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Dale tregua a esta locura, que soy preso de un sueño.

Pensaba ya como serían la primera vez y las primeras veces, una etapa había concluido y con
temor y ansiedad esperaba. Ya no recordaba que cada vez, cada comienzo lo anticipaba mi
inconsciente con una pesadilla o un sueño absurdo, todo tan significativo, pero sin importancia.
Revivir en mis sueños mis traumas y mis temores, ahora tan lejanos, vivos tal vez, pero lejanos. Al
final todo le había dado sabor a mi corta vida. De lo que no quería desprenderme era del complejo
de Peter Pan. Mi mayor preocupación era la cura para mi tan dispersa y compleja mente, con todos
sus mares, los tranquilos y los tempestuosos.
En verdad sería una nueva etapa y yo no sabía lo que me esperaba, desde la sencillez en mi
elección, las tentadoras bifurcaciones en el vagabundeo de mi alma, pero no sería cualquier viento
el que me arrebatase, por muy corrompible que fuese –yo, que no me sé mostrar difícil de seducir
– porque estaba decidido a amar y aún no lo sabía. De mis convicciones estaba seguro y eso me
daba cierta firmeza. Ya era poco lo que cuestionaba, ya no mi existencia, no pensaba en mis
frustraciones, tan latentes aún, pero los ¿cómo? y los ¿por qué? siempre con tanta fidelidad ante
cada uno de mis asombros.
Me sabía los juegos, las canciones eran viejas, iban y venían, y todos los cantaban. ¿Con qué
pretensiones nos quieren seducir? Yo no quería cantar si no hablaba la experiencia; canciones del
corazón ya había escrito y cantado. Enamorado siempre sin saber de quien, en parte de la vida, de
mi creador más que nada, pretendiendo a veces fuese mi todo y lo es porque ahora se creerlo.
Tanto me había engañado a mi mismo, creyéndome cobarde, indiferente, poco sensible;
cuando si ese era yo, bien podía no serlo y descubrirme enamorado y apasionado y armar del amor
mi valentía y cobrar de mi fe en este mis fuerzas, hacerlo mi fortaleza. De los detalles se alimenta
la pasión y ya venía aprendiendo eso. Descubrir la vida como un niño buscando al amor que juega a
las escondidas. ¿Sería mi culpa? ¿Cómo saber su tiempo? ¿No es acaso impredecible y por eso tan
bello? ¿No nos toma a todos por sorpresa? ¿O vendría por conjuro? Juega a las escondidas
esperando ser encontrado. Dejando rastro nos confunde porque ha recorrido el universo.
Y me hizo preso en el cielo de tus ojos cuando dormía y soñaba. Y tu canto era el viento que
movía mi vuelo. Mis pensamientos naufragaron al percibir la armonía de tu rostro. Y mis sentidos
te dibujaban; y aún no se si estoy despierto o es un sueño que no quiero que concluya. Tanto
sentido en la incoherencia del tiempo y el espacio y yo tarde en darme cuenta, Así son los sueños,
¿quién los entiende? Y ya conocía todo, pero ¡¿cómo darme cuenta siendo preso de tus ojos y tus
labios?! ¡Pequeña! ¡Princesita! ¡Tan dulce, ingenua e inocente! ¡Y qué virtudes! ¿Cómo se niega el
mundo a bailar cuando cantas? Los dos queríamos cantar. Y yo soñaba mientras tu eras mi sueño, lo
eras deseando, amando, sintiendo, entendiendo.
Señales de amor eran mi sustento. Pero yo sigo ciego, porque ¿cómo ver cuando se duerme,
si solo se sueña? De alguna forma eran míos, aún con toda su incoherencia, aquel lugar y aquel
tiempo. Curiosa miscelánea la que anunciaba tu llegada, los lugares, las personas; pero no lo
entendería hasta verte, verte sin soñarte. Todo tan distante y tan parte mía. Lugares de otros
tiempos volviendo en mi sueño para conjugarse con el hoy y personas venidas de allá para haber
sido mi tiempo, mi hoy que se hizo ayer con tu llegada: tan tangible, tan cercano y tan concluido.
¡Vaya ecuación de amor! ¿Sería divino el sueño que concibió este amor? Yo quiero hacerte mi
esperanza. Antes de ti perdía el aliento y no hallaba reposo. Viniste a ser mi consuelo, la hermosa
ilusión que tus ojos me producen ha secuestrado mi alma, que de quietud ya nada entiende.
Tu calida mirada sobre mis ojos perdidos se hace primavera en mis entrañas, donde tanto
florece entre cantos y revoloteos y todo es tan lleno de color y calor. Pienso que he perdido la
imaginación, mi mente solo sabe habitar tu rostro, lo recorre anticipándose al afecto de la caricia
deseada que envidia a la brisa que se jacta de haber probado la dulzura y la ternura de tu piel.
Toda tu presencia es cautivadora. Un temor me sobrecoge, ¿quién conoce las profundas
intensiones del corazón que cuando amanece se refugia en la luz y cuando anochece su paz esta en
reflejarse en un mar bajo el cielo estrellado?
Quisiera ordenar mi locura, moldearla a la humildad de una vida que no tenga los
pretenciosos sueños de comprar el cielo para darte una función divina, armada y coordinada
conforme al reflejo de mi voluntad, dirigiendo yo el teatro de mi vida para alcanzar la unidad de
nuestras almas. ¡Qué delirio! ¡Qué utopía! Pretender mover la mano de Dios. ¡Pero lo veo culpable!
¿Quién puede sino encadenarme a un sueño con grilletes que son deleite y no tormento, pero
también locura? Porque no es como un aguijón el susurro que sugiere amarte, sino como la
primavera en un huerto donde no sería tentación el fruto prohibido porque la luz que irradia tu
mirada me tiene cautivado y se ha hecho el sol de donde sea que mis pies me llevan.
Pocos días pasaron de mi sueño, bastantes para olvidarlo, pero era imposible olvidar tu
rostro, aún era difícil no recordar las circunstancias de tan sublime encuentro. Pensar que tus
fantasías eran las mías. Y aquel adiós con una promesa implícita cuando a la distancia pronunciaste
mi nombre, dibujaste una sonrisa en tu rostro, la delineaste con tus dedos y saboree aquel gesto
con el que me decías sonríe la vida es bella y prometías volver, siendo real nuestro próximo
encuentro. Arrancaste la soledad de mi vida una vez y para siempre. Tu nombre quedó en mi
inconsciente con la dulzura de pronunciarlo pero tu rostro se levanto como estandarte en mi
memoria.
Jamás pude haberte visto antes de soñarte pues a la distancia pocas veces recorrida en un
pasado poco recordado estabas tú y ya cruzarla estaba en tus planes para sorpresa mía, mientras
yo te soñaba. ¿Me habrías soñado tú? Sin saber que existieses, narre lo soñado a muchos amigos
que llevo tiempo sin ver, porque ya en ese entonces encontrarlos significaba cruzar casi todo el
continente. De aquello no pasó ni un mes y te vi esta vez despierto, cumpliéndose la promesa. ¿Pero
de quién era la promesa? No sabía si tú me habrías soñado también. ¿Quién jugaría con mi
inconsciente? Aún cuestiono a Dios por aquello.
Eras la misma, lo supe con oírte, además de con verte, pues no olvidé jamás tu rostro. Me
miraste, yo intentaba soñar, porque no entendía. Lo notaste, que mi mente dispersa quería
escaparse hacia una fantasía, o volver a aquel sueño. “Despierta” –dijiste, sin saber que te había
soñado. Viste mi rostro confuso y sin entenderlo dijiste: “¡Sonríe!”, cual primera vez, sin serlo, no
para mí que recordaba ese gesto. Sin que supieses que era yo quien tanto soñaba despierto, tu
consejo fue que dejase de hacerlo. ¿Cómo dejar de hacerlo, si temía los designios divinos?
A Dios quise regalar mi libre albedrío, sin saber que ya todo era suyo y que tanto había dado
por gracia. Si acaso es tiempo de amores, no quiero que lo sea, pues me roba la cordura y me toca
vivir la ingenuidad de una primera vez. Porque jamás había probado el estar enamorado. ¡Hermosa
locura! No lo niego, pero locura sin embargo, y ante tantos temores y amores de mi ser sensible, mi
cordura fue siempre fugitiva y no se vivir mi realidad. He amado sin amar y es primera vez que
estoy enamorado. He amado sin amar porque amar es de dos y es toda una aventura de detalles y
sacrificios. He amado sin amar por solo vivir el sentimiento, sin lo real que es lo que cuenta. No se
que hacer, no controlo lo que siento.
¿Y qué dirás tú a todo esto? Tal vez me habla Dios y yo quiero ser sordo. Si lo escuchases
tú y dieses respuesta a este pobre enamorado que ha perdido la razón. Dale tregua a esta locura,
que soy preso de un sueño. Si habrá tal vez un nosotros, ¿es de fiar que me lo diga un sueño? Soy
falto de sabiduría, ¿qué pues significó aquel sueño que se anticipó al momento de conocerte
presentándote virtuosa para enamorarme? Fácil es enamorarse de ti porque eres hermosa en cada
detalle, en todo lo que haces y en todo lo que eres hay armonía que hace sublime tu belleza. Aún
sin conocerte en verdad te hago un sueño, la princesa que eres, sin duda. Pero, ¿quién tendrá la
honra de merecerte? He vislumbrado los días que desconozco y la vida me ha mostrado sus
destellos, pero poco habla el corazón que no engaña por causa de los corazones que se envanecen
descubriendo sus misterios. El mío no sabe buscar reposo de sus laberintos y te ha hecho uno de
ellos, y es sordo y ciego porque suele estar perdido en si mismo aunque a veces se encuentra
amando para perderse en el amor. Laberinto te ha hecho y no encontramos la salida. ¿Quién
pudiera darle tregua a esta locura? ¡Somos presos de un sueño! ¿Cuál es el autor de este hermoso
padecimiento que en esta dirección me hace caminar? ¿Cuál el camino que deba tomar? ¿Quién
sabe más de traiciones que el propio corazón, que juega a sentir y se desnuda cuando nadie lo mira
pretendiendo ser visto por todos? Para amar son pocas las instrucciones, aunque sabias, para
enamorarse o evitar hacerlo nada se ha escrito sino los padecimientos. ¿Y quién diría a la tormenta
o al huracán cesa y sería escuchado por estos? Así es enamorarse, se puede ver lo que viene sin
poder evitarlo. Apiádese Dios aún más dándome más sabiduría por sobre esta locura que va por
donde quiere, porque si fuerte como la muerte es el amor, potente golpe es enamorarse, golpe que
no entiende de tiempos si se le llama. Tal vez lo llamé, y tal es la confusión que me trajo que no
puedo decir que me arrepiento. Pero, ¿cómo escapa tal golpe de la voluntad divina armado de tanto
misterio? ¿Cómo hizo que te soñara tal cual eres sin jamás haberte visto? A golpes enseña la vida,
¿qué debo aprender de este? Tal vez lo busqué, pero, ¿cómo habla en sueños anticipando su
llegada?
Quién fuese el causante de este padecimiento, hoy que es tiempo de guerra, déle tregua a
esta locura, que soy preso de un sueño y calan profundo los golpes del amor.