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Que buen dilema, no?

A pocos días de las Elecciones Parlamentarias 2009, y agobiado por la falta de


información y propuestas concretas y realizables, es que decidí escapar por unos
momentos y refugiarme en la lectura. No obstante esto, y por lo visto bastante más
contaminado con el veneno electoral de lo que yo pensaba, encontré entre mis
archivos un trabajo que Susan Stokes, de la universidad de Yale, publicó en agosto
de 2005 y que no pude evitar leer nuevamente. El mismo llevaba por título:
“Perverse Accountability: A Formal Model of Machine Politics with Evidence From
Argentina”, y trataba sobre cómo la habilidad de los partidos para monitorear el
comportamiento de los votantes, y de esta manera premiarlos por su apoyo o
castigarlos por hacer lo contrario, es una de las estrategias preferidas, y no
revelada, a la hora de pelear por un lugar en el escenario político.

En los últimos días, todos asistimos a un despliegue publicitario sorprendente,


donde cada grupo de publicistas, (perdón, quise decir cada partido político), intentó
volcar nuestra voluntad de voto hacia sus propuestas. Sin embargo, más allá de que
esto constituya una importante fuente de ingresos para mucha gente, desde los
pegatineros hasta los operadores de medios más avezados, son las herramientas de
la militancia tradicional las que probablemente terminarán definiendo la elección.
Estas herramientas no son otras que las viejas prácticas de “monitorear votantes” y
“comprar” votos.

La pregunta que cabe hacerse, y que Stokes aborda en su trabajo, es cómo la


maquinaria partidaria logra que los votantes cumplan el pacto implícito por el cual
recibieron bienes y/o favores en campaña y voten al partido, y suponiendo que lo
logran, qué tipo de votantes tienen como objetivo.

Para esto utiliza como instrumento teórico para modelizar la interacción entre el
partido y el votante, un juego dinámico repetido. La elección de un partido por parte
de un votante, dependerá de cuán cerca esté el partido de su posición ideológica, y
también, en qué medida la recompensa ofrecida por el partido al votante por su
voto cubra la pérdida de utilidad derivada de no elegir el partido más afín.

Teniendo en cuenta esto, se pueden definir tres tipos de votantes: los leales al
partido, los opositores, y los opositores débiles. Será éste último grupo en el que los
partidos concentrarán sus esfuerzos y ofrecerán sus recompensas, dado que los
leales al partido lo votaran independientemente de que reciban algo o no, y los
opositores, se encuentran tan lejos ideológicamente de las propuestas del partido
que la recompensa ofrecida no logra hacerles cambiar su posición.

La solución del modelo muestra que la probabilidad de compra de votos aumenta a


medida que la posición ideológica de cada partido se encuentra más lejana respecto
al otro, si el valor de la recompensa es grande para el votante y bajo para el
partido, y si el partido posee una capacidad mayor de monitorear votantes.

Para verificar si estos resultados teóricos se condicen con la realidad, Stokes y su


equipo realizaron 1920 encuestas a votantes en las provincias de Buenos Aires,
Córdoba y Misiones durante los meses de Diciembre 2001 y Enero 2002. Las
preguntas intentaban captar información sobre el comportamiento clientelísticode
los entrevistados, es decir, si habían recibido recompensas cuando votaron, si estas
recompensas modificaron su decisión de voto, si en algún momento recurrieron a
algún político en busca de ayuda, y si el jefe de la familia del votante había perdido
su trabajo y por esto la familia se vio obligada a participar como militante para
ayudarlo.

En las estimaciones sobre la probabilidad de “vender” el voto, encontraron una


relación inversa significativa entre esta probabilidad, y el ingreso, el nivel de
educación y la calidad del hogar de residencia de los votantes. Esto demuestra que
la pobreza y la falta de educación son claros factores determinantes del
clientelismo. Tanto es así, que la probabilidad de que una persona reciba una
recompensa y que esto influya en su voto, aumenta 650 % si la persona es pobre.
Además, la pobreza hace que una recompensa de bajo costo para el partido,
(colchones, frazadas, bolsones, etc), sea muy significativa para los votantes,
resultado que ya había sido obtenido en el modelo teórico.

Otro factor determinante, fue el tamaño de la población. En las poblaciones


pequeñas resultó más fácil para los militantes conocer y monitorear a los votantes,
a la vez que las personas residentes en estas comunidades fueron más proclives a
recurrir a funcionarios en busca de ayuda, con lo cual se encontraron moralmente
en deuda con los candidatos y por lo tanto, debieron responder consecuentemente
en las urnas.

Otra herramienta de monitoreo y control del voto, consistió en llevar a las personas
a votar en vehículos provistos por el partido, y una vez en ellos entregarles el voto,
reduciendo de esa manera al mínimo la probabilidad de que la persona lo cambie.
Esta es una práctica muy utilizada en las localidades del interior del país, y en las
estimaciones, la probabilidad de que una persona pobre votara al partido,
aumentaba al doble si le habían entregado el voto previamente.

En definitiva, las preguntas originales se responden claramente, las maquinarias


partidarias apuntan a los pobres, que no son ni fieles ni opositores a la maquinaria
partidaria, y logran que éstos cumplan con el pacto implícito, monitoreando sus
votos.

A esta altura, creo que la idea de escapar de este tema, no tuvo resultados
positivos. Me resulta inevitable pensar en el gran conflicto de intereses que
cualquier persona enfrenta al momento de incursionar en la arena política, dado
que sin dudas le resultará muy difícil saber quéreduciendo la pobreza está
reduciendo el número de personas que lo llevaran y sostendrán en el poder, que
cualquier mejora en el nivel de vida de la población implica un mayor costo a la
hora de ofrecer recompensas, y que un ejército de militantes para monitorear
votantes se sostiene en base a favores, y que estos favores no tienen sentido si del
otro lado no existen aquellas necesidades que él desde su rol de funcionario
público, deberá ayudar a satisfacer. Que buen dilema, no?

Daniel Sánchez Fernández


El trabajo completo puede obtenerse en el sitio:
http://journals.cambridge.org/action/displayAbstract;jsessionid=57B432D9296D061C8F63B63073BE1D
47.tomcat1?fromPage=online&aid=332864

Un breve CV de Susan Stokes está disponible en:

http://www.yale.edu/polisci/people/sstokes.html