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Recital de poesía 2013 Arco de tiempoAntología de poesía

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D.R. Rigoberto Paredes

© Rigoberto Paredes

Colección homenajes.

© Editorial Nagg y Nell. 2013

San Pedro Sula, Honduras, C.A. Correo electrónico:gsalgadocampos@gmail.com

ISBN:

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Recital de poesía 2013 RIGOBERTO PAREDES Antología de poesía

Recital de poesía 2013 RIGOBERTO PAREDES Antología de poesía 5

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Rigoberto Paredes

Nació en Honduras, 1948. Poeta y ensayista. Perteneció a los grupos literarios: Tauanka de Tegucigalpa y Punto Rojo de Colombia. Es premio It-zamná de Literatura, otorgado en 1983 por la escuela Nacional de Bellas Artes. Finalista en los Certámenes internacionales de poesía de Casa de Las Américas, EDUCA y Plural. Ha sido fundador de los proyectos editoriales: Editorial Guaymuras, Editores Unidos y Ediciones Librería Paradiso, así como de las revistas Alcaraván e Imaginaria. Obras publicadas: En el Lugar de los hechos (1974); Las cosas por su nombre (1978); Materia prima (1985); Fuego lento (1989); La estación perdida (2001); Obra y gracia (2004); Segunda mano (2010); Lengua adversa (2012). Es coautor, junto con Roberto Armijo, de la antología Poesía contemporánea de Centroamérica, publicada en Barcelona en 1983.

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Nada perdura

De amar, de haber amado queda tan sólo, amor, una vaga palabra, un turbado cansancio, un desaliento, como si algo, a lo lejos, se apagara. Una honda caída, un golpe seco o un quejido entre labios quedan tan sólo, amor, de haber amado. Aquel tiempo, otro tiempo, de ardor y sacro sexo, ya es ceniza. Nada perdura, amor, de amar, de haber amado.

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Memoria del solo

¿En qué ajeno paraíso abandonaron

mi

humeante corazón, quemado vivo,

las

mujeres que amé?

¿Bajo qué cielo raso se desnudan

y muestran victoriosas el reino que perdí?

Yo, en cambio, nada guardo: ni dicha ni rencor.

Una a una me dieron la gloria merecida

y derrotado fui con sus mejores armas.

El amor es la única batalla que se libra en igualdad de condiciones.

Yo no pude escudarme, devolver las palabras

con la misma osadía, y los más leves golpes me alcanzaron de lleno a la altura del pecho. Dado ahora a morir en cama extraña (orgulloso de mí, en paz conmigo) cierta gloria atesoro, ciertos nombres como el viejo guerrero que alivia sus heridas.

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Memento

Vencido, te relames en los labios un incierto dulzor, los viejos sinsabores de otros cuerpos. Nada tuyo queda, nada de cuanto diste ha vuelto salvo ni recompensado. El amor es así: gloriosa pérdida de prendas y batallas, o, a veces, solamente un injusto recuerdo, cierto invicto deseo que juraste guardar más allá de la muerte.

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Alguna vez

Alguna vez un cuerpo se tendió a nuestro lado

y se abrió, sin prudencia, como una madrugada. Le dimos cuanto quiso:

piel,

entrañas,

el lujo del amor, las más hondas palabras. Una mirada, un hálito, una brizna le dimos.

Alguna vez un cuerpo se tendió a nuestro lado

y nos dejó

vacíos.

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Estación perdida II

Cuanto amé doy a cambio de la estación perdida. Con paciente avaricia yo he guardado dones, heridas, dichas, infortunios, vanas prendas que el tiempo ha vuelto bellas. Ahí están, bajo palabras puestas ante el límpido augur de la memoria. El mundo en torno ha sido monótono, aparente, sólo un confuso limbo de lejanas presencias, una noria atascada, un áspero cansancio. Pero amé, colmando fui de amor pechos y labios y nada más que cuanto amé queda. Mas la vida vendrá cuando en mí resplandezca la estación perdida.

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Opus de amor

(en cuatro movimientos)

Convite Una mujer no basta

para dar de vivir al solitario. Un solo cuerpo no, una mujer no basta. El solitario aguarda en su lecho de rosas

a más de un corazón.

Una sola no basta para dar de vivir al solitario. Su cabeza se aqueja bajo sábanas como animal rendido,

y los ojos del solitario no ven de lejos. Acérquense las que quieran, todas.

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Post Mortem

No aplacaré con lágrimas lo que arde en la punta de mi lengua. De más está llorar por quien vivió en la holganza, dando palos a cambio de abrazos y de querencia. Ahora, en esta hora de la verdad, en que tus pompas se estrenan en lo duro y pelado de la tierra, todo cuanto luciste, ufano y altanero, pesa más sobre ti como una losa a imagen y medida de tus restos. ¿Qué otra suerte esperaba quien en vida olvidó, a su debido tiempo, que también el poder y sus deidades pasto son de gusanos, hálito de la nada? Un áspero hierbajo se abre paso por dentro, te hiende la cabeza, el pecho, los muñones:

es el estrago tenaz de la venganza, su lenta mordedura, la soga del rencor, únicas prendas que ostenta la oquedad de tu memoria.

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Méridem

Ahora soy, por fin, lo que no he sido. Al tiempo, augur del desdichado, nada debo, nada de mí. Lo que tengo, o tendré, pertenece a la certeza del olvido,

o

a ti , desconocida, incansable poesía.

Si

escribí, si no escribo, si escribiré,

¿qué significa todo eso? Ah, qué hermoso es este oficio del silencio.

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Belleza

Quién eres tú, belleza, incierta, impura belleza. Qué buscas dentro de mí, belleza. O solo quieres que te nombre , belleza, como a una recién nacida, belleza, impostora de ti, de mí, belleza. Digo, quiénes seremos tú y yo, belleza, Cuando, de aquí a mañana, belleza, no seas tú, poesía, mi única belleza.

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Vuelta

Mañana volveré. Mañana, dije, sin mirar tu rostro, sin mirarnos de frente. Pero viéndote, viéndonos como antes nos mirábamos. A ciegas llegaré, como un Odiseo tejido y destejido por el desamor, esa llaga incurable de tu corazón. Llegaré, falsa Penélope, Circe de los amigos que Edilberto vio convertidos en cerdos, lestrigona de este viejo caballo de Troya. Argos me espera.

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Cansancio

Ya no quiero, no puedo

dar más de lo que tengo.

Mi

corazón boquea como un pez

en

el fondo de una nasa abandonada.

Así

me veo ante mí mismo:

animal sudoroso, azorado, viejo poeta, marchito en sus laureles.

De nada me valió

meter mis manos en todas las hogueras

en nombre del amor,

vieja causa perdida.

De

nada, haber creído

en

la palabra dada

por más que haya nacido de unos labios dulcemente posados en los míos. El tiempo es cruel y juez severo, Justa o injustamente cruel. Conozco toda altura y toda bajeza, sus vacilantes máscaras

que el tiempo, con el tiempo,

va

poniendo en su lugar preciso.

Yo

he visto rodar glorias,

cabezas bien o mal alzadas

en la plana pública

para honra y prez de fieles

o de incautos.

Yo

he mirado la verdad, su temible fijeza,

su

mano limpia, amenazante

contra quien no se rinda

a

su reino impenetrable, ciego.

Y

simples cosas,

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extrañas, entrañables pertenencias no mías, he visto,

y de esto y más daría fe

ante propios y extraños como un viajero pródigo que vuelve inesperadamente. Reconozco, al pavesiano modo, que es difícil vivere.

Y

yo he vivido y he visto y he creído.

Y

todo esto cansa, cansa, cansa.

Y

yo, yo estoy cansado.

Poétique

Lo adjetivo, Huidobro, es lo que mata,

así como la rosa florecida en tu poema.

Y el poema no es llave;

Cerrojo, cerradura, sí, de la única puerta que lleva a la poesía. Crea, cree que creas, poeta, ciudadano del olvido; crea viejas palabras y pásalas por nuevas

al mando de tu báculo pontificial, bicéfalo.

Y alce su mano, ante ti, de dios pequeño el que viniere de otro mundo

a decir lo mismo, ya sabido.

¿Pequeño Dios?, si acaso tú, Vicente, Pese a tu pecado de originalidad.

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ARS

Muerdo mi lengua para que más sangre y la vuelvo a morder para que cante.

Mi

lengua larga y doble, como todas

las

lenguas enemigas, sotto voce.

Muerdo mi lengua y sangra y la maldigo porque no es vino lo que de ella brota. Puro veneno trago. Doloroso tarugo que mastico y me atraganta. Lengua adversa sin más: vilipendiada, viperina y procaz y tabernaria. Lengua de mí, como si nada, luenga. Esta es mi obra, digo, parto de estos montes, fatua palabra sobre palabra fatua nacidas de mi lengua patética, poética, ¡y ars!

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LENGUA FRANCA

Cuando te digo amore, cara mía,

es amor lo que digo, francamente;

y vos decime mon amour

cuando te bese allí, au déla,

o

como se diga en papiamento

o

en una lengua muerta.

¿Cómo se dirá amor en una lengua muerta? Love, not war, me decía una veterana desalmada cuando, ipso facto, me pasaba por sus armas. Amore, amoris,

te diría un ladino de Verona.

Y yo te digo amor, sin pelos en la lengua, hagamos ese amor que más nos gusta.

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HABERES DE VILLON

Todo lo que sé me lo legó Francois Villon, el villano de Angers, hijo de Guillaume, peor que él,

y de madre desaparecida.

Francois, mâitre y poéte,

le dispensó a Regnier cuatro perros hambrientos

y

al señor de Griny, media docena más,

y

un pato a la Cholet, por casquivana.

Y

a mí, sin que conste en relación alguna,

me mandó en pago por un puño de morrallas eso que cubre entrepiernas y pecheras

de Las Carmelitas.

A cambio, de mi parte,

acomodé a los pies de la virgen de los inocentes, beso mediante, su reputado florete de salteador de alcobas y veredas. Villon, villano amigo,

ya le entregué a Louvieros las cáscaras de huevo que dijiste.

Y

más y muchas cáscaras

a

tus damas de antaño, Thais y Eloísa;

y

cáscaras, más cáscaras

a

estas mías de hogaño:

pocas de ver, una

o ninguna.

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LETRA PARA UN HIMNO

De algo que bien pudiera llegar a ser un país, de un país que no puede ser, todavía, estoy hablando. Falta mucho, todo lo que un país quiere tener:

un nombre, un nombre propio de país; tierras, mares y cielos del país; muertos, vivos por un país; fama de buen vecino, a pesar del país; belleza, poetas y animalitos a salvo en su país. Un país que no duela sin querer. Un país que no duela. Otro país. Un país que no puede ser, todavía, es mi país.

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CATULINARIAS

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No quiero, Lesbia, que me quieras como otras me quisieron. No sufras tanto, no vale la pena;

pues que duele ese amor, como el tuyo, no correspondido.

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Pobres cenizas que una vez ardieron por un hombre. Pobres de las que todavía, como Dido, me aman.

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Me dijeron que dijiste que me amabas. No les creí.

No creo que tú hables mal de mí a mis espaldas.

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Te vi, Lesbia, en las termas, húmeda te vi, desatinada y limpia.

¿Por qué no estás así cuando llego a tu cama?

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Hombre soy, Lesbia,

y tengo mis urgencias.

Razones, pues, me sobran que tus platónicas ganas no conocen.

Contigo

o con las otras,

urgentemente

preciso ser fiel conmigo mismo.

10

Te llevaré a Palacio para que te envidien cortesanas y avenidos palaciegos. Vaya, dirán,

qué hace esa entre nosotros. Así murmurarán las cortesanas, Lesbia.

Esas,

amo y señor yo de todas ellas.

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Cayo Valerio, me dijiste, te amo.

Y me quedé callado.

Cállate tú y calla tus mentiras, cara Lesbia. Yo no te amo, ni amaré a ninguna. Amar es cosa poca, dura menos que un bostezo en tu cama.

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CONFESIÓN DE PARTE

Yo no voy a morir de amor. Ya no. Aquella vez que debí hacerlo, salí huyendo, huyendo en pos del olvido, esa traición a sí mismo que anida en el corazón de los enamorados. Sólo una vez se puede morir de amor. Morir, sin más, como los héroes:

no importa cuándo, ni cómo, ni dónde. Simple y sencillamente morir

a manos de quien nos ha jurado amor eterno

y morir sin saber la verdad. Morir a cambio de nada

o de algún recuerdo, esa falsa pasión,

honra y prez de los que amaron. Yo no voy a morir de amor. Yo, el más triste y odioso entre los cobardes.

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MUJER DESNUDA

Anoche vi a una mujer desnuda. Por vez primera

porque uno siempre ve por vez primera

a una mujer desnuda.

Una mujer desnuda es siempre esa mujer desconocida. La mujer desnuda que vi no es la misma mujer

ni aquella noche es la misma noche. Esta mujer desnuda nunca es igual

a la mujer desnuda

de aquella noche. Tan sólo estaba así, como en silencio, porque su desnudez hablaba por sí sola.

Pero esa mujer gritaba auxilio, auxilio, desesperadamente corría, corría cada vez más cerca de mí,

y yo, desnudo, la veía como quien ve

por vez primera a una mujer desnuda.

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LAPSUS

Repetiré en voz alta unas palabras. Amor quise decir cuando escribí tu nombre. Olvido dije cuando amor decía. Tonta de ti y tonto quien dice estas palabras. Darío te daría unas profanas prosas Neruda esa cursi canción desesperada. Lo frío de la noche recuerda que estás lejos. El frío y este Claro de luna, de Beethoven. Nada quiero sin ti; Perdón, quise decir olvido, amor, esas palabras.

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Autocrítica

Obra & Gracia me gusta más que Fuego Lento. Materia Prima la prefiero a mi media naranja, Barricada. Las cosas por su Nombre, francamente diría: más o menos. En el Lugar de los Hechos,

ay, ese dislate de alcoba bogotana me tiene sin cuidado.

Y La Estación Perdida,

escrita fue tan a destiempo que más parece una romanza de Romagnesi, il sommo. Segunda Mano, ¿libro de segunda

hecho pasar como libro de primera?

Y ahoraLengua Adversa

para dar de leer a adversos y conversos

y me dejen dormir, sécula seculórum, en mis laureles canos.

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CUENTAS CLARAS

Un verso dejo,

sádico,

satírico,

y etílico

al enemigo y, si acaso, a la enemiga de mi vida y obra.

A ver, ¿cuántos enemigos tengo? Uno que otro o ninguno;

por gracia de los dioses, ya perdí la cuenta

o por desgracia mía, no me doy ni cuenta.

Hay poetas que se pasan la vida ganándose enemigos como en una lotería literaria. Yo, por mi parte, versos dejo, muchos y diversos para que ajusten

y

que den contento

a

las adversas lenguas

y

a esos tristes tahúres de la gloria ajena.

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MARTES TRECE

Un día como hoy murió mi padre. Este día, a mis siete de edad, me enviaron a la escuela en castigo porque bañé a Lingüística, mi gata Otro día como este cumplí quince años

y me robé una novia entrada en los catorce. Recién cumplidos los dieciocho, recibí tremenda carceleada

por apedrear la estatua del general Carías. Un día como hoy rondaba yo los veinte

y publiqué mi libro, primero, de poemas, que en brevísimo tiempo pasto fue de la chanza y del olvido.

A mis cuarenta, ese día, ese día

me casé con la única muchacha de ver en La Plazuela. ¡Ese día, qué día, no toqué madera!

Colección digital.

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