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CUANDO LOS ERROR
ES
SON UN MITO

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E R U D I C I Ó
N
CUANDO LOS ERROR
ES
SON UN MITO

Edison Angulo Calderón

2009

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E R U D I C I Ó N

2009 por Edison Angulo Calderón.


Publicado en Quito DM, Pichincha,
Ecuador.
Eagroup2009@gmail.com

Título de la obra: ERUDICIÓN. Cuando los


errores son un mito.
ERUDICIÓN. (er)
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E R U D I C I Ó N

INVESTIGACIÓN

Aun aquellos que son letrados


pueden carecer de entendimiento
cuando se limitan a leer, hay que
examinar cada palabra de una
frase. Empaparse de cada
expresión, humedeciendo la mente
de las verdaderas intenciones del
autor que se lee, tal y como una
cadena está conectada por
eslabone, las oraciones recogidas
en los párrafos de una lectura, se
sujetan palabra a palabras
formando así, la bellísima sintaxis
de los parágrafos editados por el
artista que se esfuerza por

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transmitir la conceptualización de
una idea.

Ahí, es donde la investigación


prepondera la mente volátil de
aquellos que queriendo ser
eruditos, muestran su insaciable
deseo de conocer aún más de lo
que ya saben, por que el
conocimiento del erudito es como
una gota en el mar que nunca se
ahoga, una gota de agua dulce que
rodea al salino mar sin confundirse
ante tanta información vana.

El investigador promedio no puede


menos que continuar el trabajo de
otros hombres o mujeres que
teniendo sus mismos propósitos se
adelantaron muchas veces a su
nacimiento o a su deseo de
emprender la fatigosa tarea de
conquistar las barreras de una
mentalidad que no se satisface con
lo ya expuesto en las
enciclopedias. En realidad, el
investigador sincero reconocerá
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que lo máximo que podrá hacer
por la comunidad que lea de su
investigación es aportar unos
cuántos detalles más de un tópico
en particular ya expuesto, siempre
el beneficio máximo será para él
mismo y también en una escala
menor, para quienes prosigan con
su investigación una vez que sus
días de captación y exposición
mediática fallezcan al igual que
con su persona. Si de algo le sirve
al investigador estudiar y exponer
sus estudios, es perpetuar en
ciertas personas sus ideas por
años, lustros, siglos o milenios.

Todo investigador posee crédito y


fama solo cuando se basa en
estudios anteriores, aquel que
revoluciona un pensamiento
basado en la probabilidad de algún
hecho, tan solo podrá obtener el
magno título de descubridor o de
conquistador, en realidad
mayoritariamente estos personajes

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son reconocidos por la historia
como revolucionarios.

Todo revolucionario deja huérfanos


a sus ideales de la superación
elemental de la mente. El
revolucionario mental promedio se
sujeta a la ira y la improbabilidad
de necesidades populistas, esta
clase de débiles investigadores
políticos jamás se convertirán en
eruditos, pues han traicionado su
intención de aportar a la sociedad
en la formación de un elemento
esencial del hombre, el saber y lo
han reemplazado con un
subterfugio mental descarado, el
poder. Por su parte el
revolucionario del pensamiento
solo tiene una cosa en mente,
inventar un proceder distinto al
normal o regular, para convencer,
si es posible hasta a sus
opositores.

Pero no todo revolucionario es


inclinado hacia el engaño o la
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violencia, porque hay aquellos que
aun cuando dejan su investigación
vetada, se convierten en idealistas
necios, pero su necedad depende
de la clase de oposición que
sostengan. El idealista promedio
lucha en buena hora por resurgir
algunos derechos perdidos, por ver
nacer hábiles procedimientos de
vida, por evolucionar lo inverosímil
en paradigmas provechosos.
Increíblemente el idealista tiene
por enemigo más acérrimo al
hombre realista, al hombre
práctico que no posee el perfil del
investigador, el hombre realista es
el ser inteligente que aplica lo que
las tesis enseñan, se opone por
tanto al idealista que como
revolucionario pacífico es un
soñador romántico de las
sociedades más golpeadas por los
efectos de sus colegas, los
revolucionarios sincréticos,
aquellos que mezclan filosofía
inútil con política bélica
paramilitar. El idealista es
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reconocido siempre como el
vencedor de las eternas derrotas,
aunque las sociedades se
compadezcan de él, el idealista
enfrenta cada lucha ardua aun con
argumentos de sobra con los
resultados perpetuos de una
guerra pírrica.

El investigador que no termina lo


que empieza, es similar al hombre
que lanza un anzuelo sin carnada a
río que no contiene vida acuática.
Jamás conseguirá nada y hasta su
nombre será olvidado por la
historia, éste hombre es odiado
por su gremio a la vez que es
aplaudido por aquellos que
científicamente le buscan una
escusa a todo.

Charles Darwin evolucionó su


propia mente a ideas tan
conjeturables que su libro de las
especies es una madeja de lana
con muchas hebras que no se
tocan, esta es la clase de
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investigadores que no se
concentran en la escatología del
hombre sino en su inicio, su
investigación es un ejemplo
sencillo de caminar horas por el
desierto con muchas rutas para
escoger cualquier vía de escape en
busca de una ‘verdad’, mirando
con fijeza la irrealidad de un
espejismo en el oasis de la
incertidumbre. Esta es la autentica
clase de investigación que jamás
encontrará la autentica verdad,
pues todo lo que se expone es una
suposición de un investigador
versátil pero mentiroso.

Como se puede observar, el


investigador puede verse tentado
a desfallecer su convicción de
aprender y enseñara a la vez,
desviándose en tantas
ramificaciones del mal llamado
conocimiento. El verdadero
investigador, tarde o temprano
llega a convertirse en una
autoridad de su materia, a ser un
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verdadero erudito acreditado por
la verdad. El erudito verdadero
recibe la acreditación
simpáticamente de todos los que
se esfuerzan por ser
investigadores, generalmente al
erudito no se lo puede vencer sino
apoyar o reforzar, pues éste llega
a la cima de su práctico estudio
basando sus aseveraciones en la
verdad y confiando en el sistema
de investigación de eruditos
preliminares a él que también son
públicamente catalogados como
cultos y veraces.

El erudito por tanto es la suma de


todo lo que ha aprendido,
lamentablemente el erudito no
puede menos que agradecer que
una sociedad multinacional le
reconozca como tal, pues nadie
recordará si fue un buen esposo, o
buen padre o un buen hijo. El
erudito con tanto conocimiento y
saber se encajona solo en un
mérito, el reconocimiento. Del
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erudito solo se llega a conocer
algo, el nombre, poco se sabe de
su biografía, o poco interesa.
Irracionalmente el idealista
perdura más, y en muchos casos,
es un modelo de las pasiones más
intimas de los pueblos
subyugados. El revolucionario
sincrético deja huella en la masa
humana que llega a veces hasta a
adorarle, éste por lo general se
mantiene vivo en los apartamentos
de sus seguidores que poseen una
calcomanía, fotografía o poster
sobre las paredes de sus
habitaciones o en las partencias de
su billetera, o estampado sobre el
pecho de su camiseta e inclusive
hasta tatuado en la piel, una
aserción de esto es el fallecido
argentino Ernesto “El Che”
Guevara, revolucionario de su
investigación política social, pero
no un erudito en esta materia. Aun
el revolucionario mental más
simple siempre deja un precepto
que la sociedad recordará sin
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ninguna.

Parece hilarante este hecho, pero


así sucede con el erudito, tiene el
crédito de la verdad, pero el
descrédito de quienes no lo
conocieron personalmente. Por
ejemplo, el erudito James Strong,
posee grandiosas obras de estudio
etimológico que aportan mucho a
las mentes de quienes hacen de
los estudios hermenéuticos el
proceso de su saber, pero
significativamente lo que se sabe
de Él es poco, si a caso el nombre,
y lo que es peor, a nadie le
interesa saber qué clase de
hombre era.

El erudito seguramente en la
mayoría de los casos, no debe vivir
de su trabajo, sino que vive aun
muerto por su trabajo. El erudito
puede ser un idealista reprimido y
un revolucionario frustrado, pero
siempre será un disciplinado y
abnegado objetor de su propia
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conciencia, pues nunca traiciona el
trabajo de la investigación. Rara
vez se encuentran críticas
exacerbadas en contra de los
eruditos, en casi todos los casos,
quienes promueven dicha crítica
son incultos hombres que dicen
saber las cosas por lo que piensan
y no por las tesis tangibles, a estos
la ignorancia los domina
enfocándolos a su ridícula ira de
pensamiento común, pues creen
saber más que los doctos, por la
tradición que por las pruebas.

Un caso notable es el del físico y


astrónomo italiano, Galileo Galilei.
Su investigación acertada le llevó a
decir que la tierra giraba en torno
al sol, para su época esta clase de
investigación lo convirtieron en un
erudito acreditado por la verdad,
sin embargo la crítica oposición de
la Iglesia católica a sus ideales, no
menguó su determinación de
exponer sus teorías científicas y
exactas. Por sus estudios y
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fidelidad a la verdad, éste erudito
se negó a vivir una mentira de
acuerdo a lo que acababa de
descubrir y por ello fue condenado
a prisión perpetua.

Este caso muestra que el


verdadero erudito muere por sus
ideales, por su investigación
acreditada. Los verdaderos
eruditos por ende aman sus
estudios veraces y no se venden
ante nada. Otros eruditos sin
embargo, puede que ante el temor
de la muerte prefieran vivir, o
luchar por su vida. En este caso la
cobardía es tan solo el resultado
natural innato de subsistencia,
pero sin duda desvaloriza la fuerza
del erudito de calidad. No
obstante, el erudito cobarde es
adscrito al erudito valiente, pues el
erudito es un estudioso
investigador, no un mártir.

Tristemente el erudito muere


haciendo muy poco para sí mismo,
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con los siglos lo único que las
personas obtiene de aquel hombre
exacto, es uno o varios de sus
libros por el precio justo de las
editoriales sensibles al trabajo
investigativo de estos verdaderos
hombres-ciencia.

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