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INCREIBLE HISTORIA DE TRES FANTASMAS INDISCRETOS (Cuento Político) Advertencia aclaratoria

El presente relato, que es de carácter absolutamente ficticio y, por lo tanto, no se refiere a país alguno del mundo conocido, fue escrito un 28 de diciembre tirando hacia casi los finales de la década del 90, salvo el epílogo. Jorge Prieto Barrós Los fantasmas de esta historia no son como los clásicos fantasmas de antiguos relatos verídicos o fantásticos en que abunda la literatura específica o sea, aquéllos que se presentaban como alargadas y tenues figuras blancas en las noches tenebrosas, que asustaban con sus aullidos dentro de los vetustos castillos y aterraban con su arrastrar de cadenas herrumbradas o dejaban manchas sangrientas como signo de su ambular por el interior de las casas en cuestión, casas embrujadas según la creencia de los lugareños. No. Los fantasmas de nuestra narración no se presentan de noche. Son fantasmas de hábitos diurnos y, por lo tanto, invisibles, ya que su tenue y blancuzca figura se esfuma al atravesarla la claridad del día. Jamás se presentan de noche sino que, al llegar las primeras sombras del crepúsculo, se retiran a ignotos aposentos a descansar como cualquier mortal que no tenga empleo nocturno. Sin embargo, estos fantasmas de que hablamos son más peligrosos, precisamente por ser invisibles y pululan a nuestro alrededor sin que tengamos de ellos la más mínima noticia y pueden así influir sobre nuestras vidas sin que jamás nos enteremos. Pueden actuar positiva o negativamente según les caigamos bien o mal o, simplemente, según sus espíritus bondadosos o malvados, que de todo hay en la viña de los fantasmas. No faltan tampoco entre ellos espíritus jocosos que se pasan la vida (eterna vida de fantasmas) divirtiéndose a costillas de los seres vivientes, a los cuales suelen poner en situaciones irrisorias y deslucidas, riendo a carcajadas, inaudibles para nosotros, pues esas estentóreas risotadas las lanzan en otra dimensión para que no podamos oírlas ni tener idea de que hemos sido tomados para el churrete. Pero líbrenos Dios de los fantasmas malvados, pues son capaces de ponernos en situaciones altamente dramáticas, pueden infligirnos daños materiales y, sobre todo, morales, que redundan en perjuicio de nuestra salud física y, particularmente, mental. Como contrapeso, existen otros espíritus fantasmales llenos de altruismo para con los seres humanos pues, la mayoría de ellos, fueron en vida, seres pletóricos de humanismo, cultores del amor y la amistad, soberbios ejemplares de lo que debe ser EL HOMBRE con mayúscula. Aquí se presenta, para los que tenemos la satisfacción o la desdicha de atravesar por la vida, una especie de juego o ruleta donde el azar es el que decide, o sea: que nos lleguen a rodear fantasmas de cualquiera de las anunciadas índoles. Si tenemos la suerte de que influyan sobre nuestra vida un fantasma humanista (o aunque más no sea, un jocoso, en el último de los casos) estamos prácticamente salvados, pero si nos toca un malévolo, debemos elevar nuestras preces para que el Supremo nos libere de ellos o que lo haga alguno de los fantasmas altruistas en pugna con el malvado, cosa que no cabe esperar del risueño o burlón, pues en esto es prudentemente neutral. Explicadas ya las características generales y particulares de los fantasmas de que hablamos, pasemos a narrar la historia de tres de ellos, representantes, cada uno, de las tres clases de tipos que hemos mencionado. El altruista se llamaba Mauro, el burlón,

Sauro y el malvado, Tauro y eran, a pesar de sus diferencias esenciales, tres fantasmas hermanos que disputaban entre si cada vez que se trataba de influir de alguna manera sobre los desprevenidos seres humanos. Iban deambulando por el mundo y ya lo conocían casi todo menos la República de Platinia, tan perdida allá en las lejanías de un subcontinente sureño y decidieron abandonar el territorio de un país intermedio, último lugar de sus andanzas para dirigirse en raudo vuelo a la ciudad de Brisaria, capital de dicho país aún desconocido para ellos, ubicada a orillas del río Argento. Sabían que, como en todas partes, se encontrarían con fantasmas vernáculos que podrían resultarles un estorbo, pues habían tenido noticias de que eran, como sus habitantes vivos, muy engreídos y patrioteros y, precisamente, tanto Mauro como Sauro y Tauro pretendían, cada uno en su especialidad y con sus propios métodos, desterrar de la mente de la población de Platinia, esos vicios tan arraigados que conspiraban contra el buen vivir; porque hay que decir que, si Tauro era malvado, odiaba el nacionalismo estrecho y la megalomanía del mismo modo que Mauro y Sauro. En ello estaban de acuerdo y, mientras se trasladaban por los aires, discurrían sobre la mejor manera de influir para desarraigar tan bochornosos defectos, convencidos de que deberían luchar en dos frentes: contra la imperfección moral de los habitantes de carne y hueso y contra los fantasmas locales que las poseían, según tenían noticia, en grado superlativo. Los tres hermanos estaban de acuerdo en esto, es decir, en lo esencial, pero diferían en cuanto a los medios a implementar para lograr el cambio fundamental deseado. Mauro, como fantasma benevolente, pretendía inculcar en todos ellos el altruismo, la lealtad y otras virtudes positivas tanto para con el prójimo vernáculo como el de las demás naciones del orbe. Sauro quería, en cambio, sustituir la patriotería y la xenofobia por un espíritu burlón para con todo lo platínico. Tauro planteaba transformar los ya mencionados defectos en pensamientos y actitudes beligerantes que los enfrentaran entre si con el fin de que se enzarzaran en una lucha interna que podría llegar a ser devastadora. Los tres hermanos discutieron mucho sin lograr ponerse de acuerdo acerca de llevar una actitud coherente. -No se trata de castigar –decía Mauro- se trata de corregir para que todos vivan más felices. -¡No! –refutaba Sauro- Es preciso lograr que se enfrenten burlonamente entre si y se neutralicen mutuamente para destruir su complejo de superioridad respecto de otros pueblos. -Yo creo que lo más efectivo –espetó Tauro- es lograr que se enfrenten físicamente y se destruyan para cortar de cuajo tal actitud de superioridad. Como suelen decir los mortales: “muerto el perro se acaba la rabia.” -¡No! –replicaba Mauro a ambos hermanos- Tú dices, Sauro, que se burlen entre si para que se neutralicen, pero debes recordar que eso ya sucede desde hace tiempo y no se han neutralizado ni abandonado su xenofobia. En cuanto a ti, Tauro, yo creo que no se trata de que se destruyan sino que se reformen y sigan viviendo, pero comprendiéndose mejor entre si y valorando a los demás pueblos… - Y así siguieron discutiendo mientras se desplazaban suavemente por el espacio rumbo al sur del subcontinente que ya estaban atravesando. El sol brillaba en todo su esplendor, razón por la cual, los tres hermanos eran invisibles a todo ojo humano. Sólo entre si se veían como si fueran tenues fragmentos de nubes blanquecinas. Los pilotos de los aviones que surcaban el espacio aéreo muy

cerca de ellos, no advertían para nada su presencia. Lo mismo sucedía con el despreocupado pasaje. El tiempo transcurría y ellos proseguían su vuelo, pero ya no discutían pues débanse cuenta que resultaría difícil conciliar sus opiniones, por lo que, cada uno, interiormente, había quedado convencido de que su método era el mejor y estaba dispuesto aplicarlo contra viento y marea, o sea que, inevitablemente (y así había sucedido siempre hasta ahora) se abría una lucha entre los tres por imponer cada cual su método. Al fin y al cabo, los enfrentados eran ellos mismos y sería difícil conjeturar cuál resultaría victorioso. Sin embargo su objetivo era el mismo: acabar con la soberbia de los platínicos y, particularmente, de los capitalinos. Ellos pensaban que si ganaban la batalla en Brisaria, en el interior del país les resultaría mucho más fácil la tarea. Llegaron a la capital de Platinia cuando anochecía y decidieron guarecerse en un apartado bosquecillo de los arrabales con el fin de pasar la noche descansando sin ser advertidos por nadie pues, ya sabemos que, en la oscuridad, eran visibles en sus esbeltas formas de opacidad blanquecina cual si estuvieran cubiertos por las tradicionales sábanas blancas. Al amparo de sendos árboles, los tres hermanos se quedaron instantánea y profundamente dormidos. Despertaron con la primer claridad del día, después de una reconfortante noche de descanso. Los tres habían recobrado nuevos bríos, cada cual con la idea de aplicar su plan y su método para acabar con la soberbia y la xenofobia de los habitantes de Platinia. Con este fin decidieron reemprender el vuelo y adentrarse en la ciudad. Mientras volaban, a Mauro se le ocurrió la idea de ir visitando a todos los componentes del gobierno, desde el presidente, pasando por los ministros y demás funcionarios, por lo menos a los más caracterizados; pero la idea era conocerlos en la intimidad, donde seguramente no se comportaban de la misma manera que lo hacían en público, donde solían fingir virtudes que no tenían. Además, según Mauro, corrigiendo a los gobernantes ya tendrían ganada más de la mitad de la batalla en su esfuerzo por modificar las actitudes negativas de la mayoría de los habitantes. Claro que, todo esto, lo conocían sólo de oídas en sus viajes por otros países, pero era necesario tomar contacto directo para ver si la realidad corroboraba estas opiniones o las modificaba en alguna medida y, por supuesto, la primera visita debía ser para conocer el real sentir del Presidente de la República de Platinia, máximo exponente de la Nación, ya que según rezaba la propia Constitución del Estado, el Presidente era definido como el Jefe Supremo de la Nación y el tratamiento protocolar para dirigirse al mismo era el de Excelentísimo Señor Presidente de la República de Platinia (Todo con Mayúscula) Ante esto, los tres fantasmas se preguntaban si el país al que habían llegado estaba constituido como república o como monarquía absoluta. Sin embargo, como ellos no pensaban presentarse ante el presidente para dialogar con él sino para influirlo, como a tantos más, en su calidad de fantasmas, con el objetivo de modificar sus criterios absolutistas, el dilema de monarquía o república les tuvo sin cuidado. Como era aún muy temprano decidieron que lo mejor era dirigirse a la residencia presidencial donde encontrarían seguramente al presidente durmiendo aún o desayunando. Para llegar a la misma no hacía falta internarse en la ciudad capital, pues la residencia estaba ubicada en la provincia de las Brisas, en una ciudad denominada Del Olivo. Cuando llegaron a ella la hallaron custodiada al máximo por numerosas y contundentes fuerzas de seguridad y, al penetrar en ella sin que los guardias lo percibieran, pudieron contemplar el maravilloso cuadro de un enorme parque plagado de añosos y magníficos árboles y cubierto por variadas plantas florales de las más diversas especies, rodeadas de espeso

césped y, todo ello, ornamentado con innumerables fuentes cuyos surtidores lanzaban al aire chorros de agua de diversa altura que, al caer, formaban blanquecinas y burbujeantes cascadas. El perfume de las flores embalsamaba el ambiente predisponiendo al goce a cuanto mortal se internara en el encantador parque. -Parece que el presidente se da una buena vida en tal residencia –comentó Mauro. -Sus sueños deben ser muy placenteros en este ambiente paradisíaco –acotó Sauro. -Nosotros nos encargaremos de que dichos sueños sean satánicamente terroríficos -espetó Tauro. El lujoso edificio del acertadamente llamado Palacio Presidencial estaba rodeado de un sinnúmero de custodios bien armados. Lo primero que pudieron comprobar los fantasmas, con profundo asombro fue que, alrededor de tales personas no pululaban fantasmas locales, como era de esperar, pues así lo habían corroborado en todos los países por ellos visitados, sin la más mínima excepción. Así parecía, pues, que en esta quinta no había fantasmas vernáculos. Ello les alegró dado que eliminaba la necesidad de gastar energías en la inevitable lucha que, seguramente, deberían librar con ellos de haber existido; pero, de todos modos, esta ausencia les pareció rarísima. Sin embargo, pensando y pensando cayeron en la cuenta de la razón de ella a través de su sexto sentido. Esta situación se debía a que los habitantes de la residencia, comenzando con el presidente, eran tan soberbios que aventajaban en mucho a los infatuados fantasmas locales y éstos habían huido despavoridos hacia otros rumbos buscando lugares más aptos para ejercer su obligada labor, pues los bondadosos y altruistas no lograban corregirlos y, en cuanto a los malvados y burlones, también habían emigrado, pues estaban profundamente avergonzados de verse superados en grado superlativo en cuanto a maldad y capacidad de mofa. Los armados y hostiles sabuesos estaban preparados como para no dejar entrar a la mansión ni siquiera el pelo más delgado, pero nuestros amigos penetraron a través de ellos y de las paredes como si éstas fueran simplemente sombras y, en un santiamén, se hallaron en su interior. Recorrieron las estancias y pasillos, donde también abundaba la custodia armada, y no acertaban a encontrar el dormitorio del presidente hasta que unos sonoros ronquidos los llevaron hacia una pomposa puerta que era, indudablemente, la cámara privada del excelentísimo. Sauro, no pudiendo con su genio, dijo: -El excelentísimo señor presidente demuestra que no sólo “ronca” en su carácter de primer mandatario, sino que, invariablemente, lo sigue haciendo hasta cuando duerme, para que no se dude de su carácter de “Supremo Roncador” de la República. Mauro y Tauro no pudieron contener la carcajada y varios custodios se movieron inquietos, pues los tres hermanos fantasmas, al reírse, se habían olvidado de conectar la dimensión inaudible. Así fue que los susodichos sabuesos blandieron sus armas ante un posible peligro, pero como, por más que husmearon por todas partes, no encontraron nada sospechoso, supusieron que el que había reído, dentro de su cámara, era el mismísimo excelentísimo. Los tres fantasmas penetraron en la habitación presidencial y pudieron contemplar a sus anchas al presidente durmiendo a pata suelta pero, acercándose a la cabecera de la cama, pudieron ver sobre la mesita de luz un frasco de comprimidos hipnóticos. -Parece que el excelentísimo roncador, según el aserto de Sauro –dijo Tauro- no ronca por cuenta propia sino por obra de los soporíferos, lo que demuestra que su vida no debe deslizarse sobre una balsa de aceite precisamente. -¿Tendrá remordimientos? –preguntó Mauro.

-Sin embargo –contestó Sauro- entiendo que mucha gente afirma que jamás siente remordimientos aunque las medidas de gobierno que impone perjudican a la mayoría de la población y, especialmente, a los más humildes. -¡No! si es lo que digo yo. La destrucción es el más rápido y eficiente remedio para resolver los problemas –dijo Tauro- Yo hablaba antes de enfrentar a la población entre si para que se destruyeran, pero ahora me rectifico y pienso que la solución es mucho más sencilla: destruyamos al presidente y le haremos un gran favor a toda la comunidad. -¡No! –dijo prestamente Mauro- El magnicidio, además de ser un delito, es inviable para resolver la situación de la sociedad. Este presidente cuenta con varios equipos compuestos, en total, por cientos de funcionarios que llevan adelante esta nefasta política y lo seguirán haciendo. Así que, de cualquier modo, lo esencial no cambiaría y, bien dice el adagio popular: “a rey muerto, rey puesto”. Cambiaría el hombre, pero no la actual política. -Sí –completó Sauro- Dicen que el presidente, hasta hace poco, tenía un ministro de economía (el señor Equs) que estaba vendiendo el país al por mayor y al por menor. Dicho ministro, que era una figura tan irritativa que levantaba el odio y la lucha de la sencilla gente del pueblo, tuvo que renunciar, aparentemente por disidencias con el presidente, pero realmente porque el gobierno temía la rebelión de las masas. ¿Y qué pasó? Fue substituido por otro, que parece un cura cuando habla, por lo exageradamente suave y anodino, porque no insulta a nadie con la evidente intención de presentarse como amable y comprensivo pero que, no obstante, está aplicando exactamente las mismas medidas económicas que el renunciante. -Eliminemos entonces a todo el gobierno –insistió Tauro. -Nosotros no somos quienes para proceder al asesinato en masa –conjeturó Mauro- Es el propio pueblo el que debe cambiar al gobierno, si así lo cree conveniente y se une para hacerlo. Además nosotros no hemos venido para meternos en cuestiones políticas de Estado, sino para lograr que en este país se eliminen la soberbia y la xenofobia. No tenemos mandato de vida y muerte sobre la gente, aun tratándose de la más encumbrada. Lo máximo que podemos hacer es ponerlos en evidencia y que adquieran conciencia de sus odiosos defectos. -Pero decidimos empezar por el más encumbrado –terció Sauro- y yo opino que tenemos que encontrar la forma de ridiculizarlo al máximo frente a todo el mundo. Eso tal vez lo mate por lo tremendamente soberbio que es y, con ello, se cumpliría, por vía indolora, con el objetivo de Tauro, pues el ridículo lo destruiría -No creo que eso resuelva la cuestión por las razones ya expuestas –dijo Mauro. -Pero lo mismo podríamos hacer con los principales componentes del gobierno y acabaríamos con una casta privilegiada que está hundiendo al país –completó Sauro. -Si con ponerlos en ridículo logramos su defunción o su renuncia no me opongo – agregó Tauro. Sin embargo Mauro, volviendo sobre este tema, dijo: -Este ha sido el presidente de Platinia que más se ha puesto en ridículo, aunque a su pesar, en muchas oportunidades, con dichos que han pasado a engrosar la cadena de furcios que, aquí, utilizando el “slang” derivado del inglés, suelen denominarse “bloopers”, y necedades que, en su caso, se ha hecho sumamente larga y, sin embargo, no sólo no se ha muerto de vergüenza sino que, cada vez que habla, adopta el tupé de saberlo todo. Entre los mentados furcios o bloopers notables ustedes deben recordar aquella entrevista con varios periodistas que elogiaron su reiterada práctica deportiva, a lo cual él contestó, haciéndose el sabio, que lo hacía para conservar la mente ágil y concluyó con la siguiente frase “para la Historia”: “Como decían los griegos: Ment sana in córpore sano.”

-En este país hay muchos sabelotodo –dijo Tauro- por eso, yo creo que la mayoría de la población tiene al presidente que se merece. -Bueno, bueno –cortó Mauro- nosotros dale conversar y, en cualquier momento puede despertar el Supremo y hay que recordar que no debemos perder nada de lo que hable o piense, sobre todo en la intimidad. Haremos uso de nuestros poderes para introducirnos en su pensamiento y poder caracterizarlo como en realidad es, lo que nos servirá para determinar si podemos reformarlo o no. Ni bien Mauro terminó de decir estas palabras cuando se oyó un golpecito en la puerta de los aposentos del Supremo y se abrió la misma, dando paso a un ayuda de cámara quien se acercó al lecho y, muy quedamente, le susurró al dormido personaje. Este despertó, pero lo hizo bruscamente y sus ojos se dilataron con el espanto pintado en su rostro. El sirviente le había apenas farfullado en voz muy tenue, pero sus palabras no escaparon a los oídos de los fantasmas, que poseían una enorme capacidad auditiva, además de poder adivinar el pensamiento. El ayuda de cámara le había musitado lo siguiente: -Buenos días excelentísimo –agregando-: para el día doce de septiembre se plantea un apagón, bocinazo y cacerolazo en todo el país y para el veintiséis y veintisiete del mismo mes, un paro obrero nacional con movilización. -¡Ma qué apagón ni qué paro con movilización! –gritó el presidente- Yo les voy a dar a esos revoltosos que no saben que soy el que manda en este país…(o sea lo que me ordenan desde el Estado mayor del mundo –pensó en su interior) Y tartamudeando y entrecortándose agregó- …dame las píldoras…sedantes…y…que sean dos…para mayor seguridad…Este pueblo siempre me arruina el día a partir del propio despertar que tendría que ser suave y delicado –y enfrentándose con el sirviente le gritó- Y desde hoy te prohibo darme tales noticias cuando me despiertes. Esperá por lo menos hasta que haya desayunado tranquilo y feliz. -Su voluntad será cumplida al pie de la letra, excelentísimo –se apresuró a disculparse el ayuda de cámara- Lo que pasa es que yo quería darle la primicia para que usted estuviera enterado antes que nadie. -La primicia me la debés dar cuando la noticia sea satisfactoria. -Es que, queridísimo señor presidente, ésas escasean cada vez más, pero no se preocupe, yo seleccionaré las noticias y sólo le transmitiré las más alegres, aunque me cueste encontrarlas, para no amargarle el despertar. -Bueno. A ver si sabés cumplir, porque si no, te cambio enseguida por otro…y andá a buscar trabajo ahora, con esta situación…pe, pe, pero ¿qué estoy diciendo? –concluyóhasta yo ya me estoy contagiando, tánta es la bulla que mete la oposición con el tema de la desocupación. -¿El señor va a tomar el desayuno en el comedor, donde ya lo esperan los ministros, o prefiere que se lo traiga a la cama? -No che, en la cama no. yo aún soy joven y tengo polenta. Ayudame a vestirme y luego me voy al comedor a desayunar y conversar con los ministros que seguro vienen por las noticias que vos me trajiste. Los tres fantasmas quedaron más que sorprendidos, asombrados ante semejante espectáculo. El presidente se hacía vestir como si fuese un personaje de sangre azul del siglo XVIII, como si fuese un rey y recordaron su anterior pensamiento acerca de si este país era realmente una república o una monarquía absoluta, además de llamarles la atención el lenguaje populachero en que se expresaba el presidente. Mientras esto pensaban y lo comentaban entre si, el sirviente ayudó al presidente a vestirse utilizando un estilo delicado en extremo, para no ofender en lo más mínimo al excelso personaje.

Cuando este protocolo estuvo cumplido, el presidente y su ayuda de cámara salieron del dormitorio y se dirigieron hacia el comedor de la mansión presidencial. Los fantasmas se desplazaron detrás de ellos. Llegados a la puerta correspondiente, el sirviente hizo una reverencia a su excelencia y se retiró, mientras éste penetraba en su recinto. Allí lo esperaban su gabinete en pleno y el vicepresidente de la Nación que, como ya dejamos dicho y habiendo tenido noticia sobre el gran apagón que planeaba el pueblo en masa y el paro con movilización decretado por la C.T.G., habían considerado prudente adelantarse sin esperar a que el presidente llegara a la Casa de Gobierno, pues creían urgente tomar medidas que neutralizaran o minimizaran la atención del país ante estos planteos tan contundentes. Así fue que el desayuno se convirtió en una reunión política donde todos se atropellaban para intervenir proponiendo, según el criterio de cada cual, alguna salida urgente a tan peligrosos acontecimientos. Para los fantasmas esto era sumamente novedoso, puesto que jamás habían presenciado desorden semejante en ningún gobierno por ellos conocido. ¡No se entendía nada! Sin embargo, ante tanta bulla de gallinero alborotado, se oyó la voz del presidente que gritaba: -¡Silencio, silencio! Como corresponde, primero voy a hablar yo y ustedes se limitarán a responder cuando les pida una opinión y, que yo sepa, aún no lo he hecho. Antes que nada vamos a conservar la calma y desayunar tranquilos. Una vez concluido el desayuno yo les hablaré y comenzaremos a deliberar sobre el tema que los trajo aquí y que yo ya conozco de antemano porque tengo mi excelente servicio de información –se envaneció el presidente. -¡Qué gracia! –le susurró un ministro a otro que estaba a su lado-¡ A esta altura ya están enterados hasta los perros! Mientras tanto se sirvió un suculento desayuno compuesto de manjares variados. Todos se dieron a la sacrosanta tarea de engullir, que era una de las cosas para la cual más servían, pues estaban acostumbrados no sólo a engullir alimentos, sino enormes sumas del presupuesto estatal que se componía de los innumerables impuestos y gravámenes con que esquilmaban al pueblo y que, sólo por casualidad, revertían en beneficio del mismo. Mientras comían hablaban entre si, pero sin referirse a los acontecimientos por los cuales se habían autoconvocado, ya que el presidente lo había prohibido expresamente. Una vez concluido el desayuno y retirado el servicio, tomó la palabra el presidente. -Señores ministros de mi gabinete y señor vicepresidente de la República; ya les dije que conozco las maniobras provocativas que está urdiendo la oposición… -Pero no es sólo la oposición –interrumpió el ministro de trabajo- ya que el próximo paro no lo preparan solamente las organizaciones sindicales opositoras, sino la propia Ce – Te – Ge que, se supone, nos es adicta. -¿Qué dije yo hace un rato? –espetó enojado el presidente- ¿Acaso no me referí especialmente a que, primero hablaría yo y luego, a mi requerimiento y sólo a mi requerimiento –subrayó- hablarían luego ustedes? El ministro agachó la cabeza en señal de sumisión y guardó hermético silencio. Los demás, tomando nota del bochornoso episodio, apretaron sus labios para no tentarse. -Decía –retomó el presidente- que conozco las traidoras medidas de la oposición y, agrego, de los infiltrados en el movimiento obrero, incluso en las filas de la C.T.G, pues la cosa comenzó ya con el paro anterior. A todos estos hay que darles un escarmiento para que sepan apreciar las bondades de nuestras medidas económicas, sociales y políticas. Aquí nadie tiene proyectos, salvo nosotros, y esto lo tenemos que meter en la mente del pueblo y sus organizaciones para que secunden nuestros esfuerzos y no se

opongan a ellos. Yo ya les he dado orden a ustedes para que, en el área que a cada uno le corresponde, influyan sobre los dirigentes de las organizaciones obreras, empresarias, sociales, vecinales, etc., para convencerlos de las bondades de nuestro régimen y de todas las medidas que ponemos en práctica. Por eso quiero que, cada uno de ustedes, me rinda cuenta “ipso facto” de los esfuerzos reales llevados a cabo para cumplir con tal misión. Habida cuenta de sus respuestas pasaremos a debatir sobre las debilidades en que, seguramente, han incurrido en la labor encomendada y de aquí tiene que surgir un plan para enfrentar a los que buscan lograr nuestro fracaso o pretenden dejarnos pagando frente al pueblo –hizo una pausa y concluyó- Ahora sí, pidan la palabra e intervengan en orden y teniendo en cuenta las nobles intenciones del gobierno. Todos los ministros levantaron la mano solicitando la venia del presidente para intervenir. Este dijo: -Que hable primero el ministro de trabajo. -Yo, excelentísimo señor presidente de la Nación, jefe supremo de este gabinete, pienso que la oposición, mal que nos pese, ha ganado terreno y ha influido incluso entre ciertos dirigentes de la Ce – Te – Ge que ya no saben ni lo que tejen y ésta es la causa fundamental de que ya hayan hecho un paro y que programaran otro más contundente llamando a que sea con movilización, cosa que no plantearon la vez pasada, ya que de la movilización se encargaron sólo los otros nucleamientos obreros antipatriotas. ¿A qué se debe este avance de la C.T.G. hacia medidas de fuerza más contundentes? Se debe, primero y como factor fundamental, a la penetración en su seno de fuerzas enemigas del gobierno. Pero hay que reconocer”inter nos” –agregó bajando la cabeza como si quisiera esconderla- que las justas medidas económicas y laborales que plantea realizar el gobierno, no han salido adecuadamente implementadas desde el ministerio específico. -¡Cómo! –levantó la voz haciendo un serio esfuerzo el suave y desleído ministro de economía- Yo no tolero semejante ignominiosa acusación –y recalcó- Dios y el que sepa observar tienen que haber percibido los esfuerzos sobrehumanos hechos por mí durante el escaso tiempo que me ha cabido estar al frente de este ministerio para lograr suavizar las formas con que el ministro anterior implementaba las órdenes dadas por el Fondo Mo…, perdón…,por el señor presidente –y agregó- En todo caso, el señor ministro de trabajo debería fijarse, autocráticamente, cómo implementa él las medidas necesarias en el plano laboral. Ya iba a contestar el aludido ministro, cuando el presidente terció diciendo: -No es cuestión de que nos peleemos entre nosotros. Lo importante es que, en tanto y en cuanto estemos unidos alrededor de los altos objetivos de la Nación, lograremos desbaratar este verdadero complot de los enemigos de la Patria y del gobierno, que viene a ser lo mismo. Los tres fantasmas seguían atentos las exposiciones y Sauro comentó: -Lo que no quiere ver el presidente es que los objetivos de la Patria no coinciden con los objetivos y medidas del gobierno –y Mauro agregó como conclusión: -Me parece que deberíamos haber comenzado al revés o sea, al derecho: mezclarnos entre la gente y conocer sus opiniones y características, ya que lo que está haciendo el pueblo me parece altamente loable. -Sin embargo –agregó Tauro- ya que estamos aquí, terminemos de conocer las intenciones del gobierno y luego salgamos a conocer las opiniones y decisiones del pueblo. Cuando Tauro concluyó comenzaba a hablar el ministro del interior y decía: -Si lo dejan todo en mis manos yo lo resuelvo inmediatamente poniendo en juego la fuerza policial para disuadir a esos revoltosos.

-Hay que tener cuidado con ese tipo de medidas que, en el reciente paro –contestó el ministro de justicia- sirvieron sólo para radicalizar las medidas de lucha y, podríamos decir que, tanto el apagón con bocinazos y cacerolazos y el paro con movilización planteados son, prácticamente, consecuencia directa de la represión desatada entonces. Yo estoy porque hagamos todos los esfuerzos posibles por el camino del diálogo y que la represión, que no se puede descartar totalmente, sea sólo el recurso extremo. Además: ¿cómo se reprime al que apaga la luz de su casa? -Claro –apoyó el ministro de relaciones exteriores- Además, hay que tener presente la repercusión que una medida de tal tipo puede tener en el concierto internacional. -Yo creo que ése es el camino –intervino prestamente el presidente- Dejemos, además, nuestras “pequeñas rencillas” internas y vayamos a cumplir con la labor por medio del diálogo hasta donde esto sea posible. Hagamos todo el esfuerzo necesario con este método y si el mismo, a nuestro pesar, no da resultado, emplearemos el otro método. Hay que tratar de explotar las innumerables contradicciones que hay entre los partidos políticos y en las organizaciones sindicales y sociales para neutralizarlos, pero nunca renunciemos a las medidas de gobierno que son inalterables, y si nos vemos obligados a emplear la represión, que ésta sea selectiva, que sólo abarque a nuestros enemigos y no a los sectores confundidos, que también los hay en nuestro movimiento. -Esa selección es prácticamente imposible –insistió el ministro de justicia- porque cuando todos salen, salen juntos y no es posible discriminarlos. Por eso insisto en que el esfuerzo principal sea para convencer por medio del diálogo antes de tomar medidas contundentes, porque castigaríamos también a gente nuestra que está momentáneamente confundida. Además, insisto: ¿cómo hacer para castigar a miles y miles de personas que decidan oscurecer su hogar y batir cacerolas? -¡Bueno! –volvió a ordenar el presidente- Que cada cual acuda a todos los métodos y medios legales para lograr revertir la situación y evitar las movilizaciones y el paro tanto como el apagón que es, al fin y al cabo, otra forma de movilización, pero no le demos tregua a nuestros enemigos. Si la disuasión pacífica no da resultado, habrá que obrar con otros métodos, que para algo los tenemos –Y, para que no cupiera duda de que éste era el fin de la reunión, agregó- Señores. Con esto concluimos- y se levantó de la silla dispuesto a trasladarse a la casa de gobierno. Los ministros hicieron lo propio y, desperdigados, se fueron dirigiendo hacia la salida de la residencia haciendo breves comentarios entre si, la mayoría de los cuales se referían a lo difícil que sería lograr dar marcha atrás a este plan de lucha y lo peligroso que resultaría recurrir a la represión. -Parece que el dilema es de hierro –dijo Mauro- pero cualquiera sea el método a emplear, a la postre sólo servirá para que el pueblo vaya cerrando filas y extendiendo la unidad. ¡Lindo gobierno tienen los platínidos! -Yo espero que empleen la represión –contestó Tauro- y nosotros deberíamos estimularlos con nuestros poderes, así sufrirán, tanto el pueblo como sus gobernantes, las consecuencias de la soberbia de la que ninguno se salva. -¡No! –replicó Mauro- No sabemos aún si todo el pueblo padece de soberbia: necesitamos corroborarlo. -¿Pero no ves que hasta han huido los fantasmas vernáculos de este pueblo? -Eso hay que comprobarlo –terció Sauro- pues nosotros sólo hemos sabido de su ausencia alrededor de los custodios de la residencia presidencial y del presidente y los ministros. Tal vez entre la población, dichos fantasmas pululen en masa. -¡Ya lo veremos! –espetó Tauro. -¡Claro que lo veremos! –enfatizó Mauro.

-¡Manos a la obra! –concluyó Sauro y los tres salieron volando de la mansión presidencial y aspiraron el delicioso aire libre del exterior, mientras ponían proa hacia la ciudad de Brisaria. Llegados a la capital del país, los tres hermanos fueron acercándose a la población. Lo primero que hicieron fue entrar en un bar y decidieron detenerse ante las diversas mesas pobladas de parroquianos. En una de ellas había dos parejas bebiendo té y café mientras conversaban y, a su alrededor, pudieron comprobar que estaban suspendidos dos fantasmas locales. -¿Viste, Tauro, que aquí no faltan los fantasmas? –dijo Mauro. -Creo que es necesario que nos presentemos ante ellos –agregó Sauro. -¡Perfecto! –sentenció Tauro- Y ya era hora de hacerlo, pues ambos fantasmas habíanse dado ya cuenta de la presencia de los tres hermanos extranjeros. Mauro se acercó a ellos, seguido por Sauro y Tauro y, tras una breve inclinación de cabeza a modo de cordial saludo, se presentó a si mismo y a sus hermanos. Los dos fantasmas locales hicieron también una inclinación de sus blancas testas y se presentaron como Libio y Tibio, también hermanos entre si, tras lo cual, el primero interrogaba a los recvién llegados diciendo: -Estoy intrigado, pues nunca los hemos visto por nuestra ciudad. ¿Son acaso ustedes del interior del país y andan de visita por la capital? -No –contestó Mauro- Somos, en realidad, fantasmas internacionales. Ya hemos recorrido, prácticamente, todos los países del mundo y hemos decidido venir a Platinia por ser la única nación que nos resta conocer. -En ese caso –dijo Tibio- nosotros podemos oficiar de cicerones con el fin de facilitar a ustedes el conocimiento de Brisaria, nuestra ciudad y luego ponerlos en contacto con algunos fantasmas de provincias para que puedan conocer todo el país. Mauro, Sauro y Tauro reflexionaron para sus adentros: “pues estos fantasmas no parecen ser tan soberbios como nos los habían pintado y, por el contrario, a primera vista parecen muy atentos y serviciales.” Pero, mientras nuestros tres hermanos hacían esta reflexión, Libio agregaba a lo dicho por su compañero y hermano: -Así ustedes podrán conocer las incomparables bellezas de nuestra naturaleza que, prácticamente, no tienen parangón en el mundo. -¡Zas! –pensaron al unísono los tres fantasmas internacionales- Aquí apareció la soberbia junto con la patriotería de lo cual nos habían prevenido. De cualquier modo aceptaron el ofrecimiento de los fantasmas vernáculos mientras Mauro decía: -Gracias por vuestra gentileza. Nuestro interés es conocer directamente el modo de ser y de pensar de la población tanto de Brisaria como del interior del país y nos preocupan, sobre todo, sus opiniones respecto de las medidas que se plantean para días venideros o sea, el apagón con bocinazos y cacerolazos y el paro de treinta y seis horas con movilización. Libio se apresuró a decir: -Esas no son más que medidas provocativas que implementa la oposición frente a la acción económica, social y política del gobierno que es excelente e impecable. Tibio lo interrumpió para decir, a su vez: -Las luchas programadas son para responder a las nefastas medidas llevadas a cabo por este gobierno y que están destruyendo al país y vendiéndolo al capital monopolista Internacional. Allí se inició una acerba y acalorada discusión entre los hermanos locales. Muro, Sauro y Tauro pensaron para su coleto: “bueno, bueno: he aquí a dos hermanos

fantasmas enfrentados políticamente y no se ponen de acuerdo para nada. Veremos cómo se portan en su calidad de guías, pues si a cada paso van a litigar, su labor puede resultar estéril y tal vez no podamos enterarnos del real sentir y pensar de la gente concreta, que es, realmente, lo que nos interesa.” Por eso Mauro cortó la discusión de Libio y Tibio diciendo: -Perdonen ustedes, pero nos placería escuchar la conversación de estas dos parejas sentadas a la mesa y luego recorrer las demás. Creo que ésta es una manera práctica de enterarnos directamente de su modo de ser y de sus opiniones. Libio y Tibio se vieron obligados a interrumpir tan intempestiva diatriba y acceder a los ruegos de los fantasmas internacionales. Luego, los cinco fantasmas se acercaron a la mesa dispuestos a escuchar con suma atención la plática de tales personas. Era gente joven: las dos mujeres, realmente hermosas aunque sencillamente ataviadas. Ellos, dos mozos vulgares vestidos con ropa de la denominada informal por esas latitudes. Charlaban precisamente sobre las medidas de lucha planteadas para los días indicados y estaban todos de acuerdo con ellas pues, según coincidían en sus diálogos, la situación económica y social en el país se había tornado inaguantable para la inmensa mayoría del pueblo y mencionaban la desocupación creciente como el problema principal y más agudo que, más que preocupar, aterraba. Cada día se cerraban más fábricas, comercios y empresas de diversa índole. Uno de ellos decía que, según el cálculo expresado por un diputado, en tres meses el desempleo había crecido en SETECIENTAS SETENTA MIL personas, lo que significaba treinta desocupados por día y que, la desocupación total era de más de DOS MILLONES de personas, sin tener en cuenta los llamados subocupados. Varias reparticiones del Estado habían reconocido una drástica disminución de personal y, sin embargo, el presidente, el ministro de economía y otros miembros del gobierno se empeñaban en mentir cifras de descenso de la desocupación y afirmar las perspectivas de un futuro luminoso para la República. -Esto va a terminar mal –decía una de las mujeres y a ello seguía la aprobación de sus acompañantes. Los fantasmas locales llevaron a sus congéneres internacionales hacia otra mesa a la cual estaban sentados tres jóvenes y el comentario resultaba ser del mismo o similar tenor que el de las aludidas parejas, sólo que estos eran estudiantes y se quejaban de las medidas inconsultas y perjudiciales que preparaba el gobierno para reformar el sistema educativo, particularmente en lo atinente al paso a la Universidad que ya había sido cambiado varias veces y siempre con mayor perjuicio para los jóvenes aspirantes que exigían acceso irrestricto a la misma. De todas las mesas visitadas, los fantasmas se encontraron, en la mayoría de ellas, con comentarios de índole similar, salvo muy contadas excepciones por parte de algunos que defendían al régimen imperante y sus medidas que, para ellos, eran progresistas. Ante estas manifestaciones Libio sonreía y se ponía orgulloso; en cambio, Tibio decía de tales personas que era gente acomodada con el gobierno y que, algunos de ellos, eran empleados o funcionarios “truchos” que vivían a costa del presupuesto del Estado sin hacer el más mínimo trabajo. Lo cierto es que en ninguna mesa se hablaba de otra cosa que de las medidas de lucha inminentes como protesta ante la acción perjudicial del gobierno. Ese era el tema ineludible en las diversas conversaciones. Lo mismo sucedía en la calle entre gente que caminaba junta o que charlaba en corrillos en las esquinas. Ni qué decir de los comentarios en el interior de las fábricas y oficinas. Hasta los niños hablaban de lo mismo y se preparaban para el día indicado en que se procedería al oscurecimiento con pitos, matracas y cornetas que se sumarían a la medida junto con los cacerolazos y bocinazos.

Pero así como los comentarios eran en su mayoría favorables a las medidas de lucha y repudio a la acción nefasta del gobierno, cuando las conversaciones se deslizaban a hacer comparaciones con otros países acerca de las bellezas de la naturaleza (incluidas las mujeres) de las riquezas naturales del país y, sobre todo, del fútbol, en el mundo no había otro país que pudiera compararse con Platinia. -Es inútil –decía Tauro a sus hermanos y a los cicerones- en lo tocante a soberbia y patriotería, aquí no se salva casi nadie. -¡Pero si lo que dicen es cierto! –contestaron Libio y Tibio en un tono de visible enfado¿Acaso ustedes, que conocen todo o casi todo el mundo, han encontrado un país más bello, rico y de fútbol tan avanzado? -No somos los mejores en todo –agregó Libio- pero sí en estos aspectos mencionados. En vano Mauro, Sauro y Tauro trataban de disuadirlos relatando gran parte de lo que habían visto en diversas partes del mundo en cuanto a belleza y riquezas naturales y en lo tocante a deportes, fútbol en primer lugar, Libio y Tibio se mantenían en sus trece. Sólo diferían en lo relativo a la situación económico social y a la caracterización del gobierno pero, respecto a lo demás, hablaban como si a cada uno de ellos le hubieran puesto la misma casette. Después de recorrer las calles, fábricas y empresas de diverso ramo y bares, cafés, confiterías, etc., los cinco fantasmas decidieron retirarse a descansar, pues ya el sol estaba marchando a su ocaso, el cielo comenzaba a tornarse rojizo y la oscuridad que avanzaba netamente los iría haciendo visibles. Mientras volaban hacia los suburbios para buscar un lugar acogedor y apartado en donde pernoctar sin ser vistos, Libio no pudo más y dijo: -Miren este maravilloso crepúsculo.¿Acaso han visto ustedes algo similar en otras latitudes? -¡Sí. Y más bellos aún! –poco menos que escupieron al unísono los tres fantasmas internacionales. ¡No lo creo! –sentenció Libio. ¡Yo tampoco! –reforzó Tibio. Los tres hermanos foráneos decidieron no insistir para no irritar a sus congéneres brisarios, pues necesitaban de su ayuda para llegar a conocer, además de la capital, el resto del país y ver qué podían hacer para curar ese grave defecto que abarcaba tanto a la mayoría de la población (por lo menos así lo creían ante las recientes experiencias) como, por lo visto hasta ahora, a los fantasmas capitalinos y querían saber si en el interior sucedía lo mismo. Tal vez allí encontraran habitantes y fantasmas más modestos. El país era enorme y, a lo mejor, ello podía suceder. Mauro y sus dos hermanos, acompañados por Libio y Tibio, llegaron al límite de la capital con la primer provincia de Platinia y les presentaron a otros dos fantasmas hermanos: Sevio y Tevio. Estos acogieron a nuestros tres amigos con suma cordialidad mostrándose dispuestos a hacerles de guía en el ámbito de su provincia llamada Provincia de las Brisas, la más grande y populosa del país, cuya franja lindante con la capital estaba poblada de fábricas, establecimientos industriales de gran envergadura junto con empresas de todo tipo y, por lo tanto, habitada por gran cantidad de obreros, la clase más sufrida del país, según les dijeron los flamantes cicerones que, esta vez, coincidían en su pensamiento antigubernamental. Dichos fantasmas los condujeron a través de todo el “cinturón” industrial haciéndolos penetrar en fábricas grandes, medianas y pequeñas. En todas ellas reinaba, entre los trabajadores, un creciente malestar por causa de las medidas perjudiciales

dictadas y a dictar tanto por el gobierno nacional como por el provincial. Todo iba encaminado no sólo a reducir el salario, aumentar las cargas jubilatorias de las que se había eximido a las patronales y bajar la producción, con lo cual se arribaba al crecimiento de la desocupación por merma de trabajo y ya eran muchas las empresas que cerraban, de modo que quedaba mucha gente en la calle y, prácticamente, sin posibilidad de conseguir nuevo empleo. Las manifestaciones verbales de los obreros y empleados eran de bronca y combatividad y allí se borraban, hasta cierto punto, las divisiones políticas, pues todos, o casi todos (que nunca faltan desavisados en la viña del Señor) se iban uniendo para luchar por trabajo, pan, justicia y democracia plena. Los patrones y el gobierno decían que había que aumentar la productividad y, con ello, hacer crecer la producción; pero sucedía todo lo contrario, quedándose los obreros y empleados sin trabajo y cayendo verticalmente la producción (fenómeno llamado recesión en el lenguaje económico) porque, como decían los trabajadores: si crece la desocupación desciende abruptamente la producción; además, con la falta de recursos de los crecientes desocupados, la capacidad de compra del pueblo se viene abajo, máxime cuando se estimula la entrada de mercadería extranjera a más bajo precio que la nacional, compitiendo deslealmente con la producción del país que se va desmoronando por falta de salida. Y como si esto fuera poco, el gobierno se disponía a suprimir las asignaciones familiares para una cantidad importante de trabajadores y reduciéndolas a otro gran sector. Al mismo tiempo se suprimiría el llamado “ticket canasta”, por medio del cual, los trabajadores y sus familias podían adquirir alimentos y otros productos de la canasta familiar en supermercados y otros comercios al por menor. Estas dos medidas iban a significar una drástica baja del salario o sueldo de la inmensa mayoría de los trabajadores. En esta provincia ya no se hablaba casi de las bellezas naturales del país, de la riqueza y aun el fútbol había pasado a segundo plano. De ello se hablaba sólo los lunes y no tanto como antes. Lo que predominaba era el comentario de la desastrosa situación económica y social del país y de las medidas de lucha que se preparaban, tales como el mentado apagón con barullo y el próximo paro con movilización. Algunas de las organizaciones sindicales hablaban de esta medida de fuerza, pero poniendo en la picota a los patrones y haciendo mil malabares para salvar al gobierno de estas gravísimas responsabilidades. No obstante, la mayoría de los trabajadores presionaba a sus dirigentes para que también involucraran a los gobernantes del país y de las provincias como corresponsables de tan desastrosa situación, máxime cuando eran muchos los niños pequeños que salían a mendigar, a buscar alguna changa o, directamente, a delinquir. -Hay que decir que nuestra provincia –dijo Tevio- hasta la última elección, votó mayoritariamente por los candidatos del gobierno, empezando por el propio presidente en el momento de su reelección, lo que volcó la balanza en el país, dado que aquí se concentra, prácticamente, la mitad de la población del mismo, pero ahora, la cosa está cambiando y son muchos los que le niegan el apoyo al gobierno, lo que acrecienta las perspectivas de que las batallas del pueblo sean más efectivas y contundentes. Mauro, Tauro y Sauro quedaron hondamente impresionados ante este panorama aterrador. Sobre todo les impresionó la situación de los niños que, en lugar de concurrir a la escuela, como corresponde a todo país que se diga civilizado, andaban por las calles expuestos a los más graves peligros con el fin de llevar algunas moneditas a su casa. Y no faltaban las mentes perversas de adultos que superexplotaban inhumanamente a los pequeños ofreciéndoles “trabajitos” para realizar en las calles al amparo de la noche,

entre lo que iba incluido el tráfico minorista de drogas, drogas que los chicos, al fin, llegaban también a consumir, pues ése era, las más de las veces, el “salario” que les ofrecían por sus servicios. Nuestros fantasmas internacionales llegaron a horrorizarse de semejante panorama y pidieron a Sevio y Tevio que los derivaran a otras provincias donde la situación no fuese tan aterradora, pero éstos les dijeron que, comparada con las provincias del interior, la suya podía caracterizarse como provincia rica, con seguridad, la más rica del país. Gracias a su extensión, a sus tierras fértiles (aunque acaparadas por unos pocos terratenientes) y a su desarrollo industrial, comercial y financiero, desarrollo que, sin embargo, se estaba revirtiendo a ojos vistas, sobre todo en lo atinente a la industria a la cual, la política económica del gobierno estaba destruyendo. Todavía nos queda por mostrarles el interior de la provincia, la parte de la economía rural, pero allí el panorama tampoco es halagador –sentenció Tevio- y la pobreza, más grande aún, a pesar de ser las tierras muy ricas en humus y, prácticamente, se puede sembrar de todo si se toman las medidas adecuadas, pero la política económica llevada a cabo actualmente no hace sino desperdiciar la capacidad de riqueza de nuestro campo. Mauro, Sauro y Tauro, asqueados por lo que habían visto y oído, no quisieron seguir adelante y les rogaron a Sevio y Tevio, no sin antes agradecerles profundamente su cometido, que los derivaran al interior del país con el fin de tener un panorama más completo de su situación y poder, en consecuencia, cumplir con su cometido. Cuando oyeron esto, Sevio y Tevio se mostraron intrigados e interrogaros a los tres fantasmas internacionales en qué consistía tal cometido. Mauro les explicó lo de la soberbia y la patriotería como grandes debilidades del espíritu de los platínidos y que ellos venían a tratar de influir para acabar con ese nefasto mal. ¡Oh! ¿Eso? –dijeron al unísono los dos hermanos locales y Sevio agregó- No hace falta que ustedes gasten sus energías en algo que se ha ido atemperando por si solo. Eso abundaba cuando la situación era buena, pero los cambios producidos en perjuicio del país, reduciéndolo casi a una colonia de las grandes potencias y la enorme pobreza enquistada en país es tal que a los platínidos (incluidos nosotros, los fantasmas) poco les queda en su haber para enorgullecerse, aunque algo todavía resta de la soberbia. Es duro decirlo, pero cuesta desarraigarla aunque haya disminuido mucho. Quizás lo principal que nos resta son las bellezas naturales, que son muchas, pero cada vez somos más conscientes de que en todo el orbe hay bellezas que se pueden comparar a las nuestras y, algunas, hasta superarlas. Además, pensamos que todo país es bello si tiene una población feliz y nosotros no la tenemos. Somos, quizás, uno de los pueblos más tristes. Eso sí, tenemos mucha combatividad y lo estamos demostrando. Nuestro cometido es lograr introducir más a fondo la chispa de la unidad, dejando de lado banales contradicciones políticas, religiosas, etc. para conformar una gran fuerza humana que termine con el atraso, la desocupación, la miseria, la falta de seguridad y la injusticia. Concluida esta arenga, Tevio intervino para decir: -Bueno, queridos amigos y colegas, cabe decir que Sevio fue en vida uno de los políticos más destacados de nuestro país. -Con razón tanta elocuencia y dominio de los problemas y sus soluciones –halagó Mauro. Sevio enrojeció, pero fue sólo un instante. -Otra pregunta –acotó Sauro- En nuestra recorrida, tanto aquí como en la capital del país, hemos visto muy pocos fantasmas. ¿A qué se debe? Sevio y Tevio intercambiaron una mirada de inteligencia y el primero de ellos dijo: -La mayoría de los fantasmas ha huido de nuestro suelo ya que no estaban en condiciones anímicas de presenciar tan profunda crisis y tanta corrupción en la mayoría,

por no decir en todos, los funcionarios del gobierno, empezando por los más encumbrados y se han dirigido a diversos países del mundo buscando un panorama más alentador. Antes la gente también emigraba buscando más remunerativas y seguras fuentes de trabajo, pero ahora, esto es prácticamente imposible dada la crisis mundial. Pero lo que no puede hacer el público sí podemos hacerlo los fantasmas ya que no necesitamos ni alimentarnos ni vestirnos, ni tener casa propia. Los que huyeron lo hicieron porque eran demasiado sensibles y no aguantaron ver sufrir a su pueblo, pero, algunos de ellos han ido retornando porque en otros países de esta bendita Tierra se encontraron con situaciones de sufrimiento similares y, a veces, peores a las nuestras. Si la cosa sigue así en el mundo, creo que pronto vamos a ver retornar a la mayoría de los que se fueron. Pero los más conscientes nos hemos quedado para tratar de ayudar a nuestro pueblo. Además, también han permanecido aquí aquellos fantasmas que están conformes con el gobierno y lo apoyan, que los hay. Entre nosotros y ellos se libra también una batalla para influir de uno u otro modo sobre la gente. -Sí –dijo Tauro- ya tuvimos oportunidad de conocer uno en Brisaria. Llegada a este punto la conversación, Sevio y Tevio acompañaron a nuestros fantasmas hasta el límite con la provincia De la Fe y los dejaron en manos de tres fantasmas de la misma. Sería muy repetitivo desarrollar todo lo visto y oído por nuestros amigos fantasmas. Baste decir que tanto en el centro, como en el norte, como en el noreste, como en este, el oeste y el sur se encontraron con los mismos o similares problemas, pero más agudizados aún. Llegaron a ver provincias que resultaban ser una gran “villa” donde campeaba el hambre y la miseria en escala mucho más profunda de la que ya habían visto en Brisaria, la capital y en la provincia De Las Brisas. De paso, vale la pena decir que, nuestros amigos pudieron efectivamente gozar del espectáculo de una naturaleza pródiga en belleza. Así fue que se quedaron boquiabiertos ante el imponente espectáculo de las cataratas del nordeste, de la grandiosidad de la cordillera a lo largo del oeste del país, de los cerros nevados, de los lagos cristalinos y los enormes glaciares del sur, de las vastas y soleadas playas del este, etc. y así llegaron a comprender que, aunque en el resto del mundo había bellezas similares, existía una buena base para que los platínidos se sintieran orgullosos de las que tenían en su territorio, aunque no para que las creyeran las más hermosas e imponentes del mundo. Cuando estuvieron convencidos que su paseo por Platinia podía considerarse concluido volvieron a Brisaria para reencontrase con Libio y Tibio. No les costó mucho trabajo encontrarlos pues conocían los lugares que solían frecuentar; además, ¡había tan pocos fantasmas en Brisaria! Cuando los hubieron hallado se abrazaron emocionados y charlaron largamente relatándoles todo lo que habían visto y oído a lo largo y ancho del país, sin escatimar expresiones de contenido negativo en cuanto a la situación económico-social y política y referente a las luchas libradas por los trabajadores y el pueblo todo, manifestándose optimistas frente a ellas pues decían que, a pesar de ciertas desinteligencias, la población se iba uniendo cada vez más en su brega constante por resolver su catastrófica situación y la de todo el país. También mencionaron la creciente represión a que acudían las fuerzas gubernamentales con el fin de frenar las luchas que, sin embargo, la gente, no las amenguaba sino que, por el contrario, las intensificaba. Ante estas reflexiones de nuestros fantasmas, fue distinta la reacción de los brisarios. Mientras Tibio aprobaba lo dicho por ellos, Libio puso cara hosca y opinó que ellos debían haber sido influidos por fantasmas que están contra el gobierno y no saben reparar en todo lo positivo que se ha hecho en estos años. Cuando su hermano lo

interrogó acerca de dónde estaban esos logros, sólo supo mencionar la tan cacareada “estabilidad”. -Pero ello se refiere solamente a la paridad cambiaria –dijo Tibio- pero la gente, sobre todo la gente humilde, vive en la más cruel inestabilidad económica y social, con la desocupación creciente, con la merma del salario y con las leyes y decretos reaccionarios que no hacen otra cosa que agudizar esta desastrosa situación, marchamos al caos total y, si no fuera por el desarrollo de las luchas en todo el país, ya estaríamos inmersos en ese caos del cual no se puede retornar indemne. Libio se enfurruñó, pero no supo que contestar a su hermano. Sólo se animó a salmodiar: -¡Ya veremos qué dirán los propios hechos venideros! A esta altura ninguno quiso continuar la discusión y, menos aún, Mauro, Sauro y Tauro, que no deseaban agudizar las diferencias de criterio entre los dos fantasmas hermanos. Así fue que se produjo un largo y embarazoso silencio que cortó Mauro diciendo: -Bueno. Lo cierto es que les agradecemos profundamente vuestra ayuda pues gracias a ustedes hemos podido tener un panorama bastante ajustado de la situación de Platinia y yo tendría que decir que también hemos encontrado otros países que están en situación similar y, algunos, peor que la vuestra. Nosotros habíamos venido con el objeto de influir sobre la población y sobre los fantasmas para lograr que se curaran de la soberbia y la patriotería. Aunque todavía queda bastante de esto en la mente de los platínidos, hombres y fantasmas, pienso (y creo que mis hermanos deben coincidir conmigo) que nadie de afuera debe meterse en vuestros asuntos y que ustedes tienen la capacidad suficiente para resolver los graves problemas por los que atraviesa la Nación. Eso sí, sólo a título de consejo puedo decir, en mi nombre y el de Sauro y Tauro que, si logran aunque más no sea reducir al mínimo la soberbia, estoy seguro de que hallarán la solución a los principales problemas que los aquejan. -En nuestros paseos –añadió Sauro- hemos podido comprobar que también existe algo de soberbia en los sectores y partidos de oposición que, frecuentemente, los perjudica en sus pretensiones de unidad, creando a veces algunos resquemores y contradicciones entre ellos lo que frena, en cierta medida, sus acciones en general positivas. Pero, como dijo Mauro, los problemas del país y de cada sector deben resolverlos los mismos protagonistas que los sufren, basándose en su propia experiencia y sacando conclusiones que, aplicadas a la lucha diaria, sobre todo forjada desde abajo, para influir positivamente sobre las cúpulas, puedan sacar al país de la crisis y del caos y construir una Platinia con óptimo nivel de vida para todos y no sólo para unos elegidos y gobernándse con la más amplia democracia y sin persecuciones irritantes y, a veces, fatales. -Yo estoy completamente de acuerdo con lo dicho por mis hermanos –agregó Tauro lagrimeando- aunque reconozco que, en primera instancia, era partidario de influir sobre los habitantes de este vasto país para que se exterminaran entre si pues soy, por regla general, un fantasma con tendencias negativas y, a veces, malévolas. Pero vistos los graves problemas que sufre esta población, se ha producido un cambio en mi sensible corazón de fantasma y les deseo, sinceramente, que puedan salir del atolladero que ha llevado al país a esta situación tan amarga y perjudicial para la mayoría. Confío en que ustedes, en conjunto, por encima de ideologías políticas dispares, de creencias religiosas distintas, etc. podrán, conjuntamente, encauzar el país hacia metas progresistas. Ustedes –concluyó- no necesitan de una fuerza externa para lograrlo. Cada pueblo debe resolver sus propias situaciones sin ingerencia exterior lo cual, dicho sea de paso, no es fácil de lograr porque hay, en diversas partes del mundo, enemigos que buscan nutrirse de las

riquezas de Platinia y contra ellos deben dirigir sus principales dardos, para lo cual deben forjar la unidad interna, tarea que nadie puede hacer por ustedes. Lo que sí resultaría muy positivo sería recibir y retribuir la solidaridad de los pueblos de la región y aun del mundo que sufren similares problemas. Mauro y Sauro quedaron boquiabiertos ante discurso tan aleccionador del que menos lo esperaban, del malévolo Tauro o, mejor dicho, del otrora malévolo Tauro. Los tres hermanos se abrazaron llorando de emoción y a ellos se unieron Libio y Tibio, con lo que el grupo se transformó en un coro de llantos, pero eran lágrimas de “seres” hermanados a pesar de sus diferencias. Esa fue la emocionada despedida de los cinco fantasmas. Mauro, Sauro y Tauro se elevaron hacia el cielo, lagrimeando aún y Libio y Tibio agitaron sus brazos en señal de despedida, también con los ojos húmedos. Los tres fantasmas internacionales se perdieron rápidamente detrás de las cúpulas de los altos edificios de Brisaria. -Alguna vez volveremos –dijo Mauro- y hago votos porque encontremos una Platinia distinta. -Tal vez –agregó dubitativamente Sauro. -¡Seguro! –afirmó rotundamente Tauro. Como iba anocheciendo, allá en las alturas, los tres semejaban otras tantas nubecillas alzadas sobre el horizonte. La leyenda cuenta que los tres fantasmas internacionales retornaron a Platinia en dos fechas muy cercanas: el l2 de septiembre para comprobar la realización del apagón con barullo en todo el país y el 26 y 27 del mismo mes para contemplar a sus anchas el paro de 36 horas con movilización, también en el ámbito de todo el territorio. En la primera fecha pudieron presenciar, con gran alegría, un apagón rotundo en Brisaria con bocinazos, pitos, matracas, cornetas y cacerolazos. Como en los cinco minutos que duraba esta medida de protesta no podían estar al mismo tiempo recorriendo todo el país, se quedaron en Brisaria, pero se enteraron, porque fue difundido ampliamente por la radio y la T.V., de que esta medida se cumplió en todo el país, demostrando su repudio casi unánime a toda la política del gobierno, especialmente en el plano económico-social. De esta memorable jornada, el presidente, visiblemente contrariado, diría sin embargo, que había sido una “fantochada” y “un gran fracaso” y que la medida no había cambiado nada en el país, con lo cual ratificó su voluntad de avanzar más aún en la aplicación de planes reaccionarios sin importarle la contundente oposición de la mayoría de la población. A los pocos días ratificó la aplicación del programa vergonzosamente denominado “de flexibilización laboral” destinado, en realidad, a disminuir más el salario, ya exiguo de por si, aumentar la desocupación y cercenar viejas conquistas de los trabajadores, agregando que si no era posible imponerlo por ley lo haría por “decreto de necesidad y urgencia”, de los cualas ya había emitido TRESCIENTOS SESENTA Y TRES. Cómo sería el repudio generalizado a este tipo de decretos que, la gran patronal, en total acuerdo con el contenido de las medidas a aplicar, enfatizó sin embargo su opinión de que prefería que ello se discutiera en el parlamento con el objetivo de que fuera aprobado por ley, pues así tendría más fuerza institucional a pesar de que, de por si, sería parte de la ya abundante legislación anticonstitucional.

Para la segunda fecha, nuestros tres fantasmas retornaron a Platinia y recorrieron gran parte del territorio del extenso país y pudieron comprobar que el jueves 26 paró gran parte del país y hubo movilizaciones en todas las ciudades y pueblos importantes, destacándose la de Brisaria, la capital, que congregó una impresionante multitud proveniente de todas las clases y capas sociales castigadas de la población, con sus organizaciones sindicales, sociales y políticas, destacándose la participación masiva de todos los gremios de obreros y empleados. Todos estos sectores manifestaron y se fueron congregando en la denominada popularmente Plaza Mayor, dando espaldas a la casa de gobierno y colmándola hasta reventar. Fue una concentración masiva como hacía tiempo no se veía. Los tres fantasmas pudieron contemplar desde lo alto ese enorme enjambre de seres humanos en lucha por la defensa de sus conquistas logradas tras muchos años de intenso combate. Mauro, Tauro y Sauro pudieron ver cerca de ellos un helicóptero dentro del cual lograron percibir a un cariacontecido presidente de la República que también contemplaba, pero encolerizado, la marea humana que, unida, vociferaba sus democráticas y combativas consignas, lo cual no fue óbice para que, al día siguiente, que fue de un paro casi total, incluidos cierres de comercios y ausencia de transportes, el “Supremo” diese en declarar públicamente que la concentración en la Plaza Mayor no pasaba de 40.000 personas y que el paro, en definitiva, había resultado un total fracaso. No obstante, un día después de estas declaraciones, seguramente aleccionado por algunos asesores, reconoció que el paro había tenido un “éxito relativo”, con lo cual, aunque a regañadientes y convencionalmente, se desdijo de su primera calificación. Nuestros tres fantasmas, el día de la movilización, después de haber contemplado cómo se había realizado en Brisaria, se repartieron por diversas partes del país y, aunque no pudieron abarcar todos los centros importantes, sí pudieron visitar bastrantes ciudades como para comprobar que tanto la movilización como el paro habían sido masivos, abarcando a la inmensa mayoría del territorio. La gente no recordaba un paro similar e, por lo menos, cuarenta años atrás y nuestros tres fantasmas, que habían presenciado luchas similares en otros países, calificaron esta acción como jornadas memorables que se podían comparar con otras grandes luchas por ellos conocidas en sus correrías por el resto del planeta. Mauro, Sauro y Tauro, totalmente satisfechos, tomaron vuelo hacia otros rumbos de la Tierra, pues tenían otras misiones que cumplir, pero en los días siguientes, a través de las ondas radiales captadas por ellos en el espacio, se enteraron con gran regocijo que, estas jornadas de lucha, promovieron avances importantes en la tendencia hacia la unidad completa del movimiento obrero y popular, no sólo de la oposición, síno aun de sectores del mismísimo partido oficialista que ya, en oportunidades anteriores, había sufrido varios desgajamientos importantes. Todo esto regocijó enormemente a nuestros fantasmas que, sin poderse contener, lanzaron tres sonoros hurras por el pueblo de Platinia que, con asombro de gran parte de la Humanidad, fueron propalados por las radios y televisores de todo el orbe. El miércoles 9 de octubre, los tres fantasmas, a través de las ondas de radio, escucharon todo el debate sobre el tema desocupación que se realizó en la reunión de diputados nacionales convocada por los partidos de oposición la que, al fin, tuvo lugar con la asistencia de todos los bloques, incluido el oficialista, pese a que éste había adelantado que no concurriría pues la consideraba una forma de presión inadmisible.

El cambio de actitud del oficialismo se puede comprender por la gran presión que las masas ejercieron, ya que el tema era sentido por la inmensa mayoría del pueblo y el oficialismo hubiera quedado totalmente descolocado si daba la espalda a un tema tan importante y tan sufrido por el pueblo entero, sobre todo estando tan frescos aún, como precedentes de esta presión popular, el apagón nacional y el gran paro con movilización. Las intervenciones de los legisladores opositores fueron lapidarias en lo tocante a la gravísima situación económico-social y sus causas y, sobre todo, porque se pusieron sobre la mesa propuestas de medidas concretas a aplicar para mejorar la economía del país y crear nuevos y crecientes puestos de trabajo. Con esto se tapaba la boca al gobierno que vociferaba que tenía proyectos y los estaba aplicando en tanto que la oposición no presentaba nunca una propuesta. La actitud de los diputados oficialistas fue diversa: desde atacar a la oposición lisa y llanamente sin encontrar nada positivo en sus intervenciones, pasando por la indiferencia, hasta algunas posiciones y propuestas positivas de ciertos diputados más consustanciados con el sentir popular, propuestas que la oposición supo valorar y hacerlas suyas. En este debate el gran derrotado era el gobierno y su actividad reaccionaria tanto en materia económica y social como en política, ya que ratificó que las medidas que no salieran por ley las impondría por decreto, tal como suelen hacer los gobiernos de facto. Pero lo más importante de todo esto es que la clase obrera se disponía a seguir la lucha rodeada de casi todo el pueblo. Prueba de ello era que la C.T.G., hasta no hacía mucho adicta al gobierno, preparaba otro paro de 48 horas. Para nuestros tres fantasmas, la conclusión era obvia: todavía faltaba mucho por hacer, pero el camino iniciado presagiaba nuevas y más amplias formas de unificación y coordinación de los trabajadores y otras fuerzas progresistas, nuevos desprendimientos de las filas del oficialismo y mayores y más consecuentes luchas y movilizaciones de los asalariados y de vastos sectores populares. Casi todos los días, nuestros fantasmas escuchaban, a través de las ondas de radio y televisión, noticias provenientes de Platinia, pues querían estar al tanto del desarrollo de los acontecimientos sociales y políticos de ese país. Así fue como, cierto día del mes de octubre, pudieron oír una noticia sensacional. En una reunión internacional de box realizada en Platinia, el Excelentísimo Sr. Presidente de la República fue galardonado con el título de Campeón Mundial de la Humildad. Las carcajadas de Mauro, Sauro y Tauro llegaron a todos los receptores de radio y T.V. del orbe encendidos en ese momento y con enorme sorpresa de los oyentes. Epílogo Era posible y probable que no se pudieran erradicar definitivamente la soberbia y la patriotería pese a todo el proceso de unidad y lucha que se fue dando y afirmando. Así fue, en definitiva. Andando los años y ya en el nuevo siglo, unos diez años después, la xenofobia recrudeció y no sólo se manifestó contra extranjeros provenientes de los países cercanos a Platinia, sino contra muchísima gente morena, contra gente pobrísima desplazada que ni siquiera podía habitar una vivienda mínimamente decente. Los tres fantasmas, cuando se enteraron de esto, sufrieron un gran desencanto, sobre todo porque habían creído que, aunque quizás andando mucho tiempo, lograrían, por lo menos, reducirla a una mínima expresión pero, por el contrario, se había transformado en una característica sumamente aguda y ofensiva. La conclusión que sacaron, luego de conversar largamente el tema fue no sólo para el caso concreto de Platinia, sino válida para todos los pueblos del mundo y consistió en lo

siguiente: el “divide y reinarás” utilizado por todas las dictaduras (aun las “constitucionales”) logra sus objetivos cuando los pueblos no saben encontrar sus intereses comunes y organizarse para lograr imponerlos. De ese modo, los gobernantes abyectos, que utilizan la represión más de una vez, también son duchos en enfrentar a los pobres entre si. Si lo consiguen, pueden seguir reinando a su placer. Sólo la unidad salva a los pobres. La única arma que tienen es la organización. Es lo único que los hace fuertes y les permite triunfar. Evidentemente el pueblo de Platinia no lo tuvo en cuenta en esa ocasión. Sin embargo, puede que la vida le haya enseñado algo y que lo tenga en cuenta para las importantes batallas que, seguramente, se le presentarán de ahí en adelante. Autor: Jorge Prieto Barrós Mail: jorgeprietobarros@live.com.ar Pág. Web: www.jorge-prieto-barros.com.ar

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