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El Plan Nacional de Desarrollo y la cultura

HAY DE PLANES A PLANES

D

e entrada, es indispensable explicar la concepción que tenemos de estos tres

conceptos: plan, desarrollo y cultura, que son los componentes partir de los cual<ts fundamentamos nuestra propuesta.

centrales a

Las tres son palabras de fino origen, pero de uso corriente, que hace ya algunas décadas se vienen utilizando indiscriminadamente en el ámbito de las instituciones públicas y privadas dedicadas a la educación, la política o la economía. Palabras técnicas de uso común, conceptos resbalosos, ambiguos, complejos y sumamente mal utilizados. Con el término plan sucede lo mismo que con proyecto y programa. Siendo conceptos técnicos, de significados semejantes, el lenguaje común se ha apropiado

de ellos y el uso ordinario los ha vulgarizado. La palabra plan tiene muy diversos usos y significados en distintos ámbitos sociales y para referirse a cosas bien diferentes, pero que a la vez son semejantes en algo.

háblese de planes, programas o proyectos, éstos tienen que

ver con la idea de previsión; tener visto con anticipación el quehacer, organizado el

En todos los casos,

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tiempo. Poseer una intención clara y un punto de referencia dónde concentrar el in- terés, la atención, la energía. Un diseño de la acción que se considera necesario. En los ámbitos laborales, sean éstos de la iniciativa privada (IP), las organizaciones de la sociedad civil (ose) o instituciones y empresas públicas, nadie puede estar fuera del plan de producción, del plan de acción o del plan de gobierno. La cuestión podría entedarse aún más si, aparte de todo, nos proponemos revisar el nombre mismo que utilizamos al referirnos al proceso de hacer el plan como

"proceso de planeación"

Los dos conceptos se han venido usando indistintamente en todas partes. En la

mayoría de las instituciones del gobierno y de la IP, en México, se usa el término planeación. En la corriente latinoamericana de trabajo social y en buena parte de Europa se utiliza planificar. Ambos conceptos son admitidos en el diccionario Larousse con acepciones más o menos semejantes. Planeación, sin embargo, tiene

también otro significado:

En lo que al concepto planificación respecta, diremos que, etimológicamente hablando, proviene de dos términos latinos: plan, planis, plano y focere, hacer.

Literalmente: hacer el plano. Consideramos que planificación es la palabra más precisa desde el punto de vista etimológico para el concepto al cual nos referimos, y además es la forma de traducir su concepto equivalente del inglés: planning, planificación, aunque sabemos que no

todo el mundo está de acuerdo con este uso. Sin embargo, dada la práctica tan extendida de usar planear en vez de planificar, por razones "aplanadoras" del uso común, en este libro utilizaremos, contra nuestra propia opinión, el término planear y no (1 de planificar. Desde luego que no es nuestra inten 'ión terminar con el enredo teórico y metodológico que existe sobre esto en muchos ámbitos de la academia o de la práctica profesional; ni pretendemos, desae aquí, zanjar las diferencias existentes que las diversas escuelas de planeación pre,;entan de origen y que han discutido y profundizado con el paso del tiempo.' Se trlua de aportar un punto de vista más a

-concepto de uso común-, o lo llamamos "planificación".

"cernerse en el aire como las aves".

, Véase al respecro el capítulo 1 de la segunda parte de eS'e libro.

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la discusión, que pueda ser útil, al menos para precisar algunas de estas diferencias

y llevar a cabo un análisis más riguroso de los conceptos y de las prácticas que éstos conllevan.

Al referirnos al uso técnico de la palabra plan, encontramos dos modalidades

que se contradicen de entrada: la primera, cuando se habla de "planeación es-

tratégica", para distinguirla de otras prácticas y concepciones que, se pretende, no lo son.

Pero decir "planeación estratégica", además de ser una moda, es una re-

dundancia. Todo plan es en esencia una visión estratégica de la realidad, una

proyección

como decir que la miel es dulce. O tal vez, sea simplemente expresión de la

preocupación del docente para quien nunca está de más subrayar y enfatizar algunos conceptos claves.

estratégica de la acción. Afirmar que un plan es estratégico, es

La factura de tal denominación es explicable y totalmente válida si la ubicamos en

el contexto de la planeación administrativa netamente empresarial, que, concebida

como una necesidad funcional y operativa, pretende redimensionar su alcance y se reconceptualiza en el término "planeación estratégica". 2

Sea cual sea la razón, importa aclarar qué entendemos por estrategia y qué

queremos decir cuando afirmamos que todo plan supone una visión estratégica de la realidad.

La estrategia y la táctica son conceptos acuñados del lenguaje bélico. Son con-

ceptos de origen político que se asumieron como válidos para las ciencias sociales y

se

han venido aplicando, por analogía, en el campo del desarrollo socio-económico

y,

por tanto, de lo cultural.

Toda estrategia supone una finalidad, una utopía -ahora también llamada "la

visión"-. En las revoluciones sociales de los siglos XIX y xx, tal y como lo propone

la teoría, la finalidad era la toma del poder político por la clase emergente o pro-

tagónica y la estrategia privilegiada era la vía armada, la violencia concebida como

la única vía revolucionaria o método fundamental de lucha.

2 En el capítulo II de la segunda parte de este libro abordamos el tema con mayor amplitud, pp. 111-112.

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La política de alianzas y la correlación de fuerzas entre los contendientes de-

terminaba las tácticas: los acuerdos, arreglos, atajos, repliegues: caminos alternos

provisionales, pero necesarios, respecto de esta vía fundamental. Trasladado el concepto a la teoría social dentro del plan, la estrategia marca la

la utopía, llegar a ver

vía fundamental o el método con el cual es posible construir

cumplida la visión o finalidad que es la razón última de todo plan y la única forma

que tiene el sujeto social de ser consecuente con la misión histórica que él mismo

se ha asignado y que constituye su carácter y su vocación. De ahí que la categoría "plan", como se propone en este libro esté constituida por

un núcleo de cuatro conceptos amarrados de manera indisoluble y dialécticamente

conformados: Sujeto-objeto, utopía (visión, finalidad), marco histórico-social

(contextualización) y método (estrategia general). Y por tanto no nos parece ne-

cesario explicitar que toda planeación es, de suyo, estratégica. 3 Aún así, nos queda claro que en el uso común de algunas instituciones

blicas o privadas, que tienen ya una larga experiencia de planeación, en el mejor

de los casos, se da y se seguirá dando el nombre de "plan" al "marco conceptual"

-jurídico, orgánico, programático, técnico y metodológico- de su "programa

o proyecto general". Los "planes" contienen la visión, la misión, los principios, las líneas y los criterios

generales del accionar institucional, a la vez que determinan el perfil de cualquier "pro-

grama" que se plantea trascender los cambios de dirección y de equipo de trabajo.

En cuanto a la otra modalidad, en ella se maneja la concepción del "plan ope-

rativo", que, por razones contrarias a la "planeación estratégica", resulta también

una categoría inadecuada y confusa. Quienes así lo llaman suponen la existencia de un "plan general", que de alguna

pú-

manera se encuadra en el concepto de planeación estratégica.

Podemos hablar de un programa operativo, de una operación planeada, pero

no propiamente de un plan operativo.

3 En el capítulo II de la segunda parte de este libro se aborda puntualmente conceptos,

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y con amplitud cada uno de esros

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Hechas estas consideraciones pasamos ahora a abordar de manera casi conco- mitante, la cuestión relativa al tiempo.

Si no hay "planes operativos" y todos los planes implican una visión estratégica,

luego entonces, tampoco podemos hablar de planes a corto o mediano plazo.

La durabilidad

de un plan, siempre, como su visión, tendría que ser a largo

plazo.

Pero los conceptos de corto, mediano y largo plazos son relativos y conven- cionales. En nuestro país se consideran de largo alcance los planes sexenales de

desarrollo, enmarcados en tiempo y forma por los plazos de la política electoral.

En Nueva Zelanda, tan sólo el proceso de elaboración de su Plan Nacional de De-

sarrollo, enmarcado en la visión estratégica de los llamados Planes verdes (Green Plans) tomó diez años.

los dos casos el

ámbito es nacional- ni en el contenido central, puesto que los dos son planes

de desarrollo, sino fundamentalmente en el alcance de su visión, su enfoque y su

metodología de' elaboración. Y, por lo mismo, en el carácter del sujeto que los promueve, elabora y ejecuta.

En el primer caso, hablamos de planes de gobierno. En el segundo, de una vi-

sión y política de Estado que implica la convocatoria, movilización y participación

amplia y decidida de todos los sectores de la sociedad neozelandesa.

Por supuesto,

la diferencia no está tanto en el ámbito -en

Así, podemos establecer que el plan es una proyección estratégica de la acción,

o del quehacer y que, por tanto, elaborarlo supone una visión holística y de largo

plazo, tanto como la permanencia y autonomía del sujeto que lo define y se pro- pone llevarlo a cabo.

Aplicando esta acepción podemos concluir que: la planeación es un proceso social

complejo, especializado, permanente, de cobertura amplia y de impacto a largo plazo.

Es una categoría que incluye la generación y realización de proyectos y programas de inmediato, corto y mediano alcances.

Identificada ya una de las hebras, el plan, pasemos a abordar la segunda: el no menos complicado concepto de desarrollo.

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EL DESARROLLO HUMANO

Tanto o más que la palabra plan, el término "desarrollo" lo encontramos en todas partes. Todo lo que tiene vida, lo que existe, se desarrolla; es decir, nace, crece, se reproduce y muere. Podemos suponer que el concepto desarrollo, elaborado inicialmente para nom- brar los procesos de transformación biológica, en el ámbito de la evolución de las

especies en general y de los seres vivos en particular,

para nombrar el movimiento interno de la cosa en sí y sus cambios fenomenoló-

gicos; lo que permitió la generalización y el uso extensivo del concepto en todas las ramas de las ciencia, puesto que todo, en sentido real o figurado, nace, crece, se reproduce -o multiplica- y se muere; todo se transforma. Lo que pudiera ser sólo una categoría explicativa de los diferentes momentos, o fases, en el origen y evolución de seres y cosas -incluidas las ideas-, aparece, en el campo de las ciencias sociales, con matices valorativos importantes. y viene al caso referirnos a ello, en la medida que hablamos del desarrollo de la cultura. Al respecto, conviene explicitar que el concepto desarrollo, al igual que el de

el

coiíciencia son siempre "desarrollo y/o

desarrollo del que tratan las ciencias sociales, sea la antropología, la historia, la psicología, la sociología y aún la economía, da cuenta, en última instancia, y se refiere siempre al desarrollo histórico de lo humano en las sociedades. De ahí que Teilhard de Chardin pueda hablar del "desarrollo humano hacia más y mejor"; Marx y Engels del comunismo como la "última fase del desarrollo de la humanidad"; Gramsci del "desarrollo económico desigual y combinado"; los teólogos, de "el desarrollo en la historia de la humanidad de un plan divino de salvación", y los teóricos modernos y posmodernos hablar del "subdesarrollo", del "desarrollo social integral, sostenido, autogestivo y democrático", del "desarrollo

fue asumido por la filosofía

conciencia de algo.'" En este sentido

, Paulo Freire, Pedagogía del oprimido.

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sustentable o sostenible", del "desarrollo alternativo, con justicia y paz", "desarrollo

con pobreza", "con enfoque de género"; del "desarrollo

muchos epítetos más que dan cuenta del énfasis, la visión histórica y la estrategia con los que se conciben y abordan las tareas del llamado "desarrollo social". Existen también visiones empresariales que, desde hace algunas décadas, han re-

forzado con mayor

social, entendido, esencial y casi exclusivamente, como crecimiento económico. y de la economía misma, reducida a la tasa de ganancia del capital y la expansión de los mercados. Los parámetros del "progreso" de una nación, desde esta óptica, son los del porcentaje de crecimiento del PIB. Como contraparte, la crítica filosófica moderna, la epistemología, la pedagogía y las ciencias sociales en general han dirigido cada vez más sus análisis y sus propuestas de conocimiento y acción a descifrar el sentido del desarrollo social a partir de la lectura y revelación de nuevos significados de lo humano en la historia. Desde ahí postulan las bases de la acción social para el cambio como el proceso necesario de humanización del ser humano.

en la niñez" y

centrado

amplitud e intensidad la concepción economicista del desarrollo

Pero sea cual sea la visión del desarrollo de la que se parta, si retomamos la primera hebra: plan, para tejerla con esta segunda: desarrollo, tendremos el "plan de desarrollo" y podremos entender que nos estamos refiriendo a un momento determinado en el que, como sociedad amplia, sector social, comunidad o grupo humano, culminamos un proceso, más o menos intenso y complejo, de construc- ción consensuada de una visión histórica de lo que somos y, a un futuro mediato, de lo que queremos ser, hacer y tener.

se refiere al desarrollo de las

culturas en nuestro país, podemos pensar que pretende ser un plan del proceso social general de creación, reproducción, conservación, deftnsa, distribución y disfrute de los

En este caso, y en tanto el plan del que hablamos

bienes y servicios, tangibles e intangibles que constituyen el patrimonio cultural -o

simbólico- de todas las comunidades integradas en la nación.

De igual manera en su formulación técnica y metodológica,

dicho plan de de-

sarrollo implica la explicitación paso por paso del camino, los criterios, los conte- nidos, el contexto, las líneas de acción y los medios necesarios para lograr lo que el propio plan se plantea; la claridad suficiente para prever los problemas, limitantes,

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debilidades, fortalezas, amenazas y oportunidades y la mejor manera de enfrentar,

superar y aprovechar cada una de estas condiciones o contingencias,

la coyuntura particular y a las tendencias generales Así concebimos el amarre entre las dos primeras

de acuerdo a

del desarrollo social. hebras: plan y desarrollo.

Tomemos ahora la punta de la hebra más fina, polícroma

y delicada de tratar: la

cultura, y con ello, lo cultural de un posible plan de desarrollo de nuestras culturas.

DE LA CULTURA y LO CULTURAL

Hay, desde luego, muchas formas, puntos de partida y enfoques para aproximarse

al concepto de cultura y de lo propiamente

"Hablemos nuevamente de cultura"5 hace un recuento histórico, si no de todas las

diversas concepciones al respecto, sí de las principales. El maestro Gilberto Giménez,6 en esta misma colección, aborda de manera casi

exhaustiva las diferentes conceptualizaciones y las vicisitudes históricas contem-

poráneas en la formación de estas categorías, a partir de las distintas especialida-

des y enfoques del conocimiento y de las múltiples disciplinas científicas que las

examlnan. En la escuela, posiblemente, nuestros maestros de historia, de sociología, de filosofía

nos

enseñaron a definir la cultura por un procedimiento sencillo de exclusión: "Todo lo

cultural. Adrián Marcelli en su texto

o de arte -que

no siempre hacían la distinción entre la cultura y lo cultural-,

que no es naturaleza es cultura". Y, ¿qué una silla no es naturaleza

muerta?

La madera

viene del árbol.

Seamos más precisos.

La madera

no viene es-

trictamente

hablando

del árbol, sino del trabajo

de los hombres

que de ahí la

obtienen. "La cultura es la naturaleza humanizada". Pero ¿acaso no es el mismo ser humano

un ser de la naturaleza?

Sí y no.

5 Revista Sol de aire, no. 3, México, Instituto eoahuilense de eultura, 6 Gilberto Giménez, Teoría y andlisis de la cultura.

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Intentemos ahora otra forma más clara y precisa de conceprualizar a la cultura humana:

La cultura humana es el proceso y el resultado histórico de auto creación de los

seres humanos como tales y de su mundo propio.

de ser seres en sí y para sí, los

primeros seres humanos toman distancia de su ser natural, se ven y se piensan a

sí mismos como producto y parte de la naturaleza a la vez que separados de ella.

Se objetivan y se apropian de su ser natural y lo modifican, transformándose a sí

mismos y a las condiciones del medio en el que nacen, viven y mueren, sueñan y

se sueñan. Nombran todas las cosas y se nombran a sí mismos. Recrean material

espiritualmente la realidad total-social,

dola, significándola y significándose en y con ella. La cultura humana es, pues, el

mundo de lo humano y de lo natural humanizado.

y

En efecto, con el desarrollo de la conciencia

natural y natural-social-,

transformán-

Por eso el desarrollo de la cultura humana no niega lo natural, pero tampoco

se agota en ello. La naturaleza dada es su origen, su base y su destino material.

La cultura humana parte de lo natural, lo aprehende, lo incluye, lo significa y lo transforma.

A ella (la Tierra), a sus múltiples determinaciones, está indisolublemente ligado

el presente y el futuro de las culturas humanas.'

Tal vez no sea muy apropiado hablar de la "Cultura humana", así, con mayúscu-

las, como una totalidad, como una realidad única y universal. Como un concepto

unívoco. Ni siquiera en sus orígenes existió una sola y la misma cultura humana.

y esto tiene implicaciones políticas y metodológicas a la hora de pretender hacer

cualquier plan nacional de desarrollo de la cultura. Simplemente porque la decisión,

dirección y usufructo de un proceso de tal naturaleza requiere de una propuesta

plural, holística, sistémica e innovadora.

7 "La vida en la Tierra constituye un enorme ecosistema (Gaia) formado por muchos ecosistemas menores. Si en la Tierra hubiera una sola especie viva, se ha calculado que no podría durar más de 300 millones de años, pues

en ese tiempo habría ya agotado todo su sustento. Pero como la vida recicla la materia

(Lynn Margulis, geobióloga, "No somos importantes para la vida", La

vanguardia, 05,00 horas, 26 de enero de 2003).

seres vivos

,: los desperdicios de unos

, ison aire fresco para otros!"

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Pero si esto es así, cualquier plan de carácter

económico,

político

o social es a

la vez un "plan de desarrollo cultural", en tanto

humano y de lo natural humanizado. Ahora bien, dentro de la cultura, lo cultural correspondería esencialmente a los sistemas simbólicos que permiten darle nombre y ubicar el sentido del desarrollo socioeconómico y, por tanto, el sentido específico de la construcción de las diversas culturas humanas. No es posible desligar el desarrollo socioeconómico propiamente dicho dellla- mado desarrollo cultural, ni diferenciarlos, uno de otro, en la totalidad concreta; tampoco es posible tener una visión crítica de ninguna cultura sin entender, dentro de ella, el sentido específico de "lo cultural". Lo cultural no es, como lo es toda cultura, proceso y resultado de; o realidad humana

(tangible o intangible) intrínseca a los procesos económicos, sociales y políticos. Lo cultural

es la forma, la manera de, el significado y el sentido peculiar de cada cultura existente. Entender esta diferencia permite entender plenamente el campo de trabajo del

que la cultura

es el ámbito

de lo

"promotor

cultural" (que tendríamos que llamar con más propiedad "de lo cultu-

ral") y su especificidad en el ámbito general del desarrollo social. Porque pretender abordar el "desarrollo de las culturas", como muchos lo han

hecho, a partir de incidir casi exclusivamente en la educación, o en la producción

y circulación del arte y de los llamados "bienes y servicios culturales",s no sólo

implica una dificultad técnica y epistemológica, sino también el riesgo de caer en una visión reduccionista que equipara la cultura a la ideología. Es desde esta visión que se ha dejado en manos de los agentes comerciales otros terrenos fundamentales de la cultura, como lo son la ecología, la economía, la salud; los ámbitos de la realidad doméstica, donde se produce y reproduce el lenguaje que nos reúne o nos divide, que nos integra o nos fragmenta; la práctica cotidiana concreta y simbólica que nos libera o nos aliena.

8 La costumbre de usar el adjetivo cultural para establecer la distinción entre la cultura y lo propiamente cul- tural conduce a confusiones y ambigüedades: "productos culturales", "acciones culturales", "infraestructura cultural" son, entre muchísimos OtrOS, ejemplos que a la hora de examinarlos revelan el carácter ambiguo y equívoco del término. ¿O acaso hay productos del trabajo humano que no sean culturales?

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Para romper esta condición sería necesario que en los planes que pretenden

incentivar y apoyar el desarrollo de lo cultural de un pueblo se aluda

trucción social autogestiva; al fortalecimiento de la cohesión interna, autonomía e identidad del sujeto social, a la par que a la posibilidad permanente para todos

de gestión, libre creación y disfrute cotidiano del arte y, en general, de todo pa- trimonio social.

y las formas de crear

a su cons-

Nos referimos a un cambio significativo en los paradigmas

y recrear los sistemas simbólicos actuales; al conocimiento y libre ejercicio de las formas y los instrumentos necesarios para poder, desde la más temprana edad, como comunidades, revisar críticamente y recrear los sistemas simbólicos vigentes; tanto

en lo que hace a su operatividad interna, material y espiritual, en el logro de una mejor calidad de vida para todos, como a su operatividad externa en la construcción integral de la comunidad humana en su totalidad.

LA PLANEACIÓN ESTATAL MODERNA

En la actualidad, en nuestro país existe una clara conciencia de la necesidad que hay, sea como gobierno o como sociedad, de contar con planes, programas y proyectos de desarrollo socioeconómico de largo, mediano y corto plazos. Hay documentada una vasta experiencia de planeación institucional y social, mucho tiempo antes de que se estableciera como ley en la Constitución. Por tal razón, se puede asumir que el proceso de planificación socio económica como una práctica política y social del Estado mexicano se remonta a sus mismos orígenes; si bien el concepto y la práctica del Plan Nacional de Desarrollo como instrumento político rector son propios del Estado moderno (1933)}

.l.

9 "La segunda convención

primer "plan de gobierno" del naciente Estado revolucionario, fue formulado a instancias del general ealles

como: "

mantener (el Estado mexicano) una política de intervención

nacionaL" Tzvi Medin, "El Plan Sexenal", en el libro: Cien años de lucha

del PNR presenció la formulación

de un Plan Sexenal", Éste, que fue de hecho el

" y como forma "de asumir y

condición sine qua non para mantener la unidad interna del partido

reguladora de las actividades económicas de la vida

de clases en México, pp. 100 Y 101.

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DE

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CULTURAS

En el Plan Nacional de Desarrollo, como marco político administrativo de cada

sexenio, se inscriben los diferentes programas nacionales sectoriales -educación,

salud, cultura, etc.- que para efectos normativos se pueden considerar los planes

nacionales de cada sector, a partir de los cuales se infieren y sustentan los programas estatales y municipales correspondientes.

Se podría deducir que la estructura programática para el desarrollo nacional además de ser lógica es completa y sencilla de comprender.

Sin embargo, vistos con ojos críticos, el proceso en sí y los resultados de tal

planeación se han expresado históricamente como una praxis inductiva, vertical y

burocrática propia de un Estado centralista y autoritario.

En un Estado democrático, un Plan Estatal o un Programa Nacional de Sa-

lud, de Educación, de Economía ó de Cultura, es el resultado de un proceso de

integración ascendente de los planes municipales llevados a cabo, en un marco

de políticas generales, con la participación amplia, sistemática y permanente de

ciudades, pueblos y rancherías: propuestas programáticas gestadas y gestionadas

por los ciudadanos, las familias, grupos sociales o comunidades diversas que conforman la nación.

A pesar del esfuerzo innegable realizado al respecto, por parte de algunos políticos

y funcionarios de mayor o menor rango que promueven hace ya algunos años la

llamada planeación democrática -cuya expresión más representativa son los foros

de consulta ciudadana-la participación social en el ámbito de la planeación del

desarrollo todavía no logra generalizarse ni constituirse en una práctica sistémica y

metódica por parte de las instancias de gobierno, ni mucho menos en una demanda ciudadana significativa.

En el ámbito de la economía se siguen imponiendo en cada sexenio las tareas

prioritarias e impostergables de "combatir y erradicar la pobreza" y "frenar el de-

terioro ecológico" como tareas urgentes. Pero también se continúan enfrentando

ambas problemáticas como temas independientes el uno del otro y con propues-

tas diseñadas y condicionadas estrictamente al ámbito y a la visión de la llamada macroeconomía.

Desde luego que el asunto de la seguridad social se cuece aparte aunque también

se cocine como imperativo categórico impostergable.

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Por supuesto que ninguna de estas tres cuestiones -pobreza,

deterioro eco-

lógico y seguridad social- son examinadas y abordadas a la hora de diseñar las estrategias y programas para el desarrollo de nuestras culturas, pese a lo evidente de la interconexión y el peso extraordinario que tienen como unidades complejas

de determinaciones respecto de lo cultural en cualquier lugar de nuestro país y también del mundo. Lo que nos afirma en la convicción de que es indispensable en nuestros gobier- nos una visión holística de la planeación del desarrollo que supere los esquemas de la "planeación administrativa" y de las concepciones economicistas del desarrollo

social. La cultura, la seguridad social, la pobreza y la ecología no pueden ser sólo cuatro cuestiones más entre muchas otras "cuestiones generales" de la agenda económica

y social del gobierno en turno. Los diseñadores, teóricos, planificadores y estadistas con el poder de hacerlo debieran asumir que no se trata de abordar cada uno de estos puntos como temas aislados o problemas en sí, ni pretender encontrarles "soluciones" en lo inmediato. Soluciones puntuales y desvinculadas unas de otras. Necesitamos comprender que lo cultural como lo ecológico o la cuestión de género son "enfoques" que inciden en los contenidos, en los fines y en las formas de concebir y de impulsar global-

mente el desarrollo. La experiencia histórica sobradamente nos demuestra que la pobreza social no se combate con programas emergentes ni con subsidios; ni la delincuencia o la violencia social, con armas más sofisticadas o con mayor represión. Se requiere de impulsar, con la participación amplia y sostenida de la sociedad, reformas estructurales y nuevas políticas que afecten a la base económica. En lo que concierne a los enfoques y políticas relativas a la promoción del desa- rrollo de lo sociocultural, debieran ir más allá de la promoción actual diseñada para la preservación o el incremento del patrimonio, el rescate, la defensa y conservación de la tradición, la difusión del arte, la llamada educación artística, la recreación,

el deporte y la pretensión de crear públicos. Se requiere básicamente asumir el carácter subsidiario de la planeación estatal, desde la perspectiva de fortalecer a los grupos sociales, artistas, creadores, pueblos

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y comunidades que conforman la nación, como el verdadero sujeto social, creador, gestor y portador de cultura; a quien en primera instancia le corresponde, con todos los apoyos de gobierno que la tarea exige, abordar la planeación del desarrollo e integración de sus culturas. En efecto, un análisis detenido de los procesos, criterios, contenidos e instru- mentos de la planificación institucional actual nos puede permitir señalar también otras carencias y limitantes, además de la anterior, que en sí misma ya establece una diferencia fundamental de "método" con la propuesta que en este libro se sostiene. Por mencionar sólo dos, diremos que la mayoría de los planes, proyectos y pro- gramas de los gobiernos municipales, estatales y federal, carecen de diagnósticos llevados a cabo con la participación oportuna, significativa y representativa de la población a la que pretenden servir.'O Además, por su diseño y la concepción de los sistemas con los que se operan dichos planes, programas y proyectos, éstos tienen también graves carencias de seguimiento, control y evaluación técnica y social: lo que no permite reconocerles confiabilidad en cuanto a los resultados cualitativos y cuantitativos que en cada periodo o ejercicio públicamente se presentan, mucho menos en cuanto al impacto pretendido. No hablamos aquí, pero lo dejamos sentado como un tema cardinal de las

rupturas metodológicas y epistemológicas que, por razones políticas o ideológicas, sufren los procesos de planeación socioeconómica de sexenio en sexenio. Nos proponemos fundamentar y explicitar una propuesta metodológica viable; un sistema para la planificación del desarrollo en el ámbito de lo cultural en nuestro país;

aunque

lo más acertado sería poder plantear e impulsar

un proceso nacional de plani-

ficación socioeconómica desde lo cultural.

10 No escapan a esta referencia muchas

No Gubernamentales (ONG) que trabajan con fondos del gobierno o de fundaciones nacionales e internacio- nales.

organizaciones

de la sociedad civil que se auto nombran Organizaciones

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EN SíNTESIS

Un plan es producto

cionado que uno o varios grupos llevan a cabo al proyectar a largo plazo su acción

en la perspectiva de ver realizada su utopía. El desarrollo social lo concebimos como el resultado del proceso histórico de creación, apropiación y disfrute de los bienes y servicios, tangibles e intangibles, que permiten a una comunidad realizar en plenitud sus expectativas de crecimiento

y bienestar material y espiritual, en armonía con las demás comunidades humanas

y el universo. Las culturas humanas" conceptualizadas como resultado y contenido del de- sarrollo histórico social de la humanidad implican el proceso dialéctico entre la autocreación de la realidad humana como tal y la humanización de la naturaleza que las comunidades humanas transforman para sí. En tanto que lo cultural propiamente dicho, dentro del proceso de producción de las culturas humanas, supone la invención y desarrollo de sistemas simbólicos

de un proceso social complejo, holístico, sistemático e inten-

que le confieren características una de las culturas particulares

culturalidad y la biodiversidad.

propias y le dan un significado específico a cada en el contexto histórico global de la pluri e inter-

11 "Aunque los antepasados habían desarrollado y mejorado lentamente distintos implementos y herramientas, la gente del ero-Magnon (40 000 a. C) fueron los primeros que imaginaron e innovaron hasta un nivel tan notable. Sus cerebros podían abstraer fácilmente, Eran capaces de concebir una idea y planear el modo de realizarla. eomenzaban con objetos sencillos que utilizaban principios avanzados comprendidos intuitiva- mente, extraían conclusiones y las aplicaban en otras circunstancias. Hacían más que inventar herramientas utilizables, inventaban ciencia, Ya partir del mismo venero de capacidad creadora, con esa misma capacidad de abstraer, fueron los primeros en ver de modo simbólico el mundo que los rodeaba, para extraer su esencia y reproducirla; es decir, originaron el arte," Jean M. Aüel, A través de la llanura,

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