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Lugar común, la historia de la educación.

Su estudio nos ha permitido la


reconstrucción de diversos espacios. Uno de ellos es el de la época colonial, otro
más el del México independiente y, finalmente, el del México contemporáneo. Todos
estos espacios se desarrollan en diversos tiempos.
La riqueza, tanto documental como gráfica que encierran nuestros archivos, nos
permite realizar un ejercicio muy importante, que es el de imaginar y crear. De aquí
que en este Diccionario, se encierre una gran creatividad, gracias a los artículos de
32 colegas quienes, desinteresadamente, colaboraron en la creación de este disco
compacto.
La historia de la educación nos permite acercarnos a los ‘lugares de infancia’ como

dice Michel de Certeau. Considero que estos ‘lugares de infancia’, a su vez nos
remiten a la familia, a los juegos, al igual que al aula escolar, a los libros en donde
se estudiaba y a los maestros que impartían las lecciones. Asimismo, nos remite a
otros lugares que yo llamaría “lugares de adolescencia y de juventud”, como la
escuela secundaria y la universidad.
De aquí la importancia de acercarnos a todos estos lugares, tanto de infancia, como
de adolescencia y juventud que se descubren a través del estudio de la historia de
la educación en nuestro país.
Durante el movimiento revolucionario, la primera obra educativa de importancia
que se llevó a cabo es la aparición de las escuelas rudimentarias establecidas por el
presidente Francisco León de la Barra el 1º de junio de 1911. La finalidad de dichas
instituciones era el enseñar principalmente a los individuos de raza indígena a
hablar, escribir y leer en castellano; así como a ejecutar las operaciones de cálculo
más usuales. Su duración era de dos cursos anuales; pero no era de carácter
obligatorio. Estos centros escolares aparecieron en los tiempos más agitados del
movimiento de Revolución, pero las circunstancias permitieron que poco a poco
fueran llamadas “fábricas de zapatistas”.
Con la municipalización de la enseñanza durante el periodo presidencial de Don
Venustiano Carranza, la atención a estas escuelas disminuyó considerablemente.
No es sino hasta el gobierno de Álvaro Obregón cuando se reestablece dicha
atención, brindándole la importancia merecida a las escuelas localizadas en las
comunidades rurales. Uno de los personajes que hacen su aparición en la obra
educativa más relevante de este tiempo es José Vasconcelos, quien ha sido
considerado como una de las grandes figuras de la educación pública en México.
Para poder determinar su influencia en la aparición de la llamada escuela rural
mexicana, es necesario recordar algunos de los acontecimientos más importantes
de su vida política, antes de adentrarnos en su obra educativa.
En 1908, Vasconcelos formó parte del Ateneo de la Juventud . Junto con algunos
amigos de ese movimiento filosófico, se siente llamado por la campaña de Francisco
I. Madero, opositor de Porfirio Díaz. En 1909, ingresa al movimiento revolucionario
formando parte del Partido Antirreeleccionista, al ser nombrado primer director de
ese órgano maderista. Cuando Porfirio Díaz clausura tal partido, escapa de ser
aprehendido y no le queda más que marchar a su primer destierro.
Al triunfar Madero, regresa al país y sin beneficiarse con cargos públicos, presta sus
servicios a dicho régimen aumentando su prestigio ante los ojos de la sociedad. A
raíz de la caída y muerte del entonces presidente, fue aprehendido pero
nuevamente logró escapar e irse del país. A su regreso se acercó a las fuerzas
carrancistas pero no simpatizaba con el primer jefe, en cambio Obregón le parecía
simpático e inteligente. Finalmente a la hora del triunfo de Carranza sobre De la
Huerta, acompañó a Antonio I. Villarreal como mejor candidato de la presidencia y
cuando éste se retiró, aconsejó a Eulalio Gutiérrez quien le ofreció la Secretaría de
Instrucción Pública desde donde Vasconcelos prácticamente manejaba las
relaciones exteriores y muchos asuntos internos. Por razones políticas tuvo que
abandonar nuevamente el país, pero a la caída de Carranza, para ser exactos en
1920, es incorporado al régimen de De la Huerta como Rector de la Universidad
desde donde se dedicara a estructurar la política educativa de la Revolución.
Debido a lo anterior, Vasconcelos tenía atribuciones legales y educativas más allá
del límite universitario, ya que el departamento legislaba para el Distrito Federal (D.
F.) y los territorios federales. Al ser electo Álvaro Obregón como sucesor de Adolfo
de la Huerta, lo reafirmó en su puesto apoyándolo para llevar a cabo sus proyectos
y tareas. Inició con la difícil tarea de convencimiento en cada uno de los estados
sobre la reaparición de un órgano encargado de la educación en México.
En las sesiones parlamentarias de fines de 1920 y principios de 1921, destinadas a
discutir la iniciativa para reformar la educación e introducir la Secretaría de
Educación Pública a la Ley Orgánica de Secretarías de Estado aparece la primera
oposición:
“El diputado Luis Espinosa, el opositor más enconado a la federalización de la
enseñanza, alegaba que el verdadero objetivo de la nueva Secretaría de Estado,
consistía en exaltar la figura de Vasconcelos o de premiarlo, tal como se había
hecho con Justo Sierra al crearse la porfiriana Secretaría de Instrucción Pública y
Bellas Artes. Y añadía, en otras de sus intervenciones, apoyado en la relación del
diputado constituyente Fulgencio Palavicini cuando en 1917 éste –en el seno del
Congreso de Querétaro- aseguró que la creación de la Secretaría de Instrucción
Pública y Bellas Artes durante el gobierno de Porfirio Díaz en 1903 había servido
para endiosar a Justo Sierra y que con la nueva Secretaría de Educación se trataba
de hacer lo propio con Vasconcelos, no sin sostener, en forma un tanto peregrina
que la nueva dependencia del Ejecutivo habría de engrosar la empleomanía, plaga
antigua del aparato administrativo de México”.
Mientras Vasconcelos se encuentra de gira por los Estados, continúa la discusión
para aprobar la reforma. El 3 de marzo de 1921, la Cámara de Senadores aclara que
cada una de las entidades debía aprobarla primero y entonces proceder a la
creación de la Secretaría.
Algunos diputados, entre ellos Juan P. Salazar y José Siurob argumentaron que se
debía crear el Departamento de Educación y Cultura para la Raza Indígena con el fin
de mejorar la vida del indio destacando que hasta ese momento ningún gobierno
había incluido ese sector en sus programas educativos.