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Luna Nueva No.

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2 Luna Nueva No. 35
Fotografías: Jorge Mario Múnera

Contenido
LUNA NUEVA Ramón Illán Bacca................................ 5
No. 35, julio de 2009 Samuel Vásquez................................... 8
Lic. Mingobierno Res. 081 de
Gabriel Arturo Castro......................... 13
1993
ISSN 9121 - 666X Pedro Arturo Estrada.......................... 18
EDITOR
Yorlady Ruiz López ........................... 25
Omar Ortiz Santiago Espinosa.............................. 31
CONSEJO EDITORIAL
Robert Max Steenkist......................... 37
J.J. Guzmán Abella Angye Gaona .................................... 44
Omar Ortiz Daniel Moreno López......................... 50
Pionono González Natanael............................................ 55
Carolina Urbano
Conrado Alzate Valencia..................... 59
LUNA NUEVA Heidy Johana Guerrero Vélez ............. 63
Apartado Postal 179
Carrera 26 No. 27-60
Harold Mora Campo........................... 67
Teléfonos: 224 5781 - 224 4876 Daniel Padilla.................................... 71
Tuluá, Valle del Cauca, Colombia Nelson Romero Guzmán..................... 75
e-mail: ortizforero@hotmail.com Julio César Arciniégas........................ 79
Diseño e Impresión Carlos Arturo Gamboa Bobadillla........ 83
Feriva S.A. En el Nochero.................................... 88

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AUSENCIAS Y FESTEJOS

Desde que la mujer tomó conciencia de su cuerpo, de la importan-


cia de asumir su feminidad para ser no sólo Eva o María sino ella
propia, con sus deseos, frustraciones, anhelos y búsquedas, obstinada
en pertenecer a un mundo excluyente que tenía como distintivo el
negar la particularidad y la diferencia, también se inicia en la poesía
un espacio para esa otra voz que convoca desde un nuevo imaginario,
desde un nuevo orbe propicio a la creación.
Y es desde esos ámbitos donde aparecen tres grandes poetisas que
con el transcurrir del tiempo forjan una obra de reconocida trascen-
dencia en la poética hispanoamericana, son ellas la peruana Blanca
Varela (1926-2009), la uruguaya Idea Vilariño (1920-2009) y nuestra
Meira del Mar (1921-2009), que como puede verse pertenecen a un
mismo tiempo cronológico, y también deciden abandonar este mundo
casi por las mismas fechas, Blanca y Meira en el mes de marzo y la
montevideana en abril. En nombre de las tres hemos querido hacer
en este número un homenaje a la poeta barranquillera, tan cercana
a esta revista, en la pluma de su amigo y paisano el escritor Ramón
Illán Baca.
Por otra parte, nos alegra sobremanera el que dos poetas que nos han
acompañado con su amistad y solidaridad a lo largo de ya muchos
años, sean reconocidos por su trabajo poético; me refiero a Juan Ma-
nuel Roca, reciente premio Casa de las Américas con su libro Biblia de
pobres y a Gabriel Arturo Castro, premio nacional de poesía Porfirio
Barba Jacob, con el poemario Tras los versos de Job.
De igual manera queremos agradecer a Jorge Mario Múnera su par-
ticipación en esta edición de la revista con su serie fotográfica sobre
la gente del tren, regalo que sin duda hace más gratas las páginas de
Luna Nueva para regocijo de nuestros lectores.

Omar Ortiz

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Meira Delmar
Ramón Illán Bacca*

Tengo un imborrable recuerdo de la primera vez que hablé con Meira


Delmar. Era un estudiante universitario y había perdido un libro de la
biblioteca departamental –Fiesta de Hemingway, para ser más preciso– y
el encargado, que no aceptó mis explicaciones, me pasó al despacho
de la directora para que aclarara lo sucedido. Ahí me encontré con una
dama en plena madurez y con unos rasgos árabes muy acentuados. La
reconocí. Era la misma cara que aparecía dibujada en la contratapa de
uno de los cuadernillos de poesía en la colección Simón Latino y que
había comprado en esos días. Al sentarme frente a ella y antes de decir
otra cosa le recité uno de sus versos:

De tanto querer el mar


Mi corazón se volvió marinero…

La desarmé y sólo me suspendieron el préstamo de libros por una semana.


Cuando me radiqué en Barranquilla me puedo ufanar de haber sido uno
de sus amigos. A su casa del Prado, de arquitectura Art –Deco, fui con
frecuencia a disfrutar de su conversación acompañada de café árabe con
pepitas de cardamomo y excelsas galletas hechas en casa. Había algunos

* Nación en Santa Marta, abogado, novelista y cuentista. Ha publicado los libros de cuentos Marihuana
para Goering (1981), Tres para una mesa (1991), Señora tentación (1994) y El espía inglés (2001), y las
novelas Deborah Kruel (1990), Maracas en la ópera (1996) y Disfrázate como quieras (2002). Colabora
como columnista en periódicos y revistas del Caribe y en la actualidad se desempeña como profesor
en la Universidad del Norte de Barranquilla.

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amigos que éramos miembros de número de esas tertulias. También iban
algunas poetisas (palabra que sí le gustaba a Meira) algunas buenas, otras
no tanto pero la mejor fue siempre Meira.

Muchas veces Meira nos habló de su amistad y correspondencia con Ga-


briela Mistral y Juana de Ibarbourou. Con esta última las cartas eran casi
clandestinas pues la uruguaya tenía un esposo tan celoso que le impedía
toda comunicación con el exterior del hogar. También Meira había sido
amiga de los miembros del “Grupo de Barranquilla” y era junto a José
Félix Fuenmayor y Ramón Vinyes considerada como otro de los poetas
de este grupo.

Otros grupos literarios en la ciudad, por esas fechas también tenían a


Meira como uno de sus miembros (hay que aclarar que en Barranquilla
también hubo otros grupos literarios pero solo uno con un premio Nobel),
lo claro es que Meira pertenecía a todo el mundillo cultural sin egoísmos.
Era de admirar cómo al final de su vida y cuando era requerida para toda
clase de eventos cívicos, culturales, militares, eclesiásticos, académicos
y deportivos Meira estaba allí enhiesta, amable y presidiéndolo todo con
su amable sonrisa. “Si cobraras por esto, te volverías millonaria”, le dije
en una ocasión. “Mire lo que me proponen”, le dijo al desconcertado
promotor del acto.

He oído algunas conferencias donde se clasifica a Meira como del moder-


nismo tardío, del posmodernismo, del piedracielismo, o como la última
de las poetas sufíes, todas con muy buenos argumentos. Lo que no he
oído es hablar de la popularidad de su poesía. Es posible encontrar en
los alrededores de la biblioteca departamental a los vendedores de libros
de segunda o a las quirománticas de la Calle 38 despedir al cliente con
algún verso tomado de Meira.

Soy testigo de cómo un taxista al saber que su pasajera era ella empezó
a declamar “El resplandor”:

Nunca supe su nombre


Pudo ser el amor
Un poco de alegría
O simplemente nada

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Al final, los tres, el taxista, Meira y yo terminamos el verso mientras lle-
gábamos a casa.
Alguna vez, ya ciega, un desconocido, un hombre de edad, se le acercó
y empezó a recitarle versos de “Muerte del olvido” uno de sus últimos
libros y no de sus primeros, que son los más populares. “Conozco esa
voz” dijo ella, pero no pudimos saber quién era el extraño.

Sin embargo, no faltaron piedras en el camino. En una de las ferias depar-


tamentales del libro (pocas en realidad), se le acercó el director de una
institución local a pedirle que regalara sus libros a las masas populares.
Meira con su voz más meliflua le preguntó si él representaba esas masas,
a lo que el personaje, en una postura que parecía se hubiera tragado
un paraguas, dijo con voz tonante “Doña Meira es una gran poeta pero
tiene sangre de comerciantes”. Nunca había visto tan indignada a Meira
que con voz ronca contestó: “Mis padres eran comerciantes libaneses, a
mucha honra, pero le digo que tenían la mejor biblioteca en Barranquilla
en árabe, castellano y francés”.

Hubo allí una alusión al Líbano ancestral al que dedicó varios poemas.
Algunos en sus primeros libros, tan bellos que valió que Ramón Vinyes el
sabio catalán, y que para esa época no conocía a Meira, escribiera una
columna de prensa, en donde decía que había sentido más el Líbano en
esos versos que en el libro de viajes de Pierre Benoit publicado por esos
días.

Prologó Meira muchos poemarios, malos en su mayoría. A veces tan malos


que ella con mucho tacto le recomendaba al autor hiciera una edición
pequeña para repartir a los miembros de la familia. Otras veces, como en
el caso de una joven presumida, no se aguantó y le dijo: “Querías hacer
poemas sin sentimientos…y lo lograste”.

Entre los amigos siempre hubo curiosidad por la vida amorosa de Meira
pero ella nunca dijo nada al respecto. Hubo sin duda un gran amor, sólo
así se puede escribir versos como éste:

Yo estaba entre la noche


Con los ojos perdidos de buscarte…

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Samuel Vásquez

Poeta, dramaturgo, ensayista y pintor. Poemas y ensayos suyos han aparecido en


libros y revistas de Colombia y el exterior. Su poesía ha sido traducida al rumano,
portugués e inglés. Algunas obras suyas: Las palabras son puentes que nos separan
(poesía), Gestos para habitar el silencio (poesía), Técnica mixta (teatro), El abrazo de
la mirada (ensayo), Erratas de fe (ensayo).

“¿El hombre? Es cosa que tiembla”


Joâo Guimarâes Rosa

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Desde la oquedad un pájaro oscuro atenta contra nuestro sueño. Un
anciano ciego es el pastor, y salva con celo la manada ajena. El agua
enferma no logra lavar la raída orilla de las cosas. Demasiado tiempo
hemos guardado la noche bajo nuestra lengua. El recuerdo se cuela con
destreza y astucia entre la tapia. He cruzado mi adolescencia como un
sonámbulo entre viejos enamorados, niños que alucinan y unas alas
enormes que rozan mis labios. No recojo los frutos del árbol ni corto
las flores de la campiña. Es preferible una bendición que una esperanza.
Difícil cantar entre estas ruinas, dulce présbita ante un jardín de rocas.
Ruinas que son mi única hacienda, compelido a hallar una seña solar en
el envés de cada piedra.

Una cuerda temperada busca en vano el pulso de mi mano.

No te hablo de este sol que cae del bolsillo de la mañana. No te hablo


de este cielo, coartada perfecta para el crimen de la rosa. No te hablo
del silencio que canta en la rama de mi duda. No te hablo del aliento
contenido, que tapia el ojo de la palabra. No te hablo de este tremedal
que pudre la semilla del poema. Te hablo tropiezos tartajos dentelladas, te
hablo inanes nadas sordas necias voces, te hablo senderos que se cierran,
después de que tú hablas.

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Los nombres abandonan las bocas. Objetos míseros balbucean una verdad
incomprensible y estas ruinas son testimonio sordo de lunas honestas. La
casa reúne todos los miedos en el rincón más obstinado: el pavor estanca
las salidas: la palabra oye amotinada su silencio. Amarran sobre mis ojos
una venda donde han dibujado otros ojos.

Alguien calla contra mí.

Un pájaro oscuro roza con su ala el umbral pero no entra. Al llegar la


tarde se oye el relincho del viento tras la montaña. El verano ha roto de
nuevo su promesa.

El sol no se acostumbra a mirarse


en el pantano.

Llega a la tierra prometida y no levanta allí su casa; reconoce que dios la


ha engañado de nuevo. Llega a la belleza y quiebra su espejo; sabe que
Narciso no es su destino. Llega a la verdad y no se amaña allí; echa sobre
sus hombros la pesada carga e inventa un sendero hacia lo inefable con
su lámpara de oscuridad. Llega al domingo y no descansa entonces; ama
su pie errante. Adelantada a sus propios pasos, invisible y silenciosa, no
posee luz propia pero sabe encender el fuego. Sin fe en el camino, cuanto
más se aleja más cerca está del comienzo hasta alcanzarse a sí misma
por la espalda, pero no se reconoce. No mira hacia el horizonte que la
llama. No vuelve la cabeza para reconocer el sendero de sal. Su rostro
desaparece entre la bruma. Su equívoco pie importa nada. Camina con
zapatos de felpa entre el simún, para que su rastro no pueda ser seguido.
Sólo el orden del polvo que ha levantado en su errancia estremecida es lo
que queda. Para evitar explicaciones se defiende con olvido. La poesía.

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El impío estilete del sol divide mi ayer en dos olvidos iguales, mancha de
fulgor en el laberinto sin alas de esta rosa. El canto de la mañana clava
su pico de luz, pequeña llama que ilumina mi pie incierto. El verano en
su caída se aferra a la rama más terca del guayacán. Mis manos no me
alcanzan. Sé que me despeño entre los que se levantan en esta ciudad
cuyo párpado es guillotina.

Todo el esplendor de este día es sólo el comienzo de la herrumbre.

Alba tardía de gallos asesinados. Las puertas que no entraron en sus casas
han huido. Un disparo de silencio triza la pizarra que nada aprende. No
a la vista de todos: en el envés de la piedra una rúnica bella y muda es el
oráculo. Al hacerme víctima y testigo invalidan mi palabra.

En el sueño del mundo clava la noche sus cuchillos

Hay dolores que viven en manada y atacan cuando huelen una herida. Lo
que carece de temblor no me interesa. A tu paso se abre un mar rojo: yo
me quedo de esta orilla. No hay tierra prometida que cumpla su promesa.
Ante los censores escondo mis manos manchadas de ingenuidad. Conde-
nado, cargo la maleta de mis nadas. La palabra silencio habla demasiado
para expresarlo; la palabra soledad me acompaña, traicionándose. El pan
es estrella irremplazable de la mañana. La violencia nos viene del sol.
La fresca sombra del árbol borra mi sombra estremecida.

A mi regreso, sólo tu perro me reconoce.

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La noche
“Encadenada entre oro y olvido:
la noche”
Paul Celan

La noche oculta la noche. Aguafuerte que nos bruñe, escamotea su fun-


ción a las ventanas. Ya no más sumisos reptiles las sombras se elevan más
altas que tu sombra. El silencio es presagio. La oscuridad es presagio. Es
presagio la soledad. Todo es presagio. El relámpago inflige una herida:
sangra una rosa en el frío abrigo de la noche. El oscuro eco del silencio
sutura mis oídos, debajo de mis párpados se clava una astilla de luz, y el
insomnio de la luna no tiene remedio.

Al fin la noche se acuesta sobre todo.

El cielo amenaza a la rosa. Las tinieblas de la noche llegan lentas y arrastran


contra un rincón el silencio perfecto de la casa. Desconfío de quienes
ponen otra venda al olvido. Rechazo la mano que espera ser besada.
Ponen la mentira sobre sus corazones como un escudo que los proteja
de una belleza fulminante. Escondidos debajo de sus sombras se les oye
roer las certezas del alba.

El afilador de cuchillos ignora que


merced a su empeño una roja fruta sangra.

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Gabriel Arturo Castro

Bogotá, 1962. Poeta y ensayista. Ganador de los Premios Nacionales Aurelio Arturo
y Ciro Mendía. Ha sido colaborador de importantes medios de difusión cultural en
Colombia, además se desempeña como tallerista de arte. Ha publicado: Libro de
Alquima y Soledad (Educar editores, Bogotá, 1992) y Alquimia de la Media Luna
(Verdehalago, Unam, México, 1996). Ganador del Premio Nacional de Poesía Porfirio
Barba Jacob, 2009, con el libro Tras los versos de Job.

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Línea imaginaria

El carruaje entre dos filas de árboles


ya no aviva el paso hacia el mañana.
La piedra y un trozo de asta calcinada
al caballo le hicieron perder su aplomo,
su vertical cordura, su símbolo discreto,
su línea imaginaria.

Nada hizo el golpe de la vara gruesa,


ni la espuela asegurada del talón.

¿Cómo podré disimular la rotura de la rueda,


de su diente y de su espiga?

¿Los ángeles y los hombres sostendrán


el círculo y el eje?

Sueño vegetal

Al habitar la negrura de un bosque olvidado,


horizonte que apaga el color,
nuestro sueño vegetal se marcha tras la pesadez infantil
y el ensueño duro. Inútil la voz bajo el frío cielo,
ociosas las huellas de los reyes de madera dura,
el recuerdo sumergido de las lavanderas nocturnas,
tardío el ser que ponía fuego en el pequeño farol.

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Pies de caza

Al repetir tres veces la palabra fruto,


las sílabas de su nombre,
el pie rompe la almendra, ataca el olivo,
sea su punta, talón o zapato de madera.

De pronto se advierte un olor vivo y subido,


olor que dejan los pies de caza.
Señal de inutilidad:
los talones cortan la cáscara,
derraman su fragante aceite
sin sesgar la semilla madura y descubierta.

El fruto se quedará atrás del pie que lo sigue.

Esfinge

Desde antes de la salida del sol


soñamos con los crisoles, calderos, manojos de plantas secas
y los colores ásperos y quemados de la cerámica,
del oro viejo.

Únicamente el Dios destituido


-esfinge ciega en el banquete del tiempo-
nos ofrecía las uvas más altas que se puedan alcanzar,
universo pequeño para nuestra pesadez y hundimiento,
mundo interior contra la tropa ágil,
el destrozo que asedia y corre,
la desolación que masca satisfecha su ajo,
su olor a resina o hierba amarga,
su cercana fetidez de jaula.

Somos sobrevivientes de una lengua muerta.

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Vieja querella

Herodes sale con su lanza por la noche.

¿Cuándo podremos decir que la matanza de niños reposa lejos


y que el espanto del Bautista, su piedad y su corazón roto,
jamás volverán a visitar nuestro rostro, tu frente enferma,
mis ojos, tu canción de cuna, tu vieja querella?

Rey o monarca de siempre, el apagador de velas,


el del capuchón de ángel negro, el que perpetúa la noche,
es a ti a quien le agrada oír los lamentos que la humanidad exhala.
Tú extiendes la mano para agobiar mis labios,
sorbes mi sangre y mi llaga, la herida de mi débil brazo,
mi espalda que exhibe las letras y la cicatriz.
El cielo nos envía sables, puños apretados, arabescos de orín.
Mi alma estrecha es una sepultura en una callada tierra.
El poderoso habla la lengua soberana
y nosotros perdemos la lengua del hombre.

Herodes sale con su lanza por la noche.

Patria ilimitada

Basta una palabra donde podamos reconocer la patria, un


suelo de pizarra, el trigo y la hostia, la mano paterna y la
nueva infancia; una palabra infinita, fija y entreabierta,
antigua y sólida que espante las migas del pecho, el
lenguaje del paria, la guerra sorda contra las cosas, la letra
cortesana, la letra que duerme, la gripe y la edad de hierro.
Cuando la sangre se altera, la palabra prepara su úlcera.
Una palabra acecha al creador del cielo gris.

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Paisaje

La tarde fabrica una soledad, cien ventanas se


cierran, los garzones vuelven a la oscura arca. La
vestimenta de la tierra a esta hora es de rojo infierno,
se cubre con sábanas y cruces, torrentes de fuego,
retratos y quejas colman el paisaje: hombres clavados
con astillas, atados a un mástil un arpón los ronda,
camisas raídas por la punta de un garfio, cercos de
zarzas y la voz de la muerte, igual al puñal, al golpe
del garrote, a la fría lágrima de un cordero. Triste
paisaje de incendios y huidas, mercenarios cercenan
la mano de quien ara, la mano del que escribe.
No importa la contienda y la ventaja, con los ojos
blandos y oyendo los gritos del apaleado, hemos
aireado las desvaídas sombras y ellas han subido al
corazón que invoca, al espíritu que segrega sílabas
para la mudanza del tiempo y de los hombres de
apetito y lengua espesa.
El alba severa se le devolverá al enemigo.
Esta noche mis palabras repasarán sus hoces sobre él.

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Pedro Arturo Estrada

Colombia, 1956. Ha publicado Poemas en blanco y negro (Ed. Universidad de An-


tioquia, 1994), Fatum (Colección Autores Antioqueños, 2000) y Oscura edad y otros
poemas (Universidad Nacional de Colombia, 2006). Premio nacional Ciro Mendía
en 2004. Los textos presentes pertenecen a su libro inédito Poemas de otra parte. Es
además, ensayista y narrador.

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El desenamorado

Ahora sobrevives instante a instante


y nadie responde por tus huesos,
pero te quedan manos para apartar la bruma de los días,
ojos que otean el vacío de la ciudad en la que envejeces,
palabras que repites ya sin pena
y definitivamente sin gloria.

En el aire crece la fuerza del desamor


restituyendo los contornos
de la luz, del tiempo, de la vida.
Los temblorosos límites de lo real
donde aposentas el ánimo,
donde el dolor no vuelve a tocarte
y la mano retorna serena al lento vuelo
del pájaro en la altura.

Para la soledad has afirmado los pasos.


Para el sueño has construido una casa de hondos silencios.
Para la muerte una memoria,
un rostro más bajo la indiferencia.

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Nauta

Orbito despacio al comienzo


sobre ejes que gimen por cuenta del abrazo.
Difícil equilibrio a la altura de tus hombros.

Lunas enloquecidas giran en mi cabeza


y ávidos cometas saltan de mis dedos.

De tus ojos
plasmas solares vuelan a incendiarme la sangre.

Estallidos crecen por la galaxia de tu piel.


Nébula vertiginosa tu cintura,

y abajo, el oscuro vórtice voraz


donde me precipito
y muero,

nauta perdido
de tu cuerpo.

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Ante el ángel terrible

Memoria de R. M. Rilke

Todo esto sabíamos.


Pero preciso fue mantener despiertos los ojos
al insoportable resplandor del día.

Reconocer-nos demasiado sucios


ante lo abierto. Brumosos, casi ciegos
en la frontera de la vida que olfatea
la plenitud, la nada sagrada.

Todo esto sabíamos y fue preciso


asir con fuerza el destello acerado
del verbo frente a tu rostro de fuego
si queríamos permanecer un poco
antes de volver a lo oscuro.

Todo esto sabemos antes de ofrecerte


—quizá despedazadas, no destruidas,
las pruebas finales
del sueño que fuimos.

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Tránsito del sonámbulo

1
Es de nuevo la noche que rebrilla estrellas viejas. Cruzo los predios de-
siertos de sus dominios mientras cae algo definitivamente sombra abajo
de mí, tal vez lo poco que aún sustentaba una forma, un modo de estar
en el mundo. 
Vuelvo después al día, la rutina que restablece límites, el familiar cotilleo
de cosas que son la medida de mi propio vacío. Un nombre, la cómoda su-
misión a los espejos, los ojos que me reconocen o creen reconocerme.

 2

El tiempo que al fin no es más que una bomba pasando de mano en mano.
Y ningún lugar cierto para salvarse. Pero entonces, la callada certeza del
olvido, el último y verdadero lugar.
Animales de costumbre, qué otra cosa sino ese lento y persistente roer,
lamer, mascar, deglutir el mundo a pedacitos. Echarse a la sombra de
las palabras mismas, confiados, esperando que ellas nos confirmen, nos
salven al fin.

3
Hasta agotar la cuota de espanto correspondiente y morirse tranquilo, libre
de coerciones y esperanza. Hasta ser por fin el que viene de regreso de
todos los miedos, el que sabe con qué cuenta, con quién vive verdadero
dentro de sí.

Un territorio limpio de huellas y muros. El viento desparramando las


páginas de la pequeña historia de tu vida.

22 Luna Nueva No. 35


4

Un día un mundo, una sola y definitiva experiencia. Ser afuera de toda


memoria. Reír en mitad de la extrañeza. No querer, no poder entender,
no saber nada de la vida. Abandonarse a la fuerza de la oscuridad o de
la luz que también es abismo.

Sólo la mano que toma el borde de una puerta, el ojo que recibe directa
la luz, la boca que devora la fruta, la piel que se anuda a otra bajo la
noche, el cuerpo que reposa lejos del día allá afuera.

Pudiera ser esto otra manera de callar. El gesto perdurable.

Pero es el cansancio lo real. Volver a acunar toda la baba bajo la lengua. No


hay más que el siguiente paso, el siguiente latido, el siguiente respirar.

7
Y ser apenas una arena más en la playa. Fragmento infinitesimal. Un punto
en el espacio. Ir luego. Ir al borde mismo. Asomarse allí. Arrojarse como
quien se abraza en sueños.

Pues al fin, la vida es lo que no se ve más allá del borde mismo del yo. El
que se arroja es el que lo descubre. Los demás, nos quedamos temblando,
aferrados al borde, lo único sólido en apariencia, lo único.

Luna Nueva No. 35 23


9

Temblor y misterio, sí, espanto de ser sin saber por qué, para qué. Y deleite,
delirio, demencia febril de hallarnos expuestos al aire, al sol, al goce, al
embate de los elementos.

10

Quedarse con el rescoldo del amor en los huesos, con el eco interior
de las palabras que no nos traicionaron. Quedarse con el espasmo, la
punzada, la náusea.

O despojarse incluso de eso.

11

Abandono los dominios de mi propio silencio mientras algo salta defini-


tivamente, luz arriba de mí. Tal vez lo poco que aún se repliega, lo poco
que todavía se resiste al vacío.

12

Vuelvo al día, la costumbre restablece sus leyes. La voz, el murmullo ajeno


de los otros recobra en mí (lo que se repliega en mí), el curso natural de
cuanto pienso o creo pensar y ser: un nombre, la cómoda sumisión a los
espejos, los ojos que me reconocen o fingen reconocerme.

24 Luna Nueva No. 35


Yorlady Ruíz López

Nació en Pereira. Es poeta y artista plástica. Obtuvo el Premio Nacional de Poesía XII
Festival de Poesía de Medellín en el año 2002, en ese mismo año obtuvo el premio
de Arte Talentos Carlos Drews Castro en la ciudad de Pereira. En el año 2006 fue
ganadora de una pasantía con el Ministerio de Cultura de Colombia para realizar
un taller de performance con Dioscórides Pérez, en la ciudad de Bogotá. En el año
2007 presentó su performance en Imagen Regional V en la Casa Republicana de la
Biblioteca Luis Ángel Arango, en la ciudad de Bogotá. Sus trabajos creativos han
girado en torno a temáticas de género y violencia en Colombia enfocados desde el
Performance y la Instalación. Ha publicado los libros de poesía Versos para tu fresca
alborada (1998) y Novela inconclusa (2001). Actualmente reside en la ciudad de
Pereira donde desarrolla una constante práctica artística con mujeres de diferentes
organizaciones de la ciudad.

Luna Nueva No. 35 25


Poemas para Juno

Animal

Todo el animal cabe en un solo día


no se necesita compararlo con nada,
ni con la propia carne,
ese se sale como un león loco
que ha estado guardado, encerrado con el
placer de morder su presa aún viva,
loco por sentir el pálpito entre la vida y la muerte.

Todo el animal cabe en un instante


que cuando menos piensa
vuela a través del mundo,
robando trizas de la desventura ajena
para hacer su nido,
todo ese animal
que sale a veces
también se aprovecha y me lleva y se deja
con su furia, con su vuelo, con su trote.

26 Luna Nueva No. 35


Mi idioma es este de la piel
que se transmuta
en animal feroz
en ave siniestra
en ojos de ballena muerta
en rencores de días
que se van rompiendo
mi idioma es este pobre gato:
techo alto
gatita que cae
que no se suicide
Un idioma comparado
al de cada sexo
al de cada voz
este lenguaje donde el aliento de la boca
responde:
mañana voy al río,
se llevará tu piel
esa pobre ave encerrada
el cuerpo roba y pone en libertad.

Luna Nueva No. 35 27


Tu cuerpo es como el mar
ahí navego
ahí te bebo
pero nunca me ahogo,
a veces muero (y tú lo sabes bien)
pero nunca me ahogo,
no sé cómo haces para que me alcance el aire,
las manos, el vientre.

Tu cuerpo es como el mar


con muchos cuerpos abandonados,
gente que se durmió en la escafandra,
están dejados en tu espalda y se quedan en la cama
se duermen cansados de traer la memoria, el tacto,
tu cuerpo es como el abandonado mar
que se mece solo en este instante
en algún lugar del planeta donde navego.

Ese muchacho pudo haberme mordido los labios,


arrancarlos para su corazón hambriento,
sin embargo se quedó con su boca tímida,
-muchacha: no me dejes caer al desvarío de la calle.

Yo pongo una soga


la tinturo de púrpura
y le enredo el cuello,
yo pude haberle arrancado los labios
y dejarlos para el hambre de los perros,
-muchacho: huye el presagio de mi boca,
no provoques

Ya todos somos exiliados de nuestras camas


a qué volver si no es con esa extraña compañía que buscamos.

28 Luna Nueva No. 35


Círculos cromáticos

Rojo

Rojo tiene amores prohibidos


Ellos le cantan con la voz de los dioses
le bailan con la dicha de la lluvia
Rojo tiene el sexo ardiendo, viene, arranca un pedazo de mí
lo lleva a su fiesta.
Rojo tiene la gracia
tiene la dicha
tiene un pecho que me entrega rojo
una caja roja, una boca roja, una cama roja
rojo se deja llevar a otros cuerpos
rojas frutas abriéndose
roja sangre agitada
rojos amores prohibidos
roja manzana
mar rojo rosa roja
rojo tu sexo ardiendo
rojo mi labio herido
rojo roto en el rey rojo
él no perdona saca para ti la carta que no quieres.

Luna Nueva No. 35 29


Azul

Azul es esta risa de piedra que me sale


azul el silencio
cuando ya no canta tu sudor en mi piel
azul la falda
que te pones para que la arrebate
con estas ganas que tengo de agarrarla
toda nalgas, piernas, humedad tuya
olor tuyo, deseo tuyo que me traga
azul el goteo de todo, de tus líquidos saliendo
del olor a perfume en tu vello
azul restregado sobre ti
diluido en ti
regado en las calles
transparente
azul soy desde adentro,
no lo ves porque me transparentas con tu aliento
ácida naranja que desapareces.

30 Luna Nueva No. 35


Santiago Espinosa

Bogotá, 1985. Crítico y periodista. Ha escrito artículos y reseñas para revistas como
Alforja (de México), Casa de poesía Silva y el periódico La Hoja de Bogotá, del que
fue jefe de redacción. Actualmente escribe para la revista Arcadia. Estudió Literatura
en la Universidad de los Andes y hoy finaliza sus estudios de Filosofía en la misma
universidad. Ha trabajado en adaptaciones de teatro para grupos aficionados y fue
asistente de dirección en cursos del Teatro Libre de Bogotá. Como director montó La
Cantante Calva, de Eugene Ionesco, en el año 2004, y un par de piezas breves de
Harold Pinter en el 2007. Sus poemas han sido incluidos en antologías nacionales
e internacionales. Los ecos, su primer poemario, será publicado en los próximos
meses.

Luna Nueva No. 35 31


Memoria callada

No volverán las hojas


al patio de la casa.
Su espera, los rostros
que vimos a lo lejos
cuando era puro el aire,
y no había tanto tiempo
entre las cosas y los ojos claros.

Esa secuencia de adioses y fantasmas


ha quedado guardada
sin que nadie la oiga.

Y me pregunto,
¿en cuál libro? ¿En cuál cabeza?
¿Dónde han quedado esos ojos,
las calles que en ellos habitaban?
¿Dónde han quedado los ríos
y las uñas que ya nos cortamos?

Mugre. La oscura promesa


de una llave olvidada.

Somos un nombre devaluado


que evoca en su sonido al muerto
de las horas mejores.
Si acaso añoranza, espectro injusto
de una cédula amarilla.

Una interrogación
al margen del poema.

32 Luna Nueva No. 35


El carnicero

La materia
“diáspora de estrella”,
es para Don Orlando
kilos
peso tibio entre las manos.
Y el tiempo, del negro al blanco,
le zumba al oído
como moscas en la tarde.

Entre lomos, caderas,


blancos puñados de grasa,
pasan los días de Don Orlando.
Por eso alza las carnes al hombro
sin pensar en los cortejos.
Lee los mensajes de las fibras
sin detenerse en augurios.

No hubo pudor cuando


besó a su hijo entre placentas.
Cuando lo tuvo en los brazos,
y en los ojos del uno y del otro
la misma bruma,
sus manos, sin saberlo,
imitaron la balanza romana.

Las vísceras del hijo se velaron,


al ver la luz por el cuchillo de otros.
Don Orlando no hace conjeturas,
su madre le enseñó que era malo especular.
Y sin embargo
no olvida la bendición
antes de hacer los cortes.
Hay que lavarse bien las manos
sin importar el precio del jabón.

Luna Nueva No. 35 33


Una oración

Cierra los ojos


Fabio,
deja que las voces
se cambien
por imágenes.
No es tinta
lo que cae sobre el lienzo,
es la nostalgia de mar
que se esconde en las pupilas.

Deja que hable tu padre


en cada trazo sin pintura.
Deja que nazcan del repique
los caballos,
y que te encuentre el cuadro
que algún día te persiguió en Guadalajara,
y que te habló,
otro día,
entre la voz lejana
de la lluvia.

Todos tus trazos ya están escritos, lo sabes.


Te han acechado los recuerdos
como manchas, como colores
que se escapan de ese túnel,
de esa honda bruma que es la infancia.
Te han perseguido los ruidos,
como si hablaran los fantasmas
en cada letra conocida.

Tu sólo has encontrado


lo que andaba perdido, hombre viejo.
Lo que cuando te vayas
quedará olvidado, adentro,
en la bodega cóncava
que ocultan tus pestañas.

A Fabio Rosso.

34 Luna Nueva No. 35


Cuchilladas
“…y el viento podría
Con otra sal enrojecer los ojos…”
Guiseppe Ungaretti.
Podría tu nombre
iluminar otros ojos
la lluvia, su escándalo lejano
en los sucios ventanales,
traer algo distinto
a las derrotas.
Pero escucha, detente.
Ahora el niño que fuiste
deja en la mesa los juguetes
y mira el verde en las montañas
detenidamente.

Va por la calle, la furia de tu urgencia


escoge sus caminos. Míralo
haciéndose a tus propias expresiones.
Escogiendo las canciones, los libros de segunda.
Va con la madre y su saco nuevo, a rayas.

Zapatos de otra era, uno detrás de otro.


Su golpe de segundos
por los parques, los cuartos al blanco,
y un suave rumor que se teje en los huesos.

El árbol se hizo a sus anillos.


Cambió la moda, cambiaron los tiranos.
Sonoro pasó el siglo en su barco de ebriedades
y otro cráneo adornó el anaquel.

Podría ser otra casa,


la abuela no haber muerto tan temprano.
Podría ser otro mar
el que sacude desde el fondo.
Pero persiste, no se doblega.
Ahora un hombre se afeita ante el espejo
en completa soledad.

Dibuja a su padre a cuchilladas.

Luna Nueva No. 35 35


Aforismo

Un poema es un niño
Entre los versos
De mano en mano
Se hace viejo a fuerza de recordar.

Calidoscopio

El sol de Homero, el tuyo,


comienza su ronda de placeres.
Le roba el brillo
al último escondite,
al rostro que quedó en la navaja.

Vuelve el ardor a nuestra herida:


calidoscopio eterno.

36 Luna Nueva No. 35


Robert Max Steenkist

(1982), egresado de Literatura de la Universidad de los Andes de Bogotá. Trabajó en el


Instituto Distrital de Cultura y Turismo de esa ciudad. Hizo una maestría en Estudios
de Publicación en la Universidad de Leiden (Holanda).  Actualmente es asesor de la
subdirección de Libro y Desarrollo del Centro Regional para el Fomento del Libro
en América Latina, el Caribe, España y Portugal (cerlalc/unesco). Artículos y poemas
suyos han aparecido en diversos medios nacionales e internacionales. Ha publicado
un libro de cuentos  titulado “Caja de piedras” (1997) y un poemario “Las excusas
del desterrado” (2006).

Luna Nueva No. 35 37


Emigrante

Empuñas la escoba de cada día.

Barres los restos de las manifestaciones que acaban a la hora indicada,


las flores que dejan los sepelios de cabildos nunca tuyos,
los anuncios de temporadas de descuentos a los que tampoco alcanzas.

Lo que te hubieras ahorrado


piensas
a veces mientras la gente sigue caminando con los mismos pies
que en tu país estallan
y unos arrancan siguiendo meticulosidades de odio.

Y sonríen y pasan y pasan y pasan

mientras tú ya te ves,

distante de los antiguos reyes cuyas caras de tierra imprimen en volantes


de propaganda,

mientras tú ya te ves,

no como alguien que resiste y lucha contra la opresión,

mientras tú ya te ves,
casi ajeno a quienes defienden las multitudes puntuales,
con toda su propaganda de papel reciclado y proclamas biológicas
que tú empujas hasta atorar los flujos subterráneos.

Eres el dócil trabajador


distinto
el de la sonrisa incómoda de no entender y de tanto asentir cuando pre-
guntan algo que se responde con palabras. Y no con gestos.
Con Palabras. Con Palabras.

38 Luna Nueva No. 35


Emigrante.

Silencio para pedir, preguntar, responder órdenes, contraatacar.

Te fuiste perdiendo en chaquetas y abrigos y bufandas que no sabías


usar pero que te ponías pues decían que el invierno y te empujó hacia el
borde de las esquinas y tus plegarias se llenaron de marcas y de nombres
de ciudades que no supiste cómo explicarles a tus padres, cuando les
hablaste primero cada semana, luego cada mes…

Y así
tu lengua se arrastró fuera de ti,
un feto muerto.

Qué importa ahora de dónde venías


si has perdido
esas palabras
con las que antes elevabas el sol,
si te limitas a repetir el idioma del mundo
buscándole nuevas posiciones a los labios,
rumiando sabores que no digieres.

Aquí aprendes que la boca es un estorbo,


un pájaro muerto que antes llenaba el cielo.
No han emigrado contigo las palabras.
La ciudad crece con tus pérdidas diarias.

Voz de dolor y refugio


batalla perdida
que se trenza con el ritmo de todos esos pasos que se alejan sin verte
y te dejan su basura.

Luna Nueva No. 35 39


Vuelta a la poesía

que la musa
no te convenza con
su lengua dulce

las palabras vuelven siempre en horarios inadecuados


desordenadas o a bordo de matrículas simples
ella no emite de ninguna
la muy estafadora se ha venido dando créditos inmerecidos

las palabras son brillos diagonales, libres


opacas porciones de arroz
destellos ajenos

que la luz blanca de la inspiración


no te ciegue cuando
vuelvan a despertarte las palabras:

busca el abrazo de los padres sin rostro

huye de las promesas que te hagan

que no te quedes añorando


el vuelo que no pagaste

que tus pasos doblen las rutas


escondiéndolas como si tú fueras
los ojos del astrónomo
y ellas las galaxias muertas en el primer milenio

que la musa no te engañe: nadie te saca de la noche


que la inspiración no te estafe: jamás volverás

debes construir tu siempre débil abrigo


con lo que queda de las palabras sueltas

no te dejes herir de la esperanza: todo se ha escrito antes

hazlo bien
hazlo antes de que se pierdan en la ventisca y sigan para no volver.

40 Luna Nueva No. 35


La esperanza, un vuelo
¿De dónde te viene ese poder
que miras cara a cara a la muerte?
Giovanni Quessep

Muerte,
hermana del tiempo
reacia a desprenderte de la carrera
dime qué campos
asolaste primero
con tu paso de cristales estallados y avalanchas de lodo.

Dime qué ha pasado en tu marcha


de zanjas rotas
y de cuándo aquí
decidiste prender todos nuestros mástiles.

Cuál es tu afán
de no dejar que ganemos nunca
dime por qué debes dejar
todas nuestras venas
como ramilletes explotados

Habla pues, Muerte,


de todo lo que te has llevado
de ese ampuloso vacío que llevas como único amuleto.

Déjame ver cómo es que cuentas.

Hazme tuyo en tus ojos helados


ven con ese velo que rompe el rostro de los moribundos
dame tu mano llena de alaridos
y déjame saber
si todo empezó
cuando Dios y el viento
rompieron los candados de la ira.

Luna Nueva No. 35 41


Divorcio del astrónomo

Para JRMG

Soñé,
te conté un día, el polvo de nuestras manos,
con un marino que perdía las estrellas
a causa de la ceguera
y que,
ya viejo y loco,
inventaba constelaciones para su noche eterna.

El brillo de las estrellas


es una noticia tardía, me dijiste,
esa luz que vemos no es sino un navío
de jaulas doradas
que guardan especies muertas.

La luz que vemos son estrellas muertas.

En su viaje silencioso a través de la nada


la luz se vuelve mentirosa
pues no se entera de que su puerto se ha extinguido,
hundido en las corrientes del infinito.

Las estrellas no merecen nombres,


convenimos al despedirnos para siempre.
Nos han mentido.

La explosión de su origen
y el pálido reflejo
que titila en nuestras noches
es un malabarismo del espacio,
un engaño de milenios.

Todas han de extinguirse de repente


Vencerán la distancia que le sacaron nuestra ilusión
y dejarán en claro
nuestra falta de bendiciones.

42 Luna Nueva No. 35


En una playa

Démosle un aire a las mentiras,


digámoslas con más que orgullo,
digámoslas con gusto.

Que sean grandes y tranquilas,


que inflen el pecho,
que puedan mirar por encima del hombro a todas esas
verdades a medias.

Seamos responsables de engaños tan elaborados


que la verdad no pueda ser la misma,
que después de nuestros embustes
globos brillantes
ella también recurra al maquillaje.

Empezaré diciendo que nuestras huellas


son castillos que la arena guarda, celosa,
hasta que decidimos inclinarnos,
empuñar la luz
y dejarlos a la merced de las tormentas.

Luna Nueva No. 35 43


Angye Gaona

Bucaramanga, 1980, selección de poemas del libro inédito Nacimiento volátil.

44 Luna Nueva No. 35


Cuando la guerra
Vas a mañana o a morir
Eunice Odio

No provoques al león
que reposa en su campo.

¿Qué podría implicarte


su gesto lento,
su verdad calma?

Si no puedes resistir esa,


tu inclinación de más,
y buscas un león que sirva
su propia cabeza en tu mesa
y sólo un par de garras,
las tuyas,
admites en tierra,
nada podrá guarecerte de esa,
tu intención de más,
y alguna trampa,
algún águila mecánica traerás
para cazar al león.

Reina el león
aunque lo enjaules
y lo lleves lejos de sí
a rugir a tus circos,
a esconder sus garras en tus fábricas,
a desatar la ira de las bestias del Sol
que atesoras en las bóvedas.

Reina el león y reina la espada,


único arbusto que crece silvestre
en las tierras del león,
que no te será dado exterminar
aun si ordenases manar fuego
a tu garganta.

Luna Nueva No. 35 45


Una mañana llegó y dijo

Atención, señores: no hay más casa.


Sólo ésta: la que ven y pisan.
No hay más,
atiendan todos.

Acerquen oído y corazón a la Tierra,


consideren el peso de la edad, señores
doscientos cincuenta mil años, y observen:
no hay más casa

¿Qué harán?,
es presumible:
sentarse sobre las coronas,
voltear los cálculos,
cocer el cáncer
en hornos ejecutivos.

El humo que asciende,


arrogante y rapaz,
suficiente para dar la noticia:
es la ruina en el aire.

Dirán ustedes: que la bolsa, que el colapso…


Ya oirán:
¡Viene el humus, llega
el musgo a fecundar
este óvulo que flota!
Ya verán, señores,
la Tierra sin artificios,
sin forro ni revisión,
la Tierra a su manera repitiéndoles:
no hay más casa,
avanzando sobre excusas,
guadañas y presupuestos,
obligando a su orden verde y celeste
a tomar la casa
y poner cada cosa
en su lugar.

46 Luna Nueva No. 35


Deseo
Hemos de encontrarnos,
a voraz velocidad,
el pez deseo:
genio en fina corriente incisiva,
contracción en su fase misil,
vela,
alzar de los nodos;
creciente desatada rompe
la escotilla, abre el prodigio.
Como máquina u órgano alumbra abisal
la onda de quiebre en la red.

Acantilado

En el borde, recibo al viento


y esa suya, atroz, formidable
invitación a ser
volcán despierto,
diluvio que abata cada jaula;
esa, suya, melodía que instiga al desborde
que sale de mí como un bramido del abismo;
el trepidar del viento mismo
que precipita cada partícula
en un orificio de liberación.
Toma la forma de la erosión
y de la explosión.
Apenas un roce y
prescribe, como cincel:
abrir paso.

Luna Nueva No. 35 47


Sur
La carretera sueña que lleva al mar
mientras asciende al volcán
o cruza el gran pantano.

La carretera de orilla oceánica


recuerda la nieve y la ceguera,
el secreto de la laguna,
la palabrería de la selva.

La memoria de la carretera es nómada:


transitan los recuerdos en cualquier sentido del tiempo,
llevan más acá, más allá.

La carretera recoge aromas idos,


deja enseres olvidados junto a miradas rotas,
contiene adioses que múltiples
se refractan en el retrovisor.

Retorna en ocasiones la carretera


trayendo consigo
paisaje
edad
huella

48 Luna Nueva No. 35


Reunión
 
Somos luz cuando nos juntamos
en estos y otros tiempos,
en secreto y sin mucho decir
entendemos el camino del cimarrón
y cantamos gozosos,
danzamos: preámbulo de guerra
es nuestro carnaval, traemos
música bajo las ruanas.
Somos ágape:
pequeño círculo de amantes.
Desde la caverna nos llama el fuego;
salvaje, entra nuestra antorcha.
Somos llama,
anticipo del Sol
aún oculto en esta noche fría:
lodazal donde vemos crecer la luz
cuando nos juntamos.

Luna Nueva No. 35 49


Daniel Moreno López

Bogotá, 1984, radicado en Armenia desde el 2001. Ha publicado algunos cuentos y


poemas en revistas locales y el ensayo Convergencias novelescas en el juego literario,
sobre Rayuela, en la revista de la Universidad del Quindío (Nº. 13, 2007).

50 Luna Nueva No. 35


Flanelle

A la gata de Cortázar

Toca toda gota cada gato,


cada tanto,
tanto tiempo tiembla el alma toda
que toca matar la madre a tientas,
a todas,
a cada hembra que agota al gato temerario
que con grito estridente,
te muestra,
la muerte de toda gota.

Sonrisa

Veía las cebras (esa mágica manera de sacarse la tristeza y dejarla en la piel)
y las gacelas (la hermosa rayita blanca que saltaba
y se multiplicaba interminablemente),
y el león (el sol en enmarañadas ráfagas rodeándole los colmillos
y protegiendo la sangre),
después de pensar un poco al respecto, se comió una hiena
(la convergencia de un poco de todos los sabores en una carroñera sonrisa).

Luna Nueva No. 35 51


Frente al café...

Pensaba seriamente
si matarme

Medía con cuidado


mi valor
en el mundo

Y descubrí, .
casualmente, .
que incluso el café .
se me quería escapar, o
disfrazado m
en u
h

52 Luna Nueva No. 35


También pasas

La muerte se basta
con que uno llegue a morirse,
Es triste, pero pasa.

Las palabras de sangre pesan más


(y pasan menos)
que las de aire,
Triste cuando pasa,
pero pasa.

El amor es ficción como el infinito,


como el lenguaje,
como el mundo
y pesa más que la verdad,
Pasa, triste pasa…

Todo pasa, y cuando pasa es triste,


pero pasa,
lo triste es que pase
lo que pasa
que tanto pesa…

Luna Nueva No. 35 53


Nuestras letras
Atenazado, baila, canta despacio,
espero fuerza gutural,
himnos invadidos,
jadeos…
- ¿Kamasutra?
-Limitante…
Mutemos nuestras ondulantes pelvis,
quebremos rastros, rostros,
superficies tocadas,
ultrajes viejos…

Los dos en posición,


suerte de doble u (w),
inventemos la cuarta X,
yuxtapuestos,
zigzagueándonos
en nuestras lenguas…

Ay, mi pobre niña

A Andrés Elías Flórez Brum

Las dulces niñas


alguna ama de casa (el universo reducido atrapado en un plato)
un viejo ignorado
el joven oscuro negado
por la brillantez plástica que guía al mundo;

Se refugian en palabras
(las muy fáciles)
y haciendo versillos sonrosados de mejillas abultadas (la delicia de
las tías)
te matan, mi pobrecita poesía...

54 Luna Nueva No. 35


Natanael

Bogotá, poeta y corrector de estilo. Libros publicados: Poemas de los cómos, Lejanías,
y Pastor de dragones.

Luna Nueva No. 35 55


Lista de los asesinos

– para lección de débiles e ilusos –


(Fragmento)

I. en la lista cruenta (roja) de los cultores


de la muerte
primero yo me anoto primero van
mis manos | crispadas peludas
| animosas (solas rotas mutiladas)
en la larga lista en la lista terca de asesinos / o brutales
| crueles feroces sanguinarios
larga y manida larga y trillada
como-esos-trenes-nazis
taciturnos
en su marcha feliz a noches sin retorno
tan lindos de lo negr
tan lerdos de lo necr
tan suaves de lo puro silenciosos y dinámicos
tan castos de tan llenos de cadáveres
penales
hacinados en vagones
obscuros y pesados como bloques de cemento

lista
de los fratricidas y lista de los car|ni|ce|ros
lista de los envenenadores
sutiles
y de los ominosos | o taimados
con sus chafarotes sin mella y sus sueldos de
verdugo

lista cuadro serie anexo o inventario


de los impolutos
(feroces feraces sanguinarios)

56 Luna Nueva No. 35


y de los in -maculados
lista de los sucios
por los geranios hipnóticos de los d e s c u a r t i z a m i e n t o s
lista de mercado de la Parca
nada parca

memoria (o lista) de los gerentes del patíbulo


ecuménico y multitudinario
variopinta
o grisácea | varionegra y canalla

para lección de débiles e ilusos


para escarmiento de los condenados
para fiesta de los leguleyos
para deleite de los desalmados

y cae (tétrica) sobre el mundo


que hiede a matadero | fama tripería
como los bombarderos
sueltan sus huevos
de ti
niebla. (…)

IV. así que ego digo


que son ricos los caníbales que cenan menudencias
(las minucias) y espléndidos
los suaves antropófagos de holán
corbata de faisanes

que asesina (apunto anoto digo):


quien azuza hucha arrea
o hace coro
o criminal de los mejores: el que hunde
sonriente su arma larg
a la dama aguileña | cacareando | loores / a las balas
el distante que revuelca: carnes | heces | esqueleto

el que talla (cava) su boquete

Luna Nueva No. 35 57


e n p l e n a c a r a
el que escarba hurga | hace papilla
el sagaz
mercenarioaprincesado
el machote barbudo de tez fiera
el caballista y civil | guerrateniente |

los que agencian gerencian y
presencian
los que urden intrigan y con|tr
atan
los que exprimen imprimen y su
primen
(y) huellas de asesino son las sombras en las caras aterradas
/ o murmullos de los pasos tenebrosos (…)

58 Luna Nueva No. 35


Conrado Alzate Valencia

Riosucio, Caldas, 1962. Poeta y ensayista. Diplomado en Gestión Cultural para Caldas,
por la Universidad Nacional – sede Manizales. Ha publicado los libros de poesía:
Paraísos inexistentes (2000), Canción de Ahasverus (2000), Escrito en el viento: versos
de amor y desamor (2004) y Memoria de la sangre (2006). Ganador del Concurso de
Literatura Caldas, 2007, con el libro Apología de los dragones.

Luna Nueva No. 35 59


Lector de almas

Estoy seguro que los ojos son el espejo


donde se refleja el interior del hombre,
son libros abiertos donde podemos
ver a nuestro prójimo como es realmente.
Los ojos son vórtices, caminos al misterio.

El que dijo que los ojos son el espejo del alma,


debió haber sido un clarividente, un poeta,
un filósofo o un buen lector de almas.
Pero olvidó que a veces la tristeza empaña
los espejos y borra toda información humana.

Las cometas de los niños

Las cometas de colores de los niños


son como los aviones y los sueños.

Juguetes alados que invaden el campo


y suben al cielo por hilos maravillosos.

Las cometas son pájaros delicados


de papel que vuelan con el viento.

Las tardes de agosto convocan silfos,


mueven alas, reúnen seres pequeños.

60 Luna Nueva No. 35


Los libros del bosque

para qué rayar estas páginas blancas,


para qué ocultar con palabras humanas
lo que ha sido redactado con tinta mágica.

Es mejor leer en las noches los laureles


y los alisos de los montes nebulosos donde
los espíritus del viento escriben sus canciones.

Los árboles del bosque son libros sagrados.


En ellos puedo ver claramente los templos,
los ojos y el alma bruja de mis antepasados.

Oficios de la muerte

La muerte se mueve sin cesar, nunca duerme.


No conoce tálamos, ni mantas, ni almohadas.
Tampoco posee una casa caliente de madera;
por eso es fría como la sangre de los reptiles
y oscura como las noches en las selvas.
Ella no puede cerrar sus párpados metálicos
y sumirse en sueños placenteros como los niños:
seguramente la devoraría el amo nebuloso
Que le da órdenes y la vigila a cada momento.
La muerte trabaja sin descanso para el olvido.

Luna Nueva No. 35 61


Hablando de dragones

Daría mi casa y lo que soy por verlos


volar sobre los cultivos de cebada y trigo,
por verlos quemar los nebulosos cárpatos
y vencer caballeros andantes con su fuego.

Entregaría mi vida por sacarlos del olvido


y mostrarle al mundo que ellos existieron,
que rugieron como el trueno en el cielo
de los vikingos, de los chinos, de los rumanos.

Daría todo por ver sus garras de acero


clavadas en el cerebro de los escépticos.
No importa que los cazadores de monstruos
me embistan con sus lanzas y cuchillos.

62 Luna Nueva No. 35


Heidy Johana Guerrero Vélez

Sus poemas han sido publicados en diarios estudiantiles como El Faro de la tarde, La
Gaceta, del Colegio de Occidente; también en periódicos regionales como La Patria,
de Manizales. Participó además en la publicación de los libros Cantares de mi tierra,
que es una recopilación de autores caldenses y Libro de poesía joven, que es un
compilado de poesía juvenil; en la publicación de un libro llamado Versos cómplices;
es cofundadora del café literario de la Universidad del Quindío, y del café literario
independiente Café Arte. Ha participado en encuentros regionales y nacionales de
poesía, como el Festival de la Imagen y la Palabra en la ciudad de Tuluá, 2008; en
el Primer Encuentro Regional de Escritores de Calarcá, 2007, fue invitada al Festival
Internacional de Poesía de Medellín, capítulo Buga, 2008.

Luna Nueva No. 35 63


Autoconstrucción

Prefiero ser liviana


como una cortina
mecida por el viento.
Escabullirme
entre un rebaño de lobos,
naufragar
en una serie de posibles futuros.
Jamás hice mofa
de mis primitivas virtudes
y también como Judas
cambié a mi maestro
por un pan, un abrazo
o un café con leche.

No pretendo llenar
con cremas antiarrugas
las grietas que deja el tiempo,
ni endosar a otro
mi nombre, mi apellido
o mis frustraciones.

Descubrí que todo está en mí,


el ángel y el demonio.
Yo busco la vida
como un simio
que va tras la banana.

Cacería
El maldito verdugo
Me persigue…

Ésta perra vida corre más que yo.

64 Luna Nueva No. 35


Nada nuevo

Lo que enferma a veces es vivir.


Demasiado
lidiar con la rutina
que se trepa en los días
como una hiedra venenosa.
Alguien
va por noticias de sí mismo
consultando el horóscopo
o las cartas.
Matrimonios con aroma
a cebolla y tomate
ven huir el amor por la ventana;
un gordo lujurioso inunda de babas
los escotes de las chicas;
la turba enfurecida
pide la cabeza de algún justo
y elige dictadores,
amenazas de idiotas
que ladran mejor de lo que muerden.
Inhumanos esfuerzos
para seguir respirando,
qué ganas de escupirle
cuatro verdades a la vida,
pero nos han puesto el bozal.

Devenir

No me interesa
encontrar lo que busco
ni llegar a mi destino,
es más excitante el devenir natural.
Jugar con el lobo
y perderse en el bosque
antes de llegar a la casa de la abuela.

Luna Nueva No. 35 65


Evolución genérica

Cualquiera diría que solo basta flotar


sobre el bien y el mal
para evitar este derivativo
transcurrir de sucesos.
Pero es necesario disfrazarse de noche,
no cruzarse de brazos,
intercambiar realidad por euforia.
Admitir que nos quedó grande
escapar al complot de las horas,
y que nunca desechamos nada…
Todo nos abandona.

Ruidos nocturnos
Hace frío y empieza a llover.
Alguien lee su nombre
en la lista negra del infortunio
y se tira de bruces sobre la noche.
Voces sanguíneas
le despiertan fieras dormidas
en las venas.
Se desliza por los rincones
esquivando letreros
de prohibido fumar.
En la calle
no se usan balas de salva.
Con su puño y letra
ha escrito su destino.
Demasiadas caídas
y su colita de rana nunca sanó.

66 Luna Nueva No. 35


Harold Mora Campo

Pasto, Nariño,1981. Abogado, Universidad Santiago de Cali, Especialista en Derecho


Procesal de la Universidad Pontificia Bolivariana de Medellín, en convenio con la
Universidad San Buenaventura de Cali. Cursó algunos algunos semestres de Artes
Visuales en la Universidad de Nariño de Pasto. Ha realizado exposiciones indivi-
duales de pintura en universidades de la ciudad de Cali, Tuluá y Casas de la Cultura.
Algunos de sus artículos, poemas, dibujos y ensayos académicos han sido publicados
en diversas revistas universitarias del país. Es colaborador permanente de la revista
Pensar la Uceva. Reside en la ciudad de Tuluá donde se desempeña como docente
en la Universidad Central del Valle. Los poemas que presentamos hacen parte de su
libro inédito Teatro íntimo.

Luna Nueva No. 35 67


Envejeciendo

El retrato cambia en el tiempo,


Es la vida,
tal vez empujada por el viento.

El espejo implacable
difumina la imagen
de sí mismo.

Los días soleados


enferman en silencio,
en recuerdos galantes
se extingue la carne.

Ya no es un adiós ajeno,
sino el eco de mi propio tiempo.

En algún lugar

No me anima rencor alguno,


ni la emoción colectiva,
que se pregona por la vida
Pero, la muerte
con su largo grito de silencio,
llegará a los rincones vitales,
Como una verdad profunda.
De algún modo,
en algún lugar,
ese acto de soledad
Prolongará los días.

68 Luna Nueva No. 35


E – mail

De ausente perfume es tu desnuda apariencia de vidrio.


En la pantalla,
una procesión de palabras cabalga en silencio hasta mis ojos
gritando tu presencia.
Un dulce contacto visual hacia ti,
en fotos de hielo pretende acortar la brecha.
El olvido de Borges,
es quien cotidianamente abraza esta líquida pareja.

Pasos al interior de la alcoba


El olvido es una forma de memoria
J.L. Borges

Esta noche ha vuelto a mí un país lejano,


Siento sus pasos quebrarse al interior de la alcoba
el rechinar de los años, con rudas pisadas.
Como huellas que al marcharse, dejan sombra.

Soy un ser itinerante,


anclado a un puerto muerto en la memoria,
como un recuerdo de otro,
un extranjero en la comarca,
donde nadie siente una patria como propia

La noche recorre geografías extrañas,


en el rio estrecho de los días,
en el aleph de la infancia,
en la muerte de los minutos que se marchan,
como piedritas en la ventana de mi alcoba.
Al fin y al cabo, el olvido es una forma de memoria.

Luna Nueva No. 35 69


Una mirada

Para Claudia

Su presencia evoca un dulce rincón de la infancia.


Sus labios jazmín,
se confunden con la calurosa tarde del Valle.

Los ojos de ámbar como dos noches, devorándose


Su tierna mirada opaca la sal de las lágrimas.

Tal vez no sea consciente de su justa medida.


Pero su lumbre de luna, derriba mis pasos.

Sobre el rencor

He dejado los gritos al silencio,


He expulsado el rencor,
para que sea sólo un privilegio de mis enemigos.

No malgastes tu tiempo, dijo un sabio.


Siéntate en la acera de tu casa y
verás pasar frente a ella el cadáver de tu enemigo.

70 Luna Nueva No. 35


Daniel Padilla

Lector, escritor, psicólogo egresado de la Universidad Surcolombiana. Actualmente


reside en la Comarca de Belenia. Ganador del premio en poesía “Creatividad, talento
y juventud” Universidad del Tolima 2007. Ganador del premio departamental de
poesía “José Eustasio Rivera”, Neiva (Huila), 2008.

Luna Nueva No. 35 71


Nacimiento

En largas órbitas perfectas


astros abandonados:
rocas henchidas de luz,
primicias de lo eterno.

Frutos de magma echados a rodar


pulen las paredes del cántaro
y ennegrecen,
hasta volver a ser materia oscura.

Con discreta prontitud,


galaxias diminutas se besan en la cara
y esperan el milagro.

Desnudez

El poema
repta en la mente
con los ojos erizados de árboles

Es el jardín
la manzana
y el venado que salta la cerca

Es un brujo negro
que quiebra las luces
y enciende el espejo

Lira

Mis labios apartan del mundo.


Hombres hay que los beben de frente:
Mecen la cuna de la muerte.

72 Luna Nueva No. 35


Clepsidra

El hielo ruge,
pronuncia
grietas hinchadas como venas,
separa la luz
en burbujas de tiempo blanco.

Saltan fantasmas de los ojos


tiesos como peñascos.
Un latigazo de vidrio
dibuja el signo del verdugo.

La muerte acecha
en los pabellones congelados.

Maya

Llueve sol
sobre papeles arrugados,
paraísos en desuso.

Las cosas flotan


en un estanque de palabras:

Árbol
Saliva
Lector.

En el fondo asoman
rostros semejantes al ojo.

Sobre la barca blanca


se tallan anzuelos
del color del agua.

Luna Nueva No. 35 73


Lolita

La mañana es una niña que orina de pie.


Un botón hendido
que beso con los ojos cerrados.

Testigo

La tarde rebota en mi escritorio,


sigue el sonido del sol.
Gajos de brisa
entran de puntillas en la estancia.

Leo.

Un pájaro,
hago una pausa
para sonreír.
Veo pasar mis ojos frente a la ventana.

¿Qué nervioso tatuaje embellece los árboles


con su música de ilusiones?

74 Luna Nueva No. 35


Nelson Romero Guzmán

Nació en Ataco, Tolima, en 1962. Es egresado de la licenciatura en Filosofía y Letras


de la Universidad Santo Tomás. Publicó en 1988 el libro de poemas Días sonámbulos
(Bogotá, Editorial Mundo Nuevo); con su libro Rumbos ganó el Primer Premio en
el Concurso Nacional de Poesía “Fernando Mejía Mejía” de Manizales, en el año
1992 y que fuera publicado por la Alcaldía de Manizales; su libro Surgidos de la luz
obtuvo en 1999 el IX Premio Nacional de Poesía Universidad de Antioquia, que fue
publicado en la Colección de Poesía de esa universidad al siguiente año; le acaban
de otorgar el Premio Nacional de Poesía Ciudad de Bogotá 2007,convocado por el
Instituto Distrital de Cultura y Turismo de Bogotá, por su libro Obras de mampostería;
además recibió el Premio Nacional Universitario de Poesía “Euclides Jaramillo”, en
Armenia, y el Reconocimiento a Autores Tolimenses con Presencia en Ibagué, Fondo
Mixto de Cultura, 1997; Becado en dos oportunidades por Colcultura, modalidad
Fondos Mixtos, entre otros. En el año 2005 la Colección de Poesía de la Universidad
del Valle editó su libro Grafías del Insecto y en el 2006 la Colección de Poesía de la
Universidad Nacional de Colombia publicó su libro La quinta del sordo.

Luna Nueva No. 35 75


Fugitivo
Cazarlo con palabras, cuando llegue
a sumergirse al río y su cuerpo se balancee como un giro, como un voca-
blo.
Cuando se deslice entre la maleza, ya la palabra ha de estar
abriéndole la puerta: sin saberlo entra a sumergirse al río, con pausa.
Sólo deja por fuera el hocico, las orejas en giro, su respirar acentuado.
El resto ya no es el tigre, es la palabra “tigre” sumergida en el río.
El tigre ya no está en el “tigre”, se ha creado su hermosa desaparición.
Lo que queda de él: el hocico, las orejas en giro, los ojos asustados,
son apenas trampas de su desaparición, pues su sangre fluye ahora
en la palabra. Lo alimentamos con jarrones de vino, lo paseamos por la
biblioteca
donde se aprende de memoria “el tigre” de Blake, “el otro tigre” de Borges,
un tigre de símbolos y sombras. Humillado a ser el tigre de las palabras, huye
de este poema que finalmente no logró contenerlo por mucho tiempo.
Un día se desvaneció de un salto y se deslizó de nuevo a la maleza.
Desde entonces han visto sus ojos brillando en la noche, huyendo del río.
De lejos lo miro, y aún así no abandono este oficio fugitivo
de la belleza del tigre que un día poseí.

Ritual
Tú no estás alucinado de Dios, oyendo que de arriba, de un silbido,
te llaman. Tú no vuelves trascendente el desfiladero, te conoces
de abismo a abismo. No ambiciono la esfera, ni tener piel
de magistrado que además arrastra en sus talones el aro sucio de la tierra
y el ciego remolino de la ley. Mi trascendencia no es descifrar la oscuridad.
Mi cuerpo está de parte de la ofrenda del delito.
Cuando destrozo soy minucioso, rapidísimo para hacer
que la presa entre al círculo. Adentro ya no hay trascendencia.
Unas garras para qué trascendencia. Una vez repleto, vuelvo al vacío.
Me divierte prolongar la muerte con un juego alrededor de la agonizante.
Puedo ordenarle al sol:
-¡Rey, bebe la sangre fresca que derramé sobre el césped!
El sol se quita su corona, deja un instante de iluminarnos, y bebe.
Al día siguiente vuelvo tras lo mismo, no tengo ambiciones.
Finalmente atravieso la nieve hasta perderme en su más blanca blancura.

76 Luna Nueva No. 35


Tigre
Homenaje al Pequeño Larousse Ilustrado

Te contemplo en un Pequeño Larousse, ilustrando una definición. La


jaula del lenguaje no puede con el destello y el rugido, salta a pedazos,
desbarrotada. ¿Cómo detener en la definición la aguja del lenguaje enlo-
quecida en tu cerebro?, ¿cómo mancharon la hoja con tu estampa al lado
de lo que no puede definirse? Luego de definida, sigilosa huye la palabra
hacia la muerte, es como cerrar una puerta y huir, antes de que resucite
lo nombrado y te destroce. Quien te nombró debe estar encerrado en la
locura, estará destejiendo su propia jaula, golpeando desesperadamente, sin
ayuda, en la puerta de lo definido. El lenguaje es una caja negra, adentro
guarda unas orejas, un rugido, un manantial para verse, un sabor a muerte
entre la lengua, una jungla, un zarpazo en la carne, pero nada de esto es
el tigre. El tigre huye de la necesidad de definir. Las palabras tienen rabo
para amarrarse al árbol de lo que nombran, no debieran ser empujadas de
la jungla hasta la hacinada celda del diccionario, pero se les corta el rabo
para que quepan en la definición. Los forjadores de celdas hacen volar la
paloma en el cielo de un estrecho párrafo, ella tropieza su cuerpo contra
los puntos cardinales y al final muere desangrada por las aristas de la p a
l o m a, luego ponen al lado la estampa del ave volando al infinito, para
encubrir el crimen. El tigre, por sí solo, se (encierra) en un (paréntesis),
entre las aves se abriga para que pasen por encima de su cuerpo los muros
de la academia, los acentos mudos, la gutural, la vibratoria que lo cercena
y así las palabras no lo coronen vanamente. A su cuerpo lo adjetivó el
relámpago. De ahí la imposibilidad de ser tomado por asalto. La palabra,
transformada en serpiente, lo ha seguido hasta el río donde él bebe la sangre
del crepúsculo, para dejarse comer y luego atravesarse en su garganta y
decir: ¡lo nombré!, pero el tigre es sigiloso y el instinto es el arma contra
la trampa de la Palabra vestida de serpiente que no puede inocularle su
veneno. Misteriosamente, en ese instante, el tigre y la luz son uno solo y
la palabra queda en la orilla del río, tras la desaparición del animal, bus-
cándose a sí misma como la moneda arrojada al laberinto por los falsos
reyes, por el dios de la barbarie y los ídolos que pesan el mundo y lo ven-
den al mejor postor. El tigre, devorador de Aladino, conoce la noche y en
los tiempos de peligro una mitad está en vigilia para cuidar la otra mitad
que duerme, pues la palabra –su enemiga sanguinaria- entra a la selva a
buscarlo. Ante la imposibilidad de atraparlo, regresa al diccionario con
amargura, sin la presa, para volver a ser la definición al lado de la estampa
en alguna página de ese desconsolado y Pequeño Larousse.

Luna Nueva No. 35 77


La vela
Su llama de agua arde en la oscura sed.
Nos revela la noche, por eso alumbra.
Es aguda, temblorosa como macizo de cuarzo
colgado en la noche del tigre.
Se burla del dios que baila en el péndulo
pues su materia no se consume, fluye hacia arriba
humedeciendo estrellas, apagándolas.
El agua no se le escapa, su llama alimenta
al rey que habita la torre iluminada.
La corona de ese rey nos alumbra,
pero su cabeza está ahogada,
abolida por su propio capricho.
Así, la maldición se cumple en las cosas pequeñas:
por eso el abolido, dentro del agua,
nos oscurece este reino
alumbrándolo con su corona.

El visitante
Dios y las piedras se parecen
-que me perdonen las Piedras-, pero el silencio
es duro, una prueba de la inexistencia, es pesado
y frío. Uno ve las piedras, tropieza con ellas a cada instante, pero la verdad
están en el cielo. Las maldecimos, fueron hechas para la maldición.
Entre ellas se esconde el Visitante, listo, armado
para lanzarse en el momento justo cuando de una piedra cualquiera
se alce el Animal. El sabe, percibe en qué momento Dios es piedra
y puede asediarlo. A la hora de las serpientes y los truenos en las manos del
hombre, a la hora de la Desolación, la piedra es Dios ¡y qué! El visitante
conoce la muda sagrada,
eso lo ignoran los hombres que ven en la piedra un vestigio del pasado
y no la carne viva del presente que engaña con el Montón
de lo muerto. La divinidad allí se esconde y el Visitante espera,
espera a que se mueva, porque si no la traga viva
de otra forma sabe que muere.

78 Luna Nueva No. 35


Julio César Arciniégas

Rovira, Tolima, 1953. Ha publicado: La ciudad inventada, Color de miedo, Números


hay sobre los templos y Abreviatura del árbol, Premio Nacional de poesía Porfirio
Barba Jacob.

Luna Nueva No. 35 79


César Vallejo

Tras el lavadero negro está la herida de los jueves


El pobre aguacero destilando las cruces
La curva de un posible pan cosido a su sed
Siempre el hermano perdido en los maderos
El dios que amanece abriendo las alas de su salario
Acarreará tardes en la suerte tus llagas
Sabe a tempestad, a tierra sin andar
A un árbol que se aparta del camino.
Donde Él llevó cada palabra a las frutas amargas
A los bueyes que no saben algo terrible
Se acuerda de algún enfermo.
Es muy duro cavar donde busca los otros lados del asombro
Apoyado en tus huesos logras mostrarnos el encanto,
Lo más húmedo de las orillas que no conocen la deslealtad.
Sólo sabes el idioma donde escribiste el cuerpo.
Tus labios ataron el nombre y ahora zurce una cosecha
que se ha quedado sin el beso del alba
Un aire barre sus tejados
Aun oigo su sangre comida por el frío
Y tus ojos cansados de haber sufrido tanto
“miran la novia que algún día fue su madre”.

Arthur Rimbaud

Los diluvios obedecen al demonio subastado en las ciudades


De cristal
Los oscilantes pianos de las terrazas
Ángel sin parientes
Tal vez el adelanto de naciones que caen de sus abismos alados
O el navío de la temporada con vírgenes locas
La pierna en los infiernos
La renuncia a ser el maldito peregrino de la tinta
El ángel contrahecho que le custodio hasta el golpe que lo apartó
Del mal.

80 Luna Nueva No. 35


Paul Valéry

Como el fabulador manifiesta el abismo


La mar que se ignora entre sus yodos
Esos segmentos del tiempo
El grito que dura en el agua
Celado por la sal
Su abandono a los delirios que están sobre el silencio
La colisión de sus nadas perdidas para el universo
Cuánto mar hay en su muerte
Desde donde pretende mantenerse en el éxtasis
Donde es posible la música de la ausencia
No ser los rasgos de su rostro
Prendiendo sus fondos como los asaltos del sueño siempre
Renovados
Ha de hacerse igual a todos los confines
Luego tiende sus contemplaciones
A preparar la voz de los encuentros en ese tránsito de la noche
Al día echa pacientemente su red.

Ezra Pound

Estoy aquí en los alambres de la jaula,


Desclavando las manos amarillas de los dragones.
Los cantos resistiéndose a cargar el cuerpo de la usura
Reordenando tierra.
Tanteantes tronos trabajados en su sangre,
No es verdad esta locura que ahora reconoce suya,
Y no deja huellas a los enajenados.
Me hundo una vez más en la pluma enferma

Luna Nueva No. 35 81


Gonzalo Rojas

“Son estas piedras que nos tapan el viento.”


De aire es la piedra gastada.
Afuera el aire de la palabra dibuja moscas,
Allá en lo extremo de la música
Los números hicieron el viento sobre la ola heredera
De la rosa sucia,
En el blanco país de los exilios
Del aire de las copas te colgaran de los ojos
Y tu piel entera arderá sobre los abedules.
Habías dicho no oímos el talento encima de los tercos
Árboles del hielo
Mientras los tactos de la madera te condenaron a él
Oficio de las transparencias.

Aurelio Arturo

Contigo calla este país donde hubo el dolor,


Subiendo las savias de los valles,
En el que sólo caben los reflujos de los colores.
No está en tu voz la curva del sol sobre la fatiga del labriego.
De que contigo la sangre no lavara la piedra de su miseria,
Por que exaltaste primero a las vidas del olivo
A los encinares,
A la carga de frutos caídos y la rosa en las recintos.
Entreviste al viento ese conserje de las brazas.
Los reinos para la huida de los días
La musculatura de los ríos,
O la negrura gastada por la luciérnaga
Si te asomas a mirar el tiempo que nos apresa
Hubieras anunciado al hombre sin orillas,
A los amos del fuego
“al salario de la matanza”
A la levedad de estos dedos olvidados,
Contigo tendríamos otro país.

82 Luna Nueva No. 35


Carlos Arturo Gamboa Bobadillla

Ibagué, 1970.Licenciado en Español y Literatura y Especialista en Gerencia


de Instituciones Educativa del Instituto de Educación a Distancia de la
Universidad del Tolima. Catedrático de la Facultad de Educación y tutor
del área de Literatura del Instituto de Educación a Distancia. Trabaja
igualmente en proyectos de investigación en el campo de la enseñanza
de la literatura. Ha obtenido algunos premios en el campo de la escritura
entre los que se destacan: Primer puesto en las modalidades de cuento
y poesía concurso Universidad del Tolima, 1997. Primer premio en la
modalidad poesía, en la convocatoria realizada por el Ministerio Nacional
de Cultura para talentos menores de 30 años, en 1998, por el departamento
del Tolima. Primer premio modalidad ensayo en la convocatoria realizada
por la ESAP en el 2005. Hace parte del grupo de trabajo del “Observatorio
de Juventud”, y participe de la edición de la revista Multitudes Invisibles.
Conforma el Colectivo Contracultural El Salmón, en cuya revista han
aparecido algunos de sus textos. Es editor de la revista Ideales, del Instituto
de Educación a Distancia. Algunas publicaciones: La rendija de los
tiempos, poemario. Ibagué. 1997. Antología Nuevas Voces de fin de siglo.
Epsilon Editores. 1998. Apuntes sobre investigación formativa. Ibagué.
2008. Desarrollo metodológico para la caracterización y Perspectivas
Pedagógicas del Canon Literario. Ibagué. Agosto 2008. Actualmente se
encuentra en proceso de edición el texto titulado Sueño imperfecto, en
donde recopila varios relatos de corte de ficción. Este texto será publicado
por la Universidad del Tolima.
Tres poemas desesperados
y ninguna canción de amor

Para comprender
La profundidad de la luz
Hay que habitar las sombras.
Los errabundos conocen el secreto
De sus laceraciones
Pero su lengua es muda.
Pobre el soñador que deposita
Sus huevos en las cornisas
De la angustia
Sin entender la fragilidad
De las alturas.
Cayendo se descubre
La estabilidad,
Pero no hay retorno.
El asfalto es la única
Opción cuando se elige
Caer…

II

De los espejos dudo


Y su imagen invertida.
Nunca confíes en la mano extendida
Te puede azotar si lo demandas.
Ha sido siempre sospechosa
La oscuridad que antecede
Las lentas alboradas
Nunca te niegues una lágrima
Sobre todo si la tristeza
Ha depositado sus larvas

84 Luna Nueva No. 35


En tus ilusiones.
Pelea suficiente para
Que el vencedor recuerde tu nombre
El olvido es el drama
De los cobardes
Y si alguna vez
Tienes la posibilidad de una daga
Clávala en tu propio corazón,
Eso es coraje.

III

Poseso de un demonio
Clase melancólico
Que le asustan las mañanas
Huye cuando
Abre la puerta de su rutina
Y busca refugio
En los parajes de la desolación.
Hombre de cartón
Está sujeto a las manipulaciones
Y la libertad cual espejismo
Se asoma dudosa en las palabras.
Cuando regresa agotado
De burdas ilusiones
Él lo mira pesaroso
Y se dispone a dormir
En su costado
Sabiendo que jamás tendrá el valor
De reconocer su presencia.
Miserable el hombre
A quien hasta su demonio le huye.

Luna Nueva No. 35 85


Derrotas

La peor de las derrotas viene


Cuando no tuviste tiempo del puñal
Y el pavimento acarició tu cara

Cuando a través de tu oscura ventana


Tratas de ver la configuración del tiempo
Que nunca tuvo rostro

La peor de las derrotas forma un círculo


Y te atrapa en la angustia de un sueño
Que no puedes evadir

Fuiste alimento de escorpiones


Cuando tasabas la esperanza
En esa locura que algunos llaman mañana

La peor de las derrotas


No toca a tu puerta
Llega.

Poema de las flores

Descuartizada la tarde
Trae en su santa liturgia
Un vapor de flores

Su cuerpo vaporoso toma el camino


Al laberinto de las pulsaciones
Y al choque eléctrico
Sumerge el pensamiento

Se disipan las concupiscencias


Al ritmo metafórico de los olores abismales
Y surgen los pétalos
Cansados de parir abejas

86 Luna Nueva No. 35


Atenas, noviembre 8 de 2004

No hay rostros en las calles


Que permitan inferir
La existencia de los dioses.

Cualquiera puede construir


Una historia sobre ruinas.

En el laberinto

Una página nunca es suficiente


Ni un verso
Ni un relato
Las palabras son marionetas
Que juegan con tu esencia
Girar sobre el eje
De la soleada ecuación de la vida
Para encontrar
Que nunca somos suficientes.

Predecir el instante del embate


O la cornada de Minotauro
Es un simple deseo

Una curva en el laberinto


Es una ilusión.

Luna Nueva No. 35 87


En el Nochero

88 Luna Nueva No. 35


En el hermoso texto que reúne la obra
escogida del pintor y grabador, de 1962 a
2008, habitan las curiosas damas que ha-
cen parte del mundo samudiano desde sus
inicios como pintor hasta sus trabajos más
recientes. Y es que en esta burlona casa
que nos entrega su editor, alternan las se-
ñoras y toda suerte de objetos caseros que
las mismas doñas guardan en sus alacenas
y repisas para surtir su cotidianidad. Por lo
demás, dichas amas desde sus ajustados
y formales trajes de matronas capitalinas,
nos sorprenden con su desvergonzada co-
quetería o con sus furtivos y apasionados
encuentros amorosos.
Hay un espléndido juego, un desatado
humor, en toda la obra del pintor bo-
gotano, que lo contiene en lo que abo-
rrece. La mojigatería, la doble moral, la
hipocresía de una sociedad voyerista que
goza desde lo oblicuo, que nunca dice
malas palabras, ni asume compromisos
que considere incorrectos para la moral
oficial, gerenciada por la iglesia católica y
Título: Antonio Samudio vigilada, ejecutada y penalizada para los
Ediciones Jaime Vargas, Bogotá, 2008, transgresores por las élites económicas y
238 páginas. políticas que por supuesto nunca ponen
en práctica sus férreos mandatos.
Samudio, sin recurrir al panfleto o a la
diatriba política, construye una obra que
Juego de damas desde el goce desacraliza y enfrenta todas
las mentiras con que el poder asume su
función represora y de esa obstinada,
Por: Omar Ortiz cuidadosa y despaciosa elaboración es de
la que da cuenta este libro para fortuna
El 12 de mayo de 2009 pasará a la historia de quienes en este país de ciegos, todavía
como la fecha en que los amigos de Samu- guardan la gracia de la luz.
dio, todos a una como en Fuenteovejuna,
le hicieran al artista un cariñoso y festivo
homenaje con motivo de la presentación
del libro que sobre su obra editara Jaime
Vargas, con escritos capitales de Juan
Manuel Roca y Samuel Vásquez.

Luna Nueva No. 35 89


es mala idea seguir el consejo de Santiago
Mutis, quien alguna vez dijo que lo que
debemos esperar de una antología es que
nos muestre un camino que no hayamos
recorrido.
Pues bien, ¿cuál es el camino a que nos
invita la antología de la Revista Atlántica?
Se trata de una expedición poética para
conmemorar el aniversario de la muerte
del botánico José Celestino Mutis. Afor-
tunada idea que logra conjugar imáge-
nes y metáforas con texturas orgánicas
y paisajes evocadores para mostrar un
país que a pesar de estar marcado por la
violencia sigue transpirando la vitalidad
de su geografía y de su gente. Se trata
también de una expedición con muchas
rutas y travesías, ya que además de poesía
Revista Atlántica No. 32, Año 2008
encontramos documentos con los que
Cádiz, España. 172 páginas.
podemos movernos fácilmente de Cádiz a
Director: José Ramon Ripoll
Popayán; del mirador desde donde Álvaro
Salvador percibe la poesía colombiana
hasta el pasaje dedicado a María Merce-
La expedición poética de des Carranza, no sin antes pasar por las
arenas movedizas del nadaísmo y cruzan-
Ripoll do por el lado de los caimanes, culebras
y pintores que rodearon las expedición
del sabio Mutis.
Por: Carolina Urbano
Cada recorrido es una remembranza, un
presente, o ambos, un juego con el tiempo
Cuando de antologías se trata, los criterios que nos lleva a diferentes momentos de
para hacer la selección de poetas que nuestra historia, a distintos espacios de
merecen ser incluidos son tan dispares la memoria. Recorridos que van en la
como las críticas que suscita su publi- misma dirección que toma la planta para
cación. Hay quienes todavía se acercan acercarse a la luz y el poeta a la palabra.
a estas compilaciones (que consideran Recordando a Maeterlink, podemos decir
taxonómicas y subjetivas) en busca de que tanto las plantas como los poetas
lo que falta más que en lo que contiene, muestran esa necesidad de movimiento,
actitud bastante torpe si de lo que se trata ese apetito de espacio que se explica tan
es de alcanzar el goce estético a través bien con el fruto, con el poema. Miste-
de la lectura. Por esto, para no caer en riosa es la flora del espíritu / Extraños los
los espejismos de la objetividad o en las tropismos de la imaginación, dice el poeta
truculentas selvas de lo que es mejor, no Rómulo Bustos.

90 Luna Nueva No. 35


Al abandono y a la indiferencia no se
puede sobrevivir. O al menos muy pocos
lo han hecho al abandono, como Moisés
o Rómulo y Remo, todos en una cesta, y
a las orillas de un río, como del Nilo al
primero y del Tiber a los segundos; pero
sólo, según las historias, con ayuda divi-
na. Y no me queda la menor duda, que
con ayuda divina por lo bien concebido
el poema “La vida en vano”, el poeta
cucuteño Eduardo Cote Lamus alegoriza
su concepto del amor y su relación con
el abandono: “Siempre fue igual el amor
a caminar despacio bajo lluvia,/ a saber
el deseo, donde se dura, presa en otro
cuerpo,/ a volver los ojos al hombro y ver
el horizonte./ Pero la libertad concluye
cuando deja de entregarse./ Y si el amor
ya no acompaña, ¿a dónde ir?...”
Título: ¿Y si el amor ya no acompaña, adónde ir? Este último verso ha sido tomado por
Antología Colección un libro por centavos, la Universidad Externado de Colombia
Universidad Externado de Colombia, Bogotá, como título de su nueva antología, de la
2008, que hacen parte doce poetas nacionales
264 páginas. de jugosa trayectoria y que la mano de
Miguel Méndez Camacho supo extractar
de las antologías de la colección “un libro
Sobre el amor y el aban- por centavos”.

dono Es una obra bien concebida por la varie-


dad de sabores, miradas, sensaciones y
expresiones que arrojan como néctar 264
Por: Pionono González González páginas de poesía de autores como Juan
Manuel Roca, Eduardo Cote Lamus, Jorge
Gaitán Durán, Andrea Cote, Omar Ortiz
Existen tantos conceptos del amor, como entre otros tantos importantes exponentes
de seres se encuentra poblado el univer- del género poético en nuestro país.
so. Los hay concebidos desde todos los Con el respeto que merece Eduardo Cote
puntos de vista, bien sea del religioso Lamus y en general la Universidad Ex-
como el expuesto por el profeta Juan en ternado de Colombia, hago uso de este
su primera carta cuando manifiesta que verso o del título de esta antología, para
“Dios es amor”, el filosófico de Nietzsche sugerirle al lector, que si el amor ya no
cuando expone que “hay siempre algo de acompaña, puede ir… a conseguir esta va-
locura en el amor; pero siempre hay algo liosa obra, bien sea montado en una cesta
de razón en la locura” o hasta el político de transporte público o privado con la que
expuesto por Arturo Muñoz al sostener atraviese los ríos de calles del lugar donde
que “la democracia como el amor, puede se encuentre y con ayuda divina pueda
sobrevivir a cualquier ataque, menos al hallar un ejemplar, para que la calidad de
abandono y a la indiferencia”. sus escritos puedan rescatarlo.

Luna Nueva No. 35 91


En éste, su tercer libro, la voz del poeta
se alza para ennoblecer el trasegar de los
desesperados; se sumerge en las pregun-
tas: “¿Dios, la tierra dejará de ser fangosa?
/ ¿Hasta cuándo el temor se alojará / sobre
la pierna del marginado, / en su llanto
que prefiere morir anónimo, / muy lejano,
sin resplandor?” Pero sabe que no habrá
respuestas del creador a sus interrogantes;
confía su voz al viento porque conoce el
conjuro del olvido, por eso sentencia:
“Trama y urdimbre del tiempo, / sobre las
rocas el mudo valor de las palabras”.
El libro, dividido en cuatro partes, traza
un periplo por las coordenadas del desam-
paro y la miseria, de la mascarada de los
Título: Tras los versos de Job. idólatras, aunque el poeta, como el viejo
Autor: Gabriel Arturo Castro.
Job, no pierde su norte; se reconoce entero
en la escena; exorciza el miedo con sere-
Editado por Casa de Poesía Porfirio Barba
nas sentencias: “Vivimos sentados sobre la
Jacob, 2009, 90 páginas sangre y sin embargo otros / hablan de la
pequeña habilidad o la breve tolerancia.”
Una vez más Job indaga al Creador, pero
sus dudas son a la vez la certeza del justo;
Job tras “el mudo valor en este sentido, la obra de Gabriel Arturo
de las palabras”
Castro, desde Libro de alquimia y soledad
(1992) ha evidenciado una búsqueda
personalísima de la integridad y con tal
Por: J. J. Guzmán Abella propósito ha labrado versos que ponen
de manifiesto la relación entre el actuar
y el decir. La suya es una obra sólida que
Tras los versos de Job es el título de la se abre un lugar destacado en la reciente
obra que resultó ganadora en el Concurso historia de la poesía colombiana, sin ha-
Nacional de Poesía Porfirio Barba Jacob, cer concesiones a nadie ni a nada.
entregado por la Casa de Poesía del mismo
Al decir de Víctor López Rache, Tras los
nombre, con sede en Envigado. Su autor,
versos de Job “es lamento rabioso y despo-
el bien conocido poeta Gabriel Arturo
jado de preciosismos estériles y precisio-
Castro, nos conduce por un laberinto de
nes forzadas. Es el lamento poético de un
palabras que trasiegan los inciertos cami-
tiempo. Es el lamento que deja una historia
nos de la lucidez, en un mundo hecho a
escrita, libre de palabras plenas que, ob-
la medida de la estulticia.
vio, no pueden usar los seres destrozados
Quienes han conocido la obra de este que han elegido expresar los vaivenes de
poeta bogotano nacido en 1962, dan su alma con palabras rotas”.1
cuenta del rigor de su palabra, del peso
que adquieren sus versos en metáforas
cuyo fin último es poner de relieve el 1 LÓPEZ RACHE, Víctor. La espiral de Job.
Reseña en:
poder creador del verbo. http://lapipademagritte.blogspot.com

92 Luna Nueva No. 35


La poesía de Horacio Benavides padece
y contempla el amor desde todas las dis-
tancias y lejanías por caminos de sueño y
de cielo. No necesita del poema extenso
para acceder al prodigio donde los poe-
tas somos respondidos. No estamos muy
seguros de poder creerle en lo de estar
curado al fin, si su principal empeño es
recordar a la muchacha que conocerá
mañana, sin posibilidad de pausa en el
corazón para alejar “de mí tu mal”. Entre
nosotros el sonido, la música, deben bro-
tar del significado – música del sentido -,
de las imágenes, entre el sueño y la vigilia.
Estos son también poemas con dolor de
Título: De una a otra montaña amor pero donde “sin razón se florece”
Autor: Horacio Benavides y con los cuales parecen sazonarse las
Colección de Poesía Universidad Nacional mejores canciones.
de Colombia, Aquí hago de lado la escritura para volver,
Bogotá, 2008, 362 páginas. con mejor libertad, a esta baraja reno-
vadora de poemas. En estas páginas de
Horacio entramos entonces en posesión
de la sabiduría, de esa ciencia venturosa
Una búsqueda de lo que consiste en ver la belleza de cada
blanco cosa y que culmina en el entendimiento
beatífico que mezcla un alma sensitiva
con un paraíso pensante.
Fragmento del prólogo de
Augusto Pinilla

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En vano el lector de poesía rastrea el sig-
nificado de las palabras y anhela que éste
coincida con lo modos habituales con los
que ellas hacen mundo y le inventan su
propia cotidianidad; mas el poema ocupa
su territorio con afanes de asalto, hurta
palabras y fragmentos de sentido de su
tesoro íntimo, y luego, con sigilo, huye a
su fortaleza, a ese otro mundo nuevo que
está por acontecer y que aun así reclama
el generoso oficio de la lectura para hacer
manifiesta su existencia.
Así nos maravilla la poesía de Antonio
Zibara, una arquitectura del lenguaje, que
aunque reconocemos ancestral y próxima,
disuelve el significado habitual de las
palabras, para instalarse como imagen
palpable, aprehensible, con sus rugosas y
dóciles depresiones, con su pesado volu-
men y su ligereza de aire y de música. Una
poesía que ejecutada para la lectura, sólo
Título: Esa pausa del viento es cuando aprendemos a verla, a otearla
Autor: Antonio Zibara en su movimiento, a gozarla como visión
Colección Tierra Baldía, Cali, 2008, 73 pá- y descubrimiento de ese otro mundo, que
ginas. es su promesa.
Todo lo que nombra la poética de Zibara
es común, es familiar y no obstante es in-
édito, es inusual, se nos revela por primera
vez. Es un retorno al inicio, quizá a ese
Esa Pausa del viento instante donde las palabras salen a hacer
su faena, vulnerables al azar y activas en el
misterioso diálogo donde todas las cosas
Por: Julián Malatesta interrogan su memoria.

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