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UNIVERSIDAD MESOAMERICANA DE SAN AGUSTÍN

MAESTRÍA EN EDUCACIÓN

Ensayo:

ENCUENTRO Y APRENDIZAJE

ENSAYO ELABORADO POR LA ALUMNA:

CHRISTY CHAN CERVANTES

LUGAR Y FECHA DE ENTREGA:

MÉRIDA, YUC. A VIERNES 04 DE ENERO DE 2013.

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Índice

… El trabajo grupal y el aprendizaje…………….…… La estrategia de encuentro para el aprendizaje…

Advertencia al lector…………………………

Bibliografía………………………………

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Advertencia al lector

El presente ensayo es una reflexión que ha sido plasmada por escrito únicamente

con fines académicos.

Las ideas aquí expresadas, en su mayoría, son reflexiones surgidas a raíz de la

investigación documental realizada sobre los temas del constructivismo y el humanismo y,

que a su vez, han sido entrelazadas con experiencias previas en diversos grupos de

aprendizaje.

Además, ha favorecido a su creación el momento circunstancial personal de quien

escribe la presente. Ante el próximo inicio de mi carrera docente, me surgen numerosas

ideas y estrategias para dirigir a un grupo y lograr un aprendizaje significativo en un

ambiente humanista. A dicho propósito me enfoco en las siguientes páginas.

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La Autora.

El trabajo grupal y el aprendizaje

En la tarea de facilitar el aprendizaje, éste suele ser muy significativo –y, por ende,

asequible

y

provechoso

para

el

que

busca

aprender

de

su

vida

personal,

familiar,

comunitaria y/o profesional- cuando el trabajo se lleva a cabo en forma grupal.

Esta forma de trabajar posee muchos resultados positivos, haciendo del diálogo y de

la hermandad un hábito creativo. Existen varios niveles y/o modalidades para trabajar en

grupo. A continuación, describiré brevemente sólo algunas de las más conocidas.

Hay quienes, didácticamente, para mejorar las relaciones humanas y/o facilitar la

búsqueda y comprensión de la información necesaria para el dominio de una disciplina,

utilizan y recrean diversas técnicas dinámicas de grupo dentro de un respeto más o menos

relativo a lo ya establecido institucionalmente por los planes y programas de estudio. Es la

“dinámica de grupos” aplicada al proceso de enseñanza-aprendizaje.

Hay quienes instituyen el grupo dentro del salón de clases iniciándolo en tareas

autogestivas y como fuerza cuestionadora y creadora de propios caminos dentro de las

mismas instituciones ya establecidas y en dialéctica con ellas, propiciando cambios en el

sistema burocratizado. Es la llamada “pedagogía institucional”.

Hay quienes establecen procesos operativos en torno a una tarea concreta y un

objetivo común, para aprender a pensar y lograr romper los esquemas referenciales, superar

los estereotipos y las disociaciones teoría-práctica y sujeto-objeto. Son los llamados

“grupos operativos”. Hay una variante de estos grupos que se fijan, más bien, en las

maneras positivas y negativas de relacionarse para el mantenimiento y el crecimiento del

grupo hacia una socialización del mismo y se detiene en el análisis del proceso trabajo-

aprendizaje.

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Hay quienes se reúnen existencialmente como personas deseosas de encontrar y

aportar luz a partir de la comunicación de sus experiencias dolorosas o gratificantes, en un

encuentro vivencial. Son los grupos terapéuticos llamados “grupos de encuentro”.

Hay

quienes

se

agrupan

para,

juntos,

descubrir

y

construir

libremente,

socializadamente, los esquemas conceptuales necesarios para el dominio de una disciplina y

la preparación para su ejercicio profesional. Son los llamados “grupos de aprendizaje”.

El presente ensayo, lo ubico en la integración de estas dos últimas modalidades, que

vendría siendo algo así como “un grupo de aprendizaje a la manera de un grupo de

encuentro”.

Comparto la reflexión –desde la mirada constructivista- de Ángel Díaz Barriga

(1994):

Quizá el docente tenga más dificultades que condiciones favorables para

realizar una coordinación operativa de grupo, pero no puede dejar de hacer una

lectura desde diversas concepciones grupales sobre un conjunto de sucesos que tiene

frente a sí. Es probable que el docente tenga necesidad de construir una forma

heterodoxa de aplicar el pensamiento grupal que respete ciertos elementos de la

concepción operativa: contenido latente, resistencia; pero a la vez permita atender

problemas

específicos

de

su

profesión

como

ser

aquellos

vinculados

a

la

información y a la formación. Sin duda alguna, existe una situación singular que

exige la necesidad tanto de profundizar en la elaboración de diversas experiencias

de trabajo grupal como de construir “corpus” conceptuales que den cuenta de ello.

Para todo esto se necesita crear situaciones en las que desde los elementos

cotidianos de la institución escolar se desarrollen experiencias y reflexiones y,

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posteriormente, se hagan análisis escritos sobre las mismas. Sólo esto puede

enriquecer el trabajo que se busca realizar.

Y más que búsqueda, yo diría “hallazgo” –de un grupo de aprendizaje a la manera

de un grupo de encuentro- porque su encuentro suele ser un tanto más intuitivo que

racional, desde luego dándole a la intuición el rango de categoría humana integral porque

integra la razón con el sentimiento y produce seguridades orgánicas para una acertada

conducta y actitudes humanas.

Hay un texto de Carl Rogers (1973) en el que evoca su experiencia personal y nos

introduce en la concepción e integración de los términos “encuentro” y “aprendizaje”:

En un curso académico que estoy conduciendo a la manera de un grupo de

encuentro, mi gran anhelo es tener presente a la persona en su totalidad, que ella

aparezca en sus modalidades afectivas y cognitivas. Lo mismo ocurre, en cierto

grado, en cualquier grupo. No me ha resultado fácil conseguirlo, pues, en cualquier

instancia determinada, casi todos preferimos una modalidad a la otra. Sin embargo,

esto constituye una manera de ser que para mí encierra mucho valor. Trato de

progresar yo mismo –y que también lo hagan los grupos donde actúo como

facilitador- con miras a permitir que la persona íntegra esté presente en forma cabal,

con sus ideas y sentimientos –los sentimientos imbuidos de ideas, las ideas imbuidas

de sentimientos-. En un seminario realizado hace poco tiempo, y por razones que

escapan a mi comprensión, en parte, todos los que interveníamos lo logramos en un

grado sumamente gratificante.

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En lo personal, no esperaría que este logro sea siempre parejo de sesión en sesión,

pero

sí que

sea en

la mayoría de las sesiones

que esta integración de encuentro y

aprendizaje se logre a plenitud. En una situación hipotética como la que se ha planteado,

habrán sesiones –ocasionales y esporádicas- en las que predomine el encuentro, con

aprendizajes más allá o al margen de los objetivos trazados por el mismo grupo, y otras en

las que predomine el aprendizaje conceptual de acuerdo al tema y objetivo trazado. Esto

último

debería

identificaciones

darse

en

un

proceso

de

espiral

en

cadena,

de

uno

en

otro

de

creciente

en

el

los

participantes,

conocimiento significativamente y con eficacia.

que

se

producen

socializándose

el

Entonces, ¿qué significa la expresión “ser un grupo de aprendizaje a la manera de

un grupo de encuentro”?

Significa que no solamente el encuentro facilita el aprendizaje, sino que no hay

aprendizaje significativo si no hay encuentro. El encuentro se produce en la apertura de un

sujeto ante otro sujeto, en la comunicación de un sujeto a otro sujeto, en la comprensión de

los contextos de los sujetos que están en intercomunicación empática. Sólo en una situación

así se pueden llegar a comprender mucho mejor los aspectos que maneja cualquier sujeto en

su comunicación con sus pares. Sólo en una situación así se le puede hallar el sentido a la

tarea, se puede realizar en plenitud su sentido. Hay que saber trabajar las situaciones, y el

encuentro es una situación siempre nueva, siempre cambiante, siempre novedosa, pero que,

si se le trabaja, se le encuentra sentido, se llega a su significado, se convierte en un

aprendizaje significativo. De ahí dimana la escucha activa que nos abre el sentido de las

palabras, de las experiencias, de las concepciones del otro y de uno mismo. Para esto

encontramos apoyo en el pensamiento de Víctor Frankl (1991):

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La tarea de una situación consiste en realizar su sentido. Y lo que al mismo

tiempo nos da es la posibilidad, mediante el desempeño de dicha tarea, de

realizarnos a nosotros mismos. Cada situación es un llamamiento que debemos

escuchar y al que debemos obedecer.

De ahí la necesidad del encuentro para el aprendizaje significativo, para el hallazgo

del sentido en la tarea, para la captación del significad y de los significantes.

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La estrategia de encuentro para el aprendizaje

La estrategia de encuentro para el aprendizaje debe tener un momento previo de

planeación participativa y un principio general de pedagogía participativa.

El momento previo de planeación participativa no es otro que el acuerdo, de una

sesión para la otra, sobre el tema por tratar, tema que puede ser sugerido, imprevistamente,

por el sesgo que ha tomado el desarrollo mismo de los temas tratados en las sesiones

anteriores, a juicio de alguno o de varios de los miembros del grupo, pero consensado por el

propio grupo en forma libre y respetuosa, aunque sea por motivos diferentes en unos que en

otros. Además, habría que tomar esta precaución: señalar los puntos nodales del programa,

los que son esenciales con relación a la estructura general del mapa curricular de la

maestría,

a

juicio

de

todos,

y

dejar

amplios

espacios

de

tiempo

para

posibles

incorporaciones de otros temas no previstos, y descubiertos durante el proceso, surgidos de

la lectura de la vida cotidiana o de algún artículo de revista recién llegada o capítulo de

libro nuevo, por cualquiera de los integrantes del grupo de aprendizaje. Esto se acercaría a

lo que José Gómez del Campo (1985) llama “una experiencia abierta de aprendizaje”:

…una situación en la que un grupo de personas, a las que se puede llamar

coeducandos, se reúne para crear y mantener un clima de relaciones interpersonales

significativas,

que

facilite

el

desarrollo

de

un

ambiente

de

aprendizaje

que

promueva el crecimiento integral de los participantes.

El principio general de pedagogía participativa tendría que llevar implícita la actitud

positiva y activa de saber escuchar poniéndose en el lugar del otro, aunque, en principio, no

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se esté de acuerdo con el otro. Es una actitud de confianza en el grupo, en cada uno de sus

componentes. Quien, desde las primeras sesiones, más ha de vivir esta conducta de

escuchar activamente, ha de ser el facilitador del grupo, el asesor, precisamente, es quien

debe sumirse en un profundo recogimiento reflexivo atento a todas las comunicaciones

verbales como no verbales de los participantes; ello producirá permanentes movimientos

dialécticos interiores y aprendizajes inesperados; aprendizajes que deben ser comunicados

al grupo en momentos oportunos, o al término de la sesión o al comienzo de la siguiente.

La intención sería la de lograr una progresiva socialización grupal del conocimiento

ejemplificada

por

vivencias

de

los

asistentes

y

contagiada

de

emociones

por

las

identificaciones que se despiertan, va naciendo y alimentándose la hermandad entre

miembros del grupo y surge el compromiso con acciones educativas en el medio familiar,

profesional o comunitario en el que se mueve cada cual.

Los miembros del grupo pueden así, adquirir progresivamente seguridad, actúan por

iniciativa propia, de modo creativo y se sienten independientes del asesor y de cualquier

líder emergente.

El hecho de poder comenzar una sesión con el tema previsto o, con algún hecho de

la política o la economía o, con alguna vivencia personal que alguno de los miembros tenga

la necesidad de desahogar terapéuticamente, serán los detalles que ayuden a contextuar el

seminario-taller en la vida real. El vivir estos momentos une al grupo, lo sitúa, lo hace

humano, más cercano a sí mismo y al medio social para el que nos formamos y preparamos.

La vida pasa por la clase, la clase es vida y la educación se hace vital, tiene sentido y es

significativo el aprendizaje. Esta es la idea de poder conducir al grupo de aprendizaje a la

manera de un grupo de encuentro, permitiendo la expresión dialéctica de sentimientos e

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ideas, la expresión de la persona en su totalidad, el aprendizaje que se incorpora y se arraiga

en el propio ser.

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Bibliografía

Díaz Barriga, Ángel (1994), Tarea docente: una perspectiva didáctica grupal,

Nueva Imagen: México.

Díaz Barriga, Frida; Hernández Rojas, Gerardo (1999), Estrategias docentes para

un aprendizaje significativo: una interpretación constructivista, McGraw Hill:

México.

Frankl, Víctor (1991), “La autocomprensión ontológica prerreflexiva del hombre”,

en: La presencia ignorada de Dios, Herder: Barcelona.

Gómez del Campo, José F. (1985), “Una experiencia abierta de aprendizaje”, en:

Lafarga Corona y Gómez del Campo (comps.), Desarrollo del potencial humano:

aportaciones de una psicología humanista. Vol. 2, Trillas: México.

Rogers, Carl R. (1973), Grupos de encuentro, Amorrortu: Buenos Aires.

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