LAS TRUCHAS DE CASTILLA Y LEON EN LA PICOTA

La aplicación de la nueva Ley de pesca pone en peligro a las poblaciones de trucha en Castilla y León. . Texto: Javier de Cabo y Ernesto Cardoso “al alimón”.

Las truchas de Castilla y León en la picota
La puesta en marcha y aplicación de la nueva Ley de pesca pone en peligro a las poblaciones de trucha en Castilla y León.
A finales de este mes de octubre está previsto que se vote en las Cortes Autonómicas de Castilla y León la nueva normativa de pesca. Una ley polémica cuyo borrador se presentó públicamente en diciembre del 2011 y que fue alegado antes de su redaccion definitiva por diversos colectivos. Una vez incorporadas algunas de las alegaciones y aunque no esté hecha a gusto de todos, mucho menos a gusto de un colectivo tan heterogéneo como es el de los pescadores, parece que verá la luz. A muchos nos pareció un gran avance respecto a la normativa que aun hoy está en vigor, fundamentalmente porque clasifica a la trucha como “Especie de Interés Preferente”. Con esta calificación, la Ley garantiza la protección de esta especie (LA TRUCHA) a través de medidas exclusivas de conservación. Estas medidas tendrán que verse reflejadas en el futuro reglamento que desarrollará esta ley así como en las órdenes anuales relativas a la pesca. Una de las medidas exclusivas que contempla la nueva ley es la relativa a la pesca de truchas en aguas libres, pesca que se practicará en la modalidad de captura y suelta, es decir, sin el sacrificio del animal. Un avance importante en la concepción de la pesca como actividad deportiva y lúdica, en un claro intento de hacerla sostenible y apaciguar el instinto predador de los humanos. Con ello también se trata de orientar e incrementar la oferta entre un importante número de aficionados. Esto sin embargo es uno de los motivos principales para la falta de acuerdo y por el que se crea un enfrentamiento entre pescadores. Por un lado los que quieren pescar sin muerte y por otro los que quieren sacrificar al animal. Ante la inminente entrada en vigor de la nueva Ley de Pesca, ya que presumiblemente la próxima temporada comenzará bajo su amparo, en los consejos de pesca provinciales que hasta ahora se han celebrado (Salamanca y León) la presidencia ha propuesto y se ha aprobado por votación un cambio en la concepción de las distintas zonas de pesca, transformando muchos tramos (tanto acotados como zonas libres) donde tradicionalmente se ha practicado la pesca sin muerte, en tramos de pesca extractiva durante gran parte de la temporada. Los motivos alegados para estos cambios han sido mantener la oferta de pesca con muerte hasta que se realice una nueva zonificación de cuyo estudio saldrá el uso y la modalidad de pesca que se le dará a cada tramo, todo ello en aras de minimizar la conflictividad social. No discutimos el acierto de las previsiones que la administración hace ante la inminencia de una ley de carácter maximalista y de difícil cumplimiento inmediato por falta de un trabajo que debería haber sido previo a su aprobación, como es la zonificación de los tramos de pesca. Pero la propuesta que se ha llevado a los consejos creemos firmemente que ha sido del todo descabellada: en suma se trata de convertir en cotos de pesca extractiva las zonas que tienen las mejores reservas de poblaciones de peces -en el caso de Salamanca el Chorrón y Galisancho, la totalidad de los cotos de pesca sin muerte que existen en la provincia-, que se

han consolidado después de muchísimo esfuerzo, con un trabajo continuado a lo largo de más de 20 años para su recuperación y conservación, con una gestión que los ha convertido en un referente a nivel nacional e internacional. Por supuesto a estas zonas de pesca acotadas, se accederá previo pago, mediante un permiso. En alguna de las propuestas figura un cupo de dos truchas por pescador y día, si tenemos en cuenta la cantidad de truchas que albergan algunos tramos, podemos afirmar sin lugar a equivocarnos que cualquier pescador podrá conseguir su cupo en una media de 10 minutos, ¿a qué dedicará el resto de la jornada de pesca?, a mirar el río, a irse a su casa, o a seguir pescando, ¿sin muerte?. No creemos que esta sea la mejor forma de poner una ley en vigor, proponiendo unas medidas que contradicen por completo los principios que la inspiraron y que impulsaron a hacerla, pero tampoco es bueno que un colectivo de pescadores sienta que su afición no tiene continuidad, que se les aparta echándolos del río, compaginarlas debe ser tarea del legislador y del ejecutor de esta Ley, es decir, la propia administración sin traicionar a ninguna de las partes implicadas y, por supuesto, sin dilapidar ni malvender las truchas de los ríos castellanoleoneses, un patrimonio que es de todos -no sólo de los pescadores- y que es imprescindible conservar si queremos que la pesca en esta comunidad tenga continuidad y no pase por el gran bache que supondría la sobrepesca de sus mejores poblaciones de truchas en unos ríos cuya capacidad de regeneración está de por sí, demasiado mermada ya. Podemos entender que una actividad cuya recaudación directa puede resultar deficitaria para la hacienda de Castilla y León, tenga que replantearse en cuanto a las tasas que aplican, no sin antes ponderar el impulso económico debido al turismo que rodea a la pesca y que decrecerá en la misma medida en que desciendan sus poblaciones de peces. Por lo que no es suficiente con subirlas como se hizo la pasada temporada, una medida que ha sido contraproducente en este sentido, ya que debido a esta subida también ha descendido este año el número de licencias y permisos solicitados y con ello los ingresos totales. Existen otras fórmulas eficaces que ya se aplican en otros países en los que la pesca está considerada y explotada a todos los niveles, siendo una fuente de riqueza principalmente para el medio rural. Tampoco entenderemos otros motivos que no sean los expuestos en los preámbulos de las propuestas de los consejos provinciales, aunque desde luego se nos pueden venir a la cabeza, uno de los que más pesadillas crea en el pescador, que no es otro que pensar que todo esto sea el preámbulo de la privatización, privatización de un bien público como son los ríos y sus peces a través de otorgar la gestión de la pesca a entidades privadas para su explotación. Si esto ocurriera estaríamos entrando en el “lado oscuro” y entonces el futuro de la pesca tendría un incierto final.
Javier de Cabo

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