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Modulo: Transformaciones y desafíos de la Educación:

Tema: Sociedad de la información


Francisco Javier Cardozo

Como muchas personas de mi generación, puedo ubicar la introducción de las


tecnologías de la información y la comunicación a mediados de los 90´. Periodo donde prima
lo que Rubén Lo Vuolo1 denomina la “Nueva Ortodoxia” que se ampara en el Consenso de
Washington, en el se plantean un conjunto de políticas que se asientan en ideas neoliberales y
que en Argentina se cristaliza a través de la denominada “Reforma del Estado” donde además
de la privatización de empresas estatales, la capitalización de créditos por parte de los
acreedores del Estado, el despido de trabajadores como condición para las privatizaciones, la
desregulación de empresas privadas también se produce paralelamente una apertura comercial
y entrada de capitales extranjeros.
En mi historia familiar, como en muchas otras este periodo in situ, no fue visualizado
con las posibilidades futuras reales, más bien abrió nuevas oportunidades, especialmente las de
consumo suntuoso. De esta manera, mi padre, un obrero de la construcción pudo acceder, a la
compra de una computadora personal, usada por supuesto. Pues los sectores con ingresos más
altos accedieron al recambio tecnológico, y los principales interesados en acceder a esa
tecnología no serían sus pares precisamente. -Pero estas cuestiones exceden las premisas de
este trabajo-
El acceso a un pc personal, por un lado se presento por una necesidad de ingresar a la
sociedad informacional (Castells, 1997). La pc se configuraba como un elemento de estatus y
como herramienta proveniente de un conocimiento científico en constante “progreso”. Pero por
otro lado, considero que si bien no soy el productor de las tecnologías, tampoco devengo en
simple consumidor, ya que la producción de letras tipográficas que otrora solo eran atribución
de las imprentas editoriales, pasan a manos de los usuarios de ordenadores. De esta manera, lo
gratificante no solo era escribir y luego imprimir. En el papel no solo quedaban volcadas las
ideas en forma prolija, sino la posibilidad de ser el propio productor de un nuevo libro, de una
nueva fuente del conocimiento. Abría posibilidades creativas para quien supiera hacer uso de
ellas.
Ya finalizando este periodo accedo a la “world wide web”, a través de un plan estatal
mancomunado con una empresa privada de telefonía, el proyecto consistía en habilitar una
dirección de correo electrónico a todos aquellos quienes contaran un servicio telefónico y un
módem. Dicho servicio básico a la vez posibilitaba el acceso a un Chat, bastante precario en
comparación a los actuales. Así que antes de poder “navegar” por el océano de información
1
Lo Vuolo, R. y Barbetio, A. La nueva oscuridad de la política social. Del estado populista al neoconservador.
Miño y Dávila Editores, Bs. As 2da edición 1998
Modulo: Transformaciones y desafíos de la Educación:
Tema: Sociedad de la información
Francisco Javier Cardozo

que ofrecía internet, pude establecer comunicaciones con personas de diferentes partes del país.
Más adelante, cursos de actualización mediante, accedí a sitios virtuales en los cuales pude
explorar (no es casual que el software utilizado para ello se denomine “explorer”) diversas
fuentes de información y de diversa índole. Transite por una etapa de fervorosa conexión y
charlas virtuales, de las cuales no guardo los mejores recuerdos. Pues ya se hacia presente la
idea de “instantaneidad del tiempo”, el mismo parecería medirse en una sucesión de un “aquí y
ahora”, por lo cual en uno se genera la sensación de que el tiempo es “ya”. La disposición
actitudinal ante la maquina requiere de un tipo de pensamiento particular, una reacción y
reflejos mas veloces. Una disposición de interacción continua, entre estímulos y respuestas
diversas, entendidas como diversas acciones y opciones que uno ejerce simultáneamente, en
detrimento de una lectura lineal de corte tradicional.
Hoy recuerdo con amigos, que fuimos de alguna manera pioneros en el manejo de los
sistemas de comunicación vía internet, no obstante nos hemos apartado de alguna manera de
ellos. O mejor dicho, no es utilizada con la misma intensidad que los jóvenes utilizan hoy el
messenger. Pues, me suele pasar que cuando intento escribir mucho en el mensseger, veo que
termino complicando a mi destinatario. Compruebo que no termina de captar lo que escribo y
que en definitiva, amén de que el programa es proclive a la reducción textual (por el espacio y
el uso de iconos). No obstante, también se encuentra la iniciativa de los sujetos quienes
prefieren mensajes más bien cortos y directos, pues por un lado son más fáciles de aprehender
a la vez que posibilitan mantener conversaciones con varias personas a la vez, distintas
ventanas en la pantalla enaltecen el menú variado que ofrece la lista de contactos, a veces ya no
importa quien este, pues pareciera que siempre habrá alguien, el momento es ya. En este
sentido, retomo a Castells quien expone que “la tecnología no determina a la sociedad, sino que
la plasma”. Es decir, el chat, y las nuevas formas de comunicación configuran la vida de las
personas, del mismo modo que las personas se aprovechan de esas tecnologías y establecen un
tipo de sociabilidad que le es propia. Quien decide “borrar” un contacto de la lista, o
“bloquear” es el propio usuario.
Por otro lado, todo lleva un proceso. Anteriormente existieron los “weblogs” padres de los
“blogs” personales de hoy en día que tan utilizado es, y que ha generado otras vertientes como
youtube, myspace, facebook y demás. Posibilidades del entrono virtual que han tomado, de
alguna manera, vida propia a través del uso que se les da. Por ejemplo, la telefonía celular,
antes del boom comercial, fue pensado como una resolución técnica a un problema concreto: la
comunicación con áreas rurales sin cableado telefónico. Pero fue mucho más adelante cuando
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Francisco Javier Cardozo

comenzaron a surgir las “nuevas” opciones tecnológicas. Si bien e imperativo del marketing ha
sido “ofertar y crear demanda” bien es cierto que no se puede ofertar sobre aquello que de
alguna manera no se piense como necesario o de interés por el usuario. Las nuevas
posibilidades de actualización tecnológica no se debe tanto, o solamente, a la disposion
mercantil de tener que vender, más que a la disposición de las personas a recurrir a elementos
suntuarios para su ocio como para su identificación (elegir un celular más “acorde” a la
personalidad de uno). En este sentido, también, al menos en nuestro país, sería difícil pensar el
alza de ventas de los reproductores de mp3 y mp4 y los reproductores de DVD, sin la
circulación ilegal de los materiales audiovisuales por internet. De forma paradójica, como
señala Castells, los cambios tecnológicos que a veces se piensan como contrarios al sistema
capitalista, terminan alimentándolo.
Por ello, este autor señala que los cambios tecnológicos son también sociales, y muchos
de ellos solo plasman la capacidad que las sociedades poseen para transformarse, así como los
usos a los que ellas, deciden dedicar su potencial tecnológico. (Castells; 33)
Considero que las tecnologías no son neutras, pero tampoco lo son los sujetos usuarios.
Y ambos se encuentran inmersos en un sistema social más amplio que los configura.
Finalmente, las tecnologías están, y seguirán estando al igual que las personas, y así como las
sociedades debieron adaptarse a diversos cambios a lo largo de la historia, también las personas
tendremos que aprender a convivir con estos hechos y ser concientes y activos respecto a los
nuevos roles que asumiremos en este entorno social actual. Ya la historia nos demuestra que
ningún extremo fundamentalista es propicio para emprender el recorrido, ni tecnofóbicos, ni
tecnodependientes, sino usuarios activo-críticos de la tecnología.

Bibliografía

- Manuel Castells (1997); Prólogo: "La red y yo" y Capítulo 1: "La revolución de la tecnología de la
información". En La era de la información (1997; Tomo I, Economía, Sociedad y Cultura.

- Levis, Diego; Cumbre Mundial de la Sociedad de la Información (2004): "Modelo para armar” en
Signo y Pensamiento nº 44, Bogotá.

- Lo Vuolo, R. y Barbetio, A. La nueva oscuridad de la política social. Del estado populista al


neoconservador. Miño y Dávila Editores, Bs. As 2da edición 1998