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Devoured #1
Emily Snow












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El presente documento tiene como finalidad impulsar la lectura hacia
aquellas regiones de habla hispana en las cuales son escasas o nulas las
publicaciones, cabe destacar que dicho documento fue elaborado sin
fines de lucro, así que se le agradece a todas las colaboradoras que
aportaron su esfuerzo, dedicación y admiración para con el libro
original para sacar adelante este proyecto

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Moderadora
5hip
Traducción
5hip
Ivi04
Lady_Eithne
C_KARY
Melusanti
palbameca
Hillary C.

kristel98
Nanami27
Rihano
Moderadora de Corrección
LadyPandora
Corrección
Francatemartu
Lu
Lsgab38
Eneritz
zaireta90
Yayitaalen
Yanii
sttefanye
Vickyra
Juli_Arg
Maniarbl
LadyPandora
Revisión final
5hip
Diseño
Francatemartu


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Sinopsis
Capítulo 1
Capítulo 2
Capítulo 3
Capítulo 4
Capítulo 5
Capítulo 6
Capítulo 7
Capítulo 8
Capítulo 9
Capítulo 10
Capítulo 11
Capítulo 12
Capítulo 13
Capítulo 14
Capítulo 15
Capítulo 16
Capítulo 17
Capítulo 18
Capítulo 19
Capítulo 20
Epílogo
Escenas Extras
Próximo Libro
Biografía de la Autora


6

ienna Jensen no tenía planes de regresar a casa cuando se graduó
en el instituto la primavera pasada; después de todo, sus sueños
se encuentran en California. Pero cuando descubre que la casa de
su abuela en Nashville ha sido ejecutada y el nuevo propietario ha
iniciado el proceso de desalojo, Sienna no tiene más opción que
regresar a la Ciudad de la Música. Y se encuentra cara a cara con el
hombre imperfecto y magnífico que nunca pensó que vería de nuevo.
El hombre que ahora tiene el título de propiedad de su abuela.
Cuando la estrella de rock millonaria Lucas Wolfe encuentra a la franca
pelirroja mirándolo desde el otro lado de una sala de audiencias, está a
la vez enfurecido e intrigado. Todavía no puede quitarse de la mente la
noche que Sienna casi pasó con él y la química entre ellos es tan
innegable como lo era hacía dos años. Anhela a Sienna más que nunca.
Y al igual que todo por lo que tiene hambre Lucas, está decidido a
tenerla.
Ahora, Lucas va a hacer todo lo posible para atraer a Sienna a su cama,
incluso si eso significa hacer un trato con ella: diez días con él, jugando
con sus reglas y le entregará las escrituras de la casa de su abuela. A
pesar de que está de acuerdo con el trato, Sienna está en conflicto.
Debido a su deber con su familia. Debido a las promesas que se ha
hecho a sí misma y a un pasado que todavía la persigue. Y mientras el
juego de la seducción de Lucas continúa y Sienna se introduce en su
oscuro y erótico mundo, y a sus incluso más oscuros antecedentes, se
da cuenta de que en cualquier momento podría ser devorada.

S

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Traducido por 5hip
Corregido por francatemartu

u hermano menor llamó. Tres veces.
Mi mirada vuela del correo que tengo en las manos
para encontrarse con los ojos oscuros de Tori. Está a
tres metros de mí, sentada detrás de la encimera de formica en la
cocina. Mi genial y confiada compañera de cuarto; a quien conocí hace
cuatro años cuando me rescató de un chico de fraternidad borracho;
juguetea ansiosamente con el borde de un vaso de tequila tamaño
gigante que alardea algún lema lascivo. Conoce a mi hermano lo
suficiente como para darse cuenta de que algo está pasando. Debe ser
importante, ya que Seth no pararía de evitarme por nada más. Él debe
dos mil dólares desde julio, hace seis meses, y la última vez que
realmente hablé con él fue el Día del Trabajo.
Incluso cuando Seth se había echado atrás en lo de visitarme durante
las vacaciones de Navidad, lo había hecho a través del correo
electrónico.
Dios... esto no puede ser bueno.
—¿Dijo lo que quiere? —digo con voz ronca. Presiono mi cuerpo contra
la puerta de acero detrás de mí, la larga fila de cerrojos clavándoseme
en la espalda. Sobres crujientes se desmoronan entre mis dedos, pero
soy incapaz de detenerme de destruir la pila de facturas y postales de
los padres de Tori. Estoy demasiado preocupada sobre por qué Seth
me ha llamado.
Tres veces.
—T

8
Tori encoge sus hombros desnudos y relucientes, entorna los ojos
hacia abajo, al chapoteo de líquido transparente en su vaso y luego se
baja el trago en un rápido movimiento de su muñeca. No hay botella a
la vista, pero sé que está bebiendo licor de menta. Su botella delatora
de un chupito (jarabe de chocolate) posada al lado de su teléfono.
Además, el aguardiente es su usual calentamiento los viernes por la
noche. A veces, cuando mi jefe tiene una semana de descanso que
inevitablemente me contagia, dejo que Tori me convenza de beber un
poco. Sin embargo, no estoy de humor para considerar siquiera tocar la
cosa en este momento. Ya hay una migraña construyéndose en ese
lugar frustrante entre mis ojos.
—Sólo dijo que lo llames... —dice. Pero a medida que su voz se apaga,
ya sé que está pensando lo mismo que yo.
¿Qué demonios ha hecho mi madre esta vez?
Porque la última vez que recibí una llamada desesperada de Seth, hace
un año y medio, mamá había cometido un intento de suicidio que más
tarde me dijo que inventó para llamar la atención. Cierro mis manos en
puños, recordando vívidamente cómo se reía de mí por ser tan ingenua
y estúpida como para venir corriendo.
—Siempre tan rápida, por favor —Había dicho en su grueso acento.
Luego dio una larga calada a un cigarrillo por el que probablemente
tuvo que hacer cosas innombrables.
Expulso los pensamientos de mi madre de mi mente, por el momento y
le doy a Tori una sonrisa falsa.
—¿Vas a salir esta noche?
La respuesta es obvia. Es viernes por la noche y a pesar de que sólo la
parte superior de su cuerpo es visible, puedo decir que está vestida
para matar. Cabello impecable y maquillaje revisado. Vestido rojo sin
tirantes que probablemente no es más que mi top, revisado. Zapatos de
un kilómetro de alto, que dicen fóllame, doblemente revisados.
—Vanguard con Ben, Stacy y Micah —Sus cejas negro azabache, se
arquean perfectamente mientras separa los labios para decir algo más.

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Sacudo la cabeza obstinadamente y cierra la boca de golpe. Las dos
sabemos que el que me invite no tiene sentido. Esta noche, ninguna
cantidad de adulación me convencerá a dejar el apartamento. Hay una
buena probabilidad de que lo que Seth está a punto de decirme
arruinará mi noche y también el resto de mi año.
Trago duro, una y otra vez, en mi mejor intento para deshacerme de la
quemadura en la parte posterior de mi boca.
—Eso es todo —espeta Tori. Llega a través del mostrador para agarrar
su teléfono—. Estoy llamando para cancelar —Pero me lanzo hacia
adelante y le arranco el móvil de la mano. Dejo caer la echada a perder
y ahora prácticamente fusionada, pila de correo al lado de su vaso
vacío.
—Por favor, sólo... no lo hagas. Te ves demasiado caliente para pasar tu
noche conmigo. Yo… juro que voy a estar bien —No parece convencida
ya que frunce los labios en una línea delgada y escarlata. Deslizo su
teléfono en sus manos y le enrosco los dedos alrededor de él. Muevo mi
cara en una sonrisa aún más brillante y le digo, con la voz más alegre
de la que soy capaz, que se lo pase bien.
Está hablando, protestándome, pero apenas puedo oír sus palabras
exactas. Ya estoy caminando por el estrecho pasillo a mi habitación, mi
propio teléfono aferrado en un agarre mortal.
Seth contesta al segundo timbre, mientras cierro la puerta de mi
habitación detrás de mí. En las raras ocasiones en que hablamos, él
siempre manda mi llamada al correo de voz y luego me responde cinco
o seis horas después.
Esto definitivamente no es bueno.
—Gracias a Dios —susurra antes de que pueda sacar una sílaba—.
¿Dónde has estado, Sie? ¿Y por qué demonios no tengo este número?
Menos de diez segundos en nuestra conversación y Seth está
discutiendo conmigo. Golpeo mi bolso demasiado grande en mi cama.
Mi billetera, junto con un grupo de tampones y maquillaje, se derrama

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en las sábanas de algodón lavanda y algunos caen en el suelo
alfombrado. Lo limpiaré después.
—Yo trabajo. Y he tratado de llamarte desde este número varias veces.
Tú simplemente no respondiste —No sueno enojada, que es como me
siento, pero como me estoy explicando a mi hermano... Como soy la
única que debe lamentarse porque él me ignore.
Me odio a mí misma por sonar así.
—Sienna, es la abuela —dice.
Y aquí… aquí es, cuando literalmente me congelo, de pie, entre la cama
y el escritorio. Debo de lucir como una de esas estatuas trágicas y
serias en el cementerio de vuelta a casa. Mi corazón se siente como si
estuviera detenido. Lo primero que había asumido cuando Tori me dijo
que Seth estaba tratando de contactarme fue que mamá, de alguna
manera, se había metido en problemas otra vez. Ni siquiera había
pensado en mi abuela, porque es muy fuerte, resistente y maravillosa.
Y también tiene 79 años.
Trato de decir algo, cualquier cosa, pero hay un bulto del tamaño de
una pelota de golf con sabor a pelusa obstruyendo la parte posterior de
mi garganta. Me estoy ahogando y respirando con dificultad cuando
Seth finalmente exhala un suspiro de exasperación y espeta:
—Ella está bien, hermana. Bueno, físicamente bien.
Entonces, me dice lo que está pasando. Dice palabras como ejecución
hipotecaria y notificación de desalojo. Nuevo propietario; algún músico
gilipollas de California. Juzgado el lunes. Y entonces, dice que tengo que
estar ahí por ella, por él.
—Tengo que trabajar —susurro. No me puedo imaginar lo que Tomas
dirá si pido vacaciones para cualquier cosa, aparte de un funeral o la
segura desaparición inminente de un familiar directo. Podría
despedirme. O peor, podría darme una referencia horrible y nunca voy
a conseguir otro trabajo de vestuario por el resto de mi vida.
—No, tienes que estar aquí.

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—Seth, no puedo sólo... —Pero ya estoy sentada frente a mi portátil
con mi estado de cuenta abierto en línea en una pestaña y una página
web de compras de entradas en descuento en otra. Ya estoy entrando
en mi información de tarjeta de débito para un vuelo temprano el lunes
por la mañana, mordiendo muy duro mi labio inferior que me sabe a
sangre. Estoy en bancarrota. La mitad de lo que hay en mi cuenta, la
mitad de mis ahorros totales, tendrán que ir a Tori por mi parte de las
cuentas.
Y antes de colgarle a mi hermano menor, ya estoy empujando mis
pertenencias en el interior de la golpeada maleta de tipo turista que
mis abuelos me regalaron hace cinco años como un regalo en mi
décimo octavo cumpleaños.

En Nashville hace mucho frío, 0 °C para ser exactos, y nieva
ligeramente cuando corro rápidamente al sucio Pick-Up Dodge el lunes
por la tarde. Por la forma en que estoy sudando, sin embargo, se podría
pensar que estamos a mediados de agosto y que he llegado a Nashville
vestida, de la cabeza a los pies, con lana. El top con mangas bombachas
que tan cuidadosamente seleccioné porque me hace ver profesional se
me adhiere a la piel y la parte superior de mis medias altas hasta el
muslo ceden justamente sobre las rodillas.
El repentino aumento en la transpiración es culpa mía, me pasé todo el
vuelo de cuatro horas desde California preocupándome por cómo
convencería a la abuela de volver a Los Angeles conmigo. Y cuanto más
pensaba en ello, más dudosa me sentía. Mi abuelo había construido
para ella esa cabaña y tierra como un regalo después de que mi madre
nació en los inicios de los años setenta. De ninguna puta manera mi
abuela se dará por vencida sin luchar, a pesar de que de lo que Seth ha
dicho, la casa ya se ha ido.
—¿Qué diría tu jefe? —pregunta mi hermano mientras gira dentro de
la interestatal. Frena en seco para evitar golpear a otro coche. Los
patinazos del Dodge en el camino resbaladizo nos empujan alrededor,
pero Seth se las arregla para conseguir el control del Pick-Up a medio
camino de mi grito frenético.

12
Seth ni siquiera se inmuta. Él mira de reojo hacia el frente, de la misma
forma en que nuestro padre lo hace cuando conduce en un clima de
mierda y frota la punta de los pulgares a cada lado del volante, otro
rasgo de papá. Con su cabello rubio oscuro, ojos marrones y su
bronceado de todo el año que pone mi piel fácil de quemar en
vergüenza, incluso ahora Seth se parece a papá.
—¿Me vas a responder o simplemente te sentaras allí con la boca
abierta?
Excavando mis manos en el borde de la falda de tubo vaquera y oscura
que estoy usando, me encojo de hombros.
—Trabajé durante Navidad y Año Nuevo, por lo que no fue para tanto.
Además, sólo soy una ayudante —No añado que tuve que rogarle a
Tomas por las vacaciones y que él deliberadamente había dicho que es
mejor que cuide de mi drama familiar y tenga mi culo de nuevo en Los
Angeles antes del fin de mes, dentro de dos semanas y media.
—Echo Falls ocupa el primer lugar en las mujeres de 18 a 34 años de
edad. Hay gente que quiere negociar sus propios hijos para tener la
oportunidad de trabajar en esta serie. Dicho esto, sustituirte por una
nueva persona de vestuario que codicie su carrera no será una hazaña
demasiado difícil —dijo Tomas, golpeando algo en el iPad que llevaba a
todas partes. Ni siquiera me lanzó una mirada, así que cuando empujó
un estante de guardarropa recientemente inventariado contra una
pared de ladrillo, no vio mi sobresalto—. No me obligues a encontrar a
esa persona, Jensen.
—Voy a terminarlo en dos semanas, Tomas —le había prometido.
—Más te vale.
Decirle a Seth algo de eso es simplemente una pérdida de oxígeno.
Tampoco comprendería por qué no puedo descuidar mi trabajo cuando
me da la gana, o simplemente no le importa. Conociendo a mi hermano,
sería lo segundo.
—¿Tienes algo con lo que pueda limpiarme la cara? —pregunto. Pensar
en mi trabajo me tiene sudando aún peor que antes.

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—El compartimiento del centro.
Encuentro un paquete de toallitas húmedas entre una caja medio vacía
de 30 condones y una botella completamente vacía de Jose Cuervo.
Antes de que pueda detenerme, me vuelvo rápidamente para
enfrentarlo y espeto:
—Espero que no seas lo suficientemente estúpido como para beber y
conducir. Sólo tienes diecinueve años y tú...
—No empieces, sí, ¿de acuerdo? Hoy no es un buen día para tus quejas.
Hundiendo mis dientes en el interior de mi mandíbula, dirijo mi
atención a las pegatinas del parachoques del diminuto Escort
1
en
frente de nosotros. "Toque la bocina si usted también odia a alguien".
Qué apropiado.
Es sólo un viaje en coche de 12 km desde el aeropuerto hasta el
juzgado, pero el viaje termina tardando cuarenta y cinco minutos
gracias al tráfico y la nieve. Seth y yo pasamos casi cada minuto en
silencio; como solemos hacer cuando estamos alrededor del otro.
Mientras le doy ligeros toques a mi cara con toallitas y me aliso el pelo
largo y pelirrojo en una coleta baja, mentalmente me pateo por ser lo
suficiente idiota para prestarle dinero. No lo ha mencionado y dudo
que lo haga. Seth es lo suficientemente inteligente como para darse
cuenta de que nunca voy a traer a colación el dinero que me debe
porque prefiero sacarme el ojo que entrar en una confrontación con él.
Hay una razón por la que pocas veces he venido al pueblo y mi
hermano menor es sólo la parte más pequeña de ella.

Para el momento en que Seth y yo llegamos al juzgado y encontramos
la sala correcta, la audiencia está llegando a su fin. Nos sentamos en los
extremos opuestos de uno de los bancos de madera en la parte trasera
de la habitación, él con los brazos cruzados con fuerza sobre el pecho y
yo inclinada hacia delante, escuchando atentamente.

1
Escort: Modelo de automóvil de la Ford

14
Por lo que logro juntar, esta es la segunda audiencia. El nuevo
comprador, a quien he decidido referirme como “El cretino”, y su
abogada están los dos aquí y están buscando un desalojo formal. Mi
abuela y su abogado, el Sr. Nielson (el mismo que ha tenido desde antes
de que yo recuerde) están frente a ellos en el lado izquierdo de la
habitación. Me encuentro enviándole rayos mortales con la mirada a la
espalda del cretino, aunque sé que no debería estar realmente enojada
con él.
Igual que no debería estar echándole un vistazo.
Me está dando la espalda, así que hay un límite deprimente de lo que
soy capaz de comerme con los ojos, pero sé que tiene un cuerpazo. Y
con un trasero como el suyo, el resto del cuerpo está obligado a ser tan
magnífico. Está vestido con un traje negro impecable que moldea un
poco demasiado perfectamente cada centímetro de su cuerpo, tiene
cabello oscuro y revuelto que le roza el cuello y dedos largos. Los
golpea rápidamente en un cierto tipo de ritmo en la mesa de caoba que
está frente a él. Soy alta, pero este tipo se eleva sobre mí por unos
buenos quince centímetros, fácilmente es de 1.92 m o 1.95 m. Y su
culo... uf, apuesto los últimos mil dólares en mi cuenta (y diría incluso
de dejarla en números rojos un par de cientos de dólares) que la
abogada a su lado estaría mirándolo demasiado si pudiera salirse con
la suya. O si pudiera dejar de sonreírle sacando pecho por más de cinco
segundos.
Con el rostro caliente y totalmente reacia, arrastro mi mirada de nuevo
hacia el lado de la abuela de la sala. Si Seth me pilla mirando al cretino,
nunca me dejará superar la vergüenza. Conociéndolo, probablemente
me acusará de conspirar con el enemigo.
Frunzo el ceño, porque sé que eso es exactamente lo que diría Seth.
—Sr. Nielson, su cliente dispone de diez días antes de que el juzgado
emita una orden de posesión —está diciéndole el juez al abogado de mi
abuela—. Después de eso, el sheriff llevará a cabo el desalojo en una
semana —Cuando los hombros de mi abuela se hunden y aprieta el
hombro de Nielson para apoyarse tan fuertemente que sus nudillos se
vuelven blancos, me toma hasta la última gota de mi fuerza de voluntad

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no salir corriendo de mi asiento. Odio esto. Odio a mi madre por esto,
porque en el corazón de las cosas, realmente esto es todo su culpa.
Yo tenía razón cuando asumí que ella había hecho algo estúpido. Mamá
es la razón por la que mi abuela está perdiendo su casa.
Y luego, la audiencia ha terminado. Los brillantes ojos azules de la
abuela se abren en estupefacta sorpresa cuando hace su camino a la
parte posterior de la habitación hacia mí y Seth, pero luego su rostro se
suaviza. Me da una sonrisa triste que está llena de derrota. Sólo la he
visto antes mirándome así una vez. Hay un sabor amargo en mi boca
cuando me doy cuenta de que fue en este mismo juzgado. Antes de que
la abuela tenga la oportunidad de pronunciar una sola palabra, la tiro
hacia mí y entierro mi cara en su nube de cabello gris, inhalando el
familiar olor a vainilla.
—¿Sabes conducir? —pregunto. Ella asiente en mi hombro, por lo que
digo:
—Te llevaré de vuelta a casa después —Suelto mi agarre a su
alrededor, mirando por encima de mi hombro al cretino. Ahora, no me
está dando la espalda. En cambio tengo una vista lateral que es tan
asquerosamente sexy como la parte de atrás.
Le está hablando a su abogada y los dos están riendo. Ella tiene su
mano sobre su brazo y sus pechos todavía están sobresaliendo. Si
estuviéramos en otro sitio, resoplaría discretamente a lo ridícula que
luce. Él probablemente le esté dando las gracias. Y ella es más que
probable que le esté sugiriendo celebrar la fácil victoria, contra una
anciana y su igualmente viejo abogado, con unas copas y luego un
polvo rápido en su casa. Estoy a punto de alejarme de la abuela y
abandonar la sala cuando el hombre vuelve su rostro y levanta la
mirada. Nuestras miradas se conectan. Avellana y azul.
Depredador y presa.
Él entrecierra los ojos en mí.

16
Mi pecho se atora. Tenía razón, el paquete completo es
devastadoramente guapo. Y cuando decidí apodarlo “El cretino”, estaba
siendo demasiado indulgente.
Rezo para que mi abuela no sienta el cambio en el latido de mi corazón,
la repentina dificultad en la forma en que estoy respirando. Este
intercambio entre el cretino y yo no es uno de esos momentos de amor
a primera vista; no, no es nada de eso. Este es uno de esos momentos
en los que el destino me ha golpeado de un gancho en la cara una vez
más. ¿Por qué está él aquí en Nashville? ¿En la misma sala que yo?
Dios, por favor, no dejes que se acuerde de mí.
Por un momento, estoy segura de que no tiene idea de quién soy, que
va a volver a charlar con Tetas McBeal
2
. Para ahora habrían sido
decenas, cientos de otras chicas. No soy nada para él. Soy el bicho raro,
me digo.
Pero entonces, una sonrisa de comprensión, lenta y animal, se extiende
por el rostro de Lucas Wolfe.
Me hace sentir como si fuera a devorarme por completo en cualquier
momento.
Es también la misma sonrisa que me dio hace dos años, justo después
de que me negara a dejar que me esposara a su cama y justo antes de
que, literalmente, me dijera que me largara de una puta vez de su casa.




2
Tetas McBeal: Alusión a la serie Ally McBeal, quien es una abogada.

17

Traducido por Ivi04
Corregido por francatemartu

eth nos rescata en el momento en que llegamos al último escalón
del juzgado, jura que tenía una clase por la tarde, pero estoy
segura de que es una gran mentira. Probablemente sólo vaya a
beber para alejar sus preocupaciones. No puedo confirmar mis
sospechas mientras nuestra abuela habla con él, dándole las gracias
por estar ahí para ella.
Una aguda sensación raspa la pared de mi pecho mientras una vez más
trato de llegar a un acuerdo con el hecho de que Seth sabía más de lo
que estaba pasando con la abuela que yo. Al quedarme a unos pocos
metros con los copos de nieve derritiéndose al segundo en que besan
mi piel, me siento abandonada, literalmente, igual que el hijastro
pelirrojo. Tan rápido como el pensamiento entra en mi cabeza, lo
derribo. ¿Qué soy, una celosa de diez años?
Mi hermano se despide de mí y se dirige con una graciosa carrera hacia
el aparcamiento donde había dejado el Dodge.
Mientras me sonríe con una gracia y fortaleza de la que siempre he
sentido envidia, mi abuela pone las llaves de su antiguo Land Rover
negro en mi mano y cierra mi puño a su alrededor.
Saca un paraguas de su bolso y lo abre.
—Richard quiere que vaya a su oficina para una reunión de estrategia.
Estoy segura de que no quieres perder el tiempo con una aburrida
reunión con un abogado.
No puedo regresar a casa tan a menudo como debería, pero conozco a
mi abuela mejor que casi nadie. Esta es su manera de decirme que no
S

18
me quiere cerca de lo que ella y Nielson tengan que decirse el uno al
otro.
No quiere que me involucre.
Mis músculos se tensan. Pongo mis labios en lo que espero que pase
por ser una expresión afable.
—Por supuesto. Yo sólo… —Entrecierro los ojos y observo los
alrededores hasta que mis ojos aterrizan en un café de dos plantas,
justo enfrente de la oficina de Nielson y el juzgado—, iré a tomar algo
de comer a Alice. Voy a mantener un ojo en ti.
—Te veré en unos minutos —dice la abuela—. Y… ¿Sienna?
—¿Si?
—Me alegra que hayas regresado a casa.
Las lágrimas queman los bordes de mis ojos. Los entrecierro,
susurrando:
—Yo también, abuela —Hay tantas cosas que quiero decir y hacer,
pero hay gente por todas partes a nuestro alrededor dirigiéndose al
juzgado y a diferentes bufetes de abogados. Le doy un animado adiós
con la mano en su lugar. Es sólo después de que desaparece dentro del
edificio de Nielson que dejo que mis hombros se hundan y arrastro mi
culo hasta el otro lado de la calle al café.
No he estado en este restaurante desde los problemas legales de mi
madre hace unos años, así que estoy emocionada al encontrar que
ahora está decorado con el tema de Alicia en el País de las Maravillas.
Mi compañera de habitación y yo somos completamente opuestas, pero
uno de los lugares en los que encontramos un terreno común es en las
películas y libros fantásticos y… ya sabes, Johnny Depp.
La mujer de detrás del mostrador lleva un elaborado sombrero de
terciopelo estilo “El Sombrerero”, me sonríe y grita:
—¡Adelante! Siéntate, cariño. Alguien irá en seguida para allá. —
Asiento con admiración y encuentro un lugar en el extremo izquierdo
de la cafetería que me ofrece la mejor vista de la oficina de Nielson y es

19
de fácil acceso a la salida de la pared. Después de pedir una rebanada
doble del especial, pastel de Cheshire, y una taza de café, le envío una
serie de mensajes a Tori que suenan más que un poco neuróticos.
Lucas Wolfe es la persona que ha comprado la casa. Ese caramierda
compró la casa de mi abuela.
El universo tiene que estar conspirando contra mí.
¿Qué carajos está haciendo aquí?
¿¿¿Tori???
Hay nieve medio derretida dentro de mis zapatos y me doy cuenta de
que estaba tan distraída con sólo ver a Lucas que me olvidé de sacar
mis maletas de la parte posterior del Pick-Up de Seth. Sin embargo,
ahora en lo único que puedo pensar es en Lucas. No sólo acerca de
cómo está tratando de echar a mi abuela de su casa, sino también en la
forma en que me echó a mí.
Todavía estoy sumida en mis pensamientos y esperando a que Tori
responda los mensajes cuando oigo a mi lado a alguien arrastrando los
pies. Deslizo mi teléfono desde el borde de la mesa, y empujo el salero
y el pimentero para hacerle espacio a la camarera.
Una mano grande y muy poco femenina cubre la mía, dedos callosos de
tanto tocar la guitarra se deslizan por mis nudillos. Es un toque
familiar que envía una no deseada, y muy deliciosa, sacudida a través
de mi cuerpo. Quito los dedos, furiosa por la traición evidente de mi
cuerpo y tiro un cuenco de porcelana lleno de paquetes de azúcar. El
azúcar se dispersa a través del linóleo. Lucas se ríe.
Y siento la repentina urgencia de vomitar.
Señalando el asiento vacío frente a mí, Lucas pregunta:
—¿Hay espacio para uno más?
—No para pasar mi tiempo libre con un extraño —digo con los dientes
apretados mientras niego—. Así que, lo siento, no hay lugar.

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Se desliza en el asiento de todos modos, estirando las piernas
ridículamente largas para que sus pantorrillas se extendieran sobre las
mías.
Abro la boca para protestar, pero él levanta la mano.
—Antes de que trates de mandarme a la mierda, deberías saber que
nunca olvido una cara —Entonces, levanta las cejas maliciosamente y
dice—: O un cuerpo.
¿Quién se cree que es? Sintiendo una repentina necesidad de ser
directa y preguntárselo, exijo:
—Supongo que no estás acostumbrado a oír que no, ¿eh? —Mi voz da
un golpe certero, sorprendiéndome. Si él fuera cualquier otra persona
ya me habría separado de la situación. Lucas tiene una manera
desconcertante de desgarrar las capas de mi nerviosismo, mi
necesidad de alejarme, hasta que estoy en carne viva y con ganas de
arremeter contra él.
Él sonríe, ladea la cabeza como si estuviera estudiándome
cuidadosamente.
—¿Realmente tienes que preguntarme eso?
Mis labios se entreabren mientras mis sentidos y cada centímetro de
mi piel se inundan de calor. Hago una bola con un paquete de azúcar,
aplastándolo con mi pulgar y el dedo índice hasta hacerlo polvo y
aparto la mirada de Lucas hacia la ventana que da a la oficina de
Nielson.
—Eres sexy cuando estás nerviosa.
—No lo soy
3
—digo.
—¿Sexy?
Tiro atrás la cabeza, lejos de la ventana y le observo con los ojos muy
abiertos.

3
I’m not: No lo soy/estoy, por eso puede referirse a ser sexy o estar nerviosa.

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—No... Nerviosa —Pero estoy segura de que puede oír el temblor de mi
voz y sentir cómo en estos momentos me tiemblan las piernas debajo
de la mesa.
Las comisuras de sus labios se detienen en una sardónica sonrisa que
es exasperante y ridículamente sexy. Una vez más, siento el flujo de
electricidad a través de mi cuerpo. Me odio a mí misma por tener una
respuesta a este hombre que además me desagrada.
—Dime por qué estás aquí, Sienna —pide en voz baja.
—¿Por qué te importa?
Coloca los antebrazos en la mesa y se inclina hacia delante. Sus mangas
están subidas justo lo suficiente para permitirme ver los tatuajes de
sus muñecas. Aprieto los ojos cerrados, imaginando vívidamente el
resto del tatuaje tipo manga en su brazo derecho.
Cualquiera que siga su música lo sabría. Quiero decir, él y la fantástica
cantante de Wicked Lambs estaban en la portada de alguna revista de
rock hace unos meses, él estaba sin camisa y ella también, con él detrás
de ella, ahuecando sus pechos.
Pero, en otro tiempo, he visto los tatuajes de Lucas de cerca. Había
llegado a pasar mis labios por los intrincados patrones que corrían a lo
largo de su musculoso cuerpo mientras él enredaba sus dedos en mi
cabello y me susurraba que le besara, que le saboreara. Me estremezco.
Me gustaría poder decir que es por los 0 °C de temperatura.
Lucas finalmente me responde, desenredándome de los recuerdos. Me
odio a mí misma por sentirme decepcionada.
—Porque estar cerca de ti es… —Deja de hablar para que la camarera
pueda poner mi almuerzo en la mesa. Él le ofrece su sonrisa registrada
de "compra mi álbum y disfrútalo”. Ella titubea, ruborizándose
mientras le pregunta si hay algo que pueda servirle. Frunzo el ceño. Si
él pide, eso significa que va a quedarse y realmente, sólo quiero que se
dé prisa así podemos volver a ser… bueno, nada.
Afortunadamente, para mí, declina.

22
—¿Estar cerca de mí es qué? —le exijo cuando volvemos a estar solos.
Haciendo girar la cuchara en mi café, atrapa la punta de la lengua entre
los dientes. No puedo decir si está sonriendo o haciendo muecas. Y
tampoco tengo ni idea de por qué tiene que importarme dos mierdas.
Mi teléfono suena con un timbre que le he asignado para las llamadas y
mensajes de Tori, una canción de Britney Spears que jura que detesta,
pero la canta en la ducha cada mañana. Me estiro a por él, pero Lucas
agarra mi mano con la suya, entrelazando sus dedos con los míos.
—Eres mala para la música —susurra llevándose mis dedos a los
labios—. Y eso es por lo que estoy aquí, para hacer música.
Mi estómago se deshilacha en cientos de nudos cuando besa cada uno
de mis dedos lentamente, nunca abandonando sus ojos de los míos.
Estamos en público y hay gente rodeándonos. Sin embargo, durante un
minuto, Lucas Wolfe y yo somos las únicas personas en el mundo.
—Lucas… —empiezo con la voz temblorosa. Bajando la mirada al
desastre del paquete de azúcar en la mesa, tomo un profundo respiro y
comienzo a rechinar mis dientes por el labio superior. No sé qué
decirle, sin parecer débil. Cuando levanto la vista a tiempo de ver su
hermoso rostro con una sonrisa que hace que mi pecho se apriete, me
doy cuenta de que no importa lo que diga. Ya se dio cuenta de que es
mi kriptonita.
—La segunda vez que te vi, me prometí que no haría esto de nuevo
contigo, Sienna —gruñe.
¿Hacer que… darme falsas esperanzas? ¿Arrancarme de su vida sin ni
siquiera un adiós apropiado? Estoy a punto de pedirle una explicación,
pero luego veo la puerta del despacho de Nielson balanceándose
abierta y la abuela saliendo. Inmediatamente me siento como la peor
nieta en la historia porque en algún momento durante mi intercambio
con Lucas, me las arreglé para olvidar que, para empezar, ella es la
razón por la que estoy en este café.
Quito mi mano de entre las de Lucas y lanzo mi teléfono en mi bolsa un
poco demasiado fuerte.

23
—Estoy aquí porque algún músico idiota de California compró la casa
de mi abuela.
No puedo confundir la forma en que inhala bruscamente o la manera
en que sus piernas se tensan debajo de la mesa, apretando las mías.
—Ya veo.
—Así que entenderás porque te diré esto: Jódete, Lucas.
Nuestros ojos se encuentran. En su mirada veo burla, enojo y algo más.
Algo que había visto hace dos años, la noche en que me fui a casa con
él. Algo que fingiré que no he visto.
—Sólo te he oído una vez así de contundente, por lo que tengo que
preguntar: ¿Eso fue por lo de tu abuela o por lo que pasó con nosotros?
Desenredo nuestras piernas y pongo dinero debajo del plato con el
pastel de Cheshire intacto.
—Ambos.

Estoy demasiado nerviosa; emocional, mental y, maldita sea,
físicamente; por mi encuentro con Lucas que sólo estoy poniendo
atención a medias en mi conversación con mi abuela en el viaje a su
casa. La oigo preguntarme si el vuelo fue cómodo y cuánto tiempo me
quedaré en Nashville. Me escucho a mí misma responder como un
robot:
—Fue genial, abuela… Voy a estar aquí todo el tiempo que sea
necesario…
Entonces la abuela comienza a lanzarme una nueva serie de preguntas
y le doy más respuestas mecánicas. Todo nuestro intercambio suena
como un sueño nebuloso para mí, pero la voz de Lucas suena fuerte y
libre de estática en mi cabeza. Me está tomando el pelo, advirtiéndome
que soy mala para la música.
Lo que sea que se supone que signifique eso. Tal vez lo inspiro a
escribir música angustiosa que hace que el rockero no llegue a echarse

24
un polvo con la chica, o algo así. Cuando pienso de esa manera, creo
que eso es un escurridor de carreras.
Lo único de lo que estoy completamente segura es de que me hubiera
gustado que la persona que les arrebatara a mis abuelos la casa que
tanto amaban, fuera cualquier persona excepto Lucas.
Conduciendo el Land Rover hasta la estrecha colina que conduce a la
casa donde pasé la mayor parte de mi infancia, alejo mi cerebro de
Lucas Wolfe y de vuelta al dilema más importante.
—¿Por qué no me lo dijiste? —pregunto en voz baja—. Viniste a Los
Angeles a verme para Navidad, debes haberlo sabido para entonces.
—Pensé que podía arreglar las cosas. ¿Qué estoy diciendo? Todavía
puedo arreglar las cosas. La última cosa que quería hacer era cargarte
con algo que haría que te estresaras.
—Oh, abuela…
—No te atrevas a ponerme esa voz compasiva, Sienna Jensen. Todavía
queda tiempo. Todavía no ha terminado —dice, su voz dura como el
acero. Pero cuando miro por el rabillo del ojo, noto que sus ojos brillan
y está agarrando apoyabrazos como apoyo.
—Tienes razón.
Pero suspira. Las dos sabemos que la tierra que nos rodea, la casa a la
que estamos acercándonos, está casi desaparecida. En menos de dos
semanas, tal vez un poco más si somos afortunados, la abuela se
quedará sin hogar. Me niego a dejar Nashville hasta que ella se instale
en otro lugar. Voy a tragar mis propias inhibiciones y voy a luchar por
la felicidad de mi abuela.
Incluso si la persona contra la que estoy luchando es Lucas.
Luego de apagar el motor, saco las llaves del auto y miro la cabaña, que
en realidad no es en absoluto una cabaña, sino que sólo puede ser
descrita como una mansión de registro. En los últimos años, le he dicho
a la abuela que es demasiada casa para ella y que tiene que reducir su

25
tamaño. Ahora… Me siento como una mierda por incluso bromear con
ella de esa manera.
—Siéntete como en casa, cariño. Me voy a ir a arriba a acostarme. No
me he sentido como yo misma últimamente —dice la abuela una vez
que estamos encerradas en el calor de la casa. Está colgando su abrigo
en el estante del vestíbulo, así que no ve la forma que jalo el cuello alto
de mi blusa, ya que mi abuela mantiene la casa sumida en un calor
sofocante.
—¿La habitación sigue siendo la misma? —le pregunto y tan pronto
como las palabras salen de mi boca, me golpeo a mí misma. Que cosa
más torpe y horrible acabo de decir.
Ella hace un ruido anormal que se supone que es una risa, pero me
hace temblar.
—Durante el próximo par de semanas.
—Descansa un poco. Voy a estar bien, ¿de acuerdo? —Pero si estoy tan
bien, ¿por qué se siente como si alguien estuviera pisando fuerte de
arriba a abajo en mi pecho ahora mismo?
Mientras me preparo una comida congelada en la cocina, mi abuela
está obsesionada con la conveniencia, llamo a Seth. Por supuesto que
no responde, por lo que tengo que dejar un mensaje.
—Hey Seth, soy yo, Sienna. Dejé mi equipaje en tu Pick-Up. ¿Puedes
traérmelo lo antes posible? —Y porque sé que va a quejarse de la
inconveniencia de tener que atravesar la ciudad, agrego—: Te daré
veinte dólares por el combustible —Vuelvo a grabar el mensaje dos
veces más hasta que estoy satisfecha con la forma en que suena y luego
llamo a Tori. El primer timbrazo no llega ni siquiera a la mitad cuando
contesta. Inmediatamente, empieza a hablar rápidamente.
—Oh, Dios mío, Sienna. ¿Dónde has estado? ¿No compruebas los
mensajes, mujer? ¡He estado tratando de ponerme en contacto contigo
durante la última hora! No puedes sólo enviar un mensaje de esa
manera y desaparecer por completo —Hace una pausa por un
momento y respira hondo. En realidad me la puedo imaginar en este

26
momento, jugando con una de las chucherías aleatorias que guarda en
su escritorio porque está demasiado nerviosa. Si no existieran bolas de
estrés, Tori se auto-explotaría porque le es absolutamente necesario
mantener las manos ocupadas. Una voz nasal de mujer le dice algo y
Tori le sisea que lo hará cuando Jenna, su jefa, confirme las
instrucciones.
—Por favor, por favor, por favor, dime que me estás tomando el pelo
sobre Lucas Wolfe. Por favor, dime que esto es un "jodamos a Tori" —
dice en un susurro sin aliento.
—No. No es broma. Definitivamente es él. Y lo siento por no llamar
antes, estaba… ocupada.
Ella gime, oigo un portazo y a continuación el chasquido de sus tacones
altos. Cuando empieza a hablar de nuevo, hay un eco, como si estuviera
en el hueco de la escalera.
—Lo siento, tenía que alejarme de la bruja burra en el cubículo de al
lado. Así que… ¿te recuerda? Quiero decir, fue hace dos años y en
realidad no fu…
—Lo recuerda —interrumpo.
Hace un ruido que es mitad gemido, mitad grito, como si estuviera
disgustada por la perspectiva y emocionada a la vez.
—Bueno, ¿qué dijo? ¿Qué hizo? Mierda santa, ¿por qué está en
Nashville de entre todos los lugares? Sin ánimo de ofender, nena, pero
no es exactamente Los Angeles.
Sigo pensando exactamente lo mismo. Le doy la explicación que me
dio:
—Está aquí para hacer música. Al parecer, la casa de mi abuela es el
lugar adecuado para esconderse mientras lo hace.
Permanece en silencio durante tanto tiempo que tengo que quitarme el
teléfono del oído para asegurarme de que la llamada no se ha cortado.
No. El momento de dramático silencio que inserta, me da tiempo para
cargar mi pastel de pollo y una Coca-Cola en una bandeja de desayuno.

27
Comienzo a subir las escaleras, hacia el dormitorio donde dormía
cuando era niña y, antes de llegar, Tori dice al fin:
—¿Y eso es todo?
Me detengo en la parte superior de la escalera, apoyando mi peso
contra la barandilla. Hay una parte importante de mí que se muere por
confiar en ella acerca de cómo Lucas me había hecho sentir en esa
cafetería, pero la otra parte me advierte de no tocar ese tema en
absoluto. De no haber sido Tori la persona a la que grité después de la
desastrosa noche con Lucas. Por no hablar de cuando me enteré de que
Your Toxic Sequel no me quería en el set de ninguno de sus vídeos
musicales de nuevo y pensé que mi carrera estaba arruinada.
Si le dijera que todavía sentía la más mínima atracción hacia Lucas
estaría en Nashville en el primer vuelo disponible para golpear un poco
de sentido en mí.
—Bueno, sí, le dije que se fuera a la mierda —digo. Es algo cierto,
incluso si se hubiera pronunciado después de que Lucas me hubiera
frustrado a propósito.
Aplaude lentamente.
—Perra, Jensen. Mira, eso no fue tan difícil, ¿verdad? —Ugh, no tiene ni
idea—. Mira, mejor corro, pero estoy orgullosa de ti, Sie, por no dejar
que Lucas te pisoteé y por reñirlo. Voy a mandarte un mensaje o
llamarte esta noche.
Pero me siento como una mierda cuando cuelgo el teléfono y entro en
mi habitación, cerrando la puerta silenciosamente para que no se
despierte la abuela. Con el apetito transformado de pronto en una cosa
del pasado, dejo la bandeja en mi tocador.
Es reconfortante ver que la abuela ha dejado mi habitación del mismo
modo que cuando estaba en el instituto y la universidad. Los mismos
muebles, las mismas colchas de color rosa y naranja y los posters de
"Ten un día".
Me acurruco en posición fetal en mi vieja cama, enterrando mi cara en
las almohadas con olor a suavizante de telas y escucho el amargo

28
sonido de la nada en una casa que voy a extrañar tanto como a mi
abuela. Oraciones silenciosas ruedan por mi mente para que el
próximo par de semanas sea fácil. Y más que nada, espero que hoy sea
mi último encuentro con Lucas Wolfe, porque no quiero volver a sentir
ese dolor sordo en el pecho.


29

Traducido por Ivi04
Corregido por Lu

i esperanza de evitar a Lucas Wolfe no es más que una ilusión.
No sólo está acaparando la mayor parte de mis pensamientos,
sino que de repente está por todas partes a donde me giro;
como mi iPod en una lista de reproducción aleatoria que se inicia por
algún extraño accidente. Está en Fuse TV donde han dedicado un día
entero para los mejores vídeos de Your Toxic Sequel. En mi emisora de
radio local favorita le conceden una entrevista, su voz es grave e
íntima, como sexo sobre las ondas de radio.
Y al día siguiente, un poco menos de un día después de nuestro
encontronazo en el café de Alice, Lucas también está en casa de la
abuela. No me doy cuenta de que ha llegado hasta que lo escucho
hablando con otras personas afuera. Hay un Cadillac todoterreno de
lujo aparcado en la entrada y una camioneta blanca detrás de él con
algún tipo de logo escrito en el lateral.
Al principio no tengo intención de hacerle saber a él que estoy aquí, mi
abuela está haciendo mandados, y él y quien sea que está a su lado, no
ha tratado de acceder al interior de la casa. Sigo los sonidos apagados
de su voz hasta que soy capaz de oír retazos de lo que están diciendo. Y
aquí es cuando estoy totalmente asustada.
—Demoler esta sección…
—…completamente acabar con el estudio de grabación.
—…sería mejor sólo derribar toda la jodida casa y empezar de nuevo
con lo que quieres.
M

30
Durante la mayor parte un minuto, estoy respirando con dificultad
ante la idea de que mi casa de la infancia sea desgarrada por el bien de
un estudio de grabación. A pesar de que estoy vestida con un pijama
demasiado pequeño que encontré metido en un cajón en mi habitación,
Seth aún no ha traído mi equipaje ni devuelto la llamada para ese
asunto, y a pesar de que llevo puntos verdes de corrector facial como si
fueran guisantes en varias partes de la cara, enfundo mis pies
desnudos en un par de botas de mi hermano de gran tamaño que
encuentro en el vestíbulo. En el exterior, dejo que las voces me guíen.
Lucas se encuentra en la parte trasera de la casa junto con su séquito:
ninguna otra estrella de rock o un guardaespaldas como tendría en Los
Angeles, sino dos hombres con camisas de contratista y una mujer alta
con ojos oscuros y cabello negro y azul.
Ella toma rápidamente notas de todo lo que se dice en una tableta.
Es su asistente, Kylie.
La recuerdo bien y ella debe saber quién soy, porque cuando nuestros
ojos se encuentran, emite un silencioso "Oh", justo antes de esbozar
una enorme sonrisa. Rápidamente, aparto la mirada antes de que logre
hacerme sentir más incómoda. No tardaré mucho en perder el valor y
si eso pasa, preferiría hundir mi pie en el culo de Lucas primero.
—¿Qué demonios crees que estás haciendo, Wolfe? —exijo antes de
que pueda girarse completamente hacia mí. Por un momento, se ve tan
sorprendido como Kylie al verme. Su silencio momentáneo me da la
oportunidad de apreciar lo bien que se ve en vaqueros celestes y en
camiseta oscura; en como sus ojos hoy parecen más verdes que
marrón, como sus músculos son tan completamente evidentes incluso
debajo de la camisa suelta.
Dejo de comérmelo con los ojos un par de segundos después de que
recupera la compostura y me conceda esa sonrisa que probablemente
hace caer bragas en todo el país.
—Todavía estás aquí —dice. Su voz es una mezcla de dos cosas:
sorpresa y alivio, y no estoy segura de que me guste ninguno de ellos.

31
—¿Por qué me marcharía?
—Hummm, déjame ver, ¿quizás porque el juez dijo que la casa es…?
—Todavía no lo está. Así que como te decía, ¿qué crees que estás
haciendo aquí? —pregunto, entrecerrando los ojos.
Me aprieto el puente de la nariz lo más fuerte posible sin hacerme daño
a mí misma.
Lucas abre la boca como si quisiera decir algo, pero uno de los
contratistas le interrumpe.
—Señor Wolfe, tenemos una cantidad limitada de tiempo debido a
otros compromisos de esta tarde… —comienza el contratista, pero
Lucas le lanza una mirada oscura. Santo infierno, incluso hombres de
115 kilos pierden la confianza ante este tipo.
Lucas asiente hacia Kylie.
—Termina con estos tipos. Yo tengo… mierdas de las que ocuparme.
Kylie digita algunas notas adicionales en su tableta y luego guía a los
dos hombres fuera, hablando de los planes de reformas y adiciones y
destripar completamente la casa de la abuela. Ella me manda una
sonrisa de disculpa mientras pasa, probablemente porque sabe que su
jefe y yo estamos a punto de meternos en ello y las probabilidades no
están a mi favor. ¿Cómo diablos puede alguien tan agradable como ella
trabajar para alguien tan… Lucas?
Qué pregunta más estúpida, Jensen, pienso. Es guapísimo y talentoso, y
tú te metiste en su cama sin ni siquiera ir al grano de la acción real.
Ese tipo de pensamientos… Sí, son los que me aturden y me meten en
problemas.
—¿Así que soy una mierda? —dejo escapar.
—Sabes exactamente lo que quise decir.
—Sabes que tienes unas pelotas enormes para aparecer aquí hoy. Dios,
¿no tienes alma? No me importa si ahora eres el propietario legal o no,
si mi abuela hubiera oído hablar de derribar las paredes y de demoler

32
estaría devastada —Cuando cruza los brazos sobre el pecho, repito el
gesto, tratando de ignorar la sensación de vértigo que me produce
mientras me está desnudando lentamente con sus ojos color avellana.
Es el mismo aspecto que tenía cuando nos conocimos por primera vez
hace un par de años, en el rodaje de uno de los videos musicales de su
banda. Al día de hoy, Completamente sobre ti es mi canción favorita de
Your Toxic Sequel. Cada vez que la escucho, oigo las ásperas promesas
tabú de Lucas y pienso en cómo sus ojos me embriagaron en esa
filmación del video.
—Te estás sonrojando. Y tus pezones están duros —dice. Mis brazos
cruzados me abrazan automáticamente más fuerte. Se ríe y susurra—.
Enterarte de lo de la barra de striptease en la sala de estar te enciende,
¿eh?
Suspiro, porque por alguna caótica razón, no puedo dejar de
imaginarme esbeltas mujeres en tanga frotando el culo contra los
muebles de mi abuela. Es una idea ridícula, incluso aunque instalara
una barra no es como si las pertenencias de mi abuela siguieran allí.
Sigo furiosa.
—¿Estás jodiéndome?
Antes de que me dé cuenta de lo que está pasando, se mueve hacia
delante, tirando de mis brazos para quitarlos de su posición protectora
por encima de mi cuerpo y me presiona contra la puerta de madera
detrás de mí. Su aroma, una mezcla de ropa de cama limpia y sudor,
llena mi nariz haciendo que todos mis sentidos se desenfoquen.
Él está cerca. Tan cerca que puedo sentir la tela de sus vaqueros frotar
mis piernas desnudas y sus labios rozando mi sien derecha. Mi
respiración es irregular y para mi sorpresa, la suya también.
—¿De verdad crees que tengo tan poca clase como para poner una
barra en mi sala de estar? —Cuando se inclina hacia mi rostro y lo
observo amenazadoramente, dice sonriendo:
—Pensándolo bien, no me lo digas.

33
—¿Por qué no podías haber esperado hasta después de que todo esto
terminara? Lucas, mi abuela tiene casi ochenta años. Si algo le hubiera
pasado, si hubieras hecho que se pusiera mal… —Inhalo
profundamente, hasta que mis pulmones están a punto de estallar y
luego exhalo. Vacilante, levanta la mano y la pasa a lo largo de mi
mejilla.
Un estremecimiento a la vez doloroso y caliente recorre como ondas a
través de mi cuerpo. Cierro los ojos. Inicio un conteo mental hasta 10.
Mi cabeza está girando tan violentamente que sólo he llegado a seis.
—Si a mi abuela le pasa algo por tu culpa, te mataré —le digo. Hay tal
aspereza en mi voz que me sorprende. Cuando abro los ojos, puedo
decir que se ha sorprendido demasiado.
—Es curioso, todo este tiempo te he tomado como alguien pasivo, pero
de nuevo… —Se inclina hacia atrás, dejándome ir y cruza los brazos
sobre el pecho—, ahí está ese pequeño incidente por el que todavía
estas tan enojada. Supongo que no eres tan pacífica, ¿eh?
—Me pediste que te dejara que me esposaras a tu cama. Y lo siento,
Wolfe, pero no soy un puto juguete con el que puedas hacer lo que
quieras.
Soplando, arruga la nariz. Por la forma escéptica en que está
mirándome, sé que está a punto de decir algo burlón.
—Em, no creo que eso sea exactamente lo que dije. Te dije que te iba a
esposar a mi cama y te negaste. En realidad, estoy bastante seguro de
que hubieras empezado a gritar si no te hubiera pedido que te fueras.
—Vete a la mierda.
Sus ojos se estrechan.
—Esta es mi casa, Siena. Y técnicamente, yo no estoy en ella.
—No —Sacudo la cabeza con tanta fuerza que mi cola de caballo se
suelta. Levanta un mechón de mi cabello rojo, tamizándolo a través de
sus dedos, sus ojos nunca dejan los míos. Es un gesto íntimo y siento
esa necesidad frustrante en la boca del estómago. Silenciosamente,

34
maldigo mi cuerpo por quererlo tanto a pesar de todo—. No me pediste
que me fuera, me dijiste que me fuera a la mierda —susurro.
—Bueno, estoy seguro de que yo no estaba…
Mi voz suena cinco veces más fuerte que antes, cuando hablo.
—Lo estabas.
—Sabes, te juzgué mal.
Me estoy cansando de los acertijos de Lucas y hemos pasado un total
de media hora uno en la compañía del otro.
—¿Qué se supone que significa eso?
—Todo el tiempo que estuvimos rodando Completamente sobre ti eras
muy obediente y… ah, mierda, vamos a ponerlo de esta manera, Sienna.
No esperaba que dijeras que no a las esposas. En realidad esperaba
tener una relación larga y saludable contigo.
No estoy segura de si está diciendo que se confundió conmigo por ser
tímida y demasiado entusiasta para trabajar, con que fuera fácil o
sumisa. De cualquier manera, sé que no me gusta lo que está diciendo.
Porque, hay una parte de mí que se pregunta si tiene razón; después de
todo, había ido a su casa después de conocerlo por menos de una
semana.
Mirando hacia abajo, a un lugar donde una mancha de tierra no es nada
más que brillante barro rojo debido a la nieve, digo:
—¿No es hora de que te vayas?
Lucas da unos pasos más atrás, moviendo sus brazos y haciendo gestos
hacia la colina que conduce de nuevo a la parte delantera de la casa.
Aprieto los dientes y niego.
—Pensé que sería educado dejarte ir a ti primero, pero como sea —
dice. Su voz no suena demasiado educada. Es rudo, exigente y
peligroso. Y hace tan sólo unos minutos, con la voz y las palabras
consiguió llegar completamente a mí. Dándome una última sonrisa
sardónica, se vuelve bruscamente y acecha a la colina trazando con sus

35
dedos la pared de la casa. Pero a mitad de camino hacia el frente de la
casa, Lucas hace una pausa. No se vuelve hacia mí cuando grita por
encima del hombro—. Podrías pensar que soy una mierda, pero nunca
he traído a nadie aquí para alterar a tu abuela. Ella se va todos los
martes, como un reloj.
No estoy segura de qué es lo más desconcertante: el hecho de que
Lucas sepa el horario de mi abuela lo bastante bien como para saber
cuándo es el mejor momento para entrar en la casa sin molestarla, o
que mi abuela mantenga el mismo horario todos los martes.

Mi abuela siempre me protege, por lo que si va a algún lugar sobre el
que debiera preocuparme, nunca lo diría.
Cuando yo era niña y mamá y papá discutían, me encantaba ir donde
mis abuelos. Ellos habían consentido a Seth y a mí malcriado. Después
de que mis padres se divorciaran cuando yo tenía doce años y mi
madre simplemente desapareciera, mi hermano y yo habíamos tenido
la posibilidad de ir a vivir con nuestro padre y su nueva esposa.
Fue una oportunidad de mierda.
No es que haya nada malo con papá o con Margaret, pero se habían
mudado a Bar Harbor, Maine, a más de mil kilómetros de casa. Por
suerte, incluso a los ocho años, Seth era un cabezota. Mi hermano le
dijo a papá que no sólo hacía que lo odiara a él y a su nueva esposa,
sino que también hacía que prefiriera ser destrozado por perros
salvajes que vivir con ellos en Maine. Fue entonces cuando nuestros
abuelos, los padres de mamá, intervinieron. Papá quería estar con su
nueva esposa. Nuestros abuelos nos querían. Y queríamos quedarnos
porque eran lo único que conocíamos. Y porque ambos representaban
la esperanza de que mamá iba a volver algún día.
Fue uno de esos momentos de cuento de hadas donde todo el mundo
era feliz y no había ninguna animosidad.

36
Tres años más tarde, mamá regresó a Nashville con su nuevo esposo. Y
enseguida supe lo completamente estúpido que fue esperar por su
regreso.
Si Lucas sabe tanto de la abuela, ¿qué es lo que sabe sobre la historia de
mi familia?
Aprieto mi agarre alrededor del estropajo que llevo en la mano hasta
que el acero se clava dolorosamente en mi palma y ataco un trozo de
espuma de jabón invisible de la pared de la ducha. Desde que Lucas se
fue hace un par de horas, me he mantenido ocupada, alternando entre
la limpieza y viendo las repeticiones de algún programa en línea sobre
mafiosos.
Tampoco ha sido una muy buena distracción de pensar en Lucas o de
las diligencias que hace la abuela los martes por la mañana.
Otra vez.
—¿Me apuraste para que trajera tus maletas hasta aquí para…? —El
sonido de una voz detrás de mí casi me arranca la piel. Extendiendo
mis manos húmedas sobre mi pecho, porque mi corazón está
golpeando tan fuerte que duele, me apresuro a alzarme sobre mis
manos y rodillas para hacer frente a Seth.
—¿No golpeas? ¿O tocas al timbre? —Toso—. Podría haber…
—¿Qué? ¿Atacado con un limpiador? Los diarios se llevarían un festín
del carajo con eso: Pelirroja sensible, ataca a un estudiante adicto con
los restos de Brillo-Pad
4
. Los cargos están pendientes —Seth no parece
intimidado por el hecho de que me ha espantado. De hecho, está
sonriendo como un idiota.
A regañadientes, tomo la mano cuando la estira hasta mí y me pone en
pie.
—Tú no presentarías cargos contra mí —le digo.

4
Brillo-pad: nombre comercial para un estropajo, utilizado para la limpieza de platos y
está hecho de lana de acero impregnada con jabón.

37
—¿Por qué?
—Soy una chica. Y apuesto a que tienes idea de que admitir que una
chica te patea el culo significa que eres menos hombre. ¿Estoy en lo
cierto?
Levantando una ceja, se ríe.
—Primera vez que has acertado en algo sobre mí, ¿en qué? ¿Cuatro
años?
Haciendo caso omiso de la burla, lo sigo por las escaleras. Casi
esperaba que se deslizara por la barandilla de madera, como cuando
éramos niños, pero en su lugar, baja trotando. El perchero del vestíbulo
pierde el equilibrio por el movimiento.
Estamos en cuclillas a la vez para recogerlo. Mientras recojo las
chaquetas que han caído al suelo, me decido a confrontarlo acerca de lo
que Lucas señaló esta tarde. Existe la posibilidad de que Seth sepa algo
que yo no sé, aunque estoy casi esperando por mi bien no tener celos
nuevamente.
—¿A dónde va la abuela todos los martes?
El estado de ánimo de mi hermano parece cambiar en cuestión de
segundos. Su relajada sonrisa desaparece de pronto reemplazándose
por un ceño fruncido, y sus hombros se hunden. Se pone de pie, pero
esta vez no me ayuda.
—¿Cómo sabes que se va a alguna parte todos los martes?
—E... ella mencionó algo acerca de mantener su horario habitual de los
martes esta mañana en el desayuno —miento. Cuando Seth pone la
expresión melancólica que pone en este momento, sé que es sólo
cuestión de unos minutos para que cruce el límite. No quiero
emparejar lo que sea que está molestándole con dejarle saber sobre la
visita de Lucas esta mañana.
Soltando un gruñido, Seth arrastra las manos por su cabello color trigo
y pasándome aireadamente entra en el comedor. Se sienta en la
antigua mesa donde solíamos tomar la cena cada noche y saca una silla

38
a su lado, haciendo un gesto para que yo también me siente. La deslizo
de nuevo dentro y opto por el asiento en el otro extremo de la mesa,
justo enfrente de él.
—Supongo que esto no es bueno —le digo al fin.
—¿Crees que es posible que haya estado yendo a ver a mamá? —
pregunta.
Por supuesto, pero estaba esperando que Seth me tranquilizaría con
que eso no era una posibilidad. Seth está tan molesto por la
perspectiva que está temblando. De los dos, su amargura hacia nuestra
madre es dos veces peor. Pero, de nuevo, yo no fui el chico al que
mamá había casi convencido de que tomara la culpa por sus pecados.
Pero de alguna manera, me encontré justo en el medio de todo.
Y durante los primeros dos años después de todo lo que pasó, fui la
chica que dejó que mamá le molestara, incluso desde el interior de una
celda de prisión.
Junto mis manos, frotándolas a cada lado de la nariz. Debe parecer a
Seth, como si estuviera rezando porque pone los ojos en blanco
dramáticamente.
—Entonces, ¿qué hacemos? —le pregunto.
—No es una niña, Sie. No hay nada que podamos hacer.
—Tú eres un sabelotodo, siempre sabes qué hacer.
—No voy a preguntarle si está visitando a mamá porque no tengo
pruebas. Si quieres, puedes, pero estoy seguro de que no responderá.
—¿Y eso por qué?
—Vamos, Sie. Tienes miedo hasta de tu propia sombra. La abuela no
quería decirte lo de la ejecución de una maldita hipoteca porque creyó
que te afectaría. ¿Te acuerdas cómo estuviste en la corte durante el
juicio de mamá? Todo nervios, asintiendo y la mirada fija en tu regazo
y...

39
—Gracias, pero no necesito una evaluación de carácter. Y soy más
fuerte de lo que crees —Pero cuando llevo mis manos a mis mejillas,
me siento ruborizada. Esta es la segunda vez que hoy alguien señala,
descaradamente, rasgos negativos sobre mí.
Las comisuras de la boca de Seth se elevan y empieza a decir algo, pero
luego se lo piensa mejor. Encogiéndose de hombros con indiferencia,
se pone en pie. Puede tratar de fingir que no está molesto todo lo que
quiera, pero lo distingo diferente. Sus manos están tiesas. Tan pronto
como se vaya de aquí, va a ir directamente al gimnasio a disipar un
poco de vapor.
Es mejor que ir dando puñetazos en la cara de alguien como hizo
después de la condena de mamá. Es un milagro que no esté encerrado
en un centro de detención juvenil en alguna parte.
—Dejé tu equipaje en la sala de estar —me dice deslizando las sillas del
comedor de vuelta a donde pertenecen. No me mira cuando dice—:
Oye, hazme un favor, cuando la abuela llegue, puedes decirle que me
llame.
Al darme cuenta de que nuestra conversación seria ha llegado a su fin
definitivo, asiento.
—Lo haré. Conduce despacio, ¿sí?
Pone los ojos en blanco y murmura algo en voz baja donde sólo
distingo las palabras mierda y mamá y luego dice:
—Voy a ir buscando pisos por ahí… —Su voz se apaga y, una vez más,
asiento.
Como una pequeña y rota muñeca bobble
1
.
Seth se va sin darme un adiós apropiado. Cuando lo oigo poner en
marcha el motor de su Pick-Up, me voy de vuelta al piso de arriba.
Ordeno el desorden en el cuarto de baño, arrojando los estropajos

1
Bobblehead dolls: muñecas que se suelen colocar en la parte trasera de un auto y que cuando el
auto se mueve, la muñeca cabecea. http://en.wikipedia.org/wiki/Bobblehead

40
usados en el basurero y abro la ducha para lavar el jabón azul neón que
se había secado en la porcelana.
Recostada en el grupo de almohadas contra la cabecera, abro mi
portátil, decidida a ver cuál será el daño si sigo adelante y reservo un
auto pequeño para los próximos 13 días. De ninguna manera voy a ser
capaz de hacer nada sin un auto, incluso si tengo que gastar un par de
cientos de dólares por razones de conveniencia.
—Es sólo dinero —me digo—. Lo repondré rápidamente y nuevamente
estará todo bien —Añado en mi cabeza:
—Si Tomas no cambia drásticamente de parecer y me despide.
Estoy escribiendo la dirección web de la agencia de alquiler de autos
cuando me doy cuenta de la pequeña notificación roja en la esquina
izquierda de la página de Facebook que dejé después de haber
terminado de charlar con Tori y con una chica con la que había ido al
instituto. Es una solicitud de amistad.
De Kylie Martin, la ayudante de cabello azul de Lucas.
—Queridas redes sociales: jódanse —murmuro y muevo el ratón para
rechazar la solicitud. El mensaje justo debajo la solicitud me detiene y
me inclino más cerca de la pantalla para leerlo.
Hola Sienna,
Sé que realmente debes desear el sólo decirme que me atropelle un
autobús (o ya sabes, rechazar ser mi amiga), pero por favor,
acepta. Tengo una forma en la que podrías ser capaz de salvar la
casa de tu abuela. Todo lo que necesitamos son unos pocos minutos
de tu tiempo.
Kylie
Y justo así, me hago amiga de la “abejita trabajadora” del enemigo.


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Traducido por Lady_Eithne
Corregido por Lu

enos de una hora después de aceptar la solicitud de amistad de
Kylie, la curiosidad me supera. ¿Qué quiere decir con que
conoce una forma de salvar esta casa? Le envío un mensaje de
respuesta con una única palabra que simplemente dice: ¿Cómo?
Un ding agudo indica que he recibido un nuevo mensaje siete minutos
después de haber hecho clic en enviar. Tirando encima de mi mesilla
de noche la revista de fitness que estoy intentando leer (y fracasando
miserablemente porque estoy muy nerviosa por el mensaje críptico de
Kylie), observo la pantalla y junto mis dientes moviéndolos mientras
Kylie me envía una serie de mensajes instantáneos.
Kylie Martin: Hmm… para ser honesta, lo que tengo que decirte es
probablemente algo que sería mejor decir en persona y no online.
¿Estás libre esta tarde?
Espero para contestar porque el servicio de mensajería instantánea
dice que ella aún está tecleando.
Kylie Martin: Puedo recogerte a, digamos, las 7 de la tarde y
podemos entrar en detalles durante la cena. Yo invito. Pide la carne
de buey más cara del menú, si quieres. Corre a cuenta de Lucas.
Esta vez, no contesto inmediatamente porque hay algo que me fastidia
abiertamente acerca de salir a cenar y usar el dinero de Lucas para
hacerlo. Me hace sentir… bueno, barata de alguna manera, incluso
aunque sé que es ridículo. Estoy segura de que su asistente lleva a otra
gente a todo tipo de citas para cenar y almorzar, pasando la tarjeta de
M

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crédito de Lucas en tantos restaurantes como pueda, razonablemente,
salirse con la suya. Si voy, esta noche no será diferente.
Excepto por el evidente hecho de que, obviamente, es diferente.
Kylie Martin: Tan sólo hazme saber algo en la próxima hora, sobre
las 6 de la tarde, ¿vale?
Descanso mi trasero en el borde de mi cama. El colchón se hunde un
poco en ese punto particular y hago la promesa de que iré a correr
mañana por la mañana a primera hora. Aferrando los laterales del
portátil, miro fijamente a los mensajes en el fondo de la pantalla de la
computadora. No puedo apartar la vista, incluso cuando las palabras
empiezan a emborronarse unas con otras y todo lo que soy capaz de
ver es un vertiginoso remolino azul, blanco y negro.
¿De verdad Kylie sabe algo sobre Lucas que podría retrasar la
ejecución de la hipoteca? Pero incluso si lo sabe, ¿por qué traicionaría
así a su jefe para ayudarme? Lleva trabajando para Lucas mucho
tiempo, al menos un par de años, y no soy nadie especial para ella.
Aparte de esta tarde, sólo la he visto en otra ocasión en toda mi vida y
no habíamos tenido mucho de lo que hablar aparte de los típicos
comentarios de cortesía.
Entonces, me llega otra posible razón detrás de la invitación de Kylie,
golpeándome dentro de la cabeza como un ladrillo.
¿Qué pasa si el hecho de invitarme a salir es algún tipo de amaño sólo
para hacerme salir de la casa para algo? Como si Lucas y esos dos
contratistas volvieran aquí esta noche de forma que pudieran
continuar decidiendo dónde poner la estridente casa que es más que
probable que empiece a construir en dos semanas o cuánto de la
cabaña de la abue deben almacenar cerca para leña.
Un sonido de frustración escapa de mis labios. Presiono mis dedos
contra las teclas de la computadora y tecleo un mensaje en tiempo
record.
¿Por qué no me lo puedes contar ahora? —demando.

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Durante cinco minutos, Kylie no contesta, pero veo la pequeña
notificación haciéndome saber que está tecleando en el centro de la
casilla de mensajes. Estoy impaciente mientras espero, golpeteando
con mis dedos en el espacio plano que hay a cada lado de la alfombrilla
del ratón y rechinando los dientes de un lado a otro, el sonido de
crujidos haciendo que pequeños cosquilleos atraviesen mi cuerpo. El
rechinamiento de dientes tiene que ser lo peor en la historia de los
horribles hábitos nerviosos. Es algo que adquirí de niña después de
que mis padres disolvieran su malogrado matrimonio y que ni los
masajes relajantes ni el yoga han sido capaces de controlar o detener.
Si Tori pudiera verme ahora mismo, me pasaría un pedazo de chicle y
me diría que mis dientes serán protuberancias para cuando tenga 40
años.
Estoy tan irritable hoy que probablemente le tiraría a Tori a la cabeza
una de sus muchas pelotas de stress. O cinco o seis de ellas.
Kylie Martin: Lo siento, sólo estoy dispuesta a hacerlo en persona.
Si no es esta noche o mañana a última hora de la tarde, será
demasiado tarde para hacer nada.
Me está dando un ultimátum. Está utilizando una franja limitada de
tiempo para coaccionarme a salir a cenar con ella, y no me gusta ni una
pizca. Desde mi segundo año en la facultad, me he esforzado por evitar
a la gente que me hace eso porque me recuerda demasiado al chico con
el que salí durante todo el instituto y que quería controlar todo lo que
hacía. Preston había tenido diferentes demandas para unas cosas u
otras, un día sí y un día no, y cada una era algo de lo que cambiaba de
parecer tan pronto como yo lo completaba. Cuando terminó conmigo,
juraba que yo era co-dependiente. Volviendo la vista ahora a la
situación, sí que lo era.
Todavía lo soy.
Me concentro en la pantalla otra vez, intentando ignorar la bandada de
emociones que siempre me trae el hecho de pensar en Preston. No lo
amo. Tori dice que probablemente nunca lo hice y sólo salí con él a
causa de mis problemas paternos. Aun así, hay un golpeteo amargo en
el centro de mi pecho.

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Tragándome mis recuerdos, la exasperación y la sensación de derrota,
le envío a Kylie una respuesta:
No me gusta ser amedrentada más de lo que me gusta que me den
un par de horas para decidir algo.
Kylie contraataca con una respuesta unos segundos después:
Sólo es una cena, no es como si te estuviera pidiendo que te
quedaras embarazada de mi hijo ilegitimo de pelo azul y te vinieras
a vivir con nosotros a París, ¿sabes? Como te escribí antes, conozco
una manera de que puedas salvar la casa de tu abuela. Sólo tienes
que… confiar en mí. No puedo hacer más que eso online.
Masajeándome el puente de la nariz con un lento movimiento circular,
empiezo a teclear una respuesta con una sola mano. Son sólo unas
pocas palabras, pero me lleva un par de minutos y varios intentos
asegurarme de que no sueno como la idiota balbuceante que me siento
ahora mismo.
¿Dónde y a qué hora?
Me pregunto si está sonriendo en donde quiera que esté porque
inmediatamente escribe:
¡Sí!
Cerca de un minuto después, añade:
Fondue. Oh Dios, por favor, dime que te encanta la fondue.
Después de que yo responda positivamente, teclea un último
comentario:
Estupendo, entonces será fondue. Te recogeré en tu casa a las siete
y prometo tenerte de vuelta para medianoche. Ya ves, soy una cita
respetable y ni siquiera intentaré llegar a la segunda base. ¡Nos
vemos pronto!
Le envío a Kylie un par de mensajes más preguntándole si va a llevar
atuendo formal o informal y si puede aparcar al final de la calle de
forma que la abuela no la vea, pero no me contesta a ninguno. Me

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sobresalto cuando oigo golpear la puerta principal. Hace repiquetear el
estante de la esquina de mi habitación y salgo a trompicones de la
cama, casi rompiéndome el cuello con un par de botas altas que dejé en
mitad del suelo. Mirando de refilón por la ventana, veo el Land Rover
de mi abuela en la entrada, aparcado marcha atrás de forma que el
maletero esté más cerca de la casa.
Suelto un suspiro de alivio.
Un momento más tarde, la abuela grita hacia lo alto de las escaleras
con una voz evidentemente cansada:
—¿Sienna?
—¡Estoy aquí, abuela! —grito deslizando mis pies en un par de
chanclas.
Llego al vestíbulo mientras la abuela entra arrastrando los pies por la
puerta principal, peleándose con varias bolsas de comida.
Rápidamente, se las quito de las manos, donde el plástico ha empezado
a hacer marcadas hendiduras en sus muñecas. Me lanza una mirada
agradecida.
—Paré y recogí algo de comida para ti, para que no te mueras de
hambre mientras estás aquí. Todas tus favoritas, e incluso las cocinaré
—dice un poco demasiado alegre.
Puedo ver el interior de la parte trasera de su todoterreno desde donde
estoy de pie. Hay al menos una docena más de bolsas sólo en el
maletero, sin mencionar las que podría haber en el asiento de atrás.
Siento una oleada en mi caja torácica, porque mi abuela está a punto de
perder su hogar y de tener que gastar dinero para trasladarse a otro
lugar.
Ambas sabemos que no tiene los fondos para hacer cosas como llenar
una casa con la comida que me gusta.
En lugar de señalarle eso, o interrogarle inmediatamente sobre dónde
ha estado, muevo las bolsas más arriba en mi mano derecha rodeando
mi muñeca y dándole un pequeño apretón en la mano.

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—Gracias, abuela —digo. Luego, manteniendo mi tono tan suave y
burlón como puedo, añado:
—No has cocinado desde hace, ¿cuánto? ¿Un año o dos, cuando Seth
todavía estaba en el instituto?
La abuela deja salir una risa gutural:
—Tú lo mereces.
Insisto en que se tome un respiro en la sala mientras yo guardo la
comida. No me echa la bronca, como habitualmente, sino que va por
propia voluntad. Es muy obvio que está agotada, así que me esfuerzo
por permanecer tan silenciosa como sea posible para no molestarla
mientras descansa.
Descargar las bolsas es una tarea monótona que me recuerda mi época
de embolsar alimentos en la tienda que hay al final de la calle cuando
estaba en el instituto. Estoy sonriendo para cuando termino porque
tengo imágenes de las carreras de carritos de compras con mis
compañeros de trabajo e incluso una imagen mucho más vívida de
correr con armarios de vestuario en el set de rodaje de Echo Falls con
Vickie, la otra asistente de vestuario.
Si alguna vez tengo la osadía de hacer algo como eso, Tomas se me
cagaría encima.
El reloj digital del horno capta mi visión. Las 5:45. Pronto estaré con
Kylie y hay una posibilidad, aunque no es muy grande, de que sabré
qué hacer para asegurarme de que esta casa siga en posesión de la
abuela.
Caminando rápido hacia la sala de estar digo:
—Oye, voy a… —Pero me detengo rápido. Mi abuela está dormida en el
sofá, roncando, su pecho subiendo y bajando—. Salir con una amiga —
susurro. Girándome para salir, me fijo en un trozo de papel hecho una
bola en la esquina de la entrada. Me inclino hacia abajo y lo recojo,
desenvolviéndolo. Es el recibo de la comida de la gran expedición de
compras de la abuela. Pero no es la cantidad de dinero que ha gastado

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lo que hace que mi corazón lata más rápido. Es la ciudad y el estado en
que los alimentos han sido comprados.
Bowling Green, Kentucky, que está a una hora en coche de Nashville.
Es el punto medio entre aquí y la prisión de Lexington que alberga a mi
madre.
Honestamente, quiero sentir rechazo o asombro o incluso enfado, Dios
sabe que he experimentado todas esas tres emociones y a menudo a la
vez cuando se trataba de mi madre en el pasado. Mientras doblo el
recibo en pequeños cuadrados iguales, la única cosa que siento es un
golpe seco en el medio de mi pecho.

Kylie llega temprano, a las siete menos cuarto, cuando estoy
terminando los últimos toques a mi maquillaje, en el gigante Cadillac
todoterreno plateado. No debe haber recibido mi mensaje porque
aparca a medio camino de la entrada y sale del coche. Mientras
prácticamente salta hacia la casa y se mete en el camino de luces con
detección de movimiento, decido que se parece al Hombre de
Malvavisco con su parca de color blanco cegador y su pelo corto negro
y azul saliendo desde debajo de un gorro blanco de crochet.
En Tennessee no hace tanto frío.
Se detiene en la rotonda de la entrada, inclina su cabeza hacia arriba
hasta que sus ojos oscuros se encuentran con los míos y luego sonríe y
saluda con la mano. Sintiéndome ruborizar de la cabeza a los pies por
ser atrapada, le devuelvo el saludo moviendo los dedos. ¿Por qué
demonios es tan amistosa cuando apenas me conoce? Un momento
después, deja de ondear la mano y desaparece bajo el porche cubierto.
El timbre de la puerta suena.
¡Oh, mierda! ¡Debí haberla detenido por la abuela!
Sintiendo de repente nauseas al pensar en mi abuela contestando a la
puerta y encontrándose de frente con la asistente de Lucas, bajo
corriendo las escaleras. Llego demasiado tarde. Mis pies golpean el
último escalón justo a tiempo de oír a Kylie felicitando a la abuela por

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lo bonita que es la casa. Mi abuela no le está dirigiendo miradas
acusatorias o diciéndole educadamente que se vaya, así que me pilla
con la guardia baja. Entonces me doy cuenta de que ayer Kylie no
estaba en el juzgado.
Al parecer, la abuela nunca ha tenido la oportunidad de conocerla, pero
ahora que lo ha hecho, está encantada. Las alabanzas de Kylie la están
haciendo enrojecer intensamente.
La actuación edulcorada de la asistente de Lucas realmente me está
empezando a asustar.
—Emm, abuela, esta es Kylie, ella es… —No hay manera de que pueda
presentarla como la asistente de Lucas. Le dirijo a Kylie una mirada
suplicante.
—Una amiga del instituto —añade sin esfuerzo. Cuando la abuela
aparta la vista por un segundo, Kylie me guiña uno de sus ojos
marrones. Están fuertemente delineados con lápiz azul—. Estoy en la
ciudad antes de irme de vacaciones por un par de días y me contacté
con Sienna por internet.
Las cejas de mi abuela se juntan y puedo decir que está intentando
encajar si alguna vez ha conocido a Kylie. Puedo leer las emociones en
su cara mientras piensa en la graduación, en los bailes de bienvenida y
en las competiciones de piano. Sin encontrar nada, levanta sus
hombros ligeramente y niega, su cabello gris desparramándose
alrededor de su rostro.
—Es tan maravilloso que te pasaras a ver a Sienna —le dice a Kylie.
Luego apunta con sus ojos azules hacia mí, donde todavía estoy de pie
en el último escalón, mirándome fijamente de forma inquisitiva—.
¿Queréis que cocine o…?
Un bulto se forma en mi garganta. Sé que no debería, pero estoy
pensando en el recibo de Bowling Green, Kentucky, que he doblado
hasta que está lleno de cientos de pequeñas dobleces. Está arriba,
metido entre las revistas en mi mesita de noche. No debería guardarlo.
Debí haberlo dejado donde lo encontré.

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Porque ahora me siento como una espía y lo único que haré cuando vea
el trozo de papel o cuando la abuela mencione cocinar para mí, será
preguntándome si ha estado con mi madre esta tarde o no. Me va a
carcomer hasta que tenga la oportunidad de hablar con ella sobre ello.
No, tendré que enfrentarme a ella en un escenario de tipo
confrontación porque mi abuela siempre cierra el pico cuando se trata
de hablar sobre mamá.
Mi madre tiende a evocar ese tipo de respuesta en todo el mundo.
—Has estado ocupada todo el día, así que deberías descansar un poco
—digo a pesar de la opresión en mi garganta—. Además, Kylie tiene
una escandalosa cuenta de gastos ilimitados por su trabajo y me está
llevando a cenar para ponernos al día. ¿No es cierto, Ky?
Mordiéndose el labio, puede que para evitar reírse a carcajadas por el
énfasis en la palabra “ilimitados” o para contenerse de decirme que me
calle la jodida boca y que su nombre no es “Ky”, Kylie levanta los
pulgares en aprobación y replica:
—Tiene razón. Mi jefe me deja ser derrochadora y yo tomo ventaja de
ello. Y mejor será que nos vayamos porque estoy hambrienta y
tenemos una reserva.
Entonces, Kylie toma las manos de la abuela entre las suyas
enguantadas y le ofrece una sonrisa genuina. Una vez más estoy
deslumbrada, curiosa ante el por qué está siendo tan agradable con la
anciana mujer que su jefe quiere desahuciar.
—Ha sido genial conocerla, Sra. Previn y gracias por dejarme tomar
prestada a Sienna por un rato. Prometo que cuidaré bien de ella.
Estoy bastante segura de que eso es exactamente lo que mi ex-novio
dijo cuándo me recogió para el baile de graduación de penúltimo curso,
la noche que me habló de que me rindiera con mi virginidad.
Juego nerviosamente con el corto dobladillo de mi vestido color
chocolate con cuello barco.

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La nariz de la abuela se arruga y cruza los brazos sobre su pecho como
si estuviera pensando profundamente. Al fin, dice:
—Chicas, pasadlo bien. ¡Y absolutamente nada de beber y conducir!
No es hasta que estoy abrochándome el cinturón en el Escalade, el cual
huele a cigarrillos y a demasiado ambientador de pino, que me doy
cuenta de por qué mi abuela tenía esa extraña expresión en su cara
justo antes de que Kylie y yo saliéramos por la puerta.
La abuela y yo tenemos diferentes apellidos, el suyo es Previs y el mío
es Jensen, el apellido de mi padre y el antiguo nombre de casada de mi
madre. Ni una sola vez la abuela le ha mencionado a Kylie cuál es su
apellido.

La multitud de la noche del jueves en el costoso restaurante de fondue
de la Segunda Avenida es escasa y Kylie y yo estamos sentadas en un
reservado con forma de herradura escasamente iluminado. Ella se
quita el abrigo, revelando un suéter demasiado grande cubierto de
dibujos de búhos con gafas y un par de pantalones estrechos. A mí no
me van los colores llamativos o los estampados como a Kylie, quiero
decir, he jugado con la idea de teñirme el pelo durante años porque es
demasiado rojo, pero la forma en que ella lo lleva le queda bien.
Mientras enrolla su abrigo formando un cilindro apretado y lo coloca
entre nosotras, me pregunta:
—No estás diseccionando mi atuendo, ¿verdad?
Siento mis orejas poniéndose rojas.
—Por supuesto que no. ¿Por qué haría algo como eso?
Pone una cara rara, curvando su labio hacia arriba de forma que toca la
punta de su nariz y se frota la barbilla con los dedos índice y pulgar.
—Hmmm, no sé. Quizás porque es tu trabajo. Diablos, yo me encuentro
a mí misma trabajando incluso cuando estoy fuera de horario y
criticando cada pequeña pieza musical que oigo. Por ejemplo, la música

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de aquí —Se mueve acercándose, como si fuera a compartir un secreto
íntimo, así que hago lo mismo—. Es realmente, una verdadera mierda.
Pero para que lo sepas, no me importa si estás tomando repulsivas
notas de personal de vestuario sobre mi ropa. Resulta que me gusta la
forma en que visto.
Casi quiero decirle que estoy tomando notas de lo estrafalaria que es
en general, pero, en lugar de eso, tomo un sorbo gigantesco de mi agua
para limpiarme la garganta antes de ir directamente al grano.
—Dijiste que conocías una forma de salvar la casa de mi abuela, Kylie.
Esa es la única razón por la que accedí a salir esta noche. Así que…
¿cuál es? —Bajo mi voz a un susurro, añadiendo—: ¿Qué sabes sobre
Lucas?
—¿Sabes lo que me he estado preguntando? Cómo demonios te las
arreglas para mantener un cuerpo como este creciendo en un sitio con
una comida tan alucinante —dice evadiendo mi pregunta—. Lo fríen
todo. He estado aquí literalmente durante un mes y tuve que tener a
Lucas adelantándome mi asignación para ropa para la próxima
temporada para comprarme vaqueros más holgados.
—¿De dónde eres? —pregunto.
Hace una mueca y aprieta las manos antes de decir alegremente:
—Oh, tan sólo de Atlanta.
Atlanta, Georgia. Donde la mantequilla, el bacón y las nueces pacanas
son una necesidad doméstica, mucho más que aquí en Tennesse.
Ahora, no voy exactamente a creerme su comentario acerca de la
comida alucinante, incluso aunque haya estado viviendo en Los
Angeles por un tiempo.
Cambiando el tema, Kylie me pregunta acerca de mi infancia, acerca de
la escuela a la que fui y lo que hacía para divertirme y yo respondo
cada pregunta educadamente, teniendo el máximo cuidado para no
mencionar a mi madre. Me siento a mí misma agotándome más y más
mientras cada segundo parece ir a paso de caracol.

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Finalmente, cuando llega nuestro primer plato, ya he tenido todo lo
que puedo soportar del juego de evasivas de Kylie. Coloco mis manos
planas sobre la mesa y me aclaro la garganta. Ella levanta la vista hacia
mí, sus ojos oscuros tan enormes como los de los búhos de su ropa.
—Kylie —digo tan pacientemente como me es posible— ¿Por qué
quisiste traerme aquí?
Mojando un pincho de brócoli dentro del cuenco de queso hirviendo
que está en el centro de la mesa, frunce el ceño. Observo como gira el
brócoli alrededor hasta que se desintegra, cada segundo haciendo que
mi corazón lata más fuerte, haciéndome sentir como que está
escondiendo algo.
—Lucas te desea —dice y luego se encoje de hombros antes de soplar
el brócoli.
Eso ya lo sé, pero entonces una razón en la que no pensé esta tarde por
la que ella quisiera que yo viniera me golpea fuerte. Asumo la
espantosa posibilidad y dejo caer en el plato el trozo de pan que estoy
masticando.
—Oh, dios mío, no vas a intentar escaldarme la cara con la fondue o
tirármela encima porque estás enamorada de tu jefe, ¿verdad? —
pregunto con voz estridente.
Su cabeza se levanta de golpe por encima del queso y me mira
fijamente sin expresión. Yo ya estoy haciendo erráticos movimientos
rápidos luchando por salir del reservado y fuera de esta situación.
Simplemente dejarla aquí sentada sola antes de que suceda el drama.
Entonces empieza a reírse histéricamente.
Eso es. A primera hora de la mañana voy a encontrar una forma de
contactar con Lucas para decirle que mantenga a Kylie alejada de mí.
Parpadeando para sacudirse las lágrimas, me agarra la mano y tira de
mí otra vez hacia abajo. Mis rodillas se quedan bloqueadas y no tengo
otra elección más que sentarme. Estoy respirando con dificultad, como
si acabara de correr una media maratón, cuando finalmente se las

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arregla para hacer un hueco para las palabras en medio de su
diversión.
—No, no te vayas, es sólo que eso que has dicho… Dios, es tan
asqueroso. Quiero decir, que quiero a Lucas, pero sólo porque me
obligan. Nuestros padres me patearían el culo si no lo hiciera.
—Espera… ¿qué?
Sonríe.
—Sí, culpable. Soy la hermana pequeña de Lucas, pero sólo por un par
de años.
Mis manos vuelan automáticamente a mi cara, cubriendo mi
vergüenza.
—Pensé que eras… tu apellido es Martin —murmuro despacio porque
hay una estrechez en mi garganta.
Estira su mano izquierda, colocándola cerca de mi cara, de forma que
soy capaz de ver el tatuaje que circunda su dedo anular. Gira la mano
de un lado a otro, de forma que puedo leer el texto en letra gótica que
dice claramente: MARTIN.
—Hace ocho años, el día que cumplí 18. Su nombre era Bradley Martin
y mi matrimonio duró casi tanto como el sexo que tuvimos en mi noche
de bodas y fue igual de horrible. Lo siento, nena, vas a tener que
reevaluar tu opinión de mí porque no soy una de esas asistentes
personales.
¿Cómo pude fallar en darme cuenta de lo que Kylie es para Lucas?
Incluso aunque he sido testigo de muy pocas interacciones del uno con
el otro, no es como si alguna vez le hubiera visto tratarla como nada
más que su asistente.
Me siento miserable por haber sacado conclusiones precipitadas sobre
ella. Me disculpo, pero hace un gesto con la mano quitándole
importancia, sonriendo ampliamente.
—¿Te estás riendo de mí? Estás bien. Si quieres ver verdaderas
suposiciones de psicópata, vete a revisar algunos de los foros de las

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fans de Lucas. Esa gente son fans devotas, saben perfectamente quién
soy y aun así me vapulean.
Trago saliva.
—¿Algo más que deba saber?
Su sonrisa divertida da paso gradualmente a una mirada avergonzada.
Siempre he odiado las miradas como esa porque nunca indican nada
agradable. Entonces deja caer su cabeza, recolocando la cubertería que
tiene delante.
—Odio la fondue. De verdad, de verdad la aborrezco.
—¿Entonces por qué me pediste que viniera aquí? Podíamos haber ido
a otro lugar. No soy exigente. No soy…
Pero estoy sudorosa y nerviosa. No soy tan inocente como para creer
que su rostro avergonzado procede del odio hacia el chocolate y el
queso fundidos. No, Kylie está ocultando algo más.
—Porque no habrías venido por él —susurra señalando. Sigo sus
dedos a través del restaurante, hacia un reservado más pequeño,
donde Lucas está sentado.
Mi estómago se encoje y cruzo los brazos sobre él.
¿Por qué está en el restaurante desplegando su… eh, encanto de
estrella del rock? ¿Por qué no puedo moverme o hablar ahora mismo?
Lo único que soy capaz de hacer además de sujetarme el estómago y
desear ser más pequeña, es observar.
Lucas hace señas a una bonita camarera de pelo castaño para que vaya
junto a él, le susurra algo al oído. Ella le sonríe seductoramente, asiente
y se sacude el pelo por encima del hombro mientras se va a cumplir sus
órdenes.
Él no desperdicia una segunda mirada en ella.
Ahora se pone de pie, caminando hacia mi mesa. Una bruma de color
escarlata se despliega desde el fondo de mi cráneo y se retuerce de
camino hacia la parte frontal de mi cara, haciéndome incapaz de ver

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con claridad durante varios segundos. Así es lo molesta que estoy de
haber sido engañada por Kylie y Lucas.
Estoy sin palabras, pero ahora absolutamente furiosa, cuando él vuelve
a estar enfocado.
Se alza sobre mí, con sus intensos ojos color avellana clavándose en los
míos mientras espera una reacción.

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Traducido por Lady_Eithne
Corregido por Lsgab38

an pronto como la sensación de sensibilidad vuelve a entrar en la
parte inferior de mi cuerpo, me levanto corriendo para escapar
del reservado. Debido a que soy alta, mis rodillas golpean fuerte
en el lateral de la mesa. Doblándome de dolor e inclinándome por la
humillación, mi visión pasa de un lado al otro entre Lucas y su
hermana. Con el fin de tener éxito en mi huida, uno de ellos va a tener
que moverse apartándose del camino. El rostro de Kylie todavía está
hacia abajo. No es capaz de ver la mirada que estoy dirigiendo en su
dirección, pero Lucas...
Él está de pie a escasos treinta centímetros de distancia, mirándome
directamente mientras bloquea mi camino de salida del reservado.
Está tranquilo y espléndido, divertido y completamente bestial. Ahora
mismo, personifica todo lo que deseo y todo lo que temo.
Estaré mucho más segura si olvido que alguna vez lo deseé y, una vez
que llegue a casa, toda esta noche en general.
—Por favor, llévame a casa —le digo a Kylie acentuando cada palabra.
Estoy lívida de que me haya engañado para salir sólo para que Lucas
pudiera cenar conmigo, solo para que pudiera, más que
probablemente, tratar de convencerme de irme a la cama con él
después. Pero lo más importante es que estoy furiosa conmigo misma
por caer en esto y ser lo suficientemente optimista para esperar que
ella realmente tuviera una solución para salvar la casa.
Me siento como una completa idiota.
—Kylie, ¿por favor? —susurro.
T

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La poca gente sentada en las mesas de nuestro alrededor ha dejado su
comida y conversaciones. Ahora están inclinándose hacia nosotros
esperando obtener un atisbo de lo que está pasando. Una pelea de
enamorados, ¿quizás? ¿O un hombre que ha venido a convencer a su
novia de volver a casa porque cree que ella pasa demasiado tiempo con
su amiga?
Intento decirme a mí misma que no me importa lo que esa gente piense
de la situación porque nunca los veré de nuevo, pero sólo tengo éxito
en hacerme sentir más avergonzada. Me doy cuenta de lo enrojecidas
que están mis manos cuando las retuerzo entre sí, deseando que en su
lugar estuviera entre ellas el cuello de Lucas. Ugh, no es muy probable
que eso ocurra jamás. Tengo mejor suerte en cumplir mi deseo de que
el suelo se abra y me trague entera.
—Siéntate, Sienna —me ordena Lucas en tono bajo. Negando
obstinadamente, absorbo una profunda inhalación a través de mi nariz.
Agarro el respaldo de cuero del reservado con una mano y el borde de
la mesa con la otra.
—Por favor, muévete para que pueda irme.
Inclina la cabeza hacia abajo sobre la mía, tan cerca de mí que puedo
sentir su aliento abanicando mi oreja y oler la menta del chicle que
debió haber mascado antes.
—Por una vez, haz lo que se te dice antes de ponerte de pie.
Miro boquiabierta a Kylie, que está toda sonrojada al igual que yo y
mirando fijamente hacia abajo, a su teléfono. Quizás se siente fatal por
atraerme aquí. Aunque probablemente no. Si es de algún modo como
su hermano, está más preocupada por la escena que estamos haciendo
y la gente que está pretendiendo no mirarnos, que en herir mi orgullo.
Tampoco debería haberme dejado engañar por su actuación con la
abuela, pero una vez más, nunca he sido la mejor juzgando
personalidades.
En silencio, desciendo hasta que estoy sentada, lanzándole dagas con la
mirada a Lucas todo el tiempo. Canturrea algo en una voz complacida
que suena peligrosamente a “esa es mi chica” y luego se desliza junto a

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mí. Cuánto más me alejo escurriéndome dentro del curvado reservado,
más se acerca. Finalmente, simplemente dejo de moverme porque no
tiene sentido intentar poner más espacio entre nosotros dos. Estoy
irracionalmente cerca de estar justo encima de Kylie. Me muevo uno o
dos pares de centímetros en dirección a él y me llama “buena chica.”
Lucas me tiene justo donde me quiere, con la longitud de su cuerpo
caliente y duro y extremadamente notable contra mi costado.
Si sólo escucho lo que tiene que decir, entonces seré capaz de irme y
olvidar que esta noche jamás ocurrió.
Sí... justo después de que me joda la cabeza un poco. Justo después de
que trate de convencerme para que me lo tire.
Mi piel hormiguea por todas partes.
—¿Estarás al otro lado de la calle? —pregunta Lucas a Kylie. Cuando
ella dice que estará, mi boca se abre y levanto la vista para protestar.
Incluso aunque me vendió, no quiero que se vaya. Es la que me metió
en este enredo para empezar, así que, ¿qué le da derecho a escaparse?
—No puedes irte —digo con voz profunda.
Pero ella me muestra una sonrisa culpable, casi triste.
—Lo siento, Sienna, pero esto es algo entre vosotros dos. Aunque yo
seré quien te lleve a casa —Estira los dedos para darle a mi mano una
palmadita de ánimo, pero las aparto de golpe. El afilado filo de los
anillos con calavera de bronce que lleva, araña la punta de mi pulgar y
lo presiono entre mis dientes.
—Gracias —le digo a Kylie, la palabra amortiguada. No es que me
importe, porque no lo digo en serio.
Lucas se aclara la garganta y ella agacha la cabeza, contoneándose para
salir del reservado.
—Lo siento mucho —murmura.

59
Mira hacia atrás una vez, antes de desaparecer de la vista, pero
pretendo no verla. Sé que es infantil, pero ser una adulta me ha metido
en esta situación.
—Dios, eres como un pecado —dice Lucas mientras me saco el pulgar
de la boca.
El filo de su voz me envía una fría excitación, desde la punta de mis
zapatos de salón negros, hasta lo alto de mi cabeza, donde he arreglado
mi largo cabello rojo en un moño alto despeinado. Mis ojos se cierran y
en silencio cuento hacia atrás desde 20.
No me llevará mucho marcharme. No, no me llevara nada. Puedo
llamar a un taxi, o, Dios no lo quiera, a Seth. No debería estar aquí con
Lucas porque es tan malo para mi salud mental como yo lo soy para su
música.
17, 16, 15…
Pero si simplemente me voy sin oírle, pareceré débil. Sabrá que no
puedo soportar estar cerca de él.
Se imaginará lo grande que es esa parte de mí que no puede resistirse a
él. Y quiero que piense que no puede usar eso contra mí, pero sí que
puede. Lucas es del tipo de los que explotan cualquier debilidad para
conseguir lo que quiere.
7, 6, 5…
No, no me iré. No hasta que descubra...
Las puntas de sus dedos revuelven mi cabello, lanzando por los aires
las horquillas hacia la mesa y el asiento en un rápido y suave
movimiento. Mi cabello rojo se derrama sobre mi rostro, alrededor de
mis hombros y ambos tragamos aire al mismo tiempo.
—Tu jodido cabello...
—¿Qué quieres de mí? —pregunto.

60
—Todo —susurra girando su cabeza de forma que sus labios tocan mi
sien. Inhala mi esencia antes de hablar de nuevo. Cuando lo hace, casi
parece intoxicado—. Pero por ahora... quiero que trabajes para mí.
Se retira y pone una, me atrevo a decir, profesional cantidad de espacio
entre nosotros. Estoy sorprendida de darme cuenta de que el queso y
las verduras han sido retirados y ahora hay una ensalada en frente de
nosotros. Estaba tan envuelta en el momento con Lucas, que no me di
cuenta del regreso de la camarera.
Maldito sea Lucas por llevarme a la distracción una y otra y otra vez.
Y que me jodan a mí por dejarle. ¿Por qué me hago esto a mí misma?
Lucas clava un tenedor en su ensalada y toma un bocado. Estudio la
forma en que mastica: lentos y deliberados movimientos. Pequeños
movimientos de su lengua que hacen que mi cuerpo arda. Él convierte
el acto de comer, algo que es tan básico, en un arte de seducción. Me
atrapo a mí misma hundiendo mis dientes en mis propios labios
mientras lo imagino a él tirando de ellos entre sus dientes.
—Te estoy ofreciendo el hogar de la Sra. Previn a cambio de tus...
servicios. Diez días. Mis reglas. Y tienes que atender todas mis
necesidades. Luego, yo personalmente firmaré sobre la escritura de la
casa de tu abuela.
Dejo que sus palabras se hundan en mi cerebro perezosamente, como
melaza estropeada. Dejo que la vergüenza se apodere de mí.
—No soy así —susurro apartando mi rostro de él para que no pueda
ver las lágrimas que amenazan con derramarse por mis mejillas y
arruinar el maquillaje que tan cuidadosamente me apliqué.
Atrapa mi barbilla entre su pulgar y su dedo índice, forzándome a
mirarle. A encararle. Me ofrece una sarcástica expresión de pucheros y
clavo mis dedos en la tela de mi vestido para no intentar quitársela de
una bofetada.
—Nunca dije que lo fueras. Tan sólo te tomo por el tipo de persona a la
que le gusta trabajar por las cosas que desea.

61
Lo que ha dicho junta todos los comentarios crueles que Preston me
hizo alguna vez mientras estábamos saliendo, los suma todos juntos y
los multiplica.
—No voy a follar contigo por dinero, Lucas.
No intenta detenerme mientras maniobro rígidamente en mi camino
para salir fuera del reservado.
Estoy a tres pasos de la mesa y luchando con la amarga urgencia de
simplemente quebrarme llorando a gritos, cuando dice:
—No implica follar.
Su voz es tan suave y fría que me hace estremecer, como si una ráfaga
de viento acabara de atravesar barriendo la sala.
Cautelosamente, echo un vistazo por encima de mi hombro derecho. Él
ha apartado su ensalada y tiene sus brazos desplegados sobre el
respaldo del reservado, esperando a que me siente de nuevo. Pero lo
que es sorprendente es su rostro. La mirada sarcástica se ha ido y es
reemplazada por una que es arrepentida, una mirada que va en serio.
—¿Qué?
—Siéntate y hablemos.
Otra orden, pero tiene mi atención. Sabe que no hay ni una puñetera
forma de que me vaya de este restaurante sin terminar la conversación
ahora. En silencio, me subo de nuevo al reservado, sentándome de
forma que estamos enfrentados el uno al otro. Puedo sentir sus ojos
abrasándome por dentro mientras juego con mi tenedor, girándolo
entre mis dedos mientras espero a que se explique.
Me deja sudar durante un par de minutos, me permite pensar en tantos
escenarios que estoy retorciéndome en mi asiento. Golpeo la punta de
mis zapatos en el duro suelo, tamborileando a ritmo de staccato. Toma
aliento y luego, por fin, habla.
—Kylie se va de vacaciones a Nueva Orleans y necesito una asistente
personal mientras está fuera.

62
—Una asistente personal —repito y él inclina su cabeza hacia delante,
sonriéndome tan educadamente que estoy segura de que le hace daño
en la cara.
La educación en Lucas Wolfe es lo mismo que la agresividad en mí:
completamente incómoda.
—Mmmhmm y naturalmente quiero a alguien que ya conozca. A ti.
A mí, la misma chica de vestuario que fue vetada de trabajar nunca
jamás en el plató de cualquier cosa de Your Toxic Sequel. La misma
chica que le rechazó después de que intentara convencerla de que se
dejara atar a la cama.
La misma chica que sigue queriendo atar.
—Quieres que trabaje para ti simplemente porque quieres tener sexo
conmigo —gruño. Resoplando un aliento ruidoso, continúo—. Puedes
llamarme asistente personal todo lo que quieras, pero esto es a causa
del sexo. Así que, ¿por qué no simplemente me pides que te eche un
polvo?
Sonríe con esa sonrisa perturbadora que me hace cuestionar mi lucidez
por seguir estando cerca de él. La misma sonrisa que también me hace
preguntar por qué no estoy arrojando mi cuerpo en sus brazos en este
mismo instante. Por lo que él te hará, me avisa esa vocecita en mi
cabeza. Lo tomará todo y no te dará ni una maldita cosa a cambio.
—Ya te lo dije —dice—. Es un trabajo de la variedad no-sexual.
—¿Y de dónde viene que la casa de mi abuela entre en juego?
—¿No es obvio? Será tu sueldo. Tú juegas a mi juego durante diez días,
yo te doy la casa.
El sorbo de agua que estoy tragando se va por el lado erróneo y me
atraganto con él, palmeándome el pecho. Él se acerca, su rostro
haciendo una mueca de preocupación. Jadeando, me las arreglo para
asegurarle que estoy bien. Luego me pellizco el puente de mi ardiente
nariz mientras intento darle a sus palabras la oportunidad de quedar
completamente registradas.

63
Quiere que trabaje para él. A cambio de la casa de la abuela.
Puta mierda.
—¿Fumas crack? —pregunto con una voz áspera que nunca me he oído
usar antes. Sus cejas se arquean y las comisuras de sus labios se curvan
hacia arriba—. Eso no es siquiera... ¿es eso siquiera plausible? Ese debe
de ser la decisión de negocios más idiota jamás tomada.
Riéndose entre dientes, coloca sus codos en la mesa y entrelaza sus
dedos de forma que puede apoyar su barbilla contra sus manos. Las
mangas de su Henley gris y negro están solo ligeramente enrolladas
hacia arriba y descubro mis ojos atraídos hacia el tatuaje de su muñeca
izquierda, una llave maestra ornamentada rodeada de pinchos.
—Es sólo una casa —dice. Espero que no vea la forma en que me
encojo ligeramente. Pero por dentro, siento como si él hubiera tomado
impulso y me golpeara cruzándome la cara con cada pizca de fuerza de
la que es capaz. Lo que es simplemente una casa para él es totalmente
algo más para mi abuela, para mí y para Seth—. Sólo es dinero —añade
con un encogimiento indiferente de sus anchos hombros. Su cabello
rebelde acaricia su cuello.
—Un montón —siseo—. Es un montón de dinero.
—Y yo tengo un montón más. He despilfarrado lo que he gastado en la
casa de tu abuela en fiestas, strippers y alcohol en un mes.
Por alguna razón, no estoy del todo sorprendida sino más bien un poco
disgustada. Sacudiéndome el pensamiento de él tirando suficiente
dinero como para comprar una casa a una bailarina de barra
americana bronceada con spray llamada Candi, digo con tono calmado:
—¿Pero tú que ganas con esto? Si no me quieres para que tenga sexo
contigo, ¿por qué hacerme esta oferta?
—¿Sabes de qué me he dado cuenta acerca de ti? —pregunta
aparentemente cambiando el tema. Cuando no respondo, sigue
hablando—. Eres exasperantemente sumisa con todos a tu alrededor...
excepto conmigo.

64
Y eso me golpea. El por qué me sacó a patadas de su casa hace dos
años. Por qué me desea ahora mismo. Soy un reto.
—Quieres que me someta a ti —susurro y no estoy segura de si estoy
disgustada o excitada.
—Quiero que lo hagas voluntariamente, sí —dice él.
—¿Y si digo que no?
—Entonces te terminas tu cena y te vas, sin compromiso.
—Excepto que no conseguiré la casa.
Ignora mi afirmación, ofreciendo a las camareras que nos traen
nuestro segundo plato, gambas y bistec, una sonrisa encantadora. Por
la forma en que lo están mirando tienen que saber quién es y que está
usando este restaurante como escenario para sus tratos de negocios
turbios. Por la forma en que mantienen sus ojos bajos y dicen muy
poco, no creo que estén por la labor de poner una queja por lo que está
haciendo. Probablemente les ha pagado bien para que hagan las
mínimas interrupciones y les habrá autografiado servilletas.
Empujo mi comida alrededor del plato con mi tenedor. He perdido el
apetito y todo lo que quiero hacer es terminar esto para poder irme a
casa y darme una ducha. Aun así, me oigo decir:
—¿No me harás tener sexo contigo?
Dios, ¿por qué estoy siquiera preguntándole? Debería estar
marchándome corriendo, no continuando con esta conversación.
Todo acerca de esta conversación grita prostituta.
Los labios de Lucas se curvan en una mueca burlona.
—No tengo que pagar a mujeres para que se acuesten conmigo, Sienna
y no voy a empezar contigo. Sólo te quiero conmigo, durante diez días,
respondiendo a cada una de mis necesidades. Mi banda está viniendo
para que podamos grabar el último par de canciones para el nuevo
álbum. Estoy haciendo un documental con un equipo de filmación. Iré a

65
una fiesta de cumpleaños donde voy a actuar en Atlanta para una
amiga muy cercana. Necesito a alguien para mantenerme organizado.
—Y esa persona soy yo porque quieres hacerme tu pequeña...
Se inclina hacia delante, presionando un dedo sobre mi boca. El
instinto me patea e intento lamerme los labios, rozando su carne en su
lugar.
—Asistente —dice—. Y sí, eres tú. Siempre has sido tú. Haces esto por
mí, yo te entrego la escritura de la casa y tu abuela no es desahuciada.
Regreso a California y todo el mundo será feliz.
—¿Y sin obligarme a hacer favores sexuales? —pregunto una última
vez.
Sus labios se curvan hacia arriba en una sonrisa hambrienta y sé que
hay una advertencia.
—Oh, vamos a follar, Sienna. Créeme, ha estado destinado a suceder
desde la primera vez que posé los ojos en ti. Pero esta vez va a ser
porque tú me supliques. No de la forma contraria. Y cuando me
supliques, será porque consientes y estás lista para ofrecerte
completamente a mí.
Cuadrando mis hombros, me recuesto rígidamente en mi lado del
reservado, mirando hacia abajo a mi plato lleno de comida.
—Ya veo.
Desliza un cuadrado de papel doblado a través de la mesa. Lo abro para
revelar su nombre, un número de teléfono y una hora escrita en
caligrafía precisa.
9:00 de la noche.
—La oferta está sobre la mesa hasta mañana por la noche.


66

Traducido por Ivi04
Corregido por Vickyra

o hay mucho más que discutir después de que Lucas me da su
ultimátum, así que una vez más, pido que me lleven a casa.
Esta vez decide conceder mi petición. Lucas envía un mensaje de
texto a Kylie y fiel a su palabra, regresa al restaurante fondue para
llevarme de vuelta. Ella habla nerviosamente mientras dirige el
Escalade avanzando y deteniéndonos a través del denso tráfico en el
West End. Soy reacia a hablar. Ella sólo dará la vuelta y le contará todo
a Lucas. Si le digo algo, toda palabra que salga de mi boca será
archivada en la carpeta mental que él tiene sobre mí.
Eso es lo último que necesito en este momento.
Soltando un gemido exasperado, Kylie presiona un botón de la radio,
interrumpiendo la canción de rock que suena a todo volumen en el
todoterreno en medio del solo de guitarra.
—¿Quieres decir algo? Maldíceme y llámame perra viciosa si quieres,
pero no me ignores —Oigo el chasquido de un encendedor, huelo el
aroma de mentol de su cigarrillo. Exagero la tos, a pesar de que crecí
rodeada de fumadores y que había pasado por mi etapa de Marlboro en
el instituto—. Mi ex marido solía ignorarme, y apesta. Mierda —me
dice sollozando.
Aparentemente, tenemos algo en común, porque Preston utilizaba las
mismas tácticas en mí, pero aun así no eran suficientes para cambiar
mi parecer. Apoyo mi rostro contra el frío cristal de la ventana,
apretando los dientes.
N

67
—No entiendes como se pone Lucas cuando quiere algo como te quiere
a ti —continúa una vez que se da cuenta de que no tengo intenciones
de hablar.
Así que ese es su trabajo, ¿salir y poner de sumisa a la pelirroja?
Maravilloso. ¿No entiende que no soy un objeto al que su hermano
pueda simplemente clavarle los dedos y tenerlo? ¿Que está mal de su
parte el incluso hacerme una oferta como la que me hizo, simplemente
porque quiere algo que yo pongo fuera de su alcance?
Al menos, Kylie dirige el todoterreno por el camino privado para
llevarme a casa de mi abuela. En lugar de aparcar el Escalade en medio
del camino como hizo al principio de la noche, me deja en la puerta.
Antes de que me baje, ella me agarra de la muñeca. Intento soltarme,
pero me sostiene fuertemente. ¿Que había con su familia y el toque no
deseado? Enciende las luces interiores y me doy la vuelta en el asiento
de cuero para observarla. Kylie es preciosa, de una manera no
tradicional, pero ahora mismo su rostro parece 20 años más viejo con
la manera en que sus rasgos lucen preocupados.
Quizás no debí haberla ignorado.
Entonces me amonesto a mí misma por pensar eso. Esta es la segunda
vez en la noche que me he sentido mal por haber ofendido a Kylie y si
esta vez es algo parecido a la primera, está a punto de golpearme
directamente en la vagina.
—Sólo escúchame —dice con voz acerada. La dureza no le llega a sus
ojos marrones—. Esto no debería ser una pregunta sobre si lo harás o
no. Luke puede ser un idiota. Seré la primera en admitirlo, pero te está
ofreciendo más dinero del que podrías contar por pasar diez días con
él. No conozco los términos específicos del trato que te expuso por
trabajar con él y Dios, no quiero saberlos, pero tiene que valer la pena
por todo esto —Con un movimiento, señala la casa.
—No soy una prostituta —espeto—. No hay nada peor que sentirse así.
Se mofa, sacudiendo la cabeza de un lado al otro.

68
—Eres sólo lo que haces de ti misma. Y para que lo sepas, si fueras eso,
mi hermano no perdería su tiempo en perseguirte. Él tiene más clase
de lo que la gente cree.
Sus palabras me molestan. Mi mano se alza hasta mi cuello, mis dedos
frotan con ansiedad la carne blanda.
Mi pulgar todavía arde por el corte de su anillo, pero no es nada
comparado con el aguijoneo en mi garganta.
De mala gana, saca la cabeza por la puerta.
—Sabes cómo ponerte en contacto conmigo si tienes preguntas, ¿de
acuerdo?
Salgo del coche, dejando que el aire fresco de febrero bese mi piel.
Aspiro el aroma del humo de la chimenea, mi abuela debe haber
encendido un fuego.
—Gracias por traerme a casa, Kylie —le digo cerrando la puerta del
coche en silencio detrás de mí. No miro hacia atrás de nuevo, pero
escucho al Escalade marchándose y el ritmo enojado del heavy metal,
que probablemente hará estallar sus tímpanos antes de que llegue a la
carretera principal.
Aun no estoy lista para entrar, así que apoyo mi frente contra la puerta
de madera, dejando que caigan algunas lágrimas.
Sumida en mis pensamientos.
¿Que acaba de suceder?
Casi me siento como que he sido un testigo de toda la noche, fuera de
mi propio cuerpo. Casi como si fuera a despertar mañana por la
mañana para descubrir que todavía estoy en Los Angeles y es hora de
poner mi culo a trabajar antes de que a Tomas le den convulsiones.
Pero entonces oigo los acordes de la televisión desde el interior del
reality show favorito de la abuela. Siento una ráfaga de aire golpear el
lugar en mi pierna donde me he cortado con un rastrillo hace un par de
días. Suspirando, entro en el recibidor y cierro las puertas detrás de mí.

69
—Estoy en casa —digo con entusiasmo, metiendo la cabeza en la sala
de estar.
—Suenas como antes, cuando llegabas a casa después de una cita en el
instituto —se burla la abuela, sonriéndome. Está en su sillón reclinable
de la habitación. Estoy esforzándome al máximo para parecer feliz,
pero si ella estuviera más cerca o llevando gafas, estaría jodida—.
¿Pasaste un buen rato con Tori?
Fuerzo una risa.
—Tori es mi compañera de cuarto, abuela, he salido con Kylie. Mira,
estoy bastante cansada por despertarme tan temprano esta mañana,
así que voy a ir a ducharme y a leer un poco. ¿Necesitas algo antes de
irme a la cama?
Aclarando su garganta, su sonrisa se desvanece.
—Seth me llamó temprano.
—Oh —Me las arreglo para decir. ¿Acaso le dijo algo sobre lo que
hablamos? Es como si Seth cambiase de idea sobre la confrontación e
intentara sacarle a la abuela algo a la fuerza.
—Quiere que mañana vayamos los tres a buscar una casa —dice y de
mi boca sale un inaudible “Oh.” Toma una bocanada de aire,
temblorosa y baja la mirada a sus manos —Le he dicho que voy a ir,
siempre y cuando tenga a los dos conmigo.
—Siempre, abuela —le digo. Mis pies me llevan automáticamente a
ella y me acuclillo para darle un largo abrazo.
Entonces, beso su mejilla, cautelosa de no mirarle a los ojos. No quiero
que vea que he estado llorando.
—Buenas noches.
Mientras subo las escaleras, siento como si estuviera arrastrando cien
kilos junto a mí. Me siento en la bañera, con los brazos envueltos
firmemente alrededor de mis rodillas, dejando que el agua caliente
sirva como una distracción de pensar y querer a Lucas. Incluso después
de todo lo que pasó en el restaurante fondue y lo confundida que me

70
hizo sentir, el sólo escuchar su nombre en mi cabeza, hace que la boca
del estómago se me apriete.
No detengo la caída del agua hasta que comienzo a toser, asfixiada por
el vapor. Luego simplemente me quedo donde estoy, descansando,
escuchando el goteo de agua del grifo que cae sobre la porcelana.
Estoy temblando par el momento en que me meto en la cama, pero mi
cuerpo está en llamas.
Y el sueño no viene porque esa distracción momentánea que busqué al
entrar en la ducha se ha ido. Ahora estoy sin aliento y llena de dolor
por un hombre que me ve como nada más que un objeto que puede
ganar fácilmente.

Me despierto por los mensajes de Tori. Mi mejor amiga está
preocupada porque no he llamado ni enviado mensajes y tiene miedo
de que haya caído presa de los encantos de Lucas. Gimiendo por lo
cerca su suposición está de la verdad, le escribo un email
tranquilizador haciéndole saber que estoy bien.
No digo nada sobre Lucas porque incluso a 3200 km de mí, ella tiene
una habilidad increíble de advertir una situación preocupante.
Una vez que estoy satisfecha con el mensaje, pulso enviar. Casi
inmediatamente recibo una notificación de mensaje nuevo, esta vez de
Kylie Martin. Su mensaje es simple y de sólo una línea:
Lo siento por hacerte pasar por eso.
K
Me toma el doble de tiempo pensar qué decirle. Por último, le envío un
breve, pero agradable, mensaje que dice:
No te preocupes, estoy bien. Por favor, dale las gracias de mi parte a
Lucas por la cena.

71
Entonces me pongo un par de vaqueros y un suéter. Agarro mis botas
del suelo y bajo las escaleras descalza. La abuela ya está comiendo el
desayuno y Seth está con ella.
—Buenos... ¿días? —Teniendo en cuenta que mi hermano está aquí,
tengo que volver a verificar la hora en mi teléfono.
Faltan 15 minutos para las 9. Yo no era consciente de que Seth siquiera
supiera que había horas entre las dos de la mañana y el mediodía, pero
creo que ha demostrado que estoy equivocada—. Te has levantado
temprano.
—No pareces feliz de verme —Se sirve una cantidad gigante de
cereales. Lleva una gorra de béisbol y una camisa desteñida y, por un
instante, me recuerda a los chicos de la fraternidad de la universidad
que llevaban minúsculos pantalones cortos y zapatos náuticos durante
todo el año.
—Por supuesto que lo estoy —Me siento en una silla en el centro de la
mesa, intercalando la vista entre mi abuela y mi hermano. Me paso
unos buenos minutos tratando de encontrar razones de por qué Seth
está aquí. Entonces recuerdo lo que mi abuela dijo anoche antes de que
me enfurruñara en mi habitación, y me golpeo en la frente con la
palma de la mano—. ¿La búsqueda de la casa?
Asienten al unísono.
—¿Tienes resaca, Sie? —pregunta Seth burlonamente mientras deslizo
hacia atrás la silla en la que estoy sentada para poder ponerme los
zapatos. Le doy una mirada. Él levanta las manos hacia adelante, a la
defensiva.
—Yo no bebo —le digo amenazante, encajando una de mis botas de
montar de cuero en el pie, luego el otro. Considero comentarle lo de la
botella vacía de tequila José Cuervo que encontré en su compartimiento
del centro del auto, pero luego la abuela nos observa suplicante y
aplasto el impulso. No hay necesidad de molestarla sólo porque estoy
irritada con Seth.

72
De acuerdo, mi hermano no es en absoluto la fuerza impulsora detrás
de mi mal humor.
Por mucho que deteste admitirlo, todavía estoy furiosa y molesta por
Lucas. Sin esfuerzo logró hacerme derrumbar durante una comida
juntos, no quiero imaginar lo que es capaz de hacerle a mi cabeza,
corazón y cuerpo en el transcurso de diez días, como me lo propuso.
No sería bueno para mí.
Si ver a Seth fuera de la cama temprano es una sorpresa, mi corazón
casi se detiene cuando revela que él ya ha tomado la iniciativa de
solicitar una cita en los lugares disponibles por toda la ciudad. Insiste
en que tomemos su Pick-Up. La ha limpiado desde la última vez que
estuve en ella hace unos días, pero huele a humedad y
sospechosamente a ron con especias y a vómito.
La abuela también se da cuenta, porque olisquea un par de veces, pero
no dice nada.
Mientras nos dirigimos a la primera casa, trato de llevar la
conversación que estamos teniendo sobre el aburrido horario de la
escuela de Seth, para alejarnos de lo que hace la abuela los martes por
la mañana. Él capta mis ojos en el espejo retrovisor y me envía una
enojada mirada interrogativa después de que cambie el tema una vez
más a los Titanes de Tennessee, porque sabe que no soy una fanática
del fútbol.
—Basta —articulo para él. El día de hoy va a ser bastante difícil para la
abuela, así que no quiero añadirle más estrés por el tema de mamá.
Pero tarde o temprano, antes de regresar a California, voy a hablar con
ella al respecto.
A solas.
La dueña, una mujer llamada Tiffany Bernard, quien nos encuentra en
la primera casa, tiene una sonrisa muy blanca, entrecerrada en arrugas
y libre de emociones. Ella extiende su mano, con manicura francesa, a
la abuela, en cuanto salimos del Pick-Up.

73
La señora Bernard nos mete en su casa en tan sólo 5 minutos y es
bueno, porque la casa es increíble, con suelos de madera, un gran
vecindario, sólo una planta y luego pregunta por el alquiler y el
historial de propiedades.
Avergonzada, la abuela mira hacia abajo a un lugar oscuro de la
baldosa.
—Mi casa fue embargada hace poco —dice con voz temblorosa.
La sonrisa de la señora Bernard no cambia, pero puedo decir que el
ambiente agradable se ha desvanecido. Acelera el resto de la muestra,
nos da el tiempo apenas suficiente para mirar cada habitación. Al final
del paseo, le doy las gracias y pido una copia del contrato de alquiler. A
pesar de la actitud helada, a la abuela realmente parece gustarle la casa
y si tengo que hacerlo, puedo colocar el contrato de alquiler a mi
nombre. La única cosa que he comprado con crédito era un sedán
plateado usado del 2004, que terminé de pagar a finales del año
pasado. La señora Bernard me muestra su sonrisa espeluznante, llena
de Botox.
—Se encuentra disponible en nuestra página web, querida —dice con
dulzura y me doy cuenta de que no importa si ponemos el contrato de
alquiler a mi nombre, esta mujer no quiere tener nada que ver con
nosotros.
La abuela le da las gracias y dice que estaremos en contacto. En el
camino al Pick-Up, me retraso con Seth, susurrando:
—¿Has encontrado esta casa en una página web?
—En Craigslist
5
—dice con un tono áspero para protegerse.
Las próximas dos casas son simplemente desastrosas. Un agente de
bienes ignora por completo a la abuela, pasando por delante de ella
para darme la mano en su lugar y, finalmente, la mira como una

5
Craigslist: web de comunidades en línea organizadas por ciudades, que ofrece en
cada una de ellas anuncios clasificados gratis sobre diversos temas: empleo,
vivienda, sentimentales, venta/trueque, servicios diversos, trabajos de corta
duración, etc. También dispone de foros clasificados por varios tópicos.

74
molestia cuando le señalo que no soy la que busca un lugar para vivir.
La última propiedad es una casa unifamiliar demasiado cara, que huele
muy fuerte a orina de animal. Seth se pone detrás, sacudiendo
fuertemente la cabeza.
Mi hermano y yo unimos nuestros recursos, bueno, yo ofrezco un poco
de dinero y supongo que él donará también algo de mi efectivo,
teniendo en cuenta lo que me debe y lleva a la abuela a almorzar a un
restaurante de lujo en Franklin, uno de los suburbios a una media hora
en las afueras de la ciudad. La abuela señala que la última vez que vino
aquí fue antes de que nuestro abuelo falleciera hace dos años, pero no
hace mucho más que sonreír débilmente. A lo largo de toda la comida,
reina un pesado silencio que se apoya sobre todos nosotros.
—John construyó esta casa para mí, en regalo por haber… —Ella traga
saliva, como si le doliera pronunciar las siguientes palabras—, dado a
luz a Rebecca. Hemos tenido ofertas de muchos cantantes de música
country y celebridades por esa casa, porque realmente fue su mejor
trabajo. Pero fue nuestro hogar, nuestra vida.
—Abuela…
Se esfuerza por esbozar una luminosa sonrisa y mordisquea un bollo
de pan.
—Ahora que él se ha ido, que ella se ha ido, no estoy segura del todo si
aún importa.
Pero lo hace. Siempre lo hará. Y me siento triste de que tenga que pasar
por esto. Siento que debería estar haciendo todo lo posible para evitar
que ella tenga que sufrir, igual que ha hecho tanto para protegerme.
A nuestro regreso a la cabaña y después de que Seth se haya ido, la
abuela exclama nuevamente agotada. Mis ojos la siguen cuando
desaparece escaleras arriba y la puerta de su dormitorio cruje al
cerrarse.
Casi tan claro como el día, he oído el comentario de Kylie desde ayer
por la tarde haciendo eco en mi cabeza.
El trato... tiene que valer la pena por todo esto.

75
Antes de que pueda acobardarme y cambiar de idea, busco en mi bolso
el papel que me ha dado Lucas y salgo. Alejándome del camino de
entrada, hago la llamada.
Escucho el pretencioso tono de espera, una de las más sucias canciones
de Your Toxic Sequel, y espero que no atienda.
Rezo por que se niegue a reconocer mi llamada.
Al menos me siento capaz de decir que le he dado mi mejor toma.
Pero luego, la canción se corta abruptamente y Lucas responde.
—Cambiaste de idea —dice con voz amable.
—¿Diez días? —pregunto.
—Sí.
—¿Cuándo comenzaría?
Hace una larga pausa antes de contestarme y casi creo que está
recapacitando sobre la idea y que ya no quiere hacerlo. Estoy
apretando los dientes cuando responde.
—Kylie se va a primera hora de la mañana, por lo que probablemente
sería mejor si vinieras mañana. Haré que mi abogado arregle el
contrato.
—Así que no intentaras follarme en la casa —Él se ríe, un sonido
ferozmente atractivo que acaricia mi cuerpo con calor. Camino de un
lado a otro más rápido.
—Por supuesto. Sería mal negocio hacerlo de otra manera.
—Correcto —Me escucho decir.
—Envíale a Kylie tu dirección de correo, así puedo enviarte
instrucciones de adiestramiento esta noche. Estoy en un negocio de
guitarras, en Gibson ahora mismo.
Como para demostrar su ubicación o para burlarse de mí porque se
acuerda que era capaz de manejar mi cuerpo, mis sentidos, a un punto

76
de ruptura con sólo su guitarra y su voz hace dos años, rasguea la
apertura de, y no estoy bromeando, una canción de Britney Spears.
Es la misma canción que había estado tocando cuando cambié la radio
en su automóvil la noche en que me fui a casa con él. Me había seguido
la corriente durante un minuto o dos y luego puso los ojos en blanco,
pulsando un botón en el volante para cambiar de nuevo a la emisora
de rock.
—¿Te gusta el pop? —había preguntado, y me envió una mirada de
soslayo. Cuando asentí, dijo:
—Imagínate. Vamos, Te voy a tocar toda la empalagosa mierda que
puedas soñar —Y lo hizo, mi propio show privado mientras nos sentamos
en las encimeras de granito en la espaciosa cocina. Sólo dejó de tocar de
vez en cuando para hacer estallar una fresa dentro de mi boca o en la
suya, o para trazar un sendero con sus labios, sus dientes, hasta mis
muslos.
Y más tarde... bueno, poco después de que tocase para mí, me encontré
en el asiento trasero de un taxi, furiosa y llorando como una tonta.
—¿Me enviarás adiestramiento? —pregunto finalmente expulsando de
mi mente el recuerdo de la casi experiencia sexual con Lucas.
Cuando se deja de tocar bruscamente, murmurando a alguien con él en
la tienda de Gibson, hace que mantener mis pensamientos en el aquí y
ahora sea mucho más simple.
Empiezo a preguntarle si el trabajo de Kylie es realmente tan intenso
como para necesitar instrucciones específicas, pero recuerdo todos los
eventos y los viajes que tiene que hacer en los próximos 10 días. Y
cómo nuestro acuerdo está supeditado a un importante aspecto:
Yo siendo obediente, haciendo exactamente lo que él diga durante una
semana y media.
—Lo haré —confirma. Hay una sonrisa en su voz—. Así que, ¿eres
mía?

77
Luchando contra el miedo y el orgullo y algo más que hace que mi
corazón lata de manera irregular, me estremezco y digo:
—Sí, soy tuya.

78

Traducido por C_KARY
Corregido por Eneritz

ucas no espera hasta la noche para enviarme la lista de
instrucciones de adiestramiento. El correo electrónico aparece en
mi bandeja de entrada rápidamente, menos de un par de horas
después de que enviase un mensaje a Kylie por Facebook con mi
dirección de correo electrónico.
Lucas lo envía personalmente, junto con una breve nota que hace que
mis pechos hormigueen y mis pezones se endurezcan excitados.
Señorita Jensen,
Como le prometí, le adjunto las instrucciones de adiestramiento.
Examínelas. Apréndalas. No se olvide del trato que realizamos.
No puedo decir que no espero ansioso los próximos días.
Ya tengo la vívida idea de cómo vas a disfrutar después de que
digas las palabras. Cómo te sentirás cuando esté dentro de ti. ¿Ya lo
has imaginado?
—Lucas
Sin pensarlo, le respondo y le pregunto si se aplican las leyes de acoso
sexual en el trabajo al ser empleada por una engreída estrella de rock.
Responde mientras estoy abriendo el archivo adjunto de instrucciones
de adiestramiento.
¿Por qué? ¿Te sientes intimidada por mí?
No, no en la forma en que se está refiriendo. Me siento atraída por
Lucas. Sé que es un hecho, no me debería permitir ceder a mi atracción
L

79
por él porque es una de esas cosas en las que no hay posibilidad de un
final feliz. Incluso si quisiéramos estar juntos por algo más que sexo, es
imposible gracias a su carrera y la afluencia constante de mujeres con
las que está en contacto. Eso es lo que es tan malditamente intimidante
y atemorizante acerca de él.
Estoy sorprendida al descubrir que la lista de Lucas es en realidad un
documento de Word de varias páginas que contiene más letras negras
que espacios en blanco. Suspirando, llevo mi portátil abajo, agarro una
botella de agua y una manzana de la cocina y me instalo en la sala de
estar. Pongo mi portátil en la mesa de café y abro el documento. Leo
cuidadosamente cada palabra, estudio las instrucciones establecidas
para mí. A medida que leo, mi piel se vuelve más y más sonrojada,
hasta que está caliente al tacto.
Cuando Lucas dijo que quería que me sometiera a él, no estaba
bromeando.
—Te reportarás a las 8 de la mañana del jueves. Vivirás conmigo en la
residencia de mi elección durante aproximadamente 10 días, lo cual
incluye, pero no se limita a mi alquiler actual y hoteles, etc. durante
salidas de la ciudad por negocios —Leo en voz alta en un suave
susurro—. Se te proporcionará tu propia habitación.
Mi pecho se contrae porque me doy cuenta de que voy a tener que
decirle un adiós temporal a la abuela.
Sin embargo, el saludo será tan increíble cuando regrese, me recuerdo
a mí misma, imaginando su cara cuando deslice la escritura de la casa
en sus manos y le diga que no tiene que preocuparse de tener que
mudarse.
—Vas a dar tu consentimiento para llevar una tableta con el propósito
de tomar notas y un teléfono proporcionado por mí y responder a
todas las llamadas o los mensajes de manera oportuna. No tienes que
dar este número a contactos personales —¿Un teléfono especial y un
iPad? Simplemente… guau. Sacudo la cabeza con incredulidad—.
Mientras estés a mi servicio, te despertaras a más tardar a las 7, a
menos que se haya dispuesto lo contrario.

80
Más abajo en la página, hay información sobre mi uniforme público,
todo negro, ya sean pantalones o un vestido, es a mi elección, junto con
la ropa interior oscura, aunque no estoy segura de por qué esos
asuntos de protocolo público y privado.
Voy a llamarle señor Wolfe o…
Me desplazo a la página siguiente y mi corazón late un poco más rápido
mientras susurro:
—Señor.
En la página final, la cuarta página, el adiestramiento se divide en
categorías y lo que se espera de mí:
Física, Mental y Verbal.
Apariencia personal, concentración y la restricción de hablar. Bajo
ninguna circunstancia voy a hablar con la prensa o los paparazzi,
aunque nunca he visto a un paparazzi en Nashville y la última cosa que
quiero hacer es buscarlos.
La siguiente categoría es Castigo y Disciplina, pero no hay una sola
instrucción que se encuentre por debajo del encabezado de esas tres
palabras que envíen una corriente de excitación a través de mí:
Para ser discutido.
—Nos vas a azotarme, Señor —mascullo.
Las dos categorías finales son Capacitación Sexual y Formación
Emocional. Hay un tachado a través de las dos, desearía que
simplemente las hubiese eliminado del documento todas juntas porque
me dan ideas que no estoy muy segura de que me disgusten.
Pensamientos que me hacen sentir mojada y confusa.
Mientras envío a Lucas un correo electrónico, para informarle de que
he leído las instrucciones y las seguiré lo mejor dentro de mi
capacidad, me doy cuenta de algo que casi me haría reír si la situación
fuera cualquier otra distinta.

81
En el último álbum de Your Toxic Sequel, la última canción en el CD se
llama Your Master
6
. Recuerdo la primera vez que la escuché, de camino
al trabajo una mañana en una emisora de radio que censuró una cuarta
parte de la letra y cómo Lucas cada dos palabras me hacía sentir
inquieta en mi asiento.
Ahora, puedo imaginar vívidamente al Sr. Wolfe pasando por esta lista
de instrucciones y cambiar todas las referencias a sí mismo por "El
Maestro" a lo que está actualmente frente a mí.
Porque la mayor parte de lo que está aquí delante de mí, está en esa
canción, dejando que me pregunte cual de las dos escribió primero.

Le miento a mi abuela sobre a dónde voy.
Es la tercera vez en este viaje que deliberadamente le he mentido, la
tercera vez que he dejado que el tratar algo con Lucas me haga ser
deshonesta con la única persona que siempre he sido sincera y me
siento como una mierda cuando lo hago.
Me convenzo de que estoy haciendo esto por su propio bien y es mejor
dejarla creer otra cosa que malinterpretar la verdad.
Estoy tomando el mismo enfoque con Tori. Después de que estuve de
acuerdo con el trato de Lucas unas horas atrás, inmediatamente
levanté el teléfono para llamarla. Tan pronto como atendió, me quedé
helada. Ella ha estado advirtiéndome desde que llegué a Tennessee
para evitar a Lucas como la peste y, efectivamente, una de las primeras
cosas que preguntó fue si el gilipollas había estado en contacto de
nuevo.
Yo le dije que no, pero me prometí a mí misma que iba a informarla de
todo lo que pasara durante este viaje en el momento en que pusiera un
pie fuera, volando de regreso a California. Al menos entonces seré
capaz de explicar los motivos tras mi decisión cara a cara en lugar de
una mala conexión.

6
Your master: tu maestro.

82
—¿Y estás segura de que tu jefe te necesita ya de vuelta? —me
pregunta la abuela, mirando a través del estrecho camino hacia mí.
Me adelanto unos cuantos pasos, así no tengo que enfrentarme con su
mirada y dejo que el viento frío me golpee en la cara antes de continuar
con mi historia.
—Sólo un poco más de una semana. La otra chica de vestuario se ha
puesto ridículamente enferma y es importante para mí volver así nadie
termine desempleado.
Me tomó media hora lograr una historia que tuviese sentido y no
pudiese ser fácilmente hecha trizas si Seth decidiera dejar de ser
perezoso y hacer algunas investigaciones. Una vez que preparé mi
mentira, me tomó cuarenta y cinco minutos adicionales de práctica
frente al espejo para que pudiera sonar convincente. Una vez
preparada, convencí a la abuela de dar un paseo por la temprana tarde
conmigo.
—Es una pena que no tengan a alguien que esté dispuesto a suplir
ambos lugares por un tiempo.
Me apresuro a tranquilizarla.
—Está todo bien, abuela. Es sólo que el vestuario es un negocio
exigente y mi jefe es… Bueno, él es Tomás. No te preocupes por nada,
¿de acuerdo? Vuelvo aquí para ayudarte antes que cualquier otra cosa
se lleve a cabo en este lugar.
Frunce el ceño silenciosamente.
—Ah —Asiente con la cabeza comprensivamente—. Haces mucho por
todo el mundo, Sienna.
¡Desearía que no dijese cosas como esas cuando estoy mintiéndole en
la cara!
—Y esto viene de la persona más generosa que conozco —señalo,
tirando de mi gorra con pompones aún más abajo para cubrir el calor
que sienten mis oídos.

83
Mi abuela se ruboriza, la expresión hosca que ha estado sobrellevando
durante los últimos dos días poco a poco da paso a una mirada que es a
la vez tímida y complacida.
—¿Necesitas que te lleve al aeropuerto por la ma...?
—¡No! —Cuando sus ojos azules se expanden, aprieto mis manos y
contesto con voz más recogida—. Es un vuelo temprano por lo que
probablemente es mejor que llame a un taxi.
—Pero es tan caro llamar a un taxi, realmente no me importa.
—No te preocupes, mi jefe está cubriendo totalmente los gastos de la
ida —le digo. Y otra mentira, porque hoy estoy totalmente llena de
ellas. La abuela fácilmente acepta cada una y como lo hace, me siento
más horrible, más indefensa y más condenada.
Ruego con todas mis fuerzas que, a pesar del hecho de que voy a estar
trabajando para Lucas Wolfe, estrella del rock extraordinaria y cretino,
mi abuela nunca descubra alguno de los detalles que rodean esta farsa,
que en menos de veinticuatro horas se pone en marcha.

Mientras mi abuela y yo estamos comiendo una cena tardía, invité a
Seth pero llamó a última hora para cancelarla, Kylie viene sin avisar.
Para ser honesta, estoy agradecida por la interrupción. Preparé
pechugas de pollo al horno y verduras al vapor, soy la peor cocinera
que he conocido.
Kylie viene con un regalo para la abuela, un arreglo comestible de San
Valentín de gran tamaño y una botella de champán francés para mí.
—Te digo, mi jefe me da carta blanca con su tarjeta de crédito —dice
Kylie exhibiendo una mirada de esperanza que está llena de disculpas.
Respondo con una enérgica sacudida de mi cabeza. Se dirige hacia mi
abuela, sonríe dulcemente y le pregunta:
—¿Le importa si hablo con Sienna unos minutos? Le juro que no voy a
retenerla por mucho tiempo.

84
La abuela está más interesada en las fresas bañadas en chocolate, así
que nos ahuyenta. Llevo a Kylie hasta el porche, donde enciende un
cigarrillo, inhalando profundamente como si fuese el último y estuviese
esperando el apocalipsis en cualquier momento.
—Os voy a dejar la semana próxima, me voy de vacaciones a Nueva
Orleans —explica encendiendo el segundo—. No quieras ni saber lo
que está sacrificando mi amiga Heidi este año. No me juzgues.
—No lo pensaría.
Kylie le da vueltas lentamente al cigarrillo que está fumando, desliza
una de sus manos en el bolsillo trasero de sus vaqueros salpicados con
pintura, y dice con optimismo:
—Supongo que ya no estoy en tu lista negra. O tal vez he sido
promovida a tu lista de mini-mierdas.
—No guardo rencor por mucho tiempo —le digo. Por supuesto, eso es
mentira, pero no me siento del todo mal por ocultarle cosas a Kylie. La
verdad es que todavía guardo rencor contra mi madre por las cosas
que les hizo a mis abuelos, a Seth y a mí hace unos años y
probablemente ese rencor nunca perderá fuerza, aun cuando Lucas me
entregue la escritura de esta casa.
Y maldita sea, todavía tengo que tener la conversación con la abuela
acerca de ella viendo a mamá.
Cuando termine con Lucas, me prometo a mí misma. Voy a hablar con
ella cuando termine de recuperar la casa y si tengo que hacerlo,
conduciré hasta la cárcel y también hablaré con mamá. O dejare que
hable conmigo, lo cual es probablemente lo que mi madre está esperando
de todos modos.
Me abrazo a mí misma para no temblar ante mis pensamientos.
No he visto a mi madre desde hace mucho tiempo a causa de la forma
en que es capaz de cavar sus garras en mi autoestima, con sólo unas
pocas palabras. Ya sé que abrirme a esa relación corroída nuevamente,
sólo para tratar de advertir a mi abuela, es una idea horrible. Quiero

85
decir, yo sólo hablo con mi padre una vez o dos veces al mes y es mi
padre normal.
—Estás preocupada —dice Kylie.
Me alejo de los pensamientos tóxicos que han empezado a pudrir mi
estado de ánimo, la miro atreves del porche. Me mira con atención
mientras aspira lentamente su cigarrillo mentolado.
—¿Por qué dices eso?
—Estás rechinando los dientes.
No me había dado cuenta de que lo estaba haciendo hasta ahora. Dejo
correr mi lengua a lo largo de la superficie lisa de los dientes y los
golpeo con ella.
—Oh.
—Vas a arruinarlos —dice enfáticamente—. Y Lucas probablemente
hará que te compres un protector bucal.
Tan pronto como la frase deja su boca, sus mejillas se vuelven del color
de mi cabello y termina el cigarrillo en dos largas bocanadas.
Si no se hubiera sonrojado, no creería nada de lo que dice, pero ahora…
—¿Por qué quiere hacerlo? —pregunto refiriéndome a su necesidad de
poseerme.
Kylie se apoya contra un poste de madera, con su expresión facial
como si estuviera absorta en sus pensamientos.
Después de un rato, dice:
—No pongo en tela de juicio nada de lo que hace con sus novias o…
—Yo no soy su novia, sólo voy a ser su asistente personal —señalo.
Quiero añadir al igual que tú, pero aún sé que mi papel es todo lo
contrario de lo que es el de Kylie.
Él ya ha jurado que al final mi rol trascendería de su asistente personal,
y que seré la que suplique porque eso suceda.

86
—Sí, lo sé. Mira, si te estás preguntando por sus vicios, pregúntale al
respecto. Nadie va a decírtelo mejor que el mismísimo Lucas. En lo
personal, la vida privada de Lucas es una de esas cosas incómodas para
mí. Estoy segura de que me entiendes.
Pienso en revisar el compartimiento del centro del auto de Seth y me
encuentro a mí misma arrugando la nariz y meneo la cabeza hacia
atrás y hacia adelante.
—Y pues, ¿por qué has venido aquí esta noche? —le pregunto, de
repente desesperada por cambiar de tema.
—Por muchas razones, en realidad. En primer lugar, quería desearte
buena suerte y decirte que me alegro mucho de que estés haciendo
esto. Cada vez que pienses en renunciar… basta pensar en lo feliz que
vas a hacerla —Hace una pausa por un momento, ya sea para el efecto
dramático o darme tiempo para interpretar lo que dice o tal vez ambas
cosas. No quiero procesar sus palabras porque entonces todo lo que
voy a ser capaz de hacer es insistir sobre por qué me está advirtiendo
de no renunciar al trabajo—. En segundo lugar, quería decirte que
estés atenta a la banda, ten cuidado. Porque vas a conocerlos. Y ellos
van a actuar como gilipollas. Me importa una mierda lo que cualquiera
de ellos te diga, si te hacen sentir rara o incómoda, envíame un
mensaje.
Y ahora Kylie ha triunfado en hacerme sentir como si fuese a mi
primera cita y mamá estuviera diciéndome que no dejase que el chico
cachondo me tocase las tetas. Maravilloso. Le doy una sonrisa que sólo
se ve desequilibrada y torpe.
»Pero, mayormente vine a darte esto —Desliza una tarjeta blanca con
una dirección escrita en ella, con escritura sinuosa, en mi mano. Ni
siquiera soy consciente de que alguien siga escribiendo en cursiva—.
Así puedes saber dónde ir mañana. Y también puedo pedirte disculpas
en persona por lo de anoche —Señala con la barbilla hacia la casa—. Y
os he traído una ofrenda de paz, aunque estoy segura de que tu abuela
está ahí emborrachándose justo ahora. Ese champagne es así de bueno.
Diablos, lo compro para mis padres y ellos eran pastores de jóvenes.
Los padres de Lucas y Kylie. Ministros religiosos. Guau.

87
—¿Cortesía de tu cuenta de gastos? —bromeo tratando de ocultar mi
incredulidad ante lo que me ha dicho.
Asiente, sonriendo.
—Y déjame adivinar, el viaje a Nueva Orleans son unas vacaciones
pagadas por la compañía.
—Oh, claro que sí.
Me encuentro a mí misma riendo junto con Kylie, la hija de los
ministros y la hermana menor de Lucas, la misma mujer de pelo azul
que anoche me engañó, todo en arras de ayudarle a él a obtener lo que
quiere. No puedo guardar rencor contra ella.
Lucas es sólo… una fuerza que no mucha gente puede dejar de tener en
cuenta, y mucho menos cualquiera de nosotros.
—Bueno, gracias. Por, ya sabes, hacerme sentir como una estudiante
de octavo grado. Y por la oferta, por supuesto.
Esta vez, lo digo en serio. Tengo toda la intención de agarrarme una
buena borrachera con el champán que me trajo.
Porque a partir de mañana, mientras que el señor Wolfe esté teniendo
el placer de adiestrarme como su asistente, yo empezaré a contar los
días hasta que la escritura esté en mis manos.

88

Traducido por Melusanti
Corregido por lsgab38

o duermo bien. Estoy inquieta y nerviosa acerca de los próximos
días, por lo que, no me cuesta ningún esfuerzo físico dejar atrás
la comodidad de mi cama a las 5 de la mañana. La fuerza que me
sostiene es mental, emocional y me tomo mi tiempo con cuidado en
hacer la cama, pasando mis dedos sobre el desgastado edredón rosa y
naranja mientras lo aliso hacia fuera sobre las sábanas.
—Jesucristo, Jensen, calma tu mierda —murmuro para mí misma,
apretando un gran trozo de tela en cada mano y vuelvo a soltarla. Por
la forma en que estoy actuando, uno pensaría que era la última vez que
volvería a ver la casa de mi abuela y no como si estuviera yéndome a
10 km.
A una casa en donde espero hacer lo que me digan, pero aun así.
Después de abrir una emisora de radio por internet, le doy la vuelta a
mi maleta abierta y comienzo la tediosa tarea de sacar mi ropa de las
perchas y almacenarlas ordenadamente en la bolsa. Mientras trabajo,
estoy sentada con mucho de mis artículos negros de ropa a un lado.
El vestido de cintura caída, negro, que sólo he usado una vez.
Los pantalones hasta el tobillo y una chaqueta negra ajustada, una
camisola de encaje fino.
La camiseta de manga alborotada que vestí cuando vine por primera
vez y a los zapatos de 10 centímetros que Tori jura que hace que mis
piernas se vean increíbles, pero siempre he sido escéptica porque me
aumentan a más de 1,83 metros. La falda tubo de lana, en gris oscuro,
pero dudo que se diera cuenta.
N

89
La música que se filtra suavemente desde mi portátil cambia a otra
canción, una vieja balada de Your Toxic Sequel llamada Anhelan.
Automáticamente, las comisuras de mis labios ascienden en una
sonrisa nerviosa debido a la ironía de todo esto.
“Me aferraré hasta que lo anheles” canta Lucas Wolfe y el hormigueo al
borde del dolor y el placer raya a través de mí, desde mis pezones
hasta en medio de mis piernas.
—Diez días —medito en voz alta—. Puedo resistir su culo durante diez
días.
Piso suavemente dentro del cuarto de baño, quitándome la camiseta de
tirantes y los pantalones cortos que anoche me puse para ir a la cama.
Las puntas de mis pulgares se roza sobre la humedad en el escaso
short rosa y me estremezco.
—Quiero decir, he trabajado para Tomas durante más de 10 meses.
Por supuesto, Tomas es un tipo bajo y calvo propenso a las rabietas y a
romper cosas. Lucas Wolfe es un dios del Rock con la habilidad para
inspirar a la humedad espontánea sólo con escucharlo por la radio de
Internet. Lucas Wolfe es un magnifico, exasperante e ineludible
hombre propenso al…
Comportamiento Dominante.
Presionando la frente contra la pared de la ducha, me apoyo en mi
antebrazo y dejo la lluvia de agua caliente sobre mí, primero helada y
luego tan caliente que mi piel grita. Realmente tampoco me molesta en
absoluto. Mi mente se centra en Lucas, de si hoy y los siguientes nueves
días van a funcionar bien a mi favor.
Todavía estoy pensando en Lucas cuando mis dedos se presionan más
allá de mis pliegues húmedos, buscando mi clítoris hinchado. Mi
respiración se atrapa en mi garganta cuando trazo la sensible piel
entre mi pulgar y mi índice. Con cuidado, froto mis dedos en un
movimiento de ida y vuelta. Desplazando y deslizando. Adelante y
atrás. Mis rodillas se doblan y gimo. Arrastro mis dedos lejos de mi
clítoris y deslizo dos dentro de mí, moviéndome contra ellos. Mi cadera

90
golpea la pared de azulejos, pero me imagino que es el cuerpo de Lucas
tocándome, sus manos clavándose en mis caderas mientras hunde su
polla en mi estrechez.
Hundo los dientes en mi muñeca del brazo que me sostiene y contengo
un sollozo. Cuando pienso en su cara flotando por encima de la mía y
su sudoroso cabello humedecido aferrándose a mi piel húmeda. Me
vengo rápido y duro. Hundiéndome, alcanzo y agarro la barra de la
ducha para ayudarme. Me digo a mí misma que al obtener esto
terminado ahora, no voy a quererle. No voy a dejarme convencer
inevitablemente en lo que él tiene una fe absoluta.
Pero maldita sea, todavía está en mi mente mientras le envío a Tori un
mensaje, una nueva mentira para otra persona que me importa.
Hola, todavía estoy viva. Aun inmune a los encantos de Lucas. Aun…
bueno, te haces una idea. Te llamaré cuando tenga la oportunidad.
Las cosas están muy ocupadas por aquí con todo lo que sucede. Te
echo de menos.
Me visto con los pantalones hasta el tobillo, la chaqueta y la camisola,
todo negro, justo como ha solicitado.
Y me pongo ropa interior roja debajo de mis ropas.

Mi abuela insiste en prepararme el desayuno, aunque para ser
honestos, no tengo ni un poco de hambre. Me siento nerviosa por
mentirle. Y se me revuelve el estómago cada vez que pienso en la
próxima semana y media. Hay millones de pequeñas mariposas en la
boca de mi estómago, pululando alrededor, poniéndome cada vez más
nauseabunda mientras el tiempo parece ampliarse.
6:02
—He dejado un poco de ropa en el armario, para mi regreso, así que no
se las des a Goodwill, de acuerdo —Es mi mejor intento de aligerar el
ambiente oscuro que se cierne sobre la mesa del comedor y un pobre
intento de ello.

91
La abuela sonríe genuinamente y las esquinas de sus ojos azules se
arrugan. Dios, Kylie tenía razón en una cosa: No hay nada que no
merezca la pena, por ver la luz en la cara de mi abuela de esa manera.
—Así que sin duda entonces volverás —responde tomando un sorbo
de su café negro. No puedo confundir el alivio de su voz o como su cara
parece menos tensa una vez que su sonrisa se desvanece.
—No hay nada que pueda detenerme. Y luego vamos a arreglar las
cosas.
Ella se ríe.
—Si la determinación pudiera ganar esta cosa, lo estableceríamos,
cariño.
Eso es algo con lo que voy a tener que trabajar mientras estoy con
Lucas, surgiendo con lo que dijo la abuela. Cuando de repente aparezco
con la escritura de su casa y, literalmente, salvo el día. Estuve cerca de
gemir en voz alta, ya que significa que tendré que decirle más mentiras
a la abuela y cavar más profundo en mi agujero prefiriendo no hundir
mi pala.
6:37
—La determinación y la esperanza han ganado guerras —le digo y la
abuela sólo sonríe, dándome una de esas miradas que me daba cuando
era más joven y tenía sueños nostálgicos. Mientras mi madre los
derribaba, mi abuela los alimentaba. Incluso si no creía que algo era
posible, nunca me lo hizo saber.
—Sí, supongo que tienes razón.
Más de lo que nunca sabrás.
6:45

El taxista parece escéptico acerca de llevarme a una dirección que está
en Green Hills, la parte lujosa de Nashville, especialmente desde que la
abuela me dijo que tenga un vuelo seguro justo en frente de él. Le digo

92
que tengo que hacer una parada para visitar a unos amigos y que ellos
me llevaran al aeropuerto, aunque no sé por qué, siento la necesidad
de explicarme. El largo camino de entrada a la esquina palaciega de la
gran mansión está cerrado, pero Lucas responde rápidamente al
portero.
—Soy yo —digo sonrojándome cuando el taxista me da una mirada de
complicidad en el espejo retrovisor. Un segundo más tarde, la puerta
zumba y el conductor tira hacia delante.
La casa en sí es impresionante, de tres pisos y toda de ladrillo, con una
larga y alta valla que abarca el patio trasero. Con los años, he retenido
muy poca información de los días que estuve ayudando a mi abuelo en
la oficina de su negocio de construcción, pero sé lo suficiente como
para decir que, definitivamente, esta casa es de estilo europeo.
Y probablemente vale más de lo que voy a hacer en toda mi vida, salvo
por la casa que Lucas me ha prometido, pero por otra parte eso no es
realmente mío.
Casi estoy reacia a dejar ir los 40 dólares que el taxista recoge de mí, mi
cuenta bancaria es tan patética, pero tomo una respiración profunda,
asegurándome, una vez más, que sólo es dinero. Por alguna razón,
cuando palabras como esas vienen de mí, prácticamente no tienen el
mismo efecto que cuando Lucas las dice tan frívolamente.
Son las 8:04 cuando toco el timbre. Para mi sorpresa, el abogado de
Lucas abre la puerta, el abogado hombre. Me pregunto si Tetas McBeal
está también dentro de la casa, pero espero como loca que no esté. No
estoy de humor para presenciarla sacando los pechos hacia Lucas a
primera hora de la mañana.
—Soy Court Holder y usted debe ser la Srta. Jensen —dice
amablemente, tomando mi mano en la suya en cuanto se acerca y
cierra la puerta detrás de nosotros. Mientras se activa el sistema de
seguridad en la pared de detrás de él, decido que su nombre debe ser el
más patea culos de los nombres de los abogados que he escuchado en
mi vida—. He oído hablar mucho sobre usted.

93
Mi cuerpo se congela en el lugar. ¿Qué, exactamente, ha oído hablar de
mí Court Holder? La idea de Lucas revelando detalles de mí a su
abogado es suficiente para hacerme sudar. Murmuro mi mantra una y
otra vez en mi cabeza para no dar la vuelta y decir algo que arruine
esto.
Eso vale completamente la pena esto.
—Es bueno saber que Lucas, quiero decir, el Sr. Wolfe, conversa con
todos sobre su ayuda —respondo a través de una sonrisa apretada.
Court sonríe, llegando con sus manos a tomar mi maleta. Mis dedos
rozan sus palmas mientras hacemos el intercambio. Sus manos son
suaves y sus dedos están muy bien cuidados, todo lo contrario a las
manos callosas de Lucas. Poniendo mi maleta de tipo turista, con su
desgastado ribete de cuero marrón en el pie de la escalera, Court me
dice que la pareja que viene a limpiar todas las tardes va a llevarla a la
habitación que Lucas me asigne. Entonces, haciendo un gesto para que
lo siga, me introduce a través de la casa.
—Este contrato está listo para su firma —explica, y yo sacudo la cabeza
en comprensión—. Por supuesto, aceptará hacerse cargo de las
funciones de la Sra. Wolfe de Martin hasta que regrese y después
asistiré al Sr. Wolfe en el inicio de la transacción para la devolución de
la casa de la Sra. Previn. El contrato es extremadamente… simple —
Pero otra palabra queda en el aire, y silenciosamente, la murmuro.
Generoso.
¿El contrato no menciona nada específico de la lista de instrucciones
que recibí ayer por la noche? ¿Mi acuerdo de obedecer, escuchar al Sr.
Wolfe a cambio de la casa? ¿Nuestro acuerdo mutuo sobre las
emociones y el sexo?
Al menos que se lo pida, estoy a salvo de sus afectos y ya he decidido
que voy a luchar contra la tentación con todas mis fuerzas.
Mientras, Court y yo hacemos nuestro camino hacia la parte trasera de
la casa, examino el lugar en el que voy a vivir el próximo par de días, al
menos. Hay fotos y premios que cubren las paredes de varias de las

94
habitaciones, y cuando pasamos la sala de estar, noto una imagen
gigante de un hombre de baja estatura en traje, con los miembros de
Your Toxic Sequel y la cantante de Wicked Lambs, Cilla Craig. Ella y
Lucas tienen los brazos uno alrededor del otro y mi estómago se
endurece.
—¿Su productor? —le pregunto a Court, deteniéndome frente a la foto.
Elijo ignorar la mecha de celos que sentí hace unos segundos.
Destacando su barbilla cuadrada, Court me corrige.
—El ejecutivo. Es su casa y yo soy su abogado personal, por supuesto.
—Suena increíblemente orgulloso de sí mismo por ser capaz de
manejar todo, desde llevar a cabo los procedimientos de desalojo a
actuar como un abogado de espectáculo.
Considero darle palmaditas en la espalda, pero me detengo, cerrando
los dedos en un ángulo incómodo a mi costado. Este abogado se
encargará de la transferencia de la propiedad una vez que haya
cumplido mi acuerdo con Lucas. La última cosa que quiero hacer es
molestarlo gracias a un repentino estallido de rebelión y provocar un
retraso en todo el maldito proceso.
Sonriendo dulcemente, digo:
—Es una hermosa casa.
—Yo vivo justo subiendo la manzana —dice en un tono casi superior—
. En el Tudor.
Lucas me está esperando en una oficina con suelos de bambú y un
techo alto, luce cada pedacito de estrella de Rock patea culos, con su
desgreñado cabello oscuro alborotado alrededor, vaqueros
desgastados y una camiseta vintage de Pink Floyd, pero él es mucho
más que eso.
Sentado detrás del escritorio en forma de L, con las manos
entrelazadas, está como pez en el agua. Todo en control.
De repente, todo el cuerpo me hormiguea.

95
—Son las 8:10 —Señala Lucas, poniéndose de pie—. Acordaste estar
aquí a las 8.
Doy un paso tentativo hacia delante. Luego otro hasta que estoy al otro
lado de la mesa con mis muslos apretados contra la madera. Miro a los
ojos de Lucas y digo:
—Lo siento Lu… Sr. Wolfe… mi taxi llegó tarde a recogerme en la casa
de mi abuela.
Sus ojos color avellana parecen ir de verde a marrón tóxico en cuestión
de segundos.
—¿Dices excusas como estas a Tomas Costa? —me pregunta, su voz
oscura. Oh Dios, ¿conoce el nombre completo de mis jefes? ¿Ha
contactado con Tomas? ¿Qué más ha descubierto acerca de mí?—. Toco
música, pero tengo las mismas expectativas que cualquier otro
empresario ha tenido. Probablemente más. ¿Entiendes?
Asiento.
—Sí —susurro y cuando su ceja se dispara, tranquilamente agrego—.
Sr. Wolfe.
Me da una sonrisa como si me quisiera comer y luego indica con la
mano a Court, quien se quedó rezagado con cautela y está mirando,
entre nosotros dos con la cara más en blanco que puede manejar, hacia
el frente.
—Estamos listos para firmar los contratos —dice él.
Court saca tres copias del documento desde el caro maletín de cuero
que está apoyado al lado del sofá de felpa y cuero negro al otro lado de
la mesa. Cojeando hacia nosotros, le entrega una copia a Lucas y otra a
mí. Luego, va sobre los términos del acuerdo, explicando todos los
términos técnicos en detalle. Lucas presta mucha atención a todo lo
que dice Court, a pesar de que, probablemente, ya leyó sobre esto
cientos de veces.
Afortunadamente, el contrato son sólo un par de páginas y hay muy
pocas referencias a las instrucciones que he recibido a excepción de

96
una sola línea de notas. Lanzo un suspiro de alivio, contenta de que
Holder Court tiene muy poco, o ningún conocimiento, acerca de que
tan importantes son las palabras “reglas” y “obedecer” en este
acuerdo.
Empiezo a garabatear mi nombre a través de la sección de la firma en
mi copia del contrato, pero me detengo después de haber escrito la “A”
en mi nombre. Miro hacia Court y Lucas. Lucas me mira expectante,
pero la cara de Court se pliega en un ceño fruncido.
—¿Hay algún problema con el idioma en el…?
Sacudiendo mi cabeza con fuerza a cada lado, agito mi mano en señal
de protesta.
—No, no, nada de eso, es sólo que… —Ruedo mi lengua hacia atrás y
adelante en mi boca para deshacerme de la causa repentina de
sequedad de mi boca y pongo mis ojos de vuelta en los papeles sobre
el escritorio—. Quiero asegurarme de que en nada de esto se menciona
a mi abuela.
—Tal vez sería útil que levantaras la vista cuando estás hablando —
dice Lucas con una voz que es compasiva y fuerte. Al mando.
Poco a poco, arrastro mis ojos de vuelta. Lucas se arrecuesta, su cuerpo
a gusto, con una sonrisa.
—Quiero tu palabra de que nada sobre este acuerdo se pondrá en
contacto con mi abuela o su abogado, Richard Nielson.
Court comienza a tartamudear, por lo que Lucas toma las riendas con
confianza para responder a mi pregunta.
—Aunque Court está obligado por ser abogado y por secreto
profesional, me adelanté y le hice firmar otro acuerdo. Confía en mí, si
quiere seguir ejerciendo y mantener a sus vacas lecheras, sabe lo que
es mejor.
Court se ríe, un sonido plagado de tos nerviosa, mientras termino de
garabatear mi nombre. Completo las otras dos copias y después, él y

97
Lucas hacen lo mismo. Entonces Court afirma que se tiene que ir, una
reunión con un cliente en una hora y Lucas le sonríe despectivamente.
Sintiéndome un poco abrumada, con unas pocas dudas y, totalmente
confundida, dirijo mi atención lejos de la puerta y de Lucas, cuando él
se aclara la garganta.
—Y ahora es oficial —dice, su voz y su mirada perdidas.
Eso es lo que es.

98

Traducido por Melusanti
Corregido por zaireta90

l dormitorio que me dan en la planta baja (convenientemente
situado a unas cuantas habitaciones más allá de la oficina) es casi
dos veces el tamaño de mi habitación en la ciudad. Al igual que la
mayor parte de la casa tiene, de una pared a otra, pisos de bambú y
huele a limón. A diferencia del resto de la casa, hay un alto techo de
catedral con tragaluces. Lucas explica que este es el dormitorio de la
hija de edad universitaria del ejecutivo de la discográfica, mientras
desliza mis maletas en el armario. Él había insistido en ir a la entrada
de la casa y llevarlas por mí, diciéndome que prefería molestar a las
amas de casa tan poco como fuera posible. Cuando discutí con él con
que yo era capaz de llevar mi propia mierda, me dirigió una penetrante
mirada helada.
Me abalancé sobre la maleta de todos modos.
—Ni siquiera estás a mitad de camino de nuestro acuerdo, Sienna —
dijo arrancando el bolso de mis manos y acechando hacia mi
dormitorio. Si no lo hubiera seguido cerca, detrás de él, no lo habría
escuchado añadir—, y ya quiero castigarte por no llegar a tiempo, así
que no me presiones.
Saco de mi mente como la autoridad de su voz hizo que mi cara
cosquilleara, de lo que no estaba segura era de si era por el
nerviosismo o la irritación, me aclaro la garganta y digo:
—Si te vas a quedar en su casa. ¿Dónde están? —Quien quiera que
sean.
Se sienta en el sofá a la comida de la cama.
E

99
—Artir Morgan, el propietario, y su nueva esposa están de vacaciones
en Irlanda y su hija en la escuela. Estudiante de Vanderbilt —dice él.
No estoy segura de que me guste el hecho de que estoy encerrada en
una habitación que pertenece a alguien que puede ser potencialmente
mi hermana pequeña. Hago un movimiento para sentarme, pero Lucas
mueve la cabeza lentamente a cada lado.
—Ni lo sueñes. Tienes trabajo que hacer, Sienna. No te sientes en tu
culo.
Hirviendo, vuelvo con él a la lujosa oficina a unas cuantas puertas más.
—Quédate ahí —ordena apuntando a un área frente a la mesa. Lucas
parece satisfecho de que cumplo sin siquiera un gemido—. Leíste las
instrucciones ¿no? —pregunta, hurgando en uno de los cajones del
escritorio en busca de algo. Su cabello despeinado se tambalea en su
rostro. Le da un aspecto casi vulnerable y mis dedos hormiguean por
tocar la parte de su frente y rozar sus mejillas.
Me ahorraré el quererlo así, ideas como queriéndolo, para cuando me
voy a dormir y así mantenerlas lejos de mi realidad.
—De principio a fin —le respondo.
—Bueno, esos son los tuyos —dice Lucas, entregándome una pequeña
bolsa de Best Buy y yo extiendo la mano y la tomo. Nuestros dedos se
rozan, haciendo que el vello de mis brazos y mi nuca se ericen.
Concentro toda mi atención en el contenido de la bolsa (un teléfono y
una tableta Samsung). Así que no paso mucho tiempo pensando en su
fácil efecto en mi cuerpo.
—¿Es mío? ¿Para quedármelo?
Inexpresivamente dice:
—Te voy a dar una casa. No presiones tu suerte, Sienna.
—¿Qué quieres que haga ahora? —le pregunto.
Su boca traza una sonrisa. Oh, me tiene justo donde quiere y está
absoluta y jodidamente encantado. Me maldigo a mí misma por haberle

100
mostrado mi naturaleza tímida dos años atrás. Me grito a mí misma
para tener las suficientes pelotas durante el tiempo suficiente para ir
en su radar. Cuando le vuelvo la mirada (una expresión que hace que
mi rostro duela), su sonrisa se desvanece. Hace un gesto con la cabeza
hacia el sofá de cuero.
—Siéntate, Sie, y saca esos palillos espantosos de tu cabello.
Golpeo mi trasero en el sofá y arrastro de mis cabellos rojos los bonitos
accesorios de plata para el pelo, dejando caer en un lío los mechones
enredados alrededor de mis hombros. Lucas está a mi lado, de pie
junto a mí, en cuestión de segundos. Su mano se cierne por mi rostro,
como si quisiera pasar sus dedos por mi largo cabello, tirar de él, pero
aprieta sus dedos.
—No voy a tocarte —promete—, no voy a tener ningún contacto físico
hasta que me lo pidas.
—Tal vez no lo haga —digo y, aunque sé que es cruel, me encuentro
sacudiendo mi cabello sobre los hombros y pasando mis dedos en un
esfuerzo para peinar el enredo. Me doy cuenta cuando su cuerpo se
pone tieso. Murmura algo para sí mismo. Atrapo unas cuantas palabras
como culo y rojo—. Dijiste que soy sumisa a todo el mundo menos a ti.
Así que tal vez…
—No hay tal vez —gruñe entre dientes desnudos—, para el momento
en que me dejes, si te despido, te va a crecer una maldita columna
vertebral y a la única persona a la que responderás será a mí.
¿Qué quiere decir con que si me despide? Quiero preguntarle, pero
comienza a hablar, tomando grandes pasos adelante y atrás mientras
explica en detalle lo que vamos a hacer en el transcurso de los
próximos diez días. Hay una sesión de fotos mañana para una revista
de difusión. Luego, un equipo de grabación viene desde Los Angeles,
pasado mañana. Van a filmarlo, fuera de su espacio personal, para un
documental que está siendo lanzado para una película sobre el futuro
del rock and roll. Eso en el cuarto día, el domingo…
Espera… ¿día cuatro?

101
Cuando lo detengo para preguntarle si tiene sus días mezclados, niega
con la cabeza a cada lado.
—No interrumpas. Pero para responder a tu pregunta, ya que
aceptaste mi oferta ayer temprano, he decidido ser amable y te daré
crédito por ello.
Bueno, esto es inesperado. Rechino mis dientes juntos de lado a lado,
así no mostraré lo sorprendida que estoy de que haya tomado tiempo
libre en mi… horario de trabajo. Estoy ridículamente agradecida,
porque lo que ha decidido hacer, me da un día extra con la abuela una
vez que sea capaz de volver a su cabaña.
—No soy un completo imbécil, Sienna. Me importa un carajo lo que te
pase y para que lo sepas, nunca te humillaré. Ese nunca es mi juego.
Hay un nudo en mi garganta y ahogo un agradecimiento.
Luego su humor cambia y levanta una ceja casi burlonamente,
diciendo:
—Ahora, no más interrupciones o en serio, te castigaré —Abro la boca,
pero él levanta un dedo frente a sí, impidiéndome hablar—. Dios,
¿Cuándo vas a escuchar? No, no te voy a castigar físicamente porque
eso requiere…
Cuando asiente, dándome permiso para hablar, susurro:
—Tocar.
—Y la única manera en que voy a hacer eso es si…
—Te lo ruego.
Me sonríe y luego continúa dándome ida y vuelta con la programación
de cada día después del domingo. El día nueve será un resumen de
todo lo que he aprendido y en el día final, el diez, realizará una
pequeña evaluación. De qué, no estoy segura.
—Nada jodido o… —Levanta la ceja maliciosamente— demasiado
extenuante.
Sí, claro.

102
—Ahora, dime lo que acabo de decir —dice.
Llego al cuarto día, sabiendo que he dejado fuera los detalles
importantes, y luego flaqueo completamente:
—Yo… yo no me acuerdo.
—Entrenamiento verbal —Me recuerda y me sonrojo.
—Lo siento, Lucas.
No lo he llamado Sr. Wolfe o Señor como me ha pedido, pero en lugar
de señalar eso o corregirme parece encogerse de hombros al error. Tal
vez hoy cuenta como una orientación.
—Vamos a intentarlo de nuevo, esta vez… —Saca una tira de tela
oscura del mismo cajón de su escritorio de donde encontró la bolsa
Best Buy—. Vamos a probar esto —Me lo entrega, asegurándose que
nuestra piel no se toca.
—¿Una venda para los ojos?
—Sí, una venda para los ojos.
—No voy a ser capaz de ver. Y entonces…
—No tienes que ver algo para escuchar. Para hablar, para aprender.
Me siento como una idiota, incluso por tratar de protestar porque tiene
razón. No necesito mis ojos para ninguna de esas cosas. Cierno la tela
hacia atrás y adelante entre mis manos y pregunto:
—¿Y quieres que me la ponga ahora?
—¿Por qué si no te lo iba a dar? —demanda Lucas, con voz ronca.
Moviendo su dedo índice para hacerme saber que está listo para que
siga adelante con la solicitud. Vacilante, presiono el tejido en mi rostro,
sobre los ojos, tiritando de lo suave que se siente, cuán peligroso.
Mientras estoy sentada en la oscuridad, escucho cuidadosamente, con
atención, como me repite nuestro calendario. Cuando termina, me
pregunta lo que estamos haciendo el día siete. No pierdo el ritmo:

103
—Miércoles, un paseo por el barrio de tu infancia y una entrevista con
tus padres con el equipo documentalista en Atlanta.
Me pregunta un poco más y me felicita en cada pregunta. Todo el
tiempo me habla, me siento híper consciente de todo lo que me rodea.
Llegando al punto de tener que clavar mis uñas en mis rodillas porque
mis terminaciones nerviosas están picando ferozmente. Cuando
respondo a la pregunta final de Lucas, mi voz tiembla. Él está tranquilo
por un largo tiempo, pero siento lo cerca que su cuerpo está del mío
cuando se pasea por el suelo delante de mí. Huelo su aroma altera
mentes. Mi piel se ruboriza.
—Quítate la venda, Sienna —Ordena Lucas con voz extraña. Un
momento más tarde, después de haber deslizado la venda de los ojos
hacia abajo, de modo que cuelgue alrededor de mi cuello como un
collar de tela suave, levanto mis ojos azules. Toca la base de su cuello y
sus cejas se juntan. Cuando lo miro a sus ojos color avellana, hay algo
ahí que me hace retorcer el vientre en un nudo aún más fuerte:
Hambre.

Todo el estado de ánimo de la conversación con Lucas parece cambiar
después de que me doy cuenta de que me desea en este mismo
momento:
—¿Sienna? —murmura él.
Mis ojos se cierran y mi espalda se arquea.
—Sí… señor.
—Tienes permiso de conducir. ¿Verdad?
—¿Por qué…?
—Una palabra —dice él—. En una respuesta de una sola palabra.
—Sí.

104
—Bueno. Ahora no tendrás que pasar el resto de tu día en el DMV. Son
un grano en el culo.
—Oh —le digo, abriendo los ojos. Alejo mi cabello de mi rostro con las
manos húmedas. Sé que hay más que quiere decirme. Con mi cuerpo
todavía tarareando de la experiencia con la venda en los ojos, ahora
probablemente sería el mejor momento para que él lo saque de su
pecho.
En cambio, unos segundos más tarde, Lucas me despide.
He hecho un montón de trabajo en el instituto y en la universidad y en
mi trabajo con Tomas y esta es la primera vez que mi jefe, de hecho, ha
pronunciado las palabras «estás despedida».
—¿Despedida?
—¿Es necesario que te vuelvas a poner la venda? Márchate.
Estoy conmocionada y de repente un poco mareada en la forma en que
su tono se ha endurecido. Se ha ido la voz casi burlona que había
tomado mientras me estaba amonestando por mi falta de comprensión
auditiva y taladrándome su horario dentro de mi cabeza. Ahora,
suena… como si yo fuera la mayor molestia que jamás haya conocido.
—No señor, sin la venda —digo, un tono sarcástico arrastrando su
camino en mi voz cuando me pongo de pie con rigidez, y camino junto
a él hacia las puertas francesas. Cuando él arrastra sus pies, se aclara la
garganta ligeramente, sé que está viendo que me voy.
Me detiene antes de que pase por encima del umbral y dentro de la sala
de estar fuera de la oficina.
—Kylie ha dejado una lista propia para ti en la oficina más pequeña en
la planta baja.
Asiento esta vez porque hay un nudo enorme en mi garganta y no creo
que me sea posible llamarlo señor de nuevo sin que mi voz se rompa y
revelar mi decepción. Sujetando la bolsa de Best Buy, aprieto los
dientes y hago lo que me pide. Ni siquiera sé porque estoy molesta,
para empezar.

105
Agarrando mi portátil de mi dormitorio, lo tomo junto con el nuevo
teléfono y la tableta que Lucas me ha dado. Encuentro las escaleras que
conducen a la parte inferior de la casa en la cocina y voy allí. Es más
fresco en esta parte de la casa, como intencionalmente más frío y mis
pezones se endurecen bajo mi delgada chaqueta.
Toda esta planta fue, probablemente, un sótano en algún momento,
pero el contratista que hizo la reforma logró hacer que luciera elegante
como el resto de la casa. Cuando paso por la sala de piano, mi
decepción del debacle de Lucas, momentáneamente desaparece y me
arrastro dentro.
Nunca fui la pianista que era mamá. Ella había querido presentarse
antes de que conociera y se casara con mi padre. Pero yo había tomado
años de lecciones. Uno de mis pocos recuerdos increíbles era de ella
sentada en el Steinway
7
que mi abuelo le había comprado cuando era
niña. Ella había guiado mis dedos por las teclas correctas.
Enseñándome a tocar un canción cursi de los ochenta. Por supuesto,
veinte minutos más tarde, me gritaba por tocar un plano en lugar de un
agudo, pero fue divertido mientras duró.
De repente soy consciente de que estoy tocando tranquilamente esa
canción de los ochenta y arrastro mis dedos por las teclas. Froto mis
manos en la parte delantera de mis pantalones negros.
Dejando la sala de piano atrás, encuentro la oficina que Kylie ha estado
usando. Me ha dejado una larga lista de cosas que debo tener en
cuenta, tales como la dirección de correo electrónico y contraseña para
contestar cartas de admiradores de Lucas, junto con una tarjeta de
crédito con clips en una nota que dice: Gasta el contenido de tu corazón.
Pero después de recopilar la carpeta de Kylie, me encuentro de pie en
la puerta de la sala de piano, mirando dentro. Ese piano Steinway que
había pertenecido a mi madre era una de las muchas cosas que la
abuela vendió para ayudar a pagar sus gastos legales.

7
Steinway: Marca de pianos de cola.

106

Traducido por Ivi04
Corregido por Yayitaalen

or lo general, conducir es una experiencia terapéutica para mí.
Nunca he tomado el metro en Los Angeles porque a pesar de la
duración de mi viaje diario al trabajo, me da tiempo para ordenar
mis pensamientos, eliminar el enojo del día. A veces, es la única
oportunidad que tengo donde puedo sentir que tengo el control de mi
vida.
Sin embargo conducir con Lucas desde el punto A al punto B, es casi
doloroso.
—Deja de rechinar los dientes, Sienna —dice, su voz me llega desde la
tercera fila, donde insistió en sentarse para que pudiera escribir
música en "paz”, hasta el asiento del conductor, a irritarme.
—Es el avanzar y detenernos en este tráfico. Me tensa —siseo.
Entonces, a regañadientes, agrego—: Señor Wolfe —No voy a
mencionar que Kylie explícitamente dijo que un coche sería enviado
para llevarlo a la sesión de fotos de esta tarde. Lo oí cancelar dicho
vehículo esta mañana mientras yo estaba haciéndome una taza de café.
O que la única razón por la que personalmente creo que me tiene cerca
es para que pueda joderme la cabeza, hacerme fallar, tentarme.
Echo un vistazo en el espejo retrovisor. Mi mirada se bloquea con esos
frustrados ojos color avellana.
—Sólo detén lo de los dientes —gruñe.
¿Antes de qué? ¿De qué me disciplines?
Tomo aire, lista para verbalizar las burlas, pero luego decido dejarlo.
Lucas tiene algo importante sobre mi cabeza. Además, a pesar de su
P

107
promesa de ‘’no me toques a menos que yo lo pida’’, sé que él no tiene
que poner una mano sobre mi cuerpo para castigarme. Lo ha
comprobado más veces de las que me gustaría recordar. Mojo mis
labios y aprieto mis manos en el volante para detener los temblores.
Por el resto del viaje, deslizo mi lengua hacia atrás y adelante entre mis
dientes para no apretarlos.
Cuando llegamos al lugar del rodaje, un restaurante histórico en el
corazón del centro de Nashville que ha sido alquilado para todo el día,
Lucas me detiene antes de abrir la puerta.
—Mira, no sé... hacer muy bien este tipo de cosas con otras personas
alrededor.
La timidez no es algo que espero de Lucas y estoy sorprendida.
—Lo que significa que quieres que me quede afuera —le digo.
—No suenes tan abatida. Tienes las tarjetas de crédito de Kylie, ¿no?
—Sí —le digo.
—Son siete días después de esto. Tienes una tendencia a vestirte como
una maestra de primer grado y ya que eres un reflejo directo de mí,
bueno, haz algo al respecto.
—Soy una chica de vestuario.
—Que se viste como una maestra de 23 años.
—Tengo 23 años.
—Y eres mi asistente, quien está de acuerdo en hacer lo que le digo.
Ahora mismo te estoy diciendo que compres ropa para encajar en el
papel. No me digas que no puedes, porque sé que eres jodidamente
increíble en lo que haces —dice. Luego, levantando las cejas
sugestivamente, se inclina hacia adelante y coloca sus codos en las
rodillas—. Porque como están las cosas, lo único que quiero hacer
cuando te miro es tomar una regla, inclinarte sobre una mesa y…
—¡Lo haré! —grito apretando los ojos para eliminar la imagen que
acaba de empujar en mi cerebro.

108
Cada vez que pienso que estoy haciendo un progreso en no pensar
sobre el sexo y Lucas, él lo pisotea por todas partes.
Si se da cuenta de que no me he referido a él como Sr. Wolfe o Sir
durante este intercambio, no dice nada. Está sentado en la misma
posición, mirándome expectante hasta que me doy cuenta por fin de
que está esperando a que lo deje salir.
Siete días.
Me guiña el ojo mientras sale del Cadillac. Cuando se desliza más allá
de mí, su cuerpo toca el mío. Es sólo el más pequeño de los detalles, el
dorso de la muñeca contra mi ombligo, su hombro rozando la parte
superior de mi cabeza para que mechones de mi pelo rojo se unan a su
camiseta con cuello en V, pero es suficiente para hacer que ambos nos
pausemos.
Tentativamente, me muevo hacia adelante. Los músculos se endurecen
bajo sus mejillas y se estira hacia arriba, más allá de mí, para cerrar la
puerta del coche. Él mantiene sus ojos en mi cara, mientras dice:
—Cuando vayas a comprar... recuerda que deberás vestir como la
asistente personal de un rockero, recuerda que tenemos una fiesta de
cumpleaños semi-formal a la que ir en Atlanta. Y si llego a ver un solo y
sencillo cárdigan, lo quemaré.
Me pasa aireadamente y dentro del restaurante. En lugar de seguirlo
con la mirada, cierro los ojos.
Fantaseo sobre lo que habría pasado si nuestros labios se hubieran
tocado.
Siento que partes de mí que apagué hace dos años se despiertan una
vez más.

Mientras hago compras en las boutiques de moda y populares tiendas
vintage del centro de Nashville, mi mente va y vuelve entre Lucas, el
deber de terminar mis siete días, conseguir la casa de vuelta y mi vida
en California.

109
Y no puedo resistirme a preguntarme si hubiera cedido a Lucas cuando
casi nos pasamos la noche juntos, ¿ahora las cosas serían diferentes?
¿Sería diferente? Mi atracción por él no se hizo esperar, una de las
cosas que me dejó sin aliento, adormeciendo mis sentidos y haciendo
que me duela todo a la vez. Me sentí atraída por su música, la manera
en que su voz tenía una forma de desgarrar mis capas y excavar en mi
esencia, aun cuando estaba cantando sobre strippers e ir de fiesta.
Al parecer, Lucas se sintió atraído por mí, porque... me fue difícil decir
"no" en el set.
Salvo a él, y él estaba demasiado obsesionado para darse cuenta hasta
que fue demasiado tarde.
La parte de atrás de mi cuello hormiguea e inclino la cabeza a cada lado
para estirarlo. Tengo que evitar que el pasado se meta en mi cabeza.
Sólo tengo que olvidar a Lucas Wolfe y todo esto, y seguir adelante.
Sólo necesito...
—¿Sienna? —Me llama una voz femenina.
Alzo la vista de los vaqueros negros a los que me estoy aferrando hasta
una chica con el cabello corto, con las puntas turquesa y rosa y
piercing tipo mordedura de serpiente en el labio inferior.
Entorno los ojos por un momento, tratando de ubicarla. A medida que
se acerca, focalizo su rostro y mentalmente le quito los piercings y la
imagino como una rubia Jennifer Aniston con una camisa de color rosa.
Siento que mis labios se tuercen de forma automática en una sonrisa.
Jessica se precipita hacia delante para abrazarme.
Retrocediendo, ella chilla.
—Amiga, no te he visto ¿en qué? ¿Cuatro o cinco años? ¿Qué eres
ahora, una maes…?
—Asistente de vestuario de Echo Falls —digo antes de que tenga la
oportunidad de llamarme maestra. Tímidamente, tiro del dobladillo de
mi camisa suponiendo que eso me hace ver como una profesional
hasta el punto de que mi jefe me quiere pegar con una regla y una vieja

110
amiga asume que paso mis días exprimiendo cerebros de primer
grado.
Agradable.
—No me digas —dice mientras pone el montón de ropa que está
llevando en el brazo de un maniquí, a pesar de la mirada desagradable
que la chica de ventas le envía. Jessica pone los ojos en blanco—. Joder,
odio ese numerito.
—Yo también — le digo y ella sonríe.
—¿Cuánto tiempo llevas aquí?
Mirando hacia abajo a una percha, me encojo de hombros.
—Un par de semanas. Estoy haciéndole un favor a un... un... amigo y
ayudo a mi abuela con un par de cosas.
—¿Cómo le va? —Cuando le digo como está mi abuela, inclina la cabeza
hacia un lado, asintiendo—. ¿Y tu madre?
Ese familiar zumbido de humillación me hace inclinar un poco la
cabeza, pero detengo la necesidad de estremecerme. Cuando mi madre
y su marido se marcharon para trabajar en la venta y el tráfico de
drogas de prescripción, se habían llevado al tío de Jessica con ellos.
Jessica no parecía demasiado dañada al respecto y no lo ha
mencionado ahora, pero odio que haya preguntado por mamá.
Créeme, si tu madre fuera a la cárcel por una de las redadas más
grandes de drogas en la historia del estado y se chivara de cada
comerciante en 20 kilómetros a la redonda... también tendrías miedo y
vergüenza cuando alguien te preguntara por ella.
—Está bien —le digo secamente.
Jessica murmura algo inaudible con voz simpática.
—¿Tus padres siguen administrando ese bar? —pregunto y pone los
ojos en blanco dramáticamente.
—Pensé que sería genial conseguir toda la bebida gratis, pero sí. Mi
padre es un controlador esclavizador de mierda —Como si fuera una

111
señal, su teléfono suena y lo saca del bolsillo de sus vaqueros fucsia—.
Y como de costumbre, las llamadas de trabajo. Tengo que pagar esto y
correr, pero si no estás ocupada esta noche...
Revuelve dentro de su bolso y me entrega un folleto rojo y negro. Es un
anuncio de un grupo que versiona a Your Toxic Sequel actuando en el
bar de sus padres en Broadway. Casi me ahogo con mi propia saliva.
Ella chilla y aplaude con sus manos tatuadas.
—Ahh, ¿fan de YTS? Los adoro. Mi novio está en la banda y son
increíbles, casi mejor que la banda real. Sal si puedes. Mira a tu
alrededor —dice ella tirando la ropa del maniquí—. ¡Y me encontrarás
en Facebook si no te veo esta noche! —grita mientras se aleja.
Pago mis propias ropas poco después. Hago una bola el folleto y lo tiro
dentro de las bosas de ropa.

Lucas tiene esa mirada de estrella adorada cuando lo llevo de vuelta a
la casa en Green Hills, por lo que no se queja de que el viaje de vuelta
tome el doble de tiempo, o cómo casi me quedo atrás de una camioneta
que cuenta con alrededor de unos cientos de esos dibujos de niños y
animales en la parte trasera.
—Uno pensaría que dan mamadas en esas sesiones de fotos —le digo
en voz baja.
—¿Qué fue eso? —pregunta.
—Nada en absoluto, señor Wolfe.
Por supuesto que pide ver la ropa que me he comprado al momento en
que entramos en la casa. Me duele la cabeza por la larga jornada, así
que hago un gesto hacia mi habitación y él me sigue.
—Para alguien que juega con la ropa todos los días, no has comprado
mucho.
Mi rostro se tensa.

112
—No juego con la ropa todos los días, Lucas. Yo... trabajo con ellas —
Pero mi voz se tambalea como si no estuviera segura de mí misma.
Levanta las manos en frente a la defensiva.
—Oye, no quise decir nada con eso. Creo que es… —Hace una pausa y
dobla las rodillas un poco para que su rostro quede más cerca del
mío—. ¿Estás llorando?
Trago saliva.
—No.
—Resoplo, grito y no dices nada. Hago una broma acerca de tu trabajo,
¿y lloras?
Bueno, al menos reconoce que es un matón. Cruzando los brazos sobre
mi pecho, me siento en el brazo del sofá que está al final de la cama. Él
no se mueve de su lugar frente a mí, dando golpecitos con el pie
mientras espera con impaciencia la respuesta.
Suspirando, comienzo:
—Yo sólo…
—Tampoco me mientas —dice con voz severa. Le miro a los ojos.
—Mi madre solía llamarlo “jugar con ropa”. Demonios, probablemente
todavía lo llame así, eso es todo —digo.
Encogiéndome de hombros, deslizo el talón del pie hacia arriba y abajo
del lado del sofá.
—Tengo unos cuantos problemas maternales.
Sacudiendo la cabeza a cada lado, dice:
—Apuesto a que… —Alzo mis cejas, y añade—: Mi madre nunca ha sido
la mayor admiradora de lo que hago. Es decir, bromea sobre esto en
acción de gracias y sus amigos piensan que Kylie y yo somos demonios,
pero nunca me hizo sentir como si lo que me gusta hacer no fuera
importante. Si lo hiciera... bueno, no creo que me gustaría tener mucho
que ver con ella.

113
Quiero que hable, porque esta es una de las primeras veces que me ha
dado una idea de su vida fuera de la música y la fama, pero él señala
con la cabeza hacia abajo, hacia las bolsas esparcidas por toda la cama
temporal.
—Ahora, muéstrame lo que has comprado para ti —Ahora su voz es
suave, animada. Sólo otro recordatorio de lo sorprendente que es
Lucas. Sus estados de ánimo cambian instantáneamente y es suicida
sentirse atraído por alguien que no se puede predecir.
Me deslizo sobre el respaldo del sofá, aterrizando de rodillas sobre la
cama. Él susurra en una profunda bocanada de aire y mi cabeza rebota,
con el cabello rojo volando por todas partes.
Él está congelado en su lugar, me mira con su cara dibujada y sus labios
carnosos entreabiertos.
—¿Qué? —susurro.
—No hagas cosas por el estilo, eso —gruñe.
Arrastro mis manos por el cabello, anudándolo en una pila sobre mi
cabeza.
—Estás muy tenso.
—Trata de vivir con alguien que es difícil de resistir.
—¿O alguien que deseas controlar? —le pregunto.
—Exactamente.
Ahora dolorosamente consciente de todos sus movimientos, cada una
de sus inhalaciones y exhalaciones, le muestro la ropa. Murmura con
aprecio ante los montones de ropa “rockeramente” amigable, frotando
con los dedos mis camisetas y tops de encaje vintage y la chaqueta de
cuero que había elegido. Estoy doblando la ropa en pilas ordenadas
cuando oigo algo arrugarse.
Levanto la vista para ver el folleto rojo y negro de la banda que
versiona a Your Toxic Sequel en su mano, sosteniéndolo entre el índice

114
y el dedo medio. Cuando hago un movimiento hacia él, retrocede,
alejándose de mí.
Lo miro con el corazón en la garganta mientras desenrolla el papel. Lee
con cuidado, con una sonrisa de come-mierda que crece más y más
mientras sus ojos escanean la hoja.
Después de suavizar las arrugas y doblar el folleto en pulcros pliegues,
Lucas los deja caer sobre la ropa que acabo de doblar.
—Esta noche vas a ser mi Conductor Designado, Sienna.
Me quejo y él levanta una ceja. Luciendo una sonrisa, digo
mecanicamente:
—Sí, señor Wolfe.


115

Traducido por palbameca
Corregido por zaireta90

ucas y yo discutimos por lo que pareció una eternidad antes de
que él junte sus manos casi tímidamente y me diga que vaya a
recoger su cena. Para el momento en que regreso de la parte de la
ciudad de la que acabábamos de venir, él ya se ha vestido para ir al bar
de los padres de Jessica.
Tengo que darle algo de crédito, ha logrado perfeccionar su disfraz. Y
tengo la sensación de que todo es gracias al hecho de que en Los
Angeles, no llega a disfrutar de la paz que ha encontrado en Nashville.
Durante la grabación del video de Completamente sobre ti había
incidencias diarias de admiradoras (y admiradores) buscando maneras
de colarse en el set para tratar de pillar a los miembros de la banda,
por no mencionar los acérrimos Fans de Your Toxic Sequel que habían
acampado fuera del estudio todos los días para obtener una vistazo de
Lucas y el resto de los chicos.
Esta noche, Lucas lleva sus vaqueros habituales, pero en lugar de botas,
lleva los viejos zapatos Converse del instituto. Una Henley blanca y
negro cubre hasta el último de sus tatuajes. Su cabello desordenado
está cubierto por un gorro negro de gran tamaño y lleva... gafas. De
empollón.
Me quedo en la puerta de su oficina un momento, disfrutando de la
vista. Ningún hombre debería ser tan sexy con esas gafas.
—¿Las has cogido del armario? —le pregunto haciendo que su idiota
cabeza vaya hacia mí. Se muerde el labio inferior y, por instinto,
también me mordisqueo el mío—. Las gafas, quiero decir.
L

116
Me hace señas de que entre en la oficina y cumplo, poniendo el plato de
comida de estereofón en la mesa. Cuanto más me acerco a él, me doy
cuenta de que las gafas tienen que ser, manos abajo, la cosa más sexy
que le he visto usar nunca.
Se ríe:
—No son prestadas. Soy un puto miope.
—Te ves... como un friki rockero.
Inclinando la cabeza hacia un lado, considera lo que he dicho por un
momento y se muerde la punta de la lengua para reprimir una sonrisa.
—No vas a sacar fotos y enviarlas a los paparazzi, ¿verdad? —bromea.
—Sólo si estás haciendo esto para humillar al novio de mi amiga —le
digo—. No lo estás haciendo, ¿verdad?
Está de pie y se eleva por encima de mí, un instante después, sus ojos
son ilegibles.
—Nunca haría daño a mis fans. Esa es la razón por la que estoy aquí y
no en Atlanta hecho un manojo de nervios en algo. Pero respondiendo
a tu pregunta... Tengo una debilidad por las bandas que nos versionan.
—¿Por qué? —le pregunto.
—Google es tu amigo —dice guiñándome un ojo—. Ahora ve a vestirte,
tu ropa está en la cama.
Me muevo para ir y hacer lo que me ha pedido, pero entonces el hielo
se desplaza hacia abajo de mi cuerpo y me congelo. ¿Qué estoy
haciendo? Esta es la primera vez que me da una orden y mi mente me
obliga automáticamente a que lo haga y eso es una constatación de que
me asusta.
—¿También quiere vestirme, señor Wolfe? —exijo, forzando una
sonrisa dulce cuando digo su nombre.
Rastrilla sus dientes sobre su labio inferior y, a continuación, sopla un
mechón de cabello de mi cuello.

117
—Dios, qué más quisiera. Estás pensando en ello, ¿no? Estamos a sólo
tres días, y ya quieres entregarte a mí —A pesar de sus palabras, no
hay el menor atisbo de burla detrás de su voz. Es una broma, sí, pero
tan llena de promesas. Retrocedo hasta el escritorio golpea mi trasero.
Mis dedos se curvan alrededor de la madera.
—¿Y si lo hiciera? —le susurro sin aliento.
Piensa un momento y luego me da una mirada que es tan deliciosa que
envía el calor en espiral a través de mí.
—En este momento no estoy seguro de si follarte o azotarte con esa
baqueta de allí —Hace un gesto a un conjunto de palos firmados en el
extremo opuesto del escritorio—. Tal vez las dos cosas. Tal vez sólo
atarte a una silla y degustarte hasta que no puedas moverte ni pensar o
respirar.
—¿Y después?
—Hay siete días más —Me recuerda—. Hay tantas cosas que puedo
enseñarte, tanto que podemos hacer y después de eso...
Pongo los ojos en blanco, pero no puedo negar que me ha afectado lo
que ha dicho y la forma en que me mira. Debería ser ilegal que un
hombre tenga un efecto tan irresistible como magnético.
—Estoy bien —le digo.
—Por ahora.
—No, por… —Dentro de veinte años, si me preguntas quién inició el
beso, seguiría sin ser capaz de decírtelo. Es así de repente,
impresionante y consumidor. La lengua de Lucas se desliza a través de
mis labios, trazando el contorno, una vez, dos veces, tres y luego una
vez más. Yo grito y me desplomo sobre la mesa, porque mis piernas
están temblando violentamente. Él hace un ruido que es parte
maldición, parte gemido; lo suficiente para enviarme al abismo. Apoyo
mis manos a ambos lados de su pecho, hundiendo los dedos en la suave
tela de su camisa, en su piel y tirando de él a mi cuerpo.

118
Sus manos se cierran detrás de su cabeza, porque está decidido a
hacerme rogar antes de tocarme.
Mis labios se separan fácilmente en el momento en que su lengua
explora el espacio entre ellos. Estoy mojada. Mojada, gimiendo y
frotando mi cuerpo contra el suyo. Sin embargo, todavía no mueve las
manos.
Tócame. Tócame. Pero no me atrevo a darle eso. Todavía no.
Cuando arrastra su boca lejos de la mía, atrapo su labio inferior
suavemente entre los dientes. Hace una mueca cuando mis dientes
rastrillan sobre la carne tierna antes de soltarlo. Entonces una sonrisa
sexy se desliza por su rostro.
—¿Eres una mordedora, pelirroja?
Sabe que odio cuando me llama pelirroja, igual que sabe que ha
conseguido que no me queje por el momento.
—¿Lucas? —murmuro contra el costado de la boca. De repente,
valiente, le beso el labio superior, el mentón fuerte. Dibujo su labio
inferior entre el mío y chupo.
—¿Mmmhmm?
Me inclino hacia atrás y miro a esos ojos color avellana.
—¿Es realmente inevitable, esto... nosotros? —Desafío, pasando mis
manos por la parte delantera de su pecho. Tiembla.
—Siempre lo ha sido.
Nuestras bocas se reúnen por última vez. No puedo luchar contra la
tentación de rozar la punta de la lengua por los labios, saboreando los
lugares que me tocó después de que se alejara, de mala gana.
—Ve y vístete, sin ducha, deja tu cabello suelto. Ni siquiera pienses en
satisfacerte a ti misma.
Salgo de la oficina y voy a mi habitación, pero un pensamiento se me
ocurre. Echando un vistazo por encima del hombro, hablo otra vez, mi
voz tan baja que apena puedo oírme.

119
—¿Por qué me recuerdas? ¿Por qué cuando te follaste a muchas otras?
—Porque eres con la que no lo hice.
Unos minutos más tarde, cuando estoy en mi habitación encogiéndome
en mi ropa y mirando fijamente en el cuarto de baño a la bañera que
me ha prohibido usar, decido que estoy satisfecha con su respuesta.
Antes de salir de la habitación, dejo que mi cabello caiga suelto.
El bar de los padres de Jessica, un pequeño antro llamado The Beacon,
está lleno cuando Lucas y yo aparecemos.
Estaba lista para dar la vuelta y regresar al Cadillac cuando el enorme
portero, de barba roja nos dice que tendremos que esperar, pero Lucas
niega con la cabeza.
—Entramos ahora —dice.
Por supuesto que es una orden fácil de dar para él. Todo lo que ha
hecho desde que nos bajamos del vehículo es empujar las manos en los
bolsillos traseros de sus vaqueros y mirar hacia el suelo, para no llamar
la atención. Aunque estaba en lo cierto cuando juró arriba y abajo que
nadie lo reconocería. Emana timidez, todo lo contrario del Lucas que
conozco e irritantemente similar a mí misma.
—Debería estar en el cine —siseo mientras acecho en la puerta—.
Señor…
Me deja con la promesa que estoy segura que realmente va a mantener.
—Dilo y juro que lo segundo que haré será azotarte el culo con las
baquetas.
Sacudo el cabello sobre un hombro mirándole, sonriendo.
—Señor.
—Si simplemente fueras así de sarcástica y exasperantemente confiada
con todos los que conoces —señala, cuando volvemos hasta el portero
de nuevo. Barba Roja pone los ojos en blanco e inclina la barbilla hacia
un lado. Haciendo la mejor imitación de Lucas, pongo las manos en mis
caderas. No hay suficiente luz aquí para que él sea capaz de ver cómo

120
mis dedos están trabajando con nerviosismo la espesa tela de mis
ajustados vaqueros negros.
—Tengo una invitación personal de... —Entonces, veo el pequeño
cuerpo de Jessica moliendo en la pista de baile a varios metros de
distancia y tomo una respiración profunda. A la mierda—. ¡Jess! ¡Oye,
aquí! —grito a todo pulmón.
Varias personas que pasan clavan las cejas en mí, pero el grito
funciona. Jessica se abre paso a través de la multitud de personas en el
bar y asoma la cabeza por la puerta.
Le da al portero una mirada enfurruñada.
—No estás siendo un idiota, ¿verdad, Nicky? Ella está conmigo.
A regañadientes, Nicky sella mis manos y las manos de Lucas y mueve
su gigantesco cuerpo a un lado para que podamos entrar. Casi quiero
darle una sonrisa de triunfo, pero incluso una pequeña victoria no es
suficiente para presionar mi suerte.
Cientos de fans de Your Toxic Sequel nos rodean: sus caderas
balanceándose y sus cuerpos sudorosos deslizándose juntos. Miro
hacia Lucas. Sus ojos siguen estando abatidos, pero su cara lo dice todo.
Ahora está en el cielo, dando testimonio a todas estas personas que
han venido a rendir homenaje a su banda.
¿Cuánto más genial puede ser?
Jessica encuentra la única mesa vacía en todo el lugar y nos lleva a la
misma.
—Aquí, siéntate aquí e iré a buscarte…
—Estoy bien —le digo y ella me da una mirada escéptica—. Soy
conductor designado.
—Sam Adams —dice Lucas con una voz muy profunda que me hace
dar un pequeño bufido.

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Jessica sonríe, arquea la espalda un poco e inclina la cabeza tratando de
obtener una buena vista de su cara. Cuando mete la barbilla cerca de su
pecho, frunce los labios y se aleja.
—Esto no va a funcionar —Le advierto y él me mira.
—Bueno, no. Por lo general nunca lo hace.
Sintiendo mi aumento de temperatura, lo estudio. Está tan lleno de
contradicciones. En un momento está hablando sobre el deseo de paz y
tranquilidad y al siguiente está deseando la adoración que viene con su
mundo, la fama. Es suficiente para hacer que mi cabeza se maree.
Cuando recojo el valor y le digo esto, sonríe.
—Sólo quería la suficiente paz para terminar mi proyecto en solitario y
he… —Su voz se desprende y traza un corazón que alguien ha tallado
en la mesa.
—¿Has qué?
Levantando sus ojos color avellana, me dice con una voz apenas
controlada:
—He escrito suficiente material los últimos días para dos o tres
álbumes.
—Ah... Ya veo.
—No, no me creo que lo hagas.
Confundida y cansada de jugar a juegos de palabras con él, cambio el
tema de nuevo a sus razones para querer que venga aquí esta noche.
—¿Entonces por qué el riesgo de ser observado y manoseado por tus
admiradoras solo para ver una banda?
—Nunca has buscado en Google, por lo que veo.
Niego.
—No fue una orden directa, señor.

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Su rostro se rompe en una sonrisa e inclina la cabeza hacia atrás y se
ríe. Es una de esas expresiones de cuerpo completo que envía calor a
mi vientre.
—Dios, eres tan frustrante que me lías —Recupera el control, cayendo
en su silla y consiguiendo una mirada desenfocada en los ojos—.
Cuando estaba en el instituto, Sinjin Campos, Wyatt McCrae y yo
teníamos una banda espantosa. Fue la forma en la que fuimos
descubiertos finalmente, nosotros y Cilla.
Cilla. ¿Por qué siento una punzada de celos cada vez que oigo o veo su
nombre? Es ridículo, porque nunca la he conocido, todo lo que sé es
que ella y Lucas son amigos. Lo que exactamente implique la palabra
«amigos» no estoy segura ni creo que jamás lo quiera averiguar.
—¿Así que estás aquí para descubrir al novio de Jessica? —pregunto.
Se encoge de hombros, y me corrige:
—Estoy aquí para decirle que lo aprecio —Entonces sus cejas se
juntan—. Pero tengo que admitir que son jodidamente increíbles y no
me importa dejar sus nombres a algunos de mis contactos.
La bebida de Lucas se desliza sobre la mesa y mira hacia arriba,
encontrando la mirada curiosa de Jessica.
—Sabía que eras tú —susurra con entusiasmo. Ella se deja caer en la
silla a mi lado, justo enfrente de él. Miro fascinada porque ella está al
borde de babear y sus ojos están brillando prácticamente bajo las
tenues luces.
—Antes o después de haber espiado en el último minuto lo que
decíamos —exige tomando un trago de su cerveza gigante.
Naturalmente, la piel bronceada de Jessica se ruboriza, pero luego
rápidamente recupera la compostura.
—Lo siento, pero... Amigo, eres Lucas Wolfe. Estás en el bar de mis
padres y sentado en la mesa conmigo y yo estoy a punto de enloquecer.
—La forma en la que dice su nombre, susurrando con reverencia saca
la sonrisa de “se caen las bragas”.

123
Volviéndose a mí, Jessica dice con voz acusadora:
—No me dijiste que lo conoces.
—Es mi jefe —murmuro.
—Tu trabajo consiste en ir a bares con él a las 10 de la noche. Ugh...
Tengo que llegar a ser personal de vestuario. Estoy en el campo
equivocado, yo… —Entonces se muerde el labio inferior—. ¿Vas a
tocar? ¿no?
—Espera, él está… —empiezo, pero Lucas me lanza una mirada de
advertencia.
—Claro que sí.
No tengo más remedio que seguirles a medida que tejen su camino a
través de la multitud hacia la parte delantera del bar donde la banda
está tocando Lucky You're Wasted. Jessica rebota sobre las puntas de
sus pies mientras espera impaciente a que terminen para subir.
Cuando terminan, agita la mano al bajista hacia ella. Él inclina la
cabeza, tratando de pasar sus labios por los suyos, pero ella niega,
demasiado excitada para hacer frente a su novio. Veo que sus labios se
mueven rápidamente y hace un gesto hacia mí y Lucas.
Sus ojos se abren, y te lo juro, al menos tres veces. Después de que se le
pase la incredulidad momentánea, asiente y cruza el escenario para
tener una asamblea con el resto de la banda. En algún momento, puedo
oír claramente uno de ellos diciendo: Santa mierda, sí.
La gente se está volviendo loca en este momento, sin saber qué pasa, si
la banda está pidiendo terminar temprano, pero luego el cantante
pasea de vuelta al micrófono. Está sonriendo y su voz está temblando
mientras da a Lucas la única introducción que alguien como él necesita:
—¡Es el verdadero Lucas-jodido-Wolfe, gente!
Por un momento el público no está nada claro de lo que está pasando y
están desconfiados, murmurando entre ellos. Pero a medida que Lucas
avanza a través del escenario, tomando la guitarra de plomo y bajando
la cabeza con gracia, el silencio va de confusión a aturdimiento. Lucas

124
chilla Completamente sobre ti y enseguida comienza el tormentoso
aumento de la introducción de guitarra.
Nicky, el gigante portero gruñón y otro gorila que Jessica decía que
vigilaban el bar, hacen su camino hacia el escenario, pero ninguno de
los fans de Lucas intentaba lanzarse ni nada. Todo el mundo está
demasiado fascinado por la música, incluida yo.
Estoy tan fascinada que me toma un momento darme cuenta de que en
ciertas frases de la canción, los ojos de Lucas se arrastran al extremo
izquierdo del escenario, buscándome. Haciéndome sentir como si yo
fuera la única persona en este bar lleno de gente.
Cuando rechino los dientes por la frustración, los ojos de Lucas se
estrechan una fracción y niega lentamente hacia cada lado.
Tomando una respiración profunda, hago lo único que puedo hacer.
Canto junto con el resto de la multitud. Ignoro la humedad que se me
ha acumulado en las bragas de encaje negro que llevo.
Bragas que el propio Lucas había tocado y presentado para que me las
pusiera.

125

Traducido por palbameca
Corregido por Eneritz

ay al menos veinte vídeos en YouTube de la actuación de Lucas
circulando por Internet en el momento en el que me despierto a
las 7 en punto de la mañana siguiente. Existen ya, y es la puta
verdad, amenazas de muerte para la “pelirroja” a la que Lucas estuvo
cantándole en una de las páginas de fans de Your Toxic Sequel.
Y me entero de todo esto porque Tori me envía enlaces, mensajes y los
suficientes textos para hacerme apagar mi teléfono.
Por último, sólo aguanto y respondo. Son las 5:30 de la mañana en
California.
—Hay fotos tuyas con Lucas Wolfe online —dice con una voz
monótona—. ¿Por qué hay fotos tuyas con Lucas Wolfe en Internet?
—Yo… Yo... —Estoy tartamudeando ridículamente, mirando con horror
a la pantalla de mi ordenador al vídeo de Lucas tocando y
preguntándome quién más había visto esos vídeos. Ya sabes, además
de todos los rabiosos fanáticos de Lucas Wolfe. Por una vez, me siento
afortunada de que Tomas, mi jefe, sea como un snob de medios de
comunicación y se niegue a leer revistas del corazón. No necesito estar
volviendo a él, no cuando se supone que debo estar aquí en Nashville
para cuidar de mi abuela. No, cuando... Siento un nudo en el pecho, y
con mi mano en un puño, me masajeo encima del corazón. ¿Qué pasa si
mi abuela ve esto? Sería, literalmente, romper su corazón.
—Sienna, hablame —dice Tori suplicante.
—Yo… Yo trabajo para él —Lo reconozco.
H

126
Y así como esperaba, empieza a enloquecer. Comienza a hacer
exactamente lo que me hizo evitar hablarle de mi trato con Lucas en
primer lugar.
—¿Desde cuándo? ¿Por qué? Sienna… está tratando de quitarle la
maldita casa a tu abuela. ¿Cómo puedes trabajar para él? ¿Por qué
trabajarías para él?
—Por el amor de Dios, cállate por un segundo para que pueda pensar
—le interrumpo. Oigo un fuerte jadeo de aire en el otro extremo y, de
inmediato, me siento horrible por gritarle. En todo el tiempo que he
conocido a Tori, nunca le he levantado la voz.
Nunca he hablado con nadie así, además de con Lucas Wolfe.
—Tori… lo siento —le susurro.
Suena aturdida cuando habla.
—En realidad estoy flotando en algún lugar entre jodidamente irritada
porque me dijiste que me callara e impresionada. Sienna, ¿qué está
pasando realmente? Por favor… Soy tu mejor amiga.
Lloro cuando se lo digo. No dejo nada, a excepción de los hábitos
sexuales de Lucas, y cuando termino todo lo que puede decir es “guau”
una y otra y otra vez hasta que le digo que me está dando dolor de
cabeza.
—Tienes que ser la mayor… persona desinteresada y ridículamente
increíble que conozco. Para hacer algo así con alguien como él.
No me gusta la forma en que su tono de voz implica que él es una mala
persona. Demonios, no me gusta la forma en que estoy tan dispuesta a
saltar en su defensa, pero lo hago de todos modos.
—Él no es del todo malo —le digo, mi voz suena totalmente
convincente.
—Oh. Dios. Mío.

127
Pensando que hay un nuevo artículo sacado de mí y de Lucas,
frenéticamente actualizo el Google en búsqueda de noticias, que tengo
abierto en mi pantalla.
—¿Qué? ¿Qué?
—Estás enamorada de él.
Al segundo en que esas palabras salen de su boca, sonando como una
acusación y una maldición y un crimen por lo menos, deseo que
hubiera dicho que había un nuevo conjunto de rumores en su lugar. No
estoy enamorada de Lucas. Completamente lujuriosa, sí, pero no
enamorada.
Nunca enamorada.
—Eso es ridículo. No lo conozco lo suficientemente bien como para
amarlo.
—Entonces, él tiene que tener el más grande… —Las palabras de Tori
se cortan a mitad de la frase, por el sonido de mi móvil sonando. Lo
alejo de mi oído y mi corazón se lanza a mi garganta, dándome arcadas,
cuando veo que se trata de Seth.
Dios, esto no puede ser bueno.
Le prometo a Tori que le llamaría de nuevo y me advierte que va a
volar a Nashville esta noche, gastar nuestro dinero del alquiler y
dejarnos sin casa si no lo hacía. Cuando hago clic a Seth, ya está
maldiciendo. Hirviendo.
—¿Le mentiste a la abuela para que pudieras follar con el idiota que
compró su casa?
—Seth, yo…
Pero él no quiere dejarme decir una palabra.
—Eres repugnante. Supongo que eres como ella y no soltarás prenda,
¿eh? No te preocupes… lo que estás haciendo no volverá a ser lo
suficientemente grande como para llegar a las noticias de la abuela y
yo desde luego no voy a decírselo. Tal vez si tienes suerte él…

128
Mi ritmo cardíaco sube violentamente cuando Lucas me arranca el
teléfono de la mano y pulsa el botón FIN.
—¿Te vas a sentar ahí y dejar que te hable así? —exige—. Ese es tu
hermano, ¿no? ¿El pequeño idiota flaco con la boca grande del juzgado?
Nunca me he dado cuenta de que Seth le había dicho alguna vez algo a
Lucas, y miro hacia mi regazo, a mis manos.
—Estaba enfadado —le susurro.
—No es excusa para que te trate como una mierda.
—Estamos en Internet —le digo—. Tú y yo estamos en todas partes
por lo de anoche.
A pesar de que se encoge de hombros, puedo decir que también lo
sabe. Que lamenta haberme mirado mientras cantaba.
—No es para tanto. Y deja de cambiar de tema. Estamos hablando de
que tu hermano te habla como si no fueras nada.
—Él… —Quiero decir que Seth lo superará, pero no sé ni cómo
defenderlo de alguien como Lucas. Mi hermano ni siquiera me había
dicho mucho, pero de alguna manera ha logrado darle un par de
tijeretazos a mi autoestima.
Lucas se arrodilla frente a mí y coloca sus antebrazos a ambos lados de
mi cuerpo por lo que están casi rozando mis caderas. Inclina la cabeza
hacia mi regazo y un dolor primario se extiende a través de mi vientre.
—Llámalo de nuevo y ponte en tu sitio.
Niego, el cabello largo barriendo hacia atrás y adelante sobre su cara
cuando me mira.
—No —le susurro.
Sus ojos se rasgan.
—Vas a tener que hacerlo uno de estos días. Ponerte en tu sitio con tu
hermano y tu madre. No tienes que tomar la mierda de la gente. No
tienes que tratar de explicarte a ti misma —Me mira con los ojos color

129
avellana casi tristes—. Hoy es el primer día del rodaje del documental
y tengo un poco de trabajo en el estudio que hay que hacer. Tómate el
día libre.
—Per…
—Tómate el día libre —ordena—. No puedo… no puedes esperar que
sea capaz de estar cerca de ti así cuando te deseo tanto. Cuando no
estás dispuesta a dejar que te tenga.
Y ahora, ahora creo que entiendo completamente por qué está
fomentando esto. Porque Lucas Wolfe piensa que si enfrento las cosas
y a las personas con las que siempre retrocedo, voy a permitir que me
conquiste.

El sonido de un piano me despierta un poco después de la una de la
mañana. Me había quedado despierta hasta unos pocos minutos antes
de la media noche esperando a Lucas y hablando por mensajes de texto
con Tori mientras ella saltaba de discoteca en discoteca.
Después de ponerme una bata corta de algodón por encima de mi
camiseta, sigo el ruido hasta el piso más bajo de la casa.
Una vez que llego al último escalón, dejo que el olor de lo que Lucas
fuma me guie. Siempre he odiado el olor de la marihuana, ya que me
recuerda a Preston, a las personas que solían colgar alrededor de la
casa de mi madre y, automáticamente, arrugo la nariz. Lucas no levanta
la vista cuando abro la puerta de la sala de piano, pero sé que sabe que
estoy aquí porque endereza la espalda y sus hombros se tensan. Me
quedo de pie contra el marco de la puerta, escuchándolo, bebiendo de
este momento. Él está sin camisa, vistiendo nada más que un par de
vaqueros que se desplazan bajo sus caderas. Lucas Wolfe es todo
músculos, tatuajes y atractivo sexual, pero es su música la que tiene
una manera de llegar a mí. Me desnuda.
Entonces me devora.

130
Y lo dejo. La única diferencia es que ahora es en persona y una vez que
haya terminado voy a tener que enfrentarme al verdadero Lucas Wolfe
y no a la pobre excusa que guardo en el cajón de mi mesita de noche.
Los hombros de Lucas se relajan un poco mientras empuja los últimos
acordes. Garabatea algo en un cuaderno azul hecho jirones, leyendo
sus notas un par de veces antes de levantarse con sueño, con los ojos
avellana en los míos.
Mechones de su desordenado cabello oscuro se derraman sobre uno de
ellos.
—No te llamé —dice con voz ronca—. ¿Qué quieres?
—No... No sabía que tocabas —susurro. Dios, ¿dónde está mi voz? ¿Mis
nervios? ¿Por qué diablos me vengo abajo cuando estoy cerca de él?
—Google es tu amigo.
Siento que mi cuerpo se enciende, pero cuando me giro para salir, dice
en voz baja:
—Quédate. No quiero… —Y aunque hay una parte de mí que quiere
aprovecharse de la vulnerabilidad de su voz, hay otra parte que me
está recordando mi trato con este hombre. Estoy a su entera
disposición durante los próximos cinco días.
Y ahora, me quiere con él.
Tentativamente, camino hacia adelante. Los azulejos son fríos bajo mis
pies descalzos y deseo no haberme levantado nunca de la cama. Me
quedo al lado del piano y cruzo los brazos sobre el pecho.
—¿Cuánto tiempo me necesitas? —exijo mirándole.
Está escribiendo en su cuaderno de nuevo, abreviadas letras, mirando
cosas, pero sus labios se mueven en una lenta sonrisa que hace que
esos aleteos incómodos comiencen en la boca de mi estómago de
nuevo. ¿Se da cuenta de lo mucho que con estos pequeños gestos
aturde mi determinación?
Por supuesto que sí.

131
—El tiempo que sea necesario —dice.
—¿Para qué?
Levantando una ceja, inclina la cabeza hacia un lado y me estudia
durante un minuto antes de empezar a tocar otra vez. Es la misma
canción de antes, pero ahora ha cambiado la clave, la ha ralentizado.
Ahora es inquietante y desconcertante. Canta en algunos puntos. Las
letras no son lo suficientemente generales para tomar plenamente
sentido, pero combinadas con su voz, son lo más sexy que he oído
nunca. Canta acerca de mantener las luces encendidas y follar en este
momento y me siento como si fuera una invitación destinada sólo para
mí. De repente, mi garganta está seca.
Me mira cuando termina.
—¿Y bien?
Tiro de la punta de la lengua por los labios. Su cuerpo se pone rígido.
—El final está mal —murmuro—. Demasiado feliz. Debería ser… —
Avanzo, me inclino y toco varios acordes—. Así.
—¿Tocas?
—Google es tu amigo, Wolfe.
Se pone de pie, desliza el banco a la pared y casi sarcásticamente al
piano.
—Tócala otra vez.
No discuto. Estoy demasiado cansada, he trabajado demasiado y todo
lo que quiero es ir al piso de arriba y tumbarme en la cama. Me coloco
detrás del teclado y repito los acordes.
—Una vez más. Más despacio. Y esta vez, cierra los ojos, Pelirroja.
Hago lo que pide. En el momento en que huelo su colonia, sin embargo,
olvido una tecla.

132
—Ahora es cuando me dices de tener sexo contigo y luego me mandas
corriendo a buscar unos Cheetos para curar tus antojos, ¿no? —
pregunto, mi voz aguda y tensa.
Se ríe. Te juro que siento su boca en mi piel, a pesar de que no me está
tocando.
—Los cheetos dan asco. Y ya sabes lo que tienes que hacer para que
tenga sexo contigo —dice.
Apretando los dientes, cierro mis palmas hacia abajo en el piano. Las
teclas hacen un ruido chirriante y horrible. Echo un vistazo por encima
del hombro a sus ojos color avellana.
—Ya que no me necesita, ¿puedo ir a la cama, Sr. Wolfe?
—Absoluta y jodidamente no. Mira Sie... todo lo que tienes que hacer es
decir las palabras.
—¿Y cuáles serían? —baja el rostro, coloca su boca tan cerca de la mía
que sólo estamos a un suspiro de besarnos. De desgarrarnos el uno al
otro. De lo inevitable.
—Llévame hasta el final, Lucas —dice en su mejor imitación de mi
acento—. Y eso es lo que vas a decir la primera vez que follemos. Mi
nombre. Sólo Lucas.
Pero la cosa es que la última y única vez que estuve lo suficientemente
débil como para evitar lo inevitable con este hombre, me trató como
una mierda. No voy a dejar que lo haga de nuevo.
—Vete a la mierda, Lucas.
Mis palabras no lo perturban. Goza de esa mirada arrogante que
siempre me dan ganas de cortarle la garganta. En cambio, como una
idiota, me levanto de puntillas y aplasto mi boca con la suya. Su lengua
separa mis labios.
Todavía se niega a tocarme, por lo que le susurro:
—Por favor... tus manos… Quiero tus manos tocándome a partir de
ahora.

133
Estoy segura mientras tengo el control.
Sigue diciéndote eso.
No sujeta mi cara ni me toca el pelo o algo romántico como eso.
Recorre su mano por mi cuerpo, sobre la curva de mis caderas, hasta
que está entre mis piernas, la palma presionando contra mis bragas.
Aleja la boca de la mía.
—Fóllame, estás mojada —dice—. Di las palabras.
—No.
—Date la vuelta y toca. Lo mismo que antes y no te detengas —ordena.
Espero que quite sus manos lejos de mí cuando comienzo, pero no lo
hace. Estoy en un acorde cuando sus dedos se deslizan por debajo de
mi ropa interior. Tres compases cuando empuja un dedo dentro de mí.
Yo suspiro y gruñe en mi oído.
—No lo hagas. Joder. Detente.
Él desliza otro dedo dentro de mi cuerpo y luego mueve la mano, fuerte
y rápido. De ida y vuelta hasta que juro que me estoy muriendo. Gimo.
Él respira pesadamente en mi cabello y yo curvo mi trasero hacia él. Es
duro. Es tan jodidamente difícil que pronto estoy rectificada contra su
mano. Y el momento en que su calloso pulgar presiona sobre mi
clítoris, yo me vengo. Me desplomo contra el teclado en mis codos, con
mi culo en el aire. No puedo tocar más, pero no creo que le importe una
mierda. Está mirando hacia abajo con sus labios apretados en una fina
línea y todo lo que puedo pensar es cómo los quiero y a su lengua en
mí.
Y mi boca en él.
—Lucas, quiero…
—Vete a la cama, Sienna.
Con cuidado saca los dedos de mi cuerpo y me estremezco de nuevo.
Aunque mi cuerpo se siente abrasador, me las arreglo para
permanecer de pie.

134
—No —le digo.
—Entonces vamos a intentar esto de la manera en la que estás
familiarizada: Vete a la mierda. Tengo que trabajar y como te he dicho
antes, eres jodidamente horrible en la música.
Algo afilado y punzante tuerce mi pecho. Sabe exactamente qué decir
para hacerme enojar. Quiero decirle que es idiota, que se le ocurrió
este acuerdo en primer lugar, pero ahogo de nuevo las palabras.
Todo lo que hace es volver a encenderlo y recordarme por qué accedí,
tirándome la escritura en la cara. Mantengo mi cara sin emociones y
mis manos apretadas en los costados cuando digo:
—Buenas noches, Sr. Wolfe.
Al salir de la habitación, me doy cuenta de que mi ropa interior sigue a
un lado. Y que mientras yo esté cerca, Lucas va a hacer que me
consuma hasta que no quede nada.


135
Traducido por Hillary C.
Corregido por Yanii

e paso el resto de la noche alternando entre el intento de
dormir y masturbarme, odiándome a mí misma y deseando
que Lucas estuviese entre las sábanas conmigo. Cuando la
alarma de mi teléfono se apaga a las 7 de la mañana, me arrastro fuera
de la cama y entro al baño. Quitándome la ropa, me meto en la ducha
con el agua lo más caliente posible y me pongo bajo el chorro con la
cabeza apoyada contra el mosaico de la pared. La temperatura es
incómoda, de hecho, me quema, pero está ayudando a que el dolor de
cabeza que me da náuseas salga de mi cráneo de una buena vez. Hoy,
necesitaré mi mente totalmente clara para poder lidiar con el jodido
Lucas Wolfe.
¿Qué diablos estaba pensando cuando le pedí que pusiera sus manos
sobre mí, anoche? Frustrada, golpeo mi puño contra la pared de la
ducha. El dolor se dispara atreves de mi mano. Lo ignoro. Me preocupa
más la manera en que me he derretido en la mano de Lucas,
literalmente. Y odio mi cuerpo por reaccionar a los pensamientos sobre
Lucas en este momento. Ahora estoy mojada y excitada y me siento
estúpida por dejar que joda mi cuerpo y mi mente.
El agua ya corre fría y el baño es una nube de vapor para el momento
en que finalmente salgo de la ducha. Estoy rodeando mi cuerpo con
una toalla gruesa cuando noto que mi teléfono tiene la luz intermitente
encendida. Hay un mensaje de Lucas. De las 3 de la mañana.
Reuniones todo el día. Despiértame. A las ocho en punto.
Son las 8:12 ahora mismo. A la mierda mi vida. Gimiendo, corro a la
habitación y me pongo unos pantalones cortos y una camisa y camino
rápidamente escaleras arriba a la habitación donde Lucas ha estado
durmiendo. La puerta está cerrada y puedo oír una vieja canción de
M

136
Seether y Amy Lee reproduciéndose suavemente en la base de su iPod.
La canción pega con lo rota que él me hace sentir. Agarro el pomo de la
puerta, me detengo por un momento y trato de comprender la
situación. Sólo quedan 5 días y tres de estos los pasaremos fuera de la
ciudad, sobre la marcha. Si no puedo lograrlo por una semana entonces
estoy muy jodida.
Todas las mantas están al pie de la cama, en una piscina negra de tela.
Él está tumbado en el colchón sobre el estómago. Completamente
desnudo. Aguantando la respiración, camino sigilosamente a la cama.
De pie sobre él como una morbosa, pero su mensaje decía
explícitamente que lo despertara hace casi ya media hora, pero Dios,
no supero lo impresionante que se ve mientras duerme.
Tengo una vista completa de los tatuajes que cubren su espalda y mis
manos vagan sobre estos mientras estudio cada uno cuidadosamente.
Decido que mi favorito es el tatuaje del cronómetro en la parte baja de
su espalda, dentro del reloj hay una reina de corazones. Nunca había
visto un tatuaje así y decido que debe haber una historia tras este. Una
apuesta de un compañero de la banda o algo para recordar a una mujer
que rompió con él.
Eso explicaría por qué es un gilipollas la mitad del tiempo.
Lucas gime en su pila de almohadas y murmura:
—Mantén tu boca ahí mismo. Me voy a dar la vuelta para ti.
Sorprendida, me incorporo rápidamente, pero él atrapa mis muñecas y
me empuja a la cama sobre él. Si antes estaba caliente, ahora estoy al
borde de una combustión espontánea. Estoy sentada con su polla
presionada contra mis nalgas y está tan dura como estaba anoche en la
habitación del piano. La única diferencia es que ahora no me aleja de él.
Siento el pulso en mi garganta, la temperatura de mi cuerpo se eleva.
Lucas toma mi cara entre sus manos y la guía hacia abajo hasta que
está justo a unas pulgadas de mí.
Durante lo que parece una eternidad estamos de ese modo,
mirándonos a los ojos mientras estoy sentada a horcadas sobre su
erección. ¿Sabe que estoy a un empujón de caderas de romper mi

137
juramento? ¿Que ahora que me está tocando y sus dedos están
enredados en mi cabello y su cuerpo tan caliente contra el mío apenas
puedo funcionar?
Sería una mentirosa y una cobarde si no me admitiese a mí misma lo
bien que él se siente.
—Fui un gilipollas anoche —susurra. Traza su dedo hacia bajo en la
parte derecha de mi mejilla, su caricia es suave como seda. Forma una
"L", como si me marcase.
—¿Es esta tu manera de rogar por mi perdón?
—No —Gime, recorriendo desde mi rostro a mis hombros con sus
largas manos y finalmente hasta mi espalda. Cierra el pequeño espacio
que quedaba entre nosotros y cuando se mueve hasta estar cómodo,
jadeo—. Ugh, sí. Me estoy disculpando por ser un cretino. Es que tú me
jodes la mente, Sie.
Me jodes la mente dice el hombre confundido. Pongo los ojos en blanco
y comienzo a decir que es mentira. El atrapa mi labio inferior
gentilmente entre sus dientes.
—Los próximos 5 días no tienen que desperdiciarse —declara
ahuecando mis nalgas.
Peleo contra el gemido gutural que crece en mi garganta. Puedo pensar
en varias maneras de mantener nuestra semana civilizada y la mayor
parte de ellas nos involucran en esta posición, o una similar,
exceptuando el hecho de que no habría ropa entre nosotros. Sólo
sudor.
—Se desperdiciarán, si me haces esto continuamente —murmuro,
refiriéndome a los eventos de anoche. Suelta una risita. Su expresión
envía una vibración caliente a todo mi cuerpo.
—Podrías rendirte ahora mismo.
—¿Por qué no sólo sexo? ¿Por qué tiene que ser tan complicado?

138
Me empuja hacia atrás gentilmente, sus ojos color avellana
quemándome. Su cabello cae sobre sus ojos. Automáticamente, lo
alcanzo y lo cepillo hacia atrás. Toma mis dedos y los besa. Uno a uno.
—Porque quiero que te sometas completamente a mí.
—Tal vez no soy una muy buena sumisa —murmuro.
Ladeando su cabeza a un lado, me da una mirada divertida. Su cabello
cae en sus ojos de nuevo, pero ahora no me molesto en cepillarlo. Le da
a mi trasero un pequeño apretón y me levanta de él.
—Tengo que estar en el estudio a las 10, vístete.
Es otra orden, pero al menos no estaré encerrada en esta casa todo el
día, respondiendo el correo de fans de Lucas. Ayer habían sido una
bestia considerando que la mayor parte de los correos fueron
demandas frenéticas de fans sobre la tía buena con la que fue filmado
en el bar.
A pesar de la ternura de los últimos 15 minutos, sonriendo como el
gato Cheshire. Rechino mis dientes en una dulce sonrisa.
—A eso voy, Sr. Wolfe.
—Tus dientes —advierte en un tono grave y dejo de rechinarlos. Justo
cuando alcanzo la puerta, dice, en una voz que ha descendido una
octava—: ¿Eso que dijiste sobre no ser una muy buena sumisa?
—¿Si?
—Lo serás.
Las palabras de Lucas suenan como una canción que se repite mientras
me visto. Como no especificó qué haríamos después del estudio, opto
por un vestido de lunares tipo vintage. Es lindo y cuando lo saqué de la
repisa hace dos días, pensé instantáneamente en Kylie. Sin duda es más
de su estilo que el mío, así que me tomo una foto en el espejo del baño
y se la envío en un mensaje de texto. Entonces me doy un toque
mínimo de maquillaje y dejo mi largo cabello rojo suelto.
No porque Lucas siempre me diga que lo lleve suelto.

139
Por supuesto que no.
Mientras espero que Lucas me llame, reviso mi Facebook.
Hay un mensaje de Tori. Bueno, tres mensajes de Tori. Todos dicen
más o menos lo mismo “no tengas sexo con Lucas”, pero el último de
estos me hace reír. Fue más allá y puso su mensaje en una de esas
tarjetas que me envía cuando Tomas se comporta mal en el trabajo. Es
una foto de una mujer de la época del reinado de Eduardo VII siendo
acariciada y el subtítulo dice:
Pueden tus intentos de tener sexo conmigo resultar en una guitarra
siendo aplastada en tu cabeza. Cual cabeza está abierta a debatir...
Sacudiendo mi cabeza, le respondo con un rápido mensaje:
Pórtate bien. Espero que estés bien. Te he extrañado como una loca,
hermosa. Y gracias de nuevo por escucharme ayer.
Muevo el ratón hacia arriba para cerrar la página, pero alguien me
envía un mensaje instantáneo. Es Kylie.
Kylie Martin: ¡Me encantó el vestido! Veo que Lucas te hizo ir de
compras. ¿Te está tratando bien?
Yo: ¿Aparte de estar dándome órdenes y empeñadísimo en hacerme
su sumisa?
Kylie Martin: ...podría seguir viviendo sin saber la mitad de eso.
Resoplo. Me preguntó cómo su hermano me estaba tratando. ¿Creía
que contendría algo considerando que ella era totalmente consiente de
todos sus actos?
Kylie Martin: Mírale el lado bueno, 5 días más y estaré de vuelta, tu
trabajo estará hecho. Y podrás devolverle a tu abuela la escritura
de su casa. El pedazo de cambio más fácil que se haya hecho, ¿no?
No, error. Muy, muy grande error. ¿Cómo puede ser fácil cuando estar
alrededor de Lucas hace a mis sentimientos sentirse como si
estuviesen en un juego de extrema lucha de guerra? ¿Lucas siempre fue
tan dominante o comenzó a serlo una vez que se volvió famoso? ¿Hubo

140
algún punto en su vida en que no era tan dinámico? De todas formas, sé
una cosa: La abuela es la única persona por la que me pondría a mí
misma en una situación como esta. No hubiese aceptado este acuerdo
para salvar mi casa ni por todas las agitaciones emocionales y físicas
involucradas.
Y nos quedan cinco días.
Yo: Sí, bastante simple.
Kylie Martin: Tengo que correr. Dile a Lucas que le mando a decir
que se porte bien contigo, bueno, tanto como sea capaz. ¡Mándame
un mensaje o llámame si necesitas algo!<3
Se desconecta antes de que pueda preguntarle sobre la obsesión de
Lucas de dominarme, pero aunque le hubiera preguntado, estoy segura
de que no me hubiese contestado. Kylie parece querer permanecer tan
lejos de los problemas con su hermano como yo con... todo lo del mío.
Cruzo los dedos ante el pensamiento de Seth y el hecho de confrontarlo
después de ayer. Agarro mi teléfono considerando si debería o no
llamarlo. Marco tres dígitos, pero en cambio termino llamando a mi
abuela. Sale el buzón de voz.
—Hola, Abuela... No hemos hablado en varios días. Sólo quería hacerte
saber que estoy pensando en ti y que te amo. Te veo pronto, ¿bien?
Mirando el teléfono, suspiro. Entonces, tocan a mi puerta y Lucas grita:
—Vámonos, pelirroja —Ya que me siento graciosa, regreso al mensaje
que Tori me envió de la tarjeta y se la envío a él.

El rock en vivo es todo luces oscuras, coraje y cuerpos sudorosos
resbalándose entre sí, pero en el estudio de grabación es totalmente lo
contrario. El estudio Music Row es todo un ambiente de luces y lujosa
tecnología. Lucas es el primer miembro de la banda en salir. Le dice a la
linda asistente rubia que queremos esperar en una habitación privada,
y entonces ella nos pregunta si queremos un aperitivo.

141
Lucas prefiere una botella de agua y yo pido una Coca-Cola. Por la
manera en que la asistente Talla Cero me mira, casi temo que nunca
haya oído hablar de bebidas con calorías, pero entonces asiente y se
pavonea yéndose. Odio el efecto de Lucas sobre las mujeres casi tanto
como odio la manera que él le observa el culo cuando se va. Me
recuerda el jugador que probablemente es.
—Bien —digo. Debe oír la amargura en mi voz porque sonríe. Aun así
de burlón, siempre me llega.
—En realidad, no. Pero soy un gran fan de tu culo. Podría escribir una
canción sobre él.
—Nunca lo has visto.
Levanta una ceja oscura y me da una mirada endiablada.
—Sentir es creer.
Aliso una sección de mi vestido y me siento en uno de los asientos de
cuero de lujo. Cruzo las piernas por el tobillo. Metiendo sus manos en
los bolsillos traseros de sus vaqueros, sigue cada uno de mis
movimientos. Cada movimiento. Cada suspiro. Me sigue mirando como
si quisiera bajar mis bragas con los dientes cuando Talla Cero regresa
con nuestras bebidas. Me pasa una Coca-Cola dietética y comienzo a
aceptarla cuando Lucas niega con la cabeza.
—La señorita Jensen pidió una Coca-Cola —dice.
—Pero…
Sacude la cabeza, interrumpiendo a Talla Cero. Ella sólo se queda allí
obedientemente, sus manos apretadas enfrente, esperando que él
hable. A que le dé una orden.
—Corre al almacén si tienes que hacerlo.
Me mira como si fuese una escoria bajo sus zapatos de diez
centímetros y luego le lanza una radiante sonrisa a Lucas.
—Lo traeré tan pronto como sea posible, Sr. Wolfe. —Se va, pero esta
vez, él no le está mirando el trasero.

142
—¿Siempre tienes que tener el control? —siseo.
—No estaba controlando, estaba…
—¿Reafirmando tu dominio?
—No seas una mierda sarcástica, Sienna. Pediste una Coca-Cola, te
trajo una dietética.
—No tienes que hablar por mí.
—Entonces aprende a hacerlo por ti misma. Dios, no tienes problemas
para decirme que me vaya a la mierda desde el principio, pero con
todos los demás...
Se aleja de mí y me concentro en la pequeña pelusa del dobladillo de
mi vestido. Mi corazón está latiendo erráticamente más rápido de lo
que lo hizo anoche. Espero hasta que disminuye la velocidad y tomo
aire para decir:
—Porque me asustas, Lucas.
Sus hombros se sacuden. Se está riendo se mí.
—¿Te asusto? ¿Te das cuenta de lo que me estás haciendo, Sienna? ¿De
lo que me hiciste hace dos años? —Cuando sacudo lentamente mi
cabeza porque no sé cómo responder su pregunta, continúa—: Claro
que no te diste cuenta de lo peligrosa que eres para mí.
Tengo suerte de que los miembros de su banda hayan comenzado a
salir justo después de que dice eso, porque perdí las palabras. Lo sigo
al estudio y me da instrucciones de esperar con el ingeniero de sonido
y el creador del documental del que es parte, dentro de la sala de
control. Lucas alza sus cejas como si estuviese esperando que también
le replique a esto, pero no lo hago.
¿A dónde diablos voy a ir mientras él hace su música?
Mientras Lucas va hacia las puertas de vidrio, yendo a la cabina en
vivo, oigo al baterista, Sinjin, decir en una asquerosa voz.
—Chasqueas los dedos y ella viene, ¿no?

143
Lucas le dispara a Sinjin una mirada sombría, empuja bruscamente su
guitarra desde su plataforma y dice algo glacial al resto de los chicos. El
ingeniero enciende el sonido en la cabina justo a tiempo para escuchar
la última parte de lo que Lucas está diciendo.
—...a ella y te rompo los jodidos dedos.
Es obvio que el "ella" de la que Lucas está hablando soy yo y
probablemente está advirtiendo a su banda que se mantengan alejados
de mi mientras estén aquí, porque hay una ola de risas nerviosas entre
ellos. Casi estoy esperando a que Lucas pronuncie en un fuerte acento
sureño, "¡Sienna es mía!" pero no lo hace.
Al parecer, estoy viendo demasiada televisión.
Encogiendo la correa de su bajo sobre su hombro, Wyatt McRae hace
un sonido desaprobatorio con la boca.
—No hay que meterse con las pelirrojas —dice mirándome a los ojos.
Está sonriendo como el maldito gato que se comió al canario con su
cabeza inclinada a un lado. De repente, siento como si toda la banda,
menos Lucas, incluyendo al chico del sonido y al creador del
documental estuviesen mirándome.
Esperando con cierto recelo a que estalle bajo la presión.
Clavando mis uñas en mis palmas, decido que debería ir y cortar de
raíz cualquier comentario insidioso de la banda de una vez, aquí y
ahora. Estar con estos chicos ya es lo suficientemente raro como para
que me hagan sentir como si fuese sólo una de las amigas para sexo de
Lucas.
—En vez de tratar de hacerme perder los estribos, tal vez deberían
enfocarse en la música. Después de todo, el horario del Sr. Wolfe es
muy, muy atareado.
Lucas sonríe satisfecho y mira de reojo a Wyatt.
—Tío, creo que la pelirroja te acaba de mandar a la mierda. Ya la
escuchaste, hagamos esto.

144
El ingeniero de sonido les pregunta si están listos para empezar. Lucas
sube y baja la cabeza y el chico de la cámara que está dentro de la
cabina con ellos sube los pulgares. Aguantando la respiración, veo
cómo se convierte en el Lucas Wolfe del que me enamoré
completamente hace dos años. Me hace un guiño antes de mirar a la
cámara diciendo:
—Somos Your Toxic Sequel y estás teniendo una primera vista
exclusiva de la música de nuestro cuarto álbum. Esto es Esposas.
Y aquí es cuando siento que mi cuerpo se paraliza. Tal vez es
pretencioso y absurdo por mi parte, pero estoy casi un 99% segura que
la canción es sobre mí, específicamente sobre la noche que casi pasé
con Lucas. No es ruda y no está diciendo nada jodido, pero me siento
completamente desnuda ahora mismo.
—¿Me escuchó, señorita Jensen? —Escucho a una voz preguntar.
Lentamente, levanto mi cabeza hacia esta. La cara del director del
documental marcada con cicatrices de viruelas se concentra. Me está
mirando expectante—. ¿Le gustaría hacer un comentario sobre su
relación con Lucas Wolfe?
—Estoy sustituyendo a su asistente mientras está de vacaciones —
respondo.
El hombre me da una sonrisa que me recuerda a la que mi madre me
daba cuando estaba tolerando algo que decía cuando era niña.
—Estoy hablando de su relación romántica.
—No hay relación romántica —discuto.
Otra sonrisa de pobre y estúpida niña.
—Miré su currículo digital. ¿Trabajaste para la grabación del vídeo
Completamente sobre ti en el 2010, verdad? Y actualmente trabaja en el
set de Echo Falls, ¿correcto? —Cuando asiento con cuidado, él arruga la
nariz. Decido que odio a este tipo porque todo lo que hace me recuerda
a mi madre—. ¿Te escapaste del trabajo y viniste hasta aquí para
sustituir a su asistente?

145
—Yo…
—Sabes, la gente que vea esta película probablemente mataría por
tener la exclusiva de cómo acabó su relación con Lucas.
Mira a la cabina de sonido, pero Lucas aún está interpretando. Sus
palabras de hace rato me persiguen. Aprende a hablar por ti misma, me
había dicho. Poniendo firme los hombros, le doy al chico del
documental la mirada más dura que puedo exhibir.
—Soy de Nashville. Kylie Wolfe es una amiga personal. Y Lucas me está
pagando para trabajar con él. Si no puede averiguar otra correlación
que esas tres, entonces, tal vez está en la profesión equivocada. Si
quiere algo para la gente que ve su película, aquí lo tiene: Lucas Wolfe
no es mi tipo. ¿Cree que puede con eso?
No es hasta que salgo de la sala de control, fuera del estudio, a paso
ligero en el frío del exterior que comienzo a sudar, nerviosa.


146
Traducido por palbameca
Corregido por Yanii

l creador del documental no trata de hacerme ninguna pregunta
adicional y estoy segura de que ahora piensa que soy una perra
enorme. Sin embargo, lo hago un punto para alejarme de él.
Puedo sentir sus ojos ardiendo en el lado de mi cara como si estuviera
muriéndose por confirmar si está pasando algo o no entre Lucas y yo.
Como si supiera que la razón por la que me esfuerzo al máximo para
no encontrarme con los ojos de Lucas se debe a que mi mente va a
lugares que no debería ir en público.
Ni en privado.
La banda realiza cuatro tomas antes de clavar la canción. Entonces
Wyatt desaparece, dirigiendo una mirada peligrosa a Sinjin y jurando
que va a rasgar las paredes si no sale por un descanso. Aprovecho la
oportunidad para revisar mi móvil. Hay una llamada perdida de Seth y
una de la abuela. A pesar de que la llamé antes, rodajas de miedo se
deslizan a través de mi cuerpo. ¿Sabe dónde estoy? ¿Le ha dicho Seth lo
que ayer por la mañana había en Internet?
Adormecida, me excuso de la sala de control de nuevo y llamo a mi
buzón de voz mientras camino por el pasillo.
El mensaje de Seth es corto y, sorprendente y extrañamente dulce.
—No puedes ignorarme para siempre, Sie. Estaba equivocado. Soy un
imbécil. Vamos a hablar, ¿de acuerdo? Tú y la abuela sois todo lo que
tengo, llámame.
Escucho el mensaje de mi abuela después, ella acaba de devolverme la
llamada y quiere que la llame cuando no tenga tanto trabajo.
—Y estoy tan feliz de que vuelvas a casa pronto —dice antes de
terminar el mensaje. No dice nada acerca de Lucas o los videos y las
E

147
fotos de nosotros que terminaron online y siento un peso menos en
mis hombros.
Por ahora.
Empiezo a devolver la llamada a Seth, pero luego decido no hacerlo.
Cuando llame a Seth, quiero tener tiempo de sobra para conseguir
sacar algunas cosas de mi pecho y no quiero hacerlo en un estudio
donde las piezas de mi conversación pueden acabar en algún
documental sobre bandas de rock. Paso por la sala privada en la que
Lucas y yo estábamos antes, haciendo una pausa cuando oigo el sonido
de alguien gimiendo en el otro lado. Me muevo hacia adelante, pero
una mano se cierra alrededor de mi brazo.
Sorprendida, salto y giro hasta que me quedo cara a cara con Sinjin.
Levanta las manos, moviéndose como si quisiera demostrar que no
está armado. Entonces, dice sonriendo.
—Espiar es grosero —me dice—. Aunque si quieres unirte a Wyatt y a
la pequeña rubia con las tetas, estoy seguro de que te dejaría, con
pelirroja o no.
Talla cero y Wyatt. No quiero estar sorprendida, pero lo estoy, sobre
todo después de la forma en que antes miró a Lucas.
—Estoy bien, gracias —le digo, empezando a alejarme. Sinjin empuja
sin problemas su mano a la pared, al lado de mi cara y me detiene.
Sintiendo mis músculos tensarse, me aparto y sigo hacia la salida. Él
me sigue.
—Me pareces familiar, sabes.
—Estoy segura de que te encuentras con un montón de chicas
haciendo lo que haces, incluso pelirrojas —Si mi abuela pudiese
escuchar la frialdad en mi voz en este momento, me golpearía en la
boca por ser tan grosera. No puedo evitarlo. Hay algo acerca de Sinjin
que me lleva al camino equivocado, pero siempre lo ha hecho.
Cuando trabajaba en el video de Completamente sobre ti, me esforcé al
máximo por permanecer, profesionalmente, lo más lejos posible de él,
pero por supuesto había sido inevitable. Si Lucas había caído

148
locamente en la lujuria por mis tendencias sumisas era por Sinjin. En
aquel entonces, me había asustado y hasta ahora sólo quería
quitármelo de encima.
Abro las puertas de salida, respirando aire fresco. Sinjin está justo en
mis talones.
—No, no creo que sea eso en absoluto. ¿Follamos? ¿O follaste a uno de
los otros antes de empezar con Lucas? Quiero decir, yo sé que no te
recuerdo por él, porque no se aferra a “nadie por mucho tiempo”, si
sabes lo que quiero decir.
—En realidad no —le digo. Ahora, mi voz es dura—. Tenía la
impresión de que él tenía la misma asistente personal durante años.
La nariz de Sinjin se arruga y sacude la cabeza con lástima.
—¿Eso es lo que dices que eres, su asistente personal? La que
mantiene la boca alrededor de su polla, ¿no?
Está tratando de obtener una respuesta de mí, pero Dios, está en busca
de una grande. Cuando no digo nada, cruzando los brazos sobre el
pecho, comienza a reír. Ruidosas carcajadas que hacen a una mujer del
siguiente aparcamiento mirar hacia nosotros, con una ceja levantada.
Girando su cuerpo en dirección a ella, grita:
—¿Qué estás mirando, perra gorda?
Incluso desde varios metros de distancia la oigo jadear antes de que se
sofoque de un color rojo brillante, se precipite a su coche y acelere.
¿Qué le pasa a este hombre? Está temblando de risa, rastrillando las
manos por su cabello corto y rubio, y cantando. De nuevo voy hacia la
puerta para entrar en el interior del estudio, golpeando de modo que
el guardia me deje entrar.
Sinjin se vuelve hacia mí y hay lágrimas corriendo por sus mejillas.
Ahora, en lugar de reírse, está sollozando violentamente. Me acerco a
él, finalmente, dándome cuenta de las gotas de sudor en su labio
superior. Sacude la cabeza, se vuelve.

149
Está en mal estado, completamente destruido. No he estado cerca de
un drogadicto tanto tiempo, así que me ha costado darme cuenta.
—No me toques, puta —sisea tirándose de los cabellos.
—Estoy tratando de ayudarte y…
Se abalanza hacia mí y por reflejo o viendo demasiadas películas con
Tori, giro mi codo a su nariz y levanto mi rodilla para golpearlo en el
estómago. Se tambalea hacia atrás, mirando hacia abajo a la sangre de
sus manos y sostiene su vientre apretado con la otra. Luego se vomita
completamente sobre sí mismo.
Detrás de nosotros, la puerta zumba abierta.

Lucas me ordena que me vaya a casa, a la casa Green Hills y espero
mientras le tiende cosas a Sinjin. No discuto, a pesar de tener un
millón de preguntas y aún más preocupaciones. Pero me encuentro
tirando a Lucas cerca de mí, con nuestras manos agarradas y su
barbilla en la parte superior de mi cabeza. Inhala mi olor durante lo
que parece una eternidad antes de empujarme suavemente hacia el
Escalade. Cuando nuestros ojos se encuentran, el miedo en él es
suficiente para paralizarme.
Sigo conmocionada en el momento en que entro en la casa, cierro las
puertas y activo la alarma, pero llamo a Seth. Después de ver a Sinjin
desmoronarse y darme cuenta de la cantidad de cosas similares que
había visto en Seth cuando era niño, sé que es el momento perfecto
para hablar con mi hermano. Además, Lucas tiene razón. Hay tantas
cosas que tengo que decirle a mi hermano y hasta que no lo haga, no
voy a ser capaz de hacer nada más.
Seth suena angustiado desde el momento en que responde.
—Sienna, yo…
—No, escucha por una vez —le digo—. No puedes sacar tus
frustraciones en las personas que te importan sin ni siquiera darles la
oportunidad de explicarse. Y, por cierto, no tengo que darte

150
explicaciones, del mismo modo que no quieres demostrarme lo que
vales. Te abalanzaste sobre mí sin saber absolutamente nada de lo que
estaba pasando. Si sólo me lo hubieras preguntado, probablemente te
habría dicho lo que querías saber.
—Mira, yo…
Lo interrumpo de nuevo.
—No he terminado. Si alguna vez me hablas como lo hiciste ayer de
nuevo, te daré una patada en las pelotas, Seth. Estás tan molesto por lo
que mamá te hizo, por la manera en que Jeremy solía hablar contigo,
con la gente que estaba a tu alrededor, y sin embargo, actúas como
ellos —Y aquí estoy yo, todo lo contrario de Seth.
Haciendo una mueca cada vez que alguien respira sobre mí.
—Seth, no quiero ser lo que la gente ha hecho con nosotros —le
susurro.
Inhala y exhala fuerte por lo que parecen ser minutos, horas, pero en
realidad son sólo unos segundos.
—Yo tampoco.
—Entonces, ¿qué hacemos? —pregunto.
—Dios, me gustaría poder decírtelo. Pero lo siento, Sienna. No debería
haberte hablado alguna vez así. Te quiero.
—Mierda, ¿estamos teniendo un momento raro hablando? —le
pregunto, y se ríe.
Cuando por fin se detiene, su tono de voz se vuelve grave.
—¿Puedes decirme lo que estás haciendo con Wolfe? ¿Por favor?
—Es mejor que no —le digo con sinceridad.
—Bueno, entonces, déjame preguntarte esto: ¿Tiene algo que ver con
la casa?
—Sí.

151
Y no. Comenzó teniendo mucho que ver con la casa y ahora. . . No estoy
del todo segura de qué más es. Lo único que sé es que no importa lo
feliz que finja que soy en cinco días, voy a estar muriendo por dentro,
porque voy a tener que dejarlo ir.
Voy a tener que dejar que Lucas se vaya.
Estoy segura de que la mente de mi hermano se ha ido a la peor de las
hipótesis posibles, pero después de que él se aclare la garganta un par
de veces, dice:
—Entonces estoy seguro de que tienes una buena razón para lo que
estás haciendo.
Probablemente es lo más parecido a una aceptación que voy a
conseguir de mi hermano, pero por ahora funciona. Tengo la sensación
de que para que Seth y yo pongamos realmente todos nuestros
sentimientos sobre la mesa, vamos a tener que hacerlo delante de
nuestra madre.
Y cuando eso suceda, vamos a seguir adelante y también llevarnos a la
abuela en el viaje. Así mamá finalmente podrá explicarnos por qué
convenció a la abuela de sacar un préstamo de seis cifras sobre su casa
para salir de la cárcel sólo para dar la vuelta y escapar de la ciudad.
Será una buena vieja reunión familiar, completada con lágrimas y odio.

Lucas llega mientras estoy respondiendo a los correos de sus fans,
luciendo absolutamente agotado. Me siento incómoda preguntándole
algo de Sinjin, así que no lo mantengo en la pequeña oficina de la
planta baja por mucho tiempo. Una hora después de que llegue, sin
embargo, me manda un mensaje para que suba a la oficina principal.
Estoy sin palabras cuando me detengo en la puerta, mis dedos
agarrando la moldura de corona elaborada mientras espero a que diga
algo, cualquier cosa.

152
Se pone de pie, llegando a la parte delantera de la mesa y
emocionándome. Voy con él, pero dejo un pie de espacio entre
nosotros.
—Sin está de acuerdo en volver a rehabilitación —dice.
Todavía puedo ver la mirada salvaje en los ojos de Sinjin cuando vino a
por mí. Sinceramente, no creo que estuviese lo suficientemente sobrio
como para golpearme, pero aun así era aterrador pensar en que es lo
suficientemente alto como para tratar de hacerme daño.
—Estoy tan contenta. Crees que... ¿va a estar bien? —le susurro.
Apoyando su cuerpo alto en la mesa, Lucas se encoge de hombros,
frustrado.
—Ha estado así antes. Cada vez que nos preparamos para una gira o
un álbum. Y ahora es con prescripción médica, así que quién putas
sabe.
Mi pecho se aprieta dolorosamente, y traigo mis manos hasta la boca.
—Dios, Lucas. Uf, lo siento mucho —le digo. Y es por eso que odio las
drogas y a las personas que las reparten como caramelos. Se desgarran
familias en mil pedazos y Sinjin es como un hermano para Lucas. Han
estado haciendo música juntos durante diez años, desde que tenían
dieciocho y fueron amigos mucho antes.
No quiero ser el fin de su relación.
—Soy yo el que debería sentirlo, Sienna. Por todo lo que te dijo. Por
ponerte en una situación tan jodida, para empezar: Kylie me advirtió
de que estaba de vuelta con las píldoras, pero yo no quería escuchar.
—Es tu mejor amigo —señalo —. Y necesita mucha ayuda.
Tentativamente, como si todavía no estuviera seguro de tomar mi
invitación de tocarme de corazón, levanta mis manos, presionándolas
entre las suyas. Cerrando los ojos, toca mis dedos con sus labios y los
besa suavemente.

153
—La necesita. Es mi mejor amigo, pero quise hacerlo pedacitos cuando
me enteré de que estaba ahí contigo a solas.
—En realidad, no dijo nada que me molestase —miento—. Y además,
nosotros…
—Si dices que estás acostumbrada a que la gente te trate como eso te
juro por Dios que voy a inclinarte sobre esta mesa y mantener mi
promesa con las baquetas.
Mi respiración se atrapa y aprieta mis manos un poco más, un poco
más desesperadamente.
—Llamé a mi hermano antes —susurro arrastrando mis manos de las
suyas y deslizándolas en la parte delantera de su cuerpo.
—Para —advierte mientras me agarra las muñecas. Sus labios están a
unos centímetros de los míos. Estiro mi cuello hasta tocarlos pero
mueve la cabeza una fracción.
—Le dije lo que me dijiste que dijera. Le dije...
Gimiendo, me empuja suavemente y arrastra las manos arriba y abajo
por su cara.
—Increíble. Vengo desde, literalmente, uno de los días más mierda de
mi vida y tú estás siendo obediente y…
Su polla está dura. Puedo ver su contorno luchando contra sus
vaqueros y no va a hacer un movimiento para ocultarlo.
—¿Quiere que me vaya, señor? —murmuro.
—¡Vuelve aquí, Sienna! —gruñe. Obedezco, acercándome a él hasta
que puedo sentir prácticamente la electricidad estática zumbando por
nuestros cuerpos—. Ponte de rodillas.
Sé a dónde va a ir esto. Sé que si lo hago, estoy a sólo unos pasos de
distancia de pronunciar esas palabras que me ha retado a decir ya
incluso antes de que comenzara el primer día. Sin embargo, estoy en el
punto en el que quiero ver esto.

154
Dónde lo tengo que tener a él, incluso si tengo que llegar a un acuerdo
de darme a mí misma otra vez en el proceso en el que sé que la
química entre los dos es algo contra lo que no vale la pena luchar.
Con cuidado, me deslizo hasta el suelo, encontrando una rodilla a la
vez la dura madera de bambú. No me pierdo la forma en que se
estremece cuando cierro mis ojos, esperando el resto de sus
instrucciones.
Traza sus dedos alrededor del contorno de mi cara acariciando
suavemente mis sienes, mis mejillas, mis labios.
Metiendo los dedos debajo de la barbilla, dibuja mi cara hasta que mi
cabeza se inclina totalmente hacia atrás y mi cabello se balancea
contra mi trasero.
—Eres tan jodidamente hermosa —murmura antes de agacharse para
reclamar mis labios. Arrastra mi lengua en su boca, jugando en un
juego desesperado de gato y el ratón, el lobo y las ovejas, con su propia
lengua.
Levanto mis manos para tocar su cara, pero él ladra una orden áspera
para que las mantenga a mis espaldas. Las mantengo juntas, uniendo
los dedos con fuerza. Él mueve sus manos a mis pechos, probando su
peso antes de tirar y pellizcar mis pezones entre sus dedos.
Mi aliento sale agudo, suplicando y jadeando mientras alterna entre
deslizar su lengua en mi boca y chupar mi labio superior, apretando
las puntas de los pezones y empujando mi vestido a un lado para
probar la humedad entre mis piernas. Empuja mi vagina con los
nudillos, sin mover mis bragas.
Gimiendo, aprieto mis ojos a la vez. Siento como si me fuera a venir a
la menor provocación, a la menor mirada de él y rechino los dientes.
Para castigarme, aleja las manos y la boca de mi cuerpo. Convulsiono
de todos modos y, a continuación, abro los ojos. Su pene brota hacia
adelante y se frota contra mi mejilla. A pesar de no haber recibido
instrucciones, saco la lengua, llevándomelo a la boca.

155
Él enreda sus manos en el cabello de mi nuca, tirando de mi boca fuera
de su cuerpo.
—Eres tan increíble. Tan buena —dice acariciando mi piel—. Vas a
aprender, Sienna.
Yo asiento, lista.
Dispuesta.
Deseosa.
Me enseña lentamente. La forma de llevar a mi boca su longitud hasta
que gime y rastrilla las manos por mi cabello largo. La forma en que le
gusta que use mis dientes, colocando simplemente un poquito de
presión sobre él. Lo frenético que se pone cuando aprieto mis labios,
girando mi lengua alrededor de su polla hasta que culmina en mi boca.
Después, cuando me traslado a sentarme en mi trasero, sacude la
cabeza y dice más o menos:
—Quédate exactamente cómo estás —Él se hunde en sus propias
rodillas, rodeando mi cuerpo con cuidado, círculos bestiales mientras
arrastra mi ropa interior hasta las rodillas con la boca. Estoy
temblando, muriendo por su toque. Sus manos son cálidas, suaves y
ásperas según guían mis muslos. Luego, aparta las piezas de mi
hendidura húmeda con la punta dura de su lengua.
Y mientras me quedo allí, con el duro suelo bajo mis rodillas débiles y
mis uñas rastrillando mis manos detrás de mi espalda, mientras
permanezco allí con él me hace estremecer y amenazando con
pegarme si muevo las manos o el cuerpo, sé que estoy lista para
aprender todo sobre su mundo.
Aun a riesgo de perder mi corazón.

156
Traducido por kristel98
Corregido por sttefanye

l sexto día comienza con lo que sólo puede ser descrito como un
frenesí maníaco. A las 6:30 de la mañana, recibo un texto en el
teléfono que Lucas me ha dado de Kylie.
Hola, cariño, ¿a qué dirección de correo te envié la confirmación de
Lucas para el vuelo a Atlanta? No lo veo en el correo electrónico
regular y estaba preocupada.
Debería estar irritada por que esté comprobando a mis espaldas, pero
estoy más preocupada por el hecho de que no tengo la más remota idea
de lo que está hablando. Le mando un rápido mensaje de vuelta,
preguntándole lo que está pasando.
Quince segundos más tarde, el teléfono vibra en mi mano.
—Muy bien, por favor, dime que sólo estás bromeando y enviaste la
confirmación en tu buzón personal. Lo hiciste, ¿no? —suplica Kylie.
Suena medio dormida. Como confirmando mis sospechas, bosteza
groseramente en el receptor.
Lanzando las cálidas mantas fuera de mi cuerpo, balanceo mis piernas
por un lado de la cama y estiro mis pies.
—No, no lo hice. ¿Cómo iba a suponer que sé las reservas necesarias
que hay que hacer en primer lugar?
Aunque, cuando lo digo en voz alta, parece que hubiera sido una buena
idea para mí comprobar ese tipo de cosas. Tengo que ser la peor
asistente porque lo único que he sido capaz de concentrarme en los
últimos cinco días fue de lo atraída sexualmente que estoy por mi jefe.
E

157
En algún momento, incluso he perdido de vista el objetivo que me hizo
decir sí a trabajar para Lucas en primer lugar. Conseguir la casa de la
abuela de regreso.
Kylie lanza un pequeño grito. Oigo su cabecera golpear contra la pared,
y una baja voz masculina murmura algo.
—Vuelve a dormir —susurra Kylie, haciendo un trabajo horrible en
amortiguar el receptor. Para mí, ella dice—: Lo siento, emmm…
—¿Servicio de limpieza? —sugiero, ahogando un bufido.
—Exacto, servicio de limpieza. Sienna... esto es malo. Podría jurar que
te dejé las instrucciones para que puedas hacer la reserva en la lista.
—No lo hiciste.
Gime como si estuviera en la desesperación y puedo imaginarla
rastrillar sus manos por el lío de su cabello negro y azul.
—Tuve un sueño terrible sobre esto, ¿sabes? Al igual que me desperté
en un sudor frío y flipando, era tan horrible. ¿Qué vamos a hacer?
La solución parece simple, pero después abro mi ordenador y abro
varias pestañas para buscar vuelos disponibles, no veo por qué Kylie
me ha contactado al borde de un colapso mayor. Este es uno de esos
casos en mal estado en que el universo se está riendo de mí, porque he
descubierto que no hay absolutamente ningún vuelo sobrante para el
día.
—Voy a tener que llevarlo, entonces —digo. No hay otra manera de
evitarlo. Me estremezco ante la idea de hacer las cinco horas en auto
desde Nashville a Atlanta con Lucas mirándome, poniéndome nerviosa.
Él probablemente va a hacer todo lo posible para ponerme caliente,
húmeda, mientras estoy conduciendo, que en su caso, no es mucho.
Gime, y el soñoliento chico, el ama de llaves, se une a sus gemidos. La
cama rechina más, pero pretendo que no lo oigo.
—No va a estar feliz —susurra. La oigo arrastrando los pies y un
momento después, el sonido de un claxon y sirenas de fondo. Luego
oigo la inhalación, está fumando.

158
—Quiero decir, después de lo que pasó con Sinjin ayer...
Trago saliva. Wyatt y Cal, el guitarrista principal de Your Toxic Sequel,
habían llegado a finales de la noche para tomar una copa con Lucas.
Ninguno de ellos parecía que estaban en un estado de ánimo de beber,
pero desarmaron trago tras trago, como si el mundo estuviera llegando
a su fin. Me quedé fuera de su camino, pretendiendo hacer el trabajo en
la otra habitación, hasta que Lucas pidió que llevara a Wyatt y a Cal a
un club de striptease para reunirse con algunos de sus amigos. Pero
cuando les dejé, Wyatt me había tirado a un lado.
—La forma en que Lucas te mira... no lo jodas más, ¿de acuerdo? Jodes
con él y eso arruina nuestra música. Podría no golpear chicas, pero sé
que algunas polluelas te pasearían el culo por mí.
Supongo que él sabía muy poco sobre el disco de solista que Lucas
estaba planeando lanzar o si lo hizo, no dijo nada. Me encontré tan
cerca como pude para sonreír sin descomponerme.
—¿En serio? Estás amenazando con tener alguna chica que me dé una
paliza por algo que estás imaginando. Los rockeros sois muy sensibles.
—Y muy protectores de nuestras carreras —Había dicho, mientras
buscaba su identificación en la cartera y se acercaba a la puerta del
club. Girando sobre sus talones por un segundo, dice—: Diviértete en
Atlanta.
—¿Sienna? ¿Oye, Sienna? ¿Estás escuchando una palabra de lo que
digo? —las demandas de Kylie me traen de vuelta al presente.
—Sí, estoy aquí. Oye, voy a hacer algunas llamadas directamente al
aeropuerto. Me pondré en contacto contigo en unos minutos, ¿de
acuerdo? Adiós —digo en un suspiro. Cuelgo antes de que tenga la
oportunidad de empezar de nuevo a inquietarse.
Pero al final, antes de que Lucas esté al tanto dos horas más tarde, es
Kylie quien salva el día. Me envía la confirmación de un jet privado que
ha conseguido de alquiler por mi correo electrónico personal,
mandándoselo también a Lucas. Cuando veo el costo del vuelo, me

159
quedo sin palabras. Es suficiente para que Tori y yo pagáramos todos
nuestros gastos durante unos tres o cuatro meses.
Lucas no parece inmutarse por el cambio de planes o de la cantidad de
dinero que Kylie pasó cuando me llama para desayunar con él. Me
siento frente a él en la cocina, tomando café. Come fruta fresca, sus ojos
clavados intensamente sobre mí. Me desplomo en mi asiento, con mi
mano tocando mi cara.
—¿Por qué está mirándome de esa manera, señor Wolfe?
Desliza un trozo de melón entre sus labios, dejándolos húmedos,
dulces y pegajosos. Cruzo mis largas piernas para intentar alejar el
deseo.
—¿Recuerdas esos tiempos en que comía fresas contigo? —pregunta.
Un rubor se extiende por mi cuerpo. Llevo mi café hacia mi boca,
tomando un sorbo gigante. El líquido caliente corre por mi garganta y
froto mi lengua hacia atrás y adelante entre mis dientes.
—Dios, ojalá recordara ese momento.
—Pretendo disfrutarte sentada haciendo que tú te sientas
completamente inmóvil —dice, sus ojos color avellana brillan con el
deseo y el poder—. Mojando mis dedos, mi fruta, en el interior de tu
cuerpo. Probándote. He crecido adicto en la manera de probarte,
pelirroja.
Siento el latido profundo de mí y me muevo en mi asiento.
—Y déjame adivinar, no pretendes hacer nada, hasta que diga la
palabra, ¿no?
—Eres tan jodidamente inteligente, Sienna.

Lucas está melancólico en todo el viaje en jet a Georgia, lo cual, en
realidad, es más antes de que comience. Se sienta de lado, ocupando
dos asientos y escribiendo en su cuaderno. De vez en cuando levanta la
vista hacia mí, inclinando su cabeza hacia un lado, leyéndome.

160
Quiero saber lo que está escribiendo, si se trata de mí o de nosotros.
Quiero saber qué pensamientos se arrastran en su mente cada vez que
sus ojos se depositan en mí. Hay tantas cosas que quiero saber sobre
Lucas Wolfe que es mareante y me quedo con un corazón acelerado.
Finalmente reconoce mi presencia cuando el jet aterriza, mientras nos
preparamos para salir abordo. Elevándose sobre mí, ahueca mi cara
con una mano, apartando mi cabello hasta mi sien. Levanto el brazo y
tiro de la punta de mis dedos por su cabello. Él arrastra sus labios por
mi cara, haciendo una pausa un momento para reclamar mi boca.
—Esto va a ser muy difícil.
—¿Qué? —jadeo mientras su dedo, dedos, se deslizan entre mis labios.
Él los desliza hacia atrás y adelante y desnudo suavemente mis dientes
por la forma en que me ha enseñado.
—Estar cerca de ti, sabiendo que estás tan cerca de convertirte en mía
y no ser capaz de follarte, saborearte o hacerte mía cuando me dé la
gana, porque los próximos días son tan agitados.
—Siempre quedará nuestro hotel —le digo acariciando mi mano
contra su erección.
Él deja escapar un ruido sordo, alejando mis dedos de su cuerpo y
atrapándolos por encima de mi cabeza.
—Sí... siempre quedará eso.

Una limusina, la primera en la que he subido desde la fiesta de
graduación hace más de cinco años, nos transporta a Lucas y a mí al
hotel, el Four Seasons de Atlanta. A pesar de que he podido ser testigo
de la reacción de los fans de Lucas con él en Los Angeles y en el bar The
Beacon en Nashville, no es nada como la reacción que obtiene en su
ciudad natal. El hotel ha tenido que reforzar la seguridad porque
alguna columna de chismes filtró que Lucas está en la ciudad.
Antes de yo salga del coche, me detiene, tirándome hacia abajo a
horcajadas sobre sus caderas. Saca uno de sus gorros de gran tamaño

161
por encima de mi cabeza. Deslizando un conjunto de ridículos matices
rosas fuertes sobre mi rostro, dice suavemente:
—No quiero más chismes sobre ti y nosotros encontrándonos solos en
la web —Mete mi cabello debajo del gorro de lana, asegurándose de
que cada mechón rojo esté escondida fuera de la vista. El gesto es tan
íntimo que hace mi respiración inestable—. No hables con la prensa —
ordena.
—Sí, señor Wolfe.
—Di mi nombre una vez más.
—Señor Wolfe.
Luego me besa con un hambre que me dan ganas de arrancarle la ropa
en ese mismo momento.
—Dios, podría escribir canciones acerca de la forma en que lo dices.
—¿Al igual que escribirás canciones sobre mi culo? —bromeo.
—Cada parte de ti —dice con una voz que tira de mi corazón.
Apretando mi pecho con fuerza una última vez, da un golpecito en la
ventana, lo que indica al conductor que está listo para hacer frente a
sus fans.

Tan pronto como nos instalamos en nuestra habitación de hotel, Lucas
tiene que salir para cuidar de algunos detalles de último momento. No
me importa su ausencia, al menos no por un tiempo, porque me da la
oportunidad de admirar la vista de Atlanta desde nuestra habitación. Y
es impresionante. Nos vamos a quedar en la Suite Presidencial, en la
planta superior y la habitación en sí está decorada con suelos de
mármol, muebles de exuberantes y una cama tamaño king. Estaría
mintiendo si no admitiera lo ansiosa que estoy de probar esa cama con
Lucas.

162
Después de tomar un largo baño donde me afeito las piernas y me lavo
el cabello, me paso el tiempo haciendo llamadas telefónicas y
respondiendo correos electrónicos, tanto del suyo como del mío.
Cuando llamo a la abuela, suena aliviada al hablar conmigo.
—¿Estás bien? —pregunta.
—Sí, estoy bien, yo... —Empiezo, deteniéndome cuando la oigo
lloriqueando—. Abuela, ¿qué está pasando?
—Es Rebecca —dice. Escucho, con cara de piedra, cuando me habla de
cómo mi madre se había metido en una pelea en la cárcel con otras
reclusas después de robar un par de zapatos. Siento esa amarga
sensación en la boca de mi estómago, la vergüenza, ya que habla de que
mamá tiene que ser enviada al hospital del condado para la cirugía—.
No entiendo por qué se llevaría los zapatos de alguien, Sienna. Puse el
dinero en sus libros. Le doy tanto como...
Me hundo en el suelo, apoyada de espaldas al lado del sofá. Parece que
no tendré que enfrentarme a la abuela por lo de mi madre. Reveló que
ha estado yendo a visitar a mamá sola, pero deseo con todo mi corazón
poder ser yo quien sufriera en lugar de ella.
Mi abuela ha dejado de hablar ahora. La oigo sollozar en silencio en el
otro extremo y un crujido.
Debe estar en la cama. Envuelvo mis manos en puños, golpeándolos
sobre el sofá.
—Abuela, no puedo gritarte por ir a verla. No voy a discutir contigo ni
nada de eso porque no tengo posibilidad para hablar, pero por favor,
por favor, por favor, deja de permitir que se aproveche de ti.
Hace unos años, cuando el paradero de mamá fue descubierto después
de que desapareciera de la ciudad, los cazas recompensas la habían
atrapado aproximadamente dos días después de que la fianza de 300
mil dólares del pago de la abuela fuera anulada por el juzgado. Si el
inútil culo de mi madre hubiera sido capturado sólo 48 horas antes, la
abuela nunca hubiera estado en esta situación.

163
Pero incluso después de que mamá la jodiera, trató de hablar con Seth,
quien apenas era un adolescente, para que asumiera la culpa por ella,
incluso entonces la abuela estaba de su lado.
Mi abuela, con toda su bondad y humildad, merece algo mucho mejor
que mi madre. Seth y yo merecemos algo mucho mejor que nuestra
madre y, aunque odio admitirlo, también más que nuestro padre.
Porque una llamada telefónica cada dos semanas y la ocasional visita
incómoda en días festivos era el equivalente a un saludo del hombre
sin hogar que merodea la cafetería a la que voy con Tomas en Los
Angeles cada mañana.
—Lo sé —dice la abuela, su voz se captura en un sollozo—. Es difícil…
con la casa y Rebecca. No sé adónde estoy viniendo o yendo más.
—No te preocupes, voy a estar en casa pronto y nosotros nos
encargaremos de todo. Te lo juro.
—Es difícil —dice una vez más—. Yo… yo tengo que ir a la cama,
cariño. Mañana volveré al hospital por tu madre y tengo una cita con
mi médico. Pero cariño, te quiero tanto.
—Yo también te quiero, abuela.
Pero cuando cuelgo, mis dientes están apretados. Lucas me encuentra
así con la cabeza enterrada en mis manos, rechinando los dientes con
furia.
—No... —Entonces aspira una bocanada de aire, haciendo su camino a
través del vestíbulo de mármol y en la sala en cuestión de segundos—.
¿Qué diablos está pasando?
—Estoy bien.
—Sienna —dice con una voz cautelosa y levanto la vista hacia él,
revelando mi rostro bañado en lágrimas. Pone su cuerpo al lado del
sofá hasta que está justo a mi lado. Es casi cómico, lo absolutamente
indefenso que se ve cuando se enfrenta con mis lágrimas, pero me tira
en sus brazos. Lucas Wolfe, el hombre más imponente que he conocido,

164
me permite sollozar en la parte delantera de su camisa blanca, me
permite gotear toda la máscara sobre él.
Estornudo.
—A mi madre le dieron una paliza en la cárcel.
Me sostiene por los hombros y se aleja de mí un poco, poniendo
suficiente espacio entre nosotros para poder mirarme a los ojos y
sentirme. Frunce el ceño, frotándose sus labios.
—Estoy aceptando que no estás exactamente triste de que tu madre
consiguiera azotes en el culo.
Río, a pesar de las lágrimas y arrastro el dorso de las manos por mi
cara.
—Dios, no. Se lo merecía desde hace años. Sí —Dejo escapar un
pequeño sonido ahogado y entierra su cabeza en mi cabello otra vez,
acariciando la parte de atrás de mi cuello, haciéndome sentir segura—.
Mi abuela, ya sabes. Mi madre ha sido tan horrible con ella y sin
embargo la abuela sigue recibiendo las patadas una y otra vez. Sólo
duele. Duele tanto.
Lucas murmura que lo comprende, pero no puedo perderme en sus
contratiempos de voz. Cómo si hubiera algo que no se dijese entre
nosotros dos.
Pero me escucha sollozar, escucha cada queja que tengo sobre mamá.
Es como si estallara una presa y lo digo todo, rompiendo todas las
reglas de citas en el libro. Cuando firmemente me dice que me vaya a la
cama, metiéndome en la cama tamaño king en el dormitorio principal,
las palabras no dichas son claras para mí simplemente por la forma en
que me mira a los ojos.
Lo que le había dicho antes sobre la abuela, sobre que tomaba las
patadas repetidamente, esa persona solía ser yo.

165
Traducido por Nanami27
Corregido por Vickyra

engo el placer de ver al productor del documental a la mañana
siguiente. Se reúne con nosotros en el vestíbulo del hotel,
informando a Lucas sobre cómo hoy tiene que bajar. Me da un
saludo cortés y uno curioso una y otra vez, pero aparte de eso no me
dice mucho. Mientras camino detrás de ellos, escribo notas en mi
tableta Samsung e intento no poner los ojos en blanco, se necesita un
gran esfuerzo para no señalar que nada de este documental parece
muy realista. Incluso está preparando a Lucas sobre cómo actuar en
torno a sus propios padres.
Y hablando de los padres de Lucas...
Mordiéndome el labio, envío a Kylie un mensaje preguntándole qué
debía esperar. Sé que esto es probablemente algo que debería haber
preguntado antes, pero hace unos días mis sentimientos no eran ni de
lejos tan fuertes por Lucas. Algo ha pasado entre nosotros, tal como lo
prometió. No quiero hacer el ridículo frente a sus amigos o dejar una
impresión horrible que podría durar para siempre.
Porque esta noche, tengo la intención de aceptar el resto de su oferta.
Además de rescatar la casa de mi abuela, lo que puedo decir con
seguridad que ya he conseguido en este punto, no hay nada que haya
querido más en un tiempo muy largo que ser de Lucas.
Mi móvil se dispara y reviso el mensaje de Kylie.
Amiga, a mis padres les encanta todo el mundo. Les gustaba mi ex
marido, así que puedes correr desnuda por el patio si quieres y aun
así les parecerá bien.
Un momento después, envía otro mensaje.
Pero en realidad, no corras por su patio desnuda.
T

166
Sintiendo una repentina sensación de alivio, tomo la mano de Lucas
mientras él me ayuda a entrar en la limusina que nos llevará alrededor
de Atlanta durante el día. Sostiene mi mano un rato un poco demasiado
largo, rozando la punta de su dedo pulgar sobre mis nudillos. Me
sonrojo. Aparto la mirada.
El productor del documental se inclina hacia adelante, una lenta
sonrisa formándose en su cara pálida, pero Lucas le lanza una mirada.
El cámara es la última persona en subir dentro de la limusina. Lucas y
el productor del documental, que me entero que se llama Rock en la
carretera, se sientan en un lado del coche y yo me siento con el cámara
al otro lado, así no seré vista. Todo el tiempo que Lucas habla sobre su
vida creciendo en Atlanta, me está mirando a mí y no a la cámara.
—Jugué al béisbol, primera base, en el instituto de allí, en mi primer
año —Señala por la ventana a una escuela al lado derecho de la calle.
Es una instituto religioso y privado, para mi sorpresa.
—Recibí un golpe en las bolas con una pelota de béisbol y esa mierda
terminó bastante rápido —añade poniendo los ojos en blanco
dramáticamente por el bien de la cámara.
—¿Qué pasa con la música? ¿Qué dirías que tuvo el mayor impacto en
el crecimiento de tu sonido? — presiona el productor del documental.
Lucas se ve sumido en sus pensamientos, aunque tengo la sensación de
que está fingiendo. Estas preguntas han sido más que probablemente
preguntadas por cientos de periodistas en más escenarios de lo que él
pueda contar.
—Mi padre. Era un gran fan de Metallica. Yo, eh, pude haber estado en
una banda de imitadores de Metallica con Sinjin y Wyatt una vez hace
mucho tiempo.
Metallica. Ladeo una ceja y me da un encogimiento de hombros y una
sonrisa.
La limusina se ralentiza por el rastreo necesario en las comunidades
residenciales. Cuando nos detenemos, saliendo a la acera de un
bungalow de color marrón y blanco, una mujer que parece un cartel a

167
tamaño completo de una versión de Kylie sale al porche, sonriendo
alegremente.
Que por cierto, abraza a Lucas, tirando de él con fiereza a ella y hunde
la cara en su pecho, y o bien ha sido tan bien preparado por el
productor del documental o Lucas va a su casa casi tanto como yo. Me
inclino hacia la segunda y me pregunto qué clase de pasado tiene aquí.
Por el evidente afecto que siente por su madre y la adoración que
mostró al hablar de su padre en la limusina, no creo que él sienta otra
cosa que no sea amor hacia sus padres.
—¿Dónde está Kylie? —pregunta ella mientras me quito el gorro y las
gafas de sol y tomo asiento en su apretada sala de estar sobre el banco
del piano—. ¿Está en el hotel?
—Tuvo un viaje de emergencia que atender en California —explica
Lucas fácilmente. Me guiña el ojo—. No te preocupes, mamá, estará
aquí para la Pascua.
Me muerdo el interior de la mejilla para no sonreír. Su acento
georgiano parece aparecer por arte de magia cuando está con su
madre. Además, creo que es súper sexy que casi teniendo 29 años,
respete a su madre lo suficiente para no decirle que su hermana está
de fiesta en Nueva Orleans.
La Sra. Wolfe es tan amable y encantadora como Kylie, hablando a
cámara con una facilidad natural mientras se jacta de sus hijos. El
padre de Lucas aparece a mitad del rodaje. Lleva una camisa de golf
sudorosa, pero me abraza cuando me presento como reemplazo
temporal de Kylie.
—Ella no envió nada de ese champagne, ¿verdad? —bromea y fuerzo
una sonrisa.
El estado de ánimo en la casa Wolfe es feliz, tranquilo, pero me
encuentro queriendo retirarme. Tengo que recordarme a mí misma
que tengo a la abuela, que mis abuelos eran tan maravillosos como
cualquier otro padre, mientras soy testigo de Lucas interactuando con
sus amigos.

168
De alguna manera, me las arreglo para mantener el sentimiento de
celos a raya.
Cuando salimos, el Sr. y la Sra. Wolfe me dan un abrazo de despedida y
abrazan a Lucas.
—Antes de que me olvide —dice su madre deteniéndolo antes de que
llegue a la limusina—. Sam ha estado tratando de ponerse en contacto
contigo. Dijo que era…
—Ya me encargué de ello —dice Lucas con voz tensa, grosero. Su
rostro dibuja un duro ceño fruncido mientras abraza a su madre por
última vez. Quienquiera que sea Sam, apuesto a que es una de esas
cosas que hace evitar a Lucas venir a Atlanta con regularidad.
Sam es la versión de Lucas de mi Rebecca.

Cuando abandonamos el equipo de cámara y tengo a Lucas todo para
mí en la limusina, me dice que vaya a su regazo. Me subo en los
asientos un poco demasiado ansiosamente, deslizando mi trasero por
encima de él. Ensancha sus manos a ambos lados y me rebota de arriba
hacia abajo, sonriendo mientras me retuerzo en agonía.
—Quiero hacer eso sobre mi cara después —susurra mientras aprieta
mi trasero.
—¿Cuánto más tarde?
—El almuerzo con Cilla no tomará mucho tiempo y luego nosotros…
Me congelo en cuanto dice que vamos a almorzar con Cilla, el resto de
sus palabras se ahogan y de repente me convierto en un desastre
ululante. Apartándome de él, abrazo mis brazos alrededor de mi
estómago.
—No sabía que Cilla Craig estaba en Atlanta —A pesar de mis mejores
esfuerzos para controlarme a mí misma, hay un atisbo de desconfianza
en mi voz.

169
Él abre mis brazos, dándome la vuelta para que mi espalda esté contra
él. Colocando mis brazos detrás de su cuello, acaricia mis senos,
revolotea sus dedos suavemente contra mis pezones y luego los gira lo
suficiente como para enviar vibraciones a través de mí.
—Eso es por lo que estamos aquí —dice entre caricias, entre besos en
mi cuello—. Además del documental, la única otra razón por la que
vine a Atlanta es por la fiesta de cumpleaños de Cilla, mañana.
—Oh —digo.
No parece darse cuenta de lo enfadada que estoy en el momento que
llegamos al restaurante, o cómo mi mano se afloja en la suya mientras
me guía en el interior. Casi tengo ganas de retractar mi invitación a
dejar que me toque, aunque sé que hacerlo sería una tontería y una
pérdida de tiempo, simplemente se negaría a detenerse.
Aunque espero que la belleza de Cilla sea un producto de Photoshop y
MAC, resulta ser tan impresionante como lo es en todas las portadas de
revistas y videos musicales. Lucas me presenta como la sustituta de
Kylie y ella asiente hacia mí, dándome un atisbo de sonrisa. Cilla tiene
esa voz ronca y sexy que llama la atención cuando se ríe y pide una Bud
Light y una desordenada hamburguesa.
Cilla no me dice mucho, se centra sobre todo en Lucas, pero en un
momento dado, sacude su melena de cabello negro sobre un hombro y
me mira.
—Y bueno, Pepper, ¿cómo llegaste a estar atrapada con Lucas? —
pregunta—. Porque ni siquiera sabía que Kylie supiera lo que eran
unas vacaciones. Esa chica trabaja demasiado.
Lucas responde por mí.
—Sienna trabajó en el rodaje de uno de mis videos hace unos años.
Hace vestuarios en Los Angeles.
—Divertido —dice Cilla, aunque no parece sincera y me alegro de que
nunca tuviera que trabajar en un video musical de Wicked Lambs.

170
El resto de la comida parece arrastrarse por la incomodidad. Cada
segundo que paso viendo a Cilla y Lucas poniéndose al día es difícil.
Por último, me disculpo. Me detengo en el baño más tiempo del
adecuado antes de salir a enfrentarme a ellos de nuevo. Cuando llego a
la mesa, Lucas está pagando la cuenta.
Cilla sonríe hacia mí.
—Estaba invitando a Lucas y a ti, por supuesto, a que vengan y…
—Estoy bien —digo, ni siquiera dispuesta a escuchar lo que tiene que
decir. Los ojos color avellana de Lucas se estrechan en rendijas
apretadas. Aparto la mirada de su rostro.
Estamos callados durante el viaje en limusina al hotel, sentados en
lados opuestos del asiento trasero con nuestros cuerpos rígidos por la
tensión. Pero en el momento en que entramos por la puerta de la suite,
me arrastra a él, sujetando mis manos sobre mi cabeza y forzando mis
labios a separarse hasta que mis rodillas se aflojan.
Me empuja. Manteniendo el nivel de su voz, apunta a la silla junto a la
mesa.
—Siéntate, Sienna.
—No, no voy a…
—Siéntate —repite. Estoy furiosa y mi cuerpo está temblando, pero me
hundo, mi trasero colgando del borde de la silla. Luego me exige saber
por qué fui tan grosera con Cilla. Aparto la cara de él cuando le
respondo.
—Porque me miró como si no sirviera ni para lamer los tubos de su
moto —Porque tengo miedo de vuestro pasado juntos—. Porque te
quiero —susurro con voz entrecortada.
Toma mi cara entre sus manos y besa mis labios.
—No me digas que te sientes amenazada por Cilla —susurra contra mi
boca. Y él enreda sus manos en mi cabello, soltando un gruñido desde
el fondo de su garganta—. Me vuelves jodidamente loco, Sienna. Ella es

171
una de mis mejores amigas, crecimos juntos, pero no eres tú. Ni en un
millón de años.
Se siente tan bien escucharlo decir esas palabras y rodeo su cuello.
—Te quiero —le digo de nuevo, tirando de él—. Quiero ser esa persona
que necesitas que sea.
—No voy a creer eso hasta que te hayas calmado, hasta que estés
absolutamente segura —dice, pero muevo mi cuerpo contra el suyo —
Detente o te castigaré esta vez.
Tomo su mano, presionándola entre mis piernas. Él acuna mi barbilla y
vuelve mi rostro hasta que estamos cara a cara. Soltando un gemido,
me aleja de él y se quita la camiseta. Miro, conteniendo la respiración,
ya que la arranca en varias tiras largas con facilidad.
—¿Qué estás…?
—Cállate y desnúdate.
Me desnudo tan rápido que levanta una ceja cuando viene hacia mí.
Arroja una de las toallas del hotel en la silla.
—Siéntate —dice y me deslizo en el asiento. Se arrodilla frente a mí.
Cuando extiendo la mano para acariciar su cabello, agarra mi muñeca,
atándola al brazo de la silla. Suspiro. Dándome una mirada peligrosa,
ata mi otra muñeca en el lado opuesto de la silla. Entonces,
extendiendo mis piernas abiertas para que esté completamente
expuesta a él, une mis tobillos a las patas de la silla.
—Lucas, yo…
Cubre mi boca con la punta de los dedos, inclinando la cabeza para
tocarme. Me retuerzo, aferrándome al aire con mis propios dedos. Por
lo que parece una eternidad, saborea, muerde y chupa. Cuando estoy
cerca de llegar, cuando estoy meciéndome hacia adelante y hacia atrás
en la silla casi con violencia y tronzando mis caderas contra su boca, se
detiene.
—Voy a hacer una llamada —susurra desatándome—. No debes
tocarte hasta que yo vuelva, ¿lo entiendes?

172
Asiento mientras me ayuda a levantarme. Abriendo mis piernas con su
mano, empuja su dedo dentro de mí.
—¿Lo entiendes? —repite con voz áspera.
—Sí, señor.
En el momento en que abandona nuestra suite, me pongo de mal
humor dentro del cuarto de baño.

173
Traducido por Nanami27
Corregido por Juli_Arg

stuvo allí mucho tiempo, Srta. Jensen —reflexiona
Lucas, sorprendiéndome, mientras salgo del cuarto de
baño. ¿Cuándo regresó a la habitación? Está sentado en
el asiento al que me había atado hace un par de horas, tocando su
guitarra en silencio. El calor inunda mi cuerpo porque no puedo dejar
de pensar en cómo su boca se había burlado de mi cuerpo. Cómo me
había advertido de que no me viniera. Cómo me había dejado con
ganas de más, con ganas de que terminara.
—Estaba sucia de…
—Te estabas follando a ti misma.
No me pregunta, me dice lo que he estado haciendo. Antes de que
pueda pensar en algo ingenioso que decir, dejo escapar:
—Te negaste a terminar.
—Y eso es lo que quieres ahora. Que lo termine. Que siga follándote.
—Sí —susurro.
—Sí, ¿qué?
—Señor.
—Ya no hay más barreras entre nosotros —dice, sus palabras flotando
en alguna parte entre una pregunta y una declaración. Asiento.
Se pone de pie, poniendo la guitarra a un lado de la cama. Ahora, tengo
toda su atención. La estática corre a través de mi cuerpo, haciendo que
cada centímetro de mí se sienta como si se hubiera electrocutado.
—E

174
—Date la vuelta y pon los antebrazos y las manos apoyadas en la mesa
—dice.
—¿Por qué? ¿Para qué me azotes como a una niña? —exijo recordando
algunas de sus amenazas anteriores. Hay un tono sarcástico en mi voz,
uno que tienta una sonrisa lenta de Lucas. Dios, ¿por qué tiene que
parecer tan hermoso, tan perfecto y sin embargo tan pecaminosamente
peligroso?
—No, para nada una niña —dice.
Temblando, me enfrento a la mesa y me agacho en la posición que ha
instruido. Sería estúpido si dijera que no estaba un poquito asustada,
pero los otros sentimientos que corren a través de mí, borrosos,
maravillosos y embriagadoramente confusos, triunfan sobre el miedo.
Me siento sádica y loca por desearlo a él y a esto.
Siento que me quemo jodidamente en vida.
Lucas quita la bata blanca de mi cuerpo, dejándome desnuda. Sus
dedos son plumas suaves contra mi piel mientras guía mis caderas más
lejos de la mesa e inclina mi espalda para que mi trasero se asome a
sus ojos.
Planea sus dedos por mi piel húmeda, hacia abajo, a mis caderas, más
allá de mis muslos. Se agacha detrás de mí.
Con cuidado, extiende mis piernas abiertas y coloca mis pies para que
haya un amplio espacio entre ellos. Cuando se pone de pie, su cuerpo
duro ligeramente roza el camino, gimo.
—Lucas...
Golpea mi nalga izquierda con la palma de la mano, la misma palma
que estaba tocando una música tan hermosa hace tan sólo unos
minutos. No es lo suficientemente fuerte para herir, pero la picadura es
suficiente para hacerme temblar.
De dolor.
De anticipación.

175
De necesidad.
El castigo dura aproximadamente dos palmadas más, una para cada
lado de mi trasero y luego Lucas presiona los labios en la base de mi
cuello. Mis omóplatos se arquean juntos. Por un momento, lo siento
quedarse completamente inmóvil.
—Eres tan jodidamente dulce. Tan hermosa.
La venda de algodón oscuro cae sobre mis ojos.
Mi respiración se me queda atrapada en la garganta.
Me siento desnuda, deliciosamente cegada al mundo que me rodea. En
el exterior, soy paciente, mientras espero su próximo movimiento,
pero mi corazón está palpitando. Mi respiración está saliendo
entrecortada, fragmentos agitados.
Por favor...
Pasa una de sus manos por mi brazo, entrelazando mis dedos con los
suyos y me tira hacia él.
—¿Me deseas, Sienna?
Sé lo que quiere de mí. Y soy lo suficientemente fuerte para dárselo.
Cuando digo las palabras, una oleada de placer fluye a través de mí. Se
asienta en la boca de mi estómago.
—Por favor... señor —Sueno sumisa y confiada, todo a la vez.
Suspiro cuando levanta mi cuerpo sin esfuerzo y desliza mi trasero a la
gran mesa detrás de nosotros. Hay una parte de mí que se muere por
ver la expresión de su rostro, si es cierto o no que sus ojos color
avellana se han oscurecido o si me mira con lujuria animal, pero me
encanta la forma en que mis sentidos parecen haber aumentado. La
forma en que me hormiguea la piel en algunos lugares incluso antes de
que me toque, casi como si estuviera sintiendo su próximo
movimiento.
Desliza las manos entre mis muslos, extendiendo sus dedos ásperos
sobre mi piel suave. Poco a poco sus dedos se mueven hacia arriba, y

176
siento uno, no, dos... tres dentro de mí, profundizándose en la
humedad. Mis rodillas se doblan. Él las separa de nuevo y posiciona su
cuerpo entre ellas.
Hago rechinar mis dientes para no gemir y siento una pequeña
punzada en mi pecho derecho, mientras me da un golpecito con... algo.
Momentáneamente sorprendida, jadeo. Entonces, muevo mis caderas
contra su mano.
Sus dedos empujan y tiran, llenándome, derribándome. Arqueo mi
espalda.
—Por favor —digo, apenas reconociendo mi propia voz y él suelta una
cruda risa entre dientes.
Un segundo más tarde, tengo la dulce liberación que se negó a darme
hace un par de horas.
Ruego que no haya terminado ni de cerca.
Lucas quita la venda. Parpadeo rápido mientras mis ojos se
acostumbran a la luz. Cuando finalmente se centran sobre él, se lleva
los dedos a la boca. Probando, chasquea la lengua por la punta,
degustándome. Gimo y llego a él. Atrapa mis dedos en los suyos,
besándolos, probándolos también.
Cuando dirige mi mano a su polla, estoy indecisa al principio. ¿Y si sólo
quiere tomarme el pelo de nuevo y no tiene intención de follarme? Qué
pasa si…
Asiente y cierra mis manos alrededor de su eje.
Recorro mi mano arriba y abajo por la longitud de su dureza, despacio
al principio y luego más rápido, más fuerte hasta que está gimiendo. Se
aleja de mí por un momento, mirándome con una mirada que es
suficiente para hacer que me corra sin ni siquiera ser tocada. Entonces,
levantándome y sacándome del escritorio, acuna mi trasero en sus
manos. Su polla se desliza dentro de mí en un empuje impresionante.
La habitación parece inclinarse sobre su lado.

177
Se estremece cuando aprieto alrededor de él, mis brazos rodeando su
cuello, las piernas cerradas en torno a su cintura y la longitud de él
apretada muy dentro de mí.
Y de repente, mi espalda está contra la pared y sus manos han salido de
mi trasero para enredarse en mi largo cabello rojizo. Él conduce su
polla en mí, desliza mi cuerpo hacia arriba para que lo pierda, para que
me pierda esto. Luego muele sus caderas hacia arriba.
Está dentro de mí otra vez.
Afuera.
Adentro.
Apretando los dientes, digo:
—Oooh, Lucas —Otro pinchazo, esta vez mi pecho izquierdo—. Quiero
malditamente venirme de nuevo.
Sacudiendo la cabeza, aplasta sus labios con los míos. Pruebo el vino, el
mentol y a mí. Su lengua y polla parecen estar trabajando al unísono,
explorando y exigiendo hasta que soy incoherente.
Hasta que estoy rogándole.
A continuación, suelta mi cabello. Lo derrama entre nuestras caras,
aferrándose a nuestra piel resbaladiza. Su mano se aprieta entre
nuestros cuerpos y frota mi clítoris con el pulgar y el índice. Gritando,
aprieto mis piernas alrededor de él.
Estoy cayendo.
Duro.
Rápido.
Y en más de un sentido.
Un momento después, él se estremece y presiona sus manos en el
sudor en la parte baja de mi espalda. Manteniéndose dentro de mí, me
lleva al cuarto de baño. Cuando deshace nuestros cuerpos, besa la
punta de mis dedos.

178
Sus ojos nunca dejan los míos.
Ni cuando se enciende la ducha y lavamos el cuerpo del otro.
Ni cuando nos secamos con la toalla el uno al otro.
Y ni siquiera cuando nos ponemos frente a frente, explorando,
apretando. Degustando.
Es sólo más tarde, después de que está dormido, que encuentro el
objeto con que golpeó mis pechos cada vez que me sorprendía
apretando los dientes en la palma de su mano.
Es una púa de guitarra negra y roja.

179

Traducido por DarkLover
Corregido por sttefanye

a regla de Lucas de despertarse a las 7 vuela por la ventana la
mañana siguiente porque ambos nos quedamos dormidos. El
sonido estridente del teléfono de la habitación del hotel en
nuestros oídos es lo que nos arrastra fuera de la cama poco después de
las nueve. Contesto el teléfono y me saluda una fría voz femenina.
—Kylie, coloca a Lucas al teléfono, es Sam.
Sam. Trato de recordar donde había escuchado el nombre y luego me
doy cuenta que es el nombre que la madre de Lucas había mencionado
ayer, la persona que lo hizo tensarse de rabia. Y es una mujer. Me
muerdo el labio inferior, sosteniendo el teléfono hasta que siento que
estoy a segundos de romperlo.
—Lo siento, tú...
—No te atrevas a intentar el “lo siento has llamado a la habitación
equivocada”, conmigo. Hablé con su madre, así que ponlo en el maldito
teléfono.
Lucas, sentado ahora en la cama, mirando hacia abajo el receptor con
una expresión en blanco en su rostro.
—Es Sam —digo con la esperanza de tener una reacción por parte de
él. No pasa nada y un escalofrió me revuelve la sangre, helándome.
Toma el teléfono de mis manos, sujetándolo tan fuerte como lo tenía yo
solo unos momentos antes.
L

180
—Deja —dice, no hay crueldad detrás de él ni emoción alguna, por la
que importe, pero me siento entumecida por lo que me deslizo fuera de
la cama. Salgo de la habitación. Dejando la puerta cerrada tras de mí.
Me siento en la sala de estar, avanzando mis rodillas hacia mi pecho.
Trato de concentrarme un poco en ver televisión, alguna basura de
programas de entrevista sobre una mujer y seis hombres que eran
posiblemente “el padre de su bebé”, pero todavía puedo oír retazos de
la conversación de Lucas y Sam. Cada fragmento que alcanzan mis
oídos sólo intensifica los dolores en el pecho.
—... no puedes seguir haciéndome esto —grita él.
Luego hay silencio por un rato. Finjo que estoy interesada en la mujer
en la gigante pantalla plana, llorando por otro resultado negativo.
Pretendo que no estoy espiando a Lucas en absoluto.
—...no es nadie, es sólo… —Hace una pausa y puedo escuchar un ruido
gutural rasgar su garganta—, te estoy enviando dinero. Te enviaré lo
que quieras, pero no puedes esperar que haga esto contigo el resto de
mi vida.
Me sobresalto. ¿Lucas está en alguna clase de problema con Sam? Y
luego un pensamiento más atemorizante llega a mí: ¿Está Lucas
involucrado con drogas, así como Sinjin? Limpio mis manos sudorosas
en el dobladillo de la camiseta que llevo, la camiseta de Lucas.
Y entonces lo oigo decir algo que me hace estremecer.
—Tú, perra psicópata, a veces me gustaría que sólo fueras con ellos y
terminaras con esto.
¿Ir con quién? ¿Terminar con qué?
Oigo el sonido de algo golpeando repetidamente seguido por la ducha.
Cuando Lucas sale de la ducha una hora más tarde, hay una toalla
manchada de sangre alrededor de sus nudillos.
—Lucas... ¿está todo bien? —susurro, vacilante.
Me da una sonrisa forzada y me mueve hacia él.

181
—Ven aquí —dice tirándome hacia él.
Cubre mis labios con su boca, ahogando todas las preguntas que tengo.
Me besa como si fuera su última comida, como si nunca me hubiese
probado antes, a pesar de que me había tenido muchas, muchas veces
anoche. Me coloca en su regazo y deslizo su dedo en mi boca, entre
nuestros labios y mordisqueo la punta del mismo.
Un momento después, se levanta conmigo a horcajadas sobre él y me
lleva de vuelta a la habitación. Allí, mantiene su promesa de comer
fresas y a mí. Allí tiene la oportunidad de esposarme, girándome sobre
mí estómago y deslizando su pene dentro y fuera de mi cuerpo hasta
que estoy sollozando.
Y ahí es donde llego a un acuerdo con el hecho de que estoy enamorada
de Lucas Wolfe.

Mi vestido para la fiesta de cumpleaños de Cilla es la pieza de ropa más
atractiva que he tenido. Es corto y negro, hecho con encaje ondulado
con un escote posterior. Cuando Lucas me ve, sus ojos se oscurecen y
me promete que esta noche el vestido se convertirá en ataduras en
cada uno de los postes de la cama.
Me mojo sólo de pensarlo.
La fiesta de Cilla se celebra en un elegante Club nocturno,
inmediatamente reconozco a varios de sus clientes de Fuse TV y mi
lista de reproducción del iPod. Cualquier otra persona estaría
deslumbrado, pero no yo. Sólo tengo ojos para Lucas. Juego mi papel
bien, de pie a su lado como su asistenta personal, pero queriéndolo
más que a nada.
Cuando nadie está mirando, me arrastra a un rincón con él, besándome
profundamente y chupando mi oído. Mueve sus dedos dentro de mí,
haciéndome casi perder el control del terreno.
—Pronto —promete.

182
Cuando el novio de Cilla, el bajista de la banda que viene de Ohio, busca
a Lucas, me excuso para ir al baño. Cuando estoy pasando un salón
vacío, una mano con uñas largas se cierra entorno a mi muñeca,
golpeándome contra la pared. Espero ver a Cilla, ha estado brincando
alrededor de su culo borracho, así que me sorprendo cuando una cara
diferente se asoma en frente de mí.
Una mujer con hermoso cabello rojo y ojos grises. Es hermosa pero
también lo son la mayoría de mujeres aquí esta noche. Lo que
realmente me llama la atención de esta mujer en particular son sus
ojos. Están desenfocados y salvajes. Espantoso.
—¿Así que tú eres la pequeña perra de Luke? —demanda con los
dientes apretados, presionando todo su peso corporal, lo cual no es
mucho teniendo en cuenta que es pequeña y delgada, contra mí.
—Soy su asistente personal —le digo. Pero incluso entonces las
palabras no suenan del todo bien o creíbles.
Abre la boca para decir algo, pero luego su cara cambia de furiosa a una
mirada de entendimiento.
—Esa no era la Kylie de esta mañana, ¿no?
Tomo una profunda respiración por la nariz.
—¿Sam? —dejo escapar.
Sus labios se curvaron en una risa burlona y mueve la cabeza.
—Si te acercas a él de nuevo, te juro por Dios, que te voy a arruinar —
dice ella—. Juro por Dios que voy...
—¿Qué harás? —le exijo empujándola lejos de mí—. ¿Y quién eres?
—Lo voy a arruinar a él —prometió escogiendo no responder la
segunda pregunta.
Esa sensación de temor que sentí cuando Lucas estaba en el teléfono
con esta mujer volvió hacia mí, golpeándome con fuerza, y es imposible
conseguir que desaparezca en este momento. ¿Quién demonios es ella?

183
¿Y que tiene sobre Lucas que deja que le provoque una respuesta tan
desagradable? ¿Eso le da valor suficiente para amenazarme?
—Quédate jodidamente lejos de mí —le advierto empujándola a un
lado para poder salir. Ella agarra mi brazo de nuevo, esta vez
rastrillando las uñas en mi piel. Esta vez la golpeo al levantarla contra
la pared. Tan fuerte que la parte de atrás de la cabeza hace un
estruendo fuerte.
Se ríe como una loca moviendo la cabeza de lado a lado y diciendo.
—No tienes ni idea de con quién estás hablando, puta.
—¡Oye! —una voz grita. Nuestras cabezas giran para ver a Cilla de pie
en la puerta, con los ojos entrecerrados y un vaso en cada mano—.
¿Qué demonios estás haciendo aquí? —Toca el auricular que lleva
puesto, silbando—. ¡Seguridad!
Casi puedo esperar a Cilla teniéndome escoltada por los dos guardias
que vuelven a pocos minutos después de que se les llame, pero en
cambio es Sam quién literalmente se va a la mierda y se quema en el
infierno. Sam me da una última mirada, hace caso omiso de los
porteros y va hacia afuera.
Froto mi mano a través de la mancha en el brazo con los dedos en
garras.
—¿Estás bien? —me pregunta Cilla, y sacudo la cabeza—. Sabes, no soy
tu mayor fan, porque estás con Lucas pero nadie tiene que lidiar con
gente como Samantha —dice ella.
—¿Quién es ella para él?
La hermosa cara de Cilla esta de repente sorprendida, pero se recupera
rápidamente.
—Su ex-esposa.



184
Lucas no perdió el tiempo llevándome de vuelta al hotel. Es otro de los
paseos en auto dolorosamente tranquilo. Al coger el ascensor hasta
nuestra suite, una sensación horrible se escabulle por mi pecho. Tan
pronto como entramos a la habitación, me dice que me sienta en el
sofá. Obedezco, retorciéndome las manos.
—Sienna... no puedo —Da un suspiro y aleja la mirada de mi cara, al
suelo de mármol del vestíbulo—. Tienes que irte.
Siento que todo dentro de mí se apagó, se niega a mirarme a los ojos.
—¿Qué coño estás diciendo? —exijo al fin.
—Te estoy despidiendo. Ya has cumplido los términos de nuestro
contrato —dice.
Me levanto de mi asiento, corriendo a través de la sala de estar para
quedar delante de él.
—No, no. Tengo dos días para que termine. Lucas, dime, ¿qué está
pasando? —le suplico.
Arrastra sus manos por su cabello grueso y oscuro, haciendo un ruido
bajo y violento.
—Dios, Sienna… sólo, joder, vete. ¿De acuerdo? La casa es tuya. Lo has
hecho, vete antes de que tenga que llamar a seguridad por ti.
No suena como el Lucas que conozco. No suena como nadie que yo
haya conocido. Mi corazón está latiendo salvajemente mientras doy un
paso tentativo en su dirección. Él retrocede, negando.
—Así que, ¿eso es todo? —exijo, las lágrimas rodando por mis mejillas,
chamuscando mi piel—. No hay explicación, ni… nada.
—Te he dado una casa. Joder, no te debo nada —dice con voz fría. Me
pongo a discutir con él más, pero me da la espalda. Aprieta sus manos,
las mismas manos que me tocaron tan íntimamente horas antes, en
puños—. Conserjería se hace cargo de tu vuelo a Nashville. Estate
afuera antes de que regrese mañana.

185
Estoy temblando tan fuerte que me es imposible hablar. Me abrazo a
mí misma. Con respiración entrecortada. Cuando las palabras vienen a
mí, ya es demasiado tarde.
Ya se ha ido, cerrando la puerta tras él.
Cerrando la puerta ante nosotros.

186

Traducido por rihano
Corregido por Maniarbl

ay 750 dólares en mi cuenta bancaria cuando llego a Nashville a
la mañana siguiente, el día nueve, y utilizo un poco menos de la
mitad para alquilar un pequeño coche de alquiler que huele a
comida rápida rancia. El tipo en el mostrador de alquileres dice que
recuperaré 150 dólares de mi dinero cuando regrese el coche y todo lo
que soy capaz de hacer es asentir.
No he llorado desde que dejé el Four Seasons. Para ser honesta, no
puedo. Y créeme, duele pero simplemente… No puedo.
Conduzco durante dos horas, sin saber a dónde debo ir, qué debo
hacer. Sé lo que se siente ser utilizada. Mi madre se había asegurado de
que estuviera bien equipada con ese conocimiento a través de los años.
Pero de alguna manera, los pocos días que pasé con Lucas parecen
mucho más que una vida con mamá.
Y me encuentro queriendo despertar. Queriendo abrir los ojos y
besarlo. Queriendo que me devore sólo un poco más.
Cuando suena mi teléfono, ni siquiera miro para ver quién me está
llamando. Sólo contesto. Subsisto. Kylie está llorando cuando levanto el
auricular hasta mi oreja.
—Por favor, dime que no lo hizo —solloza.
Una pequeña porción del entumecimiento se desvanece. Siento el
penetrante dolor de cabeza. Casi me saca de la carretera.
—¿Por qué importa? —le pregunto.
H

187
—Está dejando que ella lo controle. Revisé su… le hizo una
transferencia de 250 de los grandes, entonces lo llamé y…
Más del entumecimiento se aleja, estrechando mi garganta.
—¿Sam? —le pregunto con voz ronca. Pienso en sus palabras, las que
me dijo ayer por la noche en la fiesta de Cilla, de la discusión de Lucas
con ella ayer por la mañana.
—Ella tiene algo sobre él, Sienna. No tengo ni la menor puta idea de lo
que es, pero lo amenazó. No lo quiere feliz. Está…
Sam es la reina de corazones en el cronómetro.
Tiene la última palabra sobre Lucas, por lo que él siente que tiene que
avisarles a todos los demás sobre mí.
El resto de la insensibilidad se ha ido ahora, dejando un dolor
nauseabundo en el centro de mi pecho. Me detengo en una estación de
servicio y apoyo mi cabeza en el volante.
—Kylie, te llamaré de vuelta —susurro. Ella todavía sigue hablando,
rogándome que no me vaya, cuando quito el teléfono de mi oreja. Le
cuelgo, apagándolo completamente.
Y luego, las lágrimas finalmente vienen.

Cuando todo está dicho y hecho y después de pasar la noche sintiendo
lástima por mí misma en un motel de pago miserable la hora, regreso a
casa de la abuela. Sus ojos están húmedos cuando me encuentra en el
porche y me cuesta todo para no llorar también.
—Has vuelto —dice abrazándome.
Respiro su aroma, asintiendo.
—Sólo por un par de días.
—Probablemente debería adelantarme y decirte que el nuevo
propietario, el Sr. Wolfe, no se va a mudar a Nashville después de todo.

188
Él muy generosamente me ha dejado la casa —dice. Finjo sorpresa,
jadeando y me abraza fuerte—. Sienna, sé dónde has estado.
Mi sangre corre fría mientras me inclino hacia atrás lentamente,
avergonzada, para encontrarme su mirada.
—¿Qué?
—Cuando ayer fuimos a ver a tu madre, Seth me lo dijo. Ahora, no te
enojes con él, sólo estaba tratando de darme un poco de tranquilidad,
pero para ser honesta…
Y mientras la abuela me lleva hacia la casa, su casa, me encuentro
contándole todo. Dejo a un lado los detalles específicos, por supuesto,
pero ella escucha, pendiente de cada palabra que tengo que decir.
Pongo entusiasmo en mi voz; haciendo que mis acciones parezcan
animadas y felices.
Después de terminar, me sostiene cerca. No me hace ninguna pregunta
más, aunque sé que están en su mente y está plenamente consciente de
que hay mucho más que esto que pasó entre Lucas y yo.
—Seth y tú son las dos cosas más grandes que jamás me han pasado.
—Lo sé, abuela. No sé dónde estaría sin ti —murmuro hundiendo mis
dedos en su suéter, sosteniéndome en busca de apoyo.

Un largo correo electrónico de Lucas llega a mi bandeja de entrada más
tarde esa noche. Mientras lo leo, me veo obligada a morder el interior
de mi mejilla para evitar llorar de nuevo. O rechinar los dientes.
Sienna,
Es triste que esto sea lo que hago para ganarme la vida y ni
siquiera puedo conseguir una explicación decente para mí mismo.
Por otra parte, tal vez sea porque nunca he tenido ni quise explicar
mis acciones antes de ti. Sé que te lastimé. Sé que debes quererme
malditamente muerto ahora mismo y lo siento mucho.
Lucas

189
Empiezo simplemente a borrarlo, porque realmente qué bien hace
responderle, pero luego me encuentro a mí misma tecleando la
respuesta. Me encuentro escribiendo un mensaje que es tan corto, pero
mucho más conciso del que él me ha enviado.
Estimado Lucas,
Uno de estos días, vas a tener que levantarte por ti mismo. No
importa lo que alguien esté sosteniendo por encima de tu cabeza.
Sienna
No me detengo en que he dicho o lo leo unas 50 veces, sólo golpeo
enviar.

190

Traducido por Maddy
Corregido por Maniarbl

uelvo a Los Angeles, a la vida que pensaba que había hecho por
mí misma, con el corazón roto. Pero aunque mi corazón se siente
más débil de lo que era antes, sé que soy mucho más fuerte.
Mucho más mi propia persona.
Pero incluso esa comprensión hace muy poco por el hecho de que en
un primer momento, traté de evitar cualquier cosa relacionada con
Lucas o que me lo recordara a toda costa. Aun así, sigue
encontrándome, en un anuncio gigante del nuevo álbum de Your Toxic
Sequel, en el lateral de un autobús y mirándome desde el carrusel de
revistas en la tienda de comestibles. Fotos de la filmación que hizo en
Nashville. Uno o dos meses atrás, hubiera arrancado otra revista de la
estantería y cubierto su cara, pero, ¿por qué molestarse?
Para cuando Micah, un amigo común mío y de Tori quien ha estado
deteniéndose por nuestro apartamento cada vez más a menudo sólo
para verla, pone toda la lista de reproducción de Your Toxic Sequel
cuando nos reunimos, estoy lo suficiente insensible a Lucas para
siquiera inmutarme.
Mi mejor amiga lo aparta a un lado, con los ojos oscuros salvajes,
silbando:
—No vas a poner esa música de mierda aquí, Micah Daniel o…
Pero lo salvo, introduciendo mi cuerpo entre ellos. Incluso con tacones
de cinco centímetros sigo siendo más alta que Tori y la miro a los ojos,
dándole una sonrisa tensa.
V

191
—Es una de sus mejores canciones —le digo. Micah está de acuerdo un
poco demasiado rápido. Le doy una mirada de simpatía mientras él se
escabulle lejos. Quiero decir, en realidad no sabe lo que está pasando o
por qué Tori está siendo una perra con él.
No es culpa de Micah que Lucas terminara conmigo.
Señalando a Tori con el dedo pintado de púrpura, digo:
—No seas perra. Puedo luchar mis propias batallas, pero esa… —
Asiento hacia el iPod en nuestro equipo de música—, desde luego no es
una de ellas.
La boca de Tori cae abierta y me mira. Puedo oír el sonido de sus
manos entrelazadas una a la otra con nerviosismo. Apuesto a que está
deseando una pelota anti estrés.
—Eres una especie de rompe-pelotas —dice al fin, una sonrisa
vacilante reemplaza su ceño fruncido—. No sé si besarte o darte un
cabezazo.
Entonces la tomo de la mano y la empujo de vuelta al centro de la pista
tan rápido como sus tacones de aguja pueden llevarla. Y mientras nos
mezclamos con amigos y escucho la voz de Lucas haciendo traviesas y
sexys promesas, decido que estaré bien.
Después de eso, continúo fácilmente. Más atenta de lo que he estado
nunca. Más alerta a los detalles en mi trabajo. Esto hace que Tomas
esté lo suficientemente aturdido para pasar por alto el hecho de que lo
empujo, amablemente, por supuesto, cada vez que intenta acercarse a
mí.
Tori deja de preocuparse.
Dos meses después de regresar a California, llego a casa del trabajo
para encontrar una carta de Kylie. Casi la deslizo en el fondo de la pila
del correo al que planeo hacer frente este fin de semana, pero luego
suspiro. La envió en un bonito sobre de lino y la abro con cuidado,
mientras trato de no rasgar la tinta roja en cursiva y negrita.

192
Cuando saco la hoja de papel cuadrada cuidadosamente doblada, algo
más cae con ella, flotando hacia el suelo y aterrizando cara arriba.
Es un cheque por $ 6800 y está hecho para mí.
Kylie ha escrito una nota en la esquina inferior izquierda:
24 horas/día x 8 días a $ 25 la hora. Gracias.
—¿Qué es eso? —pregunta Tori saliendo de su habitación y rodeando
la esquina.
Mirando hacia el cheque, froto los dedos hacia atrás y hacia adelante
sobre el fino papel.
—Kylie Wolfe me ha enviado dinero por trabajar para Lucas —
Entonces, leo partes de la nota real en voz alta—. Por las molestias. —
Me salto la parte que dice, Dios… Sienna, por favor contáctame. Envíame
un mensaje por Facebook, llámame o algo. Y no seas orgullosa y cobra el
cheque. Te lo has ganado.
Tori se acerca a la encimera y se contonea hasta subirse sobre ella.
Abrazándose las rodillas, dice:
—¿Y ella piensa que se supone que eso es suficiente para que su
hermano te joda? Amiga, tienes que enviar esa mierda de vuelta y
decirle que no, gracias.
—Voy a cobrarlo —No porque estuviera hambrienta de dinero ni nada
de eso, sino porque este dinero es suficiente para conseguir ir a un
lugar al que necesito ir.
Tori pone en blanco sus ojos oscuros, pero no dice nada. Unas horas
más tarde, después de haber cenado y completar un video de ejercicios
pateador de traseros con Tori, estoy empezando a ver la loca definición
en mis abdominales y me deslizo hasta mi habitación. Me lleva en total
unos 30 segundos reactivar todas mis cuentas de redes sociales y
mientras estoy haciendo eso, marco el número de Kylie.
—Y yo que pensaba que te habías olvidado de mí —dice, la sonrisa en
su voz demasiado imposible de ocultar.

193
—Estamos huyendo juntas, ¿recuerdas? Y tú me vas a dejar
embarazada de tu hijo ilegitimo de cabello azul.

A la mañana siguiente, para sorpresa e irritación de Tomas, presento
mi dimisión en Echo Falls. En realidad coloca su iPad sobre su
escritorio. Mira hacia abajo la carta formal que escribí ayer por la
noche después de terminar en el teléfono con Kylie. Escuchando su
entusiasmo por la música y la escena en Nueva Orleans, donde
actualmente está viviendo, prácticamente había solidificado mi
decisión de decir adiós a hacer el vestuario para el programa de
televisión y a California en sí misma.
Podía hacer lo que quería en cualquier lugar. Y el cualquier lugar que
quería era Tennessee, más específicamente, Nashvegas.
—Me estás dando sólo dos semanas —dice Tomas con vehemencia, su
voz me trae de vuelta al presente y asiento lentamente.
—Así es normalmente cómo funciona —le respondo.
—Estamos llegando a la maldita parte más compleja de toda la historia,
los principales cambios de vestuario y tú sólo me estás dando dos
semanas.
—Hay gente de vestuario dispuesta a dar a sus hijos por trabajar en
este programa. Confía en mí, encontrarás a alguien más.
Lo escucho decirme que no vuelva mañana, oigo como afirma que en
cuanto alguien se comunique con él para pedir referencias mías, les
dirá lo egoísta del coño que soy. Lo incompetente que soy cuando hago
mi trabajo. Dejo que hable sin siquiera una mirada atrás, pero lo
escucho todo.
Esa noche, cuando busco a Tori para cenar y le cuento mis planes de
mudarme, grita dramáticamente.
—No estoy enojada… —Sorbe—. Es sólo que… quién me verá beber
licor de menta los viernes y me advertirá sobre acostarme con
desconocidos.

194
Me río tan fuerte que me ahogo con la Coca Cola que estoy bebiendo.
—Stacy está buscando un lugar para quedarse —señalo refiriéndome a
una de nuestras amigas que a menudo pasa el rato en los clubes. Como
si tuviera una válvula de corte, Tori para de llorar y frunce el ceño.
—Ugh, no es una buena idea. Stacy tiene nuevos desconocidos todas las
noches. Tal vez me conseguiré un cachorro. O sabes, un novio, como
Micah porque tiene una enorme polla. Pero lo más seguro es que sea
un cachorro —dice sonriendo.
Me mudaría aún si a Tori le gustaba o no, pero saber que tengo su
bendición hace las cosas mucho más fáciles.

Intento varias veces darle a Tori parte del dinero que Kylie me envió,
pero lo rechaza.
—No, ese dinero cubre una gran cantidad de sangre, sudor y lágrimas.
—Cuando le meneo una ceja, pone los ojos en blanco de mala gana y
dice:
—Bueno, un montón de sudor y lágrimas, pero te lo has ganado.
El día que dejo nuestro apartamento y California, estoy segura de que
voy a tener moretones en todo el cuerpo al día siguiente porque Tori
no puede tener suficiente de abrazos de despedida.
—Voy a extrañarte mucho —murmura en mi pecho durante el séptimo
u octavo abrazo. Aprovecho la oportunidad para deslizar tres mil
dólares, mi parte de las facturas por dos meses, en su bolsillo trasero.
Se aleja de mí y arrastra el dinero de su bolsillo. Apretando los labios,
pone las manos en las caderas y trata de empujarlo de nuevo hacia mí.
Niego.
—Estuviste de acuerdo con eso hace dos noches —le informo. Cuando
levanta la ceja y me mira como si le estuviera diciendo la mentira más
grande jamás pensada, asiento—. Cuando fuimos a cenar con Micah y

195
le estabas haciendo ojitos. Dije, y cito, pagaré dos meses de facturas
cuando me vaya y dijiste que sí.
—Tú, astuta perra de mierda —dice riendo y secándose las lágrimas.
Me doy cuenta de que estoy haciendo lo mismo.
—Escuchar es una virtud, querida amiga. Búscalo en Google.

196

Traducido por 5hip
Corregido por LadyPandora

i vida en Nashville es mejor que cualquier cosa que pudiera
haber imaginado. Vivo con la abuela. Entro en contacto con
amigos con los que no he hablado desde el arresto de mi
madre. Conozco gente nueva y tengo el ocasional ligue de una noche.
Ninguno de ellos es nada como él, pero me alegro.
No hay ataduras ni físicas ni emocionales con los chicos que follo una o
dos veces.
Y entonces empiezo a conseguir clientes. Clientes personales.
Consultores de vestuario para los videos musicales, música country,
pero me lo llevo porque me gusta muchísimo mi trabajo. Y cada vez
que alguien me contrata, me dicen que Kylie Wolfe los remitió.
He tenido que concedérselo a ella, es buena para los negocios.
Hablo con Tori todos los días y hago un punto de contacto con Kylie, al
menos una vez a la semana, ya sea por teléfono o mensaje instantáneo.
Me hace un millón de preguntas sobre el trabajo, la abuela e incluso
por Seth. Le pregunto por el hombre que ha estado viendo, alguien que
conoció en una fiesta de después de una entrega de premios y por qué
escogió su nuevo color de cabello. Ahora es rojo fuego y rubio blanco y
lo detesto.
Se ríe cuando le digo que francamente se parece a una Spice Girl.
Ni una sola vez menciona a Lucas y yo no pregunto.
Pero entonces, a mediados del mes de julio en una noche sudorosa
donde la abuela ha ido a jugar al Bingo, Kylie me manda un mensaje
M

197
faltando cinco minutos para las nueve, que me dice que encienda el
televisor. Me da el canal exacto.
Es una cadena de videos musicales.
Hay un cartel que atraviesa la parte inferior, sobre publicidad del
estreno del video de Lucas Wolfe como solista. Mi teléfono vibra en mi
mano. Lo miro para encontrar otro mensaje de Kylie.
Sólo... mira el maldito video. Me complacerías bastante.
Este es uno de esos momentos en los que en serio considero cambiar
mi número de teléfono de nuevo, pero pongo mis ojos en blanco y me
deslizo en el sillón de mi abuela. Pongo mi teléfono en la mesa de café.
El video comienza exactamente a las 9 y es diferente a cualquier vídeo
de Your Toxic Sequel, es casi poético. Lucas está sentado en un
taburete, con los ojos vendados. En lugar de sincronización de labios
con la música, está sosteniendo tarjetas ilustrativas gigantes.
Me toma un momento darme cuenta de la canción, una taciturna y sexy
balada llamada 10 Days usa la música de fondo que Lucas y yo
escribimos juntos la noche en que me inclinó sobre el piano. Me toma
un par adicional de segundos, ya que la humedad repentina en mi ropa
interior de algodón fino es una distracción, para comprender que las
palabras en las tarjetas no son palabras, sino que son números en
cuenta regresiva, del 10 al 1.
Y entonces, por fin entiendo que las tarjetas que está sosteniendo cada
dos o tres líneas indican un mensaje dentro de la canción destinado
exclusivamente para mí.
Es una extravagante e indignante manera de Lucas de ponerse en
contacto conmigo. Manteniendo absoluto silencio, escucho el resto de
la canción, repitiendo mentalmente cada línea que contiene una pieza
del rompecabezas. E igual que los pulsos de la música en mis oídos,
siento mil cintas de seda envolviéndose alrededor de mi corazón y
apretando.
8. Pero probablemente estás diciendo
7. ¡muérete! ahora mismo porque

198
6. te engañé cuando quisiste
5. confiar en mí. Todavía dejaste dos
4. días más, así que te voy a dar
3. la pura verdad, pidiéndote perdón, haciéndolo correctamente.
2. Sólo...
La boca de mi estómago duele, la familiar punzada de nostalgia y
miedo, mientras espero que sostenga la tarjeta final, la pieza que falta
en el mensaje. Esa vieja y débil parte de mí me dice que debo apagar
este video ahora, que debo olvidar a Lucas porque lo único que va a
hacer es causarme más dolor.
Le digo a esa parte de mí que cierre la puta boca.
Estoy sin aliento cuando la música termina y Lucas se baja la venda de
los ojos y levanta la última tarjeta a nada más que silencio. Entonces,
mi puerta se está sacudiendo. Alguien tamborilea fuertemente en la
madera, el ritmo tan rápido como mis latidos. De repente, tengo esta
vívida imagen del día en el juzgado hace meses; cómo Lucas había
tamborileado sus largos dedos sobre la mesa frente a él.
Lucas me tira en sus brazos al momento en que abro la puerta,
cerrando sus brazos a mi alrededor. Entierro mi cara en su hombro
mientras dice, terminando la canción.
—Decir que lo que pasó no es por nosotros.
No me importa lo de Sam o los esqueletos en su armario, porque todo
es una mierda que se puede superar. Sólo sé que él está aquí.
Sosteniéndome. Tocándome. Devorándome.
Las cintas rojas apretando mi corazón lentamente se desenredan y
caen al suelo. Liberándome.
—No lo es... Señor.

199
Escena del Piano
Punto de vista: Lucas Wolfe

Traducido por 5hip
Corregido por LadyPandora

lego a casa a las doce y media, a una casa en silencio y de un tono
negro y el hijo de puta de un viejo amigo, el remordimiento, me
da un rodillazo en las bolas porque Siena ya está en la cama.
Después de encender los interruptores de la luz en el vestíbulo, me
encuentro de pie en su puerta cerrada y el tenue aroma del perfume de
manzana me inunda como veneno.
—Mierda —gruño entre dientes. Había pasado las últimas dos horas en
algún club de strippers con Wyatt y Cal pensando en nada más que ella
y ahora que estoy tan cerca me acuerdo de todo lo que he prometido
que no haría.
No, no voy a tocarla; no hasta que lo pida y no voy a llevármela a la
cama hasta que me lo esté rogando, pero eso no detendrá a esta
necesidad. Simplemente hace que sea mucho peor. En silencio, tomo
las escaleras hasta el dormitorio principal. Mantengo mi mirada fijada
lejos de la cama porque todo lo que voy a imaginar es como luciría
Sienna ahí; desnuda y húmeda, con las muñecas presionadas por mis
manos y las frazadas negras amontonadas entre sus dedos. Se ha
metido bajo mi piel. Hasta el punto en que ni siquiera una ducha de
agua caliente y la maldita música de terapia me ayudarán.
Pero de todos modos decido probar ambas cosas. Me quedo en la
ducha hasta que el agua sale fría y sigo parcialmente mojado cuando
L

200
me arrastro en un par vaqueros. Para cuando agarro mi cuaderno de su
lugar en la parte de abajo del colchón y me dirijo escaleras abajo a la
sala de música, es la 1 de la madrugada. Durante mucho tiempo, me
quedo en la puerta porque quiero ir escaleras arriba, a Siena. Quiero
despertarla y sentirla envolver esas largas piernas a mi alrededor. Es
este deseo el que finalmente me impulsa, obligándome a dar la vuelta
en el banquillo.
Las primeras líneas son fáciles, seguidas por la música y antes de
darme cuenta, mis dedos están sobre las teclas. Estoy tan dentro de
ella, tan ajenos a cualquier cosa, excepto en lo que estoy escribiendo y
tocando, que no me doy cuenta de que está aquí abajo conmigo hasta
que la escucho sostener la respiración. Todos mis músculos se tensan
en nudos, pero me obligo a relajarme. No tengo una maldita opción.
Ella no tiene que ver lo que me hace, así que no levanto la vista para
disfrutar de la vista de ella de inmediato. Inclinándome hacia adelante,
deslizo mi pluma sobre la página y escribo lo que necesito de Sienna.
Sabes lo que necesito escuchar. Ruégame que te consuma esta noche.
Me quedo mirando a las palabras hasta que se confunden y sólo
entonces puedo tirar la pluma sobre el atril y levantar la mirada. Se
apoya en la puerta, con todo ese cabello rojo cayendo sobre uno de sus
delgados hombros y nada más que un pequeño manto cubre ese
cuerpo dentro del que me quiero deslizar. Las comisuras de mi boca
giran en algo parecido a una sonrisa al igual que mi polla crece con
fuerza.
—No te llamé —le digo—. ¿Qué quieres?
Sus ojos azules se hunden en el suelo y un delicioso sonrojo sube
sigilosamente por sus piernas desnudas, desapareciendo bajo el
dobladillo de su bata.
—No... No sabía que tocabas —dice con una voz sin aliento que
necesito escuchar una y otra vez mientras me clava las uñas en los
hombros.
—Google es tu amigo.

201
Sin embargo, en el momento en que lo digo, me siento como un idiota.
Cuando da la vuelta para irse, entro en pánico.
—Quédate. No quiero... —Estar solo. Dejarte ir. Ir a dormir con otro
maldito remordimiento que gira en torno a ti.
Sienna se detiene, me da un pequeño asentimiento y se da la vuelta,
caminando hacia mí con pasos inseguros y lentos. Verla así envía
cientos de pensamientos en espiral a través de mi cabeza y me acerco a
mi cuaderno.
—¿Cuánto tiempo me necesitas? —pregunta cuando llega al lado del
piano. No le contesto hasta que he terminado de escribir y cuando
levanto los ojos a la longitud de su cuerpo, cruza los brazos
protectoramente sobre el pecho.
—El tiempo que sea necesario —le respondo.
—¿Para qué?
Levanto una ceja. Ella no quiere la respuesta a eso, aunque siempre me
ha rogado por honestidad, por lo que dirijo mi atención hacia el teclado
y comienzo a tocar.
Cuando me pongo a cantar, cuando digo Te voy a follar con cada
amanecer; hace un sonido ahogado en el fondo de la garganta. Después
de terminar, me encuentro de nuevo con sus ojos.
—¿Y bien? —Nunca ha importado con nadie más, pero me importa y
mucho lo que Sienna piense. Siempre lo hará. Ella recorre la punta de
la lengua por los labios, haciendo que mi espalda se enderece. Tiene
que saber que está jodiéndome. No hay forma de que no se dé cuenta
de lo que me hace, sin importar lo inocente que parezca.
—El final está mal. Demasiado feliz. Debería ser… —dice, inclinándose
hasta que su cabello está en mi rostro, burlándose de mí con su maldito
aroma a manzana. Ella reproduce los últimos compases y me mira, con
sus grandes ojos azules esperando.
—¿Tocas? —exijo y una sonrisa coquetea en las comisuras de sus
labios rosados.

202
—Google es tu amigo, Wolfe.
Mis palabras no sonaban casi tan divertidas como viniendo de ella, me
levanto y apunto hacia abajo.
—Tócala otra vez. —No va contra mí como normalmente haría. En
cambio, se mueve cerca del piano y toca el final una vez más. No quiero
que se detenga—. Una vez más. Más despacio. Y esta vez, cierra los
ojos, pelirroja —gruño. Y cuando lo hace doy un paso hacia ella, hasta
que puedo sentir el calor que viene de la parte posterior de su cuerpo.
Golpea una nota plana. Oigo sus dientes deslizándose juntos, pero
antes de que pueda reprenderla y decirle que deje de rechinarlos,
suspira con nerviosismo.
—Ahora es cuando me dices de tener sexo contigo y luego me mandas
corriendo a buscar unos Cheetos para curar tus antojos, ¿no? —Me río,
a pesar de nada más querer inclinarla aquí mismo.
—Los Cheetos dan asco —digo, mi aliento avivando el cabello en la
nuca de su cuello—. Y sabes lo que tienes que hacer para que tenga
sexo contigo.
Baja ambas manos forzosamente y mira de vuelta a mis ojos.
—Ya que no me necesita, ¿puedo ir a la cama, Sr. Wolfe? —No. Porque
no quiero dejarte ir esta noche.
Estrecho mis ojos y le doy una respuesta genial:
—Absoluta y jodidamente no. Mira Sie... todo lo que tienes que hacer es
decir las palabras.
—¿Y cuáles serían?
—Llévame hasta el final, Lucas —le digo, burlándome de su suave
acento. Inclino mi rostro hacia abajo para que nuestros labios casi se
toquen. Necesito probarla—. Y eso es lo que vas a decir la primera vez
que follemos. Mi nombre. Sólo Lucas.
—Vete a la mierda, Lucas —dice entre dientes, consiguiendo una
media sonrisa de mí. Parece que estuviera a punto de decir algo más,

203
pero su boca está completamente sobre la mía y no tengo más remedio
que meter mi lengua entre sus labios, reclamándola.
Cuando aprieto las manos a mi lado, suelta un gemido de frustración.
—Tus manos... Quiero tus manos tocándome a partir de ahora —gime.
La alejo de mí antes de que tenga la oportunidad de cambiar de
opinión. Mis dedos devoran su cuerpo, sin detenerse hasta encontrar el
espacio entre sus largas piernas que ya está resbaladizo. Se estremece
mientras presiono mi mano contra sus bragas. Está tan húmeda. Y es
mía. Sólo que no lo sabe aún. La tiro hacia atrás y la miro a los ojos.
—Quiero llevarte hasta el final, y sé que me quieres en tu interior. Di
las palabras —insto.
Sienna sacude la cabeza de un lado al otro.
—No.
Pero no es lo que quiere decir, jodidamente lo puedo decir, porque se
estremece y aprieta los ojos a la vez mientras deslizo mi nudillo ida y
vuelta por el centro de la escasa tela de algodón que podría destrozar
con sólo el pulgar y el dedo índice .
—¿Estás segura? —pregunto. Asiente y mi garganta se aprieta—. Date
la vuelta y toca. Lo mismo que antes y no te detengas.
Cumple, inclinándose sobre el teclado y tocando la melodía lentamente,
con las cejas juntas en concentración. Debo haberla pillado con la
guardia baja en el momento que empujo mis dedos dentro de sus
bragas y froto mi pulgar sobre su clítoris, porque deja escapar un
suspiro áspero. Sonrío y deslizo cuidadosamente un dedo dentro de su
cuerpo, agarrándole el culo con la otra mano cuando se aprieta a sí
misma alrededor de mí. Dios, se siente tan jodidamente bien. Sacude
las caderas y me da miradas frenéticamente sobre su hombro, pero yo
niego.
—No lo hagas. Joder. Detente —gruño.
Sienna tiene que ser la persona con más talento que he conocido,
porque sigue tocando, sin detenerse siquiera cuando deslizo otro dedo

204
dentro de ella o cuando circulo el pulgar alrededor de su centro y cesa
de presionar los dientes. Es sólo después de que ella se deshaga unos
momentos más tarde que cae contra las teclas y relaja su cuerpo contra
el mío. Entierro mis dedos en su bata para no tocarla de nuevo. O darle
nalgadas.
Cuando su respiración finalmente se ralentiza, se quita el cabello de la
frente y se vuelve un poco para encontrarse con mi mirada.
—Lucas, quiero… —Sé lo que está a punto de decir, me va a pedir que
la folle. Pero también sé que no está dispuesta a dármelo todo. Y no
importa lo mucho que la quiero en la cama de arriba esta noche, la
necesito a toda ella antes de tomar su virtud.
—Vete a la cama, Sienna —digo cortando sus palabras.
De mala gana, saco mis dedos del calor de su cuerpo, haciéndola
estremecerse de nuevo. Se vuelve hacia mí, sus movimientos lentos y
controlados.
—No.
Esta es la primera vez que ha protestado a gran parte de una discusión
conmigo esta noche y aprieto los dientes en una sonrisa tensa.
—Entonces vamos a intentar esto de la manera en la que estás
familiarizada: Vete a la mierda. Tengo que trabajar y como te he dicho
antes, eres jodidamente horrible en la música.
Una mirada de dolor cruza su hermoso rostro sonrojado, pero
inmediatamente pone una máscara inexpresiva. No importa, porque ya
siento el remordimiento. Sienna ha conseguido una manera de sacar
todas las emociones de mí y me hace sentir, y lo odio.
Me da una rápida inclinación y ya está deslizándose hacia la puerta
cuando murmura:
—Buenas noches, Sr. Wolfe.
Mis ojos la siguen y me encuentro mirando a la puerta una vez más.
Quiero que vuelva, o aclararme las ideas e ir tras ella, pero al final, me
dejo caer sobre la banqueta del piano y abro mi cuaderno. Me las

205
arreglo para escribir el título de la nueva canción en la parte superior
de la página antes de romper el lápiz por la mitad a causa de ese
maldito remordimiento que parece ser mi historia y la de Sie:
Consumido.

206
Desaparición de Lucas en Atlanta
Punto de vista: Lucas Wolfe

Traducido por 5hip
Corregido por LadyPandora

uando estoy listo para salir de la habitación del hotel, Sienna
levanta la vista desde su lugar en el sofá donde está estudiando la
guía de canales y me da una sonrisa suave.
—Fue en serio lo de antes, no creo que alguna vez me vaya
acostumbrar a este tipo de cosas —murmura con timidez.
La maldita cosa alucinante es que quiero que se acostumbre a esta
vida, quiero que se acostumbre a mí. Ya debería saberlo. Teniendo en
cuenta que estoy a un cuarto de hora de encontrarme con mi mayor
cagada, debería ser más inteligente, no sólo por mi bien, sino también
por el de Sie. Pero ahora que la he encontrado de nuevo, no quiero
dejarla ir. Sienna iba a ser mi perdición.
—Estaré de vuelta pronto —murmuro mientras entro al pasillo.
—Estaré aquí. —Asiente, haciendo que su largo cabello rojo le caiga
sobre los hombros, haciendo que me piquen las manos por tocarlo.
Haciéndome querer volver a esa habitación y follarla hasta que me esté
rogando que envuelva los dedos alrededor de su cabello.
A continuación, mi teléfono emite un sonido, es el tono inquietante que
le he asignado a Sam y el momento se pierde. Sin decirle una palabra
más a Sienna, cierro la puerta de la habitación de hotel detrás de mí. De
camino a su apartamento, Sam explota mi teléfono. Llamada, mensaje,
llamada, mensaje, llamada. El teléfono se encuentra a pocos
centímetros de mí en el asiento trasero de la limosina, pero no voy a
C

207
responder, y estoy segurísimo de que no voy a leer todo lo que me ha
enviado.
Sé que Sam sólo va a enfadarme y quiero mirarla lo más tranquilo
posible. El conductor nos lleva a Peachtree Street en un tiempo récord
y mientras esperamos a que nos dejen entrar por la verja para llegar a
su casa, no puedo evitar comparar el lujoso apartamento en el que Sam
está viviendo ahora con la pieza de mierda que habíamos alquilado
hace casi diez años, cuando estuvimos casados. Había sido el año más
triste de mi miserable vida, pero la había amado. Al menos, pensaba
que lo hacía.
La verja se abre de golpe y el chofer de la limusina la adelanta.
—Para aquí —digo con voz tensa cuando nos acercamos al edificio de
Sam—. Diez minutos, ¿de acuerdo? —agrego cuando el conductor abre
la puerta y me da una rápida inclinación de cabeza.
—Sí, señor.
Justo antes de que me dirija dentro del edificio, paso el coche de Sam,
un nuevo Mercedes SL65 negro pequeño que había comprado con mi
dinero hace un año. Se ha conseguido unas vanidosas matriculas
recientemente y mis manos se aprietan automáticamente ante esa
vista.
SFNWOLF
8

Samantha-Jodida-Wolfe. Demasiada mierda para no conseguir
enojarme. Estoy frunciendo el ceño dos minutos más tarde, cuando
toco el timbre de su puerta y ella responde, llevando un vestido negro
ceñido a pesar de que estamos a finales de invierno y haciendo todo lo
posible para lucir sorprendida de que haya venido. Por supuesto, los
dos sabemos que no está ni un poco sorprendida, me tiene por las
malditas bolas y se da cuenta a juzgar por la sonrisa lenta que se
extiende a través de su cara. Sam mete un mechón de su corto cabello
rubio oscuro detrás de la oreja, haciéndose a un lado para dejarme
entrar. La última vez que estuve en la ciudad, había sido morena.

8
SFNWOLF: en el original, Samantha-Fucking-Wolfe.

208
—No contestaste el teléfono —dice.
Camino por delante de ella, encogiéndome de hombros cuando trata de
serpentear su mano alrededor de mi pecho.
—No hay necesidad de responder.
Me hundo en el inmaculado sofá de cuero blanco y cierro los ojos,
escuchando el sonido de la puerta al cerrarse y sus tacones de quince
centímetros chasqueando en el suelo.
—Por cierto, de nada, por el maldito coche.
—Oh, guau —sisea entre dientes—. Eres más que una habitual polla
hoy en día. Déjame adivinar, ¿quieres volver, a donde sea que te estás
quedando, así puedes jugar a amarrar a la pelirroja?
Escuchar a Sam mencionar a Sienna consigue que todos mis músculos
se contraigan, pero simplemente le doy una sonrisa fría y abro mis
ojos. Está de pie, al otro lado de la mesa de café, con los brazos
cruzados sobre el pecho y dándome una mirada abatida. Había caído
por eso demasiadas veces para contar en el pasado.
Metiendo la mano en el bolsillo, saco un sobre pequeño y lo tiro en la
mesa de café. Sam deja caer su mirada hacia él.
—¿Qué? ¿No vas a arrastrarte a por él como de costumbre? —exijo.
—¿Quién es ella? —argumenta inmediatamente Sam.
—¿Quién?
Deja caer los brazos delante de sí, retorciéndose las manos.
—La chica del vídeo de YouTube.
—Nadie —gruño. Nadie sobre quien no quiero que Sam sepa porque
Sienna es todo lo que no merezco—. ¿Vas a tomar el dinero o no?
—Aún te amo —dice Sam manteniendo sus ojos fijos en el cheque—.
Te amo y estás buscando a esa perra como si la adoraras.
Está nerviosa y enfadada y, por este breve momento, sigue siendo la
chica con la que una vez me case. Hermosa. Vulnerable. Pero entonces

209
levanta esos ojos grises a los míos, lo que me hace pensar en todas las
putas ideas que le están pasando por la cabeza, y estoy absolutamente
seguro de que no ha quedado nada de esa chica dentro de ella. Sam no
me ama. Sólo está enamorada de la idea de impedirme encontrar la
felicidad, incluso lo dijo una vez, pero dudo que ni siquiera lo recuerde.
—Deja de llamar a mis padres —le digo mientras me pongo de pie para
rondar la habitación. Al abrir la puerta principal, miro hacia atrás por
encima del hombro—. Deja de hacer que los gilipollas de tus amigos
publiquen cosas sobre mi hermana en internet.
—¿O qué? Si te digo que te quedes, te quedarás. Si te digo que le digas a
esa mujer que…
Aunque sé que más adelante esto le va a importar una mierda, incluso
a pesar de que sé que voy a pagar por ello, la interrumpo cerrando la
puerta de golpe detrás de mí.

210


Ahora que Lucas ha declarado su amor
por ella, Sienna está segura de que el
drama entre ellos ha terminado.
No tiene miedo de la ex-esposa de
Lucas ni de cualquier secreto que esa
otra mujer mantenga sobre su él.
Durante dos días dichosos, el resto del
contrato de Sienna con Lucas, se
refugian en una casa vacacional en las
montañas de Tennessee,
consumiéndose entre sí.
Al final de su estancia, Lucas le hace a
Sienna una proposición: su banda,
Your Toxic Sequel, se va de gira con
los Wicked Lambs y él la quiere con él todo el tiempo. Sienna se
compromete a trabajar en su vestuario y ser su novia oficial.
La vida en la carretera es diferente de cualquier cosa Sienna ha
conocido. No sólo tiene que lidiar con los miembros de la banda de
Lucas, sino que también está obligada a estar alrededor de Cilla, la
vocalista de Wicked Lambs, que claramente está enamorada de Lucas.
A pesar de sus compañeros de banda caliente y una hermosa diosa
roca persistente decididos a hundir sus garras en Lucas, Sienna se
mantiene a su lado.
Entonces comienzan las amenazas.
La ex esposa de Lucas, Sam, no está conforme con que él haya seguido
adelante y Sam comienza a acosar a Sienna, desde mensajes de correo
electrónico amenazantes a llamadas telefónicas e incluso con cuentas

211
falsas publicando comentarios agresores en el muro de Your Toxic
Sequel y difundiendo rumores viciosos. Sienna le oculta esto a Lucas ya
que sabe el daño que Sam le hace a su música.
No es hasta que Sienna es atacada por un fan enloquecido de YTS
contratado por Sam y Sam empieza a apuntar sus amenazas verbales a
la abuela de Sienna, que Lucas finalmente revela su secreto. Y es uno
grande...

212
Nativa del sudoeste de Virginia, esta autora de 26 años ha publicado la
reciente serie Devorada (2012) y Confessions of a Frat Girl (Confesiones
de una Chica de Fraternidad) (2013). Le encantan los libros, los chicos
malos y sexis y el rock muy muy alto, así que, naturalmente, escribe
historias sobre estas tres cosas.
Podrás encontrarla en Internet en emilysnowbooks.blogspot.com

213
Traducido, corregido y diseñado en…









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