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¿ENSEÑAR LITERARATURA EN LA ESCUELA? ¿LEER Y ESCRIBIR EN LA ESCUELA?

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¿QUÉ ES ESO DE LEER Y ESCRIBIR LITERATURA EN EL AULA? LA MIRADA PEDAGOGICA PROF. DR. JORGE EDUARDO NORO norojor@cablenet.com.ar

01. No hay pensamiento sin palabras. Pero cada palabra para ser tal debe estar armada de
pensamiento. Sin pensamiento la palabra es hueca, vacía; sin palabra el pensamiento es incomunicable.

02. También los recuerdos, las emociones y los sentimientos se respaldan en las palabras: nuestras
angustias, nuestros interrogantes, nuestros dolores y alegrías reclaman las palabras.

03. Es verdad que también hay silencios y que son buenos los silencios, los silencios buenos; pero hay
silencios malos, hay silencios que pesan, que duelen, se pudren dentro de uno, porque están exigiendo las palabras que no salen o las palabras que no existen.

04. El hombre es un animal simbólico porque usa símbolos para responder a los estímulos que reciben.
El símbolo es una manera de mediar entre el estímulo y la respuesta humana. Cuanto más simbólicas son las respuestas, mas se muestra el ser humano en toda su plenitud.

05. Las palabras son la mayor expresión del símbolo porque aunque trabajan con referencias son
construcciones arbitrarias que responden plenamente las necesidades de comunicación y hacen posible las relaciones entre los seres humanos.

06. Todo este proceso de traducción del interior en palabras no es natural, no viene con nuestro
nacimiento, sino que es resultado de una construcción cultural, es producto de la educación (no necesariamente escolar), porque tiene que ser despertado, desarrollado, puesto en acto. Es verdad que puede haber una estructura lógico-matemática o lingüística en nuestro pensamiento, pero siempre a la esperar de su desenvolvimiento.

07. Y aquí aparecen los profesores de lengua como los responsables de generar esos espacios en el que
se toma conciencia de la palabra, del valor del lenguaje, del significado, de la articulación correcta de los signos, de los discursos. ¡Vaya tarea la que tienen! No son los únicos, pero desempeñan una función clave.

08. Los profesores LENGUA y las clases de LITERATURA están para eso, para que la palabra estalle. Las
buenas palabras, las mejores palabras, las palabras más exquisitas. Allí encuentran el lugar adecuado para aparecer, ser conocidas, valoradas, puestas en valor y en uso.

09. No es éste el lugar las malas palabras (mas allá de la ocurrente exposición de Roberto
Fontanarrosa: 2004) porque esas, redimidas o condenadas, se aprenden en cualquier esquina… La clase está para cuidar las palabras, no para des-cuidarlas.

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10. En el aula, en la clase, en el encuentro profesor-alumno debe reinar la palabra: por su resonancia,
por su profundidad conceptual, por su significado, por su acento, por su belleza, por el lugar (justo, perfecto, indiscutible) que cada palabra encuentra en la construcción del discurso.

11. Los profesores de matemática muestran signos, fórmulas; los de historia, hechos; los de químicas
elementos y experimentos; los de arte, cuadros, videos, música; los profesores de filosofía: ideas, interrogantes, problemas. Los profesores de lengua muestran palabras, exhiben palabras en funcionamiento, articuladas, transformadas en mensajes, textos, poesías, relatos.

12. Me atrevo a decir que es una FUNCIÓN PRIVATIVA de los profesores de lengua, porque sólo ellos
entienden las palabras, están casado con ellas, es su función específica, es lo suyo. Los demás profesores las usan, pero ellos las conoce en su intimidad. Y me atrevo a más (vamos por todo): cuando un alumno grita, insulta, pronuncia palabras inadecuadas, se expresa de una forma ofensiva con sus pares, con los docentes, con los directivos, con sus padres o en algún sitio que ignoramos… son los profesores de lengua los responsables. Su tarea consiste en enseñar y conlleva también un compromiso ético: hacer un buen uso de ellas, utilizarlas siempre para la verdad y el bien, para el susurro y no para el grito, para convencer y no para pelear, para acariciar y no para herir.

13. Y en su tarea muestran, los profesores de lengua y de literatura ostentan, provocan admiración y
deseo… pero también – generosos – quieren que sus alumnos participen del banquete, del goce, que disfruten del texto, de la poesía, de la novela, del cuento, del discurso que dice claramente, perfectamente lo que se quiere decir, en ese juego arbitrario de palabras que nos entrega el mejor plato, la mejor combinación posible: los vocablos exactos, los sonidos perfectos, la sintaxis ajustada. Veamos algunos platos del MENU para poder reconocer el sabor de la lengua, de las palabras: Ej. “Zumban las balas en la noche última. (…) Ya el primer golpe, ya el duro hierro que me raja el pecho, el íntimo cuchillo en la garganta” (BORGES: POEMA CONJETURAL) Ej. “Mi mente se aplicó a las simétricas porfías del arte que entreteje naderías” (BORGES: REMORDIMIENTO) Ej. “Yo hubiera querido estar de una vez en el día siguiente, yo me quería salir de esa noche. (…) Me quedé mirando esas cosas de toda la vida cielo hasta decir basta, el arroyo que se emperraba solo ahí abajo, un caballo dormido, el callejón de tierra, los hornos y pensé que yo era apenas otro yuyito de esas orillas, criado entre las flores de sapo y las osamentas.”(BORGES: HOMBRE DE ESQUINA ROSADA) Ej. “Hay una hora de la tarde en que la llanura está por decir algo; nunca lo dice o tal vez lo dice infinitamente y no lo entendemos, o lo entendemos pero es intraducible como una música... (…)Inmóvil, el negro parecía vigilar su agonía laboriosa. Limpió el facón ensangrentado en el pasto y volvió a las casas con lentitud, sin mirar para atrás. Cumplida su tarea de justiciero, ahora era nadie. Mejor dicho era el otro; no tenía destino sobre la tierra y había matado a un hombre. Ej. “La silueta reducida de mi padrino apareció en la lomada. (…) Ya iba a llegar a lo alto del camino y desaparecer. Se fue reduciendo como si lo cortaran de abajo en repetidos tajos. (…)No sé que extraña sugestión me proponía la presencia ilimitada de un alma. "Sombra", me repetí. (..) ¿Rezar? ¿Dejar sencillamente fluir mi tristeza? No sé cuántas cosas se amontonaron en mi soledad. Pero eran cosas que un hombre jamás se confiesa. Centrando mi voluntad en la

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ejecución de los pequeños hechos, di vuelta a mi caballo y, lentamente, me fui para las casas. Me fui, como quien se desangra.”(RICARDO GÜIRALDES: DON SEGUNDO SOMBRA) Ej. “El sonido venia impreciso y sordo, como un volcarse de silla sobre la alfombra o un ahogado susurro de conversación. También lo oí, al mismo tiempo o un segundo después, en el fondo del pasillo que traía desde aquellas piezas hasta la puerta. Me tire contra la pared antes de que fuera demasiado tarde, la cerré de golpe apoyando el cuerpo; felizmente la llave estaba puesta de nuestro lado y además corrí el gran cerrojo para más seguridad.” (CORTAZAR: CASA TOMADA) Ej. “En resolución, él se enfrascó tanto en su lectura, que se le pasaban las noches leyendo de claro en claro, y los días de turbio en turbio, y así, del poco dormir y del mucho leer, se le secó el cerebro, de manera que vino a perder el juicio. Llenósele la fantasía de todo aquello que leía en los libros, así de encantamientos, como de pendencias, batallas, desafíos, heridas, requiebros, amores, tormentas y disparates imposibles, y asentósele de tal modo en la imaginación que era verdad toda aquella máquina de aquellas soñadas invenciones que leía, que para él no había otra historia más cierta en el mundo.” (CERVANTES: DON QUIJOTE) Ej. “Bayardo San Román no entró, sino que empujó con suavidad a su esposa hacia el interior de la casa, sin decir una palabra. Después besó a Pura Vicario en la mejilla y le habló con una voz de muy hondo desaliento pero con mucha ternura. -Gracias por todo, madre - le dijo -. Usted es una santa. Sólo Pura Vicario supo lo que hizo en las dos horas siguientes, y se fue a la muerte con su secreto. «Lo único que recuerdo es que me sostenía por el pelo con una mano y me golpeaba con la otra con tanta rabia que pensé que me iba a matar», me contó Ángela Vicario”. (GARCIA MARQUEZ: CRONICA DE UNA MUERTE ANUNCIADA)

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Por todo esto hay una tarea continuada en este mostrar, exhibir, descubrir, presentar, compartir, trabajar juntos, producir. Los profesores no son simples funcionarios asalariados de la palabra, sino sus propietarios generosos, quienes celosamente las cuidan y velan por ellas, pero que están dispuestos a compartidas, invitan a usarlas, a gastarlas con la conversación y la escritura. Un buen profesor es alguien que LEE MUCHO, que lee todo, en cualquier lugar y en cualquier soporte, que lee marcando los textos, ensuciando los libros, manchando las páginas con sus expresiones de aprobación o condena. No tiene libros limpios, pulcros, simples objetos de adorno, sino libros contaminados por su presencia, llenos de sus huellas y sus recorridos. Un buen profesor es ALGUIEN QUE ESCRIBE, escribe mucho, escribe siempre. Puede ser que escriba bien o que tenga limitaciones, pero escribe: para sí, para los otros, para las redes sociales, para sus amores, para sus amigos, para sus alumnos. Escribe por el gusto de escribir, dejando que brote el pensamiento y las emociones a través de las palabras. El alguien que tiene sus cuadernos, sus carpetas, sus archivos, sus blog con sus producciones… y – de cuando en cuando – lo sabe compartir con los alumnos. Es bueno que un profesor sea, además, alguien que ESCRIBE LITERATURA Y QUE PUBLICA LITERATURA, porque lo hace más cercano: exige lo que hace, pide lo que da. Un profesor que escribe es alguien que puede acompañar la producción de los alumnos desde sus propias luchas con las palabras, los sonidos, la sintaxis, los sentidos, el impacto en quien lee. De toda esta vasta experiencia surgen sus íntimos y confesables ganas de “compartir” todo con sus estudiantes: es tanto lo que tiene para dar que no se lo puede guardar, y quiere que todos los tengan para si: es un tesoro que se multiplica sin cesar, y que se comienza a perder precisamente cuando se lo comienza a mezquinar.

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Enseñar leer y escribir literatura es CREAR UNA CAJA DE HERRAMIENTAS en el interior de cada alumno - sujeto, y acompañarlo en el esfuerzo por encontrarle el uso adecuado a cada una de las herramientas hasta lograr el rendimiento óptimo. El valor docente no está en ser expertos en la caja sino en saber todo lo que con la caja se puede llegar a hacer. No se trata es saber teorías, sino el uso, el abuso de la literatura. Enseña, corrige, sugiere, propone, cambiar, propone. Nunca se queda quieto. Un buen profesor es alguien que sabe descubrir la RIQUEZA en los alumnos, en quienes están a su cargo: ve las cualidades, las disposiciones, las capacidades. No compite con ellos, sino que los incentiva, les enseña el camino, intermedia para alcanzar algunos lugares. Goza cuando esos sus alumnos pueden volar su propio vuelo literario. Leer y escribir en clase, y hacer que los alumnos lo hagan, es una forma de ARMAR LA SUBJETIVIDAD de cada estudiante con palabras, con oraciones, con bellas palabras, con palabras significativas, esas que aparecen cuando nosotros menos lo esperamos y más las necesitamos. En algún momento y lugar inesperados esas palabras aparecerán y serán la salvación. Mientras tanto con lecturas, trozos de memoria, comprensión de algunos textos, el detenerse ante determinados fragmento construyen una especie de “archivo interior” siempre dispuesto para la consulta. No es tarea fácil y sencilla en los tiempos que corren, con el estado actual de la escuela, con los adolescentes que estudian en ella, con sus ganas y desganas, sus estados de ánimos y sus respuestas inesperadas. Que no sea fácil, no significa que sea imposible. ¿Es necesario esperar la respuesta favorable y entusiasta de los alumnos? No necesariamente. Las respuestas se producirán en el momento oportuno. Pero la misión de los profesores consiste en insistir, una y otra vez, hasta cansarlos y sin renunciar a hacerlo. Hay una tarea adicional que le otorga mayor trascendencia a la función del profesor de LITERATURA: tratar de co-relacionar esta práctica del lenguaje y de la escritura con las diversas carreras universitarias que los alumnos están dispuestos a elegir. Hoy, todas las carreras demandan un buen uso de la lengua, de la palabra, de la comunicación oral, de la comunicación escrita. No se trata sólo de las humanidades, sino de todas, porque el pensamiento y la inserción profesional demandan uso del lenguaje, buen uso del lenguaje. El CAPITAL CULTURAL es parte dela formación profesional, y en ese CPITAL CULTURAL es clave el manejo de la propia lengua. Finalmente quien HA SUBJETIVAMOS UN UNIVERSO DE PALABRAS es dueño del mundo en el que vive, es dueño del mundo, puede conocerlo y dominarlo: ha construido el mapa interior para poder vivir. El tamaño de mi mundo es igual al tamaño de mi lenguaje. En palabras de WITTGENSTEIN: "Los límites de mi lenguaje son los límites de mi mundo”. No vemos las cosas como son, sino como las nombramos, recién las vemos cuando las nombramos. ¿Quién puede resistirse a esta hermosa tarea que han asumido o para la que se están preparando? Saber y poder leer, hablar, escribir… y, ser escuchados, trabajar, apasionadamente, con las nuevas generaciones para que accedan a este mundo y nos sucedan en la tarea. Envidiable, por cierto. Y contagioso.

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PROF. DR. JORGE EDUARDO NORO
OCTUBRE 2013 norojor@cablenet.com.a