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LA FUERZA DEL CARIÑO
Era un anciano solitario que hablaba con su perro, el hombre dada su soledad no hablaba con nadie, se había cansado de la hipocresía de las personas y sólo confiaba en su fiel amigo, al cual le contaba todo. Este con cara de bonachón y con una medio sonrisa dibujada en la boca hacía ver que le escuchaba se pasaba horas mirándole y disfrutando del placer de escuchar, de cuando en cuando le lamía las manos, a lo que el anciano lo interpretaba como que le daba besos. Un día tras ir a la compra le contó que había conocido a una mujer, pero su amigo tenía ganas de jugar y no le prestaba mucha atención, el anciano interpretó esos gestos como que no le gustaba que hiciera amistades con desconocidos y no continuó con el relato. A los pocos días el anciano enfermó y vino a cuidarlo una persona enviada por el ayuntamiento, esta persona era la mujer que él había conocido unos días atrás, el anciano cada vez estaba peor pero seguía hablando con su amigo y este con su carita que parecía sonreír le seguía observando y lamiéndole las 2

manos, esa mezcla de amor y amistad del anciano con su perro era algo que llamaba la atención a todos los que iban a la casa para visitarlo, a los pocos meses el anciano murió. El perro se había quedado con la señora que cuidaba al anciano, era un perro entrado en años, caminaba lentamente y paseaba algunas veces con su nueva dueña por un parque que había frente a su casa. De vez en cuando bajaba solo a pasear y cuando veía a un anciano solo, se iba con él esperando que le contara alguna historia como lo hacía su antiguo dueño, pero un día, harto de buscar a su antiguo dueño por el parque se puso a buscar la casa del anciano donde estuvo viviendo con él muchos años. Caminó y caminó horas hasta encontrarla, su olfato ya no era como antes, al final a la otra punta de la ciudad encontró la casa, estuvo esperando a su amo hasta que atardeció, al oscurecer vio que ya era hora de irse a casa, de modo que volvió por donde había venido, atravesó toda la ciudad de nuevo y regresó al piso. Al día siguiente volvió a buscar la casa del anciano esperando su regreso y por la tarde volvió a su piso, repetía este ejercicio todos los días, la gente que observaba al animalito se preguntaban ¿no era este el perro del anciano solitario? y ¿qué hace aquí de dónde ha salido?

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Al leer este cuento nos viene a la cabeza la historia de hachiko el perro que estuvo 9 años esperando el regreso de su amo, aunque no es la misma historia, nuestro protagonista buscaba a su amo por otras razones.

Un día en el parque había una joven llamada Elena en una silla de ruedas, no podía andar a causa de un accidente pero podía mover las manos y hablar, el perro se acercó y Elena miró su collar en él había una placa que ponía YAK por lo que pensó que debía ser su nombre y le empezó a hablar, el perro se puso muy contento empezó a mover la cola y a lamerle las manos como hacía con el anciano. Elena siempre estaba sola y fue para ella una bendición encontrar a alguien que le escuchara aunque fuese un perro, es muy triste para una persona sentirse rechazado socialmente simplemente porque no cumplir con los estándares sociales.

A todo el mundo le gusta ser escuchado, contar sus cosas, ver que hay interés y atención por lo que dices, esto te hace sentirte importante porque al menos importas para quien te está escuchando. Los perros son desde la antigüedad anímales domésticos considerados el mejor amigo del hombre, son nuestro refugio cuando estamos tristes y cuando estamos eufóricos, porque sabemos que nuestro perro es la última frontera, él nunca nos

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traicionará, ni nos venderá, nos defenderá de cualquier peligro aunque vaya su vida en ello.

Cuando le hablamos se queda paciente contemplándonos con la boca entreabierta como simulando una sonrisa pareciendo que nos escuche y entienda, pero no es así, se comporta de esta forma simplemente para estar a nuestro lado, el perro disfruta de nuestra compañía, va con nosotros haga frio o calor sin protestar, se conforma con lo que le das para comer sea mucho o poco, el siempre será ese amigo en quien podamos confiar.

Al conocer a Elena a Yak le cambió la vida, ya nunca más regresó a la vieja casa del anciano, sólo quería oír esas historias que no entendía pero eran cariñosas para él, a nadie le gusta que le traten como a un perro, ni siquiera a los perros les gusta esto. El viejo Yak buscaba esas palabras cariñosas que le decía el anciano, con sus interminables historias, palabras que no entendía, pero sentía en el fondo de su alma (suponiendo que los perros tengan alma), el viejo Yak volvió a soñar, era un ser feliz había recuperado la ilusión de vivir, tenía un motivo, escuchar las historias de Elena cada mañana. Las palabras pueden traer la esperanza, el cariño y la muerte cuando alguien que las espera y no las encuentra. La palabra es un don que tenemos las personas para transmitir afecto porque aunque se digan en otro idioma, cada palabra va acompañada de

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gestos corporales y expresiones faciales que aunque no las entendamos las sentimos y nos llegan. Con la palabra se han construido imperios, con la palabra se ha llevado la paz donde había guerras, con la palabra se ha sanado y con la palabra se ha castigado, no ignores a quien espera una palabra de ti. Cuando veas a un perro que camina lentamente háblale y dile una palabra cariñosa, puede ser Yak.

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