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Pesca en la Amazonía: Sobre-explotación o sobre explosión?

Por: Necho

Es temporada de lluvias en la selva. Nubes negras se levantan sobre las


poblaciones ribereñas que se ubican entre la reserva natural de Alpahuayo-Mishana
y la ciudad de Iquitos, a orillas del río Nanay. Como todos los años, las lluvias
aumentan el nivel de los ríos, disparando el reloj biológico de los peces que allí
viven y emprenden viajes río arriba en grandes cardúmenes para reproducirse,
fenómeno que es conocido como el mijano. Esas densas nubes, perennes promesas de
tormenta, enfrían la temperatura del agua, permitiendo que el mijano nade más
cerca de la superficie, lo cual es una bendición para los pescadores que lo
esperan ávidos. A lo lejos se escuchan ensordecedores rugidos, pero no se trata de
los truenos de la tormenta que se avecina, sino de una destructiva forma de
sacarle provecho a la naturaleza. Algunos pobladores encontraron que más rentable
que pescar con anzuelos y redes, resulta hacerlo con bombas. Comienza a llover.

La pesca con explosivos es un acto de depredación que se realiza en manada. Grupos


de entre 5 y 10 balsas siguen al bombardero. Cuando éste suelta la bomba en medio
de un mijano, inmediatamente aparecen en la superficie los peces muertos, que
pueden fácilmente sobrepasar la centena, y los pescadores se apresuran a
recogerlos. Esto supone un gran desperdicio de pescados, ya que la mayoría es
arrastrado por la corriente, lejos del alcance de las balsas.

En el poblado de Santo Tomás, a 45 minutos de la reserva, un niño comenta: “si


joven, río arriba desde temprano se escuchan las explosiones”, los mayores en
cambio no quieren hablar. Aseguran que es una práctica ilegal y que ya no se
realiza hace tiempo, sin embargo, es un secreto a voces. Efectivamente, en la ley
general de pesca se prohíbe esta forma de depredación y castiga a los
perpetradores con cinco años de cárcel. Sin embargo, ni la dirección regional de
Pesquería ni la Policía Ecológica tienen los recursos para combatir este ilícito.

El jefe de la Policía Ecológica en la ciudad de Iquitos, César Lozano, aseguró que


“Frecuentemente se realizan patrullajes preventivos en coordinación con los
pobladores para detectar pesca y tala ilegal”. Roy Lozano, director regional de
control y vigilancia pesquera agregó que “Este es un delito muy difícil de
perseguir, ya que los pescadores se ocultan en las tahuampas (áreas de bosque
inundables, donde solo sobresalen las copas de los árboles durante la creciente).
Esta es una práctica muy extendida y no existen cálculos al respecto”. Confesó que
hace siete años no se realiza un operativo para controlar esta situación; no hay
denuncias, ni un solo detenido, ni una sola incautación.

Para Fernando Alcántara, Biólogo investigador del programa de uso sostenible del
agua de IIAP, el uso de explosivos es una práctica muy destructiva ya que acaba no
solo con los peces adultos, que son los que interesan a los pescadores, sino
también con toda la biomasa de los ríos, incluyendo peces jóvenes, larvas y hasta
a los microorganismos de los que se alimentan.

Pese a que existen normas y leyes, es muy complicado para las autoridades hacer
que estas se cumplan, ya que tendrían que realizar vigilancia permanente en áreas
muy extensas.

“Para combatir este problema -dice Alcántara- es necesario que se eduque a la


población sobre el efecto negativo que tiene esta práctica sobre los ríos que
también son su fuente de sustento. Paralelamente, debe ejercerse un mayor control
sobre el expendio de los explosivos y los fulminantes que los pescadores utilizan
para armar sus bombas artesanales”.
Bajando por el río media hora más, hacia Iquitos, en el pueblo de Santa Clara,
vive Ananías López. Él fue dirigente de la asociación de pescadores hasta que un
derrame cerebral le paralizó un brazo y una pierna, obligándolo a dejar su canoa
en tierra para dedicarse al acopio y venta de especies ornamentales. “Hace unas
semanas –cuenta- un buque de capitanía de puerto detuvo a un pescador con
explosivos, pero el pescador lo arrojó al agua diciendo que ‘es greda nomás’ y el
tombo se quedó con cara de cojudo, mirándolo sin poder hacer nada”.

Ananías considera que es muy perjudicial el uso de estos métodos, ya que el uso de
explosivos acaba con todo, incluso con sus preciados peces ornamentales. El dice
que “Lo que me preocupa es que de esa manera se daña el río y cada vez le toma más
tiempo recuperarse. La gente se preocupa solo por conseguir pescado hoy, pero no
se pregunta qué pasará en el futuro. Si seguimos así, ¿qué va a quedar para
nuestros hijos más adelante?”.

Que baratas las bombas!

Los explosivos artesanales utilizados por los pescadores ilegales se componen de


pólvora negra, greda (que aísla la pólvora del agua y le da peso a la bomba para
que se hunda) un fulminante y mecha.

Algunos pobladores refieren que el explosivo es traído por los soldados que vienen
de las bases militares de los alrededores.

Sin embargo, es posible encontrar estos productos en el mercado de Belén. Un tarro


de 250 g. de pólvora puede costar entre S/.20 y S/.30 y el fulminante puede
obtenerse de cartuchos de escopeta para caza.