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Ejercicio del mando por un oficial

El ejercicio del mando que es el proceso mediante el cuál se dirigen, se


coordinan y se controlan las actividades de las fuerzas militares para cumplir la
misión. Este proceso abarca el personal, el equipo, las comunicaciones, las
instalaciones y los procedimientos necesarios para juntar y analizar la
información, para decidir qué se debe hacer, y para supervisar la ejecución de
las operaciones.

La formación de un líder militar es permanente y progresiva a lo largo de


su carrera en tres dimensiones: comando, mando y conducción. La dimensión
más importante en la etapa de formación de un líder militar es la que
corresponde al desarrollo de la capacidad en el ejercicio del mando, pues es en
el inicio de la carrera donde se sientan las bases para cultivar la personalidad
militar, se interiorizan los principios y procedimientos de mando, se
comprenden los indicadores y se aprende la forma de evaluar y retroalimentar
las propias experiencias.

Ética

La ética (del latín ethicus y éste del griego clásico ēthikós, «moral,
relativo al carácter») es una de las grandes ramas de la filosofía. Tiene como
objeto de estudio la moral y la acción humana. Su estudio se remonta a los
orígenes de la filosofía moral en la Grecia clásica y su desarrollo histórico ha
sido diverso.

La ética estudia la moral y determina qué es lo bueno y, desde este


punto de vista, cómo se debe actuar. Es decir, es la teoría o la ciencia del
comportamiento moral de los hombres.

La Moral

La palabra "moral", viene del termino del latín "mores", cuyo significado
es "costumbres".
La moral es el conjunto de costumbres, creencias, valores y normas de
una persona o grupo social determinado que ofician de guía para el obrar, vale
decir, que orientan acerca del bien o del mal —o bien, correcto o incorrecto—
de una acción.

Los conceptos y creencias sobre moralidad son generalizadas y


codificadas en una cultura o grupo y, por ende, sirven para regular el
comportamiento de sus miembros. La conformidad con dichas codificaciones
es también conocido como moral y la civilización depende del uso generalizado
de la moral para su existencia.

La moral también se identifica con los principios éticos, orientaciones o


valores que una comunidad está de acuerdo en respetar.

Al conjunto de las normas morales se les llama moralidad objetiva,


porque estas normas existen como hechos sociales independientemente de
que un sujeto quiera acatarlas o no. Los actos mediante los cuales el individuo
acata o infringe la norma moral constituyen la moralidad subjetiva. La idea de
responsabilidad moral proviene del convencimiento de que el actuar de un
individuo siempre se realiza por ciertos fines y que todo el que hace algo, lo
debe hacer con un fin, a menos que esté distraído, dormido o que no controle
su razón, como en el caso de un demente, el furioso, el que se encuentra bajo
el efecto de una droga o de algún otro sujeto en situaciones similares. Sin
embargo, las realidades sociológicas sugieren que las personas suelen actuar
por inercia, costumbre, tradición irrazonada o la llamada "mentalidad de masa".
Educación Moral

La educación ética y moral debe ser colocada en su sitio. No se le


pueden pedir milagros o que salte por encima de su propia sombra. Se le debe
pedir que afronte el problema de ser y estar en el mundo, que no eluda
responsabilidades, que se fije metas y objetivos, pero que sobre todo,
reconozca el carácter humano, demasiado humano que la comporta.

La educación ética y moral desde luego no es responsabilidad exclusiva


de los maestros, de alguna área curricular específica, o de toda la escuela, o
de la familia. Sin embargo, la educación moral debe tener claramente definido
el lugar que ocupa en el seno de las prácticas formativas y edu-cativas de la
sociedad. La educación en valores éticos y morales atañe directamente tanto a
la educación formal como a la informal y a la no formal.

En relación con la educación formal, la formación en valores éticos y


morales, de suyo debe ocupar un lugar central en el mundo de la escuela. No
obstante, por su naturaleza, en la medida que se ocupa de los
comportamientos de la vida, ella no se debe limitar a un simple lugar en el
currículo.

Tanto en el currículo explícito como en el oculto, como en cualquier otro


lugar o tiempo donde se haga vida individual o colectiva, se presentan
situaciones moral y éticamente significativas. En todo lugar donde se viva en
contextos éticos y morales, debe estar la educación ética y moral. Ese es el
verdadero sentido de la transversalidad y universalidad de la preocupación
ética y moral dentro de la vida educativa.

Con la ética y la moral pasa un poco lo que acontece con el idioma:


aprendemos castellano en una clase determinada, pero en las restantes clases,
en los recreos, en la fila y aún en solitario, hablamos y pensamos en castellano;
sino manejamos con una destreza mínima nuestra lengua común, poco y nada
podremos aprender en los demás campos del conocimiento. Igualmente, el
actuar ético y moral está presente a lo largo y ancho de la escuela y toda
actuación o circunstancia, por insignificante que sea, es susceptible de un
tratamiento ético y moral. No obstante todo lo anterior, en la estructura
curricular formal debe haber un claro lugar para dedicarse, específicamente a
estudiar todo lo relacio-nado con la formación ética y moral.

La presencia transversal de la educación ética y moral como su


presencia específica en un lugar del currículo, tiene forzosamente que
reorientar algunos contenidos curriculares de áreas próximas o afines. Estamos
hablando en concreto del necesario apoyo que deben brindar a la formación
ética y moral materias como la historia, la geografía o los temas de filosofía,
sicología, economía, educación sexual, educación ambiental, las mismas
clases de religión y las cátedras de democracia. Sin embargo, aunque hay que
garantizar el conocimiento progresivo de los conceptos fun-damentales en ética
y moral, es tanto o más importante poder adelantar la reflexión conjunta de los
hechos y los sucesos de significación moral, en el momento y en el lugar que
sea necesario.

La educación o la formación ética y moral requiere ser vista como un


todo sin detrimento de sus diferentes y necesarios niveles: cognitivo (uso de la
razón en el conocer y en el establecer un orden y sentido del mundo de
diferente grado de universalidad y mutabilidad) del cual se sea responsable, el
afectivo (autoestima, las pulsiones sentimentales, amores y odios), la
educación habitual o hábito (predisponernos para actuar de determinadas
maneras con cierta flexibilidad como regularidad), forjar carácter o construir
manera de ser ante cada una de las situaciones concretas del mundo.

Fundamentos en la moral y en el sentimiento del deber ser

El valor moral, es el estudio de hechos relativos a la conducta humana,


hechos del hombre que podemos llegar a conocer, mediante la
OBSERVACIÓN INDIVIDUAL, o por la observación objetiva de los grupos
Sociales. En este caso, la observaci6n del comportamiento de la vida social e
individual del Perú. El situarnos objetivamente y considerar las reglas
obligatorias de la conducta tal como existe en diferentes grupos sociales y
estudiar las costumbres, como por ejemplo, grupos sociales de la Costa, la
Sierra y el Norte del país, tienen sus propias características de modus vivendi;
en ellas existen relativas al matrimonio, o la muerte, los contratos, las
instituciones, las prácticas, las reglas, las ideas concernientes a la justicia, a la
responsabilidad, al respecto a la vida humana, a los deberes domésticos,
profesionales, cívicos, etc., hechos sociales que constituyen lo que se
denomina las COSTUMBRES. En tal sentido, puede hablarse de la moral de
los habitantes del Centro, Costa y Norte, etc.

Se afirma con bastante frecuencia que la Conciencia basta para darnos


a conocer y hacernos AMAR EL BIEN.

Si todas las conciencias están de acuerdo y conocemos las reglas que


dos de ellas admiten, es posible OBRAR COMO hombre honesto y hasta como
héroe, sin haber reflexionado sobre la Moral. La verdadera moral, decía
“Pascal, se ríe de la moral». Entre todos los moralistas, quizá sea Kant el que
con mayor claridad ha expresado ese carácter ideal de la moral: quizá nunca
ha podido ser realizado en el mundo un acto verdaderamente moral, es decir,
inspirado por el puro respeto del Deber.

En consecuencia, debe edificarse el ideal moral por el solo medio del


razonamiento.

La Conciencia Moral.

La conciencia moral, entendemos como un conjunto muy complejo de


tendencias de sentimientos de ideas, etc. en el que debe intentarse discriminar
lo que hay de innato y lo que hay de adquirido.

Valor de la Conciencia Moral ¿Qué valor atribuir a esa norma de


obediencia a la conciencia que muchos moralistas consideran fundamental? La
vida en sociedad para nosotros es la condici6n indispensable para nuestro
desenvolvimiento y reconocemos lo bien fundado de esas reglas,
universalmente válidas, que nos invitan a contribuir al bien de todos los
hombres.

Sin embargo, si debemos obedecer a nuestra CONCIENCIA, es a una


conciencia que debemos perfeccionar por la REFLEXIÓN, considerándola un
medio de contribuir el bienestar de la Sociedad, que es del deber moral, y
verdadero del bien individual del hombre.

El deber, es el sentimiento de la obligación que nos hace conocer y


apreciar determinado ideal de conducta del hombre dentro de la sociedad e
individualmente. A primera vista el deber conlleva la responsabilidad del
individuo autor del acto.

La Sociedad por sus leyes, impone o prohíbe realizar determinados


actos, pero deja al hombre en libertad respecto de otros. Por ejemplo, hay
personas que no cometen adulterio, ni hurtan, no porque teman la sanción de
la opinión pública y de los tribunales, sino porque se impone así mismo esa
prohibición.

Así el sentimiento del deber es inseparable de otra noción. Según Kant,


el concepto fundamental del deber se deduce de la naturaleza misma del ser
razonable.

En conclusión, en nuestros días, mucha gente se deja modelar


pasivamente por las costumbres reinantes aceptando, sin examen, las reglas
impuestas por el medio social.

El hombre según los principios de moral se forja conscientemente una


conciencia, se impone asimismo, ciertas reglas que él ha juzgado buenas.
Indudablemente, no fabrica él esas reglas totalmente, sino que es la sociedad
la que plantea ciertos imperativos, que el hombre se dedica a comprender o a
justificar o a modificar.
Finalmente el Deber, es un Valor Humano, que aplicándose a la vida
actual del hombre debería producir beneficios para él y servir de modelo para
las futuras generaciones.

Deberes del hombre para consigo mismo

En cuanto a los deberes del hombre para consigo mismo, González


Serrano los divide en deberes para con el espíritu, deberes para con el cuerpo
y deberes relativos a la vida de unión de espíritu y cuerpo. Lo más novedoso de
su planteamiento se refiere al modo de tratar el cuerpo, que equipara al alma o
espíritu, frente a la concepción tradicional en que el cuerpo quedaba
subordinado al alma: "íntimamente unido con el espíritu, y de igual valor y
dignidad que éste, por más que otra cosa pretenda un espiritualismo estrecho y
superficial, el cuerpo es objeto de deberes, cuyo cumplimiento o infracción
influyen con no pequeña fuerza en la vida misma del espíritu. Estos deberes se
encierran en dos fundamentales: la conservación de la vida del cuerpo, y el
armónico desenvolvimiento de todos sus órganos".

Deberes para con sus semejantes y la sociedad

El hombre tiene el deber de contribuir al sostenimiento de las cargas


sociales o gastos públicos, con una parte proporcionada a su riqueza.

Tiene el deber de defender los derechos de sus conciudadanos y los de


la sociedad, si se vieren amenazados.

Tiene el deber de obedecer, de observar y hacer observar las leyes


justas, y de respetar y hacer respetar a los encargados por el Pueblo de
hacerlas cumplir.

Tiene el deber de amar a sus semejantes y de practicar las virtudes


sociales.
Estos son los deberes que la sociedad tiene derecho a exigir del hombre
y que el hombre debe cumplir, siempre que la sociedad haya empezado
cumpliendo los suyos para con él.

En efecto: si la sociedad, madrastra cruel en lugar de cariñosa madre,


abandona al niño entregándolo a todos los peligros y horrores de la miseria, y
falta a su misión sagrada y providencial de preparar su cuerpo y su alma por el
sustento y la instrucción para el trabajo y para la práctica de las virtudes
sociales, ¿cómo tendrá después derecho para exigir de él que reconozca y
obedezca voluntariamente las leyes, que practique convenientemente sus
derechos, ni que se sacrifique, si necesario fuere, por la sociedad?

Los derechos del hombre son absolutos: no es la sociedad, sino la


naturaleza, la que da al hombre la facultad de pensar, la necesidad de vivir y el
derecho de unirse y asociarse con sus semejantes para mejor satisfacer [55]
recíprocamente las necesidades de la vida. La sociedad no puede, pues, quitar
al hombre los derechos que no le da.

Los deberes del hombre para con la sociedad son relativos: suponen la
existencia de una sociedad que, madre cariñosa, cumple con sus deberes de
amor y fraternidad para con todos sus hijos. Sólo en este caso es
imprescriptible para el hombre el cumplimiento de los deberes sociales.