POR ADÁN DE MARÍASS

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1era. Edición. © Adán de Maríass © Matices de Adán Foto portada: Camiuch Lima, 2013.

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A Ernesto Fucile, el amigo de la radio, el entusiasta comunicador que convoca la información cultural y el sutil humor, el personaje que se descubrió dentro del universo musical.

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Estas frases, ocurrencias, inquietudes, confesiones, nacieron en el primer blog que me sirvió para presentarme en el mundo virtual. Se fueron creando paralelamente con mis poemas y mis cuentos. No los escribí con prisa, no es mi manera de actuar con las palabras, simplemente nos fuimos encontrando.

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1. Debo admitir que por ahora duermo solo, desnudo como un ángel desairado, respirando aburrimientos, y pensándome desde una distancia prudente que no afecte la estúpida susceptibilidad de la muerte.

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2. Los personajes Un día desperté muy cansado, trabajé mucho en la novela. Entré al baño, me metí un duchazo, me puse fan para las chicas y salí. De esa salida recuerdo besos, y billetes entrando en mis bolsillos. Regresé luego, abrí la puerta del edificio, y el conserje me dijo que me buscaban unos señores, le dejaron un mensaje de urgencia. —Qué dice, puede leérmelo por favor, no tengo mis anteojos. —Somos los personajes de su novela, lo sentimos mucho, lo vamos a abandonar. Adiós.

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3. Cuesta vivir, y el presupuesto de morir todos los días nos sale muy caro, es preferible quedarse dormido con los ojos entreabiertos, y así evitaremos que algún remordimiento nos sorprenda.

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4. El sobre Mayra le entrega a Román un sobre. Mayra no se maquilla, no se viste con ropa apretada, no es muy alta, es guapa, de excitantes curvas, ve poca tele, no lee absolutamente nada, ni se establece dietas, come lo que se le antoja. Hace tres semanas que murió su novio. Román. Conducía una moto, sin casco y sin ningún control de velocidad, aburrido, nervioso, imprudente, avergonzado de vivir siempre endeudado. Ella lleva el luto de una novia frustrada, resignándose a un encierro personal, sin la posibilidad de puertas abiertas para otro amor. Mayra no tiene ganas por ahora de saber que había en ese sobre. Muchas horas antes del fatal accidente, hicieron el amor en un hotel cercano a la playa de La Herradura. El administrador del hotel que tiene una intrigante semejanza con Anthony Perkins, dice que los vio muy felices, cansados pero muy felices, él despeinado con la camisa abierta y ella descalza con las sandalias en la mano.

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Doce de la noche, la hora fatal del accidente. Lluvia ausente. Ventanas cerradas. Alguien quiere hablar pero no puede. Mayra duerme tan profundamente como si se estuviera hundiendo dentro de la cama. Su perro de nombre Rex, vigila. Unas horas después, al despertarse, encuentra la puerta abierta de su dormitorio, y las sábanas blancas en el suelo. Entra al baño y nadie la ve salir hasta una hora después. Tocan la puerta con reiterada insistencia, fastidiada sale del baño, un joven mensajero le entrega un sobre, ¿el mismo sobre que ella entregó a Román? No le pica la curiosidad de abrir el sobre, lo deja para después. Se confía. Al volver sobre sus pasos observa que Rex está profundamente dormido. Deja el sobre en la mesa, nuevamente vuelve al baño y no sale hasta el día siguiente, donde su primo Osler la encuentra intoxicada de potentes somníferos para un viaje sin retorno. Es demasiado tarde para lavado gástrico ni urgencias médicas. —Pensar que Mayra compró a buen precio un departamento por los Jardines de Barranco —dice Osler, en una inútil tarde de cerveceras confesiones—. Ni lo llegaron a estrenar. El buen Osler de tanto lamentar la muerte de ambos se olvidó del sobre. Un día decidió cerrar la casa, prácticamente la abandonó. Se fue de viaje por un contrato de trabajo a Australia, que hacía tiempo él esperaba. Sucedieron los años, y el buen Osler también pasó directo al archivo del

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olvido, nunca más se supo nada de él. Hoy el sobre sigue allí, en el mismo lugar donde la dejó Mayra. No se sabe por cuanto tiempo más.

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Escribo a oscuras. Por algún pacto infame contra mi destino literario. Todas las palabras escritas se tropiezan, buscando un orden entre las líneas, pero dentro de mí vive la potente luz de la inspiración, que sorpresivamente cae sobre las páginas que estoy escribiendo. La intuición sin pestañear, me dice, me aconseja, que no cierre el libro, tiene como viaje futuro la hilvanada ilusión de ser publicada.

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6. La libertad es una riesgosa falacia, una ingenua condena, un arbitrario destino de manos atadas, ¿tal vez una peligrosa equivocación de Dios?

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7. La locura es tan doméstica que se puede comprar en el supermercado, en cambio la genialidad trae abajo todos los andamios del conocimiento.

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8. Mi padre siempre camina conmigo, hace muchos años que se fue de viaje final, nos cuida a todos, sé que le habla a mi madre lo que puede suceder, y tiene la amable paciencia —como si el tiempo fuera suyo— de pretender guiar mi mano cuando escribo, cuando destino todo lo que ambiciono. Lo que no le gusta es que me ponga a hablar del futuro cuando tengo tanto presente por vivir. La vida, me dijo un día, es hoy, lo que venga después déjaselo al pasado.

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9. Si cierras los ojos, los pensamientos se dejan ver, las emociones arden, luego la memoria es frágil.

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10. Sube las escaleras con paso apurado, escucha voces arriba, varias puertas se cierran abajo, baja las escaleras nuevamente, no piensa en nada pero sonríe con una extraña espontaneidad, y así durante una hora que parecen semanas, el asunto es que la escalera no existe.

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11. Soy un lector peligrosamente divertido, porque cuando me gusta una obra le doy tantas interpretaciones, que al final los personajes me vienen a buscar a mi casa, luego el autor del libro me viene a reclamar, no sé si con justificada razón.

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12. El amor nosotros El amor brilla cuando se emparejan los sentimientos, las muchas ilusiones, los poderosos deseos, y deja de brillar cuando alguien o ellos mismos la dejan relegada a la más absoluta oscuridad, entonces el amor se confunde, se desdice, languidece, se marchita. El amor también es romántico sinónimo de mutua posesión, de estarse enracimados en el jardín botánico de las pasiones. No hay amor sin feliz conquista, sin el romanticismo impregnado de te quieros. No existe amor con engaños o falsías, lo que debe ser recíproco es lo que alimenta el válido respeto y las absorbentes querencias. El amor no es producto de la imaginación sino que se sustancia desde los primeros guiños del corazón. El amor es la idílica aventura de mirarse a los ojos y hacer viajar dentro de esas miradas todas las emociones, los embelesos, los temblores afectivos y el calor más íntimo de los goces. El amor no es lo que todos pensamos sino todo lo que sentimos, todo un derroche mágico de estarse ausentes por muchas horas cuando todo el mundo los mira. El amor es espontánea elevación y también pisa tierra. El amor es mi fundamento de vivir, mi cielo amplio y abierto, mi mar sereno y nervioso, mi lluvia pretenciosa.

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13. Vengo de unos padres maravillosos, de un país hecho de grandezas, de una familia constituida de afectos sumos, de amigos buenos y generosos, acabo de dejar la esquina donde bajo la presencia de un farol disfruto de esta noche que invita a voltear mis miradas como si estuviera buscando a alguien.

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14. Tú lo sabes Amo lo que vivo y lo que no entiendo, amo sin obligación pero contigo aprendí como dice la canción que es otra cosa, amo ser nadie desde la corbata mal hecha, y amo caer desde la preciosura de tus senos donde el rocío de mis ganas adelantan deseos cerrados de luna llena, amo tu sensual boca que me devora sin que me de cuenta, amo tus delicados cabellos y no el tinte estúpido que no te asienta, amo tocar el piano y que te deleites como si atraparas mis melodías con tu sonrisa almibarada de ansiosa princesa, amo correr desde la palma de tus manos y que me arrojes de vez en cuando hacia el mar de tus locuras, amo y puedo tocar tu desnudez suavemente como quien se desliza susurrando la gloria de tus gemidos, amo cocinar mientras me pones rodajas de cebolla en la cabeza cual falsa corona sin chef, amo gozarte desde las bien cuidadas uñas de tus pies, amo todo y casi, amo desde la muerte y resurrección de girarnos en bailes hasta perder la conciencia, amo tu nombre que lo menciono cada vez que respiro, amo con todo y hasta la próxima vez que esta lluvia sea más eterna, te amo amor y tú lo sabes.

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15. Abrí esta puerta. Alguien me espera, pero no puedo verla. Luego abrí otra puerta y sentí pasos detrás de mí. Luego sus manos cubrieron mis ojos. Cuando giré para verla, me dijo no abras los ojos y solo mírame, recién la puedo ver.

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16. La ignorancia es muy astuta, nos quiere hacer creer que sabe lo que calla.

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17. La misma sonrisa idiota de todas las mañanas

No le dije nada a mi mujer, ninguna excusa. Duerme profundamente. Ya son las dos de la madrugada y aún no tengo sueño. Salí de la casa, con un libro bajo el brazo, y el sombrero puesto a lo Humphrey Bogart. Encendí el Renault, felizmente esta vez no me olvidé de mis cigarrillos. Llegué a casa de Romina cerca de las tres. —Te estaba esperando. Porqué te demoraste. La quedé mirando unos segundos… —No sabes que soy casado o ya te olvidaste. Ella cerró la puerta. —No te enfades, sabes que soy impaciente. Busqué en el bar un trago para calcular mejor mi estrategia. La sentí detrás de mí pero no tan cerca. Quería abrir y cerrar mis pensamientos, pero siento que hoy no se conectan. —Hoy vino Manuel mi vecino, me dejó unos libros, no para que los lea sino para que los venda. Sabes que hoy no he comido. Me muero de hambre. La quedé mirando unos largos segundos… —¿Y lo que te di para esta semana?, ¿qué has hecho con el dinero? —Solo me has traído un libro, y eso no basta.
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La seguía mirando, mientras metía mi mano al bolsillo. —Tienes que traerme más libros para venderlos, tengo mucha hambre, acaso no te importo. —Te hice una pregunta. —El dinero me lo gasté en un solo día, comiendo mucho, tengo tanta hambre que ni estas malditas pastillas para la ansiedad me calman. —Mi mujer empieza a sospechar, faltan libros, me dice a cada rato—. Y para colmo te gastas todo el dinero que te di para toda la semana, eres una irresponsable. Desde su amplio dormitorio vi salir a un tipo, lo empecé a mirar desde abajo hacia arriba, y ante mi sorpresa se despidió de ella con un beso como si yo no estuviera allí. —¿Qué hace este tipo aquí? —Lárgate, ya no quiero verte. Hizo el intento brusco de arrojarme el florero sin flores, pero la pude detener antes que me hiciera más daño. Volví a meter la mano al bolsillo. Vi que ella sonreía estúpidamente, como si le fuera a dar algo. —Ni te ilusiones. No tengo mucho. Me dio la espalda, y quiso hacer ante mí un llanto teatral, pero ya sé como actúa. Saqué de mi bolsillo un papel y antes de irme se lo arrojé, léelo y ve a esa dirección que te estoy dando. Adiós. Encendí el Renault, cerré la puerta del auto, advertí que me había olvidado de recoger mi sombrero, creo que lo dejé en el sofá. Pero ya me había despedido. Dudé. Después de unos largos segundos, salí nuevamente del auto, la puerta estaba entreabierta, entré.

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Mi mujer me despertó a besos. Son las nueve, te has quedado dormido, te estuve despertando, pero ni caso me hacías, seguías roncando. Tienes que ir a la oficina, inclusive te preparé un buen desayuno. —Amor, hoy es domingo. —Cierto, flaco, ayer fue sábado. —No te preocupes Pamela eso a veces pasa. —Voy un rato donde mi hermana, tengo que ir a llevarle su encargo. —¿Cuál encargo? —Está buscando una empleada, para que le ayude en la limpieza de la casa. —No te estés comprometiendo, por más hermana que sea, ahora hay que tener mucho cuidado, los ojos bien abiertos. —La joven viene ahora. Aquí tengo la foto que me dio la agencia de empleos. Me quedé sin habla. Es Romina, mi otra mujer, la que tiene mucha hambre. —Oye, ¿por qué pones esa cara?, acaso la conoces. —Como se te ocurre, que cosas dices, mujer. —Eso espero. Anoche en sueños me pareció que hablabas con alguien. Entro a la casa nuevamente, se respira un tenso silencio, tomé mi sombrero, miré a mi alrededor, sentí como si estuviera dentro de una casa abandonada. Su repentina ausencia me congela cualquier intento de pensamiento. Avancé hacia la puerta. Entré al auto y me fui. Iba a cincuenta kilómetros por hora, no estaba muy lejos de mi destino. Llegué. Vi mi reloj, son las cinco de la madrugada. El amanecer va entrando a mi casa y también a mi estado de ánimo. Mi mujer duerme profundamente. Y sin desvestirme me acosté a su lado.

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La pregunta que me hago es en que momento me quité la ropa, porque cuando mi mujer, Pamela, me despertó a besos, yo tenía puesto el piyama, y la misma sonrisa idiota de todas las mañanas.

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18. Si te miro mucho soy desbordado por tu hipnótica belleza, tanto así que ya no puedo cerrar los ojos, desde ese día duermo con los ojos abiertos y tú bailas fulminada por el deseo dentro de ellos.

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19. Abro el diccionario que cada día pesa mucho. Tres generaciones de mi familia abrieron sus más de setecientas páginas. Escojo una página al azar, y pongo el dedo en esa página, debajo de mi dedo está allí el vocablo: Pleonasmo. Estuve jugando todo el día con esa palabra, porque la vi con mis propios ojos. La asocio con empleonasmo, y juego con la idea que se relaciona con el empleo. Ocurre que me distraigo mucho con la suave brisa de las redundancias como ahora que salí para afuera.

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A mí me gusta sonreírle al amor, conversar en citas nocturnas con una rosa y un libro en la mano izquierda. Beber con urgencia de oficinista un vaporoso café caliente después de cerrar el día más frío y más impertinente. Ir por las tardes al cine de función continuada donde la película de la vida se proyecta en blanco y negro. Salir a pasear muy orondo con la primorosa novia bajo una nube de claveles y susurrante caminito en zigzag. Disfrutar con sonoras intensidades del eco de nuestras ansias. Aprender todos los días hasta que me muera de asombros. Envejecer el tiempo lo más lento posible. Saltar todas las barandas pero sabiendo que del otro lado hay alguien que te quiere muchísimo. Vivir pleno como un niño adulto sin lastimar a nadie. Ser muchas veces un libro abierto para que todos lean la cordial lectura de los afectos.

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21. Mujer bonita tiene lo suyo, y a quien envidie su belleza que se consuele — si es que eso le sirve— mirando el cielo, siempre que no pierda la cabeza.

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22. Los ojos fijos, a veces impenetrables, otras veces muy expresivos, pero cuando se distraen, sucede el amor.

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23. El último viernes Sonó el teléfono como si ya esperara lo peor. Algo me había adelantado uno de esos extraños presentimientos que de pronto borran o cancelan todo buen estado de ánimo. —Diga. —Es el viernes —escuchó. Colgué el teléfono. Me quedé pensando. Apenas quedan diez minutos para tomar una decisión, ya tengo que irme a trabajar. No tengo opciones. Los diez minutos se hicieron nada. Subí al taxi, tengo que marcar la tarjeta de entrada. En mi mesa de trabajo alguien ha dejado un lápiz que no es mío. Y tiene la punta rota. Si el único que tiene llave de esta oficina soy yo. Quien puede haber entrado, se pregunta. Entra Maura la secretaria del Jefe, deja sobre la mesa del escritorio unos libros de contabilidad para revisar. —Es el viernes —me dice Maura riéndose. —¿Qué hay el viernes, alguna reunión de trabajo? —Es el día de tu cumpleaños —y se fue como vino. —Pero si mañana es viernes —pienso. Las horas no avanzan, corren, y hay mucho trabajo en la oficina. El Jefe no se cansa de dar órdenes, la secretaria del Jefe no se cansa de dejar los
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balances mensuales de las tres fábricas, de este año y de años anteriores, sobre la mesa de mi escritorio. Van a venir los inspectores. El Jefe es muy minucioso, quiere que los revise de nuevo. Saco del estante el archivo del mes de agosto, noto unos bien disimulados excesos contables. Miro el reloj, me pasé de largo, ni he almorzado. Ya son las siete de la noche. Una hora después salí del trabajo. Mañana tengo medio día libre. Orden de mi Jefe. Antes los compañeros del trabajo hicieron un brindis por mi cumpleaños. No hubo torta. Solo los regalos anticipados. La secretaria del Jefe me dio un beso que no lo esperaba. —Rodolfo marcas tarjeta de salida a las doce –me volvió a recordar. —Gracias Jefe. —A propósito, ¿a dónde vas a celebrar tu cumpleaños? —En el Sheraton —miento. —Me parece muy bien, un profesional de tu categoría no puede celebrarlo en cualquier sitio. Cuando despierto me doy cuenta que dormí con la ropa puesta. Estaba muerto de cansancio. Pero aún no amanece, son las cinco y siete minutos. Me desvisto y me pongo el piyama. Entro nuevamente en el sueño, sin necesidad de roncar. Llego puntual al trabajo y salgo a la hora ordenada por el Jefe. Antes unos gentiles abrazos de los compañeros de trabajo, y ahora sí una torta de merengue con frutillas, apago las cuarentaisiete velas. El Jefe nuevamente dando órdenes «a trabajar se ha dicho». —Hasta el lunes, amigos —pero ya nadie me escuchó.

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Bajo del taxi a dos cuadras de mi casa. Llevo la mitad de la torta y los regalos. No quiero que nadie del Condominio me salude por mi cumpleaños. Aún es temprano, pueden hacer las clásicas preguntas que incomodan. Como si caminara de costado pegado a la pared llegué a mi departamento. Al entrar me saco la corbata de marca Givenchy, y el elegante blazer de color azul. —Visto mejor que el Jefe —dije para presumir. La camisa nueva y con las mangas recogidas hasta el inicio del antebrazo. Me quito los finos zapatos de calzatura italiana, observo una pequeña herida en el talón izquierdo. Empiezo a caminar descalzo a pesar que hace un poco de frío. El pantalón bien doblado descansa sobre el respaldar de un sillón de cuero negro. Abro la puerta de la refrigeradora, destapo una botella de un litro de jugo de durazno. Camino relajado hacia mi dormitorio, enciendo el televisor, veo que no falta mucho para las tres de la tarde. Bajo las persianas, abro la cajita donde aún queda la mitad de la torta de merengue con frutillas. —Así celebro mi cumpleaños, así me gusta celebrarlo. Nada de Sheraton, nada de amistades impertinentes, nada de bailar hasta romper el piso, yo cuido mi dinero, mi privacidad es sagrada como mis sueños. De pronto sonó el teléfono. —Sí, diga. —Es viernes, tu última oportunidad —no le dieron tiempo para responder.
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—Ni en el día de mi cumpleaños dejan de amenazarme. Todos los días es lo mismo. Quieren más dinero y más dinero. Solo muerto me sacarán todo mi dinero ahorrado de muchos años de trabajo. Y así fue.

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24. Una novela se construye con ausencias, con dudas, con

desprendimientos, con resbalones, con un cuchillo en la mano izquierda, y en la otra mano un pincel.

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25. Mientras el amor se siga alimentando, nutriendo, buscando ese punto de equilibrio, ese cálido balance de circunstancias afectivas. Si sucede lo contrario entonces el amor decae, languidece, se oscurece, se vuelve una pesada atmósfera rutinaria.

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26. Sentado en la silla de ruedas mirando a través de la ventana abierta, con los audífonos puestos, viendo pasar a pocas personas, aún es temprano, un joven llamó mi atención, caminaba como si estuviera buscando un encuentro con alguien, de pronto se detuvo frente a mí, también tiene puestos los audífonos, y mirándome fijamente se puso a bailar, reconocí su baile, pues es la misma música que estoy escuchando. Estuvo así unos minutos hasta que terminó la canción. Ahora que lo veo más cerca, se parece a mí cuando tenía veintitantos años, la misma altura, el mismo peso, la misma forma de mirar, parece una copia fotográfica de mi juventud. Bajé la mirada y estiré el brazo para cerrar la ventana. Me saqué los audífonos. Me sentí culpable de esta circunstancia. En ese momento me hice muchas preguntas, una de ellas miraba al joven que ya no soy, y por más que intenté ya no pude ser el mismo. Abrir la ventana fue como abrir la juventud de mis recuerdos más bonitos. En esa época viajaba por la vida con una guitarra al hombro, hoy viajo sentado en una silla de ruedas con una mano que toca mi hombro, y esa mano no sé de donde viene.

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27. El tiempo es un personaje invisible cuando le da la gana, y cuando es visible huele, olfatea, es invasivo de todos nuestros actos, es como una respiración que yo llamo sucedánea, si movemos un músculo ahí está el tiempo, si gritas o callas ahí está el tiempo, si amas y odias ahí está el tiempo, vive con nosotros, muere con nosotros.

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28. Un Adán casi desnudo, una oportuna nube le cubre debajo del vientre su vigorosa arrogancia de macho. Eva arroja la manzana mordida, saca la lengua. El pecado original arrastra la historia por siglos incontables, bajo la húmeda ironía de Adán entre sus piernas. Así sea.

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29. Una vez una periodista quiso sorprenderme, ¿por qué sigue escribiendo?, la quedé mirando con la tranquilidad de un nuevo amanecer, y le respondí que aún no había empezado, que todas mis páginas estaban en blanco, la tinta de la imaginación está escasa usted sabe, y cuesta tanto, tanto respirar lo que uno piensa y piensa.

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30. Hoy no es un día cualquiera, aquellas calles me regalaron lejanos recuerdos emotivos como niño pegado al chocolate, y también un atractivo paisaje de innumerables pasos que creí perdidos. Me inquieta la chica más bella de mi adolescencia que deja ir los globos que salen desde el fondo de su corazón atrapados por cada una de mis sonrisas que luego se convierten en besos volados. Hoy no es un día cualquiera desde que se hizo el día desayunado en mis tostadas con mantequilla y el cafecito humeando los primeros asomos de ir a trabajar con felicidad. Repito, hoy no es un día cualquiera porque me anima una voluntad poderosa: tengo vida.

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