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Aspectos socio-históricos en la formación del español: la influencia del cristianismo en

la pérdida del género neutro del latín.

Esp. Álvaro Antonio Escobar Soriano.

Numerosos estudios se han realizado sobre la pérdida del género neutro en el latín, en su
evolución hacia la lengua castellana. Dichos estudios van desde acercamientos históricos,
fonéticos, morfológicos hasta las teorías ergativistas, estas últimas presentan la perspectiva
sobre cómo influyeron las lenguas indoeuropeas antiguas en la conformación de las lenguas
europeas actuales.

Sin embargo, al estudiar la pérdida del género neutro (en el sustantivo, adjetivo y pronombre
adjetivo del latín); no sólo deben considerarse los aspectos teóricos emanados de estudios
filológico – lingüísticos, sino también tomar en cuenta aspectos socio-religiosos como el
cristianismo, que influyeron decisivamente para que dicho fenómeno ocurriera. No obstante lo
expresado, es necesario partir de la teoría fonética-histórica, ya que, además de ser bastante
conocida es básica para comprender, cómo a partir de la simplificación del sistema fonético
latino se modificó el sistema morfológico.

Para iniciar se hará relación – según la fonética histórica - a dos aspectos de los que depende
en gran medida la evolución del latín. Los hablantes latinos realizaban un sistema vocálico
compuesto por diez fonemas, cinco largos y cinco breves. Estos fonemas se diferenciaban por
un rasgo relativo de duración (pronunciación alargada del fonema: vocales largas: ā, ē, ī, ō, ū, y
pronunciación corta de fonema: vocales breves: ă, ĕ, ĭ, ŏ, ŭ); el que a su vez, era un
diferenciador semántico entre palabras con escritura similar, por ejemplo: mălum > mal, mālum
> manzana; solŭm > suelo, solūm > solo . Otro factor que debe tenerse en cuenta es el acento
latino, éste no tenía pertinencia fonológica, pues, se realizaba junto a la duración de las vocales
y sílabas, (Obediente 2000: 34), era un rasgo más melódico que de intensidad, que no tenía
representación gráfica.

Debido al acento se diferenciaban las sílabas en tónicas (acentuadas) y átonas (inacentuadas).


Éste podía coincidir con la vocal larga de una palabra, pero no era la norma. En latín no
existían palabras oxítonas, sólo paroxítonas y proparoxítonas, pues, la fuerza acentual recaía
en la penúltima o a veces en la antepenúltima sílaba. Esto último ocurría si la penúltima sílaba
era breve o larga por posición.

Desde muy temprano (siglo IV) el sistema vocálico latino sufrió una reducción en la cantidad de
fonemas, de diez vocales pasó a siete (latín vulgar) y posteriormente a cinco en español. Las
causas de este fenómeno fueron dos: una drástica desfonologización del rasgo largo de
duración vocálica y una fonologización del acento. Así, al no contar con la cantidad vocálica, la
falta de pertinencia fonológica del acento adquirió un valor que permitía diferenciar la sílaba
tónica e imprimir a la vez intensidad a la pronunciación de la palabra. El siguiente esquema
muestra dicha reducción:
Latín clásico Románico común Castellano actual

ā
/a/ /a/
ă

ē /ę/
/e/
ě /e/

ī
/i/ /i/

ō /o/
/o/
/o/

ū
/u/ /u/
ŭ

Al ocurrir la reducción que afectó al sistema fonético, también se afectó al sistema morfológico.
El latín, en la esfera del sustantivo, estaba regido por cinco declinaciones, cuyas terminaciones
conformaban la parte flexiva de nombres, adjetivos y pronombres (no existía artículo
determinado). Estas terminaciones eran las que determinaban el género, el número y el caso
en que se encontraba un término en relación con los demás dentro del discurso. Además de las
declinaciones, existían seis casos, los cuales manifestaban la función sintáctica de la palabra:
el nominativo cumplía la función de sujeto, el vocativo de llamada, el acusativo de objeto
directo, el dativo de objeto indirecto, el genitivo de complemento de nombre y el ablativo de
complemento circunstancial. Estos elementos morfológicos sufrieron una reducción que
reconfiguró todo el diasistema vulgar de la lengua latina.

Al no existir la cantidad vocálica y desaparecer la consonante bilabial, nasal sorda /m/ en


posición final en el caso acusativo oblicuo, las cinco declinaciones se redujeron a tres y los seis
casos a dos. En la siguiente tabla se pueden observar algunas coincidencias en la declinación
nominal latina que favoreció dicha reducción:
1ª 2ª 3ª 4ª 5ª
F. M N IMPAR. PAR. M. N. F.
M.F. N. M.F. N.
S N. -a -us -r -um - - - - -us -u -es

I V. -a -e -r -um - - - - -us -u -es

N AC. -am -um -um -um -em - -em - -um -u -em

G G. -ae -i -i -i -is -is -is -is -us -us -ei

U D. -ae -o -o -o -i -i -i -i -ui -ui -ei

L AB. a -o -o -o -e -e -e -i -u -u -e
.
P N. -ae -i -i -a -es -a -es -ia -us -ua -es

L V. -ae -i -i -a -es -a -es -ia -us -ua -es

U AC. -as -os -os -a -es -a -es -ia -us -ua -es

R G. -aru -oru -oru -oru -um -um -ium - - - -eru


m m m m ium uu uu m
A D. -ibu -ibu -ibu m m
-is -is -is -is s s s -ibu -ebu
L AB. s -ibu -ibu s
-is -is -is -is -ibu -ibu -ibu s s
s s s -ibu -ebu
s -ibu -ibu s
s s

Del cuadro anterior se deducen las siguientes ideas que permiten aclarar las coincidencias y
apreciar mejor el reajuste del sistema morfológico de la sermo vulgaris:

• En cada declinación el nominativo y vocativo plural, el dativo y ablativo plural, son


iguales,
• En los nombres y adjetivos neutros, los casos rectos y el acusativo son iguales entre
ellos,
• El acusativo singular en los nombres y adjetivos masculinos y femeninos, termina
siempre en -m, el acusativo plural en -s, y que el genitivo plural termina en -um en los
tres géneros.

Las desinencias de los casos coincidían entre sí, por lo que en latín vulgar los nombres de la
IV y V declinación que no eran numerosos, pasaron respectivamente a la II y la I declinación.
Litvinenko (s.a: 104), refiere que los nombres masculinos como: “artus, -us; actus, -us; fructus,
-us; portus, -us; etc, y los neutros como cornus, -us; genu, -us, etc; pasaron a la II declinación,
mientras que los nombres de la V declinación pasaron a la I declinación [plebes, -ei; spes, -ei] ”.
Por otra parte, los casos empezaron a confundirse en el uso y se ha pensado que entre los
siglos IV y V apareció en el latín hablado el caso oblicuo, el cual cumplía la función de los
demás casos indirectos (acusativo, dativo, genitivo, ablativo). De este caso se remontan en
cuanto a evolución la mayoría de los nombres y adjetivos latinos: bucam > boca, filium > hijo,
marem > mar, bonum > bueno.

Para algunos como Torrejón (2002:35) la fusión de las cinco declinaciones en tres
declinaciones y los seis casos en dos casos, representa, la decadencia del sistema
morfológico: declinativo y casuístico del latín, pues: “No fueron los cambios fonológicos los
responsables de la pérdida del sistema de casos y de su reemplazo por preposiciones, sino
que la gradual importancia que adquirieron las preposiciones para aclarar ambigüedades hizo
que el sistema de casos resultara redundante”. Además de la aparición de las preposiciones, el
artículo definido emerge del uso de la lengua latina popular, cuya función empieza a definirse
desde el siglo II d. C:

(…) por una necesidad creciente de precisión, se buscó indicar el grado de


determinación que el sustantivo tenía en la frase. Para ello se recurrió al uso
anafórico de los demostrativos ille “aquél” e ipse “el mismo”, los cuales, al
perder su propio valor demostrativo enfático, pasaron a funcionar como meros
determinantes (…) En la primera versión latina de la Biblia, la llamada Vetus
Latina (s. II), se lee “dixit ellis duodecim discipulis” que no debe entenderse
como dijo a aquellos doce discípulos, sino dijo a los doce discípulos”.

(Obediente Op. cit: 49)

Una vez en uso ambas palabras (preposiciones y artículos determinativos, con funciones
parecidas), era inevitable que los hablantes tendieran a contraerlas en una fusión que buscaba
mejorar y/o diferenciar la función determinativa, así lo comenta Litvinenko (Op. cit: 110): “En la
lengua antigua la contracción del artículo con la preposición fue más usada que en la moderna
(…) con las preposiciones podían unirse no sólo artículos masculinos, sino también los
femeninos y las formas del plural”. Por consiguiente, es de esta manera que en la lengua
española empieza a especificarse y consolidarse las modernas funciones sintácticas y la
diferenciación del género gramatical.

Hasta aquí se presenta de manera sintética lo que ocurrió en el sistema fonológico y en el


sistema morfológico, al evolucionar el latín vulgar hacia el español, en lo referente a la esfera
del nombre. Lo interesante de este fenómeno es cómo una lengua en uso se transforma
constantemente y sus hablantes no se percatan de ello, porque ésta se ha vuelto tan
instrumental que no son conscientes de los cambios. En el latín ocurrieron reducciones
fonéticas que afectaron su aspecto físico (morfológico), estas mutaciones causaron
extrañamiento y preocupación en los gramáticos de la época, los cuales trataron de
contenerlas, pero la dinámica de una lengua en uso no es reversible, sobre todo cuando
quienes la emplean son parte del vasto imperio romano.
Las necesidades de comunicación entre los hablantes han sido desde la antigüedad el motor
de las transformaciones operadas en los diferentes idiomas. Es decir, la influencia de los
cambios tecnológicos, económicos y culturales (en estos últimos caben los religiosos y
políticos), mueven al ser humano a transmitirlos, lo cual influye no sólo en su psicología, sino
en la estructura más íntima de su lengua: su morfología y esencialmente en su fonología,
Martinet (1976:179).

La desaparición del género neutro en la lengua española es un fenómeno de evolución tanto


fonética como morfológica del latín popular. Para entender por qué ocurrió se debe comprender
primero por qué los romanos tenían en su cosmovisión la idea de tres géneros; aunque
estudiosos como Iordan y Manoliu (1972:209-210), consideran que el género gramatical del
latín: “era indicado sobre todo, por el comportamiento sintagmático, por la naturaleza de su
repetición (redundancia) después del tema-substantivo y de los determinantes de éste
(adjetivos y pronombres) y menos con su relación con el género natural”. Si esto era así,
entonces ¿porqué la idea de tres géneros en la psicología romana?.

Desde sus orígenes la historia de Roma ha estado ligada a la cultura griega en muchos de los
ámbitos de la vida: la religión, la vida doméstica (lo sexual), las artes, la lengua, etc. Los
romanos aprenden el griego (significantes, significados y referentes), repiten y transcriben la
enseñanza helena, no le añaden nada; tanto así, que la sustancia, el género, las cualidades,
las acciones, etc; fueron vaciadas en una lengua de guerreros. Mounin (1974:101), comenta
que el modo de proceder de la cultura romana fue someter los hechos latinos a las reglas
griegas, así:

Quintiliano, encontró un número dual en latín, lo mismo que en el griego, los


gramáticos de Roma, un optativo en latín porque lo hay en griego. Como el
latín no tiene artículo, sólo había 7 partes de la oración, en tanto que el griego
tiene 8; pero la interjección pasará a ser en latín una parte de la oración, lo
cual restablece el equilibrio.

No es raro entonces, que también la visión de tres géneros griega haya sido calcada por los
romanos. Sin embargo, para la cultura helénica el género estaba ligado al sexo natural, lo cual
fue asimilado de la creencia mitológica- religiosa:

La naturaleza humana era antes muy diferente de cómo es hoy en día. Al


principio hubo tres clases de hombres: los dos sexos que subsisten hoy en
día y un tercero compuesto de estos dos y que ha sido destruido y del cual
sólo queda el hombre. Este animal formaba una especie particular, que se
llamaba andrógina porque reunía al sexo masculino y el femenino, pero ya no
existe y su nombre es un oprobio (…) La diferencia que se encuentra entre
estas tres especies de hombres procede de la diferencia de sus principios: el
sexo masculino está producido por el Sol, el femenino por la Tierra y el
compuesto de los otros dos, por la Luna, que participa de la tierra y del sol
(…)Júpiter examinó con los dioses el partido que se debería adoptar (…) Los
separaré en dos. Después de esta declaración hizo el dios la separación que
acababa de resolver, cortó a los hombres en dos mitades.
(Platón 1975: 131-132)

Todo lo expresado hasta aquí prueba que los romanos en su afán de ser reconocidos como
hijos de los dioses, no solamente adoptaron la cultura griega, (su idiosincrasia y creencias),
sino también la forma de expresarla a través de su idioma. Esto trae a discusión que la forma
de las palabras es influida por el significado que los usuarios de una lengua adquieren a partir
de su experiencia en las relaciones sociales, las épocas en que viven y en este caso la
idiosincrasia religiosa. Para Locke (1690), estudiado por Simone (1993:394), es la necesidad
social la que favorece el enriquecimiento semántico en una lengua, lo que puede a su vez
generar una transformación en el sistema morfológico de la misma, siempre y cuando existan
las condiciones sociales e históricas necesarias para operar dicho cambio.

La explicación anterior aclara desde el punto de vista histórico- religioso (y no desde el


lingüístico), el porqué los romanos tenían en su psicología la idea de tres géneros; sin
embargo, el gramático Macrobio en el siglo V de nuestra era señalaba que: “la naturaleza ha
establecido la más estricta relación entre la lengua griega y la lengua latina […], hasta el punto
de que quien haya aprendido los secretos de una, casi sabrá ambas”, Mounin (Op. cit:100). Por
otra parte, otras lenguas más antiguas de origen indoeuropeo como el sánscrito (distinguía
tres géneros), además el indio antiguo, el gótico, y el hitita, tenían:

(…) un sistema acusativo no extendido a todo el léxico. La zona del léxico


donde no penetraba este sistema acusativo funcionaba en sistema neutro. Se
trataba de un “split” o sistema mixto acusativo-neutro. En estas lenguas el
género jerárquico alto operaba en sistema acusativo, el género jerárquico
bajo lo hacía en sistema neutro. La lengua que mejor conserva la situación
arcaica del género en i.e. es el hitita, que mantiene todavía la distinción
animado-inanimado, entendiendo por animadas todas aquellas palabras que
distinguen Nominativo/Acusativo sean o no seres vivos o con capacidad de
acción. Es decir, que hay en esta lengua un género común que no se ha
escindido todavía en masculino y femenino, y un género neutro.

Sánchez y Lafuente (http://www.canalsocial.net/GER)

El latín compartía con esas lenguas este sistema morfológico en cuanto a género (ver tabla de
declinaciones), pues, por su origen la lengua de Roma (geográfico y cultural), cargaba una
similar concepción del mundo y por tanto tenía algunas semejanzas en su estructura lingüística.
Por tanto, se debe entender el género, desde el punto de vista lingüístico, propuesto por
Dubois. et al (1994:307), como:
una categoría gramatical basada en la repartición de los nombres en clases
nominales, en función de un cierto número de propiedades formales. En latín
se distinguían tres clases, los masculinos, los femeninos y los neutros (…) por
la referencia pronominal (hic, haec, hoc), la concordancia (bonus, bona,
altum) y las desinencias causales (-us, -a, -um) (…) A esta categorización
según propiedades formales (género gramatical) se le asocia con gran
frecuencia una categorización semántica (género natural) que consiste en una
representación de los objetos del mundo por sus propiedades específicas.

Pero en la lengua latina esta distinción formal no coincidía totalmente con la categorización
semántica, ya que en dicha lengua el tema del género estaba ligado a la oposición animado
(que poseía alma) / inanimado (que no poseía alma), aunque ésta fuera también de carácter
semántico. Es decir, el rasgo temático animado permitía expresar mediante el género la
diferencia de sexo, masculino y/o femenino (dominus, poeta, puer, ventus, magnus / casa,
domina, pirus, arbor, magna, etc), mientras que el rasgo inanimado expresaba al género neutro
(templum, cornu, tempus, magnum, etc). Sin embargo, a pesar de esta distinción se debe
considerar que “en el campo de la lingüística encontramos una falta de discriminación entre los
conceptos “sexo” y “género”, circunstancia que también se producía en la lengua griega, donde
el vocablo γενοç designaba tanto el término gramatical género como el sexo biológico”, Calero,
Lliteras y Sastre (2003: 25). Por tanto, en el latín y contrario a la distinción expresada existía
también una confusión en el género vinculada al hecho de que en la mayoría de los casos,
estaba determinado por el tema, y por tal razón, las oposiciones de género tenían un
rendimiento funcional muy reducido: “así la de Masculino – Femenino se realiza sólo con
aquellos temas que designaban seres sexuados, como domin, lup (dominus, lupus junto a
domina, lupa), Iordan y Manoliu (Op. cit: 211).

Como se ha dicho arriba, al evolucionar el latín popular y aparecer las lenguas romances, en
especial el español, los tres géneros se simplificaron a dos. Menéndez Pidal (1973:213-217), al
respecto presenta diferentes aspectos sobre cómo ocurrió la reducción:

• El género neutro se caracterizaba en latín por tener el nominativo igual al acusativo, en


singular con diversas terminaciones especiales del género, y en plural terminando ambos
casos exclusivamente en –a.
• La forma externa especial se conservó en romance, pero la idea de género neutro se
perdió, quedando una forma vacía de sentido lo que generó una contradicción.
• El romance incluyó las formas del neutro que acababan en –o entre los masculinos, las en
–a entre los femeninos, y las indiferentes por no terminar en ninguno de estos dos
fonemas, las atribuyó a cualquiera de los dos géneros, según razones que dependen de la
historia especial de cada palabra.

De las ideas anteriores, se pueden señalar como aspectos relevantes los hechos de que al
desaparecer el neutro, fue vaciada la forma de su contenido. No obstante, la solución para
superar tamaña confusión, también fue una contradicción que solamente la historia especial
(sociológica y religiosa), de cada palabra puede ayudar a explicar. Sobre la línea de la
explicación presentada por Menéndez Pidal, los pormenores de la fusión formal del género
neutro en el masculino y en el femenino, tanto para la esfera del singular como para la del
plural, son los siguientes:

1. Los neutros terminados en –um, iguales por su forma a los masculinos de la segunda
declinación, recibieron dicho género.
2. Los terminados en –ma, -matis, derivados del griego, tenían una forma igual a los de la
primera declinación, fueron considerados femeninos.
3. Los neutros en –us ofrecían al oído un aspecto de plurales, a pesar de lo cual, en la época
antigua del idioma conservaba su valor de singular, o no eran usados nunca sin la –s.
Luego al considerarse la –s plural se tuvo que crear un singular antietimológico al apocopar
la –s etimológica.
4. Los neutros en –r y en –n se explican o porque forman un nuevo acusativo analógico,
como si fueran masculinos, o porque pasa al interior por metátesis regresiva, la –r o la –n.
Al ocurrir este fenómeno la vocal –e final es considerada indiferente para adoptar un
género determinado, por lo que unos se hicieron masculinos y otros femeninos.
5. Los neutros de varias terminaciones también eligieron uno u otro género.
6. Lugar aparte deben tener los neutros que hacían de dos maneras el nominativo-acusativo,
una monosílaba y otra bisílaba, especialmente los que se declinaban por la segunda o se
empleaban formas del latín arcaico.
7. El plural romance de los neutros citados se formó de nuevo según el singular, y no
siguiendo la terminación –a, pues pasaron a ser considerados femeninos como los
nombres de la primera declinación.

Toda esta reducción del género en la lengua latina fue un proceso lento, pero a la vez con tal
fortaleza, que al consolidarse la lengua española, solamente se considerará la existencia de
dos géneros gramaticales, ahora, en estrecha coincidencia con el género natural; lo cual se
debe al cristianismo, un fenómeno socio-religioso que influyó poderosamente en la evolución
del latín vulgar, y por consiguiente, en la desaparición del género neutro. El imperio romano,
para el siglo I de nuestra era, ya había tomado el control absoluto de todos los territorios
conquistados y en casi todos los ámbitos de la vida, excepto en el religioso. No tenía Roma
dominio sobre la ideología religiosa de los lugares dominados, tal es así, que los romanos
adoptaron diferentes dioses y cultos, especialmente, del panteón griego.

En otro ámbito, debido a los grandes excesos en los que cayeron los césares, en los siguientes
tres siglos, el imperio fue debilitándose a tal punto, que empezó a necesitar cada vez más de
un elemento que le permitiera crear en la conciencia de dichos pueblos un sentimiento de
pertenencia y compromiso, a fin de vencer los focos de resistencia que oponían muchos
lugares a su dominación, y sobre todo, de contener los constantes y crecientes ataques de los
pueblos bárbaros. Según Lapesa (1968:47-48), muchos de los privilegios de los ciudadanos
romanos fueron trasladados a los pobladores de las ciudades de mayor importancia en las
provincias, pero no gratuitamente. Dichas prerrogativas eran consignadas en honor o
recompensa por servicios prestados a Roma, principalmente por la defensa del imperio. Sin
embargo, la fuerza militar ya no era suficiente para contener la debacle de uno de los imperios
más grandes que ha existido en la historia de la humanidad.

Constantino, emperador romano, abrazó al cristianismo como única religión del imperio y lo
empleó como base ideológica que podía cumplir una importante misión política. Así, para el año
313 promulgó la libre predicación de la doctrina cristiana, Burian y Janda (1983: 174-175). Esto
sacó a la secta de las catacumbas y la convirtió en la religión oficial de Roma. Muchos fueron
los factores que facilitaron que las altas clases romanas, primero, y las bajas después,
asumieran por la fuerza o voluntariamente esta nueva creencia. Éstos van desde la necesidad
de una nueva espiritualidad, hasta toda una orquestación social que respondían a un plan
conscientemente elaborado:

El descontento hacia los viejos credos, carentes de contenido espiritual, y


basados sobre todo en obediencia a ritos y ceremonias religiosas. La
existencia de grupos judíos en todo el Imperio, en cuyo seno se extiende en
principio. El contenido humanitario de su doctrina, fuente de esperanzas para
millones de seres explotados por las duras condiciones de vida de la época.
Las distintas vinculaciones entre las distintas regiones del mundo romano. La
abnegación de la mayoría de los predicadores cristianos que asombraron a las
masas con su vocación de sacrificio.

http://html.rincondelvago.com/el-cristianismo-en-roma.html

Una vez establecido el cristianismo empezó, ahora a la inversa, la persecución de todo rastro
de “creencias paganas”. Es así, como este fenómeno (imposición) socio-religioso de carácter
moralizante terminó influyendo decisivamente en la cultura romana y a la vez en la lengua
latina. Siguiendo el pensamiento de Lapesa (Op. cit: 48-49), el cristianismo, por una parte, vino
a traer la enseñanza de la existencia de la vida interior e igualaba al hombre libre con el
esclavo por encima de los mandatos del Estado. Por otra parte, ayudó eficazmente a la
completa latinización de las provincias y con el transcurso del tiempo dejó innumerables huellas
en las nacientes lenguas romances.

Ahora bien, la penetración de grupos judío-cristianos en las diferentes estratos sociales y


regiones, no sólo ocurrió en el mundo patricio, sino también, y desde el siglo I d. C en la cultura
griega. Esta temprana llegada del cristianismo al mundo griego había arrellanado el camino
para que la doctrina y toda su carga ideologizante, influyera en la moral helena, e iniciara
desde ahí, la reconfiguración del sistema psicológico y lingüístico de la conciencia griega e
indirectamente de la romana. En el texto Educación del adolescente en la antigüedad clásica,
el modelo griego, se comenta cómo era considerada la pederastia por la ortodoxia cristiana:

(…) el vocabulario utilizado para referirse a la homosexualidad: (invertidos,


flaqueza de la carne, contra natura, sexualidad anormal, monstruosas
aberraciones...); conformaba un lenguaje detrás del cual existía una forma
peculiar de entender la moralidad, una determinada ideología que (…)
marcaban unos criterios apriorísticos por los que se juzgaba el
comportamiento de los antiguos griegos enfrentándolos al hombre “normal”,
esto es, cristiano. Condición sine qua non, la cristiana, para llegar a alcanzar
esa pretendida normalidad.
E:\Historia de Rom y Cristian\

De las dos últimas citas y sus comentarios se deduce, que en la nueva concepción religiosa
introducida en el imperio romano, no había cabida para prácticas sexuales - aunque fueran
cúlticas - fuera de la moral hebrea-cristiana (hombre y mujer). Tanto es así, que el pensamiento
religioso interpretó la lengua latina como el reflejo fiel de la amoralidad pagana romana, un
oprobio que debía ser borrado. Entonces de esta manera, la nueva concepción teológica,
influyó coercitivamente en la reconfiguración lexical, semántica y morfológica del latín, por
consiguiente, en la desaparición total de la flexión de género neutro.

No obstante, para que ocurriera lo antes dicho tuvo que operarse una verdadera
despaganización o cristianización de la lengua del Latio, basada en un doble fundamento:
histórico-cultural y obviamente religioso. Quirós (2004: 193-196), presenta tres aspectos
relevantes favorecedores de este fenómeno:

• La iglesia cristiana comenzó a erigirse como abanderada de la civilización y recoge gran


parte del anterior legado pagano al que pertenecían los autores clásicos, (de todas las
artes y ciencias romanas), quienes eran estudiados en la escuela; de esta forma el latín
cristiano se vuelve parte de la identidad cultural de Roma, y por tanto, del mundo
occidental: “urbibus et orbe”, a través de la férrea espada del imperio.
• El latín cristiano es un subcódigo lingüístico de un grupo singular, provisto de un léxico con
una semántica específica, los cuales permearon a la lengua hasta provocar que porciones
del léxico latino pagano se cristianizaran y aceptaran una gran cantidad de préstamos
adstráticos del hebreo y del griego: “le Christianisme comencé a exercer une influence
considerable sur l´evolution de la langue, influence qui eux debuts se manifeste dans une
differentiation qui donne naissance a une speciale (langue de groupe), mais qui plus tard
se raportera a touete la langue”, Bal (1973).
• La renovación parcial del léxico por la introducción de préstamos, desplazamiento de
significados, introducción de la polisemia y el ingreso de tendencias más populares, debido
al reclutamiento de gente humilde y sencilla procedente de las grandes ciudades. La gran
ideología causó una revolución espiritual en una lengua especial: el latín cristiano, producto
de un nuevo orden histórico, cultural, social y psíquico.

La fortaleza e influencia del latín cristiano fue tan decisiva en la pérdida del género neutro, que
si se ha pensado en una reconfiguración dúctil de la lengua, se cae en error de apreciación
ingenuo. El efecto producido por el cristianismo y sus variaciones en la sociedad de la última
época del Imperio romano (siglos IV y V) se vieron reflejados en una serie de cambios que la
autoridad pública efectuó en el derecho civil. Motivados por la decisión del propio emperador
Constantino o por la influencia cada vez mayor de los obispos en la sociedad, dichos cambios
dan cuenta de la evolución que han provocado los valores religiosos cristianos en una sociedad
que transita desde el paganismo al cristianismo. Las enseñanzas cristianas sobre la sexualidad
iniciaron su gradual proceso de penetración así en la sociedad como en el ámbito de la

normativa del derecho público, Rojas (2005: 47-57), lo que demuestra sin ambages que la
intención fue “corregir” de raíz las desviaciones en la concepción psicológica que contradecían
al novus ordo. Bustos, en Cano (2005: 264), hace alusión a un extremismo religioso capaz de
producir sustituciones de voces que estaban connotadas negativamente por considerarlas con
semántica y estructura ambigua:

(…) esto explica que en los primeros tiempos romances no existieran


derivados de palabras como TEMPLUM, SACERDOS, etc. En el propio latín
habían sido sustituidas por ECCCLESIA (sic) Y CLERICUS, respectivamente,
que carecían de referencias al paganismo. El cambio de costumbres y las
nuevas realidades sociales explican la desaparición de muchos términos
(DOMUS, LUDUS, GLADIUS, EQUUS, CAPUT, etc), sustituidos por casa/
mansione, jocus, caballus, capitia/testa, etc.

Hay que hacer notar, que los términos cristianizados sustituían a los paganos no por el hecho
de que los últimos no connotaran referentes semánticos capaces de designar la vida religiosa,
sino porque éstos en sus constituyentes flexivos cargaban la realidad otorgada por el género
neutro, lo cual representaba para la nueva ideología una actitud fuera de la moral del κριστοσ
de Galilea. En la cita anterior se observa la oposición entre los términos templum/ecclesia,
sacerdos/clericus, ésta se basa en una contraposición de género entre sustantivos castizos
del latín y los cristianizados (neutro > femenino, y neutro > masculino para cada caso):

Término borrado por el


Término sustituido Término introducido
cristianismo.

templum > -u Templa (plural) Ecclesia > -a

sacerdos > -os sacerdota clericus > -us

En el esquema anterior la distinción de género entre ambos pares de palabras se puede


constatar en el nivel flexivo –um, -os (neutros) y -a, us (femenino y masculino). Dicha
diferenciación tiene relación con las ideas presentadas, cuando se trató sobre la pérdida de la
cantidad vocálica y la fonologización del acento, pero ahora, se explica cómo un fenómeno
socio-cultural y político como el cristianismo influyó en la transformación de la lengua latina y en
la gestación de una nueva lengua: ecclesia > icclesia > iclesia > iglesia, f; clericus > clerigus >
clerigu > clérigo, m. A pesar de la forzada sustitución de términos, muchos de ellos fueron
adoptados tardíamente por el español como voces cultas o semicultas: templum > templu >
templo; sacerdotem > sacerdote, pero con la condición sine qua non de que en la lengua ya
había ocurrido la diferenciación género masculino/ género femenino.

Tratar de demostrar el proceso de transformación de una lengua en un espacio y tiempo


reducido es complicado, pero a la vez un reto apasionante. Una teoría que permite entender de
manera sencilla dichas mutaciones es la presentada por Bustos, en Cano (Op. cit: 258–259),
sobre los microprocesos y los macroprocesos de evolución de un idioma, a continuación las
ideas más reveladoras:
Microprocesos.
• cuando los cambios afectan a sectores parciales del sistema lingüístico, las lenguas
evolucionan sin perder su naturaleza intrínseca,
• es decir, sin que perturbe la mutua inteligibilidad entre sus hablantes, cualquiera que sea el
subsistema que utilicen o las variantes que prefieran.
Macroprocesos.
• cuando los cambios se producen en cadena y afectan de forma asociada a todos los
planos del sistema, se inicia un proceso de desmembración de la lengua originaria que
conduce a la formación de nuevas lenguas,
• para que este proceso llegue a su fin, tiene que producirse una serie de circunstancias
históricas que trascienden los hechos puramente lingüísticos,
• se trata de un proceso lento y gradual que se manifiesta desigualmente en el plano social y
en el territorial,
• el uso de una lengua varía de acuerdo con una cierta estratificación social,

• la imposición de una variante sobre otra, produce la consumación del cambio de lengua
asociado a factores sociales,
• el cambio va asociado a un proceso de transculturación que afecta a todos los órdenes de
la vida social,
• lo anterior se comprende con mayor claridad cuando se trata de grandes convulsiones
históricas: invasiones, grandes flujos migratorios, caídas de grandes imperios,
transformaciones económicas, cambios ideológicos profundos, fracaso del poder militar y
político, etc.

El latín sufrió estos dos procesos, en un inicio la evolución se realizó a nivel de microprocesos,
lo cual favoreció su consolidación como lengua dominante. Pero más tarde, la caída del
imperio, la llegada del cristianismo, y la invasión de los germanos y árabes provocó una
transformación que afectó a todo el sistema lingüístico (macroprocesos). En relación con el
tema aquí abordado, estos dos momentos engloban tres tipos de factores que actuaron para la
desaparición del género neutro. Al respecto, Iordan y Manoliu (Op. cit: 220-221), concluyen en
primer lugar, que factores extralingüísticos como el abandono de la concepción animista y la
ruptura de la relación entre la visión conceptual en géneros influyó para que se asimilara más
fielmente al género natural y la división gramatical. En segundo lugar, los factores fonemáticos
la caída de las consonantes finales y la identidad de tratamiento de la mayoría de las vocales
finales contribuyeron con la eliminación (al menos estructural), de las diferencias entre las
flexiones del masculino y el neutro, cumpliéndose esto antes en el singular que en el plural. Por
último, los factores morfemáticos como el sincretismo entre el nominativo y el acusativo
provocados por la reducción de las declinaciones (pérdida de –s y –m finales), extendió el tipo
flexivo masculino para fortalecer la diferencia entre ambos; y el refuerzo de las distinciones
entre singular y plural causado por la sustitución de la desinencia del neutro plural –a, por los
formantes masculino y femenino. Todas estas distinciones fueron adoptadas, en detrimento de
la diferenciación entre sustantivos neutros, masculinos o femeninos, y con el fin, de favorecer
una nueva concepción religiosa.

La indagación hecha hasta aquí fue basada y orientada por dos teorías (La fonética y gramática
histórica y La sociología histórica), que permiten comprender sucintamente por qué ocurrieron
los cambios morfológicos en el latín, de manera especial la desaparición del género neutro.
De todo lo expresado se pueden condensar algunas ideas finales que implícitamente sugieren
a la vez, recomendaciones para futuros estudios:

• El latín, como lengua en uso fue sujeto de transformaciones que incluyen micro y
macroprocesos de cambio, provocados por factores internos y externos, tanto en el plano
propiamente lingüístico, como en el plano social.
• Dichos cambios van, desde una radical reducción del sistema morfológico provocada por
la pérdida de la cantidad vocálica y la eliminación de las consonantes –s y -m, hasta la
tajante imposición de una nueva religión fundamentalista portadora de una nueva visión del
mundo, que despaganizó todas las esferas de la lengua de la romanania.
• La nueva religión inoculó en la psicología del mundo romano la concepción del mundo dual:
“Creó, pues, Dios al ser humano a imagen suya, a imagen de Dios le creó, macho y
hembra los creó”, Biblia de Jerusalén (1976: 26); lo cual vino a desmontar las creencias
paganas e influir, por tanto, en el sistema de su lengua: en los planos léxico, morfológico,
fonético y semántico.
• El uso de nuevas partículas y palabras como las preposiciones y el artículo ayudó a
consolidar en la nueva lengua la tederminación del sustantivo en cuanto a función
sintáctica y género.
• A pesar de que muchos nombres de género neutro fueron eliminados o borrados, la nueva
lengua los rescató posteriormente, como voces cultas o semicultas, las cuales aún
continúan siendo empleadas por los hablantes, sin embargo su connotación semántica de
género responde a la diferenciación masculino/femenino.
• El español actual distingue entre sustantivos de género masculino y femenino, pero
conserva en los pronombres en caso objetivo lo, los y en el determinante artículo lo,
rasgos del género que fue “eliminado” de la lingua latina.
• Algunos estudiosos como E. Carrillo (2005: 128-129), consideran que en la actualidad la
distinción gramatical entre los géneros, aplicando criterios de tipo sexual, es ociosa,
irrelevante e innecesaria. Más bien resultaría eficaz la antigua distinción entre lo animado y
lo inanimado, el que lo inanimado se escindiera en masculino y femenino, atendiendo al
parecido físico que los objetos puedan tener con los conceptos masculino y femenino es
totalmente inútil. Por lo que más bien, convendría una distinción absoluta entre lo animado
y lo inanimado, conseguida en algunas lenguas actuales como el inglés, en donde la
distinción de género sólo se manifiesta en los pronombres. Como sabemos y ha quedado
destacado, el latín quedo a mitad de camino en esta cuestión.
• En fin, los fenómenos sociales son determinantes para que ocurran o no cambios en una
lengua determinada. En nuestra lengua española, se podrían estar operando
transformaciones en la manera de concebir el género heredada del latín cristiano, debido a
las nuevas luchas e ideas feministas, y a los movimientos de transexuales, que reclaman
mayor apertura para sus realidades y formas de concebir el mundo. Así se escucha y se
lee con frecuencia términos y símbolos como: general/generala, presidente/presidenta,
marimacha, mariposota, el mariposón, nombres unisex con claras alusiones sexuales
ambivalentes como la loca. Se busca la manera de englobar en un solo símbolo, la idea de
los dos géneros a través de la arroba @, el cual es muy sugerente en el aspecto sexual
por la carga semántica que transmite.
• Para finalizar, la historia del género románico es, en gran medida, la historia de la
desaparición del género neutro y de los cambios operados en las clases de distribución de
los temas sustantivos de las nuevas declinaciones latinas. Iordan y Manoliu (Op. cit: 211).

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