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Jerome Bruner Jerome Seymour Bruner nació el 1º de octubre de 1915 en Nueva York.

Jerome Bruner

Jerome Seymour Bruner nació el 1º de octubre de 1915 en Nueva York. Es hijo de padres inmigrantes polacos, Herman y Rose (Gluckmann) Bruner. Nació ciego y no pudo ver hasta que le realizaron dos operaciones de cataratas cuando aún era niño. Asistió a escuelas públicas, graduándose del secundario en 1933, y luego ingresó a la Universidad de Duke en la que se especializó en psicología. Luego continuó con estudios de posgrado en la Universidad de Harvard, en la que obtuvo su máster en 1939 y su doctorado en 1941. Durante la segunda guerra mundial, sirvió al General Eisenower en la División de Psicología de Guerra de los Supremos Cuarteles de la Fuerza Aliada Europea. Luego de la guerra, se unió al cuerpo docente de Harvard en 1945. Cuando Bruner ingresó en el campo de la psicología, la disciplina estaba muy dividida entre el estudio de la percepción y el análisis del aprendizaje. El primero era mentalista y subjetivo, mientras que el segundo era comportamental y objetivo. En Hardvard, el departamento de psicología estaba dominado por los conductistas, que dirigían un programa de investigación llamado psicofísica, con la visión de que la psicología era el estudio de los sentidos y el modo en que éstos reaccionan al mundo de energías físicas o estímulos. Bruner se reveló contra el enfoque del conductismo y la psicofísica, y junto con Leo Postman implementaron una serie de experimentos que resultarían en el “New Look”, una nueva teoría de la percepción. La New Look sostiene que la percepción no es algo que ocurre inmediatamente, como era asumido por las viejas teorías. En realidad, la percepción es una forma de procesamiento de la información que involucra la interpretación y la selección. Ambos autores sostenían que la psicología debía preocuparse por cómo las personas miran e interpretan el mundo, así como por el modo en que responden a los estímulos. El interés de Bruner lo llevó desde la percepción a la cognición -cómo piensa la gente-. Esta nueva dirección fue estimulada por las discusiones tempranas de Bruner en 1950

con Robert Oppenheimer, el físico nuclear, respecto de si las ideas en la mente de un científico determinaban el fenómeno natural que se observa. Una publicación importante de este período fue A study of thinking (1956), escrito con Jacqueline Goodnow y George Austin. Este artículo exploraba cómo la gente piensa y agrupa las cosas dentro de clases y categorías. Bruner encontró que la elección de agrupar las cosas casi siempre involucra nociones de procedimientos y criterios. También implica focalizarse en un sólo indicador (que se toma como base) y agrupar las cosas en torno a la presencia de tal indicador. Más aún, la gente agrupará las cosas en función de su propia capacidad de memoria y atención, y buscará reiteradas confirmaciones de sus hipótesis incluso cuando no es necesario. A study of thinking ha sido considerado un artículo iniciador de las ciencias cognitivas.

Centro de Estudios Cognitivos

Pronto, Bruner comenzó a colaborar con George Miller en el estudio sobre cómo la gente desarrolla modelos conceptuales y cómo codifica información sobre estos modelos. En 1960 abrieron el Centro de Estudios Cognitivos en Harvard. Ambos compartían la convicción de que la psicología debía encargarse de los procesos cognitivos – los modos distintivos en que los seres humanos ganan, almacenan y trabajan con el conocimiento. Bruner fue llevado hacia nuevos desarrollos en filosofía y antropología: la filosofía lingüística para razonar sobre las capacidades humanas para el lenguaje y cómo los pensamientos se organizan en sintácticas lógicas, y la antropología cultural para comprender cómo el pensamiento se condiciona culturalmente. Al Centro acudieron alguna de las figuras líderes en psicología, filosofía, antropología y disciplinas relacionadas, que hicieron contribuciones a los estudios de los procesos cognitivos. En retrospectiva, Bruner dijo que lo que más buscaban él y sus colegas en esos años era mostrar un principio de orden mayor: que el pensamiento humano implica las capacidades del lenguaje y condiciones culturales más que constituir una mera respuesta a estímulos. A pesar de sus muchas contribuciones a la psicología académica, Bruner es posiblemente más conocido por su trabajo sobre educación, la mayoría del cual emprendió durante sus años en el Centro de Estudios Cognitivos. Sostenía la postura de que la especie humana se hizo cargo de su propia evolución moldeando tecnológicamente el ambiente. La transmisión de esta tecnología y la herencia cultural involucran la supervivencia de las especies. Por eso, la educación es de extrema importancia. Como Bruner admitió, él mismo no apreció su importancia hasta que en 1957 fue llevado al debate educacional en los Estados Unidos que siguió al despegue de

Sputnik, el primer satélite, en la vieja Unión Soviética. En 1959, Bruner fue llamado para presidir la reformar del currículum de la Academia Nacional de Ciencias. 34 científicos prominentes, escolares y educadores se encontraron para discernir los lineamientos de un currículum nuevo en ciencias para las escuelas norteamericanas. Del trabajo final resultó El proceso de educación, que devino un best seller de inmediato y fue traducido a 19 idiomas. Quizás el elemento más recordado es la afirmación de Bruner de que cualquier materia puede ser enseñada eficientemente en una forma intelectualmente honesta a cualquier niño en cualquier nivel de desarrollo.

Un currículum controversial

El trabajo educacional de Bruner hizo que lo llamaran para conformar el panel de educación del Comité del Consejo Presidencial de Ciencias. Bruner también trabajo en un currículum de nuevos estudios sociales para los Servicios de Educación, llamado Man: a course of study, el proyecto controversial fundado federalmente que llevó a la ira de varios grupos conservadores porque no se apoyaba en valores y tradiciones que ellos consideraban importante. La controversia llevó a que varias escuelas de distritos abandonaran el programa, y los fondos federales fueran negados para cualquier desarrollo posterior. El programa sí fue continuado en algunos distritos, y adoptado por varios colegios de Inglaterra y Australia. En 1972, el Centro de Estudios Cognitivos fue cerrado, y Bruner se mudó a Inglaterra luego de ser citado por el profesor de psicología Watts, de la Universidad de Oxford, Wolfson College. Su investigación ahora se focalizó en el desarrollo cognitivo en la temprana infancia. En 1980 regresó a los Estados Unidos por un corto período de tiempo en Harvard, y en 1981, fue citado para tomar la posición de George Mead en la Nueva Escuela de Investigación Social en Nueva York, y ser el director del Instituto de Nueva York para Humanidades. Bruner nunca intentó, en sus propias palabras, construir un gran sistema de pensamiento. Su interés principal fue la psicología de la mente,especialmente la percepción y cognición, así como la educación.

Publicaciones

Bruner publicó una serie de conferencias en 1990, Actos de significado, donde refuta el acercamiento del procesamiento digital al estudio de la mente humana. Reenfatiza los aspectos culturales y ambientales de la respuesta cognitiva. Bruner acusa a la actual

psicología cognitiva de haberse enredado con problemas técnicos que son marginales a los propósitos y al impulso que animaron aquella revolución cognitiva que él ayudó a crear y aboga por la creación de una psicología cultural. Destaca la naturaleza de la construcción del significado, su conformación cultural, y el papel esencial que desempeña en la acción humana. Es un intento de mostrar cómo debe ser una psicología que se ocupa esencialmente del significado y cómo ésta se convierte inevitablemente en una psicología cultural. En 1986, puso su propio enfoque en algunos temas de la literatura y antropología, en su libro Realidad mental y mundos posibles . Según el autor, la ciencia cognitiva se ha centrado demasiado estrictamente en los aspectos sistemáticos y lógicos de la vida mental, es decir, en los procesos mentales que empleamos para resolver acertijos, comprobar hipótesis y plantear explicaciones. Pero existe otra faceta de la mente: la destinada a los actos humanos de la imaginación, que nos permiten dar sentido a la experiencia. Es la que produce buenos relatos, obras dramáticas, mitos y crónicas históricas. Bruner la denomina modalidad narrativa y en este libro logra importantes progresos en deslindar su carácter. A partir de recientes trabajos sobre teoría literaria, lingüística y antropología simbólica, así como también sobre psicología cognitiva y psicología del desarrollo, Bruner examina los actos mentales que intervienen en la creación imaginaria de mundos posibles y demuestra cómo la actividad que produce esos mundos sirve de base para las ciencias humanas, la literatura, la filosofía y asimismo para el pensamiento cotidiano. El mismo año participó de un simposio en la Universidad de Yale sobre las implicaciones de la acción afirmativa en el contexto de la universidad. Bruner también contribuyó a un cassette educacional, Baby Talk (1986) donde provee una excelente comprensión de los procesos mediante los cuales el niño adquiere habilidades lingüísticas.

Biografía confeccionada por la Lic. Ana Belén Amil