L/imensión V_/lásica

T E O R ÍA S O C IA L

Director de la serie: Esteban Vemik
La Serie Teoría Social reúne obras que son muestras del estado latente de la modernidad. Si la historia del pensamiento social y humanístico delineó un conjunto de textos clásicos sobre el legado modernista, a su sombra restan aún por recuperarse contribuciones incisivas que conservan viva la inquietud sobre los fundamentos de nuestro presente. La Biblioteca Dimensión Clásica se inicia con una Serie que se propone ampliar los horizontes del estado de la teoría social — tanto en sus resonancias filosóficas como político-culturales—mediante la publicación de un conjunto de ensayos claves hasta ahora alejados de los currículos universitarios, y que se ofrecen en todos los casos a través de traducciones cuidadas y textos introductorios de alto nivel realizados por los mejores especialistas en la materia, que, por un la­ do, devuelven los textos a su estado original de indicación y presenti­ miento^, por otro, los reintroducen plenamente en la discusión de lo contemporáneo.
Imágenes momentáneas

Georg Simmel
Roma, Florencia, Venecia

Georg Simmel
Los debates de la Dieta Renana

Karl Marx Próxima aparición
Los empleados

Siegfried Kracauer Georg Simmel ■

Karl

Lowith
M ax Weber y Karl Marx
Traducción de Cecilia Abdo Ferez Introducción de Esteban Vernik Posfacio de Luis F. Aguilar Villanueva

gedisa
O
editorial

Edición original en alemán: Karl Löwith: Sämtliche Schriften. Band 5: Hegel und die Aufgébung der Philosophie - M ax Weber, pp. 324-447, publicado por JYB. Metzler'sche Verlagsbuchhandlung und Carl Ernst Poeschel Verlag GMBH Stuttgart, Alemania. Copyright „ 1988 Director de la serie: Esteban Vemik Traducción: Cecilia Abdo Ferez Diseño de colección: Sylvia Sans Primera edición: junio de 2007, Barcelona Derechos reservados para todas las ediciones en castellano © Editorial Gedisa, S.A. Paseo Bonanova, 9 l° -la 08022 Barcelona, España Tel. 93 253 09 04 Fax 93 253 09 05 Correo electrónico: gedisa@gedisa.com http://www.gedisa.com ISBN: 978-84-9784-092-7 Depósito legal: B. 29789-2007 Preimpresión: Editor Service, S.L. Diagonal 299, entresuelo Ia Tel. 93 457 50 65 08013 Barcelona Impreso por Romanya Valls Verdaguer, 1 (Capellades, Barcelona) Impreso en España Printed in Spain Queda prohibida la reproducción total o parcial por cualquier medio de impresión, en forma idéntica, extractada o modificada, en castellano o en cualquier otro idioma.

índice

INTRODUCCIÓN: M a x W eber según Karl Lowith

Eéteban V ernik ........................................................................
M a x W eber y K a r l M a r x

9

K arl L ow ith ............................................................................. M ax W eber y Karl M arx ( 1 9 3 2 )..................................... I n tr o d u c c ió n ................................................................... A. La interpretación de W eber del mundo capitalista burgués según el hilo conductor de la «racionalización»........................................................ B. La interpretación marxista del mundo capitalista burgués según el hilo conductor de la enajenación de sí humana ............................................................... C. La crítica de W eber de la concepción materialista de la historia ............................................................... N o t a s .................................................................................. M ax W eber y sus seguidores (1939-1940) ................... La posición de M ax W eber frente a la ciencia ( 1 9 6 4 ) ............................................................... N o ta s .................................................................................

29 31 31

40

77 109 117 135 149 180

POSFACIO: Entre el recuerdo y el olvido de los maestros: la exigencia de pensar la sociedad L iúj F. Agidlar Villanueva..................................................... 187

.

Pero en el proceso de racionalización de W eber aparece de nuevo el puente con M a rx y la historia. por el diálogo que man­ tiene viva a la sociología en la confrontación permanente que surge entre su ala burguesa y su ala marxista: [. sin duda. Este círculo que configuran la razón y la magia sirve para establecer una sociología antropológica de lo humano. es decir.2 .. debe de haber ejercido una especie de magia. que él pone en práctica en sus trabajos socioló­ gicos. estuvo marcada p or la palabra oída en La ciencia como vocación.] ni la sociología marxista ni la burguesa vieron que la socio­ logía de Weber es el contrapunto de El capital de Marx. C om o mago. Lowith se re­ fiere a W eber en varias ocasiones: El «desencantamiento» del mundo histórico por medio de la ciencia racional. para regresar de nuevo al irracionalism o del encanto mágico.Introducción M ax Weber según Karl Lowith i Karl Lowith exhibe fascinación por la relación que existe en­ tre M ax W eber y Karl M arx. pero que se manifiesta cada vez que expe­ rimenta el ejercicio weberiano de extremar la razón hasta sus límites más humanos.1 Lowith siente una atracción intelectual m uy honda p o r W e ­ ber que..

junto a Marianne.'' También Karl Jaspers. Mientras Lowith elabora sus tesis sobre M arx y Weber. científicos y políticos — has­ ta el punto de haber sido calificado co m o «un M arx b u r­ gués»— / mantuvo siempre un entusiasta interés p or los escri­ tos de M arx. que se alejó y se acercó a M arx. Podrá decirse que W eber mantuvo una posición bifronte. señaló su valor com o «una aportación científica de prim er rango».5 . A l mismo tiempo que consideró que el M anifiesto del Partido Comunista era com o «una patética profecía». quien tras la m uerte de M a x W eb er tuvo. cuyo primer libro llevaba por título Eléociaium o de Fichte en relación con la doctrina de M arx. W eber y H eideg­ ger. Si bien W eber rechazó muchas veces varios de sus postulados metodológicos. La propia Marianne Weber. tal cóm o se aprecia en diversos testimonios. en cierto aspecto. con el que Lowith exhibe la sociología weberiana del cír­ culo de lo humano. un papel destacado en la construcción de su ima­ gen. la cual fue el primer paso en el autoconocimiento del capitalismo. la filosofía existericial de H eidegger orienta sil pensamiento. És­ tas. «com partía la con ­ cepción márxista del Estado y su ideología». se­ ñaló que M a x W eber. como un descubrimiento científico que influyó de­ cisivamente en su propia perspectiva. el ma­ go de M eéékirch. II Un breve ro d e o p o r la cuestión W eb er-M a rx muestra algo que muchas corrientes del ala marxista de la sociología'han pasado p o r alto: la riqueza del interés de W eber p or M arx. ha afirmado qiie: Max Weber admiró la interpretación materialista de la historia de Marx.10 K a r l L o w it h «M ago» también era el apelativo de M artin Heidegger. pues. son las aristas del triángulo M arx.

pero en cam bio no estaba dispuesto a aceptarla com o enunciado ontològico. con la ayuda de tipos ideales es posible construir teorías de los procesos sociales que ten­ gan alguna sem ejanza co n leyes y que puedan servir com o pautas para medir el grado de apartamiento de determinados sectores de la realidad social cón respectó a estos m odelos nom ológicos. no existe ninguna «ley» objetiva en la realidad social. También en este punto. En primer lugar.6 Sin embargo. se engaña a sí mismo y a los demás. ün mundo signado por Marx y Nietzsche.M ax W eber y K arl M arx 11 M ás elocuente resulta todavía el testimonio de Eduard Baumgarten. En el mejor de los casos. quien informa que M ax Weber. Marianne W eber nos ofrece su consideración: . en los últimos años de su vida. W eber consideraba que la construcción de M arx era sumamente im portante co m o con stru cción ideal-típica del p roceso de la historia. puede medirse teniendo en cuenta su actitud frente a Nietzsche y Marx. aquellas filosofías de la historia que pretendían encontrar las leyes objetivas del curso de la historia o. [. habrá que decir que las diferencias epistemoló­ gicas y m etodológicas entre M a rx y W eber son sustantivas. decía a sus estudiantes: La honestidad de un estudioso actual. En este preciso senti­ do. El mundo en el que existimos es. en el ensayo «L a “ objetividad” cognoscitiva de la ciencia social y de la política social»8 afirma que hay que rechazar la concepción materialista de la historia. al menos.7 Así.. es decir.. Según Weber. y sobre todo de un filóso­ fo actual. un sentido interno del proceso histórico. W eber rechazaba todas las filosofías mate­ rialistas de la historia.] Quién no esté dispuesto á conceder que las partes más importantes de su propio trabajo no hubieran podido ser realiza­ das sin el trabajo de estos autores. en gran medida.

también es notoria la diferencia acerca del papel que desempeñan los intereses económ icos en los proce­ sos sociales. haciendo así del m arxismo una teoría rígida de la historia. son quienes do­ minan inmediatamente la acción de los hombres.12 K a r l LO w it h Max expresó su gran admiración hacia las brillantes construc­ ciones de Karl Marx. si­ no que también se declaró en contra de que los factores materia­ les se volvieran absolutos y se les convirtiera en el común denomi­ nador de las explicaciones causales. Pero no sólo rechazó la elevación de estas ideas a una Weltarucbauung. que dirigía la búsqueda de conocimiento a zonas enteras antes no iluminadas. W olfgang M omm sen señala que el elemento activista de la teo­ ría de M arx quedó oscurecido en las posteriores intérpretaciones de Engels y de Kautsky.Pero las «imá­ genes del mundo» creadas por las «ideas» han determinado con gran frecuencia. A l respecto es meridiana la célebre expresión de W eber: Los intereses. en realidad específicamente nuevo. a las zonas comunes que se superponen entre las obras de M a rx y Weber.1 0 Vayamos. materiales e ideales. pues. . negando explícitamente cualquier concepción que vea a los prim eros com o reflejo de los segundos. y vio en la investigación de las causas eco­ nómicas y técnicas de los hechos un principio heurístico fructífe­ ro. P or lo demás. los railes en qué la acción se ve empujada por la dinámica de los intereses. respecto a la cual en ese m o­ mento W eber no veía con claridad las diferencias entre M arx y sus seguidores ortodoxos. como guardagujas. en W eber se destila una con cep ción pluralista que trata de estimar la dinámica que envuelve a los intereses ideales junto a los intereses mate­ riales. A diferencia del marxismo. siguiendo de cerca el ensayo de Karl Lowith.9 Cabe no obstante señalar que M a x W eb er interpretaba de manera bastante indiferenciada a M arx y a la teoría marxista. no las ideas.

Pero. aun­ que consideraban la relación entre ciencia y política de manera opuesta. En efecto. Lowith trata de llegar a sus si­ militudes enfocando la teoría de M arx desde el prisma de la de W e b e r y la de W eber desde la óptica de M arx. sea por medio del periodismo o por las intervenciones propias de los hombres políticos. Tributario tanto de la herm enéutica com o de la geom e­ tría. Lowith remarca el com po­ nente existencial-antropológico de M a r x y dé W e b e ry obser­ va que el m otivo básico y original de las investigaciones de ambos concierne al m odo capitalista de ser humano. p or el contrario. la interpretación de L o ­ with va más allá de lo señalado hasta el momento. convergían en unidad. al dar lugar com o tercera arista a la de la propia filosofía existencial de Lowith. Los dos fueron científicos. En ambos casos sus estilos de escritura se apoyaban en gran cantidad de evidencias empíricas y en ex­ tensas notas a pie de página. para M arx. podem os constatar la aparición de elementos novedosos. esta confrontación tomaba la forma de un triángulo. ade­ más. Si para W eber la ciencia y la política debían mante­ nerse separadas. A l igual que M arx.1 1 Partiendo de las dife­ rencias entre ambos autores. Tanto M arx com o W eber siguieron los aconte­ cimientos políticos de su tiempo e intervinieron en la vida pú­ blica con la misma pasión. el m étodo utilizado p o r Low ith para su com paración es el de las perspectivas contrapuestas. U no y otro fueron grandes filósofos sin querer serlo . W eber asimiló enormes masas de ma­ terial científico. ál destacar que en ambas teorías subyace la situación del hom bre m oder­ no en la totalidad de su existencia. La exposición de Lowith comienza con una serie de puntualizaciones sobre los perfiles de ambos autores que merecen considerarse.M ax W eber y Karl M arx 1-3 III Si volvem os ahora a Lowith y al examen que realiza de la re­ lación entre W e b e r y M arx.

se detiene «en el poder que determina el destino de la vida moderna: el capitalismo». quizás el únicofilódofo verdadero vivo».1 2 En definitiva. la célebre frase de Karl Jaspers: «E n M ax W eber vem os encam ado al filósofo existencial».14 K a r l L O w it h ni asumirse com o tales. cabe señalar que el ensayo de L owith mues­ tra cóm o ambos — M arx directamente y W eber indirectamen­ te—efectuaron un análisis crítico del hombre m oderno dentro de la sociedad burguesa. cuestionaron la totalidad de la situa­ ción de la vida contemporánea bajo la rúbrica del «capitalis­ mo». habremos de decir que ni su sociología ni la de M arx pueden confinarse a los límites estrechos de la especialización. al considerar la tendencia universal al desarrollo de la cultura occidental. esto es. Aunque W eber — com o también ¡sabemos por medio de Jas­ pers—gustaba de reconocerse ante todo com o un investigador. com o un moderno especialista. W eber — en uno de sus últimos escritos— . Así. en su subyacente preocupación por la existencia humana. L a interpretación de W e b e r da cuenta del m undo capitalista burgués en térm inos de «racionalización». ambos fueron esencialmente dociólogodfilodóficod. no porque fundaran algún tipo concreto de «filosofía so­ cial». sino de la adíllamada. L ow ith trae al recuerdo la carta de M oses Hess de 1841 que presenta a M arx com o «el más gran­ de. A qu í Lowith comienza señalando que la así llamada «objetividad» — y anota que W eber nunca habló de objetividad a secas. basado en la aceptación de que la econom ía se ha convertido en el destino de la humanidad. y también. sino porque de hecho. Observem os con m ayor detalle el análisis que Lowith rea­ liza p or separado de las interpretaciones que hacen tanto W e­ ber com o M arx de las estructuras fundamentales del capita­ lism o. Si en La ideología alemana M arx se refería al mercado com o aquello que se expande sobre la tierra y «con su mano invisi­ ble» crea y destruye imperios. volviendo a la caracteriza­ ción de Lowith. y siempre entre comillas: .

.1 4 Por lo que su propósito es hacer explícitos los apriori de las ide­ as de valor que guían las acciones específicas. presentan \a. nos re- . en orden a un fin presupuesto. inevitablemente. son duíjetivad..] reposa sobre y sólo sobre el hecho de que la realidad dada es ordenada según categorías. es decir. ofrecido p or W eber en una res­ puesta crítica a Brentano1 5y com entado p o r Lowith. Se trata de una racionalización en la dirección de un m odo de vi­ da irracional.. Por ejemplo. de validez universal. una noción que procura hacer inteligible precisamente porque el proceso general de racionalización de toda nuestra existencia se convierte en algo específicamente irracional. con W eber: La autorreflexión científica. esto es. si tomamos él tema fundamental de sus investigaciones científicas. sino qué se puede consecuentemente.M ax W eber y K arl M arx 15 [. Así. Sin embargo.precondicwn del valor de nuestro conocimiento y están ligadas a la precondición del valor de aquella verdad que sólo nos puede dar el saber de Ja experiencia. sino que la subjetividad de sus pre­ misas fundamentales se presenta con apariencia objetiva.1 3 Consecuentemente. En cambio. [. ganar dinero para asegurarse un estándar de vida es racional e inteligible. la manera raciona­ lizada de hacer dinero con el único propósito de hacer dinero es algo específicam ente irracional. que deja tras de sí la posibilidad in­ genua de la disciplina científica.].ción. no indica qué es lo que «se de­ be». vemos que W eber resume la problemática de esta realidad bajo el concepto de «racionali­ dad». la tendencia a la seculariza. las cuales.. Este ejemplo dél dinero. irracionalidad. en un sentido específico. Low ith dice. la objeción de W eber al marxismo — com o antes decíamos—no es que se base en ideales e ideas científi­ camente p o co probables. con unos medios da­ dos. A q u í se puede observar que el elemento decisivo y elemental es que cada instancia de racionalización genera.

El espíritu general de la «racionalidad» dom ina a la hu­ manidad moderna. Sabe­ mos p or Marianne W e b e f que uno de los libros que M a x W eber leyó en los m om entos en que salía de su primer colapso nervioso fue precisamente ése tratado. Para W e b e r el fenóm eno de la racion alización — que se pod rá estudiar tanto en la expansión del dinero com o en la de las burocracias—representa la principal característica de la form a de vid a de O cciden te. el capitalism o sólo pudo ser el p od er que determina el des­ tino de nuestra vida m oderna porqu e previam ente. lo cual nos lleva al imperativo ético de la responsabilidad de la . Para él. La racionalización universal de la vida con ­ figura un sistema de múltiples d ep en den cia s. Y en efecto. Pero L ow ith puntualiza que W eb er y M a rx han interpretado este destino de O ccidente de manera diferente: W e b e r no con cib ió el capitalismo c o ­ m o un p od er hecho de «relaciones» de fuerzas y m edios de p rod u cció n que se han con vertid o en autónom os. del dinero. Pero lo ambiguo — y quizá lo p ro­ ductivamente ambiguo—de su form ulación trágica es que al mismo tiempo esa racionalidad es precisamente la que según W eber se requiere para la libertad. en lo legal com o en lo administrativo. lo cual ocurrió p oco antes de com enzar la redacción de sus ensayos sobre el p ro­ testantismo. en la vida social com o en la vida económ ica. Ésta buscará ceñirse para lograr sus objetivos últim os con los m edios disponibles. tanto en las artes com o en las ciencias. en el inicio de La ética protestante W eber elogia a Simmel por «las brillantes imágenes» que se en­ cuentran en el capítulo final («El estilo dé vida») de la Filosofía del dinero.se desar rrolló el contexto para la racionalización de nuestros estilos de vida.K a r l L o w it h mite rauy directamente a los análisis de G eorg Simmel sobre la modernidad y a su célebre Filosofía. una carcasa férrea de subordinaciones en la que cada individuo está irre­ mediablemente integrado. de 1900.

sino una emancipación más amplia. perdien do así su original racionalidad propositiva orientada hacia el fin último del hom bre y sus necesidades. en definitiva «humana». el uso de m edios cuestionables— transforma la racionalidad de la responsabilidad en un ethod definitivo. Lowith puntualiza que la crítica de M arx al lugar del hom ­ bre en la sociedad burguesa culmina en una crítica de la so­ ciedad y la econom ía sin perder su fundamental significado antropológico. en cambio. la interpretación dél mundo capitalista burgués se da. existencial. Estamos y a en el campo de las similitudes con M arx. de tipo antropológico. cuyas administraciones. L o que originariamente fue un mero medio (para un fin valorado). Y qué es­ ta emancipación será el resultado de la liberación del hombre de su (auto)alienación. en términos de «aliena­ ción». A qu í se observa que M arx trata esta funda­ mental alienación universal del hom bre m oderno en sus es­ tructuras políticas. instituciones y fábricas están tan «racionaliza­ das» que son Uu que involucran y determinan al hombre. L a tensión ética del discernim iento entre m edios y fines — lo que supone que en ciertos casos los bue­ nos p rop ósitos requieran. D e esta manera. qué de ha adaptado a ellas como una «carcasa inflexible». pero L o ­ with lee a W eber para señalar que: Esta inversión caracteriza a la completa cultura moderna.1 6 Si ahora nos detenemos en M arx. es decir. socialés y económicas. y éstos son los mis­ .M ax W eber y K arl M arx 17 a cción humana. Esta relación fundamental entre medios y fines y su per­ versión m oderna sirvió a W eber para dar cuenta de los con­ ceptos de racionalidad y libertad. En este punto Low ith muestra que lo que M arx llama «emancipación dél hom bre» no sólo es una emancipación políticay económica. los medios com o fines se reali­ zan en sí mismos perdiendo su sentido o propósito original. se convierte en un fin en sí mismo.

que supone la alienación del hombre. en tanto representante del carácter mercantil de todos los objetos (y aun de las personas) del mundo moderno. que debieran ser fines en sí mismos. apárente cosa-en-sí. En su argumentación. La mercancía. es la expresión económ ica de la alienación humana del mundo capitalista burgués. M arx puntualiza que en tanto que algo com o la leña. A hí es don­ de M a ix muestra por primera vez la reveladora «inversión» fundamental entre medios y fines. Lowith muestra que el tema fundamen­ tal permanece. estos dos casos tal com o Lowith los toma para realizar la afirmación anterior. Low ith recupera: la continuidad del pensamiento del joven M arx con el posterior: contra cualquier interpretación que vea un período anterior burgués que luego se converti­ rá en filosofía marxista. En su interven­ ción de 1842 a. su des-posesión a favor de las «cosas».18 K a r l L ó w it h mos órdenes'que W eber situaba com o el destino inevitable de la racionalización moderna. puesto que esencialmente las cosas es­ tán allí para los seres humanos. de 1876. entre objetos y personas. encuentra una tendencia latente. «tendencia viviente» en aquellos escri­ tos tempranos que dan cuenta del mecanismo de autoaliena­ ción propio del capitalismo. Y ésta es la autoaliena.cerca de las leyes que penalizaban a los ladrones de leña¿ M a rx los consideraba com o aquellos que se ap ro­ pian de la leña para satisfacer necesidades básicas. Bajo el kilo con du ctor de la autoalienación del hombre. la extemalización del hombre hacia las cosas. Entre sus análisis del rob o de lefia en la Gaceta Renana de 1842 y el capítulo I de E l capital.1 7 Veamos pues. resulta (bajo cier­ tas coh dición és sociales) el determinante de la existencia y . Lowith aborda la obra de M arx desde sus escritos tempranos hasta el M arx maduró y muestra que la temática de la aliena­ ción aparece con pocas variantes desde sus priméras inter­ venciones en la Gaceta Renana hasta el tom o 1 de 'Él capital. Así.ción. brevemente.

M ax W eber y K arl M arx 19 ¡ conducta del hombre. M arx y a habla del carácter de «fetiche» que tiene la mercancía.1 8 En esos pasajes espectrales que siempre recordamos de nues­ tra lectura de EL capital. caros a los sociólogos de la modernidad. Las relaciones humanas se cosifican al mismo tiempo que las relaciones materiales resultan «humanizadas» con p o­ deres cuasipersonales. de una in­ versión: [. M a rx vuelve sobre la alienación capitalista en los términos.. Para M arx. M a rx se refiére a la fo r ­ ma mercancía. el proceso de predom inio dé lo cuanti­ tativo sobre lo cualitativo. Esto no se diferencia sustancialmente de lo que aparece.. que con Feuerbach transforma la espirituali­ .] se trata de una formación social donde el proceso de pro­ ducción domina al hombre. en tanto hegeliano. la forma co sa y la forma dinero (que es la forma acabada del m undo de las m ercancías). el m ism o p ro ce so que atenderá W eber en su delineam iento de lás consecuencias negativas de la expansión generalizada de la racionalidad calculado­ ra. En este texto temprano. ese mundo burgués capitalista se le representa com o una realidad específicamente «irracional» y. com o mundo humano. aquella racionalidad que adopta la form a del capitalismo. N uevam ente las cosas se em ancipan de sus productores y los dominan. en el análisis de la parte primera del tom o 1 de EL capital. Lowith encuentra en M arx un humanismo radical de cuño rousseauniano. en vez de que el hombre domine a ese proceso. a la división del trabajo. en el célebre apartado «El fetichismo de la mer­ cancía y su secreto». es decir. por último. investi­ d o de inhumanidad. las cosas hablan acerca de los hom ­ bres y bailan entre sí. A qu í adjudica. es decir. la conciencia humana se convierte en «cosificada»y las cosas en sí mismas resultan la medida de los hombres.

1 9 Lowith señala de qué forma M arx tom a en cuenta la particu­ laridad concreta del hombre — su determinación com o hombre privado—en la sociedad capitalista. es el hombre como tai. O . cuya naturaleza problemática se caracteriza por el térm ino «capitalista». Finalmente. incluso después de creer haber descubierto la posibilidad del hombre «nuevo» en el proletariado. lo cual tiene un sentido p rofu n da­ mente antropológico. el tema expreso de las investigaciones de M arx y de W eber es el capitalismo.] lo que concierne a Marx. y de su carácter de clase en particular». Esta cuestión im plica el discerni­ miento de qué es lo que hace humano al hom bre dentro del m undo burgués capitalista. en primera y última línea. Muestra un cam ino para su reunificación no a través de un com unism o del amor entre «yo y tú» com o en Feuerbach.. sintéticamente. La crítica de M arx hacia el mundo polí­ ticamente burgués y económicamente capitalista se completa y alcanza su sentido en una crítica del m odo de ser humano en el capitalism o-burgués. . abreva de una antropología filosófica que interroga sobre la humani­ dad/deshumanidad del hombre en el m odo de ser capitalistaburgués: [. pero el motivo para su es­ tudio es la cuestión del destino del hom bre en el mundo con­ temporáneo. la cual resulta fácticamente dividida por una «humanidad de especialistas». sino p o r — y aquí aparece. Así. más bien.20 K a r l L o w it h dad de H egel en pensamiento sobre la humanidad del hom ­ bre.. su program a— «la superación de la sociedad de la división del trabajo en general. qué constituye la huma­ nidad del hombre en el mundo contemporáneo. M arx exige una emancipación del hombre no sólo política y econó­ mica. en su interpretación de la teoría de M arx. En definitiva. sino «humana». es decir. y aquí emerge la propia tesis de Lowith.

pálido. no impidió que..] Hablaba de un modo totalmente libre y sin interrumpirse. hasta el infinito.. [.. Lowith vuel­ ve sobre el tema de la ciencia y su especialización que nunca cesa.]» .] La impresión fue estriemecedora..M ax W eber y K arl M arx 21 qué constituye la deshumanización del hom bre en el mundo burgués capitalista. vivió su «bautis­ m o» político-estudiantil co m o organ izador de las célebres conferenciéis La ciencia como vocación y La política como vocación. Nuevamente se detiene en el destino ineludible del capi­ talismo: la racion alización . esto es. En oca­ sión de los festejos por el centenario weberiano. el h ech o de «qu e en prin cip io todas las cosas se pueden con trolar a través del cálcu lo». Karl Lowith con oció a M a x W eber cuando al p o co tiempo de volver a su M únich natal. en el plano de la teoría del conocimiento. [. y a que «refle­ jan. la condición de un hombre obligado a investigar». en principio.2 0 Vuelve a W eb er y ve que sus clasificaciones son mucho más que una reflexión sobre el método.. p o co tiempo después . [.. IV La profunda impresión que ejerció la figura de W eber sobre el joven Lowith se mantuvo a lo largo de su carrera. Constata que «ese progreso y arrebato de la ciencia se extien­ de. hasta lo que no tiene fin [.. cami­ nando con gesto abatido y movimientos rápidos por la sala repleta.] la palabra de Webér era como una liberación. tras la guerra. a quien siempre con sideró «un hombre sobresaliente». su discurso fue taquigrafiado y publicado literalmente.2 1 Esa atracción p o r W eber. Allí quedó hondamente impresionado por la figura del expo­ sitor: Todavía puedo ver a Max Weber delante de mí..

H erbert M arcuse y Carlos Astrada. naturalmente. Seguiráya. ' Vitalismo y existencialismo serán marcas que acompaña­ rán la trayectoria de L ow ith y que sin duda im pregnan las lecturas dé M a rx y de W eber qué realizó de joven. entre los qué habrá que nombrar a Hans-G eorg Gada­ mer. Dilthey. a M artin Heidegger. accederá a obras que le habrán de marcar a lo largo de su carrera: las investigaciones de Husserl.22 K a r l L o w it h de su participación en la organización de las conferencias de Munich. LÒwith — com o otros tantos condiscípulos—se verá sorprendido por los posicionamientos de su maestro. Lowith se trasladará a Friburgo primero y a M arbur­ go después. Low ith vió de primera mano la lectura protoexisteñcialista que en los años veinte el mago de Meáókirch hacía de autores com o W eber o Simmel. para volver a su patria dieciocho años después. entre 1919 y 1923. luego a J a p ón y final­ mente a Estados U nidos. Simmel y Bergson. tal com o el propio Lowith recordará al fi­ nal de sü vida. a soste­ ner desaveniencias profundas con quién había sido su direc­ tor de tesis doctoral. el primer doctorando que H ei­ degger dirigió. ante la dramática coyuntura alemana. La situación lo llevará. quien. desavenencias qué se mantendrán du­ . L ow ith com partió el con d iscip u lad o heideggereano en la búsqueda p or acercar la filosofía de la alienación del primer M arx á las teorías de la m odernidad forjadas p or un tipo de doctologia filosófica existencialista. Lowith escribirá su tesis de doctorado y bajo su tutela también. durante su triste paso al frente del rectorado de la U niversidad de F riburgo y aun tiempo después. Bajo su supervisión. Forzado por tales circunstancias a iniciar un largo exilio. Junto a un grupo de camaradas. G ünther Anders. Pero en 1933. en esos años de inicio de la República de Weimar.2 2 Siendo el primer discípulo. manifestaría su involucrarmentó en el régi­ men de Hitler. L ow ith se traslada prim ero a Italia.

M

ax

W

eber y

K arl M

arx

23

rante sus restantes años de vida, si bien nunca dejará de con ­ siderarlo su verdadero maestro. D e la tensa relación qué a partir de entonces mantendrán, p od em os señalar — apenas com o mención—tres momentos de encuentro. U no es el desa­ fortunado encuentro en R om a en . 1936, cuando H eidegger visita a su discípulo y amigo exiliado y no tiene la delicade­ za de sacarse la cruz gam ada de la solapa de su chaqueta. Luego, durante más de tres décadas, no se registran diálogos entre ambos hasta el homenaje a H eidegger en su cum plea­ ños número ochenta, en el que Lowith contribuye al Fedtdchrijft con un artículo crítico.2 3 En el ínterin, en el año 1949, ambos estuvieron a punto de encontrarse en M en doza (Argentina) con ocasión de un gran congreso de filosofía que tenía a H ei­ degger com o invitado principal: éste, en el último momento, no consiguió la autorización para asistir al encuentro, al que sí asiste Low ith, quien lo recordará com o un m om ento ex ­ cepcional.2 4 Pero en 1932, cuando Low ith com pone el texto al que nos hemos referido, aún se encontraba bajo la órbita de H eideg­ ger y el ascenso del nazismo no se había producido. En la his­ toria de las ideas, el texto aparece nueve años después que H istoria y conciencia de cLue de G yorgy Lukács, y tres después de Ideologíay utopía de Karl Mannheim, libros en los que ex­ plícitamente se apoya. D e M arx, a quien lee con la pretensión de acentuar el carácter existencial de sus análisis sobre la alie­ nación, no se conocían aún los Manudcritód económicod y filodóficod de 1844 que se publicaron en Pa.rís el mismo año en que Lowith publica esta monografía.2 5 Sí examina meridianamen­ te, sin embargo, otros textos tan tempranos com o Jos que apa­ recen mientras M a rx es redactor de la Gaceta Renana (18421843), especialmente el debate sobre el robo de leña, y también otras de épocas posteriores com o la Contribución a L a crítica de la filodofía del derecho de HegeL, para finalmente llegar al tom o I de E l capital· ...

24

K a r l LO w i t h

Con todo, aún no había pasado m ucho tiempo desdé la pu­ blicación de la obra weberiana. Sólo siete años separan a esta m onografía de la aparición de Economía y sociedad. Pero L o ­ with no se referirá a este tratado en su ensayo, sino especial­ mente a La ética protestante y el espíritu del capitalism o, juntó al texto introductorio a los Ensayos sobre sociología de La religión, al ensayo titulado «L a objetividad», a la disputa con Roscher y Knies,3 6a la defensa que hace W eber del materialismo histó­ rico en su Crítica: a Stammler2 7y, especialmente, a la conferen­ cia que tanto había, impresionado a Lowith, «L a ciencia com o vocación». Resulta significativo que el título del ensayó de Low ith no sea «M a rx y W eber», sino, al revés, «M a x W eber y Karl M a rx », lo cual sugiere dos pü n tu alizacion es: una, qu e la obra de W éb er es la que se analiza con m ayor detenimiento a lo largo del escrito; y, en segundo lugar, que en la propia filiación de estudios académ icos w eberianos es donde apa­ rece el trabajo, qüe fue publicado en la probablem ente más p restig iosa revista a cadém ica d e la A lem an ia del prim er tercio del siglo XX, el Archiv fiir Sozialwissenschaft und Sozialpolitik, aquella que él m ismo W éber había coeditado y en la cual había aparecido la mayoría de sus trabajos más renombra­ dos, éntre otros «L a ética protestante» y «E l espíritu del ca ­ pitalism o». En definitiva, diremos que la tesis de Low ith es weberiana aunque esté marcada por el existencialismo heideggereano y p or el anhelo — proveniente de M arx—de vislumbrar un valor capaz de orientar el futuro de la humanidad. Agreguemos por último que en la aclaración que formula Lowith al inicio de su ensayo acerca de que la com paración que realiza no trata de con d u cir a ningún acuerdo entre M a rx y W eber, y a que mientras la vida terrenal «descanse en sí misma y sea entendi­ da a partir de sí» sólo con oce «lo irreconciliablé de la lucha de las posibles tomas de posición últimas para vivir»,2 8 vemos que

M

ax

W

eber y

K arl M

arx

25

el estudio de Lowtih no sólo se sitúa próxim o a la corriente de i las filosofías de la vida, sino más particularmente en tom o al

E s t e b a n V e r n ik

Notas
1. Karl Löwith, «La posición de Max Weber frente a la ciencia», p. 153 de la presente edición. 2. Ibidem, p. 152 de la presente edición. 3. Albert Solomon, «Max Weber, Die Gesellschaft», en Interna­ tionale Revuefü r Sozialismus un Politik, año II, n° 2, p. 144 [cit. por Wolfgang Mommsen, Max Weber: Sociedad, política e historia, Buenos Aires, Alfa, 1981, p. 313]. 4. Marianne Weber, Biografía de M ax Weber, México, Fondo de Cultura Económica, 1995, p. 539. 5. Karl Jaspers, Conferencias y ensayod dobre historia de la filosofía, Madrid, Gredos, 1972, p. 332. 6. Eduard Baumgarten, M ax Weber, Werk und Perdón, Tubinga, 1964, p. 554 y ss. nota 1 [cit. por Wolfgang Mommsen, op. cit., p. 172], 7. Wolfgang Mommsen, op. cit., p. 173. 8. Max Weber, Ensayos sobre metodología sociológica, Buenos Aires, Amorrortu, 2001, pp. 39-101. 9. Marianne Weber, op. cit., p. 332. 10. Max Weber, Ensayos sobre sociología de la religion, t. 1, Madrid, Taurus, 1987, p. 247. 11. Como antecedentes de este ejercicio pueden situarse los tra­ bajos de Simmel sobre Kant y Goethe, o sobre Schopenhauer y Nietzsche, que bien pudo conocer Löwith en su período de Marburgo. De esa épocasurgen las bases del que tal vez sea el más céle­ bre de sus libros, De Hegel a Nietzsche... Kierkegaard y M arx, en el que el autor revela brillantemente su utilización del contrapunto.

26

K a r l L o w it h

12. M ax Weber, Erisayod dobre sociología de la religión, op. cit., p. 14. 13. Karl Lowith, «Max Weber y Karl Marx» y «La posición de Max Weber frente a la ciencia», pp. 43 y 165, respectivamente, de la presente edición. 14. Ibidem, pp. 44-45y 165-166, respectivamente, de la presente edición. 15. Véase Max Weber, La ética protestante y el espíritu del capitalis­ mo. Mexico, Fondo de Cultura Econòmica, 2004. Edición crítica de Francisco Gil Villegas, p. 95, n. 5. 16. Karl Lowith, «Max Weber y Karl Marx», p. 62 de la presen­ te edición. 17. En una carta a Marcuse del 20 de abril de 1932, Lowith es­ cribe: «Todavía no he podido hacer uso del Manuscrito económico-filodófico de Marx [...] pero creo que precisamente este manuscrito con­ firma por entero, esencialmente, la posición central que yo asigno a la autoalienación». Citado por E. Donoso, Una dobria inquietud. Lafi­ losofia deKarlLowith, Buenos Aires, Katz, 2006, p. 100. . 18. Karl Marx, El capital, t. 1. México, Fondo de Cultura Eco­ nómica, 1998, p. 99. 19. Karl Lowith, «Max Weber y Karl Marx», p. 79 de la presen­ te edición. 20. Karl Lowith* «La posición de Max Weber frente a la cien­ cia», p. 157 de la presente edición. 21. Karl Lowith, M i vida en Alemania anteé y después de 1933, Ma­ drid, Visor, 1992, p. 38. 22. Ibidem, p. 170. 23. Una traducción al castellano de dicho artículo aparece con el título de «La cuestión del ser en Heidegger: la naturaleza del ser hu­ mano y el mundo de la naturaleza», en Karl Lowith, El: hombre en el centro de la historia. Balancefilodófico del diglo XX, Barcelona, Herder, 1998. 24. El congreso se abre con una misiva del propio Heidegger, quien no es autorizado por las fuerzas de ocupación estadouniden­ ses para salir del territorio alemán, pese a las gestiones oficiales del gobierno argentino. Sí asisten al evento algunos de sus discípulos y allegados como Hans-Georg Gadamer, Karl Lowith, Carlos Astra-

de la . 1977. Lowith escribe: «Todavía no he podido hacer uso delManuscrito económico-filodófico de Marx. cit. Barcelona. 1996. Nueva York. edición a cargo de Guy Oakes. 28. Algunas impresiones personales so­ bre el congreso se describen en Hans-Georg Gadamer. la posición central que yo asigno a la autoalienación » [cit. respectivamente. En carta dirigida a Marcuse. p. del 20 de abril de 1932. habría podido esclarecer aún más muchos aspectos relativos a la “autoalienación”. «Max Weber y Karl Marx». op. Mu) añoj de aprendizaje. José Gaos y José Vasconcelos.. 98. y Karl Lowith. op. 25.M ax W eber y Karl M arx 27 ¡ da y varias figuras reconocidas de la filosofia mundial. esencialmente. pp. de La irracionalidad de lad ciencias docialed. M i vida en Ale­ mania ante*)y deépues de 1933. Max Weber.]. The Free Press. Donaggio. 26. Karl Lowith. Critique o f Stammler. 27. Que en la edición castellana aparece bajo el título. entre ellos . 32 y 197. nada apartado de su temática. y «La posición de Max Weber frente a la ciencia». Herder. cit. por E. pero creo que precisamente ese ma­ nuscrito confirma por entero.

.

MAX WEBER Y KARL MARX Karl Lowith .

.

Max Weber y Karl Marx

( 1932)

Introducción I. Planteamiento de la cuestión
Imbricada con nuestra sociedad fáctica, la ciencia de esa so­ ciedad es también iio una, sino dos, a saber: doc'wlogía burguesa y m arxismo. Los representantes más significativos de ambas líneas de investigación son M a x W eber y Karl M arx. El área de sus investigaciones es, sin em bargo, una y la misma: la constitución «capitalista» de la econom ía y de la sociedad m o­ dernas. Esta com unidad del problem a aparece en las nuevas investigaciones en sociología1 de form a cada vez más clara. Ese cam po de investigación no se v olv ió un problem a — uno fundamental—porque com prenda una problemática especial de la economía y la dociedad para ser tratada separadamente, sino porque encierra en sí al hombre presente en la totalidad de du dér humano, com o el fundamento portador tanto de la problemáti­ ca social com o de la económ ica. Sólo porque, en última ins­ tancia, es sobre el hom bre como tal donde tiene efectos y se re­ vela la problem ática del orden social y econ óm ico burgués capitalista, el «capitalismo» mismo también puede ser enten­ dido en su significado fundamental y ser objeto de una p re­ gunta sociai-filodófica. Si necesariamente el tipo de humanidad se revela en la form a de las relaciones de vida sociales y eco­ nómicas, entonces un análisis temático más o menos particular,

K a r l L o w it h

tanto de la «econ om ía y la sociedad » capitalista com o del «proceso de p rod u cción » capitalista, contendrá en sí, com o hilo rector explícito o no, una mirada específica de ese hom ­ bre económ ico que es así y no de otro m odo; mientras que, co ­ m o análisis crítico de la econom ía y de la sociedad humanas se orientará, a la vez, por una idea del hombre diferente de lo fa c­ tual. Si las investigaciones «sociológicas» de W eber y M arx deben ser entendidas en su significado principialy radical, en­ tonces serán remontadas a esa idea del hombre en última ins­ tancia. «Ser radical es tom ar la cosa de raíz. L a raíz para el hombre es el hom bre mismo» (M arx, Introducción a la crítica de la filosofía del derecho de H eget). Tanto M arx com o W eber presu­ ponen la así formulada concepción terrenal radical del hom ­ bre. «E l hom bre, que en la realidad fantástica del cielo, en don d e bu scaba un sobrehum ano, sólo halló un reflejo de sí mismo, no estará y a dispuesto a encontrar sólo la apariencia de sí, lo inhumano, cuando lo que debe buscar y busca es su verdadera realidad» (M arx, ibid.). Se tratará de aquí en ade­ lante, por lo tanto, de lo siguiente: de nwdtrar, a travéd de análidid comparativoé del motivo de investigación búdico de Weber y M arx, lo común y la diferencia en du idea del hombre, como fundamento de la economía y la sociedad. Esa com paración no puede llevar a una reconciliación, porque mientras la vida terrenal «descanse en sí misma y sea entendida a partir de sí», só lo con ocerá «lo irreconciliable de la lucha de las podibled tomas de posición úl­ timas para vivir» (W eber, La ciencia como vocación). L o que puede y debería pod er hacer la com paración es hacer cons­ ciente la diferencia en lo común. Una comparación com o ésa presupone tres cuestiones: en la base de la com paración como tal está primero la premisa de que M arx y W eber tanto en su personalidad com o en su obra son «comparables», es decir, pueden medirse. C om o compara­ ción de algo con otro se presupone, en segundo lugar, que lo comparable, desde una perspectiva específica, es lo mL>mo, pe­

M

ax

W

eber y

K arl M

arx

33

ro a la vez también algo diferente. Y com o comparación com pa­ rativamente de uno y otro, a través de nosotros com o terceros, se presupone, en tercer lugar, que el correlato de ambas investi­ gaciones comparativamente es diferente. Esto es, su idea del hombre no ha sido, ni para uno ni para el otro, el fin conscien­ te y expreso de sus investigaciones, pero sí su m otivo origi­ nario. El tema explícito de las investigaciones científicas de M arx y W eber es el capitalism o. El impulso para su pesquisa es, sin embargo, la pregunta por el destino humano del mundo predente de lod hombreé, para el cual el «capitalismo» es la expresión característica de su problemática. Esa pregunta por nuestro actual mundo de los hombres, y a contenida en la pregunta por el capitalismo, implica por su parte una idea determinada de lo que en ese m undo capitalista hace «hom bre» al hombre, esto es, la pregunta por qué en é l , en el mundo, constituye su hu­ manidad. Revelar el m otivo de investigación de M arx y W e ­ ber desde esta perspectiva no afirma que ese motivo debió ser para ellos la tendencia rectora, sino que lo presenta com o el te­ lón de fondo constantemente efectivo de su búsqueda. Así, por ejemplo, la inclinación visible del M anifiedto comunista es una práctica-política, y la de los estudios religioso-sociológicos de W eber una teorética-histórica. Sin embargo, eso no excluye que el motivo subyacente y originario, tanto de esa «investiga­ ción» histórica com o de aquel «Manifiesto», pueda haber sido la única y fundamental pregunta por nuestra form a actual de ser humanos \Mendchdein\. Y entonces, por ejemplo, a la crítica agitatoria del «burgués» en el manifiesto marxista correspon­ dería el no menos «crítico» análisis del mismo «ciudadano» — juzgado totalmente de otro m odo—en el primer estudio reli­ gioso-sociológico de W eber: ambas críticas incidirían en nodotrod midmod en nuestra determinación histórica. Y presuponiendo que esa perspectiva comparativa no sea arbitraria, sino central para la materia, entonces esa pregunta deberá repetirse tam­ bién dentro de los escritos de M arx y W eber que se alejan de

34

K a r l L o w it h

este tema: deberán mostrar pruebas de ello, p or ejemplo, tanto las primeras contribuciones de M arx en la Gaceta Renana com o Elcapital\ tanto los tratados «científico-teoréticos» sobre Roscher y Kiíies com o los Ensayo.» dobre sociología de la religión de W eber. Y a que ese m otivo fundam ental an tropológico, sin embargo, no es fácil de reconocer, porque en un caso es ocul­ tado p or la tendencia a la «cientificidad» aválorativa y en el otro por la «praxis» revolucionaria, es necesario, para com pro­ bar lo efectivo de la perspectiva comparativa escogida, desa­ rrollar una interpretación y un destacado — p or ella dirigidade lo que en la prod u cción literaria de M a rx y W eber sería efectivamente comparable.

II. Característica general de Weber y Marx
Nuestra primera tesis en relación con la com paracióíi posible entre W eber y M arx y a exige una fundamentación. N o obs­ tante; la diferencia, en apariencia inmensa, en la forma y en la extensión de su influencia la contradice. Mientras que M arx se volvió, á través de E l capital y del M anifiesto comuniáta, un p od er histórico de significación internacional, y que dé él surgió un marxismo; los trabajos teoréticos de W eber en los cam pos de la sociología, la política social, la historia de la econom ía y la econ om ía nacional, tanto co m o sus tratados políticos actuales, no fueron fructíferos ni en su más propia área — la de la ciencia específica y la política contemporánea— . W eber no hizo «escuela» desde ninguna perspectiva.2 M ien­ tras que los escritos de M arx han dado a una clase entera de la humanidad del presente la conciencia de una tarea histórico-humana, y que a través de Lenin aquéllos se convirtiéron en un efecto histórico mundial, M ax W eber aparece, casi inmediatamente después de su muerté> com o el representante que sobrevive al «liberalismo»3 político y científico, com o el

de la crítica de un libro o del futuro de Alema­ nia — de la pelea con el órgano censor de la Renania o con el «señor Vogt». en M arx. o si también se trata de Lasalle y Bakunin y del destino del proletariado— . una vez más. W eber analizó con desenfrenada e incansable precisión las teorías de cual­ quier mediocridad contemporánea. siempre también de lo m ism o — en W eber. sobre pequeñeces en apariencia. de la salvación de una última «dignidad» humana. son los redactores de obras casi ilegibles. porque quiere darse un final». y uno se pregunta cuál es el nervio vital de tal ve­ hemencia: si se trata de un proceso cotidiano o de una ocupa­ ción académica. Am bos disponían de la capacidad de efecto y de escritura de­ magógicos y. de tan sofocada que está de material e indicaciones. y por eso. C om o M arx. mientras que la propia responsabilidad fue también la ra- .M ax W eber y K arl M arx 35 representante contradictorio de una época de la burguesía v i­ vida hasta el fin. cuan­ d o un tiempo. resume su valor. sin embargo. a la vez. a la totalidad de nuestro tiempo. de la cuestión del proletariado. cuya argumentación a menudo parece no llevar a nada. aquí com o allá. com o el hom bre «que siempre regresa.5A un cuando el «ateísmo» de ambos fue absolutamente diferente. tam­ bién él produjo a partir de enormes masas de materia científica y sigúió con la misma intensidad los sucesos políticos diarios. La pasión de sus comportamientos críti­ cos y el impulso de sus investigaciones científicas fueron a la vez su austeridad \SachLichkeit\. y M arx fumigó la colmena de la «santa familia». de algo así com o de una «emanci­ pación» del hombre— . en ambos casos. el traba­ jo fragmentario de la vida y lá existencia de W eber incluye. Extrema preocupación científica y agresi­ vidad personal se sustentan. los dos partieron de algún m odo de él: M arx cierra el prefacio de su disertación con una referencia a Prometeo «contra todos los dioses celestes y terre­ nos».4 A pesar de esta falta visible de una vasta influencia. Justamente de eso es visiblemente de lo que se trata: en cada caso de una «totalidad».

con el carisma del «profeta». aquellas capacidades «pe­ riodísticas». aunque en ambas representó la posición del «especialista»— . en la reflexión sobre su división y unidad. y sin embargo. Lo que para ambos fue determinante. no sólo en Marx. el M anifiesto significaba «un docum ento profetico» y no sólo «un logro científico de primer ra n g o »/ El impulso real de sus investigaciones «históricas» fue. mientras que para W eber «ciencia» y «política» están separadas porque él transgredió básicamente ambad — la una com o disciplina y la otra com o política partidaria. N o obstante. rechazó e\M ani­ fiesto comunista — que se quiso diferenciar a sí mismo de aquel so­ cialismo «utópico» precisamente en que profetizó a partir de puras premisas «científicas»— . Un tema específico de las investigaciones científicas de W eber fue el sig­ nificado mundano del profetizar. al revés. Sin embargo. el asir inme­ diato de «realidades» presentes. y justamen­ te por eso ambos fueron algo diferente y algo más que meros te­ óricos. que fue llevado del plan de convertirse en profesor a la política. quien se in­ terpretó a sí mismo6 en el análisis de la profecía antigua judía. en ambos casos. en última instancia. a las cuales nuestro entendimiento ha encadenado nuestra conciencia moral. porque para Weber. sur­ gió de un impulso completamente trascendente con respecto a la ciencia en tanto tal. la totalidad del comportamiento teórico y práctico.8 Tanto W eber como M arx abarcan. en su trabajo científico. sino también en W eber que. hombres «científicos». «jurídicas» y «demagógicas» que W eber designó com o las propiedades características del político de profesión moderno. son cadenas que uno no arranca sin . en la orientación según las oportunidades de la intervención política. de una praxis teorética y de una teoría práctica. George.36 K a r l L o w it h zón del comportamiento crítico de W eber frente a las tenden­ cias religiosas del círculo de St. En ambos se com bi­ naban. las dos se unifican en M arx en la unidad del «socialismo científico». de la política se volvió hacia la ciencia. Lo que de sí dijo el joven M arx — «Las ideas que conquista nuestra convicción \Geéinnung\.

«filósofos». en un sentido no común y particular. quizá. en un otro sentido a como cualquiera. son demomos que el hombre sólo puede ven cer en tanto se someta a ellos»— .. también un otro contem poráneo lo hacía sobre el jo ­ ven M arx: Ésta es una aparición que produjo en mí una poderosa impre­ sión.M ax W eber y Karl M arx 37 desgarrar su corazón. el espíri­ tu pudo existir en formas excelsas. Para resumir.. porque aparecerá en público (tanto en escritos como en la cátedra). como el único en nuestro tiempo y.. ambos podrían ser llamados... lo podría haber dicho también W eber de sí..9 Y de m odo similar a com o aquí un contemporáneo juzgaba a Weber. su problemática.. como docente de . corresponde a que exigieron de la filosofía académ ica el ser «lógica» y «teoría del con oci­ miento». su movimiento. aunque yo me mueva en el mismo campo.].].]. aun cuando no eran aman­ tes de la «sabiduría». en tanto siguió a su demonio. Pero si él era un filósofo. entonces lo era. quizás al únicofilósofo verdadero vivo que próximamente... hará recaer sobre sí los ojos de Alemania [. puedes contar que conoces al más grande. hoy podría ser filósofo [. Él es representativo de lo que la época es de un modo sustancial [. Su presente nos dio la conciencia de que. también hoy. Com o hom ­ bres científicos. por lo demás. con una claridad inusitada. Siempre deseé para mí.].]. cuyo entendimiento estaba encadenado a su conciencia moral. Mientras que otros hombres sólo conocen esencialmente su destino personal. en ella [en su personalidad] tienen las fuerzas de la época la más decisiva vida. en resumidas cuentas el ser «filosofía com o especiali­ dad»: A muchos de nosotros Max Weber se nos apareció como filósofo [. Hemos visto real­ mente en Max Weber a un filósofo existencial. En su personalidad están presentes la época.. en su amplia alma producía efectos el destino de la época [. Q ue ambos fueran filósofos en un sen­ tido especial — sin querer serlo— .

en el mundo presente [.. porque todo su material es trabajado antes por otras ciencias que en realidad sólo son específicas en su área."’ L a sociología de ambos no era una disciplina científica estric­ tamente delimitada. que fue el primer paso en el aütoconocimiento del capitalismo.]. su plan­ teamiento sociológico da expresión a la transformación de la filosofía de Hegel del espíritu objetivo en un análisis de la so­ ciedad humana. pusieron científicamente en cues­ tión la totalidad de las relaciones de vida presentes bajo el tí­ tulo de «capitalismo». Una disciplina científica que se volverá defacto universal. una disciplina científica admirable: sin material propio. La concepción materia­ lista de la historia de Marx.. Más específicamente. sin embargo. Y justo ahora siento euán novato soy en la verdadera filosofía. siempre que. fue admirado por Max Weber como descubrimiento científico y aprendió decididamente de él. P or eso querer transformar la universali­ dad originaria de su planteamiento sociológico en un «sociologismo» que traspase las fronteras de la sociología disciplinaria sería tam bién completamente ilógico.38 K a r l L o w it h filosofía/a un hombre tal. ELcapital no quiso ser otra cosa que una críti­ ca de la «economía política» burguesa. y la sociología de W eber una disciplina científica: Es. cómo antes la gran filosofía. deje trabajar para sí a todas las ciencias y se haga fructífera en todas las ciencias — mientras que tengan algo que ver con el hombre Esa sociología es la forma científica que tiende a abrigar el conocimiento de sí (como uno social). fueron sociólogos filosóficos. de cara a una problem ática fáctica de nuestro s e r . pero n o p o r­ que ellos hubiesen fundado una «filosofía social» especial.1 1 Y así ambos fueron «sociólogos» en un sentido eminente. Am bos nos legan — M arx directay W eber .a h í humano \Dcu)ein\. En realidad. si­ no porque de hecho y de acuerdo con su m otivo originario de investigación.

]■ gobierne el mundo entero. 4). al mostrar un camino p or el cual los hombres deben poder «tener dé nuevo. Igual que W eber se detiene tras una mirada a grandes rasgos de la tendencia universal del desa­ rrollo de la cultura occidental y dice: « Y así nos encontramos también frente al poder de destino más potente de nuestra vi­ da moderna: el capitalismo» (Ensayos sobre sociología de la reli­ gión. También ella es. bajo su poder. portadora y exponente de ese destino universal. en cambio... pende sobre la tierra y con mano invisible [ .. com o el antiguo destino. Esa racionalización o autoalienación. ha­ ce surgir pueblos y los hace desaparecer». bajo el punto de vista unívoca­ mente negativo de una autoalienacién universal.. de aquel proceso de intelectualización al cual n o­ sotros nos sometemos desde hace siglos y frente al cual h oy se ha tom ado una posición inusitadamente negativa» (W eber. la más importante. I.M ax W eber y Karl M arx 39 indirectamente—ün análisis crítico del hombre presenté de la socie­ dad burguesa. . «E l progreso científico es una parte. en el hilo conductor de la economía burguesa-capitalis­ ta. una re­ lación que [.1 3 Dentro de la interpretación de ambos del capitalismo se anuncia esa diferencia en el hecho de que mientras que W eber la analiza bajo el punto de vista de una racionalización universal e inevi­ table. «C óm o llega a suceder que el com ercio. sobre la base de la experiencia de que la «econom ía» sé ha vuelto «destino» hum ano. M arx lo hace. respectivamente.1 2Una pregunta a la que M arx responde allí mismo. p. que caracteriza al capitalismo en su significado principia! abarca también lo prop io \Eigenart\ de la ciencia m oderna.] dirige reinos y los vuelve ruinas. aunque pasible de ser transform ada de cuajo.. com o empresa de especializaciones científicas. que n o es más que el intercambio de productos individuales de diferen­ tes individuos y países [. de igual form a se pregunta M arx en La ideología alemana·.]. la form a de su com portam iento m utuo» — una «terapia» para la que W eber sólo ha contrapuesto un «diagnóstico»— . en sí neutral pero de doble significación p or su valora­ ción..

P or eso.40 K a r l L o w it h D .C . X X I y ss. Tanto ahora com o antes.. 1930. sino al revés. el impulso crítico del presente de M a r x y W eber sólo puede ser igualmente vali­ dado frente la apariencia científico-especializante. para por nuevas creenciad cambiarla o para deformarla. Verdaddin repodo dobre dóciled almohadad din rumiar lo masticado.). 535). Verdadcomo la mera aun de lad dignQaded dobre la nuca levantando edforzada cada ladtre de lodfaUod dioded derrihadod y el completo vaciadofirmamento como infierno. A . el espí­ ritu dominante de las edpecialídadej científicas — im bricado con una realidad desgarrada—es el que norma nuestros conceptos de verdad... aquí se trataría de una compensación dialéctica de conceptos y no de com prenderlas relaciones de la realidad» (Introducción a la crítica de la economía política. El motivo de investigación originario de Max Weber Verdad en tumulto de lad embrujadod que la aprenden. D el mismo m odo responde M arx a los críticos de la econom ía política. L a interpretación de W eber del mundo capitalista burgués según el hilo conductor de la «racionalización» I.. pp.. F. p. guía. quienes producen en ella un «desga­ rro barbárico de lo que pertenece junto»: «C om o ese desgarro no penetra desde la realidad en los manuales. objetividad y ciencia. G u n d o l f . libre de mentira a la que la conducen. engañad tú dedde elfundamento a travéd de miled depuertad. desde los manuales en la realidad. incluso de sus propias explicaciones científicas.

ni tampoco el fenóm eno del capitalismo «en su significado cultural uni­ versal». «El dignificado de la forma de una aparición cultural y el fundamento de ese significado no puede hacerse com prensi­ ble a partir de un sistema. nuestra realidad humana. en el que se mueven las investigaciones de W eber es básicamente uno. El conocim iento de la rea­ lidad. por el otro— » (D . A ésa nuestra histo­ ria del presente pertenece. por un lado. Ésta. 175). no puede ser conocida nunca «sin presupuestos».. [ .C. en lo que le &) propio — la rela­ ción y el dignificado cultural de sus apariciones singulares en su forma actual.M ax W eber y Karl M arx 41 El campo específico. sino hacer comprensible cóm o es que nodotrod somos hoy así.]. es una ciencia de L o reaL. p. sino: «La ciencia social. entre otras cosas también y pree­ minentemente... las razones de su histórico vol­ verse así-y-no-de-otro-modo. tal com o nos volvimos.1 4 La investigación histórica no debe. y dolamente édad» (D .C . Ese campo — de cuyo análisis especializado se trata. «Un caos de “juicios existenciales” sobre incontables percepciones singulares sería lo único que . el capitalismo1 5 (que sólo es un «extracto en el devenir de los destinos humanos»). en la cual estamos posicionados. aun perfecto. p.. en su «significado». W eber lo distingue estric­ tamente del rastreo de «factores» últimos y de «leyes» univer­ sales. porque y en tanto nosotros la pon ­ gamos en relación con ideas de valor. que nos rodea y nos determina. entonces. de conceptos de leyes [. Abarca aquellas partes constitutivas de la realidad que a través de esa relación se vuelven dignificativad para nosotros.. Querem os entender la realidad que nos rodea.] La realidad empírica ed para nosotros «cultura». que debemos empujar. 170). en tanto presupone la relación de las apariciones cultu­ rales con lad idead de valor [W ertideen]. ese autoconocimiento social-histónco. en medio de todas sus disquisiciones m etodológicas e investigaciones variadamente distribuidas—no era ésta o aquella particularidad. con ocer el sentido de cóm o fue (Ranke) o cóm o debe arribar algo con necesidad histórica (M arx). «digno de conocer»..

1 6 El saber sobre la form a propia de nuestra ciencia posibilita a W eber la pregunta por el «sentido» de la ciencia racionalizada y especializada. com o un fenóm eno «socioeconóm ico» no es nada objetivo que lo sujete com o tal. Esto mismo. P or ejemplo. de que algo se vuelva digno de conocerse y de ser cuestionado. “sin pre­ supuestos”.42 K a r l L o w it h podría alcanzar el intento de un conocim iento serio. claro está. abarca también el hecho [F'aktum ] significativo de la ciencia misma en su devenir-así-y-no-de-otro-m odo. p or su parte.C . Q fiétiene. y a lo diferencia fundamentalmente de tod o otro ávido de saber. eso no puede ser fundamentado — científica­ mente^ a partir de ella misma. que desconoce de sí. sin embargo. Esa significación es lo que es. aun cuando no lo sea necesariamente para nosotros com o individuos aislados. pertenece al «espíritu» y a la falta de espíritu del «capi­ talismo». surge del específico dignificado cultural (de tales «suce­ sos») (D . «eso no es. o qué tipo de significado tiene. en tanto vuelta «posi­ tiva». 177). en tantp es para nodotrod hombres.. sino condicionado por la dirección de nuestro interés de conocim iento que. p. Y ese misino resultado sería sólo en apariencia posible» (D .C . significado para nosotros. el «hecho» del significado «capitalismo». puro especialista de disciplina. significativa para nosotros des­ de distintas perspectivas posibles y «digna de con ocerse». el hecho de que W eber involucre su preferencia científica de co ­ nocer con la form a p ro p ia y la problemática histórica de nues­ tra completa vida moderna. concluíble a partir de una investigación “sin presupuestos” de lo dado em­ píricamente. sino que su determinación es condición de que haya un objeto de esa investigación» (D .1 8 Si esa ciencia tiene algún «sentido». y también de la creencia banal en la cien­ cia de la m ayoría de los marxistas.1 7 La ciencia establecida disciplinariamente. ni siquiera un camino a la . por ejemplo. 161). no es ni un camino a «D ios».. en tanto ella. de la realidad. 175-176). ni al «sentido verdadero».C . Pero esa realidad humana.. La calificación de un suceso. p. pp.

C . Ella [la libertad] significa com o p oco una vuelta a la pura cientificidad. el ju icio científico es absolutam ente no separable de un ju icio valorativo. presentan la precondición de nuestro conocim iento y están ligadas a la precondición del í'iz/tfrde aquella verdad qué sólo nos püedé dar el sabér de la experiencia» (D . 2 1 3 ). sino que en nosotros aquella volu n tad de verdad ha ven id o como problem a a la concien cia? ». esto es. com o un «socialismo» cien­ tífico.M ax W eber y K arl M arx 43 prop ia «felicidad». m ucho más. sino el claro y consciente hacer notar y él tom ar-en-consideración aquello que es científicamente indemostrable. p. La así llamada «objetividad» — y W eber no habla de ella de otro m odo que de una así llamada. que justa­ mente los patrones externos a lo cien tífico de la valoración científica sean contemplados. Partiendo de que «la creencia én el v alor de la verdad científica» es «producto de culturas determinadas». sino su visibilidad.com o fundamento de una posible toma de dis­ tancia respecto a ellos. L o que puede y debe suceder por el fin de la «objetividad» científica no es una ilusoria minimización de la «subjetividad».. sólo que am bos deben ser distinguidos uno del otro. La línea que divide ciencia de creencia es «delgada com o un cabello» (D . entre comillas—«reposa sobre y sólo sobre el hecho de que la realidad dada es ordenada según Categorías. L o que exige esa doctrina no es la extirpación de las «ideas de valor» e intereses de peso. W eber levanta la demanda de la así llamada libertad válorativa del juicio científico. aunque sea científicamenté relevante.filosofía cuando pre­ guntó por el sentido y el valor de la «verdad» — porque «¿qué sentido tendría nuestro ser-ahí \l)asein\.C . L a pregunta « m etod ológ ica » de W eb er p or el valor de la ciencia es básicam ente la misma pregunta frente a la cual Nietzsche ha puesto a \a. 212) y .1 9 L o que W éb er com bate en relación con esto en el marxismo.. en verdad. p. Quiere. las cuales en un sentido específico son subjetivas. sino que presente lá subjetividad d e . nó es que ésté sea llevado p or ideas e ideales indemos­ trables científicamente.

La fa lta de actitud moral y de opinión y la “objetividad” científica no tienen la más mínima familiaridad interna» (D . Lo último que la reflexión científica puede rendir sobre esto es «traer a la conciencia los patrones últimos que se manifiestan en el juicio de valor concreto». que mezcla ambas. se erigen las anteriores argumen­ taciones. eludirían la discusión cientí­ fica.. p. sino qué se puede consecuentemente.. [. realmente y en parte. para las cuales. que las «ideas». entonces.C .44 K a r l L o w it h sus precon dicion es fundamentales bajo la apariencia de su validez «objetiva». Le falta el «desprejuicio cien tífico» en relación con la dignidad del planteamiento de la objetividad científica.C .] La crítica no se detiene frente a los juicios de valor. p. Y así le atañe a Weber. «en parte. en orden a . 157). con lo cual se halla científicamente «atrapado» en sus propios juicios de valor y prejuicios.. p. Según Weber.. y así liberarlos para una clara dis­ cusión y contraposición sobre sí mismos.. se discute y pelea».C . La autorreflexión científica. por medio de la crítica científica (por ejemplo de Rosch e ry Knies) y de la autoconciencia. y no contra el interve­ nir p or los propios ideales. 149). y con ello de que no existe ninguna «receta» para la praxis.. La pregunta es más bien qué significa y persigue la crítica científica de los ideales y juicios de valor» (D . W eber caracteriza com o filosofía social a ese desvelam iento de las ideas e ideales en verdad rectores de las investigaciones científicas. que deja tras de sí la positividad ingenua de la disci­ plina científica. con unos medios dados. sean deducidas com o tales del entendi­ miento. universal. 151). no indica qué es lo que se «debe». el marxismo no es sólo muy poco creíble científicamente. sino que lo es demasiado. D e la afirmación básica de W eber de que las normas y los ideales vinculantes no son científicamente fundamentables.] tienen orígenes “subjetivos”. no se sigue de ninguna manera «que los juicios de valor.. porque en última instancia [. no en última instancia. a la conciencia de lo «en última línea querido» (D . «Contra esa mezcla. supuestamen­ te.

el «sentido» del acontecer del mundo. p. pero sobre todo nos permite saber qué es lo que verdaderamente se «quiere». sólo hay una lucha de m uchos «dioses». 39) — suspiró aliviado.. más bien ese déficit surge de la forma propia de aquella época cultural cuyo desti­ no es haber com ido «del árbol del conocim iento». grandes comunidades reli­ giosas y «profetas». de acuerdo con su idea de la «libertad» del «hom bre»— . por su parte..M ax W eber y Karl M arx 45 un fin presupuesto. y en la renuncia a la «filosofía catedrática metafísica». porque el hombre es el presupuesto del especialista.2 0 con iguales derechos. La presupuesta ¿«validez «objetiva» de nuestros patrones de valor últimos.. no sólo «renunció» también a eso. no obstante. de­ sarrollar valideces universales desde la «conciencia histórica» misma. «ideales». una vez más [ . en cada caso. Entonces. sin em­ bargo.] . W eber. porque la investiga­ ción científica es llevada a cabo por presuposiciones de tipo humano (inexplicitas. entonces podría haber también «valores» de validez universal. pero decisivas hasta en lo más particu­ lar). «valores». Mientras que Dilthey intentó.C . de la «anarquía en todos los más profundos convencimien­ tos». no pertenece. p. lo a priori de las ideas de valor norm adoras en la investigación científica singular. así com o la falta de normas universales vinculantes. C om o éstos «n o» están «ahí». p or nosotros mismos». tan pronto com o fue demostrada. Si hubiera aún. sino que se podría decir que «suspiró aliviado..] puede. la imposibilidad de sancionar juicios de valor de validez objetiva» (Honigsheim. o bien engañarse teóricamente a sí mismo sobre la seriedad de la situación ac­ tual. 154). haber con o­ cido que nosotros «debem os crear.. o bien eludir sus consecuencias prácticas» (D . «en lugar del deber ser». y a citado. en el reconocim iento del mismo estado de c o ­ sas. a la esencia universal de L a ciencia. y «con ­ cepciones del m undo». W e ­ ber llega a la tarea y a no ¿í>c¿?/í^¿M-disciplinaria sino social-/íLosófica de hacer explícito. «Sólo un sincretismo optimista [ . Una investigación así debe parecer al especialista científico ne- .

y de ambas com o de la conducta. específicamente de aquellos que obstaculizan la «liberalidad científica». El signo más universal de esas ideas de valor tradicionales es su demanda de una objetividad in-condicionada. La creencia de la ciencia en las normas objetivas y en su fundamentabilidad científica es lo que W eber com bate fundamentalmente. marca en W eber el ethos de la teoría. sino el sentido m ucho más determinante del «desencanta­ miento» en su contenido. una nada en dirección al progreso positivo-científico.46 K a r l LO w it h cesariamente estéril. Esa liberalidad científica. p o r el contrario. esto es. respectivamente. no tiene sólo el fin de sindicarlas com o presupuestos dados y ple­ nos de significado. para dejarse reposar después sobre ellos. sino que esa vuelta al sen­ tido de la objetividad científica surge. L os dos tratados ejem plares sobre R osch er y Knies significan una destrucción m etódica de determinados prejuicios y juicios de valor. ella demanda un retroceso filosófico al entendimiento del «sentido» posible de la objetividad y del conocim iento. esto es. sino que. En verdad digna del hom bre es para él. en verdad. de una creencia totalmente determinada. Esa liberalidad es «científica» en el mismo sentido en que M arx habla de una conducta «científica» com o de una «críti­ ca». de la Ln-creencia en las ideas de valor tradicionales de la investigación científica. aquella conducta que a partir de lo que no «está ahí disponible» extrae sin embargo consecuencias positivas. aun también contra los propios pre­ juicios. y a favor de la «liberalidad» científi­ ca. sin embargo. El fin en verdad positivo de sus tra­ tados teórico-científicos es la deconstrucción radical de [las] «ilusiones». P or eso. de las ideas de valor rectoras de las investigaciones científicas. con los medios de la ciencia. p o r su parte. en tanto contradicen . porque «de ella» -c o m o subraya el mismo W eber— 2 1 no surge «nada». «humana». El motivo origi­ nario de esa reflexión no es la preocupación p or una «m eto­ dología» que camina sobre el vacío. el desvelamiento minucioso de lo «en última instancia querido» o.

W eber cierra su tra­ tado program ático sobre la «objetividad del conocim iento científico-social y político-social» con la defensa frente a un posible malentendido. por su parte. terminar en el cuestionamiento no sólo de la ciencia y de la cultura modernas. de una vez.M ax W eber y K arl M arx 47 el hecho histórico-humano de que hoy es «cotidianeidad reli­ giosa» que la ciencia — dicho con N ietzsche—sea Un «ateísmo científico». Sin embargo. p o r último. las disqui­ siciones «m etodológicas» de W eber. se vuelve inseguro. rechaza también el material que es indi­ ferente para la «libertad del nuevo pensam iento» y fun da­ menta. en general. sin ser consciente de su anclaje en esas ideas de valor en general. positivam ente. a un material espe­ cífico y se haya creado sus propios principios metodológicos—la reformulación de ese material como fin en sí. Y está bien así. surgen. la orientación supuestamente excluyente según el pathos dé la ética cristiana hubiera cerra­ do los ojos para ello»— . Pero en algún mo­ mento cualquiera el color cambia: el significado del punto de vista. en apariencia estériles. com o si esas disquisiciones metódicas y conceptuales tomadas para s i tuviran algún significado cual­ quiera. sino en el de nuestra orientación presente en la vida. del m odo siguiente: Todo trabajo científico-cultural en una época de especialización contemplará — después de que a través del planteamiento especí­ fico de problemas esté enfocado. durante un siglo. D e la conciencia de esa situación especial — «des­ pués de que. Entonces. la ciencia se inclina también a . co n interna consecuencia. el sentido fundamental de su crítica especial a la filoso­ fía del derecho de H e g e ly su «m étodo». sin controlar conti­ nuamente el valor del conocimiento de los hechos singulares se­ gún las ideas de valor últimas. Es­ te m otivo principLil de sus disquisiciones m etodológicas era tan bien con ocido por Weber. irreflexivamente valorado. Éstas parten de la com ­ prensión para. la necesidad de esas disquisiciones. el camino se pierde en el alba. La luz de los grandes problemas culturales se ha explayado más. com o M arx tenía claro. en última instancia.

pero en situa­ ciones determinadas. Ese fondo que penetra en to­ dos lados es nom brado p or R oscher de diversas formas: ya sea de m odo m oderno y b iológ ico com o «fuerza de vida».48 K a r l L O w it h cambiar su posición y su aparato conceptual. 214). y eso significa en última instancia: a una relación oscura del hombre cogrwdcentefren te a la realidad de nuestro mundo predente. o también.C. histórico-humanas. un «fon do» inaclarado. específicam ente aquel que R osch er no quiere de ningún m odo aclarar. En los análisis de R oscher del aconte­ cer histórico se conserva. Esa situación está dada indiscutiblemente. más específicamente cuando: [. sin capacidad de identificación y solución de problemas objetivoj. Imbricado con el volverse incierto de las posiciones y puntos de vista tradicionales cambian también los métodos y la conceptualización de la ciencia. y a través de ello surge la insegu­ ridad sobre la «esencia» del propio trabajo. en el presente (D. p.] como consecuencia de fuertes desplazamientos de los «pun­ tos de vista». En y para sí. p.. en todo lugar. com o «pensamiento de D io s » y «de­ .. alternativamente. 218). bajo los cuales un material se vuelve objeto de pre­ sentación. vueltos sin fundamento. se vuelven inevita­ bles e importantes.C. y desde lo más alto del pensamiento mira la corriente del acontecer (D. las puras disquisi­ ciones m etodológicas se muestran inútiles. En los tratados sobre Roscher y Knies. aunque sea exactamente ese resto el que produ­ ce en él la articulación del todo. Las contradicciones curiosas que él señala en los trabajos de R oscher se refieren a una relación oscura entre concepto y realidad-.. para la historia. W eber ha desarrolla­ do hasta en lo más singular la demostración y el desencanta­ miento de los patrones últimos del juicio científico. aparece la idea de que los nuevos «puntos de vista» también exigen una revisión de las formas lógicas en las cuales la «empresa» heredada se movía..

en el m étodo de R oscher permanece un producto lleno de contradicciones. en última instancia. 1 5 5 y 157) no se refiere tan sólo a las contradicciones y oscuridades «lógicas» (com o parece ser a menudo. un «más alto» im­ pulso divino debe limitar el beneficio terrenal propio. y ese presupuesto interviene también de m odo decisivo hasta en la estructura lógica de su «econom ía estatal»..C. A quí se vuelve totalmente claro que la exigencia de W eber de una «liberalidad científica» (D . de m odo alguno. mediadora». un progreso en la liberalización o. pero tam poco reduce el conocim iento de la realidad a lo humano y «empíricamente» comprobable. de acuerdo con las propias pala- . un proceso de sanación. Hacemos aquí no­ sotros. El no es. N o deduce hegelianamente la realidad de las «ideas». 63. por lo menos. como se nombra hoy de forma ina­ propiada. 56. el carácter «emanatista» de las argum entaciones lógicas de Roscher. 41). pp. no obstante. in consecu en te. Roscher constituye menos una contraposición con Hegel que una atrofia. podría casi decirse. de la que W eber lo extrae. Incluso en la vida científica. la expresión de ideales «claros y materia­ lizados consecuentemente». La metafísica hegeliana y el dominio de la especula­ ción sobre la historia han desaparecido en él.2 2 aun cuando él evite prudentemente una apelación directa al orden de D ios en la formulación.2 3 un p rod u cto de acuerdo con su personalidad «moderada. sus brillantes cons­ trucciones metafísicas fueron reemplazadas por una forma casi primitiva de superstición religiosa moderada. Ese m étodo se conserva tan ple­ no de contradicciones com o es en general la reunión de una investigación «liberalizada científicam ente» con una «posi­ ción religiosa». una «falta de presupuestos» del trabajo científico (D. Una creencia en L apredicción indeterminada-determinada fundamenta con ello.C . la observación de que junto con ello avanza. Así.M ax W eber y Karl M arx 49 cretos sobrehumanos». p..

esto es. La liberalidad de lo no atrapado en ideales trascendentales. Análogo a lo analizado en los escritos de Roscher.C . se muestra com o resultado.. W eber comienza con la pregunta de qué concepto de personalidad se combina con el concepto de libertad de Knies. penetró en todas las áreas de la investigación del trabajo cultural humano (D. también en la crítica a Knies W eber deja claro sobre qué bases filosóficas principiales descansa su «concepto de libertad» y qué consecuencias tiene esto para su efectividad en la lógica y en la metódica de la ciencia económica. p. Ahí se muestra inmediatamente que [. por ejemplo. Junto con ello avanza un p re -co n ce p to determ inado de lo que sería «moral». dada objetivamente. com o el último agente en el acontecer histórico y principio de su inter­ .C. pero decisivo para. p. Otra vez algo muy abstracto. también Knies choca en todo lugar con un «fondo oscu­ ro». La unidad formal de la personalidad se transforma subrepticiamente en él en una unidad orgánica-naturalística. 39). que Knies presupone la perso­ nalidad com o ima «sustancia» individual. dado que — en oposición con la interpretación de là historia religiosa dé R oscher— es expresión d e una con cep ción de la vida pura­ mente terrenal.. orientada a lo «cotidiano». en Alemania preeminentemente bajo la influen­ cia de la escuela jurídica histórica. y ésta es connotada otra vez co­ mo una falta de contradicción. Gomo le sucediera antes a R os­ cher.. 138). la cual. Después. con algo así com o una fuerza de vida unificada.50 K a r l L o w it h bras de W eber). aun cuando — com o señala W eber—m uchos poderes culturales. sino al hecho de que el proceso científico y lógico tiene el «valor» de la claridad y la liberalidad. históricamente utilizada. es lo que caracteriza su méto­ do «em pírico» (D ..] también Knies está en el círculo de aquella doctrina del derecho natural «orgánico». com o el puritanismo. lo concreto. han mostrado un tipo de hombre que encierra exactamente aquella imagen ética «plena de contradicciones».

Lo que cambia en W eber con el sacrificio radical de la conceptualización emanatista de Rosch e ry Knies no es. desviada a lo antropológico-biológico. la cual se presenta. sino que Knies es oscuro científi­ camente. Una con la realidad.C . p.M ax W eber y K arl M arx 51 pretación. El carácter de constructo y el tinte «nominalista» de los conceptos m etodológicos fundamentales de W eber y su completo m odo de cientificidad no proceden de . simultánemente. Colectivo real y término genérico se desplazan en él el uno en el otro. sustancm l-m etafüicam ente. el concepto patrón de realidad murria. y tampoco él logra aclarar. en consecuencia. con liberalidad científica. su punto de vista tradicional. tampoco un mero «apara­ to conceptual» lógico. así y no de otro m odo.. se originan directamente en la m ano de D io s» (D . Éste. sino el método fundamental y. «en el espíritu del rom anticism o». vuelta absolutamente terre­ nal y objetivamente sin sentido. a través de ese m étodo y en cada concepto. com o las de los pueblos. 143). la relación entre «concepto y realidad». se fundan de nuevo en lo que Dilthey ha caracterizado com o un resto de una posición metafísica del hombre respecto a la realidad.2 4 Lo que él no «consigue» no descansa tam poco aquí en un puro error «científico» o en una carencia de agudeza «lógica». p or su parte. en lo que es «una decoloración de la creencia pietista de R oscher de que las “almas” de los singulares.2 5 Lo que W eber demuestra tácticamente no es una pura oscuridad científica. sino que esa «lógica» emanatista misma es la consecuencia de presupuestos universai-metafísicos u ontológicos que. También Knies está todavía bajo la influencia del epígono de la metafísica histórica hegeliana. y desaparecen todas las definiciones «sustanciales» de la «for­ m ación» \Gebilde\ social. se transforma también la con ­ ceptualización emanatista en una «construcción» típica-ideal. mientras que y en tanto él no está todavía orientado te­ rrenalmente de forma decidida. con él. Los individuos y pueblos son presupuestos. se vuelve aprehensible en el carácter «emanatista» de sus conceptos fundamenta­ les.

La «construcción» típica-ideal tiene com o fundamento un hombre específico «sin ilusiones». p or eso. es un «instituto» racional. esto es. ese carácter es refutable de la mano de los «fenóm enos» (por­ que eso presupondría que los fenómenos fueran interpelables a través de un «logos»). una «fábrica» [BetrUh] — dicho con Hegel: el «Estado del entendimiento» de la sociedad burguesa. discute su contenido. por ejemplo. el cual fue retrotraído hacia sí mismo por un mundo vuelto o b ­ jetivamente sin sentido y sobrio y. sino que él también es una expresión consecuente de una posición completamente determinada del hombre respecto a la realidad. P or lo tanto. Pueblo. subrayadamen­ te «realista».52 K a r l L o w it h una condición inmediata de la ciencia. defacto. com o modelo.2 6 en tanto él mis­ mo. el Estado moderno en el que estamos ubicados. a producir prime­ ro la relación con una realidad com o la «suya» y a «crear» el sentido. está urgido a producir el sentido objetivo y la articulación de sentido. una «realidad» estatal muy determinada. en unidad con su referencia valorativa. Tam poco. y el mundo en el que nosotros «estamos ubicados» no legitima y a ta­ les prejuicios— Así. práctico y teorético. Es un malentendido del especialista científico consigo mismo cuando W eber (en oposición a Spann ) 2 7afirma el signi­ ficado puramente «m etodológico» de su definición «individua­ lista» y «racional» y. sino porque una concepción tal estaría atrapada en prejuicios e ideales trascendentes. de alguna forma.2 8 . dich o con M arx: una «universalidad abstracta» sobre los individuos. esto es. y que. por lo tanto. agregamos. la definición ejemplar de W eber del Estado a partir de la «posibilidad» de que «determina­ das formas del hacer social (específicam ente de hom bres singulares) se produzcan» es sólo com prensible — com pleta­ mente com prensible—a partir de que subyace a ella. com o personas singulares pri­ vadas. Estado e In­ dividuo no pueden ser y a vistos e interpretados com o sustan­ cias unificadas con trasfondos profundos — pero no porque esto sería absolutamente no científico.

religiosamente vaciado. Ésta se postula com o necesaria «cuando surge la necesidad» de otorgar «al acontecer del destino de la humanidad. A esos prejuicios. y no basándonos en las oportunida­ des de su «existencia».). la cursiva es nuestra. 56. sólo es real el hom bre singular puesto sobre sí. la Liber­ tad del individuo puesto sobre sí y responsable de sí. es decir. que cruzan el sobrio día a día de un m undo desencantado. que las últimas «presuposiciones» de la concepción del mundo abarcan aún la estructura «lógica». 203 y ss. entonces sí tendría sentido interpretar también al Estado midmo sustan­ cial y «universalmente».M ax W eber y Karl M arx 53 M ás aún. En su «luz» se pone ahora la «realidad». Compárese con pp. La medida con la cual W eber juzga este hecho histórico de la racionalización es su aparente contraposición. no puede otorgárseles ya un significado autónomo. realmente todavía una «res pública» y el hombre co­ mo taL un miembro de la ciudad y del Estado y n o en primera línea una persona privada sólo responsable p or sí. en oposición. 61 y ss.C . com o consecuencia de su de­ sencantam iento (a través de la racionalización). Si el Estado fuera. empero. esta necesidad es una inconsecuencia frente a lo terreno. pp.C . que solamente el «individuo» es hoy de forma verosímil. real y con derecho a la existencia. «trascendentes» en un sentido amplio.. La última presuposición de las definicio­ nes «individualistas» de W eber de las así llamadas «form acio­ nes» sociales es. nota 2. a través del cual él se desencantó y se opacó. un “sentido” terrenal y no obdtante objetivo» (D . y a que a las objetividades de cualquier tipo. La liberalidad científica de W eber se exterioriza también aquí com o un no-estar-atrapado en pre­ juicios trcufcendented. y el hilo conductor para la interpretación de ese m undo vuelto sobrio es el proceso de racionalización.. 33. la liber­ . p.). sin embargo. Según Weber. exactamente lo mismo que W eber demostró en R osch e ry Knies vale también para él: esto es. esto es. pertenece tam bién la creen cia — com partida por el marxismo—en el «desarrollo» y el «progreso» objetivos (D .

W eber intentó hacer comprensible el proceso general de la racionali­ zación de nuestra completa vida. «organ izacio­ nes» e «instituciones» de la vida m oderna. por su parte. sobre todo. en aparente contradicción con lo dicho hasta aquí. «em presas». del de­ sencantamiento del mundo— es quejustamente los va­ lores últimos y más sublimes se hayan retirado de la escena pública. «adm inistraciones». Así. en contraposición. en la cual estamos posicionados. Esta tesis se debe desarrollar más por m edio del análisis del sentido originario y abarcador de la «racionalización» que es. La problemática específica de nuestra realidad. a su vez. pero. La ciencia como vocación La forma propia de la realidad que nos rodea. el con cepto contra­ puesto a la interpretación marxista del mismo fenómeno. es específicamente irracional. con el fin de la adquisición misma — «pensa­ da así com o puro fin en sí»— .54 K a r l L o w it h tad del «héroe humano» en relación con el sobre-poder de los «órdenes». Com o el motivo último de sus disquisiciones «científicas» se revela la tendencia hacia lo terre­ no. por ejemplo. es resumida por él bajo el rótulo de «racionalidad». bajo el hilo conductor de la alienación de sí. Ese . la adquisición de dinero específica­ mente racionalizaba. la adquisición de dinero con el fin de mantener una vida económicamente segura parece racional y entendible. fue establecida com o el tema originario y comple­ to de las investigaciones de Weber. Sin embar­ go. La «racionalidad» como la expresión problemática del mundo moderno El destino 7)e nuestro tiempo — y con él de su propia ra­ cionalización e intelectualización. porque la racionalidad que surge de él es algo específicamente irracional e incomprensible.2 9 que funcionan a través de la racionalización. II.

de una racionalización «hacia Una manera de conducir la vida irracional». Se trata— dice ahí— . otra cosa que una aportación a la misma sociología del racionalism o (Endayod dobre dociolo­ gía de la religión. El hecho de la racionalización fue demostrado por W eber en el «prefacio» a los Ensayos sobre dociología de la religión. p. fue demostrado por W eber expresamente en la refutación de una crítica de Brentano (Endayod dobre sociología de la religión. en su significado tanto universal com o fundamental. tan elemental com o decisivo. I. p. nota 1). 35. I. p or su parte. p. El capitalismo pudo volverse. que precisamente cada racionalización radical. 537). para W eber. también puede interpretarlo de m odo diferente. sino básicamente de su siste­ ma entero» (Freyer. lo propio del análisis relig ioso-sociológ ico del capitalismo de W eber consiste en que éste no contempla al capitalismo com o un p o ­ der vuelto autónom o de las «relaciones de p rod u cción » so­ ciales. se desarrolló ya . con la necesidad del destino. 157). de los medios y de las fuerzas de producción. cree irracionalidades. el carácter fundamental del m odo de conducir la vida o c c i­ dental en general y nuestro «destino» — aun cuando uno pue­ de com portarse de m od o tan diferente frente a ese destino com o W eber y M a rx y. en última instancia. y no uno entre otros. en correspondencia con ello.M ax W eber y Karl M arx 55 hecho. El fenóm eno de la racionalización es «la línea rectora m ayor n o sólo de su sociología de la reli­ gión y su doctrina de la ciencia. y n o en última instan­ cia también de sus escritos políticod. El intento religioso-sociológico no quiere ser. para él.3 0 En explícita diferencia y en su­ puesta oposición al análisis «económ ico» marxista. I. Aquélla significa. y a sea religiodo-socio­ lógico o social -económ ico. Sólo por eso — pero no ya en sí misma— la racio­ nalización es un fenómeno específicamente digno de conocerse y de cuestionarse. esto es. un poder «pleno de destino» de la vida humana sólo porque él. y a citado. para en­ tenderlo desde allí tod o de form a ideológica. «en los he­ chos». históricomundial y antropológico.

com o la totalidad de una «form a de m ode­ lar económ icam ente» y de «condu cir la vida» condicionada en múltiples maneras pero particular. I. «racio­ nalmente». La «racionalidad». La for­ ma de la economía no es ni un fluido inmediato salido de una creencia determinada. una racionalidad de la conducción de la vida — en su origen. esa ra­ cionalidad es entendida p o r W e b e r co m o una totalidad originaria. en la marcha de esa totalidad directora y la impregnan otra vez. de «factores» determinados). no se diluye en ser racionalidad de algo. D onde. esto es. Por el contrario. ni ésta es un fluido «emanatista» de una econom ía «sustancial». en su significado preeminentemente económico. también económicamente racional. pp. concreta y retroactivamente. racionalidad de un campo específico (el cual. 239) se manifiesta tanto en el «espíritu» del capitalismo — bu rg u és. el capitalismo como tal. I. se dan forma. A m ­ bos. Los poderes religiosos y las «representaciones éti­ . en su vitalidad reli­ giosa y económica. es poco interpelable com o el ori­ gen autónomo de la racionalidad. p o r el contrario.com o en el del protestantismo — bu r­ gués— (Endayod dobre dociología de la religión. establecida co m o hilo rector del entendi­ miento. en un sentido económ ico. se extiende sobre los otros cam pos de la vida). religión y econom ía. en resumen. M ás aún. Ese etbod direccionante (Endayod dobre dociología de la religión. pede a su p roce­ dimiento científico disciplinario (a la manera de una imputa­ ción reversible. 30-34). la tendencia «hacia maneras deter­ minadas de conducción de la vida práctico-racion ales» estuvo ausente. se erija en un poder dominante de la vida. sino que. sino que ambas se dan forma.56 K a r l L o w it h en los caminos de un «m odo racional de conducir la vida». con fuertes resistencias internas». p. religiosamente m o­ tivada—es la que ha dejado también que el capitalismo. com o «patrón». causal. sobre la base de una racionalidad universal del m odo de conducir la vida. «ahí ch ocó el desarrollo de una conducción de la vi­ da. com o un ethod occidental.

organizaciones e instituciones racionalizadas de la vida m o­ derna: él combate su demanda de realidad metafísica y la uti­ liza com o medios para el fin. órdenes. En el tratado sobre K nies y el problema de la irracionalidad. Ambas reposan sobre un «espíritu» general o ethos. tanto com o la vida jurídi­ ca. Esa articulación de racionalidad y libertad. el lugar de la libertad. La «afinidad electiva interna» de ambos es la de la convicción económ ica y la de la creencia. en tanto el significado «creador» de la . como dignidad específica del hombre y por tanto de la historia.” una «aparatización» general del hombre.M ax W eber y K arl M arx 57 cas del deber». un inevitable estar-inserto de cada uno en la «fábrica» en cada caso específica — de la economía o tam­ bién de la ciencia— . ancladas en la creencia en ellos. Ese espíritu universal de la «racionalidad» dom ina en la misma medida el arte3 2y la ciencia. una «carcasa fuerte com o el acero» de «servidum bre» \Horigkeii\. esa racionalidad es justamente. social y económ ica del mundo humano moderno. que sería tomado — ya sea directa o veladamente—como consecuencia de la libertad. en principio sólo for­ mulada com o tesis. Y es entonces cuando W eber pregunta p or la articula­ ción interna de la «ética» protestante con el «espíritu» del ca­ pitalismo. Y «no obstante» (con un tal «no obstante» cierra W eber también la conferencia La política como vocación). pertenecieron en el pasado3 1— en una «medida h oy casi incomprensible para nosotros»—a los elementos formadores de la conducción de la vida. para él. cuyo portador socialmente des­ tacado es la burguesía occidental. W eber llega a postular la pregunta por la así llamada libertad de la voluntad en la investigación histórica: Se encuentra ahí siempre de nuevo lo «incalculable» del actuar personal. Lo que produce esa racionalización universal de la vida es un sistema de dependencia total. debe ser extraída inmediatamente en sus investigaciones teoréticas del impulso interno de la conducta práctica de W eber hacia todas las administraciones. estatal.

sería en sí una marca del actuar humano libre (en contraposición con la calculabilidad de los sucesos en la naturaleza). según la subjetividad de la toma de posición frente a un hecho.L. En verdad. en cada perspecti­ va y en todo. La incalculabilidad. sino algo que sólo puede ser observado según un «juicio de valor». esto es. Esto es. es tanto más imprevisi­ ble. cada ley punitiva. pero sí con una que es suficiente para loé fines.. insignificante. aunque siempre olvida­ da u oscurecida. no obstaculizadas por presión «externa» o por «afee- . W eber ironiza sobre la devoción de Treitschke y M einecke frente au n así llamado «resto» irra­ cional. 46).C. la ley. y en este sentido la proyección. no es una característica objetivamen­ te dada y distinguible de él. del clima puede ser más insegura que la capacidad de prever la conducta humana: Cada orden militar. no con una absoluta claridad. «cuenta» con la en­ trada de determinados efectos en la «psique» de aquellos a los cuales se dirige.3 4 L o que quiere mostrar. cuanto menod libre es el hacer. cada exteriorización que hacemos nosotros en relación con los otros. y con ella la irracionalidad.. de que esa libertad «creadora». la con du cta humana es tanto más /«calculable. no es precisamente la no libertad del individuo. preferente­ mente atribuida al hombre. p. En la nota correspondiente. cuanto menos un hombre tenga en sus manos la libertad para el propio hacer y permitir: Cuanto «más libre». por ejemplo. 64). a una «santidad» internay al «acertijo» de la personali­ dad libre. a los cuales la orden. la exteriorización concreta quieren servir (D. cuanto más según las «propias» eva­ luaciones. p. una valoración deter­ minada.58 K a r l L o w it h personalidad que actúa es situado como lo opuesto de la causali­ dad mecanicista del acontecer natural (D.C. en suma. 64). «en él». p. sino la «obviedad trivial». en las explicaciones si­ guientes (W .

Meyer: Lo errado. nosotros acompañamos con el más alto grado de «sen­ timiento de libertad» empírico.]. busca la verdadera santidad de lo personal en lo subte­ rráneo oscuro. es el «actuar».] «necesitados» [nezejjitiert]. Y no sólo eso.. y el cual ima­ gina.... es el privilegio del loco. igual de grande — pero no más grande—que la de aquellas «fuerzas naturales ciegas». en el sentido de este discurso.. La contradicción de sentido de este último co­ mienzo ya es asible en la vivencia inmediata: nosotros nos «sentimos». o bien no con-determinados de forma inmanente en nuestro «que­ rer» (D.C. Y tanto más desaparece entonces aquel vuelco romántico-naturalista del pensamiento de la «personalidad».. Y aún más claramente aparece este tema en la contraposición con E. cuan­ to menod porta «en sí» el carácter del «acontecer natural».. Porque ese romanticismo es lo que está tras el «acertijo de la personalidad». sino que cuanto «más li­ bre». 132-133. precisamente a través de aquellos elementos irracio­ nales de nuestro hacer o bien [. de la suposición de que una «libertad» del querer. el cual encuentra su «esencia» en la constancia de su relación interna hacia determinados «valores» y significa­ dos de vida últimos. 6 9 y 137). si es posible. es claramente reconocible.. se postula la «resolución» del actuante.M ax W eber y Karl M arx 59 tos» irrefrenables... indecididamente vegetativo de la vida personal. La «incalculabilidad» específica. en contraposición. los cuales se validan en su hacer con arreglo a fines y se materializan así en un actuar teleológico-racional. Al revés. en aquella «irracionalidad» [.] entonces su análisis racional [. precisamente . esto es. pp.] que comparte la «perso­ na» con el animal. la «libertad de la voluntad» en aquellas regio­ nes naturales. y más perfecto resultaría [. compárese conpp. sea idéntica con la «irracio­ nalidad» del hacer [. el cual. como sea que se la entienda. tanto más entra en validez finalmente también aquel concepto de la «personalidad». más sin resto se ordena la motivación ceter'u paribuá según las catego­ rías de «fin» y «medio».]. en el sentido en que Treitschke oportunamente y muchos otros hablan a menudo. en contrapo­ sición. esto es.. empero.

esto es. tanto más comprensiblemente — em pero— . la libertad del hacer. de acuerdo con la medi­ da de nuestro conocimiento [. en las cuales perseguimos un «fin» claramente consciente a través de sus «medios» más adecuados.. se revela. condicionadas en cada caso por los medios dados. bajo ausencia de «presión» psíquica o física [. actuar en la com pensación racional de los medios dados respecto al fin presupuesto y en tanto lógica \folgerichtig\ o «consecuentem ente». en co ­ rrespondencia. con ello. La creencia en la «libertad de su voluntad» ayuda real­ mente poco al fabricante en la competencia.].. A c ­ tuar com o persona libre significa. bajo determinadas circunstancias. Precisamente. acordes al fin (o respectivamente. actuar de acuerdo con fines. o al tasador de bol­ sa. tanto más predispuesto está ese ac­ tuar. está ligado teleológicamente a los medios desiguales [.. una con la racionalidad. en libre evaluación de los medios ade­ cuados para ello. 226). persigue un fin privilegiado a partir de valores últimos o «significados» de vida..C. com o una rela­ ción constante del hombre respecto a los valores últimos. en el caso de la falta de m edios). esto es... también. a través de que es una libertad en tanto racionalidad3 5 teleológica·. p. esto es. tan­ to más firme está ligado. según evaluaciones.] — según la medida de su situación objetiva—para alcanzar sus fines.] (D. La racionalidad se une entonces con la libertad del actuar. En la evaluación calculada de las oportunidades y consecuencias del hacer orientado a fines. el que actúa empíricamente «libre». En ese hacer racional con arreglo a fines se impregna concretam ente la «personalidad». a dejar caer el fin. El tiene la elección entre la destrucción económica o el seguir .. esto es. tanto más racional con arreglo al fin actúa y. Cuanto más libre el hombre evalúa y calcula lo requerido (los medios) para al­ go (un fin). el hacer libre a la adquisición de m edios totalmente determinados.60 K a r l L o w it h aquellas acciones que somos conscientes de haber llevado a cabo racionalmente.

en cada caso. presuponen necesariamente la conservación de la «li­ bertad de la voluntad». en com pa­ ración con la conducta racional con arreglo a fines. en el perseguir sus fines últimos. 442 y ss. A diferencia de la «ética de la convicción». a la que W eber caracteriza c o ­ mo una ética de la conducta «irracional» por su indiferencia respecto a las «consecuencias» (ésta es orientada. Ésta es una ética «relativa».M ax W eber y Karl M arx 61 máximas muy específicas de la conducta económica. pp. La evaluación racional de los medios dados en relación con el fin.. con ello.C. pre­ cisamente. constituye la responsabilidad del hacer li­ bre y racional. Si no las si­ gue. Ésta posibilita. La «tensión» ética entre medios y fin (esto es. a los m edios en cada caso dados. pp. con las oportunidades y consecuen­ cias del actuar. en perspectiva con respecto a las oportunidades y consecuencias de su consecución. la interna «consecuencia y por tanto ( !) la honra­ dez» de nuestra conducta plena de fines — teoréticos o tam­ bién prácticos— . La libertad de ligarse.. la ética de la responsabilidad «cuenta». puesto a sí mismo. Las «leyes» de la economía nacional teorética. 150 y 549). Junto con la deci­ sión en favor de la ética de la responsabilidad. el conocimiento de los m edios — y sólo de los medios. según los medios dados (Escritos políticos com­ pletos. p.] que le faltó la «fuerza de voluntad». La ciencia racional provee. mediado p or la evaluación de los medios. se decide tam­ . porque está relacionada con el co n o ci­ miento de las oportunidades de la consecución de sus fines. caracteriza ni más ni m enos la responsabilidad del actuar humano. «racional­ mente con arreglo a valores»). para su desventaja obvia. se­ gún lo empírico (D.. que el alcance de «buenos» fines puede estar ligado a la utili­ zación de medios dudosos).).. pero no «absoluta».C . y 447 y ss. convierte a la racionalidad de la responsabilidad misma en un ethos determinado. em pero. y al fin mismo. 133). entonces nosotros considerare­ mos eventualmente como explicación [. en cada sentido posible de la palabra. pero no de los fines— (D .

W eber expresa que aquí reside el problem a cultu­ ral real de la racionalización hacia lo irracional. p. la paridad teo­ rética en el «sistema» de la conducta racional con arreglo a fi­ nes. instituciones y fábricas están tan «ra­ cionalizadas» que son Las que involucran y determinan al hombre. a partir de aquella relación de me­ dios y fin . p o r su parte. en sen­ tido literal. A través de que aquello que originariamente sólo era un mero medio -e n relación con un fin pleno de valor—se vuelve un fin mismo o un fin en sí. la cual se forma en el proceso de la racionalización y que es el verdadero motivo de su investigación. la identidad en la conceptualización y la di­ . en el ethos de la res­ ponsabilidad. remite. de esa manera. su «sen tido» o fin originario. a la idea de «hom bre» de W e­ ber (véase el apartado III). Esa inversión caracteriza a la completa cultura moderna. II. se autonomiza lo mediado \Mittelbare\ hacia lo prop io del fin \Zweckhaften\ y pierde. La conducta humana. de la cual originariamente surgen esas adm inistraciones. direccionarse y comportarse de acuerdo con lo que nació de sí misma.). cuyas administraciones.3 6 A esto contradice. com o tal. a la vez. sino que el m otivo de su privilegio es la responsabilidad espe­ cífica misma del actuar racional con arreglo a fines. su racion alidad con arreglo a fines. de la afectiva y de la tradicional (Economía y sociedad. orientada en el inicio al hombre y a sus necesida­ des. II y ss. con ello. La entiende específicamente a partir de su inver­ sión. que se ha adaptado a ellas com o una «carcasa inflexi­ ble».3 7 La razón ver­ dadera y primaria para la preferencia clara de W eber del es­ quema «racional con arreglo a fines» no es que permita una alta medida de entendimiento constructivo del actuar humano. de la racional con arreglo a valores. esto es. y aquí está decidida. Pero W eber entiende la verdadera irracionalidad. debe. sólo en apariencia. fundamental para el concepto de la racionalidad y de la libertad.62 K a r l L o w it h bién en favor de la racionalidad\ com o racionalidad de medios a fines. En tanto la racionalidad se ancla.

Esa perversión económ ica sig­ nifica. dice. el producto producido (de cada trabajo) so­ bre el productor. una conducta supuestamente en sí racional. El com pleto tra­ bajo teórico y práctico de M arx trata de la aclaración y de la destrucción de esa situación general. el propio poder irracional de la organización. quiere ser una de tipo específicamente ra­ cional: en la conducta económica-racional. el de W eber pretende sólo su comprendión. com o la ha llam ado Simmel— 3 8 se muestra naturalmente del m od o más fuerte cuando se da precisam ente en aquella conducta que. La m inuciosay total organización racio­ nal de las relaciones de vida produce. del logro del M anifiesto comunista. La fórm ula económ ica-m arxista para esa in­ versión es: M -D -M : D -M -D . Esa inver­ sión produ ce la «irracionalidad» sin sentido de las «relacio­ nes» autónomas y con poder propio que dominan ahora sobre la conducta humana. a partir de sí misma. la cual es una ad­ mirable conmemoración. que en el proceso de su racio­ nalización. según su objetivo. humana­ . que consiste en que la «cosa» domina sobre el «hombre». también para M arx. resumiendo. con arreglo a fines pura. Su expresión inmediatamente humana es la cosificación y especialización del hombre mismo: el especialis­ ta. empero. para la situación política de enton­ ces. y cóm o se invierte. En la conferencia de 1918 sobre «socialismo» (Articulad completos de sociología y política social. que se define a través de su actividad objetiva. se in­ vierte en su propio contrario. 502). tras la presentación de la así llamada «separación» del trabajador (también del «intelectual») de los medios de trabajo: «Todo lo que el docialidmo concibe com o “dominio de las cosas sobre los hom bres” debe dignificar de los medios sobre el fin (la satisfac­ ción de las necesidades)» (la cursiva es nuestra). Esa inver­ sión pa ra d ójica — esa «tragedia de la cultura».M ax W eber y Karl M arx 63 ferencia en el juicio de esa problemática p or parte de W eber y Marx. p. del m odo más notable. con necesidad propia del destino. la form a económ ica de una inversión general. Precisamente aquí se muestra.

com o el hom bre típico de la ép oca racionalizada — uno con la empresa especializada. P or ejemplo. bá­ sicamente. . ética de la responsabilidad y ética de la convicción. en medio de y contra la creciente de­ pendencia del mundo político y económ ico. com o el medio da­ do para un fin libre de ser elegido. Por otro lado. en un doble sentido. es. El negó a todas las adm inistraciones actuales aquel sustancial valor propio. sin embargo. Todas las diferen­ cias rigurosas que trazó en la teoría de la ciencia y en la con ­ ducta práctica. en sus orígenes aún religiosa. funcionariado y elite. 35 y ss. pp. de cualquier tipo. La medida implícita con respecto a la cual es interpretada la irracionalidad de lo racionalizado {Ensayos sobre sociología de la religión. pero las afirmó. la con cepción económ ica del estrato burgués de la sociedad. 54. y al cual tam bién W eber con cib e. a n o el hombre. «particular». C om o consecuencia de ello. y la carcasa de «servi­ dum bre» el ú n ico espacio de ju ego de aquella «libertad de movimiento» que buscaba Weber. tanto para M arx com o para Weber. com o hombre y político. La antinomia de la ciencia política de W eber consiste. el fin último de todas las administraciones humanas no son ellas. la presuposición de que el fin originario y autóno­ mo. para el cual todo lo demás es «medio» para «sus» fines. la posición de W eber se volvió una firme oposición y una defensa única del individuo autónomo.. en que justo la inclusión ineludible en el carácter de empresa racional de todas las administraciones modernas se vuelve el lugar del posible ser s í mismo. I. la separación entre cosa y persona. 62).64 K a r l L o w it h mente parcelizada. precisamen­ te la com prensión de la subjetividad de nuestra postulación última del fin y del valor y de nuestras decisiones debía ga­ rantizar la objetividad y austeridad del pensamiento científico y del hacer político. sur­ gen de la una y fundamental oposición entre libertad y racio­ nalización. conocimiento objetivo y valoración subjetiva.

y esto — dice W eber—sería. «visto desde la posición de la felicidad per­ sonal».M ax W eber y Karl M arx 65 esto es. bajo la precondición de que lo «racional» sea la autonomía y el propio poder del hom bre — y a sea que su humanidad sea determinada. a la vez. se vuelve «irracional» no a través de que se transforme en una economía profana por medio del vaciamiento de sus conteni­ dos religiosos. se hace también evidente que el pro- . la adquisición de dinero ejercida com o puro fin en sí es algo absolutamente irracional frente a la «felicidad» y el «beneficio» del individuo. respecto a la individualidad de su autoresponsabilidad. com o tales. en los hechos. de m odo que lo que primero era un medio indi­ recto para fines religiosos ahora sirve a otros fines. Entonces el sobre-poder y propio poder de las re­ laciones de vida. es consecuencia in­ directa de que él intenta m ostrar reiteradamente que. con su actividad incansable. la situa­ ción natural». «irracional»— . motivada por necesidades determinadas del hombre. p or ejemplo. profanos. porque es obvio que las propias simpatías de W eber están con aquellos purita­ nos para los cuales el oficio y el «negocio».3 9 Por otro lado. «com o diríamos nosotros. devenidas en relaciones de cosas autonomizadas. Que el punto de vista de W eber para la interpretación de la humanidad del hombre — respecto al cual se mide toda irra­ cionalidad—no sea la «felicidad» terrena. sino sólo a partir de que la forma de la economía se autonomiza tanto que ésta — a pesar de toda racionalidad externa—no tiene ya ninguna relación clara con las necesidades de los hombres. ni que lo sería para su propia mirada! El «noso­ tros» diríamos significa aquí un «se» diría. com o M arx. ¡pero en ningún lugar afirma que sería sin sentido también para la «percepción neutral» de esa inversión «sin sentido» de. se ha vuelto «algo inextirpable de la vida». com o hace Weber. lo tan irracional de ese m odo de conducir la vida. en el horizonte de su existencia social o medida. la única m otivación ade­ cuada que expresa. es lo que es — o sea.

aunque no el de aquel que podría haberse satisfecho con la renuncia al «sentido» y a la «interpretación» (véase Ensayos sobre sociología de la religión. I. desde la pri­ mera oración de los Ensayos sobre sociología de la religión hasta su última conferencia — La ciencia como vocación—com o «hijo de su tiempo». 204) de la actividad. posicionarse conscientem ente e n ese m undo y ser el . com o un «materialismo de­ pravado» de la enajenación dé sí. de la forma más aguda. sociales. cuya expresión humana es la humanidad del oficio y la especialidad. con toda la pasión de su personalidad. aquel «orden» planificado.66 K a r l L o w it h prio ethos de W eber no era y a el de un puritano creyente. com o M arx. ni la afirma com o un estadio en el p rogreso de la hum anidad. sino que se conform a con designarlo con el concepto científicamente neutro y doble en su posible valoración de la «racionalidad» (doble porque ex­ presa. cuando ese exponente de un m undo «ra­ cionalizado» recorre nuestra vida com o un m ero «fantasma» de contenidos antes religiosos y nadie sabe todavía «quién vi­ virá en el futuro en aquella carcasa»/0 debem os preguntarnos cóm o se posiciona el mismo W eber respecto al hecho irracional de la racionalización universal. Evidentemente. ese proceso de la racionali­ zación. a la manera marxista. él no la niega desde la posición de la felicidad com o una «no humánidad». los resultados espécíficos del m undo moderno y lo com pletam ente cuestionable de esos resultados)? ¿N o afirm a y niega Weber. en un continuo. Cuando el pensamiento del deber del oficio. en suma. com o «especialista»y científico? ¿C óm o pudo. econ ó­ micas y científicas. p. a la vez. contra esa «autoalienación » universal del hom bre? ¿P o r qué n o caracteriza él al «mismo» fenómeno. análogo al destino?^1 ¿Por qué cuestiona. N os preguntam os entonces: ¿P or qué nó lucha él. y se r e c o n o c e /2no obstante. que está explícitamente también tras la «exigencia del día» de W eber. sino el de uno absolutamente secularizado. com o M arx. la «seguridad» y lá «especialización» de la vida moderna en todas sus instituciones políticas.

pre­ cisamente con esa cita de les fLeurd du mal. hasta que se haya consum ido el último céntim o de com bustible fósil». com o la «irracionalidad ética del mundo». P ero ¿de qué tipo es esa libertad interna a l mundo. en la analogía. entonces no habría ningún «pro­ blema» para la política com o vocación. sino una libertad en medio de aquella «carcasa fuerte com o el acero». p. ni bueno». ni sagrado. la división a partir de la cual se debe ver la unidad interna de eda conducta dividida respecto a la «realidad que nos rodea». sobre la base de la racionalización de nues­ tro m undo? . no sólo aunque no sea bello. y lo malo se siguiera de lo malo. a lo que él caracteriza. Si pudiera surgir sólo lo bueno de lo bueno. incluso al que no es inmediatamente trabajador (Endayod dobre dociología de la religión. de la racionalidad irracional de nuestro m undo?4 3 «Así lo sabemos hoy de nuevo: que algo puede ser sagrado. y entonces él se refiere a pruebas bíblicas — y a N ietzsche— . 203).M ax W eber y Karl M arx 67 portavoz de aquel «diablo» de la racionalización intelectual y de las «flores del mal»? ¿ O es que W eber había revelado.Y sería una «sabiduría cotidiana» «que algo puede ser verdade­ ro. la cual «determ in ay tal vez determ i­ ne en el futuro. el misterio de la racionalidad irracional de nuestra posición frente a todo y cada cosa y. aunque y porque no es bello. en los hechos. con irresistible coerción. sino porque y en tanto no es bello». si ésto es la «racionalidad»? A quí pa­ rece abrirse. que no es soportada p or el puro «ético de la convicción». el secreto de su p o ­ sición frente a todo y cada cosa. en otro párrafo. Pero ¿qué son enton­ ces las «flores» del mal.4 4 Esa libertad sólo puede estar en acuerdo interno con la racionalidad cuando no es una libertad respecto a ese mundo ra­ cionalizado. en la cual estamos «ubicados». La unidad de esa separación es la relación y a demostrada antes de la racionalidad y la libertad.

diño tanibién — en un dentido muy moderado de la palabra—un héroe. Ese proceso se extende­ ría también a la form a de vida del ejército y del Estado.68 K a r l L o w it h III. «Esto era la y a conocida de antes. que no de hubiera alcanza­ do lo podible cuando no de hubiera edtado atra­ pado constantemente en el mundo por lo impodible. esto es. W eber explica que la guerra mun­ dial representaría un progreso en el proceso de la racipnalización universal. Exámenes de disciplina de todo tipo se vuelven cada vez más la precondición de un puesto seguro. la verdadera “exigencia del día”. Tanto en el Estado. com o fuera del Estado.» Esa si­ . interesadas en la asistencia. La racionalidad cómo condición de la responsabilidad de sí libre del singular en medio de la servidumbre general Ed completamente correcto. especializada-burocrática de todas las uniones de dominación. para el mismo W eber. no surge de las investigaciones puramente históricas — según el objetivo—de los Ensayod dobre dociología de la religión (W eber se detiene aquí. portada en conjunto p or las universidades. y toda la experiencia histórica lo confirma.4 6A m bos textos combaten la racionalización en sus formas políticas de la burocratizacióny la estatalización. humanas. Pero el que lo puede hacer. aquél debe der un líder y no dólo edo. com o por sus estudiantes. la de las escuelas técnicas científicas y la de las universidades. inmediatamente después de las oraciones proféticas citadas en la nota 39). que corrían tras el centavo. sino de sus escritos políticos. La política como vocación Q ue el sentido positivo de la racionalidad. En ellos. tanto com o a la de la fábrica. en particular del apartado II de Par­ lamento y gobierno4 5y de un debate. de la organización racional calcula­ da. divisora del trabajo. es su aparente opuesto.

y esto es. caracterizada p or la «especialización racional disciplinaria y la escolaridad».. pura técnicamente. se dejaría ver entonces en el horizonte. cuandopara ellos sea una buena burocracia. p. los hombres serán obligados a incluirse. Una articulación social «orgánica». Pero. significaría que en­ tonces también el rendimiento de la fábrica estatizada o traspasa­ da al régimen de alguna «economía comunitaria» sería burocrá­ tico (Escritospolíticos.M ax W eber y K arl M arx 69 tuación austera de la expecialización burocrática se esconde también tras el «socialismo del futuro». quizá después. reírse del . impotentes. esto es. una racional administración defuncionarios. 150 y ss. el último y único valor.] Supongamos que justamenté esa posibilidad fuera un destino inevitable — ¿quién no querría.). Esa «máquina viviente». el cual deba decidirsobre laforma de conducirsud asuntos. pero que en oposición a ella es tan fuerte­ mente racional como una máquina. sin vida: En cooperación con la máquina muerta. Porque en esto rinde la burocracia incomparablemente mejor que cualquier otra estructura de dominación» (Escritospolíticos. es igual que un «espí­ ritu coagulado». en el regazo del futuro? [.. ésta trabaja para produ­ cir la carcasa de aquella servidumbre del futuro en la cual.4 7 Incluso cuando éste persíga lo contrario. pp. ¿qué significaría prácticamente? ¿Tal vez un quiebre de la carcasa de acero del trabajo de fábrica moderno? ¡No! Más aún. 151). entonces. que no lo conocen. el socialismo fortalece­ ría el poder de la burocracia que impregna la época actual y el futuro visible: Un abandono progresivo del capitalismo privado sería teórica­ mente pensable — aun cuando esto no sea una insignificancia tal como algunos literatos. ¿Quién querría negar que una forma de organización social como ésta reside como una posibilidad. en los resultados. suponiendo que ocurriera alguna vez. una articulación social oriental-egipcia. sueñan. y cuando ciertamente no sobrevendrá como consecuencia de esa guerra— .

aun cuando él mismo está convencido de lo «indetenible» del progreso de esa «máquina humana».. que sean dejados de lado en favor del pacifismo de la impotencia social. esto es.] como si nosotros debiéramos volvemos hombres. Viendo el hecho fundamental del avance indetenible de la burocratización. Porque «esa pasión. que necesitan el «orden» y ninguna otra cosa que or­ den. La pregunta que podría ser postulada no sería la de cóm o se podría modificar algo en ese desarrollo (M arx) — porque eso no se puede— . la pregunta por las formas de organización política del futuro puede ser sólo postu­ lada así: [. p or la buro­ cratización es «desesperante»: [. p or lo explicado antes. y de la creencia de que la «verdadera libertad» apenas ilu­ minaría cuando Ja «anarquía» actual. sino qué se «sigue» de él. también de nuestros estudiantes de h oy».. y desesperados cuando son arrancados de su adaptación excluyente a ese orden de cosas.70 K a r l L o w it h miedo de nuestros literatos de que en el futuro el desarrollo polí­ tico y social nos traiga demasiado «individualismo» o «democra­ cia». en algún sentido «individualista»? (Es­ critos políticos.. con saber y voluntad.. algún resto de un movimiento de libertad. contra los apologetas de la racionalización en el cam po de la administración y la política. 152). qué fin es conse­ cuentemente perseguible y deseable desde la posición de los valores últimos. bajo el ala del único poder segura y completamente ineludible·. todavía. ¡el de la burocracia en el Estado y la economía!— . visto ése sobrepoder de la tendencia hacia la burocratización. de nuestra producción económica y el «engranaje de partidos» de nuestros Parlamentos sean dejados de lado. En ese desarrollo estamos atrapa­ . Casi con las mismas expresiones aquí transcritas W eber se di­ rige. que se vuelven nerviosos y cobardes cuando ese orden tiembla un instante. El mundo no co­ noce más que a esos hombres. p. en beneficio de un «orden social» y de una «articulación orgánica»? — esto es. a partir de esos «m edios» dados. y a och o años antes (1909).] ¿cómo seríaposible salvar.

La pregunta es/ empero. ése movimiento de libertad es el que él. eri tanto tom ó posición ostentosay preci­ samente en ede m undo. Contra lo irrefrenable de la racionalización burocrática se puede preguntar. El éxito más universal e influyente de la racionalización es el que W eber demostró. p . El hechizo que encerraba la relación del hom bre res­ . Sin embargo. entonces. en una «acción dolorosa de renuncia» (Ensayod dobre sociología de la re­ ligión. de ese dominio único por parte de los ideales burocráticos de la vida (Artículos completoj ¿obre sociología y política docial. U n hombre com o Jakob Burckhardt la salvó.4 9Por el contrario. según W eber. y la pregunta central. que una «dirección estatal a través de la burocracia alemana. cómo y para qué.. a través del regreso consciente a la esfera «privada» y la cultura de la «vieja E u rop a »/8y casi lo há hecho también un estudioso co ­ m o E. esa parcelización de las almas. sino qué tenemos para oponer a esa maquinaria. El debate se cierra con un desafío ostensivamente inmoral de contenido: és preferible. para actuar a él contra él. altamente moral. la «expansión capitalista privada. Para poder responder a esta pregunta.C . aun hoy.414. el cual es fácilmente córrom pible». ligada a un funcionariado puramente negociante. sino que constantemente ha com batido. en la cual está puesto el fenóm eno de la racionalización. 535). casi p o r el gustó de la lucha misma. p. no es cómo nosotros lo siga­ mos promoviendo y lo aceleremos. en verdad. vista esta tendencia om nipotente a la racionalización de la completa vida. en algún sentido. transfíguradamente autoritaria». Gothein. no ha «salvado». las cursivas son nuestras). se precisa todavía una mira­ da resumida de la relación de sentido general. salvar algún resto de un movimiento de libertad individualista. 203) . en especial.de la «cien­ cia»: un fundamental dedencantam iento del m undo (D . cóm o sería posible todavía.M ax W eber y K arl M arx 71 dos. de lam an o. p. para liberar un resto de lo humano As. W eber combatió constante­ mente ésa libertad.

frente a «sí» en tanto uno de sus miembros. significa para la relación del hombre mismo con el m undo una am plia desiludión : sign ifica «libera liza ción » cien tífica. de cualquier tipo. con la racionalización llevada a cabo por el hombre. En comparación con aquella creencia trascendente. está creencia en el destino del tiempo y en lá pasión del hacer temporal es igual a una fa lta de creencia positiva. en valores dados objetivar mente> sentido. E l fu n cion a rio especialista — co m o to d o hom bre de disciplina racionalizado—no debe responder ante sí como propio individuo. de un m odo n ovedoso. a disposición de su subjetivi­ dad» para la determ inación de su sentido.5 0 La afirmación de ese día a día es. y están ahora.destino. C on el desencantamiento de ese hechizo surge la necesidad de préguntar nuevamente por el «sentido» de nuestras objeti­ vidades. por la ciencia. respectivamente. L a descripción decisiva de W eber de este individualism o. también de la del «progreso». Ésta. L o positivo de esa fálta de creencia en algo que vaya más allá del destino del tiempo y de la exigencia del día — por ejemplo. la negación de cada tras­ cendencia. a la vez. En contraposición. El progreso significa solamente de ahí en adelante un seguir caminando por los ca­ m inos m arcados del. el político que . valideces—es la subjetividad de la responsabili­ dad racional. com o una pura responsabilidad propia del indi­ viduo frente a sí mismo.72 Ka r l L ó w ií h p ecto al m undo en épocas tempranas era — d ich o racional­ mente—la creencia en el sentido «objetivo». La oportunidad positiva de esa desilusión del hom bre y aquel de­ sencantamiento del mundo a través de la racionalización es la afirm ación «sobria» de lo cotidiano y de su «exigencia». han perdido su sentido objetivo. sino siempre en relación con su puesto frente a cada institución o. sucede a través de la diferencia de dos tipos fundamentalmente distintos de responsabilidad. en especial. con pasión y resignación. en tanto todas las objetividades. la pregunta por el sentido motivada por el desencantamiento del mundo. y así W eber se interroga.5 1 puesto entre comillas.

de por un lado. la fuerza movilizadora en la completa conducta de W eber fue la contra­ dicción. la de una sujeción objetivam ente voluble del individuo responsable de sí. y su contrin­ cante. es ésta: «D e­ m ocracia de líder con "máquina” ». delineado en Contradicción. pp. Puesto en ese mundo de servidumbre. ese resto que persiste de la «época heroica del capitalismo». de Weber. en sí misma y esencialmente. actuarían com o individualidad humana. La fórmula política crasa para el movimiento fu n ­ damental. siempre de nuevo administrada. p or propia responsabilidad. una fórmula que resume su posición dé estar contra la democracia indirigida. y perse­ guir fines que no son calculados por ese mundo. entonces. Por el contrario. 153 y ss. el re­ conocim iento dé un m undo racionalizado. y 415). un opositor que le pertenece. e irres­ ponsablem ente.M ax W eber y K arl M arx 73 en verdad «guía» y el empresario que «dirige». de . W eber se ubica en obvia oposi­ ción a M arx. instituciones. el individuo pertenece como hombre a sí mismo y depende de sí. com o un hegeliano que quiere superar \aufheben\ las contradicciones de la sociedad burguesa en sus principios — aun cuando no com o lo imaginara Hegel a través de la conservación de un Estado ab­ solutamente organizado. oposición·. que allí permaneció. si quisieran responder com o un em pleado {Escritos políticos. aunque sí en función de él. porque se evade de la máquina. El sentido positivo de aquel «movimiento de libertad» que concierne a W eber es al­ canzar los propios fines en ese mundo. fá­ bricas y seguridades. la p recon dición de esa posición es exacta­ mente ese mundo de las «reglamentaciones». pero contra él. sino p or su com pletó apartamiento en una sociedad sin oposiciones— . C on esa afirmación indiferente de la pro­ ductividad de la contradicción. La p osición de W eber es. La posición básica que W ebér tom a en ese m undo racionalizado y que detemina sü «m etodología» es. no por último. pero también contra él liderazgo que no tiene nada que conducir. a las cuales se opon e. Sin em bargo. a través de sí mismo. y p or el otro.

com o hom bre de partido en la tribuna. com o miem bro de una esfera determinada — portando ése o aquel rol. en cada oportunidad. esto es.74 K a r l L o w it h persistir en la contratendencia hacia la libertad de la propia responsabilidad. d ich o co n M a rx . de ese m undo especializado y escolarizado. que pretendía encon­ trar un camino para poder duperar lo humano específico del m undo racion alizado. la libertad hacia la responsabili­ dad de sí del individuo. hum ano enajenado de sí. a veces aquí y otras allá. se revela la individualidad de W eber en la form a propia de su totalidad. junto con la división del trabajo. sino que se la im pone.5 2 Pero precisamente en esa distinción de las esferas de la vida — cuya expresión teorética es la «li­ bertad valorativa»— . porqu e él en verdad no deja m da a esa for­ ma de existencia un deje de «libertad de m ovim iento». En m edio de ese m undo de «especialistas sin espíritu y hom bres de g oce sin corazón».. La unidad de racionalidad y liber­ tad se docum enta de la form a más urgente en la posición es­ pecífica que ha tom ado el hom bre W eber respecto a su p ro­ pia especialización. La expresión inmediatamente humana de esa contradic­ ción fundam ental es la con tradicción interna a lo humano entre hombre y edpecialidta. y hacer tem­ blar en cada caso a alguna carcasa de «servidum bre».. sino la pregunta de cóm o el hom bre com o tal. en medio de su humanidad «parcelada». tener efectos con la fuerza pa­ sional de lo negativo. com o tal y tal— : [. com o docente académ ico en la cátedra. éste . la hum anidad especialista. com o homo religiodud en el círculo más estrecho». Y también aquí corresponde a la unidad y divergen cia de sus intereses disciplinarios la unidad de una contradicción humana.] «com o científico singular em pírico en sus escritos. W eber no se presentó nunca c o ­ m o totalidad. Y también aquí afir­ ma W eb er básicam ente a lo. p o ­ dría conservar. no com o lo fuera para M arx. no obdtante. También aquí la pregunta era para él. en su totalidad. sino siempre sólo.

Y así. La renuncia consciente de W eber a una «humanidad com pleja». pero esa opodición tiene com o precondición constante la anterior dubordinación. el in dividu o co m o tal. así también la salvación del individuo humano significa para él una tal. por encim a o externa a las form as de existencia fácticas particulares de la humanidad especialista m oderna. su deli­ mitación al trabajo disciplinario del especialista — «la precon- .5 3 en el sentido habitual de la palabra). en un m omento determi­ nado — se trate de éste o de aquel rol. pero sí puede forjarse un camino para su persona. Tanto com o W eber presupone en el cam po de la política a los políticos y empresarios que en verdad dirigen — al Individuo—com o ta­ les. la defensa de W eb er de la así llam ada anarquía en la prod u cción económ ica. corresponde a la defensa del derecho de una cada individua­ lidad com o tal. puramente humana. que le concierne com o lo humano. significa para él también no una totalidad indivisible. de la servidumbre sobre todo. de algo grande o p e ­ queño— . W eber puede apoyarse en todo y en nada — posicionarse en cada si­ tuación dada y. en el cual se resume su idea del hombre. totalmente sobre sí— . n o es capaz de rom per la carcasa de la pertenencia y de la membresía uni­ versal. p or eso. a la defensa del «último héroe hum ano» (y él no es ni en un caso un anarquista. sino que un «h om bre» es el individuo cuando se aboca totalmente a su rol singular.M ax W eber y K arl M arx 75 fue el sentido de la «libertad de m ovim iento». que actúan inevitablemente dentro de la burocratización. Ese individua­ lismo. pero ese «alma» no es el alma sentimental de la «m ecánica del espíri­ tu » de Rathenau. sino una en m edio de la falta de corazón del cá lcu lo5 4 hum ano. ni en el otro un individua­ lista. y en con sideración a ella. dentro de la humanidad especializada y y a arrai­ gada en nosotros. Él quiere salvar el «alma» del sobrepoder del «hom bre del orden». Igualm ente. en un momento dado.5 5 Por la fuerza de ese tipo de individualidad. En tanto él se subordina a ese destino se posiciona contra él.

p. en m edio de esa «parcelización del alma». es una renuncia que instala. sobre la cual debía reali­ zarse5 6 ahora el héroe humano. sino tam bién en contraposición externa con aquella «libertad» hacia la cual M arx quiso emancipar «humanamente» al hombre. al­ gún valor. no obstante. el método sociológico de la destrucción de todas las aspi­ raciones incondicionadas de valor de los representantes de las instituciones..5 7 La idea de esa libertad humana no está sólo en oposición al individualismo promedio que Hegel y M arx combaten com o la libertad filistea de la preferen cia privada. en administraciones y conceptos. cuya «realidad austera» es hoy. no . Para edo le sirvió en última instancia. como hombre. W eber creó con ese mé­ todo una plataform a de la negativídad. señala Honigsheim. consistente en que se da un «infor­ me» «sobre el sentido último del propio hacer». y precisam ente ella. sirvió a esa libertad de movimiento. de esa humanidad es lo que él ha caracterizado com o una «m odera­ da honradez intelectual». La expresión intelectual. una dem anda aún más elevada: esto es. También la «sociología». Esa idea de M arx era para W eber una utopía. a la vez. permanecer — p or fuerza de la pasión—en el hacer — en sí— singularizado. y que era para él la libertad de la comunidad mád alta. c o ­ mo el fundamento infundamentado de su postulación de fi­ nes — podría llamárselo también el D ios falso de una humani­ dad vaciada de divinidades— . las cursivas son nuestras). ha combatido W eber en medio de sus esfuerzos por la objetividad científica y política. 531. «Porque nada tiene para el hombre.76 K a r l L o w it h (lición de un hacer pleno de valor. «en un sentido m uy m odera­ d o de la palabra».C . la cre­ encia en fines valorados objetivamente. C on ese «dem onio» de su pasión. en el m undo actual»— . y su héroe humano le habría pa­ recido a M arx una «invocación a los muertos» de los tiempos heroicos de la burguesía. com o si fuera esta creencia un servicio a los fal­ sos dioses y pura superstición — todo ello para salvar al héroe humano— . si no lo puede hacer con pasión» (D .

com o la estructura sobre . radical. Su desarrollo histórico desde Hegel a Marx.5 8 L o que para W eber fue un «destino ineludi­ ble» significaba para M arx nada más que la «prehistoria» de la humanidad. Pero simultáneamente. nada más que un desplazamiento del peso desde la «sociedad bur­ guesa».M ax W eber y K arl M arx 77 obstante. su «esqueleto» y. pasando por Feuerbach El hilo con du ctor específico «marxista» para el análisis del mundo capitalista-burgués no es su «enajenación de sí». por último. y caracteriza a las relaciones de producción ma­ teriales com o la estructura ósea de esa sociedad. del significado arraigado. L a interpretación m arxista del mundo capitalista burgués según el hilo conductor de la enajenación de sí humana I. en M arx la «alienación de sí». Ese discurso de la anatomía de la sociedad burguesa expresa. sino su «anatomía». su «econom ía política» — una expresión que dialécticamente comprende. ahí empezaba para el primero la ética de una «convicción». y donde para el último acababa de ponerse en marcha la verdadera historia. mucho más extensiva y discutible. claramente «no heroica» y sólo el «espectro» de sus grandes épocas. Esa dife­ rencia de sus cosmovisiones e ideas del hom bre se interpreta en la variedad de sus puntos de vista patrones para la inter­ pretación del mundo m oderno capitalista-burgués: en W eber la «racionalidad». primero. al ser económ ico y a la conciencia de sí. plena de responsabilidad. éste. B . en la tesis del marxismo vulgar de la así llamada «base real». en el sentido hegeliano. esa concepción se reúne con la tesis. hacia el «sistema de necesida­ des» como tal. de las relaciones de vida materiales com o tales para todo otro significado y se solidifica. en un m ovi­ miento.

políticamente. desde esa perspectiva. cuyo título es «crítica de la enajenación de sí». económica­ mente». por último. M ás aún don y permanecen fundamen­ tales los escritos del joven M arx también para E l capital'. según Hegel. y lo com batió com o si fuera un materialismo de la historia dogmáticamente económi­ co. extraída y visibilizada desde los escritos del j o­ ven M arx. después a la reli­ gión y la filosofía.78 K a r l LO w it h la cual debe erigirse. sin embargo. sólo el résultado último en el cual «culmina» su revisión crítica de la filosofía del derecho de H egel. los cuales serán también interpretados de nuevo. con la siguiente breve fórmula: criticó a la religión filosóficamente. y un «resultado» es. Esa tendencia viviente del resultado. «Se puede resumir el desa­ rrollo de M arx. En esa form a no solamente tosca sino desviada. será. . Si se deja de lado la pregunta de cuánto el mismo M arx y en especial Engels han prom ovido esta concepción marxista vulgar.5 9 La interpretación específicamente económ ica de to­ dos los m odos de aparición de la vida humana es. la crítica de la economía política se ha colocado en el prim er lugar. D eben considerarse al respecto preferentemente los escritos de 1841 a 1845. una «superestructura» interpretable de m odo puramente ideo­ lógico. con especial consideración hacia el punto de vista rector de W eber de la racionalización. que pueda separarse al joven M arx del posterior. a la religión. según las propias palabras de M arx. el «cadáver que la ten­ dencia viviente ha dejado tras de sí». tras la propia reconci­ liación de M arx con la filosofía. resta todavía el hecho de que. el mar­ xismo se ha vuelto mayoritariamente objeto de crítica y de de­ fensa. pará dejar a éste a la filosofía «marxista» y a aquel a la «burguesa». A sí también lo observó W eber. com o sobre una plataforma autónoma. en lo que sigue. y si el primer capítulo de E l capital de 1867 es un resultado. entonces la tendencia viviente de la cual resulta se encuentra y a en un debate de la Gaceta Re. de 1842.nana. y. Esta delimitación temá­ tica no significa. la filosofía y la política y a todas las otras ideologías.

incluso después de creer haber descubierto la posibilidad del hombre «nuevo» en el proletariado. apenas apare­ . objetivo y subjetivo. D en tro de la filosofía alemana contem poránea. esa ten­ dencia hacia el hom bre como ta l fue el movimiento fundamen­ tal de la transformación de la filosofía especulativa de Feuer­ bach en antropología filosófica. La filosofía que él tuvo frente a los ojos. § 377). en prim era y última línea. en el hilo con du ctor de la autoenajenación humana. En el distanciamiento respecto a ella se desarrolla. C om o hombre. H egel lo determina com o «espíritu» (Enciclopedia. la rea­ lidad que nos rodea. «para ver sü poder y sus limitaciones». y com o m undo humano. com o para Weber. Ese m undo bur­ gués-capitalista se le representa a él.6 0 L o que debe mostrarse primero es que lo que concier­ ne a M arx. tanto en Feuerbach com o en M arx. es el hom bre como tai. la tendencia crítica hacia el hom bre como hombre. L o deseado en última línea fue y perduró una «em ancipación humana del hom bre». así también expresa M arx que sería beneficioso estudiar «a ese amo del m undo».M ax W eber y Ka r l M arx 79 El tema fundamental de M arx es. El hom bre com o tal no desempeña en la filosofía de H egel del es­ píritu absoluto. en la cual estamos posicionados. Según su «esencia» universal. En el prefacio de su disertación y en una carta a R uge (1843). ningún papel fundamen­ tal. M arx se describe com o un «idealista» que tiene la «desvergüenza» de «querer hacer hombre al hom ­ bre». com o hegeliano que es. una inhumanidad. La relación histórica de esas tendencias fundamentales con Rousseau6 1 es evidente. un m undo humanamente invertido. un «humanismo real». com o la última figura de una filosofía absoluta. Y com o W e b e r creyó necesario com prender al «d iab lo» de la racionalización y tener un panoram a de sus «caminos hasta el fin». fue la filosofía de Hegel del espíritu absoluto. y la fi­ gura originaria de su análisis crítico del procesó dé p rod u c­ ción capitalista es una crítica dél m undo burgués. com o una realidad específicam ente «i-rracional».

Aquí. el su­ jeto·. y es precisamente aquí que se muestra su mirada emi­ nentemente realista sobre la «realidad» que le rodea. Y ésta — o sea. En el derecho. nacionali­ dad /creencia. el ciudadano (como burgués). lo verdaderamente universal del hombre. por su parte. aclara H e­ gel.] recon ocidos» cuando aparece «el sentimiento de sí. el objeto es la persona-. bajo el título de que sería el sujeto de las necesidades terrenales. Sólo desde aquí y en verdad sólo aquí.80 K a r l L o w it h ce en la Filosofía del derecho de Hegel. no es de ningún m odo una cualidad «plana. de valer Como personas de derecho en la sociedad burguesa».. posición u oficio diferente posea y eso. Pero ese hombre así determinado no materializa. Este es una mera de­ terminación o particularidad: en Hegel en relación con lo en verdad universal del Estado (que es. en la Filosofía del derecho·. también y solamente. sin clases. más allá de qué raza. en primer lugar. su mero ser humano. en M arx en relación con lo en verdad universal de la sociedad puramente humana. Hegel no negó en absoluto el concepto de hom bre como tal. pe­ ro sólo lo recon oció en consideración con el hom bre de derecho burguéé. L o que él llama «hom bre» es ya. se habla de hombre en ese sentido (§ 190). Hegel diferencia. una figura concreta de la razón). el hecho concreto de la representacion es lo que se Da­ ma hombre.. y com o el sistema de esas necesidades concibe H egel a la sociedad burguesa. sería la «raíz infinita de todas las otras raíces libres». «hom bre». abs­ tracta». la humanidad con derechos burgueses— . Pero explica el verdadero contenido pleno de esa cua­ lidad universal diciendo que es «a través de los derechos bur­ gueses [ . en la familia. en la sociedad burguesa. en la posición moral. el «burgués». sobre la perspectiva de las necesidades. des­ de la cual emerge también la «demandada compensación en- . H egel dice (§ 209 y nota de § 270) que es cierto que cada hombre es. ni para H egel ni para M arx. com o sujeto de las necesidades terrenas. el miembro defamilia·.

Hegel subordina el que. y a través de la crítica de la filosofía divina fundar la crítica. del puro hom bre com o hombre. es sujeto de necesidades terrenas. El completo esfuerzo de Feuerbach fue transformar esa fi­ losofía autónoma del espíritu en una filosofía del hombre. se volverá esa conciencia de sí — estó es. la antropología. esto es. esto es. «hom ­ bre». y se oponga com o algo en sí significativo) au­ tónom o y fundamental a la vida pública. esto es. La determi­ nación general de la esencia del hom bre es y prevalece en la filosofía de H egel no en que él sea. como «hom bre» de dere­ cho burgués. y sólo al hom ­ bre así caracterizado (del cual se puedè tener sólo una «repre­ sentación». católico o protestante). de acuerdo con su esencia universal.del hom bre» (prefacio a los Fundamentad de la fib d ofía d elfu tu ro). estatal. sé m otivó des- . sino de rescatarlo del pantano (“idealista”) en el que fue hundido». H egel creyó más en la espi­ ritualidad del hombre que en su humanidad. H egel se preserva expresa­ mente frente a una absolutización de eéa determinación. Esa ten­ dencia. sino en que sería «espíritu».6 2 La tarea de su «nueva» filosofía del «futuro» él la describió com o sigue: «E n el presente (1843) no se trata aún de presentar al hombre. aun cuan­ do su estructura formal sea la misma — com o «categoría»— . la conciencia de no ser más que un hom bre—«defectuosa» cuando — «tal vez com o cosmopoli­ tismo»—sefije ahí. La tarea era «derivar desde la filosofía del ab­ soluto. en algún sentido. Evidentemente. la necesidad de la filosofía del hom bre. E n correspon d en cia co n ello. pero no un verdadero «co n ce p to » filosófico) lo nom bra hombre.A esta determ inación on to -lógica específica del hom bre (com o «espíritu»). la doctrin a de la «enajenación de sí» significa en él algo fundamentalmente di­ ferente a lo que significa en Feuerbach y en M arx. porque aun cuando cada uno sea igual al otro en tanto que vale sólo com o «hom bre» (y no com o italiano o alemán. el volver al hom bre cosa de la filosofía. desde la teología (filosófica).M ax W eber y K arl M arx 81 tre m odo de pensar y convicción».

un enemigo más peligroso que el esplri­ tualismo o el idealismo especulativo. burgue­ sa-capitalista — su humanidad de especialistas—pudiera ser re unificada de nuevo. junto con los evangelistas. És­ ta com ienza con la siguiente frase. sólo que en «Otro sentido». que el espíritu es lo que vuelve viviente». sin — cóm o M arx—tomar en serio esa particularidad con­ creta y sin mostrar úri camino p or el cual esa humanidad.82 K a r l L o w it h de la tendencia de v olv er a la filosofia cosa de la «humani­ d a d ».6 3 D e acuerdo con su principio an tropológico. Y esto no a través del com unism o del amor del «yo y tú» de Feuerbach. ciudadano estatal. Feuerbach polem iza que también sé trataría de él cuando se habla de la «persona» de derecho y del «sujeto» inorai y de otras formas similares. y de su carácter de clase en particular. fá cticámentedividQa. La crítica del hom bre de la sociedad burguesa de M arx.determ inación particular del hombre de H egel. se trataría siempre de uno y delmidmo hom bré com pletò. Feuerbach se preserva entonces frente a! concepto particular de hombre de Hegel. com enzó en la p o ­ sición antropológica de Feuerbach. que pone en el lugar del hombre realmente individual 1a “conciencia de sí” o el “espíri­ tu”. del hombre de la sociedad moderna. y que enseña. D el mismo m odo. etcétera. empléado. siem­ pre de acu erdo co n el rol y la disciplina. Por­ que sería constantemente ima propiedad característica del hom­ bre el que pueda ser determinado com o ¿je y com o aquél. sino p o r la superación so­ cial de la división del trabajo en general (en su form a hasta hoy existente). Retom a la. en Alemania. citada definición de la Filosofia del derecho y en el lugar donde Hegel dice que sería aquí y sólo aquí (dentro de la sociedad burguesa) que se habla de hom bre en ese sentido. «E l hum anism o real no tiene. F euer­ bach discutió \a. y con ella la del mundo m oderno en general. En verdad. su Crítica de la filo ­ sofía del derecho de H egel comienza con el llamamiento ai retor­ . co m o hom bre privado. Incluso en La ¿agrada fa ­ m iliare identifica con el «humanismo real» de Feuerbach.

Esa referencia debe in­ terpretarse del siguiente m odo: cuando Hegel hace al hombre como ta l una cosa tan especial. un valor com pletemente diferente y. Porque a esa singularización. el hom bre como ta l y «sim ple­ mente». tanto frente a otros com o frente a sí mismo. pero meramente subordinada. puesto en su form a de valor burguesa — «com o general o ban­ quero». cumple uno «muy m odesto». parcialmente cosa. asimismo parciales— . A sí también. M arx com para al hom ­ bre de la sociedad burguesa con la mercancía com o producto del trabajo simple^ Porque com o ella. por así llamarlo. él posee un discutible «doble carácter» — hablando económicamente. en esa división en apa­ riencia puramente teorética del hom bre no se refleja otra co ­ sa que una objetiva falta de «espíritu» o in-humanidad en las relaciones de existencia en verdad vigentes de la humanidad moderna. la misma constitución natural. lo que ella sea de acuerdo con su constitución natural es. com o es el sujeto de derecho burgués de las necesidades — entre otras d e ­ terminaciones. fi­ jación y autonom ización objetivam ente dominante d e las sólo . corresponde una separación. C om o mercancía o com o trabajo corporeizado es tan valiosa com o otra mercancía indetermi­ nada. sin em bargo.M ax W eber y K arl M arx 83 no. como «mercancías». M arx se refiere lacónicamente a ello en su nota al § 190 de la Filosofía del derecho de Hegel. una «form a va­ lor» y una «form a natural»— . desde la teología hacia la antropología de Feuerbach. mundanas. en form a natural. fijación y autonomización teorética. más o menos indiferente.6 4 El retorno a Feuerbach6 6corresponde a una polém ica dirigida en el mismo sentido. en relación con eda otra. el hombre de ese mundo de mercancías. M ercan­ cías deseadas pueden tener. contra la determina­ ción particular del hombre de Hegel. a esa «racionalización» del hom bre en cada m odo de existencia peculiar. un especialista fijado y dividido a través de su activi­ dad objetiva—cumple un gran rol. p or­ que esa crítica sería la pre condición de toda otra crítica de las relaciones de los hom bres terrenas. en cam bio.

y el ciudadano de Estado público con su moral pública. el hombre del ofi­ cio y la especialidad moderna. que se vuelven las con­ crecione. que no conciernen al hombre en su totalidady com o tal («simplemente»). En todas esas impresiones parciales del ser humano se visibiliza también el hombre com­ pleto com o tal. pues una particularidad es sólo con consideración. Y porque esas posiciones y rendimientos sociales son condicionados. especiales y autonom izadas en su esp ecificación — com o el tal cosa y el tal otra— . abstraídas del hombre «simplemen­ te» son. una me­ ra construcción de pensamiento. hom ­ bre privado en diferencia a su vida pública. y sobre todo la división.4.: de la sociedad burguesa en dos m odos de existencia separados y contradictorios: el hombre privado con su moral privada. el hom bre de cíase burgués y proletario. en tanto con­ creciones del ser humano. siempre solamente de una forma totalmente con dicio­ nada y delimitada. hombre de oficio en diferencia a su vida de familia. por el contrario. en ge­ neral abarcadora. sino sólo. según la cual el hombre como tal sólo es una particularidad. en esencia. pero no com o hom bre sin contradicciones y puro. de m odo primario y mayóritariamente. p or un lado. Él es hombre. en tanto así llamado hom­ bre privado. a un especialista. en cada ca­ so. pero sí en tanto es ese A lgo fijo. en todas esas impresiones del ser humano. por ejemplo. El hom bre «simplemente». de hecho abstractas. sino la expresión teorética­ mente adecuada para una «inhumanidad» objetiva de las reía- . según su posición y rendimiento. el hombre de trabajo intelectual o corporal. Él es «hombre». así tam poco es la definición de H egel del hombre. por ejem­ plo. Esas concreciones abstractas.84 K a r l L o w it h parciales impresiones del ser humano. a otra particularidad. p or la existencial pregunta económica. en tanto está determinado esencialmente a través de ésa o aquella particularidad. no tie­ ne en una sociedad tan diferenciada y separada (racionaliza­ da) ningún rol fundamental. en la sociedad burguesa. por las «necesidades» terre­ nas. por el otro. en cada caso.

su expresión políti- . en él. y no sólo a las particularidades singulares dentro de aquella parti­ cularidad total que presenta al hom bre burgués como tal. M arx persigue esa enajenación de sí fundamental y general del hom ­ bre del orden estatal. y es a él al que se dirige. la aparente obvie­ dad que — para el hom bre de la sociedad burguesa—afirma que es el burgués el que. del orden social y del orden económ ico m odernos — esto es. sino con el «mundo» del hombre. pero no com o la totalidad humana y filosófica fundamental. burguéscapitalista — un signo de que el hom bre como hombre. com o y a descubierta. del hombre de la so­ ciedad burguesa. del m ismo «orden » que viene a nuestro encuentro. com o el destino ineludible de la racio­ nalización— . Porque es el hombre.M ax W eber y K arl M arx 85 ciones de existencia vigentes del m undo m oderno. M arx exige una «emanci­ pación del· h om b re» no sólo política y econ óm ica. que en la filosofía del espíritu de H egel está tan oculta todavía. Ésta no se relaciona con el hombre com o «ego y al­ teregó» (Feuerbach). es común. por tanto. Esto es. en sentido verdadero. en W eber. com o tal y en su totalidad. sino «humana». Él es esencialmente zoonpolitikon. sin per­ der6 6 con ello su fundam ental sentido an tropológico. está enajenado. y por eso se com pleta la crítica del hombre del m undo burgués de M arx com o crítica de su sociedad y de su economía. La expresión económ ica de su problemática es el mundo de las mercancías·. interna a loé hombres. p o ­ lítica e inmediatamente social. en su problematización humana. A sí es que a él le concierne desvelar aquella particularidad total. En orden a liberar al hom bre de su particularidad total infrahu­ mana y superar \aufheben\ la enajenación del hombre simple­ mente en una especialidad humana. La convicción de que la filosofía del espíritu de Hegel con­ tiene al hom bre sólo com o una particularidad. es «hom bre». porque él mismo es su mundo social. desde el cual parte M arx. y a en el inicio. en todos los campos: en su form a económica. a F euerbachy a M arx. le concierne desvelar.

en que [■■. donde de habla de ella como tal. en su opinión. la existen­ cia del proletariado. Éste contiene la primera y ejemplar revelación de aquella in­ versión fundamental de «m edio» y «fin». .86 K arl L o w it h ca.. II. XLIII La expresión económ ica de la enajenación de sí humana es la «mercancía». por eso.] la dociedad burguesa moderna edtá dada y que lad categorías expredan [ . com o el carácter verdadero de todod los objetos del m undo m oderno. El sentido humano y social-critico básico de esos análisis económ icos tiene expre­ sión directa en E l capital solamente en explicaciones transito­ rias y en notas. el carácter ontològico fundamen­ tal de nuestros ob jetos en su totalidad: su objetualidad. p. de debe diempre indùtir en el desarrollo de lad categorías económicad.] formad deder-ahí. En cambio. sino que ¿« ella es­ tá contenido.I. o respectivamente.. y. 2 6 6 y ss. p p . de ningún modo comienza justo ahí.). la contradicción entre el Edtado burgués y la sociedad bur­ guesa. determinacioned de la existencia.6 7 D e ahí que E l capital co ­ mience con el análisis de la mercancía. a menudo dòlo adpectod dingulared de eda dociedad determinada. su expresión inmediatamente humana-dociaL. también científicamente. La expresión económica de la enajenación de sí en la «mercancía» Como en toda ciencia histórico-docial. com o la de las codas. Esa form a m ercancía o estructura de la mercancía caracteriza tanto la enajenación de la individuali­ dad del hombre. en el sentido de M arx. es fácil de reconocer en el debate sobre la ley del rob o de leña de 1842 (W . 1. Para L acrítica de la economía política. su «form a mercancía». La m ercancía. en que la economía. significa no una form a de objeto entre otras.

com o la mercancía. res1 · pectivam ente. n o puede p o r lo tanto erigirse. p or m edio de la presuposición de que esa cosa. no es lo mismo para el poseedor com o propieta­ rio privado que para un no poseedor. una «potestad objetiva». en la «cosa»—está con­ cluida. C om o leña. com o que quiere cancelar esa enajenación. el otro hom bre no le viene en consideración tam poco com o hombre. sólo com o ladrón de le­ ña. Una enajenación de di es la renuncia en una cosa. porque ella misma — igual qué la mercancía—es ya una expresión objetiva de las relaciones «políticas» — en el sen­ tido de la palabra— . tiene un ca­ rácter de fetich e. com o un «idealista». a esa «exterioridad» cumbre. L o que M arx quiere decir en el debate es. M arx describe en la disertación com o «materialismo» al comportarse hacia sí mismo com o hacia algo otro y ajeno. y el hom bre. sino una cosa de significado econ óm ico y social. lo siguiente: la lefia que pertenece a alguien y que puede ser robada no ed leña solamente. com o hom bre que tiene esta conciencia de sí particular y «limitada» y al que. Por eso pueden «ven cer los falsos dioses de madera y sacrificarse las víctimas humanas»: Cuando la leña y el poseedor de leña como tales decretan leyes. en la cual la enajenación de sí del hom ­ bre com o axitorrenuncia — precisamente. algo inhumano — mera leña—que determina al hombre y lo «subsume». o preferentemente. más que en el punto geo­ . fin último. Una pena correcta. mientrad que él no es ca­ paz de determinar hum anay socialmente sus relaciones cosificadas y dominárlas. sino.M ax W eber y K arl M arx 87 de «cosa» y «hombre». y se define a sí mismo. por lo tanto de significado humano. que la roba. El hombre puede ser determinado por la mera «leña». de acuerdo con su más propio sentido. de nuevo. en esa forma significativa. com o p oseedor de leña. sea para el hombre. porque. por consiguien­ te.En ambas perspectivas la cosa muerta es. no se diferenciarán esas leyes en nada. humana y n o sólo jurídicam ente. mientras que uno se sepa única y solamente. en principio.

com o está contenida en la demanda de igual podedion. una medida del hombre. Proúdhon contrapone [. Ese materialúrrw infame (ese pecado contra el espíritu santo de los pueblos y de la humanidad) es una consecuencia inmediata de aquella doc­ trina que predica el legislador. y no resolver políticamente la tarea singular material. a la propiedad privada.. también las cosas mis­ mas se vuelven ahora..] a la vieja forma del tener. Se codifi­ can la¿> relacioned huihanad a travéd de que leu) relacioned codificadas de humanizan en potedtaded cuadiperdonaled dobre el hombre. no resolverla en relación con la completa razón de Estad o y la moralidad estatal (W!I. p. esa aparente «cosa-en-sí».88 K a r l L ó w it h gráfico én el cual. lá posesión. 1. a la vez. empero. se concibe aún la reapropiación misma del mundo objetivo bajo la forma nacional-económica de la posesión. dé m odo aún más expresamente crítico. contra Proúdhon. esto es. se vuelve m edida del ser y dél com portam iento del hom bre se­ gún relaciones sociales determinadas. Esa in­ versión es un «materialismo infame». En La dagrada fam ilia éste subraya. que la interpretación meramente nacional-económ ica de una situación de ese tipo. el periódico estatal prusiano. 304). o el querer cancelar la expresión nacional-económica de la humana enajenación de sí. A la posesión él le atribuye una «función social». en Marx. lo «interésante» . y el lenguaje en el que son dadas. Ya que su crítica de la economía na­ cional todavía está atrapada en las presuposiciones de la econo­ mía nacional. y que dicta que en una ley sobre leña sólo hay que pensar en leña y en bosque. Este sentido radical hu­ m ano de los análisis econ óm icos se m antiene después. Pero en tanto algo com o la leña. En una función ño es. juntó con la «cosificación» de la conciencia de sí humana. presenta una expresión todavía enajenada de la general enajenación de sí humana: Que Proúdhon quiera cancelar el no-tener y la vieja forma de te­ ner se identifica por completo con su querer cancelar la relación prácticamente enajenada del hombre frente a su esencia objeti­ va.

. ¿C ó m o se llega a que. es a la vez el ser-ahí del hombre para otro hombre. 139-140). También aquí M arx pregunta de dónde surge la «extrañeza» con la que los hom bres se com portan respecto a sus propios productos. de tal m odo que éstos no tienen y a bajo su poder «la form a de su comportamiento mutuo».7 0 Pero la división del trabajo sólo puede ser en verdad cancelada so­ . vigente hasta hoy.6 8 Esto es. 248 y ss.) . Esa transformación significa no sólo una cancelación de la división del trabajo en intelectual y corporal. y 271 y ss. dentro de la involuntaria «autonom ización de los intereses personales hacia intereses de clase. y «el poder de su propia vida se vuelve sob rep od eroso contra ellos». esto es. pp. Proudhoii no logró dar una explicación que esté a la altura de ese pensamiento. de esta manera él no la cancela realmente. enajenar y a la vez prevale­ cer com o un poder independiente [ . en su raíz. La misma pregunta postula también La ideología alemana. enajenada de que el objeto. sino tam bién una cancelación de la contraposición entre ciudad y campo. que por sí misma sólo es «la más crasa expresión de la subsunción del individuo bajo la división del trabajo» (La ideología alemana. su relación humana hacia otro hombre. aun cu an do n o sea tratada de la misma manera. el comportamiento social del hom­ bre hacia otro hombre. como ser para el hombre. Proudhon cancela la enajenación nacional-económica (sólo) dentro de la enajenación nacional-eco­ nómica (Obradpódtumad..] de él. La representación de la «igual posesión» es la expresión nacional-económica. como ser objetual del hombre. sino afirmar mis propias fuerzas esenciales y materializarlas. de m odo que «sus relaciones se autonomizan contra sí mismos». sin él·»?6 9 La res­ puesta de M a rx es: a través de la división del trabajo. II. pp. La completa forma de tra­ bajar. debe ser canceladay transformada en una total «actividad propia».M ax W eber y K arl M arx 89 el «excluir» al otro. el comportamiento perso­ nal del individuo se deba cosificar. ese fundamento de la racionalización.

dominante e indiscutible. y sin embargo nosotros ve­ mos que conduce al hambre y al sobretrabajo.90 K a r l L o w it h bre la base de un orden comunitario comunista. a través de un curioso juego del destino. y la existen­ cia humana se rebaja a fuerza material. dentro de la divi­ sión del trabajo. el cual vuelva generales no sólo la posesión. uno claro. La humanidad se vuelve señora de la naturaleza. Ese antagonismo entre industria moderna y ciencia aquí. en fuentes de la desposesión. como no podía adivinar ningu­ na época pasada de la historia.] El resultado de todos nues­ tros descubrimientos y de nuestro progreso parece ser que las fuerzas materiales están dotadas de vida espiritual. pero el hombre es esclavo del hombre o esclavo de su propia vergüenza. Por otro lado se hacen notar los signos de una decadencia que ensombrece los muy citados temo­ res de los últimos tiempos del Imperio Romano. sino al ser humano mismo en todas sus exteriorizaciones. Por el contrario. M arx resume su con cepción fundamental de ese m undo invertido en una mirada hacia la «así llamada» revolución de 1848.. Algunos partidos puede lamentarse de eso. La máquina esta dotada con la fuerza maravillosa de acortar el tra­ bajo humano y de volverlo fructífero. tan inevitable que la diferencia (no comunista) «éntre la vida de cada individuo en tanto es personal y en tanto está bajo cualquier rama del trabajo y las condiciones a ella pertenecientes.'1 Diez años después de La ideología alemana (1856). esa oposición entre las fuerzas de producción y las relacio­ nes sociales de nuestra época es un hécho. La victoria del arte pa­ rece alcanzarse con pérdida de carácter. otros pueden desear extirpar las capacidades modernas para así extir­ . de la siguiente manera: Hay un gran hecho que es característico del siglo X IX y que nin­ gún partido puede negar. miseria moderna y decadencia allá. Por un lado. es subsumid a ». [. En nuestro tiempo. la «autonom ización» de las relaciones socia­ les hacia relaciones de cosas es inevitable.. Las fuerzas de la riqueza recién liberadas se vuelven. han despertado a la vida fuerzas industriales y científicas. parece que cada cosa está preñada de su contrario.

el quiebre decisivo con el «humanismo real» de Feuerbach. a la mano del consu­ midor. E l capital no significa todavía una mera crí­ tica de la economía política.mercancía autonomizado (ya se trate de productos económ icos o intelec­ tuales. el p rod u cto dom ina sobre el hom bre. no desconocemos al espíritu astuto que avanza. sino que lle­ ga al m ercado de mercancías m oderno com o valor. M arx completa. . Y sin embargo. M arx fijó ya en la introducción a la Crítica de lafilosofía del dere­ cho de H egel quiénes serían esos «hombres nuevos». para poder erigir una buena obra. La «cé­ lula económ ica» de esa econom ía es la forma mercancía del producto del trabajo. no es prod u cid o ni intercam biado inmediatamente com o cosa de consum o para la propia necesidad. Consiste en que. la posibilidad de su realización y superación. pleno de energía. com o com prador de mercancías. sino una crítica del hombre de la sociedad burguesa. los llama­ dos a levantar la general enajenación de sí: «Ellos son los tra­ bajadores». por lo que nos concierne. Con eso. en la sociedad burguesa-capitalista. la filosofía del «humanismo real». com o «socialismo ciéntífico». Nosotros. O pueden imaginarse que un pro­ greso tan reconocible hacia un perfeccionamiento en la econo­ mía necesita de un retroceso igualmente reconocible en la polí­ tica.'2 Esa autonomización del objeto de consum o hacia la «m ercancía» ejemplifica una vez más la relación general que postula que. Nosotros sabemos que las nuevas fuerzas de la sociedad. sólo necesitan de nueva) hombres (La revolución de 1848 y elproletariado). de un m ercado ganadero o de uno de libros) y justo por ese atajo llega desde la mano del vendedor. en La ideología alemana. para el que la mercancía sólo tiene un valor de cambio. en el hilo conductor de su economía. lo que en su fin originario está dado para el consumo. encontró la «praxis social» a él perte­ neciente. para dar forma a to­ das esas oposiciones. Esa mercancía es (igual que la «leña» en el debate) una expresión económ ica de la enajenación de sí.M ax W eber y K arl M arx 91 par los conflictos modernos.

Mediante este quidpro quo. respectivamente—es. es sólo la relación social determinada existente entre ellos. sino com o cosa de consum o. ella «se mantiene no sólo con sus patas en el suelo. Otro tanto ocurre en él mundo de las mercancías con los ¡productos dé lá mano humana. que cuesta dinero — com o cuesta el trabajo mismo. en cosas sensorialmente supra­ sensibles o sociales. p o r libre determ ina­ ción. De ahí que pa­ ra encontrar una analogía pertinente debamos huir hacia la re­ gión nebulosa del mundo religioso.. es sólo aquello qüe no es com o «m ercancía» precisamente. pues. com o corresponde a la «relación natural de las cosas» — dicho con el giro prudente de W eber— . para los hombres. los productos del traba­ jo se convierten en mercancías. En él los productos de la mente humana parecen figuras autónomas.] Lo que aquí adopta. dotadas de vida pro­ pia. ante los hombres él carácter social dé su propio trabajo como caracteres objetivos inherentes a los productos del trabajó.92 K a r l L o w it h pero no al revés. en primera instancia. una rela­ ción social oculta. C on la me­ ta de desvelar el p roceso de esa inversión. la mesa común es una cosa «sensible-suprasénsible»/3 L o que en ella. A esto lo llamo el fetichismo qué se adhiere a los productos del trabajo tan pronto se producen como mercancías. en que también refleja la relación so­ cial que media entre los productoresy el trabajo global como una relación social entre los objetos. sino que se pone de cabeza frente a to ­ das las demás mercancías y de su testa de madera brotan qui­ meras m ucho más caprichosas que si. como propiedades sociales naturales de dichas cosas y. comenzara a bailar»: Lo misterioso de la forma mercantil consiste sencillamente. M a rx realizó el análisis de la «apariencia cosiíicada» de las modernas relacio­ nes sociales de trabajo en el «carácter de fetiche» de las mercancías. C om o mercancía. . L o que ella es com o mercancía. por ende. en relación unas con otras y con los hombres. en que la misma refleja.. sin más. o el tiempo de trabajo. D e ese m odo. [. existente al margen de los productores. es sensorial. la forma fantasmagórica de una relación entre cosas.

D e m odo inverso. las relaciones cosificadas entre mercancías reciben e l carácter de relaciones cuashperdonal&tf entre cuerpos de mercancías activos. cosificadamente vela­ da a través de la forma-valor fija y completa de las mercancías en la form a-dinero/5 de tal m odo que parecería que puede sólo cambiarse el precio de las mercancías. en la misma medida. Los hom bres no tienen en prin ci­ p io ninguna conciencia de.M ax W eber y K arl M arx 93 y que es inseparable de la producción mercantil (ELcapital. I. 6. pero no el carácter de mercancías com o tal de los objetos de consumo. porque también su autoconciencia está. las relaciones sociales de las personas en sus trabajos aparecen7 6 en tod o caso. en un mercado regulado p or sí m ism o7 4 . Pero al mismo tiem po. 38-39). pp. eso — dice M arx—debería ser com prendido inmediatamente cuando se com para a éstas con otras relaciones históricas so­ ciales y económicas. Que un orden económ ico socialmente condicionado de tal rhodo. esa inversión. Puesto que los productores de mercancías. entran en contacto Humano-social — esto es. esto es. es en verdad Uno totalmente invertido. Porque. por ejemplo. com o . puramente «objetivo»—en pri­ mer lugar solamente a trayés del intercambio de sus mercan­ cías como mercancías. a la «oscura» Edad M edia y a sus relaciones de de­ pendencia personales. Esa mutabilidad aparece. com o produc­ tores de mercancías. cosificada. sino com o puras relaciones «objetivas» éntre ellos.M arx afirma que esa inversión vale para una form a social y económ ica que no sólo ha Llegado a der así-y-node-otro-m odo. sino que tam bién es históricamente mudable. de objetos de cuaLfuier tipo en forma o estructura de mercancía. en donde el producto del trabajo com o mercancía se vuelve autónomo frente a su productor. en esa época. en principio. a los mismos productores las relaciones dociales que están en la base de las mercancías se les aparecen no com o relaciones sociales de trabajo entre hombred. com o quiera que se juzgue.

él expli­ ca (§ 61) que una cosa arriba a su propia determinación pre- . su particularidad y no su universalidad. En el § 67 de la Filodofía del derecho. A l retrotraer el carácter de mercancía al de consum o no cabe sólo una des-capitalización. pp.). en du totalidad. D esde la perspectiva de eda relación. con trapon ien do otra v e z la «transparencia» de sus relaciones sociales respecto á los p ro­ pios productos del trabajo con la oscura inversión del m undo1 de m ercancías m odern o — su inhum anidad— . M arx desarrolla la posibilidad de un fu­ turo orden social com unista. es aquí su form a social in­ mediata» (Elcapital. La form a natural del trabaj o. trabajadores y productos no necesitan tomar una form a fantástica. El m undo de mercancías sólo puede ser superado a través de una funda­ mental transformación de las relaciones de vida concretas del hombre. porque éstas tendrían. cuya naturaleza hu­ mana consiste.7 7 sino la necesidad de retornar desde el hom bre parcial. zoon polilikon. 6. 4 3 y sS. pudo ser legitimado por Hegel positivamente. Adem ás.94 K a r l LO w it h dudpropiad relaciones personales y no están «disfrazadas de re­ laciones sociales entre cosas». I. según M arx. Esa enajenación personal es igualada expresamente p o r H egel con la relación del hom ­ bre hacia la coda. en que él es. En consonancia con esa perspectiva histórica. en esa delimitación. com o ba­ se de la producción de mercancías. diferente de su realidad. cosificadamente autónomo. fundamentalmente. C om o aquí las «relaciones de dependencia personal son las que construyen el fundamento social dado. Hegel explica que el hombre p o ­ dría enajenarde de sus particulared posibilidades corporales e in­ telectuales en la actividad de producciones dingulared y en un consum o delimitado en el tiempo. sólo una relación «externa» respecto a la «totali­ dad» y la «universalidad» humanas. en esa ép oca es característico que aquello que M arx niega com o una «autoenajenación» del m oderno mun­ do de los hombres y que W eber afirma com o un «destino ine­ ludible». a u n hombre «natural».

un esclavo. El esclavo ateniense tenía quizá menos obligaciones y trabajo intelectual que el que. esto es. está en realidad más someti­ d o que el esclavo antiguo. Cuando Se ha realizado el completo consumo de la cosa — esto es. lo que Hegel extrae de ello: esto es. legalmente «libre». Porque no obstante él es jurídica­ mente el propietario de su capacidad de trabajo y estaría en . la totalidad de las exteriorizaciones humanas de la vida y el consum o total de las fuerzas humanas es idéntico con el todo mismo de la vida sustancial. precisamente. Y así surge en él el curioso agregado siguiente (al § 67): «La diferencia aquí dis­ cutida es entre un esclavo y el servidor actual. o el jornalero. su «exterioridad». Pero la filosofía de Hegel. en la total extensión de lo que es. de lo que en apariencia es completamente «externo» a la cosa «misma» o «en sí»— . que e l trabaja­ dor a sueldo. no podría absorber la totalidad real del hombre completo y determinarlo en su totalidad com o una particularidad. sólo p orq u e en s í es una relación «delim itada» y «externa» del hom bre respecto a sí mismo. para la cual lo «universal» del hom bre era el «espíri­ tu». Asimismo. o alienarse — sin minimizar la «exteriori­ dad» filosófica de una relación com o ésta— . aparece lo que ésta es propiamente en primera instan­ cia. su consumo. y la exterioridad realizada. tienen nuestros actuales servidores. sin embargo. regularmente. en una pro­ d ucción singular. Con él consumo de una cosa Se apropia la cosa misma. y ésté es el sentido originario de «propiedad». singular. M arx concluye a partir de ello exactamente lo contrario. no obstante. para el consumo— . D e esa identidád de la süstancia'de la vid a personal con la totalidad de sus exte­ riorizaciones no sé sigue. pero era. La Sustancia de la cosa es entonces. en consonancia con él para qué ella está ahí (con su naturálezá de cosa) — esto es.M ax W éber y Karl M arx 95 cisam entey justo a través de que es utilizada y consumida p or el hombre. dentro de un tiem po diario limitado. no depende de esa realidad irracional. que una actividad particular. porque la exten­ sión total de su actividad era enajenada».

en oposición a ella. y la sociedad burguesa o. en to d o caso. 2 6 8 y ss. Crítica de lafilosofía delderecho de Hegel. La expresión política de la enajenación de sí humana en la sociedad burguesa La abstracción del Estado como tal pertenecejusta­ mente a la época moderna. él se vuelve de ese m odo totalmente una «mer­ cancía». en parte. ciudadano pú blico del Estado.96 K a r l L ó w it h igual condición que el poseedor de los medios de producción. y la correspondiente crítica de M arx en Obradpódturnad.I. Él es. porque ésta. la contradicción en di mismo del hom bre de la so cie d a d burguesa y del Estado burgués. a la vez el problem a universal de la sociedad m oder­ na. sino «sólo» a su fuerza de trabajo y a ella la ven de tam bién. W. pp. su fuerza de trabajo vendible. El hombre real (de esa época moderna) es el hombre privado de la constitución del Vetado actual. porque la abdtfacción de la vidaprivada pertenecejustamente a la época moderna. p. es lo único que defacto «posee» y debe enajenarla para poder vivir (E l capi­ tal. p ero ni com o éste ni com o aquél es un . pp. porque. hombre privado y. 4 57 y 499. (Com párese al respecto la form a «a corazón abierto». 1 30 y ss. I. en. pa­ ra M arx. parte. I. III. y no se vendería a sí mismo. de tal m odo que su destino no tenía un significado general. Ese «libre» esclavo asalariado encama. productora de mercancías. la form a cínica con la que H egel distingue entre totalidad humana y exterioridad. \ - L a expresión específicam ente política de la autoenajenación humana es la contradicción interna entre el Estado moderno. o mejor. respectivamente.). solam ente p o r un tiempo limitado.). el esclavo antiguo estaba fuera de la sociedad «humana» que en­ traba en consideración. en el derecho natural de H u go § 144.

La crítica de esa particularidad del hom bre de la sociedad burguesa se une inmediatamente. a una forma invertida. de La sagrada fam ilia pueden permanecer aquí desconsideradas). p. L o especial en el hom bre burgués. Él «mistifica» absolutamente lo empírico. L a crítica tem ática de las relaciones sociopolíticas fundaméntales del m oderno m undo de los hombres la desa­ rrolla M arx. A m bos tratados muestran de manera sistemática la autoenajenación humana en su form a político-social. a su estructura ontológica. privilegiadamente un hombre privado y. sino que él postula lo que es com o si fuese la esen­ cia del Estado» (W. 1. un hombre «sin con­ tradiccion es». así también la crítica de la sociedad burguesa y del Estado burgués con ­ cierne a la esencia del burgués cóm o tal. sobre todo. Bauer (las referencias. y no de otro m odo. de tal m odo que el contenido de sus explicaciones es . La particularidad humana que es combatida en esos escritos no es el hom bre com o poseedor de dinero y de mercancías. relacionadas de m uchas maneras. esto es. Y así com o la crítica de la mercancía concierne ai carácter dé mercancía de todos nuestros objetos. para M arx. con la crítica de Hegel de la sociedad burguesa. pero asistemáticas. a esa form a determi­ nada de ser humano.7 9 Porque «a Hegel no se le debe reprochar que esquematice la esencia del Estado moder­ no com o es. esto es. esto es. a la humanidad privada. de la mano de la crítica de la filosofía del derecho7 8 de Hegel y en discusión con el tratado sobre la cuestión judía de B.I. 476). a la pri­ vacidad. lo que lo destaca para sí. La crítica de la econ om ía com o crítica de la econom ía «política» y a es indirectamente una crítica de las re­ laciones de vida sociales y estatales de la humanidad que se organiza económicamente así.M ax W eber y K arl M arx 97 hombre «com pleto». en diferencia y oposición a la universalidad pública del ser-ahí. cosificada de ser humano. en ese sentido. com o «hom bre». en tanto lo separa y lo recorta de la universalidad de la vida pública es que él es. un «burgués». hasta en lo más singular. sino la particularidad humana como tal.

L o que Hegel y a con oció y M arx vuelve el punto cen­ tral es el QSLrÁct&rJundamentalmente privado del hom bre dé la sociedad burguesa.] Para comportarse como real ciudadano del Estado. abstraerse de ella. Su existencia como ciudadano estatal es una existencia que radica fuera de sus existencias comunitarias.98 K a r l L o w it h del «materialismo más craso» (¡) (W I. 526).I. 494) .8 0 M arx combate esa separación de los intereses particulares y generales. retrotraerse desde esa completa or­ ganización hacia su individualidad. Coma ciudadano real. es puramente in­ dividual» (W . sólo como individuo. porque la existencia del Estado como gobierno está acabada sin él. 1. él debe salir de su realidad burguesa. fuera del Estado. Hegel es ma­ terialista en cuanto reconoce lo que existe defacto com o algo internamente necesario y lo postula absolutamente en la filo­ sofía. la burocrática — que es una determinación formal externa del Es­ tado trascendental. Lb que Hegel presenta en los hechos no es otra cosa -en la interpretación de M arx—que el conflicto universalmente válido entre la sociedad burguesa y el Estado· «L o más profun­ do en H egel reside en que él percibe la separación de la socie­ dad burguesa y la política com o una contradicción. él se encuentra en una doble organización.I. [. que no afecta ni a él ni a su realidad autónoma— y la social. 1. de la potestad de gobierno.. ella no afecta al Estado político como tal. p. p or ende -com o posición privada— . para adquirir significación política y efectividad. p... 492). Pero lo falso es que se conform a con la apariencia de su disolución» (W. en verdad una posición no política'.1. La posición de la sociedad burguesa es. la organización de la so­ ciedad burguesa. él se pósiciona como hombre privado. Sólo en contradicción con esas comunida­ des dadas una vez. que a la vez contrapone al hom bre viviente en ellos < .. Porque la única existencia que él encuentra para su ciudadanía estatal es su pura individua­ lidad desnuda. En ella. él puede ser un ciudadano estatal. y su existencia en la sociedad burguesa está acabada sin el Estado. p.

desde «las form as propias de la realidad existente». o. en general. 1. y con ella del hombrease completa com o superación \Aufhebung\ c r ít ic a y m Iü com o superación de l a — presupues­ ta—contradicción burguesa de lo privado y lo público. Y en los hechos. el principio materializado del individualismo. C om o hombre privado.I. de la vida privada de sus ciudadanos. respectiva­ mente. tan extraña com o permanece por otro lado su vida privada respecto al Estado. c o ­ m o Estado administrativo burocrático racionalizado. para sí. 572 y ss. en diferencia con la universalidad pública. la existencia individual. Su Estado es un Estado «abstracto» porque él se abstrae. de la vi­ da real. com o ju «res pública». P orque com o ciudadano estatal el burgués es — en tanto él es.8 2 así describe M arx en una carta (W.) su empresa. personalinente en el Esta­ do. p. esto es. la form ación «positiva» de su idea de una sociedad humana. 538). a partir de la crítica de ese m undo en vejecid o.I. por ende. para el cual todo es medio. externo. La sociedad burguesa actual es. La determinación del hom ­ bre de ser miembro del Estado sigue siendo necesariamente una determinación «abstracta». la «verdadera realidad y su deber ser com o su fin últim o». en tanto las modernas relaciones de vida reales presuponen una separación de la vida real res­ pecto a la vida estatal (W . desde el conflicto del hom bre de la sociedad burguesa con sigo mismo. p orqu e ¿óLo «p olítico».8 1 D esarrollar desde el con flicto de ese Estado fundam en­ talmente no político. el fin último. ese mismo hom bre sólo es una form a privativa de ser humano.M ax W eber y Karl M arx 99 en una existencia preferentemente privada y una pública. pp. 1. para encontrar de esta manera el nuevo m undo. extraño. tanto com o ellos se abstraen de él com o hom bres individuales. La hu­ manidad privativamente-privada del hombre de la sociedad . En la com unidad comunista se trata exactamente de lo contrario: en ella parti­ cipan los individuos como ¿«3¿V ¿<?í¿<w . c o ­ m o una auto enajenación humana. hom bre p riv a d onecesariamente algo otro.

p. 1. en o p o sició n explícita co n aquel com unism o «real» (de Cabet. 437 ). la destrucción de cada particularidad religiosa del hombre. mientras ellos n o sean «hum anam ente» emancipados. judío — acuerda M arx con Bauer— .I. sería sólo una cara de la total «realidad de la esencia humana verdadera». Mientras el Estado sea cristiano y el judío.I. Porque la religión nó sería y á el fundam ento. Weitling y otros) que sigue siendo una «abs­ tra cció n dogm ática» — es decir. El verdadero fun­ damento. Porque una emancipación política de los judíos sería irrelevante. en cambio. y que lo vuelvafundamentalmente un hombre comunis­ ta. de la esencia privada» (W . L a en apariencia más concreta pregunta sobre cóm o los judíos podrían ser políticamente emancipados en Alemania es resuelta por M arx inmediatamente con la pri­ mera oración. según M arx. 573). sino sólo el fenóm eno. « ¿ P o r qué les digusta tanto su especial servidumbre. 581). también su existencia «teoré­ tica». universal. tom ado así para sí.I. 1. en tanto es una «aparición del prin cipio humanista aún contam inada de su contrario. ambos son tan p o co capaces de . emancipados humanamente. «selecta»^. p. una form a de delim itación que ni la A ntigü edad ni la E d a d M e d ia habrían c o n o c id o (W . también el «com pleto principio socialista». el m o d o de aparición de la limitación humana (W . autonomizados. p. que de­ berían supuestamente em anciparlos.100 K a r l L o w it h burguesa debe cancelarse en una com unidad que aprehenda la completa esencia del hombre. sería la delimitación del ser humano mismo a hombre privado. la universal? ». Y eso. en esa singularización. Bauer sobre la cuestión judía. 1. corresponde también el repliegue de cada parti­ cularidad religiosa en el hom bre.8 3 Es decir. cuando les gusta. p o r el contrario.8 1 M arx ha hecho realidad. siguiendo el tratado de B. son los judíos. tan p o co com o los alemanes. •A ésa radical reducción y destrucción de todos los m odos de existencia singularizados y. esto es.

entre el terrateniente y el ciudadanb estatal. en que la pregunta term ina de ser teológica. sin embargo. sino de la libertad humana respecto á la religión. no se necesita de una libertad religiosa estatal. entre el jornalero y el ciudadano estatal. Tanto Bauer com o M arx describen esa reducción a rela­ ciones puramente «humanas» com o la única conducta a la vez «crítica» y «científica» ( !) (W . 585). La frontera de la m era em anci­ pación política se muestra en que «el Estado puede ser un Es­ tado libre. tanto com o a los cris­ tianos. en la respectiva diferencia con los intereses sociales geueraled: La diferencia entre el hombre religioso y el ciudadano estatal es la diferencia entre el vendedor y el ciudadano estatal. entre el hombre viviente y el ciudadano eétatal. La contradicción en que se encuentra el hombre religioso con el hombre político es la misma contradicción en que se encuentra el burgués con el ciudadano. com o tal. com o de ser emancipa­ dos. sin que el hom bre sea un hombre. Esa se­ paración del hom bre en ju dío y ciudadano del Estado.8 5 Báuer. E n el punto. p. en tanto investiga la relación de la emancipación política respecto a la em ancipación humana. n o sería una . Esá pregunta concierne tanto al hom bre de oficio m oderno. re sp e cto a coda form a de edpecialización humana. sin em bargo. deja reposar sobre sí la escisión entre el Estado político y la sociedad burguesa — esa oposición «mun­ dana»—y polem iza sólo contra du expresión religiosa. ahí acaba Baüer de ser crítico y entra en juego el mismo M arx. que concierne a la emancipación respecto a cada parti­ cularidad en e l ser humano de modo abdoluto. L a p re­ gunta es. com o al hom bre religioso y al hombre privado. I.I. p .M ax W eber y Ka r l M arx 101 emancipar (al hom bre com o hom bre). 578). o tam­ bién en protestante y ciudadano del Estado. p o r ende. 1. Entonces.libre». una com pletam ente universal y funda­ mental. 1. para emancipar realmente a los judíos. el miembro de la sociedad burgue­ sa con su pielde león política (W.

La particularización de la re­ ligión. _ la imperfección y la contradicción no está en ustedes. quieren ser emancipados políticamente. I. aun como judío. sin emanciparse humanamente. sin librarse completamentey fuera de toda contra­ dicción del judaismo. históricamente de­ terminado com o citoyen. Esta solo representa el general «alejamiento del hom bre respectó al hom bre». 1. Si ustedes. Les decimos. pues. p.102 K a r l L o w it h mentira contra la ciudadanía estatal. con Bauer a los judíos: ustedes no pueden ser emancipados políticamente. Así como el Estado evangeliza cuando. se deriva que la emancipación política no es por sí misma la emancipación humana. Si están limi­ tados en esta categoría. porque ese homme. judíos. al hombre tal como es. sin emanciparse radicalmente del ju­ daismo. sino la mera form a políti­ ca de emanciparse de la religión. sólo es una expresión de la universalmen­ te válida contraposición del hom bre m oderno de la sociedad burguesa. aun como Estado. M arx comprueba. p. pues. el mismo carácter imperfec­ to de la emancipación en los límites internos de los derechos del hom bre franceses (y americanos). sino en la esencia y en la categoría de la emancipación política. obra como cristiano respecto a los judíos. el judío hace política cuando. comparten una limitación general. 590). al hombre egoísta. su autoenajenación (W. más bien: ya que pueden ser emancipados políticamente. Ningxuió de los llamados derechos del hombre sobrepasa. La declaración de los derechos del hombre pre­ supuso — defacto—al hom bre com o burgués. miembro de la socie­ . 591). 1. en sí misma. También aquí se mues­ tra que los droité de l’homme no eran derechos del hombre. al hombre privado corno al honAyra propiamente dicho y verdadero·. estaba diferenciado de sí mismo c o ­ mo bourgueoij. sino privilegios burgueses. reclama derechos cívicos (W . la diferencia humanamente interna entre la «vi­ da individual y la vida genérica»: No decimos. para finalizar. esto es. I.

I. La libertad. 599).. según su idea. y por el otro a ciudadano delEdtado [. una libertad de la meü alta comunidad — en con traposición con la libertad aparente del «singular atom izado». 1. puede hacer de la sociedad.. sólo cuando el hombre reconoce y organiza como fuerzas Mcialed sus forceó propreé y. «dem ocrático». al individuo cerrado en sí mismo. Justo cuando el hombre real individual recoge en sí al ciu­ dadano abstracto. aparece más bien como un cuadro exterior al individuo. a miembro de la sociedad civil. que desapareció con los griegos del mundo y con el «cristianismo» y se perdió en la neblina celestial. Y porqu e el hom bre de la poluf griega era. la fuerza social no se separa más en forma de fuerza política. en la idea de M arx. 1. la necesidady el interés privados. hacia la cual. p. en sus rela­ ciones individuales. Sólo ese sentimiento. reducido a su interés privado y a su arbitrio particular. por eso. aún se debe realizar: La emancipación política es la reducción del hombre.M ax W eber y Karl M arx 103 dad civil. Le­ jos de considerarse al hombre como un ser social. más libré qué el hom bre de la so­ ciedad burguesa. debe ser emanci­ pado el hombre. la propia vida social. la conservación de sus propiedades y de su persona egoísta (VV. y como hombre individual se convierte en <ier genérico en su vida empírica. La verdadera emancipación humana. en su trabajo individual. por eso es que M arx puede decir: El sentimiento de sí del hombre. a individuo egoísta independien­ te. El único vínculo que los une es la necesidad natural. I. p or lo tanto. desdé esa perspectiva. la libertad. en tanto cada hombre vale para él c ó ­ mo un ser «soberano». separado de la comunidad. por un la­ do. es p or ello la libertad en el sentido de la filo­ sofía del Estado de H egel.·].de su autonomía originaria. la sociedad. como una limitación . sólo entonces se cumple la emancipación humana (W. p. de . debería despertarse de nuevo en el pecho de esos hombres. y porque el cristianismo es también. esto es. 595).

la que se posiciona no en contraposición unilateral con las consecuencias.8 6 Justo en esa comunidad. será posible la libertad verdáderamente-perdonal. edto no ducede. de ninguna manera. una esfera. El hombre privado de la sociedad . que concierne al hom bre com o tal.104 K a k l L o w it h nuevo. p o r el contrario. pero no en tanto es una cla­ se especial de la sociedad burguesa. es­ to es.. En él radica la posibilidad posi­ tiva de la emancipación humana.] la cual puede provocar. 561). Mád bien. 133 La introducción a la Fiiodofía del derecho de H egel ya contiene la frase: «L a disolu ción de la sociedad com o un estamento particular es el proletariado». sino sólo a tí­ tulo humano·. [.8 7 IV. Obradpódtumad. p.burguesa es. 1. solamente libre — en especial según su propia representación— .] porque bd consideren diodeé. ya no a título hidtórico. II. un Estado democrático (W. sino en contraposición multilateral con los presupuestos de la estatalidad alemana. I. por lo contrario.. pero en realidad es absolutamente dependiente y está «subsum ido bajo la p o ­ testad de las cosas». La expresión social de la autoenajenación humana en el proletariado Cuándo bd edcritoreddocialidtad otorgan al proleta­ riado ede rol hidtórico univerdal. ni meramente «extern o»). a través de un cam bio social en el ser humano y en la misma aütoconciencia humana (que no es efectuable ni de m od o puram ente «interno».. que no puede emanciparse sin hacerlo respecto a todas las . finalmen­ te. sino porque y en tanto es una sociedad fuera de la sociedad.. p. [ . nna comunidad dé los hombres para sus más altos fines. .

El proletariado es la autoconciencia de la «m ercancía». p o r el contrario. pp. en sus relaciones dé vida. él proleta­ riado. emancipando a todas esas otras esferas.8 8Ya que el p ro­ letariado. «resume en sU culmina­ ción inhumana» a todas las relaciones de vida de la completa sociedad actual. II. porque lo es evidentemente. con ello. la filosofía de M arx.). por lo que solo a través de la comple­ ta ganancia del hombre. el hombre proletario es menod des-humanizado tam­ bién que el burgués. 131 y ss. así entendido. de nuevo. y no de una forma oculta e irttelectualizada para sí mismo. «E/a cabeza de ésa em anci­ pación es la filosofía.na del proletariado será más desarrollada en La ideología ale­ mana en relación con la universalidad de la m oderna circu ­ lación dé la econom ía mundial. e inversamente. para la que el hombre com o ser genérico es la más alta esencia. 1. pp. en esa autoenajenación. pero precisamente a través ello desarrolla una conciencia crítica^ revolucionaria. Sólo los proletarios del presente. absolutamente excluidos de to­ da afirmación de sí. n o puede liberarse a di midrnó. su corazón. I. son capaces de realizar su completa — y no . . pero una clase se sabe reafirmada. es «la des-hum anización consciente de su des-hum anización y co n ello superadora de la mism a». Con el proletariado. el proletariado. puede ganarse a sí misma (W. una esfera que. En cierta manera. porque debe enajenarse a sí m ism o igual que una m ercancía. es la completa pérdida del hombre. sin tener una conciencia crítica de ella. que es cierto que la clase propietaria y el proletariado presentan fundamentalmente una y la misma autoenajenación.» En el mismo sentido. una conciencia de clase. ha encontrado sus armas naturales. en una palabra. en La sagrada fam ilia aparece (Obrad pódtumad. Esa función univerdal-\mma. sin con ello emancipar a l a completasociedad. 619-620).M ax W eber y K arl M arx 105 otras esferas restantes de la sociedad y. mientras que la otra. sus armas intelectuales. sin embargo.

' ICa r l L ó w i t h más estrecha—afirmación de sí. su posición tiene una función uni­ versal. se disuelve. en tama­ ño natural». com o un destino humano. pero ellos mismos permanecieron bajo la división del traba­ jo y subsymidos bajo su propio instrumento de producción. La circulación universal moderna no puede ser subsumida. Todas las an­ teriores apropiaciones revolucionarias fueron limitadas: indivi­ duos cuya afirmación de sí estaba restringida por un instrumen­ to de producción y una circulación limitados se apropiaron de ese instrumento de producción limitado y lo llevaron a una nue­ va limitación. en el extremo de la autoenajenación. análogo al carácter de mercancía ¿fe todos los objetos m odernos. En todas las apropiaciones llevadas a cabo hasta aquí. bajo los individuos de otro módó que a través de la subsünción bajo todos ellos (La ideología alemana. el ser genérico del hom bre en su negación. con el significado central del proletariado com o el núcleo de la problemática social moderna.· en la apropiación de los proletarios debe ser subsumida una masa de instrumentos de producción bajo cada individuo y la propiedad bajo todos ellos. porque no es en absoluto un «hom bre». Su instrumento de producción se volvió sil propie­ dad. no porque los proletarios fuesen «dioses». P orqu e dado que el trabajador asalariado está enajenado completamente p or la «pregunta terrenal. del m odo más apreciable. sino por­ que el proletariado encam a para M arx lo universal-humano. y así se convierte necesariamente. una m ercancía personificada. Entonces. en la «anatomía» de la sociedad burguesa. una masa de individuos quedó subsumida bajo un único instrumento de pro­ ducción.'imbricado con ellas. C on la autoliberación del proletariado com o el es­ tamento universal que n o tiene ningún interés particular que representar. 296). En él se muestra la economía. que consiste en la apropiación de una totalidad de las fuerzas de producción y del desarrollo de una totalidad de capacidades. a la vez que con la humanidad priva­ . sino un m ero ex plotador y v e n d e d o r de su fuerza de trabajo. es que tiene un significado fundamental y universal. : p.

privacidad y publicidad en una sociedad no sólo sin clases. en la que todo es com ún a todos. ex- . para él. El no fue un «empirista abstracto». contradicción burguesa (com o y a había sido formulada p or H egel) de parti­ cularidad y universalidad. c o ­ rrespondencias y «efectos m utuos»9 0entre campos derealidad o «factores» singulares y con igual valor en sí. qué sumados deberían com poner la totalidad de la realidad.9 1 Pero tam poco era un «materialista» filosófico abstracto.9 2 Que esa «autoenajenaeión» está «condicionada» p or la forma y el estadio de desarrollo de las relaciones de p rod u cción «materiales». desde la posibilidad de su superación y esto significa. N o surge ni de una pura «interioridad» ni de una masiva «exterioridad».®9 sino una comunidad: de la vida pública. sino que M arx analiza la totalidad unificada del m undo de los hom bres m oderno. cu yo «hom bre sim ple» es un ser génerico social. meras articulaciones.M ax W e b e r . para M arx. p or la suma de las relaciones de vida concretas. por su parté. p o r la división natural del trabajo. el carácter fundamental de su privacidad. En el lu­ gar de la mera in-dependencia del individuo burgués entra la libertad positiva de la más alta comunidad. entonces. que no es una c o ­ munidad de los «círculos com unitarios más pequeños» y de las' «relaciones inmediatas del singular coii los otros». p orqu e ambas n o son separables cuando el «hom bre» es el «m undo» del hombre. sino en cada perspectiva des-racionalizada. su «vida». el proletariado. relaciones. no significa que no sea más que el «produ cto» de una circulación particular. con su propiedad privada y con la economía privada-capitai lista. que habría «dedu cido» to d o de la mera econom ía. en cuya «cum bre» está. puramente económica. M arx no investiga. a la manera de una sociología empírica especializada. ni más ni menos que una superación de \a. La autoenajenaeión es contemplada. con posesión y econom ía cómunes. en el hilo con du ctor de la autoenajenaeión humana.y K arl M arx 107 da. Esta se supera en la humanidad universal de la comunidad.

Su conceptualización se vuelve más concreta no porque se la ligue origina·^ ñámente á un «factor» económ ico abstracto.] por la completa orga­ nización de nuestra sociedad esa «apariencia» de sí mismo. cóm o es enajenado [ . M arx se representó tan escasamente a esa. en la con­ vicción de M arx. com o cualquier otro crítico de la sociedad. Es bien sabido que M arx había «saldado cuentas » en La ideología alemana con su «conciencia moral filosófica» pero. La realidad que ella porta es. porque la «categoría» el hombre se determina concreta e históricamente— ?* V ero el hombre «réal» n o es el hom bre «en su existencia casual. N o obstante. y quiso superarla por medio de la realización. M arx quiso. hacer realidad a la filosofía a través de que la superó. aunque tam poco la encontró y a dada empíricamente.. de m odo que su «realidad» «impulsa a ese pensam iento».. . inversamente.. y su «autonciencia». otra vez. . dentro de «lo que es». en un aban d on o del p rin cip io de la autoenajenación del hom bre. mucho más. él sí poseyó una conciencia moral filosófica. su idea del hom bre. la problemática social en su tendencia histó­ rica de movimiento. «conciencia del mun­ do·». y ésta es el hom bre en-la idea. [ . o también dejar disolver a éste [el ser social]. El progreso de La ideología alemana y en parte y a de L a ja grada fam ilia sobre la Crítica de-lafilosofía del derecho de H egel no consiste.] cóm o avanzay se detiene [ . sino porque se la incluye en la relación concreta y diferenciada de las relacione s de vida concretas -e sto es.] .m K a r l L ó w it h terwrización de la vida. en aquélla [la conciencia]..9 5Esa form a de su planificado volver realidad a la filosofía está necesariamente condicionado por lo que. y esa conciencia moral permi­ tió al M arx hegeliano no sólo mostrar las «condiciones reales» del ser humano. y no sólo «el pensam iento a la realidad». a diferen­ cia de la ciencia científica9 1 de tantos marxistas. sino en su concretización. un iiicondicionado. se lo impidió: hacer de las condiciones mismas. la «conciencia» en el «ser» social. se topa con él . sino que también. sino que el hom bre real es su « verdadera realidad».

y en especial en el joven M arx — que no «saldó cuen­ tas ». en mayor o me­ norm edida.. A pesar de esto se revela. escondió bajo argumentaciones antimarxistas el punto de vis­ ta rector de M arx.C . el fenóm e­ n o histórico humano de la racionalización. inversamente — y en com binación con el marxismo vulgar— . indirectamente también. también W eber. con su «con cien cia moral filosófica »— .M ax W eber y K arl M arx 109 com o lo que es en verdad y también pór lo que dedeo en «última instancia» — algo totalmente diferente de Weber. pp.9 7 es un producto del marxidmo económ ico vulgar. en su crítica de la «así llamada» superación de la concepción materialista de la histo­ ria de Stammler (D . A sí com o ella cubrió con una colección d e datos y con disquisiciones m etodológicas el punto de vista rector de las investigaciones sociológicas de Weber> esto es. A la crítica fallida de W eber a Marx> condiciona­ da p or esa pérdida. aun en la form a defi- .). todavía. La «concepción materialista de la historia» que presupone la crítica de Weber. no se detécta ni p or el contenido ni p or las palabras en el midmo M arx. al fenóm eno histórico humano de la enaje­ nación de sí. en consideración a su m étodo principia!. C . úna crítica del marxis­ mo.. L a crítica de W eber de la concepción m aterialista de la historia El título bajo el que W eber presentó en público sus investiga­ ciones religioso-sociológicas en 1918 fue Crítica poditiva de la concepción materialidta de la historia?6 D iez años antes y a había form ulado. colabora una falsa interpretación de los m otivos de investigación originarios y abarcadores de la so­ ciología weberiana p or parte de la sociología burguesa espe­ cializada. 291 y ss. El contenido originario y pleno del análisis crítico de M arx del hom bre de la sociedad económ ica burguesa se pierde con ese marxismo vulgar. preparado p or Engels y por el M arx tardío.

que en esa posición frente a Stammler está pre­ sente. tan incom probable com o irrefutable. el verdadero motivo de su diferencia. los agentes dominantes de la historia humana serían las luchas econámicad. que ab­ solutamente nada puede estipularse de m odo científico sobre el significado causal de lo religioso en di. 299) y el «empirista» sociológico con «sentido com ún» (W e­ ber). desde la experiencia científica de W eber o «empíricamen­ te». por lo que debería ser expli­ cada unificada y evidentemente (pero no com puesta a partir de lineas causales. para volver a empla­ zar la diferencia entre W eber y M a rx sobre su suelo origi­ nario. que enuncia que. sólo quiere tomar en cuenta directamente las referencias y m odificaciones de Stammler de la con cepción materialista de la historia. La crítica indirecta de Weber a Marx. Lo. simultáneamente. una posición tal frente al mismo M arx. en principio para la propia interpreta­ ción científica de W eber y para la correspondiente crítica a M arx. del segundo apartado de esa crítica lo siguiente: la tesis espiritualista. en la discusión con Stammler Si dejamos de lado que el diálogo de parodia entre el supuesto «espiritualista» socip -filodóficooincludo «materialista» (D . «en última instancia». pero no en el m étodo— .. p. que afirma que «en última instancia» la historia humana t-incluidos el acontecer político y económico—no refle­ jaría otra cosa que luchas relLjii>da>i. el «empirista» sociológico. para la vida social en di. Ese m otivo propiam ente d ich o debe ser e x ­ traído de la form a deficiente del ataque. mismo ocurre con la tesis materialista — contraria en el contenido.9 8 U n planteamiento de la cuestión dogm ático com o éste p o ­ .C . esa tesis es. se debe extraer.110 K a r l L o w it h cíente de la crítica de W eber a M arx. Contra ambas afirma Weber. entrecruzadas de múltiples maneras).

tal vez. de las molestias diges­ tivas». sólo puede estipularse por la investigación histórica. científicam ente posible. procedería espiritualmente. renuncia a cada forma de deducción clara y en su lugar. aquí sólo muy es­ casamente retratados. evaluable «heurísticamente». y con ello deja sin fundamentos . La crítica de Weber a Marx en Eiutayotf ¿obre sociología Be la religión A esos argumentos de la crítica de Stammler. com o análisis histórico «con­ creto». sino que esa crítica quiere ser «positiva» a través de que. en oposición a és­ ta. corresponde el sentido de la dispersa re­ ferencia a M arx en los Ensayos sobresociología déla r e lig ió n Tam­ p oco ésta quiere ser una crítica positiva de la concepción materialista de la historia en e1sentido de que. M ás allá de eso se podría arribar aún a. en el m ejor de los casos. «de indicios del cráneo. sino en urí progresar desde la unilateralidad necesaria de cada m odo de ob serv a ción cien tífica b a jo determ inados pu ntos de vista que delimitan su objeto unilateramente hacia la multiplicidad de los m odos de observación. hace referencia a la condicionalidad mutua de todos los factores de la realidad histórica.) La perspectiva total. o del efecto de las manchas solares o. en última instancia. D e otro m odo no se comprende por qué no se debería hacer también el intento de derivar v i­ da social. en el caso histórico singular. básicamente. en la que sólo los «dogm áticos» estarían obstinados. reglad generar les del acontecer histórico. (E l resultado en verdad positivo de la crítica de W eber a Stammler es. pero en qué medida él esté legitimado «de hecho». un análisis de los diferentes sentidos de laregulaciónposible. de un factor sin­ gular en dirección al tod o de una «fórmula del mundo». p or ende. no consiste1en una extensión dogmática de unos componentes singulares.M ax W eber y Karl M arx Ul dría ser.

1 0 1 Pero no son científicamente imposibles según cualquier norma objetivare la ciencia. y después ha­ ble de ese cam po com o de una «estructura ética». ni com o un espíritu de­ pendiente de ellas. que fun­ da la afinidad electiva interna entre economía capitalista por un lado y etbos protestante. porque «no debe avalarse una tesis tan locamente doctrinaria com o Ja que afirma que el “espíritu capitalista" [.1 0 2 A pesar de esa renuncia. com o un espíritu meramente ideológico de las relaciones de producción capitalistas. Que Weber. que el capitalismo com o sistema eco­ nómico sería un producto de la reforma». el así llamado «es­ píritu del capitalismo» no es entendido por W eber ni de forma manásta vulgar. asimis­ mo espiritualista y causal. al final de la investigación.] sólo pudo haber surgido com o afluente de determinadas influen­ cias de la reforma o. correctamente en­ tendido: ambas son. -En relación con esto. tanto espiritua­ lista com o materialista.112 K a r l L o w it h la «unilateraJidad» de la metafísica de la historia.1 0 0Él mismo se vuelve atrás de esa cumbre confu­ sa enseguida. 205). existente por sí y originariamente religioso. Y aún más claro dice. que no habría sido su objetivo «poner en el lugar de una interpretación de la cultura y de la historia materialista unilateral una otra interpretación unilateral.. en la cumbre crítica de su argumen­ tación sobre el materialismo económ ico. es un expo­ nente destacado.. igualmente ¿wposibles ( ! ) . p. no puede confundirnos. sino según reconocimiento del des­ tino de la racionalización en general. incluso. Ambas son igualmente posibles » (Ensa­ yos sobre sociología de la religión. Para W eber sólo hay un espíritu del capitalismo en tanto una tendencia general hacia el m odo de conducción racional de la vida. así fundamentada. esto es. 83) . la ciencia de los hechos misma. por el otro (Ensayos sobre sociología de la religión. la propia investigación de W eber sobre el espí­ . portada por el estamento burgués de la sociedad. a la m etafísica de la historia. impregne su concep­ ción básica oportunamente de m odo antimarxista. p. de la que la ciencia «empíri­ ca» especializada. «científicamente».

La otredad de su m étodo no es extraíble de lo que él dice a l redpecto. combate una forma determinada de — en aparien­ cia—totalidad. L o que él combate «fácticamente» no es la totalidad de la existencia y la observación. L o «positivo» de sus investigaciones. no obstante. tam poco estuvo tan a la deriva en su actividad com o para poder conform arse con el acopio de empiria abstracta. en que W eber.M ax W eber y Karl M arx 113 ritu del capitalism o rio es — en con tra d icción con su autoconciencia científica especializada—una pura com probación «em pírica» de «h ech os» aislados. esto es. la realidad de la ciencia. Su sen­ tido verdadero reside. radica n o en una inversión dogmática del m étodo marxista vulgar> sino en un método fu n ­ damental. m ucho más. Una pura com probación científica y especializada de datos es a ella la investigación weberiana.sm o que debe percibirse p or su relación con el T odo de su com ­ portam iento frente a la realidad — incluida. en oposición a la univocidad dogm ática de una fórmula del mundo. El verdadero sentido de su procedimiento «empírico» radica. con su re­ nuncia a una «hum anidad com pleja» y a una «fórm ula del m undo» abarcadora.. con la distinción entre un m étodo «em pírico» y uno «dogm ático». y con ello también su extensión hacia un «Todo» ilusorio. L a totalidad verdaderam ente posible. y p or eso representa una «guía dentro del infinito». Aun cuando W eber no fuera tan «locamente doctri­ nario» de querer deducir el espíritu del capitalismo de form a pura relig iodo-sociológica. que él . quiso debilitar cada atadura & cualquier cosa dada determinada \Gegebenbeiteñ\. ni más ni menos lo que el hom bre W eber era respecto al espe­ cialista. sólo aparentemente en el p ro­ gresar desde una «unilateralidad» necesaria de la observación científica especializada hacia la «multiplicidad». sino la solidificación posible de una particularidad hacia un Todo. Él mismo descríbe la diferencia de su m étodo con el del marxism o. aunque estructurado de m odo diferente. en­ tendidas com o crítica a M arx.

En realidad. lo verdaderamente humano— . pero simultáneamente subraya la «irreali­ dad» de esa unilatéralidad qué escinde teóricam ente la realidad (D . p.1 0 3 W eber utiliza constantemente las «ventajas de la división del traba­ jo». de ninguna ma­ nera --com o parecería ser en sus argum entaciones contra .C . social o incluso econó­ mico. Pero no es ciencia de la realidad porque haya concebido de forma puramente científi­ ca a la realidad com o algo siempre igual y fijo de una única manera. o m ejor precisa­ mente p or esto. mientras que el «éxito» res­ pon d a p or ellas. tam bién en la ciencia. de cada orden y seguridad práctica y teórica — para conservar. Y así surge también la forma propia de su m étodo «empírico»-especializado en que él no estaba atado p or ninguna disciplina de la vida y del saber. de la racionalización. no era la reunión de todas las iinilateralidádes posibles hacia una así denominada multiplicidad. aquel resto de «individualism o» que significaba. puede afirmar que la sociología que él practi­ ca sería una «ciencia de la realidad». W eber no renuncia con ello. com o una fijación dem asiado rápida a supuestas «últimas» instancias de tipo religioso. sino la totalidad negativa dé la libertad de movimiento hacia todos lados. y que com batió cada método «dogm ático» precisam ente com o la form a científica de una posición del hom bre respécto al m undo atrapada en lo tras­ cendente. para él. esto es.. p o r lo tanto. sino a la vez y sobre tod o el c o n ­ trasentido de un sistema abierto de «posibilidades». de m odo «técni­ co»1 0 4 . tan libre resp ecto a los fines com o sujeto respecto a los m edios y.114 K a r l L o w it h mismo pone en práctica. Y a pesar de esto. También la inmensa casuística de sus definiciones conceptuales en Econo­ mía y sociedad tiene no sólo el sentido de delinear definitoriamente la realidad y de fijarla. sino p orq u e W eb er — en el saber de lo inseguro de nuestros ideales y realidades actuales— se com p ortó hacia ésta. nuestra realidad. la ruptura de cada «carcasa»> de cada institución. 170).

a cada m étodo de principiad. en su tratado sobre la «objetividad» del conocim iento científico so­ cial. Y así. utilizar este concepto. en las posiciones de princi­ pio. N o sólo se puede. suele tener un decisivo grado de afinidad electiva. sigue siendo perfectamente verdad que la cosmovisión del mundo que representa el singular. como nos gusta creer hoy a noso­ tros. porque cuajado se trata en vérdad de una lucha entre tomas de posición por los principiod . Una lucha así no es superable p or medio de ningún «relacionismo» (M annheim ). por esta vez. sino que sé debe discutir sobre los mismos «patrones valorativos reguladores». esto es. entre «intereses dé clase». Aun así.. p ero dé tal m odo que para él precisa­ mente esa racionalidad era el lugar problem ático de la liber­ tad. sino que también W ebér es irrefiitablé en el cam po de los así denominados «hechos». Sólo sé trata de que el «principio» apropiado y uni­ ficado de su conducta teórica y práctica es mucho menos fácil dé detectar que el p rin cip io dogm á tico-revolu cion ario'd é M arx.C.M ax W eber y Karl M arx 115 Stammler (D . aunque sí se medirían arribos autores en aquella lucha de los «dioses». Esa contradicción es la que él iriténtó. y lo planteó «racio­ nalmente». en prim er lugar. 1 6 6 y ss.)— . a cada dom inio y conceptualización del «T odo» en su «unidad». en sí mismas consecuentes. si bien no «solucio­ nar». esto es. en apariencia uní­ voco (D.] se discute no solamente. con su «interés de clase» — si acepta­ mos aquí. entre otras cosas y seguramente en un muy alto grado. y aun co n los tnediod de la ciencia. la pregunta de «qué significa y qué objetivo tiene la críti­ ca científica de los ideales y juicios de valor». y [. 153).. ■ mundo.. En relación con esto W eber discutió. sí dominar sobre su propio suelo. p.C . dino también entre codmovidioned del .. especializada y de la parcelización del alma. no sólo M arx. en perspectiva con la relación responsable entre medio y fin. p. porque consiste en el reconocim iento de una contradic­ ción: de la división del trabajo racional.

el To­ do de un principio. [T V . digno de conocerse. sobre la base del cual se investiga en sin­ gular. A su resque­ mor sobre la capacidad de la burguesía para correr el «velo de sus ilusiones» y reconocer que la herencia de Bismarck se ha­ bía vuelto la maldición de su decadencia política le correspon­ de. que ambos han visto igualmente en el origen. es la problemática del m undo m oderno de los hom ­ bres. agrupados en un partido conservadory nacionalista. que es «capitalista» desde una perspectiva económ ica y «burgués» desde una perspectiva política. tanto de los junkerd * y de la burguesía satisfe­ cha com o de los trabajadores socialdemócratas. creyeron saber lo que es. delEd. Ese Todo no es la suma de todo aquello que existe. de ese mun­ do. entonces n o « una lucha. por lo tanto. sino que cada principio es. es principio y final de una m i­ rada fundamental sobre lo que es. trataba ya el discurso académ ico inaugural de W eber de 1895 sobre el Edtado-nación y la política económica popular. uno con demanda universal.116 Ka r l L ó w i t h últimos. en la ponencia de 1918 sobre el sionismo radical. El Todo.entre cada «unilateral» perspectiva y aspecto. D e él. en realidad. en consideración-con la realidad que nos determina. Y dado que M arx y Wéber. real y humano. verdadero y. en verdad. en donde dijo a su propia clase incóm odas verdades y tematizó el fracaso político. su ciencia concier­ ne ya también a un «T odo». la duda sobre la expectativa del marxismo de que el hecho de apartar la econom ía privada pondría fin a la dominación del hombre sobre el hombre. * Nombre que recibieron los terratenientes prusianos a finales del siglo XIX . sino el resumen de lo significativo en. en su significación y han convertido en el objeto de sus investi­ gaciones. en di mumo.\ .

3. Véase al respecto J. Véanse Artículos completos sobre sociología y política social [Ges. 1929. p. op. Ensa­ yos sobre sociología de la religión. Ideología y utopía. Landshut. 504 y ss. E. en Cuadernos trimestrales para sociologíade Colonia V 3. pp. 11. 1956. Jaspers para Max Weber. S. Steding dé 1931. 1930. Sociología deisaber y marxismo. El mismo Weber se refiere reiteradamente a la relación inter­ na entre pasión [Leidenschaftlichkeit] y objetividad [Sachlichkeit] en sus conferencias sobre la ciencia y la política como vocación (D. Véase P. Escritos histérico-políticos. 404 y 435). 260 y ss. Lewalter. u. año 29. 8 y ss. K. cuaderno 5. 530y 533. W. ) 7. u. Véase P. 64/1 y La moral de la so­ ciología. Freyer. Lenin y lafilosofía. III. 5.M ax W eber y K arl M ar x 117 N otas 1. I. Archivo para sociología científica y política.. 9. pp. 10. Bi­ blioteca Marxista. Freyer. com­ párese en oposición con H.]. Hess del año 1841.C. Soziol. 6. en Nuevo anuario de ciencia [Neue Jahrb. Aufsätze z. . 12. Sociología corno cien­ cia de la reaüdád.. £ / círculo de M ax Weber en Heißeiberg. Extraído de la poesía que introduce Marianne Weber en la biografía de Max Weber. Jaspers. 156. en Los hospederos delpueblo [Die Volkswirte]. donde se muestra de forma convincente en especial la propia interpretación histórica de Weber en el análisis dé la profecía judía antigua (véase. Véanse. 1930. 15. J. H. 319 y ss. Extraído de una carta de M. pp. sobre todo. pp. Sozialpol]. Honigsheim. f. Luppol. 1929. Obrad comple­ tas deM arx y Engeld. Gomo lo hiciera Marx. Política y ciencia en M ax Weber. Lassalle también describe las leyes del mercado como el «frío destino antiguo del mundo burgués». Mannheim. Extraído del discurso de conmemoración de K. Honigsheim. 2. 1931. La posición histórico-espiritual de M ax We­ ber. por ejemplo. 8. cit. 13/16. pp. 1/2 pp. Crítica de la sociología. ya citado. 4. Véase al respecto la disertación de Marburg de Ch. La interpreta­ ción de esa relación la da Hegel en la Introducción a la Filosofía de la Historia. K.

fue indicado por Landshut en su Críticade la Sociología. f. en Nuevo anuario [Neue Jahrb. Véase sobre todo La ciencia como vocación. ELconcepto del espíritu capita­ lista en W. 38y ss. 18. 3. Honigsheim.. 527. El hecho de que aquí no se profundice.) e Historia y concienciade clase de G. 60v ss. Compárese con Freyer. Fechner. E l criticismo ético de M ax Webery et problema de la metafísica. de la «sociedad» — burguesacapitalista— . prefaciop. lo cual está presente en JVIarx. Weber y las categorías sociológicas básicas Comunidady Sociedad. en Cuaderno trimestralpara las Ciencias sociales de Colonia 1. 17. Cuaderno 6. M ax Weber como sociólogo. las cuales contienen una determinación teorética de la «realidad». sino que. K a r i . queremos mostrar la forma propia autónoma de su punto de vista rector para la interpretación del capitalismo. ya citado. en lo que sigue. Jugendbildg.. 208 y ss.y 213. sean esquivas. p. 115 y ss. p. L ó w it h 13. 498). completos sobre socio­ logía y política social. Véase al respecto E. octubre de 1929. Véase E. Ensayos sobre sociología de la religión. p. a diferencia de todos los órdenes anteriores de vida co­ munitaria. en su diferencia originaria con el de Marx. así expresada. con el planteamiento y el origen de la sociología.C. !. La sociología de Weber comparte. p.. 3 y D. 535 y ss. pp. moderna (desde Hegel a Marx. la presuposición. 15. sin conside­ rar la dignidad del planteamiento de la metodología y la conceptualización de Weber. Wolf..]. 156y ss. Korsch (sobre todo pp. ya citado. y 551. en lo inapro­ piado del aparato conceptual de Weber es porque no nos atañe.1.. Marxismo y Filosofía de K. H. Véase P.. medir «el punto de par­ tida del planteamiento» de Weber con la articulación y la captación de la realidad. El significado histérico-espiritual de M ax We­ ber. Sobre el sentido de esta tesis de la libertad valorativa compá­ rese con P. u. Honigsheim. cit.1921. además Socialismo (Art. Sombart y M.) comprueban. Freyer. aparentemente — a diferencia de Landshut— . esta regla. pp. Ya la primera investigación de Weber sobre el capitalismo occiden- . op. Lukács (sobre todo p. y Landshut. 1931. D. 20. 19. ¡en especial pp. 35 y ss. 14.118 . y 198 ss. en Archivo económico universal. Logos XIX. Wiss. como excepciones. pasando por Stein). Que ya las oraciones que inmediatamente siguen a esto.C. 102y ss. 16.

pp. 38 y ss. 23. Sobre la crítica de la economía política. p. Grab. tam­ bién la base del mundo conceptual dualista de la completa filosofía moderna y sus «antinomias» (véase Lúkács. 24. 22. según nuestra interpretación. nota 2. y a ello corresponde el carácter más o menos «de constructo» de todad las formaciones con­ ceptuales modernas. 122 y ss. como expresión de cada toma de posición responsable.) visualiza en la artificialidad de esa construcción un abandono de la propia meta de investiga­ ción de W eber de un conocimiento de la realidad en su propio significado. 265. I c I § 9 y también nuestra nota 44 sobre la críti­ ca de Weber de H. . Véase más adelante el apartado III. La expresión se origina en Weber presumiblemente de la ca­ racterización de Lask de la lógica hegeliana. D. no se ha dicho nada todavía sobre la forma antropológica determina­ da de esa unidad ontològica. El mismo Weber se creó la construcción de «tipos-ideales» para resolver conceptualmente esta relación. en la visión de Lukács. para Weber tanto como para Marx. lo «técnico» de su procedimiento. 21. Ese «dualis­ mo» motivado soció-históricamente es. se enmarcó en la perspectiva de presentar la bolsa co­ mo exponente de una comunidad que se «desvinculó» en «socie­ dad». ca­ racterizada por la «racionalización» y la «autoalienación».). Aquí ya se observaría qué significado decisivo tiene para Weber la «consecuencia». 46. Landshut (ya citado.forma propia moderna histórica del «ser-en-el-mundo» está. Pero la. cuyo carácter funda­ mental filosófico consiste en que libera tanto como produce la reali­ dad.M ax W eber y K arl M arx 119 tal. De ahí surge la «disyunción» de hombre y mundo.. con que el hombre como un «ser-ahí» ontològico es un «ser-en-el-mundo» (Heidegger). pp. La boba. una «falta de articulación del punto de vista de valor y realidad». su significado positivo.C. sobre la base de una errónea «disyunción de hombre y mundo». Lo que Landshut no ve es que con eso. La crítica que Lewalter (Archivo dedociología chntíficd) hace a la interpretación marxista «logicista» de Lukács malinterpreta. nota I y p. Compárense las delimitaciones de Weber contra Tonnies en Ecorwmía y dociedad. que radica en que Lukács — siguiendo a Marx—desvela las aún más abstractas catego­ rías de la filosofía a través de la interpretación socios-histórica en su determinación (véase Marx. ya citado.

177) dice que el «individualis­ mo metodológico» de Weber a menudo se vuelve. Véanse Weber. Que la libertad del singular sólo es el opuesto de la racionali­ zación «aparentemente». 319 y ss. . 28. Defacto. la pérdida de libertad \Unfreiheit\ del hombre singular (véanse Escritos políticos completos.. 351y S s . y Spann. la propia diferenciación de Freyer de la reali­ dad social respecto de las formas del «espíritu objetivo» presupone ya una específica ligazón no vinculante del hombre — del hombre mo­ derno^ con el «orden» social (la estructura de la «sociedad». Grab. X X X I X y ss. no obstante. Pero la pregunta es qué «valor» tenía para Weber. Economía y sociedad. p. y con ello también sociológica. y no de la «comunidad»). Soz. debería preguntarse si ese giro no surge ya de una inversión teorética de las relaciones materiales normadoras. contra su volun­ tad. Véase la caracterización de Weber de ese Estado en Escritos políticos completos. 141). Dilthey.. tomó 49. pp. El concepto de lo racional en la. Compárese también con H. introducción [Einl.) y con ello diagrama también la posibilidad de una transformación teorética — imbricada con la revolución del completo modo de existencia humano-social en sus fundamentos— Véase más sobre el concepto del tipo-ideal en el tratado de V. ya que aun según la propia visión de Freyer. no afirma que el éxito universal de la racio­ nalización no sería. Geisteswiss. sociología de M ax Weber. wiss. ges. 25. como si fuese la realidad toda. pp. 1927. 29. pp. J. I. 8 y ss. 23.1922]. d. Schelting en el Archivo de sociología científica y sociología política [Archiv f. El mismo Freyer exige una formación de conceptos que respon­ da tanto a la forma objetiva como á la vitalidad humana de los fenó­ menos sociales.] 26. También Grab malinterpreta el sentido socio-filosófico del «individualismo» socio­ lógico de Weber cuando no ve en él otra cosa que una mera «absolutización» de Una determinada esfera de la realidad. Pero también esa «doble faz» no puede escapar de la pregunta de en dónde reside el acento fáctico de nuestra proble­ mática social.I. W. Doc­ trina de la sociedad. p. pol. 27. Soz. la misma sociología está anclada socio-his­ tóricamente. pp. u. pp.120 K a r l L ó w it h 1930. 317 y ss. i. p. Cuando Freyer (ya citado. en uno «de contenido».

. la interpretación religioso-sociológica de Weber del mismo fenómeno se movería en la dirección de una crítica de la connotación marxista. 818y ss. 48. Las explicaciones relacionadas de Landshüt son ricas en derivaciones — también para nuestra investigación— y tocan el núcleo del planteamiento sociológi­ co. 31. Compárese. porque confunde su planteamiento de la cuestión con el de Marx. El mis­ mo Landshüt lo expresa cuando. mucho más transparente que el anterior. 54 y ss. Mientras que Marx avanza desde aquí hacia el aná­ lisis del proceso de producción capitalista como la «anatomía» de la sociedad burguesa. Y así malentiende el sentido positivo de lafalta preci­ samente de una «estructura» analógica en la sociología de Weber (véase el siguiente apartado III y la parte C). pp. to­ mada como la específicamente racional. en consideración con su presenta­ ción de Weber. a ella perteneciente. dice que era consciente «de que la relación con la teoría económica no estaba de ninguna manera agotada. 6. El suelo originario de esa dife­ rencia fundamental sería el capitalutnw. p. El capital. Landshüt yerra desde el comienzo en la construcción del análisis de Weber. y con respecto a Marx. y 77 y ss. en su articulación de significado origi­ naria. es el de Landshüt (ya citado. En lugar de volver a preguntarse por la razón de esa diferencia en la dirección. 32. Economíay sociedad. pero excluyendo la tendencia práctica hacia una emancipación del hombre a través de la transformación del mundo. II. la observación de Marx contra Hastial. pp. I. Véanse «Los fundamentos racionales y sociológicos de la música».M ax W eber y K arl M arx 121 30. en contraposición. Pero a la vez. en primera instancia». que incluso el origen no debía buscarse ahí. El único intento realizado hasta atora de aclarar el concepto de Weber de «racionalidad». Landshüt quiere demostrar que la diferencia entre racionál-irracional habría sido trasladada de la conducta económica.). Nunca se acercan tanto al motivo verdadero y propio de Weber como en la contraposición de Marx con su tendencia rectora. y con eso estaría dada también la «identidad» en el tema entre Marx y Weber. Landshüt intenta demostrar que We­ ber sí habría tomado de Marx el punto de partida para la pregunta y la articulación de la realidad (por «factores»). Éste sería el «original» en el cual Weber habría ganado originariamente el concepto de racionali­ dad.. en tanto práctica­ mente unívoco.

misma. José Aricó. En co­ rrespondencia con el. quien editó en nuestra lengua ese articuló en 1982. Véanse Max . vol. la palabra Gebäude no se corres-: ponde. sino más bien una de tipo filósófico-antropológica. en nuestra interpretación. regida por la ra­ cionalidad instrumental? El diagnóstico-denuncia que aparece al final de La ética protedtante es precisamente el de un tipo de ser hu­ mano que se ha «acomodado» a vivir en ese «caparazón duro como el acero». Nöta de la traducción: la expresión Gebäude von Hörigkeit. y que puede o no serle propio. porque Weber habría tenido la inten­ ción de referirse a algo orgánico. quien modeló en 1930 la primera versión en inglés de La ética protedtante y eLedpíritu del capitalidnw. el cual no es algo externo sino una parte constituyente de su propia naturaleza. para dar cuenta consu iron coge de la expre­ sión dtallharted Gebäude.° 1. Para Gil Villegas. utilizada por ML Weber al final del segundo ensayo de esa obra. Por nuestra parte elegimos distanciamos de la palabra «jaula» e interpretar Gebäude como una «carcasa».122 K a r l L ö w it h 33. habría sido tomada por Karl Löwith de un artículo de Max Weber sobre las condicio­ nes políticas de Rusia a principios del siglo XX. en el cual no se siente prisionero. eligió la palabra «jaula» para dar cuenta de la palabra alemana Gebäude. profesor mexicano Francisco Gil Villegas. con la palabra «jaula». palabra que se puede refe­ rir tanto a úna «concha» — otra de las posibles acepciones— . a saber. No obstante. que aquí traducimos por «carcasa de servidumbre». algo que no obstante imprime tina forma rigurosa al ser vivo que contiene. XXII. como a un «estuche». AfSS. Siguiendo la interpretación weberiana de Wilhelm Hennis. él afirma que la traducción de Gebäude como «caparazón» sería más adecuada que la de «jaula». n. ¿cuál es la naturaleza del tipo de ser humano que está condenado a vivir en las condicio­ nes de una sociedad industrial de la modernidad. en el sentido de participar o no de su estructura orgánica. siguiendo la tradicional acepción de Talcott Parsoiis. has­ ta puede sentirse «cómodo» dentro de él. sino que. la «problemática central» de Max Weber no habría sido la del capitalismo ni la de racionalidad. más bien. tina «caja». con el título de «Zur Lage der bürgerlichen Demokratie in Russland». 1906. como el hábitat del caparazón de un caracol. «jaula» o «prisión» es al­ go externo y no cambia la naturaleza de quien ha sido puesto ahí y busca «escaparse» de la.

En realidad corresponde solamente a Wach. Gil Villegas. 537. pp. en oposición. México.) 35. 180 y ss. pp. Compárese. pp. donde la racionalidad es concebida. 62 y ss. u. México. aun en ese orden teorético subordinado. si las investigaciones religioso-sociológicas de Weber sobre lá sociología de la racionali­ zación pueden ser juzgadas respecto al patrón de una disciplina espe­ cial. 146y ss. M ax Weber. Studien zur Biographie des Werks.wiss. Folios. Él no se pregunta. inobjetables en todo cay so» (compárese. Escritos políticos. Wach. en. en la sin medida «importan­ te conferencia histórica. 33. establecer. Simrnel ha extendido esa inversión histórica para volverla un principio absohrtamente filosófico y ha hecho. 34. cuaderno 2. introducción. 46 y ss. como una racionalidad de la «consecuencia» teleológica de una conducta teorética o práctica. 2003. Compárese con E. edición crítica. 79 y ss. pero queda absolutamente sin aclarar cuán característica es ella. Que esa posición es «característica» de Weber lo nota también J. Anuario de sociología. desde la tragedia de . 1931. pp. a través de una pura délimitacióny determinación frente a planeamientos: «vecinos» de la cues­ tión «formalmente temas religioso-sociológicos. en su presentación de la sociología de la religión (Ensayos so­ bre sociología de la religión. Voegelin. en relación con esto. del mismo modo. con Freyer. y de A. Lit. 1987. Wach lamenta que a. Geist.M ax W eber y Karl M arx 123 Weber.). José Aricó. F. (comp.). de Landshnt.. J. notas. ya citado. p. y no a Weber. la crítica dé H. 37. estudio introductorioy traducción del alemán de «Mi palabra final a mis críti­ cos» (1910). M ax Weber: La ética protestante y el espíritu delcapitalismo. I. ofrecer el desarrollo sistemáticamente articu­ lado de las categorías fundanientáles del círculo de tareas religioso-sociológicas». 1982. Grab. ya citado. pp. 1925.schr. 36. Wilhelm Hennis. Max Webers Fragestellung. ya citado„p. 38. f. Compáresetambién conEnsayossobresociologíadelareligión. Mohr. Fondo de Cultura Económica. Tubinga. sin embargo. la «sociología de la religión». con un «círculo de tareas» estrecha­ mente delimitadoy «objetos» especiales. Se expresa también defacto.]. 1926. Walther. Escritos trimestra­ les alemanes para la ciencia literaria y las ciencias del espíritu históricas [Deutsche Viertelj.Weber no le haya sido «permitido». una línea descendente des­ de lá racionalidad con arreglo a fines.gesch.

. Esta Nada cree haber ascendido a un estadio de la humanidad nunca antes alcanzado» (Ensayos sobre sociología de la religión. pero no se aclara. 40. H. 442 y ss. un «vuelco» de la vida hacia la «idea».. 1927.' «Nadie sabe todavía quién vivirá en el futuro en aquella carcasay. Véase en oposición a Lukács. en una imagen del mundo unificadas A partir de esa filosofía dé la historia comprendemos que la sociología sólo quiere ser ciencia que comprende. se podría decir». en relación con el carácter de Max Weber. ya citado. ya citado. hombres gozosos sin corazón”. una inmanente «trascendencia de la vida». Grab ha intentado.) 44. 157-158. I. pp. y no dice nada sobre las relaciones objetivas. Eljuicio de su sociología de la religión. La problemática del relativismo de valores histórico la ha «superado» Weber «ya. en una investigación sobre el Con­ cepto de lo racional en la sociología deMax Weber.. y no a los filósofos (¡que no eran. pp. 204). A partir. p. p.. contestar la pre­ gunta de qué valores constituyen en Weber la racionalidad. Opor­ tunamente.pp. 42. acerca de la «infeKcidad esencial del hombre científico». En­ tonces. . élse topa allí con la libertad del individuo responsable. si al final de ése desarrollo. con grandiosa consecuencia. Véase La ciencia como vocación (D. Compárese con P.v. 43. cultura podría volverse: "Especialistas sin espíritu. sin embargo. 41. 546) y La política como vocación (Escritos políticos completos. J. Véase Freyer. ^ . 106 y 172. a partir de la falta de comu­ nidades y de valores en general vinculantes. . la palabra de verdad para los "últimos hombres” de ese desa­ rrollo de la. Weber también lo de­ ja expresamente a los «especialistas». 39. Honigsheim. donde no obstante se indica la doble significación de la valoración de Weber del proceso de la racionalización.· para él menos especialistas!). deriva la consecuencia de la vinculación subjetiva de la propia decisión frente a los valores últimos.C. . ya citado (Die Volksmrte). El pathos de ese convencimiento apenas nos deja adivinar cómo todo se unifica en Max Weber. porque él.124 K a r l L o w it h nuestra «cultura». habrá profetas completamen­ te nuevos o un rehacimiento poderoso de viejos pensamientos e ideales o — cuando ninguno de ambos—si se disimulará una solidifi­ cación mecánica con una: esforzada forma de tomarse-en-serib.

porque sobre eso reposa no sólo la crítica de Grab. La idea de la ciencia «racional». añadido al mundo un sentido objétivo y un valor. eso no debe. JVLucho más. para convencerse de que existe un mundo «verdadero». Voluntad depoder. 42). o si [. productos absolutizados de la inteligencia «técnica».mundo» (aun cuando no se identifica con la crítica de Kahler a la «vieja» ciencia de Weber). una cuestión «histórica» y un «aislamiento del. como la entendía Wer ber. 1). sino la de sus críticos. razón más. y ve con ello. el’ cual no se «sujeta histórica­ mente» al espíritu del tiempo realmente existente.M ax W eber y Karl M arx 125 de aquí comprendemos el hecho de la ciencia libre de valores. como la consecuencia. sólo la sanción de un «derrumbe dedos valores». es tan poco anacrónica como dentro de la filosofía lo es el «ate­ ísmo científico» de la filosofía de Nietzsche. en la posición de Weber. para el mismo Grab. precisamente. pregun­ tarse aquí» (pp. cap. «subalternos». Después de Nietzsche no se tiene ninguna. sino que parte de una «valoración correcta» de los bienes de la civilización. eo ip¿o. una inversión del orden de valores «natural». porque. objetivo de lod valores. Kn Grab esa mirada no con­ duce a una penetración de la sociología de Weber.] la sociología sólo puede remitirnos espiritualmente a la idea de un orden social natural. y sin una decisión en esa pregunta permanece no la posición. I. Él se opone aúna eventual (!) reposi­ ción del ordén de valores verdadero. 45-46). los valores de lo «racional» son. «Si hoy existe la posibilidad de una reposición del orden de los valores en todas nuestras esferas de la vida. hasta ahora. de Weber. En principio se ve el mundo «sin valor».. sino también su presentación de Weber. Exactamente eso es lo que debía haberse preguntado aquí. de la interpretación de valores objetiva del ser-ahí. Grab sesujeta a la doctrina de Scheler — diametral­ mente opuesta a la posición de Weber—de un orden jerárquico evi­ dente.. del mero proceso de civilización y la ciencia natural mecánica» a él correspondiente. el cual ha hecho trans­ parente en la voluntad de poder el «nihilismo europeo». valores «ba­ jos». Sobre la base de ese plano de la pro­ . de la separación de realidad y valor (p. pero sólo porque e< ta < t categorías no han sido todavía desvalorizadas (Nietzs­ che. y mantener en pie esa idea a través del tiempo. se trata de volver a relacionar con el hombre a las categorías con las cuales hemos. relacionados con la esfera de lo meramente vital y beneficioso.

Véase la carta de rechazo de Burckhárdt de la historia y la política del presente (1846). sinoen realidad materiali­ zarlas. Stefan Georgey las hojas para el arte. Burckhardt secularizó a los «anacoretas» del tiempo de la inmediata Anti­ güedad. y así. ■ 45. véase F. 5. Honigsheim. 1930. pp. son mentadas en otro sentido. Landshut. George. Ese individualismo de Weber es fácil de reconocer. 49. Historia espiritual alemana desde 1890.^. 419 y ss. según Honigsheim.. Wolters. ya por su puro estilo. 52. como generales y llamadas así por otros. que es propio. Gothein y Weber. Sujetos a esa orientación hacia Scheler. 47. esto es. Compárese én relación con estoy con lo que sigue la descrip­ ción completa de Max Weber dé E. en verdad.126 K a r l L ö w it h blemática de nuestros valores. con relación específica a St. Quien escribe pa­ labras usuales entre comillas las caracteriza com o así-Uamadas. en relación con Rusia.. Artículos completos sobre sociologíay política soc 'uil. op. un caso similar. 51. pp. «contradicción» y «conflicto» no residen en Weber. La «salida». 50. pp. Cartas a los hermanos Schauenburg.. Gothein se conformó con la filosofía néoplatónica de Boethius y Weber se interpreto en los profetas judíos antiguos. él no logra su cometido: remitir las tesis singulares de Weber a sus «fundamentos filosóficos últimos». se debe también entender la interpretación de los valores de Weber. . pp. hasta aquí caracterizada por Nietzs­ che. Y ahí se reconoce que son así llamadas por mí. Compárese con los Articulas completos sobre sociología y política soc'ud. M ax Weber como sociólogo. p. 68 y ss. Escritos políticos com pletos. 126 y ss. en el uso indiscriminado de comillas. cit. 502 y ss. 32. o que directamen­ te. sólo con distancia y reserva. ya citada (nota 19). 46. sino en Scheler. 12). P. Es muy significativo obsevar qué modos de existencia religio­ sos fueron secularizados por Burckhárdt. y lös Escritos políticos completos. Voegelin. 412 y ss. los análisis instructivos de Grab se detienen en algo anteúltimo. P. Honigsheim y S. 48. a cuya ética de valores material remite Grab y con el cual «piensa» el fenómeno «valor» como un «fenóme­ no originario» visible (p. cap. Sólo en el nominalismo franciscano sé encuentra aún. VI.

Ruges al §190 de X a . Hombre y mundo del hombre. IV p. Honigsheim. como la «. todavía en las Teoríad sobre elpkuvalor de 1861-1863 (tomo I. I. En una novela filosófica. .M ax W eber y K arl M arx 127 53.476 y ss. Véase Ernest Seilliére. M ax Weber como sociólogo.. 61. pp¿ 1 y ss. 105.. . Musil ha dado forma psicológica a esta problemática de la época. op. p. nota 67. Véase P.) dice: «El hombre mismo es la base de su producción mate­ rial. 1981.Filosofía del derecho de Hegel en Del tiempo pasado. al sujeto de la producción. pp.] mer­ cancías». 55.-última virtud» de los espíritus «libres». . 5-13 (ahora en.. RousdeauProudhon-Marx. 271 y ss. Stuttgart.. Jaspers (ya citado). EL hombre din propiedades. Logos. 20-28) . ■ 57. y El individuo en el roldelprójimo. 1928. A pesar de eso. mo­ difican más o menos todas sus funciones y actividades. . 308y ss. también sus funciones y actividades como creador de las [. la parte de La ideología alemana publicado en el Archivo Marx-Engels con Ideología alemana y las. \ 56. 388y ss. Feuerbach y la salidade la filosofía alemana clásica.. pp. 1928. 1911. 41. cit. ELcírculo de M ax Weber en HeUdelberg. pp.). p. > 58.. K. Escritos com­ pletos 1. «conscientes» (véase W. El 18 Brumario de Luid Bonaparte. 21 y ss. por lo tanto. (A partir de aquí se designará á ese primer medio tomo del primer libro de la primera división con W. 60. como también de cada otra cosa que él resuelve.I 1. El imperialismo democrático. 182. 54.. Marx. pp. III. Marxismo y filosofía 2. . VII. pp. . 62. Véase K. P. pp. Compárese aquí el artículo sobre L. . obras postumas li­ terarias de Marx y Engels editadas por Mehring con Obras postu­ rnad).3 (en ese tomo.). Compárese también con la crítica en el mismo sentido de A. que subraya el carácter «frag­ mentario» de la completa actividad de Weber. 359.. Dentro de la filosofía esa contracción de la verdad científica se corresponde a la «honradez intelectual» con la reducción de Nietzsché de la verdad a la «confiabilidad». 480. Todas las cir­ cunstancias que afectan al hombre.59. R. Obras completas deMarx-EngeLfVV. p. Korsch. Honigsheim. cit. pp. editado por Rjazanow.. 564. op.

W. en general. 1. Marx llega a la si­ . Y Herder ya postuló la pregunta de «cómo puede la filosofía ser reconciliada con la humanidad y la política. esto mostró. 64. sobre el punto de vista an­ tropológico de Feuerbach—hizo valer el contenido de la doctrina de Hegel del espíritu objetivo contra la problemática abstracta del YoTú de Feuerbach. co­ mo que Marx — posicionado. refleja el ser-ahí de la persona pri­ vada burguesa. pero no lo «superó críticamente». 1. A Feuerbach le queda indiscutiblemente el mérito de haber re­ tornado desde el «espíritu» absoluto al hombre desnudo. de tal modo que los sirva». de su «realización» a la vez que su «pérdida» (W. La diferencia entre Marx y Feuerbach. sin saber que no sólo las rela­ ciones de-vida en apariencia «puramente humanas». 131 yss. que Feuerbach sólo ha «puesto a un costado» a Hegel. 252 y 263).I.I. «Hacer de la filosofía cosa dé la humanidad. 64. Fue precisamente la filosofía del derecho de Hegel la que había hecho visible ese «mundo» de las relaciones de vida políticas y económi­ cas. esto es. a un hombre sin consideración del «mundo». desde el «volverse filoso­ fía del mundo» (en Hegel)> deba producirse un «volverse mundo de la filosofía». para Marx. sino también los más primitivos objetos de la «certeza de los sentidos» son especi­ ficados y dados por las relaciones generales. Marx se vuelve contra Feuerbach porque éste puso como fundamento de la filosofía a un hombre solamente «abs­ tracto». en süpúesto «amor» y «amistad».. ése fue mi pri­ mer esfuerzo. No obs­ tante. como en la praxis el hombre privado burgués» a la relación privada de personas singula­ res. aislada filosofía de escuelas). a través de los sentidos y de la relación con el Tú— . Así. la forma cómo y a travéd de qué determinó él a ese ser humano en concreto — excluyentemente como ser genérico naturalista. y la respondió con la demanda de la «retirar da» de la filosofía hacia la «antropología».» En una versión distinta se repite este postulado en Marx en la exigencia de que. 607 y ss. pp. Feuerbach ha construido un hombre cuya realidad. en principio. pp. pp. y 613). sociales y económicas (Ideología alemana. se puede describir. resumida del modo más agudo en la famosa tesis 11. Su teoría del Yo y Tú retomó. en el mejor de los casos.128 K a r l L o w it h 63. que termina de ser filosofía (esto es. 242 y ss. Quien anda ese camino arriba necesariamente a hacer del hombre cosa de la filosofía. 65.

comparar con Para la crítica de la economía política. y con la décima tesis contra Feuerbach). La precisión especial con la que Weber (Economía y sociedad. Lukács. para cada singular. del acontecer general y so­ cial. «En tanto el hombre es. La ideología alemana. por primera vez. desarrolla su verdadera naturaleza justo en la sociedady el poder de su naturaleza no se debe medir en el po­ der del individuo singular. esto es. una vez más. 253 y ss. Documentos deldocialidnw. II. pp. El defiende a Hegel contra Feuerbach. y SátiMax. 94 y ss. y elAnti-Dühring de Engels. que cierra con la afirmación de que las «consecuencias» de sus fundamentos de la filosofía del «futuro» no permanecerán. y por otro lado a atacar a Hegel desde el princi­ pio dél punto de vista antropológico de Feuerbach. p. IV. sino en el poder de la sociedad» ( Obrad pódtumad. Marx realizó esas consecuencias. 7\ :La ideología alemana:. contra Feuerbach. sobre la imposibilidad de una cancelación de la enajenación de sí humana dentro de un Estado. Que el hombre sea. hombre social. por naturaleza. II. cap. Compárense con las Obradpódtumad..Historia y conciencia de clade (pp. se postula en Marx desde el inicio — es la conditio diñe qua non de su antropología— . 239 y 258. de forma monárquica o incluso republicana. A la burla de Engels sobre el . 287. aún «político». pp. y lo ataca porque absolutiza filosóficamente esas relaciones ge­ nerales y las mistifica. 70. 312y ss. VIII) se ha dedicado a la sociología histórica de la ciudad muestra aquí. p. en donde el significadoy la estructuraprincipialed del análi­ sis de Marx de la mercancía es referenciado. 302. 69. pp.). compárese con las pp. en el marco de una comprensión de Marx deudora de Hegel. II. 66. pp. 2M yss. 67. Que el murrio Feüerbacli haya tenido conciencia de la tranditoriedad de sus tesis lo muestra claramente el prefacio de sus Fundamentos. de acuerdo con su esencia. 151 y las presenta­ ciones análogas (en la Crítica de lafilosofía del derecho de Hegel). social. 68. porque es Hegel el que lia presentado el significado decisivo. la identidad objetiva entre la enajena­ ción de sí y la racionalización. p. que el mismo revoca en función de su demanda filosófica. hombre de la sociedad. XIV. 248 y ss. Compárese con G.M ax W eber y K arl M arx 129 tuación de hacer valer los análisis concretos de Hegel de la Filosofía delderecho.

p. Sobre el carácter fetichista del capital de interés. Weber presentó esa división de produc­ ción y consumo.). En realidad. apenas se muestra visi­ ble cuando también el ser-ahí mismo es concebido no sólo como verdadera y publicamente ser con y ser con otro. I. por­ que también la misma mercancía es uná «sustancia social». 65 y ss. . 6 6 y ss. Schmidt del 27 de octubre de 1890. desde el cual se pudiera partir (para necesariamen­ te relativizarlo). tras la cual se esconde en cada caso la «dominación de las condicio­ nes de producción» sobre los productores. 76.: En ese doble carácter de la mercancía ya se exterioriza una discusión de la sociedad productora de mercancías en sí misma.). 9 y ss./t a . pp. en la «bolsa» de modo puramente marxista. corresponde la si­ guiente frase de Marx: «Originariamente se diferencia menos un cargador de peso de un filósofo. del Socialismo. Compárese con la carta de Engels a C. sino un resultado mediado de la autonomización. II. 339 y ss. sin embargo. 73. que un perro de correa de un galgo. sino que permanece indescubierto el carácter social de nues­ tros objetos de consumo -del «material» [Zeug] a mano— . vina «máscara de carácter». III. 74. sino como un tal ser. no sólo se reduce el problema de la sociabilidad del ser-ahí a la del «alguien» \Mañ\. Este análisis de Marx muestra indirectamente los límites so­ ciales del análisis de Heidegger del «mundo de obras» \Werkwelt\ (Ser y tiempo. como algo propia a cada uno. A través de la orientación de todo ser interno al mundo al «ser-ahí». para el . pp. en el que tanto uno como otro y todos juntos son generalizados socialmente. una «universalidad abstracta» que oculta así su propio carácter social (véase Marx. véase ELca­ pital (1929). Que nuestro material tiene carácter de mercancía y que la mercancía es una sustancia «social». Para L acrítica de L a economía política. trabajo abstracto humano-social. se entiende. 1. esa «propia regulación» no es un hecho inmediato. Que esto es una mera apariencia.130 KARL· LOWITH «empujador de carreta y arquitecto» de Dühring. 75. ^ 72. La división del trabajo es la que ha producido un abismo entre am­ bos». pp. en su propia forma ontològica. La forma d« que son no obstante «generalizados» se de­ termina en la sociedad burguesa precisamente en que ésta es una so­ ciedad A & singulares atomizados. .

2. por sí mismo (compárese con ELcapital. Ruge. 81. 289. p. 78. véase el reciente Sóbre la sistematicidad de L adoctrina marxista deLEstado y L asociedad. Visto en perspectiva. en otros tiempos uno altamente personal. de E. Las pasiones de esta época carecerían de verdad. su desarrollo sería una repeti­ ción constante de los mismos tira y afloja. en su forma propia. y. sus héroes. 3. Esa esfera es. la privada. aquellas que se elevan a la cumbre. Marx brinda una concentrada presentación histórica de ese mundo envéjecido diez años después — 1852— . p. en Anuario alemán para Laciencia y el arte. aquí resulta evidente lo mucho que Kierkegaard. Cuán acertada es esta caracterización lo demuestra. 160 y la carta de Marx a Engels del 22 de ju­ nio de 1867 (W. es un contemporáneo de Marx y cómo cumbos completan el . tina historia sin acontecimientos. en cambio. con su «crítica del pre­ sente». para el hombre déla época burguesa.III. A lavez. 82. no sin relevancia para la interpretación. entre otras cuestiones. La ideología alemana.«individuo». I. carentes de actos heroi­ cos. 1842. su primera ley. 6. resistiría sólo por tomar prestado de otros mundos. III. el concepto verdadero y general de ser«hombre» y de ser. su inundo. 396). Marx hace referenciaa que la diferericiaentre individuo «personal» y relativamente «ca­ sual» tiene un sentido completamente diferente en distintas épocas y en sociedades diferentes. Lewalter y este archivo (com­ párese la prueba en el apéndice del citado tomo). un significado casual. el «estamento» o la pertenencia fa­ miliar puede tener.M ax W eber y K arl M arx 131 Marx deElcapital. sólo para saciarse y cáer. para el individuo del siglo XVIII. sus oposiciones. Compárese con A. su historia. la falta de decisión. pp. Él interpreta esta época de la revolución burguesa como la propia caricatura de la gran revolución burguesa de 1789. p. 326-327). Así. en EL 18 Brumario de Luis Bonaparte. vuelto así perfectamente «sobrio». Sobre cimbas relaciones véase en especial el resumen metódi­ co de ELcapital. 80. Respecto a la pregunta sobre la fecha. y sus verdades de pasión. Lafilosofía deLderechode HegeLy L apo­ lítica de nuestro tiempo. la consecuencia opuesta que Max Weber ha ex­ traído de aquí. 77. 79. Es una esfera completamente particular dé la vida desde la cual se de­ termina.

» La Revolución francesa emancipó políticamente al hombre como burguéd y. 87 . 286y ss. «En el artesano no ves ningún hombre. como tal. p. y la respuesta aprobadora de Marx a eso.C. en direcciones opuestas. 1. 89. La ideología alemana. El verdadero hombre privado de la Antigüedad era el enclavo.La ideología alemana. II. pp. I. en donde Ruge eita como.ya citado. nota 56. para Marx significa originariamente una «sociedad sin clases». Compárese. D. pp. en general. La verdadera «democracia». donde el comunismo es concebido como el «realmente» existente — aun cuando su «realidad». pp. en la Edad Media cada esfera de la vida privada significaba esencialmente lo mismo que una esfera pública de la vida.. dio forma a la condición privada. 90. 88. un «hombre» (W.I. Korsch> ya citado. El hom­ bre es el verdadero principio del Estado. pp. en el pensador ningún hombre. Compárese con K. una «comunidad de los libres». en el sentido de Aristóteles». la consecuencia de que los valores «últi­ mos» hayan claudicado de la «escena pública». p. en amos y esclavos nin­ gún hombre». 252. véase Lewalter.: 84. p. 240 (la expresión dé Marx tiene su origen en Hegel). en oposición. pp. Por la misma razón. 86.. Compárese con la carta de Ruge a Marx de 1843 (W. Edcritod políticod comple­ tad. pero el hombre no libre. 222 y ss. «lema de su ánimo» el conocido lla­ mamiento de Hölderlin del Hyperlón'. precisamente. en sentido pleno. 554 y La política como vocación. 188y ss. Esto es. p. con ello. 437). 1.132 K a r l L ö w it h quiebre decisivo con la Filosofía del espíritu de Hegel. sea descrita como un «movimien­ to». etcétera. Precisamente por eso no era. en el sentido de una «polid convertida en coémópolut». p. 558). p. en tanto él no participaba de la red publica. 449 y ss. 83. 91. 1. como la condición específica del ser humano — aun cuando ella quería. compárese con Obradpó¿tu­ rnad. 592 y ss. para Weber. Véase al respecto el análisis de Lukács.). Véase Economía y dociedad. entonces. «En la Edad Media la vida popular y la vida estatal son idénticas. . : 85. 98. convertir a cada hombre en ciudadano del Estado» (WJ. la Ideología alemana.

235. 96. 95. mientras que ella. 110. Doc.). 93. y La ideología alemana. Esa analogía con la crítica de Marx de la «crítica crítica» tie­ ne su origen en el marxista K.M ax W eber y K arl M arx 133 92. como la re­ gulación verdaderamente «racional» de las completas relaciones de producción bajo «control comunitario».. p. I. 241. lo que tendría sentido únicamente si también el Todo fuera representado como una suma de campos parciales — religión y sociedad— . contra la mera «categoría» de la división del tra­ bajo. la propia investigación de Weber conoce un Todo frente al cual la pregunta por la atribución del hacer se vuelve no válida: precisa­ mente el Todo inderivable de los campos parciales y también inatribuible de la tendencia histórico-humana a la racionalización. 252.universales y privados (véase especialmente San Max. regulan racionalmente su intercambio con la naturaleza» (El capi­ tal. Coincidente con esto. las cursivas son nuestras). Com­ párese al respecto la diferencia de G. sino en el sentido de Hegel de una unidad de los especia­ les intereses. Al respecto. 315-316. 1. p. el «reino de la libertad» empezaría justo «más allá de la producción material propiamente dicha». II. pp. pp. los productores asocia­ dos. Véase Marianne Weber. Se entiende por sí mismo que esa des-racionalización dé Marx nó fue pensada como un retomo utópico á un «comunismo primiti­ vo». 94. 139. 215 y ss. Com­ párese con las Obras pójturnas. 617. pero no en el sentido naturalista-moralista de Feuerbach. Ser genérico. la idéa de la «l ibertad» se reduce también en El capital a una sobria constatación de que. y más tarde en Miseria de la filosofía. 2. 250 y ss. LVII. del Socialismo IV p· 320. 'véase San Max. dentro del trabajo determinado por la precariedad externa y la necesidad. pp. 97. sólo podría consistir en «que el hombre comunitarizado. Doc. sino como una racionalidad en un estadio más alto. Weber presupone aquí que la pregunta por el «Todo» sólo es postulable científicamente también de modo caudal. Sin embargo. p. La ideología alemana. III. 98. M ax Weber. pp. Para la crítica de la economía política. incluso tras esa comunitarización. 613. del Socialismo IV. Korsch. p. 268y 297. Lukács de la «realidad» de las . Marx. en particular las pp. W. sobre la base del estadio de desarrollo alcanzado en el proceso de producción.

Escolástica. y D. compárese con Walther.C. 102. cit. 344. 166 y ss. B. 1930.. 37. 348. 205. pp. p. op. pp.K arl L o w it h tendencias de desarrollo generales de la historia respecto a los «he­ chos» singulares de lo empírico. op.. y 170. 184y 206.C. pp. 200 y nota 3 de la p. Cuán inapropiada es la crítica de Kraus a Weber surge de las expresiones de este último descritas en la nota 100. puritanismo y capita­ lismo. 101. 83. de la reí.. 87. 205. Véase Soc. de la reí. pp.. cit. 375. Lukács. 198 y ss. op. 234 y ss. 99.C. I. 115 y ss. Compárese con J. 53. y 259. 45 y ss. pp. Ver G.. 238y ss. pp. Véase D. Véase D. nota 3 de la p. y 243 y ss. . 238 y ss. Compárese al respecto Soc. 100. 5.. 60. 103. pp... y en es­ pecial la nota 1 de la p. y 198 y ss. pp. I. cit. 104. 192.. etcétera. Kraus.

Ese estamento representó cada vez más sus propios intereses. pero desde que la es­ tructura social de la nación se m odificó completamente. únicamente. una vez. hacia abajo.» Las verdades incóm odas que W eber había dich o hacia arriba. la dinastía prusiana se apoyó hasta el fin del siglo X IX en la aristocracia terrateniente de la PruJia oriental. y cada vez menos el interés político general de la nación. decir lo que no es oído con gusto — hacia arri­ ba. a la socialdemocracia.M a x W eber y sus seguidores ( 1939-1940) El discurso académ ico inaugural de W eber de 1895 sobre el Eétado-nacuin y la política económ ica popular tiene com o tema la problemática posición de la burguesía alemana al final del si­ glo X IX . un significado destacado pa­ ra la construcción del Estado prusiano. no estoy en condiciones de responder boy a ello con una afirmación. La econom ía popular. son las siguientes: En prim er lugar. y no por último a su propia clase. a los ju n k eré. «Yo soy un miembro de la clase burguesa. me siento com o tal y fui criado en sus con­ cepciones e ideales. y también hacia la propia clase— . Este estamento había tenido. Precisamente el oficio de nuestra ciencia es. es una econom ía al servicio de la política de poder nacional. Pe­ ro simultáneamente él reconoció también la incapacidad de la clase burguesa para dirigir la nación. com o la entendió W eber. su ta- . Y cuando me pregunto si la burguesía de Alemania está hoy madura pa­ ra ser la clase políticamente rectora de la nación. hacia abajo.

Cuando Bismárck fue neutralizado p o r jóvenes emperadores. bajo la firma del "gobierno m onárquico”. satisfecha p o r los éxitos nacionales de 1870-1871. «Él deja una nación ¿in nin­ guna educación politica. El gran hombre de Estado. Es más. y a veinte años antes. el último y el más grande entre los junker*). en ese aspecto. sin crítica a la cu alificación política de aquellos que ocuparon el asiento dejado libre p o r Bismarck y que con sorprendente lasitud tomaron en sus manos las rien­ das del gobierno. Pero la tragedia de esa fundación del reino fue que a ella no le siguió ninguna unidad interna de la nación y de sus clases sociales. E n el interior no atrajo ni a los intelectos autónomos ni a las personalidades destaca­ das. En ese punto residió. Y sobre todo una nación din ninguna voluntad política. Bism arck. cpm o consecuencia de esa utiliza­ ción perversa del sentimiento m onárquico com o escudo de propios intereses de poder en la lucha política partidaria. el da­ ño más difícil. Y aún más. en su cumbre. p or ella. ha ganado para el pueblo alemán. Justo al final del siglo com enzaron algunos (p o­ cos). m uy por debajo del nivel que había al­ canzado. los miem­ bros de su partido fracasaron completamente. ninguna madurez política interna. no dejó en absoluto una tradición política. a quienes les había quedado «la capacidad del odio con­ . para resumir. a través de la guerra con Francia. La culpa la había tenido el mismo Bis­ marck. lo que se d ecid ió sobre ella. ni siquiera las soportó.136 K a r l L o w it h rea està sin em bargo agotada. la unidad externa. p or el contrario. p orq u e su desconfianza y su m enosprecio hacia los hom bres no habían dejado aflorar en su entorno a ninguna personalidad sincera y autónoma. de la política.» En éegundo Lugar: un espíritu «ahistóriep y apolítico » se apo­ deró de la burguesía. y a se ocupó. El Parlamento se había vuelto un mero «aparato de aprobaciones» de la bu­ rocracia dominante. en gran manera. dejó com o herencia una nación acostum brada fatalmente a dejar promulgar. acostumbrada a que el gran hom bre de Estado.

poder de una clase llamada a la conducción política». Sus portavoces son mucho más inofensivos de lo que ellos mismos piensan: «N o hay en ellos ni una chis­ pa de aquella energía catilinaria del hacer. El motivo para ese fra­ caso de la burguesía es su pasado apolítico. del que disfrutó la burguesía ingle­ sa. mientras que las amplias capas de la pequeña burguesía ni siquiera se habían despegado de su estrecha mira de nuevo rico \SpLefibiirgertiinri\. Y así se hizo visible que una parte de la gran burguesía. la pregunta más seria sobre el futuro políti­ co de la burguesía alemana sería ahora (1895) si la clase de los trabajadores podría convertirse en la portadora del futuro político. para la cual la burguesía se de­ muestra m uy débil. Pero tam poco ella está en condiciones para tomar la dirección política.M ax W eber y K arl M arx 137 tra lo pequeño». a correr el velo de las ilusiones burguesas y a reconocer que la herencia de Bismarck se había convertido en la maldición de su decadencia política. si el m undo que nos hereda reconoce en nodotrod a . sería esperable que la carga de la responsabilidad. son idóneos com o portadores d é la conducción. Ellos son pequeños. El trabajo de crianza política de siglos. de m odo que ni el esta­ m ento de los junkerd. Sólo cuando de los trabajadores surgiera una élite. ni la burguesía y la clase trabajadora. En tercer lugar. raquíticos maestros políti­ cos — les falta el gran instinto d e. y la dominación de un hombre singular extraorduiario no es siempre un medio para la form ación política. ex­ trañaba un nuevo César. El proletariado alemán tiene el carácter de una «pequeña burguesía política». por m iedo a las masas populares rebeldes. no se deja recuperar en una década. pudiera ser portada sobre esos más anchos hom bros — aunque hasta entonces queda todavíá un largo ca­ mino por recorrer— Y así cierra W eber su discurso con la si­ guiente con fesión resignada: « N o es nuestra generación la que está destinada a ver si la lucha que llevamos a cabo tra­ erá frutos. pero tam poco un aire de la pasión nacional dominante que sopla en los cuartos del convento.

1 funcionariado propiamente dicho. en referencia a la Revolución rusa. de acuerdo con sus intereses. y la recién sur­ gida clase de los «em pleados» se acercaría m u ch o más. En 1917. que p or su lado y a se aburguesó también. sino a una tendencia p ro­ pia de la com pleta burguesía occidental hacia la racionálización. W ebér entendía bajo el térm ino «bu rocracia» no sólo a . para discutir sobré las posibili­ dades existentes de una selección de líderes políticos. a la burguesía media que al prole­ tariado. Por eso. a m enos que estémos listos para volvernos otra cosa: antecesores de uno más grande». sino también de la econom ía y de los partidos políti­ cos— . sino el poder transgresor de la burocratización creciente — no del m ero aparato estatal. que tendría un interés prioritario en la seguridad y en el orden. El verdadero problem a parecé ser para él y a no la inmadurez de ambas clases de la sociedad burguesa. postuló la tesis de que la última consecuencia del desarrollo democráti­ co no sería la dictadura dé los trabajadores. en el funcionamiento del aparato estatal y de la maquinaria económica. no podría afirmarse dé ninguna manera que el húméro y poder de los dirécta e indirectamente interesados en el orden bur­ gués habría mermado. P or el contrario. en los sindicatos.138 K a r l L ó w it h duj antecesores. precisamente la guerra habría fortalecido la tendencia hacia una total funcionarizáción de la vida pública. A l escribir W eber durante la guerra su tratado crítico sobre lá reforma dél parlamentarismo. Con ella se extendería y se consolida­ ría nuevamente la sociedad burguesa. N o lograremos escapar de la maldición bajo la cual estamos sujetos: ser los que nacieron después de un gran tiem po político. amplió el fundamento de la mirada de su discurso de inauguración. sino la de los fun­ cionarios y empleados. com o consecuencia de las crisis socia­ les y económicas que trajo la guerra consigo. «C om o el así denominado progreso hacia el capitalis- . fuertemen­ te.

acuerdo con actas. pensión. D el m onárquico tanto com o del de­ mocrático. competencias fijas. en benefi­ cio de los em pleados fijos. asimismo.: una máquina que en com binación con la técnica podría p ro ­ ducir una «carcasa de servidumbre».tanto com o lo hace el Estado absolutista. desde la E dad M edia. Frente a esa tendencia sólo quedaba una pregunta en pie para W eber: ¿cóm o se puede rescatar todavía. patri­ cios u otros cargos. escolarización especializada y división del trabajo. impotentes. La fuerza de choque de la armada descansa so­ bre la disciplina del servicio. «cualquier resto de libertad de movimiento> en algún sentido.-. el patrón u nívoco de la m o­ dernización del Estado. ya sea de h on or o heredados. en la cual luego los hom ­ bres serían obligados. que descansa sobre puesto. a introducirse. dentro de esta omnipotente «aparatización». Y completamente ineludible sería si el mismo Estado fuera el que tomara la di­ rección de todas las empresas y las controlara. el condottiere. La dem ocracia deja sin efecto. sueldo.el cacique o el hé­ roe homérico. orden jerárquico para abajo y para arriba es. los oficiales. “individualista” »? Sobre la ba­ . También el ejército m oderno de masas es burocrático·. E m pleados con ju risdicción deciden sobre todas nuestras necesidades cotidianas y recla­ maciones del día. así el progreso hacia unfuncionariado burocrático.» La «burocracia» se extiende desde la fábrica hasta el Esta­ do y la armada y es tan «ineludible» com o los otrbs portado­ res históricos del orden m oderno de la vida. El se volvería entonces una «máquina de hom bres» que lo abarcaría todo. la admi­ nistración a través de notables feudales. esto es. ascenso. el oficial es una categoría especial del funcionario.M ax W eber y K arl M arx 139 mo. es el patrón unívoco de la m oder­ nización de la economía. En el punto aquí decisivo no se distingue la cúpula militar. patrimoniales.. en contraposición al caballero. y también cuando el Estado no es un pequeño can­ tón sino un gran Estado de masas. del funcionariado admi­ nistrativo burgués.

tanto del pensam iento científico com o del hacer político. ' L a antinomia de la ciencia política de W eber consiste en que justamente la incliuián ineludible en la «m áquina» [B etrieb\ se vuelve el lugar del jer jl mimw posible. aunque no pensaba con esto. a partir de su propia res­ ponsabilidad. comenzar cada momento con su persona y. en la posibilidad de un liderazgo dictatorial en un « Es­ tado de un solo partido». un espa­ ció en función de un liderazgo autoritario de carácter político. El líder político debe actuar. sino en un Estado con múltiples partidos y con Parlamento. y la carcasa de la «servidumbre» futura.~ idóneo y responsable. contraponerse a su jefe — sea éste un m onarca o incluso el demoJ— . Por un lado él quitó a todas las ins­ tituciones objetivas cada sustancial v alor p rop io. en su última ponéncia sobre i z políticacom o vocación. pero las afirmó: con un N o Obstante com o el m edio dado para un fin elegible de form a libre. El empleado y funcionario debe llevar a cabo lo que le fue ordenado p or una instancia supérior. p o r el otrp. incluso pa­ ra aquella «libertad de movimiento» que atañía a W eber com o hombre y com o individuo. L os diferencia a través de la medida de sus diferentes tipos de responsabilidad y de honor. sin considera­ ción de su convicción personal. él. to­ davía. dentro de su marcó. En tanto W e b e r con sideró la máquina de hom bres humana com o ineludible. su pregunta política fue cóm o se deja ganar. G om o consecuencia de esa separa­ ción entre subjetividad y objetividad y el carácter no vincu­ . bajo ciertas circunstancias. Su fórmula drástica para ello fue: demo­ cracia de Liderazgo con máquina. el único cam po de juego. e inversamente.K a r l L ó w it h se de esa perspectiva. igual que el empresario autónomo. la com ­ prensión de la subjetividad de nuestras últimas puestas de va­ lor y decisiones es precisamente la que debería resguardar la objetividad y especialidad. entre encasillados hom ­ bres gen éricos e individuos autónom os. hizo la diferenciación de principios entre em­ pleados estatales y líderes de partido.

pero no de este mundo. mientras que Weber. que renuncia al éxito entre las masas. para querer afirmar en él. cuyo ori­ gen histórico reside en la crítica cultural de Rousseau. con la intervención de su entera persona. una. para superar la contraposición entre el hom ­ bre y el ciudadano estatal. entre ética de la responsabilidad y ética: de la convicción. que pertenece a la sociedad. Tras la muerte de W eber (1920). En eso consiste su heroísmo humano y su honradez intelectual. que le distinguen de todos los demás. entre funcionariado y lideraz­ go. con la pasión del hacer aislado. empero. en su diferenciación del burgués m oderno en el aspecto de un homme que se obedece á sí misino y un citoyen. libertad singular. lo haga im popular y per­ manezca inefectiva. com o la que tom ó W eber fren­ te a las posibilidades del presente. reside en su naturaleza. su propia posición se volvió necesariamente una oposición perdurable y una única apolo­ gía de la libertad del individuo que protesta. por elcon trario. la separación entre cosa y persona. sin em bargo. -una total enajenación del individuo en relación con la comunidad. en m edio y con­ tra la servidumbre creciente en el m undo político y económ i­ co. para poner en cuestión la carcasa. todas ellas surgen de la una y fundamental antinomia entre libertad y coerción. entre conocim iento objetivo y valoración subjetiva. Q ue una tan crítica actitud. entre esfera pública y privacidad. afirma decididamente com o nuestro «destino» el mundo desencantado dé la civilización moderna. Así pu­ do posicionarse en cada situación dada y depender completa^ mente de sí mismo. en rápida progresión. se com portó de manera pasional— . lo que ha­ . La diferenciación rigurosa que llevó a cabo W eb er en el interior de la teoría de la ciencia y de la conducta práctica: es decir. La gran diferencia entre la crítica de Rousseau y la de W eber de la civilización existente reside. que es en esté mundo. en que Rousseau exige.M ax W eber y K arl M a rx 141 lante que se sigue de ahí para todas las circunstancias objeti­ vas del m undo existente — hacia las cuales. el de­ sarrollo alemán dejó de lado.

difícil de sobrellevar. para arribar co n la R ev olu ción de 1933. L o que y a era válido para la guerra se ha repetido con fuerza después de la catástrofe: los muchos . a través de la pérdida de contenido querido. es sin em bargo prácticamente una confirm ación d e la previsión de W eb er de una «dem ocracia de liderazgo». dado que éste no estaría disponible. que sólo era responsa­ ble: de sí mismo. El individuo liberado. el «em pleado» en alguien que dispone de su puesto \Ámtdwalter\ y la «maquina de hom bres» en un frente total de trabajo. D e su tesis de que sólo un «profeta» puede decirnos a nosotros lo que debem os hacer objetivamente. cuya última instancia sólo era la elec­ ción decidida de una postulación de unos valores entre otros. lo que no incluye que él mismo hay a. y que. totalmente funcionarizada. Con esa ab­ dicación de la elección Ubre entre posibilidades diferentes en favor del una vez elegido Führer.debid o también recorrer ese camino. a una organización del Estado y de la.sociedad burguesa que> si bien es cierto que ideológicám ente es una aparente refutación. se convierte en una persona que está conten^ ta d e haber pod id o transferir la carga. al m argen de cuáles sean éstos. de esa tesis totalm ente individualista hay sólo un paso hasta lá com pleta inclusión en una máquina de convicciones total.142 K a r l L o w it h bía sido querido p o r él. Él ha preparado el camino a un Estado de liderazgo autoritario y dictatorial. la «sujeción» en obediencia. ca­ da uno debiera decidir por sí mismo lo que piensa hacer en es­ te tiempo de falta de autoridad de una decadente esfera públi­ ca. por ultimo. bajo la voluntad de un líder con aptitud de oratoria que diga a las masas lo que éstas deben creer y hacer. se transforma la «decisión» propia en la obediencia decidida a un dictado. de la autodeterminación. a través de lo for­ mal de su ethod político. positivam ente a través de que representó el liderazgo irracional «carism àtico» y la «dem ocracia de liderazgo con máquina». y negativamente. que preparó a los otros. W eber se volvió un anticipador del futuro político de Alemania.

Weber. hacia un «pensamiento del orden concretó». El teórico del tránsito. con ello. una potestad y un sen­ timiento con uno. desde la democracia parlamentaria del Estado de partidos nacional-liberal hacia la dem ocracia autoritaria y dictatorial del Estado total. obbedire. y llegando. un desarro­ llo gradual de la caída que iría desde la época teológica del si­ glo XVI. una gen eración más jov en que los y a ci­ tados. Schmitt. C on la transformación de la de­ m ocracia burguesa en la democracia de masas industrial se al­ canzó. Él ofrece. que nos confundieron largamente y nos extenuaron. «M e puedo imaginar — es­ cribió R. p or último. a la técnica-económ ica del XIX. ser así. el punto en que debe revertirse en su contrario. siguiendo a Comte. puramente cul­ turales. M . obediencia y activa disposición. el punto culminante de ese movimiento de decadencia y. Rilke en 1914 a su joven amigo en el frente—que esto es una alegría imborrable. es el teórico del Es­ tado C. especialmente después de los tiempos muy dispuestos hacia múltiples voluntades. Schmitt se diferencia expresamente de la generación anterior a él. después. describe tres fases del desarrollo alemán. en una total politización aun de los campos en apariencia «neutrales». Sombart. de la cual Troeltsch. Los fundamentos histórico-filosóficos de su concepto de lo político fueron aclarados con precisión p or Schmitt en una ponencia de 1929 titulada Sobre la era de Lu) neutralizadoned y las de<fpolitizaciones. hacia la épo­ ca humanitaria-moral del XVIII. pasando por la metafìsica del siglo XVII. combattere. esto es. Rathenau y Sche- . pasando por el decisionis­ mo dictatorial. Su devenir desde un normativismo pensado de m odo jurídico extremo y de tinte católico. C om o expon en te de ese m ovim iento de reversión.» Sólo de esa form a debe enten­ derse también la fuerza de atracción del lema fascista de crede­ re. que demandaba primero creencia y en­ seguida.Max W eber y Karl M arx m «planes irresueltos» del hom bre singular fueron confiscados por un «decidido destino general». al com ienzo del siglo XX.

esto es (para Schmitt) de un Esta­ do total que cuente con la guerra. Su res­ puesta es: sólo una que politice todas las esferas de la vida. en la mano de un Estado decididamente «político». los descubrimientos técnicos son medios para una dom i­ nación inmensa de las masas: a la radio le pertenece el m ono­ polio de la radiodifusión. p or eso. «Los descubrimien­ tos de los siglos XV y XVI tuvieron un efecto liberador. ni una respuesta política. D e sus principios y perspectivas. a la centralización y a la descen­ tralización. El descubrim iento del arte de la im pre­ sión de libros con d u jo p or ejem plo a la libertad de prensa. La técnica debería volverse el medio de la dominación política de las masas. la censura. meramente téc­ nicos.144 K a r l L o w it h ler le aparecen com o característicos. Esta puede ser revolucionaria y reaccionaria. en la misma m edida en que ellas han sido neutralizadas p or la econom íay la técnica. precisamente porque son en sí neutrales a muy diferente fines. no surge ni un planteamiento político. Todos ellos vivían toda­ vía en la atmósfera del nihilismo europeo y de un abismo que era previsible. en el que tod o lo que antes aparecía sólo bajo una perspectiva económ ica y cultural se vuelve político (y no en menor medi­ da. también. servir a la libertad y a la dominación. Hoy. «L os rusos tomaron la palabra al siglo XIX europeo.» La pregunta de Schmitt es. Pero la economía y la técnica pueden servir com o medios. indivi­ dualista y rebelde. la ciencia del Estado). Schmitt contem pló la posibilidad real de un Estado así. Su preocupación y a no es compartida por Sch­ mitt. lo con o­ . originariamente en Rusia. al filme. com o un medio respecto al fin. La decisión so­ bre la libertad y la esclavitud n o reside en la técnica com o técnica. qué política es lo suficientemente fuerte com o para servirse de la técnica co ­ mo un m edio y otorgarle un «sentido inobjetable». porque ésta surge sólo de la «duda respecto a la propia fuerza» de servirse del instrumentarlo grandioso de la técnica moderna. y a cuya existencia pertene­ ce un «enemigo total».

com pone también. en esencia. y ha producido en Rusia una unidad nacional real. com o si­ tuación. com o tal. aunque pensada de forma marxista. y porque ella capta al hombre en su entera existencia. la fuerza revolucionaria de los trabajadores. él renuncia simplemente a cada ti­ po de institución liberal. de nuevo. L o que sucede en Rusia com ­ pleta y supera ideas específicamente europeas y muestra. D e form a absolutamente indepen­ diente de los pronósticos políticos externos e internos. sobre to- . rusa. se debe entender solamente a partir del desarrollo europeo de los últimos siglos. que le obliga a uno a llevar. sino que ésta haya centralizado y totalizado a Rusia. H a hecho a Rusia. determinada de m odo polémi­ co com o negación del «pluralismo» en el Estado de partidos liberal. y que aquí surge un Estado que es más e intensivamente estatal que lo que fue alguna vez el Estado de los príncipes absolutistas Felipe II. porque y a en 1923 estaba convenci­ do de que el principio parlamentario de la publicidad y la dis­ cusión no tenía más sustento bajo sus pies. Q ue todo. uno político. Schmitt no comparte y a la voluntad de W eber de ca­ pacitar al Parlamento a través de la selección de una casta de líderes políticos. Esa unidad es. según su posibilidad.M ax W eber y K arl M arx 145 cieron en su núcleo y extrajeron de sus premisas culturales las últimas consecuencias. com o S o­ rel. Luis X IV o Federico el Grande. «Total» llama él a la unidad política. M ás aún. porque — cuando ella existe—cada asunto es. se pue­ de decir. Se vive siempre bajo la m irada del hermano radicalizado. en una enorm e elevación. el núcleo de la historia m oderna de Europa. hasta el fi­ nal. ciertamente. en exclusiva. la conclusión práctica. la sustancia del concepto de lo político de Sch­ mitt. La revolución ha echa­ do a un lado la discrepancia entre la Intelligentdia europea y el pueblo ruso por medio de la destrucción de la burguesía.» Schmitt no admira en la Revolución rusa. La «unidad política» formal. una cosa: que sobre el suelo ruso fue tom ado en serio eso de la antirreligión de la técnica.

sin em bargo. La producción de esa unidad política a través de una deci­ sión es dictatorial. sino sólo el desnudo Que imperativo \Daß] de la existencia estatal com o tal. com o el punto culmi­ nante de la política grande. en necesaria oposición a la dem ocracia.. sino que puede ligarse a ella. si es un Estado nacional capitalista o un Estado de los trabaja­ dores com unista. L a dictadura no está. de funcionarios o de soldados. de com erciantes. porque no determina ningún Q ué flPíw ] y ningún Cóm o. es para Schmitt indiferente. la religiosa. incluso de m odo mu­ . «Soberana» es la unidad política. L o que a él le concierne originariamente no es si un Estado está constituido y ordenado así o de otro m odo. la social. a través de qué fuerzas y contenidos el Estado tenga su determinada for­ ma propia. la económica. entre pueblo y Estado. porque ella decide sobre la guerra y la paz y porque es absolutamente determinante. entre masa y liderazgo. Porque esa unidad total y soberana que Schmitt denom ina simplemente «lo político» no posee ningún cam po específico. la fami­ liar) es una determ inante en un sentido incondicional. en tanto que rom pe definitivamente con la indecisión del Estado de partidos liberal y no se apoya en nin­ gún acuerdo y en ninguna discusión. sino siempre sólo una cosa: que es una unidad política determinante que decide soberanamente sobre la vid a de los hom bres. en principio.m K a r l L ö w it h do en el caso decisivo de la guerra. P orqu e a su esencia pertenece sólo el consenso de la volante genérale con la volonte de toud. La voluntad del pueblo no necesita ser contabilizada en números en una elección secreta. en el Estado de partidos liberal ninguna de las mu­ chas uniones o «asociaciones» en las que vive el hombre sin­ gular (la nacional. E n oposición a esta unidad política. un Estado de curas. entre voluntad popular y ley. Puede ser expresada. la identidad entre dominados y dominantes. E sa indiferencia contra cada contenido político de la decisión pura form al caracteriza el concepto básico de Schmitt de guerra.

en correspondencia con la doctrina antisemita de las razas.M ax W eber y Ka r l M arx 147 cho más originario y creíble* en una aclamación. Mientras que Schmitt siguió siendo sólo un mero decisionista y se conform aba con la demanda de la unidad política formal. Esto sucede desde la tercera edición de E l concepto de lo político. En el ario camarada del pueblo y del partido desapare­ cen. no se vio urgido a responder a la pregunta sobre dón­ de radicaría la sustancia hom ogénea de la dem ocracia dictato­ rial. U na democracia* dice Schmitt. Ellas son ántiliberales. p o r m edio de la R ev olu ción de 1933. esto es. puede ser militarista o pacifista. que debe garantizar la igualdad de especie entre con ­ ductor y conducido. en su principio. La sustancia del Estado total se vuelve ahora el «semejante» camarada del pueblo. todos los problem as del último siglo: la . sino que debe tener una sustancia concreta. y co n ello han cread o el fundamento para una volante genérale. Tiene com o correlato una no igualdad posible. y los m éto­ dos dictatoriales pueden ser exteriorizaciones inmediatas de una sustancia dem ocrática. Apenas después de que fue tomada fácticamente la deci­ sión. La igualdad no consiste en la igualdad apolíti­ ca de todos los hombres de la humanidad sümida én el indivi­ dualismo. La igualdad biológica de la raza reempla­ za a la igualdad teológica ante D ios y a la igualdad moral ante la ley. sin p o r eso dejar de ser. de reconocer la igualdad política de los ciudadanos. progre­ sista o reaccionaria. una «hom ogeneidad» o igualdad de especie. La igualdad política se refiere. él se v io en la necesidad de dar también un basamento a la unidad política. de la que se había mantenido inicialmente distante. siempre solamente a «los iguales». y el nacido libre del es­ clavo. en apariencia. absolutista o liberal. La R evolución rusa y la fascista poseen una hom oge­ neidad dem ocrática de este tipo. com o por ejemplo se diferenció en la A n­ tigüedad ló griego de lo barbárico. una democracia. a diferencia de la idea de igualdad humanitaria. pero no antidemocráticas.

. sino Schmitt. El «relativismo» histórico de W e­ ber era portado p o r un ethod decisivo. la problemática del reino de Bismarck se resuelve de una form a m uy simple: el segundo reino fue un com prom iso del Estado constitucional burgués con el Estado militar de Prusia. Quien ha tenido la oportunidad de ver a W eber y a Sch­ mitt en la presentación pública de sus pensamientos no puede dudar un instante sobre cuál de los dos era el «ciudadano»: no Weber. esto es. que osciló de un campamento a otro y no desaprovechó la oportunidad de hacerse miembro del ambiente justo. A l final venció. y a que la libertad es un invento del lib e­ ralismo. un arribista talentoso com o Schmitt ganó una influencia sobre el pensamiento político y la legisla­ ción del Tercer Reich que sería difícil de exagerar. Es propio de la tragedia de la vida política alemana que un hom bre sabio com o fue W eber nunca haya podido llegar a actuar durante la crisis de la estructura de Bis­ marck. algo a lo que el carácter de W eber había renunciado. del Estado de derecho con el Estado del Führer. que en ese Estado no tiene lugar. que se confesó leal a su clase. de nuevo. mientras que el decisionism o dictatorial de Schmitt encuentra su explicación en lo que él mismo develó. D e la misma mane­ ra. com o «ocasionalismo». Se vuelve también irrelevante el pro­ blema de la libertad dentro de la carcasa de servidumbre que es el Estado total. que no deja negociar con sigo mismo.148 K a r l L ö w it h oposición entre Estado y sociedad. el «soldado» sobre el «ciudadano». en el actuar por oportunidad. Por el contrario. de clase burguesa y prole­ taria. en Adam Müller. de hom m ey citoyen.

porque también esa ponencia dice. únicamente. otra vez.L a posición de M a x W eber frente a la ciencia ( 1964) M a x W eber estudió D erecho y se habilitó en 1892 en D ere­ cho comercial y D erecho romano. Ya un año después recibió la posibilidad de ejercer com o p rofesor extraordinario en Berlín y. «Yo soy un miembro de la clase burguesa. hacia abajo. de ingreso en la universi­ dad de un treintañero. desde la primera hasta la última oración. me siento com o tal y fui criado en sus con cep cion es e ideales. Su ponencia inaugural en la universi­ dad sobre EL Estado-nación y La política económ ica popular despertó indeseados comentarios. en Friburgo. porque animó a decirle a la burguesía alemana incóm odas verdades. decir lo que no es oído con gusto — ha­ cia arriba. El tránsito desde el campo del derecho al de la econom ía na­ cional y lá sociología estuvo mediado por el estudio de la his­ toria agraria romana. que W eber sostuvo veinticinco años después. son afirm aciones con una exigencia fuera de la acostumbrada. no estoy en condiciones de responder hoy a ello con una afirma­ ción. resuena y a ahí. le ofrecieron trabajar com o profesor ordinario de econom ía nacional. El tono de su ponencia La ciencia co­ mo vocación. un año antes de su muerte.Y cuando me pregunto si la burguesía de Alemania está h oy ma­ dura para ser la clase políticamente rectora de la nación. W eber veía com o una ventaja . ver­ dades que son oídas a disgusto. y tam bién hacia la prop ia clase— .» Para un discurso académico. Precisam ente el oficio de nuestra ciencia es. después de un año.

« N o es la regla. En verdad. acostum brada a que el gran hom bre de Estado en su . É l dejó tras de sí. no de trata de ideales espe­ ciales y ganados p o r sí mismo.. ] y donde él busca formular. una nación «din ninguna educación polí­ tica». sin embargo. mientras que en realidad se trata de juicios y prejuicios subjetivos muy condicionados. sin consideración también. el mismo que juzga n o tendría conciencia. sino que también el pensa­ miento fundamental de La ciencia como vocación resuena y a en la lecció n de ingreso en la universidad. sino casi la excepción. que el que ju zga p on ga claridad frente a otros y frente a di mismo sobre el núcleo subjetivo último de sus juicios. de los cuales en su mayoría. a las propias estrecheces religiosas y morales. recae en va­ gas indeterminaciones. en general.] sobre los ideales a partir de los cuales avanza hacia el juicio de los procesos observados. y n o p or último a su propia clase. [ . se aprendía a reconocer también y precisamente hechos incó­ m odos — sin consideración a los prejuicios heredados y dom i­ nantes en general. W e b e r com bate el «engaño óptico» que procede com o si los parámetrod del juicio y la valoración de los acontecimientos económ icos y políticos se dejaran extraer de esos acontecimientos mismos. Falta el control de sí consciente [ . ..150 K a r l L o w it h primordial de la form ación científica el que. sino de los viejod tipodgenerales de idealed humanad que nosotros transportamos también en el ma­ terial de nuestra ciencia. cóm o herencia. a los junkerd prusianos. El des­ precio de los hom bres de Bismarck no dejó florecer en su cer­ canía ninguna personalidad autónom ay honrada. a la socialdem ocracia.» Las verdades incóm odas que W eber tenía para decir hacia arriba. sociales y polí­ ticas. su principio “econ óm ico” específico de valoración. . sobre todo. hacia abajo. que se denom inan co n gusto «tradición » y «con v en ­ cim iento». a través de ella. Pero no sólo el tono. son las siguientes: a la catástrofe de la fundación del reino alemán se debió que a ella no le siguiera ninguna madurez política interna.

Los dos tratados posteriores — Sobre alguna*) categorías de la Sociología comprensiva (1913) y E l sentido de la «Libertad valorativa» de las ciencias sociaiy económica (1917)—son él resultado de esa reflexión crítica sobré el propio quehacer científico. p or ella. En 1897. a la pregunta p or la construcción m etódica de conceptos. Péro tam poco élla estaría en condiciones de tomar la conduc­ ción política> porque lé falta para éso el gran instinto dé poder. La bur­ guesía estaba satisfecha tras la victoria nacional de 18701871. en relación con ellas. Jaffe y W. y los tres tomos de los Ensayos sobre sociología de la re­ . que sopla en los cuartos del con vento. Cuando W ebér publicó su discurso de ingresó en la universi­ dad. sirio la contradicción que las explicaciones que siguen encontraron en muchos de sus oyentes. A qu í llega pronto a Una interrupción inesperada y misteriosa de la activi­ dad docente. de la política. La pregunta. orientadas histórico-universalmente y.M ax W eber y K arl M arx 151 cumbre ya se había ocupado. p or el futuro p o ­ lítico siería p or eso. se tra­ taba de una pequeña burguesía. La inmensa obra inconclusa de Economía y sociedad. èri tod o caso algo temerosa de las masas populares que se rebelaban. me llevaron a publicarlas». com enzó para él uria nueva activi­ dad. W eb er fue llam ado a H eildelberg. la principal obra sistemática aparecida tras su muerte. Justo con la fundación del «Archivo para la ciencia social y la política social» dé Heildelberg. si la clase trabajadora p o ­ dría volverse la portadora del futuro político de Alemania. sin ninguna voluntad política: y «sin la capacidad del odio contra lo pequ eñ o». comenzada de forma tan brillante: una severa en­ fermedad psíquica le impidió durante diez años ejercer su ofi­ cio. ahora (1895). incluyó un corto prefacio que contiene aquella oración in­ troductoria tan característica de él: «N o el consenso.' pero tam poco un airé dé la pasión na­ cional dom inante. y porque no vive en ella «ninguna chispa de aquella énergía catilinaria del hacer». en pocas palabras. que se consagró a investigaciones sociológicas. que dirigía conjuntamente con E. Sombart.

. [ . en el mismo estadio. p o r mis con ocidos más íntimos.152 K a r l L o w it h ligión fundamentan la fama científica de Weber· Es sorprenden­ te qué en menos de dos décadas fuera posible no sólo apropiar­ se de esos conocimientos generales y particulares de los cam­ pos del D erecho. con detestable austeridad»·2 . Él gravitaba también sobre su hermano más joven. M ax W eber escribió en 1887 en una carta sobre su hermano.. que desde 1903 no pudo desarrollar nin­ guna actividad docente pública. y él podía desarrollar libremente sus puntos de vista durante horas en estrecha continuidad. Admirable es empero..] mis obtusas consecuencias. la econom ía. Alfred Weber. W e­ ber producía una impresión de pesadez sobre algunos por lo excelso de su saber.. El «desencantamiento» del mundo histórico p or medio de Ja ciencia racional. Salin. produjo en sus contemporá­ neos. [ .]. todos los que antes y después se habían expresado sobre el tema de otro m odo empalidecían com o no originales y esquemáticos. con un punto de vis­ ta propio. también. sino dominarlos y penetrarlos metódicamente. sino que sólo recibía a amigos. la fascinación perso­ nal que ese hombre. sus filosofem as presentes me son familiares desde antes. pero no sentimental. colegas y jóvenes: especialistas en su casa — E m st B loch y Georg Lukács pertenecían a ese círculo— . Cuando W eber ha­ blaba en una discusión.. al que tanto tienen que agradecerle la Univérsidad de Heildelb e r g y la sociología. Y en aquellos que estaban más o menos cerca del círculo de Stefan George (Kahler. debe de haber ejercido una especie de magia.. W olters) el respeto es­ taba ligado con una apasionada resistencia. que él pone en práctica. la sociedad y la religión. la agudeza sin com prom isos de su argu­ mentación y el poder elegante de una persona sensible.] Él tiene el — desde una perspectiva afortunado—don de aclarar de m odo artístico y poético sus más diferentes doctrinas [ .en sus trabajos sociológicos.. por entonces de 20 años: «E n lo qué a Al­ fred concierne. bajo lo cual padece la claridad del pensamiento — mientras que y o ex­ traje.

en un corto tiempo. y «consecuencias fruc­ tíferas» también para la ciencia de la economía. Su más grande éxito lo debe a su tratado.M ax W eber y K arl M arx 153 En 1918 W eber lo intenta de nuevo con una cátedra de so­ ciología en Viena. En la ponencia. un llam am iento de M ú n ich . en 1918). en que W eber. esto es. Curiosamente. El tema de su lección fue: «Crítica positiva de la concepción materialista de la historia». en tanto tom a com o hijo con du ctor de la explica­ ción la contradicción entre las relaciones de producción y las fuerzas productivas. la ponen­ cia sobre docialism o. sobre La ética protes­ tante y el espíritu del capitalismo. ni la sociología marxista ni la burguesa vieron que la sociolo­ gía de W eber es el contrapunto de E l capital de Marx. él analizaba la doctrina del M anifiedto com unista. L a R ev olu ción rusa estaba en p roceso desde hacía un año y W eber y a había aprendido ruso con m o­ tivo de la Revolución de 1905. com o seguidor de Brentano. L o h on ra — nota bene frente a oficiales del K áisery casi al final de la monarquía de los H absburgo—co ­ m o un «logro científico de prim er rango» y com o un «docu ­ mento profético» que tuvo políticamente «consecuencias muy extensas. El tratado sobre las razones sociales de la caída de la cultura antigua re­ posa sobre una utilización libre del m étodo del materialismo histórico. Tras un semestre en Viena W eber aceptó. a los tempranos 56 años. frente a oficiales austríacos. sin em­ bargo. que estaba pensada «para una orientación general». lo reco­ noce com o el destino inclau dicable de la racionalización. para poder seguir las noticias políticas. aunque no siempre simpáticas» (las aún más exten­ sas no eran visibles todavía. En Viena sostiene también. en junio de 1920. aparecido y a en 1904. com o si ésta pudiera tener una «corrección sin espíritu». C om o político no llegó a desa­ rrollarse: estaba en la lista de candidatos a la asamblea na- . una dis­ cusión con M arx y el materialismo histórico. La diferencia esencial consiste. a eso que M arx interpreta y com bate com o «autoenajenación» p or medio de la cosificación. A llí murió.

La ciencia como vocación y . ¡Envidiable quien tiene su saber y su pensamiento tan presentes. También en . sobre todo. W eber llegó con retrasó de Una asamblea política del Partido Dem ocrático y entró con paso rápido. En ése mi primer semestre en M únich. de los asesina­ tos de Kurt E isnery Gustav Landauer. en la que se daba cita la vanguardia estudiantil. sin v ol­ carlos a la escritura! En sus disquisiciones sobre la pregunta «¿Para qué la ciencia? » resumió W eber todo lo que ya. y en un círculo pequeño había una discu­ sión sobre las tesis histórico-filosóficas de Spengler. había investigado y pensado sobre la cuestión de la racionalidad del espíritu europeo. un hijo del historiador de Heildelberg. W eber sostuvo la p o ­ nencia. la segunda so­ bre La: política como vocación. después de lá primera guerra se había estado bajo la influen­ cia del libro de Spengler. Y o había vu elto de la guerra y había com enzado con mis estudios en M únich. pero su propio partido le rehusaba. era amigo de Percy Gothein. L a ponencia fue transcrita en el m om ento y publicada de m odo tan literal com o había sido sostenida. y después sostuvo su discurso completamente suelto. sino el salón de ponencias de la librería de Suabia Steiriicke. enérgico. en la sala. lúa decadencia de Occidente. con mayor precisión que el mismo Spengler. algo después. con un par de anotaciones. El salón podía albergar com ò a ciento cincuenta asistentes. P oco después de la abdicación de la monarquía de Bayem y del intermezzo de la República de los consejos. que había aparecido en 1918. en el cual W eber era el único competènte que sabía decir más y. desde su introducción al tratado sobre la ética protestante y el espí­ ritu del capitalism o. y fuim os juntos a la p o ­ nencia de W eber. La sala no era un auditorio. En general. L a Organizadora del evento èra una agrupación de militancia estudiantil líbre qué se preocu­ paba seriamente p or orientarse éñ la confusión de la época. Eso era todo.154 K a r l L o w it h ciorial de W eimar y participó en el diseño de la nueva Consti­ tución. En la mano tenía ima ficha pequeña.

Pero tam­ bién el m oderado ethod de la profesión m oderna se retrotrae a un origen religioso. según inclinación. la pericia y la veracidad mismas. W eber utiliza aquí la palabra «profe­ sión» \Beruf\ en su sentido banal. U na elección tal de actividad no tiene nada que ver con el impulso interno llamado vocacional. en perso­ na. La «verdad». en especial en el puritanism o inglés de cuño calvinis­ ta. que com o la lógica. Quien quiera lo ­ grar algo en el cam po científico debe ser especialista y tener . no es el desvelamiento de un ser pleno de secretos. desencanta­ dopor medio delprogreso de la ciencia. y toda «exigencia» de ima «síntesis» vive de esa partición positiva. A esa pericia pertenece lo que W eber poseía en el más alto grado: la libertad respecto a cada conform ism o y a la vanidad. El hecho fáctico de la especialización siempre en progre­ so no puede excluirse y a del m undo. N osotros casi no podem os imaginamos en qué medida las convicciones religiosas han determinado también el m odo co ­ tidiano de conducir la vida. Se puede decidir por ésta o por aquella profesión. en su origen fundam entado religiosamente. que se form ó sobre todo en el protestan­ tismo. del m odo en que él la entendía pertenece la libertad respecto a las ilu­ siones: que no se escenografíe nada. ni a sí mismo ni a lo s de­ más. porque el pensamiento del «deber del oficio». com o se habla del oficio del dentista o del m ozo. aún transita «com o un espectro de contenido antes religioso» por nuestra vida. La ciencia corno vocación no trata de la filosofia. sino la evidente transparencia del mundo. de la cual él hablaba com o hom bre de pen­ samiento científico. La ponencia trata de la vocación de la ciencia y del mismo incierto oficio de ésta. y a la veracidad. la teoría del conocim iento y la m etodología era tam­ bién para W eber ima ciencia especializada — com o lo es h oy la reducción de la filosofía al análisis lógico del uso del lengua­ je— . casualidad o perspecti­ vas económ icas. cotidiano.M ax W eber y Karl M arx 155 esa ponencia dijo verdades incóm odas porque era.

Ella no se deja coercionar. la fantasía matemática. porque el m odo dél planteamiento del problem a deter­ mina también por anticipado el m étodo y el resultado. p or el valor y el sentido de la ciencia — ¿para qué la ciencia?— . sin embargo. U na obra de arte. aun cuando de acuerdo con su especialidad no haga ninguna de­ manda a la filosofía.156 K a r l L ó w it h precisos y determinados conocimientos. en los hechos. la fantasía artística. com o W eber. La ocurrencia científica. a la que debe­ m os tod os los grandes descubrim ientos. que es completada de m odo artístico. Eso la diferencia del crear del gran artista. no puede ser superada nunca. más allá dél trabajo sistemático. que la ciencia se haya convertid do en una operación aritmética y en una actividad de m ero entendimiento. aun cuando esos de­ talles sean insignificantes y estériles. L a fantasía comercial. com o Nietzsche. Pero la ciencia celeste de Aristóteles fue superada. Y sólo el entendi­ miento puede evaluar el significado de una ocurrencia y si es posible materializarla. Quien por primera vez. más allá del estado de las ciencias. de que ella no puede producir na­ da duradero y verdadero eternamente. eso es en todos los casos una gracia. al técnico y al artista. Galileo y N ewton. y p o r lo tanto pregunta filosóficam ente. ése pregunta en principio por lo que existe. pero no aparecería tam poco. La pregunta por el sentido de la ciencia surge y a para W e­ ber respecto a que todo trabajo e investigación científicos es­ tán subsumidos al progreso. Esa espécialización uni­ versal no afirma. se pregunta por el valor de los valores que prevalecen hasta h oy ó . La ciencia productiva precisa también. Junto con el trabajo y la ocurrencia ne­ cesita todavía de una tercera cosa: del cueétionamiento apasio­ nado. por la de Kepler. al com er­ ciante. de la ocurrencia casual. no es en principio diferente de lo que com pone al gran em presario. una intuición. cuando no se le anticipara el esfuerzo del entendimiento. tanto com o N ew ton fue supe­ . H om ero no fue superado p or Dante y éste tam poco por Shakespeare.

Ese progreso y arrebató de la ciencia se extiende. esto es. etcétera). Ese es precisamente el «sentido» del trabajo científico: que cada res­ puesta crea nuevas preguntas. W eber parte en primer lugar del progreso científico. Con ello surge y a la pregunta p o r el sentido de la ciencia com o v o ­ cación. Para dar una respuesta a la pregunta de «para qué la cien­ cia». El progreso científico caracteriza. sino. allí en­ contraría su más alto sentido. alimen­ tarse mejor. hasta el infinito. Porque ¿por qué debería ejercerse algo y abocarse a una empresa que no tiene ninguna perspectiva de ser com ple­ tada? ¿Para qué. has­ ta lo que no tiene fin.es en sí misma plena de sentido y de valor. sí a la fracción más importante de un proceso de racionalización bajo el cual estamos sometidos desde hace si­ glos. alcanzar una más larga duración dé la. dice W eber. Podemos. p o r el puro saber mismo y que. que quiere ser superado en el andar y en el progreso del saber. hasta lo que es nunca completable. ¿Q ué significa esa racionali­ zación de la completa vida pública a través de la ciencia y la técnica científica? ¿Sabem os de las condiciones bajo las cua­ les h oy existim os más que. u n bosquim ano de África? D e ningún m odo. El primitivo conoce sus instrumen­ tos y su m edio ambiente incomparablemente más que n oso­ . sin esperar que otros en el futuro irán más lejos que nosotros.M ax W eber y K are M arx 157 rado p or Einstein. si bien no a la totalidad de la ciencia. D esde Aristóteles se nos ha asegurado siempre que el verdadero querer saber debe ser cuidado. traba­ jar de m odo no científico. y frente al que tantos intelectuales toman posición «de m odo inusitadamente negativo». esto es. en principio. Quien ha logrado algo en una ciencia sabe que su trabajo. no eri pos de un b e­ neficio práctico. co n qué fin. de aquello que precisamente hace a su sentido cuestionar ble. pero el que tom a la ciencia com o v o ­ cación piensa-que ésta. ma­ y o r bienestar.vida. p o r ejem plo. a lo sd ie z o cien afíos> quedará obsoleto. una em presa tan sin fin? Es cierto: para fines prácticos delimitados (vivir mejor.

porqu e en principio no hay poderes secretos e incalculables que pudieran entrome­ terse. al final de sus días. p or el contrario. no debería te­ ner. en sus principios amante y creyente en el progreso. algún sentido que trascienda al técn ico-p ráctico? Él hace alusión al viejo Tólstoi. significa. con lo que podía ofrecerle. El progreso. estampa a la muerte . M ás aún. Para el hombre de una civilización. significa que en principio todas las cosas de pueden controlar a travéd del cálculo. El lema de la ciencia de la temprana m odernidad es la frase de B acon: saber es poder. más precisamente el actuar ra­ cional de acuerdo con fines. sino el saber o la creencia de que si sólo se quisiera se podría saber en cualquier m om ento. que moviliza a-la ciencia. ningún fin. porque él existe continuamente en la mira de un futuro todavía no pleno. no lo es. Cualquier campesino de la vieja época m oría viejo y satisfecho de la vi­ da. científico-técnica. que d ijo «no»3 a esa civilización completamente m o­ derna. siempre avanzado. L a racionalización científica. empero. pero no satisfecho. en verdad. que en general no tenemos ni idea de cóm o se construye un avión y se pone en movimiento. el desencanta­ miento del mundo. la muerte es una inte­ rrupción anticipada y una circunstancia contraria a la lógica. cóm o hacer una llamada telefónica a N u eva Y ork y pod er escuchar un concierto de Londres. porque la vida. W eber continúa preguntando: ¿tiene ese proceso de la ra­ cionalización creciente.158 Ka r l L o w i t h tros. porque su vida lo había provisto. que avanzó en nuestra cultura occi­ dental durante siglos. Para el hom bre de una civilización en insaciable progreso. Él se preguntó si dentro de una civilización que fu n cion a así la muerte sería una aparición plena de sentido. o cóm o fabricar un billete de cien marcos para p o ­ der com prar algo con él. de acuerdo con el progreso sin fin. L a racionalización no significa en­ tonces un creciente-conocimiento general de las condiciones de vida. y p or una razón m uy atinada. Puede estar extenuado de la vida.

tras sus espaldas. que se de­ . con dud niños. con que será m ejor y con que los niños resolverán los problem as de los padres. el ser bueno y bello. en el dominio de la naturaleza y en la organización de la sociedad humana. com o en verdad son. En el Renacimiento la ciencia recorrió otro camino nuevo para saber lo que es: el experimento racional. ¡Pero no lo hacen! Ellos deben consolarse. N os vem os retrotraídos. para los griegos. entonces. la verdad inocultable del ser.M ax W eber y K arl M arx 159 definitiva con la. el camino al verda­ dero éer. otra vez. a la vez. porque la representación de lo que es sabér verdadero y para qué puede servir ha cam biado radi­ calmente. una escenificación artificial que proyecta inventivamente a la naturaleza com o una obra de arte según determinadas expectativas. que ha ascendido desde la mirada de meras figuras de sombras a su figura origi­ nal. a la real constitución justa de la vida com ún en una comunidad pública. son refleja­ das p or una luz escondida en la pared de enfrente. p or­ que no puede haber un ser bueno y un ser bello sin una com ­ prensión verdadera de lo que hace a algo ser bueno y bello. L a salida más simple para este dilema es que se proyecte la vida incompleta en la próxi­ ma generación y se consuele con esto. Él ve p or primera vez la fuente originaria de toda otra luz. Inmensa es la diferencia entre entonces y ahora en la res­ puesta a esa pregunta. Y el ser verdadero es. El liberado de las cade­ nas y de la. tiene un sentido más allá de lo técnico que justifique a la ciencia com o v oca ­ ción. falta de sentido. Hasta qué uno de los encadenados logra liberarse y salir de la caverna. sobre todo también a la verdadera política. en la cual las cosas aparecen así. esto es. encadenados en una caverna. caverna es el sabio verdadero. Ve la luz del sol. W eb er dio al respecto las siguientes referencias: Platón cuenta en el libro séptimo de la Politeia cóm o los hom ­ bres están sentados. Ciencia verdadera es. y sólo ven las sombras de las figuras que. a la pregunta de si el progreso científico y social.

sino también. Galileo. com o se dijo en analogía con el lib ro de la Biblia. más qué eso. todos ellos estaban con ven cidos de que D io s había con ceb id o el m undo de form a matemática y que conocían a D ios cuando leían en el «libró» de la naturaleza. aun hasta la crítica de Kant de la prueba de D ios físico-teleológica. que la astronom íay la biología o la química nos iluminan sobre el sentido del m undo? La ciencia no sólo no enseña nada sobre el sentido del mundo. que la nueva concepción mecánica del mundo p o ­ dría volversé una «ciencia del m undo pagana» y sus portavo­ ces. a la vez. excepto algunos «niños grandes». L o que y a Kant ha­ bía temido. es decir que ella. hace temblar la creencia de que algo así existe. cuando y a no . sobre eso no du­ daría nadie hoy. Q ue la ciencia com o ciencia no tiene D ios y es un poder ajeno a Dios. eso hace tiempo que se volvió un hecho reconocido. apologetas del ateísmo. a través de experimentos preparados con plena artificialidad. C opém ico. «Ciencia» significaba para ellos el cami­ no a l arte verdadero y con ello a la vez a la naturaleza verdadera. la ciencia natural no sólo era el ca­ mino hacia la verdadera naturaleza. ¿Quién cree todavía h oy que la. con la que se creía podér justificar el progreso de la ciencia com o pleno de sentido.160 K a r l L o w it h ben probar. Kepler. Los adelantados fueron los grandes experimenta­ dores en el cam po del arte: L eonardo sobre todo. que la ciencia de la naturaleza era un camino hacia Dios. luego los teóricos de la música del siglo XVI y los experimentadores de las ciencias naturales. El b ió lo g o Sw am m erdam explicó triunfante: «Y o les traigo aquí la prueba de la providencia de D ios en la anatomía de un piojo». ciencia es un camino al verda­ dero ser o a D ios. dice M a x Weber. el camino hacia D ioj. Pero tam bién la última res­ puesta. p or­ que también la naturaleza hace manifiestos sus secretos sólo a través del arte técnico. que a me­ nudo son científicos naturales. N ewton. la física y la fi­ siología de la modernidad. Pero para los fundadores de la astronomía. de tan ob vio que era.

por éjémplo. no es deducible defacto de la física. pero no dan una respuesta a la pregunta de si son dignas de existir. Todas las cien­ cias naturales sólo nos dan respuesta a lá pregunta de qué debémos hacer nosotros cuando queremos dominar técnicamente la vida — però si debernos y querem os hacerlo. En tanto la ciencia de la cultura m oderna presuporie que debe haber «cultura». artísticas y literarias. sí sèria el camino a la felicidad de la sociedad humana. Cuando todos esos seritidos anteriores de la ciencia. y la presuposición obvia de la ciencia m édica respectó á que se debe conservar la vida humana: lo más posible bajo todas las circunstancias. W eber no profundiza más eri ello. y si eso tiene en última instancia un sentido. las leyes del movimiento de los cuerpos celestes son dig­ nas de ser conocidas. Las religiones del rechazo del mundo. El mide las posibilida­ des de una conducción de la vida «interna al m undo» cón las . en el sentido de digno de ser conocido? ¿C óm o debería poder decidir la empresa fáctica de la ciencia si tal saber es digno de ser con ocid o? Si. lo dejan sin decidir o lo presupo­ nen a sus fines— L o mismo vale para las así llamadas ciencias del espíritu históricas: énseñan a entender determinadas p ro­ ducciones políticas y sociales. es p or lo menos cuestionable. discuten una presuposición com o é sa y W eber ha dedicado a lá sociología del rechazo del mun­ do religioso un significativo apartadó. fracasó. al arte y la naturaleza verdaderos. ampliamente difundidas. á D ios y por último a la felicidad social son ilusiones pasadas. está sobreentendida. no da pruebas de que esa. entonces se debe preguntar «en qué sentido la ciencia no da ninguna respuesta y si no podría servirle de algo a aquel que postula correctamente la pregunta»: ¿Cuán importante es lo que surge del trabajo científico. p or­ qué esa creencia puede ser dejada completamente de lado des­ pués de la crítica destructora d e "N ietzsch e a aquellos «últimos hombres». com ò camino al verdadero ser. su presuposición.M ax W ebér y K arl M arx 161 un camino a Dios. que «inventaron la felicidad».

Pero cuando se decide hoy en día por una ciencui com o profesión y con ello se cree en la profe­ sión \Beruf\ de la ciencia. También el historiador científico del arte se contradiría a sí mismo si no se esforzara por hacer entendible el origen de la Iglesia cristiana de form a em pírica-histónca. religiosas. Sí puede ser creyente y. entonces y a se ha decidido también contra la magia y la mitología. sin embargo. inver­ samente. social. Ninguna historia de la religión y de la Iglesia puede. Si quisiera ex ­ plicar el origen del cristianismo de m odo sobrenatural. Empero. no se podría discutir con él científicamente. Por supuesto. sí se puede discutir científicamente con un marxista que postula la tesis de que determinadas relaciones sociales y económicas condi­ cionan también el surgimiento de religiones. decidir si debe ha­ ber religión e Iglesia. un cristiano creyente pensará sobre el surgimiento del cristianismo de otra manera que un historiador libre de prejuicios dogmáticos. La tesis de W eber de la diferencia radical entre ciencia ob ­ jetiva y valoración subjetiva.162 K a r l L o w it h trascendentes. así como. Si debe haber ésta o aquella disciplina científica. si debe haber ciencia sin más. un especialista científico. había sido y a fuertemente combatida durante su . contra la creencia en los milagros y en la revelación. en tanto esté a favor o en contra de ella. además. pe­ ro él no puede ser historiador como fieL cristiano. aun cuando analiza sociológicamen­ te sus efectos sobre la vida cotidiana. p or una intervención de D ios en la historia de la humanidad. sobre eso no puede decidir naturalmente la ciencia. sino sólo el hombre. com o una institución entre otras. entre conocimiento de hechos vá­ lido universalmente y tomas de posición personales (de tipo político. moral y religioso). no válidas para otros — tesis sin com prom isos y formulada con apasionada insistencia en tratados sobre el sentido de la «libertad valorativa» en las cien­ cias sociales— . W eber ha mostrado que determinadas convicciones y expectativas religiosas pueden contribuir a determinar la forma de ordenar la economía.

para bien o para mal. son. porta en sí una «idea ab­ soluta». mientras que los opositores a esta dis­ tinción opinan que sería fácil dejar de lado las dos clases de factd y valué. que no conocen por sí una ciencia europea? W eber re­ nuncia a com parar el valor de culturas diferentes de m odo comparativo-distintivo.4 Tanto los opositores com o los partidarios de la bifurca­ ción entre conocimiento y valoración malentienden el motivo central que porta en W eber la diferencia. por la fuerza de su progreso continuo. especial­ mente en Inglaterra y Estados Unidos. de China y de India. o la hermenéutica. o la dialéctica marxista. porque incide en un punto sensible en nuestra relación con la ciencia y con el mundo determinado por ella. lacónico. sino en que W eber llega a la comprensión filosófica . decidirse científicamente si — com o afirma Husserl—el ethod de la fundamentación de todo y de cada cosa por la razón científica. que apareció entre los griegos y que caracteriza. esto es: la compren­ sión de que nodotrod vivimos b oy en un mundo que está cosificado a través de la técnica científica y que. y decidir racionalmente. Nuestras valo­ raciones últimas no pueden. o si ese ethod de la razón es solamente un tipo antropológico en­ tre otras posibilidades culturales. por eso. cuestión de la decisión personal. según el caso. por ejemplo. la ra­ cionalidad objetivada de la ciencia nos ha liberado de la sujeción a normas de tipo moral y religioso. un poder que destroza la autoridad de la tradición. ¿C óm o debería. La ciencia es. La contro­ versia no está de ningún m odo resuelta. Se continúa. bajo el título: factd and valué o factd and decidion·. por otro lado. com o y a en el «prefacio» a los Endayod dobre doc 'wlogía de la religión aclaró. válidas universal­ mente. a continuación. a lo humano europeo. por ejemplo. de acuerdo con el D erecho natural. de tal m odo que la europeización también de todos los demás hombres «anuncia el gobierno de un sentido absoluto». El motivo para esa reserva no reside em pero en el relativismo de la conciencia histórica. ni apoyarse sobre la tra­ dición ni fundamentarse científicamente.M ax W eber y Karl M arx 163 vida.

O tro ejemplo. y que incluso fundamentales v a ­ loraciones de tipo moral o cuasirreligioso están en la base c o ­ m o presuposiciones. com o precondición de una toma de distancia posible . La demanda de libertad valorativa del juicio científico no signi­ fica un retroceso á la pura cientificidad. sino su co n ­ creción. de form a universalmente válida. que vive en la espera del fin de este mundo. el ethod com ­ pletamente diferente. las exigencias del sermón de la montaña o.164 K a r l L ò w it h de que. «com o se hace también al mirar el mar y la montaña». Eso vale también para el destino de la racionalización del mundo pór la ciencia. precisamente eso quiso mostrar la exi­ gencia de M a x W eb er de una ciencia libre de valores. al que W eber ni afirma ciegamente. humana. porque D ios es el amor y el único juez sobre los hombres. que nos dice que uno debe sobreponerse al mal. L o que W e b e r exige no es una extirpación de las «ideas de valor» normadoras.5 El ethod cristiano originario. p or el contrario. que sirven al dominio del mundo. que exige lo contrario. sino que quiere to­ m a ren cuenta. ella misma y los otros. de la infundamentabilidad científica de tomas de posición últimas es la pregunta: ¿cóm o debería p o d e r dem ostrarse co m o verdaderas y c o ­ rrectas. decidida y consecuente de sí misma. interno a Europa. se haría bien en guardar para sí sus «pequeños comentarios persona­ les». Q ue a pesar de esa em ancipación de la ciencia. frente al «andar de los destinos hum anos». es inconciliable con la ciencia y la técnica emancipa­ das de toda religión. también refutar­ las? D en tro del O ccid en te con vertido en cristiano se debe elegir también entre p or un lado el ethod de la dignidad y la consideración de sí interna al mundo. precisamente. ese ethod determina también sus conocim ientos. los patrones externod a la cien­ cia del ju icio cien tífico. trascendente. ni niega co ­ mo alienación. en lugar de esconderse bajo el pa­ raguas del conocim iento científico. y por el otro. Ésta debía volverse libre para una valoración consciente.

y así libe­ rarlos para una clara discusión y contraposición sobre sí mis­ mos. L o último que la reflexión científica sobre eso puede rendir es «traer a lá conciencia los últimos patronea que se manifiestan en el juicio de válor concretó». [ .] tienen orígenes “ su bjetivos” . «en par­ te en verdad y en parte supuestamente. y en realidad el juicio científico no es separable del juicio valorativó. . las cuales.. se pelea y se com ba­ te». el deducir del entendimiento á las «ideas» como tal¿d. a ese desvelamiento de lo «en última instancia querido». en un sentido esp ecífico. porqu e en última instancia [ . . presentan la precondieión de nuestro conocimiento y están liga­ das á la precondición del valor de aquella verdad que sólo nos puede dar el saber de la experiencia». L o que puede y debe suceder con el fin de la « o b ­ jetividad» científica es el claro y con scien teh acer notar y el tomar-eH-cuenta de aquello que es científicamente indem os­ trable. Lá así llamada objetividad — y W eber no habla de ella de otro m odo que dé una así llamada> entre comillas—«reposa sobre y sólo sobre el hecho de que la realidad dada és ordenada según categorías.M ax W eber y K arl M arx 165 respecto a ellas. ¿qué significa y qué persigue la crítica científica de los ideales y juicios de valor? ». son subjetiva*). aunque sea científicamente relevante. más bien. co~ m o filosofía social. p or las cuales. La pregunta es. W eber caracteriza ese desvelamiento de las ideas de va­ lor y de los ideales rectores de las investigaciones científicas. de esta afirmación básica de W eber no se sigue de ninguna manera «que los juicios de valor eludi­ rían lá discusión científica. ] La crítica n o se detiene frente a los juicios de valor. Y así concierne a W eber. Una línea delgada como un cabello separa a la ciencia de la creencia. que deja tras de sí la positi­ . esto es. sino que ambos sólo se deben diferenciar.. Pero acerca dé que las normas e ideales vinculantes no son fúndamentables en m o­ do absoluto científicam ente y que con ello no hay ninguna «receta» para la praxis. La autorreflexión científica. sobre todo a tra­ vés de la crítica científica y la autorreflexión.

para después permitir­ se reposar sobre ellas. sino qué se puede consecuentemente. de su «desencantam iento» por m edio de la burla. La subjetividad presupuesta por W eber de nuestros patrones de valor últimos y de la falta de «normas» universales vinculan­ tes no pertenece.. cuyo destino es haber com ido «del árbol del conocim iento».C . p.. entonces p o ­ dría haber también «valores» de validez universal. en tanto contradicen el hecho histórico-humano de que «hoy» es . Pero c o ­ mo nosotros y a no vivim os com o miembros de una com uni­ dad religiosa. Los dos tratados ejemplares so­ bre Roscher y Knies significan una destrucción metódica de determ inados prejuicios y juicios de valor. o eludir sus consecuencias prácticas» (D . de las ideas de valor normadoras de la investigación científica tiene no sólo el objetivo de com probar su efectiva presuposición. sino el sentido. sino que ese déficit surge de la form a propia de aque­ lla época cultural. 154). y nos permite sobre todo daber qué es lo que verdaderamente se quiere. por nosotros mismos».. haber sabido que nodotrod «debem os cre­ ar. sólo hay una lucha entre las muchas posiciones y puntos de vista posibles. «Sólo un sincretismo optimista [.6 Por tanto. no indica qué es lo que se «debe». sin em bargo.] puede o bien engañarse teóricamente a sí mismo sobre la seriedad de la situación actual. con unos medios dados y en orden a un fin presupuesto. la creencia en normas objetivas y en su fundamentabilidad científica es lo que W eber combate con los me­ dios de la reflexión científica. Su desvelamiento minucioso de lo «en última instancia querido». «en lugar del deber ser». Si no obstante hubiera todavía «grandes comunidaded» religiosas y «profetas».166 K a r l L o w it h vidad ingenua de la disciplina científica. específicamente de aquellos que obstaculizan la «liberalidad científica». El fin real y positivo de sus tratados científico-teoréticos es la radicaL deconélrucción de Lad «iLudioned». el «sentido» del acontecer del mun­ do. mucho más determina­ do. a la esencia universal de L a ciencia.

la ciencia se dispone también a poner a prueba su posición y su aparato conceptual. surgen. con interna consecuen­ cia. En los tratados sobre Roscher y Knies. sino en el de nuestra orientación presente en la vida en general. «después de que. En los análisis de Roscher sobre el acontecer histórico se conserva. un «fondo» inaclarado. en última instancia: a una re­ lación oscura del hombre cognoscentefrente a la realidad de nuedtro mundo presente. en todo lugar. sin controlar continua­ mente el valor del conocim iento de los hechos singulares se­ gún las ideas de valor últimas. el camino se pierde en el alba. hasta en lo más singular. y . y a sin fundamento. Y está bien así. Las contradicciones curiosas que él señala en los trabajos de R oscher se refieren a una relación oscura entre concepto y realidad) y eso significa.M ax W eber y K arl M arx 167 «religiosa cotidianeidad» que la ciencia — dicho con N ietzs­ che—sea un «ateísmo científico». en últi­ ma instancia. de una vez. sin ser consciente de su anclaje en esas ideas de valor en general. Son todo lo contrario de una marcha en el vacío de reflexiones metodológicas. D e la conciencia de esa si­ tuación especial. terminar en el cuestionamiento no sólo de la ciencia y de la cultura modernas. contemplará — después de que a través del planteamiento específico de problemas es­ té enfocado.» Entonces. a un material específico y se haya creado sus propios principios m etodológicos—la reformula­ ción de ese material com o fin en sí. Estas parten de la comprensión para. la demostración y el desencan­ tamiento de los patrones últimos del juicio científico. durante un siglo. W eber ha llevado a cabo. las disquisiciones «m etodológicas» de W eber. en una época de especialización. Pero en al­ gún momento cualquiera el color cambia: el significado del punto de vista valorado irreflexivamente se vuelve inseguro. la orien­ tación supuestamente excluyente según el pathod de la ética cristiana hubiera cerrado los ojos para ello». La luz de los grandes proble­ mas culturales se ha explayado más. «Todo trabajo científico-cultu­ ral.

Roscher establece menos un contrapunto de Hegel que un retrocedo a una interpretación cuasirreligiosa de la historia. desviada hacia lo antropológico-biológico. Una indeterminada creen­ cia en la predicción fundamenta con ello. sobre qué bases filosóficas principiales reposa su concepto de libertad y qué consecuen­ cias tiene esto para su m etodología de la ciencia económica. También en el caso de Knies W eber aclara. o com o «pensam iento de D ios» y «decretos sobrehumanos». pero tam p oco redu ce el conocim iento de la realidad a lo humano y «empíricamente» comprobable. en la form ulación. la articulación del todo. Com o Roscher. Ese fondo que penetra en todos la­ dos es n om brado p o r Roscher. de form a simi­ lar al análisis crítico de Roscher. aun cuando prudentemente evita. Su m étodo está plagado de contradicciones. También en la vida científica un impulso divino «más alto» debe limitar el propio beneficio terrenal y ese pre­ supuesto interviene de m odo decisivo hasta en la estructura lógica de su «econom ía estatal». en todo lugar. Tam poco él es capaz de aclarar con liberalidad científi­ . que sería el último agente en el acontecer histórico. en el método de Roscher se mantiene una estructura inconsecuente.168 K a r l L o w it h específicamente uno que Roscher no quiere de ningún m odo aclarar. aunque sea exactamente ese resto el que produce. Knies está todavía también bajo la influencia del epígono de la metafísi­ ca histórica hegeliana. en él. y a sea de m odo m oderno y b io ló g ico com o «fuerza de vida». el carácter «emanatista» de sus argum entaciones lógicas. Roscher no deduce hegelianamente la realidad de las «ideas». en última instancia. Los individuos y los pueblos son presupuestos de m odo sustanc ial -nielafu ico. con algo así com o una fuerza de vida unifi­ cada. una apela­ ción directa al orden de Dios. Así. con un «fondo oscuro». también Knies choca. com o lo es siempre la unidad de una investigación «científicamente liberada» con un «punto de vista religioso». «en el espíritu del rom anticism o».

en una carta de 1917. mientras y en tanto que él no piensa de m od o d ecid id o desde este Lado deL mundo. a través de ese m étodo y en aquellos conceptos. p rod u cid a a través de la ciencia técnica. D ebería decirse. a la que él de­ be entender. Una con la reaLidad. que para él las form as de Estado serían técnicas. aquí tam poco se apoya en una falta de agu­ deza lógica. . sino escenificaciones del hom bre creador de cultura sin un «sentido» propio. Sólo por eso pudo decir W eber. pensándolo hasta al final. llega a presentarse así y no de otro modo.M ax W eber y K arl M arx 169 ca la relación entre «concepto y realidad». sino una transformación del método y del concepto pa­ trón de la reaLidad misma. L o que W eb er quiere demostrar es que Knies es científicamente oscuro. sino en un conservado resto de una toma de posi­ ción m etafísica frente a la realidad.7 La construcción típica-ideal sirve a la delimitación del con ­ cepto científico respecto a la realidad histórica. pero que no se diluye en nuestros conceptos. que la construcción típica-ideal reposa sobre la hipótesis de que la realidad misma. sino un político id ó­ neo). y a es una abstracción y construcción re­ al. porque no se expresa a sí misma. objetivo. Lo que él no «con ­ sigue». y desaparecen to­ das las definiciones «sustanciales» de la «form ación» social. su fracaso. la conceptualización «emanatista» se trans­ forma también en una construcción típica-ideaL. vuelta completamente terrenal y objetiva­ mente sin sentido. tanto com o cualquier otra maquinaria. la cual. sobre la com prensión de que todas las así llamadas «form aciones» de la historia de la cultura no son espíritu objetivo. Esa con stru cción reposa sobre el conocim iento del estado de las cosas histórico. El abandono radical de W eber de la conceptualización aún en parte metafísica y teológica de R oscher y Knies no significa una mera transformación del «aparato conceptual» lógico. y que por ello él podría estar con­ tra el Parlamento y a favor del m onarca (si éste no fuera un «vanidoso diletante» com o Guillermo II. metafísico.

«sin ilusiones». com o también se le ha llamado. del mero hablar sobre las opiniones últimas no surgiría nada más que «tonterías».170 K a r l L o w it h El carácter técnico-constructivo o. dentro de la infinitud sin sentido del acontecer del m undo». esto es. La «cultura». en cada caso seno. Ambas oraciones im­ plican: cosm os y phydid son sin logoé. «de que dólv p o r m edio de la puesta a prueba de las su­ puestamente “últimas” tomas de posición propias en relación con problemas muy concreta) y agudizados al máximo». «es un apartado definido. es la «toma de p o ­ sición». se v ol­ vería claro. aunque estaba convencido. porque el m undo de la naturaleza no es un prod u cto del hom bre dotado de razón. y a «crear» el senti­ do. c o ­ mo lo «suyo». elevada por prime­ ra vez p or V ico a principio de las ciencias históricas. el carácter «nominalista» de los conceptos m etodoló­ gicos fundamentales de W eber y su completa form a de cientificidad es una expresión consecuente de una posición com ple­ tamente determinada del hombre respecto a la realidad. prácticay teoréticamente. un hombre que ha sido retrotraído a sí mismo y que está urgido a producir el sentido objetivo y la articulación de sentido. Bajo esa presuposición de la convertibilidad del verum y el factum. su propio querer real. La «construcción» típica-ideal está fundada en la toma de posición de un hom bre específico. a producir antes que nada. Y lo que le interesa a Weber. Esta­ mos abiertos a la posibilidad de que sentido y significado sur­ jan justo en el hom bre y en su historia». p or una larga experien­ cia. toda cultura es algo hecho por hombres para hombres. por el contrario. que se posiciona en un mundo vuelto objetivamen­ te sin sentido y austero. mientras que. la relación con la realidad. cuando dice: «N osotros no transportamos ningún sentido desde el mundo a la vida. para el singular.8 N os topamos justamente con la mis­ ma tom a de posición en Dilthey. Por el con­ trario. pensado con sentido y significado des­ de el lugar del hombre. es que . define Weber. y por ello un artificio que es pleno de significado solamente para nosotros.

com o m odelo. una «realidad» estatal muy determinada. como tai'. tras que a las «objetividades» de cualquier tipo. un miembro de la ciu­ dad y del Estado. y no según las posibilidades de su «exis­ tencia». las Iglesias. A esos prejuicios «trascendentes». es ciertamente real y con derecho a la existencia. no se les atribuye y a un significado autónomo. es un «instituto» racional. Si. los Estados. de alguna forma. com o un no-estar-atrapado en prejuicios trascen­ dentes. es comprensible solamente — com ­ pletamente com prensible—a partir de que a ella subyace de facto. que cruzan el sobrio día a día de un mundo desencanta­ do. dicho con M arx: una «uni­ versalidad abstracta» sobre los individuos. sino porque una concepción así estaría atrapada en prejuicios trascendenta­ les y el mundo en el que nosotros estamos «puestos» y a no legi­ tima tales prejuicios— . fijado sobre sí mismo.M ax W eber y Karl M arx 171 entonces y a no pueden ser más vistos e interpretados. la definición ejemplar de W eber del Estado a partir de la posibilidad de que «deter­ minadas formas del hacer social (específicamente de hombres singulares) se produzcan». una «fá­ brica» \Betrieb\ — d ich o con H egel: el «E stado del entendi­ miento» de la sociedad burguesa. a causa de su desencantam iento p o r m edio de la racionali­ zación. el Estado moderno en el que estamos ubicados en tanto él mismo. por el contrario. conse­ cuentemente. Así. los partidos. sustan­ cial. por ejemplo. las unio­ nes y las sectas com o sustancias. A quí también se exterioriza la liberalidad científica de W eber. esto es. La presuposición última de las definiciones de W eber so­ bre las formaciones sociales es que sólo el hom bre singular. en un sentido am­ plio. el Estado todavía fuera realmente una comunidad y el hombre. y no en primera instancia una persona pri­ vada que es responsable p o r sí misma. pertenece también la creencia en el «desarrollo» y en el . entonces sí tendría sentido interpretar tam bién al Estado mismo sustancial y «universalmente». con los más profundos trasfondos — pero no porque eso sería no científico.

Nietzsche llamaba a esa honradez. Esta necésidád es. Traducido al lenguaje de Nietzsche: W eber pien­ sa sobre la base de la ciencia com o «ateísmo científico» y so­ bre la base del ateísmo com o la única forma de pensar que es hoy honrada. en una carta de 1918. una inconsecuencia frente a lo terreno. M u ch o más relevante para nuestra comprensión de su actitud ante el ateo presente es una declaración con m o­ tivo del suicidio de un familiar: «Nosotros estamos profunda­ mente conm ovidos por el fin de esta vida. aunque él no participe en una lucha contra el cristianismo. y a despojado. el hecho de que nuestro m undo cotidiano es no religioso. A ello c o ­ rresponde la demanda de W eber de Una rectitud intelectual incondicionada. Esa creencia se postula com o necesaria «cuando surge la necesidad» de otorgar «al acontecer del des­ tino de la humanidad. en relación con la creencia política en un futuro mejor. En una carta a Vossler discutió también que la necesidad enseñase a rezar. y el hilo conductor para la interpretación de ese mundo. Siempre [ . sin embargo. esto es. Querer connotar de sü presentación simpatetica de los profetas paganos del Viejo Testamento y de la ética pu­ ritana que él tenía una «credulidad escondida» o que habría sido un Homo religiosus.. según W eber.] que . socialista. en la que se prohíbe la creencia en D ios y en la providencia divina en la naturaleza y la historia. que él no compartía esa creen­ cia y que también en ese sentido podía vivir «incrédulamen­ te». vaciado religiosamente. Pero para poder contemplar ése «destino de la época» en su perfil más serio se debe recon ocer la «cotidianeidad reli­ giosa». En su «luz» se pone ahora la «realidad». es el proceso de ra­ cionalización a través del cual él se desencantó y se opacó.172 KARL LOWITH «progreso» objetivos. es absurdo. mientras que simultáneamente admitía que a menudo es cierto — «para la dignidad humana demasiado a m enudo»— .. El se describe a sí mismo com o «absolutamente desafinado para la religión» y recono­ ce. nüestra «última virtud». un “ sentido” terrenal y no obstante objetivo».

Siempre consideré un error de nuestra moral Cotidia­ na. aunque y en tanto no es bello. ¿Q uién quiere hablar entonces de obliga­ cion es?». ignorante de la vida.. quiera estampar a la vida terrena com o un bien al cual el hom ­ bre nunca está autorizado a renunciar. co m o el único c o t í derecho. no aparecía un largo tiempo. escribió. sino de la nuestra. com o los chinos y japoneses. Cualquier cosa. . de en lugar de redactar recordatorios de guerra extraer las consecuencias qué obtiene un hom bre auténtico/ cuando la vida lo ha conde­ nado a perder un juego importante. La voluntad de W eber. puede ser sagrado no sólo a pesar de que no es bello.9 Una sabiduría cotidiana es que algo puede ser verdadero. sino en tanto no es bueno. la impresión sería otra».] puede usted en­ contrar las pruebas de ello— . Aun para Kant lo bello era un símbolo de lo moralmente bueno. del m od o más seguro. Y cuando pocas se­ manas antes de su propia muerte una hermana de W eber se quitó la vida. tiene com o presuposición el discernimiento de que nosotros no esta­ mos en la verdad cuando la verdad implica algo así com o ver­ dades de fe> en sentido cristiano o incluso griego — porqu e también para Platón lo verdadero era idéntico con lo bueno y éste con lo bello— . y antes de él lo encuentra usted prefigurado en las fleurs du ma1. Y bello. Contra lo cual afirma W eber: «Sabemos hoy. no a causa de su responsabilidad. de incondicionada veracidad. y que algo puede ser bello no só­ lo a pesar de que no es bueno.. en oposición al m ucho más libre y grandioso m odo. en el mismo sentido: «Su actuar se me aparece siem pre. L o temíamod. sino porque y en tanto no es be­ llo — en el capítulo 53 del libro de Isaías [ . Ló sabemos desde Nietzsche de nuevo. Y agregó: «S i nuestros oficiales hubieran tenido tanta dignidad.de percepción de la Antigüedad. que algo.M ax W eber y K arl M arx 173 O . de nuevo. ni bueno». temíamos no volverlo a ver. el que ella. com o llamó Baudelaire a su tom o de poesía. ni tam poco cuando su progresión pierde tod o sentido espiritual». ni sagra­ do.

sin re­ ferencia a la «trascendencia». Más allá. sólo que para él el fin está fijo de antemano. los medios más adecuados y las consecuencias proba­ bles de determinados fines presupuestos— . con ello. en­ tonces se debe preguntar qué trae la ciencia de positivo para la vida personal. se debe utilizar de acuerdo con la experiencia. p or­ . Esto es. junto con ella. ni a la felicidad terrenal siquiera.174 K a r l L o w it h Pero si la ciencia. com o es ejercida h oy y com o debe ser practicada para mantener la vida y el avance de la civilización técnica que se apoya en ella. ni bueno. a favor o en con ­ tra de la ciencia y. trae escolarización en el pensamiento m etódico y. Bajo ciertas circunstan­ cias se estará obligado a abandonar el fin. Éste no es el caso cuando se trata de las preguntas ultimad. Pero el «fundamental estado de las cosas» — el que también está en la base de esa limitada tarea de la ciencia de otorgarnos claridad sobre las presuposiciones últimas. aporta claridad en el sentido de una conse­ cuencia clara. otra vez junto con ella [la ciencia]. es que la vida hu­ mana. debe elegir y decidir entre las concepciones de vida posibles — por ejemplo. ni bello. y prop o­ nerse los últimos fines. p o r último — y esto es lo más importante— . y si algo puede ser verdadero. Todas ellas son preguntas con las cuales se topa también cualquier técnico. claro que a ella y a los medios para alcanzar esos fines. salvo que se crea que un fin más grande santifica a los medios aun más condenables. N o se puede simplemente despreocuparse de la ciencia. contra o a favor de la religión— . no es ni un camino a la verdad del ser. mientras sea entendida «por sí misma». ni a D ios. y así W eber llega a hablar del rendimiento último de la ciencia y de sus límites. ella [la ciencia] nos puede aclarar que <)i se quiere tomar. ni un camino al arte y la naturaleza verdaderos. está claro que conocimientos nece­ sarios para la adm inistración y dom inio racional del medio ambiente y del mundo compartido. justamente cuando los medios para él no sean moralmente legitimables. esto es. Primero. aunque no sea ni sagrado. la posición última.

Esa com prensión sociológica. sin embargo. impregnado p or la ciencia. de las condiciones so­ ciales de una obra poética. referida a una ponencia sobre técnica y cultura. si quiere conservar aún algún resto de un planteam iento de principios de la cuestión. inapro­ piables para el vértigo de la técnica [ . En una discusión de 1910. com o objetivo. no podría haber escrito ELparaíso perdido en el L on ­ dres del siglo X I X ) . y que se re­ ducía a postular una ciencia «orgánica». una . La teología cristiana es una racionali­ zación intelectual de certezas de fe religiosas y. com o tal.M ax W eber y Ka r l M arx 175 que impregna nuestra completa vida. para Weber. externa e interna. pero no todas las religiones han desarrollado una teología tan sistemática com o el cristianismo occidental. Cuán p oco se puede despreocupar uno del mundo m oder­ no... por ejemplo. en sí banal. dice más que el ataque impotente que la ponencia de W eber recibió del círculo de George. lo muestra Weber.].. p or ejem­ plo. [ . Pero tam poco se puede correr tras el progreso de la ciencia. W eber dice: «Yo creo que una lírica. de cada obra poética (M ilton.. rechaza radicalm ente tod o lo actual.] sin que el lírico haya permitido ser penetrado completamente por las impresiones de la gran ciu­ dad moderna. Que la ciencia es hoy una profesión ejercida según especia­ lidades es un hecho ineludible de nuestra situación histórica. que no­ sotros vivimos en una época «ajena a Dios». que [ . Esa comprobación cierra la pregunta weberiana de La teología como ciencia. no podría ser alcan­ zada. Claro que hay también teólogos y dogmas más allá del cristianismo. porque sólo él ha tomado en su seno el pensamiento griego y lo ha reelaborado hacia fines dogmáticos. en la obra poética de Stefan George que..] confunden y parcelan su alma». y su «estado de las cosas más decisivo» es.. con una medida tal de reflexión sobre las últimas for­ talezas del contenido de la forma puramente artística. com o por ejemplo la de Stefan George. que no existe ni pue­ de existir.

Q ue algunos intelec­ tuales modernos tengan la necesidad de erigir una «capilla en casa» y que se creen para ello un sustituto para sus almas va­ cías. Sólo el más joven aporta generalmente tal sacrificio al profeta y a los creyentes de la Iglesia. La capacidad para ese «sacrificio del intelecto» — W eber lo llama un «logro de la virtud» religiosa— es «el signo decisivo del hom bre religioso positivo». W eber pensaba aquí en el movimiento de la juventud alemana. El debe hacer un salto.176 K a r l L o w it h ciencia con la presuposición específicamente no científica de que cabe creer en una revelación determinada. h oy sólo late — si late—en los círculos más pequeños. conquistaba com o un fuego devorador las grandes comunidades.1 0 N o es un truco. todavía existe en las sectas religiosas. ante todo. du­ rante la República de los Consejos de M únich. W eber lo describe simplemente com o «farsa y autoengañ o ». com o un suceso decisivo para la salvación. Él tenía una decidida com prensión — más allá de la amarga crítica de lo que consideraba falseadode las necesidades de la joven generación después de la Pri­ mera Guerra Mundial y estaba dispuesto constantemente. En una discusión sobre una ponencia . no burguesa. Estaba convencido de que el mundo estaba progresivamente desencantado p o r m edio de la racionalización científica y la burocratización y que aquel algo que en otras épocas. que sociológicamente son el tipo origi­ nario de la asociación. a responder a estudiantes de la izquierda radical. sobre todo en el tiempo de los profetas judíos. y de oponerse a estudiantes reaccionarios. En cada teología «positiva» el creyente llega al punto de quiebre del credo non quod sed quia absurdum est. que exigía una «viven cia». Esa presuposición fundamental reside también para la teología misma más allá de ella com o ciencia. sin tener en sí mismo la más mínima simpatía p or la revolución literaria de 1918-1919. para poder creer. cuando los jóvenes interpretan religiosamente su de­ manda de una nueva vida comunitaria. trascendental. pero sí tal vez un m alentendido de sí mismos. com o E m st Toller.

y com o tal ofrece a sus fieles interior y exteriormente muy precisos privilegios. entre tanto. increí­ blemente m ucho más que entre nosotros [. es decir. p o r lo demás. que es antes com o ahora..·. la secta. L a situación en la República Federal alemana no es hoy esencialmente otra.sino m o­ . p orqu e no había ninguna Iglesia recon ocid a p or el Estado. para lo que sucede. N o es com o en el cristianismo de nom bre de Alemania. Y es eso lo qüe W eber concibe com o el «destino de nuestra época» y del que se sigue to d o lo demás: el desencantam iento del mundo por medio de la técnica científica. la religión es algo popular.. y hoy más que nunca.] es exclusivo. Precisamente porque allí el tipo religioso es. cuando ella. sin la reiterada queja pública. porque tendría consecuencias incómodas para la prom oción social y para todas las demás oportunidades socia­ les posibles. toda vez que la técnica científica produce progresivamente una propia form a de admiración y encantó.] . no tiene que vér con la cosa. « Y la pertenencia a esas comunidades religiosas cuesta. pod ría ser que. el punto de vista patrón para lo que él quiere ver.» Esto W eber lo dijo en 1910.. y sólo p or eso no se exclu­ ye..]· Busque usted un trabajador alemán que pague tanto p o r una com unidad eclesiástica cualquiera [ . la generación más joven en éste nuestro tiem po se haya adap­ tado tanto que no conciba más lo que alguna vez tuvo que ser de otro m odo y fue desencantado. se le débe decir: vuelva callado. al menos hasta el com ienzo de nuestro siglo.. en donde una parte dé los adinerados paga todos los impuestos eclesiásticos — para que «se conserve al pueblo la religión»—y está contenta. sino innumerables sectas.M ax W eber y K arl M arx 177 de Troeltsch. W eber desarrolló la tesis de que Estados U ni­ dos. N o obstante. W eber culmina su ponencia con la frase: «A quien no pue­ da soportar con hom bría este destino del tiempo. y por­ que ese tipo de secta [ . p o r su parte. allí la pertenencia efectiva a comunidades religiosas es el lugar del universalismo. defacto. en Estados Unidos. era el país más religioso.

a las que él creía to­ davía poder excluir. significativos. Su p osición fundamental. a los que W eber admiraba al máximo— . después de cuarenta y cinco años.178 K a r l L o w it h desta y simplemente. bajo el oráculo de Jesaías (21) sonaba así: «Sereno. Pienso que se entiende p o r sí mismo que «cada uno» de nosotros no es más. en el tiempo del exilio. privadas. surge de la pretensión ilu­ . Cuando h oy se recuerdan. pero levantó críticas irritadas y furibundas. pero aún es de noche. com o se expresa con la clari­ dad1 1 que le es propia — de efecto cuasidem agógico— . Ésta sería modesta y simple. no pasó inadverti­ da entre sus contemporáneos. Porque no se hace nada con desear y esperar. una moderada honradez intelectual impone com probar que hoy la situación es la misma que la de aquella canción del sereno que. Él soportó sin ilusiones esa situación his­ tórica. en los anchos y a cogedores brazos abiertos de las viejas Iglesiás. P or el contrario. El sereno dice: «La mañana vendrá. La oposición que experimentó p or parte del círculo de Stefan G eorge — no de G eorge mismo. y sería mejor cumplir con la «exigencia del día». ni de G undolf. ¿cuán larga es todavía la noch e?». Ellas le solucionarán las cosas». de las públicas y de las más íntimas. «porqu e cada uno encuentra y ob ed ece al dem onio que sostiene el hilo dedu vida». según la última palabra de W eber. que en W eber era tan perceptible y que sólo distingue a los hombres excelsos. A un­ que tam poco es precisa una perseverancia de esta índole has­ ta que rom pa la nueva mañana. que tal vez ninguno de nosotros esté dota­ do de un tal mal espíritu. . en espe­ cial en la ponencia La ciencia como vocación. Si le quieres preguntar a ella. las objeciones que se levantaron contra ella — en cuanto son de principios—se revelan com o reacciones im po­ tentes a lo que W eber con oció y recon oció — con un «no obs­ tante»— co m o el «destino de nuestra é p o ca »: la racionali­ zación progresiva de todas las relaciones de vida. ¡vuelve otra v e z !». para aquellos que esperan co n paciencia nuevos profetas.

que es la que permite penetrar en la realidad de la vida moderna. Incluso un observador tan in­ dependiente com o M a x Scheler. de un «Estado» y se mentaba con ello una «Alemania secreta». mientras que Jaspers. y más allá. «sin reservas. N inguno de ellos tuvo. F. com o W eber. . p or el contrario. M ein eck e testim onió que.1 2pero precisamente uno qüe debía ser com batido. que sería «penosamente. c o ­ m o Ernst Troeltsch. la «brutalidad entrenada de la mirada». com parable con las que se formaban alrededor de R u dolf Steiner y de otros profetas de ese tiem­ po. ni la capacidad de estar a su altura. com o un marginado. de que el «poeta» sería capaz de rever­ tir los poderes de la ép oca y su necesidad hacia un «nuevo reino» que después no p o co s de los admiradores de George. M ax W eber fue el único al que podría llamarse. con todas las características de la esencia y la falta de esencia de las sectas. más pequeños que él. vio claro que ese Estado secreto era una secta.1 4p ero la encontraban también «algo atem orizante» y veían la p o sició n política de W eb er com o una «solu ción desesperada». entre ellos. ge­ nial». cuyo dom inador sin corona era Stefan George. p or su parte. defendieron la pon en cia de W eb er de ataques inentendibles. En las cartas de los jóvenes de G eorge se hablaba. hizo filosóficamente confusa su falta de ilusiones. en un artículo de 1922.M ax W eber y Karl M arx 179 soria. ala­ b ó la ponencia de W eber com o un document humain significati­ vo.1 3 O tros contemporáneos. L o único que M a x W eber concedió a ese espíritu sectario esotérico era que lo admitía com o un representante de los «poderes de época». la nuestra». p ero también él se horrorizó del «viento helado» que fluye de su objetividad. co m o el documento más conmocionante de una entera época. para con­ vertirla en un «verdadero fracaso». confundieron con el Tercer Reich. pero opinó que se podría limitar el progreso de la ciencia a través de un «conocim iento de la salvación». dentro de los intelectuales de la generación más joven. alrededor de 1933. mientras que W eber.

la discusión de Weber. pp. que se sentaron allí como espectadores. a la tribuna. y tener en cuenta. Yo creo que aquello que habría hecho esconder de miedo a ese partido [. el perfil de cómodo propietario de fonda. 1953 (ahora en Obras completas. p. Compárese.]. en el Derecho y el Estado. se les hubiera esfumado radicalmente. y me gustaría mostrarles cómo se desarrolla­ ba la asamblea abajo. en lugar de aquella energía catilinaria de la creencia. .. Cartcu) dejuventud. sujetarse a él y ser consciente de las presuposiciones y consecuencias de su elección y decisión. 7 y ss. en referencia con esto.). p. sino un mutila­ do debatir y razonar inconformista y quejoso. consecuente. diez años después.180 K a r l L o w it h Notas 1. y enton­ ces. en la Unión para la política social en. sobre todo. En ese partido sólo resalta. Articulad completad sobre sociología y política social.. 1983. Es­ to es. 227. 2.]. desde allí arriba». Tuve la impresión de que los socialistas rusos. en todas las esferas — en la economía y la sociedad. la fisonomía pequeñoburguesa: ni una palabra de entusiasmo revolucionario. Stuttgart. qué se quiere en realidad.. las consecuencias ineludibles de su fundamental presuposición. que endiosaron como el más poderoso fenómeno cultural de Alemania y como el portador de un futuro inmensamente revolucio­ nario en el mundo entero. se convirtió después en el hilo conductor de su investigación sociológica. La palabra «consecuencias» tiene en Weber un peso específico y un tono particular: se reúne con la ra­ cionalidad del hacery pensar «orientado racionalmente a fines». dominante. 410: «Habría conducido con gusto arriba. 3. que ellos tienen por “revolucionario” [. se llevarían las manos a la cabeza al mirar a ese partido.. cuando se ha postulado un fin determinado. a la que estaban acostumbrados por sus asambleas. al seguir. que no dice nada. La pregunta de cómo es que se llegó sólo en Occidente a una racionalidad específicamente occidental. a nuestros príncipes alemanes en el plenario del partido de Mannheim. en el arte y la ciencia— y que porta el cálculo en todos los campos. 3. Actuar y pensar «consecuente­ mente» es idéntico para Weber respecto a la conducción racional de la vida y la «honradez intelectual». en aquellos príncipes. se debe saber. Véase al respecto mi libro Historia del mundo y salvación.

El único imperativo ético que surgiría de la consecuencia «nihilista» del rela­ tivismo histórico y existencial de Weber sería: thou sbalt have preferences. Un apéndice a la controversia entre Popper y Adorno. Leo Strauss ha llevado ad absurdum del modo más enfático. para. defender en nuestra con­ ducta natural y cotidiana una valoración adecuada de los aconteci­ mientos políticos y sociales.M ax W eber y Karl M arx 181 4. o no se contradicen. por medio de agu­ dos argumentos. sin embargo. 1963. en Teoría y praxis. 1963. Pero ¿ha demostra­ do Weber. en tanto corresponde a la naturaleza humana. en Es­ critos de bormnaje para Theodor Adorno. vuelve concepto científico that wealth of meaning que tiene en vista el entendimiento natural y el commonsense. Porque sería absurdo querer afirmar que cada elección y decisión por ése o aquel valor último sería indi­ ferente. y se excluye a sí mismo de ello. Pero para eso Strauss debería presentar una investigación sistemática . del hombre moderno de nuestra época. que en ese aspecto piensa de mo­ do más filosófico que Strauss. razón y deci­ sión. por medio de la razón humana? La prueba para la crítica de Strauss sería que él nos debería mostrar. en tanto él pone en cuestión no sólo a su ciencia especial. cuando hablan del «mundo social». que por ejemplo la ética cristiana y la política. entonces debería comprobarse la factibilidad de tal excepción en una ciencia que no pretende una transformación del mundo históri­ co en conceptos constructivos. la distinción de Weber entre valoración personal y conocimiento objetivo. Dogmatismo. y con ello a nuestra completa orientación moderna en la vi­ da. Teoría analítica de la cien­ cia y dialéctica. porque no podría fundamentarse racionalmente. esto es: que nuestras posibles tomas de posición últimas se asientan en una con­ traposición insolucionable y que no puede decidirse. Strauss elude la respuesta a esa pregunta al delimitarse como social scientist a un entendimiento interno al mundo de la convivencia humana. Pero cuando Strauss restringe la comprensión de Weber a la ciencia. en realidad. o sólo una de am­ bas es «verdadera». Véase al respecto Jürgen Habermas. en Natural Right and History. lo que quería demostrar. y que. da igual cuáles sean éstas preferencias. y no reconoce ese «destino de la época». es decir. por su lado. según el caso. de modo más principista. por su parte. sino a toda ciencia. Precisamente no lo es para Weber. hoy ejercida. y llama a ese entendimiento a-religioso evídently legitímate.

«Siempre son los valores los que avivan la lucha y mantienen viva la enemistad. a los combatientes. Max Weber. Compárese. . esto es. Que los viejos dioses se hayan desencantado y se hayan convertido en meros valores válidos. Cari Schmitt ha concluido recientemente de la tesis de Weber de la decisión propia a cada uno por ése o aquel valor último que esa «tiranía» de valores que se combaten entre sí. y no limitarse a la interpreta­ ción histórica de textos sustantivos de la historia de la filosofía polí­ tica. por el contrario. lo que Weber llama. Su relativismo era portado por un etbos decidido. 1959. 5. como Weber presupone. como actuar según la oportunidad. la prostitución sagrada del alma—abre la puerta a lo verda­ deramente humano y divino. Esta es la pesadilla que la descripción de Max Weber deja tras de sí. En un debate. ésta es otorgada por el hombre. que pudo ser justo con cualquiera que pensara diferente si estaba convencido de que también su contrincante tomaba sobre sí. Le savant et le poLitigue. con plena conciencia. que no permitía negociar con él. En referencia a una afirmación de Heidegger sobre el discu­ rrir acerca de «valores». hace cruel la lucha y. porque se excluyen. de autoconformismo y de la consecuente «terquedad». 6. pp. llevaría a un bellum omnium contra omnes. sobre la crítica de Strauss a Weber. en lo que él desveló en Adam Müller como «ocasionalismo». El decisionismo dictatorial de Schmitt encuentra su explicación. Y justo ahí podría mostrarse también si la «riqueza en signifi­ cado» reposa sobre una Lntriruic articulation de la estructura social o. en distinta perspectiva. 31 y ss.» Si alguien fue absolutamente libre de vanidad personal. en comparación con el cual el temible estado de naturaleza de la filoso­ fía del Estado de Thomas Hobbes sería un idilio. Weber habla de la dificultad de encontrar un acceso a Dostoievskiy a Tólstoi. respec­ tivamente. porque su convencimiento com­ pletamente no europeo de la falta de valor de toda vida delineada racionalmente reposa sobre la seguridad cristiana primitiva de que sólo el amor sin mesura al prójimo — esto es. desesperantemente tercos. ése fue Weber.182 K a r l L o w it h comparable a la sociología weberiana. con Baudelaire. la responsabilidad por las consecuencias de sus decisiones. Raymond Aron.

El [. y de la industria y la técnica que se sirven de ella. pero los ciudadanos luchaban contra el Estado eclesiático. Sería interesante saber cómo se posiciona él respecto al posible con­ flicto entre la ética política y cristiana sin. con el punto de vista de la postulación de valores o cristiana o política. entonces se debería verificar. fijada en un punto de posición.. no se irri­ tó. por ejemplo... que estaba dispuesto de alguna forma a la salvación de su alma. según sabemos. Esa suposición es in­ cluso más plausible si pensamos que Schmitt estaba originariamen­ te más cercano al movimiento neocatólico y que tras el final del Ter­ cer Reich publicó. que en un escrito de 1917 sobre el «va­ lor» del Estado representó un normativismo extremo.] sobre Florencia. Una y otra vez recayó el in­ terdicto [. en una tensión interna que puede desatarse a cada momento en uii conflicto sin mediación posible. de vista y de ataque determinado. que tiene muchas otras tareas: aquellas que son resolubles sólo con violencia. como Weber. Maquiávelo honró en un bello párrafo [.M ax W eber y K arl M arx 183 Sorprende que Schmitt. para su justificación. esto es.. para los cuales la grandeza de su ciudad estaba más alta que la salvación de . Eso lo sabían los hombres incluso en los tiempos del dominio de la Iglesia. tomar una posición y un punto de vista propios del juicio y la valoración. co­ mo consejero de Estado del Tercer Reich.. también con el Dios cristiano en su expresión de Iglesia. no tuvo nada más que decir sobre la posición política de Weber que estaría atrapada en la filosofía valorativa y que pertenecería a aquella postulación de valo­ res generales ün querer-imponerse en sus opiniones. porque sólo se trataba de imponerse por medio de una teoría de los valores racista y de estar decidido frente al «enemigo total». Weber dice: «Quien busca la salvación de su alma y el rescate de otras almas. por otro lado.] a aquellos ciudadanos. Mientras que. «Ex captivitate salús». En La política como vocación.. sobre los que Schmitt. Y en relación con tales situaciones. Schmitt descarta la filosofía valorativa que postula valores como una «filosofía concreta».] demonio de la política vive con el Dios del amor. no lo busca en el camino de la polí­ tica. son «horrorosos» medios de destrucción y procesos de exterminio. Si se intenta hacer concreta su polémica. antes de pro­ pagar un decisionismo igualmente extremo. para salvar la forma propia del ser-ahí popular. los productos de la ciencia «libre de valores».

los juicios y valoraciones que están en la ba­ se de todas las ciencias de la cultura. «Quien quiera ejer­ cer la política [.. entonces la tesis de We­ ber habría aparecido bajo otra luz. mientras siga teniendo una conciencia moral. lo había dichoya enérgicamente en su tratado sobre La objcti- . sincronizado con esa época. 1lOy ss. La ponencia de 1919 sobre La política como vocación Weber la cierra con la predicción de que en los próximos diez años sobreven­ dría el tiempo de la reacción a la catástrofe de 1918.w K a r l LO w i t h su alma». puede estar de pie frente a pa­ radojas éticas que no tienen solución racional. con su reflexión sobre las «ideas de valor palxones». piara los hombres. debe ser consciente de aquellas paradojas éticas y de su responsabilidad y de lo que pueda llegar a ser de sí mismo bajo su presión.. . aquellos que hoy (1919) se embriagan de ilusiones. Si el debate sobre la metodología de Weber no se hubiera fija­ do sobré las categorías dé valor. El supuso que se volverían unos insatisfechos.] con los poderes diabólicos. hubiera visto en él una política de la convicción políticamente irresponsable. y no hubiera tardado un instante en arriesgarlo todo en la lucha contra ese «enemigo to­ tal». . sino que hubiera Considerado sus presuposiciones. Weber tenía claro que la ética de la convicción cristiana y la ética de la responsabilidad propia de la política de poder no son absolutos contrarios y que precisamente el actor político. esto es. sino el de 1932). que no estarían a la altura del mun­ do y de su propio hacer. Estudios sobre antropología y sociología. según el patrón de lo que signi­ fica algo para nosotros.. que acechan en cada violen­ cia.] y la política enteramente como profesión. Véase al respectó Arnold Gehlen. 7. 8. quiso poner en claro. completamente diferente.» "j Si Weber hubiera vivido aún la «tiranía». sino la dictadura real del nacionalsocialismo legitimado por Schmitt (la nueva edición de El concepto de lo político de 1963 no trae el texto de 1933. El se rela­ ciona [. y que él desea­ ría ver en qué se «convertirían». Lo que Weber.. tanto en su aspecto positivo como negativo (presupuesto de ideas de valor normadorasy exigencia de ciencia libre de valores). en el sentido propio de la palabra. era detestable. tanto más irresponsable puesto que como convicción ya. pp.. no de los pensados va­ lores de una filosofía valorativa pasada.

). Todas ellas significan algo específicamente para nosotros. y descrita por él expresamente como adecuación al «uso del lenguaje de los lógicos modernos». al­ go completamente dispar. pp. 1962. 180y ss. (1904). Lübbe. no nos lo desvela ninguna ley. 63 y 443. según el punto de vista patrón del juicio y la valoración. El punto de vista del juicio. y solamente sobre él reposa. Nosotros nos medimos con la cosa mayoritariamente de modo inconsciente. ó también denegár­ selo. objetivamente. Aufs. z. las apariciones culturales tienen para nosotros un signifu:ddo positivo o negativo. «En qué sentido y en qué relaciones es éste el caso. y cada uno de esos fenómenos culturales pueden significar. Véase al respecto H. las Historias del Dios amado As. Se leía a Meister Eckarty las vidas de santos. . a Dostoievskiy a Kierkegaard. porque eso se decide se­ gún las Seas de valor bajo las cuales nosotros observamos la “cultu­ ra”. no puede ser extraído de la cosa misma. debe recordarse que tras la Primera Guerra Mundial se volvió una moda la disposición hacia la religión. exactamente en la medida en que nosotros tomamos una posición frente a ellas. 10.» Porque la cultura es creada por el hombre y éste tiene la capacidad y la voluntad de tomar conscientemente una posición frente a su mundo y otorgarle un sentido. en Escritos po­ líticos. provistos de puntos de vista e ideas de valor determinadas. dinero y prostitución. en tanto las juz­ gamos y las valoramos (Artículos completos sobre la doctrina de la ciencia [Ges.M ax W eber y K arl M arx 185 vidad del conocimiento científico socialy político social. los hombres. Wissenschaítslehre]. Ellas nos conciernen algo. Un conocimiento científico de acontecimientos culturales sólo es imagi­ nable «sobre la base del significado» que ellos tienen para nosotros. La libertad de la teoría. Compárese también con La política como vocación. en cultu­ ras diferentes y en épocas diferentes y para hombres diferentes. determinante para su sig­ nificado. 9. La formu­ lación teorética valorativa es aquí subordinada. Para comprender la polémica de Weber contra el reemplazo de la religión. Max Weber sobre La ciencia como vocación. aun cuando esas «ideas de valor» traten de fenómenos cul­ turales tan dispares como religión. en una relación determinada. Rilke. su interés científico. respectivamente. también. pp.. en Archivo para lafilosofía del derecho y la filosofía social. 11.

El poeta y lodpodered de època. Yò. Stefan George. 160yss. 14. 6 7 2 y ss.186 K a r l L o w it h 12.Eócritojdejoriologiay teoriade lacodmovL)ióndeL mundo. pp. 1930. IV. pp. pp. .. Edcritod completo.y III. I.*. Véase Friedrich Wolters. 1923. 430y ss.

estructura. esos pensadores inolvidables de la modernidad son una brújula en nuestra deso­ rientación y hasta tablas salvavidas para nuestro agotamiento o naufragio intelectual. pues sus con cep­ tos y explicaciones representan una valiosa guía heurística y un poderoso recurso argumentativo de validación. desplazamientos y agenda de la sociedad contemporánea. El regreso a los clásicos de la modernidad social.Posfacio Entre el recuerdo y el olvido de los maestros: la exigencia de pensar la sociedad Volver a los pensadores clásicos de la modernidad nos resulta lógico y productivo cuando tratamos de entender y explicar la form ación. nos cuestiona o nos inquieta por sus desarro­ llos nu evos y acaso sus viejos desenlaces. a pesar de nuestra erudición teóricay nuestras destrezas de investigación. se vuelve oscura. o cuando tratamos de sustentar los resultados de las investigaciones que realizamos sobre procesos sociales de nuestro tiempo. cuan­ do la sociedad en su conjunto o en algunas de sus dimensiones fundamentales se yergu e ante nosotros com o problem a. desequilibrios. En esa circunstancia crítica. ha sido también algo natural para los que nos formamos en el tiempo de la modernización latinoameri­ . Pero el re­ greso a nuestros grandes maestros se vuelve obligado cuando encaram os situaciones de sociedad que plantean preguntas que rebasan nuestras capacidades de respuesta y aun de problematización. sobre to­ do a M arx y Weber.

un tiem po intelectual intenso.. el sismo social que provocaba abandonar y transformar nuestra antigua econ om ía y régim en político tradicional. su­ puestamente de propósito conservador o justificador del dtatú quo. Son asi­ mismo referencia obligada para los que. vivim os la batalla intelectual (y política) de la Guerra Fría que estremeció a nuestros países y cuyos protagonistas teóri­ cos o ideológicos de esos años fueron. ex­ ploraciones. educaba. Hayan sido o no los abanderados de la batalla teórica e ideo­ lógica. preguntas. quien era enton­ ces pensado en ese molde sistémico o en la versión crítica del marxismo frankfurtiano..188 K a r l L o w it h cana. «tipos de acción so­ cial». necesaria para estar en aptitud de resolverlos. discusiones todas sobre la form ación. por muchos motivos. «form aciones socia­ les». comerciaba. cuyo arquetipo era la sociología estructurai-funcionalista norteamericana y /o las tesis de M ax Weber. dudas. se organizaba. «he­ chos y valores». por ello. urbanizaba. Fueron agudos e ilustradores los de­ bates que se protagonizaron entre «materialismo histórico» y «desencantamiento del m undo». que trataba de explicar y justificar la necesidad o la valía de una organización socialista de la so­ ciedad para superar la contrahechura de la modernización en curso. inconform ida­ des sobre el m od o en que el continente se industrializaba. estructura y destino de la sociedad m o­ derna entendida com o capitalismo destinado a su disolución por su contradicción estructural o com o asociación de racio­ nalidad econ óm ica y política estructurante. lleno de esperanzas. entre ciencia y política. afirmaciones. «m odos de producción». Karl M arx y M a x W eber nos ofrecieron panoramas fundamentales para explicam os la dirección y el itinerario del cambio m odem izador de nuestras sociedades — el desarrollo— . a pesar de los problemas sociales y. «tipos de dom in ación ». así com o . en suma. p or un lado. el marxis­ m o en todas sus versiones. «clases sociales» y «racionalidad». y en el otro polo la llamada «sociología burguesa».

capturados com o estábamos p or otros autores y otras problematizaciones. sea el causal dialéctico de M arx o el causal tipo­ lógico de Weber. En el debate so cio ló g ico latinoam ericano de esos años Karl Lowith fue un desconocido. un debate que por lo de­ más fue más práctico que cognoscitivo.. la urbanización e indi­ vidualización de la vida con fractura de vínculos sociales. pero también intelectualmente apre­ . restricciones y males.M ax W eber y Karl M arx 189 también enfoques integrados para entender las distorsiones del proyecto m odernizador o el empeoramiento de la exclu­ sión y división social que generaba la industrialización. la in­ corporación de la ciencia y la tecnología com o las referencias básicas de conocimiento y producción. N inguno de los dos enfoques explicativos.. más bien). En efecto. costes. era complaciente con la construcción de la modernidad y señalaban sus traumas. N os señalaron tam bién las con dicion es y razones del gran poderío que en el tiempo m oderno alcanzaba el Estado (el g o­ bierno. sus probabilidades de desarrollo. aunque diferían en la explicación de su formación histórica y aún más en la conside­ ración de su configuración futura. el debate fue perspicaz y riguroso en algunos m edios intelectuales com prom etidos honestamente con n o­ bles ideales de sociedad.. preocupado p or obte­ ner resultados sociales más que por probar hipótesis explica­ tivas. o un intelectual (entre historiador de la filosofía m oderna y filósofo político) que apenas era conocido por un restringido círculo de acadé­ micos. que adquiría una gran autonomía decisoria respecto al conjunto social y se imponía con facilidad a las in­ conform idades ciudadanas. que m uy probablem ente no consideraban relevantes sus problemas cognoscitivos para nuestras condiciones socia­ les y culturales o que valoraban sus interpretaciones del tiem­ po m oderno com o académicamente eruditas y refinadas pero lejanas e inarticuladas con el debate dominante de esos años sobre la estructura y destino de nuestra sociedad en proceso de modernización/industrialización..

El universo cognoscitivo de ambos estaba constituido p o r la inm anencia de la sociedad. Bauer. formulada con un lenguaje de elegante y densa abstracción. D esde la historia brotaron las cuestiones de su interés . dado que en su opi­ nión los discípulos hegelianos han conseguido que la filosofía se haya vuelto «espíritu del tiem po» y haya adquirido fuerza revolucionaria. N ada menos. en el tiempo de su exilio japonés y que fue mi primer contacto con su pensamiento com o estu­ diante de filosofía en los años sesenta. que terminó de escribir en 1939. el libro tiene com o eje de organización y ex­ ploración esta pregunta crucial: « ¿Son el ser y el sentido de la historia determinados p or la historia misma o.190 Ka r l L o w it h surado. entonces por qué cosa ?». sin mucha disposición a prestar oídos a interpretaciones rigu­ rosas de finos profesores sobre las cuestiones y respuestas cuyos enredos y desenredos dieron forma al pensamiento moderno y a la sociedad moderna. Ruge. sin embargo. si esto no es verdad. Feuerbach. pero es una pregunta que concierne también al pensamiento social de M arx y Weber. simplón con frecuencia y dedicado a buscar afirm aciones contundentes acerca del m undo social que debía existir y la acción social que se debía emprender. su criatura. Stimer. lleno de atajos. en tanto nuestros dos maestros estaban capturados p or esa pregunta acerca de la historia a la que dieron respuesta aun­ que de m odo no filosófico. a la que dedica­ ron sus vidas los gigantes intelectuales del siglo X I X (Goethe. cóm o me marcó Lowith con su in­ terpretación de la modernidad cuando leí su inolvidable libro Von HegeLzil Nietzsche (en su segunda edición de 1949). providencias y destinos trascen­ dentes. p or la historia humana sin asideros. Kierkegaard. M arx o N ietzs­ che. Era una pregunta pertinente y desafiante. El libro trata de re­ construir la historia filosófica del siglo X IX con el fin de enten­ der el siglo X X — «que ha logrado hacer claro y comprensible lo que realmente sucedió en el siglo X I X » —y. que él estudia directamente). Recuerdo.

Identificar y validar cuál de esos dos ordenamientos. mediante su autoproducción/autodestrucción (materialista dialéctica).M ax W eber y K arl M arx 191 y dentro de ella buscaron las respuestas acerca de su recorrido. el socialista o el liberal-democrático. hasta que alguien decidid pen­ sar tanto el marxismo com o la sociología comprensiva en mol­ de de estructura con el efecto de encontrar p o r un tiem po discípulos de sobra. en conexión. disponía a su favor de la causalidad de la historia y. Es también la pregunta profunda que. fue el m eollo de la cuestión. se hicieron muchos intelectuales no sólo latinoamericanos de los años sesenta y setenta. revolución y democracia. más cosas que las que logró construir después con el rompimiento del edificio inte­ lectual de nuestros maestros. La llamada «ruptura epistem ológica» rom pió. cuando deba­ tían en pares (dialectizables o n o) sobre desarrollo y atraso. aunque no hayan encontrado respuestas para sus problem atizaciones forzadas. imperialismo y form ación na­ cional. Estado y mercado. centro y perife­ ria. saber cuál era el tipo de causalidad histórica. en cambio. menos . sin ubicarla en ese nivel de abstracción. porque todo intento y plan de cam bio social obligaba a preguntarse y responderse si la historia social misma. A m bos pensaron la so­ ciedad en formato de Historia. cuestión que fue el fondo del debate intelectual de la Guerra Fría en nuestros países. configuración posible y acaso sentido. en realidad. sentido y desenlace de la historia social o si. capitalismo y socialism o. definía el ser. tiem po. y se preguntaban fría o fogosamente cuál podría ser el camino e instrumental para estar en posibilidad de producir la real sociedad deseada* la socialista o la liberal-democrática. Era sobre todo la cuestión que podrían haberse planteado deliberadamente aquellos intelectuales que no estaban dema­ siado interesados en la toma inmediata de palacio y que tam­ p oco compartían la fe casi religiosa en la salvación social me­ diante el poder (revolucionario o no).

me sacudió.192 K a r l L ó w it h econom icísticam ente. a la vez que hizo más difícil mi vida de estudiante. Los dos estudios son reflexiones sobre el pensamiento de grandes autores europeos y sobre las consecuencias prácticas que sus ideas y las críticas de esas ideas tuvieron en la confi­ guración de la sociedad moderna. cuando lo leí por primera vez. contingente. avance hacia la redención social y hacia la reconciliación de la razón con la realidad o si era más bien una navegación in­ definida. Las reflexiones de Lowith suelen concluir en párrafos que recapitulan el curso de las afirmaciones y los debates. La cuestión conducía al inter­ minable debate de si había leyes de la historia o no. que requiere una extraordinaria erudición y creativi­ dad.a Estudios sobre la historia del mundo burgués-cristiano. E l aleccionador libro de Low ith sobre la historia intelec­ tual que va de H egel a Nietzsche está integrado por dos par­ tes imponentes y solemnes: 1. Es una empresa intelectual de gran aliento. si evoluciones o revoluciones y. me ubicó en mi exploración intelec­ tual. si la g o ­ bernaban causas o fines. en el fondo. estructuras o acciones. «La . Las prácticas políticas y académicas se reorganizaban en diversos m odos según las respuestas intelectuales a esas cuestiones cardinales. si condicionam ientos o proyectos. M e permito citar un párrafo que. el andar de la historia estaba gobernado por otras realidades y cuáles eran éstas. si se podía hablar con sentido de un fin de la historia o no. m enos politizada y conflictivam ente (artificialmente). Asimismo era una cuestión que implicaba plantearse si el m ovim iento de la historia humana significaba progreso. central para entender la constitución del tiempo moderno. menos determinísticamente. abierta en sus fines aunque no en sus medios si se quería ser eficaz.a Estudios sobre la historia del espíritu alemán del siglo X I X . que se distinguen por su claridad aunque pudieran no ser obvios para los que han crecido in­ telectualmente dentro de otros m odos de preguntarse y res­ ponderse. 2.

según el grado de involucramiento que uno haya tenido en el esfuerzo intelectual y espiritual de H egel. achi­ cando su denotación. Temo tam­ bién que otros hemos abandonado la búsqueda de esa recon­ ciliación o nos hemos facilitado el camino y la buena conciencia reelaborando el concepto de racionalidad y de realidad. hayamos . en la gramática posmoderna. Es una sobria y correcta recapitulación de la crítica poshegeliana. la inmanencia o la autorreferencia sin salida. pues am bos revierten la con ci­ liación hegeliana de la razón con la realidad. La crítica de M arx apunta a la filosofía política de Hegel. El fundamento filosófico de la crítica radical de ambos es la discusión del concepto hegeliano de realidad en cuando «uni­ dad de esencia y existencia». al mismo tiempo. N o sólo se produce una disolución del sistema de H egel sino también. la contingencia. que puede ser un trauma o un alivio. una política realmente pú­ blica. la des­ com posición de todo el sistema del m undo burgués-cristiano. La crítica se dirige sustantiva­ mente a la frase del prefacio de la Filosofía deiDerecho: «L o que es racional es real y lo que es real es racional».M ax W eber y Karl M arx 193 crítica de M arx y Kierkegaard separa lo que H egel había tra­ tado justamente de unificar. una econom ía justa. haciéndola menos demandante y más manipulable con el uso de ciencias y tecnologías sociales. un Estado universal y una sociedad que pueda pasar la prueba de las preguntas y exigencias de la razón. atrapado en la particularidad. de algún m od o un pensador m odern o posm oderno. no Verstand) el espíritu ilustra­ do mundano y antropológico del tiem po m oderno. M e tem o que algunos seguimos obstinadamente tratando de lograr la reconciliación entre razón y realidad cuando ra­ zonamos o luchamos con argumentos por una sociedad buena e incluyente. Temo asimismo que algunos. por haber intentado exitosa o fallidamente superar con el m o­ vimiento de la razón ( Vernunft. a pesar de la proclamación heroica de la «nada». y Kierkegaard a su cristianismo filosófico.

y más tarde leí el de «La posición de M ax W eber frente a la ciencia» (1964). en el entendido de que con frecuencia una lectura no económ ica de los economistas. o el pensador que el pensamiento crítico frankfurtiano ha­ bía construido com o el emblema del m odo burgués de pensar la sociedad y la historia moderna. algunos impresentables por su obstinación o vulgaridad con que el leninismo había investi­ do el marxismo. fuera de la filosofía. de to­ dos aquellos epígonos catequistas. además de peligro­ samente autodestructivo si se toma en serio: una herencia in­ telectual y política de la que hay que olvidarse y desembara­ zarse lo más pronto y generalizadamente posible. no sociológica de los sociólogos. El mérito de Low ith consiste en haber abordado a nues­ tros dos maestros con un enfoque filosófico. que ahora aquí se publican. el debate no hubiera perdido su polarización. S ólo después. con una mirada de antropologíafilodófica.194 K a r l L ó w it h decidido que eso de la conciliación entre razón y realidad y la conciliación misma de la realidad social es un terrible falso problema. cuando me dediqué a tiempo completo durante años al estudio de M ax Weber. librándonos de aquella rigidez doctrinaria. n o histórica de los historiadores suscita otras miradas y hace ver otros aspectos que la interpretación . cono­ cí el artículo de Lowith «M ax W eber y Karl M arx». Si en los años del debate hubiéramos conocido este par de textos. que apare­ ció en el legendario A rchivo para la Ciencia y la Política Social (1932). pero nos habríamos aho­ rrado desencuentros y enconos provenientes de prejuicios y ramplonerías. además de haber simplificado deliberadamente sus consideraciones para hacerlo objeto de fá­ cil crítica. empezando por las de Horkheimer y Marcuse. en tanto irresoluble e ilusorio. Habríamos asimismo depurado al weberianismo de las torpes interpretaciones que lo consagraron com o el teórico de las causalidades idealistas o espirituales de la historia o com o el parsonsiano antes de tiempo que entronizaba al siste­ ma cultural sobre los otros sistemas sociales y el de personali­ dad.

la propuesta del socialismo puede presentarse com o una op ción humana justificada de organización de la sociedad y no sólo com o el efecto de una cadena causal incon­ tenible de hechos. así com o al estudio de la centralidad que la «racionalidad» ocupa en el funcionamiento. La m irada sobre Karl M a rx se distingue p or resaltar la aportación de Feuerbach a sus teoremas básicos y por colocar en el centro el tema/problema de la «enajenación» del hom bre m oderno en su triple dimensión económica. política y humano-social. de m odo que los componentes mora­ les y políticos también son hilos causales de la historia huma­ na y. la idea humanista emancipatoria de la historia social. nos muestre que ahora sus interpretaciones pioneras se han vuelto normales y relativamente generalizadas. Su mirada sobre éste (me refiero particular­ m ente a la de 1932) presta principalm ente atención a las relaciones entre ciencia y política (historia). p or ende. la sig­ n ifica ción y el fu tu ro de la socied a d m oderna. particularmente los referidos a W eber.M ax W eber y Karl M arx 195 disciplinaria o los mismos autores no destacaron o aprecia­ ron. quedando en el aire poder p ro­ bar que su interpretación tuvo influencia directa en los estu­ diosos de Weber. aunque la lectura de sus tex­ tos. Sus consideraciones anticiparon críticas que luego se hicieron al marxismo y vindicó m odos de repensar a M arx fuera de sus usos políticos inmediatos y de sus artificiosas reestructuracio­ nes para dotarlo de dignidad «científica» y extirpar sus resi­ duos filosóficos juveniles. Su interpretación nos recuerda también algo que mantiene tod o su valor com o im perativo cognoscitivo y social. Ese fue el caso de Lowith. lleno de tonterías y malentendidos. que hace del socialismo o comunismo una realidad fatal más que un objeto de elección humana. poniendo orden y claridad en un debate que se había vuelto confuso. Se trata de un pronunciamiento que p o r lo menos advierte acerca de la precariedad del trabajo analítico que llevan a cabo los que siguen pensando que la sociedad sin clases llegará por encima . a saber.

que causa el aumento de la explotación proletaria. cada vez más agobiados. los hemos olvidado y los hemos enviado al desván de las cosas que de pronto con­ sideramos obsoletas y fuera de tono con lo que h óy se discute y es intelectual o políticamente atractivo. aunque las discusio­ nes nuevas no resuelvan los problemas que nuestros maestros se plantearon sin terminar de responder ni muestren cuidado ante sus advertencias. que causa un ultérior debilitamiento de las ganancias y. origi­ nal en varios tramos. que causa el derrumbe y a no del capi­ talismo nacional. sino qüe re­ construye el razonamiento de nuestros dos maestros y ofrece sugerentes dimensiones de análisis sobre sus problemas. se nos han vuelto distantes. complicados. supuestos y elecciones cognosci­ tivas que son claras y precisas. si no con facilidad. a la postre. La exposición de Lowith fluye también con claridad. así com o su m odo de problematizar y argumentar. por lo que desde el com ienzo podem os tener afinidad con su problem a y razonamiento o bien distanciar­ nos de él. sino global. supuestos y operaciones intelectuales fundamentales. a lo largo de una argumentación rigurosa. que no toma el fácil atajo de la erudición. que causa la in conform idad y conflicto social. entre otros motivos porque su m odo de establecer los temas.196 K a r l L ò w it h de la voluntad explícita de los actores sociales com o efecto del colapso del capitalismo (mientras que h oy la sociedad es algo más que eso). y lo hace con enunciados poderosos y sobrios . y se dedican. En cada uno de sus artículos sa­ bem os con claridad lo que Low ith quiere alcanzar y probar. pro­ pósitos. la cual arranca . así com o las posiciones desde donde se mueve para llegar a su meta intelectual. que termina simplemente por glosar a los autores. a los cál­ culos cada vez más com plejos (globales) del progresivo des­ censo de la tasa de ganancia del capital. perspectivas. N o deseo glosar el desarrollo ni los resultados de la inter­ pretación de Lowith en sus artículos sobre W e b e r y M arx.con propósitos.

a través de análisis comparativos del m otivo de investigación básico de W eber y M arx. aún hoy. me sorprenden. En especial. lo común y la diferen­ cia en sus ideas del hom bre com o fundamento de la economía y la sociedad. que en la academia y en la opinión pública de entonces se inclinaba a dramatizar las tensiones entre socialismo (comunismo) y liberalismo. espero) p or haber olvidado esas visiones estructuradas de la sociedad moderna. y abordaré alusivamente dos de sus temas conducto­ res: la relación entre ciencia y política. Esa com paración no puede llevar a una reconci­ liación. me enriquecen i y me suscitan remordimiento (no sólo a mí. su recorrido sobre W eber se sustenta en textos epistemológicos y m etodológicos que en aquel entonces no es­ taban traducidos al español y que p or ello n o pudieron ayu­ darnos a ver ciertas cosas y enfocar mejor algunos de nuestros problem as y polém icas. colectivismos e individualidad. El propósito de Lowith busca superar ese m odo bastante com ún de pensar la historia y la situación alemana a partir de dilemas y se prop o­ ne «mostrar. na­ cionalismo y humanismo."tensiones que en el medio aca­ dém ico alemán tom aron tam bién la form a (ni la única ni la más potente) de contrastar el pensamiento de M arx con el de W eber a fin de marcar diferencias y enviar agua a los molinos de las propias posiciones políticas que pretendían sacar de su. porque mientras la vida terrenal “descanse en sí mism a y sea entendida a partir de sí”. al leer los textos.. econom ía (civilización) y cultura. y la con cepción con ­ trastante de la racionalidad y la enajenación com o claves interLa interpretación de Low ith es algo que se mueve a con ­ tracorriente del pensamiento de su tiempo.M ax W eber y K arl M arx 197 que. conoce sólo “lo irreconcilia­ ble de la lucha de las posibles tomas de posición últimas para . crisis moral a una Alemania de entreguerras confundida y aún desesperada p or la m agnitud de su derrota. E n mi com entario sólo destacaré el p rop ósito general de los artículos de L ow ith sobre M a rx y Weber.

digno de ser resuelto no porque com prenda problem as especiales económ icos y sociales. Lo que puede y debe­ ría hacer la com paración es destacar la diferencia en lo c o ­ mún. Sólo porque. sino porque la constitución moderna representa un problem a radical y total. por cuanto no es sociologizante ni econom icista ni politizada. otra hermenéutica. Se busca «hacer consciente la diferencia en lo común». presente en la totalidad de su ser humano. Está màis claro que el agua. en tanto fundam ento portador tanto de la p ro ­ blemática social com o de la económica. en últi­ ma instancia. no se persigue un propósito de fal­ sa fraternidad y reconciliación. una pregunta de antropología filo­ . Distorsión o no de los propósitos originales de la obra de M arx y W eber. su mirada sobre su obra. la pregunta «social-filosòfica» de Lowith so­ bre ellos. Es otra p re­ gunta. Para Lowith el cam po de investigación de ambos es el mis­ mo: la constitución «capitalista» de la economía y la dociedad moder­ nas. tiene efectos y se revela la problemática del orden social y económ ico burgués capita­ lista. La ciencia como vocación). «porque encierra en sí al hombre. puede ser también entendido el “capitalismo” mismo en su significado fundamental y ser objeto de una pregunta social-filosófica». que pueden ser graves. sobre el hombre como tal. a la manera de desigualdades y exclusiones sociales o de caídas en la produc­ tividad y la com petitividad (diríam os h oy ). y ésta se ha vuelto un problem a de conocim iento. que no se tocan en un solo punto. sus restricciones y sus posibilidades de trascenderse y de cambiar su circunstancia en algo menos natural y más p ro ­ ducto de deliberación. en tanto se relaciona directamente con la existencia humana. pero tam poco reeditar al infi­ nito una interpretación que los considere com o un par de sis­ temas intelectuales diferentes y totalmente adversos. su m odo de ser. es distinta.198 K a r l L o w it h vivir”» (Weber. Lo com ún de la investigación de M arx y W e­ ber es su pregunta acerca de la existencia humana.

Lowith lo sabe: «Ese motivo funda­ mental antropológico. compartimos su posición de que «tanto W eber com o M arx abarcan. sino también de valoraciones morales. porque en un caso es ocultado por la tendencia a la “cientificidad” avalorativay en el otro p or la “praxis revolucionaria” ». de proyec­ tos políticos de sociedad buena. Una afirmación que suscribirían ambos. La diferencia de nuestros dos maestros reside fundamen­ talmente en su interpretación del capitalismo: «Se anuncia esa . y que por esta característica de su mirada interpretativa contri­ bu yó a sacar de su atasco a las interpretaciones ideologizadas y polémicas de su época. de compromisos por abatir el sufrimiento humano.. en la medida en que nuestros impulsos de investigación proceden no sólo de los problemas no planteados o mal planteados o no respondidos por nuestras tradiciones y comunidades científicas en las que estamos incorporados. Contundente y correcto análisis. hombres “científicos” ». L ow ith n o se siente o rto d o x o en su propósito. Purezas doctrinarias y prisas políticas se han vuelto los puntos ciegos de nuestra producción intelec­ tual.M ax W eber y Karl M arx 199 sófica que tomará en sus artículos un formato epistemológico y social. D e todos m odos. pues su supuesto de conocim iento es que «lo que fue para ambos determinante. M arx y W eber. y sin embargo. que involucra a los discípu­ los patriotas de am bos genios. en su tra­ bajo científico. Las cosas no han cam biado m ucho hasta ahora. en la re­ flexión sobre su división y unidad. no es fácil de reconocer. pero sin olvidar que el enfoque de la reflexión es la pregunta sobre la existencia del hombre. social e histórica. y aun nosotros mismos. y justamente p or eso ambos fueron algo diferente y algo más que meros teóricos. la totalidad del com porta­ miento teórico y práctico. surgió de un impulso completamente trascen­ dente a la ciencia».. pues demasiado conocim iento de la histo­ ria social ha sido sacrificado en el altar de la ciencia pura y la praxis revolucionaria. sin embargo. En suma. en última instancia.

afir­ mación y dom inio de la racionalidad científico-tecnológica y gerencial. la racionalidad puede enunciar sólo y apenas las condiciones de realización eficiente del futuro de­ seado que interpela. bajo el punto de vista unívocamente negativo de una autoaLienación universal. pues mientras para M arx. el sentido que pudiera llegar a tener la historia es obra humana. es diferente también. respec­ tivamente.] portadora y exponente de ese destino universal». sus potencialida­ des de liberación y encajonamiento de la vida. es una fuerza dialéctica de transfor­ m ación y superación. mientras W eber lo analiza bajo el punto de vista de una rac¡onalízac¡ón universal e inevitable. pero éste no sólo es definido por la fuerza . N in gu n o de los dos perm anece en el presente y ninguno lo celebra ingenuamente y con él se con ­ tenta. justamente por la contradicción que la autoalienación implica. esperada o deseada. en sí neutral pero de doble significación por su valoración. que caracteriza al capitalism o en su significado principal abarca tam bién lo p rop io \Eigenart] de la ciencia moderna. La lectura recapituladora de Lowith sobre las dos lecturas que M arx y W eber hicieron de la existencia humana en el m undo m oderno burgués y capitalista es claray precisa. Esa racionalización o autoalienación. es posible que la historia supere las contradic­ ciones de la sociedad humana y cierre en reconciliación uni­ versal.200 K a r l L o w it h diferencia en que. M ás aún. en cambio. con sus debilidades y fortalezas. aunque pasible de ser transfor­ mada de cuajo.. También ella es [ . para W eber se trata de un futuro abierto dado que el «desencantam iento del m u n do» significa la ausencia de un sentido objetivo que se revela progresivamente en la historia y. M ientras para uno se trata de la construcción. M arx lo hace. para el otro es una existencia humana alienada en dimensiones fundamenta­ les de la existencia y que. por ende. «Racionalidad universal» y «alienación universal» son elementos constituyentes del presente social y factores de su futuro cuya configuración.. por obra de la providen­ cia dialéctica.

aludía también Lowith cuando enunciaba que el siglo X X representa en gran manera la verdad del siglo X IX . la tozudez de la discriminación. la persistencia de la perversidad y la estupidez. tan lejanas de la teoría de la razón pura o de la ciencia. en consecuencia. sobre la relación que debía o podía existir entre razón y existencia social en la m odernidad y. sino p or otras fuerzas poderosas. que se había vuelto una maraña de malentendidos. epistem ológico o m etodológico. juicios de valor y juicios de hechos. muy proba­ blem ente) aceleraran su decadencia al capitular frente a la ciencia. Lowith contribuye a aclarar y depurar la discusión entre valores y hechos. de nuevo.. E l enredado debate n o era. a pesar de que la Ilustración y la ciencia positiva se hayan autocelébrado co m o los principales h acedores de lo m oderno y hayan querido dominarlas y se lo hayan creído. ro­ mántica o historicísticamente.M ax W eber y K arl M arx 201 de la razón. que tie­ nen igual presencia e influencia en el tiempo m oderno y cuyos «dioses y dem onios» no pueden ser llamados sin más antimo­ dernos. tonterías e ignorancia. fundamentalmente. En el artículo referido a «L a posición de M a x W eber fren­ te a la ciencia» (1964). que han tenido causalidad real en la historia real. debido al afán que muchos teñían por dar origen a una ciencia t o d o terreno. . o bien a la decisión de otros de impedir que cultura y moralidad («nacional». empírica de cuño naturalista y determinista. sino que se refería al debate no aplacado sobre el futuro y el sentido de la sociedad y. A estas irracionalidades y desenajenaciones artificiales ocurri­ das.. Y algunas de esas ver­ dades de lairracionallidady pobre universalización de la vida humana han sido el horror. la re­ gresión. él terrorismo. el H olocausto. vitales. que por definición no pod ía recon ocer y abrir espacio a la creativi­ dad de las libertades y a la aportación del ethod social y de la mismas pasiones. sobre los pocos alcances causa­ les que la razón podía acreditar en la historia. que estructurara de pies a cabeza la sociedad moderna.

de m odo que surge el esfuerzo intelectual ex­ plicativo y prospectivo de querer cerrar la brecha y. por ende. de la ética. Se trata de una discusión cardinal. entre la ciencia que es el emblema del tiempo moder no y los valores en que la moderni­ dad se asienta y procura. Esta pregunta. de la política o del deseo. pues enmarca y determina el m odo y los alcances de la ciencia en política (el m odo de la ciencia de hacer política o de ser p o ­ lítica) y expresa la tensión que siempre nos acompañará entre la sociedad que somos y la sociedad que queremos ser. destruye y recrea a sí misma. con o sin los libros de M a rx y W eb er bajo el brazo. saber si la . implícita o explícitamente. ¿Q ué puede realmente hacer la ciencia en lo que respecta a los proyectos valorativos de una sociedad buena? D ich o de otro modo. con o sin Marx. con oce y prevé. nos remite a la cuestión de saber si la historia es el «reino de las causas» o el «reino de los fines». con el añadido de la complicada pre­ gunta sobre cuáles son los p rocesos causales m ediante los cuales la historia se crea. si son los hechos o son los valores las cau­ sas que originan y sustentan el despliegue de la historia (o bien una interdependencia de hechos y valores). congruentemente se vuelve perentoria la pregunta acerca de si la brecha podrá ser cerrada y cóm o: si por el ímpetu valorativo de la razón práctica. ¿lo universal?). entre lo social real y lo social ideal (¿lo racional?. con o sin Weber. que nos planteamos aquí y ahora. cu yo itinerario y destino la razón teórica. intelectuales y po­ líticos terminaremos siempre. ha­ ciéndonos la pregunta de Lowith acerca de L a caudaLidaB de L a hiátoria — «¿están el ser y el sentido de la historia determinados por la historia misma? . ¿lo desenajenado?. en m odo de ciencia. o p or la m archa im parable de los hechos.202 K a r l L ó w it h La discusión acerca de la ciencia se centra en saber cuál es la relación que puede existir entre los resultados de su ejer­ cicio explicativo (o comprensivo-explicativo) de referencia em­ pírica y la validación de los valores de la existencia humana en que uno cree y para los que vive.

a no ser que uno sea un pragmático de corta mirada o un atolondrado inconsecuente. por leyes científicas del curso de la historia o por p ro­ y ectos m orales y. pero una cuestión a la que nadie puede escapar. entre explicaciones y valoraciones y. cuya validez cultural hay que construir socialmente p or medios educativos y políticos o cuyo imperativo moral o deseabilidad hay que abrir. y por ello seamos prescindibles. en la diferencia «entre ciencia objetiva y valoración subjetiva». si p o r cálculos o por motivos. de la que se desprende y justifica la visionaria definición weberiana acer­ ca de los alcances y límites de la ciencia en lo que concierne a la tarea ineludible de la valoración social y toma de partido ante el mal del mundo o por una idea de sociedad buena. Es también una cuestión a la que tam poco pudo escapar el marxismo del siglo XX. y el marxismo político de la hegemonía (Gramsci) o el del hilo rojo de la utopía (B loch) o el del socialismo austríaco. en el fondo. un proyecto y no sólo un desenlace. com o el desenlace fáctico del previsto colapso del capitalismo. la cual descansa en la distinción no­ toria que existe entre juicios de valor y juicios de hecho. la factibilidad — no la validez—de las . funda­ mentar racionalmente y sostener con el ímpetu negativo que brota de la irrealización del m undo dado y de la esperanza contra toda esperanza.M ax W eber y Karl M arx 203 historia social se mueve p or fines («acción racional con arre­ glo a fines») o por valores («acción racional con arreglo a va­ lores»). es una cuestión que no se ha resuelto aunque sí disuelto en nuestros días. en diversos m odos y medidas. por expectativas o aspiraciones. que osciló entre las leyes de la historia que señalan al docialiómo como efecto. En la perspectiva weberiana. no un efecto o sólo un efecto. para los cuales. forza n d o las cosas. com o expectativa o esce­ nario científicamente esperado. El desarrollo de Lowith es correcto en su exposición e in­ terpretación de la idea de W eber de la ciencia com o «ciencia libre de/ante los valores». eldocialúmo ed un fin .

dicho con la bella y poderosa expresión de Lowith..204 K a r l L o w it h posiciones valorativas sobre el hombre y su sociedad es lo que puede ofrecer genuinamente una ciencia histórico-social.. la ciencia histórica y social causal sólo pueden determinar. La ciencia sólo puede ser técnica o te­ ner una aportación técnica en relación con los fines. El punto ciego que tiene la razón respecto a los valores p o ­ líticos y morales en W eber se relaciona directamente con los alcances y lim itaciones que son propios del ejercicio de la ciencia histórica y social. asegurar racio­ nalmente su validez y. En re­ sumen. haber con oci­ do que nodotrod “debem os crear por nosotros mismos” el “sen­ tido” del acontecer del mundo. debido al m odo filosófico que pauta su razonamiento. A manera de .] surge de la forma propia de aquella época cultural cuyo destino es haber com ido “del árbol del conocim iento”. cuya decisión puede inspirarse en otros referentes no científicos y hasta no racionales. Y se puede añadir con él: «La presupuesta ¿«validez “objetiva” de nuestros patrones de va­ lor últimos y la falta de normas universales vinculantes [. pero de ningún m odo puede fundar la validez de los valores. tam poco puede decidir acerca de cuáles son los valores que la política debe seguir y realizar. c o ­ m o cualquier otra ciencia. que es fundam en­ talmente causal. es decir. en corolario. aunque en la interpretación de L o ­ with parece exagerado extenderse a la razón tal cual. la factibilidad (y costes asociados) de la realización de los valores en que se cree y para los que se vive. en el mejor de los ca­ sos. si los fines de la historia pueden ser efectos de la historia. sino sólo cuáles son las acciones e instrumentos que cabe poner en movimiento para realizar de m odo eficaz y efi­ ciente los valores decididos. en lugar del deber ser». no valoraciones de las causas o de los efectos. Por ende. Toda ciencia. «la infundamentalidad científica de las posiciones últi­ mas» es lo socialmente propio y esencial. ofrece explicaciones. en el sen­ tido de que sólo puede decir si los objetivos de la acción pue­ den ser efectos de la acción.

M

ax

W

eber

y K arl M

arx

205

resumen, aprecio mucho la consideración de Lowith, según la i cual «todas las ciencias naturales sólo nos dan respuesta a la pregunta de qué debem os hacer nosotros cuando queremos dominar técnicamente la vida — pero si debemos y queremos ha­ cerlo, y si eso tiene en última instancia un sentido, lo dejan sin decidir o lo presuponen a sus fines— L o mismo vale para las así llamadas ciencias del espíritu históricas: enseñan a enten­ der determinadas producciones políticas y sociales, artísticas y literarias, pero que no dan una respuesta a la pregunta de si son dignas de existir». Es una glosa impecable de W eber. La ciencia social no es la pieza clave de la valía social. Posee sólo el valor instrumental de la realización, la efectuación, la rela­ ción coste-eficacia, coste-eficiencia, pero su sentido de direc­ ción le es predado y se le escapa cuando se refiere a fines últi­ mos y no a intermedios de la acción humana. D e la idea de ciencia weberiana se desprende también que el proyecto de organización socialista de la sociedad, la valía imputada a la sociedad socialista, es algo que no puede soste­ nerse sólo basándose en la cien ciay con referencia a los efec­ tos probables en que desembocará el desarrollo crítico del ca­ pitalismo científicamente conocido, en caso de que se hubiera logrado tal empresa. La constitución socialista de la sociedad com o futuro deseable u obligado requiere más m otores que las simples causas económicas o políticas del desarrollo social y de sus efectos previstos com o probables o fatales, tal com o han demostrado con sus acciones y vidas activistas, creyen­ tes convencidos y revolucionarios. En el mundo desencanta­ do de W eber ha desaparecido el sentido objetivo de la histo­ ria, la existencia de una providencia inmanente (una mano invisible, paradójicamente), que es empero algo que poshegelianamente sobrevive en el materialismo histórico y en sus es­ peranzas de transformación social. La configuración de la so­ ciedad futura es obra del hombre, que navega no sólo con el timón de la ciencia, y es una obra que puede ser razonable­

206

K a r l L o w it h

mente aceptada o repudiada con toda el alma y no sólo con el juicio racional elegante que sólo está en condiciones de cali­ ficar al horror social com o error. «N osotros debem os crear, por nosotros mismos, el “sentido” del acontecer del mundo», el cual y a se ha quedado sin sentido inmanente y p or ende ha dejado de ser el m undo de algún «deber ser» trascendente e irrefutable, al que debem os someternos por el esplendor de su valía incondicional. D e acuerdo, la posición weberiana es gallarda, responsa­ ble y lógica. Pero de ello no se sigue, tom ando distancia de Weber, que los fines de la historia, en tanto ésta es reino de fi­ nes y no sólo de causas (com pren sión -explicación com o el m étodo de la cien cia social), o que «el destino de nuestro tiem po», hayan de ser determ inados p or algo que él llama, ahorrándose problemas y eludiéndolos, «dioses y demonios», p or el politeísmo/relativismo de los valores sobre la vida del hom bre en sociedad, tolerando u olvidando que los valores que suelen afirmarse y volverse hechos sociales por la fuerza de sus seguidores, cuyas convicciones pueden brotar de mu­ chos elementos oscuros y arbitrarios, son cercanos a la sinra­ zón o manifestaciones de ella. La radicalidad del desencanto weberiano puede ser abordada con hombría, com o él nos re­ comienda, sin ir en busca de «los anchos y acogedores brazos abiertos de las viejas Iglesias» ni esperando profetas que nos re­ suelvan la vida al decirnos hacia dónde y p o r dónde y nos desresponsabilicen de nuestras vidas. Pero los costes y ries­ gos de horrores no tienen por qué ser aceptados ni aclamados com o la consecuencia de asumir con gallardía la posición hu­ mana o ciudadana del desencanto, el politeísmo social y la to­ tal contingencia histórica. Una cosa es que W eber haya puesto inteligentemente lími­ tes a la ciencia en lo que concierne a la validez de los valores que inspiran la política y la moral de la existencia humana y haya, asimismo, refutado tanto la im pertinencia e inconsis­

M ax W

eber y

Karl M ar x

207

tencia del determinismo del materialismo histórico com o la insensatez de los vitalistas y nacionalistas de la restauración del ethod nacional, la piedad religiosa y la nostalgia por un lí­ der plebiscitario que repon ga el orden, y otra cosa es que abandonemos el destino de nuestro tiempo a un decisionismo de selectos y poderosos o a una razón técnica que, respecto a los fines sociales que le son predados, no puede decir nada en absoluto acerca de ellos sino que son factibles y pueden ser realizados de m odo «costoeficiente». Ese desencantamiento radical, que deja a la ciencia (no a la razón) sin habla sobre la validez de los fines de la existencia humana asociada y que parece dejar la afirm ación de los fines sin asidero racional, terminaría p or dar entrada a dos opciones inaceptables: el de­ cisionismo de líderes de masas con enormes promesas encan­ tadoras de vida social sin conciencia de costos y con pisoteos a las libertades individuales de los que se resistan y opongan a su evangelio, o bien el encantamiento de la ciencia en el cien­ tificismo y /o tecnologismo, que erigiría lo socialmente proba­ ble com o lo socialmente deseable. W eber considera que el de­ senlace tecnoburocrático es m uy probable, mientras que el otro escenario terminal, el plebiscitario dictatorial, le ha sido imputado por algunos intérpretes que han considerado que la opción del liderazgo de masas atropellador de libertades se incubaba en su relativismo respecto a los valores políticos y en sus últimas posiciones polarizadas entre ciencia y política. Obviamente se trata de un escenario no deliberado y opuesto a las intenciones de W eber, p ero en el cual su probabilidad parecería implicar o implica sus posiciones. Lowith aborda este espinoso debate en «M ax W eber y sus seguidores» (1939-1940), y lo hace con mesura, pero se mues­ tra ambivalente en sus razones, aunque se decide de manera académicamente correcta p or W eber, a cuyo «heroísm o hu­ mano y [...] honradez intelectual» rinde homenaje. El supues­ to de la cuestión y respuesta de Lowith es la burocratización

208

K a r l L o w it h

especializada de la empresa y dél E sta d o/q u e es una dé-las consecuencias de la racionalidad. Frente a esa tendencia lógi­ ca (típico-ideal) de la modernidad, las libertades intelectuales, morales y políticas que abandera W eber éstán en riesgo, por lo que para éste «sólo quedaba en pie [...] una pregunta: ¿cóm o se puede rescatar todavía, dentro dé esta omiiipoterite “aparatización ”, cualquier resto de libertad de movimiento, en algún sentido, “individualista” ?». D esde esta;perspectiva, en su últi­ ma ponencia sobre La política como vocación., W eber hizo la di­ ferenciación'de principios entre empleados estatales y líderes de partido, entre encasillados hombres genéricos e individuos autónom os... El empléado y el funcionario deben llevar a ca­ b o lo qué les füe Ordenado p or úna instancia superior, sin to­ mar en cuenta su convicción personal. El líder político debe actuar, igual que el empresario autónomo, a partir de su p ro­ pia responsabilidad, com énzar en cada m om ento desde su persona y, bajó ciertas circunstanciás, contraponerse a su jefe — sea éste un m onarca o incluso el demod— . En tanto W eber consideró que la máquina de hombres humana era ineludible, su pregunta política fue cóm o se deja ganar, dentro de su marco, un espacio en función dé ün liderazgo autoritario de carácter político, idóneo y responsable. Su fórm ula drástica pára ello fue democracia de liderazgo con máquina, aunque con esto no pensaba, todavía, en la posibilidad de un liderazgo dictatorial en un « “ Estado dé un solo partido”, sino en un Estado coii múltiples partidos y con Parlameñto». La interpretación es correcta, honesta y justa> aunque L owith, frente al desarrollo político alemán hiperiiacionalistá que él padeció y le llevó al menosprécio, a la discriminación y al exilio, tuvo que desplazarse hacia el otro pólo crítico y ano­ tar que la previsión de W eber de una «dem ocracia de lideraz­ g o cori máquina», de una dem ocracia plebiscitaria totalmente funcionarizada, le convierte en un añticipador del futuro p o ­ lítico de Alemania, sin que esto signifique én ningún m odo

» La posición de Lowith sobre M a x W ebér se desliza p or él filo de la navaja. negativamente. y dado que éste nó éstaría disponible. algo que no dejará de irritar a los weberianos y ponerlos en son dé guerra. a través de lo formal de su ethod político. D e manera diplo­ mática. Sabe m uy bien que W eber tendría Una total indisposición intelectual* política y moral hacia el desenlace dictatorial. al m argen de cuáles sean éstos. de su tesis de que entonces cada uno debería deci­ dir p o r sí mismo lo que piensa hacer.M ax W éber y K arl M arx 209 que él hubiera estado dispuesto a recorrer y aceptar ese cami­ no. la “su jeción ” en ob ed ién cia [. en este tiempo de falta de autoridad de una decadente esfera pública.i ] El in dividu o liberado. que sólo era responsable de sí mismo. que em pero abrió a otros seres funestos.. difícil de sobrellevar. cuya úl­ tima instancia sólo era la elección decidida de Una postula­ ción de unos valores entre otros.' D e su tesis de qué sólo un “profeta” puede decirnos lo que debemos hacer objetivamente. guerrero y exterminador de la diferencia. positivam ente a través de que representó el liderazgo irracional “carism àtico” y la “dem ocracia de liderazgo con máquina” y. prepara­ do el camino a un Estado de liderazgo autoritario y dictato­ rial. de la au­ todeterminación. «E l ha. de esa tesis to­ talmente individualista hay sólo un paso hasta la completa in­ clusión en una máquina de convicciones total. bajo la volun­ tad de un líder con aptitud de oratoria que diga a las masas lo que éstas deben creer y hacen C on esa. suave pero adolorida. a través dé la pérdida de conteni­ do querido. Lowith nos quiere decir que él nacionalsocialism o alemán no fue un proy ecto querido p or . se convierte en una persona que está contenta de ha­ ber podido transferir la carga. abdicación dé la elec­ ción libre éntre posibilidades diferentes en favor del una vez elegido Führer la “decisión” propia se transforma én là obe­ diencia d ecidida a un dictado. pero en los enunciados y argumentos de sü obra cree ver el anuncio o la previsión de ese desenlace.

sus al­ cances y limitaciones. pero lleno de sorpresas en sus observaciones y aleccionador. siguen siendo un manantial de ideas que nos ayudan a entender m ejor el en­ foque del program a de investigación de M a x W eber. deseado y respaldado por él. pero sus dos apartados. H ay obras que emparejan o rebasan las consideraciones de L o with. pero sí un resultado indeseado. «L a “racionalidad" com o la ex­ presión problem ática del m undo m oderno» y «L a racionali­ dad com o co n d ición de la responsabilidad de sí libre del singular en m edio de la servidumbre general». sistémicos. que son abordados desde el mirador de la antropología fi­ losófica. por lo que no son una simple glosa erudita de los es­ critos de M arx y W eber con corolarios didácticos. El ar­ tículo se centra en lo que para Low ith son los ejes centrales que estructuran el pensamiento de nuestros maestros sobre la m odernidad capitalista-burguesa: La racionalidad y la enajena­ ción.210 Ka r l LO w i t h Weber. que nos plantea a los contem poráneos preguntas que con o sin nostalgia de nuestros maestros clásicos hemos estado proce­ sando en los últimos tiempos desde otros m odos de problematización y enfoques de respuesta. Es una manera de recordam os que las acciones y las ideas no sólo tienen fines motivadores sino consecuencias reales. neoinstitucionalistas. aun si no son queridas ni previstas. que se podía vislum brar com o una probabilidad a partir de su obra y que otros protagonizaron perversamente. así com o las preocupaciones de rigidez glacial que él mismo reconoció frente al desarrollo previsible (típico-ideal) de la racionalidad del mundo m oderno. Sobre l a racionalidad w eberianay sus supuestos teóricos y m etodológicos hemos leído y escrito m uchos y m ucho. cóm o apareció y . Recons­ truir el curso de la racionalización moderna. Su extraordinario artículo «M a x W eb er y Karl M a rx » (1932) es un recorrido m arcado p or la densidad intelectual. por no citar las pequeñas «teorías» a las que dedicamos tiem p oy que ni siquiera llegan a ser de «alcance m edio».

M

ax

W

eber y

Karl M

arx

211

se asentó socialmente, cóm o rom pió la certidumbre de nues­ tras creencias y expectativas (religiosas o morales) en un or­ den objetivo que definía el sentido y . el deber de nuestras vi­ das, cóm o llegó a volverse el obligado m odo de conducir la vida en sociedad y cóm o terminó por cristalizarse com o «des­ tino» que nos ha dejado sin otras opciones de organización de la vida social, constituye el problem a del tiem po m oderno, nuestro problem a humano y, en con exión , es un problem a fundamental de la historia y sociedad digno de ser conocido, de convertirse en algo cu y o surgim iento y funcionam iento sostenido en:el tiem po ha de ser explicado, así com o han de ser explicados sus efectos en la organización social y su im­ pacto en el rum bo futuro de la sociedad. En su opinión, concebir lo m oderno com o tiempo, proceso y estructura de racionalidad es algo qu e cognoscitivam ente contiene y abraza a las tesis marxistas: «L o propio del análisis relig ioso-sociológ ico del capitalism o de W eb er consiste en que él no contempla al capitalismo com o el poder hecho autó­ nom o de las “relaciones de prod u cción ” sociales, de lo s m e: dios y de las fuerzas de producción, para entenderlo desde allí todo de form a ideológica. El capitalismo pudo volverse, para W eber, un pod er “pleno de destino” de la vida humana sólo porque él [...] se desarrolló y a en los caminos de un "m odo ra­ cional de conducir la vida” ». En la miradá weberiana la inter­ pretación m arxista del capitalism o es subsum ida com o un lenguaje particular contenido en la gramática mayor de la ra­ cionalidad de la vida moderna. Según Lowith, «el capitalismo como tai, en su significado preeminentemente económico, es p o ­ co interpelable com o el origen autónom o de la racionalidad. M ás aún, la racionalidad de la con du cción de la vida — en su origen religiosamente motivada—es la que ha dejado también que el capitalismo, en un sentido económ ico, se erija en un poder dominante de la vida». M uchos Compartimos la obser­ vación de Lowith acerca de la racionalidad weberiana com o

212

K a r l L o w it h

el universo de sentido de la m odernidad, que contiene una realidad específica a la racionalidad financiera, productiva y com ercial del capitalism o (otras m anifestaciones serían el D erecho, las organizaciones jerárquico-burocráticas, la tec­ n o lo g ía ...), aun si la racionalidad capitalista hubiese sido dialécticam ente reelaborada en M a rx com o irracionalidad sustantiva de la sociedad por la división social que genera. Una aportación original de Lowith es recordam os la para­ doja de las raíces no racionales de la racionalidad y las irracio­ nalidades incomprensibles que la racionalidad moderna origi­ na. Por un lado, los poderes religiosos y las «representaciones éticas del deber», que se derivan de la religión, en el pasado fueron los elementos forinadores de la conducción racional de la vida, hasta tal punto que W eber pudo preguntarse p or la articulación intrínseca de la «ética protestante» con el «espíri­ tu» del capitalismo, así com o establecer sus relaciones. «La "afinidad electiva interna” de ambos es la dé la convicción eco­ nómica y la de la creencia. Ambas reposan sobre un “espíritu” general o etho¿, cu yo portador socialm ente destacado es la burguesía occidental;» Por otro lado, com o advertencia omi­ nosa frente al desarrollo incontenible de la racionalidad en la sociedad moderna, ese «espíritu universal de la "racionalidad” domina el arte y la ciencia, tanto com o la vida jurídica, estatal, social y económ ica del mundo humano m oderno. L o que p ro­ duce esa racionalización universal de la vida es un sistema de dependencia total, una “carcasa fuerte com o el acero” de ser­ vidum bre [...], úna “aparatización” general del hom bre, un inevitable estar-inserto de cada uno en la "fábrica”, en cada caso específica — de la econom ía o también de la ciencia— .Y “no obstante” (con un tal «no obstante» cierra W eber también la conferencia La política como vocación), esa racionalidad es jus­ tamente, para él, el lugar de la libertad». Puedo aceptar esta in­ terpretación porque la racionalidad, al liberar al hombre del mito o encanto de un orden trascendente que regula y condu­

M

ax

W

eber y

Ka r l M

arx

213

ce la vida en un solo sentido o por un solo camino, ha sido la condición necesaria para la aparición y aseguramiento de la li­ bertad com o independencia, y porque las decisiones de la liber­ tad com o autonomía y responsabilidad pueden surgir y ser eficaces sólo a condición de que sé establezca una corrección causal idónea entre los m edios/causas de la acción y sus fi­ nes/efectos, relación que la racionalidad ayuda a identificar y establecer. En el primer apartado de su interpretación de W eber, L owith nos habla de la form ación de la racionalidad moderna, de su aire de em ancipación y de creación de p od er social, mientras que en el segundo apartado asoma su cabeza oscura la amenaza de la servidumbre general que la racionalidad del poder y el control termina p or producir y que se materializa oscuramente en «las formas políticas de la burocratización y la estatalización», en la «máquina viviente» en que la sociedad llega o puede convertirse p or «la especialización racional dis­ ciplinaria y la escolaridad» hasta terminar en su contrario, en la extinción de su espíritu originario, en un «espíritu coagula­ do», sin vida, y en la identidad que se crea entre hombre y es­ pecialista con todas las negras consecuencias que despliega esa identidad contradictoria y parcial, com o está a la vista en nuestra sociedad contemporánea. A quí no tiene m ucho sentido reconstruir y resumir el reco­ rrido que Low ith hace de las tesis de W eber; baste recordar que el principio de racionalidad es estructural en la teoría w eberiana. En su vertiente histórica la racionalidad es la criatura de Occidente y el atributo distintivo de su historia social con­ temporánea. En su vertiente sociológica, centrada en la ejecu­ ción y los efectos de la acción social, «la acción racional referi­ da a fines» y «la acción racional referida a valores» son las piezasfundamentales sobre las cuales se construye y estructu­ ra el edificio teórico del orden social. Y en su vertiente meto­ dológica la construcción de los conceptos com o acciones ra-

214

K a r l L o w it h

cionales estrictas o puras es lo que permite definiciones preci­ sas y consistentes, lo que posibilita clasificaciones y explica­ ciones de las acciones; reales a partir de su disconform idad respecto al concepto (tipo-ideal) — «desviación del desarrolla esperado: de la acción racional»— , así com o explicar y com ­ prender las acciones sociales y sus: resultados. C om o algo sa­ bido, W eber vincula racionalidad con calculabiUdad y controla.-: bilidad del mundo, pues sin estas dos condiciones las acciones no podrían construir su sentido y tener capacidad de efectuarlo. Por consiguiente, la racionalidad implica la posibilidad de es­ timar los efectos o resultados que se siguen d e ciertas accio­ nes, así com o la existencia de sujetos dispuestos, socializados u obligados a conducirse en sus vidas estim ando las conse­ cuencias de sus acciones. Por ello, el programa de la racionali­ dad del m undo supone que la producción y la com unicación social (la realidad social, podríam os decir) sean susceptibles de ser pensadas y organizadas con form e a unidades de un mismo valor unívoco y homogéneo. Esto se produce mediante la ciencia/tecnología, el D erecho y la moneda: elementos na­ turales, derechos subjetivos y moneda. Cuantificación, jundificación y monetarización son, así, las condiciones objetivas del cálculo y del control de las expectativas. Y estas tres racio­ nalizaciones del mundo son la creación de Occidente, el m odo de vida peculiar de O ccidente, el m odo hodierno o m oderno de O ccidente y su destino previsible. Las condiciones subjeti­ vas o el sujeto del cálculo y control son, lógicamente y en su opinión, el empresario capitalista, el dirigente político y el tec­ nòlogo. Si algo se le puede discutir al concepto weberiano de racionalidad, a partir de nuestras actuales preocupaciones, es que su noción de racionalidad fue elaborada en formato de es­ casez (al modo; económ ico), que es algo consustancial a la so­ ciedad, pero que dejó sin reflexión la racionalidad en condi­ ciones de adversidad y de incertidumbre, condiciones que en el tiempo actual de la modernidad son permanentes.

es lo que sigue haciendo que el marxismo sea una visión intelectual y moralmente interpola­ dora. según las propias palabras dé Marx. com o solíamos decir en el pasado bajo la presión del cientiíismo éstructuralista. que sé res­ palda en él giro de Feuerbach. el hilo conductor marxista es La enajenación. pero sobre todo re­ presentada observación sorprendente de que «la interpreta­ ción específicamente económ ica de tódós los m odos de apari­ ción de la vida humana es. Para muchos este proyecto humanista. sino “humana” ». com o una rea. Para él. y com o m undo humano.. un mühdo humanamente invertido».lidad específicam ente “i-rracional”.M ax W éber y Karl M arx 215 El segundo apartado de Lowith se refiere a la concepción de M a rx de la sociedad moderna. una inhumanidad. en opinión acertada de Low ith. «la crítica del hom bre de la sociedad burguesa de M arx. sólo el resultado último en el cual “culmina” su revisión crítica de la filosofía dél derecho de H egel». El m undo bur­ gués-capitalista. cuyo esfuerzo inolvidable fue «trans­ formar la filosofía autónom a del espíritu en una filosofía del hom bre». com enzó en la posición antropológica de Feuerbach». o peor aún ree­ dite las historias dé horror y aniquilación social de los socialis­ mos de poder intolerante y de doctrina dé pensamiento único. Ese gi­ ro hacia el hom bre com o tal. de m odo que. que en parte representa la reivindi­ cación del joven M arx. «fue la transformación de la filosofía especulativa de Feuerbach en antropología filosófica». plataforma electoral o sistéma político. com o hegéliano que es. universalización y re­ conciliación del hombre. y con ella la del mundo m oderno en general. que és el objeto dél análisis crítico de M arx. con la consecuencia total y radical de que «M arx exige una “emancipación del hom bre” no sólo política y económica. y que no se reduzca a otra ideología social. . más que con Ricardo y Smith. un n odo dél hilo rojo y vivo de la izquierda que engarza las ideas y luchas p or la emancipación. reelaborado con lá interpretación antropológica de Lowith. antes que com o proletario. «se le representa a él.

del orden social y del orden econ óm ico modernos — esto es. es un movimiento capaz de superar las contradicciones y avan­ zar hacia nuevas identidades sociales más sustanciales y uni­ versales. del mismo “orden” que viene á nuestro en­ cuentro. en Weber. rem ovible. debo reconocer que un párrafo de Lowith que puso orden recapitulador en mi cabeza desde su primera lectura y que me gusta recordar fue el siguiente: «M arx persigue esa enajenación de sí fundamen­ tal y general» que experimenta el hombre en todos los campos «del orden estatal. Son incontables los artículos dedicados a la . D esde el supuesto antropológico de que la sociedad m o­ derna constituye un m undo autocontenido en el que el hom ­ bre es pensado y actúa de manera enajenada..216 K a r l L o w it h Las consideraciones sobre la filosofía hegelian ay el vuel­ co feuerbachiano son sugerentes y decisivas en la interpreta­ ción de Lowith. que se d e­ nuncia a sí misma y se muestra insostenible. Lowith dedica la segunda parte final de su escrito. bloqu eado p or múltiples y dolorosas contradicciones en las dimensiones cognoscitivas y prácticas de su vida. La expresión económica de su problemática es el mundo de loé m erca n cía su expresión política. Al análisis e interpretación de las tres expresiones existenciales de la enajenación humana. com o el destino ineludible de la racionali­ zación— [. pero que p or «la produ ctividad de la con tradicción ». la existencia del proletariado».. em­ pero. y su expresión inmediatamente hum anare¿z/. poniéndola de cabeza y convirtiéndola en m ovim iento humano que es.]: en su form a económ ica. la contradicción entre el Estado burgués y la sociedad burguesa. aunque pudieran ser discutidas p or especia­ listas de filosofía o p or aquellos marxistas que no aceptaron la fiebre cientifistay estructuraiista en la que decayó el mar­ xism o o que de ella y a sanaron y mantienen viva en su mente la empresa de materialización histórica que de la lógica y la fenom enología del espíritu llevó a cabo M arx. política e inmediata­ mente social.

Lowith nos muestra progresivamente las manifestaciones y las trampas del hecho de realizarse del hom bre en el mundo moderno y del creerse realizado en o mediante realidades que. «fetichización». Se trata de la falsa concien­ cia que acompaña. «abstracción». autonomía y soberanía. autolegitimen y hasta autocelebren com o realidades sustentadoras y potenciadoras de la libertad humana que hacen posible que ésta sea la condi­ ción universal del conjunto social. conform e alas tesis marxistas. «cosificación». el Estado. expone las contradiccio­ nes enajenantes que implica el desdoblamiento producido en la sociedad moderna entre m undo privado y público. p or lo que son opues­ tas al concepto.M ax W eber y Karl M akx 217 explicación y manifestaciones de la alienación del hombre en la religión. entre el . mitiga y justifica la irrealización del hom bre en la sociedad capitalista burguesa. polí­ tica. economía. a pesar de que. sentido y posibilidades de la existencia humana. han alcanzado exterioridad. median­ te el concepto de ciudadanía. L ow ith repasa entonces la cosificación de la mercancía que aparentemente expresa la subjetivad del productor pero la destruye. pero que en los hechos los contradice. contradictoriamente. p on ien d o sus consideraciones en b o ca de M arx. así com o la universalidad establecida del Estado burgués que. co n agudeza. falsa> contradictoria y autodestructiva. el pensamiento filosófico o en la cultura burguesa. a pesar de que los hom bres las han producido. ser. Son particularmente notables las consideraciones que ha­ ce Lowith sobre el estado m oderno de los derechos del hom ­ bre y del ciudadano. el mercado. nubla. bloqueando su universalización. trascendencia. expresa y garantiza supuesta­ mente la libertad individual y la particularidad del interés pri­ vado. En ellas. religión y cultura se presenten. pero el mérito de Lowith es haberlas conectado y hecho interdependientes hasta convertirlas en los elementos constituyentes de la totalidad de una existencia humana invertida. inacabada.

tan extraña com o permanece por otro lado su vida privada respecto al Estado. entre sociedad civil y Estado. La sociedad burgue­ sa actual es. Porque com o ciudadano estatal el burgués es — en tanto él es. com o una autoenajénación humana. La lectura de Lowith puede representar. que rehacemos. hom bre privado—necesariamente algo otro. externo. p o r su enajenación acrítica. el principio materializado del individualismo. quienes reflexionaron con honestidad y rigor ejemplar acerca de las dimensiones. en general. extraño. esto es. el hom bre considera que y a es una realidad o algo pronto a ocurrir. com o Estado admi­ nistrativo burocrático racionalizado. des­ doblam iento que lia con d u cid o a contradicciones de difícil conciliación intelectual e institucional o a ilusiones de eman­ cipación y autonomía. Su Estado es un Estado “ abstracto” porque él se abstrae. no es sino otra forma de realidad quimérica que reproduce la reconciliación ilusoria del hom bre con su sociedad p e ro que. «M arx combate esa separación de los intereses particulares y generales. el fin último. características. la universalidad que el Estado m oderno pretende representar organizando y superando la fragmentación de los intereses privados y de los individuos libres. para el cual todo es m edio. la existencia individual. a menos que se exploten sus potencia­ lidades de unidad m ayor de aquí en adelante.218 K a r l LO w i t h burgués y el ciudadano. que a la vez contrapone al hom bre viviente en ellos en una exis­ tencia preferentemente privada y una pública. rupturas. que tratamos de m ode­ lar y que también nos disgustan y frustran. Será una inmer­ sión que Seguramente les hará descubrir nuevas realidades o . la oportu­ nidad de sumergirse en el mar del poderoso pensamiento de M arx y Weber. p or ende. de la vida privada de sus ciudadanos. potencialidades y contradicciones de la m odernidad en las que nos encontramos. para una nueva generación de jóvenes intelectuales y ciudadanos. de la vida real. para sí. tanto com o ellos se abs­ traen de él com o hom bres individuales.» D ich o de otro m odo.

que dedicamos muchos años de nuestra juventud a estudiar a este par de inolvidades maes­ tros.M ax W eber y K arl M arx 219 niveles de realidad social y también nuevos problem as que subsisten en hechos e instituciones sociales. Y ese soplo. puede hacerles aprender una gramática más estructurada e integrada para hablar de la vida en sociedad sin la superfi­ cialidad optimista o pesimista que caracteriza a mucha políti­ ca. n oticia y p u b licid a d de n u estro tiem po. en muchos puntos. a pesar de sus rudas afirmaciones sobre el desencanto o la enajenación del tiempo moderno. por supuesto. la lectura o la relectura de Lowith podrá ser ocasión pa­ ra no perder la memoria de problemas. podrán apreciar y acaso emular la nobleza del pensamiento y la acción que exige una racionalidad cabal. y que pueden ilumi­ nar o enderezar nuestras búsquedas. a pesar de que se las considere terminadas. entre los cuales se encuentra. c o ­ mo fue practicada por M arx y Weber. para nosotros. A lo mejor sien­ ten el soplo de humanismo crítico y emancipador de las ideas de M arx y Weber. L u is E A g u il a r V il l a n u e v a . todas segura­ mente honestas. sólidas y benéficas. En cambio. a pesar de parecer polvorientas. Karl Lowith. también débiles de nuestros grandes maestros. que no tiene por qué considerarse hostil a sus m odos de vida tecnológizados y de mayor independencia personal y asocia­ da. respuestas y explora­ ciones que siguen siendo pertinentes para entender nuestro tiempo. pueden tener grietas y oscuridades que m e­ recen ser remediadas o ilustradas con las ideas de las viejas reflexiones inacabadas y. in form a ción . S obre todo. Tal vez ésta sea la oca­ sión para reconocer ante nosotros mismos que las respuestas que hemos dado a las cuestiones que nos ha planteado y plan­ tea la vida en sociedad y nuestra misma vida.

Sign up to vote on this title
UsefulNot useful