Está en la página 1de 8

Alain Dieckhoff, Las Tres Luchas del Sionismo. Debats, n° 33, septiembre de 1990.

ALGUNAS palabras tienen el dudoso privilegio de llevar una fuerte carga negativa.
Así ocurre Conel término «sionismo», que la Asamblea General de la ONU tuvo a bien
interpretar, el l0 de noviembre de 1975, como «una forma de racismo y de discriminación
racial».’ Aun cuando la adopción de esa resolución se hizo gracias a la mayoría «automática»
que unía a los países árabes y comunistas con las naciones del Tercer Mundo, proporcionó
una sanción internacional a una “definición» del sionismo que no deja de ser, como mínimo,
muy discutible. La chirriante ironía de la historia habrá querido que la Organización de las
Naciones Unidas, que procede directamente de la alianza antinazi forjada en el transcurso de
la segunda guerra mundial, haya avalado una acción tal, treinta y siete años después, día por
día, de la «Noche de los cristales» en que un pogrom generalizado se abatió sobre los judíos
de Alemania.
Poco y mal conocido, el sionismo merece algo mas que el anatema fácil, apresurado e
indigno a que demasiado a menudo se ve abocado. El sionismo es ante todo una ideología: la
aspiración a dotar al pueblo judío de un marco nacional. Este consenso doctrinal no significa
sin embargo, que haya unanimidad entre los sionistas en cuanto a los medios de alcanzar su
objetivo, ni acuerdo sobre los valores fundadores del futuro Estado judío —de ahí las
divergencias entre las orientaciones secular y religiosa - Al principio, los sionistas no se
entienden siquiera sobre su destino final —algunos piensan, por supuesto, en Palestina, pero
otros evocan, por ejemplo, Argentina. El sionismo es, pues, un movimiento político fundado
en un programa de autodeterminación pero atravesado por tendencias contradictorias —así,
qué distancia entre la extrema izquierda favorable a la creación de un Estado binacional (ju-
deoárabe) y la derecha nacionalista que reclama en el periodo de entreguerras un Estado judío
a ambas orillas del Jordán!
Este proyecto de liberación nacional no se ha desarrollado sin ataques, pues el
sionismo ha tenido que actnar en tres frentes: en el seno del mundo judío, en el escenario
internacional y en Palestina - Esta triple ofensiva se afirmó durante la presencia británica en
Palestina, a partir de 1912, y desembocó en la declaración de independencia de Israel, el 14
dc mayo de 1948. En el transcurso de ese periodo, el sionismo extendió su influencia en el
seno de las comunidades de la diáspora, particularmente en los Estados Unidos (esta táctica
de entrismo era designada, por otra parte, como «conquista de las comunidades»). Extendió
sus actividades diplomáticas cerca de la Sociedad de Naciones (SDN) y de Las grandes
potencias, sobre lodo en el mundo anglosajón. Estructuró, en fin, la comunidad judía de
Palestina desde el punto de vista político, económico, social, militar e incluso cultural.
Esta acción combinada sólo se ha podido desplegar gracias a un minucioso trabajo
previo: la lucha por el Estado judío pudo emprenderse y desembocar en la victoria,
ciertamente precaria, de 1948 porque el plan de campaña se había hecho con cuidado, mucho
antes de que la Gran Bretaña tomara posesión de aquel rincón de Oriente. Es en los años
cruciales de 1851 a 1917 cuando el sionismo toma cuerpo en los ámbitos interno (el mundo
judío), externo (el concierto de las naciones)j y regional (Palestina). Esos decenios son los del
nacimiento del sionismo.
Los trágicos acontecimientos que golpean a la sociedad judía en el imperio zarista
desde los años de 1880 dan al sionismo el impulso original. El asesinato de Alejandro II, el
13 de marzo de 1881, desata, en efecto, una oleada de pogroms que afecta muy duramente,

1
hasta el verano de 1884, a la zona de residencia, vasta reserva en que estaban confinados los
judíos rusos. Estos actos bárbaros lanzan el pánico y la consternación sobre la comunidad
judía, que había creído que el reinado de un zar que había abolido la servidumbre inauguraría
una occidentalización y una liberalización irreversibles.
Las matanzas y los pillajes, fomentados por la autocracia de Alejandro III, recuerdan
brutalmente a los judíos que en Rusia no están más que tolerados. A excepción de una exigua
minoría ultraasimilacionista, en lo sucesivo estarán convencidos de que el régimen es incapaz
de emprender reformas de fondo y de que su emancipación queda aplazada ad calendas
graecas. Desde entonces, muchos de ellos escogerán la ruptura con Rusia —ruptura «mental»
por medio dc la participación en los movimientos revolucionarios, ruptura «fisica» mediante
la emigración. La masa de los expatriados (600.000 de más de cinco millones de judíos rusos
entre 1881 y 1903) se instalará en los Estados Unidos. Pero una parte de ellos optará por una
solución radical: la instalación en Eretz Israel (la Tíerrá de Israel), donde construirán pueblos
que habrán de formar la base de una sociedad judía autónoma.
No es la cantidad de personas que emigraron a Palestina después de 1881 lo que
confiere un relieve particular a la elección de los judios rusos (hasta 1904 no serán más que
10.000 los que formarán el nuevo Yishouv), sino la cualidad de estos recién llegados. Por
primera vez, no se trata ya únicamente de judíos piadosos que retornan a Síón para estudiar la
Torah., sino de judíos impregnados de la filosofía occidental de la Ilustración que vienen a
Palestina para trabajar la tierra. Su motivación es más nacional que religiosa. Dicho
brevemente, son adeptos de la Haskala, alejados de la tradición ortodoxa, que desembarcan
en Jaffa en 1882 con el fin de preparar el renacimiento político, económico y espiritual judío.
Volvemos a encontrar a esa intelligcntsia en primera fila en las múltiples sociedades
de Hovevei Zion (Aman es de Sión) que nacen espontáneamente a través del Imperio ruso y
trabajan por la regeneración del pueblo judío diezmado por los pogroms, incitándolo a
reconciliarse con una vida nacional en Eretz Israel. Hacia 1885, un centenar de estas
sociedades agrupaban alrededor de quince mil miembros.. Si se considera que el movimiento
de Hibbat Zion (Amor de Sión) nació y se desenvolvió en la ilegalidad, en el seno de un
estado absolutista y policial, esta cifra, modesta a primera vista, testifica de un modo
indiscutible el eco que encontró el nacionalismo judío —aún imperfectamente formulado.
En lo inmediato, esa efervescencia no tiene, sin embargo, más que efectos limitados.
En Rusia, los Amantes de Sión no alcanzan a dotarse br una estructura estable y coherente, a
pesar de la fuerte personalidad de su jefe, Leoo Pinsker (1821-1891), Este médico de Odesa
era un representante típico del judaísmo modernista. Militaba por la promoción de la cultura
entre los judíos y, con el tiempo, por su integración en la sociedad rusa. Pero, sobrecogido de
espanto tras los sangrientos pogroms de 1881, publica anónimamente un manifiesto,
_Autoemancipación, en que denuncia una «-psicosis de antisemitismo» hereditaria que
considera incurable. No hay curación a la vista sino después que los judíos hayan roto
definitivamente con la situación anormal del exilio dotándose de un hogar nacional. Esta
firme exhortación confiere a Leo Pinsker una notable estatura en el seno del judaísmo ruso.
Pero, demasiado introvertido y minado por la enfermedad, no llegará a ser el conductor de
hombres que esperaban los Amantes de Sión.
Tras la muerte de su jefe en 1891, éstos de dividen entre seculares y religiosos
(esencialmente rabinos), a los que Pinsker había inducido a colaborar hasta ese momento. La
insuficiente madurez política del movimiento Hibbat Zion, demasiado rápidamente absorbido
por tareas cotidianas para poder elaborar un proyecto coherente, sale a relucir entonces. Sus

2
actividades, que consistían en sostener financieramente la ínstalación de los inmigrantes
judíos en Palestina, hace mucho tiempo que han agotado sus escasos recursos y le han
obligado a solicitar el apoyo del barón Edmond de Rothschild (1845—1934). Las importantes
contribuciones financieras del hijo más joven de James (Jacob) Rothschild, cabeza de la rama
parisina, salvarán a colonias judías de la quiebra —lo cual le valió el glorioso titulo de «Padre
de Yishuv»—, pero también colocarán a los poblados judíos en una situación de dependencia
y les impedirán poner los fundamentos dc una verdadera vida nacional.
El barón, animado por una auténtica simpatia hacia la idea del Retorno a Sión,
concebía éste como una consumación individual y no como una posible solución colectiva de
la cuestión judía. Toda politización le parecía criticable y, sobre todo, irrealista: por principio,
el Imperio otomano se oponía a una Inmigración masiva que amenazaba con desequilibrar la
composición étnica y religiosa de Palestina. Por otra parte, la Sublime Puerta adoptó a partir
de 1882 una serie de disposicioness para impedir la llégada de los judíos, la compra y el
arriendo de las -tierras, incluso la construcción de casas.
La intervención de Edmond de Rothschild contrastaba, de todos modos, con la
indiferencia general de la élite e judía occidental ante las actividades de los Amantes dc Sión.
Ni la Alianza Israelita Universal —que sin embargo había creado una escuela agrícola cerca
de Jaffa en 1870— ni la Asociación de Colonización judía del barón Mau rice de Hirsch —
Interesado por la colonización de Argentina emprendida a partir de 1889 por judíos llegados
de Europa del Este— sostuvieron activamente a aquellos aventureros que querían
reemprender una nueva vida en Eretz Israel. En los aledaños del siglo xx, el balance es, pues,
modesto: seis mil personas, repartidas en una veintena de nuevas implantaciones, viven
entonces en Palestina, en relativamente buenas relaciones con sus vecinos árabes —aun
cuando los primeros signos de una sorda hostilidad hacia un refuerzo de la presencia judía ya
empiezan a aparecer.
En realidad, la aportación de los Amantes de Sión es al principio inmaterial: hacen
germinar la idea de que la supervivencia de los judíos requiere la reconstrucción de una patria
en Palestina —idea que Theodor Herzl (1860-1904) hará prosperar de un modo notable. Este
hijo de negociantes húngaros desahogados, que se hizo periodista en Viena, era corresponsal
del diario liberal Neue Freie Presse en París cuando estalló el caso Dreyfus. Sin embargo,
contrariamente a una tenaz leyenda, no fue la condena del capitán, en diciembre de 1894, lo
que hizo que Theodor Herzl fuera el heraldo de la causa sionista. Ese acontecimiento
constituyó más bien la señal de salida de una larga andadura. En apariencia, el periodista y
dramaturgo Theodor Herzl aspiraba a integrarse perfectamente en la Viena finisecular.
Deseaba con toda su alma ser reconocido como un auténtico escritor austriaco Pero desde su
juventud se había visto enfrentado al antisemitismo —en la escuela, en Budapest y después
en la universidad de Viena. De hecho, no cesó de estar preocupado por esta cuestión, y su
estancia en París de l891 a 1895 no hizo más que precipitar las cosas. Allí fue testigo de la
agitación antijudía alimentadaá, entre otras cosas, por el escándalo político-financiero de
Panamá. La degradación de Alfred Dreyfus acabó de destruir el sueño asimilacionista de
Theodor Herzl y lo condujo a esta conclusión radical: la cuestión judía no puede resolverse
más que colectivamente, mediante la construcción de un Estado.
En Der Judenstaat (El Estado de los judíos), verdadero manifiesto del sionismo
político publicado en febrero de 1896, Theodor Herzl, tras haber comprobado la
irreductibilidad dcl antisemitismo, propone crear dos organismos, instrumentos de realización
del designio nacional judío. El primero, la Society of Jews, será un poder político
«constituyente», encargado de obtener, con el apoyo de la comunidad internacional, una

3
soberanía sobre un territorio determinado —en esa fecha, Theodor Herzl todavía no ha
decidido entre Palestina y Argentina. El segundo, la Jewísh Company deberá trasladar el
programa sionista a los hechos organizando la emigración de los judíos, procediendo a la
compra de las tierras y dotando al nuevo Estado de bases económicas y sociales sanas. En
agosto de 1897 Theodor Herzl convoca en Basilea eh primer congreso sionista: crea allí la
Organización Sionista que se esforzará por obtener en Palestina un hogar nacional reconocido
públicamente y garantizado jurídicamente. La Banca Colonial Judía y el Fondo Nacional
Judío se pondrán rápidamente al servicio de ese objetivo.
Una de las debilidades de los Amantes de Sión consistía en la ausencia de estructuras
rígidas y centralizadas que enmarcaran su movimiento: Theodor Herzl aprendió esta lección
y, durante sus ocho años de militantismo sionista, se dedica a poner en pie una organización
bien trabada. Resueltamente moderno, sabe que un aparato político eficaz necesita dinero y
hombres. Financieramente, sin embargo, el movimiento sionista seguirá estando durante
mucho tiempo poco provisto. En efecto, Theodor Herzl y sus sucesores no consiguen
convencer a los filántropos judíos como los barones Edmond de Rothschild y Maurice de
Hirsch. Pero Theodor Herzl compensa parcialmente esta carencia de dinero mediante la
apelación al apoyo de las masas, que sabe esencial. Cuando estaba destinado en la capital
francesa, este liberal convencido con inclinaciones aristocráticas se había espantado al
comprobar la irrupción de las masas en el escenario político a través de los tumultos
antisemitas y la agitación socialista. Pero, táctico al fin, comprendió rápidamente la baza que
representaba un apoyo popular para el sionismo, movimiento político joven, dinámico y en
ruptura con las ideologías dominantes en el mundo judío.
En efecto, en el Oeste el sionismo iba totalmente al encuentro del ideal de integración
defendido tanto por los notables como por las autoridades religiosas; enel Este se encontraba
frente a dos pesos concurrentes: la ortodoxia judía, que rechazaba las pretensiones politicas
del movimiento de Theodor Herzl, y el Socialismo judío, representado por eh partido del
Bund, para el cual la autonomía cultural asociada a una revolución social debía bastar para
garantizar los derechos de los judíos de la diáspora. Frente a esta oposición, Theodor Herzl
utiliza una llamada a las masas para anclar su movimiento en «tierra judía»: en 1903, más de
200.000 judíos han-girado ya ala organización sionista el shekel simbólico.
El eco popular encontrado por el sionismo en Europa oriental debe mucho al prestigio
personal de Theodor Herzl. En Sofía, en junio de 1896, es saludado como el «Corazón de
Israel»; en Vilna, en agosto de 1903, es acogido por una multitud de judíos endomingados
que lo aclaman como el «Rey de Israel». Ese carisma extranrdinario le sirve
indiscutiblemente en las gestiones que emprende cerca de los políticos. Así, Theodor Herzl
consigue introducir el sionismo en el escenario internacional.
Si el movimiento de los Amantes de Sión había permanecido estrictamente
acantonado en el interior del mundo judío, el de Theodor Herzl, en efecto sobrepasa esas
fronteras —sin descuidar por ello eh entrismo en las comunidades. De ahí ha verdadera
bulimia diplomática que conduce al escritor vienés de Roma a Londres y de Constantinopla a
San Petersburgo para obtener el apoyo benévolo de las grandes potencias. En un primer
periodo, de 1896 a 1902, emplea todos sus esfuerzos en convencer al Imperio otomano para
que elabore una carta que precise los derechos y deberes de los judíos instalados en Palestina.
Theodor Herzl tuvo que gastar entonces mucho dinero en sobornos para acceder a los altos
responsables otomanos, que acabaron por decirle que para ellos no cabía ni plantearse la
cuestión de autorizar la llegada masiva de judíos a Dar al Islam (la «Tierra de Islam», bajo el
control de autoridades musulmanas). En realidad, el trato propuesto por Theodor Herzl estaba

4
viciado desde el principio: se había comprometido a cubrir la deuda exterior de Turquía
cuando no tenía los medios para ello, y sobre todo, el soberano otomano, en su calidad de
califa, es decir, de jefe religioso de los musulmanes, no podía aceptar la constitución de un
enclave judío autónomo en el seno de su imperio.
Después deeste fracaso, Theodor Herzl se dedicó a la búsqueda de un apoyo europeo.
Desde el principio de sus giras diplomáticas había anhelado atraerse el favor de Alemania.
Pero, aunque se encontró con el emperador Guillermo II-en Jerusalén en noviembre de 1898,
comprobó rápidamente que no podía esperar nada de Berlín. En cambio, las cosas se
presentaban con mejores auspicios en Londres. En la Europa del Oeste, el judaísmoo inglés
era el más receptivo al sionismo, pues el terreno había sido preparado por los Amantes de
Sión. Además, la Gran Bretaña, que se enfrentaba a una importante inmigración de judíos de
Europa del Este, buscaba cómo desviarlos hacia otros destinos. En fin, Theodor Herzl se
había dado cuenta de que, para empezar, necesitaría aceptar territorios que no fuesen
Palestina, como el Sinaí o Chipre, para crear un hogar nacional judío. La nueva oleada de
pogroms que se había desencadenado en Rusia a partir de abril de 1903 imponía ese recurso a
una solución provisional para aliviar inmediatamente el desamparo de los judíos rusos.
Estas razones explican la célebre propuesta del verano de 1903 por medio de la cual el
gobierno dc su Majestad se compromete a establecer una colonia judía en Uganda. Esta oferta
es vivamente discutida en eh seno de la Organización Sionista y definitivamente rechazada en
1905, tras la desaparición brutal de Theodor Herzl. Pero marca una fecha capital en la historia
del movimiento sionista. Por primera vez, en efecto, se reconoce oficialmente que los judíos
forman una nación de pleno derecho. Por primera vez, la Organización Sionista aparece como
un interlocutor legitimo a los ojos de un gobierno vigente. Por primera vez, los sionistas
alcanzan a establecer un contacto continuado con los dirigentes británicos. Las negociaciones
de Theodon Herzl con la Gran Bretaña han preparado eh terreno para la declaración Balfour
dcl 2 dc noviembre de 1917.
La muerte del «anunciador del Estado» en 1904 abre un período de clarificación que
desemboca en una redefinición del sionismo. La secesión de los sionistas terrítorialístas,
dispuestos a construir un Estado judío en cualquier territorio vacante, y el progresivo
distanciamiento de los más fieles lugartenientes de Herzl, que pretendían continuar su
empresa diplomática, dejan el campo libre a los sionistas «prácticos», que toman
definitivamente el poder en 1911 cuando Otto Warburg es elegido para ha presidencia de la
Organización. ¿Quiénes son estos sionistas «prácticos»? De origen ruso, piensan que la
diplomacia no es un medio suficiente para construir un hogar nacional y optan pues, ante
todo, por reforzar la presencia judía en Palestina para crear un estado de hecho.
Los pioneros de la “segunda aliya”
Indiscutiblemente Theodor Herzl había descuidado este trabajo práctico, que él
denigraba hablando de “infiltración”. La toma del control del movimiento por los judíos
rusos sitúa la cuestión en primer plano, tanto más cuanto que, en 1904, se inicia una segunda
oleada de inmigración que cambia completamente la fisonomía del Yishsuv y pone las bases
del futuro Estado dc Israel. El pogrom de Semana Santa de 1903 en Kishinev abre, en efecto,
una nueva página trágica para el judaísmo ruso, estremecido por la amplitud de las
destrucciones y, sobre todo, por el hecho de que el zar mismo patrocinase las bandas armadas
responsables de los pogroms, las siniestras Centurias Negras. Un enloquecimiento general se
apodera entonces de los judíos de Rusia, que parten por decenas de millares a buscar refugio
en los Estados Unidos. Cuarenta mil de ellos eligen otra opción y hacen su arribada en la

5
costa palestina.
Ahora bien, al contrario que sus predecesores, los pioneros de ha segunda a!iya
(inmigración), compuesta de jóvenes recién salidos de la escuela o de la universidad, llegará
con unas motivaciones ideológicas muy fuertes. Muy impregnados por el marxismo y el
populismo ruso, están decididos a construir una sociedad judía autónoma y justa. Para ellos,
el sionismo no es solamente un proyecto nacional, es también un ideal social.
Es mediante el trabajo agrícola como entienden concretizar esta utopía igualitaria. Ya
no se plantean transformarse en pequeños propietarios de tierras, como hicieron los Amantes
de Sión llegados en los años de 1880. En adelante, de lo que se trata es de arremangarse la
camisa para convertirse en un auténtico obrero hebreo. Aaron David Gordon (1856-1922)
encarna esa salud por el trabajo. Este Tolstoi judío, llegado a Palestina a los cerca de
cincuenta años, se dedicará hasta el fin de sus días a cosechar agrios y escardar cizaña. Esta
labor física agotadora, a la cual consagra un verdadero culto, es a sus ojos el único medio de
vincular al judío a la tierra de la que ha estado exiliado.
Las realizaciones de estos exaltados son inmensas, tanto más cuanto que siguen
siendo extremadamente marginales. Los dos partidos obréros, el Poalei Zion (Obreros de
Sión) y el Hapoel Hatzair (El Joven Obrero), de los que nacerá más tarde el partido laborista
israelíi, cuenan en todo y para todo con 150 miembros en 1906! Estas organizaciones
grupusculares ponen en pie progresivamente oficinas de empleo, mutuas, clubs sociales y
cajas de seguros de enfermedad. Ellas ponen los fundamentos de un gran sindicato obrero que
adquiere forma en 1920. Los pioneros de la segunda aliya, entre los cuales se encuentran
David Ben Gurión, futuro primer ministro del Estado de Israel, e Jtzhak Ben Zvi, segundo
presidente del Estado, crean también, en 1909, la primera Kvulza, poblado cooperativo del
que procede el kibbutz en línea directa.
El mismo año se constituye en Galilea una fuerza de autodefensa judía, Hashomer (el
guardián), lo que significa una seria degradación de las relaciones judeo-árabes, Inquietos por
el dinamismo de los inmigrantes judíos, que compran sus tierras a los propietarios árabes
absentista los fellahs desposeídos comienzan, en efecto, a reaccionar. Atacan a las colonias
judías y mantienen una agitación nacionalista árabe, nacida tras la revolución de los Jóvenes
Turcos (1908), que había hecho esperar a los árabes una mayor autonomía política dentro del
Imperio otomano.
Finalmente, la segunda aliya señala la emergencia de una cultura hebraica específica,
principalmente desde un punto de vista educativo. La difusión del hebreo como lengua de
comunicación permite la constitución de una red de escuelas, y asimismo el auge de la prensa
y de la literatura. La obra llevada a cabo por los pioneros judíos con la ayuda de los sionistas
prácticos de la Organización Sionista es, pues, inmensa. Sin embargo, este refuerzo del
Yishuv en vísperas de la primera guerra mundial no impide al movimiento actuar en otras
direcciones.
Para apoyar el activismo sionista en el seno de la diáspora, la conferencia de
Helsingfors, en Finlandia, había decidido, en diciembre de 1906, la Gegenwarísarbeit, es
decirla defensa de los intereses de los judíos allá donde residan. Esta acción introducía una
distinción entre el objetivo a largo plazo, el retorno de los judíos a Sión, y la fase intermedia
durante la cual los judíos -debían esforzarse en defender sus derechos nacionales en el
interior de los Estados donde residían. En Rusia, por ejemplo, debían tomar parte en el
movimiento revolucionario contra la autocracia zarista. Esta participación de los sionistas en
los asuntos locales acrecentó su audiencia: daba pruebas a la población de que el sionismo no

6
se acantonaba en un lugar y un futuro lejanos, sino que abordaba resueltamente el aquí y el
ahora.
En el escenario internacional, es Haim Weizmann quien se dedica a afirmar el
sionismo. Procedente de un ambiente judío tradicionalista de Bielorrusia, se había instalado
en Inglaterra en 1904 para proseguir allí sus investigaciones en química. En 1907 lanza la
idea del -«sionismo sintético», que propugna a la vez el trabajo práctico en Palestina y la
acción diplomática. Se relaciona con el director del Manchester Guardían, gracias al cual
puede entrar en contacto directamente con los hombres de Estado británicos, sin tener que
pasar por los dirigentes de la comunidad judía inglesa, que eran generalmente muy opuestos
al sionismo. Pero hay que esperar a la primera guerra nsundial para asistir a un avance
diplomático considerable.
Al principio del conflicto, los sionistas se inclinan más bien del lado del Reich
alemán, por oposición a Rusia, patria de los pogromistas. A partir de 1916, sin embargo, se
acercan a los aliados, sobre todo a Gran Bretaña, gracias a la acción determinada de Haim
Weizmann. Los repetidos contactos de éste con el primer ministro Lloyd George y con el
ministro de Asuntos Exteriores Arthur James Balfour dan como resultado la célebre carta,
dirigida a Lord Rothschild, en que el gobierno británico declara contensplar favorablemente
el establecimiento en Palestina de un hogar nacional para el pueblo judío.
Las razones de ese gesto son múltiples: en ese terrible año de 1917 marcado por el
fracaso de has ofensivas aliadas y por la defección rusa, interesa a los ingleses obtener el
apoyo de los judíos rusos y americanos; por otra parte, Gran Bretaña espera aprovechar sus
intereses estratégicos en Oriente Medio en caso de desmembración del Imperio otomano, y
aplicar el derecho de los pueblos a disponer de si mismos. Finalmente, Weizmann gozaba de
un capital de simpatía personal (en parte a causa de su contribución al esfuerzo de la guerra
con sus trabajos sobre la acetona), y algunos hombres de estado ingleses, bastante sensibles a
ha mística sionista, estaban sinceramente convencidos de que había que poner fin al injusto
errar de los judíos.
La A declaración Balfour supuso un giro capital en historia del sionismo. Confirmada
por el mandato confiado por la Sociedad de Naciones a Gran Bretaña (24 de julio de 1922),
constituye el punto de partida de la consolidación del sionismo como realidad estatal en
Palestina, hecho político internacional y movimiento central en el mundo judío. Pero es
también un punto de llegada que marca el fin de «la infancia del sionismo». En 1917, el
marco queda establecido. Los dirigentes sionistas saben que para realizar ese sueño del
Estado judío tienen que defender su causa en tres terrenos a la vez. El Estado de Israel ¿no ha
visto ha luz gracias ala conjunción, en 1947-1948, de un amplio acuerdo internacional, de una
voluntad feroz de los soldados judíos de Palestina y del formidable apoyo del mundo judío
afligido por la Shoah? Hoy, como ayer, el Estado de Israel, encarnación del sionismo, sigue
teniendo que actuar concurrentemente en esos tres frentes que, con toda evidencia, están
estrechamente imbricados, como se ve desde el desencadenamiento de la «revuelta de has
piedras».
Si bien la intifada afecta, en primer lugar, a las relaciones israelo-palestinas, afecta
también a los vínculos de Israel con la diáspora, donde las posiciones criticas son más firmes
que en otros momentos, y sobre todo al lugar de Israel en el concierto de las naciones,
incluidas sus relaciones con el fiel aliado americano. La persistencia de la sublevación
palestina corre el riesgo de amenazar ese equilibrio sutil gracias al cual el sionismo ha podido
prosperar, equilibrio en el cual el profundo enraizamiento en Palestina y la auténtica inserción

7
en el mundo judío han sido constantemente sostenidos mediante un diálogo permanente,
aunque a veces difícili, con la comunidad de las naciones. Romper esa exigente armonía sería
ir al encuentro del espíritu del sionimo que precisamente quiso desmentir el arameo Balaam
quien anunció en su profecía: « Es un pueblo que se mantiene aparte y que no cuenta entre las
naciones>- (Números XXIII, 9).

Traducción de Eduard I. Verger.