REFLEXIONES HISTORIOGRAFICAS SOBRE LA FORMACION DE LA NOVELA LATINOAMERICANA Y VENEZOLANA

SURGIMIENTO DE LA NOVELA LATINOAMERICANA PATRIAS NACIONALES, ELEMENTOS MANIERISTAS Y CONFLICTO SOCIAL

Interesa ver cómo la concepción manierista del espacio, absorbida por los humanistas del Renacimiento y trasvasada a los primeros Cronistas e intelectuales que iniciaron la colonización cultural, influyó poderosamente en la constitución de la narrativa latinoamericana en general y en la venezolana en especial. En este sentido hay que partir de una premisa de trabajo que diga que, aunque las narraciones literarias se habían iniciado en el período colonial, la novela propiamente dicha en Latinoamérica es un producto estético que aparece después de la independencia. Existen novelas escritas y publicadas durante la Colonia, pero siempre constreñidas, apretadas en las circunstancias de una sociedad altamente controlada y censurada. En efecto, las disposiciones legales emitidas por la Corona Española en el siglo XVI, prohibían la circulación en América de obras imaginativas o de ficción. Es más, ordenaba que éstas no podían ser impresas en el Nuevo Mundo y al efecto se creó, por medio de Ordenanzas publicadas en 1571, un cargo para seleccionar y publicar los escritos que se ajustaran a la posición oficial y se archivaran aquellos que estuvieran fuera de esa posición o resultaran sospechosos. Como expresa Beatriz González Stephan: La cultura colonial, al florecer bajo aherrojadas condiciones, ha entregado a la posteridad una serie de obras que, más que revelar la conflictiva complejidad del período, configuran la imagen no contradictoria de la cultura europea en América. Lo que conocemos como literatura colonial es más bien lo que las leyes del Santo Oficio han legitimado como tal. Por eso, es justo considerar que la parquedad o la ausencia de algunas manifestaciones culturales y literarias se

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debe más a los efectos de la restricción imperante que a la inexistencia de las mismas o a la "incapacidad natural" de los latinoamericanos. 1

Sin embargo, bajo hábiles mixtificaciones, tales como relatos de "peregrinaciones", libros de viajes y biografías, a menudo apuntaladas con textos sagrados, muchos autores lograron crear narraciones, algunas de las cuales circularon entre algunos lectores y otras quedaron represadas para aparecer posteriormente en lejanas bibliotecas metropolitanas, adonde llegaron por extrañas vías. Su influencia no pudo haber establecido un piso para la constitución de un corpus narrativo latinoamericano. Es más posible que los escritores posteriores hubieran leído a los Cronistas, pero que dadas las circunstancias, prefirieran rechazar la influencia de ellos, que quizá era el recordatorio de los duros días de la Guerra de Independencia.

Por otra parte, es importante señalar que la novela en sí como género literario es producto de los cambios de mentalidad cultural que surgen en los siglos XV, XVI. Estos cambios implicaban que el mundo podía interpretarse literariamente como un "orden en prosa". Bloques discursivos en lugar de organización de líneas rítmicas, como en la lírica. En ese momento, el hombre se estaba liberando del sistema de relaciones feudales (sobre todo de la idea de dependencia absoluta del Señor) y comenzaba a reconocer el significado de la individualidad. La novela es producto, por lo tanto, de la sociedad burguesa, de la organización de núcleos urbanos y su tono y versatilidad permiten adoptar un punto de vista popular.
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La sociedad

renacentista se caracterizó por un equilibrio inestable entre la necesidad de mantener la pirámide de autoridad de corte señorial y la necesidad de quebrantarla: fuerzas represivas y liberadoras, enfrentadas con casi idéntico vigor. Había una necesidad de recoger y controlar las masas, integrándolas al sistema. Pero también había una necesidad intelectual de expresar de alguna manera esas tensiones y esa manera fue

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GONZALEZ STEPHAN, Beatriz: "Narrativa de la estabilización colonial" , en LA DUDA DEL ESCORPIÓN: LA TRADICIÓN HETERODOXA EN LA NARRATIVA LATINOAMERICANA, Biblioteca de la Academia Nacional de la Historia, Caracas, 1962

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MARAVALL, José Antonio: LA CULTURA DEL BARROCO, Ariel, Barcelona, 1975. 2

la novela. En otras palabras, hay una correlación proporcional entre factores tales como el desarrollo urbano, la agudización de los conflictos sociales, el crecimiento de una población marginal, la profundización de un sistema de vida marcado por las necesidades del mercado, la carestía, el desempleo y la inseguridad social: todos ellos elementos de inestabilidad que debían ser controlados o reprimidos por el Estado monárquico absolutista y la expresión narrativa. La novela expresaba las contradicciones de las sociedades urbanas y reproducía en forma mediada por la literatura las insatisfacciones y expectativas de una masa popular descontenta y amenazante o las obliteraba ficcionalmente, lo que era también una forma de la protesta y el desagrado.3

Sin embargo, la literatura latinoamericana participó de manera bastante modificada de esas premisas, porque si bien es cierto que los narradores coloniales (cronistas, historiadores, narradores, poetas) intervinieron en un proceso de desmitificación y deslastramiento de los valores de la Edad Media, también lo es que las sociedades en las cuales ellos estaban insertos eran sociedades más cercanas al esquema medieval, con modelos esclavistas de producción, alejadas de los principios burgueses de un mundo donde triunfaba por todas partes el mercantilismo. Es decir, que la historia se estaba cumpliendo en América de manera diferente. La asunción de lo urbano vino a producirse formalmente en el período post-independentista, pero los productos que lo expresaban aparecieron de una manera muy cautelosa, copiando al principio los modelos europeos. Sobre todo el Romanticismo tuvo una muy fuerte influencia en la construcción de esas primeras novelas latinoamericanas, porque planteaba el rescate de lo exótico como valor, la valorización del propio paisaje, el replanteamiento de las historias de héroes solitarios e infelices, con un destino de desarraigo y vagabundeo, a veces provistos de apasionados odios y amores, e imbuidos en un fuerte individualismo. Además, propiciaba el rescate de los héroes y sus epopeyas y todo eso era posible contarlo dentro de una concepción muy latinoamericana. Ventura García Calderón, al respecto, exclama: Asombra en

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GONZALEZ STEPHAN, Beatriz: Obra citada. 3

realidad que no hayamos inventado el romanticismo.

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Hay que agregar a esto que,

en naciones en proceso de formación, con tantos problemas que resolver y sobre los cuáles reflexionar, una tendencia como la del Romanticismo Social debió ser muy importante: la consideración de un producto estético en función de resolver problemas de las sociedades debió ser de tal manera atractiva para los latinoamericanos como lo fue uno de sus productos, altamente influyente en la producción novelesca posterior: la obra FACUNDO, publicada en 1846 por Domingo Faustino Sarmiento, donde se plantea el antiguo conflicto renacentista entre la ciudad y el erial, es decir, entre sus "correlatos existenciales", la civilización y la barbarie, que había sido altamente potenciado por los Cronistas y algunos escritores coloniales y que Sarmiento reinstalaba como tema de discusión, un poco bajo la influencia de Claude Saint-Simon.

En realidad, el Romanticismo así entendido provino de la fuente española, tamizada por la influencia francesa. Mas no es conveniente dejar de señalar que la asunción del Romanticismo implicaba también un rechazo a las formas Neoclásicas, que se identificaban con el entonces muy odiado absolutismo español. Tampoco es conveniente dejar de señalar que la concepción espacial Romántica tendía hacia un refinamiento del manierismo, después de que el Neoclasicismo había obliterado el espacio, lo había cerrado, despojándolo, colocando en un abrumador primer plano al Hombre y su Razón. El Neoclasicismo planteaba la solidez de la forma, el descarte de la imaginación y la ilusión, en tanto que el Romanticismo planteaba otra vez el espacio abierto a la errancia, el sentido del desarraigo y la necesidad de imaginar y fantasear para sobrevivir a los incontables desdenes de la vida. Inclusive esas pasiones exacerbadas, ese sentimiento órfico (necrofílico, en realidad), el respaldo de esa melancolía, respondían a una visión del mundo que se tomaba desde una esquina del cuadro y no desde el centro. El hombre y su historia arrinconados por su

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En "El Romanticismo Uruguayo", SEMBLANZAS DE AMÉRICA, Biblioteca Ariel, Revista Cervantes, Montevideo, 1920, artículo citado por RATCLIFF, Dillwyn F.: LA PROSA DE FICCIÓN EN VENEZUELA, Ediciones de la Universidad Central de Venezuela, Caracas, 1986 (Traducción hecha por el Dr. Rafael Di Prisco) 4

contexto. De nuevo la veta manierista en cualquier intento de aprehensión del espacio cósmico.

Todo eso se va a infiltrar en las sociedades latinoamericanas de la postindependencia. El orden colonial español se había roto, dejando una serie de repúblicas artificiales, o proto-repúblicas, que necesitaban consolidarse.

Políticamente, ellas eran independientes unas de otras, es cierto. Pero no lograban encontrar (porque no era posible) el tono que las diferenciara culturalmente. Las economías estaban rudamente afectadas y los países que controlaban los mercados (Inglaterra, Alemania, Italia) y poseían las nuevas tecnologías, se iban estableciendo como una especie de nuevos conquistadores, frenando y estimulando áreas de desarrollo, según sus intereses, y fomentando, paralelamente, rivalidades

internacionales que hicieran imposible una integración que hubiera sido altamente peligrosa para sus conveniencias.

Esa situación de desarraigo existencial, de búsqueda de identidad, produjo naturalmente la necesidad de buscar en la historia reciente, en la epopeya reciente, la justificación esencial de un ser nacional. Pero también en la exploración de un pasado indígena bastante difuminado, alterado por los filtros narrativos de los Cronistas y Costumbristas, enfocado por luces ambarinas, que generaban tonos románticos. De allí que surgieran esos relatos y biografías, de allí que se buscara una idealización del paisaje, de allí que se rescataran tradiciones y leyendas del país. En esta primera fase de una conformación novelesca, la tendencia predominante iba hacia la creación de una literatura nacional, hacia la concreción de textos dentro del género novela, en principio, y luego a la unificación de los temas propios de los países con las estructuras novelescas adoptadas. A eso contribuyeron profundamente las influencias literarias que llegaron desde Europa, adonde iban a nutrirse los intelectuales latinoamericanos: la veta del Romanticismo francés, sobre todo representado por Lamartine, Chateaubriand, Fenelon y Bernardine de Saint-Pierre. Pero también se daba la influencia de la cultura española, donde se estaba produciendo, aun antes de 1830, un movimiento de rescate de lo tradicional, del folklore, de lo exótico, de ciertos valores medievales que se expresaban en relatos
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con personajes altamente individualistas y sacudidos de intensas pasiones o en crónicas de costumbres e interpretación de leyendas. Algunos de los primeros trabajos latinoamericanos, que tuvieron una amplia difusión, provinieron de esas fuentes: las novelas MARÍA, de Jorge Isaacs y AMALIA, de José Mármol; las TRADICIONES PERUANAS, de Ricardo Palma y el poema MARTÍN FIERRO, de José Hernández. A partir de estos trabajos y estas influencias comienzan a producirse manifestaciones narrativas: crónicas de costumbres y biografías, relatos históricos de las recientes guerras y rescate de leyendas, que van a conducir a la construcción en progreso de una narrativa. Naturalmente, otras influencias, algunas íntimamente ligadas a la historia política y económica de cada una de las naciones o a las particulares experiencias de los autores, fueron estableciéndose, fueron

acumulándose para formar el estamento sobre el cual se desarrollaría la corporeidad posterior de la novelística latinoamericana.

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