ambos. sino también de valoraciones morales. M arx y W eber. porque en un caso es ocultado por la tendencia a la “cientificidad” avalorativay en el otro p or la “praxis revolucionaria” ». que involucra a los discípu­ los patriotas de am bos genios. en última instancia. Las cosas no han cam biado m ucho hasta ahora. en la re­ flexión sobre su división y unidad. y sin embargo. D e todos m odos. sin embargo. y justamente p or eso ambos fueron algo diferente y algo más que meros teóricos. de proyec­ tos políticos de sociedad buena. pero sin olvidar que el enfoque de la reflexión es la pregunta sobre la existencia del hombre. en la medida en que nuestros impulsos de investigación proceden no sólo de los problemas no planteados o mal planteados o no respondidos por nuestras tradiciones y comunidades científicas en las que estamos incorporados. pues demasiado conocim iento de la histo­ ria social ha sido sacrificado en el altar de la ciencia pura y la praxis revolucionaria. hombres “científicos” ». surgió de un impulso completamente trascen­ dente a la ciencia». social e histórica. y aun nosotros mismos. de compromisos por abatir el sufrimiento humano. la totalidad del com porta­ miento teórico y práctico. pues su supuesto de conocim iento es que «lo que fue para ambos determinante.

N in gu n o de los dos perm anece en el presente y ninguno lo celebra ingenuamente y con él se con ­ tenta. para W eber se trata de un futuro abierto dado que el «desencantam iento del m u n do» significa la ausencia de un sentido objetivo que se revela progresivamente en la historia y. M ás aún. También ella es [ .. por ende. justamente por la contradicción que la autoalienación implica.] portadora y exponente de ese destino universal». bajo el punto de vista unívocamente negativo de una autoaLienación universal. por obra de la providen­ cia dialéctica. con sus debilidades y fortalezas.. La lectura recapituladora de Lowith sobre las dos lecturas que M arx y W eber hicieron de la existencia humana en el m undo m oderno burgués y capitalista es claray precisa. aunque pasible de ser transfor­ mada de cuajo. la racionalidad puede enunciar sólo y apenas las condiciones de realización eficiente del futuro de­ seado que interpela. para el otro es una existencia humana alienada en dimensiones fundamenta­ les de la existencia y que. M arx lo hace. mientras W eber lo analiza bajo el punto de vista de una rac¡onalízac¡ón universal e inevitable. respec­ tivamente. esperada o deseada. Esa racionalización o autoalienación. es posible que la historia supere las contradic­ ciones de la sociedad humana y cierre en reconciliación uni­ versal. pero éste no sólo es definido por la fuerza . «Racionalidad universal» y «alienación universal» son elementos constituyentes del presente social y factores de su futuro cuya configuración. que caracteriza al capitalism o en su significado principal abarca tam bién lo p rop io \Eigenart] de la ciencia moderna. en sí neutral pero de doble significación por su valoración. el sentido que pudiera llegar a tener la historia es obra humana. es una fuerza dialéctica de transfor­ m ación y superación. sus potencialida­ des de liberación y encajonamiento de la vida. es diferente también. en cambio.200 K a r l L o w it h diferencia en que. afir­ mación y dom inio de la racionalidad científico-tecnológica y gerencial. pues mientras para M arx. M ientras para uno se trata de la construcción.

En el artículo referido a «L a posición de M a x W eber fren­ te a la ciencia» (1964). la persistencia de la perversidad y la estupidez. tonterías e ignorancia. a pesar de que la Ilustración y la ciencia positiva se hayan autocelébrado co m o los principales h acedores de lo m oderno y hayan querido dominarlas y se lo hayan creído. o bien a la decisión de otros de impedir que cultura y moralidad («nacional». que tie­ nen igual presencia e influencia en el tiempo m oderno y cuyos «dioses y dem onios» no pueden ser llamados sin más antimo­ dernos.M ax W eber y K arl M arx 201 de la razón. sobre los pocos alcances causa­ les que la razón podía acreditar en la historia. Y algunas de esas ver­ dades de lairracionallidady pobre universalización de la vida humana han sido el horror. debido al afán que muchos teñían por dar origen a una ciencia t o d o terreno. E l enredado debate n o era. juicios de valor y juicios de hechos. el H olocausto. en consecuencia. sino p or otras fuerzas poderosas. que han tenido causalidad real en la historia real. empírica de cuño naturalista y determinista. ro­ mántica o historicísticamente. A estas irracionalidades y desenajenaciones artificiales ocurri­ das. sino que se refería al debate no aplacado sobre el futuro y el sentido de la sociedad y. aludía también Lowith cuando enunciaba que el siglo X X representa en gran manera la verdad del siglo X IX . que por definición no pod ía recon ocer y abrir espacio a la creativi­ dad de las libertades y a la aportación del ethod social y de la mismas pasiones. fundamentalmente. vitales.. la tozudez de la discriminación. que se había vuelto una maraña de malentendidos. sobre la relación que debía o podía existir entre razón y existencia social en la m odernidad y. . tan lejanas de la teoría de la razón pura o de la ciencia. la re­ gresión. que estructurara de pies a cabeza la sociedad moderna.. muy proba­ blem ente) aceleraran su decadencia al capitular frente a la ciencia. él terrorismo. de nuevo. Lowith contribuye a aclarar y depurar la discusión entre valores y hechos. epistem ológico o m etodológico.

si son los hechos o son los valores las cau­ sas que originan y sustentan el despliegue de la historia (o bien una interdependencia de hechos y valores). Se trata de una discusión cardinal. con oce y prevé. por ende. pues enmarca y determina el m odo y los alcances de la ciencia en política (el m odo de la ciencia de hacer política o de ser p o ­ lítica) y expresa la tensión que siempre nos acompañará entre la sociedad que somos y la sociedad que queremos ser. nos remite a la cuestión de saber si la historia es el «reino de las causas» o el «reino de los fines». destruye y recrea a sí misma. entre la ciencia que es el emblema del tiempo moder no y los valores en que la moderni­ dad se asienta y procura. con o sin los libros de M a rx y W eb er bajo el brazo.202 K a r l L ó w it h La discusión acerca de la ciencia se centra en saber cuál es la relación que puede existir entre los resultados de su ejer­ cicio explicativo (o comprensivo-explicativo) de referencia em­ pírica y la validación de los valores de la existencia humana en que uno cree y para los que vive. que nos planteamos aquí y ahora. con el añadido de la complicada pre­ gunta sobre cuáles son los p rocesos causales m ediante los cuales la historia se crea. congruentemente se vuelve perentoria la pregunta acerca de si la brecha podrá ser cerrada y cóm o: si por el ímpetu valorativo de la razón práctica. ¿Q ué puede realmente hacer la ciencia en lo que respecta a los proyectos valorativos de una sociedad buena? D ich o de otro modo. en m odo de ciencia. ¿lo universal?). ¿lo desenajenado?. ha­ ciéndonos la pregunta de Lowith acerca de L a caudaLidaB de L a hiátoria — «¿están el ser y el sentido de la historia determinados por la historia misma? . intelectuales y po­ líticos terminaremos siempre. implícita o explícitamente. saber si la . entre lo social real y lo social ideal (¿lo racional?. Esta pregunta. con o sin Marx. con o sin Weber. cu yo itinerario y destino la razón teórica. o p or la m archa im parable de los hechos. de la ética. de m odo que surge el esfuerzo intelectual ex­ plicativo y prospectivo de querer cerrar la brecha y. de la política o del deseo.

la factibilidad — no la validez—de las . por leyes científicas del curso de la historia o por p ro­ y ectos m orales y. En la perspectiva weberiana. en el fondo. de la que se desprende y justifica la visionaria definición weberiana acer­ ca de los alcances y límites de la ciencia en lo que concierne a la tarea ineludible de la valoración social y toma de partido ante el mal del mundo o por una idea de sociedad buena. en la diferencia «entre ciencia objetiva y valoración subjetiva». El desarrollo de Lowith es correcto en su exposición e in­ terpretación de la idea de W eber de la ciencia com o «ciencia libre de/ante los valores». com o expectativa o esce­ nario científicamente esperado. es una cuestión que no se ha resuelto aunque sí disuelto en nuestros días. cuya validez cultural hay que construir socialmente p or medios educativos y políticos o cuyo imperativo moral o deseabilidad hay que abrir. para los cuales. eldocialúmo ed un fin . si p o r cálculos o por motivos. un proyecto y no sólo un desenlace. y el marxismo político de la hegemonía (Gramsci) o el del hilo rojo de la utopía (B loch) o el del socialismo austríaco. funda­ mentar racionalmente y sostener con el ímpetu negativo que brota de la irrealización del m undo dado y de la esperanza contra toda esperanza. en diversos m odos y medidas. y por ello seamos prescindibles. no un efecto o sólo un efecto. Es también una cuestión a la que tam poco pudo escapar el marxismo del siglo XX. a no ser que uno sea un pragmático de corta mirada o un atolondrado inconsecuente.M ax W eber y Karl M arx 203 historia social se mueve p or fines («acción racional con arre­ glo a fines») o por valores («acción racional con arreglo a va­ lores»). com o el desenlace fáctico del previsto colapso del capitalismo. entre explicaciones y valoraciones y. la cual descansa en la distinción no­ toria que existe entre juicios de valor y juicios de hecho. por expectativas o aspiraciones. que osciló entre las leyes de la historia que señalan al docialiómo como efecto. pero una cuestión a la que nadie puede escapar. forza n d o las cosas.

sino sólo cuáles son las acciones e instrumentos que cabe poner en movimiento para realizar de m odo eficaz y efi­ ciente los valores decididos. aunque en la interpretación de L o ­ with parece exagerado extenderse a la razón tal cual. «la infundamentalidad científica de las posiciones últi­ mas» es lo socialmente propio y esencial. asegurar racio­ nalmente su validez y. Y se puede añadir con él: «La presupuesta ¿«validez “objetiva” de nuestros patrones de va­ lor últimos y la falta de normas universales vinculantes [. A manera de . en lugar del deber ser».. pero de ningún m odo puede fundar la validez de los valores. es decir. Por ende. en corolario. que es fundam en­ talmente causal. en el sen­ tido de que sólo puede decir si los objetivos de la acción pue­ den ser efectos de la acción. la ciencia histórica y social causal sólo pueden determinar. cuya decisión puede inspirarse en otros referentes no científicos y hasta no racionales. debido al m odo filosófico que pauta su razonamiento. ofrece explicaciones.. El punto ciego que tiene la razón respecto a los valores p o ­ líticos y morales en W eber se relaciona directamente con los alcances y lim itaciones que son propios del ejercicio de la ciencia histórica y social. en el mejor de los ca­ sos. haber con oci­ do que nodotrod “debem os crear por nosotros mismos” el “sen­ tido” del acontecer del mundo. dicho con la bella y poderosa expresión de Lowith. Toda ciencia. no valoraciones de las causas o de los efectos. la factibilidad (y costes asociados) de la realización de los valores en que se cree y para los que se vive. tam poco puede decidir acerca de cuáles son los valores que la política debe seguir y realizar.] surge de la forma propia de aquella época cultural cuyo destino es haber com ido “del árbol del conocim iento”. si los fines de la historia pueden ser efectos de la historia. La ciencia sólo puede ser técnica o te­ ner una aportación técnica en relación con los fines. c o ­ m o cualquier otra ciencia.204 K a r l L o w it h posiciones valorativas sobre el hombre y su sociedad es lo que puede ofrecer genuinamente una ciencia histórico-social. En re­ sumen.

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resumen, aprecio mucho la consideración de Lowith, según la i cual «todas las ciencias naturales sólo nos dan respuesta a la pregunta de qué debem os hacer nosotros cuando queremos dominar técnicamente la vida — pero si debemos y queremos ha­ cerlo, y si eso tiene en última instancia un sentido, lo dejan sin decidir o lo presuponen a sus fines— L o mismo vale para las así llamadas ciencias del espíritu históricas: enseñan a enten­ der determinadas producciones políticas y sociales, artísticas y literarias, pero que no dan una respuesta a la pregunta de si son dignas de existir». Es una glosa impecable de W eber. La ciencia social no es la pieza clave de la valía social. Posee sólo el valor instrumental de la realización, la efectuación, la rela­ ción coste-eficacia, coste-eficiencia, pero su sentido de direc­ ción le es predado y se le escapa cuando se refiere a fines últi­ mos y no a intermedios de la acción humana. D e la idea de ciencia weberiana se desprende también que el proyecto de organización socialista de la sociedad, la valía imputada a la sociedad socialista, es algo que no puede soste­ nerse sólo basándose en la cien ciay con referencia a los efec­ tos probables en que desembocará el desarrollo crítico del ca­ pitalismo científicamente conocido, en caso de que se hubiera logrado tal empresa. La constitución socialista de la sociedad com o futuro deseable u obligado requiere más m otores que las simples causas económicas o políticas del desarrollo social y de sus efectos previstos com o probables o fatales, tal com o han demostrado con sus acciones y vidas activistas, creyen­ tes convencidos y revolucionarios. En el mundo desencanta­ do de W eber ha desaparecido el sentido objetivo de la histo­ ria, la existencia de una providencia inmanente (una mano invisible, paradójicamente), que es empero algo que poshegelianamente sobrevive en el materialismo histórico y en sus es­ peranzas de transformación social. La configuración de la so­ ciedad futura es obra del hombre, que navega no sólo con el timón de la ciencia, y es una obra que puede ser razonable­

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mente aceptada o repudiada con toda el alma y no sólo con el juicio racional elegante que sólo está en condiciones de cali­ ficar al horror social com o error. «N osotros debem os crear, por nosotros mismos, el “sentido” del acontecer del mundo», el cual y a se ha quedado sin sentido inmanente y p or ende ha dejado de ser el m undo de algún «deber ser» trascendente e irrefutable, al que debem os someternos por el esplendor de su valía incondicional. D e acuerdo, la posición weberiana es gallarda, responsa­ ble y lógica. Pero de ello no se sigue, tom ando distancia de Weber, que los fines de la historia, en tanto ésta es reino de fi­ nes y no sólo de causas (com pren sión -explicación com o el m étodo de la cien cia social), o que «el destino de nuestro tiem po», hayan de ser determ inados p or algo que él llama, ahorrándose problemas y eludiéndolos, «dioses y demonios», p or el politeísmo/relativismo de los valores sobre la vida del hom bre en sociedad, tolerando u olvidando que los valores que suelen afirmarse y volverse hechos sociales por la fuerza de sus seguidores, cuyas convicciones pueden brotar de mu­ chos elementos oscuros y arbitrarios, son cercanos a la sinra­ zón o manifestaciones de ella. La radicalidad del desencanto weberiano puede ser abordada con hombría, com o él nos re­ comienda, sin ir en busca de «los anchos y acogedores brazos abiertos de las viejas Iglesias» ni esperando profetas que nos re­ suelvan la vida al decirnos hacia dónde y p o r dónde y nos desresponsabilicen de nuestras vidas. Pero los costes y ries­ gos de horrores no tienen por qué ser aceptados ni aclamados com o la consecuencia de asumir con gallardía la posición hu­ mana o ciudadana del desencanto, el politeísmo social y la to­ tal contingencia histórica. Una cosa es que W eber haya puesto inteligentemente lími­ tes a la ciencia en lo que concierne a la validez de los valores que inspiran la política y la moral de la existencia humana y haya, asimismo, refutado tanto la im pertinencia e inconsis­

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tencia del determinismo del materialismo histórico com o la insensatez de los vitalistas y nacionalistas de la restauración del ethod nacional, la piedad religiosa y la nostalgia por un lí­ der plebiscitario que repon ga el orden, y otra cosa es que abandonemos el destino de nuestro tiempo a un decisionismo de selectos y poderosos o a una razón técnica que, respecto a los fines sociales que le son predados, no puede decir nada en absoluto acerca de ellos sino que son factibles y pueden ser realizados de m odo «costoeficiente». Ese desencantamiento radical, que deja a la ciencia (no a la razón) sin habla sobre la validez de los fines de la existencia humana asociada y que parece dejar la afirm ación de los fines sin asidero racional, terminaría p or dar entrada a dos opciones inaceptables: el de­ cisionismo de líderes de masas con enormes promesas encan­ tadoras de vida social sin conciencia de costos y con pisoteos a las libertades individuales de los que se resistan y opongan a su evangelio, o bien el encantamiento de la ciencia en el cien­ tificismo y /o tecnologismo, que erigiría lo socialmente proba­ ble com o lo socialmente deseable. W eber considera que el de­ senlace tecnoburocrático es m uy probable, mientras que el otro escenario terminal, el plebiscitario dictatorial, le ha sido imputado por algunos intérpretes que han considerado que la opción del liderazgo de masas atropellador de libertades se incubaba en su relativismo respecto a los valores políticos y en sus últimas posiciones polarizadas entre ciencia y política. Obviamente se trata de un escenario no deliberado y opuesto a las intenciones de W eber, p ero en el cual su probabilidad parecería implicar o implica sus posiciones. Lowith aborda este espinoso debate en «M ax W eber y sus seguidores» (1939-1940), y lo hace con mesura, pero se mues­ tra ambivalente en sus razones, aunque se decide de manera académicamente correcta p or W eber, a cuyo «heroísm o hu­ mano y [...] honradez intelectual» rinde homenaje. El supues­ to de la cuestión y respuesta de Lowith es la burocratización

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especializada de la empresa y dél E sta d o/q u e es una dé-las consecuencias de la racionalidad. Frente a esa tendencia lógi­ ca (típico-ideal) de la modernidad, las libertades intelectuales, morales y políticas que abandera W eber éstán en riesgo, por lo que para éste «sólo quedaba en pie [...] una pregunta: ¿cóm o se puede rescatar todavía, dentro dé esta omiiipoterite “aparatización ”, cualquier resto de libertad de movimiento, en algún sentido, “individualista” ?». D esde esta;perspectiva, en su últi­ ma ponencia sobre La política como vocación., W eber hizo la di­ ferenciación'de principios entre empleados estatales y líderes de partido, entre encasillados hombres genéricos e individuos autónom os... El empléado y el funcionario deben llevar a ca­ b o lo qué les füe Ordenado p or úna instancia superior, sin to­ mar en cuenta su convicción personal. El líder político debe actuar, igual que el empresario autónomo, a partir de su p ro­ pia responsabilidad, com énzar en cada m om ento desde su persona y, bajó ciertas circunstanciás, contraponerse a su jefe — sea éste un m onarca o incluso el demod— . En tanto W eber consideró que la máquina de hombres humana era ineludible, su pregunta política fue cóm o se deja ganar, dentro de su marco, un espacio en función dé ün liderazgo autoritario de carácter político, idóneo y responsable. Su fórm ula drástica pára ello fue democracia de liderazgo con máquina, aunque con esto no pensaba, todavía, en la posibilidad de un liderazgo dictatorial en un « “ Estado dé un solo partido”, sino en un Estado coii múltiples partidos y con Parlameñto». La interpretación es correcta, honesta y justa> aunque L owith, frente al desarrollo político alemán hiperiiacionalistá que él padeció y le llevó al menosprécio, a la discriminación y al exilio, tuvo que desplazarse hacia el otro pólo crítico y ano­ tar que la previsión de W eber de una «dem ocracia de lideraz­ g o cori máquina», de una dem ocracia plebiscitaria totalmente funcionarizada, le convierte en un añticipador del futuro p o ­ lítico de Alemania, sin que esto signifique én ningún m odo

abdicación dé la elec­ ción libre éntre posibilidades diferentes en favor del una vez elegido Führer la “decisión” propia se transforma én là obe­ diencia d ecidida a un dictado. negativamente. al m argen de cuáles sean éstos. positivam ente a través de que representó el liderazgo irracional “carism àtico” y la “dem ocracia de liderazgo con máquina” y. a través dé la pérdida de conteni­ do querido.M ax W éber y K arl M arx 209 que él hubiera estado dispuesto a recorrer y aceptar ese cami­ no. «E l ha.' D e su tesis de qué sólo un “profeta” puede decirnos lo que debemos hacer objetivamente.. a través de lo formal de su ethod político. que em pero abrió a otros seres funestos. Sabe m uy bien que W eber tendría Una total indisposición intelectual* política y moral hacia el desenlace dictatorial. D e manera diplo­ mática. se convierte en una persona que está contenta de ha­ ber podido transferir la carga. en este tiempo de falta de autoridad de una decadente esfera pública. bajo la volun­ tad de un líder con aptitud de oratoria que diga a las masas lo que éstas deben creer y hacen C on esa. de la au­ todeterminación. de su tesis de que entonces cada uno debería deci­ dir p o r sí mismo lo que piensa hacer. » La posición de Lowith sobre M a x W ebér se desliza p or él filo de la navaja. pero en los enunciados y argumentos de sü obra cree ver el anuncio o la previsión de ese desenlace. suave pero adolorida. Lowith nos quiere decir que él nacionalsocialism o alemán no fue un proy ecto querido p or . algo que no dejará de irritar a los weberianos y ponerlos en son dé guerra. la “su jeción ” en ob ed ién cia [. y dado que éste nó éstaría disponible. que sólo era responsable de sí mismo. prepara­ do el camino a un Estado de liderazgo autoritario y dictato­ rial. guerrero y exterminador de la diferencia. cuya úl­ tima instancia sólo era la elección decidida de Una postula­ ción de unos valores entre otros.i ] El in dividu o liberado. difícil de sobrellevar. de esa tesis to­ talmente individualista hay sólo un paso hasta la completa in­ clusión en una máquina de convicciones total.

neoinstitucionalistas. «L a “racionalidad" com o la ex­ presión problem ática del m undo m oderno» y «L a racionali­ dad com o co n d ición de la responsabilidad de sí libre del singular en m edio de la servidumbre general». pero sus dos apartados. deseado y respaldado por él. sistémicos. siguen siendo un manantial de ideas que nos ayudan a entender m ejor el en­ foque del program a de investigación de M a x W eber. Recons­ truir el curso de la racionalización moderna. El ar­ tículo se centra en lo que para Low ith son los ejes centrales que estructuran el pensamiento de nuestros maestros sobre la m odernidad capitalista-burguesa: La racionalidad y la enajena­ ción. pero sí un resultado indeseado. H ay obras que emparejan o rebasan las consideraciones de L o with. que son abordados desde el mirador de la antropología fi­ losófica. que se podía vislum brar com o una probabilidad a partir de su obra y que otros protagonizaron perversamente. que nos plantea a los contem poráneos preguntas que con o sin nostalgia de nuestros maestros clásicos hemos estado proce­ sando en los últimos tiempos desde otros m odos de problematización y enfoques de respuesta. así com o las preocupaciones de rigidez glacial que él mismo reconoció frente al desarrollo previsible (típico-ideal) de la racionalidad del mundo m oderno. por no citar las pequeñas «teorías» a las que dedicamos tiem p oy que ni siquiera llegan a ser de «alcance m edio». Sobre l a racionalidad w eberianay sus supuestos teóricos y m etodológicos hemos leído y escrito m uchos y m ucho. Es una manera de recordam os que las acciones y las ideas no sólo tienen fines motivadores sino consecuencias reales. cóm o apareció y . Su extraordinario artículo «M a x W eb er y Karl M a rx » (1932) es un recorrido m arcado p or la densidad intelectual.210 Ka r l LO w i t h Weber. aun si no son queridas ni previstas. sus al­ cances y limitaciones. por lo que no son una simple glosa erudita de los es­ critos de M arx y W eber con corolarios didácticos. pero lleno de sorpresas en sus observaciones y aleccionador.

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se asentó socialmente, cóm o rom pió la certidumbre de nues­ tras creencias y expectativas (religiosas o morales) en un or­ den objetivo que definía el sentido y . el deber de nuestras vi­ das, cóm o llegó a volverse el obligado m odo de conducir la vida en sociedad y cóm o terminó por cristalizarse com o «des­ tino» que nos ha dejado sin otras opciones de organización de la vida social, constituye el problem a del tiem po m oderno, nuestro problem a humano y, en con exión , es un problem a fundamental de la historia y sociedad digno de ser conocido, de convertirse en algo cu y o surgim iento y funcionam iento sostenido en:el tiem po ha de ser explicado, así com o han de ser explicados sus efectos en la organización social y su im­ pacto en el rum bo futuro de la sociedad. En su opinión, concebir lo m oderno com o tiempo, proceso y estructura de racionalidad es algo qu e cognoscitivam ente contiene y abraza a las tesis marxistas: «L o propio del análisis relig ioso-sociológ ico del capitalism o de W eb er consiste en que él no contempla al capitalismo com o el poder hecho autó­ nom o de las “relaciones de prod u cción ” sociales, de lo s m e: dios y de las fuerzas de producción, para entenderlo desde allí todo de form a ideológica. El capitalismo pudo volverse, para W eber, un pod er “pleno de destino” de la vida humana sólo porque él [...] se desarrolló y a en los caminos de un "m odo ra­ cional de conducir la vida” ». En la miradá weberiana la inter­ pretación m arxista del capitalism o es subsum ida com o un lenguaje particular contenido en la gramática mayor de la ra­ cionalidad de la vida moderna. Según Lowith, «el capitalismo como tai, en su significado preeminentemente económico, es p o ­ co interpelable com o el origen autónom o de la racionalidad. M ás aún, la racionalidad de la con du cción de la vida — en su origen religiosamente motivada—es la que ha dejado también que el capitalismo, en un sentido económ ico, se erija en un poder dominante de la vida». M uchos Compartimos la obser­ vación de Lowith acerca de la racionalidad weberiana com o

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el universo de sentido de la m odernidad, que contiene una realidad específica a la racionalidad financiera, productiva y com ercial del capitalism o (otras m anifestaciones serían el D erecho, las organizaciones jerárquico-burocráticas, la tec­ n o lo g ía ...), aun si la racionalidad capitalista hubiese sido dialécticam ente reelaborada en M a rx com o irracionalidad sustantiva de la sociedad por la división social que genera. Una aportación original de Lowith es recordam os la para­ doja de las raíces no racionales de la racionalidad y las irracio­ nalidades incomprensibles que la racionalidad moderna origi­ na. Por un lado, los poderes religiosos y las «representaciones éticas del deber», que se derivan de la religión, en el pasado fueron los elementos forinadores de la conducción racional de la vida, hasta tal punto que W eber pudo preguntarse p or la articulación intrínseca de la «ética protestante» con el «espíri­ tu» del capitalismo, así com o establecer sus relaciones. «La "afinidad electiva interna” de ambos es la dé la convicción eco­ nómica y la de la creencia. Ambas reposan sobre un “espíritu” general o etho¿, cu yo portador socialm ente destacado es la burguesía occidental;» Por otro lado, com o advertencia omi­ nosa frente al desarrollo incontenible de la racionalidad en la sociedad moderna, ese «espíritu universal de la "racionalidad” domina el arte y la ciencia, tanto com o la vida jurídica, estatal, social y económ ica del mundo humano m oderno. L o que p ro­ duce esa racionalización universal de la vida es un sistema de dependencia total, una “carcasa fuerte com o el acero” de ser­ vidum bre [...], úna “aparatización” general del hom bre, un inevitable estar-inserto de cada uno en la "fábrica”, en cada caso específica — de la econom ía o también de la ciencia— .Y “no obstante” (con un tal «no obstante» cierra W eber también la conferencia La política como vocación), esa racionalidad es jus­ tamente, para él, el lugar de la libertad». Puedo aceptar esta in­ terpretación porque la racionalidad, al liberar al hombre del mito o encanto de un orden trascendente que regula y condu­

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ce la vida en un solo sentido o por un solo camino, ha sido la condición necesaria para la aparición y aseguramiento de la li­ bertad com o independencia, y porque las decisiones de la liber­ tad com o autonomía y responsabilidad pueden surgir y ser eficaces sólo a condición de que sé establezca una corrección causal idónea entre los m edios/causas de la acción y sus fi­ nes/efectos, relación que la racionalidad ayuda a identificar y establecer. En el primer apartado de su interpretación de W eber, L owith nos habla de la form ación de la racionalidad moderna, de su aire de em ancipación y de creación de p od er social, mientras que en el segundo apartado asoma su cabeza oscura la amenaza de la servidumbre general que la racionalidad del poder y el control termina p or producir y que se materializa oscuramente en «las formas políticas de la burocratización y la estatalización», en la «máquina viviente» en que la sociedad llega o puede convertirse p or «la especialización racional dis­ ciplinaria y la escolaridad» hasta terminar en su contrario, en la extinción de su espíritu originario, en un «espíritu coagula­ do», sin vida, y en la identidad que se crea entre hombre y es­ pecialista con todas las negras consecuencias que despliega esa identidad contradictoria y parcial, com o está a la vista en nuestra sociedad contemporánea. A quí no tiene m ucho sentido reconstruir y resumir el reco­ rrido que Low ith hace de las tesis de W eber; baste recordar que el principio de racionalidad es estructural en la teoría w eberiana. En su vertiente histórica la racionalidad es la criatura de Occidente y el atributo distintivo de su historia social con­ temporánea. En su vertiente sociológica, centrada en la ejecu­ ción y los efectos de la acción social, «la acción racional referi­ da a fines» y «la acción racional referida a valores» son las piezasfundamentales sobre las cuales se construye y estructu­ ra el edificio teórico del orden social. Y en su vertiente meto­ dológica la construcción de los conceptos com o acciones ra-

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cionales estrictas o puras es lo que permite definiciones preci­ sas y consistentes, lo que posibilita clasificaciones y explica­ ciones de las acciones; reales a partir de su disconform idad respecto al concepto (tipo-ideal) — «desviación del desarrolla esperado: de la acción racional»— , así com o explicar y com ­ prender las acciones sociales y sus: resultados. C om o algo sa­ bido, W eber vincula racionalidad con calculabiUdad y controla.-: bilidad del mundo, pues sin estas dos condiciones las acciones no podrían construir su sentido y tener capacidad de efectuarlo. Por consiguiente, la racionalidad implica la posibilidad de es­ timar los efectos o resultados que se siguen d e ciertas accio­ nes, así com o la existencia de sujetos dispuestos, socializados u obligados a conducirse en sus vidas estim ando las conse­ cuencias de sus acciones. Por ello, el programa de la racionali­ dad del m undo supone que la producción y la com unicación social (la realidad social, podríam os decir) sean susceptibles de ser pensadas y organizadas con form e a unidades de un mismo valor unívoco y homogéneo. Esto se produce mediante la ciencia/tecnología, el D erecho y la moneda: elementos na­ turales, derechos subjetivos y moneda. Cuantificación, jundificación y monetarización son, así, las condiciones objetivas del cálculo y del control de las expectativas. Y estas tres racio­ nalizaciones del mundo son la creación de Occidente, el m odo de vida peculiar de O ccidente, el m odo hodierno o m oderno de O ccidente y su destino previsible. Las condiciones subjeti­ vas o el sujeto del cálculo y control son, lógicamente y en su opinión, el empresario capitalista, el dirigente político y el tec­ nòlogo. Si algo se le puede discutir al concepto weberiano de racionalidad, a partir de nuestras actuales preocupaciones, es que su noción de racionalidad fue elaborada en formato de es­ casez (al modo; económ ico), que es algo consustancial a la so­ ciedad, pero que dejó sin reflexión la racionalidad en condi­ ciones de adversidad y de incertidumbre, condiciones que en el tiempo actual de la modernidad son permanentes.

es lo que sigue haciendo que el marxismo sea una visión intelectual y moralmente interpola­ dora. o peor aún ree­ dite las historias dé horror y aniquilación social de los socialis­ mos de poder intolerante y de doctrina dé pensamiento único. com enzó en la posición antropológica de Feuerbach». «la crítica del hom bre de la sociedad burguesa de M arx. . y con ella la del mundo m oderno en general.. El m undo bur­ gués-capitalista.M ax W éber y Karl M arx 215 El segundo apartado de Lowith se refiere a la concepción de M a rx de la sociedad moderna. más que con Ricardo y Smith. «fue la transformación de la filosofía especulativa de Feuerbach en antropología filosófica». com o una rea. una inhumanidad. sólo el resultado último en el cual “culmina” su revisión crítica de la filosofía dél derecho de H egel».lidad específicam ente “i-rracional”. que sé res­ palda en él giro de Feuerbach. que en parte representa la reivindi­ cación del joven M arx. que és el objeto dél análisis crítico de M arx. en opinión acertada de Low ith. plataforma electoral o sistéma político. Ese gi­ ro hacia el hom bre com o tal. com o hegéliano que es. con la consecuencia total y radical de que «M arx exige una “emancipación del hom bre” no sólo política y económica. com o solíamos decir en el pasado bajo la presión del cientiíismo éstructuralista. pero sobre todo re­ presentada observación sorprendente de que «la interpreta­ ción específicamente económ ica de tódós los m odos de apari­ ción de la vida humana es. un mühdo humanamente invertido». el hilo conductor marxista es La enajenación. de m odo que. y com o m undo humano. universalización y re­ conciliación del hombre. según las propias palabras dé Marx. antes que com o proletario. Para muchos este proyecto humanista. un n odo dél hilo rojo y vivo de la izquierda que engarza las ideas y luchas p or la emancipación. cuyo esfuerzo inolvidable fue «trans­ formar la filosofía autónom a del espíritu en una filosofía del hom bre». y que no se reduzca a otra ideología social. reelaborado con lá interpretación antropológica de Lowith. Para él. sino “humana” ». «se le representa a él.

pero que p or «la produ ctividad de la con tradicción ».. en Weber. Son incontables los artículos dedicados a la . del orden social y del orden econ óm ico modernos — esto es. política e inmediata­ mente social. bloqu eado p or múltiples y dolorosas contradicciones en las dimensiones cognoscitivas y prácticas de su vida. Lowith dedica la segunda parte final de su escrito. rem ovible.]: en su form a económ ica. la existencia del proletariado». La expresión económica de su problemática es el mundo de loé m erca n cía su expresión política. la contradicción entre el Estado burgués y la sociedad burguesa. es un movimiento capaz de superar las contradicciones y avan­ zar hacia nuevas identidades sociales más sustanciales y uni­ versales..216 K a r l L o w it h Las consideraciones sobre la filosofía hegelian ay el vuel­ co feuerbachiano son sugerentes y decisivas en la interpreta­ ción de Lowith. del mismo “orden” que viene á nuestro en­ cuentro. que se d e­ nuncia a sí misma y se muestra insostenible. com o el destino ineludible de la racionali­ zación— [. y su expresión inmediatamente hum anare¿z/. em­ pero. debo reconocer que un párrafo de Lowith que puso orden recapitulador en mi cabeza desde su primera lectura y que me gusta recordar fue el siguiente: «M arx persigue esa enajenación de sí fundamen­ tal y general» que experimenta el hombre en todos los campos «del orden estatal. D esde el supuesto antropológico de que la sociedad m o­ derna constituye un m undo autocontenido en el que el hom ­ bre es pensado y actúa de manera enajenada. poniéndola de cabeza y convirtiéndola en m ovim iento humano que es. Al análisis e interpretación de las tres expresiones existenciales de la enajenación humana. aunque pudieran ser discutidas p or especia­ listas de filosofía o p or aquellos marxistas que no aceptaron la fiebre cientifistay estructuraiista en la que decayó el mar­ xism o o que de ella y a sanaron y mantienen viva en su mente la empresa de materialización histórica que de la lógica y la fenom enología del espíritu llevó a cabo M arx.

En ellas. el Estado. «abstracción». autolegitimen y hasta autocelebren com o realidades sustentadoras y potenciadoras de la libertad humana que hacen posible que ésta sea la condi­ ción universal del conjunto social. trascendencia. falsa> contradictoria y autodestructiva. a pesar de que. L ow ith repasa entonces la cosificación de la mercancía que aparentemente expresa la subjetivad del productor pero la destruye. inacabada. así com o la universalidad establecida del Estado burgués que. autonomía y soberanía. Se trata de la falsa concien­ cia que acompaña. a pesar de que los hom bres las han producido. han alcanzado exterioridad. polí­ tica. p on ien d o sus consideraciones en b o ca de M arx. mitiga y justifica la irrealización del hom bre en la sociedad capitalista burguesa. conform e alas tesis marxistas. Son particularmente notables las consideraciones que ha­ ce Lowith sobre el estado m oderno de los derechos del hom ­ bre y del ciudadano. Lowith nos muestra progresivamente las manifestaciones y las trampas del hecho de realizarse del hom bre en el mundo moderno y del creerse realizado en o mediante realidades que. «fetichización». contradictoriamente. nubla. sentido y posibilidades de la existencia humana. bloqueando su universalización. expone las contradiccio­ nes enajenantes que implica el desdoblamiento producido en la sociedad moderna entre m undo privado y público. median­ te el concepto de ciudadanía. religión y cultura se presenten.M ax W eber y Karl M akx 217 explicación y manifestaciones de la alienación del hombre en la religión. entre el . pero que en los hechos los contradice. expresa y garantiza supuesta­ mente la libertad individual y la particularidad del interés pri­ vado. el pensamiento filosófico o en la cultura burguesa. ser. economía. p or lo que son opues­ tas al concepto. el mercado. co n agudeza. pero el mérito de Lowith es haberlas conectado y hecho interdependientes hasta convertirlas en los elementos constituyentes de la totalidad de una existencia humana invertida. «cosificación».

com o una autoenajénación humana. La lectura de Lowith puede representar. la existencia individual. que tratamos de m ode­ lar y que también nos disgustan y frustran. la oportu­ nidad de sumergirse en el mar del poderoso pensamiento de M arx y Weber.» D ich o de otro m odo. para el cual todo es m edio. tan extraña com o permanece por otro lado su vida privada respecto al Estado. la universalidad que el Estado m oderno pretende representar organizando y superando la fragmentación de los intereses privados y de los individuos libres. características. des­ doblam iento que lia con d u cid o a contradicciones de difícil conciliación intelectual e institucional o a ilusiones de eman­ cipación y autonomía. para sí. «M arx combate esa separación de los intereses particulares y generales. Será una inmer­ sión que Seguramente les hará descubrir nuevas realidades o . que rehacemos. La sociedad burgue­ sa actual es. quienes reflexionaron con honestidad y rigor ejemplar acerca de las dimensiones. el fin último. para una nueva generación de jóvenes intelectuales y ciudadanos. entre sociedad civil y Estado. Su Estado es un Estado “ abstracto” porque él se abstrae. p or ende. el principio materializado del individualismo. esto es. tanto com o ellos se abs­ traen de él com o hom bres individuales. de la vida privada de sus ciudadanos. de la vida real. Porque com o ciudadano estatal el burgués es — en tanto él es. com o Estado admi­ nistrativo burocrático racionalizado. que a la vez contrapone al hom bre viviente en ellos en una exis­ tencia preferentemente privada y una pública. en general. externo.218 K a r l LO w i t h burgués y el ciudadano. potencialidades y contradicciones de la m odernidad en las que nos encontramos. el hom bre considera que y a es una realidad o algo pronto a ocurrir. extraño. rupturas. hom bre privado—necesariamente algo otro. p o r su enajenación acrítica. no es sino otra forma de realidad quimérica que reproduce la reconciliación ilusoria del hom bre con su sociedad p e ro que. a menos que se exploten sus potencia­ lidades de unidad m ayor de aquí en adelante.

que no tiene por qué considerarse hostil a sus m odos de vida tecnológizados y de mayor independencia personal y asocia­ da. pueden tener grietas y oscuridades que m e­ recen ser remediadas o ilustradas con las ideas de las viejas reflexiones inacabadas y. entre los cuales se encuentra. L u is E A g u il a r V il l a n u e v a . para nosotros. también débiles de nuestros grandes maestros. S obre todo. que dedicamos muchos años de nuestra juventud a estudiar a este par de inolvidades maes­ tros. in form a ción . en muchos puntos. por supuesto. c o ­ mo fue practicada por M arx y Weber. Tal vez ésta sea la oca­ sión para reconocer ante nosotros mismos que las respuestas que hemos dado a las cuestiones que nos ha planteado y plan­ tea la vida en sociedad y nuestra misma vida. a pesar de sus rudas afirmaciones sobre el desencanto o la enajenación del tiempo moderno. respuestas y explora­ ciones que siguen siendo pertinentes para entender nuestro tiempo.M ax W eber y K arl M arx 219 niveles de realidad social y también nuevos problem as que subsisten en hechos e instituciones sociales. A lo mejor sien­ ten el soplo de humanismo crítico y emancipador de las ideas de M arx y Weber. a pesar de que se las considere terminadas. Karl Lowith. todas segura­ mente honestas. y que pueden ilumi­ nar o enderezar nuestras búsquedas. n oticia y p u b licid a d de n u estro tiem po. En cambio. sólidas y benéficas. la lectura o la relectura de Lowith podrá ser ocasión pa­ ra no perder la memoria de problemas. podrán apreciar y acaso emular la nobleza del pensamiento y la acción que exige una racionalidad cabal. puede hacerles aprender una gramática más estructurada e integrada para hablar de la vida en sociedad sin la superfi­ cialidad optimista o pesimista que caracteriza a mucha políti­ ca. Y ese soplo. a pesar de parecer polvorientas.