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Producir o no producir ... ¿es ese el dilema ?

grupo esquizo-barcelona 1

Hay territorios en la vida que no gozan del privilegio de la centralidad. Zonas extremas, distantes, limítrofes con lo Otro, casi extranjeras. Aún, pero apenas propias. Áreas de identidad incierta, enrarecidas por cualquier vecindad La atracción de lo ajeno, de lo distinto, es allí intensa. Lo contamina todo esta llamada. Débiles pertenencias, fidelidad escasa, vagos arraigos nómadas. Tierra de nadie y de todos. Lugar de encuentros permanentes, de fricciones que electrizan el aire. Combates, cópulas: fértiles impurezas. Tradiciones y pactos. Promiscuidad. Vida de alta tensión. Desde las zonas fronterizas no se perciben las fronteras. José Sanchís Sinisterra

I . Producir , no gracias
Desde hace tiempo y a partir de experiencias en distintos espacios colectivos, venimos topándonos con preguntas urgentes en torno a la constitución de territorios comunes de existencia. Nos mueve una pregunta por cómo vivir, cómo tejer redes de afecto, de cuidado y de puesta en común de las riquezas. Buscamos cómo generar alternativas de mundos posibles ante la falsa inevitabilidad de nuestras vidas frágiles, precarias e individuales vagando dispersas en medio 'del frío de la ciudad capitalista', como la ha llamado Bifo2. No es fácil encontrar la ‘pregunta verdadera’. Nos hemos dado cuenta que pocas veces sabe una de dónde viene lo que la desangra. Es así, con preguntas ver-da-de-ra-men-te a medias, que hemos ido caminando estos años. Y nos parece valioso que así sea. Nuestras preguntas se guían por tópicos ordinarios que consideramos urgente adoptar
1 Este texto ha sido contado y escrito por Joel Audí, Nizaiá Cassián, Sandra Forcadell, Raquel García, Isabel River, Inés Santana, Lucía Serra, Miriam Sol i Torrelló. 2 Entrevista a Franco Berardi ‘Bifo’ realizada por el Colectivo Situaciones, en  http://www.nodo50.org/colectivosituaciones/entrevistas_06.htm

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para sacudir con cierta rabia y desvergüenza: ¿Qué quiere decir hoy en día disfrutar? ¿qué es vivir bien? ¿dónde y hasta dónde nos está dada la posibilidad de confluir con otras y sedimentar la continuidad de estos lazos y encuentros? ¿en qué espacios, prácticas y rituales pueden hoy rozarse, reconocerse y deleitarse nuestros cuerpos? ¿cuándo trabajamos y cuándo descansamos? ¿cuándo producimos y cuándo derrochamos? ¿en qué términos nos está dado pensar y experimentar la alegría y el bienestar común, en comunidad? ¿dónde se acogen y de qué están hechos los momentos de conmoción, placer, intensidad y afectos que hacen del pasar del tiempo -productivo-, una vida digna de ser vivida?

. llegar desde otro lugar .
To live in the borderlands means you are neither hispana india negra española ni gabacha, eres mestiza, mulata, half-breed caught in the crossfire between camps while carrying all five races on your back not knowing which side to turn to, run from; [...] Cuando vives en la frontera people walk through you, wind steals your voice [...] you are the battleground where enemies are kin to each other; you are at home, a stranger,[...] To survive in the Borderlands you must live sin fronteras be a crossroads. Gloria Anzaldúa, Borderlands/La Frontera

Desde el otoño de 2009 empezamos a reunirnos. En esta primera conformación del grupo, fuimos llegando venidas desde ‘otro lugar’; otros espacios políticos, académicos o vinculados al campo del trabajo inmaterial. La mayoría proveníamos de experiencias tanto bastardas como institucionales de un campo ‘psi’ que atravesaba nuestros recorridos formativos y existenciales, perfilando un supuesto y extraño común. Estos espacios habían sido oportunidades de cuestionamiento y reflexión en torno a las prácticas institucionales y a las formas de vida metropolitanas, espacios de apertura, espacios lisos, que como muchos otros procesos políticos colectivos, sufren fracturas y se agrietan, volviéndose duros. Algunas de nosotras habíamos llegado a Barcelona desde otras ciudades. Llegar a esta ciudad nueva y proyectarse 3 aquí nos atraveZaba. Aquellas que
3 En inglés el verbo 'proyectar' significa hacer una proyección o reflejar sobre una superficie plana una imagen óptica amplificada de películas o diapositivas, o también,

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llevábamos ya varios años en ‘el extranjero’, nos encontrábamos constantemente con la im-posibilidad de construir vidas vivibles en común, navegando entre los flujos constantes de amigos y afectos todo el tiempo marchando y a veces volviendo, viajando y regresando, dejando pisos y nuevamente buscando casa y trabajo, cruzando una y otra vez la frontera. Estos viajes y pasajes, la fragilidad de lo que puede pasar y pasarnos 4, del proyecto y el proyectarnos ha sido una constante que sobrevuela y atraviesa con sus interrogantes al grupo esquizo desde sus inicios: ¿Cómo habitar las fronteras y los pasajes? Viene a nosotras Anzaldúa, la mestiza, y nos susurra ¿qué hacer de este ‘terrorismo íntimo’ que es la vida en la frontera? 5 Algunos veníamos de espacios políticos que habían dejado de existir, que se habían disuelto. Esto nos había plantado delante de interrogantes respecto a nuestras prácticas políticas, sobre lo que sedimentábamos durante el proyecto común, más allá de lo que racional o ideológicamente entendíamos como el horizonte de lo deseable. Otras proveníamos de centros sociales okupados o alquilados, donde desde la precariedad, e insertas en la vorágine de la ciudad y de sus regulaciones del espacio público, nuestro reto era generar espacios de producción de derechos sociales, de autoformación y encuentro para pensar el presente. En estos espacios habíamos experimentado, desdibujando las fronteras entre ‘nuestro espacio-centro social’ (donde militábamos, nos formábamos, trabajábamos y nos disfrutábamos) y ‘ese espacio público’, barrio, ciudad, placeres y afectos donde queríamos generar espacios de comunidad. Estos espacios de práctica
expresar o mostrar una emoción o cualidad de nuestro comportamiento. En castellano, el término tiene también una connotación más amplia fuertemente vinculada a la noción de proyecto (este último, definido como un emprendizaje individual o colectivo que es cuidadosamente planeado y diseñado con el fin de alcanzar un objetivo, una propuesta o un compromiso específico). Esta última connotación que la noción de proyecto tiene en castellano, será muy útil para algunas de las ideas que compartiremos aquí. En este sentido, proyectar es también lanzar o dirigir hacia el futuro, calcular, estimar o predecir, es idear, concebir o proponer un plan y los medios para ponerlo en práctica o alcanzarlo, 'un motivo para seguir adelante'. 4 En castellano el término 'pasar' significa tanto ocurrir/acontecer, como mudar (trasladar o pasar una cosa de un lugar a otro lugar), ir más allá de un punto determinado o cruzar/traspasar. Aquello que nos pasaba, era también aquello que podía traspasarnos, o pasarnos, dejándonos detrás. 5 Gloria Anzaldúa, feminista chicana, se sitúa en la frontera como lugar de escritura. Sus textos mismos se encuentran siempre en los entresijos de la teoría y la literatura, entre una lengua y otra que deviene un spanglish haciendo de la experiencia un trabajo impuro, mestizo, queer y desobediente, generador de saber. De ella tomamos la expresión ‘Terrorismo íntimo: la vida en la frontera’ que aparece en su texto ‘Movimientos de rebeldía y las culturas que traicionan’ incluido en la compilación Otras inapropiables; feminismo desde las fronteras (2004) Madrid: Traficantes de Sueños, p. 77. http://www.traficantes.net/index.php/editorial/catalogo/coleccion_mapas/otras_inapropiab les_feminismos_desde_las_fronteras

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política en algunos momentos se habían visto organizados en torno a actividades en las que 'el proyecto' había sido el dispositivo en torno al cual congregarnos. Acompañando la riqueza de estos ejercicios de experimentación, simultáneamente, nos notábamos exhaustas en medio de las dinámicas de una ciudad como Barcelona en la que la vida era toda ella constantemente puesta a trabajar. En la que la política, los procesos reflexivos y de producción de conocimiento, y aun los espacios de afecto y esparcimiento eran constantemente orientados a crear y producir bajo el formato trascendental de 'un proyecto'. Nos confrontaba de forma urgente la pregunta por la producción, específicamente ante un desconcierto que aunque no terminábamos de perfilar, intuíamos como una suerte de imperativo o inevitabilidad. Nos atravesaban ‘los proyectos’, la vida misma era el gran proyecto a producir y gestionar. Este fue nuestro territorio fértil, fue allí donde nosotras, él, ella y otras nos fuimos encontrando. ¿En qué momento comenzamos a ser grupo? ¿Cuándo empieza la historia común de un grupo, cuál es el inicio de esa narración colectiva? ¿Empezamos a ‘producir’ y ‘producirnos’ desde el primer momento en que nos encontramos? En este primer momento, nos interpelaba y nos funcionaba encontrarnos en torno a unos textos y con ellos ir dando cuenta de un contexto de progresiva precarización de un amplio espectro de nuestras vidas. En este primer año esquizo, el grupo va balbuceando 'no queremos hacer nada concreto, queremos encontrarnos’.

II . Producir sin darse cuenta
. tejiendo modos de encuentro .
En nuestras primeras reuniones solíamos hacer un énfasis recurrente en que el encuentro per se constituía nuestra razón de ser, queríamos habitar y experimentar el encontrarnos y dejar que esto marcase el ritmo, las texturas y los sentidos del grupo. En nuestras reuniones iniciales, nos movía el deseo de encontrarnos y trabajar colectivamente lecturas vinculadas a la propuesta esquizoanalítica desarrollada por Deleuze y Guattari y otros referentes del campo de la micropolítica. La aproximación a estos textos y el cómo leerlos -en conexión con nuestro presente- fue a un tiempo des- y constructiva. En un principio, habíamos comenzado repitiendo modos de aproximación al estilo tradicional de la educación institucionalizada. Parecía necesario que quienes sabían más de ese ‘lenguaje-extraño-experto-técnico’ fuesen las 4

designados en la tarea de acercarlo al resto. Nuestro primer paso fue confrontamos con esta forma del UNO, del experto/a, o voz única, aceptar que no había maestro/a ni comodidad de discípulos en su escucha, no había resguardo tras la palabra erudita. Puesto que no éramos una ‘masa indiferenciada’ sino singularidades con recorridos diferentes, ¿cómo enfrentar el riesgo de que alguna quedase excluida dada su poca vinculación con estos conceptos, en un peligro de aislamiento en un supuesto no saber? Esta fue una tensión, no resuelta, y no siempre enunciada. Tal vez una opción fue asumir que ‘el no saber’ era tan supuesto como ‘el saber’. No dejar fijadas ni constituir figuras permanentes de ‘saber supuesto’ permitió que la ‘suposición de saber’ fuese un efecto del encuentro, un producto de las discusiones y no un ente personalizado, invariable y permanente. Fue necesario un movimiento colectivo de modulación de la intensidad, del tono, que de hecho no sucedió como una estrategia premeditada y explícita, sino más como el gesto que hace un cuerpo cuando encontrándose sentado en una posición, descubre que algunos miembros le cosquillean porque se han entumecido. Hicimos un movimiento y un gesto, nos reacomodamos. La violencia de los recortes en derechos sociales, la represión y criminalización de los movimientos sociales, el control y las vigilancia de las calles a partir de nuevas ordenanzas del espacio público y la precarización del trabajo se multiplicaban e iban adquiriendo formas inesperadas, de cara a las que nos era urgente contar con un espacio para pensar colectivamente. A la par de inventar formas de ‘hacer con’ la lectura, generamos un espacio de cuidado, de una política erótica y de la amistad. Fue en esta asunción que devenimos grupo-máquina de pensar, de producción de nuevos ensamblajes, entre ideas, experiencias, conceptos y preguntas.

. registros .6
Partiendo de nuestra ‘tradición oral’ y quizás ante todo pensando en cómo producir formas más perdurables para nuestros espacios de autoformación y lectura, empezamos a preguntarnos cómo hacer que lo que emergía de estas reuniones pudiese ser recuperado en un futuro. Estas cuestiones nos remitieron a reflexionar sobre el tema del registro dentro de las sesiones, ¿qué hacer con aquellos descubrimientos que nos asombraban? ¿Cómo
6 Registrar, anotar, grabar, pero también mirar, examinar con cuidado, inscribir, poner una señal, presentarse en algún lugar y matricularse (registrarse). O eso que decimos de ciertas realidades que pueden medirse o cuantificarse (el terremoto se registró a última hora de la tarde).

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hacer para que perdurasen? ¿Cómo fijarlos? ¿Queríamos fijarlos? ¿Para qué, para quién, qué haríamos después con ellos? El registro nos remitía a la idea de sueño, ¿como se fija un sueño? Un momento onírico es una producción libre, de ideas que se asocian sin filtro alguno, un plano desprovisto de sujeciones. Pero qué sobreviene cuando despertamos? cómo fijar lo soñado sino a través de pasarlo por la historia, por el relato, ¡y cuánta información se pierde en el relato mismo! Pero parece que queremos recordar, porque algo interesante ha pasado allí. En el grupo nos ha pasado un poco lo mismo. Lo importante ha sido permanecer en planos de producción libres, desterritorializados, de algún modo oníricos, ya que son ellos los que nos han permitido experimentar y explorar líneas de fuga en el pensamiento de nuestro contexto y nuestra actualidad. Era importante ese cómo del registrarlos, cómo hacer registros que pudieran ser sedimentación y fuga a un mismo tiempo. Había algo deseable en este hacer perdurar. ¿Podíamos pensar y construir formas de registro que fuesen fieles a aquello que se producía en nuestros encuentros? Esta discusión empezó a brotar entre nosotras de manera informal e intermitente, como respuesta algunas pensábamos en la escritura, para dejar constancia de acuerdos y especialmente para poder transmitir a las ausentes lo que se había hablado. Aun así, también cuestionábamos otorgar un estatuto superior a priori al formato escrito sobre el oral, de ahí que empezamos a considerar la grabación y no sólo de voz, sino también del registro audiovisual. Reconocíamos la doble dimensión del dispositivo cámara: por un lado su vinculación con las prácticas de vigilancia y control cotidianos en la ciudad, pero también nuestra agencia en la generación de testimonios y narraciones alternas a los medios de comunicación hegemónicos, subvirtiendo las lógicas del monopolio del registro. Simultáneamente nos interrogábamos por la presencia de este registro en un contexto en el cual lo cotidiano había devenido un espectáculo y los vídeos circulaban de forma profusa e infinita por diferentes medios. ¿Para qué producir más y más registros? ¿Qué hacer después con ellos? ¿Registrar y deshechar? ¿Registrar y postear? ¿Registrar y acumular? Aparecía también una discusión sobre su preservación y difusión: ¿cuándo, dónde, cómo, para qué y para quién hacerlo? Todas proveníamos de prácticas académicas y de activismo donde se registraba lo producido, reconocíamos su valor perfomativo, su sentido estratégico como materialidad que recorre y vincula, pero no terminábamos de tener claro cuáles debían ser los criterios para determinar qué cosas registrar y preservar, y qué otras simplemente dejar acontecer, dejar pasar. 6

. producciones invisibles .
Es inevitable reconocer que algo ha ido emergiendo de nuestros encuentros. Esto empieza a situarnos delante de ciertas preguntas: ¿Lo que hacemos tiene que tener un fin, un objetivo, un destino? ¿Qué es esto que emerge?, ¿Qué pasa cuando nos reunimos?. Aún más, ¿Qué pasa cuando nos seguimos reuniendo? ¿Qué es este seguimiento, no es acaso también un proceso, una producción de algo? Lo producido en nuestros encuentros excede a la palabra escrita y no siendo artistas declarados no sabemos dejar constancia de la transformación de materiales ni cuerpos durante el proceso-encuentro. Este es un tema aún abierto y que no sólo incluye el problema del registro sino que abarca a un campo más amplio, el de la producción. ¿Cómo asignamos en nuestras relaciones un valor a esto que producimos, cuya inmaterialidad aparente no lo hace accesible al reconocimiento? Por esta afirmación ingenua, sin exponerla como tal, transitamos de algún modo. El calor, quizás el placer del encuentro y el modo en que la producción acontecía, invisibilizó que había una labor y un producto. Quizás porque contraveníamos la carga históricamente asignada al trabajo productivo: intencionalidad, fin o propósito, algo o mucho de ingratitud (¿o displacer?) en el esfuerzo de producirlo, obtención de algún beneficio. Nuestros ‘productos’ tenían un toque de ‘naturaleza’, como la selva que los originarios transforman y reconfiguran sin alterar su equilibrio, y que a ojos del conquistador es una ‘naturaleza apropiable’. Pero como bien señala Haraway 7 esta ‘naturaleza’ es una producción colectiva, un heterogéneo cuerpo artifactual, pleno de conexión. De esta manera fuimos empezando a producir pensamientos e ideas, objetos inmateriales con valor. Nos es importante explicitar que el ‘sin darse cuenta’ de esta forma de caminar no tenía que ver con el optimismo de la espontaneidad. Queremos alejarnos también de la idea de una esencia primitiva que expresa espontáneamente su ser. Consideramos que reducir este proceso a un mero gesto de expresión de hecho ha contribuido a que en algunos momentos veamos invisibilizada -aún para nosotras mismas- toda una labor de tejido. Decimos que empezamos a producir ‘sin darnos cuenta’, pero en los últimos tiempos nos ha sido fundamental realizar el gesto a la inversa de ‘dar cuenta’ y plantarnos delante de la pregunta por la materialidad y la carne que ha venido constituyendo esta producción: de qué está hecha, cómo va
7 Donna Haraway (1999) “Las promesas de los monstruos: Una política regeneradora para otros inapropiados/bles” en Política y Sociedad, No. 30, 1999, pp. 121-163, Madrid.

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pasando. Vamos haciendo, vamos inventando, no hay una narración sobre nosotras mismas claramente delimitada, no hay una entelequia que nos piense desde arriba o desde afuera, no hay una trascendencia. No nos ha atravesado la necesidad de una construcción programática, y aun así hemos llevado a cabo una labor consistente de cuidado y mantenimiento de nuestros espacios de encuentro. Ha sido necesario construir, cuidar y mantener nuestros campos de lo posible. En este sentido nos hemos encontrado constantemente realizando una labor de producción y mantenimiento de nuestras condiciones de posibilidad. ¿No es esto lo que algunas han denominado como el actual ‘devenir-mujer del trabajo’8? Históricamente ha existido una división clásica entre producción de mercancías (fundamentalmente atribuida a los hombres, pues aunque hubiera otros sujetos se hablaba siempre en términos de obrerosvarones) y reproducción de la fuerza de trabajo (principalmente a cargo de las mujeres en las labores de cuidado, maternidad, educación, afectividad). Esta división ha tenido como consecuencia una invisibilización -también histórica- de la producción de valor y riqueza que de hecho emerge de estas tareas, pero el desplazamiento actual del modelo de generación de riqueza del capitalismo industrial hacia lo que se ha venido llamando capitalismo cognitivo ha evidenciado las limitaciones de este planteo dicotómico. Desbordando las formas clásicas de producción del trabajo asalariado y de aquel que es reconocido únicamente en términos de ‘empleo’, actualmente nos encontramos delante de una producción de riqueza que nace de la comunicación, de la afectividad, de la sensibilidad, de los modos de subjetivación y de la capacidad de coordinar los momentos y espacios de encuentros. Hoy ya no es posible imaginar la producción de las riquezas y de los saberes si no es a través de la producción de subjetividad, y por tanto de la reproducción de los procesos vitales. ¿Dónde nos posicionábamos nosotras respecto a estas categorías? Nos ha sido difícil distinguir los límites entre producción -de objetos concretos- y reproducción, cuidado y mantenimiento de nuestros territorios comunes. Hemos habitado una encarnación de la producción que comprehende -comprende y aprehende- a la vida. ¿Cómo es que se ha ido despertando la conciencia y el amor por lo producido? La visibilización de este valor ha ido emergiendo como efecto de la confrontación con otros lugares, espacios y situaciones nuevas y diferentes a nuestros encuentros. Fue en nuestra progresiva salida al mundo,
8 Tomamos esta reflexión principalmente del texto de Toni Negri, “El trabajo” incluido en su libro El Exilio (1998) Barcelona: El viejo topo, p. 31-50.

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en ese salir del armario de nuestros encuentros, que nos topamos de frente con la pregunta por el valor y la producción.

III . S alimos del armario ¿y luego, qu é?
. V ínculos con el afuera y La Instituci ón .
De repente, el presente. Así se nos presentó el 15M y la disrupción y organización colectiva de la primavera del 2011. Como miles otras, rastreando esa convulsión de la vida, vivimos (en) la plaza durante varios meses. Fuimos casi cada día, solas o en manada, a encontrarnos, a desarmar junto a otras muchas la naturalización de las formas de gobierno que atravesaban nuestras vidas, a producir nuevos derechos. La plaza se había convertido en un lugar central, cuya porosidad hacía que nos fuera legítimo cuestionar, preguntarnos sobre lo que dábamos por hecho en nuestros trabajos, casas, amores, cuerpos, espacios en la ciudad. La plaza fue un cambio en nuestro cotidiano de grupo, nuestra temporalidad, ritmos, organización de sesiones y temas, era inevitable no hacer de este nuestro espacio de reunión. En continuidad con los modos de encuentro que habíamos venido habitando, y tras pasar un mes de intensidades en la plaza, emergieron también en este espacio preguntas sobre cómo cuidarnos en ese devenir revolucionario. Desde este deseo-necesidad quisimos armar una maquinaria-taller para pensar desde adentro esta nueva centralidad desbordante. Nombramos el espacio-taller ‘Ser plaza, estar plaza, devenir plaza’ y lo acompañamos con esta invitación: ‘Un espacio de reflexión y encuentro de experiencias singulares en la plaza. No es una comisión. No tenemos que decidir nada ni ponernos de acuerdo. No es una terapia de grupo. No es un debate.’ Una vez más, nos parecía fundamental contar con espacios que no dependiesen de producir objetivos o acuerdos específicos. El taller en la plaza fue un lugar de encuentro para pensar junto con otras recién conocidas, donde pudimos expresar tanto los momentos de euforia y cambio de formas que estábamos viviendo, como las incertidumbres que también acompañaban un acontecimiento de esta intensidad. ¿Cómo hacer para que esto continúe siendo un proceso vivo? ¿Cómo no identificarse con, cerrarse y no ser sólo plaza? ¿Qué implica estar en la plaza? Dentro: en las dinámicas, distribución de espacios, comisiones, circulación de palabras, agotamientos, intensidades. Fuera: al irnos a casa, en nuestros trabajos, barrios y colectivos afines, relaciones, cuerpos. En el entre: al no poder 9

marcharnos de allí, al llevarnos la plaza a todo nuestro cotidiano. Fue importante poder compartir la complejidad de lo que implica para el cuerpo el estar en continuo movimiento. La plaza daba mucho pero también agotaba y cuestionaba permanentemente a uno mismo y también a quien no estaba ahí. Poder poner estas experiencias en común y pensar en voz alta respecto a estas intensidades y velocidades, nos permitió sentir más livianas y compartidas las posibles contradicciones que emergen al ¿hacer la revolución?

. hacer cosas que permiten hacer otras cosas: proyectar .
En medio de este salir y habitar la calle, en septiembre de 2011 surgió la invitación a escribir un artículo sobre Francesc Tosquelles 9 y simultáneamente, aplicamos a una subvención pública para realizar una investigación para el artículo. En poco tiempo, de forma espontánea e inesperada, entramos en una nueva dinámica. A través de la subvención y sus requisitos, se abrió un nuevo contexto de relaciones que nos implicó nuevos ritmos y criterios, nuevos espacios de reunión y vías de comunicación, y otra clasificación de lo urgente y prioritario. Comenzamos a administrar dinero y cumplir plazos, viajar juntas, hacer entrevistas 10 y emocionarnos ante el descubrimiento de nuevos temas y nuevas complicidades, entregar informes, escribir a varias manos durante un tiempo prolongado. Fue un momento de creación intensa, viviendo intermitentemente entre el entusiasmo y las pasiones alegres, y entre deadline y deadline. Tuvimos que empezar a reflexionar no sólo sobre el qué de los contenidos de la investigación, sino también el cómo y el por qué lo estábamos haciendo. En esta nueva etapa de relación con espacios institucionales y particularmente al haber recibido una subvención, nos vimos comprometidas con algunas actividades que probablemente no hubiéramos hecho en primer término, o al menos no en ese momento o desde ciertos formatos. Para recibir el dinero de la beca debíamos presentar antes los primeros resultados de la investigación. Pero no estábamos aún en momento
9 Francesc Tosquelles (Reus,1912-Francia,1994). Pensador en la frontera, exiliado político, psiquiatra, militante anarquista, escritor. Revolucionó el trabajo en el psiquiátrico de Saint-Albain durante la guerra, fundó la psicoterapia institucional, incluyó a los pacientes en la gestión real del psiquiátrico e incorporó la creación artística y las asambleas entre todas las personas que formaban la institución. La influencia de Tosquelles sobre Guattari será fundamental en las prácticas llevadas a cabo en la clínica de La Borde. 10 http://www.esquizobarcelona.org/category/entrevistas/

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de presentaciones. Nos encontrábamos en una etapa de exploración donde nuestros deseos y energías se concentraban en realizar algunos viajes para encontrarnos con personas que habían conocido a Tosquelles. Aún así, para poder financiar los viajes y acceder a ciertos materiales requeríamos de dinero, y este dinero estaba condicionado a la realización de productos concretos, como las jornadas “Francesc Tosquelles: procesos creativos y prácticas clínicas”11 y la creación de una página web con el material recolectado. Lo que en aquel momento se manifestaba como proceso, debía demostrar la capacidad obligadamente acelerada de traducirse en producto. Como condición a priori nuestra actividad requería de indicios visibles y delimitados, de espacios y tiempos de presentación que no se desprendían de una continuidad orgánica de nuestro proceso sino de un deber que venía de una institución, y que se introdujo en el grupo. Nos encontrábamos ante el dilema de adoptar o no y de qué manera formas de producción de las que antes habíamos pretendido distanciarnos. Sin darnos cuenta abrimos una cuenta de facebook, nos pusimos nombre, logo, web, plazos, registramos en fotos, vídeos y estructuramos una memoria de todo lo producido. Buscábamos una apertura al exterior y en el camino creamos una parafernalia que devino tediosa. Fue a partir de situaciones similares a estas que la dimensión de futuro comenzó a aparecer en nuestra actividad: empezamos a proyectarnos. Nos descubrimos habitando el pensamiento del proyecto y de la estrategia: hacer cosas que luego nos permiten hacer otras cosas. Surgieron nuevas preguntas. ¿Hacia dónde queríamos lanzarnos, qué era esta entelequia de futuro?¿Queríamos convertir el proceso en u-n-a cosa? ¿Era toda experiencia traducible a proyecto? ¿Cuáles aparecían como los canales reconocidos y avalados para compartir ese saber y esa experiencia? ¿Qué hacer cuando se produce pero lo que se produce se/nos desborda, cuando esa producción no es 'traducible' a proyecto? En esta re-organización del cuerpo al pasar por circuitos institucionalmente establecidos, estábamos deviniendo instituídas, en sus ritmos, reclamos, tiempos, formatos. Ante este riesgo, y el de que nuestro nombre cristalizase en marca o voz única, una corriente de malestar nos sacudió ¿Era el estallido para una disolución? Todo grupo tiende a la muerte a la que se enfrenta todo ser vivo como destino. Pero también es posible enfrentar a lo mortífero que subyace en las
11 Jornadas “Francesc Tosquelles: procesos creativos y prácticas clínicas”. 22/12/11 en el Centro Cívico de San Agustín, organizadas por el Grupo Esquizo con la participación de Suely Rolnik y Antoni Labad. http://www.esquizobarcelona.org/category/videos/

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formas de cristalización, de perdurabilidad o de silencio frente a los microfascismos que emergen. Esa forma odiosa que no queríamos ser, pero que estábamos siendo-haciendo, se nos presentó como una imagen que causaba un cierto espanto. Nos dimos a la tarea de ver cómo y qué nos empujaba pasionalmente a una forma de relación institucional que parecía estar pautando nuestros muchos devenires posibles. Iniciamos así una ardua labor de cuestionamiento discursivo y práctico en torno a la visibilidad de lo producido y a la forma legítima del saber.

IV . Producir , una pregunta por el valor y por las formas de composici ón 12
En algún momento durante el proceso de pensar, conversar y escribir a varias manos este artículo, imaginamos que este cuarto apartado sería el lugar de las conclusiones. Luego, a lo largo del recorrido caímos en cuenta de que nos atraviesa la preferencia por una ‘pedagogía de la pregunta’ 13. Nos gusta descubrir todo lo que cabe y todo lo que se abre dentro del vasto territorio que se contiene entre dos signos de interrogación. Consideramos también que este ‘caminar preguntando’ nos ha permitido abrir un momento de lentitud y explicitación de los puntos en común de estas manos que escriben, así como de nuestras singularidades y diferencias. Ha sido a través de la dificultad de ‘ponernos de acuerdo’ que han ido emergiendo las complejidades de cuestiones a veces olvidadas o normalizadas por la velocidad en la que a veces habitamos nuestros procesos colectivos. De los desencuentros entre nuestras diferentes formas de dar cuenta de la historia común, nuestras primeras preguntas se han visto interpeladas y transformadas por nuevas preguntas formuladas al vuelo. Es así que este ejercicio de escritura ha devenido un proceso de rastreo y de producción de una cultura de los antecedentes que nos atraviesa. ¿Cómo se adhieren nuestros cuerpos en los proyectos colectivos? ¿Cómo queremos seguir caminando juntas?¿Cómo pensamos y narramos nuestros recorridos? Continuando en el rastreo de estas cartografías de los signos de interrogación, en este espacio de cierre nos gustaría dar cuenta de forma más explícita de la manera en que intuimos que nuestros interrogantes han ido construyéndose a lo largo del camino.
12 Ésta es una referencia a “componenda”como traducción propuesta por J.L. Pardo para el término agencement sindominio.net/laboratorio/documentos/milmesetas/debate_pardo.htm 13 Freire, Paulo (1986) Hacia una pedagogía de la pregunta. Buenos Aires: Aura.

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Es inevitable reconocer que las preguntas que nos planteamos tanto en nuestros trayectos de grupo, como en el espacio de este artículo, no se encuentran inscritas en el espacio ‘interior’ del grupo ni en las experiencias ‘individuales’ de cada una de nosotras, sino en la transversalidad de una ciudad y una coyuntura político-económica muy específicas. Para dar cuenta de la compleja peculiaridad de este contexto nos viene a cuenta una frase de Franco Ingrassia:
los mercados contemporáneos pueden ser pensados como territorios de la guerra de todos contra todos, como territorios donde las acciones de defensa de un confort “interior” ficcional se combinan con un reverso de hostilidad generalizada hacia todo lo que sea considerado exterior. 14

En el inicio de este texto, en el apartado 'llegar desde otro lugar', damos cuenta de aquellos otros lugares desde los que fuimos llegando para congregarnos en el grupo esquizo y de una cierta sensación de desbordamiento ligada a ellos. Exceso y saturación de interesantísimas reuniones a las que asistir, cosas por aprender, contactos por iniciar y mantener, agendas que llenar y cumplir, espacios y personas por conocer. Todo esto nos remite a la continua labor del mercado de producción de ensamblajes y desensamblajes y nos sitúa en la inevitabilidad de pensar en cómo atravesar estos modos de producción de vínculos y cómo re(in)ventarlos colectivamente. Nos vemos atravesadas y localizadas en el centro de un huracán llamado Barcelona en el que de forma cotidiana y encarnada nos es evidente y palpable esto que ha venido llamándose la emergencia de un 'nuevo espíritu' del capitalismo15. Los dispositivos de acumulación han pasado de un mundo industrial (basado en el trabajo asalariado y en el que la actividad profesional se encontraba claramente separada del ámbito privado) a un mundo reticular en el que la vida social se compone en lo sucesivo de una multiplicación de encuentros y conexiones temporales pero reactivables, con grupos diversos. En esta nueva dinámica de ciudad aquello con respecto a lo que se mide la grandeza de las personas y de las cosas es su actividad. En la ciudad industrial la actividad se confundía con el trabajo y los (sujetos) activos por excelencia eran aquellos que disponían de un trabajo asalariado estable y productivo. Por el contrario, la actividad en la ciudad contemporánea supera las oposiciones entre trabajo y no trabajo, entre lo
14 Entrevista con Franco Ingrassia, por Amador Fernández-Savater, “Pensar (en) la dispersión” en Revista de Espai en Blanc nº9-10-11: El impasse de lo político. Disponible en: http://www.espaienblanc.net/Pensar-en-la-dispersion.html 15 En particular retomamos aquí algunas ideas desarrolladas por Luc Boltanski y Eve Chiapello (2002) El nuevo espíritu del capitalismo. Madrid: Akal, p. 161-166.

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estable y lo inestable, entre lo asalariado y lo no asalariado, entre lo interesado y lo voluntario, entre lo que es evaluable en términos de productividad y lo que no siendo medible escapa a toda evaluación contable. En medio de esta vorágine, en nuestros espacios colectivos encontramos que 'estar de otra manera' nos permite crear formas y campos de composición que son simultáneamente de reproducción de nuestras vidas comunes y de producción de saberes y territorios. Estos son, no sólo entrañables, sino políticamente fundamentales. Con todo, nos damos cuenta de que esta producción, denominada 'inmaterial', es también una máquina de producción de valor que nos ha confrontado con el darnos cuenta y hacer cuentas de ese valor producido. Allí han surgido preguntas acerca de qué hacer con eso difuso y profuso que producimos, sobre sus formas de preservación y las contradicciones de los distintos formatos que legitiman, visibilizan y dan más o menos valor a esa producción inmaterial.

. cr édito-credibilidad -constancia . . cr édito-credibilidad -evidencia .
Esta reflexión respecto a los dispositivos de preservación, circulación y visibilización de nuestras producciones, nos ha llevado también a la pregunta respecto a aquellos formatos que elegimos -o descartamos- para compartir con otras y hacer móviles nuestras experiencias y saberes colectivos. Sobre cómo hacerlos nómadas para que puedan gozar del contagio, complicidad, sampleo y mestizaje con otras afines, conocidas o por descubrir. Nuestro encuentro con el Otro-Institución nos ha confrontado con una lógica posindustrial de producción y reconocimiento, que fija una dirección a través de la entrada en una gramática de los proyectos tangibles. Nos enfrentamos con una disyuntiva que sugiere que para mantener los contornos es imprescindible aceptar una única vía del devenir proyecto. La silueta de un grupo-que-se-reúne pareciera cobrar sentido únicamente hacia su interioridad privada, reproductiva y en ese sentido cuasi doméstica, invisibilizada y sin grandes incidencias. Mientras que un grupo-que-presenta o un grupo-que-escribe-un-artículo pareciera situarse en una esfera pública, abierta, visible y productiva dentro de los regímenes de créditocredibilidad-constancia que avalan la producción inmaterial. Hemos pensado también que el nombrarnos ha venido atravesado por un acto de marcarnos, de producir-nos una marca [possible translation: of producing us a mark/brand]. En castellano es singular la doble connotación 14

de este término: una ‘marca’ [a mark] es una seña, una huella. Marcarnos desde el nombre es en este sentido construirnos una morada común en esta palabra singular que va condensando nuestros rastros. Pero una ‘marca’ [dejar en castellano] es también el vocablo para referirse a una marca registrada, a una ‘brand’. Pero ¿de qué manera nombrar nuestros espacios colectivos can become both an act of marking us but also a kind of performativity of branding, that not only marks us with the warmth of belonging but that simultaneously ‘brands us’? Respecto a esta cuestión nos encontramos aún en una fase de exploración en torno a la que más que posicionamientos o respuestas, tenemos inquietudes. Aparece ante nosotras una pregunta de tono cuasi naif ¿por qué nos vemos abocadas a darle un nombre a nuestros colectivos? Y luego, estirando radicalmente esta pregunta aparentemente banal, ¿qué hacemos de este copyright de nuestros encuentros? ¿Qué tipo de marcas [marks] y marcas [brands] performamos desde nuestros colectivos cuando al llegar a diferentes espacios de enunciación pareciera que otorga mayor legitimidad, seriedad o distinción el presentarse no sólo en términos de X, sino como ‘X de tal’? ¿Qué hacemos con estos nombres-marca? ¿Qué tipo de valor produce esta distinción?

. cuentas .16
La subvención pública inauguró nuestra relación con el dinero. Ahora, pasado un tiempo, empezamos a pensar cómo ha sido esta relación que nos obliga a situarnos ante nuestra producción también en términos económicos. Nos parece importante plantear aquí una reflexión honesta y abierta respecto al dinero, a esos recursos económicos que circulan casi siempre de forma precaria y a cuentagotas en nuestros espacios colectivos, donde la experiencia nos recuerda que suele ser un terreno complejo y espinoso. Con la subvención produjimos un dinero del que era necesario hacerse cargo. Tuvo que ser el Afuera quien viniera a decirnos: oigan, aquí hay que hacer las cuentas. Tener dinero devino en tener más trabajo: administrarlo, justificarlo, guardarlo, declararlo y pagar impuestos. Nuestra situación, en la pequeña escala de un grupo, nos plantaba delante de preguntas más amplias: ¿Cómo contamos y cómo gastamos ese valor producido? ¿Quién se hace responsable de las cuentas? ¿Qué se paga con ese dinero, hacia adentro y hacia afuera del grupo? Consideramos sugerente el término ‘cuentas’, dada su polisemia en castellano. ‘Las cuentas’ [dejar en
16 Reportes, recuentos, facturas, tener en cuenta, considerar, hacer de cuenta y hacer las cuentas, lo que contamos (y lo que no se sabe decir, se olvida o calla) y con lo que contamos (accounts, bills, what you count, what you tell).

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castellano] hacen referencia to the bills pero contar alude también tanto a to count como a to tell. ¿Cómo contamos y contamos la historia de nuestras riquezas colectivas y nuestras cuentas? [how do we count and tell the narratives of our collective wealth/richness and accounts] Pensar en ‘las cuentas’ (the bills) nos planteó delante la pregunta respecto a aquello que in our giving account of our process should be considered como trabajo asalariado. ¿Cuándo una labor cuenta como trabajo? ¿Qué labores son consideradas en nuestros colectivos como trabajo asalariado? ¿Cuándo un trabajo es retribuido y cuándo es voluntario? ¿Cómo se pauta y demarca esa diferencia? Esta pregunta sobre las cuentas nos ha llevado también a territorios más amplios en torno a la pregunta por el valor que hemos ido produciendo juntas y que evidentemente no se reduce a una dimensión económica, sino que se esparce difusamente a lo largo de nuestras producciones afectivas y discursivas, nuestras redes de afinidad y relaciones en común. La lógica de los discursos y prácticas que promueven la constitución de la ciudad neoliberal vinculada a formas de producción inmaterial, se basa en la administración del valor que emerge a través de la producción colectiva de símbolos, ideas y productos del ámbito del conocimiento y la innovación, y que resalta de forma específica las singularidades y las relaciones afectivas con los otros. Pese a esta cooperación productiva de la colectividad, paradójicamente nos descubrimos constantemente interpeladas por una estructura basada en una jerarquización en función de la cual la precariedad y la formas de represión son individualizadas a través de formas sofisticadas de control social. Es a partir de algunas de estas reflexiones que nos encontramos atravesados por ciertas preguntas: ¿Qué hacer con las riquezas que vamos generando juntas? ¿Qué cuenta como recurso, riqueza y valor? ¿Cómo se piensa colectivamente un recurso, cómo se cuida, administra y reparte la riqueza común? ¿Cómo ha de componerse esa comunidad que la nutre y mantiene? Y en particular, ¿cómo componernos en un contexto en que la riqueza y los recursos suelen ser identificados y estructurados en dispositivos dicotómicos entre lo público por un lado y lo individual-privado?.

. componendas .
Nos es vital alejarnos de la producción de herramientas individuales para poder seguir estando ‘bien’ y ‘aguantar mejor’ el afuera. Sin ‘agenda’ política pero horadadas por los acontecimientos del presente nos 16

organizamos para hackear códigos de encuentro y de producción de datos hegemónicos, buscando generar espacios donde inventar subjetividades otras. Más que proyectos, vemos necesario aventurarnos en procesos de invención y aprendizaje en torno a nuestras formas de componernos y de poner en común la vida. Fabricarnos maneras de vivir, ser artesanas de oficio de las componendas17. Los términos 'componenda' y 'composición' invocan preguntas en torno a las formas, los ritmos, los materiales y las texturas que constituyen y dan carne a nuestras articulaciones y ensamblajes. La nuestra, es una pregunta en torno a los arreglos y los 'tuneos' – tunearse y tonarse, entonarse y ponerse a tono – . Una pregunta en torno a los 'jury-rigs'18 y los apaños que inventamos y con los que experimentamos para poner y mantener en común la vida. Nos ha sido y nos es necesario seguir experimentando organizaciones de código abierto, en estado beta, sin un centro que las instituya y les asigne una perdurabilidad externa a los acontecimientos. Sin una fachada donde sentirnos re-presentadas. Nuestro desafío pasa por ir desarmando lo que ha sido sobrecodificado potenciando la dimensión política del encuentro, de su poder de re-componer, y en su fuerza generativa, abrir paso a devenires posibles, a combinaciones muchas, donde la dimensión de futuro no está preorganizada en la idea del proyecto, ni empujada por él. Y a un mismo tiempo, donde a la riqueza producida, y en-producción, se le pueda asignar un reconocimiento-Otro, a contragolpe a las formas de reconocimiento establecido. Quizás éste es una de los otros frentes de lucha que en este capitalismo tardío, en nuestros colectivos -en sus diferentes formatosvemos necesario trabajar, y activar, para ir construyendo formas de reconocimiento a nuestros recorridos, y a las riquezas producidas en nuestros encuentros. Los que aquí escribimos somos cuerpos gregarios, que a lo largo de estos últimos tres años hemos ido rondándonos y sumándonos unos a otros. Entre estas siluetas con contornos siempre difusos y en constante modificación, 17 "La vida es una mercancía que el Estado no fabrica. Fuera tampoco se puede vivir a
menos que uno se fabrique una manera de vivir, a eso me refiero con una componenda […] Cuando ya no se puede vivir es cuando hay que hacer una componenda […] eso es la creación de un derecho de existencia […] El problema de las componendas es: ¿Cómo podemos vivir juntos los que no podemos vivir juntos? […] ¿Cómo podemos vivir con diferencias? Sólo haciendo componendas.”  http://www.sindominio.net/laboratorio/documentos/milmesetas/debate_pardo.htm 18 El término 'jury-rigging' se refiere a reparaciones provisionales u oficios temporales hechos únicamente a partir de las herramientas y materiales que resultan estar a mano en un momento dado. Es originalmente un término náutico, en barcos de vela un 'jury-rig' consiste en el reemplazo del mástil por uno improvisado en caso de daño o pérdida del original estando en alta mar.

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intuimos una figura, un espacio cercano a lo animal-manada, pero donde lo singular no se revela de forma automáticamente lineal y aproblemática dentro de ‘lo común’. No tenemos muy claro qué quiere decir esto de hacer común y comunidad, hacer grupo, pero lo cierto es que no sabemos vivir de otra manera. Nos atraviesa este instinto fundamental de olfatearnos, de acercarnos, procurarnos. Este sentido gregario no viene aquí como una cuestión natural e instintiva, como tampoco es automático e inherente que un día unos cuantos cuerpos devengan manada (no basta con ser bestia para hacer la manada, nos hemos topado). En todo caso, más que el instinto, nos caracteriza la torpeza. Somos las que retozan, las que por querer correr se tropiezan, las que cuando quieren cantar les sale un aullido, aquellas que a veces, muy a nuestro pesar, cuando quieren acariciar les traicionan las garras y arañan. Queremos producir complicidades, territorios comunes, formas de vida, pequeños archipiélagos de tentativas certezas que nos catapulten hacia aquello que ni siquiera intuíamos como posible. Pero no queremos producir trabajo que sólo produce más y más trabajo. El capitalismo ha hecho prevalecer una definición proveniente de la economía -la ciencia triste- en torno a la riqueza: acumulación de cosas, apropiación de valor financiero, poder adquisitivo. No queremos una política triste y de la carencia, sino una política de la abundancia y de la riqueza. Retomando el texto de Bifo, se nos vuelve imprescindible continuar en esta reflexión plantándonos delante de ciertas preguntas: ¿Cómo se hace para vivir bien? ¿Cómo se hace para estar abierto al placer? ¿Cómo se goza de la relación con los otros? Y ante todo ¿qué cosa es la riqueza? Es precisamente gracias a la producción de carencia y de necesidad que el capital vuelve esclavo nuestro tiempo, somete nuestros ritmos. Es así que nos es necesaria una experiencia derrochativa del tiempo, y no cargada de la angustia de las horas que se extinguen y arrojan a la exclusión a quien no se encuentra movilizado, conectado, relacionado y proyectando. No queremos acumular, sino prodigar. No queremos calcular, sino tener aquello suficiente y necesario para componernos con otras en bienestar. Al cálculo nos es necesario oponer el derroche, a la contabilidad y administración del tiempo y de las producciones, nos son constitutivas y fundamentales las energías, los afectos, los encuentros, las palabras, las preguntas, las reflexione y los deseos que-se-prodigan.

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