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REFORMA PROCESAL PENAL


Garantismo versus Seguridad Ciudadana.
Piero Soto San Martín.

La reforma procesal penal que comienza a implementarse gradualmente desde el


año 2000 en nuestro país ha sido correctamente considerada como una de las reformas
en la materia más significativas del último tiempo. Sobre la base de acabar con el
sistema inquisitivo, escrito y secreto vigente desde 1906 e implantar uno de carácter
acusatorio, adversarial, oral y público sustentado en los principios básicos de
imparcialidad, inmediación, transparencia, protección y concentración, sus objetivos
pretenden hacer más eficiente el poder punitivo del Estado y, a la vez, garantizar el
respeto por los derechos fundamentales de todos los involucrados, incluyendo al
imputado de un delito. En orden a la consecución de estos objetivos se introdujeron
reformas a diferentes cuerpos normativos que dicen relación con la regulación del
sistema de procedimiento penal, siendo necesario además, la incorporación de nuevos
agentes para dar cumplimiento a los requerimientos de un sistema penal moderno de
corte garantista propio de un estado de derecho liberal. Así por ejemplo, una de las
reformas esenciales fue la hecha a nuestra carta fundamental con el propósito de
introducir al Ministerio Público como órgano autónomo en orden a cumplir con la
garantía de la separación de la función acusatoria de la jurisdiccional, que juicio del jurista
italiano Luigi Ferrajoli, padre del garantismo penal moderno, representa una condición
esencial de la imparcialidad del juez respecto a las partes de la causa, “nullum iudicium sine
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accusatione”. Fue necesario además promulgar un nuevo código que regulara
básicamente los derechos y obligaciones de los actores en el proceso, así como los
nuevos procedimientos. Chile de esta forma se pone al día en materia procesal penal con
el derecho comparado, el cual en Latinoamérica empezó a sufrir transformaciones de
igual corte gracias al proyecto de Código Procesal Penal para Iberoamérica.

A pesar de las bondades de esta sustancial reforma y sobre todo tomando como
base de comparación el antiguo sistema el cual incluso fue objeto de duras
observaciones en el mensaje de su propio cuerpo sistematizador, día a día somos
testigos de como el nuevo sistema es cuestionado de forma reiterada por diferentes
personajes políticos, medios de comunicación, opinión publica e incluso por destacados
1
Ferrajoli Luigi, Derecho y Razón Teoría del Garantismo Penal, editorial Trotta, 1995, p. 567
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juristas como el mismísimo presidente de nuestro Tribunal Constitucional, Juan


Colombo Campbell2 quien hizo publica su disconformidad con declaraciones como,
"hasta ahora todo está estructurado para proteger los derechos del imputado y no de la
víctima" o bien abogando por la necesidad de una segunda instancia en materia penal.
Conceptos como extremado garantismo, impunidad, o “la puerta giratoria” suelen
lanzarse como críticas ante la aparente mala respuesta de la reforma procesal penal ante
un tema importante en la lista de prioridades de exigencia social: “La Seguridad
Ciudadana”. Es preciso señalar que este problema o discusión pública no se da
exclusivamente en nuestra sociedad, es más, la mayoría, por no decir la totalidad de los
países que han iniciado reformas en la materia, han debido hacer diferentes ajustes
legislativos para hacer frente a similares críticas, ajustes que implican un retroceso en lo
avanzado hacia la consolidación de un estado de derecho que proteja el debido proceso,
así por ejemplo las reformas implantadas en Venezuela luego de la entrada en vigencia
del nuevo Código, que tuvieron por objeto limitar el carácter garantista del nuevo
proceso penal, disminuyendo las posibilidades de lograr acuerdos reparatorios entre las
partes, y lo más grave, restringiendo el derecho del imputado de oponer excepciones y
prorrogar las medidas de coerción en contra de este, rehaciendo en la práctica el sistema
de libertad provisional, o bien ajustes menos significativos, pero orientadas hacia el
mismo fin como los implementados en Argentina donde se produjo una sobrepoblación
carcelaria tras la ampliación de las hipótesis para decretar la prisión preventiva. A la luz
de lo expuesto podemos constatar como la sensación colectiva de inseguridad ante la
delincuencia asociado correcta o incorrectamente a una Reforma Procesal Penal
garantista, puede resultar perjudicial para los fines de la misma, e inclusive, desvirtuar
sus objetivos, no pudiendo de esta forma hacer frente al desafío de equilibrar y
combinar los intereses sociales de perseguir eficazmente el delito y garantizar el
derecho de los imputados a un juicio justo. Para evitar este desastroso desenlace es
menester plantearnos la siguiente pregunta:

¿Es posible conciliar el garantismo entendido como el debido resguardo de


los derechos fundamentales del imputado, con el concepto de Seguridad
2
Diario “La Segunda”, Miércoles 10 de Septiembre de 2008, p. 4
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Ciudadana sin desvirtuar ni contravenir los principios y objetivos esenciales de la


Reforma Procesal Penal?

Para dar respuesta satisfactoria a esta pregunta primero debemos saber que tan
efectivas resultan las afirmaciones que nos dicen que a partir de la puesta en marcha de
la reforma procesal penal se han elevado los índices de delincuencia y por lo mismo se
ha producido un incremento en la percepción de inseguridad, tesis que es bastante
compleja de verificar como lo admite el propio Centro de Estudios de Seguridad
Ciudadana de la Universidad de Chile, al reconocer que, “a diferencia de la evaluación
de la reforma en otros ámbitos, respecto de su relación con los indicadores de seguridad
no se cuenta con series temporales comparables ni con línea de base para muchos de
ellos.”3 Sin embargo y a pesar de estos inconvenientes dicho centro de estudios realizó
un estudio acabado respecto del tema en comento, cuyos resultados y conclusiones es
menester considerar. La primera conclusión dice relación con la percepción de
inseguridad ante la reforma y nos revela que efectivamente la reforma produciría un
aumento en la percepción de que la delincuencia ha aumentado en el país, pero no así
no en la comuna; además demuestra que aumentan las medidas de prevención de la
delincuencia tomadas por la población sin relación aparente con que se perciba ausencia
de carabineros.4 Estos resultados demuestran una dicotomía explicable por algunos
autores por la influencia de los medios de comunicación en la ciudadanía avalados por
estudios que revelan la desproporcionalidad de contenidos relacionados con la
seguridad ciudadana en los noticieros, llegando estos a alcanzar un tercio del total de
información emitida. “Estos datos reflejan que la selección de los acontecimientos que
se presentan al público no es un reflejo cierto de la realidad, sino que responde a lo que
a los medios les parece más interesante mostrar, reflejando así una realidad de violencia
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y criminalidad muy diferente a la que existe.” Un segundo resultado arroja que sin
bien existe un mayor número de denuncias, esto no se condice con un aumento en el
número de delitos ya que el grado de victimización se mantiene constante, por lo tanto,

3
Mohor B. Alejandra/ Covarrubias S Víctor, “El Nuevo Procedimiento Penal en Chile, Una
aproximación empírica desde la Seguridad Ciudadana”, CESC 2007, p.77

4
Ibíd , pp. 78-80
5
Agenda Pública Uni. De Chile AÑO I - Nº1, DICIEMBRE 2002 Fruhling Hugo / Dastres Cecilia, “La
Cobertura de la Información sobre Seguridad Ciudadana por parte de los Medios de Comunicación”,
Centro de Estudios en Seguridad Ciudadana.
4

es falsa aquella afirmación que asocia a la reforma con el aumento de la delincuencia. 6


Como tercer dato el estudio muestra que desde la implementación de la reforma existe
un mayor grado de confianza en las instituciones del sistema; Tribunales y Jueces,
Ministerio Público, Policía de Investigaciones, mientras que Carabineros de Chile se
mantiene sin variaciones7 Si bien los datos mencionados parecen demostrar que la
percepción de inseguridad en la ciudadanía obedece mas bien a de factores ajenos a la
reforma procesal penal, no es menos cierto que producto de los estudios, se evidencia a
la vez la existencia de dos fenómenos no menos importantes a la hora de buscar
explicación al aumento del temor en la ciudadanía: la inhibición policial y los ajustes en
los procesos de trabajo8. El primero como resultado de las limitaciones introducidas a
las facultades de las policías tras la implementación del nuevo sistema, las cuales
tuvieron el efecto de inhibir a las mismas en sus actuaciones por temor a invalidar un
procedimiento, y el segundo como una consecuencia lógica y esperada en una primera
etapa tras el cambio radical que implemento la reforma, lo que se tradujo en un menor
número de detenciones que sumado a un mayor número de denuncias (atribuidas por el
estudio a ajustes de carácter institucional) provocan un mayor grado de inseguridad ante
un supuesto pero falso aumento en la delincuencia.

Real o no el incremento en la delincuencia, lo cierto es que la percepción de


inseguridad aumenta y a la vez amenaza con deslegitimar ante la opinión pública los
principios en que se funda el nuevo sistema. Hacíamos mención a los ajustes
legislativos que se habían ya concretizado en países donde se instauraron reformas de
similares características, pues bien, Chile también ha introducido ciertos ajustes que si
bien no han significado un mayor retroceso en el ámbito de respeto a las garantías, nos
confirman que ante percepciones a veces lejanas de la realidad se provocan reacciones
no del todo racionales por parte de diversos sectores políticos, traduciéndose en la
realización cuerpos normativos sin mayor elaboración científica, que finalmente no
contribuyen a resolver los problemas para cuales fueron propuestos. Así en Chile, entre
otras, se promulga la ley 20.253 denominada también “Ley de Agenda Corta
Antidelincuencia” la cual implica modificaciones tanto al Código Penal, como al
Código Procesal Penal, destacándose en este último la entrega de mayores facultades a

6
Mohor B. Alejandra/ Covarrubias S Víctor, “El Nuevo Procedimiento Penal en Chile, Una
aproximación empírica desde la Seguridad Ciudadana”, CESC 2007, pp. 81-82
7
Ibíd, p.83
8
Ibíd, pp.69-70
5

las policías, permitiéndoles prescindir en mayor número de actuaciones de la


autorización del fiscal o de una orden judicial, así como la restricción de la puesta en
libertad del imputado por ciertos delitos de mayor connotación social mientras no se
encuentre ejecutoriada la resolución que determine o no su prisión preventiva.

A la luz de lo expuesto parece poco probable una conciliación total entre un


sistema penal garantista y seguridad ciudadana, sobre todo porque esta última obedece
mas bien a una percepción subjetiva, como vimos, influida enormemente por factores
ajenos que poca concordancia tienen con la realidad, como el morbo de los medios de
comunicación y nosotros mismos como receptores poco críticos de la información, la
utilización de dichos medios como herramientas políticas, etc. Pero el derecho procesal
penal no puede variar de acuerdo a las percepciones y demandas de la opinión pública
en orden a contrariar los principios esenciales que constituyen la base del nuevo
procedimiento, que no son más que las garantía consagradas en nuestra constitución, ya
que si lo que legitima la necesidad política del sistema penal y procesal penal es la
tutela de los derechos fundamentales, entonces no estamos hablando de una legitimidad
democrática, sino garantista, vale decir, aún en contra de los intereses de las mayorías.
Aún así es necesario intentar disminuir estos niveles de temor, a través de la
responsabilización del tema de la seguridad ciudadana por parte de los actores del nuevo
proceso, y así se ha hecho en parte a través de la modificación de la ley 20.074 que
reincorpora la función de prevención de los delitos en el Ministerio Público, además es
necesario establecer mecanismos de evaluación capaces de arrojar resultados
cuantitativos respecto de la aplicación de la reforma los cuales puedan ser la base para
la instauración de posibles mejoras. Todo esto siempre dentro del marco de
consecuencia que ofrece la reforma y cuidando de no alejarnos de su esencia,
respondiendo siempre a la visión moderna de la justicia criminal, recordando que es “el
único modelo de proceso penal compatible con el cuadro de derechos y garantías que
reconocen la Constitución y los tratados internacionales de derechos humanos vigentes
en Chile, que está desde al menos dos siglos, estructurado para preservar los derechos
de la persona acusada de un delito, quien debe ser considerada y tratada como inocente
mientras no se pruebe legítimamente su culpabilidad”9, como bien señalan María Inés
Horvitz Lennon Profesora Facultad de Derecho Universidad de Chile y Rodrigo

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Diario “El Mercurio”, lunes 15 septiembre 2008, p. A2
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Quintana Meléndez Ex Defensor Nacional en respuesta a las críticas del presidente del
Tribunal Constitucional.