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"En la senda de un militante: Raúl Ricardo Alfonsín".

Miguel Angel DUARTE1

Raúl Alfonsín: militante de la democracia.


La obra argentina de la Unión Cívica Radical, se personificó en hombres de la talla
militante de Alem, Yrigoyen, Alvear, Sabattini, Lebensohn, Balbín, Illia y Alfonsín. Hoy,
Alfonsín atrae por la cercanía histórica de su gobierno, por su actuación política hasta sus
últimos días en este año 2009, y por abrazar la gloria con el reconocimiento vivo del
pueblo, y una identificación indisoluble con la democracia, la ética, la república y la
defensa irrestricta de los derechos humanos. Alfonsín, como aquellos hombres del
Radicalismo, es un símbolo de militancia política a emular. Con él, el término “militante”
adquiere un significado trascendente: sueños y realidad, utopías y proyectos,
confrontación con toda clase de autoritarismo y diálogo con todas las fuerzas democráticas.
En efecto, afirmando la necesidad de encaminar la Argentina a un proceso de
democratización, Raúl Alfonsín sostenía en La cuestión argentina:
“Son [los partidos políticos] los que constituyen uno de los elementos esenciales de la forma
de organización democrática de la sociedad y es a partir de ellos que debemos impulsar el
compromiso nacional. La vida del Estado democrático descansa sobre la existencia de los
partidos políticos … que no pueden divergir sobre los fundamentos mismos de organización
de la sociedad democrática. Tal divergencia es aún menos aceptable ahora, cuando su acción
debe priorizar precisamente la recuperación y consolidación de esas bases de organización.
(…) los partidos políticos deben definir un comportamiento nacional que, expresándose a
través de un acuerdo en los fundamentos, excluya de la competencia a un conjunto de
definiciones que constituirán las bases sobre las que se asentará la recuperación y desarrollo
de la democracia (…)” (ALFONSÍN, 1996: 74).
Alfonsín convoca desde el partido a todas las fuerzas políticas, sociales, culturales y
productivas del país a profundizar la democracia participativa. Abordamos parte de su
obra y discursos para motivar a una “militancia” con ideales.

Significado del término “militante”.


En el diccionario de la Real Academia Española, encontramos –entre otros- los siguientes
significados:
1
Licenciado en Ciencia Política (UCC). Profesor de Derecho Político, Facultad de Derecho y Ciencias Sociales (UNC). Con
Proyecto y Avances de tesis aprobados, Doctorado en Ciencia Política, Centro de Estudios Avanzados (UNC). Es Vocal
titular de la Asociación Argentina de Derecho Político. Fue Secretario General de Franja Morada de Universidades
Privadas Regional Córdoba (1985-1986). Presidente de la Juventud Radical de la secc. 3ra (1990-1992) y del Comité
Capital de Córdoba (1992-1993). Vicepresidente del Comité “Capitán Costas” de la secc. 3ra. Secretario del Comité Capital
y Congresal provincial de la UCR de Córdoba.
1) Militante: -del ant. part. act. de militar; lat. militans, -antis- adj. “Que milita". 2)
Militancia: 1. f. Condición de militante. 2. f. Conjunto de militantes en una determinada
organización. 3) Militar: -del lat. Militāre- intr. Figurar en un partido o en una colectividad;
intr. Haber o concurrir en una cosa alguna razón o circunstancia particular que favorece o
apoya cierta pretensión o determinado proyecto.
Por otra parte, Raimondo y Soukiassian (1989) señalan que el término “militante” se usa
en el partido radical desde los ‘60 de forma contestaría, en oposición al régimen militar, y
crítica al modelo “burocrático autoritario”. Expresa una “vocación de lucha” contra la
violencia, arrebata al ámbito castrense un significante para expresar la construcción cívica,
la democratización de la sociedad argentina. “Otra dimensión aplicable al término: la de
cumplir con su verdadera misión, la de ser soldados de la Constitución” (RAIMONDO y
SOUKIASSIAN, 1989: 39). Destacan dos definiciones de militante, tomamos una de ellas:
“es realmente el motor de la vida partidaria, es quien está inserto en los distintos frentes
políticos, sea el frente barrial, el frente estudiantil, sindical, empresarial, y que constituye el
vaso comunicante entre la realidad socio-económica del país y la estructura partidaria. Al
mismo tiempo, es a través del militante que se dá el movimiento recíproco de interacción
entre la estructura partidaria y la realidad …” (RAIMONDO y SOUKIASSIAN, 1989: 39).
Cómo ejemplificar una proposición militante? Alfonsín, quien buscaba impulsar el
proyecto democrático en un marco de pluralidad de opiniones, decía:
“Insisto en que propongo un método y no una ideología. Si en cambio, nos propusiésemos
discutir cada una de las propuestas específicas de cada sector político, seguramente
podríamos constituir un hermoso ateneo, pero el país pasaría a nuestro lado sin duda
rechazado por nuestra pedantería y, en última instancia, aunque parezca paradojal, por una
superficialidad casi frívola. Esta no es la hora de ejercicios intelectuales. Es la hora de actuar
en consecuencia con nuestras convicciones”. “(…) Necesitamos, por lo pronto, un testigo que
nos obligue, al que debamos rendir cuentas de la acción que emprendemos y a quien
podamos demostrarle que los demócratas saben y pueden actuar. Precisamente al pueblo”
(ALFONSÍN, 1996: 75).
Vemos que el militante debe tener una visión global de la sociedad en que vive, conocer el
complejo de ideas que sustentan una época, el funcionamiento y alcance de las
instituciones, interpretar la dinámica política nacional y comprender el contexto
internacional en que se desarrollan las relaciones internacionales. Todo ello forma parte
del discurso político que es acción militante transformadora, pero también necesita
prudencia para consolidar aquello que merece ser cuidado para el bienestar del pueblo.
La visión del mundo y el compromiso con la realidad de Raúl Alfonsín muestran su
claridad conceptual y firmeza de carácter, tal como vemos en los párrafos siguientes:
“La instalación en 1976 de la dictadura militar más atroz que sufrió el país no dejó margen
para resistencias legítimas, pero también es cierto que gozó de un consentimiento tácito de
una parte importante de la sociedad argentina y el silencio cómplice o el acompañamiento de
algunos medios de comunicación, en un exceso de autocensura, o directamente de
complacencia. A pesar de dominar todo el aparato estatal, la dictadura militar se abstuvo de
procesar y condenar a nadie, salvo alguna excepción marginal, mientras que mediante
‘acciones directas’, sin juicio ni ley, hizo desaparecer a miles de personas, asesinó, torturó,
encarceló y expulsó del país a otros miles. Ni siquiera actuó dentro de los extensos y difusos
márgenes que otorgaba la ‘legalidad autoritaria’ diseñada por ellos y para ellos, todo se hizo
al margen de la ley y, por supuesto, al margen de toda consideración ética y jurídica. Nunca
existió mayor ausencia de seguridad jurídica en nuestro país y nunca se estuvo más lejos de la
noción del estado de derecho que durante los años del proceso militar, entre 1976 y 1983.
Pero paradójicamente es el período en que más dinero se le prestó a la Argentina, lo que
demuestra la enorme hipocresía de los organismos internacionales de crédito en aquel
entonces” (ALFONSÍN, 2004: 33).
Militancia implica un compromiso “altruista” hacia el futuro. En el mensaje al Congreso de
la Nación, el 1ro de mayo de 1984, decía el Presidente Raúl Ricardo Alfonsín:
“Faltaríamos a la verdad si no dijéramos que el país sufre aún las consecuencias de profundos
trastrocamientos en la escala de valores y que se observan vestigios de una acción corporativa
como producto evidente de una época en que cada sector pensaba egoístamente en la sola
defensa de sus intereses directos. La democracia sólo funcionará en plenitud cuando todos
estemos dispuestos a anteponer los intereses de la República a ideas particulares que
resultarían estériles si no se compatibilizaran con las del conjunto de la sociedad” (Alfonsín,
2004: 164).

Conocer el origen del Radicalismo.


Todo “militante” debe conocer y comprender el contexto y razones del origen de su fuerza
política, y saber diferenciarla con claridad de toda otra fuerza política para asumir una
misión histórica. Como sostenía el mismo Alfonsín:
“El estudio de los orígenes del radicalismo, la interpretación de ese estudio, es una clave que
luego permitirá comprender la existencia de una mentalidad radical, de un estilo radical, que
en sus formas esenciales se mantiene desde entonces. Así como los primeros años de la vida
de una persona perfilan los datos básicos que luego se irán modificando levemente, en los
primeros años de un partido –o de una religión- se encuentran las señales de lo que luego irá
desarrollándose a través del tiempo”. (…)
“El radicalismo irrumpe como expresión de los reclamos nacionales, populares, federales y
democráticos. Pero esa irrupción es estremecedora. Porque hay una lealtad de fondo a la
Constitución Nacional y esa lealtad debe expresarse a través del mensaje viril de una
revolución (…)” (ALFONSÍN, 1983: 9-10).
La lucha revolucionaria para lograr cambios profundos en la Argentina de finales del siglo
XIX se fundamenta en una “vocación emancipadora profunda” que hiciera tambalear los
cimientos de la oligarquía que en esencia era positivista, materialista, centralista, con un
modelo de estado capturado por la minoría en el poder, y rasgos cada vez más agudos de
corrupción, frivolidad y entrega del patrimonio nacional. Como sostenía Alfonsín “El
régimen practicaba una especie de stalinismo de derecha , no muy distinto del que quiso
aplicar un siglo después José Alfredo Martínez de Hoz: de la miseria, de la desocupación,
de la amoralidad, de la falta de protagonismo popular (…)”(ALFONSÍN, 1983: 10).
Representando a los intereses populares, de las clases medias, de los inmigrantes y de la
juventud, en el ’90 cobra impulso la revolución que terminará con la renuncia del
presidente Juárez Celman. Qué se buscaba con esa revolución? Alfonsín responde:
“La revolución del ’90, por lo menos a través de sus líneas más importantes, buscó una
renovación de la vida nacional. Pero los hombres de la revolución del 90 no se imaginaban a
sí mismos como los revolucionarios norteamericanos de 1776, ni como los revolucionarios
franceses de 1789, ni como los revolucionarios rusos de 1917. Se estaba mucho más allá de un
golpe de Estado, se luchaba contra el golpismo permanente que se manifestaba a través del
fraude y la violencia. Pero había pactos preexistentes que rescatar. El régimen no era
combatido porque su legitimidad –como la legitimidad de los Capeto- hubiera caducado, sino
que era combatido porque era ilegítimo” (ALFONSÍN, 1983: 10).
Discurso profundo, informado, pero sencillo. Un “militante” de cualquier tiempo y en
cualquier lugar debe tener claridad respecto del rol que debe jugar en las luchas populares.
La actualidad es una muestra de carencias y mediocridad en lo relativo a valores y a
contenidos programáticos. El predominio de candidatos por sobre los partidos políticos, la
capacidad de financiamiento personal, grupal o sectorial –aún con fuentes dudosas-
caracteriza los procesos políticos “electorales” del presente.
El programa político es fundamental para orientar la voluntad popular. El “militante”
responsable y de convicciones debe tener conceptos fundamentales que le permitan abrir
espacios democráticos en todos los ámbitos de desarrollo personal.
Analizando la claridad del proyecto nacional en el discurso de Yrigoyen y la proyección del
pensamiento radical , Alfonsín formula esta pregunta: Qué quiere decir independencia del
Estado? y responde:
“Quiere decir que el Estado no puede subordinarse a poderes extranjeros, no puede
subordinarse a los grupos financieros internacionales, pero tampoco puede subordinarse a
los privilegiados locales. La propiedad privada cumple un papel fundamental en el desarrollo
de los pueblos, pero el Estado no puede ser propiedad privada de los sectores
económicamente poderosos. La oligarquía tiende siempre a pensar que los dueños de las
empresas o el dinero tienen que ser los dueños del Estado. ya vimos eso una vez más en los
últimos años. Los comunistas, a la vez, piensan que el Estado debe ser el dueño de las
empresas. Los radicales creemos que el Estado debe ser independiente: ni propiedad de los
ricos, ni propietario de los mecanismos de producción” (ALFONSÍN, 1983: 12).

La juventud: expresión genuina de cambio.


La participación de los jóvenes es esencial a la democracia. Alienta ver jóvenes debatiendo
ideas, comprometidos con los sectores más desprotegidos de la sociedad, promoviendo
cambios, profundizando la crítica a sistemas injustos. Alfonsín supo interpretar a los
jóvenes. Refiriéndose a la Juventud y la democracia, en la década de 1960, decía:
“Cuando pensamos que la juventud de hoy, dentro de muy poco tiempo –mañana, en medida
histórica- será la que gobierne el país, adquiere singular relevancia una misión del político no
siempre valorada correctamente: su labor docente”. [La juventud] “no se conforma con
auténticas apelaciones a tradiciones y conductas, por más que las valore y respete. Necesita
además, tranquilizar su conciencia, para poder afirmar sin dudas corrosivas que aquello por
lo que está dispuesto a luchar, es eficaz para crear un mundo mejor. Luego recién, viene la
entrega generosa de sus impulsos y su vigor. Creemos que el valor fundamental para la
juventud sana del país, es la justicia. De ahí que la ocupación más importante de los políticos
deba ser la de demostrar que la democracia es útil para producir la liberación del hombre y
lograr las vastas transformaciones que se requieren en el respeto cabal de la dignidad del
hombre libre” (ALFONSÍN, 1969: 249-250).

Dirigentes antes que lideres mediáticos.


Una de las demandas más marcadas por la sociedad argentina en la actualidad refiere a la
confianza en la dirigencia política, social, empresarial. Las costosas técnicas de campañas
electorales permanentes, el clientelismo político y la sospecha sobre los patrimonios de los
‘dirigentes’, marcan los tiempos políticos. Qué decía Alfonsín sobre la importancia de los
dirigentes?
“(…) en la búsqueda del consenso suele jugar un papel importante el dirigente político, cuya
misión principal es explicar y señalar caminos que lleven hacia aquél. Sin embargo hay que
estar precavido ante la aparición ‘del líder’. (…) La presencia de un líder fuerte es siempre
peligrosa para la democracia, que reclama que se sigan ideas y no hombres. El líder es
depositario de confianzas extremas, ya que se suele fantasear acerca de sus aptitudes. (…)
Cada uno proyecta en él su responsabilidad y así actúa como paralizante o anestesiante de la
acción y el pensamiento. Después viene el desencanto, desencadenante de nuevos problemas
para la democracia” (ALFONSÍN, 1996: 46).
Una necesidad vigente.
Para finalizar, esta apelación a seguir ideas, utopías o ‘estrategias sin tiempo’ -como decía
Raúl Alfonsín- los párrafos siguientes, cobran absoluta vigencia:
“En los tiempos en que vivimos, la política necesita dirigentes que procuren apelar
permanentemente a la racionalidad de la sociedad, haciéndolo con el coraje necesario para
no arredrarse ante el poder económico o el de los medios masivos de difusión, y con la
humildad suficiente como para ejercer su función a través de la docencia, la explicación, el
análisis y la autocrítica. Es verdaderamente lamentable el espectáculo que dan, por otra
parte, dirigentes políticos que más que tales parecen seguidores de encuestas o vendedores
de productos preocupados por no decir nada que pueda ‘caer mal’. Esta es una forma de
conspirar contra la democracia, contra el consenso. Es una forma de traicionar a la sociedad.
Y es también una manera de matar a la política. Además a la larga, la gente tampoco compra
ese producto” (ALFONSÍN, 1996: 46).
Hasta siempre Raúl Ricardo Alfonsín, maestro de la democracia, su obra de vida resuena
en la eternidad.-

Fuentes:
- ALFONSÍN, Raúl (2004): Memoria política. Transición a la democracia y derechos humanos.
Buenos Aires, Fondo de Cultura Económica.
- ALFONSÍN, Raúl (1996): Democracia y Consenso. Buenos Aires, Corregidor.
- RAIMONDO, E. y SOUKIASSIAN, C. (1989): Unión Cívica Radical. Contribuciones para un
debate necesario. Buenos Aires, Fundación Arturo Illia para la Democracia y la paz.
- ALFONSÍN, Raúl (1969): Inédito. Una batalla contra la dictadura. Buenos Aires, Legasa.

FRASES PARA DESTACAR:

“Alfonsín atrae (…) por abrazar la gloria con el reconocimiento vivo del pueblo”. Miguel Duarte

“El radicalismo irrumpe como expresión de los reclamos nacionales, populares, federales y
democráticos”. Raúl Alfonsín

“[L]a política necesita dirigentes (…) para ejercer su función a través de la docencia, la explicación,
el análisis y la autocrítica”. Raúl Alfonsín