LAS HOJITAS DE OTOÑO Érase una vez tres hojitas y un cascabel.

Cuando el viento soplaba las hojitas bailaban mientras el cascabel sonaba. Y sonando, sonando el otoño iba anunciando. Cada vez bailaban más hasta que un día ¡del árbol, echaron a volar! Y volando, volando vieron muchas maravillas todo el campo cubierto de hojas secas y amarillas. Y mientras volaban se preguntaban cuál era la razón de su cambio de color. Y así al viento preguntaron y no supo contestar y cuando llegó la lluvia volvieron a preguntar. Preguntaron muchas cosas, preguntaron sin parar pero la Señora Lluvia tampoco las supo ayudar. A Don Otoño encontraron descansando en una rama y poniendo cara rara volvieron a preguntar: Díganos Señor Otoño ¿qué es lo que pasa aquí? por qué nuestro color ha cambiado y del árbol tuvimos que partir. Contestando Don Otoño con voz ronca y muy serena que cuando él llega con él han de llegar tanto la lluvia que moja como el viento que ha de soplar. Por eso amiguitas mías – dijo el Señor Otoño – no os debéis de preocupar transcurridos unos meses todo esto pasará, pues vendrán otras hermanas y de nuevo al Señor árbol de verde lo cubrirán. Muchas gracias Don Otoño – dijeron las tres hojitas – por a nuestras preguntas contestar, ya nos vamos más tranquilas sabiendo qué va a pasar. Esta ha sido la historia de nuestro amigo el otoño que siempre por estas fechas nos viene a visitar y como la lluvia y el viento le ayudan a trabajar. Y colorín, colorado el cuento del otoño ha terminado. Preguntas para comprobar la comprensión del cuento. ¿Quiénes son las protagonistas de este cuento?, ¿Quién desprende las hojas de los árboles?, ¿Hablaron las tres hojitas con el Señor Otoño?

¿Dónde estaban las tres hojitas colgadas?, ¿Dónde estaban el viento y la nube? (Lo que sucede primero) ¿Qué hacían las tres hojitas?, ¿Dónde estaba el cascabel? (Lo que sucede después) ¿Quién las hace bailar?, ¿Por qué sopla el viento y llueve? (Lo que sucede al final) ¿Por qué estaban asustadas las hojitas?, ¿Preguntaron a la nube?, ¿Y al viento?, ¿Y al Señor Otoño?, ¿Se pusieron contentas al hablar con el Señor Otoño? ¿Por qué?

¿POR QUÉ ALGUNOS ÁRBOLES NO PIERDEN SUS HOJAS?

Una vez, hace mucho tiempo, empezó a hacer mucho frío porque el invierno se acercaba. Todos los pájaros que se iban cuando llegaba este momento en busca de sitios más cálidos ya habían partido. Sólo quedaba un pobre pajarito que tenía un ala rota. El pobre pensaba que si no encontraba pronto un lugar donde refugiarse se moriría de frío, miró alrededor y vio un montón de árboles que seguro que le prestarían cobijo. Saltando y aleteando cuando podía, llegó al bosque y encontró un árbol que le impresionó por lo grande que era y lo fuerte que parecía, era un roble, el pájaro le pidió permiso para refugiarse entre sus ramas hasta la llegada del buen tiempo. El roble le dijo, muy enfadado, que si le dejaba picotearía sus bellotas y le echó de mala manera. El pájaro vio un árbol precioso de hojas plateadas y tronco blanco, era un álamo y pensó que le daría refugio. Le contó su problema y el álamo le echó con cajas destempladas diciéndole que iba a manchar sus bonitas hojas y su blanquísimo tronco. Cerca de allí había un sauce que con sus largas ramas colgando hasta el suelo le pareció al pajarito que sería una buena casa para los fríos que se avecinaban. Pero igual que los demás le rechazó argumentando que no trataba nunca con desconocidos y pidiéndole que se marchara cuanto antes. El pajarito empezó a saltar como podía con su ala rota sin llevar un rumbo fijo, un abeto le vio y le preguntó que le pasaba, el pobre se lo contó y el abeto le ofreció sus ramas mientras le indicaba donde hacía más calorcito. El pájaro le explicó que sería para todo el invierno y el árbol le dijo que así tendría compañía. El pino, que estaba cerca de su primo el abeto, se ofreció para protegerle del viento ya que sus ramas eran más grandes y fuertes. El pájaro se preparo un lugar bien abrigadito en la rama más grande del abeto y protegido del viento por el pino se dispuso a pasar el invierno. El enebro se ofreció para que pudiera comer de sus bayas y no muriera de hambre. Estaba muy contento y charlaba con sus amigos, los demás árboles hacían comentarios despectivos sobre ellos.

Aquella noche empezó a soplar el Viento del Norte fuerte y frío, iba pasando de árbol a árbol y sus hojas iban cayendo una tras otra. De pronto giró y se dirigió hacia donde estaban los amigos del pajarito, el Rey de los Vientos le frenó y le dijo que podía desnudar a todos los árboles menos a los que habían ayudado al pájaro. El Viento del Norte los dejó en paz y conservaron sus hojas durante todo el invierno y desde entonces siempre ha sido así. La Ardilla Pepita Érase una vez una ardilla llamada Pepita. Un día iba dando un paseo por el bosque con su mejor amigo el búho Perico, y vieron un nogal cargado de nueces. A Pepa se le pusieron los ojos haciendo chirivitas así que subió al árbol, agarró una nuez y la mordió. ardilla comiendo nuez en otoño - ¡Puaggg! ¡Qué mala!- dijo enojada- qué amarga está, y la tiró.

LAS DOS GOTITAS Las dos gotitas de agua vivían en una gran nube. Comenzó a llover y la gotita pequeña no quería caer, le daba mucho miedo. Su mamá le contó que era muy divertido, que un día calló en una flor, otro día en una casa y otro día en una calle muy bonita.La gotita pequeña, con mucho miedo, agarró de la mano a su mamá, cerró los ojos y se dejó caer. gotas de agua, cuento sobre agua Las dos gotitas de agua cayeron junto con las demás, formando una gran lluvia plateada. La mamá mojó la hoja de un árbol, se resbaló y cayó al suelo produciendo un gran ruido: "plaf". Su hija, como era más delgadita, tardó más en caer, se posó sobre un paraguas rojo, haciendo un ruidito: "clic". Después resbaló y cayó en el gorro de una niña, "clic", se deslizó por su nariz para más tarde gotear en su impermeable azul. Al final acabó en unas botasde agua. Estuvo un buen rato en la bota hasta que la niña comenzó a andar y cayó a un gran charco que había en el suelo. Allí encontró a su mamá a quien le dio un gran abrazo. Después de contarse el largo viaje, quedaron fundidas en el gran charco de agua. Más tarde, salió el sol, se reflejó en el charco y apareció un bonito arco iris.

LAS DOS ARDILLAS En un lejano bosque repleto de árboles vivían dos ardillas que eran muy amigas, la ardilla roja y la ardilla gris. La ardilla roja era muy trabajadora. Cuando llegaba el otoño se pasaba el día recogiendo frutos secos para llenar su despensa. La ardilla gris, sin embargo, era muy holgazana. Mientras su amiga trabajaba recogiendo frutos secos, ella se pasaba el día tumbada en el campo, disfrutando del paisaje, muy contenta de no hacer nada. Cuando al final del otoño tuvo la ardilla roja repleta su despensa de frutos secos, se preparó a encerrarse en su casa, dispuesta a pasar el invierno tranquilamente. Y llegaron los vientos y los fríos invernales. En el bosque era imposible estar. Todos los animalitos se escondían en sus casas y comían los frutos secos que habían recogido en el otoño. Eran días desastrosos para la ardilla gris, la ardilla holgazana, quien por no ser trabajadora tenía la despensa vacía. Una noche el bosque se llenó de nieve, los animalitos no podían encontrar comida fuera de su casa. Ahora tendrían que alimentarse cada uno con lo que hubieran recogido en el otoño. ¡Pobre ardilla gris! ¡Había sido tan holgazana! Ahora no tenía nada en su despensa y casi se moría de hambre Un día la ardilla roja la vio venir medio muerta de hambre y frío, y llorando. - Ardillita roja, amiga mía. ¡Socórreme! Ya no puedo resistir más, me muero de hambre. Dame algo de comer. La ardilla roja era muy bondadosa y la dejó entrar en su casa. - Pasa, pobrecita. Aquí encontrarás comida y calor durante todo el invierno. Lo qué yo guardé en el otoño lo comeremos entre las dos. - ¡Qué buena eres, querida compañera! - dijo emocionada la ardilla gris. Pero como la comida estaba calculada para una ardilla sola, y no para dos, llegó un momento en que se acabó y vinieron días de escasez y de hambre. Pero cuando empezó hacer buen tiempo salieron a trabajar. ¡A trabajar! Tanto la ardillita roja, que siempre había sido trabajadora, como la ardillita gris que nunca había trabajado. Y es que la ardillita roja había sido tan bondadosa que conmovió a la ardillita gris, y ésta le prometió que ya nunca volvería a ser holgazana.

Su sabio amigo comenzó a reír - Amiga mía -le dijo- ¿Porqué no le quitas la cáscara? Le hizo caso y juntos se comieron un banquete de nueces. Y desde entonces las ardillas se pasan el otoño recogiendo nueces para comerlas con los amigos cuando llega el invierno.

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