QUEJOSOS: A y B ASUNTO: SE INTERPONE AMPARO INDIRECTO COLECTIVO EXPEDIENTE: C.

JUEZ DE DISTRITO DEL ESTADO DE SAN LUIS POTOSÍ EN TURNO A y B, ante usted comparecemos para exponer: Que acudimos a presentar demanda de amparo por propio derecho y de manera colectiva cumpliendo al efecto con los requisitos enunciados por el artículo 116 de la ley reglamentaria. I. NOMBRE Y DOMICILIO DEL QUEJOSO

Los señalados como tal a rubro y proemio del presente escrito. Se designa como domicilio los estrados de este juzgado. II. NOMBRE Y DOMICILIO DEL TERCERO PERJUDICADO

No existe de conformidad con el artículo 5 de la ley de amparo. III. AUTORIZADOS EN LOS TÉRMINOS MÁS AMPLIOS DEL ARTÍCULO 27 DE LA LEY DE AMPARO

Se autorizan para dichos efectos a los Licenciados XXXXX y XXXXX. IV. AUTORIZADOS PARA EL SÓLO EFECTO DE OÍR Y RECIBIR TODO TIPO DE DOCUMENTOS, ACUERDOS Y NOTIFICACIONES

Se designan como tal a los C. XXXX, XXXX, XXXX... V. AUTORIDADES RESPONSABLES

En su carácter de emisora: El Congreso del Estado de San Luis Potosí. VI. LEYES QUE CONSTITUYEN EL ACTO RECLAMADO

Artículo 128 del código penal del Estado de San Luis Potosí. Artículo 258 del código penal del Estado de San Luis Potosí. Artículo 258 del código de procedimientos penales del Estado de San Luis Potosí.

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VII.

DERECHOS FUNDAMENTALES QUE SE ESTIMAN VIOLADOS

Los contenidos en los numerales 1, 4, 6, 14, 16, 19, 21 y 102 de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos. Posicionamiento preliminar   I. La naturaleza del Amparo Leyes El juicio de amparo está diseñado para combatir normas y actos. En este sentido, un sumario constitucional dirigido en contra de normas generales, tiene dos oportunidades para su interposición: (i) la entrada en vigencia de una ley –normas autoaplicativas– y (ii) el primer acto de aplicación –normas heteroaplicativas–. Las normas penales son por regla general heteroaplicativas, es decir, necesitan que después de la expresión parlamentaria una autoridad las ejecute sobre uno o varios gobernados para cumplir con el principio de parte agraviada. Los quejosos nos situamos en la hipótesis normativa del artículo 128 del Código Penal –aborto–, por lo cual, el ministerio público ejerció acción penal y un juez nos dictó el auto de formal prisión. El amparo contra leyes encuentra su fundamento en el artículo 114 fracción I, de la Ley de Amparo, dicho numeral faculta a los quejosos para combatir normas por su simple expedición o aplicación. Aquí es importante destacar que la Ley de Amparo sólo exige que la norma le haya sido aplicada a los quejosos y en ningún momento le impone la carga procesal de combatir el acto y la norma en su conjunto. El derecho procesal constitucional mexicano sólo le permite al ciudadano la defensa de la regularidad constitucional a través del amparo leyes. Lo anterior es así, pues cualquier amparo actos sólo está encaminado a revertir la inexacta aplicación de la ley, o en su caso, la revisión del actuar arbitrario de la autoridad. No pasa desapercibido para los quejosos, que la regularidad constitucional también se tutela en amparo directo y en amparo directo en revisión por la Suprema Corte de Justicia de la Nación (en adelante, la Suprema Corte), lo cual es una excepción, y no una regla, conforme al Acuerdo 5/2001 del Pleno de la Suprema Corte. En efecto, los amparistas sólo impugnan diversas normas del Estado de San Luis Potosí, por considerar que el congreso de la entidad emitió normas penales en contra de los derechos fundamentales consagrados en la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos (en adelante, la Constitución); y que los operadores jurídicos, en materia penal, no tienen opciones para calificar la norma de constitucional o inconstitucional. En este acto se comprueba que el presente sumario constitucional, se ajusta a los principios que rigen el juicio de amparo.

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Principio de instancia de parte. Se acredita pues el actuar de la autoridad no es de oficio, sino se activa la tutela judicial a partir del escrito de los accionantes. Principio de parte agraviada. Se actualiza toda vez que la aplicación de la norma nos privó de la libertad, por ser un delito grave conforme al artículo 407 del Código de Procedimientos Penales del Estado de San Luis Potosí. Tal y como se acredita con las copias simples (y que después se harán llegar en forma certificada) que se anexan a la presente demanda de amparo. Principio de definitividad. No existe un medio ordinario de defensa que permita la desaplicación de la norma a los quejosos por su inconstitucionalidad; y menos aún existe medio de defensa ordinario que nos proteja de futuras aplicaciones de la norma. Principio de estricto derecho. No aplica. Principio de relatividad de las sentencias. La sentencia obtendrá el contorno que ordena el artículo 107 de la Constitución. El interés jurídico de los quejosos tiene una sola cara: la desaplicación de la norma en su esfera jurídica en el presente y en el futuro. En efecto, desde el siglo XIX hasta 1989, el amparo leyes estaba vinculado con el acto reclamado, lo cual daba lugar a lo siguiente: una persona pedía amparo contra una ley por virtud del primer acto de aplicación, como la boleta predial. El siguiente bimestre volvía a llegar la boleta predial sustentada en la misma norma. Pues bien, la persona tenía que pedir amparo de nueva cuenta, bimestre tras bimestre. Lo anterior, al cobijo de la jurisprudencia cuyo rubro indica “SOBRESEIMIENTO IMPROCEDENTE EN AMPAROS PROMOVIDOS POR EL MISMO QUEJOSO”.1 La ingeniería del derecho procesal constitucional revirtió el criterio mencionado al señalar que los efectos en amparo leyes son para el primer acto y actos futuros, con fundamento en jurisprudencia y tesis como la que al rubro indica: AMPARO CONTRA LEYES HETEROAPLICATIVAS. LOS EFECTOS DEL FALLO PROTECTOR CONTRA EL PRIMER ACTO DE APLICACIÓN COMPRENDEN TAMBIÉN A LOS ULTERIORES.2 Un siguiente paso respecto del tema consiste en el ejercicio de los derechos fundamentales de los quejosos, mismos que no sólo deben reconocerse con efectos jurídicos presentes, sino también futuros, siendo el amparo leyes la única posibilidad para expulsar normas que afrenten tales derechos. Así las cosas, los quejosos podremos ejercer nuestros derechos de manera libre en el futuro.

                                                                                                               
SOBRESEIMIENTO IMPROCEDENTE EN AMPAROS PROMOVIDOS POR EL MISMO QUEJOSO, Tesis de Jurisprudencia de la Séptima Época del Pleno de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, publicada en el Semanario Judicial de la Federación, 169-174 Primera, Parte, página 119 (registro número 232415). 2 AMPARO CONTRA LEYES HETEROAPLICATIVAS. LOS EFECTOS DEL FALLO PROTECTOR CONTRA EL PRIMER ACTO DE APLICACIÓN COMPRENDEN TAMBIÉN A LOS ULTERIORES, Tesis Aislada de la Novena Época de los Tribunales Colegiados de Circuito, publicada en febrero de 2010 en el Semanario Judicial de la Federación y su Gaceta XXXI, página 2783 (tesis IV.2o.A.33 K con número de registro 165350).
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II. Existencia de un sistema normativo La invalidez de una norma jurídica puede derivarse del modelo de “invalidación directa”, en el cual el órgano constitucional decreta, mediante una resolución, que cierta norma o normas resultan inválidas por transgredir frontalmente el contenido de una norma constitucional o legal. Sin embargo, no es el único modelo, pues existe el de “invalidación indirecta”, en el cual la invalidez de una norma o de un grupo de ellas se origina a partir de la extensión de los efectos de la invalidez de otra.3 La condición necesaria para que se extiendan los efectos de invalidez de una norma declarada inválida es la relación de dependencia de validez entre esta norma y otra u otras del sistema, acorde con los siguientes criterios: a) jerárquico o vertical, según el cual la validez de una norma de rango inferior depende de la validez de otra de rango superior; b) material u horizontal, en el que una norma invalidada afecta a otra de su misma jerarquía debido a que ésta regula alguna cuestión prevista en aquélla, de suerte que la segunda ya no tiene razón de ser; c) sistemático en sentido estricto o de la “remisión expresa”, el cual consiste en que el texto de la norma invalidada remite a otras normas, ya sea del mismo ordenamiento o de otro distinto; cuando remite expresamente, su aplicador debe obtener su contenido a partir de la integración de los diversos enunciados normativos que resulten implicados en la relación sistemática.4 El artículo 128 del Código Penal para el Estado de San Luis Potosí tiene un vínculo sistémico con los artículos 258 del mismo Código de Penal y el artículo 258 del Código de Procedimientos Penales para el Estado de San Luis Potosí. En este sentido, el artículo 258 de la legislación procesal ordena a los operadores del sistema de salubridad a la formulación de una denuncia cuando tengan conocimiento de la conducta contemplada en el artículo 128 del Código Penal. A su vez, el artículo 258 del Código Penal sanciona al operador del sistema de salubridad que no haga la denuncia. En este sentido, podemos afirmar que existe un sistema normativo por virtud de una relación horizontal entre las normas supracitadas, y por el reenvió que estas hacen entre sí. En las condiciones antes relatadas se solicita que la declaratoria de inconstitucionalidad del artículo 128 del Código Penal para el Estado de San Luis Potosí tenga efectos sobre los artículos 258 de la legislación procesal y sustantiva penal, a través de una interpretación conforme. Es decir, que cualquier operador del sistema de salud no esté obligado a denunciar conducta alguna relacionada al tipo penal de aborto. Asimismo, que no exista ninguna sanción jurídico-penal para los médicos o profesionistas que guarden el secreto profesional. No pasa desapercibido a los quejosos que el artículo 258 del Código de Procedimientos Penales es inconstitucional per se. Esto, puesto que no permite el ejercicio de la profesión de manera libre, ética y profesional, y por ende vulnera el artículo 5 constitucional. En efecto, la protección                                                                                                                
CONTROVERSIAS CONSTITUCIONALES Y ACCIONES DE INCONSTITUCIONALIDAD. CRITERIOS PARA DETERMINAR LA INVALIDEZ INDIRECTA DE LAS NORMAS, Tesis de jurisprudencia de la Novena Época del Pleno de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, publicada en abril de 2010 en el Semanario Judicial de la Federación y su Gaceta, XXXI, página 1564 (tesis P./J. 53/2010 y registro número 164820). 4 Ibidem.
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constitucional que existe para la abogacía es un baremo para señalar que el ejercicio de ciertas profesiones como la medicina, la prensa, la psicología deben de estar protegidas para que su ejercicio sea ético, en los más altos estándares y que el servicio que se brinde no represente una amenaza penal para el usuario. III. Procedencia del Amparo Colectivo El sistema jurídico mexicano tiene como base fundamental la Constitución General. Dicho ordenamiento es el punto de partida para la construcción del Estado Mexicano. A su vez, corresponde al Poder Judicial no sólo su exacta aplicación, sino una debida interpretación que permita armonizar los preceptos fundamentales con la legislación secundaria. Pues bien, siendo que las disposiciones constitucionales irradian hacia todo el sistema y hacia todos los individuos, es del interés colectivo procurar su regularidad a manera de garantizar la seguridad jurídica de cualquiera persona. Dado que es una sola Constitución General la que aplica para todas las personas en territorio nacional, se hace óbice que todas ellas estén ciertas respecto de la aplicación del derecho que recae sobre cada una, mismo que no puede aplicarse de manera distinta para cada persona. No son permisibles ámbitos de arbitrariedad, confusión o aplicación discriminada de ley. En este sentido, una norma que pueda llegar a decretarse como inconstitucional siempre debe ser combatida a través del amparo colectivo, para el efecto de que la sentencia resguarde a la colectividad en el ámbito de la regularidad constitucional. En esta virtud, siendo que un valor fundamental en nuestro sistema es la generación de seguridad para todos, cualquier persona está facultada para exigir el respeto a ese derecho, así como para exigir la congruencia en la aplicación de la ley. Un sistema que no garantiza a sus ciudadanos tales situaciones, se torna obsoleto y disfuncional. La doctrina constitucional es coincidente respecto de que el amparo leyes colectivo sí es la vía idónea para procurar la regularidad constitucional;5 es decir, el pensamiento jurídico ya había apuntalado la idea de crear un medio de control de la regularidad constitucional, mismo que se vio cristalizado con las reformas constitucionales del año 2011. En efecto, las reformas sobre justicia constitucional crearon el amparo colectivo, donde resulta innegable que es de interés colectivo la regularidad constitucional del sistema jurídico mexicano. Si todos somos iguales tanto material como jurídicamente, entonces cabe la misma razón o el mismo derecho cuando acudimos ante tribunales con motivo de los mismos hechos. En consecuencia, cualquiera persona tiene a su favor un interés colectivo que le acude para exigir ante tribunales la declaratoria de inconstitucionalidad de una norma jurídica. A mayor abundamiento, toda la jurisprudencia es consistente en que las leyes son de orden público e                                                                                                                
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Eduardo Ferrer Mac-Gregor, Amparo Colectivo en México, hacia una reforma legal y constitucional, pp. 45-47. Versión electrónica disponible aquí: http://biblio.juridicas.unam.mx/libros/7/3047/6.pdf

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interés general o colectivo. Así las cosas, una vez que los quejosos se ubican en la hipótesis para poder combatir las normas impugnadas es importante que se haga a favor de la regularidad constitucional, que beneficia a toda la colectividad. A continuación, acudimos a manifestar bajo protesta de decir verdad los hechos o abstenciones que constituyen los antecedentes del acto reclamado: VIII. HECHOS O ABSTENCIONES QUE BAJO PROTESTA DE DECIR VERDAD CONSTITUYEN LOS ANTECEDENTES DEL ACTO RECLAMADO A y B –mujer y hombre, ambos de 36 años– viven juntos desde el 2007. Han tenido dos hijos con los cuales –sumados a los dos hijos del matrimonio previo de B– forman una familia. Son una familia, como muchas otras mexicanas, con escasos recursos. Como consta en el expediente, el sueldo de B asciende a $6,000 pesos mensuales, con los cuales se deben cubrir las necesidades básicas de todos los miembros de la familia, especialmente, las de los hijos. A mediados del 2009, A resultó embarazada. Ella y B discutieron sobre la continuación del embarazo, cuestionándose si eran capaces de tener otro hijo y garantizarle una buena vida. A sus 36 años y habiendo tenido problemas de salud con sus embarazos previos, A estaba consciente de que este tercero podría, además, representar una amenaza para su bienestar físico. Pero el problema no era sólo llevarlo a término sin poner en riesgo su salud o su vida, sino poderle brindar al nacido y a todos sus hijos una buena vida. La decisión final fue negativa. Los riesgos que representaba un tercer embarazo, tanto para la salud, como para el bienestar general de los miembros de la familia eran demasiado altos. Dada la restricción penal a la interrupción del embarazo, sin embargo, A y B se vieron orillados a recurrir a medios clandestinos, tanto para allegarse de información, como para lograr su cometido. Se logró interrumpir su embarazo, teniendo éste aproximadamente ocho semanas, pero, al no contar con la información adecuada en relación al medicamento que se utilizó para ello, A terminó con una infección grave y tuvo que recurrir al auxilio médico. Acudieron a un hospital del IMSS –del cual, por suerte, eran derechohabientes–, para recibir la atención adecuada. Sin embargo, de forma paralela a la que se recibía el tratamiento médico, una trabajadora social los denunció a las cuatro horas de su ingreso. Llegaron los elementos del Ministerio Público estando A aún en la camilla. Actualmente, tanto A, como B se encuentran en la cárcel, acusados de haber cometido el delito de aborto, conforme al Código Penal del Estado de San Luis Potosí.

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IX.

CONCEPTOS DE VIOLACIÓN

Al juzgar la constitucionalidad de la despenalización del aborto para el primer trimestre del embarazo, la Suprema Corte planteó así la litis que debía resolver: “debemos preguntarnos si el Estado se encuentra obligado o encuentra un mandato para penalizar una conducta específica y no si la penalización de una conducta particular afecta o vulnera derechos constitucionales.”6 El presente amparo versa, precisamente, sobre la segunda pregunta: ¿la penalización del aborto, en los términos dispuestos por la legislación sustantiva y procesal penal del Estado de San Luis Potosí, vulnera algún derecho fundamental? La respuesta es que vulnera no uno, sino varios derechos fundamentales y lo hace de manera injustificada y, por tanto, inconstitucional. Así: no sólo no existe una obligación constitucional para penalizar la interrupción del embarazo –como ya lo determinó la Suprema Corte–, sino que si el legislador lo hace en los términos de la legislación penal del Estado de San Luis Potosí, violenta diversos derechos fundamentales. En específico, para el caso de los quejosos, vulnera el derecho a decidir, el derecho a la salud, el derecho a la información, el derecho a la igualdad, el derecho a la protección de la familia y el derecho al libre desarrollo de la personalidad. 1. El derecho a decidir Primer concepto de violación: violación del artículo 4, párrafo 2 de la Constitución La prohibición de interrumpir el embarazo, en los términos establecidos en los artículos 128, 129 y 130 del Código Penal del Estado de San Luis Potosí (en adelante, la prohibición penal del aborto), viola el derecho a decidir de los quejosos. Este es un derecho establecido en el artículo 4, párrafo 2 de la Constitución que, según su mismo artículo 1, párrafo 1, no podrá ser restringido, salvo en los casos y bajo las condiciones establecidas por la misma Constitución. La prohibición penal del aborto constituye una restricción al derecho a decidir de las personas, como se explicará en el presente concepto. Sin embargo, dicha restricción –y éste será el énfasis de este concepto– no satisface el estándar de cualquier restricción a un derecho fundamental efectuada a través de la vía penal, ya que: 1) no protege una finalidad constitucionalmente imperativa; 2) no es un medio indispensable para tutelar el bien que dice proteger; y 3) no es la menos gravosa de las opciones disponibles para el legislador para proteger la vida prenatal, sino que, por el contrario: destruye por completo un derecho fundamental. I. El derecho a decidir es un derecho constitucional El artículo 4, párrafo 2 de la Constitución consagra, textualmente, el siguiente derecho: “Toda persona tiene derecho a decidir de manera libre, responsable, e informada sobre el número y el espaciamiento de sus hijos” (en adelante, el derecho a decidir).

                                                                                                               
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Acción de Inconstitucionalidad 146/2007 y su acumulada, resuelta por el Pleno de la Suprema Corte de Justicia de la Nación el 28 de agosto de 2008.

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A. Los fines del derecho a decidir Este derecho fue incorporado a la Constitución en 1974, con el propósito de darle sustento constitucional a la planeación familiar y fortalecer la igualdad entre los hombres y las mujeres. En palabras de la Cámara de Diputados, al dictaminar la iniciativa de reforma: La determinación del número y espaciamiento de los hijos son rasgos fundamentales de la planeación familiar. Una menor cantidad de hijos posibilita una mayor atención y cuidado para cada uno de éstos y la incorporación de la mujer a las tareas colectivas. La separación de los nacimientos racionaliza la fecundidad y facilita la organización de la vida femenina. De ahí la importancia de su inserción en el segundo párrafo del artículo 4 Constitucional de la Iniciativa.7 El derecho a decidir fue parte de la misma reforma en la que se consagró la igualdad jurídica de los hombres y las mujeres (artículo 4, párrafo 1) y el derecho a la protección de la familia (artículo 4, párrafo 1) en la Constitución.8 El Constituyente los entendió como derechos distintos, pero conectados entre sí: el derecho a decidir para poder reducir el número de hijos; reducir el número de hijos para garantizarle una buena calidad de vida a los que se tuvieran y para que las mujeres se pudieran incorporar al mundo laboral formal. Igualar a las mujeres, fortalecer a las familias: ambos fines tienen, como vehículo, la consagración constitucional del derecho a decidir. En esto, la Cámara de Senadores coincidió con la de los Diputados: En el segundo apartado del artículo 4 se colige también la planeación familiar. Es de todo punto consecuente la reforma, por cuanto a que el espaciamiento de los hijos determina una familia poco numerosa, en la que el cuidado de aquéllos se beneficia en todos los aspectos y su formación física y moral puede ser tan completa como ese pequeño grupo la propicie. La mujer en estas condiciones, podrá tener el tiempo suficiente para dedicarse a algún desempeño en la vida colectiva […]; esta misma situación, de menor agobio, procurará también su desenvolvimiento en todos los órdenes y facilitará igualmente su directa obligación para el sostenimiento del hogar.9 Ahora bien, además de entender a esta “garantía personal” como una de “raigambre solidaria” para procurar tanto la igualdad de la mujer como la protección de la familia,10 se debe, conforme                                                                                                                
Dictamen de la Cámara de Diputados (Cámara de Origen) sobre la Iniciativa de Decreto de Reformas y Adiciones a los artículos 4o., 5o., 30, Apartado B, fracción II, 123 Apartado A, fracciones II, V, XI, XV, XXV, XXIX y al Apartado B, fracciones VIII y XI, inciso C, de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, presentado el 12 de noviembre de 1974. Este Dictamen está disponible en: http://bit.ly/GDO6jr 8 “Artículo 4. El varón y la mujer son iguales ante la ley. Esta protegerá la organización y el desarrollo de la familia.” Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos. 9 Dictamen de la Cámara de Senadores (Cámara Revisora) sobre la Iniciativa de Decreto de Reformas y Adiciones a los artículos 4o., 5o., 30, Apartado B, fracción II, 123 Apartado A, fracciones II, V, XI, XV, XXV, XXIX y al Apartado B, fracciones VIII y XI, inciso C, de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos presentado el 26 de noviembre de 1974. Este Dictamen está disponible en: http://bit.ly/GKauae 10 Exposición de motivos para la Iniciativa de Decreto de Reformas y Adiciones a los artículos 4o., 5o., 30, apartado B, fracción II y 123 apartado A, Fracciones II, V, XI, XV, XXV, y XXIX y apartado B, fracciones VIII y XI, inciso c) de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, presentada el 24 de septiembre de 1974, por el
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a la propia interpretación de la Suprema Corte de Justicia de la Nación (en adelante, la Suprema Corte), entenderla también como vinculada al derecho al libre desarrollo de la personalidad. Primero, en el Amparo Directo Civil 6/2008 y después en la Acción de Inconstitucionalidad 2/2010, la Suprema Corte desarrolló este derecho –que derivó directamente de la tutela constitucional de la dignidad humana– de la siguiente forma: El individuo, sea quien sea, tiene derecho a elegir, en forma libre y autónoma, su proyecto de vida, la manera en que logrará las metas y objetivos que, para él, son relevantes. […] El libre desarrollo de la personalidad [implica] la consecución del proyecto de vida que para sí tiene el ser humano, como ente autónomo. Como ha sostenido la doctrina y la jurisprudencia comparadas, tal derecho es el reconocimiento del Estado sobre la facultad natural de toda persona a ser individualmente como quiere ser, sin coacción, ni controles injustificados o impedimentos por parte de los demás, con el fin de cumplir las metas u objetivos que se ha fijado […] Es la persona humana quien decide el sentido de su propia existencia, de acuerdo a sus valores, ideas, expectativas, gustos, etcétera y que, por supuesto, como todo derecho, no es absoluto, pues encuentra sus límites en los derechos de los demás y en el orden público. […] El derecho al libre desarrollo de la personalidad, comprende, entre otras, la libertad de contraer matrimonio o no hacerlo; de procrear hijos y cuántos, así como en qué momento de su vida, o bien, decidir no tenerlos; de escoger su apariencia personal; su profesión o actividad laboral; y, por supuesto, la libre opción sexual, pues todos estos aspectos, evidentemente, son parte de la manera en que el individuo desea proyectarse y vivir su vida y que, por tanto, sólo él puede decidir en forma autónoma.11 El derecho a decidir el número de hijos –si se van a tener o no, así como cuántos, cómo, con quién y por qué– es instrumental para el libre desarrollo de la personalidad: le permite a la persona ser quien quiere ser, en relación a su maternidad o paternidad. La Corte entiende así a la maternidad –o a la paternidad– como un proyecto de vida –o, más precisamente, una parte toral de un proyecto de vida– que se desarrollará en los términos y bajo las condiciones en las que la misma persona decida. Libertad, igualdad, integridad familiar: estos son los fines que procura el derecho a decidir. ¿Qué implica esto? Que, al darle contenido a este derecho, se debe buscar siempre la interpretación que potencie estos fines y a la luz de ellos debe ser desarrollada. Entre una opción que afecte la autonomía de la mujer y otra en la que se respeten sus elecciones y sus razones, se debe preferir a esta última. Entre una opción que garantice que la mujer quede sujetada a la esfera doméstica –y no pueda desempeñarse en los mismos términos en los que los hombres– y otra en la que ella pueda contar con más posibilidades de vida, se debe preferir esta última. Entre una opción que                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                      
Ejecutivo Federal a la Cámara de Diputados del Congreso de la Unión. Esta Exposición de motivos está disponible en: http://bit.ly/kIG7QT 11 Amparo Directo Civil 6/2008, resuelto por el Pleno de la Suprema Corte de Justicia de la Nación el 6 de enero de 2009. Este Amparo está disponible en: http://bit.ly/i2w6mw

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garantice que la mayoría de los miembros individuales de una familia resulten beneficiados y otra en la que quizá resulten perjudicados, se debe preferir la primera. B. El contenido del derecho a decidir ¿Qué tutela, en concreto, el derecho a decidir? Del texto de la Constitución se deriva la respuesta: la decisión relativa a tener hijos. Esto es, en términos jurídicos, la decisión relativa a constituir o no una relación filial. Desde la perspectiva del sistema normativo que nos rige, “tener hijos” significa la crear un lazo jurídico paterno-filial o materno-filial, un tipo específico de relación jurídica. Es esta relación –más precisamente, la decisión sobre establecerla o evitarla– lo que protege el derecho a decidir. Que quede claro: si lo tutelado es la decisión de constituir una relación filial, entonces se trata de un derecho que protege, tanto el decidir tener hijos, como el decidir no tenerlos. La Suprema Corte ya reconoció este carácter del derecho a decidir tanto en el Amparo Directo Civil 6/2008, como en la Acción de Inconstitucionalidad 2/2010, cuando lo concibió como parte de los derechos denominados “de libertad”, que protege la decisión de tener hijos y “también la decisión de no tenerlos”.12 Esto es fundamental: la Constitución no sólo protege el sí, también protege el no. Ahora bien, este derecho protege la decisión, pero también las diversas formas en las que se puede constituir o no una relación filial. Esto se desprende de la misma manera en la que funcionan los derechos: si lo tutelado es la decisión sobre tener hijos o no, la protección abarca las formas de tener hijos, así como las formas de evitar tenerlos.13 Así, lo protegido por el derecho a decidir es lo siguiente: • La decisión de ser madre o padre. Dentro de la decisión de ser madre o padre, se protegen, al menos, las siguientes formas de llegar a serlo: o Las formas biológicas de establecer la relación paterno-filial o materno-filial, en donde se encuentran tanto las sexuales (el coito heterosexual), como las asexuales (la reproducción asistida). Para cada una, se abarcan todas las temporalidades: desde el acto sexual, pasando por la fecundación del óvulo, hasta la implantación                                                                                                                
Acción de Inconstitucionalidad 2/2010, resuelta por el Pleno de la Suprema Corte de Justicia de la Nación el 16 de agosto de 2010. Esta Acción está disponible en: http://bit.ly/d3nvKM 13 La estructura para entender a este derecho es similar a la que se utiliza para la libertad de expresión. Éste es un derecho que tutela no sólo la expresión, sino las diversas formas de manifestarla: la pintura, la música, la literatura, el baile, el teatro, los discursos políticos, los libros, las fotografías, los símbolos, etcétera… Para cada uno de estos medios, se protegen los instrumentos específicos que se necesitan para utilizarlo. Por ejemplo: para los libros, la imprenta; para la pintura, los pinceles; para la música, los instrumentos o las bocinas. Sin una guitarra, un micrófono o un amplificador, la libertad de expresión a través de la música no existe. Sin una pluma y un papel, sin un lienzo y un pincel, sin una cámara… sería ridículo hablar de libertad de expresión. El derecho a decidir opera igual: una vez que se decide tener hijos o no tenerlos, se requieren de ciertos medios para hacer efectiva esa decisión. Sin el condón, sin la adopción, sin la reproducción asistida, sin el dispositivo intrauterino y sin la interrupción del embarazo hablar del derecho a decidir sería ridículo. De la misma forma en la que “secuestrar la imprenta” es una forma de violentar la libertad de expresión (artículo 7 de la Constitución), impedir que las personas accedan a estas formas de tener o no tener hijos viola el derecho a decidir.
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del mismo en el endometrio (embarazo) y culminando con el nacimiento. El derecho a decidir ser madre o padre a través de la reproducción biológica concluye –y se actualiza– con el nacimiento del infante: con el hijo (estatus reservado para una persona). Una vez que se constituye el vínculo filial, lo que protege a la relación creada no es ya este derecho, sino otros (como, por ejemplo, el derecho a la protección de la familia o el interés superior del niño). Este derecho tutela la constitución del vínculo filial. o Las no-biológicas de establecer la relación paterno-filial o materno-filial como, por ejemplo, la adopción o la gestación subrogada (son “instrumentos jurídicos” por medio de los cuales se crea una relación filial). • La decisión de no ser madre o padre. Dentro de la decisión de no ser madre o padre, se protegen, al menos, las siguientes formas de evitarlo: o Intervenciones exclusivamente sexuales: por ejemplo, tener sexo vaginal en el periodo en el que la mujer no está ovulando, la abstinencia sexual, el sexo anal, el sexo oral y el denominado coito interrumpido. o Intervenciones tecnológicas: por ejemplo, el condón, la pastilla anti-conceptiva, la anti-concepción de emergencia, el dispositivo intrauterino (DIU), la vasectomía, el ligado de trompas, y las distintas formas de interrumpir el embarazo caerían dentro de esta categoría.14 o Intervenciones jurídicas: por ejemplo, la posibilidad de que los donadores de esperma renuncien a la paternidad, es un instrumento jurídico diseñado para no ser padre; la transmisión de la patria potestad de una madre a otra para efectos de la adopción, es otra. El derecho a decidir, tal como ha sido explicitado, se deriva de varias fuentes: 1) El propio texto constitucional alude a la decisión de tener hijos. No establece, por ejemplo, el derecho del producto de la concepción a nacer; no consagra el derecho a la procreación; no incluye ni siquiera el derecho a la planificación familiar (a pesar de que es una de las formas –que no la única– para las cuales se ejerce el derecho a decidir). El texto explícitamente refiere al derecho a decidir sobre los hijos. Esto obliga al juzgador a entender que lo que está protegido es la decisión de ser padre o madre; así como las diversas formas en las que se llega o no a ser padre o madre, esto es: de tener hijos. Este derecho no tutela exclusivamente ni necesariamente el embarazo (puede tutelar formas de evitarlo o interrumpirlo); tampoco tutela exclusivamente ni necesariamente la planificación familiar (puede tutelar la decisión de tener hijos sin planificar la familia); no tutela exclusivamente ni necesariamente la fecundación de un óvulo (puede tutelar también la anti-concepción de emergencia); tutela necesariamente la decisión de constituir un                                                                                                                
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Tecnológicamente, existe la posibilidad de intervenir en el proceso de la reproducción sexual en diversos momentos: (1) antes del coito, con una vasectomía o una ligadura de trompas, por ejemplo; (2) durante el coito, con el condón; (2) después del coito, pero antes de la fecundación del óvulo, con la pastilla anticonceptiva, con la anticoncepción de emergencia o con el dispositivo intrauterino; (3) después de la fecundación del óvulo, pero antes de la implantación del mismo en el endometrio (esto es: antes del embarazo), con la anticoncepción de emergencia o con el dispositivo intrauterino, que además de tener efectos anti-conceptivos, pueden tener efectos anti-implantatorios; y (4) durante el embarazo, a través, por ejemplo de intervenciones como el legrado o medicamentos como el misoprostol.

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vínculo filial. La decisión, como vimos, puede ser positiva –establecer el vínculo– o negativa – evitarlo o, inclusive, transferirlo–. Esto permite visibilizar el aspecto decisorio del derecho: se trata de un derecho de libertad, en que las acciones u omisiones que se tutelen estarán determinadas en cada caso por la autonomía individual de quien lo ejerce. Así, habrá quien ejerza la planeación familiar bajo la protección del derecho a decidir y simultáneamente otras personas ejercerán su decisión de no planificar la familia bajo la tutela de este mismo derecho. Dado que el coito heterosexual es una vía posible de llegar a ser madre o padre, está protegido; dado que la planificación familiar es una de las razones por las cuales se puede querer tener menos hijos o espaciarlos entre sí, está protegida. Pero estas son formas específicas de protección que no agotan el derecho a decidir. Éste es mucho más amplio: abarca todas las maneras de constituir o no una relación filial y no exclusivamente alguna de estas formas. 2) Es importante, para entender el derecho a decidir, comprender que no se le puede reducir a una de las formas de ejercerse, a saber, el coito heterosexual. En la Acción de Inconstitucionalidad 146/2007 y su acumulada, la Suprema Corte descartó, expresamente, la concepción que sostenía que el derecho a decidir se agota con el coito heterosexual. En sus palabras: [Es necesario distinguir entre] la libertad sexual y la libertad reproductiva […] El argumento que señala que el derecho del artículo 4 se ejerce antes de la procreación, parece subsumir la primera en la segunda y por tanto ignora que la protección de los derechos básicos de las personas incluye dimensiones de la sexualidad que nada tienen que ver con las que están destinadas a proteger un ámbito de decisión respecto a la cuestión de tener o no tener descendencia.15 Si se reduce el derecho a decidir a un derecho que se agota con el coito heterosexual, se nulifica la libertad sexual, ya que ésta siempre está en función de la reproducción. Esto, para la Suprema Corte, sería inaceptable desde la perspectiva constitucional. Ni el sexo se reduce a la reproducción, ni la reproducción se reduce al sexo. Ambas libertadas son constitucionalmente tuteladas y están vinculadas, pero no pueden equipararse pues resultarían limitadas y, conforme al artículo 1 constitucional, los derechos fundamentales deben, cuando es posible, potenciarse (según los principios de interdependencia y progresividad, consagrados en el artículo 1, párrafo 3). Ahora bien, otro problema con la concepción que equipara a la “procreación” con el coito heterosexual, es que reduce a la reproducción a la reproducción sexual. Esto excluye a otras formas de reproducción biológicas (como, por ejemplo, las técnicas de reproducción asistida) y a formas de reproducción no-biológicas. La misma Suprema Corte determinó, tanto en la Acción de Inconstitucionalidad 146/2007 y su acumulada, como en la Acción de Inconstitucionalidad 2/2010 que “una vía para ejercer este derecho es la adopción.”16                                                                                                                
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Acción de Inconstitucionalidad 146/2007, supra. Acción de Inconstitucionalidad 2/2010, supra. “236. […] Sobre este derecho a decidir libremente sobre el número y espaciamiento de los hijos, la Corte, al resolver la diversa acción de inconstitucionalidad 146/2007 y su acumulada, sostuvo que el derecho a ser padre o madre no es conceptualmente referible a un derecho de exclusivo ejercicio

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Si la adopción es una forma de ejercer el derecho a decidir, queda claro que éste no se agota ni con el coito heterosexual o –siquiera– con la reproducción biológica. Abarca formas de “reproducción” no biológicas como la adopción. Esto tiene sentido cuando se comprende que lo tutelado es, de nuevo, la decisión de constituir o no el vínculo filial. ¿Puede restringirse este derecho? Como todos los derechos fundamentales: por supuesto. Pero sólo se puede restringir, como señala el artículo 1, párrafo 1 de la Constitución, en los casos y bajo las condiciones que la misma Constitución señala. En principio, las decisiones sobre el establecimiento de la relación filial gozan de una presunción de legitimidad, en tanto no se demuestre que limitarlas es constitucionalmente necesario. C. La titularidad del derecho a decidir La persona es titular del derecho a decidir, según se desprende, textualmente de la Constitución. La titularidad le corresponde a cada persona, no la pareja; no al matrimonio; no a la familia; no la mujer; no el hombre: a la persona. Esto tiene absoluto sentido cuando se entiende, una vez más, que se trata del derecho a decidir sobre la constitución o no de un vínculo filial, que tutela los diversos medios por los cuales se llega a él. Es importante señalar, sin embargo, que el que la titularidad sea personal, no quiere decir que no pueda ejercerse en conjunto (con, por ejemplo, la pareja). Pero una cosa es el ejercicio que cada persona decide darle a su derecho y otra es la titularidad que, al final, es siempre individual. En este sentido, si, por ejemplo, un hombre decide hacerse una vasectomía porque no quiere ser padre, es su derecho hacerlo y nadie, ni el Estado, ni una mujer –ni siquiera su esposa–,17 podría impedírselo. Si un hombre quiere utilizar un condón para tener sexo vaginal, es su derecho hacerlo y nadie, ni el Estado, ni una mujer –ni siquiera su esposa–, podría impedírselo. Si un hombre quiere ser padre, debe tener acceso a los medios a través de los cuales esto sea posible. Lo mismo ocurre para la mujer: si ella quiere tomarse la pastilla anticonceptiva, puede hacerlo sin                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                      
colectivo, dado que, por ejemplo, una vía para ejercer este derecho es la adopción que, en el caso del propio Código Civil para el Distrito Federal, se permite tanto por un matrimonio como por una sola persona (hombre o mujer solteros).”
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En la Solicitud de Modificación de Jurisprudencia 9/2005-PS, resuelta por la Primera Sala de la Suprema Corte de Justicia de la Nación el 16 de noviembre de 2005, se sostuvo la libertad de cada cónyuge para rechazar el sexo vaginal so pretexto de cumplir con el fin procreativo del matrimonio: “[Si bien el Código Civil] establece como uno de los fines primordiales del matrimonio la procreación de la especie, ello no puede interpretarse como que cualquiera de los cónyuges pueda obligar al otro a acceder al acto carnal so pretexto que el ayuntamiento tiene como finalidad cumplir con dicho fin, pues por encima del mismo, existe el derecho de la persona de pronunciarse con la más estricta libertad, no sólo respecto a su libertad sexual y a la libre disposición de su cuerpo, sino también al hecho mismo de determinar el momento en que habrá de procurarse la perpetuación de la especie. Ello es un derecho fundamental consagrado en el párrafo segundo del artículo 4°, de la Constitución […] En efecto, el derecho que asiste a los cónyuges de acceder a la relación sexual con la intención de cumplir el fin del matrimonio de perpetuación de la especie en términos de la legislación civil […], no representa un derecho absoluto entre ambos cónyuges, sino que implica la libertad de los mismos, para determinar de común acuerdo y en pleno uso de su libertad sexual, cuándo habrán de proceder al ayuntamiento carnal con fines de procreación.” Esta Solicitud de Modificación de Jurisprudencia está disponible en: http://bit.ly/GGhExI

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depender de la autorización de alguien más. Si ella quiere ligarse las trompas, puede. Si ella sólo acepta tener relaciones sexuales si el hombre se pone un condón, nadie puede obligarla a lo contrario. Si ella quiere utilizar el DIU, puede. Si ella quiere adoptar un hijo, puede siempre que satisfaga los requisitos legales. Estamos frente a un derecho individual que, como ya sostuvo la Suprema Corte, “no es conceptualmente referible a un derecho de exclusivo ejercicio colectivo.”18 Incluso en el caso extremo de un embarazo, producto de una relación sexual entre un hombre y una mujer casados, el derecho a decidir sigue siendo individual; lo que ocurre en ese caso es que son dos personas, cada una con su derecho a decidir, las que están implicadas: la mujer y el hombre. Si ambos, en tanto pareja, deciden continuar con el embarazo, el ejercicio de sus derechos individuales coincidió plenamente. Si ambos, en tanto pareja, deciden terminar con el embarazo, el ejercicio de sus derechos individuales coincidió plenamente. Si existe un conflicto, sin embargo, ya la Suprema Corte determinó que darle preeminencia al derecho de la mujer para interrumpir el embarazo, no es discriminatorio, ni irrazonable, “porque responde a la clara diferencia de su posición frente a la de cualquier otra persona (i.e. la persona del sexo masculino que estima haber tenido participación en la creación de ese embrión o cualquier tercera persona).”19 Determinación que validó dada la “afectación asimétrica al plan de vida”20 de las mujeres, en relación a los hombres, que ocurre con la continuación del embarazo no deseado. D. Las obligaciones que genera el derecho a decidir El artículo 1, párrafo 3 de la Constitución establece que “todas las autoridades, en el ámbito de sus competencias, tienen la obligación de promover, respetar, proteger y garantizar los derechos humanos”. Según la doctrina,21 “las obligaciones de respetar se definen por el deber del Estado de no injerir, obstaculizar o impedir el acceso al goce de [un] derecho”.22 Tratándose del derecho a decidir,                                                                                                                
Acción de Inconstitucionalidad 146/2007, supra. Acción de Inconstitucionalidad 146/2007, supra. 20 “La continuación del embarazo no deseado tiene consecuencias distintivamente permanentes y profundas para la mujer, con independencia de que cuente con el apoyo de otras personas en su continuación y después en el cuidado y la educación del niño, y es esa afectación asimétrica al plan de vida lo que establece la base para el trato distinto que el legislador consideró al otorgarle a ella la decisión final acerca de si el embarazo debe o no ser interrumpido, y lo que no hace irrazonable negar al participante masculino la capacidad para tomar esta decisión. […] La afectación de la mujer y del hombre es distinta no solamente porque, como hemos señalado, hay consecuencias del embarazo no deseado que sólo recaen en la mujer que lo experimenta, sino porque, aunque hay otras cargas que potencialmente podrían ser asumidas por los participantes masculinos, su garantía por parte del ordenamiento jurídico es imperfecta. […] Finalmente, es preciso señalar que, incluso si faltaran las anteriores razones normativas que apoyan la conclusión de que la decisión tomada después del debate democrático por parte del legislador local ni es discriminatoria ni limita un supuesto derecho a la procreación, este último derecho presenta enormes dificultades a la hora de reconocer su ejercicio. En el momento inicial de decidir si un embarazo continúa o no, tiene también relevancia el que antes de las doce semanas es muy difícil establecer legalmente que una persona en particular es efectivamente el padre potencial.” Acción de Inconstitucionalidad 146/2007, supra. Sobre este punto ver más abajo el Tercer Concepto de Invalidez sobre los derechos a la igualdad y la no discriminación. 21 Para el desarrollo en instrumentos internacionales de estas obligaciones, véanse las Observaciones generales número 3, 4, 5, 6, 12, 13, 14 del Comité de Derechos Económicos, Sociales y Culturales de la ONU.
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esta obligación implica que el Estado, por ejemplo, no debe violentar la capacidad reproductiva de una persona a través de la esterilización forzada.23 Si un servidor público del sector de la salud le ligara las trompas a una mujer sin su consentimiento o coaccionara a un hombre a realizarse una vasectomía, estaría violando su derecho a decidir. Por otra parte –y como se argumentará a mayor detalle páginas más abajo–, la obligación de respetar el derecho a no ser madre o padre implica que el Estado no debe, por ejemplo, impedir la utilización de anticoncepción o penalizar la interrupción del embarazo sin satisfacer un riguroso estándar constitucional que, sostenemos, no puede satisfacer la prohibición penal del embarazo impugnada en el presente juicio de amparo. La obligación de proteger consiste en “impedir que terceros injieran, obstaculicen o impidan”24 el goce de un derecho. La sanción, por ejemplo, a un doctor que hace abortar a una mujer sin su consentimiento es una forma de proteger el derecho a decidir (en este caso, de ser madre). La sanción, por ejemplo, a un esposo que viola a su cónyuge so pretexto de cumplir con el fin reproductivo del matrimonio es otra forma de proteger el derecho a decidir (en este caso, de no ser madre).25 La obligación de garantizar supone “asegurar que el titular del derecho acceda al bien cuando no puede hacerlo por sí mismo”.26 Cuando la Asamblea Legislativa del Distrito Federal determinó que el servicio de interrupción legal del embarazo sería prestado por las instituciones públicas de salud, por ejemplo, estaba cumpliendo con su obligación de garantizar el derecho a decidir, mediante la prestación de un servicio de salud complejo, que incluye información y educación.27 Por último, la obligación de promover se caracteriza “por el deber de desarrollar condiciones para que los titulares del derecho” lo gocen.28 La información que el Estado proporciona a las personas en relación a métodos anti-conceptivos, por ejemplo, es una forma de cumplir con la obligación de promover: la información permite que las personas puedan, en efecto, decidir sobre su reproducción (sabiendo cuáles son las múltiples vías, riesgos, etcétera que tienen). Prohibir la anticoncepción o la interrupción del embarazo, por ejemplo, no sólo implica un incumplimiento de la obligación del Estado de respetar el derecho a decidir, sino de su obligación de promover este derecho, ya que no habría forma de que las personas accedan a estos métodos (ni siquiera en instituciones privadas ya que éstas también resultarían responsables). La prohibición, más que crear las condiciones para acceder a ellos, generan un ambiente adverso: de clandestinidad, de inseguridad, de insalubridad, de riesgo. Se viola el derecho a decidir (y otros que se abordarán oportunamente).                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                      
Víctor Abramovich y Christian Courtis, Los derechos sociales como derechos exigibles, Editorial Trotta, 2004, p.29. Véase, por ejemplo, la Recomendación General número 4 de la Comisión Nacional de Derechos Humanos – emitida el 16 de diciembre de 2002– en la que se juzgan diversos actos de autoridades por medio de los cuales se coercionó a miembros de una comunidad indígena para que se sometieran a tratamientos de esterilización. 24 Abramovich y Courtis, supra. 25 Esto fue precisamente lo que se decidió en la Solicitud de Modificación de Jurisprudencia 9/2005-PS, supra. 26 Abramovich y Courtis, supra. 27 Véase el artículo 58 de la Ley de Salud del Distrito Federal. 28 Abramovich y Courtis, supra.
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E. El derecho a decidir tutela la interrupción del embarazo Para el caso específico de los quejosos, lo importante es que quede claro que la decisión de interrumpir su embarazo está tutelada por el derecho a decidir consagrado en la Constitución. Si el derecho a decidir protege la decisión relativa a ser o no ser madre o padre (esto es: de constituir una relación filial); si este es un derecho que abarca las diversas formas de ser o no ser madre o padre; resulta que la decisión relativa al embarazo –en tanto parte de la reproducción biológica– cae dentro de la esfera de protección de este derecho. Si una persona decide continuar con el embarazo o decide interrumpirlo, su elección tiene piso constitucional. Si resulta, además, que este derecho tiene como fin 1) garantizar la igualdad de la mujer; 2) permitirle desarrollar sus planes de vida y 3) tomar una decisión responsable en relación a su propia familia, resulta que la interrupción del embarazo por alguna de estas razones –o todas– está también protegida. Esto es así porque la tutela de la decisión de establecer una relación filial corre desde que las personas adquieren la capacidad de hacerlo –sea por medios biológicos o jurídicos– y hasta que el vínculo filial efectivamente queda establecido, lo que no sucede sino hasta el nacimiento o con la adopción. Establecido el vínculo (salvo en casos de adopción posterior), el derecho a decidir cesa (para esta instancia) y entran en operación otros derechos (como el de la protección de la famila). Tan es así, que el mismo Código Familiar para el Estado de San Luis Potosí, en su artículo 168, establece que “la filiación es un derecho irrenunciable que tiene toda persona desde que nace o es adoptado”. La filiación –el estatus jurídico de padre/madre e hijo– se constituye con el nacimiento. Sin duda y como ya se mencionó, este derecho tiene límites y puede ser restringido. Pero para que la restricción sea constitucional, debe de satisfacer un estándar de escrutinio, más aún si se trata de una restricción penal. Esto implica que la carga de la prueba estriba en quien pretende poner un límite a este derecho y no al revés. La presunción es a favor del derecho a decidir; la sospecha, en contra de sus límites. II. La prohibición penal del aborto es una restricción al derecho a decidir El delito del aborto se encuentra en el Capítulo VI del Título Primero de la Parte Especial del Código Penal del Estado de San Luis Potosí, en donde se regulan los “delitos contra la vida y la integridad corporal”. Su primer artículo establece lo siguiente: Artículo 128. Comete el delito de aborto quien causa la muerte del producto de la concepción en cualquier momento de la preñez. Este delito se sancionará con las siguientes penas: I. A la madre que voluntariamente procure su aborto o consienta en que otro la haga abortar se le impondrá una pena de uno a tres años de prisión y sanción pecuniaria de veinte a sesenta días de salario mínimo; Como puede leerse del texto, en San Luis Potosí está penalizado –con cárcel y multa– la interrupción del embarazo, en cualquier momento del mismo. Desde que el óvulo fecundado se implanta en el endometrio de la mujer, ella ya no puede decidir sobre su embarazo: o continúa con

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el mismo o enfrenta un término en prisión y una sanción pecuniaria. Tan ya se decidió por ella, que la norma se refiere a la mujer gestante como la madre: el vínculo filial quedó establecido.29 Si se recuerda que el derecho a decidir tutela la decisión sobre la constitución del vínculo filial, que protege las diversas formas de llegar a tener descendencia, queda claro que el delito de aborto representa una restricción absoluta a la reproducción biológica, a partir de un momento específico: la gestación. En esta temporalidad,30 ya no hay decisión: o se lleva a término el embarazo o se lleva a término el embarazo. Sólo existen en el Código Penal tres supuestos de no punibilidad para el delito de aborto, según se desprende de su artículo 130: Artículo 130. No es punible la muerte dada al producto de la concepción cuando: I. Aquélla sea resultado de una acción culposa de la mujer embarazada; II. El embarazo sea resultado de un delito de violación o inseminación indebida. En estos casos, no se requerirá sentencia ejecutoria sobre la violación o inseminación indebida, sino que bastará con la comprobación de los hechos, y III. De no provocarse el aborto, la mujer embarazada corra peligro de muerte a juicio del médico que la asista, oyendo el dictamen de otro médico, siempre que esto fuere posible y no sea peligrosa la demora. Las únicas mujeres que tienen una alternativa distinta en San Luis Potosí son las que perdieron – involuntariamente– su embarazo, las que resultaron preñadas en contra de su voluntad y las que, de continuar con la gestación, corren peligro de muerte. Evidentemente, ninguno de los tres fines constitucionales del derecho a decidir –la igualdad, la libertad y la integridad familiar– aparecen revestidos como supuestos de excepción. Sólo la vida de la mujer o su libertad reproductiva más básica (no haber participado, voluntariamente, en el coito heterosexual o en la inseminación artificial) resultan tutelados por estas excepciones. Por último, dos matices. Primero, estas excepciones lo son para el castigo y no para el delito. Abortar sigue siendo un crimen, sólo que no es punible.31 Segundo: para la interrupción del                                                                                                                
Contradiciendo el mismo artículo 168 del Código Familiar para el Estado de San Luis Potosí que establece que “la filiación es un derecho irrenunciable que tiene toda persona desde que nace o es adoptado”. La filiación –la relación madre e hijo– sólo puede predicarse entre dos personas; para ser persona, según este artículo, es necesario nacer. 30 Si se atiende a la reforma a la Constitución Política del Estado Libre y Soberano de San Luis Potosí publicada el 3 de septiembre de 2009, por medio de la cual se le dio el estatus de persona (humana) al producto de la concepción (artículo 16 de la Constitución de San Luis Potosí), cabe preguntarse si las mujeres efectivamente pueden decidir sobre su reproducción en un momento posterior al coito heterosexual. Al darle al óvulo fecundado el estatus de persona, no queda claro si, por ejemplo, la utilización del DIU o de la anticoncepción de emergencia, que pueden tener efectos anti-implantatorios (véase el pie de página 14), puede configurar el delito de homicidio. Sin estos dos métodos –siendo el DIU el método reversible más utilizado, por cierto (el 13% de las mujeres recurren a él; el único método que le gana es la esterilización, al cual recurren el 19%)–, ¿de qué formas pueden las mujeres decidir sobre su reproducción? (Para las estadísticas, véase Cook, Rebecca, et al., Salud reproductiva y derechos humanos, Bogotá, Oxford University Press/Profamilia, pp. 13.) 31 Así lo determinó la Suprema Corte de Justicia en la Acción de Inconstitucionalidad 10/2000. Esto implica que todas las mujeres cuyos embarazos resulten interrumpidos deben ser sometidas a una investigación. Y, dado que el
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embarazo cuando éste sea resultado de una violación o inseminación artificial, el Código Penal exige que exista una denuncia penal sobre la violación o la inseminación artificial no consentida y que esté comprobado que, en efecto, la violación o la inseminación artificial no consentida ocurrieron. No es la mujer la que decide, aquí, interrumpir su embarazo; es la autoridad la que decide que la mujer no merece ser castigada por el crimen que le va a autorizar cometer. Para el caso del riesgo de muerte, el Código Penal exige que dos doctores constaten su inminencia. Una vez más: la interrupción del embarazo no depende de la mujer, sino de las autoridades –en este caso, médicas y ministeriales– que avalan el crimen por cometer. En la mujer no se puede confiar, parece ser el presupuesto del que parte el legislador de San Luis Potosí. Ahora, que quede claro: el problema con el delito de aborto no es la pena que se le imputa al acto delictivo. El problema con el delito del aborto es que el acto –la interrupción del embarazo, en cualquier momento y por cualquier razón– sea considerado delictivo. Valga aclararlo: lo violatorio no estriba en que no permita interrumpir el embarazo siempre, sino que no permite interrumpirlo nunca sin calificarlo de delito. Para este Código Penal, es lo mismo interrumpir un embarazo en la tercera semana, que en el séptimo mes; y todas las interrupciones del embarazo, sin importar sus razones, son delito –lo único que admite son ciertas excepciones a la pena–. Una adecuada regulación de este delito –respetuosa del derecho a decidir y tutelando, correctamente, al bien que es la vida–, como mínimo, debería de excluir del tipo penal a la interrupción del embarazo en una temporalidad razonable y al menos por las razones que cumplen con los fines del derecho a decidir (igualdad de las mujeres, libre desarrollo de la personalidad e integridad familiar). Pero, dado que el tipo penal no distingue lo que hay que distinguir, como se debe distinguir, termina violando los derechos de personas como los quejosos, que interrumpen su embarazo en la octava semana –con tal de poder tener ambos y sus hijos una mejor vida–. La restricción al derecho a decidir implica un incumplimiento de dos obligaciones del Estado: respetar el derecho a decidir –esto es, no intervenir u obstaculizar la interrupción del embarazo– y promover el derecho a decidir –esto es, crear condiciones para que se pueda interrumpir el embarazo–. Lo primero lo incumple criminalizando a la mujer que interrumpa o haga interrumpir su embarazo (artículo 128, fracción I). Lo segundo lo incumple criminalizando a quien asista a la mujer en la interrupción del embarazo (artículo 128, fracción II y artículo 129).32 De ahí el problema con el tipo penal.33                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                      
Código de Procedimientos Penales califica al delito de aborto como uno grave, en lo que el juicio se decide, las mujeres deben permanecer en prisión preventiva: hasta las inocentes pagan. 32 Esta distinción no es menor: supongamos que el legislador decide no criminalizar a la mujer que interrumpe su embarazo, pero sigue penalizando a quienes venden medicamentos abortivos o realizan los procedimientos médicos de interrupción del embarazo. Esto, sin duda, no implica un incumplimiento de la obligación de respetar el derecho a decidir que tiene el Estado, pero sí incumple su obligación de promover ya que seguiría resultando imposible para la mujer acceder a este servicio, en condiciones óptimas para su salud. 33 La única porción de la regulación del delito de aborto que no necesariamente viola el derecho a decidir, sino que podría protegerlo –en términos del artículo 1, párrafo 3 de la Constitución– es la fracción III del artículo 128 por medio de la cual se penaliza a quien haga abortar a la mujer sin su consentimiento. Sin embargo, dado que el delito del aborto se encuentra dentro del Título Primero de la Parte Especial del Código Penal, en donde se encuentran los

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III. La prohibición penal del aborto constituye una restricción inconstitucional al derecho a decidir Hasta el momento, ya quedó establecido que (1) el derecho a decidir es un derecho fundamental, consagrado en el artículo 4, párrafo 2 de la Constitución, que tutela la interrupción del embarazo por razones de igualdad, libertad e integridad familiar y que (2) el delito del aborto –consagrado en los artículos 128, 129 y 130 del Código Penal del Estado de San Luis Potosí– es una restricción absoluta al derecho a decidir sobre la interrupción del embarazo. La pregunta ahora es si se trata de una restricción constitucional o no. La respuesta, lo adelantamos, debe ser negativa: el delito del aborto, en los términos establecidos en el Código Penal, es inconstitucional. A. El estándar de escrutinio estricto para la restricción de derechos fundamentales a través de la vía penal En el presente caso, estamos ante (1) la restricción de un derecho fundamental consagrado en la Constitución (2) que se efectúa a través del derecho penal. En este sentido, no es una limitación cualquiera de un derecho otorgado por el régimen jurídico: se trata de una restricción especialmente relevante tanto por lo que afecta –un derecho fundamental–, como por la vía que utiliza para hacerlo –el derecho penal–. Segundo: no existe, como ya concluyó la Suprema Corte de Justicia de la Nación, una obligación constitucional de penalizar el aborto.34 Tampoco existe una prohibición expresa para su penalización. La interrupción del embarazo es una de las conductas que el legislador puede penalizar, “siempre y cuando lo haga mediante los procedimientos [adecuados] y respete las limitaciones de contenido establecidas por ciertos derechos fundamentales.”35 Según una jurisprudencia del Pleno de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, para cumplir con los principios de razonabilidad y proporcionalidad al fijar el alcance de una garantía individual, el legislador debe:                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                      
“delitos contra la vida y la integridad corporal”, es evidente que esta penalización no tiene como bien tutelado la libertad reproductiva de la mujer, sino “la vida del producto de la concepción”. Aunque el resultado pueda ser el mismo –castigar a quien haga abortar a una mujer sin su consentimiento–, no es lo mismo: el bien jurídicamente tutelado importa. 34 “[…] No podemos encontrar ningún fundamento constitucional o internacional para un mandato de penalización de [la] afectación [de la vida] que permitiera sostener que existe una obligación del legislador para el establecimiento o mantenimiento de un tipo penal específico.” Acción de Inconstitucionalidad 146/2007, supra, p. 175. “Si de lo argumentado resulta que la vida, como bien constitucional e internacionalmente protegido, no puede constituir un presupuesto de los demás derechos, además de que aún como derecho no podría en ningún momento ser considerado absoluto; que sus expresiones específicas a nivel nacional e internacional se refieren a la privación arbitraria de la vida y la prohibición del restablecimiento de la pena de muerte; que se trata de un problema de descriminalización de una conducta específica y que no existe mandato constitucional específico para su penalización; y, finalmente, que la evaluación de las condiciones sociales y la ponderación realizada por la Asamblea Legislativa del Distrito Federal es constitucional y se encuentra dentro de sus facultades de acuerdo con principios democráticos, este Tribunal Pleno considera que los argumentos analizados en el presente apartado en relación con la naturaleza y existencia del derecho a la vida son infundados.” Ibid., pp. 184-185. 35 Acción de Inconstitucionalidad 146/2007, supra, p. 176.

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a) perseguir una finalidad constitucionalmente legítima; b) ser adecuada, idónea, apta y susceptible de alcanzar el fin perseguido; c) ser necesaria, es decir, suficiente para lograr dicha finalidad, de tal forma que no implique una carga desmedida, excesiva o injustificada para el gobernado; y, d) estar justificada en razones constitucionales. Lo anterior conforme al principio de legalidad, de acuerdo con el cual el legislador no puede actuar en exceso de poder ni arbitrariamente en perjuicio de los gobernados.36 Por la naturaleza del derecho penal, sin embargo, se considera que este estándar de escrutinio constitucional resulta insuficiente para analizar el caso en cuestión. En este asunto, lo fundamental no es sólo que el legislador no actúe “en exceso de poder ni arbitrariamente en perjuicio de los gobernados”, sino que –dado que está utilizando al derecho penal, “el medio coercitivo más importante del Estado”–,37 actúe en la menor medida posible, con el menor impacto posible sobre los derechos fundamentales. Dado que en el presente caso estamos frente a dos de las intervenciones más extremas que puede efectuar el Estado –(1) a un derecho fundamental (2) a través del derecho penal–,38 consideramos que el estándar de escrutinio del actuar legislativo debe de ser el más elevado:39 (a) La restricción al derecho fundamental debe perseguir una finalidad constitutionalmente ordenada. Esto es: no basta con que se trate de una                                                                                                                
GARANTÍAS INDIVIDUALES. EL DESARROLLO DE SUS LÍMITES Y LA REGULACIÓN DE SUS POSIBLES CONFLICTOS POR PARTE DEL LEGISLADOR DEBE RESPETAR LOS PRINCIPIOS DE RAZONABILIDAD Y PROPORCIONALIDAD JURÍDICA, una Tesis Jurisprudencia del Pleno de la Suprema Corte de Justicia de la Nación de la Novena Época, publicada en Diciembre de 2007 en el Semanario Judicial de la Federación y su Gaceta, XXVI (P./J. 130/2007, número de registro 170740). 37 Acción de Inconstitucionalidad 146/2007, supra. 38 Conforme a estas diferenciaciones, deberían existir al menos tres tests: 1) uno para juzgar medidas legislativas que inciden en los derechos fundamentales, en general; 2) otro para medidas legislativas penales, en general; y 3) un tercero para medidas legislativas penales que inciden en los derechos fundamentales. Para volver a utilizar el derecho a la libertad de expresión: la diferencia entre el 1) y el 3) es la diferencia entre demandar a alguien por la vía civil alegando un daño moral a iniciar un juicio penal en contra de alguien por difamación. La diferencia entre 2) y 3) es, por ejemplo, la diferencia entre el delito del fraude, que no afecta ningún derecho fundamental –¿o acaso existe un derecho fundamental al engaño o a la posesión de bienes ajenos?– y el delito de ultrajes a la moral pública, que afecta a la libertad de expresión. 39 Este test es el equivalente funcional para las restricciones a un derecho fundamental por la vía penal al test de escrutinio estricto para las diferenciaciones a partir de categorías sospechosas (artículo 1, párrafo 5 de la Constitución). Véase IGUALDAD. CRITERIOS QUE DEBEN OBSERVARSE EN EL CONTROL DE LA CONSTITUCIONALIDAD DE NORMAS QUE SE ESTIMAN VIOLATORIAS DE DICHA GARANTÍA, una Tesis de Jurisprudencia de la Segunda Sala de la Suprema Corte de Justicia de la Nación de la Novena Época, publicada en abril de 2010 en el Semanario Judicial de la Federación y su Gaceta, XXXI (2ª./J 42/2010, número de registro 164779). En esta jurisprudencia, la Segunda Sala establece que cuando estamos ante una diferenciación con base en alguna de las categorías establecidas en el artículo 1, párrafo 5 de la Constitución, el análisis que debe realizar el juzgador del acto legislativo debe de ser más intenso: no basta que la diferenciación persiga una finalidad “constitucionalmente aceptable”, sino que sea “constitucionalmente imperativa”; no basta que sea una medida “capaz de causar su objetivo”, sino que tiene que estar “diseñada exactamente para lograr el fin en comento”.
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finalidad constitucionalmente legítima, sino explícitamente ordenada en el texto constitucional. Debe ser imperativa. (b) La restricción debe ser necesaria para lograr el fin encomendado. Esto es: no basta con que sea idónea (adecuada, apta y susceptible) para cumplir el fin, sino que debe exigirse que sea necesaria, indispensable, para protegerlo debidamente (ya que, sin ella, se estaría incumpliendo con el mandato constitucional). Asimismo, debe estar directamente orientada al fin perseguido. (c) La restricción debe ser la menos gravosa de las opciones disponibles para el legislador, en términos de la afectación al derecho fundamental. Esto es: no basta con que sea proporcional –y que el bien que reporte sea mayor o igual al perjuicio que provoca–, sino que ese perjuicio sea el menor que se puede generar para la persona. Si se toma en serio el contenido del artículo 1, párrafo 1 de la Constitución –los derechos fundamentales no podrán ser restringidos, salvo en los casos y bajo las condiciones establecidas en la misma Constitución– y se considera la naturaleza del derecho penal, este estándar de escrutinio estricto es el adecuado para juzgar el delito del aborto. B. La aplicación del estándar de escrutinio constitucional estricto a la prohibición penal del aborto i. ¿Persigue la prohibición penal del aborto una finalidad constitucionalmente ordenada? No. El delito del aborto, en los términos del Código Penal del Estado de San Luis Potosí, pretende tutelar la vida prenatal. Como se mencionó en párrafos anteriores, este delito se encuentra en el Título dedicado a los “delitos en contra la vida y la integridad corporal” y la conducta típica que criminaliza es “la muerte del producto de la concepción” –que, por la palabra “madre” que utiliza la fracción I del artículo 128 y la reciente reforma al artículo 16 de la Constitución de San Luis Potosí, es considerado una persona–. ¿Es la protección de la vida prenatal una finalidad constitucionalmente imperativa? La respuesta es negativa. a. El producto de la concepción no es persona y, por tanto, no es titular del derecho a la vida La Constitución mexicana consagra, en su artículo 29, el derecho a la vida.40 Sin embargo, dado que se trata de un derecho, el titular del mismo es la persona (conforme al artículo 1, párrafo 1 de la misma Constitución).41 Si el producto de la concepción fuera persona, gozaría del derecho a la vida; el derecho a la vida, conforme al artículo 1, párrafo 3, debe ser respetado, protegido, garantizado                                                                                                                
“Artículo 29. […] En los decretos que se expidan, no podrá restringirse ni suspenderse el ejercicio de los derechos a la no discriminación, al reconocimiento de la personalidad jurídica, a la vida, a la integridad personal, a la protección a la familia […]” 41 “Artículo 1. En los Estados Unidos Mexicanos todas las personas gozarán de los derechos humanos reconocidos en esta Constitución y en los tratados internacionales de los que el Estado Mexicano sea parte […]”
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y promovido. En este sentido, si el producto de la concepción fuera persona, su protección sería un imperativo constitucional y cumpliría, por tanto, con el primer criterio del test del escrutinio estricto.42 ¿El producto de la concepción cabe dentro de la categoría “persona”, conforme a la Constitución? El proyecto para resolver la Acción de Inconstitucionalidad 62/2009, presentado por el Ministro Fernando Franco al Pleno de la Suprema Corte –y cuyo sentido reunió siete votos a favor–, respondía así la pregunta: La respuesta es no, toda vez que la Constitución […] no establece que los no nacidos sean personas, individuos o sujetos jurídicos o normativos y sólo los reconoce como bienes jurídicamente protegidos, por más que califiquen como pertenecientes a la especie humana. La Constitución hace una distinción clara, al hablar del concebido pero no nacido, como producto de la concepción (artículo 123, Apartado A, fracción V) así como del embarazo o la gestación (artículo 123, Apartado A, fracción XV e inciso c), fracción XI, del Apartado B). De ningún artículo, aun interpretando de manera integral y sistemática el texto de la Constitución, se podría derivar la conclusión de que en ella se otorga un tratamiento jurídico al producto de la concepción equiparable al individuo, entendido éste como persona jurídica. La Constitución reconoce derechos fundamentales para la persona jurídica (es decir, para el individuo que ha nacido), distinguiendo en algunos casos protecciones específicas, por género o edad […] De igual manera, […] la Constitución […] usa, en ocasiones, los términos “ser humano” y “hombre”, los que, dado el contexto normativo en que el Constituyente los utiliza, resultan equiparables al de individuo o persona, que es quien tiene otorgados los derechos fundamentales que contiene la Constitución. El ámbito personal de validez de las normas constitucionales se refiere a los nacidos, y no puede entenderse referido a la vida prenatal. Además, esto se refuerza al considerar que, cuando la Constitución General hace referencia a la concepción y a la gestación, lo hace siempre en función de los derechos – laborales– de la mujer embarazada. En cambio, la propia Norma Suprema también hace referencia al nacimiento, destacadamente en el artículo 30. Este precepto establece los supuestos en que se debe considerar que una persona tiene nacionalidad mexicana, e indica que el hecho generador de ese status –o ámbito personal de validez de la norma– es, precisamente, el nacimiento; no la fecundación o concepción. La calidad de “mexicano”, de acuerdo con la propia Constitución General, conlleva determinadas consecuencias jurídicas (derechos y obligaciones) que sólo son aplicables

                                                                                                               
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El que la protección de un derecho sea un imperativo constitucional, sin embargo, no se traduce en que su afectación deba ser penalizada. La Suprema Corte ya estableció que “la mera existencia de un derecho fundamental no implica la obligación de la penalización de una conducta que lo afecte” (Acción de Inconstitucionalidad 146/2007, supra, p. 176). En este sentido, lo único que significa que la protección de un derecho sea un imperativo constitucional es que una restricción penal a otro derecho fundamental, cumple con el primer criterio del test de escrutinio estricto.

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a los sujetos nacidos (porque los no nacidos aún no tienen ese carácter).43 Robustece la conclusión del Ministro Franco el hecho de que el Constituyente Permanente haya rechazado explícitamente una propuesta, hecha en 1983 por la Diputada Florentina Villalobos de Pineda al discutir el Dictamen a la iniciativa de reformar el artículo 4 constitucional para incluir el derecho a la salud, que pretendía imputarle personalidad jurídica al producto de la concepción. La iniciativa rechazada proponía adicionar lo siguiente al texto del artículo 4º constitucional: La vida es un bien, el primero de los bienes, en el cual se dan todos los demás. La salud debe alcanzarse para adjetivar la vida. La vivienda y la alimentación son base de sustentación de una vida digna. Por eso proponemos que, para darle substancia al artículo, se le adicionen unas palabras para quedar como sigue: “Artículo único. Se adiciona el Artículo 4o. de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, con un párrafo penúltimo que a la letra dice: Toda persona tiene derecho a la vida desde el momento de su concepción y a la protección de la salud. La ley definirá las bases... etcétera.” 44 Esto es: existió un intento de darle al producto de la concepción el estatus de persona en la Constitución Federal. Este intento fue rechazado por una mayoría de Diputados. En la Constitución, el estatus de persona queda reservado para los nacidos. ¿Establecen los tratados internacionales algo diverso? La respuesta es también negativa. El único instrumento que menciona algo en relación al momento en el que el derecho a la vida surte sus efectos es la Convención Americana de Derechos Humanos45 que, a la letra, establece: Artículo 4. Derecho a la vida 1. Toda persona tiene derecho a que se respete su vida. Este derecho estará protegido por la ley y, en general, a partir del momento de la concepción. […] La porción “en general” es lo que le quita a la protección de la vida desde el momento de la concepción el carácter de imperativo: es algo que los Estados Parte de la Convención Americana pueden hacer, si quieren. Este fragmento normativo se introdujo, precisamente, para permitir la interrupción legal del embarazo (fuera porque un Estado Parte ya la contemplaba en su ordenamiento jurídico o porque la fuera a contemplar).46 Ahora, además del artículo 4 que, en sí                                                                                                                
Proyecto de la Acción de Inconstitucionalidad 62/2009, a cargo del Ministro José Fernando Franco González Salas, presentado al Pleno de la Suprema Corte de Justicia de la Nación el 29 de septiembre de 2011. El proyecto está disponible aquí: http://bit.ly/H17KtC La discusión en el Pleno está disponible aquí: http://bit.ly/H2aVle 44 Discusión en la Cámara de Diputados (Cámara Revisora) del 28 de diciembre de 1982, del Dictamen de la Cámara Revisora a la Iniciativa de Adiciones al Artículo 4o. de la propia Constitución Política, presentada por el Ejecutivo Federal el 22 de diciembre de 1982 . Esta discusión está disponible en: http://bit.ly/H51BbA 45 En las páginas 168-173 de la Acción de Inconstitucionalidad 146/2007 y su acumulada, la Suprema Corte revisó esta disposición a cabalidad. 46 “De este complejo surgimiento histórico de la Convención Americana, observamos que […] la expresión ‘en general’ tenía como destino específico permitir que los Estados en los cuales se hubiere ya previsto la realización de
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mismo, es suficiente para llegar a la conclusión de que la protección de la vida prenatal no es un imperativo constitucional, México introdujo una reserva y una declaración interpretativa al artículo: [Con ellas] no se obligó internacionalmente a adoptar o mantener en vigor legislación que proteja la vida “a partir del momento de la concepción”. Es decir, no aceptó el establecimiento de un momento específico a partir del cual debía proteger el derecho a la vida y en esa medida, se encuentra obligado el Estado mexicano a proteger y garantizar el derecho a la vida como en el resto de tratados internacionales lo disponen, esto es, sin un momento específico para el inicio de la protección y aceptando que no es un derecho absoluto.47 En conclusión: en la Constitución mexicana el producto de la concepción no es considerado “persona” y, por tanto, no goza el derecho a la vida; en la Convención Americana de Derechos Humanos, existe la potestad –mas no la obligación– de proteger a la vida “desde el momento de la concepción”. En este sentido, no puede hablarse de un imperativo constitucional de proteger a la vida prenatal. De lo único de lo que podría hablarse es de una obligación de proteger, a través de la legislación laboral, al producto de la concepción, como parte de los derechos laborales de la mujer. b. El producto de la concepción es un bien jurídicamente protegido para garantizar los derechos laborales de las mujeres Como se mencionó anteriormente, el artículo 123 de la Constitución hace referencia al producto de la concepción. Lo realiza en los siguientes términos: Artículo 123. Toda persona tiene derecho al trabajo digno y socialmente útil; al efecto, se promoverán la creación de empleos y la organización social para el trabajo, conforme a la Ley. El Congreso de la Unión, sin contravenir las bases siguientes, deberá expedir leyes sobre el trabajo las cuales regirán: A.- Entre los obreros, jornaleros, empleados domésticos, artesanos y de manera general, todo contrato de trabajo: […] V.- Las mujeres durante el embarazo no realizarán trabajos que exijan un esfuerzo considerable y signifiquen un peligro para su salud en relación con                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                      
abortos o en los Estados que posteriormente aceptaran esta legislación, no se diera una condición de violación a las obligaciones que iban a adquirir con la firma y ratificación de dicho tratado.” Acción de Inconstitucionalidad 146/2007, supra, p. 171. 47 La declaración y reserva vigentes establecen lo siguiente: “1. Declaración interpretativa: Con respecto al párrafo 1 del Artículo 4o, considera que la expresión ‘en general’ usada en el citado párrafo no constituye obligación de adoptar o mantener en vigor legislación que proteja la vida a partir del momento de la concepción’ ya que esta materia pertenece al dominio reservado de los Estados.” “2. Reserva: El Gobierno de México hace reserva expresa en cuanto al párrafo 2 del artículo 23 ya que la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, en su artículo 130, dispone que los Ministros de cultos no tendrán voto pasivo, ni derecho para asociarse con fines políticos.”

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la gestación; gozarán forzosamente de un descanso de seis semanas anteriores a la fecha fijada aproximadamente para el parto y seis semanas posteriores al mismo, debiendo percibir su salario íntegro y conservar su empleo y los derechos que hubieren adquirido por la relación de trabajo. (…); (…) XV.- El patrón estará obligado a observar, de acuerdo con la naturaleza de su negociación, los preceptos legales sobre higiene y seguridad en las instalaciones de su establecimiento, y a adoptar las medidas adecuadas para prevenir accidentes en el uso de las máquinas, instrumentos y materiales de trabajo, así como organizar de tal manera éste, que resulte la mayor garantía para la salud y la vida de los trabajadores, y del producto de la concepción, cuando se trate de mujeres embarazadas. (…) (…) B.- Entre los Poderes de la Unión, el Gobierno del Distrito Federal y sus trabajadores: (…) XI.- La seguridad social se organizará conforme a las siguientes bases mínimas: (…) c) Las mujeres durante el embarazo no realizarán trabajos que exijan un esfuerzo considerable y signifiquen un peligro para su salud en relación con la gestación; gozarán forzosamente de un mes de descanso antes de la fecha fijada aproximadamente para el parto y de otros dos después del mismo, debiendo percibir su salario íntegro y conservar su empleo y los derechos que hubieren adquirido por la relación de trabajo. (…). La protección constitucional del producto de la concepción consagrada en el artículo 123 respecto a los derechos de las mujeres está limitada al contexto de los derechos laborales exclusivamente y no implica una protección constitucional independiente de dicho producto. Esto es: se trata de una protección específicamente laboral y no involucra la vía penal. Pero, más importante aún, la protección se establece como parte de los derechos laborales de las mujeres y no como un derecho oponible a ellas. La razón por la cual se protege la vida prenatal es por el beneficio que le pueda reportar a la mujer y no al producto de la concepción en sí mismo. Estas normas tienen por objeto garantizar que las mujeres, a pesar de sus embarazos, estén protegidas laboralmente. Es necesario recordar, en este punto, que estas disposiciones se introdujeron en la misma reforma al artículo 4 constitucional de 1974 y forman parte del paquete –junto con la igualdad jurídica del hombre la mujer, el derecho a la protección de la familia y el derecho a decidir– de las normas que garantizarían la incorporación plena de la mujer al mundo laboral.48                                                                                                                
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“Las reformas propuestas al artículo 123 Constitucional en sus Apartados A y B elimina antiguos valladares que han devenido discriminatorios para la mujer, ensanchan su acceso al mercado de trabajo y estatuyen igual tratamiento para ambos sexos, lo que implica igualdad de oportunidades en materia laboral, con la salvedad del relativo a los ciclos de gestación y lactancia.” Dictamen de la Cámara de Diputados (Cámara de Origen) sobre la Iniciativa de Decreto de Reformas y Adiciones a los artículos 4o., 5o., 30, Apartado B, fracción II, 123… supra. “Finalmente, considerando llegado el momento, tanto por merecimiento propio, como por un loable sentido de solidaridad manifestado por la mujer mexicana, se propone en la Iniciativa su acceso y libertad de empleo

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En este sentido, suponiendo sin conceder que la regulación del 123 constitucional permite hablar de la protección del producto de la concepción como una finalidad imperativa que va más allá de la esfera laboral, esta tutela se debe hacer protegiendo a las mujeres y no coaccionándolas o sometiéndolas al uso del derecho penal. Lo más que puede decirse de la protección de la vida desde la concepción es que es una finalidad constitucionalmente legítima. ii. ¿Es la prohibición penal del aborto una medida indispensable para proteger a la vida prenatal? No. Ahora, a pesar de que la penalización del aborto, en los términos dispuestos por el Código Penal del Estado de San Luis Potosí, no cumple con el primer criterio del test de escrutinio estricto –esto es: no persigue una finalidad constitucionalmente imperativa, sino, a lo más, legítima–, valga proseguir con el ejercicio para demostrar cómo tampoco cumple con el segundo criterio: no es una medida indispensable para proteger la vida prenatal. Vaya: ni siquiera es idónea, como lo admitió la misma Suprema Corte: [La] penalización de la interrupción del embarazo [al menos durante su primer trimestre] no resulta idónea para salvaguardar la continuación del proceso de gestación, puesto que […] constituye una realidad social que las mujeres, que no quieren ser madres, recurr[e]n a la práctica de interrupciones de embarazos clandestinos con el consiguiente detrimento para su salud e incluso, con la posibilidad de perder sus vidas.49 Esto es: si lo que interesa es desincentivar la interrupción del embarazo, el delito del aborto es una medida absolutamente ineficaz para realizarlo. Las mujeres continúan haciéndolo, a pesar de la clandestinidad, las condiciones de insalubridad y la amenaza de cárcel. Si lo que interesa es reducir50 el número de abortos, la política más efectiva “es evitar los embarazos no deseados a través de un mayor uso de métodos anticonceptivos” y no a través de la criminalización de la interrupción del embarazo, en todo momento.51                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                      
equiparables a los del varón, como una de las más trascendentes aplicaciones del gran principio general contenido en el nuevo artículo cuarto, con la única diferencia, de la protección social a la maternidad, preservando la salud de la mujer y del producto en los periodos de gestación y de lactancia. Así, se consagra el derecho al trabajo, sin distinción de sexo, y especialmente para la mujer, como un factor de promoción y desenvolvimiento de todas sus capacidades creativas.” Dictamen de la Cámara de Senadores (Cámara Revisora) sobre la Iniciativa de Decreto de Reformas y Adiciones a los artículos 30, Apartado B, fracción II, 123… supra. 49 Acción de Inconstitucionalidad 146/2007, supra, p. 183. 50 Por cierto, que quede claro que se habla de reducir el aborto y no eliminarlo porque, incluso utilizando métodos anticonceptivos de manera perfecta, existe una gran posibilidad de embarazarse debido a las fallas en los métodos. Estadísticamente, por ejemplo, si se utiliza de manera perfecta la pastilla anticonceptiva, habrán 78,000 embarazos por falla, mientras que del uso típico (esto es, como las personas tienden a usarlo en la realidad) de la pastilla resultan 3,900,000 embarazos por falla. Un uso perfecto del DIU llevaría a 894,000 embarazos por falla; mientras que el uso típico del DIU lleva a 1,192,000 embarazos por falla. Un uso perfecto del cóndon lleva a 1,530,000 embarazos por falla; mientras un uso típico lleva a 7,140,000 embarazos por falla. Del método del ritmo, hecho a la perfección, resultan 780,000 embarazos por falla, mientras, como típicamente se realiza, lleva a 6,500,000 embarazos por falla. Del coito interrumpido hay una relación de 1,240,000 si es perfecto a 5,890,000 si es típico. La Organización Mundial

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Recordemos, además, que la protección penal no es la única con la que cuenta el Estado para avanzar sus intereses. Si el Estado quiere asegurarse que los embarazos se lleven a término, podría, por ejemplo, ofrecer incentivos económicos para las mujeres o familias. El 23% de las mujeres que interrumpen sus embarazos, lo hacen por razones económicas (como lo fue, en parte, el caso de los quejosos).52 Quizá sea mucho más efectivo que el Estado, en lugar de penalizar esta conducta –y si tanto la interesa el producto de la concepción– garantice o promueva que, una vez que haya nacido, tenga una buena calidad de vida (como se supone debe hacerlo, según el artículo 4, párrafos 8, 9 y 10 de la Constitución). iii. ¿El delito del aborto es la opción menos gravosa en términos de su afectación al derecho a decidir? No. Ya la misma Suprema Corte reconoció que la penalización de la interrupción del embarazo, en cualquier momento del mismo, no sólo no es una medida idónea, sino que vulnera derechos. En particular, los de la mujer. En este caso, también los del hombre, su pareja: El reproche por la vía penal, es decir, la imposición de la pena en el citado caso, no sirve para asegurar el correcto desenvolvimiento del proceso en gestación, pues nuestra realidad social es otra y de lo contrario, se menoscaba y reafirma la discriminación hacia las mujeres. Por ende, no puede plantearse que la amenaza penal es la primera y única solución a la erradicación de las prácticas clandestinas de interrupción voluntaria del embarazo, pues más allá de la teoría que utilicemos para justificar la imposición de la pena estatal, la sanción no puede ignorar la racionalidad y la necesidad pues, de lo contrario, se habilitaría el ingreso al sistema penal de la venganza como inmediato fundamento de la sanción. De este modo, penalizar la conducta en cuestión sería tanto como utilizar al derecho penal como una herramienta simbólica y no como un mecanismo de última ratio. Es por ello que el legislador considera la penalización de la conducta como ineficaz y, lejos de impedir que las mujeres recurran a la interrupción voluntaria del embarazo de una manera segura, las orilla a someterse a procedimientos médicos en condiciones inseguras en las que, incluso, ponen en riesgo su vida.53

                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                     
de la Salud calcula que cada año en el mundo hay casi 6 millones de embarazos resultado de fallas en la anticoncepción en caso de un uso perfecto de estos métodos, mientras que en caso de un uso típico, el número puede llegar a más de 26 millones de embarazos anuales. De esto se deriva que, incluso utilizando anticoncepción y contando con la información relevante, la interrupción del embarazo como quiera será un método recurrido para no constituir un vínculo filial. Raffaela Shaivon, “Aborto: un debate abierto. ¿Cómo prevenirlo?”, IPAS (para más datos sobre el aborto como una política ineficaz, véase el Amicus Curiae que presentó IPAS-México para la Acción de Inconstitucionalidad 11/2009 resuelta por la Suprema Corte de Justicia de la Nación en septiembre de 2011). 51 Raffaela Shiavon, Gerardo Polo y Erika Troncoso, “Aportes para el debate sobre la despenalización del aborto”, IPAS, México, marzo de 2007, p. 4, disponible en: http://bit.ly/H6ZpmE Según este mismo estudio, “las tasas más bajas de interrupción del embarazo se observan en países que tienen leyes liberales” respecto del aborto (p. 1). 52 Raffaela Shaivon, “Aborto: un debate abierto. ¿Cómo prevenirlo?”, supra. 53 Acción de Inconstitucionalidad 146/2007, supra, p. 184.

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En este sentido, la penalización del aborto, en cualquier momento del embarazo, no cumple con los fines que dice tener encomendados –proteger la vida prenatal– y causa un daño desmedido que culmina, en la gran mayoría de casos, en la muerte de las mujeres.54 Está comprobado que, “en los países en donde el aborto está legalmente restringido, suceden en promedio 30 veces más muertes maternas que en los países donde este procedimiento es legal a solicitud de la mujer.” En el caso particular de México, “de 1990 a 2005, 21,464 mujeres murieron por causas maternas; de ellas, 1,537 defunciones se debieron al aborto y sus complicaciones, lo cual representa el 7.2% de todas las muertes maternas durante ese periodo. El aborto representa así la quinta causa de muerte materna a nivel nacional.” Estadísticamente, de hecho, la quejosa es una de las afortunadas que, por ser derechohabiente del IMSS, pudo detener la infección que le provocó la interrupción del embarazo realizada en condiciones insalubres y de clandestinidad.55 Sin embargo, el precio que ha pagado por ello –la privación de su libertad– es altísimo. Por no agregar el daño que se le ha provocado a su pareja –que también está en la cárcel– y a sus hijos –desprovistos de ambos padres–. La ironía de las consecuencias de la regulación penal vigente es que se prefiere la supuesta y fallida protección de la vida prenatal por encima de la protección de los niños ya nacidos, su desarrollo y bienestar. Por último, valga una referencia más a la Suprema Corte, que a la par que estimó que la penalización absoluta del aborto es una medida ineficaz y desproporcional, consideró, de manera opuesta, a la despenalización de la interrupción del embarazo durante el primer trimestre, como idónea para salvaguardar los derechos fundamentales de las mujeres: Este Tribunal considera que la medida utilizada por el Legislador resulta de este modo idónea para salvaguardar los derechos de las mujeres, pues la no penalización de la interrupción del embarazo tiene como contraparte la libertad de las mujeres para que decidan respecto de su cuerpo, de su salud física y mental e, incluso, respecto de su vida, pues no podemos desconocer que aun en la actualidad, como lo refiere claramente el legislador del Distrito Federal en su exposición de motivos, existe mortandad materna.56 En conclusión: la prohibición penal del aborto del Código Penal del Estado de San Luis Potosí viola el derecho a decidir de los quejosos, ya que los castiga por interrumpir su embarazo, en la temporalidad específica en la que lo hicieron –ocho semanas de gestación– y por las razones apremiantes y constitucionalmente protegidas por las que lo hicieron –igualdad, libertad e integridad familiar–. Con ello, el Estado incumple su obligación de respetar y promover este derecho, sin contar con una justificación apremiante para ello.                                                                                                                
Shiavon, Polo y Troncoso, “Aportes para el debate sobre la despenalización del aborto”, supra, pp. 1, 6-7. “La mayoría (64%) de las muertes por complicaciones de aborto ocurrieron en mujeres sin derechohabiencia.” “[…] De todas las mujeres que se hospitalizan por un evento obstétrico en el sector salud [en México], una de cada diez lo hace por complicaciones de aborto (todo tipo de aborto)”. Shiavon, Polo y Troncoso, “Aportes para el debate sobre la despenalización del aborto”, supra, pp. 1, 6-7. 56 Acción de Inconstitucionalidad 146/2007, supra.
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2. El derecho a la salud y el derecho a la información
Segundo concepto de violación: violación del artículo 4, párrafo 4 y del artículo 6 de la Constitución La prohibición penal de interrumpir el embarazo establecida en los artículos 128, 129 y 130 de Código Penal para el Estado de San Luis Potosí también vulnera en perjuicio de la quejosa su derecho fundamental a la protección de la salud. La afectación inconstitucional al derecho fundamental a la protección de la salud se agrava, a su vez, al concatenarse los artículos referidos del Código Penal con la disposición contenida en el artículo 258 del Código de Procedimientos Penales para el Estado de San Luis Potosí (en adelante, Código de Procedimientos Penales). A continuación, se precisa en qué forma y porqué razones el sistema normativo conformado por los artículos 128, 129 y 130 del Código Penal y el artículo 258 del Código de Procedimientos Penales vulneran el derecho fundamental a la protección de la salud de las mujeres –y por ello de la quejosa–, por sí solo, así como en su relación con el derecho a la información garantizado en el artículo 6 constitucional. La afectación de ambos derechos –a la salud y a la información– se realiza en violación al artículo 1 constitucional, ya que se trata de una restricción en condiciones no establecidas en la misma Constitución57 y constituyen incumplimientos a la obligación de toda autoridad de promover, respetar, proteger y garantizar dichos derechos de conformidad con los principios de interdependencia, indivisibilidad, universalidad y progresividad. I. El derecho a la protección de la salud y las obligaciones a cargo del Estado El artículo 4 constitucional, en su párrafo 4, establece que “Toda persona tiene derecho a la protección de la salud.” El derecho a la protección de la salud, de que goza toda persona –esto es, cada persona–, implica la obligación a cargo del Estado de realizar actos, tanto positivos, como negativos, que efectivamente protejan la salud de las personas. Como todo derecho fundamental, según lo establece el artículo 1 constitucional, genera distintas obligaciones a cargo del Estado, consistentes en “promover, respetar, proteger y garantizar” el derecho correspondiente. En el primer concepto de violación, se explicó en qué consisten estas obligaciones, pero valga, para efectos de este concepto de violación repetirla lo esencial: Las obligaciones de respetar se definen por el deber del Estado de no injerir, obstaculizar o impedir el acceso al goce de los bienes que constituyen el objeto del derecho. Las obligaciones de proteger consisten en impedir que terceros injieran, obstaculicen o impidan el acceso a esos bienes. Las obligaciones de garantizar suponen asegurar que el titular del derecho acceda al bien cuando no puede hacerlo por sí

                                                                                                               
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Al respecto, ver el primer concepto de violación de la presente demanda donde se abunda sobre los estándares requeridos para aceptar como constitucional la restricción de un derecho fundamental. Se solicita se tengan por reproducidas en este concepto de violación dichas precisiones a fin de ponderar la validez constitucional de las normas impugnadas como restricciones a los derechos fundamentales a la salud y la información.

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mismo. Las obligaciones de promover se caracterizan por el deber de desarrollar condiciones para que los titulares del derecho accedan al bien.58 Teniendo en mente esta clasificación tetra-partita de las obligaciones a cargo del Estado que se desprenden de los derechos fundamentales, podemos analizar el impacto que la prohibición penal de la interrupción del embarazo establecida en los artículos 128, 129 y 130 del Código Penal y complementada por el artículo 258 del Código de Procedimientos Penales tiene en el derecho a la salud de la quejosa. En primer lugar, y como mínimo, el Estado está obligado a abstenerse de realizar acciones o implementar políticas o regulaciones que obstaculicen o impidan el acceso de cada persona al “disfrute del más alto nivel posible de salud física y mental.”59 En segundo lugar, el Estado está obligado a impedir que terceros obstaculicen o impidan el acceso de cada persona al “disfrute del más alto nivel posible de salud física y mental”. En tercer lugar, el Estado está obligado garantizar el acceso de cada persona al “más alto nivel posible de salud”, cuando no pueda por sí misma acceder a él. Por último, el Estado está obligado a generar las condiciones para que cada persona pueda acceder por sí “al más alto nivel posible de salud física y mental.” ¿Qué implica esto, en concreto, frente a la regulación hoy vigente de la interrupción del embarazo? En los apartados subsecuentes, se analizarán las implicaciones de la regulación actual de la interrupción del embarazo para cada uno de los niveles de obligación a cargo del Estado y se precisará porqué dicha regulación vulnera el derecho a la salud por sí solo, y en su intersección con el derecho a la información. Las violaciones al derecho a la salud –que se desarrollarán en los sub-apartados subsecuentes– son las siguientes: (i) La prohibición penal de la interrupción legal del embarazo priva del derecho a la información sobre los usos seguros de métodos de interrupción del embarazo y, en consecuencia, incumple con la obligación de promover la salud mediante la garantía de acceso a la información sobre los usos y efectos de medicamentos recomendados a nivel nacional e internacional de acuerdo a la normatividad vigente para que las personas accedan. (ii) La prohibición penal de la interrupción legal del embarazo vulnera el derecho a la salud al exponer a las personas a los riesgos concomitantes a la gestación, privándole de una alternativa menos riesgosa para la salud, a saber, la interrupción legal del embarazo. Con ello, el Estado incumple directamente su obligación de respetar el derecho a la salud, pues obliga a las personas a incurrir en riesgos a la salud innecesarios y, con ello, les priva del “más alto nivel posible de salud”. (iii) Vulnera el derecho a la salud al no garantizar la privacidad de la información que, para efectos de recibir atención médica adecuada y oportuna, es preciso compartir con los prestadores de servicios de salud, inhibiendo inclusive que las personas soliciten los servicios de salud que necesitan.                                                                                                                
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Abramovich y Courtis, supra. Pacto Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales, Artículo 12, párrafo 1.

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Antes de desarrollar cada una de estas formas en las que la normatividad impugnada vulnera el derecho a la salud, es preciso, primero, recordar en qué consiste la normatividad impugnada y ver cuáles son sus implicaciones prácticas para la salud de las mujeres. II. La prohibición penal del aborto en San Luis Potosí Como se estableció en el primer concepto de violación, la regulación de la interrupción del embarazo se regula dentro del Capítulo VI del Título Primero de la Parte Especial del Código Penal. Dicho Título establece como bien jurídicamente tutelado por los tipos penales que le conforman “la vida” y “la integridad corporal”. Ahora bien, el delito de “aborto” establece como conducta típica la interrupción del embarazo al definirlo genéricamente como la conducta de “quien causa la muerte del producto de la concepción en cualquier momento de la preñez” (artículo 128), precisando distintos supuestos para el establecimiento las sanciones, a saber: (i) Cuando la mujer que “voluntariamente procure su aborto o consienta en que otro la haga adoptar” (artículo 128, fracción I) (ii) A quien “lo realice con el consentimiento de la mujer embarazada” (artículo 128, fracción II) (iii) A quién “lo realice sin el consentimiento de la mujer embarazada” (artículo 128, fracción III). (iv) A quien cause el aborto siendo “profesionista de la medicina o partero” (artículo 129); Asimismo, el artículo 130 establece excepciones a la punición por aborto cuando (i) se trate de un aborto culposo; (ii) el embarazo sea resultado de una violación o inseminación indebida; o (iii) cuando corra peligro de muerte la mujer embarazada, según lo establezca un dictamen médico. Por último, el artículo 258 del Código de Procedimientos Penales establece que el profesionista sanitario que tenga conocimiento de la comisión de un delito contra la vida está obligado a denunciar los hechos, so pena de incurrir en el delito de encubrimiento, sin dar cabida al respeto al secreto médico profesional con fines de la protección a la salud. Ahora bien, teniendo en cuenta la existencia de la prohibición penal de la interrupción del embarazo por causas distintas a la imprudencia o el riesgo a la vida, o bien en casos en que la gestación sea resultado de una violación, resulta que las personas que se encuentran en la situación de decidir sobre un embarazo no deseado y que no encuadren dentro de las hipótesis previstas de no punición, tienen ante sí ante dos posibilidades. La primera consiste en acatar la prohibición penal y llevar a término la gestación. Además de la afectación a los demás derechos fundamentales que esto implica, llevar a término una gestación implica, en sí misma, un riesgo a la salud de la mujer gestante, como se ilustrará en el apartado correspondiente. Esto es, el Estado obliga a la mujer gestante a sobrellevar un riesgo a su salud al obligarle a llevar a término involuntariamente un embarazo. Esto en sí mismo es grave, pero resulta más grave aún si consideramos que llevar a término una gestación no constituye la opción menos riesgosa para una mujer embarazada. En otras palabras: al prohibir la interrupción legal del embarazo, el Estado obliga a la mujer a arriesgar innecesariamente su salud.

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La segunda opción que tienen las personas que deben decidir sobre la continuación de un embarazo consiste en desacatar la prohibición penal y exponerse a llevar a cabo la interrupción del embarazo en circunstancias que innecesariamente incrementan los riesgos a la salud de las personas. Como lo ha señalado explícitamente el Pleno de la Suprema Corte de Justicia, la proscripción de la interrupción legal del embarazo, al empujar esta práctica a la clandestinidad genera “un problema de salud pública derivado de la práctica de abortos clandestinos”.60 Los riesgos a la salud de las personas derivado de la clandestinidad se presentan en dos sentidos distintos. Primero, al interrumpir un embarazo en un contexto de clandestinidad, la interrupción misma del embarazo resulta innecesariamente más riesgosa para la salud de la mujer de lo que sería una interrupción del embarazo en un contexto de no clandestinidad. Ello es así tanto por la falta de información que conlleva la clandestinidad, como por la falta de acceso a servicios de interrupción del embarazo seguros que implica la clandestinidad. Segundo, una vez decidida y ejecutada la interrupción del embarazo, la prohibición penal inhibe a las personas de buscar la atención médica necesaria para procurar su salud, pues buscar dicha atención médica implica exponerse a la sanción estatal, por virtud del artículo 258 del Código de Procedimientos Penales, que obliga a quienes corresponde prestar servicios de salud a denunciar penalmente a sus pacientes, quienes acuden a ellos en búsqueda de la protección de su salud. A continuación se exponen, en mayor detalle, los tres casos aquí mencionados. III. Las vulneraciones al derecho a la salud que provoca la penalización del aborto A. Violación del derecho a la salud y al derecho de acceso a la información necesaria para minimizar los riesgos de la interrupción del embarazo y acceder a una interrupción del embarazo segura En primer lugar, la prohibición penal de la interrupción del embarazo constituye una vulneración al derecho a la protección de la salud en su vertiente que obliga al Estado a promover el acceso de la quejosa a los medios para procurar su salud y a la obligación del Estado de garantizar la información (artículo 6 constitucional). El Estado está obligado a garantizar el acceso a la información. La información referente a los usos seguros de tratamientos y medicamentos es un vehículo indispensable para la protección de la salud. Al prohibir penalmente la interrupción del embarazo, el Estado inhibe y obstaculiza la circulación y acceso a la información sobre los usos seguros de ciertos medicamentos –tal como el misoprostol, que fue el utilizado en este caso– y con ello genera un ambiente adverso a la protección de la salud de las personas. Al inhibir y obstaculizar el acceso a la información, el Estado incumple su obligación de promover el acceso a la información sobre los usos abortivos seguros de ciertos medicamentos. Al hacerlo, también incumple su obligación de promover la protección de la salud de las personas, pues les priva de la información necesaria para proteger debidamente la salud. Esto es, el Estado directamente vulnera nuestro derecho a la información y, al hacerlo, genera obstáculos a la protección de la salud, con lo que incumple su obligación de promoverla. Contrario a la política adoptada por el estado de San Luis Potosí al penalizar la interrupción legal del embarazo, el Estado mexicano está obligado a promover la salud de las                                                                                                                
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personas lo que, en el presente caso, se haría difundiendo y promoviendo la información sobre los usos seguros y los riesgos asociados con estos medicamentos, no penalizando, indirectamente, esta difusión. Como lo establece con toda claridad la Observación general No.14 del Comité de Derechos Económicos, Sociales y Culturales de la Organización de las Naciones Unidas, adoptada durante el 22º periodo de sesiones en Ginebra en el año 2000 (en adelante, OG 14): “El derecho a la salud está estrechamente vinculado con el ejercicio de otros derechos humanos y depende de esos derechos”, entre lo que explícitamente contempla “el acceso a la información” (párrafo 3). Esto es, debemos entender que la información pertinente para proteger la salud –como lo es el uso adecuado y seguro de distintos medicamentos– se encuentra entre la “gama de facilidades, bienes, servicios y condiciones necesarios para alcanzar el más alto nivel posible de salud” (párrafo 9) pues, como lo precisa el propio documento, “el acceso a la educación e información sobre cuestiones relacionadas con la salud, incluida la sexual y reproductiva” se cuentan entre “los principales factores determinantes de la salud” de las personas (párrafo 11) y, específicamente, como parte de la “accesibilidad” como elemento esencial del derecho a la salud (párrafo 12). Estas disposiciones de la OG 14 coinciden con la interdependencia de los derechos que explícitamente reconoce nuestro artículo 1 constitucional. El resultado de la falta de acceso a la información completa y fidedigna sobre los usos seguros y los riesgos de usar determinados medicamentos en ciertas circunstancias, es la exposición de la salud, tal como se actualizó en nuestro caso, pues la información inadecuada sobre las circunstancias requeridas para el uso seguro del misoprostol derivó en una condición médica que llevó a A a dar al hospital y requerir internamiento, tal como consta en los autos del juicio penal seguido en nuestra contra por virtud de la aplicación de las normas impugnadas. B. Violación del derecho a la salud por exposición a un riesgo innecesario La gestación conlleva inevitablemente riesgos para la salud. Al obligar a una mujer a llevar a término un embarazo no deseado, el Estado está obligándole a exponer su salud, pues existen alternativas menos riesgosas para la salud que llevar a término una gestación. La mortandad matera es una de las principales causas de muerte entre mujeres en el mundo y en nuestro país. El embarazo, históricamente, ha sido reconocido como un proceso que conlleva riesgos para la mujer. El fenómeno de la mortandad materna ha sido registrado culturalmente al equiparar, en distintas tradiciones culturales, la muerte de una mujer durante el parto con la muerte de un hombre en la guerra: ambas situaciones conllevan riesgos y sacrificios. Aún con los avances de la tecnología moderna, el embarazo y el parto conllevan riesgos de afectación a la salud de la mujer e inclusive de muerte. El aborto ilegal, clandestino o legalmente restringido contribuye significativamente a esta elevada mortalidad materna. El aborto legal, en contraste, es un procedimiento muy seguro, mucho más seguro que el embarazo y el parto. Así lo confirman tanto datos internacionales como nacionales. Para entender el fenómeno del aborto –lícito e ilícito– y su relación con la salud, es preciso primero, poner en perspectiva el fenómeno utilizando algunos datos empíricos.

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Cerca de 70,000 mujeres mueren anualmente en el mundo por complicaciones derivadas de abortos inseguros61 –esto es, practicados en condiciones de clandestinidad o insalubridad– y un estimado de 5,000,000 más de mujeres padecen inhabilitación temporal o permanente.62 En México, por aborto (todos tipos de aborto), han muerto 1,786 mujeres entre 1990 y 2008, la mayoría muertas por complicaciones de abortos inseguros, debido a la clandestinidad y la restricción legal a la cual son sometidas.63 El aborto ha causado, en promedio, una de cada 13 muertes maternas, esto es, el 7.2% de las muertes maternas. Pero la afectación a la salud que representan los abortos clandestinos no se limita a la mortandad materna, sino también a otras afectaciones en salud. Entre 2000 y 2008, el aborto clandestino ha significado más de 1,600,000 hospitalizaciones, es decir, un promedio de 5 mujeres hospitalizadas por aborto por cada 1,000 mujeres en edad reproductiva. En estos mismos años, han muerto en promedio 48 mujeres por cada 100,000 hospitalizaciones por aborto.64 La interrupción legal del embarazo es una alternativa a los abortos clandestinos que resulta mucho más segura para las mujeres. Por ejemplo, tras la despenalización del aborto a principios de los años setenta en los Estados Unidos, la tasa de muertes por interrupción del embarazo inducida cayó de 4.1 muertes por cada 100,000 interrupciones del embarazo a 0.6 muertes por cada 100,000 interrupciones del embarazo.65 El aborto inseguro es, sin duda, un problema de salud para las mujeres en todo el mundo. Ahora bien, llevar a término el embarazo, es, también –como el aborto inseguro y clandestino– una circunstancia más riesgosa que la interrupción legal del embarazo. Por ejemplo, para Estados Unidos,66 la tasa de mortandad por causas asociadas al embarazo entre mujeres que parieron neonatos vivos fue de 8.8 muertes por cada 100,000 nacimientos vivos; en contraste, la tasa de mortandad por causas asociadas a interrupciones legales del embarazo fue de 0.6 muertes por cada 100,000 interrupciones legales del embarazo. Esto es, en Estados Unidos es 14 veces más riesgoso llevar a término un embarazo que recurrir a una interrupción legal de un embarazo. La interrupción del embarazo legal y practicada en condiciones sanitarias adecuadas es mucho más segura que la interrupción ilegal del embarazo y que la gestación misma. Nuestra propia                                                                                                                
Organización Mundial de la Salud, Women and health: today's evidence tomorrow's agenda, Ginebra, Organización Mundial de la Salud, 2009. El resumen analítico en español está visible en: http://bit.ly/GAAyX1 62 Åhman E. Shah, Unsafe abortion: global and regional incidence, trends, consequences, and challenges, JOGC, diciembre de 2009, pp. 1149-1158. 63 Raffaela Schiavon, Erika Troncoso y Gerardo Polo, Analysis of Maternal and Abortion-Related Mortality in Mexico in the Last Two Decades (1990-2008), artículo aceptado para publicación en el INTERNATIONAL JOURNAL OF GYNECOLOGY AND OBSTETRICS. Todos los datos epidemiológicos contenidos en el siguiente párrafo, son tomados de este artículo. 64 Sin embargo, hay una enorme diferencia entre entidades federativas, con un máximo de 143 mujeres muertes por 100,000 mujeres hospitalizadas en Guerrero, lo que demuestra la profunda inequidad con la que el aborto en especial impacta la muerte de mujeres (lo que es relevante en términos del concepto de violación referente al derecho a la igualdad y la no discriminación). 65 Linda A. Bartlett, Cynthia J. Berg, et al., Risk Factors for Legal Induced Abortion-Related Mortality in the United States, OBSTETIRCS & GYNECOLOGY, Vol. 103, No. 4, abril de 2010, American College of Obstetricians and Gynecologists. 66 Elizabeth G. Raymond y David A. Grimes, The Comparative Safety of Legal Induced Abortion and Childbirth in the United States, en OBSTETIRCS & GYNECOLOGY, Vol. 119, No. 2, Part 1, febrero de 2010, American College of Obstetricians and Gynecologists.
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experiencia demuestra que en el caso de la interrupción legal del embarazo, la mortandad e inhabilitación son prácticamente nulas. Aunque lo reciente de la despenalización del aborto durante el primer trimestre en una entidad federativa de nuestro país no permite tener aún estudios significativos que cubran largos periodos de tiempo (dado que la despenalización en el Distrito Federal se efectuó en el 2007), los datos con que sí contamos indican con claridad que la interrupción legal del embarazo es la alternativa más segura para una mujer embarazada. Un ejemplo lapidario sobre lo comparativamente segura que es la interrupción legal del embarazo lo tenemos en el Distrito Federal. No se ha registrado una sola muerte por interrupciones legales del embarazo, dentro del primer trimestre de gestación, desde que la interrupción del embarazo durante el primer trimestre se legalizó, siendo que se han practicado más de 70,000 interrupciones legales en clínicas públicas.67 Esto contrasta con la tasa de mortandad materna en nuestro país. En México, entre 1990 y 2008, han muerto en promedio 58.2 mujeres por cada 100,000 nacimientos, por un total de 24,805 mujeres muertas por todas las causas maternas en su conjunto, en las casi dos décadas analizadas.68 Esto significa que la tasa de letalidad por interrupción legal del embarazo que reporta la Ciudad de México es 50 veces menor al riesgo de muerte materna por todas las causas –embarazo, parto y puerperio– que reporta el país en su conjunto en estos años (58.2 muertes maternas por cada 100,000 nacimientos). Es, también, 50 veces menor al riesgo de morir por aborto clandestino (48 mujeres por cada 100,000 hospitalizaciones por aborto). 69 En síntesis: la interrupción legal del embarazo es una alternativa más segura para la mujer, en términos de su salud, que la interrupción clandestina del embarazo o la misma gestación. De hecho, el aborto legal o espontáneo son las dos posibilidades menos riesgosas para la salud de la mujer; ambas son más seguras que llevar a término la gestación.70 Es decir, el aborto legal es el procedimiento más seguro que la mujer puede enfrentar una vez embrazada, aquí como en otros países del mundo, si el Estado le ofrece y garantiza, como debe de ser su obligación, servicios legales, oportunos, seguros y de calidad. Al imponer a una mujer el proceso de gestación y su culminación con un parto, el Estado vulnera directamente el derecho a la protección de la salud de la mujer pues –aún cuando no se actualice ese riesgo– el Estado expone a riesgos innecesarios a una mujer al obligarle a llevar a término un embarazo no deseado. Cierto es que muchas mujeres eligen correr los riesgos correlativos a la gestación y al parto todos los días, pero ello no legitima al Estado a que obligue a una sola mujer que no esté dispuesta por voluntad propia a correr esos riesgos, a correrlos. Esto es: la obligación del Estado consiste, en primer lugar, en abstenerse de vulnerar el derecho a la salud de las mujeres, pero en San Luis Potosí el legislador obliga a la mujer a correr un riesgo innecesario                                                                                                                
El dato actualizado al 31 de diciembre de 2011 fue de 71,937. Datos visibles en http://bit.ly/He41aE El único caso de una muerte ocurrida por interrupción del embarazo desde la despenalización en el año 2007 se presentó en un caso en que se estaba fuera del periodo legalmente autorizado –12 semanas– y en que no se siguieron los lineamientos correspondientes. En consecuencia –por no haber sido una interrupción del embarazo durante el primer trimestre– no se considera dentro del número aquí referido. 68 Schiavon, Troncoso y Polo, Analysis of Maternal and Abortion-Related Mortality…, supra. 69 Schiavon, Troncoso y Polo, Analysis of Maternal and Abortion-Related Mortality …, supra. 70 Grimes, Estimation of pregnancy-related mortality risk by pregnancy outcome…, supra.
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para su salud. Además, el Estado incumple también su obligación de promover el derecho a la salud de las mujeres allanándoles el camino para minimizar el riesgo que conlleva la gestación y, en su caso, el parto. Además, la prohibición tajante de interrumpir un embarazo legalmente, sin tomar en consideración cuestiones tales como el historial médico, la condición actual o la edad de cada mujer, vulnera más el derecho a la protección de la salud de las mujeres que se encuentran en circunstancias más riesgosas. Por ejemplo, como es el caso de A, la prohibición penal le obligaba –al momento de ocurrir los hechos que derivaron en la aplicación de la normatividad impugnada– y le obligaría aún –en caso de estar en estado de embarazo no deseado– a asumir mayores riesgos, por razón de su edad. En otras palabras, estadísticamente, a mayor edad de la mujer, mayor el riesgo que el Estado le impone de sufrir daños a su salud o, inclusive, la muerte. Todos estos datos hay que tenerlos en mente para entender porqué la OG 14, al hablar específicamente del derecho a la salud de la mujer, señala que es necesario “Para suprimir la discriminación contra la mujer”, entre otras cosas […] proporcionar a la mujer acceso a una gama completa de atenciones de la salud de alta calidad y al alcance de ella, incluidos los servicios en materia sexual y reproductiva. Un objetivo importante deberá consistir en la reducción de los riesgos que afectan a la salud de la mujer, en particular la reducción de las tasas de mortalidad materna […] C. Violación del derecho a la salud por vulneración de la relación de confidencialidad médico-paciente La confidencialidad en la relación médico-paciente es condición necesaria para establecer confianza entre una persona y el profesionista sanitario que le atiende. A su vez, dicha confianza es condición necesaria para la adecuada prestación del servicio médico en cuestión. Si una persona no está segura de que puede confiar en su médico o profesionista sanitario y que la información que comparte con su médico no será usada para fines distintos que el de brindarle servicios de salud óptimos, es esperable que se reserve información que, quizá, resulte indispensable para procurar los servicios médicos adecuados de forma oportuna y óptima; o bien simplemente que desista o retrase la decisión de acudir al médico. Esto es, la no protección de la confidencialidad médico-paciente genera un efecto inhibitorio71 en el paciente que le lleva a reservar información lo cual a su vez obstaculiza el que reciba un tratamiento adecuado y oportuno; o bien le inhibe buscar la atención médica que requiere. En otras palabras, al establecer la obligación de los profesionistas sanitarios de denunciar la comisión el delito de aborto, el legislador de San Luis Potosí genera una situación de incertidumbre jurídica para la mujer que requiere atención médica en circunstancias de                                                                                                                
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Sobre el efecto inhibidor de la normatividad que genera incertidumbre entre el ejercicio de un derecho y la incriminación de la persona que lo ejerce, ver intervención de la Ministra Olga Sánchez Cordero en al sesión plenaria del 27 de septiembre de 2011.

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interrupción del embarazo, pues ésta no sabe si al acudir a un hospital en busca de auxilio médico está ejerciendo su derecho a la protección de la salud o bien incriminándose, con el riesgo de perder la libertad y con ello exponerse y a su familia a las consecuencias del encarcelamiento, incluido el desamparo de los hijos. En el caso particular, los quejosos han soportado las consecuencias incriminatorias de haber acudido a los servicios médicos para proteger la salud y la vida de A. En consecuencia, la continuada vigencia del artículo 258 del Código de Procedimientos Penales genera una situación de incertidumbre que, sin duda, inhibe a las personas de transmitir libremente la totalidad de la información sobre su condición médica a los prestadores de servicios sanitarios pues las consecuencias de acudir al hospital son quizá peores –prisión, multa y pérdida de los hijos– que las de correr el riesgo de buscar medios distintos de ejercer el derecho a la protección de la salud. La propensión de las personas a buscar los servicios médicos que requieren afecta directamente su salud. En el caso concreto que nos ocupa, los datos empíricos indican que el riesgo de morir por aborto ilícito se correlaciona de manera inversa con la tasa de hospitalización por la misma causa. Es decir, entre menos se hospitalizan las personas que requieren atención médica por aborto, más mueren. La gráfica incluida en la siguiente página ilustra –a través de una comparación entre los datos epidemiológicos correspondientes a las distintas entidades federativas– cómo a mayor hospitalización por aborto, menor muerte por aborto. ¿Cómo se puede interpretar esta relación? En esecífico, ¿qué nos explica que una persona tenga menor acceso a la hospitalización y, en consecuencia, mayor riesgo de morir? Las explicaciones posibles son dos y probablemente complementarias: 1) Porque las mujeres tienen menos acceso a servicios de hospitalización en general, y en consecuencia también menor acceso a servicios requeridos en casos de aborto (Guerrero y Chiapas, por ejemplo). 2) Porque las mujeres que abortan, en particular, tienen más miedo de acceder a servicios de hospitalización, por el estigma del aborto y por el riesgo de ser denunciadas o maltratadas, al saber que no se respeta el secreto profesional. Letalidad por aborto (ilícito) vs. Tasa de hospitalización (México entre el 2000 y 2008)72

                                                                                                               
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Shiavon, IPAS, supra.

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Ambas respuestas, sin duda, aportan un aspecto de la explicación. Sin embargo, con independencia de qué nos explique la diferencia entre entidades federativas, lo que se concluye de la gráfica anterior es que el Estado debería facilitar y promover el acceso a la hospitalización por parte de mujeres que requieren atención médica por aborto, pues existe una relación inversa directa entre la mortandad por motivos de aborto y la hospitalización. Esto es, el Estado debe maximizar las probabilidades de que las mujeres busquen servicios médicos cuando aborta. Con independencia de otras funciones gubernamentales, el derecho a la protección de la salud obliga al Estado no sólo a garantizar el acceso a servicios médicos, sino también promover ese acceso a fin de que las mujeres acudan a los servicios médicos que el Estado presta. En este contexto, el artículo 258 del Código de Procedimientos Penales tiene como consecuencia exactamente lo opuesto a lo que el Estado está obligado a procurar y, en consecuencia, debe estimársele inconstitucional. Por supuesto, la confidencialidad médico-paciente debe tener ciertos límites y no se pretende aquí que sea invulnerable. Por ejemplo, se justifica romper con dicha confidencialidad si la información con que cuenta el profesionista sanitario puede evitar un daño grave a terceros. Imaginemos, por ejemplo, que una persona transmite a su psicoterapeuta la intensión de dañar a un tercero. En ese caso, siempre que la amenaza sea creíble, el terapeuta estará no solo autorizado, sino obligado a romper con el secreto profesional y comunicar la información pertinente para evitar el daño a terceros. Sin embargo, en el caso de la comisión del delito de aborto, una vez que la interrupción del embarazo ha sido consumada, ya no existe una justificación para romper la confidencialidad médico-paciente, pues vulnerar dicha confidencialidad no tendrá como consecuencia proteger ningún bien, derecho o valor que esté en riesgo, sino simplemente generar consecuencias negativas para el paciente.

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En ese sentido, la obligación de denunciar a sus pacientes impuesta por el artículo 258 del Código de Procedimientos Penales a los profesionistas sanitarios, es sobre-incluyente, pues en casos como el que nos ocupa –en que el delito imputado era ya un hecho consumado, no evitable por la ruptura de la confidencialidad médico-paciente– se está inhibiendo el ejercicio del derecho a la protección de la salud por parte de las personas que requieren atención médica, y con ello arriesgando la salud e inclusive la vida de las personas, sin que con ello se proteja bien alguno. Esta medida sobre-incluyente carece de racionalidad, pues no protege bien jurídico alguno y sí torna al derecho penal en un mecanismo de venganza, y no de protección del bien jurídicamente tutelado, a costa de otro bien –la salud– que el Constituyente estimó de un peso tal que lo consagró como un derecho fundamental. Como lo precisó la Suprema Corte de Justicia “la sanción no puede ignorar la racionalidad y la necesidad pues, de lo contrario, se habilitaría el ingreso al sistema penal de la venganza como inmediato fundamento de la sanción.”73 En conclusión, la vulneración de la confidencialidad médico-paciente constituye un obstáculo al ejercicio del derecho a la protección de la salud, pues inhibe que las personas busquen atención médica o bien que –al buscarla– se reserven información relevante para recibir servicios médicos de calidad. Ello constituye un incumplimiento por parte del Estado de su obligación de respetar el derecho a la protección de la salud, pues inhibe que la gente acceda a la atención médica que requiere. Asimismo, constituye un incumplimiento de la obligación de promover la protección de la salud pues obstaculiza el que la prestación de los servicios de salud sea adecuada, pues impide la confianza indispensable para el flujo de información desinhibido entre paciente y médico y con ello mina la calidad del servicio prestado. Lo anterior se confirma con lo establecido por la OG 14, que precisa que la accesibilidad a los servicios de salud, como condición del derecho a la salud, conlleva no sólo el derecho a “solicitar” y “recibir” información, sino también el derecho a “difundir información e ideas”. En el caso en cuestión, el derecho de la paciente de transmitir (esto es, una modalidad acotada de difundir) información a su médico como medio necesario para recibir la atención adecuada (párrafo 12, inciso b) iv). Más aún, la OG 14 establece con toda claridad la obligación de que “los datos personales relativos a la salud sean tratados con confidencialidad” (párrafo 12, inciso b) iv)) y, además que todos los establecimientos “deberán ser respetuosos de la ética médica” lo cual implica, necesariamente, la confidencialidad de la información que la paciente comparte a su médico (salvo que esté en riesgo un derecho de terceros, como se precisó), pues como lo precisa la propia Comisión, la ética médica conlleva “respetar la confidencialidad”. D. Síntesis Tanto la clandestinidad como la incertidumbre jurídica a que están sujetas las mujeres que deciden interrumpir sus embarazos a pesar de la prohibición penal a que están sujetas, como el riesgo/daño a que se exponen de continuar la gestación y el parto de un embarazo no deseado, constituyen obstáculos al ejercicio pleno del derecho a la salud, pues –en la clandestinidad– están sujetas a la desinformación o a la inhibición del ejercicio del derecho a la salud, mientras que en la continuación de un embarazo no deseado están sujetas a los riesgos innecesarios que conlleva                                                                                                                
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Acción de Inconstitucionalidad 146/2007, supra.

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un embarazo no deseado. La prohibición penal de la interrupción del embarazo, aunada a la obligación de los profesionales sanitarios de denunciar a sus pacientes vulneran los derechos a la salud y a la información, y con ello vulneran la dignidad de las mujeres, pues El ejercicio del derecho de la mujer a la salud requiere que se supriman todas las barreras que se oponen al acceso de la mujer a los servicios de salud, educación e información, en particular en la esfera de la salud sexual y reproductiva.74

3. El derecho a la igualdad y a la no discriminación
Tercer concepto de violación: violación del artículo 1 y 4, párrafo 1 de la Constitución El principio de igualdad, según el artículo 1 constitucional, consiste en extender una protección constitucional igual a todas las personas. Dicho principio, sin embargo, exige además que, tratándose de desigualdades particularmente persistentes o perniciosas en nuestra sociedad, las autoridades y la ley sean especialmente rigurosas al examinarlas y evitarlas. La desigualdad y discriminación que históricamente han padecido las mujeres, por ser mujeres, es objeto de enfática proscripción a nivel constitucional en nuestro país. El artículo 1 constitucional incluye al género explícitamente dentro de las “categorías sospechosas” en su párrafo 5, que, según lo ha determinado por jurisprudencia obligatoria la Primera Sala de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, ameritan un estándar elevado de escrutinio judicial al valorar su constitucionalidad.75 Además, el Constituyente estimó necesario reforzar, explícitamente y como caso especial, la igualdad de género al establecer, en su artículo 4, párrafo 1 que “El varón y la mujer son iguales ante la ley.” Así, tratándose de normas que afectan desproporcionadamente o asimétricamente a las mujeres, el juez constitucional está obligado a agudizar los criterios a fin de garantizar que la norma no violente el principio de igualdad. Tal es el caso de la restricción a la libertad reproductiva que representan las normas impugnadas en el presente juicio de amparo. I. Afectación al principio de igualdad por impacto asimétrico en los derechos entre varón y mujer La propia Suprema Corte de Justicia ha establecido, con toda claridad, que el embarazo y su regulación afectan desproporcionadamente a las mujeres, en comparación con su afectación a los hombres. El Pleno de nuestra Suprema Corte de Justicia de la Nación ha sostenido, textualmente que: La continuación del embarazo no deseado tiene consecuencias distintivamente permanentes y profundas para la mujer, con independencia de que cuente con el                                                                                                                
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OG 14, párrafo 21. IGUALDAD. CASOS EN LOS QUE EL JUEZ CONSTITUCIONAL DEBE HACER UN ESCRUTINIO ESTRICTO DE LAS CLASIFICACIONES LEGISLATIVAS (INTERPRETACIÓN DEL ARTÍCULO 1o. DE LA CONSTITUCIÓN POLÍTICA DE LOS ESTADOS UNIDOS MEXICANOS). Tesis de jurisprudencia 37/2008 aprobada por la Primera Sala el 2 de abril de 2008, con registro número 169877 y publicada en el Semanario Judicial de la Federación y su Gaceta número XXVII, de abril de 2008, pág. 175.

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apoyo de otras personas en su continuación y después en el cuidado y la educación del niño, y [resulta una] afectación asimétrica al plan de vida…76 Esto es, para la propia Suprema Corte el embarazo afecta asimétricamente a la mujer. En consecuencia, debemos admitir que su regulación –especialmente cuando implica una restricción y, más aún, una restricción por la vía penal– afecta también asimétricamente a la mujer en contraste con el hombre. Además, el Pleno ha señalado que: La afectación de la mujer y del hombre es distinta no solamente porque, como hemos señalado, hay consecuencias del embarazo no deseado que sólo recaen en la mujer que lo experimenta, sino porque, aunque hay otras cargas que potencialmente podrían ser asumidas por los participantes masculinos, su garantía por parte del ordenamiento jurídico es imperfecta.77 Esto es, el impacto asimétrico para la mujer deriva tanto de las condiciones mismas del proceso de gestación como del entramado legal en que se desarrolla. Por ello, el juez constitucional debe aplicar criterios de escrutinio estricto al evaluar la constitucionalidad, criterios que la prohibición penal de la interrupción del embarazo aquí impugnada no podría satisfacer, pues bajo escrutinio estricto los criterios que se deben satisfacer, según lo ha establecido la Suprema Corte son los siguientes: Al respecto, debe considerarse que la posición constitucional del legislador no exige que toda diferenciación normativa esté amparada en permisos de diferenciación derivados del propio texto constitucional, sino que es suficiente que la finalidad perseguida sea constitucionalmente aceptable, salvo que se trate de una de las prohibiciones específicas de discriminación contenidas en el artículo 1o., primer y tercer párrafos, de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, pues respecto de éstas no basta que el fin buscado sea constitucionalmente aceptable, sino que es imperativo. La siguiente exigencia de la garantía de igualdad es que la diferenciación cuestionada sea adecuada para el logro del fin legítimo buscado; es decir, que la medida sea capaz de causar su objetivo, bastando para ello una aptitud o posibilidad de cumplimiento, sin que sea exigible que los medios se adecuen estrechamente o estén diseñados exactamente para lograr el fin en comento. En este sentido, no se cumplirá el requisito de adecuación cuando la medida legislativa no contribuya a la obtención de su fin inmediato. Tratándose de las prohibiciones concretas de discriminación, en cambio, será necesario analizar con mayor intensidad la adecuación, siendo obligado que la medida esté directamente conectada con el fin perseguido. Finalmente, debe determinarse si la medida legislativa de que se trate resulta proporcional, es decir, si guarda una relación razonable con el fin que se procura alcanzar, lo que supone una ponderación entre sus ventajas y desventajas, a efecto de comprobar que los perjuicios ocasionados por el trato diferenciado no sean desproporcionados con respecto a los objetivos perseguidos. De ahí que el juicio de                                                                                                                
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Acción de inconstitucionalidad 146/2007, supra. Acción de Inconstitucionalidad 146/2007, supra.

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proporcionalidad exija comprobar si el trato desigual resulta tolerable, teniendo en cuenta la importancia del fin perseguido, en el entendido de que mientras más alta sea la jerarquía del interés tutelado, mayor puede ser la diferencia.78 En específico, la propia Suprema Corte ha establecido, explícitamente, que la proscripción por la vía penal de la interrupción del embarazo no es una política que alcance la finalidad que pretende –la protección de la vida prenatal: El reproche por la vía penal; es decir, la imposición de la pena en el citado caso, no sirve para asegurar el correcto desenvolvimiento del proceso en gestación, pues nuestra realidad social es otra y de lo contrario, se menoscaba y reafirma la discriminación hacia las mujeres. Por ende, no puede plantearse que la amenaza penal es la primera y única solución a la erradicación de las prácticas clandestinas de interrupción voluntaria del embarazo, pues más allá de la teoría que utilicemos para justificar la imposición de la pena estatal, la sanción no puede ignorar la racionalidad y la necesidad pues, de lo contrario, se habilitaría el ingreso al sistema penal de la venganza como inmediato fundamento de la sanción. Esto es: con independencia de si la medida es proporcional y su finalidad constitucional – valoraciones que tendrá que hacer este juez constitucional y para la cual deben tomarse en cuenta las razones vertidas en el primer concepto de violación del presente escrito que solicitamos se tengan por aquí reproducidas textualmente–, resulta que la medida, en sí, como medio para alcanzar el fin que pretende, no es adecuada y sí, en cambio es discriminatoria y, en consecuencia, violatoria del principio de igualdad tan vehementemente protegido por el Constituyente.

II. Violación del derecho a la igualdad y a la no discriminación por motivos de condición social Las normas pueden discriminar o vulnerar el principio de igualdad no sólo por sus disposiciones expresas, sino por sus efectos. En la práctica, la prohibición penal de la interrupción del embarazo aquí impugnada tiene una afectación asimétrica no sólo al comparar el impacto que tiene entre las mujeres y los hombres, sino inclusive dentro del grupo de mujeres genera impacto desproporcionado si comparamos su afectación a los derechos fundamentales –a decidir, a la salud, a la información– de las mujeres con abundantes recursos económicos con la afectación a los derechos fundamentales de las mujeres con escasos recursos económicos. Esto implica una discriminación por condición social, otra más de las categorías sospechosas que establece el artículo primero constitucional en su quinto párrafo y que exige el escrutinio estricto del juez constitucional. Esto ha sido explícitamente reconocido por el Pleno de la Suprema Corte de                                                                                                                
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IGUALDAD. CRITERIOS QUE DEBEN OBSERVARSE EN EL CONTROL DE LA CONSTITUCIONALIDAD DE NORMAS QUE SE ESTIMAN VIOLATORIAS DE DICHA GARANTÍA, supra.

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Justicia, que por mayoría calificada de 8 votos sostuvo que la despenalización de la interrupción del embarazo permite “garantizar un trato igualitario a las mujeres, en específico aquéllas de menores ingresos”.79 A contrario sensu, la penalización de la interrupción del embarazo afecta específicamente a las mujeres de menores ingresos. En efecto, la prohibición penal de la interrupción del embarazo, en sí misma, genera un impacto diferenciado, no sólo entre mujeres de escasos recursos y aquellas que cuentan con recursos abundantes sino, como en el caso de los hoy quejosos, entre personas –hombres o mujeres– de escasos recursos y aquellos que cuentan con abundancia de recursos y, consecuentemente, con una posición socio-económica privilegiada. Este caso es un ejemplo de ello, pues al contar con escasos recursos y viéndose obligados a ejercer su derecho a decidir en la clandestinidad, los quejosos se expusieron a riesgos mayores –tanto de salud, como de seguridad jurídica– que terminaron por concretarse tanto en una afectación a la salud de A, como en la privación de la libertad de ambos. Como señalamos en el segundo concepto de violación referente al derecho a la salud y el derecho a la información, las personas que enfrentan un embarazo no deseado tiene la opción de buscar la interrupción del embarazo en la clandestinidad –so pena de ser sancionados penalmente– o bien de aceptar llevar a término el embarazo no deseado (con los concomitantes riesgos que ello implica). Pues bien, es innegable que los riesgos a la salud y a la vida –explorados ya en el concepto de violación correspondiente de esta demanda– son menores si las personas que operan en la clandestinidad cuentan con recursos para (i) obtener información fidedigna y confiable sobre el uso de métodos y medicinas en condiciones de seguridad, o bien (ii) acceder a servicios de salud que, si bien clandestinos, implican menores riesgos por contar con mayores recursos. Ahora bien, la prohibición penal de interrumpir el embarazo aquí impugnada resulta especialmente discriminatoria por motivos de condición social –esto es, tiene un impacto asimétrico en perjuicio de las personas con escasos recursos– si se toma en consideración que, en el Distrito Federal, la interrupción del embarazo no sólo es legal sino explícitamente considerada como un vehículo para la tutela de los derechos fundamentales de las personas80, específicamente el derecho a decidir. Esto implica que, si una persona cuenta con los recursos suficientes para trasladarse al Distrito Federal, tendrá la posibilidad de acceder a los servicios médicos y la información requeridos para la interrupción legal del embarazo en condiciones de seguridad que garanticen su derecho a la salud y a la información y, además, su derecho a decidir; mientras que si una persona que radica en San Luis Potosí no cuenta con los recursos suficientes para realizar dicho traslado, verá puesta en riesgo su seguridad jurídica, su libertad, su salud e inclusive su vida misma. Esta asimetría constituye una discriminación por condición social que, al ser sometida al escrutinio estricto por parte del juez constitucional, no puede estimarse constitucional. Es                                                                                                                
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Acción de Inconstitucionalidad 146/2007, supra. Al respecto ver la Acción de Inconstitucionalidad 146/2007, supra, en la porción en que lee: “Este Tribunal considera que la medida utilizada por el Legislador resulta de este modo idónea para salvaguardar los derechos de las mujeres, pues la no penalización de la interrupción del embarazo tiene como contraparte la libertad de las mujeres para que decidan respecto de su cuerpo, de su salud física y mental e, incluso, respecto de su vida, pues no podemos desconocer que aun en la actualidad, como lo refiere claramente el legislador del Distrito Federal en su exposición de motivos, existe mortandad materna.”

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importante precisar que la desigualdad que aquí se señala no es geo-política, esto es, no tiene que ver con la residencia habitual de las personas, sino con su capacidad material de allegarse de un bien, en este caso, del bien consistente en los servicios médicos y la información para ejercer su derecho a decidir mediante la interrupción legal del embarazo. III. Sujeción de la mujer La prohibición penal de la interrupción del embarazo, finalmente, implica una vulneración al principio de igualdad y al derecho a la igualdad, específicamente entre hombre y mujer, pues al hacer depender la decisión sobre las funciones reproductivas del propio cuerpo de la mujer de terceras personas –sean éstos médicos (como lo establece el supuesto de no punición contemplado en el artículo 130 del Código Penal), jueces o legisladores– se vulnera la posibilidad de la mujer de auto-determinarse y, con ello, se le subordina y coarta su libertad en formas que no se le subordina al hombre. La vinculación indisoluble entre la libertad reproductiva de la mujer y la igualdad sustantiva entre hombres y mujeres fue reconocida explícitamente por el propio Constituyente quien sostuvo en el Dictamen aprobado por el Pleno de la Cámara de Diputados en el proceso de reforma constitucional que consagró tanto el derecho a decidir como la igualdad entre el varón y la mujer en el artículo 4 constitucional que: Una menor cantidad de hijos posibilita una mayor atención y cuidado para cada uno de éstos y la incorporación de la mujer a las tareas colectivas. La separación de los nacimientos racionaliza la fecundidad y facilita la organización de la vida femenina. De ahí la importancia de su inserción en el segundo párrafo del artículo 4o. Constitucional de la Iniciativa.81 Así, libertad reproductiva e igualdad sustantiva resultan indisolublemente vinculadas. Por ello, la restricción a la libertad reproductiva implica, necesariamente, una discriminación por motivo de género y debe ser sometida a un escrutinio constitucional estricto. Si una mujer no puede controlar su propia función gestacional, quienes sí la controlan –sean éstos sus parejas hombres, los médicos, los legisladores, o los jueces- serán quienes controlen o limiten su desarrollo personal.

4. El derecho a la protección de la familia
Cuarto concepto de violación: violación del artículo 4, párrafo 1 de la Constitución El artículo 4, párrafo 1 de la Constitución dispone que la ley “protegerá el desarrollo y la organización de la familia”. Esta porción normativa fue introducida al texto constitucional en la misma reforma en la que se introdujo la igualdad jurídica entre los hombres y las mujeres y el derecho a decidir, como se explicó en el primer concepto de violación de la presente demanda. Este derecho, en sus orígenes, fue parte de una reforma encaminada a que las personas pudieran                                                                                                                
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Dictamen de la Cámara de Diputados (Cámara de Origen) sobre la Iniciativa de Decreto de Reformas y Adiciones a los artículos 4o., 5o., 30, Apartado B, fracción II, 123… supra.

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reducir los tamaños de sus familias. Desde aquí puede verse cómo la prohibición penal de interrumpir el embarazo en los términos dispuestos por el Código Penal del Estado de San Luis Potosí viola este derecho fundamental: ni A, ni B pueden tener la familia que quieren. Valga recordar que en la Acción de Inconstitucionalidad 2/2010, la Suprema Corte reconoció que no existía un modelo único de familia, sino que, por el contrario, el artículo 4, párrafo 1 de la Constitución protegía a todos los modelos de familias existentes en la realidad.82 Dentro de los modelos que la Suprema Corte consideró estaba el de la familia pequeña.83 Ahora, en la Contradicción de Tesis 21/2006-PL, la Suprema Corte abundó en la construcción de este derecho y determinó lo siguiente: [La] protección constitucional de la familia tiene también una clara dimensión individual. De [diversas] normas constitucionales e internacionales, es posible derivar la garantía constitucional de protección a la vida familiar. Según se prevé en [estos] preceptos normativos: toda persona tiene el derecho de fundar una familia; de contraer matrimonio; de participar en condiciones de igualdad dentro del núcleo familiar; de proteger a su familia frente a actuaciones arbitrarias e injustificadas que la lesionen; y de permanecer en dicho núcleo social perpetuando los vínculos afectivos, así como los derechos y responsabilidades en relación con los miembros que la componen. Asimismo, es importante dejar subrayado que la Constitución Federal y los tratados internacionales […] persiguen el fortalecimiento de los aspectos cualitativos y sustanciales a la familia (lazos afectivos, inculcación de valores, solidaridad, respeto y participación), lo que guarda una íntima e indisoluble relación con la protección de otras garantías constitucionales: no debe perderse de vista el lugar de privilegio de la familia al momento de abordar problemáticas de sectores tales como mujeres, niños, jóvenes, ancianos, discapacitados, refugiados, migrantes, privados de libertad, minorías étnicas, etc. De lo expuesto, se desprende que nuestro orden jurídico reconoce un derecho fundamental de protección a la familia que, por un lado, protege la integridad y desarrollo de dicho núcleo comunitario, socialmente                                                                                                                
“235. […] Si partimos de que la Constitución no protege exclusivamente a la familia que surge o se constituye mediante aquella institución, debido a que la protección es a la familia, entonces, dentro de un Estado democrático de derecho, en el que el respeto a la pluralidad es parte de su esencia, lo que debe entenderse protegido constitucionalmente es la familia como realidad social y, por ende, tal protección debe cubrir todas sus formas y manifestaciones en cuanto realidad existente, alcanzando a dar cobertura a aquellas familias que se constituyan con el matrimonio; con uniones de hecho; con un padre o una madre e hijos (familia monoparental), o bien, por cualquier otra forma que denote un vínculo similar.” Acción de Inconstitucionalidad 2/2010, supra. 83 “De este modo, fenómenos sociales como la incorporación, cada vez más activa, de la mujer al trabajo; el menor número de hijos; la tasa de divorcios y, por ende, de nuevas nupcias, que ha dado origen a familias que se integran con hijos de matrimonios o de uniones anteriores e, inclusive, con hijos en común de los nuevos cónyuges; el aumento, en ese tenor, en el número de madres y/o padres solteros; las uniones libres o de hecho; la reproducción asistida; la disminución, en algunos países, de la tasa de natalidad; la migración y la economía, entre muchos otros factores, han originado que la organización tradicional de la familia haya cambiado.” Acción de Inconstitucionalidad 2/2010, supra.
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considerado; y, por otro lado, eleva a rango constitucional el derecho de fundar una familia; de contraer matrimonio; de proteger al núcleo familiar frente a actuaciones arbitrarias e injustificadas que lo lesionen; y de permanecer en dicho núcleo social, manteniendo vínculos afectivos cualitativos con sus miembros, entre otros. El reconocimiento de la garantía de protección a la familia, así entendida, conduce a determinar que los poderes públicos, tienen el deber de abstenerse de interferir injustificadamente en ese derecho y de establecer las medidas positivas dirigidas a protegerlo, evitando que sea afectado indebidamente por particulares o poderes públicos.84 Además de violentar su derecho a formar el tipo de familia que ellos –y no el Estado– quieren, la penalización de la interrupción del embarazo perjudica la integridad de los lazos familiares entre los quejosos y sus hijos. Es una actuación arbitraria e injustificada en el núcleo familiar, que, so pretexto de proteger la vida prenatal, destroza la vida familiar ya existente de los quejosos. En este sentido, es importante recordar que uno de los objetivos de la reforma al artículo 4 constitucional de 1974, era reducir el número de hijos y así garantizarle una mejor vida a los que se tuvieran. El derecho a decidir, en sí mismo, era un vehículo para la fortaleza y protección familiar. El tipo penal, en sus términos, impide que se pueda cumplir con este propósito: o se tiene una familia numerosa y no se puede cumplir con la calidad de vida que los niños merecen o los niños se quedan sin padres porque éstos resultan encarcelados por tratarles de dar una mejor vida. Esto viola el derecho a la protección de la familia.

5. El derecho al libre desarrollo de la personalidad
Quinto concepto de violación: violación del 1 de la Constitución y diversos artículos de varios instrumentos internacionales En el Amparo Directo Civil 6/2008, la Suprema Corte derivó del artículo 1 constitucional y otros derechos consagrados en diversos tratados internacionales,85 el derecho a la dignidad humana: Es un derecho absolutamente fundamental para el ser humano, base y condición de todos los demás: el derecho a ser reconocido siempre como persona humana. Así, de la dignidad humana, se desprenden todos los demás derechos, en cuanto son necesarios para que el hombre desarrolle integralmente su personalidad. El derecho a ser reconocido y a vivir en y con la dignidad propia de la persona humana.

                                                                                                               
Contradicción de Tesis 21/2006-PL, resuelta por el Pleno de la Suprema Corte de Justicia de la Nación el 28 de junio de 2007. Esta Contradicción de Tesis está disponible en: http://bit.ly/GSktQR 85 Los artículos en los que la Suprema Corte fundamenta su resolución son el 1 y 4 constitucional; 1, 2, 3, 6, 7, 12, 25 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos; 1, 2, 3, 5, 11, 18, 24 de la Convención Americana de Derechos Humanos; 2, 3, 6, 16, 17, 26 del Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos; y 2, 4, 12 del Pacto Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales.
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El individuo, sea quien sea, tiene derecho a elegir, en forma libre y autónoma, su proyecto de vida, la manera en que logrará las metas y objetivos que, para él, son relevantes. De ahí, el reconocimiento del derecho al libre desarrollo de la personalidad, definida ésta por el Diccionario de la Real Academia Española, como la singularización, el distintivo de la persona. Por ende, el libre desarrollo de la personalidad es la consecución del proyecto de vida que para sí tiene el ser humano, como ente autónomo. Como ha sostenido la doctrina y la jurisprudencia comparadas, tal derecho es el reconocimiento del Estado sobre la facultad natural de toda persona a ser individualmente como quiere ser, sin coacción, ni controles injustificados o impedimentos por parte de los demás, con el fin de cumplir las metas u objetivos que se ha fijado, es decir, es la persona humana quien decide el sentido de su propia existencia, de acuerdo a sus valores, ideas, expectativas, gustos, etcétera y que, por supuesto, como todo derecho, no es absoluto, pues encuentra sus límites en los derechos de los demás y en el orden público. Así pues, el derecho al libre desarrollo de la personalidad, comprende, entre otras, la libertad de contraer matrimonio o no hacerlo; de procrear hijos y cuántos, así como en qué momento de su vida, o bien, decidir no tenerlos.86 Por la penalización de la interrupción del embarazo, A y B no pueden ejercer su libertad reproductiva y decidir no tener hijos. El Código Penal del Estado de San Luis Potosí los obliga –con todo el aparato coercitivo- a llevar a término el embarazo, so pena de cárcel y una sanción pecuniaria. Esto es: o se convierten en padres cuando no quieren serlo o terminan en la cárcel. En ambos escenarios, que quede claro, el libre desarrollo de la personalidad –la vida misma que se imaginaron tener– queda destrozado. En lugar de que el Estado reconozca la facultad que tienen, como personas, de decidir sobre sus vidas, les impone un modelo de paternidad y maternidad, de reproducción, de familia. Sobre esto, no deciden. Sobre esto, no son personas.

6. El principio de taxatividad en materia penal
Sexto concepto de violación: violación al artículo 14 de la Constitución De conformidad con el artículo 14 de la Constitución, el principio de legalidad no sólo puede ser interpretable como la prohibición de imponer penas que no están decretadas por una ley exactamente aplicable al delito de que se trata, sino, para que tal principio pueda ser efectivamente cumplido, se necesita, previamente, que la ley exactamente aplicable resulte exacta en su redacción. Esto significa que la lege que determine la poena no debe resultar vaga, imprecisa o abierta en una manera tal que conduzca a su arbitraria aplicación, sino que, por el contrario, los elementos del tipo penal que determine el legislador en la descripción típica deben fungir como elementos

                                                                                                               
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Amparo Directo Civil 6/2008, supra.

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concretos y unívocos. Al menos esas palabras son las que ha utilizado nuestra jurisprudencia en los últimos años.87 La exactitud en la redacción de los tipos penales para cumplir con ese principio de taxatividad se obtiene no de definir cada uno de los vocablos que integran el tipo penal, sino de qué tan abiertos o imprecisos resultan éstos para determinar conductas punibles. Para el caso de marras, nos encontramos frente a la siguiente descripción típica: Artículo 128. Comete el delito de aborto quien causa la muerte del producto de la concepción en cualquier momento de la preñez. Pues bien, la pregunta para el asunto de mérito no es qué significa la palabra concepción, sino de qué manera y cómo puede fungir dicho término como: 1) conducta reprochable penalmente y 2) susceptible de crear un nuevo sujeto pasivo del delito. Es necesario decir que la precisión y exahustividad que la taxatividad exige para la determinación de una conducta típica deben ser aspectos totalmente opuestos a cuestiones valorativas,88 ya que éstas consisten, por definición, en espacios abiertos que quedan al arbitrio subjetivo de quien las percibe o utiliza. Precisamente, ésta es la cuestión que aquí se viene a poner de manifiesto: la redacción utilizada por el legislador –consistente en el “producto de la concepción”–, resulta en un fraseo valorativo y abierto, carente de un significado concreto y unívoco a como lo solicitan las jurisprudencias citadas en pie de página anterior. Al mismo tiempo que la estricta legalidad rechaza el uso de términos o expresiones valorativas, rechaza también la falta de precisión. Los términos así empleados no pueden ser susceptibles de formar parte del ámbito de lo penal porque, si las normas se dirigen a toda la sociedad, las sanciones no deben depender de la interpretación subjetiva que cada uno de los individuos le dé, ni tampoco de contradicciones que puedan asomarse desde la descripción típica. Ello se traduciría, automáticamente, en una aplicación arbitraria de ley. Específicamente en el caso que nos ocupa, tenemos dos vertientes en frente. La primera de ellas consiste en que, por sí misma, la redacción típica presenta una indeterminación o contradicción al no resultar compatible con lo que el sistema jurídico mexicano ha reconocido como el                                                                                                                
PRINCIPIO DE LEGALIDAD. LA TIPICIDAD CONSTITUYE SU BASE FUNDAMENTAL Y RIGE, CON LOS PRINCIPIOS DE TAXATIVIDAD Y DE PLENITUD HERMÉTICA DERIVADOS DE AQUÉL, COMO PILAR DE UN SISTEMA DE DERECHO PENAL EN UN ESTADO DEMOCRÁTICO DE DERECHO, Tesis aislada de la Novena Época de los Tribunales Colegiados de Circuito, publicada en febrero de 2006 en el Semanario Judicial de la Federación y su Gaceta, XXIII (número de Registro 175846). Así también resulta aplicable el reciente criterio de rubro: PRINCIPIO DE LEGALIDAD PENAL EN SU VERTIENTE DE TAXATIVIDAD. ANÁLISIS DEL CONTEXTO EN EL CUAL SE DESENVUELVEN LAS NORMAS PENALES, ASÍ COMO DE SUS POSIBLES DESTINATARIOS, Tesis Aislada de la Décima Época de la Primera Sala de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, publicada en octubre de 2011 en el Semanario Judicial de la Federación y su Gaceta, libro I (número de registro 160794). 88 Así, incluso, lo señalaba Luigi Ferrajoli al referirse al principio de taxatividad o “estricta legalidad” en el código penal italiano. Luigi Ferrajoli, Derecho y Razón, Editorial Trotta, Madrid, 1995, p. 119.
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verdadero significado del “producto de la concepción”. La segunda de ellas consiste en que el uso indebido de dicho término, al no ajustarse con lo que el sistema jurídico mexicano entiende por tal, se aprecia en sí mismo como un ámbito valorativo y subjetivo carente de precisión para fungir como descripción típica y punible. El tipo penal en comento usa la siguiente frase: “comete el delito de aborto quien causa la muerte del producto de la concepción”. ¿Es el producto de la concepción un ente vivo para ser susceptible de causarle la muerte? La Ley General de Salud (que también usa la idea de “producto de la concepción”), considera que no es así en todos lo casos. Según las fracciones VIII y IX del artículo 314, el producto de la concepción se entiende en dos etapas: una de embrión (que va desde el inicio de la preñez hasta el término de la duodécima semana) y otra de feto (que va desde el inicio de la décimo tercera semana de edad gestacional hasta la expulsión del seno materno). Según dicha Ley General de observancia obligatoria en el territorio mexicano, el verbo rector de “muerte” sólo puede ser aplicable en lo tocante al feto, no así en lo tocante al embrión. Los artículos 350 Bis-6, 389 fracción III y 391 hablan de la susceptibilidad de muerte fetal, pero ningún artículo refiere a la existencia de muerte del embrión o muerte embrionaria. Así, siendo congruentes con la cientificidad develada por la Ley General de Salud, no puede existir “muerte” del producto de la concepción dentro de las primeras 12 semanas de preñez (es decir, los embriones no tienen vida y, por lo tanto, no mueren, a diferencia de los fetos) Ello sigue la lógica de que la “privación de la vida” o “muerte” sólo puede surgir a partir de los números clausus que para ello ha determinado el artículo 343 de la Ley General de salud, y que consisten en: 1) ausencia completa y permanente de conciencia, 2) ausencia permanente de respiración espontánea y 3) ausencia de los reflejos del tallo cerebral. Ahora bien, con base en lo ya manifestado, tenemos que el tipo penal en cuestión, en la medida en que considera que el producto de la concepción es siempre susceptible de muerte “en cualquier momento de la preñez”, resulta totalmente opuesto y contradictorio con la ciencia y la medicina, porque, como ya se dijo, no hay muerte si se está dentro de las primeras 12 semanas. Antes bien, la consideración de que la vida existe desde el momento de la concepción se presenta como una creencia o convicción personal, temas ambos que deberían escapar a la jurisdicción penal por abiertos y subjetivos. Si bien la Ley General de Salud es independiente de lo que el derecho penal considere como su ámbito de aplicación, no obstante, la estricta legalidad no puede admitir vaguedades o contradicciones irracionales independientemente de lo que el legislador considere o no susceptible de proteger. Precisamente, es aquí donde nos enfrentamos a la vertiente valorativa del tipo penal diseñado por el Legislador del Estado de San Luis Potosí, la cual tiene un mayor peso específico y debería dar lugar a una expulsión total del tipo penal de aborto en el sistema jurídico mexicano. El término “producto de la concepción” utilizado desde el código penal de San Luis Potosí, al admitir que desde ese momento existe la vida y pasando por alto las diferenciaciones científicas

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entre el embrión y el feto, rebasa por mucho la opinión científica al respecto para insertarse en un terreno valorativo, consistente en que la vida inicia desde el momento de la “concepción” y, por ende, la privación de ésta puede suscitarse en cualquiera momento de la preñez. En primer lugar, el término “concepción” se asocia con un vocablo utilizado por un sector específico religioso de la sociedad, cuestión que nos pone de manifiesto la motivación o intención del Legislador por proteger valores religiosos o personales en lugar de bienes jurídicos. Homologar ambos términos de muy distinta naturaleza (“valores” y “bienes jurídicos”), traería como consecuencia una perversión del sistema penal. Si el legislador protegiere valores en lugar de bienes jurídicos, el resultado inmediato sería que todo aquél sector de la sociedad que no comparta aquellos valores tendría que soportar el mayor castigo o sanción del Estado: atravesar un proceso penal. Esto va, incluso, en contra del principio contramayoritario subyacente en cualquiera sistema jurídico democrático moderno, cuya finalidad primordial, en primera instancia, debería ser la protección de las minorías. Admitir que “la vida inicia desde el momento de la concepción”, nos confronta a una máxima que, además de ser contraria a lo determinado por la ciencia y la medicina, se asoma como un sin sentido por dos razones: a) el derecho penal sanciona conductas, no valores que encierran en sí mismos ideas, pensamientos o preferencias, ya que, de ser así, el derecho penal colisionaría directamente con otros derechos fundamentales como libertad de expresión, libertad de pensamiento, libertad de culto, entre otros. El derecho penal, pues, se convertiría en un arma para restringir los derechos fundamentales (como el de libre creencia) dependiendo de lo que decida “una mayoría”; y, b) el derecho penal no debe servir para proteger a un sector específico de la sociedad con valores o creencias determinadas, sino a todos los sectores. Es decir, no debe proteger a mayorías, sino debe protegernos de aquellas conductas que sean dañinas y que afecten a “todos” por igual. El establecimiento de sanciones penales con base en “valores” resulta en una tendencia contraria a nuestro sistema constitucional que desde su artículo 1 privilegia la diversidad y la pluralidad, ambos adjetivos totalmente aplicables a rubros como expresión, culto, sexualidad, entre otros. La imprecisión de la descripción penal en cuestión se extiende hasta el grado tal que considera al producto de la concepción como un sujeto pasivo receptor de una conducta reprochable, lo cual es contradictorio en la medida en que, si el origen de su acepción es valorativa, entonces, el sujeto pasivo de la conducta resulta también un ente valorativo. A esto, cabe preguntarse, de acuerdo con el principio del daño en materia penal, ¿se surte un daño reprochable penalmente cuando éste se comete en contra de un ente o sujeto pasivo de naturaleza valorativa? ¿Es válido sancionar a alguien a partir de cambiar el sujeto pasivo tradicional (el individuo) por un nuevo sujeto pasivo (el producto de la concepción) que tiene eminentemente una naturaleza religiosa? ¿Puede crearse un nuevo sujeto pasivo teniendo como punto de partida los valores, las convicciones personales o las convicciones de culto de una parte de la sociedad? ¿Existiría principio del daño?

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Trasgrede al principio de taxatividad en materia penal la creación de un sujeto pasivo cuya naturaleza o contenido es valorativo, subjetivo, abierto e impreciso. Dicho ente es, entonces, indeterminado y vago, incluso, porque en su consideración fueron pasadas por alto las reglas de la medicina y de la ciencia. La violación en el asunto de mérito, entonces, se surte en dos aspectos: 1) Que el bien jurídico tutelable dentro del tipo penal en cuestión resulta ser un valor, subjetivo, religioso y falto de precisión, consistente en “que la vida inicia desde el momento de la concepción”. 2) Que, por ende, el nuevo sujeto pasivo creado (el producto de la concepción) resulta ser también un ente de tipo valorativo. Ambas, como ya se argumentó, pervierten las motivaciones y la estricta legalidad de la materia penal en el sistema jurídico mexicano. Finalmente, es necesario mencionar que, según el reciente criterio de la Primera Sala de la Suprema Corte de Justicia de la Nación,89 el principio de taxatividad requiere de un análisis tanto del contexto de la norma como de sus posibles destinatarios. Y esto, en efecto resulta comprensible y aceptable. No obstante, el Legislador del Estado de San Luis desdibujó ese contexto al tomar en cuenta, para la creación de las normas penales, valores que no son compartidos por “toda una sociedad”, sino sólo por un sector con creencias específicas, al mismo tiempo que el sujeto pasivo del ilícito (el producto de la concepción) no es una idea o acepción correctamente asimilable o comprensible por toda la sociedad, dado que ello dependerá de las convicciones personales de cada quien. En esta medida, el tipo penal está imponiendo a toda la población una sanción por una conducta que ni siquiera se encuentra asimilada por “todos” dentro del contexto social como algo reprochable objetivamente, sino que ello puede quedar al arbitrio del fuero interno de cada individuo que, antes bien, sí podría ameritar un reproche de tipo moral, por ejemplo. Según el principio de taxatividad penal, una conducta es reprochable en la medida en que se asoma como precisa y determinada, pero ambas características de precisión y correcta determinación dependen de la circunstancia de que la sociedad perciba en ellas un ambiente o idea de ilicitud. A diferencia de los tipos penales dirigidos a las Fuerzas Armadas en donde ellos sí podrían comprender la ilicitud de sus actos (y que no necesariamente dicha ilicitud debería ser comprensible para toda la sociedad), tratándose del delito de aborto sí nos encontramos en un ámbito mucho más amplio de individuos, porque el tipo penal no va diseñado hacia un sector específico como “la milicia”, sino que va diseñado para todas las mujeres de una sociedad.                                                                                                                
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PRINCIPIO DE LEGALIDAD PENAL EN SU VERTIENTE DE TAXATIVIDAD. ANÁLISIS DEL CONTEXTO EN EL CUAL SE DESENVUELVEN LAS NORMAS PENALES, ASÍ COMO DE SUS POSIBLES DESTINATARIOS, Tesis Aislada de la Décima Época de la Primera Sala de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, publicada en octubre de 2011 en el Semanario Judicial de la Federación y su Gaceta, Libro I (número de registro 160794).

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En este sentido, y siendo congruentes con el último criterio de taxatividad emitido por la Primera Sala de la Suprema Corte,90 el requisito mínimo que se esperaría para cumplir con la taxatividad es que, medianamente, todas las mujeres admitieran que “la vida inicia desde el momento de la concepción”, cuestión que resulta un imposible y un sin sentido jurídico en la medida en que una consideración así sería totalmente inherente a cada individuo, dependiendo de sus propias opiniones, ideas y creencias (aspectos sobre los cuales al derecho penal ya no compete juzgar ni castigar). Una Legislatura no puede obligar a una sociedad a admitir tales o cuales dogmas, ni mucho menos puede sancionar las libertades de ideas y pensamientos con el mayor rigor del derecho punitivo. En conclusión: irrumpe al principio de taxatividad en materia penal la consideración de que la vida existe desde el momento de la concepción, porque su fundamento es valorativo, abierto y subjetivo. Al mismo tiempo, la creación de un sujeto pasivo con base en esa misma concepción se asoma como imprecisa y vaga, siendo que protege valores de un sector específico de la sociedad, pero no de “toda”, con lo cual el derecho penal se desnaturaliza y empieza a castigar lo que una mayoría considera susceptible de sancionarse por una cuestión de creencias y no por una cuestión de principio del daño. Es inconstitucional, entonces, aquel tipo penal que subyace sobre valores, siendo que lo que protege son bienes jurídicos, que deben determinarse con exactitud y precisión para no dar lugar a una aplicación indiscriminada de ley que, incluso, pudiera entrar en colisión con las libertades y derechos fundamentales de la sociedad consagrados en el texto magno.

7. La inseguridad jurídica
Séptimo concepto de violación: violación a los artículos 14, 16, 19, 21 y 102 de la Constitución El presente concepto de violación demostrará la inconstitucionalidad del artículo 128 del Código Penal para el Estado de San Luis Potosí, a partir de dos razones, correlacionadas entre sí: vulnerar el principio de taxatividad en materia penal y con ello dar lugar a la inseguridad jurídica. El principio de estricta legalidad en materia penal se encuentra tutelado por el artículo 14 de la Carta Magna y de este principio se desprende la vertiente de taxatividad penal.91 En este sentido, es de suma importancia que el lenguaje jurídico sea denotado de una extensión determinada, con palabras claras, precisas y cuyos significados no den lugar a antinomias semánticas.92 El artículo 17 del Código Civil para el Estado de San Luis Potosí considera como persona nacida para todos los efectos legales, al ser humano desde el momento en que es concebido. Es decir, mediante una ficción jurídica se equiparan a las personas nacidas vivas y viables, con el producto de la concepción que se encuentra todavía dentro del cuerpo de la madre. El contenido del artículo 17 de la legislación civil potosina es acorde con el artículo 16 de la Constitución local. Es decir, el lenguaje del sistema jurídico de San Luis Potosí concibe al                                                                                                                
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Ibidem. Ibidem. 92 Ferrajoli, Derecho y razón, supra, p. 129.

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producto de la concepción como persona para todos los efectos legales. Así las cosas, las normas jurídicas estatales se saltan a la realidad y mediante la ley se construye el concepto de persona. El Estado de San Luis Potosí es unísono en la importancia que le concede al no nacido. Lo anterior se comprueba con el contenido del artículo 407 del Código de Procedimientos Penales para el estado, que considera como delito grave el aborto. Y no así a otros delitos de alto impacto en la sociedad. El Código Penal para el Estado de San Luis Potosí también construye el concepto de muerte, a través de ficciones jurídicas. El artículo 107 de la ley sustantiva penal define a la muerte como: (i) privar de la vida, (ii) estar en las hipótesis de los artículos 343 y 344 de la Ley General de Salud, (iii) la muerte cerebral y (iv) la ausencia completa y permanente de conciencia y (v) falta de actividad en el tallo cerebral. El artículo 107 del Código Penal para el Estado de San Luis declara como muerto a un ser humano nacido, vivo y con funciones vitales (respirar) para efectos del derecho penal. Esta configuración normativa declara la pérdida de la vida del sujeto pasivo del delito, aunque la persona esté viva en la realidad. El artículo 108 del Código Penal para el Estado de San Luis, puede declarar una persona muerta en ausencia del cadáver y de la necropsia. Lo anterior a través de otra ficción jurídica creada en un expediente. Conclusión: Los conceptos de persona, vida y muerte son construcciones jurídicas en el sistema jurídico de San Luis Potosí, que no necesitan corresponderse con criterios médicos o científicos. Aquí se demostrará que el artículo 128 del Código Penal para el Estado de San Luis Potosí es violatorio de los principios de taxatividad penal, de presunción de inocencia y garantía de audiencia. La configuración normativa se estructura de la siguiente manera: (i) el verbo rector del tipo penal es causar, (II) los elementos de valoración judicial son los conceptos muerte y concepción, (iii) es un delito de consumación instantánea y (iv) el delito se puede cometer durante todo el lapso de la preñez. Los elementos normativos del tipo penal, son aquellos que necesitan de valoración jurídica o sociológica.93 Así el artículo 107 del Código de Procedimientos Penales para el Estado de San Luis Potosí ordena probar los elementos objetivos, y en su caso, los elementos normativos como en el caso que nos ocupa. El elemento normativo denominado muerte tiene que llenarse de contenido a través de la legislación.                                                                                                                
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DESPOJO. EL ELEMENTO NORMATIVO DE AJENEIDAD DE LA HIPÓTESIS DELICTIVA PREVISTA EN LA FRACCIÓN I DEL ARTÍCULO 395 DEL CÓDIGO PENAL PARA EL DISTRITO FEDERAL, NO SE INTEGRA ENTRE COPROPIETARIOS, Tesis aislada de la Novena Época de los Tribunales Colegiados de circuito, publicada en septiembre de 2002 en el Semanario Judicial de la Federación y su Gaceta, XVI, página 1358 (tesis I.2o.P.63 P, número de registro 186027).

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Un método de interpretación y de valoración normativa es el sistemático. En efecto, no podemos pensar que el legislador es un ente caprichoso, o inconexo, sino que ha creado los cuerpos normativos de manera unísona.94 En este sentido, comenzamos con la vulneración a los principios de taxatividad y seguridad jurídica, pues si el artículo 107 del Código Penal permite definir a la muerte como la ausencia de conciencia de forma permanente, o la ausencia de actividad cerebral, pues resulta que el producto de la concepción en sus fases de blastocito, mórula, cigoto y embrión se encuentra en las hipótesis que el propio código señala como de muerte, y en consecuencia no se puede producir la muerte de algo que está muerto. De la interpretación armónica del Código Penal concluimos que el delito de aborto sólo se podría cometer en ciertos lapsos temporales. Es decir, una vez que el feto pueda sortear el estándar que el propio legislador puso, para señalar cuando existe vida. Sin embargo, como el propio legislador en su artículo 17 del Código Civil ordenó tratar para todo efecto legal al no nacido, como persona, pues vuelve a aplicar el estándar de los artículos 343 y 344 de la Ley General de Salud, para saber cuando un ser está vivo o muerto. En efecto, una condición necesaria para privar de la vida a un ser, es que pueda calificar como vivo. Este estándar está en la Ley General de Salud, lo cual nos regresa a que sólo aquél producto de la concepción que pueda rebasar los parámetros de los artículos 343 y 344 de la Ley General de Salud puede ser privado de la vida. Llenar de contenido al concepto muerte, en términos jurídicos, de un conjunto de células es una tarea difícil. Para ello nos podríamos también allegar de la definición de muerte que encontramos en la norma oficial mexicana NOM-040-SSA2-2004 (obligatoria para los tres ámbitos de gobierno). Dicha configuración normativa nos señala en su numeral 3.23 que la defunción o muerte se refiere a la desaparición de todas las funciones vitales de una persona ocurrida después del nacimiento vivo. Por su parte, el numeral 3.24 Defunción fetal define a la muerte de un producto de la concepción hasta antes de la expulsión o extracción completa del cuerpo de su madre, independientemente de la duración del embarazo. La muerte está definida por el hecho de que después de la separación de la madre, el feto no respira ni da ninguna otra señal de vida, como latidos del corazón, pulsaciones del cordón umbilical o movimientos efectivos de los músculos de contracción voluntaria. Por su parte, la Norma Oficial Mexicana NOM-007-SSA2-1993, Atención de la mujer durante el embarazo, parto y puerperio y del recién nacido. Criterios y procedimientos para la prestación del servicio, señala en su numeral 4.6 que el aborto es la expulsión del producto de la concepción de menos de 500 gramos de peso o hasta 20 semanas de gestación. Asimismo, la norma oficial considera que existe muerte fetal sólo con aquellos productos que rebasan las 21 semanas de gestación.                                                                                                                
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DERECHO PENAL DE ACTO. RAZONES POR LAS CUALES LA CONSTITUCIÓN POLÍTICA DE LOS ESTADOS UNIDOS MEXICANOS SE DECANTA POR DICHO PARADIGMA (INTERPRETACIÓN SISTEMÁTICA DE LOS ARTÍCULOS 1o., 14, TERCER PÁRRAFO, 18, SEGUNDO PÁRRAFO, Y 22, PRIMER PÁRRAFO), Tesis aislada de la Décima Época de la Primera Sala de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, publicada en noviembre de 2011 en el Semanario Judicial de la Federación y su Gaceta, Libro II, página 197 (1a. CCXXIV/2011, registro número 160694).

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En las condiciones antes relatadas, el elemento normativo del tipo penal de aborto que se refiere al concepto muerte nos deja en el ámbito de la inseguridad jurídica, por las siguientes razones: a) este concepto no se puede llenar de contenido con la definición tradicional de muerte, pues ella se refiere a personas nacidas, b) el concepto muerte fetal tampoco es útil pues sólo se refiere a fetos separados de la madre con ausencia de signos vitales y el tipo penal se refiere a la muerte intrauterina, tal y como lo viene sosteniendo la jurisprudencia desde hace más de sesenta años.95 Por otro lado, el concepto de aborto de la norma oficial tampoco es útil, por su notaria discrepancia con la norma contendida. Por último, parece que el concepto más útil es el que nos otorga el artículo 343 de la Ley General de Salud, por ser el que recoge el legislador potosino, lo que nos lleva a que hay muerte sólo cuando el producto de la concepción pueda rebasar los estándares allí señalados. La búsqueda para llenar de contenido el elemento normativo del tipo penal no es ociosa, pues la indefinición de éste, nos conduce de manera necesaria a la incertidumbre de saber cuando está vivo o muerto en términos jurídicos penales el producto de la concepción, en sus distintas etapas, como lo son blastocito, cigoto, embrión y feto. En este sentido, un blastocito y un cigoto no tienen funciones vitales, el embrión no tiene conciencia; y por ende en términos jurídicos no se puede causar la muerte a algo que no está vivo en términos de la propia legislación potosina. Así las cosas, estos márgenes de inseguridad jurídica podrían provocar la aplicación del tipo penal por la ingesta de la píldora del día siguiente y el uso de dispositivo intrauterino, ambos métodos lícitos y regulados. En efecto, siete Ministros de la Suprema Corte de Justicia de la Nación coinciden, en este punto: […] El método anticonceptivo hormonal poscoito, también conocido como “píldora del día siguiente” o “anticoncepción de emergencia”, es definido por la Norma Oficial Mexicana NOM-005-SSA2-1993, en el punto 5.3., como “un método que pueden utilizar las mujeres en los tres días siguientes a un coito no protegido con el fin de evitar un embarazo no planeado. […]”. Es cierto que se acepta generalizadamente que este método anticonceptivo actúa evitando la ovulación y la fecundación pero también lo es que podría haber casos en que actúe alterando la capacidad del cigoto para implantarse, y no es posible determinar cuándo sucede esto, pues tiene relación con la ovulación de la mujer y con el momento en que se fecunda el óvulo. Según se ha explicado en un apartado diferente de esta resolución, salvo los casos en que una pareja se someta a un control técnico científico para determinar si hay fecundación después del coito o de la fecundación in vitro, no es posible saber con precisión en qué momento se completa el proceso de fecundación. Consecuentemente, aun cuando en la mayoría de las ocasiones la anticoncepción poscoital impedirá la ovulación y fecundación, podría haber veces en que evite la implantación.                                                                                                                
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ABORTO. BIENES JURIDICAMENTE PROTEGIDOS POR LA NORMA QUE LO PREVE COMO DELITO. (LEGISLACION DEL ESTADO DE PUEBLA), Tesis Aislada de la Octava Época de los Tribunales Colegiados de Circuito, publicada en noviembre de 1991 en el Semanario Judicial de la Federación, VIII, página 141 (registro número 221268). ABORTO E INFANTICIDIO, DELITOS DE (LEGISLACION DE TABASCO), Tesis Aislada de la Quinta Época de la Primera Sala de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, publicada en el Semanario Judicial de la Federación, CXIX, página 2887.

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Algo similar puede decirse del dispositivo intrauterino, definido en el punto 2 de la NOM-005-SSA2-1993 como “un artefacto de polietileno que se coloca dentro de la cavidad uterina, con fines anticonceptivos de forma temporal”. Este aparato contiene un principio activo, que puede ser una hormona (progestina) o un filamento de cobre En el primer caso, el dispositivo que contiene progestina “funciona principalmente evitando que el espermatozoide y el óvulo se encuentren. También provoca el espesamiento del moco cervical y crea un medio uterino desfavorable”. En el segundo –es decir, el del dispositivo con cobre–, se “evita que el óvulo sea fecundado o se adhiera a la pared del útero. También impide que el semen llegue al útero y las trompas uterinas, lo que reduce la capacidad de los espermatozoides para fecundar un óvulo. El DIU que contiene cobre también se utiliza como anticonceptivo poscoital”. En otras palabras, la principal acción del dispositivo intrauterino consiste en evitar el encuentro entre el óvulo y el espermatozoide, pero podría funcionar, asimismo, impidiendo la implantación del óvulo a la pared uterina […]96 Conclusión: Los distintos contenidos que se pueden dar al elemento normativo del tipo penal de aborto, violan el principio de taxatividad en materia penal. Asimismo las antinomias semánticas y la polisemia del concepto muerte en distintos ordenamientos, tornan inconstitucional el tipo penal por vulnerar la garantía de seguridad jurídica en relación al principio de taxatividad penal. Sobre las consecuencias de la polisemia jurídica la Corte se ha pronunciado en la jurisprudencia que a pee de página se indica.97 Los quejosos solicitan la desaplicación de la norma en el presente y en el futuro, para no vivir en vilo sobre la aplicación de una norma penal inconstitucional. Por lo expuesto, ante este C. Juez de Distrito atentamente pido: PRIMERO. Se admita la presente demanda de garantías por cumplirse con todos los requisitos procesales necesarios. SEGUNDO. Se dé un correcto trámite de conformidad con los periodos procesales. TERCERO. Se dicte una sentencia apegada al texto de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos para el efecto de desaplicar las normas jurídicas de la esfera jurídica de los quejosos que aquí se impugnan.

                                                                                                               
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Proyecto de la Acción de Inconstitucionalidad 62/2009, supra, pp. 67 y 68. AMPARO CONTRA LEYES. LA, INCONSTITUCIONALIDAD DE ÉSTAS PUEDE DERIVAR DE LA CONTRADICCIÓN CON OTRAS DE IGUAL JERARQUÍA, CUANDO SE DEMUESTRE VIOLACIÓN A LA GARANTÍA DE SEGURIDAD JURÍDICA, Jurisprudencia de la Novena Época de la Primera Sala de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, publicada en septiembre de 2011 en el Semanario Judicial de la Federación y su Gaceta, XXXIV, página 50 (tesis 1a./J. 104/2011, registro número 161139).

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PROTESTAMOS LO NECESARIO

________________________ A San Luis Potosí, martes, 27 de marzo de 2012.

________________________ B

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