Está en la página 1de 162
Henri Lefebvre SINTESIS DEL | PENSAMIENTO DE MARX Nota Preliminar de Antonio Pérez Gonzdlez «Vi un cielo nuevo y una nueva terran.» HOGAR DEL LIBRO Bergara, 3 Bareelona-2 (Apoe., 21,1) ‘Titulo original: POUR cONNAtTRE tA. PEXsth © Bonoas, eovteuR, Paris 1966 © De esta edicién y presentacién, ‘by Hocar per Lingo, Barcelona, 1982 Versién castellana de Jordi Sort ‘Tura Portada diseflada por Jordi FoRnas Primera edjeién de E. Nova Terra, 1971 Segunda edicién de E. Nova Terra, 1976 ‘Tercera edicién de Hogar del Libro, setiembre 1982 Reservados los derechos ISBN: 84-7279-1378 Depésito legal, B. 26.135- 1982 pe Kar. MARx Impreso en Espafia : Printed in Spain 4g, socrma "e+ Arquincdes, s/n. nave 3 - L'Hoeplalet del Lt. (Barcelona) Nota preliminar HENRI LEFEBVRE 0 UNA AVENTURA DIALECTICA ePuede ain ef marxismo reivindicar su cualidad de fer- mento critico, de metodologia abierta y creadora, en ét seno de una civilizacién pluralista en consiante mutacién? det marxismo. Resulta muy dificil, précticamente imposible, condensar de modo satisfactorio la trayectoria intelectual y vital de Lefeb- vre en unas pocas cuartillas; habremos, pues, de limitarnos a lo esencial y acentuar sus perfiles més significativos. Y en ese sentido cabrd sefalar, en primer lugar, que el fildsofo ¥ socidlogo francés se sittia por conviccion y vocacién en las 1 antipodas de quienes conciben ef marxismo como un sistema cerrado de verdades intangibles, como wna ortodoxia ideo- 1eica, impermeable a ta critica y a la novedad; eh este as pecto Lefebvre es cl antisistenticn y et hetcrodoxo por excelencia. Es, en suma, el hombre que escribe: Lo verda derancnte marsista es io pensar que el marxismo tiene una importancia absoluta, que.el marxismo lo determina todo y todo to prevé. Lo eidealistas seria creer que et marxismo hia sido necesario Y suficiente para gue la historia se cunpla cambiando de curso. Lo objetivamente dialéctico y marxista ¢s limitar el alcance del marxismo como tal (como dialéc- tica del devenir y de la praxis) y admitir que el marxismo no es 1a historia ni destruye todas tas opciones». (3). O ef howe bre que se confiesa en estos términos: «A mi entender, ol marxismo se transforma. No es superado desde fuera, se ste pera a si mismo y se transfornse por dentro... EL marxismo muestra una rita, la abre, pero el camino se construye por si mismo, Esta formula me gusta mucho, No hay en ella nada {gue se parezca a ta idea de una via real trazada de anttemano ‘Ast, pues, seguimos dentro de la esjera del marsismo aunque podamos admitir la iipdtesis de que un dia el conocimiento del hombre nistOrico y social puede diferenciarse det persa- iniento ie Marx tanto coma la relatividad de Einstein se dife- rencia de ta fisica newtoniana» (2). ‘asi encuadrada jundamontalmente, ta aportacién de H. Le- febure ata problemdtica contempordnea del marxismio se des. taca como el fruto de una large 9 compleia aventura dialéctica, nunca acabada, siempre en marcha y siempre abierta a nuc- vas inquietudes, religadas en todo imontento a lo vivido, a tas pulsiones det mundo concreto, al vulcanismo de to social, @ las tensiones profundas enire tas esiructuras y los acon: tecimientos, Su vida y su obra, marcada en profundidad por la fecunda alianza del filésofo y el socidlogo que en él con viven, aparece como un ensamblaje dialéctico del ser y el que hacer actividad mititante, reflexin directa sobre ta praxis, trascendencia de la biisqueds tedrica~ que confiere a su testimonio especial validez y autenticidad. 1 La some ete reste, 2 yolty La Nef, Paris, 125. Beith! Mae atest Wie 9, pp, 4 Como es ldgico, una aventura intelectual de este Lipo, pre: cisamente porgue es dialéctica por esencia y por definicidn, nv sélo no excluye {as contradicciones, sino que las exige y las asimila para integrarlas —y eso es 10 fundamentat— en una mds antiplia perspectiva, ta de una intencionatidad orien: tadora y wt esfuerzo racional de comprensin de ta realidad y de elavoracitn tedrica y conceptual de esa misma reatidad viva; son est intencionatidad ¥ ese esfuerzo, y sdlo eltas, tos que deben servir de punto de referencia y de foco ituminador para valorar y dar sentido a aguellas Contradicciones. Para Lefebvre, como para todos cnantos vechazan la idea de que tas verdades histévicas puedan ser definidas carismdticamente y por real decreto ex cada momento, esas verdades sélo pueden descubrirse gracias a un compromiso libre, oritico y exigente con la realidad fluyente de ta histori on marcha, zon la plena concientcia de que ese compromiso implica ruptue ras x fensiones, dleseubrimieltos y puntos muerios, capacidad imaginativa y abortura de espiritu para acoger elementos y aportaciones que owes no fisurabat ex el propio harizonte mental Si se tienen en cuenta estas premisas, ta fécil tarea de dofinir ta trayectoria de Lefebvre como una linea quebrada, marcada por el conjlicto y ta contradiccién, no podré servir ya para acusarle det pecado mortal de incortsecuencia, si es ge puede considerarse pecado lo que otro marxista edificils como Lefebvre, el polaco L. Kolakowski, define en estos térmi- nos: «La inconsecuencia, ex cuanto forma de una actitud hue mana individual, es simplemente una suma de incertidumbres gue tno ticne on reserva en su conciencia, 0 et otras pala- bras, el sentimicnto permanente que tiene uno de que puede equivocarse 0, por lo menos, de que el adversario puede tener razén» (3). En cualquier caso, esa constancia de la contradic. cidn y el conflicta servird, por et contrario, para comprender mejor al fil6sofo y sociélogo francés y el seritido profundo de su vasta aventura intelectual. Dentro de ella caben a diver. 303 ntiveles, colierente y complementariamente, el Lefebvre neoexistencialista y promarxista de la etapa 192328, niembro de un pintoresco cendculo det que tanibién formabar parte (3) Eloge de Pinconséquence, ehrgumentsy trimestre de 1962, pp. 16. Stree G. Politzer, P. Morhange, G. Friedmann y N. Guterman, et Lefebvre autor de uaa de las mejores introducciones al ma ferialismo dialéctico que se han escrito, Logique formelle, lo- gique dialectique, y el Lefebvre del Manifeste différentialiste de 1970; el militante det partido comunista francés durante intds de veinticinco aitos! y el hombre decepcionado que ai salir de ese partido et 1958 escribié el balance de su larga ex- Periencia on wa obra rica, densa y htmanisina, La somme et le reste; el Lefebvre que a repuiindientes hace su autacritica (4) ¥ el que se somete, aunque sea condicionalmente, a la moda estalinista cuando escribe su Contribution 3 lesthétique; ef eritico apasionada de la filosotia existencialista en 1946 (Liexis- tentialisme) y ef no menos apasionado debelador de ta inter- protacion esiructuratista del marxismo en estos tiltimos afios (Position: contre les technocrates); ef autor de libros diddo- ticos como Pour connaitre la pensée de Marx y Pour connaitre Ja pensée de Lénine y el socidlogo que analiza sobre él terreno la . El marxismo tae ate fetta wi re cha bien determinada (1848: el Manifiesto, o 1859: Critica de la economia politica y puesta en marcha de El Capital). Més todavia, Al ser estas obras de juventud obras dé transicion, influidas por las ideologias anteriores (aunque se manifieste en aquéllas una critica de éstas), la atencion que se preste a estos textos volverd a exponer a fos mar- rare a influencias y los librard sin defensa a los sidedlogos» burgueses que hoy inter widedlogos veteae que hoy intentan apoderarse de es- Segiin dicha tendencia, ta filosofia ya no tiene existen- cia propia, porque ya no tiene existencia independiente (de la ciencia, de la accién) porque tampoco tiene ya exis. tencia especulativa. En el marxismo 1a filosofia ha que- dado fusionada —por obra de Marx, en los trabajos de la madurez— con la ciencia, hasta perderse en ella, Y ast, ciertos marxistas han rechazado con acritud to- das Jas investigaciones propiamente filosdficas inspiradas en las obras de juventud de Marx. En especial, han ti dado de weohegeliano» a todo reexamen, a toda elabora- cién de los temas hegelianos considerados por Marx: 1a tcoria de Ia alienacidn, la del chombre total», ¢ incluso las Investigaciones sobre fa formacién en la historia, desde el namie ris i ic a if pens wontogriego, a fas principales nociones de Ia filo- wg fei tu cs ORS lt a Lomo puede verse, esta actitud va ligada com la inter- pretacion dogmitica y sectaria del marxismo, que lo separa de las demds corrientes del pensamiento, anteriores 0 ex teriores a él, y lo presenta como absoluto y radicalmente nuevo. Por el contrario, otros intérpretes det marxismo se es fuerzan, por asi decirlo, en hacer retroceder la fecha de su formacion: la hora H en que aparecié como wn bloque, plenamente constituido. Descubren el materialismo dialéctico —surgido del pen- semiento anterior y de influencias cuales la de Minerva salida del cerebro de Jitpiter— en las mismas obras de ju- ventud. Y si no lo encuentran en ia tesis doctoral de Marx, por lo menos lo descubren en los Manuscritos de 1844. Contra estas dos tendencias, parece indispensable que volvamos a formular y a sostener con la mayor fuerza po- sible la posicion definida en la primera edicién de este libro. La segunda tendencia suprime los problemas, la com- pleja historia del marxismo, su formacion viva, Acepta tna interpretacion del marxismo cerrada y sectaria, y sdlo se preocupa por fechar de otra manera su milagrosa consti- tucidn. Para ella, el marxismo surgid stibitamente, enird en la historia de una manera extrahistérica. Al querer ha- cer de Marx y Engels los portavoces de la historia o del proletariado, se les atribuye (con inconsciencia) una sor- prendente genialidad individual. De este modo, ¢ incluso sin darse cuenta, se sustrae al marxismo de sus propias nociones fundamentales, de sus propias «categorias» (acti- ras necctaco subrayer Is importensia de Jor elusios ¢ invetigasiones sobre I fsaz por cinta se eneuentran sntre Rowoiros iGs01%. que. ck fSrsin por princto a abtud neqava,eapcto. axon inenigacons, Sc cuene eat” actitad con. arguments bien preseolados! 1a fecha contra ln sco Issa y cl hsgellsna. So enlilien le sacolnticn todo ext sobre problemas tomo el de a Uverid’y te necsida, ef de la eausalidad yl dstrminiano, a E"wolo Gecko de planfear ator probiemas ar salen de hegcimo, de ruplira fo las chenciate (C8. Uak, Sobre lor etanories de Ta dladeice materailta, ernst 1996 mom. 13) : : sa 8. No’ piso por nds aur sentir 3 ni polésles con et smarxita iaano 1. Gusttri en ell Connporancos 954, nds. 26, 55, 34, a ome los notable. aeiculos ‘Uo Fasano TeoLinrr an altcaseltan “(anio" 195), acta renta traducidos en eLa Nouvelle Critiques (ebro 1933), y do Costa” Leno int (einsslen, enced 1955). 28 tud que, con wi poco de reflexién, se encuentra absurda y al mismo tiempo natural porque descuida, precisamiente, el estudio y la elaboracién de estas categorias). De hecho, el andtisis histérico —en funcidn de los tex fos y del scontexto» social— encuentra en las obras de ju. ventud, ante todo y por encima de todo, los gérmenes del materiatismo dialéetico. ¢Qué son los gérmencs? Ya son el desarrollo ulterior, el ser vivo del futuro; pero todavia no son este ser vivo. Se afirman y desarrollan en los sue cesivos momentos por los que atraviesan, etapa por etapa ¥ sdlo en un momento determinado legan a ser el ser ver. daderamente constituido, el ser que aparece como tal, que nace y surge de la vida que le rodea con su propia vida. Pero, por otro lado, dado que esta realidad viva ha nacido } se ha formado en un «medio», ese pueden atribuir a éste @ sus «influencias», las ctapas recorridas? Es un punio de vista abstracto, faito de vida. En resumen, la segunda tendencia, pese a la mayer am- plitud aparente de sus preocupaciones, equivale a la pri- ‘mera. No plantea ningtin problema nuevo, a no ser un pro- blema «filolégico»: wna cuestion de fecta. Contra la primera tendencia se puede sostener que no sdlo constituye una interpretacién estrecha del marxismo sino que esteriliza la investigaciOn histérica y mds atin la investigacion filoséfica. El estudio de ias obras de juventud no transforma la interpretacidn del marxismo. No permite en absoluto de- preciar las obras cientificas y sustituir la ciencia (econ mica, politica, histérica) por la filosofia. Sin embargo, este estudio permite profundizar singular- mente el marxismo como filosofia (0, si se quiere, el tado filossfico del marxismo: teorta del conocimiento, metodo- iegia, concepcion del mundo, de la naturaleza y del hom- re). A nuestro parecer, pues, las obras de juventud toman de ia filosofia anterior (idealista con Hegel; materialista con Feuerbach) nociones fundamentales. Desde el primer momento, estas nociones aparecen transformadas. Adquie- ren un sentido nuevo, concreto, histdrico, humano, cuando antes se perdian en la abstraccion especutativa. Se liberan, pues, de la abstraccién renovando su sentido y su campo 29 de aplicacién. Por ejemplo, la nocién de praxis (prdctica social), la de alienacion, ta de «hombre totaly. La interpretacion estrecha (sectaria) que separa el mar- xismo de sus fuentes y que al mismo tiempo separa al marxismo constituido de su formacién e historia pierde, de este modo, tna riqueza filosdfica infinitamente preciosa. El marxismo entero queda mutilado. Al fusionar unita- teralmente 1a filosofia con la ciencia se termina por no comprender cdmo esta ciencia se liga con a filosoffa; como se ha enriquecida con la aportacién de ta filosofta (es de- cir, cémo pasaron a la obra econdmica, histdrica y politica de Marx tos temas filosdficos ). A nuestro entender, pues, conviene poner plenamente de relieve los temas filosdficos contenidos en las obras de juventud. Hay que promover estos temas, desarrotlarlos de nuevo. EI hecho de que fitésofos no marxistas 0 adversarios del marxismo se preocupen de estos temas no demuestra sino una cosa: que los marxistas se han equivocado al abandonarios. Ast, por ejemplo, no constituye ningdn ar- gumento el hecho de que ciertos vexistencialistass e incluso ciertos fildsofos cristianos hablen de la alienacin humana. Si hubiese que tener esto en cuenta, habria que aceptar que et socialismo se habria visto comprometido por el he- cho de que los nazis discurriesen sobre su propio «socialis mo». O también, que por el hecho de que tantos idedlogos hablen desconsiderablemente de la Libertad y mixtifiquen esta nocidn haya que renunciar a la teoria marxista de ta Libertad. Nosotros creemos que lo vdlido es precisamente to con- trario. La posibitidad de interpretaciones divergentes de 1a alienacidn muestra ta profunda actuatidad de dicha no- cidn y prueba que ésta expresa o «refleja> filosdficamente los problemas profundos deta vida humana, La posibilidad de una interpretacion idealista y metafisica de esta nocién muestra que los marxistas deben recuperar su propio do- minio y continuar a su modo a elaboracion y concreta apli- cacion de la misma a ta realidad humana prdctica, cott- diana. Del mismo modo, la gran conjusién y obscuridad crea. das en torno a ta nocién de «totalidad» y de hombre total 30 unicamente demuestran que en este importante punto pro- sigue la discusién entre el marxismo y el antimarxismo: fa lucha entre el materialisnio dialéctico y el idealismo, En este caso se nos abren perspectivas y problemas Proplamente filosdficos. ¢Qué sentido vivo, critico y cons- tructivo hay que dar hoy a nociones como la de practica social, la de alicnacion fienana, ia de «hombre total»? No entra en nuestro proyecto plantear y resolver aqui estos problemas, Un estudio sobre el pensamiento de Marx Presenta forzosamente sus limites, impuestos a la vez por los Iinsites materiales de 1a obra y por las limitaciones de Su programa. No estudiaremos ni ta obra de los continua. dores de Marx ni las posibilidades de nuevos desarrollos del marxismo, Bastard con mostrar, a grandes rasgos, que el pensa- miento de Marx sigue siendo vivo, no sélo porque se en- cuentra en el centro de todas las preocupaciones de la época (politicas, econdmicas, y también filoséficas) sino también porque existe un marxismo vivo que lucha a la vez contra el marxismo vulgar y contra los externos ad: versarios de la corriente marxista. Abril 1955 Introduccién Capftulo 1 LOS PREJUICIOS CONTRA EL MARXISMO Hay que remontarse a los primeros tiempos del cris: tianjsmo 0 a la época de las guerras de religin —aunque el marxismo no tenga nada en comin con una nueva re- ligién— para encontrar en la historia una doctrina tan atacada, tan calumniads, tan perseguida como Io es actual- mente la de Karl Marx. Una encarnizada lucha «ideolégica» se libra en torno a este gran pensador. Esta lucha «ideolégicas no es mas (que una manifestacién y un aspecto de luchas de clases y |luchas politicas mds vastas, a escala de todo el mundo mo- demo. Las «pasiones» (es decir, los intereses) econémicos ly politicos explican la violencia de esta lucha, su cardcter falternativamente pérfido y brutal. Es sabido que, al printipio, la cfencia de la naturaleca suscité 1a inquietud y hostilidad de los poderes estable- tides. La condena de Galileo, que «pretendia» demostrar lque la Tierra gira sobre si misma, todavia est4 en Ia me- moria de tades. Por lo dems, esta condena no fue sino lun episodio —el mas conocido— de una larga, tenaz y dra- Imatica Iucha de Ios sabios por fa libertad de la razén y por el conocimiento cientifico. En aquella época se les re- brochaba la simpiedad» de Ja ciencia; que no explicaban lodas las cosas por la «voluntad de Dios» y la «Providen- biar. También en aquel caso la lucha ideoldgica encubria lina lucha politics. ¢Quién paralizaba la naciente ciencia ie Ja naturaleza? ¢Quién se oponfa a sus progresos? Los oderes establecidos de origen medieval, Jos poderes que Inds tarde scrian derrotados —cuando la Gran Revolucién 35 de 1789-1793— por los grandes principios de ésta: la Razén y Ia Libertad. Sin embargo, la reaccién contra los primeros fisicos o quimicos raramente tavo 1a misma violencia que ha reves- tido la persecucién de los marxistas en nuestra época, en Ja Alemania hitleriana por ejemplo. Por qué? Porque el vinculo entre los objetivos de la lucha politica y los de la clencia naciente era entonces menos claro y menos inme- Giato que hoy. El marxismo quiere ser esencialmente —y es~ Ia ciencia de la sociedad y de ta historia. Ahora bien, | este conocimiento cientifico de la sociedad se enfrenta directa y expresamente con ciertos «poderes establecidos», Jos que representan la burguesfa y el capitalismo; mucs- tra que su dominacién pierde toda razén de ser y que sera reemplazada por una organizacién nueva, mas racio- nal y mas libre de la sociedad. De aqui el odio que suscita y difunde la habil propaganda de estos «poderes estabieci- dos» contra una doctrina que, de por si misma, se pre- senta exclusiva y simplemente como cientifica, con argue mentos y pruebas racionales y que para hacerse compren- der sélo apela a fa razén. La campatia permanente contra Marx y el marxismo se traduce, a nivel «inferior», en las grandes calumnias in- cansablemente repetidas por periddicos y oradores de los ‘idos cantimarsistass. Desde 1860 (cs decir, desde hace un siglo) se repite que Karl Marx vivid opulentamente en Londres, haciéndose mantener por aquellos a quienes.pretendia defender, los trabajadores. Lo cierto es que ~como veremos mas ‘ade- lante— Marx vivid exiliado en Londres, en plena miseria, pero con una dignidad inigualable, enteramente consagrado a su obra cientifica. Otra baja calumnia, El amor de Marx por su mujer, Jenny von Westphalen —que lo merecfa— fue de una pro-| fandidad y belleza tales que esta pareja deberia tener un| sitio entre las mas célebres. La «novela amorosa» de Karl] y Jenny est4 a la altura de las mejores. Y Marx (que a la| azén tenia 26 afios y acababa de casarse) pensaba proba blemente en su mujer cuando escribfa en 1844 estas. nota bles lineas: Pieja, demasiado variada “apa a los limites de toda posible iene «En la relacion de} hombre con i¢ muje fine oS» slarva de ta votuptuasted deo oerada pace Leah en la que el homore existe is cauito a ft isterio de esa su retaclon se area Tae, » manifiestamente— Y S@ revele el hombre con ta mujer. Del canter esta relacion se sigue hasta gi et hounbre se ha co el Se Sigue hasta gué puto of 0 hombre s : Rasta gut bre se ha cont hombre con la mujer ta r ano con et ser humano, en e el comportamiento natin ‘ural del hombre Guano y fasta qué punto su ser bumano gue Punto su naturaleza humana se jig con También se revela en 1 se revela ¢) asta qué punto la necesidad del hombre st 10 el otro ser humano, ser una necesidad expresa sin Ja mu Jos m Que la mujer sea tratady in Bare More y responsable, respetada y ainade oon SF cei gue en Rece UE todavia hoy s@ pueda leo a marvising, [25 Partidarios del socialismo’ cientifng 2 rc iy «com — quic id manisia munistas»— quieren la ecomunidad de Aun nivel «super angie ive ; uperiom a campafa antimarxista emptea grams . Las contradiceiones 103 Polemistas. Ora pretenden demostear mee ay neta oa wa sino un conjunto de temas de fone batbeeth =. los Lad «agitadores» politicos 0, simplemente, ni lel marxis! 2 den demostrar que la realidad humans cs devanciade asizdo com. ¥ que por ello precisamente, ex. 36 a7 0 durante largo yrado el marxism¢ tiempo, después de haberle dado de lado com desdén, los juristas «oficle Coouomisias, historiadores, socidlogos,¥ Toor se han dedicado a refutarle, Pero ba resultado que 10s hochos han verificado ciertos argumen'os sobre todo, nectias previsiones sacadas dt ta obra de Marx, especial- ciorins Brio que se refiere a Jas crisis, a las STTEr, a las memialsiones de 1a sociedad contempor ine Par esto, des- co algunos afos, el estilo ha cambiado: no se Te teen marxismo sino que se le supera; SS 1 sas lejos que Marx; se es mas socialista ave {y, més humane y 4s a pmistay; se desea la libertad y el progres) ‘con ayOr imtensidad que ét mismo —y sin él, ef decir, contra él ensidat “Inodo, los adversarios del marxisino, Vegan a embrollar 1a euestion, a impedir ave 10s aoe podrian enten- cmibrolMare consigan entenderlo ¢ incluso ue intenten hacerlo. Ln primera regla para comprender el pensamiento de Marg & la gue prescribe Descartes, es decir, la primera ‘covitar cuidadosamente sa del Método, regla de todo método cientifico: Iq precipitacion y la prevencions (Discur: 1{ parte); eliminar los prejuicios (les prevenciones) y Pro" Oars) pronunciarse demasiado a prise, ote de haber legado a comprender «tan clara y distintamente» que ya no haya raz6n algui dndas ta coestidn de na para «porter om gue se trata, “i Maxismo es una ciencia y, por ello, no tens este mmtiqdo racional de examen y estudio, Més atin: lo exige- todo remnds, importa no olvidar que el marisme pro pone una teoria yuna explicacidn Ge lo que ocurre a nues- pone Mededor, en la vida cotidiana, en 18 sociedad y en la Poedjdad Inumana tal come pueden ser comprobadas por rea de nosotros. Para comprender marxismo, 10 aren es dejar de lado los prejuicios que Pare cada tno difte) tros puedan kaberse ligado a 18s propiss experien- de nosomanas y sociales, sin dejar de lade estes sismias experiencias sino. al contrario, Teasumigndolas, profundi- ce rere comprendiéndotas y elevandolas al rang? de co nocimiento. Después de haber igno Capitulo IE MARXISMO Y PATRIA. MARXISMO Y RELIGION Uno de los may E yyores errores ne que se pueder spl a ae es atin ee popiilarizadas, eae ena de ciertas formulas concisas, popularizada enudo pasan por restimenes de su Ante todo, hay », hay que relacionar estas | con su contexto; so de este mado ciguieren st plone sem, | eo que, a veees, resulta ser el contrario d Siguel gue se les pee generalmente. be etter ec lax y Enj ‘bi a MAE g EAE eseibieron en el Manifesto Commis [Baas axe fos protetarios no tienen patrias, ae done ensamlento, esta frase significa que la «clasi ser burguesia) niega a Ja clase obrera el agar gue merece ea Ia sacién, No puede concedésselo porgue Prevende dominar y poscer la nacién como su propied: pane 848, esta teoria correspondia a aera ne Nencla, & una reivindicacion profunda de los ee el mixing sentido, oor afos antes, foto “Auguste Comte babia podido escribir que el proletartado modermo scamoados Aa eas odes n Ja nacién, como los némadas ‘omada aisladamente, ‘a ente, esta frase parece signiti los proetaios no quieren, no deben Toner pattlas even ree ° gue se ha fomnadalduicarie’ ituckal|tesai! i¢ de los. que i Me tam os, que se inspiran i SES te eee ee sarios del marxismo, satisfechisimos de oe 39 ccasién que se les brindaba, Sin embargo, Marx y Engels ost” precisado muy bien cl sentido de st formula: tos comunistas que quieren abolir Pero los proletarios no tienen ‘niente, arrebatar fo que et poder polt se 6] mismo en ol sentido «Se ha reprochada a ta patria, ia nacionalidad. patria’ 10 se les puede, por consis! No poseert. Et protetariado debe conquistar wo eronstituirse ert clase nacional, const nee. eciont: todavia es vactotal, pero ye NO de la burguesia...» pero han debido pasar tres cuartos de si ‘estas frases —de las que 8 podria decir, si no se trainee de una ciencia, de una so Pralagia, que fucron «proféticasy descubran toda la Ti queza de su sentido. Marx ¥ Engels dijeron que él prole aasAio industrial y et wueblo, cl conjuti™ de los trabaja- Gores tenfan que «conguistar 1a nacionatidads (para ibe corse, para hacer progresar ab conjante social}, del mismo vas que deben «conquistar la democi*erts (Mauifiesto). fo Gisse avanzada, progresiva, no ache dejarse int presionar por el nacionalisiag ‘purgués y ligarse por un ju- Presanto de fidelidad con Ja eoncecion capitalista de 1a patria y con las instituciones qe fa representan, ni apar- Pare de ia nacionalidad. Debe conguis sr constifuirse et vevnidn, renovando profundamente 12 nacionalidad. Es exac- tamente 10 comtrario de 16 que st queria hacer decir ny Engels cuando se les atribuia 1a negaciGn brutal de Ia patria y de la nacion Ror to demas, Marx y Engels insisten el hecho de que al superar el estrecho punto ‘de vista del nacionalismo Surgués, los represcntamies politico’ ide las clases progre- burauc®, maran posicion sobre todas 13s cuestiones inter Sacionales, y que, en todos estos problemas, su posicién Serd igualmente progresista. Los verdaderos demécratas, fos verdaderos representantes del proletariade en los dite rentes paises estaran riecesariames’® de acuerdo para de rertgnde una gran politica mundial, de democracia y de progreso. Entre los proletarios de los diferentes paises, pro trentes de sa misién y de su future, puede existir eonguna razéa profunda yduradera dé desacuerdo, no por Hs eusiosa, glo y todavia mds para que 0, | que suprimen prutalmente las fronteras sino pact s a imen 01 nte las fronteras sino parque 4: acque de’ arrollay iame it | atrollan ampliamente Jos intereambios matctialcs y e los pueblos y, sobre: o7 trate soaeie J y, sobre todo, porgite 10 se pr pouei nl pueden proponerse domitar a otros pucbios.. «Una accién com ; cin combinada, ins civilizados, ¢ . por to menos de tos : {det porate 28 toa de tas condiciones oie Ia explomcidn a ), Bn la medida en que se Aarau eee cae individtio por otro, también se Hird ae 7 eign os una nacion por otra, Con el ant peaches lases dentro de lan 5 mismo idad reci nacidn, desaparecerd tiaad reciproca entre las naciones..» (Manifesto, fa oat \ Marx y Engels indi gels indican de @ é a este modo cémo tismo los trapajadores vs necosariamente nigadg Goa oa politica internacional bien defini, poponicndose hive: racks de todas Tas naciones y de todos los trabajadores ja mundial contra los opr cambio, el neompauibie combio, el nacionalismo burgués es inedemseciote cont ot politica mun lal de verdadra grande, La bunguesia fe prime a) pueblo y suscia Ja lucha contra tia on toa el sedis nipnein pce acamnene e burguesias na. es que luchan entre si o se sirve nas de las ots Bajos int por den see ast cam fa Bus guesia se convierte en clas i ase que 5 guesia se conver jase decadente, en clase que se vi 2jen a Yeamos otro efemple de una férmula m: rigada, ecto sentido hay Fizada, cuyo recto sentido hay que buscarlo En una de sus pri 1a de sus primeras obras ta we p ras —la Contribucié; ariica ue ta filsofia del derecho de yegela Marx es gue ela religidn es ef opio det pueblo ect ed " eee Cian presenta en el sentido de que Seatin Marx, ol B embriaga de religién, c aol para oliar ss pens, 9 que 2 welembringe con este tosco exctante para que olvide sus revi oe Ys gran misin politica eee S cierto que esta intel cones ete. erpretacién no es in i con el pensamjonto de Mars, Pero so spostodents ee sutil. Releamos Ja pagina enters: ae xista vulea- in separarla 4a «El hombre hace la religién y no la religién al hom- bre. La religion es la conciencia que el hombre tiene de si, cuando todavia no sé ha encontrado a si risa 0 cuter do ya se ha perdido, Ahora bien, el hombre es el mundo del hombre, el Estado, ta Sociedad. Este Estado y esta So- ctedad producen la religidn, conciencia falseada del mundo porque es un mundo falseado. La religién es ta teorla ge- neral de este mundo, su enciclopedia, su Idgica popular, su “pundonor” espiritualista, su exaltacidn, su sancién moral, su complemento solemne, su tema general de consuelo y de justificacién... La miseria religiosa es, a la vez, la ex presion de la miseria real y la protesta contra esta miseria real. Es el suspiro de la criatura agobiada, ef alma de un mundo sin alma y el espiritu de un mundo sin esplritu Es el opio del pueblo... La critica de la religion es, pues, el principio de una critica de este valle de idgrimas que la religién rodea de su aureola, La critica arranca las flores imaginarias que cubren las cadenas del hombre, no para que soporte cadenas sin ornamentos y sin suefos, sino para que sé las sacuda y recoja ta flor viva. La critica desen. gafia al hombre para que piense, actie, plasme su realidad como un hombre que ha tegado a ta edad adulta...2 El texto, en su conjunto, muestra claramente que para Marx la religion no Se reduce a una tosca excitacién «es- piritual», No le reprocha que carezea de belleza sino que aporte una belleza ilusoria a la vida, que deje la vida real en la fealdad, sin cambiarla, No le reprocha que careaca de alma y de espiritu sino que no sea mas que alma y es- piritu —alma de un mundo sin alma, espfritu de un mundo sin espiritu— y de alejar al hombre de sf mismo, disimu: Iando sus cadenas bajo una capa de flores. Es natural que la «criatura agobiada» suspire hacia el ciclo. El marxismo no tiene, pues, nada en comén con un anticlericalismo simplista; no propone que se persiga la religién, Al contrario, Asi, por ejemplo, Engels, comen- tando €l pensamiento de Marx, reprochaba a la Comuna de 1871 et haber querido suprimir ta religién. Algunos communards —los blanguistas y no los marxistas— ha- ban propuesto un decreto en este sentido. Engels se burla de esta manera de atransformar los hombres en aleos por 42 orden det muftir. Sefiala 2. que, cen primer tugar, ( tchas Srdenes sobre et papel sin que so cane medio de favor «que las persecuciones son el ‘mejor las convicciones» (Engels, Observac, hes sobre el programa de los refugiados blanguistes 898 aban sin reservas lag la Comuna, especial- a a el Estado y la inde. pendencia de la enserianza con respecto Is veligin §..8€ dicidid la Séparacion de la Iglesia fuprestn del presupuesto de eultos, ‘a aorateeorn Ues Bienes del clero; el 8 de abril, se decidis quitter de tae fa Gebas, 108 simbolos religiosos y todo aquelfo que cae on Mea cane la conciencia individual de cada uno.. purguosng ana consistis en realizar unas reformas que la nec, "ePublicana hnbia abandonado... pero qué eran por ayonis para a libre expansién del protetariado, como, jemplo, las medidas inspiradas en'el principio de que indica : gue las medidas 0 Comune se timitaban a destruir el poder polite, eon “Los curas fueron dedacios Set S ron devueltos a ta vida priv yalusen de tas donaciones de tos ereyentes, conno’ sue pre- sa. imag dos PSst0leS. Los establecimientos de ensehaw. xa 5 de cualquier intrusion de ia Iglesia o del Fe 1 6 Gbrieron gratuitamente al pueblo, La instruccion Para gue Precisemos todavia mis el i : pensamiento de een it @ etnies de ars tr Gioia re Sar Js Teligion, y ésta critica es «la primera com Garon de toda criticas. ¢Cémo critcatla? Expiicéndota mostrando con la experiencia histérica cémo y por que iGiatura agobiadas busca el consuelo en un tis alld, Bi sis de las conciencias reales de la vida humana exelic a la proyeccién que hace el hombre dle su propia iniagen, de sus propias preocupaciones en las brunias fantasticas del mas all. Pues, «no es la conciencia la que determina la vida sino la vida la que determine la concienciay (Marx- Engels, La ideologia alemana, 1845). No obstante, el and- lisis de las condiciones de vida no es nada facil. Bl hom- bre vive en condiciones complejas: biolégicas (raza), geo- graficas (clima, tierra y producciones naturales), técnicas (los instrumentos), econémicas y sociales (el modo de cm- plear los instrumentos, el modo de cooperacién, las relacio- nes sociales), histéricas, juridicas, politicas (las institu- ciones, la forma de Estado, los acontecimientos, ctcétera). Por esto es dificil «deducir las formas religiosas de las formas de vida», aunque «este método es el tinico reat: mente cientifico» (Marx, El Capital, t. UII, pag. 9 de la traduccién francesa Molitor, versién espafiola de W. Ro- ces, FCE, 1959), Esta ciencia seré una obra larga y dificil: la religion (sc trata de la religién en general, y no del cris. tianismo y del catolicismo en especial) conservara cierto prestigio hasta el dia en que «las condiciones de la vida practica y cotidiana del hombre que trabaja se expresardn en wna relaciones racionalesy, pues la vida social «sdlo se despoja de su velo mistico y nebuloso el dia en que apa- rece en su conjunto como el producto de hombres libre- mente asociados, que ejercen un control consciente y pla- nificado» (El Capital, 1, 66467) Por consiguiente, la religién tienc un fundamento pro- fundo, primero en la necesidad de consuclo, de espfritu, de alma y de belleza por parte de la «criatura agobiada», pri- vada de alma, de espiritu y de belleza; luego en la igno- rancia y la impotencia en que se encuentra el hombre res- pecto a su propia vida social. La opresién y la explotacién, ja ignorancia y la impotencia: ésta es la doble raiz de la moral y de la religion segtin Marx. Y no se trata de per- seguir la religién sino de cambiar la situacién en que se encuentran los seres humanos: de conocer y explicar el . La vida de Marx lo demuestra tan bien como la de Descartes 0 Pas: Mom pero, gpuede ser muicit [a ciencia en su conjunto? S| In uiencia, desde un punto de vista general, fuese «desinte- 1 eee. ia imsmanidad se habria «desinteresado» de 1a Mnsia desde hace mucho tiempo, La verdad no se puede separar de {a aplicacién técnica, Es indudable que la Sepa pusca la verdad y nunca se sabe por adelantado Gué investigaciGn, qué ley, qué teoria aleanzard la aplica, oan técnica mas ‘itil. Por esto cada uno de nosotros debe Sbordar et estudio de Ja ciencia con su razén, a fin de co- spear la verdad. Pero el carécter de la verdad cientifica to se ve alterado por él hecho de que sirva —poraue «in- 48 teresen—, porque no es estéril. Antes al contrario, Si una roma del conocimiento resultase perfectamente estéril, se atrofiaria; Ja aplicacién prictica verified y fecuda I teo- xia, sin au tarle su caracter de biisqueda de lo verdadero. eat cientifico sc aplica utilmente, porque un conocimiento cientifico digno de este ni "es obj con ig jombre es objetivo y verdadero; y si hay individuo: ( i tee iy si hay 5 —los sabjos— que Ik incluso a sacrificar su vida a la i ién, con un des. i a a la investigacién, con un des- interés supr “mo, es porque el conocimicnto cientifica re- preseuta para la humanidad un interés supremo, La ver- iad y la utilidad, el interés y el desinterés sélo se oponet en la abstraccién, ; i sod 3a €8 Cwactamente Ia situacém deta sociologia cient fica de | maraismo Ha surgido de una investigacién des- interesada, objetiva, pero correspond a unos «intereses»: tos iroplie , a expres, Pero estos intereses superan infi ente los de los individu i . aitamente 105, € incluso los de grupos «Muy bien —quiza se insi insistiré—, pero el cas y e . 0 de ciencia Social y al de la ciencia de la naturaleza no se fie len confundir.,. Esta claro que aunque t S eon al todos los hombre: se “desinteresen” de la cienci: io ia de Ja naturaleza except e , acurale: 0 une, a dltimo trabaja para toda la humanidad. En a bio a socidlogo marxista saca de su estudio conclusiones avorables a Jos trabajadores; la politica marasta es una re eee, clase expresamente centrada en la “clase obre- a ; defiende o refleja, como se quiera, sus intereses ; es, or tanto, una doctrina de clase; se siti en un punto de vi clase; geémo pu: jetiva e i oe é puede ser, entonces, objetiva e im- Marx respondid ya a es é ta argumentacié oni ara respond ‘gumentacidn en una de sus «La liberacidn de ta clase oprimi fi ; primida entrafia ta creaci ta una nueva sociedad, La condicion de la ioasoe ae la clase trabajadora es ta abolicién de todas las clases, del mismo modo que ta condicion de ta Uberactén det Tercer ae fae ee de todos los estados» (del antiguo igimen: nobleza, clero, is i- cézimen Tercer Estado) (Misdre de la Phi- 49 ‘Anterioymente, en La ideologia atemana, Marx y Engels habian mostrado ya que Io clase nueva, ascendente, desti- nada a transformar Ya vieja sociedad «aparece como repre- ventante de toda la sociedad», La clase trabajadora leva see misma el futuro de la humanidad. Por eso dicha cla- Se y sus representantes buscan la verdad objetiva y uativer Saf no epese a ques represcten sus aspiraciones, sus inté- Teses, su accion propia, sino porgue los representan... La burguesia y la pequefia burguesfa tuvieron la misma aspiracién cuando actiaron contra es feudales © hicieron Se olucién. de 1789-93. En aguel mortento sus aspire. Sones tenian fundaments. Representaban verdaderaments el progreso de toda la sociedad: el progrese. ‘economics, See ercluso cientifico. Sus teorias —los Enciclopedis- seetpor ejemplo— defendian la Razén y ta Ciencia. sae 25) Pomramente Ios portadores de la verdad, de la objet void, de la untiversalidad, Naturalmente, aquellos te6ricos, Hidcofos o sablos creyeron que haban alcanzado defintt esos Ia Razin, la universalided, cl conocimiento. Se forjaron una ilusién y detuvieron In labor del pensamiento del conocimiente 2 nivel de sus propias ideas, tanto més, esfadas cuanto que eran las de su Epoca, ¢s decir de si cave, una clase que no estaba destinada a suprimir @ 10 last, Memnas sino a convertirse en una pueva clase domi oe we, Daban, pues, a sus ideas «la forma de Ja uniter satnde, pero S60 la forme. Esta forma correspondia, @ hechos precisos: a su lucha contra el Estado monérquico } sus tradiciones, a la extensién de las relaciones mundia- {2 durante el siglo xvnt, al hecho de que el Tercer Estado es amucho mas nsmeroso que la nobleza feudal, ¥, final- cro en a ia rilusién de los idedlogose que, concebian las Maen 'ge gua tiempo sin conocer su relacién precisa, con tte y, por consiguiente, crelan que formulaisan. verdades este YONGE La ideologia alemana. Oeuvres philosophiques de Marx, t. VE, pp. 195, 196). Paro. desde’ entonces ta situagién ka cambiado E) er. con Hatado, la barguesia (cuyos, tedticos del sigle XV! ceian haber alcanzado verdades fuwmanas, wriiver sake de- finitivas) ba vevelado su naturaleza de Jase domirante, JF después su decadencia como tal clase ‘dominante. Tena revelacién se ha operado lentamente, tanto en Ia 30 ee eS oun oe en la filosofia o la literatura. _ Ademas, n el periodo en que esta 1 cié yo ge manifestaba en Ia concienie’y as dass «...mo hay que hacerse la id: Z la idea estrecha de que el prit foes de la ‘pequefia burguesia es querer hacer Geeunfar i interés egoista de clase. Sino que ésta,eree mds bien que see aes particulares de su liberacién son las nies conicones generales que permiton salvar a sie la lucha de clases. Tampoco ha: it tue imagir Pucden estar separades de estos iltimos por una distan- ear debido ‘a su cultura, Lo que les convierte en e es de la pequena burguesia es que, i ; * ia es que, intelec- Luataens, mo pueden ir mis ald de fos limites que ella wperar en su vida: se ven tedricantente i ae mente impul- sao hacia los mismios problemas y soluciones a que tia se ve rdctcamante impulsada por sus ifeests erin 14 sitwacién social...» (18 Bru aa parte, E. S.1., 1928, p. 57). eter Lo que explica 10s limite i 0 phic Ss 2s de las ideas san los /fmit bropios de una époce —de una clase, mas que un wcgots » deliberado 0 que una ementira de clase»; 3 Ic x le clase»; no hay «ver- dades Eine Sélo existe la verdad, el conocimiento ob. fave al que el pensamiento humano Jlega a través de tirubens, per sucesivas aprosimaciones. Y¥ el grado de esta : n viene definido por la época y el lugar, por .s ciase dominante, por sus limites s Fates La veread Fs ‘el conocimiento ‘objetivo gon incompletos, abstractos, unila- rales, mientras una clase histérica sélo se se obj , mie ¥ propone obje- vos, limitados, mientras no tiene mas que ‘aspiraciones ¥ metas estrechs, En camsbo, el protetariado modem, que no quiere convertirse en una nueva clase dominante sino superar y abolir Ia estructura de clase de la sociedad, su- Bera los limites de esta sociedad; es capan,—en, la per: Sona es tedrioos yy en primer Jugar, en la del propio Viars— de dax un decisivo salto hacia adelante en el c cimiento de la sociedad. eden ai to demas, cuando una clase social dectina, su rela- ny la de su eidcologia> con la verdad y la objetividad 5A man. Ast, por ejemplo, en sus comienzos —en 1a Sect de Adam Smith y de Rieardo— 1a economia poli tea descubrid en el marco de 1a sociedad capitalista, st criticarla, sin analizarla completamente, clerto niizpero CF Verdades (leyes). Estos grandes economistas expusieron 7 Nonatomia» de la sociedad burguesa sin Hegar 4 poner ‘Garo su fisiologia, su funcionamiento real (cf. la car Marx a Weydemeyer, 3 de marzo de 1852). Pero, mas tarde: « de clases marcé el final de la economia cier- wyiea fours: ya ng se trataba de saber si tal 0 cual he. cho era verdadero, sino si era dtl 0 perjudicial pare & Oe pital, cémodo 0 incdmoda, subversivo 0 no. La juves tt Fién desinteresada fue substituida por 1a polémica subve™ Gionada, la investigacion cientifiea imparcial [ue reenih © ‘ada por ia mala conciencia y las intenciones aporoe’ (Prefacio a la segunda edicién de 2? Capital). clase obrera, sus cambio, los representantes de la r ria S Set ars er Sricos, tenderin a revelar mas verda 1 gresivamente los limites de Ia cultura y del pensariien’e Se la clase dominante, no gracias a una brusca revelacion 6 por el hecho de ser no politica, y esta pseudoobjetividad entraiia y permite los mayores engafios. Todo hecho, toda idea que se enfrente contra el régimen, contra lo existente, tiene un cariz «partidistas, tendencioso, no objetivo. Todo lo que entra en el marco de lo existente parece obvio y natural, una realidad acceptable por todos. La obra de Marx contiene el mas minucioso anilisis de estas apariencias, que él denomina mixtificaciones. El mandismo muestra —de una manera precisa, en cada caso particular, en cada situacién— la relacién entre idea y ac- cién, entre teoria y practica. Incluso —y sobre todo— cuando esta relacién escapa a los que tienen dicha idea, © cuando Ia disimulan. 7 Después de haber aclarado de este modo el sentido ob- jetivo (profundizando y no aboliendo la idea de objeti- vidad) y las consecuencias practicas de todo pensamiento, Marx y el marxismo presentan una doctrina de la accién, sin renunciar en modo alguno al conocimiento cientifico Al contrario, fa unidad de la teoria y la préctica, hasta en- tonces velada o inexpresada, tanto en el conocimiento como en la accion, aparece en el centro del pensamiento de Marx. Es la clave de béveda del edificio. Marx no describe esta unidad. No es su «punto de vista» particular. La constata, toma conciencia y conocimiento de la misma y la erige en verdad -suprema, legitimamente, como hace todo hombre de ciencia que constata un conjunto de hechos y saca de ellos una ley general, Capitulo IV EL MATERIALISMO MARXISTA La doctrina de Marx se presenta expresamente como un materialismo. Esta palabra molesta a mucha gente; permite forjar juicios sumarios y fomenta un prejuicio desfavorable con- tra el marxismo. Ademas, el término «materialismo» ha servido de base para propagar una interpretacién radicalmente falsa de la doctrina marxisia, A veces, esta interpretacién ha sido aceptada y adoptada por hombres cultas (aunque, en rea- lidad, se trata de hombres que no han leido ni intentado Jeer a Marx. Y cabe preguntarse si merecen el titulo de «cultos». ¢Puede Mamarse «culto» o siquiera «instruido» al hombre que en pleno siglo xx ignora una doctrina cuyo papel mundial ¢ importancia histérica van en aumento cada dfa?), Segiin esta interpretacién, Marx habria reducido todas las acciones humanas a méviles interesados; a Jos méviles més bajos, mds vulgares, a intereses y necesidades mate- riales. El materialismo de Marx significaria que toda ac- cién humana esta dirigida por consideraciones materiales, Las ideas no tienen, pues, ninguna realidad; los motivos estéticos, morales, rcligiosos, son simples ilusiones. En la historia y la sociedad, todo se explica por tendencias ali menticias: beber, comer, comprar 0 vender las cosas que permiten satisfacer estas necesidades. Esta serfa, segin dichos criticos, ta dltima palabra del «materialismo his- térico» de Marx. En el fondo, esta interpretacién no difiere en mucho a de los ataques que anteriormente hemos denunciado y que se sitian 2 un nivel muy bajo del pensamiento: ei més leve examen revela en ella una falta total de imparciali- dad y un tono profundamente «tendencioso». Los que la sosticnen no se contentan con jgnorar a Marx; sustituyen el verdadero marxismo por un pscudomarxismo simplista, para poder adoptar acto seguido un aire asqueado o bien para abrumar a esta caricatura con aplastantes «refutacio nes». Los que aceptan esta interpretacién sin informarse mAs a fondo se dejan engafiar, 0 son ya un poco cém- plices. a) Cuando La Rouchefoucauld intenta demostrar que todos los sentimientos humanos «se pierden en el interés como los rios en el mar> los historiadores de Ia literatura no atribuyen a este gran esctitor la bajeza que él denuncia en las acciones humanas. La Rouchefoucauld es conside- rado un analista profundo y distinguido. Y no sin razén. Se le hace a su teoria el honor de discutirla detalladamente. Esta teorfa, caracterizada por un pesimismo radical, no slo afirma que toda virtud, tode desinterés se reducen, en! los individuos, a intereses privados, sino también que la virtud es el vicio habil, el vicio disfrazado, enmascarado y, por lo mismo, mucho mas activo bajo su mascara. De hecho, lo que muchos atribuyen a Marx, bajo el nom- bre de «materialismo», es Ia teoria de La Rouchefoucauld. Lo que ocurre es que por tratarse de Marx y del marxis- mo —y no ya de aquel gran scfior refinado y sutil que fue La Rouchefoucauld— se le atribuye la bajeza denunciada al que la denuncia. Y se hace como si se viese en este materialismo una doctrina degradante y degradada. 5) La Ronchefoucauld no fue el tinico en pretender que toda accién humana se explica por intereses individua- les y privados. La expresién més clara de esta doctrina —unida, por lo dems, a un optimismio que la eleva de nivel y amplia su horizonte— se encuentra en el inglés Bentham. Ahora bien este fildsofo aparece como una figura repre- sentativa y portavoz de la burguesia (inglesa). Sin embar- g0, su teorfa no carece de elementos o aspectos «progre- sistas». Afirma, en efecto, que el interés general (el interés social) puede y debe coincidir con el conjunto de los inte- reses individuales. Este optimismo resulta bastante facil 02 | | € incluso falso en lo que se refiere a la sociedad capitalis. ta (burguesa), en la que, precisamente, el interés general (social) esta sometido a intereses privados que se cubren con la mdscara del interés general y que, mas que servirlo, se sirven de é]. No obstante, la tesis de Bentham anuncia las grandes lineas de una sociedad en Ia que se armonizan xintereses» de todo tipo (cf. La sagrada familia, I, pagi- nas 237-240), De todo ello se desprende que la reduccién de todos los méviles humanos a los intereses y a las nece- Sidades individuales est4 esencialmente ligada a una teo- ria de la época burguesa y capitalista —del capitalismo to- davia préspero, ascendente, liberal— que los criticos atri- buyen al marxisruo. ©) Ahora bien, la tesis de Marx, el «materialismo mar. Xistax, difiere radicalmente de las teorias precedents, La Rouchefoucauld y Bentham sostenfan un materialismo mo- ral. Querian mosirar (uno desaprobandolo, el otro apro- bandolo) que el egoismo es el motor de todas las acciones humanas. Suponjan, pues, que el gran principio de toda actividad, estrictamente individual, solamente consiste en la bisqueda del placer y en Ja huida ante el dolor. En cambio, el materialismo histdrico de Marx muestra que todos los grandes acontecimientos histéricos han es- tado condicionados por grupos sociales y han sido obra de estos grupos, 0 de hombres que (con mayor 0 menor claridad y habilidad) representaban a dichos grupos: las clases sociales, las masas. El materialismo histérico muestra que si los individuos pueden ser desinteresados, y con frecuencia lo son, los grupos sociales —las clases— ni lo son ni pueden serlo, pues estos grupos se encuentran ante problemas (eintere- Ses») que son para ellos cuestiones de vida o muerte, Tomemos un ejemplo. Cuando un grupo social, una na- cidn, debe defender sus cintereses» (reales 0 ficticios; fic- ticios en el sentido de que un interés privado o un interés de clase a menudo pasa yor ser un interés general y na- cional), gqué ocurriria si el hombre politico que representa esta nacién se mostrase «desinteresado» y abandonase la defensa de sus intereses? Levantaria contra él una verda- dera ola de indignaciéa. Seria calificado de etraidor» y se- tia reemplazado por un mejor defensor del interés na- 6 cional. Y, tarde 0 temprano, se descubriria que habia ser- vido a ciertos intereses, aunque no a los de su pais. Los grupos, los pucblos y las naciones no pueden ser desinteresados. Todo 10 que es «morals y, a menudo, emo- tivo y magnifico a escala individual —ei desinterés— apa- rece'a escala colectiva como cobardia o traicién, es decir, como la suprema inmoralidad. Del mismo modo, hemos visto més arriba que la labor cientifica, desinteresada a escala individual, no puede sexio a escala social y colectiva. ; El fundamento de la confusién entre el materialismo moral y el materialismo histérico es la confusién (torpe 0 voluntaria) entre el plano individual y el plano social, El individuo aislado, el elemento «privado», con una clara conciencia de sus intereses personales, es un pro- ducto relativamente tardio de la evolucién social. Cabe decir, ademds, que este aislamiento es aparente en gran parte, porque el individuo que se cree aislado y que lo esta en cierta medida no por ello deja de participar en la vida social de una nacién, de una clase, etcétera. El indi- viduo «producto de la disolucién de tas formas de la so- ciedad feudal» y, por otra parte, expresién de una socie- dad en la que el individuo «parece separado de todo vincu- Io naturals aparecié en el siglo xvimt, «0 como un resul- tado histéricey sino como la condicién natural del hom- bre. Sin embargo, «cuanto més nos remontamos en la his- toria, mds se nos aparece el individuo como perteneciente a un todo» (familia, tribu, comunidad natural). Y s6lo en el siglo xvii, en la sociedad burguesa, las relaciones s0- ciales aparecieron «al individuo como un simple medio para sus fines privados...» : ; Por lo demas, la época que produjo este punto de vista, el del individuo aislado, result6 ser, precisamente, una época en que las relaciones sociales alcanzaron un grado muy elevado de desarrolle y complejidad... (Marx, Intro- duccién a ta critica de la economia politica). Marx se guarda, pues, muy bien de generalizar el punto de vista del individuo egoista, que él explica histéricamen- te mostrando su cardcter burgués y mostrando también su ilusiéa y sus contradicciones. El individuo que se cree aislado participa en actividades sociales; y estas activi- 6 dlades sociales son altamente complejas, Vemos, pues, que cl individuo que se cree aistada pero que no ha huido, | como Robinson, a una isla desierta— es miembro de gnu. Pos sociales y de comunidades: clase, nacién. ¢Qué es Ia clase? Este hecho social, la clase, no apa rece con una evidencia inmediata y simple. Otros hechos sociales la disimulan y enmascaran y, por cllo precisa. mente, las clases adquieren progresivamente conciencia de si, La misma clase obrera adquiere conciencia de clase en el curso de las duras pruebas que sufre. No esta excluido que, en ciertas condiciones histéricas, esta conciencia pue- de oscurecerse o degradarse (la clase obrera alemana bajo el hitlerismo parece haber dado un triste ejemplo de ello) | No estando ni pudiendo estar aislados, los individuos siem. pre tienen un papel y funcién definidos en la divisidn del | trabajo (es decir, en la organizacién de la sociedad, en la | que cada miembro cumple su propia funcién, mds'o me- os especializada y necesaria para el conjunto). Los indi- viduos que se encuentran en tas mismas condiciones de existencia forman una clase. Al principio, sobre todo, cuan- do se forma una clase, los individuos que Ia constituyen pueden no saberlo, bicn porque sigan todavia separados (como los «burgueses» en las pequefias ciudades Tivales, durante la Edad Media), bien porque se hagan la compe. tencia (como los obreros que buscan trabajo antes de estar organizados y a veces incluso después de estarlo). «Los in- |dividuos sdlo constituyen una clase en su lucha comin contra otra clase»; esta lucha que s¢ les impone por sus |ondiciones de existencia, refuerza la clase y la revela a si misma. «En io dems, se enjrentan como enemigos en (8 concurrencia» (La ideotogia alemana, I, 224). Esta cot currencia enmascara y puede disimular en todo momento la realidad de clase, tendiendo a paralizar la conciencia de clase. Esta y aceptan un ideal sin cxaminarlo de cerca, porque sirve a sus propésitos. Finalmente —y por encima 4 todo— hay que analizar de dénde provienen las «ideas» y los evaloresx a que se entrega el individuo o de que éste Se sirve, segtin los casos. En efecto, si el idealismo individual es a menudo sin- cero y emocionante, las clases nunca son eidealistas», en el seittido de que nunca son desinteresadas. Por consi guiente, cuando una clase —en especial una clase dominan- te— se pretende idcalista y desinteresada, hay muchas po- sibilidades de que ésta (en la persona de sus representan- tes mas hicidas o mas habiles) encubra con ta mascara del ideal unos fines muy reales, demasiado reales, (Asi, por ejemplo, en nuestra época el chumanismos, inscrito en la orden del siglo, sirva de pretexto y de mascara para unas intrigas y unos fines politicos que nada tienen de humanis- tas.) De este modo, la clase dominante llega a presentar sus Fines, sus inteseses, de una forma que los hace aceptables, en primer lugar para todos los individuos que la compo- n nen (y que se dejan engaflar mds 0 menos sinceramente), ¥ después para el mayor niimero posible de individuos de las clases oprimidas. Para obtener este resultado, particu- larmente cuando se trata de una clase decadente, cuya dominacién se ye amenazada, el «ideal» debe parecer lo amas grande, bello y noble posible (basta recordar las decla- maciones del fascismo). Teniendo en cuenta una dura y larga experiencia, el materialismo hist6rico analiza, pues, todos los ideales con un libre esptritu critico. La clase hoy ascendente, la clase obrera, lucha por un ideal social y humano, que coincide con sus intereses in- mediatos 0 duraderos. ‘Ahora bien, se trata de un ideal sin idealismo (y esto es lo que distingue a la clase obrera ascendente de la bur: guesia ascendente o decadente). Este ideal nace de la rea- lidad, de las necesidades, de las aspiraciones, de las posi- ilidades de la vida moderna, No sc presenta como si pro- viniese de algo entcramente exterior y superior a Ia vida real, a la practica social. No tiene necesidad alguna de transmutarse en declaraciones nobles y revestirse de un prestigio misterioso. No tiene necesidad alguna de seducir ni de imponerse. Esta es, pues, la situacién actual. En el idealismmo decla- matorio de la clase decadente, el anélisis descubre intere- ses brutales, inmediatos, materialisimos. Este idealismo oculta un materialismo sdrdido: el del gran capital. Lo cual no impide que el idealismo en cuestiOn sea todavia eficaz: si no lo fuese, sus promotores ya lo habrian abandonado. (Aunque es cierto que no pueden manifestar demasiado en puiblico el cinismo de su conciencia privada.) Pero hay to- davia un gran niimero de individuos sinceramente conven- cidos, 0 seducidos 0 engafiados por este idcalismo. ‘A su vez, el «materialismor de Ja clase obrera, repre- sentado tedricamente por el materialismo histérico, signi- fica en primer lugar la necesidad de comprender, la nece- sidad de analizar, el recelo provocado por la experiencia, es decir la libre y racional actitud critica frente @ todo idealismo. Por encima de todo, no excluye, sino que in- cluye el ideal fiumano: cl ideal de la liberacién y de la realizacién del hombre, Este ideal se afirma sin ilusién, n sin engaiio, sin mixtificacién, sin i a a segur i este sentido se Hama y es materia eee a pea 15 Ooreros reclaman un aumento de salarios, una serie de publicista: is 4 cubran y denuncien su «mi Srdidos: Bere ony r «materialismo s6rdido», P medida en que acttian in fessor ae n por los intereses de li cir por conquistar condicio: ee i mes hi is ic wan poe tel deslsheeae lumanas de existencia, ac- in otras palabras: el interés di : le clase clase wascendente (el interés de la clase entera y el ideal or el que acttian sus individuos més clarivi : 2 a larividentes) in- side nj ¢l primero es el punto de apayo real del segundo, la verdad del primero, su 40 e y expresién superior. a Mera a una clase descendente, cl interés ‘de clase Hy dGcel po tienen nexo alguno en la ‘razén y la verdad Fae are Para presentar unos fines reales que son muy diferentes de su aspecto aparente. Es un ideal idea. Hele e8, dees, um ideal bajo el cual el andliss descubre ixtificaciones Peri eae ceereree tay ificacianes (mds 0 menos cons- reais histérico significa clarividencia, Su teo- xia da uo vezla rictica: por debajo de lo que dicen las debajo de lo que piensan dest mi hay que descubrir lo que son analizando lo que hacen” y el ideat de ta Capitulo V FINALIDAD DE ESTE LIBRO Estos primeros contactos con el pensamiento de Marx Mmuestran ya que su estudio exige cierta atencién, cierto esfuerzo del espiritu, En efecto, se trata de una ciencia y no de literatura © de propaganda fécil. El maraismo no es, como parecen creerlo algunos, una coleccién de temas de agitacion poli- tica ni una simple descripcin de la clase obrera. Es un andlisis que exige Ia intervencién de la Razén. Por lo demés, el marxismo puede exponerse y estudiar- se a diferentes niveles. A nivel superior, es tan dificil hacerse marxista como hacerse fisico 0 quimico. El estudio de la doctrina, el ma- nejo de sus principios (de su método) exigen afios. de re- flexién y de experiencia. El que quiere «hacerse marxista> en este sentido —es decir, el que no quiere contentarse con saber definir el marxismo sino que desea poscer a fondo la sociologfa cient{fica y emplear eficazmente su mé- todo— debe abordar el estudio del marxismo como se aborda el de las matemiticas o la quimica. Evidentemente, debe leer a Marx y Engels. Este librito no tiene la ambicién de dar un conocimiento completo del marxismo i de reemplazar la lectura de las obras. Por ello determinaremos en seguida su finalidad: a) Son pocas las obras francesas que presenten el mar- xismo en conjunto, a un nivel que no sea ni el de los espe cialistas ni el de Ja «vulgarizacién», tal como se dice. EI pensamiento de Marx y st doctrina tienen una pro- digiosa riqueza de aspectos, como veremos. B Las obras francesas publicadas hasta la fecha sdlo pre. sentan (a un nivel mas 0 menos elevado) uno u otro, de sersaM agpectes de ta teoria: el econdmico o el filosotico, el moral 0 el politico. Hay cabida, pues, para un libro que se sitia ® en nivel media’ (oi el de Tos elementos mas simples ni el de Ja es, pecializaci6n) y que presenta el conjunto dk Ja doctrina aeeemanera mais concentrada posible. Se dirige partion ie a an aquellos que sin ser «marxistas» disponen de Jarmemt agar necesavia y suficiente para abordar de modo fructifero su estudio global. $) El pensamiento de Marx es bastante diffeil de OF tar on sue obras, porque Marx no expuso sus descubri mientos en un «Tratado» general ‘La mayor parte de las abras de polémicas. TF isismo pensamiento de Marx (y de Engels) se formé a thee de las luchas ideoldzicas y politicas. Se precisé en ajo momento contra una posicion doctrinal © politict. Coda paso del pensamiento marxista fue aconpatiade de Cacs Utica y, a menudo, de una «autocriticar, eS decir waa Unfiea de su propia posicién. Asi, al final de su primers Saventud, contra el idcalisino de sus amigos (los «jovenes hegelianose) y contra sa propio idealismo del perfodo an- reir, Marx precisa y formula su materialismo. Pero cote erie’ materialismo sumario y simplista del Silésofo Feuce, fra fl materialism que ellos mismnos habfan cultivado sin adoptarlo completamente, Marx y Engels defienden la atop Hae que el ser humano es aativo, de que con su Prach iden ot mnodifica la naturaleza y su propia navuraleza ¥ de que hace, de este modo, su historia en unas condiciones Qrerminadas (pero cambiantes). Asi formulan el matte fismo histdrico (1844-85), ercétera. Todos estos descubri- seeatos y todas estas formulaciones se hicieron contre Tinos pensadoses (Bauer, Stirner, Feuerbach ‘Didhring) que Meeie entonees han caido un poco en el olvide y gue de ses ber sido por Marx y los marxistas habrian ¢aid0 to" tamemte en ¢l. No ee tan facil como se sucle creer desprender ¢l ver” dadero pensamiento de Marx (y de Engels) de ta forme polémica, Esta forma y la carencia de una exposicin ge Marx (y de Engels) son % neral han dado lugar a confusi i ral t jones, a interpretaciones ereé- neas, a numerosas deformaciones, Bste iibro quiere ser una ga del lector que le parila borat con mayor falas y utlidad las obras de Marx (y de Engels, procuréndole ya ac contenido de cada u puincpales ore! maron dal conjinia, tO US OWS pee pemaamiento de Mars y Engels no slo fue wn s sn lucha y accién —un pensamienta que Ps a se ngendré en el curso ‘de sus luchas=- sino. tambien un pensamiento en movimiento. con and fi de vida, su doctrine fue enriquesiéndose 8 PrOgTesOs; se preciso y transformé. Des . Después de Ja muerte de Mors, Engels continué ta obra comin, ¥ sin Sntroducir em Ia doctrina modificaciones incompat ples con Jas adquisiiones anteriores —al contraria, protund iola—, aporté una importante contribuci6n ¥ 7 rrollos esenciten teeta eet eee Muchos masxistas, 0 y xistas, 0 «aprendices marsistas», len y an oe 3 Enso gin preommparse de la fecha y lugar r a estudiada en el desarroll i clon de su pensamient eee in pensamicnto en movimiento sélo > puede estudiarse comprenderse en su propio movimilente i ste libro quiere aportar tambign wna puntualizacion; auiere situar Jo ms exactamente posible cada una de Tas gba de ars en a formas del marslamo, de rnodo que mueda integrarla en su contes e] movimni al estor pueda mntexto, en el movintien- Esta puntualizacién es i lizacién es tanto mas necesaria cuanto que algunas obras importantes de Marx (y de, Engel) solo hace unos quince afos que ce an encottrado y publiado Manusoritos econdmicorilosfions de 1844, La ideolopa alemana; Critica de la filosofia del Derecho de Hegel) y su tTaduceiém al frances es muy reciente. A a aporiacion de estas obras al marxis yriacion de es s smo es de una importancia capital. Pero, cpermiten hablar de una «vision nueva» del marsismo, come indican los editores alemanes ndshut y Meyer en su aTntroducciéna (trad. francesa, ‘endo fragmientos de ostas obras (trad or por N. Gatun y'H betebve) eh SEuPaes Soe, Sue ecient Qeuvres philosophiques de Marx, t. VI, p. XIE)? Esta afir- macién —que se propone transformar 1a comprensién del marxismo, «renovary al Marx de ta madure2, al economista ae Fi Copiial, mediante el Marx de fas obras de juventud, el filésofo— parece muy contestable. Mae adelante intentaremos mostrar que las obras filo- sdficas, que datan de la juventud de Marx, aclaran cop aoa tun ta formacién de Su pensamiento y la sociologia Bentitiea de £1 Capital, sin dar una evisiéa nuevas y sin fermitir la substitucién de 1a ciencia econémica, his'6. rica y «sociolégica» establecida por Marx en EI Capital por Una filosofia martista, Se mostraré cdma y por qué la Ita de Marx est epvuelta en la teoria de BI Capital, porque se integrd perfectamente en ella en el curso del Qesarrollo vivo de su pensamiento. ‘Hey una filosofis marxista, pero el marxisimo no es una filosoffa en el sentido tradicional del término. En las obras juveniles de Marx se encuentra un examen atento Gel pensamiento y de la actividad frumanas y de todos sus problemas. Pero ¢l marxismo no se reduce a este examen; no se reduce a ura «teoria de! conocimiento» o a un «hu Re lnismon filosofico. Es initil y faiso intentar (como se Je hecho muchas veves cop mas o menos sinceridad y for tuna) esta nueva interpretacién del ‘marxismo; al contra: rio, la obra filosdfica se incorpora a la ciencia y adquiere io, ha sui verdadero sentido. E} marxismo es wna sociale Sha cienifica que comporta una historia, una teoria econé aiica, una politica cientifica. Es wna «concepeion del mun. Yon, es decir, lo que se llama todavia una «filosotias. Pex dors Fhosofia vo se separa de fa ciencia, de Ia préctica, de ja accion. ‘Ef metodo es el alfa y el omega, el punto de partida y el punto de Ilegada del marxisino. {Que es un miedo? En el trabajo del pensamie'o ciektifico, el método desempetia el mismo papel ue el ins framento en el trabajo manual. El trabajador debe aprer der a servirse de su jnstrurmento, y debe ‘utilizarlo con agh figec, teniende en cuenta las cosas a que se aplica, Adem, un instrumento —un utillaje— siempre se puede mejorar y perfeccionar, ‘pore comprender el marxismo, hay que poser algunas 7B Seo oe oo eC eet nociones de sa método; una vez adquiri xétodo; iidas és : for podrd perfeccionarse en el empleo del cored ies sudiando fa obra de Mars. na Los que siempre buscan objeci ‘ n objeciones (y tienen razés buscartas pues éstas permiten elucidar completamente ie problemas) divin sin duda: «Fs un cizculo vicioso, Se epee se fi méiodo estudiando la obra de Marx y para ier la < comprender la obra de Marc ya hey que comprender sn Se trata, en efecto, de una especi et , especie de los obje- tos materiales al entrar en contacto con ellos. Intentemos que nuestros misculos o un motor hagan un esfuerzo sin encontrar resistencia alguna, sin chocar con ningiin obstéculo: no podremos. E] motor en el vacio se aceleraré; Jos mmésculos no podrin producir su esfuerzo, Una fuerza s6lo puede actuar si encuentra otra fuerza que le tesista, Examinemos la ofilla del mar 0 de un rio, La accién del ‘agua roc’ el continente o el margen del rio. La tierra re- siste, rechaza —més 0 menos— Jas olas y las corrientes. Y fa forma de la orilla resulta de su accién reciproca. Considercmos ahora un trabajo humano facilmente ob- servable, por ejemplo el del ceramista. El barro gira so- bre el torno; Ia mano del ceramista penetra en st masa, y et muevo objeto surge del encuentro entre Ia masa y la mano. Examinemos del mismo modo los sentimientos huma- nos. Alguien —un hombre o una mujer— puede encontrar- se en un estado apacible, tranquilo, un estado que corre: ponde a la ausencia de toda pasién o a Ja plenitud feliz de una pasién, No existe, pues, contradiccién 0 existe, en todo caso, en forma virtual o superada y dominada. Pero el periodo en que aparece la pasién —el amor, por ejem- plo— y el periodo en que esta pasion desaparece son pe- riodos de turbacién, de diferencias reales y sentidas, de diferencias que se agravan, de antagonismos y paroxismos, ¢s decir, de contradicciones. En estos perfodos, nada més frecuente que una mezcla de amor y odio, de inquietud y de deseo, Sélo esta turbacién y esta mezcla hacen inte- Tesantes a los seres humanos para el observador. Los no- velistas, los autores teatrales, sélo toman como persona aL jes de sus novelas o de sus dramas a estos seres, en esos momentos. ¥ los personajes mas interesantes y mas trégi- cos son precisamente aquellos en que la contradiccién es Mevada a su punto més alto, Son los «conflictosr tragicos ; el Cid de Corneille o la Hermione de Racine (en Andro- ‘mague) son los ejeraplos més célebres. ‘Veamos ahora un caso en que el ejemplo tiene un ca- racter més general, La vida y la muerte (0, como dicen Jos fildsofos, el ser y la nada) se oponen, estén en lucha incesante, Constantemente, en todas partes, la vida lucha contra la muerte y la muerte destruye a los seres vivos. Es evidente que la muerte es inconcebible sin los seres vivos que suprime. Pero ya no es tan evidente que la vida no pueda existir sin la muerte. Y, sin embargo, gno es cierto que vivir es nacer, crecer, desarrollarse? Ahora bien, un ser vivo no puede crecer sin cambiar, sin transformarse, sin dejar de ser constantemente lo que era. Para hacerse hom- bre hay que dejar y perder la infancia. Todo lo que se in- moviliza degenera y retrocede. Después del nacimiento, después de la madurez —punto culminante de la vida— viene la decadencia. Avanzar en la vida es aproximarse ne- cesariamente a la muerte, porque es envejecer. Todo ser vivo lucha, pues, contra la muerte, porque leva su muerte en si mismo, Y asi vive, cambia, produce algo nuevo o saca algo nuevo de s{ mismo. Para que el grano de trigo pro- duzca un nuevo tallo tiene que perecer en Ia tierra. No son mas que unos ejemplos, unas ilustraciones, pero suficientemente demostrativos. «Céntradiccién» no significa «absurdidad» sino movi- miento 0, como dicen los filésofos, «devenir», Decir que s6lo el devenir puede ser fecundo es repetirse. Por tanto, contradiccién significa también «fecundidad» (gla produc- cién de nueves seres en la vida biolégica no resulta, pre- cisamente, de la relacién entre los elementos machos y hembras?). Es posible que esta ley del devenir no guste. Uno puede sofiar en otro mundo en el que aquélla no seria Ia ley de todas !as cosas o el doloroso principio de toda creacién También se puede desviar la mirada, Nada més sencillo. Une se contenta con proclamar la absurdidad del mundo. bien los aspectos o elementos de la realidad se toman 2 Separadamente y se deja de fe verlos contradicciones (muchas gue pasan por eee aie gue leva al conocimiento, y oforefemplo, yo Puedo considerar separadamente el mar inente, el valle y el rio, Pero entonc i cada uno de estos elementos es sf ro. note a t racias al otro. Puedo ol- vidar que los rios han abiey - 2 ; to los valles; ent tasiaré y exclamaré: «; 0) sgnitica es In Pre. : + {Qué grande y magnifica es |; videncia! | Qué armonioso es e ies! el mundo! {Dios ha prepa- ee Para que Jos rfos puedan desplegar pad su curso!» Al omitir las rel: las cosas, las sustituiré por explicaciones inaganiee aes , Por explicaciones imaginari Suponen, todas ellas, el error inicial: consi parada Ly ss ? considerar separada- mente los aspectos 6 elementos de ic aspe un todo, prescindii Jas contradieciones que operan en este todo'y cue dance ara su movimiento, on 1 método marxista ‘todo marx propone al pensamiento hum: fetes mas dificil, ante ta cual siempre habia Pe na comprender el movimiento de las cosas, es , render las cosas en movimi x las relaciones de las r itando la’ rapture 9 an ‘ealidades, evitando I: deformacién de estas relaciones, comprendicnds 61 ‘lones, es decir, com i ce eeaconet €n sus contradicciones, eee occu dt eliminar ta contradiccién rechazéndola desde- samente hacia el absurdo, hay que situaria plano en la investigacién y' el i mundo, 1a ano | pensamiento, El mundo, I historia —esta mezcla de contradicciones— dejan de a ecer entonces como un eaos de absurdidades. Y nuestro er cee ere Auestra situacién actual se comprenden: cardcter y sentido profundo: el alumbram i : mi bare de er sociedad y del nuevo hombre.” e ste es el progreso decisivo, el d , el paso adelante ol arxismo hacia una Razén mas profunda, steer omprenda I “hacii gue. comp lo que hasta ahora rechazaba hacia lo ab. Este método se Hama di ic ‘ 1 ialéctico, de la palabra gri ae origen también a Ia palabra edidlogen. Los eriegos an este nombre a la confrontacién, en’ c rea I , en el curso de una discusién, de tesis e ideas contradictorias, La palabra 83 ha cambiado algo de sentido, porque se trata de descubrir las contradicciones en la realidad, a través de una inves tigacién precisa, y no de confrontar simples ideas en un «didlogo» verbal. Sin embargo, en la utilizacién moder- na de la palabra «dialéctica» subsiste lo esenicial del sen- tido primitivo, lo cual legitima su utilizacién. Este primer esbozo del método permitiré abordar el es- tudio de las obras de Marx, estudio que, a su vez, permi- tira precisar y profundizar la idea de la dialéctica. En el curso de esta profundizacién, el lector comprobara.y veri- ficaré que se trata realmente de un método cientifico, in- disolublemente ligado a unas adquisiciones decisivas en el dominio de la ciencia sociolégica y también en el de las ciencias de la naturaleza. El lector comprobara que este método no se limita a aportar un «punto de vista» nuevo, una «perspectiva» ori ginal, sino que se impone necesariamente a todo el que jere comprender la realidad. La profundizacién del método permitiré también verif car su cardcter universal, Al aplicarlo primero al anélisis de la sociedad moderna, al verificarlo con este andlisis, al extenderlo luego a la historia, a todas las estructuras so- ciales y a las ciencias de la naturaleza, el método dialéctico muestra que es capaz de ir mds lejos: se aplica al pensa- miento, al arte, al hombre, a la vida entera. Aporta una nueva conciencia de la vida y del mundo, una lucidez re- novada que abarca verdaderamente lo real, el conjunto de lo real, comprendiendo tanto la vida cotidiana como la vida estética 0 moral. Al ser profundizado y verificado por cada aplicacién, pero distinguiéndose de cada aplicacién particular —como debe de hacerlo un método racional y universal— el mé- todo dialéctico aparecerd en toda su verdad. Es un método que refleja objetivamente lo esencial en todo devenir. FE] método dialéctico no aporta un «sistema» o una aueva «doctrina», ni tampoco un simple «punto de vista», Permite adquirir nuevas verdades y orientar el pensamien- to en la accidn € incluso en la vida practica. Esta verdad del método sélo apareceré claramente al final del estudio, desprendida en sus conclusiones, pero de- mostrada por el conjunto y por ¢l desarrollo global. a pepmemmanreieree PRIMERA PARTE La vida y la obra de Marx, desde el principio hasta el “Manifiesto" Capitulo I PLAN DE ESTE ESTUDIO La obra y el pensamiento de Marx no se pueden sepa- rar de su accién, de sus luchas, de las polémicas que sos- tuvo contra Ins eidedlogoss de su tiempo. Esta accién, estas luchas, estas polémicas no pueden comprenderse, a st vez, al margen de los acontecimientos en que Marx intervino y de las condiciones hist6ricas en que vivid. Para seguir el desarrollo de su pensamienta, para en- contrar su movimiento, en una palabra, para comprender la formacién del marzismo se impone un procedimiento de ‘exposiciom: referir brevemente 1a vida de Marx, mos- trar cémo aparecié cada obra en su lugar y en su tiempo, para responder a unos problemas precisos; situar cada obra en el conjunto. No hay que creer que el «marxismo» surgié completo y sedondo del pensamiento de un individuo genial Hamado Karl Marx o de Jas circunstancias econdmicas y polfticas del siglo xix. El andlisis y la historia encuentran en Ja vida y en la obra de Marx las «influencias», como se dice, mas com- pleias y multiples. El marxismo? Es una confluencia de ideas y de corrientes. Los historiadores que estudian —con tazén-— los antecedentes y origenes de las grandes doctri- nas han dedicado ya compactos volumencs a estas «in- fluencias». Nosotros resumiremos aqu{ sus trabajos, pero antes plantearemos una cuestién previa. El hecho innegable de que Marx conocié y, en cierto a sentido, acepté diversas ideas y doctrinas de su época pue- de interpretarse en dos sentidos distintos. Algunos historiadores (los adversarios del marxismo y también ciertos pseudomarxistas) dicen encontrar en estos antecedentes ideoldgicos una explicacién del marxismo que reduce 0 suprime su originalidad, Marx conocié la filosofia alemana de su tiempo y fue discipulo y continuador de Hegel (hegeliano «de izquierda»); conocié las obras del ma- terialista Ludwig Feuerbach, «sufrié la influencia» de los socialistas franceses Saint-Simon, Fourier, Proudhon, y de socialistas ingleses: Owen. Finalmente, conocié las obras de los economistas ingleses, Petty, Smith, Ricardo. De esta suma de influencias surgié una doctrina que sélo era nue- va en apariencia, Ia resultante casi mecdnica de estos ante- cedentes. Asi, por ejemplo, Andler, en su Commentaire historique au «Manifeste communistex, se dedicé a reducir, mediante el estudio de sus «origenes», la originalidad del marxismo, legando incluso a calificarlo de banal (cf. p. 71). En el curso de su obra, por lo demas, acumulé los errores de interpretacién y las apreciaciones falsas, acusando, por ejemplo, de «composicién verbalista e inorgénica» a una de las obras esenciales de Marx, Misére de la philosophie (ci. p. 35). ¥ esto a pesar de que Andler se decia «socialista» y se consideraba «objetivo». Otros historiadores le siguieron o le acompaiiaron por esta via. Asi, por ejemplo, Bréhier en su gran Histoire de la philosophie y Brunschvicg en su libro La conscience occidentale hablan muy poco de Marx y quieren ver en él un polemista, un pensador «mas vigoroso que original». La verdad difiere totalmente de esta interpretacion ten- denciosa y parcial con apariencia de . Con las ideas liberales y democraticas Uegades de Fran- cia se propagaban también las de los primeros socialistas, los Saint-simonianos. En 1835 se publicé en Tréveris un vigoroso follcto de Ludwig Grall, que declaraba: «Las cla- ses privilegiadas y las clases trabajadoras, profundamente separadas por intereses diametralmente opuestos, se en frentan entre si...» Es imposible que el joven Marx, alumno del liceo de Tréveris hasta 1835, no tuviese conocimiento de este es crito, Sélo por este hecho, podemos considerar a Saint- Simon una de las «fucntes» del marxismo, mas que a Jos restantes socialistas ut6picos franceses. Es, pues, facil de comprender que Marx dijese siem- pre que él no habia «inventado» la lucha de clases, y que afirmase constantemente que habia recibido esta nocién de los teéricos e historiadores franceses. Capitulo UE MARX Y EL JUDAISMO. Sabjdo es que los hitlerianos sacaron mucho partido del origen <étnicos de Karl Marx en sus ataques contra el cjudeo-maraismo>. Es conveniente, pues, definir cual fue la actitud de Marx frente al judaismo. Uno de sus primeros articulos estuvo dedicado a «la cuestién judia», Este escrito, que marca una etapa impor- tante de su pensamiento, juzga con tanta severidad al ju- daismo —como religion e ideologia— que dificilmente se puede ver en él una apologia de la tradicin judia. Su te- sis es la siguiente: los judios quieren, con raz6n, eman- ciparse; legar a ser ciudadanos y hombres como los de- mds, hacerse reconocer y aceptar como tales, Desgracia- damente, el judaismo no es simplemente una religign, una aideologfay. Esta religién tiene un fundamento econémico y Social. Es la religion de un grupo o de una casta —resto de una nacionalidad dispersa— que se dedicé al comercio, I antisemitismo no es, pues, un simple hecho cideolégico», sino que también tiene un fundamento econémico y social ; es un fenémeno de concurrencia. La concurrencia entre Jos no judios y los judios se traduce sérdidamente en una ideologia; es una querella de tenderos. Por consiguiente, ni la emancipacién religiosa, ni la emancipacién politica en la democracia burguesa liberal pueden resolver la cues- tidn judfa, Sélo puede resolverla una doble transforma cién. Por un lado, es preciso que toda la sociedad se li- bere del poder del dinero; pero, por otro lado, es necesario que los judios dejen de querer el dinero y de buscar a 98 través de éste un poderio y una libertad que tarde o tem- prano se vuelven contra ellos mismos. En otras palabras: ‘si quieren «asimilarses y «emanciparse» de verdad no se deben proponer asimilarse a la burguesia ni encontrar la libertad a través del Estado y dentro del Estado politico de Ja burguesfa, ni siquicra de la burguesfa liberal. Deben asimilarse al pueblo trabajador y a la sociedad que crear ei pucdlo. Si no marchan en este sentido, equivocan el ca- mino y contribuyen a mantener las condiciones de su des- ventura, «No busquemos el secreto det judio en su religién sino mds bien el secreto de esta religion en el judio. ¢Cudl es la base temporal det judatsmo? La satisfaccién dé las nece- sidades temporates y el egoismo. ¢Cudl es el culto tempo- ral del judio? Et trdfico. ¢Cudt es su Dios temporal? Et dinero. Al emanciparse del trdfico y del dinero, at emanci- parse del judaismo real y practico, nuestra época se eman- ciparia a si misma...» Para quien sepa entenderlo, este texto habla el rudo len- guaje de la franqueza y de la libertad critica. No es ni anti- semita ni filosemita. Marx determiza objetivamente —en el sentido ms profundo de la palabra— las condiciones del fin del judaismo, Esta libre actitud critica demuestra que no se puede explicar la obra de Marx por el judaismo, y que la expresién «judeomarxismo», adoptada por toda la Teaccién politica y, especialmente, por los hitlerianos, no es mds que una vulgar calumnia, Marx se formé mas con- tra el judaismo que de acuerdo con él. Los hitlerianos se ridiculizaron tanto al cexplicar» la obra de Marx por el judaismo como al cexplicar» la fisica de Einstein por su raza y al oponer la «ciencia ariay a la «ciencia judiar. Capitulo IV MARX ESTUDIANTE. SU MATRIMONIO A finales de 1835, el joven Karl Marx Universidad de Bons Pata estudiar derecho, ait & 18 ntr6 en Jos circulos Jiberales, estrecha: vig Por la policia. Los miembros del Club de los Poo ses Aue forms parte Karl Marx (pues escribia poemas y tenia Ja intenci6n de dedicarse a la literatura) se reclutaban entre los hijos de la burguesia liberal. En la primavera de 1836 estas {ia violento conflicto entre estos clubs independien. y el Korps Bor ion ari i tes y el Korps Borussia, una organizacién aristocrética y Karl Marx se batié en duelo con un mi y recibié un corte debajo del ojo izquierae ent KOrPs Los que pretenden que el pensamiento marxista no tiene en cuenta Ja individualidad harfan bien en leer las casing que veinte aftos mas tarde envié Marx a Lassalle sobre In cuestién del duelo. El honor de tipo feudal y el principio del duelo —escribia Marx— no tienen base alguna, Pero dada Ja estrechez de la vida en las condiciones burguesas puede ocurrir que la individualidad sie se pueda mani, festar a través de formas anticuadas. Marx nunea se pronuncia, nunca juzga un acontecimien: to sin examinar la situacién y sin analizar las multiples relaciones que esta situacién implica; es un método que fanto se aplica a los act , tanto ae aplica (0s ya los hombres como a los he. En 1836, Karl Marx —tenfa entonces dieci fios— se prometié secretamente con Jenny von Westpholen Por parte de su madre, Jenny descendia de los condes 7 jombre que se encuentra a menudo en Ja his- ened gu abuclo paterno, inspirador y conse- jero del duque de Brunswick, habia demostrado poseer wn jenio militar. verde eVon Westphalen pertence’a, pues, a una «cla se» social diferente a la de Karl Marx. Sin embargo, Lud wig von Westphalen, el padre de Jenny, no compartia Jos prejuicios aristocréticos. Su cultura era inmensa (para cone Juistarlo, Marx le dedicé su tesis doctoral Yaméndole xami- $b paternals). Habla sido subprefecto francés en el dep so ento del Elba, pero en 1813 se habfa unido a la causa ue Prusia, sin abandonar completamente el jiberatismo- fese 2 la oposicion del resto de su familia, Ludwig von Westphalen consintié, en 1831, 2l matrimonio de stt hij el joven Marx. Eee sory eo tonia Cuatro abs iss que st prometido, Reine ba en Tréveris por su belleza, Muchos aitos mds tarde, los efsculos mandaaos do Tréveris todavia se acordaban de i icantadas y de «la reina %, pre cna 9 ns xntenar que 1a bella, rica y noble hija de un consejero del got i fe enamorase de in estudiante pobre, de porvenit incierto, isic atractivo... le famniliz o sieadre de Marx le esciibi6, @ propésito de su no viazgo: ificio ir iable; muestra ‘efenny hace par ti un sacrificio inaprecial a una abnegacion que séto la fria razon puede valorar debi damente, Nunca dehes olvidarlo.» Ludwig von Westphalen y Hirschel Marx murieron arr tes del matrimonio, La oposicion de la farnitia Von Wiest phalen se hizo entonces categdrica. Un hermanastto. Ct Jenny, Ferdinand, conversido en jefe de ta reaccién clerical de Renania, iniciaba una brillante carrera politica que 17% § lievarle hasta el ministerio del Interior en Berlin. ¢ pensaba de los amores y proyectos de su hermana? No es ificil adivinarlo... : dite aaivita en Ia «novela» de Jenny y Karl; tod0 conse buye a darle el ms emotivo, el més enovelesco» ¥ €} Pe eromantico> de los caracteres. En i842, a los veinticuat B afios, Karl Marx empez6 su vida de revolucionario. Des- pués de desaparecer su padre, se querell6 con su madre (que murié mucho més tarde, después de haber pronun- | ciado una frase digna de perdurar como ilustracién de lo | que son los malentendidos en las familias burguesas: «Karl habria hecho mejor en acumular un buen capital, en vez de escribir libros sobre el capital..,») Se encontraba, pues, virtualmente proscrito, sin familia, sin profesién determi- nada. jCudntas muchachas, en aquellas condiciones, ha- rian roto el noviazgo! | _ Pese a la violenta oposicién de su familia, pese al por- venir (© a la falta de porvenir, en lenguaje burguds) que le ofrecia su prometido, Jenny conservé su amor y fue fiel a la promesa, El matrimonio de Karl Marx y Jeany von Westphalen se celebré el 23 de junio de 1843 en Kreuz- nach. El amor y.la ternura impregnaron no sélo la época de su «novela» y de su noviazgo, sino toda su vida, Por una suerte tinica en la historia, Marx habia encon- trado en una amiga de la infancia Ja compafiera que nece- sitaba. Jenny Marx supo acompafiar y sostener a su marido en todas sus luchas; nunca decayé su confianza en él, En el curso de las pruebas més duras, le rode de afecto, fue la confidente de sus pensamientos, le ayudé en sus inves- tigaciones y compartié sin quejas su vida, En los Archivos Secretos del Estado prusiano en Ber- lin, se ha encontrado un documento muy curioso: el in- forme de un confidente de la policia que en 1853 consiguié | entrar en el circulo de amistades de Marx, en Londres. Bl informe describe la vida familiar de Marx y de su ; Mujer: «Marx es de talla mediana; tiene 34 afios; sus cabellos empiezan a blanquear; es de fuerte contextura, Luce una espesa barba; sus grandes ojos, penetrantes y brillantes, tienen algo de demontaco; se tiene en seguida la sensacién de estar ante un hombre lleno de genio y energia. Su supe- rioridad intelectual ejerce entre los que le rodean un po- der irresistible... Es un hombre de costumbres totalmente | irregulares... No tiene nunca una hora fija para levantar- see irse a la cama; con frecuencia pasa noches enteras 99 stn dormir y @ mediodia se tiende sobre un divdn y duer- me hasta la noche, sin preocuparse de las personas que entran y salen de su casa como de un motino. Su esposa, hermana del ministro de Prusia, es una mujer culta y agradable que se ha acostumbrado a la miseria y se ha adaptado a ia vida bohemia. Ha tenido dos hijas y un hijo, todos muy hermosos... Cuando se entra en casa de Marx S¢ encuentra una nube de humo tan espesa que uno tiene que avanzar a tientas, como en una caverna... Nada de esto molesta a Marx y a su esposa; te reciben con amabi- lidad, te ofrecen una pipa, tabaco, un refresco. Su con versacion, inteligente » agradable, acaba por compensar los defectos domésticos, por hacer soportable Ia falta de comodidades... Este es el cuadro fidedigno de la vida fa- miliar del jefe comunista Marx...» Todos los documentos (cartas a Weydemeyer, a Engels, recuerdos de Licbknecht, de Lafargue, etcéfera) confirman este cuadro y nos muestran —en lo que el confidente pru. siano Hamaba la «vida bohemia» de Marx— una completa libertad de maneras y pensamientos, una temnura constan- te, una alegria y una cordialidad, una salud moral y un equilibrio que resistieron a todos los golpes del destino. Neo es imitil subrayar desde ahora este lado humane de Marx. En las Hojas dispersas. que publicé en 1895, su hija Eleanor cuenta que cada miembro de Ja familia tenfa un apodo pintoresco. Su mujer lamaba a Karl Marx «cl Moro», a causa de su tez morena. Sus hijos le lamaban «Diablo» u «Old Nick», Eleanor cuenta que «el Moro» era un caballo maravilloss «..Mi hermano y mis hermanas Io uncian a menudo aun sillén, y se sentaban en él. Escribié algunos capitulos del “18 Brumario” haciendo de caballo de sus tres hijos, gue 10 fustigaban con un létigo...» Pese a la miseria y a las persecuciones, la familia man- tuvo siempre un tono cordial y alegre. Cantaban cancio- nes negras, bailaban, hacfan excursiones al campo, se pa seaban montados en asnos. Marx y su mujer, que tenian 100 una cultur igi cultura y uma memoria prodigiosas, podian recitar fantos enteros de la Divina Comedia 0 escenas de Shen Respeare (recuerdos de Liebknecht). La familia Marx rom: | fen erdadero eulto a Shakespeare. En uno de los ma- tos de 1844, la critica del di i larga cita de Shakespeare: | “™*T® émpleza con una «[Oro! ;Oro Precioso, brillante! Ti haces bi gro i fs, late! 78 aes anf ne | [0 viejo, vatiente lo covarde... Este esclavo amarillo annda | Lyonine los votos, bendice al maldito, hace adorar fa lepra | Palida, confiere a les bandidos titutos, honores » conside, raciones haciéndoles sentar en et banco de los senadores; por él la viuda desotada se desposa de nuevo. ;Maldite metal!...» (Timén de Atenas.) cee | El pensador 6 la fi | ue esboz6 la figura del hombre total, y que | Propuise esta idea a Tos esfuerzos del hombre hacia la'tibre i cién de s{ mismo, conocié i | Zealaacion de personalmente la pleni. Poseys el amor, alcanzé el conocimiento y mostré si , Yalor en la accién. Ademas, conocié la amistad perfects, In oe jeugdticn Engels, realizando en esta amistad un sucfio antiguo: dos hombres geniales se encontraron uni su genio y su pensamiento. fecal Capitulo V MARX ¥ LA FILOSOFIA Volvamos a tomar él hilo, en 1837, de la biografia inte- lectual de Kar} Marx. En dicho afio se matricula gn la Facultad de Derecho de Berlin y sigue el cursa de antropologia de Steffens, el cur- so de derecho penal del profesor Gans —hegeliano liberal y algo saint-simoniano— y, finalmente, el curso del célebre fundador de la Escuela Historica del’ Derecho, el reaccio- nario adversario del hegelianismo (cuyo lado revolucio- nario habla presentido) Karl von Savigny. En Berlin, Marx encontré Ja opresién y la tiranfa pol tica sin oposicién y casi sin velos, Era la época en que un censor oficial (con el que Marx , chocé més tarde como directors de la «Rheinische Zeitung») prohibfa una traduccion de Le Divina Comedia de Dante con este comentario: «No se deben hacer comedias sobre las cosas divinas». En Berlin, cl estudiante de diecinueve afios abandoné | sihitamente 1a poesia y el estudio especializado del dere- cho: acababa de descubrir 1a filosofia. Intentando poner un poco de orden en sus ideas juridicas escribié a su, pa- dre que «...sin un sistema filosdfico, no se puede compren- der nada>, Este tipo de correspondencia y, sobre todo, la carta que escribié a su padre el 10 de noviembre de 1837 (Werke, Gesamtausgabe, I, pp. 213-221), da interesantes precisiones sobre esta primera crisis intelectual, 103 «La poesia no podia ni tenia que ser mds que un acom- panamiento, Tenta que estudiar derecho, pero me atraia sobre todo Ia filosofia...» Poco tiempo antes, y pese a una secreta resistencia, se sintié «idealista» (filoséficamente hablando). Se lanzé al mar de los sistemas filos6ficos «con la firme intencidn de encontrar una naturaleza espiritual tan necesaria, concreta y Sdlidamente fundamentada como ta fisica... y de bus- car ia idea en ta realidad». Al principio no le gusté Ia «grotesca y dspera melodia» del idealismo hegelianc. Pero al escribir un didlogo titulado «En el punto de partida ne- cesario de ta filosofia» sintié que su obra, su hijo, «lo ka: bia puesto, como una sirena pérfida, en’ manos del ene- migo>. T2sla erisis intelectual, este paso del realismo juridico al idealismo de Hegel le hizo enfermar. Durante su enfer- medad, siguié leyendo a Hegel. A finales de’1837, Marx era hegeliano —pero no sin re- ticencias, sin reservas, sin problemas propios—, sin de jar de sentir «como un obstdculo ta oposicion entre to ideal y lo real» y sin renunciar a buscar «la idea en Ia rea licad>, En qué consistia, pues, este idealismo hegeliano? 2) La filosofia liberal y optimista del siglo xvitr, fun- dada en la hipétesis de una armonia entre el individuo y la sociedad (entre el interés privado y el interés general), entre los sentimientos y la Razén, etcétera, fue substitui- do, hacia fines de siglo y comienzos del xix —con Kant y sus continuadores, Hegel principalmente— por una teoria muy diferente. Desde el punto de vista histérico, esta nueva filosofia no se puede separar de la época revolucionaria. Los fil6so- fos asistieron a las conmociones del periodo. Los alemanes, en particular, vieron desaparecer la vieja Alemania pa- triarcal y medieval, sentimental, sofiadora, poética y musi- cal; pero limitada, estrechamente compartimentada en pe- quefios estados feudales. El naciente capitalismo y la bur- guesia resquebrajaban por todas partes a los cuadros anti- guos. Francia habia hecho su revolucién; Alemania aspi- Taba confusamente a la suya, que le habria aportado a la 104 vez la unidad nacional y la libertad politica. Los filésofos fueron los portavoces de estas aspiraciones, y la filosofia alemana revela los objetivos —pero también la impoten- cla practica y politica— de la burguesia liberal y demo- cratica del pais. Los filésofos empezaron por descubrir el progreso. En Ja vida moral, en el conocimiento, en Ja vida social, el es- piritu humano se manifiesta mediante un movimiento. Hay una historia y no la repeticién pura y simple del pasado, el estancamiento indefinido, Pero este progreso no se realiza apaciblemente, siguien- do las leyes de una armonia preestablecida. Se realiza a través de miitiples contradicciones. Hegel sustituyé el op- timismo facilén del siglo xvi1t por una filosofia que estu- dia, ante todo, las contradicciones de la vida, del pensa- miento, de la sociedad, para encontrar el movimiento —el devenir, el progreso— que se opera a través de ellas. Es esto lo que se llama la dialéctica hegetiana, 5) cEn qué consiste el idealismo hegeliano? Hegel coloca en Ja cumbre de su doctrina filoséfica la Idea absoluta. La Tdea hegeliana es un Dios laico. Es una especie de espiritu puro que no sélo existe antes que cl mundo, antes que cl cspiritu humano, sino que los ha creado a los dos. El fildsofo privé a su Dios de la mayoria de los atributos del Dios tradicional de los tedlogos. Le privé de sus céleras y sus bondades, le privé de voluntad 2Qué le dej6? El condcimiento, en el sentido que tiene esta palabra en el pensamiento cientifico. La idea es la Ciencia absoluta, el conocimiento perfecto. Cierto que los tedlogos decian que «Dios lo sabe todo», que es «omnisciente», péro Je atribuian también todo tipo de facultades comparables alas nuestras: la de engendrar como un padre, la de en. colerizarse y castigar o recompensar, etcétera. La Idea no es mds que una ciencia «pura». Pero, ¢como- puede existir la Ciencia antes que los hom- bres, antes que los pensamientos de estos hombres que buscan y alcanzan el conocimiento, antes que las cosas y los objetos que conoce la Ciencia? Aqui es donde hay que comprender las paradojas del idealismo. La Idea, dice Hegel, existe antes que nosotros, antes que 105 la historia del pensamiento y de la civilizacién, antes que el mundo. Pero es inconsciente, Sélo puede tomar concien- cia de sia través de las contradicciones: chocando contra obstdculos, entre conflietos. ¢Qué hace, pues? Crea el mun- do, La naturaleza, el mundo, el hombre y su historia son algo distinto» a la Idea pura y estén incluso en contradic. cida con ella. La Materia se opone al Espiritu. Pero, preci sainente a través de esta contradiccién —a través de todas las contradicciones de Ja naturaleza, del hombre, de la his- toria— la Idea toma conciencia de si misma. Se manificsta en los pensamientos humanos y, sobre todo, en el cono- cimiento, en Ja ciencia humana. E] motor de la historia, de la vida social, de Ja vida moral y politica, de la biis- queda de la verdad es, pues, para Hegel, esta famosa Idea. El devenir y todas sus contradicciones se explican por ta Idea, El mundo y Ja naturaleza son el resultado de una exteriorizaciéa, de una alienacion de la Idea que, acto se guido, se reconquista, vuelve a encontrarse, Tegresa 2 si misma habiendo adquirido, finalmente, conciencia de sf ‘Desde el primer momento, esta tesis parece singular- mente paraddjica. ¥ Jo es. Es muy probable que todos los estudiantes se sientan algo sorprendidos y molestos al exe: minarla, Asi Je ocurrié exactamente al joven Marx. El idea- Jisma hegeliano da la impresién de que resbala, de que todo se invierte, ¢Cémo puede ser inconsciente una Idea? 2Cémo puede existir la Ciencia absoluta antes que los es- piritus humanos que hacen la ciencia? ¢Cémo puede una Tdea inmaterial crear la materia y la naturaleza? {No es absurdo y contradictorio prestar a una eldea> inconsciente el eéleulo profundo que parece exigir 1a conciencia: crear el mundo para tomar conciencia de sf? ‘Se tiene la impresiOn de que esta teorfa de Ia Idea pura —este idealismo— se aleja demasiado del sentido comin, de la practica de la vida real, para que podamos admi- tirla. También se tiene la impresién de que esta teorfa de la contradiccién es a su vez contradictoria. ‘Mas adelante veremos que esta impresién es justa y que Marx superé el idealismo seflexionando sobre ella. ‘Ahora bien, conviene sefialar que la «paradoja» hege- liana no es més extrafia ni inadmisible que la «paradoja> de la teologia tradicional. También la teologia supone que 106 un espiritu puro, una existencia puramente inmaterial —Dios— ha creado la materia. Y no puede decirse que la teorfa adquiera més claridad por el hecho de atribuir a este espfritu unas pasiones que son las de los seres de carne y hueso —cdlera, belleza, deseo de gloria o de venganza, placer en hacerse adorar, eteétera—. Se dirige a la ima. ginacién. El Dios que envia angeles o hace brillar el arco iris no carece de poesia, Pero poesia no siempre quicre decir verdad. Filos6ficamente hablando, la teologia tradi- cional es un idealismo. Hegel se content6 con depurar este idealismo y con atribuir a su Dios filoséfico inicamente lo que hay de més «espiritualy en nosotros: el deseo de verdad, el conocimiento. Cuando se habla (y se hace con frecuencia) de las «gran- des ideas» que «mueven al mundo» —Ia idea de justicia, la idea del amor, etcétera— se es hegeliano, se acepta un hegelianismo vago y degenerado, pero sin ninguna modi- ficacién esencial. La «paradoja» del idealismo es aceptada, pues, por muchos espiritus. Todos los metafisicos, en es- pecial todos Jos filésofos puros, invierten el orden natural de las cosas. Ponen e] carro delante de los bueyes, el Esp- rity delante de los espfritus, la Ciencia delante de los cien- tificos} el fin de Ja historia, de la cultura, del hombre preexiste —segin ellos— a la historia, a la cultura, al hom- bre reales. Como escribieron irénicamente Marx y Engels cuando iniciaron, en La Sagrada Familia (1845) el proceso contra el idealismo: el padre se explica por el hijo, el co- mienzo por el final. Por lo demas, el idealismo hegeliano se presentaba mas como una teoria del devenir contradictorio, de \a histaria, de lo real que como una teologfa laicizada. Pero el fildsofo Hegel, que levaba en su cabeza y en su pensaniiento ta aldea» pura, se arrogaba por ello a de- recho de juzgar la historia y de determinar lo que era real y lo que era no real. Por el solo hecho de pretender llevar en si mismo la Idea, es decir, el Conocimiento absolute —definitive y com- pleto—, pretendia dar en su «sistema» filos6fico el conoci miento completo, definitivo, acabade de todas las cosas. Por este solo hecho, detenfa en él y en su época Ia his- toria humana y el progreso del conocimiento. 107 La teoria del devenir contradictorio se convertia, pues, (por una curiosa contradiccién) en la apologia del tiem- po, de la época, de la «realidad» existente en aquella época, Y esta paradoja no lo es menos que la paradoja del idealismo: el fildsofo Hegel, tras formular su esistema> reflexionando sobre las contyadicciones de una época re- volucionaria, se habia convertido en un reaccionario, en el filésofo oficial dei Estado prusiano, en el gran patrén de Ja ensefianza y en el apologista de este Estado turénico. Ahora bien, desde 1837, bajo la influencia de Gans, cierto mimero de estudiantes y fildsofos jévenes habian descubierto esta «paradoja», esta contradiccién del hege- Jianismo. Al volver a ponerse en marcha el movimiento democratico en Europa y Alemania, estos jévenes encontra- ban inadmisible que el hegelianismo hiciese una apologia del inmovilismo, del conservadurismo, en vez de prolon- garse —a través de las contradicciones de la €poca— en un nuevo movimiento de ideas y de accién, No creian que la consecuencia de la dialéctica fuese el statu quo, la con- servacién de las instituciones feudales, de los particularis mos feudales, del clericalismo oficial. Al contrario, saca- ban de ella nuevas fuerzas para elaborar tm pensazniento ritico Estos «jévenes hegelianos» 0

También podría gustarte