ARTE PÚBLICO Y ESTUDIOS REGIONALES.

UNA REFLEXIÓN SITUADA EN Y DESDE BAHÍA BLANCA
Diana Ribas Universidad Nacional del Sur diribas@criba.edu.ar

Si la construcción de una tradición siempre es una de las posibles, deseada y, por lo tanto, ficcional, en Argentina, nación que se configuró a futuro a partir de un proyecto que incluyó a fines del siglo XIX una fuerte presencia inmigratoria, esta vinculación con el pasado se vuelve más problemática. En Bahía Blanca, localidad ubicada a 700 km al sur de la Capital Federal, los doscientos años festejados como hito fundacional han adquirido, a su vez, un carácter aún más ficcional, puesto que hasta 1828 -en que fue construido el primer enclave militar- este territorio de salitre y cangrejales era Huecufú Mapu, es decir, lo que los indígenas denominaban el “país del diablo”. Por lo tanto, ¿qué recordar?, ¿cómo se articula nuestra historia regional, en un sentido micro, con la nacional y la latinoamericana? ¿De qué manera ha quedado esta impronta en el arte público bahiense? En estas preguntas subyace, más allá del análisis de caso, una problemática teórico-metodológica respecto de cómo abordar los estudios en localidades del interior de nuestro país, sin caer en los dos peligros que significan, por un lado, la aplicación mecánica de procesos generales al “pago chico” ni, por otro, el localismo, que vuelve interesantes los datos anecdóticos sólo dentro de la propia comunidad. En efecto, como señala Sandra Fernández (Fernández, 2007), si bien estos lugares comunes han sido cuestionados por muchos historiadores, en la práctica, son pocos los trabajos que logran reflejar procesos más amplios sin perder la especificidad de lo local, construyendo una trama compleja. Esta situación se agrava en el campo de la historia del arte argentino, en el cual las investigaciones fuera de las grandes metrópolis son aún incipientes y aisladas. Es necesario tener en cuenta, además, que como señala esta investigadora rosarina, si bien los estudios regionales y locales tienen un correlato que los liga al espacio:

Huelga decir que la calificación de regional/local es polisémica y que, por lo tanto, múltiple es su utilización terminológica. En tanto vocablos de uso corriente, regional y local recorren buena parte de la agenda pública, referenciando desde problemas continentales a dinámicas barriales, pasando transversalmente por las alternativas provinciales, departamentales y urbanas. De igual modo, tal como se ha observado en una profusa bibliografía, su empleo es más habitual en el diagnóstico de problemas, interpretaciones académicas y diseño de políticas orientadas desde campos como los de la sociología, la economía, la política y el urbanismo, entre otras. (Fernández, 2007: 33)

Se propone, entonces, aprovechar la potencialidad del in situ como un disparador para reflexionar acerca de las posibilidades de intersticialidad, de pliegues, despliegues y repliegues a los sentidos impuestos desde los centros hegemónicos en la ciudad de Bahía Blanca. En este sentido, establecer un puente entre las producciones simbólicas del pasado y del presente en esta ciudad del interior de la República Argentina en donde la historia parece desarrollarse “en cámara rápida” (Barrán, 1991:14), permite cuestionar el binomio centro-periferia como matriz de análisis (Castelnuovo y Ginzburg, 1979) y proponer la utilización de una cartografía rizomática, multifocal y dinámica (Deleuze y Guattari, 1996). Por otra parte, al distinguir entre las manifestaciones de arte público aquéllas que tienen un objetivo decorativo y las que tienen una función conmemorativa, surgen nuevos interrogantes. ¿Son los monumentos vestigios documentales que contienen una parte reducida del conjunto de los hechos convertidos en datos de ese pasado irrecuperable? ¿Es válido afirmar que esas huellas en el espacio en las que queda anclado un grupo y un tiempo ya no tienen vigencia en el siglo XXI? Es indudable que son representaciones construidas y constructoras que están insertas en la trama histórica (Chartier, 1990), no obstante la aceleración de la vida contemporánea los transforma en volúmenes deshistorizados que, en el mejor de los casos, sirven de marca, referencia o hito urbano (Aguerre, 2009: 333) acompañando el recorrido de los turistas y de los transeúntes y, en la mayoría, se vuelven invisibles. Sin embargo, en las localidades de escala intermedia o pequeña, están allí, a pocos pasos, como soportes de luchas políticas contemporáneas y/o como disparadores que permiten recuperar una función pedagógica, para que los transformemos en

ventanas abiertas que nos lleven al pasado, no con un sentido de huero conocimiento erudito sino como un anclaje para pensarnos y para pensar situados, encarnados, de manera crítica. Desde esta perspectiva esas marcas en el espacio público pueden ser consideradas hitos que dan cuenta de otra pregunta clave: ¿cómo vivimos juntos?, es decir, en nuestro caso, ciudad burguesa (Romero, 2009: 311-324), ¿cómo se articulan el rol privado y el rol social del ciudadano?

Tiempo(s) y espacio(s): San Martín en el Liverpool argentino La “conquista del desierto” efectuada por el Gral. Julio A. Roca en 1879 y la instalación de un nudo ferro-portuario durante el siguiente quinquenio marcaron un antes y un después en la vida de la Fortaleza Protectora Argentina fundada cincuenta años antes como un puesto de avanzada en la línea de frontera interior. Si el tren facilitó la integración al resto del país, en especial a la Capital Federal, ser el principal puerto de aguas profundas del territorio argentino impulsó el ingreso abrupto en el modelo agroexportador que insertaba a Argentina en el mercado internacional como productor de materias primas. Las expectativas de crecimiento eran aún mayores en tanto se proyectaba que Bahía Blanca fuera el puerto más grande del mundo, el “Liverpool argentino” 1 por donde saldrían hacia el océano Atlántico las producciones provenientes desde las zonas con salida natural hacia el océano Pacífico, puesto que la construcción del canal de Panamá era vista como muy difícil y la navegación por el pasaje de Drake como peligrosa. El desplazamiento del eje desde lo militar a lo económico trajo aparejados cambios profundos en lo social y lo cultural. Un aluvión de forasteros –tanto del exterior como del interior del país- confluyó ante las expectativas generadas y

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“[…] hay una nube de súbditos británicos, toda gente distinguida, que se ha apoderado del pueblo y de sus tierras. Los compadezco por el moment o, pues están a comida de hoteles “badilleros”, sin porridge y sin roast-beef; pero si ellos son dignos de lástima por el momento a causa de la vida poco confortable que pasan, serán muy pronto dignos del más merecido encomio porque con sus capitales van a crear la nueva ciudad, el Liverpool argentino.” (Lugones, Benigno. “Una excursión al sur; la vida en Bahía Blanca”. La Nación. Buenos Aires, año 14, nº 3754, 13 marzo 1883, p. 1, col.4.)

transformó a la localidad en la “California del Sur” 2. Se produjo entonces una “segunda fundación” de Bahía Blanca 3, ligada al proceso de modernización (Ribas, 2008). Las modificaciones fueron tan rápidas y bruscas que quedaron en evidencia los poderes dominantes que las promovían. Al capital inglés se sumó un poder político tan ávido de negociados como dividido entre aquéllos que buscaban la subordinación al gobierno provincial que había instalado recientemente su capital en La Plata o los que veían incluso la autonomía como una posibilidad alternativa. El cambio de siglo encontró a la ciudad burguesa con un repliegue hacia atrás: la instalación de una base militar en Puerto Belgrano, que volvía a considerar su situación geográfica como estratégica en vistas a la posibilidad de un conflicto armado con Chile por la cuestión limítrofe. Por otro lado, la presencia cada vez más frecuente de propuestas socialistas y anarquistas entre los inmigrantes culminó en un grave conflicto en 1907: el asesinato de dos italianos por fuerzas del Estado como resolución de una huelga realizada para reclamar mejores condiciones de trabajo en la compañía ferroviaria inglesa. El primer centenario de la Revolución de Mayo encontró a la localidad, entonces, con una población en la que más de la mitad hablaba otros idiomas4 y a la que el Estado intentaba asimilar mediante la asistencia obligatoria de los niños a las escuelas públicas en las que se enseñaba la lengua castellana y la historia nacional. Efemérides y nominaciones a las calles con los apellidos de los héroes del panteón construido por la historiografía liberal fueron utilizadas como marcas en el tiempo y en el espacio que reforzaran ese aprendizaje y el proceso de integración 5 (Bertoni, 2001).

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“Este pueblo, que es ahora una California en que se hablan todos los idiomas, tiene sus ojos puestos en su ferro-carril y en su puerto”. (Lugones, Benigno. “Una excursión al Sur; el puerto de Bahía Blanca”. La Nación, Buenos Aires, año 14, nº 3753, 11 marzo 1883, p. 1, col. 2). 3 “Se está haciendo ahora la segunda fundación de Bahía Blanca”. Ver: Lugones, Benigno. “Una excursión al sur; la vida en Bahía Blanca”. La Nación. Buenos Aires, año 14, nº 3754, 13 marzo 1883, p. 1, col.3. 4 Si bien la consideración de los datos absolutos del crecimiento poblacional ubica a Bahía Blanca como una localidad intermedia, de segunda línea, el análisis del porcentaje en valores relativos permite advertir que, mientras Buenos Aires, Rosario y Córdoba durante el mismo período multiplicaron su población por 8, por 10 y por 4 respectivamente, el nudo ferro-portuario sureño lo hizo por casi 42 (de 1057 habitantes en el censo de 1869 a 44143 en el de 1914). El movimiento migratorio causó, por lo tanto, un fortísimo impacto. 5 Este fenómeno excede el marco local.

La pluralidad lingüística coexistía con la heterogeneidad espacial. Mientras capitales privados británicos eran dueños del puerto, de gran parte de las tierras urbanas y de los campos de la región, el desequilibrio entre la oferta y la demanda habitacional producido como consecuencia del fuerte impacto migratorio generó un aumento del precio de las propiedades, usura y dificultades cada vez mayores para el acceso a la casa propia de parte de los sectores menos pudientes. El Estado, por su parte, en manos de gobernantes locales pertenecientes a los sectores económicamente mejor acomodados fue organizando poco a poco su aparato burocrático como una herramienta para el cobro de impuestos más que para diagnóstico y solución de los problemas colectivos. Enrique Banchs visitó la ciudad en 1910 y observó que “Bahía no tiene paseos, no ha tenido tiempo aún de hacerlos, quizás no tiene tiempo para pasear”. La ideología progresista, impuesta de manera más o menos solapada y con aspectos seductores como la tecnología, se había ido transformando en un mito difuso naturalizado que incorporaba nuevos horarios y la adicción a la velocidad como estrategias disciplinantes de la vida cotidiana. Como dos caras de una misma moneda, para la mayoría las expectativas de progreso fueron postergadas a un tiempo futuro mientras el presente ofrecía múltiples dificultades de adaptación y de supervivencia. Los trabajadores estaban demasiado preocupados y ocupados por el presente y el devenir para prestar atención al espacio público y a las marcas permanentes referidas al pasado. Señala Banchs, respecto de estos últimos:
“El elemento obrero es una potencia como en ninguna otra parte. Están fuertemente organizados, como un bloque, y tienen una cultura bastante acentuada, al menos en el conocimiento de sus derechos. Mucho han hecho en este sentido la propaganda socialista y avanzada, las conferencias periódicas y el mismo espíritu de asociación. Hay cinco sociedades de resistencia, importantes. Su acción se extiende quizás en todas las clases en lo que se refiere a las ideas liberales, o mejor dicho antirreligiosas, lo cual está muy lejos de ser liberal ”. (Banchs, 2006: 12-13)

Este agudo observador advirtió, además, lo siguiente:
Dan a entender los carteles que llenan asombrosamente las paredes en una decoración de teatro o de feria por la danza alocada de colores de un duelo de

vecino por quien pone más grandes, quién tapa a quien, como en los manifiestos políticos. En otro sentido, se piensa que los letreros cuando son tantos tienen un significado que penetrado bien no es despreciable e ilustraría más que cualquier otro detalle sobre el carácter de una ciudad. Representan hervor de vida, ansia de ganar… y mentira. […] Bahía Blanca es casi triste como un obrero. Y sin embargo, con sus calles anchas y sus casas nuevas, es clara y el sol la lava toda con una prodigalidad que la hace sufrir. (Banchs, 2006: 11)

El espacio público bahiense se concibió, entonces, como una zona de proyección de lo privado donde pugnaban por la visibilidad y se dirimían de manera simbólica los intereses particulares. La cartelería, esa forma de nominación propia de la competencia comercial -dinámica y atractiva, pero también agresivamente invasiva -, se yuxtaponía a la ejercida por el Estado en el nombramiento de calles, plazas y parques mediante el ejercicio de una tradición selectiva (Williams, 1980: 137-142), con la cual legitimaba sus derechos a ejercer el dominio frente a la mayoría extranjera, nociudadana. Su presencia, sin embargo, no se verificaba más allá de esa estrategia permanente y estática. Señalaba también Banchs:
El centro de la ciudad lo marca la plaza Rivadavia, tal vez la única. […] Es cierto que hay un descampado señalado para parque, un parque en veremos, que se realizará cuando haya ratos de ocio. Y esta plaza tiene un aspecto de aridez, de raquitismo, como las plazas de los barrios fabriles. Con sus arbolitos cenicientos, sus cuadros donde amarillea el césped y ese carácter de improvisado y reciente que hay aquí en una y otra parte, no es por cierto una invitación al esparcimiento, sino más bien un atajo para gente apurada que corta camino. (Banchs, 2006: 12)

Si se consideran, además, los vientos frecuentes y las temperaturas extremas en verano y en invierno, se comprende por qué el espacio compartido no fue vivenciado como un locus en donde reunirse, sino, predominantemente, como un medio de circulación, de tránsito. En ese contexto, en el cual no era un dato menor la ausencia de escultores en la localidad, la erección de un monumento como homenaje al Centenario nacional fue una cuestión problemática. El concurso de bocetos llamado a artistas nacionales y extranjeros en 1908 quedó sin efecto en tanto el Jurado declaró desierto el primer premio y una de las condiciones de las bases enunciaba que debería encargarse la ejecución al que obtuviera esa distinción. Esta decisión, que generó polémicas y un

viaje “reservado” de la escultora Lola Mora (Corsani, 2005) , derivó en que a menos de dos meses de la celebración se optara por una estatua ecuestre de San Martín. Como afirma María de las Nieves Agesta, el acontecimiento permitió dar visibilidad como grupo emergente con fervor patriótico y capacidad de gestión a los jóvenes letrados de la ciudad que constituyeron una Comisión de la Juventud Pro Centenario con el fin de organizar los festejos. La proximidad de la fecha patria y la urgencia por resolver la cuestión los impulsaron a encargar una réplica a los talleres del fundidor Garzía, en cuyo poder se hallaban los moldes de yeso elaborados sobre la obra de Daumas. Con esta escultura se fortaleció el modelo de ciudad y de espacio público por ellos propuesto:
Si bien esta iniciativa suscitó las críticas de parte de la prensa local que desaprobaba el encargo por tratarse de una obra no original, el eje del debate en los medios periodísticos se articuló principalmente en torno al espacio donde debía erigirse el monumento. ¿Debía ser la Plaza Rivadavia, en el centro urbano, la más reciente Plaza Nueve de Julio o el nuevo Parque Municipal, a pesar de su distante ubicación? Cada una de las propuestas suponía una manera de concebir la ciudad, su desarrollo y sus relaciones con la dimensión simbólica del arte público. La opción definitiva por el Parque significó el triunfo del proyecto “ilustrado” y de su concepción moderna de ciudad atravesada por las ideas higienistas y el modelo civilizatorio europeo. El emplazamiento de la estatua implicó la resignificación simbólica del Parque – denominado, a partir de entonces, Parque de Mayo – y su jerarquización como espacio donde se conjugaban los fines recreativos y pedagógicos. (Agesta, 2009: 12)

La formación de una Comisión de iniciativa privada y los debates que se produjeron en torno al sector de la planta urbana en donde se emplazaría la estatua dan cuenta, por lo tanto, de un desdibujamiento del Estado durante los festejos y de que las pugnas por el poder se establecieron entre distintos grupos de la burguesía local. Distintas concepciones del espacio público coexistían, por lo tanto, en el imaginario local y en ellas no sólo debe considerarse el horizonte político (Gorelik, 2004), sino también el económico. De la misma manera, distintas temporalidades se yuxtaponían y superponían de manera compleja. Mientras aquéllos que habían introducido el time is money hicieron

coincidir la inauguración del “ Gran Club Hotel Sierra de la Ventana ” con una fecha con carga simbólico-mágica -el 11 de noviembre de 1911-, la Iglesia 6 y el Estado promovían una liturgia que apelaba a una repetición cíclica de acontecimientos claves y que se traducía en ceremonias y procesiones en el espacio público. La presencia de este último era, sin embargo, la más débil a la hora de respetar un calendario, en tanto los intereses político-institucionales se subordinaban ante la priorización de los político-partidarios: como ejemplo más significativo valga recordar que el día elegido para inaugurar la punta de riel construida en Bahía Blanca por la Great Southern Railways fue el 26 de abril de 1884 y no el aniversario de la Revolución de Mayo7, en tanto el gobernador Dardo Rocha finalizaba su mandato a fines de ese mes y deseaba adjudicarse la extensión de la línea ferroviaria como un logro de su gestión en vistas a las próximas elecciones presidenciales de 1886 en las que quería ser candidato.

Estatuamanía Durante los años transcurridos entre el Centenario nacional y el local algunos cambios producidos en el plano político se proyectaron sobre el espacio público. Las plazas se convirtieron en lugares de competencia en los cuales la influencia del clero logró que su apropiación por parte de los socialistas fuera considerada como una cuestión policial. Esta tensión entre el horizonte político y el religioso fue denunciada en el medio de prensa partidaria como una desigualdad legal:
Lo que más rebela el espíritu en este asunto es la parcialidad odiosa de los encargados de las plazas y de la misma policía. Una mala ordenanza municipal prohíbe las reuniones políticas en las plazas, cumpliéndose su aplicación al pié de la letra con el Partido Socialista, pero no con la iglesia católica, por ejemplo, que celebra desfiles de niños de sus escuelas y hasta funciones religiosas. Contra
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La presencia de la Iglesia en la localidad fue efectiva desde 1835, con conflictos que generaron lapsos sin cura hasta la llegada de los salesianos en 1890. Esta orden implementó un rápido y amplio programa de acción que incluyó, además de lo devocional, la creación de los colegios Don Bosco y María Auxiliadora en el centro (1890/91) y del Colegio de Artes y Oficios La Piedad en cercanías del Ferrocarril Noroeste (1894). Si con los primeros se buscó convertir al catolicismo a los sectores medios, con el último y con la creación del primer Círculo Católico de Obreros del país (1891) disciplinar a los trabajadores, en especial, a los italianos. 7 La fecha patria había sido propuesta por Benigno Lugones, periodista del diario porteño La Nación, durante su visita a la localidad en marzo de 1883. Ver: Lugones, Benigno B.. “Una excursión al sur”, La Nación, Buenos Aires, año 14, nº 3753, 11 marzo 1883, p. 1, col. 3.

todas estas injusticias y parcialidades, protestamos nosotros con todas nuestras energías. Las leyes deben ser iguales para todos y los derechos también (Nuevos Tiempos. Bahía Blanca, año 11, nº 738, 10 mayo 1924, p.1, cols.2-3. “La Plaza de Villa Mitre”.)

No obstante ser un lugar de tránsito, desactivado como soporte de las luchas político-partidarias, la plaza central fue un espacio disputado a la hora de lograr visibilidad. Si los festejos de 1910 se resolvieron en Bahía Blanca a último momento, el centenario local comenzó a prepararse dos años antes y constituyó un clima de fiesta extendido durante varios días, con muchedumbres desplazándose en las calles, participando como protagonistas o como espectadores de actos, de desfiles, de exposiciones, de bailes, de torneos deportivos. La publicación de suplementos especiales en los cinco diarios y en las otras publicaciones periódicas3 que se editaban en ese entonces en la ciudad establecieron un puente entre el presente y el pasado que daba cuenta de matices en los posicionamientos político-partidarios y, desde ahí, en la escritura de distintas historias. En todas ellas, sin embargo, por efectos de la dominación simbólica que acompañó la fuerte presencia británica imperante en la región, se produjo en el imaginario una síntesis de la fundación de 1828 con la llamada “segunda fundación” de la década del ochenta del siglo XIX y se reforzó la auto-imagen como nudo ferro-portuario clave para el modelo agro-exportador. En efecto, la representación que identificaba a Bahía Blanca con Liverpool circuló de manera extendida por toda la prensa. Por su parte, esa colectividad minoritaria pero con gran poder había presionado al comisionado municipal en agosto de 1926 para que le respondiera en el término de un día si tenía permiso para erigir un monumento en la plaza Rivadavia, con frente a la avenida Colón8. La nota no sólo salió publicada en los periódicos locales, sino que en el Boletín Municipal una fotografía de Arthur Coleman acompañaba el proyecto de la fuente, indicando su potencialidad ejecutiva 9 y que era una “persona de una exquisita
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Cfr. La Nueva Provincia. Bahía Blanca, año 29, n. 10193, 19 agosto 1926, p.8, col.4. “La colectividad Británica. Levantará un monumento en la Plaza Rivadavia.” 9 “Señor Arturo H. Coleman. Superintendente divisional de tráfico del Ferrocarril Sud – Representante oficial de la gerencia en Bahía Blanca – Presidente de la Comisión local y apoderado general de la Compañía de Aguas Corrientes de Bahía Blanca – Director local y apoderado general de The South American Light and Power Co. – Apoderado general de The Bahía Blanca Gas Company – Director local de The Bahía Blanca Tramway Co. – Director local del Mercado Victoria de Productos del País –

cultura y de sólida preparación”. Por otra parte, fue el único representante de las colectividades que integró la Comisión Oficial del Centenario. El prestigio que gozaba el capitalismo inglés impedía su cuestionamiento, por lo que las tensiones que se verificaron no fueron más allá del horizonte político-partidario y del cultural. Otras formaciones e instituciones siguieron su modelo, al punto que el grupo de intelectuales nucleados en torno a la revista cultural Índice señaló que con la “estatuamanía” la ciudad quedaría “anegada” de estatuas 10 (Ribas, 2008). Puntualmente, el 11 de abril la “reina de los mares” inauguró en el nacimiento de la avenida que conduce al puerto una fuente de mármol blanco en la que el agua sumaba al valor ornamental el simbólico. En ella, relieves tallados y en bronce reforzaban una “fraternidad” desigual Argentina en la que a

correspondió

siempre un rol ligado a la producción de materias

primas y a Gran Bretaña el control del ferrocarril, el puerto, el comercio y la industria. Sobre el otro

extremo, en el nacimiento de la calle San Martín, los israelitas homenajearon al Barón Hirsch con un volumen macizo, ligeramente rotado sobre el eje. Fabiana Tolcachier afirma que la única institución con personería jurídica y de mayor antigüedad en la ciudad – la Chevrah Kedusha, asociación funeraria fundada en 1910 con el objetivo de crear y sostener el cementerio israelita-, a fines de 1927 “logró unificar la proliferación de asociaciones voluntarias de carácter educativo/cultural, religioso, benéficas y de esparcimiento social, en las que se diferenciaba las ramas juvenil y femenina” y amalgamar las diversidades
Presidente del Bahía Blanca Golf Club – Presidente de la Comisión “The British Comunity Pro Centenary Committee”. (Ver: Boletín Municipal de Bahía Blanca, 1926, p. 1433.) 10 Índice; revista quincenal de cultura artística y literaria. Bahía Blanca, año 1, n° 3, 8 octubre 1927, p. 1. “Comentarios. Estatuamanía”.

internas a nivel socioeconómico e ideológico (entre pro-sionistas e “idishista s”) de los inmigrantes judíos asentados en Bahía Blanca y la región. La “Comisión Israelita pro -Centenario de Bahía Blanca”, si bien estuvo integrada mayoritariamente por prestigiosos referentes de la colectividad que en diversas gestiones encabezaron el elenco directivo de la Crevrah, estuvo presidida por Jaime Scheines, político conservador oriundo de la localidad de Médanos. En este sentido, las presiones ejercidas para lograr ese lugar privilegiado dentro de la plaza habrían sido, entonces, desde una doble vía:
La predisposición favorable del cuerpo deliberativo respecto al proyecto presentado por la comisión israelita Pro-Centenario, tanto en lo que se refiere al motivo propuesto por el monumento como al sitio sugerido para su emplazamiento, evidencia la eficiente mediación de los líderes étnicos ante el poder comunal, lo cual debería vincularse con la afinidad en las adhesiones políticas entre la dirigencia judía y los miembros del Consejo y no sólo por el peso económico de la colectividad en aquel entonces. La autorización extensiva a ubicar el monumento sobre el inicio de la calle San Martín, evidenciaba por parte del poder político local una suerte de legitimación territorial de la actividad económica desempeñada por los judíos en la ciudad. Mayoritariamente se dedicaban al comercio minorista y sus locales se hallaban estratégicamente ubicados sobre la calle San Martín, por aquel entonces conocida como la calle “de los rusos”, que comunica la estación del Ferrocarril con la plaza céntrica. (Tolcachier, 2009: 8)

Por otra parte, esta investigadora sostiene que la elección de ese colonizador fue utilizada como una estrategia legitimadora de la presencia judía en Bahía Blanca, que expresa en sí misma los contraluces y tensiones del respectivo proceso de integración. Asimismo, que tuvo que superar, incluso, opiniones contrarias al interior de la misma comunidad fundadas sobre el gusto, opositoras al proyecto elaborado por el criticado arquitecto Michael Yatvinsky y a favor del escultor Israel Hoffman, a cargo de los motivos desarrollados en las cuatro placas de bronce que simbolizan la agricultura, la industria y la ciencia.11

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Tolcachier sugiere consultar sobre la biografía y la trayectoria artística de Hoffman, nacido en las colonias judías de Entre Ríos: Marcelo Olmos, Israel Hoffmann, Escultor de Entre Ríos, ed. Entre Ríos, 2003.

En consecuencia, ingleses e israelitas, colectividades minoritarias desde el punto de vista cuantitativo pero de peso indiscutible desde lo económico y político, lograron sin dificultades emplazar sus marcas en uno de los ejes centrales del diseño que reproducía, mediante la distribución de calles internas, la bandera inglesa. La plaza, entonces, fue tenida en cuenta en un doble sentido. Por un lado, desde un punto de vista centrípeto, se mantuvo la valoración tradicional que reforzaba al centro como un polo fuerte. Por otro, con un sentido centrífugo, se la consideró en relación con los bordes que la enmarcan: ambos homenajes priorizaron sus frentes hacia las superficies exteriores recorribles y no hacia las interiores de permanencia. La comunidad italiana, la más numerosa, estaba en esos momentos dividida por los acontecimientos peninsulares. Lejos de aunarse como los judíos, se produjeron fuertes disputas que llevaron a la constitución de dos formaciones paralelas. Según ha investigado Rodrigo Vecchi (Vecchi, 2003), el Viceconsulado italiano y la Comisión Oficial Italiana “Pro Homenaje al Centenario de Bahía Blanca” quedaron desplazados por el sector liberal democrático, representado por el “Comitato Italiano Pro Centenario”, entre cuyos integrantes ha advertido la presencia de

masones y de afiliados al Partido Socialista. Fue este grupo el que encargó el monumento dedicado a Garibaldi al escultor Giuseppe Vian, italiano afincado en la ciudad desde 1927. La dinámica figura – curiosa apropiación del

Augusto de Prima Porta- fue emplazada en una plazoleta contigua al Teatro Municipal. El periódico socialista Nuevos Tiempos denunció que el control ejercido por el poder eclesiástico impidiendo que la marcha organizada para celebrar el 1º de mayo de 1928 pudiera pasar frente a la iglesia central y que los oradores fueran escuchados en una de las esquinas de la plaza Rivadavia, derivó el final del recorrido al monumento a

Garibaldi. Al señalar que “sobre el pedestal del héroe flameó por vez primera la roja bandera, la bandera de redención y de justicia, en el bronce de su efigie” 12, reafirmó la identificación de este monumento con ese sector partidario. Por otra parte, Michel Helo, el secretario de la agrupación que nucleaba a los cinco libaneses residentes en Bahía Blanca, indicó que estos inmigrantes también quisieron expresar su reconocimiento a la ciudad que los albergaba y al país que los protegía junto con el apoyo de connacionales de otras regiones. Una pilastra con volutas en las que se encontraba un reloj, ubicada en el Parque de Mayo, fue inaugurada con la presencia de las autoridades provinciales y locales del entonces gobernante Partido Radical. Según lo analizado, entonces, la distribución de los monumentos en el espacio público quedó directamente relacionada con la capacidad económico-política de presión de los grupos que lograban visibilidad mediante ellos. Todos los inmigrantes evidenciaron la existencia subyacente de una sólida matriz centro-periferia en el imaginario. Llegado el momento de elegir el sitio en donde hacerse visibles optaron por lugares prestigiados desde el sector hegemónico y, en el caso de los de menores recursos económicos, no tuvieron en cuenta la proximidad a los barrios en donde residían. En estos casos, la dominación simbólica hizo que quedaran atrapados en la matriz representacional que daba jerarquía al centro y al parque y, de esa manera, reforzaron y se hicieron cómplices involuntarios de una estructura que los excluía. Como contrapartida, los sectores políticos dominantes llegaron tardíamente con piedras fundacionales. Los radicales -que dirigían el poder municipal desde 1895 y en ese entonces estaban divididos en corrientes internas que reflejaban las distintas alternativas ante la conducción del gobierno nacional-, no pudieron llegar a tiempo con un nuevo proyecto de monumento a Rivadavia impulsado en 1926. El vacío material dejó en claro la incapacidad gubernamental para resolver cuestiones en tiempo y forma,
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Nuevos Tiempos. Bahía Blanca, año 15, nº 1130, 5 mayo 1928, p. 2, col.2. “Acotaciones al pasar… Garibaldi”. Los lugares desde donde partieron las distintas columnas de manifestantes señalan, asimismo, como contrapartida, que las plazas periféricas constituyeron lugares de reunión (de concentración y de tribuna de disertantes) para esos grupos contra-hegemónicos. Fueron los socialistas también quienes se hicieron eco en el Concejo Deliberante y en el periódico Nuevos Tiempos de los reclamos por el mantenimiento de la plaza de Villa Mitre, ubicada en uno de los barrios creados a partir de la extensión de la grilla urbana más allá del cinturón de acero creado por las vías ferroviarias.

pero también que ese espacio no podía o debía ser ocupado por los sectores privados por más poderosa que fuera su presión. A su vez, la ausencia de los gobernantes al acto de colocación de la piedra fundacional durante la semana de los festejos del Centenario local por haber priorizado la sobremesa de una comida protocolar y la presencia de habitantes anónimos a la espera de un festejo cívico, dejaron en claro cuáles eran las vivencias, usos y significaciones que el espacio público tenía para el sector dominante. En una clara lucha de representaciones político-partidarias los socialistas se apropiaron de la figura de Rivadavia y reclamaron desde la prensa por la colocación de la piedra fundacional, mientras que los conservadores buscaron legitimar su presencia mediante el proyecto de creación de un monumento a los Fundadores13. Por otro lado, ambos sectores utilizaron el prestigio de la Asociación Bernardino Rivadavia -la institución cultural más antigua de la ciudad, fundada en 1882-, como un medio para insertar su presencia en la plaza central, frente al Palacio Municipal, con un busto dedicado a Luis Caronti. Este político conservador había dejado la mitad de su legado a esa biblioteca y la otra mitad al hospital municipal, por lo que era un “héroe” local indiscutible . El retrato en bronce realizado por el ya mencionado Giuseppe Vian efectuó un corrimiento de su imagen hacia lo cívico al presentarlo como un tribuno romano en lugar de la vestimenta militar por la que siempre había optado el expedicionario de la “Campaña al Desierto” para autorrepresentarse. Por su parte, meses después, el oficialismo compensó su anterior ausencia con la colocación de la piedra fundacional del monumento a Rivadavia, acompañada de un multitudinario desfile escolar. Las demoras burocráticas y los acontecimientos políticos provocados a partir del golpe militar de 1930 demoraron hasta 1946 la inauguración de este volumen central a cargo de Luis Rovatti (Ribas e Ivars, 2004).

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Conformaron una comisión autodenominada “Hijos de Bahía Blanca” en la que se arrogaron prerrogativas fundacionales al contemplar entre los fundadores a los colonos de la legión agrícolo-militar del Coronel Olivieri que fracasó en el paraje cercano Nueva Roma en 1857 y cuyos integrantes, antepasados de los miembros del grupo patrocinador, se asimilaron al fortín local. El monumento, inaugurado exactamente tres años después del centenario en un sitio privilegiado del Parque de Mayo, reforzaba en sus imágenes el modelo agro-exportador que beneficiaba a esos terratenientes.

Según lo visto, el centenario de la fundación de Bahía Blanca tuvo un despliegue a nivel local mucho mayor que el de la Revolución de Mayo, tanto desde el punto de vista cuantitativo como cualitativo, puesto que con esa verdadera “estatuamanía” en poco tiempo fueron ocupados con monumentos los espacios considerados con mayor carga simbólica. La matriz centro-periferia instalada en el imaginario y naturalizada mediante los recorridos por esa planta urbana que reproducía no sólo la distribución en damero sino también la estructura de plaza central traída a América por los colonizadores españoles (Romero, 2009: 299), reforzada por el corsé anular generado por las vías ferroviarias y por el precio inmobiliario de las tierras dentro o más allá de las mismas, originó ese sobredimensionamiento del valor de la plaza Rivadavia y la yuxtaposición en la misma de varios proyectos monumentales. Los mismos agentes y la misma lógica competitiva del espacio privado que podía advertirse en los letreros publicitarios en las principales calles comerciales se proyectaron sobre el escenario privilegiado del espacio público.

¿El silencio es salud? La sucesión de golpes de estado que atentaron contra los gobiernos democráticamente elegidos desde 1930 llegó a su expresión más violenta en la dictadura iniciada en 1976. Si todo el país vivió ese año una situación esquizofrénica al darse de manera simultánea la represión militar y el mundial de fútbol, en Bahía Blanca se sumaron los festejos del sesquicentenario. Sólo unas pocas marcas quedaron sobre el espacio público como recordatorios del nuevo aniversario de la fundación, ubicadas en un área que daba cuenta del desplazamiento del poder real desde el Palacio Municipal hacia el Regimiento del V Cuerpo de Ejército.

Por un lado, la Universidad Nacional del Sur aprovechó el hallazgo fortuito de un grupo escultórico que había pertenecido a la mansión de los Paz Anchorena en la Capital Federal y que había sido comprado por uno de sus rectores y luego donado por su viuda, para homenajear a la ciudad. De esta manera, dos florones esculpidos en mármol por Lola Mora y una fuente tallada en el mismo material por un artista italiano desconocido fueron integrados en un único conjunto en el playón ubicado en el frente del complejo edilicio ubicado sobre la avenida Alem, a metros de la entrada al Parque de Mayo. Por otro, la comunidad

italiana se hizo presente en ese espacio verde que conduce al centro militar con una columna que, en lugar de servir de memoria de gestas guerreras como en la antigua Roma, recordaba con su estilo toscano la época de la República. La metáfora que sugería de manera velada la ausencia de las instituciones

democráticas se completaba con una loba capitolina con Rómulo y Remo, grupo de bronce colocado en el nivel superior que, además de constituir una referencia a los orígenes míticos de la colectividad, habilita otras sugerentes lecturas. La censura y la autocensura de esos tiempos difíciles llevó, en consecuencia, a que Bahía Blanca festejara sus 150 años con dos obras monumentales que funcionaron como un espejo roto: por un lado, la institución más afectada -con el despido, el encarcelamiento, la desaparición y la muerte de muchos de sus integrantes-, con una evasión esteticista; la otra, llevada adelante por la comunidad que había sido mayoritaria en la conformación social de la ciudad, mediante una metáfora visual enmascaradora.

Ante la gravedad de la situación compartida a nivel nacional sólo una presencia local con anclaje internacional encontró margen para decir el margen. Como contrapartida, en el centro político por excelencia –la plaza Rivadaviafue colocada una placa en el monumento a la madre ubicado entre los juegos infantiles. La Liga de Amas de Casa, por oposición a las que habían comenzado a marchar alrededor de la Plaza de Mayo con pañuelos blancos y que nunca pudieron hacerse visibles en ese entonces en las calles bahienses, desplazó el planteo hacia lo genérico con la tradicional división de las dos esferas y reafirmó la subordinación al poder masculino/dominante.

Recién a partir de la década del noventa se verificaron algunas modificaciones en la manera tradicional de ocupación del espacio público en la ciudad, caracterizada hasta ese entonces como proyección de lo privado y como tránsito, derivando en una modalidad de tránsito-recreativo, a partir de la construcción de una serie de paseos lineales en los que, por otra parte, se ha hecho cada vez más frecuente el descanso al aire libre (Aramburu Otazu, 2008). En 1992, a partir de la ordenanza municipal n° 6800 se creó el programa “Bosques de Cultura”, que impulsó la creación de una serie de parques lineales que dieron visibilidad a otras temáticas. Lo mundial y lo nacional se han entretejido con lo local, dando cuenta de una identidad compleja, múltiple, heterogénea, conflictiva, en la que, como una constante, para lograr presencia en el espacio público las coyunturas político-partidarias no han sido un dato menor. Como consecuencia de la realización en 1993 del I Simposio Nacional de Escultura Monumental, organizado por iniciativa del Museo Municipal de Bellas Artes, un conjunto de diez artistas locales y nacionales 14 con el apoyo técnico de empleados municipales y de estudiantes transformaron chatarra del ferrocarril en obras de arte ante la mirada interesada de la comunidad. Las mismas fueron integradas al año siguiente en el diseño del denominado Bulevar de las Esculturas Ciudades Hermanas, inaugurado
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Los artistas locales que hicieron obra son Fortunato Jorge con “Ojival” y Hugo Pisani con “Interacción” y entre los nacionales se encuentran: Mariana Schapiro con “Todo es Elástico”, Rodolfo Nardi con “Formas en Seducción”, Bastón Díaz con “La Portuaria”, Claudia Aranovich con “Huellas”, Danilo Danziger con “Elemento”, Edgardo Madanes con “¿Quo Vadis?, Patricia Landen con “De lo seco a lo verde, de lo verde a lo seco” y Pájaro Gómez con “Arco y Flecha”.

con motivo del establecimiento de lazos de confraternidad con las ciudades de Jacksonville (EEUU), Reus (España) y Fermo (Italia). Ubicado sobre el entubado del arroyo Napostá, el “ Paseo de las Esculturas” – nombre con que se lo identifica popularmente-, constituyó el primer espacio público con volúmenes artísticos per se, con altas dosis de abstracción, que generaron en principio rechazo en el sector más tradicional que se manifestó mediante cartas de lectores publicadas en el periódico La Nueva Provincia. Actualmente, es uno de los lugares más concurridos, sobre todo por la difusión en los últimos años de las prácticas aeróbicas (caminatas, bicicleta), por la ubicación cercana de pubs y discos, por el aumento de la población que vive en departamentos y encuentra en esos sitios verdes posibilidades de esparcimiento. No obstante Javier Maderuelo sostiene que la sustitución de los poderes tradicionales por las fuerzas económicas ha derivado en “un gradual desvanecimiento de la lógica del monumento” (Maderuelo, 2008: 190), en esta ciudad de escala intermedia todavía no han perdido vigencia. No sólo el enorme volumen no figurativo creado por el arquitecto paisajista Horacio Miglierina en 2008 al Premio Nobel César Milstein es un homenaje al científico nacido en Bahía Blanca, sino que el estado patrimonial en el que se encuentran los dos referidos a la historia argentina reciente –también de su autoríareflejan que esa lógica está aún presente. Como afirma Carolina Montero (Montero, 2010), la realización de la Plaza de los Lápices como homenaje a los estudiantes desaparecidos en La Plata en 1976, veinte años después de ocurrido el hecho y con formas abstractas evidencia –mediante desplazamiento: este triple espacial,

temporal y formal- una manera de decir y no decir empleada por los políticos locales de la Unión Cívica Radical como estrategia opositora frente a los decretos impulsados en esta cuestión por el menemismo a nivel nacional. El abandono que presenta actualmente el

lugar en su conjunto, el borramiento de cada uno de los nombres pintados en las placas de hormigón y la eliminación del cartel identificatorio es la contrapartida del contiguo monumento a Malvinas. Construido durante las últimas gestiones municipales a cargo del Partido Justicialista, el proyecto inicial que apela al agua como elemento dinámico y auditivo que reproduce el hundimiento del ARA General Belgrano, ha sido complementado con gigantografías con las fotos de las víctimas. Margulis señala que la ciudad como reflejo de la cultura, carece de los recursos del lenguaje para eufemizar, disimular o negar (Margulis, 2009: 99). En efecto, en Bahía Blanca ha sido permanente y sistemática la agresión que han recibido siempre las marcas de la memoria situadas en el espacio público. Durante el año 2010, caben señalar como ejemplos que el cartel que indica en donde se encontraba el centro de detención clandestina denominado “la escuelita” apareció repintado con la frase “Videla volvé”. Asimismo, en mayo, fue atacado anónimamente durante la noche inmediatamente posterior a su inauguración el mosaico con significación latinoamericanista emplazado en el Parque Boronat, 15 un espacio público bastante reciente cuyo mantenimiento se encuentra en gran parte a cargo de los vecinos cercanos que, a su vez, acompañaron la elaboración del proyecto realizado por los alumnos de la primera cohorte del Postítulo en Arte Público dictado en la Escuela Superior de Artes Visuales, con la supervisión de la muralista platense Claudia Piquet. Con la misma metodología vandálica fue destruida horas después de su colocación la placa recordatoria de la muerte del militante Carlos Alberto David ocurrida el 20 de noviembre de 1975 16, ubicada en el lugar en donde fue asesinado por la AAA (calle Yrigoyen 228) por la Comisión de Apoyo a los Juicios V Cuerpo y Armada. La realización de un mural sin contenido político-partidario con una temática lúdica en la plaza Presidente Perón a cargo de los estudiantes de la segunda cohorte del Postítulo mencionado, sin ningún tipo de agresiones posteriores, sugiere claramente que las acciones violentas efectuadas sobre algunas intervenciones son reacciones producidas por grupos que conciben el espacio público como un soporte sobre el cual
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A pocos metros de esta estructura semicircular musivaria se encuentra un cartel identificatorio que recuerda el asesinato de cuatro jóvenes efectuado por fuerzas represoras el 4 de septiembre de 1976, hecho conocido como la “masacre de la calle Catriel”. 16 http://www.facebook.com/profile.php?id=649496168#!/album.php?aid=2075889&id=1550650286 (consulta 15-01-2011)

proyectar posicionamientos y metodologías que parecieran reeditar la dicotomía día/noche, justicia/violencia.

Arte e historia a cielo abierto Según lo visto, entonces, el arte público en Bahía Blanca no sólo ha debido hacerse cargo desde sus inicios de la competencia visual producida por la lógica económica, sino que ha sido un espacio de proyección de tensiones políticas. En cada monumento o marca se han anudado problemas o experiencias que vuelven vitales esas intervenciones. En los últimos años pareciera haberse vuelto una esfera privilegiada. Como se ha señalado anteriormente, en la Escuela Superior de Artes Visuales se dictó durante los años 2009 y 2010 un Postítulo en Arte Público, que contó con dos cohortes de estudiantes. Por otro lado, el Museo de Arte Contemporáneo convocó en el año 2008 al proyecto “Viento” -de alcance nacional, destinado a intervenciones efímeras- y ha ofrecido su muro exterior a distintos artistas para que pintaran sucesivos murales 17. Las intervenciones visuales y discursivas que en ocasiones fueron yuxtapuestas por manos anónimas –como la frase que puede observarse debajo del mural realizado por Lorena Bicciconti y Vanesa Bojart- han puesto en tensión su aparente carácter de vidriera institucional y han recuperado, de hecho, la dinámica propia del arte en el espacio público. Asimismo, durante el 2010 la Universidad Nacional del Sur ha aprovechado la visibilidad de la imponente fachada del complejo edilicio ubicado sobre la avenida Alem como soporte para manifestaciones culturales: en marzo, con motivo del día de la mujer, cinco artistas18 intervinieron cada una de las columnas, mientras que desde la primavera dos series de carteles de colores colgados en los intercolumnios han ofrecido textos literarios de escritores locales y nacionales.
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Los artistas que han participado hasta ahora son: Lorena Bicciconti/Vanesa Bojart, Facundo Carrari, Agustín Colli/Dante Patrignani/Víctor Rottili, Horacio Culacciatti, Francisco Felkar, Leandro Poblete, Guido Poloni, Vecky Vargas, Elena Warnes. Desde diciembre de 2010 se encuentra el mural “Una postal del barrio” a cargo del taller “Barrioscopio”, que funciona en el Centro Cultural “El retiro” de Villa Harding Green, realizado por los niños Adán, Dulcinea, Gastón, Iris, Jerónimo, Jorge, Lautaro, Matías, Mauro, Nadia y Oriela, a cargo de los profesores Agustina Amadeo, Leandro Coccia, Natalia Monje y Soledad Vidal. 18 Malena Corte, Paula Di Canto, Ana Montaner, Nilda Rosemberg, Graciela San Román.

Estas posibilidades impulsadas instituciones desde las

culturales

no se han correspondido con una disminución de las tensiones por fuera de las mismas. Valga por caso, la ubicación de huevos tejidos en una peatonal céntrica el 9 de diciembre de 2010 efectuada por un grupo de estudiantes de la Escuela Superior de Artes Visuales como trabajo final de la asignatura Arte Textil 19. La oposición de la policía impidió que se terminara de escribir la frase de Silvia Sierburger que daba sentido a la instalación:
Siempre está el hilo: el hilo de la vida, y la vida pendiendo de un hilo, el hilo de Ariadna (para no perderse en el laberinto), el hilo de los pensamientos, de las ideas, de la conversación. Perder el hilo… deshacer la madeja… encontrarle la punta al ovillo… y seguir tejiendo al hilo de los días, el hilo de la propia historia.

Sin embargo, la presencia simultánea de otro espacio público, el virtual, pareciera complementar al real. Si bien elimina la posibilidad de la vivencia corporal y restringe la recepción a aquéllos que tienen acceso a una computadora, ha permitido y facilita la difusión de las acciones y reacciones ocurridas en las calles, plazas y parques, la participación espontánea de los internautas, la configuración de una trama más densa, más crítica y con posibilidades de garantizar un mayor ejercicio de la libertad democrática. En este sentido, Facebook está viabilizando la construcción de una red social cibernética en la que es posible visualizar y debatir, construir ciudadanía.

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Profesora a cargo: Elsa Manuel. Estudiantes: Cintia Canale, Sandra Castilloni, Aldana Donofrio,

Celeste Genuso, Patricia Ivancich, Guillermo Kesner, Cintia Manzo, Irma Pedrero, Patricia Ramos, Natalia Santucci, Cristina Schmidt, Mercedes Tascón y Florencia Xilovich. Fotografías en: http://www.facebook.com/profile.php?id=649496168#!/album.php?aid=244205&id=649496168 &fbid=473810886168 (consulta on line 15-01-2011)

Por otra parte, si con internet y los mass media “hemos quedado fuera de escala, hemos cortado y perdido toda referencialidad hacia la realidad a causa de nuestro vértigo y falta de gravedad, debido a la velocidad en la que vivimos” (Goicochea, 2008: 41), los monumentos se presentan como una alternativa que adopta de gran parte del arte contemporáneo la necesidad imperiosa de “poner el cuerpo”. Participar como seres humanos íntegros, pensar la historia más allá del roce de nuestros dedos sobre el control remoto o de la fragilidad de la página de papel del libro constituye hoy un desafío no sólo necesario sino urgente. Este planteo de nomadismo pedagógico como alternativa y contrapeso al sedentarismo que ya no es sólo el del tiempo escolar, sino el de la televisión y la computadora ha sido también considerado desde 2006 como parte fundamental en el desarrollo de los seminarios Historia del Arte y la Cultura I y II de la licenciatura y del profesorado en Historia en el Departamento de Humanidades de la Universidad Nacional del Sur. Ese anclaje en lo real es un aspecto clave no sólo en el desarrollo de una reflexión crítica sobre el entorno cotidiano sino que permite la utilización de los monumentos como disparadores para la enseñanza de la historia regional, hasta ahora ausente en el plan de estudios. En este sentido, frente a los dos shoppings y los am/pm, esos lugares difundidos por el neoliberalismo en los que se nos impone la sensación de estar en ninguna parte, y ante la anestesia que produce la “trinidad que hoy todo lo rige: información, comunicación, técnica” (Balandier, 1994 : 12), el estudio del arte público monumentalizado a partir de la vivencia in situ permite descubrir luchas por el poder en escalas más domésticas, en las que la pugna por la ocupación de un espacio real y simbólico se plasma en una comunidad aprehensible, diferenciable, donde la visibilidad adquiere –al menos en el momento del proyecto y de la inauguración- connotaciones concretas y el tiempo se vuelve un hito, una marca tan significativa como el espacio (Pons y Serna, 2007:26-27). Asimismo, en el marco del proyecto de investigación “La historia cultural de Bahía Blanca y la región: revisión crítica y producción de textos para docentes de nivel secundario”20 radicado en el Departamento de Humanidades de la Universidad Nacional

20

SECYT-UNS 24/I 153 PGI-TIR (2007-2009), dirigido por el Mg. Raúl Menghini e integrado por Gustavo Chalier, Mario Ortiz, María Alejandra Pupio, Diana Ribas y Fabiana Tolcachier.

del Sur se está editando la “Colección Cuadernos de historia del sur bonaerense” , con la aprobación favorable de evaluadores externos y a partir del subsidio recibido de la Secretaría General de Ciencia y Tecnología de la UNS. Cada fascículo permite que la producción académica circule en el sistema educativo y pone en cuestión los hitos/temas/acontecimientos que se encuentran naturalizados a partir de las visiones hegemónicas que se fueron imponiendo en los distintos momentos. La sugerencia de actividades didácticas que incluyen recorridos propone, frente al espacio descentrado de la red, la utilización de monumentos, murales, grafitis como disparadores de una mirada crítica sobre el presente:
La historia ya contada, entonces, lejos de ser un relato único, puede ser vista como una tradición hegemónica, una entre otras, la seleccionada por un sector para imponer una autoridad, para legitimar un modelo de legitimación y para justificar sus elecciones y sus conductas. Más allá aún, como señaló Walter Benjamin, sostenemos que el pasado no interesa como reconstrucción, sino como construcción para incidir en el presente. Ese “pasado político” no sólo tiene el deber de develar la injusticia, sino también de impedir su reproducción. Se trata de “pasar a la historia el cepillo a contrapelo” a fin de descubrir esa dimensión oscura de lo acontecido y recuperar el potencial emancipador en el pasado de los vencidos, en el pasado omitido. (Chalier, 2010: 7)

La construcción de la historia regional como una trama compleja permite, por lo tanto, recuperar la función pedagógica de las manifestaciones del arte público. Volverlo visible es, frente al instante, la inmediatez y la velocidad cada vez más acelerada, advertir que el presente es una trama que viene tejiéndose desde hace mucho tiempo y recuperar la memoria no como dato para que quede almacenado en un archivo, sino como punto de partida para el análisis crítico.

Cartografías regionales El recorrido efectuado en estas páginas ha permitido afirmar que en Bahía Blanca llegamos al bicentenario de la Revolución de mayo con una cartografía monumental que evidencia un peso ineludible de lo local con respecto a lo nacional y lo internacional. Desde este punto de vista, resulta inaplicable el binomio centro-periferia

como matriz de análisis, aún si se lo considera como una relación conflictiva en la que la periferia no acata pasivamente las indicaciones del centro (Castelnuovo y Guinzburg, 1979). Si bien en primera instancia podría parecer viable la deconstrucción del mismo, nuestra ciudad no fue el polo temático más importante durante algunos períodos. La adopción de un modelo rizomático (Deleuze y Guattari, 1996) permite pensar nuestro objeto de estudio como una construcción múltiple, con diversas entradas (la urbanística, la histórica, la histórico-artística), que no pierde de vista en ningún momento que se trata de mapas que permiten investigar las distintas obras artísticas conectándolas con diferentes recorridos (espaciales/temporales/iconográficos/formales), haciendo centro ampliado sobre cualquiera de ella/s. Este modelo deleuziano, multifocal y dinámico, se presenta como el más fecundo a la hora de superar la mirada sobre la historia regional sometida al endogámico color local o a un estado de pérdida respecto de los poderes hegemónicos, en tanto permite combinar escalas micro y macro, integrar de manera convergente métodos y fuentes variadas, así como tener presente en todo momento que los avances logrados son provisorios, están en permanente revisión, guían el análisis pero no sustituyen a la vivencia. Ante esa uniformidad de percepciones y representaciones impuestas desde los centros dominantes por la globalización, el espacio y el arte públicos se presentan en cada localidad con su propia lógica interna, como proyección de conflictos que articulan las acciones locales con procesos más amplios y como marcas en una cartografía insoslayable en tanto parte constitutiva y constituyente de esa trama simbólica en la que se entretejen las relaciones del individuo con los otros y con el poder. En síntesis, estudiar el caso local desde lo que lo hace particular, como categoría flexible y artificial, facilitará futuros análisis comparativos, establecer diferentes escalas cronológicas y espaciales y revisar ciertas evidencias defendidas desde la historia general. Desde el punto de vista pedagógico, además, la construcción de hojas de ruta conceptuales acerca de las representaciones regionales y locales dentro de los procesos históricos permite pensarnos como una sociedad plural, compleja y dinámica.

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