Año 7, N°31, Octubre de 2013, Registro de Marca N°814828 / www.mtb-chile.cl / comunicaciones@mtb-chile.

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LOS VICIOS DE LA MESA DEL SECTOR PÚBLICO
Por Fabián Caballero Presidente Federación Metropolitana Trabajadores Municipales A pesar de los cambios orgánicos ocurridos en la CUT durante las elecciones del 2012, no es contrapeso suficiente para impedir que el pliego de la Mesa del Sector Público haya sido elaborado nuevamente sin la participación de las bases, dejando a los trabajadores sin intervenir ni decidir sobre el incremento de su propio salario, mucho menos participar de las condiciones finales de la negociación. Este excluyente proceso ha incubado un sentimiento de no pertenencia en donde los trabajadores no se identifican con él. La burocracia sindical enquistada en las dirigencias nacionales, les han negado permanentemente a los trabajadores poder diseñar y levantar sus propias demandas, como así también poder intervenir en la definición concreta y efectiva de los métodos de movilización, teniendo los trabajadores que aceptar un pliego impuesto y unilateralmente por la vía cupular. Se reproduce entonces año a año, una negociación sin posibilidad de logros concretos, ya que los gobiernos, aprovechando la vulnerabilidad económica de los trabajadores y evidenciando su dispersión ideológica; política y orgánica, usan el chantaje como instrumento de contrapeso, enviando al parlamento el proyecto de manera unilateral sin acuerdo de la Mesa. Los presidentes de las Confederaciones del sector público, no se constituyen en fuerza real para ganar el debate, cumpliendo un triste rol de agitar un petitorio testimonial. La metodología de negociación está agotada, los paros no cumplen el rol de instrumento de presión, pues los propios dirigentes los dejan caer antes de implementarlos. En definitiva, el gobierno enfrenta sin problemas el costo político del proceso, pues lo conoce como a un manual. Aunque el pliego incorpora aspectos temáticos y sectoriales de los distintos gremios, el método de negociación no garantiza que la demanda central ni las otras demandas se cumplan en plenitud, pues el sector público carece de negociación colectiva con derecho a huelga, como lo señala el Convenio 151 de la OIT, que aún no es ley de la República, a pesar de estar suscrito y ratificado por el Estado de Chile. Dado los exiguos resultados obtenidos en las últimas negociaciones, se hace imprescindible incorporar indicadores de reajustabilidad distintos al IPC y PIB, pues estos dos factores nominales, no dan cuenta del alza real del costo de vida.

Mientras la banca ajusta y aumenta sus ingresos de forma automática a través del IPC y la UF, los trabajadores tenemos que pasar por extenuantes jornadas de negociación, donde la mayoría de las veces, obtenemos un insignificante reajuste nominal, inferior al alza real de los productos de consumo masivo. El eje central de este proceso, debe estar dado sobre indicadores de carácter permanentes, justos, incuestionables y sostenibles en el tiempo. Uno de ellos, la desigual relación existente entre el monto del ingreso mínimo ($210 mil) y el monto del ingreso per cápita ($750 mil aprox.), situación que tiene a nuestro país con una de los peores distribuciones del ingreso en el mundo, pues los gobiernos priorizan crecimiento económico por sobre el gasto social. La fórmula de calcular el reajuste no sólo es insuficiente, sino que además profundiza la brecha salarial existente en el sector público, ya que los millonarios sueldos que perciben altos funcionarios de gobierno, parlamentarios y alto mando de las FFAA, terminan obteniendo considerables aumentos en sus remuneraciones. A diferencia de los trabajadores de sueldos bajos, que con el mismo porcentaje obtienen exiguos reajustes, siendo éstos los que sustentan todo el proceso de la movilización. La dirigencia nacional de CUT, dado su rol político de conducción de la lucha social en general, debe superar el limitante marco de debatir sólo la reajustabilidad salarial, para pasar a emitir opinión fundada sobre el presupuesto de la nación, y asegurar con ello, un aumento sustancial en el gasto social, pues, si no hay aumentos considerables en esas partidas, se estaría castigando al trabajador con un mayor desembolso de su ingreso familiar para cubrir áreas de educación, vivienda, salud, previsión, etc. El actual panorama obliga a la dirigencia de la CUT y a los presidentes de las confederaciones a replantear el actuar de la Mesa en todos sus aspectos, con el objetivo que ésta se constituya en una verdadera instancia de negociación por un aumento real del salario y terminar con la reajustabilidad inflacionaria. Los trabajadores públicos debemos fijar nuestra posición respecto del rol del Estado y la modernización de su estructura y conquistar objetivos estructurales en el ámbito de la estabilidad laboral, homologación de salarios, indemnización a todo evento, carrera funcionaria efectiva y sistema de calificaciones objetiva, entre otros. Nada de lo anterior será posible sino se cuenta primero con el derecho internacional a negociar colectivamente con huelga, tarea compleja de alcanzar, pues es sabido, que la mayoría de los presidentes de la mesa del sector público no están disponibles para avanzar en ese derecho, pues implicaría transparentar todo el proceso de negociación de cara a los trabajadores.

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