I.E.S. DELICIAS Departamento de Ciencias Sociales 2º de E.S.O.

EL VALLADOLID DE EL HEREJE

Arturo Caballero Bastardo

OBJETIVO DE LA ACTIVIDAD
Miguel Delibes (Valladolid, 1920-2010) publicó en 1998 El hereje. Era su última obra de empeño y un manifiesto contra la intolerancia a través de la peripecia personal de Cipriano Salcedo un protestante, imaginario, del núcleo luterano de Valladolid. Pero el libro también es un homenaje a su ciudad y, dada la extensa documentación manejada por el literato, un fresco de la economía, la sociedad, la religión, la historia en definitiva, de aquellos momentos en los que nuestra ciudad se convirtió en “Corazón del mundo hispánico”. Todos estos temas son estudiados en el curso 2º de E.S.O., al que va dirigida esta experiencia. En primer lugar, los alumnos han leído el libro de Miguel Delibes apoyados en un cuestionario elaborado a tal efecto, así como en un resumen del mismo. En segundo lugar se ha procedido a la visita a los lugares más significativos del Valladolid en el que se desarrolla la novela usando, en parte, “La ruta del hereje” organizada por el Ayuntamiento de Valladolid y tomando notas de las explicaciones proporcionadas “in situ” por los profesores acompañantes. En tercer lugar visitaremos la exposición El viaje de los libros prohibidos en la que también se tomarán notas en el cuaderno de trabajo. Finalizaremos en clase estas actividades con análisis de textos e imágenes y se concluirá con una prueba que sirva para evaluar el trabajo desarrollado. Aunque este departamento ya había organizado actividades complementarias con este tema, es de justicia indicar que, esta vez, el detonante ha sido una espléndida exposición: El viaje de los libros prohibidos organizada por la Fundación Miguel Delibes y el Ayuntamiento de Valladolid y comisariada por Antonio Sánchez Barrio y Alfonso León a quien agradezco las facilidades proporcionadas para la documentación visual.

BREVE HISTORIA DE VALLADOLID

Valladolid nace a mediados del siglo X vinculada a los procesos de repoblación del valle del Duero. Su núcleo primitivo se situaba alrededor de la Iglesia de San Pelayo, actual plaza de San Miguel, y dependió de Cabezón. La época de Almanzor fue negativa para toda la zona pero a mediados del siglo XI con Fernando I la población poseía una fortaleza ubicada en el actual convento de San Benito. En 1072 el rey Alfonso VI concede la villa al Conde Ansúrez, personaje destacado de su corte. Éste mandó construir la Colegiata, la Iglesia de la Antigua y el puente Mayor. El crecimiento de la población se orienta hacia el este por la calle de los Francos y la plaza de Santa María y al noroeste hacia el puente Mayor. La hija del conde Ansúrez, María, se casó con Armengol de Urgell y sus herederos poseyeron la villa hasta 1208 en que volvió al poder de la corona. Durante los siglos XII y XIII Valladolid creció de forma espectacular hacia el sur saltándose el cauce del Esgueva y avanzando hacia un espacio abierto (que luego sería la Plaza Mayor) y más tarde hasta la calle Santiago, Olleros y Teresa Gil. En 1152 Alfonso VII otorgó la posibilidad de celebrar una feria anual. A lo largo del siglo XIII la importancia de la villa

en el contexto regional crece. En 1217 se corona en la plaza del mercado a doña Berenguela y otra reina, María de Molina, tuvo aquí su residencia en el actual convento de Huelgas Reales. A finales del siglo XIII la antigua y precaria cerca se transformó en una muralla que se ajusta al sur y al oeste según el trazado de los ríos poseyendo ocho puertas. Su población era heterogénea: leoneses, castellanos, catalanes, francos, gallegos, asturianos, vizcaínos, una minoría de judíos y unos pocos mudéjares. La organización municipal estaba controlada por el concejo que fue cayendo progresivamente en manos de algunas familias nobiliarias y que amplió su dominio al entorno: Cigales, Tudela, Cabezón, Simancas. En los siglos XIV y XV Valladolid crece hacia la zona de Tenerías, San Andrés y Mantería. El interior se llena de palacios y de edificios universitarios: San Gregorio y Santa Cruz. Se reubica a los judíos en el barrio de San Nicolás y a los mudéjares en el barrio de Santa María. Aumentó al número de conventos (San Benito se levanta a finales del siglo XIV) y la Universidad comenzó a tener relevancia a partir de 1346 cuando el Estudio adquiere el carácter de General con las facultades de Derecho y Artes que, a comienzos del siglo XV, se ampliarán con las de Teología y Medicina. El final de la Edad Media es la época del asentamiento en la villa de grandes familias nobiliarias los Pimentel, Enríquez, Estuñiga, Sandoval y Vivero. Valladolid era de hecho la capital política de la corona como puede apreciarse por las veces que las Cortes se reúnen en ella. En 1442 se había instituido la Chancillería que se hizo efectiva en 1489 con lo que se multiplicaron los hombres de leyes. En 1469 se casaron en Valladolid los Reyes Católicos. En 1500 se fundó al tribunal de la inquisición. En 1506 murió Colón. En 1517 se juró a Carlos como rey. En 1518 se despide a Magallanes y en 1522 se recibe a Elcano. En 1527 nace Felipe II. La importancia de Valladolid era tanta que en 1521 se la denominaba “Llave de este reino, plaza de España, mundo abreviado”. En 1520 Valladolid tenía entre 25.000 y 30.000 habitantes y se habían incrementado las actividades artesanales (textiles, cueros) y comerciales, pero lo más llamativo era la industria vinculada al lujo: plateros, joyeros, peleteros, pintores y escultores. A la primitiva feria de Cuaresma se habían unido otras dos: en 1263 la concedida por Alfonso X y en 1444 la otorgada por Juan II. Acudían naturales del país y extranjeros, italianos como Alfonso Nelly y flamencos como Juan de Yprés. La importancia que los Reyes Católicos concedieron a la feria de Medina del Campo hizo que la actividad comercial de Valladolid decayera. El proceso de crecimiento llega a su culminación en el reinado de Carlos I calculándose sus habitantes en cerca de 40.000. Se rellenó con edificaciones el espacio entre el puente Mayor y San Pablo por la calle Imperial. También la zona de Tenerías. En la ciudad había paseos agradables, como el Prado de la Magdalena y el Espolón, aptos para la actividad lúdica de una villa que no es capaz de mantener su tono artesanal y acentúa las actividades de servicios y consolida su tendencia proaristocrática. En 1559 se celebró en la Plaza del Mercado Viejo el auto de fe contra los protestantes y dos años después en 1561 se produjo allí mismo el desafortunado, por un lado y venturoso por otro, incendio que cambió el aspecto del centro de la villa construyéndose la Plaza Mayor. En ese mismo año Felipe II había ordenado el traslado de la Corte a Madrid lo que provocó la reducción de sus habitantes a la mitad. Esta situación no la evita ni la adquisición en 1595 de la categoría de sede episcopal (con lo que su colegiata se convierte en catedral) ni la concesión del título de ciudad. La peste afectó a la ciudad en 1599 matando a 6.600 vallisoletanos lo que contribuye a la despoblación. El último intento por recobrar la importancia perdida data de 1601 cuando la ciudad soborna al válido de Felipe III, el Duque de Lerma, para que la Corte retorne a Valladolid permaneciendo aquí hasta 1606, aunque las condiciones no eran adecuadas para mantener a las 60.000 personas que llegaron a vivir. En 1605 nació Felipe IV, ésta época está recogida en un libro del portugués Pinheiro da Veiga titulado Fastiginia vallisoletana. Con la marcha definitiva de la corte se inicia un periodo de decadencia respecto al conjunto de España aunque mantuvo su prestigio regional que crecerá progresivamente a los largo de los siglos XIX y XX; en la segunda mitad de este último, Valladolid era, de hecho, la ciudad más importante de Castilla y León tanto por sus habitantes como por sus funciones comerciales y por las instituciones políticas autonómicas que en ella se asientan.

RECORRIDO URBANO

1.- SANTA CRUZ

2.- LA COLEGIATA

3.- LA ANTIGUA.

4.- COLEGIO DE SAN GREGORIO

5.- SAN PABLO

6.- LOS PALACIOS

7.- CONVENTOS DE MONJAS: SANTA CATALINA

8.- CONVENTOS DE FRAILES: SAN BENITO

9.- PLAZA MAYOR

10.- SANTIAGO

EL HUMANISMO
A comienzos del siglo XV, especialmente en Italia, se tenía la sensación de vivir en un nuevo contexto histórico. La nueva sociedad comenzó a destacar el papel del individuo y de las propias naciones; este intento de explicación de todo a través del antropocentrismo, por oposición al teocentrismo medieval, es lo que denominamos Humanismo. Los humanistas (Erasmo de Rotterdam, Tomás Moro, Luis Vives) se acercaban a la realidad con criterios más racionales, aunque ello chocase con lo tradicionalmente admitido por la iglesia y cuestionaban los usos y costumbres de la sociedad del momento. Fue imprescindible en este cambio la difusión de la imprenta de tipos móviles que descubrió Johannes Gutenberg a mediados del siglo XV lo que permitió una mayor rapidez en la difusión de las novedades intelectuales y un acceso de poblaciones más numerosas al mundo de la cultura. La Iglesia, en la que coexistían dignatarios ejemplares con otros más preocupados por lo mundano, se encontraba en una situación bastante débil desde el punto de vista moral. Este ambiente de deterioro, ya criticada por Erasmo, terminó siendo aprovechado por quienes, como Lutero o Calvino, deseaban una ruptura con Roma en su búsqueda de una religión más vinculada a lo personal, en la que tenían importancia absoluta la fe y el contacto personal con los textos sagrados, que se tradujeron a las lenguas vernáculas, al mismo tiempo que se rechazaban algunos sacramentos, la ornamentación de las iglesias, el culto a las reliquias y se abolían las órdenes monásticas. La reacción de la Iglesia católica, conocida como Contrarreforma, fue tardía y no se concretó hasta el Concilio de Trento (1545-1563) que transformó la práctica religiosa de los territorios bajo su obediencia. Con él se corregían muchos abusos como la ausencia de los obispos de sus diócesis, se regulaba la formación de los sacerdotes y se obligaba a llevar un registro de las actividades religiosas de los fieles. Frente a los protestantes se insistía en que además de las Sagradas Escrituras, existía la autoridad doctrinal del Papa y de la Jerarquía eclesiástica; se impuso un único texto latino (Biblia Vulgata) para el Antiguo y el Nuevo Testamento; se reafirmaron dogmas como la presencia real de Cristo en la Eucaristía; se mantuvieron los siete sacramentos; se insistió en la importancia para a salvación tanto de la fe como de las obras y conservó el culto a la Virgen y los santos. Pero ya era tarde. La unidad religiosa de Europa había desaparecido.

LA PERIPECIA VITAL DE EL HEREJE

A.- De ciudades, viajes y libros Durante la Edad Moderna el europeo podía hacerse una idea adecuada de cómo era el mundo porque los descubrimientos de portugueses y castellanos habían contribuido a cambiar el concepto restringido que se tenía de él. El desarrollo de la imprenta lo había facilitado por medio de descripciones y de grabados como los contenidos en el Civitates Orbis Terrarum (Braun y Hoefnagel, 1572-1617). Por tierra (a pie, a caballo, en carro) y por mar era posible desplazarse por toda Europa y realizar el viaje de ida y vuelta a las Indias orientales y occidentales. La imprenta se convirtió en un instrumento de difusión ideológica que el poder político y, especialmente, el religioso intentaron controlar. El conocimiento de las Sagradas Escrituras fue el principal campo de batalla. Los reformistas (no solo los protestantes) deseaban un fácil acceso al Antiguo y al Nuevo Testamento lo que era rechazado por la Iglesia Católica que mantenía el control de la doctrina a través del uso del latín, conocido sólo por los sectores más ilustrados. Allí donde podían todos aplicaban la censura.

B.- La actividad económica Desde finales de la Edad Media, la vieja Castilla había desarrollado una actividad económica notable basada en la fertilidad de sus tierras de labranza que eran explotadas en la Edad Moderna en base a un sistema semifeudal que no excluía la existencia de ricos labradores que podían lograr medios más que suficientes de subsistencia. Los bueyes empezaron a ser sustituidos por las mulas y se siguió manteniendo el barbecho como sistema fertilizante. De la vid se extraía el vino de consumo habitual entre todos los estamentos. Algo de olivo, legumbres y, allí donde había agua, cultivos de huerta y frutales completaban el sector básico de la alimentación. Desde el siglo XIII, la agricultura se complementaba con la explotación de los grandes rebaños de la nobleza y las órdenes religiosas; la lana obtenida era fuente de ingresos para sus propietarios y para la monarquía que gravaba impositivamente la exportación de los vellones a Flandes donde era reelaborada y convertida en tejidos, en perjuicio de las producciones textiles dentro de Castilla. Este comercio permitió el enriquecimiento de una burguesía que acudía a ferias (Medina del Campo, Medina de Rioseco, Villalón) que posibilitaron el surgimiento de banqueros que mantenían relaciones económicas con las principales ciudades europeas. La riqueza se vio pronto acompañada del lujo que se incrementó a medida que llegaban las remesas de oro y plata americana que posibilitaron el desarrollo de actividades vinculadas a las artes aplicadas y a las bellas artes.

C.-De reyes, nobles, burgueses y campesinos. A comienzos del XVI había llegado una nueva dinastía, los Habsburgo, que heredaron algunos de los aspectos políticos comenzados a desarrollar por los Reyes Católicos. En la cúspide del poder se encontraba un rey autoritario (se había encargado de sofocar el levantamiento de las Comunidades) que ausente la mayor parte del tiempo de sus estados (Carlos I) o asentado definitivamente en ellos (Felipe II) podía ejercer un control limitado sobre el territorio y las personas por las legislaciones propias de cada uno de los reinos sobre los que gobernaban. El poder se ejercía por medio de funcionarios (letrados) y de nobles (quienes seguían formando los cuadros del ejército) que controlaban a través de los Consejos la vida de los territorios y por medio de regidores y corregidores la vida de las ciudades. Aristocracia y clero estaban exentos de pagar impuestos por lo que burgueses y campesinos desean, a toda costa, obtener un título de nobleza que les evite contribuir a la hacienda pública; estas exenciones causaron un grave perjuicio a la monarquía porque un noble no podía dedicarse a actividades productivas y, además, se desarrolló en toda la sociedad un sentimiento proaristocrático que impidió el progreso económico en siglos siguientes. Los campesinos asalariados y los trabajadores eran, sencillamente, los abandonados del sistema. El ejército era una más que discutible salida para ellos.

D.- Los religiosos disidentes. La religiosidad española del siglo XVI está profundamente marcada por un catolicismo intolerante que intenta evitar los problemas políticos planteados en los territorios que habían desarrollado las ideas de la Reforma. La Iglesia española ya había sido depurada, en parte, por el cardenal Cisneros y por ello no era tan grave el problema que planteaban las costumbres y las actuaciones de los clérigos. Durante los primeros decenios del siglo XVI, la influencia de Erasmo fue notable llegándose a polemizar públicamente en Valladolid sobre la ortodoxia de sus escritos. Sin embargo, la deriva protestante en Europa obligó a las autoridades españolas a plantearse el respaldo a Erasmo muchos de cuyos libros fueron censurados por Roma. La Instauración de la Inquisición en 1478 sirvió para perseguir primero a los conversos del judaísmo y luego a los escasos protestantes españoles que pretendían la vivencia de una fe más acorde con la modernidad y más centrada en la justificación (Cristo nos redime con su muerte y eso ya es bastante), la inexistencia del Purgatorio (hoy la Iglesia niega que se trate de un lugar) la crítica al culto a las reliquias (que se consideraban idolatría) y la necesidad de acceder a los textos sagrados traducidos al castellano (Biblia del Oso, Casiodoro de Reyna, 1569 y Cipriano Valera, 1602). El proceso al obispo Carranza (1559-67) y los autos de fe de Valladolid (1559) y Sevilla (1562) zanjaron de forma sangrienta la cuestión.

e) El auto de fe La Inquisición moderna, en contra de lo que podríamos pensar, fue muy popular entre la sociedad española que se movió entre el temor que provocaba y la exaltación festiva de los autos de fe. El camino de un hereje se iniciaba, generalmente, por una delación anónima que llevaba a la cárcel (no más tenebrosa que las comunes) y a la instrucción de una causa en la que se recababan testimonios y la propia declaración del acusado al que, para que confiese, se le puede dar tormento (como al resto de delincuentes) que generalmente eran o la garrucha (colgar al reo para luego dejarle caer) o el potro (estirar sus miembros). Decidida su sentencia, se realizaba un acto público, el auto de fe, en el que se leía en presencia del reo las razones de su condena y la sentencia correspondiente que podía consistir en penitencia, encarcelamiento temporal o perpetuo y muerte en la hoguera. De mostrar arrepentimiento, al reo, antes de quemarlo, se le estrangulaba (dar garrote); también podía quemarse en efigie e incluso a cadáveres en caso de haberse probado su herejía. La coroza y el sambenito (diferentes en función de la pena) eran una lacra que soportaban individualmente a lo largo de su vida y las familias de los condenados durante mucho más tiempo porque se colgaban en las parroquias a las que pertenecían.

El Valladolid de El Hereje es una actividad del Departamento de Ciencias Sociales del I.E.S. Delicias de Valladolid organizada con motivo de la exposición El viaje de los libros prohibidos octubre 2013 -0-

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