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Cómo 90 indios peruanos se convirtieron en los más recientes colonos judíos
Neri Livneh
Ha'aretz/The Guardian
Traducido para Rebelión por Germán Leyens

Cuando una delegación de rabinos viajó a Lima para convertir a un grupo de indios
sudamericanos al judaísmo, pusieron una sola condición: vengan y vivan con nosotros a
Israel. En cuanto estos nuevos judíos llegaron al país, fueron llevados directamente en
autobús a asentamientos en los territorios en disputa. ¿Cómo les va? Neri Livneh, los
encontró.
En una estructura prefabricada en una escuela en el asentamiento cisjordano de Alon Shvut,
hay algunas docenas de personas sentadas, cantando una popular canción hasídica: "Todo el
mundo es un puente muy estrecho y lo principal es no tener miedo." Cantan con
sentimiento, aunque la mayoría no entiende ni una palabra de la canción. Como es
costumbre en las escuelas religiosas, la clase está dividida en una sección para hombres y
otra para mujeres. Las mujeres llevan sombreros y las cabezas de los hombres están
cubiertas de casquetes tejidos. Tanto los hombres como las mujeres tienen, evidentemente,
rasgos de indígenas sudamericanos.
Casi sin que se note, un nuevo tipo de judíos está naciendo en los asentamientos. Judíos que
por cierto están unidos a Israel y a todo lo israelí sólo por un puente muy estrecho. Aún no
han visitado Tel Aviv o Haifa, y nunca han oído hablar de Degania, el primer kibbutz, o de
su vecino, Kinneret.. Miki Kratsman, el fotógrafo y yo tuvimos el privilegio de ser los
primeros judíos seculares que han encontrado. Sin embargo, están animados por un sentido
histórico de su derecho a este país.
"Somos de origen indio," dice Nachshon Ben-Haim, anteriormente llamado Pedro
Mendoza, "pero en Perú, en los Andes, no queda cultura indígena. Todos se han vuelto
cristianos, y por ellos nos hicimos judíos, nosotros también éramos cristianos que iban a la
iglesia."
El milagro de la creación de esta comunidad de nuevos judíos tiene que ser acreditada –o
debitada- entera y exclusivamente a la cuenta del gran rabino de Israel. Por orden del gran
rabino asquenazí, Israel Meir Lau, una delegación de rabinos viajó a Perú. Durante sus dos
semanas en el país, convirtieron a 90 personas al judaísmo, la mayor parte de ellos de
origen indígena.
"Encontramos un pequeño río entre Trujillo y Cajamarca y todos se inmergieron en él.
Llevamos a la gente de Lima a inmergirse en el océano y entonces tuvimos que volver a
casarlos a todos en una ceremonia judía según la halajá (ley religiosa judía)," dice el rabino
Eliyahu Birnbaum, juez en el tribunal de conversión y miembro de la delegación.
Los rabinos convirtieron sólo a los que decían que estaban dispuestos a emigrar de
inmediato a Israel. "Impusimos esa condición porque en las áreas remotas en las que viven,
no hay posibilidad de respetar las reglas del kosher y nos era importante asegurar que
vivieran en un ambiente judío. En realidad, la condición no era necesaria porque en todo
caso estaban imbuidos por un amor hacia el país de Israel de una manera que es difícil de
describir," dice el rabino David Mamo, presidente adjunto del tribunal de conversión.
"Porque vimos su entusiasmo por el país de Israel, comprendimos que la conversión
formaba parte de un proceso completo incluyendo la aliya (inmigración a Israel), así que les
dijimos: igual como viven en una comunidad aquí, ustedes debieran unirse también a una
comunidad en Israel," dice Birnbaum. "El rabino Mamo y yo, los dos vivimos en Gush
Etzion (un grupo de asentamientos al sur de Belén) y creemos que cuando se trata de
asentamientos orientados hacia una comunidad, no hay nada que se pueda comparar con
Alon Shvut y Karmei Tzur (ambos en Gush Etzion), que dijeron que estarían dispuestos a
absorber a los nuevos inmigrantes."
Los 90 nuevos inmigrantes, incluyendo a 18 familias, fueron llevados directamente desde el
aeropuerto a los dos asentamientos. Leah Golan, director del departamento responsable de
inmigración de la Agencia Judía, dice: "Nosotros, como Agencia Judía, traemos a Israel a
todo el que haya sido definido como con derecho a la aliya, -es decir, todo el que ha sido
reconocido como judío por el gran rabino o por el ministerio del interior.
"Generalmente, los potenciales inmigrantes están en contacto con nuestros emisarios de la
aliya y reciben informaciones de mucha confianza sobre posibilidades de alojamiento,
empleo y educación en Israel. Pero en Perú, no tenemos un emisario: sólo hay una pequeña
comunidad judía de unas 3.000 personas, así que sólo tenemos una oficina en Lima que es
atendida por una mujer local. Por ello, la Agencia Judía no tuvo nada que ver con la
decisión sobre dónde estos nuevos inmigrantes iban a vivir o qué clase de trabajo iban a
hacer. Todas las decisiones al respecto fueron aparentemente tomadas por los rabinos."
Teóricamente los nuevos judíos tenían la opción de unirse a la comunidad judía en Perú,
pero fue eliminada.
"¿Cómo decirlo sin ofender a nadie? dice Birnbaum. "La comunidad en Lima consiste de
una cierta clase socio-económica y no los quería porque son de un nivel inferior. Había una
especie de acuerdo de que si eran convertidos, no se agregarían a la comunidad de Lima, así
que no quedaba otra alternativa que poner la condición de que inmigraran a Israel."
Los nuevos judíos no han encontrado dificultades similares en los asentamientos, donde
han sido integrados sin problemas. "Ahora, gracias a Dios, vivimos donde andaba el
patriarca, Abraham, el judío número uno," dice Ephraim Perez, que hasta hace dos
semanas, en Trujillo, Perú, era conocido como Nilo.
Resulta que el Perú también tenía un antiguo antepasado judío propio: "Es sabido que
Cristóbal Colón era judío," dice Batya Mendel que, hasta hace dos meses, era ciudadana
peruana, y su nombre era Blanca. "Y ya que estuvo en Perú, ahí nacieron muchos judíos."
¿Colón judío? "Siempre lo dicen a su respecto en Perú, y visitó muchos sitios en Perú y
dejó sangre judía por todas partes," dice Mendel. "Hay también muchas sectas cristianas
que obedecen a los mandamientos desde entonces. Cuando éramos cristianos, también
observábamos toda clase de mandamientos, tales como Pascha [sic] y Shavuot."
Así que, ¿son realmente de origen judío? "No, en Perú todos son una mezcla de nativos y
de toda clase de conquistadores, pero hubo mucha influencia judía a través de los marranos
[judíos que vivieron durante la Inquisición española que mantuvieron secretamente su fe a
pesar de haberse convertido al cristianismo] y a través de Colón. Cuando todavía éramos
cristianos e íbamos a la iglesia observábamos algunos mandamientos como el Shabat y los
festivos."
Los rabinos Mamo y Birnbaum, junto con funcionarios de los asentamientos, se refieren a
los 90 nuevos judíos como la "tercera aliya" ya que hubo dos grupos anteriores que
vinieron de Perú en 1990 y 1991.
Batya Mendel decidió, con ocasión de su inmigración a Israel, hebraizar no sólo su nombre,
sino también su apellido. "Hebraicé mi apellido a Mendel," explica, "porque cada año en
los años 90, un rabino llamado Miron Sover Mendel iba a Perú para Pascua y siempre
pasaba unos pocos días en Trujillo y unos pocos días en Cajamarca y unos pocos días en
Lima, y nos enseñaba judaísmo. Murió hace cerca de medio año, así que cuando me
preguntaron por un nombre en la conversión, solicité en su memoria que mi apellido fuera
cambiado a Mendel."
¿Qué la hizo venir a este asentamiento" "El Ministerio de Absorción nos dijo que
viniéramos aquí y agradezco a Dios que nos haya enviado aquí," dice Mendel. "Es el país
del patriarca, Abraham, y la gente aquí es muy agradable."
Según Ben-Haim, "la idea de que haya algunos palestinos aquí es una mentira. El pueblo
palestino nunca existió y sólo cuando los judíos abandonaron su país, vinieron los árabes y
trataron de apoderarse y de demostrar que tienen algún derecho aquí. Pero no podemos
estar de acuerdo con eso porque el Señor le dio la tierra a Abraham, Isaac y Jacob para
siempre, y todos los judíos estarán unidos y amarán al Señor con todo su corazón, y
entonces todos los problemas se solucionarán."
¿Cuál es la solución? "En Perú pensaba que todos los judíos en Israel eran religiosos
observantes," dice Mendel. "Fue recién cuando llegué aquí que escuché que casi un 30% de
los judíos no son religiosos, y me quebró el corazón."
¿Es eso lo que le dijeron, pregunto – que la mayoría de los judíos en Israel son religiosos?
"Sí, la mayoría pero no todos. Pero si todos llegaran a ser totalmente religiosos y se
unieran, el Mesías vendría y los problemas con los palestinos se solucionarían, porque se
irían de aquí."
Los ojos de Mendel brillan mientras habla: "Será el día más maravilloso del mundo cuando
todos los árabes se vuelvan judíos y observen los mandamientos y amen al Señor y cuando
venga el Mesías, no habrá nadie en el país de nuestros antepasados que no ame al Señor y
al judaísmo con todo su corazón."
¿Usted sólo se convirtió en miembro de esta nación hace unos pocos meses, y ha estado en
el país menos de dos meses, digo. ¿Sabe que hay árabes cuyas familias han vivido aquí
cientos de años?
"Pero Dios dijo que quienquiera que se vuelva judío de todo corazón y observe los
mandamientos –sólo a un judío semejante Él le dará su corazón de una generación a otra."
A Ben-Haim no le preocupa el hecho de que por haber sido enviado a un asentamiento,
también ha sido efectivamente reclutado por un grupo político en particular: "Sabíamos que
íbamos a un sitio que llaman 'los territorios' porque hay gente que conocemos que inmigró
antes y que vive en los asentamientos en los territorios. Pero eso no me causa problemas,
porque no considero que los territorios sean territorios ocupados. No se puede conquistar lo
que en todo caso era tuyo desde el tiempo del patriarca, Abraham."
Ben-Haim dice que después que termine el curso de hebreo, tal vez ingrese al ejército,
"porque yo no estuve en el ejército en Perú y es algo que me falta, y también porque quiero
defender el país y si no hay alternativa, mataré árabes. Pero estoy seguro que los judíos
matan a los árabes sólo en defensa propia y por justicia, pero los árabes lo hacen porque les
gusta matar."
Basa esta opinión en su visión científica del judaísmo: "El árabe tiene el instinto de asesinar
y matar como todos los gentiles, y sólo los judíos no tienen ese instinto –es un hecho
genético."
¿Pero si usted no nació genéticamente como judío, no tiene usted ese mismo instinto? "Tal
vez existió, pero no importa porque ahora somos todos judíos."
7 de agosto de 2002
Se trata de una síntesis redactada de un artículo que apareció por primera vez en el
periódico israelí Ha'aretz.