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UNIVERSIDAD DE CHILE

FACULTAD DE CIENCIAS SOCIALES


DEPARTAMENTO DE SOCIOLOGÍA

Historia Social Contemporánea

GLOSARIO

Profesor
Luis de Mussy

Ayudantes
Rodrigo Fernández
Juan Pablo Pinilla

Mayo, 2007

1
PRESENTACIÓN

5.6 Los límites de mi lenguaje significan los límites de mi mundo.


Ludwig Wittgenstein, Tractatus lógico-philosophicus.

Corría 1952 cuando Roger Bastide manifestaba un tajante diagnóstico sobre las ciencias
sociales: "[éstas] no presentan todavía ese vocabulario técnico perfecto indispensable a sus
futuros progresos, sino varios vocabularios, casi uno por autor, lo que hace imposible el
trabajo común".1 La importancia de tal referencia, radica justamente en el uso que hacen
estas disciplinas –léase sociología, historia, antropología social, psicología, etc.– de un léxico
corriente, contenido en el habla cotidiana. Conceptos como “clase”, “estructura”,
“modernización”, los hallamos en toda clase de medios no especializados (noticieros,
periódicos); lo que fomenta su utilización ambigua y, no pocas veces, indiscriminada.
El presente compilado terminológico tiene por objeto, precisamente, la construcción de un
cuerpo de “conceptos especializados”, que permitan un intercambio claro y preciso al interior
de –y entre– las disciplinas sociales.
Superar el antiguo diálogo de sordos que –según Braudel, luego Burke– caracterizaba las
relaciones entre historia y sociología, pasa por la imbricación de las disciplinas frente a un
objeto de estudio compartido: la sociedad en la totalidad de sus manifestaciones. La
posibilidad de una retroalimentación positiva entre ambas ciencias, implica un “lenguaje
técnico” que posibilite una fluida comunicación entre ellas. Delinear parte de este lenguaje,
haciendo viable tal intercambio, es el fin de un glosario.
La tradición historiográfica de Annales ha constituido la principal tendencia en este sentido.
La utilización de variados enfoques teóricos, así como la congregación de diversos
especialistas (historiadores, geógrafos, sociólogos, economistas, antropólogos sociales) en
torno a la propuesta de la nouvelle histoire, generan un precedente para las investigaciones
inter y multidisciplinarias.
Podemos identificar tres programas de investigación o modelos teóricos subyacentes a las
distintas acepciones que hemos desarrollado:
(a) la larga duración, como marco temporal extendido para el estudio de los fenómenos
históricos y sociales;
(b) la historia de las mentalidades, como programa historiográfico centrado en las
concepciones y utillajes mentales de una época; y
(c) la imaginación sociológica, como la cualidad mental o el esfuerzo intelectual por situar
los fenómenos particulares (las biografías) en las tendencias generales en que se
inscriben (la historia), dentro de un orden social específico.

Por último, cabe señalar que las definiciones desarrolladas no pretenden ser unívocas ni
dogmáticas. Su propósito sólo atiende a constituir una base terminológica sobre la cual
desarrollar la necesaria discusión crítica de las fuentes. Como todo concepto social, los que
aquí tratamos son dinámicos, se desarrollan con el mismo ímpetu que las nuevas tendencias
intelectuales les imprimen. Son, en este sentido, conceptos históricos.

1
Bastide, Roger (comp.) 1971. “Introducción al estudio del término Estructura”. En: Sentidos y usos
del término estructura en las ciencias del hombre. Buenos Aires, Editorial Paidós. p. 9.

2
GLOSARIO

1. Estructura

El término «estructura» procede del latín structura, derivada del verbo struere, constuir.
Contiene, inicialmente, un sentido arquitectónico: denota la manera en que está construido
un edificio. Sin embargo, su empleo y significación superan ampliamente tal definición. El
término “estructura” se encuentra extendido en casi todas las Ciencias Sociales, y en las
ciencias en general (matemáticas, arquitectura, biología, etc.). Para efectos de este
compilado, desarrollaremos las acepciones trabajadas por los historiadores vinculados a
Annales.2
Pierre Vilar, historiador francés, señala que podemos acceder a las estructuras "mediante la
observación “coyuntural” de ciertos signos y por la observación empírica, descriptiva de los
movimientos históricos de masas[...]. Las curvas de coyuntura conciernen a lo que, aun en
un pasado bastante lejano, ofrece fragmentos mensurables: precios, salarios, monedas,
tasas demográficas, finanzas públicas, tipos de rentas. Observados en un largo período
estos signos marcan crecimientos y declinaciones del grupo en su conjunto, la sucesión de
equilibrios y desequilibrios".3 En efecto, la estructura, como señala Evams-Pritchard, "sólo
puede tener pleno sentido cuando es utilizado como expresión histórica para designar un
conjunto de relaciones que se sabe han existido durante un considerable período de
tiempo".4
Fernand Braudel nos ofrece un concepto de estructura en términos de "una organización,
una coherencia, unas relaciones suficientemente fijas entre realidades y masas sociales. [...]
una estructura es indudablemente un ensamblaje, una arquitectura; pero, más aún, una
realidad que el tiempo tarda enormemente en desgastar y en transportar".5
Para Braudel, toda estructura constituye:
(a) sostenes: estructuras que se convierten en elementos estables de una infinidad de
generaciones; y
(b) obstáculos: límites envolventes de los que hombre y sus experiencias no pueden
emanciparse.
Ejemplos de estructuras son: marcos geográficos, límites de productividad, encuadramientos
o utillajes mentales, permanencias o supervivencias de las culturas, lenguas, etc.

2. Modelo

Podemos entender, de manera preliminar, un modelo como una "construcción intelectual


que simplifica la realidad a fin de comprenderla[...] a fin de destacar lo recurrente, lo general
y lo típico, que presenta en forma de conjuntos de características o atributos".6

2
Para una aproximación sucinta del concepto de «estructura» en Ciencias Sociales, remitimos a:
Burke, Peter. 1997. Historia y teoría social. Instituto Mora, México D.F. pp.129-134. Una revisión más
acabada dentro de diversas disciplinas la encontramos en: Bastide, Roger (comp.) 1971. Sentidos y
usos del término estructura en las ciencias del hombre. Buenos Aires, Editorial Paidós.
3
Vilar, Pierre. La noción de estructura en historia. En: Bastide Op. Cit., p. 97. (cursivas añadidas)
4
Evans-Pritchard, E. 1978. “Antropología e Historia”. En: Ensayos de antropología social. Madrid,
editorial Siglo Veintiuno. p.55
5
Braudel, Fernand. 1990. La historia y las ciencias sociales. Madrid, Editorial Alianza. p. 70.
6
Burke, Op. Cit., p. 40.

3
En la definición de Braudel, los modelos "no son más que hipótesis, sistemas de explicación
sólidamente vinculados según la forma de la ecuación o de la función; esto iguala aquello o
determina aquello".7
El modelo es útil, en la medida en que omite por complejo algunos elementos de la realidad.
Además, los elementos que lo componen son limitados; son las “variables” de un sistema
internamente coherente de partes interdependientes.
Un modelo permitirá encausar, además del medio social observado –a partir del cual ha sido
generado–, otros medios sociales de la misma naturaleza, a través del tiempo y del espacio
(valor recurrente). En todo programa social, es esencial precisar la función y los límites del
modelo, confrontándolo con la idea de duración; ya que la duración que cada modelo implica,
depende íntimamente de su significado y de su valor de explicación. Existe una variedad de
modelos: simples o complejos, cualitativos o cuantitativos, mecánicos (en la misma medida
de la realidad directamente observada; realidades por lo general de pequeñas dimensiones)
o estadísticos (en grandes sociedades, a través del cálculo de medias).

3. Duración Social

Para Braudel, la duración social constituye "esos tiempos múltiples y contradictorios de la


vida de los hombres que no son únicamente la sustancia del pasado, sino también la materia
de la vida social actual".8
La historia da cuenta de una dialéctica de la duración. "Nada hay más importante, en el
centro de la realidad social, que esta viva e íntima oposición, infinitamente repetida, entre el
instante y el tiempo lento en transcurrir".9

4. Historia Tradicional

La historia tradicional, refiere a la forma dominante de hacer historia antes de la revolución


historiográfica francesa (cuyo hito es la fundación de Annales). Este antiguo régimen, se
basaba en la narración de sucesos políticos y militares, construyendo una historia de las
grandes acciones, centrada en los grandes hombres (v. gr. capitanes, reyes).
François Simiand, economista discípulo de Durkheim, denunció los “ídolos de la tribu de los
historiadores” tradicionales. Estaba el “ídolo político” (la perpetua preocupación por la historia
política, por los hechos políticos y las guerras), el “ídolo individual” (el excesivo énfasis en los
«grandes hombres») y el “ídolo cronológico” (la obsesión por la búsqueda de los
«orígenes»).
En lo referente a la temporalidad, esta historia tradicional está "atenta al tiempo breve, al
individuo y al acontecimiento".10 Es propia de la corta duración, del acontecimiento es
explosivo, tonante; una historia de corto aliento.

5. Nueva Historia

La nueva historia o nouvelle histoire, corresponde a la práctica historiográfica inaugurada


por Annales a partir de 1920. Se plantea, en principio, como una propuesta crítica hacia el
antiguo régimen historiográfico. Sus ideas rectoras, pueden sintetizarse en:
(a) la sustitución de la narración de los acontecimientos, por una historia analítica
orientada hacia un problema;
(b) una historia que abarca toda la gama de actividades humanas; y
7
Ibíd., p. 85.
8
Braudel, Op. Cit., pp. 62-63.
9
Ibíd., p. 63.
10
Ibíd., p.64.

4
(c) una práctica historiográfica en colaboración con otras disciplinas (geografía, sociología,
psicología, economía, lingüística, antropología social, etc.
La nueva historia constituye un recitativo de la coyuntura, que estudia el pasado dividiéndolo
en amplias secciones (decenas, veintenas, o cincuentenas de años).

6. Anales o Annales

Annales constituye uno de los «movimientos» historiográficos más significativos del siglo XX.
Surge en Francia, en torno la creación de los Anales de historia económica y social (Annales
d’histoire économique et sociale), revista fundada por Marc Bloch y Lucien Febvre en 1929.
Se le adjudica, a este movimiento, el la construcción de un nuevo recitativo de la historia,
denominado la nouvelle histoire.
Es posible identificar, en el curso del desarrollo de Annales, tres fases o generaciones: (1) la
fundación, que va desde 1920 a 1945, representada por Bloch y Febvre; (2) la
institucionalización de Anales como historia oficial (a cuya cabeza está Braudel); y (3) el
desmenuzamiento del movimiento, posterior a 1968, con figuras como Duby, Le Goff y Le
Roy Ladurie.

7. Historia Eventual (episódica)

La historia eventual constituye su reflexión sobre lo «episódico», que expresa "el tiempo
corto, a medida de los individuos, de la vida cotidiana".11 Es el tiempo por excelencia de los
periodistas y cronistas.

8. Historia inconsciente

La historia inconsciente refiere a las formas inconscientes de lo social. Se basa en la


existencia de una cierta distancia, un inconsciente social, más fértil que la superficie
relampagueante de los acontecimientos. Esta historia –entre el tiempo coyuntural y el tiempo
estructural– es más netamente percibida que lo admitido. Como afirma Marx, los hombres
hacen la historia pero ignoran que la hacen.

9. Historia Total

Como declara Braudel, el historiador "siempre aspirará a aprehender el conjunto, la totalidad


de lo social".12 Esta dimensión holística permite pensar una historia total. Dicha totalidad
puede ser entendida como:
(1) indivisibilidad, una historia general formada por el proceso temporal global de la
sociedad;
(2) universalidad, una historia mundial o universal que trata todas las culturas; y
(3) sistémica, una historia integrada o sistémica que no excluye ninguna parte.
Ahora bien, cabe señalar que estas ideas de totalidad están desprovistas de significación
operativa y sólo son pensables representativamente, mediante el uso de modelos. La
totalidad, como afirma Aróstegui, es "la representación hecha por el historiador desde el
inventario exhaustivo de las condiciones en que se produce cada proceso histórico que
pretende ser explicado".13

11
Braudel, Op. Cit., p.65.
12
Ibíd., p.125.
13
Aróstegui, Julio. 2001. La investigación histórica: teoría y método. Barcelona, Editorial Crítica. p. 227

5
10. Historia Comparada

El interés por realizar una historia comparada, se remonta a Marc Bloch y su artículo “Hacia
una historia comparada de las sociedades europeas” de 1924. Para el autor, era esencial el
mejoramiento del «método comparativo», en función de generar un estudio de las similitudes
y las diferencias entre sociedades. Ello permitiría examinar, además, sociedades vecinas en
el tiempo y el espacio, así como aquellas alejadas unas de otras.
"El estudio comparativo y el estudio histórico –nos dirá Wright Mills– están profundamente
entrelazados".14 La realización de estudios comparativos entre estructuras sociales, puede
hacer uso de la variedad suministrada por la historia, enriqueciendo el análisis y las
tentativas generalizaciones.

11. Larga duración

La larga duración constituye una unidad de tiempo histórico de gran amplitud (tendencia
secular). "La historia estructural o de larga duración, encausa siglos enteros: se encuentra en
el límite de lo móvil y de lo inmóvil".15
Aceptar la complejidad que presenta la larga duración, conlleva para el historiador un cambio
de estilo, una inversión de pensamiento, una nueva concepción de lo social; es familiarizarse
con un tiempo frenado, al límite de lo móvil. Todos los niveles, las miles de fragmentaciones
del tiempo de la historia, se comprenden a partir de esta profundidad, de esta
semiinmovilidad.
En el seno de la historia de larga duración, historia y sociología se confunden: "la larga
duración es la historia interminable, indesgastable, de las estructuras y grupos de
estructuras".16

Simplificando, es posible componer, respecto a la amplitud de tiempo que cada historia


considera, el siguiente cuadro:

Tiempo Nivel Concepto Historia


Corto Superficial Acontecimiento Tradicional (política)
Medio (ciclos, interciclos) Media Coyuntura Económica
Largo Profundo Estructura Nueva Historia

12. Historia de las mentalidades

"Es imposible escribir historia social sin introducir la historia de las ideas, a condición de
entenderla como la historia de las ideas de todos, y no de las de los pensadores más
originales de un periodo determinado"17. Esta cita quizá define el principio del programa de
investigación denominado “historia de las mentalidades”.
Para el historiador chileno Rolando Mellafe, historia de las mentalidades es "la historia del
acto de pensar, siempre que entendamos por pensar la manera que el ego tiene de percibir,
crear y reaccionar frente al mundo circundante".18

14
Wright Mills, C. 1995. La Imaginación Sociológica. Santiago, Fondo de Cultura Económica. p. 164.
15
Braudel, Op. Cit., p. 123.
16
Ibíd., p. 125.
17
Burke, Op. Cit., p.109.
18
Mellafe Rojas, Rolando. Historia de las mentalidades: una nueva alternativa. Revista de Estudios
Históricos, Volumen 1, Nº1 Agosto de 2004. pp. 97-107.

6
Lo que básicamente le interesa a esta historiografía son los procesos mentales de los
tiempos pasados y para llegar a ellos trabaja con estados de ánimo, expresados en
símbolos, ideas y procesos imaginativos de aquel pasado.
La historia de las mentalidades posee tres rasgos distintivos:
(1) acentúa las actitudes colectivas antes que las individuales,
(2) se detiene en los supuestos tácitos (en el “sentido común” de una cultura
determinada) antes que en las teorías explícitas, y
(3) se centra en la estructura de los sistemas de creencias (lo que incluye las categorías
utilizadas para interpretar la experiencia y los métodos de prueba y de persuasión).
Para Jacques Le Goff la historia de las mentalidades "se sitúa en el punto de conjunción de
lo individual y de lo colectivo, del tiempo largo y del tiempo cotidiano, de lo inconsciente y de
lo intencional, de lo estructural y de lo coyuntural, de lo marginal y de lo general".19

13. Utillaje Mental

Utillaje mental refiere al conjunto de concepciones han presidido las artes de vivir, de
pensar y de creer, y que han limitado de antemano las aventuras intelectuales de los
espíritus más libres de una época. Constituye el catálogo conceptual con que cada sujeto
opera, en un momento histórico determinado, para aprehender e interpretar la realidad.

14. Imaginación Sociológica

C. Wright Mills sostiene que toda biografía debe ser vista en conexión con la historia: "el
individuo sólo puede comprender su propia experiencia y evaluar su propio destino
localizándose a sí mismo en su época; [...] puede conocer sus propias posibilidades en la
vida si conoce las de todos los individuos que se hallan en sus circunstancias".20
La «imaginación sociológica» nos permite captar la historia y la biografía y la relación entre
ambas dentro de una sociedad. Refiere, en este sentido a "la cualidad mental esencial para
percibir la interrelación del hombre y la sociedad, de la biografía y de la historia, del yo y del
mundo".21
Hombres y mujeres esperan captar, por medio de esta «imaginación», lo que está ocurriendo
en el mundo y lo que está pasando en ellos mismos como puntos de las intersecciones de la
biografía y de la historia dentro de la sociedad.

15. Modernidad

El vocablo «modernidad» proviene del latín modernus, cuyo uso retórico a fines del siglo V
profirió la distinción entre un pasado romano pagano (antiquiti) y el presente cristiano
(moderni).22 Ya para el siglo XVII, con la invención de la imprenta y el prolífico desarrollo en
las ciencias y las artes, se utilizará el concepto «moderno» para denotar una sociedad que
"no puede entenderse suficientemente a sí misma, así que marca su novedad inutilizando lo
viejo y encubre así al tiempo la confusión de no saber lo que ocurre en realidad". 23 Este
distanciamiento ante la tradición heredada, hasta la misma negación de ella, se volverá
premisa del proyecto moderno: "cuando la moderna sociedad se autotitula «moderna» se
19
Le Goff, Jacques, citado en Mellafe Op. Cit.
20
Wright Mills, Op. Cit., p. 25
21
Ibíd., p. 23. cursivas añadidas.
22
Habermas, Jürgen. 1997. “La modernidad: un proyecto inacabado”. En: Ensayos políticos.
Barcelona, editorial Península. pp. 265-267
23
Luhmann, Niklas. 1997. “La modernidad de la sociedad moderna”. En: Observaciones de la
modernidad. Racionalidad y contingencia en la sociedad moderna. Barcelona, editorial Paidós. p.16

7
identifica con ayuda de una relación de diferencia respecto al pasado".24 En otras palabras
"la «Modernidad» expresa siempre la conciencia de una época, con contenidos cambiantes,
que se pone en relación con la Antigüedad para concebirse así misma como el resultado de
una transición de lo antiguo a lo nuevo".25
Marshall Berman define vivencialmente la «modernidad», en términos de un "conjunto de
experiencias [que] une a toda la humanidad", pero cuya unión es paradójica, pues refiere a
una "unidad de la desunión".26 Ser «modernos», nos dice el autor, "es encontrarnos en un
entorno que nos promete aventuras, poder, alegría, crecimiento, transformación de nosotros
y del mundo y que, al mismo tiempo, amenaza con destruir todo lo que tenemos, todo lo que
sabemos, todo lo que somos. [...]es formar parte de un universo en el que, como dijo Marx,
«todo lo sólido se desvanece en el aire»".27
Berman concibe tres fases en el desarrollo de la modernidad. La primera abarca desde el
siglo XVI hasta finales del XVIII, y corresponde al escenario donde nace la sensibilidad
moderna. Es la época del tourbillon social, marcada por la agitación y la turbulencia, el
vértigo y la embriaguez psíquicos; cuyo personaje más destacado es Rousseau. La segunda
fase comprende el siglo XIX, donde surge la insalvable dicotomía entre modernización y
modernismo. Aquí Marx plantea su crítica económica y política, en términos de las
contradicciones mismas del capitalismo; así como Nietzche deconstruye los valores
modernos, en lo que será el surgimiento de un nuevo «ser». La tercera etapa corresponde al
siglo XX, fase donde la edad moderna pierde el contacto con las raíces de su propia
modernidad. La modernidad, aquí, es concebida como un «monolito cerrado»: bien aceptada
con un entusiasmo ciego y acrítico, bien condenada a un distanciamiento y desprecio
neoolímpico.
Immanuel Wallerstein, por su parte, da cuenta de tres puntos de inflexión de la modernidad:
"1) el largo siglo XVI, durante el cual nuestro sistema-mundo moderno vio la luz como
economía-mundo capitalista; 2) la Revolución de 1789. Como acontecimiento mundial que
dio lugar a la dominación subsiguiente, durante dos siglos, de una geocultura para este
sistema-mundo, cultura que fue dominada por un liberalismo centrista, y 3) la revolución
mundial 1968, que presagió la larga fase terminal del sistema-mundo moderno en que nos
encontramos y que socavó la geocultura liberal centrista que mantenía al sistema mundo
unificado".28

16. Modernización y Modernismo

Berman entiende el desarrollo de la modernidad, como la relación dialéctica entre


modernización y modernismo. Por modernización, denotamos aquellos procesos sociales –
de carácter socioestructural– que dieron origen al desarrollo moderno. Modernismo referirá,
por su parte, al conjunto de valores, visiones e ideas –de índole cultural o «semántica»– que
aspiran hacer de los hombres sujetos, a la vez que objetos, de la modernización.
El desarrollo histórico de la modernidad, se caracteriza justamente por esta persistente
contradicción entre dichos procesos. Como señala Habermas, "la modernización social que
seguiría discurriendo autárquicamente, se habría desprendido de la modernidad cultural, al
parecer ya obsoleta; esa modernidad social se limitaría a ejecutar leyes funcionales de la

24
Ídem.
25
Habermas, Op. Cit., p. 266
26
Bermann, Marshall. 1998. “Introducción. La modernidad: ayer, hoy y mañana”. En: Todo lo sólido se
desvanece en el aire. La experiencia de la modernidad. México, Editorial Siglo XXI. p. 1
27
Ídem.
28
Wallerstein, Immanuel. 2005. Análisis del sistema-mundo. México, Siglo Veintiuno. p.10

8
economía y del Estado, de la ciencia y de a técnica, que supuestamente se habrían aunado
para constituir un sistema ya no influible".29

17. Ilustración (iluminismo)

Conceptualmente, la Ilustración denota el gran movimiento de ideas liberales y frecuentes


iconoclastas, que se generalizó por toda Europa en las décadas centrales del siglo XVIII. "La
ilustración –nos dirá Kant en su clásico texto Was ist Aufklärung– es la liberación del
hombre de su culpable incapacidad".30 Incapacidad que radica en la imposibilidad de servirse
de su propio intelecto, sin tutela de otro. Como proyecto, la ilustración invita a la estimación
racional de cada hombre, y de su vocación a pensar por sí mismo.
Ilustración es, por sobre todo, libertad; libertad para hacer uso público de la razón integra y
autónomamente. Lo que trae el iluminismo, es esta posibilidad de ejercer pública y
libremente nuestro intelecto.
El iluminismo contiene la promesa que lleva implícito el desarrollo histórico de la modernidad:
la emancipación de los hombres de su merecida tutela. "El intelecto que vence a la
superstición –nos dirán Adorno y Horkheimer– debe ser el amo de la naturaleza
desencantada".31 En efecto, el siglo de la luces genera una "nueva confianza en la capacidad
del hombre para entender y dominar su propio medio ambiente, y una nueva fe en el poder
de la razón para penetrar en los misterios del universo".32
Ahora, si bien el siglo XVIII fue identificado como la época de la razón –en el sentido de una
hostilidad general hacia los antiguos dogmas–, no debe pasase por alto que "el alcance
efectivo de esta razón estaba limitado a ciertos grupos sociales, a ciertas zonas geográficas
y a ciertos individuos".33

18. Mentalidad

Inicialmente, el término mentalidad fue utilizado para designar una cualidad de la psiquis.
Voltaire, en el Ensayo sobre las costumbres y el espíritu de las naciones, se refirió a él como
las reacciones pensantes de la sociedad. Para Marcel Proust, mentalidad denotaba "cierto
estado sicológico, entre morboso y expectante, detenido en la penumbra de lo normal y de lo
excéntrico, inmovilizado por la fuerza del acontecer, fatalmente histórico, simple y lógico".34

19. Tolerancia

La tolerancia, para John Locke, constituía el adecuado ejercicio de la libertad de conciencia.


Esto es, opiniones y acciones ubicadas entre la obediencia absoluta y la libertad universal.
Según el pensador, "todos los principios prácticos u opiniones por los que los hombres
piensan que están obligados a regular sus acciones con respecto a los demás[...] son
opiniones que, junto con las acciones que se siguen de ellas, tienen derecho a ser
toleradas[...] pero sólo en la medida en que no tiendan a la perturbación del Estado o no
causen a la comunidad más inconvenientes que ventajas".35
En su Ensayo sobre la tolerancia (1667), Locke postulaba:
29
Habermas, Jürgen. 1989. “La modernidad: su conciencia del tiempo y su necesidad de
autocercioramiento”. En: El discurso filosófico de la modernidad. Buenos Aires, Taurus. p. 13
30
Kant, Emmanuel. 1994. “¿Qué es la Ilustración?”. En: Filosofía de la historia. México, FCE. p. 25
31
Adorno, T. y Horkheimer, M. 1987. Dialéctica del iluminismo. Buenos Aires, Sudamericana. p.7.
32
Anderson, M. S. 1999. “Vida intelectual y Artística”. En: La Europa del siglo XVIII (1713-1789).
México, FCE. p.164
33
Ibíd., p.183.
34
Mellafe, Op. Cit.

9
(a) tolerancia universal para aquellas opiniones especulativas y acciones de culto religioso,
que estuvieran completamente separadas de la incumbencia del Estado (que no tienen
influencia directa sobre la vida social de las personas);
(b) intolerancia absoluta hacia las acciones y opiniones destructivas del orden social; y
(c) tolerancia para las opiniones y acciones que en sí mismas ni estorban ni ayudan a la
sociedad; siempre y cuando no interfiriesen con el bien público, ni sirvieren para
perturbar el gobierno.

20. Método (cartesiano)

El método construido por Descartes, constituye el esquema lógico (un modo sistemático de
razonamiento –concatenación ordenada de ideas–) que opera como guía de la «razón» o
«buen sentido». El «buen entendimiento», corresponde a la correcta aplicación del buen
sentido; es decir, "la potencia de juzgar bien y distinguir lo verdadero de lo falso".36
El método, según el filósofo, "enseña a seguir el verdadero orden y a enumerar exactamente
todas las circunstancias de lo que se busca".37 Para ello, debemos valernos de cuatro
principios:
(1) juzgar por verdadero sólo aquello que se conozca evidentemente como tal (ósea, no
abarcar en los juicios nada más que aquello que se presenta clara y distintamente al
espíritu);
(2) dividir cada cuestión a examinar en tantas partes como fuera posible y necesario para su
mejor entendimiento;
(3) conducir ordenadamente el pensamiento, comenzando por los objetos más simples y
fáciles de conocer, hasta el examen de las cosas compuestas y complejas; y
(4) proceder enumerando exhaustivamente las ideas, a modo no omitir nada.

21. Voluntad General

Concepto político ideado por Rousseau en su Contrato Social (1762). La volonté genérale
constituyó un "esfuerzo por conciliar en un lado el egoísmo del individuo, el cual estaba
implícito en la psicología de Locke y era admitido por todos los pensadores de la Ilustración,
con el bien común y los intereses de la sociedad". 38 La existencia de una voluntad general
implicaba la expresión de las "aspiraciones más altas de esa sociedad, y los verdaderos
deseos de cada uno de sus miembros".39

22. Religión Natural

Con los avances en la ciencia física, especialmente con el desarrollo de la astronomía,


emerge una nueva visión de mundo que debilita la tradicional imagen de Dios como un
Padre celoso, apegado al Hombre y sus obras. En esta contexto, surge una «religión
natural» que concibe en Dios la "fuente de la simetría y de la regularidad que dominaban el
universo, como un relojero cósmico que supervisaba los trabajos de la máquina que había
construido".40 Se presenta un Dios alejado de las vicisitudes humanas, cuya manifestación se
objetiva en el funcionamiento del universo físico. El ceremonial religioso y la parafernalia
35
Locke, John. 1999. “Ensayo sobre la tolerancia”. En: Ensayo y Carta sobre la tolerancia. Madrid,
Alianza Editorial. p. 30.
36
Descartes, René. 1972. El discurso sobre el método. Buenos Aires, Editorial Losada. p. 28
37
Ibíd., p. 51.
38
Anderson, Op. Cit., p. 173.
39
Ídem.
40
Ibíd., p. 176.

10
litúrgica, son sustituidos por la «verdadera religión de la naturaleza». Las virtudes cotidianas
y la austeridad del hombre sencillo, componen la nueva ética de esta religión.

23. Enciclopedistas

Ilustrados de mediados del siglo XVIII, autores de la Encyclopédie, ou dictionnaire raisonné


des sciences, des arts et des métiers (Enciclopedia o tratado sistemático de las artes, las
ciencias y los oficios). El gestor del proyecto fue el francés Denis Diderot, quien se asoció
con d'Alembert, Jacourt, Helvétius y d'Holbach, para publicar en 1751 la Enciclopedia. La
obra contenía los conocimientos más avanzados de la época en materia de filosofía, religión
y política. Se observa en la empresa un espíritu profundamente optimista, "no tanto acerca
de la naturaleza humana como de lo que se podía hacer para y por los imperfectos seres
humanos por medio de la marcha de la razón, expresada en el progreso de la ciencia y en la
reconstrucción racional de la sociedad".41 Entre sus colaboradores, destacaron figuras de la
talla de Montesquieu, Voltaire, Rousseau y Melchior.

24. Antiguo Régimen (Ancien Régime)

Se refiere al sistema político-social imperante en Francia entre los siglos XVII y XVIII.
Basado en un orden social monárquico, fruto de la descomposición del feudalismo, el Ancien
Régime establecía una estructura social estamental, dividida en una aristocracia (nobleza),
un clero (Iglesia) y un Tercer Estado (burguesía, obreros y campesinado).
En el contexto de la Revolución francesa, la instituciones religiosas, sociales, políticas y
económicas que sostenían al Antiguo régimen entraron en crisis. Como observa Tocqueville,
éstas se presentaban "extrañas y como impenetrables al nuevo espíritu de la época".42

25. Revolución Francesa

Una «revolución», como proceso ruptura en el desarrollo histórico, constituye un fenómeno


específicamente moderno.43 En el caso de la Revolución Francesa, esta representa el gran
quiebre de la primera fase de la modernidad; o, como señala Wallerstein, la "segunda
inflexión de la modernidad".44
Para los espectadores de la Gran Revolución, "no ha habido nunca acontecimiento más
grande, de antecedentes más remotos, mejor preparado y menos previsto".45 Y es que, como
afirma Bermann, "sus ejércitos se pusieron en marcha para revolucionar al mundo, y sus
ideas lo lograron".46
La influencia de la Revolución francesa fue universal, "pues proporcionó el patrón para todos
los movimientos revolucionarios subsiguientes, y sus lecciones (interpretadas conforma al
gusto de cada país o cada caudillo) fueron incorporadas en el moderno socialismo y
comunismo".47 La extensión de esta movimiento puede explicarse por que: (1) sucedió en el
más poderoso y populoso Estado europeo; (2) fue la única revolución social de masas,

41
Ibíd., p. 167.
42
Tocqueville, Alexis de. 1911. El Antiguo Régimen y la Revolución. Madrid: D. Jorro. p. 32.
43
Arendt, Hannah. 1992. “El significado de la revolución”. En: Sobre la revolución. Madrid, Alianza. p.
22
44
Wallerstein, Op. Cit., p. 10.
45
Tocqueville, Op. Cit., p. 11
46
Bermann, Op. Cit., p. 63.
47
Hobsbawm, Eric. 2003. “La Revolución Francesa”, en La era de la Revolución, 1789-1848.
Barcelona, Crítica. p. 63.

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inconmensurablemente más radical que cualquier otro levantamiento; y (3) de todas las
revoluciones contemporáneas, fue la única ecuménica.
La historicidad de la Revolución francesa puede deberse a su consideración abstracta del
Hombre –más bien, del ciudadano–. Como sus mismos actores lo confirman, era un proyecto
tendiente a "regenerar al género humano".48 Su objeto apuntaba, en este sentido, a formar
"sobre todas las nacionalidades particulares una patria intelectual común".49

La Parte Maldita

En su libro homónimo (La Part Maudite, 1947) Georges Bataille construye una crítica a la
economía política clásica, especialmente sobre su “noción de consumo”. La proposición
general del autor señala: "no es la necesidad, sino su contrario, el “lujo”, que plantea a la
materia viva y al hombre sus problemas fundamentales".50
El interés por la extensión del trabajo y la técnica, queda siempre neutralizado por el interés
contrario, el del lujo. Aquello que importa, desde ahora, ya no es el desarrollo de las fuerzas
productivas, sino consumir lujosamente los productos. Consumo que alcanza el límite con la
muerte: "De todos los lujos concebibles, la muerte, bajo su forma fatal e inexorable, es,
ciertamente, el más costoso".51
Es el hombre, de todos los seres vivientes, el más apto para consumir intensamente,
lujosamente, el excedente. El carácter paradójico de esta evidencia, radica en que en el
punto culminante de la exuberancia, el sentido queda velado de todas formas. En las
condiciones actuales, todo concurre para obnubilar el movimiento fundamental que tiende a
volver la riqueza su función, a la donación, al gasto sin contrapartida. La impresión de una
maldición que va unida a esta doble alteración del movimiento que exige de los sujetos el
consumo de las riquezas, es la expresión de la parte maldita de la modernidad. Como señala
Bataille, "en el momento en que el aumento de las riquezas es el mayor que jamás haya
existido, acaba de tomar a nuestros ojos el sentido que tuvo siempre, en cierto modo, de
parte maldita".52
Jean Baudrillard ha sintetizado lo que llama el teorema de la parte maldita en los siguientes
términos: "[...]reina, para bien o para mal, la inseparabilidad del bien y el mal, y por
consiguiente, la imposibilidad de promover el uno sin el otro".53 Dicho de otro modo, todo lo
que expurga su parte maldita firma su propia muerte. Bajo la transparencia del consenso se
encuentra la opacidad del mal, su energía inversa trabajando por doquier en el desarreglo de
las cosas. El principio del Mal, aquí, deja de ser moral; es un principio de desequilibrio y
vértigo.

Modernidad (otra)

48
Tocqueville, Op. Cit., p. 26.
49
Ibíd., p. 23.
50
Bataille, Georges. 1974. La parte maldita. Barcelona, Edhasa. p. 54
51
Ibíd., p. 76
52
Ibíd., p. 80.
53
Baudrillar, Jean. 1991. La transparencia del mal. Ensayo sobre los fenómenos extremos. Barcelona,
Anagrama. p. 114

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En El pintor de la vida moderna, Charles Baudelaire entrega su clásica definición de
modernidad: "La modernidad es lo transitorio, lo fugitivo, lo contingente, la mitad del arte
cuya otra mitad es lo eterno y lo inmutable".54 Para el poeta, "todas las bellezas, como
todos los fenómenos posibles, contienen algo de eterno y algo de transitorio, de absoluto
y de particular".55 Lo moderno se entendería, entonces, como el conjunto de rasgos y
modas que a un tiempo representan una época y la ligan con la tradición clásica.

Absolutismo

El absolutismo como sistema político, se basa en la concentración del poder en un autócrata


o monarca. El mejor representante se encuentra en la figura de Luis XIV de Francia (1614-
1715), y en su célebre declaración “el Estado soy yo”.
Las monarquías absolutas surgen de la creación de "un aparato de poder unificado,
controlado directamente por el gobernante –y leal a él– contra una nobleza feudal
particularista y descentralizada".56 Dicha unificación significaba el intercambio interno de
hombres y documentos, el que era reforzado mediante el desarrollo de una lengua oficial de
Estado.

Nación

El concepto de nación se presenta complejo en su elaboración teórica (debido a las múltiples


posiciones ideológicas que de él se derivan) y ambiguo en su denotación empírica (lo
nacional ha sido entendido distintamente a través de la historia y en las diferentes culturas).
Para Max Weber, el concepto de nación siempre refiere al poder “político”. Según el autor, lo
“nacional” "es un tipo especial de pathos que, en un grupo humano unido por una comunidad
de lenguaje, de religión, de costumbres o de destino, se vincula a la idea de una
organización política propia, ya existente o a la que se aspira y cuanto más se carga el
acento sobre la idea de “poder” tanto más específico resulta ese sentimiento patético".57
Desde una perspectiva antropológica, Benedict Anderson define la nación como "una
comunidad política imaginada como inherentemente limitada y soberana".58 Una nación se
caracteriza por ser:
(a) imaginada, porque los miembros de la nación jamás conocerán a la mayoría de sus
compatriotas, apenas los verán u oirán, pero en la mente de cada uno vive la imagen
de su comunión;
(b) limitada, porque incluso la mayo de ella tiene fronteras finitas, aunque elásticas, más
allá de las cuales se encuentran otras naciones;
(c) soberana, porque el concepto nación en una época en que la Ilustración y la
Revolución estaban destruyendo la legitimidad del reino dinástico jerárquico,
divinamente ordenado;
(d) comunidad, porque a pesar de la desigualdad y explotación que pueda existir en
cada caso, la nación se concibe siempre como un compañerismo profundo,
horizontal.

54
Baudelaire. En: Cussen, Anthony. “El poeta de la vida modera”. Revista Estudios Públicos. pp. 295-
296.
55
Ídem.
56
Anderson, Benedict. 1993. Comunidades imaginadas. Reflexiones sobre el origen y la difusión del
nacionalismo. México, Fondo de Cultura Económica. p. 88.
57
Weber, Max. 2005. Economía y Sociedad. México, Fondo de Cultura Económica. p. 327.
58
Anderson, Op, Cit., p. 23.

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Estado
El advenimiento del Estado moderno forma parte del conjunto de nuevas entidades políticas
que surgió en Occidente entre 1776 y 1838; las cuales se definieron a sí mismas como
nacionales y como repúblicas (no dinásticas).59
Dentro de la amplia literatura de filosofía política y sociología que abordan la temática del
Estado, una definición bastante completa se encuentra en Weber: "Por estado debe
entenderse un instituto político de actividad continuada, cuando y en la medida en que su
cuadro administrativo mantenga con éxito la pretensión al monopolio legítimo de la coacción
física para el mantenimiento del orden vigente".60

59
Ibíd., p. 76.
60
Weber, Op. Cit., pp. 43-44.

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