Es necesario que me crean.

Porque puedo dar fe: la existencia de estos geniales creadores, de entusiastas paroxistas , desesperados, fantasiosos, torturados, genios iracundos, profetas, sometidos, malditos, ávidos de gloria, solitarios, soñadores, perseverantes, videntes, linyeras, humillados, borrachos, fugitivos, jubilosos, sufrientes, revolucionarios, manojos de energía, cosmopolitas, desesperados por instinto, alquimistas emocionales, desenfrenados, extenuados, salvajes, rapsódicos, afiebrados, jugadores, aventureros, niños, amantes, herederos de la anarquía, eróticamente estimulados para el futuro. Es necesario que me crean. Porque los conocí en mis rondas por las calles, bares, estudios, talleres, viviendas, puentes, parques. Es necesario que me crean. Porque hay que estar preparados: Sonámbula una revista para personas con estrecho criterio.

Alejandro Chiri

2

La historia de la triste. Ella era morena y triste. Siempre se vestía de oscuro. Todos aquellos que la conocieron alguna vez, la recordaban por su aspecto renegrido. Yo visiblemente blanco y alegre. Me agradaba verla leyendo algún libro. Hacíamos una bonita pareja, lo pensé imaginándonos como dos flores plantadas en un jardín: ella una flor murciélago y yo una cala. No importa el sexo pero necesitábamos primero agradar a la naturaleza. Así que resolví, en un acto de coraje, hablarle: yo seré cala y tú serás murciélago. Acepto (dijo) y asimétricamente perfectos, naturalmente verdaderos, enormemente enamorados, nos desprendimos.

La pegadora La Salamandra primera es una cosa difícil de definir, por ahora diremos que desde que "pegó primero, pegó mejor" y fue reconocida a partir de ese gran golpe como la gran pegadora. La Salamandra segunda se ha hecho famosa desde la primera vez que pegó y rimó, convirtiéndose en una reverenda salamanquesa. Endiosada, sus admiradores quisieron saber más de su origen, la descubrieron familia de los anfibios, descubrimiento que reveló su origen humilde, una tritón. La Salamandra tercera fue la vencida, manteniéndose fiel a su desobediencia, siguió golpeando como la primera, la que alguna vez pegó, tentó y pecó.

Mabel Bejarano

3

Krampak 6.20 PM Por mi corazón sólo pasa el amor convexo de mis manos, la luz casi hueco de la soledad otra vez el perfume de la nada. La experiencia de la tarde me define es un día complicado, la vida es una miarda vuelvo del trabajo pensando en eso y eso se torna rosa, morado, ácido y domingo. Por un momento, me olvido del domingo, de la tarde, de este krampak que ya huele a música triste casi un verso desgarrado en la tarde-noche, mi voz ya se apaga en el movimiento de la mano mariposa y allí pasa (allá se va) otra vez mi corazón convexo, el amor hueco, la mano que se torna mosca.

4

Krampak 11.59 PM Necesito estar triste es la solución a mi problema nada nuevo o nada raro el alma teje la sombra de su destino, tal vez una historia: ella morirá en primavera tal vez unas flores en hipérbole poética, él le seguirá en invierno siempre fue la flor y nada más: (ya lo ven aquí tienen) un pequeño drama obscuro un pedazo de la vida que muchos creen dorado pero dime amor, cómo nombrar ahora sin importarnos ya los detalles desconchados o las grietas de la luz, esta rutina de frases inconclusas que converge en krampak y nada más… ¡Ah ya estoy triste! ahí viene la vida arrechando a las estrellas, la marea se retuerce, un verso de Neruda a la ausencia, otro verso desnudo en la mujer oscura y la muerte, y la vida. La vida. La muerte Ah la vida… la vida como otro violento lefarazo sin sentido.

Darío Liendro

5

"Ama y haz lo que quieras. Si callas, callarás con amor; si gritas, gritarás con amor; si corriges, corregirás con amor; si perdonas, perdonarás con amor." Tácito (55-115 a. C.) Historiador romano. Mi Poema Como un poema con tus palabras desparramadas diciendo disueltas. Mi pecho no comprende si por el viento, si por la tormenta de verano. Mi poema no es. Eso es su razón de ser. Absoluto. Pero le conozco la raíz; y en cada alba le acaricio su crecer nebuloso; y vierto en su frágil posar lágrimas colmadas de dulzura. Un suspiro se me resbala y se hincha su raíz. Se sabe poema. Se ondula y crece. Se ondula se ondula. Se entreteje mi poema. Tal vez se pierde y me gruñe. Viaja Solitaria Se piensa Y descansa en algún capullo tierno Y en su dormir le doy mis ojos y mas que mis ojos el alma completa, que le grita silenciosa lo que le es imposible, mi voz 6 Como un poema.

Carla Melina Vaca

Porcelana Soplan las opiniones y la vuelta al mundo le dan. Germinan los nacientes Florecen los bellos Mueren los marchitos. En algún sitio donde los vendavales arriban a un rostro de porcelana polvoriento, el mar hace su cuna. Sus pasos son de hadas de héroes perdidos. Sus manos guardan los secretos del mundo. Ese porcelanato sabe del ardor, del frío y el calor mas placentero. Su estadía en un no lugar lo convierte en la maravilla de lo pasajero. Se protege en el polvo, Se protege de los céfiros. Tan fuerte Tan bello. Contempla el tiempo sus juegos que entristecen a los humanos.

Carla Melina Vaca

7

Intentos fallidos de poemas

I Persíguelos, reviéntalos rómpelos, tíralos patéalos a todos lejos y ven ven derrumbémonos hacia otro lugar.

II Algunas migajas solo el olor de la felicidad. ¿Podemos escribir todo de nuevo?

III Si puede ser que la cuerda haya cedido. Creí que por lo menos habría alguien riéndose de mí.

8

VI La ciudad se va cayendo a pedazos. Y yo con la conchudez de pedirte un día que tengas de sobra.

VII Viene sola, como una bala a la sien sin espera de bienvenida escondiendo el puñal detrás de la sonrisa. Jodidamente hermosa y yo sonrió recibiéndola busco unas zapatillas, un faso, una birra por un momento todo desaparece.

Y no es lo más sano. No no puedo negar los colores y los sonidos
Alejandro Chiri
9

El voluble destino de los pobres Hoy te conformaste con comer pan No te olvides de esto Hay pobreza alla afuera Hay dolores no físicos De vidas pequeñas Que ya no sonríen La Disolución de esta humedad Es lo que buscamos Este aire denso Que Gilletea mis palabras Quedando ya tan pocas Que solo te miro lento esperando El amanecer.
Colonias de hormigas, eso. Mi identidad robusta y golosa Adora lo bizarro Es extraña, rara Con túneles internos, como colonias de hormigas Que tocan el pasto Y los pies se le erizan.

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Cecilia Toconas

Ante la lluvia soy agua Soy agua que bebe tu vaso Soy flor deshilachada sin H Hay cosas que nos definen mas Como la hora a la que nos levantamos Yo me levanto a las 8, beso a mi perro Mi perro sin cola flota cuando me ve Y yo muevo la cola por el Soy papel con olor a limón y sus letras son invisibles y solo el fuego traerá las palabras soy flor deshilachada regada por agua regalada.

El vacío taciturno de hoy El cuerpo se gasta, el alma se desgasta y se cansa. Acongojo de sueños, en la espera de renacer. Esperanza de reverdecer. Conflictos inmateriales que nos atacan en la penumbra del cuartucho. Vemos pasar la luz por los muebles enmohecidos, luces, claroscuros que deprimen, voces que golpean la puerta, seres que golpean nuestro nombre. Libros que ya no enseñan, solo lloran. Veo una pena que deforma; me deforma la inmaterialidad de la ventanilla que pide a gritos piedad. Deformes peinados, deformes miradas, crueles calles pisadas.
Cecilia Toconas
11

Número desconocido El plato de sopa está allí, sobre la mesa. Humea, los trocitos de verduras rodean una papa. Enrique toma la cuchara, la lleva hacia su boca y sopla. Luego toma un sorbo, otro, otro y otro más hasta terminar con el líquido sin sabor, ni olor ni siquiera. No siente nada cuando el líquido se desliza por su lengua y baja al esófago. Mira el mantel de la mesa y los cuadritos de su superficie no parecen tener un color definido, pero Enrique lo considera rojo y blanco aunque sólo perciba tonalidades de grises en todo a su alrededor. Toma una servilleta de los mismos tonos grises del mantel. Se limpia la boca y despierta. Es el mismo sueño cada noche. Desde que tiene uso de razón, Enrique ha soñado lo mismo. Cuando era niño solía creer que todo el mundo así. O alguna rutina similar, según el soñante. Pronto se percató de la variedad onírica en la que se desenvolvían los demás. Pero para él, el mismo plato de sopa lo aguardaba una y otra vez, un ciclo de computadora que envía el mismo programa cada vez que se reinicia desde hace veintiséis años. El día comienza cada lunes a viernes un buen rato antes del horario de oficina. Compra las mismas marcas en el supermercado y va a la misma cajera. Tiene el mismo atuendo para cada día del mes. Luego los repite hasta que se desgastan y compra lo que no sirve lo más parecido a lo que desechó. Enrique tiene el dudoso consuelo de que la oficina es un lugar donde la conducta repetitiva no sólo no es condenable, sino que despierta elogios por parte de su jefe. -Muy bien, Parra. Muy bien. Usted es el paradigma de empleado confiable y eficienteEnrique le sonríe en silencio. Continúa ordenando expedientes y mandando notas, esencialmente el mismo modelo de nota, a la cual cambia la fecha, el destinatario, etcétera. :-( :-(:-( :-( :-(:-( :-( :-(:-( :-( :-(:-( :-( :-(:-( :-( :-(:-( :-( :-(:-( :-( :-(:-( :-( :-(:-( Esa mañana, su auto no arranca. Levanta el capó, mira. No entiende nada de mecánica así que sigue sin pasar nada. No puede llegar tarde. Decide tomar un taxi. Es un lunes como tantos y, luego de hacerle la señal de alto a una luz roja de “LIBRE”, que se le antoja similar a un saludo nazi, aborda un taxi. Acomoda su portafolio a un lado e indica la dirección al taxista. Un celular chato se topa con el dorso de su mano izquierda. Enrique lo toma, lo examina como si jamás hubiera visto un artefacto así en todo el universo. Es un celular de alta gama, de ésos que tienen Internet, twitter, Mp3, 4, 5, whasup, whatdejell, vaya uno a saber. A punto de dárselo al chofer, vacila. Lo mira hechizado, cede al influjo y se lo guarda en el bolsillo interior del saco. 12

Durante toda la mañana, todo ritual que ejecuta Enrique, no logra conjurar al aparato de su mente. Si suena, será su propietario desde otra línea para rcuperarlo. Se lo llevará adónde éste indique, claro. Pero el rectángulo plateado permanece en la terquedad del silencio. Más tarde, en su departamento, lo contempla apoyando sus codos sobre la mesa. La línea no ha sido dada de baja aún. ¿Su propietario no reparó en su pérdida? Tendría que llamar a alguno de sus contactos, revisar el face, buscar datos, algo…pero ya se ha demorado mucho y debe ducharse. Luego decidirá qué hacer. Mientras se lava la cabeza, una melodía de esos ritmos de ahora. Algo de Pitbull le llega entre el ruido de la ducha. “Típico. El telefono sonará cuando estés duchándote”.Piensa Enrique. Manotea una toalla y moja el piso recién encerado puteando. Mira la pantalla: “Número desconocido”. -¿Hola, Thiago?-susurra una voz masculina desde el celular intruso a un chorreante Enrique. -Ehh, no, yo…¿quíén habla?-musita Enrique con los ojos enrojecidos de champú. -Ví tu aviso en internet, quería un servicio para dentro de una hora ¿puede ser? Enrique está desconcertado, le pregunta en qué página y le dice vaguedades para ver adónde va esto. Por las dudas, anota todo en una libreta y le dice que bueno, en una hora va. Chau. Cuelga. Enciende la notebook y se dirige a la página que mencionó el tipo. Lee:

“Mauricio, tu vicio, masculino servicio de acompañante alto nivel. Morboso, dispuesto a cumplir tus fantasías más bizarras, 24 años, discreto. Atención hombres, mujeres. Zona centro.”

Debajo del anuncio, tres fotitos del tal Thiago en alegres tarlipes. Eso sí, con el rostro pixelado. Buscando espolear la curiosidad, crear un aura de misterio, conservar cierto anonimato, o… en un ataque repentino de pudor, quizás…no, esto último, difícil. Dilucidar los motivos que llevan a Enrique a adoptar una identidad ajena no viene al caso. Pero Mauricio no es, supone Enrique, el nombre real, por lo tanto no le pertenece a nadie. Y, si además se trata de cumplir fantasías que son por definición algo irreal aunque realizable, tampoco existen hasta que se lleven a cabo, concluye Enrique en un razonamiento lógico el cual envidiarían todos los sabios de la antigüedad. 13

Además, su vida es tan rutinaria.Si una noche de entre mil no se puede hacer algo fuera de lo previsto, qué sentido tiene vivirla, se dice un tembloroso Enrique ante el portero eléctrico de la dirección anotada. Revisa otra vez. “4º C”. Profiere las palabras mágicas“Yo, Mauricio” y las puertas del destino se franquean para él. @_@_@_@_@_@_@_@_@_@_@_@_@_@_@_@_@_@_@_@_@ El departamento es amplio, de día debe tener buena iluminación, cuánto pagará de expensas. Minimalista todo. Blanco y negro, muebles de madera. Su propietario lo estudia con rostro amable. Enrique no sabía que esperar pero no esperaba esto. Lo saluda con un apretón de manos un tipo de cincuenta años bien llevados. Se ve y se oye muy masculino. Tiene puestas unas bermudas, zapatillas y una remera. Le invita a tomar algo pero Enrique dice que está bien, gracias. Sobre una repisa hay fotos de una mujer y dos niños. Se llama Fabio y en una foto se lo ve con ese grupo familiar en una playa. Enrique/Mauricio piensa que debe ser discreto y no pregunta nada pero supone que el “cliente” es casado. -No te parecés al de la foto- dice Fabio con un trago de algo azul en la mano. Te hacía más musculoso. -Ah, sí. Es una foto vieja. Dejé el gimnasio hace un tiempo. -Sentáte. Enrique/Mauricio toma asiento en un sofá. Hablan de nada. Fabio es tranquilo, se nota y Enrique/Mauricio piensa que Fabio podría ser uno de sus compañeros de oficina más veteranos, incluso su jefe. Pasan a la habitación. Hay poca luz, Fabio le pone la mano en el brazo. Se desnudan y tienen sexo. O.o O.o O.o O.o O.o O.o O.o O.o O.o O.o O.o O.o O.o O.o O.o O.o O.o Enrique sale recién duchado, el tipo le pasó algo extra para el taxi e incluso unos pesos de propina. Bueno, no estuvo tan mal pero no le dá para repetir esto. No era nada del otro mundo y unos pesos libres de impuestos no lo ofenden para nada. En el fondo, sabe que esa noche tal vez vuelva a soñar con el mismo plato de sopa pero el diseño a cuadritos interminable del mantel ya no será exactamente el mismo. Y no le importa. Esta vez tuvo suerte, ¿y si el que lo llamaba era un conocido, un ex compañero de la secundaria, o uno de sus compañeros de oficina?¿y si hubiera sido su jefe? O le daba un aumento o lo rajaba. Mejor no saber. Hay gente que puede vivir esas vidas pero Enrique no es uno de ellos. Alguien le dijo que la gente que labura en la noche suele tener varios celulares. El propietario de este celular todavía ni se habrá enterado de que lo extravió, lo deja sobre el asiento del taxi y se baja. Un flaco parecido a Frodo sube justo después de él. La melodía de Pitbull suena cuando el taxi apaga el letrero rojo de “LIBRE”. Arranca escupiendo monóxido de carbono detrás de Enrique. ^-^-^-^-^-^-^-^-^-^-^-^-^-^-^-^-^-^-^-^-^-^-^-^-^-^-^-^-^-^-^-^-^-^-^-^-^-^ Rafael Caro 14

Sueños del despertar Los gritos de don Evaristo se oyen por los cerros, llamando a Dios o a algún hijo ingrato que partió hacia la ciudad y no regresó jamás. Sonia, es la única hija que vive junto a él, soltera de amores y afectos, con la piel curtida por el frío, con los pies llenos de callos por las hartas caminatas. Ella planea escapar de los gritos de su padre pero no sabe cómo. Busca lugares con la imaginación, inventa lluvias, crea muertes, supone incendios, finge escapes, hasta que el viento le llena los ojos de arena o el frío del atardecer la empujan al rincón de paja y cueros de chivo. Los gritos dicen su nombre, llaman por ella, suplican su presencia, ruegan por ayudan, imploran agua. Ella no responde, no se mueve, no se levanta, se aferra más al rincón, toca el adobe, rasguña la pared blanda. Cierra los ojos y de tanto apretarlos ve estrellas multicolores dibujadas en sus parpados, hasta logra verse caminando por calles asfaltadas, con zapatos, con el cabello largo, con sonrisa, sin cabras y sin ovejas, imagina que se reencuentra con sus hermanos, imagina que deja de oír gritos y siente felicidad, y se pierde por una esquina de la cuidad sin mirar atrás y sin escuchar nada.

Elizabeth Soto

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