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Subjetividad juvenil y participación
Motivaciones, sentidos y valoraciones de las actividades sociocomunitarias
Informe de investigación e instrumento de trabajo para repensar las propuestas de participación juvenil

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Editado y publicado por La Flecha Comunicación y Participación Larrea 12 9º A, Ciudad Autónoma de Buenos Aires info@laflecha.org.ar // www.laflecha.org.ar Coordinación Facundo Montes de Oca, María Mannesi, Pablo Moschen Equipo de procesamiento de datos, análisis y redacción Jorgelina Martínez Torales, Florencia Tognolotti y M. Emma Argüelles Colaborador técnico Federico Bouilly Colaboradores Cecilia Acosta, Santiago Martínez y Pamela Mansilla Diseño gráfico Gastón Genovese y Renata Kándico www.estudiolate.org

Este trabajo de investigación y su publicación fueron realizados con el apoyo del Programa de Fortalecimiento a Organizaciones de la Sociedad Civil de la Dirección General de Fortalecimiento de la Sociedad Civil del Ministerio de Desarrollo Social del Gobierno de Ciudad de Buenos Aires en el marco de la Convocatoria de Proyectos 2011. Montes de Oca, Facundo Subjetividad juvenil y participación. Motivaciones, sentidos y valoraciones de las actividades sociocomunitarias: informe de investigación e instrumento de trabajo para repensar las propuestas de participación juvenil. / Facundo Montes de Oca; María Mannesi; Pablo Moschen; con colaboración de Jorgelina Martínez Torales... [et.al.]. - 1a ed. - Buenos Aires: La Flecha, 2013. 90 p.; 21x15 cm. ISBN 978-987-29456-0-2 1.Jóvenes. 2.Participación. 3.Investigación Sociológica. I.Mannesi, María II.Moschen, Pablo III.Martínez Torales, Jorgelina, colab. IV.Título CDD 305.23 Fecha de catalogación: 17/05/2013
Hecho el depósito que establece la ley 11.723 “Los textos de este libro son copyleft. El autor y el editor autorizan la copia, distribución y citado de los mismos en cualquier medio y formato, siempre y cuando sea sin fines de lucro, el autor sea reconocido como tal, se cite la presente edición como fuente original, y se informe al autor. La reproducción de los textos con fines comerciales queda expresamente prohibida sin el permiso expreso del editor. Toda obra o edición que utilice estos textos, con o sin fines de lucro, deberá conceder estos derechos expresamente mediante la inclusión de la presente cláusula copyleft.”

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Índice
Presentación Introducción 1. Motivaciones para participar 1.1. Motivaciones iniciales 1.2. Condiciones favorables 1.3. Modalidad de integración a las organizaciones 1.4. Motivos para continuar la actividad 1.5. Palabras finales Propuestas para la reflexión 2. Sentidos que le otorgan las y los jóvenes a la participación 2.1. ¿Qué es la participación para las y los jóvenes? 2.2. La finalidad de la participación 2.3. Dedicación de las y los jóvenes a las actividades 2.4. Palabras finales Propuestas para la reflexión 3. Valoraciones de las y los jóvenes sobre los espacios de participación 3.1. Primeros emergentes 3.2. Lugar de las y las jóvenes en la organización 3.3. Grupo y clima de trabajo 3.4. La estructura de trabajo 3.5. Compromiso de las y los participantes y tamaño de la organización 3.6. Palabras finales Propuestas para la reflexión Conclusiones Bibliografía Recomendaciones bibliográficas sobre juventud La Flecha Comunicación y Participación 8 10 15 16 19 24 25 29 31 35 36 43 47 50 51

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Agradecemos profundamente
a las juventudes que en distintos espacios participan activamente en la transformación de la sociedad. a las y los jóvenes que son parte de los proyectos de La Flecha desarrollando su creatividad, siendo protagonistas de sus vidas y del desarrollo de sus comunidades. a quienes participaron en las entrevistas y grupos focales con gran generosidad.

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Presentación
Esta publicación es, por un lado, un informe que describe los resultados de una investigación social sobre la subjetividad juvenil construida en torno a la participación social y es, al mismo tiempo, un instrumento de trabajo para la reflexión sobre el tema mediante preguntas, ejercicios y bibliografía recomendada. El trabajo de investigación es un estudio cualitativo de tipo exploratorio que busca dar cuenta de la diversidad de sentidos posibles sobre la participación social. El mismo tiene como objetivo indagar sobre las motivaciones que impulsan a los y las jóvenes a participar, los sentidos que le otorgan a la participación en actividades sociocomunitarias y las valoraciones que hacen de las modalidades de trabajo que se dan en los espacios en los que participan. El texto está acompañado por una serie de preguntas de reflexión destinadas a referentes de organizaciones para facilitar un diagnóstico simple hacia dentro de la institución a partir de las perspectivas de las y los jóvenes entrevistados en la investigación; fragmentos de texto resaltados que hacen hincapié en núcleos temáticos importantes; y sugerencias bibliográficas sobre las juventudes y la participación actualizadas, con las que se podrá profundizar en los temas tratados. Además, se proponen ejercicios para que las y los integrantes de las organizaciones puedan poner en circulación los planteos de los y las jóvenes. Este carácter de “instrumento de trabajo” responde a la necesidad manifiesta de muchas organizaciones sociales de desarrollar propuestas participativas atractivas para jóvenes, de convocarlos y/o de favorecer el sentido de pertenencia dentro de la institución. Para aquellas organizaciones que trabajan con jóvenes o quieran hacerlo, esperamos que este material sea útil para poner en cuestión los propios supuestos sobre la participación juvenil, las formas de organización, los objetivos y el modo en que llevan adelante las actividades. Por lo tanto, este trabajo apunta a que la organización pueda pensarse a sí misma e implementar los cambios que sean necesarios. Desde La Flecha, consideramos que las organizaciones sociales que quieren trabajar con jóvenes deben repensarse para poder potenciar y habilitar nuevas formas de participación concretas. Creemos que no debemos pedirles a las y los jóvenes que se adapten o cambien sus preferencias, comportamientos y prácticas sino que, por el contrario, las instituciones deben tener en cuenta esos factores para adecuarse e incluirlos en sus modos de funcionamiento.

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Marco institucional
Este trabajo se enmarca en el Programa de Investigación de La Flecha. El mismo tiene como objetivo investigar las culturas juveniles, sus valores y sus formas de asociación, participación e intervención en lo público, con el fin de producir conocimientos relevantes para el desarrollo de acciones y proyectos que promuevan la inclusión de las y los jóvenes; así como abordar y posicionar en la agenda pública las diversas problemáticas que los afectan. La Flecha Comunicación y Participación es una organización social que promueve la inclusión y el protagonismo juvenil a través de talleres de producción de piezas comunicacionales y la creación de espacios de acción comunitaria. La organización lleva las ideas a la acción generando oportunidades para que los y las jóvenes participen activamente en la construcción de una sociedad inclusiva y más democrática. Para cumplir con sus objetivos, La Flecha diseña proyectos en base a cuatro líneas de trabajo. Todas se orientan a promover el protagonismo y la libre expresión de las y los jóvenes, pero acentúan sus metas en diferentes aspectos: comunicación, participación comunitaria, inclusión social e investigación. Esta iniciativa se realizó con el apoyo de la Dirección General de Fortalecimiento de la Sociedad Civil del Ministerio de Desarrollo Social del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, en el marco de la Convocatoria de proyectos del Programa de Fortalecimiento a Organizaciones de la Sociedad Civil. También colaboraron diversas organizaciones sociales, políticas y religiosas que realizan actividades con y/o para jóvenes tales como: Agrupación Somos, MINU Asociación Civil, Techo, Uniendo Caminos, Colectivo Simbiosis, Alegría Subterránea, Asamblea de Flores, Biblioteca Argentina para Ciegos, Colectivo Militante, Movimiento Evita, Frente Cultural Raymundo Gleyzer, Unión Cívica Radical (UCR), Partido Justicialista (PJ), Juventud Rebelde, Movimiento Socialista de los Trabajadores (MST), Movimiento Emancipador Sur, Propuesta Republicana (PRO), La Chocolateada de Once, Grupo Misión de la Parroquia Santa Cruz, Parroquia Madre de Dios de Villa Lugano, Bet-Hilel y Hashomer Hatzair.

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Introducción
La participación juvenil es un tema complejo que se ha instalado en nuestra sociedad en los últimos años. Está en boca de los ciudadanos, presente en los medios de comunicación, y se estudia con cada vez más interés en el campo académico. A pesar de que la participación haya crecido y sea masiva, algunas organizaciones sociales, políticas, culturales y religiosas tienen serias dificultades para convocar a las y los jóvenes, hacerles propuestas atractivas para participar y mantener su compromiso constante. Teniendo en cuenta este escenario, este informe de investigación e instrumento de trabajo aborda la participación de los y las jóvenes en actividades sociocomunitarias llevadas a cabo en diversas organizaciones. Se reflexiona sobre aquello que los motiva a participar, los sentidos que le dan a sus prácticas y la valoración que tienen respecto de los espacios de los que forman parte. Asimismo, se proponen herramientas y preguntas para que miembros referentes de las organizaciones que trabajen con jóvenes o deseen hacerlo, puedan repensarse a la luz de la subjetividad juvenil. Para contextualizar este trabajo, consideramos pertinente mencionar que, en los años noventa, las investigaciones acerca de la participación juvenil describían “un panorama recurrente en este tema: la apatía explicada desde la falta de legitimidad otorgada a las instituciones políticas” y que “un sesgo de esta perspectiva de análisis omite el rastreo de otras formas de participación socio-política no tradicionales las cuales, al invisibilizarse, ocultan novedosas fuentes de activismo juvenil que son relevantes (para mencionar sólo algunas: la militancia en organizaciones populares de distinto tipo, las prácticas socio-culturales de denuncia o expresivas de reivindicaciones de distintos grupos, el ecologismo)” (Bonvillani, 2008: 56). Los estudios sobre las y los jóvenes después del 2007 han cambiado, se han orientado a investigar la acción social (territorial), en la cual se aborda la compleja relación entre condición juvenil y acción colectiva, a partir de su involucramiento en las distintas expresiones que ha asumido la participación política a través de organizaciones de fuerte arraigo territorial. Éstas se iniciaron a mediados de los ’90 y se han ido consolidando a lo largo de la primera década de este siglo. En este sentido, podemos mencionar los trabajos de Zibechi (2003), Bonaldi (2006), Vázquez (2007), Vázquez y Vommaro (2008), Piccotto y Vommaro (2007) y Colectivo Situaciones (2002), que analizan “la importancia que ha tenido la participación de los jóvenes en espacios organizativos, fuertemente atravesados por la búsqueda de alternativas que les permitan no sólo dar expresión a sus demandas políticas, sino satisfacer sus necesidades materiales básicas, a partir de una situación de fuerte precarización y/o exclusión laboral” (Bonvillani, 2008: 63). En estos últimos años, se ha vuelto a analizar la participación política de las y los jóvenes en agrupaciones político-partidarias.

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Este trabajo continúa estas búsquedas mirando a jóvenes que participan en diversas organizaciones, “asumiendo una noción amplia de participación, abarcadora de diversos tipos de instituciones: partidos políticos, sindicatos y organizaciones de la sociedad civil. No se restringe a los procesos e instituciones que buscan influir directamente sobre el poder político o que tienen como meta alcanzarlo. Se incluyen en la noción otras formas de asociación o trabajo comunitario orientados tanto a la satisfacción de distintas necesidades como a la instalación de determinados temas en la agenda pública” (Montes de Oca y Bouilly, 2012: 110). Asimismo, “se enfoca la participación como una realidad dinámica. Sus distintos componentes (prácticas, objetivos, actores, estrategias, etc.) varían a lo largo de la historia. Además, tales modificaciones se anclan en las diferentes situaciones sociales, económicas y políticas de cada periodo histórico. Los cambios culturales de los actores comprometidos en ellas la marcan también con su impronta” (Ídem, 2010: 109).

Algunos conceptos básicos
Entendemos que, en términos conceptuales, la juventud no puede definirse de manera única y lineal, sino que debe ser abordada en su complejidad y entendida, en primer lugar, como una categoría analítica, construida histórica y culturalmente. En segundo lugar, vinculada con la edad biológica -pero no sólo con ella-, ya que también está relacionada con las condiciones materiales y culturales de existencia, de lo que se desprende que es un término relacional, que debe ser entendido teniendo en cuenta el momento histórico particular y concreto que se quiere estudiar. Por último, reconocemos -de acuerdo con Alvarado y Vommaro (2010)- que sólo en las últimas décadas del siglo pasado (desde 1985), se reconoció a la juventud como una fase plena de la vida, con sus particularidades y complejidades, y no sólo como una etapa de transición entre la niñez y la adultez. En este sentido, debemos tener en cuenta que no hablamos de juventud, sino de juventudes diversas. El concepto de “conexión generacional” nos ayuda a complejizar el concepto de juventud. Haber nacido en el mismo período histórico no implica compartir una conexión generacional. Ésta tiene que ver con un modo de “ser los individuos los unos con los otros en el que se está vinculado a otro por algo; pero de esta adhesión no se deriva aún, de forma inmediata, ningún grupo concreto” (Vommaro, 2012: 4). La “conexión generacional” se da cuando, además de estar expuesto a vivencias comunes o semejantes, hay ciertas maneras de entender y sentir su lugar en la sociedad, los problemas comunes y los modos de hacer. En este trabajo de investigación, se entrevistaron a jóvenes de la misma franja etaria que comparten la experiencia de formar parte de actividades sociocomunitarias. La participación en estas actividades supone “estar

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expuesto a ciertos fenómenos socioculturales similares”. Y si “el problema de las generaciones es identificar cómo se elaboran conexiones concretas entre los integrantes” (Vommaro, 2012: 4), estudiamos, a partir de lo que las y los jóvenes expresan, si existen o no esas conexiones y cuáles son. Por otro lado, se utiliza la categoría “actividades sociocomunitarias” para definir aquellas tareas que tienen un fin social y se llevan a cabo en, para y con una comunidad determinada. Estas tres preposiciones hacen referencia a las tres dimensiones de la acción que se lleva a cabo: en un campo específico para atender una problemática específica de ese lugar, trabajando con las personas que pertenecen a la población a quien se destina el proyecto, teniendo en cuenta sus perspectivas, sus particularidades y sus inquietudes, para alcanzar el objetivo de cambiar la situación inicial. Dentro de esta categoría entran actividades tan diversas como: recreación, arte, educación, talleres de oficios, apoyo escolar, entre otras. Sin embargo, es posible construir una serie de invariantes, es decir, ciertas características que aparecen como una constante en el amplio espectro de actividades sociocomunitarias. Entre estas se identifican al menos siete: •• persigue un fin social; •• debe darse en el ámbito público; •• no posee remuneración económica; •• se da en un marco acotado, es decir, es llevada adelante por un colectivo (en el sentido de contar con estructuras de jerarquización, asignación de responsabilidades y tareas, en consonancia con el trabajo simultáneo de otras personas); •• está orientada a resultados concretos; •• se sostiene en el tiempo (no es algo esporádico ni espontáneo); y •• se caracteriza por ser de acción directa (relación cara a cara). Para conocer la subjetividad de las y los jóvenes que realizan actividades sociales, nos centraremos en tres temas fundamentales: las motivaciones, los sentidos y la valoración de los espacios. Sobre cada uno de ellos, se formuló una serie de preguntas que guiaron el trabajo: Las motivaciones: ¿Cuáles son las motivaciones que llevan a las y los jóvenes a participar? ¿Con qué se vincula el inicio de su involucramiento? ¿Está vinculado con sus intereses? ¿Tienen influencia las posibilidades de desarrollo personal y profesional del joven? ¿Es posible vincularlo al desarrollo personal en cuanto a lo afectivo o a la búsqueda de un sentido de vida o al proceso de construcción de identidad? ¿Qué lugar ocupa la solidaridad o el deseo de beneficiar de alguna manera a terceras personas? ¿Pueden estar motivados por un horizonte de transformación radical de la sociedad? Los sentidos: ¿Cuál es el sentido que los y las jóvenes que participan de actividades sociocomunitarias otorgan a su acción? ¿Es posible verificar un sentido práctico-técnico a la participación por contraposición a una

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idea de transformación radical de la sociedad? ¿Se orienta, por lo tanto, la participación a actividades de corto plazo, concretas y tangibles que produzcan resultados concretos? ¿Influyen estas actividades en el desarrollo integral del sujeto que actúa? La valoración de los espacios: ¿Cuáles son las modalidades de trabajo y cuáles las características de los espacios de participación que contribuyen a que los y las jóvenes sostengan su involucramiento? ¿Cómo son las relaciones y los ordenamientos que se construyen? ¿Es valorado positivamente por los y las jóvenes que estos espacios les den lugar para la opinión y la toma de decisiones, otorgándoles un rol de protagonistas y agentes activos? ¿Son el grupo de pares y el clima de trabajo factores evaluados por los y las jóvenes? ¿Les resulta importante que la actividad realizada sea considerada gratificante, divertida, placentera? ¿Qué tipo de compromiso implica esa permanencia?

Herramientas metodológicas
Para encontrar respuestas a esta serie de interrogantes, se decidió llevar adelante una investigación de tipo cualitativo. Consideramos que bajo esta metodología se llegan a apreciar detalles y matices que enriquecen el conocimiento sobre las prácticas participativas juveniles en la vida cotidiana de los individuos. Consecuentemente, los instrumentos metodológicos elegidos fueron la entrevista en profundidad y los grupos focales. La utilización de estas técnicas presenta características particulares, por ejemplo su estilo abierto, que permite la obtención de una gran riqueza informativa en las palabras y enfoques de las y los entrevistados. Al mismo tiempo, proporciona la oportunidad de clarificación, seguimiento de preguntas y respuestas en un marco personalizado, flexible y de mayor intimidad, que puede favorecer la transmisión de información no superficial (Taylor y Bogdan, 1986). La entrevista en profundidad resulta de gran utilidad para la reconstrucción de acciones pasadas, así como para el estudio de representaciones sociales personalizadas: sistemas de normas y valores asumidos, creencias prejudiciales, rutas y trayectoria vitales particulares, etc. (Valles, 1997). En el trabajo de campo, llevado adelante durante la segunda mitad de 2012, se realizaron siete grupos locales con la participación de entre ocho y quince jóvenes, y cinco entrevistas individuales en profundidad. La edad de las y los entrevistados es de entre 18 y 25 años y provienen de sectores medios de la Ciudad de Buenos Aires. Al momento de la realización de las entrevistas grupales, los y las jóvenes llevaban a cabo actividades sociocomunitarias en veintidós organizaciones. Realizan estas tareas en el marco de su participación en instituciones tales como asociaciones civiles, agrupaciones de partidos políticos, grupos vinculados a asociaciones religiosas católicas y judías y centros culturales. La investigación se focaliza en las y los jóvenes que realizan actividades sociocomunitarias, independientemente de la organización de la que forman parte. 13

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1. Motivaciones para participar

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1.1. Motivaciones iniciales
Por motivación inicial entendemos aquel motivo o razón que estimuló al joven a realizar por primera vez una actividad sociocomunitaria, antes de incorporarse a la organización en la que actualmente participa. Dentro de las razones mencionadas con mayor frecuencia, encontramos un primer grupo de motivaciones que tiene que ver con la conciencia de una desigualdad social y la necesidad de realizar un cambio en esas situaciones. Un segundo tipo está relacionado directamente a la acción, al tipo de actividades que desean realizar las y los jóvenes o simplemente a la sensación de que querían “hacer algo”. Un tercer grupo de motivaciones está vinculado a las capacidades personales y al desarrollo profesional o educativo de los y las jóvenes. Aparecen, también, razones vinculadas al deseo de conocer diferentes realidades o de relacionarse con un determinado destinatario a quien está dirigida la tarea. Finalmente, surgen motivaciones ideológicas y creencias que los impulsan a realizar esa actividad.

Desigualdad y necesidad de un cambio
En su mayoría, los y las jóvenes manifiestan que su motivación inicial tuvo que ver con una disconformidad ante situaciones de desigualdad, injusticia o la realidad del país, frente a lo cual sienten que tienen que hacer algo para lograr un cambio, una transformación. Partiendo de esa disconformidad, algunos hablan de “cambiar” la realidad y de tener una posición activa para transformar Las y los jóvenes esas situaciones injustas. Éstas, en general, no tienen manifiestan que su que ver con problemáticas en las que los y las jóvenes están directamente involucrados (excepto algunos camotivación inicial tuvo que sos en los que el involucramiento parte de un reclamo ver con una disconformidad en la facultad o un derecho vulnerado vinculado a la discapacidad). En la mayoría de los casos, las situaante situaciones de ciones indignantes afectan a personas en situación de desigualdad e injusticia. vulnerabilidad social, como personas en situación de calle, niños que no terminan sus estudios, familias en condiciones particulares, la pobreza en general, etc. A partir de eso, sienten suya la responsabilidad de resolver esas “injusticias”. Esto se puede leer cuando un joven entrevistado dice: “Yo creo que empecé a participar en distintos lugares por dos patas: una es cierta disconformidad, o muchísima disconformidad con la realidad, o aspectos de la realidad, de salir a la calle y decir ‘no, esto no está bueno y quiero que se cambie’, bueno, cómo hago para cambiarlo: participando en los lugares que pueda, en los que me abran las puertas y en los que me parezcan interesantes. Pero siempre partiendo de la base de que quiero hacer algo porque algo está mal…” (GF4).

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Otros y otras jóvenes no hacen referencia a las situaciones de desigualdad, pero en la misma línea afirman que consideran muy importante lograr un cambio, una transformación. En general, cuando las y los jóvenes hablan de “cambio”, no lo hacen en el sentido macro o estructural, sino que, por el contrario, aluden a tener incidencia en situaciones sociales concretas, particulares, específicas y acotadas.

La actividad
Un segundo grupo de motivaciones se centran en el tipo de actividad. Lo que atrae a muchos y muchas jóvenes tiene que ver directamente con lo que la organización hace y el área de trabajo en la que se desenvuelve: actividades vinculadas a la educación, a la participación ciudadana, al trabajo territorial, a dar formación, a realizar tareas de comunicación, etc. “A mí me llamó mucho la atención el trabajo con los adolescentes puntualmente, yo veía que el adolescente como tal ya es una situación conflictiva. Yo sentía que a esa situación de adolescencia, que ya de por sí es un conflicto, sumarle una situación vulnerable por sus cuestiones familiares, sus cuestiones habitacionales o también educacionales, era un gran conflicto en el que yo podía ayudar” (GF1). Más adelante veremos que, en relación a esto, uno de los elementos más nombrados por las y los jóvenes, a la hora de señalar lo que más les gusta de la organización, es la realización de las actividades y tareas. En este sentido, le otorgan gran importancia a que estén relacionadas a un tema o contenido específico en consonancia con sus gustos, experiencias de vida o intereses particulares. Si bien, en general, los y las jóvenes se comprometen con problemáticas que afectan a terceros, en algunos casos, están ellos mismos involucrados en aquello que quieren resolver. En términos generales, esto se da en quienes provienen de sectores medios bajos, inmigrantes de países limítrofes o quienes tienen una discapacidad. En algunos de los discursos de los y las jóvenes, puede leerse el sentimiento de tener que “hacer algo”, encontrar aquello que les falta, como una suerte de búsqueda personal. “Me parece que lo que cambió del 2008 a esta parte, es que cuando me acerqué a [la organización], la motivación principal estaba precisamente en la base. En el principio de todo, en hacer algo piola, hacer algo en el barrio, hacer algo en la facu” (GF6). Esa necesidad de involucramiento se expresa, luego, en la tarea que realizan, y –en algunos casos- los lleva a recorrer distintas organizaciones. Algunos y algunas entrevistadas manifiestan que se unieron a determinada institución, porque les atrajo el hecho de que llevara a cabo muchas actividades sociales

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Aspectos personales
El tercer tipo de motivaciones iniciales tiene que ver –como ya mencionamos- con aspectos personales. Por ejemplo, las y los jóvenes afirman que la tarea que desarrollan está en sintonía con sus gustos personales o que les permite poner en práctica sus habilidades. Expresan que les da gusto participar en determinadas actividades porque pueden compartir lo que saben hacer y se relaciona con su vocación. Muchas y muchos, además de mencionar la importancia de la concordancia con sus conocimientos e intereses, entienden que llevar adelante esas tareas puede constituir una experiencia de formación, que les permite aprender sobre gestión o a dar clases, así como también conocer distintas situaciones o realizar actividades que los enriquecen personal y profesionalmente. En ningún caso adjudican a la actividad sociocomunitaria un saldo negativo, sino que, por el contrario, hacen explícita la satisfacción personal o el beneficio que ellos y ellas obtienen al realizarla. Notamos que ese saldo positivo está ligado a que dicha actividad se constituye en un espacio de aprendizaje de dos tipos diferenciados: por un lado, de formación académica profesional y, por otro, una oportunidad de crecimiento integral. “Yo personalmente siempre la tomé como un espacio de formación, como para mí ha sido mi familia, mi grupo de amigas, mi colegio secundario (...) Estoy en constante aprendizaje, eso sigue siendo una motivación. Además de un medio creo que encontré eso en la organización que me da placer” (GF1).

¿Con qué información contamos a la hora de convocar a las y los jóvenes a participar en la organización? ¿Cuánto conocemos de las y los jóvenes -sus intereses, expectativas, formación y deseos- que queremos convocar o que participan en la organización?

De las actividades que propone la organización, ¿cuáles creen que responden a los intereses juveniles? ¿Proponemos actividades para que las y los jóvenes que se acercan a participar puedan poner en juego sus saberes, experiencias y trayectorias haciendo un aporte personal a la acción colectiva?

Conocimiento de otras realidades sociales
Algunos y algunas jóvenes manifiestan que les resulta atractivo “conocer realidades diferentes” a la propia. Expresan que quieren vincularse con otras personas, salir de su círculo, tener contacto con situaciones distintas a las que ellos viven o, en algunos casos, quieren satisfacer una curiosidad. En este sentido, hay quienes mencionan que esta apertura individual a nuevas realidades los ayudó a crecer personalmente. Esta afirmación en voz de las y los entrevistados se relaciona con el tipo anterior de motivación (aspectos personales), donde la participación en actividades sociocomunitarias puede ser vista como un espacio de aprendizaje. Por otro lado, otros y otras jóvenes afirman que este tipo de acciones los ayuda a tomar conciencia de que la sociedad es mucho más amplia y diversa que lo que perciben en su entorno social. Como se ha dicho, el disparador inicial tiene que ver, mayormente, con la disconformidad ante situaciones injustas que les ocurren a terceros, pero luego, cuando el discurso avanza, dejan de hacer referencia a otras personas y se focalizan en ellos mismos. Si bien la mayoría comienza a formar parte de una actividad sociocomunitaria centrándose en una problemática ajena que desean cambiar, quieren participar, además, porque les genera un beneficio. 18

Dentro de este grupo de motivaciones, se encuentran también aquellas que tienen que ver con un destinatario concreto, como -por ejemplo- el hecho de hacer actividades con niños. “A mí la primera actividad que me tocó vivir con [la organización] fue en la 1-11-14 y –como ya dije– yo tenía como esa vocación, ocuparme de los chicos... ellos no tienen la culpa de nada y creo que darles un buen momento, estar con ellos, brindarles afecto para mí es primordial” (GF6).

Ideología y creencias
Algunos y algunas jóvenes, que también expresan una motivación directamente vinculada a la ideología, afirman que compartir ideales y políticas de determinadas organizaciones o partidos los motiva a vincularse con éstas. La mayoría de quienes mencionan esto son jóvenes que participan en partidos políticos. La motivación vinculada a la fe religiosa se observa en algunos y algunas jóvenes que forman parte de grupos vinculados a la iglesia católica. Sin embargo, notamos que son muy pocos quienes hacen referencia a la fe para expresar la motivación que los ha llevado a involucrarse en un primer momento.

1.2. Condiciones favorables
Aquello que motiva la realización de una tarea, cualquiera sea esta, no es algo único o lineal. Generalmente, tiene que ver con múltiples causas e incluso quien la lleva a cabo puede no ser plenamente consciente de qué lo impulsa. Conversando con las y los entrevistados, notamos que identifican ciertas “influencias” de terceros y se observan referencias a una causa previa a aquello que se identifica como motivador principal: aluden a ciertas condiciones que habilitan, favorecen y estimulan la participación. Rescatamos, al menos, cuatro grupos de factores que generan condiciones favorables para la realización de estas actividades. Un primer factor está vinculado a la socialización primaria en la familia. El segundo refiere a su paso por la escuela. Un tercer factor tiene que ver con el entorno social próximo, los amigos y el lugar donde residen. Por último, consideramos un cuarto factor: la coyuntura y la situación social-política en la que están inmersos los y las jóvenes.

La familia
En varias oportunidades, las y los jóvenes afirman que más allá de las circunstancias en las que han decidido integrarse a una organización, hay otras influencias más profundas que tienen que ver con la construcción identitaria y con la socialización primaria, especialmente el lugar de la familia nuclear. 19

“Primero mis motivaciones vienen de mi casa particularmente. No por experiencias militantes, o sí y no. Por vivir situaciones en las cuales mis papás se vieron perjudicados. Mi papá es gastronómico y en su momento, mi papá siempre estuvo como muy cercano al sindicalismo y demás, de hecho cuando surgió el tema de la CTA, mi papá se involucró mucho, empezó a participar en eso. A mí al principio no me parecía muy... yo era muy reacia a todo el tema de la política, nunca me había interesado, pero como la enseñanza –por decirlo de alguna forma– de ‘tener que luchar por tus derechos’ y demás, es lo que mamé en primera instancia” (GF6). Otra entrevistada dijo: “Siempre me gustó ayudar y moverme. En gran parte lo debo a mi casa y lo debo al movimiento. Como es un movimiento judeo-humanista, hace una revisión de lo que son los preceptos judíos, y el hecho de la ayuda al prójimo es súper importante. Aparte somos socialistas y tiene mucho que ver” (GF4). Vemos que esta generación no está sola en la práctica: si bien son ellos los protagonistas, han recibido el impulso para involucrarse del ejemplo de la generación de sus padres. “Lejos están de la ruptura generacional radical que se efectuó en los años sesenta y setenta, como ruptura política y cultural profunda donde los padres eran vistos como un horizonte negativo que había que quebrar y transformar. Los jóvenes entrevistados se reconocen como la continuidad de sus adultos, como la continuidad de una generación que en cierta forma abriga la suya” (Saintout, 2012:14). Al respecto, un entrevistado comenta: “Yo empiezo a militar en el 2002, yo estaba en segundo año, (...) de chico me crié en espacios de participación en el barrio con mi papá en una Unidad básica, bastante recluida de lo que era los ‘90, así que lo sufrí mucho, viví el 2001, estuve en la plaza el 2001, teniendo doce años, con mi papá y con mis tíos” (GF5). Más allá de la orientación política, ideológica o religiosa, esta generación de jóvenes no ha recibido la herencia del miedo. El mensaje del “no te metas” no los está frenando, sino todo lo contrario: los padres acompañan la participación de sus hijos. Es probable que “la construcción oficial de una memoria histórica de la Dictadura por fuera de la teoría de los dos demonios y más cerca de una memoria militante (permita) exorcizar el miedo a ‘meterse en política’” (Kriger, 2012: 9).

La escuela
Un hallazgo importante es el lugar que las y los entrevistados le dan a la escuela. Más allá de las críticas que le propician a la educación pública a la hora de formar ciudadanos, muchas y muchos hacen referencia a 20

la influencia de esta institución, sus actores, sus propuestas, sus valores, entre otros aspectos, y cómo esto generó en ellas y ellos una conciencia especial, una sensibilidad social o una predisposición a participar. Esta valoración de la escuela está en línea con lo que Kriger (2010) sostiene acerca de la educación pública. Ella se pregunta: “¿Pero cuál es el rol que se le asigna a la pedagogía y más específicamente a la educación estatal en este nuevo escenario cuando, tras más de una década de retiro, el Estado recupera su protagonismo y, alegóricamente, vuelve a desposar a la Nación? Además de ser convocada como parte y testigo de estas segundas nupcias de sus progenitores, la escuela vuelve a asumir funciones claves en la formación de los Hay otras influencias más ciudadanos de la «nueva Argentina», y fundamentalprofundas que tienen que mente retoma centralidad en la transmisión de sentimientos de identidad nacional y en la formación de ver con la construcción conocimientos sobre el pasado común, como también identitaria y con la en la gestión de la memoria reciente, especialmente de la última dictadura militar” (Kriger, 2010: 64). socialización primaria. En este sentido, otra entrevistada afirma: “Después yo fui al Nacional y seguía teniendo esa mentalidad de que me parecía... el tema de las tomas y eso, como que estaba re en contra. Pasaron los años y con la formación pude tener otras miradas y a partir de ese momento, si bien no militaba sí era muy activista, independiente, nunca involucrada en ninguna organización porque tampoco me gustaban las que estaban en ese momento, que sobre todo eran las de izquierda tradicional. Después de ahí empecé a ya tener un poco más de ganas y motivación, conjugando lo que había vivido en mi casa y a la experiencia en el colegio” (GF6). En esta misma línea, Saintout encuentra que “en los relatos de los jóvenes que están transitando aún por la experiencia del secundario la escuela aparece como una referencia fundamental para la política” (2012:12). Las y los jóvenes mencionan referentes en la escuela, algunos compañeros y especialmente profesores: “Yo siempre creo que la motivación me la dieron mis maestros, que nunca dieron el brazo a torcer, en una provincia muy complicada, (...) el lugar donde yo estaba todos los días –que era el colegio secundario– tenía ejemplos de personas, de docentes, que me decían ‘tenés que luchar por lo que es tuyo, tenés que hacer algo, no te quedes sentado’. El caso de Neuquén es un caso que la mayoría conocerá” (GF6).

El entorno social
En los relatos de los y las jóvenes están presentes también otros aspectos que tienen que ver con la situación actual, el entorno personal, las amistades, los compañeros de estudio y el lugar geográfico en el que habitan, especialmente en los casos en el que han cambiado de ciudad para estudiar. 21

Para la incorporación de nuevos jóvenes participantes, ¿se apela a los vínculos cercanos de quienes ya participan en el espacio?

Algunos y algunas mencionan que ya pertenecían a algún grupo, que estaban allí por estar con amigos, que se sentían a gusto y que allí habían surgido diferentes iniciativas sociales a las que se sintieron convocados. Esta pertenencia se presenta en muchas formas diferentes: un colectivo popular en el que se comparte la vida cotidiana y la militancia, un grupo de una parroquia, una asociación de personas que tienen una discapacidad, miembros de una misma colectividad, entre otras. En ese espacio de pertenencia, por iniciativa de alguno de sus integrantes o de los coordinadores, se les propuso realizar una actividad o un proyecto al que decidieron incorporarse. Otras y otros entrevistados afirman que ver a jóvenes que están activando, luchando por sus derechos o realizando diversas actividades sociales, los impulsa a tomar el mismo camino. En la gran mayoría de los casos, fue una persona amiga, cercana o compañera de estudios u otras actividades quien les propuso participar y ellos y ellas respondieron positivamente. “Yo arranqué el año pasado. Estaba haciendo un curso de clown y una de mis amigas de ese taller me dice ‘vení, vamos, tengo un amigo que tiene un centro de yoga que hace una juntada y después salimos todos al subte a hacer locuras’, ‘bueno, dale, no veo nada malo en eso’” (GF2).

¿Qué lugar se le da a los vínculos personales dentro del trabajo de la organización?

Si bien las y los entrevistados viven y realizan sus actividades en la Ciudad de Buenos Aires, notamos que muchas y muchos de los que participan provienen de otras provincias. Algunas y algunos, al describir su incorporación, mencionan que estaban buscando dónde integrarse y/o que antes de mudarse a la ciudad hacían este tipo de actividades. Por la valoración que se le da al factor grupal, el modo y el momento de acercarse, creemos que la acción de integrar y permanecer en un grupo tiene mucho que ver a la hora de la participación comunitaria.

Contexto social y político
Algunas y algunos de los entrevistados refieren a situaciones sociales, eventos, acontecimientos que irrumpieron en la vida social-política, e impactaron sobre sus modos de percibir y actuar en la sociedad. La crisis del 2001 y las manifestaciones o movilizaciones que en ese momento se sucedieron, el conflicto con “el campo” y las discusiones que esto generó, y la muerte de Néstor Kirchner fueron algunos de los ejemplos mencionados. Más allá de las manifestaciones de signo político, se puede leer en los discursos de las y los jóvenes, que estos eventos que sacudieron la vida pública se transformaron en causas para el involucramiento y la participación activa. En algunos casos, especialmente en aquellos que forman parte de agrupaciones de corte partidario, se hace referencia al protagonismo de la política, a un Estado más activo, que mediante leyes e iniciativas varias intenta transformar e influir en el mercado: una política que no se somete a la economía y sus poderosos actores. 22

¿Cuánto tiempo, espacio y recursos se destinan para trabajar y fortalecer el aspecto vincular entre las y los participantes de la organización?

“Por ahí cuando fue la crisis del 2001, era chica, pero un poco más grande, y eso fue lo que me hizo definir mi carrera y un montón de cosas, y volcarme a lo social, sin entender todavía lo que era” (GF4). En el mismo sentido, otro joven cuenta: “Cuando yo empiezo a militar estábamos en la Ley de Medios. Yo entendí que la Ley de Medios era la lucha que se tenía que dar para cambiar la conciencia de las personas” (GF6). En entrevistas que realiza a jóvenes militantes, Saintout observa que “todos narran el 2001 como un momento de génesis, de punto de referencia al cual es necesario remitirse para explicar el propio presente” (Saintout, 2012: 9). Y en sintonía con lo que dicen las y los entrevistados por La Flecha, la investigadora agrega que las y los jóvenes “tienen un recuerdo construido de esa crisis, aún a pesar de que algunos eran muy chiquitos, y de que es improbable el nivel de conciencia y reflexión que afirman haber tenido en ese entonces. Sin embargo, lo que me parece relevante es la construcción social efectuada e incorporada de reconocer ahí (donde ubican unos padres ‘que se dan cuenta’, que ‘dicen que no’, que estaban a punto de ‘quebrarse para siempre’) el comienzo de otras posibilidades” (Saintout, 2012: 9). Es decir que hubo conflictos políticos y sociales que influyeron fuertemente en las organizaciones de la sociedad civil, que han “sacudido” a la población y que han alimentado la motivación de las y los jóvenes a creer en la política y a involucrarse activamente. Saintout (2012) entiende que para las y los militantes el gran antagonista es el neoliberalismo de los años noventa y que “éste se ve representado en muchas figuras, de las cuales las más nombradas son los medios (el Grupo Clarín especialmente) y el campo (la Sociedad Rural). Muchos recuerdan como una primera ‘discusión política en la que participaron’ (en estos términos estaba formulada la pregunta) la 125 y la Ley de Medios” (Saintout, 2012: 10). Estos acontecimientos surgen junto al “sentimiento generalizado de mayor identificación con el proyecto nacional; la salida real de la crisis y el crecimiento económico; la recuperación del rol protagónico del Estado en la construcción de las identidades y prácticas sociales; el afianzamiento de la democracia y la gobernabilidad precisamente en un escenario de creciente conflictividad política” (Kriger, 2012: 9). En este contexto, “se configura un nuevo clima de época para las juventudes en general, marcado por el retorno de la fe en la política, que vuelve a ser vista como una herramienta para generar cambios en la sociedad”1.

¿Se generan espacios, dentro de la organización, para debatir, reflexionar, compartir percepciones sobre las situaciones sociales y el contexto político-económico?

1) Entrevista a Sergio Balardini en Laura Di Marco. Diario La Nación  [en línea]:  “El renacer de las juventudes militantes”. 15 de mayo de 2011. http://www.lanacion.com.ar/1373172-el-renacer-de-las-juventudesmilitantes [Consulta: 10 de octubre 2012].

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1.3. Modalidad de integración a las organizaciones
Creemos que tener en cuenta cómo las y los jóvenes se integran a las organizaciones es sumamente relevante para comprender sus prácticas y trayectorias participativas. Algunos y algunas jóvenes comienzan a realizar actividades sociocomunitarias en una situación particular: al terminar la escuela secundaria o al ingresar en la universidad. En el último año de la secundaria, muchas veces a partir de una propuesta de la institución o de amigos que participan en alguna organización, se acercan a realizar sus primeras actividades. Otros y otras, al ingresar a la universidad, canalizan un deseo que consideran que ya tenían latente, o ante las ofertas de la universidad, se acercan a averiguar de qué se trata. En la mayoría de los casos, el acercamiento es a través de un amigo que, a su vez, es integrante de la agrupación u organización. “Cuando salí en 6° año y empecé la facultad, yo ya iba decidida a meterme en lo que me cruzara, teniendo en cuenta que yo sabía ya qué era lo que no me identificaba. Empecé la carrera –estudio Ciencia Política-, empecé a hacer una investigación personal, a través de los volantes, de las páginas web, de los blogs, leyendo, informándome un poco más de cada una. Todos los volantes que me daban los leía y en base a eso hacía una evaluación o balance mío y decidía cuál era la que más me interesaba. Porque tampoco sabía muy bien qué era todo ese mundo. Para mí era entrar y ver carteles o ver consignas. Y a veces algunas consignas están buenas, pero el trasfondo, lo que lo sostiene, no sé... sentía que tenía que involucrarme un poco más” (GF6). En estos casos, se hace referencia a un momento clave en el cual decidieron participar. Hacen referencia a un “impulso”, un “primer paso”, un “animarse”. Ese “clic” constituye un momento bisagra, hay un antes y un después marcado por haber tomado la decisión de participar en esa actividad. “Yo lo primero que pensé tiene que ver con animarse, como que hay algo ahí cerrado, que desconocemos y de repente, ¡uh! Participamos. Como que se rompe algo y empezás a formar parte. Con dar ese primer paso también tiene que ver la participación” (GF2). Si bien estas instancias son muy frecuentes, también encontramos trayectorias diversas. No son pocos quienes participan en organizaciones desde muy chicos: en la infancia o en la primera adolescencia ya integraban instituciones, que luego les hicieron propuestas vinculadas a la realización de actividades sociocomunitarias. En el caso de los grupos religiosos, tanto de la iglesia católica como de la comunidad judía, esto es muy común.

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“(La institución) tiene en su organización, por un lado, la parte de grupos etarios, es decir grupos separados por edad, y a partir de esa edad, las comisiones, que son la militancia. Yo voy desde hace 10 años, y hay un proceso educativo muy pesado, de un espiral ideológico, donde cada año se vuelve a tocar el mismo tema con más profundidad, y si con un proceso educativo de 10 años no militás, sos un idiota, ¿para qué fuiste?” (GF4). Si bien es menos frecuente, en agrupaciones vinculadas a partidos políticos, también hay casos en que la militancia se vive desde muy jóvenes junto a sus padres. En las asociaciones civiles o fundaciones, se da un proceso semejante, cuando las y los jóvenes comienzan siendo “destinatarios” de las actividades en su adolescencia y luego pasan a ser organizadores de esos proyectos. El estereotipo del joven “impulsivo”, que no piensa lo que hace, no calcula y “se manda” según lo que siente en el momento, no parece corresponderse mucho con la realidad. Notamos que varios expresan que su incorporación a la organización fue progresiva, que algo les atraía, que se acercaron lentamente, que fueron a conocer y después hicieron alguna actividad, y así se fueron involucrando, entendiendo que tenía que ver con sus intereses, que se sentían bien allí, o que lo que hacían tenía sentido. Entonces, progresivamente, fueron formando parte de la organización.

1.4. Motivos para continuar la actividad
Luego de la motivación inicial, los y las jóvenes hacen mención al proceso que se da después de haber participado y haberse involucrado en esa actividad. En esa etapa, y si se dan las condiciones para que suceda, se produce un involucramiento gradual y creciente en las actividades sociocomunitarias. De alguna manera, el atractivo inicial se complejiza y se profundiza desde distintos aspectos. Algunos de los motivos por los cuales los y las jóvenes deciden continuar realizando actividades sociales tienen que ver con: i) el gusto por la tarea que llevan a cabo y por los resultados que obtienen de la realización de esa actividad; ii) la construcción de nuevos vínculos y la importancia de mantenerlos y de ser consecuentes con esa relación establecida, ya sea con personas destinatarias de sus actividades o con las y los compañeros de la organización; iii) cambios personales que se han generado a partir de la realización de actividades sociocomunitarias, como nuevas maneras de ver el mundo, cambios en la carrera universitaria elegida, etc.; iv) un aumento y profundización de la comprensión de las situaciones sociales en las que están inmersos, con mayor conciencia y/o la adquisición de nuevos elementos teóricos e ideológicos; v) finalmente, un estímulo mencionado por muchas y muchos, el fuerte compromiso con la institución en la que participan, que se genera -de alguna manera- junto a los motivos nombrados anteriormente. De hecho, el involucramiento con las personas y la adquisición de mayor conciencia las y los ha llevado a entablar una modalidad de participación más comprometida en el colectivo que integran. 25

Gusto por la actividad
El gusto por la actividad que se realiza es una de las motivaciones mencionadas con mayor frecuencia en las argumentaciones que los y las jóvenes dan en relación a la razón de su participación. Expresan de distintas maneras que disfrutan de las tareas que llevan adelante, sean éstas: realizar apoyo escolar, organizar un evento, construir o refaccionar una salita, dar talleres sobre derechos o participación comunitaria, por mencionar algunas. Para ellos y ellas, la acción de participar no es un sacrificio, sino que constituye la vivencia de algo involucramiento con las gratificante.

El

personas y la adquisición de mayor conciencia ha llevado a entablar una

modalidad de participación más comprometida.

”Yo en un principio también pensaba que era ir, dar una mano, ayudar, y después es como que se va transformando la cosa. Uno ve que, por un lado, recibe, tiene esa contratransferencia de recibir todo lo lindo que es estar con los chicos, esa sensación gratificante de sentir que uno está haciendo algo” (GF2).

Algunos y algunas también hacen referencia a la alegría que les produce ver los resultados que obtienen de la realización de esta actividad. A otras y otros, el simple hecho de hacer algo les produce bienestar, alegría o felicidad. “Para mí es como un proceso de ir encontrándose con lo que uno hace y si realmente lo siente, y si lo hace feliz. Particularmente, a mí, es como que sí, fue cambiando mucho mi motivación, a la hora de ir conociendo e ir conociendo la práctica, qué es esto” (GF2). En estos casos, no centran su discurso en el otro, sino en lo que les provoca a ellos y ellas como actores principales de la actividad.

Construcción de vínculos
La construcción de vínculos conforma otro grupo dentro de las motivaciones mencionadas para sostener las actividades sociocomunitarias en el tiempo, y refiere a la conformación y mantenimiento de lazos entre los distintos actores que intervienen en la práctica. Por un lado, una gran cantidad de entrevistados y entrevistadas que participan en diferentes instituciones valoran el encuentro y la relación interpersonal con las y los destinatarios de los proyectos que llevan adelante. “Y después el día a día es lo que me hace seguir yendo todos los sábados al barrio, todo lo que se genera con la gente, ver que de alguna manera podés ayudar. Te involucrás con las familias, con las historias y te das cuenta que si bien estás contribuyendo a un sujeto en particular o a pocas personas, creo que ahí es donde empieza el cambio y que 26

de a poquito vas a ir sumando, sumando y sumando y vas a hacer el cambio ese, que yo por lo menos, lo tengo como ideal” (GF1). Por otro lado, otras y otros se refieren a la amistad que se genera entre las y los miembros de la organización, las y los voluntarios o militantes, la sinergia, el compromiso y el gusto de estar realizando la tarea bajo objetivos compartidos. “Me parece muy importante que uno empieza como invitado, voluntario, pero que haya una contención de grupo, como agrupación, que uno sienta que le explican lo que es, que lo acompañan, que se hacen reuniones, que se sabe qué objetivos hay, que uno comparte objetivos en común, que eso está bueno” (GF2).

Cambios personales
Las y los entrevistados expresan que también los impulsan a continuar participando ciertos cambios que ellos mismos han experimentado, haciendo mención a que, ante su acción de “dar”, ellos están recibiendo más aún. Se refieren a aprendizajes, experiencias fuertes, en algunos casos a cambios en la elección de la carrera universitaria, la valoración de determinados espacios o, simplemente, una referencia vaga a los beneficios que reciben. “Y además ya te vas encontrando con la gente que vas conociendo ahí y hay una previa, entonces todo el encuentro está copado. Se hace fácil así encontrar motivación, porque uno termina sacando mucho. La idea es dar, pero al final uno termina recibiendo, siendo un poco cursi” (GF2).

La acción de participar no es un sacrificio, sino que constituye la vivencia de algo gratificante.

También algunas y algunos jóvenes manifiestan que su motivación se modificó, pero en un sentido diferente a lo recién mencionado. Explican que, luego de participar muy activamente durante algunos años, ahora sienten la necesidad de tener un tiempo para ellas y ellos, ya que tras haber entregado muchas horas a las actividades, deben equilibrar los tiempos de dedicación con su carrera universitaria, la familia o el descanso. “Yo en el grupo, al principio les conté que empezamos a ir todo el fin de semana, todo. Y este año empecé la facultad e hice un parate y me quiero dedicar también a lo que estoy estudiando, estoy estudiando Diseño de Imagen y Sonido, y me re gusta y también no tengo vida, porque curso toda la semana, hasta los sábados. Los sábados nos juntamos, entonces no puedo ir a las reuniones, encontré otra manera de participar y está bueno, porque también me dediqué un poco a mí, tal vez antes me dediqué completamente y como que estaba encapsulada ahí. Ahora tengo otras cosas, estoy en la facultad, quiero empezar a 27

trabajar. No voy a dejar de participar porque me llena y me gusta, pero también una parte para mí, dedicarme a otra cosa...” (GF4).

Toma de conciencia
Con el correr del tiempo y a medida que se adquiere protagonismo en la realización de los proyectos, en muchos casos las y los jóvenes afirman que comprenden con mayor profundidad y complejidad las razones por las cuales realizan esa actividad, y que eso influye en sus motivaciones. En este sentido, hablan de una “toma de conciencia” o una “reflexión profunda” acerca de sus propias prácticas. “Yo, por mi parte, tal vez mi motivación no cambió tanto, porque sigo con la misma idea de poder aportar lo mío y poder incentivar a otros a aportar lo suyo, pero sé que con más conciencia. Empecé hace cuatro años en el grupo, era otra mirada a los 15 años, ahora al tener casi 20 es otra totalmente diferente. Ya sé que me interesa más la política, estuve rondando por varios lugares, mi incentivo de poder aportar lo mío sigue estando, pero se intensifica con más conciencia, me incentiva también el tema de estar a la par con el otro y poder contagiar lo mío, y decir ‘entre todos podemos hacer algo’. Quizá antes era sólo aportar lo mío, ahora es un ‘todos’ más grande. Creo que en eso evolucionó mi forma de pensar” (GF4). No siempre la mayor comprensión de las situaciones lleva, sin más, a una mayor dedicación a lo que se estaba haciendo. En algunos casos, comprender la complejidad de las problemáticas sociales, de la organización comunitaria o de los procesos de transformación lleva a plantear cambios o a poner en crisis la propia actividad.
¿Qué herramientas propone la organización para trabajar y encauzar el desarrollo de la conciencia social de las y los participantes?

“A mí me pasó que actividades que hice o cosas que hacía, motivado enteramente por las ganas, después de un tiempo de aprendizaje me di cuenta que no lograba ningún cambio concreto, ningún cambio estructural de las cosas, y dije ‘no quiero hacerlo más’, porque me parece que es negativo esto que hago. Si bien para algunos está bueno, y a mí en algún momento me parecía que estaba bueno, después me di cuenta de que no y decidí arrancar por otros lugares” (GF4).

Compromiso institucional
En varios casos, las y los jóvenes entrevistados afirman que algo que inicialmente no era una motivación se vuelve una atracción muy importante a medida que pasa el tiempo. En el compartir la actividad y sentirse en sintonía con los objetivos y la modalidad de trabajo, se va gestando un compromiso con la institución. Éste se expresa en el interés de darle forma a la organización, de participar en la toma de decisiones y/o de aportar en distintos aspectos a la institución de la cual forman parte. 28

“El primer paso inicial viene justamente de la mano de la motivación, pero después, como él estaba diciendo, el tema de comprometerse o formar parte tiene que ver con compartir los valores, con elegir con quién estás caminando de la mano en esa asociación, si te sentís identificado, y es progresivo en ese sentido. Primero transitás una etapa y después ésto puede ir mutando, para bien o para mal, como decía ella, si estás de acuerdo o no, si te sentís bien con lo que estás haciendo, pero para mí surge de eso, de las ganas que uno tiene” (GF4). De los discursos de los y las jóvenes, se desprende que cuanto más involucrados e involucradas están con lo que hacen, con los objetivos y, especialmente, con las formas de proceder, de vincularse, de tomar las decisiones, más sienten que forman parte de la organización. Por el contrario, cuando no coinciden con las formas de actuar se van distanciando y, en general, buscan otros espacios. Aunque se hagan actividades en el marco de una asociación, si no comparten los valores de fondo, los y las jóvenes consideran que “no participan” en esa organización. En los casos en que se sienten realmente parte, hacen mención al deseo de poder compartir con otros esa experiencia, de invitar a otros o “contagiar” aquello que los motiva. “Yo empecé queriendo hacer lo que hacían otros, bueno, ahora lo que yo quiero es que los otros hagan lo que yo hago incentivar a los demás a que lo hagan, porque no todos saben lo que hacen, no todos conocen. Entonces yo quiero también que conozcan” (GF4).
¿Cuenta la organización con una red de contención ante el desánimo o la frustración en las y los participantes?

En el compartir la actividad y sentirse en sintonía con los objetivos y la modalidad de trabajo, se va gestando un compromiso con la institución.

1.5 Palabras finales

Se han estudiado las motivaciones que tienen las y los jóvenes para realizar actividades sociocomunitarias, diferenciando aquellas que tenían cuando comenzaron, y aquellas que los motivan en la actualidad. Observamos que existen cuatro núcleos importantes en las motivaciones iniciales, que se profundizan, luego, en las razones que tienen los y las jóvenes para continuar realizando esas actividades. Desigualdad social. La motivación inicial ligada a la observación de situaciones de desigualdad social y económica, que constituye un motor para intervenir y participar de actividades sociocomunitarias, está asociada y encuentra su profundización en aquello que mencionan como el desarrollo y la adquisición de una mayor conciencia de las situaciones sociales en un nivel macro, de los procesos de transformación y de las tareas que realizan. Acción. Otro núcleo refiere a la importancia dada a la acción. Los motivos iniciales relacionados a la necesidad de poner en práctica lo que saben, 29

de realizar actividades sociales o la idea vaga de “hacer algo”, encuentra su desarrollo, luego de participar activamente, en el gusto y el placer que ellos y ellas sienten por las actividades que realizan y la satisfacción por los resultados obtenidos. Desarrollo personal. El tercer núcleo alude al desarrollo personal. En este caso, también se observa un paso desde el deseo de desarrollar las capacidades personales, de aprender, de educarse y adquirir herramientas profesionales para luego de haber participado constatar ese crecimiento y experimentar los cambios. Los y las jóvenes valoran la experiencia de estar cambiando la visión que tienen de su profesión, la maduración personal y los aprendizajes que van construyendo. Vínculos. Finalmente, otro núcleo importante es el del conocimiento y vínculo entre personas de diferentes sectores sociales. Vemos una línea de continuidad desde el deseo de conocer otras realidades y personas distintas como un motivador inicial, y la importancia que se le otorga al vínculo generado con los y las destinatarias de los proyectos, quienes dejaron de ser un grupo social desconocido para constituirse en personas significativas para ellos. En relación a las motivaciones iniciales vinculadas a las creencias y a cuestiones ideológicas, creemos que –si bien los y las jóvenes no expresan otras razones que los lleven a continuar participando de esas actividadeséstas atraviesan transversalmente los núcleos motivacionales a lo largo de la realización de los trabajos. Por otro lado, el compromiso con la institución, uno de los motivos para continuar realizando las actividades sociales, pareciera ser algo relativamente diferente que aparece, exclusivamente, luego de un tiempo de participación activa, como el resultado de la actividad, los vínculos entablados, el aprendizaje realizado, etc. Estos rasgos que caracterizan las motivaciones de los y las jóvenes, se han gestado en la interacción con diversos sujetos sociales y en un escenario social particular. Identificamos al menos cuatro factores que ellos y ellas señalan como condiciones favorables para la participación. El primero está vinculado a la socialización primaria en la familia; el segundo es la experiencia de la escuela secundaria; el tercer factor tiene que ver con el entorno social próximo, los amigos y el lugar donde residen; y, en cuarto lugar, se encuentra el factor coyuntural, la situación cultural y socio-política del país en los últimos años.

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Propuestas para la reflexión • Las motivaciones de las y los jóvenes y nuestras propuestas
Teniendo en cuenta las motivaciones detalladas a lo largo del capítulo, les proponemos identificar y marcar aquella/s que se destaca/n en la propuesta de participación que realiza su organización. Las motivaciones mencionadas en el capítulo son: la conciencia y conocimiento de la desigualdad; el interés y gusto por la acción; las capacidades y cambios a nivel personal y profesional; y el deseo de conocer otras realidades y entablar vínculos interpersonales fuertes. En caso de que la organización no destaque ninguna, los invitamos a buscar cuál es la causa, si se debe a los objetivos de la misma, al desconocimiento de los motivadores para la participación juvenil, o algún otro aspecto.

• Problematizar las motivaciones
Luego de identificar las motivaciones que tienen que ver con la propuesta de la organización y en relación a la misma, los invitamos a problematizar distintos aspectos sobre estas motivaciones utilizando interrogantes sobre cada una de ellas:

1. Conciencia y conocimiento de la desigualdad
–– ¿Qué nivel de compromiso tiene la propuesta y la acción de la organización en relación a las problemáticas sociales, políticas y económicas de la comunidad en la que está inserta? –– ¿Realmente se fomenta una mayor conciencia social a través de las acciones propuestas? –– ¿La organización ofrece un posicionamiento claro frente a las situaciones de injusticia, exclusión y desigualdad social, política y económica? Este posicionamiento, ¿es compartido por todos los que forman parte de la organización? –– ¿La problemática sobre la que trabaja la organización es comunicada con claridad a quienes se acercan, a la comunidad y a las y los participantes? –– ¿Se generan espacios, dentro de la organización, para debatir, reflexionar, compartir percepciones sobre las situaciones sociales y el contexto político-económico? –– ¿Se desarrollan acciones puntuales que, desde la práctica, propongan cambiar, revertir o mejorar situaciones de desigualdad, injusticia y/o exclusión social?

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2. Interés y gusto por la acción
–– ¿Qué conocimientos se tienen sobre los intereses, gustos, preferencias y deseos de los y las jóvenes que se acercan a la organización para participar? –– ¿Las actividades de intervención resultan claras para los y las jóvenes participantes? –– ¿Desde la organización se realizan propuestas que habilitan a trabajar con los gustos de las y los jóvenes, para así sostener su participación? –– ¿Posicionamos a las y los jóvenes que participan como protagonistas de su proceso de intervención? –– ¿Se generan espacios o instancias de reflexión sobre las actividades que se desarrollan, sus supuestos, concepciones y objetivos? –– ¿Se piensan y desarrollan acciones concretas en las que las y los participantes puedan ver resultados como producto de su accionar? –– Bajo los objetivos de la organización, ¿hay espacios donde los sujetos convocados puedan proponer actividades que los motiven a participar? –– Las tareas y actividades que la organización propone, ¿tienen en cuenta los gustos e intereses de las y los jóvenes que se acercan a participar?

3. Capacidades y cambios a nivel personal y profesional
–– Cuando se piensa en una propuesta de acción, ¿se explicitan los recursos, capacidades, aptitudes y actitudes con la que deberán contar las y los jóvenes convocados para participar? –– ¿Se acompaña a las y los participantes ofreciendo asesorías, tutorías, capacitaciones que potencien sus cualidades y eviten una exposición a situaciones que puedan generar frustraciones? –– ¿Se propone el desarrollo de actividades para que las y los jóvenes que se acerquen a participar puedan poner en juego sus saberes, experiencias y trayectorias, haciendo un aporte personal a la acción colectiva? –– ¿Se generan instancias o espacios para construir, a partir de su participación, nuevos conocimientos, corroborar o refutar preconceptos o hacer aportes a la organización? –– ¿Se les exige compromiso en la participación? ¿Se les proponen desafíos para su crecimiento personal y profesional? –– ¿Se incluyen instancias de reconocimiento de los aportes profesionales y personales que los y las jóvenes participantes hacen a la organización? ¿Cuáles son y qué medios se utilizan para ello? –– ¿Conocemos cuál es el aporte que hacemos, como organización, a las y los jóvenes que participan, y cuál es el que ellas y ellos hacen en relación a las actividades propuestas?

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4. Deseo de conocer otras realidades y entablar vínculos interpersonales fuertes
–– ¿Qué clima se genera en la organización, hacia adentro, para recibir, escuchar, enseñar-aprender y contener a las y los participantes o a quienes se acerquen? ¿Qué lugar se les da a los vínculos personales dentro del trabajo de la organización? –– ¿Cuánto tiempo, espacio y recursos se destinan a trabajar y fortalecer el aspecto más vincular entre las y los participantes de la organización? ¿Qué acciones se desarrollan para afianzar las relaciones con las y los jóvenes participantes? –– ¿Se realizan actividades para promover vínculos interpersonales entre las y los participantes? –– ¿Se promueven acciones colectivas, de abordaje grupal? –– ¿Qué valores se fomentan, desde la organización, en relación al trabajo en equipo, el desempeño grupal, la toma de decisiones, el compromiso, la tolerancia, lo diverso? –– ¿Cuenta la organización con una red de contención ante el desánimo o sensación de frustración en el o la participante como resultado de expectativas y/u objetivos no alcanzados?

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2. Sentidos que las y los jóvenes le otorgan a la participación

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2.1. ¿Qué es la participación para las y los jóvenes?
Quienes integramos la organización, ¿qué entendemos por participación y qué damos a entender?

Frente a la pregunta sobre qué sentido le otorgan los y las jóvenes a la participación en actividades sociocomunitarias, las y los entrevistados responden vinculándolo a diferentes dimensiones: i) a la acción colectiva, a actividades grupales y masivas; ii) al encuentro interpersonal y a la construcción de vínculos; iii) a actitudes de los sujetos; iv) a diferentes tipos de actividades (como la política partidaria, actividades culturales, la solidaridad o la generación de trabajo productivo); y v) finalmente, a los resultados de una actividad, como el cambio o la transformación de determinadas situaciones.

Participación como acción colectiva
Algunos de los y las jóvenes entrevistadas entienden que la participación tiene que ver, principalmente, con la acción colectiva. En palabras de una de las entrevistadas, “lo primero que me remite la participación social es al colectivo”. En esta línea, vemos al menos dos significados de ese ser colectivo. Acción masiva. Un aspecto del sentido colectivo que le dan a la participación está relacionado con aquellas expresiones masivas que ocurren en el espacio público. Destacan movilizaciones que tuvieron una gran convocatoria y ocurrieron en el espacio público, o en términos de algunos de los entrevistados, “se apropiaron de la calle”.

Un aspecto del sentido

colectivo de la participación está relacionado con las expresiones masivas que ocurren en el espacio público.

“Creo que esto es una muestra de que el poder también se genera en la calle y que la participación deriva en cambios sociales. Es más, que los cambios sociales más importantes que hubo en la Argentina fueron con las grandes participaciones de la gente en la calle, no sólo de las estructuras” (GF6) La participación está claramente vinculada, entonces, al ámbito de lo público y a manifestaciones multitudinarias que persiguen determinados objetivos políticos. Esto introduce, además de la masividad y la presencia de los ciudadanos en la calle, la dimensión conflictiva de estas prácticas, la expresión de demandas y las relaciones de poder que suponen. “Lo que se entiende por participación política es movilización en la calle del pueblo organizado, creo que la única forma de que se transforme la realidad es con organización y con el pueblo real en la calle” (GF6).

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Cuando se les pide que elijan una palabra clave asociada a participación, muchas y muchos mencionan términos como pueblo, colectivo, comunidad, el país, unidad, parte, organización y “17 de octubre” (tomado como símbolo de un colectivo en el espacio público). Ser parte. Los y las jóvenes entienden también que esta participación colectiva tiene que ver con formar parte de un equipo, compartir valores y objetivos entre quienes llevan a cabo la actividad e identificarse con las y los compañeros, lo que supone la consolidación de un fuerte sentido de pertenencia a un grupo concreto. Una de las entrevistadas afirmó que si bien durante un tiempo prolongado había realizado actividades en una organización social, no consideraba que hubiera estado participando en esa institución porque no compartía ciertos valores y formas de trabajo. Por ese motivo, se alejó y se vinculó a otro colectivo con personas con las que sí compartía valores, metodología de trabajo y objetivos. En este caso, consideraba que sí participaba en la organización: “Comprometerse o formar parte tiene que ver con compartir los valores, con elegir con quién estás caminando de la mano con esa asociación, si te sentís identificado, y es progresivo en ese sentido. Primero transitás una etapa y después esto puede ir mutando, para bien o para mal, (...) si estás de acuerdo o no, si te sentís bien con lo que estás haciendo, pero para mí surge de eso, de las ganas que uno tiene” (GF2). El grupo habilita el encuentro entre personas y supone, para su existencia, el respeto compartido entre cada uno de sus miembros. Esta premisa implica que, incluso, frente a la diversidad de miradas y posiciones, se puedan tener objetivos comunes y que, a su vez, sujetos desde roles diferenciados puedan hacer su aporte. “Pienso en participación y pienso en grupo de personas. Bueno, en las dos fotos que elegí se ve siempre un grupo de personas. Elegí esta porque me parece que toda participación tiene que tener dentro de un grupo roles definidos, tienen que llevar adelante una misma actividad y que cada uno de esos roles se complemente. Eso me parece que también es participar. Y elegí esta porque, dentro de la participación (no sé, participación la asocio mucho con grupo, van básicamente de la mano), la tomo porque me parece que en un grupo todas las personas somos diferentes y que está bueno que la participación es lo que te une a una persona que es diferente a vos, para encaminar un bien común” (GF3).

Participación como encuentro y vínculo interpersonal
Estos colectivos a los que aluden los y las jóvenes no son masas de individuos aislados, por el contrario, están basados en intercambios personales profundos y enriquecedores. Al hablar de los sentidos que los y las jóvenes le dan a la participación, otro aspecto muy importante lo constituye el 37

Participar es involucrarse, con otros y establecer vínculos afectivos, de acompañamiento, de contención o de enriquecimiento mutuo.

encuentro interpersonal: muchos de las y los entrevistados le otorgan una gran relevancia a los vínculos. Participar, para ellos y ellas, es involucrarse, intercambiar, relacionarse con otros y establecer vínculos afectivos, de acompañamiento, de contención o de enriquecimiento mutuo. “Creo que todos tenemos un mundo, una vida, una historia y proyectamos un futuro, y cuando nos abrimos al mundo del otro, a la historia del otro y al proyecto futuro del otro, creo que esa es la participación (...), es donde se enriquece uno, se enriquece el otro y se enriquece la sociedad” (GF1).

intercambiar, relacionarse

Esta valorización del encuentro interpersonal es puesta en evidencia por jóvenes que participan en todo tipo de organizaciones, ya sean partidarias, religiosas o civiles. Hablan del intercambio interpersonal en la vida cotidiana, más allá de la actividad en los barrios. Participar tiene que ver con la comunicación en todos los ámbitos y la importancia de ver y escuchar a todo otro como vías para la participación. Las y los jóvenes entrevistados hacen referencia no sólo al vínculo con sus compañeros dentro del equipo de trabajo, sino también al que construyen con las y los destinatarios de las actividades. Plantean que establecen con ellos una relación de igualdad, especialmente en su componente afectivo, pero también a nivel de las actividades cuando expresan, por ejemplo, que valoran y tienen en cuenta los aportes de las y los destinatarios en el desarrollo de las actividades y a la hora de tomar decisiones. Muchas y muchos entrevistados hacen hincapié en que el fin de su actividad, más allá de la tarea puntual (sea apoyo escolar, talleres o trabajo manual), es construir redes de contención que posibiliten el encuentro interpersonal.

Se hace referencia al

“A mí me toca la parte de apoyo escolar y me tocan chicos con diez hermanos, chicos golpeados, que esvínculo dentro del equipo tán con los padres en la cárcel... entonces todo eso de trabajo y también al que no solamente es un apoyo escolar hacía ellos para que avancen en la escuela, sino que es también una se construye con la y el contención para ellos y para que puedan refugiarse en otra persona que no sea su familia, porque a veces destinatario de la actividad. vienen con bastantes problemas los chicos. Y también para que los padres se sientan contenidos, porque a veces están 16 horas en la calle trabajando y los chicos están solos, entonces el apoyo escolar es para contenerlos a ellos” (GF6). La construcción de vínculos aparece nuevamente en el discurso de una forma sobresaliente. No sólo es un elemento de peso a la hora de empezar a participar y seguir haciéndolo, sino que generar vínculos e interacción constituye también una razón, un sentido y un objetivo de la participación. Las y los entrevistados manifiestan que realizan actividades 38

sociocomunitarias porque hallan en esas prácticas un encuentro con un otro, un momento en cual se puede construir un tipo de relación social alternativa: una relación de respeto y contención. La valoración del intercambio es notable, pero pareciera que le adjudicaran a la posibilidad de establecer vínculos personales con los y las destinatarias, un poder de transformación radical. Sin embargo, no hacen referencia, por ejemplo, a la posibilidad de que a partir de esos vínculos se construyan plataformas de construcción colectiva e interclasista de alternativas de solución estructurales a la pobreza o de lucha por los derechos. En muchos casos, pareciera que Realizan actividades fuera suficiente con constituir vínculos interpersonales sociocomunitarias porque ricos, y ofrecer contención y afecto. Notamos que esta descripción aparece, especialmente, en los y las jóve- hallan en esas prácticas nes que participan en actividades de organizaciones un encuentro con un otro, vinculadas a iglesias y asociaciones civiles. En estos casos, la figura tradicional del destinatario de un momento en cual se la actividad sociocomunitaria, entendida como mero puede construir un tipo de receptor de la actividad, está en crisis. En general, se lo ubica en un lugar de igualdad, considerando que relación social alternativa: es una persona que ha tenido más dificultades y que una relación de respeto y con la participación en las actividades puede mejorar su situación y, eventualmente, en un futuro no nece- contención. sitar de la intervención de ninguna organización externa. Si bien es valioso y correcto que se consideren a las personas en situación de pobreza iguales en derechos y dignidad, es probable que las y los jóvenes estén invisibilizando, bajo ese discurso, desigualdades muy fuertes de base.

Participación como responsabilidad social y compromiso
Si bien las y los jóvenes entrevistados le atribuyen a la participación un claro sentido vinculado a la acción colectiva, también han señalado aspectos de carácter personal: por un lado, actitudes frente a la acción participativa y, por otro lado, los sentimientos que esa acción involucra. Algunas y algunos entrevistados hacen referencia a que la participación tiene que ver con un deber o una responsabilidad social: participar es una acción que parte de una decisión tomada por uno mismo. En general, aluden a una responsabilidad ante la injusticia social y no como una imposición ni una devolución a la sociedad de lo que les dio, sino desde un compromiso ético con los demás y esto se identifica especialmente después de haber participado. “La participación para mí es un deber y es un deber porque vivimos en sociedad y no vivimos solos y por lo tanto vivimos con una cantidad inmensa de gente alrededor y si cada uno viviera solo para sí mismo no tendría mucho sentido nada” (GF5).

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A la hora de resumir en pocas palabras qué es la participación, muchos hicieron referencia a actitudes personales que tienen que ver fundamentalmente con el compromiso personal. Este se ha entendido como una disposición que se va gestando mientras se realizan las actividades. Se expresa en acciones concretas, pero no todos los que realizan acciones tienen un compromiso real. Los y las jóvenes comentan que hay personas que llevan a cabo actividades, pero de manera superficial. Incluso referencian experiencias personales, en las cuales -al comienzo- no sentían un fuerte compromiso, sin embargo este se fue gestando a través de la realización de acciones junto a las personas, la institución y la causa. Y eso es participar. “Entonces creo que la participación es eso: algo progresivo. Uno va profundizando y se va sumergiendo y es algo a lo que se llega de a poco. Como que al principio no sé, como que te tiene que captar la atención, no sé. Es como ir pasando por la tele, haciendo zapping, y ‘uy, me interesó eso’. Recién a partir de que uno conoce, profundiza, es que se desarrolla el compromiso. Y cuando aparece el compromiso es que realmente estamos participando” (GF2). Más allá del ejemplo del zapping, que fue retomado en la entrevista por otras y otros participantes, hablan de un momento especial donde se hace un “clic” y se asume un nuevo compromiso que los liga a esa causa. En cuanto a lo que ese compromiso implica, en relación a la dedicación, hay una gran variedad de interpretaciones y han expresado distintos niveles de involucramiento. Lo que para unos es estar muy comprometido, para otros significa que no se está muy involucrado. Pese a que la tendencia mayoritaria es destacar que hay participación si es una práctica constante extendida a lo largo del tiempo, algunas y algunos entrevistados señalan la posibilidad de participar en forma particular y puntual. Se verá al final del capítulo que, si bien para todos su actividad es muy importante, hay quienes la llevan adelante todos los días, mientras otros la realizan con menor frecuencia. “Lo que pensé cuando dijiste ‘participar’ no fue pensar en el compromiso más a largo plazo, sino que participar puede ser participar en una marcha, participar de una cosa en particular. Después si eso te lleva a involucrarte más y a ahondar más, está bárbaro. Obviamente uno tiene que tener una motivación, una razón por la cual quiere participar, pero también puede ser puntual” (GF2). La actitud comprometida o no comprometida no se reduce sólo a la realización de proyectos sociales, sino que se lo relaciona también a la vida cotidiana, como una actitud de vida. Incluso se menciona el caso negativo de aquel que no es parte de ninguna actividad, que con su falta de participación aporta a que las cosas sigan como están. Para ellos tomar una postura más pasiva también es una decisión, que la denominaron “participación pasiva”.

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Al considerar la dimensión personal de la participación, además de la responsabilidad social y el compromiso, en algunos casos, otorgan importancia a la cuestión emocional. Los sentimientos o la sensibilidad hacia las situaciones injustas constituyen un elemento importante a la hora de participar. Sentirse identificado con lo que pasa en el sentido de no ser indiferente, y también desarrollar una actividad en la que los sentimientos se ponen en juego.

Participación vinculada a diversas actividades
Al hablar de qué es la participación, las y los jóvenes entrevistados la asocian no sólo a un tipo de actividad sociocomunitaria, sino a acciones en disciplinas diversas. Mencionan: a) la política partidaria; b) las actividades culturales y artísticas; c) las actividades solidarias; y d) en menor medida, la generación de empleo. Los y las jóvenes que hacen referencia a la participación como actividad política partidaria rescatan el trabajo en territorio. Otras y otros hablan de ocupar cargos públicos en la gestión estatal, ya que sostienen que desde allí cuentan con más recursos para hacer cambios en la sociedad. Desde esta perspectiva aparece la actividad política como definitoria de la noción de participación. “Creo que para todos tiene que ver con la transformación de la realidad entendiendo a la política como una única herramienta posible para eso” (GF5). Muchas y muchos de los que mencionan la actividad política partidaria destacan el aspecto de la participación relacionada a los conflictos de poder que hay en la sociedad. Esta cuestión está presente especialmente en el discurso de las y los jóvenes de agrupaciones de izquierda: “Yo elegí esta [foto] que era la simbología de una persona gritando, expresando algo, entendiendo a la política no como un consenso sino como un conflicto y que necesariamente tiene que haber una expresión, una liberación, de la voz, de la palabra” (GF5). En referencia al Estado, algunos decían: “Es una herramienta que la domina un sector de la sociedad. Nosotros queremos un Estado obrero que aplaste a la burguesía físicamente. Te lo llevo a un extremo, te lo brutalizo, un Estado que aplaste a los burgueses y sea una herramienta de la clase obrera para garantizar su igualdad” (GF7). En cuanto a la asociación de la participación con actividades culturales, se relaciona la actividad artística, por un lado, con la construcción de lazos sociales y de ciudadanía, y, con ella, el acceso a derechos. Los y las jóvenes asociaron la actividad cultural con la posibilidad de una 41
¿En cuáles de las actividades que llevamos adelante pueden participar jóvenes? ¿Cuál de ellas es nuestro fuerte como organización?

forma de expresión que estimula el encuentro con el otro. “Me parece que es uno de los fenómenos sociales, por lo menos acá en la Argentina, el fenómeno de los centros culturales, de los talleres barriales, de todos estos tipos de espacios que integran lo más cotidiano, como es el barrio, con cuestiones culturales, me parece que es uno de los sitios de participación que se sostienen en la Argentina y que se inserta en una tradición de organizaciones, de espacios de organización, que por suerte la última dictadura no pudo terminar de romper” (GF6). En tercer lugar, se asocia la participación a la realización de acciones solidarias. Estas implican proyectos y actividades realizadas junto con otros que tienen una determinada necesidad, con el objetivo de ayudarlos a superar esa situación o esa carencia. Este tipo de acción está vinculado con la asistencia y el acompañamiento personal. Por último, algunos y algunas jóvenes asocian la participación con actividades productivas o de capacitación laboral, entendiendo al trabajo como mecanismo de inserción social.

¿Cuál de las actividades que propusimos como organización tuvo mejor repercusión o convocatoria? ¿Por qué?

Participación como transformación
Por último, también las y los jóvenes asocian la participación con la posibilidad de un cambio o de una transformación que sea resultado de esa acción. En los distintos casos, hacen referencia a producir cambios desde una posición activa, pero con una importante dispersión en cuanto al contenido de esos cambios: gran parte de las y los entrevistados lo asocian a la transformación de injusticias en situaciones puntuales, mientras que otros lo vinculan a transformaciones estructurales.

Apuntan a modificar diversas situaciones concretas que implican, generalmente, un contacto directo con las personas afectadas.

“Creo que la gente tiene que participar, primer punto, por estar disconformes con la realidad en la que se está, y segundo punto, como viéndose en el sentido de que es un posible elemento de cambio. Creo que esas son las dos cuestiones así, para hacerlo bastante simple, por la cual la gente se puede llegar a ver involucrada y pueda querer participar, involucrarse...” (GF1).

En este sentido, la transformación no apunta a cambios estructurales, sino más bien a modificaciones de diversas situaciones concretas que implican, generalmente, un contacto directo con las personas afectadas. “Creo que las mujeres estas están cocinando, dando un plato de comida a personas que realmente lo están necesitando. En definitiva, un colectivo de iguales que tienen un objetivo en común y es tratar de cambiar determinada cuestión de la realidad, metiéndose en algún tipo de causa y participando, ya sea desde una ONG, una asociación 42

religiosa o algún partido político. Elegí esta, porque se me vino a la cabeza lo que estaba ocurriendo en febrero, el tema de Famatina, yo estoy en una organización política y a través de todo este debate que se dio me puse a pensar también qué es lo que veía en una organización política y en una ONG y también con una organización religiosa en la que participaba en apoyo escolar. En todas, el punto en común es tratar de cambiar parte de la realidad” (GF1). A la hora de asociar palabras clave con la participación, algunas y algunos de los entrevistados mencionan los términos cambio y transformación, también crecer, progreso y objetivo. Otros y otras ponen la mirada en la problemática a través de expresiones como sometimiento o injusticia, entendiendo estas palabras como aquello que impacta y motiva a la participación; mientras que otros hacen énfasis en los resultados, los logros que esta acción puede producir, mediante conceptos como justicia social, inclusión o libertad. Este punto se desarrollará en profundidad en el apartado siguiente, en el que los y las jóvenes expresan cuáles son para ellos y ellas los fines de la actividad que realizan.

2.2. La finalidad de la participación
Otro de los puntos fundamentales a abordar es con qué fin y para qué los y las jóvenes realizan acciones sociocomunitarias. De sus discursos surgen diferentes sentidos que pueden englobarse en cuatro grandes grupos. El primero hace referencia a la ayuda al otro, en un sentido vago y difuso de la participación; el segundo incluye motivos que se relacionan con el empoderamiento del otro, la transmisión de conocimiento o la generación de situaciones favorables para que las y los destinatarios se desarrollen; el tercero se vincula con la intervención para cambiar situaciones de injusticia o desigualdad en el reconocimiento y acceso a los derechos; y el cuarto incluye motivos relativos a intereses, objetivos y gustos personales. Por fuera de estos agrupamientos, se encontraron algunos casos en los que las razones se vinculan a las creencias y a la transformación radical de las estructuras de la sociedad.

La finalidad como ayuda al otro
Algunos y algunas jóvenes hablan de hacer el bien al otro, de responder a las necesidades que tiene o de realizar actividades solidarias que resuelvan o mitiguen su problemática. “Hay muchos chicos en silla de ruedas, por ahí no pueden salir del hogar porque no hay nadie que los pueda sacar a pasear, a veces se sacan a pasear entre ellos. Entonces ir a dar una mano” (GF3). En estos casos, las y los entrevistados se expresan de manera general, sin 43

especificar un objetivo preciso, diciendo que quieren hacer el bien a los demás, que no sufran, que estén mejor o sean felices. “Lo mío es también más de lo mismo, me surgió por vocación y por mi historia. Yo quiero que, por sobre todo, los niños no sufran. Es básicamente eso. A mí me importa eso más que nada. Que sí tengan la posibilidad de ir al colegio y de educarse, y si no tienen una familia, sí puedan formarla después, que no separen a sus hermanos, que puedan mantener ese vínculo, a mí me importa mucho eso” (GF6). El vínculo entre las personas parece ser un método y a la vez un fin de la participación. Entablar vínculos, estar cerca, dar cariño y compartir son aspectos que los y las jóvenes destacan de la participación. “Participar es eso ¿no? Ver no las necesidades, sino ver las ganas de compartir y de salir al encuentro, de ofrecer lo que uno tiene. Yo creo que yo diría: ‘me gustaría hacer un montón de cosas pero mi realidad es esta y quiero participar con lo que tengo’” (GF3). “Respetarse a uno mismo y después respetar al otro. Intentar, por lo menos, este cambio en las relaciones, que creo que falla mucho” (GF2). Quienes ven la finalidad de la participación desde esta perspectiva forman parte –en su mayoría- de grupos religiosos, aunque también coincide con la mirada de jóvenes que provienen de otras instituciones. Algunas y algunos entrevistados que participan en grupos religiosos realizan actividades sociocomunitarias para evangelizar, compartir la fe, transmitir el mensaje de que “no están solos, no son olvidados por Dios” y llevar esperanza. En general, se trata de jóvenes vinculados directamente con una parroquia. En el discurso de otros y otras jóvenes que participan tanto en organizaciones de orígenes cristianos pero independientes de una parroquia, como en organizaciones judías, la cuestión del proselitismo y la fe religiosa no están presentes.

La finalidad como empoderamiento de las y los destinatarios
Además de los resultados inmediatos que logran, muchos y muchas jóvenes sostienen que al realizar actividades sociocomunitarias también buscan generar impacto a mediano y largo plazo. Gran parte de ellas y ellos hace referencia a que el objetivo que las y los mueve es crear conciencia en las y los destinatarios o participantes de las actividades, lo que implica sensibilizar a la comunidad o reflexionar entorno a diferentes temas que tengan como eje el lugar que el otro ocupa en relación al resto de la sociedad. En este sentido, describen situaciones o espacios en los cuales fue posible la reflexión sobre algunas problemáticas que atraviesan a las y los destinatarios de las actividades. 44

“En el taller se habla poco [sobre el lugar de la mujer], y más todavía en los sectores populares. (...) Yo no voy a imponer cuál es el rol específico de la mujer, porque Yo no lo puedo determinar eso, pero sí me parece, me gustaría, o lo que creo que intenta el taller” (GF2). Dentro de este conjunto, también mencionan dar herramientas -tanto teóricas como prácticas, vinculadas a la economía productiva y el trabajo- para que las y los destinatarios cuestionen su propia realidad y se organicen para resolver situaciones injustas. En el caso de las y los jóvenes que participan en agrupaciones político-partidarias de izquierda o centro izquierda, ese proceso de organización es denominado participación popular. Asimismo, hacen referencia a la construcción de ciudadanía, a facilitar la conformación de lazos o de una comunidad, a generar conciencia, a transmitir ciertos valores o a abordar determinados temas a través de los medios de comunicación o de eventos. En algún caso, se señala que la actividad sociocomunitaria cubre una necesidad insatisfecha de las personas, y esto pone en evidencia la ausencia del trabajo estatal, sin embargo esto no constituye una perspectiva generalizada. Para estas y estos entrevistados, el objetivo o el fin último de la actividad sociocomunitaria está relacionado con la figura del destinatario, del otro, de aquel que no forma parte de la organización y que se vería beneficiado por esta acción.

Situados en las actividades y acciones desarrolladas, ¿cuáles de ellas tienen como finalidad generar un cambio? Pensar en casos concretos.

La finalidad como intervención para cambiar situaciones
Muchas y muchos de los jóvenes entrevistados expresan que realizan actividades sociocomunitarias con el fin de modificar situaciones determinadas. En general, las actividades no apuntan a una transformación radical de la estructura social, sino más bien a la búsqueda de soluciones de problemáticas que atraviesan personas o grupos sociales en situación de vulnerabilidad. “Yo hago apoyo escolar así que hay un parangón muy claro que tiene que ver con cambiar un poco la distribución de oportunidades que no es muy igual para todo el mundo. Ese sería el para qué de la actividad” (GF2). Algunas y algunos se refieren a cambiar situaciones injustas puntuales, relacionadas mayormente con la igualdad de derechos y oportunidades; mientras que otros y otras aluden a modificar la realidad en un sentido más amplio o lograr cambios en general, sin especificar un problema concreto. En el deseo de transformación de esas situaciones injustas, también hay lugar para asumir las dificultades y la impotencia con que se enfrentan. “En el pueblo que visitamos, los maestros son terribles, lo que cuenta 45

la familia, que les pegan, que no le dan de comer, que se roban las cosas. (...) Se siente mucho en el pueblo cómo llegan a séptimo grado y no saben leer los chicos. Cómo depende la vida de un pueblo de dos personas. Entonces a veces es re impotente no poder hacer nada, pero bueno, desde lo poquito, estar quince días, treinta al año (por ahí un poco menos), sí, obvio, poder hacer algo por esos chicos. Uno tampoco puede hacer muchísimo porque no le podés enseñar a leer en quince días, lamentablemente” (GF3). Si bien –como se ha sostenido-, en general, el sentido de la participación se orienta a producir cambios en situaciones puntuales, algunos y algunas jóvenes sostienen que el fin último de sus actividades es lograr un cambio cultural y de las estructuras sociales. “¿Qué es tu vida o la vida de todos nosotros en la historia si no podemos alcanzar la liberación de la patria y la unidad de un continente que fue explotado durante siglos, por las mismas ocho empresas británicas? ¿Qué es la vida de una persona que logró recibirse de médico, de asistente social, si la patria sigue encadenada, si seguimos siendo una semi colonia de los yanquis, de los británicos?” (GF7). Algunos y algunas hablan de hacer la revolución, una transformación radical en las relaciones de poder de la sociedad en su conjunto. “Para mí, es todos los días la revolución, no es que un día va a llegar la revolución. No. La revolución la tenemos que hacer todos los días” (GF7). “No se puede empezar a avanzar en eso globalmente si no rompiste con una lógica de explotación de las personas. Si vos no rompés la lógica de explotación del hombre por el hombre, nunca vas a poder avanzar ni un poquito en crear lazos solidarios...” (GF7). Cabe destacar que esta postura es sostenida sólo por algunas y algunos de los jóvenes que participan en partidos políticos de izquierda.

La finalidad como desarrollo personal
Entre los motivos que explican la participación, también aparecen aspectos vinculados a la dimensión personal: por un lado, a la responsabilidad social y, por otro lado, a la satisfacción que produce la realización de actividades sociocomunitarias y al crecimiento personal. Al hacer referencia a los aspectos individuales, los y las jóvenes que participan en grupos religiosos aluden a su deseo de “conocer otra realidad” y de “ayudar al prójimo”. Otros y otras hablan de conocer el país profundamente o cambiar el modo de entendimiento y comprensión propio: “Cambia la manera de pensar también. Esto que hablamos de los pre46

juicios, y de cambiar el sentido a palabras o a cosas que uno tiene de oído, encontrarle el verdadero sentido o el sentido personal a conceptos o cosas que uno escucha, y hacerlas propias” (GF4). También emerge, en el discurso, el crecimiento personal y el aprendizaje vinculado a ir a los barrios. “Creo que lo más importante es que no lo hago por el otro, sino por cómo uno crece. Es la parte más egoísta del asunto, pero en realidad es lo que a mí más me enganchó: cómo crezco yo a partir de un vínculo con esa persona carenciada. Nosotros a veces lo necesitamos” (GF2). En algunos casos, cuando hablan del sentido último de su actividad vinculado al cambio de situaciones, a la contención u otros fines se hace referencia a la importancia de que uno mismo también se enriquece, que uno aprende, o que resulta una satisfacción personal el llevar adelante este tipo de actividades. Las y los entrevistados admiten disfrutar de la actividad que realizan, encuentran placer en ella y consideran que aporta a su crecimiento personal.

2.3. Dedicación de las y los jóvenes a las actividades
Cómo se inserta esta actividad en la vida cotidiana de los y las jóvenes, qué lugar ocupa y cómo se relaciona con las otras ocupaciones, con sus estudios, con la relación con sus amigos o la familia, son aspectos que pueden ayudar a comprender qué sentido tiene la participación para ellos y ellas. Vemos que la mayoría de los y las jóvenes consideran muy importantes las actividades sociocomunitarias que realizan, independientemente de la cantidad de tiempo que le dediquen. Se trata de tareas que ocupan un lugar relevante en sus vidas, que tienen que ver con ellos y ellas, con sus valores, sus convicciones, con relaciones afectivas significativas y otros aspectos centrales en la construcción de su subjetividad. A partir del análisis de los discursos ofrecidos por los y las jóvenes, se advierte que -si bien la valoración positiva sobre las actividades sociocomunitarias no cambia-, sí varía de unos a otros entrevistados -o incluso en diferentes momentos de un mismo discurso- la dedicación de tiempo y la cantidad de trabajo que se realiza. Estas diferencias permiten conformar cuatro agrupamientos principales: a) aquellos y aquellas jóvenes para quienes su participación toma “toda su vida”: lo que hacen es muy importante, le dedican la mayor cantidad de tiempo que pueden y el resto de sus actividades se orientan u organizan entorno de esta actividad; b) jóvenes que le dedican mucho tiempo a actividades de la organización, lo que incluye algunos días durante la semana y los fines de semana; c) quienes le dedican relativamente poco tiempo a la participación (un día por semana, cada quince días o mensualmente) y sostienen que para 47

ellos es muy importante la actividad; y d) quienes, aunque han dejado de participar, mantienen el discurso de que la participación es importante. Dedicación total. Está conformado por quienes refieren una dedicación total a la actividad: sostienen que todo el tiempo están enfocados en las tareas, los objetivos, las preocupaciones o temas vinculados a lo que realizan en la organización. Le dedican mucho tiempo y esta participación atraviesa toda su vida y establece una forma o estilo de vida marcado por la militancia o el voluntariado. Expresan que su tarea no es ajena al resto de su cotidianeidad, sino que, por el contrario, la conciben como un eje central que organiza el resto de sus actividades, sus estudios y sus compromisos familiares. “Mi militancia es estar en la calle, interpelar en todos los ámbitos, en mi trabajo, en el barrio, en las clases de apoyo, estar con los chicos, enseñarles a contar, a leer, a escribir, estar en el día a día es fundamental” (GF6). Queda evidenciado en este modo de participación totalizante que no sólo no se trata de una tarea ajena al resto de los aspectos de la vida cotidiana, sino que justamente constituye el interés central, aquello que le da sentido a las demás actividades. “A mí me pasa que es directamente una forma de pensar. (…) Quizás hasta lo pongo encima de la carrera y de mi familia, porque decido hacer algo en vez de irme a ver a mi primo, por ejemplo. Me lo recriminan en mi casa, porque son muy familieros, y yo... bueno, sí, los quiero, pero prefiero ir hacer otra cosa” (GF4). Dedicación periódica. El segundo agrupamiento –y el más numerosocomprende a jóvenes que manifiestan que -si bien no realizan actividades sociocomunitarias a diario y, por ende, no les ocupa la mayor parte de su tiempo-, esa tarea es central para sus vidas. Les implica una dedicación de uno o dos días a la semana y algunos momentos de reflexión o planificación sobre las tareas y objetivos. “En mi vida ocupa un muy alto porcentaje, es algo muy importante que no dejaría de hacer por nada. En cuanto a tiempo físico, en realidad yo creo que no es nada, porque vamos un día a la semana y no alcanza para todo lo que ocupa en la vida de uno” (GF2). Como se evidencia, los y las jóvenes en este segundo grupo no dejarían de realizar las actividades de las que participan: no es un aspecto más de sus vidas, sino que, mas allá de la cantidad de tiempo dedicado, es algo muy arraigado, que tiene que ver con sus intereses, sus búsquedas personales y el sentido de lo que hacen. “Yo tampoco es que cuento (con) un tiempo físico todos los días para

Para que las actividades propuestas se lleven a cabo satisfactoriamente, ¿cuánto tiempo real de trabajo se necesita? ¿Se explicita de antemano cuánta dedicación es necesaria para participar en las actividades de la organización?

Desde la organización, ¿ofrecemos propuestas variadas que requieran más o menos tiempo de dedicación de parte de las y los participantes?

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esto, pero es una actividad que ocupa un lugar importante y tampoco es algo que dejaría de hacer. Si, además de las reuniones que son cada 15 días, siempre si hay alguna cosa que... ya sea como venir acá, o alguna cosa más que pueda hacer, que pueda ayudar, está bueno” (GF2). Dedicación esporádica. Algunas y algunos entrevistados plantean que el tiempo de dedicación es poco y que realizan actividades cada quince días o una vez por mes. Esta dedicación más reducida es mencionada por una cantidad menor que aquellos que afirman destinarle algunos días a la semana. En estos casos, se observa una búsqueda de equilibrio entre la dedicación a tareas sociocomunitarias y otras actividades de sus vidas, más allá de que muchos afirmaron, en consonancia con los anteriores, que consideran a su participación como algo importante. “A mí me pasa que en cuanto a tiempo físico capaz es menos, porque es una vez al mes, ahora estamos empezando a hacerlo bimensual, pero la verdad es que se espera con anticipación, es una actividad que da mucho placer, entonces que sea una vez al mes y que dure poco, siempre te quedás con ganas de más” (GF2). Sin actividad. Comprende a quienes, después de participar activamente dedicándole muchas horas de su tiempo a las actividades sociocomunitarias durante un período de tiempo extenso, se plantean la necesidad de cuidar otros aspectos de su vida personal, como el estudio de una carrera universitaria u otros intereses. La actividad sociocomunitaria sigue siendo importante en términos valorativos, pero compite con otras prácticas cotidianas que también son consideradas importantes. “A mí me pasa también con la carrera, siempre desde que entré le dediqué tiempo al grupo, iba a las reuniones, todo, y últimamente como estaba medio colapsada por la carrera, pensé, la carrera la relaciono mucho con lo que hago, prefiero también dedicarle un poco de tiempo a la carrera y rendir todo para no atrasarme, y a su vez, si hay actividades, que son planificar una misión..., voy a ir. A las reuniones se me complica, pero sigue siendo importante, porque pongo en práctica lo que estudio en lo que hago. Importante es” (GF2). Algunas y algunos entrevistados sostienen la necesidad de darle lugar, no sólo a los estudios, sino también a sus familias, al descanso y a la realización de actividades deportivas y recreativas. “Yo para todo pongo primero la carrera, porque me apasiona, me gusta y quiero hacerlo bien. Prefiero hacer una cosa bien, que muchas mal. Al grupo no lo tengo ni arriba, ni abajo, está en el medio. No sé cómo explicar. A las reuniones voy siempre, intento ir. Pero a la actividad de los sábados siempre priorizo otras cosas. Como estudiar o ir a danza o ensayos, esas cosas. Es raro. Quizá no me motiva tanto ir los sábados, no sé. Siempre priorizo otras cosas” (GF2).

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En la misma línea, algunos y algunas jóvenes hacen referencia a la existencia de etapas diferentes de participación sociocomunitaria. Sostienen que hay momentos en los que tuvieron mayor dedicación y otros de cierto distanciamiento. Asimismo, señalan lo contraproducente que puede resultar colmarse de tareas y responsabilidades dentro de la organización en la cual participan, el cansancio que esto genera, el desgaste en la actividad, el malestar y las dificultades para continuar con el trabajo sociocomunitario. “Yo creo que es bastante difícil equilibrar. (...) Yo creo que no se puede estar en la Asociación Protectora de Animales, en el Grupo Misionero... uno trata de focalizar hacia algún lugar. A mí me pasó en una época en que estaba en la Parroquia en absolutamente todos los grupos. Y uno se da cuenta que también es medio desaprovechar los recursos porque estás tan cansado que dejás todo. Y de hecho pasó con muchos chicos: ‘bueno, estoy con veinte grupos’, al año no pisan nunca más este lugar” (GF3). Esta concentración de actividades se ve especialmente en los espacios religiosos, ya que según lo que expresan, en estos grupos es común la sobrecarga de actividades sobre las mismas personas, situación que -a largo plazo- influye negativamente en la participación.

2.4 Palabras finales
A lo largo del capítulo, hemos visto que los y las jóvenes vinculan el sentido que le otorgan a su participación en actividades sociocomunitarias a, al menos, cinco dimensiones. La primera dimensión, muy importante en el discurso de los y las jóvenes, tiene que ver con que la participación es una acción eminentemente colectiva: lo que hacen, lo hacen con “otros”, que son los compañeros que conforman la agrupación. El carácter colectivo de la participación y la masividad de las acciones son elementos centrales. Esto que quizás pareciera ser propio de las agrupaciones político-partidarias ha sido mencionado, de diferentes formas, por jóvenes de todos los tipos de organizaciones. La segunda dimensión de la participación es su fuerte componente relacional, es decir, que es la situación de injusticia de otras personas lo que moviliza a participar. Si bien, en algunos casos, se habla de transformar situaciones en las que las y los mismos jóvenes están involucrados, en general, la participación se orienta a la situación de “otros” que sufren una carencia y con quienes desean vincularse. Esta dimensión vincular se expresa también en el deseo de que las actividades llevadas adelante por una situación de injusticia, se realicen en conjunto con las y los destinatarios y que éstos vayan adquiriendo protagonismo.Consideramos que estos dos aspectos identificados por los y las entrevistados se mezclan produciendo un efecto particular de invisibilización de las diferencias que existen entre los jóvenes que realizan actividades de forma organizada, y 50

los destinatarios de esas actividades. Lo que sucede es que, en sus discursos, por momentos se confunde -produciendo un efecto igualador- la reciprocidad en la relación afectiva (por ejemplo, cuando señalan que el afecto que ellas y ellos “dan” también lo “reciben” de los destinatarios), con la reciprocidad de las relaciones de clase y de poder existentes entre los dos grupos que, en la práctica, no es tal. Consideramos que la paridad en términos afectivos no es equiparable a la disparidad existente en términos de diferencias sociales, económicas y culturales. En tercer lugar, los y las jóvenes hacen referencia a las actitudes de los individuos que conforman esos colectivos y las características que estos sujetos tienen. Se puede ver que, a la hora de entender la participación, hay en los y las jóvenes una clara referencia al compromiso, a la responsabilidad social y a la sensibilidad. Se trata de actitudes que brotan de la conciencia de una injusticia y el sentimiento de rebeldía hacia esa situación, de convicciones personales o del conjunto de estas motivaciones, y que se expresan en un involucramiento activo. En cuarto lugar, para las y los entrevistados, esta actividad grupal integrada por personas comprometidas no se expresa en un solo tipo de tareas, sino que se concreta en una gran variedad de acciones: culturales, político-partidarias, generación de empleo o , entre otras. Si bien esto puede sonar lógico por la procedencia de las y los jóvenes de distintos tipos de organizaciones, esta amplitud en el tipo de actividades también constituyen posibilidades al interior de cada organización. Por último, también se asocia la participación a la finalidad que estas acciones tienen, es decir, a los resultados que pueden generar, y que se entienden como una transformación, un cambio que, en mayor o menor escala, se da en las situaciones de injusticia. Este último punto es retomado especialmente en las entrevistas. A la hora de responder a las preguntas para qué participan y qué buscan, los y las jóvenes hablan del cambio, de la transformación en diferentes aspectos: el cambio de situaciones sociales, de las personas destinatarias del proyecto y la transformación personal. En relación al cambio que experimentan las personas destinatarias de los proyectos, refieren especialmente a la toma de conciencia y al desarrollo de una actitud protagonista frente a la resolución de situaciones que las incumben. En este sentido, hablan de empoderamiento, apropiación de herramientas, entre otras cosas, y en relación a los cambios que se producen a nivel personal, mencionan el desarrollo profesional, la adquisición de experiencia, el crecimiento de uno mismo como participante de una organización social.

Propuestas para la reflexión
Revisar nuestra misión, visión, objetivos, prácticas y actividades a la luz de los sentidos que los y las jóvenes nos brindan sobre qué entienden por participación, para qué y por qué participan, nos permite observar si la dirección elegida convoca, fomenta y sostiene prácticas de participación social. 51

1. Dimensiones y sentidos de la participación y nuestra organización
Consideremos las distintas dimensiones y sentidos que, según los y las jóvenes, caracterizan acciones de participación -a la vez que definen esta noción-, para ver cuál de estas expresiones está presente en los discursos -visión, misión y objetivos- y en las prácticas -programas, proyectos y actividades- que propone la organización. Las dimensiones mencionadas son: la acción colectiva; la construcción de vínculos y la relación entre participantes-destinatarios; la actitud de compromiso, responsabilidad social y sensibilidad; la variedad de acciones, culturales, de política partidaria y de inserción laboral o trabajo productivo; el cambio o transformación de situaciones de injusticia, inequidad social como resultado de una actividad. Para llevar adelante esta revisión, recomendamos la lectura del documento que contiene la misión, visión, objetivos, programas, proyectos y actividades de la organización (proyecto o carpeta institucional). Este ejercicio permitirá no sólo identificar qué dimensiones o sentidos están -o no- en la propuesta de participación de la organización, sino que además habilitará a responder los siguientes interrogantes: –– Teniendo en cuenta lo que los y las jóvenes comparten, ¿nuestra propuesta denota acciones de participación? –– ¿Qué entendemos por participación y qué damos a entender? –– ¿Qué dimensiones, aspectos o sentidos aparecen con mayor fuerza en nuestro proyecto institucional? ¿Esto tiene alguna relación con lo que, como organización, deseamos trabajar y fomentar? –– Lo que desde la organización entendemos por participación, ¿es lo que se desprende de los discursos –documento institucional- y las acciones sostenidas? –– ¿Hay un correlato entre lo que decimos que es la participación y lo que hacemos en su nombre? –– Cuando convocamos a la participación juvenil,¿tenemos en cuenta las dimensiones que ellas y ellos asocian a la participación? Por lo tanto, ¿resulta atractiva nuestra convocatoria para los y las jóvenes? –– ¿Generamos como organización espacios que nos permitan reflexionar y qué es lo que entendemos por participación? –– ¿Qué acciones puntuales desarrollamos para trabajar con las y los jóvenes voluntarios el desarrollo de valores y actitudes como el compromiso, el trabajo colaborativo y en equipo, la responsabilidad, la empatía, entre otros?

2. Las acciones
Además de convocar una variedad de sentidos y dimensiones, la parti52

cipación se expresa mediante una diversidad de actividades, que no son necesariamente excluyentes entre sí ni exclusivas de un tipo de organización. Esto nos permite renovar las propuestas de participación, siempre que no perdamos de vista nuestros objetivos. La revisión de este aspecto también puede favorecer y estimular prácticas de participación. Ofrecemos una serie de preguntas para reflexionar sobre este tema: –– ¿Podemos especificar nuestra modalidad de trabajo? ¿Cómo la caracterizaríamos? –– ¿Qué actividades en concreto llevamos adelante? –– ¿Dedicamos tiempo a pensar creativamente en las acciones que podemos realizar para el cumplimiento de los objetivos? –– ¿Conocemos las repercusiones que tienen nuestras modalidades de trabajo y nuestras actividades en los y las jóvenes que participan? –– ¿Estamos abiertos a nuevos modos, nuevas formas de acercarnos al trabajo de los campos sociales-políticos-culturales que nos interesan? –– ¿Generamos espacios para que las y los voluntarios –muchas veces ejecutores de las actividades- puedan aportar ideas, crear acciones, ser partícipes activos en la planificación de actividades?

3. Las causas nos dan pistas
Los y las jóvenes nos ofrecen una lectura sobre las causas que fundamentan su participación: para qué y por qué participan. Esto, que es el resultado de acciones, actividades de diversa índole, modos de desarrollar la participación, es de gran importancia para conocer cuán convocante es nuestra invitación a participar. Para reflexionar sobre esto podemos respondernos las siguientes preguntas: –– A la hora de pensar en acciones sociales, ¿cuáles son los resultados buscados que guían nuestras elecciones? –– ¿Conocemos el impacto de las actividades que desarrollamos? ¿Estamos satisfechos con los cambios que producen nuestras acciones? –– Si tenemos en cuenta que los cambios pueden darse en distintos aspectos -situaciones sociales concretas de las y los destinatarios del proyecto y a nivel personal de las y los participantes-, ¿cuáles de estos consideramos que suelen darse con mayor frecuencia como resultado de nuestras propuestas de participación?

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3. Valoraciones de las y los jóvenes sobre los espacios de participación

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1.1 Primeros emergentes
Para abordar la valoración que las y los jóvenes entrevistados hacen sobre los espacios en los que participan, veremos, en primer lugar qué es lo que más y lo que menos les gusta de la organización de la que forman parte. De esta manera, podremos conocer aquellos aspectos generales de las instituciones que pueden incentivar o disuadir la participación de los y las jóvenes.

Aspectos que incentivan la participación
A la hora de expresar lo que más les gusta de las organizaciones en las que participan, los y las jóvenes mencionan tres aspectos principales: en primer lugar, la actividad que realizan -con sus objetivos y contenidos-; en segundo lugar, el clima de trabajo y la relación entre los miembros de los equipos; y, en tercer lugar y en menor Las y los jóvenes prefieren proporción, aspectos institucionales como la misión de llevar adelante actividades la organización, el buen funcionamiento de la misma y el apoyo de las autoridades. En sintonía con lo que se concretas que tengan un ha sostenido en apartados anteriores, estas respuestas destinatario determinado. refuerzan el protagonismo que tienen en la actividad y los vínculos que se establecen en torno a ella. La actividad. En línea con el primer aspecto mencionado, vemos que muchas y muchos de los entrevistados opinan que lo que más les gusta de la organización es realizar actividades concretas y la satisfacción que nace de la puesta en práctica de esas acciones. “La verdad que de lo que más disfruto en sí es de la actividad. Es algo que personalmente me genera mucho placer” (GF2). Todas las personas tienen la necesidad de realizar actividades que tengan un sentido transformador y de “construir, trabajar de forma creativa en algo que nos gratifica y que sea valorado por el entorno” (Barreiro, 1987: 120). Los y los jóvenes encuentran el espacio para hacerlo de una manera muy especial en este tipo de organizaciones. Esta importancia dada a la acción se vincula con la posibilidad para el despliegue personal, el aprendizaje, poner en práctica las propias capacidades y “desarrollar nuestras aptitudes y potencialidades latentes” (Barreiro, 1987: 120). La realización de estas actividades también guarda relación con la modalidad de trabajo: los y las jóvenes prefieren llevar adelante actividades concretas que tengan un destinatario determinado. Asimismo, se vincula con el tipo de actividad y el interés propio de cada joven que participa: por ejemplo, aquellas y aquellos que están interesados en la educación llevan a cabo gustosamente un encuentro de apoyo escolar. “Lo que más me gustó del proyecto es que es algo muy puntual lo que hace, (...) tiene un montón de cosas en las que participar y todas son cosas muy concretas y muy puntuales” (GF1). 56

El aspecto recién mencionado puede parecer muy evidente, pero en muchos casos no es tenido en cuenta debidamente. Algunas organizaciones pueden pensar que los ideales de la institución bastan para que una persona se involucre y, por lo tanto, descuidan cuál es la tarea que les encomiendan a sus miembros. Pareciera que, al menos cuando se trata de las y los jóvenes participantes, las organizaciones deberían, además de dar a conocer la finalidad del proyecto o la actividad, tener en cuenta que éstas sean acordes a los intereses y gustos de las y los participantes. Finalmente, como dijimos, junto al gusto por la actividad, para los y las jóvenes resulta motivador tener una fuerte coincidencia con la misión y los objetivos que plantea la organización. “Y después a lo que apunta, su visión, la misión, o sea, acabar con la extrema pobreza, es como hasta cierto punto utópico, pero si lo creyera realmente utópico no lo haría. Entonces me parece que apunta a algo muy urgente, muy necesario como sociedad, como plantea incluso si se quiere, es a nivel mundial y me parece que a lo que apunta y el fin, me parece muy importante y me gusta” (GF1). Buen clima de trabajo. Otro aspecto importante para las y los jóvenes entrevistados es el clima de trabajo y el trato entre las personas que participan, tanto al interior del grupo de trabajo como con las y los destinatarios de las actividades. “Me motiva mucho el clima que se siente en la agrupación. Realmente es muy lindo. Un clima de compañerismo, de que todos estamos en la misma, que todos estamos tirando para un mismo lado” (GF4). Nuevamente, emerge en el discurso la importancia del encuentro con los otros y la satisfacción que eso provoca. La necesidad de todas las personas de ser aceptados y reconocidos por un grupo y encontrar en ello gratificación, encuentra su respuesta en los espacios de pertenencia y de encuentro interpersonal que las organizaciones brindan. Las y los jóvenes le dan mucha importancia al modo de interacción en las instituciones y le otorgan un lugar fundamental al vínculo y al compromiso que significan las relaciones interpersonales con las y los destinatarios de las actividades. En una ciudad de millones de habitantes, una actividad tan intensa y a un ritmo vertiginoso, la posibilidad que da la pertenencia a agrupaciones que respetan a cada miembro y procuran el bienestar de sus integrantes, responde de manera especial a la necesidad de “pertenecer a una comunidad, a un grupo donde poder trascender, a un grupo que nos acepte y nos reconozca y que nos gratifique en nuestra identidad“ (Barreiro, 1987: 120). Dentro de este segundo grupo de valoraciones, se mencionan aspectos tales como la importancia de los espacios formales para el debate y los vínculos de amistad que se forjan entre las y los miembros de la organización para que se construya un clima positivo en general.

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“Estoy muy cómoda en el lugar que estoy, me siento muy cómoda, creo que hay espacio de debate, creo que sos aceptado realmente” (GF6). “Lo que más me gusta es el grupo de personas que están en ese grupo, mis amigos, que son todos excelentes, y eso es lo que me gusta” (GF2). También se destacan el compromiso y la actitud positiva de las y los participantes en la realización de las tareas que les corresponden, lo que genera un estímulo para sostener el desarrollo de las actividades. compromiso “Lo que te transmite cada compañero con los que militás día a día para mí es lo que te hace dar cuenta de que vos estás haciendo algo bueno, lo que reafirma mi convicción para seguir militando es lo que me transmiten mis compañeros.” (GF6)

Destacan el

y la actitud positiva en la realización de las tareas que les corresponden, lo que genera un estímulo para sostener el desarrollo de las actividades.

Coordinación institucional. Con menor frecuencia, algunas y algunos jóvenes valoran de forma positiva aspectos institucionales tales como el buen funcionamiento de la organización, la relación de cercanía con las autoridades y el apoyo de los directivos. “Lo que me gusta de la organización donde estoy es que actualmente nos están brindando todo el apoyo los directivos (...) Tener por ahí al director, estamos permanentemente en contacto con él; nos dicen “cualquier cosa que necesiten, cuentan con nuestro apoyo”. Nos están brindando un apoyo” (GF4). En algunos casos, otro de los aspectos señalados como positivo es el hecho de que la organización generara espacios de reflexión e intercambio que contribuyan al desarrollo personal.

Aspectos que desincentivan la participación
Cuando las y los jóvenes entrevistados se refieren a aquello que menos les gusta de la organización en donde participan, manifiestan un descontento por la falta de sentido de la actividad, las relaciones conflictivas que se dan entre los miembros del equipo de trabajo y las dificultades institucionales como una coordinación deficiente, la poca eficiencia o la ausencia de concreción en la gestión. Falta de sentido de la actividad. La centralidad que para las y los jóvenes tiene la realización de actividades concretas nos permite afirmar que –así como influye positivamente en los casos en que le encuentran sentido a lo que hacen- también influye negativamente en su motivación a participar y en su compromiso cuando las actividades dejan de interesarles, no

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generan el impacto que esperaban o ya no comprenden por qué ni para qué las llevan adelante: “Y siento que la pata de la acción, que lo que estoy haciendo cada vez es menos. O veo que cada vez es menos importante, menos transformador. Priorizo la formación, todo lo que me pueda aportar, pero lo que hago en concreto en el grupo hoy en día no creo que cambie mucho las estructuras de la sociedad. Así que cada vez me estoy yendo con sabor a menos” (GF4). Los motivos del disgusto pueden ser varios: en algunos casos la actividad sigue siendo la misma, pero el crecimiento personal, el conocimiento de la realidad o simplemente el cansancio hace que los y las jóvenes no le encuentren sentido a continuar. “Me disgusta más misionar en Capital que en provincia. La respuesta de la gente es totalmente diferente. Nosotros misionamos en barrios, que no es que son precarios, son Caballito, Villa Crespo, y son gente no de clase muy alta, pero gente que no te abre la puerta ni loco por todo lo que vive, entonces en ese sentido me gusta más misionar en provincia, que no tienen nada de problema, que misionar acá en Capital” (GF4). Otras veces, este disgusto está vinculado a la actividad en sí, a sus destinatarios, al modo o con quién se está realizando, y, en estos casos, resulta más sencillo intervenir para hacer alguna modificación. Conflicto en las relaciones. Las y los entrevistados hacen una valoración negativa de sus pares cuando entienden que sus actitudes denotan falta de compromiso con la actividad: “Lo que me gustaría cambiar, que es con lo que estoy hinchando un poco, es que por ahí hay algunos chicos que van y no se lo toman muy en serio, y por ahí van y hablan de la vida, y por ahí lo toman más como un espacio recreativo, que está bárbaro, me parece que está buenísimo y es súper enriquecedor, pero por otro lado, también está bueno poder tomarse las cosas en serio” (GF2). También encuentran un obstáculo para continuar participando cuando las actitudes de sus compañeros o compañeras atentan contra el buen clima de trabajo (egoísmos, habladurías y divisiones entre grupos): “Eso mucho y también los chusmeríos. Va hiriendo en el grupo y no podés seguir y decís ‘bueno, dale, ¿vas a seguir objetivamente o vas a seguir con los quilombos?’. Eso es lo que me molesta, no lo tolero” (GF4). Dificultades de coordinación. Las y los jóvenes destacan también asuntos relacionados a la organización de las actividades y las estrategias que se despliegan para llevar a cabo las acciones. 59

¿Existe una comunicación fluida y constante entre las y los miembros de la organización, que permita detectar situaciones conflictivas y actuar en consecuencia?

¿Qué estrategias o mecanismos utilizamos para actuar ante situaciones de conflicto entre miembros de la organización?

“Yo creo que en el grupo donde estoy lo que falta por ahí es un poco, no sé si organización, pero sí alguien que los guíe, faltan herramientas más que todo. Porque las herramientas ordenan el trabajo” (GF2). Algunas y algunos de las y los entrevistados hacen referencia a dificultades tales como la falta de encuadre, de roles claros y bien definidos, y la desorganización: “Después en cuanto a lo que se podría cambiar es un encuadre por ahí más claro. Viene gente que realmente viene de cualquier lado, esto se postea por facebook y por cada evento que hacemos hay diez que son nuevos, que es la primera vez que vienen, diez que más o menos están hace bastante, diez que es su segunda vez... entonces cuando se da la consigna hay que ver qué es para cada uno realizar esa actividad. (...) Lo que me gustaría quizá es eso, poner un encuadre más claro, para que se pueda aprovechar muchísimo más” (GF2). En este sentido, se observa que si bien la espontaneidad y la desestructuración características del espacio son -en un primer momento- atractivas, también influyen negativamente en la realización de las actividades y en el clima de trabajo grupal, por lo que no favorecen la permanencia. “En mi experiencia, lo que me gusta y lo que no me gusta tiene que ver con lo que viví en otras organizaciones. Yo trabajé en una olla popular, que estaba organizada por jóvenes y de forma muy anárquica, y a veces faltaban cosas y a veces no faltaban cosas, y a veces todos compartíamos la misma ideología y a veces no y eso generaba conflictos constantes y obstaculizaban realmente la actividad” (GF4). Quienes participan en organizaciones más rígidas critican, por su parte, la poca capacidad para integrar actividades nuevas o la dificultad para hacer aportes o sugerencias.

Si bien la espontaneidad y la desestructuración características del espacio son -en un primer momentoatractivas, también influyen negativamente en la realización de las actividades y en el clima de trabajo grupal.

“Lo que menos me gusta tiene que ver con esta estructura, esta estructura tiene un pro y un contra. El claro pro es que está todo muy organizado, es muy claro, los objetivos se cumplen. Y la contra es que tal vez para generar una iniciativa o para generar un cambio, o para traer algo nuevo, es un poco más difícil, porque ya hay una estructura armada. O sea, es muy claro, pero esa claridad y esa estandarización, esa forma de trabajo que ya está cristalizada genera un conflicto en el cambio” (GF2). Una vez más, aparece esta tensión entre la organización, la espontaneidad y la realización de los objetivos. Quienes hicieron críticas a nivel de la institución –más allá de su grupo de trabajo-, a sus estructuras y a las modalidades de toma de decisiones de la “cúpula”, pertenecen a orga60

nizaciones muy grandes con presencia en todo el territorio nacional y, principalmente, a partidos políticos. “Y en cuanto a la crítica hacia mi partido, creo que coincido con lo que decían mis compañeras, el tema de que sí, hay muchas discusiones entre la cúpula, que parece una bolsa de gatos, que eso lleva a que las convenciones sean un poco caóticas, claramente y creo que justamente eso nos impulsa mucho a decir qué queremos llevar a cabo la juventud, que no nos gusta la realidad del partido, la queremos cambiar a lo que fue antes, allá en su momento, más allá de que la nostalgia, siempre todos la tenemos en algún momento, creo que esa es mi crítica del partido, de que creo que hay que volver a las bases que nos impulsaron a ser lo que fuimos” (GF5). De esta manera, se critica cuando no hay internas que posibiliten la participación de todos, pero cuando sí las hay, también se reprende la crudeza de las mismas, ya que debilitan la unidad. En el caso de agrupaciones jóvenes, se percibe como dificultad no tener una tradición que otorgue una base institucional y que -por tratarse de una organización joven- no tengan claridad en la identidad ideológica. Sin embargo, esa situación es vista por otros como un desafío que les atrae.

3.2. Lugar de las y los jóvenes en la organización
El lugar que ocupan los y las jóvenes en la organización constituye un aspecto muy importante para entender sus modos de participación. La gran mayoría de las y los entrevistados afirman que se sienten escuchados en los espacios en donde participan, a lo que le otorgan mucha importancia. Esto habla una vez más del deseo de tomar una posición activa y protagonista dentro las organizaciones. La valoración positiva de la posibilidad de expresar su opinión se da en varios y diversos sentidos. Un primer agrupamiento, en el que se nuclean la mayoría de las opiniones, es el de quienes expresan que son escuchados y que hay un buen diálogo en la organización. Dentro de este agrupamiento encontramos a: a) quienes mencionan que se escuchan entre los miembros de la agrupación y que no se referencian en una autoridad porque ellos mismos son responsables (en general se trata de jóvenes que pertenecen a grupos pequeños o a espacios que se organizan independientemente de la institución más grande de la que son parte); b) organizaciones que tienen autoridades constituidas, cuya modalidad de coordinación tiene en cuenta la consulta, el intercambio y la participación de todos los integrantes. Un segundo agrupamiento es el de los y las jóvenes que afirman que se los escucha y que pueden opinar y decidir a nivel de las tareas que llevan a cabo, pero que las decisiones de tipo organizacional son tomadas en otras instancias, de las que no participan. 61

En tercer, y minoritario, lugar, están quienes comparten experiencias en las que no son escuchados, o no pueden cuestionar lo que pasa en la organización y lo que esto les genera.
Cuando la decisión a tomar tiene que ver con la acción directa en un campo en particular, ¿invitamos a quienes trabajan con esa población a involucrarse en la toma de decisiones?

Protagonismo en las decisiones
La escucha entre los corresponsables. Estas organizaciones están conformadas por jóvenes y no existe una jerarquía marcada. En estos casos, el hecho de sentirse escuchados o no es redundante, porque son ellas y ellos mismos quienes toman las decisiones y construyen la organización. Los y las jóvenes integrantes de estas instituciones valoran la diversidad de ideas y la convivencia de enfoques y opiniones disímiles entre sus miembros. La existencia de diálogo y debate al interior del grupo de trabajo para ellos y ellas es algo habitual. El diálogo con los coordinadores y la injerencia en las decisiones. Otros y otras jóvenes que integran organizaciones algo más grandes con autoridades constituidas, manifiestan que pueden entablar un diálogo fluido con las autoridades. Hacen referencia a la posibilidad de comunicar sus inquietudes y propuestas a las y los referentes de la organización y que ellas sean tenidas en cuenta. Destacan la existencia de instancias formales e institucionalizadas de diálogo, como asambleas, plenarios o reuniones más pequeñas. “Yo realmente me siento muy escuchada en el partido, realmente soy una militante nueva, porque hace un año nada más que milito. He hecho propuestas, he presentado proyectos y se me ha escuchado. Se me ha dado participación y creo que eso es muy importante. Que les den participación a los jóvenes yo creo que es clave. Realmente me siento muy escuchada y muy cercana a todos los que son nuestros referentes, nuestros referentes vienen, nos hablan, nos escuchan, nos preguntan. Nosotros tenemos la posibilidad de hablar con ellos, de preguntarles, de tal vez opinar: tal vez pensamos que estas cosas las están haciendo bien, las están haciendo mal. Creo que lo escuchan y toman en cuentan las cosas que nosotros opinamos” (GF6). A estas y estos jóvenes les parece evidente que en la organización se los escuche, no conciben otra posibilidad, como dice una de las entrevistadas: “¿A quién se le ocurre que alguien puede estar en una organización donde no puede ser o no se siente escuchado?”. Y no sólo les parece importante poder expresarse, sino también participar en las decisiones. Algunos y algunas jóvenes rescatan que no es necesario cumplir un tiempo determinado de antigüedad para tener voz propia, sino que se escucha y se tiene en cuenta también lo que dicen las personas que no participan hace mucho.

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“Bueno, yo milito en este partido, pero lo hice porque encontré un espacio en el que me sentí apoyado, no digo que en otros espacios no, la verdad fue el primer espacio en donde fui. Pero bueno, la verdad me siento muy bien. Es un lugar en donde se escucha al militante que entró ayer como el que tiene un cargo dentro del partido y todas las ideas y actividades son llevadas a cabo, por ahí no inmediatamente pero entran en el cronograma, no hay nadie que dice ‘no, no se puede hacer’. Todo lo que los militantes proponen se hace, así que por eso simplemente me gusta y voy a seguir militando” (GF5). Otras y otros, por el contrario, reflejan diferencias en el valor de las opiniones de las y los integrantes de las agrupaciones. Si bien se escucha a todos, hay personas con más trayectoria que tienen lugares preponderantes a la hora de influir en la toma de decisiones, así como existen otras instancias de participación, a las cuales no pueden acceder. “Yo me siento escuchada, pero me parece que todos vamos a decir que en nuestras organizaciones nos sentimos escuchados, pero claramente hay referencias, hay compañeros que tienen más años que otros, que tienen más experiencias que otros, existen las decisiones colectivas, existen las decisiones orgánicas y eso lo tenemos que reconocer todos me parece, que eso no saca que sí, obvio, todas las opiniones van a ser escuchadas y no se va a callar a nadie y todas las opiniones son ricas” (GF5). Las posibilidades de expresarse y de tener influencia sobre las decisiones, suelen ser muy diferentes en las organizaciones grandes que en las organizaciones más pequeñas, donde la escucha entre pares -y con los responsables- es más frecuente y cotidiana, generando mejores oportunidades para que todos los integrantes puedan participar en la toma de decisiones. Las y los jóvenes que participan en organizaciones con alcance nacional no tienen influencia a nivel de las decisiones de toda la institución, pero consideran que sí tienen posibilidades de ser escuchados a nivel local o barrial. Algunos y algunas jóvenes de organizaciones grandes afirman que son escuchados y que tienen injerencia en las decisiones. Sin embargo, a la hora de describir su rol, en muchos casos esta influencia parece de muy bajo alcance, más bien tiene que ver con la posibilidad de expresar una opinión: “En mi caso, sí. Voy al despacho con el legislador y charlo, no hay ningún problema, tengo las puertas abiertas en las charlas que se organizan, puedo preguntarle a cualquier funcionario lo que se me ocurra. Nunca te van a decir que no preguntes, en absoluto. Si vos creás un documento interno te lo leen y te lo responden” (GF5). Dijimos que la mayoría de los y las jóvenes se sienten escuchados aunque no en todos los casos tienen participación en la toma de decisiones. En algunos casos argumentan que es más importante priorizar las decisio63

nes colectivas ya que no se puede hacer lo que cada individuo considera correcto. Es decir que valoran que se tenga en cuenta lo que representa a la mayoría. No niegan, de ninguna manera, la importancia del derecho a ser escuchado, pero consideran que es más importante anteponer lo “colectivo” a lo individual. “Puede pasar que en algún momento no sea escuchada tu opinión, o en alguna coyuntura... y eso en definitiva, si priorizás una cuestión colectiva, o un espíritu colectivo, lo dejás en un segundo plano. A eso iba, por eso decía que (sentirse escuchado) sí es importante, pero no definitorio” (GF6).

Opinión y decisión sobre las actividades concretas
Otros y otras jóvenes expresan que el lugar que se les da está vinculado a la incidencia en la ejecución de la actividad sociocomunitaria concreta. Afirman que pueden tomar decisiones y realizar propuestas libremente dentro del campo de ejecución, pero no así en todas las áreas de la organización. “Claramente se da un espacio de participación, de decisiones, de opiniones, no sé si yo como voluntaria puedo participar tanto de las decisiones de la organización, pero sí por ejemplo, en el taller que hacíamos, gracias a nuestro aporte se cambió la modalidad de un taller de fotografía a un taller de fotografía plástica. Entonces ahí se dio importancia a la experiencia de las talleristas, está bueno porque te incentiva a seguir, a proponer, a construir” (GF1). En estos casos, se escuchan las opiniones de los y las jóvenes, pero la responsabilidad de tomar decisiones recae en un referente. “Pero hay decisiones a nivel digamos, nacionales o grandes, por la clase de organización que es, que obviamente nosotros no tenemos injerencia porque hay gente que está paga, digamos, en la organización que trabaja y se encarga de tomar decisiones. Pero después me parece que sí, todos tenemos el espacio para opinar, que todas las opiniones interesa” (GF1). “Ninguno puede decir que no se siente escuchado en su organización, dentro de mi contexto, somos vistos de la misma manera, desde el que milita hace catorce años, hasta el que milita hace una semana, todos son escuchados igual, las propuestas se aceptan; es más el apoyo escolar y la olla, el tema del apoyo escolar lo inicié yo, el tema de la olla, era servir comida, una propuesta de un chico que vino hace poco de Bariloche, él dijo ‘bueno, mirá me parece que podemos hacer esto’ y lo llevamos a cabo” (GF5).

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Solo ejecución de actividades
Los casos en que mencionan explícitamente la falta de escucha en la organización, aluden a experiencias pasadas, cuando integraban organizaciones en las que ya no participan más. “Yo estaba en otra ONG y me pasaba precisamente que yo trabajaba en dos programas paralelos, uno que era de otorgar becas y ser tutora de unos chicos de una villa y por otro lado el de Modelo de Naciones Unidas u otro espacio de debate. Y siempre mi planteo era por qué los dos proyectos tenían que ir por separados y no se los podía involucrar a los chicos que se les estaba otorgando becas a la participación de un debate más activo en eso del modelo de Naciones Unidas. Cuando yo no veía una respuesta del otro lado, y sentía que esa estructura bloqueaba mi idea, me frenaba a decir “bueno, por acá no vamos, me tengo que ir a otra organización” (GF1). La falta de escucha e injerencia de las propuestas de los y las participantes no pasa sólo en organizaciones que tienen una estructura jerárquica muy desarrollada, también se expresan dificultades en organizaciones que tienen un estilo más horizontal en las que también hay temas, propuestas, “verdades” e incluso personas que no pueden ser cuestionadas. “Entonces esa fue como mi pelea con esto, fue una cuestión de que, a pesar de que la estructura en la que yo militaba era muy horizontal y éramos todos iguales, no existía esa voz de disensión de ‘veamos y critiquemos lo que está ocurriendo’” (GF1).

3.3. Grupo y clima de trabajo
Como vimos, uno de los aspectos que los y las jóvenes valoran de los espacios en los que participan es el vínculo entre las y los compañeros. Al profundizar en este punto, nos encontramos con matices interesantes que dan cuenta de distintos alcances en la relación: Amistad en diferentes ámbitos de la vida. Un primer agrupamiento es el de aquellos y aquellas jóvenes que hablan de una amistad muy profunda que se da en el ámbito de la organización y también fuera de la misma. El vínculo que entablan con sus compañeros es muy especial, porque comparten objetivos, ideología y las actividades, y consideran que eso genera una unión particular, un vínculo “totalizante”. Compartir estos espacios hace tan especial la relación que lo sienten como un vínculo que excede la relación afectiva, que se enmarca en los ideales y utopías. En algunos casos esta relación se siente con mucha intensidad:

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“Los lazos son tan fuertes y es tan intenso el objetivo en común que todos tienen, que funcionan como una unidad, como si fueran todos una sola persona, con mucha fuerza, como un superhéroe” (GF4).
¿Qué hacemos desde lo individual y lo institucional para promover un clima agradable y comprometido de trabajo?

Estos y estas jóvenes describen como “amigos” a sus compañeros y sostienen que este vínculo supera el ámbito formal de la organización, señalando que las mismas personas que son parte de su grupo de trabajo son, a su vez, con quienes comparten salidas, cenas, cumpleaños o eventos significativos. “Para mí fue el hecho de que un amigo me acercó y ahí fui armando mi grupo de amigos a través de la política. Y es importante, porque la política se construye con amigos. Hay un dicho que dice que en la política no hay amigos. Pero para mí sí tiene que haber amigos, porque si no, no se construye, es bastante complicado sentarte a construir algo si no está bastante predispuesta la otra personas y [no] todos tiramos para el mismo lado. El triunfo de uno es el triunfo de todos” (GF6).

Vínculo en el ámbito de la organización. Algunas y algunos entrevistados también expresan que una de las características de la relación entre pares es el compañerismo. Este segundo agrupamiento es el de quienes tienen una relación de respeto mutuo, pero acotada al ámbito de la organización. En el discurso sobre el par con quien comparten los espacios de la organización, se distinguen tres figuras claras de “el otro”: como amigo, como compañero y como hermano. El primero de ellos, el vínculo de amistad, fue descripto en el punto anterior. El segundo, ser “compañero”, se diferencia del “amigo”, aunque no es considerado, necesariamente, un vínculo menos fuerte. La carga simbólica que le otorgan los y las jóvenes que militan en agrupaciones políticopartidarias a la figura del “compañero” es muy fuerte y, en algunos de los casos, transciende la figura del Ser “compañero”, se “amigo” o del hermano, ya que las diferencias que se diferencia del “amigo”, puedan tener con otra persona se relativizan al priorizar el trabajo en común, el objetivo de la organización aunque no es considerado, y la ideología política que sostiene el vínculo.

necesariamente, un vínculo menos fuerte.

“Yo quisiera hacer una aclaración, para mí en la política hay compañeros, no sé si amigos. Para mí el valor del compañero no reside tanto en el afecto entre uno y otro. Para mí el valor que tiene un vínculo adentro de una organización, que define al compañerismo, no es tanto si te cae bien o mal, o si compartís en términos de gusto, sino que es una lucha. Me parece que eso en algún punto trasciende la amistad. Porque yo tengo un montón de amigos, pero el compañero para mí es otra cosa” (GF6).

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Algunos y algunas han expresado que este vínculo especial y de tanta confianza se asimila a las relaciones familiares, lo que supone que hay algo que los une más allá de haberse elegido, de las simpatías personales o del vínculo afectivo. “Así como cuando hacés la carrera te hacés amigos, tenés alguna apuesta en común, también me parece (…) más importante, porque yo lo tomo como un proyecto hasta de vida, lo tomo como un vínculo más fraternal, como de hermanos. (...) Lo siento más de hermandad, suena muy religioso igual, no es a lo que apunto. Hasta pienso en la imagen de hermano que puede ser amigo o no, pero que hay algo que te vincula que va más allá de eso y que es la sangre. En este caso, es para mí el proyecto político que uno tiene con el resto de los compañeros” (GF6). Por otro lado, algunas y algunos entrevistados señalan como razón principal del buen clima de trabajo el hecho de que las y los integrantes fueran jóvenes. “En primer lugar, una de las cosas que más me gustó cuando entré fue la buena onda generalizada que había de todos, o sea, al ser una organización compuesta por jóvenes es como que se mantiene una buena onda.” (GF1). Asimismo, valoran que los coordinadores también sean jóvenes y consideran que esa condición los acerca. “Quienes estaban antes eran gente muy grande y de los actuales coordinadores, la mayoría no tiene ni veinte años, entonces eso está bueno, porque creo que también refrescó mucho el trabajo diario en la oficina” (GF2). Crisis en los vínculos. Si bien la mayoría de las y los entrevistados manifiestan satisfacción a la hora de hablar del vínculo con sus pares, existen opiniones encontradas que dan cuenta de aspectos negativos del vínculo entre los miembros de la organización. Algunos hicieron referencia a casos de crisis en los equipos de trabajo generados por diferentes causas, pero que, debido a que los vínculos eran fuertes, los problemas se magnificaron. “Diferentes situaciones generaron que se vaya la mitad del grupo. Fue un problema de priorizar más la amistad entre las personas del grupo que a la razón por la cual vamos. Siempre tiene que estar presente que por más que no nos llevemos bien, nos convocamos por una razón. Y cuando pasa esto que priorizas más una amistad que la razón del grupo, ahí entrás en crisis” (GF4). Ocurre también que los vínculos generacionales provocan conflictos. Esto se da con más frecuencia en agrupaciones político-partidarias.

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“Yo milito en un partido que hoy en día está copado de gerontes, o sea hoy en día yo creo que los que están en la cúpula no son los que expresan lo que yo quiero y lo que entiendo que deber ser mi partido” (GF5). Por lo que las y los entrevistados expresan, sea sobre buenas experiencias o sobre las dificultades, sin duda la amistad y el buen clima de trabajo constituyen aspectos importantes para sostener la actividad. Esta demanda se puede relacionar con la satisfacción y el bienestar personal que -más allá de beneficiar a terceros- valoran las y los jóvenes de las actividades sociocomunitarias.

3.4. La estructura de trabajo
En este apartado, abordamos la percepción que tienen las y los jóvenes sobre las formas de organización de las instituciones en donde participan. A partir de lo que ellos y ellas describen, se conforman tres agrupamientos según el tipo de organización: a) organizaciones poco estructuradas y horizontales; b) organizaciones estructuradas, horizontales y democráticas -con responsabilidades y roles diferenciados-; y c) organizaciones poco participativas. En base a estos agrupamientos, analizamos las valoraciones de los y las jóvenes respecto a la estructura de trabajo.

Organizaciones poco estructuradas y horizontales
Algunos y algunas jóvenes mencionan que su actividad no tiene un encuadre muy claro y que lo que hacen es muy improvisado. En los casos en que se plantea esto, se valora, la espontaneidad de la iniciativa, pero al mismo tiempo -con un sentido crítico-, mencionan que esta característica, en algunos casos, atenta contra el objetivo de la actividad y la permanencia de los integrantes. “Es un grupo totalmente horizontal, no hay una conducción, no hay una coordinación, depende del momento que esté pasando el grupo” (GF1). En estos casos, los y las jóvenes sostienen que hay una necesidad clara de modificar este tipo de estructura, especialmente si la cantidad de miembros aumenta. Otros y otras jóvenes afirman estar organizados bajo una modalidad “asamblearia”, muy participativa, sin roles de coordinación asignados ni jerarquías. En general, son organizaciones de pocos integrantes, donde se valora que todos sean protagonistas, que se abra el debate y se consensuen todos los pasos a seguir. Se escucha a todos los miembros y se decide en conjunto qué se hará, la asignación de tareas es rotativa y las responsabilidades, compartidas. Ellas y ellos mismos plantean una incertidumbre en el caso de que el grupo crezca. Y mencionan, también, el surgimiento de referentes “de hecho” por tener más antigüedad o dedicación. 68

“No es que tengamos un coordinador que nos dice ‘bueno, tenemos esto para hacer, o esto, o esto’, sino que todos sabemos lo que tenemos que hacer. Hay dos cosas fijas: un evento para recaudar plata y la misión. Eso siempre va rotando, el coordinador o referente, como se prefiera llamarlo. A veces a mí me toca organizar un evento, a veces le toca a ella o a él, y a veces él organiza una misión y a veces la organizo yo. Tratamos de que las responsabilidades no recaigan solo en una persona, sino que recaigan en varias y no siempre en esas mismas personas. Igualmente el momento del accionar, del evento o de la misión, la responsabilidad es de todos” (GF4). Estos grupos pequeños, en muchos casos recientemente creados, carecen de un desarrollo institucional y una estructura firme. En estos casos, no hay una autoridad instituida, cuentan con responsables de hecho, y se consideran un grupo de amigos que es promovido por un “organizador” o un grupo “fundador”. “Nosotros tenemos en ese sentido un funcionamiento que es muy difícil verlo como una institución. O sea, es una institución para todo porque tiene el fundador, que es el que organiza, y después a lo sumo te diría que los más jovatos, por conocer las pautas podemos ayudar a ordenar un poco, y después los más nuevos que estamos ahí, igual todos. (...) Y funciona bien, por más que suene que estamos un poco en el aire. Funciona bien” (GF2). Al mismo tiempo, algunas y algunos entrevistados que participan actualmente en organizaciones de estas características -o lo han hecho en otro momento- expresan ciertas dificultades de funcionamiento, en la gestión de trabajo, en la coordinación, etc. Esto no quiere decir que no estén de acuerdo con esta modalidad, sino más bien que reconocen sus limitaciones, y la necesidad de encontrar otros modos que habiliten la participación de todas y todos los integrantes, pero que -al mismo tiempo- posibiliten el buen funcionamiento del grupo. “En mi caso, como es una ventaja que sea muy horizontal, también puede resultar mucho quilombo. De hecho todos somos responsables o nadie se siente responsable. Tuvimos un concierto de rock sin electricidad, por ejemplo” (GF3). “Nosotros probamos un tiempo sin coordinación para ver (…) La realidad es que no funcionó, como que faltaba el empujón final. Todos decíamos: ‘todos nos hacemos cargo’, pero nadie arrancaba. Y al final se terminaba dando por personalidad. Siempre había uno que decía: ‘bueno chicos, acá hay que hacer esto’, y se iba decantando solo. Al final era prácticamente lo mismo” (GF3).

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Organizaciones estructuradas, horizontales y democráticas
Organización pequeña. Aquí hemos agrupado a quienes participan en una organización con roles de coordinación claros y una modalidad participativa y democrática. Dentro de este grupo, existen diferentes niveles de organización: hay algunos más estructurados que otros, pero -en general- están en búsqueda del equilibrio entre una estructura jerárquica y la participación de todos los integrantes. “Es muy importante la afinidad que uno tiene con ese organismo, digamos, ya sea la horizontalidad tiene que ser tal que uno se sienta partícipe, pero tampoco que sienta que nadie es jefe de nadie y no se lleva a cabo nada. Esa estructura creo que en algún momento, es uno el que la elige porque siente esa empatía con la organización” (GF1).

Las y los jóvenes valoran que en la organización haya espacio para la opinión de todas y todos, pero también otorgan importancia a la posibilidad de llevar adelante actividades de manera efectiva, sin discusiones que se pierda tiempo en

Los y las jóvenes valoran que en la organización haya espacio para la opinión de todas y todos, pero también otorgan importancia a la posibilidad de llevar adelante actividades de manera efectiva, sin que se pierda tiempo en discusiones infructuosas. Ven la necesidad de contar con roles diferenciados y poder delegar responsabilidades, pero inmediatamente parecen necesitar hacer una aclaración: esa coordinación no significa una jerarquía, en el sentido de que uno sea más importante que otro o haya actitudes autoritarias:

“La agrupación se formó a principios del 2009, eran muy pocos y hoy hay mucha gente que se sumó, creció mucho y a partir de este crecimiento se buscó una infructuosas. nueva organización, así que como que hay jerarquías, que en realidad no es que son... pero ayudan al funcionamiento y hay división de talleres, cada uno tiene su organización y funcionamiento particular, que está ayudando mucho al funcionamiento de todo” (GF2). El fragmento recién transcripto corresponde al discurso de una entrevistada que es miembro de una organización conformada en su totalidad por jóvenes, muchos de ellos universitarios, que está atravesando un momento de crecimiento en la cantidad de miembros y que sienten la necesidad de una mayor institucionalización. “Se sumó mucha gente y dijimos ‘hay que organizar un poco más esto, tener una estructura más armada’. Estamos en camino a formar como asociación civil, entonces eso nos ayuda un poco a la organización. Está bueno a mi parecer que somos muchos, estamos divididos en varios talleres (...) y cada taller tiene su funcionamiento particular, que se decide entre los integrantes de ese taller, y hay un referente por taller, 70

que puede ir rotando o puede ser el mismo, de acuerdo a cómo se elija. Por mes hay muchas reuniones y mínimo tenés una por semana. Tenés una reunión que se hace por cada taller, después tenés reuniones de referentes, donde se habla cómo va cada taller y donde se intenta hacer un filtro de todos los temas que son necesarios tratar en una reunión general con toda la agrupación. Tenemos distintas reuniones y hay jerarquía, pero no es estructurado en realidad. Esto está bueno porque los referentes pueden ir cambiando” (GF2). Estos y estas jóvenes valoran que haya una estructura estable para que funcione operativamente la organización, sin embargo, no les resulta fácil encontrar la manera adecuada de llevarlo a cabo. Tener una estructura de responsabilidades no implica que ésta sea marcadamente vertical. Quieren cuidar la posibilidad de que todos y todas sean escuchadas y valoran una organización democrática, donde haya diálogo abierto y una estructura democrática.

Tener una estructura de responsabilidades no implica que esta sea marcadamente vertical.

Organización grande. Hay jóvenes que entienden que sus organizaciones tienen una estructura muy compleja con mecanismos democráticos e institucionalizados para la elección de las autoridades. En general, estos pertenecen a organizaciones con personería jurídica y, en muchos casos, asociaciones grandes, con presencia a nivel nacional. Algunas y algunos de los entrevistados se refieren a la estructura institucional como aquella que garantiza la permanencia de la institución en el tiempo y que asegura el cumplimiento de sus objetivos ya instituidos. Resaltan la importancia del colectivo, de una organización que esté por encima de las individualidades. Algunos expresan que a eso, en general, se le agrega una larga tradición asamblearia. “Primero hablo de la organización en la que participo (...) Es una de las pocas organizaciones del país que tiene una estructura tal que permite poder tomar decisiones en cada ámbito, en cada provincia, en cada distrito. Si bien tenemos Secretario General, responsables y demás, el centralismo democrático (...) permite poder tomar las decisiones que bajen y suban (...) Es lo que yo valoro mucho y por lo que me decidí a participar en política en este movimiento” (GF5).

A la hora de tomar decisiones a nivel institucional, ¿quiénes intervienen? ¿Se consulta a los miembros de la organización?

Organizaciones poco participativas
Algunos grupos tienen autoridades claras, que toman las decisiones a nivel general, mientras los y las jóvenes participantes sólo tienen protagonismo en lo que respecta a los modos en los que realizan las actividades. Tienen margen para decidir cómo y cuándo se pueden llevar a cabo algunas tareas y son responsables de las mismas, pero no participan en la definición de la estrategia de intervención, ni en la elección de los proyectos, ni en la planificación de los mismos. 71

Algunos y algunas jóvenes de grupos religiosos, asociaciones civiles y agrupaciones políticas naturalizan estos rasgos jerárquicos sin cuestionarlos. Por ejemplo quienes participan en parroquias (especialmente quienes manifiestan tener una práctica religiosa más intensa) no ponen en cuestión el lugar del sacerdote como autoridad máxima, les parece natural que él sea el líder y que ellos tengan que obedecer. Por su parte, algunos y algunas participantes de asociaciones civiles viven con naturalidad que haya personas ocupando roles de coordinación con más responsabilidades y otras que sean colaboradoras voluntarias, y que estas últimas, como tales, no tengan pretensiones de influir en la marcha de la organización, siempre y cuando se sientan escuchadas y puedan opinar y hacer sus aportes en el espacio en el cual colaboran. Asimismo, expresan que -con el paso del tiempo- van consiguiendo mayor autonomía y protagonismo en la orientación del grupo y la realización de las actividades. En cuanto a quienes participan de las agrupaciones políticas, también aceptan que “desde arriba se baje línea”, aunque no sea lo que ellos prefieran. Cabe destacar que para ellas y ellos, estas situaciones deben tener un límite y no puede ser la forma de trabajo habitual: la posibilidad de diálogo e injerencia tiene que estar presente. En este sentido, parece haber una tensión entre la valoración de la horizontalidad y los procesos de toma de decisiones tal como ocurren en la práctica. Estas y estos jóvenes consideran que siempre es mejor tener la posibilidad de intervenir, y sin embargo, muchas veces participan de organizaciones más o menos verticalistas, naturalizando esa estructura por considerarla “más eficiente”. También es cierto que esas “jerarquías” que a veces consideran necesarias encuentran su límite: algunos y algunas entrevistadas afirman que cuando participaron en organizaciones con una estructura organizativa que no daba ningún tipo de posibilidad de realizar aportes, finalmente decidieron dar un paso al costado.

3.5 Compromiso de las y los participantes y el tamaño de la organización
En relación a la participación de las y los miembros del grupo, mencionan al compromiso como fundamental para poder organizar la actividad. En las organizaciones donde la mayoría o la totalidad de las y los integrantes son militantes o voluntarios que no reciben un salario, no tienen horario fijo ni otra obligación más que su propia convicción, las y los jóvenes sienten que cuando todos y todas están comprometidos saben qué es lo que se puede hacer y qué no. Por el contrario, sin el compromiso estable de las y los miembros no se sabe con quién se cuenta y no es posible programar a largo plazo la actividad. La actitud de compromiso personal con el objetivo del grupo influye directamente en la estabilidad de la institución. “Empezamos siendo veintiséis chicos, chicas. Ahora somos diez, once chicas. Veíamos el tema del compromiso, que venís a las reuniones, que no venís, que te vas a misionar una vez, después desaparecés. 72

Nosotras nos queremos consolidar como grupo y plantear un objetivo como grupo, una misión como grupo y ver si compartimos hacer algo periódico y saber si vas a estar, si voy a contar con tu ayuda, con tu granito de arena que sé que lo podes aportar, pero si lo aportas a medias... qué sé yo” (GF4). El tamaño de la organización es otro tema presente a la hora de hablar del lugar que ocupa cada uno, la de posibilidad de influir en la dirección de la institución, del clima de trabajo y del compromiso. Según lo expresado por los entrevistados, las organizaciones más chicas son espacios donde se pueden vivir con mayor facilidad los principios de protagonismo, la horizontalidad, el buen clima, la cercanía a las y los destinatarios, y la posibilidad de participar en las decisiones y acciones de la organización. No obstante, todos quieren crecer, constituir organizaciones más grandes, tener más influencia e impacto en las acciones que realizan. Este crecimiento, generalmente, trae aparejada la obligación de abandonar la modalidad totalmente participativa en la que se decide en asamblea, para conformar estructuras de gestión, comisiones y delegar responsabilidades en referentes. En algunos casos, también se constituye una asociación civil o cooperativa y, durante ese proceso, se experimenta cierta tensión entre la necesidad de tener autoridades formales y la convicción de que todos los integrantes “son iguales”.

3.6 Palabras finales
En este capítulo, uno de los temas que se ha tratado es aquello que los y las jóvenes mencionan como lo más y lo menos atractivo de las organizaciones de las que participan. En cuanto a aquello que les atrae, señalan tres dimensiones. En primer lugar, y en sintonía con las motivaciones iniciales y con el sentido dado a la participación, a la hora de hablar de la organización, resaltan que los entusiasma la actividad que realizan, con sus objetivos y contenidos. En segundo lugar, consideran un aspecto muy atractivo el buen clima laboral y la relación que se entabla entre las y los miembros de los equipos de trabajo. En tercer lugar, mencionan algunos aspectos relacionados a la organización y a la conducción, como la claridad en la misión de la organización, el buen funcionamiento de la misma, la horizontalidad, y el apoyo de las autoridades. En relación a aquello que menos les gusta de la organización en donde participan, los y las jóvenes destacan las mismas dimensiones señaladas como atractivas, pero en términos de ausencia. Por un lado, los aleja de la institución la falta de sentido por la actividad que realizan, la modalidad de trabajo o la mala estrategia, los conflictos que se dan entre las y los miembros del equipo de trabajo y los problemas que se dan a nivel de la organización, como la falta de concreción en los resultados y la poca eficiencia en su desempeño. 73

Así como valoran positivamente el apoyo de las autoridades y una coordinación adecuada, manifiestan que la desorganización o la ineficiencia en la conducción de las actividades constituyen aspectos negativos en las instituciones en las que participan. Como hemos visto, las y los entrevistados otorgan gran importancia a la relación entre las y los miembros del equipo de trabajo. Por lo tanto, los conflictos generados entre ellos constituyen situaciones que los alejan de la participación. Muchos y muchas describieron experiencias en grupos en las que hubo peleas, divisiones internas, situaciones de crítica continua y relaciones conflictivas, que influyeron en su alejamiento de la asociación. En relación al clima de trabajo y al tipo de vínculo entre los y las participantes, se habla en general de una ligadura muy estrecha entre las y los miembros de las organizaciones. La mayoría expresa que entre ellos son amigos. Esta relación de amistad es entendida con diferentes grados de intensidad. Algunos y algunas plantean una relación casi familiar en la que se comparte todo, las actividades sociocomunitarias y recreativas, conocen a sus familias, entre otras. Otros y otras jóvenes plantean que son amigos, comparten la actividad y otras salidas: son su grupo de pertenencia. Luego, hay quienes plantean que son amigos en el marco de la organización, pero no se ven en otros contextos o situaciones, o que se llevan bien manteniendo una relación de respeto mutuo. Otra manera en que los y las entrevistadas definen el vínculo es mediante el término compañeros. Esta palabra tiene para las y los jóvenes diferentes acepciones. Para algunos, es un vínculo de respeto mutuo en el ámbito de la organización, pero para otros es algo que supera la amistad, es decir, no importa si uno es o no amigo de la otra persona, ser compañero supera cualquier tipo de relación. Este tipo de vínculo se señala en organizaciones político-partidarias. A su vez, la relación asociada a la familiar -por ejemplo, cuando se refieren a las y los otros miembros de la organización como “hermanos”-, se da especialmente en las organizaciones de tipo religiosas. En cuanto a los modos de organización, los y las jóvenes valoran que en las instituciones haya espacios donde poder expresar sus opiniones e influir en la orientación del colectivo. Participan en organizaciones que dan lugar a los miembros para hacer propuestas y opinar, y expresan, también, el deseo y el desafío de conformar estructuras más grandes, organizadas y efectivas, pero que mantengan el lugar para el protagonismo de todos los integrantes. Es importante aclarar que, pese a lo mencionado, en algunos casos naturalizan un tipo de organización con autoridades muy marcadas o referentes con una gran concentración de poder, entendiendo que, de todos modos, son protagonistas porque participan activamente en las tareas, aunque no formen parte de las instancias de toma de decisiones.

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Propuestas para la reflexión
Es importante conocer qué aspectos de nuestra organización son factores que fomentan y favorecen el sostenimiento de conductas participativas en los y las jóvenes. Ellos y ellas nos invitan a pensar en los aspectos que consideran que los entusiasman a participar. Vimos que algunos de éstos son: la actividad que realizan, es decir, la actividad que la organización propone; el clima laboral y la relación que se genera entre los y las integrantes de la institución; y aspectos que hacen a la estructura organizativa y dinámica de funcionamiento de la organización. En los primeros dos capítulos los invitamos a pensar en las actividades que, como organización, proponemos a los jóvenes. Ahora, les proponemos indagar sobre la estructura institucional que las contiene, teniendo en cuenta los aspectos destacados.

1. Clima institucional y relación entre los miembros
–– ¿Qué palabra describe mejor el clima de trabajo en nuestra organización? –– Si tuviéramos que armar una lista de calificativos que denoten aspectos positivos y negativos de nuestro lugar de trabajo y compañeros, ¿cuáles serían estas palabras? –– ¿Cuánto tiempo dedicamos a generar espacios de intercambio distendido entre quienes conforman la institución? ¿Conocemos lo que están transitando las personas que comparten parte de sus días con nosotros? –– ¿Qué hacemos, desde lo individual y lo institucional, para promover un clima agradable y comprometido de trabajo? –– ¿Somos capaces de detectar a tiempo situaciones proclives a generar conflictos? ¿Qué hacemos para prevenirlas? ¿Cómo reaccionamos cuando ocurren? –– Ante la necesidad de resolver un conflicto, ¿quién o quiénes intervienen? –– ¿Qué estrategias o mecanismos utilizamos para actuar ante una situación conflictiva o problemática? –– ¿Generamos acciones de contención para quienes forman parte de la organización y para quienes se acercan a participar dentro de ella? –– ¿Qué rol cumple la comunicación dentro de nuestra organización? ¿Proponemos vías de intercambio entre las y los miembros que favorezcan la conformación de vínculos?

2. Estructura y dinámica organizacional
–– ¿Cuáles son los distintos roles y funciones que conforman nuestra estructura de funcionamiento? ¿Están claros para todos? 75

–– En el funcionamiento cotidiano de la organización, ¿respetamos la estructura prevista para su funcionamiento? ¿Cuáles son las consecuencias de hacerlo? ¿Y de no hacerlo? –– Quienes forman parte de un área determinada de la organización, ¿tienen conocimiento de lo que sucede en las otras áreas? –– A la hora de tomar decisiones a nivel institucional, ¿quiénes intervienen? ¿Se consulta a los demás de miembros de la organización? ¿Se les comunican las decisiones tomadas? –– Cuando la decisión a tomar tiene que ver con una acción o actividad puntual, ¿invitamos a quienes llevan adelante dicha actividad a tomar parte de la decisión? –– Si pensamos en la propuesta de participación dentro de la estructura institucional, ¿qué lugar se les da a las y los participantes?¿Qué nivel de incumbencia tienen en la toma de decisiones y en la propuesta de acciones? –– ¿Pensamos en actividades que posibilitan la rotación de las y los participantes por las distintas áreas, o que habiliten el intercambio de información con los otros sectores de la organización? En caso de que así sea, ¿cuáles son estas propuestas? En caso de que no sea así, ¿a qué se debe esa elección? –– Si un o una joven participante de nuestra organización tuviera que describir nuestra estructura de funcionamiento (toma de decisiones, participación en acciones puntuales, legitimación de voces, etc.) a partir de su experiencia concreta, ¿cuál creemos que sería su descripción? Después de reflexionar sobre estos aspectos y los tratados en los primeros capítulos, y teniendo en cuenta propias respuestas a las preguntas sugeridas al final de cada capítulo, estamos en condiciones de ver qué es lo que decimos y hacemos en relación a la participación, y cuánto de todo esto responde a lo que los y las jóvenes entienden por participar. A partir de aquí podemos: mejorar nuestras propuestas de acción para que fortalezcan y sostengan las prácticas participativas, cambiar aquellos aspectos de la organización que atenten contra la participación juvenil, y proponer creativamente otros modos de abrir camino a que más jóvenes quieran intervenir en el campo social, cultural, político y económico de nuestro país en el marco de nuestras organizaciones.

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Conclusiones
La participación juvenil no es ocurre espontáneamente. No es una reacción lineal a una causa o a un detonante específico, sino que se construye desde el entramado social, se estimula, varía, evoluciona y tiene sus matices. Por qué, para qué, cómo y dónde participan los y las jóvenes es un tema complejo y tiene que ver con las circunstancias familiares, sociales y políticas del país y la región que cada generación vivencia de maneras diversas. En este trabajo estudiamos qué motiva a esta generación de jóvenes a participar en actividades sociocomunitarias, qué sentido le dan a esa participación y qué valoran de los espacios en donde lo hacen. A modo de síntesis, se señalan a continuación algunos puntos que consideramos importantes para el análisis. 1. La participación siempre es política, pero no siempre es partidaria. Entendemos la participación política en sentido amplio. Además de las distintas juventudes agrupadas en partidos políticos, hay otros grupos de jóvenes que participan en el ámbito público y en el campo social desde asociaciones civiles, fundaciones, grupos religiosos o agrupaciones no formales. Los y las jóvenes no siempre son militantes de un partido, pero sí militantes de causas, creencias, expectativas, deseos de una sociedad más igualitaria e inclusiva. Hay muchos y muchas jóvenes que se comprometen con la democracia y buscan un país justo, pero desde distintas instituciones. 2. A participar se aprende. La etapa de socialización primaria es fundamental para incentivar la participación, el ejemplo de los padres, sus luchas, logros y fracasos marcan a los y las jóvenes y los predisponen de manera muy especial. Las experiencias en la escuela también son vitales en la formación de una generación de jóvenes participantes. Muchas y muchos entrevistados manifiestan haber tenido referentes adultos que los inspiraron y les sirvieron de ejemplo para participar en su infancia y adolescencia. 3. El joven situado. Es necesario comprender al joven como un sujeto inserto en un contexto determinado y como parte de una sociedad con características particulares. Los y las jóvenes no son individuos aislados, de quienes depende exclusivamente la decisión de participar en el espacio público o no. El contexto político, social y económico influye en la actitud juvenil frente a la participación. Hay momentos históricos concretos que son más propicios y propensos al involucramiento ciudadano, en los cuales se abren espacios de participación. En cambio, existen otros que disuaden esas prácticas participativas o no hay un clima social que impulse a los y las jóvenes a participar. 4. Yo, indignado. El principal motor para participar es la disconformidad con la realidad signada por desigualdades económicas y materiales 78

concretas. Es por esto que el objetivo de sus actividades está dirigido a satisfacer las necesidades básicas de poblaciones vulnerables. Más allá del espacio del cual formen parte, los y las jóvenes buscan cambiar esas situaciones que consideran injustas a través de distintos tipos de actividades como talleres de capacitación, apoyo escolar, talleres de recreación, salud e higiene, emprendimientos productivos, formación ciudadana, entre otros. El espacio de participación puede diferir, pero el motivador es semejante. 5. Por vos y por mí. Otra característica particular de la participación juvenil actual consiste en que no se pone en primer lugar la actitud de entrega y sacrificio, sino que la actividad se percibe como algo atractivo, placentero e incluso para el disfrute. Además de colaborar con otro menos favorecido, los y las jóvenes aprovechan los espacios de participación para sí mismos, ya sea para sumar experiencia profesional, aplicar conocimientos sobre aquello que están estudiando, continuar o complementar su formación, satisfacer sus inquietudes personales más íntimas como formar parte de un grupo social. Las y los jóvenes valoran una experiencia participativa que les otorgue nuevas herramientas para crecer de manera integral y mirar su vida desde otro punto de vista. 6. La acción es protagonista. Otro núcleo conceptual clave es la acción. Una de las motivaciones iniciales que tienen los y las jóvenes para participar es la necesidad de poner en práctica sus convicciones y conocimientos. La certeza sobre una determinada actividad o la idea vaga de “hacer algo” encuentra su desarrollo luego de participar activamente, en el gusto que ellos y ellas sienten por las actividades que realizan y la satisfacción por los resultados obtenidos. A la hora de mencionar lo que más les gusta de la organización, las actividades que realizan es uno de los puntos más destacados. Cuando la tarea que llevan a cabo les atrae, se sienten satisfechos con el contenido y los objetivos que persigue, el compromiso crece y se profundiza. Sin embargo, cuando no encuentran un sentido a lo que realizan, prefieren buscar otros caminos y dejar de participar. 7. En colectivo. Los y las jóvenes entienden que la participación tiene que ver con la acción colectiva. Ese “colectivo” es entendido, por un lado, como pertenencia a un equipo de trabajo, al compartir valores y objetivos entre quienes llevan a cabo la actividad sociocomunitaria. Y, por otro, el sentido “colectivo” tiene que ver con aquellas expresiones de acción masiva que ocurren en el espacio público o, como dicen algunos entrevistados, en “la calle”. Esta dimensión de la participación no es exclusiva de las agrupaciones político partidarias, sino que es mencionada por jóvenes de diferentes organizaciones. 8. Los Otros. Los y las jóvenes manifiestan un fuerte deseo de “conocer otras realidades de personas distintas” y le atribuyen mucha importancia al vínculo generado con las y los destinatarios de las actividades sociocomunitarias. La participación y el sostenimiento de esa actividad están signados por el vínculo interpersonal. Los y las jóvenes apuestan 79

al encuentro con el otro distinto, a la actividad cara a cara, a compartir y enriquecerse mutuamente. 9. Sujetos comprometidos. En varias ocasiones, los y las jóvenes hacen referencia a la actitud de otras y otros compañeros con quienes participan en las organizaciones. Hablan de una responsabilidad social y de la necesidad de un compromiso con la actividad y con el grupo. La constancia en el trabajo y compartir las responsabilidades con otros son aspectos fundamentales. Cuando esta actitud se pone en cuestión, se abre el espacio para la incertidumbre de quiénes son realmente los que conforman el equipo y, por lo tanto, la preocupación de qué es lo que se puede lograr. Esta situación genera disgusto, tensiones, recarga el trabajo y habilita el espacio para las divisiones internas, la conformación de grupos antagónicos e incluso la disolución del colectivo. Para los y las jóvenes, la participación se relaciona con una actitud de compromiso y, en caso de que esa actitud no esté presente, se pone en cuestión si esa persona, aún formando parte de la actividad, participa realmente. 10. Vamos por el cambio. Se habla de cambio y transformación entendidos en varias dimensiones. Por un lado, las actividades apuntan a la búsqueda de solución de algunas problemáticas puntuales que viven personas en situación de vulnerabilidad. Las actividades están orientadas a lo concreto, a la práctica, al hacer cotidiano y tangible. Igualmente, algunas y algunos hablan de una transformación de las estructuras de la sociedad. En otro sentido, la idea del cambio está relacionada al proceso que atraviesan las y los destinatarios del proyecto para tomar conciencia de su situación o descubrir sus propias capacidades y su posición en su comunidad. Por último, estos conceptos poseen una dimensión personal, ya que también hacen referencia al desarrollo propio de cada joven participante, la adquisición de experiencia y crecimiento. 11. Estructuras desestructuradas. Los y las jóvenes prefieren una estructura organizada pero participativa, es decir, una estructura ordenada que, a su vez, sea flexible. Manifiestan estar cómodos cuando los roles, tareas y responsabilidades están designadas de forma explícita. Creen necesaria una estructura para que se obtengan resultados y se lleven a cabo las actividades planeadas de forma operativa. Sin embargo, cuestionan y rechazan el verticalismo. Entienden que los problemas que se dan a nivel de la organización -como la ausencia de concreción de resultados, la poca eficiencia y el mal manejo de información- los aleja de la práctica en los proyectos sociales. En algunos casos, cabe aclarar, consideran natural un tipo de organización con autoridades muy marcadas o referentes con una gran concentración de poder. 12. Protagonismo. Si bien los y las jóvenes valoran que los espacios tengan una estructura organizada, es esencial que haya instancias formales de diálogo en las cuales se les dé lugar a sus opiniones, se los escuche y se tenga en cuenta su punto de vista en la toma de decisiones. Valoran los espacios asamblearios, que se les dé información y se los consulte, ser 80

partícipes de la construcción de los objetivos de la organización y tener injerencia en las decisiones. 13. Amigos son los compañeros. En general, se habla de un vínculo interpersonal muy estrecho entre las y los participantes. La mayoría son amigos, comparten los proyectos sociales, pero también otros espacios de recreación y encuentro. Además de asumir una relación de amistad, algunos se sienten hermanos y consideran que ser compañeros es el vínculo más fuerte que pueden tener. Cabe destacar que la mayoría de los y las jóvenes que empiezan a participar de un espacio, lo hacen a partir de una invitación concreta de amigos cercanos. 14. Buen clima. Los y las jóvenes destacan positivamente el buen clima de trabajo que se vive en sus organizaciones. El respeto mutuo, el compañerismo, la tolerancia, el trabajo el equipo y la diversión son algunos de los elementos que construyen el ambiente laboral. Ser parte de un contexto agradable y distendido, en el cual las jerarquías no están fuertemente marcadas y prepondere el sentido colectivo es importante para sostener de la participación juvenil. Todos valoran el buen clima de trabajo como un elemento fundamental para la pertenencia a una institución y ubican a los conflictos entre los miembros como una causa de abandono de la organización. 15. Un tema importante. La mayoría de los y las jóvenes afirma que la participación es muy importante en su vida. Hay quienes le dedican casi todo su tiempo, trabajan y se esfuerzan, estudian una carrera relacionada y están en contacto continuo con la organización. Otros le dedican algunos días a la semana; y otros sólo algunos momentos al mes. Más allá de estas diferencias de dedicación temporal, todos afirman que participar de actividades sociocomunitarias es algo que le da sentido a sus vidas y no dejarían de hacerlo. En una sociedad fragmentada que promueve el consumo individualista, los y las jóvenes dicen que la participación, el involucramiento, la política, la solidaridad, el compromiso con el otro no carece de sentido, sino que es algo valioso. Su interés apunta a la construcción de una sociedad distinta, desde las bases y mediante el encuentro constructivo. Los y las jóvenes creen que participar vale la pena y apuestan por la participación colectiva. No niegan las dificultades, son conscientes de los desafíos y tensiones, pero no creen que sea peligroso, están motivados, convencidos y dedican su tiempo y energías a esto. Los y las jóvenes trabajan en equipo con el objetivo de transformar y cambiar las situaciones sociales que consideran injustas. Al mismo tiempo, buscan aprovechar esos procesos para enriquecerse ellos mismos, crecer y desarrollarse personalmente. Hoy, las y los jóvenes que participan militando o siendo voluntarios integran con naturalidad su desarrollo personal en estas actividades. Disfrutan lo que hacen y no tienen inconvenientes en expresar que ellos y ellas también se benefician al desarrollar 81

tareas sociocomunitarias. Más allá del partido en que militen, de la fundación en la cual sean voluntarios o de qué asociación civil formen parte, los y las jóvenes están, sin duda, presentes y activos en la construcción de nuestra sociedad. Una sociedad que, desde sus perspectivas, necesita ser transformada y en la cual todavía queda mucho por hacer. Consideramos importante destacar que este trabajo no termina aquí, lo que finaliza es un primer informe que describe los resultados de una investigación social que, como hemos dicho, también es una herramienta para el trabajo. Se han propuesto algunos temas y varias preguntas para impulsar la reflexión al interior de las organizaciones. Esperamos que sea un disparador para seguir pensando y modificando nuestras prácticas, para que las instituciones estén a la altura de las circunstancias, para que estén habitadas por jóvenes y que, junto a los adultos, ellos sean protagonistas.

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Bibliografía
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Recomendaciones bibliográficas sobre juventud y participación
En este apartado hacemos un aporte para aquellos que quieran profundizar en estas temáticas. Les proponemos ampliar la bibliografía con libros, artículos y revistas que tratan los temas estudiados. •• Alvarado, S., Martínez, J. E. y Muñoz Gaviria, D. (2009) “Contextualización teórica al tema de las juventudes: una mirada desde las ciencias sociales de la juventud”. En: Revista Latinoamericana de Ciencias Sociales, Niñez y Juventud, Vol. 7, Nº 1. CINDE. Manizales, Colombia. •• Alvarado, S.V. y Vommaro, P. (2010). Jóvenes, cultura y política en América Latina. Algunos trayectos de sus relaciones, experiencias y lectura (1960-2000). CLACSO Homo Sapiens. Rosario, Argentina. •• Auyero, Javier (1993) Otra vez en la vía. Notas e interrogantes sobre la juventud de sectores populares. Espacio Editorial. Buenos Aires, Argentina. •• Balardini, Sergio (comp.) (2000) La participación social y política de los jóvenes en el horizonte del nuevo siglo. CLACSO Homo Sapiens. Buenos Aires, Argentina. •• Bendit, R., Hahn, M. y Miranda, A. (2008) Los jóvenes y el futuro. Procesos de inclusión social y patrones de vulnerabilidad en un mundo globalizado. Prometeo. Buenos Aires, Argentina. •• Carretero, M. y Kriger M. (2004) “¿Forjar patriotas o educar cosmopolitas? El pasado y el presente de la historia escolar en un mundo global”. En: Carretero, M. y Voss, J. F. (Eds.) (2004) Aprender y enseñar la historia. Amorrortu. Buenos Aires, Argentina. •• Cháves, M. (2005) “Juventud negada y negativizada: representaciones y formaciones discursivas vigentes en la Argentina contemporánea”, y Duarte, Claudio (2002) “Mundo jóvenes, mundos adultos: lo generacional y la reconstrucción de los puentes rotos en el liceo. Una mirada desde la convivencia escolar”. En: Última Década, Nº 16, Viña del Mar, CIPDA. [Disponible en: http://www.cidpa.cl/?page_id=41]. •• Cháves, M. (2010) Juventudes en Argentina 1. Hacia un estado del arte/2007. Edulp. La Plata, Argentina. •• Coleman, J. C. y Hendry, L. B. (2003) Psicología de la Adolescencia. Morata. Madrid, España. •• Corea, C. y Lewkowickz, I. (2004) Pedagogía del aburrido. Escuelas destituidas, familias perplejas. Paidós. Buenos Aires, Argentina. •• Dirección General de la Juventud del Gobierno de la CABA (2006) Juventud en la CABA. Informe sobre Educación y Trabajo, Participación, Salud y Sexualidad, Tiempo Libre y Percepciones de los Jóvenes de la Ciudad. Resultados de la encuesta de Juventud 2005. Gobierno de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires y Fundación Friederich Ebert. Buenos Aires, Argentina. •• Feixa, Carles (1999). De Jóvenes, bandas y tribus. Antropología de la juventud. Barcelona, Editorial Ariel •• Feixa, C. (2006): “Generación XX: Teorías sobre la juventud en la era contemporánea”. En: Revista Latinoamericana de Ciencias Sociales, Niñez 84

y Juventud. Vol. 4, N° 2. Hahn. Manizales, Colombia. •• Kriger, M. (2007) Historia, Identidad y Proyecto: un estudio de las representaciones de jóvenes argentinos sobre el pasado, presente y futuro de su nación. Tesis doctoral presentada y aprobada ante FLACSO-Argentina. En: Revista Propuesta Educativa [Disponible en: http://www.propuestaeducativa.flacso.org.ar/tesis.php?id=11&num=29]. •• Kriger, M. (2010a) Jóvenes de escarapelas tomar: Escolaridad, enseñanza de la historia y formación política en la Argentina post -2001.) Observatorio de Medios y Jóvenes de la Facultad de Periodismo y Comunicación de la UNLP y CAICYT CONICET. EDULP (Editorial de la UNLP). La Plata, Argentina. •• Kornblit, Ana Lía (Coord.) (2007) Juventud y vida cotidiana. Biblos. Buenos Aires, Argentina. •• Martín Criado, E. (1998) Producir la juventud. Istmo. Madrid, España. •• Martín Criado, E. (2009) “Generaciones/clases de edad”. En: Román Reyes (Dir). Diccionario Crítico de Ciencias Sociales. Terminología CientíficoSocial. Ed. Plaza y Valdés. México. •• Margulis, M. (1996) La juventud es más que una palabra. Biblos. Buenos Aires, Argentina. •• Mendes Diz, Ana María (2007) “Los jóvenes y las normas. Crónicas de un desencuentro anunciado: el caso de los accidentes de tránsito”. En: Kornblit, Ana Lía (Coord.) Juventud y vida cotidiana. Biblos. Buenos Aires, Argentina. •• Morduchowicz, Roxana (2008) La generación multimedia. Significado, consumos y prácticas culturales de los jóvenes. Paidós. Buenos Aires, Argentina. •• Milstein, Diana (2009) La Nación en la escuela. Nuevas y viejas tensiones políticas. Miño y Dávila. Buenos Aires, Argentina. •• Nuñez, Pedro (2010) “Escenarios sociales y participación política juvenil. Un repaso de los estudios sobre comportamientos políticos desde la transición democrática hasta Cromagnon”. En: Revista SAAP, Vol. 4, Nº 1 y 2. Buenos Aires, Argentina. •• Passerini, Luisa (1996) “La juventud, metáfora del cambio social. (Dos debates sobre los jóvenes en la Italia fascista y en los EEUU en los años cincuenta)”. En: Levi Giovanni y Schmitt, Jean-Claude (Direc.) Historia de los Jóvenes. Taurus. Madrid, España. •• Pérez Islas, José A. (coord.) (2000) “Visiones y versiones. Jóvenes, instituciones y políticas de juventud”. En: Martín-Barbero, J. y otros. (2000) Umbrales, cambios culturales, desaños nacionales y juventud. Medellín, Corporación Región. •• Pérez Islas, José A. (2006) “Trazos para un mapa de la investigación sobre la juventud en América Latina”. En: Papers Revista de Sociología. Año 2006. Nº 79. •• Prada, M.A. y Ruiz, A. (2006) “Cinco fragmentos para un debate sobre subjetividad política”. En: Subjetividad(es) política(s): Apuestas en investigación pedagógica y educativa. Proyecto Implantación de Programas de Investigación. Universidad Pedagógica Nacional. Bogotá, Colombia. •• Reguillo, Rossana (2000) Emergencia de culturas juveniles. Estrategias del desencanto. Norma. Buenos Aires, Argentina. •• Saintout, Florencia (2006) Jóvenes: el futuro llegó hace rato. EPC, Facul85

tad de Periodismo y Comunicación Social, UNLP. La Plata, Argentina. •• Saintout, F. (comp.) (2010) Jóvenes Argentinos: Pensar lo Político. Prometeo. Buenos Aires, Argentina. •• Tenti Fanfani, E. y Sidicaro, R. (1998) La Argentina de los jóvenes. Entre la indiferencia y la indignación. UNICEF/Losada. Buenos Aires, Argentina. •• Toer, Mario (1998) El perfil de los estudiantes de la UBA. El trabajo, la política, la religión, los medios. Eudeba. Buenos Aires. •• Urresti, Marcelo (Comp.) (2008) Ciberculturas juveniles. La Crujía. Buenos Aires. •• Vázquez, Melina (2007) “Apuntes sobre la socialización política de jóvenes piqueteros”. En: Villanueva, E. y Masetti, A. (comps.) Movimientos sociales y acción colectiva hoy. Prometeo. Buenos Aires. •• Vázquez, Melina (2010) “Socialización política y activismo. Carreras de militancia política de jóvenes referentes de un Movimiento de Trabajadores Desocupados”. Tesis Doctoral, presentada en la Facultad de Ciencias Sociales de la UBA. Mimeo. Buenos Aires. •• Vommaro, Pablo (2009) “Las organizaciones sociales urbanas de base territorial y comunitaria y el protagonismo juvenil: dos experiencias en Quilmes 1981-2004”. En: Revista Periferias. Año 12, Nº 17.

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La Flecha Comunicación y participación
Quiénes somos
La Flecha es una organización que promueve la inclusión y el protagonismo juvenil a través de la realización de talleres de producción de piezas comunicacionales y la creación de espacios de acción comunitaria. Poniendo el cuerpo y mucha pasión, en La Flecha llevamos las ideas a la acción generando oportunidades para que los jóvenes participen activamente en la construcción de una sociedad más inclusiva y democrática.

Misión
Trabajamos para promover el protagonismo social, político y económico de las y los jóvenes, porque creemos en su potencia creadora y transformadora. Para llevar adelante nuestra misión: •• Promovemos la participación de las y los jóvenes en el ámbito público, en sus comunidades y en sus distintos espacios de pertenencia. •• Fomentamos la expresión para visibilizar las voces de los jóvenes, difundir sus ideas y mostrar sus perspectivas sobre temas que los involucran y los movilizan. •• Promovemos la inclusión de jóvenes en situación de vulnerabilidad social a través del fortalecimiento de su autonomía, el acceso a la educación, la inserción laboral en el sector privado y/o la economía social, y el desarrollo de emprendimientos productivos autogestivos. •• Investigamos las culturas juveniles, los valores y las formas de asociación, participación e intervención en lo público, con el fin de producir conocimientos relevantes para el desarrollo de acciones y proyectos que promuevan la inclusión de las y los jóvenes. •• Producimos y difundimos ideas y contenidos útiles para el abordaje y posicionamiento en la agenda pública de las diversas problemáticas que afectan a las y los jóvenes.

¿Cómo lo hacemos?
En La Flecha trabajamos desde una perspectiva que valoriza y promueve el ejercicio de los derechos por parte de las y los jóvenes. Para cumplir con nuestros objetivos, diseñamos proyectos en base a cuatro líneas de trabajo. Estos programas se orientan a promover el protagonismo y la libre expresión de las y los jóvenes pero acentúan sus metas en diferentes aspectos: la producción colectiva de piezas comunicacionales, la participación en el territorio, el fortalecimiento de la autonomía y la práctica de investigación. 87

Programa Comunicación
Este programa está orientado a estimular a las y los jóvenes a expresarse, visibilizar sus voces, difundir sus ideas y mostrar sus perspectivas sobre los temas que los involucran y los movilizan, de manera libre y creativa, mediante la producción de piezas comunicacionales que ponen en juego diversos lenguajes y formas de expresión. En estos talleres los participantes exploran y producen, de principio a fin, programas de radio, muestras fotográficas, fanzines, campañas gráficas, entre otros productos comunicacionales. La variedad de formatos y la dinámica participtaiva que utilizamos en todos nuestros talleres, permiten el abordaje de temas diversos (que pueden ser de interés de los jóvenes y/o de las instituciones donde se realiza la intervención).

Programa Participación Comunitaria
Este programa busca promover el protagonismo social y político de las y los jóvenes en sus comunidades y en sus distintos espacios de pertenencia, para afianzar una cultura democrática y participativa. Para ello, organizamos encuentros, talleres y mesas de trabajo para que identifiquen las principales necesidades de sus barrios, propongan soluciones desde una perspectiva joven y creativa, y realicen una intervención en el espacio público y tengan una experiencia vivencial de su capacidad para ser agentes de cambio de su comunidad.

Programa Inclusión Social
Este programa busca promover la inclusión social y laboral de jóvenes en situación de vulnerabilidad social a través del fortalecimiento de sus habilidades sociales y aptitudes para el empleo y el desarrollo de emprendimientos productivos autogestivos. Para lograrlo, les ofrecemos talleres de capacitación y autoconocimiento, en los que trabajamos para crear grupos de pertenencia y generar vínculos duraderos con adultos referentes.

Programa Investigación
El programa tiene el objetivo de investigar las culturas juveniles, sus valores y sus formas de asociación, participación e intervención en lo público, con el fin de producir conocimientos relevantes para el desarrollo de acciones y proyectos que promuevan la inclusión de las y los jóvenes. Para eso llevamos adelante proyectos de investigación social de tipo cuali y cuantitativos, y producimos piezas comunicacionales para difundir las ideas y contenidos que sean útiles para abordar y posicionar en la agenda pública las diversas problemáticas que afectan a las y los jóvenes.

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