LOS SLOGANS Fecha Viernes, 29 febrero a las 08:34:51 Tema Opinión Opinión Michael A.

Galascio Sánchez (*) • Según el diccionario Webster, la palabra slogan se utilizaba originalmente para referirse a un grito de guerra de los clanes escoceses. Quizás las campañas políticas son el equivalente moderno de la guerra de clanes Hace unos días salía de la Plaza de Santa Ana para coger un taxi frente a la Catedral. A lo lejos, veía un cartel de publicidad electoral que parecía decir “motivos para correr” y observaba una imagen difuminada parecida a la de Joaquín Almunia o Roldán. Según se acercaba el taxi, me daba cuenta de mi enorme equivocación, el slogan decía “motivos para creer” y la imagen era la del candidato número uno, por Gran Canaria al Senado. Al motarme en el taxi decidí cambiar de destino e ir hacia la óptica. Durante el trayecto, también observé un cartel que reflejaba “Ideas raras”. Claro, que conocido el impedimento visual temporal que me aquejaba, no di crédito y según me acercaba confirmaba mi razonamiento al ver que se trataba de “Las ideas claras”. Esta situación me hizo recordar un artículo que escribí hace algún tiempo sobre los slogans y la importancia de los mismos. Un buen "slogan" político debe dar a los votantes alguna idea de qué significa votarle a un candidato y debe destacarle del resto. Además, de utilizar los slogan's para definir a un candidato, también se utilizan para señalar o atacar a los adversarios. Según el diccionario Webster, la palabra slogan se utilizaba originalmente para referirse a un grito de guerra de los clanes escoceses. Quizás las campañas políticas son el equivalente moderno de la guerra de clanes. Es significativo analizar los slogan’s políticos, ya que éste es el producto de uno de los trabajos más importantes de cualquier campaña electoral. Los "ingenieros conceptuales" dentro de los equipos de las distintas formaciones políticas estudian minuciosamente la función ideológica del mensaje, que tiene como propósito crear la sensación de estabilidad económica y política como condicionantes necesarios en una cultura que define el progreso como la capacidad de más personas, compren cada vez más cosas. Esta estabilidad requiere un clima de calma, serenidad y confiada seguridad, lo que se consigue mejor manteniendo los pensamientos perturbadores fuera de los asuntos públicos. Como es difícil tomar partido en cualquier cuestión sin ofender a alguien, y como los ofendidos pueden ser miles de votantes, los estrategas políticos tratan las cuestiones controvertidas no con partidismos estridentes o transmitiendo dogmas, sino ignorando la controversia.

Detrás de algunas frases simples, que no revisten otra pretensión, más que su significado literal, se esconde en muchas ocasiones una intención dirigida a generar diferentes estados emocionales. Uno de los ejemplos más evidentes fue la frase que acuñó José María Aznar cuando decía: "España va bien", que de alguna manera proveía un apoyo emocional a los ciudadanos, ya que la idea de que el conjunto de la sociedad española marcha bien, sugiere por lógica, que el individuo como componente de ese todo, también. De ésta manera, se restaura el equilibrio individual y colectivo en momentos de crisis social. Por otro lado, la estrategia del PSOE en aquella campaña se basó en el slogan "Merecemos una España mejor", queriendo transmitir que era capaz de construir una España mejor para todos, independientemente de su lugar de residencia. No obstante, detrás de ese slogan simple en teoría, existían elementos que hacían que el sentimiento de identidad y pertenencia del votante aflorara en el momento de elegir una opción política. Después de todo, ¿A qué ciudadano español no le gustaría una España mejor? Lo difícil para el PSOE era desarticular esa sensación de tranquilidad desmovilizadora generalizada de la "España va bien" que se había venido trabajando desde hacía años. Los últimos ocho meses previos a la campaña quizás no fueron suficientes para cambiar esa sensación de confianza constantemente reforzada, generada por el PP a través de una campaña de comunicación en dos fases: la primera de estimulo frente a la desesperanza y la segunda, de confianza para introducirles en nuevas formas de afrontamiento de la realidad haciéndoles impermeables a sucesos que de otra forma serían impactantes. En aquella época la respuesta de Zapatero fue intentar introducir la idea de reflexión sobre si en realidad vivimos dentro de la mejor de las "Españas", exponiendo cuáles eran sus convicciones: no matarás, no mentirás, no robarás y no tolerarás abusos sexuales a menores. Esta estrategia tenía la finalidad de provocar cierto sentimiento de tensión, culpa y en algunos casos, ansiedad en los potenciales votantes. No olvidemos que la ansiedad es un importante catalizador para el cambio. En aquel punto, el PSOE despertó la memoria colectiva de los ciudadanos con respecto a todos los sucesos deplorables ocurridos en los últimos años como: la guerra en Irak, el desastre del Prestige, los negocios turbios de Carlos Fabra y el alcalde de Toques, condenado por abusos deshonestos. No obstante, esa estrategia aunque comprometida en términos generales, no surtió el efecto deseado, ya que los ciudadanos no desean escuchar constantemente comunicaciones de tragedias e intrigas oscuras sobre todo cuando son inundados a diario por éste tipo de noticias en los medios de comunicación. Por otro lado, "Juntos vamos a más" representó esa promesa de continuidad, de que las cosas no iban a cambiar en su esencia y que de cambiar sería para mejorar. También sugería que el futuro es una decisión de todos y que todos son partícipes de un éxito por venir. Sin embargo, durante las últimas semanas de la campaña del 2004, se pudo observar cómo Mariano Rajoy no aparecía como la figura de fuerza que debía acompañar ese slogan. Se podría decir que los slogan pueden tener cierta influencia en un inconsciente

colectivo que se debate entre dos tesis: En las elecciones anteriores, la primera, planteaba Estabilidad vs. Confusión y caos según el PP y la segunda, una promesa de cambio que en términos de comunicación no parecía muy definida aunque en realidad fuera un problema de cómo expresarle el mensaje a los votantes. Sin duda el atentado del 11 de Marzo condicionó la tendencia electoral produciéndose un vuelco electoral que pulverizó las imágenes que deseaban implantar ambos equipos de campaña. Finalmente, en la actualidad nos encontramos ante una campaña que nada tiene que ver con las anteriores. En primer lugar, “Motivos para creer” denota o plantea una reflexión personal del votante potencial que puede ser hasta negativa, ¿Es que acaso, hay motivos para no creer? Mientas que “Las ideas claras”, nos hace cuestionarnos si es que ¿Antes no las tenían? No obstante, las dudas se despejarán de 9 de Marzo de 2008. (*) Licenciado en Ciencias Políticas, doctorando en Psicología de la Salud y Clínica