Edad: Nacionalidad: Etnia: Altura: 1’82 m Ojos: Azules Estado Civil: Padres: Hermanos

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51 años Abel, Tiberias Asher Peso: 76 kg Cabello: Castaño Soltero Marcus y Gloria Shannon, Minerva y Shanna.

¿Dónde y cuándo naciste? ¿Cuál es tu fecha de cumpleaños?

Pasado

Nací en Tiberias, mi madre aseguraba que en el otoño más caluroso que nunca había conocido. La ciudad alrededor del majestuoso castillo ya estaba bien asentada por aquel entonces, mi hermano vestiría con orgullo los colores blanco y azul de la ciudad como lo hizo mi padre antes que él. Creo que fue a finales de octubre, del año 938. ¿Quién te crió? ¿Por cuánto tiempo? Mi madre fue la única responsable de la crianza de sus hijos, no teniamos bastante dinero para costearnos ninguna ayuda, y mi padre se pasaba la vida fuera de las fronteras de la nación, cumpliendo con el deber de un soldado. A los quince años yo mismo ingresé en el ejercito, ese es el momento en que supongo que rompí la necesidad de una madre velando por mi. Tambien fue una de las últimas veces que ví a mi madre. ¿Qué sucedía en la región cuando creciste? ¿Te influyó de alguna manera? Lascar gobernaba despóticamente y yo practicamente era unos de sus instrumentos de represión y dolor. Creo que sí, que me influyó ciertamente. El emperador se valía de sus ejercitos para hacer su voluntad sin importar a quien dañase o por qué, yo no podía entenderlo entonces cuando me alisté, creía sinceramente en él... solo cuando via las atroces guerras donde nos embarcabamos empecé a comprender. ¿Tienes parientes? ¿Cómo te llevas con ellos? ¿Qué están haciendo en la actualidad? Tengo... no lo sé. Los tenía, tres hermanos. Temo que mi madre y mi padre estén muertos hace mucho. De mi padre nunca se encontró el cuerpo pero la notificación de su muerte se tramitó oficialmente como la de muchos de sus compañeros de aquel asalto. Mi madre quedó atrás cuando huí, si no ha muerto debe tener más de setenta años y no podría volver a su lado... ¿cómo me reconocería ella? Si aún cree que vivo

debería ser ya mucho más viejo. Mi hermano Shannon es cuatro años mayor que yo, si vive puede que tenga ya algun rango en la guardia, confio en que no fuese un mero soldado toda su vida. A pesar de su duro trato hacia no dejaba de ser mi hermano, puede que no quisera vivir cerca de él pero tampoco le deseo desgracias. Minerva tuvo varios hijos eso lo supe casi por azar en una ocasión que casi cedí a mis deseos de volver al hogar. Tiberias no era tan diferente treinta años despues de mi marcha y la ví. Su aspecto fragil me partió el corazón, cuando me fui era una joven hermosa y recien casada, ahora su pelo encanecia y su hijo mayor parecía tener más edad que yo. Había dos jovencitas cuyos rostros eran identicas imagenes de las que un día fueron Minerva y Shanna. Puede que ya incluso tuviese algún nieto. Hice gigi rar mi montura y abandoné la ciudad tan rápido como el animal pudo avanzar sobre la recta calzada imperial. Estoy convencido de que su vida fue feliz tras mi marcha, ¿quién soy yo para estropearla? ¿Tuviste amigos en tu infancia? ¿Cuáles? ¿Siguen vivos? ¿Sigues en contacto con ellos? Nunca fui un joven especialmente popular, pero claro, me relacionaba con los muchachos de mi barrio, jugabamos a eden, corriamos por las calles y fantaseabamos con ser caballeros algún día. Sus rostros son ahora tan solo borrones en mi memoria y no creo que muchos de ellos aún vivan, y si lo hicieran sería cruel presentarme ante ellos.

Motivación
¿Cuáles son tus metas a corto plazo? Lo único que aprendí de mi padre y el mundo fue a luchar, a poner una espada en mis manos y a enfrentarme a gente que ni conocía ni odiaba. He huido de ello demasiado tiempo, ahora viajo buscando alguna respuesta a lo que realmente soy. A corto plazo tengo unas buenas monedas en la bolsa y conseguí un animal excepcional, con un buen equipo. Más que un simple soldado parezco el caballero que soñaba ser de niño. Solo necesito una dirección a seguir y cuando las monedas empiecen a escasear un lugar donde alquilar mi espada. ¿Cuáles son tus metas a largo plazo? He huido durante años hasta darme cuenta de que era diferente. No me volvía un anciano como debería, no cambiaba como los demás. Y eso me aterraba. Quise negarlo y esconderme, ahora que empiezo a vislumbrar que no es tan terrible como podría pensar necesito saber que me ocurre. ¿No es eso lo que todos queremos, saber quienes somos y por qué? ¿Estás interesado en buscar pareja? ¿Qué tipo de persona sería tu pareja ideal? Nunca podría casarme o tener hijos, es posible que les viese morir como ancianos decrépitos mientras que yo sigo joven... no sé que alcance tiene mi... situación. Hacerle algo así a ellos sería cruel, hacermelo a mi tampoco sería justo. Por supuesto no rechazo la compañía de las mujeres, pero no puedo dejar que crean que puedo formar

una familia con ellas así que a menudo soy especialmente duro al hablar sobre las mujeres y mis sentmientos por ellas. Eso las mantiene a distancia, seguras, y podrán encontrar a alguien adecuado. ¿Quien es tu dios principal? ¿Eres un fiel devoto? ¿Eres practicante o no practicante? Mi madre me educó como a un buen cristiano, pero he rezado, he suplicado, he grigri tado y he exigido entre lagrimas y jamás me ha dado una respuesta a nada de lo que necesitaba saber. Si la fé es un don, yo no lo tengo. Pero las costumbres de la infancia pesan, sigo santiguandome frente a un altar. ¿Qué religiones te desagradan? ¿Qué haces al toparte con un miembro de ellas? Me dijeron que debía odiar a los paganos, a los herejes y a los infieles... quien sabe, puede que como yo solo busquen respuestas y nadie les responda. ¿Eres miembro devoto de alguna organización o causa no religiosa (sirviente de un rey, miembro de un gremio, etc.)? No, ya no. ¿Cuál es tu mayor temor? ¿Cuál es su origen? ¿Podrías llegar a superarlo? ¿Cómo reaccionas ante él? Decubrir lo que soy, mi edad y circunstancias es algo que me atemoriza, no creo que nadie me persiga o sepa de mi, pero debo guardar sin duda el secreto de mi nacimiento ante el riesgo de ser perseguido como un demonio. Puede que realmente lo sea... no tengo ni idea. Por eso busco algo que me ayude a saber de mi. ¿Qué tarea te negarías completamente a realizar? Ya he hecho un montón de cosas terribles, no querría volver a hacerlas, pero es tan complicado asegurar que no harías algo... en las circunstancias adecuadas somos capaces de las más terribles villanías. ¿Qué piensas sobre todas las demás razas, religiones, sociedades, etc.? He pasado mucho tiempo aislado, en verdad no se tanto del mundo como podría pensarse, conozco bastante de Abel y el imperio, pero fuera de sus fronteras son un misterio para mi. ¿Contra qué tienes prejuicios (razas, religiones, personas, sociedades, etc.)? No me gusta la gente demasiado presta a desenvainar su espada, he visto morir a mucha gente y es algo que me repugna por completo. He matado a muchos y ahora cada vida me parece tan valiosa que despreciarlas de ese modo es algo que me indigna. Siempre trato de evitar la muerte de otros, por eso algunos me han tachado de cobarde y han apresurado su deseo de enfrentarme. Bien, yo sigo aqui y ellos no. ¿Qué piensas de las riquezas? ¿Te mueve a la aventura o son algo derivado de tus principales intenciones? ¿Llegarías a rechazar dinero por lo que crees? El dinero es importante, sin él no puedes viajar, establecerte o vivir. Decir otra cosa sería mentir. Ahora mi bolsa esta repleta, pero algún dia tendré que moverme solo

por el dinero hasta que deje de ser importante de nuevo. Pero no es lo único que me mueve y rechazarlo cuando es oportuno no es un problema.

Caracteristicas Sociales
¿Cuál es tu lema o frase favorita? Antes las cosas se hacían de otro modo. No digo que mejor... ¿Cuál es tu color favorito? Aún siento añoranza del azul y blanco de mi ciudad, por ello aún conservo una capa que compré cuando visité Tiberias por última vez. Describe el atuendo que llevarías si el dinero no fuese problema. Visto con sencillez, la ropa debe ser adecuada para colocarme mi armadura, aparte de eso solo siento debilidad por la capa de mi patria. ¿Cuál es tu comida favorita? ¿Y tu bebida favorita? Me gustan las cervezas norteñas, oscuras y con mucho cuerpo. La carne de caza asada me parece un manjar. Durante mis años en la granja me alimenté de guisos de verduras, legumbres y ocasionales matanzas anuales, así como algunas aves. Cuando los cazadores bajaban de la montaña cambiabamos alguna de sus presas recientes por provisiones más duraderas y algo de fruta. Cuando eso sucedía Cesus organizaba una gran cena, la pieza chisporroteaba en el fuego durante horas, haciendose poco a poco, los chicos reían, las chicas tocaban o cantaban, y toda su familia compartía una noche de descanso y diversión olvidando la dura vida del campo. Aquel recuerdo es imborrable para mi. ¿Cuál es tu animal favorito?¿Y el animal que más te repugna? Los caballos me parecen animales excelentes, fieles, trabajadores y hermosos. Los perros son igualmente leales, pero no me gusta tener mascotas. He visto morir a camadas enteras en la granja, y digan lo que digan, duele demasiado verlos partir. ¿Cuál es tu “hobby” favorito?¿Le dedicas tiempo? De crio jugaba algo a eden, pero de eso hace varias decadas. ¿Cómo son tus modales? ¿Qué piensas de las clases sociales? Soy tan educado como la ocasión lo requiera, pero no conozco los secretos de las cortes, los entresijos de la burocracia o las sutilezas de los halagos para obtener favores. La sociedad funciona de cierto modo y juzgarlo es para mi simplemente una perdida de tiempo, las clases sociales no me afectan en la medida que hago lo que quiero cuando quiero. ¿Qué habitos de tus amigos no soportas o te molestan más? Hace mucho que olvide lo que es tener un amigo, de modo que seguramente soy bastante huraño e intolerante con esas cosas. La soledad es mala comapañera, estoy

poco acostumbrado a habitos que no sean los mios. ¿Hasta qué extremos llevas la amistad? ¿Darías tu vida por la de tu mejor amigo? Ojala pudiera responder a algo así, pero morir no es algo que me atraiga, a pesar de mi extraña existencia temo que más allá de este mundo solo hay oscuridad y vacío.

Historia
En días como hoy, cuando el cielo plomizo descarga su llanto con la sana inteninten ción de limpiar los males y pecados de la propia tierra, siempre recuerdo a mi padre. Mientras cabalgo el olor a metal y a oxido por la abundante lluvia inunda mi cabeza; el cuero engrasado, aceite de la vaina, oxido, sudor y el suave olor a heno debajo de todo lo demás que surje de las alforjas; alzo la vista y la lluvia golpea mis mejillas sin piedad. Sigo calbalgando al paso, el sendero está resbaladizo así que me veo obligado a bajar el ritmo de mi marcha, pero no importa, los recuerdos dan una ocupación a mi mente. Mi padre era soldado. Supongo que eso es lo primero que hay que mencionar de todo. No sé si era el mejor soldado, ni siquiera estoy seguro de que fuese bueno... pero era un hombre de convicciones profundas, y estaba seguro de lo que hacía tanto como cualquier hombre cuerdo puede estarlo de sus actos. Solía decir, las veces que estaba en casa, que un hombre solo puede estar tan seguro de las cosas como le dejen estarlo todos los que están mucho más seguros que él. Claro que decirle esto a un mocoso de ocho años parece ahora, pasados tantos años, un tanto inadecuado. Aquel día se quedó grabado en mi cabeza para siempre. Llovía bajo un cielo gris, un manto de nubes oscuras cubría el cielo desde el horizonte hasta las montañas. Ese fue el último día que vi a mi padre. Su imagen fuera de casa con su capa y ropas azules, la espada al cinto y el gesto serio son el único recuerdo amable que puedo recordar... apenas recuerdo nada más de él. Murio muy lejos de casa, más allá del Mar Interior en una revuelta en Varja. Mi madre no dejaba de repetirse que no nos importaba nada lo que sucediese en aquel remoto lugar desde que mi padre marcho. No podía saberlo, eso me digo, pero vistas las cosas que he visto ahora puedo decir que apesar de que fuese imposible mi madre supo que él no volvería desde el mismo momento en que cerró la puerta aquel día de lluvia. La pensión militar no era gran cosa, pero mi madre trabajaba como modista para familias burguesas y pronto mi hermano mayor, Shannon, ingresó en la guardia de la

ciudad, algo más seguro que ser soldado aunque peor pagado. Creo que Minerva se casó dos años despues, no lo recuerdo con exactitud, pero pronto fue una preciosa madre ocupada solo en críar a sus tres hijos, volcada en ellos y en su marido, un tratante de especias. Estoy seguro de que fue realmente feliz. Shanna la pequeña cosía con verdadero talento, bordaba o zurcia con delicadeza, y si no fuese por que nacio muda estoy seguro de que se habría casado enseguida. Siempre tenía una sonrisa para mi. En cuanto a mi... no estoy seguro si quería seguir los pasos de mi padre por la falta de recuerdos o solo quería evitar a Shannon, pero mi elección fue el ejercito. ¿Por qué no? Tenia el cuerpo de un guerrero ya con quince años, agil, veloz, fuerte pero no endurecido y torpe como he visto tantas veces... mi padre había elegido bien y sus hijos reconociamos sus dotes en nosotros mismos. No puedo decir que esté orgulloso de cuanto he hecho mientras serví como soldado al Emperador... no es como si le hubiese conocido, le servía como haciamos todos, pero la mayoría nunca le vio, al menos no muy cerca. Nos envió a guerras fraticidas, contra principados que no habían cometido delitos merecedores de aquella situación y allí matamos, e hicimos cosas mucho peores. Una vez leí que cuando un hombre mata a otro es un asesino... cuando mata a cientos es un heroe. Nunca fui un heroe, eso es seguro, pero mate a muchos... en la guerra matas o mueres. Si dudas mueres. Y yo no quería morir. A veces me retorcía por dentro preguntandome si eso es lo que le sucedio a mi padre. ¿Dudó al ver el pánico en los ojos de un enemigo? ¿Contuvo su mano ante una mujer o un niño? Creo que tenía diecinueve cuando supe lo sucedido... había un nuevo Emperador. Cuando nos lo dijeron no sabiamos que hacer, que decir... ¿que haría con nosotros que habiamos actuado en aquellas absurdas guerras por deseo de nuestro gobernante absoluto? Nada, ahora lo se, muchos lo decían entonces. Solo eramos la herramienta de su locura, pero yo... yo no podía volver a mi hogar con aquella mancha en mi alma, no podía mirar a mi madre a los ojos tras lo que había hecho, a mis hermanas o a mi hermano, en su tranquilo puesto vigilando el mercado. Huí. Arranqué los galones de sargento y me arrollé fuertemente la capa. Era un día de esos en que me acordaba de mi padre. El cielo estaba encapotado y la llovizna te empapaba por completo, pronto la lluvia estaba creando una cortina tan gruesa que podías pasar ante el rostro de los centinelas sin que te viesen. ¿Había sido esto? Quizás mi padre no pudo soportarlo más y escapó dejandolo todo atrás... quizás no estaba muerto, solo escondido en algún frío agujero, como lo estuve yo. No sé porqué pero no tiré mi armadura ni mi capa, no arrojé mi espada a uno de los cañones entre montañas, no me deshice de todo cuanto me recordaba quien había sido, creo que no estaba preparado para ser otro. En lugar de eso hice un fardo con mucho cuidado, como nos habían enseñado, tratando tu equipo con delicadeza. Lo envolví todo en la lona impermeable de la tienda y lo enterré entre las raices de un grueso arbol. No sé que arbol sería, nunca he sido habil con eso pero era inconfundible por su tamaño. No podría decir cuanto tiempo dediqué a huir de mi mismo. Una temporada la pasé a solas en la montaña, masticando raices y bebiendo de los charcos. Luego me dediqué a cazar conejos o pajaros con salvaje determinación pero no era muy hábil. Muerto de

hambre me acerqué a una granja a pedir comida. El granjero me puso un plato calicali ente en las manos y una jarra en la mesa. Cuando lo devoré le di las gracias con voz ronca. Llevaba mucho sin hablar con nadie y alimentandome de forma lamentable. Podía sentir como mi aspecto le impresionaba y repugnaba al tiempo, le comprendo, en realidad. Pero no aceptó mi agradecimiento. Me obligó a trabajar para pagarlo. Le maldije durante meses por aquello. Maldije el nombre de Cesus con cada leño que cortaba para la chimenea, con cada saco de grano que cargaba. Oh, vaya... como odiaodia ba a aquel hombre. Pero si no hubiera hecho aquello por mí no se como habría resulresul tado todo. En su lecho de muerte aseguró que temía, por el brillo de mis ojos, que le matase allí mismo por hacerme trabajar. No puedo decir que no sintiese ese impulso fustigar mi alma pero sí que me alegró enormemente no haber sucumbido a la locura. Sus hijos no me querían allí, creo que me tomaban por una amenaza aunque, claro, había algo más. Pero no importaba, me marché y busqué el árbol. Era tan enorme como recordaba y encontré el fardo, profundamente enterrado pero tan conservado como era posible tras ese tiempo. Limpie con esmero la cota de malla, hasta el último eslabón borrando rastros de oxido o suciedad, espinilleras, afilé la espada y devolví la vida a su borde herrumbroso. Cuando volví a salir del bosque parecía de nuevo un soldado. Aunque en verdad sigo sin saber quien soy. Vago de un lado a otro, no mido los días ni mis acciones y solo de cuando en cuando, los días como hoy, con este cielo gris ceniza derramandose sobre mi me da por pensar en mi padre. Y si realmente supe algo de él alguna vez.

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